HÁBITOS DE LA RAZÓN PRÁCTICA
Razón práctica o función práctica de la razón: nos permite distinguir entre el
bien y el mal y dirigir la acción según este conocimiento. Nos permite
conocer lo real como bueno.
Hábitos que la perfeccionan
El hábito de los primeros principios prácticos o sindéresis, por el cual
conocemos las primeras verdades de la ley moral natural como: haz el bien y
evita el mal. Es innato.
La ciencia moral: saber sobre la bondad o maldad de los actos humanos en
general y su fin es orientar a la persona hacia una conducta buena. Se
desarrolla a partir de la sindéresis.
La prudencia (frónesis, prudentia): perfecciona a la razón para que
juzgue bien qué acción es buena en unas circunstancias concretas.
La técnica o arte (téjne, ars): el hábito que permite aplicar correctamente la
verdad conocida a la producción o fabricación de cosas.
LA SINDÉRESIS:
Es el comienzo de la vida moral (no el entendimiento, hábito de la razón
especulativa o téorica. Por esta razón no es válido pasar del ser al deber ser).
Proviene del griego synteréo: observar, vigilar atentamente, conservar.
Santo Tomás: es la razón natural.
“Es un hábito innato que activa y perfecciona la razón práctica. Gracias a él,
nuestra razón, de modo natural, conoce el bien y preceptúa su realización. Por eso,
no somos indiferentes ante el bien y el mal, sino que experimentamos de modo
natural que debemos amar el primero y evitar el segundo” (Trigo, p. 59f).
Es el primer nivel de la conciencia moral = la proto- conciencia. Es un hábito
prescriptivo, no solo indicativo. Es innato, pero se puede desarrollar más. Es luz
inextinguible, aunque se puede oscurecer; nunca yerra.
SINDÉRESIS:
Constituye el comienzo y la guía natural de toda la vida moral de la persona. ES UN
CONOCIMIENTO FUNDAMENTAL DEL BIEN (San Agustín, De Trinitate VIII,
3,4).
El hábito de la ciencia moral:
1. Por la sindéresis la persona conoce el bien y el mal y se siente llamada a
amar el primero y evitar el segundo.
2. La sindéresis preceptúa buscar el bien absoluto y los bienes genéricos a los
que la persona está inclinada naturalmente (vida, procreación, convivencia
social…); también le indica cómo buscar esos bienes para que lo
perfeccionen como persona.
3. Fruto de la experiencia moral del sujeto (= proceso que va de la sindéresis
hasta el juicio práctica de la prudencia), se vuelve sobre ella y enuncia o
formula preceptos y normas morales en forma de deber: No matar, amar a
Dios sobre todas las cosas…
1. EL FRUTO DE ESTA REFLEXIÓN ES EL SABER MORAL HABITUAL
O HÁBITO DE LA CIENCIA MORAL: saber sobre la bondad o maldad de
los actos humanos (teórico y práctico –finalidad directiva-).
2. La conciencia moral: es un acto de este hábito (juzga la bondad o maldad del
acto moral).
3. Ética filosófica o Filosofía moral: es la reflexión científica-sistemática
correspondiente al hábito de la ciencia moral.
Ciencia moral cristiana:
el habito de la ciencia moral cristiana es el saber que se adquiere como fruto de la
reflexión de la experiencia moral a la luz de la escritura
VIRTUDES MORALES
CAPITULO IV.
Se estudia morales virtudes.
Son hábitos operativos buenos
Perfecciones o buenas cualidades (fuerza), que disponen o inclina a la
persona a obrar moralmente bien.
Hacen buena a la persona y nunca pueden usarse para el mal.
Perfecciona a las potencias o facultades apetitivas: voluntad y apetitos
sensibles irascible y concupiscible.
El sujeto, en sentido estricto, de las virtudes morales es la voluntad.
Los objetivos o fines de las virtudes morales son las diversas clases de obras
buena, necesaria o convenientes, que el hombre debe realizar para alcanzar
su perfección como persona. Como los bienes que el hombre debe amar son
múltiples, lo son también las virtudes.
DIVISIÓN:
CARDINALES Y DERIVADAS.
1. Prudencia
2. Justicia
3. Fortaleza
4. Templanza.
Dimensiones
General: cualidades que deben poseer todas acciones: prudentes, justas, valientes y
templadas.
Particular: aspectos de la conducta particular en que estas virtudes son más
necesarias (dar a cada uno lo suyo, superar dificultades, moderar placeres).
LAS VIRTUDES PARTICULARES
PRUDENCIA
Partes integrales.
Perfeccionan la prudencia como virtud intelectual
Memoria de lo pasado (éxitos o fracasos) –[Link]., II-II,49,2-. Inteligencia de lo
presente para discernir -49,2-. Docilidad para pedir y aceptar el consejo -49,3-.
Sagacidad (= solercia y eustoquia) como prontitud de espíritu para resolver por sí
mismo en los casos urgentes -49,4-. Razón: lo mismo que en la anterior, pero en los
casos no urgentes (madura reflexión) -49,5.
Perfeccionan la prudencia como virtud intelectual práctica o preceptiva
La providencia: se fija en el bien lejano (procul videre) para ordenar los medios y
prever las consecuencias (parte principal de la prudencia) -49,6-. Circunspección:
atenta consideración de las circunstancias -49,6-. Cautela o precaución para con los
obstáculos externos -49,8-.
PRUDENCIA
Partes subjetivas:
se divide en dos especies fundamentales:
Personal Monástica:
Para regirse a sí mismo.
Objeto. El bien personal.
Ya tratada en sus elementos integrales.
Social o de gobierno.
Para el gobierno.
Objeto: el bien social.
Subespecies: Prudencia regnativa (50,1) para gobernar bien; política o civil
(50,2) del pueblo para someterse; la económica o familiar (50,3) del jefe de
familia; la prudencia militar (50,4) del jefe militar en la guerra justa.
PRUDENCIA
Partes potenciales:
virtudes anejas a la prudencia que se ordenan a los actos secundarios, preparatorios o
menos difíciles. Tres grupos:
Eubulia o buen consejo
Aconseja los medios más aptos y oportunos para el fin propuesto. Distinta de la
prudencia: imperar o dictar lo que hay que hacer.
Synesis o buen sentido práctico
Sentido común que inclina a juzgar rectamente según las leyes comunes y ordinarias
(prudencia: impera; eubulia: aconseja; synesis: juzga) (51,3).
Gnome o juicio perspicaz
Para juzgar rectamente según principios superiores a los ordinarios.
Las virtudes morales racionalizan los apetitos
Santo Tomás
Siguiendo a Aristóteles: “La virtud moral es un hábito electivo, es decir, que hace
buena la elección” (Trigo, 121).
Entonces, la razón: propone la intención buena a alcanzar, elige el bien a realizar
como medio para obtener la intención y manda a la voluntad y a los afectos que lo
quieran. Si la voluntad, los apetitos y los afectos obedecen a la razón, la persona se
va perfeccionando, racionalizando (LA RAZÓN DIRIGE)
Dos exigencias para que sea hábito electivo:
Que exista la debida intención del fin por la virtud moral que inclina al
bien conveniente según la razón (habitual intención de realizar intenciones
buenas, voluntad habituada a intenciones buenas-1-).
Que el sujeto del obrar humano elija correctamente los medios conducentes al
fin (cf. S. TH., I-II, q. 58, a. 4c). Para actuar bien no basta una intención
buena, sino también una buena elección de los medios y esta es la función
esencial de la virtud moral: hábito de la buena elección. La elección recta es
el acto propio de la virtud moral (cf. S. Th., I-II, q. 65, a.1).
Así, las virtudes morales son el mismo orden de la razón implantado en la voluntad
y en los afectos (cf. Santo Tomás, De virtutibus, q. 1, a.9c). Ser justo, fuerte…
significa que el querer de la voluntad, de los apetitos y las pasiones sigue la
dirección de la razón como bien que se debe realizar.
-1- “Las intenciones buenas son fines que la razón propone que se deben buscar
porque nos perfeccionan como personas y están ordenados al fin último, que es
Dios; por ejemplo, cuidar nuestra vida material y espiritual, relacionarnos de modo
justo y humano con los demás, buscar la verdad, etc” (Trigo, 122c).
CÓMO SE GENERAN LAS VIRTUDES MORALES
Todos creados por un acto de amor de Dios.
Cada uno es invitado a responder.
¿Cómo respondemos al amor en la existencia diaria?.
ELIGIENDO EL BIEN. En cada momento nos encontramos con un bien que
debemos elegir y realizar. Así respondemos al amor de Dios.
“La elección libre y constante de acciones buenas genera el nacimiento y el
crecimiento de las virtudes morales en la voluntad y en los afectos” (Trigo,
121e).
DE ESTE MODO, LAS VIRTUDES MORALES:
Connaturaliza con el bien
Al crecer en la virtud o unión con el bien, la persona va adquiriendo una mayor
connaturalida afectiva con este, de manera que nos atrae y cada vez lo queremos
más; la razón lo reconoce fácilmente y lo elige con prontitud, casi como
instintivamente; la voluntad lo ama y lo lleva a cabo con facilidad y gozo, como si
fuese lo más natural, convencido de ser lo más conveniente (1).
Y potencia con la libertad
Perfeccionan las facultades operativas: razón, voluntad, apetitos y afectos; la razón
conoce mejor el bien a elegir por la voluntad y hace que los apetitos y afectos lo
quieran con más amor.
Por esto, perfeccionan, potencian nuestra libertad, pues esta puede dirigirse al bien
sin impedimentos; más aún, con ayudas.
Ejemplo: el cuerpo fortalecido por el ejercicio, el músico por la práctica, el aprendiz
de una nueva lengua por el ejercicio… Así podemos realizar acciones muy
perfectas.
CARACTERÍSTICAS DEL OBRAR VIRTUOSO
Es el obrar más natural y humano, pues no anulan o reprimen las tendencias,
sino que las encauzan de modo humano y hacia el bien total de la persona.
Realiza el orden, la unión y la armonía en la persona porque las potencias
operativas están armonizadas en torno a la búsqueda del bien total de la
persona; entonces, están inclinadas a su fin propio, obran de manera perfecta.
Así: “la razón dirige, la voluntad manda, la sensibilidad ayuda, las fuerzas
corporales obedecen” (cf. Pinckaers, 1971, 238, en: Trigo, 124ef).
Entonces, el obrar virtuoso se realiza con firmeza, prontitud, facilidad y
gozo (cuando no hay virtud, un acto bueno puede exigir una carga muy fuerte
y amarga para la sensibilidad).
Las virtudes morales como término medio:
Aristóteles: la virtud moral es un hábito electivo del “término medio relativo
a nosotros, determinado por la razón” (apetitos sensibles).
Santo Tomás: lo sigue.
No significa la elección de la mediocridad; todo lo contrario: la acción
óptima, la más excelente, cumbre entre dos valles viciosos (por exceso y por
defecto).
LA CONEXIÓN O INTERDEPENDENCIA DE LAS VIRTUDES:
PORQUE TODAS ELLAS DEPENDEN DE LA PRUDENCIA.
A su vez, la persona no es prudente si no posee las demás virtudes morales,
pues si no están, los apetitos y las pasiones obstaculizan a la razón.
Cualquier virtud es perfecta con las demás. Son como los dedos de las manos:
crecen juntos; es como un organismo. Esfuerzo en una crece, influye en
todas; y viceversa. La persona es una y tiende a la unidad (vivir como piensa
o piensa como vive).
La virtud cristiana:
El organismo de las virtudes adquiridas no puede ser perfecto sin las virtudes
infusas y los dones del Espíritu Santo.
La virtud que unifica el nuevo organismo de las virtudes adquiridas e infusas
es la caridad.
La educación en las virtudes humanas:
Se adquieren por la repetida elección humana de actos buenos. Y esto
solamente es posible teniendo presente los siguientes elementos:
Una educación que tenga como base una comprensión antropológica de la
excelencia humana como meta (identificación con Cristo).
Vínculos de amistad.
Maestros de virtud que transmitan con su vida el amor al bien.