La Cenicienta doncellas bonitas del país, para que el príncipe heredero
Había una vez una mujer casada con un hombre muy eligiese entre ellas una esposa. Al enterarse las dos
rico, que enfermó, y, presintiendo su próximo fin, llamó hermanastras que también ellas figuraban en la lista, se
a su única hijita y le dijo: "Hija mía, sigue siendo pusieron muy contentas. Llamaron a Cenicienta, y le
siempre buena y piadosa, y el buen Dios no te dijeron: "Péinanos, cepíllanos bien los zapatos y
abandonará. Yo velaré por ti desde el cielo, y me tendrás abróchanos las hebillas; vamos a la fiesta de palacio."
siempre a tu lado." Y, cerrando los ojos, murió. La Cenicienta obedeció, aunque llorando, pues también ella
muchachita iba todos los días a la tumba de su madre a hubiera querido ir al baile, y, así, rogó a su madrastra
llorar, y siguió siendo buena y piadosa. Al llegar el que se lo permitiese. "¿Tú, la Cenicienta, cubierta de
invierno, la nieve cubrió de un blanco manto la polvo y porquería, pretendes ir a la fiesta? No tienes
sepultura, y cuando el sol de primavera la hubo vestido ni zapatos, ¿y quieres bailar?" Pero al insistir la
derretido, el padre de la niña contrajo nuevo matrimonio. muchacha en sus súplicas, la mujer le dijo, finalmente:
La segunda mujer llevó a casa dos hijas, de rostro bello y "Te he echado un plato de lentejas en la ceniza, si las
blanca tez, pero negras y malvadas de corazón. Vinieron recoges en dos horas, te dejaré ir." La muchachita,
entonces días muy duros para la pobrecita huérfana. saliendo por la puerta trasera, se fue al jardín y exclamó:
"¿Esta estúpida tiene que estar en la sala con nosotras?" "¡Palomitas mansas, tortolillas y avecillas todas del
decían las recién llegadas. "Si quiere comer pan, que se cielo, vengan a ayudarme a recoger lentejas!: “Las
lo gane. ¡Fuera, a la cocina!" Le quitaron sus hermosos buenas, en el pucherito; las malas, en el buchecito."
vestidos, le pusieron una blusa vieja y le dieron un par Y acudieron a la ventana de la cocina dos palomitas
de zuecos para calzado: "¡Mira la orgullosa princesa, qué blancas, luego las tortolillas y, finalmente,
compuesta!" Y, burlándose de ella, la llevaron a la comparecieron, bulliciosas y presurosas, todas las
cocina. Allí tenía que pasar el día entero ocupada en avecillas del cielo y se posaron en la ceniza. Y las
duros trabajos. Se levantaba de madrugada, iba por agua, palomitas, bajando las cabecitas, empezaron: pic, pic,
encendía el fuego, preparaba la comida, lavaba la ropa. pic, pic; y luego todas las demás las imitaron: pic, pic,
Y, por añadidura, sus hermanastras la sometían a todas pic, pic, y en un santiamén todos los granos buenos
las mortificaciones imaginables; se burlaban de ella, le estuvieron en la fuente. No había transcurrido ni una
esparcían, entre la ceniza, los porotos y las lentejas, para hora cuando, terminado el trabajo, echaron a volar y
que tuviera que pasarse horas recogiéndolos. A la noche, desaparecieron. La muchacha llevó la fuente a su
rendida como estaba de tanto trabajar, en vez de madrastra, contenta porque creía que la permitirían ir a
acostarse en una cama tenía que hacerlo en las cenizas la fiesta, pero la vieja le dijo: "No, Cenicienta, no tienes
del hogar. Y como por este motivo iba siempre vestidos y no puedes bailar. Todos se burlarían de ti." Y
polvorienta y sucia, la llamaban Cenicienta. como la pobre rompiera a llorar: "Si en una hora eres
capaz de limpiar dos fuentes llenas de lentejas que
Un día en que el padre se disponía a ir a la feria, echaré en la ceniza, te permitiré que vayas." Y pensaba:
preguntó a sus dos hijastras qué deseaban que les trajese. "Jamás podrá hacerlo." Pero cuando las lentejas
"Hermosos vestidos," respondió una de ellas. "Perlas y estuvieron en la ceniza, la doncella salió al jardín por la
piedras preciosas," dijo la otra. "¿Y tú, Cenicienta," puerta trasera y gritó: "¡Palomitas mansas, tortolillas y
preguntó, "qué quieres?" - "Padre, corta la primera avecillas todas del cielo, vengan a ayudarme a limpiar
ramita que te toque el sombrero y tráemela." Compró el lentejas!: “Las buenas, en el pucherito; las malas, en el
hombre para sus hijastras magníficos vestidos, perlas y buchecito."
piedras preciosas; de vuelta, al atravesar un bosquecillo,
un brote de avellano le hizo caer el sombrero, y él lo Y enseguida acudieron a la ventana de la cocina dos
cortó y se lo llevó consigo. En la casa, dio a sus hijastras palomitas blancas y luego las tortolillas, y, finalmente,
lo que habían pedido, y a Cenicienta, el brote de comparecieron, bulliciosas y presurosas, todas las
avellano. La muchacha le dio las gracias, y se fue con la avecillas del cielo y se posaron en la ceniza. Y las
rama a la tumba de su madre, allí la plantó, regándola palomitas, bajando las cabecitas, empezaron: pic, pic,
con sus lágrimas, y el brote creció, convirtiéndose en un pic, pic; y luego todas las demás las imitaron: pic, pic,
hermoso árbol. Cenicienta iba allí tres veces al día, a pic, pic, echando todos los granos buenos en las fuentes.
llorar y rezar, y siempre encontraba un pajarillo blanco No había transcurrido aún media hora cuando, terminada
posado en una rama; un pajarillo que, cuando la niña le ya su tarea, emprendieron el vuelo. La muchacha llevó
pedía algo, se lo enviaba desde arriba. las fuentes a su madrastra, pensando que aquella vez le
permitiría ir a la fiesta. Pero la mujer le dijo: "Todo es
Sucedió que el Rey organizó unas fiestas, que debían inútil; no vendrás, pues no tienes vestidos ni sabes bailar.
durar tres días, y a las que fueron invitadas todas las Serías nuestra vergüenza." Y, volviéndole la espalda,
1
partió apresuradamente con sus dos orgullosas hijas. ramas, y el príncipe la perdió de vista. El joven aguardó
la llegada del padre, y le dijo: "La joven forastera se me
No habiendo ya nadie en casa, Cenicienta se encaminó a ha escapado; creo que se subió al peral." Pensó el padre:
la tumba de su madre, bajo el avellano, y suplicó: ¿Será la Cenicienta? Y, tomando un hacha, derribó el
"¡Arbolito, sacude tus ramas frondosas, y échame oro y árbol, pero nadie apareció en la copa. Y cuando entraron
plata y más cosas!" Y he aquí que el pájaro le echó un en la cocina, allí estaba Cenicienta entre las cenizas,
vestido bordado en plata y oro, y unas zapatillas con como tenía por costumbre, pues había saltado al suelo
adornos de seda y plata. Se vistió a toda prisa y corrió a por el lado opuesto del árbol, y, después de devolver los
palacio, donde su madrastra y hermanastras no la hermosos vestidos al pájaro del avellano, volvió a
reconocieron, y, al verla tan ricamente ataviada, la ponerse su batita gris.
tomaron por una princesa extranjera. Ni por un momento
se les ocurrió pensar en Cenicienta, a quien creían en su El tercer día, en cuanto se hubieron marchado los demás,
cocina, sucia y buscando lentejas en la ceniza. El volvió Cenicienta a la tumba de su madre y suplicó al
príncipe salió a recibirla, y tomándola de la mano, bailó arbolillo:"¡Arbolito, sacude tus ramas frondosas, y
con ella. Y es el caso que no quiso bailar con ninguna échame oro y plata y más cosas!"
otra ni la soltó de la mano, y cada vez que se acercaba Y el pájaro le echó un vestido soberbio y brillante como
otra muchacha a invitarlo, se negaba diciendo: "Ésta es jamás se viera otro en el mundo, con unos zapatitos de
mi pareja." oro puro. Cuando se presentó a la fiesta, todos los
concurrentes se quedaron boquiabiertos de admiración.
Al anochecer, Cenicienta quiso volver a su casa, y el El hijo del Rey bailó exclusivamente con ella, y a todas
príncipe le dijo: "Te acompañaré," deseoso de saber de las que iban a solicitarlo les respondía: "Ésta es mi
dónde era la bella muchacha. Pero ella se le escapó, y se pareja."
encaramó de un salto al palomar. El príncipe aguardó a Al anochecer se despidió Cenicienta. El hijo del Rey
que llegase su padre, y le dijo que la doncella forastera quiso acompañarla; pero ella se escapó con tanta rapidez,
se había escondido en el palomar. Entonces pensó el que su admirador no pudo darle alcance. Pero esta vez
viejo: ¿Será la Cenicienta? Y, pidiendo que le trajesen recurrió a una trampa: mandó embadurnar con pez las
un hacha y un pico, se puso a derribar el palomar. Pero escaleras de palacio, por lo cual, al saltar la muchacha
en su interior no había nadie. Y cuando todos llegaron a los peldaños, se le quedó la zapatilla izquierda adherida
casa, encontraron a Cenicienta entre la ceniza, cubierta a uno de ellos. Recogió el príncipe la zapatilla, y observó
con sus sucias ropas, mientras un candil de aceite ardía que era diminuta, graciosa, y toda ella de oro. A la
en la chimenea; pues la muchacha se había dado buena mañana siguiente se presentó en casa del hombre y le
maña en saltar por detrás del palomar y correr hasta el dijo: "Mi esposa será aquella cuyo pie se ajuste a este
avellano; allí se quitó sus hermosos vestidos, y los zapato." Las dos hermanastras se alegraron, pues ambas
depositó sobre la tumba, donde el pajarillo se encargó de tenían los pies muy lindos. La mayor fue a su cuarto para
recogerlos. Y enseguida se volvió a la cocina, vestida probarse la zapatilla, acompañada de su madre. Pero no
con su sucia batita. había modo de introducir el dedo gordo; y al ver que la
zapatilla era demasiado pequeña, la madre, alargándole
Al día siguiente, a la hora de volver a empezar la fiesta, un cuchillo, le dijo: "¡Córtate el dedo! Cuando seas
cuando los padres y las hermanastras se hubieron reina, no tendrás necesidad de andar a pie." Lo hizo así
marchado, la muchacha se dirigió al avellano y le dijo: la muchacha; forzó el pie en el zapato y, reprimiendo el
"¡Arbolito, sacude tus ramas frondosas, y échame oro y dolor, se presentó al príncipe. Él la hizo montar en su
plata y, más cosas!" El pajarillo le envió un vestido caballo y se marchó con ella. Pero hubieron de pasar por
mucho más espléndido aún que el de la víspera; y al delante de la tumba, y dos palomitas que estaban
presentarse ella en palacio tan magníficamente ataviada, posadas en el avellano gritaron:
todos los presentes se pasmaron ante su belleza. El hijo "Ruke di guk, ruke di guk; sangre hay en el zapato. El
del Rey, que la había estado aguardando, la tomó zapato no le va, La novia verdadera en casa está."
inmediatamente de la mano y sólo bailó con ella. A las Miró el príncipe el pie y vio que de él fluía sangre. Hizo
demás que fueron a solicitarlo, les respondía: "Ésta es mi dar media vuelta al caballo y devolvió la muchacha a su
pareja." Al anochecer, cuando la muchacha quiso madre, diciendo que no era aquella la que buscaba, y que
retirarse, el príncipe la siguió, para ver a qué casa se la otra hermana tenía que probarse el zapato. Subió ésta
dirigía; pero ella desapareció de un brinco en el jardín de a su habitación y, aunque los dedos le entraron
detrás de la suya. Crecía en él un grande y hermoso holgadamente, en cambio no había manera de meter el
peral, del que colgaban peras magníficas. Se subió ella a talón. Le dijo la madre, alargándole un cuchillo: "Córtate
la copa con la ligereza de una ardilla, saltando entre las un pedazo del talón. Cuando seas reina no tendrás
2
necesidad de andar a pie." Se cortó la muchacha un trozo pegar el ojo; finalmente, dijo, suspirando, a su mujer: -
¿Qué va a ser de nosotros? ¿Cómo alimentar a los pobres
del talón, metió a la fuerza el pie en el zapato y,
pequeños, puesto que nada nos queda? - Se me ocurre
reprimiendo el dolor, se presentó al hijo del Rey. Montó
una cosa -respondió ella-. Mañana, de madrugada, nos
éste en su caballo y se marchó con ella. Pero al pasar por llevaremos a los niños a lo más espeso del bosque. Les
delante del avellano, las dos palomitas posadas en una de encenderemos un fuego, les daremos un pedacito de pan
sus ramas gritaron: y luego los dejaremos solos para ir a nuestro trabajo.
"Ruke di guk, ruke di guk; sangre hay en el zapato. El Como no sabrán encontrar el camino de vuelta, nos
libraremos de ellos. - ¡Por Dios, mujer! -replicó el
zapato no le va. La novia verdadera en casa está."
hombre-. Eso no lo hago yo. ¡Cómo voy a cargar sobre
mí el abandonar a mis hijos en el bosque! No tardarían
Miró el príncipe el pie de la muchacha y vio que en ser destrozados por las fieras. - ¡No seas necio! -
la sangre manaba del zapato y había enrojecido la blanca exclamó ella-. ¿Quieres, pues, que nos muramos de
media. Volvió grupas y llevó a su casa a la falsa novia. hambre los cuatro? ¡Ya puedes ponerte a aserrar las
"Tampoco es ésta la verdadera," dijo. "¿No tienen otra tablas de los ataúdes! -. Y no cesó de importunarle hasta
hija?" - "No," respondió el hombre. Sólo de mi esposa que el hombre accedió-. Pero me dan mucha lástima -
decía. Los dos hermanitos, a quienes el hambre mantenía
difunta queda una Cenicienta pringosa; pero es
siempre desvelados, oyeron lo que su madrastra
imposible que sea la novia." Mandó el príncipe que la aconsejaba a su padre. Gretel, entre amargas lágrimas,
llamasen; pero la madrastra replicó: "¡Oh, no! ¡Va dijo a Hänsel: - ¡Ahora sí que estamos perdidos! - No
demasiado sucia! No me atrevo a presentarla." Pero llores, Gretel -la consoló el niño-, y no te aflijas, que yo
como el hijo del Rey insistiera, no hubo más remedio me las arreglaré para salir del paso. Y cuando los viejos
que llamar a Cenicienta. Lavóse ella primero las manos estuvieron dormidos, se levantó y se puso la chaquetita y
salió a la calle por la puerta trasera. Brillaba una luna
y la cara y, entrando en la habitación, saludó al príncipe
esplendorosa y los blancos guijarros que estaban en el
con una reverencia, y él tendió el zapato de oro. Se sentó
suelo delante de la casa, relucían como plata pura.
la muchacha en un escalón, se quitó el pesado zueco y se Hänsel los fue recogiendo hasta que no le cupieron más
calzó la chinela: le venía como pintada. Y cuando, al en los bolsillos. De vuelta a su cuarto, dijo a Gretel: -
levantarse, el príncipe le miró el rostro, reconoció en el Nada temas, hermanita, y duerme tranquila: Dios no nos
acto a la hermosa doncella que había bailado con él, y abandonará -y se acostó de nuevo.
exclamó: "¡Ésta sí que es mi verdadera novia!" La
A las primeras luces del día, antes aún de que saliera el
madrastra y sus dos hijas palidecieron de rabia; pero el
sol, la mujer fue a llamar a los niños: - ¡Vamos,
príncipe ayudó a Cenicienta a montar a caballo y marchó holgazanes, levantaos! Hemos de ir al bosque por leña-.
con ella. Y al pasar por delante del avellano, gritaron las Y dando a cada uno un pedacito de pan, les advirtió-:
dos palomitas blancas: "Ruke di guk, ruke di guk; no Ahí tenéis esto para mediodía, pero no os lo comáis
tiene sangre el zapato. Y pequeño no le está. Es la novia antes, pues no os daré más. Gretel se puso el pan debajo
verdadera con la que va." del delantal, porque Hänsel llevaba los bolsillos llenos
de piedras, y emprendieron los cuatro el camino del
Y, dicho esto, bajaron volando las dos palomitas
bosque. Al cabo de un ratito de andar, Hänsel se detenía
y se posaron una en cada hombro de Cenicienta. Al de cuando en cuando, para volverse a mirar hacia la
llegar el día de la boda, se presentaron las traidoras casa. Dijo el padre: - Hänsel, no te quedes rezagado
hermanas, muy zalameras, deseosas de congraciarse con mirando atrás, ¡atención y piernas vivas! - Es que miro el
Cenicienta y participar de su dicha. Pero al encaminarse gatito blanco, que desde el tejado me está diciendo adiós
el cortejo a la iglesia, yendo la mayor a la derecha de la -respondió el niño. Y replicó la mujer: - Tonto, no es el
gato, sino el sol de la mañana, que se refleja en la
novia y la menor a su izquierda, las palomas, de sendos
chimenea. Pero lo que estaba haciendo Hänsel no era
picotazos, les sacaron un ojo a cada una. Luego, al salir, mirar el gato, sino ir echando blancas piedrecitas, que
yendo la mayor a la izquierda y la menor a la derecha, sacaba del bolsillo, a lo largo del camino.
las mismas aves les sacaron el otro ojo. Y de este modo
quedaron castigadas por su maldad, condenadas a la Cuando estuvieron en medio del bosque, dijo el padre: -
ceguera para todos los días de su vida. Recoged ahora leña, pequeños, os encenderé un fuego
para que no tengáis frío. Hänsel y Gretel reunieron un
Hansel y Gretel buen montón de leña menuda. Prepararon una hoguera, y
cuando ya ardió con viva llama, dijo la mujer: - Poneos
Junto a un bosque muy grande vivía un pobre leñador ahora al lado del fuego, chiquillos, y descansad, mientras
con su mujer y dos hijos; el niño se llamaba Hänsel, y la nosotros nos vamos por el bosque a cortar leña. Cuando
niña, Gretel. Apenas tenían qué comer, y en una época hayamos terminado, vendremos a recogeros.
de carestía que sufrió el país, llegó un momento en que
el hombre ni siquiera podía ganarse el pan de cada día. Los dos hermanitos se sentaron junto al fuego, y al
Estaba el leñador una noche en la cama, cavilando y mediodía, cada uno se comió su pedacito de pan. Y
revolviéndose, sin que las preocupaciones le dejaran como oían el ruido de los hachazos, creían que su padre
3
estaba cerca. Pero, en realidad, no era el hacha, sino una a regresar; pero no encontraron ni una sola miga; se las
rama que él había atado a un árbol seco, y que el viento habían comido los mil pajarillos que volaban por el
hacía chocar contra el tronco. Al cabo de mucho rato de bosque. Dijo Hänsel a Gretel: - Ya daremos con el
estar allí sentados, el cansancio les cerró los ojos, y se camino. Anduvieron toda la noche y todo el día
quedaron profundamente dormidos. Despertaron, cuando siguiente, desde la madrugada hasta el atardecer, sin
ya era noche cerrada. Gretel se echó a llorar, diciendo: - lograr salir del bosque; sufrían además de hambre. Y
¿Cómo saldremos del bosque? Pero Hänsel la consoló: - como se sentían tan cansados que las piernas se negaban
Espera un poquitín a que brille la luna, que ya ya a sostenerlos, se echaron al pie de un árbol y se
encontraremos el camino. Anduvieron toda la noche, y quedaron dormidos.
llegaron a la casa al despuntar el alba. Llamaron a la
puerta y les abrió la madrastra, que, al verlos, exclamó: - Y amaneció el día tercero desde que salieron de casa.
¡Diablo de niños! ¿Qué es eso de quedarse tantas horas Reanudaron la marcha, pero cada vez se extraviaban más
en el bosque? ¡Creíamos que no queríais volver! El en el bosque. Si alguien no acudía pronto en su ayuda,
padre, en cambio, se alegró de que hubieran vuelto, pues estaban condenados a morir de hambre. Pero he aquí que
le remordía la conciencia por haberlos abandonado. hacia mediodía vieron un hermoso pajarillo, blanco
como la nieve, posado en la rama de un árbol; y cantaba
Algún tiempo después hubo otra época de miseria en el tan dulcemente, que se detuvieron a escucharlo. Cuando
país, y los niños oyeron una noche cómo la madrastra, hubo terminado, abrió sus alas y emprendió el vuelo, y
estando en la cama, decía a su marido: - Otra vez se ha ellos lo siguieron, hasta llegar a una casita, en cuyo
terminado todo; sólo nos queda media hogaza de pan, y tejado se posó; y al acercarse vieron que la casita estaba
sanseacabó. Tenemos que deshacernos de los niños. Los hecha de pan y cubierta de bizcocho, y las ventanas eran
llevaremos más adentro del bosque para que no puedan de puro azúcar. - ¡Mira qué bien! -exclamó Hänsel-, aquí
encontrar el camino; de otro modo, no hay salvación podremos sacar el vientre de mal año. Yo comeré un
para nosotros. Al padre le dolía mucho abandonar a los pedacito del tejado; tú, Gretel, puedes probar la ventana,
niños, y pensaba: "Mejor harías partiendo con tus hijos verás cuán dulce es. Se encaramó el niño al tejado y
el último bocado." Pero la mujer no quiso escuchar sus rompió un trocito para probar a qué sabía, mientras su
razones, y lo llenó de reproches e improperios. Quien hermanita mordisqueaba en los cristales. Entonces
cede la primera vez, también ha de ceder la segunda; y, oyeron una voz suave que procedía del interior:
así, el hombre no tuvo valor para negarse. Pero los niños
estaban aún despiertos y oyeron la conversación. Cuando "¿Será acaso la ratita la que roe mi casita?" Pero los
los viejos se hubieron dormido, se levantó Hänsel con niños respondieron: "Es el viento, es el viento
intención de salir a proveerse de guijarros, como la vez que sopla violento."Y siguieron comiendo. Hänsel, que
anterior; pero no pudo hacerlo, pues la mujer había encontraba el tejado sabrosísimo, desgajó un buen
cerrado la puerta. Dijo, no obstante, a su hermanita, para pedazo, y Gretel sacó todo un cristal redondo y se sentó
consolarla: - No llores, Gretel, y duerme tranquila, que en el suelo, comiendo a dos carrillos. Se abrió entonces
Dios Nuestro Señor nos ayudará. la puerta bruscamente, y salió una mujer viejísima, que
se apoyaba en una muleta. Los niños se asustaron de tal
A la madrugada siguiente se presentó la mujer a sacarlos modo, que soltaron lo que tenían en las manos; pero la
de la cama y les dio su pedacito de pan, más pequeño vieja, meneando la cabeza, les dijo: - Hola, pequeñines,
aún que la vez anterior. Camino del bosque, Hänsel iba ¿quién os ha traído? Entrad y quedaos conmigo, no os
desmigajando el pan en el bolsillo y, deteniéndose de haré ningún daño. Y, cogiéndolos de la mano, los
trecho en trecho, dejaba caer miguitas en el suelo. - introdujo en la casita, donde había servida una apetitosa
Hänsel, ¿por qué te paras a mirar atrás? -preguntóle el comida: leche con bollos azucarados, manzanas y
padre-. ¡Vamos, no te entretengas! - Estoy mirando mi nueces. Después los llevó a dos camitas con ropas
palomita, que desde el tejado me dice adiós. - ¡Bobo! - blancas, y Hänsel y Gretel se acostaron en ellas,
intervino la mujer-, no es tu palomita, sino el sol de la creyéndose en el cielo. La vieja aparentaba ser muy
mañana, que brilla en la chimenea. Pero Hänsel fue buena y amable, pero, en realidad, era una bruja malvada
sembrando de migas todo el camino. La madrastra que acechaba a los niños para cazarlos, y había
condujo a los niños aún más adentro del bosque, a un construido la casita de pan con el único objeto de
lugar en el que nunca había estado. Encendieron una atraerlos. Cuando uno caía en su poder, lo mataba, lo
gran hoguera, y la mujer les dijo: - Quedaos aquí, guisaba y se lo comía; esto era para ella un gran
pequeños, y si os cansáis, echad una siestecita. Nosotros banquete. Las brujas tienen los ojos rojizos y son muy
vamos por leña; al atardecer, cuando hayamos cortas de vista; pero, en cambio, su olfato es muy fino,
terminado, volveremos a recogemos. A mediodía, Gretel como el de los animales, por lo que desde muy lejos
partió su pan con Hänsel, ya que él había esparcido el ventean la presencia de las personas. Cuando sintió que
suyo por el camino. Luego se quedaron dormidos, sin se acercaban Hänsel y Gretel, dijo para sus adentros, con
que nadie se presentara a buscar a los pobrecillos; se una risotada maligna: "¡Míos son; éstos no se me
despertaron cuando era ya de noche oscura. Hänsel escapan!." Y, agarrando a Hänsel con su mano seca, lo
consoló a Gretel diciéndole: - Espera un poco, llevó a un pequeño establo y lo encerró detrás de una
hermanita, a que salga la luna; entonces veremos las reja. Gritó y protestó el niño con todas sus fuerzas, pero
migas de pan que yo he esparcido, y que nos mostrarán todo fue inútil. Se dirigió entonces a la cama de Gretel y
el camino de vuelta. Cuando salió la luna, se dispusieron despertó a la pequeña, sacudiéndola rudamente y
gritándole: - Levántate, holgazana, ve a buscar agua y
4
guisa algo bueno para tu hermano; lo tengo en el establo Echaron entonces a correr, entraron y se colgaron del
y quiero que engorde. Cuando esté bien cebado, me lo cuello de su padre. El pobre hombre no había tenido una
comeré. Gretel se echó a llorar amargamente, pero en sola hora de reposo desde el día en que abandonara a sus
vano; hubo de cumplir los mandatos de la bruja. hijos en el bosque; y en cuanto a la madrastra, había
muerto. Volcó Gretel su delantal, y todas las perlas y
Desde entonces a Hänsel le sirvieron comidas exquisitas, piedras preciosas saltaron por el suelo, mientras Hänsel
mientras Gretel no recibía sino cáscaras de cangrejo. vaciaba también a puñados sus bolsillos. Se acabaron las
Todas las mañanas bajaba la vieja al establo y decía: - penas, y en adelante vivieron los tres felices. Y colorín
Hänsel, saca el dedo, que quiero saber si estás gordo. colorado, este cuento se ha acabado.
Pero Hänsel, en vez del dedo, sacaba un huesecito, y la
vieja, que tenía la vista muy mala, pensaba que era
realmente el dedo del niño, y todo era extrañarse de que
no engordara. Cuando, al cabo de cuatro semanas, vio
que Hänsel continuaba tan flaco, perdió la paciencia y no
quiso aguardar más tiempo: - Anda, Gretel -dijo a la
niña-, a buscar agua, ¡ligera! Esté gordo o flaco tu
hermano, mañana me lo comeré. ¡Qué desconsuelo el de
la hermanita, cuando venía con el agua, y cómo le
corrían las lágrimas por las mejillas! "¡Dios mío,
ayúdanos! -rogaba-. ¡Ojalá nos hubiesen devorado las
fieras del bosque; por lo menos habríamos muerto
juntos!." - ¡Basta de lloriqueos! -gritó la vieja-; de nada
han de servirte. Por la madrugada, Gretel hubo de salir a
llenar de agua el caldero y encender fuego. - Primero
coceremos pan -dijo la bruja-. Ya he calentado el horno
y preparado la masa -. Y de un empujón llevó a la pobre
niña hasta el horno, de cuya boca salían grandes llamas.
Entra a ver si está bastante caliente para meter el pan -
mandó la vieja.
Su intención era cerrar la puerta del horno cuando la
niña estuviese en su interior, asarla y comérsela también.
Pero Gretel le adivinó el pensamiento y dijo: - No sé
cómo hay que hacerlo; ¿cómo lo haré para entrar? -
¡Habráse visto criatura más tonta! -replicó la bruja-.
Bastante grande es la abertura; yo misma podría pasar
por ella -y, para demostrárselo, se adelantó y metió la
cabeza en la boca del horno. Entonces Gretel, de un
empujón, la precipitó en el interior y, cerrando la puerta
de hierro, corrió el cerrojo. ¡Allí era de oír la de chillidos
que daba la bruja! ¡Qué gritos más pavorosos! Pero la
niña echó a correr, y la malvada hechicera hubo de morir
quemada miserablemente. Corrió Gretel al establo donde
estaba encerrado Hänsel y le abrió la puerta,
exclamando: ¡Hänsel, estamos salvados; ya está muerta
la bruja! Saltó el niño afuera, como un pájaro al que se le
abre la jaula. Y como ya nada tenían que temer,
recorrieron la casa de la bruja, y en todos los rincones
encontraron cajas llenas de perlas y piedras preciosas. Y
dijo Gretel: - También yo quiero llevar algo a casa -y, a
su vez, se llenó el delantal de pedrería. - Vámonos ahora
-dijo el niño-; debemos salir de este bosque embrujado -.
A unas dos horas de andar llegaron a un gran río. - No
podremos pasarlo -observó Hänsel-, no veo ni puente ni
pasarela. - Ni tampoco hay barquita alguna -añadió
Gretel-; pero allí nada un pato blanco, y si se lo pido nos
ayudará a pasar el río. Y gritó: "Patito, buen patito mío
Hänsel y Gretel han llegado al río. No hay ningún puente
por donde pasar, ¿sobre tu blanca espalda nos quieres
llevar?”Así lo hizo el buen pato, y cuando ya estuvieron
en la orilla opuesta y hubieron caminado otro trecho, el
bosque les fue siendo cada vez más familiar, hasta que,
al fin, descubrieron a lo lejos la casa de su padre.
5