100% encontró este documento útil (3 votos)
2K vistas19 páginas

Sunamita

La mujer sunamita muestra hospitalidad a Eliseo invitándolo a comer y construyendo un cuarto para él. Cuando Eliseo ofrece ayudarla, ella modestamente rechaza cualquier recompensa. Más tarde, Eliseo predice que ella tendrá un hijo al año siguiente, aunque inicialmente no lo cree.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (3 votos)
2K vistas19 páginas

Sunamita

La mujer sunamita muestra hospitalidad a Eliseo invitándolo a comer y construyendo un cuarto para él. Cuando Eliseo ofrece ayudarla, ella modestamente rechaza cualquier recompensa. Más tarde, Eliseo predice que ella tendrá un hijo al año siguiente, aunque inicialmente no lo cree.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

LA MUJER SUNAMITA ALGUIEN

DE QUIEN APRENDER

LA MUJER SUNAMITA
ALGUIEN DE QUIEN APRENDER...

"Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer
importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por
allí, venía a la casa de ella a comer."
2 Reyes 4:8

Esta es una mujer de la cual no conocemos el nombre, solo sabemos que era una mujer
de Sunem por eso se le conoce como la SUNAMITA, vamos a reflexionar en varias cosas
de las que podemos aprender de ella.

1. UNA MUJER DEBE APRENDER A SER SENSIBLE AL MOVER DE DIOS:

"y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer.Y ella dijo a su marido: He
aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de
Dios." 2da. De Reyes 4:8-9 

La sunamita era una mujer importante, no sabemos por qué exactamente era importante
pero menciona que a pesar de ser una mujer importante dentro de Sunem ella era
sensible al mover de Dios. No importa lo que nosotros hagamos o que labor realicemos,
debemos de aprender a ser sensibles a la voz de Dios, no podemos vivir la vida por vivirla
sin detenernos a buscar qué es lo que Dios quiere de nosotros. Dios puede permitir que
nos acontezcan situaciones y dependerá de nosotros el responder al Señor al llamado
que nos hace.

2. UNA MUJER DEBE SER HOSPITALARIA Y ESFORZADA: 

"Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama,
mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él. Y
aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió."2da.
Reyes 4:10-11

La mujer Sunamita era una mujer esforzada y hospitalaria, sabía que Eliseo era un varón
de Dios y quitó su comodidad y privacidad para hacer un sitio en su casa para que cuando
el pasara por allí pudiera descansar en su casa. Cuando estamos dispuestas a obedecer
la voluntad de Dios y seguir lo que el nos manda, debemos estar dispuestas a ser
hospitalarias, esforzadas, no busquemos el lado mas cómodo de las cosas sino el que
más le agrada a Dios.

3. UNA MUJER NO DEBE SER INTERESADA 


" Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella
delante de él. Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros
con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o
al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo. Y él dijo: ¿Qué,
pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es
viejo." 2da. Reyes 4:12-14 

La mujer sunamita era una mujer sabia y no era una mujer interesada o quien aprovecha
la situación para beneficiarse, le ofrecen hacer algo por ella incluso hablar al Rey por ella
y con humildad responde que ella habita en medio de su pueblo, lo que quiere decir que
ella no es más ni menos que nadie. Aunque si tenía una necesidad, su marido era un
hombre mayor y no había podido tener hijos. Dios conoce nuestro corazón y nuestra
necesidad, si nos ocupamos de las cosas de Dios El se ocupará de suplir nuestras
necesidades. Los motivos del corazón que movían a esta mujer a servir a un siervo de
Dios no era con el interés de recibir algo a cambio, no podemos tener el corazón de hacer
cosas siempre buscando un beneficio para nosotros, debemos dar sin interés.

4. UNA MUJER DEBE APRENDER A RECIBIR


" Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta. Y él le dijo: El año que
viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no
hagas burla de tu sierva. Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el
tiempo que Eliseo le había dicho." 2da. Reyes 4:15-17 

El profeta Eliseo profetiza a la sunamita y le dice que el próximo año, por ese tiempo,
abrazará un hijo, era algo que su corazón anhelaba seguramente pero no sabía como
recibir esa bendición de Dios y no podía ver lo que Dios quería darle.
A pesar de que el corazón de la sunamita no era el de buscar su propio interés, cuando
llegó el momento que podía recibir una bendición no quería recibirla, a veces nos
acostumbramos a dar y a dar pero nos cuesta recibir, asi que debemos de tener un
balance para no buscar solo lo nuestro pero también recibir cuando Dios quiere
bendecirnos.

5. UNA MUJER DEBE SER PRUDENTE 

"Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su padre, que estaba con los
segadores; y dijo a su padre: !!Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a un criado:
Llévalo a su madre. Y habiéndole él tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus
rodillas hasta el mediodía, y murió. Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón
de Dios, y cerrando la puerta, se salió." 2da. Reyes 4:18-21 

Dios cumple su promesa y ella concibe un hijo al año siguiente de la profecía, el niño
crece y de pronto un día enferma sin razón y muere en las rodillas de su madre. La
palabra dice que ella lo puso sobre la cama de Eliseo y cerró la puerta y salió. La actitud
de la sunamita es admirable, la templanza, la prudencia y la calma con que vivió esta
prueba tan fuerte es impresionante, cualquier madre podría tener un arranque de
desesperación al ver a su hijo enfermo y verle morir, ella no salió corriendo dando gritos o
lamentando la muerte de su hijo solo dice la palabra que cerró la puerta y salió. Las
situaciones en nuestra vida se pueden tornar muy dificiles y adversas pero dónde está tu
confianza??, eres prudente tienes templanza? La mujer sunamita era una mujer prudente
y de fe.

6. UNA MUJER DEBER SER SINCERA Y ABRIR SU CORAZÓN CON LAS PERSONAS
INDICADAS

"Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y le digas: ¿Te va bien a ti? ¿Le va bien
a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo: Bien. Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios
en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el varón de Dios le
dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no
me lo ha revelado. Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no te burlases de
mí?
2da. Reyes 4:24-28

La mujer sunamita sabia que Dios haría algo pero no sabía qué, no abre su corazón con
el criado del profeta Eliseo sino le responde que está bien, pero en su corazón habia un
gran dolor por la muerte de su hijo, cuando llega ante el profeta no le pide nada, solo le
rebela el dolor de su corazón y la amargura que habia en su interior. Cuando pasamos por
pruebas o problemas debemos ir a la persona correcta, no digamos a unos y a otros todo
lo que nos acontece, abramos nuestro corazón con El Señor y con quien realmente puede
ayudarnos, no dejemos que el dolor y la amargura se apoderen de nosotros, esta mujer
era humilde y sabia, abre tu corazón y no cierres la puerta porque Dios puede hacer algo
donde pensamos que ya no hay solución.

7. UNA MUJER DEBE APRENDER A CONFIAR 

"Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová. Después subió y se
tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y
sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en
calor. Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se
tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos. Entonces
llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo:
Toma tu hijo. Y así que ella entró, se echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y después tomó
a su hijo, y salió." 2 Reyes 4:33-37

Finalmente la Sumita confía su pena al varon de Dios y recibe el milagro de la sanidad de


su hijo, aprendió a confiar en Dios y aunque se quedó fuera de lugar donde el profeta
Elias oro y resucito a su hijo, ella tuvo la fe y recibió el regalo de la sanidad de su
pequeño. El Señor habia preparado todo para que esta mujer conociera la bondad y el
poder de Dios. Dios es quien da la vida y El mismo es quien la quita. Dios le da un hijo
que ella no pidió y luego se lo quita repentinamente y luego el niño vuelve a vivir. Cómo
puede el corazón de una madre enfrentar este dolor. Dios conoce nuestro interior y sabe
de lo que estamos hechos, esta mujer era una sierva de Dios, una mujer de fe, las
pruebas permitieron que ella creciera en fe, Dios probó su fe y su confianza, le devuelve
la vida de su hijo y pasa a la historia como una mujer de la que hay mucho que aprender.

Tu también eres especial para Dios, si tienes deseos


en tu corazón Dios los conoce, si estas viviendo
tiempos en los que El Señor ha quitado de tu vida
quizás personas, cosas, un trabajo, lugares o ha
permitido situaciones contrarias, no te desesperes,
debes ser prudente, Dios está trabajando y quiere
glorificarse en cada situación que vivimos,
esforcémonos cada día y seamos valientes porque El
Señor está con nosotros y no nos cansemos de hacer
el bien porque un día veremos la cosecha de nuestra
siembra y la respuesta de nuestras peticiones.

Eliseo y la sunamita (2 Reyes 4:8-17)


(2 R 4:8-17) "Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem;
y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a
que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a
comer. Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste
que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios. Yo te
ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí
cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros,
se quede en él. Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en
aquel aposento, y allí durmió. Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a
esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. Dijo él
entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con
todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable
por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en
medio de mi pueblo. Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi
respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo. Dijo
entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta. Y él le dijo:
El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No,
señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva. Mas la mujer
concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le
había dicho."

En el último capítulo reflexionamos sobre la calamidad de una pobre


viuda y sus dos hijos. En la escena que sigue, la Palabra de Dios nos
presenta a una mujer casada, bastante acomodada, sin problemas
económicos, pero, en contraste con la "viuda pobre", estaba muy
afligida por no tener hijos, por no tener descendencia.

Además tenía otro problema: Mientras que la "viuda pobre" estuvo


casada con un hombre que en vida fue un hombre temeroso de Dios y
uno de los hijos de los profetas de Eliseo, aunque le había dejado una
pesada carga de deudas, el marido de la sunamita, por el contrario,
vemos que tenía una carácter espiritualmente muy diferente del de su
activa mujer. Al menos es la impresión que sacamos de lo poco que se
nos cuenta de él en este capítulo. Parece que estaba aletargado
espiritualmente, y que era tradicional y poco sociable. No nos
transmite la impresión de que fuera un esposo amante o un padre
cuidadoso. Por el contrario, parece que el éxito material le interesaba
más que el bienestar de su familia y o de su prójimo. Es interesante
observar cómo la Biblia en muchos lugares nos da lecciones
espirituales por los contrastes narrados, mostrándonos deficiencias
actuales en nuestras propias vidas.

Deseos no cumplidos
Es probable que la sunamita se hubiese imaginado su matrimonio de
una manera muy diferente. El hecho de que no tuvo hijos podría
haberle llevado a permitir la envidia y la amargura en su corazón, o a
nutrir sentimientos de depresión. Pero esta mujer no parece que
permitió que eso le llegara a ocurrir. Todo lo contrario, es un ejemplo
positivo del que podemos aprender cómo vivir con deseos no
cumplidos. Inmediatamente veremos que se ocupaba de los
problemas y las necesidades de los demás.

Una enfermedad, la pérdida del puesto de trabajo, estar soltero, no


tener hijos y otras muchas circunstancias más pueden amargarnos o
paralizarnos si no vemos en ellas la mano de Dios. Las mismas
deficiencias, sin embargo, pueden activarnos y motivarnos a ser una
ayuda y una bendición para otras personas, si estas limitaciones las
recibimos y aceptamos de la mano de Dios.

¡De cuánta bendición son las hermanas solteras que invierten su


tiempo libre, sus fuerzas, su amor y también sus pertenencias para
servir a otros, honrando y glorificando con ello a Dios mismo! ¡De
cuánto valor y bendición es el servicio de las viudas, como por
ejemplo lo fue Ana "sirviendo de noche y de día con ayunos y
oraciones" (Lc 2:37).

Ana Carey, la hermana del misionero Guillermo Carey, estuvo 50 años


en cama, de los cuales 30 no pudo ni hablar. Solo podía mover su
brazo derecho, "pero su cara resplandecía y ella era la alegría y
milagro para todos los que la conocían". Su hermano dijo de ella que
era "el sumo sacerdote de la misión, ya que su intercesión subía a
Dios constantemente como el incienso".

La sunamita adinerada no se hundió en la autocompasión, sino que


aprovechó sus posibilidades practicando la hospitalidad y "obligando"
a Eliseo a comer en su casa. Es interesante que relacionado con la
hospitalidad, la Biblia a menudo utiliza la palabra "obligar" o
"forzar" (Lc 14:23) (Lc 24:29) (Hch 16:15). Evidentemente se
requiere cierta testarudez e insistencia para invitar y convidar a
huéspedes en general. Y Eliseo fue un huésped agradecido y bien visto
allí: "cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer"
(versículo 8).

Una iniciativa muy bendecida


Es interesante observar también que la amistad con Eliseo hizo que
esta mujer lograra convencer a su marido para hacer un pequeño
aposento en su casa y así ofrecer a este hombre de Dios la posibilidad
de pasar la noche allí.

Ella le cuenta a su marido sus planes, y al hacerlo, muestra una gran


sabiduría acerca de cómo tratar con un marido pasivo. "Hagamos", le
dice, y así motiva a su marido aparentemente apático. Seguramente
le habría enojado si, por el contrario, le hubiese presentado la cosa ya
terminada. Tampoco le crispó los nervios reprochándole o exigiéndole
cosas.

Al decir: "He aquí ahora, yo entiendo que éste es varón santo de


Dios", le hace ver algunos de los rasgos del carácter de Eliseo de los
que él seguramente no se había apercibido. Su interés, al parecer, se
concentraba en optimizar su agricultura.

Esta mujer actuó con sabiduría, y de ella podemos aprender cómo ser
una ayuda para un marido algo desinteresado espiritualmente, y cómo
hacerle ver la gloria y grandeza de nuestro Señor y Salvador.

Un "varón santo de Dios"


La sunamita no describe a Eliseo como un buen predicador, un
excelente maestro o un profeta ungido, sino expresamente como un
"varón santo de Dios". ¿Qué había podido observar en él durante las
comidas ocasionales, cuando Eliseo y su criado eran sus huéspedes?
¿Hacía largas oraciones con fervor fingido? ¿Daba algún mensaje o un
profundo pensamiento después de la comida? ¿Reinaba un ambiente
sagrado pero frío, en el cual uno apenas osaba sonarse la nariz?

Sólo podemos leer entre líneas, no sabemos de cierto cómo fue. Pero
por la forma en que la Biblia describe a Eliseo en su conducta en
público, reconocemos algo de la bondad de Dios y de su amor para
con los hombres (Tit 3:4). Y estas características precisamente son las
que deberían distinguir a los hombres y mujeres de Dios de nuestros
días: bondad, buenos modales, amabilidad, agradecimiento, reserva a
la hora de hablar, atención a la hora de escuchar, modestia,
abnegación.

Siempre me acuerdo de la excelente cita de Heinrich Kemner: "La


santidad, que sea natural, y la naturalidad que sea santa".

La vida de Harold St. John (1876-1957) muestra muchos ejemplos


alentadores de una "santa naturalidad": "¿Puedo permitirme dirigirle a
usted la palabra sin ser presentada a usted, viendo que ambos somos
británicos en un país extranjero?" le preguntó cierto día una dama que
residía en el mismo hotel. "Cómo no, señora", le respondió. "Me
gustaría preguntarle algo personal", dijo ella entonces, "¿puede
revelarme el secreto de su serenidad? Llevo ya dos días observándole
y veo que usted vive en otro mundo". Esta pregunta originó una
conversación al cabo de la cual la dama recibió al Señor Jesús como
su Señor y Salvador.

¡Qué valiosos y atrayentes son en nuestros días los creyentes


semejantes a este hombre de Dios, que por su forma de ser diferente,
en sentido positivo, despertó un interés por nuestro Señor Jesucristo
en personas ajenas al cristianismo! ¡Y qué pocos quedan ya de esta
clase de creyentes!

El "pequeño aposento"
La preparación de este "pequeño aposento" nos muestra otro detalle
de su fe sabia y práctica. A pesar de que ella era rica, lo amuebló de
forma sencilla, para que se ajustara a un profeta: era "pequeño", "con
paredes de ladrillos" (eso es como climatizado), y amueblado muy
modestamente: cama, mesa, silla y candelero. Había allí todo lo que
un profeta necesitaba: una ocasión para descansar y todo lo que se
necesita para leer y escribir. Si hubiese puesto allí más cosas, hubiese
sido un impedimento y una tentación para el hombre de Dios a
hacerse perezoso.

Hamilton Smith escribe en su comentario: "Le hospeda con arreglo a


sus necesidades y a su gusto, sin pensar en ensalzarse a sí misma
delante de él exponiendo allí su riqueza. En el pequeño aposento no
había nada para satisfacer los deseos de la carne, los deseos de los
ojos, y la vanagloria de la vida (1 Jn 2:15-16); pero había allí todo lo
necesario correspondiente a un extranjero celestial".

Adaptando esto a nuestro tiempo, habría que decir que amueblarlo de


forma acogedora con una cómoda butaca, televisión, nevera y
máquina de café, lo único que harían sería distraer a un obrero de
Dios para quitarle de prepararse y tomar fuerzas para sus importantes
cometidos mediante la oración y el estudio de la Biblia en tranquilidad
y soledad. Más de un obrero se ha corrompido por el lujo excesivo y la
prosperidad, quedando paralizada la fuerza para el ministerio.

Ojo, oído, boca


En los versículos que siguen aparece por primera vez Giezi, el criado
de Eliseo, cuyo triste desarrollo consideraremos más adelante. En esta
historia le encontramos en una unión bendecida con el profeta.
Compartían la vida juntos y Giezi tenía la magnífica oportunidad de
aprender del ejemplo y de las experiencias del hombre de Dios.

Lo primero que Giezi aprende en esta historia es la atención, la tierna


sensibilidad y el agradecimiento de Eliseo con respecto a su anfitriona.
Este "varón santo de Dios" no sólo tenía los ojos abiertos frente al
cuidado y el esmero con el que la sunamita acogía a sus huéspedes,
sino que fue capaz de expresar verbalmente su gratitud, lo cual es
algo poco común, especialmente en los hombres: "He aquí tú has
estado solícita por nosotros con todo este esmero". Aquí reconocemos
algo de la "santa naturalidad" de este profeta, que no pensaba que
tenía una dignidad superior a la de los demás, sino que era capaz de
expresar un sincero elogio por lo que otros hacían por él. No vio como
algo normal el trabajo que se tomó la sunamita para servirle, así que
intentó honrarla con estas calurosas palabras y quiso darle una
alegría.

¡Cuánto me cuesta a mí, como marido, no sólo el hecho de ver el


servicio abnegado de mi mujer, sino también el expresar con palabras
claras mi aprecio y agradecimiento! Bastan pocas palabras sinceras y
aprobatorias de parte de nosotros, los hombres — también frente a las
hermanas de la iglesia — para tener un efecto enormemente alentador
y estimulante.

La bendición de la comunión espiritual


Por aquel entonces Eliseo tenía buenas relaciones con la corte del rey.
Allí le estaban agradecidos, y seguramente hubiese podido conseguir
algo en favor de la sunamita para obtener ventajas u otras
posibilidades para ella. De ahí su oferta amable, por la que quizás
también quería probar su actitud: "¿Necesitas que hable por ti al rey,
o al general del ejército?". La breve respuesta, tan llena de contenido,
tuvo que haber alegrado al profeta: "Yo habito en medio de mi
pueblo". No tenía deseos materiales, ni le daba importancia a las
relaciones honradas con personajes prominentes. La comunión con el
pueblo de Dios, el estar rodeado de aquellos que amaban al Señor y le
servían, eso era todo lo que ella necesitaba. Ella quería dar, no quería
sacar provecho para sí misma.

Esta actitud era justamente la de Eliseo. Dos personas con la misma


forma de pensar; eso tuvo que ser de mucha alegría y aliento para
Eliseo.

Pero esta respuesta es también asombrosa al reflexionar en la


situación en la que se encontraba el pueblo de Dios entonces:
hambrunas, idolatría, infertilidad, pobreza, líderes corruptos, poco
temor de Dios; esto era lo que caracterizaba al pueblo de Dios en el
tiempo de Eliseo.

Pensando en nuestra propia situación, podríamos poner muchas pegas


y mostrar que buscar y cuidar la comunión con los hermanos no
aprovecha para nada. Porque en todas partes hay huellas de
mundanalidad, indiferencia, decadencia, o incluso apostasía de los
principios y fundamentos bíblicos. Son muchos los creyentes que
están tan decepcionados de las iglesias evangélicas que prefieren no
hacerse miembro de ninguna y reunirse mejor en sus cuatro paredes
para escuchar por televisor a algún predicador. Otros intentan
sobrevivir espiritualmente escuchando "sermones-conservas" o sea
CDs con mensajes pasados.

Gerhard Tersteegen escribió una vez una verdad muy notable: "Los
enfermos de Dios son mejores que los sanos del mundo". Con ello no
quiso expresar que los creyentes siempre tienen que tener un carácter
mejor que los no creyentes, lo que quiso era animar a no
menospreciar, o incluso despreciar, la comunión con los "santos" algo
raros, extraños o torcidos.

La presencia de Eliseo y de los hijos de los profetas en aquel entonces


fue motivo y esperanza para quedarse en el país y ponerse del lado
del pueblo de Dios. Y gracias a Dios, en nuestros días todavía hay la
posibilidad de reunirse con creyentes que se juntan en el nombre del
Señor, aman su Palabra (Mt 18:20), "e invocan al Señor de puro
corazón" (2 Ti 2:22).

¿No era plenamente feliz?


Parece que después de la notable respuesta de la sunamita ella se
despidió de Eliseo, porque vemos que los dos hombres se quedaron
solos. Eliseo, que quería de alguna manera gratificar a la sunamita,
con humildad le pidió consejo a su criado Giezi: "¿Qué, pues, haremos
por ella?". Aparentemente Giezi sabía de una aflicción oculta en la vida
de esta mujer, pues le contestó a Eliseo: "He aquí que ella no tiene
hijo, y su marido es viejo".

Entonces Eliseo hace llamar a la mujer, que con modestia se queda


delante de la puerta sin entrar, y le da una promesa que seguramente
desencadenó una tormenta en los sentimientos de la sunamita: "El
año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo".

Su respuesta espontánea e incrédula: "No, señor mío, varón de Dios,


no hagas burla de tu sierva", muestra que Eliseo había tocado una
herida en su vida: la esperanza no cumplida, y probablemente
enterrada, de tener un hijo. Probablemente había desechado con los
años este deseo de ser fértil, o lo había entregado en manos de Dios.
Y ahora precisamente, cuando ya no había esperanza, humanamente
hablando, de ser madre, Eliseo hurga en esa herida secreta.

Dios cumple su promesa. Dios no cumple todos nuestros deseos, pero


sí todas sus promesas. Esto lo vieron Abraham y Sara, Isaac y
Rebeca, Raquel, Ana, y otras muchas mujeres, aún cuando Dios dejó
pasar a menudo años hasta cumplir su promesa.

"Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el


tiempo que Eliseo le había dicho". Dios no despierta un anhelo por
medio de su Espíritu, sin tener la intención de satisfacerlo al final. Esta
convicción de Jakob Kroeker debería animar y alentar a todo lector
que esté sufriendo por no tener una vida espiritual fructífera.
Hola mis amadas, se que muchas ya estaban esperando que
compartiera una nueva enseñanza de las tantas que encontramos a
travez de cada mujer de la Biblia. Hoy le toca a una  mujer que es sino
la favorita, una de mis favoritas, su vida tocó profundamente mi
corazón y aprendí tanto de ella. Este estudio ya hace un tiempo (como
unos 5 años) lo había escrito y compartido y rebuscando en los escritos
lo encontré y no podría dejar de compartirlo.
Esta mujer tampoco se menciona su nombre pero sí es identificada
como
la Mujer Sunamita, por pertenecer a la Ciudad de Sunem.

Comencemos 
Te invito a buscar tu Biblia para que vayas leyendo junto con cada
punto sobre saliente en esta historia.
Aconteció también que un dia pasaba Eliseo por Sunem, y habia allí
una mujer importante…2 Reyes 4;8

En la historia de la sunamita podemos encontrar varios aspectos o


cualidades de una mujer llena de sabiduría, fe y fortaleza. Siempre
que la leo me hace pensar en la mujer de Proverbios 31.

✔️1. Era una mujer Espiritual--- Supo dicernir que Eliseo era un
hombre de Dios.

✔️2. Era una mujer servidora----preparo un aposento para Eliseo,


para que este se quedase cuando fuera a Sunem. ( asi mismo
nosotras como mujeres de Dios debemos preparar lugar al Espiritu
Santo en nuestras vidas, con actitud y devocion que le agrade.)

✔️3. Su ayuda nunca fue esperando nada a cambio----- Lo hizo de


corazon.

Como resultado de su servicio a Dios ella fue bendecida con un


hijo, ya que nunca habia tenido hijos.
Pero como a todos nos pasa llego el momento de la crisis
El hijo de la bendicion enfermo y murió. ( que muchas veces el
enemigo nos quiere robar la bendición) Pero la diferencia la vas a
hacer tu según la actitud que tomes.

Veamos como enfrento esta mujer la crisis:

✔️1. Ella guardo silencio ( no se quejo, no grito) 


En salmo 37; 7 dice Guarda silencio ante Jehova y espera en El.

✔️2. No le reclamó a su esposo ni le echó la culpa a nadie. ( Si tu


sientes que en tu vida espiritual has perdido algo, ha muerto en ti
el deseo y el anhelo por lo de Dios, debes esforzarte y subir en
intimidad con Dios en oración e insistencia para que Dios resucite
el deseo por lo espiritual que ha muerto en ti. No podemos
permitir que el enemigo nos arrebate lo que Dios nos dió.)

✔️3. Fue directamente a donde el profeta ( debemos ir


directamente a Dios por medio de Jesús) ella se asió de él.( asi nos
debemos agarrar de Dios para no perder la bendición) Dios
resucitó a su hijo.

✔️4. Fue obediente---- cuando llego el tiempo de hambre el


profeta le dió instrucciones para que se fuera con su hijo hasta que
la escazes pasara. Ella obedecio de inmediato al profeta de Dios,
sin tomarse siquiera el tiempo de pensar a cerca de los bienes que
estaba dejando atras. Ella era una mujer pudiente.

✔️5. cuando paso el hambre ella regreso y vemos que por su


testimonio y el de Giesi el rey le otorgo la devolución de sus
bienes.
Desde el principio hasta el fin de la historia de esta mujer, vemos
su fe, honestidad, servicio,estabilidad en la crisis y su fortaleza en
medio de la ansiedad. Ella es un gran ejemplo de una mujer sabia.
Aun en las circunstancias más temibles ella confió a cerca del
poder y la bondad de Dios.( fue una mujer sabia en palabra y
acción).

Recordemos amadas.. que la sabiduria es la expreción del buen


sentido humano, es asi mismo un don de Dios. Implica la reverencia
al Señor y la obediencia a sus mandamientos.

Dios les bendiga y espero que este corto viaje por la vida de esta
mujer conocida como la sunamita, ya que la biblia no registra su
nombre,haya sido de bendición, enseñanza y edificación a tu vida!!

Cuando Dios esta en casa grandes cosas


suceden
Armando Cruz Rodríguez agosto 1, 2012 Predicas Cristianas 3 Comentarios 38,574 Vistas

Predicas Cristianas
Predicas Cristianas Predica de Hoy: Cuando Dios esta en casa
grandes cosas suceden
Predicas Cristianas Lectura Bíblica de Hoy: 2ª Reyes 4:8-35
Textos Clave: 2ª Reyes 4:9-11 y 27-31(a)
Introducción
La Biblia relata la historia de una mujer adinerada que vivía en Sunem,
una ciudad que se encontraba entre samaria y el Monte Carmelo, justo
por el camino, camino que siempre era recorrido por el profeta Eliseo.

Esta mujer siempre veía pasar a Eliseo cerca de su casa y veía que
Eliseo era alguien especial y diferente a los demás, por lo cual ella,
cada vez que Eliseo pasaba por su casa lo invitaba a comer, hasta
que un día esta mujer le dijo a su esposo: Mira, yo se que este hombre
Eliseo, el que siempre pasa por aquí y que come con nosotros, es
alguien especial y lleno de Dios; pues cuando esta con nosotros yo
puedo sentir su paz.
Como vez si le construimos una recamara para que se quede a
descansar con nosotros cada vez que venga, a lo cual el esposo
accedió; y Eliseo cada vez que pasaba por Sunem comía y
descansaba con ellos en su casa.
Esta mujer a pesar de tener tanto dinero y de ser muy hospitalaria, y
se alegraba cada vez que el profeta llegaba a su casa, su alegría y su
gozo no estaba completo pues en su corazón había un hueco sin
llenar, y este era que no tenia hijos y su esposo ya era viejo.
Ella hacia todo lo que podía para que Eliseo siempre estuviera
cómodo y lo hacia sin obtener nada a cambio. Pero Dios que todo lo
ve, no se dio por mal pagado, por lo que la mujer para su siervo.
Y un buen día Eliseo le dice a la sunamita que Dios le iba a cumplir el
deseo de su corazón y que le iba a dar un hijo, pero la mujer a pesar
de que toda su vida deseo tener un hijo, lo dudo y le dijo a Eliseo que
no se burlara de ella, pues su esposo ya era viejo.
Pero lo que la mujer no sabia era lo siguiente: Que lo que para ella era
imposible, para Dios era posible; y Dios cumplió su palabra y la mujer
dio a luz a su hijo; este creció y un día enfermo y murió en sus brazos,
entonces ella lloro amargamente por su hijo y hasta se enojo, porque
sintió que Dios se había burlado de ella.

Pero ella no se quedo llorando en su casa, sino que recordó que


Eliseo estaba lleno de Dios, por lo cual ella deja a su hijo en el lugar
que había preparado para Eliseo, y corrió al Carmelo en donde se
encontraba el profeta, pues ella sabia que allí en el monte se
encontraba la solución a su problema, pues el Carmelo es el lugar de
la provino de Dios.
Ella llegó a donde Eliseo y lo primero que hizo fue reclamarle (y esto
no porque no creyera en Dios, pues si no hubiera creído jamás hubiera
ido en buscadle profeta, mas claramente en busca de Dios).
Pero ella no se conformo con el que Eliseo mandara a su asistente,
sino que se aferro a Eliseo y le dijo: Si usted no va conmigo (en otras
palabras lo que le dijo fue: Si Dios no va a mi casa), yo no me volveré
para ver a mi hijo muerto y a llorar; quiero que su presencia este
conmigo, y Eliseo después de ver la determinación de la mujer se fue
con ella y Dios (dejemos claro que el que resucito al niño fue Dios, a
través de Eliseo) resucito al niño y ella da gracias y vuelve a sonreír.
Enseñanza de la Mujer Sunamita para nosotros hoy en día.
A diario necesitamos un milagro o un mover especial de Dios en
nuestro hogar, nuestra salud, nuestras finanzas, en los matrimonios y
en nuestras ciudades.
Debemos de entender al igual que la Sunamita que la solución a
nuestra necesidad, a nuestros problemas no se encuentran sobre
nuestras rodillas, esto quiere decir en nuestras fuerzas; hay que corres
a la habitación del profeta, hay que tocar insistentemente la puerta de
la Habitación de Dios y aferrarnos a el hasta que el milagro ocurra.
Corre a la habitación en donde esta la cama, la mesa, la silla y la
lámpara, y busca la presencia de Dios allí.
 La sunamita corrió a la habitación del profeta y al ver la cama.-
Recordó que podía descansar en las manos de Dios, renunciando a
sus fuerzas. Mateo 11:28
 La mesa. Le recordó que en la presencia de Dios, hay gozo a pesar
de las pruebas. Salmo 16:11
 La silla. Le recordó que debería de esperar en Dios. Salmo 5:1-3
 Y la Lámpara. le decía que la palabra de Dios, es la que alumbra el
camino más obscuro. Salmo 119:105
Aferrate hoy a Dios, se persistente, invita a Dios para que se quede
hoy en tu casa, no te conformes con solo verlo pasar, invítalo a
quedarse contigo, prepárale una habitación cómoda (no lo dejes en la
esquina) y ponle una cama, una mesa, una silla y una lámpara; confía
en el a tal punto que si tu salud, tu matrimonio, tus finanzas, tu hogar
estuvieren muertos ¡Resucitaran! Y volverás a reír de alegría y
proclamaras Paz, como dijo la Sunamita porque nuestra esperanza
esta en Dios y en sus fuerzas.
Hay un milagro para ti, ¡Un milagro de Resurrección!
Deposita toda tu ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de
nosotros, como dice 1ª Pedro 5:7
Y Recuerda que:
Cuando Dios esta en casa, grandes cosas suceden.

También podría gustarte