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Kant

Kant propone un giro copernicano en la epistemología, donde el sujeto juega un papel activo en la construcción del conocimiento. Según Kant, el sujeto conoce los fenómenos a través de las formas a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo) y el entendimiento (categorías). Esto significa que el conocimiento está limitado a la experiencia y que el sujeto determina cómo percibe el objeto. Kant también analiza el uso legítimo e ilegítimo de la razón, señalando que la metafísica tradicional
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Kant

Kant propone un giro copernicano en la epistemología, donde el sujeto juega un papel activo en la construcción del conocimiento. Según Kant, el sujeto conoce los fenómenos a través de las formas a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo) y el entendimiento (categorías). Esto significa que el conocimiento está limitado a la experiencia y que el sujeto determina cómo percibe el objeto. Kant también analiza el uso legítimo e ilegítimo de la razón, señalando que la metafísica tradicional
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Contexto

Immanuel Kant nació en 1724. Apenas salió de su ciudad natal, Königsberg, pero ello no le
impidió recibir la influencia de su época; es decir los ideales culturales de la Ilustración. En
su pensamiento encontramos la huella de acontecimientos sociales y políticos como la
Revolución francesa, las guerras napoleónicas, el auge del Estado prusiano o los inicios del
Romanticismo. Sus obras más conocidas e influyentes son “Crítica de la razón pura” (1781),
“Crítica de la razón práctica” (1788) y “Crítica del juicio” (1790).
Kant, desde el punto de vista filosófico, se halla a medio camino entre la Ilustración y el
Romanticismo. Estudió, entre otras muchas disciplinas, la filosofía académica y racionalista
de Wolf y la física de Newton. En la obra de Kant, se integran y se superan las dos corrientes
más importantes de la modernidad, racionalismo y empirismo, y confluyen todos los temas
fundamentales que interesan a la ilustración.
La motivación del pensamiento kantiano tiene su origen en las exigencias de clarificación, no
solo de la filosofía, sino de la sociedad y el hombre de su tiempo. Kant somete la razón, tanto
en su vertiente teórica como en su vertiente práctica, a juicio con una doble motivación: por
una parte, pretende terminar con la discrepancia y antagonismos de las interpretaciones de la
razón. Por otra, esta crítica de la razón tiene como objetivo la realización de la libertad y la
superación de una “minoría de edad” que termine con sus constricciones exteriores. La
libertad es en última instancia el motor de la crítica y ésta se halla esencialmente relacionada
con la Ilustración.

Epistemología
Kant usará la expresión "idealismo trascendental" para designar su propia filosofía y
distinguirla del idealismo de Berkeley. El idealismo trascendental afirma que el conocimiento
humano sólo puede referirse a los fenómenos y no a las cosas en sí mismas. Esto implica que
en la experiencia de conocimiento el psiquismo humano influye en el objeto conocido y,
también, la afirmación de los límites del conocimiento humano.
El pensar, a diferencia de la metafísica clásica, ya no alcanza el ser sino los fenómenos (las
apariencias). Son las formas puras y a priori de la sensibilidad y el entendimiento las que
confieren al objeto su caracter de universal y necesario, requisito indispensable de la ciencia
de su tiempo; pero, a cambió, la cosa en sí misma, entra en el terreno de lo fantasmagórico.
En la Crítica de la razón pura, Kant estudia qué se puede conocer con el objetivo de poner al
descubierto las estructuras trascendentales y a priori de la facultad de conocer.
En respuesta a esto, Kant va a mantener elementos propios de las dos grandes corrientes
modernas: del racionalismo mantiene que el entendimiento posee conceptos puros a priori;
del empirismo, Kant acepta que es imposible que la razón, por sí misma, pueda alcanzar algún
tipo de conocimiento. Para Kant, los conceptos puros de la razón hacen posible el
conocimiento pero por sí solas no sirven para nada, pues sólo son formas, esquemas o
estructuras (formas a priori) que organizan los datos de la experiencia. Legítimamente, el
conocimiento no puede rebasar los límites de la experiencia y las formas a priori sólo pueden
aplicarse a los datos empíricos.
Llegados a este punto, Kant se pregunta si es posible la metafísica como conocimiento ya que
el ámbito en el que esta se mueve supera los límites de la experiencia posible. Kant piensa
que para solucionar este problema debe plantearse primero cómo es posible la ciencia. Kant
no se pregunta si es posible la ciencia sino el cómo, porque da por supuesto que la ciencia es
posible, es decir, que es un saber legítimo.
Para Kant, si clasificamos los juicios atendiendo a su estructura tenemos juicios analíticos y
sintéticos: los analíticos son aquellos en los que el predicado está incluido en el sujeto, no
proporcionan ningún saber nuevo. Por otro lado, en los juicios sintéticos el predicado no está
contenido en el sujeto y proporcionan una nueva información que antes no se poseía.
Además, clasifica los juicios en relación al modo en que sabemos si son verdaderos, que
dividirá en a priori, cuya verdad o falsedad puede conocerse sin acudir a la experiencia, son
universales y necesarios; y a posteriori, aquellos cuya verdad o falsedad puede conocerse sólo
si acudimos a la experiencia, son particulares y contingentes.

Para Kant el conocimiento se expresa en los juicios. En concreto en la posibilidad de los


juicios sintéticos y a priori, pues éstos serían aquellos que para conocer su verdad no hace
falta acudir a la experiencia, son universales y necesarios, pero sí que nos proporcionan
nueva información sobre el mundo.
Kant observó que estos juicios son los que fundamentan la ciencia, ya que sus propiedades
son esenciales para el establecimiento de sus leyes. Tras afirmar la existencia de los juicios
sintéticos a priori falta investigar qué requisitos se necesitan para poder formularlos. Dicha
tarea la llevará a cabo Kant a través del análisis y crítica de las facultades cognoscitivas del
sujeto: sensibilidad, entendimiento y razón.
Kant empieza con el análisis de la sensibilidad en lo que llama la estética trascendental. Lo
llama estética porque analiza la sensibilidad, fuente de todas nuestras percepciones, y
trascendental porque analiza cuáles son sus condiciones de posibilidad (formas a priori).
Estas percepciones se forman con datos de la experiencia organizados por unas formas puras
a priori: el espacio y el tiempo. Estas son las condiciones trascendentales de la percepción,
pues si no se dan es imposible percibir nada, y son formas puras ya que son esquemas vacíos
cuya única función es organizar los datos de la experiencia.
Por tanto Kant crítica la concepción del empirismo de un sujeto pasivo y propone uno activo
que al recibir esas impresiones, inmediatamente las ordena y unifica a través de unas formas
o estructuras que el propio sujeto posee y que son las coordenadas espacio-temporales,
dando lugar a lo que llama fenómeno. El fenómeno es lo que podemos conocer a través de la
intuición sensible, frente al noúmeno, que sería ‘la cosa en sí’.
La analítica trascendental, en la que se exponen los elementos a priori del conocimiento
intelectual, se encargará de explicar la formación de juicios. Los fenómenos de la percepción
no son conocimientos sino la "materia prima" con la que estos se construyen. El
entendimiento funciona sintetizando el "material" procedente de la sensibilidad formando
conceptos y éstos, a su vez, los sintetiza en juicios y los juicios en razonamientos.
El entendimiento sintetiza estos juicios aplicando a los datos procedentes de la sensibilidad
unas formas a priori propias del entendimiento: las categorías. Kant señala doce categorías,
algunas de ellas son la totalidad, la negación, la causa-efecto y necesidad-contingencia. Estas
categorías no proceden de la experiencia, sino que las ponemos nosotros en los datos de la
experiencia para organizarlos y poder elaborar conceptos.
La objetividad de los juicios no procede de la experiencia, sino que es la forma de estructurar,
organizar o sintetizar que le da el entendimiento al aplicar sus categorías, la que hace de ellos
que sean objetivos, válidos o legítimos. Por lo tanto, es el sujeto el que determina al objeto
imponiéndole sus formas, por lo que la objetividad es algo que procede de nosotros mismos,
de nuestra propia razón.
Kant dice que, al tener todos los seres humanos las mismas estructuras racionales (las
mismas categorías), todos organizamos del mismo modo los datos del exterior, lo que implica
que nuestros conocimientos, cuando están bien fundados y construidos, sean universalmente
aceptados.
Kant llama “giro copernicano” al cambio radical que establece en su concepción del proceso
del conocimiento. Para él, el conocimiento es una intersección entre el sujeto y el objeto, de
modo que el objeto queda afectado por el espacio, el tiempo y las categorías, filtros
ineludibles que el sujeto proyecta en el objeto. El sujeto determina, pues, el conocimiento del
mundo, ya que si estos filtros variaran, nuestra comprensión del mundo sería diferente.
El último apartado de la epistemología kantiana es el de la dialéctica trascendental, donde
Kant va a analizar la tendencia natural de la Razón a hacer síntesis superiores hasta llegar a lo
incondicionado rebasando los límites de la experiencia. A esto lo llamará uso especulativo de
la Razón: uso ilegítimo de las categorías.
Kant va a llamar "Razón" al "Entendimiento" cuando actúa de este modo ilegítimo. Del mismo
modo, el concepto de "dialéctica" va a tener un sentido peyorativo: un discurso especulativo
no apoyado en la experiencia. Lo que hacemos cuando hacemos un uso especulativo de la
razón es Metafísica.
Aunque el conocimiento no puede rebasar los límites de la experiencia, en la Metafísica
tradicional dichas categorías son utilizadas ilegítimamente, "creando entes" sin apoyarse en
fenómenos. Esto sucede porque nuestro entendimiento tiende a hacer síntesis cada vez más
superiores buscando las causas últimas de todo: lo incondicionado.

En esa búsqueda, forma las ideas trascendentales de la Razón: el mundo como la totalidad de
los fenómenos naturales; el yo como la totalidad de los fenómenos psíquicos; y Dios como la
causa de unos y otros tipos de fenómenos.
Hay dos posibles usos de estas ideas trascendentales, uno legítimo y otro ilegítimo. El uso
legítimo sería cuando estas ideas trascendentales funcionan como principios reguladores: un
horizonte que se busca pero que se sabe que es inalcanzable. Ahora bien, hay una tendencia
inevitable de la razón a hacer un uso ilegítimo, que consiste en tomar estas ideas como
objetos reales cuando sólo son ideas o conceptos puros. Es lo que Kant denomina “ilusión
trascendental”. El uso real de la razón aplica las categorías, no a intuiciones empíricas, sino a
conceptos puros de la razón de los que no tenemos experiencia.
Con todo, se puede afirmar que la metafísica no es posible conocimiento, ya que va más allá
de la experiencia posible, del material dado por la sensibilidad y organizado o estructurado
por las formas puras de la sensibilidad y el entendimiento. Las ideas trascendentales de la
razón que no puede alcanzar la razón teórica, se alcanzarán gracias a la libertad, pero esta es
una cuestión que entra dentro del terreno de la razón práctica, nunca de la razón crítica.

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