Introducción a la Psicología Comunitaria
Introducción a la Psicología Comunitaria
-Aproximarse a la concepción, paradigma e historia de la Psicología Social Comunitaria como subdisciplina científica.
Temas:
2. OBJETOS DE ESTUDIO:
2.2.Fenómenos Psicosociales
3. ROL DEL/LA PSICÓLOGO/A COMUNITARIO/A. CONDICIONES PARA SER PSICÓLOGO/A COMUNITARIO/A Y ÉTICA
PROFESIONAL
4.1. Lo público, lo privado, las Organizaciones de la Sociedad Civil, Los movimientos sociales.
TEXTOS:
M. Montero (1982, Pag 70,71) define a la Psicología Comunitaria como: “La rama de la psicología cuyo objeto es el
estudio de los factores psico-sociales que permiten desarrollar, fomentar y mantener el control y poder que los
individuos pueden ejercer sobre su ambiente individual y social para solucionar problemas que los aquejan y lograr
cambios en esos ambientes y en la estructura social”.
-La característica esencial de la Psicología Comunitaria consiste en la inclusión del rol activo de la comunidad, su
participación. No sólo como invitada o espectadora o receptora de beneficios, sino como agente activo, con voz,
voto y veto.
-El cambio social, el movimiento de recreación permanente de la existencia colectiva (Sawaia, 1998. p. 182). Esto le
da un carácter político a la psicología comunitaria, en el sentido de que quienes trabajan en psicología comunitaria,
producen junto con las comunidades, intervenciones para lograr el fortalecimiento y el cambio antes señalado
(Montero, 1998) -Carácter científico y aplicado señalado desde los inicios.
-Concibe a la comunidad como ente dinámico compuesto por agentes activos, actores sociales relacionados,
constructores de la realidad en que viven.
-Tiene una orientación hacia el cambio social dirigido al desarrollo comunitario, a partir de una doble motivación:
comunitaria y científica
-Incluye una orientación hacia el cambio personal en la interrelación entre individuos y comunidad.
-Busca que la comunidad tenga el poder y el control sobre los procesos que la afectan
-Tiene una condición política en tanto supone una formación de ciudadanía y fortalecimiento de la sociedad civil.
Maritza Montero afirma que no existe una clara diferenciación conceptual, entre las propuestas realizadas por
diferentes autores, entre la Psicología comunitaria (término más comúnmente usado en Norteamérica) y la
Psicología Social Comunitaria (termino más utilizado en América latina), y aclara que ella utiliza el término Psicología
Comunitaria en forma genérica.
Historia
La Psicología Comunitaria emerge a nivel mundial en el contexto de la “crisis” del modelo de las ciencias sociales y
humanas, en los años 50 y 60 del siglo XX, cuando tanto el compromiso social y político de los intelectuales como el
papel de la universidad fueron fuertemente cuestionados y exigidos en el campo específico de la psicología y sus
prácticas. Serrano-García, López y Rivera Medina (1992) y López (1992) resumen esa crisis, en el campo de la
psicología, en cinco puntos: 1- ausencia de un marco conceptual unificador, 2- énfasis positivista anti-teoricista, 3-
falta de sentido histórico y de prioridades, 4-aislamiento relativo respecto de otras ciencias sociales y 5- desacuerdo
en cuanto al nivel micro o macro social del objeto de estudio.
-La Psicología Comunitaria en los EEUU: “Es conveniente aclarar que el movimiento de ´Psicología Comunitaria´ de
Estados Unidos, estaba orientado predominantemente a la salud mental comunitaria, como una rama de la
psicología clínica que intentaba responder a los problemas que producían situaciones degradantes y auto
mantenedores de problemáticas, lo que suponía una función diagnóstica en relación a la globalidad”.
Newbrough(1992) realizó un análisis sobre el estado actual de la Psicología Comunitaria en los Estados Unidos, y
llega a la conclusión de que en ese entonces esta disciplina se había volcado hacia problemas sociales específicos
tales como el SIDA, la carencia de vivienda, con la perspectiva de abordar problemas y generar conocimientos y
cambio, sin embargo dichos problemas no eran enfrentados hasta ese momento desde la perspectiva social
comunitaria.
El carácter central que asume el concepto de salud mental en el ámbito estadounidense no recibe la misma atención
en América Latina, donde la salud compite con otras necesidades básicas, determinadas en cada caso por la
comunidad involucrada en el proceso. En este sentido, la afirmación que hacía Murell (1973, p.8), acerca de que el
problema central de la Psicología Comunitaria sería "cómo efectuar cambios en las instituciones sociales de manera
que sean más facilitadoras de necesidades individuales", es sustituido en América Latina por el problema de
concientizar a las personas para que se motiven a asumir la dirección, control y ejecución de la satisfacción de sus
necesidades, transformándose a sí mismas y a su entorno.
- La necesidad teórica, metodológica y profesional, de hacer una psicología que respondiese a los urgentes
problemas de las sociedades latinoamericanas.
-Una aproximación tentativa al área de estudio, en el sentido de que no siempre se tenía clara conciencia de haber
comenzado a traspasar los límites de la psicología social tradicional como disciplina, si bien se sabía que se la quería
redefinir.
-Un fuerte y definido nexo con la psicología social, a la cual se supone que va a renovar.
-Una orientación fundamental hacia la transformación social. El cambio social para el desarrollo y la superación de la
pobreza y la dependencia es un denominador común que se puede encontrar en los escritos iniciales, aparecidos
entre 1977 y 1980
-La concepción de que el objeto de la psicología es esencialmente histórico, es decir que tiene una existencia propia,
marcada por una cultura, un estilo de vida, construidos en un devenir compartido colectivamente. Y es también
esencialmente activo.
-La búsqueda de modelos y fundamentos teóricos y metodológicos diversos, en los cuales puede hablarse de
heterogeneidad.
a-Una primera etapa, que abarca desde los años 60 hasta finales de los 70, coexistiendo con dictaduras militares,
represión política, abuso del poder, crímenes de estado, desapariciones, corrupción del estado en donde poca
importancia tienen las políticas de Salud mental en atención primaria o preventiva:
• A fines de la década del cincuenta comienza a producirse una “sociología militante”. En los trabajos del
sociólogo Orlando Fals Borda (1959) en Colombia se sentaban las bases para una praxis renovadora de las
ciencias sociales y del rol de las investigaciones sociales. Igualmente la educación popular planteaba nuevas
formas de intervención social, siempre mediadas por la comunidad, ya que como lo han señalado Freire (1974) y
Barreiro (1974), entre otros, se trata de un proceso realizado por y con los miembros de un grupo, en función de
sus intereses y necesidades. Igualmente, Ander-Egg (1963) plantea una práctica social en este sentido desde el
campo multidisciplinario de la animación cultural y el trabajo social. La fenomenología que influía en la
sociología y la antropología, así como el incipiente movimiento construccionista, apuntaban hacia esa misma
visión del ser humano como un actor, como un constructor de su realidad y la necesidad de abandonar la idea de
la separación entre investigador e investigado, fundamentada en la supuesta "neutralidad" del primero y "no
contaminación" del segundo. Así, en el campo de las ciencias sociales, surge la Psicología Comunitaria.
• A mediados de los 60´ surge, simultáneamente en varios países (Brasil, Colombia, El Salvador, México, Panamá,
Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela), una práctica originada en la psicología social como
reacción a la crisis con anterioridad mencionada. La idea era entonces trabajar en, con y para la comunidad. Esto
significa redefinir el objeto y el método, revisar la teoría, reestructurar el rol profesional de los y las
profesionales de la psicología.
• En Puerto Rico, se puede hablar de un punto de partida en 1975, momento en que se crea el primer Programa
de Psicología Social y Comunitaria en el Departamento de Psicología de la Universidad de Puerto Rico, en función
de "las necesidades encontradas en la sociedad y demandas tanto de estudiantes como de la “Facultas”, al
mismo tiempo que surgen programas gubernamentales que incorporan una orientación comunitaria.
b-Una segunda etapa, que coincide con el proceso de apertura y "democratización" de los gobiernos
latinoamericanos a la sociedad civil con políticas de salud concebidas por la OMS/OPS.
• En los inicios de los ochenta el carácter de la Psicología Social Comunitaria latinoamericana se ha perfilado
mucho más. El modelo metodológico puertorriqueño se une a la adaptación psicológica del método freiriano y
de la investigación-acción participativa sociológica y, con ligeras variantes, es la tendencia adoptada
fundamentalmente en los países latinoamericanos pioneros en el desarrollo de la subdisciplina. Con su
aplicación es posible intervenir la realidad y transformarla.
• El modelo de intervención psicosocial comunitaria más expandido en la región es aquel en el cual una
comunidad, trabajando con un equipo psicológico, asume el control de las decisiones acerca de una situación
que la afecta (que puede ser de carácter sanitario, de vivienda, ambiental, de recuperación del espacio comunal,
educativo o de recreación, etc.) e inicia un proceso de crecimiento grupal e individual, que incluye a los/las
psicólogos/as (agentes externos), y genera un movimiento en el cual instituciones públicas pueden ser
involucradas, pero no como rectoras de la acción sino como proveedoras de servicios exigidos por la comunidad.
Así, el énfasis está entonces no en la creación y mejoramiento de servicios en la comunidad por parte de
organizaciones especializadas que son fortalecidas a tal efecto, sino en la transformación y fortalecimiento de
grupos humanos que pasan a ser los agentes internos de su propio cambio.
-Puntos de convergencia
Los caminos de la Psicología Social Comunitaria estadounidense y latinoamericana parecen estar llegando a un punto
de convergencia. Con métodos diferentes, con un basamento teórico nutrido de fuentes autóctonas en cada caso, a
la vez que de ciertas fuentes externas comunes y con mutuas y fructíferas relaciones en lo que respecta a algunos
centros, encontramos hoy una disciplina, que propone y está logrando una forma de interacción diferente con la
sociedad y los individuos que la integran. Se ha podido construir en menos de tres décadas, una subdisciplina
científica que ha generado una práctica transformadora, algunos métodos nuevos y que hoy comienza ya a presentar
explicaciones teóricas producto de la reflexión e investigación realizadas en su propio campo y no ya de
adaptaciones provenientes de las áreas afines.
Paradigma de la Psicología Comunitaria
En palabras de Campos y Guareschi (2000) es “el paradigma de la construcción y de la transformación crítica,
caracterizado por la relación dialógica entre el investigador y los sujetos de la investigación y por el énfasis en la
aplicación de la ciencia en la transformación social”10 Entre los aspectos más relevantes de esta Psicología Social
Comunitaria latinoamericana, encontramos su carácter activo y constructor de “influencias sociales” (Martín-Baró,
1989), junto al hecho de tener siempre en cuenta las referencias históricas y la crítica social para las acciones que
deben ser implementadas (Freitas, 1998; Lane y Codo, 1995; Guareschi, 1996), así como la explicitación de sus
determinantes políticos (Montero, 2000; Lane y Codo, 1995). Hay una reconocida influencia del construccionismo
social de Berger y Luckmann (1996). Éste presenta la idea del ser humano como producto y productor del medio
social, capaz de transformar la realidad al mismo tiempo en que es transformado por ella, es decir, siendo al mismo
tiempo, haciendo de la sociedad una producción humana. El campo de la Psicología Comunitaria ha utilizado también
la perspectiva crítica y dialógica dirigida hacia la reflexión.
La originalidad de la Psicología Social Comunitaria desde la perspectiva latinoamericana se ubica en el interés por la
colectividad y por las comunidades; en el posicionamiento a favor de las minorías oprimidas y de los movimientos
sociales; una praxis que procura la transformación social e individual, en la incorporación de las culturas populares,
así como en la participación social. surge al mismo tiempo que el llamado “nuevo paradigma” por lo que nace
marcada por los signos de la complejidad, el holismo y la ambigüedad (borrosidad). Y plantea que El paradigma de la
construcción y la transformación crítica se configura en 5 dimensiones:
DIMENSIÓN ONTOLÓGICA: (concierne a la naturaleza y a la definición del sujeto cognoscente) No se limita a un solo
tipo de “conocedor” proveniente de una sola institución social, casi siempre la ciencia. La Psicología Comunitaria
reconoce el carácter productor de conocimiento de los miembros de las comunidades. Entonces, la naturaleza de la
relación entre investigadores externos (psicólogas y psicólogos) y las personas que forman las comunidades (aquellas
que en la investigación tradicional se llaman sujetos) es un aspecto fundamental de este paradigma. Pero la
Psicología Comunitaria no trabaja con “sujetos”, trabaja con “actores sociales”. No solo se trata con un ser activo y
no meramente reactivo, sino con alguien que construye realidad y que protagoniza la vida cotidiana. Al hablar de
actor social se trata de alguien que posee conocimientos y que continuamente los produce; por lo tanto es alguien
que piensa, actúa y crea, cuyo conocimiento, llamado conocimiento popular, debe ser tomado en cuenta. Las
consecuencias de esta posición ontológica para la Psicología Comunitarias son:
-La comunidad tiene el derecho a decidir qué tema se va a intervenir-investigar y cómo desea que esto se haga.
-La comunidad es quien más se ve afectada por cualquier tipo de intervención-investigación. Por lo tanto nadie tiene
el derecho a intervenir-investigar sin su consentimiento.
-La comunidad posee recursos para realizar sus propias intervenciones-investigaciones sin necesidad de que vengan
extraños a realizar dicha tarea.
-El rol del profesional en este trabajo debe ser de facilitador y no de experto.
DIMENSION EPISTEMOLÓGICA: Se refiere a la producción del conocimiento. A la relación entre sujetos cognoscentes
y objetos de conocimiento). Para Maritza Montero (2007) la relación entre sujeto y objeto de conocimiento, es
monista, “lo cual significa que entre sujeto y objeto no hay distancia. No se los trata como entidades separadas e
independientes, para cuya relación y contacto deben darse aproximaciones mediadas por procedimientos que
pueden o no estar presentes en algunos sujetos o en algunos objetos, puesto que componen una misma realidad y no
se trata de entidades separadas. Ambos, sujeto y objeto, son considerados como parte de una misma dimensión en
una relación de influencia mutua.
Esa construcción es social, y por lo tanto relativa, pues responde a un momento y a un espacio determinados, ya que
es producida históricamente. Con ello no negamos la existencia de la realidad, solo nos apropiamos de lo que nos co-
responde, pues se trata de un mundo de conocimientos que es correspondiente a nuestros esfuerzos y relatos a la
vez que responde a ellos. La realidad está en el sujeto y alrededor de él; a su vez el sujeto está en la realidad, es
parte de ella y no es posible separarlos.
En el trabajo psicosocial comunitario se producen dos tipos de conocimientos y dos tipos de relaciones en el saber.
En el primer caso, un conocimiento construido por los miembros de la comunidad (saber popular) conjuntamente
con los agentes de cambio externos (saber técnico) y un conocimiento, que traducido en los términos de una
disciplina científica es la contribución que esos agentes hacen a otra comunidad, la científica. En el segundo caso, hay
una relación de transmisión de conocimientos técnicos del o la psicóloga a la comunidad, y de aporte de
conocimiento popular, de la comunidad a los y las psicólogos/as comprometidos en la acción, y entre ambas formas
de conocimiento y de saberes se da una estrecha relación; se produce una tercera forma de conocimiento, que
realimentará ambas formas de conocimiento, a la vez que generará un nuevo saber. (Reflexión-acción-reflexión.
Praxis: la práctica genera teoría y la teoría genera nuevas prácticas). El conocimiento producido para la comunidad
científica, no puede, ni debe excluir los aportes del saber popular, so riesgo de desvirtuar el fenómeno estudiado y
producido. Por tal razón el rol de los/las psicólogos/as comunitarios/as no es el de interventores/as expertos/as, sino
más bien el de catalizadores/as de transformaciones sociales.
DIMENSIÓN ÉTICA: remite a la definición del Otro/a y a su inclusión en la relación de producción de conocimiento)
M. Montero habla, en el campo de lo comunitario, de una “ética de la relación”: “una ética fundamentada en la
relación supone una forma de expresión de la rectitud que va más allá del derecho a la afirmación del propio interés,
para pasar a considerar el interés común por encima del bienestar individual. La equidad de la ética de la relación
supone conocer no solamente el carácter humano y digno del otro, sino que la otredad no es una brecha, una
diferencia, algo que distingue, que separa, sino que es parte del yo. Que cada uno es otro y que cada otro es un yo” 7.
De tal concepción ética derivan consecuencias que se manifiestan en las demás dimensiones paradigmáticas
(epistemológicas, ontológicas, metodológicas y políticas). Estas se pueden resumir del siguiente modo:
-El otro no es un objeto creado por el Uno: existencia independiente e histórica de la comunidad como forma de
grupo y de sus miembros en su singularidad. La comunidad como grupo o conjunto de grupos organizados tiene voz
propia.
-La cultura y sus modalidades se reflejan tanto en la comunidad y en sus agentes internos como en los agentes
externos. Y los patrones de relación para comprender y equivocarse, a la vez que se desarrollan culturalmente, se
transforman en la relación.
-La relación es siempre dialógica y tiene un carácter discursivo. Esto significa que las relaciones humanas tienen que
ser abiertas a una multiplicidad de voces. Imponer silencio a ciertas categorías sociales es antiético y es una forma de
excluir o suprimir al otro.
-Está abierta a la pluralidad de modos de producir conocimientos y transformaciones. Aceptar que el conocimiento
puede darse en diferentes ámbitos, por diferentes medios.
-El aspecto crítico se expresa en la permanente reflexión sobre lo que se está haciendo y lleva a la concientización
sobre lo que es presentado como una forma natural de ver las cosas.
Por último el respeto al Otro/a y a su participación en la autoría y propiedad del conocimiento producido muestra el
carácter ético de este paradigma. Hay una autoría compartida para el conocimiento producido en el trabajo
comunitario. Esa co-autoría debe quedar establecida en los informes que se produzcan, en el sentido de que se debe
citar quien hizo qué, y si se trata de un artículo o de una obra académica producida a partir de un trabajo realizado
por un agente externo, se debe señalar en esa obra lo que hicieron las personas de la comunidad. Si el análisis ha
sido construido en colaboración, entonces la co-autoría debe ser obligatoria.
El contexto de descubrimiento no es exclusivo de la ciencia y en el caso del trabajo comunitario, al haber una
reflexión y una acción compartida derivada del reconocimiento del carácter activo de los/las participantes. Esta
consideración de los miembros de la comunidad como co-productores/as es no solo un ejercicio de respeto que se
debe tener por el/la otro/a, sino además el reconocimiento de su igualdad en la diferencia. Es decir, está investido
de derechos, a la vez que distinguido en su carácter único.
DIMENSIÓN METODOLÓGICA: (trata sobre los modos empleados para producir conocimiento)
En Psicología Comunitaria, las metodologías y métodos tienden a ser participativos, aunque no excluyen otras vías.
Se asume la Investigación-Acción (cuyo origen está en la psicología social: Lewin, 1948/1973) en su expresión
Participativa (IAP), tomada del campo de la sociología y de la educación popular, enriqueciéndola con aspectos
provenientes de aquellos métodos ligados a la psicología tradicional, de carácter dinámico y colectivo.
Se busca generar métodos que se transforman al mismo tiempo que cambian las comunidades y el problema que
estudia de modo que se generen construcciones en una acción crítica y reflexiva de carácter colectivo. Se busca
construir una metodología flexible, dialógica, dinámica y transformadora que incorpore a la comunidad a su
“autoestudio”. Por eso se amplía la dialéctica, convirtiéndola en analéptica, logrando así una forma de estudio que
responda a los intereses de la gente a la cual se suponen destinados sus beneficios.
DIMENSIÓN POLÍTICA:
Se refiere al carácter y la finalidad del conocimiento producido, así como a su ámbito de aplicación y a sus efectos
sociales y a la posibilidad que todo ente tiene de expresarse y hacer oír su voz en el espacio público.
La política se refiere a la esfera de lo público, al ámbito de la ciudadanía y a cómo nos relacionamos con otras
personas en ella. Así miso se refiere al poder y sus líneas de acción, lo cual constituye su núcleo central.
Configura un proceso de democratización a través de la participación social y del proceso educativo unido a ella. Es
decir, fortalecimiento de la sociedad civil, lo cual es parte de la madurez política de un pueblo.
Otras bases teóricas y episptemológicas:
El Paradigma ecológico en la Psicología Comunitaria:
En palabras de Jorge Castellá Sarriera “…El paradigma ecológico en psicología comunitaria representa una
perspectiva teórica que entiende la realidad dentro de la complejidad como una construcción conjunta e interactiva
entre personas y ambientes, creando conciencia sobre las interdependencias que generan las injusticias y
desigualdades. También desarrolla y fortalece los recursos que contribuyen a una optimización de las condiciones de
vida, actuando en las instancias macro, meso y micro sistémicas de forma colaborativa y solidaria entre los miembros
de la comunidad y entre el investigador y la comunidad, reforzando las redes sociales para que contribuyan a la
resolución de problemas psicosociales. Propone como valores prioritarios la calidad de vida y el establecimiento de
estructuras sociales que apoyen el desarrollo, la igualdad y la diversidad a través de la acción participativa de
personas y comunidades.
Perspectiva ecológico-Sistémico de la salud: Entiende la vida como una permanente actualización y expansión de las
potencialidades bio-psico-socio-culturales de las personas y sus entornos deduciendo a partir de esto, qué es
saludable o salutógeno. Esta perspectiva se caracteriza por un saber multidisciplinario que tiene en cuenta la
totalidad del proceso de salud enfermedad y sus emergentes, siendo sus acciones fundamentales, en primer lugar, la
protección y promoción de la salud y en segundo la prevención primaria.
Psicología de la liberación
Los antecedentes históricos, genuinamente latinoamericanos de la psicología de la liberación, no proceden de la
psicología académica tradicional, sino de la educación popular de Paulo Freire y de la Sociología crítica de Fals Borda.
Ambas tienen en común la práctica. El principal exponente de esta área del conocimiento fue Ignacio Martín Baró.
El concepto de liberación que propone reconoce la libertad del otro, quien deja de ser un sujeto sujetado para
ocupar un lugar de igualdad, activo como actor social fundamental; un sujeto de habilidades y conocimientos
específicos de una índole particular. Las matrices teóricos-epistemológicas de la Psicología de la Liberación, la
Educación Popular freiriana y la Sociología Crítica, poseen algunas características en común, además del
reconocimiento de los saberes populares y grupales. Estos puntos de convergencia son: Generación de una praxis
liberadora. Praxis centrada en la transformación social. Redefinición del papel de los investigadores e interventores
sociales, y definición de las personas y grupos interesados como actores sociales. Valorización del saber popular.
Concientización. Recuperación crítica de la historia.
Aunque los constructos marxistas hayan ejercido una influencia en la psicología social latinoamericana, la psicología
de la liberación supone una ontología, una epistemología, una metodología, una posición ética y política propias.
Otra piedra angular es la historicidad. Según Blanco, las consecuencias de una conceptualización o acción marcada
por la historicidad son:
La producción socio-histórica del conocimiento. El rechazo a verdades absolutas y naturales. La negación de las leyes
y principios psicosociales universalmente válidos
El modelo de sujeto que resulta más pertinente para la psicología social lo proporcionan Vygotsky, Lewin y Mead. Se
trata de un sujeto activo frente al medio dotado de una infinita potencialidad para usar herramientas de naturaleza
material y simbólica, lo que le permite relacionarse con el medio que lo rodea. Martín Baró propone dos principales
fundamentos para la práctica de la psicología y el proceso de liberación: 1- propiciar en las masas populares la
búsqueda de la verdad; 2- crear una nueva praxis psicológica para transformar a las personas y a las comunidades,
reconociendo sus potencialidades negadas.
Objeto de estudio:
Los objetos de estudio en la Psicología Comunitaria son: la comunidad (también entendida como ámbito y sujeto del
quehacer psicológico comunitario) y los procesos psicosociales comunitarios que se dan en las comunidades
(construidos entre los individuos que integran dicha comunidad y que reciben así mimo su influencia).
● La Comunidad es entendida como: “Población cuyos miembros se identifican conscientemente unos con
otros. Pueden ocupar un territorio común, o no; se abocan a actividades en común. Tienen una forma de
organización que les indica una diferenciación de funciones, que le permite a la comunidad adaptarse a su
medio, satisfaciendo de ese modo las necesidades de sus componentes. Estos pueden ser: personas, grupos,
familias y organizaciones, dentro de sus población y las instituciones que ella crea para satisfacer sus
necesidades” La comunidad aparece como ámbito y sujeto del que hacer psicosocial de la psicología. No
como espacio delimitado por la teoría, sino auto delimitado por la comunidad misma. Y no como sujeto
sujetado definido externamente, sino autodefinido desde la propia comunidad, como sujeto activo de las
acciones que en ella se llevan a cabo, como actor social, constructor de su propia realidad.
● El cambio social, también debe ser precisado: no se trata de cambios señalados desde afuera de la
comunidad y la incorporación de aspectos externos (provenientes de consideraciones de salud mental, salud
comunitaria, avances de la ciencia, aspectos culturales, religiosos, políticos económicos) debe ser conocida,
discutida, reflexionada y aceptada por la comunidad. El trazado de las líneas de transformación, debe ser
trazado por la comunidad, sobre todo, desde sus aspiraciones, deseos y necesidades.
Procesos psicosociales comunitarios: procesos que influyen en las relaciones sociales de las personas y a su vez son
influidos por las circunstancias sociales y que suponen subprocesos de carácter cognoscitivo, emotivo, motivacional
que tienen consecuencias conductuales. En su vertiente psicosocial, estos procesos afectan no solo a los individuos,
sino a las relaciones mediante las cuales esas personas se construyen a sí mismas y construyen su mundo de vida.
Tienen una función fundamental tanto en el mantenimiento como en la transformación de las condiciones de vida y
constituyen el eje del trabajo comunitario.
-Naturalización: proceso unido al de familiarización. Ambos procesos son parte del proceso de conocimiento. La
familiarización se da mediante mecanismos de clasificación, categorización, etiquetamiento, denominación y
explicación, que, sujetos a una lógica específica, permiten asumir lo extraño haciéndolo familiar. Tal cadena de
acontecimientos cognoscitivos lleva a anclar el conocimiento así estructurado al conocimiento ya habido,
objetivándolo. Naturalización y familiarización son las vías para aceptar, conocer y relacionarse con lo extraño, con lo
diverso; para hacerlo aceptable, admisible e internalizarlo y considerarlo como “modo de ser del mundo”. Junto con
la habituación son los mecanismos micro social que mantienen ciertas estructuras y ciertos modos de vida a la vez
que sostienen la permanencia o stasis social.
-La problematización: En psicología comunitaria problematizar es generar situaciones en las cuales las personas se
ven forzadas a revisar sus acciones u opiniones acerca de hechos de su vida diaria vistos como normales, convertidos
por la razón en habituales, o percibidos como inevitables al considerarlos naturales.
Es una estrategia para desarrollar conciencia crítica que, a su vez, produce a través de la reflexión y la acción, la
transformación de las circunstancias naturalizadoras y alienadoras. Tiene un carácter liberador y des-ideologizador,
ya que genera conocimiento, elimina la ignorancia y cuestiona la hegemonía de ciertas ideas que justifican
determinadas situaciones. Impulsa la construcción y reconstrucción de una conciencia integral, que produce una
comprensión global de la sociedad en la que se vive.
-Proceso de Conversión: “fenómeno psicológico por el cual, de manera sutil, se produce un cambio en los procesos de
conocimiento y de percepción mediante el cual se adoptan implícitamente los puntos de vista o las respuestas de
otro. Es el paso de una creencia considerada como falsa a una verdad presumida y un cambio de conducta”. El
proceso de conversión puede darse por dos vías: de la comunidad como minoría activa hacia la mayoría dominante, y
también desde esta hacia sectores o miembros de la comunidad, que también pueden de manera no consciente
cambiar sus modos de pensar y de actuar. Entre mayorías y minorías hay una tensión dialógica que continuamente
ejerce presión desde ambos lados.
Este concepto tiene estrecha relación con los conceptos de influencia social, presión social y de concientización.
La afectividad, si bien no es considerada un fenómeno psicosocial, es descripta como transversal a todos ellos. León
y Montenegro definen afectividad como: “El conjunto de estados y expresiones anímicas –ubicados dentro de un
continuo cuyos polos son el agrado y el desagrado- a través de los cuales el individuo se implica en una relación
consigo mismo y con su ambiente”. El afecto, la conciencia, y la acción están relacionados y es solo por un acto de
prestidigitación teórica que podemos separar lo cognoscitivo, lo afectivo y lo conativo.
La afectividad interviene en todo trabajo comunitario y es particularmente evidente en los siguientes procesos:
participación; compromiso; problematización; desideologización; reflexión y evaluación; formas de identidades
comunitarias y sentido de comunidad; rechazo a la comunidad; generación de movimientos de resistencia y de
protesta; dinamización de la acción comunitaria.
Dada la relevancia de los aspectos afectivos en los fenómenos y procesos psicosociales en el trabajo comunitario,
Maritza Montero destaca la ausencia (y la necesidad de inclusión) de los mismos en las publicaciones de artículos
científicos sobre Psicología Comunitaria.
Las ideas de la psicología de la liberación, unidas a la conciencia del carácter auto determinante de la comunidad han
interactuado con la psicología comunitaria latinoamericana influyéndose recíprocamente y señalando también como
objeto de esta última el bienestar y la liberación, y la coexistencia de esos dos objetivos con el cambio social.
Factores económicos o políticos ponen a menudo barreras para el logro de la metas de la comunidad de manera
inmediata. El desarrollo comunal deberá involucrar también estrategias para la superación de tales obstáculos, a
largo plazo, manteniendo siempre la comunidad el control sobre la situación.
Objetivos:
Martiza Montero plantea diferentes objetivos de la Psicología comunitaria a lo largo de su desarrollo: ecología, salud
mental en la comunidad, inclusión social, prevención primaria y promoción, preocupación y búsqueda de solución a
problemáticas sociales, cambio social, salud comunitaria, fortalecimiento de grupos, democratización e inclusión
social, concientización, apoyo social, bienestar, liberación
Desde los inicios de la Psicología comunitaria se presentan objetivos que aparecen y se mantienen a lo largo del
tiempo, o no. La transformación social está indicada como uno de los objetivos centrales de esta subdisciplina
científica
Para otros autores (como Berta Escobar) los Objetivos de la Psicología Comunitaria tienen que ver con la toma de
conciencia de los problemas, de su situación, su identidad, de sus recursos y de su utilización colectiva para resolver
problemas comunes. Así también desarrollar elementos de tipo motivacional: que las personas sean capaces de
organizarse en torno a los que reciben como meta de cambio. Otro de sus objetivos es la autogestión, esto es la
utilización de los recursos de la propia comunidad de forma independiente. Como así también el fortalecimiento:
como consecuencia directa de la toma de conciencia. Implica ayudar a las personas a identificar sus necesidades y
adquirir las habilidades y confianza en sí mismas que necesitan para actuar de manera efectiva en la promoción de
su salud. Surgen y se construyen desde las propias necesidades; los principales protagonistas son las personas y las
comunidades. Puede ser personal (autocuidado) o comunitario. Consiste en aumentar la concienciación y la
capacidad de la población para cambiar su realidad social (desarrollo comunitario). Por último, la socialización en el
sentido de trabajo organizado para la búsqueda y efectivización de soluciones.
El rol del psicólogo comunitario
Los/las profesionales de la psicología se definen como agentes de cambio social, como catalizadores del cambio, a
veces como facilitadores del cambio. Mann ha dicho que el/la psicólogo/a, en el trabajo psicosocial comunitario, más
que un/a agente de cambio es un/a modificador/a del cambio, pero los trabajos latinoamericanos señalan cómo, el
centrar la acción en la comunidad, el cambio, su dirección y modificaciones, parten siempre de ella. Pero no siempre
está clara la inserción social, institucional y profesional de ese/a psicólogo/a. Quintal de Freitas (obra en prensa),
encuentra que en Brasil, entre los años setenta y el momento actual, se han presentado cuatro tipos de práctica
profesional relacionada con las comunidades, y los analiza en función de dos ejes: la especificidad profesional vs la
no especificidad y la determinación psicológica de los fenómenos vs la determinación socioeconómica de los mismos.
Esas prácticas se caracterizan por:
Según Elichiry (1987) este enfoque tiene una visión atomista de la realidad y un total aislamiento respecto de la
demanda social. Como ocurre, por ejemplo, en América
Latina en la educación formal, especialmente en el nivel universitario, ya que la enseñanza se mantiene apegada a la
tradicional visión positivista de áreas del conocimiento basadas en divisiones supuestamente pedagógicas,
parcelando el saber en disciplinas aisladas, llevándonos a la excesiva especialización que fragmenta el conocimiento
en áreas y obstaculiza la comprensión de la pluralidad y complejidad de las dimensiones de la realidad. Además,
dejan de lado las prácticas, los contenidos teóricos se dictan dentro del aula, alejados del contexto en el cual se
generan. Todo esto genera “islas académicas” sumamente eruditas, pero descontextualizadas de los problemas que
la realidad plantea, lo cual genera solo “reproducir” conocimientos, pero no generan conocimientos nuevos. La
Multidisciplina por su parte, no altera los campos y objetos de estudio disciplinarios, ni el arsenal metodológico:
consiste en reunir varias disciplinas para que cada una proyecte una visión específica sobre un campo determinado.
Cada disciplina aporta su visión específica, y todas confluyen en un informe final de investigación que caracteriza
desde las perspectivas involucradas lo que se investiga.
-Interdisciplina:
El enfoque interdisciplinario, en cambio, surge ante la demanda social, cada vez más compleja. Esta orientación
puede favorecer la integración y producción del conocimiento. Propone: partir de los problemas, no de las disciplinas
dadas; considera que “los problemas” no tienen fronteras disciplinarias y que los límites de cada disciplina no están
fijos y determinados para siempre.
Esta visión surge de un enfoque constructivista de la realidad, siendo esta una totalidad estructurada y
estructurante. La interdisciplina reconoce que la realidad no es algo unívoco y simple, fácil de comprender, sino que
es contradictoria, se basa en la complejidad y unidad de realidad, por un lado, y en la división del trabajo científico
necesario para la evolución de la ciencia, por otro. (Elichiry, 1987)
Incluye intercambios disciplinarios que producen enriquecimiento mutuo y transformación. Estos intercambios
implican: interacción, cooperación y circularidad entre las disciplinas, por medio de la reciprocidad, con intercambio
de instrumentos, métodos y técnicas.
La interdisciplina solo puede implementarse cuando los que la realizan son expertos en su propia disciplina, como
sucede, por ejemplo, en una orquesta en la que participan un experto en violín, piano, etc., si bien la partitura es
común. Lo fundamental es mantener la identidad y especificidad disciplinaria; solo entonces se podrán establecer
enlaces y relaciones.
Cada disciplina es importante en su individualidad, la integración no se realiza a nivel de las disciplinas, sino que a
través de los miembros del equipo de trabajo, que realizan prácticas convergentes.
-Transdisciplina:
Pensar en una integración sistémica nos lleva a la orientación transdisciplinaria.
La transdisciplinariedad supone un sistema total que integra las distintas disciplinas a través de un marco conceptual
común. Esta visión no se contenta con lograr interacciones o reciprocidades entre investigaciones especializadas sino
que situaría estas conexiones en el interior de un sistema total sin fronteras estables entre las disciplinas, brindando
una explicación científica totalizadora de la realidad. (Elichiry, 1987)
Álvarez Méndez (en Elichiry, 1987) define al sistema como “el todo relacional funcional y organizado en el que
importan las interacciones o interconexiones que mantienen las partes que lo configuran, (estructura)”. Estas partes
interactuantes funcionan de manera individual y a la vez conjunta, en base a un principio de organización.
Las estructuras no son consideradas rígidas y en condiciones de equilibrio estático, sino como un conjunto de
relaciones dentro de un sistema organizado que se mantiene en condiciones estacionarias mediante procesos
dinámicos de regulación. (Elichiry,
1987)
La Transdisciplina es una forma de organización de los conocimientos que trascienden las disciplinas de una forma
radical. Se ha entendido la transdisciplina haciendo énfasis a) en lo que está entre las disciplinas, b) en lo que las
atraviesa a todas, y c) en lo que está más allá de ellas.
Existe la necesidad de que los conocimientos científicos se nutran y aporten una mirada global que no se reduzca a
las disciplinas ni a sus campos, que vaya en la dirección de considerar el mundo en su unidad diversa. Que no lo
separe, aunque distinga las diferencias. La transdisciplina representa la aspiración a un conocimiento lo más
completo posible, que sea capaz de dialogar con la diversidad de los saberes humanos. Por eso el diálogo de saberes
y la complejidad son inherentes a la actitud transdisciplinaria, que se plantea el mundo como pregunta y como
aspiración.
La transdisciplina no renuncia ni rechaza las disciplinas. Con la transdisciplina se aspira a un conocimiento relacional,
complejo, que nunca será acabado, pero aspira al diálogo y la revisión permanentes.
. La transdisciplina no elimina a las disciplinas lo que elimina es esa verdad que dice que el conocimiento disciplinario
es totalizador, cambia el enfoque disciplinario por uno que lo atraviesa, el transdisciplinario.
Intenta una comprensión del mundo bajo los imperativos de la unidad del conocimiento.
Max Neef (1998), señala que La transdisciplinariedad es una solución que con miras a alcanzar un mayor
entendimiento, va más allá de los ámbitos esbozados por disciplinas estrictas. Mientas que el lenguaje de una
disciplina puede limitarse a describir algo (un elemento aislado), puede resultar necesaria una actividad
interdisciplinaria para explicar algo (una relación entre elementos). Por la misma razón, para entender algo (un
sistema como se lo interpreta por otro sistema de mayor complejidad) se requiere una participación personal que
vaya más allá de las fronteras disciplinarias, convirtiéndola así en una experiencia transdisiciplinaria (p. 39).
Es así como empiezan a perfilarse la transdisciplina y la transinstitución como posibilidades de desarmar saberes y
generar espacios alternativos de construcción social.
La metodología posible es la dialógica entre los mismos espacios de incertidumbre entre los que compartimos la
responsabilidad social frente al riesgo.
Son las preguntas y no las respuestas acabadas las que nos permitirán comenzar a salir de los moldes que por
formación disciplinar tenemos y transitar por la incertidumbre sin huir real o defensivamente.
Morín (1984) señala que la existencia de una antigua y una nueva transdisciplinariedad, explicando que el desarrollo
de la ciencia occidental desde el s. XVIII, ha sido no sólo un desarrollo disciplinar sino también transdisciplinar. Hay
que decir, no sólo las ciencias, sino “la ciencia”, porque hay una unidad de método, un determinado número de
postulados implícitos en todas las disciplinas (objetividad, eliminación del problema sujeto, utilización de las
matemáticas como lenguaje, y modo de explicación común, la búsqueda de la formalización, etc.). La ciencia nunca
hubiera sido “la ciencia” si no hubiera sido transdisciplinar, y además su historia está atravesada por grandes
unificaciones transdisciplinares desde la irradiación de las filosofías subyacentes (empirismo, positivismo,
pragmatismo) o de los imperialismos teóricos (marxismo, freudismo).
Esta unidad ha sido hiperabstracta e hiperformalizada lo que ha favorecido que las diferentes dimensiones de lo real
permanezcan compartimentalizadas.
Es preciso considerar el saber, dice Morín, mostrando la pérdida del saber reflexivo, saber para ser pensado, en
contraposición de saber para ser acumulado y poseído por expertos, detrás de lo que se impone el paradigma de un
saber científico que excluye al sujeto, por ello no puede ser interrogado.
En oposición a las ideas de Descarte, que identificaba la verdad con ideas simples y claras, la posibilidad de
interrogarse y construir un saber transdisciplinar, que necesariamente será saber reflexivo, operará en los campos
disciplinarios e institucionales que devienen de su parcelamiento de la realidad, como turbulencia.
Esta idea de un proceso transdisciplinario (tomado la idea de la Dra. Flavia Valgiusti), proceso que comienza con una
turbulencia (muy alejada de las ideas simples y claras), ya que opera con una implosión de las ideas fuertes de cada
disciplina, da lugar a ideas marginales, en el campo, que están en contacto con ideas marginales de otros campos
disciplinarios e institucionales, y que puede ser continuada, en el proceso de ruptura paradigmática, con una etapa
de resonancia y sintonización, donde los distintos saberes se encuentran y se familiarizan.
Paralelamente a ello hay que considerar que las rupturas de las ideas centrales de una disciplina, es necesariamente
una ruptura de espacios sociales, los expertos de un tema subsisten y dominan mientras su saber es eficaz, cuando
no encuentran respuesta, sacan el problema de sus espacio. Lo depositan en otro lugar procurando el saber de otro
experto.
El proceso transdisciplinario solo se alcanza si se logra cierta sincronización de nuevos saberes o recuperación de
saberes marginales, que permiten formulaciones por una fusión que da lugar a un nuevo espacio inclusivo. Este
contendrá las múltiples miradas que lo componen y establecerá un nuevo orden imaginario frente a la realidad a
abordar.
Este nuevo espacio no es necesariamente materializado en una nueva institución o una nueva disciplina, es en
primera instancia, un lugar paradigmático, porque lleva una nueva mirada del problema y de las estrategias frente a
él.
La autora plantea como invitación pensar el tema de “riesgo” como punto de convocatoria para la caída de los
muros disciplinarios e institucionales, es el terreno de crecimiento de prácticas complejas y saberes periféricos, que
arrojan nuevas posibilidades de construcción social.
La desesperación, la abdicación, y la puja por imponer una única verdad son potenciadoras del riesgo ya que actúan
diluyendo la energía y descentrando el esfuerzo.
Dos procesos simultáneos demanda el riesgo: Primero hacerse cargo de él como un desafío conjunto, por lo tanto
transdisciplinario y transinstitucional. Segundo, romper las propias certezas, para poder prestar atención a las
construcciones conjuntas y provisorias para la acción.
-Intentos de colonizar el nuevo espacio con una única mirada (jurídica, médica, psicológica, pedagógica)
-Dificultades para reconocer el lugar de experto emocional de quien es el actor del riesgo, de su valoración y de sus
recursos de que dispone para enfrentarlos.
-Visión paternalista que los profesionales tenemos. Aceptar el trabajo sobre la posibilidad, sobre la oportunidad que
el riesgo nos procura, tolerando lo posible de las circunstancias, sin dejar por ello de buscar animosamente otras
alternativas.
1. la especialización absoluta con su consecuente aislamiento del desarrollo científico del contexto social.
2. la generalización excesiva y la falta de profundidad. Estas pueden evitarse con la integración activa del equipo
interdisciplinario de trabajo desde el inicio, conciliando unidad-diversidad y especialidad-universidad a través de
las interrelaciones de diferenciación e integración de las disciplinas, discusiones, divergencias, críticas y consensos
del equipo de trabajo. Lo fundamental será entonces salir del aislacionismo aún vigente y abocarnos al trabajo en
equipo, sin “saberes absolutos”, sino en la búsqueda constante de modelos teóricos que permitan resolver los
problemas que la realidad plantea. (Elichiry, 1987).
Había problemas que debían ser enfrentados no sólo por los psicólogos interesados en ellos, sino también por las
personas afectadas, ante la ineficiencia o inutilidad social de los procedimientos de los cuales se disponía. Estos
permitían diagnosticar en términos psicosociales pero establecían una brecha entre ese diagnóstico y las formas de
intervención, planificadas externamente al ámbito del problema, que generaba un continuo desajuste entre los
acontecimientos de la vida social, los procesos psicosociales ligados a ellos y las respuestas de la disciplina.
De la psicología social tomamos las técnicas y los procedimientos propios de la dinámica de grupos. Nos permitían
establecer intercambios productivos, vivaces, en los cuales todos los miembros del grupo pudiesen tener la
oportunidad de expresar sus puntos de vista, sus preocupaciones, sus opiniones. Tomamos también las técnicas de
observación y les añadimos los enfoques participativos y la sensibilidad provenientes de la etno-metodología y de la
antropología cultural. Recurrimos a la presencia de observadores separados, independientes y con posiciones
diferentes en el lugar de observación.
El carácter participativo de muchas de las técnicas empleadas en la psicología comunitaria, así como el lugar central
que en ella ocupa la investigación-acción-participativa, se han afirmado y extendido, pero, al mismo tiempo, existe lo
que puede considerarse una forma de pluralismo metodológico, en el sentido de que al lado de ese método no se
descarta el uso de formas tradicionales de investigación e intervención social, por ejemplo, el uso de encuestas. Los
métodos siempre están orientados por los principios y valores de la subdisciplina, y en tal sentido es frecuente
encontrar transformaciones de carácter participativo aplicadas a ellos.
Otro aspecto que caracteriza a ese pluralismo metodológico es el uso tanto de métodos cualitativos como
cuantitativos. El método de la psicología comunitaria se rige por los siguientes principios básicos:
1. El principio científico de que el método sigue al objeto. Los métodos no son independientes ni son ellos los que
determinan qué investigar. El método está inseparablemente unido a los aspectos epistemológicos y ontológicos,
por lo tanto, es el problema el que determina qué método emplear, para qué y cuándo. De allí el carácter
participativo de los métodos comunitarios
2. El carácter participativo de ese método, ya mencionado, que se manifiesta ya en su implementación, ya en la
discusión y reflexión de los resultados presentados en la toma de decisiones respecto de su uso.
3. El carácter activo del método. La orientación hacia la transformación de la psicología comunitaria exige modos de
conocer que respondan a las exigencias que plantean las comunidades.
4. El carácter continuo de su aplicación. Esto se refiere a que si bien hay aplicaciones técnicas o procesales de
carácter puntual, toda noción comunitaria supone una aplicación metodológica que acompaña todas las acciones
y relaciones que se ejecutan con la comunidad.
5. El carácter heurístico de este método, que en su necesidad de responder a las exigencias de la situación debe
generar modos sistemáticos de responder a sus características cuando ellos no existen previamente.
6. El carácter contextualizado, que se expresa en la adaptación del método, de las técnicas y de los procedimientos al
contexto específico, cultural t comunal, en el cual se trabaja.
Comunidad y sentido de comunidad
Son constituyentes del concepto de comunidad. Aspectos que enmarcan el concepto de comunidad:
• La comunidad como punto de encuentro. Ese punto es buscado por algún grupo de personas. Y en ese punto está
la coincidencia, el juntarse, el encuentro. Es decir, la relación.
• Integrarse con el vecino. El encuentro no es con cualquier persona, sino con los vecinos, lo cual señala implícita,
pero claramente, tanto un ámbito espacial como una relación cotidiana dada por la cercanía espacial. Y remite,
igualmente de manera implícita, a un espacio específico en el cual se ha forjado una historia, un devenir: el
vecindario en estos casos.
• El sentimiento vocalizado de ser un nosotros. En la conjunción del encuentro de vecinos surge la conciencia del
nosotros. Y allí se reconoce el SdeC (Sentido de comunidad).
• Relaciones sociales estrechas que suponen solidaridad, ayuda, la seguridad derivada de la confianza en los otros,
la unión, el compartir lo bueno y lo malo.
• La creación de un espacio o ámbito tanto físico como psicológico de seguridad, de pertenencia, donde los sonidos
y las miradas establecen una suerte de intimidad socializada.
• . Una comunidad, entonces, está hecha de relaciones, pero no sólo entre personas, sino entre personas y un lugar
que, junto con las acciones compartidas, con los miedos y las alegrías, con los fracasos y los triunfos sentidos y
vividos otorga un asiento al recuerdo, un nicho a la memoria colectiva e individual. Un lugar construido física y
emocionalmente del cual nos apropiamos y que nos apropia, para bien y para mal.
Krause: considera que hay un número mínimo de componentes que permiten construir el concepto de comunidad o
reconocer la comunidad en algún grupo social concreto. Esos componentes son la pertenencia, la interrelación y la
cultura común.
El primero se define por el "sentirse parte de", como "perteneciente a" o "identificado con".
El tercero, la cultura que aporta "significados compartidos", es más preciso, pero aún podría ser demasiado amplio, a
menos que se puntualice el término y se trate de aspectos subculturales muy específicos. Pero, en tal caso, más bien
se trataría de una historia común en la cual se construyen significados.
El segundo componente corrige la posible amplitud de los anteriores al establecer que el sentido de la interrelación,
y por lo tanto el compartir significados, se da en el contacto o la comunicación interinfluyentes.
El conocimiento dado por la cercanía y por la historia compartida, también las antipatías y los rechazos se
fundamentan en conflictos y sucesos específicos. Es decir que es difícil la indiferencia. La existencia de redes de
apoyo social para fines benéficos, deportivos, culturales, laborales, así como formas de organización específicas
(grupos organizados), pueden ser otro aspecto. Un aspecto fundamental es la conciencia, no sólo aquella inherente
al sentido de comunidad, sino igualmente la referida a las circunstancias de vida compartidas. Este es un aspecto
particularmente importante por cuanto quizás el aspecto más identificador de la comunidad es ese reconocerse
como participantes en un proceso históricamente vivido, que afecta a todos, a pesar de las múltiples diferencias que
puede haber entre las personas que constituyen la comunidad y, además, justamente por esa diversidad
La condición paradójica de la noción de comunidad: ha llevado a algunos psicólogos sociales a alertar sobre el
posible peligro que podría derivar de una noción de comunidad de corte uniformador, que podría llevar a "incurrir
en una aspiración de homogeneidad que al inducir regularidades promueve la búsqueda de equilibrio y congruencia
lo cual podría orientar a las personas a adoptar y mantener un statu quo, más que a la transformación social
liberadora. Otro tanto plantea Pallí, dice que algunos intentos de definir la comunidad han llevado a delimitarla de
tal manera que mientras más claros se hacen sus límites, "menos negociable se vuelve", en el sentido de
comprensible.
Es necesario advertir el carácter borroso de la comunidad, pues si ella, como dice Wiesenfeld (1997), es una
construcción social, necesariamente es algo que no puede ser definitivo. La noción de conjunto borroso puede
servirnos para comprender ese carácter móvil y en constante elaboración de la comunidad. Como ya ha sido
mencionado, la comunidad es un proceso que se construye y desconstruye continuamente. Debido a su dinámica
está en continua movilidad y transformación y, por lo tanto, no puede terminar o comenzar en límites precisos y
definidos
La visión crítica del concepto de comunidad: Pallí coloca el concepto de comunidad bajo el prisma crítico para
analizar tres enfoques que han tenido cierta influencia en algunas formas de trabajo comunitario:
• El primero de esos enfoques considera a la comunidad como algo contaminante, ilustrado por esos modos de
aproximación a la comunidad en los que los interventores o investigadores mantienen un discurso que habla de
igualdad, pero toman medidas que mantienen la separación entre lo que hacen y la comunidad. Personalmente,
he visitado lugares construidos en el centro de una comunidad y, a la vez, rodeados de cercas y muros, dentro de
los cuales se llevan a cabo actividades y se prestan servicios para las personas de la comunidad, que a la vez nada
tienen que ver con ella.
• Otro enfoque limitante de la comunidad consiste en verla como deficiente. Es decir, como incapaz y minusválida,
como débil o enferma. Este tipo de visión es el que predominaba bajo lo que se ha llamado el "modelo médico":
ver sólo las carencias, no las fortalezas, generar relaciones paternalistas, clientelistas, en las cuales la comunidad
está siempre en la situación de minoridad, de invalidez. Y, a decir verdad, no es sólo el modelo médico el que
promueve tal visión, es también el modelo "misionero" que puede verse en algunas ONG y en ciertos grupos
religiosos, para los cuales la comunidad es una especie de ente frágil, proclive a ser presa de peligros e incapaz de
superar sus males sin ayuda externa.
• El tercer enfoque es aquel que ve a la comunidad como algo puro, que podría ser contaminado por la acción de los
agentes externos, por lo cual todo lo que proviene de ella es perfecto, intocable e inmutable. En el fondo, esta
posición es no menos debilitante que la anterior pues esa "pureza" supone una fragilidad que desecha toda forma
de discusión, de aprendizaje y de transformación, como si la comunidad no fuese capaz de reflexionar sobre
nuevas ideas y modos de acción.
La idea homogeneizante y unificadora de la comunidad, más que generarse en la literatura especializada, forma
parte del imaginario popular.
La contraposición individuo -comunidad: Los psicólogos y los antropólogos culturales han hablado de sociedades
individualistas y sociedades colectivistas. En el primer caso, se pierde la riqueza y la comprensión de lo individual, al
eliminar el efecto de las relaciones sociales, en las cuales se es tanto como individuo cuanto como constructor de
relaciones que construyen. En el segundo, se cae en un burdo sociologismo que olvida que en toda relación social,
las partes que la crean responden de manera específica en función del tipo de relación y a la vez creando esa relación
y siendo parte de la situación.
• Membresía: abarca la historia y la identidad social compartida por los miembros, los símbolos comunes, la
seguridad y el apoyo emocional, la inversión personal en la comunidad; los derechos y deberes provenientes de esa
Membresía, las gratificaciones por el hecho de pertenecer a la comunidad, y finalmente los límites de la Membresía,
que por experiencia de trabajo creo que son sumamente difíciles de demarcar, pues cambian constantemente y son
imprecisos, a la vez que muy importantes para el sentimiento de pertenencia.
• Influencia: la capacidad, tal como es percibida, de inducir a otros a actuar de una cierta forma, así como de
ser consultados o de que su opinión sea escuchada y pese en la comunidad. Asimismo, se considera también la
capacidad percibida de que una persona sea influida por el grupo, al igual que la de que la comunidad pueda influir
en sus miembros y sobre otros grupos. Este componente implica la cohesión y la unidad del grupo, así como, según
el caso, la conformidad que pueda darse dentro de él.
• Integración y satisfacción de necesidades: se refiere a los beneficios que la persona puede recibir por el
hecho de pertenecer a la comunidad en términos de estatus, respeto, valores compartidos, popularidad y ayuda
material y psicológica en momentos de necesidad.
• Compromiso y lazos emocionales compartidos: pertenecer a una comunidad significa compartir fechas y
acontecimientos especiales, conocer a la gente por su nombre y sobrenombre, mantener relaciones estrechas y
afectivas con muchas personas, saber que se cuenta con ellas en momentos de alegría y de tristeza.
Pareciera que el SdeC está en algún lugar entre la membresía, la influencia y los lazos emocionales, pasando por la
identidad y la historia compartida.
La identidad comunitaria: estaría integrada por seis dimensiones, las tres primeras de carácter "personal" y las tres
siguientes de carácter "compartido":
• Sentido de apoyo personal: la comunidad es sentida por sus integrantes como una fuente de apoyo personal.
• Sentido de contento personal: sentido de estar personalmente situado y seguro en la comunidad.
• Sentido de inclusión personal activa.
• Sentido activo de compromiso personal.
• Sentido de vecindad. La vecindad, con lo que ello implica en cuanto a relaciones, es la norma para los miembros de
la comunidad.
• Estabilidad percibida. Los miembros de la comunidad la perciben como estable y segura.
* Peccinetti, M. V. (2011). Ámbitos de actuación del Psicólogo Comunitario. Documento de cátedra. Cátedra:
Psicología Comunitaria. Facultad de Psicología, Universidad del Aconcagua.
Sociedad Civil:
EL concepto de Sociedad Civil introduce múltiples significados, muchos de ellos equívocos, derivados de los orígenes
históricos del concepto y sus usos en boga, sobre todo porque penetro en el lenguaje del sentido común, de políticos
y periodistas, en el discursos de la movilización popular como referencia obligada cuando se quiere hablar de
sociedad, población, masas, sectores pobres o simplemente al pueblo o lo popular.
La sociedad civil como concepto empezó a formar parte de la teoría de la democracia desde hace tiempo, si bien
tiene antecedentes producto del capitalismo europeo, su existencia y desarrollo se confunde con los orígenes del
liberalismo, de la democracia liberal. El uso reciente del concepto enfatiza el vigor de la sociedad, la fuerza de sus
comportamientos.
El individuo particular y sus intereses personales son importante como miembros de la comunidad, pero para la
existencia de la sociedad civil solo cobran relevancia si sus intereses, apetencias, voliciones son susceptibles de
presentarse en forma asociativa, donde surge la figura del ciudadano. En el interior de la sociedad de organizan los
intereses privados del ciudadano y cuando ellos están animados por una voluntad de defensa de lo propio y de lo
colectivo, de servicio público, de asociación en provecho de los derechos sociales y políticos, surge la Sociedad Civil.
Es decir, que esta existe cuando la sociedad como totalidad puede estructurarse a sí misma y coordinar sus acciones
a través de un conjunto de asociaciones voluntarias.
Para que exista una sociedad civil, deberá existir:
a) un conjunto de organizaciones de diversa naturaleza que surgen desde los espacios de la comunidad;
b) que se organizan y actúan en la vida pública de manera independiente (no necesariamente aislada, sino en
relación con el Estado;
c) estas asociaciones contribuyen significativamente a trazar el curso de la vida social, hacer vida pública, hacer
política, participar en el debate público, son una modalidad de participación pública (diferentes a la de los partidos
políticos, con los cuales pueden complementarse estrechamente en determinadas circunstancias); y finalmente
d) tienen que hacerse conforme a normas legales, los principios que ordenan a la sociedad y que dicta el Estado.
Los tres sectores de la Sociedad Civil:
Podemos dividir las organizaciones en tres grandes grupos, conocidos como:
∙ Organizaciones del primer sector: son todas aquellas organizaciones gubernamentales, estatales y públicas, ya sea
municipales, provinciales, nacionales, internaciones, etc.
∙ Organizaciones del segundo sector: aquellas organizaciones que tiene por fin el lucro y son privadas, aquí
encontramos el mercado y las empresas.
∙ Organizaciones del tercer sector: son las organizaciones de la sociedad civil (O.S.C.), también llamadas O.N.G.
(organizaciones no gubernamentales), todas aquellas instituciones sin fines de lucro que desde el ámbito privado
persiguen propósitos de interés público, como por ej: asociaciones, fundaciones, cooperativas, sindicatos, mutuales,
clubs, gremios, círculos, colegios, uniones vecinales, comedores comunitarios, bibliotecas populares, foros, redes,
voluntariados, etc.
El conflicto de los límites de la sociedad civil
El mayor problema en el uso apropiado de concepto de sociedad civil es el conflicto de límites entre Estado,
mercado y sociedad civil. Las Relaciones son múltiples y los límites se vuelven imprecisos en la práctica diaria de la
vida social, de hecho existe una interpenetración dinámica de todas esas esferas de la sociedad.
No interesa tanto reconocer los espacios donde uno termina y el otro empieza, si no más bien el carácter que
adoptan las relaciones. El problema de los roces alude más bien a las interpenetraciones que ocurren y que desde el
Estado o el Mercado pueden debilitar o fortalecer a la sociedad civil.
Se produce un doble movimiento sociedad-Estado: la relación entre ambas esferas es interdependiente,
mutuamente referidas con momentos de primacía una sobre la otra. El Estado surge legalizando y ordenando la
sociedad (no la produce, ni dirige) y esta reconoce el poder del estado y construye así su poder legal y legítimo.
Surge entonces la democracia participativa: la participación de los ciudadanos como protagonistas en el gobierno del
país, en todos los niveles y funciones, decidiendo, eligiendo a la mayoría de los funcionarios y administrando y
ejecutando las funciones sociales que le afectan directamente.
Aquí el Psicólogo Comunitario toma un papel primordial en la co-construcción de ciudadanía y el fortalecimiento
democrático. Sea cual sea su esfera de acción tiene un compromiso político y ético con la comunidad y sus
necesidades, que lo lleva a tomar partido, a ser crítico, a fomentar la desideologización y la concientización de la
opresión y justicia, facilitando la participación ciudadana y el fortalecimiento de las comunidades en la esperanza de
que eventualmente no lo necesiten.
* Prilleitcnsky, I. (2007). Validez psicopolítica: el próximo reto para psicología comunitaria. En M. Montero,
Introducción a la psicología comunitaria. Desarrollo, concepto y procesos (pp. 5-15). Buenos Aires: Paidós.
Validez psicopolítica: el próximo reto para la psicología comunitaria
Se discute la centralidad del bienestar dentro de la sociedad buena y la centralidad del poder en el marco de la
validez psicopolítica.
El bienestar depende del reparto equitativo de los recursos en una sociedad. Sin suficientes bienes sociales tales
como vivienda, transporte y servicios de salud, entre otros, las personas en desventaja están impedidas de
alcanzar niveles de bienestar que sólo se pueden permitir aquellos que tienen recursos superiores.
La experiencia del bienestar emocional deriva de la interacción entre múltiples factores - personales, relaciónales
y colectivos- que trabajan en sinergia. Un estado de bienestar se alcanza por el efecto sinérgico de múltiples
fuerzas en las cuales cada dominio debe obtener un nivel mínimo de satisfacción.
Una abundancia de bienestar personal (por ejemplo, autoestima, dominio, control, esperanza) no puede
reemplazar la falta de bienestar relacional (por ejemplo, senado de comunidad, cuidado y compasión apoyo
social) o colectivo (por ejemplo, acceso a servicios de salud, redes de seguridad, igualdad). Los tres dominios del
bienestar deben estar balanceados en su relativa seguridad y cada uno de ellos debe llenar ciertas necesidades
básicas.
Hay una vasta realidad material que afecta cómo nos sentimos y cómo nos comportamos hacia los otros, aunque
las creencias y las percepciones son importantes, no pueden aislarse del entorno cultural, político y económico.
Para experimentar calidad de vida requerimos "suficientes" condiciones sociales y políticas libres de explotación
económica y de abuso de los derechos humanos.
Nuestra teoría del bienestar concibe el desarrollo humano en términos de propiedades mutuamente
reforzadoras de las cualidades personales, relaciónales y sociales. Necesidades personales tales como salud,
autodeterminación y oportunidades de crecimiento están íntimamente ligadas a la satisfacción de necesidades
colectivas tales como la adecuada atención en salud, el acceso al agua potable, la justa y equitativa distribución
de cargas y recursos y la igualdad económica. La sinergia se ve perturbada cuando las necesidades en un dominio
no son mínimamente atendidas o cuando una esfera del bienestar domina al resto, relegándolas al fondo de
nuestra conciencia.
Estas necesidades no pueden ser alcanzadas en aislamiento. La mayoría de ellas requiere la presencia de
relaciones de apoyo. El saludable efecto de las relaciones se genera mediante la satisfacción de necesidades
relaciónales: afecto, cuidado y compasión, vinculación y apoyo, respeto por la diversidad, y participación
significativa en la familia, el trabajo y la vida cívica. El peso de la discriminación, la inadecuada atención en salud,
la mala educación y transporte públicos, erosionan por igual el bienestar personal y colectivo. Hay un claro nexo
entre bienestar y justicia
Cinco tipos de libertades en la búsqueda del desarrollo humano: a) libertades políticas, b) oportunidades
económicas, c) oportunidades sociales, d) garantía de transparencia, e) seguridad protectora. Cada uno de estos
distintos tipos de derecho y de oportunidades contribuye a desarrollar la capacidad general de la persona.
Aunque la igualdad es el primer principio de justicia que gobierna las relaciones entre los ciudadanos, a veces los
ciudadanos pueden tener razones para exigir justicia en función de necesidades o de méritos. Los ciudadanos
que carecen de los recursos necesarios para desempeñar su parte como miembros completos de la comunidad
tienen justo derecho a que se les provean esos recursos.
Para que los grupos marginados logren la justicia, el poder debe ser introducido en la ecuación. Algunos grupos
tienen más poder, capacidad y oportunidad de satisfacer sus necesidades que otros. Es decir, dependiendo de la
habilidad y de la oportunidad, algunos individuos y grupos están en una mejor posición que otros para satisfacer
sus necesidades psicológicas y materiales. Debido al privilegio, la clase, la raza, el género o las capacidades
físicas, algunos individuos, grupos y naciones experimentan desventajas. A mayor poder, capacidad y
oportunidades que tenga un grupo, mayor será la posibilidad que tenga de avanzar en bienestar y justicia para
sus miembros.
Relación entre bienestar y justicia en los dominios personal, relacional y colectivo:
Si no se da a los individuos y grupos una oportunidad de aumentar su competencia política es improbable que
ellos logren niveles satisfactorios de bienestar. En el nivel personal, el estatus socioeconómico puede ser un
determinante crucial del tipo y calidad de la educación y de la atención sanitaria que recibe la persona. En el
nivel relacional, el poder puede ser un factor clave para mantener o terminar con una relación abusiva. En el
nivel colectivo, el poder político puede llevar a un grupo a superar el Apartheid y a otro a lograr igual salario para
las mujeres y las minorías.
El objetivo central de la validez psicopolítica es infundir en la psicología comunitaria y en las ciencias sociales la
conciencia del rol que juega el poder en el bienestar, la opresión y la justicia en los dominios personal, relacional
y colectivo. A fin de alcanzar validez psicopolítica, las investigaciones e intervenciones deberán adoptar ciertos
criterios que indican la medida en la que la investigación y la acción incorporan lecciones acerca del poder
psicológico y político.
* Vilche, J. P. (2017). Ética del Psicólogo Comunitario. Documento de cátedra. Cátedra Psicología
Comunitaria. Facultad de Psicología, Universidad del Aconcagua.