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Psicología de la Agresión y Violencia

1) El documento discute la diferencia entre violencia y agresión, y define la agresión como una conducta cuya intención es hacer daño. 2) Se describen diferentes tipos de agresión como agresión física vs verbal, activa vs pasiva, y directa vs indirecta. 3) El documento examina si existe un instinto agresivo innato en humanos y concluye que aunque los factores motivacionales juegan un papel, no hay evidencia de un único motivo agresivo con base biológica.

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Psicología de la Agresión y Violencia

1) El documento discute la diferencia entre violencia y agresión, y define la agresión como una conducta cuya intención es hacer daño. 2) Se describen diferentes tipos de agresión como agresión física vs verbal, activa vs pasiva, y directa vs indirecta. 3) El documento examina si existe un instinto agresivo innato en humanos y concluye que aunque los factores motivacionales juegan un papel, no hay evidencia de un único motivo agresivo con base biológica.

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AGRESIÓN

¿Violencia y agresión son lo mismo? ¿Por qué? ¿Cómo se puede agredir? ¿Somos violentos por
naturaleza? ¿La frustración provoca agresión? ¿El calor provoca agresión? ¿El frío provoca
agresión? ¿El ruido provoca agresión?

VIOLENCIA
Tipo de relación social basada en un tipo de interacción: la agresión. Cuando se habla de la
agresión, se habla de comportamientos o motivos que se refieren a intercambios concretos.

La violencia está enraizada en muchos actos de nuestra vida cotidiana; es un


mecanismo clave en nuestra civilización. Todos, en menor o mayor grado, somos
violentos: los productos televisivos que estilizan la violencia son enormemente atractivos
para los espectadores; cualquier pueblo invierte en instituciones como la diplomacia, el
ejército, la policía o el poder judicial; o cualquiera de nosotros difícilmente podría eludir
la tentación de ejercer soluciones violentas en determinadas circunstancias.

AGRESIÓN (BUSS, 1961)


Una de las definiciones más consonantes consiste en definir la agresión como una
conducta que daña a otra persona o a cualquier ser vivo en general; sin embargo, esta
definición tiene una serie de problemas a la hora de aplicarla a los acontecimientos de
la vida cotidiana: existen ocasiones en las que se daña sin querer sin considerarse
agresión, y otras en las que se intenta agredir intencionalmente y no se hace daño.

Tales problemas han llevado los investigadores a definirla como una conducta cuya
intención es hacer daño (Berkowitz, 1962):

• Conducta e intención (expectativas y objetos). La intencionalidad implica la existencia de


ciertas expectativas que definen objetivos; en este sentido, el hacer daño a la víctima
puede ser un fin en sí mismo o un medio para un fin: se define la agresión afectiva y la
instrumental. La primera se da al querer empeorar el bienestar del otro: constituye el reverso
de altruismo. Suele estar vinculada con emociones como odio y desprecio. Es rara e
infrecuente: se lleva a cabo incluso cuando los costes son mayores que los beneficios;
es decir, de manera no premeditada. Se quiere obtener un fin; importan poco los medios:
sólo quieres hacer daño. La segunda se define como un medio para conseguir otros fines
conductuales, materiales o simbólicos.
Son las más relevantes en Psicología Social (motivación).
• Agresión física / agresión verbal. La agresión no sólo implica daño físico, sino que
puede producirse de forma simbólica: se podría incluso ampliar el concepto de agresión
verbal a agresión simbólica, incluyendo conductas no verbales y otras formas de
comunicación tales como el cine o la pintura.
Buss • Agresión activa (comisión) / pasiva (omisión). El daño no solo se provoca por
comisión, haciendo algo que positivamente y activamente vaya a alguien o a algo; sino
también por omisión, pasivamente, no haciendo algo que permitiría a la víctima eludir
un daño -no necesariamente generado por nosotros-.
• Agresion directa / indirecta (distancia). Podemos hacer daño a alguien en su
presencia; es decir, directamente, o a distancia, induciendo una agresión directa por
parte de terceros o atacando personas objetos relacionados con la víctima; dicho de otro
modo, indirectamente.

La inclusión del concepto de intención es imprescindible, pero hace muchísimo más


complejo el establecer con claridad cuando nos encontramos ante un caso de agresión.
La intención no es un fenómeno que podamos observar directamente en los demás, a
1 LAURA JUNCOS CEBRIÁN G110
diferencia del daño físico. Estas dificultades a la hora de atribuir intención son
importantes ya que la asignación de responsabilidad se basa en una atribución de
intención (Heider).

La forma más frecuente de estudiar la agresión en los laboratorios de Psicología Social


ha consistido en diseñar situaciones en las que los individuos tienen la oportunidad de
administrar agresiones físicas, activas y directas, a una persona que generalmente les
ha provocado previamente. Un procedimiento típico consiste en dar a los sujetos la
oportunidad a administrar descargas eléctricas a un ‘‘alumno’’ como castigos a los fallos
en una determinada tarea (no haciendo daño alguno la máquina a la supuesta víctima).

¿EXISTE UN INSTINTO AGRESIVO?


La agresión es una forma de interacción rodeada de una notable mitología biologista
que con frecuencia alude al instinto para justificar su presente entre nosotros.

Definición de instinto según diferentes perspectivas:

• Freud: tánatos y energía positiva (líbido)


• Etología y Psicología comparada. Relaciones de Hinde. ¿Hasta dónde podemos llevar el
papel explicativo de un instinto, de un gen?

A partir de la obra de clásicos como Freud, la violencia se caracteriza como un motivo


humano básico. Sin embargo, la afirmación de que somos violentos no quiere decir que
se hayan encontrado pruebas de que somos necesariamente violentos a causa de una
motivación agresiva innata los seres humanos. De hecho, algunos datos parecen sugerir
lo contrario: se sabe que los animales no sólo muestran conductas depredación ante
distintas especies sino conductas de lucha intraespecíficas (con función jerárquica y
territorial).

Es tentador establecer un paralelismo entre la conducta animal y la conducta humana,


sugiriendo que la agresión entre humanos no es sino una manifestación de la motivación
a luchar por establecer un rango jerárquico o una de imperativo territorial, un motivo
agresivo innato los seres humanos.

Tal paralelismo debe ajustarse con muchas precauciones; la determinación innata o


instintiva de la conducta es un proceso puesto en duda y su explicación como resultado
del comportamiento agresivo ya se considera excesivamente simplista.

Un instinto es definido tradicionalmente como un patrón fijo de tipo reflejo determinado por
ciertos estímulos externos y estados bioquímicos internos. Para Lorenz, los instintos
corresponden a acumulaciones de energía (1966): se tiene ‘‘energía oscura’’ que cuando llega a
un determinado nivel, se debe soltar. Es decir, defiende que la conducta agresiva animal
es el resultado de una descarga de energía que se acumula en determinadas
estructuras neuronales y es activada por un terminado tipo de estímulo; aunque a veces
dicha energía se desbordaría, dando lugar a patrones de conducta agresiva sin un
desencadenante externo.

La etología actual ha ido incorporando las críticas de los psicólogos comparados al


concepto de instinto:

• Artificialidad de la distinción innato-aprendido (tendencias y circunstancias). En el caso


de los seres humanos, la distinción entre genético y aprendido no es importante. La
conducta no está determinada en patrones fijos de conducta, sino que es el resultado
de la interacción entre ciertas tendencias predeterminadas que facilitan un cierto
patrón de conducta, y las circunstancias ambientales específicas en que debe
manifestarse tal patrón.
2 LAURA JUNCOS CEBRIÁN G110
• No existen ‘‘energías específicas’’ (‘‘energía oscura’’) y/o ‘‘centros nerviosos’’ claros y
específicos que desencadenen conductas instintivas. Sí se da el arousal y niveles de activación
diferentes. Un exceso de activación (que supera un determinado umbral de resistencia)
puede hacer daño.

Así pues, en la actualidad no parece verosímil que existan instintos, motivos o


tendencias innatas específicamente agresivas en los seres humanos o incluso en los
animales. Sin embargo, esto no quiere decir que los factores motivacionales no
interpreten un importante papel en la agresión: lo único que se pone en duda es que
exista un motivo de agresión específico con una clara base biológica (los psicofisiólogos
no han encontrado una localización única y específica para los mecanismos de control
de la agresión).

La etología no fue la única disciplina tentada por un modelo instintivista de agresión; la


versión psicológica de este punto de vista se basa en la hipótesis de que la frustración
genera agresión.

FRUSTRACIÓN, ¿PROVOCA AGRESIÓN?

HIPÓTESIS DE LA FRUSTRACIÓN-AGRESIÓN
La hipótesis, trabajo de Dollard, Doob, Miller, Mowrer y Sears, tiene como fuente de
inspiración de conductismo formalizado de Hull. Dicha teoría supone que existe una
energía específica innata en el sistema nervioso que produce la conducta agresiva.
Dicha energía agresiva sería producida por la frustración, que es definida como
cualquier forma de interferencia en una secuencia de conductas dirigidas a una
amenaza:

Acumulación
Frustración de energía Descarga
(agresión)

• Interferencia • Reforzante
entre •Suma y sigue • Posible
conducta- •Importancia de la desplazamiento
meta conducta
•Grado de Interferencia
•Experiencias previas

La cantidad de energía agresiva producida por la frustración dependería de factores


tales como la importancia para el individuo de la conducta frustrada, el grado de
interferencia sufrida (a mayor grado de interferencia mayor frustración; pero la frustración se
asume cuando ya no hay nada que hacer) o el número de experiencias previas de frustración.

3 LAURA JUNCOS CEBRIÁN G110


Por la energía agresiva puede acumularse a medida que el individuo sufre sucesivas
frustraciones. La liberación de dicha energía es reforzante para el individuo.

Cabe destacar que puede producirse un desplazamiento de la agresión: cuando un


individuo acumula energía agresiva, ésta puede desplazarse de la persona que fomenta
la frustración (respecto la cual la agresión está inhibida por una amenaza de castigo) a
una segunda persona. La probabilidad de que esto ocurra depende de la similitud entre
ambos estímulos (de la persona frustrante y su posible sustituto).

Este modelo ha generado un volumen ingente de investigación. Existe cierto consenso


en que el modelo no es estrictamente correcto en sus predicciones:

• Es evidente que se basa en la metáfora de energía utilizada por los primeros


etólogos para el estudio del instinto, que carece de suficiente base conceptual.

• No existe base empírica que apoye la existencia de ‘‘energía agresiva’’.


Metodología: variable dependiente (¿agresión?) e independiente (obstáculo ‘‘incitador’’,
características de la demanda: opinión del experimentador). Hay muchos elementos
externos. Muchos de los experimentos clásicos operacionalizan el concepto de
agresión de forma discutible:

o Unos estudios se caracterizan por operacionalizaciones discutibles de la variable


dependiente -agresión- como un incremento de una actividad. Por ejemplo, una
operacionalización típica en niños consiste en la fuerza de una determinada
actividad, como puede ser golpear una bola. Golpear un objeto guarda parecidos
externos con una actividad violenta, pero no se ajusta en absoluto a la
característica central de la agresión. El propio Miller reconoció que la frustración
no producía necesariamente agresión, pero sin renunciar a la afirmación de que
la frustración podía ser una causa suficiente de agresión.
o Otros estudios se caracterizan más bien por una operacionalización deficiente de
la variable independiente -frustración-. En muchos casos, la situación
frustrante no consiste solamente en una barrera pasiva que interrumpa los planes
del sujeto; la situación incluye algunos elementos que pueden sugerir al sujeto un
insulto, una injusticia o una actitud permisiva hacia la violencia por parte de los
experimentadores.

Casi todos los experimentos citados por Berkowitz para avalar la hipótesis de
frustración-agresión presentado uno copa Dios de los problemas citados. Las
operacionalizaciones de frustración consisten en empujar la mesa en la que unos
niños están afilando tapones de por vida o están acompañadas de comentarios
sarcásticos u otros estímulos -como películas violentas- que hacen difícil establecer
dónde empieza el efecto del obstáculo y dónde el de las reacciones emocionales
producidas por el contexto. En cuanto a las operacionalizaciones de agresión,
aparecen medidas tales como la administración de descargas eléctricas; pero
también son consideradas las respuestas en escalas de agrado o desagrado, el
rechazo de un grupo hacia otra persona o la frecuencia de acciones dirigidas a
obstaculizar la tarea de la persona que nos ha frustrado.

El principal problema de estos experimentos es el efecto de la demanda: los sujetos


se encuentran ante unos experimentadores que no tienen reparo alguno en
presentan películas violentas o en utilizar máquinas que pueden administrar
descargas eléctricas a otras personas; está claro que el mensaje implícito en un
contexto de este tipo es que los experimentadores esperan, y consideran normal o
incluso loable, que los sujetos sean violentos.

4 LAURA JUNCOS CEBRIÁN G110


• Resultados contrarios. Buss o Kuhn, Madsen y Becker tampoco observaron mayor
agresión en, por ejemplo, niños a los que nos les daba una golosina que se les había
prometido. Otros autores han hallado que la frustración no sólo no incrementa sino
que decrece la agresión.

¿Por qué, entonces, esta hipótesis es aceptada como una experiencia casi obvia en
nuestra vida cotidiana? Se debe tener en cuenta que los términos agresión y frustración
son bastante ambiguos como para generar la confusión de incluso los investigadores.
Así, la relación directa entre frustración y agresión probablemente no existe, pero los
psicólogos sociales han estudiado un conjunto de factores situacionales que, muchos
casos, pueden mediar entre uno y otro fenómeno, pasando desapercibidos al
observador, que cree ver un vínculo directo entre frustración y agresión. Este modelo
observa la agresión como un proceso más interno.

ALGUNOS APUNTES SOBRE EMOCIÓN


La emoción se compone de:

• Componentes de expresión;
• Componentes fisiológicos;
• Componentes de acción.

MODELO BIFACTORIAL
El primer modelo psicológico sobre emoción que ha tenido efectos duraderos fuel
propuesto en 1884 por William James, según el cual la emoción es la resultante de la
percepción de nuestras reacciones viscerales; es decir, de reacciones corporales,
tanto las musculares como las que están fuera de nuestro control voluntario y que son
reguladas por Sistema Nervioso Autónomo. Con esta definición, nuestra reacción
corporal procedería a la experiencia del miedo, de modo que, por ejemplo, no huiríamos
porque estamos asustados sino que estamos asustados porque huimos. Este modelo
recibió críticas desde casi el mismo momento en que fue postulado, pero aún hoy no ha
sido totalmente descartado.

Según el modelo Bifactorial, existiría una clara percepción del problema y una
comprensión de las consecuencias de este antes de las reacciones corporales, pero
tales procesos serían estrictamente cognitivos no acompañándose por una experiencia
subjetiva de emoción. Sólo cuando sea procesos cognitivos desencadenan toda una
serie de acciones y respuestas viscerales nos encontramos con nuevos fenómenos
psíquicos que introducen la emoción en el flujo de nuestra conciencia.

Gregorio Marañón (1924) llevó a cabo un experimento destinado comprobar si el


proceso se ajustaba o no a la descripción de William James. Sabía que las reacciones
viscerales podrían ser producidas artificialmente con una inyección de adrenalina.
Inyectó a 210 pacientes para observar si los cambios viscerales, por sí solos, eran
capaces de producir la reacción emocional.

Marañón encontró que, en la mayor parte de los sujetos (71% de los casos) la predicción
no se cumplía: los sujetos negaban sentir emoción, aunque reconocían sentirse en un
estado peculiar que se ha denominado ‘‘emoción como si’’, consistente en la percepción
de los cambios corporales característicos de una fuerte emoción, pero no la conciencia
de experimentar emoción alguna. En el restante 29%, la inyección sí provocó una
reacción genuinamente emocional, en la que la experiencia de emoción seguía a las
reacciones corporales correspondientes. Estos resultados fueron los culpables de que
no se cerrase del todo la polémica sobre la viabilidad del modelo de James.

5 LAURA JUNCOS CEBRIÁN G110


Los psicólogos sociales se dieron cuenta de que el factor que debía sumarse a los
cambios viscerales para producir una verdadera emoción no radicaban en las
diferencias individuales, sino factores ambientales: en la situación. Es Stanley
Schachtter quien reproduce el binomio situación+interpretación, inspirándose en parte
de la investigación de Marañón y por la otra en los procesos de afiliación de la Teoría
de Comparación Social de Festinger.

Según la Teoría de Comparación Social, los seres humanos no percibimos de forma


necesariamente cabal -exacta- las causas de nuestro comportamiento y del
comportamiento de los demás, por lo que necesitamos indicios situacionales para inferir
dichas causas. Uno de esos indicios es el comportamiento de los demás en la misma
situación en la que nos encontramos: Stanley trata de mostrar cómo la afiliación, la
búsqueda de contacto social, tiene una función fundamental: la autoevaluación de los
estados internos que supuestamente determinan nuestra conducta.

Así, Schachter, tras una serie de experimentos llega la conclusión de que las personas
no tenemos, con frecuencia, una percepción clara de cuál es el estado corporal que se
corresponde con una emoción determinada (y también con otros estados fisiológicos).
Por ello, una persona asustada o ansiosa siente ciertos cambios en su estado corporal,
pero no está segura de su ‘‘traducción’’ a un estado emocional concreto hasta que puede
cortejar la corrección de su traducción con la que hacen otras personas en una situación
semejante. Solemos, pues, buscar en compañía una interpretación lo más acertada
posible de lo que nos pasa, que nos permita descartar o asumir un término a una
reacción.

A partir de dicho experimento, Stanley propone un modelo teórico (Bifactorial) según el


cual la emoción es la resultante de un estado corporal característico pero ambiguo
(activación inespecífica 1 ) que sólo será percibido como emoción si el sujeto se
encuentra en una situación que le sugiere dicha interpretación (etiquetado cognitivo).
Esa evaluación de la activación dará como resultado un determinado tipo de emoción u otro
dependiendo de cómo sean las claves de la situación.

LA EVOLUCIÓN A CORTO PLAZO DEL MODELO BIFACTORIAL: EL


PARADIGMA DE ATRIBUCIÓN ERRÓNEA
El experimento de Schachter y Singer consistió en una réplica sofisticada del estudio
de Marañón: los sujetos eran invitados a participar en un supuesto estudio de agudeza
visual para el que debían recibir una inyección de ‘‘vitaminas’’. Se crearon cuatro grupos:

• El placebo, que recibía una inyección de agua y sal;


• El informado, que recibía una inyección de adrenalina y además se le informó sobre
los efectos secundarios que iba a tener la ‘‘vitamina’’;
• El mal informado, que recibió una inyección de adrenalina pero se le proporcionó
información errónea sobre sus efectos secundarios;
• El ignorante, al que se le administró adrenalina pero sin proporcionarle ningún tipo
de información sobre sus efectos secundarios.

Una vez llevado a cabo, les permitían a los sujetos que comparasen su estado con el
de otras personas y decidieran, en consecuencia, si estaban o no emocionados. Así, en
la segunda parte del experimento, se le pedía al sujeto experimental que esperaba en
un despacho en compañía de otra persona; cómplice del experimentador, que transmitía
o euforia o enfado e irritación.

1
Con inespecífica, se refiere a que la activación no tiene color: es, o más intensa o menos intensa, pero
no mejor o peor. Se habla de niveles.
6 LAURA JUNCOS CEBRIÁN G110
Los experimentadores observaron sin ser vistos y después les aplicaron un cuestionario
con el que trataron de establecer la percepción de su estado físico y su estado
emocional. La hipótesis de este experimento es que cuanto más ambigua sea de
información del sujeto sobre el estado corporal, más fácil será que los procesos de
comparación social le faciliten claves sobre la interpretación correcta. En otras palabras,
los sujetos de las condiciones ‘‘mal informado’’ e ‘’ignorante’’ se encontrarán ante una
incierta situación corporal que facilitará su interpretación a partir de las reacciones de
sus compañeros. Los resultados al observar la conducta emocional fueron:

Condiciones Predicción Resultado (con Resultado (con


experimentales enfado) euforia)
Mal informado Emoción Emoción
Ignorante Emoción Emoción Emoción
Placebo No emoción (Emoción) * (Emoción) *
Informado No emoción No emoción (Emoción)
*El grado de emoción observada fue menor que en las otras condiciones.

En términos generales, se ajustaron a la predicción. En el caso de la variable


dependiente de los informes subjetivos mediante cuestionarios, los resultados
prácticamente no confirmaron las hipótesis.

Se debe añadir una precisión terminológica que tiene importantes consecuencias


teóricas. Cuando Schachter lleva a cabo el experimento ya no habla de ‘’estados
corporales’’ y ‘’comparación social’’; para lo primero es más preciso y, en línea con
Marañón, identifica los estados corporales con la activación inespecífica del sistema
nervioso simpático. Para lo segundo, se refiere a ciertos factores cognitivos o a un
proceso de ‘’etiquetado cognitivo’’, que parece consistir en una percepción de la
activación como emocional, una atribución de las causas de la activación a una
determinada emoción. Este modelo (que se ha dado en llamar Bifactorial) entra en la
órbita de la Teoría de la Atribución de Heider, la estudia los seres humanos como
científicos ingenuos que tratan siempre de explicar las causas del comportamiento de
las personas y las cosas, incluidos las de ellos mismos.

Esta vinculación va a dar lugar al llamado Paradigma de la Atribución Errónea, según


el cual la percepción de activación provoca una búsqueda consciente de explicaciones
causales; que pueden ser psicológicamente satisfactorias para el individuo pero no por
ello son necesariamente correctas (errores y sesgos). Este paradigma entiende que la
experiencia subjetiva de emoción es la resultante de atribuir ciertas características de la
situación a la activación percibida para, a partir de tal atribución, llegar a decidir qué
emoción se siente. Si ello es así, Nisbett y Schachter razonaron que el estado
emocional de una persona puede modificarse (cambiando su signo o su intensidad) si
se le cortocircuita a el proceso mediante el cual llega sentir tal emoción. Así, por ejemplo,
si una persona está activada en la situación A como resultado de X (lo que daría lugar
a un estado Y), ambos autores suponen que engañar a la persona haciéndole creer que
la activación que percibe se debe a un estímulo que carece de significado emocional,
impedirá interpretar la activación como resultado de X; lo que disminuiría o haría
desaparecer el estado emocional habitual en tal situación (Y).

El paradigma se comprobó, en primer lugar, en contextos experimentales (Nisbett,


Schachter, Zimbardo, Ross, etc.): se observó que los sujetos mostraban menos temor
ante ciertos riesgos (p.e., sufrir dolor) cuando la atribución de activación generada por
la situación (p.e., recibir descargas eléctricas) era atribuida a otro estímulo sin
significado emocional (p.e., un sonido o una luz). Posteriormente, se han explorado las
aplicaciones clínicas, que consistirían en lo que podríamos llamar un efecto placebo
paradójico (Ross y Nisbett). Siendo un placebo una sustancia que carece de efectos
7 LAURA JUNCOS CEBRIÁN G110
pero es administrada haciendo creer al enfermo que tiene efectos benéficos, el
paradójico sería aquel en que se hace creer al enfermo que una sustancia no tiene
efectos benéficos sino negativos (es decir, provocar desagradables síntomas de
activación); con el objetivo de provocar un proceso atribución errónea.

Storms y Nisbett (1970) pusieron en práctica esta idea con pacientes que sufrían de
insomnio. Las personas que recibieron una pastilla -un trozo de azúcar- que
supuestamente iba generarle síntomas de activación, reinterpretaron su activación
habitual en términos de la nueva causa potencial (carente de significado emocional) y
se durmieron antes de lo habitual. La clave parece residir en la intensidad de la
emoción, la familiaridad del contexto (impiden se produzca el efecto) y ciertos rasgos
de personalidad de los sujetos (que lo facilita).

En cualquier caso, el Paradigma de la Atribución Errónea establece un modelo bifactorial


de emoción que constituye el modelo psicosocial de emoción por excelencia; para los
psicólogos sociales, la emoción va a ser la resultante de una activación inespecífica
etiquetada a partir de ciertos rasgos de la situación social en la que el individuo percibe
dicha activación.

PROCESOS SITUACIONALES INTERMEDIOS ENTRE FRUSTRA CIÓN-AGRESIÓN


Leonard Berkowitz ha capitaneado los intentos más ambiciosos de reconstruir el binomio
frustración-agresión. Los primeros estudios empíricos estaban encaminados a
demostrar la existencia de esos elementos situacionales que determinan la agresión
en situaciones aversivas -desagradables- y, particularmente, en las frustrantes.
Inspirándose en la teoría del condicionamiento clásico, supuso que ciertos objetos o
personas pueden convertirse en estímulos que provocan respuestas agresivas
impulsivas debido a aparecer asociados a la violencia.

Así, los sujetos interactuaban con una persona que los insultaba o se comportaba de
forma neutral pudiendo, al final, administrarles descargas eléctricas en un supuesto
ejercicio de aprendizaje. Se introdujeron una serie de elementos destinados a generar
un mayor o menor grado de impulsos agresivos por su asociación con conductas o
acontecimientos violentos; además de manipulaciones experimentales destinadas a
proporcionar indicios situacionales (es decir, estímulos relacionados con la víctima y
asociados a la forma de violencia expuesta en una película, elemento intermedio).
Aunque los resultados no fueron del todo claros, los sujetos insultados que vieron la
película y la relacionaron con la víctima fueron los que administraron un mayor número
de descargas eléctricas.

Junto con otros investigadores, han llevado a cabo un número importante de


experimentos que siguen el mismo diseño con ligeras variantes (provocación de la
víctima → indicios situacionales → oportunidad de agresión del sujeto hacia la
víctima). El más ambicioso fue el llevado a cabo por Berkowitz y Lepage, en el que
trataron de demostrar que bastaba un indicio situacional -la presencia de armas- para
que, si se asociaran con la víctima, se incrementara la agresión. Los resultados no
confirmaron la hipótesis en todos los casos y el propio autor ha reconocido que este
indicio sólo puede generar agresión en determinados sujetos, dependiendo de su
interpretación de la situación y se experiencia previa con armas.

En términos globales, los resultados de los experimentos sugieren que los factores
situacionales pueden incrementar la agresión en personas normales. Carlson et al.
llevaron a cabo un metaanálisis en dos condiciones distintas: cuando los sujetos se les
había provocado un estado afectivo negativo y cuando los sujetos encontraban en un
estado afectivo neutro. Los resultados mostraron que los factores situacionales
incrementaron la agresión en ambos estados afectivos; estos resultados globales no
8 LAURA JUNCOS CEBRIÁN G110
significan que el modelo teórico de Berkowitz sea correcto y la expresión impulsiva de
la agresión se facilite mediante un proceso de aprendizaje que asocia ciertos estímulos
con situaciones violentas cuando un individuo es activado. Para Carlson et al., el hecho
de que el efecto situacional se produzca también en sujetos con un estado emocional
neutro muestra que la agresión no es la resultante de un impulso agresivo emocional
facilitado por indicios situacionales, sino que estos actúan exclusivamente a nivel
cognitivo, provocando pensamientos e imágenes relacionadas con conductas
agresivas. El propio Berkowitz ha modificado su modelo utilizando los cognitivos de
emoción, provocando así una situación aversiva o frustrante simultáneamente una
emoción negativa y diversas reacciones conductuales; siendo la situación clave para
determinar una reacción de miedo y huida o una reacción de enfado y agresión.

Existen otros estudios realizados por Rule, Dyck, Nesdale o Worchel que muestran
cómo las frustraciones inesperadas o arbitrarias producen más fácilmente agresión. Sin
embargo, surge la duda de si se debe utilizar el concepto de frustración en este caso,
pues podría interpretarse como una provocación.

Se puede concluir, en cualquier caso, que los psicólogos sociales deben vigilar los
efectos de variables situacionales aparentemente triviales en la determinación de la
conducta agresiva, especialmente cuando la situación genera emociones negativas,
tengan su origen en la frustración o no. Además, han explorado la posibilidad de que la
agresión surjan de la combinación de factores motivacionales intensos pero
inespecíficos, por una parte, y factores situacionales sutiles pero específicos por la
otra. Los campos que destacan a nivel interactivo en la investigación psicosocial de la
agresión son: la influencia de otras situaciones próximas en un tiempo, la influencia del
medio ambiente físico y la conducta de las personas con las interactuamos.

DETERMINANTES SITUACIONALES DE LA AGRESIÓN ¿EL CALOR PROVOCA


AGRESIÓN? ¿Y EL FRÍO O EL RUIDO?

SITUACIONES PRÓXIMAS
La influencia de otras situaciones precedentes se ha estudiado fundamentalmente a
través de la Teoría de la Transferencia de Excitación de Zillmann, que guarda una
estrecha relación con la Teoría Bifactorial de Schachter. Según Zillmann, ciertas
reacciones emocionales no solo están producidas por la activación inespecífica y los
procesos cognitivos que genera la situación emocional en la que nos encontramos: si,
momentos antes, hemos vivido otra situación emocional, parte de la activación de la
emoción anterior se transfiere a la nueva situación. Una vez abandonamos una
situación que nos ha producido activación, ésta desaparece gradualmente. En un
determinado momento ya no percibimos dicha activación que, sin embargo, sigue
presente. Si entonces surge un nuevo estímulo emocional, a la activación producida por
dicha situación se le suma la activación que se transfiere desde la situación anterior. De
este modo, la nueva reacción emocional es más intensa de lo que sería en situaciones
normales.

Según los investigadores, las personas no somos conscientes de este proceso y la


activación que se transfiere carece del signo que tuviera el episodio emocional del que
provenga; es más, la activación no surge necesariamente de un episodio emocional. De
hecho, un procedimiento experimental común entre los investigadores de esta teoría
(p.e. Zillman y Bryant, 1974) consiste en provocar la activación mediante el ejercicio
físico, situación de neutralidad emocional.

Uno de los temas que despertaron más interés fue la agresión, sobre todo la derivada
de situaciones previas en las que se había producido reacciones de activación ante
estímulos sexuales (polémica sobre efectos de la pornografía en los crímenes sexuales).
9 LAURA JUNCOS CEBRIÁN G110
Para Zillmann, la agresión es agresión es un proceso muy similar a la emoción descrita
por Schanchter; el fenómeno consta de tres factores: activación inespecífica, evaluación
cognitiva de la situación y conjunto de conductas aprendidas. La activación se encarga
de amplificar la toma de decisiones del individuo y su conducta consiguiente. Según tal
punto de vista, la pornografía no genera necesariamente una mayor violencia sexual: se
ha demostrado que ver estímulos eróticos que provoquen una activación sexual puede
provocar una transferencia de excitación en forma de agresión y enfado pero también
conductas positivas.

Interpretación
Situación Activación
(appraisal o
(temperatura) (arousal)
evaluación)

Interpretación
Emoción (afecto Intención
(atribución) -ni
negativo) (motivación)
negativa ni positiva-

Interpretación
Acción (agresión)
(cálculo)

*Unidad de medida cerebral: 1/4s (en atribución y appraisal).

Preguntas fundamentales que se le hace a la situación: ¿es buena o mala -positiva o negativa-?,
¿soy controlable o incontrolable? y ¿soy relevante o irrelevante? Con esto, si aparece un estímulo
relevante que

• Tiene carácter negativo: al realizar el appraisal de que la situación es controlable, se dispara


la emoción de ira.
• Tiene carácter negativo pero el appraisal da lugar a una situación incontrolable, se dispara el
miedo.

TEMPERATURA Y AGRESI ÓN
La creencia en la relación entre la temperatura y la agresión tiene un profundo arraigo
cultural: a nadie parece escapársele que el calor puede ser una fuente de activación y
de malas sensaciones que facilitan la probabilidad de responder agresivamente. Esta
es la idea que enuncia la hipótesis básica de la relación temperatura-agresión: la
propensión a la agresión aumenta con la temperatura y dicha propensión asciende a las
consideraciones de tipo racional (Anderson, 1989).
Cabe destacar que el tipo de agresión asociado a esta hipótesis es la afectiva; es decir,
aquella determinada emocionalmente que es un fin en sí misma.
La relación, por tanto, entre t-a no es simple, ni lineal (como determinaría el saber
popular y el sentido común); es más compleja al verse al verse implicados y
posiblemente relacionados varios procesos psicológicos y biológicos.
Existen cinco aproximaciones psicológicas básicas:

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• Modelo Simple de Afecto Negativo (Anderson y Anderson, 1984)
o Aumento de activación → mayor probabilidad de agresión. Similar a la idea
popular de que cuando uno siente calor aumenta la activación y, con ello, la
posibilidad de responder a las frustraciones agresivamente.
o Relación en U (bajas y altas temperaturas). Difiere de la idea popular en que el
aumento de activación también se aplica a las bajas temperaturas.

• Modelo de afecto Negativo-Huida (Baron y Richardson, 1994)


o Afecto negativo → probabilidad de agresión. Los sentimientos desagradables son
los responsables de que las personas respondan agresivamente, y no la
activación.
o Relación en U invertida (nivel previo de A.N.; umbral). Lo que se propone es que
cuando los niveles de afecto negativo son moderados y aumentan, la tendencia
de agresión es mayor; mientras que si los niveles previos de afecto negativo son
altos, el incremento del afecto negativo producirá una conducta de huida
disminuyendo los niveles de agresión. La fuente de este afecto negativo puede
ser la temperatura, pero no de manera necesaria. El punto en el cual se produce
la conducta de huida se situaría por encima de los 30 °C.
Cuando las temperaturas son extremas, la conducta es de evitación (baja la probabilidad
de agresión: se quiere evitar la situación).

• Modelo de transferencia de excitación (Zilmann, 1979)


o (Excitación + atribución) → agresión. Zillmann asume las emociones como
reacciones excitatorias en términos de activación. Cuando se producen, las
personas tendemos a atribuirlas a una causa saliente en ese momento. Si el
incremento o disminución de las temperaturas provoca un aumento de la
activación, esta puede ser atribuida erróneamente en una situación inmediata,
a alguien como enfado, desencadenándose una acción violenta hacia ėl.
o Temperatura, situación, excitación y atribución.

• Modelo cognitivo-neoasociacionista (Anderson, 1989)


o Temperatura → (pensamientos negativos) → agresión. Se puede producir
asociación por condicionamiento clásico. El aumento de las temperaturas
produce un incremento en los pensamientos agresivos que, a su vez, genera
una mayor agresión. La temperatura elevada se convertiría en un estímulo
aversivo por medio de la asociación repetida entre las altas temperaturas en los
pensamientos negativos que éstas provocan (función de U).
o No son necesarias las ‘‘pistas’’ situacionales. Éste modelo se diferencia del anterior
en que defiende que, en temperaturas desagradables, deberían primar los
pensamientos negativos, y, por tanto, la agresión; con independencia de la
presencia o no de causas a las que atribuir la agresión.

• Modelo fisiológico-termorregulador
o Temperatura → efectos fisiológicos y hormonales. Se basa en establecer las
bases neurales y hormonales que se producen en la relación entre la
temperatura y la agresión.
o Se activan estructuras como el hipotálamo al regular la estructura corporal y en
comportamientos intensos. Éste está conectado directamente (vía neural) e
indirectamente (vía hormonal) con diversos sistemas que controlan varias
funciones corporales y emocionales implicadas en la agresión.
o Las relaciones entre temperatura y agresión a este nivel son poco claras por la
complejidad entre las interacciones de las estructuras que entran en juego.

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La metodología utilizada en la investigación sobre los efectos de la temperatura en los
niveles de agresión se ha agrupado en:

• Estudios de archivo (de carácter correlacional, caracterizados por demostrar una


relación lineal entre ambos factores). Han seguido dos grandes estrategias como
unidades de análisis:
o El estudio de los efectos de la región geográfica. Se pretende comparar los
niveles de agresividad en diferentes latitudes hipotetizando que en las latitudes
más calurosas la tasa de comportamientos agresivos será mayor. Así, por
ejemplo, los datos de Lombroso (1899) muestran que el número de homicidios
en Italia y España varía dependiendo de la latitud geográfica, siendo alta en el
sur, moderada en el centro y baja en el norte. No obstante, los resultados de estos
estudios tienen poca validez interna al existir un sinnúmero de variables de
carácter sociodemográfico y cultural que afectan a la expresión de las tendencias
agresivas.
o El estudio de los efectos de la temperatura en diferentes periodos de tiempo
(Anderson, 1989), si bien la mayoría de estudios han utilizado como unidad de
análisis los meses. Los análisis de trabajos del estilo muestran un efecto de los
meses sobre el número de atracos, siendo mayor en aquellos que en
temperaturas más elevadas; aunque siguen presentando gran cantidad de
variables que pueden contaminar la interpretación.

Como señala Anderson, los estudios de archivo asumen que el incremento en la


agresión resulta del incremento de la motivación causada por temperaturas
incómodas. Sin embargo, no establecen un vínculo causal claro planteando críticas
a la baja validez interna.

• Estudios de laboratorio (de carácter experimental, que suelen mostrar una


relación de U invertida). La mayoría se han llevado a cabo en el ámbito del modelo
de efecto negativo-huida. En un intento por comprobar la relación de U invertida,
Bell y Baron (1976) manipularon tres variables: el tipo de evaluación de otra
persona -positivo o negativo-, el grado de similitud con el evaluador anterior -alto o
bajo- y la temperatura -frío o calor-. Los resultados mostraron que los niveles de
agresión de los sujetos incrementaron, en un primer momento, con el afecto
negativo; sin embargo, cuando se incrementaron intensamente, los niveles de
agresividad descendieron, lo que confirmaría la hipótesis. Otros trabajos también
parecen apoyarla.
Las críticas de este tipo de estudios se han centrado en su artificialidad y su falta de
realismo mundano, que puede provocar que las personas reaccionen de acuerdo a
las expectativas del experimentador. Algunos autores señalan tres fuentes
principales de problemas:
o Sospechas de los sujetos por la propia situación experimental;
o Altas temperaturas harían que procesos cognitivos no funcionaran normalmente;
o Altos niveles de activación y estrés de la propia situación experimental supera la
capacidad de los sujetos de atender a otro tipo de estímulos.

Una alternativa a ambos tipos de estudios es el trabajo de Kenrick y MacFarlane (1984)


en que se propone un cuasi-experimento en el que se bloquea con un vehículo una
intersección entre dos calles donde el rango de temperaturas osciló entre los 30º y 40º.
Para medir la agresividad se estableció un índice que medía la latencia, el número de
pitidos y el total de tiempo haciendo sonar el pitido del coche; al mismo tiempo que se
controlaban los coches que utilizaban o no el aire acondicionado. Los resultados
mostraron un efecto significativo lineal entre temperatura y comportamiento agresivo.

En conclusión, diversos estudios parecen apoyar la hipótesis de que el aumento de las


temperaturas produce un incremento en los motivos y tendencias agresivas.
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RUIDO
*El ruido provoca agresión; pero entra en juego la sensación de control que tengo sobre
dicho ruido. La temperatura funciona igual.

Los altos niveles de ruido han sido asociados a problemas físicos y psicológicos tales
como síntomas de estrés, problemas de rendimiento y procesos de interacción social
como la disminución de comportamiento de ayuda y el incremento de la agresión. Geen
y McCown (1984) llevaron a cabo un experimento donde se manejaron dos variables
independientes. En primer lugar, el cómplice del experimentador propinaba altas o bajas
descargas a dos grupos de sujetos dependiendo de su supuesto rendimiento en una
tarea. En un segundo momento, los papeles se invirtieron. Mientras que los sujetos
administraban las descargas, tuvieron que ponerse cascos donde eran sometidos a tres
niveles de ruido -incontrolable, controlable y silencio-. Los resultados mostraron que los
sujetos de bajo nivel de descargas no sufrieron influencia por el ruido; mientras que, en
los grupos de alta descarga, sólo aquellos con ruido incontrolable respondieron más
agresivamente que los otros dos grupos. Baron y Richardson señalan que los
resultados muestran la importancia del control y la activación en la relación entre el
ruido y la agresión. Aunque el ruido pueda desencadenar un proceso de agresión
asociado al incremento de la activación, cuando las personas creen que pueden
controlar el ruido aversivo, parecen mitigase sus efectos.

HACINAMIENTO
El hacinamiento puede producir diversos efectos sobre el conjunto del comportamiento
humano como el rendimiento, la salud o las conductas agresivas; pero los estudios que
relacionan hacinamiento y agresión no son claros. Algunos señalan que el hacinamiento
aumenta la agresión o los comportamientos agresivos. Por ejemplo, Ruback y Patnaik
sugieren que las condiciones de hacinamiento provocan bajos niveles de control
percibido que, al reducirse, conlleva que los sujetos traten de reafirmar el control
mediante conductas vandálicas. Resultados de su estudio -en el que medían el
hacinamiento, el control percibido y los comportamientos agresivos- muestran que los
comportamientos agresivos se relacionaban significativamente con el sentimiento de
hacinamiento y marginalmente con las medidas de control percibido.

Por su parte, otros estudios reflejan lo contrario. Bagley estudió la relación entre niveles
de hacinamiento y el número de asesinatos en Bombay, a lo que no encontró relaciones
significativas entre ambas. Es más, el autor señala que esta ciudad presenta menores
tasas de asesinato que ciudades de los Estados Unidos con menores niveles de
hacinamiento.

Si bien se ha comprobado que el hacinamiento afecta a diferentes procesos fisiológicos


y psicológicos, el vínculo entre éste y agresión no está claro (si es que éste se produce).

¿LOS OTROS PROVOCAN AGRESIÓN? LA CONDUCTA DE LAS PERSONAS


CON LAS QUE INTERACTUAMOS. APRENDIZAJE SOCIAL Y AGRESIÓN
Entre las causas que explican por qué nos comportamos de manera agresiva, se
encuentran las explicaciones que han tratado la agresión como una reacción a un
estímulo o condición aversiva o, en su contraposición, las teorías que se han centrado
en estudiar los procesos mediante los cuales las personas adquirimos el
comportamiento agresivo, proponiendo que dicho comportamiento es el resultado del
aprendizaje de modelos sociales -Bandura y su Teoría del Aprendizaje Social-.

• Teoría del aprendizaje social (Bandura, 1983): es útil para comprender el


comportamiento en general; no solo es aplicable a la agresión. Distingue entre:
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o Procesos de adquisición (condicionamiento operante/clásico) y
mantenimiento. Ejemplo del perro y el niño de 4 años. Además, actúa el aprendizaje
vicario: aprendizaje por observación.
o Componente biológico y cognitivo: capacidad. Así, el comportamiento agresivo
tendría un importante componente biológico que nos capacitaría para utilizar la
agresión.
o No obstante, la forma, el momento, la intensidad y circunstancias bajo las cuales
podríamos o tendríamos que hacer uso de ella tiene un componente básicamente
aprendido. Constituyen historias de aprendizaje, que son las que nos hace únicos.
Somos lo que vemos. Esto quiere decir que las personas aprendemos cuándo y
cómo comportarnos agresivamente a través de nuestra experiencia y la
observación de modelos sociales.
o La agresión sería básicamente instrumental. Depende de factores de tipo psico-social:
historias de aprendizaje.

Este aprendizaje se va produciendo a lo largo de toda la vida, especialmente durante


la infancia, donde los niños observan y son conscientes de los resultados
contingentes con el uso de la violencia.

o Somos espectadores activos. Contingencia: relación que estableces entre tu realidad


y la realidad. ‘‘Tabla personal de contingencia’’ (situación y consecuencias). Una vez que
se tiene la intención de hacer algo, se ‘‘traen’’ las contingencias y se realiza el cálculo
hedónico. Se refiere a probabilidades.
o Adquisición de reglas (¿debo o no debo?), expectativas y guiones de la relación. De
esta manera, se van adquiriendo gradualmente ciertas reglas y estrategias de
comportamiento agresivo para hacer frente a los acontecimientos de la vida
cotidiana y para alcanzar ciertos resultados. Los niños en cuya historia de
aprendizaje los resultados de la agresión sean beneficiosos, tenderán a
desarrollar ese tipo de comportamientos en situaciones parecidas a aquellas en
las que se dio el aprendizaje.

Perry, Perry y Rasmusen (1986) mostraron la importancia de las expectativas en el


comportamiento agresivo de los niños: comprobaron que los niños descritos como más
agresivos por sus iguales expresaron mayor confianza en su habilidad para solucionar
conflictos sociales utilizando la agresión que los menos agresivos. Se comprobó, en esta
misma línea, que los niños más agresivos percibieron mayor número de consecuencias
positivas como resultado del comportamiento agresivo y menor número de negativas
que los niños menos agresivos.

Estos resultados muestran que a medida que un niño gana experiencia sobre la agresión
y sus consecuencias, va desarrollando una serie de reglas, prescritas socialmente, que
tienden a convertirse en formas de comportamiento rutinarias; lo que le conduce a
elaborar guiones de relación que pueden ser generalizados a otro tipo de escenarios
y situaciones.

o Generalización y discriminación.
o Posee mucho apoyo empírico.

Parte de nuestro comportamiento agresivo se podría explicar en función de lo que


aprendemos de la gente que nos rodea, de la cultura la que estamos inmersos y de la
manera en que dicha cultura trata, entiende y canaliza la agresión. Los otros como:

• Objeto - obstáculo
• Modelos - actores - fuente de información
• Audiencia

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Ejemplo del BoboDoll:

• ¿Ha habido efectos principales? Incentivo, género y consecuencias


o Incentivo. Sí hay efecto principal.
▪ Sin: 2,15
▪ Con: 3,4
o Género. Sí hay efecto principal.
▪ Hombres: 3,4
▪ Mujeres: 2,15
o Consecuencias:
▪ Recompensado: 2,98
▪ Castigado: 2,4
▪ Sin consecuencias: 2,95

15 LAURA JUNCOS CEBRIÁN G110


• ¿Hay interacción entre sexo e incentivo, sexo y consecuencias e incentivo y consecuencias?
o Género e incentivo: sí hay interacción
o Género y consecuencias:
o Incentivo y consecuencias: sí hay interacción, cuando hay incentivo y el modelo es
castigado se es más agresivo que cuando no hay incentivo.

Cuando no hay incentivo, la agresividad es menor en el caso de las mujeres cuando hay
consecuencias negativas. En el caso de los niños, cuando hay incentivo dan igual las
consecuencias.

Resultados:

– El porcentaje de conducta imitada en los niños es mayor, cuando imitan una conducta
realizada por su mismo género.

–El grupo expuesto al modelo agresivo, presentó conductas agresivas mayoritariamente


en el grupo de los niños, por sobre el de las niñas.

*Diferencia de 0,5 puntos significativa.

DETERMINANTES CULTURALES DE LA AGRESIÓN


• Hipótesis de la desindividualización (Zimbardo, 1969)
o Anonimato. Ya no me comporto como me comportaría normalmente: adopción de
un rol.
o Difusión de la responsabilidad.
o Cambio en el foco atencional (efecto embudo). Se suele producir cuando se está
inmerso en un grupo potente (grande y de vital importancia para el individuo):
▪ Desde el yo (normas personales; lo que creo que es útil, lo que creo que está bien)
hacia la situación (reducida); las normas (emergentes) del grupo.
o Teoría de la identidad social. Nuestra autoestima (personal sensación de lo que
valemos) no solo depende de nosotros, sino también de los grupos a los que
pertenecemos.
o Autoestima, maximizar los resultados obtenidos por mí y por mi grupo, minimizar los
resultados del otro grupo, mi otro grupo.

El estudio de la influencia social y cultural sobre la agresión se ha realizado través de


estudios transculturales. Se han centrado en estudiar se existen realmente diferencias
en la manera de entender en comportamiento agresivo comparando distintas culturas
entre sí, o bien distintas subculturas dentro de un mismo país.

Las hipótesis proponen que las altas tasas de homicidios en Estados Unidos se deben
a la facilidad con que se pueden conseguir armas de fuego y el poco control que se
ejerce sobre estas (Archer y Gartmer). No obstante, estas explicaciones parecen estar
más centradas en los síntomas y no tanto en las causas. Como han señalado
Baumesiter y Heatherton, las diferencias culturales no promocionan la conducta
agresiva, sino que definen las condiciones bajo las cuales dicha conducta es aceptable.

En este sentido, Nisbett y Cohen proponen que la causa principal de la diferencia entre
las altas tasas de homicidios en los Estados Unidos en comparación con los del norte,
es el desarrollo de la cultura del honor.

• (Sub)cultura del honor (Nisbett y Cohen, 1996): se caracteriza por legitimar el uso
de la violencia en situaciones que no lo hacen otras culturas, como los atentados
contra el honor, el restablecimiento del orden público y la defensa de la propiedad
privada.
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o Legitimación de la violencia.
o Origen.
▪ Escasez y provisionalidad de recursos (ganado). Ejemplo: es más fácil robar una oveja
que la tierra.
▪ Baja densidad de población.
▪ Autoridad formal débil, leyes no pueden hacerse cumplir.
o Funcionalidad de la violencia: capacidad de defensa. *Percepción crónica y extendida o
generalizada de amenaza. La defensa de las propiedades y la misma supervivencia
pasa por demostrar que uno es capaz de defender lo suyo. En este contexto, el
sentido de la defensa del honor adquiere un alto significado simbólico, ya que
no responder a una ofensa no es más que un síntoma de debilidad. Por este
motivo la educación de los hijos en el arte de la guerra y en la defensa de su
honor es fundamental, haciendo la violencia el arma reconocida como la forma
de arreglar los problemas.
o Honor y respeto.
o Interpretación de la situación. Experiencias previas.

Para comprobar si efectivamente se producen diferencias entre los sureños y norteños


en la defensa de su honor, Nisbett y Cohen llevaron a cabo diferentes situaciones en
las que un cómplice del experimentador insultaba dos grupos de varones -norte vs. sur-
en dos condiciones -privada y pública-. Los resultados mostraron que el grupo del sur
presentaba mayor número de reacciones cognitivas y emocionales negativas, mayores
niveles de estrés, ansiedad y activación de cortisol y agresión (testosterona), así como
mayor número de reacciones conductuales al insulto.

Parece, por tanto, que la cultura en la que nos encontramos inmersos hace que
percibamos, interpretemos y nos comportemos de una manera más o menos agresiva
ante una misma situación. Ahora bien, ¿cómo se transmite esta diferenciación cultural?

VIOLENCIA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN


• Relación positiva (Geen, 1998). Tras la visión de un episodio violento se incrementan
las tasas de agresión física y verdad. Este efecto es mayor en dos situaciones:
cuando la persona ha sido previamente provocada o cuando la persona es agresiva.
• Estudio longitudinal (Eron, Walder, Lefkowitz, 1971). Se trató de comprobar los
efectos sobre el comportamiento agresivo que tenía la observación de escenas
violentas, para lo que se evaluó la exposición a los niños a programas violentos y
televisión. A los diez años se comprobó que la cantidad de escenas violentas
observadas por los niños -no niñas- a la edad de ocho años (X1) correlacionaban
positivamente con la agresividad diez años más tarde (Y2), mientras que no existía
correlación entre la agresividad a los ocho años (Y1) y la cantidad de programas
violentos que se veían diez años después (X2). Los mismos resultados se
mantuvieron tras veintidós años de estudio, comprobándose que existiría una
correlación entre la gravedad de los delitos a los treinta y los programas de televisión
violentos vistos a los ocho. Huesman y Eron sugieren que existe una relación
positiva entre la violencia observada en la televisión y la agresión, la cual se
produciría como consecuencia de la identificación que se produce entre los niños y
los modelos agresivos observados en la televisión. Los autores señalan que estos
resultados se confirman con otros realizados en otros países en niños de ambos
sexos.

8 años 18 años 30 años


Cantidad de escenas X1 X2 X3
violentas
Agresividad Y1 Y2 Y3
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 X: posible causa
 Y: potencial VD (criterio)

Lo que se ve produce agresión: correlación de X a Y (X1 a Y2; Y2 a Y3; X1 a Y3) (psicosocial)


vs. búsqueda de violencia porque soy violento (personalista): correlación de Y a X.
Resultados sólo en niños: no hubo correlación entre Y1 y X2.

Baumeister concluye que los medios de comunicación quizá no inducen la violencia,


pero son una fuente de inspiración constante para todas aquellas personas que por
una u otra razón sienten alguna inclinación hacia ésta.

*El deporte puede actuar como desencadenante de modelos de interacción agresivos.


Cabe mencionar la importancia que desempeña para la creación de guiones de
comportamiento agresivo y la necesidad de controlar los comportamientos violentos
antideportivos en los campos de juego.

El proceso de socialización de la violencia no termina en los comportamientos sociales


más o menos informales, sino que abarca todas estamentos de la sociedad. Así, las
leyes y los líderes de opinión también ayudan a mantener y legitimar dicha violencia.

VIOLENCIA Y MEDIOS DE COMUNICACIÓN, ¿POR QUÉ?


Los procesos de socialización de la violencia están presentes en todos los niveles de la
sociedad, desde el propio individuo, sus grupos primarios, pasando por los medios de
comunicación de masas, políticos y leyes. No bastante, la socialización de la violencia
puede darse como parte de un proceso activo o pasivo (Fernández-Dols, 1997).

Los factores a tener en cuenta son la activación, expectativas, legitimación, habituación


(experiencias previas; PE y EV), afecto negativo, aprendizaje vicario, …

• Nivel de interacción-relación:
o Accesibilidad: fuente de inspiración (Baumeister, 1997). Cálculo hedónico. En la medida
en que se tengan accesibles más ideas, nos comportamos según lo que estamos atendiendo
(fuera y dentro).
o Aumento de arousal y afecto hostil.
o Habituación (preocupación empática y estrés vicario). Puede ser buena o mala. Una
habituación puede no despertar el grado necesario de preocupación empática y estrés
vicario.

• Nivel de relajación-estructura:
o Aprendizaje social (guiones y normas).
o Patrones de atribución. Las personas que consumen mayor violencia tienen una mayor
tendencia a pensar que el otro es un potencial enemigo.

• Nivel de estructura-sociedad:
Socialización
o
Legislación sobre control de armas, castigo corporal en los colegios, maltrato doméstico,
o
penas, … El mensaje que envía la sociedad, en síntesis.
o Instituciones (empresas). El comportamiento a nivel de sociedad.
o Procesos activos (inclusión) y pasivos (no exclusión). Fernández-Dols, (1997) diferencia
entre procesos de inclusión de la violencia y procesos de no exclusión de la
violencia. Los de inclusión son aquellos por los que a las personas se les inculca
la violencia como medio legítimo por el que alcanzar un fin. Los procesos de no
exclusión de la violencia son aquellos por los que a las personas no se les inculca
que la violencia es la manera de solventar cierto tipo de problemas o de alcanzar
determinadas metas, pero tampoco se les disuades para que no se ejerza.
18 LAURA JUNCOS CEBRIÁN G110
En definitiva, las sociedades pueden incitar a la violencia tanto por acción como por
omisión.

VIOLENCIA Y ODIO
Las personas estamos biológica y culturalmente preparadas para ser violentos y hacer
el mal. La violencia más dañina y peligrosa de todas es aquella que se produce a nivel
masivo. Esta suele tomar la forma de un ataque generalizado hacia un grupo social
determinado.

Una posible explicación del genocidio la violencia masiva es el odio. Darwin define el
odio como una emoción producida por el desagrado hacia una persona que nos ha
producido un daño intencionado. Joseph de Rivera defiende que el odio se caracteriza
porque la visión que se tiene del causante del daño es como un ser maligno contra el
que se tiene que actuar y se siente el deseo de hacer sufrir. Además, señala que la
acción contra el objeto causante del mal no implica necesariamente el alivio del daño,
incluso aunque se le haya hecho desaparecer (como ocurre en los genocidios). El
recuerdo del daño persiste en el que odia. Esto no quiere decir que estos grupos odiados
sean causantes de un daño real, sino que, bajo ciertas circunstancias sociales son
percibidos como causantes de un daño, aunque este no se haya producido.

En un intento por explicar las condiciones bajo las cuales se producen episodios de odio
generalizado a nivel masivo, Staub propone que las personas y las sociedades en las
que vivimos tenemos que cubrir una serie necesidades que se derivan de las
características básicas de la personalidad ligadas al autoconcepto y, por tanto, a la
autoestima (explicación de índole motivacional). Cuando esta necesidad no se puede
satisfacer, se produce una serie de amenaza al autoconcepto y el sujeto se ve impelido
(presionado) a mejorar este mediante otros medios: uno de esos medios es destruir
aquellos individuos que supuestamente nos han impedido satisfacer nuestras
necesidades, poniendo en peligro nuestra autoestima. Por tanto, la motivación para el
acto agresivo deriva de la necesidad de cubrir las necesidades básicas ligadas
autoconcepto.

Existe una gran distancia de la satisfacción del autoconcepto a nivel individual y el


comportamiento violento a nivel macrosocial. Staub supone ciertos factores
situacionales y culturales que uniformizan el comportamiento social:

• Situacionales: condiciones adversas de vida donde los individuos o grupos se


enfrentan a situaciones difíciles que afectan al autoconcepto o a la identidad grupal,
precisando nuevas fuentes de satisfacción. Las situaciones difíciles se comportan
como poderosos procesos motivacionales que impelen a la acción, y favorecen la
aparición de soluciones simplistas en las que la destrucción del otro parece ser la
mejor forma recuperar lo perdido. Así se busca un grupo, un ‘’chivo expiatorio’’ al
que odiar o destruir.
• Culturales: aluden a ciertas características de organización social, como la
inseguridad y la rigidez de valores y modos de vida. Un grupo o una sociedad que
fomenta un autoconcepto muy elevado en un contexto de inseguridad, en el que tal
autoconcepto se ve contradicho por circunstancias objetivas, favorece la aparición
de conductas violentas destinadas a incrementar ese autoconcepto cada vez más
alto y cada vez más amenazado. El odio es la droga que mantiene el ánimo elevado,
exigiendo cada vez más violencia.

No obstante, la violencia masiva es más bien el resultado final de un proceso al que


Staub (1989) denomina continuo de destrucción, continuo del mal. Las
manifestaciones de violencia masiva son la etapa final de un proceso que va pasando
por etapas sucesivas, a través de las cuales se van dando ciertos fenómenos sociales
19 LAURA JUNCOS CEBRIÁN G110
donde individuo y sociedad se involucran paulatinamente en la violencia. Este proceso
de destrucción abarca todo el conjunto de la sociedad, que va participando a través de
procesos activos -como partícipe- o pasivos -inhibiéndose-.

En todas las sociedades existe siempre una minoría dispuesta actuar violentamente. El
apoyo, rechazo o indiferencia de la gente que les rodea condiciona el transcurso los
acontecimientos. El rechazo de los observadores pasivos cambia la visión de los
agresores y de otros observadores haciendo que los ejecutores se replanteen la
moralidad o la conveniencia de sus actos violentos, debido al castigo que esto suponga.
Hemos de ser conscientes de la importancia que a nivel individual podemos desempeñar
cada uno de nosotros como inhibidores activos de las primeras etapas del continuo de
destrucción.

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