Había una vez, en una granja todos estaban
comenzando a sentir mucho sueño. Los gallos y las
gallinas ya comenzaban a acomodarse, los caballos
comenzaron a bostezar en su camita, y las vacas ya
estaban dormidas !!
Pero había dos animalitos que no podían dormir y
eran las dos pequeñas cerditas hijas de mamá cerda.
Las pequeñas cerditas no tenían sueño y no dejaban
de moverse de un lado para el otro, haciendo
despertar al gallo, a las gallinas, a los caballos y a las
vacas.
Las cerditas daban saltitos por todos lados, tanto,
que mamá cerda no podía evitar regañarlas a cada
momento, pero ellas no escuchaban.
Todo parecía perdido hasta que a mamá cerda se le
ocurrió darles una buena mamadera de leche
caliente, haciendo así que las pequeñas comenzarán
a bostezar muy cansadas enseguida.
Muy bien, a dormir. –Dijo mamá cerda.
¡Pero no tenemos sueño! –Replicó una de las
cerditas mientras se frotaba los ojos.
Es verdad mami, no tenemos, es verdad –Dijo la otra
acurrucándose al lado de su hermana mientras
cerraba los ojos.
Es mejor que se duerman ya y así mañana podrán
jugar todo el día –Les dijo su madre.
Las cerditas hicieron caso y fueron cayendo con
mucho sueño y cuando quedaron completamente
dormidas su mente las llevó a un mundo lleno de
aventuras. Una soñó que los cerditos tenían alas y
podían escupir fuego, y la otra que podían bailar, y
cantar en un escenario lleno de animalitos con
disfraces.
Nunca antes les había gustado tanto dormir como
después de esa noche.
Aquella mamadera de leche caliente había marcado
la diferencia, y desde entonces lo tomaban cada
noche y soñaban con caramelos, con castillos de
algodón… y lo mejor de todo es que podían saltar
desde muy alto y caer sobre un charco de
chocolateeee...
Cuando se despertaban, no podían dejar de hablar
de todos los sueños que habían tenido, y las cerditas
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comenzaron a entusiasmarse mucho con la idea de
irse a dormir bien temprano. Sabían que el mundo de
los sueños no tenía límite alguno y era muy divertido.
Así, durante el día jugaban con mamá cerdita y sus
primitas, iban a la escuela con maestro gallo o
visitaban a la señora vaca y cuando llegaba la noche
escuchaban una pequeño cuento para conciliar bien
el sueño mientras tomaban su rica leche caliente
hasta quedarse dormidas. Y así esperaban con
emoción el sueño siguiente, sin saber si disfrutarían
de una aventura en la selva, en el agua, en el aire o
en una bella casa junto a sus cuidadores, solo con la
ilusión y la certeza de saber que cada noche sería el
mejor viaje de sus vidas….