COMUNIÓN ESPIRITUAL
“Es conveniente cultivar en el ánimo el deseo
constante del Sacramento eucarístico. De aquí ha
nacido la práctica de la «comunión espiritual»,
felizmente difundida desde hace siglos en la Iglesia
y recomendada por Santos maestros de vida
espiritual” (Ecclesia de Eucharistia 34)
Conferencia Episcopal Boliviana
Área de Evangelización
Sección Catequesis
La Comunión espiritual es una oración con la que el fiel católico expresa el
deseo de recibir a Jesucristo en la Eucaristía sin efectuar materialmente
la Comunión sacramental, es decir, sin recibir la hostia consagrada que ha
sido practicada por todos los santos con gran provecho espiritual.
Santo Tomas Menciona: "De dos maneras se puede recibir espiritualmente a
Cristo. Una en su estado natural, y de esta manera la reciben espiritualmente los
ángeles, en cuanto unidos a Él por la fruición de la caridad perfecta y de la clara
visión, y no con la fe, como nosotros estamos unidos aquí (en la Tierra) a Él. Este pan
lo esperamos recibir, también en la gloria. Otra manera de recibirlo espiritualmente es
en cuanto contenido bajo las especies sacramentales, creyendo en Él y deseando
recibirlo sacramentalmente. Y esto no solamente es comer espiritualmente a Cristo,
sino también recibir espiritualmente el sacramento" (Suma teológica - Parte IIIa
- Cuestión 80, articulo III, 80, 2).
Por la noción que acabamos de dar, se puede vislumbrar la gran excelencia
de la Comunión Espiritual. Fue recomendada vivamente por el Concilio de
Trento (D 881), y ha sido practicada por todos los santos, con gran
provecho espiritual.
La Comunión Espiritual no es primordialmente una sustitución de la
Comunión Sacramental, sino más bien anticipación y extensión de sus
frutos. Las Comuniones espirituales deben siempre tener la Comunión
sacramental como meta. Sin duda, constituye una fuente inagotable de
gracias para quien la practique fervorosa.
¿Cómo realizarla?
No se prescribe ninguna fórmula determinada, ni es necesario recitar
ninguna oración vocal. Basta un acto interior por el cual se desee recibir la
Eucaristía. Es conveniente, sin embargo, que abarque tres actos distintos,
aunque sea brevísimamente:
1) Un acto de Fe, por el cual renovamos nuestra firme convicción de la
presencia real de Cristo en la Eucaristía. Es excelente preparación para
comulgar espiritual o sacramentalmente;
2) Un acto de deseo de recibir sacramentalmente a Cristo y de unirse
íntimamente con Él. En este deseo consiste formalmente la Comunión
Espiritual. “He deseado ardientemente comer esta pascua con ustedes
antes de padecer” (Lc 22, 15)
3) Una petición fervorosa, pidiendo al Señor que nos conceda
espiritualmente los mismos frutos y gracias que nos otorgaría la Eucaristía
realmente recibida.
ADVERTENCIAS
1) La Comunión Espiritual, como ya dijimos, puede repetirse
muchas veces al día. Puede hacerse en la iglesia o fuera de ella, a
cualquier hora del día o de la noche, antes o después de las
comidas.
2) Todos los que no comulgan sacramentalmente deberían hacerlo
al menos espiritualmente, al oír la Santa Misa. El momento más
oportuno es, naturalmente, aquel en que comulga el sacerdote.
3) Los que están en pecado deben hacer un acto previo de
contrición, si quieren recibir el fruto de la Comunión Espiritual.
De lo contrario, para nada les aprovecharía, y sería hasta una
irreverencia, aunque no un sacrilegio.
FORMULAS RECOMENDADAS
Fórmula de San Alfonso María de Ligorio
Creo, Jesús mío,
que estás realmente presente
en el Santísimo Sacramento del Altar.
Te amo sobre todas las cosas y
deseo recibirte en mi alma.
Pero como ahora no puedo recibirte sacramentado,
ven espiritualmente a mi corazón.
(Pausa en silencio para adoración)
Como si ya te hubiese recibido,
te abrazo y me uno todo a Ti.
No permitas, Señor,
que jamás me separe de Ti. Amén.
Fórmula breve:
Creo, Jesús mío,
que estas en el Santísimo Sacramento:
te amo y deseo. Ven a mi corazón.
Te abrazo; no te apartes nunca de mí.
Otra fórmula para la reflexión / meditación
ORACIÓN
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
Oh, buen Jesús, ¡óyeme!
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del enemigo, defiéndeme.
En la hora de muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti
para con tus santos te alabe
por los siglos de los siglos.
Amén.
La Comunión Espiritual no es primordialmente una
sustitución de la Comunión Sacramental, sino más bien
anticipación y extensión de sus frutos. Las Comuniones
espirituales deben siempre tener la Comunión sacramental
como meta.