Patrimonio Nacional es un organismo público regulado por una Ley específica de
1982, Ley 23/1982, de 16 de junio, heredera de una larga serie de disposiciones
entre las cuales cabe destacar las leyes de 1865, 1869, 1876, 1932 y 1940, aparte
de las ordenanzas anteriores al siglo XIX. En definitiva, esta entidad estatal
constituye el núcleo esencial y más importante del antiguo Real Patrimonio, o
Patrimonio de la Corona, denominado Patrimonio de la República por la Ley de
1932, y con su nombre actual por las leyes de 1940 y 1982.
DOBLE FUNCIÓN: CONSTITUCIONAL Y CULTURAL
La función de este organismo público, dependiente del Ministerio de la
Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática es doble: el apoyo
a la Jefatura del Estado para la alta representación que la Constitución y las leyes
le atribuyen, y la puesta a disposición de los ciudadanos del patrimonio histórico-
artístico a través de su uso con fines culturales, científicos y docentes.
Es importante destacar la unidad de sus bienes, ligados por un proceso de
creación continuo, especialmente intenso entre el siglo XVI y el XIX, y que ha
dado lugar a conjuntos donde las piezas muebles y obras de arte están ligadas a
los inmuebles, y todo a la historia política y cultural de España. La coherencia de
este conjunto, y las interrelaciones entre espacios, objetos y memoria que en él se
producen, otorgan a este Patrimonio su primordial valor cultural e histórico
PALACIOS Y ESTACIONES DEL AÑO
Los reyes, como en la inmensa mayoría de las diferentes cortes europeas de la
Edad Moderna, vivían mucho tiempo fuera de la capital. Cada parte del año la
pasaban en uno de los Reales Sitios en torno a Madrid: primavera en Aranjuez,
verano en Valsaín y La Granja, otoño en El Escorial, invierno en El Pardo y en
Madrid. Esta villa era sede oficial de la corte, pero realmente la vida del poder
transcurría al ritmo de las estaciones en todos estos escenarios donde a su servicio
se aunaban bosques y cazaderos, parques y jardines, palacios, colecciones y
urbanismo.
DESDE LA EDAD MEDIA HASTA HOY
El proceso creativo de este patrimonio se produce desde el principio de la Edad
Media y arranca de la definición de los reinos que se fueron definiendo en la
Península: una larga serie tanto de palacios como de edificios religiosos
vinculados a la respectiva monarquía de cada reino -los reales patronatos, como
las Huelgas- jalonan la representatividad de la monarquía en cada uno de los
territorios que, como resultado de un largo proceso de uniones dinásticas,
terminó por concretarse al inicio de la Edad Moderna en la Monarquía
de España. Algunos palacios medievales han subsistido, bien como conventos -
Tordesillas-, bien como sedes de la soberanía en la respectiva ciudad capital de
cada antiguo reino -la Almudaina en Mallorca-.
Sobre ese sustrato medieval, la configuración definitiva de los Reales Sitios se
produce bajo los Austrias y los Borbones, a partir de la instalación de la capital en
Madrid por Felipe II en 1561 y su fundación de El Escorial en 1563. Los bosques,
jardines y cultivos, sobre todo en Aranjuez fueron perfeccionados por Felipe V,
creador de La Granja de San Ildefonso, y por Fernando VI y Carlos III, que hizo
de cada Real Sitio una pequeña ciudad modelo, a la par que ampliaba los palacios.
La perfección ornamental de las residencias y de las colecciones reales alcanzó su
grado máximo bajo Carlos IV, con aportaciones importantes en el siglo XIX.
Bajo el reinado de Fernando VII y el fin del antiguo régimen se distingue por
primera vez de manera clara entre bienes del Estado y bienes de este conjunto
vinculado a la Corona llamado Real Patrimonio.
Será en 1865, con la primera ley que lo regula, cuando nazca oficialmente la
institución “Patrimonio de la Corona” bajo el reinado de Isabel II. Este nuevo
régimen jurídico tratará de ajustar todo ese conjunto de bienes patrimoniales,
vinculados a la Corona, a la nueva realidad económica, política y social.
Diferenciando así entre bienes vinculados a la Corona, que sirven para la
representación del poder y para la vida cotidiana de sus majestades, que tienen
que seguir unidos, que son del Estado, y entre el patrimonio privado de los
monarcas, que procede de los bienes que previamente se consideraban libres, o
de su lista civil.
La Ley de 1932 defendió la unidad de este conjunto de bienes y definió por
primera vez la doble función, cultural y representativa, de este “Patrimonio de la
República”, nombre que se transformó en “Nacional” por la de 1940, que
esencialmente sigue el patrón de la anterior. Por tanto, el uso de los palacios para
la representación oficial del Jefe del Estado se produjo tanto bajo la Segunda
República como durante la dictadura franquista, a la par que se desarrollaba su
función cultural.
La Ley 23/1982, de 16 de junio, del Patrimonio Nacional, norma jurídica que en
la actualidad regula esta entidad, reconoce a la institución como organismo
público responsable de los bienes de titularidad del Estado que proceden del
legado de la Corona española, y gestor de los derechos de las Reales Fundaciones
y Patronatos, y tiene como fines principales el servicio a la Jefatura del Estado
para la alta representación que la Constitución y las leyes le atribuyen, así como
la puesta a disposición de los ciudadanos del patrimonio histórico-artístico que
gestiona, a través de su uso con fines culturales, científicos y docentes.
La naturaleza diversa de los bienes y la compatibilidad de usos de los mismos
hace que la labor de servicio público a la que se debe Patrimonio Nacional sea
amplia y compleja. Este singular conjunto integrado de bienes históricos es uno
de los más importantes entre los de las antiguas cortes de Europa, y su actual
doble uso público, cultural y representativo, es el resultado de un largo proceso
histórico, que hace de Patrimonio Nacional una institución única en el mundo.