Fallo
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REGISTRO N° 1661/22
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juzgada; el rechazo de la nulidad pretendida por la
intervención de AFIP-DGI y AFIP-DGA como organismos
querellantes y, en consecuencia, condenó a Carlos Axel
Augspach a la pena de tres años de prisión, de
ejecución condicional, por considerarlo coautor
penalmente responsable del delito de asociación
ilícita en condición de miembro; a Guillermo Jorge
Campbell a la pena de tres años de prisión, de
ejecución condicional, por considerarlo coautor
penalmente responsable del delito de asociación
ilícita en condición de miembro; a Mario Jorge
Grinschpun a la pena de tres años de prisión, de
ejecución condicional, por considerarlo coautor
penalmente responsable del delito de asociación
ilícita en condición de miembro; a Edgardo Enrique
Roggenbau a la pena de tres años de prisión, de
ejecución condicional, por considerarlo coautor
penalmente responsable del delito de asociación
ilícita en condición de miembro, en concurso real con
el de defraudación a una administración pública, en
calidad de partícipe necesario (hechos 1 a 10); a Luis
Eduardo Ricigliano a la pena de tres años de prisión,
de ejecución condicional, por considerarlo coautor
penalmente responsable del delito de asociación
ilícita en condición de miembro, en concurso real con
el de defraudación a una administración pública, en
calidad de partícipe necesario (hechos 4, 6 y 13 al
19); a Marcelo De Laurentis a la pena de dos años de
prisión, de ejecución condicional, por considerarlo
partícipe necesario del delito de defraudación a una
administración pública (hechos 1 a 16) y a Alberto
Atilio Giusti a la pena de dos años de prisión, de
ejecución condicional, por considerarlo partícipe
necesario del delito de defraudación contra la
administración pública (hechos 1, 2, 7 y 14).
b) Una vez recibidos los autos remitidos
desde el Máximo Tribunal, esta Sala dictó la decisión
de Reg. N° 745/22, del 10 de junio del año en curso,
en la que, por mayoría, hizo lugar a los recursos de
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posible violación del plazo razonable excedían el
objeto de la causa, por haber dictado el tribunal
sentencia condenatoria en los autos principales y por
ceñirse la renovada discusión del caso a la posible
vigencia de la acción penal respecto de los hechos
calificados como defraudación a una administración
pública.
Luego, concluyeron que la invocada acción
penal estaba vigente, en tanto desde el dictado de la
sentencia condenatoria no había operado ninguna causal
de suspensión o interrupción del curso de la
prescripción de la acción. Afirmaron que las
disposiciones de la ley 23.077 que regulaban sobre la
prescripción de la acción penal eran más benignas que
aquellas de la ley 25.990, aun cuando la última previó
la enunciación taxativa de los actos que se
consideraban con entidad para interrumpir la
prescripción de la acción, pues en la primera no se
incluía a la asociación ilícita y a la defraudación
contra la administración pública entre aquellos
delitos en los que la participación de un funcionario
suspendía el curso de la prescripción.
Describieron que la ley 25.188 extendió a
toda clase de delitos la aludida pauta del art. 67 del
C.P. y que, de ese modo, siendo más benigna la
anterior redacción de la norma, regía el concepto de
secuela de juicio a los fines de verificar la
existencia de actos procesales aptos para interrumpir
el curso de la prescripción.
Consideraron así que, la citación a juicio en
términos del art. 354 del C.P.P.N. de fecha 24 de
octubre de 2008, el auto de admisibilidad de prueba
del 5 de noviembre de 2010, la instrucción
suplementaria desarrollada en instancia de juicio oral
y el decreto de fijación de audiencia del 9 de abril
de 2013, eran actos con suficiencia para darle
dinámica e impulso persecutorio al proceso,
conformando secuelas de juicio interruptivas de la
prescripción de la acción penal.
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existencia ideal, facultades para actuar autónomamente
como querellantes cuando el fiscal decidía no
continuar el caso.
Concluyeron que no había acusación capaz de
sustentar la continuación del proceso y pidieron que
se declarara la nulidad de la condena, con absolución
de Mario Jorge Grinschpun.
En tercer lugar, objetaron la asignación de
responsabilidad penal al indicado como miembro de una
asociación ilícita. Resaltaron que fue absuelto por
los hechos defraudatorios y que aun así se lo
condenaba por el primer delito.
Expresaron que el tribunal de juicio, en sus
consideraciones, tomaba a Grinschpun como un partícipe
necesario y que ello impedía que se le atribuyera
intervención en la asociación ilícita, pues esta
figura no admitía participación o actuación dolosa de
colaboración.
Agregaron que los despachantes Quiroz y
Seoane habían sido sobreseídos, a pesar de haber sido
quienes firmaron casi la totalidad de los permisos de
embarque.
Refirieron que Grinschpun era el despachante
de las importaciones de oro de todas las entidades
financieras del país y que fueron su trayectoria y
prestigio las que llevaron a que los consortes lo
eligieran para operar, mas no el conocimiento de un
plan criminal. Destacaron que el nombrado no estuvo
presente en la reunión de Puerto Vallarta que se
reputaba como inicio de la asociación ilícita.
Argumentaron que su presencia en las
actuaciones de verificación de mercadería no era
obligatoria y que dicho control era una competencia de
la aduana. Meritaron que el imputado se limitó a
acompañar la documentación correspondiente
suministrada por la parte exportadora y que no era
congruente exigirle que pudiera sospechar de los
valores monetarios consignados por aquella.
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a la administración pública, aunque en esta última
especie de delito, por prescripción de la acción, al
tenerlo como partícipe secundario.
Adujo que estaba probado que la empresa
Rodhio S.R.L. no había generado créditos fiscales
apócrifos.
Agregó que, si se lo entendía como cómplice
primario de las defraudaciones, la redacción del art.
67 del C.P. según ley 25.990 era la que debía regir al
caso y que, bajo sus parámetros, la acción para
perseguir esos hechos había fenecido, ya que entre la
indagatoria del 11 de junio de 1999 y el requerimiento
fiscal de elevación a juicio del 6 de septiembre de
2006 habían transcurrido más de seis años.
Pidió el apartamiento de los jueces de esta
Sala IV, por entender que, la previa intervención en
la decisión de Reg. 1077/2015.4, del 5 de junio de
2015, por la que fueron revocadas las suspensiones de
juicio a prueba que habían sido concedidas,
comprometía la imparcialidad de los magistrados al
haber estos tomado contacto con el objeto del proceso,
previo a la sentencia condenatoria.
Alegó que se había infringido la garantía de
obtener el juzgamiento en plazo razonable, dada la
duración que llevaba el proceso.
Por otro lado, cuestionó la configuración
típica de los delitos de asociación ilícita y
defraudación contra la administración pública respecto
de su defendido.
Precisó que, de lo declarado por Enrique
Piana, surgía que el reparto del producido económico
del fraude atribuido no incluía a Ricigliano.
Manifestó que este era ajeno a las operaciones que
realizaba Casa Piana S.A. ante la autoridad aduanera,
siendo Enrique Piana quien detentaba el dominio de
esos hechos, mientras que él se limitó solo a realizar
su actividad comercial, sin que se hubiera demostrado
que Rodhio S.R.L. fuera un prestador apócrifo o
carente de capacidad operativa.
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defendido, que ese era el criterio delineado por la
Corte Suprema de Justicia de la Nación en los
precedentes de Fallos: 328:4274 (“Pérez, Mirta
Yolanda”) y 342:2344 (“Farina”) y que el tribunal no
había dado cuenta de cuáles eran los argumentos para
tener a la redacción de la norma según la ley 23.077
como más beneficiosa para Ricigliano.
Adunó que, frente a la extensión del proceso,
no había fundamentos que alcanzaran a justificar su
continuación.
Alegó que el representante del Ministerio
Público Fiscal estaba adoptando un actitud
contradictoria con aquella seguida durante el debate,
puesto que allí había solicitado la absolución de
Ricigliano, tanto por la asociación ilícita como por
las defraudaciones. Especificó que, respecto de esa
última imputación, el pedido de absolución lo había
sido por prescripción de la acción, al entender a
Ricigliano como partícipe secundario de las conductas,
pese a lo cual hoy pretendía que se mantuviera la
vigencia de la acción penal.
Solicitó su absolución, por prescripción y
por infracción al plazo razonable de juzgamiento.
Formuló reserva del caso federal.
c) Recurso de casación interpuesto por la
defensa de Guillermo Jorge Campbell
El presentante dio cauce formal a su
impugnación a través de ambos incisos del art. 456 del
C.P.P.N.
Indicó que el considerando de la sentencia
que trataba la legitimidad de la intervención del juez
Pose en la causa era nulo, al haber sido suscripto
solo por los dos restantes jueces del tribunal oral.
Puso de resalto que no se conocía si hubo o no un
tercer voto sobre esa cuestión, pues no se aclaraba si
dicho magistrado participó o no del tratamiento del
tópico. Citó precedentes jurisprudenciales en sustento
de sus dichos.
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Planteó la insubsistencia de la acción penal
por infracción a la garantía de plazo razonable de
juzgamiento.
Precisó que los hechos habrían ocurrido entre
los años 1993 y 1995 y que desde su concurrencia
espontánea en 1999, Campbell se mantuvo a derecho y no
efectuó presentaciones dilatorias. Que, el 13 de julio
de 2004 el juez de instrucción corrió vista a las
partes en términos del art. 346 del C.P.P.N. y que las
querellas presentaron sus requerimientos de elevación
a juicio el 13 de octubre de 2004 (AFIP-DGA), el 1 de
noviembre de 2004 (AFIP-DGI), mientras que el
Ministerio Público Fiscal hizo lo propio el 6 de
septiembre de 2006, elevándose finalmente la causa a
etapa plenaria el 15 de marzo de 2007.
Concluyó que existían lapsos de tiempo
perdido que eran solo adjudicables a la conducta de
las autoridades jurisdiccionales.
Adujo que el tribunal resolvió
arbitrariamente la participación de Campbell en una
asociación ilícita. Describió que en la causa 2563 que
tramitó en el fuero penal económico existían elementos
que impedían vincular al nombrado con una organización
dedicada al contrabando.
Indicó que Enrique Piana fue condenado por
hechos de contrabando, sin que se aplicara la
agravante por el número de personas intervinientes y
consideró que era ilógico aludir a una asociación
ilícita si no se contaba con el número de personas
para su configuración.
Agregó que en la causa de trámite ante el
fuero penal económico fue desechada la hipótesis de
existencia de una asociación de tal clase y que las
sentencias de dicho expediente estaban firmes.
Entendió que existía cosa juzgada respecto de
la investigación sobre la asociación ilícita y que el
proceder condenatorio infringía la garantía de ne bis
in idem.
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Arguyó que no estaba demostrado que la
condición de funcionario público del nombrado hubiera
tenido incidencia en los hechos, como tampoco que su
participación en la reunión llevada a cabo en Puerto
Vallarta se relacionara con los fines ilícitos
organizados por Enrique Piana.
Alegó que Piana era el único testigo que
trazaba una vinculación entre Campbell y los hechos
ilícitos. Expresó que mediaba falta de credibilidad en
torno a la declaración de Piana, derivada de su
condición de coimputado “arrepentido”.
Enfatizó que la asignación de responsabilidad
que se hizo en la sentencia condenatoria respecto de
Campbell, contrastaba con lo decidido por el tribunal
al hacer lugar a la suspensión de juicio a prueba que
fuera luego revocada y que ello generaba un marco de
duda razonable que justificaba la absolución
pretendida.
Formuló reserva del caso federal.
d) Recurso de casación interpuesto por la
defensa de Carlos Axel Augspach
El presentante sostuvo que se había
infringido la garantía de juzgamiento en plazo
razonable.
Explicó que el proceso llevaba más de
veinticuatro años de duración y que en ese lapso
Augspach había vivido inhibido de disponer de sus
bienes, de participar en cargos electivos en
sociedades comerciales y asociaciones civiles y
debiendo solicitar autorizaciones para viajar al
exterior.
Refirió que el representante del Ministerio
Público Fiscal reconoció en su alegato que la duración
que llevaba el proceso era en sí misma una forma de
pena y añadió que el tiempo insumido operaba contra el
debido proceso, pues habían fallecido testigos e
imputados, mientras que otros no recordaban los
extremos del caso.
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acompañó a estos autos, sean de fecha posterior a
dichos desistimientos…”.
Arguyó que ante esos desistimientos en [Link].
no era necesario acreditar que Piana estuviera
mintiendo. Aditó que los restantes implicados por sus
vínculos con la empresa Handy & Harman también
obtuvieron desistimientos de las acusaciones fiscales,
pero que se declararon culpables por delitos menores
como ”…haber omitido incluir en sus declaraciones
juradas de impuestos algunas cuentas bancarias en el
exterior y con tal motivo recibieron penas de multa…”.
En tercer lugar señaló que, más allá de los
dichos de Enrique Piana, no existían otras evidencias
que vincularan a Augspach con las exportaciones
sobrevaluadas de Casa Piana.
Describió que Handy & Harman celebró con Casa
Piana un contrato por compraventa de productos de oro
y plata, que la primera era a ese momento una de las
cinco refinadoras de metales preciosos más grandes del
planeta y que ello tornaba inverosímil que se
involucrase con Piana en un negocio de exportación de
metales no preciosos a través de facturas falsas.
Postuló como hipótesis alternativa que
Enrique Piana, paralelamente a exportar metal precioso
a Handy & Harman, decidió ampliar sus ganancias
mediante reembolsos impositivos, enviando productos de
metal no precioso sobrevaluados a otras importadoras
del exterior creadas por él mismo.
Consideró que debían distinguirse las
operaciones de exportación de oro y plata de las de
otros elementos, pues las primeras habían sido
legítimas, se habían abonado mediante transferencias
bancarias y se sustentaban en contratos formales,
mientras que las segundas eran espurias, sin que
Augspach ni Handy & Harman tuvieran allí incidencia.
Expresó que el mismo Enrique Piana había
hecho tal diferenciación en su declaración indagatoria
y que había explicado que las operaciones de oro eran
consignadas en la facturación con datos reales y
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pidieron medidas de prueba para esclarecer esos
extremos, que la fiscalía coincidió sobre la utilidad
de esa información y también pidió obtenerla y que, si
bien mucho tiempo después se libró un exhorto a los
Estados Unidos para requerir los datos, el pedido y
sus reiteraciones no fueron respondidos.
Aditó que, al ofrecer prueba en la instancia
de juicio, las medidas solicitadas relacionadas con
los puntos antedichos fueron rechazadas argumentándose
que no tenían nexo con los hechos investigados.
Señaló que esa parte también pidió que se
efectuara una pericia contable sobre los libros y
registros de Casa Piana S.A. y de Gemmodesign S.A.,
para determinar si exportaron metales no preciosos a
Handy & Harman o a South Windsor Metallurgical en el
periodo investigado; cuáles fueron las entidades
bancarias a través de las cuales se habrían abonado
tales exportaciones y si las dos primeras sociedades
solicitaron reintegros de IVA por las mismas
operaciones de comercio exterior.
Concluyó sobre el punto que Augspach fue
privado de la posibilidad de producir prueba
fundamental para demostrar su inocencia y que el
rechazo en cuestión fue arbitrario e infundado.
Manifestó que el nombrado no tuvo
intervención en las solicitudes de reembolsos por
exportación, sino que tanto él como Handy & Harman
fueron involucradas como parte de la operatoria
ilícita por Enrique Piana en sus declaraciones ante la
justicia norteamericana y argentina, a fin de obtener
lenidad en su tratamiento procesal. Resaltó que
Augspach fue absuelto por los hechos de defraudación,
que no se demostró que hubiera obtenido ganancias como
producto de las maniobras endilgadas y que, ante ello,
era irrazonable fundar en las mismas circunstancias su
pertenencia a la asociación ilícita.
Describió que su defendido no era director,
accionista ni dependiente de Handy & Harman, sino que
fue contratado como asesor externo, de modo tal que no
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otros sujetos extranjeros, esa circunstancia no
permitía aseverar que se tratara de un vínculo
ilícito, sino que eran reuniones de actividad de
negocios real y permitida.
Consideró, al mismo respecto, que el tribunal
invirtió la carga de la prueba, poniendo en cabeza de
la defensa la obligación de demostrar que las
operaciones de exportación de oro fueron lícitas.
Añadió que no se verificaba relación alguna entre
Augspach y la firma Mass Technologies y que tampoco el
hecho de que el nombrado hubiera sido director del
banco Pan de Azúcar de la República Oriental del
Uruguay era indicante de que conociera que los
directivos de Handy & Harman poseían cuentas allí.
Expresó que el tribunal extendió a Augspach
la asignación de responsabilidad que correspondería a
Michel Verleysen, quien no fue enjuiciado en esta
causa, sobre la base de la relación de cercanía o
confianza que ambos tenían y aditó que si bien el
segundo pudo haber constituido las firmas importadoras
de metales no preciosos con las que se encubrieron
operaciones sobrevaluadas, su defendido no tenía
relación con ellas.
Aseveró que no era dable considerar que
existiera una asociación ilícita formalizada a través
de un contrato escrito, como ocurría en el vínculo
entre Casa Piana y Handy & Harman y detalló que
incluso la segunda empresa hizo reclamos legales a
Casa Piana para obtener el cumplimiento de compromisos
derivados de dicho acuerdo comercial.
Finalmente, sostuvo que la única prueba de
cargo dirigida contra Carlos Axel Augspach era la
declaración de Enrique Piana, que había sido
incorporada al juicio por lectura, impidiendo que esa
defensa contrainterrogara al deponente, en infracción
al debido proceso, de acuerdo al estándar delimitado
por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en
Fallos: 329:5556 (“Benítez”).
Solicitó la absolución de su asistido.
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en sustento de sus dichos y pidieron el apartamiento
de ambos jueces.
Como segundo motivo de agravio, indicaron que
se hallaba infringida la garantía de plazo razonable
en el juzgamiento. Detallaron que los hechos imputados
habrían acaecido entre 1993 y 1995. Consideraron que
la causa no revestía complejidad probatoria tal como
para insumir el lapso de tiempo transcurrido.
Remarcaron que la duración del trámite en la etapa de
instrucción conllevó a reiterados llamados de atención
por parte de la cámara de apelaciones hacia el juez de
grado, incluyendo una denuncia ante el Consejo de la
Magistratura de la Nación, que derivó en una
intimación al instructor para que explicara sobre el
tiempo insumido.
Aditaron que sus asistidos se mantuvieron a
derecho en todo el trámite de la causa, que esa
defensa no hizo planteos dilatorios y que las demoras
incurridas obedecerían a las actuaciones del juez y
del fiscal a cargo de la investigación.
Precisaron que Roggenbau fue procesado el 10
de julio de 2003, que De Laurentis y Giusti lo fueron
el 30 de diciembre del mismo año y que las partes
acusadoras formularon sus requerimientos de elevación
a juicio el 13 de octubre de 2004 (AFIP-DGA), el 9 de
agosto de 2006 (AFIP-DGI) y el 26 de abril y el 4 de
septiembre de 2006 en el caso del Ministerio Público
Fiscal.
Añadieron que en 2008 se citó a las partes a
juicio y que el debate comenzó en noviembre de 2016,
tras varias decisiones que suspendieron las audiencias
que se habían fijado. Entendieron que el dictado de
penas condenatorias luego del lapso criticado
demostraba la falta de correspondencia temporal entre
los hechos juzgados y la respuesta estatal, sopesando
que la reducción en las sanciones como producto del
paso del tiempo no era una solución justa.
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juicio a prueba de los imputados y al dictar sentencia
por procedimiento de juicio abreviado respecto de
Enrique Piana y Miguel Seligman.
Alegaron que esa previa toma de posición
impactó sobre la valoración de nuevos elementos
probatorios de relevancia incorporados durante el
debate, como serían las actuaciones producidas en el
expediente “Banco Quilmes c/casa Piana DGI y otros
s/proceso de conocimiento”, en trámite ante el fuero
comercial, en el que se habrían dictado resoluciones
que contrariarían las conclusiones de la sentencia
condenatoria que se dictó contra Piana y Seligman.
Como motivo adicional de recusación, este vez
contra los tres jueces del tribunal, los defensores
señalaron que la negativa de la mayoría a permitir que
se avanzara con un procedimiento de juicio abreviado
para todos los imputados, implicó que los magistrados
tomaran conocimiento de que los causantes estaban
dispuestos a asumir responsabilidades penales y,
frente a ello, habrían internalizado a la condena como
único resultado posible.
De seguido, alegaron que la intervención del
juez Enrique Pose para integrar el Tribunal Oral en lo
Criminal Federal N° 4 era nula y vulneraba la garantía
del juez natural. Afirmaron que la designación de ese
juez se había efectuado en contraposición a la
normativa vigente, pues se trataba de un juez
designado para actuar ante la justicia ordinaria y que
no contaba con acuerdo legislativo ni con designación
del Poder Ejecutivo para desempeñarse ante la justicia
federal, sino que fue designado como miembro de ese
cuerpo mediante una resolución de la Cámara Nacional
de Casación Penal. Citó precedentes de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación en refrendo de sus
dichos.
Por tales motivos de recusación fundados en
afecciones a las garantías de imparcialidad y de juez
natural, pidieron la absolución de sus defendidos.
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Añadieron que una vez tramitados los
reintegros aduaneros por Casa Piana, en dieciséis de
las diecinueve carpetas que motivaron la
investigación, dicha empresa cedió onerosamente los
respectivos créditos al Banco Quilmes, que a su vez
intentó utilizar las acreencias con el fisco nacional
para compensar sus propias obligaciones tributarias,
pero no pudo hacerlo, dado que la DGI rechazó a
posteriori la legitimidad de los créditos.
Aseveraron que no hubo disposición
patrimonial efectiva por parte de la DGI, toda vez que
el Banco de Quilmes debió abonar con fondos propios
los tributos que adeudaba, junto a gastos causídicos,
para luego poder iniciar los trámites de reclamación
contra Casa Piana S.A., AFIP-DGI y las empresas
aseguradoras que emitieron pólizas para caucionar las
cesiones de crédito aludidas. De ese modo,
sostuvieron, no era posible que la misma maniobra de
transferencia de créditos a terceros generara dos
damnificados por sumas equivalentes.
Describieron que desde Casa Piana, para ceder
los créditos al Banco Quilmes, instrumentaron una
puesta en escena, que incluyó cartas de intención por
cada una de las operaciones de cesión y la
contratación de cauciones en favor de la DGI, todo
ello en aras de provocar el error y la disposición
perjudicial a la entidad bancaria.
Concluyeron que la maniobra defraudatoria, en
al menos 16 de los expedientes en cuestión, fue
dirigida a la entidad bancaria, no contra el fisco
nacional y que los imputados nunca fueron intimados
por esos hechos.
Aditaron que sus defendidos, con excepción de
Marcelo De Laurentis a través de la empresa Dallas
Instrumentos S.A., carecieron de intervención en las
cadenas de facturación a través de las cuales se
requirieron reintegros en los expedientes restantes.
Luego, afirmaron que los funcionarios de
AFIP-DGI encargados de dar curso a las solicitudes de
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Indicaron que tales deponentes dieron cuenta
de que existía una relación comercial entre ambas
empresas, que incluía encargues de manufacturas en oro
y plata y la provisión de materia prima para esa clase
de trabajos. Consideraron que ello desvirtuaba la
existencia de un acuerdo concertado para la
perpetración de maniobras defraudatorias y probaba que
se trataba de una relación comercial legítima y
precedente a los hechos de esta causa.
Añadieron que no mediaban elementos que
habilitaran la inferencia de que las ventas entre
ambas compañías eran simuladas y manifestaron que Casa
Eise sí contaba con maquinaria y capacidad operativa
correspondiente con aquello que constaba en las
facturas secuestradas.
Objetaron que en la sentencia se considerara
que los comprobantes fiscales eran apócrifos a partir
de meritar que la compraventa de oro entre ambas
empresas no era un negocio rentable. Precisaron que
dichos sujetos no intercambiaban oro puro y exento de
IVA, sino oro 900 o 750 que constituiría oro en
presentaciones elaboradas como flejes, discos, chapa o
alambres. Agregaron que fueron obtenidas facturas
demostrativas de que Casa Eise adquiría oro puro a
través del banco Galicia y de la firma Juncadella.
Expusieron que Roggenbau no tuvo relación con
la conformación de la sociedad denominada Holding del
Sol S.A., sino que esa persona jurídica fue ideada por
Enrique Piana y Miguel Seligman para quitar del medio
al imputado y concentrar los paquetes accionarios de
empresas vinculadas a Casa Piana.
Criticaron que se computaran como elementos
demostrativos de que Roggenbau integrara la asociación
ilícita, a los contratos suscriptos entre Casa Eise y
Handy & Harman. Describieron que esos acuerdos no
tenían relación con las ventas a Casa Piana, que Casa
Eise exportaba sus productos a la firma South Windsor
Metallurgical, que no se había demostrado nexo de
causalidad con la maniobra aquí juzgada y, finalmente,
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que se declarara prescripta la respectiva acción
penal, o bien que se lo tuviera como partícipe
secundario del delito de defraudación a la
administración pública, con el mismo resultado de
declarar fenecida la acción para perseguirlo.
En orden continuado, analizaron la situación
procesal de Alberto Atilio Giusti. Señalaron que solo
había sido acusado por las partes querellantes y
manifestaron que el tribunal se había apartado sin
fundamentos, de doctrina que permitía sustentar la
carencia de facultades de esa clase de sujetos
procesales para promover la acusación cuando la
fiscalía no lo hacía. Pidieron la absolución de Giusti
por ausencia de acusación válida.
En conjunción, adujeron que la condena se
fundó solo en la condición de Giusti como principal
accionista y directivo de las empresas Romaer y
Tecnometal, sin describir claramente el aporte a la
maniobra criminal. Alegaron que la presunción derivada
de que los emprendimientos de este imputado no
contaran con personal registrado no permitía sustentar
la conclusión de que no tuviera capacidad para prestar
los servicios facturados a Casa Piana, pues Giusti en
su descargo expuso que tenía un plantel de entre
cuatro y ocho empleados, sin aclarar si estaban
inscriptos.
Agregaron que la falta de presentación de
libros societarios por este imputado tampoco podía
operar en su contra, pues le asistía la garantía de
mantener silencio ante los requerimientos acusatorios
y que la determinación de AFIP sobre la capacidad
operativa de su establecimiento arrojó resultados
contradictorios con otros informes de la misma
repartición.
Resaltaron que Giusti no fue nombrado por
Enrique Piana, quien si bien se refirió a Tecnometal,
no pudo dar cuenta del nombre de sus dueños.
Pidieron que Giusti fuera absuelto por el
beneficio de la duda; subsidiariamente, que se
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Formularon recusación contra los magistrados
integrantes de esta Sala IV por entender que estaba
afectada la garantía de imparcialidad, a raíz de las
previas intervenciones de los jueces que componen este
colegiado.
Detallaron sobre las actuaciones relevantes
de la causa en las que entendieron los doctores
Mariano Hernán Borinsky y Gustavo M. Hornos y
aseveraron que en todas las ocasiones lo resuelto iba
en contra de los intereses de sus asistidos.
Sobre dicha base, estimaron que los
magistrados poseían una determinada preconcepción
sobre cómo ocurrieron los hechos y que ello afectaba
tanto la imparcialidad como el derecho a obtener la
revisión de las decisiones del tribunal de juicio.
Agregaron que lo decidido desde esta
instancia el 10 de junio del año en curso en la
resolución de Reg. N° 745/22.4, en tanto habría
limitado el análisis de vigencia de la acción penal
solo en lo que respecta a las defraudaciones, también
implicaba una toma de posición, pues se omitía tratar
los planteos de plazo razonable sobre la totalidad de
los delitos imputados, sin brindar fundamentos para
ello.
Citaron precedentes de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación en sustento de sus dichos y
pidieron que se procediera a la desinsaculación de
otra Sala para revisar la sentencia recurrida.
En segundo lugar, indicaron que lo decidido
por la Sala IV en la citada resolución del 10 de junio
de 2022, implicaba un apartamiento arbitrario de lo
dispuesto por la Corte Suprema de Justicia de la
Nación y una denegación de justicia para con sus
asistidos, en tanto se había omitido dar respuesta a
los requerimientos de las defensas sobre la infracción
al plazo razonable de juzgamiento.
En conexión con ello, alegaron que la causa
no tenía una complejidad probatoria tal, como para
insumir el lapso transcurrido hasta el presente, que
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representante del Ministerio Público Fiscal ante esta
instancia y la defensa de Edgardo Enrique Roggenbau,
Marcelo Mario De Laurentis y Alberto Atilio Giusti.
a) La defensa de Luis Eduardo Ricigliano
amplió los argumentos expuestos en su recurso de
casación presentado en este expediente CFP
6082/2007/TO1, tendientes a obtener la declaración de
vulneración al plazo razonable de juzgamiento y a que
se resolviera la prescripción de las acciones de
defraudación a la administración pública y la
atipicidad de las acciones consideradas como
demostrativas de la pertenencia a la asociación
ilícita juzgada.
b) El representante del Ministerio Público
Fiscal propugnó el rechazo de los recursos de casación
interpuestos contra la sentencia condenatoria.
Adujo que los planteos relacionados con la
infracción al plazo razonable de juzgamiento no podían
ser receptados. Entendió que, si bien el tiempo
transcurrido desde el inicio de las actuaciones era
considerable, la garantía en cuestión no suponía una
regla matemática ni una cantidad fija de días meses o
años, sino la ponderación de parámetros tales como la
complejidad del asunto, la actividad procesal de los
imputados y la conducta de las autoridades judiciales.
Citó doctrina y describió que, de acuerdo a
la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos
Humanos, la complejidad podía desprenderse tanto de la
materia, de la naturaleza del litigio, del número de
partes involucradas o de la necesidad de practicar
trámites y sustanciar cuestiones dificultosas.
Meritó que las imputaciones del caso
derivaban de uno de los hechos de contrabando más
resonantes de los ocurridos en el país. Detalló que se
realizó vasta actividad probatoria, que los imputados
eran numerosos y que sus planteos en las diversas
instancias habían acrecentado el tiempo insumido.
Destacó que la causa llevaba ya más de ciento diez
cuerpo físicos, aunados a sus incidentes conexos.
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Destacó que en el precedente de Fallos:
321:2021 (“Santillán”) la Corte Suprema de Justicia de
la Nación indicó que la exigencia de acusación como
forma sustancial en todo proceso penal quedaba
satisfecha independientemente del carácter público o
privado de quien la formulara. Añadió que, ni en ese
precedente, ni en los sucesivos del Máximo Tribunal
sobre la materia se efectuaban distingos en torno a si
las querellas eran personas jurídicas privadas o
públicas. Expresó que la posibilidad de que las
entidades del sector público se constituyeran como
querellantes estaba receptada en forma literal en el
C.P.P.F.
Concluyó sobre el punto que tanto AFIP-DGI
como AFIP-DGA tenían facultades para acusar a los
imputados a pesar del pedido absolutorio del fiscal y
pidió el rechazo del agravio.
En orden siguiente, escrutó la posible
configuración de una vulneración al principio de cosa
juzgada planteada por las defensas Ricigliano y
Campbell.
Argumentó que se trataba de formulaciones que
ya habían sido realizadas en instancias previas de la
causa y meritó que no se habían introducido nuevos
fundamentos para sustentar la modificación del rechazo
adoptado.
Sostuvo que el hecho de que los imputados
hubieran sido juzgados en el fuero penal económico por
el delito de contrabando no permitía considerar que
existiera identidad de objeto procesal, puesto que las
maniobras direccionadas a eludir o dificultar el
control aduanero eran diferenciables e independientes
de los fraudes ejecutados en perjuicio de la
administración pública. Precisó que “…las operaciones
de burla al control aduanero a través de posiciones
arancelarias erróneas que constituyeron el reintegro
aduanero indebido, en modo alguno comprenden la
posterior presentación de documentación apócrifa
tendiente a obtener un recupero indebido de IVA, aun
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Describió que la figura buscaba proteger el
orden público y minimizar los riesgos que suponía la
existencia de una agrupación de personas organizadas
para cometer delitos y que, a los fines de la
tipicidad, no era dirimente que los planes trazados se
materializaran, pues era el objeto de la asociación lo
que determinaba su carácter ilícito.
Adujo que la ejecución de las operaciones de
exportación juzgadas en el fuero penal económico había
constituido un paso ineludible para perpetrar los
fraudes al Estado y que conformaban un eslabón del
iter criminis e indicios que robustecían el disvalor
de la asociación ilícita.
Enfatizó sobre el carácter autónomo de ese
delito. Afirmó que la doctrina era coincidente sobre
tal caracterización y discurrió sobre su configuración
por pura actividad y por actos preparatorios de
eventuales delitos que pudieran concursar en forma
real con la asociación.
Entendió que el tribunal había dado
argumentos bastantes para dar por configurado el tipo
penal en cuestión, como también las modalidades,
roles, medios y responsabilidades de cada imputado.
Estimó que no existía la pretendida
vulneración al principio de congruencia afirmada por
la defensa de De Laurentis, Roggenbau y Giusti. Indicó
que era esa misma parte quien, con el pretexto de los
fallos dictados en el pleito del fuero comercial,
intentaba mutar los términos del objeto procesal de
esta causa.
Consideró que tampoco se presentaba un
supuesto de víctima culpable, por las negligencias en
que habría incurrido el personal del Fisco Nacional
frente a los pedidos de reintegros efectuados por los
imputados. Expresó que el organismo recaudador fue
deliberadamente inducido a error y exigió que la
relación entre los sujetos activos y el pasivo, en el
caso, se valorara con razonabilidad, detallando que
los contribuyentes tenían frente al Estado deberes de
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para configurar los créditos ficales espurios en
concepto de impuesto al valor agregado.
Agregó que “…dado el volumen de esas
operaciones de comercio exterior y su tinte ilegal, la
extremada sobrevaluación de las mercaderías, y las
sumas millonarias de las ganancias ilícitas que el
grupo perseguía (…) es evidente que las tareas que
debían requerirse a un despachante de aduanas,
resultarían claves en la maniobra”.
Consideró que Grinschpun había sido elegido
por el grupo por las condiciones que revestía, recordó
que fue recomendado por los directivos de Handy &
Harman y sopesó que intervino durante el año 1993 en
todas la verificaciones practicadas por los
funcionarios aduaneros sobre las mercaderías
involucradas.
Alegó que, dada esa intervención en los actos
de verificación, no podía desconocer que se trataba de
productos sobrevaluados y que las declaraciones
insertas en los permisos de embarque no se compadecían
con la realidad.
Entendió que la circunstancia de que algunos
permisos de embarque relativos a Casa Piana fueran
certificados por apoderados de Grinschpun no enervaba
la imputación, toda vez que esas operaciones le eran
atribuibles en carácter de mandante.
Aseveró que el nombrado conocía que su
quehacer se desarrollaba en un ámbito conformado por
cuanto menos tres personas, sabiendo en quién residía
su jefatura, como también conociendo otras
características organizacionales como las tareas de
otros integrantes del grupo, la pluralidad de planes
delictivos, la sobrevaluación de las mercaderías y la
incidencia que ello tendría sobre los reintegros
fiscales, tanto aduaneros como de impuestos internos.
Sobre Luis Eduardo Ricigliano, recordó que
era socio gerente de la empresa Rodhio S.R.L., que esa
firma integraba el grupo de cinco empresas que
exportaban metales preciosos y que el imputado
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Respecto de Guillermo Jorge Campbell, explicó
que su intervención se centró en dos ejes, haber sido
asesor del grupo delictivo en materia de comercio
exterior y haber desplegado funciones de lobby en
reparticiones públicas.
Remarcó que también participó en la reunión
de Puerto Vallarta y que si bien no se había podido
profundizar sobre las concretas intervenciones como
intermediador que habría realizado, ello no obstaba a
que se lo tuviera como miembro de la asociación
ilícita, pues eran sus funciones como asesor de
comercio exterior las que sellaban su rol en la
estructura.
Aseguró que Campbell actuó con conocimiento
de las reales implicancias de las operaciones de
exportación que iban a realizarse, pues no era
razonable suponer que un experto en comercio exterior
no supiera “…sobre el modo en que habría de adquirirse
el oro y del canal comercial del cual provendría, y
cómo se sustentaría el flujo de materia prima; pues
esto habría de condicionar el volumen de producción de
la mercadería que se iba a manufacturar sobre tal
metal y también el ulterior nivel de las
exportaciones”.
Agregó que Campbell participó asiduamente en
reuniones celebradas dentro y fuera de Casa Piana
junto a los restantes imputados. Indicó que ingresó a
la función pública el 21 de marzo de 1994 y que las
precauciones que debió adoptar para no atender los
asuntos del caso dentro de la sede de la Cancillería,
lo condujeron a contar con una secretaria en las
instalaciones de Casa Piana.
Concluyó que “…se ha probado que Campbell se
integró al grupo delictivo organizado, verificándose
actos que exteriorizaron esa voluntad a partir del mes
de febrero de 1994, con su intervención en la reunión
de Puerto Vallarta, o incluso desde fines de 1993,
fecha en la que según las constancias de autos,
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Entendió que la circunstancia de que no
pudiera acreditarse que hizo aportes como cómplice
sobre las maniobras de defraudación no impedían
atribuirle la condición de miembro de la asociación
ilícita y pidió la confirmación de su condena.
Se explayó luego sobre Edgardo Enrique
Roggenbau. Describió que era, al momento de los
hechos, presidente de Casa Eise S.A. y que esta
empresa operaba como proveedora de Casa Piana, sin
perjuicio de formar parte del grupo de cinco empresas
involucradas en las exportaciones de oro y otros
metales preciosos y de emitir facturas apócrifas.
Recordó que estaba probada su participación
en las reuniones de Puerto Vallarta y Key West, como
también su rol activo en las maniobras de
defraudación, desde el mes de noviembre de 1993.
Puntualizó que su aporte consistió en la
emisión de facturas comerciales apócrifas y recordó
que Enrique Piana dijo que su empresa venía
requiriendo facturas falsas a Casa Eise S.A. con
anterioridad a los hechos de esta causa con el objeto
de cubrir desfasajes contables.
De ese modo, dio por evidente que Roggenbau
sabía cuáles eran los planes del grupo delictivo, como
también la utilidad y finalidad que tenían las
facturas apócrifas que emitió y suministró, cooperando
así a la ejecución de los planes de la asociación
ilícita.
Adunó que la venta de Casa Eise a Enrique
Piana estuvo alineada en la perpetuación de los planes
criminales y que ello le constaba a Roggenbau.
Concluyó que estaba probado el accionar
doloso del nombrado respecto de la asociación ilícita,
pues conocía en detalle sus características, su
conformación numérica, su estructura y su voluntad de
permanencia.
Agregó que al haber operado como proveedor de
facturas de Casa Piana entre noviembre de 1993 y
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contra la administración, a partir de haber
suministrado a Casa Piana facturas apócrifas a través
de la firma Tecnometal S.A. por un monto total de
$830.760,00, permitiendo obtener reintegros por
$149.536,80.
Explicó que las facturas aludidas
pretendieron dar respaldo a supuestos servicios de
mano de obra vinculados a cortes de barras de acero
para realización de cuños y grabados, pero que tales
trabajos no fueron prestados de la manera detallada.
En cimento, expuso que la DGI fiscalizó a Tecnometal
en mayo de 1996, resultando que desde 1993 hasta el
momento de la inspección, la firma tuvo un solo
empleado y comprobando que carecía de equipamientos
para efectuar trabajos metalúrgicos, pues se dedicaba
a la realización de obras de ingeniería,
construcciones y montajes.
También, que Giusti era, a la par, principal
accionista de Romaer S.A.C.I.F.I. y que esa persona
jurídica era proveedora de Dallas Instrumentos y de
Casa Piana S.A.
Pidió, de igual modo, la confirmación de su
condena.
c) La defensa de Edgardo Enrique Roggenbau,
Marcelo De Laurentis y Alberto Giusti se refirió en
primer lugar al plazo razonable del juzgamiento en
relación al caso.
Sopesó que la duración del proceso era
excesiva que debía darse operatividad a la garantía en
cuestión. Indicó que si bien la causa podría
catalogarse como compleja, se trataba de un extremo no
suficiente para justificar la extensión arribada.
Argumentó que la acción penal respecto de la
imputación por defraudaciones a la administración
pública estaba prescripta.
Explicó que el último acto con capacidad para
interrumpir la prescripción era la citación a juicio
del 24 de octubre de 2008 y que, de allí, el siguiente
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y Gustavo M. Hornos, en atención a las previas
actuaciones en que intervinieron en la causa para
decidir sobre la responsabilidad de los imputados.
Objetó que se tuviera por comprobada la
conformación de una asociación ilícita, remarcando que
Mario Jorge Grinschpun no había sido imputado por
hechos de defraudación.
Se refirió finalmente a la entidad de sus
acciones y explicó que realizó actos propios de sus
funciones como despachante de aduanas, sin apartarse
de la neutralidad correspondiente a ese rol regular.
Formuló reserva del caso federal.
c) La defensa de Luis Eduardo Ricigliano
también reeditó sus agravios en torno a la
conformación de este tribunal, pretendiendo el
apartamiento de los doctores Mariano Hernán Borinsky y
Gustavo M. Hornos, en razón de haber intervenido
previamente en la causa para dirimir sobre la
responsabilidad de los imputados.
De igual modo a sus colegas de las restantes
defensas, requirió la resolución del caso a través de
la declaración de infracción al plazo razonable de
juzgamiento.
Sostuvo que el representante del Ministerio
Público Fiscal, al expedirse sobre la vigencia de la
acción penal de los hechos imputados como defraudación
a la administración pública, adoptó para con su
asistido una postura contradictoria, teniendo en
cuenta que en la etapa de debate había pedido la
absolución de Ricigliano, tanto por la figura del art.
174 inc. 5 del C.P. como por aquella del art. 210 del
mismo cuerpo legal.
Enfatizó finalmente en que “a fs. 20.415 la
empresa RODHIO S.R.L., de la cual Ricigliano era socio
gerente, fue sobreseído, la empresa RODHIO fue
sobreseída(…). Ricigliano no actuaba a título
personal, actuaba por su empresa. Su empresa fue
investigada, por AFIP, por penal económico, absuelto
totalmente…”.
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los planteos relacionados con el plazo razonable de
juzgamiento que hicieron las defensas.
Adujo que en esas condiciones, en caso de que
este Tribunal dictara una resolución al respecto, no
estaría cumplida la garantía de doble instancia.
Recordó que los hechos en juzgamiento databan
de 1993 y que a la fecha no se contaba aun con una
sentencia firme. Afirmó que la duración del proceso
había operado como una pena sin condena, dada la
afectación que había generado en la vida de su
defendido.
Reafirmó su posición en cuanto a que estaba
infringido el plazo razonable de juzgamiento y pidió
que se dictara una resolución receptando esa
circunstancia.
f) El señor Fiscal General ante esta
instancia solicitó el rechazo de los recursos de
casación interpuestos por las defensas, tanto aquellos
dirigidos contra la sentencia condenatoria, como los
ordenados contra el auto del tribunal a quo del
1/9/22.
A tal fin, se remitió a los argumentos
expuestos por los representantes del Ministerio
Público Fiscal en las presentaciones efectuadas el
4/5/18 -durante el término de oficina de este
expediente principal- y el 4/7/22 -en el marco del
incidente CFP 6082/2007/TO1/39/CFC7-, por entender que
los aspectos centrales en discusión estaban allí
abarcados, sin que hubieran variado las circunstancias
tenidas en consideración.
Superada dicha etapa procesal y efectuado el
sorteo de ley para que los jueces emitan su voto,
resultó el siguiente orden: Javier Carbajo, Mariano
Hernán Borinsky y Gustavo M. Hornos.
Quedaron, en consecuencia, las actuaciones en
condiciones de ser resueltas.
El señor juez Javier Carbajo dijo:
I. De acuerdo a lo resuelto por la Corte
Suprema de Justicia de la Nación el 24 de mayo de
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Concluyeron que existían motivos legales y
constitucionales que habilitaban a ese magistrado a
expedirse en la causa y que no estaba demostrado un
menoscabo al derecho de defensa derivado de la edad
del juez Pose.
b) Recusaciones
Analizaron luego los planteos de recusación
realizados por las defensas.
Señalaron que previamente se habían efectuado
iguales pedimentos y que habían sido rechazados en la
instancia, con convalidación por esta Alzada a través
de sucesivas desestimaciones en los recursos de queja
presentados, por lo que se remitieron a lo decidido en
los incidentes respectivos.
c) Vigencia de la acción penal sobre las
defraudaciones
En tercer lugar, atendieron al pedido
ordenado a que se declarara prescripta la acción penal
sobre los hechos calificados como defraudación a la
administración pública.
Recordaron que la regulación dada al art. 67
del C.P. por la ley 21.338 y su ratificatoria 23.077
era aquella vigente al momento de los hechos.
Afirmaron que, al no incluir a la asociación ilícita y
a la defraudación contra la administración pública
entre aquellos delitos que suspendían el curso de la
prescripción de la acción si alguno de los implicados
era funcionario público, resultaba un sistema
normativo más benigno que aquél sancionado por las
leyes 25.188 y 25.990.
Sobre tal base, sostuvieron que no cabía
aplicar como único y último acto de interrupción de la
prescripción de la acción penal al decreto de citación
a juicio del 24 de octubre de 2008, sino que, dentro
del concepto de “secuela de juicio”, debía concluirse
que el decreto del 31 de octubre de 2016 que fijó
fecha para el comienzo del debate era también un acto
de esa especie.
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objeto y en la causa que eran exigibles para que
operara la garantía de ne bis in idem.
f) Nulidad a raíz de la acusación contra
Mario Jorge Grinschpun, por haber sido formulada en
soledad por la querella
Los magistrados invocaron el precedente de
Fallos: 321:2021 (“Santillán”) y arguyeron que no
existían distingos en la exigencia de acusación como
forma sustancial de todo proceso penal, respecto del
carácter público o privado de quien la formulara.
Agregaron que allí el Máximo Tribunal tampoco hizo
exclusión alguna que pudiera aplicarse a las personas
jurídicas, públicas o privadas.
Estimaron que la parte querellante podía
desplegar una actuación procesal autónoma en relación
a la de la fiscalía, precisaron que el C.P.P.N.
contenía en el art. 82 bis pautas que permitían esa
clase de participación en el proceso para personas
jurídicas y que, en igual sentido, el C.P.P.F. en su
art. 85 también contemplaba como posible que las
entidades del sector público se constituyeran como
querellantes conforme a las leyes y reglamentos.
Concluyeron que AFIP-DGI y AFIP-DGA eran
organismos legitimados para ejercer en forma amplia y
autónoma el rol de querellantes, en modo tal que la
acusación dirigida contra Grinschpun, más allá del
pedido absolutorio de la fiscalía, era válida, por lo
que rechazaron el pedido de nulidad de esa defensa.
g) Incorporación de la sentencia dictada
respecto de Enrique Piana y Miguel Seligman mediante
juicio abreviado
Los jueces abordaron el cuestionamiento de la
defensa de Roggenbau, De Laurentis y Giusti, de
acuerdo con el cual, al haber dictado sentencia
primigeniamente respecto de los dos consortes, dejaban
al tribunal sin posibilidad de decidir de otro modo,
resultando en una pérdida de la imparcialidad
objetiva.
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propio procedimiento de juicio oral y la prueba
producida en él los que habían ratificado la
existencia de la asociación ilícita.
h) Valor asignado al relato confesorio de
Enrique José Piana como elemento de convicción
Los magistrados rechazaron las objeciones
formuladas por las defensas en torno al testimonio de
Enrique José Piana, en cuanto se expidió sobre
extremos que incriminaban a los consortes del proceso.
Señalaron que no era conducente evaluar si el
proceder de Piana se ajustaba o no a la previsiones
legales de la figura del testigo colaborador, pues se
trataba de un imputado que libremente había discurrido
sobre su responsabilidad en los hechos, involucrando a
quienes habían tomado parte en iguales sucesos,
asimilándose a un relato confesorio, a un testimonio o
a un indicio.
Explicaron que existían criterios de
valoración particulares para esta especie de
elementos, entre los cuales se contaban, que no se
tratara del único sustento de convicción, que
existieran otras probanzas convergentes, que su
introducción se hiciera saber a las restantes partes
al comunicarles la imputación, que se la mantuviera
sin alteraciones de contenido durante el proceso y que
no desligaran al declarante en directo y exclusivo
perjuicio de un tercero, sino que esclarecieran
también sobre su propia responsabilidad.
Afirmaron que el relato de Enrique Piana se
ajustaba a esos parámetros ya que había sido brindado
al momento de prestar declaración indagatoria, no
incluía contenido contradictorio y había sido
mantenido a lo largo del proceso. Consideraron que el
aporte debía ser valorado según la sana crítica y
citaron precedentes jurisprudenciales en sustento de
esa aserción.
i) Materialidad de la asociación ilícita
El tribunal consideró acreditado que entre
noviembre de 1993 y febrero de 1995, los imputados
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y que debían ser valorados para definir sobre la
responsabilidad de los imputados.
Manifestaron que “…[c]omo básico
presupuestos de los planes del grupo delictivo, iba a
ser necesario ejecutar (…) operaciones de exportación
de mercaderías sobrevaluadas (manufacturas de oro y
otros metales no preciosos) (…) con destino a la
empresa Handy & Harman y a otras firmas extranjeras” y
que “…el grupo delictivo estimó (…) que esas
exportaciones ilegales, funcionales per se a los fines
de obtener ilícitamente los reintegros aduaneros, al
mismo tiempo podían ser la puerta que condujera a
intensificar los emprendimientos delictivos, y así
seguir defraudando al Estado Nacional.
En concreto pues, la asociación ilícita
decidió que esas exportaciones fueran usufructuadas
para abusar, también fraudulentamente, de otros
estímulos o beneficios impositivos (…).
Para ello, el grupo delictivo ideó y
planificó la conformación de créditos fiscales
simulados y espurios en concepto de tal impuesto, como
paso previo a utilizarlos en las diversas maniobras
engañosas…”.
Explicaron que las exportaciones estaban
exentas del pago del IVA y que se les reconocía a
quienes efectuaran esas operaciones, como beneficio o
estímulo a su actividad, la facultad de requerir
reintegros de ese gravamen que hubieran tributado en
las etapas anteriores del ciclo productivo, como
consecuencia de la compra de insumos y materia prima
aplicada a las mercaderías objeto de exportación o al
pago de servicios que terceros prestaran en relación a
éstas. También, que el sujeto exportador podía
transferir a un tercero las acreencias que tenía ante
el organismo recaudador.
Partiendo de ello, tuvieron por cierto que
“…así, los plurales planes delictivos del grupo (…) se
multiplicaron y dieron nuevos frutos, acoplándose a
las maniobras de exportación de mercaderías
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Puntualizaron que, en ciertos casos esas
maniobras se canalizaban mediante devolución directa y
parcial por parte de la DGI de los importes de las
acreencias espurias y, que en otros casos, la mayoría,
la ventaja se obtenía por transferencia de esos
créditos a un tercero. “Tal proceder, implicaba que,
bajo ardid o engaño, la DGI casi simultáneamente
validara esos créditos espurios y otorgara la
autorización para habilitar tal transferencia del
crédito fiscal al cesionario, que en todos los
supuestos resultó ser, el (…) Banco Quilmes S.A.”.
También reseñaron que el perjuicio fiscal se
acrecentó por la falta de ingreso de los débitos
producidos en las operaciones comerciales simuladas.
Señalaron como cruciales los roles y
conocimientos de Campbell -aportando su experiencia en
materia de comercio exterior-, Piana -desplegando sus
conocimientos como profesional de la materia contable
para instrumentar la ingeniería que permitía
acrecentar los réditos- y Grinschpun -por sus
capacidades en operatorias de despacho de
exportaciones-.
Entre las acciones que dieron lugar y
caracterizaron a la operatoria global reprochada,
enumeraron:
- la conformación de un entramado empresarial
apegado al mercado de oro y metales no preciosos, para
dotar de visos de legalidad a las acciones. Entre esas
empresas citaron, además de a Casa Piana S.A. y
Gemmodesign S.A., a “…Dallas Instrumentos S.A.;
Derizinc S.A.; Lamimetal S.A., Metcu S.A.; Milverton
S.A.; Nakril S.A.; Rodhio S.A.; Silver Plate S.A.,
Tecnometal S.A.; y Casa Eise S.A.”.
A la vez, para compensar los débitos fiscales
generados por la facturación apócrifa de esas,
indicaron que obraron como empresas de segundo orden
“…Propex S.R.L; E.R. Industrias Electromecánicas de
José Luis Radetski; Ferro-Acril; Proveedor de
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En el acápite respectivo (cfr. ps. 205 a 263
de la sentencia emitida el 14/08/17), el tribunal dio
las precisiones que se tuvieron por documentadas sobre
cada uno de los 19 hechos imputados como defraudación
a la administración pública.
Allí, entre los aspectos delimitados, se hizo
constar la fecha mensual de cada solicitud, quién fue
el firmante de los formularios presentados ante la DGI
para requerir y ceder los reintegros; el monto que
correspondió a cada uno de esos reintegros; el detalle
sobre los permisos de embarque implicados en cada
hecho, su contenido, su valor, quiénes eran los
importadores en cada caso y quien era el despachante
de aduana actuante; quiénes eran los proveedores y
prestadores que emitieron facturas para sustentar los
pedidos de reintegros, cuáles eran las facturas
emitidas, por qué conceptos y por qué montos.
Se remarcó que la validez de esas constancias
no había sido pasiva de impugnación por ninguna de las
defensas.
k) Ideación, planificación y ejecución de los
fraudes a la administración pública
El tribunal sostuvo que la emisión de
facturas apócrifas por parte de Roggenbau, Ricigliano,
De Laurentis y Giusti, conformó una forma de aporte
indispensable para cometer las defraudaciones.
Señalaron que fue Enrique Piana quien dio
precisiones sobre por qué se recurrió a la facturación
apócrifa para que los reembolsos fuesen en sí mismos
rentables.
El tribunal hizo constar que, según el
nombrado, “…los productos de oro se exportaban con un
10% de sobrefacturación para ‘mantener la ilusión de
un producto manufacturado’ (sic), y que ‘…el precio
total manufacturado era pagado realmente a Handy &
Harman y luego se le devolvía el 10% pagado de más
mediante el pago a SWM por marqueting (sic) (…).
Aclaró que ese pago a la empresa Souther
Windsor Metallurgical ‘…servía al mismo tiempo para
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Al puntualizar sobre los montos implicados,
el tribual invocó como documentado que Casa Piana S.A.
y Gemmodesign S.A., entre noviembre de 1993 y febrero
de 1995, plasmaron contablemente exportaciones de
productos de oro y otros metales por $271.616.869,30,
siendo que, en todos los casos los envíos de oro se
dirigían a Handy & Harman (en un total de
$59.069.188,31) mientras que las restantes
exportaciones se destinaban a “…Intergold Corp,
American Mints, Mold Dies & Novelties Corp, Weekend
Novelties Inc, Handy y Harman, MTB Bank, y January
Sales Corpo” (cfr. p. 279 de la sentencia).
Por otro lado, se indicó que el monto por el
cual se habría hecho incurrir al erario público en el
error propio de la defraudación, implicaba la suma de
$19.715.995,66 (cfr. p. 287).
l) Adecuación legal de las conductas
Al expedirse sobre la calificación legal que
debía darse a las acciones, el tribunal se explayó
primeramente sobre la asociación ilícita juzgada.
Se indicó que estaba corroborada la
integración de un grupo delictivo de siete personas,
compuesto por Piana, Seligman, Augspach, Campbell,
Grinschpun, Roggenbau y Ricigliano.
Con cita de precedentes jurisprudenciales y
de doctrina, hicieron referencia al carácter autónomo
que esta figura penal posee respecto de aquellos actos
delictivos que materialice y que puedan concurrir con
ella en forma real, enfatizando que no era necesario
que esa actividad fáctica se diera, pues la acción
típica se configuraba por el solo hecho de tomar parte
de la asociación, sin que fuera necesario ejecutar los
delitos que formaban parte del acuerdo criminoso.
Agregaron que era requerida la presencia de
cierta estabilidad del contexto delictivo, su
pluralidad y la cohesión por sus miembros en orden a
la consecución de los fines ilícitos, debiendo los
autores del delito, conocer que participan de una
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operandi determinado o la apreciación global de una
serie de comportamientos que la evidenciaran.
Se refirieron a la permanencia y a la
estructura de la agrupación, resaltando que actuó en
forma ininterrumpida entre noviembre de 1993 y febrero
de 1995 -meses entre los que se efectuaron los
despachos de exportación- y que exhibió una marcada
organización, signada por la utilización de diversas
empresas, desde cuyos giros comerciales y estructuras
se canalizaron maniobras para la consecución de los
planes delictivos, significativas de aportes
materiales dolosos.
Escrutaron el requerimiento del tipo
delictivo del art. 210 del C.P., referente a que la
asociación tuviera en miras plurales planes delictivos
para ser ejecutados. Con cita de doctrina, señalaron
que “[l]o decisivo es que no se vislumbre la
existencia de un mero acuerdo para un delito
determinado característico de la participación, sino
que [exista] ‘unidad de acuerdo y pluralidad de
contextos delictivos’ a realizarse sucesivamente,
situación que se distingue de la reiteración de
actividades delictivas cometidas en participación…”.
Dieron a tal aspecto por configurado, a
partir de las maniobras de fraude ejecutadas, por
entenderlas con entidad suficiente para demostrar per
se la existencia de esos plurales planes delictivos
(cfr. p. 299 de la sentencia), aun cuando se
refirieran solo a un determinado tipo de ilícitos; sin
perjuicio de lo cual aclararon, que los hechos de
contrabando juzgados en el fuero penal económico
constituían un paso para la perpetración de los
fraudes y eran pues un eslabón más del iter criminis
de la asociación ilícita (cfr. p. 300 de la
sentencia).
Por otro lado, reiteraron sobre la
conformación de la empresa Refinerías Riojanas S.A.
como un punto adicional que demostraría la voluntad de
permanencia o perdurabilidad del grupo.
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un engaño, de la producción de un error en el sujeto
pasivo y que fueran esas previas conductas las que
determinaran un perjuicio patrimonial en el sujeto
pasivo.
Indicaron que en los 19 hechos objeto de
imputación estaba verificado el ardid o engaño,
consistente en generar errores en la DGI, que
derivaron en acciones de disposición patrimonial
perjudiciales para el Estado Nacional.
Describieron sobre ese ardid manifestando que
“…luego de conformarse los créditos fiscales espurios
en concepto del impuesto al valor agregado, Piana, en
representación de las firmas exportadoras Casa Piana
S.A. y Gemmodesign S.A., desplegó actos constitutivos
de (…) engaño a través de la activación de los
procedimientos administrativos tributarios reglados en
la Resolución 3417/91.
A tal fin, debió incurrir en una serie de
afirmaciones falsas e inexactas vertidas en diversas
declaraciones juradas. Algunas de esas aseveraciones
se sustentaron en los permisos de embarques que
documentaron las exportaciones de mercaderías
sobrevaluadas; otras, se cimentaron en facturas
comerciales apócrifas (…).
Por lo demás, se presentaron las restantes
notas requeridas también como declaración jurada por
la Resolución 3417/91, en las que se expresaron -con
falsedad- que no existían relaciones entre las
empresas solicitantes y sus proveedores…”.
Consideraron que se llevó a cabo ante el
organismo recaudador una puesta en escena y que debía
repararse en la particular naturaleza del Estado como
sujeto pasivo de la conducta, junto a los especiales
deberes de fidelidad que el ordenamiento le imponía al
contribuyente dentro del sistema de autodeclaraciones,
en resguardo de los intereses generales. Descartaron,
en ese marco, la alegación defensista respecto de que
el Estado Nacional habría obrado como víctima culpable
o negligente.
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en aquellos pedidos de reintegro que fueron cedidos al
Banco Quilmes, fue necesario instrumentar mediante
trámites administrativos la pertinente solicitud de
cesión, que debió ser autorizada por la DGI, que por
error terminó reconociendo su condición de deudor
cedido, a partir de créditos falsos y conformados
ficticiamente.
Refirieron que, con esa operatoria, se
produjo una merma en los derechos del Estado y un
incremento en sus obligaciones. Citaron doctrina e
hicieron constar que “…la disposición patrimonial que
exige la modalidad de defraudación mediante estafa, ‘…
debe ser entendido en sentido amplio. No consiste
únicamente en la entrega de una cosa, sino que debe
incluirse en el concepto de disposición patrimonial
cualquier otra decisión con consecuencias
patrimoniales perjudiciales, ya sea que recaiga sobre
bienes muebles, inmuebles, derechos de contenido
patrimonial o en la prestación de servicios, siempre
que tengan un valor económico. (…) [E]l concepto
incluye la transmisión, modificación o extinción de un
derecho pre-existente, así como también la creación de
una relación jurídica nueva que represente una ventaja
patrimonial a favor del sujeto activo’. (…), ‘también
la omisión puede constituir una disposición
patrimonial, como sería el caso del engañado que deja
de percibir o renuncia a un crédito”.
Concluyeron así que el Estado Nacional, pasó
a ser deudor de créditos en función del impuesto al
valor agregado, que no habían sido previamente
abonados por las firmas exportadoras a sus
proveedores, que las sumas representadas en esas
acreencias nunca habían ingresado al erario público y
que la comisión del delito no se veía cancelada por la
circunstancia de que posteriormente la DGI hubiera
impugnado los créditos reclamados, ya que el Banco
Quilmes pretendió utilizarlos para cancelar deudas
propias con el ente recaudador.
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testigo de los actos instrumentados y que ello era una
forma más de apadrinar la real operatoria ilegal.
Agregaron que, según lo declarado por Enrique
Piana, “…el [contrato] de compraventa internacional
encubrió las salidas de mercadería al exterior y las
transferencias bancarias efectuadas para el pago de
esas operaciones de comercio exterior, es decir, (…)
la operatoria necesaria para obtener no sólo los
reintegros aduaneros, y por añadidura los vinculados
al impuesto al valor agregado; en cuanto al segundo
contrato, Enrique Piana afirmó que fue el montaje
necesario para canalizar el retorno de las utilidades
ilegales a las arcas de los directivos americanos,
camuflándolos bajo el aparente pago de servicios de
marketing”.
Meritaron sobre las condiciones de que fuera
cercano y de que actuara en conjunto con Michel
Verleysen, cuyo domicilio y número telefónico
coincidía con el de las empresas importadoras de
[Link]. January Sales y Belard Sterling; de que hubiera
sido presidente del banco uruguayo Pan de Azúcar entre
los años 1991 y 1993, describiendo que Enrique Piana
adujo que a través desde esa entidad se transferían
ganancias ilegales a los directivos norteamericanos,
ya que allí Michel Verleysen, Richard Searle y Barry
Wayne tenían cuentas bancarias; y sobre su presencia
en las reuniones de Puerto Vallarta, Key West y
Princeton.
Consideraron que, por sus incumbencias y
experiencia profesional no era posible que solo
hubiera oficiado como testigo o “convidado de piedra”
de todos los actos ilegales, sino que, adversamente,
conocía en detalle la conformación del grupo
delictivo, su estructura, su propio rol y el de los
restantes integrantes.
Enfatizaron que “…la tajante división que ha
pretendido efectuar el doctor Mayer entre las
exportaciones de oro y la de otros metales no
preciosos, señalando que sólo en estas últimas
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a ciertos funcionarios del Ministerio de Economía y de
otras reparticiones públicas.
Arguyeron que, la circunstancia de que
Enrique Piana fuera contador público o de que hubiera
otros profesionales que también eran entendidos en
cuestiones de comercio exterior, no excluían la
responsabilidad de Campbell.
Sobre la atribución de haber desplegado
funciones de intermediación, señalaron que, si bien no
estaba cabalmente demostrado el modo de ejercicio de
esa imputación, era relevante que Campbell hubiera
sido convocado en forma casi concomitante a los hechos
de la causa, para ejercer un cargo público relevante y
con ascendencia, que le otorgaba ventajas operativas
para desarrollar los planes delictivos.
Destacaron que era el único profesional en
materia de comercio exterior que participó en la
reunión celebrada en Puerto Vallarta, como también la
circunstancia de que concurriera asiduamente a Casa
Piana, incluso a las juntas que se llevaban a cabo con
los representantes de Handy & Harman y de que tuviera
en la sede de esa empresa una secretaria privada bajo
su dependencia.
Enfatizaron sobre su implicancia en los
hechos refiriendo que no era razonable que, si
Campbell concurrió a Puerto Vallarta para efectuar una
conducta lícita como sería solo disertar sobre
comercio exterior, no conociera sobre el modo en que
habrían de adquirirse el oro, del canal comercial del
cual este provendría, de cómo se sustentaría el flujo
de materia prima y de cuál era la capacidad operativa
de las empresas interesadas. Concluyeron que no podía
tenérselo como ajeno a todo lo delimitado y que, por
el contrario, se ocupó de “…haber trazado junto a
Verleysen los lineamientos de la colosal maniobra a
ejecutar y, entre otras temáticas posibles, informar a
sus asistentes, todo lo relativo a la eventual
disponibilidad de los cupos de exportación necesarios
para canalizar en el tiempo y sin sospechas de los
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integrado por más de tres personas, y que tenía cierta
estructura organizativa, siendo su jefe Enrique Piana
y, por lo demás, también tuvo conocimiento del alcance
de sus plurales planes delictivos. Por ello, se halla
acreditado el dolo que requiere el tipo del artículo
210 del CP.
Por cierto que conocía el alcance ilegal de
las exportaciones que eran presupuesto de los fraudes,
y también, por ello, mismo, cabe presumir fundadamente
que tenía cuanto menos un conocimiento periférico
sobre las maniobras relacionadas con la conformación
de los créditos fiscales espurios…”.
De igual modo que en el caso de Augspach, los
jueces del tribunal desestimaron la acusación
formulada por las querellas, que ubicaron a Campbell
como cómplice primario de ciertos fraudes, por
ausencia de elementos de convicción que dieran base al
aserto, aclarando que ello no impedía a que se lo
sentenciara como miembro de la asociación ilícita.
En tercer lugar, abordaron la asignación de
responsabilidad penal de Mario Jorge Grinschpun.
Describieron que solo resultó acusado como
miembro de la asociación ilícita por las partes
querellantes, pues la fiscalía propició su absolución
al respecto por duda razonable.
Explicaron que Grinschpun se integró al grupo
conociendo su conformación, su estructura
organizacional, el alcance de los planes y que lo hizo
con vocación de permanencia. Puntualizaron que “…
Grinschpun se encargó de brindar, a través de su
empresa Express S.R.L., apoyatura imprescindible en el
área aduanera, interviniendo directamente en los
trámites de despacho de las mercaderías que fueron
exportadas (…) o actuó a través de sus apoderados,
Seoane y Quiroz…”.
Sopesaron que sus aportes constituyeron un
paso imprescindible para la conformación de los
créditos fiscales espurios en concepto de IVA y la
ulterior perpetración de los fraudes ante la DGI, pues
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FOB de la mercadería, no se compadecían con la
realidad.
Concluyeron sobre el punto que “[l]o
expuesto, confirma que Grinschpun estaba ab initio
consustanciado con los plurales planes delictivos de
la asociación ilícita, pues sólo así se entiende que
haya certificado los primeros permisos de embarque y
comparecido a las primeras verificaciones, y no
obstante haya proseguido en la tarea…”.
Consideraron que el monto de las operaciones
realizadas, impedía tenerlo como ajeno a lo que
sucedía, pues no se trataba de simples destinaciones
de exportación de poca cuantía ni Casa Piana de un
cliente ocasional, sino que se certificaban permisos
de embarque por sumas que superaban los diez millones
de pesos mensuales.
Agregaron que la posible connivencia o
ineficacia en las tareas de control por los
funcionarios aduaneros no cancelaban las obligaciones
y responsabilidad del despachante de aduanas por
participación dolosa dentro del grupo criminal.
Por otro lado, en relación a la acusación por
los hechos de defraudación a la administración
pública, el tribunal dio cuenta de que las querellas
habían propiciado la absolución del nombrado y, así,
teniendo por fundada dicha tesitura, resolvieron en
consecuencia.
En cuarto orden, discurrieron sobre la
responsabilidad de Edgardo Enrique Roggenbau.
Meritaron que integró el grupo delictivo
organizado en carácter de miembro. Memoraron que al
momento de los hechos revestía la condición de
presidente de Casa Eise S.A. y manifestaron que, a
través de esa sociedad, había operado como proveedor
de Casa Piana S.A., emitiendo facturas apócrifas. En
añadidura, dieron por cierto que la misma firma formó
parte del grupo de cinco empresas involucradas en las
exportaciones de oro y otros metales preciosos
sobrevaluados con destino a Handy & Harman y a sus
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Luego, respecto de la acusación por
defraudación a la administración, señalaron que
Roggenbau fue responsable por la emisión de facturas
en favor de Casa Piana S.A., entre los meses de
noviembre y diciembre de 1993 y de enero a agosto de
1994, por un valor total de $11.964.927,76,
permitiendo a Enrique Piana solicitar reintegros por
$1.632.580,59.
Describieron que los conceptos por los que se
emitieron los comprobantes fiscales consistieron en “…
la venta de oro 900, trabajos de laminados de flejes
de oro 900 y de elaboración de cospeles de cobre,
venta de lingotes de oro, purificación de oro 871,
venta de discos de plata, de granalla de cristales de
plata y elaboración de alambre de oro” y que Roggenbau
también tuvo a Casa Piana S.A. como proveedor propio.
Memoraron que entre los conceptos de
facturación cruzada entre las dos empresas “…Casa
Piana aparecía vendiéndole a Casa Eise oro 24K y que,
a su vez, esta última le vendía a aquélla oro 900, y
todo ello en las mismas fechas”.
Consideraron que se trataba del mero
encubrimiento de la conformación de créditos fiscales
espurios en concepto de IVA, fundándose en que “…
[n]ingún empresario o comerciante hubiese optado por
tal operatoria, que de haber existido en su cabal
realidad económica y financiera hubiese importado que
tanto Piana como Roggenbau, (…) hubiesen tenido que
afrontar, en sus roles de compradores, el pago de los
importes liquidados en concepto del impuesto al valor
agregado, cuando podían adquirir esos metales
preciosos exentos de tal gravamen a través de una
institución financiera.
(…) Es harto irrazonable imaginar, que
Roggenbau le haya adquirido a Casa Piana el oro
producto de la fundición y purificación que, él mismo,
con carácter previo le había vendido a esta última
empresa, si Roggenbau podía obtenerlo a un costo menor
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involucradas en la exportación de oro y de otros
metales hacia Handy & Harman y sus sociedades
controladas, suscribiendo con la empresa de [Link].
nombrada y con South Windsor Metallurgical contratos
destinados a encubrir el real alcance ilegal de las
operaciones.
Reseñaron que estaba verificada su
participación en la reunión del grupo llevada a cabo
en Puerto Vallarta y que emitió y proveyó facturas
apócrifas para Casa Piana S.A. y Gemmodesign S.A.,
esto último con el fin de conformar créditos fiscales
espurios a fin de obtener reintegros de IVA en las
carpetas numeradas como 4, 6, 3 y 14, correspondientes
a los meses de febrero, abril, noviembre y diciembre
de 1994 -en el caso de Casa Piana- y enero y febrero
de 1995 -en el caso de Gemmodesign-.
Indicaron que el alcance de su
involucramiento excedía la mera emisión de facturas
apócrifas, pues estaba también probada su intervención
en el proyecto de creación de la firma Refinerías
Riojanas S.A. y su contribución a conformarla a
mediante Rodhio S.R.L.
Sopesaron que, a través de esos hechos, se
vislumbraba su vocación de membresía con grado de
perdurabilidad y su conocimiento sobre los planes
delictivos.
Luego, en relación a los hechos de
defraudación a la administración que le fueran
imputados, los jueces estimaron que “…la sistemática
emisión de facturas apócrifas en favor del tándem
conformado por Piana y Seligmann, para la perpetración
y ulterior ejecución de los fraudes perpetrados por
éstos (…) exceden el rol de mero cómplice secundario.
No hay dudas de que se verifica una relación
de causalidad entre la emisión y entrega de las
facturas apócrifas, de una parte, y la preparación y
ulterior ejecución de los fraudes, por la otra.
Pero además (…) valorados ex ante estos
aportes de Ricigliano, se comprueba sin esfuerzos que
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(…) Otro indicio relevante que demuestra la
connivencia entre estas empresas (…), es que en la
sede de Casa Piana S.A. se secuestraron 82 facturas
originales confeccionadas por la firma Derizinc, que
fueron transcriptas a las planillas presentadas ante
la DGI para sustentar ciertos pedidos de reintegros.
Como otro dato significativo que releva lo
espurio (…) es que de esas facturas originales (…), 40
no tienen igual topografía que la correspondiente a
sus respectivas copias…”. También sopesaron que los
montos facturados por Derizinc S.R.L. no tenían
correlación con la potencialidad de la empresa, por no
contar con la infraestructura necesaria y acorde a la
magnitud del giro comercial vertido en la facturación.
Agregaron que Ricigliano fue también
proveedor de la firma Silver Plate -que se hallaría
bajo el dominio de Enrique Piana y que a la vez
aparecía como proveedora de Casa Piana S.A.- y de Casa
Eise S.A.
Consideraron que existía una operatoria
circular entre Piana y Ricigliano, que se veía
plasmada en la existencia de facturas y cheques
cruzados, que buscaban dotar de verosimilitud a
operaciones comerciales simuladas.
Concluyeron que Ricigliano hizo aportes
dolosos indispensables para concretar los fraudes y
que por ello debía responder como cómplice primario de
los hechos numerados 4, 6 y 13 a 19, en concurso real
con la asociación ilícita.
En orden siguiente, estudiaron la asignación
de responsabilidad a Marcelo De Laurentis.
Reseñaron que fue acusado, tanto por el
Ministerio Público Fiscal como por las querellas, como
miembro de la asociación ilícita y como cómplice
primario de las maniobras de defraudación.
Sin embargo, el tribunal absolvió a De
Laurentis en relación al primer tipo penal, por
entender que no estaban señalados cuáles eran los
elementos de convicción que podían ligarlo al grupo
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tratamiento térmico, zincados, cromados, niquelados y
calibrados.
En tal ocasión, De Laurentis aportó, entre
otras constancias, tres facturas de proveedores, una
nota que consignaba sus principales proveedores y
clientes y una fotocopia de un acta de Directorio.
Se advirtió que las facturas presentadas por
aquél tenían montos inferiores a los $ 38.000, y que
la emitida con fecha 30/ 12/ 94 sólo ascendía a los $
22.000.
Otra de esas facturas había sido otorgada el
26/12/94 por la firma Romaer, cuyo presidente era el
encausado Giusti, siendo su importe de $ 572.418., no
obstante resultar de los Libros de IVA compras de
Dallas, que aquélla firma era una de sus principales
proveedoras de esta última.
En ese marco, se le requirió a De Laurentis
las facturas de ventas de sus principales clientes y
se constató, que estas no superaban los $ 47.000,
cuando ese mismo día Dallas Instrumentos S.A. le había
facturado a Casa Piana un monto de $ 580.560, mediante
la factura n° 1679.
Por otro lado, se procedió a efectuar un
relevamiento técnico de la empresa Romaer, con
intervención de la Ingeniera María del Carmen Aiello,
de la que resultó que, con el pantógrafo allí
instalado, no se podían realizar los cuños en bajo
relieve que la firma Dallas Instrumentos S.A., cuya
producción está ultima le había atribuido a aquélla
empresa.
Por lo demás, la Dirección General
Impositiva también procedió, durante el mes de abril
de 1995, a efectuar una verificación sobre la firma
Tecnometal S.A., ubicada en la calle Manuel de Ocampo
2251, Valentín Alsina, provincia de Buenos Aires,
quien se vislumbraba en las maniobras como la
principal proveedora de Dallas Instrumentos S.A; en
tal oportunidad, Fernando Cepeda, quien se presentó
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consecuente absolución, que no fue recurrida por las
partes acusadoras.
Al analizar sobre los hechos canalizados a
través del art. 174 inc. 5 del C.P., expresaron que se
trataba de un cómplice primario, en atención a la
entidad y relevancia de los aportes desplegados.
Afirmaron que, a través de la firma
Tecnometal S.A., ofició como proveedor de Casa Piana
entre noviembre y diciembre de 1993, emitiendo
facturas apócrifas en favor de Casa Piana por
$830.760,00 que los montos reflejados en concepto de
IVA permitieron engrosar los créditos fiscales falsos
y solicitar reintegros por tal tributo por
$149.536,80.
Explicaron que el giro comercial declarado de
Tecnometal S.A. consistía en la venta de máquinas y
complementos para la industria plástica y que, en las
facturas emitidas para Casa Piana, se consignaban
servicios de mano de obra como cortes de barras de
acero para la realización de cuños, torneado,
preparación para copiado en pantógrafo, grabado
externo por sistema de punzón, entre otros.
Añadieron que Giusti era también el principal
accionista de la firma Romaer S.A.C.I.F.I., y que esta
actuaba también como proveedora de Dallas Instrumentos
S.A. y de Casa Piana S.A.
Tuvieron por acreditado que los trabajos
consignados no fueron prestados del modo en que se
hizo constar. Para fundar esa convicción, describieron
que “…según el informe producido por los Inspectores
Mugnai y Mencia, como resultado de una fiscalización
practicada sobre Tecnometal en mayo de 1996, se
comprobó que desde el año 1993 hasta ese entonces, tal
firma, según la consulta pertinente efectuada a la
Anses, tuvo un solo empleado, sin que surgiera de la
base de datos de esta entidad, el nombre de aquél.
Lo expuesto ciertamente demuestra, que el
encausado Giusti a través de su empresa Tecnometal, no
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De este informe surge que se comprobó, que
tal empresa no tenía el equipamiento necesario para
efectuar trabajos metalúrgicos (…).
Por otro lado, es necesario evocar que la
empresa Romaer también fue contratada por la firma
Nakril S.A. respecto de una supuesta elaboración de
cospeles de bronce.
Según resulta de las facturas 389, 380 y 376
de los registros del Libro IVA Compras Proveedores n°
2 de la firma Nakril, incautado en autos, Romaer
habría realizado trabajos para aquélla consistente en
pantografiado y fresado sobre cobre.
Empero, mediante las verificaciones
practicadas por la Dirección General Impositiva, cuyos
resultados surgen del informe producido por los
Inspectores Alfredo Eduardo Minicucci y Claudia
Salazar, obrante a fs. 79/81 de la Carpeta n° 17
aportada por ese ente recaudador, se determinó que
Romaer no había efectuado ningún trabajo con relación
a la firma Nakril, estableciéndose que aquélla empresa
que presidía el encausado Giusti se dedicaba a la
realización de obras de ingeniería, construcciones y
montajes industriales.
Tal extremo, a su vez, se corroboró a través
del confronte de los libros de IVA Ventas de Romaer e
IVA Compras de Nakril, constándose que sus respectivos
registros y asientos no guardan coincidencias entre
sí.
Más aún, con fecha 11 de mayo de 1995, los
Inspectores de la Dirección General Impositiva, Pablo
Guahnon y María Belén Piontti concurrieron a la sede
de la empresa Romaer, y fueron atendidos por Ricardo
Fernando Expósito, quien manifestó que trabajaba en
aquélla desde hacía 18 años, y que desconocía a la
firma Nakril S.A.
Asimismo, Expósito afirmó que durante el
período en que prestó servicios en Romaer nunca se
trabajó sobre barras de cobre, y sólo vio rollos de
este metal, aunque desconocía la cantidad y destino de
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penas y con encierro efectivo que formularon las
partes querellantes.
Adunaron que el cumplimiento efectivo de
penas privativas de libertad de corta duración
dificultaba la implementación de un tratamiento
penitenciario eficaz, generaba efectos negativos en
los entornos familiares y se alejaba de la finalidad
preminente de reinserción social de las penas.
Tuvieron en mérito que todos los encausados,
por sus edades y condiciones personales, familiares,
profesionales y ocupacionales, se hallaban
suficientemente insertos en la sociedad, sin que
hubieran vuelto a delinquir y sin registrar
antecedentes penales que gravitaran frente a esta
causa.
Indicaron que no se vislumbraba como
conveniente la adopción de reglas de conducta del art.
27 bis del C.P. y reseñaron que “…Todos los aquí
enjuiciados que resultaran condenados, han comparecido
a los llamados y convocatorias del Tribunal, y se han
sujetado de tal modo y en todo momento a la
jurisdicción; por tanto, no se advierte que la
imposición de alguna de esas reglas de conducta
resulte de alguna utilidad, y su adopción se
convertiría en una mera formalidad o en el
establecimiento de una carga procesal sin sentido.
Ahora bien, más allá de todo lo expuesto
parece aconsejable puntualizar que, muy probablemente,
de haberse juzgado las maniobras ventiladas en este
proceso con relativa cercanía a su comisión, tal vez
hubiesen tenido una respuesta punitiva de otra
magnitud de parte del Ministerio Público Fiscal.
Por ello, aunque resulte paradójico decirlo,
desde ese plano el paso del tiempo ha operado en favor
de los encausados”.
Al expedirse sobre la aplicación de las penas
de multa, de acuerdo al art. 22 bis del C.P., los
magistrados resaltaron que todas las partes acusadoras
habían requerido su imposición y las consideraron
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formas procesales han sido establecidas como garantía
de juzgamiento y no como meros ritos formales carentes
de interés jurídico.
Conforme surge del tenor literal del art. 2
del C.P.P.N., toda disposición legal que establezca
sanciones procesales, como lo es la nulidad, debe ser
interpretada restrictivamente.
En consecuencia, a la luz de las pautas de
conservación y trascendencia, no corresponde la
declaración de nulidad si el vicio del acto no le ha
impedido lograr su finalidad o si no media interés
jurídico que reparar.
Así lo ha sostenido inveteradamente nuestro
Máximo Tribunal, señalando que “…en materia de
nulidades procesales prima un criterio de
interpretación restrictiva y sólo cabe anular las
actuaciones cuando un vicio afecte un derecho o
interés legítimo y cause un perjuicio irreparable, sin
admitirlas cuando no existe una finalidad práctica,
que es razón ineludible de su procedencia.
En efecto, la nulidad por vicios formales
carece de existencia autónoma dado el carácter
accesorio e instrumental del derecho procesal; exige,
como presupuesto esencial, que el acto impugnado tenga
trascendencia sobre la garantía de la defensa en
juicio o se traduzca en la restricción de algún otro
derecho. De otro modo, la sanción de nulidad
aparecería respondiendo a un formalismo vacío, en lo
que también está interesado el orden público…”
(Fallos: 325:1404).
Por otro lado, se ha afirmado que la nulidad
procesal requiere un perjuicio concreto para alguna de
las partes, pues su adopción en el solo interés formal
de cumplimiento de la ley, importa un manifiesto
exceso ritual no compatible con el buen servicio de
justicia, y que quien la invoque deberá indicar qué
alegaciones fue privado de ejercer y qué pruebas
hubiere propuesto si el acto cuestionado no exhibiese
el defecto que motiva el cuestionamiento (Fallos:
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litigantes por igual el derecho a obtener una
sentencia fundada previo juicio llevado en legal forma
(…).
Ello en el marco del derecho a la
jurisdicción consagrado implícitamente en el art. 18
de la Carta Magna y cuyo alcance, como la posibilidad
de ocurrir ante algún órgano jurisdiccional en procura
de justicia y obtener de él sentencia útil relativa a
los derechos de los litigantes…”.
En conjunción a ello, no puede soslayarse que
la ley 17.516, en su art. 4 expresamente faculta al
Estado a asumir el carácter de querellante en procesos
en los que estén comprometidos particularmente el
patrimonio o las rentas fiscales, como en el caso de
autos, y que merced al art. 6 inc. 1 ap. “a” del dec.
618/97, el Administrador Federal de Ingresos Públicos
está habilitado para actuar como querellante.
En añadidura, no existe norma de exclusión
que sustente la pretensión de la defensa, por lo cual
cabe evocar nuevamente lo sostenido por el Máximo
Tribunal en “Santillán” y sus citas, en cuanto a que,
“…no cabe presumir la inconsecuencia o falta de
previsión del legislador [debiendo] interpretar las
normas del Código Procesal Penal de la Nación de modo
que armonizasen con el ordenamiento jurídico restante
y con los principios y garantías de la Constitución,
evitando darles un sentido que pone en pugna sus
disposiciones, destruyendo las unas por las otras y
adoptando como verdadero el que las concilie y deje a
todas con valor y efecto (Fallos: 297:142; 300: 1080;
301:460; 310:192, entre otros)”.
Sin mengua de lo precedente, corresponde
remarcar que en el presente, el objeto de la acusación
se conforma por hechos imputados como defraudación a
la administración pública a partir de solicitudes
indebidas de reintegros por impuesto al valor agregado
y asociación ilícita, por pluralidad de planes
delictivos vinculados a maniobras de esa especie y de
contrabando de exportación, aspectos que coadyuvan a
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corresponde el apartamiento del juez natural del caso
cuando tal pretensión se funda en su mera intervención
anterior en el marco de sus funciones legales
(C.S.J.N., Fallos: 270:415, 274:86, 310:338; 311:578,
316:2512 y 322:712)”.
Corresponde hacer extensivo el criterio allí
expuesto al caso en estudio, por tratarse de
circunstancias sustancialmente análogas a las que
entonces se analizaron, no siendo pues procedente el
apartamiento de los jueces de este Tribunal por los
motivos alegados.
En tercer lugar, la defensa de Campbell
arguyó la inexistencia de un tribunal válidamente
constituido para resolver el tópico atinente a la
habilitación del juez Pose para intervenir en el
juicio.
En conexión, planteó la ausencia de
facultades de dicho magistrado para dictar sentencia,
a tenor del art. 99 inc. 4 de la Constitución Nacional
y del precedente de Fallos 340:257 (“Schiffrin”) de la
Corte Suprema de Justicia de la Nación, por haber
arribado a los setenta y cinco años de edad y por
tratarse de un magistrado del fuero criminal
ordinario, que había sido trasladado a este fuero
federal mediante una resolución administrativa de la
entonces Cámara Nacional de Casación Penal -este
último aspecto del agravio fue compartido por la
defensa de Roggenbau, De Laurentis y Giusti-.
Según se ha reseñado en el punto “II.a” de
este voto, el tribunal a quo consideró que el
requerimiento nulificante de la defensa en torno a la
edad del juez Pose y al art. 99 inc. 4 de la C.N. se
fundaba en una interpretación errada de los alcances
de lo resuelto en el citado precedente “Schiffrin”,
enfatizando que la propia Corte Suprema de Justicia de
la Nación en aquél caso consignó que lo allí decidido
no afectaba la validez de las actuaciones cumplidas
por el juez Schiffrin hasta la publicidad de ese
pronunciamiento -emitido el 28/3/17- y que tampoco
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procedimientos legalmente establecidos” (C.I.D.H.,
Caso “Barreto Leiva vs. Venezuela”, del 17 de
noviembre de 2009).
También se ha indicado que “…la
imparcialidad exige que el juez que interviene en una
contienda particular se aproxime a los hechos de la
causa careciendo, de manera subjetiva, de todo
prejuicio y, asimismo, ofreciendo garantías
suficientes de índole objetiva que permitan desterrar
toda duda que el justiciable o la comunidad puedan
albergar respecto de la ausencia de imparcialidad. La
Corte Europea de Derechos Humanos ha explicado que la
imparcialidad personal o subjetiva se presume a menos
que exista prueba en contrario. Por su parte, la
denominada prueba objetiva consiste en determinar si
el juez cuestionado brindó elementos convincentes que
permitan eliminar temores legítimos o fundadas
sospechas de parcialidad sobre su persona…” (Cfr.
C.I.D.H., Caso “Apitz Barbera y otros -“Corte Primera
de lo Contencioso Administrativo”- vs. Venezuela”, del
5 de agosto de 2008).
A partir de estas pautas interpretativas,
observo que en el presente el recurrente no ha alegado
la existencia de causal alguna que coloque en tela de
juicio aquellos dos pilares centrales de la función
jurisdiccional ligados a la garantía de juez natural,
independencia e imparcialidad.
También se verifica que el juez Pose fue
convocado de acuerdo con las normas vigentes al
momento de la adopción de tal decisión por parte del
Tribunal de Superintendencia. Es decir, no se trató de
una selección arbitraria que pueda calificarse de
antojadiza, infundada o ilegítima, pues su llamamiento
no puede equipararse a la constitución de una comisión
especial o de un tribunal conformado en contravención
con lo normado en el art. 18 de la Constitución
Nacional.
Luego, como ha indicado el tribunal de
juicio, retoman aquí su relevancia los principios de
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dichas decisiones no afectaba la validez de las
actuaciones cumplidas por los respectivos jueces, en
el caso de Schiffrin hasta la publicidad de aquél
pronunciamiento, mientras que en el caso de Bertuzzi,
hasta el momento de la designación definitiva de los
magistrados titulares de esos cargos, citando en
refrendo la doctrina emergente de los Fallos:
319:2151; "Itzcovich" Fallos: 328:566 y "Anadón"
Fallos: 338:724.
Corresponde por lo tanto el rechazo de esos
agravios.
En cuarto orden, la defensa de Roggenbau, De
Laurentis y Giusti manifestó su objeción frente a la
intervención de los jueces Costabel y Bertuzzi, en
razón de haber dictado estos resolución al sentenciar
en juicio abreviado respecto de Enrique Piana y Miguel
Seligman.
Al resolver, el tribunal indicó que se
trataba aquí también de cuestiones previamente
abordadas, en razón de que la recusación deducida
había sido rechazada por el Tribunal Oral en lo
Criminal Federal N° 1 el 6/2/17, a la vez que esta
Sala IV (con integración parcialmente diferente) había
rechazado la queja por casación denegada contra esa
previa decisión, el 23/3/17.
Debe advertirse aquí, que en la sentencia del
6/2/14, por la que se condenó mediante juicio
abreviado a Enrique Piana y a Miguel Seligman como
jefe y miembro de la asociación ilícita,
respectivamente, y como autores de diecinueve hechos
de defraudación contra la administración pública, en
concurso real, no se hicieron valoraciones ni
menciones atinentes a la responsabilidad personal que
podía caberles a los coimputados ahora impugnantes.
En efecto, en dicha decisión el tribunal de
juicio -integrado en ese entonces por los jueces
Bruglia, Costabel y Bertuzzi- se pronunció únicamente
sobre la responsabilidad personal de Piana y Seligman,
meritando sobre la materialidad de los hechos y sobre
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la resolución preliminar, las que podrían dar lugar a
considerar que el tribunal ha comprometido
irremediablemente su imparcialidad para juzgar el
caso…” (Fallos: 342:988).
A partir de ello, se observa que la defensa
no ha identificado qué concretas circunstancias
permiten sostener que el previo pronunciamiento
respecto de Enrique Piana y Miguel Seligman incidió
para sellar anticipadamente la suerte sobre la
responsabilidad de los restantes imputados y de ese
modo justificar el apartamiento pretendido de los
jueces intervinientes. Lo dicho conlleva que el
agravio deba tenerse por fundado solo en apreciaciones
genéricas, infecundas para arribar a la nulidad
impetrada, correspondiendo su rechazo.
b) Del plazo razonable de juzgamiento
Todas las defensas pidieron que se resolviera
la insubsistencia de las acciones penales por
vulneración al plazo razonable de juzgamiento.
Alegaron, a tal fin, que el proceso versaba
sobre hechos fechados entre 1993 y 1995, que su
complejidad no alcanzaba a justificar el lapso
insumido hasta el presente, que la totalidad de los
imputados se había mantenido a derecho durante las
diferentes etapas de la causa y sin efectuar pedidos o
presentaciones dilatorias; que, en los casos de
Grinschpun y Augspach, las medidas cautelares
impuestas les significaron restricciones patrimoniales
y profesionales durante largo tiempo y que la conducta
de las autoridades estatales era la única causa que
explicaba la duración que tenía el proceso.
El tribunal rechazó lo solicitado en la
sentencia dictada el 14/8/17, mientras que en el auto
emitido el 1/9/22 estimó que las cuestiones indicadas
en torno a la infracción a la garantía de plazo
razonable de juzgamiento, luego de lo dispuesto por
esta Sala IV el 10/6/22, excedían el objeto a tratar,
por lo que rechazó los planteos teniéndolos por
inadmisibles.
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posteriormente, FBB 22000231/2000/TO1/4/CFC1, “MONTES,
Pedro Alberto y otros s/recurso de casación”, Reg.
845/20, del 18/6/20, sostuve que la garantía a ser
juzgado en un plazo razonable ha sido expresamente
reconocida en los tratados de derechos humanos con
jerarquía constitucional y, de forma implícita, en la
Constitución Nacional, integrando el bloque
constitucional de garantías (arts. 75, inc. 22 de la
Constitución Nacional; arts. 7.5 y 8.1 de la
Convención Americana de Derechos Humanos; 9.3 y 14.3.c
del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos).
Estas normas se encuentran orientadas a
limitar la afectación de derechos de quien es sometido
a proceso y a reconocer aquél que tiene todo imputado
a ser juzgado sin dilaciones indebidas, con la
finalidad de impedir que permanezca largo tiempo bajo
acusación y asegurar que el juicio se decida
prontamente.
Plazo razonable es aquel que los órganos de
persecución penal necesitan para lograr, en permanente
impulso de la causa, los objetivos del proceso penal –
averiguación de la verdad y restablecimiento de la paz
jurídica alterada de la manera más completa posible-.
Como contracara y cuando la duración efectiva del
proceso excede la necesaria, se puede decir que se
lesiona el mandato de celeridad (cfr. Roxin, Imme La
excesiva duración del proceso penal en la nueva
jurisprudencia alemana, Conferencias, ed.
Mediterránea, Córdoba, 2012, p. 63).
La jurisprudencia de la Corte Interamericana
de Derechos Humanos, al referirse al concepto de
“plazo razonable”, remitiéndose al criterio elaborado
por la Corte Europea de Derechos Humanos –ya que el
art. 8.1 de la CADH es equivalente al art. 6 del
Convenio Europeo para la Protección de Derechos
Humanos y de las Libertades Fundamentales-, ha
considerado preciso tomar en cuenta varios elementos
para determinar la razonabilidad del término en el que
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2012, voto de los doctores Highton de Nolasco, Maqueda
y Zaffaroni, y sus citas)…”.
A la luz de esos parámetros, observo que los
hechos del caso revisten complejidad, tanto por las
características y el volumen que revistió la
operatoria ilícita atribuida, como por la cantidad de
personas físicas y jurídicas involucradas.
En efecto, la causa cuenta hoy con siete
imputados aun sujetos al proceso, de un total de trece
que fueron requeridos a juicio. En el devenir hasta el
presente, debió dilucidarse sobre la responsabilidad
de cada uno de ellos y la significación jurídico penal
de sus intervenciones y roles en torno a acciones que,
vale agregar, no se agotan en un sola conducta, sino
que estarían conformadas por una multiplicidad de
operaciones concatenadas y desarrolladas a través de
un periodo de dos años, tendientes a generar
menoscabos millonarios en el erario público a través
de la simulación de actividades comerciales
inexistentes o sobrevaluadas, de la utilización de
personas interpósitas y de la presentación de
comprobantes de facturación apócrifos para dar
apariencia de verdad a acreencias improcedentes contra
el Estado Nacional.
Al examinar la actividad procesal de los
imputados, no se identifican actuaciones procesales o
presentaciones con intencionalidad dilatoria, pero no
puede dejar de tenerse en cuenta que la gran cantidad
de impugnaciones transitadas multiplicaron los actos
de trámite que antecedieron al dictado de la sentencia
resolutiva sobre el fondo del caso y requirieron la
intervención de la totalidad de las instancias
competentes del organigrama jurisdiccional.
En relación a la conducta de las autoridades
estatales encargadas de la dirección del proceso, se
advierte que transcurrieron más de diez años entre la
decisión que dispuso la clausura de la instrucción y
la elevación a juicio (15/3/07) y el dictado de la
sentencia condenatoria (14/8/17).
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imputados, considero que el cuadro no otorga motivo
suficiente para arribar a la solución extintiva del
proceso penal.
Por otra parte, es pertinente reiterar que el
tribunal de juicio tomó a la duración del proceso como
un factor atenuante de la pena, tanto en su quantum
como en su modalidad de ejecución, que fue dejada en
suspenso y sin la fijación de ninguna de las
condiciones del art. 27 bis del C.P., lo cual, frente
a las particulares circunstancias del caso, conforma
un modo de compensación que debe tenerse por adecuado
(cfr., en lo pertinente, mi voto in re “P.S.M.
s/recurso de casación”, CCC 500000654/2007/TO1/CFC1,
Reg. N° 53/22, del 14/2/22).
Por último, corresponde precisar que las
circunstancias del caso en análisis no son análogas a
aquellas que integraban la causa “MONROY, Julio
Humberto y otros s/recurso de casación”, FSA
74000193/2005/TO1/1/CFC1, Reg. 507/22 del 29/4/22.
Particularmente, el objeto de la acusación tratado en
ese precedente no luce equiparable al de la presente,
ni la defensa de Roggenbau, De Laurentis y Giusti ha
clarificado de qué modo y por qué consideraciones,
frente a situaciones fácticas divergentes, debería
darse a ambos supuestos igual tratamiento.
c) Vigencia de la acción penal respecto de
los hechos de defraudación a la administración pública
Las defensas de Ricigliano, Campbell,
Roggenbau, De Laurentis y Giusti sostuvieron -tanto en
este expediente principal como en su acumulado CFP
6082/2007/TO1/39/CFC7-, por similares argumentos, que
la acción penal respecto de los hechos imputados como
defraudación a la administración pública estaba
prescripta, pues había transcurrido un plazo mayor al
máximo de pena previsto para la figura del art. 174
inc. 5 del C.P. sin que se verificaran actos
procesales con aptitud interruptiva de la
prescripción. Afirmaron que a igual resultado se
arribaba si se tomaba en cuenta la regulación del art.
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escala penal en el art. 174 inc. 5 del C.P., por lo
que entendieron que la acción penal estaba vigente.
Por otro lado, en el auto emitido el 1/9/22,
el tribunal reiteró los fundamentos expuestos y
precisó que: “…al analizar las causales de
interrupción específicamente previstas en el art. 67
del C.P. –según Ley 21.338 y Ley N°23.077- se aprecia
-como bien señaló la Fiscalía- que en esta causa se
generaron una cantidad de actos procesales que
constituyen secuela de juicio y, por ende, con efecto
interruptivo de la acción penal:
-La citación a juicio en los términos del
art. 354 del CPPN, adoptada a fs. 21.850, con fecha
24.10.2008.
-El auto de admisibilidad de prueba dictado
el 5.11.2010, a fs. 22.665/22.6679.
-La instrucción suplementaria sustanciada en
autos, pues el desarrollo inherente al cabal
cumplimiento de esta etapa preliminar del juicio, se
orienta claramente a dar impulso a la acción penal en
miras a la realización del juicio o plenario.
-La fijación, con fecha 9.4.2013 y a fs.
24.287, de la audiencia de iniciación del debate para
el día 12 de agosto de 2013…”.
Merced a ello, rechazó nuevamente declarar la
prescripción de la acción penal por los hechos de
defraudación a la administración pública.
A fin de dar respuesta a los agravios de las
defensas, debe tenerse en cuenta primeramente que, de
la totalidad de imputados, Guillermo Jorge Campbell y
Marcelo Avogadro eran quienes revestían calidad de
funcionarios públicos al momento de los hechos.
Así, consta que el 21 de marzo de 1994, el
primero fue designado Secretario Relaciones Económicas
Internacionales del Ministerio de Relaciones
exteriores (cfr. p. 359 de la sentencia) y que se
mantuvo en la función pública hasta el mes de
diciembre del año 1999 (extremo no controvertido y
detallado por la defensa de Roggenbau, de De Laurentis
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Yolanda”) y 342:2344 (“Farina”) explicitó que
consideraba a la redacción del art. 67 del C.P. según
ley 25.990 como más benigna, argumentando que con esa
modificación legal se buscó “…darle al instituto de la
prescripción de la acción penal la expresión de máxima
taxatividad y legalidad al enunciar cada uno de
aquellos actos del procedimiento que poseen aptitud
para hacer cesar su libre curso…”.
Así, el cambio de circunstancias descripto
evidencia que aquello que inicialmente era más
benigno, perdió luego esa característica, pues si se
mantiene la tesitura de que la redacción del art. 67
según leyes 21.388 y 23.077 es la que debe imperar,
trae como consecuencia que los imputados continúen
sujetos al proceso penal, paradójicamente sosteniendo
que ello es a partir de una normativa que les
reportaría mayor benignidad.
De adverso, si se analiza la vigencia de la
acción según la regulación del art. 67 por ley 25.990,
surge como relevante que la citación de las partes a
juicio, en los términos del artículo 354 del C.P.P.N.,
fue decretada el 24/10/08 y que el siguiente de los
actos con aptitud interruptiva de la prescripción es
la sentencia dictada por el Tribunal Oral en lo
Criminal Federal N° 4 el 14/08/17. Es decir, ha
transcurrido en exceso el plazo de seis años que el
art. 174 inc. 5 del C.P. prevé como pena máxima para
el delito de defraudación contra una administración
pública.
Expuesto ello, advierto que el tribunal a
quo no ha dado argumentos razonables para afirmar que
la redacción del art. 67 del C.P. según las leyes
21.388 y 23.077 es en el caso particular más benigna
y, por otro lado, que sí ha verificado la ausencia de
antecedentes penales computables respecto de los
imputados, a fin de descartar el posible acaecimiento
de la causal interruptiva del art. 67 inc. “a” del
C.P.
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Es conducente precisar en este punto que hay
acuerdo mayoritario en la doctrina sobre el carácter
autónomo del delito de asociación ilícita respecto de
los restantes hechos que la agrupación pudiera
cometer, que en ese caso concursarían en forma real
con el primer tipo penal.
Así lo expresé al emitir mi voto in re
“VELÁZQUEZ, Carlos Javier y otros s/recurso de
casación” (FSM 18879/2014/CFC6, Reg. 1871/19.4, del
13/9/19), precedente en el que sostuve que el delito
de asociación ilícita es un delito doloso, autónomo,
formal y de peligro abstracto, que afecta el bien
jurídico orden público y que se consuma en el momento
en que los autores se asocian para llevar a cabo
delitos en forma indeterminada, por el mero hecho de
formar parte de la asociación, prolongándose la
consumación como un delito permanente.
Advierto en dicho sentido, que la estructura
objetiva del delito de asociación ilícita no castiga
la participación en un delito, sino la participación
en una asociación o banda destinada a cometerlos, con
independencia de la ejecución o inejecución de los
hechos planeados o propuestos (cfr. en igual sentido
el voto del juez W. Gustavo Mitchell en la causa nº
1575, “JARMA, Cristina René s/recurso de casación”,
Reg. n° 2036.2 de la Sala II de esta Cámara, rta. el
16/6/1998).
Ello se ve refrendado por la circunstancia de
que el bien jurídico protegido no resida en la lesión
efectiva de cosas o personas, sino en la repercusión
que la conformación y existencia de la asociación
tienen en el espíritu de la población y en el
sentimiento de tranquilidad pública, produciendo
alarma y temor por lo que puede suceder (cfr. D’
Alessio, A. J., “Código Penal, comentado y anotado”,
Parte Especial, La Ley, Buenos Aires, 2007, p. 679).
Es que la existencia de este tipo de
organizaciones criminales, pone en crisis las
expectativas sociales sobre el acatamiento del
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que no se agoten con la concreción de uno o varios
hechos’. Pues, lo decisivo es que no se trate del
acuerdo para un delito determinado característico de
la participación, sino que exista ‘unidad de acuerdo y
pluralidad de contextos delictivos a realizar
sucesivamente…” (ob. cit., p. 80).
No debe perderse de vista que, aun cuando la
acción penal para perseguir y sancionar los hechos
imputados como defraudación sea declarada prescripta,
ello no empece a que la materialidad fáctica de tales
conductas pueda valorarse como indicante de la
existencia de una agrupación destinada a la comisión
de plurales planes delictivos.
Es que, en razón del referido carácter
autónomo que la asociación ilícita presenta, pues lo
punible es el tomar parte en la organización, no es
requisito que los miembros realicen los actos típicos
que integran su objeto plural. Así lo referí al emitir
mi voto in re “SANTANDER, Rubén Daniel y otros
s/recursos de casación e inconstitucionalidad” (FMZ
29171/2017/TO1/CFC4, Reg. N° 388/22 de esta Sala IV,
del 6/4/22).
La condición de autonomía conlleva también,
que no se requiera para sentenciar sobre la existencia
de la asociación, que concurran condenas o procesos
penales paralelos respecto de los delitos que causa,
ejecuta o facilita.
La conducta disvaliosa que se reprocha es el
hecho de tomar o formar parte del grupo de tres o más
personas, que con habitualidad se destina a la
realización de delitos.
Tal ha sido el criterio que orientó la
decisión del tribunal de juicio, pues se consignó con
claridad en la sentencia que el hecho de que cada uno
de los imputados no hubiera intervenido en la
singularidad de cada maniobra, no obstaba a concluir
que contribuyeron al éxito de los fines de la
organización efectuando sus aportes individuales.
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ofensa concreta a un bien jurídico y que carecen de
trascendencia penal, aunque soslayan los propios
caracteres que hacen a la figura penal en cuestión y
que ya fueron descriptos, como también la
significación ilícita que del conjunto de conductas se
colige en las intervenciones de Campbell, tal como se
verá al abordar sobre su responsabilidad individual.
Estimo por ello que debe rechazarse el
planteo de inconstitucionalidad del art. 210 del C.P.
esbozado por la defensa de Jorge Guillermo Campbell.
[Link] la asociación ilícita imputada en
general
En dirección a escrutar si la asignación de
responsabilidad penal a los imputados es ajustada a
derecho, inicialmente deben tenerse en cuenta cuáles
fueron los elementos que llevaron al tribunal a
considerar que existió una asociación ilícita. Para
ello, se hizo mérito de los siguientes elementos:
- dio por acreditado que el grupo delictivo
se conformó por siete personas, Enrique Piana, Miguel
Seligmann, Carlos Augspach, Jorge Campbell, Mario
Grinschpun, Edgardo Roggenbau y Luis Ricigliano,
teniendo por comprobada la existencia de relaciones
entre ellos, aspecto que no fue controvertido por las
defensas;
- se refirió luego a la suscripción de
contratos entre Casa Piana S.A. y Casa Eise S.A. por
un lado y Handy & Harman y South Windsor Metallurgical
por el otro;
- tuvo en consideración la reunión efectuada
en Puerto Vallarta, México, celebrada en febrero de
1994, explicando que se trataba de un acontecimiento
que demostraba la conformación del grupo por Piana,
Seligmann, Augspach, Campbell, Roggenbau, Ricigliano y
los directos de Handy & Harman luego del inicio de las
maniobras de fraude en noviembre de 1993;
- se afirmó que la falta de presencia de
Mario Grinschpun en ese evento no enervaba la
consideración sobre su participación, en razón de que
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La ejecución de estas operaciones de
exportación fue un paso inevitable e ineludible para
la perpetración de los fraudes…”;
- sopesaron a la emisión de facturas
apócrifas como otro factor relevante para tener por
cierta la existencia de plurales fines delictivos,
aunque manifestando que no mediaba acusación autónoma
de acuerdo a los arts. 292 y 296 del C.P.;
- resaltaron la constitución de la empresa
Refinerías Riojanas S.A., pues ello daba cuenta de que
el grupo fue intentando proseguir sus planes en
diferentes contextos.
Describieron que "… Piana expresó que la
creación de esta empresa tuvo en mira traer doré de
Chile, convertirlo en oro nacional sin pagar derechos
de importación, venderlos al grupo de empresas que
denominó como ‘G5’, para que lo manufacturaran y
cobraran reintegros.
Explicó que el doré es oro mezclado de plata
y cobre salido de boca de mina con una primera
refinación, y dijo que, respecto de este proyecto,
sólo participó de una reunión con el Secretario de
Minería de entonces, de apellido Maza, a la que
también asistieron ‘Rodhio, Casa Piana y los
americanos’; y que se habló del mismo, en la reunión
de Key West, oportunidad en la que, siempre según
Piana, Verleysen y Barry Wayne expusieron esta idea
para presentársela al Ministro de Economía de
entonces, Domingo Felipe Cavallo.
Recordó que se eligió un terreno en la
provincia de la Rioja y para ello se formó un equipo
integrado por Michel, Axel, Searl, Miki (se refiere a
Miguel Seligmann), Vázquez y Barry, y viajan hacia
allí y que esto aconteció a fines de 1994 o principios
de 1995.
Señaló que fue constituida por Carlos Axel
Augspach quien puso a su hijo como director…”.
Agregaron que la creación de esa sociedad, se
relacionaba con la emisión, el 1/8/94, de la
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El Máximo Tribunal, por remisión a los
argumentos dados por el Procurador General de la
Nación, concluyó que tales soluciones estaban
sustentadas en una apreciación parcializada de los
elementos de juicio, que no integró ni armonizó las
pruebas en su conjunto.
Así, aun cuando posteriormente (el 3/11/16)
el tribunal de juicio interviniente sobreseyó a Suárez
Anzorena y a Grinschpun por prescripción en relación a
los hechos tipificados como contrabando agravado
(arts. 864 inc. “b” y 865 incs. “a” y “f” del C.A.),
no se extrae de ello una conclusión lógica que impida
considerar cierto que en las operaciones aquí juzgadas
tomaron parte más de tres personas.
Por ello, debe rechazarse el agravio de la
defensa de Campbell.
Luego, los asistentes técnicos tanto de
Ricigliano como de Campbell y de Augspach, se
agraviaron por el significado que el tribunal de
juicio asignó a las reuniones entre los coimputados, a
los contratos suscriptos entre las empresas locales y
aquellas de [Link]. y a la conformación de la sociedad
argentina Refinerías Riojanas S.A., al entender que se
trataba de actos lícitos y carentes de contenido
delictivo.
Sin perjuicio del análisis que se hará sobre
cómo se construyó la conclusión condenatoria para cada
imputado, vale reiterar aquí que, para tener por
demostrada la existencia de una asociación ilícita es
relevante la prueba indiciaria, pues se trata de un
delito de pura actividad. A ese fin, los diferentes
elementos indicantes deben ser relevantes, mantener
entre sí concordancia lógica y contener sentido
unívoco.
Vale decir, tienen que aparecer evidenciados
actos que tiendan a favorecer a la organización, que
sean típicos de su actividad social o que, a través de
un actuar reiterado y dirigido a la realización de las
acciones antijurídicas planeadas, permitan reconocer
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que los autores han asumido como propios los fines del
grupo.
En relación a ello, el tribunal tuvo en
cuenta que había ausencia de operaciones de
exportación con algún viso de legitimidad entre Casa
Piana S.A., Gemmodesign S.A. y las empresas
norteamericanas. En apoyatura de tal afirmación, tomó
la existencia de la sentencia dictada en la causa
1370/06 contra Enrique Piana y Miguel Seligmann
-incorporada por lectura al debate-, por acciones de
contrabando, al haber sometida la mercadería exportada
a un tratamiento distinto del que correspondía. Esa
sentencia adquirió carácter firme.
Entre las ps. 275 y 280 de la sentencia aquí
en revisión, el a quo meritó que en aquella causa del
fuero penal económico se juzgaron “…maniobras de
documentación de 372 permisos de embarque de los que
resultaron consignatarias empresas domiciliadas en los
Estados Unidos (…).
[Q]ue estas exportaciones tuvieron por
destino, en la mayoría de los casos, a las empresas
Handy & Harman Refining Group (…), South Windsor
Metalurgical Inc. (…).
Las operaciones fueron realizadas en el
lapso que va desde (…) noviembre de 1993 al mes de
mayo de 1995 y (…) las mercaderías se sometieron a
distintas posiciones arancelarias por las que
correspondía un reintegro que osciló entre el 11% y
15% calculado sobre el valor FOB (…)”.
Precisó, sobre las operaciones de exportación
de oro que “[s]e describe, que el oro se adquiría en
lingotes de instituciones bancarias, previo a haber
ingresado al país bajo el régimen de uso monetario,
por lo que se encontraba exento de tributos (…).
[S]ostiene la sentencia, que las mercaderías
exportadas que ingresaban al país de destino, Estados
Unidos de América, estaban por tanto confeccionadas
con ese oro que había ingresado al país como metal de
uso monetario (…), sin que se le hubiese agregado un
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mayor valor en el proceso de industrialización, en
función de lo cual (…) el valor de la mercadería
resultaba ser mucho menor al declarado ante la
autoridad aduanera, generándose una sobrevaluación
sobre cuya base se establecía el pago de reintegros
(…).
Las exportaciones de productos de oro fueron
en todos los casos destinadas a Handy & Harman, por un
total de $ 59.069.188,31; y, por su parte, los $
212.547.680,9 restantes se originaron en exportaciones
de otros metales hacia las firmas Intergold Corp,
American Mints, Mold Dies & Novelties Corp, Weekend
Novelties Inc, Handy y Harman, MTB Bank, y January
Sales Corp”.
A la vez, sobre los restantes metales, se
hizo constar que, según la sentencia de la causa
1370/06, “…si bien se adquirían en el mercado
nacional, los costos se justificaban con facturas de
proveedores que indicaban [valores] exageradamente
superiores, sobre cuya base se fijaban precios de
venta que implicaban una sobrevaluación inmensa (…)”.
Se concluyó sobre la última especie de
operaciones, que Enrique Piana había creado una usina
de facturas apócrifas para simular una cadena de
intermediación comercial ficticia y que, en cuanto
aquí interesa, ello se dio con la colaboración de
Roggenbau y Ricigliano, pues las empresas Casa Eise
S.A. y Rodhio S.R.L. se involucraron como proveedoras
de Casa Piana S.A. y Gemmodesign S.A. entre 1993 y
1995.
Vislumbrando el cuadro argumental en el que
el tribunal sustentó la existencia de la asociación,
advierto que las razones expuestas por las defensas no
demuestran arbitrariedad en la delimitación de los
factores que fueron considerados relevantes para
aseverar sobre la certeza en la conformación del
grupo, ni logran controvertir la conclusión sobre su
materialidad.
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Esos actos de comercio exterior fueron
tenidos como ilícitos, en función de la sentencia
dictada en la causa 1370/06, explicando que la
mercadería exportada fue sometida a tratamiento
aduanero indebido, al solicitarse reintegros de la
especie sin dar noticia de que el oro utilizado había
sido adquirido exento de tributos, bajo el régimen de
uso monetario de dicho material.
Se especificó que Augspach y Michel Verleysen
oficiaron como testigos de los contratos, que por Casa
Piana firmó Enrique Piana y por las empresas
norteamericanas suscribieron Barry Wayne (en el caso
de Handy & Harman) y Richard Searle (en el caso de
South Windsor Metallurgical).
Se aclaró que el primero de los contratos
correspondía a la compraventa internacional de las
mercaderías, que el segundo era una contrato de
agencia por el cual Casa Piana autorizaba a South
Windsor Metallurgical a vender sus manufacturas en
todo el mundo y que fueron suscriptos en agosto y
octubre de 1993, respectivamente, es decir, previo a
la primera operación de exportación que se tuvo por
ilícita, en noviembre de 1993.
Sobre el mismo punto, fue sopesado que
Enrique Piana declaró que el contrato de agencia era
una forma de sobrevaluar las operaciones de
exportación de oro y de canalizar el retorno de
utilidades a los directivos norteamericanos,
camuflándolos bajo la prestación aparente de servicios
de marketing.
A la vez, en conexión a eso último, se tuvo
en cuenta que fueron constatadas tres transferencias
de dinero entre marzo y abril de 1995, desde Casa
Piana a la firma Mass Technologies LTD; que, del
cotejo de facturas emitidas por Mass Technologies LTD
a Casa Piana S.A. se advertía que el domicilio de la
primera guardaba coincidencia con el de las empresas
January Sales y Belard Sterling (importadoras de
productos de metales preciosos distintos al oro) y
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condenado solo por los dichos de Enrique Piana.
Adversamente, las circunstancias enumeradas en la
sentencia, resultan plurales y cuentan con sentido
concordante y unívoco para demostrar que Augspach
estuvo presente en toda la vida del grupo delictivo,
de modo que corroboran -tal como acertadamente se
concluyó- esa permanencia y el dolo de participación
en los diversos planes delictivos que se
desarrollaron.
b) Guillermo Jorge Campbell
Para concluir en su responsabilidad penal
como miembro de la asociación ilícita, el tribunal
tomó en cuenta:
- el hecho de haber sido convocado a la
función pública (el 21/3/1994) en forma casi
concomitante al comienzo de las operaciones
fraudulentas;
- la circunstancia de que participara en
diversas reuniones dentro de Casa Piana;
- la circunstancia de que contara con una
secretaria privada en las oficinas de Casa Piana, que
se mantuvo en dicho puesto hasta noviembre de 1994, es
decir aun luego de que Campbell fuera designado como
Secretario de Relaciones Económicas Internacionales
dentro de la Cancillería;
- su participación en la reunión de Puerto
Vallarta como asesor en materia de comercio exterior
de los concurrentes y el tinte marcadamente ilegal de
las operaciones mercantiles que se desarrollaban entre
las empresas cuyos directivos asistieron a dicho
evento.
En conexión, los jueces consideraron que no
era razonable suponer que Campbell, si su función era
asesorar en materia de comercio exterior, no se
hubiera informado sobre el modo en que se adquiría el
oro y el canal del cual provenía; sobre las
características de las manufacturas que habrían de
exportarse y de la capacidad operativa de las empresas
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- su condición como presidente de la empresa
Casa Eise S.A. al momento de los hechos, sociedad que
operó tanto como exportadora directa a las empresas de
[Link]. y como proveedora de facturas apócrifas para
con Casa Piana S.A.;
- su participación en las reuniones de Puerto
Vallarta y Key West y el carácter ilícito de las
operaciones de comercio exterior que se desarrollaban
entre las empresas argentinas y las norteamericanas
cuyos directivos asistieron a esos eventos;
- la existencia de la sentencia dictada a su
respecto por el Tribunal Oral en lo Penal Económico N°
3 el 19 de diciembre de 2011 en la causa n° 942, por
procedimiento de juicio abreviado, en la que se lo
condenó como autor del delito de contrabando simple, a
tenor del art. 864 inc. “b” del C.A., a raíz de
operaciones de exportación de contactos eléctricos de
oro 999,99, indicándose como maniobra ardidosa la
omisión de señalar que el oro de la respectiva
mercadería era oro monetario y por tanto obtenido
exento de gravámenes. Allí las importadoras eran Handy
& Harman, Precious Metal Refining División y American
Chemical & Company Inc.
En ese mismo pronunciamiento, Roggenbau fue
también condenado por el delito de evasión tributaria
agravada, consistiendo los hechos en la utilización de
presentación de declaraciones juradas engañosas y
facturas comerciales apócrifas para simular créditos
fiscales espurios en concepto del impuesto al valor
agregado, y deducir importes del impuesto a las
ganancias;
- la venta por parte de Roggenbau a Enrique
Piana del fondo de comercio de Casa Eise S.A.,
transfiriéndole los elementos de infraestructura de
esa empresa, que pasó a operar bajo la denominación
American Precious Metals;
- la emisión de facturación cruzada entre
ambas empresas, en días cercanos y por conceptos
similares. Se señaló que “…de la comparación de estas
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Los extremos que fueron apuntadas no han sido
controvertidos y permiten afirmar, sin hesitación, que
Edgardo Enrique Roggenbau conocía los planes de la
agrupación, sabía de su conformación y que tomó parte
en ella.
d) Luis Eduardo Ricigliano
Al igual que en el caso de Roggenbau,
considero que Ricigliano debe ser sobreseído por
prescripción respecto de las imputaciones por
defraudación a la administración pública que le fueron
dirigidas y, por lo tanto, debe analizarse si es
ajustada a derecho la asignación de responsabilidad
penal como miembro de la asociación ilícita.
Para fundar tal resultante, aquí el tribunal
de juicio sopesó:
- la existencia de contratos suscriptos por
Ricigliano, en representación de Rodhio S.R.L., con
Handy & Harman y South Windsor Metallurgical,
similares a los que celebró Enrique Piana, estimando
que esos acuerdos obraron como ropaje jurídico formal
para encubrir el alcance ilegal de las operaciones de
exportación;
- su participación en la reunión que se llevó
a cabo en Puerto Vallarta;
- la circunstancia de que hubiera emitido y
provisto facturas apócrifas para Casa Piana S.A. y
Gemmodesign S.A., permitiendo a esas personas
jurídicas conformar créditos fiscales espurios a fin
de obtener reintegros de IVA.
Para tener por acreditado este punto, se
memoró que “…a través de su firma Rodhio S.R.L,
Ricigliano emitió facturas para respaldar supuestas
operaciones comerciales realizadas en favor de Casa
Piana S.A., consistentes en servicios de mano de obra
sobre platos de bronce y cospeles de plata (‘coin
Blank’), refinamiento de oro y venta de flejes de este
metal precioso.
Como parte de la maniobra orquestada, los
servicios de mano de obra vinculados con los cospeles
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pretendida venta de 63.342 gramos de oro puro y, en
esa misma jornada, Rodhio le factura a Casa Piana una
operación similar por igual cantidad, con factura n°
252”.
Se añadió finalmente que, como en el caso de
Roggenbau, también mediaban aquí cheques cruzados,
emitidos desde dos cuentas corrientes de Casa Piana
S.A. y Gemmodesign S.A., que luego fueron endosados
por Ricigliano y depositados en las cuentas de origen,
el mismo día y por la misma caja y,
- su participación en la creación de la firma
Refinerías Riojanas S.A.
Expuesto lo precedente, considero que la
conclusión del a quo en el pronunciamiento en crisis
acerca de que mediaron elementos para tener por cierto
que Luis Eduardo Ricigliano tomó parte en la
asociación ilícita juzgada, luce acertada y se apoya
en las circunstancias comprobadas de la causa.
Adversamente a lo sostenido por la defensa,
observo que la decisión de condena de Luis Eduardo
Ricigliano como miembro de la asociación ilícita se
apoya en la materialización por el nombrado de actos
plurales que exceden la mera aportación de facturas
apócrifas o los hechos de contrabando, sino que lo
ubican y ligan a diferentes tramos de la operatoria
global y permiten afirmar que asumió como propios los
fines del grupo.
Se aprecia de la reseña efectuada que
mediaron elementos conducentes y suficientes para
ubicar al imputado en momentos sucesivos del devenir
la asociación ilícita e inferir que conocía los
plurales planes delictivos y que decidió tomar parte
en ellos.
e) Mario Jorge Grinschpun
Para dar por comprobada su integración a la
asociación ilícita en calidad de miembro, el tribunal
sopesó:
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intensidad de su intervención en relación al accionar
global.
A la vez, tuvo en cuenta que, en su condición
profesional, necesariamente tenía conocimiento del
sistema de reintegros en la materia reglado por el
dec. 1011/91, del que se hizo uso abusivo y con fines
de lucro.
Por otro lado, se meritó que, además de
actuar como despachante de las exportaciones del caso,
era uno de los principales importadores del país de
oro de uso monetario, sabiendo que ese metal, en su
presentación para uso financiero, constituía
mercadería exenta de gravámenes, siendo utilizada,
pesar de ello, para pedir reintegros aduaneros a
través del régimen del dec. 1011/91.
Frente a esos puntos, para los jueces, cobró
verosimilitud lo declarado por Enrique Piana, en
cuanto a que Grinschpun fue particularmente señalado
por los directivos de Handy & Harman para que actuara
como el despachante de aduanas en todas las
operaciones.
El imputado resultó vinculado a la totalidad
de los sujetos restantes, en todas las etapas de
tránsito de la mercadería oro y también en todas las
operaciones de exportación de mercaderías conformadas
por metales diferentes del oro, concluyendo con
certeza los jueces del tribunal de juicio, que
Grinschpun conoció y decidió tomar parte en los
plurales planes del grupo. Se trata en definitiva de
circunstancias que, evaluadas integralmente, detraen
el alegado carácter inocuo a sus conductas.
4) De la determinación de la sanciones
Cabe señalar que lo decidido en el punto
III.c) no habrá de tener repercusión sobre las penas
de prisión impuestas, habida cuenta que el tribunal a
quo optó por fijar la mínima dentro de la escala legal
prevista para el art. 210 del C.P., bajo la modalidad
de ejecución condicional y sin disponer el
cumplimiento de ninguna de las pautas del art. 27 bis
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la asociación ilícita es un delito permanente, cuya
consumación se produjo idénticamente en todos y cada
uno de los actos relevantes de materialización y que
cesó con posterioridad a la entrada en vigencia de la
ley 24.286.
Por otro lado, la ley 23.479 fijaba el monto
de la multa del art. 22 bis del C.P. en un máximo de
tres mil australes, sin que se advierta, ni la defensa
lo ha demostrado, que aplicar dicha regulación, a
través de una conversión a valores actuales, resultare
más beneficioso para el imputado.
IV. Por las razones expuestas, propongo al
Acuerdo:
a) hacer lugar al recurso de casación
interpuesto por la defensa de Marcelo Mario De
Laurentis y de Alberto Atilio Giusti; hacer lugar
parcialmente al recurso de casación interpuesto por la
defensa de Edgardo Enrique Roggenbau; hacer lugar
parcialmente al recurso de casación interpuesto por la
defensa de Luis Eduardo Ricigliano, casar parcialmente
la sentencia recurrida, declarar la prescripción de
los hechos imputados como defraudación a la
administración pública y, en consecuencia,
sobreseerlos de acuerdo con el art. 336 inc. 1 del
C.P.P.N., sin costas (arts. 530 y ccdtes. del
C.P.P.N.);
b) rechazar los recursos de casación
interpuestos por las defensas de Mario Jorge
Grinschpun, Guillermo Jorge Campbell y Carlos Axel
Augspach; rechazar parcialmente los recursos de
casación interpuestos por las defensas de Edgardo
Enrique Roggenbau y Luis Eduardo Ricigliano, con
costas (arts. 530 y ccdtes. del C.P.P.N.);
c) hacer lugar parcialmente a los recurso de
casación interpuestos por las defensas de Edgardo
Enrique Roggenbau y Luis Eduardo Ricigliano, anular la
multa de $90.000 impuesta y reenviar las actuaciones
al tribunal de procedencia a fin de que, previa
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concordantes del Código Procesal Penal de la Nación).
II. REMITIENDO A LO OPORTUNAMENTE RESUELTO conforme
surge del Acta de Debate, respecto de los planteos de
recusación que reiteró en su alegato la doctora
Bigliani, defensora oficial de Edgardo Roggenbau,
Marcelo De Laurentis, Alberto Giusti, Antonio Roberto
Lanusse y Marcelo Avogadro. III. RECHAZANDO el planteo
de prescripción de la acción penal que dedujeron los
doctores Bigliani y Pieroni, defensores oficiales de
Edgardo Enrique Roggenbau, Marcelo Mario De Laurentis
y Alberto Atilio Giusti, con relación a los hechos
constitutivos de defraudación. (arts. 59 -inc. 3°-, 62
-inc. 2°- y 67 a contrario sensu del Código Procesal
Penal de la Nación, versión leyes 21.338 y 23.077).
IV. REMITIENDO A LO OPORTUNAMENTE RESUELTO conforme
surge del Acta de Debate, respecto del planteo de
prescripción de la acción penal por violación al plazo
razonable que reiteró en su alegato el doctor Mayer,
defensor de Carlos Axel Augspach. (art. 75, inciso 22
de la Constitución Nacional, y arts. 14.1, a contrario
sensu, del Pacto de Derechos Civiles y Políticos, y
art. 8.1, a contrario sensu, de la Convención
Americana de Derechos Humanos). V. RECHAZANDO el nuevo
planteo de prescripción de la acción penal por
violación al plazo razonable, que dedujo en su alegato
el doctor Schiavone, defensor de Mario Jorge
Grinschpun. (art. 75, inciso 22 de la Constitución
Nacional, y arts. 14.1, a contrario sensu, del Pacto
de Derechos Civiles y Políticos, y art. 8.1, a
contrario sensu, de la Convención Americana de
Derechos Humanos). VI. RECHAZANDO los planteos de cosa
juzgada y de violación al principio del ne bis in
idem, que introdujeron en sus respectivos alegatos los
doctores Lanaro Ojeda y Velo, defensores oficiales de
Guillermo Jorge Campbell. (art. 1, a contrario sensu,
del Código Procesal Penal de la Nación). VII.
RECHAZANDO el planteo de NULIDAD de la acusación
formulado respecto de Mario Jorge Grinschpun
exclusivamente por los representantes de los
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todos del Código Penal, y arts. 530 y 531 del Código
Procesal Penal de la Nación)… XVI.- CONDENANDO a LUIS
EDUARDO RICIGLIANO, de las demás condiciones
personales obrantes en autos, a la pena de TRES (3)
AÑOS DE PRISIÓN DE EJECUCION CONDICIONAL, MULTA DE
NOVENTA MIL PESOS ($90.000) Y COSTAS, por considerarlo
coautor penalmente responsable del delito de
asociación ilícita en condición de miembro, en
concurso real con el de defraudación a la
administración pública, en calidad de partícipe
necesario (hechos 4, 6, y 13 al 19) (arts. 22 bis, 26,
29 -inc. 3º-, 40, 41, 45, 55, 174 - inciso 5°-, en
función del art. 172 y 210 -primer párrafo-, todos del
Código Penal, y arts. 530 y 531 del Código Procesal
Penal de la Nación)… XVIII.- CONDENANDO a MARCELO DE
LAURENTIS, de las demás condiciones personales
obrantes en autos, a la pena de DOS (2) AÑOS DE
PRISIÓN DE EJECUCION CONDICIONAL, MULTA DE CUARENTA Y
CINCO MIL PESOS ($45.000) Y COSTAS, por ser partícipe
necesario del delito de defraudación a la
administración pública (hechos 1 a 16) (arts. 22 bis,
26, 29 -inc. 3º-, 40, 41, 45, 174 -inciso 5°-, en
función del art. 172, todos del Código Penal, y arts.
530 y 531 del Código Procesal Penal de la Nación)…
XX.- CONDENANDO a ALBERTO ATILIO GIUSTI, de las demás
condiciones personales obrantes en autos, a la pena de
DOS (2) AÑOS DE PRISIÓN DE EJECUCION CONDICIONAL,
MULTA DE CUARENTA Y CINCO MIL PESOS ($ 45.000) Y
COSTAS, por considerarlo partícipe necesario del
delito de defraudación contra la administración
pública, (hechos 1, 2, 7 y 14) (arts. 22 bis, 26, 29
-inc. 3º-, 40, 41, 45, 174 -inciso 5°-, en función del
art. 172, todos del Código Penal de la Nación, y arts.
530 y 531 del Código Procesal Penal de la Nación) …”.
En cuanto aquí interesa, en el citado
pronunciamiento de mayo de 2019, el suscripto dejó a
salvo su opinión en lo concerniente a la vigencia de
la acción penal con relación a las imputaciones
dirigidas a los encausados en orden al delito de
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Así las cosas, los recursos extraordinarios
interpuestos por las defensas de Mario Jorge
Grinschpun, por Luis Eduardo Ricigliano junto con su
asistencia letrada, y por las defensas de Carlos Axel
Augspach y de Edgardo Enrique Roggenbau han sido
deducidos tempestivamente, por quienes se encuentran
eficazmente legitimados para hacerlo, contra una
resolución dictada por el Superior Tribunal de la
causa que es adversa a sus intereses y señalan las
cuestiones de índole federal que pretenden ventilarse
ante el más alto Tribunal, relacionándolas
correctamente con las constancias de la causa, al
haberse planteado, en el caso de autos, la
prescripción de la acción penal y la vulneración a la
garantía de ser juzgado en un plazo razonable (cfr.
C.S.J.N., causa FCR 774/2013/CFC1-CS1 ‘REMOLCOY,
Héctor Miguel s/ infracción ley 23.737’, de fecha 6 de
agosto de 2015)”.
El 9 de octubre de 2020, el Procurador
General de la Nación, Dr. Eduardo Ezequiel Casal,
dictaminó en el caso de autos:
“[…] En la medida en que los recursos del
artículo 14 de la ley 48 fueron concedidos por la
mayoría del a quo (cf. fs. 811/812 vta.), las defensas
objetan la manera en que la cámara dio respuesta a sus
planteos de prescripción de la acción penal, a la que
atribuyen arbitrariedad, y de violación al derecho
constitucionalmente garantizado a ser juzgados dentro
de un plazo razonable, el que habría sido conculcado —
postulan— en este proceso penal que se inició en 1995
y en el que se arribó a una sentencia condenatoria
veintidós años más tarde, el 14 de agosto de 2017,
revisada y confirmada por la cámara de casación casi
dos años después, el 17 de mayo de 2019.
Las peticiones de que se declarara la
extinción de la acción penal en virtud del
cumplimiento del plazo del artículo 62, inciso 2°, del
Código Penal, o el ‘plazo razonable’ al que refieren
los artículos los artículos 7.5 y 8.1 de la Convención
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Por ello, de conformidad con lo dictaminado,
se declara procedente el recurso extraordinario y se
deja sin efecto la sentencia apelada. Notifíquese y
vuelvan los autos al tribunal de origen a fin de que
se dicte un nuevo pronunciamiento con arreglo a la
presente” (Causa CFP 6082/2007/TO1/35/CS1 “Roggenbau,
Edgardo Enrique y otros s/ legajo de casación” –expte.
donde tramitaron los REX-).
Luego de la concesión por esta Sala IV de los
recursos extraordinarios antes referidos (cfr. Reg.
nro. 1358/19.4 del 04/07/2019, ya citado), las
defensas de Luis Eduardo Ricigliano y Carlos Axel
Augspach (condenados respectivamente como “coautor
penalmente responsable del delito de asociación
ilícita en condición de miembro, en concurso real con
el de defraudación a la administración pública, en
calidad de partícipe necesario” y como “coautor
penalmente responsable del delito de asociación
ilícita en condición de miembro”, conforme la
sentencia del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº
4 de esta ciudad, según lo supra reseñado),
articularon recurso de hecho ante la Corte Suprema de
Justicia de la Nación (Causa CFP
6082/2007/TO1/35/3/RH15 –Ricigliano- y Causa CFP
6082/2007/TO1/35/4/RH16 –Augspach-).
En ambos casos, el Procurador General de la
Nación se había expedido el 9 de octubre de 2020,
señalando que “En atención a lo que he dictaminado, en
el día de la fecha, en los autos CFP
6082/2007/TO1/35/CS1, “P Enrique José y otros s/
defraudación contra la administración pública y
asociación ilícita”, entiendo que corresponde
suspender el trámite de la presente queja a la espera
de la decisión que dicten los jueces de la causa sobre
la vigencia de la acción penal”.
Al resolver las dos quejas, el mismo día que
lo hizo en el expte. ppal. (24/05/2022), el Máximo
Tribunal dispuso: “Que en atención a lo resuelto en el
día de la fecha en la causa CFP 6082/2007/TO1/35/CS1
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incoada en autos conforme había sido materia de
agravio en los recursos de casación traídos a estudio
de esta Sala.
En ese marco, debe precisarse que según
surge de las actuaciones, la citación de las partes a
juicio en los términos del artículo 354 del Código
Procesal Penal de la Nación fue decretada el 24 de
octubre de 2008 y que el siguiente de los actos
referidos por el art. 67 del Código Penal es la
sentencia dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal
Federal nro. 4 el 14 de agosto de 2017 (cfr. en lo
pertinente y aplicable: Fallos: 342:2344).
De ello se colige que la acción penal
perseguida en autos –en lo relativo a los hechos
calificados como defraudación-, podría estar
prescripta.
Al respecto debe recordarse que la
prescripción de la acción penal tiene carácter de
orden público y que se produce de pleno derecho por el
transcurso del plazo pertinente (Fallos: 207:86;
275:241; 297:215; 301:339; 305:1236; 310:2246;
311:1029; 2205; 312:1351; 313:1224 y 342:584 entre
otros).
Desde esa perspectiva y a fin de descartar
la ocurrencia de alguna causal interruptiva o
suspensiva de la prescripción de la acción penal (cfr.
art. 67 del Cód. Penal), corresponde la remisión de
las actuaciones a la instancia de origen a fin de que
se evalúe su vigencia.
Ello así, habida cuenta de que el fallo del
Tribunal a quo, de fecha 14 de agosto de 2017, a la
sazón impugnado por las defensas de los allí
condenados a través de sendos recursos de casación,
podría verse sustancialmente modificado de presentarse
alguna de las circunstancias aludidas por la
legislación vigente.
Debe repararse que en la teoría de los
recursos rige el principio según el cual su resolución
debe ceñirse a las circunstancias actuales (confrontar
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ceñido a las circunstancias actuales y a la ley
vigente’.
II.- Cabe recordar que por sentencia –no
firme- de fecha 14 de agosto de 2017, este Tribunal –
con una integración parcialmente distinta a la actual-
resolvió: ‘III. RECHAZANDO el planteo de prescripción
de la acción penal que dedujeron los doctores Bigliani
y Pieroni, defensores oficiales de Edgardo Enrique
Roggenbau, Marcelo Mario De Laurentis y Alberto Atilio
Giusti, con relación a los hechos constitutivos de
defraudación. (arts. 59 –inc. 3°-, 62 -inc. 2°- y 67 a
contrario sensu del Código Procesal Penal de la
Nación, versión leyes 21.338 y 23.077)’.
Asimismo, en tal fallo se dispuso: ‘XIV.-
CONDENANDO a EDGARDO ENRIQUE ROGGENBAU, de las demás
condiciones personales obrantes en autos, a la pena de
TRES (3) AÑOS DE PRISIÓN DE EJECUCION CONDICIONAL,
MULTA DE NOVENTA MIL PESOS ($90.000) Y COSTAS, por
considerarlo coautor penalmente responsable del delito
de asociación ilícita en condición de miembro, en
concurso real con el de defraudación a la
administración pública, en calidad de partícipe
necesario (hechos 1 a 10) (arts. 22 bis, 26, 29 -inc.
3°-, 40, 41, 45, 55, 174 –inciso 5°-, en función del
art. 172 y 210 –primer párrafo-, todos del Código
Penal, y arts. 530 y 531 del Código Procesal Penal de
la Nación).’ ; ‘XVI.- CONDENANDO a LUIS EDUARDO
RICCIGLIANO, de las demás condiciones personales
obrantes en autos, a la pena de TRES (3) AÑOS DE
PRISIÓN DE EJECUCION CONDICIONAL, MULTA DE NOVENTA MIL
PESOS ($90.000) Y COSTAS, por considerarlo coautor
penalmente responsable del delito de asociación
ilícita en condición de miembro, en concurso real con
el de defraudación a la administración pública, en
calidad de partícipe necesario (hechos 4, 6, y 13 al
19) (arts. 22 bis, 26, 29 -inc. 3°-, 40, 41, 45, 55,
174 –inciso 5°-, en función del art. 172 y 210 –primer
párrafo-, todos del Código Penal, y arts. 530 y 531
del Código Procesal Penal de la Nación)’.
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ley 25.990, más allá que esta última, es sabido, prevé
un enunciado taxativo de los actos que se consideran
con entidad suficiente para extinguir la acción penal.
Efectivamente, la redacción del art. 67,
segundo párrafo, del código de fondo, al momento de la
comisión de los hechos que aquí se le reprochan a los
imputados (según ley 21.338, ratificada por la ley
23.077), no incluía en su redacción a la asociación
ilícita (delito que se le indilgó a otros coimputados)
ni a la defraudación contra la administración pública,
como presupuestos para la suspensión de la
prescripción de la acción, en la hipótesis de que
alguno de sus partícipes continuara desempeñándose en
el ámbito de la función pública.
La ley 25.188 (1999) extendió a todos los
delitos –mientras cualquiera de los partícipes se
encontrara desempeñando cargo público- la suspensión
del curso prescriptivo de la acción antes señalada,
situación que mantiene la actual redacción del art.
67, segundo párrafo, del CP, según ley 25.990 (2005).
Por ello, resulta más beneficiosa para los
imputados, aquella ley vigente a la fecha de la
comisión de los hechos, criterio que, también, fue
sostenido por la Sala IV de la Cámara Federal de
Casación Penal, en los precedentes que citó la
Fiscalía, y convalidó al confirmar el pronunciamiento
definitivo de este Tribunal Oral Federal.
Siendo la ley vigente al momento de los
hechos, más benigna que la actual, rige entonces para
el caso el concepto de secuela de juicio previsto en
el artículo 67 del Código Penal versión Ley 21.338
ratificada por la 23.077, a los fines de ponderar los
posibles actos procesales con probable entidad para
interrumpir el curso de la prescripción de la acción
penal.
De tal modo, al analizar las causales de
interrupción específicamente previstas en el art. 67
del C.P. –según Ley 21.338 y Ley N°23.077- se aprecia
-como bien señaló la Fiscalía- que en esta causa se
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interrupción de la acción penal, relativa a los
delitos de fraude a la administración pública, por el
que resultaron condenados dichos enjuiciados, entre
otros.
III.- DEVOLVER las presentas actuaciones a
la Sala IV de la Excma. Cámara Federal de Casación
Penal, conforme fuera ordenado por resolución de fecha
10 de junio de 2022 (Registro N° 745/22.4)”.
Contra la resolución del “a quo” antes
aludida, las defensas de Edgardo Enrique Roggenbau,
Marcelo Mario de Laurentis, Alberto Atilio Giusti y
Luis Eduardo Ricigliano articularon recurso de
casación.
En el marco de las causas CFP
6082/2007/TO1/35/3/RH15 y CFP 6082/2007/TO1/35/4/RH16
antes citadas (quejas de Ricigliano y Augspach,
respectivamente), la Corte realizó el seguimiento de
lo requerido a esta Sala IV sobre la “resolución
definitiva de la cuestión de prescripción” (cfr. DEOS
Nº 5942036 y Nº 5941573 del 26/05/2022, supra
aludidos).
Así se fueron recibiendo y respondiendo los
DEOS de la C.S.J.N. Nº 6240626 y Nº 6240553 del
23/06/2022, Nº 6816317 y Nº 6816209 del 22/08/2022 y
Nº 7205856 del 22/09/2022. Esta Sala IV fue
comunicando al superior el avance de lo actuado a
partir de la remisión de las actuaciones principales.
Así, mediante DEO Nº 6288112 del 27/06/2022), se
adjuntó lo resuelto en el expte. ppal. el 10/06/2022
(Reg. 745.22.4, ya citado) y el proveído del
27/06/2022 en el cual se dispuso librar oficio
electrónico al “a quo” para que tome nota de lo
oficiado por el Máximo Tribunal e imprima el trámite
correspondiente. Por DEO Nº 6862916 del 24/08/2022, se
adjuntó el proveído emitido en igual fecha para que el
“a quo” informe sobre lo requerido por la C.S.J.N. Por
DEO Nº7214357 del 22/09/2022, se adjuntó el decreto de
fijación de la audiencia de informes para el
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Al respecto, ya he tenido ocasión de señalar
en autos, originalmente en minoría (cfr. Reg. 977/19.4
del 17/05/2019) y más recientemente en mayoría (cfr.
Reg. 745/22.4 del 10/06/2022), que el término
prescriptivo de seis (6) años computable se encuentra
cumplido entre el auto de citación a juicio del
24/10/2008 y el dictado de la sentencia condenatoria
del 14/08/2017 (cfr. art. 62,inc. 2º; art. 67, incs.
‘d’ y ‘e’–texto según ley 25.990- y art. 174, inc. 5º
-todos del C.P.-).
En tal sentido, en cuanto a la ley aplicable
en autos para el examen de la prescripción (art. 67
del C.P., versión anterior o posterior a las reformas
introducidas por las leyes 25.188 –ámbito de
aplicación objetivo y subjetivo de la causal
suspensiva por comisión del delito en ejercicio de la
función pública-, B.O.: 01/11/1999 y ley 25.990 –
causales interruptivas de carácter taxativo-, B.O.:
11/01/2005), no es ocioso recordar que la
determinación de la ley que rige el caso debe ser
efectuada atendiendo a sus circunstancias relevantes y
no a partir del cotejo en abstracto de los textos
normativos en juego. De ese modo corresponde
determinar cuál es la versión legal más benigna para
el caso concreto (cfr. art. 18 de la C.N.).
En el sub examine, el “a quo” ha insistido en
analizar la vigencia de la acción penal a la luz de la
ley vigente al tiempo de comisión de los hechos (1993-
1995), en función de que resultaba, a su juicio, más
benigna debido al más acotado ámbito de aplicación
objetivo de la causal suspensiva de la prescripción
(art. 67, segundo párrafo, del C.P.), en tanto no
incluía los delitos objeto de investigación en autos.
Sin embargo, no menos cierto es que Marcelo Avogadro
(a la fecha absuelto por falta de acusación en el
debate) y Guillermo Jorge Campbell (condenado) fueron
los dos únicos imputados durante el proceso que, según
la hipótesis acusatoria (oportunamente vigente),
habrían intervenido en los hechos como funcionarios de
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finalidad de dotar de contenido a la expresión
“secuela de juicio” utilizada en el texto de la
versión anterior de la norma. En efecto, la
disposición legal, en el tramo que nos convoca,
prescribe: “La prescripción se interrumpe solamente
por” y seguidamente, luego de contemplar el supuesto
de “comisión de otro delito” (inc. ‘a’, igual que en
la redacción previa), establece un detalle de los
actos procesales que revisten dicha aptitud
interruptiva (incisos ‘b’ al ‘d’).
Puntualmente, a tenor de lo normado por el
art. 67, inc. ‘d’ del C.P. (texto según ley 25.990),
la prescripción se interrumpe por “el auto de citación
a juicio o acto procesal equivalente” (el subrayado me
pertenece).
Por lo tanto, más allá de la naturaleza y
efectos que se pueda asignar a la fijación de la
audiencia de debate, lo cierto es que, por imperio del
principio de legalidad (art. 18 de la C.N.),
corresponde tener en cuenta que la específica
redacción de la norma –en cuanto contiene la
conjunción disyuntiva “o”- sólo asigna carácter
interruptivo a uno de los dos actos del proceso, pero
no a ambos de modo concurrente.
Asimismo, cabe señalar que, cuando el art.
67, inc. ‘d’, del C.P. (texto según ley 25.990) alude
a un “acto procesal equivalente” al auto de citación a
juicio como supuesto de interrupción del curso de la
prescripción de la acción penal “se refiere a los
procedimientos provinciales que no contemplan dicho
auto” (LESCANO (h), Carlos J. Código Penal y normas
complementarias. Análisis doctrinario y
jurisprudencial, BAIGÚN, David y ZAFFARONI, Eugenio R.
directores, Hammurabi, Bs. As., 2002, 2° edición
actualizada y ampliada, T. II- B, pág. 261).
En consonancia con el criterio interpretativo
aquí sustentado, en el caso “Demaría”, la Corte
Suprema de Justicia de la Nación sostuvo que “los
términos de la reciente ley 25.990, modificatoria del
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reg. nro . 1277/16 del 15/7/2016. Sala III: causa nro.
1255/2013 “Saramaga Rodríguez, Daniel Jorge s/recurso
de casación” reg. nro. 1044/14 del 13/6/14, entre
muchos otros).
En particular, me he pronunciado sobre la
interpretación del art. 67 inc. d) del C.P. (cfr., en
lo pertinente y aplicable, Sala IV: causa N° 11.361,
“Flores, Roberto Duarte s/recurso de casación”, Reg.
nº 1117/12.4 del 03/07/2012; causa 13.245 “Rezola,
Julio Francisco s/ recurso de casación”, Reg. nº
1757/12.4 del 27/09/2012; causa CFP 2377/2012/CFC1:
“Hall Llatas, Oscar s/ recurso de casación”, Reg. Nº
1350/16.4 del 24/10/2016; CFP 12099/1998/TO1/12/CFC8,
Cossio, Ricardo Juan Alfredo y otros" Reg. N°
1075/2018, rta. el 29/8/2018; el recurso
extraordinario fue declarado inadmisible Reg. N°
1968/18.4, rta. el 13/12/2018 y CFP
10247/1998/TO1/CFC7 “BERAJA, Rubén Ezra y otros s/
recurso de casación“, Reg. nº 1255/20.4 del 31/07/2020
, entre otros).
Por consiguiente, de conformidad con lo
argumentado, el término prescriptivo computable de
seis (6) años, en orden a la imputación por
defraudación en perjuicio de una administración
pública (art. 174, inc. 5º, del C.P.) se cumplió entre
la citación de los autos a juicio (24/10/2008) y el
dictado de la sentencia condenatoria por el “a quo”
(14/08/2017).
Para determinar si la acción penal se
encuentra efectivamente prescripta es preciso, además,
constatar que en el citado período no se haya
verificado la causal interruptiva de la prescripción
del inc. ‘a’ del art. 67 del C.P. (“comisión de otro
delito”).
En este punto, se advierte que el
sentenciante de mérito ciñó la actualización de
antecedentes condenatorios y el pronunciamiento del 1º
de septiembre de 2022 a los imputados Luis Eduardo
Ricigliano y Edgardo Enrique Roggenbau, respecto de
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así como también debe ser declarada en cualquier
instancia del juicio y por cualquier tribunal (Fallos:
330: 1369; 330:4103; 342:584; 342:1018, entre muchos
otros).
Por lo argumentado, corresponde declarar
extinguida por prescripción la acción penal en el
presente proceso en orden a la imputación por el
delito de defraudación en perjuicio de la
administración pública respecto de Luis Eduardo
Ricigliano, Edgardo Enrique Roggenbau, Marcelo Mario
De Laurentis y Alberto Atilio Giusti y sobreseer a los
nombrados en consecuencia (cfr. arts. 59, inc. 3º,
62,inc. 2º, 67 –texto según ley 25.990- y 174, inc. 5º
-todos del C.P.- y art. 336, inc. 1º, del C.P.P.N.).
En lo atinente a la imputación relativa al
delito de asociación ilícita (cfr. art. 210 del C.P.),
residual para los encausados Eduardo Enrigue Roggenbau
y Luis Eduardo Ricigliano y única para los encausados
Carlos Axel Augspach, Guillermo Jorge Campbell, Mario
Jorge Grinschpun (confr. el alcance de las respectivas
condenas de todos los antes nombrados y el
temperamento propuesto en el párrafo inmediato
anterior a este), se advierte que el término
prescriptivo de diez (10) años computable no se
encuentra cumplido en autos (extremo que siquiera es
alegado por las partes). Aquí, las defensas sostienen
que se ha superado el plazo razonable de la duración
del proceso sin haber alcanzado el dictado de una
sentencia definitiva (cfr. arts. 8.1. de la C.A.D.H. y
14.3.c. del P.I.D.C.y P. –art. 75, inc. 22 de la
C.N.).
Al respecto, cabe señalar que en el decisorio
dictado el 17 de mayo de 2019 por esta Sala IV (con
integración parcialmente distinta de la actual), se
rechazó el planteo relativo a la garantía
constitucional en cuestión y se convalidaron las
condenas dictadas por el T.O.C.F. Nº 4 de esta ciudad
el 14 de agosto de 2017 (con la salvedad efectuada por
el suscripto respecto de la vigencia de la acción
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M.P.F. (28/04/2006), catorce (14) años de haberse
dispuesto la citación de las partes a juicio
(24/10/2008) y cinco (5) años del pronunciamiento de
la sentencia condenatoria por el “a quo” (14/08/2017).
En el particular contexto descripto, cabe
concluir que en el sub examine la prolongación que ha
alcanzado el proceso a la fecha (adicionados los 5
años de la vía recursiva abierta a partir del fallo
condenatorio del 14/08/2017 –período que no resulta
imputable al comportamiento de los imputados o sus
defensas-), más allá de la complejidad que presenta la
materia objeto de investigación, ha devenido
irrazonable.
En ese orden de ideas, es pertinente recordar
que la garantía a ser juzgado en un plazo razonable ha
sido expresamente reconocida en los Tratados
Internacionales de Derechos Humanos con jerarquía
constitucional y, de forma implícita, en la
Constitución Nacional, integrando el bloque
constitucional de garantías (art. 75 inc. 22 de la
Constitución Nacional; art. 8.1 de la Convención
Americana de Derechos Humanos; art. 14.3.c del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos).
Estas normas se encuentran orientadas a
limitar la afectación de derechos de quien es sometido
a proceso y a reconocer aquel que tiene todo imputado
a ser juzgado sin dilaciones indebidas, con la
finalidad de impedir que permanezca largo tiempo bajo
acusación y asegurar que el juicio se decida
prontamente.
Plazo razonable es aquel que los órganos de
persecución penal necesitan para lograr, en permanente
impulso de la causa, los objetivos del proceso penal
-averiguación de la verdad y restablecimiento de la
paz jurídica alterada de la manera más completa
posible-.
Como contracara y cuando la duración efectiva
del proceso excede la necesaria, se puede decir que se
lesiona el mandato de celeridad (Cfr. Roxin, Imme, La
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Asimismo, cabe tener en cuenta, en lo
pertinente y aplicable, los pronunciamientos de la
C.S.J.N. in re “Goye” (rta. el 26/12/2017) y
“Espíndola” (rta. el 09/04/2019), como así también,
los pronunciamientos del suscripto en distintos casos
abordados por esta Sala IV, teniendo en cuenta sus
respectivas circunstancias relevantes, tal como lo
impone el examen de la garantía aquí en juego.
Concretamente: causas nº 15.367, “GÓMEZ, Ernesto Fidel
s/ recurso de casación”, Reg. nº 1800/12.4 del
33/10/12; FTU 810019/2008/CFC1, “RAMOS, Julio César
Francisco, ARCURI, Miguel Ángel, MENA, Vicente
Marcelino, PESA, Carlos Isaac, DE LA SERNA, Fernando
s/recurso de casación”, Reg. N° 1834/15.4 del
24/09/15; FSM 392/2010/TO1/1/CFC1, “DESCALZO,
Guillermo Antonio s/recurso de casación”, Reg.
1038/19.4, del 27/05/19; FSM 853/2011/TO1/CFC1,
“IGLESIAS, Lucas Ezequiel s/recurso de casación”, Reg.
Nro. 1124/19.4, del 04/06/2019 –la declaración de
inadmisible del REX del Ministerio Público Fiscal,
cfr. Reg. Nro. 1471/19.4 del 17/09/2019, fue
convalidada por la C.S.J.N. del desestimar la queja
articulada en consecuencia cfr. art. 280 del C.P.P.N.
mediante sentencia del 04/03/2021-; FPA
11009754/2011/TO1/CFC1 del registro de esta Sala IV,
caratulada: “PLACERES, Pablo Andrés s/ recurso de
casación”, Reg. Nro. 179/2022.4 del 08/03/2022; FSA
74000193/2005/TO1/1/CFC1 y “MONROY, Julio Humberto y
otros s/recurso de casación”, Reg. 507/22.4 del
29/04/2022).
En mérito a lo manifestado, corresponde
declarar la extinción de la acción penal por
prescripción, por haberse superado la duración
razonable del proceso, respecto de los hechos
atribuidos en autos en orden al delito de asociación
ilícita a Eduardo Enrigue Roggenbau, Luis Eduardo
Ricigliano, Carlos Axel Augspach, Guillermo Jorge
Campbell, Mario Jorge Grinschpun y sobreseerlos en
consecuencia (cfr. arts. 8.1. de la C.A.D.H. y 14.3.c.
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Sobre el punto, cabe señalar que los
cuestionamientos realizados respecto de la
intervención de mi colega Mariano Hernán Borinsky y
del suscripto en la revisión del fallo pronunciado,
con motivo de la anterior intervención que nos ha
correspondido a ambos en el caso, ya han sido
resueltos por la mayoría de votos de mis colegas tanto
en la decisión de Reg. N° 1295/22.4, al rechazar la
excusación que formulé oportunamente, como también en
aquella de Reg. N° 1322/44.4, al rechazar in limine y
por mayoría las recusaciones deducidas.
Comparto entonces en lo sustancial la
solución propuesta en cuanto corresponde aplicar ahora
lo allí decidido, y rechazar los recursos de casación
interpuestos en lo pertinente.
III. DEL ÁMBITO DEL OBJETO SOMETIDO A
REVISIÓN DE ESTA INSTANCIA.
La Excma. Corte Suprema de Justicia de la
Nación dejó sin efecto el anterior pronunciamiento
dictado por esta Sala.
Tal como lo sostuve (Reg. 745/22.4), tal
decisión tuvo como fundamento insoslayable la
expresión desincriminante contenida en el dictamen del
señor Procurador General de la Nación –interino- que
requirió que se revocara la condena en base a que, a
su criterio, no habría una mayoría de fundamentos
válida de acuerdo con el precedente “Eraso” (C.S.J.N.
Fallos 312:1058) en relación al agravio que habían
invocado las defensas contra las condenas dispuestas,
en torno a la vigencia de la acción penal respecto de
los hechos calificados como defraudación a la
administración pública.
Resalté que, sin perjuicio de que el
pronunciamiento incluía condenas por hechos relativos
a la figura de asociación ilícita, que no estaban
abarcados por esta objeción formal del procurador
interino, la sentencia fue anulada en su totalidad,
tal como fue requerido.
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proceso, significa que debe haber una identidad total
entre el acontecimiento del mundo externo que se
imputa -sea real o no- o tratarse de la misma conducta
material, sin que se tenga en cuenta para ello su
calificación legal (Fallos: 299:221; 308:1678;
314:377; 315:2680 y 321:1848).
Como consecuencia, nuestro más Alto Tribunal
concluyó que la garantía en estudio no es aplicable
cuando las conductas imputadas en ambos procesos no
son idénticas por versar sobre un acontecimiento
histórico distinto al que originó el otro proceso
concluido o en trámite, aún si los encausados hubiesen
realizado los hechos de modo simultáneo (Fallos:
248:232; 250:724; 302:210 y 321:1848).
La identidad objetiva impone, entonces, que
la imputación sea idéntica, lo que sucede cuando tiene
por objeto el mismo comportamiento atribuido a la
misma persona; y para cuya determinación se debe
prescindir de toda valoración jurídica del hecho. Es
que, se trata de impedir que la imputación concreta,
como atribución de un comportamiento históricamente
determinado, se repita, cualquiera que sea el
significado jurídico que se le haya otorgado en una u
otra ocasión, o el nomen iuris empleado para calificar
la imputación o designar el hecho. Se mira el hecho
como acontecimiento real, que sucede en un lugar y en
un momento o período determinados.
En efecto, en lo ahora pertinente, cabe
recordar que la identidad del objeto material del
proceso (eadem res) significa una identidad real y no
jurídica, por lo que la confrontación debe hacerse
entre dos supuestos de hecho mirados en su
materialidad (Clariá Olmedo, Jorge A.: "Tratado de
derecho procesal penal", T. I, pág. 251; Nuñez,
Ricardo C. "La garantía del non bis in idem en el
Código de Procedi¬miento Penal de Córdoba" en Revista
de Derecho Procesal, año IV, 4° trimestre 1946, págs.
318/323; Beling, Ernest: “Derecho Procesal Penal”,
pág. 203 y 201 -respectivamente-, Ed. Labor,
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ilícita, investigadas en el presente proceso y por las
que resultaron condenados algunos de los encausados en
la sentencia ahora recurrida.
Los recurrentes no han demostrado, ni se
advierte, que entre las conductas que han sido objeto
de imputación en la causa del fuero penal económico
que invocan y los hechos que conforman el objeto de
proceso en el presente, exista la aludida identidad
fáctica, resultando ambos escindibles tanto jurídica
como fácticamente.
Al efecto, y como lo señala el tribunal,
tampoco ante esta instancia los señores defensores han
señalado de qué manera y con qué actos procesales y
decisorios jurisdiccionales de mérito del fuero penal
económico se ha abarcado la imputación del delito de
asociación ilícita que en este proceso se les imputa a
algunos de los condenados, de manera de otorgar
sustento a la invocación de un supuesto de doble
persecución penal y juzgamiento que continúan
invocando.
Respecto del planteo efectuado por la
defensa de Campbell en cuanto considera que en la
causa que tramitó ante el fuero penal económico se
desechó de plano la existencia de una asociación
ilícita, corresponde señalar que el recurrente no ha
sustentado su planteo en una crítica motivada de los
estudiados argumentos en los que el tribunal apoyó el
rechazo de ese mismo planteo efectuado en la audiencia
de debate.
Así por ejemplo, entre otras cuestiones, los
sentenciantes explicaron que el hecho de que se haya
descartado que en las conductas de contrabando por las
que se juzgaba en aquél otro proceso invocado a Piana,
Seligman y Suárez Anzorena, hubieren participado tres
o más personas, en modo alguno autoriza a concluir que
se hubiere descartado la existencia de la asociación
ilícita por la que ahora resultaron condenados algunos
de los encausados en este proceso.
En primer lugar, cierto es que esta
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En virtud de lo expuesto, y compartiendo en
lo sustancial los fundamentos desarrollados sobre el
punto por el doctor Javier Carbajo en el voto que
lidera el acuerdo, adhiero entonces a la solución allí
propuesta.
V. DE LA EXTINCIÓN DE LA ACCIÓN PENAL POR
PRESCRIPCIÓN EN ORDEN A LOS DELITOS DE DEFRAUDACIÓN A
LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA.
1. DE LA IMPRESCRIPTIBILIDAD DE LOS DELITOS
QUE CONSTITUYEN EL OBJETO PROCESAL.
En primer lugar, dejaré expuesto mi
criterio, una vez más, en cuanto a la
imprescriptibilidad de los delitos que constituyen el
objeto procesal de esta causa.
Con esa finalidad corresponde recordar que
en el precedente “COSSIO” (Reg. Nro. 1075/18, rta. el
29 de agosto de 2018), resalté que el marco normativo
que debe guiar este análisis debe partir de la
consideración insoslayable de que en materia de
enjuiciamiento penal debe entenderse por ley vigente a
la Constitución Nacional, los Tratados de Derechos
Humanos y las normas nacionales aplicables -en este
caso el Código Penal de la Nación- (cfr. C.F.C.P.,
Sala IV: causa Nro. 335, caratulada “SANTILLÁN,
Francisco s/recurso de casación”, Reg. Nro. 585, rta.
el 15/5/96; causa Nro. 1619, “GALVÁN, Sergio Daniel
s/recusación”, Reg. Nro. 2031, rta. el 31/8/99; causa
Nro. 2509 caratulada “MEDINA, Daniel Jorge
s/recusación”, Reg. Nro. 3456, rta. el 20/6/01; mi
voto en el Plenario Nro. 11 de esta Cámara “ZICHY
THYSSEN”, rta. el 23/6/06; causa Nro. CCC
191/2012/CFC1 “A., J. s/recurso de casación, Reg. Nro.
316/16.4, rta. el 22/3/16; causa Nro. FRE
2021/2014/TO1/62/CFC15, “SALVATORE, Carla Yanina y
otros s/ recurso de casación”, Reg. Nro. 106/18.4,
rta. el 12/3/18; entre muchas otras).
Es así, que, destaqué, el Derecho Penal, para
el cumplimiento de sus fines de contribuir al orden
jurídico y a la preservación de la paz pública, debe
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Constitución Nacional, incorporado mediante la reforma
del año 1994, dispone que:
“Esta Constitución mantendrá su imperio aun
cuando se interrumpiere su observancia por actos de
fuerza contra el orden institucional y el sistema
democrático. Estos actos serán insanablemente nulos.
Sus autores serán pasibles de la sanción
prevista en el Artículo 29, inhabilitados a
perpetuidad para ocupar cargos públicos y excluidos de
los beneficios del indulto y la conmutación de penas.
Tendrán las mismas sanciones quienes, como
consecuencia de estos actos, usurparen funciones
previstas para las autoridades de esta Constitución o
las de las provincias, los que responderán civil y
penalmente de sus actos. Las acciones respectivas
serán imprescriptibles.
Todos los ciudadanos tienen el derecho de
resistencia contra quienes ejecutaren los actos de
fuerza enunciados en este artículo.
Atentará asimismo contra el sistema
democrático quien incurriere en grave delito doloso
contra el Estado que conlleve enriquecimiento,
quedando inhabilitado por el tiempo que las leyes
determinen para ocupar cargos o empleos públicos.
El Congreso sancionará una ley sobre ética
pública para el ejercicio de la función.”
Que, tal como sigue enseñando el profesor
Bidart Campos, el citado artículo 36 es uno de los
denominados “delitos constitucionales” junto con los
establecidos en los artículos 15, 22, 29, y 119 de la
Ley Fundamental y “[l]os principales problemas que
plantean los delitos constitucionales son los
siguientes: a) para no burlar la supremacía de la
constitución, el congreso tiene obligación de
adjudicar la pena; b) cuando lo hace -sea en el código
penal, sea en la ley especial- no puede alterar ni
modificar el tipo penal descripto en las normas de la
constitución; c) la omisión del congreso en establecer
la pena es inconstitucional; d) pese a tal
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quien se enriquece mediante la comisión de un grave
delito doloso en perjuicio del Estado.
Concluí que, en consecuencia, es posible
afirmar, que del 5º párrafo del artículo 36 de la
Constitución Nacional surge que quien comete un grave
delito doloso contra el Estado que haya conllevado
enriquecimiento atenta contra el sistema democrático.
Y, en cuanto al establecimiento de la
tipicidad del delito constitucional por medio de una
Ley, referí que se observa que los capítulos VI, VII,
VIII y IX del Título XI -Delitos contra la
Administración Pública- junto con el artículo 173,
inciso 7, y artículo 174, inciso 5 -cuando se trata de
la Administración Pública-, todos del Código Penal,
entre otros tantos, receptan en sus diversas figuras
los delitos dolosos cometidos contra el Estado que
conllevan -en ciertos casos- enriquecimiento.
Que en estos términos no puede dejar de
señalarse que el adjetivo “grave” utilizado por el
constituyente no es casual, sino que refiere a que
solamente son atentados contra la democracia aquellas
maniobras delictivas que por su complejidad, su daño o
extensión puedan socavar las instituciones o los
valores de la democracia.
Consideré que en base a los fundamentos hasta
aquí desarrollados correspondía afirmar que los graves
casos de corrupción constituyen un delito de carácter
constitucional, sin embargo resta precisar cuáles son
las consecuencias que acarrea el hecho de que el
constituyente los haya catalogado como parte de los
posibles atentados contra el sistema democrático.
Tuve en cuenta que el texto del ya citado
precepto constitucional para el primer supuesto
delictivo previsto establece que sus autores serán
pasibles de la sanción prevista en el Artículo 29,
inhabilitados a perpetuidad para ocupar cargos
públicos y excluidos de los beneficios del indulto y
la conmutación de penas. Las mismas sanciones se
establecen de manera puntual para quienes cometan el
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En este punto resulta menester recordar que
la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha precisado
que “…la primera fuente de interpretación de la ley es
su letra y las palabras deben entenderse empleadas en
su verdadero sentido, en el que tienen en la vida
diaria, y cuando la ley emplea varios términos
sucesivos es la regla más segura de interpretación la
de que esos términos no son superfluos, sino que han
sido empleados con algún propósito, sea de ampliar, de
limitar o de corregir los conceptos, por cuanto, en
definitiva, el fin primordial del intérprete es dar
pleno efecto a la voluntad del legislador” (Fallos:
200:165), que “…es regla de interpretación de las
leyes la de que los jueces deben atenerse al texto de
las mismas, cuando es claro y no da lugar a dudas…"
(Fallos: 120:372), que "cuando los términos de la ley
son claros no corresponde a los jueces apartarse de
sus propósitos so pretexto de evitar las deficiencias
reales o presuntas que podrían resultar de su
aplicación" (Fallos: 211:1063) y que "cada palabra de
la Constitución debe tener su fuerza y su significado
propio, no debiendo suponerse que ella ha sido
inútilmente usada o agregada, y rechazarse como
superflua o sin sentido" (Fallos: 95:327).
Resalté que este análisis del artículo 36 del
texto constitucional ya había sido también efectuado
por el juez Leopoldo Héctor Schiffrin, quien poco
antes de retirarse de la magistratura señaló que “…
Debemos dirigir nuestra atención a la palabra asimismo
que está indicando que las acciones previstas en este
párrafo son iguales al atentado que contemplan los
tres primeros párrafos que están en el artículo 36 (…)
Ahora bien, probado que en el caso de los tres
primeros párrafos del art. 36 los delitos respectivos
son imprescriptibles también habrán de serlo los que
ingresen en la descripción del párrafo quinto recién
transcripto” (cfr. de la Sala II de la Cámara Federal
de Apelaciones de la Plata sentencia dictada el 6 de
octubre de 2016 en el expediente Nº FLP 3290/2005,
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un trato penal más riguroso o con menos concesiones de
alternativas no punitivas, tal como lo ordena la
Constitución Nacional.
Concluí que es por ello que se presenta
sustancial garantizar la efectividad del
debilitamiento de esta amenaza, consolidando los
mecanismos para investigar y reprimir, con eficacia,
este tipo de delitos; contribuyendo a afianzar el
orden público interno que favorece la convivencia
pacífica entre los argentinos y el fortalecimiento del
Estado de Derecho (cfr. mi voto en “SALVATORE” ya
citada).
Y que, en este sentido, desde una perspectiva
trialista del Derecho, resulta fundamental la
ponderación adecuada de la dimensión axiológica, que
observa como valores esenciales del sistema jurídico
argentino la justicia y la paz en libertad de acuerdo
al Preámbulo de la Constitución Nacional.
Finalmente, recordé que esta posición es la
que otorga mayor operatividad a los compromisos
asumidos por el Estado Argentino en el orden
internacional, con especial referencia al Preámbulo de
la Convención de Las Naciones Unidas contra la
Corrupción en cuanto destaca la preocupación de los
Estados Parte “por la gravedad de los problemas y las
amenazas que plantea la corrupción para la estabilidad
y seguridad de las sociedades al socavar las
instituciones y los valores de la democracia, la ética
y la justicia y al comprometer el desarrollo
sostenible y el imperio de la ley”; y su
convencimiento acerca de que “el enriquecimiento
personal ilícito puede ser particularmente nocivo para
las instituciones democráticas, las economías
nacionales y el imperio de la ley” (Cfr. mi voto en el
precedente de esta Sala IV, causa CFP 12438/2008/CFC2,
“DE VIDO, Julio Miguel y otra s/recurso de casación,
Reg. 1122.15/4, Rta. el 12/6/15).
Por todo lo dicho, concluí que desde una
mirada dinámica y flexible del derecho, debe señalarse
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plurales planes delictivos del grupo, sobre
estructuras societarias -de algunas de esas empresas-
que habrían de ser utilizadas como ropajes jurídicos
que permitirían encubrir a la asociación ilícita y a
sus planes delictivos; y que de ese grupo organizado
de empresarios y profesionales formó parte,
interviniendo como coautor del delito, incluso, una
persona que durante parte del tiempo de ejecución de
las conductas delictivas de que se trata se desempeñó
como funcionario público.
Resulta ilustrativo memorar algunas de las
cuestiones valoradas especialmente por los jueces de
juicio en la sentencia dictada y que revelan la
entidad de los delitos juzgados.
Así, se evaluó que “La ideación y
planificación de los planes delictivos del grupo
delictivo se incardinó al despliegue de una maniobra
compleja.
Como básico presupuesto de los planes del
grupo delictivo, iba a ser necesario ejecutar en el
tiempo y hasta donde fuera factible operaciones de
exportación de mercaderías sobrevaluadas (manufacturas
de oro y de otros metales no preciosos), desplegadas
desde territorio aduanero nacional con destino a la
empresa Handy & Harman y a otras firmas extranjeras.
El grupo delictivo ciertamente se esforzó en
diseñar sus planes con peculiar astucia, de manera de
extraerles la mayor rentabilidad económica posible y
así saciar su desenfadada voracidad de lucro; y en ese
camino exacerbó y complejizó sus operaciones y
maniobras ilegales.
En efecto, en el ejercicio de esa faena
criminal, el grupo delictivo estimó, entonces, que
esas exportaciones ilegales, funcionales per se a los
fines de obtener ilícitamente los reintegros
aduaneros, al mismo tiempo podían ser la puerta que
condujera a intensificar los emprendimientos
delictivos, y así seguir defraudando al Estado
Nacional.
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S.A. y Gemmodesign S.A., y también apócrifa esa
documentación comercial.
De tal modo, el grupo organizado avanzaría
significativamente en la faz de planificación de las
plurales maniobras de defraudación al erario público,
que fueron finalmente perpetrados en 19
oportunidades.”.
Se precisó que “La asociación ilícita tuvo
entre sus planes percibir fraudulentamente las
cuantiosas sumas de dinero por tal concepto, a través
de diversas gestiones administrativas tributarias de
recuperación de esos aparentes créditos fiscales
lícitos –en realidad falsos y espurios- en concepto
del impuesto al valor agregado, por dos de las vías
admisibles legalmente, de las tres que ya se señaló.
En ciertos casos las maniobras se
canalizarían mediante la devolución directa y parcial
por parte de la DGI, de los importes correspondientes
a esas espurias acreencias fiscales.
En otros supuestos, que iban a resultar ser
la mayoría, las sumas de dinero se obtendrían por vía
del mecanismo de transferencias de esos créditos a un
tercero.
Tal proceder, implicaba que, bajo ardid o
engaño, la DGI casi simultáneamente validara esos
créditos espurios y otorgara la autorización para
habilitar tal transferencia del crédito fiscal al
cesionario, que en todos los supuestos resultó ser, el
por entonces denominado Banco Quilmes S.A.
Así las cosas, las pingües ganancias que
ilícitamente habría de obtener el grupo organizado, se
tradujeron en un perjuicio efectivo para la hacienda
pública, conforme quedará cabalmente demostrado
oportunamente.
No sólo tales acreencias fiscales asignadas
al impuesto al valor agregado habrían de ser
ficticias, espurias o falsariamente configuradas,
también lo habrían de ser los correspondientes débitos
fiscales por tal gravamen supuestamente generados a
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los proveedores.”.
Y que ello aconteció, porque los importes
obtenidos fraudulentamente en concepto de reintegros
por tal impuesto, “no ingresaron al fisco a través de
los proveedores que emitieron las respectivas facturas
apócrifas, configurándose, con claridad, un concreto
perjuicio para el Estado Nacional.”.
Valoró el tribunal especialmente que “… los
planes de este grupo delictivo, por su extremada e
intrincada complejidad, reclamaban para su diseño,
ejecución y sustentabilidad en el tiempo, de toda una
serie de quehaceres imprescindibles debieron
contemplarse y llevarse a cabo.
En primer lugar, debió pergeñarse cierto
entramado empresarial para el cumplimiento de algunas
funciones necesarias del grupo delictivo, principales
y secundarias.
De tal modo y hasta donde fuera posible se
dotaría de ciertos ropajes jurídicos o visos de
aparente licitud, la existencia misma de la
asociación, sus plurales planes delictivos y ulterior
ejecución.
Lo expuesto requirió que, en derredor de la
firma Handy & Harman de una parte, y de Casa Piana
S.A. por la otra, se aglutinaran otras empresas
vernáculas y foráneas.
Este entramado serviría como pantalla que
encubriese la real naturaleza de las actividades del
grupo criminal.
En el plano nacional, el rol ejercido por
Enrique Piana, a través de las firmas exportadoras,
Casa Piana y Gemmodesign, bajo su directo control,
resultó fundamental para activar ese entramado
empresarial.
Por lo demás, también desde el sector
comercial vernáculo, ciertos directivos responsables
de firmas y negocios afines al mercado del oro y de
otros metales no preciosos, prestaron una cooperación
indispensable para la perpetración de los fraudes a la
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administración pública, emitiendo las facturas
apócrifas sobre la base de las cuales se conformaron
los créditos fiscales espurios.”
Se ponderó que es muy obvio que los planes
del grupo delictivo y su ejecución tuvieron un
desmedido fin de lucro, y la detracción de sumas
millonarias de dinero del Estado Nacional, que
importaron suculentas ganancias.
Respecto de la sustancial intervención que le
cupo en la asociación ilícita a Campbell, que durante
un tiempo sustancial de la maniobra juzgada se
desempeñó como funcionario público, corresponde
destacar que del análisis de la particular
organización delictiva que se habría desplegado
concluyó razonablemente el tribunal que estos planes
del grupo delictivo requerían de una ingeniería
compleja, y de conocimientos inherentes de varias
disciplinas; siendo que la intervención de Campbell se
evidenció como necesaria en tanto resultaba
imprescindible contar con el aporte de una persona
experimentada en materias propias de comercio
exterior.
En efecto, se destacó en la sentencia que el
grupo delictivo contó con un fuerte bagaje de
conocimientos comerciales, financieros, contables,
tributarios, aduaneros y administrativos más que
suficientes (know how) para nutrirse de todo el
asesoramiento e información imprescindibles para idear
y planificar sus propósitos criminosos, y dotarlos de
sustentabilidad en el tiempo. Y que en estos
menesteres el rol de Enrique Piana fue decisivo, pero
también resultaron fundamentales los papeles ejercidos
por los encausados Augspach, Campbell y Grinschpun;
siendo que al momento de evaluar su específica
responsabilidad se concluyó que Campbell desempeñó un
efectivo y activo rol dentro del grupo delictivo
organizado, debido a su alto grado de conocimientos en
materia de comercio exterior, a tal punto que llegó a
ejercer la función pública en el área de comercio
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para canalizar en el tiempo y sin sospechas de los
organismos de control, las futuras y crecientes
salidas de mercadería por el linde aduanero, y tal vez
contando con la connivencia de ciertos funcionarios y
responsables de esas autoridades, hipótesis
-continuaron valorando los sentenciantes- que sólo es
conjetural, pues no se ha probado cabalmente.
Es más, se agregó en la sentencia que “Su
designación, el 21 de marzo de 1994, como Secretario
de Relaciones Económicas Internacionales en el ámbito
de Cancillería, y mediante simple decreto del Poder
Ejecutivo Nacional n° 424, precisamente, durante la
perpetración de las maniobras de autos, revela que,
Campbell, más allá de la eventual idoneidad que
pudiera ostentar para ese cargo, no era un desconocido
para los representantes de los poderes públicos con
incumbencia en su nombramiento.”.
Y que “En definitiva, en el real contexto y
finalidad de la reunión de Puerto Vallarta, Campbell
actuó con conocimiento suficiente acerca de las reales
implicancias de las operaciones de exportación en
ciernes. Su intervención, selló su vinculación al
grupo delictivo organizado.”.
Se valoró que en función de lo expuesto que
“A partir del 21 de marzo de 1994, Campbell había
ingresado a la función pública y es plausible, por
ello, que los asuntos relativos a la concertación de
las reuniones del grupo delictivo, por mínima
precaución, no pudieran ser concretados o atendidos
con tranquilidad desde el seno de su despacho en
Cancillería, pero sí dentro del ámbito de una empresa
privada.
Es razonable, por tanto, que Campbell
contara en las oficinas de Casa Piana con una
secretaría ad hoc e instalada en un espacio físico,
que cuanto menos coordinara las reuniones con Piana,
Seligman y con los directivos de Handy & Hartman, y
estuviese allí permanentemente para cualquier otro
asunto administrativo como los ya señalados.
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investigadas en la presente causa, es el que define
como ineludible la conclusión de que el juzgamiento
eficaz de los hechos imputados debe ser asegurado.
Ello, a los efectos de conocer la verdad, de restaurar
la justicia y de restablecer el equilibrio perdido
(Cfr. en este sentido mis votos en causas de esta Sala
IV: 4787, “ALSOGARAY, María Julia”, Reg. 6674.4. Rta.
9/05/2005 y CFP 2160/2009/37/CFC3, “VÁZQUEZ, Manuel y
otros”, Reg. Nro. 512/16, Rta. 29/04/2016).
Resulta importante destacar que el Estado
Argentino en su texto fundamental ha asumido el
compromiso de actuar con la debida diligencia, por
todos los medios apropiados, en lo que respecta la
prevención, investigación y eventual sanción de las
conductas como la maniobra aquí imputada, que, de
acuerdo a la hipótesis de la acusación, constituiría
una de las que el artículo 36 de la Constitución
Nacional define como atentados contra el sistema
democrático.
En este contexto, declarar la extinción de la
acción penal en este caso, implicaría un acto jurídico
opuesto a los principios fundamentales de la
Constitución Nacional -Preámbulo y artículos 18, 27 y
36 de la C.N.- (cfr. en ese sentido la sentencia de
esta Sala IV, “A., J.” -Reg. Nro. 316/16.4, del
22/3/16-, en donde resolví, en contra de la
prescripción de delitos contra la integridad sexual
cometidos contra una menor de edad por aplicación de
la normativa internacional vigente al momento de los
hechos por encima de la letra del Código Penal).
2. DE LA PRESCRIPCIÓN DE LOS DELITOS DE
DEFRAUDACIÓN A LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA.
En virtud de que mis colegas no comparten la
postura expuesta en el acápite anterior, y consideran
prescripta la acción penal respecto de los delitos
defraudación a la administración pública a la luz de
las disposiciones el código de fondo que regulan el
instituto, que encuentran aplicables al caso en
análisis, dejaré también sentada mi opinión disidente
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consideran no sólo la sanción, los elementos típicos y
las circunstancias agravantes o atenuantes, sino
también las situaciones que influyen en la
determinación de la pena (cfr. [Link]: “REVELLO,
Carlos Agustín y otros s/ abuso de autoridad en los
términos del artículo 248 del C.P. -causa Nro.
10.503”, rta. el 21 de noviembre de 2006).
Y que cuando “...la ley sancionada con
posterioridad al hecho incriminado depare, en
definitiva, un tratamiento más favorable al imputado,
ella debe ser aplicada íntegramente, incluyendo
aquellos aspectos que, individualmente considerados,
resulten desventajosos con relación a la ley anterior”
(Fallos: 310:267).
En el mismo precedente se afirmó que este
imperativo impide “...a los jueces construir una norma
con los aspectos más benévolos de leyes sucesivas
-quienes de lo contrario, aparecerían finalmente
sustituyéndose al legislador en la valoración de la
conducta-...”, en clara oposición al principio según
el cual compete al Poder Legislativo establecer las
disposiciones que contemplen los hechos punibles y las
respectivas sanciones, tras su propia apreciación de
las conductas reprobables (Fallos: 136:2000; 237:636;
275:89; 304:849 y 892 y 310:267)”.
A la luz de los principios expuestos,
reitero que, además de la citación de las partes a
juicio de conformidad a lo dispuesto por el artículo
354 del C.P.P.N., la fijación de audiencia de debate
dispuesta en la presente causa el 9 de abril de 2013,
así como la invocada por el tribunal de fecha 31 de
octubre de 2016, han interrumpido la prescripción,
también en los términos de lo dispuesto por el
artículo 67, inciso d), del C.P.-en la redacción
vigente-.
Ya he tenido oportunidad de sostener en
diversos precedentes (cfr.: cfr.: causa Nro. 5415:
“González de Lowenstein, Diana Lía s/ rec. de
casación”, Reg. Nro. 7130; Nro. 5417: “Torea, Héctor
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juicio oral, cerrándose la etapa preliminar al debate
como lo es la citación de las partes a juicio prevista
por el artículo 354, y la posibilidad de deducir
excepciones reglada por el artículo 358, por ejemplo”.
Entonces afirmé que “con el objetivo de
determinar si ambos actos son actos procesales que por
su entidad resultan procesalmente equiparables, no
debe perderse de vista que esta equiparación de la que
habla la ley es a los fines de la interrupción del
curso de prescripción de la acción penal, pues con ese
parámetro es que deberán seleccionarse los caracteres
y la entidad que revisten dichos actos en el proceso
penal, a los fines de determinar en el contexto de un
estudio sistemático, si entonces puede legalmente
considerárselos a tal fin parangonables, como lo
requiere la ley.
Que el fundamento de la prescripción radica
en el derecho a la decisión del proceso en un plazo
razonable, respecto del cual dicho instituto es un
instrumento idóneo para hacerlo valer (Fallos:
322:360), cumpliendo “un relevante papel en la
preservación de la defensa en juicio” (Fallos:316:365)
-citado en el considerando11) del voto del doctor Fayt
en el precedente “Espósito, Miguel Ángel s/ incidente
de prescripción de la acción penal promovido por su
defensa”, rta. el 23 de diciembre de 2004-“.
Antes de la reforma operada sobre el punto,
ya había sostenido que existirá secuela de juicio cada
vez que en cualquier etapa del juicio penal
(comprendido en su totalidad), se produce o realiza un
acto con entidad suficiente para dar real dinámico e
inequívoco impulso persecutorio al proceso,
manteniendo en efectivo movimiento la acción penal
(cfr.: causa Nro. 778: “Ferrero de Morand, Haydée s/
rec. de casación”, Reg. Nro. 1202, rta. el 30/3/98;
causa Nro. 1026: “Maldonado, Roberto Mario s/ recurso
de casación”, Reg. Nro. 1509.4, rto. el 2/10/98; entre
muchísimos otros). Y que ese fue también el concepto
que, en términos generales, se mantuvo subyacente aún
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presentada en reiteradas oportunidades durante el
transcurso del presente proceso y rechazada por los
distintos tribunales que intevinieron en todas las
instancias, incluyendo esta Sala IV.
El tribunal ha otorgado concreta y fundada
respuesta a los cuestionamientos en tal sentido
invocados considerando en lo sustancial que sin
desplegar argumentos específicos pertinentes se han
apoyado los señores defensores en afirmaciones
meramente dogmáticas que ignoraron el análisis
concreto que la cuestión reclama.
Se evaluó así que más allá de las
consideraciones que se realizan a los fines de reseñar
el modo en que se abrió paso la pesquisa y se delineó
paulatinamente su objeto procesal, es necesario
repetir que esta causa se caracterizó por las
distintas particularidades que la tornaron
extremadamente compleja desde su génesis misma, como
ser: a) la pluralidad de imputados con el consecuente
trámite de extradición desandado con relación a uno de
éstos -Enrique José Piana-, quien fue sometido a
proceso ante la jurisdicción judicial de los Estados
Unidos de América y cumplió en detención ante esa
autoridad extranjera un largo y por demás considerable
período de tiempo; b) la intrincada y compleja
maniobra global que habría sido concebida y ejecutada
por los supuestos integrantes del Grupo Piana; c) la
multiplicidad de lazos y relaciones que habrían
entablado los presuntos integrantes de la probable
asociación ilícita ventilada en autos; d) el frondoso
plexo probatorio que fue necesario colectar y también
valorar en cada una de las instancias decisivas de
esta causa.
Se agregó que, a pesar de ello, la actuación
de los órganos jurisdiccionales fue adecuada en tanto
el proceso avanzó ininterrumpidamente en cada uno de
sus estadios, debiendo abocarse los distintos
tribunales que han tomado intervención en el sub lite
al conocimiento y decisión de múltiples y reiterados
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debatidos y resueltos en esta causa; contándose en
esas oportunidades, además, con el doble conforme que
activó esta Sala IV de la C.F.C.P. por vía de los
recursos de casación que fueron deducidos contra las
resoluciones denegatorias de las respectivas
pretensiones de parte.
Se recordó que, además, las defensas
plantearon, antes del debate oral y público que
comenzó el 25 de noviembre de 2016, una serie de
cuestiones, en muchos casos similares a las ya
debatidas y resueltas en más de una ocasión, a las que
se sumaron otras incidencias que también introdujeron
en esa audiencia; y que todo eso recibió el
correspondiente tratamiento jurisdiccional.
Como lo concluyeron los jueces de juicio,
indudablemente, todos estos avatares generaron un
particularmente intenso dispendio procedimental que, a
su vez, insumió el tiempo necesario y suficiente para
analizar y resolver tantos planteos, incidencias y
cuestionamientos, todo lo cual generó una excesiva
respuesta jurisdiccional y multiplicó los esfuerzos
del caso.
Y que, en tal contexto, ese tiempo que
insumió el tratamiento jurisdiccional de esos
reiterados y replicados planteos, a su vez, se
enarbolaba nuevamente como un argumento para seguir
esgrimiendo un exceso en el plazo de duración de esta
causa, generándose con ello un círculo para nada
virtuoso en tanto las partes contribuyeron a la
creación de un escenario procesal de esa índole.
A estas razones, sumó el tribunal la
valoración de la complejidad del caso juzgado, con
sustento en las consideraciones que esta Sala IV tuvo
oportunidad de analizar -siempre con adecuado
resguardo del principio de inocencia- en oportunidad
de revocar, el 5 de junio de 2015, los beneficios de
suspensión de la realización del juicio a prueba
concedidos en su oportunidad a favor de los encausados
hoy devenidos en enjuiciados.
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la entidad cualitativa y cuantitativa de los delitos
investigados e imputados a los encausados de que se
trata (que, como se dijo, han estado caracterizados
por el montaje de un complejo engranaje empresarial y
fraudulento, de dimensiones inusitadas, en perjuicio
del erario público), definen la complejidad de la
maniobra imputada y de la investigación probatoria
tramitada a los fines de su acreditación, abarcando el
tipo de participación que les correspondió a cada uno
de los varios imputados (cfr.: de esta Sala IV: causa
nro. CFP 6082/2007/TO1/11/CFC1 del registro de esta
Sala, caratulada: “SUÁREZ ANZORENA, Martín y otros s/
recurso de casación”, Reg. Nro. 1077.2015.4, rta. el 5
de junio de 2015; entre varias otras).
Ahora bien, de la reseña efectuada surge que
el tribunal ha dado fundada respuesta a la cuestión,
sin que los argumentos invocados en los respectivos
recursos de casación interpuestos se presenten idóneos
para evidenciar el yerro en la resolución adoptada al
respecto.
Ya he recordado al votar en anteriores
oportunidades respecto de esta cuestión en estudio que
Nuestro Más Alto Tribunal sostuvo, con sustento en la
doctrina sentada por los tribunales internacionales
(C.I.D.H.: caso 11.245, rto. el 1 de marzo de 1996,
considerando 111; T.E.D.H.: caso “KÖNIG” -sentencia
del 28/6/78-; la Corte Europea: “TERRANOVA v. ITALIA”,
res. del 4 de diciembre de 1995, “PHOCA v. FRANCIA”,
del 23 de abril de 1996, entre otros) y tribunales
extranjeros (como el Tribunal Constitucional Español:
Auto n° 219/1993 del 1 de julio de 1993; y la Corte
Suprema de Justicia de los Estados Unidos de
Norteamérica: voto del Juez Powell en el caso “BARKER
v. WINGO”, 407 U.S. 514), que la duración razonable de
un proceso depende en gran medida de diversas
circunstancias propias de cada caso, y, en tal
sentido, del análisis de la actividad llevada a cabo
por los magistrados y las partes en el transcurso del
proceso (cfr.: el voto en disidencia del Ministro Fayt
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maniobras delictivas imputadas, se sumó el tiempo que
demandó la sustanciación de los numerosos planteos
efectuados por las defensas, las que, en algunos
casos, replicaron y duplicaron los cuestionamientos
que ya habían sido efectuados y que, como bien lo dice
el tribunal, ya habían sido suficientemente debatidos
y resueltos en esta causa, contándose en esas
oportunidades, además, con el doble conforme, e,
incluso, con el tratamiento de esta Sala IV por vía de
los recursos de casación que fueron deducidos contra
las resoluciones denegatorias de las respectivas
pretensiones de parte.
No puede desconocerse que “…la multiplicidad
de incidentes planteados por las partes pueden
convertir un caso simple en uno complejo (“MONNET v.
FRANCE”, nº 35/1992/380/454 del 27 de octubre de 1993,
párr. 28); y que …”si bien no pueden considerarse los
recursos que válidamente puede interponer todo
imputado, su comportamiento es un elemento objetivo
que no puede ser atribuido al Estado y debe tomarse en
cuenta al momento de determinar si se ha afectado la
garantía del plazo razonable prevista en el artículo
6.1 de la Convención Europea (caso “WIESIGNER v.
AUSTRIA”, nº 38/1990/229/295, del 30 de octubre de
1991, párr. 57). También deben valorarse las
iniciativas implementadas que respondan
manifiestamente a una actitud obstruccionista u
objetivamente dilatoria (caso “ECKLE v. GERMANY”,
sentencia del 15 de julio de 1982, pág. 82).”.
En definitiva, las alegaciones de las
respectivas defensas en cuanto al tiempo de trámite
que lleva el presente proceso, sin hacerse cargo de
fundar su planteo concretamente y en orden a variables
específicas como la complejidad del caso, la conducta
de los inculpados, la diligencia de las autoridades
competentes en la conducción del proceso, y la
afectación generada por la duración del procedimiento
en la situación jurídica de la persona involucrada,
define la insuficiencia del planteo así realizado a
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desarrollo, la institucionalidad y el Estado de
Derecho se encuentran en crisis por la gravedad de
esos actos que se llevan a cabo tanto en el sistema
político como en el sector privado (Cfr. en este
sentido mi voto en causa CFP 4943/2016/19/CFC3 de la
Sala I de esta Cámara caratulada “LÓPEZ, Cristóbal
Manuel s/ recurso de casación”, Reg. Nro. 314/18, Rta.
27/4/18; causa CFP 9233/1999/TO1/37/CFC5: “Bofill
́
Alejandro Arturo y otros s/ recurso de casacion”, Reg.
Nro. 145/20.4, rta. el 21/2/20; entre otras).
Es pertinente insistir en que las maniobras
delictivas en donde se imputa una criminalidad
económica organizada con vínculos entre particulares y
funcionarios que hubieren sido cometidos en perjuicio
del Estado, en el caso causando un perjuicio
millonario para las arcas públicas en beneficio
propio, son indudablemente graves y tienen un alto
impacto en el sistema democrático y en el orden
institucional; y cuyas consecuencias producen efectos
incidiosos que transcienden a toda la sociedad.
De ahí la trascendencia institucional de las
investigaciones judiciales que versan sobre este tipo
de delitos, de donde surge la necesidad de un trato
penal más riguroso o con menos concesiones de
alternativas no punitivas, tal como lo ordena la
Constitución Nacional; en pos de afianzar el orden
público interno que favorece la convivencia pacífica
entre los argentinos y el fortalecimiento del Estado
de Derecho.
́
En el ejercicio de dicha obligacion no se
puede olvidar, cuando se juzgan episodios delictivos
de la magnitud del resultado que este tuvo, que no se
́
podria construir ni finalmente ejecutar un derecho
penal sin el efectivo ingrediente de una investigación
de los hechos que culmine con el respectivo juicio y
castigo a los responsables. Ello por cuanto, en
́
definitiva, esa pena publica, así aplicada, constituye
́ poderoso medio del que dispone el Estado para
el mas
́
asegurar tambien, por fin, la inquebrantabilidad del
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́
orden jurídico, toda vez que, por definicion, cuando
otras medidas morales, sociales, y hasta legales no
penales e incluso reglamentarias, fracasan, el derecho
́
penal asegura, en ultima instancia, la coercibilidad
́
del orden juridico.
Como lo sostuvo con meridiana claridad
Jescheck: “El derecho penal es uno de los componentes
imprescindibles en todo orden ́
juridico, pues, por
mucho que el moderno estado social haya ampliado sus
́
funciones de planificacion, ́ y prestacion,
direccion ́ la
́ de la convivencia humana en sociedad sigue
proteccion
siendo una de sus principales misiones” ( Conf.
Jescheck, Hans H., “Tratado de derecho Penal”, Parte
́
General, T.I., pag., 16, Ed. Bosch, Barcelona, 1981).
Todo lo expuesto, obviamente, sin dejar de reparar en
la relatividad de la pena para erradicar el delito
sobre lo que advirtiera magistralmente Carrara (Ver.
“Programa de Derecho Criminal, Parte especial”, Vol.
́
I, pags. ́ 1957).
14 y 15, ed Temis, Bogota,
Cierto es que, como ya se lo considera en
concreto, ́
ademas del ́
analisis de la culpabilidad –
entendida como reprochabilidad- del autor del delito,
deben jugar los principios que sostienen la
́
resocializacion del autor y también las garantías
constitucionales de un debido proceso, por una parte,
pero, asimismo, debe operar, en sustancia, el fin de
restaurar el orden de la justicia que ha sido
quebrantado por el delito.
En definitiva, no puede perderse de vista
que la sentencia judicial pone de manifiesto de forma
́
inequivoca, tanto frente al autor como a la sociedad
toda, que, si bien a veces tarde, el Derecho debe
prevalecer siempre, que consigue imponerse, y que
puede contarse con que lo hará tambien
́ en el futuro. Y
que "Gracias al cumplimiento equitativo y mesurado de
́ represiva, el Derecho Penal desarrolla su
la funcion
̃
fuerza configuradora de las costumbres, senalando al
conjunto de los miembros de la comunidad las pautas
́
juridicas para su comportamiento y persiguiendo, por
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esta ́
via, un efecto preventivo general denominado
́ general...este efecto del Derecho Penal se
prevencion
́ de preceptos penales claros,
alcanza con la creacion
́ de los
susceptibles de ser comprendidos por el comun
́
hombres y que caractericen inequivocamente el desvalor
́ prohibida; con una determinacion
de la accion ́ de la
pena basada en la gravedad del hecho y en la
culpabilidad, que se sienta como justa por la
́ judicial
colectividad, y con una objetiva informacion
́
consciente de su importancia pedagogica social” (Conf.
́
Jescheck, H.H., op. Cit., pag. 6).
Por supuesto que todo esto debe hacerse
imperando la justicia distributiva que lleva a no
minimizar las infracciones graves, teniendo en cuenta
que el crimen organizado no solo daña las
instituciones, sino que se aprovecha de su
funcionamiento deficitario y produce un impacto social
que no puede ser desconocido. Todo lo cual debe
ponderarse en esta causa, atendiendo, asimismo, a que
la sociedad tiene derecho, justamente, a que el delito
con tales nocivas consecuencias no pase desapercibido
en la comunidad y, en definitiva, sirva su juzgamiento
́
para dejarla tranquila. Porque ademas ocurre que la
sociedad toda se conmueve, cuando se entera, en gran
medida por fallos que deben dictarse como en la
especie aquí examinada, que el Estado no cumple
adecuadamente y con el rigor necesario y pertinente a
la naturaleza de un hecho como el que se juzga, con su
́ protectora a traves
principal mision ́ del derecho, ni
́
asegura la inalterabilidad del orden juridico, ni crea
una conciencia de seguridad general.
En definitiva, no se desconoce el derecho de
los imputados a ser juzgados en un plazo razonable
(art. 8°, inciso 1°, C.A.D.H.), pero no se advierte
evidenciado, en atención a todo lo dicho y por las
consideraciones efectuadas por el doctor Javier
Carbajo en el voto que lidera este acuerdo a las que
me remito en honor a la brevedad, que se hayan
avasallado las garantías que la Constitución Nacional
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72,744, rta. el 4 de diciembre de 2009; entre muchas
otras).
Y que esto es lo que ocurre, por ejemplo, en
el caso del artículo 23 de la ley 24.769, en cuanto le
acuerda dicha facultad al organismo recaudador, al
prever que “...podrá asumir, en el proceso penal, la
función del querellante particular a través de
funcionarios designados para que asuman su
representación”.
Lo sustancial, insisto, es que esta regla
adquiere sentido ni bien se recuerda que en los
llamados “delitos de acción pública” se denomina
querellante, en principio, a la persona, de derecho
público o privado, portador del bien jurídico afectado
o puesto en peligro por el hecho punible concreto que
es objeto del procedimiento, esto es, sintéticamente,
al ofendido por ese hecho punible, en lenguaje común
para el derecho procesal penal (cfr. el artículo 82
del C.P.P.N.).
En aquellos supuestos, la intervención de
estos organismos del Estado como parte querellante en
el proceso penal, encuentra específico fundamento en
el tipo de bienes jurídicos afectados por el delito de
que se trata, por lo que parece legítimo que, lejos de
actuar como órgano jurisdiccional, se constituya en
parte del proceso (cfr. el fallo “GOSTANIÁN, Armando
s/ recurso extraordinario” -[Link], rta. el
30/5/06-).
En efecto, en el caso de los delitos en
cuestión, en lo pertinente a las concretas maniobras
de las que se trató -las maniobras fraudulentas
cometidas y también en relación al delito de
asociación ilícita conformada para cometer delitos en
forma indeterminada-, uno de los bienes jurídicos
protegidos es la hacienda pública. De manera que la
ley faculta al Estado a constituirse en parte del
proceso como querellante, en tanto resulta el
particular ofendido por la conducta delictiva
imputada; lo cual, a la luz del principio de la
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accionar fundadamente ordenado y debidamente
coordinado de sus diferentes estamentos y
representantes.
Si la inconsecuencia no debe presumirse en
el legislador (C.S.J.N.: Fallos: 296:372; 307:223;
310:195; y 315:293), la tesis propuesta en cuanto a la
falta de legitimación de la AFIP, como parte
querellante, de intervenir en el proceso y formular su
acusación con independencia de la actuación del
Ministerio Público Fiscal, resulta difícil de
conciliar con lo dispuesto en el artículo 23 de la ley
penal tributaria, antes citado, en cuanto autoriza al
organismo recaudador para asumir en el proceso penal
la función de querellante particular a través de
funcionarios designados para que asuman su
representación.
Retomando el análisis de los planteos
formulados, cabe recordar que desde la ocasión de
fundar mi disidencia en la citada causa “SANTILLÁN,
Francisco Agustín” (Reg. 585.4 de esta Sala IV)
sostuve que, culminada la recepción de las pruebas, en
el alegato final de la audiencia del debate oral y
público, el querellante particular podía apartarse de
la postura del Fiscal, mediante un pedido de condena
que cumpla con los presupuestos formales y
substanciales que le son propios asegurando el debido
contradictorio. En función de ello, advertí la
imposibilidad de sostener, en la sistemática adoptada
por el legislador nacional, que la participación del
querellante en la discusión final es inocua, como en
definitiva se pretende en este caso.
Consideré que “En efecto, si hasta entonces
se admitió su presencia (cfr. Arts. 354, 374, 389 y en
especial 393, íd.), se deben registrar en el acta sus
“instancias y conclusiones” (art. 394, inciso 5, del
C.P.P.N.), y no se retacea expresamente su derecho de
postulación -ya que puede solicitar condena aunque no
lo haga el Ministerio Público Fiscal, lo que no se
depara al actor civil (art. 393, párrafo segundo íd.)-
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autónoma para intervenir en el proceso en dicho
carácter y en el ejercicio de dicho rol formular su
acusación al cabo del juicio oral.
Las precedentes consideraciones bastan para
rechazar la impugnación al respecto interpuesta.
VIII. DE LA VALORACIÓN DE LAS PRUEBAS
INCORPORADAS AL JUICIO, LA APLICACIÓN DE LA LEY
SUSTANTIVA EN LA CALIFICACIÓN DE LAS CONDENAS
PRONUNCIADAS Y EL PLANTEO DE INCONSTITUCIONALIDAD DEL
ARTÍCULO 210 DEL C.P.
Adhiero a los fundamentos y solución que se
propicia en el primer voto, del doctor Javier Carbajo,
en relación a los restantes planteos efectuados por
los recurrentes, relativos a la arbitraria valoración
del material probatorio incorporado al juicio, a la
aplicación de las disposiciones de derecho sustantivo
al momento de calificar los hechos por los que
resultaron respectivamente condenados los encausados
en lo pertinente a la aplicación de lo dispuesto por
el artículo 210 del Código Penal y a la planteada
inconstitucionalidad del delito de asociación ilícita
(todo lo cual se corresponde con el análisis del tipo
penal que tuve oportunidad de efectuar en diversos
precedentes, y al que me remito también ahora
-C.F.C.P., Sala IV, causa Nro. 6244: “SOMMA, José y
otros s/recurso de casación”, Reg. Nro. 7995.4, rta.
el 27/10/2006; causa nro. 15.332 “SUÁREZ ANZORENA,
Martín s/recurso de casación”, Reg. Nro. 2628/12.4,
rta. el 28/12/12; entre muchos otros, y CSJN: Fallos:
324: 4251).
Corresponde recordar que la declaración de
inconstitucionalidad es una solución de procedencia
excepcional y restrictiva, sólo admisible ante la
imposibilidad de conciliar las normas en juego con los
preceptos constitucionales. Es, en efecto, la facultad
jurisdiccional para salvaguardar al Estado federal y
la preeminencia de la Constitución Nacional (Fallos:
305:1304, entre otros).
El delito de asociación ilícita requiere la
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tanto por el aumento del poder ofensivo como por la
mayor capacidad de diluir responsabilidades
individuales al haber una estructura que ampara sus
acciones (mutatis mutandi, cfr. voto del suscripto en
causa FLP 26486/2016/T01/18/CFC31, “FABIANO, Facundo y
otros s/rec. de casación”, reg. N°665/22, resuelta el
30/5/22 por esta Sala IV).
De manera que el tipo penal en estudio no
requiere la acreditación de la comisión de los
concretos delitos que, en su caso, resultarán hechos
delictivos distintos y ajenos a la figura típica de
que se trata.
Muy por el contrario, se trata de un delito
independiente de aquellos ilícitos específicos que, en
su caso, cometa la asociación o alguno de sus
miembros. Y, por ello, representa un injusto autónomo
que se consuma con la mera conducta de formar parte de
la agrupación que tiene como objetivos comunes la
comisión de delitos.
De ello se colige que la decisión legislativa
de punir de forma independiente un accionar que se
diferencia de los concretos delitos que en sí pudiere
o hubiere cometido la asociación ilícita no infringe
el principio de legalidad ni el de lesividad,
establecidos en los artículos 18 y 19 de la
Constitución Nacional, respectivamente. Se trata de la
protección de bienes jurídicos distintos que implican,
como consecuencia, sanciones punitivas diferentes.
En efecto, no puede olvidarse que el bien
jurídico lesionado por el delito de asociación ilícita
es el de la tranquilidad pública, que se lesiona
claramente por la reunión de tres o más personas, con
estabilidad y permanencia, para cometer delitos sin
determinación, dado su mayor eficacia en pos del
crimen.
Esta concepción del bien jurídico, como bien
se ha señalado, es la consecuencia de la idea ya
adoptada por Rodolfo Moreno, quien no limita de ningún
modo las clases de delitos que son el objeto de la
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visibilidad que la de los delitos convencionales,
horadan profundamente el orden público.
De manera que se presenta incorrecta la
postura que niega la tipicidad, con la consecuente
impunidad, de los casos en que se conforman
asociaciones ilícitas que tengan por objeto la
comisión de delitos, que pueden tratarse también de
“delitos contra el erario nacional”, cuando son,
claramente, de los delitos que muchas veces afectan
más la tranquilidad pública, el orden público
entendido como el orden jurídico que impera en un
estado de derecho. No puede olvidarse en este análisis
que la mayoría de los conflictos penales financieros
denuncian la existencia de asociaciones ilícitas.
En efecto, el principal objetivo del sistema
penal no es otro, como lo dice Francesco Carrara, que
el logro de la tranquilidad pública (cfr. “Programa de
Derecho Criminal”, T. V. I, pág. 15 y sgtes, Ed.
TEMIS, Bogotá, 1956), bien jurídico comprendido,
actualmente, en el concepto de orden público que se
trata de resguardar en el Título 8 del Código Penal,
donde se encuentra legislado el delito en estudio.
Jescheck también remarca que el sistema penal
tiene como finalidad el logro de la paz social, a la
vez que la seguridad general, de conformidad con las
que se trata de frenar la actuación injusta del o de
los grupos delictivos más fuertes para garantizar a
todas las personas el libre desarrollo de su
personalidad, la sensación de tranquilidad y seguridad
de que el control penal recaerá ineludiblemente, sino
en todas, cuanto menos en la mayoría de los graves
acontecimientos delictivos (cfr.: “Tratado de Derecho
Penal”, T. I, pág. 4, Ed. Bosch, Madrid; citado por
García Torres, Tristán: “Algunas consideraciones sobre
el delito de asociación ilícita y el bien jurídico
protegido”, en la Rev. La Ley 2002-B-191).
En este contexto, no puede desconocerse que
el delito de asociación ilícita se trata de un delito
de peligro abstracto en el que la peligrosidad para el
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tribubal de origen para que individualice el monto de
la pena de multa que corresponde imponerles a Edgardo
Enrique Roggenbau y a Luis Eduardo Ricigliano.
Ello, aun dejando sentado el criterio que
vengo sosteniendo de manera constante en cuanto a que
resulta indudable la potestad de esta Cámara para
corregir el error del a quo, dictando la respectiva
condena (sobre el particular me remito a lo que tuve
oportunidad de sostener en la causa FSM
95764/2017/TO1/CFC1, “Correa, Carlos Javier s/recurso
de casación”, reg. N°2235/19, rta. el 6/11/19; causa
nro. 12.260, “Deutsch, Gustavo Andrés s/recurso de
casación”, Reg. Nro. 14.842, rta. el 3/5/2011; en la
causa nro. 13.373, “Escofet, Patricia s/recurso de
casación”, Reg. Nro. 479/12, rta. el 10/4/2012; en la
causa nro. 14.211, “Rosa, Juan José s/recurso de
casación”, Reg. Nro. 1540/13, rta. el 27/8/2013; y en
la causa nro. 578/2013 “Crivella, Gustavo Ismael y
otros s/recurso de casación”, Reg. Nro. 1127/14, rta.
el 11/6/2014, todas de esta Sala IV; entre muchas
otras; y la doctrina expuesta por la CSJN en los
fallos “Casal” y “Duarte”).
X. En virtud de lo expuesto propicio que se
rechacen los recursos de casación interpuestos, y,
como consecuencia de que mis colegas resolvieron, por
mayoría, sobreseer a Marcelo Mario De Laurentis,
Alberto Atilio Giusti, Luis Eduardo Ricigliano y
Edgardo Enrique Roggenbau, en orden a los hechos de
defraudación a la administración pública que les
fueron imputados, respectivamente y en lo pertinente,
a los nombrados, vencido sobre la cuestión, adhiero al
punto c) propuesto por el doctor Javier Carbajo, por
el que propone anular la multa de $ 90.000 impuesta a
Edgardo Enrique Roggenbau y Luis Eduardo Ricigliano, y
reenviar las actuaciones al tribunal de origen a fin
de que, previa sustanciación, dicte una nueva decisión
de conformidad a derecho.
Sin costas en esta instancia por haberse
efectuado un razonable ejercicio del derecho al
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́
remitase al tribunal de origen mediante pase digital,
́
sirviendo la presente de atenta nota de envio.
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