Fundamentos para la solidez en la relación de
pareja
Si Dios gobierna nuestra relación conyugal, encontraremos la realización en
el noviazgo y matrimonio.
1.- Lectura Bíblica: 1 Corintios 13:4-8; Efesios 5.21-33; 1 Pedro 3:1-7.
2.- Objetivos:
2.1.- Comprender la necesidad de alimentar cada día el amor para evitar
que vaya muriendo la relación de pareja.
2.2.- Comprender la necesidad de alimentar el amor y el respeto a su
cónyuge como paso fundamental para recibir un trato recíproco y contribuir
al fortalecimiento de la relación.
2.3.- Comprender la necesidad de procurar satisfacer mutuamente sus
necesidades básicas.
3.- Desarrollo del tema:
¿Cuándo dejamos de entendernos?
Esta pregunta de tan solo cuatro palabras encierra el drama que vive
infinidad de parejas en todo el mundo, abocadas a una crisis y la eventual
separación. No encuentran otra opción que el divorcio. “Si seguimos juntos,
nos causaremos más daño”, es la frase que se escucha con frecuencia.
Quizá todos coinciden en que el amor es el principal fundamento de un
hogar y particularmente en la relación de pareja; tienen razón hasta cierto
punto, pero no se puede desconocer una realidad: La relación tiende a
deteriorarse con el paso del tiempo y particularmente, después de los cinco
años de convivencia, pareciera que la llama de la pasión se acaba y a
menos que hayan otros alicientes, lo más probable es que todos los
matrimonios emproblemados decidan acogerse a la separación.
¿Hay salida al laberinto? ¿Queda alguna sombra de esperanza? Sin duda
que sí, en la medida en que dispongamos nuestro corazón para hacer una
cuidadosa evaluación de cómo van las cosas en nuestra relación y nos
dispongamos a aplicar cambios con ayuda de Dios.
3.1.- Cuando el amor no es suficiente hay que buscar alternativas
Con sobrada razón hay sicólogos y terapeutas de familia que comparan el
amor con una pequeña planta. “Si no la riegas termina por marchitarse”,
suelen enfatizar. El error entonces gira alrededor de la concepción que
tenemos en la relación de pareja. Creemos que al pactar el matrimonio la
otra persona es de nuestra pertenencia.
El centro del asunto, sin embargo, es que el amor no es suficiente. Al gusto,
la atracción, la admiración y las inclinaciones primarias cuando conocemos a
alguien que nos atrae y con quien deseamos sostener una relación de
pareja, deben sumarse otros elementos. Uno componente de suma
importancia lo constituye la comunicación. A pesar de las diferencias de
percepción e incluso, de la forma como expresamos el amor, es importante
disponer nuestro corazón para llegar al entendimiento, a conciliar, a
encontrar elementos comunes. El hombre tiende a ser más sucinto al hablar
mientras que la mujer es más gestual y expresiva. Esas diferencias no
podemos desconocerlas por ningún motivo. El tono de voz, por ejemplo,
resulta muy importancia porque le imprime pasión o desatención a nuestras
palabras.
Un segundo elemento de mucha significación lo representa la expresión
adecuada, saber transmitir el amor, la comprensión y la disposición de
ayuda mutua.
El apóstol Pablo utilizó un pasaje maravilloso para referirse al amor y a sus
alcances: “El amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni
fanfarrón ni orgulloso ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan
a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas
recibidas. No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la
verdad triunfa. El amor nunca se da por vencido, jamás pierde la fe,
siempre tiene esperanzas y se mantiene firme en toda
circunstancia.
La profecía, el hablar en idiomas desconocidos, y el conocimiento
especial se volverán inútiles. ¡Pero el amor durará para siempre!”
(1 Corintios 13:4-8. NTV)
Le invito a leer el pasaje cuantas veces sea necesario. Hágalo con
detenimiento. Descubrirá que entre las características especiales si amamos
a nuestra pareja— para circunscribirnos específicamente al círculo conyugal
—, encierra dos componentes de suma importancia: La paciencia y
la bondad. Pero ligado a estos dos fundamentos está el hecho de que un
amor auténtico no es celoso, orgulloso ni acude a la ofensa cuando se
siente herido.
Quien ama, respeta la opinión de la pareja, no vive del pasado y llenos del
rencor por el daño recibido. Persevera aun cuando haya circunstancias
adversas— como por ejemplo las crisis— y decide proseguir. La relación de
pareja resulta lo más importante.
¿Comprende todo lo que implica amar? Es la renunciación a nuestro ego, a
la actitud de pretender que nuestra opinión prevalezca. A partir de ahí
comprendemos que el amor tal como lo apreciamos usted y yo no es
suficiente. Hay que alimentarlo día a día con perdón, comprensión, apoyo,
tolerancia y estímulo, entre otros elementos.
Avanzar no es fácil, al menos no en nuestras fuerzas. Es necesario que Dios
nos ayude. Podemos avanzar en este paso si permitimos que Jesús el Señor
ocupe el primer lugar en la relación matrimonial. Es una decisión sabia de la
que jamás nos arrepentiremos.
3.2.- Sin amor no hay respeto, y sin respeto no hay amor
Jairo dejó de hablarle a su esposa con la misma ternura que apenas
iniciaron la vida matrimonial, y las rosas de los días viernes, las esquelas en
el perfil de las Redes Sociales que invariablemente le enviaba al comenzar
semana y las llamadas amorosas, comenzaron a ser parte del pasado.
Marcela por su parte respondió a la indiferencia con una actitud displicente.
Fue perdiendo progresivamente el anhelo de escuchar una llamada de su
marido, y él se quejaba de que era un poco grosera. “Pienso que mi esposa
ya no me respeta”, dijo.
Un estudio reciente realizado por una prestigiosa universidad
norteamericana concluyó que sin amor no hay respeto. En esto coinciden
con el apóstol Pablo cuando escribió a los creyentes de Éfeso: “Por eso les
repito: cada hombre debe amar a su esposa como se ama a sí
mismo, y la esposa debe respetar a su marido.” (Efesios 5:33. NTV)
Si el hombre expresa amor a su esposa, no solo con palabras sino con
hechos, ella le retribuye con respeto que es justamente lo que todo esposo
espera. Respeto hacia el marido es sujeción por amor, no por obligación.
Por su parte, los esposos tienen un imperativo de las Escrituras: “Para los
maridos, eso significa: ame cada uno a su esposa tal como Cristo
amó a la iglesia. Él entregó su vida por ella a fin de hacerla santa y
limpia al lavarla mediante la purificación de la palabra de Dios. Lo
hizo para presentársela a sí mismo como una iglesia gloriosa, sin
mancha ni arruga ni ningún otro defecto. Será, en cambio, santa e
intachable. De la misma manera, el marido debe amar a su esposa
como ama a su propio cuerpo. Pues un hombre que ama a su esposa
en realidad demuestra que se ama a sí mismo.” (Efesios 5:25-28.
NTV)
Amamos a nuestras esposas porque es un sentimiento que
no obligamos sino que alimentamos en lo más profundo de nuestro
corazón.
Alguien que consideraba que ya no amaba a su esposa, fue a pedir consejo.
El especialista le recomendó cada día identificar y valorar algo positivo de la
mujer. “Hágalo al menos durante un mes”, le recomendó. Al término de ese
tiempo él no quería ya el divorcio. “Jamás había valorado en su proporción
la maravillosa esposa que tengo a mi lado”, aseguró entusiasmado.
Honrar, valorar y tratar bien a nuestro cónyuge son tres actitudes que van
de la mano del amor y del respeto. Si amamos, respetamos.
Probablemente hasta el momento no hemos tomado el tiempo suficiente
para evaluar cómo anda nuestra relación de pareja. Cuando lo hacemos
invariablemente descubrimos que hay aspectos qué cambiar, y entrar a
modificar nuestra forma de pensar y actuar nos conducirá a mejorar las
relaciones.
No olvide que siempre hay tiempo para cambiar. Es un proceso que parte
de una decisión. Nadie nos obliga. Y avanzamos en esa dirección porque
Dios alimenta esa inclinación en nuestro corazón. ¡Hoy es el día para
comenzar a cambiar!
3.3.- Estamos llamados a satisfacer las necesidades básicas del
cónyuge
Las ciudades encierran sus propias historias. Unas son dramáticas y otras
ejemplarizantes en medio del enorme abanico de posibilidades que se
ofrecen. Un caso que llamó poderosamente la atención en Colombia fue la
de dos personas adultas, de casi 90 años. Esposos por más de 70 años.
Pese a su avanzada edad, se cuidan amorosamente el uno al otro. “No
podría concebir la vida sin mi esposa”, dijo él al tiempo que ella
corresponde a su amor, brindándole los cuidados que están a su alcance.
“Él ha sido muy especial conmigo durante todo este tiempo”, explicó la
mujer.
Cuando procuramos satisfacer las necesidades del otro, dejando de lado el
orgullo y el egoísmo, sentamos las bases para que la relación crezca.
El apóstol Pedro abordó el asunto, a grandes rasgos, cuando escribió a los
creyentes del primer siglo: “De la misma manera, ustedes esposas,
tienen que aceptar la autoridad de sus esposos. Entonces, aun
cuando alguno de ellos se niegue a obedecer la Buena Noticia, la
vida recta de ustedes les hablará sin palabras. Ellos serán ganados
al observar la vida pura y la conducta respetuosa de ustedes. De la
misma manera, ustedes maridos, tienen que honrar a sus esposas.
Cada uno viva con su esposa y trátela con entendimiento. Ella podrá
ser más débil, pero participa por igual del regalo de la nueva vida
que Dios les ha dado. Trátenla como es debido, para que nada
estorbe las oraciones de ustedes.” (1 Pedro 3:1-7. NTV)
Pensemos por un instante que tanto el hombre como la mujer somos
distintos, en nuestra forma de pensar y de actuar. Pese a las diferencias,
somos complementarios.
Le invito a considerar las seis necesidades básicas de las esposas:
1.- Intimidad. No entendida como sexo sino como proximidad, la sensación
que reciben de protección por parte de su esposo.
2.- Franqueza y honestidad de su cónyuge.
3.- Comprensión.
4.- Reconciliación. Escuchar un “Reconozco mi error” de parte de su esposo
cuando han fallado.
5.- Lealtad de sus esposos al compromiso conyugal.
6.- Estima y valoración del cónyuge.
Por su parte los esposos tienen las siguientes necesidades básicas:
1.- Logros.
2.- Sentir que protege a su esposa.
3.- Servir y a la vez dirigir a su familia.
4.- Valoración de su esposa.
5.- Relación de comprensión y amistad con la esposa.
6.- Sexualidad. Plenitud en la relación con su cónyuge.
La relación de pareja se fortalece cuando nos damos a la tarea de satisfacer
las necesidades de nuestra pareja. Recuerde que constituyen un elemento
fundamental para alimentar el amor entre los cónyuges y además, aseguran
la continuidad en el entendimiento, las expresiones mutuas de amor y tener
razones de vivir en pareja. Si no nos ocupamos uno del otro, lo más
probable es que el matrimonio se torne monótono.
Si no ha recibido a Jesús como Señor y Salvador, hoy es el día para que lo
haga. Recuerde que cuando Cristo gobierna en casa, todas las cosas
marchan bien comenzando por nuestra relación de pareja. Cristo debe
reinar en nuestra vida y en nuestra familia. Decídase por Jesús el Señor. No
se arrepentirá.
4.- Preguntas para la discusión en grupo:
a.- ¿Por qué muchas parejas sienten que llegaron al final y no hay otra
opción que el divorcio?
b.- ¿Podríamos pensar que hay solución a las crisis en la relación de pareja?
c.- ¿Qué podemos aprender, en cuanto a la relación de familia y con los
hijos, al leer el pasaje de 1 Corintios 13:4-8?
d.- ¿Por qué se compara el amor de pareja como “una plantita pequeña”?
e.- ¿Qué papel juega la comunicación en la relación de pareja y por qué
resulta importante saber comunicarnos con el cónyuge?
f.- ¿Por qué resulta dañina la falta de perdón y la intolerancia en la relación
de pareja?
g.- ¿Cuál es la razón para que revista importancia alimentar la relación de
pareja con perdón, comprensión, apoyo, tolerancia y estímulo, entre otros
elementos?
h.- ¿Por qué el amor y el respeto en la relación de pareja están
íntimamente ligados?
i.- ¿Qué aprendemos del pasaje Escritural de Pablo en Efesios 5.21-33?
¿Cómo aplicarlo a nuestra relación de pareja?
5.- Oración al terminar el Grupo Familiar:
“Mi amado Dios sometemos hoy en tus manos nuestra relación de pareja.
Comprendemos que sólo tu nos puedes ayudar cuando vienen las crisis y
que es gracias a tu amor, que encontramos misericordia para arrepentirnos
por nuestros errores con el cónyuge y los hijos, y hallar perdón para
emprender un nuevo camino. Te pedimos la sabiduría necesaria para
comprender cuáles son las necesidades de nuestra pareja y contribuir
decididamente a satisfacerlas. Amén”