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Cambios en el rol de extensionistas rurales

Este artículo estudia cómo la experiencia profesional transforma la comprensión que los extensionistas rurales tienen de su propio rol. Se entrevistó a 133 extensionistas de seis países latinoamericanos. Los resultados muestran que, con la experiencia, los extensionistas tienden a: 1) ampliar y complejizar su comprensión del trabajo de extensión, 2) reconocer las limitaciones de sus propios conocimientos, y 3) adoptar enfoques más dialógicos y constructivistas. Además, se observa que la identidad y las emociones de los extension

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Cambios en el rol de extensionistas rurales

Este artículo estudia cómo la experiencia profesional transforma la comprensión que los extensionistas rurales tienen de su propio rol. Se entrevistó a 133 extensionistas de seis países latinoamericanos. Los resultados muestran que, con la experiencia, los extensionistas tienden a: 1) ampliar y complejizar su comprensión del trabajo de extensión, 2) reconocer las limitaciones de sus propios conocimientos, y 3) adoptar enfoques más dialógicos y constructivistas. Además, se observa que la identidad y las emociones de los extension

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ARTÍCULO

Cambios en la comprensión del propio rol de


extensionista a partir de la experiencia: un estudio
latinoamericano
Changes in the understanding of the own role as extension worker as a
result of experience: a Latin American study

Fernando Pablo Landini1 


1
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) e Universidad de la Cuenca del Plata: Posadas,
Misiones, Argentina. E-mail: landini_fer@[Link]

Cómo citar: Landini, F. P. (2021). Cambios en la comprensión del propio rol de extensionista a partir de la experiencia:
un estudio latinoamericano. Revista de Economia e Sociologia Rural, 59(2), e224267. [Link]
9479.2021.224267

Resumen: La extensión rural constituye una práctica altamente compleja. En general, la bibliografía
académica ha estudiado los cambios históricos que han acontecidos en los enfoques de extensión.
Sin embargo, poca atención ha recibido el estudio de los cambios en los enfoques de los extensionistas
a lo largo de su trayectoria profesional. En esta investigación se describe de qué manera se transforma
el modo en que los extensionistas comprenden su rol a partir de la práctica y la experiencia.
Se entrevistó a 133 extensionistas de seis países latinoamericanos. Las entrevistas fueron transcriptas y
sometidas a un análisis de contenido. Los resultados muestran que los extensionistas, como resultado
de la práctica y la experiencia, tienden a (1) ampliar y complejizar su forma de comprender la tarea de
extensión, (2) tomar conciencia de las limitaciones de sus propios conocimientos y propuestas,
(3) adoptar enfoques más dialógicos y constructivistas, y a (4) ser progresivamente más realistas.
En paralelo, se observa que los enfoques de extensión se articulan fuertemente con las identidades y
con las emociones de los extensionistas, lo que explica que impulsar cambios en el modo de pensar la
extensión sea una tarea altamente compleja.
Palabras clave: extensión rural, asesoramiento técnico, cambios, identidad, emociones.

Abstract: Rural extension is a highly complex practice. In general, the academic literature has studied
the historical changes that have taken place in the extension approaches. However, little attention has
been given to the study of changes in the extension workers’ approaches during their career path.
In this study, it aims to describe how extension workers change their understanding of their role as a
result of practice and experience. A total of 133 extension workers from six Latin American countries
were interviewed. The interviews were transcribed and their content analyzed. The results show that
extension workers, as a result of practice and experience, tend to (1) broaden and make more complex
their understanding of extension work, (2) become aware of the limitations of their own knowledge and
proposals, (3) adopt more dialogical and constructivist approaches, and (4) become more realistic.
Besides, the research also shows that extension approaches are highly intertwined with the identities
and the emotions of the extension workers, which explains why contributing to changes in how they
understand their role is so difficult.
Keywords: rural extension, advisory service, changes, identity, emotions.

1. INTRODUCCIÓN
En América Latina, la mayor parte de los extensionistas rurales y asesores técnicos
provienen de las ciencias agropecuarias (Landini & Bianqui, 2014). Al iniciar su práctica
profesional, estos se van a enfrentar con múltiples desafíos, dentro de los cuales se destaca
la falta de práctica, a causa de una formación universitaria predominantemente teórica

Este es un artículo publicado en acceso abierto (Open Access) bajo la licencia Creative Commons Attribution, que permite su uso, distribución y
reproducción en cualquier medio, sin restricciones siempre que el trabajo original sea debidamente citado.

Revista de Economia e Sociologia Rural, 59(2): e224267, 2021 | [Link]


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(Movahedi & Nagel, 2012; Mojarradi & Karamidehkordi, 2016). No obstante, resulta claro
que la extensión rural y el asesoramiento técnico constituyen una práctica altamente
compleja (Sulaiman & Davis, 2012) que excede cualquier formación profesional específica.
Esto se debe a que los productores no sólo requieren apoyo productivo, sino también
comercial y organizacional (Landini, 2013), y a que los conocimientos temáticos específicos
de los asesores y extensionistas necesitan complementarse con capacidades pedagógicas
(Zuin et al., 2011) y de relacionamiento interpersonal (Landini, 2016a). En cierto sentido, se
esperaría que asignaturas con contenidos sobre extensión y sociología rural impartidas en
universidades y otros centros de estudio ofrecieran herramientas suficientes para abordar
la complejidad de la práctica del extensionista. No obstante, se reconoce que materias
puntuales resultan insuficientes para producir un impacto significativo en el perfil de los
egresados en ciencias agropecuarias (Da Ros, 2012).
Al momento de enfrentarse a los espacios de práctica, extensionistas y asesores ponen
en juego un conjunto de supuestos sobre cómo está organizada la realidad en su ámbito de
intervención y cómo hay que actuar en ella para alcanzar resultados deseados
(Houchens et al., 2012). Estos supuestos incluyen desde conocimientos técnicos sobre los
cultivos y sus características, hasta cómo debe interactuarse con los productores al
momento de dar una recomendación para generar cambios beneficiosos en sus modos de
producir. Cuando las acciones que se implementan no llevan a los resultados deseados
(lo que resulta frecuente en los momentos iniciales de práctica), se activarán diferentes
procesos de aprendizaje, tanto de adquisición de nuevos conocimientos como de
reorganización y ajuste de los supuestos previos que guían la práctica (Landini et al., 2017).
Así, estas experiencias generarán cambios tanto en los conocimientos como en las
identidades de los extensionistas (Cerf et al., 2011; Nettle et al., 2018), poniéndose en
cuestión tanto los enfoques de extensión utilizados como la forma de comprender el propio
rol de extensionistas o asesores.
En la literatura académica existe una cantidad considerable de trabajos que abordan
los cambios históricos acontecidos en los enfoques de extensión rural. En general, estos
estudios señalan el pasaje de modelos lineales de difusión tecnológica a propuestas que
reconocen la existencia y el valor de múltiples tipos de conocimiento en el marco de
procesos de comunicación horizontal y aprendizaje social (Machado et al., 2006; Klerkx et al.,
2012). En esta línea, diferentes trabajos destacan la persistencia de modelos y prácticas
tradicionales de extensión rural (Moschitz et al., 2015; Shukri Al-Rimawi et al., 2017) tanto a
causa de trabas de nivel institucional como de la necesidad de desarrollar las capacidades
de los extensionistas para actuar en el marco de los nuevos enfoques (Minh et al., 2010;
Chowdhury et al., 2014).
Sin embargo, hoy no existe en la bibliografía científica ningún trabajo sistemático que
estudie y describa de qué manera se va transformando a partir de la experiencia personal el
modo en que los extensionistas rurales comprenden el trabajo de extensión y su propio rol
como extensionistas o asesores, vacío que se propone abordar este artículo. Este trabajo
parte del supuesto de que extensionistas rurales y asesores técnicos suelen enfrentar un
conjunto de experiencias y desafíos similares en su trayectoria profesional, lo que llevaría a
que exista un conjunto de transformaciones y cambios típicos o relativamente frecuentes en
su identidad como extensionistas y en el modo de comprender su propio rol como
resultado de la práctica y la experiencia. Claro está, esto no implica asumir que dichos
cambios sean generalizables a todos los extensionistas y asesores, sino simplemente que
existen ciertos cambios que son típicos o frecuentes y que pueden ser identificados y
descriptos. Así, este artículo se propone como objetivo analizar y describir los cambios en
los modos en que extensionistas rurales y asesores técnicos comprenden el trabajo de
extensión y su propio rol como resultado de la práctica y la experiencia.
A primera vista, identificar y describir estos cambios puede parecer trivial. Sin embargo,
un análisis más destallado pone en evidencia su valor. En efecto, si estos cambios en la
comprensión del propio rol e incluso en la propia identidad como extensionistas constituyen
el resultado de procesos de aprendizaje, comprender estos cambios permite identificar y
sistematizar aprendizajes que suelen generarse a lo largo del tiempo. Ahora bien, al
identificarlos y sistematizarlos, estos se convierten en herramientas para aportar a la

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formación en extensión rural, sea de futuros extensionistas como de quienes ya se


encuentran cumpliendo el rol. En particular, estos resultados pueden ser utilizados como
punto de partida para reflexionar críticamente sobre el rol de extensionistas y asesores y
sobre los supuestos fundamentales del trabajo de extensión rural en el marco de procesos
de formación de profesionales.
Ahora bien, reconociendo la posible existencia de particularidades asociadas a
diferentes países, en este artículo se presentan los resultados de una investigación
cualitativa realizada Argentina, Chile, Cuba, Ecuador, Guatemala y Uruguay, en la que se
entrevistó a un total de 133 extensionistas rurales. Se destaca el interés de incorporar
diferentes países y una muestra significativa de extensionistas a fin de identificar tendencias
compartidas y diferencias entre ellos.

2. EXTENSIÓN RURAL EN AMÉRICA LATINA: REFLEXIONES HISTÓRICAS


La noción de extensión rural ha tenido importantes cambios a lo largo de la historia
(Rivera, 2011), incluso al punto que algunos autores han propuesto abandonar el concepto
(Leeuwis, 2004). Los actores que aquí denominamos ‘extensionistas’ han sido nombrados de
múltiples maneras en América Latina según el contexto y la institución, incluyendo
referencias como ‘extensionistas rurales’, ‘agentes de extensión’ ‘asesores técnicos’,
‘profesionistas’, ‘agentes de desarrollo’, ‘técnicos de campo’ y ‘técnicos de ATER’ (Asistencia
Técnica y Extensión Rural), por algunas alternativas. Así, en este campo disputado es
probable que ninguna definición específica permita recortar de manera definitiva al sujeto
social al que se refiere. En cualquier caso, se puede definir al ‘extensionista rural’ como
‘quien hace extensión rural’, tomando de manera genérica la definición de Christoplos
(2010) quien conceptualiza a la extensión rural como “las diferentes actividades de
suministro de información y de asesoramiento pertinentes que solicitan los agricultores y
otros actores en los sistemas agroalimentarios y el desarrollo rural” (p. 2).
La mayor parte de los autores acuerda que los sistemas de extensión rural
latinoamericanos surgen a mediados del siglo XX con el apoyo activo de los Estados Unidos
en la etapa posterior a la segunda guerra mundial (Otero & Selis, 2016). En este marco, el
modelo de extensión predominante seguía las premisas de la teoría de la modernización
apoyada por la sociología estadounidense, que planteaba la necesidad de que los países
‘pobres’ o ‘subdesarrollados’ adoptaran las pautas y patrones culturales de las sociedades
‘desarrolladas’ (fundamentalmente los Estados Unidos). Así, cobra fuerza un modelo de
extensión rural difusionista, caracterizado por la búsqueda de transferencia persuasiva de
los conocimientos generados en las universidades y los centros de investigación a los
productores, y por el rechazo de los conocimientos locales de los propios agricultores.
Durante las décadas del 60 y el 70, diferentes autores latinoamericanos ponen en
cuestión las premisas de la teoría de la modernización, señalando que el ‘subdesarrollo’ no
era consecuencia de las limitaciones culturales de los países ‘periféricos’ sino de la
estructura desigual de las relaciones de poder a nivel internacional, propuesta que fue
denominada teoría de la dependencia (Gumucio-Dagron, 2011). En este contexto se
desarrollan formas de comunicación para el desarrollo de carácter alternativo, que
reconocen el valor de las culturas locales y que ponen el énfasis en la implementación de
dinámicas horizontales, críticas y participativas. Ubicado dentro de esta perspectiva, Freire
(1973) propone una extensión rural entendida como proceso de comunicación horizontal
centrado en el diálogo técnico-productor y el reconocimiento de los conocimientos y
saberes de los agricultores. A partir de esto, puede pensarse la existencia de una tensión en
América Latina entre enfoques de extensión rural difusionistas y enfoques dialógicos.
Hacia los años 80 y 90, asistimos a una crisis de la extensión rural en el marco de las
políticas de ajuste estructural apoyadas en las premisas del neoliberalismo, lo que llevó a la
desfinanciación, privatización y/o desaparición de gran parte de los sistemas de extensión
rural latinoamericanos (Thornton, 2006; Diesel et al., 2008;). Con el nuevo siglo, y a partir de
diferentes cambios políticos en América Latina, algunos autores han señalado el ‘retorno de
la extensión rural’ a la agenda pública (Alemany & Sevilla Guzmán, 2007; Aguirre, 2012).
No obstante, visto en retrospectiva, se observa que este ‘retorno’ ha tenido múltiples

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altibajos y ha seguido diferentes trayectorias según los países, por lo que resulta difícil
presentar descripciones de manera general.
En paralelo, también resulta conveniente señalar cambios más recientes acontecidos
en los modos de abordar la extensión rural en América Latina, que involucran un pasaje de
prácticas centradas exclusivamente en el vínculo extensionista-productor a propuestas que
incorporan la coordinación entre diferentes actores para impulsar procesos de innovación y
desarrollo. En este sentido, pueden observarse dos líneas complementarias, una centrada
en los aportes del enfoque del desarrollo territorial (Torrado Porto & Catullo, 2017), y otra
que recupera una concepción de la innovación entendida como resultado de la articulación
entre diferentes actores (Carrapizo et al., 2018). Así, el rol clásico del extensionista centrado
en sus conocimientos sobre producción agropecuaria tiende a desdibujarse, acercándose
cada vez más a la idea de agente de desarrollo rural.
En breve, a partir del recorrido realizado, se observa en América Latina un contraste
entre enfoques difusionistas y dialógicos de extensión rural, que recientemente se
complejiza al incorporar propuestas que recuperan la dimensión territorial y de articulación
de actores en los procesos de desarrollo e innovación. No obstante, debe reconocerse que
estas conceptualizaciones corresponden a un análisis que prioriza la discusión sobre
modelos histórico-institucionales de extensión. A continuación, se analizan los enfoques de
extensión desde la perspectiva de los sujetos.

3. ENFOQUES DE EXTENSIÓN Y SUS CAMBIOS DESDE LA PERSPECTIVA DE LOS


SUJETOS
Existen estudios que mencionan algunos de los supuestos básicos a partir de los cuales
los extensionistas guían sus prácticas y definen su rol. Por ejemplo, Höckert & Ljung (2013)
señalan que en Suecia los asesores técnicos tradicionalmente han sido formados como
‘expertos’, lo que los pone en una posición jerárquica en el vínculo con los agricultores.
En esta línea, Minh et al. (2010) también señalan que los extensionistas no están
acostumbrados a adoptar un rol de facilitadores, donde su conocimiento pueda ser puesto
en cuestión por los productores, algo necesario para trabajar desde una extensión dialógica.
En contraste, Ingram (2008) argumenta que los ingenieros agrónomos que trabajan como
asesores pueden tomar diferentes actitudes, que van desde posicionarse como expertos a
actuar como facilitadores de procesos reflexivos. Por su parte, a partir de un estudio
realizado en diferentes países latinoamericanos, Landini (2016b) ha señalado que los
extensionistas rurales pueden adoptar diferentes roles, aunque lo más frecuente es que
comprendan su rol a partir de los principios del difusionismo, lo que resulta consistente con
la adopción de un posicionamiento experto. Por último, Salomonsson et al. (2009) destacan
que los ingenieros agrónomos suelen poseer una orientación productiva convencional
estructurada a partir de principios productivistas, lo que les dificulta pensar relaciones
complejas y sistémicas en el marco del funcionamiento de los agroecosistemas.
También existen autores que han analizado de qué manera los extensionistas rurales
cambian el modo en que comprenden su rol, fundamentalmente a partir de talleres o
espacios formativos. Landini et al. (2013), a partir de un estudio cuantitativo realizado en
Paraguay, han señalado que los extensionistas rurales que tienen más años de experiencia
poseen una orientación menos difusionista, lo que sugiere que la práctica y la experiencia
podrían reducir actitudes típicas de un posicionamiento experto. En un trabajo de
sistematización de talleres para extensionistas realizado en Francia, Albaladejo et al. (2007)
destacan cambios históricos en el rol de los participantes, ahora más orientados a la
facilitación de aprendizajes y vínculos que a la transmisión de conocimientos técnicos.
En este contexto, los autores llaman la atención sobre el impacto de estos cambios en las
identidades profesionales y en el modo en que los extensionistas se relacionan con el
conocimiento. Por su parte, Cerf et al. (2011) en Francia y Landini & Brites (2018) en
Argentina muestran que, cuando los extensionistas reflexionan críticamente sobre su
práctica, tienden a poner en cuestión supuestos y creencias instituidas sobre su propio rol,
lo que les permite transformar sus modelos profesionales y sus prácticas como
extensionistas.

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A la vez, en un estudio sobre un proceso de capacitación para asesores privados que


trabajan en el sector lechero en Australia, Nettle et al. (2018) notaron que la incorporación
de nuevas prácticas profesionales tiende a generar incertidumbre. No obstante, también
observaron que la posibilidad de explorar nuevos roles profesionales en un contexto de
seguridad y la retroalimentación positiva por parte de productores y de pares, reducen la
incertidumbre y contribuyen a la adopción de nuevos roles. En particular, estos autores
destacan que los procesos de cambio resultan más difíciles para quienes trabajan de
manera independiente o en organizaciones que solo cuentan con uno o dos asesores, ya
que poseen menos espacios para dialogar con pares y recibir retroalimentación relativa a la
incorporación de nuevos roles y prácticas.
En este marco, cabe señalar que la capacitación en nuevas áreas de práctica contribuye
a la transformación tanto del modo de trabajo como de las identidades de los propios
extensionistas (Nettle et al., 2018). No obstante, hay que tener en cuenta que no es posible
generar cambios significativos en los roles de los extensionistas a partir de actividades o
eventos únicos (Chowdhury et al., 2014), ya que esto requiere tomar conciencia de las
limitaciones de los modelos actuales de práctica y generar cambios a nivel actitudinal, todo
lo que toma tiempo (Minh et al., 2010). En este marco, cobra sentido el valor que diferentes
autores dan a la capacidad de los extensionistas para reflexionar sobre su propia práctica
(Tarekegne et al., 2017; Landini & Brites, 2018), en tanto herramienta fundamental para
adaptar e innovar en el modo de hacer extensión.
En resumen, la revisión de antecedentes muestra que, en general, los extensionistas
rurales y los asesores técnicos tienden a adoptar una posición de expertos a partir de su
formación universitaria y a posicionarse desde una perspectiva de extensión lineal o
difusionista. En paralelo, se observa que los procesos de formación y de reflexión sobre la
práctica juegan un rol de gran importancia en la transformación de los roles, las identidades
y las prácticas de los propios extensionistas. En particular, se reconoce que se trata de
procesos no lineales, que toman tiempo, y que se apoyan en el vínculo y la
retroalimentación proveniente de pares y de productores.

4. METODOLOGÍA
El presente trabajo se enmarca en un estudio más amplio orientado a comprender de
qué manera extensionistas rurales y asesores técnicos aprenden en diferentes contextos a
llevar adelante su labor. En particular, en este artículo se analizan y describen los cambios
en los modos en que extensionistas rurales y asesores técnicos comprenden el trabajo de
extensión y su propio rol como resultado de la práctica y la experiencia.
El enfoque adoptado para la investigación fue cualitativo, descriptivo e interpretativo
(Taylor & Bogdan, 1990). Se realizaron un total de 86 entrevistas (68 individuales y
18 grupales) a extensionistas rurales y asesores que trabajan en diferentes instituciones en
seis países latinoamericanos: Argentina, Chile, Cuba, Ecuador, Guatemala y Uruguay.
Las entrevistas se realizaron en 2016 y 2017 en Argentina y en 2017 en el resto de los países.
A nivel metodológico, siguiendo a Christoplos (2010), en este trabajo se utilizan los
conceptos de extensionista rural y de asesor técnico de manera intercambiable como forma
de referirse al conjunto de actividades orientadas a ofrecer información, apoyo y
asesoramiento a agricultores y a otros actores de los sistemas agroalimentarios o
vinculados con el desarrollo rural. En lo que resta del artículo, a fin de no resultar repetitivo,
se utilizarán ambas expresiones de manera intercambiable, aunque priorizándose la
referencia ‘extensión rural’.
En total se entrevistó a 133 extensionistas. En cada país se realizaron 15 entrevistas
(entre dos y cuatro grupales, el resto individuales), con la única excepción de Cuba, donde se
realizaron 11 (ocho individuales y tres grupales). Los países fueron seleccionados por
conveniencia, a partir del vínculo del autor con instituciones locales de extensión o con
investigadores locales.
En los países incluidos en el estudio que cuentan con sistemas de extensión públicos de
alcance nacional, se optó por entrevistar a quienes trabajan en los Ministerios de Agricultura
o sus equivalentes (Argentina: Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria [INTA] y

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Subsecretaría de Agricultura Familiar [SsAF]; Chile: Programa de Desarrollo Local


[PRODESAL] del Instituto de Desarrollo Agropecuario [INDAP]; Ecuador: Ministerio de
Agricultura y Ganadería [MAGA]; Guatemala: Ministerio de Agricultura, Ganadería y
Alimentación [MAGA]). En Cuba se entrevistó a extensionistas y asesores de productores
que trabajan en diferentes instituciones, como ser municipios, institutos de investigación o
unidades de producción de carácter estatal o cooperativo. En Uruguay se contactó a
asesores independientes, a técnicos de la Cooperativa Agraria Nacional (COPAGRAN) y a
extensionistas que trabajan en diferentes instituciones públicas vinculadas con la
producción agropecuaria y el desarrollo rural.
Los territorios donde se tomaron las entrevistas en cada país fueron: provincia de
Corrientes (Argentina), Región Metropolitana (Chile), provincia de Granma (Cuba), provincia
de Cotopaxi (Ecuador), departamentos de Chiquimula y Zacapa (Guatemala) y
departamentos de Paysandú y Salto (Uruguay). La edad media de los entrevistados fue de
42 años, el 35% de los cuales fueron mujeres. La experiencia media como extensionistas
varió entre 6 años (Ecuador) y 18 años (Cuba), con una media general de 12 años y medio.
La mayoría posee título en el ámbito de las ciencias agropecuarias, con solo el 5% de los
entrevistados con título universitario en ciencias sociales.
Las entrevistas fueron semiestructuradas y se realizaron a partir de un protocolo
común, que incluyó múltiples preguntas relativas al aprendizaje de los extensionistas
rurales y a los procesos cognitivos y reflexivos relacionados. No obstante, este protocolo se
utilizó de manera flexible teniendo en cuenta las respuestas de los entrevistados y los
contextos institucionales y materiales de su práctica (Díaz-Bravo et al., 2013), algo
particularmente importante teniendo en cuenta la diversidad de países e instituciones
involucradas. Todas las entrevistas fueron grabadas y transcriptas de manera literal.
Se obtuvo en todos los casos consentimiento informado para la grabación y para la
participación en la investigación. La mayor parte de las entrevistas estuvieron a cargo del
autor del artículo. En Chile y Ecuador se contó con el apoyo de investigadores locales que
realizaron la mitad de las entrevistas correspondientes a ambos países. Todas las
entrevistas realizadas en Cuba estuvieron a cargo de una investigadora del país.
El análisis fue realizado con el apoyo del software [Link] para análisis cualitativo.
El primer paso consistió en la identificación de todos aquellos fragmentos de las entrevistas
en los cuales se hacía referencia a cambios en los enfoques de extensión o en el rol del
extensionista rural. A partir de esto, se realizó una lectura minuciosa de todos ellos, lo que
permitió construir un listado de categorías para ordenar el material textual. Estas categorías
corresponden a dos grandes grupos, uno relativo a las causas de los cambios en los
enfoques y en la concepción del rol, y otro, el más significativo cuantitativamente, relativo a
los cambios en sí mismos. En los siguientes apartados se presenta una descripción
ordenada e integrada de estas diferentes categorías, a fin de evidenciar los cambios en los
enfoques de extensión y en la percepción del propio rol como extensionistas de los
entrevistados.
A los fines de presentar evidencia de los resultados obtenidos, se incluyen citas
textuales. Para explicitar el origen de cada cita se utiliza el siguiente código luego de cada
cita: H=hombre; M=mujer; Argentina=AR; Chile=CH; Cuba=CU; Ecuador=EC; Guatemala=GT;
Uruguay=UY. A esto se agrega un número, que corresponde al número del archivo de la
entrevista en el [Link]. Así, por ejemplo, [Link].50 significa que la entrevistada es una mujer
extensionista de Guatemala, cuyo número interno de entrevista es el 50.

5. RESULTADOS

5.1. Los cambios en los enfoques y en la comprensión el propio rol como constante
La mayor parte de los extensionistas entrevistados reconocen o describen cambios en
sus enfoques de extensión o en su modo de interpretar su rol en comparación con el
momento en que se iniciaron en el trabajo. Solo siete indicaron no haber cambiado su
enfoque o no haberlo hecho de manera significativa. Por ejemplo, cuando se preguntó a

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una entrevistada si había cambiado su forma de ver la extensión rural a lo largo del tiempo,
ella respondió: “yo no, yo sigo igual, yo sigo porque a mí me encantan los animales”
([Link].32). No obstante, aún estos casos de ‘ausencia de cambio’ resultan dudosos, al
observarse que en tres de ellos se describen transformaciones en otros fragmentos de las
entrevistas. En este sentido, un extensionista chileno, que había dicho que su enfoque de
extensión “no cambió mucho, porque yo me crie con mi tío y mi abuelo que son
agricultores” ([Link].77), también señaló casi en el mismo momento que “yo antes estaba
acostumbrado a […] si no eran 20 hectáreas producidas no existía [como productor] […]. Acá
[…] me di cuenta que la gente […] con un gallinero y un patio chiquitito que tenga
150 gallinas, la persona gana plata, ahí cambió mi forma de pensar” ([Link].77). A partir de
esto puede afirmarse que la amplia mayoría de los extensionistas modifica con el paso de
los años sus enfoques y abordajes iniciales.

5.2. Orígenes de los cambios


A partir de las entrevistas se identificaron tres fuentes u orígenes de los cambios en los
enfoques de extensión y en el modo en que los extensionistas comprenden su rol. En orden
creciente de importancia según las entrevistas, estos son: transformaciones de los
contextos, cambios en las instituciones y sus abordajes, y la experiencia y la práctica.
Respecto de los cambios contextuales, uno de los entrevistados destaca que el enfoque
de extensión “va cambiando porque los productores van cambiando […] cambia la forma en
que ellos se plantan en una reunión, la forma en que ellos te plantean las demandas de la
comunidad” ([Link].1). Así, cambios en las demandas de los productores pueden impulsar
cambios en el rol y el enfoque de los extensionistas. Otros señalaron la incidencia de
cambios en la disponibilidad de recursos económicos u operativos (como combustible, por
ejemplo) para llevar adelante el trabajo: “ese enfoque cambió por la necesidad de cambio.
Porque los enfoques convencionales dejaron de funcionar. Sobre todo, cuando me tocó
trabajar en el contexto […] de carencia de insumos, de apoyo político y de todo tipo, de
apoyo materias, de escasez de combustible” ([Link].35). Finalmente, hay quienes señalaron el
impacto de fenómenos climáticos, como ser períodos prolongados de sequía que requieren
cambios en las estrategias de extensión.
Se observa entonces que cambios en el contexto inciden en los modos en que los
extensionistas abordan su trabajo, aun cuando esto no signifique necesariamente cambios
significativos o profundos en la comprensión de su rol. De hecho, queda claro que los
cambios surgen a causa de restricciones o presiones del contexto, no a partir de cambios
internos en los modos de comprender o conceptualizar la tarea que se lleva adelante.
De todas formas, debe tenerse en cuenta que los nuevos contextos pueden impulsar
procesos de aprendizaje y/o de reflexión que lleven a cambios internos duraderos en el
modo de pensar el propio rol, en contraste con lo que serían cambios de enfoque
circunstanciales sostenidos en restricciones externas. Esto puede apreciarse en la siguiente
cita: “uno tiene que cambiar la forma de trabajar debido a los recursos con los que cuenta, a
mí la falta de recursos me enseñó mucho a gestionar, a gestionar y a ser muy pidón”
([Link].54). Como se observa, el nuevo enfoque orientado a la generación de alianzas para
superar la falta de recursos surge como un aprendizaje, que seguramente persistirá en el
repertorio de la entrevistada aun cuando las restricciones presupuestarias del contexto
disminuyan.
Por su parte, otros entrevistados destacaron la incidencia de cambios en los marcos
institucionales como origen de transformaciones significativas en su modo de trabajar como
extensionistas. En general, estos cambios aparecen asociados a casos o situaciones
concretas donde se redefinen los enfoques institucionales (cambios paradigmáticos) o a
reestructuraciones en los proyectos o programas en los que trabajan los entrevistados. En la
investigación se identificaron cuatro ejemplos (en igual número de países) de cambios
significativos en el modo de hacer extensión a partir de cambios institucionales.
Un entrevistado del Instituto Plan Agropecuario de Uruguay señala: “antes del [año]
2000 nosotros trabajábamos como una institución que hacía transferencia tecnológica, y del
2000 para acá hicimos un cambio relativamente importante, que todavía lo estamos

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procesando, en el cual se trabaja sobre la consigna del aprendizaje conjunto con los
productores” ([Link].72). Luego agrega: “para nosotros fue un cambio de paradigma
relativamente brusco, en el cual hubo que cambiar el chip que teníamos puesto todos en la
cabeza, y eso llevó un proceso de años, […] podría decir que llevó 15 años” ([Link].72).
Como se observa en el resto de los casos (con excepción del ecuatoriano donde el foco
está en cambios en la estructura de los proyectos relacionados con una disminución en la
entrega de insumos), se trata de transformaciones profundas de enfoque institucional que
llevan tiempo de consolidación y que requieren cambios concomitantes en el modo de
pensar el rol y la tarea de extensión por parte de quienes se desempeñan como
extensionistas. Esto hace que las instituciones propongan estos cambios en paralelo con
procesos de capacitación y de reflexión en relación a los nuevos enfoques: “cuando se
incorporó esta nueva visión […] fuimos adquiriendo nuevos conocimientos y herramientas a
través de la capacitación” ([Link].1), “empezó un proceso en nuestro instituto […] de reflexión
sobre lo que es la extensión […] y así caemos en el paradigma participativo” ([Link].35).
En resumen, se observa que los cambios institucionales en los enfoques de extensión
pueden operar simplemente a partir de incidir en los recursos que se asignan
circunstancialmente a diferentes proyectos y programas. No obstante, la mayoría de los
casos se relacionan con cambios en los paradigmas de extensión que utilizan las
instituciones, lo cual requiere de transformaciones profundas en las creencias y visiones de
los propios extensionistas. En este estudio, dichos cambios han sido impulsados a partir de
procesos de capacitación y reflexión.
A fin de comprender mejor cómo inciden los cambios de enfoque institucional en los
enfoques y prácticas de los extensionistas, resulta interesante analizar qué fue lo que
impulsó dichos cambios en las instituciones. En primer lugar, las entrevistas muestran el rol
clave que pueden jugar los propios actores de las instituciones y sus autoridades en el
impulso de nuevos enfoques de extensión: “estuve a cargo de la coordinación […] fuimos
avanzando en cambiar un poco el enfoque” ([Link].1), “empezó un proceso en nuestro
instituto [...] de reflexión sobre lo que es la extensión […], y así caemos en el paradigma
participativo” ([Link].35). Así, se observa la capacidad de agencia de los propios integrantes
de las instituciones como fuente de las transformaciones en los enfoques institucionales de
extensión.
Ahora bien, pese a lo anterior, también es necesario reconocer que estas
transformaciones se dieron en una línea específica, consistente con los cambios en los
modelos conceptuales utilizados para pensar la extensión y el desarrollo rural a nivel
internacional, lo que hace pensar en la incidencia de dichos modelos en los enfoques
institucionales. Así, los cambios descriptos en la cita Argentina se orientan hacia el
desarrollo territorial, en Cuba se menciona una reorientación hacia metodologías
participativas y en Uruguay se plantea un alejamiento del paradigma de transferencia
tecnológica. Por último, si bien no fue explicitado en las entrevistas, también debe
considerarse la incidencia de cambios a nivel de autoridades nacionales de cada país, las
cuales definen las orientaciones generales que van a dar forma a las políticas públicas de
extensión, marcadas según diferentes ideologías.
Ahora bien, más allá de la incidencia de los cambios en los contextos y en los enfoques
institucionales, hay que tener presente que los extensionistas señalan a la experiencia y la
práctica como origen principal de transformaciones en sus enfoques de trabajo y en la
comprensión de su rol. La siguiente cita sirve de ejemplo: “al principio […] uno desconoce
muchas cosas […] uno como que va madurando más sus conocimientos […] ya el enfoque
de uno va cambiando. Al inicio uno quizás lleva los principios básicos de la universidad, y
muchas veces no están acorde a la realidad de las comunidades rurales” ([Link].51). En el
siguiente fragmento el proceso de repensar el rol se observa de manera más impactante:
“Ideológicamente fue cambiando […] para mí fue muy fuerte. Las organizaciones me
enseñaron a ser menos soberbia, desde el saber profesional” ([Link].11). Como en muchas
otras citas, aquí se observa un proceso de reelaboración y ajuste del modo de enfocar el
trabajo, a partir de poner en cuestión supuestos y creencias previas, lo que lleva a nuevos
abordajes y a nuevas formas de plantearse el rol y la relación con los productores.

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Cambios en la comprensión del propio rol de extensionista a partir de la experiencia: un estudio latinoamericano

5.3. Cambios en los enfoques de extensión y en la comprensión del rol del extensionista
basados en la práctica y la experiencia
Existen diferentes cambios en los enfoques de extensión y en la forma de comprender
el rol del extensionista que se identificaron en esta investigación como consecuencia de la
práctica y la experiencia. En cualquier caso, debe tenerse presente que la experiencia no es
ajena a los cambios en el contexto y en las instituciones, ya que estos últimos son los que
dan forma a los escenarios donde se llevan adelante las prácticas. A continuación, se
describen los cambios más significativos.

5.3.1 Ampliación y complejización del campo de acción


En numerosas entrevistas los extensionistas destacaron que cuando finalizaron su
formación de grado tenían una mirada exclusivamente técnico-productiva de su labor:
“cuando egresamos [nuestra misión] era […] planificar la cuestión productiva, abstraído de
lo social […] ‘yo tengo que producir más’” ([Link].14). Sin embargo, en 17 entrevistas
(fundamentalmente de Argentina y Uruguay) se describieron procesos que llevaron a
ampliar la visión tanto de las áreas de acción del extensionista como de las variables a tener
en cuenta para una labor exitosa. En este sentido, diferentes entrevistados señalaron la
necesidad de que la extensión preste atención no solo a lo productivo sino también a
problemáticas asociadas, como ser la comercialización y la industrialización: “[hay que]
tratar de cerrar toda la cadena, que es la comercialización, la industrialización” ([Link].19).
En paralelo, numerosos entrevistados señalaron que el trabajo de extensión incluye
múltiples dimensiones de índole social. Así, por un lado, se reconoce que la extensión se
apoya en procesos de educación y formación que exceden lo propiamente productivo, por
lo que se necesitan extensionistas con capacidad pedagógica. Al mismo tiempo, la
experiencia hace evidente que un buen trabajo de extensión necesita apoyarse en la
construcción de un buen vínculo con los productores, a partir sentarse, escucharlos y
conversar con ellos: “primero hablar con los productores, conocerlos, saber un poco de
ellos” ([Link].62).
En la misma línea, diferentes entrevistados destacaron que, para hacer un buen
diagnóstico de una situación o problemática, así como para dar recomendaciones
apropiadas, hay que tener en cuenta a la familia, sus características y sus dinámicas: “me he
volcado hacia el diagnóstico a nivel integral, sistémico, de toda la realidad de una familia, y la
mirada es hacia la familia, varón, mujer, mujer, varón” ([Link].63). En definitiva, hay una
percepción de que el trabajo de extensión posee un fuerte componente social que involucra
desde el relacionamiento interpersonal y las dinámicas familiares hasta las condiciones de
vida de las personas. Claro está, esto no significa que se plantee que el trabajo de extensión
y de asesoramiento técnico tenga que plantearse siempre en estos términos, pero sí que en
gran parte de las situaciones el no hacerlo va a llevar a dar respuestas inadecuadas a los
productores.

5.3.2. Pérdida de la soberbia intelectual y reconocimiento de las limitaciones del


conocimiento propio
Numerosos extensionistas comentaron que la experiencia les permitió tomar
conciencia de las limitaciones de sus propios conocimientos y propuestas técnicas
(en 11 entrevistas), y que con el tiempo fueron reconocimiento progresivamente el valor de
los saberes de los productores (12 entrevistas) (mayormente de Argentina, Guatemala y
Uruguay). En este sentido, algunos señalaron que: “uno cree que lleva toda la tecnología y
lleva toda la solución a los problemas [sin embargo] cuando se da cuenta en el campo, no es
tan fácil llegar e implementar lo que uno lleva” ([Link].59). Esto lo aclara otro extensionista al
argumentar que: “al inicio uno quizá lleva ya los principios básicos de la universidad, y
muchas veces no están acorde a la realidad de las comunidades rurales” ([Link].51).
Así, numerosos entrevistados reconocen que el conocimiento aprendido en las
universidades e institutos de formación posee limitaciones para ser aplicado de manera
directa en los contextos de práctica en los que se desenvuelven. Más aún, admiten que sus

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propios conocimientos son limitados: “desde el inicio pensamos que lo sabíamos todo, que
nos enseñaron en la universidad, y cuando llegamos al campo nos dimos cuenta que faltó
muchos conocimientos” ([Link].28).
En paralelo al reconocimiento de la limitación de los conocimientos propios, se observa
una progresiva valorización de los saberes de los productores. Uno de los entrevistados
señala: “los productores tienen muchísimo conocimiento desarrollado sobre la base de su
experiencia, en el campo, en el trabajo” ([Link].72). Por esta razón, ellos proponen que:
“hay que aprender más de la gente” ([Link].61). Ante esta situación, uno podría asumir que
esta conciencia no es algo que se genera como parte de la experiencia, sino que es algo que
forma parte del bagaje previo de quienes empiezan a trabajar como extensionistas.
Sin embargo, cuando se preguntó esto las respuestas fueron claras, explicándose que uno
realmente toma conciencia del valor del conocimiento de los productores con el tiempo:
“llegué [a esta conclusión] en el transcurso del tiempo, el momento exacto no sabría”
([Link].9).
En 11 entrevistas, distribuidas en los distintos países, el reconocimiento de las
limitaciones de los propios conocimientos, sumado a la valorización de los saberes de los
otros, llevó a describir un cambio a nivel actitudinal en el vínculo con los productores.
Se trata del pasaje de una posición intelectual soberbia en la cual se desconocían las
limitaciones de los propios conocimientos y se negaba el valor del conocimiento empírico de
los productores, a una actitud personal mucho más humilde y realista. Una de las
entrevistadas explica: “es que uno llega... como de la universidad… como que uno se las
sabe todas […] entonces como que uno se hace más humilde” ([Link].78). En la misma línea,
otro extensionista señala: “uno tiene que ser un amigo más del productor, no el ingeniero,
‘yo soy el más...’ […] son las cosas que he aprendido […] lo tan humilde que yo puedo ser con
ellos” ([Link].16).

5.3.3. Reconocimiento del productor como sujeto con independencia y autodeterminación


En un total de 27 entrevistas (la mayoría de ellas de Argentina y Uruguay), los
entrevistados explicaron haber aprendido (o tomado verdadera conciencia) de que los
productores poseen una forma de pensar, una lógica y unos objetivos propios que no se
identifican con la lógica a partir de la cual piensan los extensionistas. De esta forma, se
reconoce al productor como sujeto con independencia y autodeterminación, lo que lleva a
ubicarlo en un rol estructurante y en el lugar central del proceso de extensión. Así, la
extensión deja de tener que ver primariamente con la producción para tener que ver con el
productor, sus intereses y sus decisiones.
En primer lugar, numerosos entrevistados destacaron que el extensionista puede dar
recomendaciones y hacer diferentes propuestas a los productores, pero que, si ellos no
acuerdan o no están interesados con lo que se les propone, entonces la iniciativa no va a
salir adelante. Uno de los entrevistados explica: “podés darle todas las propagandas que
quieras, o podés hacer todo lo que quieras [pero] si la otra parte no está de acuerdo, eso no
tiene vida” ([Link].3).
En esta línea, diferentes extensionistas agregan que los productores escuchan, pero sin
tomar como ‘palabra santa’ lo que se les dice, y que si por alguna razón es posible llevar
adelante una iniciativa con la que los productores no acuerdan (por ejemplo, como
obligación para recibir algún subsidio), lo más probable es que ésta termine fracasando.
Los entrevistados identificaron dos factores que les ayudan a explicar por qué los
productores muchas veces toman decisiones por fuera de lo que parece lógico al
extensionista. Por un lado, reconocen que los conocimientos, las experiencias y la cultura de
los productores constituyen una fuente de sabiduría que los guía en su práctica. Y por el
otro, destacan que ellos tienen razones, objetivos y puntos de vista propios, que no se
identifican con el modo de pensar del técnico, y que deben ser comprendidos y valorados.
Esto puede observarse en la siguiente cita: “el otro [el productor] también tiene un montón
de saberes, tiene su vida y circunstancias y problemáticas, y uno [tiene que] ubicarse en su
lugar” ([Link].9). De esta forma, la comunicación interpersonal adquiere un rol fundamental:

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“esa misma comunicación es la que a nosotros nos sirve como para entender los
conocimientos de ellos y que ellos también nos puedan entender a nosotros” ([Link].76).
Es a partir de esto que uno de los entrevistados describe al trabajo de extensión rural
como “una interrelación humana” ([Link].63). En este marco, numerosos extensionistas
plantean que el escuchar a los productores y el establecer una relación de confianza con
ellos constituye un componente central de la tarea de extensión, algo que llamativamente
no formaba parte de sus expectativas y objetivos iniciales como extensionistas: “hay un
tema humano de por medio. Entonces, de partida aprendes a relacionarte con
180 personalidades diferentes. […] acá uno tiene que usar una psicología increíble. Y lo
primero que tienes que hacer, antes de pensar en dar ninguna indicación, es ganarte la
confianza del agricultor” ([Link].89). De esta forma, la capacidad de escuchar y de generar
relaciones interpersonales de confianza se convierte en un valor, al igual que desarrollar
una forma de hablar o un vocabulario acorde con la forma de hablar de los productores: “al
principio cuando yo llegué al trabajo, no le hablaba simple a las personas, […] ahí yo cambié
mi chip, ahí me puse menos universitaria y me puse más acorde, más simple” ([Link].85).

5.3.4. De la transferencia de recetas a la negociación y a la construcción de acuerdos


En el subtítulo previo se afirmó que un cambio central en el modo de pensar el trabajo
de extensión de los entrevistados se relaciona con el reconocimiento del rol central que
juegan los objetivos, las prioridades y la toma de decisiones de los productores en el modo
en que éstos responden a las recomendaciones y propuestas de los extensionistas. A partir
de esto, en 16 entrevistas (también mayoritariamente de Argentina y Uruguay) se describió
el pasaje de un abordaje centrado en decirles a los productos qué es lo que tienen que
hacer (a partir de transferirles recomendaciones y prácticas ‘correctas’) a uno caracterizado
por el diálogo y la construcción de acuerdos desde una perspectiva horizontal.
En primer lugar, diversos entrevistados señalaron que su intención inicial (relacionada
con el momento de ‘salir de la universidad’) era simplemente decirles a los productores lo
que tenían que hacer. Un extensionista lo comenta: “antes era mucho más lineal, por lo
menos cuando salimos de la facultad, era ‘tenemos que ir con los productores, decirle
cuánto tienen que aplicar, cómo se cura, cómo se hace esto, lo otro’” ([Link].10). Otro
entrevistado lo explica a nivel conceptual “uno queda anclado en los métodos tradicionales
del extensionismo […] ese modelo lineal lo traemos nosotros muy fuertemente arraigado.
El cambio de actitud es asumir […] que el proceso de extensión debe ser más horizontal”
([Link].35). A partir de su experiencia, diferentes entrevistados concluyen que el
extensionista no debe buscar transferir o imponer su punto de vista a los productores:
“tampoco puedes llegar a un grupo de personas y como obligar que apliquen” ([Link].28),
“no lográs nada” ([Link].4), “no [hay que] imponer cosas” ([Link].10).
A partir de esto, múltiples entrevistados proponen una estrategia de trabajo distinta,
que contrasta con sus impulsos iniciales y que surge de su experiencia. Así, en primer lugar,
destacan la necesidad de tomar como base los intereses y preferencias de los productores
para, a partir de ellos, poder hacer propuestas y recomendaciones que las tengan en
cuenta. Una extensionista describe este cambio desde su experiencia: “creo que el gran
cambio […] [fue poner] primero el factor humano, primero hablar con los productores,
conocerlos, saber un poco de ellos, qué es lo que quieren, cuáles son sus objetivos y en base
a eso trabajar” ([Link].62).
A la vez, por otro lado, diferentes entrevistados también destacan que es necesario
negociar y generar acuerdos con los productores, incluyendo las experiencias,
conocimientos y puntos de vista de ambos: “podemos empezar a compartir puntos de vista
y modificar algo, pero no es todo como yo digo” ([Link].5). Incluso, es a partir de este diálogo
técnico-productor que se generan espacios para que los productores puedan pensar o
readaptar propuestas técnicas, haciéndolas más acordes a su realidad y contexto, lo que
aumenta su aplicabilidad.
En cualquier caso, debe tenerse presente que no todos los entrevistados comparten la
misma forma de pensar, y en diferentes oportunidades se observa la persistencia de
enfoques de extensión rural que ponen el énfasis en la persuasión de los productores para

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Cambios en la comprensión del propio rol de extensionista a partir de la experiencia: un estudio latinoamericano

la adopción tecnológica, particularmente en Cuba y Ecuador. Así, por ejemplo, un


profesional ecuatoriano plantea que “hay que ganarse al productor, tú vienes con un
pensamiento diferente y [hay que] tratar de cambiarlos a ellos en sus formas de cultivar,
porque a veces son tradicionalistas” ([Link].30). De la misma forma, un extensionista cubano
argumenta que “es un trabajo bastante complejo […] porque todo el mundo piensa
diferente […] y todos no tienen el mismo pensamiento, el mismo nivel cultural, y entonces
hay que convencerlos” ([Link].39).
En resumen, los datos muestran que la amplia mayoría de los extensionistas parte de
un enfoque de extensión cercano al difusionismo cuando se inician. A partir de allí, un
porcentaje significativo lo va transformando progresivamente en línea con una propuesta
más horizontal y dialógica a partir del aprendizaje derivado de su experiencia, aun cuando
esto no suceda en todos los casos.

5.3.5. Realismo y desidealización


En 12 entrevistas (fundamentalmente de Argentina y Uruguay) los extensionistas
señalaron que la experiencia les permitió ser más realistas en relación al contenido y a lo
que puede ser alcanzado por medio del trabajo de extensión. Incluso, en algunos casos
puede observarse cierta desidealización, tanto de los productores como del propio trabajo.
Varios entrevistados destacaron que los cambios que se pueden generar a partir del
trabajo de extensión son más lentos de que ellos pensaban al inicio. Un entrevistado lo
explica diciendo: “vos ves que los cambios se van dando mucho más lento de lo que uno por
ahí cree que se puedan dar” ([Link].4), por lo que “hay que ir más despacio” ([Link].73).
En paralelo, otros entrevistados comparten su experiencia de que los cambios que se
generan con el trabajo de extensión no son tan importantes o significativos como lo
imaginaban en un principio: “cuando me recibí salíamos a hacer la revolución y a cambiar el
mundo, y ahora, si logro cambiar la realidad de un tipo, quedo contentísimo” ([Link].67).
Este realismo, derivado de la experiencia, también alcanza a la situación productiva de
los agricultores, en particular a la dotación de capital y a los recursos disponibles. Si bien
esta idea no es tan directa como las anteriores, hace referencia a la toma de conciencia de
que los productores no cuentan con recursos para implementar gran parte de los esquemas
productivos aprendidos en las universidades o considerados ‘de punta’. Esto podría
expresarse diciendo que la experiencia permite tomar conciencia de que las alternativas
productivas aprendidas no son viables para la mayoría de los productores. Y esto, incluso,
“aun en productores grandes” ([Link].73). Un técnico guatemalteco lo plantea desde su
experiencia: “estaba acostumbrado a producir en cantidades, con tecnologías avanzadas
como fertilizantes y productos innovadores, ahora [que soy extensionista] tengo que aplicar
tecnología en la producción con materiales que se encuentran en el área para poder
producir” ([Link].55).
Finalmente, este realismo también incluye un proceso de desidealización de los
productores y de la comunidad, que puede tener diferentes dimensiones. En este sentido,
en las entrevistas se comentan experiencias en las que se tomó conciencia de que los
productores no siempre son solidarios ni se comprometen con sus pares en el marco de
cooperativas o procesos comunitarios, que suelen armar un discurso para decirle a las
instituciones lo que éstas quieren oír para conseguir recursos, o incluso que no siempre se
comprometen con iniciativas o procesos que los pueden beneficiar. Como ejemplo puede
citarse el caso de un extensionista que, no sin cierto pesar, dice que hay que “ser más
selectivo por ejemplo con la gente [que se incorpora a un proyecto], porque hay gente que
no tiene ganas de hacer [es decir, trabajar o comprometerse]” ([Link].3). En la misma línea,
otro entrevistado plantea “tú llegas con harta [mucha] ilusión a esta pega [trabajo] […] pero
al final muchas veces la gente le desilusiona, […] te esforzaste, y la tiraste para arriba, y
después te pega la media desconocida” [Link].90.

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5.3.6. Trabajo de extensión y su impacto emocional


En 18 entrevistas (fundamentalmente de Guatemala, Chile, Ecuador y Uruguay), los
participantes hicieron referencia a emociones y sentimientos personales vinculados con el
trabajo de extensión y la experiencia de ser extensionistas. Si bien el impacto emocional del
trabajo de extensión no puede ser considerado en sí como un cambio en el enfoque de
trabajo o en el modo de comprender el propio rol, en este estudio fue posible percibir
cambios derivados de dichos impactos emocionales.
En el marco de las entrevistas se pudieron identificar tres situaciones que suelen
impactar (muchas veces de manera profunda) en las emociones de los extensionistas.
En primer lugar, diferentes entrevistados explicaron que su trabajo los llevó a conocer a
productores que se encuentran en condiciones de vida difíciles, que deben hacer grandes
esfuerzos para vivir, incluyendo situaciones graves de pobreza. En este contexto, algunos
comentan que esto los llevó a tener conciencia de una realidad que no tenían presente o
que les resultaba ajena, a valorar más y a sentirse agradecidos por las cosas que tenían, o
incluso a sentir angustia o tristeza por la situación de necesidad y vulnerabilidad de las
personas con las que trabajaban. Esto puede apreciarse en las palabras de uno de los
entrevistados: “la gente de la montaña llega a trabajar conmigo y uno no sabía ni cómo
viven […] en cambio uno ya que sube ahí, que mira cómo son sus condiciones y todo, ya uno
los comprende más […] llego a unas comunidades que me vengo triste por cómo están”
([Link].56).
Otro de los sentimientos generados en el vínculo con los productores es el enojo o el
sentirse defraudados, a causa de diferentes situaciones, fundamentalmente desconocer los
esfuerzos hechos por los extensionistas para apoyarlos o no aprovechar (por aparente
negligencia o mala voluntad) oportunidades que se les ofrecen. Una extensionista comenta:
“en otra etapa uno quería estar […] como liderando el proceso [en el trabajo con grupos o
asociaciones] […], y uno se re calentaba con los conflictos, te agarrabas desde preocupación
hasta amargura […] y te quemabas mucho” ([Link].74). Al mismo tiempo, algunos
entrevistados también comentan que trabajando se generan fuertes vínculos afectivos con
los productores, que llevan a la construcción de relaciones de compañerismo y amistad:
“se va formando amistades, y prácticamente nuestros productores forman parte ya de
nuestra familia” ([Link].28).
De esta manera, se observa que el trabajo de extensión compromete emocionalmente
al propio extensionista, al facilitar el surgimiento de sentimientos que inicialmente no se
esperaba experimentar. En este marco, pudieron identificarse dos procesos diferenciados
que incidieron en el modo de comprender y vivir el propio rol de extensionista. Por un lado,
lo más frecuente es dejar de considerar a la labor de extensión como un simple trabajo para
pasar a vivirlo como una suerte de compromiso, lo que va de la mano con experimentar
satisfacción cuando los productores obtienen resultados y mejoran sus condiciones de vida:
“tengo una foto que llega un niño con unos rábanos […] esta pobre gente es feliz con un
rábano, entonces a mí me gusta hacer feliz a la gente de ahí, entonces le pongo más amor a
esto, más ganas […] entonces yo miro ahí la extensión como algo que uno siente en las
venas” ([Link].46), “cuando tú ves que en medio de tu trabajo formas personas que te lo
agradecen, que tienen resultados, que mejoran sus vidas, te sientes como algo tuyo”
([Link].31).
En contrapartida, también hay extensionistas que, a partir del surgimiento de
sentimientos como tristeza o enojo, plantean la necesidad de tomar distancia emocional
para no sufrir, a partir de considerar a la extensión como un simple trabajo “antes me comía
la cabeza tratando de que [los productores] pudieran avanzar. Hoy trato de separar. Antes
me involucraba demasiado con la gente […] porque donde me empiezo a involucrar... […]
empiezo a sufrir con ellos” ([Link].64), “en mis primeros años llegaba con la pena en la casa, y
traspasaba eso a mi casa […] entonces llegó un momento que […] tú dices ‘este es un trabajo
[…] y yo tengo un horario y tienen que respetar mi privacidad’” ([Link].82).

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Cambios en la comprensión del propio rol de extensionista a partir de la experiencia: un estudio latinoamericano

6. DISCUSIÓN

6.1. Análisis de resultados


El estudio realizado permitió evidenciar que una amplia mayoría de los extensionistas
rurales y asesores técnicos modifican la forma de enfocar su trabajo y de comprender su rol
a lo largo del tiempo en su trayectoria profesional, fundamentalmente como resultado de la
práctica y la experiencia. Este resultado discute posturas que tienden a describir estos
enfoques de manera cristalizada, desconociendo que éstos se van transformando a lo largo
del tiempo. En contraste, los resultados apoyan la afirmación de que se requiere tiempo
para generar cambios significativos en los enfoques y en los modos en que los
extensionistas comprenden su rol (Minh et al., 2010; Chowdhury et al., 2014). Como se
señaló en la introducción, no pueden esperarse cambios significativos a partir de
intervenciones puntuales.
Como parte de la investigación, se identificaron tres fuentes posibles de cambios en los
enfoques de los extensionistas y en la comprensión de su rol: nuevas demandas o desafíos
del contexto, cambios institucionales, y la práctica y la experiencia. No obstante, el análisis
también contribuyó a diferenciar entre cambios en el modo de hacer extensión que se dan
como resultado de restricciones externas o transformaciones en los entornos (por ejemplo,
falta de vehículo para trasladarse o la institucionalización de un nuevo programa que exige
nuevas prácticas), y cambios que expresan un convencimiento personal e interno de los
propios extensionistas.
Los resultados muestran que cambios en el contexto y en las propuestas institucionales
pueden influir en el modo subjetivo de pensar la extensión que tienen los extensionistas
tanto a partir de estrategias formativas (talleres y capacitaciones) como de generar nuevos
espacios de práctica y experiencia. En general, la bibliografía académica parece hacer
focalizado en la capacidad transformadora de capacitaciones o talleres en los enfoques de
los extensionistas (e.g. Landini & Brites, 2018; Nettle et al., 2018), quedando invisibilizado el
rol del contexto y de las instituciones en la apertura de nuevos campos de experiencia o
escenarios de práctica. Por ejemplo, la decisión del MAGA en Guatemala de trabajar con
amplios sectores de población en situación de desnutrición indudablemente va a generar un
impacto en el modo en que los extensionistas viven afectivamente su propio rol y se
relacionan con su trabajo. De esto se sigue que las instituciones de extensión pueden
impulsar ciertos aprendizajes y ciertos cambios en los enfoques de sus extensionistas a
partir de facilitar o limitar ciertas experiencias. Incluso, dentro de este esquema, podría
pensarse que las capacitaciones o talleres formativos pueden ocupar el rol de espacios
catalizadores de cambios que se basan en la consolidación de la experiencia de los
participantes y se apoyan en el intercambio entre pares (véase Landini et al., 2017)
Se identificaron una serie de cambios frecuentes en los enfoques de extensión y en las
formas de comprender el rol de extensionistas entre los entrevistados. El primero
mencionado fue el pasaje de una visión de la extensión limitada a aspectos y procesos
exclusivamente técnico-productivos, a una perspectiva más amplia que incluye otras áreas
de interés como lo comercial, lo organizativo y lo agroindustrial, que visibiliza la dimensión
pedagógica del rol extensionista y que reconoce la necesidad de incluir variables sociales y
familiares en los diagnósticos. Este resultado va en línea con diferentes autores que
plantean que los profesionales de las ciencias agropecuarias suelen tener una visión
reducida de los agroecosistemas, lo que limita su comprensión de relaciones sistemáticas
complejas (Salomonsson et al., 2009; Sarandón & Flores, 2014), y con aquellos trabajos que
destacan la amplitud, complejidad y diversidad del rol de extensionista (Sulaiman & Davis,
2012). Al mismo tiempo, este resultado pone en cuestión el amplio predominio de
extensionistas con formación en ciencias agropecuarias y la escasa presencia de
profesionales formados en ciencias sociales (Landini & Bianqui, 2014), y hace cada vez más
evidente la necesidad de que el trabajo de extensión sea llevado adelante por equipos
interdisciplinarios (Catullo et al., 2014).
El segundo eje corresponde a un cambio en el enfoque de extensión propiamente
dicho, desde una visión difusionista, orientada a la transferencia de tecnologías, a una

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Cambios en la comprensión del propio rol de extensionista a partir de la experiencia: un estudio latinoamericano

caracterizada por procesos de diálogo y negociación donde se reconoce el papel central que
juegan los objetivos y prioridades de los productores. Este resultado es consistente con el
trabajo realizado por Landini et al. (2013) en Paraguay, quienes concluyeron que la
orientación difusionista de los extensionistas disminuye con la edad y la experiencia, y con
las capacitaciones descriptas por Landini & Brites (2018) y por Nettle et al. (2018), quienes
identificaron cambios similares como resultado de procesos formativos. En términos
conceptuales, este cambio también coincide con las transformaciones históricas acontecidas
en los modelos de extensión e innovación rural a nivel internacional (Leeuwis & Aarts, 2011),
y con las críticas recibidas en América Latina por los enfoques lineales o difusionistas, todo
lo que ha llevado al reconocimiento de la necesidad de implementar metodologías de
extensión constructivistas centradas en el diálogo, la facilitación y la construcción de
consensos (Machado et al., 2006).
Este estudio también muestra que el cambio a nivel subjetivo de un enfoque a otro se
apoya en la experiencia de que los productores no aceptan de manera directa o irreflexiva
lo que se les propone, lo que hace visible a los extensionistas que los productores poseen
una perspectiva o una forma de ver los problemas diferente a la que tienen ellos. A partir de
esta investigación se reconoce que es fundamental que el vínculo de extensión sea
horizontal, entendido como una relación donde no existen jerarquías, pero que no sea
percibido como un vínculo entre iguales, ya que esto invita a invisibilizar las diferencias que
existen entre ambos. En efecto, los resultados invitan a pensar el vínculo entre
extensionistas y productores como un uno entre ‘diferentes’, es decir, como un vínculo que
se encuentra organizado y estructurado a partir del hecho de que sus participantes
poseen conocimientos, valores y objetivos diferentes. De esta forma, el concepto de
interfaz social, entendido como espacio donde se articulan actores con diferentes
conocimientos, intereses y poder (Long, 2007) aparece como particularmente propicio
para pensar el vínculo técnico-productor (Landini, 2016a).
Otro de los cambios identificados en este estudio en los enfoques de los extensionistas
como consecuencia de la práctica y la experiencia es un mayor realismo relativo a lo que
puede o no ser alcanzado con el trabajo de extensión y la pérdida de la visión idealizada que
algunos traían de los productores. En general, este resultado no parece haber sido
reportado por otros autores. En particular, esto evidencia la importancia que tiene moderar
las expectativas de los extensionistas en momentos iniciales de práctica, tanto en instancias
de formación como en espacios de socialización institucional.
Diferentes procesos analizados vinculados con cambios en los enfoques de extensión
se encuentran relacionados con las identidades de los extensionistas. En primer lugar, se
observa que el reconocimiento de que la extensión rural es una práctica más amplia y
compleja que lo que inicialmente se preveía, pone en cuestión la identidad de ‘profesionales
técnicos’ de muchos extensionistas. Nettle et al. (2018) señalan que plantearse un nuevo
espacio de acción genera incertidumbre subjetiva y percepción de riesgo. En este caso, es
posible prever cierta tensión entre la aceptación del nuevo rol (con la consiguiente
incertidumbre asociada), y la permanencia dentro de un modelo de práctica técnica,
conocido pero limitado para resolver los desafíos que propone el trabajo cotidiano.
Por su parte, la toma de conciencia de las limitaciones del propio conocimiento, junto
con el reconocimiento del valor de los saberes empíricos de los productores, también tiene
implicancias identitarias. A nivel de autoestima, implica poner en cuestión una fuente de
orgullo personal y profesional, como son los conocimientos y títulos obtenidos en institutos
de formación y universidades. Y a nivel propiamente identitario, implica abandonar el rol de
expertos para adoptar uno más cercano al de facilitador, sin que se perciba contar con
suficientes herramientas para sumirlo plenamente, como observaron Cerf et al. (2011).
Por último, también se observó que el contacto con personas en situación de pobreza,
incluso indigencia, llevó a que varios extensionistas se sintieran agradecidos por lo que
tenían, una autopercepción surgida a partir de poder compararse con otros, un proceso que
ha sido conceptualizado en términos de ‘identidades contrastivas’ (Landini, 2014). Así, puede
concluirse que los cambios en los enfoques de extensión y en la comprensión del rol como
extensionista se encuentran articulados de manera constitutiva con la autoestima y la

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identidad, lo que implica reconocer que cambios a este nivel usualmente impactarán no
solo en los extensionistas como profesionales sino también como personas.
Un segundo argumento que refuerza la afirmación precedente es el reconocimiento de
la dimensión emocional relacionada con la práctica de extensión y, en particular, con el
cambio en los enfoques y la comprensión del rol de extensionista. En un primer sentido, los
resultados evidenciaron que el trabajo de extensión puede llevar a sentir de manera
cercana la situación de necesidad de productores que viven situaciones difíciles, a construir
relaciones de afecto con los agricultores, a sentir enojo y frustración a causa de proyectos
que no se concretan, y a sentir satisfacción cuando las personas salen adelante como
resultado del apoyo recibido. No obstante, las reflexiones en torno al impacto de la práctica
y la experiencia en las identidades de los extensionistas mostraron que las emociones
también están implicadas en otros procesos analizados. En efecto, la ampliación y
complejización del rol del extensionista tiende a generar incertidumbre, mientras que la
pérdida del rol de experto cuestiona una fuente clave de autoestima. Incluso, es claro que
tanto un mayor realismo como la desidealización de los productores van a tender a minar
sentimientos de entusiasmo.
Tanto Cerf et al. (2011) como Nettle et al. (2018) sugirieron la existencia de un vínculo
entre cambios en las prácticas, transformaciones en las identidades y surgimiento de
sentimientos y afectos. En este estudio se observó que el cambio en los enfoques de
extensión y en la comprensión del rol como extensionistas se encuentra atravesada
profundamente por el surgimiento de afectos y emociones, lo que no debe ser invisibilizado.
Esto sugiere que la capacidad para reflexionar y manejar estas emociones es un factor clave
para pasar de un enfoque de difusión lineal de tecnologías a otro más cercano a procesos
de facilitación apoyados en el diálogo.

6.2. Limitaciones y futuras líneas de investigación


En este artículo se estudió de qué manera cambian los enfoques de extensión y la
comprensión del rol de extensionista a partir de la práctica y la experiencia. De esta forma,
se describió y analizó un conjunto de cambios frecuentes, lo que amplió nuestro
conocimiento de la temática. No obstante, debe tenerse presente que no se trata de
cambios que se den ni en todos los extensionistas o por igual en todos los países. Al mismo
tiempo, la investigación tampoco relacionó cambios específicos con cantidad de años de
experiencia en el rol de extensionista o con momentos puntuales de la trayectoria
profesional. Por ejemplo, es posible que algunos cambios en los enfoques de extensión
sean más frecuentes en los años iniciales de práctica, mientras que otros requieran mucha
más experiencia en el cargo.
Nettle et al. (2018) han señalado que el vínculo con pares y la retroalimentación en el
trabajo con productores constituyen un soporte sumamente valioso para impulsar cambios
en las identidades y en el tipo de asesoramiento que ofrecen extensionistas y asesores.
En paralelo, Landini et al. (2017) han destacado el rol central de los espacios de intercambio
con otros extensionistas como motores de procesos de aprendizaje vinculados con la
práctica. En este trabajo se buscó comprender cambios en los enfoques de extensión
apoyados en la práctica y la experiencia de los extensionistas. Sin embargo, no se
profundizó ni en los procesos cognitivos ni en las dinámicas de intercambio entre pares que
acompañan y dan forma a dichos cambios.
Futuros estudios podrían aportar a una comprensión más profunda de los temas
abordados. En primer lugar, investigaciones de base cuantitativa podrían contribuir a
relacionar cambios específicos con momentos de la trayectoria profesional o con ciertas
profesiones, a valorar en términos porcentuales la incidencia de los cambios identificados y
a ponderar diferentes niveles de intensidad de dichos cambios. Por su parte, nuevos
estudios cualitativos podrían ayudar a comprender mejor el proceso de aprendizaje y de
cambio de enfoques de extensión con base en la práctica y la experiencia, identificando
mejor el rol que juegan los propios pares, los productores, y los procesos reflexivos.
Por último, los resultados alcanzados también invitan a profundizar en el estudio del rol de

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la dimensión afectiva y de los procesos identitarios en la adopción de determinados


enfoques de extensión.

7. CONCLUSIONES
El presente trabajo se propuso describir de qué manera se va transformando, a partir
de la práctica y la experiencia personal, el modo en que los extensionistas rurales
comprenden el trabajo de extensión y su propio rol como extensionistas o asesores. A partir
de un estudio cualitativo en el que se entrevistó a extensionistas de diferentes países
latinoamericanos se concluyó que los cambios más frecuentes refieren a:
(1) Ampliación y complejización de lo que se considera el campo de acción de un
extensionista, pasando de un enfoque centrado en lo técnico-productivo a uno que
amplía las áreas de interés y reconoce la necesidad de valorar dinámicas familiares y
sociales al momento de diagnosticar procesos y dar recomendaciones.
(2) Pasaje de un modelo de difusión tecnológica centrado en la perspectiva del
extensionista a uno apoyado en la horizontalidad, el diálogo y la negociación de
perspectivas. Este cambio se apoya en la toma de conciencia de las limitaciones del
conocimiento propio para resolver los desafíos de la práctica y en el reconocimiento de
que los productores tienen objetivos, prioridades y valores diferentes a los de los
extensionistas.
(3) Mayor realismo respecto de los cambios que se pueden alcanzar por medio del trabajo
de extensión y desidealización del productor como persona siempre comprometida,
que busca incesantemente la mejora de las condiciones de vida de su familia, de sus
pares y de su comunidad.
(4) Construcción de un vínculo emocional con el trabajo de extensión, lo que puede llevar
tanto a tomar distancia afectiva del trabajo (para evitar sentimientos de malestar,
tristeza o angustia) como a comprometerse con el trabajo al punto de vivirlo como un
proyecto personal que excede lo laboral.
En paralelo, el análisis de los resultados permitió generar diferentes reflexiones.
En primer lugar, las instituciones de extensión pueden influir en el modo subjetivo en que
los extensionistas comprenden su trabajo a partir de facilitar o limitar espacios de práctica y
metodologías de trabajo, y de generar espacios de formación para extensionistas donde
puedan compartirse experiencias y reflexionar sobre ellas. En segundo lugar, debe
reconocerse que el modo en que los extensionistas comprenden su rol se encuentra
profundamente articulado con dinámicas identitarias y emocionales, por lo que no puede
entenderse únicamente a nivel cognitivo. En este contexto, la capacidad reflexiva y
emocional de los extensionistas se reconoce como un elemento fundamental para permitir
el pasaje de modelos de extensión rural difusionistas hacia propuestas centradas en el
diálogo y la facilitación de aprendizajes. Finalmente, se reconoce la importancia de pensar la
relación entre extensionistas y productores en términos horizontales, pero siempre
teniendo presente que ambos son diferentes y poseen visiones de mundo diferentes.

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submetido em: 21/Maio/2019.


aceito em: 25/Abril/2020
Clasificación JEL: Q16.

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