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CONTROL

La sentencia del Tribunal Constitucional resume el caso de una demanda de hábeas corpus presentada por Giuliana Llamoja contra sentencias previas. El Tribunal Constitucional declara improcedente la demanda al encontrar que el proceso penal respetó las garantías constitucionales y Llamoja tuvo oportunidad de defenderse.
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CONTROL

La sentencia del Tribunal Constitucional resume el caso de una demanda de hábeas corpus presentada por Giuliana Llamoja contra sentencias previas. El Tribunal Constitucional declara improcedente la demanda al encontrar que el proceso penal respetó las garantías constitucionales y Llamoja tuvo oportunidad de defenderse.
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TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
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EXP. N. 0 00728-2008-PHC/TC
LIMA
GIULIANA FLOR DE MARIA
LLAMOJA HILARES

1
SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

1 En Lima, a los 13 días del mes de octubre de 2008, el Pleno del Tribunal
Constitucional, integrada por los magistrados Mesía Ramírez, Vergara Gotelli, Landa

1
Arroyo Beamount Callirgos, Calle Hayen, Eto Cruz y Álvarez Miranda, pronuncia la
siguiente sentencia y con el fundamento de voto del magistrado Álvarez Miranda, que
se adjunta

ASUNTO

El recurso de agravio constitucional interpuesto por Giuliana Flor de María


Llamoja Hilares contra la sentencia expedida por la Primera Sala Penal para Reos en
Cárcel de la Corte Superior de Justicia de Lima, de fojas 2488, su fecha 23 de
noviembre de 2007, que declaró improcedente la demanda de autos.

ANTECEDENTES

: Con fecha 3 de agosto de 2007, la recurrente interpone demanda de hábeas


corpus, contra los Vocales integrantes de la Tercera Sala Penal con Reos en Cárcel de la
Corte Superior de Justicia de · señores Josué Pariona Pastrana, Manuel Carranza
Paniagua y Arturo Zapata arbaja , y contra los Vocales integrantes de la Primera Sala
Penal Transitoria de Corte uprema de Justicia de la República, señores Javier
Román Santisteban.,/Hugo Mo na Ordóñez, Daniel Peirano Sánchez y Ricardo Vinatea
Medina, con el o6jeto de e se declare la nulidad de la sentencia condenatoria de
fecha 26 de julio de 2006 su confirmatoria mediante ejecutoria suprema de fecha 22
de enero de 2007, a as recaídas en el proceso penal N. 0 3651-2006, y que en
consecuencia, se exp· a nueva resolución con arreglo a Derecho, así como se ordene su
inmediata libertad. lega la vulneración de su derecho constitucional a la tutela procesal
efectiva que comprende el acceso a la justicia y el debido proceso, específicamente, los
derechos a la defensa y a la debida motivación de las resoluciones judiciales, así con
los principios de presunción de inocencia e indubio pro reo, relacionados con la libe d
individual.

Refiere que el día de los hechos solo procedió a defenderse, ya que esta
cocina, la occisa le lanzó violentamente dos cuchillos, los cuales logró es ivar; que
luego, empuñando un tercer cuchillo la persiguió alrededor de la mesa, y 1 alcanzó en
.... .
.. ·--...'

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

u~squina, infiriéndole un corte en la palma de su mano derecha; ante ello, agrega que
cog 'ó un cuchillo que estaba en la mesa y que, forcejeando , ambas avanzaron hacia la
p d, donde chocaron con el interruptor, apagándose la luz. Señala, asimi smo, que en
t contexto de forcejeo y de lucha ciega entre ambas (al haberse apagado la luz de la
ocina), se produjeron movimientos no de ataque, sino motivados por el pánico y la
desesperación, razón por la cual ambas se infirieron heridas accidentales (no
intencionales), a consecuencia de las cuales cualquiera de las dos pudo terminar muerta,
pues cada una estuvo premunida de un cuchillo de cocina. Ya con relación al fondo del
asunto, refiere que luego de producido el evento: i) la occisa presentó 60 heridas, las
cuales (todas) fueron superficiales, pues 56 se hallaron solo en la epidermis (sin
sangrado); 3 menos superficiales, que tampoco fueron profundas (el protocolo de
necropsia no señalo profundidad por ser ínfimas), y una (1) que, aun siendo también
superficial, fue la única fatal (el protocolo de necropsia tampoco le asignó profundidad),
mientras que su persona presentó 22 heridas aproximadamente; sin embargo, refiere que
el juzgador sólo ha valorado 4 de ellas y no las demás, esto es, que se ha minimizado las
heridas cortantes que presentó su persona (para señalar que sólo fueron 4), y se ha
maximizado las heridas que presentó la occisa (ocultando que fueron sumamente
superficiales, sólo en la epidermis y sin sangrado). En este extremo concluye que, si
sólo se tomó en cuenta 4 de las 22 heridas, con el mismo criterio debió excluirse las 56
heridas de la agraviada, y entonces de esa manera efectuar una valoración más justa,
pues sólo incidiría sobre las 4 heridas que presentaron cada una; ii) no ha quedado
probado quién produjo la única herida mortal, mucho menos existe pericia o prueba
alguna que determine de manera indubitable que fue su persona quien produjo dicha
herida; pues ni los jueces ni los peritos, nadie sabe cómo se produjo ésta, ni qué mano la
produjo, la izquierda o la der a, p es arguye que el día de autos ambas se encontraban
en una situación de la e no p ían salir, y en la que cualquiera de las dos pudo
terminar muerta; no obstante, al a que fue juzgada y sentenciada de manera arbitraria,
sin existir prueba indubitable éle ser la autora de la única herida mortal, pues pudo
habérsela ocasionado la m· ma agraviada, más aún, si los peritos oficiales ante la
f. pregunta de si la herida ortal pudo haber sido ocasionada por la misma víctima,
respondieron que "era oca remoto", lo que denota que era posible. Además de ello
señala que, de acuerdo a la lógica, tampoco hubo de su parte intencionalidad de lesionar
a la occisa; iii) agrega asimismo que se distorsionaron totalmente los hechos,
introduciendo, por ejemplo, que fue la acusada quien cogió primero el cuchillo para
atacar, cuando la que cogió primero el cuchillo para atacar y, de hecho , atacó fue la
occisa, alterando así los hechos sin prueba alguna; y, finalmente iv) señala que ambas
sentencias están basadas en falacias, argucias y premisas fal sas que distorsionan el
orden de los hechos, así como adulteran y tergiversan los mismos, a la vez que exist
ocultamiento y manipulación de evidencias en su perjuicio, así como una noto a
parcialización en las premisas y conclusiones. En suma, aduce que se trata de
sentencia condenatoria parcializada en su contra.

2
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

r ealizada la investigación sumaria y tomadas las declaraciones explicativas, la


accionante se ratifica en todos los extremos de su demanda. Los magistrados
emp~a, ados, por su parte, coinciden en señalar que el proceso penal que dio origen al
pres te proceso constitucional ha sido desarrollado respetando las garantías y
pri ipios del debido proceso, en el que, tanto la procesada como la parte civil hicieron
va er su derecho a la defensa y otros derechos en todas las etapas del proceso, tanto es
a í que, en el caso, la recurrente presentó peticiones, así como medios impugnatorios.
gregan asimismo que lo que en puridad pretende la recurrente es que se efectúe un
nuevo análisis del acervo probatorio que se incorporó en el proceso, extremos estos que
no son materia de un proceso constitucional, sino más bien de un proceso ordinario.

El Décimo Tercer Juzgado Penal de Lima, con fecha 1O de octubre de 2007


declaró improcedente la demanda contra los magistrados de la Tercera Sala Penal con
Reos en Cárcel, e infundada contra los magistrados de la Primera Sala Penal Transitoria
de la Corte Suprema de Justicia de la República, por considerar que la sentencia
condenatoria no puede ser considerada resolución firme, toda vez que contra ella
oportunamente se interpuso recurso de nulidad; en cuanto a la sentencia confirmatoria
(ejecutoria suprema), señala que el Supremo Colegiado ha actuado conforme a ley ,
~ (\ ./ teniendo en cuenta todas las garantías del debido proceso, y en las que la accionante
V '"' tuvo la oportunidad de ejercer plenamente su derecho a la defensa, así como de acceder
a la pluralidad de instancias, por lo que no se puede pretender hacer de esta vía una
instancia más del proceso penal.

erior para Reos en Cárcel de la Corte Superior de


Justicia de Lima, con fecha viembre de 2007, confirmó la apelada por similares
fundamentos. "

FUNDAMENTOS

1
1
Delimitación del petito o

l. Según la dema a de hábeas corpus de autos, el objeto es que este Alto Tribunal
declare: i) la n lidad de la sentencia condenatoria de fecha 26 de julio de 2006, y su
confirmatoria mediante ejecutoria suprema de fecha 22 de enero de 2007, ambas
recaídas en el proceso penal seguido contra la accionante por el delito de parrici ·
(Exp. N. 0 3651-2006), así como ii) se ordene su inmediata libertad, por cu to,
según aduce, vulneran su derecho a la tutela procesal efectiva, derec que
comprende el acceso a la justicia y el debido proceso, específicamente los erechos
a la defensa y a la debida motivación de las resoluciones judiciales, a como los
principios de presunción de inocencia e indubio pro reo , relacionados n la libet1ad
personal.

3
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

l 1

2. mbargo, del análisis de lo expuesto en dicho acto postulatorio, así como de la


ins umental que corre en estos autos, se advierte que lo que en puridad denuncia la
a ionante es la afectación de su derecho a la debida motivación de las resoluciones
j diciales, y ello es así, porque, además de lo señalado en los puntos iii) y iv) de los
~ntecedentes , en su extenso escrito de demanda de más de cien ( 100) páginas,
enfáticamente señala que, tanto la sentencia condenatoria como su confirmatoria
/ mediante ejecutoria suprema se basan principalmente en: a) criterios abiertamente
desproporcionados, irracionales e ilógicos (razonamientos absurdos), ilegales,
sostenidos en falacias, hechos falsos , falsa motivación (sesgada, subjetiva, falaz,
etc.); que asimismo presentan b) manipulación de pruebas y alteración del orden de
los hechos en su perjuicio. Por tanto, siendo de fácil constatación la alegada
denuncia de vulneración de su derecho constitucional a la debida motivación de las
resoluciones judiciales, sobre ella incidirá el análisis y control constitucional de este
Colegiado.

El hábeas corpus contra resoluciones judiciales


. !

3. La Constitución establece expresamente en su artículo 200°, inciso 1, que el hábeas


corpus procede ante el hecho u omisión, por parte de cualquier autoridad,
funcionario o persona que vulnera o amenaza la libertad individual o los derechos
conexos a ella. A su vez, el Código Procesal Constitucional establece en su artículo
4°, segundo párrafo, que el hábeas corpus procede cuando una resolución judicial
firme vulnera en forma manifiesta la libertad individual y la tutela procesal efectiva.

4. En efecto, cabe precisar no todas las resoluciones judiciales pueden ser objeto
de control por el proc so e stitucional de hábeas corpus; antes bien y en línea de
principio, solo aquellas soluciones judiciales firmes que vulneren en forma
manifiesta la libertad in · idual y los derechos conexos a ella, lo que implica que el
actor, frente al acto pr cesal alegado de lesivo previamente haya hecho uso de los
recursos necesarios e le otorga la ley. Y es que, si luego de obtener una resolución
judicial firme no a sido posible conseguir en vía judicial la tutela del derecho
fundamental pre ntamente vulnerado (libertad individual y conexos a ella), quien
dice ser agredido en su derecho podrá acudir al proceso constitucional, a efectos de
buscar su tutela.

5. En el caso constitucional de autos, dado que en el proceso penal seguido a la actor


(Exp. N. 0 3651-2006) se han establecido restricciones al pleno ejercicio de u
derecho a la libertad individual tras el dictado en forma definitiva de una sent cia
condenatoria a pena privativa de la libertad, según se alega ilegítima, este Co giado
tiene competencia, ratione materiae, para evaluar la legitimidad o no de t

4
r . ._ . ~
.
i- .-

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

1
l
ju~iciales invocados como lesivos. Esto es, para verificar si se presenta o no la
inconstitucionalidad que aduce la accionante.

El derecho a la debida motivación de las resoluciones judiciales

f¡. Ya en sentencia anterior, este Tribunal Constitucional (Exp. N. 1480-2006-AA/TC.


0

FJ 2) ha tenido la oportunidad de precisar que

"el derecho a la debida motivación de las resoluciones importa que los jueces, al
resolver las causas, expresen las razones o justificaciones objetivas que los llevan a
tomar una determinada decisión. Esas razones, ( ... ) deben provenir no sólo del
ordenamiento jurídico vigente y aplicable al caso, sino de los propios hechos
debidamente acreditados en el trámite del proceso. Sin embargo, la tutela del
derecho a la motivación de las resoluciones judiciales no debe ni puede servir de
pretexto para someter a un nuevo examen las cuestiones de fondo ya decididas por
los jueces ordinarios.

/ En tal sentido, ( .. .) el análisis de si en una determinada resolución judicial se ha


violado o no el derecho a la debida motivación de las resoluciones judiciales debe
realizarse a partir de los propios fundamentos expuestos en la resolución
cuestionada, de modo que las demás piezas procesales o medios probatorios del
proceso en cuestión sólo pueden ser evaluados para contrastar las razones expuestas,
mas no pueden ser objeto de una nueva evaluación o análisis. Esto, porque en este
tipo de procesos al juez constitucional no le incumbe el mérito de la causa, sino el
análisis externo de la resol ·ón, a efectos de constatar si ésta es el resultado de un
juicio racional y obje · o do de el juez ha puesto en evidencia su independencia e
imparcialidad en l olució de un determinado conflicto, sin caer ni en arbitrariedad
en la interpret~íon y apl' ación del derecho, ni en subjetividades o inconsistencias
en la valoración de los echos".

7. El derecho a la de da motivación de las resoluciones judiciales es una garantía del


justiciable frent a la arbitrariedad judicial y garantiza que las resoluciones no se
encuentren ju 1ficadas en el mero capricho de los magistrados, sino en d tos
objetivos qu proporciona el ordenamiento jurídico o los que se derivan de caso.
Sin embargo, no todo ni cualquier error en el que eventualmente inc a una
resolución judicial constituye automáticamente la violación del contenido
constitucionalmente protegido del derecho a la motivación de las esoluciones
judiciales.

Así, en el Exp. N. 0 3943-2006-PA/TC y antes en el voto singul éie los magistrados


Gonzales Ojeda y Alva Orlandini (Exp. N. 0 1744-2005-P C), este Colegiado

5
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

1
ha precisado que el contenido constitucionalmente garantizado de
este , erecho queda delimitado, entre otros, en los siguientes supuestos:
a) Inexistencia de motivación o motivación aparente. Está fuera de toda duda que
se viola el derecho a una decisión debidamente motivada cuando la motivación
es inexistente o cuando la misma es solo aparente, en el sentido de que no da
cuenta de las razones mínimas que sustentan la decisión o de que no responde a
las alegaciones de las partes del proceso, o porque solo intenta dar un
cumplimiento formal al mandato, amparándose en frases sin ningún sustento
fáctico o jurídico.

b) Falta de motivación interna del razonamiento. La falta de motivación interna del


razonamiento [defectos internos de la motivación] se presenta en una doble
dimensión; por un lado, cuando existe invalidez de una inferencia a partir de las
premisas que establece previamente el Juez en su decisión; y, por otro lado,
cuando existe incoherencia narrativa, que a la postre se presenta como un
discurso absolutamente confuso incapaz de transmitir, de modo coherente, las
razones en las que se apoya la decisión. Se trata, en ambos casos, de identificar
el ámbito constitucional de la debida motivación mediante el control de los
argumentos utilizados en la decisión asumida por el Juez o Tribunal; sea desde la
perspectiva de su corrección lógica o desde su coherencia narrativa.

e) Deficiencias en la motivación externa,· justificación de las premisas. El control


de la motivación también puede autorizar la actuación del juez constitucional
cuando las premisas de las que parte el Juez no han sido confrontadas o
analizadas respecto de su validez fáctica o jurídica. Esto ocurre por lo general en
los casos dificiles, com os dentifica Dworkin, es decir, en aquellos casos
donde suele prese rse p oblemas de pruebas o de interpretación de
disposiciones no ativas . a motivación se presenta en este caso como una
1 garantía para va idar las remisas de las que parte el Juez o Tribunal en sus
decisiones. Si un Juez, fundamentar su decisión: 1) ha establecido la existencia
de un daño ; 2) luego, a llegado a la conclusión de que el daño ha sido causado
por "X", pero no ha dado razones sobre la vinculación del hecho con la
V
participación de "X" en tal supuesto, entonces estaremos ante una carenci de
justificación de la premisa fáctica y, en consecuencia, la aparente corr ción
formal del razonamiento y de la decisión podrán ser enjuiciadas por/t juez
[constitucional] por una deficiencia en la justificación externa del razdlamiento
1
del juez.

Hay que precisar, en este punto y en línea de principio, que el h' eas corpus no
puede reemplazar la actuación del juez ordinario en la valorac· de los medios
de prueba, actividad que le corres:onde de modo exj a éste, sino de
' ' í. !'.
·•·:
l

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

1
¡,
1 1
1

j controlar el razonamiento o la carencia de argumentos constitucionales; bien


; para respaldar el valor probatorio que se le confiere a determinados hechos; bien
1 tratándose de problemas de interpretación, para respaldar las razones jurídicas

l1 l1
1
que sustentan determinada comprensión del derecho aplicable al caso. Si el
control de la motivación interna permite identificar la falta de corrección lógica
en la argumentación del juez, el control en la justificación de las premisas
posibilita identificar las razones que sustentan las premisas en las que ha basado

1 su argumento. El control de la justificación externa del razonamiento resulta


fundamental para apreciar la justicia y razonabilidad de la decisión judicial en el
Estado democrático, porque obliga al juez a ser exhaustivo en la
fundamentación de su decisión y a no dejarse persuadir por la simple lógica
formal.

d) La motivación insuficiente. Se refiere, básicamente, al mínimo de motivación


exigible atendiendo a las razones de hecho o de derecho indispensables para
asumir que la decisión está debidamente motivada. Si bien, como ha establecido
este Tribunal en reiterada jurisprudencia, no se trata de dar respuestas a cada una
de las pretensiones planteadas, la insuficiencia, vista aquí en términos generales,
sólo resultará relevante desde una perspectiva constitucional si es que la ausencia
de argumentos o la "insuficiencia" de fundamentos resulta manifiesta a la luz de
lo que en sustancia se está decidiendo.

e) La motivación sustancialmente · cong uente. El derecho a la debida motivación


de las resoluciones obliga a los órga s judiciales a resolver las pretensiones de
las partes de manera congruente co los términos en que vengan planteadas, sin
cometer, por lo tanto, desviacion que supongan modificación o alteración del
debate procesal (incongruencia tiva). Desde luego, no cualquier nivel en que se
produzca tal incumplimiento nera de inmediato la posibilidad de su control. El
incumplimiento total de di a obligación, es decir, el dejar incontestadas las
pretensiones, o el desvia a decisión del marco del debate judicial generando
indefensión, constituye . lneración del derecho a la tutela judicial y también del
derecho a la motivación de la sentencia (incongruencia omisiva). Y es que,
J partiendo de una concepción democratizadora del proceso como la q e se
expresa en nuestro texto fundamental (artículo 139°, incisos 3 y 5), res ta un
imperativo constitucional que los justiciables obtengan de los órganos · diciales
una respuesta razonada, motivada y congruente de las pretensiones fectuadas ;
pues precisamente el principio de congruencia procesal exige q el juez, al
momento de pronunciarse sobre una causa determinada, no o · , altere o se
exceda en las peticiones ante él formuladas.

7
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

~~

1 1
f) Moti!vaciones cualificadas.- Conforme lo ha destacado este Tribunal, resulta
ind· pensable una especial justificación para el caso de decisiones de rechazo de
la emanda, o cuando, como producto de la decisión jurisdiccional, se afectan
d rechos fundamentales como el de la libertad. En estos casos, la motivación de
sentencia opera como un doble mandato, referido tanto al propio derecho a la
justificación de la decisión como también al derecho que está siendo objeto de
restricción por parte del Juez o Tribunal.

La sentencia arbitraria por indebida motivación y el principio de la interdicción de


1 arbitrariedad

l De modo similar, en sentencia anterior, este Tribunal Constitucional (Exp. N .0


05601-2006-PA/TC. FJ 3) ha tenido la oportunidad de precisar que "El derecho a la
motivación debida constituye una garantía fundamental en los supuestos en que con
la decisión emitida se afecta de manera negativa la esfera o situación jurídica de las
personas. Así, toda decisión que carezca de una motivación adecuada, suficiente y
congruente, constituirá una decisión arbitraria y, en consecuencta, será
inconstitucional".

En ese sentido, si bien el dictado de una sentencia condenatoria per se no vulnera


derechos fundamentales , sí lo hace cuando dicha facultad se ejerce de manera
arbitraria, esto es, cuando no se motivan debidamente o en todo caso legítimamente
las decisiones adoptadas y/o no se observan los procedimientos constitucionales y
legales establecidos para su adopción. La arbitrariedad en tanto es irrazonable
implica inconstitucionalidad. Por tanto, toda sentencia que sea caprichosa; que sea
más bien fruto del decisionismo la aplicación del derecho ; que esté más
próxima a la voluntad que a ustlcta a la razón; que sus conclusiones sean ajenas
a la lógica, será obvja ente una entencia arbitraria, injusta y, por lo tanto,
inconstitucional. ·

9. Lo expuesto se fundamenta a más en el principio de interdicción o prohibición de


la arbitrariedad, el cual sur del Estado Democrático de Derecho (artículo 3° y 43 °
de la Constitución Políti , y tiene un doble significado: a) En un sentido clásico y
genérico, la arbitrariedad aparece como el reverso de la justicia y el derecho ; y, b)
En un sentido moderno y concreto, la arbitrariedad aparece como lo carente e
fundamentación objetiva; como lo incongruente y contradictorio con la realida que
ha de servir de base a toda decisión. Es decir, como aquello desprendido o Jeno a
toda razón de explicarlo ((Exp. N .0 0090-2004-AA/TC. FJ 12). A lo d" o, debe
agregarse que constituye deber primordial del Estado peruano garanf ar la plena
vigencia y eficacia de los derechos fundamentales, interdictando prohibiendo
cualquier forma de arbitrariedad (artículo 44 ~ de la Norma Funda ntal).

8
.,..,...

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

Canon para el control constitucional de las resoluciones judiciales


10. Al respecto, este Colegiado en el Exp. N.0 03179-2004-AA/TC. FJ 23 , ha precisado
que! el canon interpretativo que le permite al Tribunal Constitucional realizar,
1 legítimamente, el control constitucional de las resoluciones judiciales ordinarias está
compuesto, en primer lugar, por un examen de razonabilidad; en segundo lugar, por
el examen de coherencia; y, finalmente, por el examen de suficiencia.
a) Examen de razonabilidad.- Por el examen de razonabilidad, el Tribunal
Constitucional debe evaluar si la revisión del ( .. .) proceso judicial ordinario es
relevante para determinar si la resolución judicial que se cuestiona vulnera el
derecho fundamental que está siendo demandado.
b) Examen de coherencia.- El examen de coherencia exige que el Tribunal
Constitucional precise si el acto lesivo del caso concreto se vincula directamente
con( .. .) la decisión judicial que se impugna( .. .).
e) Examen de suficiencia.- Mediante el examen de suficiencia, el Tribunal
Constitucional debe determinar la intensidad del control constitucional que sea
necesaria para llegar a precisar el límite de la revisión [de la resolución judicial] ,
a fin de cautelar el derecho fundamental demandado.

Análisis de la controversia constitucional

11. Considerando los criterios de razonabilidad y de coherencia, el control de


constitucionalidad debe iniciar/ artir e la ejecutoria suprema de fecha 22 de enero
de 2007, en la medida que es ésta la e goza de la condición de resolución judicial
firme, y porque de superar el exam , esto es, si resulta constitucional, carecería de
objeto proceder al examen de la re olución inferior impugnada. Por ello, a efectos de
constatar si se ha vulnerado no el derecho a la debida motivación de las

1 resoluciones judiciales, este ibunal Constitucional reitera que el examen partirá


fundamentalmente de los ~ opios fundamentos expuestos en aquella; de modo tal
que las demás piezas pr esales o los medios probatorios del proceso solo sirvan
para contrastar o verifi ar las razones expuestas, mas no para ser objeto de un
nueva evaluación. Ell debe ser así, ya que como dijimos supra, en este tipo e
procesos al juez constitucional no le incumbe el mérito de la causa, sino el an · isis
externo de la resolución judicial. Y es en atención a esta línea de evaluac· · n que
resulta pertinente explicar -qué duda cabe- los fundamentos de las solución
judicial impugnada a fin de comprobar si son o no el resultado de un ju· io racional
y objetivo desde la Constitución, en las que el juez ha puesto e evidencia su
independencia e imparcialidad, o por el contrario, ha caído e arbitrariedades,
subjetividades o inconsistencias.

9
\
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

1
12. L ejecutoria suprema señala que "del análisis y valoración de la prueba acopiada en
1 instrucción como lo debatido en el juicio oral, se ha llegado a determinar
ehacientemente que el 5 de marzo de 2005, después de haber realizado sus labores
cotidianas la acusada en el gimnasio que había contratado, retornó a su domicilio
ubicado en la Calle Las Magnolias N. 0 155, Urb. Ente! Perú, San Juan de Miraflores,
a las 3 de la tarde, ingiriendo un almuerzo ligero, quedándose dormida después de
ver la televisión, despertándose cuando percibió que tocaban la puerta de su casa,
ingresando y saliendo inmediatamente su hermano Luis Augusto después de coger el
skate, quedándose sola la acusada realizando varias actividades al interior, siendo la
más resaltante ( ... ), el de probarse la ropa que había adquirido con anterioridad,
sacando el espejo ubicado en el baño y llevarlo a la sala; que, cuando la acusada se
estaba probando la ropa, hace su ingreso la agraviada [María del Carmen Hilares
Martínez] como a las 9 de la noche, cerrando con llave la puerta principal,
produciéndose un incidente entre ambas por haber sacado el espejo del lugar, siendo
retornado al sitio por la damnificada, ocasionando que se agredieran verbalmente,
así como la occisa cogiendo un objeto cerámico lo avienta, no impactándole, dando
lugar a que la acusada se retire hacia la cocina, siendo seguida por la damnificada,
donde continuaron los insultos mutuos, momentos en que la acusada se percata de la
existencia de un cuchillo ubicado encima [de] la mesa, cogiéndolo, golpea la mesa
con el fin de callarla, produciéndose con dicha actitud una reacción de la agraviada,
quien tomando dos cuchillos de mantequilla las arrojó contra su oponente, cayendo
uno en la pared y otro en el suelo, a la vez que le insultaba, para luego agarrar otro
cuchillo con el que la atacó [ocasionándole un corte en la región palmar de la mano
derecha (según el voto dirime ael va l supremo, Javier Román Santisteban)],
dando lugar a que la acus_ a que porta a un cuchillo de cocina que había cogido
anteriormente, comenzó/ a atacarla, mi tras que la damnificada hacía lo mismo , y
en esos momentos de ira de las parte , producto de la pelea con arma blanca, ambas
resultan con lesiones en diversas artes del cuerpo, teniendo mayor cantidad la
agraviada, para posteriormente e el ínterin de la pelea, la acusada infiere un corte a
la altura de la zona carótida · quierda de la agraviada que fue el causante de la
muerte, lo cual se produjo e ndo se había apagado la luz de la cocina, cayéndose
J
1 ambas al piso".

13 . Sobre la base de esto hechos, los Vocales integrantes de la Primera Sala P nal
Transitoria de la Corte Suprema de Justicia de la República, señores Hugo olina
Ordóñez, Daniel Peirano Sánchez, Ricardo Vinatea Medina y Javier Román
Santisteban (vocal dirimente), por mayoría confirmaron la condena, pero e reducen
a 12 años de pena privativa de la libertad. Por su parte, los magistra os supremos
Robinson Gonzales Campos y César Vega Vega absolvieron a la acc· nante (voto en
discordia). Es así que, tras la imposición de dicha sanción penal, 1 ccionante ahora

10
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

acude ante la justicia constitucional para que se analice en esta sede la alegada
vulneración al derecho constitucional invocado.
1

Sehtencia confirmatoria (ejecutoria suprema)


1

J4. La sentencia, de fojas 2354, su fecha 22 de enero de 2007, que comprende el voto
dirimente del magistrado Javier Román Santisteban, de fojas 2399, presenta el
siguiente esquema argumentativo:

a) En primer lugar, señala que "luego de las agresiones verbales se inició la pelea
entre la acusada Giuliana Flor de María Llamoja Hilares y María del Carmen
Hilares Martínez, y la primera de las nombradas le infirió tres heridas contusas a
colgajo (en la cabeza, cuello y los miembros superiores), una herida cortante
penetrante que penetró a plano profundo y laceró la artería carótida izquierda
(que le causó la muerte)".

~
En segundo lugar, la Sala Penal Suprema alude también a la desproporcionalidad
b) en las heridas, cuando señala que "la acusada Flor de María Llamoja Hilares no
se defendía del ataque de la occisa, sino por el contrario atacó a ésta con una
ingente violencia - tanto más si esta presentaba sólo 4 heridas cortantes
pequeñas( ... ), por tanto, resulta evidentemente desproporciona! con el número de
lesiones que tenía la occisa".

e) En tercer lugar, la Sala apelando a las reglas de la lógica y la experiencia da por


sentado que la acusada tenía l · e ión de matar, al señalar que "el conjunto de
circunstancias descritos, rmiten · ferir, conforme a las reglas de la lógica y de
la experiencia, que 1 cusada G' iana Flor de María Llamoja Hilares agredió a
su madre agravia María del armen Hilares Martínez con indubitable animus
necandi o intención de mat , que es de precisar que dicha conclusión no es el
resultado de simples apr iaciones subjetivas o de suposiciones, sino de una
verdadera concatenaci ' y enlaces lógicos entre las múltiples pruebas
recaudadas, en tanto e cuanto, existe una concordancia entre los resultados que
las pruebas suminist ron".

d) En cuarto lugar, l voto dirimente también alude a la desproporcionalidad las


heridas, al señ ar que "cómo una mujer como la occisa, de 4 7 años edad,
robusta, sin impedimentos físicos, temperamental, enfurecida y con u puñal en
la mano sólo infligió 4 heridas cortantes a su oponente, y cómo a supuesta
víctima del ataque ocasionó más de 60 cortes (uno de ello mortal) a la
agraviada. Nótese además, que la mayoría de las lesiones e presentaba la
encausada - como ya hemos señalado- fueron excoriacione y eqmmos1s; en
efecto, ello revela que Llamoja Hilares también fue atacad la agraviada; sin
11
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

, mbargo, aquí debemos anotar otra desproporción entre ambos ataques: mientras
la occisa privilegió la agresión con un elemento de menor peligrosidad (objeto
contundente duro o inclusive sus propios puños), la encausada utilizó
primordialmente el arma cortante que portaba en la manos".

15. Así pues, a juicio de este Alto Tribunal la sentencia impugnada incurre en dos
supuestos de indebida motivación de las resoluciones judiciales que tiene sobrada
relevancia constitucional. En primer lugar, presenta una deficiencia en la
motivación interna en su manifestación de falta de corrección lógica, así como una
falta de coherencia narrativa; y, en segundo lugar, presenta una deficiencia en la
justificación externa, tal como se detallará en los siguientes fundamentos.

1 Falta de corrección lógica

16. Del fundamento 14. b) y d), se desprende que el Tribunal penal parte de la sentada
premisa de que al existir desproporcionalidad en las heridas, esto es, supuestamente
4 heridas en la accionante frente a las 60 heridas que presentó la occisa, la recurrente
"es autora del resultado muerte", y más aún que [estas heridas] fueron ocasionadas
"con violencia". Y es que el Tribunal penal parte de la premisa de que en un
contexto de forcejeo y de lucha entre madre e hija con el uso de instrumentos
.... cortantes (cuchillos), ambas partes contendientes necesariamente deben presentar
igual cantidad de heridas en el cuerpo; de no ser así, concluye que quien presente
menos heridas, será sin duda el sujeto activo del delito de parricidio, mientras que
aquel que presente más heridas será el sujeto pasivo de dicho ilícito.

17. De esta conclusión, se advi ue el razonamiento del Tribunal penal se basa más
en criterios cuantitativ antes que en aspectos cualitativos como sería de esperar
[más aún, si se tr a de u sentencia condenatoria que incide en la libertad
persona!] , permifendo cali carde manera indebida los criterios cuantitativos como
supuestos jurídicamente infalibles, lo que es manifiestamente arbitrario; pues, en
efecto, puede ocurrir t o lo contrario, que quien presente menos heridas sea en
realidad el sujeto pasi del delito de parricidio (incluso con una sola herida), y que
quien presente más ridas en el cuerpo sea en puridad el autor de dicho ilícito; de lo
que se colige q e estamos ante una inferencia inmediata indeterminada o
excesivamente ab.erta, que da lugar a más de un resultado posible como conclu "ón.

18. Así las cosas, efectuado un examen de suficiencia mínimo, resulta eviden que no
estamos ante una sentencia válida y constitucionalmente legítima, s· 10, por el
contrario, ante una decisión arbitraria e inconstitucional que contien na solución
revestida de la nota de razonabilidad, y que no responde a las paut , propias de un
silogismo jurídico atendible, sino a criterios de voluntad, y es ecisamente aquí
donde se ha enfatizado nuestro examen, ya que la ba a de la justicia

12
C..

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

l
1

1
/ constitucional no puede permttlr la inclinación hacia una conclusión en un
/ determinado sentido cuando de por medio existen otras conclusiones como posibles
resultados (cuanto mayor es la distancia, y por tanto mayor es el número de
1 probabilidades, menor es el grado de certeza de la inferencia). En síntesis, toda
apariencia de lógica nos conduce a resultados absurdos e injustos. Si ello es así, la
sentencia expedida es irrazonable, y por tanto inconstitucional, porque su ratio
decidendi se halla fuera del ámbito del análisis estrictamente racional.

19. Con base a lo dicho, de la argumentación del Tribunal penal, se observa que las
conclusiones que se extraen a partir de sus propias premisas son arbitrarias y carecen
de sustento lógico y jurídico; pues exceden los límites de la razonabilidad, esto es,
que no resisten el test de razonabilidad, por lo que este Colegiado Constitucional
encuentra que existen suficientes elementos de juicio que invalidan la decisión
cuestionada por ser arbitraria y carente de un mínimo de con·ección racional, no
ajustada al principio de interdicción de la arbitrariedad (artículos 3°, 43° y 44°, de la
Constitución) y a la debida motivación de las resoluciones judiciales (artículo 139°,
inciso 5, de la Constitución).

Falta de coherencia narrativa

20. La incoherencia narrativa se presenta cuando existe un discurso confuso, incapaz de


trasmitir, de modo coherente, las razones en las que se apoya la decisión ,
produciéndose así una manifiesta incoherencia narrativa, y cuya consecuencia lógica
puede ser la inversión o alteración a realidad de los hechos, lo que la hace
incongruente e inconstitucion~L-

21. El magistrado un primer momento


señala que,

la occisa agarró "otro cuchill [el tercero] con el que la atacó [a la acusada,
ocasionándole un corte en la r gión palmar de la mano derecha], dando lugar a que
la acusada que portaba u cuchillo de cocina que había cogido anteriormente,
comenzó a atacarla, mient as que la damnificada hacía lo mismo";

sin embargo, en líneas posteriores, sin mediar fundamentación m ex icación


alguna, concluye que

"la occisa privilegió la agresión con un elemento de menor pelig vsidad (objeto
contundente duro o inclusive sus propios puños), la e musada utilizó
primordialmente el arma cortante que portaba en la manos" .

13
...
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

1
1
1

22. e ha dicho que toda sentencia debe ser debidamente motivada, clara, contundente,
sobre todo "no contradictoria"; sin embargo, según se puede apreciar de la propia
argumentación efectuada por la Sala Penal, ésta presenta una gruesa incoherencia en
su narración que no permite establecer con claridad la línea de producción de los
hechos, y más arbitrariamente, invierte la realidad de los mismos, los que, según la
propia Sala penal estuvieron "fehacientemente probados", por lo que este Colegiado
Constitucional encuentra que existen suficientes elementos de juicio que invalidan la
decisión cuestionada por ser arbitraria e incoherente. Una motivación ilógica e
incongruente vulnera el principio de prohibición de la arbitrariedad (artículos 3°, 43°
y 44°, de la Constitución) y la obligación de la debida motivación establecida por el
artículo 139°, inciso 5, de la Constitución.

Falta de justificación externa

23 . De otro lado, del fundamentos 14. a) y e), se desprende que el Tribunal penal ha
establecido que i) se ha producido como resultado la muerte de María del Carmen
Hilares Martínez, y luego ii) ha llegado a la conclusión de que ese resultado ha sido
causado por la accionante Giuliana Flor de María Llamoja Hilares, al inferirle una
herida cortante en la zona de la carótida izquierda; sin embargo, no se han expuesto
las razones objetivas que sustentan la vinculación de la acusada con el hecho
atribuido. Es decir, que en el camino a la conclusión no se ha explicitado o
exteriorizado las circunstancias fácticas que permiten llegar a dicha conclusión, esto
es, que no se identifican debidamente las razones o justificaciones en la que se
sustentarían tales premisas y su e usión pareciendo más bien, que se trataría de
un hecho atribuido en nomb ael libre e vencimiento y fruto de un decisionismo
inmotivado antes que el producto de un · icio racional y objetivo. Y es que, si no se
dan a conocer las razones que suste an las premisas fácticas, tal razonamiento
efectuado se mantendrá en secret y en la conciencia de sus autores, y por
consiguiente fallará la motivació en esta parte. Siendo así, se advierte que la
sentencia cuestionada incurre e una falta de justificación externa, y por tanto es
1 pasible de ser sometida a cont 1 y a una consecuente censura de invalidez.

(~ Sin embargo, cabe precis que lo aquí expuesto en modo alguno está referido a un
problema de falta de pr as, o a que las mismas serían insuficientes para dictar una
sentencia condenatoria; por el contrario, como ha quedado claro, éstas es n

G referidas en estricto a las premisas de las que parte el Tribunal penal, las mism que
no han sido debidamente analizadas respecto de su validez fáctica .

La prueba penal indirecta y la prueba indiciaria

24. Ahora bien, independientemente de lo dicho, se advierte que la Pr· era Sala Penal
Transitoria de la Corte Suprema, no obstante acudir a la pru a

14
·'

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

sustentar la condena contra la accionante (fundamento 14. e de la presente), tampoco


cumple los requisitos materiales que su uso exige, tanto al indicio en sí mismo como
ti la inferencia, por lo que este Colegiado considera que se trata de un asunto de
;sobrada relevancia constitucional.

/ Y es que, si bien los hechos objeto de prueba de un proceso penal no siempre son
' comprobados mediante los elementos probatorios directos, para lograr ese cometido
/ debe acudirse a otras circunstancias fácticas que, aun indirectamente sí van a servir
/ para determinar la existencia o inexistencia de tales hechos . De ahí que sea válido
' referirse a la prueba penal directa de un lado, y a la prueba penal indirecta de otro
lado, y en esta segunda modalidad que se haga referencia a los indicios y a las
presunciones. En consecuencia, a través de la prueba indirecta, se prueba un "hecho
inicial -indicio", que no es el que se quiere probar en definitiva, sino que se trata de
acreditar la existencia del "hecho final - delito" a partir de una relación de
causalidad "inferencia lógica ".

El uso de la prueba indiciaria y la necesidad de motivación

~5. Bajo tal perspectiva, si bien el juez penal es libre para obtener su convencimiento
porque no está vinculado a reglas legales de la prueba y, entonces, puede también
llegar a la convicción de la existencia del hecho delictivo y la participación del
imputado, a través de la prueba indirecta (prueba indiciaria o prueba por indicios),
será preciso empero que cuando ésta sea utilizada, quede debidamente explicitada en
la resolución judicial; pues no a co expresar que la conclusión responde a las
reglas de la lógica, las má · as de la xperiencia o a los conocimientos científicos,
sino que dicho razon lógic debe estar debidamente exteriorizado en la
resolución que la e

26. Justamente, por ello, resulta v. lido afirmar que si el juez puede utilizar la prueba
indirecta para sustentar una entencia condenatoria, y si ésta, a su vez, significa la
privación de la libertad pe onal, entonces, con mayor razón, estará en la obligación
de darle el tratamiento e le corresponde; solo así se podrá enervar válidamente el
derecho a la presunci 'n de inocencia, así como se justificará la intervención al
derecho a la libertad, personal, y por consiguiente, se cumplirán las exigencias del
derecho a la debida motivación de las resoluciones judiciales, conforme a las
exigencias previstas por el artículo 139°, inciso 5, de la Constitución. En ese sentido,
lo mínimo que debe observarse en la sentencia y que debe estar cla mente
explicitado o delimitado son los siguientes elementos: el hecho bas o hecho
indiciario, que debe estar plenamente probado (indicio); el hecho ca ecuencia o

primeros debe ser directo y preCISO, pero además debe

15 ,.
uer
hecho indiciado, lo que se trata de probar (delito) y entre ello , el enlace o
razonamiento deductivo. Este último, en tanto que conexión ló · a entre los dos
O sujetarse
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

\
1
plf namente a las reglas de la lógica, a las máximas de la expenencm o a los
conocimientos científicos.
1
1
obre el particular, la doctrina procesal penal aconseja que debe asegurarse una
luralidad de indicios, pues su variedad permitirá controlar en mayor medida la
seguridad de la relación de causalidad entre el hecho conocido y el hecho
desconocido ; sin embargo, también se admite que no existe obstáculo alguno para
que la prueba indiciaria pueda formarse sobre la base de un solo indicio pero de
singular potencia acreditativa. En cualquier caso, el indicio debe ser concomitante al
hecho que se trata de probar, y cuando sean varios, deben estar interrelacionados, de
1 modo que se refuercen entre sí.

27. Asimismo, cabe recordar que el razonamiento probatorio indirecto, en su dimensión


probatoria, exige que la conclusión sea adecuada, esto es, que entre los indicios y la
conclusión exista una regla de la lógica, máxima de la experiencia o conocimiento
científico, y que, como dijimos supra, el razonamiento esté debidamente explicitado
y reseñado en la sentencia. Y es que, a los efectos del control de calidad del curso
argumental del juez (control del discurso), ello supone mínimamente que de su
lectura debe verse cuál o cuáles son los indicios que se estiman probados y cuál o
cuáles son los hechos a probar. Pero además, se exige que se haya explicitado qué
regla de la lógica, máxima de la experiencia o qué conocimiento científico han sido
utilizados, y si hubieran varios de estos, por qué se ha escogido a uno de ellos.

Es decir, que el órgano jurisdicciona e explicitar el razonamiento a través del


cual, partiendo de los indicios, egado la convicción de la existencia del hecho
delictivo y la participación imputad , con el objeto de garantizar hasta el límite
de lo posible la racion · ad de su d isión (examen de suficiencia mínima). Con
este único afán, este olegiado Con itucional considera que es válida, por ejemplo,
la vigencia prácti a de un ciert control, incluso del uso de las máximas de la
experiencia, pues, de no ser a ', cualquier conclusión delirante sería invulnerable,
convirtiéndose paradójica garantía de discrecionalidad judicial
incontrolada.

28 . Sobre lo mismo, cabe s ñalar que, si bien la convicción es individual o personal del
juzgador, también lo es que mínimamente debe exteriorizarse el proceso razonable
lógico utilizado para llegar a dicha convicción. Entenderlo de otro modo supone a
aceptación práctica del hecho de que el juez pueda situarse potestativament por
encima de un deber constitucional, inequívocamente impuesto. Y es que, de e una
perspectiva estrictamente constitucional, no se puede establecer la respo sabilidad
penal de una persona y menos restringir la efectividad de su derecho fi damental a
la libertad personal a través de la prueba indiciaria, si es que no e ha señalado
debidamente y con total objetividad el procedimiento para su apr

16
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

s gnifica dejar claro cómo hay que hacer las cosas, es decir, las sentencias, si se
uiere que definitivamente se ajusten al único modelo posible en este caso: el
onstitucional.

En el caso constitucional de autos, del fundamento 14. e de la presente, se aprecia


que la Sala Penal Suprema sustentó la sentencia condenatoria sobre la base de la
prueba indirecta (prueba por indicios); sin embargo , resulta evidente que no ha
explicitado o exteriorizado dicho razonamiento lógico, esto es, no ha explicitado qué
regla de la lógica, qué máxima de la experiencia o qué conocimiento científico le ha
motivado dicha conclusión. No ha motivado debidamente el procedimiento de la
prueba indiciaria. En consecuencia, al no haber obrado de ese modo, la sentencia
(ejecutoria suprema) resulta una vez más arbitraria y, por tanto, inconstitucional. ¿Es
constitucional sustentar una condena en base a la prueba indiciaria si en la sentencia
no se explicita el procedimiento del razonamiento lógico que le permitió llegar a la
conclusión? Definitivamente, la respuesta es no . Es, pues, incorrecto que se señale
solo el hecho consecuencia y falte el hecho base y más aún que falte el enlace o
razonamiento deductivo.

No pretendiendo dar por agotada la discusión, y solo a modo de aproximación,


podemos graficar lo siguiente:

A testifica que ha visto a B salir muy presuroso y temeroso de la casa de e


con un cuchillo ensangrentado en la mano, poco antes de que éste fuese
hallado muerto de una cuchillada (hecho base). De acuerdo a la máxima de
la experiencia, quien sale de una estas condiciones, es decir, muy
presuroso y temeroso, y _y un cuc llo ensangrentado en la mano es
porque ha matado a una persona (ra onamiento deductivo). Al haber sido
hallado muerto e producto de u cuchillada, podemos inferir que B ha
matado a e (hecho consecuenc · . Esto último es consecuencia del hecho
base.

Así, el modelo de la motivación respecto de la prueba indiciaria se desarrollará


según la siguiente secuencia: hecho inicial-máxima de la experiencia-hecho final. O
si se quiere, hecho conocido-inferencia lógica-hecho desconocido .

30. En este orden de cosas, cabe anotar que la debida motivación del procedimiento e
la prueba indiciaria ya ha sido abordada ampliamente por la justicia constituc· nal
comparada. Así, el Tribunal Constitucional español en la STC N .0 22911988 . J 2, su
fecha 1 de diciembre de 1988, y también de modo similar en las STC N. 0 23/2002 .
FJ 9, su fecha 20 de mayo de 2002; N. 0 135/2003. FJ 2, su fecha 3 de junio de
2006; y N .0 137/2005. FJ 2b, su fecha 23 de mayo de 2005, ha precis o que :

17
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

"el derecho a la presunción de inocencia no se opone a que la convicción


" - ~ udicial en un proceso penal pueda formarse sobre la base de una prueba
¡indiciaria, pero para que ésta pueda desvirtuar dicha presunción debe
, satisfacer las siguientes exigencias constitucionales. Los indicios han de
estar plenamente probados, no puede tratarse de meras sospechas, y el
órgano judicial debe explicitar el razonamiento, en virtud del cual, partiendo
de los indicios probados, ha llegado a la conclusión de que el procesado
realizó la conducta tipificada como delito ( . .. ). En definitiva, si existe
prueba indiciaria, el Tribunal de instancia deberá precisar, en primer lugar,
cuáles son los indicios probados y, en segundo término, cómo se deduce de
ellos la participación del acusado en el tipo penal, de tal modo que cualquier
otro Tribunal que intervenga con posterioridad pueda comprender el juicio
formulado a partir de tales indicios. Es necesario, pues ( ... ), que el órgano
judicial explicite no sólo las conclusiones obtenidas sino también los
elementos de prueba que conducen a dichas conclusiones y el iter mental
que le ha llevado a entender probados los hechos constitutivos del delito, a
fin de que pueda enjuiciarse la racionalidad y coherencia del proceso mental
seguido y constatarse que el Tribunal ha formado su convicción sobre una
prueba de cargo capaz de desvirtuar la presunción de inocencia y, una vez
alegada en casación la vulneración del derecho a la presunción de inocencia,
al Tribunal Supremo incumbe analizar no sólo si ha existido actividad
probatoria, sino si ésta puede considerarse de cargo, y, en el caso de que
exista prueba indiciaria, si cumple con las mencionadas exigencias
constitucionales" .

31. Incluso, la propia Corte Suprema de Justicia d la República del Perú en el Acuerdo
Plenario N. 0 1-2006/ESV-22 (Pleno Jurisdicc· na] de las Salas Penales Permanentes
1 y Transitorias), su fecha 13 de octubre de 006, publicada en el diario oficial "El
Peruano", el 29 de diciembre de 2006 ha stablecido como principio jurisprudencia]
de obligatorio cumplimiento para to s las instancias judiciales (jurisprudencia
vinculante) el fundamento cuarto de Ejecutoria Suprema, recaída en el Recurso de
Nulidad N.0 1912- 2005 , su fe a 6 de setiembre de 2005 que señala los
presupuestos materiales legiti dores de la prueba indiciaria, única manera que
permite enervar la presunción e inocencia.

"Que, respecto al indicio, (a) éste - hecho base - ha de estar plename te


probado - por los diversos medios de prueba que autoriza la ley-, pues e lo
contrario sería una mera sospecha sin sustento real alguno, (b) d en ser
plurales, o excepcionalmente únicos pero de una singul fuerza
acreditativa, (e) también concomitantes al hecho que se trata de robar - los
indicios deben ser periféricos respecto al dato fáctico a p bar, y desde
luego no todos lo son, y (d) deben estar interrelaciona cuando sean

18
.,

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

varios, de modo que se refuercen entre sí y que no excluyan el hecho


consecuencia - no sólo se trata de suministrar indicios, sino que estén
imbricados entre sí- ( ... ); que, en lo atinente a la inducción o inferencia, es
necesario que sea razonable, esto es, que responda plenamente a las reglas
de la lógica y la experiencia, de suerte que de los indicios surja el hecho
consecuencia y que entre ambos exista un enlace preciso y directo".

2. Llegado a este punto, este Colegiado Constitucional considera que, definitivamente,


la sentencia impugnada no se encuentra dentro del ámbito de la sentencia penal
estándar, sino que forma parte de aquellas que se caracterizan por el hábito de la
declamación demostrativa de dar ciertos hechos como probados; luego de lo cual

/ tales hechos son declarados de manera sacramental y sin ninguna pretensión


explicativa como constitutivos de un ilícito penal como si de una derivación
mecánica se tratase. Esta forma de motivar aún sigue siendo práctica de muchos
juzgados y tribunales de nuestro país, aunque no hace mucho se vienen
experimentando ciertos cambios en ella, lo que tampoco sería justo desconocer. Y es
que tal cometido no tiene otra finalidad que se abra entre nosotros una nueva cultura
sobre la debida motivación de las resoluciones en general, y de las resoluciones
judiciales en particular, porque solo así estaremos a tono con el mandato contenido
en el texto constitucional (artículo 139°, inciso 5, de la Constitución). Y todo ello a
fin de que las partes conozcan los verdaderos motivos de la decisión judicial, lejos
de una simple exteriorización formal de esta, siendo obligación de quien la adopta el
emplear ciertos parámetros de racionar , me so de conciencia autocrítica, pues,
tal como señala la doctrina proces penal, no e lo mismo resolver conforme a una
corazonada que hacerlo con crit~rios idóneo para ser comunicados, sobre todo en
un sistema procesal como el nuestro, e tiene al principio de presunción de
inocencia como regla de juicio, regla ue tantas veces obliga a resolver incluso
contra la propia convicción moral.

33. Tal como dijimos supra, la ejec oria suprema carece de una debida motivación. En
primer lugar, presenta una de ciencia en la motivación interna en su manifestación
de falta de corrección lóg· a, así como una falta de coherencia narrativa; y, en
segundo lugar, presenta na deficiencia en la justificación externa. Pero además,
presenta una indebida motivación respecto al procedimiento de la prueba indiciaria.
Ahora, si bien habría que reconocer a la Primera Sala Penal Transitoria de la Corte
Suprema, que optó por pronunciarse sobre el fondo del asunto antes que cudir a
cualquier vicio procesal y declarar la nulidad, es justamente en ese co etido que
incurrió en similares vicios; sin embargo, por ello no se podría autori r al Tribunal
Supremo a rebajar el nivel de la racionalidad exigible y, en tal ca , validar dicha
actuación; por el contrario, debe quedar claro que la exigencia nstitucional sobre
la debida motivación de la resoluciones judiciales es incondici al e incondicionada,
conforme lo señalan los artículos 1°, 3,0 44° y 139°, 5, de la Constitución

19
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

Pof tica.

Desde luego que el nivel de dificultad en la elaboración de la motivación (discurso


motivador) puede crecer en el caso de los tribunales colegiados, pero ello responde a
1~ lógica del propio sistema, toda vez que a estos se les atribuye generalmente la
resolución de los casos más complejos o de mayor trascendencia, así como el
/reexamen de lo actuado y resuelto por los órganos judiciales inferiores.
1
3,4.. Ahora bien, dado que la Corte Suprema de Justicia de la República tiene completo
acceso aljuicio sobre el juicio Uuicio sobre la motivación), así como aljuicio sobre
i el hecho Uuicio de mérito), es ésta la instancia que está plenamente habilitada para
1

1 evaluar cualquier tipo de razonamiento contenido en la sentencia condenatoria


expedida por la Sala Superior Penal, esto es, para verificar la falta de corrección
1
i
lógica de las premisas o de las conclusiones, así como la carencia o incoherencia en
la narración de los hechos; pero además para verificar la deficiencia en la
1 justificación externa, incluso para resolver sobre el fondo del asunto si es que los
medios probatorios o la prueba indiciaria le genera convicción, solo que en este
último caso -como quedó dicho- deberá cumplirse con el imperativo constitucional
de la debida motivación; es por ello que este Colegiado considera que la demanda ha
de ser estimada en parte, declarándose solamente la nulidad de la ejecutoria
suprema, debiendo el Tribunal Supremo emitir nueva resolución, según corresponda.

El derecho fundamental a la presunción de inocencia y el principio indubio pro reo

35 . No obstante lo expuesto, este T~· nstitucional considera pertinente efectuar


algunas precisiones desde una perspecti a estrictamente constitucional con relación
al derecho fundamental a la presunció e inocencia y al principio indubio pro reo.

36. El texto constitucional establece presamente en su artículo 2°, inciso 24, literal e),

¡ que "Toda persona es cons · erada inocente mientas no se haya declarado


judicialmente su responsabili ad'. Este dispositivo constitucional supone, en primer
lugar, que por el derecho la presunción o estado de inocencia toda persona es

l considerada inocente ant s y durante el proceso penal; es precisamente mediante la


sentencia firme que se . eterminará si mantiene ese estado de inocencia o si, por el
contrario, se le declara culpable; mientras ello no ocurra es inocente; y, en segundo
lugar, que el juez ordinario para dictar esa sentencia condenatoria debe alcanzar la
certeza de culpabilidad del acusado, y esa certeza debe ser el result de la
valoración razonable de los medios de prueba practicados en el proceso al.

El principio indubio pro reo, por otro lado, significa que en caso (/duda sobre la
responsabilidad del procesado, debe estarse a lo que sea más rabie a éste (la
absolución por contraposición a la condena). Si bien es ci r , ue el principio
20
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

/~

in}/ubio pro reo no está expresamente reconocido en el texto de la Constitución,


tafnbién lo es que su existencia se desprende tanto del derecho a la presunción de
iJ{ocencia, que sí goza del reconocimiento constitucional, como de la defensa de la
1
ersona humana y el respeto de su dignidad, fin supremo de la sociedad y del Estado
(artículo 1o de la Carta Fundamental) .

. Ahora bien, cabe anotar que tanto la presunción de inocencia como el indubio pro
reo inciden sobre la valoración probatoria del juez ordinario. En el primer caso , que
es algo objetivo, supone que a falta de pruebas aquella no ha quedado desvirtuada,
manteniéndose incólume, y en el segundo caso, que es algo subjetivo, supone que ha
habido prueba, pero esta no ha sido suficiente para despejar la duda (la suficiencia
no se refiere a la cantidad de pruebas incrimina/arias, sino a la entidad y cualidad
~¡ que deben reunir estas). La sentencia, en ambos casos, será absolutoria, bien por
i
1
falta de pruebas (presunción de inocencia), bien porque la insuficiencia de las
í
mismas - desde el punto de vista subjetivo del juez - genera duda de la culpabilidad
del acusado (indubio pro reo), lo que da lugar a las llamadas sentencias absolutorias
de primer y segundo grado, respectivamente.

38. Por lo dicho, cualquier denuncia de afectación a la presunción de inocencia habilita


a este Tribunal Constitucional verificar solamente si existió o no en el proceso penal
actividad probatoria mínima que desvirtúe ese estado de inocencia (valoración
objetiva de los medios de prueba). Y es que, más allá de dicha constatación no
corresponde a la jurisdicción constitucional efectuar una nueva valoración de las
mismas, y que cual si fuera tercera instancia proceda a valorar su significado y
trascendencia, pues obrar de es do significa sustituir a los órganos
jurisdiccionales ordinarios.

Ahora bien, en cuant princ1p1o · dubio pro reo que como dijimos supra forma
parte del convencí 1ento del órg o judicial, pues incide en la valoración subjetiva
1 que el juez hace de los medios e prueba, este no goza de la misma protección que
tiene el derecho a la presu ción de inocencia. En efecto, no corresponde a la
jurisdicción constitucional xaminar si está más justificada la duda que la certeza
sobre la base de las pr as practicadas en el proceso, pues ello supondría que el
juez constitucional in ese en la zona (dimensión fáctica) donde el juez ordinario no
ha tenido duda alguna sobre el carácter incriminatorio de las pruebas.

La excarcelación por exceso de detención

9. En cuanto al extremo de la inmediata excarcelación, resulta necesario pre 1sar que la


nulidad de la resolución judicial declarada en el presente proceso cons · ucional sólo
alcanza al acto procesal mencionado, quedando subsistentes y rtiendo plenos

21
TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

efectos jurídicos los demás actos procesales precedentes; en consecuencia, el auto


que dispofe la apertura de instrucción contra la recurrente, el mandato de detención
decretado en él, la sentencia condenatoria de la Sala Penal Superior, entre otros,
continúan vigentes.
1
En eüt to, tal como ha señalado este Alto Tribunal en anterior jurisprudencia (Exp.
N. 0 7494-2002-HC/TC. FJ 5; Exp. N. 0 2625-2002-HC/TC. FJ 5), "no procede la
exc~rcelación , toda vez que, como se ha expuesto, al no afectar la nulidad de
algpnas etapas del proceso penal al auto apertorio de instrucción, al mandato de
d7tención, [y a la sentencia condenatoria, ésta] recobra todos sus efectos( ... )", por lo
que la demanda, en este extremo, debe ser declarada improcedente.

Cónsideraciones finales

40. Por lo demás, este Tribunal Constitucional considera que el hábeas corpus contra
resoluciones judiciales firmes no puede ni debe ser utilizado como un deux ex
machina, esto es, como algo traído desde afuera para resolver una situación, donde
se pretenda replantear una controversia ya resuelta debidamente por los órganos
jurisdiccionales ordinarios, sino que debe ser utilizado, sí y solo sí, cuando sea
estrictamente necesario, con el único pro ' · o nalidad constitucionalmente
legítima] de velar por que en el ejerc· · de una unción no se menoscaben la
vigencia y eficacia de los derechos ndamentale reconocidos a los justiciables, y
que ello signifique una restricci' al derecho a a libertad individual o los derechos
conexos a ella.

41. De otro lado, cabe precisar que el desa ollo expositivo del esquema argumentativo
1 de la sentencia cuestionada en mod alguno afecta la independencia judicial en la
resolución del caso concreto, en t to que tiene como fin único y exclusivo el de
verificar la vulneración del de cho a la debida motivación de las resoluciones
judiciales, al amparo de lo dis uesto por el artículo 139°, inciso 5, de la Constitución
1
1 Política. En efecto, este Cólegiado enfatiza que el objetivo de este
J estrictamente constitucional con la finalidad de compatibilizar l
j · diccional con los preceptos constitucionales.

22
- ....
• •

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

llllilll~llllllllllllllill l
EXP. N. 0 00728-2008-PH C/TC
LIMA
GIULIANA FLOR DE MARIA LLAMOJA
HILARES

Por estos fundamentos, el Tribunal Constitucional, con la autoridad que le confiere


la Constitución Política del Perú,

HA RESUELTO

l. Declarar FUNDADA en parte la demanda de hábeas corpus.

2. Declarar NULA la ejecutoria suprema expedida por la Primera Sala Transitoria


Penal de la Corte Suprema de Justicia de la República, de fecha 22 de enero de
2007, recaída en el proceso penal N. 0 3651-2006 seguido contra la accionante por el
delito de parricidio, debiendo dicha instancia judicial emitir nueva resolución, según
corresponda, conforme al fundamento 34 de la presente Sentencia.

3. Declarar IMPROCEDENTE la demanda en el extremo que la recurrente solicita la


excarcelación.

Publíquese y notifíquese.
7
SS.

MESÍA RAMÍREZ
VERGARA GOTELLI
LANDA ARROYO
BEAUMONT CALLI ..... ..,,..""'"'"~
CALLEHAYEN
ETOCRUZ
ÁLV AREZ MIRAN

23
r

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

0
EXP. N. 00728-2008-PHC/TC
LIMA
GIULIANA FLOR DE MARÍA
LLAMOJA HILARES

FUNDAMENTO DE VOTO DEL MAGISTRADO ERNESTO ÁLV AREZ


MIRANDA

l . Suscribo la presente sentencia porque estoy de acuerdo, en parte, con su


fundamentación, así como con lo decidido en ella.

2. Sin embargo , no me ocurre lo mismo con respecto a lo consignado, esencialmente,


en los Fundamentos N. 05 24 a 34 referidos al uso de la prueba indiciaria, asunto
respecto del cual discrepo y considero, con el debido respeto por la opinión de los
demás miembros del Tribunal Constitucional, que es un tema de competencia del
juez penal y no de este Colegiado, razón por la que emito el presente fundamento de
voto para dejar constancia de ello y, por tanto, a salvo mi opinión.

SS.

ÁLVAREZ MIRANDA

Lo que certifico
A lonso R. P eña C abrera F reyre

C O M E N T A R IO 2 :

LA DEBIDA MOTIVACIÓN DE LAS RESOLUCIONES


JURISDICCIONALES Y SU INCIDENCIA EN EL MARCO
DE LA PRISIÓN PREVENTIVA
ALONSO R. PEÑA CABRERA FREYRE

1. A P U N T E S P R E L IM IN A R E S

Una de las garantías esenciales del Debido proceso, constituye el ius


ut procedetur, es decir, el derecho que tienen los ciudadanos de acceder al
amparo jurisdiccional, de hacer uso de todos los mecanismos e instrumentos
que le reconoce la Ley y de recibir una respuesta con arreglo a Derecho. La
tutela judicial efectiva supone el derecho a impetrar de los Tribunales la ade­
cuada contestación a la petición que se les hace, para que nunca exista dene­
gación de justicia, entendiéndose, por tanto, que este derecho no se agota en
la garanda de acceder a los Tribunales de justicia, sino que también alcanzar
a obtener una decisión fundadas en derecho, sea o no favorable a las pre­
tensiones formuladas1. Tales presupuestos para sean cumplidos a cabalidad,
no solo requiere que el juzgador invoque los dispositivos legales aplicables
al caso concreto en su resolución, sino que debe exponer de forma clara y
en detalle los argumentos por los cuales arriba a dicho pronunciamiento, la
congruencia que debe coexistir entre los fundamentos (relato táctico), con el
contenido del fallo (norma jurídica). Solo así los justiciables podrán ejercer
con corrección los derechos de defensa y contradicción, consustanciales a las
reglas del fa irtria l (proceso justo).
La excelsa misión de administrar justicia en un Estado de Derecho, ha de
sujetarse, entonces, a las exigencias contenidaS^en el texto ius fundamental y
en las Leyes, como la vía arbitrada que ha previsto el legislador, como meca­
nismo de interdicción a la arbitrariedad pública. Dichas exigencias se vuelven
más intensas, cuando del Proceso Penal se trata, en la medida que su actua­
LEGALES EDICIONES

ción por parte de las agencias estatales predispuestas, supone una mis in
scene de inminentes intromisiones a los derechos fundamentales de los jus­
ticiables (medidas de coerción procesal), cuya justificación axiológica reposa
en el interés de la sociedad, de que las conductas delictivas sean perseguidas
y debidamente sancionadas. Mas su legitimidad, hemos de sustentarla en

RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, R. Derechos Fundamentales y Garantías Individuales en el


Proceso Penal. Granada, 2000, p. 11.

986
L a D ebida M otivación de las R esoluciones J urisdiccionales y su Incidencia
en el M arco de la P risión P reventiva

otros aspectos, de que la intervención estatal (coacción), no solo ha de estar


prevista en la ley procesal de forma expresa, sino que esta ha de ser irreme­
diablemente necesaria para los fines que se persigue y, cuestión importante,
que ha de ser proporcional a la gravedad del hecho que se esta investigando.
Dicho en otros términos: la imposición de la medida de coerción solo ha de
ser legítima cuando sea indispensable para garantizar los fines esenciales del
proceso, cuya intensidad ha de corresponderse con la magnitud de disvalor
que manifiesta el hecho -objeto de persecución penal.
La ley procesal penal, tanto el CPP de 1991 como el CPP del 2004, cuen­
tan con todo un abanico de medidas de coerción procesal, de naturaleza
«asegurativa», para con el objeto principal del proceso: la concretizacion del
ius puniendi estatal y el pago de la pretensión indemnizatoria; entre aquéllas,
la «prisión preventiva» adquiere especial relevancia, en orden a sus efectos
gravosos para con la persona del imputado, quien es recluido temporalmente
en un establecimiento penitenciario. Cuya aflicción en un orden democrático
de derecho, debe ser siempre la última opción, la última ratio, cuando el
resto de medidas menos gravosas, no resultan idóneas para con los objetivos
que se pretenden alcanzar.
En un modelo procesal penal regido por el principio acusatorio, la liber­
tad debe ser regla y la detención la excepción, valores que son invertidos en
un modelo procesal más inclinado al principio inquisitivo, donde la privación
preventiva de libertad es la opción preferible por el juzgador, es decir, la pri­
ma ratio.
Sin duda, el nuevo modelo procesal penal acusatorio-garantista, pre­
tende adscribirse en una cultura respetuosa de los derechos fundamentales,
en el sentido de reservar la prisión preventiva solo para supuestos reglados,
conforme a la gravedad del delito así como otros datos, que de forma objeti­
va hagan de esta medida una decisión inevitable para la cautela de los fines
que se pretende alcanzar en el Proceso Penal. Nuestras cárceles se encuen­
tran abarrotadas con una capacidad hospedante de internos significativa, de
los cuales en su gran mayoría aún se encuentran en calidad de procesados
(presos sin condena), lo que revela una práctica inquisitiva de la judicatu­
ra al privilegiar la detención antes que la comparecencia; precisamente, la
prisionización es uno de los factores que ataca de forma medular el sistema
acusatorio, de someter el uso de la prisión preventiva a criterios sumamente
rigurosos, colocándola a un nivel de ultima ratio.
La excepcionalidad de la prisión preventiva, anota Miranda Estrampes,
se complementa a su vez, con la previsión normativa y la regulación de un
cuadro de medidas alternativas a la prisión preventiva. Se ofrece, así, a los

987
A lonso R. P eña C abrera F reyre

jueces un amplio abanico de medidas de coerción personales que les permi­


ten ajustar su elección a las concretas circunstancias concurrentes2.
Conforme a lo expuesto, la adopción de la prisión preventiva no solo debe
ser necesaria para con los fines de la persecución penal («sub principio de nece­
sidad») y de magnitud adecuada conforme a la gravedad del hecho que se esta
investigando («principio de proporcionalidad»), pues a ello debemos sumar la
concurrencia de los presupuestos (formales y materiales), que el legislador ha
glosado en el artículo 135 del CPP de 1991, así también en el artículo 268 del
nuevo CPP. Presupuestos que deben aparecer de forma conjuntiva y/o copula­
tiva, tal como la ha dejado sentado el máximo intérprete de la constitucionali-
dad normativa en una serie de pronunciamientos. Ante la negación de cuales
quiera de ellos, el juzgador deberá imponer una medida de comparencia.
Ahora bien, la presencia de los elementos que se encuentran conteni­
dos en la redacción normativa del artículo 135, deben tener fiel reflejo en la
resolución jurisdiccional que imponga la prisión preventiva, en el sentido de
que el Juez ha de valorar cada uno de ellos, mediando un razonamiento lógi­
co-jurídico, que revista a la decisión de validez y de razonabilidad. Exposición
de hechos y de derecho, que en conjunto inciden en el plano de motivación
de la resolución, conforme a la exigencia constitucional, cuyo incumplimiento
puede dar lugar a una decisión per se arbitraria, que ha de ser enmendada vía
una acción constitucional de Hábeas Corpus.
No olvidemos que el imputado se encuentra revestido del principio de
«presunción de inocencia», lo que genera una serie de consecuencias jurídi­
cas en el marco de la actividad probatoria, lo más importante consideramos,
que no puede ser tratado como culpable. Cuando se impone una prisión pre­
ventiva sin concurrir sus elementos legitimantes o cuando esta se extiende
en el tiempo de forma innecesaria, se produce una evidente lesión al princi­
pio antes anotado, afectándose por consiguiente la libertad e inviolabilidad
personal del individuo, al atribuirse a dicha institución fines privativos del
Derecho penal sustantivo. Lo real es que si la lucha contra la criminalidad por
medio de la prisión preventiva y antes de la sentencia pasada con autoridad
de cosa juzgada, se irrespeta el principio de inocencia, se le quita valor al
procedimiento principal y se lesiona a una persona sin fundamento jurídico3.

2 MIRANDA ESTRAMPES, M. "Aproximación a una teoría constitucional de las medidas


cautelares personales, con especial atención a la prisión preventiva". En: APECC- Revista
de Derecho. Año IV - N° 6. Director: Oscar Peña González, Lima, p. 27.
3 CABRERA, S. "Pena privativa de libertad y prisión preventivo". En: Garantías, Medidas
Cautelares e Impugnaciones en el Proceso Penal, pp. 394-395.

988
L a D ebida M otivación de las R esoluciones J urisdiccionales y su Incidencia
en el M arco de la P risión P reventiva

Seguidamente, pasaremos al análisis de la sentencia del Tribunal Cons­


titucional, recaída en el Exp. N° 5490-2007-HC/TC, de fecha 27 de noviembre
del 2007, de acuerdo a los diversos aspectos sustantivos y procesales, que
hemos de rescatar de su contenido.

2 EL H Á B E A S C O R P U S IN N O V A T IV O

Si hemos dicho que de la persecución penal emergen los estados de


mayor coerción, que inciden de forma directa en los derechos fundamentales
de los justiciables, es de verse la necesidad de que la legislación recoja meca­
nismos que se dirijan a reivindicar un interés jurídico injustamente afectado,
en este caso, la libertad personal, cuando los funcionarios estatales privan
de libertad a un sujeto, sin que dichas circunstancias se encuentren expresa­
mente detalladas en el dispositivo legal, sea porque el mandato u/o la orden
no se encuentra debidamente justificada, sea porque la medida no ha sido
debidamente motivada por el juzgador. En todos estos supuestos aparece
una medida correctiva de especial incidencia, el proceso constitucional de
«Hábeas Corpus», instrumento que ha de ser empleado como mecanismo de
contención a la arbitrariedad estatal, a fin de que cese un estado de cosas per
se ilegítimo, arbitrario, principalmente que el afectado recobre su libertad
personal y derechos conexos. En efecto, se trata de un mecanismo procesal
expeditivo, de tutela urgente, reconocido en la Constitución y orientado a la
discusión de una controversia de naturaleza constitucional, esto es, la vigen­
cia de la libertad individual4.
El «hábeas corpus» pertenece, pues, a todo ese conjunto de garantías
instrumentales, cuyo ejercicio por parte del detenido, desde el mismo inicio
de la instrucción, han de posibilitar un eficaz despliegue del derecho de de­
fensa5.
El Código Procesal Constitucional dispone en su artículo 25 que procede
el hábeas corpus ante la acción u omisión que amenaza o vulnere los derechos
que conforman la libertad individual. Por su parte, el artículo 1 - finalidad de
los procesos (infine), prevé en su segundo párrafo que si luego de presentada
la demanda cesa la agresión o amenaza por decisión voluntaria del agresor, o
si ella deviene en irreparable, el Juez, atendiendo el agravio producido, decla-

4 PEREIRA CHUMBE, R. "De las Garantías Constitucionales". En: La Constitución Comenta­


da. T. II. Director: Walter Gutiérrez, Gaceta Jurídica, Lima, p. 1067.
5 GIMENO SENDRA, V. El proceso de Hábeas Corpus. Editorial TECNOS S.A., Madrid, 1985,
p. 48.

989
A lonso R. P eña C abrera F reyre

ra fundada la demanda precisando los alcances de su decisión, disponiendo


que el emplazado no vuelva a incurrir en las acciones u omisiones que moti­
varon la interposición de la demanda, y que si procediere de modo contrario
se le aplicarán las medidas coercitivas previstas en el artículo 22 del presente
Código, sin perjuicio de la responsabilidad penal que corresponda. En efecto,
el corpus constitucional permite extender los efectos de las decisiones de los
jueces, no obstante, que el agravio, o mejor dicho los alcances de la conducta
antijurídica hayan cesado en el tiempo, lo cual resulta consustancial para con
los cometidos mismos de los procesos constitucionales, de poner freno a la
arbitrariedad pública. Máxime si la afectación ha tomado lugar en el conte­
nido esencial de un derecho fundamental, como lo es la «libertad personal».
En la decisión del TC, se ha señalado en el Considerando tercero, lo si­
guiente: "En efecto, si bien, en el presente caso se advierte que el mandato
de detención impuesto al demandante fu e variado por el de comparecencia,
habiendo cesado así la vulneración que se alega en la demanda, resulta nece­
sario no solo proceder al reconocimiento del derecho fundam ental invocado,
sino reconocer también que el agravio cometido contra el demandante impli­
có un grave atentado contra sus derechos constitucionales a la dignidad, al
honor y a la presunción de inocencia, por parte de las autoridades que parti­
ciparon en su detención, como exponemos más adelante".
En resumidas cuentas, los fines que despliega el Hábeas Corpus Inno-
vativo, lo podemos fijar desde un doble baremo a saber: primero, la desca­
lificación del proceder del funcionario y/o servidor público, en cuanto a la
atribución de responsabilidad funcional, pues el hecho de que la medida gra­
vosa haya cesado en sus efectos, no enerva de ningún modo la naturaleza an­
tijurídica de la conducta, con ello, las consecuencias jurídicas, lo que supone
afirmar la vigencia de los derechos fundamentales y, por otro, la imposición
de las sanciones que el caso amerite; segunda, incidir en una plano correcti­
vo, por no menos decirlo ¡ntimidatorio (admonición), de evitar la repetición
de dichos comportamientos de cara a futuro. En otras palabras dicho: como
LEGALES EDICIONES

un instrumento protector de los derechos fundamentales.

3. LA S G A R A N T ÍA S D E LA IN V E S T IG A C IÓ N P E N A L EN UN E S T A D O DE
D ERECHO

Ni bien las agencias de persecución penal toman conocimiento de ha­


berse cometido presuntamente un hecho delictuoso, se encuentran legiti­
mados para iniciar una investigación, cuyo objetivo principal es recolectar
las evidencias de cargo suficientes que sirvan al Fiscal, para poder formalizar
la denuncia penal respectiva, ante el órgano jurisdiccional competente. Para

990
L a D ebida M otivación de las R esoluciones Jurisdiccionales y su Incidencia
en el M arco de la P risión P reventiva

taíes fines, se requiere ía realización de una serie de actos investígativos, de


diligencias que en algunos casos importa la restricción, limitación y/o afecta­
ción de derechos fundamentales; injerencias que serán legítimas siempre y
cuando se cumplan con principios jurídico-constitucionales que se han pre­
visto al respecto.
La Constitución de 1993, siguiendo el plano de valores contemplados en
la Carta Política de 1979, atribuyó la conducción de la Investigación Criminal,
al representante del Ministerio Público, como titular del ejercicio de la acción
penal pública y representante de la sociedad, concordante con lo dispuesto
en el artículo 9 de la LOMP. En este ámbito de actuación pública, define una
estrategia de investigación conforme a las particularidades del caso concreto,
ordenando a los efectivos de la policía nacional la realización de las diligen­
cias que sean necesarias, en orden a adquirir elementos vinculados al hecho
punible, que puedan definir un juicio preliminar de imputación delictiva so­
bre los presuntos sospechosos.
Dicho lo anterior, debe afirmarse que solo con la imputación formal que
efectúe el representante del Ministerio Público, puede hablarse en serio de
una investigación acorde a las garantías básicas de un Estado de Derecho y,
no aquellas que provienen de actos unilateral, discrecionales, a puro arbitrio
de los agentes policiales, quienes no tienen autoridad alguna para decidir el
inicio de una investigación penal, menos aún de concretizar actos de coerción
sobre un individuo; dicha posibilidad se restringe a un solo presupuesto, en
caso de «delito flagrante», inclusive bajo dicha hipótesis tiene la obligación
de poner al detenido a disposición de la autoridad competente, de forma
inmediata bajo responsabilidad, según lo previsto en el apartado f, del inc. 24
del artículo 2 de la CPE.
Como bien dice, Ruiz Vadillo, el proceso penal, que forma parte insepa­
rable del Derecho Sustantivo Penal, es por así decirlo, la más firme y rigurosa
de las garantías para los imputados, y para la sociedad en general, porque
ese imputado formal puede serlo, en alguna ocasión, por error o malicia de
determinados acusadores que trasladan a sus respectivos letrados una infor­
mación falsa o falseada6; (...), resulta evidente que, en el procedimiento penal
propio de un Estado de Derecho, el respeto a las formalidades que -en tanto
garantías procesales-amparan a la persona afectada reviste igual importancia
que la realización del Derecho Penal material por medio de la imposición de

6 RUIZ VADILLO, E. "Reflexiones sobre determinados aspectos del Derecho Penal". En: El
Derecho Penal de fin de Siglo y el Derecho Penal Latinoamericano - Homenaje a Enrique
Bacigalupo, p. 289.

991
A lonso R. P eña C abrera F reyre

una condena al autor de un delito y el consiguiente restablecimiento de la paz


jurídica7. Garantías que únicamente pueden ser garantizadas por aquel funcio­
nario que la Ley Fundamental le ha encomendado la defensa de la legalidad.
El modelo constitucional peruano, ha diseñado, (...), una institución -e s­
tructuralmente organizada-, bajo principios, ajustables a un orden democrá­
tico de derecho, a diferencia de la legislación comparada, donde el Ministerio
Público (Ministerio Fiscal), es un apéndice del Poder Judicial o es objeto de
intervención política por parte de los Poderes del Estado, pues sus máximos
representantes son elegidos ora por el Ejecutivo ora por el Legislativo. Inje­
rencia que impide, una actuación fiscal de acorde a los principios jurídico-
constitucionales de objetividad, independencia e imparcialidad8.
La Investigación del delito no se puede dejar encomendada a un órgano
perteneciente al Poder Ejecutivo, o que se encuentre funcionalmente ligada
a un Poder del Estado; de ahí, nuestra firme posición, de que el persecutor
público sea el encargado de dirigir toda la Investigación del delito, tal como se
ha fijado normativamente en el nuevo CPP. Siendo la PNP, un órgano adscrito
al Ministerio del Interior, queda claro, que dicha institución no puede actuar
de forma libre y discrecional en la investigación del delito, por lo que el repre­
sentante del Ministerio Público tiene por obligación: controlar la actuación
policial, a fin de velar por los derechos fundamentales de los justiciables. Con
ello, no estamos afirmando, que la PNP, no ejerza una labor importante en la
Investigación Criminal, sino que dicha tarea debe sujetarse a los parámetros
jurídico-constitucionales. Máxime, si el efectivo policial, es quien de forma
directa y personal, enfrenta a la criminalidad, a partir de una serie de mani­
festaciones policiales, en la labor de prevención y represión de las conductas
delictivas, mas no el persecutor publico; en virtud de ello, es que el Fiscal
debe constituirse en garante de la actuaciones policiales, tal como se des­
prende de la estructura ¡ntra-normativa del nuevo CPP9.
En la sentencia in examine, se señaló al respecto lo siguiente:
Si bien la Policía Nacional del Perú cumple funciones asignadas por la
LEGALES EDICIONES

Constitución Política, como son, entre otras, la investigación y el combate de

7 AROCENA, G. A. "La protección del Imputado frente a injerencias indebidas en su ámbito


privado". En: La Injerencia en los Derechos Fundamentales del Imputado. I, p. 159.
8 PEÑA CABRERA FREYRE, A. R. / MIRANDA ESTRAMPES, M. "La posición investigadora
del Ministerio Públicos en las Reformas del Proceso Penal en Latinoamérica y Europa
Continental". En: Temas de Derecho Penal y Procesal Penal. APECC, 2008, p. 283.
9 PEÑA CABRERA FREYRE, A. R. y otro. "La posición investigadora del Ministerio Público...",
pp. 283-284.

992
L a D ebida M otivación de las R esoluciones J urisdiccionales y su Incidencia
en el M arco de la P risión P reventiva

la delincuencia (Constitución: Artículo 166), en el cumplimiento de esta mi­


sión no debe incurrir en actos que supongan arbitrariedad o extralimitación
de sus funciones; por el contrario, que el ejercicio de su poder tiene que ser
proporcionado y racional, ajustado a los fines que persigue, acorde con el
principio constitucional de interdicción de la arbitrariedad (Constitución: Ar­
tículos 3 y 41).
Al respecto, se aprecia de autos que la Policía Nacional, mediante la
División de Estafas y otras Defraudaciones (DIRINCRI-DIVIE0D-D5), inició una
investigación preliminar y ejecutó la detención del demandante subrogando
en la conducción de la misma al Ministerio Público, al recibir denuncias de
parte y disponer actos de investigación en contravención a lo dispuesto ex­
presamente en el artículo 159, inciso 4 de la Constitución que entre otras atri­
buciones del Ministerio Público, establece la de "Conducir desde su inicio la
investigación del delito. Con tal propósito, la Policía Nacional está obligada
a cumplir los mandatos del Ministerio Público en el ámbito de su función”.
Más aún, la cuestionada actuación policial quebrantó lo prescrito por la Ley
N° 27934 (sobre Intervención de la Policía y el Ministerio Público en la Investi­
gación Preliminar del Delito), que admite que la investigación preliminar sea
actuada ex officio por la policía cuando la Fiscalía, por razones de carácter
geográfico y otras, se encuentre impedida de asumir la dirección de la inves­
tigación (Artículo 1), situación que no ha sido acreditada en el presente caso.
Según lo expuesto en los considerandos citados, debe señalarse lo si­
guiente: primero, que los órganos policiales deben sujetar su actuación fun­
cional en el marco de la investigación penal, según lo previsto en la Consti­
tución Política del Estado, esto es, en respeto a los derechos fundamentales,
pues al desbordar dicho marco legal, ingresa a un campo fecundo de ilegali­
dad y de arbitrariedad; segundo, para que ia actuación policial sea legítima,
debe someterse a los mandatos que al respecto, haya de impartir el repre­
sentante del Ministerio Público, pues solo éste último es quien dirige for­
malmente los actos de investigación, por lo que solo una decisión de dicho
funcionario puede dar lugar a una imputación delictiva contra un individuo,
lo que a su vez genera la vigencia irrestricta de los derechos fundamentales
de defensa y contradicción. Por tales motivos, ha de rechazarse cualquier
tipo de actuación unilateral, dígase discrecional de los efectivos policiales en
el ámbito de la investigación penal, so pena de vulnerar las garantías basila­
res de un Estado de Derecho. La única excepción a dicha regla constitucional,
ha de verse, cuando por razones de orden geográfico, el Fiscal se encuentra
impedido de realizar las primeras diligencias, con arreglo a lo previsto en el

993
A lonso R. P eña C abrera F reyre

artículo 1 de la Ley N° 27934101


, supuesto de hecho que no acontece en el caso
de autos.
El nuevo CPP, no hace mas que adecuar la ley procesal penal a los pre­
ceptos constitucionales sobre la materia, determinando de forma acertada
que la conducción de la investigación corresponde al Ministerio Público11, lo
que es característico en un Estado de Derecho; mientras que el otorgamiento
de mayores márgenes de actuación discrecional a la policía es característico
de Estados Policíacos autoritarios-maximalistas.

4. EL D E R E C H O A LA IN F O R M A C IÓ N V S. EL P R IN C IP IO D E P R E S U N ­
C IÓ N DE IN O C E N C IA

En un orden democrático de derecho, la prensa, sea escrita, radial y/o


televisiva cumple un rol fundamental: la formación de una opinión pública
veraz y objetiva, en cuanto característica esencial del pluralismo cultural, po­
lítico y ideológico; constituye un derecho fundamental conjuntamente con la
libertad de expresión, como baluartes de una proclama esencialmente de­
mocrática, el derecho de opinar, de informarse, de expresarse libremente.
Mas es sabido que el ejercicio de cualquier derecho fundamental, sea éste
individual o colectivo, ha de estar limitado por el resto de bienes jurídicos
contemplados en la Ley Fundamental, en este caso, aparece el honor, la in­
timidad y la inviolabilidad personal como intereses jurídicos de especial rai­
gambre constitucional, de especial vinculación con el autorrealización de la
persona humana, conditio sine quan non para su participación en concretas
actividades socio-económicas-culturales. Se proscribe, entonces, el ejercicio
abusivo de un derecho, conforme lo establece el artículo II del Título Prelimi­
nar del Código Civil.
Por lo expuesto, surge un eminente conflicto entre el derecho a la in­
formación, la libertad expresión con el derecho al honor, cuando el hombre
de prensa debe sacar a la luz cierta información que puede resultar lesivo
LEGALES EDICIONES

al interés jurídico individual, sea o no verdadera la noticia que se propala.


Dicha actuación del periodista solo será legítima, justificada, según el inc. 8)
del artículo 20 del CP, si es que el agente realizó toda una contestación lo
suficientemente diligente, mediando las fuentes de información necesarias,

10 Así, PEÑA CABRERA FREYRE, A. R. y otro. "La posición investigadora del Ministerio Pú­
blico...", p. 285.
11 Ver, al respecto, PEÑA CABRERA FREYRE, A. R. Exégesls del nuevo Código Procesal Pe­
nal, pp. 87-91.

994
L a D ebida M otivación de las R esoluciones J urisdiccionales y su Incidencia
en el M arco de la P risión P reventiva

que lo hayan llevado a la denominada «veracidad subjetiva», pues aquellas


actuaciones carentes de un trabajo serio, ponderado, sin la menor verifica­
ción ¡nvestigativa, no pueden ser abarcadas en dicho precepto permisivo, por
constituir conductas en evidente «temerario desprecio hacia la verdad». No
obstante la transmisión de la noticia debe ser propalada con arreglo a ciertos
parámetros, pues no se puede dar a mostrar a un individuo como culpable,
cuando dicha condición jurídica debe ser demostrada en el Proceso Penal,
de no ser así se estaría afectando los derechos más esenciales del individuo.
El principio de «presunción de inocencia» constituye una garantía jurí-
dico-constitucional de primer orden, que determina una serie de consecuen­
cias en el ámbito de la persecución penal: primero, que para condenar al
imputado, se requiere una mínima actividad probatoria de cargo12, que se
haya obtenido en respeto al contenido esencial de los derechos fundamenta­
les, con arreglo a los procedimientos previstos en la Ley y en la Constitución;
segundo, que el imputado no tiene la obligación de aportar prueba en su
contra, el denominado derecho de «no auto-incriminación» (nemo tenetur
sea ipso accusare), por ende, tiene el legítimo derecho de mantenerse en
silencio13 y; tercero, el imputado no puede recibir una pena por adelantado,
es decir, los efectos preventivos de la pena, en su faz especial y general, solo
pueden aparecer a partir del acto de condena, cuando judicialmente se le
impone una sanción punitiva, cuestión distinta ha de verse en el caso de las
medidas de coerción procesal de naturaleza personal, cuya legitimidad como
se dijo reposa en el interés social en la persecución del delito, a lo cual de­
bemos agregar que dichas medidas para que sean válidas deben acordarse
con arreglo a los principios de legalidad, proporcionalidad y de necesidad.
En palabras de Hassemer, las investigaciones en el proceso penal amenazan
igualmente las libertades, el patrimonio y la honra de los ciudadanos y la
pena obviamente también. Por eso los derechos fundamentales, en cuanto
derechos de defensa, son decisivos para el Derecho Penal14.

12 Para Miranda Estrampes, la presunción de inocencia actúa también como regla proba­
toria, esto es, como regla que contribuye a diseñar la actividad probatoria en el proceso
penal sometiéndola a una serie de condiciones y requisitos jurídicos cuya concurrencia
es necesaria para poder estimar destruida esta presunción y, por tanto, para poder dictar
sentencia condenatoria; Notas Preliminares, p. 15.
13 Así, GONZÁLEZ NAVARRO, A. L. Sistema de Juzgamiento Penal Acusatorio. T. I, Editorial
Leyer, pp. 384-385.
14 HASSEMER, W. "Proceso Penal y Derechos Fundamentales". En: La Injerencia en los De­
rechos Fundamentales del Imputado. I, p. 53.

995
A lonso R. P eña C abrera F reyre

No es necesaria mayor probidad para observar que toda injerencia en


la esfera personal del individuo sometido a un proceso penal traduce una
intromisión en los derechos fundamentales de un sujeto jurídicamente ino­
cente15. La búsqueda de la verdad importa la afectación determinante en
los derechos fundamentales, necesario para el restablecimiento de la paz
y seguridad jurídica, mas dicho cometido no puede realizarse a cualquier
precio en el marco de un Estado de Derecho. El hecho de reconocer que
el principio de inocencia no impide la regulación y aplicación de medidas
de coerción durante el procedimiento no significa que la autorización para
utilizar la fuerza pública durante el procedimiento; vulnerando derechos de
quienes intervienen en él, en especial los del imputado, sea absoluta o no
disponga de límites, escribe Corigliano. Por el contrario, la afirmación de
que el imputado no puede ser sometido a una pena ni puede ser tratado
como culpable hasta que no se dicte sentencia firme de condena, constituye
el principal factor que expresa los límites a las medidas de coerción procesal
en su contra16.
El artículo II.1, del Título Preliminar del nuevo CPP, establece que toda
persona imputada de la comisión de un hecho punible es considerada ino­
cente, y debe ser tratada como tal, mientras no se demuestre lo contrario y
se haya declarado su responsabilidad mediante sentencia firm e debidamen­
te motivada. El principio de presunción de inocencia es entonces una máxi­
ma ético-jurídica de primer orden en un Sistema Procesal Penal respetuoso
de las garantías fundamentales, es una valor inoponible e insoslayable ante
cualquier pretensión penal que pretenda desbordar el ámbito jurídicamente
justo; en tal sentido, la efectiva protección de los derechos fundamentales es
una finalidad político criminal indeclinable según las máximas del Estado de
Derecho17. La presunción de inocencia es un derecho subjetivo público que
posee su eficacia en un doble plano: por una parte, opera en las situaciones
extraprocesales y constituye el derecho a recibir la consideración y el trato
de no autor o no partícipe en hechos de carácter delictivo o análogos a éstos;
LEGALES EDICIONES

por otro lado, tal derecho opera fundamentalmente en el campo procesal,


con influencia decisiva en el régimen jurídico de la prueba18, como se sostuvo

15 AROCENA, G. A. "La protección del Imputado frente a injerencias indebidas...", p. 159.


16 CORIGLIANO, M. E. "Prisión preventiva. Irrazonabilidad de la Ley 24.390 y su reforma
Ley 25,430". En: Garantías, Medidas Cautelares e Impugnaciones en el Proceso Penal,
pp. 402-403.
17 PEÑA CABRERA FREYRE, A. R. Exégesis del nuevo Código Procesal Penal, p. 75.
18 RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, R. Derechos Fundamentales y Garantías Individuales..., p. 51.

996
L a D ebida M otivación de las R esoluciones J urisdiccionales y su Incidencia
en el M arco de la P risión P reventiva

líneas atrás. Roxin escribe que con la aparición de un derecho de persecución


penal estatal, surgió también, a la vez, la necesidad de erigir barreras con­
tra la posibilidad de abuso del poder estatal, al tiempo que enfatiza que los
límites a la facultad de intervención del Estado, deben proteger al inocente
frente a persecuciones injustas y afectaciones excesivas de la libertad, y (...)
deben también asegurar al culpable la salvaguarda de todos sus derechos de
defensa19.
Ahora bien, ¿Puede decirse con corrección, que el principio de presun­
ción de inocencia es realmente respetado por los medios de información?,
pues parece que la respuesta es negativa y, ello por lo siguiente: ni bien los
hombres de prensa toman conocimiento del hecho noticioso, montan todo
un colosal andamiaje informativo, una tenaz persecución con sus cámaras,
filmadoras, flaches y otros mecanismos sofisticados, a fin de captar los he­
chos, que de forma sensacionalista ofrecen al público, penetrando para ello
en el ámbito estrictamente privado del individuo, sin importar que ello ha
de afectar su «privacy personal y/o fam iliar», eso no interesa, lo único rele­
vante es vender la noticia. Parafraseando a González Navarro, diremos que
tomando en cuenta que a la aplicación del derecho solo le atañe al Esta­
do, es éste quien va a determinar si una persona sigue siendo inocente o
no, ya que sería una aberración decir que alguien es culpable sin que un
juez lo determine, y la previa aclaración surge por la necesidad de explicar
que muchas veces la sociedad comete errores aberrantes y denigrantes en
contra de imputados, quienes son considerados como culpables solamente
por la opinión de la conciencia popular, la cual en la mayoría de los casos
es sembrada por los medios de comunicación masivos, los cuales al verter
comentarios acerca de asuntos jurídicos cometen el error de indicar que
una persona es culpable, porque es el parecer que ellos tienen y según las
conclusiones que ellos sacan, las cuales no tienen obviamente ningún valor
jurídico, pero sí social, en ese entendido, deducimos que el imputado estará
sujeto a una condena social sin haber sido condenado jurídicamente, por lo
tanto, la persona pese a mantener el Status jurídico de inocente sufrirá una
condena popular20. Por consiguiente, el derecho al honor, a la intimidad, a la
inviolabilidad personal son arrasados sin ninguna contemplación, sin remor­
dimiento, afectándolos en su esencia, en su núcleo rector, al ser presenta­
dos ante la sociedad bajo calificativos injuriantes, ofensivos, generando un
perjuicio irreparable.

19 ROXIN, C. Derecho Procesal Penal. Editores del Puerto SRL, Buenos Aires, 2000, p. 2.
20 GONZÁLEZ NAVARRO, A. L. Sistema de Juzgamiento Penal Acusatorio. T. I, p. 384.

997
A lonso R. P eña C abrera F reyre

En la sentencia bajo examine, se ha señalado lo siguiente:


En tal sentido, este Tribunal reitera lo sostenido en la sentencia recaí­
da en el expediente N° 6712-2005-HC/TC (Caso: Magali Jesús Medina Vela y
otro):
El ejercicio del derecho a la información no es libre ni ¡rrestrícto:
por el contrario, está sujeto a ciertos condicionamientos que de­
ben ser respetados dentro de un Estado democrático y social de
derecho. Solo así, con los límites que se deben encontrar en la pro­
pia Constitución, el derecho a la información podrá convertirse en la
piedra angular de la democracia.
Es importante que en el ordenamiento internacional se haya deter­
minado la existencia de límites a los derechos comunicativos. En tal
sentido, tanto el articulo 19, inciso 3, acápite a del Pacto Interna­
cional de Derechos Civiles y Políticos, como el articulo 13, inciso 3,
acápite "a" de la Convención Americana sobre Derechos Humanos,
precisan que el ejercicio del derecho a la información 'entraña de­
beres y responsabilidades especiales', por lo que está sujeto a una
restricció n co m o es la d e aseg u rar (...) el respeto a los d erech o s o
a la reputación de los d e m á s.

Este Tribunal considera que el juicio crítico o la información divulgada


acerca de la conducta profesional o laboral de una persona que constituye
en el fondo una descalificación personal como la que se vertió sobre el de­
mandante, a propósito de la denuncia penal contra su persona por presuntos
actos cometidos en ejercicio de su función notarial, en distintos medios de
comunicación, constituyó una intrusión ilegítima a su derecho al honor y a
la buena reputación, por cuanto desde el momento mismo de la divulgación
de su detención y por la form a desdorosa en que esta se efectuó, repercutió
directamente en la consideración ajena de su dignidad como persona, aca­
rreándole daño moral como materiales, y una manifiesta transgresión a su
LEGALES EDICIONES

derecho a la presunción de inocencia. En efecto, la forma vedada de cómo


se transmitió la noticia, prefiriéndose calificativos, juicios de valor negativos
acerca de la conducción profesional de una persona, que se encuentra reves­
tida del principio de presunción de inocencia, no hizo mas que repercutir de
forma lesiva en su dignidad, en su condición de persona, tanto en su estima­
ción propia (¡ntersubjetiva), como su prestigio (honra), frente a los demás in­
tegrantes del colectivo. Nadie puede presentar a una persona como culpable
o brindar información en tal sentido, hasta antes de una sentencia firme de
condena.

998
L a D ebida M otivación de las R esoluciones J urisdiccionales y su Incidencia
en el M arco de la P risión P reventiva

5. LOS PRESUPUESTOS DE LA PRISIÓN PREVENTIVA Y EL PRINCIPIO


CONSTITUCIONAL DE DEBIDA MOTIVACIÓN DE LAS RESOLUCIO­
NES JURISDICCIONALES
La prisión preventiva, que duda cabe, constituye la intromisión estatal
de mayor gravedad con que cuenta la normatividad procesal, en cuanto a la
privación de un bien jurídico de alta estimación valorativa: la «libertad per­
sonal»; por tales motivos su imposición judicial debe obedecer a un análisis
riguroso de los presupuestos de orden material y procesal, que deben concu­
rrir para que su adopción sea no solo legal, sino también legítima. En palabras
de Pastor, el cumplimiento riguroso de cada uno de estos presupuestos y su
subsistencia garantizan la utilización y la pervivencia excepcionales de este
instrumento, tornándolo así de uso legítimo en esos supuestos21. Es por ello,
que si dictado solo puede emanar en el marco de un Proceso Penal, por parte
del órgano jurisdiccional competente, si es que se advierten indicios revelado­
res de criminalidad así como la probable intención del imputador de eludir la
acción de la justicia22, tal como se desprende del artículo 253.1 del nuevo CPP.
La prisión preventiva es una medida cautelar de privación de libertad,
adoptada durante el curso de un proceso penal, de aplicación subsidiaria,
provisional y proporcionada a los fines que constitucionalmente la justifican
y delimitan, que en esencia son asegurar la ejecución de la sentencia que se
dicte23; (...) es de naturaleza personal, pues recae directamente sobre un bien
inherente al imputado y tiene que ver con la punibilidad del procedimiento,
pues asegurando la comparencia del imputado garantiza -que en caso de
sentencia condenatoria- se efectivice la ejecución penal24.
Dicho lo anterior puede decirse, que la prisión preventiva no solo re­
quiere que sus presupuestos de aplicación se encuentren reglados en la ley
procesal penal (principio de legalidad25), sjno que esta se oriente a conju-

21 PASTOR, D. R. "Las funciones de la Prisión Preventiva". En: La Injerencia en los Derechos


Fundamentales del Imputado. II, p. 132. M
22 Así, GIMENO SENDRA, V. El proceso de Hábeas Corpus, pp. 30-31. O
>
23 RIFÁ SOLER, J. M. y otros. Derecho Procesal Penal, p. 234.
M
24 PEÑA CABRERA FREYRE, A. R. Manual de Derecho Procesal Penal. Editorial Rodhas, C/5

Lima, 2008, p. 340. frt


O
25 En palabras de Miranda Estrampes, el principio de legalidad no solo exige la precisa iden­ O
tificación de los supuestos tácticos que posibiliten la limitación del derecho a la liber­ O
tad, sino que además, comporta que las autoridades y sus agentes solo podrán acordar z
m
aquellas medidas limitativas expresamente previstas en la ley; Aproximación a una teoría en
constitucional de las medidas cautelares personales..., p. 33; ello supone también, que
solo podrán ser impuestas por aquellas autoridades, a las cuales la Ley y la Constitución, *
999
A lonso R. P eña C abrera F reyre

rar posibles riesgos que pongan en peligro los fines esenciales del Proceso
Penal, como se sostuvo líneas atrás; a todo ello debemos agregar su suje­
ción al principio de proporcionalidad, en el sentido de que la medida sea
estrictamente necesaria para la protección de un interés jurídico superior,
referido al interés de la sociedad de que las conductas de mayor nocividad
social sean perseguidas penalmente y, esto a su vez importa, que no exis­
ta otra medida que pudiese reportar los beneficios que de ella se espera
obtener (principio de necesidad)26. Así, en la doctrina, al sostenerse que
la medida solo deberá ser adoptada si la amenaza cierta para los fines del
proceso constituida por la libertad del imputado no puede ser neutralizada
efectivamente de un modo menos agresivo para los derechos fundamenta­
les de éste27. Finalmente, que la intensidad de esta medida sea adecuada
a la gravedad del injusto que se esta investigando, pues si el hecho punible
es de menor gravedad, en definitiva, la medida de coerción debe ser la
comparecencia.
Los presupuestos de la prisión preventiva así como su inclusión, deben
estar expresamente previstos en la ley, en orden a cautelar su legalidad, más
es sabido que la legitimidad de su imposición no solo se encuentra condi­
cionada a ello, sino que se requiere que sus elementos de configuración se
encuentren presentes en el caso concreto. Esto implica que el juzgador deba
valorar en cada causa, si es que concurre cada uno de ello, de tal manera, que
no resulta suficiente que invoque el supuesto de hecho contemplado en el
dispositivo legal, sino que debe contrastar los alcances normativos de la ley
con el relato fáctico en concreto, solo así podemos estar ante una decisión no
solo legal, sino también «debidamente fundamentada»; pues de no ser así
estamos ante una medida per se arbitraria.

les ha conferido dicha potestad funcional, que según el orden de valores contemplados
en nuestra Ley Fundamental, lo son los jueces (artículo 138 de la CPE), quienes en méri­
LEGALES EDICIONES

to al principio de jurisdiccionalidad, son los únicos funcionarios legitimados para dictar


medidas de coerción procesal así como medidas limitativas de derechos fundamentales,
tal como se afirma en el artículo VI del Título Preliminar del nuevo CCP; cualquier otros
funcionario público y/o servidor público no puede irrogarse tremenda facultad, los efec­
tivos policiales, únicamente pueden privar de la libertad a un individuo en caso de delito
«flagrante», ante cualquier otro supuesto, se configura un atentado contra la libertad e
inviolabilidad personal, mediando una conducta arbitraria, ilegal e incompatible con los
principios jurídico-constitucionales.
26 Así, MIRANDA ESTRAMPES, M. "Aproximación a una teoría constitucional de las medi­
das cautelares personales...", p. 35.
27 PASTOR, D. R. "Las funciones de la Prisión Preventiva", p. 133.

1000
L a D ebida M otivación de las R esoluciones J urisdiccionales y su Incidencia
en el M arco de la P risión P reventiva

La concurrencia de los presupuestos del fom us comissi delicti, del peri-


culum inmora, no pueden ser determinados de forma apriorística, meramen­
te estimativa, por no menos decirlo "subjetiva", se necesita en todo caso,
de un basamento objetivo que respalde su aparición, con los indicios que se
cuenta en el expediente; primero, la razonable estimación de datos objetivos,
que de forma racional permita atribuir al imputado los hechos presuntamen­
te delictivos y, segundo, de que existan motivos fundados, aparejados con
indicios que de forma objetivada permitan inferir que el imputado haya de
fugarse, al no contar con un arraigo social y/o laboral que lo vinculen de for­
ma sólida con el exterior. Deben tomarse una serie de criterios, que puedan
orientar al juzgador, a fin de que sean valorados en cada caso, a fin de veri­
ficar la presencia o no de los indicios de criminalidad así como el peligro de
fuga, que el legislador ha previsto de forma enunciativa en los artículos 269
y 270 del nuevo CPP28.
Conforme lo dicho, siguiendo a López Barja de Quiroga, habrá que decir
que la convicción del Juez no puede basarse en la intuición o la sospecha,
sino que la misma debe proceder de "las pruebas practicadas en el juicio".
Solo una convicción derivada de las pruebas es atendible, por lo que cual­
quier otra convicción procedente de un motivo ajeno no es adecuado al razo­
namiento judicial y es pura arbitrariedad29.
En resumidas cuentas, el juzgador debe reflexionar críticamente si es
que en realidad concurren los presupuestos anotados, amén de la medida
sea legítima, en orden a los intereses jurídicos que se pretenden salvaguar­
dar; basta que no concurra uno de ellos, para que deseche la medida. Así,
deberá también exponer en detalle, la presencia de cada uno de estos ele­
mentos, explicando de forma clara y suscita los motivos de su acogimiento,
con los fundamentos de hecho y de derecho que considere pertinentes30. La
exteriorización de la decisión es la vía que permite verificar si es que con­
curren o no los presupuestos que justifican su imposición y a su vez que el
afectado con la medida pueda ejercitar los mecanismos impugnativos que
t-1
la Ley le franquea. Para cumplir con dicha exigencia cualitativa, la resolución M
O
judicial debe dar cuenta no solo de las circunstancias tácticas y de los fun­ >
damentos jurídicos que sirven de soporte a la concreta medida adoptada,

28 Vid., al respecto, PEÑA CABRERA FREYRE, A. R. Exégesis al nuevo Código Procesal Penal,
pp. 717-720.
29 LÓPEZ BARJA DE QUIROGA, J. "La motivación de las Sentencias". En: La Sentencia Penal.
Consejo General del Poder Judicial, Madrid, 1992, p. 104.
30 Así, RIFÁ SOLER, J. M. y otros. Derecho Procesal Penal, pp. 235-236.

1001
A lonso R. P eña C abrera F reyre

sino que deberá exteriorizar el juicio de proporcionalidad que sustenta su


imposición31.
La exigencia constitucional de la debida motivación jurisdiccional de la
prisión preventiva, es la única forma de que pueda garantizarse un bien jurí­
dico tan importante, como lo es la libertad personal de un individuo. El juez
solo ha de adoptar esta medida, mediando una base objetiva adecuada e idó­
nea, no puede sustituir dicha valoración por los juicios de valor que emita el
público o por las exigencias inquisidoras de la prensa, el juzgador solo puede
escudarse en la Ley y en la Constitución.

5.1. ¿Porqué se exige la debida motivación de las resoluciones judiciales?


En el marco de un Estado Constitucional de Derecho, la debida mo­
tivación de las resoluciones jurisdiccionales, exigencia contemplada
en el inc. 5) del artículo 139 de la Ley Fundamental, parte de un do­
ble baremo a saber: primero para permitir el control de la actividad
jurisdiccional, a fin de velar por la correcta aplicación de las normas
sustantivas y como mecanismo de interdicción a la arbitrariedad pú­
blica y, segundo, lograr el convencimiento de las partes respecto a la
argumentación utilizada por el juzgador, para arribar al sentido del
fallo, lo que posibilita la explicación lógica-racional y la legalidad, vin­
culación que garantiza la realización plena de los derechos de defensa
y contracción que han de ser cautelados en un debido proceso. A de­
cir de López Barja de Quiroga, mas que hablar de "convencimiento"
debería decirse "explicación", pues, en efecto para el acusado, demás
partes en el proceso y para el público en general, la motivación de la
sentencia constituye la explicación de la decisión adoptada; median­
te la motivación se trata de explicar que no hay arbitrariedad en la
decisión, sino razones legales que conducen a la resolución que se
adopta32.
Lo descrito es necesario a fin de poner límites a la discrecionalidad del
LEGALES EDICIONES

juzgador, en el ámbito estrictamente decisorio, según el principio de


sana crítica conjugado con el principio de libre valoración de las prue­
bas. La realización de los procesos concretos no puede olvidar que si
importa desde luego, el resultado del mismo, esto es, el contenido de la
decisión judicial, también importa, y no menos, el camino, el cómo se

31 MIRANDA ESTRAMPES, M. "Aproximación a una teoría constitucional de las medidas


cautelares personales...", p. 36.
32 LÓPEZ BARJA DE QUIROGA, J. "La motivación de las Sentencias", p. 99.

1002
L a D ebida M otivación de las R esoluciones J urisdiccionales y su I ncidencia
en el M arco de la P risión P reventiva

llega a ese resultado, pues el fin (el resultado o decisión judicial de tute­
la del derecho subjetivo) no justifica el desconocimiento de la legalidad
procesal (el camino o modo de llegar a la decisión)33. Por tales motivos,
resulta imprescindible que del contenido de la resolución jurisdiccional,
se pueda inferir claramente el porqué se arribo a determinada decisión,
cuales fueron las razones que obedecieron a ello, en orden a revestir el
proceso judicial, como instrumento garantístico de los derechos subjeti­
vos que se someten a su amparo.
En opinión de Ariano Deho, la motivación, desde el punto de vista de
las partes, cumple una función endoprocesal o de garantía de defensa
en cuanto les permite conocer la ratío decidendi de la resolución (o la
ausencia o sus yerros) a los efectos de poder utilizar las impugnacio­
nes enderezadas a revertir la situación desfavorable a quien impug­
na34. Por tales motivos, la resolución jurisdiccional (sentencia), ha de
componerse de dos operaciones, la primera se concentra en deter­
minar el "hecho probado" y una vez conocido el hecho, se ocupa de
la labor de subsunción de dicho hecho en algún precepto legal; entre
ambos juicios de valor, debe subyacer una secuencia lógica-jurídica, a
fin de configurar el silogismo jurídico -com o producto del raciocinio
intelectivo-, del juzgador que se plasma en la sentencia. Solo así se
puede garantizar el derecho fundamental de las partes, que se satis­
face, cuando conoce las causas de porque la resolución no amparó su
pretensión, mas no cuando de forma imprecisa y, poco razonada estas
se deniegan, tanto en lo que respecta a decisiones que el juzgador
haya de adoptar de oficio, como aquellas que obedecen a solicitud de
una las partes (principio de rogación), en el caso del Proceso Penal;
"(...) se convierte así en una garantía del justiciable mediante la cual,
sin perjuicio de la libertad del juez en la interpretación de las normas,
se puede comprobar que la solución dada al caso concreto es conse­
cuencia de una exégesis racional del ordenamiento y no fruto de la
LEGALES EDICIONES

arbitrariedad"35.

33 Addenda de la moción aprobada en Valencia el 27 de enero de 2006, por los participan­


tes en la Primera Jornada Internacional, que fue celebrada con el patrocinio de la Edito­
rial Tirant lo Blanch, sobre las garantías fundamentales del proceso civil.
34 ARIANO DEHO, Eugenia. "Sobre el deber de motivar las resoluciones judiciales". En:
Responsabilidad Civil II. Juan Espinoza. Editorial Rodhas, Lima, 2006, p. 19.
35 TC S 109/1991, citada por RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, R. Derechos Fundamentales y Ga­
rantías Individuales..., p. 17.

1003
A lonso R. P eña C abrera F reyre

6. LA AUSENCIA DE DEBIDA MOTIVACIÓN INCIDE EN LA ADOPCIÓN


DE UNA PRISIÓN PREVENTIVA «ARBITRARIA»
En primer término habría que preguntarnos, ¿Cuándo estamos ante una
detención «arbitraria»?, se dijo líneas atrás, que la prisión preventiva es le­
gal, al constituir una medida de injerencia prevista en la ley procesal así como
los presupuestos que legitiman su adopción, entre éstos, que, debe dictarla
un juez penal competente para ello; cuando se impone, esta mediando una
causal no prevista en la ley o por funcionario incompetente, estaríamos ante
una detención «ilegal».
Dicho lo anterior, habrá que señalar que detención arbitraria, será toda
aquella que se impone sin concurrir los presupuestos que legitiman su adop­
ción, cuando el funcionario que la dicta rebasa el contenido normativo que
regula su imposición, ante una detención que sobrepasa los límites fijados
por la ley así también cuando la detención permanece en el tiempo pese a
haberse desvanecido los motivos que justificaron su dictado (rebuc sic stan-
tibus)36. Cuando no concurren las razones que otorgan validez a la medida de
coerción procesal.
A decir, de Bovino es evidente que el concepto de "detención arbitraria"
no es un concepto cerrado, sino, por el contrario, es un principio que opera
cuando, a pesar de estar cumplidos los requisitos constitucionales y legales,
se verifica alguna circunstancia incompatible con los derechos y garantías
protegidos en la Convención Americana. Ello sucede, por ejemplo, cuando el
motivo que funda la detención no se vincula a requisitos lícitos, sino a cual­
quier otra razón ilegítima -v. gr., persecución de adversario político37- . Casos
en los cuales el funcionario público sustituye a la ley, empleando razonamien­
tos y/o motivos que no se ajustan a la ratio de los presupuestos que informa
la normatividad aplicable. i
La Convención Interamericana ha dado el siguiente concepto, en el Caso
10.247 y otros (Perú)38: "Una detención es arbitraria e ilegal cuando es practi­
LEGALES EDICIONES

cada al margen de los motivos y formalidades que establece la ley, cuando se


ejecuta sin observar las normas exigidas por la ley y cuando se ha incurrido en
desviación de las facultades de detención, es decir, cuando se practica para

36 Vid., al respecto, MIRANDA ESTRAMPES, M. Aproximación a una teoría constitucional


de las medidas cautelares personales, p. 29.
37 BOVINO, A. "La libertad personal en el sistema interamericano". En: Justicia penal y de­
rechos humanos. Editores del Puerto srl, Buenos Aires, 2005, p. 70.
38 Citada por BOVINO, A. "La libertad personal en el sistema interamericano", p. 72.

1004
L a D ebida M otivación de las R esoluciones J urisdiccionales y su Incidencia
en el M arco de la P risión P reventiva

fines distintos a los previstos y requeridos por la ley, la Comisión ha señalado


también que la detención para fines impropios es, en sí misma, un castigo o
pena que constituye una form a de pena sin proceso o pena extralegal que
vulnera la garantía del juicio previo".
El artículo 7.3 de la Convención Americana de Derechos Humanos, es­
tablece que nadie puede ser sometido a detención o encarcelamiento arbi­
trarios; lo que importa un abuso del poder, cuando el funcionario hace de
su competencia funcional el servil medio para la realización de su voluntad
personal, sobreponiéndola sobre la voluntad general que debe servir la ley,
sosteniendo su resolución bajo motivos carentes de toda razonabilidad y/o
proporcionalidad.
Por su parte, el Tribunal Constitucional peruano en la sentencia recaída
en el Exp. N° 1091-2002-HC/TC (Considerando 19), en cuanto a la debida mo­
tivación de las resoluciones judiciales que decreta la detención preventiva,
ha sostenido lo siguiente: "Dos son, (...), las características que debe tener la
motivación de la detención judicial preventiva. En primer lugar, tiene que ser
"suficiente", esto es, debe expresar, por sí misma, las condiciones de hecho y
de derecho que sirven para dictarla o mantenerla. En segundo término, debe
ser "razonada", en el sentido de que en ella se observe la ponderación judicial
en torno a la concurrencia de todos los aspectos que justifican la adopción de
la medida cautelar, pues de otra form a no podrá evaluarse si es arbitraria por
injustificada”.
Sobre el caso que nos ocupa en la presente, el TC ha señalado lo si­
guiente:
12. Es constante y reiterada la doctrina jurisprudencial del Tribunal
en el sentido de que:
[...]La necesidad de que las resoluciones judiciales sean mo­
tivadas es un principio que informa el ejercicio de la función
jurisdiccional y, al mismo tiempo, un derecho constitucional de
los justiciables. Mediante ella, por un lado, se garantiza que la
LEGALES EDICIONES

administración de justicia se lleve a cabo de conformidad con la


Constitución y las leyes (artículos 45 y 138 de la Constitución) y,
por otro, que los justiciables puedan ejercer de manera efectiva
su derecho de defensa (Cfr. STC N° 8125-2005-PHC Caso Jeffrey
Immelt. FJ N” 10).
13. En efecto, uno de los contenidos del derecho al debido pro­
ceso es el derecho de obtener de los órganos judiciales una
respuesta razonada, motivada y congruente con las preten­
siones oportunamente deducidas por las partes en cualquier

1005
A lonso R. P eña C abrera F reyre

clase de procesos. La exigencia de que las decisiones judicia­


les sean motivadas en proporción a los términos del inciso 5)
del artículo 139 de la Norma Fundamental garantiza que los
jueces, cualquiera sea la instancia a la que pertenezcan, ex­
presen la argumentación jurídica que los ha llevado a decidir
una controversia, asegurando que el ejercicio de la potestad
de administrar justicia se haga con sujeción a la Constitución y
a la ley; pero también con la finalidad de facilitar un adecuado
ejercicio del derecho de defensa de los justiciables. En suma,
garantiza que el razonamiento empleado guarde relación y sea
suficiente y proporcionado con los hechos que al juez penal co­
rresponde resolver.
En el marco de los presupuestos que legitiman el dictado de la prisión
preventiva, constituye un elemento esencial, el denominado «peligro pro­
cesal», que ha de advertirse cuando se revelen indicios suficientes de que
el imputado haya de eludir la acción de la justicia o cuando se infiera fir­
memente que pueda obstaculizar la actividad probatoria, es decir, deberán
aparecer datos que de forma objetiva permitan razonablemente deducir que
la libertad del imputado se erige en un latente riesgo para con los fines del
proceso. Para tales efectos, no resulta suficiente que se atienda únicamente
a la gravedad del hecho cometido, en lo que respecta a la prognosis de pena,
sino que para poder estimar el riesgo de fuga, debe aparejarse la valoración
acerca de las circunstancias personales, familiares, laborales y sociales del
imputado así como su edad, profesión estilo de vida, entorno social, esta­
do de salud, antecedentes penales, etc., así también cómo actuó después
de cometido el hecho punible, sí siempre estuvo presente en las diligencias
investigad vas, si es que se ocultó o dio un paradero falso. Son en definitiva,
razones fundadas que hagan presumir que eMmputado no este dispuesto a
comparecer en el proceso, vaticinándose una inminente probabilidad de fuga
(periculum in m ora)39.
LEGALES EDICIONES

Los artículos 268 bis 269 del nuevo CPP, desarrollan de forma extensa
una serie de criterios que puedan ser estimados en orden a determinar el
«peligro de fuga» y el «peligro de obstaculización»40, que a nuestra conside­
ración, son de naturaleza orientativa y enunciativa a la vez, pues nada impide
que se puedan tomar en consideración otros elementos de convicción que

39 PEÑA CABRERA FREYRE, A. R. Manual de Derecho Procesal Penal, p. 343.


40 Vid, al respecto, PEÑA CABRERA FREYRE, A. R. Exégesis al nuevo Código Procesal Penal,
pp. 715-720.

1006
L a D ebida M otivación de las R esoluciones J urisdiccionales y su Incidencia
en el M arco de la P risión P reventiva

puedan desprenderse de cada caso en concreto. Esta cuestión es extrema­


damente problemática en razón de sus consecuencias, debido a que de estas
comprobaciones dependerá que el imputado posiblemente deba vivir todo
su proceso privado de libertad41.
Sobre el aspecto in examine, el TC afirma lo siguiente: “ En reiterada
jurisprudencia este Tribunal ha sostenido que el principal elemento a consi­
derarse con el dictado de la medida cautelar de detención debe ser el peli­
gro procesal que comporte que el procesado ejerza plenamente su libertad
locomotora, en relación con el interés general de la sociedad para reprimir
conductas consideradas como reprochables jurídicamente. En particular,
de que el procesado no interferirá u obstaculizará la investigación judicial
o evadirá la acción de la justicia. Tales fines deben ser evaluados en cone­
xión con distintos elementos que antes y durante el desarrollo del proceso
puedan presentarse y, en form a significativa, con los valores morales del
procesado, su ocupación, bienes que posee, vínculos fam iliares y otros que,
razonablemente, le impidan ocultarse o salir del país o sustraerse a una po­
sible sentencia prolongada. La inexistencia de un indicio razonable en torno
a la perturbación de la investigación judicial o a la evasión de la justicia por
parte del procesado termina convirtiendo el dictado o el mantenimiento de
la detención judicial preventiva en arbitraria, por no encontrarse razonable­
mente justificada".
En síntesis, el peligro de fuga no puede ser valorado de forma su-
perflua, en base a estimaciones desprovistas de todo elemento objetivo,
que exteriorizado pueda inferir indicios razonables de que el imputado
haya de sustraerse de la acción de la justicia y/o haya de perturbar la
actividad probatoria. En todo caso, debe tratarse de un peligro concreto
basado en datos objetivos obrantes en la causa42. Como se dijo, el dictado
jurisdiccional de la prisión preventiva, requiere de una fundamentación
rigurosa, donde sus presupuestos hayan de ser aparejados con evidencia
LEGALES EDICIONES

probatoria, que de forma suficiente pueda form ar una convicción valede­


ra, de prognosis de fuga. De no ser así, estaríamos debilitando de forma
significativa el contenido sustancial de la libertad personal, de un dere­
cho fundamental vital para la coexistencia social e individual de cualquier
ciudadano.

41 PASTOR, D. R. "Las funciones de la Prisión Preventiva", p. 138.


42 MIRANDA ESTRAMPES, M. "Aproximación a una teoría constitucional de las medidas
cautelares personales...", p. 39.

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A lonso R. P eña C abrera F reyre

7. A MODO DE CONCLUSIÓN
En el Proceso Penal es latente la tensión existente entre la libertad per­
sonal del imputado y los intereses jurídicos que pretende amparar la jurisdic­
ción, por más que se diga que al imputado se le presume inocente, ello no
es óbice para que sea objeto de medidas cautelares, que en esencia lo priva,
restringe y/o limita en sus derechos fundamentales.
La sociedad demanda una respuesta jurisdiccional fundada en el Dere­
cho, así también los justiciables cuando son pasibles de una injerencia en el
contenido esencial de sus bienes jurídicos, en orden a garantizar los derechos
constitucionales de defensa y contradicción y, a su vez, como la vía arbitraria
para controlar la razonabilidad y legitimidad de las resoluciones judiciales,
que los motivos que emplean para justificar la medida se ajusten a los presu­
puestos previstos en la ley procesal.
En un modelo procesal mixto, con mayores matices inquisitivos, la pri­
vación de la libertad mediando la detención cautelar, es la decisión que pre­
valece, a diferencia de un modelo acusatorio, donde la libertad es la regla
y la prisión preventiva es la excepción, con arreglo a los principios jurídico-
constitucionales que rigen el nuevo CPP.
La prisión preventiva es la medida cautelar de mayor injerencia en el mar­
co de los derechos fundamentales, pues el imputado es privado de su libertad
personal, con ello afectado en sus posibilidades locomotoras y de participar
activamente en la vida social; en tal medida, su adopción debe sujetarse a los
presupuestos, formales y materiales, que al respecto ha fijado la normatividad
procesal, esto es, según los principios de criminalidad aparente, de peligro pro­
cesal, de proporcionalidad, de necesidad y de jurisdiccionalidad. Únicamente
a partir de estos elementos es que se puede legitimar una medida de tal in­
tensidad, lo que a su vez permite, controlar adecuadamente su uso racional,
lo que genera la imperiosa e ineludible obligación del juzgador de motivar de­
bidamente su decisión, pues si éste ha de basar aquélla solo en base a estima­
LEGALES EDICIONES

ciones, presunciones y a valoraciones a priori, la resolución será constitutiva de


una actuación arbitraria, al adolecer de una «debida motivación».
Aparece así, la denominada «detención judicial arbitraria», cuando es
impuesta sin concurrir de forma objetiva, los requisitos que la legitiman, ante
razones que no guardan correspondencia con la ratio de sus presupuestos,
que por subjetivos y apriorísticos, carecen de una adecuada justificación, tal
como aconteció en el caso in examine.
La debida verificación de los presupuestos que justifican la adopción de
la prisión preventiva, importa un mecanismo de interdicción a la arbitrarie-

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L a D ebida M otivación de las R esoluciones J urisdiccionales y su Incidencia
en el M arco de la P risión P reventiva

dad pública, con ello afirmar la vigencia de la libertad personal como derecho
fundamental, así también para evitar que dicha medida cautelar se convierte
en una pena por anticipado, en un castigo que solo puede recaer sobre la per­
sona cuya culpabilidad ha sido declarada judicialmente. La prisión preventiva
no es una sanción punitiva, solo una medida cautelar dirigida a proteger la
eficacia de la persecución penal.

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