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El documento resume la historia del cine en República Dominicana. Comenzó en 1900 con las primeras proyecciones de los hermanos Lumière, pero no hubo continuidad en la producción. Una película icónica fue Pasaje de ida de 1988. Otros grandes productores fueron Ángel Muñiz con películas como Nueva Yol. El cine dominicano ha crecido mucho desde entonces, contando historias únicas del país.

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El documento resume la historia del cine en República Dominicana. Comenzó en 1900 con las primeras proyecciones de los hermanos Lumière, pero no hubo continuidad en la producción. Una película icónica fue Pasaje de ida de 1988. Otros grandes productores fueron Ángel Muñiz con películas como Nueva Yol. El cine dominicano ha crecido mucho desde entonces, contando historias únicas del país.

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El cine aparece en República Dominicana en agosto de 1900 en la ciudad de Puerto Plata.

El teatro
de Curiel de esta ciudad fue testigo del cinematógrafo de los hermanos Lumiére, en esa fecha. La
persona a cargo de las primeras exposiciones de esos trabajos en toda el área, fue el industrial
Francesco Grecco que, para eso, cruzó el Caribe mostrando esta atractiva invención.

A pesar de que se había dado inicio al desarrollo cinematográfico en el país a través de este filme,
no hubo una continuidad en la producción y en la exploración documental, quedando esta como
una manifestación artística del momento, sin ningún tipo de incentivo industrial.

Una de las icónicas películas dominicanas que fue reconocida en festivales


internacionales fue Pasaje de ida, dirigida por Agilberto Meléndez, creador de la Cinemateca
Nacional y un curtido personaje en las obras audiovisuales, que realiza este filme en 1988.

Otros de los grandes productores dominicanos que le dio un impulso al cine del país de una
manera única fue Ángel Muñiz con producciones como Nueva Yol: por fin llegó Balbuena (1995),
Nueva Yol III: bajo la nueva ley (1997), tomando como estrategia publicitaria de no tener una
segunda parte ya que según él “las segundas partes nunca han sido buenas” y Perico Ripiao
(2003).

Desde entonces el cine dominicano ha recorrido un gran camino, contando grandes historias que
muestran el potencial que tiene el país para llevar a la pantalla grande películas únicas con relatos
reales y que determinarían las producciones de los años venideros.

En la prehistoria fílmica del cine dominicano se destacan los trabajos del fotógrafo y editor
Francisco Palau, que en 1922 al lado del fotógrafo Tuto Báez y Juan B. Alfonseca hace la primera
película de ficción del cine dominicano: “La leyenda de la Virgen de la Altagracia”, con la
colaboración en los textos del historiador Bernardo Pichardo.

Palau la estreno en la noche del 16 de febrero de 1923, y se convirtió en la primera película


dominicana

El entusiasmo de este equipo motivo más adelante la realización de una comedia con tintes
ingenuos con el título de “Las emboscadas de Cupido” (1924). Esta película, contada en cinco
actos, narró la historia de un par de enamorados que no tenían el consentimiento del padre de la
novia, y obliga al novio a realizar una divertida trama para que el padre pueda aceptarlo. Fue
exhibida al público el 19 de marzo de 1924.
Independiente del poco aprovechamiento para el desarrollo de las producciones de ficción, un
área que se despliega más allá de las posibilidades es el documental. Y en este género existen
trabajos pioneros como los de Adam Sánchez Reyes, Salvador Arquímedes Sturla y Tuto Báez,
quienes realizan algunas de las más importantes fílmicas históricas, como la llegada del aviador
norteamericano Charles Lindbergh al país (4 de febrero de 1928); los destrozos del ciclón San
Zenón (3 de septiembre de 1930) o la primera toma de posesión de Rafael Leónidas Trujillo y
Estrella Ureña en el Parque Colón (16 de agosto de 1930). Además, las ceremonias del 27 de
febrero en la Catedral (1927) y las fiestas del 400 aniversario de la fundación de Santo Domingo
(1946).

El primer uso del sonido fue una película de actualidades sobre la inauguración de presidente
Rafael Leónidas Trujillo en 1930. Este régimen dictatorial instalado por Trujillo desde el año 1930
impone un freno total a las manifestaciones artísticas y culturales, estimulando solamente aquello
qué entiende beneficioso para sus propósitos. El cine, que además de arte es una industria, había
sido adoptado por los medios de comunicación masivos en un instrumento ideológico. Por esa
razón, en los treinta largos años de la tiranía se realizaron solamente trabajos documentales del
país con la exaltación del tirano y sus parientes.

La primera película pos trujillista

No es hasta 1963 que el dramaturgo Franklin Domínguez lanza su largometraje “La silla”, donde
denuncia los horrores del régimen de Trujillo, convirtiéndose en la primera producción dominicana
que se realiza después de la caída del régimen dictatorial de Rafael Leónidas Trujillo.

El filme cuenta con un solo actor, Camilo Carrau, y a través de este carácter la película va
relatando los hechos históricos que marcaron la dictadura trujillista. El actor se enfrenta a una
secuencia de escenas diversas que abarcan desde el contenido filosófico de su escena, hasta
aquellas desesperantes de la silla eléctrica y las cámaras de torturas de la tiranía .En 1967 Max Pou
y Eduardo Palmer hacen dos trabajos documentales: “El Esfuerzo de un pueblo y ”Nuestra
historia”.

Lo interesante de este hecho fue que a tan sólo dos semanas de producirse el ajusticiamiento de
Trujillo, el 30 de mayo de 1961, Hugo Mateo, quien había colaborado con Pupito Sánchez Sanlley y
su equipo en los trece fatídicos documentales, inicia la realización de “30 de mayo: gesta
libertadora”, utilizando material de archivo.
La labor continúa en los años siguientes con profesionales que han hecho una tarea más o menos
en progresión y con diferentes notas estilísticas que han dado muchas razones para hacer de este
género una viable muestra dentro del cine dominicano a pesar de que la exhibición de
largometrajes documentales en las salas de cine del país es limitada.

Un acontecimiento importante en el área del documental en la República Dominicana ocurrió el 12


de octubre de 1978 cuando fueron presentados, en el Teatro Olimpia, los cortos documentales
“Siete días con el pueblo” de Jimmy Sierra, un documental acerca del más significativo evento
popular artístico acontecido en la época del gobierno del doctor Joaquín Balaguer celebrado en
1974 y del periodista José Bujosa Mieses titulado “Rumbo al poder”, un documental de la
campaña política de 1978 que llevó el triunfo al Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Más tarde, Onofre de la Rosa, a través del Grupo Cine Militante realiza el corto documental
“Crisis” en 1977, donde expone la agresión económica y militar contra la Universidad Autónoma
de Santo Domingo (UASD) durante el gobierno del doctor Joaquín Balaguer.

De acuerdo con una información publicada en la revista Fotómetro, órgano oficial del Instituto
Dominicano de Arte y Cine (IDAC), este trabajo fue el primero en participar en un festival
latinoamericano y el primero en participar en el Festival de Oberhausen, Alemania Federal.

Otros realizadores como Winston Vargas, Pericles Mejía, Camilo Carrau, Claudio Chea, Peyi
Guzmán, Agliberto Meléndez, Félix Germán y José Luis Sáez también marcaron el medio con
interesantes propuestas documentales.

Es importante destacar la labor en esta área del documentalista Max Pou, quien ha desarrollado
una carrera con cierto sentido de disciplina y dominio técnico. Se recuerda el trabajo que realizó
junto a Eduardo Palmer titulado “El esfuerzo de un pueblo” (1968); luego en 1969 realiza, esta vez
junto al también camarógrafo Ricardo Thorman, “Carnaval”, un documental turístico hecho en
35mm y un año más tarde produce otro documental con las mismas características titulado “Santo
Domingo: Cuna de América” (1970).

También otros trabajos importantes de Pou son “Lengua azul” (1976) y “Fondo negro” o “Los
dueños del sol” (1976), este último, presentado en la conferencia sobre el hábitat, auspiciada por
las Naciones Unidas, en Vancouver, Canadá.
Otros trabajos están en “Carnaval y caretas” (1981), un documental dirigido por Pedro Guzmán
Cordero (Peyi) que involucró una investigación acerca de nuestro folclore y que definía en su texto
visual las diferentes manifestaciones carnavalescas en las distintas regiones del país.

“Camino al Pico Duarte” (1982), dirigido por Claudio Chea, supuso un encuentro y alerta contra la
deforestación, mezclando la fotografía del paisaje, el discurso científico y el testimonio campesino.
También a este trabajo de Chea se le suma “El valle de San Juan” (1983), también centrado en la
preservación ecológica; “El paseo de la Virgen” (1983) sobre una antigua tradición de la villa de
pescadores de Palmar de Ocoa y “El Acuario Nacional” (1985), un documental educacional sobre
este nuevo museo nacional.

Estas producciones tuvieron amplia difusión en el medio televisivo gracias al soporte del medio del
video, lo que permitió que el amplio público que abarca la televisión, aprovechara su exposición
visual y argumental.

También el primer trabajo realizado por el Frente de Izquierda Dominicana (FID) para los veinte
aniversarios de la Revolución de Abril titulado “A golpe de heroísmo”, sirvió como base para el
inicio de la revisión histórica a través del medio audiovisual, sobre este acontecimiento
trascendental para el país. Este documental fue presentado, cobrando por su exhibición, al público
por primera vez el 24 de abril de 1985 en Casa de Teatro, espacio que sirvió como escenario para
tan importante evento.

Este tipo de trabajo dio paso a los realizados posteriormente por René Fortunato iniciado en 1988
con “Abril: la trinchera del honor”, primer largometraje documental de este cineasta que marcó el
inicio de una fructífera serie que abarca las del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina con el
tríptico “El poder del jefe” (1991-1996), “La herencia del tirano” (1998), “La violencia del poder”
(2003) y “Bosch: presidente en la frontera imperial” (2009). Con este último, Fortunato utilizó, por
primera vez, el celuloide para su exhibición pública en las salas de cine.

Otros trabajos importantes son “Viacrusis”, basado en un cuento del profesor Juan Bosch y “Siete
días con el pueblo”, sobre el festival revolucionario de cantantes. También, “Rumbo al poder”, de
Jose Bujosa Mieses sobre el proceso electoral que llevó al poder a Antonio Guzmán Fernandez.
Pronto fueron hechos los largometrajes de ficcion “Un pasaje de ida” (1988), “Nueba Yol” (1995),
“Para vivir o morir” (1996)”, Cuatro hombres y un ataúd” (1997).
El “Año Cero”

El 2003 puede considerarse como el “Año Cero” para la filmografía dominicana puesto que es
donde se establece una constante en cuanto a la producción de cine de ficción.

Es al productor y cineasta Miguel Vázquez que se le debe el empuje en la nueva etapa registrada
en el cine dominicano al inicio del nuevo milenio. Miguel con su ópera prima titulada “Éxito por
intercambio” (2003), la historia de una joven pueblerina que quiere encontrar el éxito como
cantante en la capital, ofrece nuevamente un estímulo en la producción criolla. La idea de realizar
este filme surgió cuando dos años atrás empezó a archivar vivencias de modelos y artistas
interesadas en dar lo que fuese por alcanzar el éxito.

Esto estimuló a Ángel Muñiz a realizar su tercer largometraje  “Perico ripiao” (2003), “Éxito por
intercambio” (2003, “Negocios son negocios” (2004), “Andrea” (2005) “La cárcel de La Victoria
“(2004) “Los locos también piensan” (2005) “la maldición del padre Cardona” (2005). Además se
publica un libro que hace una investigación sobre el cine dominicano por José Luis Sáez conocido
como “Historia de un sueño importado, 1982, Esta obra ha sido extendida por el crítico Félix
Manuel Lora en su libro “Identidad de un encuadre audiovisual”, 2005.

Cabe destacar que todo cambió con la aplicación de la Ley 108-10 sobre el Fomento de la
Actividad Cinematográfica en la República Dominicana, la cual abrió las puertas de la producción y
la exhibición cinematográfica de distintas cintas dominicanas.

Con la promulgación de la Ley 108-10 se creó un marco legal que tiene como objetivo hacer que el
cine dominicano tenga un desarrollo progresivo, armónico y equitativo, que permita este no solo
sea reconocido en el país, sino que pueda ampliar sus horizontes en busca de nuevas propuestas
que hagan destacar este séptimo arte. Además de ofrecer grandes incentivos y beneficios a los
inversionistas nacionales e internacionales.

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