Texto 2: “La filosofía y las ciencias” de Curso de Lógica y Filosofía, Obiols Guillermo, Kapelusz,
1985. Bs. As. Pág. 7 a 9.
La caracterización aristotélica de la filosofía, relativamente sencilla de comprender, es valiosa
porque por más de veinte siglos fue tomada como “la” definición de filosofía, pero el
desarrollo de ciencias impide que se la pueda aceptar totalmente hoy. Cuando Aristóteles da
su caracterización de la filosofía, las ciencias particulares: la física, la química, la biología, etc.
No existían con autonomía de la filosofía y por supuesto no tenían desarrollo que han
alcanzado en nuestros días. Excepción hecha de la matemática, el resto del saber quedaba
englobado bajo el nombre "filosofía”. Por eso, cuando Aristóteles dice que la filosofía domina a
las demás ciencias, está hablando de saberes precariamente desarrollados y que no gozan de
autonomía. Según esta postura básica, entonces, la filosofía es la madre de las ciencias.
Mientras las ciencias particulares se ocupan de las causas segundas o próximas a los
fenómenos estudiados, la filosofía, especie de ciencia suprema, se ocupa de las causas
primeras o más remotas. De este modo la filosofía es la más elevada de las ciencias. Pero, a
partir de los tiempos modernos, se produce un proceso de separación de las ciencias
particulares del seno de la filosofía. Las mismas cobran autonomía respecto de la filosofía. En
el siglo XVII, con Galileo, la física se separa de la filosofía. En el siglo XVIII, con Lavoisier, se
constituye la química como ciencia autónoma, y posteriormente ocurre lo propio con la
biología y Las llamadas ciencias sociales: psicología, sociología, etc. El desarrollo de las ciencias
particulares en los últimos siglos ha sufrido un proceso de aceleración creciente, constituyendo
lo que dado en llamar “la revolución científico-técnica” que ha transformado el mundo. Cada
una de estas ciencias particulares ha logrado su autonomía al recortar para su estudio un
sector de la realidad, definir un punto de vista desde el cual encarar los objetos de estudio y
ocuparse de formular teorías que explican el comportamiento de esos objetos: las teorías que
se formulan deben ser verificadas por la observación o el experimento. En general, en estas
ciencias hay algunas teorías básicas aceptadas por la comunidad científica como válidas en un
momento dado, y las disputas entre los diversos científicos no afectan a este núcleo básico. Las
ciencias particulares han realizado grandes progresos, rechazando teorías que se han
comprobado como falsas y construyendo teorías que han logrado dar una explicación más rica
y profunda del comportamiento de los objetos que se han estudiado. Este desarrollo de las
ciencias particulares, naturalmente, ha influido en la filosofía y en la relación de la filosofía con
ellas. ¿Podemos sostener hoy, como lo hacía Aristóteles en el siglo IV a.C., que la filosofía es
una ciencia, y en particular, la ciencia suprema? En la actualidad es difícil mantener esta idea
porque la filosofía no satisface decididamente los caracteres que poseen las ciencias
contemporáneas: entre otros, no hay teorías universalmente válidas, ni hay progreso, no hay
observación, ni experimentación, ni tan siquiera un acuerdo básico de cuáles son los
problemas que debe abordar la filosofía. Por todo ello tiene hoy a señalarse que la filosofía no
es una ciencia. Así, por ejemplo, Karl Jaspers (1976), filósofo alemán contemporáneo, dice:
Mientras que las ciencias han logrado en los respectivos dominios conocimientos
imperiosamente ciertos y universalmente aceptados, nada semejante ha alcanzado la filosofía
a pesar de esfuerzos sostenidos durante milenios, no hay que negarlo: en filosofía no hay
unanimidad alguna acerca de lo conocido definitivamente. Lo aceptado por todos en vista de
razones imperiosas se ha convertido como consecuencia en un conocimiento científico, ya no
es filosofía, sino algo que pertenece a un dominio especial de lo cognoscible Pero, entonces,
¿qué es la filosofía? … La búsqueda de la verdad, no la posesión de ella, es la esencia de la
filosofía por frecuentemente que se traicione en el dogmatismo, esto es, en y un saber
enunciado en proposiciones, definitivo, perfecto y enseñable. Filosofía quiere decir: ir de
camino. Sus preguntas son más esenciales que sus respuestas, y toda respuesta se convierte
en una nueva pregunta […] Según esto es la filosofía a una actividad viva del pensamiento y la
reflexión sobre este pensamiento… La filosofía es considerada, entonces, como una búsqueda
incesante, un pensar y reflexionar sobre todas las cosas, sobre el mundo de la ciencia, sobre el
poder de la técnica especialmente sobre el ser humano y su estar en el mundo. En esta
caracterización, la filosofía ya no es la ciencia de las causas primeras ni siquiera es, ella misma,
una ciencia, sino una reflexión constante sobre el mundo. El filósofo es, entonces, un
examinador constante, de sí mismo, de los demás hombres y de la realidad toda. No se trata
de construir un sistema acabado y definitivo, lo que haría el dogmático, sino de preguntar.
Preguntar es la tarea del filósofo. Así entendía la filosofía Sócrates. El desarrollo de las ciencias
particulares dio lugar también a una actitud que se denomina "cientificismo", ¿En qué consiste
el cientificismo? Sencillamente, en negar todo valor a la filosofía en nombre de los valores de
las ciencias particulares. Augusto Comte, filósofo francés que vivió en la primera mitad del
siglo pasado, fundador del llamado "positivismo” pensaba que era la ciencia la que
proporcionaba los auténticos conocimientos sobre el mundo, y que la única misión que le
podía quedar a la filosofía era reunirse en un sistema los conocimientos que proporcionaban
las diversas ciencias para obtener una imagen global de la sociedad. Lejos de ser la madre de
las ciencias, la filosofía queda totalmente subordinada a las mismas. La relación entre la
filosofía y las ciencias ha sido abordada también por Wittgenstein, filósofo austriaco
contemporáneo exponente de lo que se ha dado en llamar “la filosofía analítica". Wittgenstein
(1973) se expresa de la siguiente manera: La filosofía no es una de la ciencias naturales (la
palabra "filosofía” debe significar algo que esté sobre o bajo, pero no junto a las ciencias
naturales). El objeto de la filosofía es la aclaración lógica del pensamiento. Filosofía no es una
teoría, sino una actividad. Una obra filosófica consiste esencialmente en elucidaciones. El
resultado de la filosofía no son “proposiciones filosóficas", sino el esclarecer de las
proposiciones. La filosofía debe esclarecer y delimitar con precisión los pensamientos que de
otro modo sería, por así decirlo, opacos y confusos. Según este modo de ver el problema, la
filosofía sería la actividad mediante la cual se determina el sentido de conceptos y enunciados.
Mediante el análisis lógico se aclaran conceptos y proposiciones. Este análisis mostraría que
parte de las complicadas cuestiones filosóficas son problemas que se originan en un uso
ambiguo del lenguaje y que por lo tanto, no son problemas sino pseudoproblemas. Más allá de
estas diferencias acerca de la relación en que se encuentran la filosofía y las ciencias,
diferencias que impiden efectuar una síntesis de la cuestión hay un único acuerdo básico: la
filosofía, sea o no una ciencia, no se encuentra al mismo nivel que las ciencias particulares. Si
está por encima o por debajo de esas ciencias, si tiene algún tipo de prioridad o no respecto de
ellas, puede ser objeto de debates muy vehementes, pero es seguro que se trata de una
disciplina, un quehacer, muy distinto a los que ha estudiado el alumno de la escuela secundaria
hasta ahora.
Bibliografía.
Babini, J. (1960). Qué es la ciencia. Bs. As. Giqueaux, E. (1971). Hacia una nueva definición
esencial del mito. Ed. Juárez. Bs. As.
Vermant, J. (1973). Mito y pensamiento en la Grecia antigua. Ed. Ariel. Barcelona.
Jaspers, K. (1978). La filosofía. Ed. FCE. Bs. As.
Wittgenstein, L. (1973). Tractatus logico-philosophicus. Ed. Alianza. Madrid. García-Barrón, J.
(1987). La filosofía y las ciencias. Ed. Crítica. Barcelona.
Obiols, G. (1985). La filosofía y las ciencias. Curso de Lógica y Filosofía. Ed. Kapelusz. Bs. As.