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Don Abecedafio

El documento narra la historia de Don Abecedafio, quien inventó el abecedario para ordenar los nombres en la guía telefónica. Su tía Zelaida se enoja por quedar en último lugar con la letra Z y le cambia el nombre a Zempronio. Luego de negociar, logra que su tía le devuelva su nombre original de Abecedafio a cambio de darle a ella el nombre de Abacada, para que quede en primer lugar.

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Don Abecedafio

El documento narra la historia de Don Abecedafio, quien inventó el abecedario para ordenar los nombres en la guía telefónica. Su tía Zelaida se enoja por quedar en último lugar con la letra Z y le cambia el nombre a Zempronio. Luego de negociar, logra que su tía le devuelva su nombre original de Abecedafio a cambio de darle a ella el nombre de Abacada, para que quede en primer lugar.

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COLEGIO SALESIANO GENERAL

BELGRANO

2º GRADO “A” Y “B”

DON ABECEDAFIO INVENTOR DEL ABECEDARIO


HACE MUCHOS AÑOS NO HABÍA COMPUTADORAS, NI TELE, NI SIQUIERA
AVIONES PORQUE TODAVÍA NO SE HABÍAN INVENTADO.

COMO TAMPOCO HABÍA ABECEDARIO LA GENTE TARDABA


MUCHÍSIMO TIEMPO EN ENCONTRAR UNA PALABRA EN EL
DICCIONARIO.

A PESAR DE ESTO, NADIE SE HACÍA DEMASIADOS


PROBLEMAS, PERO UN DÍA SE INVENTARON LOS TELÉFONOS
Y TODO SE COMPLICÓ.

IMAGÍNENSE, SIN ABECEDARIO, ENCONTRAR UN


NÚMERO EN LA GUÍA ERA TODA UNA HAZAÑA, PORQUE NO
HABÍA MÁS REMEDIO QUE LEER TODOS (SI, TODOS) LOS NOMBRES
HASTA DAR CON EL QUE BUSCABA.

ABECEDAFIO LLEVABA YA TRES DÍAS TRATANDO DE ENCONTRAR EL


NÚMERO DEL DOCTOR SALDÓN, INÚTILMENTE.

- TENDRÉ QUE BUSCAR UNA SOLUCIÓN – DIJO - ¡YA SÉ! GRITÓ – VOY A
ORDENAR LAS LETRAS, PRIMERO LA A (QUE ERA LA PRIMERA LETRA DE SU
NOMBRE), TODOS LOS NOMBRES QUE EMPIECEN CON “A” IRÁN PRIMERO,
LUEGO LA B (QUE ERA LA SEGUNDA LETRA DE SU NOMBRE), DESPUÉS LA C
(QUE ERA… YA SABEN). Y UNA VEZ QUE SE TERMINARON SUS LETRAS, SE
ACRODÓ DE SUS AMIGOS: GUSTAVO, HILARIO, INÉS, JORGE.
EN ÚLTIMO LUGAR COLOCÓ LA Z, PORQUE TENÍA UNA TÍA BRUJA CON LA
QUE NO SE LLEVABA NADA BIEN, LLAMADA ZELAIDA.

EL INVENTO DE ABECEDAFIO RESULTÓ TAN BUENO QUE TODOS


COMENZARON A USARLO, PORQUE NO SÓLO ERA ÚTIL PARA ORDENAR LOS
NOMBRES DE LA GUÍA, SINO QUE TAMBIÉN SERVÍA PARA LAS PALABRAS DEL
DICCIONARIO.

AHORA, SI ALGUIEN NO SABÍA QUE QUERÍA DECIR “GALIMATÍAS”, YA NO


TENÍA QUE LEER TODO EL DICCIONARIO.

TODOS ESTABAN TAN CONTENTOS QUE LE DIERON UN PREMIO A


ABECEDAFIO POR HABER INVENTADO EL ABECEDARIO.

BUENO, EN REALIDAD, CASI TODOS, PORQUE LA TÍA ZELAIDA ESTABA


FURIOSA: “SOY LA ÚLTIMA”, SE LA ESCUCHABA CHILLAR.

Y EL PRIMER DOMINGO DE LUNA, SACÓ SU VARITA, LA AGITÓ TRES


VECES Y PRONUNCIÓ LAS PALABRAS MÁGICAS: “QUELONIO, QUELONIO, TE
LLAMARÁS ZEMPRONIO”.
COLEGIO SALESIANO GENERAL
BELGRANO

2º GRADO “A” Y “B”

EL LUNES A LA MAÑANA, CUANDO DON ABECEDAFIO DESPERTÓ SE


ENCONTRÓ CON DOS NOVEDADES: TENÍA UN NUEVO NOMBRE, AHORA SE
LLAMABA ZEMPRONIO, Y ERA EL ÚLTIMO DE LA GUÍA: ESTABA JUSTITO DEBAJO
DE SU TÍA - ¿QUÉ PASÓ? – PENSÓ DE LO MÁS CONFUNDIDO. Y DE PRONTO SE
DIO CUENTA:

¡FUE ZELAIDA! ME VA A ESCUCHAR – GRITÓ FURIOSO Y, SIN DECIR AGUA


VA, TOMÓ SU SOMBRERO Y SALIÓ CORRIENDO EN BUSCA DE LA TÍA.

¡ZELAIDA! ¡DEVOLVEME MI NOMBRE! – LE DIJO.

NO SEÑOR – CONTESTÓP LA TÍA – VOS PUSISTE LA ZA EN ÚLTIMO LUGAR;


AHORA EMBROMATE.

Y YA LE CERRABA LA PUERTA EN LAS NARICES, CUANDO DON ABA…


PERDÓN, ZEMPRONIO, ENCONTRÓ LA SOLUCIÓN: - ESPERÁ, TENGO UNA IDEA.
YO TE HAGO UN REGALO Y SI TE GUSTA, ME DEVOLVÉS MI NOMBRE.

¿Y QUÉ ME DARÍAS? – SE ENTUSIASMÓ ZELAIDA A QUIÉN LE


ENCANTABAN LOS REGALOS.

UN NOMBRE CON A. ¿QUÉ TE PARECE ABACADA? ASÍ SERÍAS LA PRIMERA


DE LA LISTA.

ABACADA – MURMURÓ LA BRUJA – ESTÁ BIEN, ACEPTO.

FANTÁSTICO! NO TE OLVIDES DE TU PARTE DEL TRATO.

LA TÍA AGITÓ SU VARITA Y DIJO LAS PALABRAS MÁGICAS: “SADEFIO,


SADEFIO: TE LLAMARÁS ABECEDEFIO”.

Y DESDE ESE DÍA DON ABECEDEFIO RECUPERÓ SU NOMBRE Y SU LUGAR


EN LA GUÍA. BUENO, SU LUGAR NO, AHORA ESTÁ SEGUNDO, JUSTITO DEBAJO
DE SU TÍA.
COLEGIO SALESIANO GENERAL
BELGRANO

2º GRADO “A” Y “B”

¿LO LEEMOS TAMBIÉN EN LETRA


DE MOLDE MINÚSCULA?

DON ABECEDAFIO INVENTOR DEL ABECEDARIO


Hace muchos años no había computadoras, ni tele, ni siquiera aviones porque
todavía no se habían inventado.

Como tampoco había abecedario la gente tardaba muchísimo tiempo en encontrar


una palabra en el diccionario.

A pesar de esto, nadie se hacía demasiados problemas, pero un día se inventaron


los teléfonos y todo se complicó.

Imagínense, sin abecedario, encontrar un número en la guía era toda una hazaña,
porque no había más remedio que leer todos (Si, TODOS) los nombres hasta dar con el
que buscaba.

Abecedafio llevaba ya tres días tratando de encontrar el número del doctor Saldón,
inútilmente.

- Tendré que buscar una solución – dijo - ¡Ya sé! Gritó – Voy a ordenar las letras,
primero la A (que era la primera letra de su nombre), todos los nombres que empiecen
con “A” irán primero, luego la B (que era la segunda letra de su nombre), después la C
(que era… ya saben). Y una vez que se terminaron sus letras, se acrodó de sus amigos:
Gustavo, Hilario, Inés, Jorge.
En último lugar colocó la Z, porque tenía una tía bruja con la que no se llevaba
nada bien, llamada Zelaida.

El invento de Abecedafio resultó tan bueno que todos comenzaron a usarlo,


porque no sólo era útil para ordenar los nombres de la guía, sino que también servía
para las palabras del diccionario.

Ahora, si alguien no sabía que quería decir “galimatías”, ya no tenía que leer todo
el diccionario.

Todos estaban tan contentos que le dieron un premio a Abecedafio por haber
inventado el Abecedario.

Bueno, en realidad, casi todos, porque la tía Zelaida estaba furiosa: “SOY LA
ÚLTIMA”, se la escuchaba chillar.

Y el primer domingo de luna, sacó su varita, la agitó tres veces y pronunció las
palabras mágicas: “Quelonio, quelonio, te llamarás Zempronio”.

El lunes a la mañana, cuando don Abecedafio despertó se encontró con dos


novedades: tenía un nuevo nombre, ahora se llamaba Zempronio, y era el último de la
COLEGIO SALESIANO GENERAL
BELGRANO

2º GRADO “A” Y “B”

guía: estaba justito debajo de su tía - ¿Qué pasó? – pensó de lo más confundido. Y de
pronto se dio cuenta:

¡Fue Zelaida! Me va a escuchar – gritó furioso y, sin decir agua va, tomó su
sombrero y salió corriendo en busca de la tía.

¡Zelaida! ¡Devolveme mi nombre! – le dijo.

No señor – contestóp la tía – Vos pusiste la ZA en último lugar; ahora embromate.

Y ya le cerraba la puerta en las narices, cuando don Aba… perdón, Zempronio,


encontró la solución: - Esperá, tengo una idea. Yo te hago un regalo y si te gusta, me
devolvés mi nombre.

¿Y qué me darías? – se entusiasmó Zelaida a quién le encantaban los regalos.

Un nombre con A. ¿Qué te parece Abacada? Así serías la primera de la lista.

Abacada – murmuró la bruja – Está bien, acepto.

Fantástico! No te olvides de tu parte del trato.

La tía agitó su varita y dijo las palabras mágicas: “Sadefio, sadefio: te llamarás
Abecedefio”.

Y desde ese día don Abecedefio recuperó su nombre y su lugar en la guía. Bueno,
su lugar no, ahora está segundo, justito debajo de su tía.

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