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Este documento presenta el estudio de caso de un adolescente de 17 años que recibió terapia psicológica. El documento describe la historia clínica del paciente, las sesiones terapéuticas y el marco teórico utilizado, el cual se enfoca en la relación terapéutica, la presencia, la ansiedad y la construcción del mundo por parte del paciente. Finalmente, analiza el proceso terapéutico y la tendencia del paciente a una personalidad esquizoide, concluyendo que un vínculo terapéut

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Este documento presenta el estudio de caso de un adolescente de 17 años que recibió terapia psicológica. El documento describe la historia clínica del paciente, las sesiones terapéuticas y el marco teórico utilizado, el cual se enfoca en la relación terapéutica, la presencia, la ansiedad y la construcción del mundo por parte del paciente. Finalmente, analiza el proceso terapéutico y la tendencia del paciente a una personalidad esquizoide, concluyendo que un vínculo terapéut

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ESTUDIO DE CASO ÚNICO: ADOLESCENTE.

Autor:

María Mónica Gómez Alfaro

Directores:

Ps. PH, D. Alberto Mario De Castro Correa

Ps. MG. Guillermo García Chacón

BARRANQUILLA

Programa de Maestría en Psicología Clínica

Énfasis en el Enfoque Fenomenológico Existencial

UNIVERSIDAD DEL NORTE

MAESTRIA EN PSICOLOGÍA – PROFUNDIZACIÓN CLÍNICA

2015

1
TABLA DE CONTENIDOS

1. Introducción____________________________________________4

2. Justificación____________________________________________ 6

3. Área problemática________________________________________8

4. Preguntas guías_________________________________________ 10

5. Historia clínica del paciente________________________________11

6. Descripción detallada de las sesiones________________________ 14

7. Marco teórico__________________________________________ 31

7.1 La relación terapéutica________________________________ 31

7.1.1 Presencia y encuentro___________________________ 32

7.1.2 Presencia intrapersonal y presencia interpersonal______34

7.1.3 Interpretaciones existenciales_____________________ 34

7.2 Aquí y ahora______________________________________ 35

7.2.1 Equivalencias_________________________________ 36

7.2.2 Proceso vs contenido ___________________________38

7.3 Saberes__________________________________________ 38

7.4 Personalidades esquizoides___________________________40

7.5 Ansiedad_________________________________________44

7.6 Deseo, voluntad e intencionalidad_____________________ 45

7.7 Ser como creador de su propio mundo__________________47

8. Análisis del caso________________________________________ 49

8.1 Proceso experiencial más “aquí y ahora”________________ 49

8.2 Tendencia a una personalidad esquizoide________________59

2
8.3 Vínculo terapéutico y saberes del terapeuta________________64

9. Conclusiones y discusión____________________________________74

10. Bibliografía______________________________________________ 78

11. Anexos__________________________________________________80

3
1. Introducción

El siguiente trabajo busca adentrarse a una temática común en la actualidad y quizás algo

minimizada por el olvido de la esfera afectiva en la construcción del sentido de vida. Se refiere

justamente en las relaciones interpersonales, para ello se toma como base la comprensión del

vínculo terapéutico y cómo el mismo es una herramienta para empezar a establecer relaciones

sólidas con el prójimo.

En este estudio de caso, se entiende al ser humano como apto para elegir y decidir, aceptando

que ello requiere excluir posibilidades y hacer renuncias. De la misma forma, se reconocen a las

personas como seres libres y con responsabilidad en su actuar, sea asumiendo roles activos o

evitando buscar nuevos caminos. De ambas formas queda demostrado cómo el hombre es capaz

de construir su mundo y darle sentido. Puntualizando lo expresado, a pesar que hay

determinismo que inciden en la manera en que el sujeto se relaciona y afronta las situaciones, es

necesario atender al individuo como un ser que participa en la creación de su vida, es activo

cuando asume posiciones respecto a lo que le acontece o cuando prefiere ignorar su

responsabilidad.

Asimismo, se toma como prioridad lo expresado por May (2000): “si la apatía o la ausencia

de afectos es el estado de ánimo dominante en nuestros días, podemos comprender en un nivel

más profundo por qué el amor y la voluntad se han hecho tan difíciles”. (p.27), por ende, se alude

a la dificultad que le requiere al paciente poder formar y construir relaciones con sus semejantes,

pero para poder analizarlo y comprenderlo no se puede dejar de lado el papel que ocupa la

sociedad actual en este fenómeno, pues influye en el deterioro que existe en la comunicación

4
entre los seres humanos, debido a que no hay puentes que conecten a los mismos sino un camino

de posibilidades que los llevan a aislarse.

Por medio del presente trabajo, se busca la comprensión del vinculo terapéutico a partir de la

experiencia de una persona escogida para el análisis, lo que implica clarificar: “la forma en que

crea, organiza y construye el mundo concreto en que se encuentra, así como los valores que

necesita afirmar o preservar para sentirse bien consigo mismo”. (De Castro, Cardona, Gordillo y

Támara, 2007). Igualmente se tendrá como foco del caso, cómo incide el desarrollo personal del

terapeuta en los encuentros con el paciente.

Este proceso se lleva a cabo utilizando un enfoque fenomenológico-existencial, caracterizado

por comprender la experiencia de la persona desde la descripción e interpretación del fenómeno.

Para conocer la experiencia del consultante se han llevado a cabo sesiones por psicología clínica,

en las cual se han abordado las diversas dimensiones en que se desarrolla el mismo.

5
2. Justificación

El proceso terapéutico que se enfatiza en este escrito, es un espacio de encuentro entre dos

participantes, donde queda al descubierto que aún con defensas sólidas, la ansiedad siempre

termina por manifestarse. Cada ser humano la vivencia de distinta manera, ya que ésta indica lo

que valora y considera relevante cada persona en particular. La terapia efectiva es aquella que

posibilita la conexión íntima entre terapeuta y paciente, la cual es puente para aprender a

manejar la ansiedad, y relacionarse constructivamente con los supuestos básicos de la existencia

(muerte, libertad, carencia de sentido vital, aislamiento existencial), sin dicha relación el

terapeuta no podría adentrarse al mundo afectivo del consultante.

El presente trabajo se basa en una descripción cualitativa de un hombre adolescente de

diecisiete años de edad, se toma como base el enfoque fenomenológico-existencial, por lo

singular de ésta persona, no es posible realizar generalizaciones respecto a los resultados que

durante el desarrollo del caso se demuestren.

Asimismo, se formulan preguntas orientadoras, debido a que éstas organizan y direccionan el

estudio, favoreciendo la comprensión de lo que acontece en el proceso terapéutico. De igual

forma, se hace hincapié en la necesidad de describir la experiencia, más que en buscar

explicaciones basadas en conceptos o postulados teóricos, sin desconocer la importancia que

éstos últimos también poseen.

Está investigación procura ser soporte a la academia, y guiar procesos terapéuticos en donde

sea necesario que el terapeuta se encuentre en búsqueda de crecimiento personal y en aras a

clarificar sus sentimientos, a fin de apuntar a las vivencias reales de los pacientes, realizando

6
distinciones entre lo que es personal, y lo que trae el consultante. Finalmente, es un referente

sobre la forma en favorecer un proceso terapéutico que tiene como cimiento la fenomenología.

7
3. Área problemática

En las sesiones terapéuticas se encuentran retos que apuntan al desarrollo de las

potencialidades de los consultantes, por ello es necesario percibir la relación y las significaciones

que surgen de la misma. Es imprescindible que el terapeuta trabaje en su crecimiento personal,

éste debe estar atento al otro y a él mismo, clarificándose y usando sus sentimientos como

información. Yalom (2002) al respecto menciona: “Si uno desarrolla un conocimiento profundo

de sí mismo, elimina la mayoría de los puntos ciegos y tiene una buena base de experiencia como

paciente, comenzará a distinguir cuánto del aburrimiento o la confusión es suya y cuánto

producto del paciente” (p.84). Es vital que el terapeuta diferencie cuando los emociones son

suyas y cuando son del consultante, debido a que sin ello no podrá apuntar a la intencionalidad, y

a las riquezas de las vivencias de su paciente, puesto que los prejuicios o emociones del

profesional son los que tendrían predominancia en los encuentros. Lo anterior no implica una

ruptura con los supuestos teóricos, sino que supone que la terapia debe ser impulsada por la

relación y las experiencias que se tienen sobre la misma.

Este estudio posee bases conceptuales, pero tiene como herramienta principal al terapeuta, sus

sentimientos, vivencias y clarificaciones. Igualmente, se toma como premisa lo expresado por

Yalom (2002): “la intimidad con el terapeuta les sirve como punto de referencia interno. Al saber

que tienen la capacidad de formar relaciones, desarrollan la confidencia y la disposición a

entablar otras relaciones igualmente buenas en el futuro”. (p.192). Cuando el paciente siente

cómo es su interactuar con los demás, sin tantas pretensiones y explicaciones se descubre en el

camino del cambio, el cual no sería posible si durante el momento presente de la terapia no se

vive en relación a alguien más.

8
En definitiva este estudio de caso se preocupa por la manera en qué incide el terapeuta en el

encuentro con su paciente, pues para alcanzar un proceso terapéutico fructífero es necesario que

éste se encuentre en crecimiento y desarrollo personal. Todo lo que ocurre en los sesiones debe

tener un objetivo terapéutico que busque favorecer del consultante, pero la falta de claridad del

terapeuta puede incidir en que las intervenciones o devoluciones tengan sesgos que se aparten de

la experiencia real de su paciente.

9
4. Preguntas guías

 ¿Cuáles son los saberes que debe tener un terapeuta para construir una relación

terapéutica genuina con un paciente de personalidad esquizoide?

 ¿Cómo utiliza el terapeuta el aquí y ahora, y la presencia intrapersonal e

interpersonal durante las sesiones terapéuticas?

 ¿Qué diferencia existe entre contenido y proceso experiencial, y cómo se muestra

en los encuentros?

 ¿Cuál es la importancia de las equivalencias para el proceso terapéutico?

 ¿Qué se entiende por interpretación existencial, y cómo impacta la relación

terapeuta-paciente?

10
5. Historia clínica del paciente

Datos Generales del paciente

Nombres y Apellidos de la paciente: Andrés Francisco Bolívar

Edad: 17 años

Fecha de nacimiento: 19 enero de 1998

Escolaridad: Universitario (Cursando)

Nombres de los padres: Javier Bolívar Barros y Pabla Barrios Martínez

Teléfonos: 300-272-8326/370-8645

Dirección: Cra 19C #59-06.

MOTIVO DE CONSULTA: Los padres del paciente afirman: ¨asistimos a psicología pues

estamos preocupados porque Andrés no interactúa lo suficiente con los demás, no hace

actividades que realizan normalmente los jóvenes de su edad, por ejemplo: Salir, rumbear,

bailar. En fin, eso a nosotros nos asusta, ya que es extraño”. Posteriormente a este relato, se

cuestiona al paciente sobre su opinión respecto a lo postulado por sus acudientes y subraya que:

“Ellos no me entienden, no tengo que ser como los demás y mucho menos como mi hermano,

estoy aquí simplemente porque no comprenden que soy diferente”

DESCRIPCIÓN SINTOMÁTICA: El paciente ha presentado dificultades en la expresión de

sus emociones, sentimientos y deseos, lo cual lo ha conducido a desenvolverse de una forma

restrictiva en su mundo.

HISTORIA PERSONAL: El paciente durante la terapia realizó la transición de escuela a

universidad, según sus relatos siempre ha sido una persona reservada y distante de los demás. Se

11
le dificulta expresar sus opiniones e inconformidades a los otros, por ello intenta evitar a su

núcleo familiar, especialmente a su hermano menor, con quien tiene diferencias amplias en la

manera de percibir la realidad. Actualmente cursa primer semestre de arquitectura, y reconoce de

significado poder dedicarse a lo que le gusta, puesto que sus padres no estaban de acuerdo con su

elección profesional.

La mayor parte de su tiempo la dedica a leer, pintar y escribir, considera que lo anterior han

sido formas de encontrarse consigo mismo y de dar racionalidad, dirección y estructura a su vida.

HISTORIA FAMILIAR: El paciente vive con sus padres y su hermano menor, con quienes

suele mantener vínculos lejanos, debido a que ha sentido durante el transcurso de su vida que sus

progenitores lo orillan a actuar de un modo determinado, y a responsabilizarse por su hermano,

ambos aspectos han abierto una brecha en la comunicación de los mismos, es decir, ha crecido

distante de sus familiares, debido a que se hacían evidentes problemas en la comunicación de

deseos y sentimientos entre éstos.

Para él ha sido importante tener gusto por las artes, debido a que eso le ha dado bases

complementarias a las impartidas en el hogar, y considera que: “ha sido la mejor manera de

canalizar mis estados emocionales”.

PROCESO DE EVALUACIÓN: Con el paciente se ha llevado a cabo un proceso

terapéutico basado en entrevistas para favorecer la escucha de sí mismo, además se ha tomado

como premisa que el vínculo con el terapeuta sirve de ensayo para las relaciones que se

establecen en el mundo exterior. De igual forma, se han hecho orientaciones al paciente y sus

padres a fin de facilitar la comunicación entre los mismos.

12
IMPRESIÓN DIAGNÓSTICA: Teniendo en cuenta la etapa evolutiva en que se encuentra

el paciente (adolescencia), es importante puntualizar que sus rasgos de personalidad se

encuentran estructurándose, por ello se realiza un diagnóstico descriptivo.

13
6. Descripción detallada de las sesiones.

P corresponde a Paciente

T corresponde a Terapeuta

Sesión 2

P: Yo estoy aquí porque mis papás quieren, están preocupados porque no salgo, porque mi

tiempo se va dedicado a mis labores académicas… también a cosas que hago por placer, me

encanta leer y pintar… el punto que ellos creen que eso está mal, que tengo que salir, ir a tomar,

como la gente “normal”… por eso me trajeron aquí. Claramente ellos son los que deberían venir,

yo me siento bien.

T: De alguna manera debe ser desagradable venir aquí

P: (Risas) ¡qué inteligente!, pero sí, venir a hablar con un extraño y fijo mis papás van a

preguntarte de todo, algo así como que me traen aquí para espiarme y también para que me hagas

cambiar la decisión sobre mi carrera, yo quiero ser arquitecto pero ellos preferirían que fuera un

ingeniero… digamos que esto es algo más para conveniencia de ellos.

T: Bueno, quiero que sepas que todo lo que hables aquí serán sólo entre nosotros, a menos

que tu vida este en peligro.

P: (Risas), tranquila, yo no me voy a matar… Lo que me sorprendes es que eres súper joven,

te ves toda sweet, yo esperaba a alguien mayor, de hecho me sorprendí cuando te vi… puedo

jurar que mis papás también, en parte es mejor hay menos distancia en la parte generacional,

como que no estás tan vieja para entenderme. (Risas)

14
Silencio

P: ¿Tengo que decir algo?

T: Es tu espacio

P: Pues ya te dije, me gusta leer, sobretodo de historia universal… A veces pinto, de hecho

seguido, aunque últimamente no me queda tiempo porque me preparo para los ICFES, pero trato

de hacerlo, no soy un muchacho de rumba, de vallenato ni reggaetón ni nada de eso… Champeta

menos, soy más bien tranquilo, casero, no salgo, a ratos en familia pero ni me integró.

T: ¿Cómo es eso que no te integras?

P: Pues ellos por su parte, yo por la mía, así de simple.

T: Trata de desmenuzarlo un poco más.

P: Ya te dije, cada quien por su lado, no creo que eso necesite algo más que decir.

T: ¿Eso último lo dijiste con rabia?

P: Rabia no, lo que pasa es que no entiendo que quieres que te diga.

T: Siento que tiene que ver con la incomodidad que mencionabas al principio por tener que

venir aquí.

P: Puede ser, no me gusta hablar demasiado de cosas que considero muy personales.

Las sesiones 3 y 4 no son descritas puntualmente, pero en ellas se continúo el trabajo

expresado en la sesión 2, se hizo alusión a la dificultad de encontrarse fluidamente con alguien, y

15
se formularon preguntas como: ¿qué es sentir impotencia? ¿Cómo te sientes al decirme eso?. De

la misma manera, se aludió a la diferencia entre poder y querer

Sesión 5.

P: Hoy me siento muy feliz, siento que me he ido soltando poco a poco. Estoy en un proceso

de estar en la masa sin ser un ente, es como tratar de tener un equilibrio, de incluirte pero no ser

un objeto más.

T: ¿Cómo es eso?

P: A mí me da mucho miedo dejar de ser quién soy, por seguir los ideales de un grupo, pero

ya he comprendido que me puedo relacionar y seguir siendo yo, es como aportar algo y que me

aporten pero mi esencia es la misma, suena sencillo, para mí no lo es tanto, pero estoy

intentándolo, ya habló más en mi salón de clases, incluso el otro día participe en mi clase de

filosofía poniendo un ejemplo donde di mi punto de vista, eso no lo hacía antes, era más

reservado y eso. (Sonrisas)

T: Te siento dichoso diciendo eso

P: Pues sí, es como que llega el momento que me detengo a ver que hay varios progresos en

mí, anteriormente yo hubiera preferido no acercarme a nadie. Hoy lo quiero hacer, porque estar

tan solo me frustraba y aun me frustro (risas) pero aja poco a poco.

T: Sí, ya te he dicho a veces te presionas mucho

P: Me presiono mucho y me exijo mucho, es como si viviera sin poder equivocarme, en parte

eso aprendí en mi casa, era el modelo perfecto... siempre pude todo, y ahora intentar

relacionarme me cuesta y me da impotencia no poder todo (risas)… pero ya soy más autónomo

16
en lo que deseo, no estoy en el afán de complacer a mis papás, mira que he defendido la carrera

que quiero estudiar, aunque siento que no obtengo todos los cambios que quisiera…

Silencio

T: Quiero cambiar rápido…

P: Quieres ser perfecto

Silencio

Silencio

P: Es que eso aprendí en mi casa entiéndelo

T: Lo entiendo, pero ahora ya eres un roll activo

P: No entiendo

T: Yo creo que sí lo sabes pero prefieres ignorarlo

P: Bueno aja, empezar a darme cuenta cómo asumo lo que he vivido a lo largo de mi vida,

pero no es fácil de un día a otro, en especial porque a mí no me gusta equivocarme, quizás lo

aprendí o quizás esa es mi forma de ser

T: ¿Cómo es eso que no te gusta equivocarte?

P: Me gusta estar seguro, hacer todo bien, tampoco quiero ser el mejor… ni el peor, estar en

la mitad no ser visto… y es que cuando uno se equivoca es visto

T: ¿Uno quién?

17
P: (Risas), yo... Cuando me equivocó me ven y no me gusta…Me siento vulnerable…

P: Me da miedo estar inseguro, ser vulnerable, quiero que todo esté en su puesto… estar a

salvo, siento que cuando algo se me sale de las manos me asfixio, es como si empezará a morir…

Silencio

T: ¿morir?

P: Sí, dejó de estar seguro y eso para mí implica muerte porque no me agrada, porque me

expone

Silencio

P: ¡Eso aprendí en mi casa!

T: Pero es curioso que ahorita que hablábamos decías que te gusta estar seguro, quizás

aprendiste algo en tu casa pero hoy eres responsable y creador de eso.

P: Bueno sí, porque estoy creciendo, me identificó con ello a pesar de que me frustra, las dos

caras de la moneda… y no sé si pueda mas la impotencia que supongo me llevará a buscar el

cambio… no sé si pueda pagar ese precio

T: ¿Puedas?

P: Bueno quiera, es difícil admitirlo… suena fuerte.

P: Estoy confundido, hable como en remix, de varias cosas y siento que eso me enreda… es

como si dijera cosas que ni yo mismo sé de donde salen, pero aja vamos a ver (suspiro)…

aunque uno de las mejores cosas que he aprendido aquí es a verme como soy..

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T: Esa es la idea, poco a poco te vas descubriendo.

P: Aja y a futuro poder profundizar en lo remix (risas)… en cada cosa.

T: Tú irás diciendo cuando quieras referirte a ellas.

P: Aunque a veces quisiera mandar a todo el mundo para el carajo quedarme solo.

T: ¿A quién vas a mandar al carajo? Siempre has estado solo

Silencio

Silencio

P: Pues... sí.

Silencio

T: Tienes rabia

P: Sí me da rabia que me digas eso, de pronto porque es verdad, pero ten claro que yo sí he

estado solo ha sido por propia decisión… yo lo elegí, me siento bien así

T: Exacto tú eliges… Pero ello te hace sentir “medianamente bien”

P: Tiene sus dos lados, me gusta el lado de la seguridad… que es estar solo, repito me siento

bien así, yo no le temo a la soledad, la disfruto, hago lo que me gusta, estoy conmigo mismo…

puedo hablar conmigo mismo, es una sensación grata, es tranquilidad, a mi me gusta que todo

sea sereno, es todo María Mónica, es la realidad.

T: Unas sesiones atrás no sentías eso, estabas frustrado, incluso hoy lo has estado.

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P: (Risas), viste por eso es que te digo que hablo remix, es que a veces ni sé bien lo que

quiero, es como hablar locuras y a la vez hablar en serio, unas veces siendo muy sincero, otras

veces pretendiendo ser algo que quizás no soy… Sonó enredado… y se siente aun más enredado,

supongo que así estoy enredado.

Sesión 6

P: Últimamente me he cuenta que me estoy aislando nuevamente… Descubrí que

definitivamente no puedo.

Silencio.

T: ¿No puedes?

P: No puedo, ahora no me vengas a decir que es que no quiero, ¡en realidad no puedo ni me

interesa!

T: No te creo.

P: ¿No me crees que no puedo?

T: No creo

P: En serio, es que también siento que la gente es interesada, te buscan por necesidad y eso

me contribuye a no poder, yo creo en los sentimientos reales, en conversar en verdad con

alguien, de lo que quiero y de quien soy, pero no se puede porque no hay personas con quienes lo

pueda hacer… Nadie.

T: Aquí por ejemplo ya lo has hecho.

20
P: Bueno sí, pero aquí me siento sólo, es como si no estuvieras tú ni el animalito que tienes en

tu camisa. (Risas)

T: ¿Como así que aquí te sientes sólo?

P: Pues sí, soy yo mismo, me siento como solo, porque soy auténtico… Soy yo, digo

auténtico porque a veces sin corazas. (Voz entrecortada)… Ay no… la verdad es que me estas

enredando, me complicas, no me dices nada...quiero que me digas que hacer.

T: ¿Qué acabas de hacer?

P: Decirte lo que en realidad quiero, pedirte que me des pistas, alguna solución o salida, ¡eso

es lo que deseo!

T: ¡Qué inteligente!

P: No capto, sé más explícita, estoy hecho un ocho

T: Te lo voy a decir, aunque sería mejor que tú mismo te dieras cuenta: se entrecorto tu voz y

decidiste cambiar lo que decías, ¿para qué?

P: Sí, estoy hecho un ocho en verdad… es tan difícil hablar y afrontar, es más fácil que tú me

digas, aunque en el fondo no sería tan bueno, es como si mis papás decidieran que quiero

estudiar, si escogen algo que no me gusta será como perder el tiempo, pero igual sigue siendo

más sencillo.

T: Hay una cosa que hace poco, “aquí he aprendido a observarme y conocerme sin que nadie

me diga nada… “

P: Tienes buena memoria (Risas), es decir, yo dije que sí soy capaz.

21
Silencio.

P: Lo bueno es que ya me estoy conociendo. Pero eso no basta porque no cambio… y quiero

que sea rápido ya llevo como cuatro meses aquí y nada… no es posible.

T: Te presionas demasiado.

P: No sólo es eso, también quiero defender lo que deseo, me preocupo y estreso porque mis

papás no les agrada lo que yo quiero estudiar, pero igual lo voy a defender...La arquitectura es mi

pasión, anteriormente yo hubiera cambiado de opinión por ellos, pero hoy no, sabes que aquí me

estoy viendo como alguien más maduro y he entendido que también yo mismo decido en todo,

desde como soy hasta mi carrera profesional. Ellos se han relajado un poco más... pero igual no

quieren, yo lo siento… Al final ya eso es su problema, (Risas) ellos deciden amargarse… como

te dije antes no tendría el mismo sentido ni el mismo valor si ellos decidieran por mí.

Silencio.

P: Si viste, hay muchas cosas que yo sé, por lo menos en esto de la carrera siento que sí soy

yo, eso me pone contento (Sonríe), bueno por lo menos hay en algo que sí me he transformado

positivamente, ojalá en otros aspectos venga pronto.

T: Poco a poco. Ya casi se está acabando el tiempo, ¿cómo te vas hoy?

P: Me voy preocupado… estresado… Movido… en especial porque ya me estoy conociendo

pero no hago nada… aunque bueno estoy dando pininos. (Risas). Roma no se hizo en un día y yo

duraré toda la vida formándome, aunque igual me estresa (Risas). Llegue súper amargado, pero

dentro de todo mi estrés siento que ya me voy con un kilo menos

Sesión 12

22
Paciente regresa a terapia luego de cuatro meses, debido a que el centro había suspendido sus

servicios por remodelación; no obstante, durante esos meses el paciente y el terapeuta se

mantuvieron en contacto vía mensajes.

P: Hola. Yo hoy me quiero sentar en la silla, (procede a sentarse), tú te sientas en el sofá.

P: Tiempo sin verte, ya casi se me había olvidado tu cara (risas).

T: Sí ha pasado un tiempo ya, actualízame sobre tu vida.

P: Bueno, entre a la universidad a estudiar arquitectura, me ha gustado mucho, pero

generalmente no duermo bien o trasnocho porque debo hacer trabajos y maquetas. De casi todos

mis parciales los hago en la casa y lo peor es que a veces siento que los profesores no valoran mi

esfuerzo, porque no obtengo las calificaciones que yo quisiera, eso me desanima pero también

puede ser el cambio en el ritmo académico. Además como me la paso ocupado ya no tengo tanto

tiempo para compartir con mi familia, a mi hermano lo veo esporádicamente. (Sonrisa)

T: Cuando hablaste de eso último te sonreíste.

P: (Risas) Sí, también siento que es una excusa para alejarme, ya sabes que me cuesta mucho.

Incluso con mis compañeros de clases, ha sido complicado, se dieron cuenta que soy un hueso

difícil de roer.

T: ¿Qué es ser un hueso difícil de roer?

P: Que me gusta tener el control de todo, he pensando en lo que hablábamos antes (en las

sesiones pasadas) y hoy en día yo decido ser así, y creo que está bien… debe ser respetable.

T: Eso de tener el control se asemeja a que hayas decidido sentarte en la silla

23
P: (Risas) Aquí todo se ve mejor, no me gusta eso de explayarme en el sofá. (Silencio)

T: Yo creo que a ti te da miedo explayarte.

P: ¿miedo? No, (risas) normal. A mí me gusta contenerme, soy racional, pensante y me gusta.

No tiene nada que ver con el miedo, yo vivo bien así, es una vida relajante y de confort.

T: (Sonrisa)

P: No te rías, en serio me gusta mi forma de ser y estar solo. Las cosas hay que analizarlas, no

se puede vivir a la deriva o en incertidumbre, hay que buscar certezas y seguridades.

T: Acéptate ahora o vivirás justificando como un niño.

P: Silencio

Risas

Ok.

Risas

¿Tengo que hablar o decir algo?

T: Es tu tiempo

P: Me paralizó la frase es todo. Pero si ves que tú me instigas, te quieres meter en mi

perímetro pero yo no te he dejado del todo, ya te dije que soy un hueso difícil de roer (Levanta la

ceja)

24
Y pues sí, para que mentirte me gusta sentirme poderoso, con el control, con la silla. (Risas).

Incluso ya que estamos en la tónica de sinceridad, hace rato quiero decirte que me molesta que

cuando te hablo tienes una sonrisita, me fastidia y mucho.

T: Ahora mismo hablaste de todo y a la vez de nada.

P: Es que no quiero hablar más, me siento instigado ya te dije, siento que me ahogo. Es más,

ya me voy. Pero antes de irme, la frase es: “¿Acéptate o serás un niño?.

T: Acéptate ahora o vivirás justificándote como un niño, no es mía, es de Neruda.

P: ¡Sabía que la había escuchado!, creo que me retumbo.

Sesión 13

P: (Llega a terapia y decide evitar sentarse en el sofá). Hola.

T: Hola.

P: Bueno, como siempre tengo que hablar, no es que tenga muchísimo por contarte, pero en

estos días me he dado cuenta que soy tan desprendido que no me hace falta la gente, por

ejemplo: no extraño a mis compañeros del colegio, incluso no necesito de mi familia, puedo irme

fácilmente de los lugares y las personas y al final como que me da igual. Y si yo miro años atrás,

me doy cuenta que siempre ha sido igual, no es que sea una novedad en mi vida, sólo que esta

semana lo estuve pensando.

T: Si eres así, ¿qué ha hecho que sigas en terapia por un año?

P: Paralizado

25
Silencio

¡Wow! No sé, nunca lo había pensando.

Silencio.

Me da rabia contigo muchas veces, me da ira que te quieras meter en mi perímetro, me da

muchísima rabia. (Respira).

Silencio

Y eso ya lo había pensado antes, no es algo del momento, esa rabia viene conmigo hace ya

bastante tiempo.

Silencio

T: Y nunca me lo habías dicho en tanto tiempo.

P: (Se levanta de la silla y se dirige al sofá, allí se sienta al lado del terapeuta)

Nunca había pensando el por qué seguía viniendo aquí, realmente ahora esto me deja

impactado. Saber que hago aquí.

Silencio.

Aunque en cierta parte me gusta venir aquí, lo que pasa es que no identificó muy bien el

porqué o para que… También siento que me ha servido, incluso yo sé que a veces no te das

cuenta, pero mis papás sienten que he cambiado positivamente, me he abierto más… yo también

siento que es así. Claro que no es el cambio más significativo pero para mí es mucho. Eso sí me

ha gustado, ¡pero también me enojo… y bastante!

26
T: Es algo así como lo que los psicólogos llamamos ambivalencia.

P: ¿Rabia y cariño a la vez?

T: Algo así, sentimientos contradictorios hacia algo o alguien, como el amor y el odio.

P: Sí, siento una tremenda ambivalencia hacia ti y nunca lo había notado, es más sigo algo

impresionado con tu pregunta… y enojado también, eso justo es lo que me da rabia que te metas

conmigo, me desestabiliza, pierdo el control… y realmente eso me molesta.

T: Sí, se nota que estas molesto. Pero dentro de esta molestia dices que aquí has encontrado

aspectos que te han servido.

P: No se niega eso, y pues si otros lo notan es una buena señal, yo lo siento, pero como te dije

a veces creo que tu no. Quizás yo tampoco te lo he hecho saber, especialmente últimamente que

ando difícil de roer (risas). Igual quiero seguir reflexionando en esto, si encuentro algo nuevo te

cuento en la próxima sesión.

T: ¿cómo te vas hoy?

P: (Risas)… algo impactado con tu pregunta y más aun por no saber la respuesta, y ver como

los dos lados que me inspiras… me ayuda a estar más claro y seguramente a aprovechar más este

espacio, vamos a ver.

Sesión 14

P: (Se sienta en el sofá y bromea al respecto)

Bueno, hoy tengo varias cosas que contarte, en vista que estamos en plan de aprovechar mejor

el tiempo (risas).

27
T: Adelante

P: Lo que pasa es que estoy como rabioso con mis papás, porque salí a hacer unos trabajos

con unos compañeros y empezaron a regañarme porque según ellos ya era “tarde”, 9pm osea. En

fin, el punto es que me llamaron y no cerraron el teléfono enseguida y yo tampoco, entonces

escuche que decían que estaban furiosos porque yo me iba a la calle a hacerle el trabajo a los

otros, es decir, ellos creían que era mentira que yo estaba haciendo algo en grupo.

Silencio.

Eso ni lógica tiene, ni bobo que yo fuera, yo acostumbro a ayudar a la gente cuando puedo,

pero realmente estaba haciendo algo con mis compañeros, bueno me llamaron me dijeron de

todo y cuando llegue a la casa no me mencionaron el tema, ni yo tampoco, no me interesa

sacarlos de la duda.

T: ¿A qué te refieres con sacarlos de la duda?

P: Contarles o explicarles lo que realmente estaba haciendo, pero no me interesa, siempre es

el mismo cuento, no me escuchan, siento que mis palabras son pérdidas, no me conocen, no tiene

idea quien soy yo. Además yo ya estoy grande, ya casi tengo dieciocho, y eso no implica sólo

votar, también tener más independencia, madurez y responsabilidades.

T: Siento que estas enojado al decir eso.

P: No, no lo estoy.

Silencio

28
O bueno sí, porque me da rabia que siempre sea lo mismo, imagínate que me dijeron que

esperaban las mejores calificaciones, tienes las expectativas más altas del mundo conmigo, todo

el tiempo me están acosando y pidiendo que haga mejor las cosas, sea la universidad, sea en la

casa, es en todo y yo estoy cansado… y además es normal que yo me equivoque, no siempre

sacaré buenas notas, ellos juran que yo soy el mejor, incluso desmeritan a mis compañeros sin

conocerlos, y se atreven a afirmar que yo soy el talentoso… osea que es eso. Son demasiadas

exigencias, me exigen demasiado.

T: Yo siento que tú aceptas todas esas exigencias que ellos te hacen.

P: Sí, las acepto, me exijo mucho porque ellos me exigen y en el fondo me molesta, es como

si no pudiera cometer un error, soy humano, pero ellos no entienden. Por eso te digo que no me

interesa sacarlos de la duda de nada, no me oyen… para construir un puente se necesitan de dos

lados, porque si se construye de un sólo lado no puedes pasarlo… y ya decidí no hablar.

T: Decidiste no hablar, pero sin embargo sabes que se necesitan dos lados para construir un

puente.

P: Bueno, quiero que me ayudes, puede ser una cita con mi mamá a ver que dice ella y si

podemos llegar a un acuerdo, no creo pero aja. Eso sí, yo no voy a estar, que ella entre primero o

algo así.

T: Me parece una buena idea, pero la condición es que tú debes estar.

En las próximas sesiones se realizó una sesión en compañía de los padres y el paciente. Y

posteriormente en los encuentros, se abordó la manera en que se sentía el paciente referente a sus

avances en las relaciones interpersonales y sobre el reconocimiento de aspectos que lo hacen

29
sentir vulnerable. Cabe destacar, el proceso con el consultante no ha concluido, y éste mismo ha

reconocido que expresar su sentir hacia el terapeuta le ha ayudado a ser más fluido. De la misma

forma, se reconoce que el proceso con el paciente más sustancioso ha sido el actual, debido a que

se encuentra descubriendo nuevas posibilidades de ser y está enfrentándose a la incertidumbre

que trae el cambio consigo.

30
7. Marco conceptual

El enfoque terapéutico al que se hará referencia en este apartado, se centra en las dificultades

propias de la existencia, por las cuales pasan todos los seres humanos, algunos de una forma más

crónica. Se refiere a enfrentarse con la incertidumbre, la finitud, la libertad, y todo lo que implica

tomar decisiones, entendiendo que hacerlo es excluir posibilidades y tener despojos, por ello, no

se puede partir de diagnósticos o de hipótesis que deben ser confirmadas o descartadas, la terapia

humanista-existencial es un espacio para reconocer al otro, colaborar, acompañar y acoger en la

vivencia y descripción de su existencia, lo cual indica que este enfoque pone especial énfasis en

el hombre como un ser relacional, por ello, la relación terapéutica toma un papel fundamental en

esta postura.

7.1 La relación terapéutica

De Castro y García (2013) en su libro de Psicología clínica hacen alusión permanente a la

importancia de la relación terapéutica, y se refieren a ésta diciendo que: “debe ser un encuentro

genuino entre dos personas” (p.200), para poder construir una relación de este tipo se incluye la

fenomenología, ver lo que sucede tal como se muestra en la interacción, es decir, atender al

fenómeno mismo, De Castro y García (2013) añaden: “de nada sirve proporcionar condiciones

supuestamente neutras, si en la cotidianidad no se desarrollará de esa manera, ni se va a

encontrar con ese tipo de relaciones artificiales”. (p.201), lo cual apunta a llevar la terapia a un

contexto natural, donde se posibilite al paciente a que vivencie en el momento presente, y en ese

momento ver lo que ocurre, el fenómeno, Rollo May (2000) asegura al respecto que:

“Tendemos a suponer que si tenemos una explicación causal o si describimos como se

desarrollan las cosas, estamos describiendo la cosa en sí. Es un error. Los fenomenólogos

31
sostienen que debemos reducir la tendencia de occidente a creer que entendemos las

cosas sólo porque conocemos sus causas; en cambio, lo que debemos descubrir y

describir es aquello que la cosa es como fenómeno, la experiencia tal como se da ante

nosotros”. (p.94)

Lo anterior supone hallarse en un encuentro con el paciente, y estar en relación conjunta,

donde debe primar la experiencia, ya que las explicaciones no le ayudan al paciente a que se

contacte consigo mismo y al final proporcionan un conocimiento artificial, evitando que se

promuevan cambios y que se desarrollen las posibilidades de ser, todo ello en gran medida

ocurre porque se separa la terapia del mundo real del paciente, apartándose de la fenomenología,

De Castro y García (2013) mencionan sobre lo expresado:

“Si el terapeuta sólo pretende observar desde afuera del campo experiencial del

paciente, sólo terminará atendiendo a sus propios prejuicios teóricos, ya que estará

desligado de la vivencia inmediata e intencionalidad del paciente, y por consiguiente, no

podrá captar su mundo y se apartará del sentido de su experiencia”. (p.207)

El terapeuta debe tener claridad teórica, pero no puede basar su relación con el consultante en

ello, pues sería minimizar a la persona con rótulos, olvidando su sentir. En este orden de ideas, es

necesario referirse al concepto de presencia, según De Castro y García (2013): “esta es la que

permite comprender y sentir, en lo posible, la experiencia de ser de otra persona” (p.202), en

otras palabras estar atento al paciente y su experiencia en el momento de la terapia, para

complementar sus planteamientos De Castro y García (2013) agregan: “se refiere a una actitud

de apertura experiencial hacia uno mismo y el otro de forma simultánea, a partir de una vivencia

y entendimiento de la situación experiencial que se está compartiendo en el momento presente”.

32
(p.203). Esto no implica ser parcial con el paciente y romper los límites durante las sesiones, es

por ello que el terapeuta debe estar atento y clarificarse constantemente para no caer en

prejuicios o sentimentalismos, pero lo vital como dice Rollo May (2000) es que: “en este

encuentro el terapeuta tiene que poder, en alguna medida, sentir lo que el paciente está sintiendo.

La labor del terapeuta implica estar abierto al mundo del paciente”. (p.111), lo cual no es una

tarea fácil, pues requiere que el terapeuta este abierto a experimentar el sentir de su consultante,

y eso es en definitiva aceptar la vulnerabilidad como parte de su trabajo. De Castro y García

(2013) plantean la importancia del encuentro terapéutico:

“El encuentro implica una alta exigencia profesional y responsabilidad ética por parte del

terapeuta respecto a la conciencia de su participación en el mundo experiencial del

paciente y en la relación terapéutica, y cómo esta última puede influenciar la experiencia

inmediata del paciente”. (p.202).

Cabe destacar la relevancia de cómo se inciden mutuamente paciente y terapeuta, ambos

deben estar dispuestos a cambiar, y al final lo que se experimenta en las sesiones terapéuticas

influye en lo que el paciente vivencia y percibe sobre sí mismo, incide en sus relaciones y su

mundo, es por ello que Rollo May (2000) menciona: “ser capaz de establecer una verdadera

relación con otro ser humano que está experimentando una profunda ansiedad, culpa o

sentimiento de la tragedia inminente, exige lo mejor de la humanidad que hay en nosotros”.

(p.111). Todo esto deja en evidencia que la tarea del terapeuta va más allá de las teorías, pues el

verdadero poder transformador del ser humano se da al contactarse con alguien más, por ende, el

vínculo terapéutico debe ser genuino como se mencionaba al inicio, debido a que las relaciones

significativas de los seres humanos son aquellas que nacen de la autenticidad.

33
En aras a profundizar en la relación terapéutica, se entiende que la perspectiva existencial no

niega la incidencia del pasado, pero su eje no es centrarse en él, más bien procura enfatizar el

momento presente del paciente, es decir, de qué manera durante las sesiones da sentido a dicho

pasado, su forma de estructurarlo y vivenciarlo en la actualidad. Para poder trabajar en ello, el

terapeuta debe hacer presencia intra-personal e interpersonal ante lo que ocurre en el aquí y

ahora (temática que será tratada en el siguiente apartado) del encuentro terapéutico. Teniendo

como base los postulados de los autores De Castro y García (2011) se entiende la presencia

inter-personal como aquella que busca atender a la experiencia inmediata, presente, afectiva,

kinestésica y corporalmente sentida que ocurre en el paciente en su relación presente consigo

mismo y con el terapeuta. Incluye que el consultante se contacte con él mismo, y alude a la

forma en qué éste se vivencia en relación al terapeuta, en definitiva se ocupa del proceso

experiencial entre éstos dos y favorece la relación dialéctica.

Por otro lado, acorde a De Castro y García (2011) la presencia intra-personal posibilita la

escucha de sí mismo, es decir, permite al paciente entrar en contacto con sus deseos, y su

voluntad, lo cual le ayuda a tener conciencia de su actuar, aquello que omite o lleva a la práctica,

a través de ello empieza a tomar responsabilidad sobre sí mismo. En este proceso, el terapeuta

puede indagar al consultante teniendo como referencia su propio cuerpo, pues al contactarse con

el paciente percibe su experiencia y atiende cómo la refleja, éste a su vez es el encargado de

validar los comentarios del terapeuta.

Todo lo relatado anteriormente, confirma que el proceso terapéutico es empujado por un

contexto vivencial, y no nace de una relación racional y no vinculante. De allí que las

interpretaciones existenciales están orientadas a favorecer la vivencia del consultante, pues

resulta de poca utilidad hacer explicaciones teóricas y objetivas cuando éstas no tienen nada que

34
ver con lo que se encuentra siendo el paciente, De Castro y García (2013) se refieren a lo

mencionado:

“las interpretaciones existenciales no vienen dadas por el terapeuta desde su

conocimiento teórico y análisis causal de la situación, desligado de la experiencia

concreta del paciente y su sentido, sino que se desarrollan a partir de la relación

dialéctica y trabajo colaborativo entre paciente y terapeuta”. (p.190)

Las interpretaciones que tiene un mayor impacto constructivo para los consultantes son las

que surgen de la relación terapeuta-paciente y su vivencia sobre la misma. Cuando el terapeuta

se acerca a la intencionalidad de su consultante, conecta sus devoluciones con la misma, y no

busca explicaciones causales, dichas interpretaciones toman poder porque el paciente está

sintiendo lo que le está sucediendo, De Castro y García (2013) integran en sus postulados: “las

interpretaciones existenciales apuntan directamente al para qué de la experiencia”. (p.191), por

tanto, es imprescindible una actitud de acogida y escucha del terapeuta hacia su paciente, porque

si deja de captar su intencionalidad se puede guiar el proceso por prejuicios o conclusiones

desligadas de la experiencia.

7.2 Aquí y ahora

El ser humano es en gran medida sus relaciones, es imposible éstos y sus preocupaciones

fundamentales sin pensar en la dimensión interpersonal, incluso Yalom (2002) afirma que: “la

gente se hunde en la desesperación debido a su incapacidad de formar y mantener relaciones

interpersonales duraderas y gratificantes”. (p.65), por ello es importante que durante la terapia se

tenga en cuenta el aquí y el ahora, reconociendo que dicho espacio es una oportunidad para

poder vincularse con alguien, según Yalom (2002) el aquí y ahora: “se refiere a los

35
acontecimientos inmediatos de la sesión terapéutica, a lo que está ocurriendo aquí y ahora, en los

minutos de esta sesión inmediata” (p.64), estar en un encuentro con el otro en un momento

presente, viviendo juntos y teniendo una experiencia. Este mismo autor profundiza y da dos

argumentos fundamentales del por qué el aquí y ahora es primordial en la terapia, Yalom (2002):

“la razón por la cual usar el aquí y ahora reposa sobre un par de supuestos básicos: 1. La

importancia de las relaciones interpersonales y 2. La idea de la terapia como un microcosmos

social”. (p.65), mediante el aquí y el ahora el paciente puede verse a sí mismo en relación con

otra persona, lo cual demuestra que no hace falta buscar referentes externos porque en el

momento de la terapia se dan los referentes más clarificadores para el consultante.

Se subraya que algunos autores también se refieren indirecta e indirectamente a la misma

cuestión, De Castro y García (2013) mencionan que:

“El crecimiento personal se produce en la relación directa de unos con otros, por

consiguiente, en vez de pretender crear ficticias situaciones artificiales caracterizadas por

la neutralidad, lo cual, en últimas es imposible, se debe tomar como real la relación entre

paciente y terapeuta, y hacer de ésta un encuentro igualmente directo”. (p.202)

Las relaciones entre paciente y terapeuta exponen las dificultades que se dan al momento de

interactuar, y cuando sucede en dicho espacio, ocurre de igual medida en el mundo externo, por

ello Yalom (2002) asegura que: “uno de los primeros pasos en la terapia es identificar los

equivalentes de los problemas interpersonales de su paciente aquí y ahora”. (p.67), es decir,

durante el momento que ocurre la sesión el paciente experimenta cómo se relaciona, teniendo

vivencias inmediatas sobre sí, lo cual es más esclarecedor que una explicación, debido a que es el

mismo quien observa la forma en que se comporta con los demás, y en dicha situación se

36
encuentra de frente con su ansiedad. El terapeuta debe apuntar a dicha ansiedad para ayudar al

paciente a que reconozca la manera en que la afronta y su intención al actuar, Rollo May (2000)

confluye con lo enunciado:

“la función de la terapia es la de dar a la gente un contexto en el que puedan enfrentar

y experimentar la ansiedad y la culpa de una forma constructiva, un contexto que es el

universo humano, tanto como un universo real, de la propia existencia de una persona en

relación con su terapeuta”. (p.108)

El encontrarse en terapia y tener la posibilidad real de verse y sentirse en relación con alguien

más, facilita la comunicación con los semejantes o permite un cuestionamiento sobre sí mismo,

las relaciones que se establecen y el mundo, Yalom (2002) dice que:

“La razón por la cual usar el aquí y ahora es que los problemas humanos son en gran

medida relacionales y por lo tanto los problemas interpersonales de un individuo

terminarán por manifestarse en el aquí y ahora del encuentro terapéutico”. (p.66)

Quiere decir que durante las sesiones terapéuticas el paciente terminará mostrándose y

comportándose de la misma forma que hace con quienes forman parte de su cotidianidad, Yalom

(2008) complementa sus ideas diciendo que: “la intimidad con el terapeuta les sirve como punto

de referencia interno. Al saber que tienen la capacidad de formar relaciones, desarrollan la

confidencia y la disposición a entablar otras relaciones igualmente buenas en el futuro”. (p.193).

Cuando el paciente en terapia quiere y es capaz de interactuar de forma más genuina y fluida,

seguramente lo extenderá al resto de las esferas en que se desenvuelve, lo cual es en últimas

favorecer el desarrollo de las posibilidades de ser, como bien destaca Rollo May (2000): “el

objetivo de la terapia es ayudar al paciente a realizar sus potencialidades”. (p.111), mediante el

37
aquí y ahora se apunta directa e indirectamente a ello. Se destaca que se pueden presentar errores

e inconvenientes, pero éstos favorecen construir un vinculo sólido en la diada cuando a pesar de

ellos se abarca el proceso experiencial, puesto que exalta lo que ocurre entre el consultante y el

terapeuta, y no se fundamenta en contenidos o interpretaciones teóricas.

Es menester hacer una diferenciación más precisa sobre proceso y contenido. En primera

instancia, se entiende que la terapia debe ser dirigida por el ritmo del paciente, el terapeuta no

debe violentar sus tiempos y extrapolar conclusiones. En muchos contextos, se entiende la

terapia psicológica como aquella donde se dialogan sobre contenidos o acontecimientos de la

vida, y si bien eso es cierto, lo más trascendental es que el paciente pueda vivenciar esos sucesos

y verlos en el momento presente de la terapia, experimentarlos y tener conciencia de ellos, a esto

último se le denomina proceso, Yalom (2002) hace una distinción entre estos dos conceptos: “el

contenido se refiere a las palabras y conceptos reales expresados. El proceso se refiere a la

naturaleza de la relación entre los individuos que expresan las palabras y los conceptos”. (p.81),

innegablemente esto representa un reto especial para los terapeutas, pues no siempre encontraran

pacientes con la apertura y disponibilidad para llevar a cabo un verdadero proceso, pero sería un

gran error quedarse con esa etiqueta, es por ello que deben usarse como punto de referencia y

buscar captar las experiencias de los consultantes a fin de apuntar al aquí, ahora y entre nosotros.

7.3 Saberes

La construcción de un proceso terapéutico exige que el terapeuta esté en constante

crecimiento personal, y al final es él mismo decisivo en el trabajo con el consultante, Emilio

Romero propone los saberes y actitudes que se deben tener en dicha labor, a continuación se

indicarán cuatro de ellos. Emilio Romero (2003): “Saber acoger: Es convidar al otro para que

38
sea el mismo, sintiéndose a gusto en nuestra presencia. En los gestos, en la mirada, en los

movimientos, en las palabras, expresamos esta invitación”. (p.52), es en definitiva dar un espacio

para que el otro pueda abrirse y sentirse en confianza en relación con alguien y consigo mismo,

el mismo autor menciona que “invitación, apertura y confianza” favorecen la acogida. Aún

cuando el consultante tiene dificultades para encontrarse con su terapeuta, al sentirse acogido va

a terminar por aceptar la convidada.

Emilio Romero (2003): “Saber empatizar: Es situarse en el lugar del otro, captando así el

movimiento de su afecto. Sin esta capacidad es muy difícil comprender el lado emocional y los

aspectos menos convencionales de una persona”. (p.55). Innegablemente, ser empático en el

contexto terapéutico es un requisito fundamental que se ejecuta cuando se atiende a la

fenomenología, debido a que se posibilita y facilita la comprensión de las vivencias del paciente,

puesto que hay un acercamiento hacia el otro y sus perspectivas sin necesidad de concordar con

él.

Emilio Romero (2003): “Saber escuchar: Significa dejar que el otro se exprese colocándonos

en una actitud de receptividad cordial; significa también saber omitirse para no interferir en la

libre fluencia de la otra persona”. (p.57), el saber escuchar significa dejar que el otro declare

aquello que desea, mientras se asume una actitud de receptividad constante; ello implica omitirse

para no imposibilitar el libre fluir del otro, permitiendo que el terapeuta pueda captar los

movimientos afectivos de su paciente. De no llevarlo a cabo, se estaría atendiendo a prejuicios o

ideas preconcebidas, lo cual llevaría a intervenciones descontextualizadas, basadas en

interpretaciones personales y no en la experiencia real del paciente.

39
Emilio Romero (2003): “Saber observar y saber estar atento: Saber estar atento permite

observar el movimiento vivencial manifiesto en el transcurso y las diversas expresiones del

interlocutor y de sí mismo. Y de sí mismo, pues en la relación siempre hay también un

movimiento vivencial en el terapeuta”. (p.59). Saber observar posibilita la construcción de una

relación genuina entre terapeuta y paciente, cuando el terapeuta hace conciencia de lo que ve y

no ve, mediante la integración de las respuestas corporales, es decir, atención a aquello que el

cuerpo comunica, logra captar los movimientos tanto vivenciales como afectivos del consultante,

lo cual le permitirá estar en sintonía con él. Involucra que el terapeuta también se siente afectado

por lo que le sucede al cliente, entendiendo que saber estar atento a los requerimientos y

necesidades del consultante no significa subordinarse a sus mandatos.

El trabajo como psicólogo clínico es de gran exigencia para el terapeuta, pues se encuentra

constantemente en la búsqueda de un equilibrio entre sus emociones y distracciones, éstos

pueden ser vendas que inhabiliten observar y captar la experiencia real del paciente, lo cual

limita la capacidad de intervención e incide en no apuntar a la intencionalidad del consultante,

sino tener pensamientos aislados sobre lo que ocurre en dicha diada.

7.4 Personalidades esquizoides

Las personalidades esquizoides como menciona Riemann (1996) “se inquietan ante la idea

de tener que entregarse”. (p.25), lo cual tiene antecedentes en la infancia, puesto que desde la

niñez sea por el exceso de estímulos, falta de estabilidad en el ambiente, aislamiento o abandono,

la persona empieza a percibir su mundo como amenazante, encerrando una profunda

desconfianza. Por ello Riemann (1996) complementa sus planteamientos afirmando: “encamina

sus anhelos, sobretodo, a convertirse en un hombre lo más independiente y autárquico posible.

40
Es para él, de capital importancia no depender de nadie, no estar obligado a nadie, el no necesitar

de nadie”. (p.25). Por buscar defenderse ante la cercanía de sus semejantes, crea una necesidad

de proteger sus sentimientos, aliviar la tensión, la ansiedad y el displacer, evitando situaciones o

personas en donde se involucre afectivamente, debido a que reconoce la dependencia que implica

estar enamorado o en relación con alguien, justo lo que desea evitar.

Siguiendo con Riemann (1996) recalca sobre este tipo de personas: “no se da cuenta de que

sus conflictos estriban en el plano del contacto con los demás y no es la ausencia de

capacidades”. (p. 29), lo cual habla del miedo de amar y ser amado, puesto que ello involucra

fusión afectiva, por ende, se rechazan las muestras de cariño, lo cual también se relaciona con su

preferencia por relaciones fáciles de romper o puramente sexuales, ya que estas surgen sin

necesidad de tener un contacto que suponga un compromiso real; sin embargo, Riemann (1996)

agrega: “es sobrio en cuanto a la expresión de sus sentimientos, y agradece vivamente el que la

otra persona le otorgue un cariño sin imposiciones, un rincón en el que sentirse resguardado,

como si fuera su propia casa”. (p. 37). Se siente complacido cuando lo aceptan sin obligaciones y

exigencias, pero suele dudar de los sentimientos que tiene las otras personas hacia él, por tanto,

predomina la ambivalencia que lo lleva a buscar pruebas del afecto de los otros, todo ello con el

fin de aclarar las dudas que siente sobre los demás.

Incluso éstas personas, suelen agredir cuando se siente amenazados y por la falta de

vinculación que tiene con los demás, no se dan cuenta del efecto de sus ataques, Riemann (1996)

expresa: “el esquizoide vivencia la aproximación de otra persona como una usurpación; replica

entonces con ansiedad, seguida, inmediatamente, de la agresión”. (p. 40), en el camino por lograr

independencia suele replegarse hacia sí mismo, por lo cual actúa defendiéndose del contacto con

los demás, en los casos más crónicos la agresividad puede independizarse

41
desproporcionadamente hacia el plano criminal y social, justamente porque no empatizan con los

otros, ni tienen la capacidad de ponerse en su lugar.

Integrando a May (2000) respecto a esta temática, se subraya que: “ser activamente odiados es

casi tan bueno como ser activamente amado; cualquiera de estos dos sentimientos interrumpe la

intolerable situación de anonimato y la soledad”. (p. 31), lo anterior implica que la agresión es la

forma de pedir y de buscar contactarse con los otros, pero ocultando los sentimientos, ésta

manera de relacionarse resulta más fácil que las manifestaciones de afecto.

Cabe destacar que Fritz Riemman y Rollo May respecto a este asunto, toman dos posturas

distintas. El primero se refiere a las personalidades esquizoides, por decirlo de una manera

sencilla, que se encuentran en un grado más complejo porque se han apartado físicamente de

quienes lo rodean, mientras que el segundo alude a los sujetos con dificultades para vincularse

íntimamente pero que a nivel social pueden tener apertura. Menciona que en gran medida esto se

encuentra incidido por la sociedad despersonalizante, aparentemente la vida se ha hecho más

simple, porque hay más posibilidades de adquirir y hacer las cosas fácilmente; no obstante,

relacionarse ha pasado a un segundo plano, porque el sujeto centra su vida en aras al poder,

consumo, y la tecnología. Rollo May, apunta hacia personas que tienen tendencias esquizoides

para preservar su mundo interior, y para no construir su vida alrededor de las prioridades antes

mencionadas, por ello May (2000) refiere: “los problemas surgen cuando al afrontar nuestro

mundo comprobamos que es inapropiado para nosotros o que nosotros somos inapropiados para

él; entonces se produce el choque”. (p. 19), éste punto de vista tiene como eje el contexto

contemporáneo, la deshumanización, y la reducción de la esfera afectiva en la existencia.

42
El mismo escritor continúa dando argumentos sobre las personalidades esquizoides, y cómo

puede tener un impacto útil para desenvolver en la sociedad actual, May (2000) formula:

“La personalidad esquizoide constructiva se opone a la vacuidad espiritual de la

tecnología que todo lo invade y no se deja vaciar por ella. Esa persona vive y trabaja con

la máquina sin convertirse en una máquina. Comprueba que es necesario permanecer lo

bastante despegado de las cosas para encontrar significación a la experiencia, pero que

debe adoptar tal actitud para proteger su vida interior del empobrecimiento”. (p. 32).

Es decir, reconocerse en un mundo donde la moral esta cada vez más deteriorada y la

tecnología ha pasado a tener un papel fundamental en la cotidianidad, ha incidido en la manera

de desenvolverse y ha restringido la esfera interpersonal, May (2000) añade: “si la apatía o la

ausencia de afectos es el estado de ánimo dominante en nuestros días, podemos comprender en

un nivel más profundo por qué el amor y la voluntad se han hecho tan difíciles”. (p. 27). De

alguna manera, el cambio en las primacías ha generado que los hombres hayan dejado de lado

los afectos dando respuesta a la sociedad consumista y enmarcada en la vacuidad, este escritor

dice que algunas personas reaccionan ante estos fenómenos adoptando una actitud esquizoide

constructiva.

En este último sentido expresado por May (2000), se entiende: “el carácter esquizoide reside

en enfrentar el mundo despersonalizante y en negarse a ser despersonalizado por ese mundo”. (p.

23), una búsqueda por preservar el mundo interior, adoptando una manera favorable de

enfrentarse ante la sociedad y en aras a cuidar la propia individuación.

En este apartado se hace alusión a dos autores F. Riemann y Rollo May, y se ha destacado

anteriormente que es imprescindible hacer una distinción de sus planteamientos, para sintetizar

43
lo citado, se encuentra: el primero se refiere a la visión clásica del esquizoide, aquel que se

aparta físicamente del otro, hace énfasis en las personalidades esquizoides como aquellas que

temen al contacto intimido y afectivo con los semejantes, lo cual ocurre en grados. Mientras que

el segundo, apunta a personas que se asustan ante el contacto pero no se aíslan físicamente, sino

que se esmeran en racionalizar todo, y no se permiten vincularse con los demás, incluso dice que

dichas personas pueden ser exitosas y tener altos rendimientos a nivel laboral o social; sin

embargo, las relaciones con los demás son distantes.

Finalmente, Rollo May (2000) integra: “pero así como ha aumentado la cantidad de años que

vivimos, ha disminuido la cantidad de tiempo con significado”. (p.38), con esa idea se puntualiza

que a pesar de tener más comodidades y alternativas en el mundo moderno, el hombre se ha

distraído en asuntos que al final no tiene la misma valía que puede tener el construir vínculos

significativos con los demás.

7.5 Ansiedad

El ser humano se desenvuelve en un mundo, el cual está constituido por las relaciones que se

establecen, por ello da significado y afirma o desecha acorde a las valoraciones que realiza.

Cuando una persona reconoce sentido en algo o en alguien empieza a surgir la ansiedad, De

Castro y García (2013) citan a May 1990ª, 1996; De Castro, 2005ª, 2005b:

“la ansiedad debería ser entendida como experiencia que emerge y se origina,

precisamente, por la posibilidad y capacidad que tiene los seres humanos de valorar, dar

significado a sus acciones y tratar de afirmar o preservar aquello que consideran

importante en sus vidas”. (p.44).

44
La vivencia de la ansiedad aparece cuando se siente amenaza ante algo que se reconoce como

valioso, cuanto mayor valor posea más grande será la ansiedad. Keen y Fischer citados por De

castro y García (2011), plantearon: “la ansiedad siempre surge ante cualquier evento o

situaciones en que nuestros valores o ideales, proyectos o intereses puedan verse en peligro, o

bien destruirse” (p.51). Denota, la ansiedad no es destructiva, puede llegar a ser negativa cuando

es desproporcional o cuando el individuo usa los mecanismos de defensa para relacionarse en el

mundo porque se le dificulta afrontar la ansiedad normal. Ésta es también la que se decide

aceptar al abrirse a nuevas posibilidades, se encuentra presente en la vida del ser humano cuando

admite la incertidumbre y entiende que aunque permanecer estacionado es más hacedero,

arriesgarse es contemplar las posibilidades de ser.

7.6 Deseo, voluntad e intencionalidad

Para poder adentrase al mundo del paciente es importante conocer sus deseos, y la forma en

que utiliza su voluntad. Aunque sea mínimamente la persona participa en la aparición de sus

deseos, pues éstos indican y apuntan a un significado, además señalan aquello tiene relevancia y

valor para el ser humano, De Castro y García (2013) mencionan al respecto: “el deseo siempre

orienta a la persona hacia la afirmación de algo que necesita a nivel experiencial y considera

valioso o importante para su existencia”. (p.73). El deseo sin voluntad sería un actuar impulsivo

y en busca de ganancias inmediatas, lo cual crea un círculo porque al no tener obtener un

bienestar que perdure en el tiempo, se busca compensar los vacíos existentes con medio

compensatorios, por tanto, el hombre necesita reconocer sus deseos y llevarlos a la conciencia,

este proceso se llama desear.

45
No hay voluntad sin que exista un deseo anterior, es la voluntad quien lleva a la acción un

deseo, May (2000) formula sobre lo destacado: “la voluntad presta al deseo orientación y

madurez”. (p.195), y además este mismo autor May (2000) complementa sus ideas diciendo

que: “la voluntad requiere conciencia de uno mismo, el deseo no la requiere. La voluntad implica

cierta posibilidad de elegir entre esto y aquello; el deseo no lo implica”, de no existir la voluntad

el individuo carecería de organización en la consecución de sus actos, pero hacer uso de la

voluntad sin tener en cuenta la vivencia o deseo es apuntar a una dirección racional, el resultado

puede ser una gratificación, pero ésta se desvanecerá con el transcurso del tiempo por no afirmar

los valores reales, lo cual termina por generar insatisfacción y descontento. Lo anterior ilustra

que la voluntad no puede aislar el deseo.

Para complementar lo señalado se recurre a Yalom (1984) , quien expresa que: “la tarea del

terapeuta es funcionar de tal manera que la voluntad del paciente no se fragmente, sino que se

fortalezca” (p.360), es decir, el terapeuta debe acompañar y guiar al consultante hacia la apertura

de sus deseos, y la manera en que se relaciona con ellos, a fin de lograr mayor conciencia sobre

éstos y sus significados, del mismo modo orientar en la re-significación del sentido de los

mismos cuando sea necesario.

Es este orden de ideas, es imposible hablar de un proceso terapéutico sin hacer referencia a la

intencionalidad y la manera en que incide en el actuar y las valoraciones de los sujetos, puesto

que ésta aparece desde los primeros años de vida y repercute en la manera de percibir,

interpretar y orientar la vida, pues incluye cómo se vivencia el hombre en relación con su

mundo. May (2000) menciona que: “por intencionalidad entiendo la estructura que da sentido a

la experiencia”. (p.200), lo cual indica que gracias a la intencionalidad el ser humano apunta a

ganancias a fin de reafirmar un valor. Para el terapeuta no basta con tener claridad sobre el

46
concepto de intencionalidad, debe usarla en la terapia y tenerla como eje fundamental de la

misma. May (2000) plantea que una de las tareas de los terapeutas es: “señalar la intencionalidad

a fin de que el paciente no pueda dejar de verla él también”. (p.221), la intencionalidad apunta

hacia el futuro sin desligarse del presente, pues desde el momento actual el individuo construye

y dirige su porvenir, de la misma manera, desde el presente da significados al pasado y decide

cómo vivirlo en el momento vigente. El terapeuta debe mostrar siempre la intencionalidad al

consultante y cómo ésta lo posibilita e imposibilita.

En este proceso es importante que el paciente vivencie en el momento presente de la sesión lo

que le ocurre, por ello May (2000) refiere: “no podemos señalar la intencionalidad mediante una

interpretación verbal”. (p.224), de hacerlo así no se captaría el significado de los sentimientos y

se perdería la riqueza que proporciona la relación entre la diada terapeuta-paciente.

En el caso puntual de las personalidades esquizoides, la intencionalidad apunta a defenderse

de la cercanía de los semejantes, a fin de evitar la ansiedad y protegerse de los sentimientos,

puesto que dichas personalidades buscan afirmar su independencia y a sí mismos, debido a que

prescinden de la ayuda de los demás.

7.7 Ser como creador de su propio mundo.

A pesar que hay experiencias en la vida diaria o determinismo que inciden en la manera en

que el ser humano se relaciona con su mundo y afronta las situaciones cotidianas, es necesario

reconocer al individuo como un ser que participa en la creación de su vida, es activo cuando

asume posiciones respecto a lo que le acontece o cuando prefiere ignorar su responsabilidad,

May (1977) hace alusión a:

47
“El mundo es la estructura de relaciones significativas en que existe una persona y en

cuya configuración toma parte. Así, el mundo abarca todos los sucesos del pasado que

condicionan mi existencia y toda la inmensa variedad de influencias determinantes que

actúan sobre mí. Pero en tanto abarca todos estos elementos en cuanto me relaciono con

ellos, tengo conciencia de ellos, los llevo conmigo, moldeándolos, formándolos,

construyéndolos inevitablemente cada vez que me pongo en contacto con ellos. Pues la al

tener conciencia del propio mundo significa al mismo tiempo estar estructurándolo”. (p.

85)

Es decir, la persona participa en la construcción de su mundo, cuando es libre y da sentido a

sus vivencias o cuando prefiere asumir roles pasivos y evitativos ante las realidades, en

cualquiera de dichas alternativas los sujetos deciden y eligen sobre su mundo, corroborando lo

anterior, Bugental (2000) plantea:

“El ser humano es más que la mera suma de sus partes; la existencia de todos los seres

humanos se da en un contexto específicamente humano; los seres humanos tienen un

margen de elección, y con ello, de responsabilidad, los seres humanos son intencionales,

apuntan a metas, saben que crean un futuro, y buscan un significado; y los seres humanos

son conscientes y tiene conocimiento de que saben que saben”. (p. 3).

Se debe entender al hombre como un ser que toma parte de lo que le ocurre, aun cuando

dichas circunstancias lo determinen, porque incluso en ellas adquiere posturas y/o posiciones, lo

cual deja en evidencia que es responsable y en cierto grado siempre es consciente de su

participación en el mundo.

48
8. Análisis del caso

En este apartado se tendrá como foco de los planteamientos el vínculo terapéutico, y se tendrá

como orientación las preguntas formuladas al inicio del estudio, apuntando a la manera en qué el

terapeuta utiliza el aquí y ahora, la presencia intrapersonal e interpersonal y cómo se evidencian

las equivalencias en la diada terapeuta-paciente. Asimismo, se abordarán otras temáticas que no

son menos importantes y que también han sido imprescindibles en el proceso llevado a cabo con

el consultante.

Finalmente, se ocupará de la relación terapéutica y cómo es vivida por parte del terapeuta,

aspecto fundamental en este estudio, pues ha sido un camino de exigencia y crecimiento personal

al lado del paciente, lo cual es complementado por los saberes que debe tener un terapeuta para

construir una relación dialógica.

8.1 Proceso experiencial más “aquí y ahora”

A lo largo de las diferentes sesiones, quedó al descubierto cómo era difícil para el consultante

relacionarse fluidamente con el terapeuta, situación que también ocurría en los contextos

externos en que se desenvolvía. Está ansiedad se evidenció por medio de sus posturas corporales

y su actuar, solía perder contacto visual y excusarme mediante justificaciones racionales, lo cual

demuestra el valor que tiene para el consultante poder permanecer en una zona de confort,

evitando darse la oportunidad de conocerse y sentirse capaz de poder construir vínculos sólidos

con los otros, lo cual coincide con Keen y Fischer citados por De castro y García (2011), quienes

plantearon: “la ansiedad siempre surge ante cualquier evento o situaciones en que nuestros

valores o ideales, proyectos o intereses puedan verse en peligro, o bien destruirse”. (p.51). Es

49
decir, en aras a resguardar sus sentimientos y delimitar su independencia solía restringirse al

momento de relacionarse.

Sin embargo, en todo este proceso hubo momentos, incluso al comienzo, donde el paciente

mostraba iniciativa y dejaba entrever que sí deseaba conectarse con sus semejantes; no obstante,

al mismo tiempo deseaba poder sentirse tranquilo y evitar cualquier sensación de malestar. El

terapeuta apunta a su intencionalidad, ilustrándole que deseaba ambas cosas, y en conjunto se

encuentra que había algo que deseaba más porque le generaba gratificación inmediata, esa

opción era restringirse, justamente lo que había estado haciendo durante casi toda su vida. Fue

necesario referirse a la forma en que ello le producía bienestar, puesto que no perduraba en el

tiempo, lo cual se hacía evidente mediante la frustración y constantes justificaciones de su

manera de ser. El Paciente expresaba: “No te rías, en serio me gusta mi forma de ser y estar solo.

Las cosas hay que analizarlas, no se puede vivir a la deriva o en incertidumbre, hay que buscar

certezas y seguridades”. Los autores De Castro y García (2013) aluden a la gratificación

inmediatista, lo cual converge con el sentir del consultante: “No perdura en el tiempo, sino que

solo alivia temporalmente la sensación crónica de vacío, impotencia o insignificancia (es decir,

es solo una gratificación inmediatista, caracterizada por comportamientos impulsivos,

compulsivos o evitativos)”, si bien en el paciente no se había generado una enfermedad

psicológicamente hablando, estaba reduciéndose de tal forma que se estaba alejando de la

posibilidad de desear y usar su voluntad constructivamente.

Muchas de las sesiones se centraron justo en ello, propiciar que experimentara esas

sensaciones poco gratificantes mencionadas anteriormente, debido a que enumerarlo cómo algo

importante en su vida no era lo que lo podría conducir a un cambio real. El Paciente

mencionada: “Sí, estoy hecho un ocho en verdad… es tan difícil hablar y afrontar, es más fácil

50
que tú me digas, aunque en el fondo no sería tan bueno… es como si mis papás decidieran que

quiero estudiar, si escogen algo que no me gusta, será como perder el tiempo, pero igual sigue

siendo más sencillo”. El consultante reconoce que aún cuando la salida más hacedera es que le

indiquen el camino, no resulta fértil para su existencia. Varios autores respaldan la importancia

de que el consultante tenga experiencias antes que explicaciones. Yalom (1998) plantea: “Otro

buen ejemplo, pensé, de lo desaconsejable que es que el terapeuta traiga una interpretación

apresurada, por más buena que sea. Los pacientes, como cualquier otra persona, aprovechan más

las verdades que ellos mismos descubren”. (p.138). Dicho aspecto es corroborado por el

paciente, ya que desde hacía varios años conocía cómo pensar respecto a su actuar pero jamás

dejó que ello pasara a un plano experiencial. May, R. (2000) también concuerda con las ideas

formuladas: “Lo que queremos es que el paciente experimente genuinamente las implicaciones y

el sentido de su intención; y experimentar abarca el acto, pero el acto definido no físicamente

sino en la estructura de la conciencia”. (p.231). Aún con el conflicto que le generaba al paciente

poder abrirse, distinguía que debía tener un proceso vivencial, lo cual corrobra que el consultante

más que reconocer las causas de sus acciones, necesita conectarse con su sentir, Rollo May

(2000) asegura al respecto:

“Tendemos a suponer que si tenemos una explicación causal o si describimos como se

desarrollan las cosas, estamos describiendo la cosa en sí. Es un error. Los fenomenólogos

sostienen que debemos reducir la tendencia de occidente a creer que entendemos las

cosas sólo porque conocemos sus causas; en cambio, lo que debemos descubrir y

describir es aquello que la cosa es como fenómeno, la experiencia tal como se da ante

nosotros”. (p.94).

51
El consultante utiliza su voluntad a lo largo del proceso de distintas formas, lo mencionado

hasta el momento ilustra un uso destructivo de la voluntad, puesto que evade exponerse y

comprometerse con alguna decisión significativa, procurando permanecer estático a fin de no

sentir amenazas. A pesar que ello le generaba una aparente tranquilidad, empezó a sentir

frustrado su proyecto de vida, porque estaba utilizando dicho actuar como una manera de

defenderse ante la cercanía de los otros y de la incertidumbre propia de la vida. El Paciente

relata: “Me da miedo estar inseguro, ser vulnerable, quiero que todo esté en su puesto… estar a

salvo, siento que cuando algo se me sale de las manos me asfixio, es como si empezará a

morir…”. En este caso el miedo aparece al no aceptar la incertidumbre, la vulnerabilidad y la

pérdida, lo cual vislumbra que cada persona teme a la muerte de distinta manera, pero la

ansiedad que produce termina por aparecer y cuándo no se le hace frente, empieza a expandirse

en las distintas esferas en que se desarrolla el ser humano. En algunos casos la persona se

restringe y en otros se expande, lo cierto es que en ambos empieza a buscar medios

compensatorios. Estos postulados se complementan con lo exhibido por Yalom (2008): “pero a

pesar de las más sólidas y venerables de las defensas, nunca podemos vencer del todo la ansiedad

que nos produce la muerte”. (p.16).

Inicialmente se aferraba a la idea de no poder como una manera de restringir su capacidad y

desarrollo, lo cual en el fondo escondía un tremendo temor a exponerse, a morir como el mismo

mencionaba. El Paciente manifestaba: “No puedo, ahora no me vengas a decir que es que no

quiero, ¡en realidad no puedo ni me interesa!”. Decidía consentir dicha situación porque le

resultaba más fácil que empezar a abrir sus posibilidades; no obstante, se encontraba cada vez

más vacio y frustrado por su proceder. Rollo May (2000) comenta lo demoledor que puede ser

para el terapeuta creer en el “no puedo” de su consultante: “el no puedo es pura resignación que

52
al principio puede deparar cierta satisfacción agridulce, nostálgica y románticamente cínica, pero

que pronto se convierte en algo vacuo y mordaz”. (p.228).

Igualmente, a pesar que hay experiencias en la vida diaria o determinismo que inciden en la

manera en que el ser humano se relaciona con su mundo y afronta las situaciones cotidianas, es

necesario reconocer al individuo como un ser que participa en la creación de su vida, es activo

cuando asume posiciones respecto a lo que le acontece o cuando prefiere ignorar su

responsabilidad. El paciente constantemente se justifica diciendo que era producto de la crianza

que recibió por parte de sus padres, argumentaba: “¡Eso aprendí en mi casa!”, como una manera

de desligarse de su responsabilidad, pues ponía por fuera su libertad, y culpaba a otras personas

del desazón que sentía. Este asunto se hizo presente en distintas sesiones y en gran medida

gracias a ello el paciente empieza a descubrir que no le agradaba reafirmarse en las enseñanzas

impartidas por sus cuidadores, porque estaba limitando su vida y conduciéndola a la

insatisfacción. Durante uno de los encuentros expresó:

Paciente: “imagínate que me dijeron que esperaban las mejores calificaciones, tienes

las expectativas más altas del mundo conmigo, todo el tiempo me están acosando y

pidiendo que haga mejor las cosas, sea la universidad, sea en la casa, es en todo y yo

estoy cansado… y además es normal que yo me equivoque, no siempre sacaré buenas

notas, ellos juran que yo soy el mejor, incluso desmeritan a mis compañeros sin

conocerlos, y se atreven a afirmar que yo soy el talentoso… ósea que es eso. Son

demasiadas exigencias, me exigen demasiado”.

Terapeuta: “Yo siento que tú aceptas todas esas exigencias que ellos te hacen”.

53
Paciente: “Sí, las acepto, me exijo mucho porque ellos me exigen y en el fondo me

molesta, es como si no pudiera cometer un error, soy humano, pero ellos no entienden.

Por eso te digo que no me interesa sacarlos de la duda de nada, no me oyen… para

construir un puente se necesitan de dos lados, porque si se construye de un sólo lado no

puedes pasarlo… y ya decidí no hablar”.

Aquí ocurre un primer paso cuando reconoce que sí acepta las exigencias de sus progenitores,

si bien no profundiza al respecto por lo menos deja entrever que se reconoce como un ser que

participa activamente en las configuraciones de su existencia. May (1977) hace mención sobre lo

anterior, destacando que:

“El mundo es la estructura de relaciones significativas en que existe una persona y en

cuya configuración toma parte. Así, el mundo abarca todos los sucesos del pasado que

condicionan mi existencia y toda la inmensa variedad de influencias determinantes que

actúan sobre mí. Pero en tanto abarca todos estos elementos en cuanto me relaciono con

ellos, tengo conciencia de ellos, los llevo conmigo, moldeándolos, formándolos,

construyéndolos inevitablemente cada vez que me pongo en contacto con ellos. Pues la al

tener conciencia del propio mundo significa al mismo tiempo estar estructurándolo”. (p.

85)

Asimismo, el paciente en alguna ocasión recalcó: “Que me gusta tener el control de todo, he

pensando en lo que hablábamos antes y hoy en día yo decido ser así, y creo que está bien… debe

ser respetable”. Lo cual deja en evidencia que ya tenía un mayor conocimiento de su libertad y la

forma en que la usaba, pero decide no tomar partida y se justifica diciendo que su posición debe

ser respetada, aún con sus coartadas tiene un mayor acercamiento a su manera de estructurarse.

54
Bugental (2000) respalda lo descrito por los escritores antes indicados y sugiere sobre la misma

temática que:

“El ser humano es más que la mera suma de sus partes; la existencia de todos los seres

humanos se da en un contexto específicamente humano; los seres humanos tienen un

margen de elección, y con ello, de responsabilidad, los seres humanos son intencionales,

apuntan a metas, saben que crean un futuro, y buscan un significado; y los seres humanos

son conscientes y tiene conocimiento de que saben que saben” (p. 3).

La tarea del terapeuta era permitirle que viviera el malestar que le ocasionaba mantenerse de

dicha forma, y al final sería el consultante quien decidiría tomar un roll pasivo o empezar a hacer

uso de su responsabilidad. Requería poder sentir esa ansiedad y sinsabor en las sesiones

terapéuticas para que se generaran movimientos afectivos. Al respecto Rollo May (2000)

asegura:

“la función de la terapia es la de dar a la gente un contexto en el que puedan enfrentar

y experimentar la ansiedad y la culpa de una forma constructiva, un contexto que es el

universo humano, tanto como un universo real, de la propia existencia de una persona en

relación con su terapeuta” (p.108)

De igual manera, se debe entender al hombre como un ser que toma parte de lo que le ocurre,

aún cuando dichas circunstancias lo determinen, porque incluso en ellas adquiere posturas y/o

posiciones, lo cual deja en evidencia que en cierto grado siempre es consciente de su

participación en el mundo. El paciente detalla:

“Me presiono mucho y me exijo mucho, es como si viviera sin poder equivocarme, en

parte eso aprendí en mi casa, era el modelo perfecto... siempre pude todo, y ahora intentar

55
relacionarme me cuesta y me da impotencia no poder todo (risas)… pero ya soy más

autónomo en lo que deseo, no estoy en el afán de complacer a mis papás, mira que he

defendido la carrera que quiero estudiar, aunque siento que no obtengo todos los cambios

que quisiera… ”

A pesar de lo difícil que es enfrentarse a los demonios y temores, el paciente poco a poco va

tomando una actitud genuina porque empieza a verse, se debió acudir a la presencia para poder

propiciarlo. De Castro y García (2013) la definen: “esta es la que permite comprender y sentir,

en lo posible, la experiencia de ser de otra persona” (p.202). Por ello se apuntó a preguntas que

favorecieran la escucha de sí mismo (presencia intrapersonal), por ejemplo: ¿cómo se siente

decir eso?, ¿Qué es sentirse impotente?. De igual manera, el terapeuta se ocupa de la presencia

inter-personal, puesto que busca atender a la experiencia inmediata que ocurre en el paciente en

relación consigo mismo y con el terapeuta: ¿Cómo es estar aquí ahora mismo?. Teniendo como

base a De Castro y García (2013), se entiende que en este proceso el terapeuta puede indagar a

su paciente teniendo como referencia su propio cuerpo, pues al contactarse con él percibe su

experiencia y atiende cómo la refleja, lo cual es un puente para enfocarse en la vivencia

inmediata del mismo, éste a su vez es el encargado de validar los comentarios del terapeuta. En

algunos momentos, se plantean comentarios por parte del Terapeuta como: “Estas rabioso”, y al

final es el consultante quien certifica o descarta lo mencionado, no sólo de forma oral sino

también por medio de su lenguaje no verbal, es decir, gracias a la presencia el terapeuta puede

captar lo que se encuentra siendo y sintiendo su consultante para posteriormente traerlo a

colación en el aquí y ahora.

Todo lo destacado anteriormente, como ya se mencionó, ocurre en el aquí y ahora, de ese

modo el terapeuta tendría que ocuparse de lo que se daba en el encuentro, evitando que el

56
paciente recurriera a las racionalizaciones que solía hacer cuando daba argumentos del porque de

su actuar. De allí el valor del proceso sobre el contenido, en las sesiones terapéuticas se

restringía y se negaba a dejarse tocar por sus sentimientos, por ende, la tarea del investigador fue

reconocer lo que estaba haciendo y cómo dicho suceso se hacía presente en las diferentes esferas

de su vida, pero antes de poder verlo en el contexto externo, era vital mostrárselo en el momento

presente y en relación al terapeuta. De dicha forma, se haría más explicito lo que sentía y se

podría abordar entre ambos lo que se estaba gestando. Yalom (2002) soporta la importancia del

“aquí y ahora” diciendo:

“La razón por la cual usar el aquí y ahora es que los problemas humanos son en gran

medida relacionales y por lo tanto los problemas interpersonales de un individuo

terminarán por manifestarse en el aquí y ahora del encuentro terapéutico”. (p.66)

Este mismo autor perfecciona sus planteamientos afirmando, Yalom (2002): “la razón por la

cual usar el aquí y ahora reposa sobre un par de supuestos básicos: 1. La importancia de las

relaciones interpersonales y 2. La idea de la terapia como un microcosmos social”. (p.65).

Mediante el aquí y el ahora el paciente puede verse a sí mismo en relación con otra persona, lo

cual demuestra que no hace falta buscar referentes externos porque en el momento de la terapia

se dan los referentes más clarificadores para el consultante. El paciente en este camino

argumenta:

“Tiene sus dos lados, me gusta el lado de la seguridad… que es estar solo, repito me

siento bien así, yo no le temo a la soledad, la disfruto, hago lo que me gusta, estoy

conmigo mismo… puedo hablar conmigo mismo, es una sensación grata, es tranquilidad,

a mi me gusta que todo sea sereno, es todo María Mónica, es la realidad”.

57
Y el Terapeuta enfatiza: “Unas sesiones atrás no sentías eso, estabas frustrado, incluso hoy lo

has estado”. En ese momento el terapeuta no necesitó basarse en puntos externos para devolverle

a su paciente lo que estaba aconteciendo en la sesión, una de sus deberes fue favorecer que el

paciente pudiera sentirse, aludiendo al proceso por encima de cualquier contenido. Yalom (2002)

aclara las distinciones entre estos dos conceptos: “el contenido se refiere a las palabras y

conceptos reales expresados. El proceso se refiere a la naturaleza de la relación entre los

individuos que expresan las palabras y los conceptos”. (p.81).

Asimismo, se usaron las equivalencias para favorecer el proceso. Gracias a éstas, se

apreciaban las similitudes de su manera de relacionarse con el terapeuta y la forma en que lo

hacía con quienes le rodeaban. Cabe destacar que ello no ocurre siempre en eje a una relación

disfuncional, también es de utilidad para apuntar a los cambios que se van adquiriendo durante el

encuentro terapéutico. En algún momento, el consultante destacó que era conflictivo para él

poder dialogar e intimar con sus semejantes, justo en ese entonces no se fijaba que se encontraba

abriéndose gradualmente, por ello el terapeuta comenta: “Aquí por ejemplo ya lo has hecho”, lo

cual fue una forma en el contexto presente de mostrarle que lo estaba haciendo sin percatarse.

También alude a que los cambios más significativos ocurren sin estar pensando cómo hacerlos,

pues yacen de una vivencia profunda que crea tales movimientos afectivos que conduce al

consultante a abrirse a nuevas posibilidades de ser, es decir, intenta reafirmar sus deseos y usa su

voluntad para apuntar a lo que tiene sentido preponderante en su existencia. Al respecto, Yalom

(2008) certifica que: “la intimidad con el terapeuta les sirve como punto de referencia interno. Al

saber que tienen la capacidad de formar relaciones, desarrollan la confidencia y la disposición a

entablar otras relaciones igualmente buenas en el futuro”. (p.193). Holm-Hadulla (1999)

confluye con lo referido:

58
“la mejor forma de ayudar a los pacientes es conectar con sus posibilidades positivas

interiores y exteriores. Sólo así puede lograrse que los pacientes también puedan

experimentarse en sus puntos fuertes y extraer posibilidades de configuración de su

particular forma de ser”. (p.138).

8.2 Tendencia a una personalidad esquizoide

Hasta este momento, se alude al sujeto como alguien con una personalidad esquizoide, puesto

que su intencionalidad apunta hacia la búsqueda de la independencia y por ello se defiende ante

la cercanía de los demás, con el fin de sentir resguardados sus sentimientos. El paciente hacía

comentarios como: “no me gusta hablar demasiado de cosas que considero muy personales”.

Pretendía dejar sin posibilidades al terapeuta, limitando su labor como psicóloga clínica,

justamente eso hacía con todo el mundo, trataba de salvaguardarse ante las cercanía de los otros

y ante cualquier evento que lo hiciera sentir vulnerable. Riemann (1996) asegura que este tipo de

personas: “Sobrevaloran el impulso de rotación en torno al propio eje, lo cual psicológicamente,

significa tendencia a la autoafirmación y delimitación del propio yo”. (p.25). Para enriquecer lo

señalado y tener una mejor aproximación teórica, se recurre a De Castro y García (2013),

quienes se refieren a la hiper-restricción, si bien no lo mismo que una personalidad esquizoide,

converge en la manera que se usan las defensas para constreñir su participación en el mundo:

“las personas que presentan estas disfunciones presentan experiencias caracterizadas por alguno

de los siguientes temores: temor a sentirse libre, temor a las nuevas posibilidades de la vida

cotidiana, temor a tener que tomar decisiones que impliquen algún grado de riesgo, temor a

sentirse completamente autónomo y responsable de sí mismo, temor a la incertidumbre que

proviene del futuro”. (p.129).

59
En esta persona en particular, la personalidad esquizoide va acorde a los planteamientos de

Rollo May, quien lo plantea desde el punto de vista del individuo que se relaciona y puede tener

éxito a nivel social, pero se le dificulta intimar. Suele racionalizar todo y se niega a ser parte de

la masa, puesto que busca su preservación. También es alguien que no se identifica con su

mundo y se niega a ser despersonalizado por éste, ello se exhibe cuando el paciente asegura que

le gusta pintar y leer sobre historia universal, prefiere esto antes que salir de rumba como lo

hacían sus compañeros, lo cual fue una de las situaciones expuesta por sus progenitores de forma

inicial, debido a que argumentan que su hijo no actuaba acorde a su edad y no era igual a la

mayoría de las personas de su era. El paciente se quejaba de pertenecer a una sociedad donde

triunfa lo trivial y las personas cercanas a él, lo acusan por no encajar y no ser como el resto de

los jóvenes, situación que en lugar de animarlo a hacer lo que decían, lo llevo a replegarse más

sobre sí mismo, encerrándose y negándose a participar con los demás. Se entiende que el

consultante crece en un mundo con el cual no se identifica y esto le produce un choque, May, R.

(2000) confirma lo expresado: “El carácter esquizoide reside en enfrentar el mundo

despersonalizante y en negarse a ser despersonalizado por ese mundo. Pues el artista encuentra

planos más profundos de conciencia, donde podemos participar de la naturaleza y la experiencia

humana por debajo de las apariencias superficiales” (p.23).

Adicionalmente, en esta tendencia esquizoide hay una incidencia del sustrato biográfico desde

la niñez, sea por el exceso de estímulos, falta de estabilidad en el ambiente, aislamiento o

abandono, la persona empieza a percibir su mundo como amenazante, encerrando una profunda

desconfianza. El paciente indica que sus padres desde muy pequeño le dieron diversas

responsabilidades como: ayudar en la crianza de su hermano, y una alta exigencia académica,

mencionaba que ambas cosas incidían en su necesidad de protegerse porque sentía que no podía

60
equivocarse. Por ello, luego de que vivenciara su sentir al respecto, se le cuestionó: “¿te gustaría

poder hablar de eso con tus papás”, lo cual resultó provechoso para el paciente, debido que se

contactó con lo que sentía y en lugar de tragarse su molestia, se decidió a actuar y a

responsabilizarse de lo que acarreaba, los resultados resultaron ser positivos, pues sus acudientes

se mostraron receptivos sobre sus planteamientos y por primera vez en mucho tiempo se dieron

la oportunidad de escucharse mutuamente. Dicho acontecimiento muestra las equivalencias del

aquí y ahora, cuándo en terapia el consultante se permite experimentar su enfado, y reconocerlo

como una molestia en su día a día, procedió a comunicarlo a las personas implicadas, lo cual va

acorde a Yalom (2002), quien asegura que: “uno de los primeros pasos en la terapia es identificar

los equivalentes de los problemas interpersonales de su paciente aquí y ahora” (p.67).

Desde el primer momento que el paciente llega al consultorio junto a sus padres, se empieza a

ver la dificultad que tiene el primero de desenvolverse en la sociedad. A continuación se volverá

a registrar el motivo de consulta plasmado al inicio del trabajo:

Los padres del paciente afirman: ¨asistimos a psicología pues estamos preocupados

porque Andrés no interactúa lo suficiente con los demás, no hace actividades que

realizan normalmente los jóvenes de su edad, por ejemplo: Salir, rumbear, bailar. En fin,

eso a nosotros nos asusta, ya que es extraño”. Posteriormente a este relato, se cuestiona

al paciente sobre su opinión respecto a lo postulado por sus acudientes y subraya que:

“Ellos no me entienden, no tengo que ser como los demás y mucho menos como mi

hermano, estoy aquí simplemente porque no comprenden que soy diferente”

La personalidad esquizoide entendida en este estudio de caso, alude al paciente como alguien

que posee dificultades para vincularse íntimamente pero que a nivel social pueden tener apertura,

61
y se tiene como foco que en el mundo contemporáneo relacionarse ha pasado a un segundo

plano, porque el hombre centra su vida en aras al poder, consumo, y la tecnología, y es justo lo

que el consultante en cuestión rechaza, por ende, busca preservar su individuación antes que

sentirse parte de un conglomerado. May (2000) lo ilustra: “los problemas surgen cuando al

afrontar nuestro mundo comprobamos que es inapropiado para nosotros o que nosotros somos

inapropiados para él; entonces se produce el choque” (p. 19). Lo expresado por el paciente

concurre con lo expuesto por el autor. Es una búsqueda por defender el mundo interior,

adoptando una manera favorable de enfrentarse a la sociedad, y cuidando la propia autonomía;

sin embargo, el problema ocurre cuando se va al extremo del aislamiento y se construye una

desconexión con el mundo, aunque no es el caso del paciente en cuestión, se tomó ello como una

base fundamental del proceso, ya que quizás de continuar llevando el mismo estilo de vida

podría haber llegado a dichos extremos. May (2000) formula sobre el sentir de este tipo de

personas:

“La personalidad esquizoide constructiva se opone a la vacuidad espiritual de la

tecnología que todo lo invade y no se deja vaciar por ella. Esa persona vive y trabaja con

la máquina sin convertirse en una máquina. Comprueba que es necesario permanecer lo

bastante despegado de las cosas para encontrar significación a la experiencia, pero que

debe adoptar tal actitud para proteger su vida interior del empobrecimiento”. (p. 32)

Cuando el consultante entra en contacto con sus deseos y empieza a orientarlos de manera

consciente le es más fácil poder aceptarse y reconocerse en su sociedad, puesto que al evitar

cualquier posibilidad de incertidumbre o vulnerabilidad restringía sus dimensiones, debido a que

no se daba la oportunidad de desenvolver más fluidamente en relación a sí mismo y a su mundo.

62
Luego de un proceso terapéutico que apuntaba a la relación dialéctica y a la vivencia de los

sentimientos, frustraciones y alegrías, El paciente expone:

“A mí me da mucho miedo dejar de ser quién soy, por seguir los ideales de un grupo,

pero ya he comprendido que me puedo relacionar y seguir siendo yo, es como aportar

algo y que me aporten pero mi esencia es la misma, suena sencillo, para mí no lo es tanto,

pero estoy intentándolo, ya habló más en mi salón de clases, incluso el otro día participe

en mi clase de filosofía poniendo un ejemplo donde di mi punto de vista, eso no lo hacía

antes, era más reservado”.

Lo cual vislumbra que el verdadero inconveniente del paciente no son rasgos esquizoides,

sino su dificultad para entregarse al otro por toda la dependencia afectiva que ello implica, por

tanto el trabajo terapéutico más que centrarse en esos presupuestos teóricos, buscaba atender las

experiencias y miedos del paciente en relación a perder la individuación, y apuntaba a las

sensación de seguridad que sentía al cohibirse. De la misma manera, atendía a las sensaciones

vacías que vivenciaba al permanecer atascado en su vida. Al avanzar en el encuentro con el

paciente afirma: “Hoy me siento muy feliz, siento que me he ido soltando poco a poco. Estoy en

un proceso de estar en la masa sin ser un ente, es como tratar de tener un equilibrio, de incluirte

pero no ser un objeto más”. No renuncia a sus posturas o sentimientos pero los direcciona de una

forma diferente en su accionar diario y en su sentir. Holm-Hadulla (1999) sugiere lo enunciado:

“En este sentido la vida es un proceso de sufrimiento creativo. Si vivimos con esta concepción y

siempre podemos volver a separarnos de hábitos tal vez confortables, pero regresivos y

finalmente destructivos, entonces podremos llegar a desarrollarnos y alcanzar nuestras alegrías”.

(p.171). Complementando, no se puede relegar el papel de la sociedad actual, puesto que

contribuye al aislamiento de las personas, lo cual confluye con May, R (2000): “si la apatía o la

63
ausencia es el estado de ánimo dominante en nuestros días, podemos comprender en un nivel

más profundo por qué el amor y la voluntad se han hecho tan difíciles”. (p.27).

8.3 Vínculo terapéutico y saberes del terapeuta

Este apartado se ocupará de la experiencia del terapeuta a partir de la relación con su paciente,

es el punto central de este estudio de caso, no se inició por esta sección porque era necesario

hacer una contextualización del proceso para poder enlazar las ideas con mayor sinergia.

Para poder construir un vínculo sólido el proceso terapéutico debe ser empujado por un

contexto vivencial, y no nacer de una relación racional, por ende, las interpretaciones que tiene

un mayor impacto constructivo para los consultantes son las que surgen de la relación terapeuta-

paciente y su vivencia sobre la misma. Cuando el terapeuta se acerca a la intencionalidad de su

consultante, conecta sus devoluciones con la misma, y no busca explicaciones causales, las

interpretaciones existenciales toman poder porque el consultante está teniendo experiencias, por

tanto durante el trabajo en las sesiones se buscó apuntar a lo destacado; no obstante, en dicho

camino se encontraron entorpecimientos que correspondían al terapeuta y su manera de vivenciar

al paciente.

¿Por qué la terapeuta se encontraba en apuros en la forma en que experimentaba a su

paciente?, cuando la terapeuta se fue conociendo con su consultante se empezó a sentir

identificada con los que él planteaba respecto a sus perspectivas del mundo actual y, la

trivialidad en las relaciones interpersonales. Incluso muchos de los argumentos que éste usaba

para defenderse respecto a su actuar, eran los mismos que la terapeuta había estado usando

durante un largo tiempo de su vida, como por ejemplo: miedo a la vulnerabilidad, terror a

equivocarse y negación a pertenecer a una sociedad despersonalizante. En cierto grado, esto le

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permitió tener una comprensión sobre lo que se daba en el encuentro; sin embargo, este

acercamiento pudo incidir en que algunas devoluciones (especialmente al inicio) tuvieran un

sesgo personal, en cierta ocasión el paciente mencionó: “…no es fácil de un día a otro, en

especial porque a mí no me gusta equivocarme, quizás lo aprendí o quizás esa es mi forma de

ser”. La terapeuta sentía que tenía razón en lo que expresaba y por ello no se ocupaba a

profundidad de su paciente, estaba atendiendo a ideas preconcebidas, lo cual se remite a un

atracción particular por esta persona, y la necesidad que éste pudiera sortear sus conflictos.

Yalom (1998) expone algo similar: “Yo sabía de dónde provenía mi gran interés por Dave, mi

oleada de curiosidad y de fascinación: le estaba pidiendo a Dave que hiciera las cosas por mí. Por

ambos”. (p.190). Al comienzo del proceso había una traba para establecer límites claros, quizás

no se evidenciaban explícitamente en la terapia, pero aparecían en los sentimientos del terapeuta,

puesto que tenía mayor cuidado que con el resto de sus pacientes, tenía una necesidad de

protegerlo y procurar su bienestar. Romero, E. (2003) expresa una correspondencia con lo

nombrado: “que las personas se coloquen a entera disposición mutua, más allá del simple papel

indicado por sus respectivas funciones, lo que no las exime de mantener algunas formalidades

oriundas de lo que ellas representan”. (p. 79).

En una de las sesiones la terapeuta al escuchar hablar a su paciente le manifestó: “así era yo a

tu edad”, y en uno los próximos encuentros entre ambos, al tratar de confrontar al paciente, éste

argumenta: “pero que me vienes a decir si tu también eras así”, y aunque se intentó poder hacer

terapia con el paciente a partir de ello, fue complicado porque el paciente imposibilitó que ésta

tuviera un campo de acción significativo. De allí que sea necesario entender lo que Yalom (1998)

comenta respecto a uno de sus pacientes: “A pesar de mi curiosidad, decidí dejar que Saúl

contara la historia a su manera, y a su propio ritmo”. (p.231). El consultante no estaba

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preparando para ocuparse de ello en aquel momento. Yalom (1998) advierte: “Cuidado con

desguarnecer a un paciente que no puede soportar el frío de la realidad”. (p. 190). A

continuación se transcribe textualmente lo ocurrido en la sesión:

Terapeuta: “estas usando esa información para defenderte y no te centras en ti”

Paciente: “sencillamente es cierto, me parece que no tienes argumentos suficientes,

además si sabes lo difícil que es para que me presionas con tus ideas de que no quiero

cambiar, sencillamente no puedo”

Suceso que dejó pensativa a la terapeuta, debido a que sintió que no había sido beneficio para

el paciente esa revelación de su parte; no obstante, con el transcurso del tiempo el paciente

refirió que dicho comentario le había resultado reconfortante porque no se sentía solo en lo que

vivía, y al final eso lo hizo sentir acogido aún cuando no lo demostró. En gran parte, estaba alerta

para no perder la racionalidad que era imprescindible para él, y se resguardó tratando de negar la

condición de vulnerabilidad a la que se enfrentaba cuando se permitía contactarse con sus

emociones. Probablemente esa revelación hubiera tenido un mejor impacto de haberse hecho en

el tiempo apropiado, si bien resultó provechosa la intervención en el sentido que el paciente la

consideró constructiva, se prestó a contradicciones. La terapeuta empezó a tomar conciencia que

a pesar que sus intervenciones no tuvieran intención de dañar a su consultante, debía aprender a

clarificar lo que traía su paciente y lo que era de ella. Para poder hacerlo necesitó asesorías en

clases con sus respectivos tutores. Yalom (2002) alude sobre lo indicado:

“Si uno desarrolla un conocimiento profundo de sí mismo, elimina la mayoría de los

puntos ciegos y tiene una buena base de experiencia como paciente, comenzará a

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distinguir cuánto del aburrimiento o la confusión es suya y cuándo producto del

paciente”. (p.84).

Los puntos ciegos que existían en el terapeuta eran el miedo a relacionarse fluidamente, los

prejuicios sobre la sociedad actual, y la imposibilidad para salir de su zona cómoda, aspectos que

tenían concordancia con su paciente, pero que no correspondían al proceso terapéutico que están

llevando, por ello era necesario hacer un trabajo complementario, debía tener “una buena base de

experiencia como paciente” como lo llama el autor.

Otro de los traspiés del terapeuta, era que por medio de su consultante se decía verdades a sí

misma, mencionó: “Quieres ser perfecto”, lo cual no tenía una intención terapéutica clara y en

pro del consultante, sino atendía a prejuicios personales. En la medida que atiende a sus

sentimientos y repasa lo ocurrido en las sesiones va teniendo claridad y le es más hacedero ir

comprendiendo que no estaba propiciando un verdadero encuentro, De Castro y García (2013) se

refieren a éste:

“El encuentro implica una alta exigencia profesional y responsabilidad ética por parte

del terapeuta respecto a la conciencia de su participación en el mundo experiencial del

paciente y en la relación terapéutica, y cómo esta última puede influenciar la experiencia

inmediata del paciente” (p.202).

Demuestra que la exigencia personal que acarrea dicha labor va más allá de los sustentos

teóricos, pues la relación que se establece incide en cómo experimenta el paciente. El terapeuta

entiende que el proceso terapéutico no sólo apunta al crecimiento del paciente, si bien es el

asunto fundamental, debe ser un encuentro genuino donde ambos estén en la apertura al cambio

y al descubrimiento de nuevas potencialidades. Romero, E. (2003) señala sobre ello: “para el

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terapeuta cada coagente es igualmente una nueva experiencia, no importa cuán entrenado esté en

este arte. En un abordaje comprensivo-existencial nunca somos acompañantes pasivos, meras

figuras simbólicas del otro”. (p.81). Si el terapeuta no se encuentra disponible para sí mismo,

difícilmente podrá estarlo para alguien más, no se refiere a la pérdida de los límites que deben

existir en los encuentros, sino llevar la terapia a un contexto natural, donde se posibilite al

paciente a que vivencie en el momento presente, y en dicho momento ver lo que ocurre en

relación al terapeuta y a sí mismo. De Castro y García (2013) mencionan al respecto:

“Si el terapeuta sólo pretende observar desde afuera del campo experiencial del

paciente, sólo terminará atendiendo a sus propios prejuicios teóricos, ya que estará

desligado de la vivencia inmediata e intencionalidad del paciente, y por consiguiente, no

podrá captar su mundo y se apartará del sentido de su experiencia”. (p.207).

Asimismo, en múltiples ocasiones cuando el terapeuta no se daba cuenta de sus progresos a

nivel personal y decidía centrarse en su poca productividad, teniendo altas exigencias respecto a

su vida y trabajo, recurría a una visión de túnel que le impedía ver progresos en el consultante.

En la medida que somos libres invitamos al otro a que también lo sea, por tanto no poseer esa

disposición repercutía en el trabajo con el paciente, tanto que incluso un día éste destacó: “siento

que me ha servido, incluso yo sé que a veces no te das cuenta, pero mis papás sienten que he

cambiado positivamente, me he abierto más… yo también siento que es así. Claro que no es el

cambio más significativo pero para mí es mucho”. El consultante estaba manifestando que no se

le veía, varias personas a su alrededor y él mismo notaban un cambio pero su terapeuta tenía

vacíos respecto a la comprensión de sus avances. Bleger (1964) explica lo que ocurría con el

terapeuta: “La rigidez y la proyección conducen a encontrar solamente lo que se busca y se

necesita, y a condicionar lo que se encuentra tanto como lo que no se encuentra”. Esta manera de

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operar del terapeuta lo único que estaba ocasionando era colaborar con el problema de relación

que poseía su consultante. Igualmente, se acude a May (2000): “ser capaz de establecer una

verdadera relación con otro ser humano que está experimentando una profunda ansiedad, culpa o

sentimiento de la tragedia inminente, exige lo mejor de la humanidad que hay en nosotros”

(p.111). Otro soporte más para reconocer el valor del desarrollo personal del terapeuta. A lo

indicado se suma Bleger (1964), quien sugiere:

“El instrumento de trabajo del entrevistador es él mismo, su propia personalidad que

entra indefectiblemente en juego en la relación interpersonal, con el agravante de que el

objeto que debe estudiar es otro ser humano, de tal manera que, al examinar la vida de los

demás se halla directamente implica la revisión y examen de su propia vida, de su

personalidad, conflictos y frustraciones”

El verdadero poder transformador del ser humano se da al contactarse con alguien más, por

ende, para poder continuar con el proceso terapéutico con el paciente fue necesario hacer uso de

los saberes de los terapeutas. Romero (2003) apunta a éstos: “Saber escuchar: Significa dejar

que el otro se exprese colocándonos en una actitud de receptividad cordial; significa también

saber omitirse para no interferir en la libre fluencia de la otra persona” (p.57). Implica que la

terapeuta debió dejar de focalizarse en sus prejuicios y atender descriptivamente lo que le ocurría

al paciente, entonces intuitivamente empezó a captar lo que éste sentía y lo valida con él para

evitar ideas preconcebidas. De igual manera, clarificar sus sentimientos para corroborar que traía

su paciente y que acudía a su personalidad, dicha revisión se lleva a cabo por fuera de la terapia

pero basándose en el sentir que aconteció durante las sesiones. Además, las guías proporcionadas

por los tutores fueron de utilidad en el sentido que señalaron y apuntaron a la incidencia de la

terapeuta en el proceso, para ello era menester que el terapeuta admitiera sus desaciertos. Holm-

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Hadulla (1999) determina que uno de los momentos en el tratamiento incluye: “la capacidad de

jugar con fantasías de nuestros pacientes provocan en nosotros. En este ámbito somos

confrontados con nuestras propias contradicciones que no se trata de aclarar, sino de aceptar en

un principio como parte de nuestra experiencia psíquica”. (p.168).

Gracias a esas ayudas y los recursos usados en pro del proceso terapéutico, se empezó a sentir

un cambio en el fluir de las sesiones, la terapeuta realmente estaba en un encuentro con su

paciente, vinculándose con él en el aquí y ahora, lo cual permitió que el paciente fuera más

natural y expresara sus vivencias: “Sí, siento una tremenda ambivalencia hacia ti y nunca lo

había notado, es más sigo algo impresionado con tu pregunta… y enojado también, eso justo es

lo que me da rabia que te metas conmigo, me desestabiliza, pierdo el control… y realmente eso

me molesta”. La terapeuta favoreció la presencia interpersonal y se ocupó de lo que estaba

sucediendo entre ambos, lo cual fue tremendamente beneficioso pues como dijo Yalom (1998):

“Si en una relación hay algo grande de lo que no se habla, ya sea el paciente o el terapeuta,

entonces no se hablará tampoco de ninguna otra cosa importante”, este fue un paso para verse en

conjunto y adentrarse a un proceso dialéctico hermenéutico.

Cuando empiezan a aflojar el verdadero encuentro surgen cambios en ambos participantes, y

el paciente se muestra más participativo en su entorno, eso no implica que tuvo un cambio

drástico y total, sino que a pesar de su manera de ser y sus percepciones respecto a la sociedad

contemporánea, se permitió ser más comprometido consigo mismo y con los demás. Mediante su

voluntad reafirma lo que más desea a fin de hacer y vivir acorde lo que tiene sentido

preponderante en su existencia. El paciente indicó: “Hoy me siento muy feliz, siento que me he

ido soltando poco a poco. Estoy en un proceso de estar en la masa sin ser un ente, es como tratar

de tener un equilibrio, de incluirte pero no ser un objeto más”. Una de las preocupaciones

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esenciales del paciente era aprender a abrirse, debido a que no se identificaba con el mundo

moderno, se negaba a hacer parte de él como una cosa, pero al final reconoce que era necesario

mantener un punto medio, y logra hacerlo cuando encuentra limitado su proyecto de vida. De

Castro y García (2013) aportan que: “No sólo se trata de saber cómo nosotros percibimos e

interpretamos el mundo, sino también y sobre todo acerca de cómo estamos presentes ante el

mundo” (p.17). El ser humano constituye el mundo al mismo tiempo que es parte de él. El

consultante al vivenciar lo anterior, accedió a desprenderse de las justificaciones que pretendían

culpar a sus progenitores sobre su carácter, aceptó la sociedad en que crece, defendió su carrera

profesional, y se vinculó más fluida y naturalmente con su terapeuta. Akeret (1995) soporta lo

expresado: “los pacientes están preparados para tomar esa decisión en el momento en que se

conocen lo suficiente bien a sí mismos, como para comprender las implicaciones de esa

decisión”. (p.228).

Aún cuando el consultante tiene dificultades para encontrarse con su terapeuta, al sentirse

acogido va a terminar por aceptar la convidada, fue en últimas lo que sucedió, pues la terapeuta

en el proceso paralelo que llevaba como paciente, aprende a descubrirse, aceptarse más natural y

menos pragmática, lo cual termina mostrándose en relación a su consultante. La terapeuta

también se toma de la mano de Romero, E. (2003), quien expresa: “Saber acoger: Es convidar al

otro para que sea el mismo, sintiéndose a gusto en nuestra presencia. En los gestos, en la mirada,

en los movimientos, en las palabras, expresamos esta invitación”. (p.52), es en definitiva dar un

espacio para que el otro pueda abrirse y sentirse en confianza en relación con alguien y consigo

mismo, dicho autor menciona que “invitación, apertura y confianza” favorecen la acogida. De

igual forma, entiende que hacer presencia no siempre va acompañado de interpretaciones

existenciales, en ocasiones es imprescindible estar en silencio de modo que el paciente consienta

71
su experiencia y deba mirarse en el actuar y sentir, lo cual se traduce en una actitud de acogida.

Holm-Hadulla (1999) formula sobre lo señalado: “La actitud del terapeuta de acompañar con

interés por sí sola, sin interpretación, puede alentar a su paciente a percibir lo desagradable y

humillante y a comenzar su trabajo de configuración representador”.

Cabe señalar, los aportes de este caso acuden primeramente a la técnica, la relación dialógica

que incluye validar conjuntamente con el paciente en un proceso hermenéutico en espiral, pero

rebasa cualquier postulado teórico, al reconocer que puede ser útil equivocarse, lo necesario es

clarificar con el consultante. Desde el punto de vista del investigador, los procesos terapéuticos

más fructíferos son lo que parten desde el propio desarrollo personal, y se sustenta en Romero, E.

(2006): “Somos sensibles porque nos sentimos afectados por los eventos y situaciones en nuestro

ser subjetivo”. (p.9), usar los sentimientos como propia información es el mejor instrumento que

se tiene en la práctica terapéutica, entendiendo que todas las personas remiten a distintos sentires,

por ende, se converge con Yalom (1984), quien declara: “si se aplica el mismo esquema para

comprender a todos los individuos, se le escapa a uno la experiencia irrepetible de la

individualidad de la persona”. (p.30). Al terapeuta éste paciente le generó la oportunidad de

examinarse más profundamente y atenderse a sí mismo, reconociendo sus falencias a nivel

relacional y cómo éstas traían inherentemente las más grandes verdades sobre su temor a la

vulnerabilidad y miedo a exponerse.

Sin más, lo último por decir es que ambos han cambiado y están en la búsqueda de construirse

y aceptarse más humanos gracias a que decidieron relacionarse. En palabras de Emilio Romero

(2003): “El objetivo es que la persona conquiste el sentido de la libertad, se torne más auténtico y

aflore su creatividad”. Finalmente, De Castro y García (2013) confluyen mencionando:

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“El crecimiento personal se produce en la relación directa de unos con otros, por

consiguiente, en vez de pretender crear ficticias situaciones artificiales caracterizadas por

la neutralidad, lo cual, en últimas es imposible, se debe tomar como real la relación entre

paciente y terapeuta, y hacer de ésta un encuentro igualmente directo”. (p.202).

Es el mismo paciente quien conduce su camino, quien se decide a pesar de sus miedos a

explorar nuevas posibilidades en el hacer y ser; no obstante, es el encuentro terapéutico el puente

para llevarlo a cabo, pues extendió al resto de su vida lo que iba descubriendo en presencia de su

terapeuta, pero se recalca que es algo que nace de sí mismo. Akeret (1995) refiere sobre ello:

“El terapeuta Carl Rogers advertía que es una filosofía peligrosa asumir el derecho a

ser la autoridad autodesignada sobre lo que es mejor para una persona. Y el doctor Szasz

lo expresa de manera más contundente aún: La terapia es como una religión; ha de haber

libre elección”. (p.228)

Concluyendo, Holm-Hadulla (1999) citan a Beauchamp y Childress (1989), quienes

plantearon algunas implicaciones éticas en el ámbito psicológico, entre ellas se encuentra:

“respeto de la autonomía del paciente”. (173), lo cual también apunta a lo estimado

anteriormente, es el paciente quien construye su caminar, y posterior a la terapia se espera que lo

haga reconociéndose libre, auténtico y creador de su mundo, como lo dijo el poeta Antonio

Machado: “caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

73
9. Conclusiones y discusión

La angustia ante la vida enfrenta al hombre ante su propio infierno. En algunos casos lo

conduce a desligarse de las posibilidades y a encapsularse en sí mismo sin reconocer alternativas

en el camino. La cuestión en palabras de Yalom (2009) es: “¿Cómo puedes vivir sin generar

nuevos motivos de arrepentimiento?”. Aún sintiendo los demonios más aterradores el hombre

puede decidir reafirmarse en el dolor, o en el mejor de los casos se invita a la búsqueda de un

proyecto de vida congruente con sus potencialidades. Es menester iniciar aclarando que cada

persona se encuentra siempre en construcción, pero eso no implica dejar de reconocer que tienen

una historia y un sustrato biográfico; sin embargo, en el trabajo terapéutico se concibe al ser

humano como alguien capaz de estructurar su mundo, puesto que decide de qué manera asumir

sus circunstancias vitales.

En este apartado se hará mención a los aspectos encontrados en el estudio de caso y como

éstos nutren, profundizan o desafían la teoría. Este paciente buscaba justificar su sentir y actuar

con el estilo de crianza impartido en el hogar, y se escudaba en que lo que hacía en la actualidad

era el reflejo de lo enseñado por sus progenitores, pero con el transcurso del tiempo y al

experimentar el malestar que le acarreaba estar estático, empieza a reconocerse como un roll

activo. Lo destacado anteriormente, confluye con los planteamientos de May (1977), quien

señalada que el mundo es la estructura de relaciones significativas, abarca sucesos del pasado en

cuanto me relaciono con ellos. Al tener conciencia del propio mundo significa al mismo tiempo

estar estructurándolo. Del mismo modo, el autor Bugental (2000) plantean ideas similares,

puesto que afirma que los seres humanos tienen margen de elección, son intencionales, apuntan a

metan y son conscientes de que saben que saben. El paciente es creador de su destino en todo

momento, incluso cuando acepta y usa la crianza para argumentar su omisión al desenvolverse

74
en la sociedad. El consultante enfoca su camino hacia decisiones que apuntaban a afirmar una

visión inhabilitadora de la vida, pero posteriormente se contacta con sus deseos y asume posturas

activas respecto a su participación consigo mismo y con los demás.

De igual manera, en este trabajo se hace referencia a las personalidades esquizoides, y se

encuentra una concordancia significativa de lo expuesto por el autor y lo observado en el

paciente. No se entiende al consultante desde un punto de vista diagnóstico cuadrilátero, sino

como a un hombre que no se identifica con la sociedad en la que crece y busca resguardar sus

sentimientos replegándose sobre sí mismo. May (2000) refiere: “los problemas surgen cuando al

afrontar nuestro mundo comprobamos que es inapropiado para nosotros o que nosotros somos

inapropiados para él; entonces se produce el choque”. (p. 19). Durante los encuentros

terapéuticos se apunta a las sensaciones del paciente antes que a rótulos preconcebidos. Fue

indispensable atender sus experiencias para que éste pudiera tener movimientos afectivos que los

llevaran a la búsqueda de nuevas posibilidades de ser en el mundo.

Adicionalmente, se entiende la personalidad esquizoide como un modo de vivir oponiéndose a

la vacuidad espiritual, este tipo de personas adoptan tal actitud para proteger su vida interior del

empobrecimiento, lo cual tiene sus bases teóricas en May, R. (2000). Para puntualizar, el

consultante no se entiende como una patología, puesto que se vislumbra que el verdadero

inconveniente del paciente no son rasgos esquizoides, sino su dificultad para relacionarse con los

otros, y su rechazo hacia el mundo despersonalizante.

Todo este proceso es llevado a cabo en el aquí y ahora. Yalom (2002) menciona que los

problemas interpersonales de un individuo terminaran por manifestarse en el aquí y ahora del

encuentro terapéutico. Por tanto, ello toma un sentido predominante en el estudio. En el

75
consultante se hace evidente que era difícil interactuar fluidamente con los demás, pero cuando

el paciente se observa en terapia y en relación a alguien más, empieza a vivenciar su forma de

actuar sin necesidad de buscar referencias externas, lo cual resulta más demostrativo que

cualquier explicación causal, tal como lo indica el autor. En palabras del paciente: “es como si

dijera cosas que ni yo mismo sé de donde salen, (suspiro)… aunque uno de las mejores cosas que

he aprendido aquí es a verme como soy.. “.

Por otro lado, el terapeuta tuvo desaciertos al momento de estar presente con su paciente, por

ello hay concordancia con lo insinuado por Blegger (1964), quien expresa que el mejor

instrumento de trabajo es el entrevistador mismo, al examinar la vida de los otros se halla

haciendo una revisión y examen de su propia vida. Indica que si el terapeuta no hace una revisión

sobre sus propios prejuicios hubiera sido muy difícil establecer un vínculo sólido con su

paciente, debía identificar lo que acudía a su personalidad y lo que traía el consultante. Clarificar

junto con el paciente en un proceso dialéctico, lo cual resultó ser una tarea complicada porque

debía mostrarle lo suyo sin inmiscuir lo propio, lo cual requería un esclarecimiento profundo a

nivel profesional y una aceptación de los sentimientos a nivel personal.

El trabajo como psicólogo clínico es de gran exigencia para el terapeuta, pues se encuentra

constantemente en la búsqueda de un equilibrio entre sus emociones y distracciones. Éstas

pueden ser vendas que impidan observar y captar la experiencia real del paciente, lo cual limita

la capacidad de intervención e incide en no apuntar a la intencionalidad del consultante, sino

tener pensamientos aislados sobre lo que ocurre en dicha diada, autores como De Casto y García

se remiten a ello.

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Se integra en este proceso, el valor de los saberes expuestos por Romero, E (2003), ya que

éstos posibilitan el encuentro con el paciente. En este caso particular, se hace mención especial a

dos de ellos. Saber escuchar, se ilustra cuando la terapeuta deja de focalizarse en sus prejuicios,

y pasar a atender descriptivamente lo que le ocurría al paciente. Y Saber acoger, se alude a éste

cuando se da un espacio para que el paciente pueda abrirse y sentirse en confianza en relación

con alguien y consigo mismo. Cuando el terapeuta se acoge a sí mismo, favorece la acogida de

su paciente, lo cual también incluye la importancia del crecimiento personal del terapeuta,

debido a que incide en la experiencia terapéutica del paciente.

Se concluye, los aspectos que se encontraron en este estudio convergen con las revisiones

teóricas planteadas y soportan los postulados sobre las técnicas abordadas desde la postura

fenomenológica existencial. No se evoca todo lo que se ha expuestos a lo largo del estudio, pero

se toman principios básicos y orientadores para finalizar los fundamentos expuestos.

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10. Bibliografía

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79
12. Anexos

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