Critica Del Juicio
Critica Del Juicio
Immanuel Kant
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Primera sección
4
§ LXXXIX De la especie de adhesión que reclama una prueba moral de
la existencia de Dios
§ XC De la especie de adhesión producida por una fe práctica
Segunda sección
Tercera sección
Cuarta sección
5
CRÍTICA
DEL JUICIO
POR
MANUEL KANT,
JUAN RUVIRA,
F. BARNI.
MADRID, 1876.
6
llamaron la atención de Francia sobre Kant, su doctrina ha venido
interesando a todos los pensadores; mas falta que aún hoy mismo sea bien
Prólogo del traductor francés conocido entre nosotros, y se le tributen los honores que merece. M.
Cousin, que ha elevado en Francia el estudio de la historia de la filosofía
Desde principios de este siglo, o sea desde la época en que ciertos a la altura que el método exige, y que ha trabajado tanto por el progreso
escritores como M. Villers, M. de Tracy, M. de Gerando, madama Stael1, de este estudio, no es posible que permaneciera indiferente al lado de una
filosofía, que había tenido tanto eco en Alemania, y que, cuando
1 empezaba a excitar la curiosidad de los franceses, había ya producido al
La filosofía de Kant, por M. Carlos Villers, es del año 1801. En el mismo año apareció
el Ensayo de una exposición sucinta de la crítica de la razón pura, por Kinker, traducida otro lado del Rhin tan poderosa y fecunda agitación.
del idioma holandés, y esta pequeña obra, notable por su claridad, aunque algo
superficial, suministró a M. de Tracy materia para una Memoria leída en el Instituto el 7 En un tiempo en que no se conocía en Francia la filosofía de Kant más
Floreal del año X de la República, o sea el 27 de Abril del año 1802 (Memorias del que por algunos ligeros bosquejos, este hombre acometió la empresa de
Instituto nacional, ciencias morales y políticas, tomo IV, pág. 544). Es curioso ver cómo explicarla y criticarla en su enseñanza pública2; aun el traductor de Platón
fue acogido Kant en Francia por el discípulo de una escuela a quien él había hecho tan
cruda guerra en Alemania, y el que, muy potente todavía entre nosotros a principios de pensó, por algunos momentos, serlo también de Kant; mas otras
este siglo, iba bien pronto a perder en dominación y su crédito. M. de Gerando acometió
la empresa de bosquejar y criticar en su Historia comparada de los sistemas de filosofía
en relación con los principios de los conocimientos humanos, que apareció en 1804, la y Lion, 1842)), se atribuye aquí a Kant, y se denomina bajo este título: Teoría de la pura
filosofía crítica (tomo II, cap. XVI y XVII); y si este bosquejo y crítica son todavía religión moral, considerada en sus relaciones con el puro cristianismo. El traductor Fil.
superficiales e incompletos, no dejan de tener algún interés, sobre todo si se atiende a la Huldiger ha añadido a esto aclaraciones y consideraciones generales sobre la filosofía de
época en que esta historia se escribía. Es necesario también tener en cuenta lo que el Kant. En esta época había aparecido ya la traducción de una pequeña obra que llevaba
mismo M. de Gerando nos dice en una nota de su obra (tomo II, pág. 174), donde por título: Proyecto de paz perpetua (París, 1796), y un corto escrito, del cual yo he
manifiesta que cinco años antes de la publicación de este trabajo, había presentado al publicado una nueva traducción a continuación de la Crítica del Juicio (Observaciones
Instituto una noticia sobre la filosofía crítica, la cual había sido premiada; pero que él, sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime, traducido por Payer Imboff, París, 1796).
juzgándola por demás insuficiente, había prohibido su impresión, y dos años después Se ve, pues, con esto, la gran curiosidad que había despertado el nombre de Kant a
mandó una noticia más detallada. El libro titulado la Alemania que contiene algunos últimos del siglo pasado, y a principios del presente. Mas no se podía pensar entonces en
pasajes brillantes sobre Kant (parte tercera, cap. VI), impreso en 1810 y suprimido, traducir sus obras más importantes, y hubo que limitarse a hacerlo de algunos de sus
como sabemos, en el mismo año por el gobierno imperial, apareció en París en el año cortos escritos. Recordemos también que M. Maine de Biran y M. Royer-Collard, estos
1814. Después de haber hablado de los primeros trabajos que se produjeron en Francia espíritus valientes que fueron los primeros en emprender la reforma filosófica con que
con motivo de la filosofía de Kant, debemos citar una colección de trozos escogidos se honra nuestro siglo, no dejaron de examinar y discutir, el primero en sus escritos, y el
publicados por El Conservador en el año 1800. (El Conservador, o colección de trozos segundo, en sus explicaciones, algunas opiniones del filósofo alemán, aunque sin
inéditos de historia, de política, de literatura y filosofía, sacados de los manuscritos de atribuirle por entonces toda la importancia que muy pronto había de merecer, y que
N. Francisco (de Neufcastel), París, Crapelet, año VIII, tomo II); que contiene: 1.º una revelaron estudios más detenidos. M. Laromiguiere habla también algo de Kant
noticia literaria sobre M. Manuel Kant, y sobre el estado de la Metafísica en Alemania (Lecciones de filosofía, segunda parte, lección VI); pero lo hace de tal modo, que parece
en la época en que este filósofo empezó a llamar la atención, sacado de El Espectador probar que le conocía muy poco. Debo citar, por último, el artículo de M. Stapfer en la
del Norte. 2 º Una traducción de un corto escrito de Kant, titulada: Idea de lo que podría Biografía Universal.
ser una historia universal según los aspectos de un ciudadano del mundo. 3.º Una
2
traducción del Compendio de la Religión dentro de los límites de la razón. Este Véase el Curso de Historia de la filosofía moderna durante los años 1816 y 1817, del
compendio, del cual recientemente han publicado una nueva traducción los señores cual va a publicar M. Cousin una nueva edición (casa de Ladrange, París, 1846), y
Lortet y Bouiller (Teoría de Kant sobre la religión dentro de los límites de la razón, principalmente el Curso de Historia de la filosofía moral del siglo XVIII durante el año
traducida por el doctor Lortet, y precedida de una introducción por M. F. Bouiller (París 1820, parte tercera. -Filosofía de Kant (París, Ladrange, 1842).
7
ocupaciones le distrajeron de llevar a cabo este trabajo, el que todavía de la filosofía alemana, por medio de una exposición sencilla y clara, y en
hoy está casi sin empezar; pues de las tres críticas de Kant, es decir, de su lenguaje, por medio de una explicación de sus términos y fórmulas.
sus tres obras más importantes, sólo se ha traducido una3; las otras, Así es que yo no debía concretarme al simple papel de traductor, sino que
apenas son conocidas entre nosotros4, y deben traducirse a nuestro debía pensar en añadir a mi traducción un trabajo destinado a facilitar el
idioma; y por esta razón, aunque este género de trabajo sea muy difícil y estudio de la obra; mas, como la importancia de este trabajo, y las
aun desagradable bajo cierto punto de vista, yo me he aventurado a dificultades que había de ofrecer me detendrían mucho, y de otro lado ya
emprenderlo. Presento por ahora la traducción de la Crítica del Juicio, y no quiero retardar demasiado la publicación de esta traducción, impresa
espero publicar muy pronto la de la Critica de la razón práctica, cuyo ya desde hace algún tiempo, me he decidido a publicarla ahora,
trabajo está ya muy adelantado. prometiendo dar a luz muy pronto la Introducción.
Cuando se trata de un hombre como Kant y de monumentos como la Nada diré en este prólogo de la Crítica del Juicio, puesto que he de
Crítica de la razón pura, la de la Razón práctica o la del Juicio, no bastan hablar de ella a mi satisfacción en la Introducción que estoy preparando;
simples análisis, por más exactos y detallados que estos sean; sino que, a aquí solamente me propongo decir algunas palabras sobre el sistema de
pesar de los defectos que en ellos haya, y por más que abiertamente traducción que he creído debía seguir. M. Cousin en sus lecciones sobre
pugnen con el genio de nuestra lengua, se debe traducir a Kant, y Kant5, ha caracterizado con tal precisión y claridad los defectos de este
traducirle literalmente; porque en filosofía nada puede dispensarnos del como escritor, que yo no puedo por menos de reproducir aquí su juicio.
estudio de los monumentos: mas tampoco debemos contentarnos con «Esta obra, dice Cousin, hablando de la Crítica de la razón pura, tiene el
traducir a Kant; el estudio de sus obras es difícil, y aun disonante y defecto de estar mal escrita; lo que no quiere decir que no haya en ella
desagradable, principalmente para los lectores franceses; y de aquí la mucho ingenio en los detalles, y aun de vez en cuando trozos admirables;
necesidad de prepararlos para este estudio, iniciándolos en las doctrinas pero, como el mismo autor lo reconoce con modestia en el prólogo de la
edición de 1781, si bien tiene una gran claridad lógica, tiene muy poco de
3
esta otra claridad que él llama estética, y que consiste en el arte de hacer
La Crítica del la razón pura, traducida por M. Tissot (París, Ladrange, 1836). M. Tissot pasar al lector de lo conocido a lo desconocido, de lo fácil a lo difícil; arte
acaba de publicar una nueva edición de su traducción (París, Ladrange, 1845), en cuya
obra ha tenido la feliz idea de seguir el ejemplo dado por Rosenkranz en su excelente tan raro, especialmente, en Alemania, y que no tiene en manera alguna el
edición de obras de Kant, o sea el reproducir la primera edición de obras de Kant, o sea filósofo de Koenigsberg. Cojamos el cuadro de materias de la Crítica de
el reproducir la primera edición (1781), indicando por medio de notas, o en un apéndice, la razón pura, y como en él no puede presentarse cuestión sino acerca del
las modificaciones introducidas por el autor, en la segunda (1787). Es importante y orden lógico y del enlace de todas las partes de la obra, nada podemos
curioso notar estas modificaciones, y seguir a Kant de la primera a la segunda edición hallar bajo este punto de vista mejor sistematizado, más precioso y de
4
Los diversos análisis que hasta aquí se han hecho de estas dos obras en francés o mayor claridad que aquél; pero cojamos cada uno de sus capítulos por sí
traducidas del alemán, no son de utilidad alguna; pues en vez de procurarse en ellos solos y todo cambia en el momento; el orden que separadamente debe
disminuir las dificultades que pudiera ofrecer el estudio del texto, se limitan a reproducir encerrar cada uno de dichos capítulos, no existe; cada idea se halla
este, disgregándolo y desfigurándolo. La Academia de Ciencias morales y políticas, expresada con la mayor precisión, pero sin ocupar siempre el lugar
habiendo señalado entre sus obras de concurso el Examen crítico de la filosofía
alemana, ha dado ocasión a que se hagan importantes estudios sobre Kant, aunque
5
todavía no son conocidos. Véase el repertorio interesante que acaba de publicar M. de Lección II, pág. 25 y26.
Remusat (París, Ladrange, 1845), al que nosotros debemos un excelente fragmento de la
Crítica de la rezón pura (Ensayo de filosofía, tomo I).
8
debido para acomodarse fácilmente al espíritu del lector. Hay que añadir tratándose de Kant; y puesto que la oscuridad que en él se reprueba
a este defecto, el de la lengua alemana llevado al último extremo; quiero proviene en parte, según exactamente nota M. Cousin, del carácter
decir, este carácter extremadamente sintético de su frase, que forma un extremadamente sintético de su frase, en contraposición al esencialmente
contraste, tan sorprendente con el analítico de la francesa. No es esto analítico de la frase francesa, traducir a Kant en francés, debe ser lo
todo; independientemente de este lenguaje, todavía rudo, y que tan poco mismo que esclarecerlo, corrigiendo o atenuando en él el defecto que
se acomoda a la descomposición del pensamiento, Kant tiene un lenguaje repugna a nuestra lengua.
propio, una terminología, que, una vez comprendida, es de una claridad
perfecta, y aun de un uso cómodo; pero que, presentada de repente, y sin Mas, hemos insistido bastante sobre los defectos de la forma de Kant,
la preparación necesaria, todo lo ofusca y a todo da una apariencia oscura y es ya tiempo de presentarlo bajo otro punto de vista. En Francia no se
y extravagante.» Los defectos que M. Cousin vitupera en la Crítica de la sabe bien que este escritor, que hemos tratado de bárbaro, ha sabido
razón pura, y que, como él ha hecho notar, han retrasado en el país algunas veces acercarse a los mejores de los nuestros, lo que se observa
mismo de Kant el éxito de esta obra inmortal, son los mismos que se en la mayor parte de sus pequeños escritos, y especialmente en el que
encuentran en la Crítica del Juicio y en la Crítica de la razón práctica. lleva por título: Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo
Solo que en estas dos últimas obras aparece Kant, en general, más sobrio sublime, que apareció en 1764, esto es, veinte y seis años antes de la
y menos difuso que en la primera, y el carácter mismo de las materias que Crítica del Juicio6. A pesar de ciertos ensayos de traducción, estos
en ellas se tratan, como son, ya aquí los principios de la moral y los pequeños escritos son en general poco conocidos en Francia, y bien
sentimientos y las ideas a que esta se refiere, ya allá lo bello y lo sublime, traducidos, mostrarían a Kant bajo un aspecto enteramente nuevo7. Por
las bellas artes, las causas finales, etc., todo esto, pues, da a veces a su esto es por lo que aparece Kant, como se nota algunas veces en ciertos
estilo un tinte menos severo y menos claro, a pesar de que reaparecen y pasajes de sus obras más importantes, especialmente en las observaciones
dominan siempre los mismos defectos. Después de esto, se comprenderá y notas, un hombre de gran espíritu, en el sentido francés moderno de
cuán difícil debe ser una traducción literal de estas obras. Además, toda esta palabra; un observador atento y delicado de la naturaleza humana, y
traducción que quita y añade, y resume y parafrasea, no presenta al autor un escritor de los más ingeniosos; porque este pensador profundo, este
como es, y no puede hacerse del texto; y una traducción literal corre el genio de lo abstracto, este escritor bárbaro, era también todo eso. Su
gran riesgo de resultar bárbara, y de violentar a cada instante los hábitos principal obra bajo este respecto es, sin contradicción, la que acabo de
de nuestra lengua y de nuestro espíritu. A nosotros nos parece que el
problema debe resolverse, traduciendo a Kant de tal modo que, 6
La primera edición de la Crítica del juicio es de 1790.
reproduciendo en todo fielmente el texto, se atenúen en algún tanto los
defectos; es decir, se introduzcan en aquel, pero sin modificarlo, las
cualidades propias de nuestro lenguaje. Una traducción que llene estas 7
Ya he indicado más arriba los pequeños escritos de Kant que han sido traducidos al
dos condiciones, teniendo un doble mérito, hará un doble servicio al francés. Volviendo a traducir los ya traducidos, y agregando a ellos los que todavía no lo
autor. He aquí el problema que nos hemos propuesto, y demasiado han sido, se podría formar con todos una colección curiosa y agradable. M. Cousin ha
comprendemos las dificultades que encierra para lisonjearnos de haberlo pensado también en este trabajo, y hubiera sido digno de la pluma del traductor de
resuelto. Esperamos al menos que nuestros esfuerzos no habrán sido del Platón, el trasladar a nuestro idioma las mejores producciones de Kant, bajo el punto de
vista literario. Yo, heredero de esta promesa, me esforzaré en justificar la benevolencia
todo inútiles. Como la lengua francesa tiene la virtud de esclarecer todo que me ha confiado.
lo que transforma o traduce, este mismo carácter debemos aplicarlo,
9
citar. También se han hecho de ella tres traducciones en francés8, pero es naturalidad10, y por último, la dirección ingeniosa y viva que da a sus
conveniente volverla a traducir, y yo he querido unir esta nueva ideas, en lo que aparece claramente la influencia de la literatura francesa.
traducción a la de la Crítica del Juicio, puesto que ambas obras, aunque
muy diferentes en el fondo y en la forma, tienen una materia común, lo Si bien es cierto que entre sus observaciones hay algunas que han
bello y lo sublime; y porque es curioso el reunir estas dos formas distintas dejado de ser verdaderas11, y otras nos parecen estrechas y mezquinas12,
en que Kant ha tratado la misma materia con veinte y seis años de con todo se revela en la mayor parte de ellas una penetrante observación,
intervalo. y una elevada inteligencia de la naturaleza humana. Pero la parte más
notable de este pequeño escrito, es, sin duda alguna, aquel en que Kant
Con todo, no se debe buscar en las Observaciones sobre el sentimiento trata de lo bello y lo sublime en sus relaciones con los sexos. En él se
de lo bello y lo sublime el origen de la teoría expuesta en la Crítica del ocupa de las cualidades esencialmente propias de las mujeres, sobre el
Juicio, y mucho menos todavía una teoría filosófica sobre la cuestión de género de educación particular que a estas conviene, y sobre el atractivo
la idea de estos dos sentimientos. Kant no tiene tan alta pretensión; se y las ventajas de la sociedad con las mismas; observaciones llenas de
propone únicamente, como él lo advierte en el prefacio, presentar algunas sentido y delicadeza, dignas de las páginas de Labruyere o de Rousseau13.
observaciones sobre la idea de los mismos, considerándolos en relación a Kant vuelve a ocuparse después de esto, de la teoría tan admirablemente
los objetos, a los caracteres de los individuos, a los sexos y sus relaciones desenvuelta en la última parte del Emilio, de que la mujer, teniendo una
entre sí, y por último, en relación a los caracteres de los pueblos. Esta misión particular, tiene también cualidades que le son propias, y que
pequeña obra no es más que una colección de observaciones; no aparece deben desenvolverse y cultivarse conforme a los votos de la naturaleza,
en ella el profundo y abstracto autor de la Crítica de la razón pura; Kant por una bien entendida educación. Ningún otro ha hablado de las mujeres
no es todavía en este tiempo más que el bello profesor de Koenigsberg,
como se le apellidaba en su villa natal9. Esto supuesto, sobresale tanto en
el género a que pertenece este escrito, como en la metafísica. Se muestra
en él tan delicado y espiritual observador, como de otro lado sutil y 10
. Esta mezcla de finura y naturalidad, es una de las cualidades más sobresalientes
profundo analista; allí hay que admirar la exactitud, y muchas veces la del carácter de Kant; es, puede decirse, un rasgo que tiene de común con Sócrates, con
delicadeza de sus observaciones, una feliz y rara mezcla de finura y el cual justamente se le ha comparado.
11
Tal es, por ejemplo, como lo nota Rosenkranz (pág. 9 del prefacio ya citado), el juicio
8
La primera traducción es la que he indicado más arriba; es de 1796. La segunda es de que tiene de los franceses (pág. 304 de la traducción); juicio al cual después ha venido a
M. Keratry; está precedida de un extenso comentario (Examen filosófico de las dar un solemne mentís la revolución francesa.
consideraciones sobre el sentimiento de lo sublime y de lo bello de Kant, París, 1823).
Otra traducción se publicó en el mismo año por M. Weyland bajo este título: Ensayo
sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime. 12
. Por ejemplo, su juicio sobre la arquitectura de la Edad Media (pág. 319 de la
traducción).
9
Véase el prefacio de Rosenkranz, en el tomo que contiene la Crítica del Juicio, y las
13
Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime (Vorrede, 8, VIII.) También el autor de las Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime,
fue apellidado el Labruyere de Alemania.
10
en el siglo XVIII con más delicadeza y respeto14; me atrevería a creer con En cuanto a la Crítica del Juicio, me he servido de la tercera edición
el nuevo editor de Kant, Rosenkranz15, que el corazón del filósofo no ha (1799)17 y de la de Rosenkranz.
permanecido siempre indiferente a los atractivos de que él tan bien habla;
pero no quiero rebajar con mis comentarios el encanto de esta pequeña
obra. Es útil también el unirla a la Crítica del Juicio, porque no habrá más
que notar diferencias entre ambas; y por esto, si a ejemplo de
Rosenkranz, hemos reunido estas dos obras en la traducción, es porque el
contraste nos ha parecido ingenioso.
14
. Reprueba en Rousseau a quien por otra parte se complace en reconocer como un
gran apologista del bello sexo, el haber osado decir, que una mujer no es nunca otra cosa
que un gran niño; y dice Kant, que no hubiera escrito tal frase por todo el oro del
mundo.
17
Ya he indicado la fecha de la primera edición, 1790, es decir, nueve años después de
15
la Crítica de la razón pura, y dos años después de la Crítica de la razón práctica. La
Prefacio ya citado, pág. X. segunda edición es de 1793.
J. Barni.
16
Prefacio ya citado, pág. VI y V. 15 de diciembre de 1845
11
Es indudablemente al entendimiento, el cual tiene su dominio propio
Prefacio en la facultad del conocer, en tanto que contiene a priori los principios
constitutivos del conocimiento, a quien la crítica designada con el
Podemos llamar razón pura la facultad de conocer por principios a nombre de crítica de la razón pura, debe asegurar una posesión fija y
priori; y Crítica de la razón pura el examen de la posibilidad y límites de determinada contra todas las demás que quieran disputarle el puesto. Del
esta facultad en general, sin que nunca comprendamos al hablar de ello mismo modo la crítica de la razón práctica, determina la posesión de la
más que la razón considerada en un sentido teórico, como ya lo hicimos razón, en tanto que solo contiene principios constitutivos, relativos a la
bajo este título en nuestra primera obra, y sin que intentemos jamás facultad de querer.
someter también a este examen la facultad práctica determinada por sus
propios principios. La crítica de la razón pura, no comprende, pues, más Sin embargo, el Juicio, que viene a ser dentro de nuestras facultades
que nuestra facultad de conocer las cosas a priori; no trata más que de la de conocer un término medio entre el entendimiento y la razón, ¿tiene
facultad de conocer, con abstracción de sus facultades de sentir y de también por sí mismo principios a priori? ¿Son estos principios
querer; y aun al ocuparse de la facultad del conocer, no lo hace más que constitutivos o simplemente reguladores, no suponiendo, por tanto, un
del sentimiento, en el cual busca los principios a priori, haciendo dominio particular? ¿Suministra esta facultad a priori una regla al
abstracción del Juicio y de la razón (en tanto que se consideran como sentimiento como un término medio entre la facultad de conocer y la de
facultades que igualmente pertenecen al conocimiento teórico), puesto querer, del mismo modo que el entendimiento prescribe a priori leyes a la
que desde luego hallamos que ninguna otra facultad de las que primera, y la razón a la segunda? He aquí de lo que se ocupa la presente
corresponden al conocer, más que la del entendimiento, puede crítica del Juicio.
conducirnos al conocimiento de dichos principios; y por esto la crítica,
cuando examina las otras facultades del conocer, para determinar la parte Una crítica de la razón pura, es decir, de nuestra facultad del conocer,
que cada una de ellas puede tener por sí misma en la adquisición del según los principios a priori, sería incompleta, si la del Juicio, que, como
conocimiento, no se ocupa de otra cosa más que de lo que el facultad de conocer, reclama también para sí tales principios, no fuese,
entendimiento presenta a priori como una ley para la naturaleza y todos tratada como una parte especial de la crítica; y sin embargo, los
sus fenómenos, (cuya forma se da también a priori), y deja todos los principios del Juicio no constituyen un principio de filosofía pura, una
demás conceptos puros para las ideas que trascienden de la facultad del parte propia entre la parte teórica y la práctica, sino que puede
conocer teórico, cuyos conceptos, lejos por esto de ser inútiles o considerarse, según los casos, en cualquiera de estas dos partes. Pero si
superfluos, sirven, por el contrario, de principios reguladores. De este este sistema ha de llegar a la perfección, bajo el nombre general de
modo, esta facultad descarta por un lado las pretensiones peligrosas del metafísica (y posible es perfeccionarlo, y de la mayor importancia para el
entendimiento, el cual (suministrando a priori las condiciones de la ejercicio de la razón bajo todos sus aspectos), es necesario antes que la
posibilidad de todas las cosas que se pueden conocer), circunscribe a sus crítica sondee muy profundamente el fondo de este edificio, para
propios límites esta posibilidad en general, y, por otra parte, dirige al descubrir los primeros fundamentos de la facultad que nos suministra
entendimiento mismo en la consideración de la naturaleza, a favor de un principios independientes de la experiencia, con el fin de que ninguna de
principio de perfección que jamás puede obtener, pero que le está las partes parezca como dudosa; pues esto llevaría consigo
señalado como el objeto final de todo conocimiento. inevitablemente la ruina de todo.
12
Por donde podemos concluir acerca de la naturaleza del juicio (cuyo relación inmediata con el sentimiento. Por lo que, la falta de esta relación
uso conveniente es tan necesario y tan generalmente útil como puede es precisamente la que produce la oscuridad del principio del juicio, y
serlo el del sentido común, nombre con que se designa esta facultad), que hace necesaria para esta facultad una división particular de la crítica;
debemos hallar grandes dificultades en la investigación del principio porque el juicio lógico, que se funda sobre conceptos de los cuales jamás
propio de la misma (la cual debe en efecto contener uno a priori; pues de se puede sacar consecuencia inmediata para el sentimiento, habría podido
lo contrario, la crítica, aun la más vulgar, no lo consideraría como en rigor unir la parte teórica de la filosofía con el examen crítico de los
facultad de conocer). Este principio no puede derivarse de otros a priori: límites de estos conceptos.
estos corresponden al entendimiento, y el Juicio no trata más que de su
aplicación. El Juicio no puede, pues, suministrar un concepto que nada Como no me propongo estudiar el gusto ni el juicio crítico, con el fin
nos hace conocer, y que solamente sirve de regla a sí mismo, aunque no de formarlo ni cultivarlo (porque esta cultura bien puede exceder de esta
de regla objetiva, a la cual pudiera acomodarse; porque entonces, especie de especulaciones), sino que lo hago bajo un punto de vista
necesitaríamos otra facultad de juzgar, para resolver si es o no ocasión de trascendental, espero que haya indulgencia para con los vacíos que se
aplicar la regla. noten en este trabajo. Pero en cierto modo es necesario que se haga con el
más severo examen, y únicamente habrá que dispensarnos de algún resto
Esta dificultad que presenta el principio subjetivo u objetivo de la de oscuridad que no se pueda evitar enteramente, por la gran dificultad
facultad de juzgar, se nota principalmente en aquellos juicios llamados que presenta la solución de un problema naturalmente tan embrollado.
estéticos, que tratan de lo bello y lo sublime, de la naturaleza o del arte; y Con tal que quede claramente sentado que el principio se ha expuesto con
sin embargo, la investigación crítica del principio de estos juicios es la exactitud, se nos podrá dispensar de no haber deducido el fenómeno del
parte más importante de esta facultad. Juicio con toda la claridad que por otra parte se puede rigurosamente
exigir, es decir, de no haberlo deducido de un conocimiento fundado en
En efecto: aunque ellos por sí mismos nada nos dan para el conceptos, el cual creo haber hallado en la segunda parte de esta obra.
conocimiento de las cosas, no por esto dejan de pertenecer a la facultad
de conocer, y revelan una relación inmediata de esta facultad con la del Aquí terminaremos nuestro estudio crítico, y entraremos sin tardanza
sentimiento, fundada sobre algún principio a priori, que nunca se en la doctrina, con el fin de aprovechar, si es posible, el tiempo todavía
confunde con los motivos de la facultad de querer, porque esta saca sus favorable de nuestra creciente vejez. Se comprende perfectamente que el
principios a priori de los conceptos de la razón. No sucede lo propio en juicio no tiene parte especial en la doctrina, puesto que la crítica
los juicios teleológicos de la naturaleza; en estos, mostrándonos la pertenece a la teoría; pero conforme a la división de la filosofía en teórica
experiencia una conformidad de las cosas con sus leyes, la cual no puede y práctica, y la de la filosofía pura en varias partes, la metafísica de la
comprenderse ni explicarse con la ayuda del concepto general que el naturaleza y las costumbres, constituirá esta nueva obra.
entendimiento nos da de lo sensible, saca la facultad de juzgar de sí
misma un principio de relación de la naturaleza con el mundo inaccesible
de lo supra-sensible, del cual no puede servirse más que en vista de sí
misma en el conocimiento de la naturaleza; pero este principio, que puede
y debe aplicarse a priori al conocimiento de las cosas del mundo, y nos
abre al mismo tiempo vastos horizontes para la razón práctica, no tiene
13
Introducción La voluntad, como facultad de querer, es una de las diversas causas
naturales que existen en el mundo; es la que obra en virtud de conceptos;
- I - De la división de la filosofía y todo lo que la voluntad se representa como posible o como necesario, se
llama prácticamente posible para distinguirlo de la posibilidad o de la
Cuando se considera la filosofía como la que suministra por medio de necesidad física, de un efecto, cuya causa no es determinada por
conceptos los principios del conocimiento racional de las cosas, y no conceptos, sino por mecanismo como en la materia inanimada, o por
como la lógica, que solamente lo hace de los principios de la forma del instinto como entre los animales. Por esto aquí, al hablar de práctica, lo
pensamiento en general, haciendo abstracción de los objetos, se puede hacemos de una manera general, sin determinar si el concepto que sirve
con toda razón dividir, como comúnmente se hace, en teórica y práctica. de regla a la causalidad de la voluntad es un concepto de la naturaleza o
Mas para esto es de todo punto indispensable que los conceptos que un concepto de la libertad.
sirven de objeto a los principios de este conocimiento racional, sean
diferentes en su especie, pues de lo contrario, no estaríamos autorizados Pero esta última distinción es esencial; porque si el concepto que
para una división, la cual supone siempre oposición en los principios del determina la causalidad es un concepto de la naturaleza, los principios
conocimiento racional, cual corresponde a las diversas partes de una son técnicamente prácticos; y si es un concepto de la libertad, son
ciencia. Según esto, no existen más que dos especies de conceptos, los moralmente prácticos; y como en la división de una ciencia racional se
cuales llevan en sí otros tantos principios diferentes de la posibilidad de trata únicamente de una distinción de objetos, cuyo conocimiento reclama
sus objetos; estos conceptos son los de la naturaleza y el de la libertad. Y principios diferentes, los primeros se refieren a la filosofía teórica (o a la
como los primeros hacen posible con el auxilio de principios a priori, un ciencia de la naturaleza), mientras que los otros constituyen por sí solos
conocimiento, teórico, y el segundo no contiene relativamente a este la segunda parte, o sea la filosofía práctica o la moral.
conocimiento más que un principio negativo, una simple oposición, al
paso que establece para la determinación de la voluntad principios de Todas las reglas técnicamente prácticas (es decir, las del arte o de la
gran extensión, los cuales por esta razón se denominan prácticos, con industria en general), y aun aquellas que se refieren a la prudencia, o sea
derecho podemos dividir la filosofía en dos partes en un todo diferentes, la habilidad que da influencia sobre los hombres y su voluntad, deben ser
por lo que toca a los principios: la una teórica, en tanto que filosofía de la consideradas como corolarios de la filosofía teórica, en tanto que sus
naturaleza, y la otra práctica, en tanto que filosofía moral (pues así se principios se fundan en conceptos.
denomina la legislación práctica de la razón fundada sobre el concepto de
la libertad). Pero hasta hoy, la gran confusión en el uso de estas En efecto: dichas reglas no se refieren más que a la posibilidad de las
expresiones ha trascendido a la división de los diversos principios, y por cosas, cuando ésta se funda en conceptos de la naturaleza; y nosotros no
consiguiente a la de la filosofía, y se ha identificado lo que es práctico nos ocupamos solamente de los medios de investigación de la naturaleza,
bajo el punto de vista de los conceptos de la naturaleza, con lo que es sino también de los de la voluntad (como facultad de querer, y por tanto,
práctico bajo el punto de vista del concepto de la libertad; y con estas como facultad natural), en tanto que pueda ser determinada, conforme a
mismas expresiones de filosofía teórica y filosofía práctica, se ha estas reglas, por móviles naturales...
establecido una división que en realidad no lo es, puesto que las dos
partes de esta división pueden tener los mismos principios.
14
Sin embargo, estas reglas prácticas no se denominan leyes (como las Por donde se ve que un conjunto de preceptos prácticos suministrados
leyes físicas), sino preceptos; porque como la voluntad no cae solamente por la filosofía, no constituye una parte especial y opuesta a la parte
bajo el concepto de la naturaleza, sino también bajo el de la libertad, teórica de esta ciencia, por sólo ser prácticos; porque no dejarían de serlo,
queda el nombre de leyes para los principios de la voluntad relativos a aun cuando esos mismos principios, en tanto que reglas técnicamente
este último concepto, y estos solos principios, con sus consecuencias, prácticas, derivasen del conocimiento teórico de la naturaleza; se necesita
constituyen la segunda parte de la filosofía, o sea la parte práctica. además que el principio en que se apoyen, no se derive del concepto de la
naturaleza, siempre sujeto a condiciones sensibles, sino que descanse
Así como la solución de los problemas de la geometría pura no sobre el de lo supra-sensible; pues sólo el concepto de la libertad nos
constituyen una parte especial de esta ciencia, ni la agrimensura merece permite conocer, por medio de leyes formales, para que de este modo los
tampoco el nombre de geometría práctica en oposición a la geometría preceptos sean moralmente prácticos, esto es, para que no sean
pura, que en tal caso sería la segunda parte de la geometría en general, del únicamente reglas relativas a tal o cual fin, sino leyes que no suponen
mismo modo, y aun con mayor fundamento, no nos es permitido ningún objeto, ningún designio previo.
considerar como una parte práctica de la física el arte mecánico o
químico de las experiencias y observaciones, ni unir a la filosofía práctica
la economía doméstica, la agricultura, la política, el arte de vivir en
sociedad, la dietética, ni aun la teoría de la felicidad, que es el arte de
refrenar y reprimir las pasiones y afectos en vista de la felicidad, como si - II - Del dominio de la filosofía en general
todas estas artes constituyesen la segunda parte de la filosofía en general.
El uso de nuestra facultad de conocer por medio de principios, o sea la
En efecto; dichas artes no contienen más que reglas que se refieren a filosofía, no reconoce más límites que los de la aplicación de conceptos a
la industria humana, las que, por consiguiente, no son más que priori.
técnicamente prácticas o destinadas a producir un resultado posible,
según los conceptos naturales de las causas y los efectos, y que, Pero el conjunto de objetos a que se refieren estos conceptos, para de
comprendiéndose en la filosofía teórica o en la ciencia de la naturaleza, ellos constituir, si es posible, un conocimiento, puede ser dividido, según
de la cual son simples corolarios, no pueden reclamar un puesto en esta que basten o no nuestras facultades para ello, o según que sean
filosofía particular, que llamamos filosofía práctica; por el contrario, los suficientes de tal o cual manera.
preceptos moralmente prácticos, que en un todo se hallan fundados en el
concepto de la libertad, y excluyen toda participación de la naturaleza en Si consideramos los conceptos como refiriéndose a objetos, y hacemos
la determinación de la voluntad, constituyen una especie particular de abstracción de la cuestión de saber si un conocimiento de estos objetos es
preceptos, a que llamamos verdaderamente leyes, como a las reglas que o no posible, estaremos en el campo de estos conceptos, el cual se
rigen la naturaleza; pero aquellas no se apoyan, como estas, en determina únicamente conforme a la relación de su objeto con nuestra
condiciones sensibles; se fundan en un principio supra-sensible, y forman facultad de conocer en general. La parte de este campo en donde es
por sí solas al lado de la parte teórica de la filosofía, otra parte de la posible para nosotros un conocimiento, es el territorio (territorium) de
misma, bajo el nombre de filosofía práctica. estos conceptos, y de la facultad de conocer, que supone este
conocimiento. La parte de este territorio en donde dichos conceptos
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sirven de ley, es el dominio de ellos (ditio), y el de las facultades de crítica de la razón pura, la que, revelándonos en esto una ilusión
conocer que los producen. Así, los conceptos empíricos tienen su dialéctica, ha descartado las objeciones.
territorio en la naturaleza, considerada como el conjunto de todos los
objetos sensibles, mas en esto no hay nada de dominio, sino que solo Pero es imposible que estos diferentes dominios, que se limitan
existe un domicilio (domicilium), puesto que estos conceptos, aunque constantemente, no ciertamente en sus legislaciones, sino en sus efectos
formados de una manera regular, no sirven de leyes, y las reglas que en en el seno del mundo sensible, no constituyan más que uno sólo; pues el
ellos se fundan son empíricas, y por tanto contingentes. concepto de la naturaleza puede muy bien representar sus objetos en la
intuición, pero solo como simples fenómenos, y no como cosas en sí; y
Nuestra facultad de conocer tiene dos especies de dominio; el de los por el contrario, el concepto de la libertad puede representar, por medio
conceptos de la naturaleza, y el del concepto de la libertad, pues que por de su objeto, una cosa en sí, pero no en la intuición; por consiguiente,
medio de estas dos clases de conceptos es únicamente legisladora a ninguno de estos dos conceptos puede dar un conocimiento teórico de su
priori; por lo cual la filosofía se divide también, como esta facultad, en objeto (ni aun del sujeto que piensa) como cosa en sí, o sea de lo supra-
teórica y práctica. Pero el territorio sobre el cual entiende su dominio y sensible; esta es una idea que se debe aplicar a la posibilidad de todos los
ejerce su legislación no es más que el conjunto de objetos de toda objetos de experiencia, pero que jamás se puede extender ni elevar hasta
experiencia posible, en cuanto se consideran como simples fenómenos; constituir un conocimiento de ellos.
porque de otro modo no se podría concebir una legislación del
entendimiento relativa a estos objetos. Existe, pues, un campo ilimitado, pero inaccesible también para
nuestra facultad de conocer, el campo de lo supra-sensible, donde no
La legislación contenida en los conceptos de la naturaleza es dada por hallamos parte de territorio para nosotros, y en donde, por tanto, no
el entendimiento, es teórica; la que contiene el concepto de libertad, podemos buscar, ni por medio de los conceptos del entendimiento, ni por
proviene de la razón, y es puramente práctica. Por lo que la razón solo medió de los de la razón, un dominio perteneciente al conocimiento
puede legislar en el mundo práctico; en lo que se refiere al conocimiento teórico. Este campo, o sea el uso, tanto teórico como práctico de la razón,
teórico (o de la naturaleza) no puede hacer más que deducir, de leyes debe llenarse de ideas; mas nosotros no podemos dar a estas ideas, en su
dadas (de las que se instruye por medio del entendimiento), relación con las leyes que derivan del concepto de la libertad, más que
consecuencias que no salen de los límites de la naturaleza. Además, la una realidad práctica, lo que no eleva en nada nuestro conocimiento
razón no es en absoluto legislativa cuando existen reglas prácticas, teórico hasta lo supra-sensible.
porque estas reglas pueden ser técnicamente prácticas.
Pero aunque existe un abismo insondable entre el dominio del
La razón y el entendimiento tienen, pues, dos clases de legislaciones concepto de la naturaleza o lo sensible, y el dominio del concepto de la
sobre un mismo territorio, el de la experiencia, sin que la una pueda libertad, o lo supra-sensible, de tal suerte, que es imposible pasar del
sobreponerse a la otra; porque el concepto de la naturaleza tiene tan poca primero al segundo (por medio de la razón teórica), y que se consideran
influencia sobre la legislación suministrada por el concepto de la libertad, como dos mundos diferentes, de los cuales, el uno no puede ejercer
como este sobre la legislación de la naturaleza. La posibilidad de acción sobre el otro, es indudable que debe haber alguna influencia entre
concebir, al menos sin contradicción, la coexistencia de dos legislaciones ellos. En efecto; el concepto de la libertad debe realizar en el mundo
y de las facultades a que ellas se refieren, ha sido demostrada por la sensible el objeto determinado por sus leyes, y para esto es indispensable
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que se pueda concebir la naturaleza de tal suerte, que en su conformidad contenido, sobre lo cual no existe ninguna otra (a priori), y esto es lo que
con las que constituyen su forma, no excluya al menos los fines que justifica la división de la filosofía en teórica y práctica.
deben ser dirigidos según las primeras. Así es que debe haber un
principio que haga posible el acuerdo de lo supra-sensible, sirviendo de Pero en la familia de las facultades superiores de conocer, existe
fundamento a la naturaleza, con lo que contiene de práctico el concepto además un término medio entre el entendimiento y la razón: este término
de la libertad; un principio cuyo concepto sea sin duda insuficiente para medio es el Juicio. Se puede presumir por analogía que este contiene
dar un conocimiento bajo el punto de vista teórico ni bajo el punto de también si no una legislación particular, al menos un principio que le es
vista práctico, y no teniendo por tanto dominio propio, permita sin propio y que se debe investigar, según leyes, un principio que es
embargo, al espíritu pasar de uno al otro mundo. indudablemente a priori puramente subjetivo, y que, sin tener como
dominio ningún campo de objetos, puede, no obstante, tener un territorio
para el cual solamente él tenga verdadero valor.
Existe, además (a juzgar por analogía), una razón para unir el Juicio a
- III - De la critica del juicio, considerada como lazo de unión de las otro orden de nuestras facultades representativas, cuya unión, parece más
dos partes de la filosofía importante todavía que el parentesco de las facultades de conocer. Esta
razón consiste en que todas las facultades o capacidades del alma pueden
La crítica de las facultades de conocer consideradas en lo que pueden reducirse a tres, y que no pueden por menos de derivarse de un principio
suministrarnos a priori, no tiene propiamente un dominio relativo a los común, y son: la facultad de conocer, la de sentir y la de querer18.
objetos, puesto que no constituye una doctrina, sino que su único objeto
es averiguar si es posible que nuestras facultades nos lo suministren, y 18
Cuando hay alguna razón para suponer que los conceptos empleados como principios
cuándo lo es, según la condición de las mismas. Su campo se extiende tan empíricos tienen afinidad con la facultad de conocer puro a priori, es conveniente, por
lejos como sus pretensiones, con el objeto de concretar estas en los causa de esta misma relación, buscarles una definición trascendental, es decir, definirlos
límites de su legitimidad. por categorías puras, en tanto que ellos por sí solos nos dan suficientemente la diferencia
del concepto de que se trata con los demás. Se sigue en esto el ejemplo del matemático
que deja indeterminados los datos empíricos de su problema, y que no toma para los
Mas lo que no entra en la división de la filosofía, puede, sin embargo, conceptos de la aritmética pura más que la relación de estos datos con una síntesis pura,
caer bajo el dominio de la crítica de la facultad pura de conocer en generalizando por lo mismo la solución de aquel. Se nos ha censurado de haber
general, si esta facultad contiene principios que no tienen valor para su empleado tal método (véase el prefacio de la Crítica de la razón práctica), y por haber
uso teórico ni para su uso practico. Los conceptos de la naturaleza, que defluido la facultad de querer, diciendo que es la facultad que por medio de sus
representaciones es causa de la totalidad de los objetos de estas mismas
contienen el principio de todo conocimiento teórico a priori, descansan representaciones; pues se dice los simples deseos son también voliciones, y sin
sobre la legislación del entendimiento. El concepto de la libertad, que embargo, todos reconocen que aquellos no bastan para que sus objetos sean realizados.
contiene el principio de todos los preceptos prácticos a priori e Pero esto no prueba más que en el hombre hay deseos, en los cuales se encuentra en
independientes de las condiciones sensibles, descansa sobre la legislación contradicción consigo mismo, puesto que tiende por su sola representación a la
de la razón. Así es que ninguna facultad, fuera de estas dos, puede realización del objeto, aunque no puede llegar a ella, teniendo conciencia de que sus
fuerzas mecánicas (para llamar así las que no son psicológicas), y que deberían ser
lógicamente aplicarse a los principios, cualesquiera que ellos sean; determinadas por esta representación para realizar el objeto (por tanto mediatamente), o
además, cada una de estas tiene su legislación propia en cuanto a su no son suficientes, o encuentran aún algo de imposible como, por ejemplo, el cambiar lo
pasado (O mihi proeterites...etc.), o el destruir en la impaciencia del que espera, el
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La facultad de querer, considerada como facultad superior
En el terreno de la facultad de conocer, sólo el entendimiento es determinada por el concepto de la libertad, no admite otra legislación a
legislador, pues que esta facultad (como debe serlo cuando se la priori que la de la razón (en la cual únicamente reside este concepto).
considera en sí misma independiente de la facultad de querer), se refiere Supuesto que el sentimiento tiene su sitio o se halla colocado entre la
como facultad de conocimiento teórico a la naturaleza, y solamente en facultad de conocer y la de querer, así como el Juicio la tiene entre el
relación a la naturaleza (considerada como fenómeno) nos es posible entendimiento y la razón, se puede suponer, al menos provisionalmente,
hallar leyes en los conceptos a priori de la misma, esto es, en los que el Juicio contiene en sí mismo un principio a priori, y que así como el
conceptos puros del entendimiento. sentimiento se halla necesariamente ligado con la facultad de querer, ya
porque dicho sentimiento sea anterior a ella, como sucede en la facultad
inferior de querer, ya porque, como sucede en la superior, derive
únicamente de la determinación producida en dicha facultad por la ley
moral, así también el Juicio verifica una transición a la facultad pura de
intervalo que nos separa del momento deseado. Aunque en estos deseos fantásticos conocer, esto es, establece el tránsito del dominio de los conceptos de la
tengamos conciencia de lo insuficiente (y aun de la impotencia) de nuestras
representaciones para llegar a las causas de un objeto, sin embargo, la relación de estas naturaleza al dominio de la libertad, del mismo modo que, bajo el punto
representaciones a la cualidad de causas, y por consiguiente, la representación de su de vista lógico, hace posible el paso del entendimiento a la razón.
causalidad, se halla contenida en todo deseo, y aparece principalmente a cuando este es
una afección, es decir, cuando es un verdadero deseo* En efecto; estas especies de Por esto, aunque la filosofía no se pudiese dividir más que en dos
movimientos, ensanchando y suavizando el corazón, y por tanto, consumiendo sus partes, la teórica y la práctica; aunque todo lo que pudiéramos decir de
fuerzas, muestran que estas fuerzas se hallan siempre atraídas por representaciones, pero
que concluyen siempre por dejar caer al espíritu en la inacción, convencido de la los principios propios del Juicio deba colocarse en la parte teórica, o sea
imposibilidad de la cosa deseada. Las oraciones mismas dirigidas al cielo para evitar las en la que se ocupa del conocimiento racional, fundado sobre conceptos de
terribles desdichas que se miran como inevitables, y ciertos medios que emplea la la naturaleza, la crítica de la razón pura, que debe tratar todo esto antes de
superstición para llegar a fines naturalmente imposibles; demuestran la relación causal dar principio a la ejecución de su sistema, se compone de tres partes:
de las representaciones con sus objetos, puesto que esta causalidad no puede ser crítica del entendimiento puro, crítica del Juicio puro, y crítica de la razón
detenida por el conocimiento de su impotencia para producir el efecto. Pero ¿por qué
existe en nosotros esta tendencia a formar deseos que la conciencia declara vanos? Es pura; facultades que se llaman puras, porque son legislativas a priori.
una cuestión que corresponde a la teología antropológica. Parece que si no empleáramos
nuestras fuerzas más que cuando estuviésemos seguros de su aptitud para producir un
objeto, quedarían las más veces sin emplear, porque nosotros no aprendemos
ordinariamente a conocerlas más que ensayándolas. Esta ilusión que producimos con los
deseos inútiles, no es, pues, más que una consecuencia de la benevolente disposición
que preside a nuestra naturaleza**. - IV - Del juicio como facultad legislativa «A priori.»
El Juicio determinante, sometido a las leyes generales y Dicho principio no puede ser más que éste: como las leyes generales
trascendentales del entendimiento, no es más que el que subsume; le es de la naturaleza tienen un principio en nuestro entendimiento que las
dada la ley a priori; y de este modo no necesita cuidarse de una regla para prescribe a la misma (pero sólo bajo el punto de vista de concepto general
poder subordinar a lo general lo particular que se halla en la naturaleza. de la naturaleza como tal), las leyes particulares y empíricas
relativamente a lo que las primeras dejan en ellas de indeterminado,
Pero tanto como hay de diversidad en las formas de la naturaleza, otro deben considerarse en relación a una unidad semejante a la que pudiera
tanto hay de modificaciones en los conceptos generales y trascendentales establecer un entendimiento distinto del nuestro, el cual diera estas leyes
de la misma, los cuales dejan indeterminadas las leyes suministradas a teniendo en cuenta nuestra facultad de conocer, y queriendo hacer posible
priori por el entendimiento puro, puesto que estas no se refieren más que un sistema de experiencia fundado sobre leyes particulares de la
a la posibilidad de una naturaleza en general (como objeto de los naturaleza misma. Esto no significa que se deba admitir tal entendimiento
sentidos). (porque sólo el Juicio reflexivo es el que hace un principio de esta idea
para reflexionar y no para determinar), sino que la facultad de juzgar se
Debe haber, pues, también para estos conceptos leyes, las cuales como dé por sí misma una ley, y no por medio de la naturaleza.
conceptos empíricos pueden ser contingentes a los ojos de nuestro
entendimiento, pero que puesto que se llaman leyes (como lo exige el Mas como el concepto de un objeto, en tanto que contiene también el
concepto de la naturaleza), deben considerarse como necesarias en virtud principio de la realidad de este objeto, se llama fin, y como la
de un principio que, aunque sea desconocido para nosotros, nos dé la conformidad de un objeto con una disposición de las cosas, que sólo es
unidad en la variedad. El Juicio reflexivo que necesita subir de lo posible en relación a los fines, se llama finalidad de la forma de estas
particular, que halla en la naturaleza, a lo general, necesita un principio cosas, el principio del Juicio relativamente a la forma de las cosas de la
que no puede derivarse de la experiencia, puesto que debe servir de naturaleza, sometidas a leyes empíricas en general, es la finalidad de la
fundamento a la unidad de todos los principios empíricos, colocándose naturaleza en su diversidad; lo que significa que nos representamos la
sobre los más superiores de estos, y por tanto, a la posibilidad de la naturaleza por medio de este concepto, como si un entendimiento
coordinación sistemática de estos principios. Es necesario que este contuviese el principio de su unidad en la diversidad de sus leyes
empíricas.
emplea Kant, lo que tiene además la ventaja de aproximarse mas a la palabra concepto La finalidad de la naturaleza es, pues, un concepto particular a priori,
(Begriff), que significa precisamente, ya la condición ya el resultado del pensamiento,
como Kant lo explica. -J. B. que tiene su origen únicamente en el Juicio reflexivo; porque no podemos
atribuir a sus producciones nada que pueda estimarse como una relación
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de sí misma con los fines, sino solamente servirse de este concepto para principios no son, sin embargo, empíricos; son principios a priori, porque
reflexionar sobre ella según el enlace de los fenómenos que en la misma el sujeto que funda en ellos sus juicios no tiene necesidad de ninguna
se producen conforme a las leyes empíricas. Este concepto es muy experiencia ulterior para enlazar el predicado con el concepto empírico
diferente de la finalidad práctica (de la finalidad de la industria humana o que posee, pues puede percibir perfectamente este enlace a priori.
de la moral), aunque se le confunde por analogía con esta última especie
de finalidad. Que el concepto de una finalidad de la naturaleza pertenece a los
principios trascendentales, es lo que muestran suficientemente las
máximas del juicio que sirven a priori de fundamento para la
investigación natural, las que, sin embargo, no se refieren más que a la
posibilidad de la experiencia, y por tanto a la del conocimiento de la
- V - El principio de la finalidad formal de la naturaleza, es un naturaleza, no simplemente de ella en general, sino determinada por leyes
principio trascendental del juicio particulares y diversas.
Se llama trascendental el principio que representa la condición Estas son como sentencias de la sabiduría metafísica, que con motivo
general, a priori, bajo la cual únicamente pueden las cosas llegar a ser de ciertas reglas cuya necesidad no puede demostrarse por conceptos, se
objetos de nuestro conocimiento en general. Por el contrario, se llama presentan con frecuencia en el curso de esta ciencia aunque esparcidas,
metafísica el principio que representa la condición a priori, según la cual como se ve en estos ejemplos: la naturaleza sigue el camino más corto
solo los objetos cuyo concepto puede darse empíricamente pueden ser (lex parcimoniae); no tiene intervalos en la serie de sus cambios, ni en la
determinados a priori. Así, el principio del conocimiento de los cuerpos coexistencia de sus formas específicamente diferentes (lex continui in
como sustancias, y como sustancias que cambian, es trascendental natura); en la gran variedad de sus leyes empíricas hay una unidad
cuando significa que este cambio debe tener una causa; pero es formada por un pequeño número de principios (principia praeter
metafísico cuando significa que debe tener una causa exterior: en el necesitatem non sunt multiplicanda), y otras máximas del mismo género.
primer caso, basta concebir los cuerpos a modo de predicados
ontológicos (o de conceptos puros del entendimiento), como sustancias, Pero querer mostrar el origen de estos principios y hacerlo por un
por ejemplo, para conocer a priori la proposición que el último predicado procedimiento psicológico, es desconocer por completo el sentido de los
(el movimiento producido por una causa exterior) conviene al cuerpo. De mismos. En efecto; ellos no nos dicen el hecho, esto es, conforme a qué
igual suerte, como mostraremos muy pronto, el principio de la finalidad reglas nuestras facultades de conocer llenan realmente sus funciones y
de la naturaleza (en la variedad de sus leyes empíricas), es un principio cómo se juzga, sino cómo se debe juzgar. La conformidad de la
trascendental; porque el concepto de los objetos, en tanto que se los naturaleza con nuestras facultades de conocer, o la finalidad que nos
concibe como sometidos a un principio, no es más que el concepto puro revela el ejercicio de las mismas, es, pues, un principio trascendental de
de objetos de un conocimiento de experiencia posible en general, y no los juicios, y por tanto esta finalidad necesita una deducción trascendental
contiene nada por el contrario, que supone la idea de la determinación de que investigue a priori en las fuentes del conocimiento el origen de dicho
una voluntad libre, es un principio metafísico, puesto que el concepto de principio.
la facultad de querer, considerada como voluntad, debe darse
empíricamente (no pertenece a los predicados trascendentales). Estos dos
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Encontramos desde luego algo de necesario en los principios de la propia, que lo que es contingente a la vista de nuestro espíritu en las leyes
posibilidad de la experiencia, como son las leyes generales, sin las cuales particulares (empíricas) de la naturaleza, contiene una unión que no
no se puede concebir la naturaleza en general (como objeto de los podemos penetrar ciertamente, pero que podemos concebir, y que es el
sentidos); estas leyes descansan sobre las categorías aplicadas a las principio de unidad de los elementos diversos en una experiencia posible
condiciones formales de toda intuición posible, en tanto que esta es dada en sí. Y puesto que esta unidad que nosotros admitimos por una
también a priori. El Juicio sometido a estas leyes es determinante, porque necesidad del entendimiento pero al mismo tiempo como contingente en
no hace otra cosa que subsumir bajo reglas dadas. Por ejemplo, el sí, es representada como una finalidad de los objetos (de la naturaleza), el
entendimiento dice: todo cambio reconoce una causa (es ley general de la Juicio, que relativamente a las cosas sometidas a las leyes empíricas
naturaleza): el Juicio trascendental no tiene más que suministrar la posibles (todavía por descubrir), es simplemente reflexivo, debe concebir
condición que permita subsumir bajo el concepto a priori del la naturaleza en relación a estas cosas, conforme a un principio de
entendimiento, y esta condición es la sucesión de las determinaciones de finalidad para nuestra facultad de conocer, el cual se ha mostrado ya en
una misma cosa. Por lo que, esta ley es reconocida como absolutamente las precedentes máximas del Juicio. Este concepto trascendental de una
necesaria para la naturaleza en general (como objeto de experiencia finalidad de la naturaleza, no es ni un concepto de la misma, ni un
posible). Pero los objetos del conocimiento empírico, no obstante esta concepto de la libertad, porque nada atribuye al objeto (a la naturaleza);
condición formal de tiempo, son todavía determinados, o pueden serlo, él no hace más que representar la única manera de proceder en nuestra
tanto que podemos juzgar a priori de diversas maneras: así naturalezas reflexión sobre los objetos de ella para llegar a una experiencia, cuyos
específicamente distintas, independientemente de lo que tienen de común elementos se hallan perfectamente enlazados entre sí; es por tanto un
en cuanto pertenecen a la naturaleza en general, pueden servir de causas, principio subjetivo, una máxima del Juicio. También sucede que cuando
según una infinita variedad de maneras, y cada una de estas maneras nosotros hallamos, como por una feliz casualidad favorable a nuestro
(conforme al concepto de una causa general) debe tener una regla que objeto, entre dos leyes puramente empíricas, semejante unidad
revista el carácter de ley, y por tanto el de necesidad, aunque la sistemática, sentimos un gran placer (hallándonos libres ya de la
naturaleza y los límites de nuestras facultades de conocer no nos permitan necesidad), aunque debamos necesariamente admitir la existencia de tal
percibir esta necesidad. Cuando consideramos, pues, la naturaleza en sus unidad, sin poder percibirla ni demostrarla.
leyes empíricas, concebimos en ella como posible una infinita variedad
de estas leyes, que son contingentes a nuestros ojos (no pueden ser Si queremos convencernos de la exactitud de esta deducción del
conocidas a priori), y referimos dichas leyes a una unidad, que miramos concepto de que nos ocupamos, y de la necesidad de admitir este
también como contingente, o sea la unidad posible de la experiencia concepto como un principio trascendental de conocimiento, pensemos en
(como sistema de leyes empíricas). Por donde de un lado es necesario la magnitud de este problema que existe a priori en nuestro
suponer y admitir esta unidad, y de otro es imposible hallar en los entendimiento: con las pe percepciones suministradas por la naturaleza,
conocimientos empíricos un enlace perfecto, que permita formar un todo que contiene una variedad infinita de leyes empíricas, formar un sistema
de experiencia; porque las leyes generales de la naturaleza nos muestran coherente. Es cierto que el entendimiento posee a priori leyes generales
perfectamente este enlace, cuando consideramos las cosas generalmente, de la naturaleza, sin las que no podría tener la experiencia de un solo
esto es, como cosas de la naturaleza en general; pero no cuando las objeto de ella; pero además hay necesidad de cierto orden en sus reglas
consideramos específicamente, o sea como seres particulares de aquella. particulares, las que el entendimiento no conoce más que empíricamente,
El Juicio debe, pues, admitir como un principio a priori para su aplicación y que con relación al mismo son contingentes. Estas reglas, sin las cuales
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el entendimiento no podría pasar de la semejanza universal contenida en inteligencia de la otra, y formar de una materia tan complicada para
una experiencia posible general a la semejanza particular, pero cuya nosotros (porque es infinitamente varia y no apropiada a la capacidad de
necesidad no conoce ni puede conocer, es necesario que las conciba como nuestro espíritu), una experiencia coherente. El Juicio, pues, contiene
leyes (es decir, como necesarias), porque de lo contrario, estas no también un principio a priori de la posibilidad de la naturaleza, pero sólo
constituirían un orden en la naturaleza. Así, aunque relativamente a estas bajo el punto de vista subjetivo, en virtud de cuyo principio prescribe, no
reglas (a los objetos), el entendimiento nada puede determinar a priori, a la naturaleza (como por autonomía), sino a sí mismo (como por bella
debe, no obstante, con el fin de descubrir las leyes llamadas empíricas, autonomía), sino a sí mismo (como por bella autonomía), una ley para
tomar por fundamento de toda reflexión sobre la naturaleza, un principio reflexionar sobre aquella, que se podría llamar ley de su especificación
a priori, conforme al cual concibamos que puede haber un orden natural, considerada en sus leyes empíricas. El Juicio no halla a priori esta ley en
y que se puede reconocer en sus leyes un principio como el que arrojan la naturaleza, pero la admite con el fin de hacer asequible a nuestro
las proposiciones siguientes: Existe en la naturaleza una disposición de entendimiento el orden seguido por la misma en la explicación que hace
géneros y de especies que nosotros podemos aprender; estos géneros se de sus leyes generales, cuando quiere subordinar a estas leyes la variedad
unen siempre en relación a un principio común, de tal modo, que al pasar de las particulares. Así, cuando se dice que la naturaleza especifica sus
de un género a otro nos elevamos a uno más superior; aunque parece a leyes generales conforme al principio de una finalidad relativa a nuestra
primera vista que es inevitable para nuestro entendimiento admitir para facultad de conocer, esto es, cuando las especifica para apropiarse la
los efectos naturales específicamente diferentes otras tantas diversas función necesaria del entendimiento humano, que consiste en hallar lo
especies de causalidad, no es así; pues estas especies se pueden reducir general a que debe reducirse lo particular, suministrado por la percepción,
con todo a un pequeño número de principios, que nosotros debemos y el lazo que une lo diverso (que es lo general para cada especie) a la
investigar. El juicio supone a priori esta conformidad de la naturaleza con unidad del principio, no se prescribe por este una ley a la naturaleza, ni la
nuestra facultad de conocer, con el fin de poder reflexionar sobre aquella, observación nos enseña nada (aunque podría confirmarlo). Por esto no es
considerada en sus leyes empíricas; pero el entendimiento la mira como un principio del juicio determinante, sino del juicio reflexivo; no tiene
objetivamente contingente, y el juicio no le atribuye más que como una más objeto que, cualquiera que sea la disposición de la naturaleza en sus
finalidad trascendental (relativa a la facultad de conocer), y por esto, sin leyes generales, poder buscar su leyes empíricas por medio de este
dicha suposición, no concebiríamos ningún orden natural en sus leyes principio y de las máximas que en él se fundan como una condición sin la
empíricas, y no tendríamos, por tanto, dirección que nos guiara en el cual no podemos hacer uso de nuestro entendimiento para extender
conocimiento y en la investigación de estas leyes tan varias. nuestra experiencia y adquirir el conocimiento.
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principios universales, debe apreciarse o estimarse como contingente a la necesariamente según su naturaleza y sin designio alguno; por el
vista de nuestro espíritu, pero al mismo tiempo como indispensable, a contrario, el descubrimiento de la unión de dos o más leyes empíricas
causa de la necesidad de nuestro entendimiento, y por tanto, como una heterogéneas en un solo principio, es el origen de un gran placer, y aun a
finalidad por la cual la naturaleza se conforma con nuestras propias veces de una admiración tal, que no cesa sino cuando el objeto es para
intuiciones, en cuanto se trata del conocimiento. Las leyes generales del nosotros suficientemente conocido. Ciertamente que no hallamos un
entendimiento, que son al mismo tiempo leyes de la naturaleza, son tan placer notable al percibir esta unidad de la naturaleza en su división en
necesarias (aunque derivadas de la espontaneidad) como las leyes del géneros y especies, la cual sólo hacen posible los conceptos empíricos,
movimiento de la materia; y para explicar su origen no hay necesidad de por cuyo medio la conocemos en sus leyes particulares; pero este placer
suponer ningún fin ni objeto en nuestra facultad de conocer, porque ha tenido ciertamente su época, y por esto sin él no hubiera sido posible
nosotros no obtenemos, en primer lugar, por estas leyes más que un la experiencia más concisa y ordinaria, pues que se ha confundido
concepto de lo que es el conocimiento de las cosas (de la naturaleza), y insensiblemente con el simple conocimiento, y no se ha caracterizado
éste se aplica necesariamente a la naturaleza de los objetos de nuestro particularmente. Existe, pues, algo que en nuestros juicios sobre la
conocimiento general. Pero que el orden de la naturaleza en sus leyes naturaleza nos hace que atendamos a su conformidad con nuestro
particulares, en esta variedad y en esta heterogeneidad al menos posibles entendimiento, y es el cuidado que ponemos en reducir en lo posible las
que exceden nuestra facultad de concebir, sea realmente apropiado a esta leyes heterogéneas a leyes más elevadas, aunque siempre empíricas, con
facultad, es lo que aparece como contingente según nuestra percepción, y el fin de experimentar, si lo conseguimos, el placer que nos proporciona
el descubrimiento de este orden es obra del entendimiento al dirigirse a esta conformidad de la naturaleza con nuestra facultad de conocer, la que
un fin a que necesariamente aspira, o sea a la unidad de los principios, miramos como simplemente contingente. Nosotros experimentaríamos,
cuya obra debe el Juicio atribuir a la naturaleza, puesto que el por el contrario, un gran disgusto en una representación de la naturaleza
entendimiento no puede prescribirle la ley. en la que estuviéramos amenazados de ver nuestras menores
investigaciones, cuando excedieran de la experiencia más vulgar,
detenidas por una heterogeneidad de leyes, que no permitiera a nuestro
El acto por el cual el espíritu alcanza este fin va acompañado de un entendimiento reducir las particulares a las empíricas generales; porque
sentimiento de placer; y si la condición de este acto es una representación esto repugna al principio de la especificación subjetivamente final de la
a priori, un principio como el del juicio reflexivo en general, el naturaleza y al Juicio que refleja sobre esta especificación.
sentimiento de placer es también determinado por una razón a priori, que
le da un valor universal, pero no se refiere más que a la relación del Sin embargo, esta suposición del Juicio determina tan poco hasta qué
objeto con la facultad de conocer, sin que el concepto de la finalidad se punto debe extenderse esta finalidad ideal de la naturaleza para nuestra
relacione en nada con la facultad de querer, que es lo que la distingue facultad de conocer, que si se nos dice que un profundo o más amplio
enteramente de la finalidad práctica de la naturaleza. conocimiento, experimental de la naturaleza debe hallar al fin una
variedad de leyes que ningún entendimiento humano podrá reducir a un
Así se ve que la conformidad de las percepciones con las leyes principio, no dejaremos por ello de estar satisfechos, pues que, a pesar de
fundadas sobre conceptos generales de la naturaleza (las categorías), no todo, queremos mejor esperar, y esperamos, que cuanto más penetremos
produce ni puede producir en nosotros el menor efecto sobre el en lo interior de la naturaleza y mejor conozcamos las partes exteriores
sentimiento del placer, puesto que el entendimiento obra aquí que al presente desconocemos, tanto más la encontraremos simple en sus
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principios y uniforme en la aparente heterogeneidad de sus leyes objeto de la representación, aunque bien pudieran ser ellos el efecto o
empíricas. En efecto; nuestro Juicio nos da la ley para perseguir tan lejos resultado de cualquier conocimiento. Por donde la finalidad del objeto, en
como nos sea posible el principio de la apropiación de la naturaleza a tanto que es representada en la percepción, no es una cualidad del objeto
nuestra facultad de conocer, sin decidir (porque no es el juicio mismo (porque tal cualidad no puede percibirse) aunque pueda deducirse
determinante el que nos da esta regla), si tiene o no límites, puesto que así de un conocimiento de los objetos. Por consecuencia, la finalidad que
como es posible determinar los límites relativamente al uso racional de precede al conocimiento de un objeto, la que aun cuando no queramos
nuestras facultades de conocer, esto es imposible en el campo de la servirnos de la representación de aquel respecto de un conocimiento, se
experiencia. halla completamente ligada a esta representación, es por esto un elemento
subjetivo que no puede constituir uno de los del conocimiento. Nosotros
no hablamos en este caso de la finalidad del objeto sino porque su
representación se halla inmediatamente ligada al sentimiento de placer, y
- VII - De la representación estética de la finalidad de la naturaleza es una representación estética de la finalidad. Resta únicamente saber si
hay en general tal representación de la finalidad.
Lo que en la representación de un objeto es puramente subjetivo, es
decir, lo que constituye la relación de esta representación al sujeto y no al Cuando el placer se halla ligado a la simple aprensión (aprehensio) de
objeto, es una cualidad estética; pero lo que en ella sirve o puede servir a la forma de un objeto de intuición, sin que esta aprensión se refiera a un
la determinación del objeto (al conocimiento), constituye su valor lógico. concepto, y sirva a un conocimiento determinado, la representación no es
El conocimiento de un objeto de los sentidos puede considerarse bajo referida al objeto, sino al sujeto; y el placer no puede producir otra cosa
estos dos puntos de vista. En la representación sensible de las cosas que la conformidad del mismo objeto con las facultades de conocer que
exteriores, la cualidad de espacio donde ellas se nos representan, es el se ponen en juego en el juicio reflexivo, y solo en tanto que den por
elemento puramente subjetivo de la representación que tenemos de estas resultado como consecuencia una finalidad formal y subjetiva de dicho
cosas (no se determina lo que ellas pueden ser como objetos en sí); objeto. En efecto; esta aprensión de formas que opera la imaginación, no
también el objeto es concebido simplemente como un fenómeno; pues el puede tener lugar sin que el Juicio reflexivo las compare, aunque sea sin
espacio, a pesar de su cualidad puramente subjetiva, es también un un fin determinado, con la facultad que tiene de referirlas a las
elemento del conocimiento de las cosas como fenómenos. Del mismo intuiciones de los conceptos; por lo que si en esta comparación la
modo que el espacio es simplemente la forma a priori de la posibilidad de imaginación (en tanto que facultad de las intuiciones a priori), se halla
nuestras representaciones de las cosas exteriores, la sensación (aquí la por efecto natural de una representación dada de acuerdo con el
sensación exterior) espresa el elemento puramente subjetivo de estas entendimiento o la facultad de los conceptos, y de esto resulta un
representaciones, pero especialmente el elemento material (lo real, sentimiento de placer, debe estimarse el objeto como apropiado al Juicio
aquello por que es dada alguna cosa como existente), y sirve también reflexivo. Juzgar de este modo, es llevar un juicio estético sobre, la
para el conocimiento de los objetos exteriores. finalidad del objeto, un juicio que no está fundado sobre un concepto
actual del objeto, y no nos suministra ninguno otro. Y cuando juzgamos
Mas el elemento subjetivo que en una representación no puede ser un de manera que el placer unido a la representación de un objeto tiene su
elemento de conocimiento, es el placer o la pena mezclada con esta origen en la forma de este (y no en el elemento material de su
representación; porque estos sentimientos no nos hacen conocer nada del representación considerada como sensación) tal como la hallamos en la
24
reflexión que de esto hacemos, sin tener por fin el obtener un concepto Un juicio individual de experiencia, por ejemplo, el juicio del que
del objeto mismo, juzgamos también que este placer está necesariamente percibe una gota de agua móvil en un cristal de roca, puede con justicia
unido a la representación de dicho objeto, y que por tanto, es necesario, reclamar el asentimiento de cada uno, puesto que, fundado sobre las
no solamente para el sujeto a quien satisface esta forma, sino para todos condiciones generales del Juicio determinante, cae bajo las leyes que
los que puedan juzgar, y el objeto se llama entonces bello, y la facultad reducen la experiencia posible a experiencia general. Del mismo modo
de juzgar en medio de un placer de esta especie, y al mismo tiempo de un sucede que aquel que en la pura reflexión que hace de la forma de un
modo aceptable para todos, se llama gusto. En efecto; como el principio objeto sin tener en cuenta ningún concepto, experimenta placer,
del placer se halla colocado simplemente en la forma del objeto tal como obteniendo como resultado un juicio empírico e individual, tiene derecho
se presenta a la reflexión en general, y no en una sensación del mismo, y a pretender el asentimiento de cada uno; porque el principio de este
además no existe relación para con un concepto que contenga un fin placer se halla en la condición universal, aunque subjetiva, de los juicios
determinado, lo que conviene con la representación de dicho objeto en la reflexivos, esto es, en la conformidad exigida por todo conocimiento
reflexión, cuyas condiciones tienen un valor universal a priori, es lo que empírico de un objeto (de una producción de la naturaleza o del arte), con
únicamente constituye el carácter de legalidad del uso empírico que el la relación de las facultades de conocer entre sí (la imaginación y el
sujeto hace del juicio en general, o sea la armonía de la imaginación y el entendimiento). Así el placer en el juicio del gusto depende ciertamente
entendimiento; y como esta conformidad del objeto con las facultades del de una representación empírica, y no puede hallarse unido a priori a
sujeto es contingente, resulta de aquí una representación de la finalidad ningún concepto (no se puede determinar de este modo, qué objeto es o
de aquél, para las facultades de conocer de este. no conforme al gusto; es necesario hacerlo por medio de la experiencia);
pero es el principio de este juicio, por la sola razón de que existe el
Por donde el placer de que aquí se trata, como todo placer o toda pena convencimiento de que descansa únicamente sobre la reflexión y sobre
que no son producidas por el concepto de la libertad, esto es, por la condiciones generales, aunque subjetivas, que determinan el acuerdo de
determinación previa de esta facultad, la cual tiene su principio en la aquella con el conocimiento de las cosas en general, a las que se apropia
razón pura, no puede nunca considerarse en relación a los conceptos la forma del objeto.
como necesariamente ligado a la representación de un objeto; la reflexión
solamente es la que debe mostrarlo unido a esta representación; por Por esto es por lo que los juicios del gusto suponen un principio a
consecuencia, este, como todos los juicios empíricos, no puede atribuirse priori, y se hallan también sometidos a la crítica, aunque este principio no
una necesidad objetiva, ni aspirar a obtener un valor a priori. Pero el sea ni un principio de conocimiento para el entendimiento, ni un principio
juicio del gusto tiene también, como cualquier juicio empírico, la práctico para la voluntad, ni por tanto sea determinante a priori.
pretensión de tener un valor universal, y a pesar de la contingencia
interna de este juicio, esta pretensión es legítima; pues lo que hay aquí de Pero la capacidad que nosotros tenemos de hallar en nuestra reflexión
singular y de extraño proviene únicamente de que aquélla no es un sobre las formas de las cosas (de la naturaleza, como del arte), un placer
concepto empírico, sino un sentimiento de placer, que, como si se tratara particular, no produce solamente una finalidad de los objetos para el
de un predicado ligado a la representación del objeto, debe atribuirse a Juicio reflexivo bajo el punto de vista del concepto de la naturaleza, sino
cada uno para el juicio del gusto y hallarse unido a aquella también bajo el punto de vista de la libertad del sujeto en su relación con
representación. los objetos considerados en su forma, y aun en la privación de toda
forma; de donde se sigue que el juicio estético no tiene solo relación con
25
lo bello como juicio del gusto, sino que también la tiene con lo sublime, naturaleza en la forma de la cosa, sino la producción misma, la que es
en tanto que se deriva de un sentimiento del espíritu; y que de este modo representada como fin de aquella. Aunque nuestro concepto de una
esta crítica de juicio estético debe dividirse en dos grandes partes finalidad de la naturaleza en las formas que esta toma conforme a las
correspondientes a estas dos divisiones. leyes empíricas no sea un concepto de objeto, sino un principio empleado
por el Juicio para formarse los conceptos en medio de esta variedad
natural, y poderse orientar de ellos, sin embargo, nosotros, por medio de
este concepto, atribuimos a la naturaleza una relación con nuestra
facultad de conocer análoga a la de fin; así es que podemos considerar su
- VIII - De la representación lógica de la finalidad de la naturaleza belleza como una exhibición del concepto de una finalidad formal
(puramente subjetiva), y sus fines como exhibiciones del concepto de una
La finalidad de un objeto dado en la experiencia puede ser finalidad real (objetiva): nosotros apreciamos la primera por el gusto
representada, o bien bajo un punto de vista del todo subjetivo, como en la (estéticamente, por medio del sentimiento de placer), y la segunda por el
conformidad que muestra su forma en una aprensión (apprehensio), entendimiento y la razón (lógicamente, por medio de los conceptos).
anterior a todo concepto con las facultades de conocer, y que da por
resultado la unión de la intuición y de los conceptos en un conocimiento Este es el fundamento de la división de la crítica del Juicio, en critica
general, o bien bajo un punto de vista objetivo, como en la conformidad del juicio estético, y critica del juicio teleológico; se trata por una parte de
de la forma con la posibilidad de la cosa misma, según el concepto de la facultad de juzgar la finalidad formal (llamada también subjetiva) por
esta cosa que con anterioridad contiene el principio de su forma. Hemos medio del sentimiento del placer o la pena, y por otra parte, de la facultad
visto que la representación de la primera especie de finalidad descansa de juzgar la finalidad real (objetiva) de la naturaleza, por medio del
sobre el placer íntimamente unido a la forma del objeto, en una simple entendimiento y la razón.
reflexión sobre esta forma; y que la segunda, por el contrario, en donde
no se trata de la relación de la forma del objeto con las facultades de La parte de la crítica del Juicio que contiene el juicio estético, es una
conocer del sujeto, en la aprensión de este objeto, sino de su relación con parte esencial de ella, pues que por sí sola encierra un principio sobre el
un conocimiento determinado o con un concepto anterior, no hay nada cual funda el juicio a priori su reflexión sobre la naturaleza, y es el
que desenvolver acerca del sentimiento de placer unido a los objetos, sino principio de una finalidad formal de la misma en sus leyes particulares
acerca del entendimiento y su manera de juzgar de las cosas. Cuando es (empíricas) para nuestra facultad de conocer, de una finalidad sin la cual
dado el concepto de un objeto, la función del Juicio es formar un el entendimiento no podría reflejarse. Aquella otra, por el contrario, en
conocimiento de exhibición (exhibitio), esto es, colocar al lado del donde no puede darse ningún principio a priori, en la que no es posible
concepto una intuición correspondiente; y esto tiene lugar por efecto de siquiera sacar tal principio del concepto de la naturaleza considerada
nuestra propia imaginación, como sucede en el arte cuando realizamos un como objeto de la experiencia, así en general como en particular, debe sin
concepto que previamente nos hemos formado y que nos proponemos duda, contener fines objetivos de aquella, es decir, de las cosas que no
como fin, o bien cuando la naturaleza está por sí misma en movimiento, son posibles más que como fines de la misma; y relativamente a estas
como sucede en la técnica de la misma (en los cuerpos cosas debe el juicio, sin contener por esto un principio a priori,
organizados),cuando le aplicamos nuestro concepto de fin para apreciar suministrar solamente la regla que en casos dados (de ciertas
sus producciones: en este último caso no es solamente la finalidad de la producciones) permita emplear en apoyo de la razón el concepto de fin,
26
cuando el principio trascendental del juicio estético ha preparado ya el juzga ni en la de sus facultades de conocer, ni en la propedéntica de toda
entendimiento para aplicar este concepto a la naturaleza (al menos en la filosofía, sino en tanto que estas facultades son capaces de principios a
cuanto a la forma). priori, cualquiera que sea por lo demás su empleo, (ya sea teórico ya
práctico).
Mas el principio trascendental en virtud del cual nos representamos la
finalidad de la naturaleza en la forma de una cosa, como una regla para
apreciar esta forma, y por consiguiente bajo el punto de vista subjetivo y
relativamente a nuestra facultad de conocer, este principio no determina
en manera alguna donde y en qué casos hemos de apreciar una - IX - Del juicio como vínculo entre las leyes del entendimiento y la
producción según la ley de la finalidad, sino que solamente lo hace según razón
las leyes generales de la naturaleza, y deja al juicio estético el cuidado de
decidir por medio del gusto, de la conformidad de la cosa (o de su forma), El entendimiento es legislativo a priori para la naturaleza considerada
con nuestras facultades de conocer (no descansando esta decisión sobre como objeto de los sentidos, de los que se sirve para formar mi
conceptos, sino sobre el sentimiento). El juicio teleológico, por el conocimiento teórico en una experiencia posible. La razón es legislativa a
contrario determina las condiciones que nos permiten juzgar de cualquier priori para la libertad y para su propia causalidad, considerada como el
cosa (por ejemplo, de un cuerpo organizado), según la idea de un fin de la elemento suprasensible del sujeto, y suministra un conocimiento práctico
naturaleza; aunque no pueda sacar del concepto de la misma, considerada incondicional. El dominio del concepto de naturaleza, sometido a la
como objeto de experiencia, un principio que nos dé el derecho de primera de estas dos legislaciones, y el del concepto de la libertad,
atribuirle a priori una relación con los fines, ni aun el de sacarla de una sometido a la segunda, se hallan colocados al amparo de toda influencia
manera indeterminada de la experiencia real que tenemos en este género reciproca (la que cada una pueda ejercer, según sus leyes fundamentales)
de cosas; la razón de esto, es que se necesita considerar en la unidad de su en el abismo que separa de los fenómenos, lo supra-sensible. El concepto
principio, muchas experiencias particulares, para poder reconocer de la libertad nada determina relativamente al conocimiento teórico de la
empíricamente una finalidad objetiva de un determinado objeto. El juicio naturaleza, del mismo modo que el concepto de ésta nada determina
estético es, pues, un poder particular de juzgar las cosas conforme a una relativamente a las leyes prácticas de la libertad, y por consiguiente, es
regla, pero no conforme a conceptos. El juicio teleológico no es un poder imposible establecer el paso de uno y otro dominio. Pero si los principios
particular, sino el juicio reflexivo en general, en tanto que procede, no que determinan la causalidad, según el concepto de la libertad (y según la
solamente como sucede siempre en el conocimiento teórico, según los regla práctica que contiene), no residen en la naturaleza, y lo sensible no
conceptos, sino en relación a ciertos objetos de la naturaleza, según puede determinar lo supra-sensible en el sujeto, lo contrario es sin
principios particulares, o sean los de un juicio que se limita a reflexionar embargo posible, no relativamente al conocimiento de la naturaleza, sino
sobre los objetos, pero que no determina ninguno de ellos. Por relativamente a las consecuencias que este puede tener sobre aquel. Es lo
consiguiente, este juicio, considerado en su aplicación, se une a la parte que desde luego supone el concepto de una causalidad de la libertad,
teórica de la filosofía, y en virtud de los principios que supone, y que no cuyo efecto debe tener lugar en el mundo, conforme a las leyes formales
son determinantes, cual conviene a una doctrina, constituye una parte de la misma.
especial de la crítica, mientras que el juicio estético, no llevando nada al
conocimiento de los objetos, no debe entrar en la crítica del sujeto que
27
La palabra causa, por otra parte, aplicada a lo supra-sensible, dice fenómenos, y por esto también nos indica la existencia de un substratum
simplemente la razón que determina la causalidad de las cosas de la supra-sensible de la misma, que deja enteramente indeterminado. Para el
naturaleza, para producir un efecto, conforme a sus propias leyes principio a priori que nos sirve para juzgar la naturaleza en sus leyes
particulares, mas de acuerdo al mismo tiempo con el principio formal de particulares posibles, el Juicio da a este substratum supra-sensible
las leyes de la razón; es decir, con un principio cuya posibilidad (considerado en nosotros o fuera de nosotros), la posibilidad de ser
ciertamente no se puede percibir, pero que está suficientemente determinado por nuestra facultad intelectual. La razón le da la
justificado contra el reproche de una pretendida contradicción20. El efecto determinación para la ley práctica a priori, y el Juicio hace posible el paso
que se produce conforme al concepto de la libertad, es el objeto final que del dominio del concepto de la naturaleza al del concepto de la libertad.
debe existir (o cuyo fenómeno debe existir en el mundo sensible), y que,
por consiguiente, debe considerarse como posible en la naturaleza (del Si consideramos las facultades del alma en general como facultades
sujeto en cuanto ser sensible, es decir, en cuanto hombre). El Juicio que superiores, es decir, como entrañando una autonomía, el entendimiento es
supone semejante posibilidad a priori y sin mirar a la práctica, suministra para la facultad de conocer (la conciencia teórica de la naturaleza), el
el concepto intermedio entre los conceptos de la naturaleza, o sea el origen de los principios constitutivos a priori; mas para el sentimiento de
concepto de la finalidad de aquella, y por tanto hace posible el paso de la placer o de pena, es el Juicio el que los suministra, independientemente
razón pura teórica a la razón pura práctica, y de las leyes de la primera al de los conceptos o de las sensaciones que pueden referirse a la
objeto final de la segunda; pues que por esto nos hace conocer el Juicio la determinación de la facultad de querer, y ser por esto inmediatamente
posibilidad del objeto final, que no puede ser realizado más que en la prácticos; y para la facultad de querer, es la razón, la cual es práctica sin
naturaleza y conforme a sus leyes. el concurso de ningún placer, y suministra a esta facultad, considerada
como facultad superior, un objeto final que lleva consigo una satisfacción
Para la posibilidad de sus leyes a priori, por medio de la naturaleza, el pura e intelectual. El concepto que formamos mediante el Juicio de la
entendimiento nos muestra que no conocemos esta más que en sus finalidad de la naturaleza, pertenece también a los conceptos de la misma;
pero sólo, como principio regulador de la facultad de conocer, aunque el
20 juicio estético que tengamos sobre ciertos objetos (de la naturaleza o del
Una de las contradicciones que se pretende hallar en toda esta distinción de la
causalidad natural y de la causalidad de la libertad, es la que se me atribuye, diciendo arte) y que dan ocasión a este concepto, sea un principio constitutivo,
que hablar de los obstáculos que la naturaleza opone a la causalidad fundada sobre las relativamente al sentimiento de placer o de pena. La espontaneidad en el
leyes de la libertad (las leyes morales), o del concurso que ella le presta, es conceder a la ejercicio de las facultades de conocer, que produce este placer en virtud
primera una influencia sobre la segunda. Pero si se quiere comprender bien lo que se ha del acuerdo de las mismas, hace que este concepto pueda servir de lazo
dicho, la objeción desaparece sin dificultad. El obstáculo o el concurso no es entre la entre el dominio del concepto de la naturaleza y el concepto de la libertad
naturaleza y la libertad, sino entre la primera, considerada como fenómeno, y los efectos
de la segunda, considerados también como fenómenos en el mundo sensible, y aun la considerado en sus efectos, porque es lo que prepara al espíritu a recibir
causalidad de la libertad (la razón pura práctica) lo es de una causa natural sometida a la el sentimiento moral.
misma libertad (la causalidad del sujeto en tanto que hombre, por consecuencia, en tanto
que fenómeno), es decir, de una causa cuya determinación tiene su principio en lo El cuadro siguiente permitirá comprender más fácilmente en unidad
inteligible, que es concebido bajo el concepto de la libertad, de una manera además sistemática, el conjunto de todas las facultades superiores21.
inexplicable (como nosotros concebimos lo que constituye el substratum supra-sensible
de la naturaleza).
21
Ha parecido extraño que mis divisiones en la filosofía pura las hiciera siempre
considerándola en tres partes; mas esto tiene su fundamento en la naturaleza de las
28
FACULTADES FACULTADES PRINCIPIOS a APLICACIÓN
del espíritu del conocer priori
Facultad de Entendimiento Conformidad a Naturaleza
conocer las leyes
Sentimiento de Juicio Conformidad a Arte
placer o de pena las leyes
(finalidad)
Facultad de Razón Objeto final Libertad
querer
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DIVISIÓN GENERAL DE LA OBRA
Primera parte
PRIMERA PARTE CRÍTICA DEL JUICIO ESTÉTICO
Crítica del juicio estético
Primera sección
PRIMERA SECCIÓN Analítica del juicio estético
Analítica del juicio estético
Libro primero. -Analítica de lo bello... § 1-25 Primer libro
Libro segundo. -Analítica de lo sublime. § 23-53 Analítica de lo bello
SEGUNDA SECCIÓN
Dialéctica del juicio estético § 54-59 PRIMER MOMENTO DEL JUICIO DEL GUSTO22, O DEL JUICIO
DEL GUSTO CONSIDERADO BAJO EL PUNTO DE VISTA DE LA
SEGUNDA PARTE CUALIDAD
Crítica del juicio teleológico
§ I El juicio del gusto es estético
PRIMERA SECCIÓN
Analítica del juicio teleológico § 61-67 Para decidir si una cosa es bella o no lo es, no referimos la
representación a un objeto por medio del entendimiento, sino al sujeto y
SEGUNDA SECCIÓN al sentimiento de placer o de pena por medio de la imaginación (quizá
Dialéctica del juicio teleológico § 68-77 medio de unión para el entendimiento). El juicio del gusto no es, pues, un
juicio de conocimiento; no es por tanto lógico, sino estético, es decir, que
APÉNDICE el principio que lo determina es puramente subjetivo. Las
Metodología del juicio teleológico § 78-90 representaciones y aun las sensaciones, pueden considerarse siempre en
una relación con los objetos (y esta relación es lo que constituye el
elemento real de una representación empírica); mas en este caso no se
trata de su relación con el sentimiento de placer o de pena, el cual no dice
22
El gusto es la facultad de juzgar acerca de lo bello; tal es la definición admitida aquí
en principio. En cuanto a las condiciones que permiten llamar bello a un objeto, el
análisis de los diferentes juicios del gusto las describirá. Yo he buscado los momentos
que abraza el gusto en su reflexión, tomando en esta por guía las funciones lógicas del
Juicio (porque el Juicio del gusto guarda siempre alguna relación con el entendimiento).
He examinado ahora la de la cualidad, puesto que es la que al juicio estético sobre lo
bello considera primeramente.
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nada del objeto, sino simplemente del estado en que se encuentra el nadie agrada en París, mucho más que pueden hacerlo las pastelerías; yo
sujeto, cuando es afectado por la representación. puedo todavía censurar, a la manera de Rouseau, la vanidad de los
potentados que malgastan el sudor del pueblo en cosas tan frívolas; yo
Representarse por medio de la facultad de conocer (de una manera puedo, por último, persuadirme fácilmente que aunque estuviera en una
clara o confusa) un edificio regular bien apropiado a su objeto, no es otra isla desierta, privado de la esperanza de volver a ver a los hombres y
cosa que tener conciencia del sentimiento de satisfacción que se mezcla tuviera el poder mágico de crear sólo por efecto de mi deseo un palacio
en esta representación. En este último caso la representación se refiere semejante, no me tomaría este cuidado, puesto que tendría una cabaña
por completo al sujeto, es decir, al sentimiento que tiene de la vida, y que bastante cómoda. Puede convenirme y aprobar todo esto; pero no es eso
se designa con el nombre de sentimiento de placer y de pena; de aquí una de lo que se trata aquí; lo que únicamente se quiere saber es, si la simple
facultad de discernir y juzgar, que no lleva nada al conocimiento, y que representación del objeto va en mí acompañada de la satisfacción, por
se limita a aproximar la representación dada en el sujeto, a toda la más indiferente que yo, por otra parte, pueda ser a la existencia del
facultad representativa, de lo cual el espíritu tiene conciencia en el objeto. Es evidente, pues, que para decir que un objeto es bello y mostrar
sentimiento de su estado. Las representaciones dadas en un juicio pueden que tengo gusto, no me he de ocupar de la relación que pueda haber de la
ser empíricas (por consiguiente estéticas); pero el juicio mismo que nos existencia del objeto para conmigo, sino de lo que pasa en mí, como
formamos por medio de estas representaciones, es lógico, cuando son sujeto de la representación que de él tengo. Todos deben reconocer que
referidas únicamente al objeto. Recíprocamente, aun cuando las un juicio sobre la belleza en el cual se mezcla el más ligero interés, es
representaciones dadas sean racionales, si el juicio se limita a referirlas al parcial, y no es un juicio del gusto. No es necesario tener que inquietarse
sujeto (a un sentimiento), son estéticas. en lo más mínimo acerca de la existencia de la cosa, sino permanecer del
todo indiferente bajo este respecto, para poder jugar la rueda del juicio en
materia del gusto.
31
En esta nueva definición de la palabra sensación, la entendemos como
una representación objetiva de los sentidos; y para no correr nunca el
§ III La satisfacción referente a lo agradable se halla ligada a un riesgo de ser mal comprendidos, designaremos bajo el nombre, por lo
interés demás muy en uso, de sentimiento, lo que debe siempre quedar
puramente de subjetivo, y no constituir ninguna especie de representación
Lo agradable es lo que gusta a los sentidos en la sensación. Ahora es del objeto. El color verde de las praderas, en tanto que percepción de un
la ocasión de señalar una confesión muy frecuente, que resulta del doble objeto del sentido de la vista, se refiere a la sensación objetiva; y lo que
sentido que puede tener la palabra sensación. Toda satisfacción, dicen, es hay de agradable en esta percepción, a la sensación subjetiva, por la cual
una sensación (la sensación de un placer). Por consiguiente, toda cosa no se representa ningún objeto, esto es, al sentimiento en el cual el objeto
que gusta, precisamente por esto, es agradable (y según los diversos es considerado como objeto de satisfacción (lo que no constituye un
grados o sus relaciones con otras sensaciones agradables, es encantadora, conocimiento).
deliciosa, maravillosa). Pero si esto es así, las impresiones de los sentidos
que determinan la inclinación, los principios de la razón que determinan Ahora se ve claro que el juicio por el cual yo declaro un objeto
la voluntad, y las formas reflexivas de la intuición que determinan el agradable, expresa un interés referente a este objeto, puesto que por la
juicio, son idénticas en cuanto al efecto producido sobre el sentimiento sensación, este juicio excita en mí el deseo de semejantes objetos, y que
del placer. En efecto; en todo esto no hay otra cosa que lo agradable en el en esto, por consiguiente, la satisfacción no supone un simple juicio sobre
sentimiento mismo de nuestro estado; y como en definitiva, nuestras el objeto, una relación entre su existencia y mi estado, en tanto que soy
facultades deben dirigir todos sus esfuerzos hacia la práctica, y unirse en afectado por este objeto. Por esto no se dice simplemente de lo agradable
este fin común, no podemos atribuirles otra estimación de las cosas, que que agrada, sino que nos proporciona placer. No obtiene, de nuestra parte
la que consiste en la consideración del placer prometido. Nada importa la un simple asentimiento, sino que produce en nosotros una inclinación, y
manera de obtener ellas el placer; y como la elección de los medios puede para decidir de lo que es más agradable, no hay necesidad de ningún
por sí solo establecer aquí una diferencia, bien podrían los hombres juicio sobre la naturaleza del objeto; también los que no tienden más que
acusarse de locura y de imprudencia, pero nunca de bajeza y de maldad: al goce (es la palabra por la cual se expresa lo que hay de íntimo en el
todos, en efecto, y cada uno según su manera de ver las cosas, correrían a placer), se dispensan voluntariamente de todo juicio.
un mismo objeto, el placer.
32
posible), y por consiguiente, todavía una satisfacción referente a la especias y otros ingredientes, que es agradable, y sin embargo,
existencia de un objeto o de una acción, es decir, un interés. sostenemos no es bueno; es que si agrada inmediatamente a los sentidos,
mediatamente, es decir, considerado por la razón que percibe las
Para hallar una cosa buena, es necesario saber lo que debe ser esta consecuencias, desagrada.
cosa, es decir, tener un concepto de ella. Para hallar la belleza, no hay
necesidad de esto. Las flores, los dibujos trazados libremente, las líneas Todavía se puede notar esta distinción en los juicios que formamos
entrelazadas sin objeto, y los follajes, como se dice en arquitectura, todo sobre la salud. Esta es (al menos negativamente) como la ausencia de
esto corresponde a las cosas que nada significan, que no dependen de todo dolor corporal, inmediatamente agradable, al que la posee. Mas para
ningún concepto determinado, y que agradan sin embargo. La decir que es buena, es necesario todavía considerarla por medio de la
satisfacción referente a lo bello debe depender de la reflexión hecha sobre razón, en relación a un objeto, esto es, como un estado que nos pone en
un objeto, que conduce a un concepto cualquiera (que queda disposición para todas nuestras ocupaciones. Bajo el punto de vista de la
indeterminado), y por tanto, lo bello se distingue también de lo agradable, dicha, cada uno cree poder considerarla como un verdadero bien, y aun
que descansa todo por completo en la sensación. como el bien supremo, como la suma más considerable (tanto en duración
como en cantidad), de los placeres de la vida. Pero al mismo tiempo la
Lo agradable parece ser en muchos casos una misma cosa que lo razón se levanta contra esta opinión; placer es lo mismo que goce; por
bueno. Así se dice comúnmente, toda alegría (principalmente si es donde si no nos proponemos más que un goce, es una insensatez el ser
duradera) es buena en sí; lo que significa que casi no hay diferencia entre escrupulosos en los medios que nos lo han de proporcionar, ni
decir de una cosa que es agradable de una manera duradera, y decir que inquietarnos por si lo recibimos pasivamente de la generosidad de la
es buena. Pero se ve claramente que hay en esto simplemente una viciosa naturaleza, o si lo producimos por nuestra propia actividad. Pero
confusión de términos, puesto que los conceptos que propiamente se conceder un valor real a la existencia de un hombre que no vive más que
refieren a estas palabras, no pueden ser confundidos en manera alguna. para gozar (cualquiera que sea la actividad que desplegue para este
Lo agradable como tal, no representa el objeto más que en su relación con objeto), aun cuando fuese muy útil a los demás en la persecución del
los sentidos; y puesto que se podría llamar bueno, como objeto de la mismo objeto, trabajando relativamente a los placeres de ellos para gozar
voluntad, es necesario que se circunscriba a principios de la razón por el él mismo por simpatía, es lo que la razón no puede permitir. Obrar sin
concepto de un fin. Lo que muestra perfectamente que cuando una cosa consideración a la dicha en una completa libertad e independientemente
que es agradable se mira también como buena, hay en esto una relación de todos los auxilios que se pueden recibir de la naturaleza, es lo que
enteramente nueva del objeto a la satisfacción; y es que, tratándose de lo solamente puede dar a nuestra existencia, a nuestra persona, un valor
bueno, siempre se debe preguntar si la cosa es mediata o inmediatamente absoluto, y la dicha es todo el cortejo de placeres de la vida, lejos de ser
buena (útil, o buena en sí); mientras que, por el contrario, tratándose de lo un bien incondicional24.
agradable, no puede haber cuestión acerca de esto; la palabra designa
siempre alguna cosa que agrada inmediatamente (sucede lo mismo 24
relativamente a las cosas que llamamos bellas). La obligación al goce es un absurdo manifiesto. Lo mismo se puede decir de toda
obligación que prescribiera acciones cuyo objeto sólo fuera el goce, tan espiritual (o tan
elevado) como se quiera suponer, y aun si se tratara de lo que se llama un goce místico o
Aun en el lenguaje más común y vulgar se distingue lo agradable de lo celeste.
bueno. Se dice, sin duda de un manjar, que excita nuestro apetito por las
33
todo hombre lo que le proporciona placer; lo bello lo que simplemente le
Pero, a pesar de esta distinción que los separa, lo agradable y lo bueno agrada; lo bueno, lo que estima y aprueba; es decir, aquello a que
convienen en que ambos se refieren a un interés, a un objeto; y nosotros concede un valor objetivo. Existe también lo agradable para los seres
no hablamos solamente de lo agradable, § 3, y de lo que es mediatamente desprovistos de razón como los animales; lo bello no existe más que para
bueno (de lo útil), o de lo que agrada como medio para obtener cualquier los hombres, es decir, para los seres sensibles, y al mismo tiempo
placer, sino aun de lo que es bueno absolutamente en todos respectos, o razonables; lo bueno existe para todo ser razonable en general. Este
del bien moral, el cual contiene un interés supremo. Es que, en efecto, el punto, por otra parte, no se puede proponer y explicar perfectamente sino
bien es el objeto de la voluntad (es decir, de la facultad de querer más adelante. Se puede decir también que de estas tres especies de
determinada por la razón). Por donde, querer una cosa, es hallar una satisfacción, la que el gusto refiere a lo bello, es la sola desinteresada y
satisfacción en la existencia de esta cosa, es decir, tomar un interés por libre; porque ningún interés, ni de los sentidos ni de la razón, obliga aquí
ella, y solo es esto. para nada nuestro asentimiento. Se puede decir también que, según los
casos que acabamos de distinguir, la satisfacción se refiere, a la
inclinación, o al favor25 o a la estima. El favor es la sola satisfacción
libre. El objeto de una inclinación, o aquel que una ley de la razón
propone nuestra facultad de querer, no nos deja la libertad de
§ V Comparación de las tres especies de satisfacción proporcionarnos por nosotros mismos un objeto de placer. Todo interés
supone o propone uno, y como motivo de nuestro asentimiento, no deja
Lo agradable y lo bueno se refieren ambos a la facultad de querer, y libre nuestro juicio sobre el objeto.
entrañan, aquel (por sus excitaciones, por estímulos) una satisfacción
patológica; éste una satisfacción práctica pura, que no es simplemente Se dice, respecto al sujeto del interés, que lo agradable excita la
determinada por la representación del objeto, sino también por la del lazo inclinación, que el hombre es el mejor de los cocineros, y que todos los
que une el sujeto a la existencia misma de este objeto. Esto no es manjares gustan a la gente de buen apetito: semejante satisfacción no
solamente el objeto que agrada, sino también su existencia. El juicio del anuncia ninguna elección por parte del gusto. Esto no es más que cuando
gusto, por el contrario, es simplemente contemplativo; es un juicio que, la necesidad está satisfecha, se puede distinguir entre muchos, cuál tiene
indiferentemente respecto a la existencia de todo objeto, no se refiere más gusto y cuál no. Del mismo modo, hay costumbres de conducta sin
que al sentimiento de placer o de pena. Mas esta contemplación misma virtud, de urbanidad sin afecto, de decencia sin honestidad, etc. Por esto
no tiene por objeto los conceptos; porque el juicio del gusto no es un donde habla la ley moral no hay objetivamente más libertad de elección
juicio de conocimiento (sea teórico, sea práctico), y por consiguiente, no relativamente a lo que hay que hacer; y mostrar el gusto en su conducta
se funda sobre conceptos, ni se propone ninguno de ellos. (o en la apreciación de otro), es una cosa distinta que mostrar moralidad
en la manera de pensar. La moralidad supone un orden, y produce una
Lo agradable, lo bello y lo bueno designan, pues, tres especies de necesidad; mientras que, por el contrario, el gusto moral no hace más que
relación de representaciones al sentimiento de placer o de pena, conforme jugar con los objetos de nuestra satisfacción, sin referirse a ninguno.
a las cuales distinguimos entre ellos los objetos o los modos de
representación. También hay diversas especies para distinguir las varias 25
Cunst.
maneras en que estas cosas nos convienen. Lo agradable significa para
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juicio del gusto). El juicio del gusto, en el cual tenemos conciencia de ser
por completo desinteresados, puede, pues, reclamar con justo título un
DEFINICIÓN DE LO REAL SACADO DEL PRIMER MOMENTO valor universal, aunque esta universalidad no tenga un fundamento en los
mismos objetos; o en otros términos, hay derecho a una universalidad
El gusto es la facultad de juzgar de un objeto o de una representación, subjetiva.
por medio de una satisfacción desnuda de todo interés. El objeto de
semejante satisfacción se denomina bello.
§ VI Lo bello es lo que se representa sin concepto como el objeto de Por lo que se refiere a lo agradable, cada uno reconoce que el juicio
una satisfacción universal por el cual se declara que una cosa agrada, fundándose sobre un
sentimiento particular, no tiene valor más que para cada uno. Esto es así,
Esta definición de lo bello puede ser deducida de la precedente, que porque cuando yo digo que el vino de Canarias es agradable, consiento
tiene por objeto una satisfacción desnuda de todo interés. En efecto; el voluntariamente que se me reprenda y se me corrija, el que deba decir
que tiene conciencia de hallar en alguna cosa una satisfacción solamente que es agradable para mí; y eso no es aplicable solamente al
desinteresada, no puede empeñarse en juzgar que la misma cosa debe ser gusto de la lengua, del paladar o de la garganta, sino también a lo que
para cada uno el origen de una satisfacción semejante. Porque como esta puede ser agradable a los ojos y a los oídos. Para este el color violeta es
satisfacción no está fundada sobre inclinación alguna del sujeto (ni sobre dulce y amable; para aquel empañado y amortiguado. Unos quieren los
cualquier interés reflejo), sino que el que juzga se siente enteramente instrumentos de viento, otros los de cuerda. Sería una locura pretender
libre, relativamente a la satisfacción que refiere al objeto, no podrá hallar contestar aquí, y acusar de error el juicio de otro, cuando difiere del
en las condiciones particulares la verdadera razón que la determinan en nuestro, como si hubiera entre ellos oposición lógica; tratándose de lo
sí, y la considerará fundada sobre alguna cosa que pueda también suponer agradable, es necesario, pues, reconocer este principio: que cada uno
en otro; creerá, pues, tener razón para exigir de cada uno una satisfacción tiene su gusto particular (el gusto de sus sentidos).
semejante. Así hablará de lo bello como si esto fuera una cualidad del
objeto mismo, y como si su juicio fuese lógico (es decir, constituyera por Otra cosa sucede tratándose de lo bello. En esto, ¿no sería ridículo que
medio de conceptos un conocimiento del objeto), aunque dicho juicio sea un hombre que se excitara con cualquier gusto, creyera tenerlo todo
puramente estético, o que sólo implique, una relación de la representación resuelto, diciendo que una cosa (como por ejemplo, este edificio, este
del objeto al sujeto; es que, en efecto, se parece a un juicio lógico, se le vestido, este concierto, este poema, sometidos a nuestro juicio) es bella
puede suponer un valor universal. Pero esta universalidad no tiene su por sí? Es que no basta que una cosa agrade, para que se tenga derecho a
origen en conceptos; porque no hay paso de los conceptos al sentimiento llamarla bella. Muchas cosas pueden tener para mí atractivo y encanto, y
de placer o de pena (excepto en las leyes puras prácticas; más estas leyes con esto a nadie se inquieta; pero cuando damos una cosa por bella,
contienen un interés, y no hay en ellas nada de semejante con el puro exigimos de los demás el mismo sentimiento, no juzgamos solamente
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para nosotros, sino para todo el mundo, y hablamos de la belleza como si cual es necesario convencerse bien antes de todo. Un juicio del gusto
esta fuera una cualidad de las cosas. También si digo que la cosa es bella, (tratándose de lo bello) exige de cada uno la misma satisfacción, sin
pretendo hallar de acuerdo consigo a los demás en este juicio de fundarse en un concepto (porque entonces se trataría de lo bueno); y este
satisfacción, no es que yo haya reconocido muchas veces este acuerdo, derecho a la universalidad es tan esencial para el juicio en que
sino que creo poder exigirlo de ellos. No se puede decir aquí que cada declaramos una cosa bella, que si no lo concibiéramos, no nos vendría
uno tiene su gusto particular. Esto quiere decir, que en este caso no hay jamás al pensamiento el emplear esta expresión; nosotros referiríamos
gusto; es decir, que no hay juicio estético que pueda legítimamente entonces a lo agradable todo lo que nos agradara sin concepto; porque
reclamar el asentimiento universal. tratándose de lo agradable, cada uno se deja llevar de su humor y no
exige que los demás vengan de acuerdo con él en su juicio del gusto,
Nosotros hallamos, sin embargo, que aun respecto al sujeto de lo como sucede siempre al sujeto de un juicio del gusto sobre belleza. La
agradable, puede haber cierto acuerdo entre los juicios de los hombres; en primera especie de gusto puede llamarse gusto del los sentidos; la
atención a este acuerdo es por lo que rehusamos el gusto a algunos y lo segunda, gusto de reflexión; la primera produce los juicios simplemente
concedemos a otros, no considerándolo solamente como un sentido individuales, en la segunda se suponen universales (públicos); pero
orgánico, sino como una facultad de juzgar de lo agradable en general. ambas clases de juicios son estéticos (no prácticos), es decir, juicios en
Así se dice de un hombre que sabe distraer a sus conciudadanos con toda que no se considera más que la relación de la representación del objeto
especie de encantos (de placeres), que tiene gusto. Pero todo esto se hace con el sentimiento de placer o de pena. Por lo que, existe aquí algo de
aquí, por vía de comparación, y no se puede hallar más que reglas sorprendente; de un lado relativamente al gusto de los sentidos, no solo la
generales (como todas las reglas empíricas), y no reglas universales, experiencia nos muestra que nuestros juicios (en los cuales referimos un
como aquellas a las que puede apelar el juicio del gusto, tratándose de lo placer o una pena a alguna cosa), no tienen un valor universal, sino que
bello. Esta especie de juicios son relativos a la sociabilidad en tanto que naturalmente nadie piensa en exigir el asentimiento de otro (bien que en
esta descansa sobre reglas empíricas. Relativamente a lo bueno, nuestros el hecho se halla muchas veces también para estos juicios un acuerdo
juicios tienen también, el derecho de pretender un valor universal; pero lo bastante general); y de otro lado el gusto, de reflexión, que muchas veces
bueno no se representa como el objeto de una satisfacción universal más como muestra la experiencia, no puede conseguir que se acepte la
que por un concepto, lo que no es cierto de lo agradable ni de lo bello. pretensión de sus juicios (sobre lo bello) acerca de la universalidad,
puede sin embargo mirar cosa posible (lo que realmente hace), el formar
juicios que tengan derecho para exigir esta universalidad, y en el hecho la
§ VIII La universalidad de la satisfacción es representada en el exige para cada uno de ellos; y el desacuerdo entre los mismos que
juicio del gusto como simplemente subjetiva juzgan no recae sobre la posibilidad de este derecho, sino sobre la
aplicación que se hace en los casos particulares.
El carácter particular de universalidad que tienen ciertos juicios
estéticos, los juicios del gusto, es una cosa digna de notarse, si no por la Notamos aquí desde luego, que una universalidad que descansa sobre
lógica, al menos por la filosofía trascendental: no es sin mucha pena conceptos del objeto (no sobre conceptos empíricos), no es lógica sino
como esta puede descubrir el origen de dicha universalidad, pero también estética; es decir, no contiene cuantidad objetiva, sino solamente
descubre por esto una propiedad de nuestra facultad de conocer, que sin cuantidad subjetiva; yo me valgo para designar esta última especie de
este trabajo de análisis hubiera quedado ignorada. Hay una verdad de la cuantidad de la expresión valor común, lo cual significa el valor que para
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cada sujeto tiene la relación de una representación, no con la facultad de el juicio del gusto contiene una cuantidad estética de universalidad que
conocer, sino con el sentimiento de placer o de pena. (Nos podemos no se puede hallar en un juicio sobre lo agradable.
también servir de esta expresión para designar la cuantidad lógica del
juicio, puesto que además se trata en esto de una universalidad objetiva Solo en los juicios sobre lo bueno sucede que aunque determinan
con el fin de distinguirla de aquella que no es más que subjetiva y que es también una satisfacción referente a un objeto, tienen no solamente una
siempre estética.) universalidad estética, sino también lógica; porque su valor depende del
objeto mismo que nos dan a conocer, y es por lo que dicho valor es
Un juicio universal objetivamente, lo es también subjetivamente, es universal.
decir, que si el juicio es válido para todo lo que se halla contenido en un
concepto dado, es válido para cualquiera que se represente un objeto por Cuando se juzgan los objetos solamente conforme a conceptos, toda
medio de este concepto; más de lo universal subjetivo o estético, que no representación de la belleza desaparece. Tampoco se puede dar una regla,
descansa sobre ningún concepto, no se puede concluir a la universalidad según la cual cada uno haya de ser forzado a declarar una cosa bella.
lógica, puesto que en aquello se trata de una especie de juicios que no
conciernen al objeto. Por donde la universalidad estética que se atribuye a Si se trata de juzgar si un vestido, si una casa, si una flor es bella, no
estos juicios es de una especie particular, precisamente porque el nos dejamos llevar por razones o principios; queremos presentar el objeto
predicado de la belleza no se halla ligado al concepto del objeto a nuestros propios ojos, como si la satisfacción dependiera de la
considerado en su esfera lógica, y que, sin embargo, se extiende a toda la sensación; y sin embargo, si entonces declaramos el objeto bello, creemos
esfera de seres capaces de juzgar. tener en nuestro favor el voto universal, o reclamamos el asentimiento de
cada uno, mientras que por el contrario, toda sensación individual no
Bajo el punto de vista de la cuantidad lógica, todos los juicios del tiene valor más que para el que la experimenta.
gusto son juicios particulares. Porque como en esto referimos
inmediatamente el objeto a nuestro sentimiento de placer o de pena, y no Por esto es necesario notar aquí que en el juicio del gusto nada se pide
nos servimos para ello de conceptos, se sigue que esta especie de juicios menos que este voto universal relativamente a la satisfacción que
no tienen la cuantidad de los juicios objetivamente universales. Toda vez experimentamos en lo bello sin el intermedio de los conceptos; nada, por
que la representación particular que tenemos del objeto del juicio del consiguiente, mayor que la posibilidad de un juicio estético que se
gusto, según las condiciones que determinan este juicio, es transformada pudiera considerar como válido por todos. Y aun el juicio del gusto no
en un concepto por medio de la comparación, de ella no puede resultar un pide el asentimiento de cada uno (porque en este no hay más que un
juicio lógicamente universal. Por ejemplo, la rosa que yo miro la juicio lógicamente universal que podría hacerlo, puesto que tiene razones
considero bella por un juicio del gusto; pero el juicio que resulta de la en que apoyarse), lo que hace es reclamar de cada cual como un caso de
comparación de muchos juicios particulares, y por el cual yo declaro que la regla cuya confirmación no pide por medio de conceptos, sino por
las rosas en general son bellas, no se presenta solamente como un juicio medio del asentimiento de otro. El voto universal no es, pues, más que
estético, sino como un juicio lógico, fundado sobre un juicio estético. El una idea (yo no trato de saber aquí todavía en qué se apoya), que el que
juicio, por el cual declaro que la rosa es agradable (en el uso), es también cree formar un juicio del gusto, es lo que se muestra bien por la misma
a la verdad un juicio estético y particular; pero este no es un juicio del expresión de la belleza. Y puede, por otra parte, asegurarse por sí mismo
gusto; es un juicio de los sentidos, el cual se distingue del anterior en que del carácter de su juicio, descartando en su conciencia la satisfacción que
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queda después de esto, es la sola cosa por la que pretende obtener el espíritu determinado por la relación de las facultades representativas
asentimiento universal. Esta pretensión es siempre fundada para hacerla entre sí, en tanto que ellas refieren una representación dada al
valer bajo estas condiciones; pero muchas veces falta completarlas, y por conocimiento en general.
esta razón lleva consigo falsos juicios del gusto.
Las facultades de conocer, puestas en juego por esta representación, se
hallan aquí en libre ejercicio, puesto que ningún concepto determinado
las somete a una regla particular de conocimiento. El estado del espíritu
en esta representación no debe ser otra cosa, pues, que el sentimiento del
§ IX Examen de la cuestión de saber si en el juicio del gusto el libre ejercicio de las facultades representativas, aplicándose a una
sentimiento del placer precede al juicio formado sobre el objeto, o si representación dada, para sacar de ella un conocimiento general. Por
es al contrario donde, una representación en que es dado un objeto, para llegar a ser un
conocimiento general, supone la imaginación que reúne los diversos
La solución de este problema es la clave de la crítica del gusto; elementos de la intuición, y el entendimiento que da unidad al concepto,
también es digna de toda nuestra atención. que junta las representaciones; y este estado que resulta del libre ejercicio
de las facultades de conocer en una representación por la que un objeto es
Si el placer referente a un objeto dado precediera, y en el juicio del dado, debe poder dividirse universalmente, puesto que el conocimiento,
gusto no se atribuyera a la representación del objeto más que la propiedad en tanto que es determinación del objeto, con el cual las representaciones
de comunicar universalmente este placer, habría en esto, algo de dadas (en cualquier sujeto que esto sea) debe armonizarse, es el único
contradictorio; porque un placer semejante, no sería otra cosa que el modo de representación que tiene un valor universal.
sentimiento de lo que es agradable a los sentidos, y así, por su misma
naturaleza, no podría tener más que un valor individual, puesto que La propiedad subjetiva que tiene el modo de representación propio del
dependería inmediatamente de la representación en que el objeto se nos juicio del gusto, de poder ser universalmente dividido, no suponiendo
diese. concepto determinado, no puede ser ninguna otra cosa que el estado del
espíritu en el libre ejercicio de la imaginación y del entendimiento (en
Precede, pues, la propiedad que tiene el estado del espíritu en la tanto que estas dos facultades se conforman como lo exige todo
representación dada de poder ser universalmente dividido, y que debe, conocimiento general): nosotros tenemos, en efecto, la conciencia de que
como condición subjetiva del juicio del gusto, servir de fundamento a tal relación subjetiva de estas facultades al conocimiento general, debe
este juicio, y tener, por consiguiente, el placer referente al objeto. Pero ser válida para cada uno, y quizá por consecuencia universalmente
nada puede ser universalmente dividido menos que el conocimiento y la dividida, lo mismo que todo conocimiento determinado que supone
representación en cuanto se refiere a este; porque aquélla no significa siempre esta relación como su condición subjetiva.
más, bajo este punto de vista, que el conocimiento es objetivo, y la
facultad representativa de cada uno está obligada a admitirle. Si pues el Este juicio puramente subjetivo (estético) sobre el objeto, o sobre la
motivo del juicio que atribuye a una representación la propiedad de ser representación por la que el objeto es dado, precede al placer referente a
universalmente dividida, no debe concebirse más que subjetivamente, es este objeto, y es el fundamento del placer que hallamos en la armonía de
decir, sin concepto del objeto, no puede ser otra cosa que este estado del nuestras facultades de conocer; mas esta universalidad de las condiciones
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subjetivas del juicio sobre los objetos, no puede dar más que valor El estado de las dos facultades, la imaginación y el entendimiento,
universal subjetivo a la satisfacción que referimos a la representación del movidas por medio de la representación dada, por una actividad
objeto que llamamos bello. indeterminada; sin embargo, por un actividad de conciencia, es decir, por
esta actividad que supone un conocimiento general, es la sensación por
Que existe un placer al ver dividido el estado de nuestro espíritu, aun medio de la que el juicio del gusto pide la propiedad de poder ser
relativamente a las facultades de conocer, es lo que fácilmente se podría universalmente dividido. Una relación para este objeto no puede ser más
demostrar (empírica y psicológicamente) con la inclinación natural del que concebida; pero si se funda sobre condiciones subjetivas, puede
hombre a la sociedad; pero esto no bastaría a nuestro objeto. sentirse en el efecto producido sobre el espíritu, y en una relación que no
tiene ningún concepto por fundamento (como la relación de las facultades
El placer que sentimos en el juicio del gusto, lo exigimos de todos representativas a una facultad de conocer en general); no hay conciencia
como necesario; como si al llamar a una cosa bella, se tratase para posible de esta relación más que por medio de la sensación del efecto que
nosotros de una cualidad del objeto determinada por conceptos, y, sin consiste en el conveniente ejercicio de las facultades del espíritu (la
embargo, la belleza no es nada en sí, independientemente de su relación imaginación y el entendimiento), movidas de común acuerdo. Una
al sentimiento del sujeto. Mas es necesario aplazar esta cuestión hasta que representación, que por sí sola y sin comparación con otras, se halla, no
hayamos contestado esto: ¿Puede haber juicios estéticos a priori, y cómo obstante, de acuerdo con las condiciones de universalidad que exige la
son posibles? función del entendimiento en general, establece entre las facultades de
conocer este acuerdo que exigimos en todo conocimiento, y que nosotros
Nosotros tenemos que ocuparnos en el ínterin de una cuestión más miramos como admisible y valedera para cualquiera que es obligado a
fácil: se trata de saber cómo tenemos conciencia en el juicio del gusto de juzgar por el entendimiento y los sentidos reunidos (para cada hombre).
una armonía subjetiva entre nuestras facultades de conocer, si esto tiene
lugar sólo estéticamente por el sentido íntimo y la sensación, o
intelectualmente por la conciencia de nuestra actividad, poniéndolas en
juego de propósito.
Si la representación dada que ocasiona el juicio del gusto fuese un DEFINICIÓN DE LO BELLO SACADA DEL SEGUNDO MOMENTO
concepto que uniera el entendimiento y la imaginación en un juicio sobre
el objeto para determinar un conocimiento del mismo, la conciencia de Lo bello es lo que agrada universalmente sin concepto.
esta relación de las facultades de conocer sería intelectual (como en el
esquematismo objetivo del Juicio de que trata la crítica). Mas esto no TERCER MOMENTO DE LOS JUICIOS DEL GUSTO, O DE LOS
sería más que un juicio refiriéndose al placer o la pena, y, por JUICIOS DEL GUSTO CONSIDERADOS BAJO EL PUNTO DE
consiguiente, un juicio del gusto; porque este juicio, independiente de VISTA DE LA FINALIDAD
todo concepto, determina el objeto relativamente a la satisfacción y a un
predicado de la belleza. Esta armonía subjetiva de las facultades de § X De la finalidad en general
conocer no puede ser reconocida más que por medio de la sensación.
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Si se quiere definir lo que sólo es un fin, conforme a sus condiciones
trascendentales (sin suponer nada empírico, como el sentimiento del
placer), se debe decir que es el objeto de un concepto en tanto que este es § XI El juicio del gusto no reconoce como principio más que la
considerado como la causa de aquel (como el principio real de su forma de la finalidad de un objeto (o de su representación)
posibilidad); y la causalidad de un concepto relativamente a su objeto es
la finalidad (forma finalis). Así, pues, cuando uno no se limita a concebir Todo fin considerado como un principio de satisfacción encierra
el conocimiento de un objeto, sino el objeto mismo (su forma o su siempre un interés como motivo del juicio formado sobre el objeto del
existencia) como efecto, y como no siendo posible más que por un placer. El juicio del gusto no puede, pues, tener por principio un fin
concepto de este efecto mismo, entonces se concibe lo que se llama un subjetivo. No puede ser determinado sino por la representación de un fin
fin. La representación del efecto es aquí el principio que determina la objetivo o de una posibilidad del objeto mismo fundada sobre el enlace
causa misma de este efecto, y le precede. La conciencia de la causalidad de los fines, y por consiguiente, por un concepto de bien; porque éste no
que posee una representación en relación al estado del sujeto, y que tiene es un juicio de conocimiento, sino un juicio estético, que no se refiere a
por objeto el conservarle en este estado, puede designar aquí en general ningún concepto de la naturaleza o de la posibilidad interna o externa del
lo que se llama el placer; por el contrario, la pena es una representación objeto que deriva de tal o cuál causa, sino simplemente la relación de
que contiene la razón determinante de un cambio del estado de nuestras nuestras facultades representativas entre sí, en tanto que son determinadas
representaciones en el estado contrario. por una representación.
La facultad de querer, en tanto que no puede ser determinada a obrar Por donde esta relación, que se manifiesta cuando miramos un objeto
más que por conceptos, es decir, conforme a la representación de un fin, como bello, se halla ligada con el sentimiento de un placer al cual
será la voluntad. Mas un objeto, sea un estado del espíritu, sea una reconocemos por el juicio del gusto un valor universal; por consiguiente,
acción, se dice que es final, aun cuando su posibilidad no supone no se debe buscar la razón determinante de esta especie de juicio en una
necesariamente la representación de un fin, desde que no podemos sensación agradable que acompañe la representación, sino en la
explicar y comprender esta posibilidad más que dándole por principio una representación de la perfección del objeto en el concepto de bien. La
causalidad que obra conforme a fines, es decir, una voluntad que finalidad subjetiva y sin fin (ni objetivo, ni subjetivo) de la representación
coordinara de este modo sus fines conforme a la representación de una de un objeto, y por tanto, la simple forma de la finalidad en la
regla determinada. Así, pues, puede aquí haber finalidad sin que haya fin, representación, por cuyo medio nos es dado este objeto, en tanto que de
si no nos agradan las causas de esta forma en una voluntad, y siempre que ello tenemos conciencia, he aquí lo que solamente puede constituir la
no podamos explicar la posibilidad de ella sino buscando esta explicación satisfacción que juzgamos sin concepto, como pudiendo ser dividida
en el concepto de una voluntad. Por donde no es siempre necesario tener universalmente, y por consecuencia el motivo del juicio del gusto.
medios de razón para considerar las cosas (relativamente a la
posibilidad). Nosotros podemos, pues, observar al menos y notar en los
objetos, aunque únicamente por reflexión, una finalidad de forma sin
darle un fin por principio (como materia del nexo final).
§ XII El juicio del gusto descansa sobre principios a priori
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Es absolutamente imposible establecer a priori el enlace de un práctico, como los que resultan del principio patológico de lo agradable o
sentimiento de placer o de pena como efecto, con una representación del principio intelectual de la representación del bien; pero, sin embargo,
(sensación o concepto) como causa; porque allí se trata de una relación contiene una causalidad que consiste en conservar, sin ninguno otro
causal particular que (en los objetos de experiencia) no puede jamás ser objeto, el estado de la representación misma y el juego de las facultades
reconocida más que a posteriori, y por medio de la misma experiencia. A de conocer. Nosotros nos quedamos fijos en la contemplación de lo bello,
la verdad, en la crítica de la razón práctica, nosotros hemos derivado porque esta contemplación se fortifica y se reproduce por sí misma; lo
realmente a priori de conceptos morales universales el sentimiento de la que es análogo (mas no semejante) a lo que ocurre cuando algún atractivo
estima (como modificación particular de esta especie de sentimiento que de la representación del objeto, excita la atención de una manera
no se confunde con el placer y la pena que recibimos de los objetos continua, permaneciendo el espíritu pasivo.
empíricos). Por esto al menos podemos salir de los límites de la
experiencia e invocar una causalidad que descansa sobre una cualidad
supra-sensible del objeto, a saber, la causalidad de la libertad. Y sin
embargo, esto no es, hablando con propiedad, el sentimiento que
derivamos de la idea de moralidad como de su causa, sino solamente la § XIII El juicio puro del gusto es independiente de todo atractivo y
determinación de la voluntad. Pero el estado del espíritu, cuya voluntad de toda emoción
es determinada por cualquier motivo, es ya por sí un sentimiento de
placer o algo idéntico con este sentimiento, y por consiguiente, no deriva Todo interés perjudica al juicio del gusto, y le quita su imparcialidad,
de él como efecto, lo que no se podría admitir más que en el caso de que principalmente cuando, en contraposición del interés de la razón, no se
el concepto de la moralidad, considerada como bien, precediera al acto la antepone la finalidad al sentimiento del placer, sino que se funda aquella
voluntad determinada por la ley; porque sin esto el placer que se hallaría sobre este como sucede siempre en el juicio estético que formamos sobre
ligado al concepto, se derivaría inútilmente de este concepto como de un una cosa, en tanto que nos causa placer o pena. Así, los juicios que tienen
puro conocimiento. este carácter no pueden aspirar, en manera alguna, a una satisfacción
universalmente admisible, o lo pueden tanto menos, cuanto hay más
Por donde sucede lo mismo en el placer, contenido en el juicio sensaciones de esta especie entre los principios que determinan el gusto.
estético: solamente el placer es aquí puramente contemplativo, y no El gusto queda en el estado de rusticidad, tanto que necesita de los
produce ningún interés por el objeto, mientras que en el juicio moral es auxilios del atractivo y de las emociones para ser satisfecho, y aún busca
práctico. La conciencia de una finalidad puramente formal en el juego de en ellos la medida de su asentimiento.
las facultades de conocer del sujeto, ejerciéndose sobre una
representación, en cuya virtud un objeto dado, no es otra cosa que el Y sin embargo, ocurre muchas veces que no tanto se limita a
mismo placer, puesto que conteniendo un principio que determina la introducir atractivos en la belleza (que no debería consistir, sin embargo,
actividad del sujeto, es decir, aquí las facultades de conocer, encierra de más que en la forma) como para ayudar a la satisfacción estética
este modo una causalidad interna (final) que se refiere al conocimiento en universal, sino que presenta aquellos como bellezas, y de este modo se
general, pero sin ser reducida a un conocimiento determinado, y por pone la materia de la satisfacción en lugar de la forma; pero esto es un
consiguiente, a la simple forma de la finalidad subjetiva de una error que se puede evitar determinando cuidadosamente estos conceptos,
representación en un juicio del gusto. Este placer no es de modo alguno como tantos otros errores que están fundados sobre algo verdadero.
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considerar domo pudiendo ser universalmente participada. Porque en
Un juicio del gusto, sobre el cual no tengan influencia ningún cuanto a la cualidad misma de las sensaciones, no puede considerarse
atractivo ni emoción (aunque estas sean cosas que se puedan mezclar en como en concierto con todos los sujetos, y la superioridad del encanto de
la satisfacción referente a lo bello), y que de este modo no tiene por un color sobre otro, o del sonido de un instrumento de música sobre el de
motivo más que la finalidad de la forma, es un puro juicio del gusto. otro instrumento, no puede reconocerse por todos.
Un juicio del gusto no es, pues, puro más que a condición de que Hablar de la pureza de una sensación simple, es como decir que la
ninguna satisfacción empírica se mezcle en el motivo del mismo; pues es uniformidad de esta sensación no ha sido turbada ni interrumpida por
lo que ocurre siempre cuando el atractivo o la emoción tienen alguna ninguna otra sensación extraña; en ella no se trata más que de la forma,
parte en el juicio, por el que una cosa se declara bella. porque no se puede hacer abstracción de su cualidad (olvidar si
representa un color o un sonido, y qué color y qué sonido). Por lo que,
Volvemos a encontrar aquí algunas objeciones de los que presentan todos los colores simples, en tanto que son puros, son considerados como
falsamente el atractivo, no sólo como un elemento necesario de la bellos; los colores compuestos no tienen esta ventaja, precisamente
belleza, sino como suficiente por sí mismo para llamarlo bello. Un simple porque no siendo simples, no hay medida para juzgar si se les debe
color, por ejemplo, el color verde de la yerba de la pradera; un simple considerar como puros, o no.
sonido musical como el de un violín, he aquí las cosas que los más
declaran bellas, aunque una y otra parece que no tienen por principio más Pero creer, como se hace comúnmente, que la belleza que reside en la
que la materia de las representaciones, es decir, la sola sensación, y que forma de los objetos puede aumentarse por el atractivo, es un error muy
no merecen, por tanto, otro nombre que el de agradables. Pero notaremos perjudicial a la primitiva pureza del gusto. Sin duda se pueden agregar
al mismo tiempo que las sensaciones del color, así como las del sonido,
no pueden considerarse propiamente como bellas, más que bajo la 26
Véanse las cartas de Euler a una princesa alemana, edición de M. Emilio Saisset. -J.
condición de que sean puras. Pero esta es una condición que concierne ya B.
a la forma, y la sola que en sus representaciones se debe ciertamente
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atractivos a la belleza con el fin de interesar al espíritu por medio de la perfecta, y principalmente porque avivan la representación por su
representación del objeto, independientemente de la pura satisfacción que atractivo, llamando y sosteniendo la atención sobre el objeto mismo.
se recibe de ella, y de este modo recomendar la belleza al gusto,
principalmente cuando este es todavía rudo y mal ejercitado; pero se Las mismas cosas que se llaman adornos, es decir, las cosas no que
perjudica realmente al juicio del gusto, cuando llaman la atención sobre son parte esencial de la representación del objeto sino que únicamente se
ellos de manera que sean tomados como motivos de nuestro juicio sobre refieren a él exteriormente como adiciones, y aumentan la satisfacción
la belleza. Porque se debe procurar que contribuyan a ella de tal modo, del gusto, no producen este efecto más que por su forma: así sucede en
que no debe admitírseles más que como extraños, cuando el gusto es los cuadros de pinturas, en los ropajes de las estatuas y en los peristilos
todavía débil y mal ejercitado, y a condición de que no altere la pura de los palacios. Que si el adorno no consiste en una bella forma por sí
fórma de la belleza. misma, está destinado como los cuadros de oro, a recomendar la pintura a
nuestro asentimiento por el atractivo que tiene, y toma entonces el
En la pintura, en la escritura, y aun en todas las artes de forma o nombre de ornato y perjudica la verdadera belleza.
plásticas, como la arquitectura, la jardinería, consideradas como bellas
artes, lo esencial es el dibujo, el cual no se acomoda al gusto por medio La emoción, o sea esta sensación en la que el placer no se produce
de una sensación agradable, sino únicamente agradando por su forma. más que por medio de una expansión momentánea, y por consiguiente,
Los colores que iluminan el dibujo no son más que atractivos; pueden por medio de un esparcimiento de las fuerzas vitales, no pertenece a la
muy bien animar el objeto para la sensación, pero no le hacen digno de belleza. Lo sublime, a lo cual se halla enlazado el sentimiento de la
ser contemplado y declarado bello; son, por el contrario, las más de las emoción, exige una medida distinta de la que sirve de fundamento al
veces muy limitados por las condiciones mismas que exige la belleza, y gusto. Así un juicio puro del gusto no reconoce por motivo, ni atractivo
por esto donde es permitido presentar una parte de atractivo, ésta sola es ni emoción, o, en una palabra, ninguna sensación como materia del juicio
la que los ennoblece. estético.
Toda forma de los objetos de los sentidos (de los sentidos externos y
mediatamente también de los sentidos internos) es una figura o un juego:
en este último caso, o es un juego de figuras (en el espacio) la mímica y
la danza, o es un simple juego de sensaciones (en el tiempo). El atractivo § XV El juicio del gusto es un todo independiente del concepto de la
de los colores, o el de los sonidos agradables de un instrumento, se puede perfección
muy bien unir a estos; mas el dibujo en el primer caso, y la composición
en el segundo, constituyen el objeto propio del juicio puro del gusto. No se puede reconocer la finalidad objetiva más que por medio de la
Decir que la pureza de los colores o de los sonidos, o que su variedad y relación de una diversidad de elementos para un fin determinado, y
su elección parecen contribuir a la belleza, no significa que estas cosas consiguientemente por un concepto. Por esto es evidente que lo bello,
ayudan a la satisfacción referente a la forma, precisamente porque sean cuya apreciación tiene por principio una finalidad puramente formal, es
agradables en sí mismas y en la misma proporción, sino porque nos decir, una finalidad sin fin, es del todo independiente de la representación
muestran esta forma de una manera más exacta, más determinada y más de lo bueno, puesto que este supone una finalidad objetiva, es decir, la
relación del objeto con un fin determinado.
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del estado del sujeto en la representación, y en este estado cierta facilidad
La finalidad objetiva es, o bien externa, y entonces constituye la para recibir por medio de la imaginación una forma dada, mas no la
utilidad, o interna, y en este caso constituye la perfección del objeto. Se perfección de objeto alguno, porque aquí ningún concepto sirve para
deduce de los dos precedentes capítulos que la satisfacción que hace que concebir el objeto del fin. Así por ejemplo; si hallo en un bosque, una
llamemos bello a un objeto no puede fundarse en la representación de la pradera cercada de árboles y no me represento el fin que pueda tener,
utilidad de este objeto, porque esto no sería más que una satisfacción como servir para el baile de los aldeanos, no hallo en la simple forma del
inmediatamente referente al objeto, lo cual constituye la condición objeto el menor concepto de perfección. Mas representarse una finalidad
esencial del juicio sobre la belleza. Mas la finalidad objetiva interna, o la formal objetiva sin fin, es decir, la simple forma de una perfección (sin
perfección, se acerca demasiado al predicado de la belleza, y por esto es materia y sin el concepto de aquello con que debe concertarse), es una
por lo que célebres filósofos la han considerado como idéntica con la verdadera contradicción.
belleza, aunque añadiendo como condición que el espíritu no tenga de
ella más que una concepción confusa. Por esto es de la mayor Por lo que el juicio del gusto es un juicio estético, es decir, un juicio
importancia decidir, en la crítica del gusto, si la belleza puede realmente que descansa sobre principios subjetivos, y cuyo motivo no puede ser un
resolverse en el concepto de la perfección. concepto, y por tanto, concepto de un fin determinado. Así la belleza,
siendo una finalidad formal y subjetiva, no nos lleva a concebir la
Para apreciar la finalidad objetiva, tenemos siempre necesidad del perfección del objeto o una finalidad, digámoslo así, formal, y sin
concepto de un fin; y si esta finalidad no es externa (la utilidad), sino embargo, objetiva. Es, pues, un error el creer que entre el concepto de lo
interna, la tenemos del concepto de un fin interno que contenga el bello y el de lo bueno no hay más que una diferencia lógica; es decir,
principio de la posibilidad interior del objeto. Por donde como esto sólo creer que uno de ellos es un concepto vago de la perfección, y el otro es
es el fin en general, cuyo concepto puede considerarse como el principio un concepto claro de la misma, pero que los dos en el fondo y en cuanto
de la posibilidad del objeto mismo, es necesario, para representarse la al origen son idénticos. Si esto fuera así, no habría entre ellos diferencia
finalidad objetiva de una cosa, tener previamente el concepto de la específica, y un juicio del gusto sería un juicio de conocimiento igual al
misma, o de lo que ella debe ser, y el concierto de la diversidad de juicio por el que una cosa se declara como buena. Aquí sucedería como
elementos de esta cosa con dicho concepto (el cual da la regla de su cuando el vulgo dice que el fraude es injusto; que funda un juicio sobre
unión), es la perfección analitativa de la cosa. No se debe confundir esta principios confusos, mientras que el filósofo funda el suyo sobre
especie de perfección con la perfección cuantitativa, o la perfección de principios claros, pero ambos descansan sobre los mismos principios
cada cosa en su género; este es un simple concepto de cuantidad (de racionales. Pero ya hemos notado que el juicio estético es único en su
totalidad), en el cual, estando determinado de antemano lo que debe ser la género, y que no da ninguna especie de conocimiento del objeto (ni aun
cosa, se busca solamente si todo lo que se requiere se en encuentra en un conocimiento confuso). Esta función no pertenece más que al juicio
ella. Lo que hay de formal en la representación de una cosa, es decir, el lógico; el juicio estético, por el contrario, se limita a llevar al sujeto la
concierto de su variedad con su unidad (que queda indeterminado), no representación por medio de la cual es dado el objeto, y no nos hace notar
puede revelar por sí mismo una finalidad objetiva. En efecto; como no se ninguna cualidad del mismo, sino solo la forma final de las facultades
considera esta unidad como fin (pues que se hace abstracción de lo que representativas que se aplican a este objeto. Y este juicio se llama estético
debe ser la cosa), no queda más que la finalidad subjetiva de la precisamente, porque su motivo no es un concepto, sino el sentimiento
representación del espíritu. Éste nos suministra también cierta finalidad (que nos da el sentido íntimo) de la armonía en el ejercicio de las
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facultades del espíritu, que no puede ser más que sentida. Si por el un gran número de animales del mar, son bellezas en sí, que no se
contrario, se quiere designar con el nombre de estéticos los conceptos refieren a un objeto, cuyo fin haya sido determinado por conceptos, sino a
oscuros y el juicio objetivo que los toma como principios, tendremos un bellezas libres que agradan por sí mismas. Del mismo modo los dibujos a
entendimiento que juzgará por medio de la sensibilidad, o una la griega, las pinturas de los cuadros o las tapicerías de papel, etc. no
sensibilidad que se representará sus objetos por medio de conceptos, lo significan nada por sí mismas; no representan nada, ningún objeto que se
que es una contradicción. La facultad de formar conceptos, sean oscuros pueda reducir a un concepto determinado, y son bellezas libres. Se puede
o claros, es lo que llamamos el entendimiento; y aunque el entendimiento también reducir a esta especie de belleza lo que se llama en música
tenga su parte en el juicio del gusto, como juicio estético (así como en fantasías (sin tema), y aun toda la música sin estudio.
todos los juicios), no entra como facultad de conocer un objeto, sino
como facultad que determina un juicio sobre el objeto o sobre su En la apreciación de una belleza libre (considerada relativamente a su
representación (sin concepto), conforme a la relación de esta sola forma), el juicio del gusto es puro; éste no supone el concepto de fin
representación con el sujeto y su sentimiento interior, y de tal suerte, que alguno, al cual puedan referirse los diversos elementos del objeto dado y
este juicio sea posible conforme a una regla general. todo lo comprendido en la representación de este objeto, por la que sería
limitada la libertad de la imaginación, que se goza en cierto modo en la
contemplación de la figura.
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hombre; y tal figura podría tener trazos muy finos y una perspectiva más el objeto como una belleza libre, aquel podría ser vituperado y acusado
graciosa y más dulce, si no debiera representar un hombre de guerra. de tener un falso gusto, por otro que no considerara la belleza de este
objeto más que como una cualidad adherente (que hiciera relación al fin
Por lo que la satisfacción referente a la contemplación de los diversos del objeto). Cada uno de estos, sin embargo, juzgaría bien bajo su punto
elementos de una cosa, en su relación con el fin interno que determina la de vista; el primero, considerando lo que tiene a su vista; el segundo, lo
posibilidad de esta cosa, es una satisfacción fundada sobre un concepto; que tiene en su pensamiento. Con esta distinción deben terminar las
por el contrario, la que se refiere a la belleza es tal, que no supone diferencias que separan a los hombres respecto al sujeto de la belleza,
concepto alguno, sino que es inmediatamente ligada a la representación demostrándoles que los unos hablan de la belleza libre, y los otros de la
por la que es dado el objeto (no decimos concebido). Si pues un juicio del belleza adherente; que los primeros forman un juicio puro del gusto, y los
gusto, relativamente a un objeto, depende de un fin contenido en el segundos, un juicio del gusto aplicado.
concepto del objeto como en un juicio de la razón, y se reduce a esta
condición, no es por esto un libre y puro juicio del gusto.
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imitación; porque el gusto debe ser una facultad original; el que imita un fundamento una idea de la razón, apoyándose sobre conceptos
modelo muestra, si lo alcanza, habilidad; pero nada prueba del gusto más determinados, y determinando a priori el fin sobre que descansa la
que en tanto que puede juzgarlo por sí mismo27. De aquí se sigue que el posibilidad interna del objeto. No se sabría concebir un ideal de bellas
modelo supremo, el prototipo del gusto no es más que una pura idea que flores, de un bello mueblaje de una perspectiva bella. Pero tampoco nos
cada uno debe sacar de sí mismo, y conforme a la cual se debe juzgar podemos representar el ideal de ciertas bellezas determinadas, el ideal de
todo lo que es objeto del gusto, esto es, todo lo que es propuesto como al una bella habitación, el de un bello árbol, de bellos jardines, etc.,
juicio del gusto, y aun al gusto de cada uno. Idea significa propiamente probablemente porque los fines de estas cosas no son suficientemente
un concepto de la razón; e ideal la representación de una cosa particular, determinados y fijos para un concepto, y por consiguiente, la finalidad en
considerada como adecuada a una idea. esto es casi tan libre como en la belleza vaga. El que halla en sí mismo el
objeto de su existencia; el que por medio de la razón se puede determinar
También este prototipo del gusto que descansa seguramente sobre la sus propios fines, o que cuando debe sacarlos de la percepción exterior,
idea indeterminada que nos da la razón de un máximum, pero que no puede sin embargo, ponerlos de acuerdo con sus fines esenciales y
puede ser representado más que por conceptos, no siendo más que una generales, y juzgar estéticamente esta armonía; esto es, el hombre sólo
exhibición particular, debe con propiedad llamarse ideal de lo bello. Es entre los demás seres del mundo, es capaz de un ideal de la belleza, del
un ideal del cual no estamos en posesión sino que nos esforzamos en mismo modo que la humanidad en su persona, en tanto que inteligencia,
producirlo en nosotros. Pero esto no sería más que un ideal de la es capaz del ideal de la perfección. En esto hay dos cosas que distinguir:
imaginación, puesto que no descansaría sobre conceptos, sino sobre la primera lo ideal normal estético que es una intuición particular (de la
exhibición; y la facultad de la exhibición no es más que la imaginación. imaginación), que representa la regla de nuestro juicio sobre el hombre
Pero ¿cómo obtendremos semejante ideal de la belleza? A priori, o considerado como perteneciente a una especie particular de animales;
empíricamente. Y entonces, ¿qué clase de belleza es capaz de un ideal? después la idea de la razón que coloca en los fines de la humanidad, en
cuanto no pueden ser representados por los sentidos, el principio de
Ahora debemos notar bien que la belleza a que se debe buscar un nuestro juicio sobre una forma por cuyo medio se manifiestan estos fines
ideal, no puede ser la belleza vaga sino la que es determinada por el como efectos en el mundo fenomenal. La idea normal debe sacar sus
concepto de una finalidad objetiva; esta no debe ser por consecuencia, la elementos de la experiencia para formar la figura de un animal de una
del objeto de un juicio del gusto enteramente puro, sino de un juicio del especie particular; mas la mayor finalidad posible en la construcción de la
gusto en parte intelectual. En otros términos, la clase de principios del figura, la que podríamos tomar por regla general de nuestro juicio estético
juicio donde se debe hallar un ideal, tienen necesariamente por sobre cada individuo de esta especie, el tipo que sirve como de principio
intencional a la técnica de la naturaleza, y al que solamente es adecuada
27
. Los modelos del gusto relativamente a las artes de la palabra, no pueden tomarse toda la especie entera y no a tal o cual individuo en particular, este tipo
más que en una lengua muerta y sabia; en una lengua muerta para no tener que sufrir los no existe más que en la idea de los que juzgan, y esta idea con sus
cambios a que se hallan sujetas inevitablemente las lenguas vivas, y que hacen triviales proporciones, como idea estética, no puede ser plenamente representada
y antiguas la expresiones que en otro tiempo eran nobles y usadas, y no dejan más que en concreto en un modelo. Para hacer comprender esto de cualquier modo
un corta duración a las expresiones nuevamente creadas; en una lengua sabia, porque en (porque ¿quién puede arrancar a la naturaleza un secreto?), ensayaremos
ellas no hay una gramática que deje de someterse a las variaciones arbitrarias de la
moda, sino una cuyas reglas son inmutables. una explicación psicológica.
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Hay que notar que de un modo del todo incomprensible para nosotros, naturaleza ha tomado por tipo de sus producciones en esta especie, pero
la imaginación, no solo tiene el poder de recordar en un momento dado y que no parece que toque a ningún individuo. Esto no es todo el prototipo
aun después de largo tiempo, los signos de los conceptos, sino también el de la belleza en esta especie, sino solamente la forma que constituye la
de reproducir la imagen y la forma de un objeto en medio de un número condición indispensable de toda belleza, y por consiguiente, la exactitud
indecible de objetos de especies diferentes, o de la misma especie. Ahora solamente en la manifestación de la especie. Es la regla como se diría del
bien; cuando el espíritu quiere establecer comparaciones, la imaginación, célebre Doríforo de Policeto (se podría citar también la Vaca de Mirón en
según toda verosimilitud, aunque la conciencia no se halle su especie). Esta regla no puede contener nada de específico, ni
suficientemente advertida de ello, atrae las imágenes unas sobre otras, y característico, porque entonces no sería una idea normal para la especie.
por medio de este conjunto de muchas imágenes de la misma especie, Tampoco agrada como bella la manifestación de esta idea, sino que por
suministra una, proporcional, que sirve de medida común. Cualquiera ha medio de ella no faltan a ninguno condiciones, sin las cuales una cosa de
visto un millar de hombres; pues cuando se quiere juzgar de la magnitud esta especie no puede ser bella. Es simplemente regular28.
regular del hombre, apreciándola por comparación, la imaginación atrae,
según nuestra opinión, un gran número de imágenes unas sobre otras Es necesario distinguir la idea normal de lo bello, del ideal de lo bello,
(quizá todas las de estos mil hombres), y si me fuese permitido aquí lo que no se puede conseguir más que en la figura humana por las razones
emplear metáforas de cosas de la vista, diría que en el espacio es donde la ya expuestas. Luego el ideal aquí consiste en la expresión de la moral; sin
mayor parte se reúnen, y en el sitio iluminado por el más vivo color, es esta expresión, el objeto no agradaría universal y positivamente (ni aun
donde se reconoce la magnitud media, la cual por la altura como por la negativamente en una manifestación regular). La expresión sensible de
longitud, es igualmente distinta de las mayores como de las menores las ideas morales que dirigen interiormente al hombre, puede muy bien
estaturas; y esta es por lo mismo la estatura de un hombre bello (se podría sacarse de la sola experiencia; mas para que la presencia de estas ideas en
llegar al mismo resultado prácticamente, midiendo estos mil hombres, y todas las cosas que nuestra razón refiere al bien moral o a la idea de la
añadiendo la altura y longitud de los mismos, y dividiendo la suma por suprema finalidad, para que la bondad del alma, su pureza, su vigor o su
mil; pues esto es lo que hace precisamente la imaginación por un efecto tranquilidad, etc., puedan, por decirlo así, llegar a ser visibles en una
dinámico que resulta de la impresión de todas estas imágenes sobre el representación corporal (que sea como un efecto de la interior), es
organismo del sentido interior). Si entre tanto, se busca de un modo
semejante por este hombre de mediana magnitud, la cabeza de mediana 28
Se notará que un rostro perfectamente regular, tal y como pudiera desear un pintor
extensión, y del mismo modo la nariz, etc., esta figura dará una idea para modelo, no significa ordinariamente nada, porque no contiene nada de
normal de un hombre bello en el país donde se hace la comparación. Por característico; y que de este modo, más bien expresa la idea de la especie que el carácter
esto es por lo que un negro tendrá necesariamente, bajo estas condiciones específico una persona. Cuando este carácter es exagerado, es decir, cuando él mismo
borra la idea normal (de la finalidad de la especie), entonces tenemos lo que se llama
empíricas, distinta idea normal de la belleza de la forma que un blanco, una caricatura. La experiencia enseña también que estos rostros perfectamente regulares
un chino distinta que un europeo. Lo mismo sucedería con un modelo de no retratan más que hombres de mediano talento; porque (si se puede admitir que la
un caballo bello o de un perro bello (de cierta raza). Esta idea normal no naturaleza expresa en el exterior las proporciones del interior), desde el momento en que
se deriva de proporciones sacadas de la experiencia, como de reglas ninguna de las cualidades del alma se eleva sobre la proporción exigida para que un
determinadas, sino que las reglas del juicio son posibles por esta misma hombre se halle exento de defectos, no se puede esperar lo que se llama el genio, en el
cual parece que la naturaleza sale de sus proporciones ordinarias en provecho de una
idea. Ella es para toda la especie, la imagen que aparece entre todas las sola facultad.
intuiciones particulares y diversamente varias de los individuos, y que la
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necesario que las ideas puras de la razón y una gran fuerza de relación necesaria con la satisfacción. Pero esta necesidad es de una
imaginación se unan en el que quiere juzgar acerca de esto, y con mayor especie particular; no es una necesidad teórica objetiva, en donde se
razón en el que quiere manifestarlo. La inexactitud de semejante ideal de puede reconocer a priori que cada uno reciba la misma satisfacción del
belleza se revela por esta señal: que no permite que en la satisfacción que objeto que se llama bello; es mucho menos una necesidad práctica, en
nos proporciona, se mezclen los atractivos sensibles, y que, sin embargo, donde por medio de los conceptos de una voluntad racional pura sirva de
excita un gran interés; lo que nos dice que el juicio que se rige por esta regla a los seres libres; la satisfacción es la consecuencia necesaria de una
medida, no puede nunca ser estético, y que el juicio formado conforme a ley objetiva, y no significa otra cosa, sino que se debe obrar
un ideal de belleza, no es un juicio puro del gusto. absolutamente de cierta manera (sin ningún otro designio). Como
necesidad concebida en un juicio estético, no puede ser designada más
que como ejemplar; es decir, es la necesidad del asentimiento de todos a
DEFINICIÓN DE LO BELLO SACADO DE ESTE TERCER un juicio considerado como ejemplo de una regla general, que no se
MOMENTO puede dar. Como un juicio estético no es un juicio objetivo y de
conocimiento, esta necesidad no puede ser derivada de conceptos
La belleza es la forma de la finalidad de un objeto, en tanto que la determinados, y por consecuencia no es apodíctica. Mucho menos se
percibimos sin representación de fin29. puede sacar como consecuencia de la universalidad de la experiencia (de
un eterno acuerdo de los juicios sobre la belleza con un objeto
CUARTO MOMENTO DEL JUICIO DEL GUSTO O DE LA determinado); porque además de que la experiencia difícilmente
MODALIDAD DE LA SATISFACCIÓN REFERENTE A SUS suministraría muchos ejemplos de un parecido acuerdo, no se puede
OBJETOS fundar sobre juicios empíricos un concepto de la necesidad de estos
juicios.
§ XVIII Lo que es la modalidad de un juicio del gusto
49
caso en cuestión, estuviese exactamente subsumido bajo este principio, contrario no habría nada de común entre estos conocimientos y su objeto;
considerado como regla del asentimiento. no serían todos más que un juego puramente subjetivo de las facultades
representativas, precisamente como quiere el escepticismo. Mas si los
conocimientos deben poderse participar, este estado del espíritu que
consiste en el acuerdo de las facultades de conocer con un conocimiento
en general, y esta proporción que conviene a una representación (por la
§ XX La condición de la necesidad que presenta un juicio del gusto cual se nos da un objeto), por lo que viene a ser un conocimiento, deben
es la idea de un sentido común también poderse participar universalmente, porque sin esta proporción,
condición subjetiva del conocer, el conocimiento no podría surgir como
Si los juicios del gusto (como los del conocimiento), tuviesen un efecto. También tiene lugar cuando un objeto dado por los sentidos excita
principio objetivo determinado, el que los formara conforme a este la imaginación a reunir en él los diversos elementos, y esta a su vez
principio, podría atribuirles una necesidad incondicional. Si no tuviesen excita al entendimiento para darle unidad o formar en él los conceptos.
principios como los del simple gusto de los sentidos, no se pensaría Mas este concierto de las facultadas del conocer tiene diferentes
siquiera en reconocerles necesidad alguna. Deben, pues, tener un proporciones, según sea la diversidad de los objetos dados. Debe ser bello
principio subjetivo que determine por sólo el sentimiento y no por siempre que la actividad armoniosa de las dos facultades (de las cuales la
conceptos, pero, sin embargo, de una manera universalmente aceptable, una excita a la otra) sea lo más útil a estas dos facultades relativamente al
lo que agrada, o desagrada. Pero un principio tal, no podría ser conocimiento en general, (de objetos dados), y esta armonía no puede ser
considerado más que como un sentido común, el cual es esencialmente determinada más que por el sentimiento (y no conforme a conceptos). Por
distinto de la inteligencia común, que se llama también algunas veces lo que, como debe ser universalmente participada, y por tanto, también el
sentido común (sensus comunis); esta, en efecto, no juzga por sentimiento que tenemos de ella (en una representación dada), y como la
sentimientos, sino siempre conforme a conceptos, aunque ordinariamente propiedad que tiene un sentimiento de poder ser universalmente
estos conceptos no sean para ella más que oscuros principios. participado supone un sentido común, habrá razón para admitir este
sentido común sin apoyarse por esto en observaciones psicológicas, sino
Sólo, pues, en la hipótesis de un sentido común (por lo que no como la condición necesaria de esta propiedad que tiene nuestro
entendemos un sentido exterior, sino el efecto que resulta del libre juego conocimiento de poder ser universalmente participado y que debe
de nuestras facultades de conocer), es como se puede formar un juicio del suponer toda lógica y todo principio de conocimiento que no es escéptico.
gusto.
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En todos los juicios por los que declaramos una cosa bella, no DEFINICIÓN DE LO BELLO SACADO DEL CUARTO MOMENTO
permitimos a nadie ser de otro parecer, aunque no fundamos nuestro
juicio sobre conceptos, sino sólo sobre nuestro sentimiento; mas también Lo bello es lo que se reconoce sin concepto como el objeto de una
este sentimiento no es para nosotros un sentimiento individual; es un satisfacción necesaria.
sentimiento común. Pero este sentido común no puede fundarse sobre la
experiencia, porque pretende pronunciar juicios que encierran una OBSERVACIÓN GENERAL SOBRE LA PRIMERA SECCIÓN DE LA
necesidad, una obligación; en él no se dice que cada uno estará de ANALÍTICA
acuerdo, sino que deberá estar de acuerdo con nosotros. Así el sentido
común en el juicio del cual nuestro juicio del gusto sirve de ejemplo, y Si se atiende al resultado de los análisis precedentes, se hallará que
nos autoriza a atribuir a este un valor ejemplar, es una regla puramente todo se reduce al concepto del gusto, es decir, al concepto de la facultad
ideal, bajo cuya suposición un juicio que conformara con ella, así como la de juzgar un objeto en su relación con el ejercicio libre y legítimo de la
satisfacción referida por este juicio a un objeto, podría muy bien servir de imaginación. Pero cuando en un juicio del gusto se considera la
regla para cada uno; porque el principio de que aquí se trata, no siendo imaginación en su estado de libertad, no es considerada como
ciertamente más que subjetivo, pero siendo considerado como reproductiva, como cuando está sometida a las leyes de la asociación,
subjetivamente universal (como una idea necesaria para cada uno), podría sino como productiva y espontánea (como causa de formas arbitrarias de
exigir como un principio objetivo, el asentimiento universal de los juicios intuiciones posibles), y aunque en la aprehensión de un objeto sensible
formados conforme a este principio, con tal de que únicamente estemos dado se halla ligada a la forma determinada de este objeto, y no tiene un
bien seguros de que se hallan exactamente contenidos en el mismo. libre ejercicio como en la poesía, se ve bien, sin embargo, que el objeto
puede suministrarle precisamente una forma, un conjunto de diversos
Esta regla indeterminada de un sentido común, es realmente supuesta elementos tal, que si hubiera sido abandonada a sí misma, pudiera
para nosotros; es lo que prueba el derecho que nos atribuimos de formar haberlo formado conforme a las leyes del entendimiento en general. Mas
juicios del gusto. ¿Y existe, en efecto, tal sentido común como principio ¿no es una contradicción que la imaginación sea libre, y que al mismo
constitutivo de la posibilidad de la experiencia, o más bien, hay un tiempo se conforme a las leyes de ella misma, es decir, que encierre una
principio superior todavía a la razón, que nos dé una regla para referir autonomía? El entendimiento sólo es el que da la ley. Pero cuando la
este sentido común a fines más elevados? Por tanto, ¿es el gusto una imaginación es forzada a proceder según una ley determinada, su
facultad artificial que debemos adquirir, de suerte que el asentimiento producción en cuanto a la forma, es determinada por conceptos que
universal no sea en el hecho más que una necesidad de la razón de indican lo que debe ser, y entonces la satisfacción, como ya lo hemos
producir este acuerdo del sentimiento, y que la necesidad objetiva del demostrado anteriormente, no es la de lo bello, sino la del bien, la de la
acuerdo del sentimiento de cada uno con el nuestro no significa más que perfección, al menos de la perfección formal, y el juicio no es un juicio
la posibilidad de llegar a este acuerdo, y que el juicio del gusto no hace del gusto. Una relación de conformidad a las leyes, y que no supone
más que proponer un ejemplo de la aplicación de este principio? Es lo ninguna ley determinada, un acuerdo subjetivo de la imaginación con el
que nosotros no queremos ni podemos averiguar aquí; nos basta por entendimiento, y no un acuerdo subjetivo como aquel que tiene lugar
ahora descomponer el juicio del gusto en sus elementos y unirlos en cuando la representación se refiere al concepto determinado de un objeto,
definitiva en la idea de un sentido común. he aquí, pues, lo que únicamente puede constituir una libre conformidad
con las leyes del entendimiento (lo cual también se llama finalidad sin
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fin) y en lo que consiste la propiedad de un juicio del gusto. Pero los este mismo respecto se halla siempre ligado a la satisfacción (que
críticos del gusto citan ordinariamente como ejemplos de la belleza siempre acompaña la ejecución de todo proyecto aún problemático). Pero
(como los más simples y los más verdaderos), las figuras geométricas en esto no hay más que una aprobación dada a la solución de un
regulares, como un círculo, un cuadrado, un cubo, etc. Y sin embargo, no problema, y no un libre ejercicio, una finalidad indeterminada de las
se les llama regulares más que porque no podemos representarlas más facultades del espíritu, que tiene por objeto lo que llamamos bello, y en
que considerándolas como simples exhibiciones de un concepto donde la inteligencia se halla al servicio de la imaginación, y no ésta al
determinado (que prescribe a la figura su regla). Es necesario, pues, que servicio de aquella.
una de estas dos maneras de juzgar sea falsa; o la de los críticos que
atribuyen la belleza a esta especie de figuras, o la nuestra, porque halla la En una cosa que no sirve más que para un fin, como un edificio, y aun
finalidad sin concepto necesario de la belleza. un animal, la regularidad que consiste en la simetría, debe expresar la
unidad de intuición que acompaña al concepto de fin, y pertenece al
Nadie afirmará seguramente que sea necesario tener gusto para conocimiento. Mas por esto, donde no debe haber más que un libre
alcanzar más satisfacción con un círculo que con la primera figura que se ejercicio de las facultades representativas (bajo la condición siempre de
encuentra, con un cuadrilátero, cuyos ángulos sean agudos y los lados que el entendimiento no sufra ningún ataque), en los jardines de recreo,
irregulares, y que está como cojo, porque esto no mira más que a la en los adornos de sala, en los muebles elegantes, etc., se evita en lo
inteligencia común y no al gusto. Por esto, donde hay un fin, por ejemplo, posible la regularidad que revela una imposición. También el gusto de los
el de determinar la extensión de un lugar o el de mostrar en un dibujo la jardines ingleses, el de los muebles góticos, puede llevar la libertad de
relación de sus partes entre sí, y con el todo, es necesario que las figuras imaginación hasta los límites de lo grotesco, y en la ausencia de toda
sean regulares, aun las más simples; y la satisfacción no descansa imposición, de toda regla, es en lo que el gusto, aplicándose a las
inmediatamente sobre la intuición de la forma, sino sobre su utilidad, fantasías de la imaginación, puede mostrar toda su perfección.
relativamente a tal o cual fin posible. Una habitación, cuyos muros
forman ángulos agudos, un parterre de la misma forma, en general, toda Todo objeto perfectamente regular (que se aproxima a la regularidad
falta de simetría, tanto en la forma de los animales (por ejemplo, la matemática) tiene algo en sí que repugna al gusto; la contemplación del
privación de un ojo), como en la de los edificios o jardines, desagrada; mismo no ocupa mucho tiempo el espíritu, y a menos que éste no tenga
pues todo esto es contrario a los fines de estas cosas, y no nos ocupamos expresamente por fin el conocimiento o cualquier objeto práctico
sólamente del uso determinado que de ellas se puede hacer determinado, sufre con él un gran fastidio. Por el contrario, aquello en
prácticamente, sino de todo lo que en las mismas podemos considerar. que la imaginación se puede ejercitar libre y armoniosamente, es siempre
Pero todo esto no se aplica al juicio del gusto, el cual, cuando es puro, nuevo para nosotros, y no nos fatiga el contemplarlo. Morsden, en su
refiere inmediatamente la satisfacción a la simple consideración del descripción de Sumatra, nota que en este país, las bellezas libres de la
objeto, sin mirar a ningún uso ni a ningún fin. naturaleza rodean al espectador por todas partes y tienen para él poco
atractivo, mientras que se hallaría mucho más impresionado cuando en
La regularidad que conduce al concepto de un objeto, es la condición medio de un bosque hallara un campo de pimienta, en donde los pies en
indispensable (conditio sine qua non), para percibir el objeto en una sola que se apoya esta planta, formasen paseos paralelos; y concluye diciendo
representación, y determinar los elementos diversos que constituyen su que la belleza campestre, irregular en apariencia, no agrada más que por
forma. Esta determinación es un fin relativamente al conocimiento, y bajo el contraste, al que está cansado de la regular. Pero no había más que
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probar a quedarse un día en su campo de pimienta, para apercibirse de
que cuando el entendimiento se pone de acuerdo por medio de la
regularidad, con el orden de que siempre necesita, el objeto no le
entretiene mucho, sino que por el contrario, impone a la imaginación una
violencia desagradable, mientras que la naturaleza rica y variada en este
país hasta la prodigalidad, y no hallándose sometida a la violencia de
ninguna regla del arte, puede alimentar su gusto perpetuamente. El
mismo canto de los pájaros, que no podemos reducir a reglas musicales,
parece anunciar más libertad, y convenir mejor por tanto al gusto que el
de los hombres, que está sometido a todas las reglas de la música; nos
hallamos completamente fatigados de este último, cuando se repite
muchas veces y por largo tiempo. Mas aquí tomamos sin duda la simpatía
que en nosotros excita la alegría de un pequeño animal a quien queremos
por la belleza de su canto; porque cuando este canto se imita exactamente
por el hombre (como sucede algunas veces con el canto de la cigarra),
parece monótono por completo a nuestro oído.
53
Libro segundo fuerzas vitales, y por esta razón no es incompatible con los encantos que
Analítica de lo sublime atraen la sensibilidad, y con los juegos de la imaginación; la segunda es
un placer que no se produce más que indirectamente, es decir, que no
excita más que por el sentimiento de una suspensión momentánea de las
§ XXIII Tránsito de la facultad de juzgar de lo bello a la de juzgar fuerzas vitales y de la efusión que la sigue, y que viene a ser más fuerte;
de lo sublime esto no es, por tanto, sólo la emoción de un juego, sino algo de más serio,
producido por la ocupación de la imaginación. También el sentimiento de
Lo bello y lo sublime convienen en que ambos agradan por sí mismos. lo sublime es incompatible con toda especie de encanto; y como el
Además, ni el uno ni el otro suponen el juicio sensible ni el juicio espíritu en esto no se siente solamente atraído por el objeto, sino también
lógicamente determinante, sino un juicio de reflexión; por consiguiente, repelido, esta satisfacción es menos un placer positivo que un sentimiento
la satisfacción que a ambos se refiere no depende de una sensación como de admiración o de respeto, es decir, y para darle el nombre propio, un
la de lo agradable, ni de un concepto determinado como el del bien, a placer negativo.
pesar de que se refiere a conceptos, pues quedan indeterminados; se halla
ligada a la simple manifestación o a la facultad de exhibición; ella Pero he aquí la diferencia más importante, la diferencia esencial entre
expresa el acuerdo de esta facultad o de la imaginación en una intuición lo sublime y lo bello. Consideramos como es debido lo sublime en los
dada, con el poder de suministrar conceptos que poseen el entendimiento objetos de la naturaleza (lo sublime en el arte está siempre sometido a la
y la razón. También lo bello y lo sublime no dan ocasión más que a condición de conformidad con la naturaleza), y colocamos al lado la
juicios particulares, pero que se atribuyen un valor universal, aunque no belleza natural (la que existe por sí misma): ésta encierra una finalidad de
aspiran más que un sentimiento de placer, y no a un conocimiento del forma por la cual el objeto parece haber sido predeterminado por nuestra
objeto. imaginación, y constituye de este modo en sí un objeto de satisfacción;
pero el objeto que excita en nosotros sin el auxilio de ningún
Pero entre uno y otro existen diferencias considerables. Lo bello de la razonamiento, por la simple aprehensión que de él tenemos, el
naturaleza corresponde a la forma del objeto, la cual consiste en la sentimiento de lo sublime, puede parecer, en cuanto a la forma, discorde
limitación; lo sublime, por el contrario, debe buscarse en un objeto sin con nuestra facultad de juzgar y con nuestra facultad de exhibición, y
forma, en tanto que se represente en este objeto o con ocasión del mismo juzgarle, sin embargo, tanto más sublime cuanto más violencia parece
la ilimitación30, concibiendo además en esta la totalidad. De donde se hacer a la imaginación.
sigue que nosotros miramos lo bello como la manifestación de un
concepto indeterminado del entendimiento, y lo sublime como la Se ve, por lo dicho, que nos expresamos en general de una manera
manifestación de un concepto indeterminado de la razón. De un lado, la inexacta llamando sublime a un objeto de la naturaleza, aunque
satisfacción se llalla ligada a la representación de la cualidad; de otro, a la pudiésemos propiamente llamar bellos un gran número de estos objetos;
de la cuantidad. Esta diferencia entre estas dos especies de satisfacción porque, ¿cómo se puede designar con una expresión que marque el
es: que la primera contiene el sentimiento de una excitación directa de las asentimiento, lo que en sí se percibe como discorde? Todo lo que
podemos decir del objeto es, que es propio para servir de exhibición a una
30
Unbegrenzedtheit. sublimidad que puede hallarse en el espíritu; porque ninguna forma
sensible puede contener lo sublime propiamente dicho; descansa
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únicamente sobre ideas de la razón, que aunque no se pueda hallar una ideas de lo sublime de la de una finalidad de la naturaleza, y hace de la
exhibición que les convenga, se retienen y despiertan en el espíritu por teoría de lo sublime un simple apéndice del juicio estético de la finalidad
esta misma discordancia que hallamos entre ellas y las cosas sensibles. de la naturaleza, pues que estas ideas de lo sublime no representan en la
Así, el inmenso Océano agitado por la tempestad, no puede llamarse naturaleza ninguna forma particular, sino que consisten en cierta
sublime. Su aspecto es terrible, y es necesario que el espíritu se halle ya aplicación más elevada que la imaginación hace de sus representaciones.
ocupado por diversas ideas para que tal intuición determine en él un
sentimiento que por sí mismo es sublime, puesto que le lleva a despreciar
la sensibilidad, y a ocuparse de ideas que tienen más altos destinos.
La belleza de la naturaleza (la que existe por sí misma), nos descubre § XXIV División del examen del sentimiento de lo sublime
una técnica natural, y nos la representa como un sistema de leyes, cuyo
principio no encontramos en nuestro entendimiento; este principio es el La división de los momentos del juicio estético de los objetos
de una finalidad relativa al uso del juicio en su aplicación a los relativamente al sentimiento de lo sublime, debe fundarse sobre el mismo
fenómenos, y de aquí proviene que nosotros no los refiramos a la principio que el de los juicios del gusto; porque el juicio estético
naturaleza como a un mecanismo sin objeto, sino como a un arte. Por esto reflexivo debe representar la satisfacción de lo sublime lo mismo que la
es cierto que nuestro conocimiento de los objetos de la naturaleza no es de lo bello, como universalmente admisible en cuanto a la cuantidad,
extensivo, pero nuestro concepto de la naturaleza deja de ser el concepto como desinteresada, en cuanto a la cualidad, como el sentimiento de una
de un puro mecanismo, viene a constituir el de un arte, y esto nos invita a finalidad subjetiva, en cuanto a la relación, y el sentimiento de esta
emprender profundas investigaciones sobre la posibilidad de una forma finalidad como necesaria, en cuanto a la modalidad. La analítica no se
semejante. Mas, en lo que nosotros acostumbramos a llamar sublime de descarta aquí del método seguido en el libro precedente, a menos que se
la naturaleza, no hay nada que nos conduzca a principios objetivos tome en cuenta esta diferencia: que allí, en el juicio estético concerniente
particulares, y a formas de la naturaleza conforme a estos principios, a la forma del objeto, debemos empezar por el examen de su cualidad;
porque la naturaleza despierta principalmente las ideas de lo sublime por mientras que aquí a causa de esta ausencia de forma que es lo propio de
el espectáculo de la confusión, del desorden y la devastación, puesto que los objetos llamados sublimes, comenzamos por la cuantidad. Allí es, en
en esto muestra su grandeza y poderío. efecto, el primer momento del juicio estético sobre lo sublime; la razón
de esto se puede ver en el precedente párrafo.
Se ve que el concepto de lo sublime de la naturaleza no es, ni mucho
menos, tan importante y tan rico en consecuencias como el de lo bello, y Mas el análisis de lo sublime entraña una división de la cual no tiene
que no revela en general ninguna finalidad en la naturaleza misma, sino necesidad el de lo bello, a saber: la división en sublime matemático y en
solamente en el uso que podemos hacer de las intuiciones de ella, para sublime dinámico.
hacernos sensible una finalidad por completo independiente de la misma.
El principio de lo bello de la naturaleza debe buscarse fuera de nosotros; En efecto; como el sentimiento de lo sublime tiene por carácter el
el de lo sublime en nosotros mismos, en una disposición del espíritu que producir un movimiento del espíritu enlazado con el juicio del objeto,
da a la representación de la naturaleza un carácter sublime. Esta mientras que el gusto de lo bello supone y retiene al espíritu en una
observación preliminares muy importante; ella separa enteramente las tranquila contemplación, y a cuyo movimiento se debe atribuir una
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finalidad subjetiva (puesto que lo sublime agrada), la imaginación lo compararse, se ve que toda determinación de la magnitud de los
refiere, o bien a la facultad de conocer, o bien a la facultad de querer. En fenómenos no puede suministrar un concepto absoluto de la magnitud,
uno como en otro caso, la representación dada no debe juzgarse más que sino solamente un concepto de comparación.
relativamente a estas facultades (sin objeto ni interés); pero en el primer
caso, la finalidad se atribuye al objeto como una determinación Cuando simplemente decimos que una cosa es grande, parece que no
matemática, en el segundo como una determinación dinámica de la hacemos ninguna comparación, al menos con una medida objetiva,
imaginación; y de aquí que haya dos maneras de concebir lo sublime. puesto que con esto no determinamos cuánto es de grande la cosa. Pero
aunque la medida de comparación sea puramente subjetiva, el juicio no
aspira en esto menos que a una aprobación universal. Estos juicios; este
A. hombre es bello, este hombre es grande, no tienen solamente valor para el
que los forma; como los juicios teóricos, reclaman el asentimiento de
DE LO SUBLIME MATEMÁTICO todos.
§ XXV Definición de la palabra sublime Como al juzgar simplemente que una cosa es grande, no solamente
queremos decir que esta cosa tiene una magnitud, sino que esta magnitud
Llamamos sublime lo que es absolutamente grande. Pero hablar de es superior a la de muchas otras cosas de la misma especie, sin
una cosa grande y de una magnitud, es expresar dos conceptos en un todo determinar de antemano esta superioridad, nosotros damos por principio a
diferentes (magnitudo et quantitas). Del mismo modo decir simplemente nuestro juicio una medida a la cual creemos poder atribuir un valor
(simpliciter) que una cosa es grande, no es decir que es absolutamente universal, y que, sin embargo, no nos sirve para formar un juicio lógico
grande (absolute, non comparative magnum). En este último caso la cosa (matemáticamente determinado) sobre la magnitud, sino solamente un
es grande fuera de toda comparación. Pero, ¿qué significa esta expresión juicio estético, puesto que dicha magnitud no es más que un principio
que una cosa es grande, pequeña o mediana? Esto no es un concepto puro subjetivo, para el juicio reflexivo sobre la magnitud misma. Esta medida,
del entendimiento, todavía menos una intuición de los sentidos, y de por otra parte, puede ser o una medida empírica, como por ejemplo, la
ningún modo un concepto racional, porque aquí no hay ningún principio magnitud mediana de los hombres que conocemos, la de los animales de
de conocimiento. Es necesario, pues, que esto sea un concepto del Juicio, cierta especie, la de los árboles, la de las casas, la de las montañas, etc., o
o que se derive de él, y que tenga su principio en una finalidad subjetiva una medida dada a priori, y que la debilidad de nuestro espíritu somete a
de la representación por medio de aquel. Para decir que una cosa es una las condiciones subjetivas de una manifestación en concreto, como en la
magnitud (un quantum), no tenemos necesidad de comparar con otras, esfera práctica, la magnitud de cualquier virtud, de la libertad pública, de
nos basta reconocer que la pluralidad de elementos que la componen, la justicia en un país, o en la esfera teórica, la extensión de la exactitud o
constituye una unidad. Mas para saber cuánto es la cosa de grande, es inexactitud de una observación o de una medida establecida, etc.
necesario siempre otra cosa que sea también una magnitud, y sirva de
medida. Pero como en el juicio de la magnitud no se trata solamente de la Pero es de notar que aunque no tengamos interés en el objeto, es decir,
pluralidad (del número), sino también de la magnitud de la unidad (de la aunque su existencia nos sea indiferente, su sola magnitud, aunque la
medida), y como la magnitud de esta última tiene siempre necesidad de consideremos como informe, puede producir en nosotros una satisfacción
alguna otra cosa que la sirva de medida y con la cual pueda aquella universal, y por consecuencia la conciencia de una finalidad subjetiva en
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el uso de nuestras facultades de conocer. Mas esta satisfacción no la recíprocamente, no hay nada tan pequeño, aun en relación a las medidas
referimos al objeto (puesto que este objeto puede ser informe) como más pequeñas, que no pueda elevarse a los ojos de nuestra imaginación
sucede en la de lo bello, en donde el juicio reflexivo se halla determinado hasta la magnitud del mundo. Los telescopios han suministrado un gran
de una manera que concuerda con el conocimiento en general; es referida ejemplo de la primera observación, los microscopios, de la segunda. No
o la referimos a la extensión de la imaginación por sí misma. existe, pues, objeto de los sentidos que considerado bajo este respecto,
pueda ser llamado sublime. Mas precisamente porque hay en nuestra
Cuando decimos simplemente de un objeto que es grande, no imaginación un esfuerzo en su progreso a lo infinito, y en nuestra razón,
formamos un Juicio matemáticamente determinado, sino un simple Juicio una pretensión a la absoluta totalidad como a una idea real, esta
de reflexión sobre la representación de este objeto, la cual concierta discordancia misma que se manifiesta entre nuestra facultad de estimar la
subjetivamente con un determinado uso de nuestras facultades de conocer magnitud de las cosas del mundo sensible y esta idea, despierta en
relativo a la estimación de la magnitud; y nosotros referimos siempre a nosotros el sentimiento de una facultad supra-sensible; es el uso que el
esta representación una especie de estima, como a lo que llamamos juicio hace naturalmente de ciertos objetos en favor de este sentimiento, y
simplemente pequeño una especie de menosprecio. Por lo demás, los no el objeto de los sentidos que es absolutamente grande, mientras que
juicios en virtud de los cuales consideramos las cosas como grandes o todo otro uso en comparación es pequeño. Por consecuencia, lo que
como pequeñas, importan sobre todo, aun sobre todas sus cualidades; por llamamos sublime, no es el objeto, sino la disposición del espíritu
esto es por lo que llamamos la belleza mayor o menor; la razón de esto producida por determinada representación que ocupa el juicio reflexivo.
es, que cualquiera que sea la cosa de que hallemos una manifestación en
la intuición (y por tanto, nos la representamos estéticamente), es siempre Podemos, pues, todavía añadir esta fórmula a las precedentes
un fenómeno, y por consecuencia, un quantum. definiciones de lo sublime: lo sublime es lo que no puede ser concebido
sin revelar una facultad del espíritu que excede toda medida de los
Mas cuando decimos que una cosa es, no solamente grande, sino sentidos.
grande absolutamente y bajo todos respectos (fuera de toda
comparación), es decir, sublime, no permitimos, como se ve fácilmente,
que se busque fuera de ella una medida que le convenga; queremos que
se halle en sí misma; es una magnitud que no es igual más que a sí
misma. De aquí se sigue que no es necesario buscar lo sublime en las § XXVI De la estimación de la magnitud de las cosas de la
cosas de la naturaleza, sino solamente en nuestras ideas; en cuanto a la naturaleza que supone la idea de lo sublime
cuestión de saber en qué ideas reside, debemos reservarlo para la
deducción. La estimación de la magnitud por conceptos numéricos (o por sus
signos algébricos), es matemática; la que se hace por la sola intuición (a
La definición que acabamos de dar puede también expresarse de esta la simple vista) es estética. Pero nosotros no podemos ciertamente llegar
manera: lo sublime es aquello en comparación de lo cual toda otra cosa es en la cuestión de saber cuánto es una cosa de grande, a los conceptos
pequeña. Es fácil de ver aquí que no es posible hallar nada en la determinados más que por números, cuya medida es la unidad (todo al
naturaleza, tan grande como lo juzguemos, que, considerado bajo otro menos por aproximaciones formadas por series numéricas hasta el
punto de vista, no pueda descender a lo infinitamente pequeño; y infinito); y así toda estimación lógica es matemática... Mas como la
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magnitud de la medida debe aceptarse como conocida, si no pudiera aprehensión ella pierde de un lado lo que gana del otro, y la comprensión
apreciarse más que matemáticamente, es decir, por medio de números, recae siempre sobre un máximum que no puede nunca exceder.
cuya unidad sería otra medida, no podríamos jamás tener una medida
primera y fundamental, por consiguiente, un concepto determinado de Se puede explicar por esto lo que nota Savary en sus cartas sobre
una magnitud dada. La estimación de la magnitud de una medida Egipto, cuando dice que es necesario no aproximarse ni separarse
fundamental tiene, pues, por carácter el poder ser inmediatamente demasiado de las pirámides para experimentar todo el efecto que causa la
recibida en una intuición, y aplicada por la imaginación a la magnitud de ellas. Porque si nos separamos demasiado, las partes
manifestación de conceptos numéricos; es decir, que toda estimación de percibidas (las piedras superpuestas) son oscuramente representadas, y
la magnitud de los objetos de la naturaleza es en definitiva estética (o esta representación no produce ningún efecto sobre el juicio estético. Por
subjetiva y no objetivamente determinada). el contrario, si nos aproximamos demasiado, el ojo tiene necesidad de
cierto tiempo para continuar su aprehensión de la base a la cúspide, y en
Sin embargo, no hay máximum para la estimación matemática de la esta operación las primeras representaciones se extinguen siempre en
magnitud (porque el poder de los números se extiende al infinito); pero parte, antes que la imaginación haya recibido las últimas; de suerte, que
hay ciertamente uno para la estimación estética, y este máximum la compresión no es nunca completa. Se explica también de la misma
considerado como una medida absoluta, fuera de la cual ninguna otra es manera la confusión o especie de embarazo que recibe, según cuentan, el
subjetivamente posible (para el espíritu que juzga), contiene la idea de lo que entra por primera vez en la iglesia de San Pedro de Roma. En esto
sublime, y produce esta emoción que nunca puede producir la estimación encontramos, en efecto, el sentimiento de la incapacidad de nuestra
matemática de la magnitud, a menos que esta medida estética no quede imaginación para formarse una manifestación de las ideas de un todo;
presente (a la imaginación). Esta última, en efecto, no expresa nunca más tiene fijo su máximum, y esforzándose en extenderlo, recae sobre sí
que la magnitud relativa o establecida por comparación con otras de la misma, y es lo que nos produce la satisfacción que nos conmueve.
misma especie, mientras que la primera expresa la magnitud
absolutamente tal y como el espíritu puede recibirla en una intuición. Yo no quiero hablar todavía del principio de esta satisfacción, unida a
una representación de lo que apenas parece se podría esperar, es decir, a
Para hallar en la intuición un quantum del que la misma pueda servirse una representación, de la cual recibimos la desconveniencia subjetiva con
de medida o de unidad en la estimación matemática de la magnitud, la la imaginación; yo solamente haré observar, que si se quiere un juicio
imaginación tiene necesidad de dos operaciones, la aprehensión estético puro (que no se halle mezclado con un juicio teleológico o un
(apprehensio) y la comprensión (comprehensio aesthetica). La juicio racional) para proponerlo como un ejemplo del todo propio a la
aprehensión no ofrece dificultad, porque se puede continuar hasta el crítica del juicio estético, es necesario no buscar lo sublime en las
infinito; pero la comprensión viene a ser tanto más difícil cuanto la producciones del arte (por ejemplo, en los edificios, columnas, etc.), en
aprehensión es llevada más lejos, y llega muy pronto a su máximum, a donde un fin humano determina la forma tan bien como la magnitud, ni
saber, a la mayor medida estética posible de la estimación de la magnitud. en las cosas de la naturaleza, cuyo concepto contiene ya un fin
Porque cuando la aprehensión es llevada tan lejos que las primeras determinado (por ejemplo, en los animales de un destino conocido), sino
representaciones parciales de la intuición sensible comienzan ya a en la naturaleza salvaje (y todavía a condición de que esta no ofrezca
extenderse en la imaginación, mientras que esta continúa siempre su ningún atractivo y no excite ningún temor por cualquier daño real), y
solamente en tanto que contiene la magnitud. En esta especie de
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representación la naturaleza no encierra nada de monstruoso (de ésta pueda extender su exhibición. Porque en la estimación intelectual
magnífico o de terrible); la magnitud que aquí se recibe puede extenderse (aritmética) de las magnitudes en que se extiende la comprensión de las
a voluntad, siempre que la imaginación pueda formar su todo de ella. Un unidades hasta el número 10 (como en la década), o solamente hasta el 4
objeto es monstruoso cuando destruye por su magnitud el fin que (como en la tétrada), esto viene a ser lo mismo; pero en la comprensión o
constituye su concepto. Se llama colosal la manifestación de un concepto, cuando la intuición suministra el cuanto, la aprehensión no puede
cuando aquello es casi demasiado grande para toda exhibición (cuando extenderse más que de un modo progresivo (no de una manera
toca a lo monstruoso relativo), porque el objeto de la exhibición de un comprensiva), según un principio de progresión dado. En esta estimación
concepto es notable por esto mismo que la intuición del objeto es casi matemática de la magnitud, el entendimiento se halla igualmente
demasiado grande para nuestra facultad de aprehensión. Mas un juicio satisfecho, cuando la imaginación escoge por unidad una magnitud que
puro sobre lo sublime no debe fundarse sobre el concepto de un fin del puede recibirse de un golpe de vista, como un pie o una pértica, como
objeto, so pena de no ser estético y de mezclarse con cualquier juicio del cuando elige una milla alemana, o el diámetro de la tierra si se quiere, a
entendimiento o la razón. cuya aprehensión es posible en una intuición de la imaginación, más no la
comprensión (hablamos de la comprensión estética, no de la comprensión
lógica en concepto de número). En ambos casos, la estimación lógica de
* * * la magnitud se extiende sin obstáculo hasta el infinito. Mas el espíritu
escucha en sí mismo la voz de la razón, la cual para todas las magnitudes
Puesto que la representación de toda cosa que agrada sin interés al dadas, aun para aquellas que nunca puede la aprehensión percibir, pero
juicio reflexivo contiene necesariamente una finalidad subjetiva y que a pesar de esto se deben juzgar (en la representación sensible) como
universal, pero que aquí el juicio no se funda (como para lo bello) sobre enteramente dadas, exige la totalidad, y por consiguiente la comprensión
una finalidad de la forma del objeto, se pregunta, qué es esta finalidad en una intuición, y para todos estos miembros de una serie creciente de
subjetiva, y de donde viene que ella sea para nosotros una regla que nos números, la exhibición, no excluyendo ni aun el infinito (el espacio y el
hace referir una satisfacción agradable a un simple juicio en el que tiempo transcurrido) de esta exigencia, sino que, por el contrario, nos
nuestra facultad de la imaginación se halla impotente en el momento de la obliga a concebirla (en el juicio de la razón común) como dada
exhibición del concepto de una magnitud determinada. enteramente (en su totalidad.)
La imaginación en la comprensión que exige la representación de la Pero el infinito es absolutamente grande (no sólo comparativamente);
magnitud se adelanta por sí misma indefinidamente, sin que nada le sirva toda otra cosa (de la misma especie de magnitud), es pequeña en
de obstáculo; pero el entendimiento la conduce por medio de los comparación. Pero lo más importante es que el poder que tenemos de
conceptos numéricos, cuyo esquema debe ella suministrar; y como esta concebirle al menos como un todo, revela una facultad del espíritu que
operación se refiere a la estimación lógica de la magnitud, tiene una excede toda medida sensible. Porque no se puede admitir que una
finalidad objetiva, se funda sobre el concepto de un fin (como lo es toda comprensión nos suministre por unidad una medida que tenga una
medida): nada hay en todo esto que se encamine y que agrade al juicio relación determinada con el infinito, y aquella expresada en números. Si,
estético, nada existe que más nos obligue a favorecer la magnitud de la pues, es posible al menos el concebir el infinito sin contradicción, es
medida, por consecuencia, la de la comprensión de la pluralidad en una necesario admitir para esto en el espíritu humano una facultad que por sí
intuición hasta los límites de la facultad de la imaginación, hasta donde misma sea supra-sensible. A esta facultad y a la idea que ella nos
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suministra de un nonmeno que no da por sí mismo lugar a ninguna supra-sensible (sirviendo a la vez de fundamento a la naturaleza y a
intuición, sino que sirve de substratum a la intuición del mundo, nuestra facultad de pensar), que exceda en magnitud toda medida
considerada como fenómeno, es a la que nosotros debemos comprender sensible, y , por consiguiente, esto será más bien el estado del espíritu en
por completo bajo un concepto, el infinito del mundo sensible, en una la estimación de este objeto, que el objeto mismo considerado como
estimación pura e intelectual de la magnitud, aunque no podamos nunca sublime.
concebirla matemáticamente por conceptos de número. Esta facultad que
tenemos de concebir como dada (en su substratum inteligible), el infinito Así, del mismo modo que el juicio estético tratándose de lo bello lleva
de la intuición supra-sensible, excede toda medida referente a la el libre juego de la imaginación al entendimiento para medirlo conforme
sensibilidad, y es aún más grande sin ninguna comparación posible que la a conceptos intelectuales en general (sin determinarlos), así también,
facultad de estimación matemática. Esto no es más que bajo el punto de tratándose de lo sublime, lleva la misma facultad a la razón, para
vista teórico, como viene en auxilio de la facultad de conocer, pero da concertarla subjetivamente con las ideas racionales (indeterminadas), es
extensión al espíritu que se siente capaz bajo otro punto de vista (bajo el decir, para producir un estado del espíritu conforme al que produciría
punto de vista práctico), de exceder los límites de la sensibilidad. sobre el sentimiento la influencia de ideas determinadas (prácticas), y
muy conciliable con él mismo.
La naturaleza es, pues, sublime en aquellos de sus fenómenos cuya
intuición entrañan la idea de su infinito, lo que nunca puede ocurrir más Se ve también con esto, que la verdadera sublimidad no debe buscarse
que por defecto, y como consecuencia de un gran esfuerzo de la más que en el espíritu del que juzga, no en el objeto de la naturaleza,
imaginación en la estimación de la magnitud de un objeto. Pero en la cuyo juicio ocasiona este estado. ¿Quién llamará sublimes las montañas
estimación matemática de las magnitudes, la imaginación puede dar una informes apiñadas unas sobre otras en un desorden salvaje, con sus
medida suficiente para cada objeto, porque los conceptos numéricos del pirámides nevadas, o un mar lóbrego y tempestuoso, u otras cosas de esta
entendimiento pueden, por medio de la progresión, adaptar cualquier especie? Pero el espíritu se siente elevado en su propia estimación,
medida a toda magnitud. Es, pues, en la estimación estética de la cuando contemplado estas cosas sin atender a su forma, se abandona a la
magnitud en lo que el esfuerzo que hacemos para alcanzar la imaginación y a la razón, la que, uniéndose a la primera sin objeto
comprensión, excede del poder de la imaginación; esto consiste en que determinado, da por resultado hacerlo más extensivo, y que sienta cuán
con el sentimiento de una aprehensión que tiende progresivamente a una inferior es toda la potencia de su imaginación a las ideas de su razón.
todo de intuición, nos apercibimos de la ineptitud de la imaginación, cuyo
progreso no tiene límites, para percibir y aplicar una medida que pueda Los ejemplos de lo sublime matemático de la naturaleza, en la simple
servir para la estimación de la magnitud, sin dar ningún trabajo al intuición que de ellos tenemos, nos presentan todos los casos en que se da
entendimiento. Por donde la medida verdadera e inmutable de la a la imaginación un gran concepto numérico, menos por medida que
naturaleza es su absoluta totalidad, es decir, la comprensión de su como una gran unidad (con el fin de resumir las series numéricas).
infinidad considerada como fenómeno. Pero como esta medida es un
concepto contradictorio en sí (por lo imposible de la absoluta totalidad de Estimamos la magnitud de un árbol conforme a la de un hombre; esta
un progreso sin fin), la magnitud de un objeto de la naturaleza para la magnitud sirve, sin duda después, de medida para una montaña, y si esta
cual la imaginación gasta inútilmente su facultad de comprensión, nos tiene una milla de altura, puede servir de unidad para el número que
llevará necesariamente del concepto de la naturaleza a un substratum expresa el diámetro de la tierra, y hacer de este un objeto de intuición; a
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su vez, este diámetro puede servir para todo el sistema planetario que El sentimiento de lo sublime es, pues, a la vez un sentimiento de pena
conocemos, este para el de la vía láctea y para la innumerable cantidad de que nace de la desconveniencia de la imaginación en la estimación
vías lácteas llamadas estrellas nebulosas, que probablemente constituyen estética de la magnitud, con la estimación racional; y un sentimiento de
entre sí un sistema análogo, y en donde no es pasible hallar los límites. placer producido por el acuerdo de este mismo juicio que formamos
Por lo que lo sublime en el Juicio estético que formamos sobre un todo sobre la importancia de los mayores esfuerzos de la sensibilidad, con las
tan inmenso, consiste menos en la magnitud del número que en llegar ideas de la razón, en tanto que es para nosotros una ley no dejar de
siempre de una manera progresiva a la más elevada unidad, para lo que dirigirnos a estas ideas. Es, en efecto, para nosotros una ley (de la razón),
nos auxilia la descripción sistemática del mundo. Así es que toda la y está en nuestro destino considerar como pequeño, en comparación de
naturaleza nos parece pequeña a su vez, y nuestra imaginación, a pesar de las ideas de la razón, todo lo que la naturaleza, en tanto que objeto
toda su infinidad, y la naturaleza con ella, se desvanecen ante la ideas de sensible, contiene de grande para nosotros; y lo que excita en nosotros el
la razón, cuando se quiere hallar una exhibición que les convenga. sentimiento, de este destino supra-sensible, conforme con esta ley. Por lo
que el esfuerzo extremo que hace la imaginación para llegar a la
exhibición de la unidad en la estimación de la magnitud, indica una
relación con algo absolutamente grande, y por consiguiente, también una
relación con esta ley de la razón que no permite otra medida suprema de
§XXVII De la cualidad de la satisfacción referente al juicio de lo las magnitudes. Así, la percepción interior de la desconveniencia de toda
sublime medida sensible con la estimación racional de la magnitud, supone
conformidad con las leyes de la razón; ella encierra una pena producida
El sentimiento de nuestra incapacidad para alcanzar una idea, que es en nosotros por el sentimiento de nuestro destino supra-sensible,
para nosotros una ley, es lo que se llama la estima; por lo que la idea de la conforme al cual se concierta, y por consiguiente, es el placer de hallar
comprensión de todo fenómeno posible en la intuición de un todo, se nos toda medida de sensibilidad inferior a las ideas del entendimiento.
prescribe por una ley de la razón, que no reconoce otra medida universal
o inmutable que el todo absoluto. Mas nuestra imaginación aun en su En la representación de lo sublime de la naturaleza, el espíritu se
mayor esfuerzo, muestra sus límites y su ineptitud, respecto de esta siente conmovido, mientras que en sus juicios estéticos sobre lo bello en
comprensión de un objeto dado que se alcanza por ella (por consiguiente, la naturaleza, permanece en una tranquila contemplación. Esta emoción
respecto de la exhibición de la idea de la razón); pero al mismo tiempo (principalmente al principio), es como un sacudimiento, en el cual nos
muestra también, que su misión es investigar y apropiarse esta idea como sentimos alternativa y rápidamente atraídos y repelidos por el mismo
una ley. Así el sentimiento de lo sublime en la naturaleza, es un objeto. Lo trascendente es para la imaginación aquí (que es llevada a la
sentimiento de estima para nuestro propio destino; pero por una especie aprehensión de la intuición) como un abismo donde teme perderse; mas
de sustitución (convirtiendo en estima para el objeto la que para la idea racional de lo supra-sensible, no existe nada de trascendente,
experimentamos para la idea de la humanidad en nosotros), referimos sino de legítimo para intentar semejante esfuerzo de imaginación; por
este sentimiento a un objeto de la naturaleza, que nos hace como visible consiguiente, hay aquí una atracción precisamente igual a la repulsión
la superioridad del destino racional de nuestras facultades de conocer, que obra sobre la pura sensibilidad. Pero el juicio mismo no es siempre
sobre el mayor poder de la sensibilidad. más que estético, puesto que sin estar fundado sobre ningún concepto
determinado del objeto, se limita a representar el juego subjetivo de las
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facultades del espíritu (la imaginación y la razón) como armonioso en su La cualidad del sentimiento de lo sublime consiste en el sentimiento
mismo contraste. Porque la imaginación y la razón por oposición, como de desagrado, que se une a la facultad de juzgar estéticamente de un
en el juicio de lo bello, y la imaginación y el entendimiento por su objeto, y en el cual nos representamos al mismo tiempo una finalidad. Es
acuerdo, producen una finalidad subjetiva de las facultades del espíritu, que, en efecto, la conciencia de nuestra propia impotencia despierta la de
es decir, el sentimiento de que tenemos una razón pura e independiente, o una facultad ilimitada, y que el espíritu no pueda juzgar estéticamente de
una facultad de estimar la magnitud, cuya superioridad no puede hacerse ésta más que por medio de aquella.
sensible más que por medio de la insuficiencia de la imaginación, la cual
es ilimitada en la exhibición de las magnitudes (de los objetos sensibles). En la estimación lógica de la magnitud, la imposibilidad de llegar a la
absoluta totalidad por la progresión de la medida de las cosas del mundo
La medida de un espacio (en tanto que aprehensión) es al mismo sensible en el tiempo y en el espacio, es considerada como objetiva, es
tiempo una descripción de este espacio, y por consiguiente, un decir, como una imposibilidad de concebir lo infinito como dado todo
movimiento objetivo de la imaginación, y una progresión31; la entero, y no como puramente subjetivo, esto es, de la impotencia de
comprensión de la pluralidad en la unidad, no por el pensamiento, sino aprenderlo, porque aquí no se trata del grado de la comprensión en una
por la icticion, y por consiguiente, la comprensión en un momento de los intuición tomada por medida, sino que todo se refiere a un concepto de
elementos sucesivamente percibidos, es, por el contrario, una regresión32 número. Pero en una estimación estética de la magnitud, debe descartarse
que suprime la condición del tiempo en la progresión de la imaginación, o modificarse el concepto de número, y solo la comprensión de la
y nos da la coexistencia. imaginación como unidad de medida (abstracción hecha, por
consiguiente, de los conceptos de una ley de la generación sucesiva de los
Es, pues, un movimiento subjetivo de la imaginación (puesto que la de la magnitud) es conforme a este género de estimación. Por donde
sucesión del tiempo es una condición subjetiva de esta facultad), por cuyo cuando una magnitud, toca casi al límite de nuestra facultad de
medio ejerce violencia sobre el sentimiento íntimo, y que debe ser tanto comprensión para la intuición, y cuando la imaginación es excitada por
más notable, cuanto el grado de comprensión para la imaginación en una cantidades numéricas (respecto a las cuales sentimos que nuestro poder
intuición sea mayor. Así el esfuerzo intentado para percibir en una no tiene límites) a investigar la comprensión estética de una unidad
intuición única una medida de magnitud cuya aprehensión exige mucho mayor, nos sentimos estéticamente encerrados en límites; pero al mismo
tiempo, es un modo de representación, que subjetivamente considerado, tiempo, considerando la extensión que desea alcanzar la imaginación para
se conforma con el objeto que se propone; pero que contiene una acomodarse a lo que hay de ilimitado en nuestra razón, es decir, a la
finalidad objetiva, pues que es necesario para la estimación de la totalidad absoluta, encontramos cierta finalidad en la pena que
magnitud, y esta misma violencia que la imaginación ejerce sobre el experimentamos, y por consiguiente en la discordancia de la imaginación
sujeto es apreciada conforme a todo el destino del espíritu. con las ideas racionales que esta misma discordancia debe despertar
como efecto. He aquí cómo el juicio estético encierra una finalidad
subjetiva para la razón en tanto que es fuente de ideas, es decir, de una
31 comprensión intelectual, junto a la cual toda comprensión estética es
Progressus.
pequeña; y así es que al declarar un objeto sublime, experimentamos un
32
Regressus. sentimiento de placer que no es posible más que en medio de un
sentimiento de pena.
62
dinámicamente sublime, más que en tanto que la consideramos como un
objeto de temor.
DE LO SUBLIME DINÁMICO DE LA NATURALEZA El que tiene miedo no puede juzgar de lo sublime de la naturaleza,
como el que es dominado por la inclinación y el deseo no puede juzgar de
§ XXVIII De la naturaleza considerada como una potencia lo bello. Huye de la vista del objeto que le inspira este temor, porque es
imposible hallar satisfacción en él cuando es serio. También el
Se llama potencia33 un poder superior a los mayores obstáculos. Se sentimiento que experimentamos cuando nos sentimos libres de un
dice que esta potencia tiene imperio34 cuando es superior a la resistencia peligro es un sentimiento de alegría36. Mas esta alegría supone que no nos
que le opone otra potencia. La naturaleza, considerada en el juicio hallaremos expuestos a este peligro, y lejos de buscar la ocasión de
estético como una potencia que no tiene ningún imperio sobre nosotros es reproducir la sensación que hemos experimentado, la repelemos de
dinámicamente sublime. nuestro espíritu.
Para juzgar la naturaleza dinámicamente sublime, es necesario Elevados peñascos suspendidos en el aire y como amenazando, nubes
representársela como excitando el temor (aunque lo recíproco no sea tempestuosas reuniéndose en la atmósfera en medio de los relámpagos y
verdadero, es decir, que todo objeto sublime excita al temor). el trueno, volcanes desencadenando todo su poder de destrucción,
Efectivamente, en el juicio estético (sin concepto) no se puede juzgar de huracanes sembrando tras ellos la devastación, el inmenso Océano
la superioridad sobre los obstáculos más que conforme a la magnitud de agitado por la tormenta, la catarata de un gran río, etc., son cosas que
la resistencia. Pero toda cosa a la que resistimos con esfuerzo, es un mal; reducen a una insignificante pequeñez nuestro poder de resistencia,
y si hallamos que nuestras fuerzas están bajo esta cosa, esto es para comparado con el de tales potencias. Mas el aspecto de ellos tiene tanto
nosotros un objeto de temor. Así por el juicio estético, la naturaleza no más atractivo, cuanto es más terrible, puesto que nos hallamos seguros, y
puede considerarse como una potencia, ni por consiguiente, como llamamos voluntariamente estas cosas sublimes, porque elevan las
fuerzas del alma por cima de su medianía ordinaria, y porque nos hacen
33 35
Macht. Furchtbar.
34 36
Gewalt. Es difícil establecer en francés la distinción sutil establecida aquí por Kant Frohsegn.
entre Macht y Gewalt. -J. B.
63
descubrir en nosotros mismos un poder de resistencia de tal especie, que no hay (en apariencia) nada en efecto, en la sublimidad de la facultad de
nos da el valor de medir nuestras fuerzas con la omnipotencia aparente de nuestro espíritu. Es que, en efecto, la satisfacción no se dirige aquí más
la naturaleza. que al descubrimiento del destino de esta facultad, en tanto que nuestra
naturaleza es propia en él, mientras que el desenvolvimiento y el ejercicio
En efecto; así como la inmensidad de la naturaleza y nuestra de esta facultad se nos han confiado y son obligatorios. Y esto es la
incapacidad para hallar una medida propia para la estimación estética de verdad, cualquiera que sea la clara conciencia que el hombre pueda tener
la magnitud de su dominio, nos han revelado nuestra propia limitación, de su impotencia presente y real, cuando lleva su reflexión hasta allí.
pero nos han hecho descubrir al mismo tiempo en nuestra razón otra
medida no sensible, que comprende en ella esta misma infinidad como Este principio parece sacado de muy lejos, parece muy útil, y por
una medida, ante la cual todo es pequeño en la naturaleza, y nos ha consiguiente, por cima del alcance de un juicio estético; mas la
mostrado por esto en nuestro espíritu una superioridad sobre la misma observación del hombre prueba lo contrario, y muestra que sirve de base
considerada en su inmensidad; del mismo modo la imposibilidad de a los juicios más vulgares, aunque no se tenga siempre conciencia de ello.
resistir a un poder, nos hace reconocer nuestra debilidad como seres de la ¿Qué es, en efecto, aun para el salvaje, el objeto de la mayor admiración?
naturaleza, aunque al mismo tiempo nos descubre una facultad, por la Es un hombre inaccesible al temor, y que no retrocede ante el peligro,
cual nos juzgamos independientes de ella, y nos revela de este modo una pero que al mismo tiempo obra con reflexión. Aun en la mayor
nueva superioridad sobre la misma: esta superioridad es el principio de civilización, la más alta estima es para el guerrero, pero con una
una especie de conservación de sí mismo, muy diferente de la que puede condición, y es que muestre también todas las virtudes de la paz, la
ser atacada y puesta en peligro por la naturaleza exterior; porque la dulzura, la piedad y hasta un cuidado conveniente de su propia persona;
humanidad en nuestra persona queda firme, aunque el hombre ceda a esta porque por esto precisamente es por lo que muestra toda la fuerza de su
potencia. Así en nuestros juicios estéticos, la naturaleza no es considerada alma ante el peligro. También sucede que por más que se dispute cuanto
como sublime en tanto que es terrible, sino porque obliga la fuerza que se quiera sobre la cuestión de saber, cuál entre el hombre de Estado o el
somos (que no es la naturaleza) a mirar como nada las cosas, por las Jefe del Ejército merece la preferencia en nuestra estima, el juicio estético
cuales nos inquietamos (los bienes, la salud y la vida) y a considerar esta decide en favor de este último. La guerra misma, cuando se hace con
potencia de la naturaleza (a la cual ciertamente nos hallamos sometidos orden y respetando el derecho de gentes, tiene cierta cosa de sublime, y
relativamente a estas cosas) como no teniendo ningún imperio sobre vuelve el espíritu del pueblo, que así lo hace tanto más sublime, cuanto
nosotros mismos, sobre nuestra personalidad, desde el momento en que más expuesto se halla a mayores peligros, y cuanto más se sostiene en
se trata de nuestros principios supremos, del cumplimiento o la violación ellos con valor; por el contrario, una larga paz da ordinariamente por
de estos principios. La naturaleza no es, pues, aquí llamada sublime más resultado el traer la dominación del espíritu mercantil, la de los más
que, por la imaginación que la eleva hasta hacer de ella una exhibición de vastos intereses personales, el decaimiento y la molicie, y abate el
estos casos en que el espíritu puede hacerse sensible su propia espíritu público.
sublimidad, o la superioridad de su propio destino sobre la naturaleza.
A esta explicación del concepto de lo sublime, que consiste en
Esta estimación de sí mismo no pierde nada con la condición de exigir atribuirlo al poder, se podría objetar que nos hemos acostumbrado a
que nos hallemos en seguridad para experimentar esta satisfacción representarnos a Dios, mostrando su cólera y revelando su sublimidad en
vivificante, y que, como no debe haber aquí nada de serio en el peligro, las tempestades, en las tormentas, en los terremotos, y que en tales casos
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sería temeridad y locura imaginar una superioridad de nuestro espíritu se le tribute respeto: así que la lisonja y los homenajes interesados ocupan
sobre los efectos, y a lo que parece, sobre los fines de tal poder. Esto no entonces el puesto de la religión, que conviene a una justa vida.
es, dicen, el sentimiento de lo sublime de nuestra propia naturaleza, sino
más bien, el abatimiento, el sentimiento de nuestra completa impotencia La sublimidad no reside, pues, en ningún objeto de la naturaleza, sino
que parece ser el estado conveniente en presencia de tal ser, y que solamente en nuestro espíritu, en tanto que podemos tener conciencia de
acompaña ordinariamente la idea que nos hemos formado del mismo en ser superiores a la naturaleza que hay en nosotros, y por esto también a la
presencia de esta especie de fenómenos de la naturaleza. En la religión, que hay fuera de nosotros (en tanto que tiene influencia sobre nosotros).
en general, la sola manera de estar que conviene en presencia de la Todas las cosas que excitan este sentimiento, y de este número es el
Divinidad, es el prosternarse y adorarle, bajando la cabeza con aspecto poder de la naturaleza que provoca o excita nuestras fuerzas, se llaman,
triste y voz suplicante: así que la mayor parte de los pueblos lo han aunque impropiamente, sublimes; esto no es más que suponiendo esta
adoptado y lo observan todavía. Pero esta disposición del espíritu está idea en nosotros, y por lo que a ella se refiere, que somos capaces de
lejos de hallarse ligada por sí misma, y necesariamente a la idea de la llegar a la idea de la sublimidad de este ser que no nos produce solamente
sublimidad de la religión y al objeto de esta misma. El hombre que un respeto interior para el poder que revela en la naturaleza, sino más
realmente teme, puesto que halla el sujeto en sí mismo, teniendo bien para el poder que tenemos de mirar esto sin temor y de concebir la
conciencia de pecar por culpables pensamientos contra un poder, cuya superioridad de nuestro destino.
voluntad es irresistible, aunque justa, no está en disposición de espíritu
conveniente para admirar la grandeza divina: es necesario para esto
sentirse dispuesto a una tranquila contemplación y tener el juicio
completamente libre. Mas cuando el hombre tiene conciencia de la
rectitud de sus sentimientos y los hace agradables a Dios, solamente los § XXIX De la modalidad del juicio sobre la sublimidad de la
efectos del poder divino sirven para despertar en él la idea de la naturaleza
sublimidad de este ser, porque entonces siente en sí mismo una
sublimidad de ánimo conforme a su voluntad, y por esto se halla libre de Hay en la naturaleza una infinidad de cosas bellas, por las cuales
todo temor en presencia de estos efectos de la naturaleza, que no mira suponemos y aun podemos alcanzar, sin engañarnos, un perfecto acuerdo
más que como efectos de la cólera divina. La humildad misma, o la entro el juicio de otro y el nuestro; mas en el juicio que formamos de lo
condenación severa de estos defectos, que por otra parte pueden sublime de la naturaleza, no podemos prometernos tan fácilmente el
seguramente hallar su excusa, aun a los ojos de una conciencia pura en la asentimiento de otro. En efecto; parece necesario una cultura mucho
fragilidad de la conciencia humana, es una sublime disposición del mayor, no solamente del juicio estético, sino también de las facultades de
espíritu, que consiste en someterse voluntariamente al dolor de los conocer, que son el principio del mismo, para que se pueda formar un
remordimientos para destruir poco a poco la causa. Por esto sólo es por lo juicio sobre la excelencia de los objetos de la naturaleza.
que la religión se distingue esencialmente de la superstición; esta no
inspira al espíritu el sentimiento de respeto para lo sublime, pero le La disposición del espíritu que conviene al sentimiento de lo sublime,
arroja, lleno de temor y de angustia, a los pies de un ser omnipotente, a es una disposición particular para las ideas, porque precisamente en la
cuya voluntad el hombre asustado se ve sometido, sin que a pesar de esto desconveniencia de la naturaleza con las ideas, y en el esfuerzo intentado
por la imaginación para tratar aquella como un esquema relativamente a
65
las ideas, es en lo que consiste para la sensibilidad, lo terrible que al Exigimos estas dos cosas en todo hombre; y si tiene alguna cultura, se las
mismo tiempo es lo que atrae. Es para ella lo que atrae al mismo tiempo suponemos. No existe aquí más diferencia, que en la primera; el Juicio,
que es terrible, porque hay allí una influencia que la razón ejerce sobre la limitándose a referir la imaginación al entendimiento como a la facultad
misma con el fin de extenderla de conformidad con su propio dominio (el de los conceptos, lo exigimos directamente de cada uno, mientras que en
dominio práctico), y hacerle entrever el infinito que es un abismo para la segunda, el Juicio, refiriendo la imaginación a la razón como a la
ella. Y en el hecho, lo que un espíritu preparado por cierta cultura llama facultad de las ideas, no lo exigimos más que bajo una condición
sublime, no se presenta al hombre ordinario -en el cual las ideas morales subjetiva (pero que nos creemos con derecho de exigir a cada uno), a
no se hallan desarrolladas-, más que como terrible. En estos desastres en saber, la del sentimiento moral, porque por esto es por lo que atribuimos
que la naturaleza muestra tanto poder de devastación, ante los cuales se la necesidad a este juicio estético.
halla como anodado su propio poder, no ve más que las miserias, los
peligros, y las penas que habían de cercar al hombre que haya de Esta modalidad de los juicios estéticos o esta necesidad que se les
exponerse a ellos. Así es que aquel bueno y fino labrador de la Saboya de concede, es un momento importante para la critica del juicio. En efecto;
quien nos habla M. de Saussure, trataba de locos a los apasionados de las esta cualidad nos descubre en sus juicios un principio a priori, y por esto
montañas heladas; y yo no me atrevía a culparle por completo, si este los eleva a la psicología empírica, en la cual quedarían sepultados entre
observador hubiera afrontado los peligros a que se exponía, únicamente los sentimientos de placer y de pena (no teniendo para distinguirse más
por curiosidad como la mayor parte de los viajeros, o bien para tener el que el insignificante epíteto de sentimientos más delicados) y nos obliga
placer de hacer de ellos patéticas descripciones en su marcha. Pero su a referirlos, así como la facultad de juzgar, a la clase de estos juicios que
objeto era instruir a los demás, y este hombre excelente tenía e inspiraba, se apoyan sobre principios a priori, y los coloca como tales, en la
por cima de su marcha, a los lectores de sus viajes los sentimientos que filosofía trascendental.
elevan el alma.
OBSERVACIÓN GENERAL SOBRE LA EXPOSICIÓN DE LOS
Pero si el juicio sobre lo sublime de la naturaleza supone cierta cultura JUICIOS ESTÉTICOS REFLEXIVOS
(mucho más que el juicio de lo bello), no es nacido originariamente de
esta cultura, ni ha sido introducido en la sociedad por medio de una Con relación al sentimiento del placer, un objeto debe referirse o a lo
convención, sino que tiene su fundamento en la naturaleza humana, en agradable, o a lo bello, o a lo sublime, o al bien (absoluto); (jucundum,
una cualidad que se puede exigir de todos con la inteligencia común, o pulchrum, sublime, honestum).
sea en esta disposición de nuestra naturaleza sobre la cual se funda el
sentimiento de las ideas prácticas, es decir, el sentimiento moral. Lo agradable; en tanto que móvil de los deseos, es siempre de la
misma especie, cualquiera que sea el origen de donde provenga, y
Por donde en esto está precisamente el principio de la naturaleza que cualquiera que sean las diferencias específicas de las representaciones (de
atribuimos a nuestro juicio sobre lo sublime al exigir el asentimiento de los sentidos y de la sensación objetivamente considerados). También
otro. Del mismo modo que reprobamos como falto de gusto al que cuando se trata de juzgar de la influencia de lo agradable sobre el espíritu,
permanece indiferente en presencia de un objeto de la naturaleza que no se considera más que el número de atractivos (simultáneos y
hallamos bello, así decimos del que no experimenta ninguna emoción sucesivos), y por decirlo así, la masa de sensaciones agradables; y es
ante cualquier cosa que juzgamos sublime, que no tiene sentimiento. porque este juicio no es posible más que por medio del concepto de la
66
cuantidad. No hay aquí cultura a que atender, todo se refiere al placer. Lo Lo bello es lo que agrada en el juicio solo (y no, por consiguiente, por
bello exige, por el contrario, cierta cualidad del objeto; la representación medio de la sensación, ni según un concepto del entendimiento). De aquí
que se puede también hacer inteligible y reducir a conceptos (aunque no se sigue naturalmente que puede agradar sin ningún interés.
se tenga medios en el juicio estético), y que cultiva el espíritu llamando
su atención sobre la finalidad que se manifiesta en el sentimiento del Lo sublime es lo que agrada inmediatamente por oposición al interés
placer. Lo sublime consiste únicamente en la relación conforme a la cual de los sentidos.
juzgamos lo sensible en la representación de la naturaleza, como propia
de cierto uso supra-sensible y además posible. El bien absoluto, Estas dos, como expresiones de los juicios estéticos universales, se
considerado subjetivamente conforme al sentimiento que inspira (o como refieren a principios subjetivos, aunque la sensibilidad se halle satisfecha
objeto del sentimiento moral), en tanto que es capaz de determinar las al mismo tiempo que el entendimiento contemplativo, o que se halle
facultades del sujeto por la representación de una ley absolutamente contrariada, aunque en provecho de los fines de la razón practica, y los
necesaria, tiene principalmente por carácter distintivo la modalidad de dos unidos en el mismo sujeto, tienen una relación con el sentido moral.
una necesidad que descansa a priori sobre conceptos, que no solamente Lo bello nos prepara para amar cualquier cosa, aun la naturaleza, sin
reclama el asentimiento de cada uno, sino que lo ordena, que no interés; lo sublime para estimarla, aun contra nuestro interés (sensible).
pertenece en sí al juicio estético (sino al juicio intelectual puro), y que se
atribuye a la libertad y no a la naturaleza, por un juicio determinante y no Se puede definir lo sublime de este modo: es un objeto (de la
por un juicio reflexivo. Mas la posibilidad de ser determinado37 por naturaleza) cuya representación determina al espíritu a concebir como
medio de esta idea para un sujeto que pueda hallar obstáculos en sí una exhibición de ideas, la imposibilidad de atender a la naturaleza.
mismo, en la sensibilidad, porque al mismo tiempo pueda sentir su
superioridad sobre estos obstáculos, triunfando de ellos, modificando su Hablando literal y lógicamente, no existe para las ideas exhibición
estado, el sentimiento moral, en una palabra, se halla ligado al juicio posible. Mas cuando extendemos nuestra facultad empírica de
estético y a sus condiciones formales, en el sentido de que se puede representación (matemática o dinámicamente) en la intuición de la
representar como estética, es decir, como sublime o aun como bella, la naturaleza, la razón, que proclama la independencia de la totalidad
moralidad de la acción hecha por deber, sin alterar en nada su pureza, la absoluta, interviene infaliblemente, y hace que el espíritu se esfuerce,
que no tendría lugar sise buscase para unirla por medio de un lazo aunque inútilmente, para apropiar a las ideas la representación de los
natural, al sentimiento de lo agradable. sentidos. Este esfuerzo, y el sentimiento de la impotencia de la
imaginación para atender a las ideas, es en sí mismo una exhibición de la
Si se quiere sacar el resultado de la precedente exposición de las dos finalidad subjetiva de nuestro espíritu en el empleo de la imaginación
especies de juicios estéticos, he aquí las sucintas definiciones que de ellas para su destino supra-sensible, y nos fuerza a concebir subjetivamente la
se deducen: naturaleza aun en su totalidad, como una exhibición de algo supra-
sensible, aunque no podamos llegar objetivamente a esta exhibición.
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vulgar. Por esto es por lo que precisamente estamos advertidos de que la El asombro, próximo al terror, el estremecimiento, el santo horror que
naturaleza no es para nosotros más que un fenómeno, y que no debemos se experimenta al ver las montañas que se elevan a una gran altura,
considerarla más que como la simple exhibición de una naturaleza en sí profundos abismos donde las aguas se precipitan murmurando, una
(de la que la razón tiene idea). Por lo que esta idea de lo supra-sensible, profunda soledad que dispone a las meditaciones melancólicas etc., este
que no determinamos más, de suerte que no podemos conocer, sino sentimiento, no es, si nos reconocemos en estado de seguridad, un temor
solamente concebir la naturaleza como exhibición de ella, esta idea, pues, real, sino solamente un ensayo que intentamos sobre nuestra imaginación
se despierta en nosotros por medio de un objeto tal como el juicio estético para sentir el poder de esta facultad, para apreciar con la calma del
que en ella se aplica, lleva imaginación hasta los últimos límites, tanto de espíritu el movimiento producido por este espectáculo, y para mostrarnos
su extensión (matemáticamente), como de su poder sobre el espíritu por ello superiores a la naturaleza interior, y por consiguiente, a la
(dinámicamente), fundándose sobre el sentimiento de un destino del naturaleza exterior, en tanto que esta pueda tener influencia sobre nuestro
espíritu que excede por completo el dominio de la imaginación (sobre el bien estar. En efecto; cuando la imaginación se ejerce conforme a la ley
sentimiento moral), y hallando para la representación del objeto una de la asociación, hace depender nuestra satisfacción de condiciones
finalidad subjetiva por medio de este sentimiento. físicas; más cuando se conforma con los principios del esquematismo del
juicio (por consiguiente, cuando se somete a ha libertad), es un
En el hecho, es imposible concebir un sentimiento para lo sublime de instrumento de la razón y de sus ideas, y a este título despierta en
la naturaleza, sin tener una disposición de espíritu semejante a la que nosotros este poder que proclama nuestra independencia a la vista de las
conviene al sentimiento moral. El placer inmediatamente unido a lo bello influencias de la naturaleza, que considera como nada todo lo que es
de la naturaleza, supone y cultiva igualmente cierta liberalidad del grande como objeto de la misma, y que no coloca la absoluta magnitud
pensamiento, es decir, una satisfacción independiente del puro goce de más que en nuestro propio destino (el destino del sujeto). Esta reflexión
los sentidos; pero en esto hay más bien un juego para la libertad, que una del juicio estético, por la cual buscamos el poner de acuerdo la
ocupación seria; por lo que aquí sucede al contrario; el carácter propio de imaginación con la razón (mas sin ningún concepto determinado de esta
lo sublime, como el de la moralidad humana o la razón, violenta facultad), nos muestra una finalidad subjetiva para la razón (como
necesariamente la sensibilidad; solamente en el juicio estético sobre lo facultad de las ideas) en ciertos objetos, a causa de esta desconveniencia
sublime, esta violencia se ejerce por la imaginación misma como por misma que estos nos hacen descubrir entre la razón y la imaginación
medio de un instrumento de la razón. considerada en su mayor extensión.
La satisfacción referente a lo sublime de la naturaleza es, pues, No olvidemos aquí lo que ya hemos hecho notar, a saber, que en la
simplemente negativa (mientras que la que se refiere a lo bello es estética trascendental del juicio, no debe existir cuestión más que acerca
positiva); es el sentimiento de la imaginación, privándose ella misma de de los juicios estéticos puros, y que, por consiguiente, los ejemplos no se
su libertad y obrando conforme a una ley distinta de la de su ejercicio pueden tomar de los objetos bellos y sublimes de la naturaleza, que
empírico. Por esto recibe una extensión y un poder mayores que los que suponen el concepto de un fin, porque entonces la finalidad sería o
sacrifica; mas el principio está para ella oculto, mientras que siente el teleológica o fundada sobre simples sensaciones, causadas por un objeto
sacrificio o la privación, y al mismo tiempo la causa a la cual se halla (el placer o el dolor), y no sería, por tanto, estética en el prime caso, ni
sometida. puramente formal en el segundo. Cuando, pues, llamamos sublime la
vista del cielo estrellado, tenemos necesidad, para juzgar de este modo,
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de concebir mundos habitados por seres racionales, y considerar los representación que no concurrirían en nosotros, si fuéramos puras
puntos luminosos de que vemos lleno el espacio sobre nosotros, como los inteligencias (o si nos supusiéramos tales por el pensamiento); después,
soles de estos mundos, moviéndose en círculos apropiados a estos aunque ambos como objetos de una satisfacción intelectual (moral) sean
últimos; basta verlo tal y como aparece, como una inmensa bóveda que lo conciliables con la satisfacción estética, en el sentido de que ambas no
abraza todo; y solo a condición de esto podemos atribuirle la sublimidad, descansan sobre ningun interés, es difícil, sin embargo, conciliarlas con
que es el objeto de un juicio puro estético. Del mismo modo para hallar esta satisfacción, porque deben producir una; y si es necesario, que la
sublime la vista del Océano, no nos lo representamos tal como lo concibe exhibición se conforme aquí con la satisfacción del juicio estético, esto
un espíritu enriquecido con toda especie de conocimientos (que no da la no podrá tener lugar más que por medio de un interés sensible ligado a
intuición inmediata), por ejemplo, como un vasto reino poblado de seres esta satisfacción; más esto hace desmerecer a la finalidad intelectual y lo
acuáticos, o como un gran depósito destinado a suministrar los vapores quita su pureza.
que cargan el aire de las nubes en provecho de la tierra, o si se quiere,
como un elemento que separa las diversas partes de la tierra, pero El objeto de una satisfacción intelectual, pura e incondicional, es la ley
permitiéndoles comunicar entre sí; porque estos son aquí verdaderos moral, considerada en cuanto al poder que ejerce en nosotros sobre todos
juicios teleológicos; es necesario representárselo como hacen los poetas, los móviles del espíritu que le preceden; y como, hablando con
conforme a lo que nos muestra la vista; por ejemplo, cuando está en propiedad, este poder no se revela estéticamente más que por sacrificios
calma, como un espejo líquido, que no es limitado más que por el cielo, o (lo que supone, una privación, pero en provecho de la libertad interior, lo
cuando está alborotado, como un abismo que amenaza tragarlo todo. Esto que nos descubre al mismo tiempo en nosotros la inmensa profundidad de
se aplica también a los juicios sobre lo sublime o sobre lo bello en la esta facultad supra-sensible con sus consecuencias que se extienden al
forma humana: no debemos buscar los principios en los conceptos de los infinito), la satisfacción bajo el punto de vista estético (relativamente a la
fines, a los cuales están destinadas todas las partes que lo componen, ni sensibilidad), es negativa, es decir, contraria al interés de los sentidos, y
permitir a la consideración de la apropiación de estas partes con sus fines, bajo el punto de vista intelectual, positiva y ligada a un interés. De aquí
influir sobre nuestro juicio estético (porque entonces no sería un juicio se sigue que para juzgar estéticamente, debemos representarnos el bien
estético puro), aunque para la satisfacción sea una condición necesaria, intelectual, que contiene una finalidad absoluta (el bien moral), menos
que no haya desconveniencia entre las unas y las otras. La finalidad como bello que como sublime, y que excite más bien el sentimiento de
estética, es la legalidad en la libertad del juicio. La satisfacción unida al respeto (que desprecia el atractivo) que el del amor y una tierna
objeto, depende de la relación en que queremos colocar la imaginación; inclinación, porque la naturaleza humana no se refiere a este bien por sí
mas es necesario que esta entretenga al espíritu por sí misma en una libre mismo, sino por la violencia que la razón hace a la sensibilidad.
ocupación. Si por el contrario, el juicio es determinado por alguna otra Recíprocamente, lo que nosotros llamamos sublime en la naturaleza, sea
cosa, sea por una sensación, sea por un concepto del entendimiento, en, o fuera de nosotros mismos (por ejemplo, ciertas afecciones), no nos
puede ser en tal caso legítimo, pero esto no es lo que constituye un juicio lo representamos más que como un poder que hay en el espíritu de
libre. elevarse por principios humanos, por cima de ciertos obstáculos de la
sensibilidad, y por esto es por lo que es interesante.
Cuando se habla, pues, de la belleza o de la sublimidad intelectual,
primero, nos servimos de expresiones que no son del todo exactas, Concretémonos un poco a este punto. La idea del bien, junto a la de
porque la belleza y la sublimidad son dos modos estéticos de afección, se llama entusiasmo. Este estado del espíritu parece de tal modo
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sublime, que se dice ordinariamente que sin él nada grande puede Toda afección de carácter animoso42, a saber, la que excita la
hacerse. Por lo que toda afección38 es ciega o en la elección de su fin, o conciencia de nuestras fuerzas a vencer toda resistencia (animi strenui),
cuando este fin es dado por la razón, en su cumplimiento; porque es un es estéticamente sublime, por ejemplo, la cólera, la desesperación misma
movimiento del espíritu que nos hace incapaces de toda libre reflexión (se entiende aquella en que domina el arrebato y no el decaimiento). La
sobre los principios, conforme a los cuales debemos determinarnos. No afección de carácter lánguido43 que hace esfuerzos de resistencia a un
puede, pues, en manera alguna merecer de la razón una satisfacción. Sin objeto de pena (animum languidum reddit), no tiene nada de noble en sí,
embargo, estéticamente el entusiasmo es sublime, porque es una tensión mas puede referirse a lo bello del género sensible. Las emociones que
de las fuerzas producida por las ideas que dan al espíritu un arrojo mucho pueden elevarse hasta el rango de afecciones, son, pues, muy diferentes.
más poderoso y más duradero que el que puede producir el atractivo de Las hay vivas y las hay tiernas. Cuando estas últimas llegan hasta la
las representaciones sensibles. Mas (lo que parece extraño) la ausencia de afección, no valen nada; la propensión a esta especie de afecciones se
toda afección39 (apathia phleyma in significantu bono), en un espíritu que llama sensiblería o sensibilidad afectada. El dolor que proviene de la
sigue rigurosamente sus principios inmutables, es sublime, y de una compasión por la desdicha de otro, y que no tiene necesidad de consuelo,
especie de sublimidad mucho mayor, porque tiene también para sí la o cuando se trata de una desgracia imaginaria, aquella en que nos
satisfacción de la razón. Este estado del espíritu se llama noble, y esta entregamos voluntariamente a la ilusión de la fantasía, como si se tratase
expresión se aplica en consecuencia a las cosas, por ejemplo, a un de cosas reales, este dolor hace y demuestra un alma tierna, mas débil al
edificio, a un vestido, a un cierto género de estilo, a cierta postura del mismo tiempo, que muestra un lado bello, en el cual se puede reconocer
cuerpo y a otras cosas de este género, cuando excitan menos el asombro40 la imaginación, pero no el entusiasmo. Piezas de teatro caballerescas y
(la afección producida por la representación de una novedad que exceda lacrimosas, insípidos preceptos de moral, que tratan como un juego lo
nuestro alcance), que la admiración41 (especie de asombro que no cesa que se llama (sin razón) nobles sentimientos, pero que, en realidad,
cuando la novedad desaparece), lo que sucede cuando se ve una corrompen el corazón, le hacen insensible a la severa ley del deber,
exhibición concertarse sin designio ni arte con la satisfacción estética. incapaz de todo respeto para la dignidad de la humanidad en nuestra
persona, y para el derecho de los hombres (lo que es una cosa distinta de
su dicha) y en general, incapaz de todo principio firme; un discurso
38
religioso, que nos lleva a cautivar el favor divino por medios bajos y
Las afecciones son específicamente diferentes de las pasiones. Las primeras no se humillantes, y por esto nos hace perder toda confianza en nuestro poder
refieren más que al sentimiento; las segundas pertenecen a la facultad de querer, y son de resistir al mal, en vez de inspirarnos la firme resolución de emplear
inclinaciones que hacen difícil e imposible toda determinación de la voluntad por
principios. Estas son impetuosas o irreflexivas; aquellas, duraderas y reflexivas. Así el para reprimir nuestras pasiones las fuerzas que nos quedan todavía, a
sentimiento como cólera es una afección; más como aborrecimiento (deseo de pesar de nuestra fragilidad; una falsa humildad, que ve en el desprecio de
venganza) es una pasión. La pasión no puede nunca, ni bajo ningún respecto, llamarse sí misma, en un arrepentimiento estrepitoso e interesado, en una
sublime; porque si en la afección se halla impedida la libertad del espíritu, en la pasión disposición del espíritu completamente pasivo, el solo medio de ser
está suprimida. agradable al Ser Supremo; estas cosas apenas van con lo que se puede
39
Affectlosigkeit.
42
Von der wackern Art.
40
Berwunderung.
43
Von der Schmelzenden Art.
41
Berwunderung
70
mirar como la belleza, y mucho menos todavía con lo que se puede mirar que este mandamiento: «No harás para ti imagen tallada, ni ninguna
como la sublimidad del espíritu. figura de lo que hay en el cielo, o de lo que hay sobre la tierra44.» Este
solo precepto puede bastar para explicar el entusiasmo que el pueblo
Mas también los movimientos impetuosos del espíritu, sea que, judío sentía en sus días de prosperidad por su religión, cuando se
teniendo por objeto la edificación, se liguen a las ideas religiosas, sea comparaba con otros pueblos, o la indignación que le inspira el
que, limitándose a la cultura del alma, se liguen a las ideas que encierran mahometismo. Lo mismo sucede en la representación de la ley moral y
un interés común, estos movimientos, cualquiera que sea la acción que de nuestra inclinación a la moralidad. Es completamente absurdo el temer
den a la imaginación, no pueden llegar al rango de lo sublime, si no dejan que si se quita a esta ley todo lo que puede recomendarla a los sentidos,
tras ellos en el espíritu, una disposición que tenga una incidencia no exista más que una aprobación fría y desanimada, y venga a hacerse
indirecta sobre la conciencia de sus fuerzas y sobre su resolución incapaz de obrar sobre nosotros y de movernos. Sucede todo lo contrario;
relativamente a lo que encierra una finalidad intelectual pura (lo supra- porque allí donde los sentidos no ven nada ante ellos, y donde queda
sensible). Porque si no, todos estos movimientos se refieren al género de todavía, sin embargo, esta idea de la moralidad que no se puede
emoción que se ama a causa de la salud. La flojedad o languidez desconocer y de la que no nos podemos librar, será mucho más necesario
agradable que sigue a una sacudida, producida por el juego de las moderar el vuelo de una imaginación exhaltada, con el fin de impedir que
afecciones, es un goce de bienestar del restablecimiento del equilibrio de se eleve hasta el entusiasmo, que temer que una idea como aquella no
nuestras fuerzas encontradas. Es, en último resultado, algo parecido al tenga bastante poder por sí misma, y buscarle auxiliares en las imágenes
goce tan agradable que experimentan los voluptuosos orientales, cuando y en un pueril aparato. Así los gobiernos se han tomado el cuidado de
se hacen comprimir el cuerpo, cogerse y plegarse dulcemente los proveer ricamente a la religión, de esta especie de aparato, buscando de
músculos y las articulaciones; solamente allí el principio motor está en este modo el elevar a los que sufren alguna pena; pero también el
gran parte en nosotros, mientras que aquí, por el contrario, se halla por extender sus facultades más allá de ciertos límites puestos arbitrariamente
completo fuera de nosotros. Uno se cree edificado por un sermón que no con el fin de hacer seres pasivos, y tratarlos más fácilmente.
tiene nada de edificante (en donde se buscaría en vano un conjunto de
buenas máximas), o perfeccionado por una pieza de teatro, que es Esta exhibición pura y simplemente negativa de la moralidad, eleva el
simplemente chistosa, y haber empleado bien el tiempo. Es necesario alma, mas no expone en manera alguna al peligro decaer en el fanatismo,
siempre que lo sublime tenga una relación con la manera de pensar, es o en esta ilusión que cree ver algo más allá de los límites de la
decir, con las máximas que aseguran a lo intelectual y a las ideas de la sensibilidad, es decir, que consiste en soñar según principios (en divagar
razón la superioridad sobre la sensibilidad. con la razón). La impenetrabilidad de la idea de la libertad hace, en
efecto, imposible toda exhibición positiva; pero la ley moral es por sí
No hay que temer que el sentimiento de lo sublime pierda algo en este misma un principio suficiente y originario de determinación de suerte que
modo abstracto de exhibición, que es en un todo negativo, relativamente no permite tener en cuenta otro motivo que ella misma.
a lo sensible; porque aunque la imaginación no halle nada más allá de lo
sensible en que poder fijarse, se siente, sin embargo ilimitada por esto 44
«Non facies tibi sculptile nequo omnen similitudinim quae est in caelo desuper et
mismo que se elevan sus límites, y por consiguiente, esta abstracción es
quae interra deorsum, nec eorum quae sunt in aquis sub terra». Liber Eexodi, cap. 20, v.
una exhibición que, en verdad, es puramente negativa, pero que ensancha t. 4. Este precepto se repite muchas veces en la Biblia. Véase lib. 26, I. Deut. 4, 15-20.
el alma. Puede que no haya pasaje más sublime en el libro de los judíos Jos. 24-14. Ps. 96-7. -J. B.
71
larga y triste experiencia, está muy distante de la satisfacción que da la
Si el entusiasmo se parece al delirio45, el fanatismo se parece a la sociedad con los hombres. La prueba de esto se encuentra en este amor a
demencia46, y este último estado es el que se conforma menos a lo la soledad, en estos deseos fantásticos a que nuestra imaginación nos
sublime, pues que es profundamente ridículo. trasporta en un campo retirado, o bien (entre los jóvenes), en estos sueños
de dicha en que se pasa la vida en una isla desconocida para el resto del
El entusiasmo es una afección en que la imaginación ha sacudido el mundo, con una pequeña familia, sueños de los cuales saben sacar un
yugo; el fanatismo una pasión arraigada y continuamente sostenida, en la buen partido los romanceros o los inventores de robinsonadas. La
que se halla desarreglada. El primero es un accidente pasajero que ataca falsedad, la ingratitud, la injusticia, la puerilidad en las cosas que
algunas veces la más sana inteligencia; el segundo es una enfermedad que miramos como grandes e importantes, y en las cuales los hombres se
la trastorna. causan a sí y entre ellos mismos todos los males imaginables, he aquí
vicios de tal modo contrarios a la idea de lo que los hombres podrían ser,
La simplicidad (la finalidad sin arte) es como el estilo de la naturaleza si quisieran, y al deseo ardiente que tenemos de verlos mejores, que, por
en lo sublime, y también, por consiguiente, en la moralidad, que es una no aborrecerlos cuando no los podemos amar, el abandono de todos los
segunda naturaleza (supra-sensible), de la que no conocemos más que la placeres que puede proporcionar la sociedad parece un ligero sacrificio.
ley, sin poder percibir en nosotros por la intuición la facultad supra- La tristeza que experimentamos a vista del mal, y no hablamos del que la
sensible que contiene el principio de esta ley. suerte envía a los demás (la tristeza entonces vendría de la simpatía), sino
del que los hombres se causan entre sí (la tristeza en este caso vendría de
Todavía debemos notar, que aunque la satisfacción que se refiere a lo la antipatía de los principios); esta tristeza es sublime, puesto que
bello, tanto como la que se refiere a lo sublime, no encuentra tan solo en descansa sobre ideas; la otra es simplemente bella. El profundo y
la propiedad que tiene de poderse comunicar universalmente, un carácter espiritual M. de Saussure en la descripción de sus viajes a los Alpes, dice
que la distinga de otros juicios estéticos, sino un interés relativamente a la de una montaña de la Saboya, llamada Buenhombre: «que allí reina cierta
sociedad (por cuyo medio se comunica); se considera sin embargo, como tristeza estúpida.» Reconocía, pues, también una tristeza interesante,
algo sublime al separarse de toda sociedad, cuando esta separación se como la que inspiraría la vista de una soledad a donde quisiéramos ser
funda en ideas superiores a todo interés sensible. Bastarse a sí mismo, por trasportados para no oír hablar más del mundo y no tener que
tanto, no necesitar de la sociedad sin ser por esto insociable, es decir, sin experimentarlo más, pero que no fuera salvaje hasta el punto de no
huir de ella, constituye algo que se aproxima a lo sublime, como todo lo presentar a los hombres más que un miserable desierto. Al hacer esta
que da por resultado el librarnos de las necesidades. Por el contrario, huir observación, quiero solamente indicar que la tristeza (no la
de los hombres misantropía, porque se les aborrece, o por antropofobia desesperación), puede ser colocada en el rango de las afecciones nobles,
(temor a los hombres), porque se les teme como a enemigos, he aquí lo cuando tiene su principio en las ideas morales, pero que cuando se funda
que es en parte odioso y en parte despreciable. Existe, sin embargo, una en la simpatía y es amable a este título, pertenece a las afecciones tiernas,
misantropía que no excluye la benevolencia, y que, producida por una y que el estado del espíritu no es sublime más que en el primer caso.
45
Wahnsinn. * * *
46
Wahnwitz.
72
Si se quiere ver a donde conduce una exposición puramente empírica sujeto); que aun como Epicuro pretendía, el placer y el dolor son siempre
de lo sublime y de lo bello, que se compare la exposición trascendental de corporales en definitiva, que provienen de la imaginación o de las
los juicios estéticos que acabamos de presentar, con una exposición representaciones del entendimiento, puesto que la vida sin el sentimiento
psicológica como la que Burke, y entre nosotros muy buenos talentos, del organismo corporal no es otra cosa que la conciencia de la existencia,
han emprendido. Burke47, cuyo tratado merece citarse como el más mas no el sentimiento del bien o del mal estar, es decir, del ejercicio fácil
importante en este género, llega por el método empírico a este resultado; o penoso de las fuerzas vitales; porque el espíritu por sí solo es la vida (el
que el sentimiento de lo sublime se funda sobre la tendencia a la principio de la vida), y los obstáculos o los auxiliares deben buscarse
conservación de sí mismo y sobre el temor, es decir, sobre cierto dolor fuera de él, pero siempre en el hombre, por consiguiente, en su unión con
que, no llegando hasta el trastorno real de las partes del cuerpo, produce el cuerpo. Pero si se pretende que la satisfacción que referimos a un
movimientos que desembarazan los vasos delicados o groseros de objeto proviene únicamente de lo que este objeto nos agrada por el
obstrucciones incómodas y peligrosas, y son capaces de excitar atractivo, por la emoción, no es necesario reclamar a nadie que dé su
sensaciones agradables, no un verdadero placer, sino una especie de asentimiento al juicio estético que formamos; porque cada uno no puede
horror delicioso, o una tranquilidad mezclada de terror48. Funda lo bello más que consultar su sentimiento particular. Mas entonces desaparece
sobre el amor (que quiere, sin embargo, distinguir de los deseos), y lo toda crítica del gusto. El ejemplo que dan los demás con el acuerdo
reduce a un relajamiento de las fibras de los cuerpos, y por consiguiente a accidental de sus juicios, he aquí la sola regla que se nos podría proponer;
una especie de languidez y desfallecimiento en el placer49. Y para pero nos rebelaríamos contra esta regla y apelaríamos al derecho que la
confirmar esta especie de explicación, no aplica solamente sus ejemplos a naturaleza nos ha dado de someter a nuestro propio sentimiento y no al de
los casos en que la imaginación, junta con el entendimiento, puede los demás, un juicio que descansa sobre el sentimiento del bienestar.
excitar en nosotros el sentimiento de lo bello o de lo sublime, sino
también a aquellos en que se junta con la sensación. Como observaciones Si, pues, el juicio del gusto no debe tener un valor individual, sino un
psicológicas, estos análisis de los fenómenos de nuestro espíritu son muy valor universal, fundado sobre su naturaleza misma, y no sobre los
bellos, y suministran abundante materia a las curiosas investigaciones de ejemplos que los demás muestran acerca de su gusto; si es cierto que
la antropología empírica. No se puede negar que todas nuestras existe el derecho de exigir el asentimiento de cada uno, es necesario que
representaciones, cualquiera que sean, bajo el punto de vista objetivo, descanse sobre algún principio a priori (objetivo o subjetivo), al cual es
simplemente sensibles o enteramente intelectuales, pueden hallarse imposible llegar por la investigación de las leyes empíricas de sus
subjetivamente ligadas al placer o a la pena, por poco notables que sean modificaciones del espíritu; porque estas leyes, solamente nos hacen
ambos (puesto que todas afectan al sentimiento de la vida, y que ninguna conocer cómo se juzga, mas no nos prescriben cómo se debe juzgar, y no
de ellas puede ser indiferente, en tanto que son una modificación del pueden darnos un orden incondicional, como el que encierran los juicios
del gusto, que exigen que la satisfacción se halle inmediatamente ligada a
47 una representación. Que se empiece, pues, si se quiere por una exposición
Investigación filosófica sobre el origen de nuestras ideas de lo sublime y de lo bello,
empírica de los juicios estéticos para preparar la materia de una más alta
traducción francesa, París, 1803, -J. B.
investigación, mas el examen trascendental de la facultad que forma estas
48
Véase la traducción francesa, parte IV, sección VIII, página 241. -J. B. especies de juicios, es posible, y pertenece a la crítica del gusto; porque si
el gusto no tuviera principios a priori, sería incapaz para apreciar los
49
Sección XIX, pág. 266. -J. B.
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juicios de los demás y de aprobarlos o vituperarlos con cualquier cómo explicar ¿por qué la naturaleza ha extendido por todas partes la
apariencia de derecho. belleza con tanta profusión, aun en el fondo del Océano, en donde el ojo
humano (para el que solamente, sin embargo, parece hecha), no penetra
Lo que nos resta que decir, respecto a la analítica del juicio estético, más que raramente? Y otras cuestiones del mismo género.
forma la DEDUCCIÓN DE LOS JUICIOS ESTÉTICOS PUROS50.
Mas lo sublime de la naturaleza, cuando es el objeto de un juicio puro
estético, es decir, de un juicio que no encierra conceptos de perfección o
§ XXX La deducción de los juicios estéticos sobre los objetos de la de finalidad objetiva, como un juicio teleológico, puede considerarse
naturaleza, no puede aplicarse a lo que llamamos sublime, sino como informe o sin figura, y al mismo tiempo como el objeto de una
solamente a lo bello satisfacción pura, e indicar cierta finalidad subjetiva en la representación
dada; por lo que, se pregunta si un juicio estético de esta especie, además
La pretensión de un juicio estético a la universalidad, necesita de una de la exposición de lo que en él se concibe, tiene necesidad también de
deducción que determine el principio a priori, sobre el cual debe una deducción que legitime su pretensión a cualquier principio
descansar (es decir, que legitime su pretensión), y es necesario añadir esta (subjetivo), a priori.
deducción a la exposición de este juicio, cuando la satisfacción que
encierra se halla ligada a la forma del objeto. Tales son los juicios del A lo que yo respondo, que lo sublime de la naturaleza, no se llama así
gusto sobre lo bello de la naturaleza. Entonces, efectivamente, la más que impropiamente, y que, hablando con propiedad, no debe
finalidad tiene su principio en el objeto, en su figura, aunque no se atribuirse más que a un estado del espíritu, o más bien a los principios
determina, conforme a conceptos (para formar un juicio de que lo producen en la naturaleza humana. La aprensión de un objeto
conocimiento), la relación de este objeto con los demás, sino que además informe y discordante, no es más que la ocasión que produce el
concierne de una manera general a la expresión de su forma, en tanto que sentimiento de este estado, y por consiguiente, el objeto se emplea para
ésta se muestra conforme en el espíritu a la facultad de los conceptos (o a un fin subjetivo, pero por sí mismo y por su forma, no tiene finalidad
la facultad de aprensión, porque es la misma cosa). Se pueden, pues, alguna, (es en cierto modo species finalis acepta, non data). Es porque
relativamente a lo bello de la naturaleza, proponer todavía diversas nuestra exposición de los juicios sobre lo sublime de la naturaleza, es al
cuestiones tocante a la causa de esta finalidad de sus formas: por ejemplo, mismo tiempo su deducción. En efecto; analizando la reflexión de la
facultad de juzgar en esta especie de juicios, hemos hallado una relación
50 de las facultades de conocer a una finalidad que debe servir a priori de
Se ha visto que Kant, divide la analítica del juicio estético en dos libros, titulado el
principio a la facultad de obrar según los fines (a la voluntad), y por
primero: Analítica de lo bello, y el segundo, Analítica de lo sublime. Por donde en el
segundo libro empieza una nueva parte de la analítica, la deducción de los juicios consiguiente, una relación que por sí misma contiene una finalidad a
estéticos, que Kant distingue de la exposición de estos juicios, y de la cual excluye priori. Por esto nos ha suministrado inmediatamente la deducción de esta
precisamente los sublime. Todo lo que sigue hasta la dialéctica, aunque comprendido en especie de juicios, justificando su pretensión a un valor universalmente
el libro de lo sublime, versa sobre cuestiones, o extrañas a lo sublime, o que no necesario.
conciernen a esto particularmente (como la del arte). Se puede, pues, reprochar aquí a
Kant, ordinariamente tan metódico, aun en la división material de sus obras, un defecto
de orden, más completamente exterior y que no toca al fondo. Yo no me limito a No debemos, pues, ocuparnos más que de la deducción de los juicios
señalarla ni corregirla, y conservo el título del segundo libro hasta el fin de la analítica. del gusto, es decir, de los juicios sobre la belleza de la naturaleza, y por
74
esto trataremos por completo la cuestión a que da lugar aquí el juicio necesario fundarlo sobre la autonomía del sujeto que juzga del
estético. sentimiento del placer (referente a una representación dada), es decir,
sobre el gusto de que está dotado, sin derivarlo de conceptos, un juicio de
este género -tal es en efecto, el juicio del gusto- tiene una doble
propiedad lógica: primero, un valor universal a priori, no un valor lógico
fundado sobre conceptos, sino la universalidad de un juicio particular;
§ XXXI Del método propio para la deducción de los juicios del gusto después una necesidad (que descasa necesariamente sobre principios a
priori), pero que no depende de prueba alguna a priori, cuya
La deducción, es decir, la comprobación de la legitimidad de cierta representación pueda forzar el asentimiento que el juicio del gusto exige
especie de juicios, no es obligatoria más que cuando aspiran a la de cada uno.
necesidad; y es en el caso de estos juicios que reclaman una universalidad
subjetiva, es decir, el asentimiento de cada una, aunque no sean juicios de Es necesario explicar estas propiedades lógicas, por las que un juicio
conocimiento, sino juicios de placer o de pena, tocante a un objeto dado, del gusto se distingue de todos los juicios de conocimiento, y por tanto,
es decir, aunque no pretendan más que una finalidad subjetiva, en calidad hacer abstracción, por ahora, del contenido de este juicio, es decir, del
de juicios del gusto. sentimiento de placer, y limitarse a comparar la forma estética con la
forma de los juicios objetivos, tales como los prescribe la lógica; he aquí
En este último caso, no hay, pues, cuestión de un juicio de lo que conviene a la deducción de esta facultad singular. Expondremos
conocimiento; no se trata ni de un juicio teórico fundado sobre el ahora estas propiedades características del gusto, esclareciéndolas por
concepto que el entendimiento nos da de una naturaleza en general, ni de medio de ejemplos.
un juicio práctico (puro), fundado sobre la idea de la libertad, que la
razón nos suministra a priori; y el juicio cuyo valor a priori vamos a
comprobar, no es, ni un juicio que representa lo que es una cosa, ni un
juicio que nos prescribe lo que debemos hacer para producirla: por
consiguiente, el valor universal que se trata aquí de establecer, es
solamente el de un juicio particular que expresa la finalidad subjetiva de
una representación de la forma de un objeto para la facultad de juzgar en
general. Es necesario explicar cómo es posible que una cosa agrade
(independientemente de toda sensación o de todo concepto) en el simple
juicio que formamos de ella, y cómo la satisfacción de cada uno pueda § XXXII Primera propiedad del juicio del gusto
proponerse como una regla a los demás, del mismo modo que el juicio
formado sobre un objeto para formar de él un conocimiento en general, se El juicio del gusto refiriendo una satisfacción a su objeto (considerado
halla sometido a reglas universales. como belleza), aspira al asentimiento universal, como si fuera un juicio
objetivo.
Por donde, si para establecer este valor universal, no basta recoger los
sufragios e interrogar a los demás sobre su manera de sentir, sino que es
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Decir que una flor es bella, es proclamar su derecho a la satisfacción esto por tanto, una prueba de que existen fuentes del gusto a posteriori?
de cada uno. Lo que hay de agradable en su olor no le da ningún derecho ¿Y esto no es una contradicción con la autonomía del gusto que es el
de este género. Por lo que ¿no parece seguirse de aquí que se debía mirar derecho de cada uno? Mas se podría decir que los antiguos matemáticos
la belleza como una propiedad de la misma flor, que no se regula sobre la considerados hasta aquí como útiles modelos de solidez y de elegancia
diversidad de individuos y de organizaciones, sino sobre aquella, a la cual extrema del método sintético, prueban también que entre nosotros la
estos deben ajustarse para juzgar de la misma? Y sin embargo, esto no razón es imitativa, y que es impotente para producir por sí misma, por
sucede así. En efecto, el juicio del gusto consiste precisamente en no medio de la construcción de los conceptos, argumentos sólidos, y que
llamar una cosa bella más que conforme a la cualidad por cuyo medio se testifiquen una intuición penetrante. No habría empleo alguno de nuestras
acomoda a nuestro modo de percibirla. fuerzas, por libre que éste fuera, ni mucho menos aplicación de la razón
(la cual debe sacar a priori todos sus juicios de las fuentes comunes), que
Además se exige de todo verdadero juicio del gusto, que el que lo no diera lugar a estos ensayos desgraciados, si cada uno de nosotros
forma juzgue por sí mismo, sin tener necesidad de tantear para conocer el debiéramos partir siempre de los primeros principios, si otros no nos
juicio de los demás, ni de inquirir previamente acerca de la satisfacción o hubieran precedido en el mismo camino, no para dejar a sus sucesores
el placer que experimentan por el mismo objeto; es necesario que únicamente el papel de imitadores, sino para ayudarnos con su
pronuncie su juicio a priori y no por imitación, porque la cosa agrada, en experiencia a investigar los principios en nosotros mismos, y a seguir el
efecto, universalmente. Podíamos ser tentados de creer que un juicio a mismo camino, pero con más éxito. En la religión misma en donde todos
priori debe contener un concepto del objeto, y suministrar el principio del deben ciertamente sacar de sí mismos la regla de su conducta, puesto que
conocimiento de este objeto; mas el juicio del gusto no se funda sobre cada uno queda de ella responsable y no puede hacerla recaer sobre otros,
conceptos, y no es, en general, un conocimiento; es un juicio estético. como sobre sus maestros y predecesores, la falta de sus pecados, los
preceptos generales que se pueden recibir de los sacerdotes o de los
Por esto un joven poeta que está convencido de la belleza de su filósofos, o que se puedan hallar en sí mismo, jamás tienen tanta
poema, no se deja fácilmente disuadir por el juicio del público o por el de influencia como un ejemplo histórico de virtud o santidad, que no impide
sus amigos, y si permite escucharlos, no significa esto que haya cambiado la autonomía de la virtud, fundada sobre la verdadera y pura idea (a
de parecer, sino que, acusando a todo el público de mal gusto, es, sin priori) de la moralidad, y que no la cambia en una imitación mecánica.
embargo, para él un motivo de acomodarse a la opinión común, el deseo Seguir51 lo que supone algo que precede, y no imitar52, es la palabra que
de ser bien acogido (aun con desprecio de su propio juicio). Más tarde conviene para expresar la influencia que pueden tener sobre los demás las
solamente, cuando el ejercicio haya dado más penetración a su juicio, producciones de un autor que han llegado a ser modelos; y esto significa
renunciará por sí mismo a su primera manera de juzgar cuanto sea solamente, beber en las mismas fuentes donde él ha bebido, y aprender de
necesario, en vista de estos juicios que descansan sobre la razón. El gusto él cómo debemos servirnos de aquellos. Mas por esto mismo que el juicio
implica autonomía. Tomar juicios extraños por motivos de su propio del gusto pueda determinarse por conceptos y preceptos, el gusto es
juicio, sería la heteronomía. precisamente, entre todas las facultades y talentos, el que con más razón
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necesita aprender por medio de ejemplos lo que en el progreso de la que en definitiva me disgusta, es propio invocar como pruebas de la
cultura ha obtenido el mayor asentimiento, si no se quiere venir a ser muy belleza de su poema a Batteux o Lering u otros críticos de gusto más
pronto inculto, y recaer en la grosería de los primeros ensayos. antiguos y más célebres todavía; es bello citarme todas las reglas
establecidas por estos críticos, y hacerme notar que ciertos pasajes que
me desagradan en particular, se conforman perfectamente con las reglas
de la belleza (tales como aquellas que se han dado por estos autores como
generalmente reconocidas): yo me tapo los oídos, y no quiero hablar, ni
§ XXXIII Segunda propiedad del juicio del gusto de principios, ni de razonamientos, y admitiría mucho mejor que estas
reglas de los críticos son falsas, o al menos que no es el caso de
El juicio del gusto no puede determinarse por medio de pruebas, como aplicarlas, que dejar determinar mi juicio por pruebas a priori, puesto que
si fuera en un todo, puramente subjetivo. esto debe ser un juicio del gusto, y no un juicio del entendimiento o la
razón.
Si cualquiera no encuentra bello un edificio, una vista, o un poema,
mil sufragios que pueden ensalzar la cosa a que él rehúsa su asentimiento Parece que esto constituye una de las principales razones que hacen
interior, no sabrán arrancarle dicho asentimiento. Tal es la primera designar bajo el nombre de gusto esta facultad del juicio estético. En
observación que hay que hacer. Este hombre podrá muy bien fingir que le efecto, se me puede muy bien enumerar todos los ingredientes que entran
agrada dicha cosa, por no aparecer sin gusto; aun podrá sospechar, si en una mezcla, y hacerme ver que cada uno de ellos me es agradable,
tiene bien cultivado el gusto para el conocimiento de un número asegurándome además con verdad que es muy buena; yo permanezco
suficiente de objetos de cierta especie (como el que tomando de lejos por sordo a todas estas razones; yo hago el ensayo de esta mezcla sobre mi
un monte lo que todos los demás toman por un pueblo, duda del juicio de lengua y sobre mi paladar, y conforme a él (y no conforme a principios
su vista). Mas comprenderá claramente que el asentimiento de los demás universales), es como yo formo mi juicio.
no es una prueba suficiente, tratándose del juicio de la belleza;
comprenderá que si en rigor otros pueden ver y observar por él, por En el hecho, el juicio del gusto no toma siempre la forma de un juicio
consiguiente, si de haber visto muchos una cosa de cierta manera que él particular sobre un objeto. El entendimiento puede, al comparar un
puede haber visto de otro modo, se puede creer suficientemente objeto, relativamente a la satisfacción que proporciona, con el juicio de
autorizado para admitir un juicio teórico, y por consiguiente lógico, de otro sobre los objetos de la misma especie, formar un juicio universal,
que una cosa haya agradado a los demás, no se sigue que debe ser objeto como, por ejemplo, esto: todos los tulipanes son bellos. Mas esto no es
de un juicio estético. Que si el juicio de otro es contrario al nuestro, bien entonces un juicio del gusto; es un juicio lógico que hace de la relación
puede hacernos concebir justas dadas sobre este, mas no convencernos de de un objeto con el gusto, el predicado de las cosas de cierta especie en
su inexactitud. No hay, pues, prueba empírica que pueda forzar el juicio general. Aquel, por el contrario, en virtud del cual yo declaro bello un
del gusto. tulipán particular dado, es decir, aquel en que encuentro una satisfacción
universalmente dada, este sólo es un juicio del gusto. Tal es, pues, la
En segundo lugar, no existe mayor prueba a priori que pueda propiedad de este juicio: aunque no tiene más que un valor subjetivo,
determinar, conforme a reglas establecidas, el juicio sobre la belleza. Si reclama el asentimiento de todos, absolutamente como pueden hacer los
cualquiera me lee un poema o me llama a la representación de una pieza
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juicios objetivos que descansan sobre principios de conocimiento, y ciencia, cuando deriva la posibilidad de esta especie de juicios de la
pueden ser arrancados por medio de pruebas. naturaleza de estas facultades, en tanto que facultades de conocer en
general. Nosotros no vamos a considerarla aquí más que bajo este punto
de vista, como crítica trascendental. Se trata de explicar y justificar el
principio subjetivo del gusto, en tanto que principio a priori del juicio. La
critica, considerada como arte, busca solamente el aplicar a los juicios del
§ XXXIV No puede haber principio objetivo del gusto gusto las reglas fisiológicas (aquí psicológicas), por consiguiente
empíricas, conforme a las que el gusto procede realmente (sin pensar en
Un principio del gusto sería un principio bajo el cual se podría la posibilidad de estas reglas); critica las producciones de las bellas artes,
subsumir el concepto de un objeto, para de esto concluir que este objeto del mismo modo que la ciencia critica las facultades de juzgarlas.
es bello. Mas esto es absolutamente imposible. Porque el placer debe
referirse inmediatamente a la representación del objeto, y no hay
argumento que pueda persuadirnos a experimentarlo. Aunque los críticos,
como dice Hume, puedan razonar de una manera más especiosa que los
cocineros, la misma suerte les espera. Ellos no deben contar con las § XXXV El principio del gusto es el principio subjetivo del juicio en
fuerzas de sus pruebas para justificar sus juicios, sino buscar el principio general
en la reflexión del sujeto sobre su propio estado (de placer o de pena),
abstracción hecha de todo precepto y de toda regla. Hay cierta diferencia entre el juicio del gusto y el juicio lógico, que
consiste en que este subsume, mientras aquél no, una representación bajo
Si, pues, todos los críticos pueden y deben razonar para corregir y el concepto de un objeto; si así no fuera, el asentimiento necesario y
extender nuestros juicios del gusto, esto no es para expresar en una universal que reclama un juicio del gusto, podría ser arrancado por medio
fórmula universalmente aplicable el motivo de estas especies de juicios de argumentos. Mas hay entre ellos esta semejanza; que los dos implican
estéticos, porque esto es imposible, sino para estudiar las facultades de universalidad y necesidad; solamente la universalidad y la necesidad del
conocer y sus funciones en estos juicios, y para explicar por medio de juicio del gusto, no son determinadas por conceptos de objeto, y por
ejemplos esta finalidad subjetiva recíproca de la imaginación y el consiguiente, son simplemente subjetivos. Por lo que, puesto que estos
entendimiento, cuya forma, en una representación dada, constituye (como son los conceptos que constituyen el contenido de un juicio (lo que
lo hemos mostrado) la belleza del objeto de esta representación. Así la pertenece al conocimiento de un objeto), y que el juicio del gusto no
crítica del gusto no es más que subjetiva, relativamente a la puede ser determinado por conceptos, no se funda más que sobre la
representación, por cuyo medio se nos da un objeto: es decir, que ella es condición formal subjetiva de un juicio en general. La condición
el arte o la ciencia que reduce a reglas la relación recíproca del subjetiva de todos los juicios, es la facultad misma de juzgar, o el juicio.
entendimiento, y la imaginación en la representación dada (relación Esta facultad, considerada relativamente a una representación por la cual
independiente de toda sensación o de todo concepto anterior), y que, por un objeto es dado, exige la conformidad de dos facultades
consiguiente, determina las condiciones de la conformidad o representativas, a saber, la imaginación (para la intuición y el conjunto de
desconformidad de estas dos facultades. Es un arte, cuando se limita a elementos diversos del objeto), y el entendimiento (para el concepto o la
explicar esta relación y estas condiciones por medio de ejemplos; una representación de la unidad de este conjunto). Si, pues, el juicio no se
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funda sobre un concepto del objeto, no puede consistir más que en la crítica de la razón pura, y por la cual hemos podido hallar también la
subsunción de la imaginación misma (en una representación, por lo cual solución de este problema. ¿Cómo los juicios sintéticos de conocimiento
un objeto es dado), bajo condiciones que permitan al entendimiento en a priori son posibles? Este problema concierne, pues, a los principios a
general, pasar de la intuición a los conceptos. En otros términos, puesto priori del entendimiento puro y de sus juicios teóricos.
que la libertad de la imaginación consiste en la facultad que tiene de
esquematizar sin concepto, el juicio del gusto debe descansar únicamente Mas una percepción puede estar también inmediatamente ligada a un
sobre el sentimiento de la influencia recíproca de la imaginación con su sentimiento de placer (o de pena); a una satisfacción que acompañe a la
libertad, y del entendimiento con su conformidad a las leyes, por representación del objeto y le tenga en lugar de predicado, y resultara de
consiguiente, sobre un sentimiento que nos hace juzgar el objeto esto un juicio estético, que no es un juicio de conocimiento. Cuando este
conforme a la finalidad de la representación (por la cual este objeto es juicio no es un simple juicio de sensación, sino un juicio formal de
dado), por el libre juego de la facultad de conocer. El gusto, como juicio reflexión, que exige de cada uno como necesaria la misma satisfacción,
subjetivo, contiene, pues, un principio de subsunción, no de intuiciones tiene necesariamente por fundamento algún principio a priori que debe
bajo conceptos, sino de la facultad de las intuiciones o de las exhibiciones ser puramente, subjetivo (porque un principio objetivo sería imposible
(es decir, de la imaginación), bajo la facultad de los conceptos (es decir, para esta especie de juicios), pero que necesita, como tal, de una
el entendimiento), en tanto que la primera en su libertad, se conforma con deducción que explique cómo un juicio estético puede aspirar a la
la segunda en su conformidad a las leyes. necesidad. Por donde esto es lo que da lugar a un problema del cual nos
ocuparemos ahora: ¿cómo los juicios del gusto son posibles? Este
Para descubrir la legitimidad de este principio por una deducción de problema concierne, pues, a los principios a priori del juicio puro en los
los juicios del gusto, no podemos tomar por gula más que las propiedades juicios estéticos, es decir, en los juicios en que esta facultad no está
formales de esta especie de juicios, y por consiguiente, no debemos únicamente (como en los juicios teóricos) para subsumir bajo conceptos
considerar aquí más que la forma lógica. objetivos del entendimiento, y en donde, no estando sometida a una ley,
es ella misma, subjetivamente, su objeto y su ley.
79
priori o aspiran a ser tales, relativamente al asentimiento que exigen de § XXXVIII Deducción de los juicios del gusto
cada uno; no hay más que ver las expresiones mismas por las cuales
hacen valer su derecho; y así este problema de la crítica del juicio se halla Si convenimos en que un juicio puro del gusto, la satisfacción
contenido en el problema general de la filosofía trascendental: cómo los referente al objeto se halla ligada a un simple juicio que hacemos sobre
juicios sintéticos a priori son posibles. su forma, no hay en esto otra cosa que la finalidad subjetiva que muestra
esta forma para la facultad de juzgar, y que sentimos ligada en el espíritu
a la representación del objeto. Por donde, como la facultad, considerada
relativamente a las reglas formales del juicio o independientemente de
toda materia (sea sensación, sea concepto), no puede extenderse más que
§ XXXVII Lo que se afirma propiamente a priori en un juicio del a las condiciones subjetivas del uso del juicio en general (no aplicándose
gusto sobre un objeto a un modo particular de la sensibilidad, ni a un concepto particular del
entendimiento), y por consiguiente, a las condiciones subjetivas que se
La unión inmediata de la representación de un objeto con un placer, no pueden suponer en todos los hombres (como necesarias para la
puede ser percibida más que interiormente, y si no se quisiera indicar otra posibilidad del conocimiento en general): la conformidad de una
cosa que esto, no se tendría entonces más que un juicio empírico. No representación con estas condiciones del juicio, debe poderse admitir a
existe, en efecto, representación, a la cual yo pueda ligar a priori un priori como válida para cada uno. En otros términos, se puede justamente
sentimiento (de placer o de pena), si no es aquella que descansa a priori exigir aquí de cada uno el placer o la finalidad subjetiva de la
sobre un principio racional que determina la voluntad. Aquí el placer (el representación para las facultades de conocer, en su aplicación a un
sentimiento moral), es una consecuencia del principio, mas no se le puede objeto sensible en general53.
comparar al placer del gusto, puesto que aquel supone el concepto
determinado de una ley, mientras que este debe hallarse ligado OBSERVACIÓN
inmediatamente con anterioridad a todo concepto, al simple juicio del
gusto. También todos los juicios del gusto son juicios particulares, porque
su predicado, que consiste en la satisfacción, no se halla ligado a un
concepto, sino a una representación empírica particular. No es, pues, el
53
placer, sino la universalidad de este placer, la que se percibe como ligada Para fundarnos al reclamar el asentimiento universal en favor de una decisión del
en el espíritu a un simple juicio sobre un objeto, que nos representamos a juicio estético, que descansa únicamente sobre principios subjetivos, basta que se
priori en un juicio del gusto, como una regla universal para el juicio. Es conceda: 1.º , que entre todos los hombres, las condiciones subjetivas de la facultad de
juzgar son las mismas, en lo que conviene a la relación de las facultades de conocer, y
por un juicio empírico, como yo percibo y juzgo un objeto con placer. que se pongan en actividad con el conocimiento en general, lo que debe ser cierto,
Mas es por un juicio a priori como yo lo encuentro bello, es decir, como puesto que sin esto los hombres no podrían comunicarse sus representaciones y sus
yo exijo de cada uno como necesaria, la misma satisfacción. conocimientos; 2.º , que el juicio en cuestión no mira más que a esta relación (por
consiguiente, a la condición formal de la facultad de juzgar), y que es puro; es decir, que
no se halla mezclado ni con conceptos de objetos, ni con sensaciones. Que si se
desprecia esta segunda condición, se aplicará inexactamente a un caso particular, un
derecho que nos da una ley, mas esto no destruye en manera alguna este derecho en
general.
80
Lo que hace esta deducción tan fácil es que no hay que justificar la Cuando la sensación, como elemento real de la percepción, se refiere
realidad objetiva de un concepto; porque la belleza no es concepto de al conocimiento, se llama sensación de los sentidos; y no se puede
objeto, ni el juicio del gusto un juicio de conocimiento. Todo lo que admitir que su cualidad especifica pueda ser general y uniformemente
afirma este juicio, es que estamos fundados para suponer universalmente participada más que atribuyendo a cada uno un sentido igual al nuestro;
en todo hombre estas condiciones subjetivas de la facultad de juzgar que mas es lo que no se puede suponer, respecto de ninguna sensación de los
hallamos en nosotros, y que hemos subsumido exactamente el objeto sentidos. Así, aquel a quien falta el sentido del olfato, no puede participar
dado bajo estas condiciones. Por lo que, esta subsunción presenta sin la especie de sensación que es propia de este sentido; y aun cuando este
duda inevitables dificultades, que no presenta el juicio lógico (porque en sentido no le faltara, no puedo estar seguro que él recibe de una flor
este se subsume bajo conceptos, mientras que en el juicio estético se exactamente la misma sensación que yo. Mas la diferencia entre los
subsume bajo una relación que no puede ser más que sentida, es decir, hombres debe ser muy grande todavía, relativamente a lo que puede
bajo una relación de la imaginación y del entendimiento, concertándose haber de agradable o desagradable en la sensación de un mismo objeto de
entre sí en la representación de la forma de un objeto, y es fácil en esto los sentidos; y yo no puedo exigir que cada uno sienta el placer que yo
hacer una subsunción inexacta); mas esto no quita nada a la legitimidad recibo de esta especie de objeto. Como el placer de que aquí se trata entra
del derecho que tiene el juicio de contar con un asentimiento universal, y en el espíritu por los sentidos, y de este modo somos pasivos en él, se
que vuelve por sí sólo a declarar el principio universalmente válido. En puede llamar placer de posesión.
cuanto a las dificultades y a las dudas que pueden nacer sobre la exactitud
de la subsunción de un juicio bajo este principio, no hacen más dudosa la Por el contrario, la satisfacción que referimos al carácter moral de una
legitimidad misma del derecho que tiene en general el juicio estético de acción, no es un placer de posesión, sino de espontaneidad y de
aspirar a la universalidad, y por consiguiente, el principio mismo de que conformidad con la idea de nuestro destino. Mas este sentimiento, que se
una subsunción defectuosa (aunque la cosa sea más rara y más difícil) del llama el sentimiento moral, supone conceptos; no revela una libre
juicio lógico bajo este principio, puede hacer dudoso el mismo, que es finalidad, sino una finalidad conforme a leyes, y por consiguiente, no
objetivo. Que si se pregunta cómo es posible admitir a priori la naturaleza puede ser universalmente participado más que por medio de la razón; y si
como un conjunto de objetos de gusto, este problema se refiere a la el placer puede ser lo mismo para cada uno, es porque los conceptos de la
teleología, porque se debía considerar como un fin de la naturaleza, razón práctica pueden ser perfectamente determinados.
esencialmente inherente al concepto que tenemos de ella, la producción
de formas finales para nuestro juicio. Mas la exactitud de este aspecto es El placer ligado a lo sublime de la naturaleza, como placer de una
todavía muy dudosa, mientras que la realidad de los objetos de la contemplación razonante54 aspira también al derecho de ser
naturaleza es una cosa de experiencia. universalmente participado; mas él mismo supone ya otro sentimiento, el
de nuestro destino supra-sensible, que, por oscuro que sea, tiene un
fundamento moral. Mas no estamos fundados para suponer que los demás
considerarán este sentimiento, y que hallarán en la contemplación de la
magnitud salvaje de la naturaleza semejante satisfacción (que no tiene
§ XXXIX De la propiedad que tiene una sensación de poderse aquí verdaderamente por objeto el aspecto de la naturaleza, porque este
participar
54
Vernünftelnden.
81
aspecto es más bien horroroso). Y sin embargo, considerando que en toda
ocasión favorable se deben tener en cuenta los principios de moralidad, Se da muchas veces al juicio, considerando menos su reflexión que su
yo puedo también atribuirá cada uno esta satisfacción, mas solamente por resultado, el nombre de sentido, y se habla del sentido de la verdad, del
medio de la ley moral, la cual por su parte se funda en conceptos de la sentido de las conveniencias, del sentido de lo justo, etc. Se sabe muy
razón. bien sin embargo, o al menos se debe saber, que esto no es un sentido en
que estos conceptos pueden tener lugar, que un sentido puede mucho
Mas el placer de lo bello, ni es un placer de posesión, ni el de una menos todavía aspirar a reglas universales, y que jamás semejante
actividad conforme a leyes, ni el de una contemplación razonante representación de la verdal, de la conveniencia, de la belleza o de la
conforme a ideas, sino un placer de simple reflexión. Sin tener por guía honestidad nos vendría al espíritu, si no pudiésemos elevarnos por cima
un fin o un principio, acompaña a la común aprensión de un objeto, tal de los sentidos a las facultarles superiores de conocer. La inteligencia
como resulta del concurso de la imaginación, en tanto que facultad de común entendida por la sana inteligencia (que no está todavía cultivada)
intuición, y del concuso del entendimiento, en tanto que facultad de es considerada como la menor de las cosas que se pueden esperar de
conceptos, por medio de cierta aplicación del juicio, que exige la cualquiera que reivindica el nombre de hombre, tiene también el muy
experiencia más vulgar: solo que mientras que en este último caso el delicado honor de ser decorada con el nombre de sentido común (sensus
juicio tiene por objeto llegar a un concepto objetivo empírico, en el communis), y de tal suerte, que bajo la palabra común, no solamente en el
primero (en el juicio estético), no tiene otro objeto que percibir la lenguaje alemán en donde la palabra gemein tiene realmente doble
concordancia de la representación con la actividad armoniosa de estas dos sentido, sino también en muchos otros, se entiende lo que es vulgar
facultades de conocer, ejerciéndose con libertad, es decir, sentir con (vulgare)55, es decir, lo que se encuentra en todas partes, y cuya posesión
placer el estado interior ocasionado por la representación. Este placer no es un mérito o una ventaja.
debe necesariamente apoyarse en cada uno sobre las mismas condiciones,
puesto que estas son las condiciones subjetivas de la posibilidad de un Mas por sentido común, es necesario entender la idea de un sentido
conocimiento en general; y el concierto de estas dos facultades de común a todos56, es decir, una facultad de juzgar, que en su reflexión
conocer, que se exige para el gusto, debe exigirse también de una considera (a priori) lo que debe ser en los demás el modo de
inteligencia ordinaria y sana, tal que se puede suponer en todos. Por esto representación de que se trata, con el fin de comparar en cierto modo su
aquel que forma un juicio del gusto (si en todo caso no se engaña juicio con toda la razón humana, y de evitar por esto una ilusión que,
interiormente, y se toma la materia por la forma, el atractivo por la haciéndonos tomar por objetivas condiciones particulares y subjetivas,
belleza) puede atribuir a cualquiera otro la finalidad subjetiva, es decir, la tendría una funesta influencia sobre el juicio. Luego para esto es
satisfacción que refiere al objeto, y considerar su sentimiento como necesario comparar nuestro juicio con el de otros, y más bien todavía con
debiendo ser universalmente participado, y esto sin el intermedio de los sus juicios posibles que con sus juicios reales, y suponerse en el puesto de
conceptos. cada uno de ellos, teniendo cuidado solamente de hacer abstracción de los
55
Commun tiene en francés dos sentidos que Kant atribuye aquí a gemein; mas nosotros
tenemos además para espresar uno de estos sentidos, la palabra vulgar cuyo equivalente
falta en la lengua alemana, lo que obliga a Kant a emplear la palabra latina vulgare, de
§ XL Del gusto considerado como una especie de sentido común donde viene la palabra francesa. -J. B.
56
Gemeinsschafetlicheu sinnes.
82
límites que restringen accidentalmente nuestro propio juicio, es decir, resulta la necesidad de ser guiados por otros, y por consiguiente, la
descartando en lo posible lo que constituye la materia o sensación en el pasividad de la razón. En cuanto a la segunda máxima, estamos, además,
modo de representación, para llevar toda su atención sobre las acostumbrados a denominar estrecho (limitado, al contrario de
propiedades formales de esta representación o de este modo de extensivo), a aquel talento que no sirve para cosa alguna grande
representación. Pero esta operación de la reflexión parecerá quizá muy (principalmente para algo que exija una gran fuerza de aplicación).
artificial para que se pueda atribuir alo que se llama el sentido común;
pero no aparece así más que cuando la expresamos con fórmulas Más aquí no hay cuestión acerca de la facultad del conocimiento; no
abstractas; nada hay más natural en sí como hacer abstracción de todo se trata más que de la maura de pensar, o de hacer un uso conveniente del
atractivo y de toda emoción, cuando se busca un juicio que pueda servir pensamiento; por esto es por lo que un hombre, por débil que sea la
de regla universal. capacidad o el grado de desarrollo a que le reduzca la naturaleza humana,
manifiesta un espíritu extensivo, sabiendo elevarse sobre las condiciones
He aquí las máximas de la inteligencia común, que no forman parte particulares o subjetivas del juicio (a las cuales tantos otros quedan, por
ciertamente de la crítica del gusto, pero que pueden servir de explicación decirlo así, pegados y complaciéndose en reflexionar sobre su propio
a sus principios: l.º , pensar por sí mismo; 2.º , pensar en sí, colocándose juicio), bajo un punto de vista universal (que no se puede determinar más
en el puesto de otro; 3.º , pensar de manera que se esté siempre de acuerdo que colocando bajo el punto de vista de otro).
consigo mismo. La primera, es la máxima de un espíritu libre de
prejuicios; la segunda, la de un espíritu extensivo; la tercera, la de un La tercera máxima, la que exige que el pensamiento sea consecuente
espíritu consecuente. La tendencia a una razón pasiva, por consiguiente, a consigo mismo, es muy difícil de observar, y no se puede llegar a ella
la heteronomía de la razón, se llama prejuicio; y el mayor de todos es más que por medio de la unión de las dos primeras, y en razón del hábito
representarse la naturaleza como no hallándose sometida a estas reglas adquirido por una larga práctica de estas máximas. Se puede decir que la
que el entendimiento le da necesariamente como principio, en virtud de primera de estas máximas, es la del entendimiento; la segunda, la del
su propia ley; es decir, la superstición57. La cultura del espíritu58 nos libra Juicio; la tercera, la de la razón.
de la superstición como de todos los prejuicios en general; mas la
superstición es el prejuicio por excelencia (en sentido elevado), porque de Cogiendo la ilación interrumpida por este episodio, diremos que la
la ceguedad en que nos coloca, y que aun nos impone como una ley, expresión del sentido común (sensus communis)59, conviene mejor al
gusto que a la inteligencia común, al juicio estético que al juicio
57 intelectual, si se quiere entender por la palabra sentido un efecto de la
Es sencillo el ver que la cultura del espíritu es fácil en teris, más lenta y difícil de
obtenerla en hipótesis; porque el no dejar su razón un estado puramente pasivo, y el no simple reflexión sobre el espíritu, porque entonces se entiende por
recibir nada de ninguna ley más que de sí mismo, es completamente fácil para el hombre sentido el sentimiento de placer. Aun se podría definir el gusto como la
que no quiero descartarse de su fin esencial y que no desean saber lo que hay sobre su facultad de juzgar de lo que hace propio para ser universalmente
entendimiento; mas como es difícil resistir a este deseo, y nunca faltarán hombres que participado, el sentimiento ligado sin el auxilio de ningún concepto, a una
prometerán con seguridad satisfacerlo, la simple negativa (a la cual se limita la representación dada.
verdadera cultura del espíritu) debe ser muy difícil el conservarla o establecerla en el
espíritu, principalmente en el espíritu público.
59
Se podría designar el gusto con el nombre de sensus communis aestheticus, y la
58
Aufklarung. inteligencia común con el de sensus communis logicaes.
83
esse non valet consequentia. Pero esta otra cosa no puede ser más que
La aptitud que tienen los hombres para comunicarse sus pensamientos, alguna cosa empírica, como una inclinación propia de la naturaleza
exige también cierta relación de la imaginación y del entendimiento, humana, o alguna cosa intelectual, como la propiedad que tiene la
conforme a la cual se juntan las intuiciones a los conceptos y estos a las voluntad de poder ser determinada a priori por la razón; dos cosas que
intuiciones, de manera que formen un conocimiento; mas entonces la refieren una satisfacción a la existencia de un objeto, y pueden así
concordancia de estas dos facultades del espíritu tiene un carácter legal; comunicar un interés a lo que ha agradado por sí mismo e
depende de conceptos determinados. Esto no es más que cuando la independientemente de todo interés.
imaginación en libertad despierta al entendimiento, y cuando este, sin el
auxilio de conceptos da la regularidad al juego de la imaginación, Empíricamente lo bello no tiene interés más que en la sociedad; y si se
entonces es solamente cuando la representación es participada, no como considera como natural en el hombre la inclinación a la sociedad, y la
pensamiento, sino como sentimiento interior de un estado de armonía del sociabilidad como una cualidad necesaria del hombre, criatura destinada
espíritu. El gusto es, pues, la facultad de juzgar a priori los sentimientos a la vida de sociedad, y por consiguiente, como una cualidad inherente a
ligados a una representación dada, propios para ser participados (sin el la humanidad, entonces es imposible no considerar el gusto como una
intermedio de un concepto). Si se pudiese admitir que la sola propiedad facultad de juzgar de las cosas cuyo sentimiento se puede ver participado
que tiene nuestro sentimiento de poder ser universalmente participado, por los demás, y por consiguiente, como un medio de satisfacer la
encierra desde luego un interés para nosotros (que no hay derecho para inclinación natural de cada uno.
deducir de la naturaleza de un juicio puramente reflexivo), se podría
explicar por qué el sentimiento del gusto se atribuye a cada uno, por Un hombre relegado en una isla desierta no pensará en adornar su
decirlo así, como un deber. choza o en adornarse a sí mismo; no se cuidará de buscar flores, todavía
menos de plantarlas para esto; solamente en la sociedad es donde piensa
que es un hombre distinguido en su especie (lo que constituye el principio
de la civilización). Porque así es como juzga el que se muestra inclinado
y apto para comunicar su placer a los demás, y que no recibe contento de
§ LI Del interés empírico de lo bello un objeto, si es él solo el que lo experimenta. Además, cada uno espera y
exige de los demás que consideren esta necesidad que pide que el
Hemos demostrado anteriormente, que el juicio del gusto, por el cual sentimiento sea universalmente participado, y que parece venir de un
una cosa se declara bella, no debe tener por motivo ningún interés. Mas pacto originario dictado por la misma humanidad. De este modo, sin
de aquí no se sigue que este juicio una vez formado como juicio estético duda, la sociedad ha dado importancia y un gran interés, primero a las
puro, no puede llevar ningún interés. En todo caso este enlace no podrá cosas que no eran más que simples atractivos, como a los colores de que
ser más que indirecto, es decir, que es necesario primero representarse el se componía (el achiote entre los caribes, o el cinabrio entre los
gusto como ligado a cualquiera otra cosa, para poder juntar a la iroqueses), o a las flores, a las conchas, a las plumas de las aves; después
satisfacción que da la simple reflexión sobre un objeto, un placer que se también con el tiempo, a las formas bellas, (por ejemplo, en las canoas,
refiere a la existencia de este objeto (porque en esto consiste todo en los vestidos, etc.), que por sí mismas no procuran ningún goce; hasta
interés). En efecto, se puede aplicar aquí al juicio estético lo que se ha que por último, la civilización llegando a su más alto grado, cultivando la
dicho en el juicio de conocimiento (de las cosas en general) a posse ad inclinación a la sociedad, dio a los hombres la ley de no conceder valor a
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las sensaciones más que en tanto que puedan ser universalmente Es necesario rendir homenaje a las excelentes intenciones de los que,
participadas. Desde entonces, aunque el placer que cada uno encuentra en queriendo referir al fin último de la humanidad, es decir al bien moral,
un objeto sea débil y no tenga por sí mismo un gran interés, sin embargo, todas las ocupaciones a que los hombres son llevados por las
la idea de que puede ser universalmente participado, extiende su valor disposiciones interiores de su naturaleza, han considerado como un signo
hasta lo infinito. Mas este interés indirecto que refiere a lo bello la de un buen carácter moral el mostrar un interés a lo bello en general. Mas
inclinación a la sociedad, y que es por consiguiente empírico, no es aquí otros les han opuesto, no sin razón, el ejemplo de los talentos del gusto,
de ninguna importancia para nosotros, porque no nos hemos de ocupar que son ordinariamente vanos, fantásticos, entregados a desastrosas
más que de lo que tenga una relación a priori, aunque indirecta, con el pasiones, y que tendrían quizá menos derecho que nadie a creerse
juicio del gusto. En efecto, si pudiéramos descubrir algún interés de esta superiores a los demás, por lo que se refiere a principios morales; y por
naturaleza relacionado con la belleza, el gusto suministraría a nuestra consiguiente, parece que el sentimiento de lo bello no es solamente
facultad de juzgar una transición para pasar del goce sensible al (como es en efecto), específicamente diferente del sentimiento moral,
sentimiento moral, y de este modo, no solamente seríamos conducidos a sino también que el interés que a él se puede referir, se conforma
tratar del gusto, de una manera más conveniente, sino que se obtendría difícilmente con el interés moral, y que no existe entre ellos afinidad
también un eslabón intermedio en la cadena de las facultades humanas a interior.
priori, de donde debe derivar toda legislación. Todo lo que se puede decir
del interés empírico que se refiere a los objetos del gusto y al gusto Por lo que, yo concedo voluntariamente que el interés que se refiere a
mismo, es que como el gusto sirve a la inclinación, por más cultivada que lo bello del arte (por lo que entiendo también el uso artificial que se
sea, este interés se puede confundir con todas las inclinaciones y todas las puede hacer de las bellezas de la naturaleza, sirviéndose de ellas como de
pasiones cuyo desenvolvimiento halla en la sociedad toda la variedad de adornos, por consiguiente en un objeto de vanidad), no prueba un espíritu
que son capaces hasta su más alto grado, y que el interés de lo bello, que solamente se refiere o nos lleva al bien moral. Mas yo sostengo
cuando no tiene otro principio, no puede suministrar más que un paso también, que tomarse un interés inmediato por la belleza de la naturaleza
dudoso de lo agradable al bien. Mas considerando el gusto en su pureza, (no solamente tener gusto para juzgar), es siempre el signo de una alma
no se puede encontrar en él este paso; es lo que interesa investigar. buena; y que si este interés es habitual y se liga voluntariamente a la
contemplación de la naturaleza, anuncia al menos una disposición de
espíritu, favorable al sentimiento moral. Mas es necesario recordar bien
que yo no hablo propiamente aquí más que de las bellas formas de la
naturaleza, y que coloco accidentalmente los atractivos que ésta junta
ordinariamente con tanta profusión, por la que el interés que a ello se
refiere es ciertamente inmediato, mas sin embargo, empírico.
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sacar, aquel refiere a la belleza de la naturaleza, un interés inmediato o de objetos que en el simple juicio del gusto se disputarían a porfía la
intelectual. No es solamente la producción de la naturaleza lo que le superioridad?
agrada por su forma, sino también la existencia de esta producción, sin
que ningún atractivo sensible entre en ella o se le refiera fin alguno. Nosotros tenemos una facultad de juzgar puramente estética, es decir,
una facultad de juzgar de las formas sin conceptos, y de hallar en el sólo
Notemos, que si ocultamente se engañase este amante de lo bello, juicio que de ellas formamos una satisfacción de la que al mismo tiempo
plantando en la tierra flores artificiales (imitando perfectamente las flores hacemos una regla para cada uno, sin que este juicio se funde en un
naturales), o colocando sobre las ramas de los árboles, pájaros interés ni produzca ninguno. De otro lado, tenemos también una facultad
artísticamente formados, y se le descubriese después el artificio, este de juzgar intelectual, que determina por las simples formas, máximas
interés inmediato que al pronto había tomado por estos objetos, prácticas (en tanto que son propias para fundar por sí mismas una
desaparecería may pronto, y quizá daría el puesto a otro, a un interés de legislación universal), una satisfacción a priori, de la que hacemos una
vanidad, es decir, al deseo de adornar de ellos su cuarto, para presentar ley para cada uno, y que no se funde sobre ningun interés, pero produce
una muestra. Es necesario, que al ver una belleza de la naturaleza, uno. El placer es, en el primer juicio, el del gusto; en el segundo, el del
tengamos el pensamiento de que es la naturaleza misma quien la ha sentimiento moral.
producido, y solamente sobre este pensamiento es sobre el que se funda
el interés inmediato que nos tomamos. De lo contrario, no habría más que Mas la razón interesa por lo mismo que las ideas (por las cuales ella
un simple juicio del gusto despojado de todo interés, o un juicio ligado a produce en el sentimiento moral un interés inmediato) tienen también una
un interés mediato, es decir, a un interés que viene de la sociedad; y esta realidad del objeto, es decir, por aquello que la naturaleza revela, al
última especie de interés no suministra ninguna señal cierta de menos por cualquier traza o cualquier signo, un principio que nos
disposiciones moralmente buenas. autoriza a admitir una concordancia regular entre sus producciones y la
satisfacción que somos capaces de experimentar independientemente de
Esta ventaja que tiene la belleza natural, sobre la belleza artística de todo interés (y que no conocemos a priori como una ley para cada uno,
ejercitar sólo un interés inmediato, aunque pueda ser ciertamente sin poderlo fundar sobre pruebas). La razón debe, pues, tomarse un
sobrepujada por esta, en cuanto a la forma, esta ventaja concierta con el interés en toda manifestación de la naturaleza que realiza semejante
espíritu sólido y purificado de todos los hombres que han cultivado su acuerdo; por consiguiente, el espíritu no puede reflexionar sobre la
sentimiento moral. Si un hombre teniendo bastante gusto para apreciar las belleza de la naturaleza, sin hallarse al mismo tiempo interesado en ella.
producciones de las bellas artes con la mayor exactitud y finura, Pero este interés es moral por asociación; y el que toma interés por la
abandona sin pesar el cuarto donde brillan estas bellezas que satisfacen la belleza de la naturaleza, no puede hacerlo más que a condición de haber
vanidad, y busca la belleza de la naturaleza para encontrar en ella como sabido unir un gran interés al bien moral. Hay, pues, razón para suponer
un deleite que sostiene su espíritu en este camino cuyo término jamás se al menos buenas disposiciones morales en aquel a quien interesa
puede tocar, consideraremos con respeto esta preferencia, y supondremos inmediatamente la belleza de la naturaleza.
a este hombre un alma bella, que no atribuiremos a un inteligente o a un
amante, porque experimente interés por los objetos del arte. ¿Cuál es, Se dirá que esta interpretación de los juicios estéticos que les supone
pues, la diferencia de estas apreciaciones tan diversas de las dos especies una especie de parentesco con el sentimiento moral, parece muy reducida
para que se la pueda considerar como la verdadera explicación del
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lenguaje simbólico que la naturaleza nos habla en sus bellas formas. Mas cualidad que tiene la naturaleza de ser propia para una asociación de este
ahora este interés inmediato que se refiere a lo bello de la naturaleza no género, que le pertenece esencialmente.
es realmente común; no es propio más que de aquellos, cuyo espíritu ha
sido ya cultivado para lo bello, o es eminentemente propio para recibir Los atractivos que se hallan en la bella naturaleza, y que muchas veces
esta cultura; en aquellos, la analogía que existe entre el juicio puro del se hallan, por decirlo así, tan fundidos con las bellas formas, pertenecen o
gusto (que sin depender de ningún interés, nos hace experimentar una a las condiciones de la luz (que forman el color) o a las modificaciones
satisfacción, y la representa al mismo tiempo a priori como conviniendo a del sonido (que forman los tonos). Estas son allí, en efecto, las solas
la humanidad en general), y el juicio moral que llega al mismo resultado sensaciones que no ocasionan únicamente un sentimiento de los sentidos,
por medio de conceptos, aun sin los auxilios de una reflexión clara, sutil sino aun una reflexión sobre la forma de estas modificaciones de los
y premeditada, esta analogía comunica al objeto del primer juicio un sentidos, que contiene de este modo como un lenguaje que nos pone en
interés inmediato igual al del objeto del segundo: solamente que mientras comunicación con la naturaleza, y parece tener un sentido superior. Así el
aquel es libre, este está fundado sobre leyes objetivas. Añadamos a esto la color blanco de lis parece disponer al alma a las ideas de inocencia, y si
admiración de estas bellas producciones de la naturaleza, en donde ésta se se sigue el orden de los siete colores desde el rojo al violado, se encuentra
muestra artista, no por efecto de la casualidad, sino como con intención, en ellos el símbolo de las ideas: 1.º , de la sublimidad; 2.º , del valor; 3.º ,
siguiendo un orden regular, y nos revelará una finalidad, cuyo objeto no del candor; 4.º , de la afabilidad; 5.º , de la modestia; 6.º , de la constancia y
hallamos en ninguna parte fuera, de suerte que lo buscamos naturalmente 7.º , de la ternura. El canto de las aves anuncia la alegría y el contento de
en nosotros mismos, en el objeto final de nuestra existencia, saber, en el la existencia. Al menos interpretamos así la naturaleza, sea o no este su
destino moral (la investigación del principio de la posibilidad de esta fin. Mas este interés que tomamos en efecto por la belleza, no se reduce
finalidad de la naturaleza se presenta en la teleología). más que a la belleza de la naturaleza; desaparece desde que se nota que
somos engañados, y que lo que la excitaba no era más que el arte, hasta
Es fácil mostrar que la satisfacción, referente a las bellas artes, no se tal punto, que el gusto no puede hallar en esto nada de bello, ni la vista
halla ligado a un interés inmediato, como el que se refiere a la bella nada de atractivo. No hay nada que los poetas hayan ensalzado, más que
naturaleza. hayan hallado más delicioso que el canto del ruiseñor que se hace oír en
una selva solitaria durante la calma de una noche de estío, a la dulce
En efecto; o bien una obra de arte es una imitación de la naturaleza, claridad de la luna. Sin embargo, si alguno, queriendo agradar y para
que llega hasta producir ilusión, y entonces produce el mismo efecto que entretener sus convidados los conduce, bajo pretesto de hacerles respirar
una belleza natural (pues que como tal se toma); o bien tiene visiblemente el aire de los campos, cerca de un bosque donde no existe ningún cantor
por objeto el satisfacernos, y entonces la satisfacción que se refiriera a de esta especie, sino donde se ha ocultado un joven revoltoso que sabe
esta obra, sería en verdad producida inmediatamente por el gusto; mas en perfectamente imitar el canto de esta ave (con una caña o con un junco),
esto no habría otro interés que el que se refiriera inmediatamente a la así que se aperciban el ardid nadie podrá escuchar más este canto que
causa misma o al principio de esta obra, es decir, a un arte que no puede soñaba momentos antes tan encantador; y lo mismo sucederá con el canto
interesar más que por su objeto, y nunca por sí mismo. Se dirá quizás que de las demás aves. No hay más que la naturaleza, o lo que tomamos como
hay casos en que los objetos de la naturaleza no nos interesan por su la naturaleza, que pueda hacernos referir a lo bello un interés inmediato;
belleza, sino en tanto que les asociamos una idea moral; mas en esto no y esto es verdad con mayor motivo cuando queremos exigir de otros este
son estos objetos mismos los que interesan inmediatamente; es la interés, como sucede, en efecto, cuando tenemos por groseros y sin
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elevación, a estos hombres que no tienen el sentimiento de la bella teórica; como la técnica de la teoría (como por ejemplo, la agricultura de
naturaleza (porque nombramos así la capacidad que nos hace hallar un la geometría). Y así una cosa que se puede hacer, desde que se sabe lo
interés en la contemplación de la naturaleza), y que en la mesa no piensan que se ha de hacer, y se conoce suficientemente el medio que se ha de
más que en el goce de los sentidos. emplear para alcanzar el efecto deseado, no es precisamente del arte. No
se debe buscar el arte más que allí donde el conocimiento perfecto de una
cosa no nos da al mismo tiempo la habilidad necesaria para hacerlo.
Camper describe muy exactamente la manera de hacer un buen zapato,
mas seguramente no ha podido hacer un buen zapato, mas seguramente
§ XLIII Del arte en general no ha podido hacer ninguno60.
1. El arte se distingue de la naturaleza como hacer (facere), se 3. El arte se distingue también del oficio; el primero se llama liberal;
distingue de obrar (agere) y hay entre una producción de la naturaleza, la el segundo puede llamarse mercenario. No se considera el arte más que
diferencia de una obra (opus) a un efecto (effectus). como un juego, es decir, como una ocupación agradable por sí misma, y
no se le atribuye otro fin; mas el oficio se mira como un trabajo, es decir,
No se debería aplicar propiamente el nombre de arte más que las cosas tomo una ocupación desagradable por sí misma (penosa), que no atrae
producidas con libertad, es decir, con una voluntad que toma la razón por más que por el resultado que promete (por ejemplo, por el aliciente de la
principio de sus acciones. En efecto; aunque se quiera llamar obras de ganancia), y que por consiguiente, encierra una especie de violencia. ¿Se
arte las producciones de las abejas (los surcos de cera regularmente debe colocar en la jerarquía de las profesiones el relojero entre los
construidos), no se habla así más que por analogía; porque desde que nos artistas, y los herreros, al contrario, entre los artesanos? Para contestar
apercibimos que su trabajo no está fundado sobre una reflexión que les esta pregunta es necesario otro medio de apreciación que el que hemos
sea propia, se dice que es una producción de su naturaleza (del instinto) y tomado aquí; es decir, que es necesario considerar la proporción del
se aplica el arte a su criador. talento que se exige en una y otra profesión. Además, en lo que se llama
las siete artes liberales, ¿no hay algunas que debemos referir a la ciencia,
Cuando al cavar en un huerto se halla como sucede muchas veces, un y otras que debemos acercar al oficio? Es una cuestión, pues, de la que yo
trozo de madera tallada, no se dice que es una producción de la no quiero hablar aquí. Mas lo que hay de cierto, es que en todas las artes
naturaleza, sino del arte; la causa eficiente de esta producción ha hay algo de fuerza, o como se dice, un mecanismo, sin el cual el espíritu,
concebido un fin, al cual debe su forma este objeto. Además, se reconoce que debe hallarse libre en el arte, y que sólo anima la obra, no podría
también el arte en todas las cosas que son tales, que su causa, antes de tomar cuerpo, y se evaporaría todo entero (por ejemplo, en la poesía, la
producirlas, ha debido tener la representación de ellas (como sucede en corrección y la riqueza del lenguaje, así como la prosodia y la medida).
las abejas), sin concebirlas sin embargo, como efectos; pero cuando se
nombra simplemente obra de arte, para distinguirla de un efecto de la 60
naturaleza, se entiende siempre por esto una obra de los hombres. . En mi país, un hombre del pueblo a quien se propone un problema como el del
huevo de Colón, dice que esto no es del arte sino de la ciencia: lo que quiere decir que
cuando se sabe la cosa, se puede la misma: y habla de la misma manera del pretendido
2. El arte en tanto que habilidad del hombre, se distingue también de arte del prestidigitador. No dudará, por el contrario, en llamar arte la destreza del
la ciencia como poder, de saber; como la facultad práctica, de la facultad bailarín en la cuerda.
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Es bueno hacer esta observación en un tiempo en que ciertos pedagogos como relatar de una manera agradable, empeñar o interesar la reunión en
creen hacer el mayor servicio a las artes liberales, descartando de estas una conversación llena de abandono y vivacidad, elevarla por el chiste y
toda especie de violencia, y cambiando el trabajo en puro juego. la risa a un cierto tono de gracia, en el que en cierto modo se puede decir
todo lo que se quiera, y en donde nadie quiere tener que responder de lo
que ha dicho, puesto que no se piensa más que en alimentar el
§ XLIV De las bellas artes entretenimiento del momento, y no en suministrar una materia fija a la
reflexión y a la discusión. (Es necesario referir a esta especie de artes el
No hay ciencia de lo bello, sino solamente una crítica de lo bello; del del servicio de la mesa, y aun la música que se emplea en las grandes
mismo modo que no hay bellas ciencias, sino solamente bellas artes. En comidas, que no tiene otro objeto que entretener los espíritus por medio
efecto; en primer lugar; si hubiera una ciencia de lo bello, se decidiría de sonidos agradables en el tono de la gracia, y que permite a los vecinos
científicamente, es decir, por medio de argumentos, si una cosa debe ser conversar libremente entre sí, sin que nadie ponga la menor atención en
o no tenida por bella, y entonces el juicio sobre la belleza, entrando en la la composición de esta música.) Colocaremos también en la misma clase
esfera de la ciencia, no sería un juicio del gusto. Y, en segundo lugar, una todos los juegos que no ofrecen otro interés que un pasatiempo.
ciencia que, como tal, debe ser bella, es un contrasentido. Porque si se le
pregunta a título de ciencia, por principios o por pruebas, se nos Las bellas artes, por el contrario, son especies de representaciones, que
contestaría por medio de buenas palabras61. Lo que ha dado lugar sin tienen su fin en sí mismas, y que sin otro objeto, favorecen sin embargo,
duda a la expresión usada de bellas ciencias, es que se ha observado muy la cultura de las facultades del espíritu en su relación con la vida social.
bien que las bellas artes, para alcanzar toda su perfección, exigen mucha
ciencia, por ejemplo, el conocimiento de lenguas antiguas, la asidua La propiedad que tiene un placer de poder ser universalmente
lectura de autores considerados como clásicos, la historia, el participada, supone que aquél no es un placer del goce, derivado de la
conocimiento de antigüedades, etc.; y es porque estas ciencias históricas pura sensación, sino de la reflexión; y así las artes estéticas, en tanto que
deben necesariamente servir de preparación o de fundamento a las bellas bellas artes, tienen por regla el juicio reflexivo, y no la sensación.
artes, y también porque se ha comprendido en ellas el conocimiento
mismo de las bellas artes (de la elocuencia y de la poesía) y por una
especie de trasposición se han llamado a las mismas bellas ciencias.
Cuando el arte, conformándose con el conocimiento de un objeto § XLV Las bellas artes deben hacer el efecto que la naturaleza
posible, se limita a hacer para realizarlo todo lo que es necesario, es
mecánico; pero si se tiene por fin inmediato el sentimiento del placer, es Ante una producción de las bellas artes, es necesario que tengamos la
estético. El arte estético comprende las artes agradables y las bellas artes, conciencia de que es una producción del arte, y no de la naturaleza, pero
según que tiene por objeto el asociar el placer a las representaciones, en también es necesario que la finalidad de la forma de esta producción
tanto que simples sensaciones, o en tanto que especies de conocimiento. aparezca tan independientemente de toda violencia de reglas arbitrarias,
como si fuera simplemente una producción de la naturaleza. Sobre este
Las artes agradables son las que no tienen otro fin que el goce; tales sentimiento del libre, pero armonioso juego de nuestras facultades de
son todos estos atractivos que pueden encantar a una reunión en la mesa, conocer, es sobre el que descansa este placer, que sólo puede ser
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universalmente participado, sin que por esto se apoye sobre conceptos. tanto a la naturaleza, se podría decir también que el genio es la cualidad
Hemos visto que la naturaleza es bella cuando hace el efecto del arte; el innata del espíritu (ingenium), por la cual la naturaleza da la regla al arte.
arte a su vez no puede llamarse bello más que cuando, aunque, tengamos
conciencia de que es arte, nos haga el efecto de la naturaleza. Sea lo que fuere de esta definición, ya sea arbitraria, ya sea o no
conforme al concepto que asociamospor costumbre a la palabra genio (lo
Que se trate de la naturaleza o del arte, podemos decir generalmente que examinaremos en el párrafo siguiente), siempre se puede probar de
que es bello aquello que agrada únicamente en el juicio que formamos de antemano, que, conforme al sentido aquí adoptado, las bellas artes deben
ello (no en la sensación, ni por medio de un concepto). Por lo que, el arte ser consideradas necesariamente como artes del genio.
tiene siempre un designio determinado de producir alguna cosa. Mas si
no se tratase más que de una simple sensación (alguna cosa puramente En efecto; todo arte supone reglas, por cuyo medio es representada
subjetiva), que debiera estar acompañada de placer, esta producción no como posible una producción artística. Mas el concepto de las bellas artes
agradaría en el juicio más que por medio de una sensación de los no permite que el juicio formado sobre la belleza de sus producciones,
sentidos. De otro lado, si el designio concierne a un objeto determinado, sea derivado de regla alguna que tenga por principio un concepto, y que,
el objeto producido por el arte no agradará más que por medio de por consiguiente, nos muestre cómo es posible la cosa. Así las bellas artes
conceptos. En los dos casos, el arte no agrada únicamente en el juicio, es no pueden hallar por sí mismas la regla que deben seguir en sus
decir, no agradaría como bello, sino como mecánico. producciones. Por lo que, como sin regla anterior una producción no
puede recibir el nombre de arte, es necesario que la naturaleza de al arte
Así una finalidad de una producción en las bellas artes, aunque tenga la regla en el sujeto (y esto por la armonía de sus facultades), es decir que
un designio, no debe dejarlo aparecer, es decir, que las bellas artes deben las bellas artes no son posibles más que como producciones del genio.
hacer el efecto de la naturaleza, aunque se tenga conciencia de que son
artes. Por lo que una producción del arte hace el efecto de la naturaleza, Es fácil, sin embargo, comprender lo que sigue:
cuando se halla que las reglas, conforme a las cuales únicamente esta
producción puede ser lo que debe ser, han sido exactamente observadas, 1.º El genio es el talento de producir aquello de que no se puede dar
pero que no deja aparecer el esfuerzo, que no descubre la forma de la una regla determinada, y no la habilidad que se puede mostrar, haciendo
escuela, y no recuerda en cierto modo que la regla estaba en los ojos del lo que se puede aprender, según una regla; por consiguiente, la
artista, y que encadenaba las facultades de su espíritu. originalidad es su primera cualidad. 2.º Como en esto puede haber
originales extravagantes, sus producciones deben ser modelos, deben ser
ejemplares, y por consiguiente, originales por sí mismas; deben poderse
ofrecer a la imitación, es decir, servir de medida o de regla de
apreciación. 3.º No puede por sí mismo describir a mostrar
§ XLVI Las bellas artes son artes del genio científicamente cómo ejecuta sus producciones, pero da la regla para una
inspiración de la naturaleza, y de este modo el autor de una producción,
El genio es el talento (don natural) que da al arte su regla. Como el siendo deudor a su genio, no sabe él mismo cómo se hallan en él las
talento o el poder creador que posee el artista es innato, y pertenece por ideas; no está en su poder formar otras semejantes gradual y
metódicamente, y comunicar a los demás preceptos que les pongan en
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condiciones de poder ejecutar semejantes producciones. (Por esto es sin mostrar cómo sus ideas tan ricas para la imaginación, y al mismo tiempo
duda por lo que la palabra genio se ha sacado de la latina genius, que tan llenas para el pensamiento, han podido caer y concertarse en su
significa el espíritu propio particular, que ha sido concedido a un hombre cabeza, porque ellos no lo sabían por sí mismos, y no podían hacerlo
al nacer, que le protege, le dirige y le inspira ideas originales.) aprender a los demás. El mayor inventor, tratándose de la ciencia, no
difiere más que en el grado del más laborioso imitador; mas difiere
4.º La naturaleza no da por medio del genio reglas a la ciencia, sino al específicamente del que la naturaleza ha producido para las bellas artes.
arte, y aún no se debe aplicar esto más que a las bellas artes. Esto no es que queramos rebajar aquí los grandes hombres, a los cuales,
el genio humano debe tanto reconocimiento, ante los favores de los que la
naturaleza llama artistas. Como los primeros, son destinados por su
talento a concurrir al perfeccionamiento progresivo y creciente de los
conocimientos y de todas las ventajas que de estos dependen; así como a
§ XLVII Explicación y confirmación de la anterior definición del la instrucción del género humano, tienen en esto una gran superioridad
genio sobre aquellos. En efecto; el arte no es como la ciencia; se reduce en
cierta parte, porque tiene límites que no puede pasar, y estos límites han
Todos están conformes en reconocer que el genio es en un todo sido sin duda alcanzados después de mucho tiempo, y no pueden evitarse;
opuesto al espíritu de imitación. Por lo que, como aprender, no es otra además la habilidad que hace el genio del artista no se puede comunicar,
cosa que imitar, la mayor capacidad, la mayor facilidad para aprender, no la recibe inmediatamente de mano de la naturaleza, y muere con él, hasta
puede como tal, pasar por propia del genero. Mucho más, para llamarse que la naturaleza produce otra tan felizmente concebida, y que no tiene
genio, no basta pensar y meditar, por sí mismo, y no limitarse a lo que necesidad más que de un ejemplo para ejercer a su vez su talento.
otros han pensado, ni aun basta hacer descubrimientos en el arte y en la
ciencia, y ser lo que se llama una gran cabeza (por oposición a estos Si la regla del arte (de las bellas artes) es un don natural, ¿de qué
espíritus, que no saben más que aprender o imitar a que se llama especie es, pues, esta regla? Ella no puede reducirse a fórmula y servir de
papagayos)62; es que esto que se halla de este modo, se hubiera podido precepto, porque de otro modo el juicio sobre lo bello podría ser
aprender, lo que se alcanza por medio de reglas, y siguiendo el camino de determinado conforme a conceptos; mas es necesario abstraerla del
la especulación y la reflexión, y esto no se distingue de lo que se puede efecto, es decir, de la producción, sobre que puedan otros ensayar su
aprender por el estudio y la imitación. Así, todo lo que Newton ha propio talento, sirviéndose de ella como de un modelo que imitar, y no
expuesto en su inmortal obra de los principios de la filosofía natural, por que copiar. ¿Cómo es esto posible? Es difícil de explicar. Las ideas del
gran talento que haya necesitado para hallar tales cosas, se puede artista excitan ideas semejantes en su discípulo, si la naturaleza le ha
aprender; pero no se puede aprender a componer bellos versos, por más dotado de las mismas facultades y en la misma proporción. Los modelos
detallados que sean los preceptos de la poesía, y por más excelentes que de las bellas artes son, pues, los solos medios que pueden trasmitir el arte
sean los modelos. La razón de esto es que Newton podía, no solamente a la posteridad; simples descripciones no podrían tener el mismo
para sí mismo, sino para todos, hacer, por decirlo así, visibles, y marcar resultado, principalmente en relación a la palabra, y en esta especie de
para sus sucesores todos los pasos que él tuvo que dar desde los primeros artes no se tienen por clásicos más que los modelos tomados de las
elementos de la geometría, hasta los más grandes y profundos lenguas antiguas, y derivados de las lenguas sabias.
descubrimientos, mientras que un Homero o un Wieland no pueden
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Aunque existe una gran diferencia entre las artes mecánicas y las Si se considera el genio como un talento para las bellas artes (que es la
bellas artes, no exigiendo las primeras otra cosa que aplicación y estudio, significación propia de la palabra), y bajo este punto de vista se le
pidiendo las otras genio todas las bellas artes, sin excepción, encierran quisiera descomponer en las facultades que en él deben concurrir, es
algo de mecánico, que se puede comprender y seguir por medio de reglas, necesario determinar primeramente de una manera exacta, la diferencia
y suponen, por consiguiente, como condición esencial, algo en ellas que que existe entre la belleza natural, cuya apreciación no exige más que
tienen de escuela. Porque nos proponemos un fin o de lo contrario no gusto, y la belleza artística, cuya posibilidad (que es necesario también
habría producción del arte, sino por casualidad. Por lo que, para poner en tener en cuenta en la apreciación de un objeto de arte) exige genio.
ejecución lo que nos proponemos hacer, son necesarias reglas
determinadas, a las cuales no nos podemos sustraer. Mas como la Una belleza natural es una cosa bella; la belleza artística es una bella
originalidad del talento es uno de los caracteres esenciales (no digo el representación de una cosa.
único) del genio, se ven pobres espíritus que creen mostrar un genio
distinguido, separándose de la violencia de las reglas, y se imaginan que Para juzgar una belleza natural como tal, no tengo necesidad de tener
se hace mejor figura sobre un caballo fogoso que sobre un caballo previamente un concepto de lo que debe ser la cosa, es decir, no tengo
domado. El genio se limita a suministrar una rica materia a las necesidad de conocer su finalidad material (el fin), sino basta que la
producciones de las bellas artes; para trabajar esta materia y darle una forma sola de esta como independiente de todo conocimiento de su fin,
forma, es necesario un talento formado por la escuela y capaz de hacer de me agrade por sí misma en el juicio. Mas si el objeto es dado por una
aquello un uso que pueda aprobar el Juicio. Mas es algo ridículo que un producción del arte y se le ha de declarar bello como tal, el arte
hombre hable y resuelva como un genio en las cosas que exigen de parte suponiendo siempre un fin en su causa (y en la causalidad de esta), debe
de la razón las más laboriosas investigaciones; y yo no sé cual se presta al pronto apoyarse sobre un concepto de lo que debe ser la cosa; y como
más a la risa, el charlatán que extiende a su alrededor una gran humareda la concordancia de los diversos elementos de una cosa con su destino
en donde no se pueden distinguir claramente los objetos, pero donde se ulterior o su fin, constituye la perfección de esta cosa, se sigue que en la
imagina de ellos tanto más, o el público que cree sencillamente, que si no apreciación de la belleza artística, la perfección debe también tomarse en
se puede discernir y comprender claramente la mejor parte de lo que se le consideración, lo que no tiene lugar en la apreciación de una belleza
presenta, es que le ofrecen en abundancia nuevas verdades, mientras que natural (en tanto que sea tal). Es verdad, que para juzgar de la belleza de
trata de chapuces todo trabajo, detallado (que establece justas los objetos de la naturaleza, particularmente de los seres animados, como
definiciones y emprende un examen metódico de los principios). por ejemplo, el hombre o el caballo, tomamos generalmente en
consideración la finalidad objetiva de estos seres, mas entonces nuestro
juicio no es un juicio puro, estético, es decir, un simple juicio del gusto;
nosotros no juzgamos la naturaleza como haciendo el efecto del arte, sino
§ XLVIII De la relación del genio con el gusto como siendo un arte (aunque sobrehumano), y el juicio teleológico es
aquí para el juicio estético un principio y una condición, que este debe
Para juzgar de los objetos bellos como tales, es necesario gusto; pero tener en cuenta. En semejante caso, cuando por ejemplo se dice «es una
en las bellas artes, es decir, para producir cosas bellas, o es necesario bella mujer», no se piensa en el hecho otra cosa, sino que la naturaleza
genio. representa en esta forma los fines que se propone en el cuerpo de la
mujer; porque además de la simple forma es necesario todavía que haya
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relación a un concepto, de suerte que el juicio formado sobre el objeto es que una facultad de juzgar; ésta no es un poder creador; y lo que le
un juicio estético y lógico a la vez. conviene no es por esta razón una obra de bellas artes; esta puede ser una
producción que pertenezca a las artes útiles y mecánicas, y aun a la
Las bellas artes tienen esta ventaja; que hacen bellas las cosas que en ciencia, y ser el efecto de reglas determinadas que se pueden aprender o
la naturaleza serían odiosas y desagradables63. Las fiebres, las demás que se deben seguir con exactitud. En este caso la forma que da a su obra
enfermedades, los reveses en la guerra y todos los desastres de este no es más que un medio que se emplea para recomendarla y extenderla,
género, pueden describirse y aun representarse por la pintura y venir a ser haciéndola capaz de agradar, y aunque ligada a un fin determinado,
bellezas. No hay más que una especie de cosas odiosas que no se pueden permite cierta libertad. Así se quiere que un servicio de mesa, que un
representar conforme a la naturaleza, sin destruir toda satisfacción tratado de moral, y aun que un discurso tengan la forma de las bellas
estética y por consiguiente la belleza artística; estas son las que excitan el artes, pero sin que aparezca como buscado, y por esto no se dice que son
disgusto. En efecto; como en esta singular sensación que no descansa más obras de las bellas artes. Un poema, un trozo música, una galería de
que sobre la imaginación, rechazamos con fuerza un objeto que sin cuadros, etc., he aquí lo que se atribuye a las bellas artes; y en una obra
embargo, se nos ofrece como un objeto de placer, no distinguimos en dada como perteneciente a las bellas artes, se puede muchas veces hallar
nuestra sensación la representación artística del objeto de la naturaleza de el genio sin gusto, o el gusto sin genio.
este objeto mismo, y entonces nos es imposible hallar bella esta
representación. También la escultura, en donde parece confundirse el arte
con la naturaleza, tiene en entredicho la representación inmediata de los
objetos odiosos, y no permite, por ejemplo, representar la muerte (de la § XLIX De las facultades del espíritu que constituyen el genio
que hace un bello genio), o el espíritu belicoso (del que hace a Marte),
mas que por medio de una alegoría o de atributos que hacen un buen Se dice de ciertas producciones que se deben poder considerar, en
efecto, y por consiguiente, de una manera indirecta que llama la reflexión parte al menos, como obras de las bellas artes, que no tienen alma64,
de la razón, y no se reduce solamente al juicio estético. aunque, bajo el respecto del gusto, no haya en ellas nada que reprender.
Un poema puede ser muy claro, muy elegante, más no tener alma. Una
He aquí, pues, la bella representación de un objeto, la cual no es historia es exacta y bien ordenada, mas le falta el alma. Un discurso
propiamente más que la forma de la exhibición de un concepto que por solemne es sólido y al mismo tiempo adornado, pero sin alma. Muchas
esto se comunica universalmente. Mas para dar cierta forma a las conversaciones no dejan de tener interés, pero no tienen alma. Se dice de
producciones de las bellas artes, no se necesita más que gusto; con el una mujer que es linda, agradable en la conversación, graciosa, mas sin
gusto, con un gusto ejercitado y corregido por numerosos ejemplos alma. ¿Qué es lo que se entiende aquí por alma? El alma en el sentido
sacados de la naturaleza o del arte, es como el artista aprecia su obra, y estético es el principio vivificante del espíritu. Mas lo que sirve a este
después de muchos ensayos, muchas veces penosos, halla por último una principio para animar el espíritu, la materia que emplea en su fin, es lo
forma que le satisface. Esta forma no es, pues, como una cosa de que da un feliz vuelo a las facultades del espíritu, es decir, lo que las pone
inspiración, o el efecto del libre vuelo de las facultades del espíritu, sino en juego, de tal suerte que este juego se entretiene en sí y fortifica aun las
el resultado de largos y penosos esfuerzos, por los cuales el artista busca facultades que en él se ejercitan.
siempre el hacer lo más conforme a un pensamiento, conservando
siempre la libertad del juego de sus facultades. Pero el gusto no es más
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Por lo que yo sostengo que este principio no es otra cosa que la prosecución de un máximun, las representa a los sentidos con una
facultad de exhibición de ideas estéticas; y por idea estética entiendo una perfección de que la naturaleza no ofrece ejemplos. Aun en la poesía es
representación de la imaginación, que da ocasión a muchos donde la facultad de las ideas estéticas puede revelar todo su poder. Mas
pensamientos, sin que ninguno sea determinado, es decir, sin que ningún esta facultad, considerada en sí misma, no es propiamente más que un
concepto le pueda ser adecuado, y que por consiguiente, ninguna palabra talento (de la imaginación).
puede perfectamente expresarla ni hacerla comprender. Se ve fácilmente
que es la dependiente de una idea racional y que, por el contrario, es un Si se coloca bajo un concepto una representación de la imaginación,
concepto al cual no se puede hallar intuición (representación de la que entre en la exhibición de este concepto, más que por sí mismo
imaginación) adecuada. despierta el pensamiento, sin poder reducirse a un concepto determinado,
y extiende de este modo estéticamente el concepto mismo de una manera
La imaginación (como facultad de conocer productiva), tiene un gran indeterminada, la imaginación es entonces creadora y pone en
poder creador, como otra naturaleza, con la materia que le suministra la movimiento la facultad de las ideas intelectuales (la razón), de manera
naturaleza real. Ella sabe encantarnos allá donde la experiencia nos que se extienda el pensamiento formado con ocasión de una
parece muy trivial; transforma esta sintiendo siempre las leyes de representación (lo que es ciertamente propio del concepto del objeto),
analogía, mas también conforme a principios que tienen un más alto mucho más allá de lo que se puede percibir y discernir claramente.
origen, que tienen su fuente en la razón (y que son tan naturales para
nosotros como aquellos conforme a los que recibe el entendimiento la Estas formas que no constituyen la exhibición de un concepto dado,
naturaleza empírica); y en esto nos sentimos independientes de la ley de sino que expresan solamente, en tanto que representaciones secundarias
asociación (la cual es inherente al uso empírico de la imaginación), de la imaginación, las consecuencias que a ellas son inherentes, y la
porque si es en virtud de esta ley como nosotros sacamos de la naturaleza afinidad de este concepto con otro, se llaman atributos (estéticos) de un
la materia que necesitamos, la aplicamos a un uso superior y que excede objeto, cuyos conceptos, en tanto que idea racional, no pueden hallar
la naturaleza. exhibición adecuada. Así el águila que tiene la fuerza en sus uñas, es un
atributo del poderoso rey de los cielos, y el pavo real un atributo de su
Se puede dar el nombre de ideas a las representaciones de la magnífica esposa. Estos no representan como los atributos lógicos, lo que
imaginación; porque de una parte ellas tienden al menos a algo que se contienen nuestros conceptos de la sublimidad y de la majestad de la
halla más allá de los límites de la experiencia, y buscan de este modo creación, sino alguna otra cosa en que la imaginación halla ocasión de
aproximarse a la exhibición de los conceptos de la razón (de las ideas ejercitarse sobre una multitud de representaciones análogas, que hacen
intelectuales), lo que les da una apariencia de realidad objetiva; y de otra pensar más allá de lo que se puede expresar en un concepto determinado
parte, lo que es el principal motivo, no se puede tener concepto adecuado por palabras, y suministran una idea estética que reemplaza por la idea
de estas representaciones, en tanto que intuiciones internas. El poeta racional, la exhibición lógica que anima verdaderamente el espíritu,
ensaya hacer sensibles65 las ideas de seres invisibles, el reino de los abriéndole una perspectiva sobre un campo inmenso de representaciones
bienaventurados, el infierno, la eternidad, la creación, etc.; o más todavía, análogas. Las bellas artes no proceden de este modo solamente en la
tomando las cosas de que la experiencia les da ejemplo, como la muerte, pintura, en la escultura (en donde los atributos son ordinariamente
la envidia y todos los vicios, el amor, la gloria, etc., y trasportándolos empleados), sino que la poesía y la elocuencia deben el alma que vivifica
más allá de la experiencia, su imaginación, que rivaliza con su razón en la sus obras a los atributos estéticos de los objetos que acompañan los
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atributos lógicos, y que dan el vuelo a la imaginación, y nos hacen pensamientos cuyo sentimiento anima las facultades de conocer, y
pensar, aunque de una manera confusa, mucho más de lo que puede vivifica la letra por medio del alma.
comprender un concepto, o hacer una expresión determinada. Me limitaré
para ser breve, a un pequeño número de ejemplos. Las facultades del espíritu, cuya unión (en cierto respecto) constituye
el genio, son, pues, la imaginación y el entendimiento. Mas en tanto que
Cuando el gran Federico, en una de sus poesías, se expresa así66: la imaginación, aplicada al conocimiento, quita la violencia del
entendimiento y se halla sometida a la condición de apropiarse al
Sí, finarán sin turbación y morirán sin pena- Dejando el universo lleno concepto que suministra, bajo el punto de vista estético, por el contrario,
de nuestros beneficios.- Así el astro del día al fin de su carrera,- Extiende es libre. Además, su acuerdo con un concepto suministra
sobre el horizonte una apacible luz- Y los últimos rayos que lanza sobre espontáneamente al entendimiento materia rica y no desenvuelta, en la
el aire- Son los últimos suspiros que al universo da. cual éste no soñaba en su concepto, sino que la emplea menos
objetivamente, en vista del conocimiento, que subjetivamente, puesto que
Vivifica esta idea, que la razón le suministra, con un alma cosmopolita ella anima las facultades de conocer, y por consiguiente, se aplica
hasta el fin de la vida, por un atributo que asocia a la imaginación también, aunque indirectamente a los conocimientos. De donde se sigue,
(evocando el recuerdo de todo lo que hay de delicioso en una noche que el genio consiste propiamente en una feliz relación de la imaginación
serena, sucediendo a un día bello de verano), y despierta una multitud de y el entendimiento, que ninguna ciencia nos puede enseñar, ninguna
sensaciones y de representaciones secundarias, para las cuales no se aplicación nos puede dar, por la cual asociamos las ideas a un concepto
encuentra expresión. Recíprocamente, un concepto intelectual puede dado, y hallamos de otro lado la expresión propia para comunicar a otros
servir de atributo a una representación de los sentidos, y animarlo por la disposición del espíritu que de esto resulta, que es como el
medio de una idea supra-sensible; mas no se aplica a este uso sino un acompañamiento de este concepto.
elemento estético, subjetivamente inherente a la conciencia de lo supra-
sensible. Así, por ejemplo, un poeta67 dice en la descripción de una bella A este último talento es a lo que se da el nombre de alma; porque para
mañana: «La luz del sol resplandecía como resplandece la calma en el expresar lo que hay de inefable en la disposición del espíritu, en que nos
seno de la virtud.» La conciencia de la virtud, cuando uno se pone con el coloca una representación determinada, y hacerlo propio para ser
pensamiento en lugar de un hombre virtuoso, extiende en el espíritu una universalmente participado, ya la expresión sea por medio del lenguaje,
multitud de sentimientos sublimes y tranquilos, y nos abre una ya por medio de la pintura, ya por las artes de adorno, se necesita una
perspectiva sin límites sobre un porvenir de dichas, que no puede mostrar facultad que reciba, por decirlo así, de paso, el juego rápido de la
perfectamente ninguna expresión determinada68. imaginación, y que lo una a un concepto que se pueda participar, sin que
haya en esto violencia por las reglas (un concepto que es por esto mismo
En una palabra, la idea estética es una representación de la original, y nos descubre una nueva regla que no ha podido ser sacada de
imaginación asociada a un concepto dado, y ligada a una variedad tal de ningún principio ni de ninguna regla anterior.)
representaciones parciales, libremente puestas en juego, que no se puede
hallar expresión que las designe en un concepto determinado; una
representación, por consiguiente, que añade muchos inefables * * *
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Si a pesar de esto, después de este análisis, volvemos sobre la
definición que anteriormente hemos dado del genio, hallamos: 1.º , que es Mas esta imitación viene a ser una monería69, cuando el discípulo lo
un talento para el arte, y no para la ciencia, y que deben presidir en sus imita todo hasta las cosas, que el genio no ha dejado pasar, a pesar de su
operaciones reglas claramente establecidas; 2.º , que como talento artístico defectuosidad, sino porque no podía suprimirlas sin debilitar las ideas. No
supone un concepto determinado de su obra como de su objeto, y por se debe ver allí un mérito más que para el genio; cierto atrevimiento en la
consiguiente, el entendimiento; pero también una representación (aunque expresión, y en general, ciertos extravíos de la regla común, no sentarán
indeterminada) de la materia, es decir, de la intuición propia de la bien, si no son cosas dignas de imitar. Estas son las faltas que se deben
exhibición de este concepto, y por tanto, una relación de la imaginación siempre evitar, perdonándolas al genio, cuya excesiva circunspección
al entendimiento; 3.º , que se revela menos alcanzando su fin en la comprometería la originalidad. El amaneramiento70 es otra especie de
exhibición de un concepto determinado, que presentando o expresando monería, que consiste en aquella falsa originalidad, por la cual uno se
ideas estéticas, que suministran un rico material para este mismo fin, y separa lo posible de los imitadores, sin poseer por esto el talento de ser
por consiguiente, presentando la imaginación libre de la violencia de las por sí mismo un modelo. Hay, en general, dos maneras (modi) de
reglas, pero conforme al mismo tiempo con la exhibición del concepto componer nuestros pensamientos: la una se denomina manera (modus
dado; 4.º , que por último, la finalidad subjetiva, que se revela estheticos), la otra método (modus logicus). Difieren entre sí en que la
espontáneamente en el libre concierto de la imaginación con la legalidad primera no tiene otra medida que el sentimiento de la unidad en la
del entendimiento, supone tal proporción y tal disposición en estas exhibición, mientras que la segunda sigue principios determinados. Solo
facultades, que no se puede llegar a ellas por la observancia de las reglas la primera, por consiguiente, se aplica a las bellas artes. Mas una obra de
o de la ciencia, o por una imitación mecánica, sino que solo la naturaleza arte se dice amanerada, cuando la exhibición de la idea que encierra, se
del sujeto puede producirla. acerca ya a la rareza, y no es apropiada a la idea misma. El género
preciso, redondeado, afectado, que pretende distinguirse de lo ordinario
De todo esto resulta que el genio es la originalidad ejemplar del (pero sin alma), se parece a los modos de aquel que, como se dice, se
talento natural que revela un sujeto en el libre ejercicio de sus facultades escucha al hablar, o se detiene y marcha como si estuviese en la escena,
de conocer. De esta manera la obra de un genio (considerada en lo que lo que indica siempre un mentecato.
pertenece realmente al mismo, y no en lo del estudio o de la escuela) es
para otro genio un ejemplo, no para imitarlo (porque el genio de una
obra, lo que constituye el alma, desaparece en la imitación) sino para
seguirlo: ella despierta en el último el sentimiento de su propia
originalidad, le excita a ejercer por sí mismo su independencia, y así es § L De la unión del gusto con el genio en la producción de las bellas
como el talento, llegando a ser un modelo, da al arte una nueva regla. artes
Pero como este favor de la naturaleza que se llama genio es un raro
fenómeno, su ejemplo produce entre los hombres de mérito una escuela, Preguntar qué hay de más importante en las cosas de las bellas artes, si
en donde se les enseña o donde se siguen metódicamente, las reglas que el genio o el gusto, es como preguntar, cuál de las dos facultades, la
se pueden sacar de las obras del mismo, y por esto las bellas artes no son imaginación o el juicio, desempeña aquí el principal papel. Pero como un
más que imitación, de la cual la naturaleza ha dado la regla por medio del arte relativo a la primera merece más bien el nombre de ingenioso71, y
genio. que casi no es más que relativamente a la segunda como puede colocarse
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entre las bellas artes, esta es, al menos como condición indispensable de lo que debe ser el objeto, basta para excitar y comunicar la idea de la
(conditio sine qua non), la primera cosa que se debe considerar en la que este objeto se considera como su expresión.
apreciación de las artes, en tanto que bellas artes. La abundancia y la
originalidad de ideas son menos necesarias a la belleza, que la Si, pues, queremos dividir las bellas artes, no podemos escoger, al
concordancia de la imaginación, en libertad, pon la legalidad del menos como ensayo, un principio más cómodo que la analogía del arte
entendimiento. En efecto; la imaginación con toda su riqueza, no es más con la especie de expresión de que los hombres se sirven cuando hablan
que extravagancia, desde el momento en que su libertad no tiene leyes; el para comunicarse tan perfecta como fácilmente, no solo sus conceptos,
juicio es el que la pone en armonía con el entendimiento. sino también sus sensaciones73. Este género de expresión consiste en la
palabra, en el gesto, en el tono (articulación, gesticulación y modulación).
El gusto, como el juicio en general, es la disciplina del genio; él le La sola reunión de estas tres especies de expresión, constituye una
corta los vuelos, él le morigera y le pule, pero al mismo tiempo le da una perfecta comunicación entre los que hablan. En efecto; el pensamiento, la
dirección, mostrándole en qué y hasta dónde puede extenderse, para no intuición y la sensación, son por ellas trasmitidas a los demás, simultánea
extraviarse, e introduciendo la claridad y el orden en la confusión de los y conjuntamente.
pensamientos; da fijeza a las ideas, las hace propias de un asentimiento
duradero y universal, propias para servir de modelo a los demás, y para Según esto no hay más que tres especies de bellas artes; el arte de la
concurrir a los progresos siempre crecientes de la cultura del gusto. Si, palabra, el arte figurativo y el arte del juego de las sensaciones (como
pues, en la lucha de estas dos facultades hay necesidad de sacrificar algo, impresiones sensibles exteriores). Se podrían también dividir las bellas
deberá siempre ser más bien de parte del genio; y el Juicio, que en los artes en dos partes, según que expresen los pensamientos o las
casos de las bellas artes, decide por principios que le son propios, sufrirá sensaciones; y esta última especie de artes, se dividiría a su vez en otras
menos voluntariamente que se cercene al entendimiento, que a la libertad dos partes, según que se considerase la forma o la materia (la sensación).
y a la riqueza de la imaginación. Mas esta división parecería muy abstracta, y menos conforme a las ideas
comunes.
Las bellas artes exigen, pues, el concurso de la imaginación, del
entendimiento, del alma y del gusto72. 1. Las artes de la palabra, con la elocuencia y la poesía. La elocuencia
es el arte de dar a un ejercicio serio del entendimiento, el carácter de un
libre juego de la imaginación; la poesía, el arte de dar a un libre juego de
la imaginación el carácter de un ejercicio serio del entendimiento.
§ LI De la división de las bellas artes Así el orador promete algo serio, y para encantar a sus oyentes, lo
hace como si no se tratase más que de un juego de las ideas. El poeta no
Se, puede en general llamar belleza (de la naturaleza o del arte), la anuncia más que un juego distraído de las ideas, y produce sobre el
expresión de ideas estéticas: solamente hay que hacer la distinción, de entendimiento el mismo efecto que si no hubiera tenido por objeto más
que en las bellas artes, la idea estética debe ser ocasionada por un que ocupar esta facultad. La unión y armonía de estas dos facultades de
concepto del objeto, mientras que en la belleza de la naturaleza, la simple conocer, la sensibilidad y el entendimiento, que no pueden confundirse la
reflexión que nos hacemos sobre una intuición dada, sin ningún concepto una con la otra, sino que a un mismo tiempo no se pueden reunir sin
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esfuerzo y sin hacerse recíprocamente algún perjuicio, deben ser
espontáneas y aparecer que se han formado por sí mismas; de otro modo La plástica, o la primera especie de bellas artes figurativas, comprende
se falta al fin de las bellas artes. Por esto es por lo que se debe evitar todo la escultura y la arquitectura. La primera representa en una exhibición
lo que sea refinamiento y trabajo, porque las bellas artes deben ser libres corporal los conceptos de las cosas que podrían existir en la naturaleza
en un doble sentido: de un lado no se pueden tratar como trabajos (mas teniendo en cuenta, como perteneciente a las bellas artes, la
mercenarios, de los que se puede juzgar conforme a una medida finalidad estética); la segunda, da una exhibición semejante a los
determinada y se pueden mandar y pagar; y de otro el espíritu encuentra conceptos de las cosas que no son posibles más que por el arte, y cuya
en ellas una ocupación, pero también un placer y una excitación natural, forma no tiene su principio en la naturaleza, sino en algún fin arbitrario, y
que no tiene otro objeto que ella misma (que es independiente de todo no debe perder de vista tampoco la finalidad estética. En esta última
salario). especie de arte, el objeto de arte es destinado a un cierto uso al cual se
hallan subordinadas las ideas estéticas como a su condición principal. Así
El orador, pues, da algo que no promete, a saber, un juego distraído de las estatuas de hombres, de dioses, de animales, etc., pertenecen a la
la imaginación; pero quita también algo de lo que promete, o sea el primera especie de arte; mas los templos, los edificios destinados a las
ejercicio que de él se espera y que tiene por objeto ocupar seriamente el reuniones públicas, y aun la habitaciones, los arcos de triunfo, las
entendimiento. El poeta, al contrario, promete menos y no anuncia más columnas, los mausoleos y todos los monumentos elevados en honor de
que un simple juego de las ideas, pero nos da algo digno de nuestra ciertos hombres, pertenece a la arquitectura. Aun se pueden referir a ella
ocupación, porque ofrece jugando un alimento al entendimiento, y los muebles (los objetos de carpintería y los utensilios de este género),
vivifica los conceptos por medio de la imaginación. Por consiguiente, el porque la apropiación de una obra a cierto uso, es lo propio de una obra
primero da en realidad menos de lo que promete, y el segundo da más. de arquitectura74; al contrario, una obra puramente plástica75 que es hecha
únicamente para la vista y debe agradar por sí misma, no es, en tanto que
2. Las artes figurativas, o las que buscan la expresión de ciertas ideas exhibición corporal, más que una imitación de la naturaleza, pero que
en la intuición sensible (y no en las simples representaciones de la tiene, siempre en cuenta las ideas estéticas, y la verdad sensible; no debe
imaginación excitadas por palabras) representan o la realidad sensible, o jamás llevarse tan lejos que deje de parecer un arte y una producción de
la apariencia sensible. De un lado está la plástica y de otro la pintura. la voluntad.
Estas dos forman figuras en el espacio, para expresar las ideas, mas las
figuras de la plástica son perceptibles por dos sentidos, la vista y el tacto La pintura o la segunda especie del arte figurativo que representa una
(aunque relativamente a este último, no tiene por objeto más que la apariencia sensible ligada a las ideas por medio del arte, puede dividirse
belleza), las de la pintura no lo son más que por la vista. Las dos tienen en arte de bien pintar la naturaleza, y en arte de bien arreglar sus
por principio en la imaginación una idea estética (un arquetipo, un producciones. La primera será la pintura propiamente dicha; la segunda,
modelo), mas la figura que constituye la expresión de esta idea (el ectipo, el arte de la jardinería. En efecto, aquella no da más que la apariencia de
la copia), es dada, o bien en su extensión corporal (como es el objeto la extensión corporal; esta, dando extensión en su verdad, no presenta
mismo), o bien según la imagen que se forme de él en el ojo (según su más que una apariencia de utilidad, no tiene en realidad otro objeto que
apariencia superficial), y en el primer caso se puede tener en cuenta y dar poner en juego la imaginación por medio de las formas que ofrece a
por condición a la reflexión, o un objeto real, o solamente la apariencia nuestra contemplación76. La última consiste únicamente en adornar el
de un objeto semejante. suelo con las diversas cosas que halla en la naturaleza (como el césped,
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las flores, los arbustos y los árboles, y aun las aguas, las colinas y los de la vista, el arte se puede dividir en arte de la música y arte del
valles); mas arreglándolos de otro modo, y conforme a ciertas ideas. Por colorido. Es notable que estos dos sentidos, además de la capacidad que
lo que un bello arreglo de las cosas corporales, no se hace más que para la tienen de recibir tantas impresiones como sea necesario, para recibir por
vista, como la pintura, y el sentido del tacto no puede darnos ninguna medio de estas impresiones, los conceptos de objetos exteriores, son
representación instintiva de semejante forma. Yo referiría todavía a la todavía capaces de una sensación particular que en ellos se mezcla, y
pintura, entendiéndola en un sentido lato, lo que sirve para la decoración cuyo sujeto no puede decidir si aquella tiene su principio en los sentidos
de las habitaciones, como los tapetes y las guarniciones de chimenea y de o en la reflexión; y que este poder de afectar puede faltar alguna vez, sin
armario, etc., y todo mueble bello que no es hecho más que para la vista, que por otra parte falte nada al sentido, en tanto que sirve al conocimiento
así como el arte de vestir con gusto (como todas las cosas que sirven para de los objetos, y aunque pueda ser singularmente sutil. Así no se puede
la compostura, como los anillos, las cajas, etc.) En efecto; un jardín de decir con certeza, si un color o un tono (un sonido), debe ser colocado
diversas flores, un cuarto lleno de toda especie de adornos (y entre las sensaciones agradables, o es ya en sí un bello juego de
comprendiendo aun las decoraciones de la mujer), forman en un día de sensaciones, y contiene este título una satisfacción ligada a su forma, en
fiesta una especie de pintura, que como las pinturas propiamente dichas el juicio estético. Cuando se piensa en la velocidad de las vibraciones de
(cuyo objeto no es enseñar historia alguna o algún conocimiento natural), la luz o del aire, que excede mucho en apariencia, toda nuestra facultad
sirve simplemente para la vista, y no tiene otro objeto que entretener la del juzgar inmediatamente, en la percepción, las proporciones de la
imaginación en un libre juego de ideas, y ocupar el juicio estético sin división del tiempo por estas vibraciones, se creerá que no sentimos más
concepto determinado. Puede haber en todos estos adornos trabajos que el efecto sobre las partes elásticas de nuestro cuerpo, pero nosotros
mecánicos muy diversos que exigen diferentes artistas; mas el juicio que no notamos y no podemos juzgar la división del tiempo por estas
forma el gusto sobre lo que es bello en esta especie de arte, es siempre vibraciones, y que así sólo lo agradable, y no la belleza de la
determinado de la misma manera: no juzga más que las formas, sin composición, se halla ligado a los colores y a los tonos. Mas si de otro
consideración de objeto, tal y como se presentan a la vista aisladas o lado, en primer lugar, se consideran las relaciones matemáticas, que se
reunidas, y conforme al efecto que hacen sobre la imaginación. Se ve por puede demostrar como que constituyen la proporción de las vibraciones
qué el arte figurativo puede referirse (por analogía) al gesto que hace en la música y el juicio que de ellas formamos, y se juzga la distinción de
parte del lenguaje; es que el alma del artista da por medio de sus formas los colores, como es debido, por analogía con la música; si en segundo
una expresión corporal a su pensamiento y al modo de este, y hace hablar lugar, se refieren los ejemplos, aunque raros, de hombres que no han
a la cosa misma como un lenguaje mímico. Es este un juego muy podido distinguir los colores, con la mejor vista del mundo, o los tonos,
frecuente de nuestra fantasía, que supone en las cosas inanimadas un con el oído más delicado, mientras que otros que tienen esta facultad,
alma que nos habla por sus formas. hallan notables77 deferencias en la percepción de un color o de un sonido
que varía (no digo tan sólo en cuanto al grado de la sensación), según los
3. El arte de producir un bello juego de sensaciones (que vienen de diversos grados de la escala de los colores o de los tonos, nos podríamos
fuera), que debe poderse también participar universalmente, no puede entonces muy bien ver obligados a no considerar solamente las
versar sobre otra cosa que sobre la proporción de los diversos grados de sensaciones de los colores y los sonidos como simples impresiones
la disposición (de la tensión), del sentido, a que pertenece la sensación, es sensibles, sino como el efecto de un juicio que formamos sobre, una
decir, sobre el todo de este sentido; y así entendido con latitud, como el cierta forma en el juego de muchas sensaciones. Según que se adopte una
juego del arte puede poner en movimiento las sensaciones del oído, o las u otra opinión en la determinación del principio de la música, se nos
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llevará a definirla o según lo hemos hecho como un bello juego de bellezas de la naturaleza son las más importantes para este objeto, cuando
sensaciones (auditivas), o simplemente un juego de sensaciones estamos habituados desde el principio a contemplarlas, a juzgarlas y a
agradables. La primera definición refiere por completo la música a las admirarlas.
bellas artes, la segunda no constituye más que un arte agradable (al
menos en parte).
§ LIII Comparación del valor estético de las bellas artes
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seducir los espíritus, que puede sin duda emplearse para un fin legítimo y como una lengua universal, inteligible para todo hombre. Por lo que la
bello, pero que es la causa de que se altere la pureza interior de las música la emplea en toda su extensión, y así conforme a la ley de la
máximas y de las disposiciones del espíritu, aunque la acción sea asociación, comunica universalmente las ideas estéticas que se hallan
objetivamente legítima. No basta hacer el bien; es necesario hacerlo por ligadas a ella naturalmente. Mas como estas ideas estéticas no son
el solo motivo de que es bien. Además, el concepto de estas especies de conceptos ni pensamientos determinados, la forma de la composición de
cosas humanas, cuando se expresa claramente por medio de ejemplos, y estas sensaciones (la armonía y la melodía), en lugar de la forma del
se muestra fiel a las reglas de la armonía del lenguaje o de la lenguaje, la que, sólo por un acuerdo proporcionado de todas las partes
conveniencia de la expresión, este solo concepto tiene ya sobre los entre sí (acuerdo que descansa sobre la relación del número de las
espíritus, relativamente a las ideas de la razón (que al mismo tiempo vibraciones del aire en tiempos iguales, en tanto que los tonos formados
constituyen la elocuencia), una influencia muy grande por sí mismo para por estas vibraciones se hallan ligados simultánea o sucesivamente, y
que no sea necesario agregar a él las tramas de la persuasión, y estas que, por consiguiente, pueden ser reducidos matemáticamente a reglas
pudiendo emplearse con tanta ventaja para embellecer y ocultar el vicio y ciertas), sirve para expresar la idea estética de un todo bien ordenado,
el error, no pueden impedir que no se sospeche algún ardid del arte. En la comprendiendo una cantidad inexplicable de pensamientos, conforme a
poesía todo es leal y sincero. Ella se da por un simple juego de la cierto tema que constituye la afección dominante del trozo. Aunque esta
imaginación, que no pretende agradar más que por su forma, forma matemática no sea representada por conceptos determinados, ella
conformando con las leyes del entendimiento; ella no intenta sorprender sola es el objeto de la satisfacción que la simple reflexión del espíritu
ni seducir por una exhibición sensible79. sobre esta cantidad de sensaciones simultáneas o sucesivas, junta al juego
de estas sensaciones, como una condición universalmente admisible de su
Después de la poesía, yo colocaría, si se considera el atractivo y la belleza; ella sola puede permitir al gusto atribuirse de antemano algún
emoción del espíritu, un arte que se aproxima principalmente a las artes derecho sobre el juicio de cada uno.
de la palabra, y que se puede juntar a ellas muy naturalmente, a saber, la
música. En efecto; si este arte no habla más que por medio de sensaciones Mas lo que hay de matemático en la música no tiene ciertamente la
sin conceptos, y por consiguiente, no deja, como la poesía, algo a la menor parte en el atractivo y la emoción que la misma produce, esto no
reflexión, mueve, sin embargo, el espíritu de una manera más variada y es allí más que la condición indispensable (conditio sine qua non) de esta
más íntima, aunque más pasajera; pero es más bien un goce que una proporción, en el enlace como en la sucesión de las impresiones, que
cultura (el juego de pensamientos que excita no es más que el efecto de permite reunirlas, impidiéndoles destruirse recíprocamente, por la cual
una asociación en cierto modo mecánica), y a los ojos de la razón, tiene aquellas se conciertan para producir, por medios de afecciones
menos valor que ninguna de las demás bellas artes. También necesita, correspondientes, un movimiento, una excitación continua del espíritu, y,
como todo goce, mucha variedad, y no puede repetir muchas veces la por lo tanto, un goce personal duradero.
misma cosa sin causar fastidio. He aquí como se puede explicar el
atractivo de este arte, que se comunica tan universalmente. Toda Si, por el contrario, se estima el valor de las bellas artes conforme a la
expresión toma en la palabra un tono apropiado a su significación; este cultura que dan al espíritu y se toma por medida la extensión de las
tono designa más o menos una afección del que habla, y la excita también facultades que en el juicio deben concurrir para el conocimiento, la
en el oyente, y esta afección a su vez despierta en este la idea expresa), de música ocupa entonces el último lugar entre las bellas artes, puesto que
en la palabra por este tono. La modulación es, pues, para las sensaciones no es más que un juego de sensaciones (mientras que por el contrario, a
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no considerar más que el placer, es quizá la primera). Las artes Hay, como hemos mostrado muchas veces, una diferencia esencial
figurativas van delante de ella bajo este punto de vista, concediendo a la entre lo que agrada simplemente en el juicio, y lo que agrada en la
imaginación un libre, juego, mas sin embargo apropiado al sensación. En este último caso, no se puede, como en el primero, exigir
entendimiento, contienen también una ocupación, porque producen una de cada uno la misma satisfacción. El goce (aun cuando la causa de él se
obra, que es para los conceptos del entendimiento como un vehículo halle en las ideas) parece consistir siempre en el sentimiento del
duradero que se recomienda por sí mismo, y que sirve de este modo para desenvolvimiento fácil de toda la vida del hombre, y por consiguiente,
realizar la unión de estos conceptos con la sensibilidad, y para dar por del bienestar corporal, es decir de la salud; de suerte que Epicuro, que
tanto un carácter de urbanidad a las facultades superiores de conocer. consideraba todo goce como llevando en el fondo una sensación corporal,
Estas dos clases de artes, siguen procedimientos diferentes: la primera va no iba descaminado en esto, sino que solamente no se comprendía al
de ciertas sensaciones a las ideas indeterminadas; la segunda de las ideas referir al goce la satisfacción intelectual, y aun la satisfacción práctica.
determinadas a las sensaciones. Esta produce impresiones duraderas, Cuando se tiene ante los ojos la distinción que acabamos de recordar, se
aquélla no deja más que impresiones pasajeras. La imaginación puede puede explicar cómo un goce puede desagradar al mismo que lo
reproducir las impresiones de la una y formarse una agradable experimenta (como la alegría que siente un hombre que está en la
distracción, mas las de la segunda, muy pronto desaparecen por miseria, pero que tiene buenos sentimientos, con la idea de la herencia de
completo, o si la imaginación las renueva involuntariamente, nos sirven su padre, que le ama, pero que es avaro), o como un profundo pesar
más bien de pena que de placer. Además80, hay en la música como una puede agradar al que lo siente (como la tristeza que deja a una viuda la
falta de urbanidad, porque por la naturaleza misma de los instrumentos, muerte de su excelente marido), o como un goce puede agradar también
extiende su acción más lejos que se desea en la vecindad; ella se abre en (como el que dan las ciencias que cultivamos), o como un pesar (por
cierto modo paso, y viene a turbar la libertad de los que no son de la ejemplo, el aborrecimiento, la envidia, la venganza) puede también
reunión musical, inconveniente que no tienen las artes que hablan a la desagradarnos. La satisfacción o el desagrado descansa aquí sobre la
vista, puesto que no hay más que volver los ojos para evitar su impresión. razón, y se confunde con la aprobación o la desaprobación; mas el goce y
Se podría casi comparar la música a los olores que se extienden a lo lejos. el pesar, no pueden fundarse más que sobre el sentimiento o la previsión
El que saca de su bolsillo un mocador perfumado, no consulta la voluntad de un bienestar o de un malestar posibles (cualquiera que sea el
de los que se hallan a su alrededor, y les impone un goce que no pueden principio).
evitar si han de respirar, aunque esto haya pasado por moda81.
Todo juego de sensaciones libre y variado (no teniendo objeto),
Entre las artes figurativas yo daría la preferencia a la pintura, puesto produce un goce, porque excita y desenvuelve el sentimiento de la salud,
que ella es, en tanto que arte de dibujo, el fundamento de las demás de ya el juicio de la razón refiera o no una satisfacción al objeto de este goce
esta clase, y puesto que puede penetrar mucho más adelante en la región y aun al goce mismo, el cual puede elevarse hasta la afección, aunque no
de las ideas, y extender mucho el campo de la intuición, conforme a estas tomemos ningún interés por el objeto, o que no refiramos a él al menos
ideas. un interés proporcionado al grado de la afección. Se pueden dividir estas
especies de juegos en juego de suerte, música82 y juego de espíritu83. El
OBSERVACIÓN primero supone un interés, sea de vanidad, sea de utilidad, mas este
interés está tan lejos de ser tan grande como el que se refiere a la manera
de que nos valemos para procurárnoslo; el segundo no supone más que el
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cambio de sensaciones de que cada uno tiene una relación con la En la música, este juego va de la sensación del cuerpo a las ideas
afección, mas sin tener el grado de una afección, y excita las ideas estéticas (de los objetos de nuestras afecciones), y de estas vuelve
estéticas; el tercero resulta simplemente de un cambio de las después al cuerpo, pero con una doble fuerza. En la bufonería (que como
representaciones en el juicio, que no produce ciertamente, ningún la música merece más bien ser colocada entre las artes agradables que
pensamiento que contenga algún interés, sin que a pesar de esto anime al entre las bellas artes) el juego empieza por el de los pensamientos que
espíritu. todos ocupan también al cuerpo, en tanto que son expresados de una
manera sensible, y como el entendimiento se detiene de pronto en esta
Todas nuestras reuniones muestran cuánto placer hallamos en los exhibición, en donde no halla lo que esperaba, nosotros sentimos el
juegos, sin proponernos, no obstante, ningún fin interesado; porque sin efecto de esta interrupción, que se manifiesta en el cuerpo por la
juego casi ninguna se podría sostener. Mas las afecciones de la esperanza, oscilación de los órganos, renueva así el equilibrio de estos, y tiene sobre
del temor, del goce, de la cólera, de la risa, son un juego en ellas, la salud una influencia favorable.
sucediéndose alternativamente, y mostrando tanta vivacidad, que parece
excitada toda la vida del cuerpo por un movimiento interior; es lo que En todo lo que es capaz de excitar fuertes estrépitos de risa, debe
prueba esta vivacidad de espíritu que excita el juego, aunque nada se haber algo de absurdo (en donde, por consiguiente, el entendimiento no
gane o nada se aprenda. Mas como lo bello no entra para nada en los puede hallar por sí mismo la satisfacción). La risa es una afección que se
juegos de suerte, debemos dejarlos aquí a un lado. La música y las cosas experimenta cuando se halla perdida de pronto una gran esperanza. Este
que excitan la risa son dos especies de juegos de ideas estéticas, o si se cambio, que no tiene ciertamente nada placentero para el entendimiento,
quiere de representaciones intelectuales, que en definitiva no nos nos regocija, sin embargo, mucho indirectamente, durante un momento.
suministran ningún pensamiento, y que no pueden causarnos un vivo La causa de esto debe estar, pues, en la influencia de la representación
placer más que por su variedad; por donde vemos claramente que la sobre el cuerpo, y en la relación del cuerpo sobre el espíritu, no que la
animación, en estos dos casos, es puramente corporal, aunque sea representación sea objetivamente un objeto de agrado, como cuando se
provocada por ideas del espíritu, y que el sentimiento de la salud excitado recibe la nueva de un gran beneficio (porque como una esperanza perdida
por un movimiento de los órganos correspondiente al juego del espíritu, puede causar un goce); pero es que en tanto que simple juego de
constituye el placer considerado tan delicado y espiritual, de una reunión representaciones produce un equilibrio en las fuerzas vitales.
o sociedad, donde reina la alegría.
Yo supongo que se cuenta esta anécdota: un indio de Surate,
Este no es el juicio de la armonía en los tonos o en los relieves, el cual comiendo en casa de un inglés, y viendo destapar una botella de cerveza
por la belleza que nos descubre, no sirve aquí más que como un vehículo y escaparse toda con agitación, manifestaba su asombro con
necesario, aunque como un desenvolvimiento favorable de la vida del exclamaciones; el inglés le pregunta, qué había en aquello de tanto
cuerpo, como la afección que reúne las entrañas y el diafragma, en una asombro; y el indio respondió: ¡yo no me asombro de que esto se escape
palabra, como el sentimiento de la salud (que no se siente sin semejante de la botella, sitio que me pregunto cómo habéis podido encerrarlo en
ocasión) que constituye el placer que se encuentra, de suerte que se puede ella! Esta anécdota nos hace reír y nos proporciona un verdadero placer, y
llegar al cuerpo por el alma, y hacer de ésta la medicina de aquel. este placer no proviene de que nos encontremos más hábiles que este
ignorante, o de cualquier otra causa que pueda agradar al entendimiento,
sino de que se haya despertado nuestra esperanza, y de pronto se halla
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destruida. Supongamos todavía que el heredero de un pariente muy rico, movimiento interior del cuerpo, correspondiente al primero, que se
queriendo celebrar en honor del difunto ricos y solemnes funerales, se prolongan involuntariamente, y fatigándonos por completo, nos distraen
queje de no poder conseguirlo, diciendo que cuanto más dinero da a sus (producen en nosotros efectos favorables a la salud).
parientes para que aparezcan afligidos, más gozosos se muestran;
romperíamos en reír, y la causa de esto es todavía que nuestra esperanza En efecto, si se admite que a todos nuestros pensamientos se halla
se halla de pronto destruida. Y notamos también que no es necesario que ligado algún movimiento en los órganos del cuerpo, se comprenderá
la cosa que se espera se cambie en su contraria -porque estos sería fácilmente como en este cambio repentino del espíritu que pasa
todavía alguna cosa, y aquello podría ser muchas veces un objeto de alternativaniente de un punto a otro para considerar su objeto, pueden
pesar-; es necesario que ella sea reducida a nada. En efecto, si alguno sentirse en las partes elásticas de nuestras entrañas una tensión y un
excitase en nosotros alguna gran esperanza por el relato de una historia, y relajamiento alternativos, que se comunican al diafragma (como
habiendo llegado al desenlace, reconociésemos la falsedad, experimentan las personas cosquillosas); en este estado los pulmones
experimentaríamos un desagrado como, por ejemplo, cuando se refiere repelen el aire por intervalos muy próximos, y producen de este modo un
que hombres afectados de un fuerte dolor, han encanecido en una noche. movimiento favorable a la salud; y en esto y no en el estado anterior del
Si, por el contrario, otro queriendo agradar por reparar el efecto espíritu, es donde es necesario colocar la verdadera causa del placer que
producido por esta historia, refiere al por menor el pesar de un mercader, referimos a un pensamiento que en el fondo no representa nada. Voltaire
que habiendo venido de las Indias a Europa con todos sus bienes en decía que el cielo nos había dado dos cosas en compensación de todas las
mercaderías, se ve obligado en una tormenta a arrojarlo todo al mar, y se miserias de la vida, la esperanza y el sueño84. Habríase podido excitar la
desconsuela hasta tal punto, de que se arruga y encanece en la misma risa, si pudiésemos disponer de los medios propios para excitarla entre los
noche, nos reiremos y tendremos placer, puesto que nuestro propio hombres sensatos, y si el verdadero talento cómico no fuera tan raro, que
desprecio en una cosa que por otra parte nos es indiferente o más bien la es común lo de imaginar las cosas que quiebran la cabeza, como hacen
idea que seguimos es para nosotros como una pelota, con la cual jugamos los delirantes místicos, o bien las cosas en que se quiebra el cuello, como
por algún tiempo, mientras que pensamos en recibirla y retenerla. El hacen los genios, o por último, las cosas que parten el corazón85, como
placer no proviene de que veamos confundirse un embustero o un tonto, hacen los romanceros sentimentales (y los moralistas del mismo género).
porque esta última historia, referida con seria afectación, excitaría por sí
misma las carcajadas de una reunión, y la otra no sería regularmente Se puede, pues, según me parece, conceder a Epicuro que todo placer,
juzgada digna de atención. aun cuando sea ocasionado por conceptos que despierten ideas estéticas,
es una sensación animal, es decir, corporal, y no se hará por esto el menor
Es necesario notar que en esta especie de casos la bufonería debe perjuicio al sentimiento espiritual del respeto por las ideas morales,
contener siempre alguna cosa que pueda producir por un momento la porque este sentimiento no es un placer, sino una estima de sí (de la
ilusión; es por lo que cuando la ilusión se disipa, el espíritu se queda atrás humanidad en nosotros) que nos eleva por cima de la necesidad del
para experimentarla de nuevo, y de este modo, por efecto de una tensión placer; yo añado, que aunque menos noble, la satisfacción del gusto no
y de un relajamiento que se suceden rápidamente, es llevado y sufrirá en esto demasiado.
balanceado, por decirlo así, de un punto a otro, y como la causa que en
cierto modo tiraba la cuerda, viene a retirarse de un golpe (y no Se encuentra una mezcla de estas dos últimas cualidades, el
insensiblemente), resulta de aquí un movimiento del espíritu y un sentimiento moral y el gusto en la simpleza, que no es otra cosa que la
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sinceridad natural de la humanidad triunfante del arte de fingir, viniendo juzgan todas las cosas de un modo distinto que de ordinario (aun en
a ser una segunda naturaleza. Nos reímos de la simplicidad que atestigua sentido inverso) y sin embargo, conforme a ciertos principios de la razón.
cierta inexperiencia en este arte, y nos alegramos al ver a la naturaleza El que se halla sometido a esta disposición de espíritu involuntariamente,
descubrir el [Link] espera, a lo que se observa todos los días, un se llama extravagante88; mas el que la toma voluntariamente y con
exterior formado y compuesto a propósito para seducir por la belleza de intención (por excitar la risa por medio de un contraste chocante, se llama
su apariencia, y he aquí en su inocencia y en su pureza primitiva, la jocoso89. Pero lo jocoso pertenece mucho más a las artes agradables que a
naturaleza que no se esperaba, y que el que la deja aparecer no intentaba las bellas artes, puesto que el objeto de estas últimas debe conservar
descubrir. A la vista de esta bella, pero falsa apariencia, que siempre algo de dignidad, y exige, por consiguiente, cierta seriedad en la
ordinariamente tiene tanta influencia sobre nuestra manera de juzgar, y exhibición, como el gusto en el juicio.
que se halla aquí de pronto destruida, y de este engaño de los hombres
puesto en su desnudez, se produce en nuestro espíritu un doble
movimiento en sentidos opuestos, el cual da al cuerpo una sacudida
saludable. Mas viendo que la sinceridad del alma (o al menos su
inclinación a la sinceridad) que es infinitamente superior a toda
simulación, no es destruida por completo en la naturaleza humana,
sentimos algo serio en este juego de la imaginación: el sentimiento de la
estima viene a mezclarse con este. Mas también, como éste no es allí más
que un fenómeno pasajero, y el arte de la simulación cesa bien pronto de
mostrare al descubierto, se mezcla con él al mismo tiempo cierta
compasión o cierto movimiento de ternura, que puede muy bien ligarse, y
en el hecho se halla mueltas veces unido como una especie de juego con
nuestra franca risa, y que diminuye ordinariamente al que la ocasiona el
embarazo de no estar todavía formado para el trato social. Arte y
simpleza son, pues, dos cosas contradictorias; pero es posible a las bellas
artes aunque esto les ocurra rara vez, el representar la simpleza en toda
persona imaginaria. No se debe confundir la simpleza con una
simplicidad franca que no mancha la naturaleza por medio del artificio,
pues que únicamente ignora el arte de vivir en sociedad.
105
Segunda sección
El segundo lugar común del gusto, el que invocan los mismos que
DIALÉCTICA DEL JUICIO ESTÉTICO atribuyen al gusto el derecho de formar juicios universales, es este: no se
puede disputar sobre gusto. Lo que significa que el motivo de un juicio
§ LIV del gusto puede muy bien ser objetivo, pero que no se puede referir a
conceptos determinados, y que, por consiguiente, en este juicio no se
Para que una facultad de juzgar pueda ser dialécticamente considerada, es puede decidir nada por medio de pruebas, aunque se pueda contestar con
necesario primero que ella por sí sea raciocinante, es decir, que sus razones. Sí hay, en efecto, entre contestar y disputar la semejanza de que
juicios aspiren a priori a la universalidad90, porque en la oposición de en uno y otro caso se intenta ponerse recíprocamente de acuerdo, hay la
estos juicios entre sí es en lo que consiste la dialéctica. Por esto es por lo diferencia de que en el último caso se espera llegar a este fin, invocando
que la oposición que se manifiesta entre los juicios estéticos sensibles por motivos conceptos determinados, y admitiendo de este modo, como
(sobre lo agradable o desagradable), no es dialéctica. De otro lado, la principios del juicio, conceptos objetivos. Mas cuando esto es imposible,
oposición de los juicios del gusto entre sí, en tanto que cada uno de es imposible también disputar.
nosotros se limita a invocar su propio gusto, no constituye una dialéctica
del gusto, porque nadie piensa hacer de su juicio una regla universal. No Fácilmente se ve que entre estos dos lugares comunes falta una
queda, pues, otro concepto posible de una dialéctica del gusto que el de proposición, que no es ciertamente tomada como proverbio, sino que
una dialéctica de la crítica del gusto (no del gusto mismo) considerada en cada uno admite implícitamente, y es: que se puede contestar en materia
sus principios: allí, en efecto, se empeña una lucha natural e inevitable en de gusto (no disputar). Mas esta proposición es la contraria de la primera.
nuestros conceptos sobre el principio de la posibilidad de los juicios del Porque allí donde es permitido contestar, se puede esperar el venir a un
gusto en general. La crítica trascendental del gusto no debe abrazar una acuerdo, y por consiguiente, se puede contar con principios del juicio que
parte que lleve el nombre de dialéctica del juicio estético, más que si hay no tendrán sólo un valor particular, y que por tanto, no sean solamente
entre los principios de esta facultad una antinomia que haga dudosa su subjetivos, y esto es precisamente lo que niega esta proposición: cada uno
legitimidad, y por consiguiente, su posibilidad íntima. tiene su gusto.
El primer lugar común del gusto se halla contenido en esta 2.º Antítesis. El juicio del gusto se funda sobre conceptos; porque de
proposición, después de la cual, cualquiera que no tenga gusto cree otro modo no se podría en él contestar nada, cualquiera que fuese la
ponerse al abrigo de todo reproche: cada uno tiene su gusto. Lo que diversidad de esta especie de juicios (es decir, que no se podría atribuir a
significa que el motivo de esta especie de juicios es puramente subjetivo este juicio ningún derecho al asentimiento universal).
(que es un placer o un dolor), y que aquí el juicio no tiene el derecho de
exigir el asentimiento de otro.
106
fundamento algún concepto, pero que no pueda ser determinado por la
intuición, que no haga conocer nada, y del cual, por consiguiente, sea
§ LVI Solución de la antinomia del gusto imposible sacar ninguna prueba para el juicio del gusto. Pero un concepto
semejante no es más que el concepto puro que nos da la razón sobre lo
No hay más que un medio de quitar la contradicción de estos supra-sensible, que sirve de fundamento al objeto (y también al sujeto
principios, que supone todo juicio del gusto (y que no son otra cosa que que juzga) considerado como objeto de los sentidos, por consiguiente,
las dos propiedades del juicio del gusto, expuestas anteriormente en la como fenómeno. En efecto, si suprimimos toda consideración de este
analítica), y es mostrar que el concepto a que se refiere el objeto en esta género, la aspiración del juicio del gusto a un valor universal, sería nula;
especie de juicios no tiene el mismo sentido en las dos máximas del o si el concepto sobre el cual se funda, no fuera más que un concepto
juicio estético trascendental, pero que al mismo tiempo la ilusión que confuso del entendimiento, como el de la perfección, al cual se pudiera
resulta de la confusión del uno con el otro, es natural e inevitable. hacer corresponder la intuición sensible de lo bello, sería al menos
posible en sí fundar el juicio sobre pruebas, lo que es contrario a la tesis.
El juicio del gusto se debe referir a algún concepto, porque de otro
modo, no podría en manera alguna aspirar a un valor necesario y Pero toda la contradicción se desvanece, cuando yo digo que el juicio
universal. Pero no puede ser probado por un concepto. En efecto; un del gusto se funda sobre un concepto (de cierto principio en general de la
concepto puede o ser determinable, o indeterminado en sí y al mismo finalidad subjetiva de la naturaleza para el juicio) que, a la verdad, siendo
tiempo indeterminable. A la primera especie de conceptos pertenece el indeterminable en sí e impropio para el conocimiento, nada puede darnos
concepto del entendimiento determinable por predicados de la intuición a conocer ni probar relativamente al objeto, pero que, no obstante, da al
sensible que le pueden corresponder; a la segunda, el concepto juicio un valor universal (aunque este juicio sea en cada uno un juicio
trascendental de lo supra-sensible, por el que da la razón un fundamento a particular que acompaña inmediatamente la intuición); porque la razón
esta intuición, pero que no puede determinarlo bastante teóricamente. determinante de este juicio descansa quizá en el concepto de lo que puede
considerarse como el substratum supra-sensible de la humanidad.
Luego el juicio del gusto se refiere a objetos sensibles, pero no para
determinar en ellos un concepto por medio del entendimiento; porque Para resolver una antinomia, basta mostrar que es posible que dos
este no es juicio de conocimiento. Este no es, pues, más que un juicio proposiciones contrarias apariencia, no se contradicen en realidad, y
particular, en tanto que representación particular intuitiva, relativa al pueden manchar juntas, aunque la explicación de la posibilidad de su
sentimiento de placer, y considerándolo sólo bajo este punto de vista, se concepto exceda nuestra facultad de conocer. Se puede también
restringiría su valor para el individuo que juzgaría el objeto de este modo: comprender con esto, cómo esta apariencia es natural e inevitable para la
un objeto de satisfacción para mí, puede no tener el mismo carácter para razón humana, y por qué subsiste todavía, aunque no engaña más,
otros; cada uno tiene su gusto. después que se ha explicado.
No obstante, sin duda alguna en el juicio del gusto la representación En efecto; en los dos juicios contrarios damos el mismo sentido al
del objeto (al mismo tiempo que la del sujeto) tiene un carácter que nos concepto, sobre el cual debe fundarse el valor universal de un juicio, y sin
autoriza a mirar esta especie de juicios como extendiéndose embargo, sacamos dos predicados opuestos. Se debería entender en la
necesariamente a cada uno, y que necesariamente debe tener por tesis que el juicio del gusto no se funda sobre conceptos determinados y
107
en la antítesis, que está fundado sobre un concepto indeterminado (el del
substratum supra-sensible de los fenómenos), y entonces no habría entre PRIMERA OBSERVACIÓN
ellos contradicción.
Como hallamos muchas veces ocasión en la filosofía trascendental de
Todo lo que podemos hacer aquí es quitar la contradicción que se distinguir las ideas de los conceptos del entendimiento, puede ser útil
manifiesta en las pretensiones opuestas del gusto. En cuanto a dar un tener a nuestro servicio términos técnicos propios para expresar esta
principio objetivo y determinado con cuya ayuda nos podemos dirigir, diferencia. Yo creo que no se me llevará a mal el que presente aquí
experimentar y demostrar los juicios del gusto, es absolutamente algunos.
imposible, porque estos no serían juicios del gusto. No se puede más que
mostrar el principio subjetivo, o sea la idea indeterminada de lo supra- Las ideas en el sentido más general de la palabra, son representaciones
sensible, como la única clave de que podemos servirnos respecto de esta referentes a un objeto según cierto principio (subjetivo u objetivo), en
facultad, cuyos orígenes son para nosotros mismos desconocidos, porque tanto que ellas no pueden venir a ser nunca un conocimiento de este
no podemos saber nada más. objeto. O bien las referimos a una intuición, según el principio puramente
subjetivo de un concierto de las facultades de conocer (la imaginación y
La antinomia que acabamos de exponer y de resolver, tiene su el entendimiento), y se llaman entonces estéticas, o bien las referimos a
principio en el verdadero concepto del gusto, es decir, en el de un juicio un concepto, según un principio objetivo, pero sin que puedan jamás
estético reflexivo, y por esto hemos visto que los dos principios, en suministrar un conocimiento del objeto, y las llamamos ideas
apariencia contradictorios, pueden ser conciliados, los dos pueden ser racionales91. En este último caso, el concepto es un concepto
verdaderos, y esto basta. Si, por el contrario, se coloca la razón trascendente: el concepto del entendimiento, por el contrario, al cual se
determinante del gusto en lo agradable, como lo hacen algunos (a causa puede someter siempre una experiencia correspondiente y adecuada, se
de la particularidad de la representación que sirve de fundamento al juicio llama por esta, misma razón inmanente.
del gusto), o en el principio de la perfección, como otros quieren (a causa
de la universalidad de este juicio), y se saca del uno o del otro principio la Una idea estética no puede jamás ser un conocimiento, puesto que es
definición del gusto, resultará una antinomia, que será imposible resolver una intuición (de la imaginación), para la que nunca se puede hallar
de otro modo que mostrando que las proposiciones opuestas son falsas; lo concepto adecuado. Una idea racional no puede ser tampoco un
que probaría que el concepto sobre el cual se funda cada una de ellas se conocimiento, puesto que contiene un concepto (el de lo supra-sensible)
contradice por sí mismo. Se ve pues, que la crítica aplica a la solución de para el cual no se puede dar nunca una intuición apropiada.
la antinomia del juicio estético el mismo método que para las antinomias
de la razón pura teórica; y que las antinomias dan aquí por resultado Por lo que y creo que se puede denominar la idea estética, una
como en la crítica de la razón práctica, llevarnos a ver más allá de lo representación inexponible92 de la imaginación, y la idea racional un
sensible, y buscar en lo supra-sensible el punto de reunión de todas concepto indemostrable93 de la razón. Es condición de una como de otra
nuestras facultades a priori, puesto que no queda otro medio de poner la no producirse sin razón, sino (según la precedente definición de una idea
razón de acuerdo consigo misma. en general), conforme a ciertos principios de las facultades de conocer, a
los cuales se refieren (y que son subjetivas para aquella, objetivas para
esta).
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de la virtud lo es en cuanto al grado; porque no se puede hallar nada en la
Los conceptos del entendimiento deben, como tales, ser siempre experiencia que corresponda al primero en cuanto a la cualidad; y para el
demostrables (si por demostración se entiende simplemente, como en la segundo no hay aquí efecto empírico que alcance al grado que prescribe
anatomía, la exhibición); es decir, que el objeto que les corresponde, debe la idea racional como una regla de esta cualidad.
poderse dar siempre en la intuición (pura o empírica); porque por esto
solamente es por lo que pueden venir a ser conocimientos. El concepto de Del mismo modo que en una idea racional, la imaginación, con sus
la cuantidad puede darse en la intuición a priori del espacio, por ejemplo, intuiciones, no alcanza al concepto dado, así en una idea estética, el
en el de la línea recta o de cualquier figura: el concepto de causa en la entendimiento, por medio de sus conceptos, no alcanza jamás toda esta
impenetrabilidad, el choque de los cuerpos, etc. Por consiguiente, los dos intuición interior que la imaginación junta a la representación dada.
pueden aplicarse a una intuición empírica, es decir, que el pensamiento
de ellos puede ser mostrado (o demostrado) por un ejemplo; además, uno Pero como reducir una representación de la imaginación a conceptos,
no está seguro de que el pensamiento no esté vacío, es decir, sin objeto. se llama exponerlos, la idea estética puede llamarse una representación
inexponible de la imaginación (en su libre juego). Ya tendré ocasión en lo
No nos servimos en la lógica ordinariamente de la expresión de sucesivo de decir algo de esta especie de ideas; yo quiero solamente notar
demostrable o indemostrable, más que relativamente a las proposiciones; aquí, que estas dos especies de ideas, las ideas racionales y las ideas
mas estas serían designadas con más propiedad, bajo el nombre de estéticas, deben tener ambas clases sus principios en la razón, las
mediata o inmediatamente ciertas; porque la filosofía pura tiene también primeras, en los principios objetivos, las segundas, en los principios
proposiciones de estas dos clases, si se entiende por ellas proposiciones subjetivos del uso de esta facultad.
verdaderas, susceptibles o no de prueba. Pero si es cierto que puede
probar, en tanto que filosofía, por medio de principios a priori, no puede Podemos, conforme a esto, definir el genio, la facultad de las ideas
demostrar, a menos que no se descarte por completo de este sentido estéticas; por donde se muestra al mismo tiempo, porque en las
conforme al cual, demostrar (ostendere exhibire), significa dar a su producciones del genio, es la naturaleza (del sujeto), y no un fin reflexivo
concepto una exhibición (sea por medio de una prueba, sea simplemente la que da su regla (al arte de la producción de lo bello). En efecto, como
por una definición) en una intuición que puede ser a priori o empírica, y no es necesario juzgar lo bello conforme a conceptos, sino conforme a la
que en el primer caso se llama construcción del concepto, y en el segundo disposición que muestra la imaginación a concertarse cono la facultad de
es una exposición del objeto, por lo cual se afirma la realidad objetiva del los conceptos en general, no es necesario buscar aquí ni regla ni precepto;
concepto. Así es que se dice de un anatomista que demuestra el ojo lo que es simplemente naturaleza en el sujeto, sin poder reducirse a reglas
humano cuando comete a la intuición el concepto que había tratado o a conceptos, es decir, el substratum supra-sensible de todas sus
primero de una manera discursiva por medio del análisis de este órgano. facultades (que ningún concepto del entendimiento puede alcanzar); por
consiguiente, lo que hace del concierto de todas nuestras facultades de
Conforme a esto, el concepto racional del substratum supra-sensible conocer el último fin dado a nuestra naturaleza para lo inteligible; he aquí
de todos los fenómenos en general, o aun de lo que debe ser mirado como lo que sólo puede servir de medida subjetiva a esta finalidad estética,
el principio de nuestra voluntad en su relación con las leyes morales, es pero incondicional de las bellas artes, que debe tener la pretensión
decir, de la libertad trascendental, este concepto es ya, en cuanto a la legítima de agradar a todos. Así como no se puede asignar a esta finalidad
especie, un concepto indemostrable y una idea racional, mientras que el ningún principio objetivo, no hay más que una sola cosa posible, y es que
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tiene por fundamento a priori, un principio subjetivo, y sin embargo razón, es necesario que juzguen y puedan determinar absolutamente94 su
universal. objeto, conforme a estos principios.
SEGUNDA OBSERVACIÓN En cuanto a las dos antinomias que resultan del uso metódico y del
uso práctico de estas facultades superiores de conocer, hemos demostrado
Una observación importante por sí misma se presenta aquí, y es que además que eran inevitables, cuando en esta especie de juicios no se
hay tres especies de antinomias de la razón pura, que todas convienen en consideraban los objetos dados como fenómenos, y que no se les suponía
que la obligan a abandonar esta suposición, por otra parte muy natural, un abstratum supra-sensible, sino también que bastaba hacer esta
que los objetos sensibles son cosa en sí, para mirarlos más bien como suposición para resolverlos. En cuanto a la antinomia a que da lugar el
simples fenómenos, y suponerles un substratum inteligible (algo supra- uso del juicio, conforme a la exigencia de la razón, y en cuanto a la
sensible, cuyo concepto no es más que una idea, y no puede dar lugar a solución que de esto hemos dado aquí, no hay más que dos medios de
un verdadero conocimiento). Sin estas antinomias, la razón no podría evitarlas: o bien negando que el juicio estético del gusto tenga por
jamás decidirse a aceptar un principio que redujera a este punto el campo fundamento principio alguno a priori, se pretenderá que toda aspiración
de la especulación, y consentir en sacrificar tantas y tan brillantes un asentimiento universal y necesario, es vana y sin razón, y que un
esperanzas; porque en este momento mismo, en el que, en compensación juicio del gusto debe tenerse por exacto desde que suceda que muchos
de semejante pérdida, ve abrirse bajo el punto de vista práctico, una más vienen en su acuerdo, no porque este acuerdo nos haga sospechar
vasta perspectiva, parece no renunciar sin dolor a sus esperanzas y a su principio alguno a priori, sino porque él testifica (como en gusto del
antigua adhesión. paladar) la conformidad contingente de las organizaciones particulares: o
bien se admitirá que el juicio del gusto es propiamente un juicio oculto de
Si hay tres especies de antinomias, es que hay tres facultades de la razón sobre la perfección que esta descubre en una cosa y en la
conocer, el entendimiento, el juicio y la razón, de las que cada una (en relación de sus partes con un fin, y que, por consiguiente, este juicio no
tanto que facultad de conocer superior), debe tener sus principios a priori. se denomina estético más que a causa de la oscuridad que se refiere aquí,
En tanto que juzga de estos principios mismos y de su uso, la razón exige a nuestra reflexión, pero que en realidad es teleológico. En este caso, se
absolutamente, respecto de cada uno de ellos, para lo condicional dado, lo miraría la solución de la antinomia por ideas trascendentales como inútil
incondicional; pero nunca se puede hallar lo incondicional, cuando se y de ningún valor, y conciliaríamos las leyes del gusto con los objetos
considera lo sensible como perteneciente a las cosas en sí, en lugar de no sensibles, no considerándolos como simples fenómenos, sino como cosas
tener más que un simple fenómeno, y de suponer en él como cosa en sí en sí. Mas hemos mostrado en muchos lugares, en la exposición de los
algo supra-sensible (el substratum inteligible de la naturaleza, fuera de juicios del gusto, cuán pocos satisfactorios son estos dos procedimientos.
nosotros y en nosotros). Hay, pues; 1.º para la facultad de conocer una
antinomia de la razón, relativamente al uso teórico del entendimiento que Que si se concede al menos a nuestra deducción que ésta se halla en
lleva a lo incondicional; 2.º para el sentimiento de placer y de pena, una buen camino, aunque no sea suficientemente clara en todas sus partes,
antinomia de la razón, relativamente al uso estético del juicio; 3.º para la entonces aparecen tres ideas: primeramente, la idea de lo supra-sensible
facultad de querer, una antinomia relativamente al uso práctico de la en general, sin otra determinación que la del substratum de la naturaleza;
razón legislativa por sí misma; porque los principios superiores de todas en segundo lugar, la idea de lo supra-sensible como principio de la
estas facultades son a priori, y conforme a la exigencia inevitable de la finalidad subjetiva de la naturaleza para nuestra facultad de conocer; en
110
tercer lugar, la idea de lo supra-sensible como principio de los fines de la de la facultad de juzgar en general. Por consiguiente, aun conforme al
libertad, y del acuerdo de esta con sus fines en el mundo moral. principio del racionalismo, no puede haber aquí otra diferencia entre el
realismo y el idealismo del juicio del gusto, sino que en el primer caso se
mira esta finalidad subjetiva como un fin real que se propone la
naturaleza (o el arte), y que consiste en convenir con nuestra facultad de
juzgar, mientras que en el segundo caso no se le mira más que como una
§ LVII Del idealismo de la finalidad de la naturaleza considerada concordancia de sí misma que se establece sin objeto, y de una manera
como arte y como principio único del juicio estético accidental entre la facultad de juzgar y las formas de que se producen en
la naturaleza conforme a leyes particulares.
Se puede primero pretender explicar el gusto de dos maneras: o bien
se dirá que se juzga siempre conforme a motivos empíricos, y por Las bellas formas de la naturaleza orgánica hablan en favor del
consiguiente, conforme a motivos que no pueden darse más que a realismo de la finalidad de la naturaleza, o de la opinión que admite como
posteriori por medio de los sentidos, o bien se habrá de conceder que se principio de la producción de lo bello una idea de lo bello en la causa que
juzga conforme a un principio a priori. La primera de estas dos opiniones lo produce, es decir, un fin relativo a nuestra facultad de juzgar. Las
sería el empirismo de la crítica del gusto, y la segunda su racionalismo. flores, las figuras de ciertas plantas, la elegancia inútil para nuestro uso,
mas como escogida expresamente para nuestro gusto, que muestran toda
Conforme a la primera, el objeto de nuestra satisfacción no se especie de animales en sus formas, principalmente la variedad y la
distinguiría de lo agradable; conforme a la segunda, si el juicio descansa armonía de colores en el faisán, en los testáceos, en los insectos, y hasta
sobre conceptos determinados, se confundiría con el bien; y así toda 1a en las flores más comunes, que agradan tanto a los ojos, y son de tanto
belleza sería desterrada del mundo; no quedaría en su puesto más que un atractivo, y que quedando en la superficie, y no teniendo nada de común
nombre particular, sirviendo quizá para expresar cierta amalgama de las con la figura, la cual podría ser necesaria a los fines interiores de estos
dos precedentes especies de satisfacción. Mas hemos mostrado que hay animales, parecen haberse hecho para la intuición externa; todas estas
aquí también a priori principios de satisfacción que no pueden reducirse cosas son de mucho peso en esta aplicación, que admite en la naturaleza
ciertamente a conceptos determinados, pero que siendo a priori, fines reales para nuestro juicio estético.
conforman con el principio del racionalismo.
Pero además de que esta opinión tiene contra sí la razón que no da una
Ahora el racionalismo del principio del gusto, admitirá el realismo o el máxima para evitar en lo posible el multiplicar inútilmente los principios,
idealismo de la finalidad. Pero como un juicio del gusto no es más que un la naturaleza revela también por todas partes en sus libres formaciones
juicio de conocimiento, y que la belleza no es más que una cualidad del una tendencia mecánica a la producción de formas, que parecen haber
objeto, considerando en sí mismo, el racionalismo del principio del gusto sido hechas expresamente para el uso estético de nuestro juicio, y no
no puede admitir como objetiva la finalidad que se manifiesta en el encontramos; en esto la menor razón para sospechar que obre para esto
juicio, es decir, que el juicio formado por el sujeto no se refiere algo más que el simple mecanismo de la naturaleza, en tanto que
teóricamente, ni por tanto lógicamente (aunque de una manera confusa) a naturaleza; de suerte que las concordancias de estas formas en nuestro
la perfección del objeto, sino estéticamente a la conformidad de la juicio pueden muy bien derivar de este mecanismo, sin que ninguna idea
representación del objeto en la imaginación, son los principios esenciales sirva de principio a la naturaleza. Yo entiendo por libre formación de la
111
naturaleza, aquella por cuyo media, una parte de un fluido en reposo, también en el interior una textura determinada y nos hacen juzgar por
viniendo, a evaporarse o desaparecer (y alguna vez solamente a perder su esto, que si su propio peso o el contacto del aire no lo hubiese impedido,
calórico), lo que queda toma, solidificándose, una figura o una textura, mostrarían al exterior la forma que les es específicamente propia, y es lo
que varía según la diferencia de materias, pero que ella misma siempre que se ha observado en ciertos metales que se habían endurecido en la
para la misma figura. Es necesario suponer para esto un verdadero fluido, superficie después de la fusión, y de los que se había trasvasado la parte
a saber, un fluido en donde la materia esté enteramente disuelta, es decir, restante todavía interiormente, pudo cristalizarse libremente. Muchas de
no una simple amalgama de partes sólidas en suspensión. La formación estas cristalizaciones minerales, como los espatos, la piedra hematida,
se hace entonces por una reunión precipitada95, es decir, por una ofrecen muchas veces formas tan bellas, que el arte podría cuando más
modificación repentina, no por un paso sucesivo del estado fluido al concebir otras parecidas. Las estalacticas que hallamos en la cueva de
estado sólido, sino como de un sólo golpe, y esta transformación se llama Antiparos son producidas simplemente por el agua que pasa gota a gota a
entonces cristalización. El ejemplo más común de esta especie de través de las capas de yeso.
formación, es la congelación del agua, en la cual se forman primero las
pequeñas agujas de hielo que se cruzan en ángulos de sesenta grados, El estado fluido, según toda apariencia, es en general anterior al estado
mientras que, otros vienen a unirse a cada punto de estos ángulos, hasta sólido, y las plantas, como los cuerpos de los animales, son formados por
que toda la masa se congela, de tal suerte que durante este tiempo, el agua una materia fluida nutritiva, en tanto que esta materia se forma por sí
que se halla entre las agujas de hielo no pasa por el estado pastoso, sino misma en reposo: sin duda ella es primero sometida a cierta disposición
que queda, por el contrario, tan por completo fluida, como si su originaria de medios y de fines (que no se debe juzgar estética, sino
temperatura fuese mucho más alta, y sin embargo, no tiene más que la teleológicamente conforme al principio del realismo, como lo
temperatura del hielo. La materia que se desprende, y que en el momento mostraremos en la segunda parte); pero al mismo tiempo también quizá
de la solidificación se disipa súbitamente, es una cantidad considerable de se componga y se forme en libertad conforme a la ley general de la
calórico, que no servía más que para mantener el estado fluido, y que afinidad de las materias.
desprendiéndose de él, deja este nuevo hielo a la temperatura del agua
antes fluida. Luego como los vapores esparcidos en la atmósfera, que es una
mezcla de diferentes gases, producen por efecto del enfriamiento cristales
Muchas sales, muchas piedras de forma cristalina son producidas de la de nieve, que es una mezcla de diferentes gases, producen por efecto del
misma manera por sustancias etéreas que se han puesto en disolución el enfriamiento cristales de nieve, que según las diversas circunstancias
agua no se sabe cómo. Aun del mismo modo, según toda apariencia, los atmosféricas en que se forman, aparecen muy artísticamente formados y
grupos de muchas sustancias minerales, de la galena cúbica, de la mica de son singularmente bellos; así, sin quitar nada al principio teleológico, en
plata, roja, etc., se forman también en el agua por la reunión precipitada virtud del cual juzgamos la organización, se puede pensar muy bien que
de partes que alguna causa obliga a quitar este vehículo y a coordinarse la belleza de las flores, de las plumas de las aves, de las conchas, en la
de manera que tomen formas exteriores determinadas. forma como en el color, pueden atribuirse a la naturaleza y a la propiedad
que tiene de producir libremente, sin ningún objeto particular, y conforme
De otro lado, todas las materias que no se habían mantenido en estado a las leyes químicas, por el arreglo de la materia necesaria para la
fluido más que por el calor y que se han solidificado por el calor y que se organización, ciertas formas que muestran además una finalidad estética.
han solidificado por el enfriamiento, cuando se quiebran, muestran
112
Pero lo que prueba directamente que el principio de la idealidad de la producciones del entendimiento y de la ciencia, sino del genio, y que así
finalidad sirve siempre de fundamento a los juicios que formamos sobre reciben su regla de las ideas estéticas, las cuales son esencialmente
lo bello de la naturaleza, y lo que no impide admitir como principio de diferentes de las ideas racionales de fines determinados. Del mismo modo
aplicación un fin real de la naturaleza para nuestra facultad de que la idealidad de los objetos sensibles, considerados como fenómenos,
representación, es que en general, cuando juzgamos de la belleza, es la sola manera de explicar cómo sus formas pueden ser determinadas a
buscamos en nosotros mismos a priori la medida de nuestro juicio, y que priori, también el idealismo de la finalidad en el juicio de lo bello de la
cuando se trata de juzgar si una cosa es bella o no, el juicio estético es el naturaleza y del arte, es la sola suposición que permite a la crítica
mismo legislativo. Esto sería, en efecto, imposible en la hipótesis del explicar la posibilidad de un juicio del gusto, es decir, de un juicio que
realismo de la finalidad de la naturaleza lo que deberíamos encontrar reclama a priori un valor universal (sin fundar sobre conceptos la
bello, y el juicio del gusto estaría sometido a principios empíricos. Por lo finalidad que es representada en el objeto).
que en esta especie de juicios, no se trata de saber lo que es la naturaleza,
ni aun qué fin se propone en relación a nosotros, sino qué efecto produce
sobre nosotros. Decir que la naturaleza ha formado sus figuras para
nuestra satisfacción, sería todavía reconocer en ella una finalidad
objetiva, y no admitir solamente una finalidad subjetiva, que descanse § LVIII De la belleza como símbolo de la moralidad
sobre el juego de la imaginación en libertad; según esta última opinión
somos nosotros los que recibimos la naturaleza con favor, sin que ella nos Para probar la realidad de nuestros conceptos, se necesitan siempre las
preste ninguno. La propiedad que tiene la naturaleza de suministrarnos la intuiciones. Si se trata de conceptos empíricos, estas últimas se llaman
ocasión de percibir en la relación de las facultades de conocer, ejemplos. Si se trata de conceptos puros del entendimiento, estas son los
ejercitándose sobre algunas de sus producciones una finalidad interna, esquemas. En cuanto a la realidad objetiva de los conceptos de la razón,
que, debemos mirar, en virtud de un principio supra-sensible, como es decir, de las ideas, pedir la prueba de ellas, bajo el punto de vista del
necesaria y universal; esta propiedad no puede ser un fin de la naturaleza, conocimiento teórico, es pedir algo imposible, pues que en esto no puede
o más bien no podemos mirarla como tal, porque entonces el juicio que haber intuición que les corresponda.
fuera determinado por ella, sería heterónomo, y no libre y autónomo,
como conviene a un juicio del gusto. Toda hipótesis (exhibición, subjectio sub adspectum), en tanto que
representación sensible96, es doble: es esquemática cuando la intuición
En las bellas artes, el principio del idealismo de la finalidad es todavía que corresponde a un concepto recibido por el entendimiento es dada a
más claro. Tienen de común con la naturaleza que no se puede admitir un priori; simbólica cuando corresponde a un concepto que solo la razón
realismo estético fundado sobre sensaciones (porque esto no sería de las puede concebir, pero al cual ninguna intuición sencilla puede
bellas artes, sino de las artes agradables). De otro lado, la satisfacción corresponder; se halla sometida a una intuición con la que concierta un
producida por ideas estéticas no debe depender de ciertos fines procedimiento del juicio que no es más que análogo al que se sigue en el
propuestos al arte (que entonces no tendría más que un objeto mecánico); esquematismo, es decir, que no conforma con este más que por la regla y
por consiguiente, aun en el racionalismo del principio descansa aquella no por la intuición misma, por consiguiente, por la forma sola de la
sobre la idealidad y no sobre la realidad de los fines: de esto resulta reflexión, y no por su contenido.
claramente que las bellas artes, como tales, no deben considerarse como
113
Es culpable que los nuevos lógicos empleen la palabra simbólica para un concepto, sino solamente un símbolo para una reflexión. Tales son las
designar el modo de representación opuesto al modo intuitivo; porque el expresiones, fundamento (apoyo, base), depender (tener alguna cosa por
modo simbólico no es más que una especie de modo intuitivo. Este otra más elevada), dimanar de cualquier cosa (por seguir), sustancia a
último (el modo intuitivo), puede, en efecto, dividirse en modo sostén de los accidentes (como se expresa Locke). Lo mismo se ve en
esquemático y modo simbólico. Los dos son hipótesis, es decir, otra infinidad de hipótesis simbólicas que sirven para designar conceptos,
exhibiciones (exhibitiones); no se halla en ellos más que simples no por medio de una intuición directa, sino conforme a una analogía con
caracteres, o signos sensibles destinados a designar los conceptos a que la intuición, es decir, haciendo pasar la reflexión que hace el espíritu
los asociamos. Estos últimos no contienen nada que pertenezca a la sobre un objeto de intuición a otro concepto al que una intuición quizá no
intuición del objeto, sino que sirven solamente de medio de reproducción pueda corresponder jamás directamente. Si ya podemos llamar
según la ley de asociación a que se halla sometida la imaginación, por conocimiento a un simple modo de representación (y esto es muy
consiguiente a un fin subjetivo. Tales son las palabras o los signos permitido cuando no se trata más que de un principio que determine el
visibles (algébricos y aun mímicos) en tanto que simples expresiones de objeto teóricamente, respecto a lo que él es en sí, pero que lo determine
los conceptos97. prácticamente, mostrándonos lo que la idea de este objeto debe ser para
nosotros y para el uso a que se destina), entonces todo nuestro
Todas las intuiciones que se hallan sometidas a conceptos a priori son, conocimiento de Dios (es simplemente simbólico, y el que lo mira como
pues, o esquemas o símbolos: los primeros contienen exhibiciones esquemático, así como los atributos del entendimiento, de la voluntad,
directas, los segundos, exhibiciones indirectas del concepto. Los primeros etc., que no prueban su realidad objetiva más que en los seres del mundo,
producen demostrativamente; los segundos, por medio de una analogía aquel cree que en el antropomorfismo, lo mismo que el que descarta toda
(por cuyo medio nos servimos aún de intuiciones empíricas). En este especie de modo intuitivo, cree en el deísmo, o sea aquel sistema, según
último caso, el juicio tiene una doble función; primera, aplicar el el cual no se conoce absolutamente fuera de Dios, ni aun bajo el punto de
concepto al objeto de una intuición sensible, y después aplicarlo a un vista práctico.
objeto distinto, del que el primero no es más que el símbolo, la regla de la
reflexión que nos hacemos sobre esta intuición. Así es que nos Por lo que yo digo que lo bello es el símbolo de la moralidad, y que
representamos simbólicamente un estado monárquico por un cuerpo sólo bajo este punto de vista (en virtud de una relación natural para cada
animado, cuando es dirigido conforme a una constitución y leyes uno, y que cada uno exige de los demás como un deber) es como agrada y
populares, o por una simple máquina, como por ejemplo, un molino a pretende el asentimiento universal, porque el espíritu se siente en esto
brazo, cuando es gobernado por una voluntad única y absoluta. Entre un como ennoblecido, y se eleva por cima de esta simple capacidad, en
estado despótico y un molino a brazo no hay ninguna semejanza, pero la virtud de la cual recibimos con placer las impresiones sensibles, y estima
hay entre las reglas, por cuyo medio reflexionamos sobre estas dos cosas el valor de los demás conforme a esta misma máxima del juicio. Es lo
y sobre su causalidad. inteligible lo que el gusto tiene en cuenta, como he mostrado en el párrafo
precedente: es hacia él, en efecto, hacia donde se dirigen nuestras
Este punto ha sido, hasta ahora poco esclarecido, aunque merece un facultades superiores de conocer, y sin él habría contradicción entre su
profundo examen; pero no es este el lugar para insistir sobre él. Nuestra naturaleza y las pretensiones que presenta el gusto. En esta facultad, el
lengua está llena de semejantes exhibiciones indirectas, fundadas sobre juicio no se ve, como cuando no es más que empírico, sometido a una
una analogía, en las que la expresión no contiene un esquema propio de heteronomia de las leyes de la experiencia; se da a sí mismo su ley
114
relativamente a los objetos de una tan pura satisfacción, como hace la mismos son llamados inocentes, modestos, tiernos, porque excitan
razón relativamente a la facultad de querer; y por esta posibilidad interior sensaciones que contienen algo análogo a la conciencia de una
que se manifiesta en el sujeto, como por la posibilidad exterior de una disposición de espíritu producida por juicios morales. El gusto nos
naturaleza que se conforma con la primera, se ve ligado a alguna cosa que permite de este modo pasar, sin un salto muy brusco, del atractivo de los
se revela en el sujeto mismo y fuera de él, y que no es ni la naturaleza ni sentidos a un interés moral habitual, representando la imaginación en su
la libertad, sino que se halla ligado a un principio de esta misma, es decir, libertad como pudiendo ser determinada de acuerdo con el entendimiento,
con lo supra-sensible, en el cual la facultad teórica se confunde con la y aun aprendiendo a hallar en los objetos sensibles una satisfacción libre
facultad práctica de una manera desconocida, pero semejante para todos. e independiente de todo atractivo sensible.
Nosotros indicaremos algunos puntos de esta analogía haciendo notar al
mismo tiempo las diferencias.
115
los ejemplos que se le propongan como tipos o modelos que imitar, que Mas como el gusto es en realidad una facultad de juzgar de la
no pueden ser sometidos a una regla superior, ni a su propio juicio, y así representación sensible de las ideas morales (por medio de cierta analogía
es como el genio, y con él la libertad de la imaginación, evitarán el de la reflexión sobre estas dos cosas), y como de esta facultad, así como
peligro de ser ahogados por las reglas, sin las cuales no puede haber de una capacidad más alta todavía para el sentimiento derivado de estas
bellas artes, ni gusto que las juzgue exactamente. ideas (que se llama sentimiento moral), es de donde se deriva este placer
que el gusto proclama admisible para la humanidad en general, y no para
La propedéntica de todas las bellas artes en tanto que se trata del el sentimiento particular de cada uno, se ve claramente que la verdadera
último grado de perfección, no parece que consiste en los preceptos, sino propedéntica para fundar el gusto es el desenvolvimiento de las ideas
en la cultura de las facultades del espíritu por medio de estos morales y la cultura del sentimiento moral, porque solamente a condición
conocimientos preparatorios que se llaman humanidades, probablemente de que la sensibilidad esté de acuerdo con este sentimiento, es como el
porque humanidad significa de un lado el sentimiento de la simpatía verdadero gusto puede recibir una forma determinada e inmutable.
universal, y de otro la facultad de poderse comunicar íntima y
universalmente, dos propiedades que, juntas, componen la sociabilidad
propia de la humanidad, y por las cuales esta salta los límites asignados al FIN DEL TOMO PRIMERO (primera parte)
animal. El siglo y los pueblos cuya corriente por la sociedad legal, solo
fundamento de un estado duradero luchan contra las grandes dificultades
que presenta el problema de la unión de la libertad (y por consiguiente,
también de la igualdad) con cierta violencia (más bien con la del respeto
y la sumisión al deber que con la del miedo), este siglo y estos pueblos
deberían hallar primero el arte de sostener una comunicación recíproca de
ideas entre la parte más ilustrada y la más inculta, de aproximar el
desenvolvimiento y la cultura de la primera al nivel de la simplicidad
natural y de la originalidad de la segunda, y de establecer de este modo
este intermedio entre la civilización y la simple naturaleza que constituye
para el gusto, en tanto que sentido común para los hombres, una medida
exacta, pero que no pueda determinarse conforme a reglas generales.
116
especie de causalidad, o al menos un carácter completamente particular
TOMO II de conformidad con las leyes? Esto es lo que es imposible de presumir a
priori con algún fundamento. Con mayor razón, la experiencia misma no
puede demostrar la realidad de esto, si no se ha introducido ya
ingeniosamente el concepto de fin en la naturaleza de las cosas. No
sacamos, pues, este concepto de los objetos y del conocimiento empírico
Segunda parte que de ellos tenemos; y por consiguiente, nos servimos de él, más bien
para comprender la naturaleza por analogía con un principio subjetivo del
CRÍTICA DEL JUICIO TELEOLÓGICO enlace de las representaciones, que para el conocimiento por medio de
principios objetivos.
117
principio teleológico, siempre que atribuimos la causalidad al concepto finalidad es aquí evidentemente objetiva o intelectual, y no simplemente
de un objeto, como si este concepto estuviese en la naturaleza (y no en subjetiva y estética. Porque ella expresa la propiedad que tiene la figura
nosotros mismos), o que, por mejor decir, nos representásemos la de engendrar muchas figuras propuestas, y es además reconocida por la
posibilidad de un objeto por analogía con este género de causalidad (que razón. Mas la finalidad no constituye, sin embargo, la posibilidad del
es la nuestra), concibiendo de este modo la naturaleza, como siendo concepto del objeto mismo, es decir, que no se considera como siendo
técnica por su propio poder, en lugar de no tener en su causalidad más posible únicamente en relación a este uso.
que un simple mecanismo, como sucedería, si no se le atribuyese este
modo de acción. Si, por el contrario, admitimos en la naturaleza causas Esta figura tan simple que se llama círculo, contiene el principio de la
que obran con intención, y si, por consiguiente, damos por fundamento a solución de una multitud de problemas, de los que cada uno exigiría por
la teleología no simplemente un principio regulador, que nos sirva para sí muchos trabajos preparatorios, mientras que esta solución se ofrece por
juzgar los fenómenos de la naturaleza, considerada en sus leyes sí misma como una de las admirables e infinitamente numerosas
particulares, sino un principio constitutivo que determine el origen de sus propiedades de esta figura. Si se trata, por ejemplo, de construir un
producciones, entonces el concepto de un fin de la naturaleza no triángulo con una base dada y el ángulo opuesto, el problema es
pertenecerá al juicio reflexivo, sino al juicio determinante. O más bien, indeterminado, es decir, que se puede resolver de una manera
este concepto no pertenecería propiamente al juicio (como el de la infinitamente varia. Mas el círculo encierra todas estas soluciones del
belleza, en tanto que finalidad formal subjetiva); como concepto racional, problema, como el lugar geométrico que suministra todos los triángulos
introduciría en la ciencia de la naturaleza una nueva especie de que satisfacen a las condiciones dadas. O bien, si se quiere que dos líneas
causalidad. Mas esta especie de causalidad no hacemos más que sacarla se corten de tal suerte que el rectángulo formado por las dos partes de la
de nosotros mismos para atribuirla a otros seres, sin querer por esto una sea igual al formado por las de la otra, la solución del problema
asimilarlos a nosotros. presenta mucha dificultad. Mas para que dos líneas se dividan en esta
proporción, basta que se corten en el interior del círculo, y terminen en su
circunferencia. Las demás líneas curvas suministrarían también
soluciones de este género, que no habría hecho concebir al pronto la regla
conforme a la cual las construimos. Todas las secciones cónicas,
Primera sección cualquiera que sea la simplicidad de su definición, sea que se las
considere en sí mismas, sea que se las refiera a sus propiedades, son
Analítica del juicio teleológico fecundas en principios para la solución de una multitud de problemas
posibles.
§ LXI De la finalidad objetiva que es simplemente formal a
diferencia de lo que es material. Causa un verdadero placer el ver el ardor con que los antiguos
geómetras investigaban las propiedades de esta especie de líneas, sin
Todas las figuras geométricas trazadas conforme a un principio, inquietarse por esta cuestión propia de espíritus limitados: ¿qué bien nos
revelan una finalidad objetiva, muchas veces maravillosa por su variedad, trae este conocimiento? Así es, por ejemplo, que investigaban las
es decir, que sirven para resolver muchos problemas con un sólo propiedades de la parábola, sin conocer la ley de la gravitación hacia la
principio, y cada uno de estos de una manera infinitamente varia. La superficie de la tierra, que les hubiera suministrado la aplicación de la
118
parábola a la trayectoria de los cuerpos solicitados por la gravedad (cuya una finalidad a la cual no es necesario dar un fin, una teleología por
dirección puede considerarse como paralela a sí misma en toda la principio, sino que basta concebirla de una manera general. El círculo es
duración de su movimiento). Así es también que estudiaban las una intuición que el entendimiento determina conforme a un principio; la
propiedades de la elipse sin adivinar que en esto había también una unidad de este principio, que yo admito arbitrariamente y de la cual me
gravitación para los cuerpos celestes, y sin conocer la ley que rige la sirvo como de un concepto fundamental, aplicada a una forma de la
gravedad de estos cuerpos en sus diversas distancias al centro de intuición (al espacio), que sin embargo no se encuentra en mí más que
atracción, y que hace que, aunque estén enteramente libres, se vean como una representación, pero como una representación a priori, esta
obligados a describir esta curva. unidad hace comprender la de muchas reglas, que derivan de la
construcción de este concepto, y que son conformes a muchos fines
Trabajando así sin saberlo para la posteridad, gozaban al encontrar en posibles, sin que haya necesidad de suponer para esta finalidad un fin o
la esencia de las cosas una finalidad, cuya necesidad hubiesen podido algún otro principio. Del mismo modo no le hay cuando hallo el orden y
mostrar a priori. Platón, maestro en esta ciencia llega al entusiasmo la regularidad en un conjunto de cosas exteriores, encerrado en ciertos
tratándose de esta disposición originaria de las cosas, cuyo límites, por ejemplo, en un jardín, el orden y la regularidad de los árboles,
descubrimiento puede exceder toda experiencia, y sobre la facultad que de los parterres, de los paseos; yo no puedo esperar el deducirlos a priori
tiene el espíritu de poder llevar la armonía de los seres a su principio de una circunscripción arbitraria de un espacio, porque estas son cosas
supra-sensible (comprendiendo las propiedades de los números, con los existentes, que no pueden ser conocidas más que por medio de la
que el espíritu juega en la música). experiencia, y no se trata, como ahora, más que de una simple
representación determinada en mí a priori, conforme a un principio. Es
Este entusiasmo lo elevaba sobre los conceptos de la experiencia a la porque esta última finalidad (la finalidad empírica) en tanto que real
región de las ideas, que no le parecían explicables más que por un depende del concepto de un fin.
comercio intelectual con el principio de todos los seres. No es extraño
que excluyera de su escuela los que no sabían geometría; porque lo que Pero se ve también la razón legítima de nuestra admiración por esta
Anaxágoras deducía de los objetos de la experiencia y de su enlace final, misma finalidad que percibimos en la esencia de las cosas (en tanto que
pensaba derivarlo de una intuición pura, inherente al espíritu humano. La sus conceptos pueden ser construidos). Las reglas variadas cuya unidad
necesidad en la finalidad, es decir, la finalidad de las cosas que se hallan (fundada sobre un principio) causa admiración, son todas sintéticas, y no
dispuestas como si hubiesen sido hechas a propósito para nuestro uso, derivan de un concepto del objeto, por ejemplo, del círculo, sino que
pero que parecen, sin embargo, pertenecer originariamente a la esencia de necesitan que este concepto sea dado en la intuición. Mas por lo mismo,
las cosas sin tener en cuenta nuestro uso, he aquí el principio de la gran esta unidad tiene trazas de hallarse fundada empíricamente sobre un
admiración que nos causa la naturaleza, menos todavía fuera de nosotros, principio diferente de nuestra facultad de representación, y se diría
que en nuestra propia razón. Además es un error muy excusable el pasar entonces que la concordancia del objeto con la necesidad de las reglas,
insensiblemente de esta admiración al fanatismo. inherente al entendimiento, es contingente en sí, y por consiguiente no es
posible más que por un fin establecido expresamente para esto. Por lo que
Mas aunque esta finalidad intelectual sea objetiva (y no subjetiva esta armonía, no siendo, sin embargo de toda esta finalidad, reconocida
como la finalidad estética), no podemos concebirla, en cuanto a su empíricamente, sino a priori, debería conducirnos por sí misma a la
posibilidad, más que como formal (no como real), es decir, solo como conclusión de que el espacio, cuya determinación sólo hace posible el
119
objeto (por medio de la imaginación y conforme a un concepto), no es que la simplicidad de su construcción no hubiera hecho sospechar. Así,
una cualidad de las cosas fuera de nosotros, sino un simple modo de por ejemplo, se habla de tal o cuál bella propiedad del círculo, que se
representación en nosotros, y que de este modo en la figura que yo trazo descubriría de esta o la otra manera; mas esto no es allí un juicio estético
conforme a un concepto, es decir, en mi propia manera de representarme de finalidad; esto no es uno de los juicios sin concepto que no indican
lo que me es dado exteriormente, aunque esto pudiese en sí, soy yo quien más que una finalidad subjetiva en el libre juego de nuestras facultades de
introduce, la finalidad, sin estar instruido de ello empíricamente por la conocer; esto es un juicio intelectual, fundado sobre conceptos, que da
cosa misma, y por consiguiente, sin tener para ello de ningún fin claramente a conocer una finalidad objetiva, es decir, una conformidad
particular fuera de mí en el objeto. Pero como esta consideración exige ya con los diversos objetos (infinitamente varios). Esta propiedad debería
un uso crítico de la razón, y por consiguiente no se sobreentiende al llamarse con más razón perfección relativa que belleza de una figura
principio en el juicio que formamos del objeto conforme a sus matemática. En general, apenas se puede admitir la expresión de belleza
propiedades, este juicio no me da inmediatamente más que la unión de intelectual, porque la palabra belleza perdería entonces todo sentido
reglas heterogéneas (aun en lo que ellas tienen de heterogéneo) en un determinado, o la satisfacción sensible. El nombre de belleza convendría
principio particular que descanse a priori fuera de mis conceptos, y en mejor a la demostración de estas propiedades; porque por esta
general de mi representación. Por lo que la sorpresa viene de que el demostración, el entendimiento en tanto que facultad de los conceptos, y
espíritu queda en suspenso por la incompatibilidad de una representación la imaginación en tanto que facultad que suministra la exhibición de estos
y de la regla dada por la misma con los principios que le sirven ya de conceptos, se sienten fortificados a priori (este es el carácter que junto
fundamento, y por esto llega a dudar si ha visto o juzgado bien; mas la con la precisión que lleva la razón, llamamos la elegancia de la
admiración es una sorpresa que no cesa nunca, ni aun después de la demostración): aquí al menos, si la satisfacción tiene su principio en los
desaparición de esta duda. Por consiguiente, la admiración es un efecto conceptos, es subjetiva, mientras que la perfección produce una
completamente natural de esta finalidad que observamos en la esencia de satisfacción objetiva.
las cosas (consideradas como fenómenos), y no se puede condenar,
porque no solamente nos es imposible explicar por qué la unión de esta
forma de la intuición sensible (que se llama el espacio) con la facultad de
los conceptos (el entendimiento) es precisamente tal y no otra, sino que
esta unión misma extiende el espíritu haciéndole como presentir algo § LXII De la finalidad de la naturaleza que no es más que relativa, a
todavía que descansa sobre estas representaciones sensibles, y que puede diferencia de la que es interior
contener el último principio (desconocido para nosotros) de este acuerdo.
No tenemos ciertamente necesidad de conocerlo cuando simplemente se La experiencia lleva nuestra facultad de juzgar al concepto de una
trata de la finalidad formal de nuestras representaciones a priori; mas la finalidad objetiva y material, es decir, al concepto de un fin de la
sola necesidad en que estamos de pensar en él; excita la admiración por el naturaleza; entonces es solamente cuando tenemos, para juzgar, una
objeto que nos la impone. relacion de causa a efecto99 que no somos capaces de comprender sin
suponer en la causalidad de la causa misma la idea del efecto como la
Se acostumbra llamar bellezas las propiedades de que hemos hablado, condición de la posibilidad de este efecto o el principio que determina su
las de las figuras geométricas como las de los números, a causa de cierta causa a producirle. Mas esto puede hacerse de dos modos: se considera el
finalidad que muestran a priori para diversos usos del conocimiento, y efecto, o inmediatamente como una producción hecha con arte, o
120
solamente como una materia destinada al arte de otros seres posibles de la una relación final subordinados entre sí, cada miembro intermedio debe
naturaleza, y por consiguiente, o como un fin, o como un medio para la considerarse como un fin (mas no como fin último), cuya causa más
finalidad de otras causas. Esta última finalidad se llama utilidad (por lo próxima es el medio. Así, también, si debía haber en el mundo bueyes,
que se refiere a los hombres), y aun conveniencia100 (por lo que se refiere cabras, caballos y otros animales de este género, era necesario que
a otros seres), y no es más que relativa, mientras que la primera es una hubiese también yerba sobre la tierra; y si debía haber camellos, era
finalidad interior de la naturaleza. necesario que hubiese en los desiertos plantas propias para alimentarlos;
y además era necesario que estos animales y otras especies de herbívoros
Los ríos, por ejemplo, llevan consigo tierras útiles a la vegetación, que existiesen en abundancia, para que pudiese haber lobos, tigres y leones.
depositan alguna vez en los campos por donde pasan, muchas veces Por consiguiente, la finalidad objetiva que se funda sobre esta relación,
también en su desembocadura. En muchos países las olas arrojan el limo no es una finalidad objetiva de las cosas en sí, como habría que admitir sí
a la costa, o lo depositan en la orilla; y principalmente cuando los por ejemplo, no se pudiese concebir la arena en sí misma como un efecto
hombres tienen cuidado de que el reflujo no lo vuelva a arrastrar, la tierra del mar, que es la causa de ella, sin suponer un fin a esta, y sin considerar
allí viene a ser más fértil, y la vegetación toma el puesto que ocupaban el efecto, a saber la arena, como una cosa hecha con arte. Es una finalidad
los peces y los testáceos. Así es, que la naturaleza ha producido por sí que no es más que relativa, y no existe más que accidentalmente en la
misma la mayor parte de los aumentos de terreno, y continúa todavía, cosa a que se atribuye; y aunque entre los ejemplos citados, se debía
aunque lentamente. Por lo que la cuestión es saber si estos aluviones mirar la yerba como una producción organizada de la naturaleza, por
deben ser considerados como fines de la naturaleza, a causa de su utilidad consiguiente, como una cosa hecha con arte, en su relación con los
para los hombres, porque no se puede hablar de la ventaja que de esto animales que se alimentan de ella, no debe considerarse más que como
resulta para la misma vegetación, puesto que lo que esta gana, los una materia bruta.
animales del mar lo pierden.
Pero cuando, en fin, el hombre, gracias a la libertad de su causalidad,
O bien, para presentar un ejemplo de la conveniencia de ciertas cosas encuentra las cosas de la naturaleza útiles para sus designios, en verdad
de la naturaleza para otros seres, con relación a las cuales pueden muchas veces extravagantes (como cuando se sirve de plumas de aves
considerarse como medios, decir que no hay mejor terreno para los pinos para engalanarse y tierras de color y jugos de las plantas para acicalarse),
que un terreno arenoso, por lo que el Océano, antes de retirarse de la pero alguna vez también razonables, como cuando se sirve del caballo
tierra, ha dejado tantas capas de arena en nuestras comarcas del Norte, para viajar, del buey y aun del asno y del cochino, (así como se hace en la
que han podido elevarse sobre suelo extensos bosques de pinos, cuya isla de Menorca), para labrar, no se puede admitir aun en esto un fin
tierra, por lo demás, es impropia para toda cultura, y acusamos muchas relativo de la naturaleza (para este uso). Porque su razón sabe hacer
veces, a nuestros antepasados de haberlos destruido sin razón. Se puede concurrir las cosas con las representaciones de la fantasía, a las cuales no
preguntar si este antiguo depósito de capas de arena era un fin de la estaban predestinadas por su naturaleza. Solamente si se admite que debe
naturaleza, trabajando en favor de los bosques de pinos que más tarde allí haber hombres sobre la tierra, los medios al menos, sin los que los
pudieran formarse. Lo que hay de cierto es que si hay necesidad de ver hombres no podrían existir, en tanto que animales, y aun en tanto que
allí un fin de la naturaleza, se debe mirar también esta arena como un fin, seres racionales (en cualquier grado, por débil que sea), no pueden faltar;
pero solamente como un fin relativo que a su vez tenía por medios la mas entonces las cosas de la naturaleza que son indispensables para este
antigua rivera y la retirada del mar; porque en la serie de miembros de uso, deben considerarse también como fines de la misma.
121
únicamente ha podido arrojar a los hombres a comarcas tan
Se ve claramente con esto, que la finalidad exterior (la utilidad de una inhospitalarias).
cosa por medio de otras), no puede considerarse como un fin exterior de
la naturaleza, más que a condición de que la existencia de la cosa, a la
cual se refiere de cerca o de lejos, sea por sí misma un fin de la misma.
Mas como esto no se puede jamás demostrar por la simple consideración
de la naturaleza, se sigue que la finalidad relativa, aunque nos haga § LXIII Del carácter propio de las cosas, en tanto que fines de la
hipotéticamente pensar en los fines de aquella, sin embargo, no puede naturaleza
legítimamente dar lugar a ningún juicio teleológico absoluto.
Para concebir que una cosa no es posible más que como fin, es decir,
La nieve en los países fríos, defiende los sembrados contra la helada, y que la causalidad a que debe su origen, no se debe buscar en el
facilita el comercio de los hombres (por medio de los trineos). Los mecanismo de la naturaleza, sino en una causa cuyo poder sea
Lapones se sirven por esto de ciertos animales (los renos), que hallan un determinado por conceptos, es necesario que la posibilidad de la forma de
alimento suficiente en un musgo seco, que saben sacar debajo de la nieve, esta cosa no se pueda sacar de simples leyes de la naturaleza, es decir, de
y que se dejan fácilmente amansar y domar, aunque podrían también vivir leyes que nuestro sólo entendimiento pueda reconocer en su aplicación a
en libertad. Para otros pueblos situados en la misma zona glacial, el mar los fenómenos; es necesario que el conocimiento empírico de esta forma,
contiene una rica provisión de animales que les sirven para alimentarse y considerada en su causa y como efecto, suponga conceptos de la razón.
vestirse, y aun les suministran materias inflamables que les sirven para Esta forma es contingente a los ojos de la razón que la refiere a todas las
calentar sus chozas, que construyen con la madera que el mar les trae. Por leyes de la naturaleza, es decir, que la razón que debe también buscar la
lo que hay en esto un concurso admirable de relaciones de la naturaleza a necesidad en la forma de toda producción de la naturaleza, en este caso
un fin, y este fin es el Groenlandés, el Lapón, el Samoyedo o Samoida, el que no quiere más que percibir las condiciones ligadas a esta producción,
Yácula o cualquier otro pueblo. Mas las no se ve por qué, en general, no puede, sin embargo, admitir esta necesidad en la forma dada; esta
debe haber hombres con estas comarcas. Es por lo que se formaría un misma contingencia es la que nos determina a considerar la casualidad de
juicio muy atrevido y arbitrario, diciendo que si los vapores formados por esta forma como si no fuese posible más que por la razón. Pero esta es la
el aire caen en este país bajo la forma de nieve, que si la mar tiene facultad de obrar conforme a los fines (la voluntad), y el objeto que no se
corrientes que llevan la madera venida de los países cálidos, y que si representa como posible más que por esta facultad, no será representado
encierra grandes animales llenos de aceite, es porque la causa que así, como posible, mas que en tanto que sea fin.
produce todas las cosas de la naturaleza, ha tenido por principio la idea de
venir en ayuda de ciertas pobres criaturas. Porque aun cuando no Si alguien percibe en un país que parezca inhabitado, una figura
existiesen todas estas ventajas de la naturaleza, no tendríamos geométrica, como un exágono regular, trazado sobre la arena, su
fundamento para hallar las causas de la naturaleza insuficientes para reflexión, ejercitándose sobre el concepto de esta figura, notará aunque de
nuestra utilidad, y nos parecería, por el contrario, una temeridad y una una manera confusa, con la ayuda de la razón, la unidad del principio de
falta de consideración el pedir a la naturaleza una disposición de este la producción de este concepto, y entonces, conforme a la razón, no podrá
género, y atribuirle un fin semejante (atendiendo a que la discordia buscar el principio de la posibilidad de esta figura en las cosas que
conoce como la arena, la mar vecina, los vientos o aun. las huellas de los
122
animales, o en otra causa privativa de la razón. Porque la contingencia de mecanismo de la naturaleza, y se desenvuelve de este modo por una
este acuerdo de una forma con un concepto, que no es posible más que en materia, que en virtud de esta asimilación, es su propio producto. Porque,
la razón, lo parecería tan infinitamente grande, que sería como si no si relativamente a las partes constitutivas que recibe de la naturaleza
hubiera para producir la ley de la naturaleza; y por consiguiente, el exterior, esta materia no puede considerarse más que como una educción,
principio de la causalidad de un efecto semejante, no puede buscarse en se halla, sin embargo, en la elección y en la nueva composición de esta
el puro mecanismo de la naturaleza, sino en un concepto del objeto, que materia bruta tal originalidad, que todo el arte del mundo no basta cuando
solo la razón puede suministrar, y con el cual solo ella puede compararle, se busca para reconstituir una producción del reino vegetal con los
y así es que se puede considerar este efecto como un fin, no ciertamente elementos que ha separado al descomponerla, o con la materia que la
como un fin de la naturaleza, sino como un producto del arte (vestigium naturaleza suministra para alimentarla.
hominis video).
En tercer lugar, una porción de estos seres se producen por sí mismos,
Mas para que una cosa, en la cual se reconoce una producción de la de tal suerte, que la conservación de lo unos depende de la conservación
naturaleza, pueda al mismo tiempo ser juzgada como un fin, por de los otros. Un botón, sacado de un rama de un árbol e injerto sobre la
consiguiente, como un fin de la naturaleza, es necesario, si no hay en esto rama de otro, produce sobre una planta extraña una planta de su especie,
nada de contradictorio, algo más todavía. Diremos provisionalmente que y del mismo modo una aguja sobre un tronco extraño. Por esto se puede
una cosa existe como fin de la naturaleza, cuando es la causa y el efecto considerar en el mismo árbol cada rama o cada hoja, como simplemente
de sí misma, porque hay aquí una causalidad que no se puede relacionar habiendo sido ingertas sobre este árbol, y por consiguiente, como un
con el simple concepto de la naturaleza, sin suponer un fin a esta; pero árbol que existe por sí mismo que solamente se refiere, a otro y es su
que se puede a esta condición, cuando no comprender, al menos concebir parásito. Además las hojas son, en verdad, productos del árbol, mas a su
sin contradicción. Antes de analizar completamente esta idea de un fin de vez lo conservan también; porque se le destruiría despojándole con
la naturaleza, expliquémosla ahora por medio de un ejemplo. frecuencia de sus hojas, y su crecimiento depende de un efecto sobre el
tronco. No mencionaremos aquí mas que de paso, aunque se deben
En primer lugar, un árbol produce otro, conforme a una ley conocida colocar entre las propiedades más sobresalientes de los seres organizados,
de la naturaleza. Mas el árbol que produce es de la misma especie, y así estos recursos que la naturaleza les lleva por sí misma para repararlos,
él se produce por sí mismo en cuanto a la especie; se conserva siempre en cuando la falta de una parte necesaria para la conservación de las partes
esta misma especie, de un lado como un efecto, del otro como causa, inmediatas, se llena por las demás, y estos defectos de organización o
incesantemente reproducida por sí misma y reproduciéndose siempre. estas deformidades, en las cuales ciertas partes remedian los vicios de
constitución o los obstáculos, formándose de una manera completamente
En segundo lugar, un árbol se produce por sí mismo como individuo. nueva, para conservar lo que es, y para producir un ser anormal.
Esta especie de efecto no es, a la verdad, más que el crecimiento; mas
este crecimiento es enteramente diferente de todo aumento producido por
las leyes mecánicas, que se parece a una producción, bajo otro nombre.
Esta planta elabora la materia que emplea para su crecimiento, de manera
que se la asimila, es decir, de manera que le da la cualidad que le es
específicamente propia, y que fuera de ella no puede suministrar el
123
hallarse en ella contenido. Mas en tanto que uno se limita a concebir una
§ LXIV Las cosas, en tanto que fines de la naturaleza, son seres cosa como posible de esta manera, es simplemente una obra de arte, es
organizados decir, la producción de una causa racional que es distinta de la materia
(de las partes) de estas cosas, y que (en la unión y combinación de ellas)
Conforme al carácter indicado en el párrafo precedente, para que una ha sido determinada por la idea de un todo posible de esta manera (y no
cosa que es una producción de la naturaleza no pueda reconocerse posible por la naturaleza exterior).
más que como un fin de la misma, es necesario que contenga una relación
recíproca de causa o efecto; mas esta es aquí una expresión algún tanto Por consiguiente, para que una cosa, en tanto que producción de la
impropia e indeterminada, y que necesita reducirse a un concepto naturaleza, contenga en sí misma y en su posibilidad interior una relación
determinado. a los fines, es decir, no sea posible más que como fin de la naturaleza, y
no haya necesidad de la causalidad de los conceptos de seres racionales
La relación causal, en tanto que se la concibe simplemente por el fuera de ella, se necesitará, en segundo lugar, que las partes de la cosa
entendimiento, constituye una serie (de causas y de efectos) que va concurran a la unidad del todo, mostrándose recíprocamente causa y
siempre en descenso; y las cosas que como efectos, presuponen otras efecto de su forma. Porque solo de esta manera es como recíprocamente
como causas, no pueden ser recíprocamente causas de estas. Se llama esta la idea del todo puede determinar la forma y relación de todas las partes,
relación causal relación de causas eficientes (nexus effectivus). Mas de no como causa -porque esto sería entonces una producción del arte- sino
otro lado se puede concebir también una relación causal determinada por como un principio que determina por el que juzga la cosa el conocimiento
un concepto racional (de fines), que considerada como una serie, de la unidad sistemática de la forma y la relación de los diversos
encerraría una dependencia ascendente y descendente, es decir, que la elementos contenidos en la materia dada.
cosa que se designa como efecto, merece también, ascendiendo, el
nombre de causa de esta misma cosa de la que es ella el efecto. En la Así un cuerpo no puede ser juzgado en sí mismo y en su posibilidad
práctica (o en el arte) se halla fácilmente este género de relación: por interior, como un fin de la naturaleza, a menos que las partes de este
ejemplo, la casa es en verdad la causa del alquiler que se recibe; mas cuerpo no se produzcan todas recíprocamente en su forma y en su
también la representación de esta renta posible ha sido la causa de la relación, y no produzcan de este modo, por su propia causalidad, un todo
construcción de esta causa. Esta nueva relación causal, se llama relación cuyo concepto pueda a su vez ser juzgado como siendo la causa o el
de causas finales (nexus finalis). Será quizá mejor nombrar la primera, principio de esta cosa en un ser que contiene la causalidad necesaria para
relación de causas reales, y la segunda relación de causas ideales, puesto producirla conforme a conceptos, de tal suerte que el enlace de las causas
que esta denominación hace entender, que aquí no puede haber más que eficientes, puede ser juzgado al mismo tiempo como un efecto producido
dos especies de causalidad. por las causas finales.
En una cosa que debe considerarse como un fin de la naturaleza, es En una producción de la naturaleza de esta especie, cada parte será
necesario, en primer lugar, que las partes que comprende (en cuanto a su concebida como no existiendo más que por las demás y por el todo, del
existencia y a su forma) no sean posibles más que por su relación con el mismo modo que cada una no existe más que para las otras, es decir, que
todo. Porque la cosa misma, siendo un fin, es comprendida bajo un se la concebirá como un órgano. Mas esta condición no basta (porque es
concepto o una idea que debe determinar a priori todo lo que debe también del arte y de todo fin en general). Es necesario, además, que cada
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parte sea un órgano que produzca las demás partes (y recíprocamente). caso, para que se pueda mirar una producción de la naturaleza, o bien es
No hay, en efecto, instrumento del arte que llene esta condición; no hay necesario suponer ya la materia organizada como instrumento de este
más que la naturaleza, la cual suministra a los órganos (aun a los del alma, y por este medio no se explica esta materia misma, o bien es
arte), toda su materia. Es, pues, en tanto que ser organizado y necesario hacer del alma la obrera de esta obra y elevar así la producción
organizándose por sí mismo, como una producción podría llamarse un fin a la naturaleza (corporal). Hablando con propiedad, la organización de la
de la naturaleza. naturaleza no tiene nada de análogo con ninguna de las cualidades que
conocemos101. La belleza de la naturaleza, no atribuyéndose a los objetos
En un reloj, una parte es el instrumento que sirve para el movimiento más que relativamente a nuestra propia reflexión sobre la intuición
de las demás, más ninguna rueda es la causa eficiente de la producción de exterior de estos objetos, y por consiguiente, no refiriéndose más que a la
las otras; una parte existe a causa de otra, más no por esta; es porque forma de su superficie, se puede llamar con razón un análogo del arte.
también la causa productiva de estas partes y de su forma no reside en la Mas la perfección natural interna que poseen estas cosas que no son
naturaleza (de esta materia) sino fuera de ella, en un ser que puede obrar posibles más que como fines de la naturaleza, y que por esta razón son
conforme a las ideas de un todo posibles por su causalidad. Y como en el llamados seres organizados, no tiene nada de análogo con ninguna
reloj una rueda no produce otra, con más razón, un reloj no produce otros, propiedad física o natural que conocemos, y aunque en el sentido más
empleando para esto otra materia (que él organizaría); además no lato, nosotros pertenecemos a la naturaleza, no se puede concebirla y
reemplaza por sí mismo las partes destruidas, ni repara los vicios de su explicarla exactamente por analogía con el arte humano.
construcción primitiva con la ayuda de las demás, ni se reorganiza por sí
mismo cuando se ha desordenado: cosas que podemos esperar, por el El concepto de una cosa como fin de la naturaleza en sí, no es, pues,
contrario, de la naturaleza organizada. Un ser organizado no es, pues, una un concepto constitutivo del entendimiento o la razón, pero puede ser un
simple máquina, no teniendo más que la fuerza motriz; posee en sí una concepto regulador para el juicio reflexivo es decir que puede dirigirnos
virtud creadora y la comunica a las materias que no la tienen en la investigación de esta especie de objetos y en la averiguación de su
(organizándolas), y esta virtud creadora que se propaga, no puede ser principio supremo, con la ayuda de una analogía separada de nuestra
explicada por la sola fuerza motriz (por el mecanismo). propia causalidad, obrando conforme a los fines. Esto ciertamente no
sirve al conocimiento de la naturaleza o de su origen, sino más bien a esta
Cuando se llama a la naturaleza y a la virtud que revela en sus facultad práctica de la razón que nos hace concebir por anagogía la causa
producciones organizadas un análogo del arte, se dice muy poco, porque de esta finalidad.
entones el artista (un ser racional), se concibe fuera de ella. La naturaleza
se organiza por sí misma, y en cada especie de sus producciones Los seres organizados, son, pues, los únicos en la naturaleza, que
organizadas, sigue en general el mismo ejemplar, pero también con las considerados en sí mismos e independientemente de toda relación con
diferencias que exige la conservación de sí misma según las otras cosas, no se pueden concebir como posibles más que, en tanto que
circunstancias. Quizá estemos más cerca de esta impenetrable cualidad fines de la naturaleza, y que dan de este modo al concepto de un fin, no
cuando se le llama un análogo de la conducta; pero entonces es necesario práctico sino natural, realidad objetiva, y por tanto, a la ciencia de la
conceder a la materia en tanto que simple materia una propiedad (el naturaleza el fundamento de una teología. Por donde es necesario
hilozoísmo) que repugna a su esencia, o bien asociarla a un principio entender un cierto modo de juzgar los objetos de la naturaleza conforme,
extraño (el alma) que está con ella en una comunidad; y en este último a un principio particular, que no habría sin esto el derecho de introducir
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en la naturaleza (puesto que no se puede percibir a priori la posibilidad de de cosas de la naturaleza que hemos concebido una vez teleológicamente
esta especie de causalidad. bajo el concepto de fines de la misma.
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para explicar por esto su existencia, y que no se debían tomar los efectos necesario que haya hombres (cuestión que, principalmente cuando se
que hallamos accidentalmente conforme a los fines, por aplicaciones piensa en los habitantes de la nueva Holanda o en los del trópico, no sería
reales del principio de las causas finales. Así, porque los ríos faciliten el fácil de resolver), no se llega entonces a un fin categórico, sino toda esta
comercio de los pueblos en el interior de las tierras; porque las montañas relación de finalidad descansa sobre una condición que siempre se aleja,
contengan fuentes que formen estos ríos, y provisiones de nieve que los y que en tanto que incondicional (existencia de una cosa como objeto
alimenten en el tiempo en que no hay lluvia; porque los terrenos estén final), descansa por completo fuera de la consideración físico-teleológica
inclinados de tal modo que conduzcan las aguas sin inundar el país, no se del mundo. Pero entonces tal cosa no es un fin de la naturaleza, porque no
pueden tomar estas cosas, sin embargo, por fines de 1a naturaleza, porque se la puede considerar (o considerar su especie) como una producción de
aunque esta forma de la superficie de la tierra sea muy necesaria para la aquella.
producción y conservación del reino vegetal y del reino animal, no tiene,
sin embargo, nada en sí cuya posibilidad nos obligue a admitir una No, hay, pues, más que la materia organizada que implique
causalidad determinada por fines. Esto se aplica también a las plantas que necesariamente el concepto de un fin de la naturaleza, puesto que esta
el hombre emplea para su necesidad o su placer, a los animales, como el forma específica es al mismo tiempo una producción de ella. Por lo que
camello, el buey, el caballo, el perro, etc., de los que el hombre hace uso este concepto conduce necesariamente a concebir el conjunto de la
de las diversas maneras, sea para su alimento, sea para sus servicios, y de naturaleza, como un sistema fundado sobre la regla de los fines; y se debe
los que en su mayor parte no puede prescindir. En las cosas que no subordinar a esta idea, conforme a los principios de la razón, todo el
tenemos razón para considerar por sí mismas como fines, no se puede mecanismo de la naturaleza (al menos para servirse de él como de un
atribuir una finalidad a su relación exterior más que de una manera medio en el estudio de los fenómenos). Todo en el mundo es bueno para
hipotética. algo, nada existe en vano; es por esto un principio de la razón que no
existe en ella más que subjetivamente, es decir, como una máxima, y el
Hay una gran diferencia entre juzgar una cosa, por razón de su forma ejemplo que la naturaleza nos da en sus producciones organizadas, nos
interior, como un fin de la naturaleza, y tomar por un fin de la naturaleza autoriza y aun nos invita a no esperar nada de ella y de sus leyes que no
la existencia de esta cosa. En este último caso no tenemos solamente sea en general conforme a fines.
necesidad del concepto de un fin posible, sino del conocimiento del
objeto final (scopus) de la naturaleza, el cual implica una relación de la Se comprende que esto no es allí un principio para el juicio
naturaleza con algo supra-sensible, que excede en mucho todo nuestro determinante, sino para el juicio reflexivo, que es regulador y no
conocimiento teleológico de la naturaleza, porque el objeto de la constitutivo, y que no nos da más que una dirección que conduce a
existencia de esta misma debe buscarse fuera de ella. La forma interior de considerar las cosas de la naturaleza, en su relación con un principio ya
un simple tallo de yerba prueba suficientemente para nuestra humana dado, conforme a un nuevo orden de leyes, y la ciencia de la naturaleza
facultad de juzgar, que no ha podido producirse más que conforme a la conforme a otro principio, a saber, el principio de las causas finales sin
regla de los fines. Pero si se le descarta de esto, si no se ve más que el uso perjuicio, no obstante, del propio del mecanismo de su causalidad.
que hacen de él otros seres de la naturaleza, y si abandonando de este Además, no se decide en manera alguna por esto, si una cosa que
modo la consideración de la organización interior, no se considera más juzgamos conforme a este principio es realmente un fin en la intención de
que las relaciones exteriores de finalidad, como la necesidad de las yerbas la naturaleza, si la yerba existe para el buey o las cabras, o si estos
para las bestias, la de las bestias para el hombre, y no se ve por qué es animales y las otras cosas de la naturaleza existen para los hombres. Es
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bueno también considerar por este lado las cosas que nos son hombre es un miembro, desde que el juicio teleológico que formamos de
desagradables y aun contrarias bajo ciertos respectos. Así, por ejemplo, él, merced a los fines que en él nos descubren y que nos suministran los
se podría decir que los insectos que infestan nuestros vestidos, nuestros seres organizados, nos ha autorizado a elevarnos a la idea de un gran
cabellos y nuestra cama, son, conforme a una sabia disposición de la sistema de los fines de la naturaleza. Podemos mirar como un favor102 de
naturaleza, un estímulo para la limpieza, que es ya por sí misma una la naturaleza el no haberse limitado a lo útil, sino haber extendido la
condición importante para la conservación de la salud. Así todavía se dirá belleza y los atractivos con tanta profusión, y amarla por esto del mismo
que los mosquitos y otros insectos que pican, en tanto que incomodan a modo que la consideramos con respeto por su inmensidad, y nos sentimos
los salvajes en los desiertos de América, son otros tantos estímulos que ennoblecidos por esta consideración, precisamente como si la naturaleza
excitan a los hombres sin experiencia a separarse de los pantanos, a hubiera establecido y adornado en este objeto su magnífico teatro.
aclarar los bosques espesos que impiden el paso del aire, y volver con
esto, como con la cultura del suelo, su morada más sana. Las mismas No queremos decir otra cosa en este párrafo, sino que, desde que
cosas que parecen contrarias al hombre en su organización interior, hemos descubierto en la naturaleza un poder de formar producciones que
consideradas de esta manera, nos descubren una vista agradable y algunas no podíamos concebir más que por medio del concepto de las causas
veces también instructiva, sobre una organización teleológica, que sin tal finales, vamos más lejos y nos referimos además a un sistema de fines los
principio no nos hubiera hecho sospechar un estudio puramente físico de objetos que (por sí mismo o por su concierto con otros seres), no exigen
la naturaleza. Del mismo modo que, según algunos, la lombriz solitaria se para explicar su posibilidad, sino que vengamos a buscar otro principio
ha concedido al hombre o al animal en que se encuentra, como para más allá de las causas ciegas. Porque la primera idea nos conduce ya por
remediar cierto defecto de sus órganos vitales, yo preguntaría a mi vez, si principio, más allá del mundo sensible, puesto que la unidad del principio
los sueños (que acompañan siempre al sueño, aunque no se recuerda de supra-sensible, no debe considerarse, como aplicándose de esta manera
ellos más que rara vez), no serán también efecto de una sabia disposición solamente a cierta especie de seres de la naturaleza, sino al mismo
de la naturaleza. ¿No sirven, en efecto, en la relajación de todas las conjunto de la naturaleza, en tanto que sistema.
fuerzas motrices, para mover interiormente los órganos de la vida por
medio de la imaginación, a la que dan una gran actividad (que en este
estado se eleva casi siempre hasta la afección)? Y la imaginación en el
sueño, ¿no muestra ordinariamente tanta más vivacidad cuanto es más
necesario su movimiento, como por ejemplo, cuando el estómago está § LXVII Del principio de la teleología como principio interno de la
demasiado cargado? Por consiguiente, sin esta fuerza que nos mueve ciencia de la naturaleza
interiormente y sin esta inquietud fatigosa, de que acusamos los sueños
(que sin embargo, son en realidad remedios), el sueño, aun en el estado Los principios de una ciencia, o son inherentes a ella (principios
de salud, ¿no sería una completa extinción de la vida? domésticos), o bien, estando fundados sobre conceptos que no pueden
tener lugar más que fuera de la misma, son extraños (peregrina). Las
La belleza misma de la naturaleza, es decir, su acuerdo con el libre ciencias que contienen esta última especie de principios, toman por
juego de nuestras facultades de conocer en la aprehensión y el juicio de fundamento de sus doctrinas, lemas (lemmata), es decir, que reciben de
su apariencia, puede tomarse también por una finalidad objetiva de la otra ciencia cualquier concepto, y por este el principio de toda su
naturaleza, considerada en su conjunto, como un sistema, del cual el organización.
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Cada ciencia es por sí misma un sistema, y no basta formarla Las cualidades de la naturaleza que se demuestran a priori, y cuya
conforme a principios, y por consiguiente, proceder en ella técnicamente, posibilidad, por consiguiente, puede deducirse de principios a priori, sin
es necesario tratarla de una manera arquitectónica, es decir, como un el auxilio de la experiencia, contienen ciertamente una finalidad técnica;
edificio existente por sí mismo, como algo formando por sí un todo, y no mas como son absolutamente necesarias, no podemos referirlas, a la
como una parte de otro edificio, aun cuando se pueda abrir después paso tecnología de la naturaleza, o al método que es particular de la física, en
de esta ciencia a otra y recíprocamente. el estudio de las cuestiones que suscita la naturaleza. Sus relaciones
aritméticas o geométricas, así como las leyes generales del movimiento,
Si, pues, se introduce en la ciencia de la naturaleza el concepto de no pueden ser en física legítimos principios de explicación teleológica,
Dios, para explicarse la finalidad en la naturaleza, y después nos por más extraña y asombrosa que pueda parecer la unión de diversas
servimos de esta finalidad para probar que hay Dios, cada una de estas reglas, completamente independientes en apariencia las unas de las otras,
dos ciencias pierde su consistencia, y las dos vienen a ser inciertas por en un solo principio; y si en la teoría general de la finalidad de las cosas
haber confundido sus límites. de la naturaleza, merecen tomarse en consideración, es allí una
consideración venida de fuera, perteneciente a la metafísica, y no
La expresión de fin de la naturaleza, previene ya suficientemente esta constituyendo un principio inherente a la ciencia de la naturaleza. Mas
confusión, para impedirnos el mezclar la ciencia de la naturaleza y la desde que se trata de las leyes empíricas, de los fines de la naturaleza en
ocasión que nos da esta ciencia de juzgar teleológicamente los objetos de los seres organizados, es, no solamente permitido, sino que es inevitable
la misma, con la contemplación de Dios, y por consiguiente, con una buscar en un juicio teleológico el principio de la ciencia de la naturaleza,
deducción teológica. Se debe, pues, mirar como cosa insignificante, el considerada en esta clase particular de objetos.
sustituir a esta expresión la de fin divino o de objeto providencial, como
conviniendo mejor a un alma piadosa, y por esta razón se deberá siempre Y sin embargo, conforme a lo que hemos dicho hace poco, si la física
venir en definitiva a derivar de un sabio autor del mundo estas formas quiere encerrarse exactamente en sus límites, es necesario que haga
finales que hallamos en la naturaleza. Es necesario, por el contrario, tener enteramente abstracción de la cuestión de saber si los fines de la
el cuidado y la modestia de limitarse a la expresión que no designe más naturaleza son o no intencionales; porque esto sería mezclarse en una
que lo que sabemos, es decir, a la expresión de fin de la naturaleza. En cuestión extraña (es decir, en una cuestión metafísica). Basta que haya
efecto, antes de inquirir acerca de la causa de la naturaleza misma, objetos que no se puedan explicar, y cuya forma interior no se puede
hallamos en ella y en el curso de su desenvolvimiento, producciones de conocer más que por medio de las leyes de la naturaleza que nosotros no
este género que la misma forma, según leyes conocidas de la experiencia, podemos concebir más que tomando la idea de fin por principio. Con el
y conforme a las cuales la ciencia de la naturaleza debe juzgar estas fin de que no se incurra en la sospecha de que pretendemos mezclar la
cosas, y por consiguiente, también buscar la causalidad de ellas en la menor cosa del mundo a nuestros principios de conocimiento, alguna
naturaleza misma, considerándola sometida a la regla de los fines. Ella no cosa que no pertenezca a la física, como una causa sobrenatural, hablando
debe, pues, salir de sus límites, para introducir en sí misma, como un de la naturaleza, en la teleología, como si la finalidad en ella fuera
principio que le sea propio, un concepto cuya confirmación no podemos intencional, se habla de esta como si se atribuyera esta intención a la
hallar jamás en la experiencia, y que no hay necesidad de aventurar más naturaleza, es decir, a la materia. Por donde se quiere mostrar con esto
que cuando la ciencia de la naturaleza se ha perfeccionado. (porque después de lo dicho, no puede haber mala inteligencia, puesto
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que es imposible en sí atribuir intención en el sentido propio de la
palabra, a una materia inanimada), que esta palabra no expresa aquí más
que un principio del juicio reflexivo, y no del juicio determinante, y que
por consiguiente, no designa un principio particular de causalidad aun
cuando añada al uso de la razón otra especie de investigación, que la que
se funda sobre las leyes mecánicas, a fin de suplir la insuficiencia de esas
leyes en la investigación empírica de todas las leyes particulares de la
naturaleza. Se habla, pues, con razón en la teleología en tanto que se
refiere a la física, de la prudencia, la economía, la previsión, la
beneficencia de la naturaleza, sin hacer por esto un ser inteligente (lo que
sería absurdo), sino también sin aventurarse a colocar sobre ella, como el
autor de la naturaleza, otro ser inteligente, porque esto sería temerario103.
No se hace más que designar una especie de causalidad de la naturaleza,
que concebimos por analogía con nuestra propia causalidad en el uso
técnico de la razón, y colocar ante los ojos la regla, conforme a la cual
debemos estudiar ciertas producciones de la naturaleza.
130
Segunda sección empíricas. Pero puede haber contradicción, por consiguiente, antinomia,
entre estas máximas necesarias del juicio reflexivo. De aquí una
Dialéctica del juicio teleológico dialéctica, que si cada una de las dos máximas contradictorias tiene su
principio en la naturaleza de las facultades de conocer, puede llamarse
natural, y considerarse como un ilusión inevitable, que la crítica debe
descubrir y explicar con el fin de que no extravíe.
§ LXVIII ¿Qué es una antinomia del juicio?
131
La segunda máxima es la antítesis: algunas producciones de la emplear la segunda máxima, cuando la ocasión se presente, es decir,
naturaleza material no se pueden juzgar posibles conforme a las leyes buscar por algunas formas de la naturaleza (y con ocasión de estas
puramente mecánicas (el juicio que formamos exige otra ley de la formas, en toda la naturaleza) un principio de reflexión enteramente
causalidad, a saber, la de las causas finales). diferente de la explicación por el mecanismo de la misma, a saber, el
principio de las causas finales. En efecto, esta última máxima no obliga a
Si se convirtiesen estos principios reguladores de la investigación de la reflexión a abandonar la primera: se le ordena, por el contrario,
la naturaleza en principios constitutivos de la posibilidad de las cosas perseguirla tan lejos como se pueda. No se quiere aun decir con esto que
mismas, deberían enunciarse así: estas formas no serían posibles por el mecanismo de la naturaleza. Se
afirma solamente que la razón humana, limitándose a este principio,
Tesis: Toda producción de cosas materiales es posible conforme a podrá muy bien adquirir otros conocimientos de las leyes físicas, pero no
leyes mecánicas. llegará jamás a formarse la menor idea de lo que constituye
específicamente un fin de la naturaleza; y se deja a un lado la cuestión de
Antítesis: Ciertas producciones naturales no son posibles conforme a saber si el principio interior, para nosotros desconocido, de la naturaleza,
leyes puramente mecánicas. el mecanismo físico y la finalidad, no pueden concertarse de manera que
no formen más que uno. Solamente nuestra razón es incapaz de producir
Bajo este último punto de vista, como principios objetivos para el por sí misma este acuerdo; y por consiguiente, el juicio se ve obligado,
juicio determinante, estas proposiciones se contradecirían, y por como juicio reflexivo (por medio de un principio subjetivo), y no como
consiguiente, una de las dos sería necesariamente falsa; habría entonces juicio determinante (conforme a un principio de la posibilidad de las
una antinomia, que no sería una antinomia del juicio, sino una cosas en sí), a concebir, para explicar la posibilidad de ciertas formas de
contradicción en las leyes de la razón. Mas la razón no puede probar ni la naturaleza, otro principio que el del mecanismo de la naturaleza.
uno ni otro principio, porque no podemos tener a priori sobre la
posibilidad de las cosas, en tanto que se hallan sometidas a leyes
empíricas, ningún principio determinante.
En cuanto a la máxima del juicio reflexivo que acabamos de citar, no § LXX Preparación para la solución de la precedente antinomia
contiene en realidad contradicción. Porque cuando digo: yo debo juzgar
posibles conforme a leyes puramente mecánicas todos los sucesos de la No podemos demostrar la imposibilidad de la producción de los seres
naturaleza material, por consiguiente, también todas las formas que son organizados por un simple mecanismo de la naturaleza porque no
producciones de ella, yo no quiero que estas cosas no sean posibles más podemos percibir en su primer principio interno, la infinita variedad de
que de esta manera (con exclusión de toda especie de causalidad); yo las leyes de la naturaleza, y por consiguiente, somos absolutamente
solamente quiero indicar que yo debo siempre reflexionar sobre estas incapaces de alcanzar el principio interno, y suficiente para todo, de la
cosas según el principio del puro mecanismo de la naturaleza, y por posibilidad de una naturaleza (el cual reside en lo supra-sensible). Que no
consiguiente, estudiar este mecanismo tan profundamente como sea se pregunte, pues, si el poder productor de la naturaleza no basta para las
posible, pues que si de él no se hace el principio de sus investigaciones, cosas cuya forma o enlace juzgamos conforme a la idea de fines, así
no puede haber verdadero conocimiento de la naturaleza. Esto no impide como en aquellas para las cuales creemos podernos contentar con un
132
simple mecanismo, y si en realidad, las cosas que consideramos como
verdaderos fines de la naturaleza (que debemos necesariamente juzgar
así), tienen por principio una especie original de causalidad, enteramente § LXXI De los diversos sistemas sobre la finalidad de la naturaleza
particular, que no puede hallarse contenida en la naturaleza material o en
su substratum inteligible, a saber, un entendimiento arquitectónico; Nadie ha puesto jamás en duda la verdad del principio de que se
porque estas son las dos cuestiones sobre las cuales no podemos hallar deberían juzgar ciertas cosas de la naturaleza (los seres organizados), y su
ningún esclarecimiento en nuestra razón, que hallamos muy limitada al posibilidad, conforme al concepto de las causas finales, en el momento
lado del concepto de causalidad, cuando se trata de especificarlo a priori. mismo en que no quisiéramos más que una guía para aprender a conocer
Mas lo que hay de cierto indudablemente, es que a los ojos de nuestra su manera de ser por la observación, sin elevarnos hasta la investigación
facultad de conocer, el simple mecanismo de la naturaleza no puede de su primer origen. Toda la cuestión, es, pues, saber si este principio no
bastar para explicar la producción de seres organizados. Es, pues, un tiene más que un valor subjetivo, es decir, si no es más que una simple
verdadero principio para el juicio reflexivo el concebir, para explicarse máxima de nuestro juicio, o si es un principio objetivo de la naturaleza,
esta relación de las causas finales, que está tan manifiesta en ciertas conforme al cual esta contendría, además de su mecanismo (determinado
cosas, una causalidad diferente del mecanismo, a saber, la de una causa por las solas leyes del movimiento), otra especie de causalidad, a saber, la
del mundo que obra conforme a fines (inteligente), por temerario e de las causas finales, relativamente a las cuales, estas leyes (de las fuerzas
indemostrable que sea este principio para el juicio determinante. Este motrices) no serían más que causas intermedias.
principio, no es, pues, más que una máxima del juicio, en la cual el
concepto de esta causalidad es una pura idea, a la cual no se pretende en Pero se podría dejar sin resolver este problema de la especulación,
manera alguna atribuir la realidad, sino de la que nos servimos como de porque si nos contentamos con permanecer en los límites de un simple
una guía para la reflexión, que queda siempre abierta a toda explicación conocimiento de la naturaleza, estas máximas nos bastan para estudiarla y
mecánica, y no sale del mundo sensible; en el caso contrario, este sería un sondear sus secretos más ocultos, hasta donde lo permitan las fuerzas
principio objetivo que la razón prescribiría, y al cual se sometería el humanas. Hay, pues, un cierto presentimiento de nuestra razón, o como
juicio determinante, y en este caso este pasaría del mundo sensible al un aviso de la naturaleza, que nos indica, que por medio del concepto de
trascendente, quizá para perderse en él. las causas finales, podríamos elevarnos sobre la naturaleza, y referirla por
sí misma al último punto de la serie de las causas, si abandonásemos la
La apariencia de una antinomia entre las máximas de una explicación investigación de ella (aunque no fuéramos en esto muy fijos), o al menos
propiamente física (mecánica), y la explicación teleológica (técnica), la suspendiésemos por algún tiempo, para buscar primero a dónde nos
descansa, pues, por completo, sobre la confusión de un principio del conduce este principio extraño al a ciencia de la naturaleza, el concepto
juicio reflexivo con un principio del juicio determinante, y de la de las causas finales.
autonomía del primero (que no tiene más que un valor subjetivo, o que no
tiene valor más que para el uso de nuestra razón relativamente a las leyes Mas esta máxima indisputable, omitiría entonces una cuestión que
particulares de la experiencia), con la heteronomia del segundo, que debe abre un vasto campo a las contestaciones; la cuestión de saber si la
regularse por leyes (generales o particulares) dadas por el entendimiento. relación final en la naturaleza, prueba una especie particular de finalidad
en la naturaleza misma, o si considerada en sí misma y conforme a
principios objetivos, no se confunde más bien con el mecanismo de la
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naturaleza, y no descansa sobre el mismo principio. Solamente en esta primero cree que toda finalidad de la naturaleza, es natural; el segundo,
última suposición, como este principio está muchas veces demasiado que alguna finalidad (la de los seres organizados), es intencional; de
oculto a nuestras investigaciones en ciertas producciones de la naturaleza, donde se podría justamente sacar como hipótesis la consecuencia de que
ensayamos un principio subjetivo, el principio del arte, es decir, una la técnica de la naturaleza, y aun la que concierne a todas sus demás
causalidad determinada por ideas, y la atribuimos a la naturaleza por producciones en su relación al conjunto de la misma, es intencional, es
analogía. Pero si este procedimiento nos ha dado buen resultado en decir, es un fin.
muchos casos, en algunos parece no lo ha dado tan bueno, por
consiguiente, en todos no nos autoriza a introducir en la ciencia de la El idealismo de la finalidad (entiendo siempre aquí la finalidad
naturaleza una especie de operación distinta de la causalidad que objetiva), admite, o bien la casualidad106, o bien la fatalidad de las
determinen las leyes puramente mecánicas de la naturaleza misma. determinaciones de la naturaleza, de donde resulta la forma final de sus
Puesto que llamamos técnica la operación (la causalidad) de la producciones. El primer principio concierne a la relación de la materia
naturaleza, a causa de esta apariencia de finalidad que hallamos en sus con la causa física de su forma, a saber, las leyes del movimiento; el
producciones, la dividiremos en técnica intencional (technica segundo, a la relación de la materia con la causa super-física de la materia
intentionalis), y técnica natural105 (technica naturalis). La primera misma y de toda la naturaleza. El sistema de la casualidad, que se
significa que el poder productor de la naturaleza, conforme a las causas atribuye a Epicuro o a Demócrito, tomado a la letra, es tan evidentemente
finales, debe ser tenido por una especie particular de esa causalidad; la absurdo, que no nos debe ocupar; al contrario, el sistema de la fatalidad
segunda, que es en realidad enteramente idéntica al mecanismo de la (del cual se considera a Spinosa como autor, aunque según toda
naturaleza, y que el acuerdo contingente de la naturaleza con nuestros apariencia sea mucho más antiguo), que invoca algo de supra-sensible, a
conceptos de arte y con sus reglas, no debe mirarse más que como una donde por consiguiente, no puede alcanzar nuestra, vista, no es tan fácil
condición subjetiva del juicio, y no puede tomarse legítimamente por un de refutar, precisamente porque su concepto del ser primero no puede
modo particular de producción de la naturaleza. comprenderse.
Si a pesar de esto hablamos de los sistemas que se han intentado para Mas lo que hay de cierto es que en este sistema la relación de los fines
explicar la naturaleza relativamente a las causas finales, es necesario del mundo no puede considerarse como intencional (puesto que si deriva
notar bien que todos estos sistemas disputan entre sí dogmáticamente, es de un ser primero, no es de su entendimiento, y por consiguiente, de un
decir, sobre principios objetivos de la posibilidad de las cosas, sea que designio de este ser, sino de la necesidad de su naturaleza y de la unidad
admitan causas puramente naturales. No disputan sobre las máximas del mundo que de él emana), y que, por consiguiente, el fatalismo de la
subjetivas por medio de las cuales juzgamos estas producciones en donde finalidad es el mismo tiempo un idealismo.
hallamos la finalidad. En este último caso se podría muy bien conciliar
principios desemejantes, mientras que en el primero, principios 2. El realismo de la finalidad de la naturaleza: es o físico o super-
contradictorios opuestos, no pueden elevarse y subsistir juntos. físico. El primero funda los fines que halla en la naturaleza, sobre un
poder natural, análogo a una facultad que obra conforme a un objeto, la
Los sistemas relativos a la técnica de la naturaleza, es decir, al poder vida de la materia (perteneciente a la materia misma, o que deriva de un
productor, conforme a la regla de los fines, son de dos especies: principio interior viviente, de un alma del mundo), y se llama el
representan o el idealismo o el realismo de los fines de la naturaleza. El hilozoísmo. El segundo las deriva de la causa primera del universo, como
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de un ser inteligente (originariamente vivo, obrando con intención, y es el como accidentes inherentes a un ser primero, y atribuyendo a este ser,
teísmo107. concebido como sustancia de las cosas de la naturaleza, no la causalidad
por relación a estas cosas, sino solamente la sustancialidad. (Por la
necesidad incondicional de este ser, así como de todas las cosas de la
naturaleza, en tanto que accidentes inherentes a este ser), asegura
ciertamente a las formas de la naturaleza, la unidad de principio necesaria
§ LXXII Ninguno de los sistemas precedentes da lo que promete a toda finalidad, pero al mismo tiempo les quita la contingencia, sin la
cual no se puede concebir ninguna unidad de fines, y por esto descarta
¿Qué quieren todos estos sistemas? Ellos pretenden explicar nuestros toda intencionalidad, lo mismo que rehúsa todo entendimiento al
juicios teleológicos sobre la naturaleza, y se toman en tal sentido, que los principio de las cosas de la naturaleza. Mas el spinosismo no da lo que
unos niegan la verdad de estos juicios, y los resuelven, por consiguiente, promete. Quiere dar una explicación del enlace de los fines (que no
en un idealismo de la naturaleza, y los otros los reconocen como niega) en las cosas de la naturaleza, y no invoca más que la unidad del
verdaderos, y prometen demostrar la posibilidad de una naturaleza sujeto, al cual son inherentes. Pero aun cuando se concediera que los
conforme a la idea de las causas finales. seres del mundo existen de esta manera, esta unidad ontológica no sería
por esto una unidad de fines, y no nos la haría comprender en manera
1. Entre los sistemas que defienden el idealismo de las causas finales alguna. Esta última es, en efecto, una especie de unidad, completamente
en la naturaleza, los unos admiten en su principio una causalidad particular, que no resulta del enlace de las cosas (de los seres del mundo)
determinada por las leyes del movimiento (por las cuales existen las en una sola sustancia (el Ser supremo), sino que implica una relación con
cosas de la naturaleza, donde hallamos la finalidad); mas rehúsan a esta una causa inteligente, de suerte que, aunque se uniesen todas estas cosas
causalidad la intencionalidad, es decir, niegan que aquélla se determine en una sustancia simple, no se tendría por esto una relación final, a menos
con intención a la producción de esta finalidad, o en otros términos, que de concebir primero estas cosas como efectus interiores de esta sustancia,
la causa sea un fin. Tal es la explicación de Epicuro; en esta explicación, en tanto que causa, y después esta causa misma como una causa
la técnica de la naturaleza no se distingue mucho del puro mecanismo; la inteligente. Sin estas condiciones formales, toda unidad no es más que
ciega casualidad sirve para explicar no solamente el acuerdo de las una simple necesidad natural; y atribuida a las cosas que nos
producciones de la naturaleza con nuestros conceptos de fin, por representamos como interiores las unas a las otras, una ciega necesidad.
consiguiente, la técnica, sino aun la determinación de las causas de estas Que si se quiere llamar finalidad de la naturaleza esta perfección
producciones por las leyes del movimiento, por consiguiente, su trascendental de las cosas (consideradas en su esencia propia) de la que
mecanismo. Es decir, que nada hay que no esté explicado, ni aun la habla la escuela, y por la cual se designa que cada cosa tiene en sí misma
apariencia que es necesario al menos reconocer en nuestro juicio todo lo que le es necesario para ser tal cosa, y no para ser otra, es tomar
teleológico, y que así el pretendido idealismo de este juicio no es de puerilmente palabras por ideas. Porque si es necesario concebir todas las
modo alguno probado. cosas como fines, y si por consiguiente, ser una cosa y ser fin son
idénticos, no hay nada en realidad que merezca particularmente ser
De otro lado Spinosa quiere dispensarnos de toda investigación sobre representado como un fin.
el principio de la posibilidad de los fines de la naturaleza, y quitar a esta
idea toda realidad, mirándolos en general, no como producciones, sino
135
Se ve por esto que Spinossa, reduciendo nuestros conceptos de la
finalidad de la naturaleza a la conciencia que tenemos de existir en un ser En efecto, se debería primero probar de una manera suficiente para el
que lo comprende todo (y que al mismo tiempo es simple) y buscando juicio determinante, que la unidad de fines en la materia no puede ser
esta forma únicamente en la unidad de la naturaleza, no podía soñar en producida por el simple mecanismo de la materia misma, para estar
sostener el realismo, sino simplemente el idealismo de la finalidad de la autorizado a colocar en ella el principio de una manera determinada fuera
naturaleza, y que además aún no podía establecer este último sistema, de la naturaleza. Mas todo lo que no podemos avanzar es, que conforme a
puesto que la simple representación de la unidad de sustancia no puede la naturaleza y los límites de nuestras facultades de conocer (puesto que
producir la idea de una finalidad, ni aun intencional. no percibimos el primer principio interior de este mecanismo), no
debemos buscar en la materia un principio de relaciones finales
2. Los que sostienen, no solamente el realismo de los fines de la determinadas, y que no hay para nosotros otra manera de juzgar la
naturaleza, sino que piensan también poder explicarlo, se creen capaces producción de sus efectos, como fines de la naturaleza, que explicarlos
de descubrir al menos la posibilidad de una especie particular de por una inteligencia suprema, concebida como causa del mundo. Mas
causalidad, a saber, la de las causas intencionales; de lo contrario, no esto es un principio para el juicio reflexivo, no para el juicio
intentarían esta explicación. En efecto, la hipótesis más atrevida quiere al determinante, y no puede autorizar ninguna afirmación objetiva.
menos que la posibilidad de lo que se admite como principio sea cierta, y
que se pueda asegurar al concepto de este principio su realidad objetiva.
136
dado del objeto en la experiencia. Mas para aplicar dogmáticamente este por la razón (aunque pueda ser inmanente para el juicio reflexivo en su
concepto al juicio determinante, se necesitaría que estuviésemos seguros aplicación a los objetos de la experiencia), y como, por consiguiente, no
primero de su realidad objetiva, puesto que sin esto no podríamos se le puede atribuir esta realidad objetiva, que es el carácter de los juicios
subsumir en él ninguna cosa de la naturaleza. Luego este concepto está determinantes, se comprende de qué modo, cuando se trata
sin duda sometido a condiciones empíricas, es decir, que no es posible dogmáticamente el concepto de los fines de la naturaleza y el de la
más que bajo ciertas condiciones dadas en la experiencia; mas no se naturaleza misma, considerada como un conjunto de causas finales, todos
puede aislar y no es posible más que por medio de un principio de la los sistemas objetivos posibles no pueden decidir nada ni afirmativa ni
razón aplicada al juicio del objeto. Siendo esto así, no podemos percibir negativamente. En efecto, cuando se subsumen ciertas cosas bajo un
ni establecer dogmáticamente la realidad objetiva (es decir, mostrar que concepto que es simplemente problemático, los predicados sintéticos de
un objeto es posible conforme a este concepto), y no sabemos si es este concepto (aquí, por ejemplo, la cuestión de saber, si el fin de la
simplemente un concepto raciocinante, objetivamente vacío (conceptus naturaleza que concebimos para explicar la producción de las cosas es o
ratiocinans), o un concepto raciocinado, fundando un conocimiento y no intencional), debe también suministrar juicios problemáticos que les
confirmado por la razón (conceptus raciocinatus). No se puede, pues, de una forma afirmativa o una forma negativa, porque no se sabe si se
tratarlo dogmáticamente, y referirlo al juicio determinante, es decir, que juzga sobre algo o sobre nada. El concepto de una causalidad
no solamente es imposible decidir, si la producción de las cosas de la determinada por fines (de una técnica de la naturaleza), tiene sin duda
naturaleza, consideradas como fines de la misma, exige o no una realidad objetiva, lo mismo que el de una causalidad determinada por el
causalidad de una especie particular (la causalidad intencional) sino que mecanismo de la naturaleza. Mas el concepto de una causalidad de la
ni aún puede ponerse la cuestión, puesto que el concepto de un fin de la naturaleza, obrando conforme a la regla de los fines, y con mayor motivo,
naturaleza no es un concepto, cuya realidad objetiva sea demostrable por conforme a la regla de un ser o de una causa primera de la naturaleza, que
la razón (es decir, que éste no es un concepto constitutivo para el juicio excede toda experiencia, este concepto no puede determinar nada
determinante, sino solamente un concepto regulador para el juicio dogmáticamente, aunque no encierre contradicción. Porque como no se le
reflexivo). puede derivar de la experiencia, y aun no es necesario a la posibilidad de
esta, no se puede, en manera alguna, asegurar su realidad objetiva. Mas,
El carácter que le atribuimos aquí resulta de que como concepto de aunque se pudiera, ¿cómo las cosas que son dadas de una manera
una producción de la naturaleza implica a la vez para el mismo objeto determinada por las producciones de un arte divino, pueden ser colocadas
considerado como fin, la necesidad de aquella y la contingencia de la entre las producciones de la naturaleza, cuya aptitud para producir tales
forma de este objeto (relativamente a las simples leyes de la naturaleza), cosas por sus propias leyes, nos obligue a invocar una causa
y de lo que, por consiguiente, si no hay en esto contradicción, debe completamente diferente?
suministrar un principio de la posibilidad de esta naturaleza misma y de
su relación con algo (supra-sensible) que no alcanza la experiencia, y por
consiguiente, con nuestro conocimiento, a fin de que podamos juzgarle
conforme a una especie de causalidad diferente de la del mecanismo de la
naturaleza, cuando queremos considerar su posibilidad. Es porque como
el concepto de una cosa, en tanto que fin de la naturaleza, es
trascendental para el juicio determinante, cuando se considera el objeto
137
relativamente a ciertas producciones organizadas de la naturaleza, porque
§ LXXIV El concepto de una finalidad objetiva de la naturaleza es para llegar a conocer por medio de la experiencia su constitución interior,
un principio crítico de la razón para el juicio reflexivo debemos juzgarlas como habiendo sido formadas únicamente conforme a
fines, y no podemos concebirlas como cosas organizadas, sin relacionarse
Hay una gran diferencia entre decir que la producción de ciertas cosas con ellas la idea de una producción intencional.
de la naturaleza o aun de toda la naturaleza, no es posible más que por
medio de una causa que se determina a obrar en vista de ciertos fines, es Luego el concepto de una cosa, cuya existencia o forma nos
decir, que conforme a la naturaleza particular de nuestras facultades de representamos como posible bajo la condición de un fin, es inseparable
conocer, yo no puedo juzgar de la posibilidad de estas cosas y de su del concepto de la contingencia de esta cosa (relativamente a las leyes de
producción más que concibiendo una causa que obra conforme a fines, la naturaleza). Es porque las cosas de la naturaleza que no hallamos
por consiguiente, un ser que produce de una manera análoga a la posibles más que como fines, forman la principal prueba de la
causalidad de un entendimiento. En el primer caso, yo pretendo afirmar contingencia del universo, y el sólo argumento que conduce al sentido
algo sobre el objeto mismo, y estoy obligado a probar la realidad objetiva común y a los filósofos a relacionar el mundo con un ser existente fuera
del concepto que yo admito; en el segundo, la razón no hace más que de él e inteligente (a causa de esta finalidad); y la teleología no halla
determinar cierto uso de nuestras facultades de conocer, conforme a su explicación última de sus investigaciones mas que en una teología.
naturaleza y a sus condiciones esenciales, de donde se deriva su alcance y
su límite. El primer principio es, pues, un principio objetivo para el juicio Pero ¿qué prueba en definitiva la teleología perfecta? ¿Prueba la
determinante; el segundo, no es más que un principio subjetivo para el existencia de este ser inteligente? No. No prueba nada más sino que,
juicio reflexivo, por consiguiente, un máxima de este juicio prescrita por conforme a la naturaleza de nuestras facultades de conocer, por
la razón. consiguiente, en la unión de la experiencia con los principios superiores
de la razón, no podemos formarnos ninguna idea de la posibilidad de este
Luego es absolutamente indispensable el suponer a la naturaleza un mundo, más que concibiendo una causa suprema, obrando con intención.
concepto de fin cuando se quieren estudiar sus producciones organizadas Objetivamente, no podemos demostrar esta proposición, de que hay un
por una observación continuada, y, por consiguiente, este concepto es ya Ser supremo inteligente; no podemos más que aplicarla subjetivamente al
para el uso empírico de nuestra razón una máxima absolutamente uso de nuestro juicio en su reflexión sobre los fines de la naturaleza, que
necesaria. Es claro también que cuando una vez hemos admitido y no podemos concebir con la ayuda de otro principio que el de una
probado esta gula que nos sirve para estudiar la naturaleza, debemos causalidad intencional de una causa suprema.
ensayar al menos el aplicar esta misma máxima del juicio al conjunto de
la naturaleza, porque esta puede todavía hacernos descubrir muchas leyes Que si nosotros queremos demostrar esta proposición dogmáticamente
que para nosotros quedarían ocultas, a causa de nuestra incapacidad para por razones teleológicas, caeríamos en inextricables dificultades. Ella
penetrar por completo en el interior del mecanismo de la naturaleza. Mas serviría entonces de principio a esta conclusión, de que los seres
si, bajo este último respecto, esta máxima del juicio es todavía útil, ella organizados en el mundo no son posibles más que por una causa
no es indispensable, puesto que la naturaleza en su conjunto, no se nos da intencional, y deberíamos inevitablemente afirmar, que como no
como organizada (en este sentido estricto de la palabra, que hemos podemos considerar estas cosas en su relación causal y reconocer las
indicado anteriormente). Ella es, al contrario, esencialmente necesaria, leyes a que se hallan sometidas, más que por medio de la idea de fin,
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tenemos también el derecho de suponer que esto es igualmente necesario cuando pudiésemos penetrar hasta el principio de la naturaleza en la
para todo ser pensante y consciente, y que, por consiguiente, es una especificación de las leyes universales que conocemos, no podríamos
condición inherente al objeto, y no tan sólo al sujeto. Luego hay en esto hallar un principio de la posibilidad de los seres organizados que nos
una aserción que somos incapaces de sostener. Porque como la dispensará de referir la producción a un designio; porque ¿cómo podemos
observación no nos muestra verdaderamente la intencionalidad en los saber esto? La verosimilitud no basta allí donde se trata de juicios de la
fines de la naturaleza, sino que solamente en nuestra reflexión sobre sus razón pura. No podemos decidir, pues, objetivamente, sea de una manera
producciones, nosotros añadimos este concepto por el pensamiento como afirmativa, sea de una manera negativa, la cuestión de saber si hay un ser
bello conductor del juicio, ellas no nos son dadas por el objeto. No es del que obra conforme a fines, que como causa (por consiguiente, como autor
todo imposible probar a priori el valor objetivo de este concepto. No del mundo) sirve de principio, a lo que llamamos con razón fines de la
queda absolutamente más que una proposición que descansa sobre naturaleza. Todo lo que hay de cierto es, que si juzgamos, según lo que
condiciones subjetivas, es decir, sobre las condiciones del juicio, nuestra propia naturaleza nos permite percibir (conforme a las
conformado su reflexión con nuestras facultades de conocer. Decir que condiciones y a los límites de nuestra razón), no podemos dar por
hay un Dios, sería atribuir a esta proposición un valor objetivamente principio a la posibilidad de estos fines de la naturaleza más que un ser
dogmático; mas la sola cosa que no es permitido a nosotros, hombres, inteligente. Esto sólo en efecto es conforme a la máxima de nuestro juicio
decir, es simplemente que nos es imposible concebir y comprender la reflexivo, por consiguiente, a un principio subjetivo pero necesariamente
finalidad, que debe por sí misma servir de principio a nuestro inherente a la especie humana.
conocimiento de la posibilidad interior de muchas cosas de la naturaleza,
más que representándonoslas, así como el mundo en general, como una
producción de una causa inteligente (de un Dios).
Luego si esta proposición, fundada sobre una máxima absolutamente § LXXV Observación
necesaria de nuestro juicio y es perfectamente satisfactoria para el uso
especulativo y práctico de nuestra razón, bajo un punto de vista humano, Esta observación que merece desenvolverse con toda extensión en la
yo querría saber bien lo que perdemos al no poder demostrar su validez filosofía trascendental, no debe servir aquí de esclarecimiento (y no de
para seres superiores, es decir, para principios, puros objetivos (que prueba) más que de una manera episódica.
desgraciadamente exceden el alcance de nuestras facultades). Es, en
efecto, absolutamente cierto que no podemos aprender a conocer de una La razón es una facultad que suministra los principios, y, en último
manera suficiente, y con mayor motivo, a explicar los seres organizados y término, es lo incondicional que debe darse. Mas sin los conceptos del
su posibilidad interior por principios puramente mecánicos de la encendimiento, a los cuales es necesario atribuir una realidad objetiva, la
naturaleza; y se puede sostener sin temor con igual certeza, que es razón no puede juzgar objetivamente (sintéticamente), y en tanto que
absurdo para los hombres intentar semejante cosa, y esperar que algún razón teórica, no contiene por sí misma principios constitutivos, sino
nuevo Newton vendrá un día a explicar la producción de un tallo de yerba solamente principios reguladores. Se ve claramente que allí donde el
por leyes naturales, a las que no presida designio alguno; porque este es entendimiento no puede seguirla, la razón es trascendente, y se manifiesta
un procedimiento que se debe rehusar a los hombres en absoluto. Mas en por ideas, que tienen sin duda su fundamento (en tanto que principios
compensación se podrá muy bien tener la presunción de juzgar, que aun reguladores), pero que no tiene ningún valor objetivo; y el entendimiento
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que no puede acompañarla, y que sólo puede tener este valor, encierra el no tiene, pues, valor real más que para la razón humana, y nada prueba
de estas ideas racionales en los límites del sujeto, extendiéndolo mejor que esta distinción tiene su principio en las cosas mismas. En
solamente a todos los sujetos de la misma especie. De este modo se nos efecto, que no se tiene el derecho de sacar esta consecuencia, y que, por
da el derecho de afirmar una sola cosa, y es que conforme a la naturaleza consiguiente, esta proposición se aplica simplemente a los objetos, en
(humana) de nuestra facultad de conocer, o aun en general conforme al tanto que nuestra facultad de conocer los considera bajo sus condiciones
concepto que podemos formar de la razón de un ser finito, no podemos ni sensibles, como objetos sensibles, y que no tienen ningún valor
debemos concebir ninguna otra cosa, pero no nos es permitido afirmar relativamente a las cosas en general, es lo que resulta claramente de la
que el principio de un juicio semejante esté en el objeto. Los ejemplos orden imperiosa que nos da la razón de admitir como existente de una
que acabamos de citar tienen demasiada importancia, y ofrecen también manera absolutamente necesaria, algo (el principio primero), en que la
demasiada dificultad para que queramos imponerlos inmediatamente al posibilidad y la realidad se confunden, y cuya idea ningún concepto del
lector como proposiciones demostrables, pero darán ocasión ellos a entendimiento, puede seguir; lo que quiere decir, que el entendimiento no
reflexionar, y podría servir para esclarecer lo que aquí particularmente puede, bajo ningún respecto, representarse una cosa semejante y su modo
nos proponemos. de existencia. Porque si la concibe (concíbala como quiera), no se la
representa más que como posible. Que si se tiene conciencia como de
Es de todo punto necesario al entendimiento humano distinguir la algo, que es dado en la intuición, es real, pero no se concibe nada tocante
posibilidad y la realidad de las cosas. El principio de esta distinción está a su posibilidad. Es porque el concepto de un ser absolutamente
en el sujeto y en la naturaleza de sus facultades de conocer. En efecto, si necesario, es, en verdad, una idea indispensable de la razón, pero es un
el ejercicio de estas facultades no supusiera dos elementos del todo concepto problemático e inaccesible para el entendimiento humano. Hay
heterogéneos, el entendimiento para los conceptos, y la intuición sensible un valor para el uso de nuestras facultades de conocer, consideradas en su
para los objetos que corresponden a estos conceptos, esta distinción naturaleza particular; no lo hay relativamente al objeto, y para todo ser
(entre lo posible y lo real) no existiría. Si nuestro entendimiento fuera que conoce; porque yo no puedo suponer que el pensamiento y la
intuitivo, no habría otros objetos más que lo real. Los conceptos (que no intuición, son en todo ser que conoce dos condiciones distintas del
miran más que a la posibilidad de un objeto) y las intuiciones sensibles ejercicio de sus facultades de conocer. Un entendimiento, para que esta
(que nos dan algo, sin que, a pesar, nos lo hagan conocer como objeto) se distinción no existiera, juzgaría que todos los objetos que conocemos son
desvanecerían juntamente. Luego toda la distinción de lo puramente (existen); y la posibilidad de algunos objetos, que sin embargo, no
posible y de lo real descansa solo sobre esto: que el primero significa la existen, es decir, la contingencia de estos objetos, cuando existen, y por
posición de la representación de una cosa relativamente a nuestro consiguiente, también la necesidad, que es necesario distinguir de esta
concepto, y en general, a la facultad de pensar, mientras que el segundo contingencia, no caerían bajo su representación. Mas la dificultad que
significa la posición de la cosa en sí misma (fuera de este concepto). Por halla nuestro entendimiento para tratar aquí sus conceptos a ejemplo de la
consiguiente, la distinción de las cosas posibles y de las cosas reales, no razón, viene únicamente de que aquello de que la razón hace un principio
tiene más que un valor subjetivo para el entendimiento humano, porque que emplea como perteneciente al objeto, es trascendente para el
no podemos siempre concebir algo que no exista, o representarnos, entendimiento, considerado como entendimiento humano (es, decir,
alguna cosa como dada, sin tener todavía ningún concepto de ella. La imposible en las condiciones subjetivas de su conocimiento). Luego
proposición de que las cosas pueden ser posibles sin ser reales, y que por queda siempre esta máxima, que todos los objetos, cuyo conocimiento
consiguiente, no se puede concluir de la simple posibilidad a la realidad, excede la facultad del entendimiento, no los concebimos más que
140
conforme a las condiciones subjetivas necesariamente inherentes a su realidad objetiva, sin embargo, conforme a la constitución de nuestra
nuestra naturaleza (es decir, a la naturaleza humana), del ejercicio de naturaleza (en parte sensible), la libertad es para nosotros, y para todos
nuestras facultades; y si los juicios que formamos de este modo (y no los seres racionales, en relación con el mundo sensible, en tanto que
puede ser de otra manera relativamente a los conceptos trascendentes), no podemos representárnoslos conforme a la naturaleza de nuestra razón, un
pueden ser principios constitutivos que determinen el objeto tal como es, principio regulador universal, que no determina objetivamente la
quedan, sin embargo, como principios reguladores, inmanentes y seguros naturaleza de la libertad, como forma de la causalidad, pero que no
en el uso que de ellos se hace, y propios para las necesidades de nuestro prescribe menos imperiosamente a cada uno conforme a esta idea, la
espíritu. regla de sus acciones. Del mismo modo, también, en cuanto a la cuestión
que nos ocupa, se puede asegurar que no encontraríamos distinción entre
Del mismo modo que la razón, en la contemplación teórica de la el mecanismo y la técnica de la naturaleza, es decir, en el enlace de los
naturaleza debe admitir la idea de la necesidad incondicional de un fines de la naturaleza, si nuestro entendimiento no estuviera formado de
primer principio, así, bajo el punto de vista práctico, presupone en sí tal suerte que debe ir de lo general a lo particular, y que la facultad de
misma una causalidad incondicional (relativamente a la naturaleza), es juzgar no puede, relativamente a lo particular, reconocer finalidad, y, por
decir, a la libertad, por esto mismo que tiene conciencia de su ley moral. consiguiente, formar juicios determinantes, sin tener una ley general bajo
Luego aquí, puesto que la necesidad objetiva de la acción, como deber, se la cual pueda subsumirlo. Luego, como lo particular; como tal, contiene
halla opuesta a aquella a que esta acción quedaría sometida como suceso, relativamente a lo general, algo de contingente, pero que, sin embargo, la
si su principio estuviera en la naturaleza y no en la libertad, es decir, en la razon exige también unidad en el enlace de las leyes particulares de la
causalidad de la razón, y que la acción absolutamente necesaria naturaleza, y por consiguiente, conformidad a leyes (la cual aplicada a lo
moralmente, es considerada físicamente como del todo contingente (es contingente se llama finalidad) y como es imposible derivar a priori, por
decir, que debería necesariamente tener lugar pero que muchas veces no la determinación del concepto del objeto, las leyes particulares de las
lo tiene), es claro que es necesario buscar únicamente en la naturaleza de leyes generales, relativamente a lo que ellas tienen de contingente, el
nuestra facultad práctica, la causa porque las leyes morales deben concepto de la finalidad de la naturaleza en sus producciones es un
representarse como órdenes (y las acciones conformes a estas leyes, concepto necesario al juicio humano, relativamente a la naturaleza, pero
como deberes) y porque la razón no expresa esta necesidad para ser no concierne a la determinación de los objetos mismos. Es, por
(llegar), sino para deber ser. No sucedería así si se considerase la razón consiguiente, un principio subjetivo de la razón para el juicio, y este
sin la sensibilidad (como condición subjetiva de su aplicación a los principio, en tanto que regulador (y no en tanto que constitutivo), es tan
objetos de la naturaleza), por consiguiente, como causa en un mundo necesario a nuestro juicio humano, como si fuera un principio objetivo.
inteligible que estuviera siempre completamente de acuerdo con la ley
moral, y en el cual no hubiera distinción entre deber y hacer, entre lo
posible y lo real, es decir, entre la ley práctica, que prescribe lo primero y
la ley teórica que determina lo segundo. Luego, aunque un mundo
inteligible, en donde todo lo que es posible (en tanto que bien) sea real
por esto sólo, aunque la libertad misma, como condición formal de este
mundo, sea para nosotros un concepto transcendente, que no pueda
suministrarnos ningún principio constitutivo para determinar un objeto y
141
conforme a la naturaleza particular de nuestro entendimiento, debemos,
para explicar la posibilidad de ciertas producciones de la naturaleza,
§ LXXVI De la propiedad del entendimiento humano por la cual el considerar estas producciones como intencionales, y como habiendo sido
concepto de un fin de la naturaleza es posible para nosotros producidas, conforme a fines, sin exigir por esto que haya una causa
particular, determinada por la representación misma de un fin y por
Hemos indicado en la precedente observación las propiedades de consiguiente, sin negar que un entendimiento, otro más elevado que el
nuestra facultad de conocer (superior), que somos inclinados a transportar entendimiento humano, pueda hallar también el principio de la
a las cosas mismas como predicados objetivos; mas ellas no conciernen posibilidad de estas producciones (de la naturaleza) en el mecanismo de
más que a ideas a las cuales no se puede llegar en la experiencia del la misma, es decir, en una relación causal, cuya causa no se busca
objeto correspondiente, y no pueden servir más que de principios exclusivamente en un entendimiento.
reguladores en las investigaciones empíricas. Es al concepto de un fin de
la naturaleza como a lo que concierne la causa de la posibilidad de esta No se trata, pues, aquí más que de la relación de nuestro
suerte de predicados, la cual no puede descansar más que en la idea; pero entendimiento con el juicio: buscamos en su naturaleza una cierta
el efecto, conforme a esta idea (la producción misma), es, sin embargo, contingencia que podríamos considerar como algo que le es particular y
dada en la naturaleza, y el concepto de una causalidad de la naturaleza, le distingue de otros elementos posibles.
considerado como un ser que obra conforme a fines, parece hacer de la
idea de un fin de la naturaleza un principio constitutivo de este fin, y por Esta contingencia se halla naturalmente en lo que el juicio debe
esto esta idea se distingue de todas las demás. reducir a lo general, suministrado por los conceptos del entendimiento;
porque, por lo general de nuestro (humano) entendimiento, no se
Este carácter distintivo consiste en que la idela concebida no es un determina lo particular. ¿De cuántos modos diversos cosas que, sin
principio racional para el entendimiento, sino para el juicio, y no es, por embargo, convienen en un carácter común, se pueden presentar a nuestra
consiguiente, más que la aplicación de un entendimiento en general a los percepción? Es cosa contingente. Nuestro entendimiento es una facultad
objetos empíricos posibles, en los casos en que el juicio no puede ser de conceptos, es decir, un entendimiento discursivo, por el cual la especie
determinante, sino simplemente reflexivo, y en donde, por consiguiente, y la diferencia de los elementos particulares que halla en la naturaleza, y
aunque el objeto sea dado en la apariencia, no se puede juzgar de él, que puede reducir a sus conceptos son contingentes. Mas como la
conforme a la idea, de una manera determinada (todavía menos de una intuición pertenece también al conocimiento, y como una facultad que
manera perfectamente adecuada a esta idea), sino solamente reflexionar consistiera en una intuición enteramente espontánea108, sería una facultad
acerca de él. Se trata, pues, de una propiedad de nuestro (humano) de conocer distinta y del todo independiente de la sensibilidad, y por
entendimiento, relativa a la facultad de juzgar en su reflexión sobre las consiguiente, un entendimiento en el sentido más general de la palabra, se
cosas de la naturaleza. Si es así, debemos tomar aquí por principio la idea puede también concebir (de una manera negativa, es decir, como un
de un entendimiento posible, otro que el entendimiento humano (del entendimiento que no es discursivo), un entendimiento intuitivo que no
mismo modo que en la crítica de la razon pura), deberíamos concebir otra vaya de lo general a lo particular y a lo individual (por medio de
intuición posible para poder mirar la nuestra como una especie particular conceptos), y para el cual no exista la contingencia del acuerdo de la
de intuición, es decir, como una intuición (por la cual los objetos no naturaleza con el entendimiento en las cosas que produce conforme a
tuvieran valor más que en tanto que fenómenos), a fin de poder decir que, leyes particulares, y cuya variedad es tan difícil a nuestro entendimiento
142
reducir a la unidad del conocimiento. Esto no es posible para nosotros contingencia del enlace de las partes para concebir la posibilidad de una
más que por medio del concierto de los caracteres de la naturaleza con forma determinada del todo, a diferencia de nuestro entendimiento que va
nuestra facultad de los conceptos, y este concierto es contingente, mas un de las partes, como de los principios universalmente concebidos, a las
entendimiento intuitivo no lo necesita. diversas formas posibles que pueden subsumirse como consecuencias.
Conforme a la constitución de nuestro entendimiento, no podemos
Nuestro entendimiento tiene, pues, esto de particular en su relación considerar un todo real de la naturaleza más que como un efecto del
con el juicio; que en el conocimiento que nos suministra, lo particular no concurso de las fuerzas motrices de las partes. Si, pues, queremos
es determinado por lo general, y que, por consiguiente, lo primero no representarnos no en la posibilidad del todo como dependiente de la
puede derivarse de lo segundo, aunque debía haber entre los elementos parte, así como lo exige nuestro entendimiento discursivo, sino, por el
particulares que componen la variedad de la naturaleza y lo general contrario, conforme al modelo del entendimiento intuitivo, la posibilidad
(suministrado por conceptos y leyes), una concordancia que permitiera de las partes (consideradas en su naturaleza y en su relación) como
subsumir, aquellos bajo este, y que, en tales circunstancias, debe ser dependientes del todo, no podemos concebir en virtud de la misma
enteramente contingente, y no supone principio determinado para el propiedad de nuestro entendimiento, que el todo contenga el principio de
juicio. la posibilidad de la relación de las partes (lo que sería una contradicción
en el conocimiento discursivo), sino en la representación del todo en que
Luego para poder al menos concebir la posibilidad de este concierto colocamos el principio de la posibilidad de la forma de este todo y de la
de las cosas de la naturaleza con el juicio (que nos representamos como relación de las partes que lo constituyen. Luego como el todo sería
contingente, por consiguiente, como no siendo posible más que para un entonces un efecto (una producción) del que se considera como causa la
fin), es necesario que concibamos al mismo tiempo otro entendimiento, representación de la posibilidad misma, y como se llama fin el producto
por cuya relación podamos, aun antes de atribuirle ningún fin, de una causa, cuya razón determinante es la representación misma de un
representarnos como necesario este concierto de las leyes de la naturaleza efecto, se sigue de aquí, que si no nos representamos la posibilidad de
con nuestro juicio, que no es concebible para nuestro entendimiento más ciertas producciones de la naturaleza más que a favor de otra especie de
que por medio de la relación de los fines. causalidad que la de las leyes naturales de la materia, es decir, a favor de
las causas finales, es únicamente en virtud de la naturaleza particular de
Nuestro entendimiento tiene, pues, esta propiedad, que en su nuestro entendimiento, y que este principio no concierne a la posibilidad
conocimiento, por ejemplo, de la causa de una producción, debe ir de lo de estas cosas (aun consideradas como fenómenos), para este modo de
general analítico (de los conceptos) a lo particular (o la intuición empírica producción, sino a aquella solamente del juicio que nuestro
dada), mas sin determinar nada por esto relativamente a la variedad que entendimiento puede formar sobre estas cosas. Por esto veremos también
se puede encontrar en lo particular, porque esta determinación, de la que por qué en la ciencia de la naturaleza no nos contentamos por mucho
necesita el juicio, no puede buscarla más que en la subsunción de la tiempo con esta explicación de las producciones de la naturaleza por
intuición empírica (cuando el objeto es una producción de la naturaleza), medio de las causas finales. Es que, en efecto, en esta explicación no
bajo el concepto. Luego podemos también concebir un entendimiento pretendemos juzgar la producción de la naturaleza más que conforme a
que, no siendo discursivo como el nuestro, sino intuitivo, vaya de lo nuestra facultad de juzgar, es decir, al juicio reflexivo, y no conforme a
general sintético (de la intuición de un todo como tal) a lo particular, es las cosas mismas, por el juicio determinante. Por lo demás no es
decir, del todo a las partes, y que, por consiguiente, no se represente la necesario probar la posibilidad de semejante intellectus archetypus; basta
143
mostrar que la consideración de nuestro entendimiento discursivo, que teleológicas, considerándola como objeto de la razón, la concordancia y
tiene necesidad de imágenes (intellectus typus) y de su naturaleza la unidad de las leyes particulares y de las formas que debemos mirar
contingente, nos conduce a esta idea (de un intellectus archetypus), y que como contingentes (y aun el conjunto de la naturaleza en tanto que
esta idea no encierra contradicción. sistema), y la juzgaríamos también según dos especies de principios, sin
destruir la explicación mecánica por la explicación teleológica, como si
Que si consideramos en su forma un todo material, como un producto fuesen contradictorias.
de las partes o de las propiedades que estas tienen de unirse por sí mismas
(y aun de agregarse a otras materias) nos representamos un modo Se ve por esto, lo que era por otra parte fácil de suponer, pero que
mecánico de producciones. Mas entonces desaparece todo concepto de un sería difícil de afirmar y de probar con certeza, que en las producciones
todo concebido como fin, es decir, de un todo, cuya posibilidad interna de la naturaleza donde hallamos cierta finalidad, el principio mecánico
supone una idea de este todo, de donde depende la naturaleza y la acción puede subsistir sin duda al lado del principio teleológico, pero que sería
de las partes, de un todo, en fin, tal y como debemos representarnos los imposible hacer este último enteramente inútil. Se puede, en efecto, en el
cuerpos organizados. Mas de aquí no se sigue, como hemos mostrado estudio de una cosa que debemos juzgar como un fin de la naturaleza (en
anteriormente, que la producción mecánica de un cuerpo semejante sea el estudio de un ser organizado), buscar todas las leyes, ya conocidas o
imposible, porque esto significaría que es imposible (es decir, todavía por descubrir, de la producción mecánica, y conseguirlo en este
contradictorio) a todo entendimiento representarse tal unidad en la sentido; mas para explicar la posibilidad de una producción semejante, no
relación de las partes, sin darle por causa productora la idea de esta se nos puede jamás dispensar de invocar un principio de producción
misma unidad, es decir, sin admitir una producción intencional. Es, sin enteramente diferente del principio mecánico, a saber, el de una
embargo, lo que sucedería, si tuviésemos el derecho de mirar los seres causalidad determinada por fines, y no hay razón humana (una razón
materiales como las cosas en sí. Porque entonces la unidad, que finita y semejante a la nuestra por la cualidad, por más superior que fuese
constituye el principio de la posibilidad de las formaciones de la en el grado) que pueda prometerse explicar la producción de un simple
naturaleza, sería simplemente la unidad del espacio, el cual no es un tallo de yerba por causas puramente mecánicas. En efecto; si el juicio
principio real de las producciones, aunque tenga con el principio real que necesita indispensablemente de la relación teleológica de las causas y los
buscamos alguna semejanza, puesto que en él ninguna parte puede ser efectos, para explicar la posibilidad de semejante objeto, y aun para
determinada sin relación al todo (cuya representación sirve, por estudiarlo con el guía de la experiencia; si no se puede hallar para los
consiguiente, de principio a la posibilidad de las partes). objetos exteriores, considerados como fenómenos, un principio que se
refiera a los fines, y si este principio, que reside también en la naturaleza,
Mas como es al menos posible considerar el mundo material como un debe buscarse únicamente en su substratum supra-sensible que no nos es
simple fenómeno, y concebir algo, en tanto que cosa en sí (que no sea permitido penetrar, nos es absolutamente imposible explicar las
fenómeno) como un substratum al cual correspondiera una intuición relaciones de fines por principios llevados a la naturaleza misma, y
intelectual (diferente de la nuestra), se podría concebir un principio nuestra humana facultad de conocer nos da una ley necesaria para buscar
supra-sensible, real, aunque inaccesible a nuestra inteligencia, de donde el supremo principio en un entendimiento originario como causa del
derivaría la naturaleza de que nosotros mismos formamos parte, de suerte mundo.
que consideraríamos conforme a leyes mecánicas lo que en la naturaleza
es necesario como objeto de los sentidos, pero también conforme a leyes
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principio de la posibilidad de sus fines. Mas como es necesario venir en
definitiva a averiguar esta posibilidad, es también necesario concebir,
§ LXXVII De la unión del principio del mecanismo universal de la para explicarla, una especie particular de causalidad que no se presenta en
materia con el principio teleológico en la técnica de la naturaleza la naturaleza, como la mecánica de las causas naturales tiene la suya,
puesto que la receptividad que muestra la materia para muchas formas,
Es de la mayor importancia para la razón no perder de vista el distintas de aquellas de las cuales ella es capaz en virtud de esta última,
principio del mecanismo en la explicación de las producciones de la supone la espontaneidad de una causa (que por consiguiente no puede ser
naturaleza, porque es imposible sin este principio adquirir el menor materia), sin la cual no se podría hallar el principio de estas formas. La
conocimiento de la naturaleza de las cosas. Aun cuando se nos concediera razón, en verdad, antes de dar este paso, debe mostrar mucha prudencia, y
que un arquitecto supremo ha creado inmediatamente las formas de la no pretender explicar como teleológica toda técnica de la naturaleza;
naturaleza tal y como existen desde entonces, o que ha predeterminado hablo de cierto poder que tiene la naturaleza de producir figuras que
aquellas que en el curso de la naturaleza se forman continuamente sobre muestran la finalidad para nuestra simple aprehensión (como los cuerpos
el mismo modelo, nuestro conocimiento de la naturaleza no sería nada regulares); es necesario que se limite siempre a mirarla como
ilustrado, porque no conocemos la manera de obrar de este ser y sus mecánicamente posible. Mas querer además excluir absolutamente el
ideas, que deben contener los principios de la posibilidad de las cosas de principio teleológico y allí dónde la razón, buscando la posibilidad de las
la naturaleza, y no podemos explicar la naturaleza por este ser, yendo, por formas de la naturaleza, halla una posibilidad que se muestra
decirlo así, de alto a bajo (a priori). Que si queremos, partiendo de las manifiestamente ligada a otra especie de causalidad, pretender seguir
formas de los objetos de la experiencia y yendo así de abajo a arriba (a siempre el simple mecanismo, sería llevar la razón a divagaciones tan
posteriori), invocar, para explicar la finalidad que creemos encontrar en quiméricas sobre las impenetrables potencias de la naturaleza, como
ellos, una causa que obre conforme a fines, no daremos más que una aquellas que pudiesen entrañar una explicación puramente teleológica y
explicación tantológica, y equivocaremos la razón con palabras, para no no teniendo en cuenta el mecanismo de la naturaleza.
decir más, desde que nos dejamos extraviar por este género de
explicación en lo trascendental a donde no puede seguirnos el En una sola y misma cosa no se pueden admitir juntamente los dos
conocimiento natural, que la razón cae en estas poéticas extravagancias principios, explicando el uno por el otro (deduciendo el uno del otro), es
que su principal deber es evitar. decir, que no se pueden asociar como principios dogmáticos y
constitutivos del conocimiento de la naturaleza para el juicio
De otro lado, es una máxima igualmente necesaria de la razón no determinante. Si por ejemplo, yo digo que un gusano debe considerarse
omitir el principio de los fines en el estudio de las producciones de la como una producción del simple mecanismo de la materia (un resultado
naturaleza, porque si este principio no nos hace comprender mejor el de esta nueva formación que se produce por sí misma, cuando los
modo de existencia de estas producciones, es un principio de descubierta elementos de la materia han sido puestos en libertad por la corrupción),
en la investigación de las leyes particulares de la naturaleza, para suponer no podemos derivar entonces esta producción de la misma materia como
que no se ha querido hacer ningún uso de él para explicar la naturaleza de una causalidad que obra conforme a fines. Recíprocamente, si
misma, y que se ha continuado sirviéndose de la expresión fines de la miramos esta producción como un fin de la naturaleza, no podemos
naturaleza, aunque la naturaleza revela manifiestamente una unidad invocar un modo mecánico de explicación, y tomar este por un principio
intencional, es decir, aunque no se busque más allá de la naturaleza el constitutivo en el juicio que debemos formar sobre la posibilidad de esta
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producción, de modo que se asocien los dos principios. En efecto, un (considerada en sus leyes particulares), constituye para nosotros un
modo de explicación excluye el otro, aun cuando objetivamente estos dos sistema, que podemos mirar como posible, tanto por el principio de las
principios descansaran sobre uno solo, en el cual no pensaríamos. El causas físicas como por el de las causas finales; pero solamente cuando
principio que debe hacer posible la unión de los dos en nuestro juicio hallamos en la naturaleza de los objetos, cuya posibilidad no podemos
sobre la naturaleza, debe colocarse en algo que resida fuera de ellos (por concebir a favor del principio del mecanismo (que reivindica siempre las
consiguiente también fuera de toda representación empírica posible de la cosas de la naturaleza), y sin apoyarnos sobre principios teleológicos,
naturaleza), pero que sea su fundamento, es decir, en lo supra-sensible, y creemos poder estudiar con confianza las leyes de la naturaleza conforme
a esto es a lo que se debe reducir los dos modos de explicación. Luego a estos dos principios (cuando nuestro entendimiento ha reconocido la
como no podemos obtener nada relativamente a lo supra-sensible más posibilidad de sus producciones por uno u otro principio), y no nos
que el concepto indeterminado de un principio que permite juzgar la dejamos llevar por la aparente contradicción de los principios de nuestro
naturaleza, conforme a leyes empíricas, y como por otra parte no juicio sobre estos objetos, porque es cierto que pueden unirse al menos
podemos determinarlo de antemano por ningún predicado, se sigue que la objetivamente en un solo principio (pues que se forman sobre fenómenos
unión de los dos principios no puede descansar sobre otro que contenga la que suponen un principio supra-sensible).
explicación de la posibilidad de una producción por leyes dadas para el
juicio determinante, sino solamente sobre un principio que contenga la Aunque el principio del mecanismo y el de la técnica teleológica
exposición para el juicio reflexivo. En efecto, explicar significa derivar (intencional) de la naturaleza relativamente a la misma producción y a su
de un principio que se debe, por consiguiente, poder conocer y mostrar posibilidad pudiesen subordinarse a un principio común de la naturaleza,
claramente. Luego si se considera una sola y misma producción, el considerada en sus leyes particulares, sin embargo, siendo transcendente
principio del mecanismo y el de la técnica de la naturaleza, deben, en este principio, los límites de nuestro entendimiento no nos permiten
verdad, unirse en un solo principio superior, su origen común; de otro conciliar los dos principios en la explicación de la misma producción de
modo no podrían subsistir el uno al lado del otra en la consideración de la la naturaleza, aun cuando no podamos concebir la posibilidad interior de
naturaleza. Mas si este principio, que es objetivamente común a los dos, y esta producción más que por medio de una causalidad que obre conforme
que por consiguiente permite conciliar las máximas que dependen de a fines (como sucede para las materias organizadas). Debemos siempre
ellos, en la investigación de la naturaleza, si este principio es tal que se llegar a esta máxima del juicio teleológico, que conforme a la naturaleza
puede muy bien indicar, pero no conocer de una manera determinada y del entendimiento humano, no podemos admitir otra causa para explicar
mostrarlo bien claramente para que se pueda hacer uso de él en todos los la posibilidad de los seres organizados que una causa que obra según
casos dados, es imposible sacar ninguna explicación de tal principio, es fines, y que el simple mecanismo de la naturaleza no nos da aquí una
decir, derivar de él de una manera clara y determinada la posibilidad de explicación suficiente, sin querer decidir nada por esto relativamente a la
una producción de la naturaleza por medio de estos dos principios posibilidad de las cosas mismas.
heterogéneos. Luego el principio común de donde derivan, de una parte
el principio mecánico y de la otra el principio teleológico, es lo supra- Pero como este principio no es más que una máxima del juicio
sensible, que debemos colocar bajo la naturaleza considerada como reflexivo y no del juicio determinante, y como, por consiguiente, no tiene
fenómeno. Mas es imposible tener bajo el punto de vista teórico el menor para nosotros más que un valor subjetivo y no un valor objetivo,
concepto determinado y afirmativo. No podemos, pues, explicar en relativamente a la posibilidad misma de esta especie de cosas (en la cual
manera alguna cómo en virtud de este principio, la naturaleza los dos modos de producción podrían muy bien concertarse en un sólo y
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mismo principio), como además, si a este modo de producción que se ni el mecanismo, ni la relación de los fines, sino el substratum supra-
mira como teleológico, no se juntara algún concepto de un mecanismo de sensible de la naturaleza, del que nada conocemos, nuestra humana razón
la naturaleza que debe hallarse también en él, no se podría juzgar esta no puede reunir juntamente las dos maneras de representarse la
producción como una producción de la naturaleza, esta máxima implica posibilidad de estos objetos, y no podemos juzgarlos, fundados sobre un
al mismo tiempo la necesidad de una unión de los dos principios en el entendimiento supremo más que por medio de la relación de las causas
juicio por el cual concebimos las cosas como fines de la naturaleza en sí, finales, lo que, por consiguiente, no quita nada al modo de explicación
pero sin tener por objeto sustituir enteramente o en parte el uno al otro. teleológica.
En efecto, a lo que no se concibe (al menos por nosotros) como posible
más que por un fin, no se puede sustituir el mecanismo, y a lo que es Luego como es cosa completamente indeterminada, y aun siempre
reconocido como necesario en virtud del mecanismo, no se puede indeterminable para nuestra razón, hasta qué punto el mecanismo de la
sustituir una contingencia que necesitaría de un fin como razón naturaleza obra como medio para cada fin de la misma, y como el
determinante, sino que se debe solamente subordinar uno de estos principio inteligible, al cual hemos referido la posibilidad de una
principios (el mecanismo) al otro (el de la técnica intencional), lo que naturaleza en general, nos permite admitir que esto es enteramente
puede hacerse en virtud del principio transcendental de la finalidad de la posible por un acuerdo universal de las dos especies de leyes (las leyes
naturaleza. físicas y las de las causas finales), aunque no podamos concebir el cómo
de este acuerdo, no sabemos mejor hasta dónde se extiende el modo de
En efecto; allí donde se conciben fines como principios de la explicación mecánico para nosotros; sino que solamente es cierto que,
posibilidad de ciertas cosas, es necesario también admitir medios, cuya lejos de que pudiésemos marchar por este camino, él debe ser siempre
ley de acción no necesita por sí misma de nada que suponga un fin, y insuficiente para las cosas que una vez hemos reconocido como fines de
puede, por consiguiente, ser mecánica, estando en un todo subordinada a la naturaleza, y que así, conforme a la constitución de nuestro
efectos intencionales. entendimiento, debemos subordinar todos estos principios juntamente a
un principio teleológico.
Es por lo que, cuando consideramos las producciones organizadas de
la naturaleza, y principalmente cuando, observando el número infinito de De aquí el derecho, y también, a causa de la importancia del estudio
estas producciones, admitimos (al menos como una hipótesis permitida) mecánico de la naturaleza para la razón teórica, el deber de explicar
algo intencional en la relación de las causas naturales, que obran según mecánicamente, en tanto que esté en nosotros (y es imposible aquí trazar
leyes particulares, y de las que formamos el principio universal del juicio límites), todas las producciones y todos los hechos naturales, aun las
reflexivo, aplicado al conjunto de la naturaleza (al mundo), concebimos cosas que revelan la mayor finalidad; mas también lo es no perder jamás
una grande y aun universal combinación de las leyes mecánicas con las de vista que las cosas que no podemos someter a la investigación de la
leyes teleológicas, sin confundir los principios en cuya virtud juzgamos razón más que bajo el concepto de fines, deben ser conformes a la
estas producciones, y sin sustituir el uno al otro. Porque en un juicio naturaleza esencial de nuestra razón, sometidas en definitiva, a pesar de
teleológico, si la forma que recibe una materia no puede juzgarse posible las causas mecánicas, a una causalidad que obra conforme a fines.
más que por medio de un fin, esta materia, considerada en su naturaleza
conforme a leyes mecánicas, puede subordinarse como medio a este fin
propuesto. Mas como el principio de esta unión reside en algo que no es
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razones objetivas de los efectos naturales. También la teoría de la
Apéndice naturaleza, o la producción mecánica de sus fenómenos por sus causas
eficientes, no gana nada con que se les considera conforme a la relación
Metodología del juicio teleológico de los fines. La exposición de los fines de la naturaleza en sus
producciones, en tanto que constituyen un sistema según conceptos
teleológicos, no es propiamente más que una descripción de la naturaleza
emprendida con la ayuda de un guía particular, y en donde la razón
§ LXXVIII La teleología debe ser tratada como una parte de la cumple una obra noble, instructiva y prácticamente útil bajo muchos
física109 respectos, más sin que aprendamos nada del origen y de la posibilidad
interna de estas formas, lo que, sin embargo, es el objeto de la ciencia
Cada ciencia debe tener su lugar determinado en la enciclopedia de teórica de la naturaleza.
todas ellas. Si se trata de una ciencia filosófica, su lugar debe señalarse en
la parte teórica o en la parte práctica de la filosofía; y si entra en la La teleología como ciencia no pertenece, pues, a ninguna doctrina,
primera, debe tener su puesto, o bien en la física, si estudia algo que sino solamente a la crítica, a la de una facultad particular de conocer que
pueda ser un objeto de experiencia (por consiguiente, o en la física es el juicio. Mas en tanto que contiene principios a priori, puede y debe
propiamente dicha, o en la psicología, o en la cosmología general), o bien suministrar el método con el cual se debe juzgar la naturaleza según el
en la teología (ciencia de la causa primera del mundo, considerada como principio de las causas finales, y así su metodología tiene al menos una
el conjunto de todos los objetos de experiencia). influencia negativa sobre la marcha de la ciencia teórica de la naturaleza,
y también sobre la relación que ésta pueda tener en la metafísica con la
Pero se pregunta en dónde tiene su puesto la teleología; ¿es en la física teología, como propedéntica de esta ciencia.
o en la teología? Es necesario que sea en la una o en la otra, porque no
existe ciencia intermedia entre estas que pueda establecer el tránsito de la
una a la otra, pues que este tránsito no indica más que una organización
del sistema y no un puesto en el mismo.
§ LXXIX De la subordinación necesaria del principio del mecanismo
Es evidente que no es una parte de la teología, aunque se pueda hacer al principio teleológico en la explicación de una cosa como fin de la
de ella un uso muy importante. Porque tiene por objeto las producciones naturaleza
de la naturaleza y la causa de estas producciones; y aunque se dirige a un
principio colocado fuera o más allá de la naturaleza (a una causa divina), Nada limita el derecho que tenemos de buscar una explicación
no obra así por el juicio determinante, sino por el juicio reflexivo que puramente mecánica de todas las producciones de la naturaleza; pero la
quiere dirigir por esta idea como por un principio regulador, en el estudio facultad de contentarnos con este género de explicación no es solo muy
de la naturaleza, conforme al entendimiento humano. limitada por la naturaleza de nuestro entendimiento, en tanto que
considera las cosas como fines de la misma naturaleza; sino que lo es
No parece que pertenezca tampoco a la física, que necesita principios también muy claramente en el sentido de que conforme a un principio del
determinados, y no simplemente principios reflexivos, para dar las juicio, el primer aspecto por sí solo no puede conducirnos en nada a la
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explicación de estas cosas, y que por consiguiente, debemos siempre esperanza, muy débil por cierto, de poder llegar a algo con el principio
subordinar a un principio teleológico nuestro juicio sobre esta clase de del mecanismo de la naturaleza, sin el cual en general no puede haber
producciones. ciencia de la naturaleza. Esta analogía de formas, que a pesar de su
diversidad, parecen haber sido producidas conforme a un tipo común,
Por esto es por lo que es razonable y aun meritorio perseguir el fortifica la hipótesis de que dichas formas tienen una afinidad real y que
mecanismo de la naturaleza para explicar sus producciones, tan lejos salen de una madre común, y nos muestra cada especie acercándose
como se pueda llevar con verosimilitud, y si renunciamos a esta tentativa, gradualmente a otra, desde aquella dónde parece mejor establecido el
no es que sea imposible en sí hallar en este camino la finalidad de la principio de los fines, a saber, el hombre, hasta el pólipo, y desde el
naturaleza, sino que esto es imposible para nosotros como hombres. pólipo hasta los musgos y las algas, y por último, hasta el grado más
Porque sería necesario para esto una intuición distinta de la intuición inferior de la naturaleza que podemos conocer; hasta la materia bruta, de
sensible, y un conocimiento determinado del substratum inteligible de la dónde parece derivar, conforme a leyes mecánicas (semejantes a las que
naturaleza, de donde se pudiera sacar el principio del mecanismo de los ella sigue en sus cristalizaciones), toda esta técnica de la naturaleza, tan
fenómenos de la naturaleza, considerada en sus leyes particulares, lo que incomprensible para nosotros en los seres organizados, que nos creemos
excede en mucho el alcance de nuestras facultades. obligados a concebir otro principio.
Es necesario, pues, que el observador de la naturaleza, so pena de Es permitido al arqueólogo de la naturaleza servirse de vestigios
trabajar en su puro daño, tome por principio en el estudio de las cosas, todavía subsistentes de sus antiguas producciones, para buscar en todo el
cuyo concepto es indudablemente un concepto de fines de la naturaleza mecanismo que se conoce o que se supone, el principio de esta gran
(de seres organizados), alguna organización primitiva que emplee este familia de seres creados (porque así es como debemos representárnosla,
mismo mecanismo para producir otras formas organizadas, o para si esta pretendida afinidad general tiene algún fundamento). Se puede
desarrollar aquellas que contienen ya nuevas formas (que derivan siempre hacer salir del seno de la tierra, que ha salido del caos (como un gran
de este fin y le son conformes). animal), seres creados donde no se encuentra todavía más que un poco de
finalidad, pero que producen otros a su vez, mejor apropiados al lugar de
Es bello el recorrer por medio de la anatomía comparada la gran su nacimiento y a sus relaciones recíprocas, hasta el momento en que esta
creación de seres organizados con el fin de ver si en ellos no se encuentra matriz se osifica y limita sus partes a especies que no deben degenerar
algo parecido a un sistema, que derive de un principio generador, de más, y donde subsiste la variedad de aquellas que ha producido, como si
suerte que no estemos obligados a atenernos a un simple principio del este poder creador y fecundo fuera, por último, satisfecho. Mas es
juicio (que nada nos enseña sobre la producción de estos seres), y necesario, siempre en definitiva, atribuir a esta madre universal una
renunciar sin esperanza a la pretensión de que penetre la naturaleza en organización que tenga por objeto todos estos seres creados; de lo
este campo. El concierto de tantas especies de animales en un cierto contrario sería imposible concebir la posibilidad de las producciones del
esquema común, que no parece solamente servirles de principio en la reino animal y del reino vegetal110. Hay, pues, que retrotraer la
estructura de sus huesos, sino también en la disposición de las demás explicación, y no se puede pretender que se hayan producido estos dos
partes, y esta admirable simplicidad de forma, que reduciendo ciertas reinos independientemente de la condición de las causas finales.
partes y alargando otras, encubriendo éstas y desenvolviendo aquellas, ha
podido producir tan gran variedad de especies, hacen nacer en nosotros la
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Los mismos cambios, a que se hallan sometidos, sin influencia de contingencia que concebimos en todo lo que no podemos representarnos
causas contingentes, ciertos seres organizados, cuyo carácter así más que como fines) como una relación de causalidad.
modificado viene a ser hereditario y pasa así en el principio generador;
estos cambios no pueden casi ser modificados más que como el
desenvolvimiento, ocasionalmente producido, de una disposición
originariamente contenida en la especie y destinada a conservarla; porque
admitir en un ser organizado, como una condición de la perpetuidad de su § LXXX De la unión del mecanismo al principio teleológico en la
finalidad interior, la facultad de producir seres de la misma especie, es explicación de un fin de la naturaleza en tanto que producción de la
empeñarse en no admitir nada en el principio generador que no entre en misma
este sistema de fines, y que no pertenezca a una disposición primitiva no
desenvuelta. Desde que nos descartamos de este principio, no se puede Hemos visto en el párrafo anterior que el mecanismo de la naturaleza
saber con certeza si muchas partes de la forma que se halla actualmente no basta para hacernos concebir la posibilidad de un ser organizado, sino
en una especie, han tenido un origen accidental o independiente de todo que debe ser (al menos según nuestra facultad de conocer) subordinado
fin; y este principio de la teleología, que en un ser organizado nada de lo originariamente a una causa intencional; del mismo modo el principio
que se conserva en la propagación debe juzgarse inútil, vendría a ser por teleológico no basta para hacernos considerar y juzgar este ser como una
esto incierto en su aplicación, y no tendría valor más que para la matriz producción de la naturaleza, si no agregamos a este principio el del
(que nosotros no conocemos). mecanismo, como instrumento de una causa intencional, a cuyos fines la
naturaleza se halla subordinada en sus leyes mecánicas. Nuestra razón no
Hume objeta a los que se creen obligados a admitir, para todos estos comprende la posibilidad de esta unión de las dos especies de causalidad
fines de la naturaleza, un principio teleológico del juicio, es decir, un completamente diferentes, es decir, la unión de la causalidad de la
entendimiento arquitectónico, que con razón se les podría preguntar, naturaleza, considerada en sus leyes generales, con una idea que las
cómo es posible tal entendimiento, es decir, cómo pueden hallarse así restringe a una forma particular cuyo principio no contienen ellas por sí
reunidas en un ser las diversas facultades y propiedades que constituyen mismas. Esta posibilidad reside en el substratum supra-sensible de la
la posibilidad de un entendimiento, capaz también de ejecutar lo que ha naturaleza, del cual nada podemos determinar afirmativamente, sino que
concebido. Mas esta objeción no tiene valor; porque la dificultad de es el ser en sí, del cual no conocemos más que la apariencia. Mas este
concebir la primera producción de una cosa que encierra fines en sí principio de que todo lo consideramos como perteneciente a la naturaleza
misma, y que no se puede concebir más que por medio de estos fines, (phoenomenon) y como su producto debe concebirse también como
descansa por completo sobre la cuestión de saber, cuál es en esta ligado a la naturaleza por leyes mecánicas, este principio no conserva al
producción el principio de la unidad del enlace de sus elementos diversos menos toda su fuerza, puesto que sin esta especie de causalidad, los casos
y exteriores los (para nuestra razón) resolverla, si no nos representamos organizados que concebimos como fines de la naturaleza, no serían
este principio de las cosas como una sustancia simple, el atributo de esta producciones.
sustancia sobre la cual se funda la cualidad específica de las formas de la
naturaleza, a saber la unidad de fines, como una inteligencia, y por último Luego, cuando se da a la producción de estos seres un principio
la relación de estas formas con esta inteligencia (a causa de la teleológico (y ¿cómo puede ser de otro modo?), se puede admitir para
explicar la causa de su finalidad interior, el ocasionalismo o el
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prestabilismo. En la primera hipótesis, la causa suprema del mundo más que desde el principio. Al contrario, el ocasionalismo, excusaría un
produciría inmediatamente el ser organizado, conforme a su idea, con gran número de disposiciones sobrenaturales, necesarias para salvar las
ocasión de cada perfección material; en la segunda, habría puesto en las fuerzas destructivas de la naturaleza, y conservar intacto hasta el
producciones primitivas de su sabiduría estas disposiciones que hacen momento de su desarrollo el embrión formado al principio del mundo, y
que un ser organizado produzca su semejante, que la especie se conserve una cantidad de seres de este modo preformados, infinitamente más
siempre, y que la naturaleza esté continuamente ocupada en reparar la considerable que la de los seres destinados a ser un día desenvueltos, y al
pérdida de los individuos, al mismo tiempo que trabaja en su destrucción. mismo tiempo otras tantas creaciones, vendrían a ser de este modo
Si se admite el ocasionalismo para explicar la producción de los seres inútiles y sin objeto. Mas quisieron dejar al menos algo a la naturaleza
organizados, se destruye con esto toda la naturaleza, y con ella todo uso para no caer en completa superfísica, en donde se pasa de toda
de la razón en el juicio de la posibilidad de esta especie de producciones. explicación natural. Es cierto que se han mostrado todavía tan
No se puede, pues, suponer que este sistema pueda aceptarse por ninguno firmemente adheridos a su superfísica, que han hallado, a un en los
de los que un cultivan la filosofía. monstruos (que es imposible tomar por fines de la naturaleza), una
admirable finalidad, aunque no les reconozcan otro objeto que el de
En cuanto al prestabilismo, se puede entender de dos maneras. En sorprender al anatomista por este espectáculo de una finalidad irregular o
efecto, se puede considerar cada ser organizado, engendrado por su inspirarle un triste asombro. Mas no han podido acomodar la producción
semejante, o como la deducción, o como la producción111 del primero. El de los bastardos con el sistema de la preformación, y les ha sido
primer sistema es el de la preformación individual, o si se quiere, la teoría indispensable atribuir a la esperma de los seres masculinos, al que no han
de la evolución; el segundo, es el sistema de la epigénesis. Este último concedido por otra parte más que la propiedad mecánica de suministrar al
puede llamarse todavía el de la prefomación genérica, porque en él se embrión su primer alimento, una virtud creadora que no han querido, sin
considera el poder productor de los seres que engendran, y por embargo, relativamente al producto del perfeccionamiento de los seres de
consiguiente su forma específica, como virtualmente preformados, la misma especie, atribuir a ninguno de los dos.
conforme a las disposiciones interiores, formando parte de la especie
misma. Conforme a esto, la teoría opuesta de la preformación individual, Al contrario, aun cuando los partidarios de la, epigénesis no tuvieran
debería llamarse con más propiedad teoría de la involución. sobre los anteriores la ventaja de poder invocar la experiencia en favor de
su teoría, la razón se pronunciaría todavía por ellos, porque atribuyen a la
Los partidarios de la teoría de la evolución, que quitan todos los naturaleza, en las cosas en que no se puede concebir la posibilidad
individuos a la potencia creadora de la naturaleza para hacerlos originaria más que por medio de la causalidad de los fines, cierto poder
inmediatamente salir de la mano del creador, no se atreven hasta recurrir creador en cuanto a la propagación al menos, y no solamente un poder de
aquí a la hipótesis del ocasionalismo que no vería en su desarrollo, y de este modo, sirviéndose lo menos posible del sobrenatural,
perfeccionamiento más que una simple formalidad, a propósito de la cual abandonan a la naturaleza todo lo que sigue al primer principio, sin
una causa suprema o inteligente del mundo habría resuelto formar determinar nada sobre este primer principio contra el cual choca la física,
inmediatamente un fruto, no dejando a la madre más que el cuidado de cualquiera que sea el encadenamiento de causas que esta quiera ensayar.
desarrollarlo y nutrirlo. Se han declarado por la preformación, como si
desde que se explican estas formas de una manera sobrenatural, no Nadie ha hecho más que M. Blumenbach, tanto para probar esta teoría
hubiera también sabiduría para hacerlas aparecer en el curso del mundo de la epigénesis, como para establecer los verdaderos principios y
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prevenir el abuso. Ha colocado en la materia organizada el punto de sin considerar si la existencia misma de este objeto es o no un fin. Se
partida de toda explicación física de las formaciones de que se ocupa. puede preguntar además por qué tal ser organizado existe, mientras que
Porque, que la materia bruta se haya originariamente formado por sí no se presenta ciertamente la misma cuestión respecto al motivo de las
misma según leyes mecánicas, que la vida haya podido salir de la cosas en las cuales no se reconoce más que el efecto del mecanismo de la
naturaleza muerta, y que la materia haya podido tomar espontáneamente naturaleza. Es que nos representamos ya, para explicar la posibilidad de
la forma de una finalidad que se conserve por sí misma, es lo que se mira los seres organizados, una causalidad determinada por fines, una
justamente como absurdo; pero al mismo tiempo, bajo este principio inteligencia creadora, y referimos este poder activo a su principio de
impenetrable de una organización primitiva, se deja al mecanismo de la determinación, es decir, a su fin. Luego no hay más que una finalidad
naturaleza una parte que no se puede determinar, porque tampoco se exterior que tenga conexión con la finalidad interior de la organización, y
puede menospreciar, y es por lo que se llama tendencia a la formación112, que contenga la relación exterior de medio a fin, sin que haya necesidad
el poder de la materia en un cuerpo organizado (para distinguirlo, del de preguntar en qué objeto deberían existir los seres así organizados. Es
poder creador113, mecánico que ella posee generalmente, y que da a la la organización de los dos sexos en las relaciones que existen entre ellos
primera su dirección y su aplicación). para la propagación de su especie; porque aquí se puede siempre
preguntar, cómo un individuo, por qué una pareja semejante debe existir.
La respuesta es que no constituye un todo organizante, sino un todo
organizado, en un solo cuerpo.
§ LXXXI Del sistema teleológico en las relaciones exteriores de los Mas si se pregunta por qué, existe una cosa, la respuesta es, o bien que
seres organizados su existencia y su producción no tienen ninguna relación con ninguna
causa intencional, y entonces se refiere siempre el origen de esta cosa al
Yo entiendo por finalidad exterior aquella en que una cosa de la mecanismo de la naturaleza, o bien que tienen (como existencia y
naturaleza se halla con otra en la relación de medio o fin. Por lo que las producción de una cosa contingente de la naturaleza) un principio
cosas que no tienen ninguna finalidad interior o cuya posibilidad no intencional, y es difícil separar este pensamiento del concepto de un ser
supone ninguna, por ejemplo, la tierra, el aire, el agua, etc., tienen, sin organizado; porque como estamos obligados a explicar la posibilidad
embargo, una finalidad exterior, es decir, relativa a otros seres; mas es interior de semejante ser por una causalidad de causas finales y por la
necesario que estos últimos, sean seres organizados, es decir, fines de la idea que la determina, no podemos también concebir la existencia de esta
naturaleza, porque si no, los primeros no podrían considerarse como producción más que como un fin. En efecto, se llama fin el efecto
medios. Así no se puede considerar el agua, el aire y la tierra, como representado, cuya representación es al mismo tiempo el principio que
medios relativamente a la formación de las montañas, porque no hay nada determina la causa inteligente y eficiente para producirle. En este caso se
en las montabas que exija que se explique su posibilidad por medio de puede decir, o bien que el fin de la existencia de un ser semejante de la
fines, y no se puede representar la causa bajo el predicado de un medio naturaleza está en sí mismo, es decir, que este ser no es solamente un fin,
(sirviendo a estos fines). sino un objeto final114, o bien que este objeto existe fuera de sí en otros
seres de la naturaleza, es decir, que este ser no existe como objeto final,
El concepto de la finalidad exterior es muy diferente del de la sino solamente como medio necesario.
finalidad interior; nosotros enlazamos esta a la posibilidad de un objeto,
152
Mas si recorremos toda la naturaleza como tal no hallaremos en ella
ser que pueda aspirar a rango de fin último de la creación; y aun se puede Si se admite en principio una finalidad objetiva en la variedad de
probar a priori que aquel que se pudiera dar por fin último a la naturaleza, especies terrestres y en las relaciones exteriores de estas especies entre sí,
adornándole de todas las cualidades y propiedades concebibles, no se en tanto que cosas trazadas conforme a fines, es conforme a la razón
debería nunca considerar como objeto final en tanto que cosa de la concebir cierta organización en estas relaciones, y un sistema de todos los
naturaleza. reinos de la naturaleza fundado sobre causas finales. Mas aquí la
experiencia parece contradecir altamente la máxima de la razón,
Cuando se considera el reino vegetal y se ve la inmensa fecundidad principalmente en lo que concierne al fin último de la naturaleza, fin que
con la cual se derrama por casi todo el suelo, estamos tentados al pronto sin embargo es necesario para la posibilidad de semejante sistema y que
de tomarlo por un simple producto de este mecanismo que la naturaleza no podemos colocar, además, más que en el hombre. Porque al considerar
revela en sus formaciones del reino mineral. Mas un conocimiento más al hombre como una de las numerosas especies del reino animal, la
profundo de la sabiduría inefable de la organización de este reino no nos naturaleza no ha hecho la menor excepción en su favor en la acción de las
permite llegar a este pensamiento, pero suscita esta cuestión: ¿por qué fuerzas destructoras como de las productoras, sino que lo ha sometido
existen estos seres? Sí se contesta que existen para el reino animal, que se todo objeto alguno a su mecanismo.
alimenta de aquel y puede por este medio extenderse sobre la tierra en
especies tan variadas, entonces se presenta esta nueva cuestión: ¿por qué, Lo primero que debiera haberse establecido expresamente sobre la
pues, existen estos animales que se alimentan de estas plantas? Quizá se tierra en un orden en que las cosas de la naturaleza formasen un todo
conteste que existen para los animales carnívoros, que no pueden constituido conforme a fines, es su habitación, el suelo y el elemento
alimentarse más que de seres vivientes. Por último, viene esta cuestión: sobre el cual o en el cual debe desenvolverse. Pero un conocimiento más
¿para qué existen estos animales así como los precedentes reinos de la exacto de la naturaleza de las cosas que llenasen esta condición de toda
naturaleza? Para el hombre, para los diversos usos que su inteligencia le producción de seres organizados, no revelaría más que causas que obran
muestra que debe hacer de todos estos seres, y es acá en la tierra el fin del todo ciegamente, y más bien todavía causas destructoras, que causas
último de la creación, puesto que es el solo ser que puede formarse por favorables a esta producción, a un orden y a fines.
medio de su razón un concepto de fin, y ver en un conjunto de cosas
formadas según fines un sistema de estos. La tierra y el mar no contienen solamente monumentos de antiguas
revoluciones que los trastornaron, a ellos y a todos los seres que
Todavía se podría con el caballero Linneo seguir la vía opuesta en encerraban, sino toda su estructura; las cuevas de la una y los límites del
apariencia, y decir que los animales herbívoros existen para moderar la otro hacen por completo ser el aire el producto de las fuerzas salvajes y
vegetación lujuriosa de las plantas, que podría ahogar muchas especies; omnipotentes de una naturaleza que trabaja en el seno del caos. Por bien
los animales carnívoros para poner límites a la voracidad de los primeros, ordenadas que nos parezcan sin embargo la figura, la estructura y la
y últimamente, el hombre para establecer, persiguiendo estos últimos y inclinación de las tierras para recibir las aguas del cielo, para las fuentes
disminuyendo su número, cierto equilibrio entre los poderes creadores y que brotan a través de subterráneos de diversas especies (que sirven por sí
los poderes destructores de la naturaleza. Y así el hombre, tan digno mismas para diversas producciones), y para el curso de los torrentes, un
como pueda ser bajo cierta relación de ser considerado como un fin, no examen más detenido de estas cosas prueba que no son más que los
tendría, sin embargo, bajo otro respecto, más que el rango de medio. efectos de erupciones volcánicas y de inundaciones, o aun de
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desbordamientos del Océano, y así se explican la primera producción de por último, estos dos principios con cuya ayuda nos explicamos la
esta figura de la tierra, y principalmente su transformación sucesiva, posibilidad de la naturaleza, pueden conciliarse con el principio
como la desaparición de sus primeras producciones orgánicas115. Luego si suprasensible de la misma (tanto fuera de nosotros como en nosotros),
la habitación de todos los seres organizados, si el suelo de la tierra o el porque la explicación por medio de causas finales no es más que una
seno del mar, no nos muestran más que un mecanismo completamente condición subjetiva del uso de nuestra razón, cuando, no solamente tiene
ciego, ¿cómo y con qué derecho podemos reclamar y afirmar otro origen por objeto juzgar los objetos como fenómenos, sino referir estos
para estas otras producciones? Aunque el hombre, como parece probarlo fenómenos, así como sus principios, a su substratum suprasensible, para
(según Camper) el examen detenido de los restos de estas devastaciones comprender la posibilidad de ciertas leyes, a las cuales refiere su unidad,
de la naturaleza, no se hallase comprendido en estas revoluciones, y no puede representarse más que por medio de fines (y ella los halla en
depende de tal modo de los demás seres terrestres, que sería imposible sí misma supra-sensibles.)
admitir para todos estos seres un mecanismo general de la naturaleza, sin
comprender a aquél también en él, aunque su inteligencia (en gran parte
al menos) le haya podido salvar de estas devastaciones.
Mas este argumento parece exceder el fin que nos proponemos, § LXXXII Del fin último de la naturaleza, considerado como sistema
probando, no solamente que el hombre no puede ser el último fin de la teleológico
naturaleza, y que por la misma razón la agregación de las cosas
organizadas de ésta no puede constituir un sistema de fines, sino aunque Hemos demostrado anteriormente que hallamos en los principios de la
estas producciones, que se han mirado hasta aquí como fines de la razón motivos suficientes, sino por el juicio determinante, al menos por el
naturaleza, no tienen otro origen que el mecanismo de la misma. juicio reflexivo, para mirar al hombre, no solamente como un fin de la
naturaleza, como todos los seres organizados, sino también como su fin
Pero, conforme a la solución que anteriormente hemos dado de la último acá en la tierra, como el fin en relación al cual todas las demás
antinomia de los principios del modo mecánico y del modo teleológico de cosas de la naturaleza constituyen un sistema de fines. Luego si es
la producción de los seres organizados, estos principios tienen su origen necesario buscar en el hombre mismo el fin que supone su relación con la
en el juicio reflexivo aplicado a las formas que produce la naturaleza, naturaleza, o bien este fin será tal que la naturaleza pueda cumplirlo para
conforme a sus leyes particulares (cuyo sistema no podemos penetrar), es su beneficio, o será la aptitud y habilidad que muestre para toda clase de
decir que no determinan el origen de estas cosas en sí, sino que significan fines, a los cuales pueda someterse la naturaleza (interior y
solamente que, conforme a la naturaleza de nuestro entendimiento y de exteriormente). El primer fin de la naturaleza sería la dicha, y el segundo,
nuestra razón, no podemos concebir esta especie de seres más que por la cultura del hombre.
medio de causas finales; por consiguiente, nuestra razón no solamente
nos autoriza, sino que nos empeña a intentar por medio de los mayores El concepto de la dicha no es un concepto que el hombre pueda sacar
esfuerzos, y con el mayor atrevimiento, y el explicarlos mecánicamente de sus instintos y llevar en sí mismo en la animalidad, sino que es la
aunque nos creamos incapaces de obtenerlos a causa de la naturaleza simple idea de un estado que se quiere hacer adecuado a esta idea, bajo
particular y los límites de nuestro entendimiento (y no porque hubiese condiciones puramente empíricas (lo que es imposible). Se forma, pues,
contradicción entre el principios del mecanismo y el de la finalidad); y esta idea por sí mismo de tan diversos modos con la ayuda de su
154
entendimiento unido a su imaginación y a sus sentidos, y la cambia tan y, por consiguiente, ser un objeto final, y este objeto final no debe
frecuentemente, que si la naturaleza estuviese sometida a su voluntad, no buscarse en la naturaleza.
podría concertarse con este concepto que cambia y con los fines
arbitrarios de cada uno, y quedar al mismo tiempo sometida a leyes Luego para hallar dónde debe colocarse este último fin de la
determinadas, fijas y universales. Mas aun cuando quisiéramos, o bien naturaleza, relativamente al hombre al menos, es necesario averiguar lo
reducir este concepto a las verdaderas necesidades de nuestra naturaleza, que puede hacer aquella para prepararlo a lo que debe hacer por si mismo
a aquellas en que nuestra especie se muestra enteramente de acuerdo para ser objeto final, y separar de él todos los fines cuya posibilidad
consigo misma, o bien hacernos tan hábiles como posible fuera para descanse sobre condiciones que dependan de la naturaleza solamente,
procurarnos todas las cosas que podemos imaginarnos y proponernos, no como la dicha terrestre, que no es otra cosa que el conjunto de todos los
alcanzaríamos jamás lo que entendemos por dicha, que es, en efecto, el fines, a los cuales el hombre puede ser conducido por la naturaleza
verdadero fin último de nuestra naturaleza (no hablo de la libertad). Es exterior y su propia naturaleza. Es la materia de todos sus fines sobre la
que nuestra naturaleza no se ha hecho para reducirse y contenerse en el tierra, y si se ha constituido como todo su fin, no puede ponerse de
goce y el placer. Por otra parte, tan no es que la naturaleza haya tratado al acuerdo con su destino, y hele aquí incapaz de dar un objeto final a su
hombre con favor y le haya concedido mayor bienestar que a todos los propia existencia. No queda, pues, más de todos los fines que el hombre
animales, que en sus malos efectos, como la peste, el hambre, las puede proponerse en la naturaleza, que la condición formal, subjetiva, o
inundaciones, el frío, la hostilidad de los demás animales grandes y la facultad de proponerse fines en general y (mostrándose independiente
pequeños, no le distingue de cualquier otro animal. Y además, la lucha de de la naturaleza en la determinación de sus fines) servirse de la misma
los pensamientos de su naturaleza le arroja en los tormentos que él mismo como de un medio, conforme a las máximas de sus libres fines en
se forja, y por el espíritu de dominación, por la barbarie de las guerras y general. Tal debe ser, en efecto, el círculo de la naturaleza, relativamente
otras cosas de este género, agobia a sus semejantes de males y trabajos al objeto final que se halla colocado fuera de ella, y tal puede ser, por
cuanto puede, para la ruina de su propia especie; de suerte, que, si la consiguiente, su último fin. La producción en un ser racional, de una
naturaleza tuviera por objeto la dicha de nuestra especie, aunque en el facultad que le hace capaz de proponerse fines a su arbitrio, en general
exterior fuese tan benéfica como posible fuera, no la alcanzaría acá en la (por consiguiente, de la libertad), es lo que se llama la cultura. Es, pues,
tierra, puesto que nuestra naturaleza no es capaz de ello para nosotros. El solo la cultura lo que debe mirarse como el último fin de la naturaleza,
hombre no es, pues, siempre, más que un eslabón en la cadena de los relativamente a la especie humana (y no nuestra dicha personal sobre la
fines de la naturaleza; principio, ciertamente, en relación a ciertos fines, tierra, o solamente el privilegio que tenemos de ser el principal
para los cuales parece haber sido destinado por la misma, colocándose instrumento del orden y la armonía en la naturaleza irracional).
por sí mismo como un fin, pero también medio para la conservación de la
finalidad en el mecanismo de los demás miembros. El que sólo posee en Mas toda cultura no constituye este último fin de la naturaleza. La de
la tierra la inteligencia, y por consiguiente, la facultad de proponerse la habilidad116, es sin duda la principal condición subjetiva de nuestra
fines a su arbitrio, es, en verdad, el señor de la naturaleza por su título; y aptitud para perseguir fines en general, pero no basta para constituir la
si se considera ésta como un sistema teleológico, es, por su destino, el fin libertad en la determinación y elección de nuestros fines, la cual, sin
último de la misma, mas con la condición de saber y de querer dar a ella embargo, forma parte esencial de la facultad que tenemos de
y a sí mismo un fin que se pueda bastar a sí propio independientemente, proponérnoslos. La última condición de esta aptitud, podría llamarse la
cultura de la disciplina; es negativa, y consiste en despojar a la voluntad
155
del despotismo de las pasiones, que relacionándonos con ciertas cosas de ven ya los Estados dividirse o resolverse en muchos Estados pequeños, ya
la naturaleza, nos hacen incapaces de elegir por nosotros mismos, porque un Estado unirse a otros más pequeños y tender a formar un todo mayor);
nosotros nos formamos una cadena de inclinaciones que la naturaleza no mas si la guerra es de parte de los hombres una empresa inconsiderada
nos ha dado más que para advertirnos que no se debe despreciar ni dañar (nacida del desarreglo de sus pasiones), quizás oculte también un
el destino de la animalidad en nosotros, dejándonos completamente libres designio de la suprema sabiduría, si no el de establecer, al menos preparar
de retenerlos o dejarlos, de aumentarlos o disminuirlos, según lo que la unión de la legalidad y la libertad de los Estados, y con estas la unidad
exijan los fines de la razón. de un sistema de todos ellos, establecida sobre un fundamento moral; y
no obstante las terribles desgracias de que agobia al género humano, y las
La habilidad no puede ser bien desenvuelta en la especie humana más desdichas quizá mayores todavía que trae en tiempo de paz la necesidad
que por medio de la desigualdad entre los hombres, porque la mayor de hallarse siempre dispuestos para ella, es un móvil que conduce a los
parte de estos están encargados de proveer, por decirlo así hombres a impulsar al más alto grado todos los talentos (alejando siempre
mecánicamente, y sin tener necesidad de ningún arte, a las necesidades de la esperanza del reposo y la dicha pública).
la vida, y mientras que aquellos a quienes proporcionan una vida cómoda
y de ocio, se entregan a la parte menos importante de la ciencia y del arte, En cuanto a la disciplina de las inclinaciones que hemos recibido de la
ellos viven en el sufrimiento, trabajando mucho y gozando poco, aunque naturaleza para llenar la parte animal de nuestro destino, pero que hacen
insensiblemente se aprovechan de la cultura de la clase superior. Pero si muy difícil el desenvolvimiento de la humanidad, se halla en esta
por ambas partes crecen los males igualmente con los progresos de esta segunda condición de la cultura una feliz tendencia de la naturaleza hacia
cultura (que vienen a parar en lujo, cuando la necesidad de lo superfluo un perfeccionamiento que nos hace capaces de fines más elevados que los
empieza ya a dañar la de lo necesario), puesto que los unos se hallan con que puede suministrar la naturaleza. No se pueden evitar los males que se
esto más oprimidos y los otros más insaciables, en todo caso la miseria extienden sobre nosotros desenvolviendo una multitud de insaciables
brillante se halla ligada al desenvolvimiento de las disposiciones pasiones, el perfeccionamiento del gusto llevado hasta la idealización, el
naturales de la especie humana, y el fin de la misma naturaleza, si no lujo en las ciencias, este alimento de la vanidad; pero no se puede
nuestro propio fin, se alcanza por este medio. La condición formal sin la desatender el objeto de la naturaleza, que tiende siempre a separarnos
cual la naturaleza no puede alcanzar este fin último, es una constitución más de la rudeza y de la violencia de las inclinaciones (las inclinaciones
de las relaciones de los hombres entre sí, que en un todo que se llama la al placer) que pertenecen en nosotros la animalidad y nos desvían de un
sociedad civil, opone un poder legal al abuso de la libertad, porque sólo más alto destino, a fin de dar lugar al desenvolvimiento de la humanidad.
en una constitución semejante es como las disposiciones de la naturaleza Las bellas artes y las ciencias, que hacen los hombres, si no moralmente
pueden recibir su mayor desenvolvimiento. Además, suponiendo que los mejores, al menos civilizados, y dándoles placeres que todos pueden
hombres fuesen bastante entendidos para hallar esta constitución y participar y comunicando, a la sociedad la urbanidad y la elegancia,
bastante prudentes para someterse voluntariamente a su fuerza, se disminuyen mucho la tiranía de las inclinaciones físicas, y con esto
necesitaría todavía un todo cosmopolita, es decir, un sistema de todos los preparan al hombre al ejercicio del dominio absoluto de la razón,
Estados expuestos para unirse los unos con los otros. En ausencia de este mientras que al mismo tiempo en parte los males de que nos aflige la
sistema, y con los obstáculos que la ambición, el deseo de la dominación naturaleza, en parte el intratable egoísmo de los hombres, someten o
y la avaricia, principalmente entre los que tienen el poder, oponen a la ensayan las fuerzas del alma, los acrecientan y afirman, y nos hacen
realización de semejante idea, no se puede evitar la guerra (en la cual se sentir esta aptitud para fines superiores que está oculta en nosotros117.
156
que en el orden de los fines no dependa de ninguna otra condición más
que de su idea.
§ LXXXIII Del objeto final de la existencia del mundo, es decir, de la
creación misma Luego no hay más que una especie de seres en el mundo cuya
causalidad sea teleológica, es decir, dirigida hacia los fines, y que al
El objeto final es aquel que no supone ningún otro como condición de mismo tiempo se representen la ley, conforme a la cual han de
su posibilidad. determinarse aquellos, como incondicional e independiente de las
condiciones de la naturaleza, como necesaria en sí. Esta especie de seres
Si para explicar la finalidad de la naturaleza, no se admite otro la constituye el hombre, mas el hombre considerado como fenómeno; es
principio que su mecanismo, no se puede preguntar por qué existen las el solo ser de la naturaleza en quien podemos reconocer, como su carácter
cosas que hay en el mundo; porque en este sistema idealista no se trata propio, una facultad supra-sensible (la libertad), y aun la ley y el objeto
más que de la posibilidad física de las cosas (que no se podrían concebir que esta facultad puede proponerse como fin supremo (el soberano bien
como fines sin disparatar), y sea que se atribuya esta forma de las cosas a en el mundo).
la casualidad, sea que se atribuya a una pura necesidad, en los dos casos
esta cuestión sería inútil. Mas si admitimos el enlace de los fines en el Considerando el hombre (así como todo ser racional en el mundo)
mundo como real y como suponiendo una especie particular de como ser moral, no se puede preguntar, por qué (quem in finem) existe.
causalidad, a saber, la de una causa intencional, no podemos reducirnos a Su existencia tiene en sí misma un fin supremo, y se puede someter a ella
esta cuestión: ¿por qué ciertos seres del mundo (los seres organizados) toda la naturaleza, en tanto que se halla en él, a menos que no pueda
tienen tal o cual forma, y se hallan en tales o cuales relaciones con los ceder a la influencia de la naturaleza, sin despojarse de ella. Si, pues,
demás seres de la naturaleza? Desde que una vez se ha concebido un todas las cosas del mundo, en tanto que seres condicionales, en cuanto a
entendimiento como la causa de la posibilidad de esta formas, como las su existencia, exigen una causa suprema que obre conforme a fines, el
hallamos realmente en las cosas, es imposible no investigar el principio hombre es el objeto final de la creación, de lo contrario, la cadena de los
objetivo que ha podido determinar esta causa inteligente a producir un fines subordinados unos a otros, no tendría principio; y es solamente en el
efecto de esta especie, y este principio es el objeto final por el que estas hombre, pero en el hombre considerado como sujeto de la moralidad, en
cosas existen. quien se halla esta legislación incondicional, relativamente a los fines que
le hacen sólo capaz de ser el objeto final, al cual toda la naturaleza debe
He dicho más arriba que el objeto final no era un objeto que la hallarse teleológicamente subordinada118.
naturaleza basta a determinar y alcanzar, puesto que es incondicional. En
efecto, nada hay en la naturaleza (considerada como cosa sensible), cuyo
principio determinante no sea a su vez condicional, si se busca este
principio en la naturaleza misma, y esto no es cierto solamente en la
naturaleza exterior (material) sino también en la naturaleza interior
(pensante), a no considerar en mí, bien entendido, más que lo que es
naturaleza. Mas una cosa que debe ser necesariamente, en virtud de su
naturaleza objetiva, el objeto final de una causa inteligente, debe ser tal,
157
las cosas que podemos comprender por medio de ciertos fines, pero no
§ LXXXIV De la teología física determina bastante este concepto, ni bajo el punto de vista teórico, ni bajo
el punto de vista práctico, y no llega al término de sus esfuerzos, que es el
La teología física119 es la tentativa, por la cual la razón, pretende fundar una teología; sino que ella no es más que una teleología física. En
deducir de los fines de la naturaleza (los cuales no pueden ser conocidos efecto, ella no considera y no debe considerar la relación de los fines más
más que empíricamente) la causa suprema de la misma y los atributos de que como condicional o dependiente de la naturaleza, y por consiguiente,
esta causa. La tentativa, por la cual la razón pretendiera el deducir del fin no puede haber cuestión acerca del fin por el cual la naturaleza misma
moral de los seres racionales de la naturaleza (fin que puede conocerse a existe (cuyo principio debe buscarse fuera de ella), y sin embargo es
priori) esta causa y sus atributos, constituiría la teología moral120. sobre la idea determinada, de este fin sobre la que descansa el concepto
determinado de la causa suprema o inteligente del mundo, y por
La primera precede naturalmente a la segunda. Porque cuando consiguiente, la posibilidad de una teología.
queremos deducir teleológicamente de las cosas que hay en el mundo una
causa del mismo, es necesario que la naturaleza nos haya presentado Cuál es la utilidad recíproca de una cosa en el mundo; en qué sirven a
primero fines que nos conduzcan a buscar un fin último, y de este modo esta cosa los diversos elementos de ella; cómo estamos fundados para
al principio de la causalidad de esta causa suprema. admitir que no hay nada inútil en el mundo, sino que todo es bueno para
algo en la naturaleza, desde que se supone que ciertas cosas deben existir
El principio teleológico nos permite y nos ordena someter la (como fines); todas estas cuestiones, en que nuestra facultad de pensar no
naturaleza a nuestra investigación, sin inquietarnos por el principio de halla en la razón otro principio, para explicar la posibilidad del objeto de
esta finalidad que encontramos en ciertas producciones de aquella. Mas si sus juicios teleológicos necesarios, que el que consiste en subordinar el
de esto se quiere sacar un concepto, no se obtiene otra luz que esta simple mecanismo de la naturaleza a la arquitectónica de una causa inteligente
máxima del juicio reflexivo, a saber: que aun cuando no hallásemos en la del mundo, las resuelve excelentemente el estudio teleológico del mundo
naturaleza más que una sola producción organizada, nos sería imposible, con gran admiración nuestra. Mas como los datos, y por consiguiente los
conforme a la constitución de nuestra facultad de conocer, el suponer otro principios que sirven para determinar este concepto de una causa
principio que el de una causa inteligente de la naturaleza misma (sea de inteligente del mundo (como artista supremo son) puramente empíricos,
toda la naturaleza, sea solamente de esta producción). Luego este no se pueden deducir otros atributos que los que la experiencia nos revela
principio del juicio no nos hace dar un paso más en la explicación de las para los mismos efectos de esta causa. Luego la experiencia, no pudiendo
cosas y su origen, pero nos abre, sin embargo sobre la naturaleza una jamás abrazar el sistema entero de la naturaleza, debe muchas veces (al
perspectiva que nos conducirá quizás a determinar mejor el concepto, tan menos en apariencia) contrariar este concepto y suministrar argumentos
estéril por otra parte, de un Ser supremo. contradictorios; y si, por otra parte, estuviésemos en estado de abrazar
empíricamente todo el sistema de la naturaleza, no podríamos nunca
Yo pretendo que la teleología física, tan lejos como se quiere llevar, elevarnos por medio de la misma hasta el fin de su misma existencia, y
no puede enseñarnos nada del objeto final de la creación, porque no toca por aquí, hasta el concepto determinado de la suprema inteligencia.
esta cuestión. Puede muy bien justificar el concepto de una causa
inteligente del mundo, si no se trata más que de un concepto puramente Si se aminora la cuestión, cuya solución se busca en la teología física
subjetivo o relativo a nuestra facultad de conocer, sobre la posibilidad de esta solución parece fácil. En efecto; si se rebaja el concepto de la
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Divinidad hasta concebirle como cualquiera ser inteligente, como un ser de la idea arbitraria de una causa única y soberanamente perfecta, fines
que puede indiferentemente ser o no único, que tiene muchos y muy sagrados y benéficos cuya prueba no encontraban, casi no podían formar
grandes atributos, pero que no tiene los que exige en general una otro juicio sobre la causa suprema del mundo, y seguían en esto con
naturaleza con el fin más grande posible, o si no se tiene escrúpulos en mucha consecuencia, las máximas del uso teórico de la razón. Otros
llenar, en una teoría por medio de adiciones arbitrarias, los vacíos que queriendo ser teólogos, porque eran físicos, pensaron que satisfacerían a
han dejado los argumentos, y que allí donde no hay el derecho de la razón, proponiendo, para llenar la condición que esta exige, a saber, la
reconocer más que mucha perfección (y ¿qué es lo mucho para absoluta unidad del principio de la naturaleza de las cosas, la idea de un
nosotros?), nos creemos autorizados para suponer toda la perfección ser o de una sustancia única, de la cual todas las cosas en conjunto no
posible, entonces la teleología física puede aspirar al honor de fundar una fueran más que determinaciones. Según estos, este ser no sería la causa
teología. Mas si se nos pide el que mostremos lo que nos obliga y nos del mundo por su inteligencia, sino que contendría, en tanto que
autoriza a hacer estas adiciones, buscaremos en vano nuestra justificación sustancia, toda la inteligencia de los seres del mundo. Por consiguiente,
en los principios del uso teórico de la razón, porque exigen absolutamente nada produciría según fines, sino todas las cosas, en virtud de la unidad
que al explicar un objeto de la experiencia, no se le atribuyan más de la sustancia de que ellas serían puras modificaciones, deberían
cualidades que las que se hallen como datos empíricos de su posibilidad. necesariamente concertarse entre sí en esta sustancia, aunque en ella no
Un examen más detenido nos mostraría que no existe en nosotros a priori hubiese ni fin ni designio. Así es que introdujeron el idealismo de las
una idea de un Ser supremo que descanse sobre un procedimiento distinto causas finales: en lugar de esta unidad, tan difícil de explicar, de multitud
de la razón (el procedimiento práctico), y que nos lleve a completar y de sustancias ligadas entre sí, conforme a fines y dependientes de la
elevar al rango de un concepto de la Divinidad la representación causalidad de una sustancia, admitieron una simple inherencia en una
imperfecta que nos da del principio de los fines de la naturaleza la sustancia. Este sistema, que muy pronto considerado respecto de los seres
teleología física, y entonces no caeríamos más en el error de creer que del mundo inherentes a esta sustancia, vino a constituir el panteísmo, y
hemos obtenido esta idea, y con ella la teología, y todavía menos, que con (más tarde) respecto de la materia única, el spinosismo, destruía, más
esto hemos probado la realidad por medio del uso teórico de la razón, bien que resolverla, la cuestión del primer principio de la finalidad de la
aplicado al conocimiento físico del mundo. naturaleza, no viendo en este último concepto, al que quitaba toda su
realidad, más que una falsa interpretación del concepto ontológico
No se debe hacer tan gran reproche a los antiguos por haber concebido universal de un ser en general.
dioses muy diferentes entre sí por sus atributos y por sus designios, y
haberlos encerrado todos en los límites de nuestra condición, sin siquiera Si, pues, nos limitamos a los principios teóricos de la razón (sobre los
exceptuar el primero de ellos. En efecto; al considerar la disposición y la cuales solo se apoya la teología física), no llegaremos nunca a un
marcha de las cosas de la naturaleza, se creerían suficientemente concepto de la Divinidad, que baste para todas las cuestiones teleológicas
autorizados para admitir como causa de la naturaleza algo más que un que suscite la naturaleza. O bien, en efecto, tomaremos toda teleología
puro mecanismo, y a sospechar, tras de las causas mecánicas de este por una pura ilusión de nuestra facultad de juzgar en los juicios que
mundo, designios de ciertas causas superiores, que no podían concebir forma sobre la relación causal de las cosas, y nos limitarernos al principio
más que como sobre humanas. Mas como veían que en el mundo, a los del puro mecanismo de la naturaleza, explicando por medio de la unidad
ojos de los hombres al menos, el mal se halla mezclado con el bien, el de la sustancia, cuya naturaleza no es más que la manifestación variada,
desorden con la armonía, y que no podían permitirse el invocar en favor esta apariencia de finalidad universal que en ella hallamos. O bien, si no
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nos contentamos con este idealismo de causas finales, y queremos dejar sistema teleológico, cómo y con qué derecho puedo yo extenderla a mi
relacionados con el realismo de esta especie de causalidad, podremos arbitrio y completarla hasta el punto de hacer de ella la idea de un ser
admitir indiferentemente para explicar los fines de la naturaleza muchos infinito y todo sabio, este concepto tan limitado de una inteligencia
seres inteligentes o uno solo. En tanto que no podamos fundar el primera, del poder y la voluntad que han de realizar sus ideas, etc., yo
concepto de este ser más que sobre principios empíricos, sacados de la puedo fundarlo sobre mi débil conocimiento del mundo. Para que esto
finalidad real de las cosas del mundo, nos será imposible de una parte fuese teóricamente posible, sería necesario poseer la omnisciencia, a fin
hallar un remedio al desorden que nos muestra la naturaleza en muchos de satisfacer en su conjunto los fines de la naturaleza, y ser capaz además
ejemplos, y por el cual parece violar la unidad de fines, y de otra parte, de concebir todos los demás planes posibles, en comparación de los
sacar de los principios un concepto de una causa inteligente y única, cuales el plan actual debería juzgarse el mejor. Porque sin este
suficientemente determinada por una teología útil, de cualquier especie conocimiento completo del efecto, no se puede llegar a un concepto
que sea (teórica o práctica). determinado de la causa suprema, la cual no debe buscarse más que en el
de una inteligencia finita bajo todos respectos, es decir, en el de la
La teleología física nos lleva ciertamente a buscar una teología, pero Divinidad, y no puede dar un fundamento a la teología.
no puede producir ninguna, por lejos que vayamos en la investigación
empírica de la naturaleza, aun cuando apeláramos a los medios de la Así, conforme al principio indicado anteriormente, cualquier extensión
relación final que en ella hallamos, ideas de la razón (las cuales en las que tome la teleología física, debemos limitarnos a decir que en virtud de
cuestiones físicas deben ser teóricas). Pero ¿a qué, se preguntará con la constitución y de los principios de nuestra facultad de conocer, no
razón, dar por principio a todas estas disposiciones un entendimiento que podemos concebir la naturaleza en sus combinaciones, en donde no
no podemos medir, y que arregla este mundo, según fines, si la naturaleza hallamos finalidad más que como la obra de una inteligencia, a la cual se
no nos dice, ni puede decirnos, nada de su objeto final? Porque si no halla subordinada. Mas en cuanto a saber si esta inteligencia ha
conocemos este objeto, no podemos referir todos estos fines de la concebido y producido el todo por un objeto final (que no residiría en la
naturaleza a un punto común, y formar un principio teleológico que nos naturaleza del mundo sensible), es lo que la investigación teórica de la
baste, sea para servir todos estos fines juntamente en un sistema, sea para naturaleza no puede enseñarnos. Cualquiera que sea el conocimiento que
hacernos de la inteligencia suprema, considerada como causa de una tengamos de la naturaleza, es imposible decidir si esta causa suprema la
naturaleza semejante, un concepto que pueda servir de medida al juicio ha producido en vista de un objeto final, o si su inteligencia no ha sido
en su reflexión teleológica sobre esta naturaleza. Yo tendría entonces determinada para la producción de ciertas formas por la sola necesidad de
ciertamente una inteligencia artista121 para fines dispersos, pero no una su naturaleza (de una manera análoga a la que llamamos en los animales
sabiduría para un objeto final, y es, sin embargo, en este objeto final un arte instintivo), sin que se le deba atribuir por esto la sabiduría, y con
donde se debe buscar la razón determinante de esta inteligencia. Luego menor razón una sabiduría suprema y ligada a todos los otros atributos
sin este objeto final que la razón pura puede solo indicar (puesto que necesarios a la perfección de su obra.
todos los fines en el mundo se hallan sometidos a condiciones empíricas,
y no pueden contener nada que sea absolutamente bueno, sino algo bueno La teología física, que no es más que una mala aplicación de la
para tal o cual objeto, por sí mismo contingente, y que me enseñara los teleología física, no es, pues, útil a la teología más que como preparación
atributos y el grado que debería concebir en la causa suprema, la relación (como propedéntica), y no es propia para este fin más que con el auxilio
que deba establecer entre ella y la naturaleza, para juzgar esta como un
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de un principio extraño, sobre el cual ella se apoya, y no por sí misma de sí mismo, y que consiste en lo que hace, en su manera de obrar y en
como su nombre parece indicar. los principios que le dirigen, no como miembro de la naturaleza, sino
como agente libre, una buena voluntad, en una palabra: he aquí la sola
cosa que puede dar a la existencia del hombre un valor absoluto, y a la
del mundo un fin último.
§ LXXXV De la teología moral Los espíritus más vulgares, por poco que se llame su atención sobre
esta cuestión, están contestes en afirmar que el hombre no puede ser el fin
La interferencia más ordinaria, al pensar en la existencia de las cosas último de la creación, más que como ser moral. ¿De qué sirve, se dirá,
del mundo y en la del mundo mismo, no puede por menos de juzgar que que este hombre tenga tanto talento y actividad a la vez, que ejerza por
todos los diversos seres creados de los que se halla el mundo lleno, este medio una influencia tan útil sobre la república, y que relativamente
cualquiera que sea el arte que se halle en su constitución, cualquiera que a sus propios intereses como a los de otro, tenga tan gran valor, si carece
sea su variedad, y cualquiera la finalidad que se descubra en su de una buena voluntad? Es un objeto de desprecio, si se considera en su
constitución general, y el conjunto mismo de tantos sistemas existiría en interior; y a menos que la creación no tenga absolutamente fin último, es
vano, si en él no hubiera hombres (seres racionales en general), es decir, necesario que este hombre, que como tal también pertenece a ella, pero
que sin los hombres, toda la creación estaría de más, sería inútil y no que en tanto que hombre malo es el sujeto de un mundo sometido a leyes
tendría un objeto final. Luego no es en el hombre la facultad de conocer morales, haga abstracción conforme a estas leyes, de su fin subjetivo (de
(la razón teórica) la que da un valor a todo lo que existe en el mundo, es su dicha), para que su existencia pueda conformarse con el fin último de
decir, que el hombre no existe para que haya alguien que pueda la creación.
contemplarlo. En efecto, si esta contemplación no nos representa más que
cosas sin objeto final, el sólo hecho de ser conocida no puede dar al Cuando, pues, descubrimos en el mundo un orden de fines, y que
mundo ningún valor, y es necesario ya suponerle un objeto final que, por como la razón lo exige necesariamente, subordinamos los fines
sí mismo se lo de a la consideración del mundo. Tampoco buscaremos en condicionales a uno último incondicional, es decir, a un objeto final, es
el sentimiento del placer ni en la suma de placeres el objeto final de la evidente desde luego que no se trata entonces de un objeto interior de la
creación: el bienestar, el placer (sea corporal o espiritual), la dicha, en naturaleza, dado como existente, sino del objeto de su existencia misma,
una palabra, no contienen la medida de este valor absoluto. En efecto, de así como de todas sus disposiciones, por consiguiente, del último objeto
que el hombre, desde que existe, haga de la dicha su fin último, no se de la creación, y en este, de la condición suprema que solo puede
sigue, que sepamos, por qué existe en general, ni qué derecho tiene a determinar un objeto final (es decir, del motivo que determina una
hacer su existencia agradable. Es necesario que se considere ya como el inteligencia suprema a producir las cosas del mundo).
fin último de la creación para tener una razón que necesite la armonía de
la naturaleza con su dicha, cuando la consideración teleológicamente Luego colocando en el hombre, considerado solamente como ser
como un todo absoluto. Así la facultad de querer, no la que hace al moral, el objeto de la creación, tenemos desde luego una razón, o al
hombre dependiente de la naturaleza (por los móviles de la sensibilidad), menos la principal condición para estar autorizados a mirar el mundo
y que no da a su existencia otro valor que el que resulta de su capacidad como un conjunto de fines, como un sistema de causas finales; pero
para el placer, sino aquella por la cual puede darse un valor que proviene tenemos principalmente, respecto a la relación, necesaria para nosotros,
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conforme a la constitución misma de nuestra razón, de los fines de la atención sobre los fines de la naturaleza, y nos provoca al estudio de este
naturaleza a una causa inteligente del mundo, un principio que nos arte maravilloso que se oculta detrás de sus formas, empeñándonos en
permite concebir la naturaleza y los atributos de esta causa primera, buscar incidentalmente en los fines de la naturaleza una confirmación de
considerada como el principio supremo de un reino de fines, y que las ideas suministradas por la razón pura práctica. En efecto, el concepto
determina en ella el concepto de este modo, lo que la teleología física era de seres del mundo sometidos a leyes morales, es un principio a priori,
incapaz de hacer, puesto que no podía darnos más que conceptos conforme al cual el hombre debe juzgarse necesariamente, y la razón
indeterminados, y por consiguiente inútiles, bajo el punto de vista teórico reconoce también a priori como un principio que le es necesario para
y bajo el punto de vista práctico. juzgar teleológicamente la existencia del mundo, que si hay realmente
una causa que obra con intención y en vista de un fin, esta relación moral
Apoyados sobre este principio así determinado de la causalidad del debe contener la condición de la posibilidad de una creación tan
Ser supremo, no miramos solamente este ser como la inteligencia necesariamente, como la que se funda sobre las leyes físicas (si esta causa
legisladora de la naturaleza, sino también como el supremo legislador del inteligente tiene su objeto final). Toda la cuestión está en saber si
mundo moral. En su relación con el Soberano bien, que no es posible más tenemos un motivo suficiente por la razón (especulativa o práctica) para
que bajo su imperio, o con la existencia de seres racionales bajo leyes atribuir un objeto final a la causa suprema que obra conforme a fines.
morales, le atribuiremos la omnisciencia, a fin de que pueda penetrar en Porque que este objeto, conforme a la constitución subjetiva de nuestra
lo más profundo de nuestros corazones (porque allí es verdaderamente razón, y aun conforme a lo que podemos concebir de la razón de otros
donde se debe buscar el valor moral de las acciones de los seres seres, no puede ser más que el hombre sometido a leyes morales, es lo
racionales); la oninipotencia, a fin de que pueda apropiar la naturaleza que podemos tener por cierto a priori; mientras que, por el contrario, es
entera a este fin supremo; la suma bondad y la suma justicia, para que imposible a priori conocer los fines de la naturaleza en el orden físico, y
estos atributos (en unión de la sabiduría) constituyan las condiciones de principalmente comprender que una naturaleza no pueda existir sin ellos.
la causalidad de una causa suprema del mundo, considerada como
produciendo el soberano bien, conforme a las leyes morales; y OBSERVACIÓN
concebiremos también en este ser todos los atributos trascendentales,
como la eternidad, la omnipresencia, etc. (porque el bien y la justicia son Supongamos un hombre en un momento en que su espíritu es llevado
atributos morales), puesto que este mismo objeto final los supone. De al sentimiento moral. Aunque halle en medio de una bella naturaleza un
esta manera, la teleología moral llena los vacíos de la teleología física, y placer tranquilo y sereno en el sentimiento de su existencia, siente
funda, por último, una teología; porque si la teleología física nada da a la también en sí la necesidad de dar gracias por ello a cualquier ser, o bien si
otra sin saberlo, y obra consecuentemente, no podrá fundar por sí misma en otra ocasión halla el mismo placer en el sentimiento de sus deberes,
más que una demonología incapaz de todo concepto determinado. que no puede ni quiere cumplir más que por un voluntario sacrificio,
siente la necesidad de pensar que ha cumplido por esto mismo con una
Mas el principio de relación del mundo a una causa suprema, orden, y ha obedecido al señor soberano; o bien todavía, si ha obrado sin
concebida como Dios, en tanto que se considera en el mundo el destino reflexión contra su deber, pero sin tener que responder a los hombres,
moral de ciertos seres, este principio no funda sólo una teología, siente que los remordimientos interiores levantan en él la voz severa,
completando la prueba física teleológica, y por consiguiente, tomando como si fuera la palabra de un juez, ante el cual hubiese de comparecer;
esta por base, sino que se basta también a sí mismo, y él mismo llama la en una palabra, tiene necesidad de una inteligencia moral, puesto que el
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objeto mismo para que existe, exige un ser que sea su causa y ella del
mundo, conforme a este objeto. Sería inútil suponer móviles ocultos De todo esto, es necesario, pues, aquí deducir únicamente, que si el
detrás de estos sentimientos, porque se hallan inmediatamente ligados a temor ha podido producir los dioses, la razón es la que por medio de sus
las más puras disposiciones morales, puesto que el reconocimiento, la principios morales, ha podido producir el concepto de Dios (aun cuando
obediencia y la humildad (la sumisión a un castigo merecido), dicen seamos muy ignorantes, como sucede comúnmente en la teleología de la
disposiciones de espíritu favorables al deber, y que el que intente naturaleza, o quizá embarazados por la dificultad de explicar, con la
desenvolver sus disposiciones morales, coloca voluntariamente ante sí ayuda de un principio suficientemente establecido fenómenos
por el pensamiento un ser que no existe en el mundo, a fin de llenar contradictorios), y que el destino moral de nuestra existencia, añadido a
también sus deberes para con él, si hay lugar. Es, pues, al menos una cosa lo que falta al conocimiento de la naturaleza, enseñándonos a concebir
posible, cuyo principio se halla en nuestros sentimientos morales, y es la por objeto final, al cual es necesario referir la existencia de todas las
necesidad puramente moral de admitir la existencia de un ser, que de a cosas, y que no puede satisfacer la razón en tanto que es moral, una causa
nuestra moralidad más fuerza y aun extensión (al menos según nuestro suprema dotada de atributos que la hacen capaz de someter toda la
modo de representación), proponiéndose un nuevo objeto, es decir, el naturaleza a este sólo objeto (de la cual no es más que instrumento), es
admitir fuera del mundo un legislador moral sin pensar en la prueba decir, un verdadero Dios.
teórica, y todavía menos en nuestro interés personal, sino por un motivo
puramente moral y libre de toda influencia extraña, (pero completamente
subjetiva), bajo la sola autoridad de una razón puramente práctica que
saca sus leyes de sí misma. Y aunque semejante disposición de espíritu se
produzca rara vez o no se prolongue, aunque sea fugitiva y sin efecto § LXXXVI De la prueba moral de la existencia de Dios
duradero, a menos que no se aplique a discernir el objeto representado en
esta sombra, y que se esfuerce en reducirla a conceptos claros, no se Hay una teleología física que suministra a nuestro juicio teórico
puede, sin embargo, negar que no hay en nosotros una disposición moral reflexivo una prueba suficiente para admitir la existencia de una causa
que nos lleve, como principio subjetivo, a no contentarnos, en la inteligente del mundo. Mas hallamos también en nosotros mismos, y
consideración de la naturaleza, con una finalidad establecida por medio principalmente en el concepto de un ser racional en general dotado de
de causas naturales, sino a suponerle una causa suprema que gobierna la libertad, una teleología moral. En verdad, como aquí se trata de fines o de
naturaleza conforme a principios morales. Añadamos a esto que nos leyes que pueden ser determinadas a priori como necesarias, esta
sentimos obligados por la ley moral a inclinarnos a un objeto supremo teleología no tiene necesidad, para establecer esta legislación interior de
universal, pero incapaces al mismo tiempo, así como toda la naturaleza, una causa inteligente existente fuera de nosotros; lo mismo que cuando
para alcanzar este objeto, y que esto no es, sin embargo, más que hallamos en las propiedades geométricas alguna finalidad (para toda clase
inclinándonos en cuanto podemos a ponernos en armonía con el objeto de aplicaciones en el arte), no tenemos necesidad de haber recurrido a un
final de una causa inteligente del mundo (si existe semejante causa), de entendimiento supremo que se las haya asignado. Mas esta teleología
suerte que hallamos en la razón práctica un motivo puramente moral para moral se aplica a nosotros, en tanto que seres del mundo, y por
admitir esta causa (puesto que se puede sin contradicción), para no consiguiente, en tanto que seres ligados en el mundo con las otras cosas,
hallarnos expuestos a mirar nuestros esfuerzos como completamente y estas mismas leyes morales nos imponen la necesidad de juzgar estas
perdidos y dejarnos desalentar por esto. cosas, sea como fines, sea como objetos, relativamente a los cuales
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nosotros mismos somos el objeto final. Luego una teleología moral, que Luego, si existe cuestión acerca del orden teleológico, es un principio
implica una relación de nuestra propia causalidad a los fines y aun a un al cual la razón más vulgar se halla obligada a conceder inmediatamente
objeto final, que debemos tener en cuenta en el mundo, y recíprocamente su adhesión, que si debe haber necesariamente un objeto final que la
una relación del mundo a este fin moral y a las condiciones exteriores que razón suministre a priori, este objeto final no puede ser más que el
hacen posible su realización (lo que no puede enseñarnos ninguna hombre (o todo ser racional del mundo) en tanto que existiendo bajo
teología física), esta teleología reduce necesariamente la cuestión a saber leyes morales122.
si nuestra razón nos obliga a salir del mundo para dar a esta relación de la
naturaleza con nuestra moralidad interior una causa suprema inteligente, En efecto (según el juicio de cada uno), si el mundo no se compusiera
y poder de este modo representarnos la naturaleza como conforme a la más que de seres inanimados, o aun de seres animados, pero privados de
legislación moral interior y a la ejecución posible de esta legislación. razón, su existencia no tendría ningún valor puesto que no se hallaría en
Hay, pues, ciertamente una teleología moral, y esta teleología se halla él ser que tuviese el menor concepto de valor. Por otra parte, si en él se
ligada de una parte a la nomotética de la libertad, y de otra a la de la hallasen seres racionales, pero cuya razón se limitara a colocar el valor de
naturaleza, tan necesariamente como la legislación civil a la cuestión de la existencia de las cosas en la relación de la naturaleza con ellos mismos
saber en dónde se debe colocar el poder ejecutivo; y en general, ella sirve (con el bienestar), sin ser capaces de procurarse un valor propio (por la
de lazo en todas partes en donde la razón suministra un principio de libertad), serían muy bien fines (relativos) en el mundo, pero no un objeto
realidad de cierto orden de cosas legal, que no es posible más que por final (absoluto), puesto que la existencia de estos seres racionales estaría
medio de ideas. Mostremos a continuación cómo esta teleología moral y ella misma sin objeto. Mas es carácter propio de las leyes morales
su relación a la teleología física conducen la razón a la teología, y prescribir a la razón un fin incondicional, y tal, por consiguiente, como lo
examinaremos después la posibilidad y la solidez de esta manera de exige el concepto de un objeto final; y la existencia de una razón que, en
razonar. el orden de los fines, pueda ser para sí su ley suprema, o en otros
términos, la existencia de seres racionales bajo leyes morales, he aquí lo
Cuando se mira la existencia de ciertas cosas (o solamente de ciertas que sólo puede ser mirado como el objeto final de la existencia del
formas de las cosas) como contingente, y por consiguiente, como no mundo. Si así no fuese, o bien la existencia de este mundo no tendría
siendo posible más que por alguna otra cosa que sirve de causa, se puede objeto para su causa, o bien tendría por principio, fines sin objeto final.
buscar el principio supremo de esta causalidad, y por consiguiente, el
principio incondicional de lo condicional, o bien en el orden físico, o bien La ley moral como condición formal impuesta por la razón al uso de
en el orden teleológico (según el nexus effectivus o el nexus finalis). Es nuestra libertad, nos obliga por sí misma, sin depender de fin alguno
decir, que se puede preguntar cuál es la causa suprema que ha producido como una condición material; pero al mismo tiempo determina a priori un
estas cosas, o bien cuál es el fin supremo (absolutamente incondicional), objeto final, al cual nos obliga a inclinarnos, y este objeto final es el
que ha determinado esta causa a producirlos, o en general a producir todo soberano bien, posible en el mundo para la libertad.
lo que existe. En este último caso, se supone evidentemente que esta
causa es capaz de representarse fines, que por consiguiente es un ser La condición subjetiva que, sin la ley moral, constituye para el hombre
inteligente, o al menos que debemos concebirla como obrando conforme (y según nuestros conceptos para todo ser racional finito) el objeto final
a las leyes de un ser inteligente. de su existencia es la dicha. Por consiguiente, el soberano bien físico que
es posible en el mundo, y que es el objeto final que el hombre debe
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perseguir en tanto que se halla en él, es la dicha, bajo la condición otra parte el resultado de nuestros esfuerzos. La práctica del deber
objetiva de que el hombre se conforme con la ley de la moralidad, es consiste en una voluntad que la cumple seriamente, y no por medio del
decir, que sea digno de ser dichoso. acaso.
Mas estas dos condiciones del objeto final que se nos ha asignado por Supongamos que un hombre impresionado en parte por la debilidad de
la ley moral, no podemos con toda nuestra razón, representárnoslas todas las pruebas especulativas tan vanas y en parte por las
reunidas conforme a la idea de este objeto final, por causas puramente irregularidades que nota en la naturaleza y en el mundo moral, se
naturales. El concepto de la necesidad práctica del fin propuesto a persuade de que no hay Dios; sería todavía a sus propios ojos un ser
nuestras facultades, no se conforma con el concepto teórico de la despreciable, si quisiera deducir que las leyes del deber son imaginarias,
posibilidad física de su realización, si no ligamos a nuestra libertad otra sin valor, sin que obliguen, y si tomase en consecuencia la resolución de
causalidad (intermediaria) más que la de la naturaleza. violarlas con atrevimiento. Supongamos también que este mismo hombre
viene a convencerse en seguida de aquello que al principio había puesto
Es necesario, pues, que admitamos una causa moral del mundo (un en duda; será bello el cumplir sus deberes tan puntualmente como se
autor del mundo), para podernos proponer un objeto final, conforme a la pudiera desear; en cuanto a los efectos exteriores de su conducta, no se
ley moral; y en tanto este objeto es necesario en cuanto (en el mismo compadecería menos por un miserable si no obrase así más que por el
grado y por la misma razón), es necesario admitir que hay un Dios123. temor o en la esperanza de una recompensa, sin ningún sentimiento de
respeto por el mismo deber. Si, por el contrario, creyendo absolutamente
Esta prueba, a la cual es muy fácil dar una forma lógica y precisa, no en Dios, llenase sus deberes según el testimonio de su conciencia, de una
significa que es tan necesarlo admitir la existencia de Dios, como manera sincera y desinteresada, pero que viniendo a suponer que pudiera
reconocerel valor de la ley moral, de suerte que el que no pudiese muy bien un día ser convencido de que no hay Dios, se creyese en esta
convencerse de la primera pudiera creerse desligado de las obligaciones hipótesis desligado de toda obligación moral, esta conclusión se
de la segunda. No. Solamente no habría para aquel objeto final que conformaría mal con su sentimiento moral interior.
perseguir en el mundo para el cumplimiento de las leyes morales (o
armonía posible en los seres racionales entre la dicha y el cumplimiento Que se suponga, pues, un hombre honrado (como Spinosa, por
de las leyes morales, es decir, del soberano bien). Todo ser racional en ejemplo),124 firmemente convencido de que no hay Dios y que no hay
este caso, no se debería reconocer menos estrechamente ligado a la regla tampoco vida futura (puesto que el objeto de la moralidad se halla
de las costumbres, porque las leyes morales son formales, y ordenan sin envuelto en la misma consecuencia), ¿cómo juzgará el destino interior
condición, e independientemente de todo fin (como materia de la que le asigna la ley moral que reverencia en sus acciones? Él no alcanza
voluntad). En cuanto a la otra condición exigida por el objeto final, que la del cumplimiento de esta ley ninguna ventaja personal, ni en este mundo
razón práctica propone a los seres del mundo, es un fin que les impone ni en el otro; quiere, por el contrario, cumplir de una manera
irresistiblemente su naturaleza (ser finitos), pero que la razón somete a la desinteresada el bien que esta santa ley propone a su actividad. Mas su
ley moral como a su condición inviolable, o aunque no quiera ver esfuerzo es limitado, y si puede hallar acá y allá en la naturaleza un
universalmente derivar más que de esta ley, dándonos así por objeto final concurso accidental, no puede alcanzar jamás un concierto regular y
la armonía de la dicha con la moralidad. Tender a este objeto en tanto que constante (como son y deben ser sus máximas interiores) con el fin que,
podamos, he aquí lo que ordena la ley moral, cualquiera que deba ser por sin embargo, se siente obligado y arrastrado a perseguir. El fraude, la
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violencia y la envidia no cesan de cercarle, aunque sea honrado, paciente suprema condición del bien moral126, es decir, de la dicha general con la
y benévolo; y los hombres honrados que encuentran bello el merecer ser mayor moralidad. La posibilidad de una parte de este objeto final, a saber
dichosos, la naturaleza, que no tiene ningún respeto a esta consideración, de la dicha, está sometida a condiciones empíricas, es decir, depende de
los expone, como los otros animales de la tierra a todos los males, a la la constitución de la naturaleza (se trata de saber si ésta se conforma o no
miseria, a las enfermedades, a una muerte prematura, hasta que una vasta con su objeto), y es problemático, bajo el punto de vista teórico; la de la
destrucción los absorbe todos en junto (honrados o malvados, no otra al contrario, a saber, la de la moralidad que excede toda cooperación
importa), y los arroja a los que podían creerse el objeto final de la de la naturaleza, es firmemente establecida a priori, y es dogmáticamente
creación en el abismo de la ciega materia de donde han salido. Así este cierta. La realidad objetiva y teórica del concepto de un objeto final,
hombre honrado debería abandonar como absolutamente imposible este asignado en el mundo a los seres racionales, exige, pues, no solamente
objeto que tenía y debía tener en consideración en el cumplimiento de que un objeto final nos sea propuesto a priori, sino también que la
leyes morales; o si se quiere, permanecerá la voz interior de su destino existencia de la creación, es decir, del mundo mismo, tenga uno también,
moral, y no debilitar el respeto que inmediatamente le inspira la ley de tal suerte, que si este último pudiera ser demostrado a priori, añadiría
moral; y teniendo por imposible el objeto final ideal que esta ley exige (lo la realidad objetiva a la realidad subjetiva del objeto final de los seres
que no puede dejar de llevar algún detrimento al sentimiento moral), será racionales. En efecto, si la creación tiene un objeto final, no podemos
necesario, lo que es posible puesto que no hay menos contradicción que concebirlo de otro modo que conformándose con la moralidad (que solo
bajo el punto de vista práctico, para formar un concepto al menos de la hace posible el concepto de un fin). Encontramos sin duda fines en el
posibilidad del objeto final que moralmente se le ha prescrito que mundo, y la teleología física nos descubre tanto de ellos, que nos
reconozca la existencia de una causa moral del mundo, es decir, de Dios. hallamos autorizados para dar por fundamento a nuestra investigación de
la naturaleza el principio de la razón, de que en la naturaleza no existe
nada sin objeto; pero buscamos en vano el objeto final de la naturaleza en
la naturaleza misma. No se puede ni se debe, por consiguiente, buscar la
posibilidad de este objeto, cuya idea descansa únicamente sobre la razón,
§ LXXXVII Limitación del valor de la prueba moral más que en los seres racionales. Mas la razón práctica de estos seres no
da solamente este objeto final; determina también el concepto, en el
La razón mira, en tanto que facultad práctica, es decir, en tanto que es sentido que determina las condiciones que solo nos permiten concebir un
capaz de determinar por medio de ideas (de conceptos puros de la razón) objeto final de la creación.
el libre uso de nuestra causalidad, no da solamente en la ley moral un
principio regulador a nuestras acciones, sino que nos suministra al mismo Luego la cuestión está en saber si la realidad objetiva del concepto de
tiempo un principio subjetivamente constitutivo en el concepto de un un objeto final de la creación no puede ser también demostrada de una
objeto que sólo la razón puede concebir, y que debe ser realizado en el manera propia para satisfacer las exigencias teóricas de la razón pura,
mundo por nuestras acciones, conforme a esta ley. Esta idea de un objeto sino apodícticamente por el juicio determinante, al menos
final de la libertad, en su conformidad con las leyes morales, tiene, pues, suficientemente por las máximas del juicio teórico reflexivo. Es lo menos
realidad subjetivamente práctica. Somos determinados a priori por la que se puede pedir a la filosofía especulativa, que tiene la pretensión de
razón a concurrir, según nuestras fuerzas, al bien del mundo125, el cual relacionar el fin moral con los fines de la naturaleza por medio de la idea
consiste en la unión del mayor bien físico de los seres racionales, con la
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de un fin único; más también esto es todavía mucho más que lo que ella No deducimos todavía aquí de la teleología moral una teología, es
puede dar. decir, la existencia de una causa moral del mundo, sino solamente un
objeto final de la creación que determinamos de esta manera. Que al
He aquí solamente lo que el principio del juicio teórico reflexivo nos presente esta creación, es decir, una existencia de las cosas subordinadas
autorizaría a decir: si tenemos razón en admitir para explicar la finalidad a un objeto final, exige que admitamos un ser inteligente, y no solamente
de las producciones de la naturaleza una causa suprema de la misma, un ser inteligente (para explicar la posibilidad de las cosas que debemos
cuya causalidad, en tanto que principio de la realidad de esta última (de la mirar como fines), sino un ser moral, en tanto que autor del mundo, es
creación), debe ser concebida como siendo de otra especie que la que decir, un Dios, esta es una segunda conclusión que, como se ve, se funda
exige al mecanismo de la naturaleza, es decir, como la cualidad de una sobre conceptos de la razón práctica, y por consiguiente, se dirige al
inteligencia, tenemos razón en concebir en este ser primero no solamente juicio reflexivo, y no al juicio determinante. En efecto, no podemos
fines para todo lo que existe en la naturaleza, sino también un objeto lisonjearnos de comprender, que puesto que en nosotros la razón
final, no sin duda, de manera que demuestre la existencia de un ser moralmente práctica es esencialmente diferente, en cuanto a sus
semejante, sino de manera al menos (como sucede en la teleología física) principios, de la razón técnicamente práctica, debe ser también del mismo
que nos convenza de que, no solamente no podemos concebir la modo admitida como inteligencia en la causa suprema del mundo, y que
posibilidad de un mundo semejante más que suponiéndole creado una especie de causalidad particular y distinta de la que exigen los fines
conforme a fines, sino que todavía es necesario suponer un objeto final a de la naturaleza, sea necesaria a esta causa para el objeto final; por
su existencia. consiguiente, no podemos lisonjearnos de comprender cómo nuestro
objeto final nos produce una necesidad moral, no solamente de admitir un
Mas este objeto final no es más que un concepto de nuestra razón objeto final de la creación (en tanto que efecto), sino también de admitir
práctica, y no puede sacarse de los datos de la experiencia por servir para un ser moral como principio de la creación. Mas podemos muy bien decir
formar un juicio teórico sobre la naturaleza o un conocimiento de la que conforme a la naturaleza de nuestra razón, nos es imposible concebir
misma. No hay uso posible de este concepto más que por medio de la la posibilidad de una finalidad fundada sobre la ley moral y su objeto, tal
razón práctica, considerada en sus leyes morales; y el objeto final de la como la supone este objeto final sin un autor y un soberano del mundo,
creación es esta constitución del mundo que conforma con lo que no que sea al mismo tiempo un legislador moral.
podemos determinar más que en virtud de ciertas leyes, es decir, con el
objeto final de nuestra razón pura práctica, en tanto que práctica. Luego La realidad de un supremo autor y legislador moral del mundo no está
la ley moral, que nos asigna este objeto final, nos autoriza bajo el punto suficientemente probada más que por el uso práctico de nuestra razón, y
de vista práctico, es decir, por la necesidad misma en que nos hallamos nada se halla teóricamente determinado relativamente a la existencia de
de dirigir nuestras fuerzas hacia este objeto, a admitir la posibilidad, y por este ser. En efecto, la razón para establecer la posibilidad de su fin, que
consiguiente también a admitir una naturaleza que conforme con ella nos asigna además por su propia legislación, tiene necesidad de una idea
(porque si la naturaleza no llenase por medio de su concurso la condición que separe (de una manera suficiente por el juicio reflexivo) el obstáculo
de este objeto final que no está en nuestro poder, sería imposible). opuesto a este fin por el mundo, considerado según el concepto de la
Tenemos, pues, una razón moral para concebir un objeto final de la naturaleza, y esta idea recibe por sí misma una realidad práctica; mas esta
creación. realidad no puede establecerse bajo el punto de vista teórico, por el
conocimiento especulativo, de manera que sirva a la explicación de la
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naturaleza y a la determinación de la causa suprema. La teleología física relación, sólo con este efecto) sin querer determinar la naturaleza íntima
ha probado suficientemente por medio del juicio teórico reflexivo una de esta causa, por las propiedades que la experiencia descubre, la sola
causa inteligente del mundo para los fines de la naturaleza; la teleología cosa que podemos conocer en esta causa, del mismo modo, por ejemplo,
moral la establece por medio del juicio práctico reflexivo para el que atribuimos al alma, entre otras propiedades, una fuerza locomotiva,
concepto de un objeto final, que está obligada a atribuir a la creación bajo puesto que la vemos nacer realmente de los movimbentos corporales,
el punto de vista práctico. La realidad objetiva de la idea de Dios, cuya causa reside en sus representaciones, pero sin pretender atribuirle el
considerado como autor moral del mundo, no puede ser ciertamente único medio que conocemos en las fuerzas motrices (es decir, la
probada únicamente por medio de fines físicos; pero como el atracción, la presión, la impulsión, y por consiguiente, el movimiento que
conocimiento de estos fines se halla ligado al del fin moral, en virtud de suponen siempre un ser extenso), así también debemos admitir algo que
esta máxima de la razón pura de que es necesario perseguir la unidad de contenga el principio de la posibilidad y de la realidad práctica de un
los principios en tanto que se pueda, son de una gran importancia para objeto final, moralmente necesario; pero si concebimos este algo
confirmar la realidad práctica de esta idea con la ayuda de lo que la conforme a la naturaleza del efecto que se espera como un ser sabio, que
razón, bajo el punto de vista teórico suministra al juicio. gobierna el mundo según leyes morales, y si conforme a la constitución
de nuestras facultades de conocer debemos concebirle como una causa
Y aquí, para evitar una mala inteligencia en la cual sería fácil caer, es distinta de la naturaleza, esto no es más que para expresar la relación de
absolutamente necesario notar dos cosas. Primero, no podemos concebir este ser, que excede todas nuestras facultades de conocer, con el objeto de
estos atributos del Ser supremo más que por analogía. En efecto, ¿cómo nuestra razón práctica. No pretendemos aquí atribuirle teóricamente la
querríamos sondar su naturaleza, cuando la experiencia no puede sola causalidad de esta especie que nos sea conocida, a saber, una
mostrarnos nada semejante? Después, estos atributos nos le hacen inteligencia y una voluntad: no pretendemos aún distinguir objetivamente
solamente concebir y no conocer, y no podemos referirlos, a él la causalidad que concebimos en él, relativamente a lo que es para
teóricamente, porque esto miraría al juicio determinante bajo el punto de nosotros un objeto final, de lo que es relativo a la naturaleza (y a su
vista especulativo de la razón; esto sería para él mostrarnos lo que es en sí finalidad en general), como si fuesen distintos en sí mismos: no podemos
la causa suprema del mundo. Mas como no se trata aquí más que de admitir esta distinción más que como subjetivamente necesaria, bajo el
saber, qué concepto debemos formarnos de este ser conforme a la punto de vista de nuestra facultad de conocer y como válida para el juicio
naturaleza de nuestras facultades de conocer, es necesario admitir su reflexivo, y no para el juicio objetivamente determinante. Mas si se trata
existencia para poder atribuir una realidad práctica a un objeto que la de la práctica, un principio regulador (por la prudencia de la sabiduría)
razón práctica nos propone anteriormente a toda suposición de este como el que nos ordena tomar por fin aquello cuya posibilidad no
género, como el objeto de todos nuestros esfuerzos, es decir, para poder podemos concebir, conforme a la naturaleza de nuestra facultad de
concebir como posible un efecto propuesto a nuestra actividad. Aunque conocer, más que de una cierta manera, un tal principio es al mismo
este concepto sea transcendente para la razón especulativa; aunque los tiempo constitutivo, es decir, prácticamente determinante, mientras que
atributos que referimos al ser que ellos nos hacen concebir, empleados este mismo principio, considerado como sirviendo para juzgar la
objetivamente, encubran el antropomorfismo, no deben servir más para posibilidad objetiva de las cosas, no es bajo ningún aspecto teóricamente
determinarla naturaleza de este ser inaccesible para nosotros, sino determinante (no nos dice que no hay para el objeto otra posibilidad que
nosotros mismos y nuestra voluntad. Del mismo modo que designamos la que concibe nuestra facultad de pensar), sino que es un principio
una causa conforme al concepto que tenemos del efecto (pero en su puramente regulador por el juicio reflexivo.
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entonces excelentemente para confirmar esta idea, sin todavía poderla
OBSERVACIÓN fundar, cuanto menos todavía exceder de este medio, puesto que la
investigación de los fines de la naturaleza no recibe más que de su
Esta prueba moral no es un argumento de nueva fecha, aunque la relación con el objeto final este interés inmediato que se muestra tan
exposición de él lo sea, porque es anterior al primer desenvolvimiento de altamente en la admiración que experimentamos por ella, sin pensar en
la razón humana, y ha seguido sus progresos. Desde que los hombres las ventajas que de esto podemos sacar.
comenzaron a reflexionar sobre lo justo y lo injusto, en un tiempo en que
permanecían todavía indiferentes a la finalidad de la naturaleza, y se
servían de esto sin ver en ella otra cosa que el curso ordinario de la
misma, debieron inevitablemente ser conducidos a juzgar que no se
puede en definitiva llegar a esto mismo por un hombre, al conducirse § LXXXVIII De la utilidad del argumento moral
honesta o deshonestamente, con equidad o con violencia, aunque no haya
recogido antes de su muerte, al menos de una manera visible, ninguna La condición impuesta a la razón relativamente a nuestras ideas de lo
recompensa para sus virtudes, ningún castigo para sus faltas. ¿No oían supra-sensible, de encerrarse en los límites de su ejercicio práctico, esta
como una voz interior que les decía que no podía suceder así? Y por condición tiene, en lo que concierne a la idea de Dios, la incontestable
consiguiente, ¿no deberían representarse, aunque oscuramente algo hacia ventaja de evitar a la teología de caer en la teosofía, (es decir, en los
lo que se sentían obligados a inclinarse y en que descansase tal desenlace, conceptos trascendentales en que se extravía la razón) o en la
o que no podían conformar con su destino interior, cuando miraban el demonología (es decir, en una representación antropomórfica del Ser
curso de la naturaleza como el solo orden de las cosas? Podrían sin duda Supremo), y a la religión de cambiar en teúrgia, (la opinión mística
representarse groseramente la manera en que podía repararse una conforme a la cual tendríamos el sentimiento de otros seres supra-
irregularidad de este género (que debe mucho más revelar el espíritu sensibles y una influencia sobre estos seres) o en la idolatría (opinión
humano que la ciega casualidad de la que se querría hacer un principio superticiosa conforme a la cual podríamos hacernos agradables al Ser
para juzgar la naturaleza); mas no podrían sin embargo, concebir como Supremo por otros medios que por nuestras disposiciones morales)127.
principio de la posibilidad de la unión de la naturaleza con su ley moral
interior, más que una causa suprema que gobierna el mundo conforme a En efecto, si se concede a la vanidad o a la presunción de los que
las leyes morales, puesto que hay contradicción en asignar al hombre un intentan razonar sobre lo que excede de los límites del mundo sensible el
objeto final como deber, y en no reconocer fuera de él objeto final a una poder de determinar la menor cosa en este campo bajo el punto de vista
naturaleza en la cual debe alcanzar este objeto. Podían todavía nacer teórico (y de una manera que extiende el conocimiento), si se les permite
muchos absurdos sobre la naturaleza interior de esta causa del mundo; ensalzar sus conocimientos sobre la existencia y la naturaleza de Dios,
mas la relación moral de esta causa con el mundo queda siempre lo que sobre su entendimiento y su voluntad, sobre las leyes de estos dos
debe ser y es fácil de comprender por la razón más vulgar, en tanto que se atributos y las cualidades que de ellos derivan en el mundo, yo desearía
considera como práctica, pero inaccesible a la razón especulativa. saber en dónde se limitarán las pretensiones de la razón. Porque desde
que admiten estos conocimientos se pueden alcanzar muy bien otros (por
Además, según toda verosimilitud, este interés moral atraerá la poco que se aplique su reflexión, como se cree poder hacerlo). Decimos,
atención sobre la belleza y la finalidad de la naturaleza, que sirve sin embargo, que no se puede poner límites a estas pretensiones, más que
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a nombre de cierto principio, y no por la sola razón de que hasta aquí degenerar para nosotros en teosofía, la psicología racional no puede
todas las tentativas en este sentido han sido inútiles, porque esto no jamás venir a ser una pneumatología a título de ciencia extensiva, del
prueba nada contra la posibilidad de un éxito mejor. Luego no hay aquí mismo modo que, de otro lado, ella está segura de no caer en el
otro partido posible que admitir, o bien que relativamente a lo materialismo. La psicología viene a ser así una antropología del sentido
suprasensible no se puede absolutamente determinar nada teóricamente íntimo, es decir, un conocimiento de nuestro yo pensante en vida, y a
(sino de una manera puramente negativa), o bien que nuestra razón título de conocimiento teórico, un conocimiento puramente empírico,
encierra una mina, inútil hasta aquí de no sé qué vastos conocimientos porque relativamente a la cuestión de nuestra existencia eterna, la
reservados para nosotros y para nuestra posteridad. -Mas por lo que toca psicología racional no es una ciencia teórica, sino que descansa sobre una
a la religión, es decir, a la moral en su relación con Dios considerado conclusión única de la teología moral; tanto que ella no es necesaria más
como legislador, si el conocimiento teórico de Dios debiera preceder, que relativamente a esta teleología, es decir, a nuestro destino práctico.
sería necesario que la moral se acomodase a la teología; y no solamente
la legislación exterior y arbitraria de un Ser Supremo ocuparía entonces
el lugar de la legislación interior y necesaria de la razón, sino también
todo lo que nuestro conocimiento de la naturaleza de este ser tuviera de
defectuoso influiría sobre las prescripciones de la moral, y haría la § LXXXIX De la especie de adhesión que reclama una prueba moral
religión contraria a la moralidad. de la existencia de Dios
En cuanto a la esperanza de una vida futura, si en lugar del objeto final Desde luego, toda prueba ya esté fundada sobra una exhibición
que debemos perseguir, conforme a la prescripción de la ley moral, empírica inmediata de lo que debe ser probado (como la prueba por la
pedimos a nuestra facultad teórica de conocer el principio del juicio que observación del objeto o por la experiencia), o bien que se saque a priori
debe formar la razón sobre nuestro destino (juicio que no debe considerar de ciertos principios por medio de la razón, está sometida a la condición
como necesario o como admisible más que bajo el punto de vista de no persuadir solamente, sino de convencer, o al menos de tender a la
práctico), la psicología, aquí como la teología en todos los tiempos, no convicción; es decir, que el principio o la conclusión, no debe solamente
nos da más que un concepto negativo de nuestro ser pensante. Lo que ser un motivo subjetivo (estético), de adhesión128 (una simple apariencia),
quiere decir solamente que ninguno de los actos de este ser o de los sino tener un valor objetivo o ser un principio lógico de conocimiento; si
fenómenos del sentido íntimo pueden recibir una explicación materialista no el entendimiento sería sorprendido, pero no convencido. Es a esta
pero que sobre su naturaleza separada, sobre la duración o el especie de prueba ilusoria a la que pertenece la que se da en la teología
aniquilamiento de su personalidad después de la muerte, toda nuestra natural, sin duda por consecuencia de una buena intención, pero
facultad de conocer no puede obtener por principios especulativos ningún ocultando exprofesa su debilidad cuando se invoca la gran cantidad de
juicio determinante y extensivo. Es necesario, pues, aquí remitirse argumentos, que hablan en favor de una causa intencional de cosas de la
enteramente al juicio teleológico que considera nuestra existencia bajo un naturaleza, y que se pone en práctica este principio puramente subjetivo
punto de vista práctico necesario, y que admite nuestra duración como la de la razón humana, o esta inclinación que le lleva naturalmente a no
condición exigida por el objeto que la razón nos impone de una manera admitir más que un solo principio en lugar de muchos, cuando esto puede
absoluta. Mas al mismo tiempo vemos aparecer (en lugar de lo que nos hacerse sin contradicción, y para completar arbitrariamente el concepto
parecía un perjuicio) esta ventaja; que como la teología no puede jamás de una cosa, juntando algunas condiciones que se hallan para determinar
170
este concepto todas las que le faltan. Porque en verdad, cuando bien sirve para mostrar lo que el objeto es en sí, o bien lo que es para
encontramos en la naturaleza tantas producciones, que son para nosotros nosotros (para los hombres en general), conforme a los principios
signos de una causa inteligente, ¿por qué en lugar de muchas causas de racionales que dirigen necesariamente el juicio que de él formamos (ella
esta especie, no concebimos una sola, y por qué en esta causa, en lugar de versa sobre la verdad o sobre el hombre; esta última expresión
una gran inteligencia, de un gran poder, y así sucesivamente, no aplicándose en su acepción más lata a los hombres). El el primer caso se
concebimos la omnisciencia, la omnipotencia, etc.? En una palabra, ¿por halla fundada sobre principios propios del juicio determinante; en el
qué no la concebimos tal como posee estos atributos, de manera que segundo, sobre principios propios del juicio reflexivo. En este segundo
basten a todas las cosas posibles? Y además, ¿por qué no atribuimos a caso cuando descansa sobre principios puramente teóricos, no puede
este ser único y omnipotente, no solamente una inteligencia para las leyes jamás tender a la convicción; mas si tiene por fundamento un principio
y las producciones de la naturaleza, sino una suprema razón moralmente racional práctico (que por consiguiente tiene un valor universal y
práctica, como a una causa moral del mundo? Este concepto, así necesario), puede muy bien entonces aspirar a una convicción suficiente,
completado, ¿no suministra un principio suficiente para el conocimiento bajo el punto de vista puramente práctico, es decir, a una convicción
de la naturaleza, tanto como la sabiduría moral, y acaso se puede aducir moral. Una prueba tiende a la convicción, sin convencer todavía cuando
una sola objeción fundada de alguna manera contra la posibilidad de es colocada bajo este aspecto, es decir, cuando no contiene más que
semejante idea? Si además se ponen en acción los móviles del alma, y se razones objetivas, que aunque no bastan para dar la certeza, no son
realza su interés vivo por el poder de la elocuencia (de que son muy solamente principios subjetivos del juicio, propios para producir la
dignos), resultará una persuasión del valor objetivo de la prueba, y aun persuasión.
(en la mayor parte de los casos), cierta ilusión saludable, que no nos
permitirá examinar el valor lógico, y que aun nos hará rechazar con Todas las pruebas teóricas se comprenden, o 1.º , en la prueba por un
indignación toda tentativa semejante, como fundada sobre una duda razonamiento lógicamente rigoroso, o 2.º , cuando este género de prueba
impía. No hay nada que decir si no se piensa más que en la utilidad no es posible, en la conclusión por analogía, o 3.º , si esto aún no puede
pública. Mas como no se puede ni se debe olvidar que esta prueba tener lugar, en la opinión verosímil, o 4.º , en fin, lo que es el último
contiene dos partes diferentes, la una, que se refiere a la teleología física, grado, en la suposición de un principio puramente posible de explicación
la otra, a la teleología moral, puesto que la confusión de estas dos partes admitida a titulo de hipótesis. Por lo que yo digo que, desde el primero
no permite reconocer dónde reside la fuerza particular de la prueba, en hasta el último grado, todas las pruebas en general, que tienden a la
qué parte y cómo se puede elaborar, a fin de poner el valor al abrigo del convicción teórica, no pueden producir ninguna adhesión de este género,
examen más severo (si se debe ver obligado a reconocer en parte la cuando se trata de probar la proposición de la existencia de un primer ser,
debilidad de nuestra razón), es un deber para el filósofo (aun cuando no considerado como Dios en el sentido más lato que puede entenderse este
contara para nada el de la sinceridad), de descubrir la ilusión, tan concepto, es decir, como una causa moral del mundo, y por consiguiente,
saludable como pueda ser, que pueda producir tal confusión, y distinguir como un ser capaz de dar al mundo su objeto final.
lo que tiene relación con la persuasión de lo que conduce a la convicción
(dos modos de adhesión que no difieren solamente en el grado, sino en la 1.º En cuanto a la prueba lógicamente rigurosa que va de lo general a
naturaleza), a fin de mostrar en toda su verdad el estado del espíritu en lo particular, se ha demostrado suficientemente en la crítica, que como no
esta prueba, y de poderla someter libremente al examen más severo. Una hay intuición posible correspondiente al concepto de un ser que es
prueba destinada a producir la convicción, puede ser de dos especies: o necesario buscar más allá de la naturaleza, y que así este concepto
171
mismo, en tanto que debe determinarse teóricamente por predicados con un entendimiento (facultad que no conocemos más que en un ser
sintéticos, queda siempre problemático para nosotros, no se puede tener sometido a condiciones sensibles, en el hombre), somos advertidos de
de él ningún conocimiento (un conocimiento que ensanche nada la esfera que no debemos atribuirle este entendimiento propio130.
de nuestro saber teórico), y no se puede subsumir el concepto de un ser
supra-sensible, bajo los principios generales de la naturaleza de las cosas, 3. La opinión verosímil no tiene cabida en los juicios a priori, que nos
para deducir aquel de estos, porque estos principios no tienen valor más hacen conocer algo como completamente cierto, o no nos hacen ponocer
que relativamente a la naturaleza, como objeto de los sentidos. nada del todo. Mas cuando las pruebas dadas que nos sirven de punto de
partida (como aquí los fines de la naturaleza) son empíricas, no se puede
2.º Se puede muy bien de dos cosas heterogéneas, en el punto mismo por su medio concebir nada más allá del mundo sensible, ni conceder a
de su heterogencidad, concebir la una por analogía129 con la otra; mas no juicios que intentasen algo semejante el menor derecho a la verosimilitud.
se puede, apoyándose sobre este punto deducir la una de la otra por En efecto, la verosimilitud es una parte de una certeza posible en cierta
analogía, es decir, transportar de la una a la otra este signo de la serie de razones (razones que se hallan con la suficiente en la relación de
diferencia específica. Así yo puedo concebir la sociedad de los miembros las partes al todo) a las cuales se deben poder agregar de manera que
de una república fundada sobre las reglas del derecho, sirviéndome por completen la prueba insuficiente. Mas si estas razones deben ser
analogía de la ley de la igualdad de la acción, o de la reacción en la homogéneas, como principios de la certeza de un solo y mismo juicio,
atracción y en la repulsión recíproca de los cuerpos, mas yo no puedo puesto que sin esto no formarían juntamente un todo (tal como la
transportar estas determinaciones específicas (la atracción y repulsión certeza), no se puede que una parte de estas razones sea encerrada en los
materiales) a esta sociedad, y atribuirlas a los ciudadanos para constituir límites del mundo sensible, y otra más allá de toda experiencia posible.
un sistema que se llama Estado. Del mismo modo podemos muy bien Por consiguiente, como pruebas puramente empíricas no conducen a nada
concebir la causalidad del Ser Supremo, relativamente a las cosas del supra-sensible, y nada puede llenar lo que falta bajo este respecto a la
mundo, consideradas como fines de la naturaleza, por analogía con la serie de este orden de pruebas, es bello intentar llegar por este medio a lo
inteligencia que sirve de principio a las formas de ciertas producciones, supra-sensible y a un conocimiento de esto, a lo que no nos aproximamos
que llamamos obras de arte (porque no se trata en esto más que del uso en nada, y por consiguiente, no puede haber verosimilitud en un juicio
teórico o práctico que nuestra facultad de conocer puede hacer de este sobre lo supra-sensible, fundado sobre argumentos sacados de la
concepto, conforme a cierto principio relativamente a las cosas de la experiencia.
naturaleza): mas de que entre los seres del mundo es necesario atribuir
inteligencia a la causa de un efecto que juzgamos como una obra de arte, 4. Para que una cosa pueda servir como hipótesis a la explicación de
no podemos en manera alguna deducir por analogía que el ser que es un fenómeno dado, es necesario al menos que su posibilidad sea
enteramente distinto de la naturaleza posee en su relación con ella esta completamente cierta. Todo lo que yo puedo hacer en una hipótesis es
misma causalidad que percibimos en el hombre; porque tocamos aquí renunciar al conocimiento de la realidad (la cual todavía se afirma en una
justamente al punto de la diferencia que concebimos entre una causa opinión presentada como verosímil); yo no puedo ir más lejos. La
sometida a condiciones sensibles, relativamente a sus efectos, y un ser posibilidad de lo que yo tomo por principio de explicación debe al menos
supra-sensible, conforme al concepto mismo que tenemos de este ser; y hallarse fuera de duda, porque de otro modo no habría término para las
no podemos, por consiguiente, transportarle esta cualidad. Precisamente vanas fantasías del espíritu. Por lo que sería una suposición destituida de
porque no podemos concebir la causalidad divina más que por analogía todo fundamento el admitir la posibilidad de un ser supra-sensible
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determinado conforme a ciertos conceptos, porque ninguna de las Hay tres especies de objetos de conocimiento131: las cosas de
condiciones necesarias al conocimiento, en lo que concierne a la opinión132 (opinabile), las cosas de hecho133 (scibile) y las cosas de fe134
intuición, es dada, y no queda otro criterio de esta posibilidad, que el (mere credibile).
principio de contradicción (el cual no puede probar más que la
posibilidad del pensamiento y no la del objeto mismo pensado). 1. Los objetos de puras ideas de la razón no son objetos de
conocimiento, porque no hay experiencia que pueda suministrar de ellos
De todo esto resulta que, relativamente a la existencia del ser primero, la exhibición para el conocimiento teórico, y por consiguiente,
concebido como Dios, o del alma concebida como espíritu inmortal, no relativamente a estos objetos, no hay opinión posible. Así, hablar de
hay para la razón humana, bajo el punto de vista teórico, prueba que opinión a priori, es decir un absurdo, y abrir la puerta a las puras
merezca obtener nuestra adhesión aún en el menor grado; y esto por la ficciones. O bien nuestra proposición a priori es cierta, o bien no contiene
simple razón de que carecemos de todo fundamento para determinar las nada que reclame nuestra adhesión. Las cosas de opinión son, pues,
ideas de lo supra-sensible, puesto que deberíamos tomarlo de las cosas siempre objetos de un conocimiento, empírico al menos pasible en sí (de
del mundo sensible, lo que no conviene de modo alguno a semejante los objetos del mundo sensible), pero imposible para nosotros con el
objeto: y que así, en la determinación de toda ausencia de este objeto, no grado de penetración de nuestras facultades intelectuales. Así el éter de
nos queda más que el concepto de algo que no es sensible, que contiene los nuevos físicos, fluido elástico que penetra todas las demás materias
el último principio del mundo sensible, pero que no nos da ningún (que se halla íntimamente mezclado con ellas), no es más que una cosa de
conocimiento (que extienda nuestro concepto) de su naturaleza interior. opinión; mas es tal que si la penetración de los sentidos exteriores fuese
llevada al más alto grado, podría ser percibido aunque ninguna
observación o ninguna experiencia lo pudiese percibir. Admitir habitantes
racionales en los demás planetas, es una cosa de opinión; porque si
pudiésemos aproximarnos a ellos, lo que es posible en sí, decidiríamos
§ XC De la especie de adhesión producida por una fe práctica por la experiencia si los hay o no; mas no nos aproximamos nunca
bastante para esto, y la cosa queda en el estado de opinión. Mas tener la
Cuando no se considera más que la manera en que una cosa puede ser opinión135 que hay en el universo material espíritus puros, pensantes sin
para nosotros (conforme a la constitución subjetiva de nuestras facultades cuerpo, es la que se llama una ficción136. No es una cosa de opinión, sino
de representacion) objeto de conocimiento (res cognoscibilis) se una pura idea, la que subsiste cuando se abstrae de un ser pensante todo
aproxima entonces a los conceptos, no de los objetos, sino de nuestras lo que tiene de material y se le deja el pensamiento. No podemos decidir
facultades de conocer y del uso que estas pueden hacer de la si el pensamiento subsiste entonces (porque no lo conocemos más que en
representación dada (bajo el punto de vista teórico o práctico); y la el hombre, es decir, unido con su cuerpo). Una cosa semejante es un ens
cuestión de saber si alguna cosa es o no objeto de conocimiento, no es rationis ratiocinantis137 y no un ens rationis ratiocinatoe138. En cuanto al
una cuestión que concierne a la posibilidad de las cosas mismas, sino a concepto de esta última especie de ser, es posible establecer
nuestro conocimiento de estas cosas. suficientemente, al menos para el uso práctico de la razón, la realidad
objetiva, puesto que este uso, que tiene sus principios a priori particulares
y apodícticamente ciertos, pide este concepto.
173
2. Los objetos de los conceptos cuya realidad objetiva puede probarse experiencia propia, y cosas de hecho o que, al menos se suponen tales.
(sea por la razón pura, sea por la experiencia, y en el primer caso por Además debe ser posible llegar por este camino (de la creencia histórica)
medio de datos teóricos o prácticos, mas en todos los casos por medio de a la ciencia; y los objetos de la historia y la geografía, como en general
una intuición correspondiente) son cosas de hecho (res facti)139. Tales son todo lo que es al menos posible de saber en condiciones de nuestras
las propiedades matemáticas de las magnitudes (en la geometría), puesto facultades de conocer, no entran en las cosas de fe, sino en las cosas de
que son capaces de una exhibición a priori, por el uso teórico de la razón. hecho. No hay más que los objetos de la razón pura que pueden ser cosas
Tales son también las cosas o las cualidades de las cosas que pueden ser de fe, pero no en tanto que objetos de la razón pura especulativa, porque
probadas por la experiencia (nuestra propia experiencia o la de otro, por es imposible en este caso colocarlos con certeza entre las cosas, es decir,
medio del testimonio). Mas lo que hay de notable es que entre las cosas entre los objetos de este conocimiento posible para nosotros. Estas son
de hecho se halla también una idea de la razón (a la cual ninguna ideas, es decir, conceptos, de los cuales no se puede asegurar
exhibición puede corresponder en la intuición, y cuya posibilidad por teóricamente la realidad objetiva. Al contrario, el objeto final supremo
consiguiente, no puede probarse por ninguna prueba teórica): es la idea que debemos perseguir y que sólo puede hacernos dignos de ser nosotros
de la libertad, cuya realidad, como realidad de una especie particular de mismos el objeto final de la creación, es una idea que tiene para nosotros
causalidad (cuyo concepto sería trascendente bajo el punto de vista realidad objetiva bajo el punto de vista práctico, y es una cosa; mas como
teórico), tiene su prueba en las leyes prácticas de la razón pura, y no podemos atribuir esta realidad a este concepto bajo el punto de vista
conforme a estas leyes, en las acciones reales, por consiguiente, en la teórico, esto no es más que una cosa de fe para la razón pura. Sucede lo
experiencia. Es de todas las ideas de la razón la sola cuyo objeto es una mismo con Dios o con la inmortalidad, o con las condiciones que nos
cosa de hecho, y debe colocarse entre las scibilia. permiten, conforme a la naturaleza de nuestra (humana) razón, concebir
la posibilidad de este efecto del uso legítimo de nuestra libertad. Mas la
3. Los objetos que relativamente al uso obligatorio de la razón adhesión en las cosas de fe es una adhesión bajo el punto de vista práctico
puramente práctica, deben concebirse a priori (sea como consecuencias, puro, es decir, una fe moral, que no prueba nada por el conocimiento de
sea como principios), pero que son trascendentes para el uso teórico de la razón pura especulativa, sino que no se reduce más que a la razón pura
esta facultad, son simplemente cosas de fe, tal es, el soberano bien para práctica, relativamente al cumplimiento de sus deberes y que no extiende
realizar en el mundo por la libertad. La realidad objetiva del concepto del la especulación o las reglas prácticas de la prudencia, fundadas sobre el
soberano bien no puede demostrarse en ninguna experiencia posible para principio del amor de sí mismo. Si el principio supremo de todas las leyes
nosotros, y por consiguiente, de una manera suficiente para el uso teórico morales es un postulado, la posibilidad de un objeto supremo, y por
de la razón; pero la razón pura práctica nos ordena perseguir este objeto, consiguiente también las condiciones que por sí solas nos permiten
y por consiguiente, es necesario admitir su posibilidad. Este efecto concebir esta posibilidad se hallan pedidas por sí misma. Luego el
ordenado así como las solas condiciones de su posibilidad que conocimiento de esta posibilidad no nos da, en tanto que conocimiento
pudiésemos concebir, a saber, la existencia de Dios y la inmortalidad del teórico, ni saber ni opinión relativamente a la existencia y a la naturaleza
alma, son cosas de fe (res fidei), y de todas las cosas, las únicas que de estas condiciones; esto no es más que una suposición141 admitida bajo
pueden ser designadas de este modo140. En efecto, aunque las cosas que el punto de vista práctico y necesario de nuestra razón considerada en su
no podemos aprender más que por la experiencia de otro, por medio del uso moral.
testimonio, sean creídas, estas no son, sin embargo, cosas de fe, porque
estas cosas han sido, para uno al menos, testimonio de objetos de
174
Aun cuando pudiésemos fundar, con alguna verosimilitud, sobre los completo moral. Es una libre adhesión, no a cosas de las que se puede
fines de la naturaleza que nos suministran tan abundantemente la hallar pruebas dogmáticas para el juicio teórico determinante, ni a cosas a
teleología física, un concepto determinado de una causa inteligente del las cuales nos creemos obligados, sino a cosas que admitimos en favor de
mundo, la existencia de este ser no sería todavía una cosa de fe. Porque un objeto que nos proponemos conforme a las leyes de la libertad, y no
como no la admitiríamos en favor del cumplimiento de nuestro deber, las admitimos como cosas de opinión, sin principio suficiente, sino como
sino solamente para explicar la naturaleza, esto sería simplemente la teniendo su fundamento en la razón (pero solamente con respecto a su
opinión o la hipótesis más conforme a nuestra razón. Mas esta teleología uso práctico) de un modo suficiente para el objeto de esta facultad.
no nos conduce en manera alguna a un concepto determinado de Dios; al Porque sin esto, nuestras ideas; morales, no pudiendo satisfacer las
contrario no se puede hallar este concepto más que en el de una causa exigencias de la razón especulativa que exige una prueba (de la
moral del mundo, porque sólo este nos suministra el objeto final, al cual posibilidad del objeto de la moralidad), no tienen nada de fijas, sino que
no podemos ligarnos más que conduciéndonos conforme a lo que nos vacilan entre las órdenes prácticas y la duda teórica. Ser incrédulo144
prescribe la ley moral como objeto final, por consiguiente a los deberes significa adherirse a la máxima de que no se debe creer en general en el
que ella nos impone. Así no es más que de su relación con el objeto de testimonio; pero falto de fe145 es, el que, porque no encuentra fundamento
nuestros deberes como el concepto de Dios, concebido como la condición teórico para la realidad de estas ideas racionales, les niega todo valor;
de la posibilidad de alcanzar el objeto final de estos deberes, saca la juzga así dogmáticamente. Mas una falta de fe146 dogmática no se puede
ventaja de obtener nuestra adhesión, como cosa de fe; mas este mismo hallar en un espíritu en que dominan las máximas morales (porque la
concepto no puede dar a su objeto el valor de una cosa de fe; porque si la razón no puede ordenar el inclinarse a un objeto mirado como
necesidad del deber es bien clara para la razón práctica, sin embargo, la quimérico); no se puede suponer más que una fe dudosa147, que no ve en
existencia del objeto final de este deber, en tanto que no se halla por la ausencia de una convicción fundada sobre pruebas de la razón más que
completo en nuestro poder, no puede admitirse más que relativamente al un obstáculo, al cual una mirada crítica de los límites de esta facultad
uso práctico de la razón, y por consiguiente, no es prácticamente puede quitar toda influencia sobre la conducta, concediendo en
necesaria como el deber mismo142. compensación el predominio a una adhesión práctica.
175
del alma, perteneciendo a la filosofía teórica, deben demostrarse por sí aquí lo supra-sensible que sirve de principio (la libertad), no suministra
mismos y por hallarse después ligados a lo que exige la ley moral (la cual solamente por medio de la ley determinada de la causalidad que deriva de
no es posible más que bajo la condición de la libertad) y constituir así una él la ocasión del conocimiento de un otro supra-sensible (el objeto final
religión. Mas es fácil comprender que estas tentativas debían fracasar. En moral y las condiciones de su posibilidad), sino que prueba también,
efecto, de simples conceptos ontológicos de cosas en general, o de la como cosa de hecho, su realidad en acciones, aunque no pueda
existencia de un ser necesario, no se puede sacar un concepto de un suministrar más que una prueba admisible únicamente bajo el punto de
primer ser determinado por predicados que puedan ser dados en la vista práctico (la sola de que la religión necesita).
experiencia y servir de este modo para el conocimiento; y aquel que se
apoyara sobre la experiencia de la finalidad física de la naturaleza, no Hay aquí algo muy notable. Entre las tres ideas de la razón pura, Dios,
podría administrar una prueba suficiente para la moral, y por la libertad y la inmortalidad, la de la libertad es el solo concepto de lo
consiguiente, para el conocimiento de Dios. Del mismo modo, el supra-sensible que prueba su realidad objetiva en la naturaleza (por
conocimiento obtenemos del alma por la experiencia (a la cual nos medio de la causalidad que en él se concibe) por el efecto que puede
hallamos limitados en esta vida) no puede darnos un concepto de una haber sen ella, y es precisamente por esto como viene a ser posible el
naturaleza espiritual, inmortal, y, por consiguiente, un concepto que baste enlace de las otras dos con la naturaleza, y de todas tres juntas con una
a la moral. La teología y la pneumatología, como problemas de la razón religión. Nosotros hallamos de este modo un principio capaz de
especulativa, no pueden resaltar de datos y de predicados empíricos, determinar la idea de lo supra-sensible fuera de nosotros, de manera que
puesto que su concepto es trascendente para toda nuestra facultad de nos dé un conocimiento, aunque este conocimiento no sea posible más
conocer. Los dos conceptos de Dios y del alma (relativamente a su que bajo el punto de vista práctico, y que este mismo principio pueda
inmortalidad) no se pueden determinar más que por predicados, que ponerse en duda por la filosofía puramente especulativa (que también
aunque no sean posibles más que por un principio supra-sensible, deben, podría dar de la libertad un concepto puramente negativo). Por
sin embargo, probar su realidad en la experiencia, porque así es consiguiente, el concepto de la libertad (como concepto fundamental de
solamente como es posible el conocimiento de un ser todo supra-sensible. las leyes prácticas incondicionales) puede extender la razón más allá de
Luego el solo concepto de esta especie que le puede hallar en la razón los límites en los cuales el concepto (teórico) de la naturaleza la tendría
humana es el de la libertad del hombre sometida a leyes morales, así siempre encerrada sin esperanza.
como al objeto final que la razón le prescribe por medio de estas leyes; y
estas leyes y este objeto final sirven para atribuir las primeras a Dios, y el
segundo al hombre, atributos que contienen la posibilidad de estas dos * * *
cosas, de suerte que de esta idea no se puede deducir la existencia y la
naturaleza de estos seres, por otra parte, ocultos para nosotros. OBSERVACIÓN GENERAL SOBRE LA TELEOLOGÍA
Así la causa de la inutilidad de los ensayos intentados por el Si se pregunta qué puesto debe concederse, entre las demás pruebas de
procedimiento teórico para demostración de Dios y la inmortalidad, la filosofía, al argumento moral que no prueba la existencia de Dios más
vienen de que ningún conocimiento de lo supra-sensible es posible por que como una cosa de fe por la razón pura práctica, se reconocerá
este camino (de los conceptos de la naturaleza). Si, por el contrario, ciertamente el alcance de estas pruebas, y se verá que no hay aquí que
somos más felices por la vía moral (la de concepto de la libertad), es que
176
elegir, sino que la filosofía en presencia de una crítica imparcial, debe concepto del ser soberanamente real su existencia absolutamente
desechar todas sus pretensiones teóricas. necesaria; porque (se dice), si no existiera, le faltaría una realidad, a
saber, la existencia. La otra prueba (que se llama también prueba
Toda adhesión del espíritu, si no carece por completo de fundamento, metafísica-cosmológica) deriva de la necesidad de la existencia de alguna
debe fundarse desde luego sobre una cosa de hecho, y no puede existir cosa (como lo que debe ser necesariamente concebido, cuando una
otra diferencia en la prueba, sino que la adhesión a la consecuencia que existencia no es dada en la conciencia de mí mismo), la determinación
deriva de la cosa de hecho, pueda fundarse sobre esta cosa a título de absoluta de este ser, como ser soberanamente real; porque todo lo que
saber148, por el conocimiento teórico, o solamente a título de fe por la existe debe ser enteramente determinado, mas lo que es absolutamente
razón práctica. Todas las cosas de hecho se refieren, o bien al concepto necesario (es decir, lo que debemos reconocer como tal, por consiguiente,
de la naturaleza, el cual prueba su realidad en los objetos sensibles, dados a priori) debe ser enteramente determinado por un concepto, condición
(o pudiendo ser dados) antes de todos los conceptos de la naturaleza, o que puede llevar sólo el concepto de un ser soberanamente real. No es
bien al concepto de la libertad, que prueba suficientemente su realidad necesario descubrir aquí lo que hay de sofístico en estas conclusiones; ya
por la causalidad de la razón con referencia a ciertos efectos que esta lo hemos hecho en otra parte; notaremos solamente que si se puede
facultad hace posibles en el mundo sensible y que pide de una manera defender esta especie de pruebas a fuerza de sutileza dialéctica, no se
indispensable en la ley moral. Por lo que, o bien el concepto de la puede jamás hacerlas pasar de la escuela al mundo, y darles la menor
naturaleza (que no pertenece más que al conocimiento teórico), es influencia sobre el sentido común.
metafísico y completamente a priori, o bien es físico, es decir, a
posteriori, y no puede absolutamente ser concebido más que por medio de La prueba fundada sobre un concepto de la naturaleza, que no puede
una experiencia determinada. El concepto metafísico de la naturaleza ser más que empírica, pero que, sin embargo, debe conducir más allá de
(que no supone ninguna experiencia determinada) es, pues, ontológico. los límites de la naturaleza, o del conjunto de objetos de los sentidos, no
puede ser más que la de los fines de la naturaleza. El concepto de estos
El argumento ontológico de la existencia de Dios por el concepto de fines no puede ser dado a priori, sino solamente por la experiencia, y sin
un ser primero es doble: él deriva o bien de predicados ontológicos, que embargo, promete un concepto de la causa primera de la naturaleza, que
por sí solos nos permiten concebir este ser como completamente entre todos los que podemos concebir conviene sólo a lo supra-sensible, a
determinado, la existencia absolutamente necesaria, o bien de la saber, el concepto de una profunda inteligencia como causa del mundo; y
necesidad absoluta de la existencia de alguna cosa, cualquiera que sea, tiene en efecto su promesa, siguiendo los principios del juicio reflexivo,
los predicados del primer ser. En efecto, al concepto de un primer ser es decir, en virtud de la constitución de nuestra (humana) facultad de
pertenecen, para que este ser no sea por sí mismo derivado, la absoluta conocer. Mas si este argumento puede sacar de los mismos datos este
necesidad de su existencia, y (para que se pueda concebirla) la concepto de una inteligencia suprema, es decir, independiente, que es el
determinación absoluta de este ser por un concepto, Dos condiciones que de Dios, es decir, del autor de un mundo sometido a leyes morales, y por
no se creía hallar más que en el concepto de la idea ontológica de un ser consiguiente un concepto suficientemente determinado por la idea de un
soberanamente real149, y así se formaron dos pruebas metafísicas. objeto final de la existencia del mundo, es esta una cuestión de la que
depende todo, sea que deseemos tener un concepto del ser primero que
La prueba que se apoya sobre un concepto puramente metafísico de la baste teóricamente, al uso de todo el conocimiento de la naturaleza, sea
naturaleza (y que se llama particularmente prueba ontológica) deriva del que busquemos un concepto práctico para la religión.
177
en el hombre y el ejerciendo sobre él una influencia secreta, se mezcla
El argumento que se saca de la teleología física es digno de respeto. imperceptiblemente en la conclusión por la cual atribuye un objeto final,
Convence al sentido común como al pensador más sutil, y Reimar ha encaminándose a la sabiduría, al ser que se manifiesta por un arte, tan
adquirido un honor inmortal por esta obra, que no se ha presentado impenetrable en los fines de la naturaleza (aunque la percepción de la
todavía otra mejor, en donde desenvuelve abundantemente esta prueba, naturaleza no lo autorice), y llena de este modo arbitrariamente los vacíos
con la solidez y la claridad que le son propias. Mas ¿de dónde saca este de esta prueba. No hay, pues, en realidad, más que la prueba moral que
argumento una tan poderosa influencia sobre el espíritu, y se trata aquí de produzca la convicción, y aún no la produce más que bajo el aspecto
una adhesión tranquila, libre, y que no funda sus juicios más que sobre la moral, al cual cada uno se adhiere interiormente. En cuanto al argumento
fría razón (porque se podría referir a la persuasión la emoción y la físico-teleológico, tiene otro mérito que el de dirigir el espíritu en la
elevación que dan al espíritu las maravillas de la naturaleza)? Estos no contemplación del mundo de parte de los fines, y por tanto, hacia una
son fines físicos, que todos indican en la causa del mundo una causa inteligente del mundo; más la relación moral de esta causa con los
inteligencia impenetrable; son insuficientes, porque no responden a las fines y la idea de un legislador y de un autor moral del mundo, como
imperiosas cuestiones de la razón. En efecto (pregunta la razón), ¿por qué concepto teológico, parecen salir naturalmente de esta prueba, aunque
estas cosas de la naturaleza hechas con tanto arte; por qué el hombre esto sea una pura adición.
mismo en el cual debemos detenernos como en el último fin de la
naturaleza que podríamos concebir; por qué la naturaleza toda entera, y Se puede obtener esto también por medio de una exposición ordinaria.
cuál es el objeto final de un arte tan grande y tan vario? Si se responde En efecto, el sentido común tiene muchas veces gran trabajo para
que todo esto existe para nuestro placer o para ser contemplado y distinguir y separar los diversos principios que confunde más, de los que
admirado por nosotros (la admiración cuando uno se detiene, no es otra uno solo le suministra legítimamente su conclusión, porque esta
cosa que un goce de una especie particular), y que en esto consiste el separación reclama mucha reflexión. Mas la prueba moral de la
objeto final para el cual el mundo y el hombre mismo han sido creados, la existencia de Dios no se limita a completar la prueba físico-teleológica
razón no sabría contentarse con esta respuesta; porque por ella el valor para hacerla perfecta; ella es por sí misma una prueba particular que
personal que el hombre puede darse a sí mismo es una condición sin la restituye la convicción que la otra no da. Esta no puede tener, en efecto,
cual su existencia no puede ser objeto final. Sin este valor (que sólo otra misión que elevar la razón, en su juicio sobre el principio de la
puede suministrar un concepto determinado), los fines de la naturaleza no naturaleza y sobre el orden contingente, pero admirable, que la
podrían responder a nuestras cuestiones, principalmente porque ellas no experiencia sola puede mostrarnos, hacia una causa cuya causalidad tiene
pueden darnos un concepto determinado de un Ser Supremo que baste a su principio en los fines (causa que debemos concebir como inteligente
todo (y que por consiguiente sea único y merezca por esto el nombre de conforme a la naturaleza de nuestra facultad de conocer), y llamando su
supremo) y de las leyes conforme a los cuales su inteligencia es la causa atención sobre esta causa, hacerla por esto mismo más capaz de la prueba
del mundo. moral. Porque lo que exige este último concepto es tan esencialmente
diferente de todo lo que pueden contener y aprender los conceptos de la
Si, pues, la prueba físico-teleológica convence el espíritu como si naturaleza, que se necesita una prueba particular y completamente
fuese realmente teológica, esto no es más que para que las ideas de los independiente de la otra, para dar a la teología un concepto
fines de la naturaleza puedan servir como otras tantas pruebas empíricas suficientemente establecido del Ser supremo y derivar su existencia. La
para probar una suprema inteligencia; mas es que la prueba moral oculta prueba moral (que ciertamente no prueba la existencia de Dios más que
178
bajo el aspecto práctico, pero necesario, de la razón) conservaría todavía constitución del mundo, y al mismo tiempo para la determinación de las
toda su fuerza, aun cuando no se hallara en el mundo o que no se hallara leyes morales). Del mismo modo si la psicología pudiera suministrarnos
más que de una manera equívoca la materia de una teleología física. Se el conocimiento de la inmortalidad del alma, daría lugar a la
pueden concebir seres racionales rodeados de una naturaleza que no pneumatología, que sería muy agradable a la razón especulativa. Mas por
ofrecería ninguna verdad evidente de organización, y que no presentaría, vano que esto pueda ser para nuestra presuntuosa curiosidad, ni la una ni
no obstante, más que los efectos de un puro mecanismo de la materia; la otra llenan el deseo que experimenta la razón de poseer una teoría
estos efectos y ciertas formas o ciertas relaciones en las cuales podrían fundada sobre la naturaleza de las cosas. Mas la primera en tanto que
hallar una finalidad puramente accidental, no los conducirían a una causa teología, y la segunda en tanto que antropología, no alcanzan mejor su
inteligente, y no hallarían ocasión de fundar una teleología física; mas la objeto, tomando por fundamento el principio moral, es decir, el principio
razón, que no podría recibir aquí ninguna dirección de los conceptos de la de la libertad, y, por consiguiente, conformándose al uso práctico de la
naturaleza, hallaría todavía, en el concepto de la libertad y en las ideas razón; es una cuestión que no es necesario perseguir aquí por más tiempo.
morales que en él se fundan, un motivo prácticamente suficiente de pedir,
mas solamente por lo que se refiere al orden irrecusable de la razón La prueba físico-teleológica no basta a la teología, porque ella no le da
práctica, el concepto del Ser Supremo, conforme a este concepto y a estas ni puede darle un concepto suficientemente determinado del Ser
ideas, es decir, como un verdadero concepto de Dios, y de pedir también Supremo; porque es necesario llevar este concepto a otro origen, o suplir
la naturaleza (aun nuestra propia existencia) como un objeto final lo que falta a esta prueba con una adición arbitraria. Vosotros deduciréis
fundado sobre las leyes morales. Mas como el mundo real ofrece a los de la gran finalidad de las formas de la naturaleza y de sus relaciones
seres racionales que encierra, una abundante materia para la teleología recíprocas a una causa inteligente del mundo; mas ¿cuál es el grado de
física (lo que no sería por otra parte necesario), el argumento moral halla esta inteligencia? Sin ninguna duda vosotros no os podréis lisonjear de
aquí la confirmación que puede desear, en el sentido de que la naturaleza llegar por aquí a la inteligencia más alta posible, porque deberíais
puede presentar algo análogo a las ideas (morales) de la razón. El reconocer entonces que no se puede concebir una inteligencia mayor que
concepto de una causa suprema inteligente (concepto que está muy lejos aquella de que halláis pruebas en el mundo, y sería atribuiros la
de bastar a la teología) recibe efectivamente por esto una realidad omnisciencia. Del mismo modo deduciríais de la magnitud del mundo un
suficiente para el juicio reflexivo; mas no es necesario para fundar la grande poder en su autor; mas convendréis que esto no tiene sentido más
prueba moral, y esta prueba no sirve para completar y elevar al rango de que relativamente a vuestra facultad de comprender, y como no conocéis
una prueba el concepto que por sí mismo no contiene nada tocante a la lo posible para compararlo con la magnitud del mundo que conocéis, no
moralidad, desenvolviéndolo conforme al mismo principio. Dos podréis con tan pequeña medida llegar a la omnipotencia de la causa
principios también heterogéneos, que la naturaleza y la libertad no primera. No obtenéis, pues, por esto un concepto del Ser Supremo que
pueden dar más que dos pruebas diferentes, y toda tentativa para sacar sea determinado y baste a la teología, porque no podéis hallar este
este de aquella es insuficiente relativamente a lo que debe probar. concepto más que en el de la totalidad de perfecciones compatibles con
una inteligencia en que los datos puramente empíricos no pueden serviros
Sería muy satisfactorio para la razón especulativa que la teleología de ningún auxilio. Por lo que, sin este concepto determinado, no podéis
física pudiese dar la prueba que se pide, porque tendríamos la esperanza deducir una causa inteligente única, sino solamente suponerla (para
de fundar una teosofía (se llamaría así este conocimiento teórico de la cualquier uso que esto sea). Se puede sin duda (como la razón no tiene
naturaleza divina o de su existencia que bastara para la explicación de la nada que pueda oponer con justo título) permitiros añadir arbitrariamente
179
que cuando se halla tanta perfección, se puede muy bien admitir toda regulada sobre leyes morales; y sin esto, no obstante, este pretendido
perfección reunida a una causa del mundo, puesto que la razón se concepto teológico no puede dar un concepto a la religión. Y aun cuando
acomoda mejor teórica y prácticamente a un principio tan determinado. se pudiera llegar a una religión por esta vía teórica, sería por el
Mas no podéis, sin embargo, dar este concepto del Ser supremo como sentimiento que ella inspiraría (y que es en esto lo esencial), bien
probado para vosotros, puesto que no lo habéis admitido más que para diferente de aquella en la cual el concepto de Dios y la convicción
que esto sea más cómodo para vuestra razón. No os lamentéis, pues; no (práctica) de su existencia derivan de las ideas fundamentales de la
vayáis inútilmente contra la pretensión audaz de los que ponen en duda la moralidad. En efecto, si supusiéramos primero la omnipotencia, la
solidez de vuestros razonamientos; esto sería una vana jactancia, que omnisciencia y los demás atributos del Autor del mundo, como conceptos
haría creer que pretendéis disimular la debilidad de vuestro argumento, sacados de otra parte, para aplicar después nuestros conceptos de los
queriendo convertir una duda libremente expresada sobre el valor de este deberes a nuestra relación con este ser, estos conceptos tomarían el color
argumento en una duda impía sobre la santa verdad. de la inocencia o de una sumisión forzada; al contrario, si la ley moral,
por el libre respeto que nos inspira y conforme al precepto de nuestra
La teleología moral, por el contrario, que no tiene un fundamento propia razón, nos propone el objeto final de nuestro destino, admitiríamos
menos sólido que la teleología física, pero que tiene la ventaja de entre nuestras ideas morales una causa que se conformara con este objeto
descansar a priori sobre principios inseparables de nuestra razón, y pudiese hacerlo posible, y llenos de un verdadero respeto por esta
suministra lo que es necesario al establecimiento de una teología, es causa, sentimiento que es necesario distinguir bien del temor físico, nos
decir, un concepto determinado de la causa suprema, concebida como someteríamos a ella voluntariamente150.
causa del mundo según leyes morales, y, por consiguiente, como una
causa que satisface a nuestro objeto final moral, lo que no supone nada Si se pregunta qué nos importa tener una teología en general, es claro
menos que la omnisciencia, la omnipotencia, la omnipresencia, etc., todos que no es necesaria para la extensión o a la rectificación de nuestro
atributos que debemos concebir ligados y adecuados al objeto final moral conocimiento de la naturaleza, y en general para cualquiera teoría, sino
que es infinito; y así es solamente como se puede obtener el concepto de solamente para la religión, es decir, para el uso práctico, especialmente
una causa única del mundo, tal como lo exige toda teología. para el uso moral de la razón, bajo el punto de vista subjetivo. Si, pues, se
halla que el solo argumento capaz de conducir a un concepto determinado
De esta manera, también la teología conduce inmediatamente a la del objeto de la teología es el argumento moral, y si se concede que este
religión, es, decir, al conocimiento de nuestros deberes como órdenes argumento no demuestra suficientemente la existencia de Dios más que
divinas, puesto que el conocimiento de nuestro deber y del objeto final relativamente a nuestro destino moral, es decir, bajo el punto de vista
que la razón nos propone para ello, puede producir un concepto práctico, y que la especulación queda aquí por completo extraña y no
determinado de Dios, y puesto que este concepto se halla así por su aumenta la menor cosa del mundo la extensión de su dominio, no
mismo origen inseparable de la obligación para con este ser. Al contrario, solamente no nos deberá admirar, sino que no se podrá hallar la adhesión
aun cuando se pudiera llegar por un procedimiento puramente teórico a que reclama este género de prueba insuficiente. En cuanto a la pretendida
un concepto determinado del Ser Supremo (es decir, del Ser Supremo contradicción que se podría hallar entre lo que afirmamos aquí de la
concebido simplemente como causa de la naturaleza), sería todavía muy posibilidad de una teología, y lo que diría de las categorías la crítica de la
difícil, aun quizá imposible, sin tener medios para una adición arbitraria, razón especulativa, a saber, que ellas no pueden producir un
el atribuir a este Ser, por medio de pruebas sólidas, una causalidad conocimiento más que aplicándose a los objetos sensibles y no a lo supra-
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sensible, basta para disiparla notar, que las categorías aplicadas aquí a un La razón de esto es, que con predicados que no hallan su objeto más que
conocimiento de Dios, no lo son bajo el punto de vista teórico (de manera en el mundo, puedo muy bien llegar hasta la existencia de algo que
que determinen lo que es en sí su impenetrable naturaleza), sino contenga el principio de este mundo, mas no basta la determinación del
solamente bajo el punto de vista práctico. Puesto que yo hallo la ocasión concepto de este ser, en tanto que ser supra-sensible, porque este
para poner fin a toda falsa interpretación de esta doctrina de la crítica, que concepto rechaza todos estos predicados. Así pues, la categoría de la
es tan necesaria, y que con gran disgusto de los ciegos dogmáticos reduce causalidad, determinada por el concepto de un primer motor, no me
la razón a sus límites, añadiré aquí la aclaración siguiente: enseña en manera alguna lo que es Dios; mas quizá sería yo más
afortunado, si buscase en el orden del mundo un medio, no solamente de
Cuando yo atribuyo a un cuerpo la fuerza motriz, y por consiguiente, concebir su causalidad como la de una inteligencia suprema, sino el
lo concibo por medio de la categoría de la causalidad, yo lo conozco por conocerla por la determinación de este concepto, puesto que la
esto mismo, es decir, determino el concepto de este cuerpo como objeto embarazosa condición del espacio y el tiempo aquí ya desaparece. Sin
en general, por lo que en sí (como condición de la posibilidad de esta duda la gran finalidad que hallamos en el mundo nos obliga a concebir
relación) conviene a este cuerpo como objeto de los sentidos. En efecto, una causa suprema para esta finalidad, y su causalidad como la de una
como la fuerza motriz que yo le atribuyo es una fuerza de repulsión, le es inteligencia; mas no tenemos el derecho por esto de atribuirle esta
necesario (aunque yo no coloque al lado de él otro cuerpo sobre el cual se inteligencia (como, por ejemplo, podemos concebir la eternidad de Dios o
ejerza esta fuerza) un lugar en el espacio, y una extensión, es decir, que su existencia en todos los tiempos, puesto que no podemos, por otra
ocupe cierta porción en aquel; además ocupa esta porción del espacio por parte, formamos ningún concepto de la pura existencia en tanto que
las fuerzas repulsivas de sus partes; y, en fin, él no tiene ley según la cual magnitud, es decir, en tanto que duración, o como podemos concebir la
lo ocupe (es decir, que la fuerza repulsiva de las partes debe decrecer en omnipresencia divina o la existencia de Dios en todas partes, para
la misma proporción en que crece la extensión del cuerpo, y el espacio explicarnos su presencia inmediata en cosas exteriores las unas a las
que llena con estas partes por medio de esta fuerza). Al contrario, cuando otras, sin que, no obstante, podamos atribuir ninguna de estas
yo concibo un ser supra-sensible como el primer motor, y por determinaciones a Dios como algo que nos sea conocido en sí). Cuando
consiguiente, por medio de la categoría de la causalidad aplicada a esta yo determino la causalidad del hombre, relativamente a ciertas
determinación del mundo (el movimiento de la materia), yo no lo he de producciones que no son explicables más que por una finalidad
concebir en cualquier lugar del espacio ni como extenso; yo no he de intencional, y concibiéndola como una inteligencia de este ser, no hay
concebirlo ni aun como existente en el tiempo, ni como existente con razón para que yo me reduzca a esto, pues que yo puedo atribuirle este
otro. Yo no poseo, pues, ninguna de las determinaciones que podrían predicado como una propiedad muy conocida, y conocerle de este modo.
hacerme comprender la condición de la posibilidad de la producción del Porque yo sé que las intuiciones son dadas a los sentidos del hombre, y
movimiento para este ser como principio. Por consiguiente, yo no lo son subsumidas por su entendimiento bajo un concepto, y por esto bajo
conozco, en manera alguna en sí por el predicado de la causa (como una regla; que este concepto no contiene más que un signo general
primer motor), sino que yo no tengo más que la representación de una (abstracción hecha de lo particular) y así es discursivo; que las reglas de
cierta cosa que contiene el principio de los movimientos en el mundo, y que se sirve para subsumir intuiciones dadas bajo una conciencia en
la relación de estos movimientos a este ser, como a su causa, no general, son suministradas por este entendimiento anteriormente a estas
suministrándome por otra parte nada que sea propio para la naturaleza de intuiciones, etc.; yo atribuyo, pues, la inteligencia al hombre, como una
la cosa que es causa, deja por completo vacío el concepto de esta causa. propiedad por la cual le conozco. Mas si es permitido, y aun inevitable,
181
relativamente a cierto uso de la razón, concebir un ser supra-sensible
(Dios) como inteligencia, no es permitido atribuírle esta inteligencia, y
lisonjearse de poderle conocer por esto como por uno de sus atributos; FIN DE LA CRÍTICA DEL JUICIO
porque es necesario descartar aquí todas estas condiciones, bajo las
cuales solamente yo conozco un entendimiento. Yo no puedo transportar
a un objeto supra-sensible el predicado que no sirve más que para la
determinación del hombre, y por consiguiente, yo no puedo conocer por
una causalidad así determinada lo que es Dios. Lo mismo sucede con
todas las categorías que no tienen sentido para el conocimiento, bajo el
punto de vista teórico, cuando no son aplicadas a objetos de experiencia
posible. Mas, bajo otro punto de vista, yo puedo y debo concebir aun un
ser suprasensible por analogía con un entendimiento, sin pretender
conocerlo teóricamente por esto; es cuando esta determinación de su
causalidad concierne a un efecto en el mundo que contiene un objeto
moralmente necesario, pero imposible para seres sensibles. Porque
entonces se puede fundar sobre propiedades y determinaciones de su
causalidad concebidas en él simplemente por analogía, un conocimiento
de Dios y de su existencia (una teología) que bajo el punto de vista
práctico, pero solo bajo este punto de vista (moral) tiene toda la realidad
necesaria. Hay, pues, una teología moral posible, porque si la moral
puede exceder a la teología en cuanto a sus reglas, no puede en cuanto al
objeto final que proponen estas mismas reglas, a menos que no se
renuncie a toda aplicación de la razón a la teología. Mas una moral
teológica (de la razón pura) es imposible, porque las leyes que la razón no
da por sí misma originariamente, y cuya ejecución no ordena en tanto que
facultad pura práctica, no pueden ser morales. Del mismo modo, una
física teológica no sería nada, porque no propondría leyes físicas, sino
mandatos de una suprema voluntad, mientras que una teología física
(propiamente físico-teleológica) puede al menos servir de propedéntica a
la verdadera teología, sin poderla fundar sobre sus propias pruebas,
despertando por la consideración de los fines de la naturaleza, de que
ofrece una rica materia, la idea de un objeto final que la naturaleza no
puede establecer, y por consiguiente, excitando la necesidad de una
teología que determine el concepto de Dios de una manera suficiente para
el uso práctico supremo de la razón.
182
tienen una sensibilidad que los hace capaces de gozar a su manera, sin
Observaciones sobre el sentimiento de lo bello tener necesidad de envidiar otros placeres, o aun sin poder formarse una
idea de ellos; mas esto no es, sin embargo, lo que debe fijar mi atención.
y lo sublime Hay además un sentimiento más delicado, al cual se da este epíteto, sea
porque de él se puede gozar mucho más tiempo sin hastío ni fatiga; sea
1764 porque suponga, por decirlo así, cierta irritabilidad del alma, que la hace
propia al mismo tiempo, para las buenas inclinaciones; sea, en fin, porque
Primera sección anuncie talentos y cualidades superiores de espíritu mientras que, por el
contrario, los demás sentimientos pueden hallarse en el hombre más
De los diferentes objetos del sentimiento de lo sublime y de lo bello desprovisto de ideas. Este es el sentimiento que quiero considerar bajo
uno de sus aspectos. Yo descarto de él esta inclinación para los altos
Los diversos sentimientos de placer o de pena, dependen menos de la conocimientos, y este atractivo al cual un Keplero era tan sensible,
naturaleza de las cosas exteriores que los excitan, que de la sensibilidad cuando decía, como Bayle refiere, que no daría uno de sus
particular de cada hombre. De aquí proviene que los unos hallan placer descubrimientos por un reino. Este sentimiento es muy delicado para
donde otros no experimentan más que disgusto, y que la pasión del amor entrar en esta investigación, que no tocará más que a este otro
es muchas veces un enigma para todos, o que este es vivamente sentimiento de los sentidos, del cual son capaces también las almas más
contrariado por una cosa que es completamente indiferente a aquel. El comunes.
campo de las observaciones de estas particularidades de la naturaleza
humana se extiende muy lejos, y aun oculta una rica provisión de El sentimiento delicado que queremos examinar aquí, comprende dos
descubrimientos tan agradables como instructivos. Yo no dirigiré mi especies: el sentimiento de lo sublime y el de lo bello. Los dos nos
atención por el momento más que sobre algunos puntos notables de este conmueven agradablemente, mas de diversa manera. El aspecto de una
campo, y emplearé más bien el ojo de un observador que el de un cadena de montañas cuyas cimas cubiertas de nieve se elevan sobre las
filósofo. Como el hombre no se encuentra feliz más que en tanto que nubes; la descripción de un violento huracán, o la pintura que nos hace
satisface una inclinación, el sentimiento que le hace capaz de Milton del reino infernal, excitan en todos una satisfacción mezclada de
experimentar grandes goces, sin tener necesidad por esto de talentos horror. Al contrario, la vista de praderas esmaltadas de flores, valles
extraordinarios, no es ciertamente, poca cosa. Personas muy importantes donde revolotean ruiseñores y por donde pasan numerosos rebaños; la
que no conocen autor más espiritual que su cocinero, ni obras de mejor descripción del Elíseo, o la pintura que hace Homero de la cintura de
gusto que las que hay en su bodega, hallarán en propósitos cínicos y en Venus, nos causan también un sentimiento de placer, pero que no tiene
pesadas burlas, un placer tan vivo como el de que se jactan personas nada de divertido y alegre. Para ser capaz de recibir la primera impresión
dotadas de una sensibilidad muy delicada. El rico que ama la lectura de en toda su fuerza, es necesario estar dotado del sentimiento de lo sublime,
los libros porque le distrae extraordinariamente; el mercader que no y para gozar bien de la segunda, del sentimiento de lo bello. Robles
estima otro placer que el de que goza el hombre prudente que calcula las elevados y umbrías solitarias en un bosque sagrado son sublimes; tallos
ventajas de su comercio; el voluptuoso que no ama las mujeres más que de flores, pequeños zarzales y árboles dispuestos en figuras, son bellos.
por el goce físico; el aficionado a la caza que se complace en la de las La noche es sublime, el día es bello. Los espíritus que poseen el
moscas, como Domiciano, o en la de las bestias salvajes, como A..., todos sentimiento de lo sublime son inclinados insensiblemente hacia los
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sentimientos elevados de la amistad, del desprecio del mundo, de la que hace Haller de la eternidad futura inspira un dulce temor, y la que
eternidad, por la calma y el silencio de una soirée de verano, cuando la hace de la eternidad pasada, una admiración fija.
luz brillante de las estrellas disipa las sombras de la noche, y cuando la
luna solitaria aparece en el horizonte. El día brillante inspira el ardor del
trabajo y el sentimiento de la alegría. Lo sublime conmueve, lo bello
encanta. La figura del hombre absorbida por el sentimiento de lo sublime,
es seria y alguna vez fija y elevada. Al contrario, el vivo sentimiento de Segunda sección
lo bello se manifiesta por cierto esplendor brillante en los ojos, por la
sonrisa, y muchas veces por una alegría estrepitosa. Alguna vez el De las cualidades de lo sublime y de lo bello en el hombre en general
sentimiento de lo sublime se halla acompañado de horror o de tristeza; en
algunos casos de una tranquila admiración, y en otros se halla ligado al de La inteligencia es sublime, el espíritu es bello. El atrevimiento es
una belleza extendida sobre un vasto plano. Yo llamaría la primera sublime y grande; la astucia, pequeña, pero bella. La circunspección,
especie de sublime, lo sublime terrible, la segunda, sublime noble, y la decía Cromwell, es la virtud de un burgomaestre. La veracidad y la
tercera, sublime magnífico. Una profunda soledad es sublime, mas rectitud son simples y nobles; la burla y la adulación amable, son
sublime terrible151. De aquí viene que las soledades de una inmensa delicadas y bellas. La gracia es la belleza de la virtud. La actividad
extensión, como los pavorosos desiertos de Chamo en la Tartaria, han desinteresada para prestar servicios es noble; la urbanidad y la honradez,
llevado siempre a la imaginación a colocar en ellos sombras terribles, son bellas. Las cualidades sublimes inspiran respeto; las bellas, amor. Las
duendes y fantasmas. Lo sublime debe siempre ser grande; lo bello puede personas que están principalmente dispuestas al sentimiento de lo bello,
también ser pequeño. Lo sublime debe ser simple, lo bello puede ser no buscan amigos sinceros, constantes y verdaderos, más que en las
arreglado y adornado. Una gran altura es tan sublime como una gran circunstancias difíciles; escogen para su sociedad amigos alegres,
profundidad; mas esta hace estremecerse, y aquella excita la admiración. amables y graciosos. Hay un hombre de tal naturaleza que se estima
De un lado, el sentimiento de lo sublime es terrible; de otro, es noble. El mucho, demasiado para poderle amar. Inspira admiración, pero está muy
aspecto de una pirámide de Egipto, según refiere Hasselquist, conmueve por cima de nosotros para que nos atrevamos a acercarnos a él con la
mucho más que puede uno figurarse por una descripción escrita; mas la familiaridad del amor.
arquitectura de ella es simple y noble. La iglesia de San Pedro de Roma
es magnífica. Como en este vasto y simple edificio, la belleza, por Los que reunieran en sí las dos clases de sentimientos hallarían que la
ejemplo, el oro, los mosaicos, etc., están de tal modo repartidos que el emoción de lo sublime es más poderosa que la de lo bello, pero que fatiga
sentimiento que prevale es el de lo sublime, se llama este objeto y no se puede experimentar mucho tiempo, si no alterna con esta última o
magnífico. Un arsenal debe ser noble y simple; un palacio de residencia no se halla acompañada de ella152. Es necesario que los grandes
magnífico; un palacio de recreo, bello y adornado. sentimientos a que se eleva algunas veces la conversación en una
sociedad escogida, se cambien de tiempo en tiempo con ligeras bromas, y
Una larga duración es sublime. Si pertenece al pasado, es noble; si se que las figuras que agradan hagan, con las figuras serias que conmueven,
coloca en un porvenir indefinido, tiene algo de imponente. Un edificio un bello contraste que introduzca alternativamente y sin esfuerzo las dos
que se remonta a la más grande antigüedad, es respetable. La descripción especies de sentimiento. La amistad tiene principalmente el carácter de lo
sublime, el del amor, el de lo bello. Sin embargo, la ternura y el profundo
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respeto que entran en el amor, le comunican cierta dignidad y cierta Por otra parte, un proyecto de astucia bien concebido, aun cuando tenga
elevación, mientras que la broma y la familiaridad le dan el color de lo por objeto una picardía, encierra algo que se refiere a un fin y hace reír.
bello. La tragedia, según yo, se distingue principalmente de la comedia, La coquetería en el buen sentido, es decir, el deseo de seducir y encantar
en que aquella excita el sentimiento de lo sublime, mientras que esta en una persona, por lo demás graciosa, es quizá reprensible, pero no deja
excita el de lo bello. de ser bello, y se prefiere ordinariamente a una continencia reservada y
seria. El exterior que agrada en las personas, se refiere tanto al uno como
La primera, en efecto, nos muestra generosos sacrificios por el bien de al otro sentimiento. Una alta estatura inspira la consideración y el respeto;
otros, resoluciones atrevidas, en el peligro, y una fidelidad probada. El una pequeña, inspira más bien la confianza. Los caballos castaños y las
amor en ella es melancólico, tierno y lleno de respeto. La desgracia de yeguas negras nos acercan al de lo sublime; las yeguas cardosas y los
otro en ella excita en el alma del espectador sentimientos simpáticos, y caballos blondos se aproximan más al de lo bello. Una edad avanzada se
hace latir su generoso corazón; entonces somos dulcemente conmovidos, asocia bien con las cualidades de lo sublime, y la juventud con las de lo
y sentimos la dignidad de nuestra propia naturaleza. Al contrario, la bello. La misma distinción se aplica también a la diferencia de estados, y
comedia pone en escena ingeniosas tramas, intrigas sorprendentes, hasta en los sentidos debe conservarse esta distinción. Las personas
personas de espíritu que saben sacar partido del asunto, tontos que se grandes deben vestirse con sencillez cuando más con magnificencia; la
dejan engañar, bufonerías, y ridículos caracteres. El amor no tiene en ella compostura y el adorno hacen mejor a las personas pequeñas. Colores
el aire de pena; es alegre y familiar. Aquí, sin embargo, como en otras sombríos y una disposición uniforme convienen a la vejez; vestidos más
cosas, lo noble puede juntarse a lo bello en cierta medida. claros y de un color vivo y chillón, hacen brillar la juventud. En los
diversos estados, en igualdad de fortuna y de rango, el eclesiástico debe
Los mismos vicios y las faltas morales toman algunas veces algunos mostrar la mayor sencillez, el hombre de Estado, la mayor magnificencia.
de los rasgos de lo sublime o de lo bello; al menos hieren así nuestros El chichisbén puede hacer la toilette que le agrade.
sentidos, cuando la razón no los ha juzgado todavía. La cólera de un
hombre formidable es sublime, como la de Aquiles en la Iliada. En Aun en los accidentes exteriores de la fortuna, se halla algo que, al
general, los héroes de Homero son sublimes en el género terrible; los de menos conforme a la opinión de los hombres, se refiere a estos
Virgilio, lo son en el género noble. Hay algo de noble en la venganza sentimientos. El nacimiento y los títulos hallan ordinariamente los
abierta y atrevida que persigue un violento ultraje, y por ilegítima que hombres dispuestos al respeto. La riqueza sin el mérito recibe homenajes
pueda ser, el relato que se nos hace de ella, nos causa una emoción desinteresados, sin duda porque la idea que de ella formamos se junta a la
mezclada de placer y de terror. Cuando Schah Nadir fue atacado en su de las grandes cosas que ella permite realizar. Esta estima recae
tienda por algunos conjurados, Hanway refiere que exclamaba después de ocasionalmente sobre muchos pícaros ricos, que no emprenderán jamás
haber recibido ya algunas heridas y de haberse defendido con nada semejante, y que no tienen la menor idea de los nobles sentimientos,
desesperación: Piedad, y os perdono a todos. Uno de ellos le respondía, únicos que pueden hacer las riquezas estimables. Lo que agrava la
levantando un sable sobre él: Tú no has mostrado nunca piedad para desgracia de la pobreza, es el desprecio que lleva consigo, y que el mérito
nadie, y no mereces ninguna. La audacia y la resolución en un malvado no podrá enteramente destruir, al menos a los ojos del vulgo, cuando el
son muy dañosas, pero no podemos comprender que se hable de ellas sin rango y los títulos no engañan este sentimiento grosero de cualquier
estar poseído de las mismas, y entonces, aun cuando se le lleve al modo para su ventaja.
suplicio, ennoblece en cierto modo, el que marche con fiereza y desdén.
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No hay en la naturaleza humana cualidades loables en que no se pueda comprendiendo entre ellos los santos escrementos del gran Lama del
ver descender por transiciones infinitas hasta el último grado de la Thibet, son necedades. Entre las obras del espíritu y del sentimiento, los
imperfección. La cualidad de lo sublime terrible, desde que cesa de ser poemas épicos de Virgilio y de Klopstok, entran en el género noble, los
natural, viene a dar en lo raro153. Las cosas exageradas, en las que se de Homero y de Milton, en lo gigantesco166. Las Metamorfosis de Ovidio,
supone sublimidad, aunque no presenten de ella casi nada; son son necedades, y todas las necedades de este género, los cuentos de hadas
necedades154; el que ama lo extravagante y cree en ello, es caprichoso155; nacidos de la chochez francesa, son los más miserables que se puede
el gusto de las cosas exageradas hace lo extravagante156. Por otra parte, el imaginar. Las poesías de Anacreonte se hallan muy cerca de las que se
sentimiento de lo bello degenera; cuando está enteramente dotado de dicen tonterías.
nobleza, viene a ser insípido157. Un hombre que cae en este defecto,
cuando es joven, es un bobalicón158; en una edad mediana es un fatuo159. Las obras de inteligencia, en tanto que los objetos a que se consagran
tienen también alguna relación con el sentimiento, se distinguen por los
Y como es principalmente a la vejez a la que es necesario lo sublime, mismos caracteres. La idea matemática de la magnitud inmensa del
un viejo fatuo, es la criatura más despreciable del mundo, lo mismo que universo, las meditaciones de la metafísica sobre la eternidad, la
un joven extravagante es lo más insoportable. La broma y el chiste se Providencia, la inmortalidad del alma, tienen cierta dignidad y contienen
refieren al sentimiento de lo bello. Sin embargo, se puede mostrar en esto algo de sublime. En desquite la filosofía se deshonra muchas veces con
mucha razón , y por ello referirlos más o menos a lo sublime. Aquel cuya vanas sutilezas, y sea cualquiera la profundidad que parezcan anunciar,
gracia no anuncia esta marcha, bromea160, el que bromea sin cesar, es un las cuatro figuras silogísticas, no merecen menos ser colocadas entre las
simple161. Se ven algunas veces personas prudentes bromear, y no es necedades de la escuela.
necesario poco espíritu para hacer descender la razón de su puesto sin
causar ningún daño. Aquel cuyos discursos y acciones no distraen ni En las cualidades morales, la virtud solo es sublime. Hay, sin
entretienen, es fastidioso162. El fastidioso que busca, sin embargo, hacer embargo, buenas cualidades morales que son amables y bellas, y que
lo uno o lo otro, es insípido163. El insípido orgulloso, es un necio164 y 165. conformándose con la virtud, pueden considerarse como nobles, sin tener
precisamente el derecho de ser colocadas en el número de los
Yo quiero hacer un poco más clara, por medio de ejemplos, esta sentimientos virtuosos. Este juicio puede parecer, sutil y embrollado;
singular investigación de las debilidades humanas, porque cuando no se expliquémonos. No se puede ciertamente llamar virtuosa esta disposición
tiene el buril de Hogarth, es necesario suplir con descripciones lo que de espíritu, que es el origen de ciertas acciones, a las cuales podría la
falta a la expresión del dibujo. Afrontar resueltamente los peligros para virtud inclinarse también, pero que derivando de un principio que no se
defender los derechos de su patria o de sus amigos, es sublime. Las conforma más que accidentalmente con la virtud, puede también por su
cruzadas y la antigua caballería, eran raras; los duelos, miserables restos naturaleza misma, hallarse en contradicción con las reglas universales de
de las falsas ideas que ésta se había formado del honor, son necedades. la misma. Cierta ternura del corazón, que se cambia fácilmente en un
Retirarse tristemente del ruido del mundo porque nos hallamos vivo sentimiento de compasión, es bella y amable, porque ella anuncia
justamente fatigados, es noble. La piedad solitaria de los antiguos esta benevolente simpatía por la suerte de otros hombres, a la cual,
anacoretas, era rara. Refrenar sus pasiones por principios, es sublime. Las tienden igualmente los principios de la virtud. Mas esta pasión
maceraciones, los votos y las demás virtudes monacales, son necedades. benevolente, es débil, y siempre ciega. Suponed, en efecto, que os obliga
Huesos santos, madera santa y otras bagatelas de este género, a socorrer con vuestro dinero a un desgraciado, pero que hayáis contraído
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una deuda para con nosotros, y que os habéis colocado por ella fuera de conforme a una inclinación que es bella en sí, pero que viene a ser
poder cumplir el estrecho deber de la honradez; evidentemente vuestra insípida cuando no tiene sostén ni principios.
acción no ha podido provenir de una disposición verdaderamente
virtuosa, porque una disposición tal no os habría llevado a sacrificar al La virtud no puede, pues, ser ingerida más que sobre principios que la
entrañamiento de la emoción, una obligación más sagrada. Si, por el hagan tanto más sublime y tanto más noble cuanto son más generosos.
contrario, la benevolencia universal proviene en vosotros de un principio, Estos principios no son reglas especulativas, sino la conciencia de un
al cual subordináis todas vuestras acciones, la piedad por los sentimiento que existe en el corazón de todo hombre, y que se extiende
desgraciados, subsiste siempre, pero considerándola bajo un punto de mucho más lejos que los principios particulares de la piedad y de la
vista más elevado, le conserváis su verdadero puesto en el conjunto de complacencia. Yo creo abrazarlo todo, llamando este sentimiento el
nuestros deberes; porque si la benevolencia general es un principio de sentimiento de la belleza y de la dignidad de la naturaleza humana. El
simpatía por los males de nuestros semejantes, es también un principio de sentimiento de la belleza de la naturaleza humana es el principio de la
justicia, que os ordena no practicar esta acción. Desde que este benevolencia universal, el de su dignidad, el de la estima universal; y si
sentimiento ha tomado el carácter de universalidad que le conviene, es este sentimiento toca a su más alta perfección en el corazón de alguno,
sublime, pero más frío. Porque no es posible que nuestro corazón esté este hombre se amará y se estimará, pero solamente, como uno de
lleno de ternura por todo hombre, y que cada nueva desgracia extraña le aquellos a los cuales se extiende su vasto y noble sentimiento.
sumerja en la pena; además, el hombre virtuoso no cesaría de derretirse
en lágrimas como Heráclito, y toda esta bondad de corazón , no serviría Esto no es que, subordinado a una inclinación tan general nuestras
más que para hacer un tierno perezoso167. inclinaciones particulares, podamos asignar ciertas proporciones a
nuestras inclinaciones benevolentes y adquirir esta noble creencia que es
En el número de los buenos sentimientos que son bellos y amables sin la belleza de la virtud.
ser el fundamento de una verdadera virtud, es necesario contar también la
complacencia, o esta inclinación que nos lleva a hacernos agradables a Considerando la debilidad de la naturaleza humana y la poca
los demás, mostrándoles amistad, accediendo a sus deseos, y influencia que el sentimiento moral universal habla de ejercer sobre la
conformando nuestra manera de ser con sus sentimientos. Esta afabilidad mayor parte de los corazones, la Providencia ha puesto en nosotros, como
seductora es bella, y la flexibilidad de un corazón donde reina denota la suplementos a la virtud, estas inclinaciones auxiliares que, llevando a
bondad. Mas está tan lejos de ser una virtud, que si principios superiores bellas acciones ciertos hombres poco capaces de dirigirse conforme a
no le fijan límites y no le debilitan, puede engendrar todos los vicios. principios, pueden servir también para estimular a los demás. La piedad y
Porque sin considerar que esta complacencia, por las personas que la complacencia son principios de bellas acciones, que serían quizá
tratamos viene a ser muchas veces injusticia, para aquellas que viven ahogadas sin esto por el interés personal; pero estos no son, como hemos
fuera de este pequeño círculo, un hombre que se entregase por completo a visto, principios inmediatos de virtud, aunque sean ennoblecidos por su
esta inclinación, podría tomar todos los vicios sin estar naturalmente parentesco con la virtud y aunque tomen su nombre. Yo puedo, pues,
dispuesto a ello sino por el deseo de agradar. Así es que, por efecto de llamarlas virtudes adoptivas, para distinguirlas de aquella que se funda
una muy amable complacencia, vendría a ser embustero, holgazán, sobre principios, y que es la verdadera virtud. Aquellas son bellas y de
borracho, etc., porque no obra conforme a reglas de buena conducta, sino atractivo, ésta sola es sublime y respetable. Se llama buen corazón el
natural en que reinan los buenos sentimientos, y bueno, el hombre que
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posee este natural; mientras que se atribuye con razón un noble corazón a flemático. Esto no es que el signo característico de estos diversos
aquel que es virtuoso por principios, y se le da el título de hombre de naturales descanse sobre los rasgos que consideramos aquí, porque en la
bien. Estas virtudes adoptivas tienen al menos una gran semejanza con la distinción que se hace ordinariamente, se piense principalmente en los
verdadera, en que contienen el sentimiento de un placer inmediatamente sentimientos más groseros, como en el interés personal, la voluptuosidad
ligado a las acciones buenas y benévolas. El hombre bueno sin ninguna vulgar, etc., que no debemos examinar en este tratado. Mas los
mira ulterior, y por un efecto inmediato de su complacencia, os mostrará sentimientos morales más delicados que estudiamos, pueden muy bien ir
la dulzura y la honradez y experimentará una piedad sincera por la con tal o cuál de estos temperamentos, y se hallan ligados a ellos la
desgracia de otro. mayor parte del tiempo.
Mas como esta simpatía moral no basta todavía para llenar la pereza Un sentimiento íntimo de la belleza y de la dignidad de la naturaleza
natural del hombre para obrar por razón del interés general, la humana, la resolución y la fuerza de referir a ella todas sus acciones
Providencia ha puesto todavía en nosotros cierto sentimiento delicado como a un principio universal, son cosas serias y que no conforman ni
destinado a excitarnos o a servir de contrapeso al grosero egoísmo y a las con un carácter jovial y ligero, ni con la movilidad de un aturdido. Se
voluptuosidades vulgares. Quiero decir el sentimiento del honor y de su aproximan aun a la melancolía, en tanto que este sentimiento dulce y
consecuencia, la vergüenza. La opinión que los demás pueden tener de noble nace del temor que experimenta un alma en presencia de ciertos
nuestro mérito y el juicio que pueden formar sobre nuestra conducta, son obstáculos, cuando llena de una gran resolución, ve los peligros a que
motivos muy poderosos y que obtienen de nosotros muchos sacrificios, y debe sobreponerse, y que tiene ante sus ojos una difícil, pero grande
lo que la mayor parte de los hombres no hubiera hecho, ni por un victoria que obtener sobre sí misma. La verdadera virtud, la que se funda
movimiento inmediato de bondad, ni por respeto a los principios, sucede sobre principios, lleva en sí algo que parece conformar con el carácter
muchas veces por efecto de una simple deferencia a la opinión, muy útil, melancólico, en el sentido templado de la palabra.
pero también muy superficial de los demás hombres, como si el juicio de
otro determinara nuestro mérito y el de nuestras acciones. Lo que sucede La bondad, esta belleza y esta sensibilidad delicada del corazón que
por este impulso no es en manera alguna virtuoso; así el que quiere pasar viene a ser en los casos particulares piedad o benevolencia, según la
por tal, oculta cuidadosamente el motivo que lo determina. Este impulso ocasión, está sometida al cambio de las circunstancias, y como el
no está tan cerca de la verdadera virtud como la bondad, porque no es movimiento del alma no depende en esto de un principio general, toma
inmediatamente determinado por la belleza de las acciones, sino por el fácilmente diversas formas, según que los objetos se presenten bajo tal o
estado que produce en otro. Yo puedo, pues, como el sentimiento del cuál aspecto. Cuando esta inclinación tiende a lo bello, parece unirse más
honor es un sentimiento delicado, llamar todo lo que este sentimiento naturalmente al temperamento que se llama sanguíneo, el cual es ligero y
produce semejante a la virtud, una brillante apariencia de virtud168. entregado a los placeres. En este temperamento es en donde habríamos de
buscar las cualidades amables que hemos llamado virtudes adoptivas.
Si comparamos los diferentes naturales de los hombres, en tanto que
una de estas tres especies de sentimiento domina y determina su carácter El sentimiento del honor es ordinariamente mirado como un signo de
moral, hallaremos que cada una de ellas se halla estrechamente ligada con complexión colérica, y podemos hallar aquí ocasión de investigar, para
uno de los temperamentos que se distinguen ordinariamente, y que retratar tal carácter, las consecuencias morales de este sentimiento
además, el defecto del sentimiento moral es principalmente el propio del
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delicado, que la mayor parte del tiempo no tiene por objeto más que la benévolo Adrasto que se dice a sí mismo: «Yo mostraré a esta persona
envidia de brillar. afección y estima, porque es mi mujer.» Esta manera de pensar es noble y
generosa. Los atractivos efímeros tienen bella desaparición; ella no es
No hay hombre en el cual no se halle algún rasgo de sentimiento menos su mujer. El noble principio subsiste, y no está sometido a las
delicado, pero el carácter más desprovisto de esta especie de sentimiento, circunstancias exteriores. Tal es el carácter de los principios comparados
aquel en que se nota principalmente lo que se llama relativamente con los movimientos que hacen nacer las circunstancias exteriores; y tal
insensibilidad, es el carácter flemático, que se mira aun como privado de es el hombre que obra conforme a principios, comparado con el que
los móviles más groseros, tales como el amor al dinero, etc., móviles que sorprende la ocasión de un buen y generoso movimiento. ¿Qué será, pues,
podemos, en todo caso, dejar, porque no entran en este plan. si la voz de su corazón habla así? Yo debo socorrer este hombre, porque
sufre; esto no es que sea mi amigo o compañero; esto no es que yo lo crea
Consideremos, sin embargo, más de cerca los sentimientos de lo bello capaz de pagar un día mi beneficio con su reconocimiento; no se trata en
y lo sublime, principalmente en tanto que son morales, en sus relaciones este momento de razonar o de concretarse a cuestiones; es un hombre, y
con la división establecida de los temperamentos. todo lo que toca a los hombres me toca también. Su conducta se apoya
entonces sobre el más alto principio de benevolencia que puede haber en
Aquel cuya sensibilidad se inclina a lo melancólico, no se llama así la naturaleza humana, y es por completo sublime, tanto por la
porque se prive de los goces de la vida y se abandone a una sombría invariabilidad de este principio como por la universalidad de su
tristeza, sino porque sus sentimientos le llevarán más bien hacia este aplicación.
estado que a ningún otro, si se elevan a cierto grado, o si reciben por
cualquiera causa una falsa disección. Hay, principalmente, el sentimiento Continúo mis observaciones. El hombre de un humor melancólico, se
de lo sublime. La misma belleza, a la cual nos mostramos muy sensibles, inquieta poco por el juicio de los demás, y de lo que ellos puedan tener
no debe solamente encantarle, es necesario que le conmueva, por bueno o verdadero; no se fía más que de sus propias luces; como da a
inspirándole la admiración. El goce de los placeres es más serio en él, sin sus motivos el carácter de principios, no es fácil reducirle o llevarle a
que por esto sea menor. Las emociones de lo sublime tienen algo de más otras ideas; su constancia degenera en obstinación alguna vez. Ve con
seductor para él que los frívolos atractivos de lo bello. Su bienestar tendrá indiferencia el cambio de las modas, y desprecia su efecto. La amistad es
más contento que viveza. Es constante; así subordina sus sentimientos a un sentimiento que le conviene, porque es sublime. Puede muy bien
los principios. Aquellos se hallan tanto menos sujetos a la inconstancia y perder un amigo inconstante; mas éste no lo perderá tan pronto; el
al cambio, cuanto estos son más generosos, y cuanto el sentimiento que recuerdo mismo de una amistad extinguida es todavía respetable a sus
debe dominar los demás es más extenso. Todos los principios particulares ojos. Para él la afabilidad es bella, pero un silencio elocuente es sublime.
de las inclinaciones se hallan sometidos a muchas excepciones y Guarda fielmente sus secretos y los de los demás. Halla la veracidad
vicisitudes, cuando no derivan de este modo, de un principio superior. El sublime, y odia la mentira y la disimulación. Tiene un elevado
vivo y amable Alcesto dice: «Yo amo y estimo a mi mujer, porque es sentimiento de la dignidad de la naturaleza humana. Se estima a sí
bella, halagüeña y sensata.» Mas si una enfermedad la desfigura, o la mismo, y tiene a cada hombre por una criatura que merece la estima. No
edad la vuelve adusta, o si cuando se haya disipado el primer encanto no soporta ninguna baja servidumbre, y su noble corazón no respira más que
os parece más sensata que otra, ¿qué sucederá? ¿Qué vendrá a ser vuestra por la libertad. Todas las cadenas le son odiosas, desde las cadenas
inclinación cuando no tenga pretexto? Ved, al contrario al sabio y doradas que se llevan al cuello, hasta las de pesado hierro que se llevan
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en los presidios. Es un juez severo para sí mismo y los demás, y le estima para sí, no se deja de amar. Cuando su carácter declina, cae en lo
hallaréis de una vez descontento de sí mismo y disgustado del mundo. insípido, es decir, en las bagatelas y en las puerilidades. Si la edad no
disminuye su vivacidad o no le da más inteligencia, corre el riesgo de
Cuando este carácter viene a degenerar, la gravedad inclina a la venir a ser un viejo fatuo.
tristeza, la piedad al fanatismo, el amor de la libertad al entusiasmo. La
ofensa y la injusticia encienden en él el deseo de la venganza; entonces es Aquel a quien se atribuye una naturaleza colérica, tiene un sentimiento
muy formidable, porque desafía el peligro y desprecia la muerte. Si su dominante por esta especie de sublime, que se puede llamar lo magnífico.
sensibilidad se halla turbada, y su razón no está suficientemente Lo magnífico es propiamente como la aparencia de lo sublime, o como
esclarecida, cae en lo raro. Inspiraciones, apariciones, tentaciones, todas un color muy chillón que nos oculta el interior de la cosa o de la persona,
estas cosas le asaltan. Su inteligencia es todavía más débil, cae todavía el cual es quizás ordinario y malo, y nos engaña y atrae por el aparato
más bajo, en las necedades. Sueños proféticos, presentimientos y exterior. Del mismo modo que un edificio recubierto de una materia que
milagros, he aquí lo que hay para él. Corre el riesgo de llegar a lo representa piedras talladas, produce una impresión tan grande como si
caprichoso o extravagante. fuera construido de esta manera, y las cornisas y las pilastras despiertan
en nosotros la idea de la solidez, aunque no tengan sostén, y ellas no
En el hombre cuyo temperamento es sanguíneo, el sentimiento de lo sostengan nada; del propio modo brillan las virtudes ficticias, oropel de
bello domina. Así sus amigos son alegres y vivos. Si no se manifiesta sabiduría y mérito en pintura.
alegre, es que está descontento; porque no sabe casi encerrar en sí mismo
su satisfacción. Halla la variedad bella, y ama el cambio. Busca la alegría El colérico juzga su propio mérito y el valor de sus acciones conforme
en sí mismo y alrededor de sí; alegra a los demás, y se muestra buen a la apariencia que pueden tener a la vista de los demás. Es indiferente a
compañero. Tiene mucha simpatía moral. Goza con la alegría de los la, cualidad interior de las cosas y a los motivos de las acciones; no se
demás, y padece con sus pesares. Su sentimiento moral es bello; mas no halla animado de ninguna verdadera benevolencia, ni atraído por la
descansa sobre principios; al contrario, depende siempre inmediatamente estima169. Su conducta es artificial. Es necesario que sepa colocarse en
de la impresión del momento. Es amigo de todos los hombres, o lo que diferentes puntos de vista, a fin de juzgar el efecto que producirá según
viene a ser lo mismo, no es propiamente amigo de nadie, aunque sea las diversas posiciones del espectador, porque no se inquieta de lo que es,
bueno y benévolo. No disimula. Hoy tendrá para nosotros maneras sino de lo que aparece. Es necesario que conozca bien el efecto que su
afables y amistosas, y mañana, si estamos enfermos o en la desgracia, se conducta debe producir fuera, sobre el gusto en general, y las diversas
hallará verdadera y sinceramente enternecido, pero se separará de impresiones que hará nacer. Como esta atención y esta prudencia exigen
nosotros dulcemente, hasta que las circunstancias hayan cambiado. No mucha sangre fría y no dejarse cegar por el amor, la piedad ni la simpatía,
hagáis jamás de él un juez; las leyes son ordinariamente muy severas para se evitará también muchas locuras y disgustos en los cuales cae el
él, y se deja seducir por las lágrimas. Es un santo malvado, porque no es hombre de temperamento sanguíneo que se entrega al entrañamiento del
ni absolutamente bueno, ni absolutamente malo. Se extravía muchas primer sentimiento. Así parece ordinariamente más razonable que lo es
veces, y viene a ser vicioso, más por complacencia que por inclinación. en efecto. Su benevolencia no es más que urbanidad; su estima,
Es generoso y bienhechor, mas paga mal a sus acreedores, porque tiene ceremonia; su amor, lisonja estudiada. Está siempre satisfecho de sí
más bien bondad que sentimiento de la justicia. Nadie tiene tan buena mismo, cuando toma el aire de un amante o de un amigo, y no es jamás ni
opinión de su corazón , como él mismo. Aun cuando no tiene mucha lo uno ni lo otro. Busca el brillar por todos modos; mas como todo en él
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es artificial y ficticio, es ruin y pequeño. Obra conforme a principios más decididamente llevado a ellos por la naturaleza. Un hombre que no ama
que el de temperamento sanguíneo, que no se conmueve más que por más que las ocupaciones tranquilas y útiles, falto, por decirlo así, de
impresiones accidentales; pero sus principios no son los de la virtud; órganos para sentir lo que hay de noble en un poema o en una virtud
estos son los del honor. No tiene el sentimiento de la belleza o el del heroica, prefiere Robinson a Grandisson, y Catón no es para él más que
valor de sus acciones, sino que no piensa más que en el juicio que de él un loco obstinado. Del mismo modo, personas de un natural más serio
formará el mundo. Como su conducta, cuando no se ven sus motivos; es hallan insípido lo que es un atractivo para los demás, y la simplicidad
por lo demás casi tan generalmente útil como la virtud misma, obtiene del ingenua de una pastoral o égloga les parece insípida y pueril. Y aun los
vulgo la misma estima que el hombre virtuoso, mas él se oculta que no están enteramente privados de estos sentimientos delicados son
cuidadosamente a los ojos más penetrantes, porque sabe que el afectados por ellos de muy diversas maneras, y se ve que este halla noble
descubrimiento de los motivos que le determinan secretamente, le y lleno de confianza lo que aquel halla grande, pero bizarro. Las
quitarían la estima. Así está muy sujeto a la disimulación; hipócrita en ocasiones que hemos tenido de observar el gusto en cosas que no tienen
religión, adulador en el trato social, cambiando según las circunstancias carácter moral, nos suministran el medio de deducir con bastante
en los partidos políticos. Se hace voluntariamente esclavo de los grandes, verosimilitud el carácter de las facultades superiores de su espíritu, y aun
para venir a ser por este medio el tirano de los pequeños. La ingenuidad, de los sentimientos de su corazón. Yo supondría muy bien que aquel que
esta bella y noble simplicidad que lleva el sello de la naturaleza y no del hallara el fastidio en una bella música, no es muy sensible a las bellezas
arte, le es completamente extraña. Es por lo que cuando sa gusto del arte de escribir, o a las delicadas seducciones del amor.
degenera, el estrépito que produce viene a dar en gritos, es decir, brilla de
una manera desagradable. Su estilo y su compostura caen entonces en un Hay cierto espíritu de bagatelas170 que anuncia una especie de
galimatías y en la exageración, especie de necedad que es para lo sentimiento delicado directamente opuesto a lo sublime. Es el gusto de
magnífico lo que lo bizarro o lo fantástico, es a lo sublime serio. Cuando las cosas que suponen mucho arte y piden mucho trabajo, como los
está ofendido, recurre a los duelos o a los procesos, y en sus relaciones versos que se pueden leer al revés, enigmas, sortilegios, logogrifos, etc.
civiles no se ocupa más que de sus antepasados, de su rango y de sus Este es el gusto de todo lo que es compuesto y arreglado con mucho
títulos. En tanto que no es más que vano, es decir, en tanto que no busca ingenio, mas sin ningún objeto de utilidad, por ejemplo, libros
más que el honor y no piensa más que en agradar a la vista, es ya cuidadosamente arreglados sobre las largas tablas de una biblioteca,
insoportable; mas si falto de toda superioridad real y de todo talento, está donde se pasea una cabeza vacía que se concreta a mirarlos;
lleno de orgullo, viene a ser precisamente, como él más temería aparecer, departamentos adornados como los gabinetes de óptica, sostenidos con la
un loco. mayor propiedad, más habitados por un huésped duro y díscolo. Es el
gusto, en fin, de todo lo que es raro, por mediano que pueda ser por otra
Como en el carácter flemático no entra ningún elemento de lo sublime parte su valor intrínseco, como la lámpara de Epicteto, un guante del rey
o de lo bello, al menos en un grado que merezca llamar la atención, este Carlos XII, y bajo cierto respecto las medallas. Se puede suponer que los
carácter no pertenece al conjunto de nuestras observaciones. que tienen estos gustos son quisquillosos y raros en la ciencia, y que no
tienen en sus costumbres el sentimiento de lo que es bello y noble en sí.
De cualquier especie que sean los sentimientos delicados de los que
nos hemos ocupado hasta aquí, que sean sublimes o bellos, es su suerte Nosotros tenemos muchas veces la culpa de acusar a los que no
común de aparecer siempre falsos y absurdos a aquel que no es perciben el valor o la belleza de lo que nos inspira o nos encanta, por no
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comprenderlo. No se trata tanto aquí de lo que comprende nuestra carácter imponente al gran cuadro de la naturaleza humana. Porque yo no
inteligencia, como de lo que experimenta nuestra sensibilidad. Sin ignoro que las posiciones más grotescas, referidas al gran plan de la
embargo, las facultades del alma se hallan tan íntimamente ligadas, que naturaleza, no pueden causar más que una noble impresión, aunque
se puede las más veces juzgar de los dones del espíritu por la manera en tengamos la vista muy corta para recibirlas bajo este respecto. Sin
que el sentimiento se manifiesta. Porque es en vano que estos dones embargo, para tirar un golpe de vista rápido sobre este plan, yo creo
hubieran sido prodigados a aquel que no tuviera al mismo tiempo un vivo poder agregar las observaciones siguientes. Aquellos de entre los
sentimiento de lo que es verdaderamente noble o bello, y que no hallara hombres que obran conforme a principios, son poco numerosos, y esto es
en esto un móvil para hacer de estos dones un uso bueno y legítimo171. un bien en definitiva, porque es fácil extraviarse en estos principios, y el
daño que de esto resulta, es tanto mayor, cuanto los principios son más
Se llama ordinariamente útil, lo que puede satisfacer las necesidades generosos, y la persona que somete a ellos su conducta es más constante.
más groseras, como lo que puede procurarnos lo superfluo en la comida y Los que obedecen a buenas inclinaciones, son más numerosos, y esto es
la bebida, o el lujo en nuestro vestido, en nuestros muebles, y la excelente, aunque no se pueda casi hacer de ello un mérito para los
prodigalidad en los festines. Yo no veo, sin embargo, por qué no se pone individuos; porque si estos instintos virtuosos engañan alguna vez,
entre las cosas útiles igualmente todo lo que nos hacen desear nuestros atestiguan el uno en el otro, el gran objeto de la naturaleza, como los
más vivos sentimientos. Si se estima todo sobre esta base, el que no tiene otros instintos que dirigen tan regularmente el mundo animal. Los que
otra guía que el interés personal, no será jamás un hombre con quien se tienen siempre ante los ojos su querido yo, y refieren a él todos sus
pueda razonar sobre las cosas que exigen un gusto delicado. Para este esfuerzos, y para el que el interés personal es un gran eje alrededor del
hombre una gallina valdrá ciertamente más que un papagayo, una holla cual quisieran hacer girar todo, son los más numerosos; y no se puede en
de hierro más que un vaso de porcelana, un labrador más que todas las esto tener nada más ventajoso, porque estos son los más activos, los más
cabezas sabias del mundo, y tendrá como una gran falta el darse tanto arreglados y los más prudentes. Dan a todo la consistencia y la solidez,
trabajo para descubrir la distancia de las estrellas fijas, como por no haber concurriendo, sin quererlo, a la utilidad general, y suministrando los
hallado el mejor medio de servirse de la carne. ¡Mas qué locura discutir materiales y los fundamentos sobre los cuales almas más delicadas
aquí, puesto que nuestros sentimientos no se conforman, y es imposible pueden esparcir la belleza y la armonía. En fin, el amor del honor está en
ponerlos de acuerdo! Sin embargo, no es el hombre, por groseros y todos los corazones, aunque diversamente distribuido, lo que debe dar al
vulgares que sean sus sentimientos, el que no puede apercibirse de que conjunto una belleza arrebatadora. Porque aunque la ambición sea una
los encantos y goces de la vida; los menos indispensables en apariencia, locura, cuando se hace de ella la regla única a la cual se refieren todas sus
atraen casi todos nuestros cuidados, y que si queremos excluirlos, casi demás inclinaciones, ello es, sin embargo, excelente como móvil auxiliar.
todos nuestros esfuerzos serían sin motivo y sin objeto. Del mismo modo En efecto, obrando en este gran teatro conforme a sus inclinaciones
no hay nadie bastante grosero para no presentir que una acción moral, al dominantes, cada uno obedece al mismo tiempo a un móvil secreto que le
menos en otro, nos atraerá tanto más cuanto sea desinteresada, y cuanto lleva a colocarse en un punto de vista extraño, para poder juzgar la
sus motivos sean más nobles. impresión que su conducta debe producir sobre los demás. Así es, que los
diversos grupos se reunirán en un cuadro de un magnífico efecto, en
Cuando yo observo alternativamente la parte noble y la débil del donde la unidad reine en medio de la variedad, y en cuyo conjunto
hombre, me repruebo a mí mismo de no poderme colocar bajo el punto de sobresalgan la belleza y la unidad de la naturaleza humana.
vista en que se ven armonizarse estos contrastes, de manera que den un
192
Las mujeres tienen un sentimiento innato y poderoso por todo lo que
es bello, elegante y adornado. Ya en la infancia aman ellas la compostura.
Tercera sección Son propias y muy sensibles para todo lo que puede causar gustos. La
lisonja les agrada, y se les puede entretener con bagatelas, con tal de que
De la diferencia de lo sublime y de lo bello en la relación de los sexos estén alegres y contentas. Tienen, desde muy temprano, maneras
modestas; saben darse un aire fino, y poseerse por sí mismas en una edad
El primero que comprendió todas las mujeres bajo la denominación de en que la juventud más elevada del otro sexo es todavía intratable, torpe y
bello sexo, quiso quizá decirles algo lisonjero, mas sin duda lo encontró embarazada. Tienen mucha simpatía, bondad y compasión. Prefieren lo
más justo que lo creía él mismo. Porque sin considerar que su figura es en bello a lo útil: así son voluntariamente económicas para lo superfluo de
general más fina, sus rasgos más delicados y más dulces, su fisonomía sus gastos de manutención, con el fin de poder gastar más en su toilette y
más significativa y de más atractivo en la expresión de la amistad, de la compostura. Son muy sensibles a la más pequeña ofensa, y muy hábiles
broma y de la afabilidad que entre los hombres, y sin hablar de esta virtud para notar la más ligera falta de atención y de estima. En una palabra,
mágica y secreta por la cual nos disponen y nos apasionan para juzgarlas representan en la naturaleza humana el predominio de las bellas
de una manera favorable, se nota principalmente en el carácter de este cualidades sobre las nobles, y sirven aun para civilizar al sexo masculino.
sexo rasgos particulares que lo distinguen claramente del nuestro, y que
son principalmente notados con el sello de la belleza. De otro lado, Se me dispensará, así lo espero, de la enumeración de las cualidades
nosotros podríamos reivindicar la denominación de sexo noble, si no de los hombres análogas a las de que he hablado, y nos contentaremos
fuera deber de un noble carácter el rechazar los títulos de honor, y querer con considerarlas, refiriendo las unas a las otras. «El bello sexo tiene
mejor darlos que recibirlos. Esto no significa que se deba entender por tanto espíritu como el sexo masculino, pero es del bello espíritu, mientras
esto que a la mujer falten cualidades nobles, o que el hombre no pueda que el nuestro es un espíritu profundo, expresión idéntica a la de lo
tener ninguna especie de belleza; al contrario, se quiere que cada sexo sublime.»
reúna estos dos géneros de cualidades, mas de tal suerte, que en la mujer
todas las otras ventajas concurran a revelar el carácter de la belleza, al Es propio de las acciones bellas indicar una gran facilidad, y parecer
cual debe referir todo lo demás; mientras que por el contrario, lo sublime que se han ejecutado sin ningún trabajo; al contrario, grandes esfuerzos,
debe ser el signo característico del hombre, y dominar visiblemente todas dificultades enormes, excitan la admiración y pertenecen a lo sublime.
sus cualidades. Tal es el principio que debe dirigir todos nuestros juicios, Profundas reflexiones, una contemplación larga y sostenida son nobles,
sean de censura o de elogio, sobre los dos sexos; el mismo que hay que pero difíciles, y no convienen casi a una persona cuyos encantos naturales
tener en cuenta en toda educación, en todo esfuerzo emprendido para no nos deban dar otra idea que la de la belleza. Estudios fastidiosos,
conducir el uno al otro a su perfección moral, si no se quiere borrar penosas investigaciones, por lejos que una mujer las lleve, borran las
enteramente esta diferencia halagüeña que la naturaleza ha puesto entre ventajas propias de su sexo; podrá muy bien llegar a ser, a causa de la
ellos. Porque no basta representarse que hay criaturas humanas ante rareza del hecho, el objeto de una fría admiración, mas también
nuestra vista; no se debe olvidar que estas criaturas no son todas del comprometerá en esto sus encantos, que le dan tan gran poder sobre el
mismo género. otro sexo. Una mujer que tiene la cabeza llena de griego, como madama
Dacier, o que emprende sabias disertaciones sobre la mecánica, como la
marquesa del Chatelet, haría muy bien en llevar barba, porque esto
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expresaría quizá todavía más bien el profundo saber que la ambición. El un mapa que represente el globo terrestre o las principales partes de la
bello espíritu escoge por objeto todo lo que toca a los sentimientos más tierra. Se consigue esto, poniéndolo ante sus ojos, describiéndole los
delicados; abandona las especulaciones abstractas y los conocimientos diversos caracteres de los pueblos, la variedad de sus gustos y de sus
útiles pero áridos para el espíritu laborioso, sólido y profundo. Así las sentimientos morales, principalmente si se muestra la influencia sobre las
mujeres no aprenderán la geometría; ellas no sabrán del principio de la relaciones de los sexos entre sí, y si se agrega a esto algunas simples
razón suficiente o de las mónadas más que lo que les sea necesario para explicaciones sacadas de la diferencia de los climas, y de la libertad o de
sentir el chiste esparcido en las sátiras de los pequeños críticos de nuestro la esclavitud de estos pueblos. Importa poco que sepan o ignoren las
sexo. Las bellas pueden dejar turnar los torbellinos de Descartes, si divisiones particulares de este país, su industria, su poder o su soberano.
inquietarse, cuando aun la amable Fontanelle querría acompañarlos en Del mismo modo, del sistema del mundo no se cuidan de saber más que
medio de los planetas. Ellas no perderán nada del poder de sus encantos, lo que les es necesario para ser atraídas por el espectáculo del cielo en
por ignorar todo lo que Algarotti se ha tomado el trabajo de escribir para una bella soirée, es decir, para comprender de alguna manera que existen
las mismas sobre las fuerzas atractivas de la materia conforme al sistema todavía otros mundos y otras bellas criaturas. Los sentimientos de las
de Newton. En la historia, ellas no se llenarán la cabeza de batallas, y en pinturas expresivas, el de la música, no de aquella que muestra el arte,
la geografía de plazas fuertes; porque les conviene tan poco sentir el sino de la que atrae, todo esto depura y eleva el gusto de este sexo, y se
viento del cañón, como a nosotros sentir el almizcle. halla siempre ligado a emociones morales. Nunca para las mujeres
instrucción fría y especulativa; siempre sentimientos, según comprendo
Se dirá que por una astucia maliciosa, los hombres quieren inspirar al de los que más convengan lo posible al bello sexo. Mas una instrucción
bello sexo este mal gusto. Porque sintiendo bien su debilidad para con los de esta naturaleza es rara, porque exige talento, experiencia y un corazón
encantos naturales de este sexo, y sabiendo que una sola mirada maligna lleno de sentimiento, y las mujeres pueden excederse en toda esta
les turba mucho más que la cuestión más difícil, saben también que, instrucción, porque saben muy bien formarse por sí mismas sin estos
desde que las mujeres siguen este gusto, encuentran su superioridad y auxilios.
adquieren una ventaja que muy difícilmente habrían obtenido sin eso, la
de halagar con una generosa indulgencia la sensibilidad de su vanidad. El La virtud de las mujeres debe ser bella172; la de los hombres noble.
objeto de la ciencia de las mujeres es principalmente la especie humana, Las mujeres evitan el mal, no porque es injusto, sino porque es fastidioso,
y en ella el hombre en particular. Su filosofía no es razonar, sino sentir. y las acciones virtuosas son para ellas acciones moralmente bellas. No les
Es necesario no perder de vista esta verdad, si se quiere darles ocasión a hablemos de necesidad, de deber, de obligación. Soportan difícilmente las
mostrar su bella naturaleza. No se debe pretender desenvolver su órdenes y toda violencia brutal. No hacen más que lo que les agrada, y el
memoria, sino sus sentimientos morales, y esto, no por medio de reglas arte consiste en hacer el bien agradable. Yo casi no creo que el bello sexo
generales, sino por el resultado de acciones particulares, sobre las cuales se conduzca por principios y no quiero ofenderle con esto, porque los
se apelará a su juicio. Los ejemplos sacados de la antigüedad y que principios son extremadamente raros aun en los hombres. Así, la
muestran la influencia que el bello sexo ha ejercido en los negocios del Providencia puesto en su corazón sentimientos buenos y benévolos, un
mundo, las diversas condiciones que le han dado los hombres en otros sentimiento delicado de buena educación y un alma complaciente. Mas
siglos y en países extranjeros, el carácter de los dos sexos cuando se no les pidáis sacrificios y grandes esfuerzos sobre sí mismas. Un esposo
traduce en estos ejemplos, el gato variado de los placeres, he aquí su no debe decir jamás a su mujer que expone una parte de su fortuna por un
historia y su geografía. Es bello hacer agradable a una mujer la vista de amigo. ¿Por qué ha de encadenar su humor amable y gracioso, cargando
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su espíritu con el peso de un secreto importante, del que debe ser el entre sí muy severamente, porque los encantos de la una parecen
guardador? Muchas debilidades de las mujeres son, por decirlo así, bellos oscurecer los de la otra, y las que tienen grandes pretensiones de hacer
defectos. La ofensa o la desgracia llena su alma tierna de pena. El hombre conquistas son rara vez amigas, en el verdadero sentido de la palabra.
no debe jamás derramar más que lágrimas generosas; las que le hacen
esparcir el sufrimiento o los reveses de la fortuna le hacen despreciable. No hay nada más opuesto a lo bello que lo que inspira el disgusto,
La vanidad que se refiere de tan diversas maneras al bello sexo, es, si se como no hay nada más distante de lo sublime que lo ridículo. Así no se
quiere, un defecto, mas es al menos un bello defecto. Porque sin hablar de puede hacer un ultraje más sensible a un hombre que tratarle de loco, y a
la contrariedad que experimentarían los hombres que quisieran adular una mujer que hallarla repugnante. El Espectador inglés sostiene que no
tanto a las mujeres, si no estuviesen dispuestas a recibir bien sus hay reproche más fastidioso para un hombre que el de embustero, y para
propósitos, esta inclinación anima todavía sus encantos. Ella las lleva a una mujer que el de impúdica. Yo no discuto el valor de esta opinión,
concederse gracias y una buena subsistencia, a dejar obrar libremente la para juzgarla según la severidad de la moral. La cuestión aquí no es saber
vivacidad de su espíritu, a brillar y realzar su belleza con todo lo que la lo que merece en sí el mayor vituperio, sino lo que resiente en el hecho
moda inventa continamente. No hay nada en esto de ofensa para los con mayor fuerza. Por lo que yo pregunto a cada uno de mis lectores, si
demás; se halla aquí, por el contrario, cuando en ella preside el buen colocándose con el pensamiento en un caso semejante, no percibe mi
gusto, tanto placer, que es estar mal aconsejado censurarlas con aspereza. advertencia. Ninon de Lenclos no tenía la menor pretensión acerca de la
Una mujer que sobre este punto es demasiado ligera y demasiado frívola, castidad, y sin embargo, se hubiera ofendido altamente si uno de sus
se llama una loca, y este epíteto no encierra un reproche tan duro como amantes hubiese mostrado la menor repugnancia a su persona. Se sabe la
cuando se aplica al hombre, cambiando la desinencia, hasta tal punto que suerte cruel que experimentó Monadelschi por una expresión ofensiva de
entre dos personas que se entienden bien, expresa alguna vez una este género sobre una princesa que no quería, sin embargo, pasar por una
adulación familiar. Si la vanidad es un defecto, que entre los hombres Lucrecia. Es insoportable no poder hacer el mal aun cuando se quisiera,
merece que se le excuse, el orgullo, no es solamente vituperable, como puesto que renunciando a él no se practica más que una virtud muy
entre los hombres en general, sino que desfigura enteramente el carácter dudosa.
de su sexo; porque este vicio estúpido y fastidioso es completamente
opuesto a los modestos y seductores encantos. Una persona que tiene este Una cosa sirve para apartar las mujeres cuanto sea posible de todo lo
defecto está n una posición difícil; es necesario que consienta en ser que pueda inspirar disgusto, es el amor de la limpieza, que conviene por
juzgada severamente y sin indulgencia; porque cualquiera que pretende otra parte a todos los hombres, pero que debe ser mirada como una de las
gozar de una gran consideración, dispone al vituperio a todos los que le primeras virtudes del bello sexo; las mujeres no pueden casi llevarla muy
rodean. El descubrimiento del menor defecto da a todos una verdadera lejos, mientras que entre los hombres excede alguna vez la medida, y
alegría, y el epíteto de loca pierde aquí su significación dulce. Es viene a ser entonces algo insípido.
necesario distinguir bien la vanidad del orgullo. La vanidad busca los
sufragios, y honra en cierto modo a estos junto a los que se toma este El pudor es un secreto del cual se sirve la naturaleza para poner límites
trabajo; el orgullo se cree ya en plena posesión, y como no se esfuerza en a una inclinación indomable, que provocada por el grito de la naturaleza,
obtenerlos, no obtiene ninguno. Si una sola parte de vanidad no daña en parece conformarse con las buenas cualidades morales, aun cuando se
nada a una mujer a los ojos de los hombres, al contrario, cuando es más descarte de ellas. Es, pues, muy necesario como suplemento de los
visible, lleva la división al bello sexo. Las mujeres se juzgan entonces principios, porque no hay inclinación que haga sofistas más hábiles para
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inventar complacientes principios. Ella sirve aun para correr un velo Las personas dotadas de tal carácter, tienen también un corazón formado
misterioso sobre los designios más legítimos y más importantes de la para la amistad, disposición que no se sabría estimar demasiado entre las
naturaleza, por temor de que un conocimiento demasiado grande de estos, mujeres, porque es muy rara, aunque tenga en esto un gran encanto.
no nos inspire el disgusto o al menos la indiferencia por el objeto final de
una inclinación sobre la cual descansan las más delicadas y vivas de la Cuando nuestro objeto es juzgar sentimientos, no podemos saber, a
naturaleza humana. Esta cualidad es principalmente propia del bello sexo pesar de explicar tanto como sea posible la diferencia de las impresiones
y le sienta perfectamente. Así es una despreciable grosería el que se que hacen sobre los hombres, la figura y los rasgos del bello sexo. Todo
intente embarazar o fastidiar la tierna modestia de las mujeres con esta este encanto descansa en el fondo sobre la inclinación que nos lleva hacia
especie de lisonjas de mal tono que se llama obscenidad. Como a pesar de él. La naturaleza prosigue su gran designio, y todas las delicadezas que a
que se den vueltas cuanto se quiera al rededor del secreto de la ella se juntan y que parecen separarse tanto como ellas quieren, no son
naturaleza, la inclinación que nos arrastra hacia el otro sexo es, en más que accesorios de ella, y derivan en definitiva todo su encanto del
definitiva, la causa de los encantos que en él hallamos, y como la mujer mismo origen. Un gusto bueno y verdadero, que está siempre
es siempre, como mujer, el agradable sujeto de un entretenimiento, en determinado por esta inclinación, no será más que débilmente atraído por
donde respiran dulces costumbres, he aquí por qué sin duda hombres, por los encantos de la conversación, señas del semblante, los ojos, etc., en
lo demás amables, toman de tiempo en tiempo la libertad de hacer una mujer, y como no ve en ella más que el sexo, trata ordinariamente la
entrever a través de sus maliciosas lisonjas, finas alusiones que les delicadeza de los dernás de pura burla.
merecen el título de malignos, y puesto que no ofenden con miradas
demasiado curiosas y no piensan en herir la estima, creen tener el derecho Aunque este gusto no sea delicado, no es, sin embargo, para
de tratar de mojigata a la persona que las recibe con aire frío y de despreciarlo. Porque, gracias a él, es como la mayor parte de los hombres
desprecio. Yo no hablo de esta malicia más que porque se la considera obedece de una manera sencilla y segura a la gran ley de la naturaleza173.
como un sello determinado de buena sociedad, y que en el hecho se ha Por esto es por lo que se forman la mayor parte de los matrimonios, al
gastado en ella hasta aquí mucho espíritu; en cuanto al juicio que debe menos en la clase más laboriosa de la sociedad, y cuando un hombre no
llevar una moral severa, no es el lugar a propósito de esta cuestión, tiene la cabeza llena de aires encantadores y lisonjeros, de miradas
puesto que hablando del sentimiento de lo bello, yo no tengo que apasionadas, de noble talante, etc., y cuando no comprende nada de todo
considerar ni explicar más que apariencias. esto, no atiende más que a las virtudes domésticas, la economía, etc., y
aun a la dote. En cuanto al gusto delicado, que exige que se haga una
Las cualidades nobles de este sexo, que sin embargo, como lo hemos distinción entre los encantos exteriores de las mujeres, se refiere a lo que
hecho notar, no deben jamás hacer despreciable el sentimiento de lo hay de moral o de inmoral en la figura y en la expresión del aspecto.
bello, no se anuncian nunca más clara y seguramente que por la modestia, Considerando los encantos de una mujer bajo este último punto de vista,
especie de simplicidad y de ingenuidad noble. Se ve brillar una tranquila se la podrá llamar linda. Formas bien proporcionadas, rasgos regulares,
benevolencia y una estima para los demás, acompañadas de una noble una feliz armonía del color de la tez y el de los ojos, estas son bellezas
confianza en sí y de una justa apreciación de su persona, que se halla que agradan también en un ramillete de flores y obtienen una fría
siempre en un carácter sublime. Como este feliz acuerdo seduce por su admiración. El aspecto mismo no dice nada, tiene bello el ser, lindo, y no
encanto, inspirando y ordenando la estima, pone todas las demás habla al corazón. Mas cuando la expresión de los rasgos, de los ojos o de
cualidades brillantes al abrigo de la malignidad del vituperio y la burla. la figura, es moral, se reduce al sentimiento de lo sublime o al de lo bello.
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Una mujer en la que los atractivos de su sexo hacen aparecer la inclinación por el sexo es todavía nueva y empieza a desenvolverse,
principalmente la expresión moral de lo sublime, se llama bella en el venga a ser como el tipo, al cual, en lo sucesivo, deberán referirse más o
verdadero sentido de la palabra; aquella cuya fisonomía o los rasgos del menos todas las demás figuras de las mujeres, para excitar en nosotros
semblante tienen un carácter moral que anuncia las cualidades de lo bello, estos caprichosos deseos que nos fuerzan, a pesar de la grosería de esta
es agradable; y si lo es en alto grado, encantadora. La primera, bajo un inclinación, a escoger entre diversos objetos. En cuanto al gusto más
aire tranquilo, en una doble apostura, y en miradas modestas, deja delicado, yo sostengo que todos los hombres juzgan poco más o menos
traslucir el esplendor de un alma bella; una sensibilidad tierna, un de una manera uniforme esta especie de belleza que hemos llamado linda
corazón benevolente, se juntan sobre su rostro y se amparan a la vez de la figura, y que más allá no sean las opiniones tan opuestas como
inclinación y el respeto de nuestros corazones. En los ojos alegres de la comúnmente se cree. Las circasianas y las georgianas han parecido
segunda, resplandecen la gracia, el espíritu, una fina molicie, una ligera siempre muy lindas a los europeos que han viajado por su país. Los
mofa y una frialdad simulada. Yo no quiero dejarme arrastrar demasiado turcos, los árabes y los persas, deben tener el mismo gusto, puesto que
lejos en el análisis de este género, porque en semejante materia, el autor ellos están muy deseosos de embellecer su población con la mezcla de tan
tiene siempre el aire de seguir su propia inclinación. Sin embargo, yo bella raza, y se nota que esto ha salido bien realmente a la raza persa. Los
añadiría todavía que el gusto que tienen muchas damas por una tez mercaderes del Indostán, no dejan de sacar un gran provecho del
pálida, pero sana, se explica muy fácilmente. Es que en efecto, esta detestable comercio que hacen de estas bellas criaturas, llevándolas a las
especie de tez, acompaña comúnmente a un carácter dotado de una personas ricas y regaladas de su país; y se ve que cualquiera que sea la
sensibilidad más profunda y más tierna, lo que se comprende en lo diferencia que presenten los caprichos del gusto en estas deferentes
sublime, mientras que un color encarnado y floreciente anuncia más bien comarcas, la que ha sido una vez reconocida en la una como
un carácter vivo y alegre; por lo que es más lisonjero para la vanidad superiormente linda, lo será también en todas las demás. Mas si en el
inspirar y encadenar, que encantar y seducir. Puede haber en esto juicio que se forma sobre la delicadeza de una figura, se hace entrar la
personas lindas, pero sin ningún sentimiento moral y sin ninguna expresión moral de los atractivos, entonces el gusto variará entre los
expresión; ellas no sabrán ni inspirar ni encantar, si no es este el gusto hombres, según sus sentimientos morales, o según las diferentes
sólido de que hemos hablado, y al que ocurre alguna vez refinar y hacer significaciones que puedan hallar para la figura. Se ven muchas veces
una elección a su manera. Es una desgracia que estas bellas criaturas figuras, que al primer aspecto no hacen un gran efecto, porque no son
caigan fácilmente en el defecto del orgullo, cuando consultan a su espejo completamente lindas, pero que desde que comienzan a agradar, gracias a
que les muestra su belleza, y que carezcan de sentimientos delicados, un más íntimo conocimiento, parecen cautivar mucho más y embellecerse
porque entonces consideran a todo el mundo indiferente a su vista, continuamente, mientras que por el contrario, una linda figura que se
excepto la lisonja que tiene sus aspectos y usa de artificio. Uno se ofrece al primer golpe de vista, se mira en lo sucesivo con más frialdad.
explicará quizá conforme a estas ideas, los diversos efectos que la figura Esto viene sin duda de que los atractivos morales, desde que son
de una mujer produce sobre el gusto de los hombres. Yo no hablo de lo sensibles, encadenan más, y como los sentimientos morales necesitan una
que en estos efectos toca demasiado cerca al apetito del sexo, ni de lo que ocasión para producirse y mostrarse, cada descubrimiento de un nuevo
es susceptible de conformar con esta idea particular, de voluptuosidad de encanto de este género, nos hace sospechar bien de otros todavía,
que se envuelve el sentimiento de cada uno, porque esto sale de la esfera mientras que los placeres que no se ocultan, cuando han producido una
de su gusto delicado. Quizá Mr. de Buffon, tenga razón al suponer que la vez todo su efecto, no pueden en lo sucesivo impedir la curiosidad
figura que hace sobre nosotros la primera impresion, en el tiempo en que amorosa de enfriarse y de cambiarse insensiblemente en indiferencia.
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perfección de los hombres, porque el que no cuenta más que sobre lo
He aquí una nota que se presenta muy naturalmente en medio de estas mediano, tiene la ventaja de ser rara vez defraudada su esperanza por los
observaciones. El sentimiento completamente simple y grosero del acontecimientos, mientras que es alguna vez sorprendido por
apetito del sexo, conduce ciertamente, de la manera más directa, a algún perfecciones inesperadas. La edad, este gran enemigo de la belleza,
objeto de la naturaleza, y ejecutando su orden, es propio para hacer los amenaza todos estos atractivos, y cuando el orden natural se sigue, es
individuos dichosos sin rodeo; mas a causa de su universalidad, degenera necesario que las cualidades sublimes y nobles tomen poco a poco el
fácilmente en libertinaje y desorden. De otro lado, un gusto mucho más puesto de las bellas cualidades, con el fin de que, a medida que la persona
delicado sirve ciertamente para quitar su grosería a una inclinación cese de ser amable, adquiera siempre nuevos derechos al respeto. Es a mi
impetuosa, y restringiéndolo a un número muy pequeño de objetos, a entender, en una bella simplicidad relevada por un sentimiento delicado
darle un carácter de moralidad y de urbanidad, mas falta ordinariamente por todo lo que es de atractivo y noble, en lo que debería consistir toda la
el gran objeto final de naturaleza, y como exige y atiende mucho más que perfección del bello sexo en la flor de la edad. Cuando la pretensión a los
tiene por costumbre dar, hace raramente dichosas las personas que lo atractivos viene a debilitarse insensiblemente, la lectura de los libros, el
poseen. El primero de estos gustos es grosero, porque se reduce a todos desenvolvimiento del espíritu podría poco a poco dejar a las musas la
los individuos de un sexo; el segundo, es refinado, porque no se reduce plaza poco ha ocupada por las gracias, y el marido debería ser el primer
propiamente a ninguno: no se ocupa más que de un objeto que se crea la señor. Sin embargo, aun cuando llegue esta época de la vejez, tan terrible
imaginación, y que adorna de todas las nobles y bellas cualidades que la para todas las mujeres, pertenecen todavía al bello sexo, y se
naturaleza reúne rara vez en una sola persona, y que más raramente descomponen por sí mismas, cuando, desesperando de poder sostener por
todavía ofrece a aquél que podría apreciarlas y fuera digno de tal más tiempo este carácter, se entregan a un humor fastidioso y adusto. Una
posesión. He aquí por qué se aplaza el matrimonio; por qué se renuncia a persona de cierta edad, que muestra en sociedad un aire dulce y amistoso,
él por completo, o lo que es quizá peor todavía, por qué se arrepiente cuya afabilidad es mezclada de gracia y de razón que favorece con
amargamente cuando se ha hecho una elección que no llena el objeto, urbanidad las diversiones de la juventud en las que no toma parte, y que
porque ocurre algunas veces como al cojo de Esopo que encuentra una llamando su atención principalmente, muestra el contento que
perla, cuando un grano de arena hubiera llenado mejor su objeto. experimenta con la alegría que la rodea, tal persona es todavía algo más
fina y más delicada que un hombre de la misma edad, y quizá sea más
Podemos notar aquí, en general, que por muy atractivas que quedan amable que una joven, aunque en otro sentido. Se podría muy bien
ser las impresiones de un gusto delicado no se debe emprender, sin reprochar de un poco, de demasiada misticidad a este amor platónico que
embargo, el refinarlo más que con precaución, si no se quiere, preconizaba un antiguo filósofo, cuando decía del objeto de su
atribuyéndole un encanto excesivo, prepararse un origen de pesares y de inclinación. Las gracias residen en sus arrugas, y mi alma parece procurar
males. Por poco que la cosa me parezca practicable, yo propondría sobre mis labios cuando bajo su boca marchite; mas tales pretensiones
voluntariamente a las almas nobles depurar este gusto en lo posible, en son impropias de esta edad. Un viejo que hace de amador es un viejo
todo lo que toca a sus propias cualidades o sus propias acciones, pero fatuo, y en el otro sexo estas especies de pretensiones excitan el disgusto.
dejarle en su simplicidad relativamente a sus goces, o a lo que expresan Si nosotros no nos comportamos con urbanidad no debe tomarse esto de
de otros. Si pudiera ser así, ellas se harían dichosas, y los demás con la naturaleza, sino del desarreglo de nuestra voluntad.
ellas. No se debe jamás olvidar que en cualquier cosa que esto sea, no se
debe jamás fundar muy grandes esperanzas sobre la dicha de la vida y la
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Con el fin de no perder de vista mi texto, quiero presentar todavía a los de Tesalia, respondió: Estas gentes son demasiado tontos para
algunas consideraciones sobre la influencia que los dos sexos pueden dejarse engañar por un hombre como yo. Por otra parte, se ha observado
ejercer el uno sobre el otro, embelleciendo o ennobleciendo sus ya que uno de los efectos de la sociedad, es hacer las costumbres de los
sentimientos. Las mujeres tienen un sentimiento particular por lo bello, hombres más dulces, sus maneras más elegantes y más corteses, su
por relación a lo que se refiere a ellas mismas, y por lo noble, en lo que sustentación más esmerada; pero esto no es más que una ventaja
debe esperarse de los hombres. Los hombres, por el contrario, tienen un accesoria174. Lo esencial es que el hombre como hombre, y la mujer
sentimiento decidido por lo noble, que conviene a sus cualidades, y por lo como mujer, vengan a ser más perfectos, es decir, que la inclinación que
bello, en lo que se debe esperar de las mujeres. De aquí debe resultar que tienen los dos sexos obre conforme al voto de la naturaleza, de manera
el objeto de la naturaleza es dar al hombre más nobleza todavía, y a la que haga más nobles todavía las cualidades del uno, y más bellas las
mujer más belleza por la inclinación más recíproca de los dos sexos. Una cualidades del otro. Si los dos llegan de este modo al mayor grado de
mujer no se inquieta casi por no poseer ciertos conocimientos elevados, perfección, el hombre entonces, confiado en su mérito, podrá decir a la
por ser tímida y poco propia para los asuntos importantes, etc., etc., es mujer: aunque no me ames, yo te obligaré a estimarme; y la mujer, segura
bella y seductora, y esto basta. Al contrario, ella exige todas estas del poder de sus encantos, podrá decir al hombre: aunque no me estimes
cualidades del hombre, y la sublimidad de su alma no se revela más que interiormente, yo te obligaré sin embargo a amarme. A falta de
por la estima que sabe hacer de sus nobles cualidades, cuando las halla en semejantes principios, vemos hombres, para agradar, tomar aires
él. ¿Cómo, sin esto, tantos hombres tan feos, a pesar de su mérito, afeminados, y alguna vez también (aunque es menos frecuente), mujeres
vendrían a enlazarse a mujeres tan lindas y tan seductoras? El hombre, al afectar un aire varonil para inspirar la estima; pero se hace siempre muy
contrario, es mucho más exigente en la parte de atractivos o de la belleza mal lo que se hace contra el orden de la naturaleza.
de la mujer. La delicadeza de sus rasgos, su ingenuidad graciosa y su
seductora amabilidad la indemnizan de la falta de lectura y otros defectos En la vida conyugal, un enlace íntimo no debe formar en cierto modo
que él mismo debe reparar por sus propios talentos. La vanidad y la moda más que una sola persona moral, animada y dirigida por la inteligencia
pueden muy bien dar a estas inclinaciones naturales una falsa dirección, y del hombre y por el gusto de la mujer. Porque no solamente se puede
hacer de un hombre un pequeño señor, y de una mujer una pedante o una atribuir a aquel más de esta penetración que de la experiencia, y a esta
amazona; mas la naturaleza busca siempre el reducirnos a ella. Se puede más finura y precisión en el sentimiento, sino que también es lo propio de
juzgar, conforme a esto, cuánto podría contribuir la inclinación que un noble carácter colocar en la complacencia de un objeto amado el fin
tenemos por las mujeres a ennoblecernos, si en lugar de una instrucción de sus esfuerzos; y de otro lado, es propio de una bella alma buscar el
árida, se desenvolviese en ellas desde muy temprano el sentimiento contestar a tales intenciones con una amable complacencia. Bajo este
moral, a fin de hacerlas capaces de sentir lo que conviene a la dignidad y respecto, no tiene lugar ninguna lucha de superioridad, y allí donde se
a las cualidades sublimes del otro sexo, y prepararlas con esto a mirar con levanta, es el signo seguro de un gusto grosero y de una unión mal hecha.
desprecio los raros melindres, y a no dirigirse a ninguna otra cualidad que Desde que se trata del derecho de mandar, todo el encanto de la unión
el mérito. Es cierto también que el poder de los encantos ganaría con esto está ya perdido; porque como es la inclinación lo que debe formarla, está
en general; porque vemos que el embellecimiento que producen no obra ya a medio romper, cuando el deber comienza a hacerse entender. Toda
más que sobre almas nobles; las demás no son bastante delicadas para pretensión de la mujer a tomar un tono duro e imperioso, es odiosa; una
experimentarlo. De una insensibilidad de este género es de la que se pretensión semejante en el hombre, es baja y despreciable. Sin embargo,
lamentaba el poeta Simónides cuando invitado a mostrar sus bellos cantos la sabia disposición de las cosas quiere que toda esta delicadeza, toda esta
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ternura de sentimiento, no tenga toda su fuerza más que al principio; en lo pero en donde cada uno de estos, considerado por sí mismo, siendo más
sucesivo, la costumbre y los asuntos domésticos la quitan frío, el espíritu está más libre para seguir ciertos ejemplos, y necesita
insensiblemente y la cambian en esta amistad familiar, en donde el gran también de su impulso. Entre los alemanes, el sentimiento de lo bello es,
arte consiste en entretener todavía algún resto del primer sentimiento, a pues, menos vivo que en los franceses, y el sentimiento de lo sublime
fin de que la indiferencia y la saciedad, no quiten todo el placer que se menos vivo que en los ingleses; pero les convienen mejor los casos en
hubiera prometido al formar tal unión. que estos dos sentimientos deben mezclarse; así evitarán las faltas a que
pueden conducir la exageración de cada una de estas dos especies de
sentimientos.
Yo no haré más que tocar ligeramente las artes y las ciencias, cuya
Cuarta sección elección puede confirmar el gusto que hemos atribuido a cada nación. El
genio italiano se distingue principalmente en la música, en la pintura, en
De los caracteres nacionales en sus relaciones con los diversos la escultura y en la arquitectura. Todas estas bellas artes son cultivadas en
sentimientos de lo sublime y de lo bello Francia con un gusto muy delicado, aunque la belleza sea de menos
atractivo. El sentimiento de la perfección poética u oratoria inclina más
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hacia lo bello en Francia y hacia lo sublime en Inglaterra. El chiste
Los italianos y los franceses, se distinguen principalmente, según yo, delicado, la comedia, la alegre sátira, la jocosidad del amor, un estilo fácil
entre todos los demás pueblos de Europa, por el sentimiento de lo bello; y flexible, todo esto son cosas originales en Francia. Inglaterra, al
los alemanes, los ingleses y los españoles, por el de lo sublime. En cuanto contrario, es el país de los pensamientos profundos, de la tragedia, del
a la Holanda, es un país en donde estos sentimientos delicados se hacen poema épico, de los lingotes de oro que bajo el laminador francés se
notar poco. Lo bello por sí solo es arrebatador, y nos atrae; o bien es transforman en hojas delgadas y ligeras. En Alemania, el espíritu brilla
alegre, y nos encanta. La primera especie, tiene algo de sublime, y el aun a través de la locura. Era en otro tiempo chocante, pero gracias a los
espíritu, en el sentimiento que en él hay, es pensativo y extasiado; en el buenos ejemplos y al buen sentido de la nación, ha adquirido más gracia
sentimiento de la segunda, es alegre y gracioso. Por lo que la primera y nobleza, aunque la primera cualidad sea allí menos ingenua, y la
especie, parece particularmente convenir a los italianos, y la segunda, a segunda menos atrevida que en los dos pueblos de que acabamos de
los franceses. En el carácter nacional que expresa lo sublime, este es del hablar. El gusto de la nación holandesa por un orden minucioso y por una
género terrible y se inclina un poco a lo extraordinario, o bien se tiene el elegancia que da mucho desasosiego y mucho embarazo, indica poca
sentimiento de lo noble, o bien todavía el de lo magnífico. Por lo que yo disposición para estos movimientos naturales del genio, cuya belleza
creo atribuir el sentimiento de la primera especie a los españoles; el de la sería sofocada por los cuidados de una tímida presunción. Nada puede ser
segunda, a los ingleses, y el de la tercera, a los alemanes. El sentimiento más opuesto a las artes y a las ciencias que un gusto extravagante, porque
de lo magnífico no es original de su naturaleza, como las otras especies este pervierte la naturaleza, que es el tipo de todo lo que es bello y noble:
de gusto, y aunque el espíritu de imitación se acomoda a todo otro así la nación española muestra poco gusto por las artes y las ciencias.
sentimiento, es, sin embargo, más llevado a lo sublime de efecto, porque
el sentimiento de este género de sublime no es propiamente más que un Las caracteres de las naciones se reconocen principalmente en sus
sentimiento mixto, en donde entran a la vez el de lo bello y el de lo noble, cualidades morales; es por lo que nosotros vamos a examinar, bajo este
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punto de vista, sus diversos sentimientos, relativamente a lo sublime y a ingenio177, por ejemplo, en las matemáticas y en las demás artes o en las
lo bello176. otras ciencias abstractas y profundas, muestra tanta penetración y solidez
como ningún otro pueblo. Una buena palabra no tiene para él un valor
El Español es serio, discreto y verídico. Hay en el mundo pocos pasajero, como en otra parte; se empeña en extenderla y aun en
comerciantes más honrados que los de España. Tiene un espíritu conservarla en libros como un acontecimiento importante. Es ciudadano
arrogante, y prefiere las bellas acciones a las grandes. Como en la tranquilo, y se venga de la opresión del gobierno por medio de la sátira, o
composición de su carácter se halla poca dulzura y benevolencia, es de discursos en el Parlamento, y cuando los padres del pueblo han
muchas veces duro y aun cruel. El auto de fe no se ha sostenido tanto por mostrado por este medio, según su deseo, una bella apariencia de
la superstición como por el gusto extravagante de la nación, que sellaba patriotismo, todo concluye por un glorioso destierro o por canciones en
con el respeto y el temor el espectáculo de los desgraciados cubiertos de su alabanza. El objeto a que se refieren principalmente los méritos y las
figuras diabólicas del Sambenito, y llevados a la hoguera que alimentaba cualidades de los franceses, es la mujer178. Esto no es que entre ellos sea
una bárbara piedad. No se puede decir que los españoles sean más amada o más estimada que en otras partes, pero ella les da una
magnánimos o más amorosos que ningún otro pueblo, pero son lo uno y excelente ocasión de mostrar en todo su claridad, su espíritu, su
lo otro de una manera bizarra e inusitada. Abandonar el arado y pasearse amabilidad y sus buenas maneras; por otra parte, las personas vanas de
a lo largo de un campo con una gran espada y una capa hasta que pase un uno u otro sexo, no aman nunca más que a sí mismas; las demás no son
extranjero, a bien en una lidia de toros, a donde asisten sin velo en este más que un juguete para ellas. Sin embargo, como los franceses no
acto las bellas del país; indicar la soberana de su corazón por medio de un carecen de cualidades sino que estas cualidades no pueden ser excitadas
saludo particular, y después, exponer su vida y su honor, luchando contra en ellos más que por el sentimiento de lo bello, el bello sexo podría tener
un animal feroz, estas son sus acciones extraordinarias, raras y que se en Francia una influencia más poderosa que en otras partes sobre la
separan mucho de la naturaleza. conducta de los hombres, llevándoles a las nobles acciones, si se piensa
en levantar un poco esta dirección del espíritu nacional. Es enfadoso que
El italiano parece unir el sentimiento del español al del francés; tiene no puedan reinar.
más sentimiento de lo bello que el primero, y más sentimiento de lo
sublime que el segundo. Se puede, según pienso, determinar fácilmente El defecto a que se acerca más el carácter de esta nación, es la
de esta manera los demás rasgos de su carácter moral. frivolidad, o para emplear una expresión más culta, la ligereza. Trata
como un juego cosas importantes, y bagatelas como cosas serias. El
El Francés tiene un gusto dominante por lo bello moral. Es gracioso, francés en su vejez canta todavía canciones jocosas, y se muestra en
cortés y cumplido. Concede muy pronto su confianza, desea agradar, cuanto puede galante cerca de las damas. Yo puedo invocar aquí en mi
muestra mucha desenvoltura en sociedad, y la expresión de hombre o de apoyo grandes autoridades en la nación misma de que hablo, y para
dama de buen tono no se aplica propiamente más que aquel que posee el colocarme al abrigo de toda recriminación, me puedo poner detrás de un
sentimiento de la urbanidad francesa. Sus sentimientos sublimes mismos, Montesquieu y de un d'Alembert.
que son numerosos, se hallan subordinados en él al sentimiento de lo
bello, y no sacan su fuerza más que de su acuerdo con este último. Desea El Inglés es frío al primer paso en sus resoluciones, e indiferente a la
mostrar su espíritu, y no tiene escrúpulo en sacrificar parte de la verdad a vista de un extranjero. Es poco llevado a las pequeñas complacencias;
una agudeza u originalidad. Mas en los casos en que no puede emplear mas desde que viene a ser vuestro amigo, está dispuesto a haceros los
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mayores servicios. Se inquieta poco por parecer espiritual en sociedad, o El Holandés es nauralmente amigo del orden y del trabajo, y como no
de mostrar en ella bellas maneras, pero es sensato y reposado. Es un mal piensa más que en lo útil, tiene poco gusto por lo que es bello o sublime
imitador; no se inquieta del juicio de otro, y no sigue más que su propio en un sentido más elevado. Un gran hombre, para él, no significa otra
gusto. En sus relaciones con las mujeres, no tiene la galantería francesa, cosa que un hombre rico; por amigos, entiende sus corresponsales, y
pero les manifiesta mucha más estima, y la lleva aún quizá demasiado encuentra muy enojosa una visita que no le reporta nada. Contrasta con el
lejos, concediéndolas en el matrimonio una autoridad ilimitada. Es francés y con el inglés, y es en cierto modo un alemán muy flemático.
constante, alguna vez hasta la obstinación, atrevido y resuelto, muchas
veces hasta la temeridad, y fiel a los principios que le dirigen, casi Si ensayamos aplicar estas notas a algún caso particular, por ejemplo,
siempre hasta la terquedad. Cae fácilmente en la originalidad, no por al sentimiento del honor, hallaremos las diferencias siguientes en los
vanidad, sino porque se inquieta poco por otros, y no hace caracteres de las naciones. El sentimiento del honor es en el francés,
voluntariamente violencia a su gusto por complacencia o por imitación. vanidad179, en el español, arrogancia180, en el inglés, soberbia181, en el
Es por lo que se lo ama raramente tanto como al francés, mas cuando se alemán, orgullo182, y en el holandés, presunción183. Estas expresiones
le conoce, se le estima ordinariamente bastante. parecen sinónimas al primer aspecto, mas designan diferencias muy
notables. La vanidad busca la aprobación, es veleidosa y variable, pero un
El Alemán tiene un sentimiento que tiene a la vez del de el inglés, y exterior cortés. La arrogancia se atribuye toda especie de méritos
del de el francés, pero parece referirse más al primero, y la gran imaginarios, se cuida poco del voto de otro; sus maneras son duras e
semejanza que tiene con el segundo, es artificial y proviene de la insolente. La soberbia no es verdaderamente más que la conciencia de su
imitación. Él enlaza felizmente el sentimiento de lo sublime al de lo propio mérito, el cual puede muchas veces ser real (y es porque se habla
bello, y aunque no se iguale al inglés en el primero y al francés en el algunas veces de una noble soberbia, mientras que no se puede atribuir a
segundo, excede a los dos en lo que de ambos toma. Muestra en el nadie una noble arrogancia, porque la arrogancia indica siempre una
comercio de los hombres más complacencia que el inglés, y no se estima de sí mismo exagerada o falsa); el hombre soberbio se muestra a
conduce en sociedad con una vivacidad tan agradable y con tanto espíritu la vista de los demás indiferente y frío. El orgullo es un compuesto de
como el francés, muestra más modestia y juicio. En amor, como en toda soberbia y vanidad184. Necesita homenajes; así los títulos, la genealogía y
otra cosa, es bastante metódico, y como para él lo bello no va sin lo el fausto le convienen. El alemán tiene principalmente esta debilidad. Las
noble, es bastante frío para poder tener en cuenta consideraciones de expresiones muy gracioso185, muy favorable186, muy bien nacido187, todas
urbanidad, de punto y de dignidad. Así la familia, el título y el rango, son las expresiones enfáticas de este género hacen su lengua dura y
para él en el amor, como las relaciones civiles, cosas de grande embarazada, y destierran esta bella simplicidad que otros pueblos pueden
importancia. Se inquieta mucho más que los precedentes del qué se dirá, dar a su estilo. Las maneras del orgulloso en sociedad son ceremoniosas.
y si siente en sí mismo el deseo de algún gran perfeccionamiento, esta El hombre presuntuoso es un orgulloso que muestra claramente en su
debilidad que le impide atreverse a ser original, aunque tenga todo lo que conducta el poco caso que hace de los demás. Sus maneras son groseras.
debe para ello, y este cuidado exagerado de la opinión de otro, quitan Este miserable defecto es completamente opuesto a un gusto delicado,
toda consistencia a sus cualidades morales, haciéndolos variables y por lo que es evidentemente estúpido; porque el medio de satisfacer el
dándoles un aire prestado. sentimiento del honor, no es seguramente excitar en derredor de sí el odio
y la mordiente sátira, anunciando el desprecio de todo el mundo.
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En amor, el alemán y el inglés tienen poco reparo, y su gusto no un vuelo maravilloso sobre el orden ordinario y prescrito. El fanático no
carece de delicadeza, pero es principalmente bueno y verdadero. El habla más que de inspiración inmediata y de vida contemplativa, mientras
italiano es en esto refinado, el español fantástico y el francés curioso. que el supersticioso hace votos ante las imágenes de los santos, grandes
artífices de milagros, y pone su confianza en ciertas ventajas imaginarias
La religión de la parte del mundo que habitamos no viene de ningún o inimitables de otras personas de su propia naturaleza. Los extravíos del
gusto particular, sino que tiene un origen respetable. Así es, que sentinitento religioso, como hemos notado más arriba, son indicios del
solamente en los extravíos en que caen los hombres en materia de sentimiento nacional, y así es que el fanatismo190, al menos en el tiempo
religión y en todo lo que verdaderamente le pertenece, es en donde anterior, se ha encontrado principalmente en Alemania y en Inglaterra,
podemos hallar indicios de las diversas cualidades nacionales. Yo como en desenvolvimiento exagerado de los nobles sentimientos que
reduzco estos extravíos a las ideas generales siguientes: credulidad, pertenecen al carácter de estos pueblos. En general, cualquier
superstición, fanatismo e indiferencia188. La credulidad es casi siempre la impetuosidad que muestre al pronto no es mucho menos dañosa que la
herencia de la porción ignorante de cada nación, de todos aquellos en que inclinación a la superstición, porque un espíritu exaltado por el fanatismo
se nota apenas sentimiento delicado. La persuasión nace en ellos de la se enfría poco a poco y concluye por recaer en su moderación ordinaria y
tradición y del efecto exterior, sin que ningún sentimiento delicado natural, mientras que la superstición echa insensiblemente profundas
contribuya a determinarla. Se hallan en el Norte pueblos enteros de esta raíces en un natural apacible y pasivo, y quita al hombre encadenado toda
especie. La credulidad, cuando se junta a un gusto raro, viene a ser la vuelta a ideas menos peligrosas. Por último, un hombre vano y frívolo no
superstición. Este gusto es, por lo mismo, un principio que nos lleva a tiene un vivo sentimiento de lo sublime, y su religión, falta de toda
creer fácilmente189, y de dos hombres de los que el uno estuviera poseído emoción, no es, las más veces sino un asunto de moda, del cual se ocupa
de este espíritu, mientras que el otro tuviera un carácter más frío y más con la mayor gracia posible, pero que le deja frío. Allí está la
mesurado, el primero, aunque fuese superior al segundo por su indiferencia, a la cual el espíritu francés parece principalmente inclinado.
inteligencia, estaría, sin embargo, mucho más dispuesto por su De esta indiferencia a la broma no hay más que un paso, y bien
inclinación dominante a creer algo sobrenatural, que este último, a quien examinado en el fondo, se separa muy poco de un completo
no su naturaleza vulgar y flemática, sino su penetración, evita esta desistimiento.
especie de extravío. El supersticioso se complace en colocar entre él y el
supremo objeto de nuestra veneración ciertos hombres poderosos y Si echamos una rápida ojeada sobre las demás partes del mundo,
maravillosos, gigantes de santidad, por decirlo así, a los que la naturaleza hallaremos que el Arahe es el más noble de los Orientales, aunque su
obedece, cuyas conjuraciones abren o cierran las puertas del Tártaro, y gusto degenere en rareza. Es hospitalario, generoso y sincero, pero sus
que tocando el cielo con su cabeza, tienen, sin embargo, los pies en este relatos, su historia y en general sus sentimientos se hallan mezclados
bajo mundo. Es por lo que las lumbreras de la sana razón hallan en siempre con lo maravilloso. Su exaltada imaginación le representa las
España grandes obstáculos, no porque ellas hayan de disipar la cosas bajo formas exageradas y raras, y la manera misma con que su
ignorancia, sino porque hayan un gusto singular, para el que lo natural es religión se propagó fue una maravilla. Si los árabes son en cierto modo
cosa vulgar, y que no creería en el sentimiento de lo sublime, si el objeto los españoles del Oriente, los Persas son los franceses del Asia. Son
no fuera raro. El fanatismo es, por decirlo así, una piadosa presunción; buenos poetas, corteses y de un gusto muy delicado. No se muestran muy
nace de cierta soberbia y de una confianza exagerada en sí mismo, que rigurosos observadores del Islamismo, y su carácter inclinado a la alegría
hace que nos creamos acercarnos a la naturaleza celeste y elevarnos por les permite una interpretación bastante mitigada del Korán. Se podrían
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mirar los Japoneses como los ingleses de esta parte del mundo, pero no se
les parecen más que por su constancia, que llevan hasta la mayor Entre todos los salvajes, no hay pueblo que muestre un carácter tan
obcecación y por su valor y su desprecio de la muerte. Por lo demás, se sublime como los de América del Norte. Tienen un vivo sentimiento del
hallan en ellos pocas señales de un sentimiento muy delicado. Los Indios honor, y buscando para adquirirle, difíciles aventuras a cien millas de su
tienen un gusto dominante por esta especie de necedades que tocan en lo país, tienen el mayor cuidado de no aparecer que lo borran, cuando sus
raro. Su religión consiste en necedades de este género. Ídolos de una enemigos, tan crueles como ellos, buscan después de haberlos preso,
figura monstruosa, el inestimable diente del poderoso mono Hanumau, arrancarles imperceptibles suspiros con los más crueles tormentos. El
las penitencias que contra la naturaleza imponen los faquirs (especie de salvaje del Canadá es por otra parte sincero y recto. Sus amistades son tan
monjes mendicantes), etc., son de su gusto. El sacrificio voluntario que extraordinarias y tan entusiastas como nunca se ha referido desde los
las mujeres hacen de sí mismas sobre la misma hoguera que devora los tiempos fabulosos. Es extremadamente fiero, siente todo el valor de la
restos de sus maridos, es una horrible extravagancia. Nada hay más tonto libertad, y no sufre aun cuando se trate de su educación, los
ni más fastidioso que los cumplimientos prolijos y estudiados de los procedimientos que le hacen sufrir una baja sujeción. Probablemente es a
Chinos. Sus pinturas mismas son raras y representan figuras los salvajes de este género a los que Licurgo dio leyes, y si se hallara un
extraordinarias y fuera de la nataraleza, tales, como no se reconocen en el legislador entre estas seis naciones, se vería formarse una república
mundo. Tienen también necedades respetables, porque son de un uso191 espantosa en el Nuevo Mundo. La empresa de los Argonautas difiere
muy antiguo, y ningún pueblo del mundo les aventaja en esto. poco de las expediciones guerreras de estos pueblos, y Jasón no tiene
sobre Attaka-Kulla-Kulla más que la ventaja de llevar un nombre griego.
Los Negros de África no han recibido de la naturaleza ningún Todos estos salvajes apenas tienen el sentimiento de lo bello en el sentido
sentimiento que se eleve por cima de lo insignificante. Hume desconfía moral, y el perdón generoso de una ofensa, esta noble y bella virtud, es
que se le pueda citar un solo ejemplo de un negro que haya mostrado una cosa enteramente desconocida entre ellos; la miran, por el contrario,
talento, y sostiene que entre los miles de negros que se transportan lejos como una miserable flojedad. La bravura es el mayor mérito del salvaje,
de su país, y de los que un gran número han sido puestos en libertad, no y la venganza su más dulce goce. Se halla entre los demás naturales de
se ha encontrado jamás uno solo que haya producido algo grande en el esta parte del mundo pocas señales de un carácter inclinado a
arte, o en la ciencia, o en alguna otra noble ocupación, mientras que se ve sentimientos más delicados, y una apatía extraordinaria es el carácter
a cada instante blancos elevarse desde las últimas clases del pueblo y distintivo de esta especie de hombres.
adquirir consideración en el mundo por talentos eminentes. Tan grande es
la diferencia que separa estas dos razas de hombres, tan distintas la una Si consideramos las relaciones de los sexos entre sí, en las diversas
de la otra por las cualidades morales como por el color. La religión de los partes del mundo, hallaremos que sólo el europeo ha hallado el secreto de
fetiches, tan extendida entre ellos, es una especie de idolatría tan adornar el amor con tantas flores y dar a esta poderosa inclinación tal
miserable y tan necia como no se creería posible en la naturaleza humana. carácter, que no solamente ha mostrado los encantos sino que a esto ha
Una pluma de ave, un cuerno de vaca, una concha, o toda otra cosa de juntado la mayor decencia. Los Orientales tienen sobre este punto el
este género, desde que ha sido consagrada por algunas palabras, viene a gusto más falso. No teniendo ninguna idea sobre lo bello moral que
ser un objeto de veneración y se invoca en los juramentos. Las negras son puede juntarse con esta inclinación, pierden por esto hasta el precio que
muy vanas, pero a su manera, y tan habladoras, que es necesario pueda tener el placer de los sentidos, y sus harems son para ellos fuentes
separarlas a bastonazos. de intranquilidades continuas. El amor les hace cometer toda especie de
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necedades; la principal es el cuidado que toman de asegurar la primera atestiguan los restos de la elocuencia y la poesía, y aun la historia de las
posesión de esta alhaja imaginaria, que no tiene precio más que en tanto costumbres de esta época. Insensiblemente aun este resto de un gusto
que se la destroza, y cuya existencia da lugar en Europa a tan malas delicado, se extinguía bajo las ruinas del Estado. Los bárbaros, después
sospechas; emplean para conservarla los medios más inicuos, y muchas de haber afirmado su poderío, introdujeron cierto gusto depravado, que se
veces los más vergonzosos. Así las mujeres están condenadas en este país llama gótico, y que cae en toda especie de necedades. Se ve, no
a una eterna cautividad: esclavas cuando son hijas, vienen a serlo después solamente en arquitectura, sino también en las ciencias y en todas las
de un marido muy inepto y siempre sospechoso. En el país de los Negros, cosas. Este sentimiento degenerado, una vez introducido por un falso
se puede buscar otra cosa, que lo que se halla en efecto en todas partes, es arte, prefirió toda forma a la antigua sencillez de la naturaleza, y cayó o
decir, el sexo femenino en la más rigurosa esclavitud. Un infame es en la exageración o en la rareza. El vuelo más alto que tomó el genio
siempre un señor duro para los que son más débiles que él; así es que humano para elevarse a lo sublime, no tendió más que a lo extraordinario.
entre nosotros, tal hombre es un tirano en su casa el que fuera de ella Se ven rarezas sorprendentes en religión y en el mundo, y muchas veces
apenas se atreve a mirar a alguno, cara a cara. El padre Labat refiere, que una mezcla bastarda y monstruosa de estas dos especies de rarezas. Se
un carpintero negro, a quien había reprendido la dureza de su conducta ven monjes, un libro de misa en una mano y un estandarte guerrero en la
para con su mujer, le contestó: «Vosotros, sabios, sois verdaderos locos otra, dirigiendo tropas de víctimas seducidas hacia lejanas comarcas y
porque comenzáis por conceder mucho a vuestras mujeres, y en seguida una tierra más santa de donde no deberían volver; guerreros consagrados
os quejáis de que os hagan rodar la cabeza.» Se podría creer que hay en santificando con notas solemnes sus violencias y sus crímenes; y más
esta respuesta algo que merezca reflexión, mas el gracioso era negro de la tarde una especie singular de héroes fantásticos que se llamaban
cabeza a los pies, prueba evidente de que no sabía lo que decía. Entre caballeros, corriendo después las aventuras, los torneos, los duelos y las
todos los salvajes no hay ninguno entre los que las mujeres gocen de acciones romancescas. Durante este tiempo, la religión así como las
mayor consideración que los del Canadá; quizás excedan en esto a ciencias fueron puros semilleros de miserables necedades, porque se nota
nuestro mundo civilizado. Esto no es que les hagan humildes visitas, que el gusto no degenera ordinariamente en un punto, sin que todo lo que
estas son allí cumplimientos. No. Ellas realmente mandan, se reúnen y es del resorte de nuestros sentimientos delicados muestre señales
deliberan para los negocios más importantes de la nación, sobre la paz y evidentes de esta decadencia. Los votos de los claustros transformaron
la guerra; envían después sus diputados al consejo de los hombres, y una reunión de hombres útiles en numerosas sociedades de ociosos
ordinariamente su voz es la que decide; ellas tienen todos los negocios trabajadores, que su género de vida hacia propios para inventar estas mil
domésticos sobre los brazos, y participan todavía de las fatigas de sus necedades escolásticas que de allí se repartieron y acreditaron en todo el
maridos. mundo. Por último, sin embargo de que por una especie de polingenesia
el género humano se ha librado felizmente de una ruina casi completa,
Si echamos, por último, una ojeada sobre la historia, veremos el gusto vemos florecer en nuestros días el gusto de lo bello y de lo noble, así en
de los hombres, semejante a Proteo, cambiar constantemente de forma. las artes como en las ciencias y en las costumbres, y no hay más que
La antigüedad griega y romana, da señales ciertas de un verdadero desear, sino que el falso aparato, que engaña tan fácilmente, no nos
sentimiento de lo bello y lo sublime, en la poesía, en la escultura, en la separe ignorándolo, de la noble simplicidad, y principalmente que los
arquitectura, en la legislación y aun en las costumbres. El gobierno de los antiguos prejuicios no excedan siempre el secreto desconocido de esta
emperadores remanos, sustituye a la noble y bella sencillez de los educación, que consistiría en excitar desde muy temprano el sentimiento
antiguos tiempos, la magnificencia y un fausto deslumbrador, como lo moral en el seno de todo joven ciudadano del mundo, a fin de que toda
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delicadeza de su espíritu no se limite al placer ocioso y fugitivo de juzgar
con más o menos gusto lo que pasa al rededor de nosotros.
FIN
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