Servicios a la Comunidad 2017/2018
TEMA 7: EL PROCESO EVALUADOR: FASES, AGENTES, PROBLEMAS
HABITUALES. ESTRATEGIAS DE EVALUACIÓN. TÉCNICAS E INSTRUMENTOS:
CLASIFICACIÓN, DESCRIPCIÓN Y PAUTAS DE APLICACIÓN. METODOLOGÍA
DE IINVESTIGACIÓN-ACCIÓN. EVALUACIÓN EN EL OCIO Y TIEMPO LIBRE.
INTRODUCCIÓN
La diversidad de realidades sociales, demanda la diversidad de planteamientos
interventivos, es por ello que en el caso de la educación no formal, y más concretamente en la
ocupación del ocio y el tiempo libre, el animador sociocultural es uno de los agentes principales
del proceso, pues está competencialmente preparado para poner en marcha proyectos e
intervenciones, según se establece en el Decreto 242/2014, de 11 de noviembre, por el que se
establece el currículo del Título De Técnico Superior En Animación Sociocultural Y Turística
en la Comunidad Autónoma de Extremadura.
De ese modo, según la UNESCO (1982), la animación sociocultural (ASC) se puede
definir como el conjunto de prácticas sociales que tienen como finalidad estimular la iniciativa y
la participación de las comunidades en el proceso de su propio desarrollo y en la dinámica
global de la vida sociopolítica en la que están integrados.
Además, la forma de intervenir es a través de planificación y programación, por medio
de proyectos, donde se deben tener muy en cuenta los recursos y la evaluación que se hace de
los mismos de cara a conseguir los objetivos planteados y contribuir al cambio y/o mejora de los
individuos y la sociedad, por ello animador debe plantear en sus intervenciones que los grupos
asuman de manera autónoma el propio desarrollo.
Entrando de lleno en materia, tenemos que considerar el (1) PROCESO
EVALUADOR con sus FASES, AGENTES Y PROBLEMAS HABITUALES por ello, es
necesario conceptualizar el término evaluación, ya que se concibe como el proceso en el cual se
recoge y analiza sistemáticamente una información sobre un programa, proyecto, actividad o
intervención con la intención de utilizar, es decir aplicar, ese análisis en la mejora del programa
o proyecto.
A su vez, también hay que considerar el sentido, características, razonas y objetivos
de la evaluación, pues ya en 1981 el Comité Conjunto para la Evaluación Educativa, publica en
Estados Unidos una serie de normas para la evaluación de programas, proyectos y materiales
educativos que estaban divididas en cuatro, que son: útil y práctica, viable, ética y precisa. De
hecho, el sentido que tiene la evaluación es que debe ser útil para las personas implicadas en el
programa, actividad o intervención. Además, debe ser viable, tanto en términos políticos,
prácticos y de coste-beneficio, a la vez que ha de ser llevada a cabo éticamente. Finalmente,
cuando hayamos comprobado que es útil, viable y ética, nos ocuparemos de la precisión técnica.
Así, considerando sus características, para que sea útil, viable, ética y precisa debe tener:
Capacidad de respuesta: Según las diversas y variadas situaciones.
Flexibilidad metodológica: Todos los métodos son válidos, aunque predominan los cualitativos.
Temporalidad: La evaluación y sus resultados deben plantearse en el momento más adecuado
para su utilización.
Sensibilidad social: Tendrá en cuenta a los usuarios y sus intereses.
Continuidad: Debe ser continua, pues los resultados son utilizados para mejorar o cambiar el
programa que más tarde se volverá a evaluar.
Realista: Debe ser ajustada al tiempo, recursos y energías disponibles.
Abierta a la participación: Todos los participantes en un programa, actividad o intervención
tienen algo que decir sobre el mismo.
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Por tanto, las razones de la evaluación son principalmente que es una manera de recibir
feed-back sobre las intervenciones y los programas y que tiene responsabilidad social y política,
sobre todo si las actividades se llevan a cabo con financiación pública. A su vez, la finalidad de
la evaluación es la mejora del programa, actividad o intervención, pero para ello es necesario
que los objetivos cuenten con las siguientes particularidades:
Medir el grado de idoneidad, eficacia o eficiencia de un programa: Es decir, considerar la
adecuación a la realidad y lo que queremos conseguir, saber sí hemos conseguido lo propuesto y
en qué medida se ha hecho.
Facilitar el proceso de toma de decisiones del colectivo sobre la intervención, la actividad o el
programa.
Fomentar un análisis prospectivo sobre cuáles y cómo deben ser las intervenciones futuras.
En consonancia con lo anterior, vamos a estudiar las fases y agentes de la evaluación,
pues desde el punto de vista metodológico, la estructura y fases de la evaluación son muy
similares a las que se establecen en cualquier investigación social, así, desde un punto de vista
operativo hemos de seguir una serie de fases en el proceso evaluador, ya que la concreción de
métodos y procedimientos que conlleva exige tener en cuenta una serie de cuestiones que
condicionan la elección y el proceso, considerando lo siguiente:
Sí el objeto de la evaluación se centra en el programa o se limita a una secuencia del mismo.
Finalidad que promueve el proceso (sumativa/formativa).
Momento en el que se produce la evaluación del programa.
La accesibilidad y disponibilidad de informaciones relevantes sobre los antecedentes y desarrollo
del programa.
Relación del evaluador con el programa (evaluación interna/externa).
En todo caso, tal y como mencionan DE MIGUEL ET. AL. (1998) en la realización de
la evaluación se distinguen las fases de: comprensión del problema, planificación del proceso,
realización de la evaluación, y la toma y seguimiento de las decisiones pertinentes. Por ello, en
todo proceso evaluador hay que considerar una serie de pasos. De ese modo, la primera tarea es
el planteamiento de la evaluación, es decir, identificar y comprender el problema a evaluar que
surge a partir de una demanda o motivación personal, con el fin de estimar su pertenencia y
viabilidad, y para ello se deberán conocer:
Identificación y objeto de la demanda: Se indica la institución o asociación que promueve la
evaluación y cuál es la finalidad que orienta todas las acciones del programa.
Características del programa: Se indaga la naturaleza y características del programa para
efectuar una reconstrucción del diseño y los procesos realizados.
Finalidad de la evaluación: Una vez que conocemos los parámetros esenciales del programa
objeto de la evaluación, hay que concretar la finalidad que lo origina, lo que implicar obtener
información con garantías de fiabilidad con el fin de decidir la continuidad y/o mejoras que se
consideran necesarias en relación con el futuro del programa. De ese modo se deduce que la
finalidad del proceso es doble: sumativa y formativa.
Viabilidad y/o negociación del proceso a realizar: Una vez se clarifica la finalidad de lo que se
pretende hacer, se debe considerar si el proyecto evaluativo es viable y si cuenta con los medios
necesarios para llevarlo a cabo. Finalmente, el evaluador formula su propuesta.
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Por otro lado, en lo que respecta a la planificación del proceso, ésta requiere precisar:
Objetivos de la evaluación: El objetivo general es estimar si se alcanzaron los objetivos
propuestos por el programa. Además, la evaluación de un programa de acción social conlleva la
revisión de los procesos secuenciales relativos a su diseño, aplicación y evaluación.
Marco teórico a utilizar: A esta tarea habitualmente se la denomina elección del modelo y
criterios de evaluación. En ese sentido, DE MIGUEL (1998) señala que la elección de un
modelo se puede llevar a cabo desde tres aproximaciones distintas: desde el punto de vista de la
finalidad del proceso, desde la perspectiva de los criterios de valor que se van a utilizar para
juzgar el programa y en función del papel que desempeña el evaluador dentro del proceso.
Además, se debe precisar cuáles son los criterios que vamos a utilizar para valorar la
información sobre el programa que estimemos procedente recabar. Por tanto, y dado que el
programa está en el ámbito social, se entiende que los criterios a establecer deben asumir como
referencia la perspectiva del usuario en tanto que es su juicio el que dictamina la oportunidad y
efectividad de toda estrategia de intervención. De ese modo tenemos que considerar a las
audiencias implicadas, ya que son los usuarios los responsables de actividades y las personas
garantes del programa a nivel institucional.
Diseño metodológico: Esto es la estrategia que se va a seguir para evaluar el programa,
considerando como esencial la selección de la información a recoger¸ la cual se estructura en
torno a variables dependientes e independientes. Asimismo, hay que tener en cuenta los
instrumentos de recogida de información, pues se asume un enfoque mixto cuantitativo-
cualitativo mediante el que se pretende integrar y contrastar los datos recogidos mediante el
procesamiento y análisis de la información con diferentes instrumentos.
Formulación de los juicios de valor: Una vez que la información recabada ha sido procesada y
analizada, el evaluador formula los juicios de valor. Para ello, debe juzgar el programa tomando
como referencia los criterios establecidos a partir de las “evidencias” obtenidas del análisis.
Para ello, establece una comparación entre factores, evidencias y criterios y realiza una
inferencia valorativa sobre el programa.
Asimismo señalar que se utilizan dos enfoques diferentes para formular los juicios, En
el primer caso se trata de una evaluación de resultados, y en el segundo las estimaciones se
dirigen hacia los procesos. De acuerdo con esto, se presentan las apreciaciones en cuatro
apartados:
Valoraciones en relación con la eficacia del programa: Tomando como referencia los
objetivos, podemos concluir si las acciones han sido o no eficaces, posibilitando o no el logro de
éstos.
Valoraciones en relación con la eficiencia del programa: Se valorará sí ha habido un buen
ajuste o no entre las cantidades asignadas al programa y las acciones desarrolladas.
Estimaciones en relación con la efectividad del programa: Para efectuar una estimación realista
sobre la efectividad social de las acciones desarrolladas es difícil ya que los cambios en el
ámbito social pueden verse a largo plazo.
Valoración global. Se resaltan los puntos fuertes y débiles del programa.
Propuestas de mejora: Se establecerán en función de los resultados.
También hemos de considerar los distintos agentes del proceso evaluador, pues
atendiendo a su procedencia pueden ser:
Evaluadores externos: Personas ajenas a la institución ejecutora y que por lo general son
invitadas a realizarla por ella.
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Evaluadores internos: Personas implicadas directa o indirectamente en el diseño e
implementación del programa.
Evaluadores mixtos: Equipos evaluadores formados con personas internas y externas al
programa.
Por otro lado, según CEMBRANOS ET AL. (1988) algunos problemas habituales del
proceso de evaluación se dan en los siguientes términos:
Cuando evaluar equivale exclusivamente a valorar: Muchas veces la evaluación se queda en
una simple valoración sin profundizar en los porqués y sin proponer alternativas.
Cuando evaluar equivale exclusivamente a cuantificar: Hay evaluaciones que consisten
exclusivamente en la utilización de indicadores cuantitativos.
La evaluación como legitimización de unos pocos: Son evaluaciones en las que sólo una parte
de los implicados participa, normalmente los responsables.
La confusión en los niveles de evaluación: En ocasiones se engloban distintos niveles en una
misma evaluación, ya que es distinto evaluar una institución a un programa.
La recogida de datos compulsiva: Se confunde a menudo evaluación con recogida de datos y se
desarrollan registros y recogen datos que luego no son útiles.
Cuando evaluar equivale a cubrir el expediente: Es cuando se evalúa sólo por el hecho de
rendir cuentas a alguien o justificar una subvención, sin esperar que ésta pueda ser útil para la
mejora de lo que se está haciendo.
Entrando de lleno en el tema, vamos a conocer las (2) ESTRATEGIAS DE
EVALUACIÓN teniendo en cuenta las TÉCNICAS E INSTRUMENTOS,
CLASIFICACIÓN, DESCRIPCIÓN Y PAUTAS DE APLICACIÓN. Así, la metodología
de la evaluación sigue las pautas de la investigación científica, pues la concreción de métodos y
procedimientos para el proceso evaluador exige tener en cuenta una seria de pautas como son:
El tipo de programa que se evalúa: finalidad, alcance, duración, recursos, etc.
Sí el objeto de la evaluación se centra sobre todo el programa o sobre a una secuencia del
mismo.
El momento en el que se produce la evaluación, es decir, antes o después de la puesta en marcha
del programa.
La accesibilidad y disponibilidad de informaciones relevantes sobre los antecedentes y
desarrollo del programa.
La relación que mantiene el evaluador con el programa (evaluación interna o externa).
A su vez, hemos de considerar los diferentes tipos de evaluación, teniendo en cuenta
su clasificación, descripción y aplicación. Por ello, considerando el papel que juega la
evaluación, cabe hablar de evaluaciones de programas cuya orientación se centra sobre la
rendición de cuentas y evaluaciones que se orientan hacia su mejora. De ese modo, hablamos
de:
Evaluación formativa: Tiene como finalidad la mejora del programa, siendo una parte del
proceso de planificación y desarrollo, cuya función es ofrecer un feed-back continuo que
contribuya a la replanificación mientras se está llevando a cabo.
Evaluación sumativa: Su fin es formular juicios sobre el mérito o valor de los resultados con el
fin de rendir cuentas. Determina hasta qué punto los objetivos se cumplen, y se realiza una vez
finalizado el programa.
También, si tenemos en cuenta la procedencia de los evaluadores, podemos encontrar
tres tipos, que son:
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Evaluación interna: Cuando el proceso evaluador se realiza por personas que proceden del
interior de la institución promotora y/o ejecutora del programa o bien por los participantes.
Evaluación externa: Cuando las tareas evaluadores proceden de personas externas a la
institución promotora y/o ejecutora del programa o bien por los participantes.
Evaluación mixta: Cuando el proceso evaluador se realiza por evaluadores internos y externos.
Junto a esto, la primera cuestión a la hora de planificar la evaluación es delimitar el
objeto de la misma, con el fin de concretar su alcance, ya que aunque en sentido estricto la
evaluación conlleva tener en cuenta todo el proceso, por ello, según el contenido de la
evaluación, existen:
Evaluación de necesidades: Se hace después de haber estudiado la realidad y es previa a la
formulación del programa. Se utiliza sobre todo para tomar decisiones sobre objetivos y
planificación.
Evaluación sobre el diseño del programa: Se trata de evaluar la coherencia y aplicabilidad del
“diseño” del programa.
Evaluación centrada en el proceso y desarrollo del programa: Sirve para guiar el proceso de
ejecución del programa, de manera que se obtenga información útil para realizar los ajustes
convenientes mientras el programa se lleva a cabo, teniendo una función de retroalimentación.
Evaluación orientada hacia el análisis de resultados: Describe y juzga los resultados de un
programa, relacionándolos con los objetivos previstos y, en consecuencia, formula juicios de
valor sobre la eficacia, eficiencia, y la efectividad de acciones desarrolladas y de los factores
que han condicionado su implementación.
No obstante, dichas evaluaciones no pueden ser llevadas a cabo sin contar con las
técnicas e instrumentos empleadas en el proceso evaluador, de forma que hay que conocer
su clasificación, descripción y pautas de aplicación.
De ese modo, las técnicas de selección y recogida de información proporcionan
diferentes informaciones de acuerdo a los procedimientos que empleemos. De hecho, la
observación es una de las técnicas que puede sistematizarse de muchas maneras de acuerdo al
criterio que se establezca, y que puede ser:
Según el grado de implicación del observador/evaluador: Hablamos así de observación
participante y no participante.
Según el lugar donde se realiza: Puede ser en un contexto natural o real, o bien en un
laboratorio “social”.
Según el número de individuos observados: Puede ser individual o colectiva.
Según su realización: Puede ser directa, por ejemplo en un diario de campo; indirecta mediante
cuestionarios, recopilación documental, etc. o bien mixta, como por ejemplo la entrevista.
Tras esto, profundizando aún más, hemos de conocer que los instrumentos más
utilizados y fiables son:
Observación documental: Una buena recopilación documental sirve como marco de referencia
en el que situar el resto de datos. Las principales clases de documentos son: publicaciones,
documentos estadísticos, informes y estudios, anuarios, memorias, etc. Y se pueden agrupar en:
fuentes primarias, que es la documentación que proporciona una información directa, y fuentes
secundarias, que corresponden al resto de materiales escritos que aportan información indirecta,
general y complementaria.
Cuestionarios: Consiste en traducir lo que queremos evaluar al lenguaje del cuestionario, con
preguntas estructuradas y codificadas. Puede ser: cuestionarios cerrados, con respuestas cortas
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de tipo sí o no o señalar entre varias opciones la respuesta. Cuestionarios abiertos, que
demandan una respuesta libre, o bien cuestionarios mixtos, que combinan las formas anteriores.
Entrevistas: Nos permiten entablar relación directa con personas vinculadas que han participado
o están participando en el programa. Pueden ser de tres tipos: Estructuradas, en las que las
preguntas son preparadas y cerradas de antemano, realizándose con un orden lógico. No
estructuradas, en las que no se llevan preparadas preguntas, sino que se realizan de forma
espontánea, abierta y parece más una conversación. Y por último semiestructuradas, en las que
se llevan preparadas unas preguntas pero se deja hablar libremente al entrevistado, tratando de
recoger la máxima información posible.
Encuestas: La información se obtiene directamente de personas que han participado en el
programa directa o indirectamente. Existen varios tipos: Encuestas personales, que son las
realizadas cara a cara, son flexibles y permiten utilizar diversas técnicas de interrogatorio.
Encuestas por correo, que disminuye la mediatización de las respuestas pero el anonimato
posibilita que el cuestionario lo cumplimente otra persona distinta a la que se dirigía, y por
último las telefónicas, que están comprendidas entre las dos anteriores, y aunque la muestra será
sesgada es ventajoso la velocidad con la que se pueden realizar.
Otros: Se pueden citar también otras técnicas como las escalas e instrumentos estandarizados,
el diario de campo, las actas de reuniones, etc.
Además existen técnicas para el procesamiento y análisis de resultados, de hecho, la
información recogida mediante técnicas cuantitativas se codifican en sistemas de categorías que
permiten una transcripción informatizada que posteriormente puede ser extrapolada, como el
programa SPSS. Una vez realizado esto se procede al análisis de datos a través de estadísticas
descriptivas y estudios comparativos.
Respecto a la información recogida mediante técnicas cualitativas, se transcriben las
informaciones obtenidas utilizando como soporte la matriz elaborada para la construcción de los
protocolos, ampliando los ítems y las categorías en función de las informaciones obtenidas. Tras
esto, se procede el análisis de los datos a través de técnicas de contrastación y triangulación.
También existen técnicas para la formulación de los juicios de valor, pues una vez la
información ha sido analizada, el evaluador juzga el programa tomando como referencia los
criterios establecidos. Sí los criterios han sido propuestos en términos de indicadores y/o
estándares, la comparación es más fácil y deja poco margen a la subjetividad y los juicios de
valor.
Por otro lado para la elaboración de programas y proyectos, podemos tener en cuenta la
(4) METODOLOGÍA DE INVESTIGACIÓN-ACCIÓN, la cual, considerando su objeto y
naturaleza, hemos de hacer referencia a KURT LEWIN (1946) pues fue quien empleó por
primera vez la expresión “investigación-acción” para denominar un tipo de investigación sobre
una realidad social, con el propósito de introducir ciertos cambios en la misma para mejorarla.
Así, podemos considerar el proceso que debe seguirse mediante los siguientes pasos:
1. Clasificar y diagnosticar la situación problemática para la práctica: Para ello hay que llevar a
cabo una descripción de los hechos y una explicación mediante la generación de hipótesis.
2. Formular una estrategia de acción para resolver el problema: Describiendo en primer lugar el
problema y los factores que se han de cambiar, estableciendo negociaciones teniendo en cuenta
los recursos necesarios y sobre todo cumplir con las normas “éticas”.
3. Poner en práctica y evaluar las estrategias de acción.
4. Nueva aclaración y diagnosis de la situación.
Este método de investigación podríamos encuadrarlo dentro de los modelos evaluativos,
pues para este modelo más que la evaluación del producto, lo importante es la evaluación de los
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problemas que surjan en el desarrollo del programa, la búsqueda de razones para que funcione y
la apreciación de cambios en la práctica profesional como consecuencia de su aplicación. De
modo que, la investigación-acción debe ser informativa, formativa, operativa y participativa.
De hecho, la investigación-acción-participativa ó IAP, como investigación colectiva
autónoma es bastante diferente del tipo de investigación usualmente recomendada, donde el
observador (independiente) toma la iniciativa y la total responsabilidad del trabajo con otros
propósitos (tesis, avance científico o ganancias financieras). Aquí la tarea se vuelve una
empresa comunitaria donde la validación social del conocimiento se obtiene no sólo por la
confrontación de las ideas previas o las hipótesis, sino por medio de mecanismos populares de
verificación. De ese modo, da preferencia al análisis cualitativo, sin perder de vista la
importancia de la investigación rigurosa y la aplicabilidad de otros esquemas explicativos. En
ese sentido, podemos hablar de tres elementos teóricos que caracterizan y validan la IAP, los
cuales son:
Posibilidad ontológica de que exista una verdadera ciencia popular: La sabiduría del común y
el saber de los científicos se mezclan y convergen, así pueden ayudar a producir un
conocimiento útil y completo para el cambio social.
Posibilidad de transformar la relación de investigador e investigado: La transformación del
vínculo investigador/investigado nos lleva al concepto de participación. Por ello, los activistas
de la IAP han centrado la idea de que la participación significa algo más que simples apoyos
políticos o pseudodemocracias participativas, sino que significa romper por medio de vivencias
la relación asimétrica de sujeto a objeto de sumisión, dependencia y opresión que existe entre
las personas y los grupos.
Necesidad de autonomía e identidad en el ejercicio del contrapoder popular: Los movimientos
sociales luchan por su cultura y por su personalidad. Por tanto, un investigador de la IAP busca
estimular los movimientos autónomos y defender la articulación de la vida social como una
meta valiosa no siempre compartida por la universidad, el gobierno o los partidos políticos.
En general, al hablar de metodología y metas de la IAP, ésta no se encuentra orientada
exclusivamente hacia la investigación y no es únicamente educación de adultos o acción socio-
política, sino que es una actividad integrada de la que se derivan distintos elementos, que son:
A. Práctica investigadora: Requiere del cuidado y disciplina usuales.
B. Práctica ideológica: Busca claridad y habilidad de comunicación y entendimiento
C. Práctica política: Exige el compromiso, desafío y visión utópica para la construcción de la
hegemonía popular.
No obstante, hemos de recordar que estos elementos están combinados dentro de una
metodología experimental que implica la adquisición de conocimiento serio y confiable sobre el
cual construir poder para los grupos y clases sociales oprimidos, es decir, las bases y para sus
organizaciones.
CARR & KEMMIS (1988) afirman que la esencia metodológica de la IAP es la espiral
autorreflexiva, pues las metas de la combinación del conocimiento liberador y el poder político
dentro de un proceso continuo de vida y trabajo son dos: Capacitar a los grupos y clases
oprimidas a adquirir la suficiente creatividad y fuerza transformadora, expresada a través de
proyectos, acciones y luchas específicas. Y a su vez, producir y desarrollar un proceso de
pensamiento socio-político con el que las bases populares se puedan identificar.
Por otro lado, considerando plenamente la (4) EVALUACIÓN EN OCIO Y TIEMPO
LIBRE, hemos de saber que la educación para el tiempo libre es un tema que preocupa a la
sociedad, ya que ese tipo de educación no formal y permanente pretende el enriquecimiento de
la personalidad, de nuestro bienestar y el desarrollo de las sociedades, de forma que la
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intervención socioeducativa se convierte en una acción social necesaria, y por lo tanto debe
estar planificada.
En este tipo de programas es ineludible una evaluación formativa y de proceso, por ello
las fases del proceso evaluador en programas de tiempo libre y ocio son principalmente:
Delimitación y conocimiento de lo que queremos evaluar:
Definición de los aspectos del programa o acciones que interesa evaluar: Es decir, los criterios
de evaluación.
Establecimiento de cómo vamos a obtener la información que necesitamos para contestar a las
cuestiones anteriores.
Diseño de instrumentos que nos permitan recoger información.
Cómo y cuándo recopilamos la información y datos.
Análisis de datos e informaciones.
Elaboración de los informes de evaluación.
A su vez, hemos de tener en cuenta a los evaluadores en programas de tiempo libre y
ocio, pues la responsabilidad última de una evaluación de tipo formativo y de proceso, así como
de contexto y diseño recae principalmente en el equipo base, es decir, es el responsable de que
se evalúe el programa y de que se implique en esa evaluación a las personas oportunas. De ese
modo, en los programas de ocio y tiempo libre el proceso evaluador ha de ser participativo.
Por ello, hay que saber qué debemos evaluar mediante los criterios de evaluación,
pues cuando hablamos de criterios de evaluación en tiempo libre y ocio estamos hablando de
cuáles deben ser las preguntas que se deben formular a la hora de evaluar un programa o
intervención. Así se propone:
Evaluación del contexto: El conocimiento del medio y los destinatarios de los programas de
ocio y tiempo libre, a través de un análisis de dicho ámbito nos lleva a realizar un diagnóstico de
la situación e identificar a la población y sus necesidades.
Evaluación del proceso y desarrollo del programa: Tiene como finalidad proporcionar
información acerca de cómo se ha desarrollado el programa. Se pueden establecer criterios en
cuánto: al programa en general, al contenido de las actividades y la metodología, sobre los
recursos, respecto al equipo base, sobre los participantes, etc.
Evaluación del producto: Se considerará que los programas hayan alcanzado los objetivos
propuestos, conocer la incidencia social que han tenido y si han sido eficaces a la hora de
responder a las necesidades del entorno. A estos criterios habrá que buscarles indicadores, que
son unidades de información que señalan si un cierto criterio de evaluación se ha dado o no.
Por último, también hay otras decisiones a tomar en la evaluación, como por ejemplo
el cómo vamos a obtener la información que necesitamos para contestar a las cuestiones
anteriores, y para ello se diseñan los instrumentos más adecuados, que pueden ser: entrevistas,
discusiones de grupo, recopilación documental, cuestionarios, etc.
Asimismo, habrá que establecer cómo y cuándo recopilamos la información, es decir, sí
antes de comenzar, durante el desarrollo o bien al finalizar el programa. Por tanto, mediante el
análisis de estos datos e informaciones evitaremos quedarnos en la valoración de los hechos sin
preguntarnos el por qué o presentar alternativas, las cuales se plasmarán en la elaboración de
los informes de evaluación, pues se realizarán en función de los destinatarios realizaremos
varios.
Finalmente, como (5) CONCLUSIÓN recordar que es necesario que la metodología
“planificadora” se utilice para establecer una acción eficiente que no suponga un elemento
rutinario e inútil, pues aunque la tendencia actual es que los programas se someten a procesos de
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evaluación, tanto interna como externa con una finalidad sumativa y formativa, la realidad es
que hay tantas opciones de evaluación como tipos de programas.
Por ello, lo más importante es siempre conocer la opinión de los destinarios del
programa, pues a través de ellos conseguiremos saber realmente si hemos conseguido nuestros
propósitos y han mejorado, obteniendo un mayor bienestar y calidad de vida, pues les habremos
dado herramientas para el desarrollo tanto personal como colectivo, contribuyendo a la mejora
de las relaciones sociales y a la realización de actividades motivadoras y atractivas que les
posibiliten nuevas vías y cambios en sus vidas.
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