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Gladius 83

La carta pastoral se compone de tres puntos principales: 1. Explica que la vida humana es sagrada desde su inicio en el seno materno, ya que el hombre está creado a imagen y semejanza de Dios. 2. Señala que la Iglesia y la biología reconocen que la vida humana comienza con la fecundación, cuando se constituye la identidad biológica de un nuevo ser humano. 3. Resalta que el ser humano no puede reducirse a un conjunto de células, sino que es un ser con un
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La carta pastoral se compone de tres puntos principales: 1. Explica que la vida humana es sagrada desde su inicio en el seno materno, ya que el hombre está creado a imagen y semejanza de Dios. 2. Señala que la Iglesia y la biología reconocen que la vida humana comienza con la fecundación, cuando se constituye la identidad biológica de un nuevo ser humano. 3. Resalta que el ser humano no puede reducirse a un conjunto de células, sino que es un ser con un
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GLADIUS

BIBLIOTECA DEL PENSAMIENTO CATÓLICO

83
INDICE
GLADIUS
Año 28 / Nº 83
Mons. Pedro Daniel Martínez Pascua 2012
Carta pastoral sobre la vida .......................................3
Director
Héctor H. Hernández Marcelo Breide Obeid
Tres víctimas del aborto ............................................17 Fundación Gladius
R. Breide Obeid, M. Breide Obeid
Juan Carlos Monedero (h) P. Rodríguez Barnes, E. Rodríguez Barnes,
Cuestiones disputadas sobre la naturaleza J. Ferro, E. Zancaner, Z. Obeid
de la fe y la capacidad humana para conocer Colaboran en este número
la verdad ......................................................................21 Jorge N. Ferro, Patricio H. Randle,
Ricardo Bernotas, Eduardo B. M. Allegri
Eduardo Viscardi Gaffney
La sociedad opulenta .................................................47 Ilustración de Tapa

Monumento del niño no nacido


Juan Luis Gallardo Martin Hudáček
En torno a una cultura argentina .............................61 Eslovaquia, 2010

Nicolás Kasanzew
El escudo de la fe en Malvinas. A 30 años La compra de las obras del fondo editorial y las
de la gesta ...................................................................69 suscripciones se pueden efectuar por correo: C.
C. 376 (1000) Correo Central, Buenos Aires,
República Argentina, o personalmente: Librería
Mario Luis Descotte Leonardo Castellani, Luis Sáenz Peña 312,
Rusia en la obra del P. Alfredo Sáenz .....................79 Buenos Aires, tel. 4382-4547
Para correspondencia o envío de artículos
o recensiones dirigirse a Javier Rodríguez
Patricio H. Randle Barnes, secretario Gladius: tel. 4136-2558,
¿Por qué Trotsky? ¿Por qué ahora? ........................131 [email protected]

Los artículos que llevan firma no comprometen


Hugo Esteva necesariamente el pensamiento de la Funda-
La calandria y la mula .............................................145 ción y son de responsabilidad de quien firma

Alberto Caturelli Queda hecho el depósito que


Cristo Sacerdote y el Obispo Bargalló .................148 establece la ley 11.723

Martínez, Pedro Daniel


El testigo del tiempo. Bitácora......................................149 Carta pastoral sobre la vida - 1ª ed.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Gladius, 2012
Libros y Revistas recibidos.............................................151 176 p., 23 x 15 cm.
ISBN 978-987-659-031-0
1. Iglesia Católica. 2. Teología pastoral.
I. Título. CDD 253
Bibliografía...................................................................153
Juan Luis Gallardo, De memoria nomás. Recuerdos políticamente Fecha de catalogación: 23-08-2012
incorrectos (Jorge Ferro), 153-154 | Blas Piñar, La Iglesia y la
guerra española de 1936-1939 (P. H. Randle), 155-157 | Blas Piñar
Gutiérrez y Jorge Fernández-Coppel, El Alcáazar no se rinde. La
historiografía del asedio más simbólico de la Guerra Civil (P. H. Impreso por Editorial Baraga
Randle), 157-159 | Hildegarda de Bingen, Libro de los merecimien- del Centro Misional Baraga
tos de la vida (María Delia Buisel), 159-167 | Juan María Veniard, Colón 2544, Lanús Oeste,
La música en la Iglesia (Marcelo L. Breide Obeid), 167-168
Buenos Aires, República Argentina
Agosto de 2012
Editorial

Carta pastoral sobre la vida *

El hombre: “imagen y semejanza de Dios”

Con la presente Carta Pastoral me dirijo a Ustedes, mis queridos


fieles de San Luis, y a todos los hombres de buena voluntad con ocasión
de los presentes debates suscitados a raíz de posibles promulgaciones
de leyes contrarias a la vida del ser humano. Ante la duda y confusión
que podrían tener al respecto, es mi deber como Obispo trasmitirles la
enseñanza tradicional de la Iglesia acerca de la vida del hombre, como
don de Dios. Les escribo esta Carta Pastoral movido por la caridad de
Cristo, la caridad de la verdad y la verdad de la caridad. Veritas in
caritate, es el lema de mi Escudo episcopal.
La vida es algo sumamente delicado, importante y fundamental,
para todos los hombres y especialmente para los cristianos. Pues la
Revelación divina afirma que el hombre “es creado a imagen y semejanza
de Dios” para un destino de vida plena y perfecta, de allí su dignidad
(cfr. Gn 1, 26-28, 9. 5-6). La vida tiene un valor sagrado, incluso cuando
se viva en circunstancias difíciles. Importante y fundamental también
porque se refiere al primero de los derechos de cada ser humano: a la
vida. Finalmente, importante y fundamental para nosotros en San Luis
porque esta realidad se encuentra hondamente enraizada en nuestras
convicciones y modo de vida.

* Dada su importancia, ante los acontecimientos que vienen ocurriendo en nuestro


país, ofrecemos a nuestros lectores la Carta Pastoral firmada por monseñor Pedro Daniel
Martínez, Obispo de San Luis en la Argentina. Texto íntegro dado en San Luis el 8 de
mayo de 2012 y tomado de http://www.zenit.org/article-42212?l=spanish

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I. La vida del hombre

1.Dios forma, plasma y conoce a cada hombre desde el seno mater-


no (cfr. Jr 1, 5,Job 10, 8-12, Sal 22, 10-11). Incluso “lo ve mientras es
todavía un pequeño embrión informe y que en él entrevé el adulto de
mañana, cuyos días están contados y cuya vocación está ya escrita en
el «libro de la vida» (cfr. Sal 139 / 138, 1. 13-16)” (Beato Juan Pablo II,
Encíclica, Evangelium vitae (25.III.1995), n. 61). La Iglesia afirma que
la vida humana es sagrada y permanece siempre en una radical relación
con su Creador y Redentor, su fin último. Sólo Dios es Señor de la vida
desde su comienzo y es Él mismo quien la volverá a tomar (Cfr. Gn 2,
7, Sab 15, 11). Hemos sido creados para la felicidad y vivir en comunión
con Dios eternamente: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el
único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo” (Jn 17, 3). Hemos
sido creados para “ver a Dios”!
2. La Iglesia y también la biología humana, al afirmar la vida humana
desde su inicio, reconocen que “en el cigoto resultante de la fecundación
está ya constituida la identidad biológica” de un nuevo ser humano,
irrepetible y por ello “debe ser respetado y tratado como persona [...] y
[...] se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente
el derecho inviolable a la vida de todo ser humano inocente” (Congre-
gación para la Doctrina de la Fe, Instrucción, Donum vitae (22.II.1987),
I, 1).
Es decir, que el ser humano desde sus primeros instantes de vida,
no se puede reducir a un simple conjunto de células. Precisamente por-
que el “cuerpo embrionario se desarrolla progresivamente según un
“programa” bien definido y con un fin propio, que se manifiesta con el
nacimiento de cada niño” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Ins-
trucción, Dignitas personae (8.IX.2008), n. 4). Se trata ya de una vida
nueva que es distinta de la vida de la madre y del padre. Es un ser hu-
mano que se desarrolla por sí mismo (Cfr. Congregación para la Doctrina
de la Fe, Declaración sobre el aborto provocado (18.XI.1974), n. 12).
En esta verdad de carácter metafísico y fundante del ser humano se
está afirmando que a través de toda su vida (antes y después del naci-
miento) no experimenta “ni un cambio de naturaleza ni una gradación
de valor moral [...]. El embrión humano, por lo tanto, tiene desde el
principio la dignidad de la persona humana” (Dignitas personae, n. 5).
Por ello, el Magisterio de la Iglesia Católica siempre ha intervenido en

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“defensa del carácter sagrado e inviolable de la vida humana”, en todos
los momentos: desde su inicio que precede al nacimiento hasta su tér-
mino natural. El embrión humano no es un ser humano en potencia
sino que ya lo es realmente.
Las consideraciones que a continuación desarrollo en torno de la
vida y del aborto expresan las enseñanzas de la Iglesia. Éstas manifies-
tan también tanto la consonancia con el orden y ley naturales como con
las más serias investigaciones científicas. Al respecto, la Iglesia, como
sostiene la Congregación para la Doctrina Fe, ha tenido siempre presen-
te “los aspectos científicos correspondientes,aprovechando los estudios
llevados a cabo por la Pontificia Academia para la Vida y las aportacio-
nes de un gran número de expertos, para confrontarlos con los princi-
pios de la antropología cristiana” (Dignitas personae, n. 3).

II. El aborto y la enseñanza de la Iglesia católica

3. El aborto, contrario a la vida del hombre, “es la eliminación deli-


berada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la
fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento”
(Evangelium vitae, n. 58).
Asimismo, el aborto directo, intentado como fin o como medio, es
un desorden moral particularmente grave, porque elimina deliberada-
mente un ser humano inocente. El origen de la violencia contra la vida,
lo leemos en los primeros momentos de la creación cuando “Caín se
lanzó contra su hermano Abel y lo mató” (Gn 4, 8). La muerte entró
en el mundo por la envidia del diablo (cfr. Gn 3, 1. 4-5), que es homicida
y mentiroso desde el principio (Jn 8, 44), y por el pecado de Adán y
Eva (cfr. Gn 2, 17, 3, 17-19). La propagación del pecado, de la violencia
y rebeldía contra Dios, fueron la causa del castigo purificador del diluvio.
Sin embargo Dios hizo Alianza con toda la humanidad “recreándola”,
en los mismos términos del inicio de la historia de la creación, y
condenando a quien “vertiere sangre de hombre [...], porque a imagen
de Dios hizo El al hombre” (Cfr. Gn 9, 5-10).
La Ley de Dios, relativa a la inviolabilidad de la vida humana y a
no quitar la vida del inocente, se manifiesta explícitamente en los diez
mandamientos en el monte Sinaí al prohibir el homicidio: “no matarás”
(Ex 20, 13) y “no quites la vida del inocente y justo” (Ex 23, 7). Confirmada
por el mismo Jesucristo en el Nuevo Testamento (Mt 5, 21-22, 19, 18).

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La violencia homicida es contraria al mandamiento nuevo de Je-
sucristo. Quien nos enseñó a amarnos los unos a los otros como Él nos
amó (cfr. Jn 15, 12). Y san Juan nos lo reafirma: “Pues este es el mensaje
que habéis oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No
como Caín, que siendo del maligno, mató a su hermano” (1 Jn 3, 11-
12). “Así, esta muerte del hermano al comienzo de la historia es el triste
testimonio de cómo el mal avanza con rapidez impresionante: a la
rebelión del hombre contra Dios en el paraíso terrenal se añade la lucha
mortal del hombre contra el hombre” (Evangelium vitae, n. 8).
4. Observamos ya en el Antiguo Testamento cómo las parteras de
Israel se opusieron a las órdenes injustas del Faraón, quien había or-
denado matar a todo varón recién nacido: “si es niño hacedlo morir”
(Ex 1, 16). “Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron lo que les
había mandado el rey de Egipto, sino que dejaban con vida a los niños”
(Ex 1, 17). Es decir, porque “temían a Dios” se opusieron a las amenazas
contra la vida.
Los primeros cristianos, tuvieron que afrontar las mismas dificultades
que nosotros hoy. En efecto, cuando entraron en contacto con el mundo
greco-romano, en donde era difundida la práctica del aborto y del infan-
ticidio, se opusieron radicalmente a esa costumbre con su doctrina y
costumbres cristianas. Así nos lo trasmite el primer documento después
de la Sagrada Escritura: La Doctrina de los Doce Apóstoles [Didaché].
El que haya sido escrito en la segunda mitad del s. I tiene un enorme
valor, pues nos muestra la vida interna de la Iglesia naciente. Allí leemos
“no matarás al hijo en el seno de su madre, ni quitarás la vida al recién
nacido [...]”. Por su parte Atenágoras (s. II), en su Defensa de los cristia-
nos, nos refiere que los cristianos consideraban homicidas a las mujeres
que tomaban medicinas para abortar. La Carta a Diogneto (s. II) nos
tramite que los cristianos “procrean niños, pero no abandonan fetos”.
Varios Concilios anteriores al año 1000 determinaron que la elimina-
ción del niño por nacer es un gravísimo pecado y el Papa Esteban V
(885-891) afirmaba que “es homicida quien hace perecer, por medio
del aborto, lo que había sido concebido”. Santo Tomás de Aquino
(+1274) (Doctor común de la Iglesia) sostiene que el aborto es contrario
a la ley natural y es un pecado grave (cfr. In IV Sent., dist. 31, q. 2, art.
3, expositio textus, cfr. Super 1 Thim., cap. 5, lect., 2). El 24 de julio de
1895 el Santo Oficio decretó la ilicitud del aborto.

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Esta doctrina ha sido sostenida y reafirmada también por el Magisterio
pontificio más reciente. Las pretendidas justificaciones del aborto fueron
rechazadas por Pío XI (1922-1939) (cfr. Encíclica, Casti connubii,
31.XII.1930). En el mismo sentido se pronunció Pío XII (1939-1958) al
excluir todo aborto directo, es decir, todo acto que tienda directamente
a destruir la vida naciente o vida embrionaria. Tanto “si tal destrucción
se entiende como fin o sólo como medio para el fin” (Discurso a la Unión
médica italiana, 12.IX.1944). La sacralidad de la vida fue reafirmada
por el beato Juan XXIII (1958-1963), pues “desde que aflora ella implica
directamente la acción creadora de Dios” (Encíclica Mater et Magistra,
(15.V.1961), cap. III).
El Concilio Vaticano II (1962-1965) condenó “con gran severidad”
el aborto, ya que “se ha de proteger la vida con el máximo cuidado
desde la concepción, tanto el aborto como el infanticidio son crímenes
abominables” (Gaudium et spes, n. 51).
Pablo VI (1963-1978), refiriéndose a esta enseñanza de la Iglesia
acerca del aborto, sostuvo en diversas ocasiones que la doctrina moral
acerca del aborto “no ha cambiado, ya que es inmutable”. Considerando,
por lo demás, a la llamada”liberación del aborto” como una “plaga
social” (Alocución, Salutiamo con paterna effusione, 9.XII.1972).
El actual Catecismo de la Iglesia Católica claramente manifiesta que
“desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo
aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado, permanece inva-
riable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio,
es gravemente contrario a la ley moral” (n.2271).
5. Estas afirmaciones de la Iglesia se fundan tanto en la ley impresa
en el corazón de cada hombre (cfr. Rom 2, 14-15), en la misma ley na-
tural, en la Palabra de Dios escrita y trasmitida por la Tradición de la
Iglesia, como en las enseñanzas de su Magisterio ordinario y universal
(Cfr. Evangelium vitae, n. 57). La enseñanza de la Iglesia, al respecto,
es inmutable y no ha cambiado.
Por eso, en ninguna circunstancia, nadie tiene el derecho a eliminar
de modo directo a un ser humano inocente. Este es el contenido central
de la Revelación divina y del Magisterio de la Iglesia católica sobre el
“carácter sagrado e inviolable de la vida humana”.

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III. La normativa canónica de la Iglesia en relación con el aborto

6. La Iglesia Católica, por ello, desde los primeros tiempos ha reafir-


mado esta doctrina también a través de sanciones disciplinares, mani-
festando la gravedad del aborto directamente intentado, tanto como fin
o como medio (“crimen abominable”), ya que es contrario a la ley de
Dios y al derecho a la vida del ser más indefenso, como lo es el ser
humano en el seno de su madre. El aborto es para la Iglesia uno de los
pecados más graves. Matar “un ser humano, en el que está presente la
imagen de Dios, es un pecado particularmente grave” (Evangelium
vitae, n. 55).
La ley de la Iglesia católica actualmente vigente, y vinculante para
todos los fieles católicos, sostiene que “incurre en excomunión latae
sententiae quien procura el aborto, si éste se produce” (c. 1398). La
excomunión afecta a todos los que cometen ese delito siempre que
conozcan esta pena y tengan más de 16 años de edad, al momento de
realizarlo. Se incluyen también aquellos cómplices sin cuya cooperación
el delito no se hubiera producido. El fiel cristiano que incurre en la pena
de excomunión, hasta que no se le levante tal pena, se encuentra en
una situación que no es compatible para recibir la comunión sacramental.
Esta pena de la excomunión, en su aspecto medicinal, tiende a la
conversión y no a la condena de quien ha incurrido en el delito del
aborto. Pues tiene como fin hacer consciente al fiel cristiano de la gra-
vedad del pecado cometido y arrepentirse bajo la mirada y el perdón
misericordioso de Nuestro Señor Jesucristo quien padeció, murió y
resucitó por nosotros.
El amor de Dios inclina el corazón del fiel para que se convierta de
su mala conducta y viva (cfr. Ez 18, 23, 33, 11) y, acordándose de la
misericordia del Señor (cfr. Eclo 51,8), ore como el profeta Nehemías:
“acuérdate de mí, Dios mío, y ten piedad de mí según tu gran misericordia!”
(Neh 13, 22, cfr. Bar 2, 27). O como el Rey David: “Rocíame con el
hisopo, y seré limpio, lávame, y quedaré más blanco que la nieve” (Sal
50, 9), porque “Si tienes en cuenta nuestra culpas, Señor ¿quién podrá
resistir?” (Sal 129, 3). Tú, Señor, no desprecias un corazón contrito y
humillado (cfr. Sal 50, 19).
Dios no nos trata según nuestros pecados sino según su gran mi-
sericordia (cfr. 1 Mac 13, 46). Él es siempre fiel y nunca aparta su mi-

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sericordia de nosotros (Cfr.Gn 39, 21, 2 Mac 6, 16, Dn 3, 35). Por ello,
“habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que
por 99 justos que no tengan necesidad de conversión (Lc 15, 7).
7. En este contexto, el beato Juan Pablo II se dirigía a las mujeres
con las siguientes palabras consoladoras: “Una reflexión especial quisiera
tener para vosotras, mujeres que habéis recurrido al aborto. La Iglesia
sabe cuántos condicionamientos pueden haber influido en vuestra de-
cisión, y no duda de que en muchos casos se ha tratado de una decisión
dolorosa e incluso dramática.
Probablemente la herida aún no ha cicatrizado en vuestro interior.
Es verdad que lo sucedido fue y sigue siendo profundamente injusto.
Sin embargo, no os dejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la
esperanza. Antes bien, comprended lo ocurrido e interpretadlo en su
verdad. Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al
arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros
su perdón y su paz en el sacramento de la Reconciliación. Os daréis
cuenta de que nada está perdido y podréis pedir perdón también a
vuestro hijo que ahora vive en el Señor. Ayudadas por el consejo y la
cercanía de personas amigas y competentes, podréis estar con vuestro
doloroso testimonio entre los defensores más elocuentes del derecho de
todos a la vida. Por medio de vuestro compromiso por la vida, coronado
eventualmente con el nacimiento de nuevas criaturas y expresado con
la acogida y la atención hacia quien está más necesitado de cercanía,
seréis artífices de un nuevo modo de mirar la vida del hombre” (Evan-
gelium vitae, n. 99).
Otro argumento quedaría por considerar aún: los niños por nacer
que han muerto sin el bautismo. Al respecto “la Iglesia –leemos en el
Catecismo de la Iglesia Católica– sólo puede confiarlos a la misericordia
divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran
misericordia de Dios, que quiere que todos los hombres se salven (cfr.
1 Tim 2, 4) y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: “Dejad
que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis” (Mc. 10, 14), nos
permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños
que mueren sin Bautismo. Por esto es más apremiante aún la llamada
de la Iglesia a no impedir que los niños pequeños vengan a Cristo por
el don del santo bautismo” (n. 1261).

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IV. Dios pedirá cuentas de la vida del hombre al hombre

8. Toda ley que reivindicara el “derecho” al aborto y pretendiera


reconocerlo legalmente, sería concederle inicuamente a la libertad
humana un poder absoluto sobre los demás y contra los demás hombres.
Y esto sería posible cuando todo, incluso la ley, es fruto de consensos
sin referencia al ser, a la verdad y al bien. En la actual cultura relativista
todo es negociable, hasta el primero de los derechos fundamentales: el
de la vida. La falsa tesis relativista rechaza la existencia de una norma
moral que tenga sus raíces en la naturaleza del ser humano a la cual
tenga que hacer referencia la misma concepción del hombre, del Bien
Común y del Estado.
La pérdida del sentido de Dios y del temor de Dios harían posible
una ley del aborto. Sería el olvido (muchas veces voluntario) de la visión
cristiana del hombre, de la sociedad y del mundo. Nunca será un “logro
social” o un fruto de vida la sanción de una ley semejante.
¿Cómo se podría hablar de la dignidad del hombre, cuando los mis-
mos hombres con sus leyes permiten matar al más débil e inocente?
¿Amparado y en nombre de cuál justicia se realiza la más injusta de las
discriminaciones entre las personas, al legislar que algunos son dignos
de ser defendidos y de vivir, mientras a otros se les niega tal derecho?
“Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo
–nos enseña el beato Juan Pablo II– podrá jamás hacer lícito un acto
que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita
en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón, y
proclamada por la Iglesia” (Evangelium vitae, n.62).
9. La posible promulgación de una ley por la que se intentara el
aborto directo, como fin o como medio, de ninguna manera podría ser
avalada por los católicos. Al respecto, es necesario recordar que la Iglesia
siempre, desde sus orígenes, vivió en sus fieles el deber de obedecer a
las autoridades públicas legítimamente constituidas (cfr. Rom 13, 1-7,
1 Pe 2, 13-14). Sin embargo enseñó también firmemente que “hay que
obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech 5, 29).
“En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que
admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, «ni
participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni
darle el sufragio del propio voto»”(Evangelium vitae, n. 73).

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Debemos estar dispuestos a dar la vida si fuera necesario. Porque si
la vida del inocente es sagrada, mucho más sagrado es el principio moral
que la custodia. Precisamente para no repetir la triste y trágica respuesta
de Caín a Dios, quien le preguntó “Caín: «¿Dónde está tu hermano
Abel?», «no lo sé: ¿soy yo acaso el guardián de mi hermano?», respondió
Caín. Y el Señor le replicó: «¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano
clama a mi desde el suelo»” (Gn 4, 9-10).
Por estas razones, “Dios se hace juez severo de toda violación del
mandamiento «no matarás», que está en la base de la convivencia social.
Dios es el defensor del inocente (cfr. Gn 4, 9-15, Is 41, 14, Jr 50, 34,
Sal 19 / 18, 15). También de este modo, Dios demuestra que «no se
recrea en la destrucción de los vivientes» (Sab 1,13). Sólo Satanás pue-
de gozar con ella: por su envidia la muerte entró en el mundo (cfr. Sab
2, 24). Satanás, que es «homicida desde el principio», y también «men-
tiroso y padre de la mentira» (Jn 8, 44), engañando al hombre, lo con-
duce a los confines del pecado y de la muerte, presentados como logros
o frutos de vida” (Evangelium vitae, n. 53). “Dios no hizo la muerte”
(Sab 1, 13).

V. Magisterio de la Iglesia y Parlamentarios católicos

10. La Iglesia católica al referirse concretamente a los fieles laicos


que se encuentran comprometidos directamente en la vida legislativa
de una Nación, afirma cuanto sigue:
a) “tienen la «precisa obligación de oponerse» a toda ley que atente
contra la vida humana. Para ellos, como para todo católico, vale la
imposibilidad de participar en campañas de opinión a favor de semejantes
leyes, y a ninguno de ellos les está permitido apoyarlas con el propio
voto”.
b) “Esto no impide, como enseña Juan Pablo II en la Encíclica Evan-
gelium vitae a propósito del caso en que no fuera posible evitar o abrogar
completamente una ley abortista en vigor o que está por ser sometida
a votación, que «un parlamentario, cuya absoluta oposición personal
al aborto sea clara y notoria a todos, pueda lícitamente ofrecer su apoyo
a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así
los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública»”.
c) “En tal contexto, hay que añadir que la conciencia cristiana bien
formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización

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de un programa político o la aprobación de una ley particular que
contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos
fundamentales de la fe y la moral” (Congregación para la Doctrina de
la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso
y la conducta de los católicos en la vida política (24.XI.2002), n. 4).
El punto b) no es aplicable al caso del Fallo de la Corte Suprema de
Justicia de la Nación acerca del aborto no punible, del pasado mes de
marzo, porque no tiene rango de ley para la Nación Argentina y no
obliga a promulgar una ley provincial.
El punto b) sí sería aplicable si ya existiera una ley promulgada al
respecto y no fuera posible abrogarla o que está por ser sometida a vo-
tación. Tales situaciones no se han verificado aún. Y, aún este caso,
siempre tendrá que quedar clara la posición del parlamentario contraria
al aborto y a favor de la vida del niño por nacer.
La ley civil podría renunciar a la aplicación del castigo debido por
un delito. Es el caso del llamado “aborto no punible”. Esta afirmación
suscita dos consideraciones, a saber: 1ª Que para la ley civil el aborto
“es”, aún hoy, un delito, 2ª Que, si bien es un delito, no será castigado
o no será punible. Pero aquello que no podría la ley civil es “declarar
honesto lo que sea contrario al derecho natural, pues una tal posición
basta para que una ley no sea ya ley” (Declaración sobre el aborto
provocado, n. 21).

VI. Algunos interrogantes y reflexiones

Ante los temas expuestos y debatidos actualmente en la sociedad


surgen algunos interrogantes que parecen más bien contradicciones.
Las siguientes reflexiones quieren poner en evidencias las mismas.
11.Un aspecto de fecundación artificial consiste en tener separada-
mente en un lugar apropiado al embrión humano. Precisamente porque
a partir de él se intenta implantarlo para que se desarrolle y pueda tener
un hijo la persona que se somete a tal tratamiento. Es decir, se reconoce
que el embrión posee todas las cualidades para que de su normal de-
sarrollo vea la luz ese ser humano. Si esto es así, ¿cómo se podría justifi-
car la destrucción (aborto, directamente intentado como fin o como
medio) de un embrión humano?
En muchas oportunidades se pretende justificar el aborto como “un
derecho” de la mujer embaraza para tomar decisiones sobre su propio

12 AÑO 2012 | GLADIUS 83


cuerpo. Al respecto, es necesario tener presente que se está ante una
nueva vida, que es un don de Dios. Por lo que esa nueva vida humana
es distinta de la madre y, por ello, “ya no es su cuerpo” y no puede
disponer de ella como si no fuera una vida humana. La mujer embaraza
“no tiene derecho” para realizar un aborto directamente intentado, como
fin o como medio.
La persona, el hombre, no lo es porque otro hombre (o una ley hu-
mana) así lo acepte. La existencia de un ser humano (niño o anciano)
en cuanto tal no depende del reconocimiento o no de los demás hombres.
La existencia ontológica de la vida humana es independiente de una
determinación legal. Es inadmisible afirmar que el embrión o el feto
sería un ser humano siempre y cuando la madre o la ley, por ejemplo,
acepten que lo fuera, de lo contrario, si no lo reconocieran como tal, no
lo sería. “El derecho a la vida permanece íntegro en un anciano, por
muy reducido de capacidad que esté, un enfermo incurable no lo ha
perdido” (Declaración sobre el aborto provocado, n. 12).
El embrión desde sus primeros momentos posee ya su propio, único
e irrepetible ADN. El cual será el mismo a lo largo de toda la vida de la
persona, tenga cinco años como 80. Incluso después de muerto se pue-
de obtener las características del ADN e identificar a quién pertenecen
esos restos óseos, por ejemplo. Esto quiere decir, que, como sostiene la
ciencia genética moderna, en el embrión desde su primer instante “queda
fijado el programa de lo que será este ser viviente: un hombre, individual,
con sus notas características ya bien determinadas” (Declaración sobre
el aborto provocado, n. 13).
Es loable que un Gobierno ayude económicamente a las madres que
se encuentran ya con un embarazo de tres meses. Lo cual significa que
tal Gobierno reconoce que, al menos desde los tres meses de embarazo,
una mamá lleva en sí un ser humano y, por ello, la ayuda en su gestación
para que pueda desarrollarse normalmente. Si esto es así, ¿cómo se
podría justificar el asesinato (aborto, directamente intentado como fin
o como medio) de un ser humano de tres meses de vida, amparándose
en una posible ley promulgada por ese mismo Gobierno?
Somos testigos del crecimiento positivo de importantes manifestaciones
en el mundo que expresan su apoyo para la salvación de especies ani-
males en vías de extinción o para cuidar el medio ambiente, como así
también su disconformidad contra la pena de muerte y las guerras. Y,
por otra parte, también somos testigos de la contradicción de legislar

GLADIUS 83 | AÑO 2012 13


para la protección de los animales en espera de su cría y, simultáneamente,
legislar para destruir (legalmente) la vida humana en el seno materno.

Conclusión

12. He querido, en esta Carta Pastoral, expresarles de manera muy


breve la concepción católica del hombre y de la vida. Católica, porque
se trata de un argumento considerado desde la luz de la Revelación
Divina, de la fe sobrenatural y según el Magisterio de la Iglesia. Asimismo,
y por ello mismo, he manifestado aquellos aspectos y motivos que surgen
de una interpretación objetiva de los datos de la naturaleza del hombre
alcanzados con la luz de la razón. Las conclusiones a las que llega la fe
y a las que llega la recta razón del hombre no se excluyen entre sí. Fe y
razón son como las dos alas por las cuales nuestra inteligencia se eleva
para alcanzar la verdad de las cosas.
La Revelación divina nos muestra al hombre como creado a “imagen
y semejanza de Dios” y puesto en el “centro de la creación visible”. En
otras palabras, todo el mundo visible está al servicio del hombre y para
su bien. En el libro del Génesis leemos que Dios le dio al hombre la
responsabilidad de usar (y no abusar) de la creación, custodiándola y
velando por ella (Gn 1, 21. 28). Y el rey David expresa esto mismo
afirmando que Dios hizo al hombre señor de la creación, poniendo to-
das las cosas bajo su dominio (Sal 8, 7). Por su parte san Pablo confiesa
solemnemente que todo es de nosotros los hombres, nosotros de Cristo
y Cristo de Dios (1 Cor 3,22-23).
Tal es la centralidad del hombre en la creación que ella misma “está
aguardando con ardiente anhelo la manifestación de los hijos de Dios.
[...] porque también ella misma será liberada de la servidumbre de la
corrupción para participar de la libertad de la gloria de los hijos de Dios.
Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre
dolores de parto” (Rom 8, 19. 21-22). Porque por el pecado, el hombre
usa (abusa) de ella en contra del fin para el cual fue creada y por eso
“gime” aguardando la manifestación del hombre regenerado por y en
la gracia, hasta que todo sea recapitulado en Cristo y la creación de los
cielos nuevos y la tierra nueva (cfr. Is 65, 17, 2 Pe 3, 13, Apoc 21, 1).
En algunas ocasiones, este aspecto de la relación entre el ser humano
y el resto de la creación no ha sido considerado suficientemente ni pues-
to en evidencia.

14 AÑO 2012 | GLADIUS 83


La dignidad del ser humano tiene su fundamento no sólo por ser
“imagen y semejanza de Dios” y ser el centro de la creación visible sino
también porque el Verbo de Dios asumió una naturaleza humana y se
hizo hombre para redimir al hombre. Haciéndose en todo igual a nosotros,
excepto en el pecado (Hebr 4, 15).
13. Invito a todos los sacerdotes de la Diócesis que organicen, en
sus Parroquias, especialmente durante los meses de mayo y junio turnos
de adoración al Santísimo Sacramento y rezo del Santo Rosario para
pedir a Dios que tenga misericordia de nosotros y bendiga nuestra Dió-
cesis concediéndonos el don de la fidelidad.
De modo particular, que los niños que harán la primera comunión
este año en la adoración al Santísimo Sacramento y en el rezo del Santo
Rosario pidan a Dios que ilumine y fortalezca a nuestros legisladores
para que, invocando a “Dios fuente de toda razón y justicia”, legislen
según el orden natural y para el Bien Común de nuestra Patria.
Supliquemos a Dios que nos de la gracia a todos de perseverar en
la fidelidad a sus mandamientos y que estemos dispuestos a dar la vida
por ellos, como lo han hecho siempre los cristianos en la historia de la
Iglesia. Convencidos con san Pablo que “los sufrimientos del tiempo
presente no guardan proporción con la gloria que se debe manifestar
en nosotros” (Rom 8, 18).
Sabiendo que “nuestras tribulaciones, leves y pasajeras, nos producen
eterno caudal de gloria, de una medida que sobrepasa toda medida”
(2 Cor 17).
El tiempo de Pascua nos invita a tener como horizonte la vida y no
la muerte. Favorecer la vida desde su inicio. Defenderla, darle un sentido
nuevo, ya que en Cristo tenemos la Vida verdadera: “Yo soy la resurrección
y la vida: el que cree en Mí, aunque muera, vivirá” (Jn 11, 25). Porque
Él vino “para que los hombres tengan vida y la tengan en abundancia”
(Jn 10, 10).
Que Dios me los bendiga a todos en Cristo y María Santísima

Mons. Pedro Daniel Martínez


Obispo de San Luis

GLADIUS 83 | AÑO 2012 15


ALFREDO SÁENZ

ELMODERNISMO
CRISIS EN LAS VENAS
DE LA IGLESIA
Tomo 11
serie la nave y las tempestades

336 páginas

16
Tres víctimas del aborto
Héctor H. Hernández

Si proteger bienes de interés general como la propiedad es un deber


del Estado, ¿cómo hacerlo sin castigar al ladrón?
Nuestras leyes penales, que para eso se inventaron, así protegen
también muchos otros bienes, por ejemplo con la pena de prisión de
15 días a 6 meses para el que violare un secreto (Art. 153 Código Penal).
No parece coherente mandar a prisión de hasta 4 años más inhabilitación
al que libre un modesto cheque sin provisión de fondos (artículo 302),
o aplicar pena máxima de 10 años al que no informe que en ciertos
productos está contenido un poquito de la especie vegetal llamada
gluten de trigo (art. 200 y ley 24.827), y dejar sin castigo la muerte aleve
del bebé uterino.
Si las normas sobre aborto no se cumplen o si se llega a reformar el
Código con su impunidad, por ejemplo cuando el pibito a matar sea
resultado de una violación, véase cómo quedarían las cosas:

Sujeto infractor Pena que le correspondería

A la madre que aborta Nada de pena

Al violador Prisión de 6 a 15 años (art. 119)

Al chiquito víctima inocente Pena de muerte

Si hay algún error en esto se agradecerá ayuda.


El aborto impune tiene víctimas.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 17


1) Primera víctima

La primera víctima es el pibito abortado. Así como el 100 % de las


mujeres a las que se les muere el marido es viuda, la mortandad en el
aborto es del 100 %. Obvio…Primera víctima el niño muerto.
Según el Código Civil (art. 63 y 70), la Constitución y los pactos de
derechos humanos, la Academia Nacional de Medicina y los datos de
la genética hay persona humana desde la concepción. Desde los 18
días le late el corazón, a los 21 bombea sangre distinta de la madre, a
la semana su estómago segrega jugo gástrico, a la octava semana se
chupa el dedo, a las 9 o 10 semanas mira de reojo, deglute, mueve la
lengua, cierra el puño si se estimula la palma de la mano, a los 7 días
siente dolor y durante el trámite del aborto se retuerce hasta morir.
¿Qué hay de falso en esto? Si algún error cometí por favor avísenme.

2) Segunda víctima: la madre que lo mató

Con el esgrimido argumento que hace ahora el Juez Zaffaroni de


que “la solución penal no va porque sigue habiendo abortos”, habría
que suprimir la pena para todos los delitos que a pesar de estar tipificados
por el Código Penal se siguen cometiendo, como el homicidio y las
coimas, la corrupción de los funcionarios y las torturas, que evidentemente
los sigue habiendo... ¿O no?, Un disparate.
Hay pluralidad de fines de la pena además de prevenir, así como
muchas formas de proteger bienes y evitar los crímenes, pero dejarlo
impune es lo peor porque la cosa avanzará trasmitiendo la idea de que
hay un derecho a matar.
Muchísimas madres al abortar adquieren una enfermedad con nombre
alusivo, el “síndrome postaborto”, de resonancias psiquiátricas muchas
veces insolubles, y hay sacerdotes que lo han confirmado desde su
experiencia. Dicen que éstos son los casos en que más cuesta convencer
de que Dios perdona.
Hay relatos médicos de que la reacción nerviosa insoportable de una
paciente ante el ruido de la lustradora sólo se explicó por el recuerdo
que le traía de la máquina utilizada aquel día para abortar su hijito por
el método de succión, que suena muy parecido.

18 AÑO 2012 | GLADIUS 83


Es fácil de entender que ante las fechas del probable nacimiento, o
al encontrarse con otras madres que conservaron su hijo y ver a los que
nacieron mientras que el suyo ya no está más, son ocasiones de agravación
del mal. Si hay algo falso en esto ruego se me lo pruebe.

3) Tercera víctima, la Argentina

La tercera víctima del aborto impune es la Argentina, a dos puntas.


En el orden moral, “si aceptamos que una madre pueda matar a su
propio hijo, ¿cómo podremos decirle a otros que no se maten?”, enseñó
la Madre Teresa de Calcuta al Presidente y al Congreso del imperio. Si
se da la idea de que hay derecho a hacer lo más grave que es matar al
chiquito indefenso, ¿cómo lograr cosas menores como que los
automovilistas respeten en las rutas velocidades razonables, o que los
dueños de restaurantes no nos vendan gato por liebre o comida podrida,
o que los gobernantes no se enriquezcan a costa nuestro y nos esclavicen?
En el orden material, Ignacio Garda prueba en un libro que la escasez
de nuevas generaciones produce el colapso del sistema jubilatorio

GLADIUS 83 | AÑO 2012 19


(Gobernar para las familias). Por eso y otros motivos la desnatalidad es
dañosa para la Patria.
Decía Zaffaroni en su libro Criminología (Aproximación desde un
margen): “Las técnicas de los países centrales [...] permiten y aún acon-
sejan la muerte «humanitaria» de millones de seres humanos en la pe-
riferia. [...] Esta ideología no queda en los documentos de meros es-
peculadores de gabinete, sino que se lleva a la práctica y se instrumenta,
entre otras cosas, mediante una multinacional de la anticoncepción, el
aborto y la esterilización, que controla foros y congresos internacionales”
(p. 48).
Efectivamente, el plan de facilitar el aborto y la desnatalidad para
que nuestros países no crezcan está trazado en el Informe Kissinger en
función de los intereses de Estados Unidos para dominio del mundo.
Para evitar el previsible rechazo de esta política bajo la bandera antiim-
perialista, el perspicaz político sugirió presentar esos planes como oriundos
de cada país, con aire de progresismo y de derechos humanos.

20 AÑO 2012 | GLADIUS 83


Cuestiones disputadas sobre la naturaleza
de la fe y la capacidad humana para
conocer la verdad
Juan Carlos Monedero (h)

Si se somete todo a la razón, nuestra religión


no tendrá nada de misterio ni de sobrenatural.
Si se choca contra los principios de la razón,
nuestra religión sería absurda y ridícula.
Pascal

–Poseo la verdad como la puede conocer


el hombre, es decir, en continua inquisición,
investigación y progreso.
–Progresar me parece muy bien. Pero ¿có-
mo sabes que progresas?
Castellani

Introducción

Pretendemos con este artículo trazar unas sencillas coordenadas para


ubicarnos en dos temas muy importantes: la naturaleza de la fe y la
capacidad humana para conocer la verdad. Ambas son cuestiones pe-
rennes y relacionadas. La primera es objeto –no siempre de forma ex-
plícita– de permanentes discusiones: el espacio concedido a la fe dentro
de la sociedad está directamente relacionado con el concepto que se
tenga de ella. Observando las razones de quienes desean prohibir la
exhibición de símbolos religiosos esto es patente.
Respecto al alcance del conocimiento humano, mencionaremos que
ya Sócrates, Platón y Aristóteles como los sofistas Protágoras y Gorgias
encarnaron las diferentes posturas que, en lo sustancial, perviven hasta

GLADIUS 83 | AÑO 2012 21


la actualidad, estamos hablando, pues, del pensamiento realista o clásico
–por un lado– y del escepticismo, relativismo, agnosticismo –en sus
múltiples variantes– por el otro. Sobre ambos debates –que separaron
y separan las aguas– ofreceremos una respuesta desde la doctrina
católica.
Podría sorprender que desde el comienzo manifestemos abiertamente
nuestra procedencia, pero lo hacemos siguiendo –sólo en esto– las pa-
labras de José Ingenieros, cuando dice que aquél que expone su pen-
samiento “no desea presentarse como imparcial frente a espectadores
que no lo son”. Comencemos, pues, abarcando las relaciones entre la
fe y la inteligencia humana. En un segundo lugar entraremos de lleno
en la polémica entre quienes afirman la capacidad de la inteligencia de
conocer la verdad y quienes la niegan.

Dos posturas adversas

Según la noción corriente y más divulgada de “fe religiosa”, ésta es


algo subjetivo, personal, íntimo. Cada persona vive su propia fe, a su
manera, cumpliendo únicamente aquellas reglas que libremente ha
decidido asumir. Esta “religiosidad” acaba siendo absolutamente inco-
municable, su contenido queda a merced de las decisiones humanas,
careciendo de la seriedad y reverencia que es propia –o debería serlo–
de la Revelación de un Dios, que no cambia como el mundo ni pasa
como la historia sino que es inmutable. Esta postura excluye, por tanto,
cualquier intento de racionalidad: intentar comprenderla o dar razones
de ella conspira contra el lugar que se pretende darle en la propia vida.
Así, lo religioso cobra un carácter ornamental, anecdótico, romántico,
tolerado mientras no se lo tome demasiado en serio. Este concepto de
fe siente horror por la sola idea de una única religión verdadera, motivo
por el cual proclama a cuatro vientos el derecho de creer en lo que a
cada uno se le antoje. Pesa la sinceridad del que cree y nada importa
qué se cree.
Frente a esta primera posición se encuentran aquellos que rechazan
la fe, describiéndola con las notas arriba mencionadas. Absurda, insos-
tenible racionalmente, la fe habría sido fabricada por los hombres para
consolarse en el medio de los dolores y dramas de la existencia: la más-
cara blanca de un mundo negro. Dios es un invento del hombre. Si la
fe es absurda y lo absurdo es lo que no puede ser, la fe es falsa. Relegada

22 AÑO 2012 | GLADIUS 83


y explicada la fe desde el terreno psicológico –acaso como una alucina-
ción o histeria–, estas personas se recuestan naturalmente en el único
conocimiento que, a su juicio, les abre el secreto de la realidad: el cono-
cimiento científico. La llave maestra del mundo no viene por la religión
sino por la ciencia. Inteligencia y fe son excluyentes: positivismo. La
religión habría explicado en su momento determinadas cosas que, con
el tiempo, la ciencia se encargaría de ir develando en sus verdaderas
causas. Al ritmo del progreso científico, tarde o temprano la fe dejaría
de existir.
En el fondo, esta posición afirma que toda creencia religiosa –soste-
nedora de realidades invisibles e intangibles– responde a la ignorancia
humana. No en vano August Comte ponía como “regla fundamental”
del espíritu positivo que “toda proposición que no puede reducirse es-
trictamente al mero enunciado de un hecho, particular o general, no
puede ofrecer ningún sentido real e inteligible” 1, siendo por tanto las
proposiciones religiosas no sólo imposibles de afirmar sino también de
negar, puesto que nada dicen 2.

Un interesado e injusto retrato

Digamos primero que este concepto de lo religioso –por más difundi-


do que esté– no lo representa con justicia. Hasta tal punto se trata de
una deformación, que no puede descartarse un deliberado interés detrás
de la presentación de esta caricatura. En cualquier caso, ambas postu-
ras coinciden en separar completamente lo racional de la órbita religiosa.
Coinciden, en fin, con valoraciones distintas: el primero abraza contento
esa fe arbitraria, alérgica a la objetividad, mientras que el positivista,
por los mismos motivos, la rechaza. Pero en la descripción ambos están
de acuerdo: la fe y la inteligencia contrajeron divorcio.
Una primera desmentida –necesariamente incompleta– a este torci-
do concepto puede leerse en 1 Pedro III, 15: “dad culto al Señor, Cristo,
en vuestros corazones, siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que
os pida razón de vuestra esperanza”. También leyendo las discusiones
entre Cristo y los fariseos, puede advertirse cómo el Señor invoca a las
profecías del Antiguo Testamento como razones a Su favor (Jn. V, 39,

1 Comte, Discurso del espíritu positivo, p.26.


2 Idem, pp.81-82.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 23


Jn. V, 46-47, Jn. X, 34-39). Lo mismo respecto de las polémicas en
torno al día sábado, al mandamiento más importante y al mismísimo
Mesías. Sin ir más lejos, la acusación que pesaba sobre Cristo era la
blasfemia: “siendo hombre, te haces a Ti mismo Dios” (Jn. X, 33). No
daba lo mismo atribuirse, o no, la divinidad.
Los primeros siglos de la Iglesia permitieron el florecimiento de
grandes santos y doctores, debates doctrinarios mediante. San Ireneo
debió polemizar contra el gnosticismo 3 y sus “apóstoles”, disputa en la
cual se destaca Adversus Haereses, su obra más importante. San Justino,
por su parte, arguye contra la pluma de Marción, conocido gnóstico.
San Ireneo también debatió públicamente con Marción y con otro hereje,
Valentín. Uno de los puntos en debate era, por ejemplo, la resurrección
de la carne –negada por los herejes– que juzgaban a la materia como
efecto del “dios del mal”.
San Clemente de Alejandría representa también la compatibilidad
entre fe católica y el esfuerzo de la razón humana. El santo concedía un
lugar muy estimable a la Filosofía: a su juicio, el pensamiento de Platón
era el inicio de un recto camino a Dios. La filosofía había preparado a
la humanidad, aunque jamás podría reemplazar a la Revelación Divina:
“Dios es la causa de todas las cosas buenas: de unas lo es de una manera
directa, como del Antiguo y del Nuevo Testamento, de otras indirectamente,
como de la filosofía” (Stromata). San Clemente tiene razón: cuando
Platón pone en boca de Sócrates que es preferible padecer una injusticia
que cometerla, dice lo que San Pablo –con palabras bautizadas– dejó
escrito como no devolver mal por mal, sino vencer al mal haciendo el
bien. Estaba, pues, justificado el rechazo visceral de Nietzsche frente al
discípulo de Sócrates, llamándolo cristiano anticipado. No pudiendo
explayarnos más, no queremos omitir la mención de San Agustín y sus
polémicas contra la herejía pelagiana, condenada en el Concilio de
Éfeso (año 431).
Este primer período estuvo signado –como dijimos– por recíprocas
argumentaciones, polémicas intensas, disputas intelectuales. La fe no
era algo caprichosamente subjetivo: era una Revelación, originada en
Dios, que varones fieles debían custodiar en su pureza e integridad,

3 Nos ha parecido útil colocar la definición de Cornelio Fabro: “«Gnósticos» [...]


se denominaron los herejes de los primeros siglos del cristianismo que pretendían fun-
damentar en las solas fuerzas de la pura razón no sólo el contenido de la religión natural,
sino también las mismas verdades reveladas”. Cfr. Drama del hombre y misterio de
Dios, Rialp, Madrid, 1977, p.154.

24 AÑO 2012 | GLADIUS 83


frente a interpretaciones equivocadas: “los apologistas de la religión se
veían precisados a trabajar sin descanso, a multiplicarse, por decirlo así,
para hacer frente a los muchos puntos que reclamaban el auxilio de su
saber y de su elocuencia en defensa de la religión. San Atanasio, San
Cirilo, San Basilio, los dos Gregorios, San Epifanio, San Ambrosio, San
Agustín, San Jerónimo, San Juan Crisóstomo, y otras lumbreras de
aquel siglo, recuerdan los empeñados combates que a la sazón sostuvo
la verdad contra el error, supuesto que para alcanzar la inmortal victoria
se empeñaron en la lucha tantos gigantes” 4.
La Revelación constituía un mensaje de origen sobrenatural que no
entraba ni podía entrar en contradicción con otras verdades que el
hombre, por sí mismo, iba descubriendo. El mismo Dios que hizo el
mundo es el que se revelaba: ¿cómo podía la verdad enfrentarse a la
Verdad? Por eso, tanto la ciencia 5 como la filosofía eran y son para la
Iglesia Católica legítimos hallazgos de la inteligencia humana: al
«investigar» con sus propias luces, el hombre iba detrás del vestigium,
es decir, de la huella que Dios había dejado en las cosas, un rastro de
la palabra divina en la realidad que permanecía oculto y en estado
embrionario, hasta que el hombre –arrebatado por la admiración– lo
«develaba», le quitaba el velo, lo «descubría», es decir, le quitaba aquello
que cubría en las cosas la estampa del que las había hecho.

La obra de Santo Tomás de Aquino y la posición de Martín Lutero

Nos vemos obligados a saltar siglos de historia hasta llegar al XIII,


en donde nos encontramos con la Suma Teológica. En ella, Santo Tomás
da testimonio de las alturas a las que puede llegar la inteligencia nutrida

4 Jaime Balmes. Cartas a un escéptico en materia de religión, Espasa Calpe,


Buenos Aires, 1947, p.60.
5 Materia de otro trabajo será demostrar no sólo la ausencia de contradicción sino
la complementariedad entre ciencia y religión. No hay palabras para calificar el descalabro
producido por la propaganda evolucionista en este punto, introduciendo antes confusión
que mentira, primero pequeñez de miras que voluntad tergiversadora. La nómina de
católicos científicos y de científicos católicos debería ser una línea de argumentación
inicial, para luego entrar en la observación emocionante de ciertos milagros, a la luz de
la ciencia moderna. Como tercer elemento, a nuestro juicio, se encuentra la consideración
del término ciencia, hoy día empobrecido y reducido a “ciencias empíricas”: en realidad,
el concepto de ciencia es más extenso, abarcando bajo este nombre tanto a la Filosofía
de la Naturaleza como a la Metafísica y Teología. En cuarto lugar, replicando concretamente
al evolucionismo, remitimos a las brillantes exposiciones del Dr. Raúl Leguizamón, quien

GLADIUS 83 | AÑO 2012 25


por la fe. La arquitectura de la Suma se sostiene en un dato revelado,
que hará las veces de cimiento de la inteligencia. El desarrollo de 119
cuestiones de la I parte, 114 cuestiones de la I-II, 189 cuestiones de la
II-II y 90 cuestiones de la última (hasta donde el Aquinate llegó a escri-
bir) sumado a la amplitud y diversidad de temas tratados –desde la
existencia de Dios a cómo es posible que existan Tres Personas distintas
en Dios, pasando por la pregunta de si conoce o no el futuro, cómo
Dios existe si hay mal, cómo el ser humano es libre si Dios lo sabe todo,
si era necesaria la Pasión de Cristo, etc.– demuestran que no puede
considerarse la fe católica como enemiga de la reflexión llevada a cabo
por la inteligencia humana.
No es la posición del catolicismo, por cierto, aunque sí la de Martín
Lutero, que afirmaba que el intelecto “Sólo es capaz de blasfemar y de
deshonrar cuanto Dios ha dicho o ha hecho” 6, adjetivando como pros-
tituta a la razón humana, afirmaciones condenadas por el Magisterio
de la Iglesia durante las jornadas del Concilio de Trento. Si acaso faltara
una prueba, cabe mencionar que la Iglesia, en el marco del Vaticano I
–y respondiendo al agnosticismo moderno– convierte en dogma de fe
aquella verdad de que la sola inteligencia humana es capaz de conocer,
con certeza, que Dios es.
El entendimiento humano fue llamado –en palabras del Aquinate–
aquello que Dios más ama en el hombre. Expresión hermana de aquélla
de San Agustín: “Ama la inteligencia y ámala mucho”. La propaganda
anticatólica compite entre la malicia disimulada y la desvergonzada
ignorancia.

Los límites de la inteligencia humana

No quedaría completa nuestra exposición si no reconociésemos –al


compás de sus alcances– las innegables limitaciones de la inteligencia
humana, sobre todo relativas a la fe. La inteligencia está herida, debido
a la culpa original. Y fuera de la verdad, puede hallarse en cuatro estados
diferentes:

utiliza como arma capilar de su argumentación las propias confesiones de autores


evolucionistas respecto del evolucionismo: Cfr. http://bibliaytradicion.wordpress.com/,
Ver “Audio: Crítica a la teoría de la evolución”.
6 Martín Lutero, en Weim., XVIII, 164, 24-27 (1524-1525), citado por Jacques
Maritain, Tres Reformadores, Difusión, Buenos Aires, 1968, p.44.

26 AÑO 2012 | GLADIUS 83


• ignorancia
• error
• confusión
• mentira

Precisamente, parte del titubeo y de las dudas del hombre relativas


a la fe tienen su origen en la experiencia de estos estados de la mente.
¿Acaso el hombre no ignora muchas cosas? ¿Está habilitado, legítima-
mente, a afirmar sobre algo que lo supera? ¿No tiene la experiencia del
error? ¿No suele confundirlo lo más sencillo? La fe, ¿no será acaso
propia de estos estados de la mente? Me han mentido y traicionado.
Creí en un amigo y me defraudó: ¿Cómo sé que no sucederá lo mismo
si volviera a creer otra vez?

El acto de fe

Para tener el hombre noticia de la fe, debe ser instruido por Dios. La
ignorancia de Dios, Dios mismo la cura. No puede el ser humano des-
cubrirla por sí solo, no hay proporción entre los misterios y la finitud del
hombre. Aquí el hombre es más pasivo que activo: cree. Y cree porque
advierte dos elementos, presentes tanto en el acto de fe natural –que
realizamos todos los días– y el acto de fe sobrenatural. Estos dos elemen-
tos son:

• la credibilidad del mensajero (a quién se cree)


• el carácter plausible o, por lo menos, no contradictorio de lo reve-
lado con otras verdades ya conocidas (qué se cree).

¿Quién actúa como mensajero de la Revelación o de la Biblia? Actúa


como tal la Iglesia. De aquí la frase de San Agustín: “No creería… si no
fuera por la autoridad de la Iglesia Católica”. La inteligencia es bañada
por la luz del mysterium fidei, pero no ve sino como en un espejo, ella
descansa así en la autoridad de Dios, que no puede engañarse ni en-
gañarnos.
Pieper explica esta complementación comparando, por un lado, el
sentido del oído con la fe, al tiempo que el sentido de la vista con la
inteligencia. Dice el filósofo alemán que el que cree “es uno que no sabe
por su cuenta ni ve con sus propios ojos, es uno que accede a que otro

GLADIUS 83 | AÑO 2012 27


le diga algo”. El creyente, pues, aguarda la palabra –no la evidencia–
que viene de otro. Debido a “lo que oye”, la «mirada» del creyente es
«afinada»: su inteligencia es «dirigida» hacia “algo que él mismo ve
entonces con sus propios ojos”. Sólo entonces, es decir, luego de ser
orientado, lo percibe. Se trata de algo que “se le habría mantenido oculto
si él mismo no hubiese oído y considerado el mensaje que llega de otra
parte a su oído” 7. Tal es el papel de la evangelización y es redundante
señalar la importancia de un carácter virtuoso que respalde, con
coherencia, la palabra apostólica.
Por parte del carácter plausible de lo revelado, la Apologética tiene
como tarea demostrar cómo y por qué los misterios revelados por Dios
no contradicen ni la razón humana ni otras verdades propias ya conocidas.

La aventura de la fe

La fe católica cobra la nota propia de la paradoja: es lo más fácil y


lo más difícil, en palabras de Castellani 8. Lo más fácil, en cuanto su
posesión no depende de una comprensión intelectual sino de una deci-
sión: “quiero creer”, y es lo más difícil porque –para que esta posesión
tenga lugar– el hombre debe postrar su parte más noble, el intelecto,
inclinándose no ante evidencias sino ante la autoridad de quien nos
revela algo de lo que no tenemos evidencia. Ve intelectualmente que
existen motivos para creer. Y esta postración es obra de una voluntad
humilde: Bienaventurados los pobres de espíritu 9. Se trata del drama
entre creer o no creer.

7 Josef Pieper. Defensa de la Filosofía, Herder, Barcelona, 1976, p.140.


8 “«El objeto de la fe es la paradoja» [...] La Fe es lo más fácil y lo más difícil que
hay. También es lo más claro y lo más oscuro, y así todos los místicos hablan de «la luz
de la Fe», y de «la noche oscura de la Fe» [...] Así, el fiel tiene que mantener todas las
paradojas de la fe, que crean en él una tensión que a veces lo crucifica. Sin «a veces».
Siempre lo crucifica, cuando la fe ha ingresado de veras en la vida. [...] Interminable
crucifixión interna, Crux intellectus”. Cfr. Las ideas de mi Tío el Cura, Excalibur, Buenos
Aires, 1984, pp.223-225.
9 Quedaría incompleta esta sencilla explicación si omitiésemos algo esencial:
querer creer no viene del hombre. Querer creer es don de Dios. El círculo de la fe
comienza en Dios y en Dios acaba. No podemos darnos la fe a nosotros mismos y, con
todo, en nosotros mismos tiene lugar el acto libre de querer: no a pesar de nuestra
voluntad libre sino –escándalo de la inteligencia– por ella misma. Tenemos que reconocer
que, a primera vista, el don de la fe parece contradecir la libertad humana: Dios estaría
negando sus propias leyes. No es un tema fácil, ni puede abarcarse en primer lugar,
desconectado de otros. Requiere de una actitud contemplativa frente al misterio y no

28 AÑO 2012 | GLADIUS 83


Nosotros sólo podemos trazar pinceladas de este misterio, sin agotarlo,
puesto que sucede en el único e irrepetible corazón de cada persona.
Tomás Casares, por su lado, conocía bien esta tensión del alma humana
y la llamaba tortura:

Lo que la hiere (a la inteligencia) es afirmar que la realidad que tras-


ciende los límites de su aptitud pueda serle revelada y haya de acceder
a esa revelación no obstante su misterio. Le hiere que valga un camino
de conocimiento que no sea su camino, que haya de inclinarse ante un
criterio de certeza que no es su criterio de evidencia, que se admitan
objetos de conocimiento de cuya íntima realidad no le es dado juzgar,
que deba declinar su saber para creer 10.

Así, la fe está «compuesta», si se puede decir, de dos elementos o


realidades en tensión, siendo para el hombre su mayor tentación

de una postura que únicamente pretenda delimitar esta verdad dentro de fórmulas
conceptuales, reemplazando la fe misma por los enunciados de la fe.
Dicho esto –y para que no quede sin respuesta la objeción– cabe señalar que esta
dificultad tiene su origen en una comprensión insuficiente de la esencia de la libertad,
esencia que no se encuentra en la “indeterminación” frente al bien y al mal. No es allí:
la esencia de la libertad está en el bien. Estar inclinado forzosamente a lo bueno no es
perder la libertad sino ganarla. De lo contrario, Dios no sería libre. Es ilustrativa la cita
de Pinckaers: “La inclinación biológica, como el hambre y la sed, orienta el apetito de
una manera determinada y constrictora. Dudaremos, sin embargo, que contraría la
libertad, pues, al alimentarse nuestro cuerpo conservamos el soporte físico necesario
para nuestra acción. Las inclinaciones espirituales no son en modo alguno limitativas
de la libertad, sino que, en realidad, más bien la provocan y la desarrollan. El que tiene
inclinación por una persona, por una virtud, por una ciencia o por un arte, experimenta
que su libertad está excitada por el amor que siente antes que limitada por el hecho de
esta determinación. En cuanto a la inclinación a la verdad y a la felicidad, nos confiere
el poder de sobrepasar toda limitación y nos orienta así hacia la libertad perfecta. La
inclinación natural es una determinación íntima que nos hace libres. [...] La determinación
interior de una voluntad es una manifestación de su potencia, de su capacidad de
imponerse y de durar. Es el signo de una libertad fuerte” (Las fuentes de la moral
cristiana. Universidad de Navarra, Pamplona, 1988).
La persona que recibe el impulso de creer continúa siendo libre. Además, puede
resistir –sea por orgullo o miedo– a la gracia, negándose a creer cuando sabe que debe
hacerlo. Pero cuidado: no resiste a creer –culpablemente– porque el mal sea de la esencia
de la libertad sino porque el mal es signo de ella. La comparación con la inteligencia
es muy apropiada. La estupidez es, paradojalmente, signo de inteligencia. Los animales
no pueden ser estúpidos. Dígase lo mismo del error: equivocarse no es propio de la
inteligencia sino signo de ella –sin intelecto no hay posibilidad de error. Hacer el mal
no es propio de la libertad sino únicamente signo de libertad. Sobre la naturaleza de la
libertad, cfr. Libertas, León XIII, N° 5.
10 Tomás D. Casares. Reflexiones sobre la condición de la inteligencia en el
catolicismo, Buenos Aires, 1942, pp.16-17.

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divorciarlos, en vez de dejarlos existir uno junto al otro. Una inteligencia
que ve únicamente motivos para creer en algo que no ve, una voluntad
libre que puede o no adherirse a tales verdades, pero que –no obstante–
advierte que quien revela se presenta como digno de ser creído, naciendo
así la obligación de creer a quien se muestra veraz.
La fe católica, en una palabra, comporta una doble condición. Pascal
lo ha dicho magníficamente: “Si se somete todo a la razón, nuestra
religión no tendrá nada de misterio ni de sobrenatural. Si se choca contra
los principios de la razón, nuestra religión sería absurda y ridícula” 11.
La cima de la inteligencia del hombre se encuentra en este reconocimiento:
“El último paso de la razón está en reconocer que hay una infinidad de
cosas que la superan”. La fe no es enemiga ni de lo sentidos ni de la
inteligencia: “La fe dice bien lo que los sentidos no dicen, pero no lo
contrario de lo que éstos ven. La fe está por encima y no en contra” 12.
El orgullo del hombre rechaza los contenidos creídos y no sabidos,
olvidando la rotunda desmentida que tiene lugar en cada uno de sus
cumpleaños:

Doblegado ante la autoridad y la tradición de mis mayores por


una ciega credulidad habitual en mí y aceptando supersticiosamen-
te una historia que no pude verificar en su momento mediante
experimento ni juicio personal, estoy firmemente convencido de
que nací el 29 de mayo de 1874, en Campden Hill, Kensington,
y de que me bautizaron según el rito de la Iglesia Anglicana en la
pequeña iglesia de St. George, situada frente a la gran Torre de
las Aguas que dominaba aquella colina 13.

* * *

La verdad, cuestión fundamental

Corresponde ahora entrar en el segundo tema de nuestro trabajo.


Entre tantas cuestiones posibles que abren estas meditaciones, ¿cuál

11 Blas Pascal. Pensamientos, Sarpe, Madrid, 1984, p.31.


12 Idem, p.163.
13 Chesterton, Gilberth Keith. Autobiografía, Acantilado, Barcelona, 2003, p.7.

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elegir? Nos ha parecido principal la cuestión sobre la verdad, debido a
la íntima relación que tiene con el bien y la belleza, siendo los tres
Nombres de Dios. Este asunto es conocido como la doctrina de los
trascendentales del ser. Son nociones primarias y convertibles entre sí:
lo verdadero es bueno y es bello, lo bueno es bello y verdadero, lo bello
es verdadero y bueno. Puede decirse que tanto el filósofo, el héroe como
el artista aspiran al mismo Dios, hacia quien llegan en tanto Sabio, Sumo
Bien o Belleza Suprema.
Existe una íntima unidad entre estas nociones, al punto que un primer
error respecto de ellas puede desembocar en un verdadero sistema de
negaciones, por haber comenzado tropezando. La primera cuestión a
considerar es la capacidad –o la falta de ella– para descubrir la verdad.
Es popular la opinión agnóstica o relativista: la verdad carece de existencia
o, existiendo, no puede ser conocida. Ella siempre es algo inaccesible,
depende del punto de vista, de la visión, de la perspectiva o lectura de
cada uno. A la realidad no accedemos de forma directa –nos dicen– sino
mediatizada por nuestras propias categorías, opiniones, percepciones.
Y parecería un atrevimiento, un atropello de la opinión ajena proclamar
el carácter absoluto de algo: nada es absoluto, todo es relativo. Nada es
totalmente cierto ni totalmente falso sino que la verdad depende del
sujeto. Y puesto que ¡vaya si hay muchos sujetos por ahí!, la verdad
será multiplicable en relación a ellos. Habría tantas verdades como su-
jetos que las conocen y cada uno con su verdad.
Esta postura no significa más que el inicio de una cadena de negaciones
que llevada, por ejemplo, al ámbito médico sirve de pretexto para prác-
ticas como la anticoncepción, la eutanasia y el aborto: la conciencia se
encontraría sola consigo misma en el acto de decidir qué hacer, sin estar
ligada por obligaciones de carácter indiscutible. En el arte ocurriría lo
mismo: toda expresión titulada artística será tenida por tal, aunque se
trate de un pedazo de chatarra, un salpicado de colores, unos indescifrables
trazos en un marco o las llamadas microficciones: cuentos estimados
como “arte literario” de un renglón de duración.
A lo sumo será objetivo el conocimiento matemático-científico, estarán
fuera de discusión los números, las estadísticas, los datos empíricos.
Pero todo lo que remita a metafísica y teología no puede sino estar ro-
ciado por la incertidumbre. La verdad no se descubre: se construye. A
través del consenso, los hombres se van poniendo de acuerdo en ciertas
pautas a las cuales denominan –y sólo eso– “verdades”. Pautas que
lejos de poseer carácter permanente, participan de la historicidad y del

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dinamismo propio de la libertad humana, pautas que cambian tanto
como cambia el hombre.

El combate por la verdad y el conocimiento preciso de la postura


que nos es contraria

Será legítimo, pues, hacer una apología de la verdad. Frente a los


modernos Pilatos que preguntan con escepticismo Quid est veritas?
–“¿Qué es la verdad?”–, rehusando una norma objetiva y consultando
plebiscitarias mayorías, continúan vigentes las palabras de Nuestro Se-
ñor: Ego sum Veritas. Son las que no pasarán aunque cielo y tierra
pasen. Tanto la historia y la doctrina, como las mismas Sagradas Escrituras,
atestiguan este deber:

Dedícate al cultivo de la sabiduría,


hijo mío, y alegra mi corazón,
para que puedas replicar a quien me agravia.
Proverbios 27, 11

Para realizar esta defensa, téngase presente claramente las objeciones


que recibe la noción de verdad –tal como el pensamiento clásico y la
fe católica la sostienen.
La tesis general siempre es negativa: a la verdad objetiva no se puede
llegar, porque todo conocimiento tiene por sujeto a una persona deter-
minada, particular, con características diferentes de las demás. Entre la
mente del hombre y la realidad hay un muro: a lo sumo, el hombre
accede al mundo mediante tal o cual barrera, pero la misma no es sino
el cristal con que se mira. En tanto subjetivo, el hombre participa su
propia subjetividad al conocimiento. A la verdad objetiva no puede
llegar una subjetividad. El conocimiento es relativo al sujeto.
Si esto es así, los parámetros de verdad, bondad y belleza –como
hemos dicho más arriba– no tienen más firmeza que aquella que los
hombres atribuyan. No existe algo verdadero, sino algo que llamamos
verdadero. Y así con la palabra falsedad y las demás. El hombre, como
mucho, puede etiquetar las cosas con tal o cual palabra, pero debe tener
muy presente que tal denominación es necesariamente caprichosa: está
sujeta a los cambios históricos, careciendo –de hecho y de derecho– de
un carácter permanente.

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Un planteo distinto, semejante pero moderado, sostiene que aunque
el conocimiento humano no sea capaz de certezas, sí lo sería de proba-
bilidades. Únicamente podríamos alcanzar lo probable, pero no lo ver-
dadero. Se trata, pues, de un mundo en el cual nos vamos a regir a
través de las experiencias, de las costumbres, que han arrojado –hasta
ahora– determinado resultado. Pero viviríamos muy pendientes de lo
impredecible: en determinado momento, todo podría cambiar. No llega-
mos a ninguna síntesis de las cosas: arañamos la esencia sin poder, ni
por asomo, asirla.
Una tercera formulación tiene lugar en la dicotomía entre ser y apa-
riencia. Existe, sí, un ser objetivo pero el hombre únicamente alcanza
sus apariencias y nunca el ser mismo. Barajando términos equivalentes,
podemos conocer el fenómeno –“lo que aparece”– sin jamás, ni por
hipótesis, conocer el noúmeno: “lo que es”. No puede omitirse aquí a
Emanuel Kant, filósofo alemán, cabeza de esta postura, que hasta el
día de hoy se respira en la calle, en los discursos, en las conversaciones.
Comportó una de las formulaciones más elaboradas del agnosticismo
e inició en la historia del pensamiento el ocaso de la razón natural.
La cuarta formulación del escepticismo se asienta en torno a la duda.
La comprobación de engaños por parte del hombre, tanto a nivel in-
telectual como sensible (ilusiones ópticas, confusión entre sueño y vigilia,
errores de perspectiva) arrojarían una sombra de duda sobre una gene-
ralidad de pensamientos que no solemos poner bajo tela de juicio. Pues
bien, si estábamos en el error creyendo estar despiertos, por ejemplo,
estando dormidos, si creyendo sumar o restar correctamente, tuvimos
alguna vez un traspié, si en ése y en otros casos creíamos firmemente
estar en la verdad –sin estarlo–, ¿por qué no pudiera pasar –ahora, en
este mismo momento– lo mismo? ¿No podría suceder acaso que respecto
de infinidad de “conocimientos” nos encontremos en el error, de igual
manera que lo estuvimos en el pasado?

Nuestra respuesta

Ahora bien, ¿qué decimos nosotros? ¿Hay una réplica ante estos
argumentos? ¿Son ideas invencibles, que deben ser acatadas con resig-
nación? ¿O son construcciones con apariencia de contundencia pero
que, consideradas detenidamente, se revelarían frágiles? Creemos que
el primer paso de refutación del escepticismo consiste en hacer patente

GLADIUS 83 | AÑO 2012 33


la existencia de un Orden Natural. Y por estos términos entendemos
una disposición recta de las cosas y de sus partes hacia su fin, disposición
que no depende de la voluntad humana sino que está fuera de su control.
Vayamos a los ejemplos.

La ingesta de alimentos. La comida adecuada para una persona


puede ser una fruta, un pedazo de carne o algún vegetal. Existen, pues,
cosas que nutren al hombre: alimentos que lo fortalecen, que le brindan
energía y sin las cuales su cuerpo se debilita hasta morir. Una manzana,
por ejemplo, es adecuada para el hombre pero no lo será un pedazo de
metal: entre el sistema digestivo y la manzana existe un parecido, una
semejanza. Uno está hecho para el otro. Obviamente no ocurre lo mismo
en el otro caso. ¿Por qué? ¿Acaso porque los hombres hemos comido
manzanas a lo largo de los siglos y hemos consensuado el hábito de
ingerir manzanas? ¿Cabría, igualmente, una vanguardia revolucionaria
que empezara hoy en día a comer trozos de bronce?
La saliva que genera la boca va deshaciendo los alimentos que el
hombre ingiere, los cuales comienzan a despedazarse para ser tragados
correctamente. Un metal, en cambio, no se deshace en contacto con la
saliva. Todo esto sin contar que las glándulas salivales no sólo producen
el líquido necesario para desintegrar los alimentos sino que su extrema
sensibilidad genera –al contacto con éstos y no con cosas diferentes– el
placer propio de comer. Nada de esto ocurre cuando el hombre ingiere
algo distinto.
Los aromas propios de la comida generan en el hombre ese apetito
y expectación por ingerirlos, lo que no tiene lugar si huele otro tipo de
cosas. Un perfume le resultará grato, pero no sentirá hambre. Así fue
siempre y no medió contrato social alguno. Por supuesto: tampoco es
lo mismo para el sistema digestivo un pedazo de madera que una man-
zana, como no lo es un trozo de vidrio que una porción de carne. Es
evidente que estas sucesivas adecuaciones no son fruto de la decisión
humana ni están sujetas al arbitrio del hombre. No puede modificarlas
ni contradecirlas aunque junte mayoría absoluta en el Congreso de la
Nación.

El surgimiento de la persona. Algo semejante puede afirmarse de la


fecundación: sólo un óvulo y un espermatozoide pueden generarla. Co-
lóquese cualquier par de células distintas: jamás podrá conseguirse la
generación de un ser humano. Tal vez alguien argumentará que los
modernos avances de la ciencia depositan en las manos del hombre lo

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que antes era exclusivo de la naturaleza, pero la respuesta a esta obser-
vación requiere una distinción elemental. Hay cosas que están en manos
del hombre: la concepción de un embrión puede tener lugar –manipula-
ción genética mediante– fuera del vientre materno o de cualquier otra
manera. Pero escapa a su dominio lo fundamental: la concepción sólo
puede tener lugar entre los gametos femenino y masculino.

Las normas de la arquitectura 14. Salta a la vista la importancia de


respetar estas leyes a la hora de construir. Aquello que sostiene una
edificación está ausente en las que se vienen abajo por culpa de malos
constructores. El hombre no tiene ningún poder respecto de estas leyes:
tiene que cumplirlas si quiere levantar un edificio sabiendo muy bien
que una pequeña omisión puede terminar en una tragedia. El peso que
es capaz de soportar cada columna no depende en absoluto de los de-
seos de veleidosas mayorías. Tales normas físicas no tienen derogación
parlamentaria posible ni están en las manos de diputados o senadores.
Se trata de una regularidad, de un patrón, de un orden, de un canon
que preexiste al ser humano y frente al cual éste no puede sino descubrirlo.

Más sobre el Orden Natural

Los ejemplos mencionados son obviamente simples botones de


muestra, entramados de un sistema mucho mayor. En la naturaleza, los
minerales, vegetales, animales, en los sistemas y órbitas planetarias, es
posible advertir la existencia de cierta regularidad que permite prever
sus itinerarios y comportamientos. De ahí las ciencias de la naturaleza.
No necesitamos mirar, otra vez, una planta para saber cómo tendrá
lugar el proceso de la fotosíntesis, no necesitamos esperar al día de ma-
ñana para saber por dónde saldrá el sol, es decir, para saber el movimiento
de la tierra. El mundo es poseedor de una estructura racional: puede
ser entendido.
Las cosas no son refractarias a nuestra inteligencia: podemos com-
prenderlas, fundándonos en cierta lógica de las mismas, por la cual
aparecen ante nuestros ojos como conectadas entre sí. De suerte tal que
unas nos llevan a las otras. Si es cierto que muchas veces hay oscuridades,

14 Recomendamos al respecto el artículo “Las leyes de la arquitectura desde la


perspectiva de un físico”, de Nikos A. Salíngaros, cfr. http://www.ambigramas.com/
Simetria/nas/nas.htm.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 35


dificultades en la investigación, diferencias respecto al método e incluso
dramáticas calamidades naturales, no es menos cierto que toda catás-
trofe es tal si existe algo distinto de la catástrofe: el orden. Un Orden
Natural. Un orden más allá de la voluntad humana. Sólo porque éste
–el orden– existe, deploramos el desorden. Únicamente porque “hay”,
por-que “existe” una norma violentada, la catástrofe natural es algo
dramático. Porque “no debería” suceder y no obstante sucede, podemos
dolernos de los desastres y sus víctimas.
Conviene meditar sobre esta intuición: únicamente porque percibi-
mos que no es “de la esencia” de la naturaleza que existan terremotos,
tsunamis y otras calamidades, advertimos la fatalidad que implica su
existencia. La fatalidad de que las cosas, pudiendo ser mejor, no lo sean.
Los desastres naturales no prueban la inexistencia del orden natural.
Tal argumento fue sostenido por ciertos ateos pero no demuestra lo que
ellos pretenden. La evidencia apunta a otro lado. Estos desastres son
testigos insobornables de la existencia de un deber ser fundante, de una
fuente primera de normatividad, en virtud de la cual una catástrofe es
una catástrofe. Si el desorden fuese propio de la esencia de las cosas,
nada trágico ni dramático habría en que tenga lugar lo que no puede
dejar de ser.
La manifestación originaria de un orden que escapa al arbitrio humano
es el punto donde conviene apoyarnos para mostrar la fragilidad de las
concepciones actuales.

Carácter «verbal» del mundo

Hay una última conclusión que debe extraerse del hecho de que el
mundo pueda ser comprendido. Este orden de las cosas –a veces, como
dijimos, perturbado– manifiesta lo que ellas son, expresa sus esencias.
Las cosas tienen un «qué»: pueden ser entendidas, conceptualizadas,
pensadas. No están vacías ni a la espera de un contenido “puesto” por
el hombre. Preexisten a nuestra mente. Nos preceden. No las construimos.
Anteceden a nuestro pensamiento y son independientes de él. Las cosas
pueden ser objeto de nuestro conocimiento. A diferencia de las casua-
lidades –imprevisibles, es decir, imposibles de «prever» – la realidad es
asequible a la mente: puede ser pre-vista, observada antes. El azar no.
La inteligencia –como indica su etimología– es capaz de leer en el
interior de las cosas: intus legere. Comparémosla con un libro: cada una

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de sus páginas puede ser leída porque su autor la escribió pensando en
ella. Evidentemente, no da lo mismo cualquier palabra: colocando el
vocablo «porque» el autor se prepara para fundamentar y no enunciar,
al escribir «es evidente que» se limita a enunciar. En ambos casos, el
lector entiende perfectamente la diferencia. Si el libro contuviera hojas
llenas de letras –completamente al azar– nada podría leerse en él.
Algo puede leerse sólo si fue escrito. Y puede ser escrito sólo si fue
pensado. El pensamiento es anterior a la escritura. Y a la palabra oral.
El libro, pues, está entre dos intelectos: autor y lector. Tal como el
libro, podemos decir que la realidad está cargada de sentido: es capaz
de ser «leída», entendida, comprendida. Las cosas pueden ser entendidas
porque fueron hechas, diseñadas, creadas inteligentemente.
Pero ahora debemos continuar con el siguiente punto: la capacidad
del hombre de conocer la verdad. ¿Puede hacerlo o es impotente?

Contestando a los sofistas de ayer y de hoy

En primer lugar, señalemos –con Aristóteles– la contradicción que


tiene lugar entre la vida y esta postura: inevitablemente, la cotidianeidad
de los relativistas –como la de cualquiera– está plagada de verdades y
no de dudas o fatal ignorancia. Precisamente, aquellas dudas que suscitan
la problemática son –en buena proporción– voluntarias y no espontáneas.
Baste aquí como ejemplo el quiero dudar de Descartes. Si bien cuando
el hombre sueña puede creerse despierto, no es menos cierto que
despierto sabe que no está soñando. Camina por la ciudad, observa un
pozo y lo esquiva, sin considerarlo una ilusión óptica. Si tiene hambre,
come queso y no duda que tiene mejor sabor que un pedazo de vidrio.
El escéptico puede protestar que son ejemplos menores. Concedido.
Pero no invalida nuestro planteo: siendo su postura una negación
universal –decir “no hay certeza” significa decir en el fondo “no hay
ninguna certeza”–, bastaría una sola cosa, una única verdad que resista.
Decía Etienne Gilson: “los que pretenden pensar de otra manera (es
decir, desconfiando a priori de nuestras percepciones más fundamentales)
piensan como realistas tan pronto como se olvidan de que están
desempeñando un papel”.
Encaremos el primer argumento. ¿Qué decir sobre aquél que sostenga
no conocer lo verdadero sino lo probable? De la pluma de San Agustín
tomaremos prestada la respuesta.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 37


La palabra probabilidad es sinónimo del término verosimilitud. Y el
significado de ambos yace en la etimología del segundo: “lo que se
aproxima, lo que se acerca, lo que se asemeja a la verdad”. Así las cosas,
el escéptico no llega a decir que conoce la verdad sino únicamente
aquello que se aproxima a ella, aquello que se asemeja a ella, aquello
que probablemente sea verdad.
Ahora bien, pensemos en una mujer muy parecida a su madre. Si
preguntados por el parecido de la hija con la madre respondemos
nosotros que sí, ¿qué descubrimos? Descubrimos que podemos responder
de esta manera sólo si conocemos el rostro de la madre. Más aún: para
responder –si fuera el caso– que no se parecen, también sería necesario
conocer el rostro materno. En efecto, no puedo decir que madre e hija
son parecidas si no conozco antes la faz de cada una de ellas. ¿Qué se
diría de un diálogo como éste?:

–¡Qué parecida es Marina a su madre!


–¿Conoces a su madre?
–No.

Del mismo tenor sería el ejemplo de un barco navegando en alta


mar. Para decir que la embarcación se encuentra muy cerca del puerto,
es necesario conocer la localización del puerto, puesto que en virtud del
término final son conocidos los términos intermedios del desplazamiento.
El capitán del barco no puede afirmar que está seguro de que está muy
próximo y, preguntado por la ubicación del puerto, contestar: “No lo
sé, pero sin embargo tengo certeza de que estamos próximos”.

“Oyendo esto, ¿podría alguno contenerse la risa?”.

El probabilismo no es suficiente para conmover la capacidad huma-


na de asir verdades: “la probabilidad o verosimilitud –y la misma palabra
latina vero-similis se prestaba admirablemente en su constitución esen-
cial al argumento ad hominem de San Agustín– no tiene sentido sino
por referencia a la certeza y a la verdad, y que si éstas no son poseídas,
mucho menos aquéllas, cuya comprensión se apoya en las primeras” 15.
Vayamos al binomio ser-apariencia. Como señalamos antes, nuestro
adversario podría sostener la imposibilidad de conocer el ser, quedando

15 Mons. Octavio Derisi. Actualidad del pensamiento de San Agustín, Guadalupe,


Buenos Aires, 1965, pp.35-36.

38 AÑO 2012 | GLADIUS 83


al alcance del hombre únicamente la apariencia. El ser humano accedería
sólo a fenómenos, que bien puede clasificar, distinguir, colocar en tal o
cual categoría. Pero fenómenos cerrados en sí mismos, apariencias de
ser imposibles de traspasar, opacas para la inteligencia, conocimientos
que deben conformarse con ser valorados como frágiles imágenes de
la realidad y nada más.
Ahora bien: ¿tiene aquí razón el escepticismo?
Es evidente que quien distingue dos, conoce ambos. Nuestro adver-
sario ha distinguido, claramente, entre el ser y la apariencia. Y ha dicho
que conoce el segundo y no el primero. Pero, cuestionémoslo: ¿cómo
se puede distinguir entre ser y apariencia, ignorando el ser mismo? Por-
que todo juicio de comparación entre dos supone el conocimiento de
los dos.
En la hipótesis agnóstica el problema no hubiese tenido lugar. En
efecto, aquello que desencadena la dicotomía ser–apariencia es percibir
a la apariencia como recorte del ser. Pero esta diferenciación no puede
existir si no se compara el ser con la apariencia. Para conocer a la apa-
riencia, como tal, forzosamente debe hacérseme presente –antes– lo
que no es apariencia: el ser. De lo contrario ella misma se disuelve:
¡toda apariencia es apariencia de algo! ¡Y ese algo no es apariencia!
La misma entidad de la apariencia tiene su origen en el ser. La apa-
riencia es siempre apariencia de algo. No puede ser apariencia de nada.
Luego, no puede conocerse la apariencia como apariencia sin conocer,
antes, al ser del cual la apariencia depende. Tanto si hablo de apariencia
como si hablo de representación, estamos en el mismo caso:

¿Por qué diríamos (representación) “de un hombre” si el hombre


nunca nos fuera presente, si sólo nos fueran presentes “representaciones”?
¿Por qué no podríamos hablar con sentido de “representación” sin incluir
aquello de lo cual es presentación, mientras que podemos perfectamente
hablar de “hombre”, “casa”, “piedra”, sin definirlos por relación a ningu-
na representación? ¿Por qué, si no fuera porque el ente irrelativo es lo
primeramente conocido?, ¿y la “representación” algo puramente relativo
al ente? Si no, habría que decir “es la representación de la representación
de la representación…” y así al infinito 16.

16 Juan Alfredo Casaubon. Palabras, ideas, cosas, Candil, Buenos Aires, 1984,
pp.40-41.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 39


Si el ser estuviese, efectivamente, en la oscuridad de lo inhallable,
no preguntaríamos por él. Ni siquiera para negar la posibilidad de des-
cubrirlo podríamos nombrarlo con algún sentido.
El argumento que sigue es la duda. ¿Cómo estar seguros que aquello
que en este mismo momento se me presenta como verdadero, lo es
realmente? ¡Cuántas veces creí estar en lo correcto, sin estarlo! ¡Cuántas
veces tomé la sombra por realidad, la imagen por cosa, el espejismo
por color, el sueño por vigilia, lo malo por lo bueno, lo falso por verdadero!
La firmeza misma con la que en este mismo momento apostaría que
estoy despierto, ¿es suficiente para aventar toda duda?
Veamos qué es dudar: “Estar el ánimo perplejo y suspenso entre
resoluciones y juicios contradictorios, sin decidirse por unos o por otros”
(RAE). El que duda, pues, se mantiene tironeado entre proposiciones
que no pueden ser admitidas al mismo tiempo, sin tomar partido por
ninguna.
Examinemos ahora si es posible una duda respecto de todo. Derisi
responderá negativamente y dará sus razones: “Sin el ser [...] que le dé
sentido y sostén, la duda es imposible, es impensable. Precisamente
porque no es lo mismo ser y no-ser, ser de este modo, o ser de aquel
otro, la inteligencia suspende su afirmación o negación, duda” 17.
Desentrañemos esta cita. Si miramos con atención, quien verbalmente
manifiesta dudar de todo, sin embargo, tiene la certeza de que dos cosas
contradictorias no pueden ser simultáneamente verdaderas. Esta es una
experiencia personal imposible de negar.
Armado de esta razón, Monseñor Derisi concluye vigorosamente:
“Una duda universal que pretendiese no aceptar nada como verdad,
sería, por eso, no sólo contradictoria, sino impensable e imposible, se
diluiría como duda, al diluirse como pensamiento” 18.
También el santo de Hipona, antes escéptico, los pone contra las
cuerdas de esta manera:

Si dudan, viven, –si dudan, recuerdan por qué dudan, –si dudan,
entienden que dudan, –si dudan, quieren estar ciertos, –si dudan, piensan,

17 Idem, p.25. La negrita es nuestra.


18 Ibidem. Es cierto que a veces nos equivocamos, pero no siempre: “En este
momento, por ejemplo, yo estoy absolutamente cierto de que estoy sentado y no de
pie, y de que la bombilla está delante de mí, encendida. Estoy igualmente cierto de que
18 por 5 son 90. De que alguna vez me haya equivocado no se sigue que siempre me
equivoque” (Bochenski).

40 AÑO 2012 | GLADIUS 83


–si dudan, saben que no saben, –si dudan, juzgan que no hay que
afirmar temerariamente. De todo esto no pueden dudar ni siquiera los
que de todo lo demás dudan, pues si todo esto no fuese, ni siquiera
dudar podrían (De Trinitate X, 10, 14)

Si insistieran, como último recurso, diciendo: ¿Qué, si te engañas?


¿Qué, si acaso nos engañamos respecto de todas estas conclusiones,
apoyadas en el dudoso valor de una dudosa inteligencia, débil, enferma,
limitada? No cabría mejor respuesta que la siguiente:

si me engaño ya soy, porque el que realmente no es, tampoco puede


engañarse, y, por consiguiente, ya soy si me engaño.

Y San Agustín (en su Contra Académicos) continúa preguntando:


“¿cómo me engaño que soy, siendo cierto que soy, si me engaño?”,
para concluir magníficamente: “Y pues existiría si me engañase, aun
cuando me engaño, sin duda en lo que conozco que soy no me engaño,
siguiéndose, por consecuencia, que también en lo que conozco que me
conozco no me engaño, porque así como me conozco que soy, así
conozco igualmente esto mismo, que me conozco”.

El último argumento

Queremos señalar, finalmente, el contrasentido en que el escéptico


vive nomás cuando se pone a hablar. Y la postura según la cual “la
verdad no existe” o, existiendo, “no puede ser conocida” no es una ex-
cepción. En efecto, esta postura, en sí misma –podríamos preguntar–,
¿es verdadera o falsa?
Primera posibilidad. Si no fuese verdadera, entonces está en el error
el escéptico. Y si el escéptico está en el error, estamos en lo correcto
nosotros.
Si, por el contrario, la postura escéptica fuese verdadera, la situación
no varía. Porque entonces esta posición afirma lo que niega y niega lo
que afirma, disolviéndose como postura sostenible al mismo tiempo
que desquiciándose como capaz ser comprendida. No queda más que
reconocer la existencia de la Verdad para –luego– refutar que la verdad
sea tal o cual cosa. La existencia de la verdad no puede ser discutida,
no puede ser objeto de discusión sino base de todas ellas, lo que hace

GLADIUS 83 | AÑO 2012 41


posible toda discusión, quedando como “telón de fondo” del pensamiento,
incapaz de preguntarse por la verdad desde fuera de sí mismo.

Es evidente que no hay juicio con el que pueda destruirse la verdad:


¡aún queriéndolo, no podría destruirse la verdad del juicio con el que
se pretendiera destruirla! No puedo destruir mi mente (no puedo anular
en mí al hombre profundo), aún cuando puedo destruir mi razón: no
destruyen el profundo espíritu ni la locura, ni la demencia, ni la violencia
desatada de las pasiones, aún cuando sacudan o anonaden mi razón.
Mi yo profundo, perenne, inmortal –como la verdad, perenne, eterna
–no es el yo racional propiamente dicho, sino el yo inteligente, que está
más allá de la razón y por lo mismo más allá de la ciencia, de la locura
y de la muerte 19.

Asombrosas, sencillas y difíciles palabras del filósofo italiano Sciacca.


El que pregunta por la verdad no está fuera sino dentro de la pregunta
misma.
Pero pongamos ahora un escéptico que no se rinde. Respondería:
“No es así como usted dice. Claro que si suponemos que hay afirmacio-
nes verdaderas o falsas –es decir, afirmaciones que coinciden con la
realidad y afirmaciones que no–, mi postura carece de respaldo. Pero
precisamente estoy poniendo en tela de juicio eso: que existan afirma-
ciones verdaderas o falsas”.
La objeción no es menor: “mientras sigamos hablando el lenguaje
propio del pensamiento occidental, forzosamente debemos caer en la
verdad o en el error. Y así, de antemano ustedes llevan las de ganar.
Porque todas las objeciones al pensamiento católico y clásico están for-
muladas en términos de la cosmovisión católica y clásica. Pero justamen-
te, nosotros pretendemos abandonar ese bagaje lingüístico y conceptual
por el cual estamos (de antemano) vencidos. Pretendemos renunciar a
los términos “verdad” y “falsedad” que remiten a algo independiente
del pensamiento, como si existiera algo objetivo que debe ser respetado
y respecto de lo cual debemos ordenarnos”.
Veamos nuestra respuesta a éste, el último argumento.
Aquí o en China la palabra externa u oral del ser humano –los sonidos
con que se comunica– manifiestan lo que piensa. Aquí o en China, con

19 Sciacca, Federico Michele. La existencia de Dios, Richardet, Tucumán, 1955,


p.66.

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la palabra hacemos patente nuestro pensamiento. Cuando alguien no
nos habla podemos conjeturar qué piensa de tal o cual situación pero
no lo sabemos hasta que no decida comunicarse, sea por señas, signos
o por palabras: hablando.
Y en cualquier lugar o tiempo, cuando pronunciamos palabras decimos
algo de algo. Con la palabra no significamos palabras, es evidente que
con la palabra “hombre” no significamos un sonido. Al contrario: con
la palabra “hombre” significamos hombres. No sonidos. Con las palabras,
pues, significamos algo.
Y ese «algo» al que nos referimos con los vocablos lo sabemos real,
es decir, independiente de nuestro pensamiento. Quien nos pregunta
algo no pretende saber lo que pasa en nuestra cabeza sino aquello que
es. En la conversación cotidiana no hablamos de lo que sucede en
nuestra mente –salvo que expresamente lo aclaremos– ni pretendemos
comunicar puras “interpretaciones” ni “pensamientos”. Normalmente
pretendemos decir, hablar, de lo que realmente es.
¿Cuál es el punto de inflexión? En la hipótesis del argumento adversa-
rio –según la cual sólo por efecto de la influencia histórica del catolicis-
mo y del pensamiento clásico nos “construimos” la idea de una verdad
frente a la cual debemos adecuarnos– no discutiríamos. Ningún debate
tendría sentido: sería imposible de raíz, porque dos ideas, dos pensamien-
tos, sólo pueden entrar en pugna, sólo pueden contradecirse, si se re-
fieren a algo distinto de ellos mismos.

La contradicción solamente puede existir y sólo puede ser entendida


cuando conozco los términos de la misma, pero sólo puedo conocerlos
en cuanto contradictorios por referencia a un tercero no-contradictorio
en cuya virtud la misma contradicción existe. Este tercero no-contradictorio
es el ser 20.

La disputa tiene sentido en tanto dos –por lo menos– luchan por


algo que no pueden poseer simultáneamente. Pero suponiendo que
nuestro lenguaje no exprese el ser ni pueda –por impedimento congénito–
expresarlo, suponiendo que verdad y falsedad sean supersticiones,
ninguna idea entraría en colisión con otra. Podrían ser perfectamente

20 Caturelli, Alberto. La metafísica cristiana en el pensamiento occidental, Ediciones


del Cruzamante, Buenos Aires, 1983, p.77.

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válidas ambas y no deberían batallar entre sí, puesto que cada una no
se entrometería sino con ella misma: les bastaría su propia identidad.
Pero las ideas batallan entre sí. ¿Por qué? Porque pretenden, por
debajo de sí mismas, ser verdaderas: estar en adecuación con la reali-
dad. Y acusan a su adversaria de ser falsas. Si no fuera así, ¿para qué
discutir? ¿Para qué argumentar?
Nuestros objetores creen ser esclavos de palabras, cuando en realidad
son esclavos de lo que son. No es que no puedan librarse del “lenguaje
occidental, católico y cristiano”: no pueden librarse de su naturaleza
humana.

Stat Veritas: la verdad permanece

Es posible que nuestro escéptico agache la cabeza y reconozca la


validez de nuestras palabras. Si eso hiciera, habría que señalarle que,
estrictamente, no son nuestras:

–Reconozco, Sócrates –confesó Agatón–, que no soy capaz de soste-


ner una controversia contigo. No insistamos, pues, y sean las cosas como
tú dices.
–¡No, amiguito, no! –exclamó Sócrates– Es contra la verdad contra
quien no eres capaz de controvertir, pues contra Sócrates no es difícil,
créeme 21.

La humildad es esencial a la filosofía: “La humildad es andar en la


verdad –dice Santa Teresa– y quien esto no entiende, anda en la mentira”.
En la disputa intelectual puede quedar, ciertamente, un vencedor y un
vencido. Pero erraría el vencido si no advirtiese el bien recibido luego
de la derrota:

convencer a otro es, efectivamente, vencerlo: pero no de tal modo que


el vencido quede bajo el imperio de su vencedor, como en la lucha física,
sino de manera tal que se vea obligado a reconocer el imperio de la
Verdad, del cual el mismo vencedor se declara sujeto 22.

21 Platón. El Banquete, Senén Martín, Madrid, 1966, p.122.


22 Mihura Seeber, Federico, “La figura del polemista cristiano en los libros «Contra
Cresconio» de San Agustín”, en Revista Sapientia, vol. XLVII, Buenos Aires, UCA,
Facultad de Filosofía y Letras, 1992, p.176.

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Vale decir que este “«doblegar» al adversario en la polémica, y ven-
cerlo, no significa someterlo a un poder extraño, sino hacer que él mismo
«se vea forzado a aprobar otras cosas que [antes] había negado”. Aún
cuando es el mismo hombre el que aprueba otras cosas, antes negadas,
sin embargo, no puede decirse que sea conducido suavemente:

reténgase sin embargo, de esta cita, la fuerza de la expresión: que el


adversario se vea forzado. Y “forzar” es, ciertamente, “vencer o doblegar
una fuerza contraria”. Sólo que, en el caso de la victoria argumental,
este “forzamiento” no es sino el reconocimiento inevitable de la necesi-
dad racional, y esto último es el testimonio de la dignidad suprema de
la Verdad 23.

La palabra que arguye lleva consigo un vigor, una potencia, una


energía. Ciertamente tiene lugar un forzamiento, pero de tal manera
“que, por coincidir con la naturaleza misma de la razón, solo violenta
a una fuerza que antes la desnaturalizara: a saber, la fuerza del error o,
peor aún, del engaño racional” 24. Así las cosas, “Derrotar al adversario
pasa a ser, así, el ejercicio más alto de auténtica beneficencia para quien
reconoce en la Verdad el Bien plenificante del espíritu humano” 25.

Todo el hombre –no sólo su intelecto– combate en estas lides


Yendo al final de nuestra exposición, reconozcamos las fronteras de
nuestras argumentaciones. El hombre tiene inteligencia, ciertamente,
pero no sólo. Tiene un corazón que debe ser conmovido junto con el
intelecto, a fin de hacerle desear, ver y creer en la verdad. Si tiene razón
Chesterton cuando escribió “Curar a un hombre no es discutir con un
filósofo, es arrojar un demonio”, la disputa intelectual no equivale a una
partida de ajedrez.
La Verdad Divina –que no es otra cosa que Dios mismo– es, si se
quiere, la Respuesta a nuestras preguntas. Ciertamente lo es. Es la
respuesta a esa búsqueda permanente, ansiosa, desasosegada e
impostergable del “todo”. Pero también es el Amor. El Amor que busca
amar, que hizo a los hombres por amor y para el amor. Y es el Amor

23 Ibidem, pp.190-191.
24 Ibidem, p.191.
25 Ibidem, p.189.

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que llama a las puertas del corazón humano tanto con la mano derecha
como con la izquierda, según bella expresión del Padre Ramón Cué. Si
el encanto con que Dios ha engalanado las cosas mueve a buscarlo por
el camino de la sabiduría, la seducción que provoca el Corazón de Dios
–Cor Iesu– arrebata el alma por el camino del amor. Pero si la primera
vía puede ser común a los filósofos, la segunda tiene por llave maestra
la fe. Quiera Dios que podamos no sólo reposar nuestro intelecto en su
Mente Increada, océano de Verdad y Sabiduría, sino también descansar
nuestro corazón en Aquél que la lengua humana llama el Amor de los
Amores, incesante pescador de hombres:

La Gracia

Y no valdrán tus fintas, tu hoja prima


ni tu coraza indómita nielada
a desviar el rayo, la estocada
en la tiniebla a fondo de tu sima.

¿No ves centellear allá en la cima


de gracia y luz diamante, ascuas de espada?
No, esquivo burlador, no valdrán nada
careta ni broquel, guardia ni esgrima.

No te cierres rebelde, no le niegues


tu soledad. Es fuerza que le entregues
de par en par tu pecho y coyunturas.

Que así vulnera el Diestro, y así elige


–caprichos del deseo– y así aflige
y así mueren de amor las criaturas.

GERARDO DIEGO

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La sociedad opulenta
Eduardo Viscardi Gaffney

Acontecido el desmoronamiento del comunismo en la Unión Soviéti-


ca, Europa Oriental y otras regiones del globo, pareciera que el liberalis-
mo fuese la única opción triunfante a nivel mundial en el aspecto
económico, político e ideológico como se afirmara hace escasos años.
Aunque dicha opción está hoy completamente desvalorizada, ya que
ha demostrado su fracaso por las continuas crisis provocadas y acontecidas
en su propio seno, en su afán del dominio económico del mundo.
Por ello, es necesario efectuar un racconto y análisis de los aconteci-
mientos políticos más importantes del siglo XX. Entre ellos sobresalen
los acontecidos en 1917 y 1991, años del triunfo y de la caída del co-
munismo respectivamente. En este largo período de más de setenta
años, es interesante considerar la tesis que durante el mismo existió una
etapa particular. La comprendida entre los principios de la década de
los años veinte y 1945 que fueron los años de la denominada guerra
civil europea, cuando se enfrentaron a muerte dos sistemas ideológicos
disímiles, el comunismo y el nazismo, ambos frutos agrios del idealismo
alemán. Una de las consecuencias de la caída de la Cortina de Hierro
la constituyó la pérdida de la endeble seguridad existente en el mundo,
ya que hasta entonces existía un cierto statu quo proveniente de la di-
visión en capitalismo y comunismo. Que por cierto no era lo ideal, pero
permitía a cada bando o contrincante considerar a su oponente como
la expresión del mal, lo que estratégica e ideológicamente producía un
cierto equilibrio a nivel mundial. Por otra parte, es destacable la actuación
de Inglaterra y Estados Unidos en el siglo pasado. La primera, en la
centuria anterior, había puesto fin a las intenciones hegemónicas de
Napoleón, y luego de la I Guerra Mundial lo hizo también con Alemania,

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situación que se repite en 1945 aunque a costa de la liquidación de su
Imperio. Durante 1917 acontecen importantes hechos históricos que,
aparentemente desconectados, tiene vital importancia para los años
venideros la declaración de guerra de Wilson a Alemania ya que “el
mundo debe ser seguro para la democracia” 1. “En ese mismo año, el
7 de noviembre, los bolcheviques atacaron el Palacio de Invierno en
nombre de la revolución de los trabajadores” 2. En realidad era para
asegurar todo el poder a los soviets. Dicha revolución se pudo realizar
por el apoyo que la banca –Khum, Loeb & Co., a través de Jacob
Schiff– brindó a Lenin.
Comienza a consolidarse a partir de ese año la derrota de Alemania
y sus aliados y, a posteriori, la expansión de los procesos revolucionarios
en Europa central, tempranamente fracasados, y en Asia, los que
fructificaron luego de la II Guerra Mundial.
En forma progresiva, se fue produciendo la división del mundo en
democracia y totalitarismo, aunque debemos aclarar que la política ex-
terior de quienes fueron los Aliados durante el primer conflicto mundial
fue proclive para con la URSS con tal de aislar y debilitar a Alemania.
Así esa nación humillada y transformada en el estado-paria de Europa
fue empujada a los brazos del nazismo. El diplomático e historiador
suizo Burckhardt expresó en una carta dirigida a Hugo Hoffmannsthal,
a principios de 1925: “Todos mantienen todavía la vista fija en Alemania,
como si en esta nación fuera donde tuviesen que decidirse los más
importantes aconteceres mundiales, como si esta nación fuera fuente
de todos los peligros [...], y nadie alcanza a saber lo que ocurre más allá
de de los telones que cuelgan de las fronteras alemanas [...], mientras
la auténtica amenaza latirá más allá de la fachada de Alemania, entre
el mar Báltico y el océano Pacífico, a una escala geográfica de una mag-
nitud cual jamás la Humanidad haya visto. Parece característica propia
de todas las democracias el proyectar sus enamoramientos y pasiones
domésticas sobre el campo de la política internacional, en el que pueden
producir el más pavoroso daño” 3. Claramente queda así establecida
cual será la actitud del Reino Unido, Francia y los Estados Unidos en la
siguiente conflagración mundial.

1 Wallerstein, Immanuel, Después del liberalismo, México 1996, p.112.


2 Ibid.
3 Gehlen, Reinhard, Servicio Secreto, Memorias del Jefe del Servicio de Inteligencia
alemán, Barcelona 1972, pp.18-21.

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En el extremo oriental de Europa, no importaba lo que acontecía en
Rusia sojuzgada por la dictadura del proletariado, del partido realmente,
total al final todo quedaba muy bien ornamentado con el rótulo de la
democracia popular. Aunque la realidad era otra, ya que el crimen en
masa había sido establecido por los comunistas como un verdadero
sistema de gobierno, sostiene Jacques Baynac en su libro La Terreur
sous Lenine. Al respecto, uno de los primeros jefes de la Cheka (policía
política soviética), Latzis, afirmó: “No hacemos la guerra contra las per-
sonas en particular. Exterminamos a la burguesía como clase” 4
La política estadounidense, salida de su aislamiento, procuraba una
revolución made in USA, según expresión de Drucker, con una producción
masiva que asegurase altos niveles de consumo, creando una sociedad
opulenta la que, teóricamente, debería extenderse a todo el orbe por la
liquidación de los imperios europeos –menos el inglés, obviamente– y
sus colonias, lo que aseguraría el crecimiento de la democracia y ésta
a su vez, facilitaría la expansión de los mercados y la economía estado-
unidense.
Se descontaba la superación de la miseria y la pobreza existentes, y
en este contexto se originó la búsqueda del desarrollo nacional y el
estado de bienestar no sólo para los países centrales sino que también
para los periféricos. Aunque éstos, seguramente, serían los últimos en
recibir los presuntos beneficios del desarrollo y bienestar. Ambas con-
cepciones políticas, la estadounidense y la soviética, tenían en común
al discurso democrático pero con significaciones distintas. Para la primera,
la democracia implicaba un estilo de vida consumista y la libertad de
mercado. Para la segunda, la misma era la democracia popular como
una forma de dominación que debía asegurar la dictadura del proletariado,
aunque era el partido quien gobernara. Sin embargo, ambas posturas
se orientaban hacia los mismos fines. Acrecentamiento del poderío eco-
nómico, político, militar, etc. y búsqueda a corto o largo plazo de una
sociedad desarrollada en la que el dominio del mundo era su último y
principal objetivo.
A lo largo del siglo pasado, se fueron sucediendo una serie de acon-
tecimientos que conmocionaron a la pretendida y buscada sociedad
opulenta, desde la I Guerra Mundial hasta la actual hegemonía de los

4 Citado en Courtois, Stéphane, Los Crímenes del Comunismo, Barcelona-Madrid


1998, p.22.

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Estados Unidos, perviviendo a través de los mismos esa búsqueda a la
que el hombre parece no estar dispuesto a renunciar. La idea de una
sociedad opulenta, desarrollada, rica y feliz, es tan vieja como la propia
humanidad. Y a lo largo de su historia, distintos y diversos han sido los
caminos intentados para lograrla, consecuentemente resulta difícil con-
densar en unas pocas líneas todo el conjunto de ideas y teorías referidas
a la búsqueda de esa sociedad.
La última utopía aparecida en el febril pensamiento de Occidente es
la globalización –hoy seriamente cuestionada, pero inexorablemente
aplicada– como receta para todos los males que aquejan a la humanidad,
lo que permitiría así el logro de sus más caros anhelos. Estaríamos así,
según sus corifeos, a las puertas de una era de plenitud económica. Este
pensamiento nace de la conjunción de las ideas de ciencia-técnica-
progreso con las viejas esperanzas de Occidente de marchar hacia la
tierra de promisión y de volver a los orígenes sin mancha.
A través de los organismos económicos internacionales se recurre a
recetas como la interdependencia mundial de la economía y los mercados,
las privatizaciones, al desguace del estado, etc., como la nueva medicina
para alcanzar una economía saneada y por consiguiente una sociedad
próspera. Para ello se procura por casi todos los medios: publicidad,
medidas gubernamentales, programas económicos, para que los hombres
se transformen en agentes de producción y consumo. Aconteció así el
fin de los remanentes del estado de bienestar y desarrollo ponderándose
las bondades y ventajas de la nueva economía y del mercado. Sin em-
bargo, existen problemas económicos sin resolver y los dirigentes mun-
diales, frecuentemente, están completamente desorientados y confusos.
Wallernstein considera que en los últimos doscientos años han existido
tres etapas bien definidas en la evolución política del mundo. La primera
desde 1789 hasta 1945 con la Revolución Francesa como expresión
ambigua de la Ilustración, con masas empobrecidas a las que en los
siglos XIX y XX se les dio el derecho de sufragio, un cierto estado de
bienestar y su unificación bajo consignas nacionalistas, de forma tal que
se las desvió del poder y del gobierno. El poder y la participación política
que por la democracia seguramente obtendrían, terminó desdibujándose
en un horizonte sin esperanzas. La segunda etapa a partir de 1945,
cuando los Estados Unidos, la mayor potencia liberal de la post-guerra,
y la URSS se reparten el mundo, dando comienzo así la etapa de la
búsqueda de la consolidación y acrecentamiento del desarrollo.

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Cuando ocurre el Mayo francés en 1968, afirma este autor, a poco
de su extinción nace un irracionalismo económico que no solamente
significó el fin de los esquemas de desarrollo, sino que también desnudó
las limitaciones políticas del liberalismo. Ya que el mismo no es más que
una estrategia oportunista, quedando en claro que la riqueza del norte
es en buena parte una transferencia de la riqueza y plusvalía del sur,
que unidas a la enorme deuda externa de esta región ha llevado a la
crisis del sistema. Complicada aún más por la situación económica actual
de los Estados Unidos y Europa. Consideración posterior a la edición
de la obra de Wallerstein.
Por último, la tercera etapa comenzó con la desaparición del Imperio
Soviético como consecuencia de la caída del comunismo 5, sistema
político en el cual ya nadie creía. Así la mayoría de los países del mundo
abrazaron o fueron obligados a aceptar el dictado de la ideología
sobreviviente: el liberal-capitalismo y la democracia plutocrática. Casi
con certeza podemos afirmar que este mundo globalizado no es la
panacea para la humanidad, ya que la economía y los mercados están
en la picota a consecuencia de sus imprevisibles o ¿fomentadas? crisis
económicas. Toda esta situación ha sido producto de una excesiva valo-
ración de la economía. La globalización que fue causa de su vertiginoso
ascenso, es también factor del descenso hacia la inestabilidad económi-
ca que hoy vivimos.
En la encíclica Centesimus Annus Juan Pablo II, al referirse a la situa-
ción que se produjo como consecuencia de la caída del comunismo,
considera que la debacle del socialismo no puede interpretarse como
el triunfo del liberalismo ni tampoco considerar a éste como la única
alternativa válida a nivel económico. “La Iglesia no tiene modelos para
proponer. Los modelos reales y verdaderamente eficaces pueden nacer
solamente de las diversas situaciones históricas, gracias al esfuerzo de
todos los responsables” 6. “Para este objetivo la Iglesia ofrece, como
orientación ideal e indispensable, la propia doctrina social” 7. Con estas
consideraciones se expresó el Papa al referirse a los acontecimientos
ocurridos en Europa Oriental, como consecuencia de la caída de la
Cortina de Hierro. Sostenía el Sumo Pontífice que además del socialismo
y el liberalismo debe existir otra postura que supere esa antinomia. Sin

5 Cf. Wallerstein: op. cit., pp.95-125.


6 Juan Pablo II, Centesimus Annus, pp.79-80.
7 Ibid.

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embargo, la Doctrina Social de la Iglesia no constituye ni puede ser
considerada como una teoría político-económica que conforme una
alternativa válida entre marxismo y capitalismo.
Haciendo caso omiso de la polémica que en su momento desató la
opinión papal, creemos que es necesario recurrir a los ejemplos que la
propia historia nos brinda.
El capitalismo comienza a gestarse embrionariamente durante la
Edad Media, aún antes de su declinación y que asomara la Modernidad
en el horizonte de la historia. Sobre todo cuando en el cristianismo
penetra la influencia del espíritu ávido de riqueza de la burguesía. Recibe
un fuerte espaldarazo cuando la economía, que estaba sujeta, pasa a
transformarse en una economía orientada exclusivamente por el lucro
y la avaricia. La avidez por la riqueza es un fenómeno que nació desde
que el hombre comenzó a comerciar, al respecto recordemos la mala
fama que tenían de los antiguos mercaderes mediterráneos. Si bien en
la Antigüedad la economía estaba basada en normas distintas de sí
misma –culturales, religiosas, jurídicas– con el advenimiento del cristia-
nismo se produjo la conjunción de éste con la cultura grecorromana y
así el Derecho Canónico ejerció su influencia moderadora sobre la eco-
nomía hasta fines de la Edad Media.
Juan Calvino, que adhirió a la postura rebelde de Lutero, conformando
más tarde su propia iglesia, afirmaba que el hombre próspero en los
negocios terrenales estaba bendecido por Dios y predestinado a la sal-
vación, constituyendo esta singular concepción tierra propicia para el
capitalismo naciente. Por ello la prosperidad se erige en el valor dominan-
te de la sociedad burguesa, pues ella cree más en el dinero que en la fe
y los gobernantes, deudores del primero, reverencian el poder antes que
la humildad y el bien común. Progresivamente y en la medida en que
crecía el incipiente liberalismo, el mismo se va deslizando cada vez más
hacia el despotismo. ¿Por qué acontece este fenómeno en una doctrina
en que la libertad tendría que ser su más preciado bien y guía? Al respecto
es interesante la opinión de Nietzsche acerca del liberalismo: “Las insti-
tuciones liberales dejan de ser liberales una vez conquistadas: después
no hay peores enemigos de la libertad, enemigos más sistemáticos, que
las instituciones liberales. Liberalismo significa hacer a los hombres ani-
males de rebaño” 8 Ocurrió que las libertades y privilegios que fue per-
diendo la nobleza fueron consolidando el poder absoluto de los reyes

8 Nietzsche, Federico, El ocaso de los ídolos, Buenos Aires 1998, p.74.

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y éstos, a su vez, favorecieron a la burguesía. En escasos años y en razón
de la interconexión que existe entre la mayoría de los acontecimientos
políticos y religiosos con la economía, también ésta se transforma, ha-
ciéndose absoluta, y las teorías que sustenta se convierten en un nuevo
decálogo. Porque el bienestar y el éxito económico adquieren un matiz
religioso para la pujante burguesía europea. Y este espíritu conquista a
los gobiernos, los que poco a poco dan prioridad a la razón de estado
económica en detrimento de la libertad. En el aspecto confesional, de
la buscada y pretendida tolerancia se terminó en la xenofobia religiosa
y en las guerras que la misma produjo, ya que éstas se produjeron no
sólo por razones religiosas, como es obvio, sino también por razones
económicas.
John Locke, considerado por algunos como el padre del liberalismo
político, en sus escritos acuña la consigna de “Liberty and Property” y
en el continente –Francia– sus filósofos se encargan de difundirla. Adam
Smith es recordado por su teoría de que en economía la política guber-
namental debía limitarse a no intervenir en ella, facilitando que la misma
desarrollase sus capacidades comerciales, el trabajo y el capital. Sin
embargo, pocos recuerdan la contracara de estos principios, que fueron
expresados por el propio Smith cuando critica la rapacidad y el excesivo
espíritu de lucro de los mercaderes, considerando que ninguna sociedad
será próspera y feliz cuando la miseria esté enseñoreada en la misma.
Pese a estas opiniones, el sistema del economista escocés no deja de
ser más que el ideal puritano proyectado en lo que podríamos denomi-
nar una ética económica, en donde el enriquecimiento se convierte en
la causa de la actividad de los hombres, en la misma tierra éstos reciben
las recompensas y los castigos de sus labores y desvelos. La riqueza para
los buenos o trabajadores y la miseria para los malos u ociosos.
La Revolución Francesa, que constituyó uno de los numerosos hitos
que pretendieron reescribir la historia terminó, sin embargo, realizando
lo que había comenzado a gestarse durante las monarquías absolutas.
En Francia, la desaparición de los remanentes del quebrado orden feudal
que en algunas instituciones aún sobrevivían. En pocos años durante
la última década del siglo XVIII se extingue la libertad de cultivo, el de-
recho de cercamiento y queda abolido el derecho de pastoreo. Se termi-
naron así las viejas servidumbres, pero a costa del empobrecimiento de
las clases más desposeídas y el enriquecimiento de la burguesía rural.
El universo de la filosofía estuvo también influido por las ideas econó-
micas. Para Kant la miseria de los pobres (encadenados por la indigencia)

GLADIUS 83 | AÑO 2012 53


y la de los ricos (dominados por su avaricia) constituye una situación
que sobrepasa a unos y a otros, pudiéndose convertir en condición para
el desarrollo de las facultades humanas. Hegel, otro fiel exponente de
la ética protestante, elogia la santidad de la riqueza aceptando la desi-
gualdad que la misma produce. Lo que nos permite comprobar que
ambos filósofos, sin ser liberales, justifican del poder de la riqueza y la
economía como una verdad incontrastable.
En el siglo XIX el liberalismo engendra a su más feroz oponente: el
comunismo, que cuando alcanza el poder encarna el totalitarismo inmi-
sericorde en su máxima expresión. Ya que poseyó el monopolio del
poder político, económico, doctrinal y de fuerza como sostiene Fernández
Sabaté, constituyendo una doctrina que destruye al hombre como per-
sona y a la libertad como valor, entre sus muchos e incontables desacier-
tos, procurando por todos los medios que la humanidad pierda el sentido
trascendente de su propia existencia en aras de la utopía de un reino
terrenal definitivo y feliz.
André Piettre afirma que las civilizaciones nacen en la tutela y mueren
en la esclerosis, lo que es similar a otra de sus concepciones. Que ellas
nacen en lo sagrado y mueren en el estatismo. Parafraseando a este
autor consideramos que en la economía ocurren fenómenos similares.
Ya que generalmente las diversas formas de economía nacen en lo sa-
grado, alcanzan la libertad, abusan de ella y vuelven a lo sagrado. Sea
la sacralidad estatal o de las teorías económicas que constituyen una
novedosa y a la vez una antigua forma de hacer sagrado lo profano,
como la constituyen las tendencias y doctrinas económicas post-mo-
dernas.
Puede reducirse todo esto una cuestión extremadamente simple. El
pensamiento liberal post-moderno, en la mayoría de los acontecimientos
que promueve o es actor, siempre procura algo muy concreto: el dominio
del mundo mediante la globalización, estableciendo sin ningún escrúpu-
lo o miramiento réprobos y elegidos, combatiendo por todos los medios
a quienes considera sus enemigos naturales: la religión y el nacionalismo,
tal como puede advertirse en aquellos que pregonan un nuevo orden
mundial. Este orden preconizado y alabado profusamente no ha nacido
ayer, sino que comenzó a gestarse a partir de los años setenta, aunque
sus primeros antecedentes los hallamos a fines de la primera conflagración
mundial. Se conformó en la década del setenta antes mencionada la
Comisión Trilateral –América del Norte (Canadá y Estados Unidos),
Europa Occidental y Japón– que pretende establecer ese nuevo orden

54 AÑO 2012 | GLADIUS 83


a través de un dirigismo mundial, desarrollado y sostenido por las em-
presas multinacionales, favoreciendo aquellas economías que resulten
complementarias de las grandes naciones industrializadas, reservándose
ellas las tecnologías modernas o de punta. Aunque actualmente, habría
que considerar qué rumbo tomarán la Comunidad de Estados Indepen-
dientes, China y otros estados. En ese orden muchos pueblos, naciones,
por no decir continentes enteros, estarán sometidos al capitalismo mo-
nopólico empresarial. Se busca superar la soberanía y las fronteras de
las naciones, todos somos habitantes de la aldea global pero no en
igualdad de condiciones, sino que los hombres estarán al servicio de
los dueños de las empresas y de la riqueza. La corrupción se ha trans-
formado en un excelente método para minar los estados, los gobiernos
y hasta la misma democracia. Así ésta, que es la menos imperfecta y
endeble forma de gobierno y vida, se ha transformado en un sistema
de dominio espurio y corrupto, que habiendo sido vaciado de su conte-
nido ético tiende progresivamente al despotismo que pretende acabar
con nuestra cultura y nuestra libertad.
Mucho se ha dicho y escrito sobre la muerte de las ideologías, pero
debemos preguntarnos: ¿el trilateralismo no es una nueva forma de
ideología? Incluso no es aventurado afirmar que éste consideró al
comunismo como un socio, ya que para sus más conspicuos seguidores
el conflicto real no era entre Oriente y Occidente sino entre los países
desarrollados y los que no lo eran.
Por ello no es novedad que en ciertos círculos intelectuales, el comu-
nismo fuese considerado en una perspectiva muy particular. Respecto
de él, expresó Brzezinski: “El marxismo es una victoria de la Razón sobre
la Fe [...] Representa una etapa vital y creadora en la maduración de la
visión universalista del hombre” 9. Augusto Del Noce expresa: “Es un
hecho el que la revolución gramsciana del comunismo se encuentra con
la evolución del capitalismo, la renuncia del comunismo a la mentalidad
mesiánica coincide con la renuncia de la burguesía al moralismo. Se
establecen así las condiciones para la integración del comunismo a la
sociedad democrático-burguesa” 10. Y como transcurre la historia en
estos tiempos, no puede negarse la veracidad de lo expresado por Del
Noce.

9 Citado en Enrique Laje, El Nuevo orden mundial y el Cristianismo, Buenos


Aires 1992, pp.137-138.
10 Citado en Alfredo Sáez, La Perestoika, Buenos Aires 1991, p.103.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 55


Hoy está completamente desnaturalizada aquella antigua cuestión
que para la escolástica era fundamental, el significado del poder y de
la fuerza. El primero, a través del gobernante y éste con el auxilio del
derecho, debían ser herramientas para procurar el bien común. Por ello
el poder político dependerá del derecho y éste, a su vez, de la justicia.
Y la fuerza será el instrumento necesario para que dicho bien abarque
a la mayoría de los hombres e instituciones, esta cuestión está totalmente
olvidada y completamente desahuciada. Así nos encontramos que la
política ha sido sustituida por una economía, prácticamente sagrada,
exigente en la fe para sus dogmas e intolerante en la exigencia en el
cumplimiento de sus mandamientos.
Los propósitos de establecer reinos terrenales de carácter absoluto
son muy antiguos, y en ellos se advierte la intención, tácita o expresa,
de conformar a un hombre nuevo, de recrear al mundo y establecer una
historia consciente de acuerdo a criterios puramente humanos, escarne-
ciendo la trascendencia del hombre. Esto constituye la exacerbación de
la soberbia, nacida de aquel viejo engaño del Maligno que prometió “y
seréis como Dios” .
La sociedad, la política, la economía y, en general, la cultura toda
tienen su deuda con lo divino. Ya que la religión ha sido la condición
histórica del origen y existencia del estado en Occidente, sostiene Guar-
dini. Si aceptamos nuestra deuda con la religión, la misma existe, aunque
esa acreencia se ha transformado radicalmente. Puesto que la nueva
trinidad de materialismo-hedonismo-globalización constituye el nuevo
dios profusamente adorado con la insensatez propia de aquellos que
han puesto en el mundo todas sus esperanzas.
Asistimos hoy, en contraste, a la constante y continua prédica de la
democracia, del derecho al voto y de los derechos humanos, para deter-
minados grupos que responden a ideologías presuntamente superadas,
pero siempre latentes. Sin embargo poca protección tiene el niño por
nacer, la mujer es considerada como objeto sexual y se nos ha hecho
olvidar el término libertad en su significación como valor, como si la
misma fuese un concepto pequeño-burgués. Observamos la entronización
de nuevos totalitarismos, que en nada se parecen a los que ya han exis-
tido en la historia de la humanidad. Aunque parezca anacrónica nuestra
tarea, si efectuamos una recorrida desde el siglo XVII hasta los absolutismos
y totalitarismos contemporáneos. Unos y otros gozan de buena salud,
podemos comprobar que en este largo período histórico buena parte

56 AÑO 2012 | GLADIUS 83


de las teorías y doctrinas políticas concebidas en él han contribuido a
la decadencia del mundo moderno.
Este proceso no comienza puntualmente con el advenimiento de la
Modernidad, sino que se inicia en el hontanar del nominalismo. Ya que
las teorías de Ockham fueron el inicio de la debacle filosófica de Europa
y al existir en ésta una vieja tradición de enfrentamientos políticos y
religiosos, los conflictos de esa naturaleza, previos a la Reforma, –Wycliff,
Huss, Karlstadt– y ésta por el protagonismo de los reformadores, se
manifestaron en corrientes de pensamiento que fueron llevando a los
hombres al ateísmo, sobre todo por la conjunción del pesimismo político
de Maquiavelo y el religioso-antropológico de Lutero.
Rommen efectúa un meduloso análisis acerca de los totalitarismos.
Para él existe una vinculación entre aquellos y el humanismo antropo-
céntrico que, progresivamente, fue pasando de la laxitud religiosa al
ateísmo. Como el resultado de una concepción en la que a Dios se lo
aparta de la vida del hombre y éste, a su vez, se diviniza. Pero la divinidad
humana rápidamente cede su lugar a la del estado, transformándose el
mismo en totalitario, adquiriendo las características de un dios y la ideo-
logía que lo sustenta en una religión de la inmanencia. Ya que los tota-
litarismos vienen a llenar los vacíos de la religiosidad insatisfecha del
hombre. Este planteo, lo podemos confirmar en la expresión de Nietzs-
che, “Casi dos milenios y ni un nuevo dios”, ante el espectáculo de la
decadencia europea de fines del siglo XIX.
El problema del totalitarismo continúa siendo una cuestión vigente,
ya que sigue existiendo la vacuidad en el espíritu de los hombres y en
el de nuestra cultura. Hoy más que nunca el ateísmo omnipresente pero
con ribetes científicos, debemos aclarar, hace que ya no se crea en Dios,
pero se han forjado nuevos ídolos que pretenden sustituirlo. Y todos
ellos participan de una característica común: la inmanencia. Al respecto,
es importante tener en cuenta el pensamiento de Antonio Gramsci. El
mismo considera al marxismo, fundamentalmente, como un materialismo,
así éste se convierte en una religión secular e inmanente.
La teoría gramsciana tiene un carácter totalitario y materialista que
pretende desacralizar al hombre y al mundo, elevando al primero como
una divinidad secular y pretendiendo acabar con la idea de Dios. Busca
la generalización de una cultura secular e inmanente donde no existirá
trascendencia alguna. Para su logro el Príncipe moderno –el partido–,
también podría serlo la vacua democracia que hoy vivimos, como hege-

GLADIUS 83 | AÑO 2012 57


monía de coerción asegurará la laicización de la vida y las costumbres,
para obtener una forma superior y total de civilización moderna, o sea
el materialismo en toda su fuerza y esplendor. Para Gramsci no era
imposible la conjunción del liberalismo con el socialismo, ya que las
ideas límites del primero son las ideas mínimas del segundo. Esta afir-
mación permite comprobar que dentro de la inmanencia ambos caben.
Colom y Mèlich sostienen que en la cultura post-moderna los mínimos
han conquistado a los máximos, lo que nos permite inferir que más que
conquista propiamente dicha, estaríamos ante la unión de las ideas li-
berales y marxistas que necesariamente se manifiestan en nuevas formas
culturales y un nuevo “sentido común” que se pretende imponer. Es
importante tener en cuenta el pensamiento de Molnar, que acertadamen-
te expresa: “De tiempo en tiempo se esparce entre los hombres la creencia
de que es posible construir una sociedad ideal. En consecuencia, comienza
a tocarse a rebato a fin de que todos se congreguen a edificarla: el reino
de Dios sobre la tierra. A pesar de su aparente atractivo, se trata de una
fantasía delirante con la impronta de su lógica demencial. La verdad es
que la sociedad está siempre inacabada y siempre en transformación,
de suerte que en sus problemas clave no pueden ser resueltos mediante
una ingeniería social. Pero para reconocer esta verdad el hombre debe
conquistar, una y otra vez, su libertad. Mientras tanto, en los intervalos,
sucumbe a ese sueño de una humanidad definitivamente petrificada en
su orgullo planetario. Tal sueño –el utopismo– conduce a la negación
de Dios y a la autodivinización –esto es a la herejía” 11
Los totalitarismos del siglo XX, consubstanciación de estado y socie-
dad civil, han sido derrotados. Pero sobre sus cenizas se levantan victo-
riosas las empresas multinacionales como una de las nuevas formas de
des-potismo, pero con la bendición económico-democrática que las
hace aparecer como forjadoras de un mundo técnicamente perfecto
cuando en realidad son un nuevo Leviatán sediento de poder. Curio-
samente, la nueva consubstancialidad existente y que pretende imponer-
se –mercado y sociedad civil– está fomentada por ciertos estados y
grupos de poder e interés que pretenden que perdamos nuestras tradi-
ciones, nuestros valores y nuestra fe y de esta manera poder dominarnos
más fácilmente.
Esta nueva forma de despotismo, camuflado con ropaje tecnológico
y democrático, no es más que otro intento de edificar la ciudad terrena

11 Molnar, Thomas, El utopismo, la herejía perenne, Buenos Aires 1970, p.7.

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que desde hace siglos se procura fundar definitivamente. Por ello no
debemos olvidar que el destino final de los hombres es una Ciudad que
pese a su intangibilidad es real, pero en este mundo será siempre pere-
grina. A poco del inicio del nuevo milenio muchos políticos, tecnócratas
y economistas están convencidos de que las nuevas formas político-
económicas han sido construidas para la eternidad. Cuando en realidad
esas aparentes construcciones racionales no dejan de ser, en la mayoría
e innumerables oportunidades, simples o complejos mitos que nos so-
juzgan con la pretensión de que los hombres olvidemos nuestro destino
trascendente.
Hoy Occidente parece que viviera un sueño, o mejor dicho una pe-
sadilla. Los países del Norte han construido una ciudad amurallada,
como las que se describen en los relatos de ciencia-ficción. Ella es in-
mensa, dotada de todas las perfecciones de la ciencia y de la técnica,
en donde cada vez más se está perdiendo el sentido de la humanidad,
del sacrificio, de la solidaridad. Con poblaciones cada vez más viejas y
también más egoístas, donde tres divinidades dominan la ciudad: el
sexo en todas sus formas y desviaciones, la droga para satisfacer el sin
sentido de la vida, y la riqueza, a la que se adora y se le rinde profuso
culto a través de la religión de la economía.
Cada día más esta ciudad se va alejando del resto de la humanidad,
sin comprender que difícilmente podrá sobrevivir en un aislamiento
hedónico y egoísta. Desgraciadamente estamos regresando a las viejas
situaciones que describiera Foustel de Coulanges.
Ya que no solamente hemos renegado del Dios verdadero, sino que
también nos hemos construido ídolos de los que no somos hijos sino
esclavos de la utopía de una sociedad opulenta y feliz.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 59


Novedad
reedición corregida y aumentada

ALFREDO SÁENZ

CRISTO Y LAS
FIGURAS BÍBLICAS
Incluye
EL MISTERIO DEL TEMPLO Y LA CONSAGRACIÓN DEL ESPACIO
EL MISTERIO DE LAS FIESTAS Y LA CONSAGRACIÓN DEL TIEMPO

460 páginas
En torno a una cultura argentina *
Juan Luis Gallardo

El asunto que voy a desarrollar está sembrado de equívocos y de


conceptos que requieren aclaración antes de avanzar a su respecto.
Procuraré entonces ir dilucidando esos equívocos y formulando esas
aclaraciones para arribar, finalmente, a un par de conclusiones razonables,
aunque quizá no muy asertivas que digamos.

El primer punto a dilucidar consiste en establecer qué es la cultura.


Los funcionarios de las reparticiones oficiales dedicadas al tema afirman
que “cultura es todo”, para dilatar así el área de su competencia asimilando
la cultura a la vida. Con lo cual incluyen en el ámbito cultural los cuadros,
los conciertos, la poesía, pero también las marchitas de las murgas en
carnaval, los insultos de las tribunas domingueras y las inscripciones
chanchas de los mingitorios ferroviarios.
A mí no me convence tal concepción de la cultura. Entre otras cosas
porque las definiciones demasiado amplias no definen nada. Procuraré
entonces ajustarme a un criterio más limitativo y más útil al efecto de
aclarar el caso. Así empezaré por señalar que el término cultura tiene
origen romano y se vincula con el cultivo de la tierra, en su acepción
agraria, chacarera. Y, como los romanos eran gente seria, parece prudente
analizar el sentido otorgado por ellos a la palabra, con intención de

* Conferencia pronunciada en el Centro de Estudios Universitarios el 1º de no-


viembre del 2011.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 61


empezar a tratar el tema por el principio. Tarea que me animo a emprender
fundado en el hecho de haberme criado en el campo, cerca de la estación
Pirovano, partido de Bolívar, provincia de Buenos Aires, zona agraria
si la hay.
Hemos de advertir, por lo pronto, que el cultivo de la tierra supone,
siempre, trabajo, refinamiento. Y que aquel que no ha sido cultivado es
campo bruto. Lo cual excluye del área de la cultura las manifestaciones
que no sean producto del trabajo y el refinamiento. De modo que cultura
no es todo.
Además, conviene reparar en que nadie cultiva yuyos ni plantas
dañinas como el chamico, el abrepuño o el sorgo de Alepo. Detalle que
viene a excluir las expresiones puramente espontáneas (yuyos) y muy
especialmente aquellas que sean aberrantes (plantas dañinas).
Observamos asimismo que en todas partes del mundo se siembra y
se cosecha en determinadas épocas del año. Y que las formas de labrar
la tierra son análogas, de modo que los arados que empleaban los egip-
cios no eran muy distintos de los que utilizaban los aztecas. Circunstancia
que informa sobre la existencia de una cultura universal, patrimonio de
la especie y fruto del refinamiento del espíritu humano. Sin perjuicio de
resultar la misma modificada por las singularidades propias de cada
pueblo, de la misma manera que el clima y la calidad del suelo influyen
sobre la agricultura de cada lugar del planeta, modificándola.
Resumo, entonces:

1) La cultura, siendo labranza, supone trabajo, refinamiento.

2) Como nadie labra la tierra para sembrar malezas o multiplicar


plagas, excluye las manifestaciones puramente espontáneas o aberrantes.

3) Por cuanto los métodos de labranza son análogos en todo el mun-


do, se deduce que hay una cultura universal, patrimonio de la especie
humana.

4) Sin perjuicio de ello, tal cultura universal se va especificando en


virtud de la Historia, el genio de la raza, el temperamento y la geografía
de los distintos países, hasta dar lugar a la propia de cada nación.

62 AÑO 2012 | GLADIUS 83


II

Asentado cuanto antecede, ha llegado el momento de preguntarse


¿se puede hablar de una cultura argentina, de una cultura nacional
argentina? No lo sé. Al menos no lo sé con certeza. Pues la nuestra es
una cultura ambigua que, al principio, fue la de España y, después, una
cultura mimética, que procuró imitar las de Francia e Inglaterra. Pero
ocurrió también que la cultura de España no la recibimos como un
conjunto homogéneo que se mantuvo inalterable, sino que fue absor-
biendo elementos locales que la modificaron (los rudimentos culturales
indígenas, la influencia del clima y de la organización social) imprimiéndole
perfiles propios (el barroco americano, la arquitectura colonial, el arte
jesuítico). Y ocurrió también que esa cultura mimética que mencioné
no fue completamente imitativa ni mucho menos.
Respecto a esto último resulta un ejemplo gráfico el de la llamada
Generación del 80. Amada por los liberales o criticada por los naciona-
listas. Y que, a mi entender, no debe ser amada ni criticada en exceso
o, al menos, no debe ser ensalzada ni denigrada sin formular salvedades
fundamentales. Y que, en lo que atañe a nuestro tema, es cierto que
miró mucho a Europa pero también es cierto que resultó muy argentina
y que tuvo una profunda preocupación por el país, reflejada en su obra
y en sus obras.
Mi bisabuelo materno, Ignacio Pirovano, fue una figura representativa
de la Generación del 80 (su biógrafo, el doctor Vacarezza, lo llamó “El
Cirujano del 80”) y hay que ver con qué fervor patriótico escribía desde
París, donde perfeccionaba sus estudios, refiriéndose a adelantos
científicos que anhelaba traer al país para contribuir a su progreso.
Pues bien, pese al carácter ambiguo de nuestra cultura, lo cierto es
que la Argentina imprime carácter y eso se refleja en la producción
cultural de sus hijos. Para ilustrar lo que digo suelo señalar que hay po-
cas cosas menos definidas que un pueblo de la provincia de Buenos
Aires: la misma estación ferroviaria construida por los ingleses, las mismas
casa de ladrillo visto alzadas por alarifes italianos, la misma municipalidad
de estilo futurista, la misma iglesia vagamente neogótica, los mismos
paráisos podados con saña, la misma estación de servicio pintada de
escarapela (pintada ahora de verdeamarelho como la camiseta de la
selección brasilera), la misma plaza con bancos de listones, centrada
por el monumento a la madre, de Perlotti, las mismas calles barridas

GLADIUS 83 | AÑO 2012 63


por el pampero, el mismo club social y deportivo donde se toma vermouth
y se apuestan novillos a la generala o al monte criollo. Sin embargo,
digo, pese a la indefinición que caracteriza a un pueblo de la provincia
de Buenos Aires, basta verlo para saber que se trata de un pueblo de
la provincia de Buenos Aires. Y lo identificaríamos como tal aunque
estuviera plantado entre las colinas de Escocia o en las Landas de
Aquitania.
Con nuestra cultura sucede lo mismo. Porque, en efecto, hay un
cierto estilo argentino, aunque se trate de un estilo discreto, de medios
tonos y convenciones tácitas. Pero característico y reconocible. Al menos
en literatura y en pintura, que son disciplinas que conozco un poco
mejor. La Argentina, repito, imprime carácter. Un carácter ambiguo y
diluido pero peculiar. Que confiere incluso al extranjero o al hijo de
inmigrantes que se afinca en esta tierra. Paul Groussac era francés. Y
sus libros fueron bien argentinos. Fernández Moreno se educó en España.
Macedonio Fernández y Roberto Arlt eran auténticos recienvenidos.
Como Leonardo Castellani y los pintores Della Valle, Ripamonte, Colli-
vadino o Quinquela, que se escribía Chinchela.
De modo que, pese a mis dudas, me inclino por admitir que haya
una cultura argentina. Que se parece mucho a la misma Argentina, un
país respecto al cual cabe preguntarse si ha terminado de fraguar como
nación. Y, aunque indudablemente sea conveniente contribuir a que la
Argentina fragüe como nación, respecto a la materia que estoy tratando
quizá sea oportuno preguntarse si también es conveniente terminar de
forjar una cultura argentina, reforzando sus características y acentuando
su personalidad. A eso voy.

III

¿Conviene, en efecto, contar con una cultura propia, con una cultura
nacional? ¿O, por el contrario, se trataría de renunciar a ello y, diluyendo
perfiles propios, sumergirse en las aguas de una cultura universal,
planetaria y uniforme?
Plantear esta disyuntiva no es una fantasía caprichosa, aunque lo
parezca. Porque la posibilidad de que se consolide una cultura universal
no sólo existe como planteo utópico y como fantasía literaria sino,
especialmente, como contingencia planteada en los hechos, derivada
de la perspectiva de aquello que se ha dado en llamar La Aldea Global.

64 AÑO 2012 | GLADIUS 83


Es verdad que, cuando Kissinger o Brzesinsky formulaban la posibilidad
de un Nuevo Orden Mundial, no incluían la cultura dentro del mismo
y hasta la excluían expresamente, señalando que el orden propuesto
respetaría las peculiaridades propias de las diversas comunidades
involucradas en él. Sin embargo, pese a tales salvedades, es evidente
que un orden de alcance planetario, impulsado por potencias hegemó-
nicas, inevitablemente traerá aparejada una creciente homogeneización
cultural al difundir por el globo la cultura de la potencia rectora.
No es esto, insisto, una mera especulación teórica. Basta mirar en
torno para verificar que el fenómeno está en pleno desarrollo. Escuchemos
la música que oyen los jóvenes del mundo, sus ritmos, sus letras, los
instrumentos empleados para ejecutarla. Observemos cómo se visten
esos jóvenes, uniformados por sus blue jeans, sus zapatillas deportivas
y sus gorritos de pitchers. Reparemos en el diseño de los carteles publi-
citarios, en el idioma de las frases destinadas a vender productos de
consumo masivo. Y en la naturaleza de tales productos (hamburguesas,
gaseosas, teléfonos celulares, series de televisión). Detengámonos en el
novísimo idioma creado por la cibernética y difundido por Internet.
Analicemos también expresiones más evolucionadas de la cultura, co-
mo ser las fórmulas políticas de acatamiento obligatorio, la concepción
vigente de los Derechos Humanos, la tendencia a establecer verdades
cuyo único fundamento sea estar basadas en el consenso. Todo lo cual
nos estará indicando que efectivamente se está concretando la posibilidad
de una cultura planetaria, cuyas principales características responden a
la de las naciones que rigen el mundo. Y si no me creen, interroguen
sobre el particular a los deudos del coronel Gadhafi.
Es verdad que, incluso en el Primer Mundo, se están multiplicando
las protestas contra ciertas expresiones del orden planetario. Basta reparar
en las multitudes que se declaran “indignadas” para comprobarlo. Pero
dichas propuestas, por el momento, resultan caóticas y contradictorias,
no estando siquiera en claro si pretenden un reemplazo de la situación
vigente o desean más de los mismo, eso sí, con una mayor participación
de los protestatarios. De Mayo del 68 quedaron pocos rastros, pese a
que sus consignas resultaban más inteligentes que las enarboladas ac-
tualmente.
Pero, en todo caso y fuere cual fuere la suerte que corran las rebelio-
nes de los indignados y el tenor de sus exigencias, creo que sabemos
de qué estamos hablando cuando nos referimos a las pautas de la Aldea
Global. De modo que de lo que se trata es de formular un juicio de

GLADIUS 83 | AÑO 2012 65


valor a su respecto. O sea de opinar y tomar partido en cuanto a consi-
derar buena o mala la perspectiva de un mundo uniformado conforme
a las referidas pautas. Declararnos, en una palabra, partidarios o adver-
sarios de ese tipo de cultura, expansiva y homogeneizante.
De tal toma de posición surgirá, a contrario sensu, la postura que
hayamos de adoptar en lo que se refiere a la conveniencia de forjar o
robustecer una cultura nacional, propia, y a las características que pro-
pongamos para la misma.
Si aceptamos la oferta cultural que se nos presenta para ser instalada
en el mundo, no vale la pena esforzarse por contar con una cultura na-
cional diferente a ella. Si, por el contrario, nos desagrada esa oferta, el
camino para oponerse a su expansión planetaria será robustecer una
cultura propia. Cuyos rasgos habrá que delinear.

IV

Ante la disyuntiva expuesta prefiero la cultura argentina a la de la


Aldea Global. Prefiero esta cultura nuestra, ambigua como un pueblo
de la provincia de Buenos Aires y como la misma República Argentina,
en contraposición a la cultura que va definiendo al Nuevo Orden Mundial.
Que es una cultura de verdades contingentes y establecidas por consen-
so, de religiones intercambiables, de la fealdad admitida en el plano de
las Bellas Artes, del encumbramiento de antihéroe, de la involución
respecto a las reglas literarias, de abdicar la noble facultad de censurar
ejercida por las autoridades civiles y religiosas, de la familia promiscua
y acéfala, del matrimonio por un rato, de la abolición de las fronteras
nacionales y, consecuentemente, de la virtud del patriotismo, del coraje
presentado como machismo, de la autenticidad antepuesta a la autoexi-
gencia, de la poesía sin música y de la música sin melodía...
Si esa es la cultura de la Aldea Global, no me cabe duda en cuanto
a que prefiero la cultura nacional, la nuestra, la argentina… Pero, eso
sí, en tanto resulte diferente y contrapuesta a aquélla.
Y aquí es donde surge una duda angustiosa: ¿resulta muy distinta la
cultura argentina actual de la inherente al Nuevo Orden Mundial? Me
temo que no. Y, aquejado por ese temor, arribaré a las conclusiones
finales de este trabajo.
Cautelosamente, midiendo cada paso, procurando equivocarme
poco, diría lo siguiente:

66 AÑO 2012 | GLADIUS 83


I. En contraposición a la cultura que informa el avance hacia un
Nuevo Orden Mundial, conviene fortalecer una cultura argentina.

II. Cabe optar por ella conforme a dos motivos: a) por una razón de
autenticidad, pues es la que respondería mejor a nuestra índole, a nuestro
temperamento, a nuestra tradición, a nuestros paisajes y a nuestra His-
toria. b) por una razón táctica, pues ofrece mayores perspectivas de
éxito librar la lucha en el campo circunscripto de la propia tierra que
intentar hacerlo en escala internacional (es más fácil empezar por aquí,
con ánimo expansivo).

III. Sin embargo se trata de fortalecer la cultura nacional en tanto


resulte diferente y mejor que aquella difundida por el Nuevo Orden
Mundial. Y, para ello, será necesario proceder a una cuidadosa selección
de sus componentes, subrayando sus mejores aspectos y redefiniendo
sus contenidos y propósitos.
Lo que propongo, en una palabra, es que tengamos el coraje de
practicar un juicio de valor respecto a la obra de nuestros artistas e
intelectuales, analizando cuanto tenga de rescatable y desalentando
cuanto tenga de censurable. El coraje de señalar lo bueno y lo malo
que tengan un libro, una película o un cuadro. El coraje de colocar una
obra en el lugar debido. Que, en algún caso, podría ser el tacho de
basura. Donde yo colocaría, por ejemplo, la producción de León Ferrari.
¿Es esto discriminar? Desde luego, ya que la discriminación es una de
las facultades más eminentes que posee el espíritu humano. Y vuelvo
al principio de esta exposición para justificar lo que digo: el cultivo
agrario no incluye criar yuyos ni plantas dañinas. A los yuyos y a las
plantas dañinas se las arranca. Y, con tal fin, hay que empezar por
conocerlas e individualizarlas. Eligiendo entre el cereal y el chamico.

IV. Establecida la conveniencia de contar con una cultura propia y


delineadas sus características, conviene dedicar un párrafo a aquello
que, elusivamente, se ha dado en denominar diversidad cultural de los
pueblos originarios. A la que sería preciso respetar, según surge de la
nueva denominación impuesta al Día de la Raza.
Alcanzado este punto, es preciso advertir que nada tiene que ver la
cultura nacional con la atribuida a los pueblos originarios. Porque la
cultura argentina deriva de la traída aquí por España y no es tributaria
de los rudimentos culturales indígenas. ¿Por qué son así las cosas? Sen-
cillamente porque los indios, al llegar Colón, apenas habían superado

GLADIUS 83 | AÑO 2012 67


la Edad de Piedra, desconocían el lenguaje escrito, los rudimentos del
Derecho y el uso de la rueda, amén de rendir culto a oscuras deidades
sanguinarias que, en muchos casos, exigían se les tributaran sacrificios
humanos.
Y ocurre que las culturas superiores absorben a las inferiores. Motivo
por el cual una cultura derivada de la griega y la romana, y que florecería
en el Siglo de Oro español, absorbió a la que hallaron los conquistadores
al pisar tierra americana, tomando de ella sólo algunos detalles y matices.

V. Más o menos aclarado qué debe entenderse por cultura nacional,


quiero poner fin a este trabajo señalando la responsabilidad que nos
alcanza respecto a difundirla. Tarea que cabe considerar como un deber
para los argentinos que hayan recibido de lo alto la vocación y la aptitud
requeridas para actuar en el campo cultural.

Tal vez resulte oportuno recordar que poseer una vocación no es


privilegio reservado a curas y monjas o, en todo caso, a médicos y pe-
riodistas como algunos suponen. Vocación tenemos todos. Cada uno
la suya. Hay, en efecto, una vocación de sacerdote. Pero también una
de soldado, de banquero, de poeta, de jugador de fútbol, de político,
de campesino. Y de investigadora o de ama de casa. Que, sin ser incom-
patibles entre sí (hay investigadoras que son amas de casa y soldados
que son poetas), indican las aptitudes de cada uno y constituyen un
indicio claro de cuál es el cometido que la providencia les ha asignado.
De manera que, como corolario de cuanto antecede, se puede sos-
tener que, efectivamente, los argentinos convocados por su vocación
para ello deben consagrarse a la tarea de redefinir la cultura nacional y
procurar su difusión. Obligación apremiante, encaminada a contrarrestar
la marea perniciosa que se extiende por el mundo globalizado que nos
rodea.
¿Qué perspectivas de éxito ofrece esta tarea urgente? No lo sé. Pero
tampoco importa mucho saberlo. Lo que se nos pide es afrontarla, cada
cual conforme a sus posibilidades, desde una posición ventajosa o desde
un pequeño reducto, hablando, escribiendo, asumiendo el oficio de
cómicos de la legua (de saltimbanquis del pensamiento, como definí
alguna vez a quienes practicamos este arduo cometido). Y ello para
evitar que se apague una antorcha que ha sido puesta en nuestras ma-
nos. Para que no se extinga el pabilo que humea. Así habremos cumplido
nuestra parte. Que no es poco decir.

68 AÑO 2012 | GLADIUS 83


El escudo de la fe en Malvinas
A 30 años de la gesta

Nicolás Kasanzew

Desde el vamos, no tuve ninguna duda sobre el sentido profundamen-


te espiritual, amén del histórico y político, que iba a tener la guerra de
Malvinas.
Con cada día que pasaba, percibía con mayor fuerza que estabamos
inmersos en una suerte de campo magnético, capaz de elevar las almas
hacia lo sublime y eterno. Ya el 4 de abril creí advertirlo en algo a primera
vista quizas irrelevante: mi colega y amigo, el “Loco” Daniel Mendoza,
calavera de las mil y una novias, comulgaba con verdadera unción du-
rante una misa de campaña en Puerto Argentino.
Después de la guerra, el conscripto Fabián Blardone, del Regimien-
to 3, me decía: “La fe era como un escudo. Desde el momento que me
puse el rosario en el cuello, yo sabía que no me iba a pasar nada. Pero
si me pasaba, si moría, sabía que iba a estar en gracia de Dios, porque
habría muerto por la patria”.
Que la religión cumplió durante la Gesta Austral precisamente esa
función de escudo, me lo atestiguaron incontables combatientes.
Uno de ellos, Miguel Savage, conscripto del Regimiento 7 : “Estabamos
en el pozo, aguantando la artillería, había muertos afuera, heridos aden-
tro. Era un momento caótico, terrible, en cualquier momento moríamos.
Yo agarré el rosario y entré a rezarlo a los gritos, entre las bombas. Y
de golpe yo, y todo mi grupo, sentimos como una tranquilidad, algo
mágico, una paz interior que nos daba la certeza de que ibamos a volver
y que nuestras vidas iban a ser buenas. Fue algo muy lindo, sentimos a
Dios bien cerca. Y nuestro pensamiento en ese momento era: “Dios, si
Vos nos salvaste de esto, ahora en la vida te vamos a responder y te

GLADIUS 83 | AÑO 2012 69


prometemos ser fieles a la fe”. Esa experiencia fue como una cacheta-
da, para decirme: “Bueno, pibe, la vida tiene otro color”.
Y aquel escudo no solo protegía del enemigo, sino asimismo de las
pequeñas miserias de algunos representantes del propio bando. Como
me lo pintaba Carlos Alberto Chiarlini, otro conscripto del 7: “Veíamos
a un teniente que nos prepoteaba, a un sargento que no nos quería dar
de comer y se guardaba la comida para si mismo. Y uno decía, ¿en
quién confío? No tengo a nadie, el único que está es El... y bueno, me
aferro a Él”.
También se aferraban a Él en la hora de la muerte. El padre José
Fernández, coordinador de capellanes de Ejército, fue testigo de ello.
Estaba encargado de enterrar al último grupo de caídos argentinos,
unos 30 muertos de la batalla final. Acompañado por el capitan Videla,
llega al cementerio, donde ya lo esperaba el tanque británico Scorpion,
provisto de una pala mecánica, que había cavado la fosa pedida por el
capellán: de unos 15 metros de largo por 4 de ancho. En medio de la
greda, el padre Fernandez dió el responso y les habló a los conscriptos
que iban a hacer el penoso trabajo.
“Llorábamos todos –me relata el cura–. Los caídos estaban en bolsas
de plástico, cuando se descubre una de esas bolsas, el capitán Videla
se impresiona mucho y llama por señas al conductor del tanque: «Hey,
mister!». El inglés baja y se acerca. Entonces, el capitán le muestra el
cadaver y le dice por señas: «Mire cómo mueren nuestros soldados».
Ahí miré yo también. Se ve que el muchacho, que tenía su rosario al
cuello, en la agonía había llevado el crucifijo a su boca. Murió besando
la cruz de su rosario”.
El padre José Fernández fue la persona que mayor número de con-
tactos personales tuvo con los combatientes, recorría incansabletemen-
te las trincheras. Al conscripto Gustavo Luzardo, del Regimiento 7, le
dejó grabada está imagen: “Recuerdo al padre Fernández, vestido de
verde, su sonrisa, su consejo de amigo, sus palabras de consuelo. Sus
frases inolvidables. «Tomá hijo, tu caramelo, para cinco minutos de dul-
zura». «Tomá, aquí está tu cigarillo, para un minuto de placer». Confieso
que en el medio de la batalla, allá en el monte, cuando pensé que estaba
perdido, comí uno de sus caramelos y encomendé mi vida a Dios”.
El 24 de abril llegó a Malvinas el padre Jorge Piccinalli, un joven
sacerdote voluntario. Enseguida me impresionó vivamente su rostro
ascético, su fuerza interior, su misticismo. A lo largo de las jornadas se
fue robusteciendo cada vez más en mí la convicción de que así, de esa

70 AÑO 2012 | GLADIUS 83


misma madera, debían haber sido los primeros mártires cristianos.
Aunque tenía alojamiento en el Upland Goose, prefería dormir en el
frente, en los pozos, cuantas veces podía. En una oportunidad en que
compartí mi cuarto con él, me desperté muy pasada la medianoche y
lo vi rezando fervorosamente de rodillas junto a su cama.
Más allá de lo que después le aconteció en la vida –tuvo una crisis,
colgó los hábitos, se mudó a Italia, tuvo una hija con una rusa– recuerdo
con afecto y admiración a Piccinalli, enfundado en su uniforme mime-
tizado, siempre junto a los combatientes.
Una de las primeras cosas que le oí decir fue que había llegado el
tiempo en que la Argentina iba a tener verdaderos héroes. Ya no serían
los futbolistas. No. Se trataría de héroes en el sentido griego de la palabra.
El fue uno de ellos. El lunes de la rendición, cuando todavía seguía el
combate, el padre Piccinalli estaba en la línea de fuego, entre los mori-
bundos y heridos, con su fervor religioso, con su pureza de cura joven
y corajudo, dando la extramaunción y confortando. Como durante todas
las semanas previas, en las que el padre Piccinalli llegaba con su moto-
cicleta Kawasaki Enduro de motocross hasta los lugares más alejados
del perímetro defensivo, y bendecía a los soldados en medio de las
inclemencias del tiempo y la metralla inglesa.
Las homilías del padre Piccinalli tenían la virtud de enfervorizar. Sus
misas eran oficiadas con una devoción que pocas veces vi en otros
sacerdotes. El domingo 25 de abril en el Town Hall, dijo:
“Las Malvinas, se han transformado, por la gracia de Dios en el co-
razón de la Nación. Aquí debe palpitar lo más puro, lo más noble, lo
más sublime que tiene esta Nación católica... Nuestro pueblo argentino
que es católico, porque es hispánico, porque es romano, hoy ha prorrum-
pido en la gesta de la reconquista de un territorio para la Nación. Nación
que tiene como origen el cristianismo. Entonces nosotros, todos los que
estamos acá, tenemos que sentirnos santamente orgullosos de pisar
estas tierras, y quizá no seamos dignos de ésto. Es un gran honor, un
inconmesurable honor estar aquí. Tenemos que ver esto como la gesta
de la defensa de la Nación para Jesucristo. Tenemos que tomar en
nuestras manos el Santo Rosario y confiar en la Santísima Virgen que
siempre va a estar con nosotros. Porque esta patria ha sido consagrada
a la Virgen de Luján. Y la Virgen de Luján y la Virgen del Rosario nos
van a proteger, tenemos que estar seguros. Y ese rosario que hoy ustedes
tienen en sus cuellos y también toman en sus manos, sepan que es el
gran instrumento. Es la gran defensa porque es la defensa del espíritu

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sobre la materia. Sabemos que el espíritu es absolutamente superior a
toda materia. Por eso tenemos que confiar plenamente en Dios, plena-
mente en Cristo, plenamente en la Santísima Virgen, reina y señora de
estas tierras de las Malvinas, que ya es tierra de la Argentina. ¡Qué así
sea!”.
En Malvinas escuché a no pocos combatientes decir que agradecen
directamente a la Virgen por su salvación personal. Muchos tambien le
atribuyen a la Madre de Dios la sobrenatural protección brindada a la
Base Aérea Malvinas. Hay un mapa de la zona del aeropuerto, realizado
por el teniente Luis Edmundo Paris, de la Fuerza Aérea, que registra
todos los impactos de bombas, misiles y obuses. La zona parece un
colador, está acribillada en todos sus sectores, ¡excepto en la pista! Mu-
chos soldados atribuían este verdadero milagro al hecho de que el 2 de
abril el teniente coronel Seineldín hizo un pozo en la turba con la culata
de su fusil, cerca de la cabecera de la pista, y allí enterró un rosario.
No he visto un solo argentino en las islas, militar o civil, que no llevara
su rosario al cuello. El padre Fernández había traido a las islas diez mil
de ellos. El número de medallas y estampas que las madres y las novias
habían dado a los combatientes y que también repartían los capellanes,
era incontable. En el hotel Upland Goose. donde se alojaba la mayoría
de los capellanes, había un desfile incesante de combatientes que ve-
nían a pedirlos.
El acercamiento a la fe fue patente desde antes del bautismo de fuego
del 1° de mayo. Después, se fue acentuando aún más. Y cuando la in-
minencia de la batalla final se respiraba en el aire, se detectaba en las
facciones reconcentradas, en el endurecimiento de las miradas, también
se reflejaba en un más marcado acercamiento a Dios. Hacia el final del
asedio, el sábado 5 de junio, me decía Piccinalli –como lo había señala-
do ya en su homilía del 25 de abril– que no sabía si el pueblo argentino
merecía ganarle a los ingleses. Esto fue al día siguiente del veto nortea-
mericano al cese del fuego en la votación de las Naciones Unidas. La
actitud de los Estados Unidos era el tema del momento en Puerto Ar-
gentino. Nadie se mostraba sorprendido ante ese veto. Es más, había
una suerte de rabiosa satisfacción.
El padre Piccinalli enfatizaba, presintiendo la derrota argentina: “La
gran ramera apocalíptica que es la democracia norteamericana se ha
sacado la careta. Ahora es sin tapujos, la OTAN contra la Argentina, y
yo le rezo a la Virgen para que se repita la victoria de David sobre
Goliath. Claro que quizá nuestro pueblo no es merecedor todavía de

72 AÑO 2012 | GLADIUS 83


un milagro así. No se ha purificado por el sacrificio y el sufrimiento,
como el polaco, el húngaro o el ruso, pueblos mártires que son la ver-
dadera esperanza de la humanidad. Pero yo rezo igual”.
El misticismo se contagia, como se contagia el valor. Y eso depende
de los jefes. Los del Regimiento de Infantería 25, por ejemplo, habían
planificado retiros espirituales para la tropa que, en lo posible, debían
llevarse a cabo en forma regular. El teniente coronel Seineldín, me decía
cada vez que me encontraba: “Cuando vuelva, acuérdese que ustedes,
los de la prensa, no estaban aquí para contar cómo abatimos un Harrier,
cómo cayó la bomba y demás pavadas. Lo que hay que hacer cuando
salgamos de acá, es volver con un mensaje para la creación de una
nueva Argentina. Y la nueva Argentina debe ponerse a cumplir los de-
signios de la Virgen, debe derrotar al «mundo» en sentido evangélico,
debe ser una Argentina cristocéntrica”.
Y ese Regimiento 25, con esos jefes, soportó sin pestañar un mes y
medio de bombardeos continuos, sin que su moral trastabillara. Yo vi
a sus soldados de 18 años impasibles, caminando sin apuro durante las
alertas rojas, como si fueran fogueados veteranos. Por otra parte, varios
de los oficiales que en esta guerra cobraron más notoriedad por su
arrojo, pertenecían justamente al 25: Roberto Estévez, Carlos Daniel
Esteban, Juan José Gómez Centurión...
Muchos encontraron a Dios recién en las Malvinas, como aquel te-
niente de Aviación de Ejército que se decía ateo y que, luego de prota-
gonizar los combates que se sucedieron a partir del desembarco inglés,
le confesó al padre Fernández que había vuelto a la fe cristiana. Hubo
muchos casos de soldados que pedían ser bautizados, como por ejemplo,
Dante Rubén Velázquez del Batallón de Logística 10, de Villa Martelli.
El jefe de la unidad, teniente coronel Trías, fue su padrino, en tanto que
el padre Fernández le administró el sacramento. “Madrina no conseguimos
–me comentaba el cura– porque las kelpers católicas son muy pocas y
porque tampoco hubieran aceptado”.
Durante las misas celebradas al aire libre en las islas, en más de una
oportunidad se produjeron bombardeos, pero los sacedotes no interrum-
pían el oficio religioso. En una de ellas, en uno de los montes del otro
lado de la bahía de Puerto Argentino el altar en que oficiaba el capellán
naval Ángel Mafezzini estaba formado por tres cajas de municiones.
Súbitamente estalla una bomba a poca distancia: “¡Estan pegando cer-
ca!’”, grita un soldado. Pero como el cura no interrumpe la misa, nadie
se mueve. Y se siguen elevando las plegarias al cielo, ahora al son de
las deflagraciones.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 73


El hecho de que la fe en Dios haya ayudado a tantos a fortalecer su
resolución y hasta a salvar la vida, de que haya servido como escudo
protector, no es en realidad nada insólito. Porque hasta los manuales
del ejército de los Estados Unidos, (ejército que, por cierto, no peca de
exceso de espiritualismo), enseñan que la voluntad de sobrevivir se
mantiene por medio de la fe en Dios y a través de la oración. Y además,
dicen estos mismos manuales, que la pérdida del deseo de sobrevivir
puede remontarse en muchos casos a una falta de fe en Dios y en el
poder de la oración.
Tan grande y espontánea era la manifestación de fe entre los argentinos,
que el obispo inglés, monseñor Daniel Spragoon, a pesar de su posición
contraria a la reivindicación argentina, no podía ocultar su desconcertada
satisfacción. Por primera vez desde que fuera fundada, la iglesia de St.
Mary estaba repleta de bote en bote todos los domingos. Y sus nuevos
feligreses, infantes de marina, policías militares, aviadores, comandos,
no solo rezaban con devoción, rodilla en tierra, no sólo comulgaban
con lágrimas en los ojos, sino que cantaban toda la misa. No, evidente-
mente éstos no eran como los Royal Marines, monseñor…
Por regla general, todos apelamos a Dios recién cuando las cosas se
ponen espesas. Lo cual no deja de ser una actitud hipócrita y oportunis-
ta. Por eso me pareció digna de admiración la valentía y honestidad de
las que hizo gala en este respecto el vicecomodoro Alfredo Abelardo
Cano, jefe del temerario Escuadrón Hércules durante la guerra.
Fredy había hecho tercero, cuarto y quinto año nacional pupilo en
el colegio Don Bosco de Bahía Blanca y eso lo marcó para siempre.
Aunque no se mantuvo como católico práctico, nunca dejo de rezar un
Padrenuestro y tres Avemarías. Sin embargo, la guerra lo sorprendió
alejado de la religión y si bien –como me confió– tuvo ganas de pedir
piedad por sus pecados a Dios Nuestro Señor, no lo hizo por honestidad
intelectual y “para no pedir la escupidera en un momento en que me
convenía. Sí, volví para quedarme, un par de años después: ahí me
confesé con el capellán del Hospital Aeronáutico y cambié de vida”.
En cuanto a mi propia persona, fui a Malvinas teniendo ya firmes
convicciones religiosas, inculcadas por mi madre, gran devota de la
Virgen, pero creo que allí esa fe se consolidó aún más. Es que para
muchos de los que estuvimos en la turba, la protección de la Madre de
Dios se percibía como un hecho concreto de la vida cotidiana. Si hasta
la experimentaron conscriptos que no habían sido educados en ninguna
religión, como por ejemplo, Rubén Brodsky, del Regimiento 25.

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Este médico radiólogo me confió que en Malvinas tuvo “una clara
sensacion de que, más allá de nuestro esfuerzo personal para protegernos,
sobrevivimos demasiados, en proporción al enorme bombardeo a que
fuimos sometidos, y gracias a la intensa actividad pastoral de mi amigo
Vicente Martinez Torrens, sacerdote salesiano, pude comprender que
debía de existir una fuerza superior a nosotros y esa fuerza bien pudo
haber sido la Virgen, así lo vimos y así lo vemos muchos combatientes,
de modo que hay una gran deuda de honor para con Ella y es por eso
que vamos a entronizarla en nuestro Bosque de los Veteranos en la
ciudad de Coronel Suarez”.
Otro combatiente, Walter Donado, decía: “Yo no soy creyente, pero
en una situacion tan límite, si querés volver, debés tener fe en algo
superior. Por eso rezaba cada mañana un Ave María y un Padrenuestro
a la noche. Y volví”.
Sin embargo, en determinados casos, los horrores de una guerra
pueden tambien mellar e incluso destruir la fe en Dios. Sobre todo, si
no hay cerca alguien capaz de poner las cosas en claro.
El viernes 11 de junio, aproximadamente a las 15:30, dos aviones
Harrier se acercaron en vuelo rasante desde el sur, pasando por sobre  las
posiciones del Batallón de Infantería de Marina 5 y lanzaron sendas
bombas sobre el cuartel de Moody Brook. Con mi camárografo Alfredo
Lamela, alcanzamos a flmar ese ataque en el que murieron tres soldados
conscriptos: Mosto, Rodríguez e Indino. A Mosto, particularmente querido
por todos, le decían “el curita”, era un verdadero santo que cuidaba,
curaba, protegía y catequizaba a sus camaradas, como si fueran sus
hermanos menores, ya que él, estudiante de medicina, era de una clase
más antigua y había ido de voluntario.
Su jefe, el mayor José Rodolfo Baneta, sale del cuartel malherido y
conmocionado por las explosiones, al igual que el soldado Fogolini, a
quien el conscripto Fernando Papasodaro lleva al hospital. Baneta está
cubierto de escombros y blanco como la cal. Acto seguido le informan  que
tres de sus hombres perecieron. A él, que había prometido a sus subal-
ternos llevarlos a todos de vuelta con vida!
En ese momento Baneta ve al padre José Fernández, yendo camino
a las posiciónes del Regimiento 7, y le grita: “Cura, tu Dios es un H de
P!”. El sacerdote se acerca a Baneta y le inquiere: “Mi mayor, ¿por qué
me dice eso?”.
El oficial está fuera de sí: “Se lo digo, porque estaba con ellos en la
misma posición y a mí me deja vivo, y a ellos, que eran unos ángeles,
se los lleva. ¿Por qué no me llevó a mí y los dejó a ellos?”

GLADIUS 83 | AÑO 2012 75


Y el cura le responde: “Es muy sencillo, se los llevó a ellos porque
eran unos ángeles, y lo deja a usted, que es el verdadero H de P, para
que siga sufriendo”.
Y sigue caminando hacia la otra posición. Baneta se queda sin habla.
Tiempo después, me confiaba: “Ese curita, pero curita con mayúsculas,
tenía razón! ¿Quién era yo para juzgar al Tata Dios? Con sus dichos,
me puso en situación nuevamente”.
Al día de hoy, cada vez que José Baneta se acuerda de sus tres án-
geles, se le llenan los ojos de lágrimas.
Uno de esos ángeles, Carlos Mosto, merece un capítulo aparte. Tenía
los ojos verdes y el pelo muy rubio. Flaco y alto, con sus 23 años acababa
de terminar el servicio militar, que había hecho con prórroga por estudios.
Estudiaba medicina en la Universidad Nacional de La Plata y marchó
como voluntario: ocupó el lugar de otro. Entre todos los estoicos conscrip-
tos del estoico mayor Baneta, destinados en Moody Brook, este mucha-
cho de Gualeguaychú se destacaba por su prestancia, simpatía y gene-
rosidad. Siempre trataba de ayudar a otros soldados, aunque no fueran
de su unidad: se empeñaba en hacerles curaciones, levantarles el ánimo,
pasarles café, alimentos, muchas veces sin siquiera conocerlos y sin
obligación alguna, tan solo para hacerlos sentir mejor.
Tambien se destacaba por su religiosidad. Bastaba que el padre Fer-
nández pasara por las inmediaciones del cuartel, para que Mosto y su
grupo lo instaran a rezar allí un rosario. “Me daban fuerza ellos a mí,
más que yo a ellos”, me confiaba el capellán.
Siempre de buen talante, Mosto empero, sabía que estaba signado,
que iba a morir.
A principios de 1984 conocí a su madre, cuya entereza me sorprendió
y conmovió. No había en ella resentimiento alguno.Le pregunté si tuvo
sentido la muerte de Carlitos, y me respondió sin hesitar: “Por la Patria
y por Cristo bien valía la pena morir. Yo respeto su decisión, él fue como
voluntario y murió por su ideal. Todos tenemos que creer eso: que las
Malvinas son nuestras. Y estando ellos allá, con más razón”.
Clara de Mosto me mostró las cartas que le escribía su hijo desde el
frente, y me señaló: “En todas ellas yo podía leer, entre líneas, que él
se estaba despidiendo, que nos estaba preparando para su muerte y
nos dejaba su testamento”.
Carlitos escribía: “Vieja, no reces por mí, porque yo estoy con Dios,
rezá por las madres y las novias inglesas, que nunca van a ver llegar a

76 AÑO 2012 | GLADIUS 83


sus hijos y sus novios... Yo, cuando llegué acá, me puse en las manos
de Dios y que se hiciera en mi la voluntad de Él, no la mía. Lo único
que yo le pedí fue que le enseñara a mis viejos a vivir sin mí... Estoy
muy orgulloso de estar acá, estoy orgulloso de mi jefe, el mayor Baneta,
orgulloso de ser de los primeros en ver un 25 de mayo flamear mi
bandera en las islas, nunca la había visto tan linda, como la veía ahora...
Mami, estoy de guardia, escribiéndote desde un manantial de una belleza
incomparable y pienso: ¿por qué no podemos vivir en amor?... Mirá,
tengo un francotirador, que cada vez que salgo, me tira. No le he visto
la cara y no se la quiero ver. Porque no quiero odiar a nadie. Los hombres
no saben vivir sin odiar, no saben vivir en el amor. Pedile a Dios que
los ilumine... Viejo, no rezongues por la plata, seguí ayudando a Caritas,
que es lo único que te va a dejar algo valioso... Ayer recibí el Evangelio
que les había pedido, ahora soy feliz porque estoy completo. Tengo la
Palabra y se las leo a mis camaradas... Doy gracias a Dios de ser como
soy y poder levantar a mis compañeros... Recen para que esto se termine,
porque yo veo las cosas mal”.
El 7 de junio habló por teléfono a su casa. Sus últimas palabras
fueron: “Mami, estén siempre unidos y recen mucho”. El 11 lo mataron.
Carlitos despreciaba el peligro, no escondía la cabeza. Una vez más,
haciendo caso omiso de la alerta roja y de las órdenes de Baneta, había
ido a llevar café a un pozo de zorro. Y fue ahí que lo sorprendieron los
Harriers.
El testamento del soldado Carlos Mosto trasciende a su familia, apunta
en realidad a todos los argentinos de hombría de bien.

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Reedición

ALFREDO SÁENZ

RUSIA Y SU MISIÓN
EN LA HISTORIA
Tomo 1. La historia y el alma de Rusia
270 páginas

Tomo 2. La experiencia soviética


y la supervivencia de Rusia
560 páginas
Rusia en la obra del P. Alfredo Sáenz
Mario Luis Descotte 1

Los años pasan. Las generaciones se suceden, y lo que


unos sabían, los otros ignoran o ya no saben bien. Es, pues,
necesario de tiempo en tiempo volver a contar desde el
principio los hechos del pasado.
Manuel Lizondo Borda
historiador tucumano del siglo XX

Breve introducción

Es un buen motivo de júbilo comentar el nacimiento de un libro, o


su oportuna reedición. Tal vez haya algo de cierto en unas palabras que
escuché de labios de un filósofo sabio: los libros de filosofía se escriben
pero no se leen. Nos asalta la inquietud: ¿Ocurrirá lo mismo con todos
los libros?
Yo por mi parte he asumido una buena ración del mensaje y de la
advertencia de Giovanni Sartori, el autor de Homo Videns. Insistó, una
y otras vez, inclusive aquí en Buenos Aires, que seríamos partícipes de
un cambio radical en la genética humana, esto es que frente al homo
sapiens estaríamos en la aurora de otro tipo de hombre, el homo videns,
que no es ya el fruto de una ingeniería humana calculada, como alguna
vez se soñó y se obró –y que de paso es el corazón del libro a presentar–
sino el resultado, la culminación de una mutación cultural. En efecto el
homo sapiens, nos dice el profesor italiano comprende sin ver... Por su
parte, en cambio, este nuevo homo videns , ve sin comprender, incapaz

1 Presentación del libro del Padre Alfredo Sáenz: Rusia y su misión en la historia,
Buenos Aires, Gladius, 2011, 2 tomos., Librería Leonardo Castellani, Capital Federal,
11 de agosto de 2011.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 79


de ejercitar la abstracción y de captar las ideas, el mundo de la cultura,
e incluso de pensarse a sí mismo 2.
Sin embargo aquí y allá está el libro, que, como decía Jorge Luis
Borges, es una extensión de la memoria y de la imaginación. Abrigo la
esperanza de su descubrimiento, en cada tramo silencioso del diálogo
intemporal entre un lector y un autor. Tal es el camino que nos llega
desde Homero a nuestros días. Es menester reinvindicar el lugar del
libro en el alma de nuestros contemporáneos. Cada libro... un descu-
brimiento...

2 Giovanni Sartori: “¿Tiene futuro la democracia?”, en Ñ, Revista Cultural, Clarín,


Buenos Aires, 13 de noviembre 2004, Año II. Vale la pena transcribir partes del artículo:
“[...] estamos viviendo un cambio de la genética humana radical: estamos pasando
–me he acostumbrado a decir– del “homo sapiens”, producido por la cultura escrita
basada en palabras, a un “homo videns” en el cual la palabra es destronada por la
imagen... Sí, destrozada...
”Democracia, demos, poder, constitución, libertad, Estado, soberanía, legitimidad,
derecho, son palabras abstractas que remiten a un pensar por conceptos que comprendo
sin ver, sin verlos. Por lo tanto, todo el saber del homo sapiens se desarrolla en la esfera
de un mundus intelligibilis (de conceptos, de concepciones mentales) que no es de
ninguna manera el mundus sensibilis, el mundo percibido por nuestros sentidos. El
punto importante es el siguiente: que el impacto del telever, del videovivir, invierte el
avance de lo sensible a lo inteligible. La televisión produce imágenes y borra los conceptos
y así atrofia nuestra capacidad de abstracción, y con ello el concebir y toda nuestra
capacidad de comprender.
”En el homo videns el lenguaje conceptual (abstracto) es sustituído por un lenguaje
perceptivo (concreto) que es infinitamente más pobre.
”El homo sapiens comprende sin ver, el homo videns ve sin comprender.
”Por otra parte, y peor todavía, lo visible nos aprisiona en lo visible. Para el hombre
que ya ni lee siquiera los diarios, para el hombre lisa y llanamente vidente, lo no visto
no existe. Y esta amputación es realmente colosal.
”Las funciones cerebrales de la especie humana están modificándose a causa de la
televisión, el homo sapiens está extinguiéndose y emerge el homo videns [...] El acto
de “telever” está cambiando la naturaleza del ser humano. ¡Nos encontramos en un
momento de mutación!
”En estos últimos 3000 años, aprehendimos el mundo mediante la lectoescritura
alfabética, es decir, con abstracción, conceptos abstractos, símbolos [...] Esto cambia
radicalmente con la televisión: aparece el video-niño, novísimo ejemplar del ser humano
educado en el “telever”, antes de saber leer y escribir.
Las estructurales cerebrales de ese ser humano van a ser distintas: se pierde capacidad
de abstracción y se retorna a otra más animal, meramente vidente. De entender sin ver
(letra impresa) retornamos al ver sin entender (televisión). ¡Ver no es conocer! [...] El
conocer verdaderamente se despliega por entero más allá de lo visible. Ver el mar no
es conocerlo. La abstracción nos lleva al H2O. ¡Eso sí es conocimiento pues nos permite
controlar y transformar las cosas!”. El libro de Sartori es: Homo Videns, La Sociedad
Teledirigida, Buenos Aires, Taurus, 1998.

80 AÑO 2012 | GLADIUS 83


Los estudios ruso-soviéticos en la Argentina: la obra de Alberto
Falcionelli

Pues bien lo que nos congrega esta noche es la reedición de la obra


del Padre Alfredo Sáenz: De la Rus’de Vladímir al “hombre nuevo so-
viético”. Nada más propicio para pensar el siglo XX, que, entre otras
cosas, fue el siglo de la URSS, el siglo soviético por autonomasia. Aun-
que también fue el siglo de EE.UU. Y entre ellos, toda una etapa de
“Guerra Fría” que terminó tiñendo los distintos ropajes de la centuria.
Es un antecedente insoslayable del libro del Padre Sáenz la obra
tesonera e inteligente de uno de los hombres más cultos que he tenido
en suerte conocer y admirar: Alberto Falcionelli. Nacido en 1910 en
Francia terminó recalando en la Argentina al concluir la Segunda Guerra
Mundial. Periodista de raza, agudo observador comprometido, su itine-
rario intelectual aún espera ser redescubierto y lo más importante, re-
leído. Se ancló en mi provincia, Mendoza, y en la Universidad Nacional
de Cuyo ejerció una docencia universitaria inolvidable para los alumnos
de entonces. Allí alumbró dos obras claves de la historia ruso-soviética
escrita en el mundo hispanoamericano. Me refiero a su voluminosa y
documentada Historia de la Rusia Contemporánea. Primera Parte. Las
Ilusiones del Progreso 1825-1917, editada por la Facultad de Filosofía
y letras de la Universidad Nacional de Cuyo en 1954. Unos años después
aparecía en España su Historia de la Rusia Soviética 1917-1957, Ediciones
Acies, Madrid, 1959. No me cabe duda que uno de los acontecimientos
culturales más importantes del interior argentino de los años 50 fueron
estas obras nacidas en una joven universidad nacida en 1939. Formó
parte de una generación innovadora que aportó las bases de la cultura
de Mendoza de la segunda mitad del siglo XX. Fue uno de sus más pre-
claros maestros, que espera ser redescubierto...
Falcionelli fue Profesor de Historia Contemporánea en la UNC hasta
1973. Su producción creció en los años 60 y 70. No debe olvidarse su
incisiva obra: De Marx a Brezhnev. La “sagrada familia”, 1844-1975,
editada en Chile en 1975. Destaco su Manuel Histórico de Sovietología,
de 1984. Se mantuvo joven de espíritu hasta el final. A mediados de
los años 80 el padre Sáenz y quien escribe confluíamos en su departamento
dela calle Paraguay a deleitarnos, junto a su inolvidable Elsa, con este
testigo privilegiado del siglo XX. Se despedía con los generosos préstamos
de libros, tan presentes en la bibliografía del que vamos a presentar y
en mi libro sobre el estallido del mundo soviético que publiqué varios
años después.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 81


Debo agregar que considero a Don Alberto Falcionelli el mejor puente
entre Rusia y la Argentina. Mi deuda con él es inmensa. Me hacía recordar
un testimonio de uno de los rusos más interesantes, Dmitri Lijachev,
residente del Gulag en las islas Solovsky, sobre el mar Blanco: “la cultura
es hecha por los hombres que nos rodean”.
Por otra parte, es justo añadir la labor de la señora Irina Astrau, a
quien conocí, en su otoño final, pues sus artículos durante décadas en
La Nación, sobre literatura soviética y de modo especial, la llamada
“disidencia intelectual”, hizo mucho por ampliarnos nuestra visión de
aquel mundo. Recuerdos dos de sus libros: La verdad de Solyenitsyn y
Literatura Rusa. Del Príncipe Igor al Archipiélago Gulag.

Los orígenes del libro De la Rus’ de Vladímir al “hombre nuevo


soviético”

En 1985 Alberto Caturelli hacía un balance de la vida intelectual del


Padre Alfredo Sáenz. Asombra su dilatada labor. Formado por los Padres
Jesuitas, ya que ingresó al Noviciado de la Compañías de Jesús en 1949
y obtuvo su Licenciatura en Filosofía en el Colegio Máximo de San Mi-
guel. En 1962 se ordenó de sacerdote y posteriormente arribó a Roma.
En efecto, en la Universidad Pontificia de San Anselmo hace su tesis aca-
démica y se doctoró en Teología con especialización en Sagrada Liturgia,
Al regresar al país, se dedica a una honda tarea de enseñanza, de
formación de seminaristas. Yo lo descubrí a través de su texto su “Santa
Teresa y nuestro tiempo”de la revista Universitas, que inspiraba Monseñor
Derisi en la joven Universidad Católica. Pero sin duda su alma está ín-
tegra en dos revistas claves de la cultura católica de la segunda mitad
del siglo XX: Mikael, del Seminario de Paraná y Gladius, de larga vida
ya... Junto a sus innumerables artículos no es tarea menor la recensión
de libros que, tras décadas, nos recuerdan esas palabras de las Sagradas
Escrituras: por la palabra pensada se ve el corazón del hombre...
Pero vamos a la opinión que importa, la de Alberto Caturelli vertida
en su estudio aparecido en Gladius titulado “La Obra de P. Saénz”, que
concluye diciendo: “Está en medio del “buen combate” paulino y, por
eso, ya ha producido una obra notable que dará sus frutos en la Argenti-
na actual” 3

3 Alberto Caturelli: “La Obra del P. Sáenz”, en Gladius, n 7, Año 3, n 7, Navidad


1986 p.146.

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El insigne filósofo cordobés nos alertaba antes: “El escriturista, el
patrólogo, el teólogo y, sobre todo, el pastor y el educador que coexisten
en el P. Alfredo Sáenz, alcanzan su plenitud en lo que creo su obra más
madura, más extensa y más hermosa: Su libro sobre «la fisonomía es-
piritual del sacerdote de Cristo» al que ha intitulado, con palabras del
Sumo Pontífice, In persona Christi (1985). Este libro también podría
llamarse «teología y mística del sacerdocio». La lectura de esta obra
produce la inmediata impresión del fruto maduro, de la espiga en sazón
y, en ella, se dan la mano, en unidad viva, el especulativo y el maestro,
el contemplativo y el formador de otros Cristos... Confieso –dice al
final– que las páginas de In persona Christi no sólo han satisfecho mi
inteligencia, sino que me han llegado al corazón” 4
Pero hay algo más que nos brinda el pensamiento meditado del Dr.
Caturelli. Leamos, pues: “La obra escrita del P. Alfredo Sáenz... se nos
presenta no como un término, sino como una suerte de comienzo. A
partir del actual estado de su obra, podemos y debemos esperar un
nuevo comienzo. Tengo la impresión de que acabo de exponer los frutos
primeros, como los higos tempranos, las brevas, de la higuera bíblica,
esperamos los frutos más abundantes y sabrosos que serán como los
higos tardíos. La higuera prospera en terreno pobre y pedregoso como
el mundo y hasta hostil como nuestro mundo de hoy, pero, cuando está
bien alimentada, como en este caso, produce frutos abundantes” 5
Podemos y debemos esperar un nuevo comienzo. Son palabras de
1985. Gorbachov llegaba al poder en la entonces Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas. Vivíamos los tiempos del Dr. Alfonsín y nada hacía
prever un fin de década con la llegada de un riojano a la presidencia o
aún más, que nos esperaba la Revolución de 1989 en la Europa Oriental
y la caída del Muro de Berlín, el fin de la Guerra Fría, y tantas realidades
más que terminaron configurando el mundo de nuestros días.
El P. Sáenz, entre tanto, descubre Rusia y la belleza esplendorosa de
los iconos. Viaja y conoce la URSS. Estudia, da conferencias o cursos
que son la semilla de sus futuros libros. Justo allí coincidimos en un
Curso sobre la Rusia y la URSS en San Rafael. Transcurría 1988. En
General Alvear, al final de una disertación, fui interrogado por eso nuevo
de entonces: la perestroika... y la glasnost.Yo venía influído hasta la
médula de mi alma por el fenómeno de la “disidencia” en la URSS y

4 Ibidem, pp.138 y 146.


5 Ibidem, p.145.

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la Europa Oriental y por las figuras, entre otros, de Alexandr Solzhenitsyn
y Andrei Sajarov. Otra coincidencia eran nuestras visitas al viejo maestro
Alberto Falcionelli.
Y con las primeras chispas de la Revolución de 1989 el P. Sáenz nos
sorprendía dando a luz este libro que hoy reedita Gladius.

Una mirada a la vastedad de una obra

¿Qué decir del libro de Rusia sobre el Padre Sáenz? Lancemos algunas
ideas rectoras que nos pueden orientar. En primer término que ha cris-
talizado en un libro de historia contemporánea, en un esfuerzo –magnífi-
co– de síntesis, desde los orígenes hasta casi nuestro presente.
El origen del libro es por demás especial: su interés por la belleza del
ícono. Conocía ese otro pulmón de la Iglesia y comenzó, también, a
respirar por él. El libro es, pues, el origen directo de su otra obra eslava:
El Icono, esplendor de lo sagrado. Es su continuación lógica, natural.
“Puede decirse que toda la Patrística y un número muy importante de
teólogos rusos desfilan y son asimilados para la formulación de esta
estética sacra del P.Sáenz. En el fondo se desliza la doctrina patrística
sobre el hombre mismo como icono, como luz escondida y misterio
insondable en cuanto es participación analógica del Icono infinito”, nos
dice Caturelli 6.

6 Alberto Caturelli: Historia de la Filosofía en la Argentina 1600-2000, Ciudad


Argentina- Universidad del Salvador, Buenos Aires, 2001, p.917. En esta obra volvió
sobre el P. Sáenz para dejarnos esta nueva síntesis harto valiosa: “Si tuviera que
sistematizar su extensa obra de una treintena de libros y numerosos artículos podría
distribuirlos en cuatro temas. Escritura (figuras bíblicas, escritos juveniles y, ahora, sus
muy maduros y sabios seis volúmenes de comentarios a los Evangelios), Patrología
(obra sobre San Máximo de Turín -tesis doctoral en la Gregoriana-, sobre San León
Magno, 1982), Teología (libros sobre la Santa Misa, la Eucaristía y, sobre todo, In persona
Chrristi, uno de los mejores)... El cuarto tema es la Filosofía que también incluye libros
sobre la experiencia del mundo y la historia contemporánea. Este es el aspecto que
debe ocupar mi atención. Comenzaré por el problema del fin de la historia inviscerado
en su libro –fruto de sus visitas a Rusia soviética y postsoviética– De la Rus’de Vladímir
al ‘hombre nuevo’soviético... cuyo subtítulo lo dice todo: “la misión providencial de
Rusia” que el P. Sáenz cree ver a través del sufrimiento redentor del pueblo ruso, en
consonancia con filósofos rusos. En el plano de la teología y de la filosofía de la historia
ha analizado, en El fin de los tiempos en seis autores modernos 1996), el pensamiento
de Dostoiewski, Soloviev, Benson, Thibon, Pieper y Castellani. Al mismo tiempo, si la
historia es hoy preocupación fundamental, tiene que serlo también la situación del
hombre contemporáneo que aparece en El nuevo orden mundial en el pensamiento

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Nos dice: “Desde siempre me había fascinado «el tema ruso» pero
fue sobre todo a raíz de un estudio que estaba realizando sobre el sentido
teológico de los iconos y la teología de la belleza”. De civil, desembarca
en octubre de 1985 en la URSS. Su encuentro con ese inmenso imperio
que ya estaba en agonía, aunque no lo supiéramos, dejó sus huellas.
Vamos a lo esencial de sus páginas. Por de pronto hay que advertir
dos grandes vertientes, divididas por la Revolución del siglo XX, que
no fue otra cosa que la ocurrida en San Petersburgo en octubre de 1917,
cuando la utopía alcanzó el poder con Lenin, Trotsky y Stalin.
Un gran esfuerzo lleva al P. Sáenz a bosquejar la primera vertiente,
esto lo que llama las cinco Rusias, los cinco momentos que van desde
la cristianización, en 988 dc, las tierras de la Rus con el príncipe Vladímir
hasta los tiempos de Stalin. Es el telón de fondo histórico donde se
mueven las fuerzas políticas, sociales y, por sobre todo, los fundamentos
espirituales y culturales de los rusos. En efecto, una estimulante incursión
sobre “el alma rusa” apoyado de modo especial en el incitante libro de
Walter Schubart Europa y el alma de Oriente... y su esquema sugerente.
Y una larga meditación, que es toda una valioso resumen histórico y
teológico de la iglesia rusa.
La segunda fuente es la vida y rostro de la Revolución en la URSS,
desde su primer aliento a casi sus postrimerías. Aquí se afinca otro
esfuerzo del P. Sáenz. Es otro título, otro galardón, pero de una ciencia
extinguida: la sovietología. Nos agrada esta mirada argentina, crítica,
pero atravesada por el amor a Rusia, que revela la riqueza del teólogo,
oficiando de historiador... Veamos, pues.

de Fukuyama... cuyo proyecto considera un “remedo simiesco de la Cristiandad” (p.124),


una suerte de trasfondo doctrinal opuesto al “nuevo orden mundial” es la idea de
Cristiandad que Sáenz ha desarrollado en su obra La Cristiandad y su cosmovisión
(1992). Por fin, el más filosófico de sus libros es El hombre moderno, Descripción
fenomenológica (1998) en el cual analiza la carencia de interioridad, el desarraigo, la
masificación, el igualitarismo y otros caracteres del hombre de hoy expresados
sintéticamente por el naturalismo radical, el inmanentismo filosófico y la consiguiente
pérdida del sentido de la existencia... y el florecimiento de las “falsas espiritualidades”...
Esta situación, ciertamente trágica, sólo deja como posible el camino heroico de la
restauración metafísica y teológica del hombre. La reflexión del P. Sáenz sobre el hombre
alcanza cierta culminación tanto en su obra El ícono, esplendor de la verdad (1991)
como en su libro sobre Siete virtudes olvidadas (1998)” (pp.916-917).

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El telón de fondo: las cinco Rusias, el alma de Rusia y el rostro
de la Iglesia y la cultura rusa

Para adentrarse en los orígenes de Rusia hay que registrar la irrupción


de los eslavos en la historia, tras la caída del imperio romano de Occidente,
en la cuenca del Pripet, actual Ucrania. La primera Rusia, la Rus’de
Kiev, recibe el poderoso influjo de la cultura bizantina y la acción de los
varegos, esos escandinavos que unen el Báltico con el Mar Negro, a
través de los grandes ríos, acaudillados por el legendario Rurik. Junto
a este origen varego nacen ciudades como Novgorod y Kiev. Época de
reyes: Oleg, Igor, cuya esposa Olga sería la persona que intenta introducir
el cristianismo en Rusia.
Ya han pasado los tiempos de la acción evangelizadora y cultural de
los dos copatronos de Europa: Cirilo y Metodio, quienes traducen una
buena parte de las Sagradas Escrituras al eslavo.
La figura clave que detiene al P. Saénz es el rey Vladímir, fundador
de la primera Rusia y artífice de la conversión de su pueblo, a orillas del
río Dniéper, hacia el 988.dc. Mil años después, la celebración del mile-
nario, con Gorbachov en el poder, fue más que simbólico, como también
fueron significativas y operantes las encíclicas adel Papa eslavo, Juan
Pablo II, avivando brasas de la memoria histórica, deliberadamente
ocultadas. Es singular el camino del paganismo al cristianismo de este
rey Vladímir, atraído por la belleza. Recibió emisarios, y envió los propios
al Islam, al judaísmo, a Alemania y a Constantinopla. El impacto que
produjo la Basílica de Santa Sofía y el culto en Constantinopla deja este
texto: “No sabíamos si estábamos en el cielo o en la tierra... No existe
sobre la tierra ninguna belleza, ningún esplendor comparable, no encon-
tramos palabras para describir lo que vimos y oímos. La única cosa que
sabemos es que allí Dios reside entre los hombres”.
El P. Sáenz descubre aquí el origen de la idea de la alegría y de la
belleza inherente al culto divino, reflejo, sin duda, de la alegría y belleza
de Dios. Por eso añade: “Los primitivos eslavos paganos... tuvieron
acceso a un orden natural de cosas expresado en términos de belleza.
Esa fue su primera visión del cristianismo, y dicha visión quedaría gra-
bada para siempre en el alma del pueblo ruso. Donde está la belleza ¡y
semejante belleza! no puede menor que estar la verdad. He aquí por
qué, desde sus comienzos, la Iglesia greco-rusa fue un culto, una liturgia,
mucho más que una enseñanza”

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Vladímir encabezó una gran labor evangelizadora, tanto en el ritual,
en la erección de Iglesias, como la dedicada a la Santísima Virgen en
Kiev, y al nacimiento de un clero autóctono. Cristianizó, duplicó la super-
ficie rusa y, en pocas palabras, puso las bases de una civilización rusa.
Todo ello lo eleva a la categoría de un arquetipo nacional. Tras su muerte
la figura central de la Rusia Kieviana fue Iaroslav el Sabio, que gobierna
de 1019 a 1054, y lleva a esta civilización a su cenit. Su obra fue ingente.
Un código de leyes, “La Verdad Rusa”, colegios, fundación de pueblos,
una asidua relación diplomática con Occidente y una obra magna que
perdura: la Catedral de Santa Sofía, que visitamos con el Padre Sáenz
en nuestro viaje de 1993. Por otra parte brota la vida monástica, y como
bien escribe Zenkovsky en su Historia de la filosofía rusa: “Los monasterios
eran el centro de la vida espiritual de la antigua Rusia... La “verdadera
vida”, según una creencia popular, transcurría en los monasterios. Razón
por la que tanto se esttimaban “los peregrinajes a los lugares santos” 7.
Recordemos la peregrinación de Soloviev y Dostoievsky a Optina Pustin,
otro centro de la Rusia espiritual de la segunda mitad del siglo XIX.
Ahora bien, esa civilización de Kiev era frágil, como toda civilización,
como le gustaba decir a Paul Valery, aunque él agregaba que todas eran
mortales. La muerte de la primera Rusia se asocia a la figura de Gengis
Khan (1155-1226), quien puso las bases del dominio mongol en Rusia.
Cancela, violentamente, la Rusia de Kiev e inaugura la Segunda Rusia,
la cual, escribe el autor, “se aisló de la Cristiandad, de cerró al Occidente.
Fue la primera de las «cortinas de hierro» de su historia. El aislamiento
se volvió hermético [...] Y quemaron esa santa ciudad con toda su her-
mosura y riqueza [...] y no quedó hombre vivo [...] Todos murieron.
Todos habían apurado la misma amarga copa hasta las heces. Y ni ni
tan siquiera hubo alguien que pudiera llorar a los nuestros. Y esto acon-
teció a causa de nuestros pecados” 8. Tal la descripción de un cronista
de la destrucción de la ciudad de Riazán, en el río Oka. El monje italiano
P. Carpini fue enviado por el Papa a la corte del Khan Tártaro, en 1246,

7 B. Zenkovsky: Historia de la filosofía rusa, Eudeba, Buenos Aires, T. I, p.31.


8 Cit. por Robert Wallace: Orígenes de Rusia, Folio, Barcelona, 1996, p. 57.Es
explicable que otro cronista ruso, al paso de una de las tantas invasiones a una ciudad,
exclamara: “no quedó ningún ojo abierto para llorar a los muertos”. J. Saunders añade:
“Los cronistas hablan de «nubes de tátaros», aproximándose a la ciudad, y sostienen
que el ruido de los carros, los bufidos de los camellos, los relinchos de los caballos y los
salvajes gritos de guerra de los atacantes se alzaban tan imponentes que llegaban a
sofocar las conversaciones de los sitiados”, J. Saunders: La conquista mongólica, Eudeba,
Buenos Aires, 1973, p.70.

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tras la invasión. Escribió después: “Los tártaros habían cercado a la
ciudad de Kiev y después de un largo sitio tomaron la capital rusa. Los
habitantes fiueron aniquilados, de ahí los tártaros salieron para robar,
saquear y devastar toda la tierra rusa, de manera que cuando la atrave-
sábamos, encontrábamos en las estepas desiertas multitudes de cráneos
y esqueletos. La ciudad de Kiev, que había sido opulenta y tenía muchos
habitantes, se vio reducida a nada, no le quedaban más que doscientas
o trescientas casas, cuyos habitantes fueron sometidos al esclavaje”.
La dura experiencia de los mongoles fue concluida por la tercera
Rusia, la de los príncipes de Moscú, ciudad, nombrada por primera vez
en las crónicas en 1147. Ella reunificará las tierras rusas y hacia finales
del siglo XV terminará con el servil vasallaje a la Horda de Oro.
El renacimiento ruso fue, pues, obra de los príncipes moscovitas, here-
deros de Daniel, el hijo del legendario Alexandr Nevsky, de Iván Kalita,
etc. Aquí irrumpe la magna figura de San Sergio de Radonetz (1315-
1392), un ser de una enorme estatura espiritual. Inspiró la creación del
Monasterio de la Trinidad. Dio “forma y nobleza al monacato ruso”. El
P Sáenz remata con esta frase: “Rusia tiene un corazón místico: el Monas-
terio de la Trinidad y San Sergio”. Y, además, nos dice también, encendió
“en el alma de Rusia la decisión de liberarse de los opresores mogólicos”.
Un hecho de incalculable trascendencia para Rusia fue la caída, en
1453, de Constantinopla en poder de los turcos otomanos. Fin del mi-
lenario imperio bizantino, que, sin embargo, les dejaba dos aportes
político-religiosos. A saber: la fe ortodoxa y la idea de misión. Religión
y nacionalidad van a transitar muy unidas inextricablemente. Sáenz
perfila esta evolución en la labor de Iván III e Iván IV. Con ellos se pasa
del principado al Estado y luego se preparan las bases territoriales de
un imperio entroncado con la antigua Roma. Las raíces del zarismo...
de César... y de allí al concepto de Moscú: tercera Roma.
Iván III (1462-1505) en 1480 niega el tributo a la Horda y en pocos
años toma Kazán. Trae a arquitectos y artistas italianos y por sobre todo
urde su casamiento con la princesa Zoé Paleóloga, residente en Roma
junto al Papa. Rusia asume una misión político-religiosa: la continuidad
e integridad del imperio y la defensa de la ortodoxia. Aquí está el famoso
texto del monje Filoteo que cristaliza la idea de Moscú como Tercera
Roma: “observa y comprende, Zar misericordioso, cómo todos los impe-
rios confluyen en el tuyo, cómo dos Romas han caído y la tercera per-
manece y no habrá una cuarta”. 9

9 Cit. por: Riccardo Picchio: La literatura rusa antigua, Losada, Buenos Aires,
1972 , p.156.

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Iván IV (1533-1580) usa, ahora sí, el término Zar, de César. Con él
los rusos se lanzan a una enérgica campaña hacia el Este: Kazán,
Astracán, el curso del Volga se les abre a su comercio, cruzarán después
los Urales, para conquistar Alaska, que algunos han comparado con la
conquista de América, que los lleva a merodear la futura costa oeste
norteamerica, antes hispánica...
Iván IV da cima al absolutismo centralizado del poder político. Tras
su muerte adviene un período de crisis o “smuta”, de ingerencia polaca,
para entrar en el siglo XVII con el nacimiento de la cuarta Rusia, la de
San Petersburgo. En efecto, en 1613 irrumpe en la historia rusa la dinastía
de los Romanoff, con el Zar Miguel, que se prolongará hasta terminar
asesinada en Ekaterimburgo, cuando los bolcheviques recién arribados
al poder asesinan a Nicolás II, el último Zar, y a toda su familia.
El P. Sáenz se detiene en dos figuras claves de la modernidad rusa:
Pedro el Grande (1682-1725) y Catalina II, la Grande ((1762-1796).
Ellos dominan, sin lugar a dudas, el horizonte histórico ruso, tanto por
sus medidas internas, violentas, revolucionarias, como por su expansión
imperial.
Sáenz advirte bien en Pedro el Grande al fundador del moderno
imperio ruso. Al fortalecer al ejército y la flota, pudo alcanzar dos metas
geopolíticas claras: el Báltico y el Caspio. Por eso escribe: “El Báltico y
el Caspio llegaron a ser los dos grande puertos de la Rusia de San Pe-
tersburgo, el primero para su comercio con Occidente, y el segundo,
para su comercio con Oriente. Entre uno y otro se extendía el eje econó-
mico del Imperio: el curso del Volga”.
Esto suponía dejar Moscú y fundar una ciudad de la nada: San Pe-
tersburgo 10. Es todo un símbolo de cara al nuevo siglo que comenzaba

10 Cfr. Henry Troyat: Pedro el Grande, Emecé, Buenos Aires, 1980. Allí dice sobre
la fundación de San Petersburgo: “Una ciudad que será enteramente su obra [...]
Admirador de los holandeses, quiere, como ellos, domesticar el elemento líquido. San
Petersburgo será la réplica rusa de Amsterdam.Una ciudad sobre pilotes, atravesada de
canales, dividida en islotes, un puerto en medio de tierras esponjosas [...] Al edificar
San Petersburgo lanza un desafío a la naturaleza. Y, al mismo tiempo, al pasado de
Rusia. San Petersburgo es lal anti-Moscú. Pedro detesta la antigua residencia de los
zares, su clima continental, sus tradiciones seculares, sus supersticiones locales, sus
intrigas de corte, su espíritu oriental, atrasado y arisco a la vez [...] Si quiere volver su
patria hacia el futuro, él tiene que” abrir una ventana” al mar, al Occidente. Es así cómo
San Petersburgo, aglomeración surgida de la nada, arbitrariamente concebida y
autoritariamente desarrollada, no será simplemente una ciudad más en el mapa de
Rusia. Encarnará el deseo de renovación de un zar que rechaza la herencia de sus
padres [...] La construcción se inicia sin plan preciso y se continúa intermitentemente,

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y en plena “crisis de la conciencia europea”, como llama Paul Hazard
a esta etapa coincidente con el reinado de Pedro el Grande.
Sáenz define a Pedro I como el primer tecnócrata dela historia. Toma
una medida clave para la evolución de la vida religiosa rusa: la supresión
del Patriarcado, y su reemplazo por el Santo Sínodo, que duró hasta
1918. “Ya no habrá más Iglesia Rusa sino Iglesia del Estado ruso, que
no es lo mismo. Se pasa así de la Iglesia nacional a la Iglesia del Estado”.
El Zar es pues la cabeza de la Iglesia. Pedro, entonces, comenzó pronto
a elaborar la lista de los nuevos obispos, sometió al Estado los bienes
eclesiásticos, disminuyó el número de sacerdotes.
Catalina II, a su vez, tan enamorada de las luces, fue “discípula de
Montesquieu, corresponsal de Voltaire y protectora de Diderot”, en la
pluma de Sánez. Podría haber agregado la figura de un americano, Fran-
cisco de Miranda, quien buscó amparo en su Corte... La francmasonería
ingresa en Rusia importada de Inglaterra. Catalina atacó la Ortodoxia
y generó un divorcio entre el poder y el pueblo, que rechaza sus ideas.
Por supuesto que continuó el fuerte impulso poblacional que los llevó
hacia Alaska, vendida en el siglo XIX a EE.UU.
La pincelada del siglo XIX es harto breve para nuestro gusto. Es un
siglo que, para Rusia, es invertebrado, carece de unidad, pero, sin em-
bargo, ofrece en su segunda mitad un apogeo cultural extraordinario.
Se inaugura con Alejandro I (1801-1815), Nicolás I (1825-1855), Ale-
jandro II (1855-1881) Alejandro III (1881-1894) y, por fin, Nicolás II
(1894-1918). Leamos al P. Saénz:

Hagamos un balance del siglo XIX. Desde el punto de vista moral,


sus emperadores son los mejores que haya tenido Rusia, pero su historia

al azar de los caprichos del soberano [...] Las intemperies, el escorbuto, la disentería
ataca a esta multitud andrajosa que pulula en torno a los andamiajes. Cada día se apilan
nuevos cadáveres en la fosa común [...] Se hacen levas de campesinos [...] Arrancados
de sus aldeas, de sus familias, se los lleva desde el primer momento hacia canteras
donde deben trabajar bajo vigilancia de soldados armados [...] Para justificar su empresa
Pedro se dice a sí mismo que el arte de la arquitectura es comparable al arte de la guerra
[...] Sin embargo, los diplomáticos aseguran que en toda la historia de la guerra no se
puede hallar una batalla tan mortífera como la construcción de San Petersburgo. Hablan
de cien mil muertos [...] innegablemente San Petersburgo se levanta sobre un osario.
Los verdaderos pilotes de la ciudad son las osamentas de los obreros que han perecido
para que allí se levante magnífica, por encima de las aguas [...] El viejo Moscú [...] baja
ya la cabeza. En 1713 la ciudad de San Petersburgo es designada capital. Al año siguiente
cuenta ya con 34.550 habitantes”(pp. 160-166)

90 AÑO 2012 | GLADIUS 83


es trágica. La era se inaugura con un asesinato, el de Pablo I, y se cierra
con una matanza... la Iglesia se hallaba sin cabeza [...] Hasta el final del
régimen, los rusos supieron distinguir a la persona del Zar de su mismo
régimen [...]
Desde el punto de vista cultural, el siglo XIX es para Rusia lo que el
Renacimiento fue para Italia, lo que el Siglo de Oro para España [...]
Rusia exhibe en este siglo una extraordinaria riqueza: el pensamiento
de un Soloviev, la música de un Mussorgsky, el arte de un Gógol. Dos-
toievski es típicamente ruso como Shakespeare es inglés y Calderón
español [...] La obra de Pushkin [...] es un compendio de la Europa
moderna y medieval. Especialmente el movimiento cultural y político
de los eslavófilos en oposición al espíritu de los occidentalistas, calcadores
de Europa, implica un resurgir auténtico de los grandes valores tradicio-
nales rusos.

Pero también nos advierte Sáenz cómo en dicho siglo otra Rusia se
estaba incubando en el extranjero: “una Rusia revolucionaria, materialista,
una juventud que aceptó el materialismo en sus tres formas: económica,
histórica y científica. Pero como esa juventud era rusa, lo apuró hasta
sus últimas consecuencias, hasta el nihilismo”, nos repite Sáenz siguiendo
al inefable y apasionante Gonzague de Reynold, cuyo libro El Mundo
Ruso es una obra que difícilmente envejezca.
Una voz profética rescata el P. Sáenz, es la de José de Maistre, quien
estuvo de 1805 a 1817 como representante del rey de Cerdeña. Conoció
a fondo a los rusos, a quienes amaba, y llegó a escribir:

¿A dónde va ese imperio? A la revolución. Pedro fue el asesino de


su nación... La despojó de sus vestidos, de sus costumbres, de su carácter,
de su contemplación, de su religión [...] La revolución que se anuncia
superará en mucho a la Revolución Francesa: hay que prepararse para
una gran revolución de la cual la que acaba de terminar (según se dice),
no era más que el prólogo [...] Nunca encaro este tema sin una especie
de temblor en el que hay una buena parte de ternura [...] Si algún Pu-
gatchev de universidad viniera a ponerse a la cabeza de un partido, si
alguna vez el pueblo fuese excitado y empezara, en lugar de las expedicio-
nes asiáticas, una revolución a la europea, no hallo expresiones para
deciros lo que podría temerse [...] Rusia es un gran espectáculo que yo
no contemplaría jamás sin amor y sin terror.

El Pugatchev de universidad nació hacia 1870. Fue Vladímir Ilich


Ulianov. Se lo conoció por Lenin. Con él y los bolchevique, nutridos

GLADIUS 83 | AÑO 2012 91


con las enseñanzas de Marx introducidas por Plejanov en las últimas
décadas del siglo XIX, entraremos en la Revolución del siglo XX, la so-
viética, esto es la quinta Rusia, o mejor, la URSS. Pero no nos adelantemos.
La obra que estamos comentando incursiona en dos aspectos íntima-
mente relacionados: el alma rusa y la evolución de la Iglesia Rusa. Para
Sáenz los rusos entran en el arquetipo del hombre “mesiánico”, tal como
lo describe Walter Schubart, esto es un ser que “no está animado por
el afán de poder, ve en el hombre, no al enemigo, sino al hermano, y
en el mundo no la presa, sobre la cual precipitarse, sino la materia que
espera ser redimida y santificada”. Difiere de los otros arquetipos, es
decir, el hombre armónico, el heroico o prometeico y el ascético. Si el
primero (el griego de tiempos de Homero o el cristiano del mundo me-
dieval) se finca en la contemplación del mundo, el segundo en el dominio
del mismo (el romano de la edad antigua o el europeo de la época
moderna), el tercero, en su huída (los griegos neoplatónicos y los hin-
dúes), el hombre mesiánico (los primeros cristianos y la mayoría de los
eslavos) busca la santificación del mundo...
Pues bien, el alma rusa se distingue por notas que explica Sáenz con
detenimiento: el influjo del medio geográfico y climático que hubieran
agradado al mismísimo Montesquieu, la psicología extremosa y bohemia,
de modo especial -me parece- ese dolorismo que se refleja en su capacidad
de sufrir y compasión humilde, el peso de lo aldeano en el modelamiento
del alma rusa, herido de muerte por ese corte brutal de la colectivización
de Stalin de los finales de los años 20, a lo que se agrega su antirracio-
nalismo, sobrenaturalismo, la religiosidad que impregna la cultura animi
del ruso, y por fin, una tríada inseparable: nihilismo, mesianismo y
escatologismo. Todo modela un tipo de hombre que llegó al siglo XX.
Ejemplico con frases decisivas de un libro que obliga a pensar: “Bos-
que y estepa son el hábitat original del ruso [...] En la psicología del
pueblo ruso tuvo influencia enorme el clima [...] extremado y seco, duro
para el hombre. Este clima se define por sus contrastes agudos, su caren-
cia de términos medios y su falta de transición [...] La geografía han
modelado al hombre ruso. La infinitud de los espacios engendra “la
divagación en el alma [...] Rusia es el país de las ilimitadas posibilidades
psíquicas. El ruso pasa inmediatamente y sin motivo aparente de un
estado al estado opuesto [...] Rusia [...] el impulso hacia el extremo,
hacia el fin [...] Una característica profundamente rusa es el predominio
de las relaciones espontáneas y naturales entre las personas [... su] espí-
ritu bohemio se expresa [...] por una actividad muy generalizada: el

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desprecio a la acumulación de los bienes materiales [...] Para el ruso el
ahorro no es virtud sino vicio [...] El ruso [...] es un jugador nato. La
ruleta es un juego esencialmente ruso, escribe Dostoievsi. El ruso juega
porque ama la casualidad, el hormigueo del riesgo y la embriaguez de
lo imprevisible”.
Pero hay más: “En Rusia, más que maldecir al criminal se lo compadece.
El delincuente no ha de ser excluído de la familia humana, es capaz de
redención [...] La comunidad en el sufrimiento, la compasión, enfatiza
un aspecto del amor fraterno: el amor de conmiseración... la idea del
sacrificio constituye un tema central en la espiritualidad rusa [...] Sin
sacrificio no hay nuevo nacimiento, sin muerte no hay resurrección. De
ahí el primado del tema pascual, tan característico de su cristianismo.
Pascua, y no Navidad, es la fiesta preferida de los rusos. Esta actitud
–dice Sáenz– frente al dolor va muy unida con la humildad y con la
libertad [...] El espíritu de humildad es lo más secreto y precioso de la
vida espiritual del pueblo ruso”.
En este punto agrego algo de mi cosecha. Se encuentra en las memo-
rias de Evgenia Ginzburg, uno de los documentos más singulares de la
Rusia staliniana. Miembro del Partido Comunista, como su esposo Pavel
Aksenov. Fue desde 1937 residente involuntaria del Archipiélago Gulag.
Ella escribe muchos años después: “Cuando se vive durante tantos años
en un mundo trágico, se acaba uno acostumbrando a un sufrimiento
tan constante y hasta se aprende a olvidarlo de cuando en cuando. Uno
se consuela pensando que el dolor desnuda la esencia de las cosas y
que es el precio que hay que pagar para poder contemplar la vida de
un modo más cercano a la verdad” 11
Por su parte Tatiana Goricheva nos dice:

Estamos hablando sobre el sufrimiento. Se ha dicho que la historia


rusa es una historia de sufrimiento que ha marcado el carácter ruso.
Quizá sea realmente así. Entre nosotros se valora mucho la paciencia.
También se estima mucho la capacidad de sacrificarse, también hoy en
la Rusia comunista. Nuestra Iglesia rusa comienza con sufrimientos,
paciencia y sacrificio [...]
Nuestra cultura rusa del siglo XIX, toda la literatura religiosa de aquella
época es prácticamente una respuesta al tema de Job. Nosotros leemos
el libro de Job en Cuaresma, durante el gran ayuno. Dostoievski lo vivió
de niño y le impresionó de tal manera que toda la obra de su vida fue

11 Evgenia Ginzburg: El cielo de Siberia, Argos Vergara, Barcelona, 1980, p.108.

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un intento de dar respuesta a la pregunta de Job: “¿Por qué este sufri-
miento? ¿Y por qué precisamente a nosotros?”. Las respuestas en Dos-
toievski y también en Tolstoi conducen desde el infierno de la autocom-
pasión al paraíso de los cultos divinos, del amor que adora, del amor
que sirve. Van del abismo del nihilismo, de la nada, hasta Cristo vivo 12.

Concluyo con algunas frases abarcativas del alma o el espíritu ruso,


que son una pálida imagen de la riqueza de análisis de nuestro autor.
En efecto: “El espíritu de familia y el sentido de comunidad, características
del alma rusa, encuentran una concreción admirable en la aldea, en el
campesino ruso”. Los lectores de Solzhenitsyn recordamos la evocación
nostálgica del aldeano ruso, ese ser naturalmente cristiano, en las páginas
del genial escritor y su pérdida irreparable, o su huella en las obras de
Gógol. Otros aspectos finales: “El ruso es visceralmente antirracionalista,
dejando que sus sentimientos se desborden cual corceles impetuosos
que no se dejan uncir con facilidad a la carroza de la razón”. “Para el
ruso lo natural es lo sobrenatural, el mundo místico [...] todo lo sobrena-
turaliza, aun lo que pertenece al orden natural [...] De ese «sobrenatu-
ralismo» se deriva el menosprecio que el alma rusa experimenta por la
sabiduría y prudencia humana”.
Esta alma rusa –idea que cruza todo el libro hasta el final– está im-
pregnada de cristianismo. Y por supuesto su cultura. Vale este texto
como uno de los más medulares de todo el libro: “si consideramos de
una manera global el conjunto de la cultura cristiana, advertimos que
toda ella está impregnada de cristianismo, así como la tierra rusa está
sembrada de cúpulas y de cruces. La arquitectura rusa es religiosa. La
pintura, con Rublev a la cabeza, es esencialmennte religiosa. La literatura,
con sus Gógol, Dostoievski y Solzhenitsyn, está embebida de religión.
El pensamiento, con sus padres Bulgákov y Florenski, con Soloviev y
Berdiaeff, es espiritualista por esencia. La música, con Mussorgsky y
Tschaikovsky, está llena de resonancias religiosas”. Finalmente el mesia-
nismo y el nihilismo, típicamente rusos. Una frase del autor de In persona
Christi: “El nihilismo es el mesianismo que se invierte, que ha perdido
la esperanza [...] Lo importante es advertir hasta qué grado el nihilismo
ruso es de carácter religioso. El ruso es un pueblo eminentemente mesiá-
nico. Lleva el mesianismo en la sangre [...] el nihilismo es un sentimiento
religioso que pasó a la negación. El nihilista ruso encuentra en su obra

12 Tatiana Goritchéva: La fuerza de los débiles, Ediciones Encuentro, Madrid, 1988,


pp. 49-51.

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destructora un “gozo creador”, como lo manifiesta explícitamente Baku-
nin”. La historiadora rusa radicada en Chile, Olga Ulianova, agrega: “El
espíritu mesiánico se remonta a tiempos antiguos. Para conservarse
como pueblo y como cultura, frente a todas las calamidades que han
asolado en la historia de Rusia desde sus orígenes, había que tener una
fe enorme en que Rusia sí tenía un destino especial en el mundo” 13.
Cierro esta incursión de textos selectos con el escatologismo ruso.
Nos dice: “La nostalgia del fin del mundo es un anhelo que se anida en
el fondo del espíritu ruso [...] Es quizás este espíritu escatológico el que
mueve los pies de los rusos en esa especie de vértigo que sienten por
las peregrinaciones. Rusia corre desde hace siglos por bosques y llanuras,
en busca de lo que está más allá, en busca de Dios”. Sáenz cita oportu-
namente a Berdiaff: “Todos somos acá peregrinos sin hogar ni lugar. Es
de la ciudad futura que tenemos hambre y sed”.
Son inspiradas las reflexiones del P. Sáenz sobre Rusia y España. Son
múltiples las semejanzas anímicas, psicológicas. Tal vez esta frase sintetiza
la cordial unión de pueblos extremos: “Entre rusos y españoles no existen
tan sólo semejanzas en la perisferia sino en el centro del alma”.
Hace muchos años Alberto Falcionelli me decía no comprender cómo
en una de las últimas obras de un historiador importante sobre Rusia
como Richard Pipes pudiera ignorarse la iglesia Ortodoxa. Pues bien,
Sáenz no cae en ese error. Hace una preciosa síntesis desde sus antece-
dentes bizantinos, pasando a la autoacefalía religiosa que culmina en
la independencia de la Iglesia de Bizancio. Como bien lo recalca, desde
1459 la Iglesia Rusa quedó constituída en unidad canónica autocefáli-
ca. Conoce muy bien las visisitudes de las relaciones entre la Iglesia de
Moscú y el Papa de Roma y la Iglesia Católica. Así como se detuvo en
la figura de San Sergio, también estudia la labor de Isidoro, metropolita
de Moscú en 1437 y partidario de la unidad con Roma, como emanó
del Concilio de Florencia. Sin embargo, los moscovitas rechazan la unión,
se distancia de los griegos, de Bizancio e inician la rusificación de su
iglesia
Ahora bien, un acontecimiento religioso de primera magnitud fue el
Raskol o cisma rusa, la herejía de los “viejos creyentes”. El motivo fue
la revisión de los viejos textos litúrgicos en tiempos del Patriarca Nikón,
a mediados del siglo XVII, y otros aspectos más, como el modo de san-

13 Olga Ulianova: Luces y sombras de la “Idea Rusa”, El Mercurio, Santiago de


Chile, 2 de agosto de 1992.

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tiguarse. El Patriarca entró en colisión con el Zar, y fue finalmente expul-
sado de Moscú. “La reforma litúrgica de Nikón –dice Sáenz– conmovió
el alma de Rusia y está, de hecho, en el origen del cisma”. Los rebeldes
a la reforma cayeron en herejía y las sectas pulularon, desde entonces,
como los “viejos creyentes” o starowierz. Solzhenitsyn consideró el Rakol
“la mayor tragedia de nuestro pueblo en los últimos mil años de vida,
antes de la revolución bolchevique”.
Pues bien, antes de entrar de lleno a la Revolución del siglo XX el P.
Sáenz nos regala uno de los apartados más atrayentes: “Características
del cristianismo ruso”. Aquí nos sumerge en la raigambre religiosa de la
cultura rusa. En primer término sobresale la preeminencia que la Iglesia
rusa da a la liturgia. Dice: “en la acción cultual se encuentra quintaesencia-
da la sustancia más recóndita del cristianismo oriental”. Citando a un
autor el P. Sáenz esquematiza: En las liturgias griegas el elemento pre-
dominante es la acción simbólica, en tanto que en las latinas es la pala-
bra dogmática... Aquí se inserta el universo de los iconos, toda la mani-
festación de un mundo espiritual, como escribiera Tomás Spidlik. Sáenz
cita a Dostoiveski: “El pueblo ruso se instruyó en las iglesias donde,
durante años, ha visto iconos que valen más que sermones”. El oriente
es, pues, la patria del icono. La iconografía es allí parte orgánica de la
tradición y constituye la base de lo que podríamos denominar una “teo-
logía visual”.
Otro aspecto definido por Sáenz en una frase lapidaria: “El cristianismo
occidental es una religión de la encarnación, el cristianismo oriental,
una religión de la resurrección. Es lo que llama la centralidad de la Re-
surrección de Cristo. Es el relieve que se da al misterio Pascual [...]
Pascua es la gran fiesta del año [...] El Cristo Resucitado es el contenido
de toda la contemplación litúrgica, el nervio de toda la piedad rusa, el
foco de la Teología oriental”.
Interesantes meditaciones le merecen el templo ruso, ese espacio
sagrado. Su estructura, dice, es un verdadero tratado de teología, pues
como escribiera San Germán de Constantinopla: “La iglesia es el cielo
en la tierra, donde habita y se mueve Dios, que es más alto que el cielo”.
Nos detenemos en la cúpula en forma de bulbo o acebollada, típica de
los templos rusos. Nos dice, casi poéticamente: “La cúpula da una idea
de la felicidad que se abre camino en medio de los sufrimientos de esta
tierra, trascendiendo el mundo de los padecimientos humanos todo lo
arrastra hacia lo alto. Los bulbos son como lenguas de fuego, y una
iglesia con varias cúpulas es como un candelero abrasado de llamas. El

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resplandor del cielo penetra a través de ellas en el interior del templo,
e ilumina sus bóvedas, como si el cielo descendiera a la tierra, llenando
de luz el rostro majestuoso del Pantocrator [...] Este juego de llamas de
las cúpulas, que se encienden con tanta frecuencia sobre el suelo ruso,
aun en medio del páramo soviético, simboliza la pervivencia de la Santa
Rusia, y su vocación de reflejar sobre el mundo la refulgente imagen
divina. Pero todo esto [...] no es sino el marco exterior de aquello en
torno a lo cual gira la liturgia, el sacramento del altar”.
Olga Ulianova dice, por otra parte, que la cúpula de forma típicamente
bizantina, “simboliza la vela, el fuego, la llama. Las cúpulas de las iglesias
se pintaban de oro para que, según antiguas tradiciones, las viera Dios,
o de azul con las estrellas de oro, para significar el firmamento” 14
El pueblo tuvo dos guías principales: la liturgia y los stáretz, es decir,
esos ancianos que nos transportan a las páginas de Dostoievsky y el
stáretz Zósima, de Los Hermanos Karamazov. Esos monjes profundamente
venerados en el pueblo, con una vida ascética, contemplativa, que tenían
la especial cualidad de comprender y dirigir las almas dolientes 15. Sáenz

14 Ibidem.
15 Leamos a Dostoievski en Los Hermanos Karamazov: “El «starets» se sintió atraído
por dos ojos que relucían entre aquel tropel de gente. Era una joven campesina enferma,
que permanecía silenciosa, con la mirada suplicante, pero que sin que se atreviera a
acercarse.
–¿Qué deseas, hija mía?
–Absuélveme, padre mío –dijo con voz quejumbrosa, a tiempo que se arrodillaba–.
He pecado, padre mío, y mi pecado me llena de espanto.
El «starets» se sentó en el peldaño inferior y la mujer se fue arrastrando de hinojos
hasta junto a él.
Hace tres años que soy viuda –añadió en voz muy baja y trémula–. Mi existencia
conyugal fue muy penosa. Mi marido era viejo, y me pegaba. Cayó enfermo y yo me
dije: «Si sale de ésta, si se levanta, ¿qué va a ser de mí?» Y entonces tuve una idea...
–Aguarda –dijo el «starets».
Y acercó el oído a los labios de la mujer. Esta siguió murmurando en voz tan baja,
que a excepción del «starets», nadie pudo entender una palabra, la cosa fue además
muy breve.
–¿Hace tres años de eso? –preguntó el «starets».
–Tres años. Al principio no pensé en ello, pero ahora, la pena me tiene enferma.
–¿Vienes de lejos?
–Quinientas verstas.
–¿Lo has dicho al confesor?
–Lo he dicho, sí, lo he dicho: dos veces.
–¿Te concedieron la comunión?
–Sí, pero temo a la muerte.

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nos brinda un exquisito medallón de un stáretz que vivió entre los siglos
XVIII y XIX, San Serafín de Sarov, quien “encarna el ideal de la santidad
rusa, especialmente por su inmensa bondad y «com-pasión» al desam-
parado y su extraordinaria humildad”.
Y por último la mística rusa con su fruto más maduro: La Filocalia,
“el libro de cabecera de la tradición mística de la iglesia oriental”, escrita
por Nicodemo de Naxos (1749-1809), en colaboración con Macario de
Corinto. Es que la Ortodoxia es, según el P. Bulgákov, “amor y visión
de la belleza espiritual”.
San Serafin de Sarov, al final de su vida, auguró para Rusia tiempos
terribles. Se cerrarían las puertas de los conventos y caerían las cruces
de las iglesias. “Habrá tanta miseria y tanto dolor como jamás ha habido.
Los ángeles no alcanzan a recoger sobre la tierra las almas de los muer-
tos”. Lamentablemente, decimos nosotros los habitantes del siglo XXI,
no se equivocó. Y esta cita de San Serafín nos introduce en la segunda
parte del libro, en donde todo fue posible.

La utopía al poder, el homo sovieticus y la lucha por el alma


del hombre

Podría servir de acápite para esta segunda parte las siguientes palabras
del matemático ruso Igor Shafarevich: “En el último medio siglo hemos
pasado por una experiencia única en el mundo. Según el concepto de
los cuentos antiguos, para adquirir fuerzas sobrenaturales es necesario
pasar por la muerte. Rusia ha pasado por la muerte y por eso mantiene
la esperanza de oír la voz de Dios” 16.

–No, no temas, no hay que temer a nada. No te quejes. Arrepiénte y Dios te per-
donará. No hay un pecado en el mundo que Dios no perdone al verdadero arrepentido.
El hombre, por muchos y grandes que sean sus pecados, no puede agotar la misericor-
dia divina. ¡Oh, mujer! ¡Es tan grande la misericordia divina! A ti, por ejemplo, pecado-
ra como eres, y por razón de tu pecado, Dios te ama. En el cielo hay más gozo por un
pecador que se arrepiente, que por diez justos que perseveran: esta es una sentencia
muy antigua. ¡Ve y no temás más! Sé humilde a las ofensas de los hombres. Perdona
de corazón al que murió, perdónale todo el mal que te hizo, y la verdadera paz descenderaá
a tu alma. El amor lo borra todo. Piensa en eso, si yo que soy un pecador como tú,
tengo compasión de ti, ¡cuánto más grande no ha de ser la piedad de Dios! El amor es
un tesoro tan inestimable que limpia todos los pecados del mundo, no solamente los
nuestros, ¿oyes?, sino todos los del mundo. Ve y no temas nada”.
16 Cit en Alexandr Solzhenitsyn: Alerta a Occidente, Acervo, Barcelona, 1978,
p.156.

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Es menester recordar que el siglo XX fue, entre otras cosas, el siglo
del comunismo. La construcción del nuevo orden comunista, desde
octubre de 1917 tuvo como inspirador y ejecutor a Lenin y, junto a él,
el creador del Ejército Rojo, León Trotsky. La revolución y la construcción
de ese vasto imperio ideológico, la URSS –llamada así desde 1922– fue
el gran sueño, la gran ilusión, como la llama Furet. Se vivió bajo “el
embrujo de Octubre”, durante décadas. El mundo marxista tuvo enor-
mes ganancias territoriales, con motivo del fin de la segunda guerra
mundial. Toda una serie de países terminaron, entre 1945 y 1949, vi-
viendo a la sombra de Moscú, en la expresión de Henry Bogdan: esto
es Polonia, Alemania del Este, Checoslovaquia, Hungría, Rumania,
Bulgaria. Yugoslavia, los antiguos eslavos del sur, con el Mariscal Tito,
artífice y conductor férreo hasta su muerte en 1980, tuvo un rumbo
diferente, ya que evitó caer bajo el yugo de Stalin, pero dentro de un
durísimo comunismo nacional.
En 1949 el triunfo de Mao Tse Tung abría las puertas del dominio
comunista en la inmensidad de China. De allí seguirán Corea del Norte,
la antigua Indochina, con Vietnam, cuya guerra marcó, prácticamente,
a una generación, hasta la derrota americana en 1973 y la posterior
unificación en 1975. La Revolución Cubana de 1959 reavivó el celo
revolucionario en toda la izquierda mundial, y exportó su modelo de
revolucionario profesional dispuesto a hacer revivir el poder en la punta
del fusil, como se repetirá veinte años después, en 1979, cuando el
Sandinismo tome el poder en Nicaragua. África fue ganada, en varios
naciones, durante las décadas de los años sesenta y setenta, para la
revolución mundial: Angola, Mozambique... Luego vendría la domina-
ción militar de la URSS en Afganistán, desde diciembre de 1979, que
al cabo de ocho años le resultó fatal.
Es menester volver a insistir en las décadas de yugo absoluto que el
comunismo ejerció sobre sociedades cautivas, cerradas, a las que se
intentó liquidar, desde sus creencias más hondas, el Cristianismo en
particular y todo el repertorio de las culturas nacionales respectivas. Esta
lucha titánica, desigual, es el corazón del libro del P. Sáenz. En la misma
URSS antiguos pueblos soportaron el dominio rusificador del partido
comunista soviético: Letonia, Estonia, Lituania, esto es los Países Bálticos,
anexados violentamente desde 1940, justo después de la agresión ale-
mana a Polonia y la invasión a dicho país por la URSS. También Ucrania,
Bielorusia, Moldavia, etc. Otros pueblos dominados fueron los armenios
y los georgianos, en la región del Cáucaso, y las naciones musulmanas
del Asia central como Kirguistán, Takiyistán, Uzbekistán, Kazajstán y
Turkmenistán.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 99


La construcción del “homo sovieticus”, como lo describe muy bien
el P. Sáenz, suponía la liquidación, de raíz, de la conciencia cristiana y
de toda creencia religiosa. “Toda concepción religiosa, toda idea sobre
cualquier dios [con d minúscula] en general, es una abominación su-
prema”, le escribía Lenin al escritor Máximo Gorki, en carta de fecha 1
de noviembre de 1913, y hacia 1922, en nombre del Politburó, le or-
denaba a Molotov “que aprovechase el hambre para fusilar al mayor
número de sacerdotes con el fin de que quedase este recuerdo durante
decenios” 17. No en vano el patriarca ruso Tijón, al excomulgar a los
comunistas soviéticos, en enero de 1918, los tilda de “enemigos de la
verdad de Cristo”, quienes se afanaban por “expandir por doquier las
semillas del mal, del odio, de la lucha fratricida” y suplicaba a los fieles
hijos de la iglesia ortodoxa, “que os abstengáis de toda relación con
esos monstruos de la especie humana” 18.
El autor nos introduce en la Revolución de Octubre, con todas sus
singularidades. Una de ellas fue el uso masivo del terror, el estimulo del
odio y la crueldad. Lo repite a Lenin, a lo largo del libro: “Sin merced,
sin dar cuartel, mataremos a nuestros enemigos por centenares, por
millares, que se aneguen en su propia sangre [...] que la sangre de los
burgueses corra a raudales”. Muchos años después Leonardo Wanke,
un emigrado polaco que escribe una historia de su país en la Argentina,
recordó con horror el canto de jóvenes montoneros y del ERP, en tor-
no al obelisco: “qué lindo va a ser bañarse en la sangre de los burgue-
ses” 19. Es el mismo furor por la Revolución, que envolvió a Lenin, el
arquitecto del Totalitarismo, como le llamó Bertram Wolfe. El alma de
Lenin engendró a Stalin, su más fiel discípulo que, hay que recordarlo,
tras su duelo con Trotsty, a quien deporta y manda asesinar en México,
se instala en el poder, hacia 1929, e inaugura el período de mayor terror
mental de la historia, en palabras de Tatiana Goricheva, una resistente
tan presente en las páginas del Padre Sáenz...
Una larga incursión sobre el terror y la represión surca todo el libro
y le merece un apartado especial. Es que el régimen nació acunado por

17 Cit. por Bernard Lecomte: Cómo el Papa venció al Comunismo. La Verdad


triunfa siempre, Rialp, Madrid, 1992, p3034
18 Mario Luis Descotte: El Legado de Juan Pablo II, Fondo Editorial San Francisco
Javier, Mendoza, 22005.Cfr. el libro revelador, con la apertura de los archivos secretos
del Comité Central del Partido Comunista de la URSS (PCUS), del general Dmitri
Volkogónov: El verdadero Lenin, Anaya y Mario Muchnik Madrid, 1996.
19 Leonardo Wanke: Polonia. Su misión histórica, Ediciones del Águila Coronada,
Buenos Aires, 1983, pp. 302-303.

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el terror y la coacción. Se arrancó con el sistema de rehenes para ate-
rrorizar a la población, para pasar a los campos de concentración y el
terror de masa. Una creación clave fue la Tcheka, con E. Dzerjinski a la
cabeza. Luego GPU, NKVD y KGB. El terror, unido al miedo y la mentira
generalizada, fue consustancial al régimen ideocrático. Hubo un Gran
Terror y luego un Gran Miedo. Y en la época posestaliniana, el refinamiento
mayor: las clínicas psiquiátricas para personas sanas. Fue el emblemático
grito de Vladímir Bukoski, a cuyos libros acude Sáenz: “pienso, luego
estoy loco”. Pues los dirigentes soviéticos inventaron la figura: “disidentes
enfermos mentales no responsables ante la ley de sus comportamien-
tos”. Luchar por la verdad pasaba a ser un acto demencial. Por supuesto
que los campos de concentración, inventados por Lenin, hallaron en
Stalin su consumación. Es que toda la URSS fue un gran universo con-
centracionario. Era “el orden por el terror”, según la fórmula acuñada
por Carrere d’Encausse. Cuenta Weissberg que en cierta oportunidad
se le preguntó a Stalin si le agradaría arrancar la lealtad de su pueblo
por miedo o por convicción. Se le planteaba el mismo dilema de Maquia-
velo: el príncipe, ¿debe ser temido o amado? Respuesta del florentino:
los hombres temen menos al que se hace amar que al que se hace temer.
Respuesta de Stalin: “Por miedo. Las convicciones –agregó– pueden
cambiar, pero el miedo queda siempre” 20. Es coherente con otras de
sus frases célebres: “¿Qué es una muerte? Una tragedia. ¿Y un millón
de muertes?...” Respuesta del georgiano: “sólo estadística”...
¿Qué fue la URSS? Fue, al decir de Besançon, una ideocracia, por
el peso de la ideología. Fue también una logocracia, término acuñado
por el poeta polaco Ceslaw Milosz, a quien yo le debo la fruición de su
libro: El pensamiento cautivo. Pero tambiérn acepta, con Aron y Solzhe-
nitsyn, que fue un régimen ideológico. Y para rematar, fue la utopía al
poder, como acuñaron Heller y Nekrich en su obra fundamental sobre
la URSS. Todo eso y algo más que Sáenz se encarga de señalar con
Boris Souvarin, que de esto supo bastante: “La URSS fue una gran
mentira, desde su sigla al homo sovieticus que nunca nació pero que
prepararon el parto durante setenta años [...] La mentira, junto con la
corrupción económica y el alcoholismo, fueron las grandes lacras de la
sociedad soviética. El último texto de Solzhenitsyn en Moscú, antes de
ser expulsado en 1974, me estremeció siendo alumno del Liceo Militar
General Espejo: «Rechacemos la Mentira». Me conmovió su fuerza moral
al incitar en la no participación personal en la mentira. El vínculo inex-

20 Cit por Alex de Jonge: Stalin, Buenos Aires, Emecé, 1989, p.360.

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tricable entre violencia y mentira (la violencia solo puede cubrirse con
la mentira, y la mentira sólo puede manetenerse con la violencia). Y el
corolario: “Que la mentira lo cubra todo, que lo avasalle todo [...] pero,
¡no a través de mí! [...] Nuestro camino es: ¡no apoyar conscientemente
la mentira en nada! [...] Quien quiera ser honrado tiene que elegir: todos
los días, todos nosotros, incluso ante las ciencias técnicas más seguras,
hemos de andar o en dirección a la verdad o en el sentido de la mentira:
hacia la independencia espiritual o el servilismo del alma. Y quien no
tenga valor ni para defender su alma, que no se enorgullezca de sus
convicciones vanguardistas, que no se ufane de ser académico o artista
del pueblo, personalidad emérita o general, que se diga a sí mismo: soy
un animal y un cobarde y sólo necesito suculencia y calor” 21.
Y por último, toma posición en una vieja polémica: ¿fue el comunismo
un fenómeno ruso o extraño a su alma? El comunismo para Sáenz fue
un fruto maduro del Occidente, fraguado en Marx y Engels, embebidos,
como sabemos, de la modernidad europea.
Sáenz nos describe la URSS de los años 80 con soltura y precisión.
Por de pronto, sobresale el Poder omnímodo del Partido Comunista,
único hasta Gorbachov, cual “guía y levadura de la sociedad soviética”.
Para Sáenz su función era la encarnación y sustituto de la sociedad civil,
que votaba fútilmente, en una búsqueda afanosa de los líderes de
contribuir a la integración de la sociedad soviética. El lugar del Partido
en el alma comunista era inmenso. Recuerdo las cartas de la esposa de
Arthur London, viceministro de Relaciones Exteriores de la Checoslova-
quia comunista, que al caer en desgracia, le escribe en 1951: “El pen-
samiento de que tú –la persona más amada– seas indigno de pertenecer
a la gran familia socialista nos tortura [...] si eres inocente, lucha por
probarlo. Si no, es justo que pagues las consecuencias de tus actos”. Y
en otra misiva le agrega: “Conoces nuestra adhesión al Partido y que
podríamos perdonarte todo, menos la traición para con él [...] Si se con-
firma que tú eres un traidor, a pesar de todo mi amor por ti, te advierto
que entre nosotros el lazo se romperá para siempre” 22.

21 Alexandr Solzhenitsyn: Alerta a Occidente, Ediciones acervo, Barcelona1978,


pp.45y47.
22 Arthur London: La confesión en el engranaje del proceso de Praga. Monte Ávila,
Caracas, 1971 pp.171-172 y 324. Cit. en Mario Luis Descotte: El Estallido del Mundo
Soviético. Ensayo sobre la descomposición de la URSS y la Europa Oriental en tiempos
de Mijaíl Gorbachov, EDIUM, Universidad de Mendoza, Mendoza, 1999, pp.126-127.

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Una novedad que presenta es el surgimiento de una clase privilegia-
da, la Nomenklatura, que terminó confirmando las palabras de Trotsky,
esto es que ejerció una dictadura sobre el proletariado. Cerca de tres
millones, en tiempos de Gorbachov hacían añicos la pretendida sociedad
sin clases. El mejor adelanto fue el que hizo Orwell en su obra La rebelión
en la Granja. Cuando los animales le reprocharon al chancho Napoleón
por las prebendas y le recordaron la soñada igualdad, contestó con
proverbial franqueza: sí, todos somos iguales, pero algunos somos más
iguales... Así en Rusia... así en la Cuba de Castro... El libro La Nueva
Clase de Milovan Djilas fue un rayo de luz venido de la Yugoslavia de
los años 50. En su ensayo Mi patria y el mundo, Andrei Sajarov decía:
“Es extremadamente significativo el hecho de que nuestra sociedad
carezca de justicia social”, y refiriéndose a la Nueva Clase dice: “Esta
«elite» tiene su propio estilo de vida, su propia posición social claramente
definida, patrones o jefes, y su propia manera de hablar y pensar. La
nomenklatura tiene, en el hecho, una posición inalieable y recientemen-
te ha llegado a ser hereditaria” 23.
Sumamente aleccionador es el juego, dentro de la sociedad soviéti-
ca, que el P. Sáenz engarza entre la familia, la aldea, el mundo obrero,
el Ejército Rojo y ese mosaico de nacionalidades y etnias que fue la ex-
URSS. De la célula básica al Imperio, va descorriendo el velo, mostrando
cómo el Estado lo invade todo y lo penetra todo. En efecto, siguiendo
muy de cerca las investigaciones de Michel Heller que cuajaron en ese
libro magnífico El Hombre Nuevo Soviético, evidencia cómo la utopía
atacó a la familia tradicional, base por lo demás de las aldeas y del alma
rusa, siguiendo al pie de la letra a Marx y Engels. Para el jurista soviético
Stucka la familia era la primera forma de esclavitud. Irrumpe entonces
en los días iniciales de la revolución el matrimonio civil, el divorcio, el
aborto y las ideas de amor libre y cambios de parejas del agrado de
Alexandra Kollontai. Destruida la familia había que reconstruirla sobre
bases socialistas. Es la época de Stalin, cuando se da un viraje. Como
bien dice el P. Sáenz, es entonces que la familia debe aceptar un nuevo
miembro: el Estado. Se acaba con el libertinaje y se propugna “la madre
heroica”, “gloria de la maternidad”, merecedoras de la “medalla de la
maternidad”.
Los bolcheviques heredan la inquina marxista al campo. Un objetivo
fue destruir la aldea rusa, apoyada en las familias numerosas. No es un

23 Andrei Sajarov: Mi país y el mundo, Vaitea, Santiago de Chile, 1977. Cit por
Mario Luis Descotte, op. cit, p54.

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dato menor que en 1917 más de un 80% de la población vive en el
campo. Hay una creciente industrialización que hunde sus raíces hacia
1880 en Rusia. Pero el peso está en el campo. Pues bien, los bolcheviques,
en su afan de construir el homo sovieticus, le declararon la guerra al
mundo agrario. Y tras el impasse de la NEP, Nueva Política Económica,
decretada por Lenin para salvar la revolución tras las hambrunas espan-
tosas de 1919-1921 y tras la rebelión de Cronstadt, vino, pues, la colec-
tivización agraria (1929-1932) que actuó, dice Sáenz, como un arma
contundente de guerra espiritual.
Todo fue posible tras este “gran viraje”: deportaciones masivas, li-
quidación física de 15 millones de personas. Hambrunas deliberadas y
ocultadas a la perfección, como lo reconoció Arthur Koestler: de 4 a 6
millones, especialmente en Ucrania. Levantamientos obreros por do-
quier. Fruto final: quiebra del amor por la tierra y el trabajo. Raíz de la
endémica baja productividad del hombre de campo ruso, quien, como
el obrero, repitió la frase célebre: el Estado hace como que nos paga y
nosotros hacemos como que trabajamos. Hay otro pensamiento singu-
lar. Es de Leczek Kolakowski: la pobreza fue el alma inmortal del co-
munismo... Un mundo que era el granero del planeta antes de 1914...
terminó importando trigo de la Argentina a fines de los años 70 y con
motivo de la invasión a Afganistán...
El mundo obrero, exaltado por el marxismo, pues la fábrica debía
crear al hombre nuevo, pronto se decepcionó. De la desilusión, nos mues-
tra el autor, se caminó a su degradación. El trabajo se tornó obligatorio
y militarizado. El ejército –escribe Sáenz– se convirtió en modelo de los
trabajadores, y pronto apareció el menor entusiasmo laboral. Surgirán
con Stalin los campos de internación o de “reeducación” por el trabajo.
Ellos atenderán la construcción de los dos grandes canales, el de Lenin-
grado al mar Blanco y el de Moscú al Volga. Un dato singular que siempre
he recordado: lo cita Helene Carrere d’Éncausse, la brillante académica
francesa y eximia buceadora de Rusia y la URSS. La última huelga en
la URSS fue en 1927, en tiempos de Trotsky. La siguiente... en 1988...
en plena perestroika...
No descuida el autor señalar al Ejército Rojo. Creado por Trotsky tras
la debacle producida por la Orden Nº 1 del Soviet de Petrogrado, que
sumió en la anarquía y en la deserción al ejército del Zar. Después la
URSS contó con un ejército altamente ideologizado, sovietizado, que
respondió a los dictados del Partido Comunista. El otro gran tema es
que la URSS heredó un imperio agrietado por la batahola revoluciona-
ria. Vastos jirones se desgajaron: los países Bálticos, Finlandia, Georgia,

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entre otros. Ucrania. Luego, ya con Lenin, se reconstituye la URSS, en
1922, con un nuevo principio de legitimidad: no ya la monarquía zarista
autócrata sino el marxismo-leninismo. Ese imperio crece en tiempos de
Stalin, hasta plasmarse en la Constitución de la URSS de 1977: 15
repúblicas federadas, 20 repúblicas autónomas, 8 regiones autónomas,
129 territorios y 3.225 distritos.Un imperio multiétnico, con más de cien
nacionalidades, con más de cien lenguas. Carrere D’Encausse añade la
clave para entender el fin del siglo ruso: “La URSS es el campo de batalla
de una serie de naciones que afirman su existencia y están deseosas de
perpetuar su particularidad” 24. El P. Sáenz comprende bien la inviabilidad
entre internacionalismo proletario y las nacionalidades y sus culturas.
Lenin acentuó la centralización, tras la proclamada unión federal. “No-
sotros somos antipatriotas”, dijo en 1915. La política sovietizadora de
Lenin y sucesores implicó el traslado de poblaciones enteras, como los
mitimaes incaicos, por necesidades imperiales. El hombre soviético se
fue desarrollando, en palabras de Sáenz, “huérfano de su pasado”, con
un tremendo desarraigo vital... Aquí se entiende bien la frase del escritor
checo Milan Kundera: “la lucha del hombre por el poder es la lucha de
la memoria contra el olvido”. La memoria recobrada brotará, a fines de
los ochenta en todos los límites del Imperio soviético... por ello nuestro
autor escribía con acierto: “El régimen ha logrado destruir la mayor
parte de los cuerpos intermedios, las clases, la cultura, pero la única
entidad política que siempre le ha resistido, que no ha podido hacer
desaparecer, es la entidad nacional. El problema de las naciones resurge
a cada momento y es quizás uno de los más penosos que el gobierno
soviético debe enfrentar, el más irreductible e insoluble, junto con el
problema del resurgimiento religioso [...] Pero el despertar de los nacio-
nalismos sigue siendo el gran peligro latente que acecha a la monolitici-
dad de la URSS”.
La idea nacional y la fe religiosa: dos escollos en la construcción del
hombre soviético. La parte final de nuestra presentación girará en torno
a estos temas, con sus testigos, sus mártires y su mensaje al siglo XXI.
Vamos a una pregunta esencial, que le hacemos al autor como lectores
inquisitivos: ¿qué fue el comunismo ruso?
Penetramos aquí en uno de los capítulos más interesantes del libro.
Su respuesta fue la que advirtió, entre otros, Fulton Sheen: “con el co-

24 Helene Carrere D’Encausse: El expansionismo soviético, Rl Cid Editor, Buenos


Aires, p.229.

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munismo nos topamos con una nueva religión, pero invertida”. Nos
descubre un revelador texto de Berdiaeff: “El comunismo pretende ser
una nueva religión y exige para su realización grandes reservas de ener-
gías religiosas y una fe ilimitada [...] crea una nueva moral [...] Posee
su teología ortodoxa, crea su propio culto, por ejemplo, el culto a Lenin,
su propio simbolismo, sus fiestas, el bautismo rojo y los funerales rojos
[...] posee sus dogmas obligatorios para todos, su catecismo, condena
las herejías y excomulga a los herejes”.
Ensaya, pues, una pequeña historia de las ideas y de las creencias.
En efecto, rastrea el vínculo de Marx con el ateísmo y sus antecedentes
(Feuerbach) y dice, tajantemente: “Lo que intenta es elaborar una espe-
cie de teología al revés, una teología del más acá en donde el Hombre
venga a ocupar el lugar de Dios. En el fondo no hay ateísmo sino an-
titeísmo. Marx no prescindirá de la región sino que construirá una religión
al revés”. De aquí llegamos a la “religión como el opio de los pueblos”,
expresión de la impotencia del hombre... instrumento de explotación
del hombre por el hombre... y los vínculos de Marx con el satanismo.
Pero hay más: es la incursión intelectual en torno a una psicología del
ateísmo y del nihilismo, pero rusos. Aquí también algunos pensamientos
son lapidarios: “El ateísmo ruso es pues rebeldía y no indiferencia, su-
blevación contra Dios y no simple alejamiento de Él, acusación y no
mero despido de alguien que en adelante se considera prescindible. El
ateísta ruso pone el acto religioso, pero en mala dirección. Conoce a
Dios, mas no lo reconoce, es antiteísta y no simplemente ateo [...] El
ateo ruso no deja de creer, sino que cree en algo nuevo. Cree en el
ateísmo y defiende esta fe con la energía y el entusiasmo propio de la
religión [...] Entre los rusos todo es religioso [...] hasta el ateísmo”.
Y, por fin nos encontramos con el nihilismo, “que se puede definir
–nos dice Sáenz– como una fe ardiente en la negación, como la afirmación
apasionada del no-valor de todo aquello que se acostumbra a considerar
como válido en el mundo de la religión, el arte o la moral”. El nihilismo
ruso tuvo dos exponentes claves: Bielinski (1810-1848) y Bakunin
(1814-1876). Y el verdadero profeta del nihilismo socialista fue Dos-
toievski, quien arrojó a los vientos una de esas frases decisivas: “Si en
Rusia hay alguna vez revolución, ha de empezar irremediablemente por
el ateísmo”.
Volvamos, pues, al comunismo como religión. Sáenz nos hace la
síntesis doctrinal y rastrea sus particularidades. En efecto, en el credo
marxista, hubieron mitos: la Revolución, el Estado, el Paraíso en la tierra,
el Partido, pero sin duda el Mito central fue el del Proletariado en tanto

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que nuevo Mesías. Esto vendría de la vertiente judía de Carlos Marx.
Según Saénz dos corrientes mesiánicas se encuentran en 1917: el
mesianismo marxista del proletariado y el mesianismo tradicional del
pueblo ruso. Y un texto altamente significativo: “En cierto modo –escribe
nuestro autor– el marxismo ha secularizado las tres virtudes teologales:
la fe ya no es en Dios sino en el proletariado, la esperanza no es más la
visión de Dios en el cielo sino del paraíso en la tierra, gracias a la labor
denodada del proletariado, la caridad toma la forma del odio de clases,
que conduce a la sociedad perfecta”.
Es interesante vincular esta visión del P. Sáenz con estas palabras del
distinguido historiador rumano de las religiones, Mircea Eliade: “Se ve
muy bien que hubo un mito mesiánico en el pensamiento mismo de
Marx: la lucha de clases interpretada como un combate apocalíptico
entre las fuerzas del Bien y del Mal, luego la victoria de las fuerzas del
Bien, de la cual resulta la sociedad sin clases, verdaderamente paradisíaca.
En los comienzos de la revolución bolchevique sucedía que algunos
obreros, convencidos de que el comunismo iba a transformar el mundo,
trabajaban en la fábrica hasta dieciocho horas por día, según sabemos.
Un esfuerzo físico tan intenso no era posible sino en la medida en que
el trabajo tenía una significación mesiánica, milenarista, que implicaba
que la revolución bolchevique iba a salvar al hombre [...] el mito marxista
posee todas las características de una religión, desde que da –o daba–
una significación global a la vida humana, justifica -o justificaba- el
mundo y la Historia” 25.
Abreviemos con Sáenz. El comunismo intentó ser una concepción
total del mundo, cuya esencia más íntima, como hemos visto, es el
ateísmo militante. Por lo tanto hubo una moral soviética que parte de
la opresión y la explotación. Fue acompañada de un santoral y de una
liturgia comunista, es decir, se exaltó hasta el hartazgo la tutela de Lenin,
que era -lo digo por mi parte-el principio de legitimidad del régimen,
por lo cual cuando se lo tocó ya a mediados de 1988, podría fijarse el
principio del fin de la ateocracia y el comienzo de una crisis en el corazón
del régimen. Hubo además ritos: bautismos rojos, bodas rojas, funerales
rojos y Pascuas rojas. Las personas cambian de nombre. No ya María
sino Atlántida, Octubrina, Ninel. Un largo ritual cargado de simbología
ideológica: la visita al mausoleo de Lenín, las jornadas del 7 de noviembre
y las del 1 de mayo.

25 Diálogo con Mircea Eliade, La Nación, Buenos Aires, 6 de julio de 1980. Diálogo
de M. Eliade con Sophie Lannes y Jean-Louis Ferrier.

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Y, por supuesto, no faltó hasta una escatología soviética, en donde
la debacle del capitalismo suplía la fe en el Juicio Final. Aquí las palabras
de Sáenz son más que oportunas: “Es el cielo pero en la tierra, la victoria
final del proletariado, la sociedad sin clases, el broche de oro de la his-
toria, el término del proceso dialéctico, el fin de los tiempos”.
El marxismo, en su exaltación del hombre empuja a nuestro gran
conocedor de la cultura cristiana, incita al autor de La Nave y sus tem-
pestades, a evocar la lucha de las dos ciudades agustinianas. El marxismo
integra “la ciudad del mundo”. Exalta al hombre en detrimento de Dios.
Cita al inefable profeta de Treveris: “La religión de los trabajadores es
una religión sin Dios, porque intenta restaurar la divinidad del hombre”
Sáenz nos completa en una magnífica síntesis valorativa: “Tal es la quin-
taesencia de la cosmovisión soviética: la exaltación del hombre al que
pretende liberar de sus religaciones, especialmente de la que lo une con
Dios. Pero así como decía San Agustín que cuando el hombre cae de
Dios cae también de sí mismo, de manera semejante el comunismo no
se reduce tan sólo a la negación de Dios, sino que acaba también por
ser la negación del hombre, dos negaciones estrechamente vinculadas
entre sí. La propaganda antirreligiosa de los soviéticos es a la vez propa-
ganda antihumana. He aquí por qué el comunismo está en las antípodas
del cristianismo, de la religión del Dios-hombre, que afirma no sólo a
Dios, sino también al hombre”.
Una faceta interesantísima del libro responde a la pregunta: ¿cómo
se intentó, en la realidad histórica, la forja del homo sovieticus, desde
el minuto inicial de la Revolución? Es “el punto neurálgico” del texto.
¿Cuáles fueron las herramientas que usaron los bolcheviques para crear
y moldear los engranajes dóciles al Estado-Leviatán que estaban danddo
vida? ¿Cómo convertir el homo sapiens en homo sovieticus? La arcilla
era la pobre naturaleza humana. Por lo tanto este es un de los tramos
más sugerentes para iluminar toda una parcela del siglo XX, en la cual
los regímenes totalitarios marxistas se empeñaron en “transformar por
la fuerza a la naturaleza humana”, según expresión de Bertrand Rusell,
que avistó la URSS en sus inicios.
Tal misión despiadada caminó el siglo. De Moscú a Varsovia, Praga,
Sofía, Berlín, Bucarest, Pekín, La Habana, Hanoi y Saigón, entre otras
latitudes que conocieron y padecieron y padecen la utopía al poder.
Nada más gráfico que la llegada del Khmer Rouge a Pnon Pehn, en
Camboya en 1975 y el destierro de toda la población para ser sometidos
a la “reeducación comunista”. Después... el genocidio camboyano con

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los ideólogos formados en la Sorbona... y que en nuestros días están
siendos juzgados. Fue, pues, un proyecto mundial de modelar un tipo
de humanidad poblada por “hombres nuevos”, iluminados por las luces
de la Revolución Proletaria...
La forja, pues, comenzaba con el niño, la escuela y las agrupaciones
juveniles. Arrancar al niño de la influencia “nefasta” de la familia era
una prioridad. Con los adultos se aplicaría un proceso de “infantilización
colectiva”. La escuela tradicional debía ser destruida: no más exámenes,
cursos, el latín, los uniformes, los deberes en casa, etc. El profesor pasa
a ser “trabajador escolar”. Había que romper el molde del pasado. Por
otra parte, todas las asignaturas estaban atravesadas por el fin ideológico.
Como diría Jean Francois Revel cincuenta años despúes, no hay edu-
cación sino adoctrinamiento, que no es lo mismo. Todavía en 1984 una
nueva ley educativa soviética reiteraba lo obvio: “Todo el proceso escolar
debe ser [...] vehículo de una concepción del mundo”.
Luego estuvieron las organizaciones juveniles como los Pioneros, los
“hijos de Lenin” y los jóvenes comunistas o Komsomol, sometidos a
una educación de los principios leninistas.
Otro aspecto importante en la forja del hombre nuevo es el lenguaje,
pero ahora soviético. Saenz nos advierte que “Desde los días iniciales
de la revolución el poder se apoderó de las palabras, ejerciendo un de-
cidido despotismo sobre el vocabulario...”El Estado se trueca en un
Estado “nominalista”, esto es que da nombre y entidad a las cosas. Una
frase para pensar: “La instalación de una ideología es siempre la insta-
lación de un lenguaje”. Nada más actual... El Estado, el Partido es dueño
de la palabra pero también es dueño del pasado. Es que el poder no
podía descuidar la memoria como arma de combate”. Pero además,
no podía abandonar la literatura (el realismo socialista), el arte, el cine,
el ejército, para concluir con un inmenso lavado de cerebro, que finalmente
no sirvió para nada 26. Sin embargo advino lo que Kostas Papaioannou
llamó el martirologio de la cultura rusa... desde Blok, Gumilev, Esenin

26 Yo siempre vuelvo a este texto de Alan Bullock, el brillante historiador inglés de


Hitler, quien en los días de la caída del muro de Berlín, en 1989, escribió: “Vemos como
se diluye y escapa la historia del siglo XX, como si se tratase de un viejo tapiz al que se
va deshaciendo: el dibujo se disuelve poco a poco y desaparece. Yo nunca me he sentido
emocionado como el día de hoy desde que terminó la Segunda Guerra Mundial. La
plomiza nube de temor y opresión se aleja, y podemos comprobar con alivio que las
personas que surgen de sus escondrijos no han perdido su calidad de seres humanos
y ahora añoran todavía la libertad. El lavado de cerebro no ha servido de nada” (Mario
Luis Descotte: El estallido del... cit, p.123.)

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( valorado por Sáenz como el poeta aldeano), Mandesltam, Pasternak,
(refugiado por años en sus inofensivas traducciones de Shakespeare),
Ana Ajmátova, la gran poetisa autora del poema más célebre del siglo
XX ruso: Requiem, hasta llegar a Solzhenitsyn, Maxímov y Tatiana Gori-
cheva... Stalin había definido a los escritores como “ingenieros de las
almas humanas”.
Cuando el lector de Sáenz tiene en su haber la deleitante lectura de
1984 de George Orwell, es muy difícil no recurrir al viejo texto anotado
y marcado... En cada página inspirada del inglés, Sáenz nos aporta el
ejemplo adecuado extraído de la experiencia soviética. No resisto la ten-
tación. Devolvamos la voz a Orwell, una vez más, releyéndolo:

[O’Brien a Winston] El verdadero poder, aquel por el cual luchamos


día y noche, no es el dominio sobre las cosas, sino sobre los hombres...
El poder consiste en causar dolor y humillación, en desgarrar en pedazos
el entendimiento humano para volverlo a reconstruir conforme a nuestros
propósitos. ¿Empieza usted a comprender la clase de mundo que estamos
empeñados en estructurar?
Es lo opuesto a todas las majaderas utopías de corte hedonista que
proclamaron los reformadores de otros tiempos: el nuestro será un mundo
de temores, felonías y tormentos, un mundo de subyugadores y subyuga-
dos, un mundo que se tornará, no menos, sino más despiadado a medida
que se vaya perfeccionando. El progreso en nuestro mundo consistirá
en evolucionar hacia padecimientos más perfeccionados. Pretendían las
caducas civilizaciones estar fundadas en la caridad y en la justicia. La
nuestra tiene por base el odio...
Actualmente estamos empeñados en liquidar todos los razonamientos
anteriores a la revolución. Hemos roto los vínculos entre padres e hijos,
entre un hombre y otro hombre o entre un hombre y una mujer. Ya na-
die confía en su esposa, en su hijo o en el amigo. Pero en el porvenir
no habrá cónyuges ni amistades. Los niños serán separados al nacer
como se les quita los huevos a una gallina. El instinto sexual habrá desa-
parecido. La procreación se verificará por cupos anuales, a igual que la
renovación de las cartillas de racionamiento. Suprimiremos todo placer
del contacto carnal. Ya nuestros neurólogos se ocupan de buscar una
solución a ese problema. No existirá la fidelidad, excepto aquélla que
se deba al Partido.
Pero siempre –recuérdelo, Winston– siempre existirá el sibaritismo
del poder [...] subsistirá la embriaguez producida por el éxito y la inefable
satisfacción de aplastar la cabeza de un enemigo vencido.
Si quiere tener una visión certera del mundo del mañana, imagínese
una bota aplastando la cabeza de un ser humano... por todos los tiempos.

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[...] Y no olvide nunca que es por siempre jamás. Nunca faltarán
caras que pisotear. Nunca faltará un revoltoso o un enemigo de la colec-
tividad a quien vencer y humillar una y otra vez... El espionaje, las fe-
lonías, las torturas, las ejecuciones y desapariciones no cesarán jamás
[...]
La tragedia que he representado con usted en estos últimos siete
años volverá a representarse año tras año y generación tras generación,
pero siempre superándose en refinamientos y crueldades. Siempre habrá
un disidente a nuestras plantas, aullando de dolor, vencido y escarnecido
y, al final, arrepentido, impotente y besando las manos de sus verdugos
por propia y espontánea voluntad. Ese es el mundo que nos proponemos
estructurar 27

Es clave la revisión del pasado, pues como escribió Orwell, “quien


controla el pasado, controla el futuro”, abriendo la posibilidad de una
brutal manipulación del pasado.
Hubo pues siete décadas de un lavado de cerebro apoyado en tres
pilares básicos: el miedo, el halago y la corrupción. Las escuelas del
partido impulsaron por doquier la labor de miles y miles de agitadores
(en el mundo obrero), informadores políticos, conferencistas y defensores
del ateísmo. La propaganda política lo inundó todo, especialmente la
visual. Todo se intentó: el libro, el cine, los diarios. Fue una lucha de
cosmovisiones.

27 George Orwell: 1984, Editorial Kraft, Buenos Aires, 1951, pp 318-320. Unas
perlas más: “Que las masas tengan esta o aquella opinión es cosa absolutamente
desprovista de la más elemental importancia [...] pero tratándose de un afiliado al
Partido, no puede tolerarse la más mínima divergencia de opinión en torno de cualquier
asunto, por trivial que fuere. Desde que nace hasta que muere, un afiliado del Partido
será sometido a la vigilancia de la Policía del Pensamiento, aún cuando se cree solo,
nunca puede tener la seguridad de estarlo. Dondequiera que se halle, en el trabajo o
en el descanso, dormido o despierto, en el baño o en la cama, está vigilado sin saberlo
ni poder advertirlo. Sus amistades, sus esparcimientos, su conducta en el hogar, la
expresión de su rostro [...] son objeto de la más estrecha fiscalización. Se registra de
inmediato no solamente cualquier desliz, sino una extravagancia, un cambio en las
costumbres o un tic nervioso que pudieran interpretarse como una variante de su estado
emotivo.
”No tiene en absoluto libertad para seguir sus inclinaciones en la dirección que fuere
[...] A todo afiliado el Partido le exige tener, no sólo opiniones exclusivamente estáticas,
sino también instintos regimentados [...]
”Un afiliado al Partido no puede abrigar sentimientos personales ni demostar la
menor falta de entusiasmo en su fervor sectario: ha de vivir en un invariable frenesí de
ODIO a los enemigos de dentro y de afuera, regocijarse con las victorias militares y
renunciar en absoluto a su personalidad para ofrendarla al poder y a la sapiencia del
Partido” (ob. cit., pp.252-254.)

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¿Nació el hombre nuevo? Evidentemente no, pues los frutos maduros
decantados con el paso del tiempo fueron el escepticismo, el aburgue-
samiento y un afán inmoderado de consumismo 28. ¿El soviético de los
años 70 y 80 creía en el marxismo? Sáenz advierte lo que me ha gustado
llamar la evaporación de la ideología, o, mejor la frase de Octavio Paz
que repito desde hace años: “El marxismo en la Unión Soviética es un
catecismo que todos rezan pero en quien nadie cree”. Alain Besancon,
en su paso por Buenos Aires en los años ochenta Gorbachov nos decía:
“en el interior del mundo comunista, la ideología dejó de ser una creencia.
Es un lenguaje, el lenguaje obligatorio de los asuntos públicos, y para
los miembros del partido, igualmente de los asuntos privados. Es el
signo y el medio del poder. Pero ya no cuenta más con la adhesión es-
pontánea y sincera, a diferencia de lo que sucedía todavía con frecuencia
en los años cincuenta” 29
Esto lo ve muy bien el P. Sáenz: el régimen devino una logocracia.
La lengua de madera... Nos dice: “Antes de la toma del poder el Partido
fundaba su cohesión en las ideas, de tal modo que al subir al gobierno
instauró una ideocracia. Pero a medida que la realidad «real» derivaba
lejos de la realidad utópica, a medida que las ideas se iban vaciando y
no conservaban una sustancia verbal, el régimen fue evolucionando
hacia una logocracia, que permite un nuevo tipo de coincidencia más
fácil de lograr que la cohesión ideológica. En la actualidad al partido
Comunista le interesa más el ritual que la creencia”.

28 Esa labor de construir el hombre nuevo dejó secuelas graves. Véase estas apre-
ciaciones de Helene Carrere d’Encausse al filo del siglo, tras el fin de la URSS, en una
entrevista valiosa que le hacen Carlos Floria y Jean Yves Calvez. Dice la académica
francesa: “Además, existe otro verdadero problema: la violencia en las relaciones entre
los hombres. Así era también bajo el sistema soviético, sólo que el régimen fingía que
no existía esa violencia [...] Esa violencia se traduce principalmente en el hecho de que
la criminalidad es grande y muy salvaje. Asesinar al prójimo siempre es salvaje, pero
ahora toma formas terribles [...] Existe, también, violencia en el seno de la familia. La
cantidad de mujeres muertas por sus maridos cada año es monstruosa. Simplemente
porque el marido está borracho y le pega hasta matarla. Cincuenta mil niños por año
huyen de sus casas por la violencia de sus padres, y vagan por las calles, hay actualmente
500.000 niños perdidos por las calles, que se escaparon en los últimos diez años porque
sabían que si se quedaban en sus casas los matarían. Esta violencia es un gran problema
para los rusos, que no son malas personas , pero adquirieron hábitos de violencia bajo
el régimen soviético”, Carlos Floria y J. Y. Calvez: “La otra Rusia. Conversaciones con
H. Carrere d’Encausse¨, Criterio, Buenos Aires, Año LXXII, Nov. 1999, n 2245, pp.
639-640.
29 Alain Besancon: “Fuerzas y debilidades del régimen soviético”, en Prudentia
Iuris, UCA, Buenos Aires, dic. 1984, XIV, p.150.

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Su conclusión: “el sistema no ha logrado suscitar el «hombre nuevo»
tan anhelado. Lo que ha suscitado es un hombre mediocre, desconfiado
y totalmente escéptico”.
A los jóvenes de entonces, “el comunismo ya no les ofrece arquetipos.
No creyendo más en nada [...] sólo sueñan con vivir económicamente
un poco mejor [...] la nueva generación no tiene ni pícaros ni héroes,
aparte quizás de los ídolos occidentales del rock”.
No hace falta agregar que esos jóvenes de hace treinta años son los
que gobiernan hoy en Rusia... Y en un vaticinio de las futuras décadas,
el P. Sáenz recuerda al valioso Augusto Del Noce quien, en esos días de
perestroika, avizoraba para las próximas décadas (las nuestras) un en-
cuentro del Oriente y el Occidente, “pero no en la verdad sino en el
inmanentismo más absoluto. Occidente ya no cree en nada y la URSS
ya no cree en el marxismo. Se encontrarán en el hedonismo, en la bús-
queda del bienestar y del paraíso en la tierra. Será la dictadura mundial
de la inmanencia”. El gran tema, del que tanto nos ha enseñado Alberto
Caturelli. Yo de esos años recuerdo otra expresión de Del Noce, esto es
que viviríamos bajo un tiempo de “nihilismo triste”...
A fines de los años 80 el filósofo ruso Julij Szrejder escribía que en
la URSS se asistía a una verdadera “catástrofe antropológica”, es decir
el daño provocado tras décadas de comunismo había tocado la intimidad
del hombre y ese perjuicio intelectual y espirituaal adquiría dimensiones
catastróficas. En 1990 Gisela Silva Encina añadía: “En definitiva, la
gran catástrofe antropológica que sufre el hombre soviético es la pérdi-
da de la capacidad de amar. O, mejor dicho, la sustitución del amor por
el odio, y la competencia desenfrenada”. “Yo no sabía que había que
amar a los otros –escribía Tatiana Goricheva, deslumbrada por el descu-
brimiento de la fe cristiana–, solamente me habían enseñado que había
que vencerlos”. Y la valerosa disidente Larissa Bogoraz añade: “Desde
los bancos de la escuela, toda nuestra educación está dirigida contra la
piedad. ¡Nada de piedad! La piedad humilla al hombre” 30
Vamos en pos del tramo final de esta presentación, en la que ya lo
habrán advertido, se dialoga con el autor, quien suscita el despertar de
viejas lecturas .Su libro es una extensión de la memoria y de la imaginación,
por lo que le estamos doblemente agradecido...

30 Gisela Silva Encina: “¿Qué es hoy el Homo Soviéticus?”, El Mercurio, Santiago


de Chile, 9 de diciembre de 1990.

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En todo el texto campea el gran combate espiritual entre el comunismo
y el Crtistianismo, en la lucha sin cuartel, desde sus orígenes hasta Gor-
bachov. Aquí pisamos la tierra de los mártires, de los testigos, de la
Iglesia Ortodoxa y el catolicismo ruso, que también tiene su martirologio.
Sáenz nos interna en las persecusiones a la Ortodoxia desde el pri-
mer minuto. A su vez hay una larga incursión en las múltiples estrategias
de la propaganda antirreligiosa. Y no dejan de conmover los testigos
de la fe católica en Lituania y en Ucrania, que merecen conocerse. Todo
enmarcado en el gran proyecto (fallido) de erradicar la fe de los corazones
de los hombres del siglo XX. Juan Pablo II en su primer viaje a Polonia
en 1979 recordó esta empresa estéril de erradicar a Cristo del alma de
los hombres... Pero veamos un texto ruso de noviembre de 1917: “Du-
rante varios días, los cañones rusos han bombardeado uno de los edificios
sagrados más venerables de Rusia: nuestro Kremlin de Moscú y sus
antiguas catedrales, donde se conservan los iconos milagrosos [...] Hace
ya mucho tiempo que las semillas del Anticristo penetraron el alma rusa
y el corazón del pueblo está envenenado por las doctrinas que intentan
destruir la fe en Dios, impulsan a la envidia, la codicia y el pillaje de los
bienes del prójimo. Sobre esta base prometen edificar acá abajo la fe-
licidad universal [...] Ante nuestros ojos se realiza el justo juicio de Dios
sobre un pueblo que perdió el sentido de lo sagrado”.
Estas palabras fueron del Concilio de la Iglesia Ortodoxa que reunidos
en los días de la Revolución había reestablecido el Patriarcado en la
persona del Obispo Tikon, luego de dos siglos de suprimido por Pedro
el Grande. Condensan la gravedad del momento. Había comenzado la
larga agonía de la fe en Rusia... En diciembre de 1917 tuvieron lugar
los primeros zarpazos contra la libertad y propiedades de la Iglesia. Na-
cionalización de todas las escuelas eclesiásticas, y supresión de los mo-
nasterios hasta la profanación de tumbas venerables. El hambre empujó
a Lenin a incautar los objetos sagrados. En abril de 1924, en plena NEP,
muere el Patriarca Tikon. Un año atrás se retractó en una enigmática
declaración: “yo no soy enemigo del Poder soviético. He comprendido
toda la falsedad y calumnia de que es víctima el Poder soviético de parte
de sus enemigos”. Antes de morir dijo: “La noche será muy larga y muy
sombría”. Al terminar la década de 1920 y consolidarse la posición de
Stalin, la batalla por la liquidación de la Iglesia es frontal: por ley la
propaganda religiosa es convertida en un crimen para el Estado. Los
ateos, en cambio, gozan de una ilimitada libertad de propaganda an-
tirreligiosa.

114 AÑO 2012 | GLADIUS 83


El ataque no tuvo límites: destrucción de miles de iglesias, quema
de libros e iconos, supresión de las campanas, deportación de centenares
de obispos. Liquidación en masa y sin piedad. La frase de Stalin: “Hemos
aplastado al clero reaccionario... Sí lo hemos aplastado... La desgracia
es simplemente que todavía no ha sido enteramente liquidado”.
El movimiento antirreligioso cobró forma con la Liga de los sin-dios
o Unión de los militantes sin-dios, con sus periódicos y editoriales propias.
Pululan los tristemente célebres museos del ateísmo. Entre 1937 -1938,
en tiempos de las grandes purgas y del Gran terror como bien tituló
Robert Conquest a su libro clave, la persecusión religiosa arreció. Luego
la invasión nazi a la URSS en junio de 1941 puso un impasse, una nueva
NEP, un respiro. Los alemanes abrían iglesias y monasterios en los terri-
torios que conquistaban y Stalin pactaba -maquiavélicamente-una unión
sagrada con la Ortodoxia, para luchar en la Gran Guerra Patriótica. Aquí
los lazos de la Iglesia Ortodoxa con el régimen comunista se anudaron
más y de modo especial, tras el Concilio de 1945 y la elección del Pa-
triarca Alejo. En los años 50 hubo una notable distención, tras la muerte
de Stalin en marzo de 1953. Esto se lee en las obras de Solzhenitsyn,
quien recupera la libertad. Pero el hombre que permite que aparezca
este escritor, el más grande de Rusia en el sigloXX, con su novela de los
campos de concentración, Un día en la vida de Iván Denisovich, me
refiero a Nikita S. Kruschev, arremetió contra el Cristianismo de un mo-
do que no tiene nada que envidiarle a tantos antecesores, como Dio-
cleciano, el emperador romano. En efecto 10.000 Iglesias fueron cerradas.
Disolución y demolición de monasterios, a tal punto que si había 67 en
1959, quedaban 10 en 1964, año que derrocan a Kruschev.
Llegados a este punto creo menester insertar un texto que me estre-
meció hace muchos años y que “ilustra” todo lo que nos enseña el P.
Sáenz. Se halla en el libro Millones de Rusos creen en Dios de Chysosto-
mus Demh y que comentó el sacerdote y fino poeta chileno José Miguel
Ibáñez Langlois. El relato titulado Cristo de frac y sombrero de copas
nos sumerge en la atmósfera de asfixia espiritual de generaciones enteras
bajo el régimen comunista. Vamos en pos de esta lectura cautivante:

El lugar del episodio es el teatro estatal de Moscú, donde debía darse


la primera representación de una obra anunciada y publicitada durante
mucho tiempo: Cristo de frac y sombrero de copa, una parodia religiosa
de propaganda atea. Colegios, konsomoles y agrupaciones juveniles de
trabajadores habían sido avisados para que incluyeran la pieza en sus
programas culturales y la debatieran y comentaran ampliamente, con

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el obvio fin de extraer la conclusión deseada: la consabida tesis del mar-
xismo leninismo, según la cual la religión es el “opio de los pueblos”
(Marx) o “vodka espiritual donde los esclavos del capitalismo ahogan
toda forma humana” (Lenin).
Para el papel principal de Cristo se había elegido la participación del
célebre actor comunista Alexandr Rostovsev. La obra prometía ser im-
pactante y no era raro entonces que el día del estreno el teatro estuviera
lleno hasta el último rincón. Al abrirse el telón se vio sobre el escenario
un “altar” colmado de botellas de ron y cerveza. El ambiente, en general,
intentaba evocar el estilo de un bar con popes borrachos y pendencieros
y monjes y monjas en continuo movimiento y en actitud igualmente
negativa. Así, entre gritos y empujones, transcurrió el primer acto, que
tenía sólo el fin de preparar la atmósfera adecuada al segundo. Comenzado
éste, entró Rostovsev en la escena, con el libro de los Evangelios en sus
manos.
Con arreglo al libreto, el actor representando a Jesús, debía leer los
dos primeros versículos de las Bienaventuranzas, que abren el Sermón
de la Montaña (San Mateo, capítulo V). Pero, según las indicaciones del
autor de la pieza, debía hacer su lectura en medio de chistes y payasadas,
de modo que, en forma simultánea a la recitación del texto sagrado,
debía provocar en el auditorio un estallido de risas incontenibles. En
efecto, esta parodia de los Evangelios debía convertir en motivo de bro-
mas y carcajadas todo lo relacionado con Cristo y su doctrina. Terminados
esos dos versículos, el actor debía proferir a gritos la siguiente petición:
“¡Tráiganme frac y sombrero de copa!”, imagino que en la idea de evocar,
con tales atuendos, la imagen de lo más ridículo y sofisticado del capi-
talismo.
Rostovsev abrió los Evangelios y leyó “Bienventurados los pobres
de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados
los humildes, porque ellos poseerán la tierra”. En ese instante debían
estallar las carcajadas, y el actor tenía que arrojar lejos el libro y pedir a
gritos su frac y su galera. Pero nada de eso aconteció. Tras un segundo
de vacilación que todos sintieron grávido de un secreto dramatismo,
Rostovsev siguió leyendo con voz trémula: “Bienaventurados los que
lloran, porque ellos serán consolados”.
En ese momento se calló. El público no se movía, ni sabía a qué
atenerse, pero en medio del silencio sepulcral, todos percibieron que
algo estaba ocurriendo en el interior del actor que representaba a Cristo,
algo extraño, misterioso y profundo que salía de la previsión del libreto.
Todos contenían el aliento. Luego, después de una breve interrupción,
Rostovsev siguió leyendo, pero su voz tenía ahora otra resonancia, otra
seguridad inaudita, una firmeza incontenible. El actor estaba como
transfigurado. La potencia de la palabra divina parecía dominarlo por
completo, mientras los espectadores escuchaban en medio de un silencio
mortal. Era obvio que no se estaba representando nada, sino que estaba

116 AÑO 2012 | GLADIUS 83


ocurriendo algo, algo íntimo, hondo, increíble, que protagonizaba el
autor con plena sinceridad pero que alcanzaba también, de un modo
extrañamente eficaz, a todos los presentes, inmóviles y expectantes en
sus butacas.
Entonces Rostovsev, con los Evangelios en la mano, se adelantó hasta
el borde del escenario y siguió leyendo. Leyó con voz firme los cuarenta
y ocho primeros versículos del capítulo V de San Mateo: las restantes
bienaventuranzas, la misión de los discípulos de Cristo en la historia
(“Vosotros sois la sal de la tierra”, “vosotros sois la luz del mundo”), la
promulgación de la nueva ley evangélica, los deberes de amor hacia el
prójimo, el sentido de la castidad y pureza cristiana, la indisolubilidad
del matrimonio, el deber de amar incluso a los enemigos... nadie lo
interrumpió: todos escuchaban sus palabras como si estuvieran delante
del mismo Cristo y no de un hombre llamado Alexander Rostovsev.
“Sed, pues, perfectos, como vuestro padre celestial es perfecto”, murmuró
finalmente el actor con voz más baja, pero todos lo asistieron con un
gesto.
Por fin Rostovsev cerró los Evangelios, dando la impresión de que
con ello hacía algo definitivo para su vida. Se persignó y con voz fuerte
y desgarradora pronunció las palabras del buen ladrón en la cruz: “Señor,
acuérdate de mí cuando estés en tu reino”. Luego enmudeció con un
semblante de inmensa paz. Lo que había sido preparado por él mismo
como un acto de burla y desprecio hacia la fe, se había convertido en
una iluminación divina, en su camino de Damasco, en una predicación
del mismo Cristo y en el testimonio de fe de un hombre que, en la cumbre
de su gloria, estaba poseído del temple de los mártires. Nadie gritó, nadie
silbó, nadie protestó. Todos abandonaron el teatro mudos y pensativos.
Fue como una tormenta: había caído un rayo de lo alto y los había al-
canzado a todos.
La pieza no se volvió a presentar jamás, y Rostovsev después de
aquella noche desapareció para siempre de los escenarios. Su carrera
artística había terminado, y había comenzado para él la vida cristiana,
oscura y proscripta en su medio, la Rusia comunista. Ciertamente Cristo
se ha acordado de él en su gloria 31.

Sáenz nos relata las vicisitudes del cristianismo en las décadas del
60, 70 y 80. Sin duda, se detiene en el Informe secreto al Comité Central
sobre el estado de la Iglesia en la URSS, que se filtra a Occidente y se
publica en París en 1980. Es altamente revelador de los éxitos y fracasos
del régimen. Pero no pierden el aliento de la lucha sin cuartel. Domesticar

31 Cit. por Mario Luis Descotte: El Legado de Juan Pablo II, Fundación San Francisco
Javier, Mendoza, 2005, pp.79-82.

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a los obispos y al clero. Refleja al obispo “leal” (“Habitualmente dice
sermones, pero son muy breves, poco expresivos, sin fuego [...] Los
termina casi siempre con una exhortación a vivir en paz, a luchar por
la paz en el mundo entero”) y a los otros, los que resisten... El control
de los seminarios, las publicaciones, la propaganda antirreligiosa. Todo
se estudia: el ateísmo en la prensa, los libros, la radio, la televisión, los
museos e inclusive los ritos, desde el bautismo a los funerales.
Porque, en realidad, el ruso acude a Dios y todos leíamos en aquella
época el renacimiento religioso en la URSS. Los textos de Solzhenitsyn
reflejaban esa Iglesia del Silencio, que se hacía oír a pesar de los suplicios
y que se mostraba en Pascua, en las peregrinaciones a la Trinidad de
Zagorsk, o al monasterio de Pskov-Petchory, o a la Laura de las Grutas
de Kiev, que conocimos con el Padre Sáenz en 1993.
Respecto al catolicismo ruso nos enteramos de la realidad católica
hacia 1917: 5 diócesis. Nos muestra dos figuras centrales: el padre jesuíta
Michel d’Herbigny y el P. Asuncionista Neveu, de vasta trayectoria como
administrador apostólico de Moscú. La Revolución devastó el catolicismo
ruso: cerca de un millar de iglesias y capillas católicas. Arrasó con los
sacerdotes. En los años 80 quedaban dos iglesias abiertas al culto: una
en Moscú (San Luis) y otra en Leningrado ((Nuestra Señora de Francia).
Entonces había en la URSS 10 millones de católicos, y el 40% residía
en los países bálticos. Una especial mención le merece los 4 millones
de católicos de rito bizantino de Ucrania, que fueron anexados compul-
sivamente en 1946, por la Ortodoxia. Es la Iglesia Uniata.
Sáenz se detiene con simpatía y admiración en Lituania y Ucrania
Lituania fue anexada, como Estonia y Letonia, en 1940 a la URSS
como consecuencia del Pacto Molotov-Ribentropp de agosto de 1939,
firmado entre Hitler y Stalin. Cincuenta años después no fue casual que
tuviera mucho que ver en la desintegración de la URSS en 1991, puesto
que, como lo advierte el P. Sáenz, en este baluarte del cristianismo latino,
junto con Polonia, el sentimiento patriótico y el nacional van unidos en
forma indisoluble.
La persecución a los creyentes fue durísima. En este caso contamos
con un testimonio inapreciable, escrito y difundido a costa de la sangre
lituana: Crónica de la Iglesia católica de Lituania, que es una magnífica
fuente histórica que testimonia toda una época. En el tomo II dicen sus
autores: “Tenemos una única finalidad: ¡Renovarlo todo en Cristo! Re-
novar la faz de la Nación, tan dolorosamente mutilada por el ateísmo
a lo largo de varios decenios de postguerra”. Por sus páginas desfila

118 AÑO 2012 | GLADIUS 83


todo lo que ya nos ha explicado el P. Sáenz, pero ahora en la vertiente
católica: profanación de templos, como que la Catedral de Vilnius la
transforman en una galería de arte, o la de San Casimiro fue trocada
en Museo del Ateísmo. Un aspecto singular es la ateización en los colegios.
Aquí nos brinda una pequeña perla:

El 27 de mayo de 1974, la profesora le preguntó a un alumno de VII


año:
–¿Reniegas de la fe?
–Creo y creeré.
–Ahora son muy escasos los que asisten a la iglesia, por tanto hay
que obedecer a la mayoría –le explicaba la profesora.
–Solamente al muerto lo arrastra la corriente, mientras que el vivo
nada contra la corriente.
–Con tu fe les cortarás a tus hijos el camino hacia el estudio –intentó
convencerle la profesora.
–No soy yo el que lo cortará, sino ustedes, los ateístas. Finalmente,
¿para qué hace falta el estudio si hay que renunciar a la cosa más preciada,
la fe?

La Crónica deja constancias de los testigos de la fe, J. Gimbutas,


Nijole Sadunaite, sacerdotes mártires y heroicos por doquier. Pero hay
otra perla. El P. Jonas Usila, Rector por décadas del Seminario de Vilnius,
al llegar a los 80 años fue presionado para que firmara una nota contra
Pio XII por negarse a la colaboración de los cristianos con el comunismo.
Su respuesta es antológica:

Ministro, ocupando Vos un tan elevado cargo, os comportáis desho-


nestamente. Os atrevéis a proponernos que firmemos contra el Papa
una nota. ¿Cómo nos consideráis? Toda la vida he enseñado a los can-
didatos a sacerdotes y a los creyentes, a respetar al Santo Padre y obe-
decerle. Vos deséais que yo, al final de mi existencia, denigre aquello
que me es más preciado, lo que creía, amaba y proclamaba. Eso no será
nunca. Nosotros, con toda resolución, protestamos contra el vejamiento
del Papa, Cabeza de la Iglesia, de la misma Iglesia y de los sacerdotes.
Vosotros perseguís a la Iglesia, habéis escarnecido y clausurado nuestros
bellos y preciados santuarios, habéis convertido en depósitos los monu-
mentos de belleza y arte, habéis destruido los bienes eclesiásticos –órganos,
objetos y vestimentas litúrgicas–, habéis convertido en materia prima
las obras, libros teológicos de incalculable valor de las bibliotecas del
Seminario Eclesiástico y de la Universidad. No permitís el funcionamiento

GLADIUS 83 | AÑO 2012 119


del Seminario Eclesiástico de Vilnius, clausurasteis los conventos [...]
dispersasteis a los monjes y monjas [...] los dejasteis sin techo, sin un
bocado de pan, obligasteis a espiar a los sacerdotes y a los creyentes, a
ir contra su conciencia. Intentáis hacer explotar la Iglesia desde dentro,
buscáis traidores entre los sacerdotes y los creyentes [...] A los que se
mantienen dentro de los principios católicos los calumniáis, los encerráis
en cárceles o los hacináis en lagers. Sabedlo, con esos actos de terrorismo
no arrancaréis la fe de nuestros corazones. Las cañas se moverán, se
inclinarán, pero los robles persistirán y criarán nuevos brotes de roble,
más fuertes y más resistentes. La Iglesia sobrevivió muchas persecusiones.
Ella salió de cada persecusión más pura y más fortalecida. Ella soportará
honrosamente también esta oleada de terror. Vosotros, persiguiendo a
la Iglesia, obtendréis resultados contraproducentes, nacerán nuevos
héroes-mártires, que con su sangre lavarán las manchas de los débiles
de voluntad y carreristas y ornarán a la Iglesia con la aureola del martirio,
la fidelidad y el amor. Ellos no nos faltarán. Martirizaréis a unos, y su
lugar lo ocuparán otros. No solamente en los primeros siglos del cristia-
nismo la sangre cristiana era la semilla del crecimiento del cristianismo.
Puesto que ello se repite y se repetirá [...] Cualesquiera terribles y as-
queantes métodos que empleéis, no eliminaréis la fe, pues la fe no es
obra de hombres, sino de Dios. Como es eterno Dios así es la fe. Des-
graciados de vosotros que pretendéis luchar contra Dios. He terminado,
ahora podéis detenerme.

“Cualesquiera terribles y asqueantes métodos que empleéis, no eli-


minaréis la fe”. Permítanme que vincule este texto del P. Jonas con el
testimonio del padre albanés Antón Luli, pronunciado frente al Papa
Juan Pablo II, cuando ambos cumplían 50 años de sacerdocio. Está
aquí mi homenaje a todos los mártires del siglo XX, que confirmaron
ese pensamiento que leí en Thierry Maulnier, en su libro Comunismo
y Miedo, esto es que el odio engendra la crueldad... Leamos con todo
el silencio y el detenimiento que permiten nuestras agitadas y alteradas
vidas:

Santísimo Padre, yo acababa de ser ordenado sacerdote cuando mi


país, Albania, recibió los azotes de la dictadura comunista y la persecución
más despiadada. Era el año 1946, y algunos de mis hermanos en el
sacerdocio, después de un proceso lleno de falsedades y engaño, fueron
fusilados y murieron mártires de la fe para celebrar como pan partido
y sangre derramada su última Eucaristía personal por la redención de
mi nación. Pero a mí el Señor me pidió que abriera los brazos dejándome
clavar en la Cruz de otro modo: celebrando el propio ministerio –que
me era pública y privadamente prohibido– con una vida transcurrida
entre cadenas y torturas de todo tipo. El 19 de diciembre de 1947 me

120 AÑO 2012 | GLADIUS 83


arrestaron acusándome de agitación y propaganda contra el gobierno.
Viví diecisiete años de cárcel estricta y veintiséis de trabajos forzados.
Mi primera prisión, en aquel gélido mes de diciembre de 1947, tuvo
lugar en una pequeña aldea de las montañas de Escútari encerrado en
un cuarto de baño. Allí permanecí nueve meses obligado a estar agachado
sobre excrementos endurecidos y sin poder enderezarme completamente
debido a la estrechez del lugar. La extraordinariamente gélida noche de
la Navidad de aquel año –¡cómo podría olvidarla!– me llevaron a otro
cuarto de baño en el segundo piso de la prisión y me obligaron a des-
vertirme para colgarme con una cuerda que me pasaba bajo las axilas.
Estando desnudo y apenas pudiendo tocar el suelo con la punta de los
pies, sentía que mi cuerpo desfallecía lenta e inexorablemente, y cuando
el frío que me subía poco a poco por el cuerpo llegaba al pecho y estaba
por parárseme el corazón, lancé un grito de agonía. Entonces acudieron
mis verdugos para descolgarme y llenarme de puntapiés. Esa Nochebuena,
en ese lugar, y en la soledad de aquel suplicio, viví el sentido verdadero
de la Encarnación y de la Cruz. Pero en esos sufrimientos, tanto a mi
lado como dentro de mí, tuve la extraordinaria y consoladora presencia
del Señor Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, pues era muy grande la
alegría que me embargaba. Me liberaron cuarenta y tres años después,
con la amnistía de 1989. Tenía setenta y nueve años, y estaba para
cumplir los ochenta. Santo Padre, debo decirle que nunca guardé rencor
hacia quienes humanamente hablando me robaron la vida, y también
hacerle notar que en este año en que Usted y yo cumplimos las bodas
sacerdotales, los caminos por los que hemos recorrido las cinco décadas
es distinto. Yo, a petición de la Santa sede, en este acto de homenaje a
sus bodas de oro, accedí por obediencia a dar el testimonio de mi vida
sacerdotal, experiencia muy particular si se la considera en relación al
común de los sacerdotes, pero Usted bien sabe que no es la única, pues
son millares los sacerdotes que en estos cincuenta últimos años han
sufrido tras la cortina de hierro –y en otros múltiples sitios de persecución
religiosa– dramáticos sufrimientos a causa del sacerdocio de Cristo [...]
En fin, tras cincuenta años podemos afirmar que quienes procuraron
despojarnos de todo jamás consiguieron arrancarnos del corazón el
amor a Jesús y a nuestros hermanos. En este sentido –como ayer y como
siempre– podemos decir con convicción y alegría las palabras de San
Pablo: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la
angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?,
¿la espada? Ya lo dice la Escritura: Por tu causa somos muertos todo el
día y tratados como ovejas destinadas al matadero, pero en todo esto
salimos vencedores gracias a Aquel que nos amó (Rom. 8, 35-37) 32

32 L’Osservatore Romano, 10 de noviembre de 1996- Cit. por Pedro J.M. Chiesa:


Amor, Soberbia y Humildad, Tucumán, Edición del Autor, 2005, 292-294. Cfr. Stefano
M.Paci, Cristo se paró enn Escutari. En 30 Días, Año 1, n 12, 1994 la entrevista al Padre

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Respecto a Ucrania y su iglesia “heroica, mártir, militante”, nos deja
dos figuras entrañables: el metropolita Andrés Sheptyski, que cubre con
su acción apostólica la primera mitad del siglo XX, arzobispo de Lvov
(Lemberg). Asiste a la rusificación de Ucrania occidental en la Segunda
Guerra Mundial. Desde entonces, todos los obispos fueron deportados
a Siberia, Kazastán y mueren en cautiverio. El testigo y mártir que Sáenz
destaca con enorme cariño filial es Josyf Slipyj, quien recorrió todos los
círculos del Gulag y sobrevivió por la intercesión del Papa Juan XXIII
en 1963. Desde entonces mantuvo viva la llama de la fe y la cultura
ucraniana en todo el mundo y, por sobre todo en Roma, (réplica de la
Catedral de Santa Sofía, en Roma, y la Universidad San Clemente).
Murió en 1984.
Quiero mencionar el extraordinario aporte de Irina Osipova con su
libro Si el mundo os odia... Mártires por la fe en el régimen soviético.
Un fruto de cinco años de investigación en los archicos del KGB y del
Ministerio del Interior de la exUnión Soviética. En él se da cuenta de
las persecuciones a los católicos entre 1923 y 1949, también sobre los
católicos en el lager de las islas Solovski, entre 1927 y 1937, los sacerdotes
alemanes del Volga, entre otros temas, para concluir con un emotivo
capítulo de confesores de la fe, que confirma que, tal vez, el siglo XX
sea el siglo de mayores mártires de la historia 33.
Dos magníficos medallones nos regala el P. Sáenz, dos vidas del
mundo soviético que evidencian la perennidad del espíritu humano,
aun en los tiempos más arduos... Alexandr Solzhenitsyn y Tatiana
Goricheva.
Solzhenitsyn fue un fiel testigo del siglo XX, un insobornable testigo.
El más grande escritor ruso del siglo XX. Todas las páginas que le dedica
el autor son una invitación a descubrir al hombre y su tiempo, a aquel
que fue capaz de enfrentarse al Imperio con la sola fuerza de su pluma
y de su alma. No en vano decía en uno de sus textos célebres que nada

MIkel Koliki, primer Cardenal en la historia de Albania. Pasó 37 años en las cárceles
comunistas. Su testimonio es estremecedor. Una respuesta: “... el régimen quería construir
un “hombre nuevo” destruyendo sus raíces, pero la fe católica otorga la hombre una
dignidad que le impide dejar que se someta su conciencia.. Y además porque el
catolicismo conformaba a la nación. Los más grandes poetas nacionales, los más grandes
escritores eran todos católicos. Teníamos excelentes escuelas a las que iban incluso
musulmanes. El régimen comunista quiso decapitar toda la inteligencia del país. Durante
50 años se borró de los libros y de la memoria la existencia de nuestra propia literatura...
Ya lo creo que sufrimos...” p.52.
33 Irina Osipova: Si el mundo os odia, Encuentro Ediciones, Madrid, 1998.

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lo apartaría del camino hacia la verdad. Nos brindó dos penetrantes
miradas. Una hacia Rusia y su experiencia extrema, la del comunismo
soviético y su saldo de millones de muertos. Fue uno de los más
formidables luchadores contra el Totalitarismo. Por otra parte, al ser
desterrado, no dejó de alzar su voz para alertar al Occidente adormecido
en su comodidad, en su “celo por no ver”... enceguecido por el “espíritu
de Munich”... Le endilgó la falta de lucidez y de coraje. Creyó hasta el
final en el renacimiento ruso, aunque creo que, tal vez, en su regreso a
Rusia, advirtió que el comunismo había hecho más daño del calculado.
Su obra escrita es un testimonio del valor de la memoria. Tuvo mucho
que ver en el socavamiento de la mentira totalitaria.
Toda su obra es inmensa y rica, pero su Archipiélago Gulag es estre-
mecedor, ya que horadó la coraza interna del Imperio, como alguna vez
escribiera el inefable André Frossard. Lo he leído mucho y he leído
bastante sobre él. Rescato la evocación que hace de Solzhenitsyn otro
francés, Raymond Aron, en sus Memorias: “La personalidad del zek me
había llegado al corazón: venido de otro mundo, un hombre fuera de
lo común, de un calibre como tienen pocos entre los cuatro mil millones
que pueblan el planeta, se dirigía a todos nosotros [...] Aunque las pala-
bras, las obras, la vida de Solzhenitsyn constituyan realidades políticas
que agobian con toda su carga de ssufrimiento y de genio, él no es un
político. Sus convicciones trascienden lo político porque inspiran a una
personalidad fuera de lo común, porque siguen siendo, en último término,
de índole espiritual: fe en la libertad y devoción incondicional a la ver-
dad”. Pero hay algo más: fue un fiel testigo cristiano hasta la médula
en un país que, como dijo Chafarevich, conoció la muerte y prtendió
la muerte de Dios...
Tatiana Goricheva, a su vez, describe con su vida los inescrutables
designios de la providencia. Nacida en 1947, de padres y abuelos ateos,
se convierte a los 26 años, tras recorrer un itinerario sorprendente: el
yoga, Sartre, el rezo del Padrenuestro como mantra y descubre que Dios
existe. Su libro Hablar de Dios resulta peligroso me deparó un sacudón
tan intenso cuando cayó en mis manos, que aún recuerdo el vago tem-
blor de la emoción. Literalmente no podía dejar de leerlo. En sus primeros
libros hay frases que obligaban a meditar: “El nihilismo no dispone ya
de suficientes fuerzas negadoras y se ha transformado en cinismo [...]
En nuestras tinieblas soviéticas la mentira es obligatoria y el miedo es
omnipotente [...] Yo no vengo de ninguna parte y a ninguna parte voy:
he carecido de raíces y he tenido que encaminarme hacia un futuro
vacío y absurdo”.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 123


Tatiana Goricheva redescubre la tradición cristiana y con ello el valor
del sufrimiento... “La fuerza de la cruz está en nosotros”.
Expulsada en 1980 mira duramente al Occidente descreído, marca-
do por el antropocentrismo, la predilección por lo gregario y el terror a
la soledad.
Por último Sáenz redondea su pensamiento rastreando la misión
providencial de Rusia. Confía que la voz de Rusia puede y debe ser
escuchada por el mundo. La experiencia extrema de setenta años pue-
de ser una advertencia para el mundo. Nos enriquece. El autor vincula
la experiencia rusa con Fátima y la necesaria unidad de los cristianos
en torno al Papa, a Roma.
Luego de repasar a tres hombres clave de la intelectualidad rusa del
siglo XIX: Khomiákov, Dostoievski y Soloviev en esa búsqueda afanosa
de la vocación histórica de Rusia, el P. Sáenz asevera que el comunismo
implicó un juicio y castigo de Dios al Occidente. Por otra parte espera
de Rusia grandes reservas ya que, nos dice, “Rusia ha pasado por el
lagar del sufrimiento, ha hecho la experiencia de la cruz. La Rusia cru-
cificada está en las antípodas del Occidente gozador y hedonista”.
De allí ese grito angustiosos del Papa eslavo, Juan Pablo II, cuando
animaba a los hombres del Este a no pasar de un materialismo al otro...
Rusia resucitada debería aportar los valores espirituales forjados en
la desilusión comunista. Está muy en consonancia con estas palabras
del ex presidente checoslovaco, Vaclav Havel, una de las figuras más
interesantes del Este europeo, quien escribió: “He afirmado más de una
vez que los decenios de régimen totalitario son algo más que tiempo
perdido, constituyen una determinada experiencia específicamente es-
piritual que se puede aprovechar y valorar, que nos puede enriquecer
gracias a que nos descubre el autoconocimiento humano. No creo que
seamos sólo unos que no saben más que pedir ayuda al mundo desa-
rrollado. Es más, creo que somos capaces de ofrecer al mundo algo
especial a cambio” 34
Por ello nuestro autor reitera que la sangre de los mártires que nin-
gún calendario recoge, clama... Evoca a Fátima y dice con claridad:
“Esperamos la conversión de Rusia al catolicismo”. Y encuentra quién
tenderá el puente, quién permitirá la reunión: la Virgen María.

34 Vaclav Havel: El intelectual y la política. En El Mercurio, Santiago de Chile, 14


de febrero de 1993, en Mario Luis Descotte, El Estallido del mundo... cit, p.154.

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Últimas palabras sobre un libro magnífico

El libro me ha devuelto a la vieja Rusia y a su drama singular del


siglo XX. A una Rusia que amo por razones del corazón que mi razón
no conoce. Siempre me ha fascinado este pueblo con solo rozar su
superficie. Pero mucho más toca el alma un libro como el del Padre
Sáenz, que termina por hacernos comprender el destino de millones de
hombres marcados por la utopía al poder. El autor admite 110 millones
como balance del experimento. Es mucho más que estadística. Es una
advertencia para los desmemoriados habitantes del siglo XXI, carentes
de cultura histórica, sobre la posibilidad de aniquilamiento que tiene el
Poder sin límites. Lo digo con palabras de una antiguo Pontífice: sin el
respeto profundo por la dignidad humana, de cada persona, única,
irrepetible, nuevos Auchwitz, Dachau, Vorkuta, Mordovia, Magadán,
pueden retornar. ¿Qué nos inmuniza contra el atropello más atroz, si ya
todo fue probado? El siglo XX soviético –y el Padre Sáenz lo demuestra–
evidencia que el poder absoluto puede corromper, absolutamente...
Yo por mi parte me animé a escribir la página siguiente donde dejó
el Padre Sáenz. Me refiero al estallido del Imperio soviético en tiempos
de Gorbachov, y el inolvidable derrumbe del muro de Berlín, en noviembre
de 1989, que cancelaron una época, y que permitieron que las cuatro
siglas URSS se desgajaran y se arrinconaran en los libros de historia.
Permítanme que intente resumirme.
¿Es posible explicar satisfactoriamente el desplome de la URSS du-
rante Gorbachov... ? ¿Cuáles han sido las causas, los factores, las circuns-
tancias que nos ayudan a entender el fin del Imperio Soviético y la
descomposición del marxismo?
Durante los años de Gorbachov y mucho más a partir de 1988-1989
se conjugaron una serie de relevantes causas que –imbricadas juntas
en un proceso histórico que se aceleró en 1989– hicieron explotar el
mundo del marxismo soviético y sus aledaños...
La evaporación del marxismo en la URSS y mucho más en la Europa
Oriental ha sido un aspecto crucial en este proceso. La ideología entró
en crisis y con ello se cuestionaron las bases de legitimidad del régimen,
que empezó y terminó apoyándose en la fuerza... Otro aspecto esencial
fue la diplomacia norteamericana, o más bien, la estrategia que inaugura
el presidente Ronald Reagan a partir de su llegada al poder. Un punto
controvertido es el peso que tuvo su Iniciativa de Defensa Estratégica,

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lanzada en marzo de 1983, que golpeó en la cara de una economía
soviética que no podía soportar tamaña aventura armamentística y de
investigación. Otra causa que hay que retener es la supervivencia de
las culturas nacionales... Tanto en el seno de la URSS como en los países
de la Europa Oriental las culturas que habían soportado largas décadas
de intensa sovietización, regresaban... con un vigor marcado por la re-
cuperación de la memoria colectiva. Esto se ve con claridad en los in-
telectuales rusos que repudiaron el marxismo y se aplicaron a descorrer
el velo del pasado cultural ruso, cuando fue posible, esto es, cuando
advino el tiempo de la glasnost gorbachoviana. En la Europa Oriental
siempre existieron corrientes culturales subterráneas que esperaban el
momento oportuno para reaparecer, tal como se vio en la Checoslova-
quia de 1968, en Rumania e incluso en la Alemania del Este, donde
existió una literatura clandestina de gran valor.
Llegamos entonces a lo que bien podrían llamarse las corrientes in-
telectuales del derrumbe soviético. Las ideas mueven a los hombres,
decía un miembro del Congreso Pedagógico convocado en la primera
presidencia de Roca. No cabe duda que el movimiento cultural, de gran
impronta moral, que se conoció con el nombre de disidencia, tuvo un
papel angular en la tarea de horadar el edificio totalitario. En la URSS
siempre hubo intelectuales que pagaron caro su actitud libre frente al
Estado-Leviathán. A partir de la década del 60 la disidencia rusa fue
una fuente –como quieren Heller y Nekrich– del renacimiento moral.
Los nombres de Pasternak, Siniavsky, Daniel, Galanshov, Bukovski,
Grigorenko, N. Gorbanevskaya, Solzhenitsyn, Sajarov, Maxímov, I.Orlov
y muchos más jalonan esa otra cara de la libertad, como la designó
Uscatescu. Octavio Paz vio en ellos una nueva nobleza, de índole moral,
que golpeaba la conciencia de un mundo occidental demasiado dormi-
do en su confort material y en su celo por no ver...
La disidencia no se circunscribió a la URSS. Existió, en mayor o
menor medida, más o menos reprimida según las épocas, en toda la
Europa del Este. Fue particularmente activa en Polonia o en la Checos-
lovaquia de Alexander Dubcek. Un fruto maduro de esta postura moral
fue Vaclav Havel, que simboliza el esfuerzo del intelectual centroeuro-
peo por reinsertarse en Europa, tras superar la etapa comunista.
Junto a esta disidencia intelectual hay que hacer mención a otra
fuerza muy viva, con un testimonio personal enorme: la oposición reli-
giosa. El Cristianismo. Tanto católico, como ortodoxo y protestante,
tiene sus mártires y sus testigos. Fue en muchos casos la única institución

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que no entraba en los cánones del andamiaje totalitario. Las persecuciones,
las discriminaciones y los atropellos a la dignidad del creyente fueron
continuos.
¿Dónde registrar el comienzo del fin? No tuvimos dudas: Polonia.
Escribe Garthon Ash: “Si 1989 fue el final, ¿cuál fue el principio del fin?
[...] Si tuviera que determinar una fecha específica para el «inicio del
fin» [...] diría que fue el mes de junio de 1979. Quizá se me tache de
polacocéntrico, pero estoy convencido que la primera gran peregrinación
del Papa a Polonia representó ese viraje decisivo”.
Junto a los factores mencionados hay que señalar el peso gravitante
que tuvo la economía soviética. Fue un elemento esencial del derrumbe...
Otro factor se acopló: la retirada militar, la derrota de Afganistán. Su
impacto fue grande, tanto en la esfera de la moral militar como en su
faz económica y de vidas humanas perdidas.
La Revolución de 1989 en la Europa Oriental aceleró la descomposición
del marxismo soviético. Los medios de comunicación y de modo especial,
la televisión, ampliaron al infinito sus efectos... La perestroika y la glas-
nost, en esencia, ayudaron a despertar a la sociedad civil, que descubrió
los problemas reales que habían sido, por décadas, ocultados: pobreza,
alcoholismo exacerbado, baja productividad laboral (según Todd era la
forma natural de la lucha de clases en un régimen totalitario), catástrofe
ecológica, etc. Y también brotó la cuestión nacional. Los nacionalismos
aprovecharon la glasnost para terminar con el Imperio...
Las consecuencias del derrumbe soviético son múltiples. Por de
pronto desaparece el último Imperio Colonial y la herencia zarista-bol-
chevique se diluye. Emerge Rusia con el liderazgo de Boris Yelsin. Si
miramos Europa, aparece nítido el impacto de la reunificación alemana...
Muy pronto los Balcanes estallan... La creación del Mariscal Tito (muerto
en 1980) se desmembra. Se independizan Eslovenia y Croacia. Y adviene
una guerra espantosa, cruel, que desangró a esos viejos pueblos... El
Pacto de Varsovia y el Comecón desaparecen sin dejar rastros. Toda
una época se va con ellos. La república de Checoslovaquia, dirigida
por el disidente Vaclav Havel, se divide... se produce un “divorcio sin
sangre”... Una consecuencia esencial del derrumbe de la URSS ha sido
la apertura, por orden del Presidente Yelsin, de los Archivos Soviéticos.
Toda la historia mundial del siglo XX espera recibir nuevas luces puesto
que los Archivos centrales de la URSS albergan cerca de setenta y cinco
millones de documentos... Alfredo Sánchez Bella resume los “hallazgos”
hacia 1993: “Los Archivos del Comité Central del Partido confirman las

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acusaciones mantenidas durante tres cuartos de siglo, sobre los métodos
del régimen soviético. En cartas inéditas de Lenin aparecen instrucciones
precisas para destruir la Iglesia y la sociedad en un baño de sangre:
«Cien mil rublos por cada ‘kulak’, propietario de tierras, que haya sido
colgado» (9 de mayo de 1922). Otra orden: «Debemos obtener por to-
dos los medios los bienes de la iglesia para constituir un fondo de muchos
centenares de millones de rublos-oro, de no hacerlo, nuestra acción
gubernamental será imposible»”
No menos precisas son las consignas de Stalin: “De acuerdo con
vuestros informes sobre los trabajadores de teléfonos licenciados. Fusi-
ladlos”. Igualmente interesante es la confirmación de la financiación del
terrorismo internacional de todos los continentes... Las revelaciones van
a aportar una nueva visión: cómo se planeó la ayuda militar y política
durante la guerra española, en la que la aportación soviética fue determi-
nante, cuál fue la estrategia de los movimientos guerrilleros en toda
Hispanoamérica, de 1962 a 1990. Toda la historia habrá de sufrir una
profunda revisión. Muchísimas mentiras serán ahora descubiertas. Y
hechos que parecían absurdos adquirirán ahora abajo esta nueva luz
pleno sentido 35.
Cuando escribí sobre Juan Pablo II advertí su influjo en la caída del
comunismo. No en vano fue el mismo Gorbachov quien escribió en La
Stampa de Turín en marzo de 1992: “Todo lo que ha sucedido en la
Europa Oriental en los últimos años no habría sido posible sin la presencia
de este Papa, sin el gran rol –inclusive político– que él ha sabido desem-
peñar en la escena mundial. Sus primeras palabras: «No tengáis miedo»
perforaron la coraza del mundo totalitario [...] Lo peor que le puede
suceder a un sistema totalitario es que ciertos hombres pierdan el miedo,
incluso ante la persecución y la muerte, y rechacen la colaboración
personal con la mentira [...] ¡No tengáis miedo!, dijo y repitió [...] Todo
su pontificado es un testimonio de la coherencia interna del clamor de
un pontífice que animó al hombre, a todos los hombres, a librarse de
todos los temores, que anidaban tanto en el este como en el oeste.
Cuando las personas pierden el miedo y se deciden a vivir en la verdad,
las horas de la dictadura totalitaria están contadas, salvo, claro está, que
los instrumentos de la represión estén muy aceitados” 36.

35 Mario Luis Descotte: El estallido del Mundo Soviético cit.... pp211-216.


36 Mario Luis Descotte: El Legado de Juan Pablo II, Mendoza, Fondo Editorial San
Francisco Javier, 2005, pp101-102-111-112.

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Finalmente llegué a una última interrogación:

¿Será posible un balance del comunismo del siglo XX, en lo relativo


a las vidas humanas? Quizás. Pero las cifras son aterradoras. Zbigniew
Brzezinski repasa el costo humano y admite cincuenta millones, que
“representan –dice en su libro El Gran Fracaso. Nacimiento y muerte
del comunismo en el siglo XX– sin duda el más extravagante y desorbitado
experimento de ingeniería social que jamás se haya intentado”. Un libro
reciente, El Libro Negro del Comunismo, escrito por Stéphane Courtois,
Nicolás Werth, Jean-Louis Panné, Andrzj Paczkowski, Karel Bartosek y
Jean-Louis Margolin, publicado en París en 1997, acercan la cifra a cien
millones. Solzhenitsyn insitió en más de 60 millones sólo para la URSS...
Escribió Isaiah Berlin: “He vivido durante la mayor parte del siglo
XX sin haber experimentado –debo decirlo– sufrimientos personales.
Lo recuerdo como el siglo más terrible de la historia occidental”. Yehudi
Menuhin, por su parte, señaló: “Si tuviera que resumir el siglo XX, diría
que despertó las mayores esperanzas que haya concebido nunca la hu-
manidad y destruyó todas las ilusiones e ideales”....
La revolución de 1989 implicó la recuperación de la dignidad humana,
expresada en esa frase de una mujer alemana al cruzar el muro en
noviembre de dicho año: “Se acabaron los años de humillación [...]
volvemos a ser personas”. Por eso escribía Víctor Massuh: “Ser testigos,
en las postrimerias de este siglo, de la desintegración del comunismo,
es una experiencia deslumbrante. Muchos habían creído definitivamente
perdida esta posibilidad, por lo menos en el espacio de la propia gene-
ración. Pero allí está el acontecimiento rotundo”.
Está aquí, tal vez, el corazón del mensaje de fin de siglo, esto es el
redescubrimiento del valor de la persona humana, única, irrepetible,
irreductible a todo engranaje, pues, como alguien escribió, Dios cada
vez que crea a un hombre, rompe el molde. Havel, el presidente checo
de los años 90, toda vez que puede, clama contra una Europa sin alma
[...] El fin de siglo deja caer sus últimos años con renovadas esperanzas
y preocupaciones. Todo un ciclo revolucionario –el de la aurora roja por
lo menos– se ha cerrado” 37.

Es de agradecer esta edición a Gladius y agradecer al autor por una


obra que enorgullece a todo argentino que cree aún en la existencia de
esa Argentina invisible, de la que hablaba Eduardo Mallea, que, de tanto
en tanto, sube a la superficie y ¡con qué vigor...! Lo he leído con el placer
de reencontrame con viejos amigos que me acompañan, desde mi

37 Idem, pp.216-217.

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adolescencia, en mi cantera, en mi biblioteca, pues he releído libros a
que acudí hace décadas. Retornaron así viejas vivencias en un mundo
distinto. Me ha dilatado las pupilas de mi imaginación y de mi memoria.
Y seguramente enriquecerá a los nuevos lectores que se animen a la
aventura formidable de leer y releer...
Gracias Padre Sáenz por toda su obra, por su testimonio cotidiano,
de toda la vida, pues, como siempre se recuerda, “Así como el cultivo
del árbol se muestra por su fruto, así, por la palabra pensada, se ve el
corazón del hombre” (Ecl. 27, 7). Entonces por las palabras pensadas
y escritas, se ve, se calibra, el corazón magnánimo del hombre. Cedo
por última vez la palabra evocadora al Padre Sáenz, que están en su
prólogo. Corría el año 1985:

Es el Kremlin de Moscú. En el centro de las murallas que lo rodean


se encuentran varias catedrales, todas con sus cruces enhiestas, y diversos
edificios civiles, coronados de estrellas rojas, enormes e iluminadas por
la noche. Allí está el corazón cultual de las antigua Rusia, la Catedral de
la Asunción, allí está el corazón político de la Rusia soviética, la sede del
gobierno comunista. ¿No habrá en esta especie de yuxtaposición algo
de providencial? ¿No será un símbolo de la lucha teológica entablada
entre la cruz y la estrella roja? A pesar de tanto odio antirreligioso, las
cruces permanecen misteriosamente en su lugar... Un día triunfarán
sobre la empresa soviética. Caminando por ese imponente recinto, en
medio del Kremlin, se me ocurrió pronunciar en voz alta aquella frase
que días antes había escuchado con tanta emoción en Zagorsk, donde
llegué precisamente cuando se estaban celebrando las fiestas de Pascua:
Christós woskréss! ¡Cristo ha resucitado! Era no sólo una expresión de
fe sino un grito de combate. Y todos respondían: Woístinu woskréss!
¡Verdaderamente ha resucitado!

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¿Por qué Trotsky? ¿Por qué ahora?
Patricio H. Randle

¿Coincidencias? Por un lado aparece inusitadamente un libro de


Marcos Aguinis 1 sin ningún motivo aparente cuando casi nadie se acor-
daba de él, por lo menos entre nosotros. ¿Por qué elige a este personaje
más bien recordado por su asesinato, para hacer un relato novelado de
sus primeros años de vida política? ¿Habrá algo de querer rehabilitar
su memoria cuando Stalin ha caído en desgracia? ¿O es que exhibe al
disidente como una variante más digestiva del comunismo internacional
ahora que se les han quemado casi todas las banderas?
Acaso Trotsky resulte más interesante para la intelectualidad de ex-
trema izquierda, mientras su asesino virtual aparece como un tosco
campesino filisteo.
Aguinis nutre su relato pura y exclusivamente de la autobiografía de
Leon Davidovich Bronstein –su verdadero nombre de origen judío–
omitiendo deliberadamente aspectos no poco importantes de su vida
y personalidad que él mismo comenzó por disimular.
La figura de Trotsky no había merecido un estudio particular hasta
la publicación de la detallada y exacta biografía escrita por Robert Servi-
ce recientemente 2 y todavía sin traducir al español. De haberla consultado
Aguinis no hubiera pretendido dejar la impresión de que se trataba de
un idealista revolucionario incontaminado de los horrores que desen-
cadenó el comunismo en el poder, sin otra meta que ejercerlo arbitraria-
mente conforme a su ideología atea, cerril e inhumana.

1 Marcos Aguinis: Liova corre hacia el poder, Bs.As., Sudamericana, 2011.


2 Robert Service: Trotsky, a Biography, London, Macmillan, 2009.

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Como quiera que sea, la figura de Trotsky recobra renombre en la
actualidad con motivo de la apertura de los archivos secretos de la Unión
de Repúblicas Soviético-Socialistas (URSS) en los últimos años, así como
han surgido autores talentosos que indagando esa cantera de información
hasta ahora reservada nos han legado obras imprescindibles para hacer
la historia de la Revolución de Octubre de 1917, así como de sus
consecuencias.
Aparte de Robert Service se pueden citar a Robert Conquest, Simon
Sebag Montefieore, Orlando Figes, Stephan Courtois, Adam Hochschild.,
Anne Applebaum, Boris Semenovic Ilizarov, los hermanos Medvedev,
entre otros 3 –cada uno especializado en la vida de Stalin, el Gulag, las
Purgas y el Terror. De entre todos se destaca la obra de Service, Profesor
de Historia de Rusia en la Universidad de Oxford, especialmente su
trilogía Lenin, Stalin, Trotsky.
Un escalón más abajo hay que situar el libro de Aguinis que se pre-
senta como una biografía novelada donde la verdad histórica se entre-
mezcla con la fantasía del autor y la del mismo protagonista de la auto-
biografía, todo sin límites precisos. Lo que indica que, voluntaria o in-
voluntariamente, se ha eximido de investigar en las fuentes más actuali-
zadas sobre el personaje, dejándolo como un intérprete más sutil de
Marx que Stalin y cuyo pensamiento podría aún hoy tener alguna vi-
gencia. Claro que para cubrirse de críticas fáciles Aguinis detiene el
relato en 19l7 cuando Trotsky accede al poder conjuntamente con Lenin,
cuando triunfa la Revolución y empieza la larga noche del terror comunis-
ta que asolará media Europa
Además de ser una versión libre y exclusiva de la mencionada Auto-
biografía que Trotsky publica en 1921, en Moscú (y que aumentará con
modificaciones en sucesivas re-ediciones), Aguinis se cuida muy bien
de emitir juicios de valor que pudieran comprometerle, más allá de
ponderar su dotes oratorias o el estilo literario propio de un inocuo re-
volucionario. Repite el lugar común de la izquierda de hoy, según el

3 Robert Conquest: The Great Terror, Stalin’s Purge of the Thirties, London, Mac-
millan, 1968. Simon Sebag Montefiore: Stalin. The Court of the Red Tsar, New York,
Alfred A. Knopf, 2004. Orlando Figes: The Whisperers, New York, Picador, a Metropolitan
Book, 2007. Stephan Courtois: Une si longue nuit, Paris, editions du Rocher, 2003.
Adam Hochschild: The Unique Ghost, Boston-New York, Houghton Mifflin Book, 2003.
Anne Applebaum: Gulag. A History, Great Britain, The Penguin Press 2003. Boris Se-
menovic Ilizarov: Vita Segreta di Stalin, Milano, Boroli Editore, 2005. Zores A. Medvedev,
Roj A. Medvedev: Stalin sconosciuto, alla luce degli archivi segreti sovietici, Milano,
Feltrinellli 2006.

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cual hubo un divorcio entre los revolucionarios puros y el sistema de-
cadente. ¿Con qué intención? También ahora no faltan quienes pretenden
ahondar el distingo entre el marxismo revolucionario y el stalinismo.
Los hechos no permiten insistir en ese esquema. Es más, la caída
del Imperio Soviético no ha traído una liberación de los prejuicios mar-
xistas y en algunos casos, como se ve en la actualidad, lo que se ha
producido es una suerte de travestismo político como ha ocurrido con
los recursos naturales del país, otrora en manos de un estatismo férreo
y hoy sujetos a una “repartija” entre los miembros de un elite de viejos
camaradas de la KGB seleccionados por la mano todopoderosa de
Putin, con la consiguiente retención del poder político que de ello se
deriva.
Aguinis parece haberse dejado seducir por la elocuencia ideológica
de Trotsky, se fascina por las aventuras y riesgos para alcanzar el poder,
su disconformidad crónica con el régimen zarista y la protesta como
sistema. Acepta sin críticas la manipulación de la democracia que lo
conduciría a coincidir con Lenin –más allá de algunos desencuentros
anecdóticos– y si nunca simpatizó con Stalin tampoco queda claro si
no se trató más que de un choque entre dos ambiciosos por lograr el
poder.
Resulta difícil, sino ímprobo, hallar virtudes o ejemplos morales en
un verdadero delincuente social, envenenado sin remedio con una
ideología utópica. Pese a lo cual Aguinis se deleita justificando sus con-
tradicciones con el argumento de que se había “enamorado del marxis-
mo”, lo que confirmaría la tesis de que por encima de la razón prevalecie-
ron en él cuestiones afectivas que le duraron toda la vida, pues nunca
cambió el modo de pensar.
Nada puede ocultar el carácter violento de Trotsky por mucho que
se lo intelectualice. Hay testimonios ilevantables de que la emprendía
a patadas y a puños contra todo aquel que se interpusiera en su camino,
fueran estos servidores el orden en países donde buscó ilegalmente
refugio o potenciales desviacionistas.
Cierto es que en medio del caos revolucionario contra el gobierno
provisional una vez tuvo un gesto honroso. Fue cuando salvó la vida
de un ministro de Kerensky a punto de ser linchado por la multitud.
Pero si las masas eran incontenibles lo eran porque durante el período
prerrevolucionario, igual que los demás jerarcas bolcheviques, no había
hecho otra cosa que alimentar con ideas violentas la caldera del odio
ideológico y del resentimiento de clase. Pero más de una vez tuvo que

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probar su propia medicina cuando se lo acusó de anarquista, de agente
alemán, de intrigante sin orientación clara –ya que fue tardo en afiliarse
al bolcheviquismo en donde no le faltaron enemigos. Aquí es verdad
que Trotsky fue una pieza importante en el triunfo de la Revolución
mientras Lenin permanecía oculto dando instrucciones.
Aguinis interpreta libremente el pensamiento de Trotsky en su versión
novelada cuando Lenin lo conmina a pasar de la tarea ideológica a
asumir un puesto de lucha: “Mi vocación literaria –le hace decir– por
intensa que fuera no tenía el derecho de sepultar mis obligaciones con
el pueblo en esta epifanía” 4. Pero, ¿acaso esto lo hace menos responsable
de los horrores cometidos por la militancia activa de los cuadros revolu-
cionarios que llevaron progresivamente al stalinismo con sus purgas y
su Gulag?
Es verdad que la novela sobre Trotsky no cuenta nada que no estu-
viera en su Autobiografía pero, eso sí, también “respeta” sus omisiones
salvando su memoria como la de un intelectual pacifista incontaminado
directamente con la violencia, la arbitrariedad y el odio comunista.
Esa misma Autobiografía fue arma favorita de los camaradas críticos
del Kremlin. El colmo llegó con la rehabilitación política póstuma ordena-
da por Gorbachov en 1988 5 a la cual sin duda el libro de Aguinis parece
obedecer. Como quiera que sea la estrategia de Trotsky tuvo poco que
brindar como excusa a un régimen opresivo. Como afirma Service:
Lenin, Trotsky y Stalin comparten mucho más entre sí que desacuerdos
mutuos, resumiendo: que “Trotsky no fue ningún angel” como de algún
modo lo presenta Aguinis. En todo caso jamás se le oyó quejas contra
el rigor comunista y, al contrario, siempre estuvo dispuesto de justificar
el uso de la violencia por las masas.
Su origen judío y el bienestar económico que reinaba e su casa
paterna fue sistemáticamente silenciado en su Autobiografía como en
esta versión novelada. Los Bronstein eran los más ricos del vecindario,
con personal a su servicio, incluso Leon tuvo una institutriz 6. A la vez
cuando nace Trotsky el marxismo es la tendencia dominante entre los
terroristas y él también va a caer en el uso del terror en canto avanza
la subversión revolucionaria. Incluso –aunque el Partido oficialmente lo
condenara– la facción afín a Trotsky del bolcheviquismo no tendrá
empacho en recurrir al robo de bancos.

4 Marcos Aguinis: op. cit., p.407.


5 Robert Service: op. cit, p.497.
6 Masha.

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Como él mismo se proclamó, fue un verdadero jacobino y estaba
fuertemente inspirado en 1789: “Yo les aseguro que van a rodar cabezas
y sangre va a fluir [...] la fuerza de la Revolución Francesa residía en la
máquina que cortaba la cabeza a los enemigos” 7. Léase: la guillotina.
¿Qué clase de protesta pacífica propiciaba cuando a la vez pedía a
miles de manifestantes que trajeran sus armas con ellos, desde entonces
hasta la revuelta de Paris en 1968 que tuvo aspectos más afines al trots-
kismo que al stalinismo, todo envuelto en una surte de beatería cultural
hipócrita?
Otro principio declarado por Trotsky mismo fue no sólo servirse del
terror sino organizarlo desde el Estado. La cruel represión del motín de
los marineros del Kronstadt lo involucró directamente pese a que hizo
todo lo posible para ocultar la verdad de los hechos que fueron posterior-
mente investigados.
Victor Serge, primero confinado y luego obligado a migrar a Francia
en 1936 fue, en su momento, un gran admirador de Trotsky y sin embargo
no pudo olvidar su comportamiento en el caso Kronstadt, así también
como la liquidación de anarquistas y socialistas radicales en 1921. Esto
enfureció a Trotsky y tuvo a buen cuidado no mencionarlo en su Autobio-
grafía. Como obediente marxista nunca perdonó la menor desviación
y fue inmisericorde frente a ella. De su coraje físico no dejó dudas como
cuando se produjo el levantamiento de los marineros del Kronstadt
disconformes con la paga y las condiciones del reclutamiento, los enfren-
tó personalmente en la plaza frente al Comisariato aun cuando los mis-
mos marineros había prestado un gran servicio para voltear al gobierno
provisional.
En un discurso pronunciado en Sokolnki el 6 de junio de 1918 anun-
ció la necesidad de una lucha violenta contra aquellos campesinos que
supuestamente retenían sus granos y abogaba porque fueran sentenciados
a diez años de trabajos forzados. Lo cual lo coloca como un pionero en
materia de persecución de los kulaks que luego Stalin llevaría a extremos
inhumanos.
Nunca le tembló el pulso para tomar medidas drásticas y como Jefe
del Ejército Rojo designado por Lenin se pasearía por el frente contra
las fuerzas blancas de Komuch pistola en mano listo para usarla para
disciplinar a sus subordinados.

7 Robert Service: op. cit., p.233.

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Asimismo tuvo participación en la creación de la Comisión Extraor-
dinaria establecida por Lenin en diciembre de 1917, más conocida por
el acrónimo “Cheka” que no fue otra cosa que una policía política que
desencadenará el terror rojo de refinada metodología psicológica tan
bien ilustrada por Arthur Koestler en Darkness at Noon 8, donde los
inocentes eran inducidos perversamente a confesar crímenes que no
habían cometido. Y cuya estrategia impuso la ejecución sin más trámite
del sospechoso. Nada de lo cual fue ajeno al “pacífico” e “intelectual”
Trotsky. Bien que Aguinis prefiere no mencionarlo.
Según Robert Service, un investigador riguroso alejado de toda fic-
ción, durante la Guerra Civil (rojos contra blancos), nunca se detuvo
en consideraciones humanitarias aunque fue entonces que tuvo uno de
sus primeros choques contra Stalin pues este, en su cerrazón ideológica,
se oponía a reclutar antiguos oficiales imperiales prefiriendo partisanos
bolcheviques sin ninguna preparación militar.
Por lo contrario Trotsky después de haber predicado contra el milita-
rismo se sentía muy cómodo en su uniforme militar, otro rasgo ocultado
por Aguinis y el trotskysmo en general, que preferían imaginarlo como
héroe civil. No faltaron, sin embargo, quienes lo veían como un Napoleón
Bonaparte capaz de compatibilizar la ideología revolucionaria con el
poder constituido. Entretanto amenazaba con ejecutar comisarios del
pueblo que no delataran traidores declarando: “Los saboteadores del
Soviet deben ser castigados tan severamente como los burgueses”.
Paralelamente a su ejecutividad militar y revolucionaria no abandonaba
su sueño de una sociedad mundial utópica dominada por el marxismo
internacional. Mientras tanto seguía la Guerra Civil. Los blancos de
Yudenich habían infligido por sorpresa una importante derrota al Ejérci-
to Rojo, más de dos años después de la Revolución de 1917, y se halla-
ban a doce kilómetros de Petrogrado donde Stalin ejercía la jefatura del
partido.
En su consternación, Stalin ordenó ejecuciones ejemplares en masa
sin que Trotsky expresara la menor objeción. Peor aun, desde el Instituto
Smolny donde tenía su base ordenó “purgar a los tímidos e incompetentes”.
La idea de “purgar” al enemigo ideológico iba a hacer un largo recorrido
hasta llegar a las famosas purgas stalinistas de 1937-38, cuando Trotsky
desde su refugio en Méjico pretendía no tener nada que ver, acaso por-
que él mismo hubiera sido una de sus victimas.

8 London 1940.

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En la fundación de la Tercera Internacional, Trotsky apareció como
una figura alejada de lo que se calificaba como “el más grande antimi-
litarismo en Europa” y anunció “nuestro propio antimilitarismo”, el cual
consistía en armar a los trabajadores y “enseñarles a usar lo que ellos
mismos habían forjado”.
La cuestión de demonizar lo militar tenía lejanos orígenes de cuando
los marxistas desafiaban a los poderes establecidos. Es más, en el mo-
numento erigido en homenaje a los muertos en la 2ª Guerra Mundial
que el gobierno comunista de la entonces República Democrática Ale-
mana instaló al costado de la Avenida de Unter den Linden en Berlin,
un bajorrelieve aludía a las víctimas del “fascismus und militarismus”.
Prueba de que los eslóganes ideológicos sobreviven más allá de las
polémicas internas.
Si bien es cierto que Trotsky fue caracterizado como un comunista
de corte internacional –como adelantándose a lo que en el futuro se
llamaría “eurocomunismo”–, los enemigos del bolcheviquismo no le
ahorraron críticas como la de ser un fanático “sediento de sangre” 9,
tal como fue calificado por los letones que celebraron –sin saber la ver-
dad– la versión falsa de haber sido capturado en Riga a principios de
1919. Tal fue el recuerdo que deja en los países bálticos después de la
Guerra Civil.
Uno de los que creyeron en Trotsky como un genuino pacifista fue
Bertrand Russell, mientras consideraba leer a Marx como un aburrimien-
to 10. Lejos del pacifismo de su libro Terrorismo y Comunismo, publicado
en Petrogrado en 1921, afirmó: “El hombre que repudie el terrorismo
por principio debe rechazar la idea de la supremacía política de la clase
trabajadora”. Y esto no sería tan tremendo si él y sus compinches bol-
cheviques no hubieran ido más allá de la Guerra Civil ejecutando rehenes
inocentes y tratando salvajemente a trabadores y campesinos que no
compartieran su posición de glorificar las ideas terroristas y su aplicación.
Otro síntoma de su insincero pacifismo fue exigir la militarización del
trabajo, así como estatizar los sindicatos o usar al terrorismo contra los
insurgentes de las propias filas, como quedó demostrado en el motín
del Kronstadt donde los jefes fueron fusilados sin ningún trámite. Con
algún resabio de culpa, en un discurso declaró que era cierto que la
Cheka no era amada pero que tampoco lo era la contrarrevolución.

9 Robert Service: op. cit., p.259.


10 Ibidem, p.260.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 137


Es sabido que en materia religiosa se declaraba agnóstico, no ateo,
aunque sí lo haría en su Testamento. Igual que Lenin, sabía que extinguir
la religiosidad popular demandaría más de una generación, por eso
pergeñó un plan previo para dividir la Iglesia Ortodoxa que fue aceptado
por el Soviet Supremo.
Mientras tanto, Lenin se lanzó a celebrar los “juicios-espectáculo”
para procesar a los enemigos externos y luego a los internos en lo cual
halló el apoyo de Trotsky contra la opinión de Bukharin, que terminaría
en una década siendo una de las víctimas de este proceso-tipo en 1938
con las Grandes Purgas.
Por lo demás, Trotsky siempre abogó por los métodos autoritarios y
las estructuras centralistas al tiempo que se mostraba especialmente
indiferente a la democracia partidaria interna que no dejó de ser un
eslogan. Amenazado por enemigos dentro del Partido aceptó la protec-
ción especial que le brindaba Dzerzhinsky a cargo de la entonces llama-
da OGPU y, curiosamente, obedeciendo a un pedido de Stalin que así
se cubría de sospechosas responsabilidades.
No hay que olvidar que el clima interno de los Soviets era especialmen-
te conflictivo, lleno de intrigas y acusaciones mutuas. Las cuales fueron
en aumento mientras Lenin yacía postrado esperando la muerte a prin-
cipios de1924. A la vez debe recordarse la actitud de absoluta indiferen-
cia frente a la masacre de la familia Romanov, un crimen políticamente
innecesario pero cargado de un odium fidei ideológico que Trotsky
compartía.
En efecto, en julio de 1918 se entera de que no sólo habían ejecutado
al Zar Nicolás II, de quien había dicho que su único mérito había sido
el carecer de toda crueldad, sino que ello había involucrado a su inocente
familia y, además, que la pena de muerte había sido ordenada por Lenin
en su ausencia sin jamás expresar su disconformidad y menos aun su
horror.
Sin embargo es un hecho que nada que sucediera en Rusia le era
ajeno. Siempre se jactó de tener especial interés por las artes mientras
Lenin, el Partido y luego Stalin le prestarían poca atención. Sin llegar a
valorar la estrategia de Gramsci (con quien tuvo un cruce de cartas
tardías) se propuso fomentar el cine como un medio de alejar a la gente
de la religión.
Pero al mismo tiempo que se preocupaba por “problemas de la vida
cotidiana” (según un folleto de 1923) tratando de “civilizar” usos y cos-

138 AÑO 2012 | GLADIUS 83


tumbres de una Rusia que consideraba atrasada, al mismo tiempo re-
comendaba a la tropa lavarse la camisa y peinar el pelo aunque antes
era imperioso tener limpio y aceitado el rifle (el “pacifista” dixit) 11.
El clima de tensiones, intrigas y traiciones dentro del bolcheviquismo
fue una constante desde los tiempos de la conspiración a principios del
siglo XX hasta el stalinismo en que alanzó su máxima expresión insufla-
da por el carácter diabólico de su líder.
Si hoy está a la orden del día en todo el mundo nadie se imaginaría
que el espionaje telefónico comenzara en tiempos de Trotsky, quien
ante el Politburó llegó a exclamar cínicamente: “Las grabaciones telefó-
nicas son un hecho”, aunque conjuntamente con esa explosión de
franqueza, según Mikoyan, Trotsky tenía aversión al uso del lenguaje
obsceno. O sea, un rasgo más de puritanismo en su personalidad con-
tradictoria –o hipócrita– que sin embargo logró engañar a mucha gente
que le eximía de culpas.
A la vez fue muy mujeriego –como la mayoría de los líderes bol-
cheviques. No sólo abandonó definitivamente a su primera mujer Ale-
xandra en Siberia remplazándola por Natalia, a la que le fue relativamen-
te fiel hasta su muerte. Pero mientras tanto tuvo múltiples amoríos con
Larissa Reisner entre otras emancipadas feministas, con Claire Sheridan
y sobre todo un affaire durable con la pintora Frida Kahlo, esposa de
Diego Rivera, su protector durante el exilio en Méjico.
Su apología del terror la hacía descargando su responsabilidad en
el Partido y así se lo hizo saber al jefe de la Checa, Dzerzinski, acusándolo
de perseguirlo subrepticiamente, a lo cual este le respondió: “Yo de
quien tengo miedo es de Usted”. Tal era el tenor de los diálogos entre
los jerarcas 12.
Tampoco tuvo Trotsky la menor consideración con los mencheviques
–sus antiguos correligionarios– cuando fueron enviados a la prisión
mortal de la isla Slovki, ni movió un dedo para aliviar la brutal supresión
de los rebeldes nacionalistas de Georgia en 1924. Tampoco puso la
menor objeción a la drástica persecución a la Iglesia Ortodoxa en 1922
iniciada por Lenin con juicios públicos y ejecución de obispos en forma
sumaria.
Años después de la Guerra Civil, Molotov, en 1927, recordó que
Trotsky había sido acusado de ejecutar miembros del propio partido

11 Ibidem, p.314.
12 Ibidem, p.352.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 139


bien que lo había hecho merced al permiso incondicional que le había
otorgado Lenin.
Trotsky, al igual que todo el establishment pretendió ignorar el sufri-
miento infligido a los campesinos durante la introducción forzada de
las granjas colectivas, al mismo tiempo que se expandía la red de campos
de trabajo forzado, el Gulag que sólo sería popularizado varias décadas
después gracias a la valiente denuncia de Solzenitsyn.
En todo caso Trotsky continuó siendo leal al Komintern al cual nun-
ca pensó en abandonar sino, en todo caso, conquistar. Sus diferencias
serían con Stalin en materia de política exterior, ridiculizando su eslogan
“socialismo en un país” antes que la “revolución internacional”. En
cuando a conflictos internos se lució como hábil manipulador capaz de
hacer enfrentar una facción contra otra para salir airoso. Pese a lo cual
no pudo impedir la infiltración de agentes de las OGPU destinada a
destruir el trotskysmo alemán.
Omisiones en su Autobiografía que Aguinis no se ocupa en señalar:
aparte del motin de Kronstadt está el levantamiento de Tambov. Según
Service “fue un maestro para esquivar ciertas cuestiones políticas enmas-
carándolas con una alquimia literaria” 13. De entrada ocultó la riqueza
de su padre y el origen judío de la familia. Aguinis hace hincapié en que
la condición de judío fue un obstáculo para su carrera política obviando
referirse a que la mayoría de los líderes de la Revolución lo fueron. Por
ejemplo: Litvinov (Comisario), Kaganovich (segundo de Stalin), Molotov
(Molostein), Yagoda (Jefe de la NKVD), Kamenev (Rosenfeld), Zinoviev,
para citar los principales. Entre tanto escribió muy poco sobre la perse-
cución de los kulaks, sacerdotes y nacionalistas. Los juzgaba enemigos
del bolcheviquismo aunque no puso objeciones a su juzgamiento públi-
co, al contrario, alentó a las fuerzas policiales.
La pregunta que queda en el aire es: ¿Hubiera sido más benévolo
que Stalin si hubiera ejercido el poder supremo? No es fácil de creer,
porque la violencia estaba instalada en sus planes políticos. Incluso más
de una vez se mostró contento cuando entre 1921-22 se condenaron a
sospechosos de conspiraciones internacionales que nunca existieron.
Así como el que a hierro mata a hierro muere, el 24 de agosto de
1936 fue condenado a muerte in absentia implicándolo como líder de
una conspiración terrorista internacional mientras estaba asilado en
Noruega.

13 Ibidem, p.403.

140 AÑO 2012 | GLADIUS 83


Poco después llegaba a Méjico acogido por el gobierno de Lázaro
Cárdenas que al tiempo recibía numerosos refugiados izquierdistas
europeos provenientes de la Guerra Civil española. La idea de Trotsky
de fundar una IVª Internacional en 1938 se concretó en Perigny, en las
afueras de París, siendo elegido como miembro secreto y honorario.
Nada de esto sucedió sin que previamente hubiera habido divisiones
antagónicas, acusaciones mutuas de falso testimonio, de torturas, etc.
Mientras se acariciaban planes para liquidar a Stalin, Trotsky declaraba
que el terror individual era un arma de los impacientes y desesperados
pertenecientes en general a los miembros más jóvenes de la burocracia.
Por su parte prefería una estrategia más fría no menos cruel.
Los grandes “juicios-espectáculo” durante las grandes purgas de
1936-38, aunque no le incumbieron directamente, afectaron su optimismo
ideológico por haberse tratado de “procesos judiciales travestidos”, se-
gún sus palabras. No sólo Trotsky, es verdad, pasó por alto la farsa que
implicaba una defensa implícita del terror, la subversión revolucionaria
y la más atrabiliaria dictadura. También un gran número de socialistas,
liberales y hasta algunos “conservadores” hicieron lo mismo.
A Trotsky se le llegó a ofrecer la rectoría de la Universidad de Edimburgo
en Escocia, lo que ilustra la penetración –entonces como ahora– de la
extrema izquierda en los claustros. Carente de verdaderos títulos acadé-
micos, obtuvo peticiones en su favor de personajes como H. G. Wells,
John Maynard Keynes o Harold Laski. Hasta el propio obispo de Bir-
mingham, inducido por George Bernard Shaw, que era incondicional
de Stalin, le dio su apoyo. Sin contar la adhesión de Beatrice Webb,
que llegó a pedir que se le diera asilo político en el Reino Unido.
Otros defensores de Trotsky en Occidente fueron el educador John
Dewey, novelistas famosos en el momento como John Dos Pasos o
Mary Mc Carthy, críticos literarios muy influyentes como Lionel Thrilling
o Edmund Wilson y hasta otros admiradores precoces como Max Eastman
o James Burnham, que luego sufriría una evolución inversa.
Trotsky planeó utilizar todo este apoyo internacional prestándose a
ser juzgado por un tribunal quasi-judicial en Coyoacán, previo el despacho
de una Comisión internacional que comenzó a reunirse en 1937. Con
ella pretendió ser exculpado de haber sido el principal arquitecto de la
supresión de los derechos humanos en la URSS, de lo cual ahora era
su victima. Hay pruebas de que tenía in mente el caso de la defensa
de Dreyfus por Zola, pues aspiraba a limpiar su nombre de las “calumnias”
de Stalin, en lo cual contó con el apoyo de John Dewey.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 141


La ignorancia, la estupidez de los liberales o su complicidad final se
aclara leyendo Terrorismo y Comunismo de 1920, donde rechaza los
conceptos morales universales y justifica que los marxistas tomaran y
ejecutaran rehenes para oponerse a la Contrarrevolución. O sea, como
escribe Service: “subordinaban la preocupación moral a los requerimien-
tos prácticos corrientes” 14.
¿En qué está pensando Aguinis cuando nos presenta un Trotsky in-
telectualmente idealista o que aprueba la Guerra Civil española en
cuanto seguía los términos fijados por Stalin en su política exterior?
Otro dato que revelaría el futuro fue la actitud frente al pacto nazi-
soviético para atacar a Polonia, ya que no le mereció ninguna clase de
condena. Por el contrario llegó a declarar: “Así como un ama de casa
prolija nunca permite que se acumulen telarañas y basura, tampoco
como revolucionario puede tolerar faltas de claridad, confusión, equi-
vocación. La casa debe de estar en orden” 15.
Su amor por la URSS pese a sus faltas siguió vivo en el fondo de su
corazón hasta su muerte. Aunque admitía haber cometido errores nun-
ca los explicitó. En cambio declaró que no había ninguna mancha en
su honestidad revolucionaria, y agregó: “Moriré como revolucionario
proletario, como materialista dialéctico y consecuentemente como irre-
conciliablemente ateo” (My Testament, 27 de febrero –3 de marzo de
1940: Joseph Hansen Paper (HIA)box 22, folder 4– Hoover Institution
Archives, Stanford University, STAN).
Según Service, los trotskystas se caracterizaron siempre por tener
“cierta capacidad para análisis sofisticados del marxismo y un abuso
de técnica para polemizar”. En esto fue maestro el propio Trotsky, que
“tan pronto como logró poder suprimió violentamente las aspiraciones
populares”. O también se caracterizó por su “pensamiento rígido y es-
quemático aunque extremadamente violento en su práctica llevando
adelante sangrientas campañas de represión” 16, como que se deleitó
con el terror.
Una vez dijo que quería construir un paraíso en la Tierra a la vez que
le constaba que los comunistas llegados al poder estaban determinados
a extirpar toda fe religiosa.

14 Ibidem, p.471.
15 Ibidem, p.476.
16 Ibidem, p.497.

142 AÑO 2012 | GLADIUS 83


Antes de terminar correspondería responder a las preguntas del título:
“¿Por qué Trotsky? ¿Por qué ahora?”, cuando aparentemente haya per-
dido actualidad y mayormente sólo se recuerda su espectacular asesina-
to en tanto la URSS como tal haya desaparecido. ¿O será que el comu-
nismo marxista revive de otras maneras?
Sabido es que los comunistas aggiornados eligieron sacrificar la figu-
ra de Stalin como el gran culpable de todo. Y renovarse libres de todos
los crímenes materiales dejando a salvo la responsabilidad moral de
una doctrina intrínsecamente perversa, según la definición papal.
El trotskismo mientras tanto pasa por ser una versión edulcorada del
bolcheviquismo, apta para consumo de la intelectualidad de izquierda,
tan sólo porque representa el revés de la moneda de Stalin. Lo cierto
es que no es mucho lo que se sabe de Leon Bronstein, cómplice principal
de lo que sería el comunismo internacional con todas sus lacras disi-
muladas por el relato literario de Aguinis.
Mientras tanto la apertura de los archivos soviéticos, no todavía
investigados totalmente, promete agregar nuevas revelaciones al trabajo
meritorio de Robert Service.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 143


Reimpresión

ALFREDO SÁENZ

Serie
Las Parábolas del Evangelio
según los Padres de la Iglesia

Tomo 1

LA MISERICORDIA DE DIOS
400 páginas
La calandria y la mula
Hugo Esteva

Al fin y al cabo, tampoco era tan difícil: sin oposición, con toda la
plata, adaptándose al aire de la “cultura” ambiente, con un poco de
fraude, la Calandria se llevó todos los premios electorales. Aunque los
electores fueran muchos menos de los que hubiera deseado alguien
derecho. Un treinta y pico de ellos, disfrazado de cincuenta y pico, bom-
bos y platillos, un poco de gente para festejar en un salón de hotel donde
se dieron la mano los peores gremialistas, los mejor pagos “camporiza-
dos” y los más activos maricones, muchos de los que estuvieron en la
plaza de Mayo arreados bajo el persuasivo poder de los “planes”, y ya
está: fiesta cívica con un poco de mula, pero fiesta al fin. Para cantar y
para bailar, como bailó la viuda con esa poca gracia que debe arrastrar
desde los setenta.
La mula grande apareció al día siguiente. Y se acabó lo que se daba.
El asunto es: ¿No supo la Calandria que venía tormenta? ¿Tiene un
“volido” tan corto como para no haberlo previsto? ¿Tan ladina fue para
callárselo? ¿O es que, una vez más, cantaba con canto ajeno?
Parece que hubo varias cosas juntas: la “ubicaron” en la reunión de
los grandes en Francia, la volvió a “ubicar” el morocho figurín nortea-
mericano, y aunque allá se mandó una clase teórica sobre lo obvio, llegó
de vuelta y pidió los números: no cierran. La plata no está y se pone
bravo “cuando todas las puertas están cerradas y ladran los fantasmas
de la canción”.
¿Cómo hacer para seguir contando la historia del “mayor crecimiento
con inclusión” y ocultar que cada vez hay más pobres, que cada vez
hay más gente durmiendo tirada en la calle, que crecen las villas miseria

GLADIUS 83 | AÑO 2012 145


con propios y ajenos? ¿Cómo hacer para tapar el aumento de la deuda
externa cuando apenas se acalló un poco al acreedor más poderoso y
se hace el aguante –un aguante que implica deber el abismal interés del
interés– frente a todos los demás?
De entrada, la Calandria quiso echar mano de los más obsecuentes
y de entre ellos mandó al frente al carancho ñato, que tiene fama de
malo. Pero lo que pasa es que ella no le tiene confianza: el carancho
anduvo siempre demasiado cerca de los mangos del pingüino y, desde
el primer día, la viuda sabe que sólo los testaferros conocen cifras oscu-
ras que el otro jamás confesó. Ni el pingüinito, al que desde chico ense-
ñaron a sacar la plata afuera por el confín austral, sabe bien qué cosa
es de quién. Y así –la Calandria de eso entiende– no hay lealtades
duraderas. Los cercanos, entonces, esos que están queriendo solamen-
te durar, no le van a servir de mucho. Por lo menos se le van a quedar
con los vueltos.
Ni el pavo grande que se ha puesto al lado, más allá de que ella
proclame lealtades, le va a durar el día que esto se ponga más espeso.
Y entonces la Calandria, que es pícara, altanera y nada zonza, encontró
la fórmula: las malas noticias las van a dar los caranchos, ella está para
las buenas. Para jugar de buena.
Usted lo sabe, por naturaleza la calandria es ligera, canta el canto de
los otros como si fuera propio y está siempre atenta para levantar lo
que le dejen a mano. Además, mientras sean más chicos que ella, corre
siempre a los demás pájaros. Irla de buena, entonces, no es una tarea
fácil para la Calandria. Horas ante el espejo le insume lograr el tono
para decir que “no se enoja más”, sabiendo lo puteadora que fue toda
la vida. Las mismas horas que se toma su ignorancia para explicar a
todo el mundo lo que ya todo el mundo sabe, pero que al final ella
también se cree. Porque nuestra Calandria se ha convencido de que los
grandes problemas del mundo se resuelven con ese tono y esa mentali-
dad de maestra secundaria que no acierta a alejar de sus discursos. En
fin, mucho trabajo forzado que si a algo huele es nuevamente a mula.

***

Vueltas y vueltas daban todas estas cosas por la cabeza del hornero
que, habiendo trabajado toda la vida, ya veía que la carga se iba a
volver una vez más contra él. Porque, claro, a él, que nunca había reci-

146 AÑO 2012 | GLADIUS 83


bido nada sino de su trabajo, le venían ahora a echar en cara planes y
subsidios como si los hubiera inventado y cobrado. Nadie se tomó el
trabajo de explicarle dónde había ido a parar esa plata de los subsidios,
en qué bolsillos amigos del gobierno había desaparecido del mapa. Ni
tampoco le dijeron qué iba a pasar con los de los planes que sólo sabían
evadir el laburo que él se tomaba a pecho, y eso por generaciones. Sin
embargo, los mismos que los habían establecido y ahora ya no sabían
cómo pagarlos, le hablaban al hornero como si fuera él quien había
disfrutado del festín. Como siempre: “con los bonos, con los préstamos,
con el uno a uno, con el corralito y con el corralón, el que los paga sos
vos, crédulo trabajador” le parecía oír.
Pero, por otro lado, el hornero quería creer. Y si todos esos industrio-
sos chimangos sonreían aplaudiendo el discurso de la Calandria, él
también tenía ganas de sonreír cuando le prometían “sintonía fina”,
aunque fuera no tan fina la de la proposición. Claro, los chimangos
nunca habían sido demasiado industriosos de por sí, pero, mal que mal,
siempre habían andado revoloteando detrás de las sembradoras del
Estado y se los veía gordos y bien reproducidos. Así que, con esas
tribulaciones, lleno de sensaciones encontradas para los futuros cuatro
años, se arrimó al tero como para aconsejarse.
El tero conoce a la Calandria porque siempre la vio volar desde
arriba. Y sabe que, aunque sólo fuera por aquello del tango –“hoy un
juramento, mañana una traición, amores de estudiante flores de un día
son”– ni el Pingüino le tenía mucha confianza a esta pulpera de Santa
Lucía. Por eso, cortito esta vez, le largó la cita por toda conclusión:

Como dijo un entrerriano gracioso y observador,
Comentando de un curita que cantó el áura y colgó:
“El hombre ha jodido a Dios, ¿no te va a joder a vos?”

GLADIUS 83 | AÑO 2012 147


Cristo Sacerdote y el Obispo Bargalló

No se trata de “tirar la primera piedra” porque como todo cristiano soy


pecador, sino de participar un diagnóstico. Soy solamente un sarmiento de
la Vid, una oveja sin autoridad ex officio, pero que no me impide manifestar
el lacerante dolor sobrenatural que siento al enterarme del caso del Obispo
Bargalló y de algunas reacciones hechas públicas por La Nación (sec. 1ª, del
24 . 6. 12, p. 19).
No sólo una “imprudencia en la que incurrió este hermano nuestro”, porque
la prudencia cardinal hace que la luz de la conciencia sea eficaz hasta en los
actos más pequeños, y en ella engarza la prudencia infusa o sobrenatural, esto
debe aclararse porque no se trata de la simple prudencia cardinal. El Apóstol,
(el Obispo) participa realmente del sacerdocio de Cristo-Sacerdote y sus actos
hasta los más pequeños, deben ser actuados in persona Christi. De lo contrario
traiciona en lo esencial su carácter de Apóstol de Cristo.
Tampoco puede hablarse del “error cometido” sin distinguir entre error
y pecado. No todo error es pecado aunque puede haber error pecaminoso.
No puede hablarse de “error cometido” sino de pecado cometido que quita
la gracia, por eso –como manifiestan fieles confundidos por su culpa– no
ha sido, no es un “buen pastor”, como el Pastor por excelencia que conoce
sus ovejas, las defiende y la ordena, Cristo es el Pastor, es la Puerta del redil,
aunque el mercenario, el malo, se meta al redil y confunda a las ovejas como
quiere el Maligno.
Tampoco este hecho doloroso reabre la “polémica” (interesada e inválida)
del celibato sacerdotal que es norma de los diocesanos desde el Concilio II de
Letrán (1137) y el de Trento 1545-). El celibato obliga a observar la castidad
perfecta y es sobre todo, la asimilación con Cristo que exige una libre decisión
personal. Así como el adulterio es la máxima ofensa al sacramento del matrimo-
nio, la ruptura de la castidad sacerdotal es máxima injuria contra el orden sa-
grado. Si es habitual, la administración de los sacramentos y la celebración de
la Santa Misa constituyen un sacrilegio también habitual contra Dios y contra
sí mismo. Los fieles son las víctimas del mal Pastor.
Me pregunto: ¿qué debería ocurrir? Pienso que en un país de Utopía como
imaginó Santo Tomás Moro: a) todos los pastores deberían exponer en público
la verdadera doctrina (bastan pocas líneas), b) condenar absolutamente el ul-
traje como pecado mortal habitual, c) organizar rogativas y penitencias con
todos los fieles y sacerdotes por aquella persona, por el perdón amoroso y por
su salvación por Cristo-Sacerdote. Santo Tomás Moro Mártir lo habría hecho
setenta veces siete.

Alberto Caturelli

148 AÑO 2012 | GLADIUS 83


EL TESTIGO DEL TIEMPO
Bitácora

Vuelve la clase de religión a las nacional. El programa piloto de


escuelas rusas clases de religión en 2009-2011
recibió una respuesta favorable. En
Moscú (Rusia) AICA. Tras dos los cursos participaron medio mi-
años de experimentación en algunas llón de niños, 20.000 profesores y
regiones rusas, desde el próximo 30.000 escuelas de todo el país.
curso, que comienza en septiembre, El gobierno ruso también planea
la historia de las religiones y los introducir la teología como una
fundamentos de la religión se con- asignatura en las universidades pú-
vertirán en una asignatura obligatoria blicas. En Rusia, la teología se de-
en todas las escuelas rusas. El primer sarrolló sólo en las escuelas religio-
ministro, Vladimir Putin, aprobó el sas –los seminarios espirituales or-
decreto que introdujo la enseñanza todoxos, las madrasas musulmanas
de la religión en todo el país. y las yeshivas judías. Sin embargo,
Los estudiantes de primaria y desde el año 2000, las disciplinas
secundaria pueden optar por estu- teológicas se incluyeron en los currí-
diar o bien la historia de una de las culos de varios institutos de Rusia,
cuatro religiones llamadas “tradi- especialmente los privados y reli-
cionales” –el cristianismo ortodoxo, giosos.
el Islam, el Judaísmo y el Budismo– Los católicos y los protestantes,
o cursos más generales sobre los que son minorías en Rusia y no
“fundamentos de la cultura religiosa” forman parte de las cuatro religio-
o “los fundamentos de la ética nes de herencia histórica que el
pública”. Estado favorece, tendrán que elegir
Prohibida durante el período entre las distintas asignaturas pro-
soviético, la religión volvió a las es- puestas.
cuelas en abril de 2010, pero sólo En las primeras pruebas de la
en 19 regiones, en una iniciativa clase de religión, en 2010, en la
bendecida por el Kremlin, que está región de Krasnoyarsk, casi el 60%
interesado en la consolidación de de las familias eligieron Fundamen-
los valores comunes de la identidad tos de Ética Pública, y otro 27%

GLADIUS 83 | AÑO 2012 149


Fundamentos de Cultura Religiosa. de Moscú apoyó públicamente la
Sólo un 20% optaba por Ortodoxia, iniciativa, así como también la co-
lo que demuestra aún un recelo im- munidad musulmana.
portante hacia la religión. El muftí Krganov Albir, presi-
Desde el principio, la idea sus- dente de la Comisión musulmana
citó fuertes críticas en Rusia, un de Chuvashia (una república autó-
país que experimentó 70 años de noma de Rusia) dijo que “la nueva
ateísmo de Estado, y donde convi- asignatura se hizo muy popular entre
ven diferentes etnias y religiones. los alumnos y padres en las escuelas
Algunos creen que Rusia es un estado de Chuvashia. Los padres dicen que
laico en el que ninguna religión de- aprenden mucho acerca de la religión
bería ser enseñada en los centros cuando sus hijos asisten a estos cur-
públicos. Otros piensan que Rusia sos”. “Cuanto más una persona se
es un estado multinacional y multi- educa en la esfera de la religión, más
rreligioso y consideran que dividir tolerante se vuelve hacia las opiniones
a los alumnos en grupos de acuerdo de las otras personas”, agregó.
a sus creencias podría promover el Por su parte el portavoz del Pa-
odio nacional y religioso. triarcado de Moscú, Vsevolod Cha-
Otra objeción planteada por los plin, insiste en que “si un joven crece
críticos de la religión en la escuela fuerte desde el punto de vista moral
es la falta de profesores calificados en un ambiente que carece de moral,
y buenos libros de texto, como fue hay posibilidades de que él o ella
admitido por Romanova Elena, jefa cambie las cosas, al menos parcial-
de la Secretaría de Educación para mente. Sólo así, generación tras
la enseñanza de la religión. Sin generación, superaremos la menta-
embargo, el Ministerio de Educación lidad moralmente anormal de nues-
de Rusia puso en marcha cursos para tra era post-soviética”.
profesores de religión desde el pasado La Federación Rusa cuenta con
mes de febrero. “Estos temas deben unos 143 millones de habitantes,
ser impartidos por personas bien de los que entre el 60 y el 80% se
formadas, ya sea por profesores de autodeclaran ortodoxos. Además,
teología o por clérigos”, dijo Putin por etnia unos 14 millones de habi-
en una reunión con representantes tantes podrían considerarse musul-
de las confesiones tradicionales. manes. Rusia es el país con más mu-
Los líderes religiosos rusos no sulmanes de Europa y el que tiene
comparten el escepticismo de los más musulmanes tibios en la fe.
opositores laicistas a la nueva asig-
natura. Por ejemplo, el Patriarcado AICA, 13 Marzo 2012

150 AÑO 2011 | GLADIUS 81


LIBROS RECIBIDOS

AA.VV., La guerre civile perpétuelle, Artege editions, Paris 2012, 280 pgs.
AGUER, HECTOR, La formación del Hombre, Ágape, Buenos Aires 2012,
254 pgs.
DÍAZ ARAUJO, ENRIQUE, Lesa Humanidad, Universidad Católica de La Plata,
La Plata 2012, 324 pgs.
ECHAVARRÍA, MARTÍN F., Corrientes de Psicología Contemporánea, Univer-
sidad Católica de La Plata, La Plata 2012, 739 pgs.
VENIARD, JUAN MARIA, La música en la Iglesia, CIAFIC, Buenos Aires 2011,
365 pgs.

REVISTAS RECIBIDAS

DIDASCALIA, Revista de Catequesis, Pte. Roca 150 (2000) Rosario:


Año LXV, Nº 648, Una familia para un niño, un niño para el mundo,
diciembre 2011

ESPIRITU, Cuadernos del Inst. Filosófico de Balmesiana, Duran y Bas, 9,


Apartado 1382 Barcelona, España
Año LX, Nº 142, 2011. En el bicentenario del nacimiento de J. Balmes.

HUMANITAS, Rev. Antropología y Cultura Cristiana, Av. Libertador Bernando


O’Higgins 390, Santiago, Chile
Nº 64, Año XVI / Primavera 2011, 450 años de la Arquidiócesis

INSTAURARE omnia in Christo, Periodico cattolico, culturale, religioso, civile,


Casella postale n. 27 Udine Centro (Italia)
Anno XL, Nº 2, luglio-Dicembre 2011,. l’Insegnamento di centocinquanta
anni di costituzioni

RAZÓN ESPAÑOLA, Paseo Santa María de la Cabeza 59 (28045) Madrid,


España:
Nº 170, Correspondencia con Joaquin Satrústegui, nov-dic 2011

SAPIENTIA, Pontif. U.C.A. Sta. María de los Buenos Aires, Facultad de Filosofía
y Letras, Av. Alicia M. de Justo 1500, Edif. San Alberto Magno (1107) Buenos
Aires
Vol. LXV, Fasc. 225-226, 2009. Impossibilità di pensare Dio non esistente:
il Proslogion di Anselmo d’Aosta come applicazione implicita dei
moderni procedimenti di logica aletica

GLADIUS 83 | AÑO 2012 151


SIEMPRE P’ALANTE, Quincenal Navarro Católico, Doctor Huarte, 6 1º izq.,
31003, Pamplona (España)
Año XXX, Nº 663, In-Maculada, 1 de Diciembre 2011
Año XXXI, Nº 665, Madre Virgen, engendraste al Rey, 1 de enero 2012

TODO MARIA, Ayacucho 236 P.B.“A” (1025) Buenos Aires


Año 14, Nº 167, ¡Nos ha nacido!, diciembre 2011

AHORA, Información, Bimensual, Aptdo. Correos 31.001 (08080) Barcelona,


España
Nº 114-115, La tiranía del Liberalismo, ene-abr 2012
 
CONJECTURA, Filosofia e Educaçao. Rua Francisco Gétulio Vargas, 1130 –
CEP 95070-560 Caixas do Sul – Brasil / [email protected]
Nº 1, V. 17, jan / maio 2012
 
CRISTIANDAD, Duran y Bas, 9 2º- 08002 Barcelona, España
Año LXIX, Nº 968, El señor se buscó un hombre según su corazón, Mar
2012
Año LXIX, Nº 969, Cristo Rey, esperanza de las naciones, Abr 2012
 
DIDASCALIA, Revista de Catequesis, Pte. Roca 150 (2000) Rosario:
Año LXVI, Nº 651, La familia: el trabajo y la fiesta, Mayo 2012
Año LXVI, Nº 652, La eucaristía: comunión con Cristo y entre nosotros,
Junio 2012
 
HUMANITAS, Rev. Antropología y Cultura Cristiana, Av. Libertador Bernando
O’Higgins 390, Santiago, Chile:
Nº 66, Año XVI / Otoño 2012, Juan Pablo II: Hace 25 años, su visita a
Chile

152 AÑO 2012 | GLADIUS 83


BIBLIOGRAFÍA

de 1955 (p.9). Sucesos estos de enorme


Juan Luis Gallardo
trascendencia para el país, hoy en general
De memoria nomás. Recuerdos
mal conocidos y de suma complejidad,
políticamente incorrectos
están vistos desde dentro y contados con
Universidad Católica de La Plata,
una naturalidad que permite, a un lector
Buenos Aires 2011, 350 pgs.
atento y no ideologizado, entender al me-
nos en gran parte lo que de veras pasó, y
Al leer memorias que cubren un pe- su significado. Y decimos los hechos del
ríodo que se superpone, al menos parcial- 55 porque, sin considerar la tragedia del
mente, con la vida del lector, se desencadena 13 de noviembre (“De vencedores a venci-
una serie de procesos mentales y afectivos dos”, pp.104ss.), no se comprenderá ab-
más o menos tumultuosos y por momentos solutamente nada: lo que sucedió desde
conmovedores. Al menos a cierta edad, entonces, hasta hoy mismo; y paradójica-
cuando uno recuerda que de joven se mente, tampoco lo que ocurrió antes, pues
impacientaba con anecdotarios y detalles se explicitó después.
y quería llegar a respuestas precisas y geo- Luego vienen los años más intensos
métricas, abstractas y –aunque nos hubié- de la militancia –la década del 56 al 66–,
ramos entonces resistido a aceptarlo– con hasta los tiempos de Onganía, y los que
un algo de ideológico, y descubre luego siguieron. Y aquí está la clave generacional
que la historia real se explica justamente del libro, en cuanto a su relación con nuestra
en esos climas del ánimo y en los matices, historia reciente. Claro, cualquiera acierta
más bien que con esquemas, necesarios las carreras del domingo con el diario del
provisoriamente, pero que no bastan. Así lunes. Pero la pintura de esos años está
como una persona no es un esqueleto. muy bien lograda, con sinceridad y sin
Pero hay algo más: aquí no hay ghost retoques, y para los que vinimos inmedia-
writer, tan de moda hoy, sino que el mismo tamente después, resulta fascinante. Por-
protagonista es escritor y poeta. Por tanto que a ellos, al autor y a sus amigos y ca-
hay algo vivo y genuino, más que un ar- maradas de entonces, aun con sus perple-
mado de datos para abonar segundas jidades y confusiones, les debemos no-
intenciones justificatorias o para aprovechar sotros lo mejor que tenemos. Por ellos nos
coyunturas inmediatas y circunstanciales. llegó próximamente el hilo de la tradición.
Son recuerdos, “de memoria”, cuadros Y es una deuda impagable. La década del
que fluyen. Aun los textos que se incorpo- 60 fue una terrible tempestad que devastó
ran aquí y allá son siempre oportunos. En una ya decrépita cultura occidental, sin
especial los versos del autor, siempre perdonar siquiera a la estructura humana
eficaces y cautivantes. de la Iglesia. Todo se desmoronó: la familia,
Juan Luis Gallardo nació en 1934, y la educación, las costumbres, la patria.
el libro concluye recién entrado el siglo Ahora se ve claro que es el origen próximo
XXI. La infancia y primera juventud en el del caos en el que penosamente nos move-
campo, la familia, los viajes a Buenos Aires, mos. Y en esos años turbulentos aquel
las raíces entrañables en nuestra pampa delgado hilo de la tradición pasó, entre
están magistralmente evocadas. Y nos otros cauces, por un puñado de jóvenes,
vamos acercando al núcleo histórico y que sin saberlo ellos eran, para los que
político del libro, cuyo cincuentenario fue veníamos atrás, una suerte de faro en
lo que impulsó al autor a escribir: los hechos medio de la tiniebla. Y nos legaron un

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estilo. Parecerán éstas palabras grandilo- la existencia de las naciones; se destierra
cuentes, pero esa fue nuestra historia la belleza del arte... Por lo tanto, no cabe
doméstica, pequeña quizás, pero la única hablar ya de la necesidad de reconstruir
que tuvimos. Hoy, en un mundo ingrato, los cimientos que sustentan esa civilización.
nos complacemos en agradecer. Hay que ir más hondo, hay que llegar al
Y el relato continúa, siempre con interés contrapiso, a la base de cascotes en que
y constantes motivos de reflexión. Cada se apoyan tales cimientos. Y reconstruir el
lector encontrará sus momentos mágicos, contrapiso no es tarea de la política sino
que le harán revivir un mundo más amable, de la religión y de la cultura. Allí, según
que resultaba posible, y que hoy se nos entiendo, a dicho campo de batalla, se
aparece como tan remoto. O también ob- trasladó el cometido de una generación
servaciones exactas, acuñadas sin querer que, como la nuestra, vio cerrarse las po-
en fórmulas redondas. Así en los recuerdos sibildades de alcanzar el éxito político”
de viajes, por ejemplo: “el lago azul de (pp.265-2626).
Ypacaraí, que no es azul” (p.207), o bien Pero con verdadera prudencia agrega:
estas europeas: “En Europa todo lo que “debo aclarar, no obstante, que lo dicho
parece es” (p.219); “Chartres: cosa ‘e lo- se refiere a una época determinada y a
cos” (p.218); “Si los españoles saben morir, una generación determinada, que es la
no hay duda en cuanto a que los ingleses mía. De manera que no cabe aplicarlo a
hace mucho que saben vivir (metafísica situaciones diferentes ni debe desalentar
aparte)” (p.217). a quienes, tozudamente, desde su propia
Por cierto que, aun en un libro disten- circunstancia, procuran valerse de la políti-
dido y que evita cualquier pose de didac- ca para servir a Dios y a la patria” (p.267).
tismo y admonición, no puede faltar algo El libro tiene un apéndice: De memoria
así como una reflexión última, desde el nomás. Recuerdos complementarios (Bue-
hoy, que intenta responder a la remanida nos Aires, Universidad Católica de La Plata,
pregunta sobre “qué hacer”, en particular 2011, 118 pp.), destinado sobre todo a
a quienes sienten el dolor de la patria. La “parientes cercanos y amigos próximos”
acción política tal como se conoció en años donde se registran “detalles menudos, de
anteriores no puede repetirse tal cual. A carácter doméstico, familiar” (p.9), que
esto responde Juan Luis Gallardo, con enmarcan coloridamente los tiempos
notable penetración, con un párrafo que narrados en el volumen principal, y abunda
merece ser meditado: en cuadros de costumbres y lugares,
“¿Qué es, entonces, lo que se puede recreando vívidamente la atmósfera del
hacer, cuando la política no ofrece posibi- relato.
lidades de éxito dentro de un plazo razona- Un libro para gozar tranquilo, texto y
ble? Mi respuesta es la siguiente: la crisis fotos. Que requiere cierta edad (no usa-
que padece nuestra civilización no tiene remos la socorrida palabra “madurez”, que
precedentes, ya que afecta sus fundamentos ya no se sabe qué significa) para su plena
más profundos. Así, a través de la manipu- intelección, aunque los más jóvenes no
lación genética, ha alcanzado el territorio dejarán de aprovecharlo si se le animan.
donde se encienden los primeros chispazos Para releer y pensar. Una vez más, se lo
de la vida; se aniquila ésta, apenas iniciada, agradecemos a Juan Luis y a sus editores.
mediante el aborto legalizado; se conside-
ra intolerable distinguir entre el hombre y Jorge N. Ferro
la mujer; se cancela la indisolubilidad del
matrimonio; se suprime la necesaria auto-
ridad paterna en el seno de la familia; se
descalifica el coraje personal; se suprime
aquella dimensión natural expresada en

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al progresismo más extremo, hasta sostener
Blas Piñar las peregrinas ideas de un marxismo
La Iglesia y la guerra española cristiano. Estos casos, frecuentemente
de 1936-1939 olvidados, Piñar los exhuma con todo rigor
ACTAS, Madrid 2011, 343 pgs.
documental prestando así un servicio inva-
lorable a la historia.
El autor ha querido dedicar este libro Desde el punto de vista formal el libro
al Cardenal Isidro Gomá y Tomás “con el da pormenorizada cuenta de las relaciones
que España tiene contraída una deuda oficiales con la Santa Sede especialmente
histórica” por su desempeño como defen- durante los primeros años del gobierno de
sor de la Fe en tiempos en que fue atacada Franco y de su triunfo sobre el comunismo
vilmente y no debidamente reivindicada ateo. Recuérdase en particular la encíclica
por todos los católicos españoles. Que ese Divini Redemptoris de Pío XI del 19 de
es el propósito central de la obra: echar marzo de 1937 en la que se advierte al
luz sobre episodios históricos oscurecidos mundo que “lo que sucede en España tal
por la propaganda de izquierda con la vez pueda repetirse mañana en otras na-
complicidad de los que hoy se han rendido ciones civilizadas”.
ante el equívoco, la ideología y la mentira De aquellas circunstancias, ¿cómo
que pretende enlodar una lucha noble y pudo llegarse años después a que en el
limpia que, de una manera u otra intenta mismo seno del franquismo o del falan-
reeditarse en nuestros días, con menos gismo surgiera una tendencia que intenta-
crueldad física pero igual perversidad ra fusionar un cierto cristianismo con el
moral. socialismo no-marxista para enfrentar a
Es paradójico que el Cardenal Gomá Franco?
que “bautizó” la guerra civil como “Cru- Por otra parte, la adhesión del Vaticano
zada” fuese arzobispo de Toledo en su a la Cruzada está abundantemente confir-
tiempo y que luego –cuando volviera a mada por documentos, papales, alocucio-
arreciar la presión anticatólica en España– nes y toda otra clase de testimonios. De
otro arzobispo de Toledo, el Cardenal modo tal que cuesta entender cómo pudo
Tarancón contribuyera “en forma bien darse un giro tan espectacular de tantos
conocida a la puesta en marcha del proceso católicos que sin abjurar abiertamente de
secularizador con consecuencias hodiernas su fe se volvieran tan hostiles al bando
como bien lo demuestra este libro”. nacional, al gobierno franquista y a toda
Con prolija exhaustividad, cual com- actitud de repulsa de la alianza de las iz-
pete a un notario, Piñar en esta obra tam- quierdas, desde el republicanismo liberal
bién se luce transcribiendo citas textuales al diálogo con el comunismo.
que testimonian admiración por la persona No fue casual que una de las primeras
de Franco, pese a lo cual, muchos de los publicaciones en principio afines al gobier-
citados acomodarán su juicio a la peculia- no triunfante se llamara Diálogo, como
ridad de las circunstancias. Y el dato no para ir abriendo una puerta a la infiltración
carece de interés visto que otros muchos de izquierda entre católicos liberales, y que
que han pasado a la historia como enemi- el fundador de esa revista hubiese sido
gos de Franco y de su obra, más de una escogido por Franco como su embajador
vez se habían deshecho en elogios. ante el Vaticano –nos referimos a Joaquín
Particularmente significativos son los Ruiz Giménez– hubiese surgido de lo más
elogios tributados al Caudillo como de- rancio del ambiente católico y tradicional.
fensor de la Fe católica de muchos perso- No es curioso, al contrario, que lo que
najes que, empero, tarde o temprano se comenzó a delinearse nítidamente en el
transbordaron al campo enemigo: primero panorama español, fuera un anticipo de
alentando a la democracia cristiana y luego una tendencia paralela a la que sufriera la

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propia Iglesia a partir del papado de Paulo sectores vaticanos como fue ratificado en
VI y el Concilio Vaticano II; o sea, una la “apertura a sinistra” que sobrevoló du-
“apertura” al liberalismo y una desapego rante el Concilio y fue confirmada en los
creciente de la tradición. antecedentes familiares de Paulo VI cuyo
Conviene no olvidar que mientras la padre fue un periodista claramente enro-
jerarquía episcopal –especialmente a partir lado en la facción “republicana”.
de la “Carta colectiva” del lº de julio de Con ecos que no nos resultan tan le-
1937– comenzaba a reconocer que apenas janos, ni extraños, como dice Piñar: “se
iniciada la guerra hubo testimonios de que ganó la guerra de las armas y se perdió
ya estaba produciendo mártires entre “los –Dios quiera que no con carácter defini-
nacionales” y Paul Claudel componía el tivo– la guerra ideológica de la paz; lo que
vibrante poema “Aux martyrs espagnols”, equivaldría al Finis Hispaniae”.
Jacques Maritain sembraba cizaña entre Muchos se preguntan ahora si esto
los católicos franceses contra la reacción hubiera sido posible de no haber prospe-
legítima de los católicos de siempre. rado un cierto derrotismo dentro del cato-
Los argentinos pudimos ser testigos de licismo español alentado por el avance del
esta actitud derrotista que fue prolegómeno progresismo en la propia Roma que con-
de la “democracia cristiana” cuando Ma- tribuyó indirectamente al giro seculariza-
ritain, en plena guerra civil, nos visitó en dor dentro de la misma Cruzada.
Buenos Aires decepcionando a tantos que Si hubo enemigos precoces en Europa
le admiraban por su obra filosófica anterior; como Maritain en Francia o Luigi Sturzo
cuando todavía no se traducía de sus libros en Italia, la embestida se agravó en la
la apertura hacia la izquierda internacional posguerra cuando se sumó abiertamente
y su benevolencia por los comunistas. Todo la francmasonería que llegó a ser legalizada,
cometido en nombre de la democracia durante el gobierno de Adolfo Suarez con
universal, así como su rechazo al calificati- el beneplácito del Cardenal Tarancón,
vo de Cruzada de la guerra española, quien en una rueda de prensa el 25 de
pretendiendo que se trató de una lucha mayo de 1979 declaró “estoy contento
fratricida y que nada tenía en común con por la legalización”.
el crimen de Caín. Respecto del papel desempeñado por
En reemplazo de este concepto hoy se Tarancón durante la “transición” del go-
invoca un camino a la “reconciliación” bierno de Franco a la llegada de la “demo-
para así condonar, de paso, todos los exce- cracia” o como se llame, el tema ocupa
sos cometidos por comunistas y anarquistas una porción importante del libro, aparte
para desencadenar la guerra. de que Piñar ya se había ocupado in ex-
La dicha “reconciliación” ahora sirve tenso en otra obra suya: Mi réplica al
además como revancha por la derrota Cardenal Tarancón (Editorial Fuerza Nue-
militar que sobrevino. Y a partir de allí se va, Madrid 1998). En ella el propio Carde-
abrió camino, mediante una maniobra nal se autoincrimina a través de su libro
semántica, una “apertura” sin recaudos Confesiones, donde revela taxativamente
que pretende un mea culpa por haber la antipatía que había tenido Paulo VI con
vencido. Luego viene sin tapujos un pro- la España de Franco, complaciéndose en
ceso de secularización que pretende quitar oponerse a la Iglesia triunfante sobre los
todo mérito al haber defendido la religión, rojos.
el culto, la vida de sacerdotes y monjas Los vientos de la apertura alentaron a
sacrificados cruelmente. los enemigos seculares de la Iglesia a in-
Así se infiltró poco a poco el enemigo filtrarse entre los católicos. Así Santiago
de la Cruzada no sólo en lo político sino Carrillo el comunista instigador de la ma-
en el plano religioso; peor aún, episcopal, tanza de Paracuelllos del Jarama recién
no sin cierta benevolencia de algunos iniciada la guerra, pudo llegar a declarar

156 AÑO 2011 | GLADIUS 81


en 1970: “El socialismo español marchará
con la hoz y el martillo en una mano y la Blas Piñar Gutiérrez y
cruz en la otra”. Y la no menos delincuente Jorge Fernández-Coppel
Pasionaria en un discurso en la Cuba de El Alcáazar no se rinde.
Fidel en 1963 recomendaría no enfrentar La historiografía del asedio
a los católicos sino “mezclarse (sic) con más simbólico de la Guerra Civil
ellos para alcanzar la victoria”. Lo que, La Esfera de los libros, Madrid 2011
vista la fecha, permite sospechar que ya
entonces había católicos dispuestos a una Un tema tan conocido, máxime para
alianza antifranquista y si no de entre la quienes lo pudimos “vivir” desde nuestro
propia jerarquía por lo menos más de uno, país, sin embargo, ha podido ser encarado
estimulado por Tarancón. 75 años después en una publicación que
Para ellos la estrategia consistía en no sólo lo evoca vibrantemente sino que
dividir a los católicos introduciendo un suma toda la información posible escrita
sector “aggiornado” a caballo de la tenden- y gráfica a posteriori como nunca se lo
cia progresista posconciliar. Baste recordar había hecho hasta ahora.
también la fuerte tendencia abriéndose El mérito corresponde al General Blas
camino en Europa empeñada en lograr el Piñar Gutierrez –nieto del Comandante
diálogo entre católicos y marxistas a la vez Blas Piñar Arrendó, uno de los heroicos
que acusando de retrógrados a los católicos defensores del Alcázar– con la colaboración
que seguían valorando y homenajeando de Jorge Fernández Coppel, piloto de Iberia
a la Cruzada. y académico correspondiente de la Real
Largo sino imposible en una breve
Academia de la Historia. Ambos encararon
recensión como esta sería dar cuenta de
una labor ciclópea como es el procesamien-
todos los matices y enfoques que suscita
to y ordenamiento de una multitud de
la lectura del libro, así como referirse al
datos y fotografías de gran valor histórico
tratamiento exhaustivo y textual de muchos
que reconstruyen palpablemente las cir-
hechos que el tiempo ha oscurecido; en
cunstancias patéticas por las que pasó el
muchos casos deliberadamente.
Es importante señalar el carácter de Alcázar durante los sesenta y nueve días
reivindicación de la Guerra Civil Española del asedio, del 21 de julio al 28 de septiem-
que se asienta sobre la base de sus ideales bre de 1936, sólo tres días después del
y sus motivaciones profundas que hoy Alzamiento.
parecen haber perdido vigencia. Y si es Sin restar valor a la epopeya desde el
cierto que a la victoria militar no se ha punto de vista militar acaso hay que res-
correspondido una victoria ideológica de catar como ejemplar el comportamiento,
la misma envergadura, también es verdad disciplina y moral de los sitiados, mucho
que la razón y significación de la Cruzada de ellos civiles que supieron mantener muy
no ha perdido valor. Al contrario, es el alto el espíritu necesario para consolidar
enemigo rojo ateo y anticatólico el que ha la resistencia frente a una enemigo mucho
debido quitarse la careta toda vez que la más poderoso materialmente que, sin em-
lucha se renueva con otros disfraces. bargo, no pudo quebrar la moral de solo
Esta es la importancia de este libro que 1800 frente a fuerzas militares que llegaron
arroja luz sobre un período de historia a sumar 3000 efectivos, mejor pertrechados
contemporánea que cierta “corrección” y con apoyo aéreo, a las órdenes del go-
política sigue tratando de deformar. No es bierno republicano dominado por la ideo-
poco el mérito del autor que ya nos tenía logía del Frente Popular comunista.
acostumbrado a su lucidez y a su fidelidad Organizado cronológicamente, el libro
a la España eterna. comienza con una introducción alusiva a
la significación histórica de la ciudad de
Patricio H. Randle Toledo y sobre los antecedentes del propio

GLADIUS 83 | AÑO 2012 157


Alcázar convertido en baluarte defensivo Largo Caballero, que fue convocado al
obligatorio de las fuerzas nacionales que teatro de operaciones para presenciar el
debieron refugiarse en él después del fra- estallido de las últimas dos minas descon-
casado intento republicano de tomar la tando que a partir de ello el asalto por
ciudad. parte de los milicianos era un hecho seguro,
Hay muchas preguntas que suscita la lo que sólo en parte lograron alcanzando
heroica defensa del Alcázar que el libro a hacer flamear sobre las ruinas de de la
responde con documentos, como la resis- torre N:O. una bandera roja con la hoz y
tencia al ataque persistente de una artillería el martillo, no la tricolor republicana, por
sobre un edificio que no estaba concebido unas horas.
como fortaleza y al cual pronto le fue cor- “El Alcázar no se rinde” no es solo el
tado el suministro eléctrico así como las título del libro sino que fue la respuesta
comunicaciones telefónicas y la provisión que el entonces coronel Moscardó dio a
de agua. los intentos de doblegar la resistencia, cuyo
Sabido es que el final de la epopeya sentido religioso fue manifiesto; sin ello
ocurre providencialmente cuando el edi- ¿cómo podrían haberse defendido tan
ficio ya estaba reducido casi a ruinas por heroicamente? Aunque entre los sitiados
la acción de mineros asturianos expertos faltó un sacerdote, y el único que hizo su
en demoliciones por explosión. Ese mismo aparición fugaz fue un canónigo de Madrid
día llegan las tropas de rescate que tardía- –disfrazado de paisano– requerido por
mente se enteran del sitio del Alcázar aquellos, que apenas pudo rezar una misa,
desconectado del mundo y deben encarar repartir la comunión a los heridos y enfer-
la difícil tarea de reconquistar el baluarte mos y que realizó un insidioso intento de
al mismo tiempo que recuperar toda la socavar la moral de los defensores.
ciudad de Toledo que ofreció cerril resis- La fe y una devoción a la imagen de
tencia durante tres días. la Virgen perteneciente a la capilla de las
El valor simbólico de esta reconquista Hermanas de la Caridad que atendían a
se debe en buena parte a la estrategia fa- la Enfermería de la Academia sostuvo la
llida de los rojos que aprovechando la moral y la fe de los sitiados.
incomunicación que sufrían los sitiados se Del frondoso anecdotario de la gesta
equivocaron informando prematuramen- sobresale la famosa comunicación telefó-
te a la prensa nacional e internacional que nica del General Moscardó con su hijo
el Alcázar se había rendido a las tropas cautivo, en la que este le informa que la
leales de la República y había sido evacua- han amenazado de muerte si el Alcázar
do por los últimos sublevados, según hi- no se rendía. Lo que le costó la vida un
cieron publicar en grandes titulares del mes después visto que la resistencia con-
diario El Sol de Madrid el 28 de julio de tinuaba sin ceder.
1936. Otro episodio memorable fue el prota-
Si el gobierno republicano quiso con- gonizado por el Capitán Alba que apenas
vertir al Alcázar en el símbolo de un primer iniciado el sitio se ofreció a sus superiores
triunfo contra el Alzamiento mintiendo a cruzar las líneas enemigas para poder
descaradamente, logró agrandar el valor así informar a las tropas del General Mola
de la resistencia que se prolongó más de de la verdadera situación de Toledo. Aun-
dos meses después de esa falsa recuperación. que vestido de paisano para no ser reco-
Particularmente valiosa por lo inédita nocido fue descubierto por un antiguo
es la documentación gráfica procedente subordinado suyo que lo denunció y le
del sector rojo, ya que generalmente se ocasionó la muerte ipso facto.
divulgó la que procedía de los defensores. Finalmente como conducta ejemplar
Así pues pueden verse imágenes del pre- se suele citar a un defensor del Alcázar que
sidente del Gobierno, a la sazón Francisco luchó como un valiente siendo sólo un

158 AÑO 2011 | GLADIUS 81


voluntario: Antonio Rivera, conocido como sucede con santos no mártires ante-riores
“El Ángel del Alcázar” que distinguiéndose al s. XVII1, además de anunciar que en
en la primera línea de fuego repetía a sus octubre la proclamará, doctora de la Iglesia
camaradas: “Tirad, pero tirad sin odio”. cumpliendo un prolongado anhelo.
¿Qué significado adquiere hoy, más Destaca el Santo Padre que “las visio-
de 75 años después, la epopeya del nes místicas de Hildegarda se parecen a
Alcázar? Muy importante debe ser puesto las de los profetas del Antiguo Testamento
que el gobierno socialista hace poco se y están llenas de contenido teológico. Ha-
empeñó en borrar todo rastro de nobleza cen referencia a los principales aconteci-
y heroísmo cambiando el destino de las mientos de la historia de la salvación, y
dependencias del edificio fielmente recons- usan un lenguaje principalmente poético
truido destinándolo a un anodino museo y simbólico con los rasgos característicos
del ejército sin la menor referencia al hecho de la sensibilidad femenina. A partir de
más importante de su historia. estas breves referencias vemos ya cómo
también la teología puede recibir una con-
Patricio H. Randle tribución peculiar de las mujeres, porque
son capaces de hablar de Dios y de los
misterios de la fe con su inteligencia y
sensibilidad propias”.
Hildegarda de Bingen
H. tiene una obra cuantiosa y polifa-
Libro de los merecimientos
cética por los diversos campos en los que
de la vida
incursionó: comentarios de libros de la
Introducción, traducción y
Sagrada Escritura, de la regla de san Benito,
notas de Azucena A. Fraboschi
vidas de santos, libros de medicina, una
Miño y Dávila, Buenos Aires 2011
obra musical: la Sinfonía de las armonías
celestes con 77 himnos litúrgicos, un episto-
Nunca más oportuna la aparición de lario muy intenso y cuantioso con corres-
este libro de la abadesa renana, OSB ponsales como papas y emperadores y
(1098-1179) porque al Papa Benedicto entre otros escritos, tres libros visionarios,
XVI le debemos el empuje que han recibido de los cuales, el segundo, nos ocupa ahora
la obra y la persona de H. de B. Ya en con su recensión, redactados entre 1141
2010, el 1 y el 8 de septiembre le dedicó y 1174, porque a los 42 años, en 1141,
dos catequesis de los miércoles consagrados recibe de lo alto una voz que le ordena
a los SSPP, destacando sus eximias condi- redactar las visiones que recibía desde su
ciones de santidad y sabiduría como mujer, más tierna niñez: “Tú, hombre, di lo que
monja, abadesa, mística visionaria, artista, ves y oyes… Repítelo tal y como te ha sido
además de sus dotes políticas con las que dicho… y esto no a tu manera, ni a la de
defendió al Papa frente al emperador, es otro hombre, sino según la voluntad de
decir, por el tacto y la firmeza con que se Aquel que sabe, ve y dispone todas las
manejó entre las dos espadas: las del poder cosas en el secreto de sus misterios…, en
temporal y el espiritual.
El 10-05-2012 ha hecho más Benedicto 1 Ejemplos de “canonizaciones equi-
por Hildegarda: una ‘canonización equiva- valentes” son enumerados por Prospero Lam-
lente’ así denominada porque se extiende bertini, luego papa Benedicto XIV (1740-1758)
su culto público con el rezo del oficio y la en el capítulo XLI del libro I de su De servorum
Dei beatificatione et beatorum canonizatione
celebración de la Misa en algún día particu- (1734-1738). Él cita, por ejemplo, los casos de
lar a la Iglesia universal sin proceso jurídico los santos Romualdo, Norberto, Bruno, Pedro
previo (condición establecida por el papa Nolasco, Ramón Nonato, Juan María de Mata,
Urbano VIII, 1623-1644) sobre un santo Félix de Valois, Margarita de Escocia, Esteban
reconocido y venerado de facto como de Hungría, Wenceslao de Bohemia, Gregorio
VII y Gertrudis la Grande.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 159


la pureza de un espíritu sencillo, escribe lo cristiana medieval tiene una viva percep-
que ves y oyes”. ción de su unidad con el pasado.
Parece que fuera una orden bien im- El Scivias terminado consta del prefacio
perativa dada a un profeta del A.T., pero justificatorio y de tres libros con seis, siete
no, es a Hildegarda, tratada genéricamente y trece visiones respectivamente, doblando
como hombre, es decir, como creatura el tercero las de los dos primeros. El libro
humana. De ese imperativo sobrenatural, I trata de la creación y caída de los ángeles
surge este terceto de extraordinaria e y el hombre, de las visibilia e invisibilia Dei,
insólita singularidad redactado a lo largo de la nostalgia del alma ante la caída y los
de 33 años. Los tres libros poseen una ángeles fieles. El II se refiere al misterio de
estructura unitaria y estrecha relación entre la Encarnación, la Iglesia y el juego del
sí, por eso cuando un mismo tema se pre- demonio. El III contiene la consumación
senta en otro, cambia la perspectiva de su de toda la realidad en Cristo y en la Iglesia
tratamiento desplegando aspectos no y un tono apocalíptico al tratar la acción
profundizados en el anterior. del Anticristo2. Finaliza con una cuasi tea-
La experiencia lumínica la ha acom- tralización alegórica de las virtudes enfren-
pañado toda su vida desde los tres años, tadas a los vicios3 luchando por la posesión
primero como una nube radiante y móvil, del alma.
denominada por ella umbra viventis lumi- El contenido de este libro fue avalado
nis, sombra de la lumbre viviente, en cuyo en 1147 por Inocencio III, quien leyó textos
centro se concentra con un fulgor más del mismo al clero reunido para el Sínodo
vívido y absoluto la lux vivens, la luz vi- de Trier (Treveris) legitimando las visiones
viente, lux indeficiens, luz inextinguible y redacción de la Sibila del Rin.
que con su sístole y diástole genera, con- No olvidemos que los historiadores
figura y ordena todas las visiones. Sin cristianos comenzaban sus relatos por Adán
embargo éstas no le son dadas con estados y Eva, anclando el presente en los orígenes
de éxtasis sino en plena vigilia realizando entreabiertos en el Génesis y el futuro en
cualquier tarea. el Apocalipsis, hecho que se rompe con
Voltaire, que empieza por los chinos.
Scivias
En el primero, Scivias (Sci + vias =
Conoce los caminos), se describe una visión 2 Cf. la traducción de esta visión (III, 11)
en Disandro, C.A. Santa Hildegarde y la visión
única y poderosa de Dios que vivifica el del Anticristo, La Plata, 1988. Cf. Buisel, M.D.
cosmos con su fuerza y con su luz. Es el “Dos imágenes femeninas en el Scivias de H.
primer libro de sus revelaciones escrito a de Bingen” en Fraboschi, A. (compiladora).
lo largo de diez años a partir de 1141, Desde el fulgor de la Luz Viviente, B.Aires,
EDUCA, 2007, pp. 159-190.
cuando viendo los cielos abiertos, una luz 3 Cf. la traducción de esta visión (III,
cegadora de excepcional brillo se derramó 13) en Pernoud, R. Hildegarde de Bingen.
por su cerebro como una llama que no Conscience inspirée du XIIe siècle, Monaco,
quemaba sino iluminaba y le concedió éd. du Rocher, 1995, p. 195-213. Hay traduc-
súbitamente la comprensión del significado ción castellana de este libro en ed. Paidós,
Barcelona-Buenos Aires, 1998. Esta visión
del Psalterio, de los Evangelios y otros provee la base de su obra musical Ordo virtu-
escritos bíblicos, una visión ordenada y tum, drama litúrgico, donde los vicios son asu-
totalizadora del cosmos y un conocimien- midos por el personaje del demonio incapa-
to primordial de sus causas y efectos. Es citado para el canto y que sólo puede vociferar.
Sobre la música de Hildegarda cf. Cortazar, C.
decir, que el don profético no se restringe Hildegarda de Bingen compositora: nova et
a una prognosis de lo porvenir, sino a una vetera en Conociendo a Hildegarda. La abade-
superior comprensión de textos, aconteci- sa de Bingen y su tiempo, edición de Azucena
mientos y realidades del pasado o del A. Fraboschi, B. Aires, EDUCA, 2003, pp. 121-
138. Reseñado en Gladius nº 62, 2005, pp.
presente, mostrando como la conciencia 215-219.

160 AÑO 2011 | GLADIUS 81


Liber divinorum operum mita inicial de traducción. ¿Cuál es el
vocablo más ajustado; ‘recompensa’,
También llamado De operatione Dei
‘premio’, ‘mérito’, ‘merecimiento’? La edi-
(Libro de las obras divinas o De la
ción inglesa emplea ‘rewards’ (recompen-
operatividad de Dios) se considera el más
sa, premio), la norteamericana y la italiana
abarcativo y sorprendente de los suyos,
‘merits’ y ‘meriti’ (méritos); otra editada
redactado entre 1163 y 1174 a los 65 años.
también en USA, en registro médico pre-
La visión parte de un núcleo de una
fiere ‘remedies’. Para el castellano, la tra-
luz absoluta rodeada de otra lumbre4 y de
ductora ha reflexionado y elegido un vo-
allí surge la voz tan absoluta como la Luz
cablo más adecuado con el sentido que la
viviente, la prima vox5 que le va explicando
abadesa le ha querido asignar: ‘mereci-
las imágenes y el sentido de los símbolos,
miento’, por el matiz de esfuerzo necesario
que con perfecta lucidez pondrá a conti-
que el hombre debe poner para vencer los
nuación por escrito.
vicios y lograr la recompensa inaudita o
Se trata de una síntesis de sus creencias
premio de la vida eterna y por eso, voz
teológicas, la estructura del universo y las
menos ambigua que ‘mérito’. Son los me-
operaciones de la mente humana relacio-
recimientos que debemos alcanzar labo-
nando paralelamente el prólogo joánico
riosamente, a fin de evitar o reducir, por
con los primeros capítulos del Génesis
medio de la penitencia en esta vida, cual-
yendo desde la Trinidad, y pasando por
quier posible castigo futuro.
los ángeles, la Iglesia, el hombre, el Juicio
El Liber vitae meritorum6 o Libro de
final, el purgatorio, el infierno, hasta las
las merecimientos de la vida, redactada
mínimas realidades del cosmos.
entre 1158 y 1163, de estructura más sim-
Tanto el Scivias como el Libro de las
ple que el anterior consta de seis partes,
obras divinas nos han llegado ilustrados
variaciones de un mismo tema: el hombre
con magníficas y extrañas miniaturas ex-
como nudo entre el cielo y la tierra tironea-
plicativas de sus visiones; las del primero
do por los poderes de la luz y las tinieblas;
se configuraron en vida de H. que controló
éstas llevan a los vicios que generan sus
su factura; las del último se acompañan
propios castigos como en la Psychomachia
en su totalidad con un recuadro inferior
de Prudencio o las obras de Hrotswitha
dentro o fuera de la visión propiamente
de Gandersheim, pero sin seguir sus esque-
dicha, donde aparece H. en actitud de
mas, además las batallas con las virtudes
escribir ante una pizarrita de dos columnas
son verbales y no físicas; la visión del mal
pero mirando hacia lo alto y recibiendo
en el mundo se compensa con la acción
una lumbre blanca o ígnea, signo de un
redentora de Dios a través de la Encarnación
conocimiento sobrenatural; éstas fueron
de su Hijo; el libro se cierra con temas
realizadas inmediatamente después de su
correspondientes a las Postrimerías, la re-
muerte y autorizadas por sus fieles bene-
surrección de los cuerpos, los lugares de
dictinas.
castigo y la morada de los no bautizados.
Liber vitae meritorum En las cuatro primeras un Hombre mira
hacia cada uno de los cuatro puntos car-
Vayamos ya al 2º libro visionario. El
dinales y en la quinta contempla la totalidad
genitivo ‘meritorum’ presenta un proble-
del orbe. Las cinco siguen el mismo esque-

4 La literatura contemporánea de un 6 Cf. la edición de la benedictina Ánge-


J.P. Tolkien en El señor de los anillos ha mos- la Carlevaris en el Corpus Christianorum,
trado una impronta de esta imagen por con- Continuatio Medievalis, t. XC, Turnhout, Bre-
traposición caracterizando al demonio como pols, 1995. Un buen análisis de este libro pue-
una oscuridad dentro de otra oscuridad. de encontrarse en Flanagan, Sabina. Hilde-
5 Así la denomina H. en la antífona O gard of Bingen. A visionary life, London, Rout-
pastor animarum. ledge, 1996.

GLADIUS 83 | AÑO 2012 161


ma. En la sexta el Hombre remueve y post Incarnationem, pero también en la
sacude los confines de la tierra anunciando Unidad de la Trinidad en la 2ª visión de
su 2ª venida. la II parte, así para representar al Verbo
¿Quién es este Hombre que está en el en la eternidad H. se vale de 3 círculos
centro del universo, eje axial de la exposi- concéntricos con distinta coloración: el
ción y que tal como se concreta en el texto, central azul oscuro o blanco incandescen-
es Dios en la 2ª persona de la Trinidad. te, el 2º también azul en un registro distinto
Hildegarda, por dictado de la Luz Viviente, y el 3º ígneo o naranja rojizo (E. Santo);
lo describe por medio de símbolos, detalla en cambio desde la Encarnación tenemos
su situación y sus acciones, y explica las círculos concéntricos en dos tonos y en el
alegorías que de él dependen. Entre sus centro del centro ‘una forma humana del
muchos rasgos, cuenta que de su boca color del zafiro’ (NSJC) que arde impreg-
salen las ráfagas de tres vientos que llevan nada de un fuego rutilante (E.S.) prove-
cada uno una nube de diferente naturaleza niente del círculo exterior, el intermedio es
y contenido; otra nube tenebrosa les sale la luz esplendorosa del Padre que amoro-
a su encuentro, la de los vicios, animada samente rodea al Hijo.
por el Maligno, pero desde la primera, una En el Liber divinorum operum, la au-
voz les hará de contrapunto exponiendo dacia de la imaginería hildegardiana rompe
la Virtud correspondiente a cada parcela todos los esquemas. Aquí el Verbo, que
del mal, que ellos representan. aplasta al dragón, es una figura humana
Volvamos a este Hombre mayúsculo con veste sacerdotal, en cuyas manos sos-
y con mayúscula. En las seis visiones cam- tiene sobre su pecho un cordero con el
bian los movimientos y ciertas peculiaridades lábaro de la cruz y con doble par de alas
del mismo, pero no muta su posición ver- que salen de sus hombros y su cabeza,
tical y el gigantismo singular que detenta, sobre esta cabeza filial surge otra anciana
ya que hunde sus pies en el abismo y su y barbada, la del Padre y la fulgurante luz
cabeza sobrepasa las nubes penetrando que como diadema los envuelve es el E.S.
en el éter, el 5º elemento de los antiguos Al parecer, la representación de N.S
por encima del aire y el fuego. En efecto del Libro de los merecimientos de la vida,
una nube ígnea, 4º elemento, lo envuelve no tiene precedentes, tal vez un atisbo
desde los hombros hasta los muslos, y en insignificante pueda verse en la estatua
el tercer elemento, el aire, se evidencian gigantesca de diversos materiales según
los muslos hasta las rodillas. Nos quedan las partes del cuerpo con la que soñó Na-
la tierra y el agua; en la 1ª se entierran las bucodonosor, sueño que esclareció el
piernas con rodillas y pantorrillas; en las profeta Daniel, pero no deja de ser insufi-
tenebrosas aguas del abismo se plantan ciente y como imagen bastante lejana de
sus pies. la de nuestra H.
Es evidente que éste Hombre cósmico Con la simbología del eje del mundo,
y magnífico, que domina el universo es un Virgilio en la Geórgica II, nos provee de
símbolo del eje del mundo, que unifica los una imagen muy humilde, pero más cer-
tres libros visionarios, pero con diversa cana a la de H. en su semántica: la de la
expresión y representación en cada uno encina, que hunde sus raíces en el Tártaro
de ellos. Al no haber ilustrado este libro, y su fronda en el éter, y que podríamos
H. realiza una descripción muy pormeno- considerar uno de los tantos ‘semina Verbi’
rizada, porque lo pinta no con pinceles, prodigados por la literatura clásica. Y para
sino con su pluma, pero en los dos restantes no ir tan lejos de nosotros, la túnica ajeiro-
de la trilogía lo hace con imágenes por ella poiética, no hecha por mano humana, de
realizadas o dirigidas. N.S. de Guadalupe con su pequeñísima
En el Scivias, la 2ª Persona está repre- flor solar en su vientre con embarazo inci-
sentada en la Cruz o en el trono, esto es piente, nos brinda otro símbolo del eje del

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universo: los 4 pétalos son los 4 puntos beatas que tienen asignadas moradas
cardinales y el corazón es el ‘axis mundi’. celestiales, pero todavía no gozan de ellas;
A esta imagen básica H. la va caracte- en la nube luminosa aparecen el sol, que
rizando en cada una de las 6 partes del brilla incluso bajo tierra, con un león en el
libro en función de los vicios y virtudes medio y la luna con un capricornio (cabra
que tienen al hombre con minúscula, como y pez).
campo de batalla. Ésta nube se enfrenta con tinieblas que
En las cinco primeras partes, ve y des- provienen del espacio ubicado entre el
cribe un total de 37 imágenes, 35 de las occidente y el norte, ámbito de simbología
cuales representan cada una un vicio por- negativa; las mismas contienen o almas
tador de un parlamento con el que intenta perdidas sin música ni canto o espíritus
justificar su actuación. Las restantes se malignos, mientras que el este y el sur son
refieren al Hombre con mayúscula y al positivos. No olvidar que en la geografía
Celo de Dios. Después de presentar cada medieval los puntos cardinales no se ubi-
vicio, de la nube que brota de la boca del can como los registramos actualmente.
Hombre sale una voz: la de una virtud que Para H. y todo el Medioevo, el este se ubica
se opone al anterior, lo refuta, le echa en donde el norte actual, porque la Luz viene
cara sus argumentos y luego explica cual del este y por eso Jerusalén es nuestro
debe ser el recto proceder, incluso con norte7.
apoyo de textos escriturarios. Allí ve H. las imágenes de 7 vicios con
H. presenta la contienda de los vicios su descripción y significado, que H. muestra
con las virtudes, tópico, más que abundante sin atenuantes ni enmascaramientos: el
en la literatura medieval, en forma alegó- Amor Mundano, pp.74 y 107, con su con-
rica, lo cual también era usual, pero la traparte el Amor celestial, la Jactanciosa
imaginería con que lo hace es de pasmosa Insolencia, pp.76 y 108 (versus la Disci-
y originalísima diversidad y trabazón en plina), el Jocoso Descaro, pp.77 y 109
un encadenamiento inaudito de imágenes (versus la Modestia), la Dureza de Corazón,
y metáforas; así como ha representado a pp.78 y 110 (versus la Misericordia), la
la 2ª Persona de la Trinidad con modalida- Flojedad de Ánimo, pp.79 y 111 (versus
des distintivas en cada libro visionario, la Divina Victoria), la Ira, pp.81 y 112 (v.
también ocurre lo mismo con este litis que la Paciencia), la Alegría Torpe e Inapropiada,
se da en el Scivias y en el Ordo virtutum. pp.82 y 115 (v. el Anhelo celestial).
Veamos un ejemplo. Las Virtudes, que en el Scivias tiene
representación plástica como castas y bellas
I parte: El Hombre que mira hacia el este doncellas, aquí son voces sin plasmación
y hacia el sur figurativa, no así los Vicios, de gran conte-
nido plástico dentro de una tradición fi-
H. no alcanza a ver el rostro del Hombre gurativa grecolatina, donde las figuras del
por su enceguecedora luz, pero junto a su mal se representan con un acople de lo
boca se asienta una nube con forma de humano con lo animal de terrible efecto,
tuba o trompeta que resuena emitiendo ej. minotauro, esfinge, quimera, harpías,
ráfagas que modelan tres nubes: una ígnea, etc. El resto de la I parte despliega este
otra borrascosa y una 3ª luminosa; las tres núcleo básico de compleja imaginería
se escalonan jerárquicamente entre la boca mostrando las consecuencias de la caída
y el pecho del Hombre y cada una encierra
algo, ¿qué?
La nube de fuego, una multitud de 7 Fraboschi, A. “La ubicación de los
almas bienaventuradas que cantaban al puntos cardinales en las iluminaciones de la
unísono contemplando los misterios divi- abadesa de Bingen”, en Bajo la mirada de
Hildegarda, abadesa de Bingen, B.Aires, Miño
nos; la tormentosa guarda almas también y Dávila, pp. 236-243.

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en el vicio con su castigo o penitencia mos que Magdalena Cattoggio, ilustradora
catártica. argentina, quien ya nos ha regalado imagi-
¿Cómo salen las almas que caen en nería hildegardiana en otras ocasiones,
los vicios? Con el castigo punitorio y la pueda continuar en sus precisos dibujos.
penitencia sacramental y purificatoria en Ya ha realizado doce de la serie de los
una expiación graduada según la dimensión vicios siguiendo prolijamente la descripción
del pecado. H. incluye el ayuno, el cilicio de la abadesa de Bingen, serie que pode-
y la flagelación, descartadas del imaginario mos observar en el diseño de la tapa de
contemporáneo. La abadesa es severa con la bellísima y espléndida edición de Miño
el asesinato, el suicidio, el aborto y el y Dávila, y añadir tal vez otras imágenes,
infanticidio para los que está la Gehenna, como la del Hombre, Alfa y Omega de
pero para el alma arrepentida y penitente, toda realidad.
abunda la misericordia de Dios y su gracia.
III parte: El Hombre que mira hacia el norte
II parte: El Hombre que mira hacia el oeste y hacia el este
y el norte
Es interesante el inicio de esta parte:
La misma imagen del Hombre de di- un diálogo del Hombre con los 5 elementos:
mensiones cósmicas se presenta ahora no tienen voz como la creatura humana,
enriquecida con dos pares de alas sobre pero resultan trastornados, desquiciados,
los hombros, la espalda y el pecho, entre degradados y corrompidos por las malda-
cada ala hay un libro cuyas páginas están des de ésta por lo que se quejan a Dios al
escritas con el dedo de Dios. El libro sig- no poder cumplir sus funciones naturales.
nifica la racionalidad (pp. 160 ss.), don Es el inicio de una protesta ecológica anti-
penetrado por las 3 Personas de la Trinidad, polución de gran actualidad, aunque hoy
que no tienen los animales. La misma desacralizada o sacralizada con otros signos
tiniebla en la que antes había visto 7 vicios, inmanentes. Sin embargo la fuerza de Dios
observa ahora 8: la Glotonería, pp. 147 y los limpiará, castigará al causante de los
172, a la que le responde la Sobriedad o males y vencerá absolutamente con los 7
Abstinencia, la Acritud, pp.148 y 173 (ver- dones del Espíritu Santo.
sus la Largueza del Ánimo), la Impiedad, En la nube caliginosa se anidan los
pp.149 y 175 (v. la Piedad), la Mentira, siguientes 7 vicios: Soberbia, pp.209 y 232
pp.150 y 176 (v. la Verdad), el Ánimo (versus Humildad), Envidia, pp.210 y 234
Contencioso, pp.152 y 180 (v. la Paz), la (v. caridad o Amor), Vanagloria, pp.213 y
Infelicidad, pp.153 y 181 (v. la Felicidad 236 (v. Temor de Dios), Desobediencia,
o Bienaventuranza), la Desmesura, pp.154 pp.215 y 238 (v. Obediencia), Infidelidad,
y 182 (v. el Discernimiento), la Perdición pp.217 y 239 (v. Fe), Desesperación, pp.
de las Almas, pp.155 y 182 (v. la Salvación 219 y 241 (v. Esperanza), Lujuria, pp.220
de las Almas). y 243 (v. Castidad); sobre éste vicio se ex-
Pero el león que aparece en el sol re- playa hasta terminar esta III parte con
presentando al Celo de Dios se vuelve muchos matices.
contra los vicios y los castiga de distinto
modo para sanear y sanar las almas peca- IV parte: El Hombre que mira hacia el sur
doras en atención a su salvación o seña- y hacia el oeste
larles el infierno si insisten libremente en
su pertinacia, porque nadie se condena En esta sección la nube tenebrosa pre-
con predeterminación, sino en uso de su senta otros 8 vicios: Injusticia, pp.270 y
libertad. 293 (versus Justicia), Indolencia, pp.273
Dijimos que de este 2º texto H. no nos y 294 (v. Fortaleza), Olvido de Dios, pp.275
dejó ninguna representación, pero espera- y 297 (v. Santidad), Inconstancia, pp.277

164 AÑO 2011 | GLADIUS 81


y 298 (v. Constancia), Preocupación por Nuevamente el Celo de Dios bajo la
las Cosas Terrenas, pp.279 y 300 (v. Deseo imagen de una maza de bronce golpea a
Celestial), Obstinación, pp.280 y 301 (v. los vicios venciendo a la antigua serpiente,
Compunción del Corazón), Avidez, pp.282 pero hasta el fin la turba diabólica se
y 305 (v. Desprecio del Mundo), Discordia, empeñará contra el hombre, que no debe
pp.284 y 306 (v. Concordia). olvidar que las milicias angélicas lo asisten.
El Celo de Dios castiga o corrige a las H. introduce vicios no usuales en los lista-
almas que incurren en ellos y aceptan o dos medievales, pero no por eso menos
no libremente Su gracia. reales, que muestran la agudeza de su
percepción espiritual y el conocimiento
V parte: El Hombre que mira a través de profundo que poseía de los laberintos del
todo el universo alma humana y por eso proponemos esta
obra como de conocimiento, osaríamos
Aquí el Hombre no gira, con Su mirada decir obligado, para directores de almas,
abarca en 360º todo el universo moviendo psiquíatras y psicólogos.
las aguas del abismo en todas direcciones En suma, cada una de estas cinco pri-
y presionando la tierra, entonces habla meras partes termina con la exposición de
directamente, no como antes a través de los castigos reservados a quienes cometan
las Virtudes, sino pidiendo Él mismo arre- esos pecados, y la penitencia que el hombre
pentimiento y penitencia, como el Bautista debe realizar en vida si quiere verse libre
en Marcos I, 15 o el ángel de la 3ª parte de los demonios que le tientan con ese
del secreto de Fátima con amenazadora vicio, y evitar los castigos reservados para
espada flamígera y con su triple llamado toda la eternidad, a los que por él pecan.
a la penitencia.
Sin embargo la niebla tenebrosa de los VI parte: El Hombre todo se pone en
vicios osa enfrentar la voz divina y emite movimiento con las 4 regiones de la tierra
otros cinco más: el Sarcasmo, pp.333 y
355 (versus el Respeto), el Vagabundeo o En esta última parte, el que es Alfa y
Labilidad, pp.334 y 356 (v. la Tranquila Omega, se desplaza Él y consigo mueve
Estabilidad), el Ocultismo, pp.335 y 359 hasta los cuatro confines de la tierra. Esta
(v. el Verdadero Culto a Dios), la Avaricia, conmoción universal significa el fin del
pp.340 y 361 (v. el Contento con lo Propio), mundo. No habla ya de vicios sino que
la Tristeza por la Propia Existencia, pp.342 detalla los lugares reservados en el cielo a
y 366 (v. el Gozo Celestial). las almas de los bienaventurados y el tipo
La variedad de vicios no es la tipificada de atributos y gozos que tendrán según la
usualmente en los tratados y disputas me- vida terrenal que hayan tenido. Al final del
dievales, incluye muchos otros, no siempre mundo, Dios manifestará su poder y trocará
considerados tales. H. revela una percep- toda la realidad, porque Él hace nuevas
ción psicológica extraordinaria y de gran todas las cosas, de allí que la nueva creación
actualidad, sobre todo en la distinción de será aún más maravillosa. El demonio no
los matices, ej. no es lo mismo Avidez y podrá promover más vicios, porque será
Avaricia; Infelicidad o Tristeza de la Propia aherrojado al abismo y se curarán tanto
Existencia e Inconstancia o Vagabundeo; el espacio como el tiempo.
o habla del Ocultismo cuando pocos o El Liber Vitae Meritorum es una de-
nadie lo hacían atacando algunas realida- tallada y originalísima exposición de las
des con él involucradas, ej. brujería, astro- tendencias latentes en la mente humana
logía, etc., por otra parte, no se trata de que son gravemente erróneas. Hildegarda
una enunciación caótica de vicios sino de las expone en forma de iconos, después
una secuencia seriada y bien eslabonada las formula, las desenmascara y finalmente
con relación de causa y efecto. la Verdad rebate sus argumentos. Es un

GLADIUS 83 | AÑO 2012 165


tratado completo de psicología desde el gentes en este campo plantean de entrada
punto de vista divino. una aporía insoluble: ‘Traduttore, traditore’.
Pero el libro no es solo una confrontación En nuestro caso esta premisa no corre, por-
entre vicios y virtudes, sino que se inscribe que la traducción de Azucena, que ha em-
en un plano más amplio: el de la batalla pezado basándose en la mejor edición del
que, iniciada con la rebelión de Lucifer, texto, la de la benedictina Ángela Carlevaris
debe librar el hombre para llegar a su de 1995 para el Corpus Christianorum en
Creador, que es la beatitud y la suprema su Continuatio mediaevalis con confron-
felicidad. La contienda terminará con la tación de manuscritos que no conocieron
victoria final de Cristo a quien todo se ni pudieron compulsar las de la Patrología
someterá el último día, pero mientras tanto de Migne ni la Analecta sacra del cardenal
en el día a día del cristiano, lo acechan Pitra, ambas de 1882, su traducción, digo,
peligros y seducciones distractorias para es de una tersura, prolijidad y fluidez que
apartarlo de su objetivo final que es la casi no se nota que es una traducción y eso
salvación y la visión del Creador. es el mayor elogio y bien merecido que
hacemos de su tarea, porque el latín de H.
La edición es la mayoría de las veces de una sintaxis
bastante compleja y trabada, a lo que ayuda
Hemos hablado de H. y de su libro. tal vez la frecuencia de estructuras reitera-
Ahora hablemos del trabajo ciclópeo de tivas, pero que exigen una gran concentra-
su traductora y comentadora. Los largos ción y acuidad de intelecto y espíritu para
años que le viene dedicando a su santa comprender un pensamiento que por lo
abadesa, parecen escasos frente a este matizado de su semántica exige una gran
extraordinario ‘labor improbus’, que le ha precisión lexical, dicho de otro modo, un
costado sangre, lágrimas y salud; ‘labor’ singular y acabado manejo del castellano
no sólo representado en esta edición, sino como del latín, lo que en su versión se
en la traducción comentada de la 1ª parte refleja con justeza, amplitud y riqueza.
del Scivias8, de los dos tomos donde ha Además tiene el mérito de ser la 1ª
reunido trabajos presentados en las Jorna- edición impresa en castellano de esta obra
das hildegardianas9, de los restantes donde que no abunda en traducciones y poco
ha hilvanado sus propios aportes de cursos accesible para el común de los lectores, ya
y conferencias sobre H. y su mundo, que tampoco se registra el opus hildegar-
exposiciones, cinco Jornadas bianuales a diano en la excelente y muy seria colección
ella dedicadas, en fin, un largo etc. que patrística de Sources chretiennes, carecien-
incluye trabajos en puerta, lo que la ha do el traductor de un buen texto bilingüe
posicionado como referente internacional y comentado que ayude en la interpretación
en el tema. de loci difíciles, no tanto de verter como
Volvamos al Liber meritorum vitae y de interpretar. Sin embargo Azucena lo ha
veamos su composición. ¿Qué se puede logrado.
decir de una traducción? Los italianos exi- Una enjundiosa Introducción nos pre-
senta a H., la ubica en su tiempo, expone
8 Fraboschi, A. Scivias. I parte. Lectura brevemente su corpus y se dedica al libro
y comentario al modo de una lectio medievalis, traducido, analizando su estructura y ha-
B. Aires, Miño y Dávila, 2009. ciendo hincapié en algunos temas conside-
9 Fraboschi, A. Conociendo a Hilde- rados dignos de una observación como el
garda, la abadesa de Bingen, B. Aires, EDUCA,
2003. Fraboschi, A. Hildegarda de Bingen. La purgatorio, las enfermedades, la rebelión
extraordinaria vida de una mujer extraordi- de los elementos maltratados por el hom-
naria, B.Aires, EDUCA, 2004. Reseñado en bre, etc., en fin su prólogo baja ciertos temas
Gladius nº 62, 2005, pp. 215-219. Fraboschi, a la actualidad y muestra la vigencia de
A. Desde el fulgor de la Luz Viviente, B. Aires,
EDUCA, 2007. los mismos.

166 AÑO 2011 | GLADIUS 81


Otro capítulo importantísimo lo com-
Juan María Veniard
portan las notas, abrumadoras en calidad,
La música en la Iglesia
que es lo que hay que destacar, y en can-
CIAFIC, Buenos Aires 2011,
tidad, aproximadamente unas 1300. No
365 pgs.
son sólo aclaraciones explanatorias y muy
necesarias para nuestra mente actual tan
disgregada y sin el hábito de un pensamiento El 24 de abril del corriente año, se
acostumbrado a la lectura simbólica, sino presentó en el Salón de la Parroquia de
notas que nos ubican en la polisemia de Nuestra Señora del Socorro de la Ciudad
realidades que dicen algo más de una li- de Buenos Aires, el libro La Música en la
teralidad que se ofrece a simple vista. Iglesia, cuyo autor es el Dr. en Musicología
Por otra parte, Azucena practica la e Investigador del CONICET, Juan M.
concordancia textual, así nos encontramos Veniard. La presentación estuvo a cargo
como las Sagradas Escrituras iluminan los del Rdo. Padre Alfredo Sáenz S. J., quien
textos donde H. las alude sin la cita precisa es citado en este libro causa de su obra La
por su gran familiaridad con la Biblia, o Música Sagrada y el proceso de desacra-
los Santos Padres, ej. Isidoro de Sevilla, lización. Inversión de valores, que fuera
Honorio de Autún, el venerable Beda, publicada en la Revista Universitas el año
santo Tomás de Aquino, para citar algunos 1974 y luego por un libro de la Revista
alegados por Azucena, que acuden a com- Mikael del Seminario de Paraná. Este
plementar significaciones dudosas o ambi- último trabajo de Veniard es también un
guas o de amplia polisemia cuando se trata homenaje a Mons. Jesús Gabriel Segade.
de esclarecer simbolismos complejos. Y se trata de un libro cuya aparición es in-
¡Y para qué hablar de la Concordantia sólita, en una Nación cada día más inculta.
con la misma obra de la abadesa, en espe- Sin embargo como aparecen florecillas
cial los otros dos textos visionarios de temas aun en el desierto, aparece este trabajo de
concomitantes o con el resto de su obra! investigación, de años de investigación,
Su comentadora nos pasea en las notas que nos regala Veniard. Es un trabajo
con un conocimiento y familiaridad que exhaustivo que arranca desde 1536 cuan-
nos sorprende, apabulla y enseña. Sí, en- do los mil quinientos hombres de Don
seña. No podemos salir indemnes después Pedro de Mendoza, siguen la primer misa
de su lectura, se nos impone una obligación en nuestras tierras y en donde se pudo oir
con la Providencia y con sus mediadoras, por primera vez música religiosa. Desde
santa Hildegarda y su traductora, a las que esos azarosos años hasta el año 1610, es
nunca se les agradecerá bastante. lento el desarrollo de Buenos Aires que
Azucena Fraboschi no ha hecho seme- era en aquel entonces el más austral de
jante tarea plena de sufrimiento y alegría los puertos del imperio español y apenas
a la vez, por vanagloria, sino por su celo un pobre villorrio. Veniard nos cuenta la
apostólico prodigador de bienes, por el gran alegría que significó en el año 1610
bien común, y eso sí le gana una gloria la beatificación de San Ignacio de Loyola
legítima y objetiva. y en cuya fiesta los religiosos de los con-
Concluyendo podríamos subtitular su ventos de la ciudad y también los recién
traducción Liber Azucenae meritorum! llegados, con “ingeniosos motete cantados”
habían conseguido despertar en el pueblo
María Delia Buisel la devoción al santo. Y ya sabemos lo im-
portantes que esta devoción y los Ejercicios
Espirituales del santo fundador de los je-
suitas fueron para nuestra patria. En 1620,
se establece el obispado de Buenos Aires
y en la catedral que era de barro, llega el

GLADIUS 83 | AÑO 2012 167


primer órgano. Era el año 1621 y también con una producción musical extraordinaria
se crea el cargo de Organista rentado. El y que marca la época de oro de la música
facistol, el gran atril de cuatro caras don- religiosa argentina. Ya para ese entonces
de los canónicos y presbíteros entonaban las iglesias argentinas estaban dotadas de
los himnos de las misas y del oficio de las órganos y armonios y existían numerosos
horas litúrgicas, también data de ese mo- coros. En 1954, la Comisión Central de
mento. Van creciendo Buenos Aires y las Música Sagrada del Episcopado Argentino
ciudades de las provincias, pero hay esca- edita el cancionero para las Iglesias con el
sez de clero, y de maestros de música y la nombre de “Cancionero popular parro-
población va cayendo en el mal gusto mu- quial” “¡Gloria al señor!” Donde trabajaron
sical, hasta que llega la reacción de manos Mons. Tomás Solari, y los padres Osvaldo
de la Encíclica de Benedicto XIV en 1749, Catena, Enrique Lombardi, Jesús Gabriel
que reconoce y ordena como música de Segade que hacía los arreglos organísticos
Iglesia al Canto Gregoriano, la música entre otros y el poeta Francisco Luis Ber-
Polifónica del estilo de Palestrina y la “to- nárdez que adaptaba las letras de los
lerancia” de instrumentación en tanto y originales latinos. Luego continúa la triste
en cuanto sea un apoyo a la voz humana. época de la trivialidad y las cancioncitas
Pero a pesar de estas recomendaciones la a la moda, porque ya llegamos a los años
mayoría de los religiosos de nuestras tie- de 1960 y 1970, con todo lo que ello pre-
rras ignoraban el Canto Gregoriano (como supone. Epoca que aún estamos transi-
sigue ocurriendo hasta el día de hoy) y tando.
fueron muchas veces los laicos y las damas Es un libro que recomendamos leerlo
de las sociedades porteña y provincianas y difundirlo, para salir del atascamiento
las que hacían colectas para pagar músicos musical en nuestras iglesias, porque como
e instrumentos que puedan enaltecer el dice el autor los jóvenes creen actualmente
culto religioso. En la época de Rosas, se que la misa es “con guitarra”. Merece
restauraron templos que se dañaron con transcribirse el último párrafo de Veniard
el paso de los años y se hicieron canciones y con el que concluye su libro: “Quizás la
religiosas pero sobre todo en Córdoba. Iglesia, que en los años de fin de siglo ha
Luego de su gobierno seguirá la música hecho acto de contrición tan amplio, echán-
más o menos siguió igual, pero van apa- dose sobre si algunas culpas que le son
reciendo laicos que compusieron música ajenas, debiera hacer un acto de conciencia
religiosa como Eduardo García Mansilla respecto de la música sacra y con ello de-
(1871- 1930); Zenón Rolón (1856-1902) tener la devastación y reparar el gran daño,
o Pablo María Beruti (1863-1914). Así, en que sin proponérselo, le hizo a la cultura
esta apretada síntesis, llegamos al Congre- del pueblo cristiano”.
so Eucarístico Internacional del año 1934,
Marcelo Luis Breide Obeid

168 AÑO 2011 | GLADIUS 81


LAS GRANDES CATECISMO
HEREJÍAS TOMISTA
Hilaire Belloc Santo Tomás de Aquino
11 x 18 cm. | 240 páginas | $ 54 11 x 18 cm. | 336 páginas | $ 64
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EL AMANECER EL MUNDO
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FORTÍN DE ESTO, DE AQUELLO


MARI LAUQUEN Y DE LO DE MÁS ALLÁ
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14 x 20 cm. | 164 páginas | $ 50 14 x 20 cm. | 140 páginas | $ 35
ISBN 978-987-9222-40-9

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ALFREDO SÁENZ

Serie
Las Parábolas del Evangelio
según los Padres de la Iglesia

Tomo 3

LA FIGURA SEÑORIAL DE CRISTO


436 páginas
ALBERTO CATURELLI

ORDEN NATURAL
Y ORDEN MORAL
LECCIONES DE FILOSOFÍA MORAL

670 páginas
¡EL MEJOR REGALO ES UN LIBRO!

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 AA.VV., Palabra y Vida –los 3 volúmenes– ............................................................................................100
 ANÓNIMO, Libro acerca de la Natividad de María ............................................................................... 14
 ARROYO DE SÁENZ, E., La Misa, misterio de amor ............................................................................... 22
 BALLESTEROS, Juan C. P., La filosofía del Padre Castellani ................................................................ 29
 BELLOC, Hilaire, Así ocurrió la Reforma ................................................................................................... 29
 BERTHE, García Moreno ................................................................................................................................. 43
 BOJORGE, Horacio, ¿Entiendes lo que lees? La interpretación bíblica en crisis ........................ 43
 BOJORGE, Horacio, Éstas son aquellas palabras mías ........................................................................ 43
 BREIDE OBEID, Marcelo, Vocación del militar cristiano ...................................................................... 43
 BREIDE OBEID, Rafael L., Imagen y Palabra ............................................................................................. ag
 BREIDE OBEID, Rafael L.y o., Legislación fundamental sobre recursos
naturales y ambiente humano sustentable .................................................................................130
 BREIDE OBEID, Rafael L., Los Ángeles y las Naciones .......................................................................... 12
 BREIDE OBEID, Rafael L., Política y sentido de la historia .................................................................. ep
 BREIDE OBEID, Rafael L., Teología política según Gueydan de Roussel ....................................... 60
 CALDERÓN BOUCHET, Rubén, Apogeo de la ciudad cristiana ........................................................ 43
 CALDERÓN BOUCHET, Rubén, Formación de la ciudad cristiana .................................................. 43
 CASTELLANI, Leonardo, Las canciones de Militis ................................................................................. 43
 CASTELLANI, Leonardo, Las ideas de mi tío el Cura ............................................................................ 43
 CASTELLANI, Leonardo, Seis ensayos y tres cartas .............................................................................. 43
 CATURELLI, Alberto, Dos, una sola carne. Metafísica, teología y mística
del matrimonio y la familia .................................................................................................................. 58
 CATURELLI, Alberto, El abismo del mal .................................................................................................... 43
 CATURELLI, Alberto, Examen crítico del liberalismo como concepción del mundo ............... 36
 CATURELLI, Alberto, La historia interior ................................................................................................... 43
 CATURELLI, Alberto, La Iglesia Católica y las catacumbas de hoy .................................................. 50
 CATURELLI, Alberto, La metafísica cristiana en el pensamiento occidental ............................... 22
 CATURELLI, Alberto, La Patria y el orden temporal. El simbolismo
de las Malvinas ......................................................................................................................................... ag
 CATURELLI, Alberto, Orden natural y orden moral .............................................................................. 90
 CAVIGLIA CÁMPORA-VAN RIXTEL, Tercer Milenio. El misterio
del Apocalipsis .......................................................................................................................................... 86
 CREUZET, M., La Enseñanza ......................................................................................................................... 17
 CREUZET, M., Los cuerpos intermedios ................................................................................................... 17
 DE ESTRADA, Santiago, Santos y misterios ............................................................................................ 22
 DE MAEZTU, Ramiro, Defensa de la Hispanidad ................................................................................... 29
 DE OLIVERO, Marta, Cómo conocerse y confesarse bien .................................................................. 43
 DELHEZ, Víctor, 49 grabados sobre el Apocalipsis ............................................................................... 86
 DERISI, O.N., Esbozo de una epistemología tomista ........................................................................... 22
 DIEZ, Marcelo, Luces y sombras de la educación argentina ............................................................ 36
 EDDÉ, Emilio, El Líbano en la historia, tomo I......................................................................................... 43
 EDERLE, R., SÁENZ, A., Las Parábolas de Jesús, ayer, hoy y siempre .............................................. ag
 GOROSTIAGA, Roberto, Cristianismo o revolución ............................................................................. 22
 GOYENECHE, Juan Carlos, La continuidad en el Magisterio de la Iglesia .................................... 10
 GUEYDAN DE ROUSSEL, Guillermo, El Verbo y el Anticristo ............................................................. 43
 HOFFNER, Cnal J., Doctrina Social de la Iglesia o Teología de la Liberación .............................. 14
 LASA, Carlos D., Tomás Darío Casares ....................................................................................................... 43
 LE PLAY, F., La reforma de la sociedad. El trabajo ................................................................................. 14
 LEDESMA DE CASARES, M. Dolores, Las Nobles Pobres. Historia de las
Capuchinas en Buenos Aires ............................................................................................................... 43
 LEFEBVRE, J., Introducción a las ciencias biológicas ........................................................................... 10
 LEFEBVRE, J., La nueva ciudad de Cristo .................................................................................................. 14
 LOMBARDI, E., La música sagrada .............................................................................................................. 14
 LOMBARDI, E., Los fieles cantan ................................................................................................................. 14
 MEDRANO, S., Construcción de la Cristiandad en la Argentina ...................................................... 14
 MIHURA SEEBER, F., De Prophetia y otros temas de actualidad ..................................................... 42
 MOLNAR, Thomas, La Iglesia peregrina de los siglos ......................................................................... 43
 MONTEJANO, Bernardino, Familia y Nación histórica ........................................................................ 22
 MUCCHELLI, R., La subversión ..................................................................................................................... 14
 OUSSET, Jean, Introducción a la política ................................................................................................. 22
 PADRE EMMANUEL: El cristiano del día .................................................................................................. 14
 PADRE EMMANUEL: El naturalismo .......................................................................................................... 14
 PAGANO (h), José León, El testigo romano ............................................................................................ 43
 PEREA de MARTÍNEZ, María E., Conocer nuestro tiempo .................................................................. 35
 PEREA de MARTÍNEZ, María E., El poder oculto. Sociedad y medios............................................. 35
 PEREA de MARTÍNEZ, María E., La cara oculta del sexo ...................................................................... 14
 REGO, Francisco, La materia prima: una confrontación crítica ........................................................ 50
 REGO, Francisco, La nueva teología de Nicolás de Cusa. La descalificación
del saber racional .................................................................................................................................... 43
 REGO, Francisco, La polémica de los universales: sus autores y sus textos ................................ 43
 REGO, Francisco, La relación del alma con el cuerpo ......................................................................... ag
 SÁENZ, Alfredo, Antonio Gramsci y la revolución cultural ............................................................... 14
 SÁENZ, Alfredo, Cristo y las figuras bíblicas .........................................................................................100
 SÁENZ, Alfredo, El Cardenal Pie .................................................................................................................. 58
 SÁENZ, Alfredo, El fin de los tiempos y siete autores modernos .................................................... 86
 SÁENZ, Alfredo, El hombre moderno. Descripción fenomenológica .......................................... 35
 SÁENZ, Alfredo, El Icono, esplendor de lo sagrado ............................................................................. 86
 SÁENZ, Alfredo, El pendón y la aureola ................................................................................................... 55
 SÁENZ, Alfredo, El santo sacrificio de la Misa ....................................................................................... 41
SÁENZ, Alfredo, Héroes y Santos
 1: San Pablo ................................................................................................................................................... 23
 2: San Bernardo ............................................................................................................................................ 23
 3: San Fernando ........................................................................................................................................... 23
 4: Isabel la Católica ..................................................................................................................................... 23
 SÁENZ, Alfredo, In Persona Christi ............................................................................................................. 58
 SÁENZ, Alfredo, José Canovai ..................................................................................................................... 45
 SÁENZ, Alfredo, La Ascensión y la Marcha ............................................................................................. 36
 SÁENZ, Alfredo, La Caballería .................................................................................................................... 50
 SÁENZ, Alfredo, La Catedral y el Alcázar ................................................................................................. 43
 SÁENZ, Alfredo, La celebración de los misterios en San Máximo de Turín ................................ 29
 SÁENZ, Alfredo, La Cristiandad y su cosmovisión ............................................................................... 86
SÁENZ, Alfredo, La Nave y las Tempestades
 Tomo 1: La Sinagoga y la Iglesia primitiva. Las persecuciones del Imperio
Romano. El arrianismo ............................................................................................................................... 45
 Tomo 2: Las invasiones de los bárbaros .............................................................................................. 45
 Tomo 3: La embestida del Islam ............................................................................................................. 50
 Tomo 4: La querella de las investiduras. La herejía de los cátaros ............................................. 50
 Tomo 5: El Renacimiento .......................................................................................................................... 50
 Tomo 6: La Reforma Protestante ............................................................................................................ 50
 Tomo 7: La Revolución francesa I. La revolución cultural ............................................................. 50
 Tomo 8: La Revolución francesa II. La revolución desatada ......................................................... 50
 Tomo 9: La Revolución francesa III. Cuatro pensadores contrarrevolucionarios .................. 55
 Tomo 10: La Revolución francesa IV. La epopeya de la Vendée .................................................. 55
 Tomo 11: El Modernismo. Crisis en las venas de la Iglesia ............................................................ 60
SÁENZ, Alfredo, Las Parábolas del Evangelio según los Padres de la Iglesia
 Tomo 1: La misericordia de Dios ............................................................................................................ 60
 Tomo 2: La misericordia con el prójimo ............................................................................................... 45
 Tomo 3: La figura señorial de Cristo ...................................................................................................... 60
 Tomo 4: El misterio de Israel y de las naciones .................................................................................. 43
 Tomo 5: El misterio de la Iglesia .............................................................................................................. 43
 Tomo 6: La siembra divina y la fecundidad apostólica ................................................................... 43
 Tomo 7: El seguimiento de Cristo ........................................................................................................... 50
 Tomo 8: La expectación de la Parusía ................................................................................................... 55
 SÁENZ, Alfredo, Rusia y su misión en la historia, t. 1 ......................................................................... 65
 SÁENZ, Alfredo, Rusia y su misión en la historia, t. 2 .......................................................................115
 SÁENZ, Alfredo, Siete virtudes olvidadas ................................................................................................ 55
 SÁENZ, Ramiro, Sólo Dios basta: Devocionario de la familia ........................................................... 43
 SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO: La vocación religiosa .............................................................. 29
 SAN CIPRIANO, La unidad de la Iglesia Católica ................................................................................... 14
 SÁNCHEZ MÁRQUEZ, Manuel, Historia sintética de España ........................................................... 43
 SÁNCHEZ MÁRQUEZ, Manuel, Isabel la Católica. Cronología de su reinado ............................ 43
 SÁNCHEZ MÁRQUEZ, Manuel, Occidente y Cristiandad .................................................................. 43
 SANTO TOMÁS DE AQUINO, Catecismo Tomista ................................................................................. ag
 SANTO TOMÁS DE AQUINO, De las razones de la Fe ......................................................................... 24
 SANTO TOMÁS DE AQUINO, Las creaturas espirituales .................................................................... 58
 SIEBERT, M., La transformación educativa argentina .......................................................................... 14
 TOTH, Tihamer, El joven y Cristo ................................................................................................................. 29
 TOTH, Tihamer, Pureza y juventud ............................................................................................................ 29
 TRIVIÑO, Julio, El cura Brochero ................................................................................................................. 14
 TRIVIÑO, Julio, El Ser –poema filosófico literario– ............................................................................... 12
 VAISSIERE, J.M., Fundamentos de la política .......................................................................................... 14
 VIZCARRA, Zacarías de, La vocación de América ................................................................................. 36

(ep: en preparación, ag: agotado)

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