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Modelo Aperturista Con Hegemonía Financiera

El documento analiza el modelo económico aplicado en Argentina desde 1975 hasta la actualidad, caracterizado por la apertura de mercados y la hegemonía financiera. Aborda temas como el Rodrigazo, el Plan Martínez de Hoz, la crisis fiscal e hiperinflación de los '70s, la globalización, el neoliberalismo, la Convertibilidad y las privatizaciones en la década de 1990, la integración a Mercosur y la crisis de 2001.

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Modelo Aperturista Con Hegemonía Financiera

El documento analiza el modelo económico aplicado en Argentina desde 1975 hasta la actualidad, caracterizado por la apertura de mercados y la hegemonía financiera. Aborda temas como el Rodrigazo, el Plan Martínez de Hoz, la crisis fiscal e hiperinflación de los '70s, la globalización, el neoliberalismo, la Convertibilidad y las privatizaciones en la década de 1990, la integración a Mercosur y la crisis de 2001.

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Instituto Hernando Arias de Saavedra

Análisis de Sistemas de Información

Modelo Aperturista con Hegemonía Financiera (1975


hasta nuestros días)

Alumno Responsable del Trabajo: Cesar, Suarez

Curso: Primero

Materia: Historia Económica y Social

Sede: Posadas

Docente Responsable del espacio: Gurawski, Nadia

Fecha de Entrega: 31 de Octubre de 2022, 00:00

Año: 2022

1
Índice

Titulo……………………………………………………………………………………….1

Índice……………………………………………………………………………………….2

Actividad……………………………………………………………………………….......3

Rodrigazo………..…………...………….………………………………………………....4

Plan Martínez de Hoz…….…………………………….…..


…………………………………………….…...5

Crisis fiscal y Proceso


Hiperinflacionario……………………………………………………………………….....7

Globalización……………....……………………………………………………................9

Neoliberalismo………..………..………………………………………………………….12

Convertibilidad y Privatizaciones……………………………………….……………………………..
…......14

Las Privatizaciones en la Provincia de


Misiones………………………………………………………………………………......15

Integración Económica:
Mercosur………………………………………………………………………………….16

Crisis del 2001……………..……………………………………………………………..18

Bibliografía……………………………………………………………………………….22

2
Actividad

En ésta actividad se solicita, desarrollar los siguientes temas:

1. Rodrigazo. 
2. Plan Martínez de Hoz.
3. Crisis fiscal y proceso hiperinflacionario.
4. Globalización.
5. Neoliberalismo.
6. Convertibilidad y privatizaciones. Las privatizaciones en la provincia de Misiones.
7. Integración económica: Mercosur.
8. La crisis del 2001.

1. Rodrigazo

3
El rodrigazo comprendió una serie de medidas aplicadas por el gobierno con la intención de detener
la espiral inflacionaria sufrida por la sociedad argentina a través de una feroz política de shock, sin
embargo, desencadenaría en una respuesta de rechazo contundente por parte de las agrupaciones
obreras.

Juan Domingo Perón falleció en julio de 1974 mientras estaba ejerciendo su tercera presidencia en
medio de un clima de tensiones políticas y económicas. Tras su muerte, asumió el mando su
vicepresidente y esposa, María Estela Martínez de Perón, conocida como Isabelita.

Al año siguiente, en un contexto de creciente disgregación política del peronismo y de grandes


índices inflacionarios, el Ministro de Economía Celestino Rodrigo propuso un shock de ajuste para
solucionar la crisis. De esta forma, se impulsó una devaluación del 100%, un aumento del precio del
combustible al 175%, un aumento del 75% de las tarifas de los servicios públicos, mientras que el
aumento salarial se congeló en un 40%.

Ante esta situación, el 7 de julio de 1975, la Central General de los Trabajadores (CGT) convocó a
un paro general de 48 horas, el primero que la central sindical le hizo a un gobierno peronista. Así,
luego del paquete de medidas económicas conocidas como Rodrigazo, el Ministro de Economía fue
expulsado de su cargo por presión de las organizaciones obreras.

La situación económica en la Argentina de principios de los 70 era compleja. A la crisis


internacional del petróleo se sumaba una caída del precio de los granos. Asimismo, ante la baja de
las exportaciones y la subida de las importaciones se asistió a un alto grado de déficit fiscal que
repercutió directamente en el poder económico de los asalariados.

A esto se sumaba la crisis de legitimidad que vivía el régimen. Si bien Perón ya se había enemistado
con los sectores juveniles, su muerte y la toma del poder por parte de Isabelita provocaron que el
peronismo se dividiera aún más. Asimismo, las acciones poco políticas de la presidenta operaron en
detrimento de su débil credibilidad.

Por otro lado, para aquel momento, la guerrilla tenía un peso político importante en América Latina.
Es decir que se concebía a la lucha armada como una de las vías para la toma del poder y la
transformación revolucionaria de la sociedad. Como contraposición, en varios países de
Latinoamérica comenzaron a proliferar las dictaduras militares que buscaban eliminar los riesgos de
la “subversión” comunista.

Causas que detonaron el Rodrigazo

Tras la muerte de Perón, la nueva presidenta reemplazó en el Ministerio de Economía a José Ver
Gelbard por Alfredo Gómez Morales. En otras palabras, se pasó de una economía keynesiana en
que el Estado actuaba como interventor a una economía por la cual se liberaron los mercados y se
devaluó la moneda.

4
Es de destacar que, para 1975, la situación económica de Argentina era muy compleja, lo cual se
evidenciaba en un alto nivel de déficit de la balanza de pagos. Si bien Gómez Morales negoció los
salarios frente a la crisis (en algunos casos se otorgaron aumentos del 100%), la gran inflación
igualmente aplastó el poder económico de los asalariados.

En pocos meses hubo un recambio en el Ministerio de Economía, el controvertido López Rega


sugirió a Celestino Rodrigo, quien diagnosticó como principal mal a la inflación. El nuevo ministro
dispuso duplicar el dólar para las transacciones financieras y aumentarlo en un 160% para las
transacciones comerciales como una forma de generar devaluación de la moneda. Además, hubo un
aumento de más del 75% de las tarifas de luz, el boleto de transporte público aumentó su precio en
un 100%, y el combustible se aumentó en un 180%.

Consecuencias de las medidas aplicadas

Ante las medidas impulsadas desde el Ministerio de Economía, se realizaron movilizaciones con
paros. Las negociaciones salariales consiguieron aumentos que fueron del 60 al 200%. Así, la CGT
se movilizó demandando la convalidación de los acuerdos y reclamando la renuncia de Rodrigo y
López Rega.

No obstante, las paritarias se anularon y Rodrigo defendió su plan de compresión del consumo,
reajustes de tarifas y falta de protección a las empresas nacionales. La CGT rechazó la propuesta y
llamó a un paro general para el 7 y 8 de julio. Así, por primera vez, la central sindical hizo un paro a
un gobierno peronista.

Finalmente, se logró la renuncia de Celestino Rodrigo. Esto demostró que el movimiento obrero aún
tenía una cuota importante de poder, incluso cuando la Triple A ya estaba realizando sus
operaciones en contra de la “subversión”.

Por otro lado, es importante tener en cuenta que la movilización provocada tras el “Rodrigazo”
desbordó a las jefaturas sindicales las cuales, para sobrevivir, se debieron colocar en frente de los
reclamos. Esto generó una confrontación con el gobierno que no tenía precedentes.

2. Plan Martínez de Hoz

El ministro de Economía fue el general Joaquín de las Heras, el único militar que ocupó ese cargo
en la historia argentina. Pero no alcanzó a durar una semana. El 29 de marzo fue reemplazado por
Martínez de Hoz, representante de las corporaciones golpistas, quien el 2 de abril anunció su plan
que, no casualmente, había sido elaborado por Ricardo Zinn, quien fuera viceministro de Celestino
Rodrigo e ideólogo del “Rodrigazo”.

Cuando el 2 de abril de 1976 Martínez de Hoz expuso su plan de acción, lo sintetizó en un planteo
en el cual reapareció la lucha antiinflacionaria como un objetivo central. Según señalara los
objetivos centrales eran: “1) Lograr el saneamiento monetario y financiero indispensable, como

5
base para la modernización y expansión del aparato productivo del país, en todos sus sectores, lo
que garantizará un crecimiento no inflacionario de la economía; 2) Acelerar la tasa de crecimiento
económico, 3) Alcanzar una razonable distribución del ingreso, preservando el nivel de los salarios,
en la medida adecuada a la productividad de la economía”.

En el contexto general del discurso se afirmó que la puja por la distribución era la base de los
problemas de la economía argentina. La interpretación clara era que, tal como sucedió, se desataría
una fuerte represión sobre la protesta social y particularmente la sindical.

Martínez de Hoz y el poder corporativo no pudieron ejecutar en plenitud su programa ya que en


algunos aspectos actuaron como moderadores los propios militares genocidas. Tal es el caso del
proyecto de privatizaciones de las empresas públicas, que no pasó por el filtro de las Fuerzas
Armadas en razón de que éstas las tenían como cotos de caza en las que ubicaban a sus parientes,
amantes y amigos. Los directorios de esas empresas estaban conformados por militares que también
desempeñaban cargos gerenciales.

Así fue que Martínez de Hoz debió archivar el tema que pasó para una tercera instancia después del
fallido intento del “Rodrigazo” y de las trabas de los socios uniformados del ministro de Economía
y las corporaciones. Esa tercera instancia fue la del gobierno de Carlos Menem, dos décadas más
tarde.

La primera medida implementada por Martínez de Hoz fue el congelamiento de los salarios por tres
meses, en tanto se eliminaron los controles de precios. Como no podía ser de otra manera, en una
política de ajuste, se devaluó la moneda y, con eso, la capacidad de compra de los asalariados, que
en un lapso brevísimo cayeron un 30%.

Para poder ejecutar esta política se disolvió la CGT, se prohibieron las actividades sindicales, se
eliminaron las convenciones colectivas y se anuló el derecho de huelga, entre otras disposiciones en
la misma dirección. Respecto de la disolución de la CGT cabe como anécdota que cuando los
propios dirigentes optaron por desalojar el edificio central antes de que llegaran los militares, los
dos últimos que salieron y cerraron la puerta fueron dos economistas que también se desempeñaban
como sindicalistas: Juan Carlos Chervatín y Jorge Brugnoli. El primero sería más tarde, con el
retorno al régimen constitucional, decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad
de Buenos Aires, y el segundo, más adelante, secretario de Relaciones Internacionales de la misma
casa de estudios.

Complementariamente se aplicaron normas tendientes a la apertura de la economía y a la


desprotección de las industrias nacionales. Así fue como se bajaron los aranceles de importación en
el orden del 40 por ciento, se volvió a ajustar el tipo cambio a fines de año y se dejaron de lado los
beneficios existentes para los exportadores, mientras se resolvían los problemas de la balanza de
pagos apelando a préstamos otorgados por el FMI y la banca privada.

La práctica del endeudamiento irresponsable se prolongó en el tiempo y terminó sextuplicando la


deuda externa heredada del gobierno de María Estela Martínez. Se indexaron las deudas con el
estado, se incrementaron las tarifas y se profundizó la presión fiscal incluyendo una generalización
del IVA que incluyó a todo tipo de bienes. Ello hizo que disminuyera el déficit fiscal ya que por un
lado creció la recaudación y por el otro disminuyeron en un 40 por ciento las partidas salariales.

6
Esto último no sólo tuvo que ver con las políticas económicas de congelamiento, sino también con
miles de cesantías, en un buen porcentaje sin pagarse indemnizaciones, justificadas en la presunción
de que tales cesanteados eran potencialmente peligrosos por sus orientaciones ideológicas.

La caída de los salarios reales fue acompañada por transferencias de recursos intersectoriales que,
en un principio, beneficiaron a la actividad agropecuaria, debido a que los mayores ingresos que
generaban las exportaciones no eran compensadas con retenciones, como en la anterior dictadura de
Juan Carlos Onganía.

En cuando a la inflación, que se había acercado al 40 por ciento mensual para el golpe en marzo de
1976, se desplomó casi a cero en junio de ese mismo año. Posteriormente tuvo un rebote y se
mantuvo alrededor del 10 por ciento hasta fines de 1979 cuando retrocedió levemente. Ese rebote
fue la consecuencia de la caída del consumo que provocaron los ajustes salariales por lo que hubo
que dar, parcialmente, marcha atrás en la materia mientras, complementariamente, se aplicaba un
congelamiento por 120 días para los precios.

A medida que pasaba el tiempo, las contradicciones entre las medidas adoptadas saltaban a la luz,
más allá de que el discurso público siguiera insistiendo en su inspiración en la corriente del
neoliberalismo.

3. Crisis Fiscal y Proceso Hiperinflacionario

La hiperinflación argentina de 1989 puede ser descripta superficialmente como un violento


incremento de los precios, que sufrieron una creciente aceleración hasta el momento que en que se
logró quebrar la tendencia. Empezó en febrero de 1989 y se extendió hasta el mes de julio de ese
mismo año, cuando alcanzó su pico de 194% de inflación mensual.

La hiperinflación no fue un fenómeno monetario. No ocurrió porque el gobierno radical emitía


mucho dinero, a causa de que el déficit público era enorme y estaba descontrolado por las medidas
demagógicas y distribucioncitas de los políticos, como han señalado equivocadamente algunos
historiadores de ideología liberal.

La hiperinflación, en cambio, debe ser explicada observando la centralidad de la evolución del dólar
en aquellos meses de 1989. En el dólar convergían las tensiones profundas de la estructura
económica argentina y de sus vínculos comerciales y fundamentalmente financieros con los países
centrales. Este elemento central traslada el análisis de la crisis desde un enfoque monetario
desvinculado de la realidad estructural, a una explicación que da cuenta de los dilemas y problemas
que enfrentaba la economía argentina a partir del grave cuadro legado por el régimen cívico-militar
que precedió al gobierno democrático.

El valor del dólar en moneda local sufrió un fuerte incremento a lo largo de esos seis meses, y los
precios de los bienes y servicios tendieron a reproducir cada vez con mayor exactitud las alzas de la
divisa extranjera. El panorama de precios descontrolados, que crecían sin vinculación con la

7
demanda o la capacidad de consumo de la población, no podía ser entendido sin el liderazgo de
veloz aumento de la divisa extranjera.

Entonces, dos procesos deben ser explicados:

1) La suba exponencial del dólar durante los primeros meses del año;

2) El liderazgo alcista de la divisa extranjera sobre los precios internos en una forma crecientemente
ajustada.

La suba del dólar se explica por el dramático desequilibrio que se generó entre la oferta y la
demanda de esa divisa a comienzos de 1989.

Ese desequilibrio estaba latente durante los años previos y estalló en las primeras semana de
febrero: mientras la oferta de dólares en el mercado cambiario se volvió casi nula –ya que los
oferentes privados tradicionales dejaron de liquidar moneda extranjera-–, la demanda de la divisa
adquirió características completamente desmesuradas, ya que la demanda habitual de dólares (para
efectuar transacciones comerciales, turismo o remesas al exterior), se vio drásticamente ampliada
por la demanda para atesoramiento de toda la población por el miedo social generado ante la
espectacular desvalorización de la moneda local y la constante apreciación del dólar.

Fue una combinación de hechos “objetivos” (la ausencia de suficientes dólares en relación con la
demanda) y “subjetivos”: el comportamiento de los actores privados que se negaron a vender las
divisas que obtenían vía exportaciones, más los rumores alarmantes que circulaban tanto en los
medios como en la calle, además de las prevenciones y costumbres incorporadas por la población en
otras crisis cambiarias previas que se habían reiterado en el país.

Pero el trasfondo era más profundo. Se estaba produciendo un nuevo episodio de estrangulamiento
del sector externo de la economía. En estos episodios, el país se encontraba con que carecía
repentinamente de las divisas necesarias para importar los insumos necesarios para mantener su
aparato productivo en marcha, o para proveer a la población de los bienes de consumo habituales.

Las bases estructurales de ese estrangulamiento pueden resumirse en:

Baja capacidad exportadora de la economía argentina, dada la insuficiente capacidad exportadora de


parte de la industria argentina y de los muy malos precios coyunturales de las exportaciones
agropecuarias más tradicionales. Esos precios eran de los más bajos del siglo XX en el mercado
mundial y generaban una restricción adicional en el ya reducido nivel de exportaciones. La baja
oferta exportable argentina –en relación con las necesidades de divisas del país– se ponía aún más
de manifiesto por las mayores erogaciones provocadas por los servicios de la deuda externa.

Elevadísimo endeudamiento externo, provocado por las políticas neoliberales de la dictadura cívico-
militar, que no solo condicionaba las cuentas públicas (desviando casi un 20% del presupuesto
nacional hacia el pago de compromisos externos), sino que significaba una enorme masa de dólares
que se agregaba a la demanda normal de las divisas, provocando una presión alcista permanente del
dólar.

8
Debilidad estructural del Estado nacional, tanto en materia recaudatoria como de control aduanero
de importaciones y exportaciones. Esa debilidad llevaba a no poder controlar adecuadamente las
transacciones externas y menos aún a recaudar los dólares correspondientes a los impuestos
establecidos para dichas operaciones. Debemos recordar en este ítem que los imprecisos números
del endeudamiento externo legado por la dictadura, nunca fueron debidamente investigados por el
gobierno democrático, obedeciendo a las condiciones establecida por el FMI para proceder al
“rescate” de la deuda argentina.

En el mes de julio de 1989 frenó la hiperinflación. Unas semanas antes ya había comenzado la
desaceleración de la suba del dólar y había aparecido mayor oferta en la plaza local.
El presidente Alfonsín debió renunciar en ese mes, para ceder su cargo al nuevo presidente electo,
Carlos Menem, quien a su vez cedió el ministerio de Economía a una de los principales grupos
exportadores de la Argentina, el conglomerado Bunge y Born.
El proceso remarcatorio siguió intensamente en ese mes, casi triplicando los precios de fines de
junio. El golpe inflacionario fue enorme sobre los bolsillos de la población, que comenzaron a
recuperarse progresivamente en los meses subsiguientes. El gobierno radical logró evitar que un
intento brusco de controlar la hiperinflación vía rígida restricción monetaria desembocara en
quiebra generalizada de empresas y desempleo masivo, pero no pudo frenar la creciente violencia
social y los saqueos que se iniciaron en las barriadas más pobres del país, lo que desembocó en la
renuncia de Alfonsín.
Ya en posesión de los principales resortes económicos, la elite empresaria local abandonó
transitoriamente la estrategia desestabilizadora vía dólar/precios, aunque aún dos nuevos episodios,
uno a fin de 1989 y otro a comienzos de 1991, tuvieran características similares aunque más breves.

4. Globalización

El rol activo del Estado Argentino en la década del 30 como consecuencia de la industrialización
sustitutiva de importaciones, juega un papel central hasta mediados de los 70, invierte en obras de
infraestructura y expande los servicios públicos con el objetivo de integrar a los sectores medios y
populares, además interviene tanto en la regulación del mercado de trabajo como en la extensión y
desarrollo de una amplia gama de políticas sociales que le garantizan a los ciudadanos el derecho a
la educación, la salud, el trabajo, vivienda, hay una redistribución del ingreso, o sea una justicia
social.

“La soberanía legislativa y ejecutiva del Estado moderno descansaba necesariamente sobre el
trípode de las soberanías militar, económica y cultural; dicho de otra manera, sobre el dominio
estatal de recursos antes desplegados por los focos difusos del poder social, pero ahora requeridos
para sustentar la institución y el mantenimiento del orden administrado por aquél.”

9
El Estado Argentino pierde uno de los cimientos establecidos en el modelo keynesiano, que
caracterizó a la época que comienza en el 30 y se expande hasta mediados del 70, o sea hasta
comienzos de la era denominada neoliberal, ya que se garantizaba por medio de las regulaciones
(protecciones industriales frente a la competencia externa, limitación de las inversiones privadas en
determinadas áreas, protecciones sociales, etc.) y del gasto (obras públicas, empresas públicas,
subsidios industriales y agrarios, etc.) la expansión de la demanda agregada, eje fundamental, que
permitía el pleno empleo de los factores de producción.

Finalizado este ciclo, y reemplazado por otro caracterizado por la apertura y el libre movimiento de
capitales, por la apertura y libre intercambio externo, y también por la limitación del gasto, el
Estado pierde poder de regular y va circunscribiendo su esfera de acción a garantizar las
condiciones macroeconómicas del país, favorables a las nuevas exigencias de la globalización
(estabilidad, conveniente sistema impositivo, desregulaciones de todo tipo, “el proceso global de
reconversión económica y social, trae como consecuencia una mayor desigualdad en la distribución
de la riqueza, es decir, de los bienes y servicios” por un lado, y por otro una disminución muy
significativa del peso del trabajo asalariado en la economía, esto se traduce naturalmente en altas
tasas de desempleo, que dada su posición actual el Estado Argentino no está en condiciones de
resolver.

Esta incapacidad de acción y de regulación se traduce en un desprestigio creciente de sus


instituciones, y una perdida por tanto, de legitimidad social, que a su vez más poder le hace perder.

En nuestro país a diferencia de otros países desarrollados, la situación es mucho peor, dado que el
deterioro social debido a las desigualdades y al desempleo (cada vez más feroz), complejiza y
acrecienta las demandas sociales, a las cuales el Estado en un contexto de “vacas flacas”
presupuestarias y de falta de voluntad para tocar determinados “intereses” no les puede dar
respuestas.

Si a esto se le suma la “ayuda extra” de la exposición pública de la corrupción estructural,


tendremos un panorama bastante tenebroso de las instituciones. Y por supuesto, no se puede olvidar
el peso de la “deuda eterna”, perdón, “deuda externa” en los hombros del maltrecho Estado y la
consiguiente acción de los organismos mundiales multilaterales de crédito, los cuales imponen
políticas lobbistas (ajuste estructural, privatizaciones, restricción monetaria y demás) que recortan
aún más sus posibilidades de proyección.

La idea Democrática implica “una comunidad política un sujeto, una voluntad. El límite territorial
no es suficiente, es preciso pensar en quienes están dentro de ese límite forman una comunidad,
tienen sentido de pertenencia a un todo, la Nación. Esto quiere decir que el límite del poder estatal
es territorial, objetivo en el Estado. En este sentido el poder es democrático si se forma como
representación de todos los que habitan ese territorio. La comunidad es el límite subjetivo del poder.
El Estado está plenamente constituido cuando ambos límites, subjetivo y objetivo, coinciden.”

El Estado Argentino con la globalización queda completamente debilitado, su función es bien


weberiana, ya que solamente posee el Monopolio legítimo de la Violencia física, porque “en el
cabaret de la globalización, el Estado realiza un strip-tease y al final de la función sólo le queda lo

10
mínimo: el poder de la represión.” Pero este monopolio también se debilita al surgir pequeños
localismos que ponen en tela de juicio al Estado Nación.

Las fuerzas que erosionan al Estado son transnacionales, cuya estrategia tiene como eje principal
destruir su base material, como así también su soberanía e independencia, con el objetivo de que el
“Estado nacional se convierta en un mero servicio de seguridad de las megaempresas.”7

Desde la perspectiva de Pierre Bourdieu, el Estado “es un proceso de concentración de diferentes


especies de capital, capital de fuerza física o de instrumentos de coerción (ejército, policía), capital
económico, cultural o, mejor, informacional, capital simbólico, concentración que, en tanto tal,
constituye al Estado en detentor de una suerte demeta-capital que da poder sobre las otras especies
de capital y sobre sus detentores.”8

Con esto se puede decir, que para Pierre Bourdieu el Estado no solo posee el monopolio legítimo de
la violencia física, sino también el monopolio legítimo de la violencia simbólica, por lo tanto “el
orden simbólico descansa en la imposición al conjunto de los agentes de estructuras estructurantes
que deben una parte de su consistencia y de su resistencia al hecho de que son, en apariencia por lo
menos, coherentes y sistemáticas y que están objetivamente acordadas con las estructuras objetivas
del mundo social.”

El Estado Nacional Argentino en la década de los 90 ha sufrido una notable crisis, al dotarse de
ideología neoliberal como estrategia de transformación social y ser atravesado por la globalización
fue perdiendo sus capacidades, con el sistema de la convertibilidad “en la relación uno a uno del
peso con el dólar, mecanismo que resultó muy eficaz para detener la desvalorización ya crónica de
la moneda nacional. En la base de lo que se conoció como <el modelo> se encontraba la
continuación del endeudamiento externo, por la vía de la obtención de préstamos y la colocación de
títulos emitidos por el Estado en los mercados financieros nacionales e internacionales.”

O sea que la Convertibilidad y endeudamiento van de la mano ya que “el proceso de


sobrevaluación creciente de nuestra moneda provocó efectos desbastadores sobre la denominada
economía real que se tradujeron en una gran disminución del nivel de exportaciones, en la caída de
la producción interna, en el aumento de los niveles de desocupación, en el déficit crónico de la
balanza de pagos externa y en la de ingresos fiscales.”

A diferencia del Espíritus de Estado que nos explica Pierre Bourdieu, en la Argentina tenemos un
Estado desmantelado en contraposición con otros Estados, ya que “las privatizaciones de los
servicios públicos, el flujo no controlado de capital financiero y el retiro del aparato estatal,
permitieron que actuaran directamente en el país poderosos inversionistas mundiales, respaldados
por sus propios estados, y esto redujo los antiguos y casi incuestionados poderes de los grandes
propietarios argentinos”

El Estado Argentino a su vez ya no construye, como menciona Bourdieu en Espiritu de Estado: un


hombre estatizado, reglamentado, registrado, diplomado y dirigido, porque no existe en la
Argentina actual un orden basado en Instituciones centrales, jerárquicas y cerradas sino más bien se
habría pasado a otro orden en el cual rigen Instituciones libres, abiertas y descentradas, como los
mercados. Se puede decir que el Estado pierde su espíritu, o sea se debilita su violencia simbólica, y

11
esto permite por ejemplo que los feriados patrios se puedan pasar a un lunes o viernes para fomentar
el turismo ante la caída del Imaginario social del Estado Nación.

En definitiva, en la era de la globalización, el Estado argentino, pese a tener todavía importantes


funciones, pierde capacidad de acción y decisión autónoma, legitimidad, soberanía, al ser
dependientes de las decisiones de inversión y conveniencia de los flujos de capitales financieros.

Pero esta capacidad de decisión y autonomía que ha perdido el Estado argentino se debe a una
nefasta clase dirigente que además de achicarlo por la vía de la privatización y la desregulación,
reoriento su intervención hacia la promoción de las elites empresariales más ligadas a los sectores
transnacionales izados de la economía.

Hace falta recuperar el Estado Nacional ya que desde los principales intelectuales del
neoliberalismo piensan que el “Estado es un gasto, que la política es un costo y que la educación, la
ciencia y la cultura no son rentables. Esas perspectivas, favorables a la desestructuración de los
sistemas de relaciones sociales y políticos integradores, supone proyectos fundados en actividades
que se realizan expropiando a la sociedad y al Estado de la acumulación de riqueza realizada en
otras épocas y que, al mismo tiempo, quiebran los tejidos de reflexividad social productores de
sujetos colectivos.”

5. Neoliberalismo

En la década de 1990 Argentina puso en práctica quizá el 80% del programa económico del
neoliberalismo, abriendo su economía al comercio mundial y al capital internacional, persiguiendo
el dinero sólido, una inflación baja y una mejora del sistema legal. Fracasó.

En esa década, el PIB de Argentina aumentó en un 25% del punto mínimo al máximo, sólo para
perder toda esa mejora en los últimos cuatro años. Hasta finales del invierno de 2002, los problemas
de Argentina parecían meramente temporales. Ya no. El punto de vista de los poderes establecidos
es que la desintegración económica de Argentina es culpa de los políticos.

Los políticos argentinos estaban advertidos de que si mantenían el tipo de cambio constante y
fijaban el valor del peso al del dólar se arriesgaban a hundir a la economía en una recesión si el
dólar se revalorizaba. Los políticos argentinos también estaban advertidos de que su política
respecto al peso no podría mantenerse a menos que se redujera la relación deuda nacional-PIB.

Sin embargo, durante los años de expansión, entre 1993 y 1998, el gasto público superó a los
ingresos lo suficiente como para empujar la relación deuda-PIB del 29% al 44%. Cuando el dólar se
revalorizó y llegó la recesión, los políticos con demasiada poca habilidad para equilibrar el
presupuesto en épocas buenas resultaron tener demasiado poco valor para equilibrar el presupuesto
cuando las cosas se pusieron difíciles.

12
El golpe de gracia fue la decisión del Gobierno (cuando estalló la crisis) de mantener los depósitos
bancarios en dólares y cambiar a pesos las deudas debidas a los bancos, una jugada que hizo que al
instante quebrara el sistema financiero del país.

La posición de los poderes establecidos es que si no se hubiera puesto en práctica ninguna de estas
decisiones desastrosas, la economía de Argentina no se habría colapsado. Según este punto de vista,
el programa neoliberal de Argentina en la década de los noventa era prácticamente a prueba de
idiotas, pero resultó que los políticos argentinos constituían una amplia e ingeniosa clase de idiotas.

Sin embargo, hay otra forma de ver la tragedia de Argentina. Sus Gobiernos siempre prometen más
de lo que cumplen. Prometen a los ricos oligarcas que no recaudarán demasiados impuestos.
Prometen a los trabajadores y a los consumidores generosas garantías sociales, un rápido desarrollo
económico, grandes gastos en infraestructura y cómodos puestos con poco trabajo para los que
tienen conexiones políticas.

Si a esto le añadimos una distribución de los ingresos y de la riqueza que muchos consideran
injusta, la falta de consenso social entre las clases obrera y media, y una depravación política que se
remonta al general Galtieri, la Guerra Sucia y la era de Perón, tenemos la receta para una política de
todos contra todos. Las demandas sobre el producto nacional y las exigencias de que el Gobierno
haga que se cumplan esas demandas siempre equivaldrán a más del 100% de la producción.

La disputa política básica sobre cómo se distribuye la riqueza en Argentina sigue en pie. Cualquier
movimiento político que intente limitar las apuestas está abocado al fracaso. Por tanto, el gran
déficit del Gobierno es una ley natural. Los tipos de interés argentinos sólo pueden ser bajos y
razonables en raras ocasiones.

El hecho de que todo el mundo sepa que la política argentina genera déficit crónico implica que los
pagos del interés de la deuda siempre tienen la probabilidad de estallar. Como la dinámica de la
deuda argentina es inestable, el tipo de cambio fijado a una divisa fuerte no puede durar. El libre
acceso a los mercados internacionales de capital y cuentas bancarias denominadas en dólares
significó que cuando el tipo de cambio fijo acabó colisionando con la lógica productora de déficit
de la política argentina, el resultado sólo podía ser catastrófico.

También coincido a medias con este punto de vista. Si se hubiera capeado la crisis, si Argentina
hubiera disfrutado de otra década de crecimiento rápido, sus conflictos por la distribución de la
riqueza podrían haber sido moderados. El Gobierno de Argentina cometió graves errores; sus
políticos pecaron contra los dioses de la economía monetaria. Pero el castigo no tenía por qué haber
sido tan severo.

13
6. Convertibilidad y Privatizaciones

El expresidente Carlos Menem llevó adelante un plan neoliberal de reformas estructurales con
apertura económica, desindustrialización, desregulación comercial, liberalización financiera y
fragmentación de sectores asalariados que impactó en la estructura económica y social, a la vez que
un fuerte incremento de los niveles de desocupación y pobreza.

Además del déficit comercial y fiscal, durante su gobierno aumentó el nivel de endeudamiento y se
produjo una creciente concentración y centralización del ingreso.

A contramano de la "Revolución Productiva" y "Salariazo" que pregonó durante la campaña


electoral de 1989, Menem -tras su asunción- dio un "giro de 180 grados" en relación a las
tradicionales políticas del peronismo.

Las medidas profundizaron un proceso de desindustrialización de los sectores asalariados iniciado


por el régimen militar; mientras la apertura comercial y financiera promovió un ingreso masivo de
inversiones extranjeras y un proceso de importación que, junto al incremento de las tasas de interés,
terminó generando un proceso de creciente desindustrialización.

Al mismo tiempo, con el pretexto de reducir costos y aumentar la productividad, las políticas de
flexibilización laboral terminaron pauperizando a vastos contingentes sociales.

El proceso de privatización de las empresas públicas, iniciado en 1990 con Aerolíneas Argentinas y
Entel, terminó promoviendo un crecimiento exponencial de los índices de desocupación,
subocupación y pobreza.

Al mismo tiempo que las políticas de flexibilización perjudicaron a los trabajadores, y beneficiaban
a las empresas, se implementaron medidas como la reducción de los aportes patronales y el
establecimiento de aumentos salariales según productividad.

Entre 1991 y 1995 los efectos recesivos de las reformas fueron suavizados por el incremento del
consumo y la estabilización que generó la Convertibilidad, el plan que Domingo Cavallo puso en
marcha en abril de 1991 desde el Ministerio de Economía, que tuvo como principal eje el "uno a
uno", la paridad entre el peso y el dólar.

A partir de 1995, con la denominada Crisis del Tequila -que lleva ese nombre porque se generó en
México-, los indicadores económicos y sociales comenzaron a desplomarse a niveles récord.

Así, en mayo de 1995 la desocupación creció hasta 18,5% y se incrementó fuertemente el déficit
fiscal y comercial.

Durante los primeros tiempos, el gobierno Menem no logró controlar la inflación -incluso soportó
dos picos hiperinflacionarios- en medio de las gestiones que llevaron al frente del Ministerio de
Economía Miguel Ángel Roig (con solo cinco días al frente del cargo debido a su súbito
fallecimiento) y Néstor Rapanelli (ambos a partir de un acuerdo con el Grupo Bunge & Born.

14
Pero luego tomó la conducción del Palacio de Hacienda Antonio Ermán González, hasta que en
1991 asumió Cavallo y puso en marcha el Plan de Convertibilidad.

Para incentivar el ingreso de inversiones externas, el Gobierno se vio obligado a profundizar las
políticas de privatización de empresas públicas, apertura comercial y financiera, desregulación y
endeudamiento externo.

La Convertibilidad logró controlar la inflación pero a costa de la sobrevaluación cambiaria, que


incentivó el ingreso masivo de inversiones e importaciones y fomentó expectativas favorables,
además de un fuerte incremento del crédito para consumo que permitió reactivar la economía.

Los índices inflacionarios cayeron a niveles históricamente bajos, lo que redundó en beneficios
sociales para los sectores más desprotegidos, mientras que el Producto Bruto Interno (PBI) creció a
tasas de 8% promedio durante el período 1991-1995.

Por otra parte, el auge de consumo y la reducción de las tasas de interés permitieron que sectores
medios y medios-bajos tuvieran acceso al crédito para adquirir productos importados o viajar al
exterior.

Aunque la estabilización monetaria y el auge del consumo lograron estabilizar la economía, sólo
podían sostenerse a partir del ingreso de divisas del exterior; y, con las crisis del Tequila en 1994, la
de Rusia en 1998 y la de Brasil en 1999, entró en crisis.

Para mantener la Convertibilidad, finalizadas las privatizaciones, el gobierno de Menem apeló al


endeudamiento externo.

El consumo, la fuga de capitales, el pago de deuda y la remisión de ganancias de las empresas


privatizadas a sus casas matrices generaron un déficit comercial y fiscal que fue insostenible en el
tiempo.

Las privatizaciones en la provincia de Misiones

La ola de privatizaciones en Misiones se inició en la década pasada de la mano del hoy senador
Ramón Puerta imitando al Gobierno nacional que presidía Carlos Menem. En total, se entregaron a
manos privadas 17 empresas que manejaba el Estado provincial. Todas con mucho potencial, pero
algunas muy mal manejadas y con déficit por ser utilizadas como caja de la política, con onerosos
sueldos de empleados públicos. En Misiones, por las 17 empresas privatizadas en diez años, se
recibieron apenas 58 millones de dólares. La mayoría fueron autorizadas por la Legislatura que
manejaba el peronismo con el visto bueno de la oposición, por ese entonces el radicalismo.

Entre las privatizaciones se destacan las del Banco de la Provincia de Misiones – perdía un millón
de pesos por mes-, el Instituto del Seguro -plagado de sospechas de «arreglos» en los juicios por los
siniestros que debía pagar, la operación y mantenimiento de la central hidroeléctrica de Urugua-í -
por la que el Estado pagó 300 mil dólares/pesos mensuales para la operación-, la empresa celulósica

15
Papel Misionero SA, la construcción y mantenimiento de la ruta provincial 105, hosterías de
turismo, los casinos de Posadas y Puerto Iguazú, el sistema de agua potable y cloacas de Posadas,
Garupá y Eldorado.

Desde el gobierno provincial se cuestiona ahora que las leyes que permitieron las privatizaciones
fueron permisivas y con cláusulas poco favorables a los intereses del Estado. Sin embargo, todas
tienen luces y sombras. Por el Banco Provincia, se pagaron 12 millones de pesos, sin pasivos y se
estableció que el Estado, desde entonces, paga un canon mensual para el mantenimiento de las
cuentas oficiales. Es el principal ejemplo del desmanejo imperante en algunos sectores del Estado.
En pocos meses, la entidad privada que lo absorbió revirtió las pérdidas, generó ganancias aún en lo
peor de la crisis financiera del país, y convirtió a la entidad en una de las líderes de la Argentina.

Muy distinto es el caso del IPSeguro. Para cubrir los costos de la privatización de la liquidación del
Instituto Provincial del Seguro se emitieron Títulos Públicos (CEMIS), por 150.000.000 de dólares
que también se utilizaron para los pasivos del Casino de Posadas. Hoy empleados públicos siguen
reclamando por pólizas que el Estado nunca pagó. La contratación de las pólizas reclamadas se
produjo a partir de la privatización del IPSeguro, que por años fue la aseguradora oficial. La
adjudicataria resultó

La Caja de Ahorro y Seguros SA, del grupo Whertein, que según las denuncias de los diputados
Fabiana Perié y René Oudín -integrante del gobierno que privatizó el servicio- se hizo cargo del
IPSeguro pero «nunca lo puso en marcha como tal». La nueva empresa privada, se denominó
Instituto del Seguro de Misiones Sociedad Anónima y limitó su funcionamiento a emitir pólizas
para ciertos seguros del Estado y sus agentes que hoy reclaman 25.724.043 pesos más intereses.

En el caso de Samsa, se le entregó la concesión del servicio de agua potable, con mercado cautivo y
se le otorgó un crédito de 20 millones de dólares a 15 años (con 4 años de gracia) cubierto por el
programa de garantía presupuestaria de la Unión Europea en contra de riesgos políticos, como la no
transferencia de divisas, la expropiación, guerras y desórdenes civiles.

7. Integración económica: Mercosur

Con la caída del muro de Berlín y el fin de la Unión Soviética, la situación internacional continuó
cambiando aceleradamente, profundizando un movimiento iniciado con la “restauración
conservadora” liderada por Estados Unidos, con Ronald Reagan (1981-89), y bajo la custodia del
Reino Unido, con Margaret Thatcher (1979-90). El período representó la reafirmación de la
hegemonía estadounidense, con su fuerza basada especialmente en el poder militar y el patrón dólar
flexible. La nueva época tenía como banderas el libre comercio y un Estado con funciones
limitadas. El pensamiento económico hegemónico desempolvó e impulsó la superada idea de que la
expansión de los flujos comerciales y la especialización de las economías según las ventajas
comparativas proporcionarían el desarrollo generalizado de todos los países.

16
Las modificaciones en el escenario internacional en los años 1990 permitieron la llegada de los
presidentes Carlos Menem (1989-99) en Argentina y Fernando Collor en Brasil, ambos con fuerte
inclinación neoliberal. Así, el proceso de integración ganó otra perspectiva y el objetivo central
pasó a ser promover una mayor apertura comercial de las economías, con mecanismos de reducción
lineal y automática de aranceles aduaneros. La integración dejaría de realizarse de forma selectiva y
sectorial. Paraguay y Uruguay ingresaron después en las negociaciones, jalando todavía más los
aranceles hacia abajo. El Acuerdo de Complementación Económica (ACE) nº18, firmado en
Asunción, en 1991, se trataba, en la práctica, de la eliminación y desarticulación de las protecciones
arancelarias y los cuidados con las grandes asimetrías.

Es decir, se optó por priorizar la creación de un Mercado Común hasta 1994, con reducciones
arancelarias hasta la tasa cero y con la eliminación de barreras no arancelarias sobre la totalidad de
bienes. En 1995 se estableció una zona de libre comercio y una unión aduanera parcial, con un
Arancel Externo Común en relación con los países que no son miembros2. Aunque los intercambios
de bienes y servicios hayan crecido bastante, el neoliberalismo aperturista, privatizador y destruidor
del débil Estado desarrollista, reforzado por Fernando Henrique Cardoso (1995-03), al priorizar la
idea del libre comercio, hizo inviable el complejo proceso de integración planeado en los años
1980. Con las graves crisis generadas por el Plan Real en Brasil, en 1997 y 1999, y por la Ley de
Convertibilidad en Argentina, en 2002, el Mercosur estuvo a punto de ser eliminado. Incluso,
todavía existía el peligro de constituirse un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) desde
Alaska hasta la Patagonia. Para que se tenga idea del frenazo sufrido por el Mercosur en el
momento de cambio de siglo, en 2004 los niveles de comercio intra-bloque fueron similares a los
alcanzados en 1996.

Los gobiernos postliberales de Argentina y Brasil entendieron que mantener al Mercosur restringido
a una perspectiva principalmente comercial significaba una gran limitación y creaba problemas
crecientes. Se trataba, por lo tanto, de buscar construir, de manera estratégica, un proceso más
amplio en diversas perspectivas3. Desde la interpretación de Garcia (2013, p. 161),

Brasil entendió que sólo a través del comercio no se pueden resolver los problemas de la
construcción de una América del Sur integrada, justa y democrática. Por el contrario, la integración
comercial puede, en las circunstancias actuales, agravar las asimetrías entre países más
desarrollados con economías más complejas y diversificadas, como Brasil y Argentina, por un lado,
y los otros, por otro.4

En la opinión del expresidente Lula da Silva (2010, p. 2), “el Mercosur, en definitiva, constituye un
proyecto ambicioso, y su éxito nos ayudará a transformar el difícil legado dejado durante siglos, de
tiranía colonial y poscolonial que nos dividió, en la prosperidad colectiva que nos unirá”5. En un
sentido inverso, el análisis liberal interpreta las concesiones dentro del Mercosur como si fuesen
fallas, debilidades o irregularidades6. El gran salto de Brasil y Argentina fue admitir la necesidad de
relajar las reglas para garantizar beneficios a las economías más pequeñas. Ferrer (2007, p. 147)
presenta esta situación como la diferencia entre un “Mercosur ideal” y un “Mercosur posible”. A su
vez, Nogueira Batista Jr. (2007, p.127) aclara que “bajo el derecho internacional, tratados de libre
comercio o uniones aduaneras no implican necesariamente una ausencia total de barreras

17
arancelarias o no arancelarias entre los países miembros”7. Vale decir que los intercambios
comerciales intra-bloque continuaron creciendo mucho más que antes, para alcanzar sus niveles
más elevados en 2011 y 2013.

Además, en 2005, se planteó la creación del exitoso Fondo para la Convergencia Estructural del
Mercosur (Focem), cuyos recursos eran aportes de los Estados-miembros y sus aplicaciones tenían
un carácter no reembolsable. Durante los 15 años iniciales de existencia del Focem, entre 2006 y
2020, fueron aprobados 53 importantes proyectos, con más de US$ 1100 millones del propio fondo
y otros US$ 617 millones oriundos de otras fuentes (como el Banco Interamericano de Desarrollo -
BID, el Banco de Desarrollo de América Latina - CAF, el Banco de Desarrollo Fonplata y
gobiernos locales). Brasil ha destinado al Focem, entre 2006 y 2016, el 79,5% del monto total.
Argentina garantizó el 15,4%; Venezuela, que aportó solamente en 2014 y 2015, el 3,3%; Uruguay,
el 1,1%; y Paraguay, el 0,6%. Con resultados mucho mejores que los planificados originalmente,
Paraguay y Uruguay recibieron el 94% del dinero. Sin embargo, desde 2016 los países no envían
recursos al fondo, ahora bajo administración fiduciaria del Fonplata (SEVERO Y LIMA, 2020,
p.256)8.

Otra política de integración financiera empezó a operar en 2008. Se trataba del Sistema de Pagos en
Moneda Local (SML), mecanismo bilateral facultativo, que permite a los países signatarios utilizar
sus propias monedas en transacciones comerciales entre sí, sin necesitar el uso de divisas
internacionales. Su objetivo es hacer que exportadores e importadores reduzcan costos de las
transacciones resultantes de la conversión cambiaria. La disminución de la demanda de dólares en
las operaciones contribuye para la reducción del histórico problema de la restricción de divisas9. La
adopción del SML por parte de todos los bancos centrales del bloque todavía es reciente y no
permite realizar un balance detallado con los resultados de esa importante iniciativa.

8. Crisis del 2001

El 21 de diciembre de 2001 Argentina apareció en la primera página de la mayoría de los diarios del
mundo: las manifestaciones sociales habían presionado la renuncia del Presidente De la Rúa luego
de la dimisión de todo su gabinete conocida el 19 del mismo mes. El 22, la Asamblea Legislativa
acogió la propuesta del Partido Justicialista de nombrar al gobernador Adolfo Rodrí- guez Saá como
presidente provisorio por 60 días, convocando elecciones para el 3 de marzo de 2002; sus medidas
populistas y las presiones políticas motivaron su renuncia el 30 de diciembre. El primero de enero
de 2002 se posesionó como presidente Eduardo Duhalde, elegido por la Asamblea Legislativa para
terminar el período en el 20032. Se trató del estallido de una crisis económica, política y social que
venía incubándose y cuyo momento clave se había pospuesto3.

18
Para muchos observadores no se trató de una sorpresa. Desde 1999 era de público conocimiento el
ingreso del país en una compleja situación que había menoscabado la confianza interna y externa
sobre el futuro: recesión, alto desempleo, inflación negativa, déficit fiscal desbordado, crecimiento
de la deuda y debilitamiento del sistema financiero.

Las dificultades económicas argentinas van más allá del escándalo coyuntural: se trata de un
debilitamiento de toda la estructura. La deuda externa es 3.5 veces superior a la deuda externa
colombiana, para una población ligeramente inferior a la nuestra; asciende a los 137 mil millones de
dólares, que representan el 48% del PIB. Lleva tres años consecutivos de recesión (crecimiento
negativo del PIB), tres años de inflación negativa, el desempleo ha subido continuamente desde
1998 ubicándose en diciembre de 2001 en 18.3% y en 34% en junio de 2002; los salarios fueron
disminuidos en el 13%, también las jubilaciones; se establecieron límites al retiro de dinero en
efectivo de las cuentas en el sistema financiero y, finalmente, se permitió la flotación del peso que
acumulaba en junio de 2002 una devaluación del 300%, hundiendo la capacidad de compra

El 10 de diciembre de 1999 asumió la Presidencia Fernando De la Rúa y nombró como Ministro de


Economía a José Luis Machinea, para que liderara el proceso de contención de las dificultades
económicas. El 6 de octubre de 2000 renunció el Vicepresidente Carlos Álvarez, por escándalo
sobre soborno de De la Rúa al Congreso; esto provocó el cierre de los créditos externos. No
obstante, el 18 de diciembre de 2000 se recibieron 40.000 millones del FMI (el tamaño de la deuda
externa colombiana total).

El 2 de marzo de 2001 renunció el Ministro de Economía y el gobierno cambió todo el gabinete,


intentando cumplir las exigencias del FMI. El 16 de marzo el gobierno presentó su plan de ajuste
fiscal, provocando la renuncia de tres ministros que estaban en desacuerdo. Dos días después el
gobierno convocó a un acuerdo político nacional y nombró a Domingo Cavallo como el tercer
Ministro de Economía en 19 días. Cavallo fue el creador de la Ley de Convertibilidad que había
logrado acabar con la hiperinflación 10 años atrás y contaba con suficiente aceptación en el FMI.

El 10 de julio de 2001 Cavallo presentó su plan para cumplir con el punto del Consenso de Wash-
ington que “recomienda” déficit fiscal cero, reduciendo gastos. El 30 el Senado aprueba la Ley con
compromiso de gastar sólo los recaudos y reduciendo en 13% los salarios y pensiones públicas. El
14 de octubre el Peronismo ganó las elecciones, donde se renovó la totalidad del Senado y la mitad
de la cámara de Diputados.

El 1 de diciembre se anunció el gran detonante de la crisis: el corralito financiero; consistió en


limitar la cantidad de dinero que los “ahorristas” podían extraer del sistema financiero. Esta
decisión la tomó el Ministro de Economía para contrarrestar la fuga masiva de capitales que se
estaba presentando en el país, que lo dejaría ilíquido. Según sus análisis el 97,5% de los titulares de
cajas de ahorro del país no retiraban más de 250 pesos semanales.

Él mismo explicaba el corralito diciendo que “El dinero es suyo, sigue estando ahí y rindiendo el
interés que usted pactó con el banco; lo puede transformar, si quiere, de pesos a dólares sin ningún
costo y lo puede usar como quiera; la única limitación es que en efectivo, billetes y monedas, sólo
podrá extraer hasta 250 pesos por semana”15. Mil pesos o dólares mensuales equivalían en

19
diciembre a $2.300.000, lo cual no sería un gran problema en Colombia; pero en Argentina lo fue
porque sus niveles de ingresos (y de gastos) son mucho mayores que los nuestros.

Aparte de garantizar la estabilidad en el sistema financiero, las restricciones en el uso de efectivo


pretendieron formalizar la economía argentina y se constituía en un ambicioso plan de control a la
evasión. De no haber encontrado tal resistencia habría sido un gran paso modernizador. El gran
ganador sería el sistema financiero, que habría ampliado su multiplicador y con él aumentaría de
manera sustancial la rentabilidad extraída del dinero de sus “ahorristas”.

El 6 de diciembre se empezó a presionar a los Fondos de Pensiones para que convirtieran sus
fondos en títulos financiadores del Estado y al día siguiente el ministro viajó a Washington negociar
con el FMI una postergación del pago de la deuda. Allí continuaron las presiones del Fondo para
hacer que el país cumpliera los puntos del Consenso de Washington, señalando esta vez la
necesidad de eliminar las exenciones tributarias que el mismo Cavallo había creado; con ello se
buscaba tener una respuesta positiva en el recaudo y restablecer la confianza de los acreedores
internacionales. Se requería de un programa aprobado por el FMI para presentarlo a los acreedores
(canje local de bonos provinciales, el tramo minorista y deuda extranjera en bonos por 50.000
millones) y negociar una reducción del costo de la deuda, que en el ámbito local oscilaba entre el
5% y el 7% y se negoció a un promedio del 6%, una tasa aún alta pero que compensa la iliquidez de
los títulos. El segundo canje local tendría una tasa de interés menor porque tendrían una mayor
liquidez. En principio el fondo no solicitó la libre flotación del peso.

A pesar de las dificultades, la administración de De la Rúa hizo esfuerzos, por reducir el déficit
fiscal: “El gasto público primario consolidado de Nación y provincias en 1999 fue de 76.000
millones de pesos; en 2001 bajó a 69.085 millones de pesos, es decir bajó exactamente 7000
millones, que es lo que aumentó de 1995 a 1999”17. Además se incrementaron las tarifas
impositivas en tres ocasiones (enero del 2000, abril de 2001 y agosto de 2001) conduciendo a una
disminución del recaudo, informatizando la economía y generando mayores niveles de evasión. El
premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, plantea que el FMI cometió un error fatal al “apoyar”
una política fiscal restrictiva como lo había hecho en el Asia Oriental y con las mismas desastrosas
consecuencias18.

El Ministro de Economía esperaba concluir la renegociación de la deuda en marzo de 2002 bajando


sustancialmente el costo y disminuyendo las amortizaciones más inmediatas; además planeaba
concentrarse en el tema del crecimiento económico a partir de ese mes. La reacción de los
ciudadanos ante sus medidas no le permitió ejecutar sus planes, ellos no estaban dispuestos a
esperar más, y menos ahora que se les había puesto en esa situación dé iliquidez. Los “ahorristas”
corrientes desconfiaban enormemente de su gobierno y temían que sus recursos fueran utilizados
para cancelar las obligaciones externas y no les fueran devueltos en el futuro.

Cavallo admitió que durante todo el año el endeudamiento público había consumido los recursos
disponibles para él crédito y que el sector privado no tuvo acceso a recursos para inversiones; en
muchos casos ni siquiera para financiar la producción, lo cual también hizo caer el consumo
interno. Pero hizo énfasis en que el gasto público en 2001 se redujo prácticamente a los niveles de
1996 (de 76.000 millones en 1999 a 69.000 en 2001 -la cifra de 1996 fue 68.500 millones de gasto
consolidado). El FMI encontró que las provincias; se endeudaron por encima de lo acordado vía

20
bonos y que estaban presionando para seguir aumentando el gasto; sin embargo en el futuro no se
trataba tanto de seguir disminuyendo el gasto, sino a su crecimiento.

De unos intereses de deuda pagados en 2001 por 13,000 millones se pagaría solo 6.500 en 2002 si
se completaban las operaciones de canje de deuda (ya se había avanzado en la local, le quedó
pendiente canjear la deuda global). Cavallo esperaba que manteniendo el equilibrio fiscal
desaparecieran las presiones de devaluación y aumentaría la competitividad por la disminución de
la competencia por recursos en el país.

La deuda de las provincias es más pequeña (23.000 millones), pero es más costosa, por lo cual es un
gran problema: casi 4.000 millones de pesos anuales. “No haber incluido una solución integral al
problema de la deuda provincial en mayo, se constituyó en la principal causa de la pérdida total del
crédito de Argentina a partir de julio, porque al no tener una solución para el problema de su
endeudamiento, las provincias planearon una demanda excesiva de crédito adicional y una gran
presión sobre el gobierno nacional por más transferencias y eso desencadenó en la pérdida total del
crédito para la Argentina”19. La provincia peor administrada fue la bonaerense; su gobernador era
Eduardo Duhalde.

A pesar del optimismo del Ministro (que él mismo calificaba como exagerado), los disturbios se
apoderaron de las ciudades desde el 14 de diciembre y fueron arreciándose cada vez más20. Los
ciudadanos demostraron que podían soportar cualquier medida económica, menos una que se
entrometiera en el uso corriente de su dinero.

Finalmente, el 19 de diciembre la Cámara limitó los poderes a Cavallo, lo cual provocó, en medio
de los disturbios, la renuncia de todo el gabinete del gobierno y la del propio Presidente de la
República dos días después. Se generó, adicionalmente, una grave crisis de gobernabilidad; el
presidente provisorio, Adolfo Rodríguez de Saá, suspendió el pago de la deuda externa, se
incrementaron las divisiones y las disputas en el interior de los partidos... el país quedó sumido en
un caos total, del cual nadie tenía una solución medianamente fácil. La primera medida económica
del presidente Eduardo Duhalde fue dejar flotar el peso acabando con 10 años de convertibilidad y
permitiendo una fuerte devaluación de la moneda local. Todos los países (incluidos Brasil, España,
Italia) dieron la espalda al gobierno argentino, Condicionando cualquier posible apoyo a la
adopción de las medidas “sugeridas” por el FMI.

El panorama exigía que se estableciera un gobierno de transición que adoptara las medidas
impopulares que ayudaran al país a salir de la sima. Algunos analistas de la prensa argentina
dudaron siempre de que esa fuera la intención de Duhalde y consideraron que su aspiración sólo era
ser un presidente interino; que dejaría las medidas al próximo Presidente, para que hiciera realmente
el gobierno de transición21. Esta apreciación se confirmó con la convocatoria a nuevas elecciones
para no extender Su mandato hasta octubre de 2003.

Durante este gobierno el deterioro de la economía continúa con la permanencia del “corralito
financiero”, de la recesión, crecimiento del desempleo, regreso de la inflación y una profunda
devaluación (El dólar cerró el primer semestre de 2002 bordeando la barrera de los 4 pesos, 300%
de devaluación).

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Bibliografía

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