Carta de amor y anhelo profundo
Carta de amor y anhelo profundo
Carta
Son las 23:19 y empiezo a escribir esta carta que seguro estoy no tendrá final alguno. Sí
me queda claro que este es el principio de ella y que esta no tendrá su motivo y propósito más
que en decir mi verdad.
No hay instante en el que no haya estado deseando contemplarte y tampoco hay instante
en el cual no lamente no haberte podido decir todo esto mirando tus ojos y recitando confusas
palabras, tartamudeando seguramente. No puedo con el tiempo, nunca he podido. El sábado
te vi por primera vez en mi vida. Yo estaba en una reposera, leyendo, te sentaste a dos de
distancia. No pude seguir leyendo con seguridad, con atención. Te mire poco, me inundó la
timidez. A pesar de pretender seguir leyendo, mirando las inútiles palabras con indiferencia,
pensaba en la adorable persona que tenia tan solo a dos metros de distancia. Me quedé,
aguarde hasta el final (siempre lo hago) pero obviamente no hice nada, no tuve el coraje para
hacerlo. Cuando te levantaste y te fuiste no se me ocurrió nada mejor que hacer exactamente
lo mismo ¿para qué seguir ahí? Desde ese entonces entré en un trance de una necesidad
incomprensible. Necesitaba volver a contemplarte. Ya nada era igual, y ahora, ya nada es
igual. Por la tarde fui al mar esperanzado, imposible no estarlo. Me senté lejos, sí, no tenía el
coraje para sentarme cerca, tampoco lo tenía para fingir ver el sol escapando poco a poco,
como el verano y como mi tiempo, por detrás de Punta Ballena; mientras las nubes no dejaban
mas que una vaga imagen de él. Por suerte me invitaron y pude ir con ustedes por primera vez.
Fue lo más hermoso que me pudo haber sucedido en demasiado tiempo el descubrirte. Eras
bellísima a cada palabra pronunciada, a cada mirada. Cada segundo lo hubiese suspendido
infinitamente en el tiempo y hubiese sido completamente feliz ¿no es eso posible? Oh…! Que
tranquilidad hermosa la de esos momentos. Era algo mágico, no sé si lo entenderás; en el
fondo tanto añoraba conocer a un ser así, que sentí, siento, que te sabía en algún recóndito
lugar de este planeta desde hace demasiado tiempo, demasiado. Es fácil también conectarme
y seguir en el trance, alucinando y soñando, es tan fácil no aceptar mi realidad… No sé porque
presiento que me voy a levantar y voy a estar nuevamente frente al mar esperando que
llegues vos. Sí…..y va a estar tan a mi alcance tu mirada, tan cerca, como temo que jamás
vuelva a estarlo. Es maravilloso y aterrador al mismo tiempo, pudiéndose volver la peor
pesadilla. Quizás te cueste creer lo que te digo, quizás lo simule en forma excesiva, excesiva
y…¿para qué? Temí hablarte, mirarte, disfrutarte. Ahora dibujo tu bello rostro a cada palabra,
garabateo esos momentos, tu última mirada en esa última noche que jamás olvidaré. Todo
perdió su absoluto sentido desde entonces, así, tan rápido y fácil. En realidad, las cosas
volvieron a perder su sentido, su lógica; como ya lo habían hecho hace cierto tiempo. Sí, volví
a quedar perdido en mi tiempo y espacio, lo ilógico se me vuelve racional e indiferente
mientras que la lógica me mata en su monoteneidad. Deberían ser los primeros síntomas de
una locura imborrable y tan riesgosa como cualquier locura ¿no? Sí, sí lo es en su totalidad,
mas es tan bella y compleja como la unicidad de cualquier ser humano, una orquídea
resistiendo frente al mar, en la arena, frente a los altibajos de la marea, la furia y la belleza, los
tristes y poderosos vientos de verano azotándola tanto como la soledad del invierno, y el
temor, las tormentas con sus relámpagos, su azul eléctrico y tus ojos. El detestable miedo a
quedar petrificada, ser aire y cenizas. Ser nada, nada, nada y subsistir, continuar siendo una
bella orquídea latiendo frente al mar en la arena, difusa en tu imaginación pero persistente.
Tu imaginación, tan tuya como ella. Al fin y al cabo, ¿quién no está loco?¿quién? Ohhhh…! es
una tortura esto que supone ser tan placentero y bello. No hay momento en el día, no hay
momento en el día, debo asegurártelo. Es confuso, ni siquiera hablamos mucho y yo que te
digo todo esto… y tanto más. Siempre queda demasiado…, la locura.
No quiero ver a mis compañeros, a excepción de algunos amigos, repudio a la gente acá, a
demasiada gente. Por momentos odio una ciudad. Las salidas, la diversión, embriagarme,
enamorarme….enamorarme, lo odio ¿lo odio? El trance indefinido. Incurable. Un hedonismo.
Retorciéndome por la angustia. Mi fantasía fuiste, el efecto producido fue mágico. Hasta se me
van las ganas de levantarme, mover la cortinas y dejar que los destellos y el fulgor del cielo,
del majestuoso cielo, penetren tanto mis ojos como mi alma, mucho más aún que el delirio y el
cruel despiadado engaño. Es por eso que sufro desde que me fui y lo seguiré haciendo. Lo
seguiré haciendo. Sin embargo, el sufrimiento no es de mi sorpresa, lo sabía hace demasiado
también.
Al punto de querer huir, regresar, huir y esfumarme para regresar y volver a llorar por la
inutilidad, debo decirte que aquel ultimo día, luego de que te observé por ultima vez, esa
noche, en el césped, recostado en la terraza con los auriculares escuchando música; lo que
realmente hacia era pensar todo esto, todo absolutamente todo y mucho más. Anhelé que
bajes y no perdí la esperanza hasta mi ultimo minuto, decírtelo todo, todo. Es tarde ahora.
Fueron mas de cinco horas. Hasta las 6 y 51 de la mañana ahí. Marchitándome, resecándome,
golpeando de impotencia el césped y mis piernas a altas horas de la noche. Levantándome solo
para buscar y no encontrar, sumido en la amarga noche, en la furia del frío que aumentaba mi
padecimiento y mi deseo. Me permitía sentir ante la frialdad. Ante el deslustrado paisaje.
Asimismo, el frío, consumía mi esperanza poco a poco. Aunque esta se mantuviera viva hasta
el último momento; ella eras vos, vos eras la esperanza y todo lo que en ella había. Suplique
por tiempo sin saber que aún lo tenía entre mis manos pulverizándose. Debo confesarte que
ante mi partida, cuando ya cruzábamos la ciudad entera y salíamos del balneario, en una
estación, aproveché para huir y lo hice hasta que me detuvieron. Quería volver a la playa con
vos, volver a vivir. Sabía lo que venía. Lloré extasiado, distanciado de mi y del mar, de vos.
Me cargaron como pudieron. Y ya no te pude ver mas. Verte reír… ahhhhj es horrible sentirlo
tan lejos, tan solo hace horas y horas. El tiempo celoso, celoso ríe de mi de nuevo. Ya no
puedo siquiera sentir, me asqueo al leer mensajes ordinarios con palabras mundanas, mi
colegio, pensar en él, en sus almas, pensar en una mujer, en el amor, en el éxtasis, en haber
estado enamorado hace demasiado tiempo ya. Te extraño……. Tiemblo. Necesito contemplarte
de nuevo… lo necesito. Estúpidos serán aquellos que pueden hablar despectivamente del
amor, de una mujer, del alma resquebrajándose ante una mirada de fuego, de fuego.
Aquellos que no ven en una mujer más que su crudo cuerpo siendo venerado por una
deslumbrante mirada. Deslumbrante. Resplandor y una flor. Una flor y el prado, mi eterno
jardín.
1
The smiths
Por último, quería que sea una carta porque tendría más de mi, mis letras, mis
sentimientos al presionar la lapicera ante una hoja, colores, algún dibujo, errores.
Sentimientos que solo una bella y simple carta pueden causar, el papel, el lápiz, el mundo a
mis pies. Pero bueno, aquí está y aquí va. Esta es mi despedida. No puedo hacer más que
eso…
Bruno
27/02/2020, 2 AM.
Comienzo y Final
No hay tiempo que perder. Voy a bajar (volveré después de las 12:30 pm si todo sale como
salió hace exactamente 7 días)
Se cierra la desgraciada brecha. El cielo en la oscura noche se mece en mis ojos y casi puedo
sostenerla en mis brazos. Cuatro pies se gravitan ante el suelo expectantes. Solo aquí. Sola allá.
No allí. Tan lejos. Noche indecisa. Aclamada. Esa chalina va. Encaja a la perfección. Cuadra la
tensión de la incertidumbre. De jugar carta por carta en juego por juego sin saber que carajo
hacer. Mostrando las cartas y dejando al aire libre las miradas, el interés y el desinterés. Es
abundante. La noche lo es. ¡Ufff! y de nuevo… No podía serlo, el pasado es actual y se repite
inquietantemente por angustiarme y repetirme como a un aislado e inquietante hecho
engendrado al tiempo y a las hogueras del volver. Me estremezco. El niño, las cartas y que se
tienen que ir… Una mirada. No la recordaba. Y… ¿sí miramos las estrellas? Sí…y escuchamos las
alarmas y las sirenas. Sí, del Mar. De la Libertad.
-Esto es como una terraza, viste? Se aleja el cielo…se acerca el suelo…..-me solté por completo-
y abajo en la salita esta…juegan los insoportables estos.
Todavía me pregunto porqué estábamos solos. Se veían aisladas y vagas las figuras de
los restantes. Quizás conversaban… (¿?)
Lo saludó con una sonrisa algo egoísta. Luego hacia mi esa jovial mirada.
Tanto dejaba en mi la simpleza que no hacía más que destruirla a cada palabra. Gestos y
espectros de un sábado de verano. Libertad.
Los, sus ademanes, se detuvieron. Su cuerpo se vio inyectado de una suave tranquilidad, cesó
ante el césped recostada en el silencio. Se alejó de la realidad por minutos, del horario.
Cachete con cachete rebozamos la calidad noche. Una cordial frivolidad. Simulando
hastío. Simulando. Ocultando.
-Sos un tierno
-No logro entender- me desespero un poco- Estás. Estas ahí. Te siento. Si te quisiese tocar
puedo hacerlo. ¿por qué en el fondo sé que ahí no estas, que esto no debería ser más que una
mera ilusión?
-Estoy acá… ¿no cierto?- indagó con una suspicacia sensual que burló mi estima.
-No tiene cura esto- me desfloré en la dramática y falsa vulgaridad, auténtica en este caso.
-Lo hago, sí.-acerté nervioso y con agotada nostalgia- Pero no deja de ligarme constantemente
al pasado. Porque el pasado nunca deja de ser parte del futuro; como el futuro del pasado.
-Pero llega un punto que hay tanto en el futuro del pasado como en el pasado del futuro, que
uno queda perdido en el espacio-tiempo… Y se acostumbra a vivir perdido…y cuando empieza
a acostumbrarse y sin darse cuenta, a mejorar y a encontrarse en la realidad… ¡¡¡Pafff!!! Algo
pasa…y hace que sienta jamás haberse encontrado a si mismo ni mejorado. Y se hunde de
nuevo… tanto esfuerzo desde la inconciencia y ahora está peor… perdido, navegando en un
mar de fuego en la oscuridad. Pero bueno… hay algo positivo… ¡El fuego es luz!
Ahora se alejaba y estaba cada vez más lejos. Estaban. Los tres. Conmigo el niño, las
cartas… Miraba sobre sus espaldas y veía. Veía mucho. Mucho más… desapareció.
-Bueno
Ahora nuevamente se alejaba. Se alejaba pero cada vez más cerca, cada vez más cerca.
Y más cerca. Nunca se alejó, jamás desapareció.
Nada podría cambiar demasiado durante el día. Nada. Estábamos todos. No había
lugar. Era un nuevo día, el domingo. (ya dos semanas) Llegando más temprano está vez. No sé
cuanto. Perdido recorriendo la playa, me vieron nuevamente…¡que comience!... Este fue el
mejor día de todos me dije. Sí, este día. ¡¡¡Puede serlo aún mejor ahora!!!
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Colores Santos, Cerati Melero.
parcialmente. Por momentos. Está en vos, como ferviente admirador y devoto de ella, que
esto pueda ocasionar no suceder. Mis motivos los descubrirán más adelante. Entenderán
porqué creo en su magia, en su intimidar, en su pasión, en su poder y en su temor. La noche.
Las cartas, la pelota, la raqueta, el mar, la arena, mirar… Todo eran excusas, y yo -
siendo personaje de este sueño tan anhelante como aterrador- no podría haber sido más
elocuente con mi motivación. Que por cierto, era alta en cantidades para pensarte. Así es
como llega la noche y en esta debo explayarme para ser explícito a causa de que en lo pasado
no hubo más para decir que lo retratado en estas hojas y mis limitaciones para pasmarlo.
Solo miro la arena para imposibilitar al sol de sus poderes electrizantes ante mi mirada.
Que, por si no lo sabían, quedar en un rebosante flash frente a playas hermosas pero plagadas
de seres humanos y un océano calmo como un revocado de lágrimas cayendo ante un frontón
de suave y clara arena, no es algo placentero sino algo que implica una sensación de inutilidad
que no quisiera contagiarles. Y, ¿qué decir? si esto te sucede con la criatura más bellamente
dispersa en tu imposibilitada adicción a ser algo fuera de esa maravilla que es ella.
Mientras tanto, las hojas de otoño, debilitadas por el tiempo, se ven tan frescas y
vigorizadas como en el verano. No así fuertes, fuertes ya no, la fuerza solo la precisan los
débiles para ocultarse detrás de la misma y así, solo momentáneamente, poder relucirla. Pero
relucirla es ser cada día más débil al punto de llegar esta a perder su virilidad y acabar por ser
una muestra más pobre de la misma debilidad. Allí no hay retorno pero tampoco hay donde
ocultarse, es el contra efecto de lo hecho, de la fuerza ejercida, es física básica; y si careciste
de lo esencial estas realmente condenado.
El día retoca con su garras la rayos de luz y no permite que estos acaben aunque el
tiempo disponga de ellos. Estando al lado tuyo, a la vista de todos, puedo simular querer
apoyar mi mano donde toda mano quiere reposar en una reposera. Esto puede significar que
nuestras manos se unan en la involuntariedad del día y de la comodidad. Obviamente lo hago.
¡¡¡ Puede serlo aún mejor ahora!!! Esa frase…
Sí, ¡puede serlo! Con la torpeza que imaginan que esto sucede… Sucede por eternos
minutos, en los que cada tanto, me tanteas fulminándome de reojo sin atreverte a mover tu
mano. Algunos entienden que sucede y ríen con su mirada. Otros prefieren ignorarlo. Cada
uno hace lo que siente, lo que le conviene. Así acaban los momentos, los eternos minutos, y
todo vuelve a la naturalidad. Nadie sabe ni sabrá quien fue el que sacó su mano primero, el
que primero decidió despegarse de esa emoción enfermiza por no hacerlo -sin prever la
irracionalidad que aguardaban sus acciones, la añorada pero inexistente eternidad-, sí,
sabemos que esto sucedió… Y sucedió.
De aquella noche se cumplen exactamente cuatro semanas. Fue fugaz a pesar de ser la
más larga. Cómo ya expliqué, las noches eran escasas. Sobre la terraza de aquel salón donde
todos los niños se sabían reunir a divertirse, supe que vendrías. Era temprano en la noche y el
cielo todavía estaba estrellado. Nunca había dejado de estarlo para mí…¿acaso nunca vieron
las estrellas en el día? Por si no lo saben, en los trances uno deshace y hace a su antojo. No
existe realidad posible pero tampoco imposible; eso es lo que los hace tan placenteros pero
letales al mismo tiempo. Porque quieran o no, ignorándola, tapando nuestros oídos para no
escuchar, sin poder evitarlo, reventándonos el tímpano con una sutil y menuda daga pero aún
sin poder evitarlo; cerrando los ojos para no ver pero fomentando nuestra imaginación a ver
más que nunca, siendo la luz en la oscuridad. Arrancándonos los ojos de la forma más brutal y
salvaje posible dejando en su orificio el vacío de la oscuridad, la cual nunca deja de ser la
ausencia de la luz pero aún sin poder evitarlo…y…viendo. Oyendo aún, viendo aún. En estas
circunstancias, lo único que podremos haber logrado es privarnos de ambos sentidos, de haber
apagado para siempre su actividad en la literalidad de la vida. Del vivir. Mas nunca dejaremos
de ver, nunca dejaremos de oír; ahora, marcada diferencia para aumentar nuestra aflicción,
careceremos de la Libertad de ambos sentidos, estos se limitarán y serán dictados por nuestros
propios demonios. De tal modo, en la sana demencia, la realidad seguirá su curso. Evitable…,
inevitable…; eso ya a nadie le importa. Resumiendo, la realidad es paralela a los trances, y a
diferencia de ellos, esta es consistente. Los trances, en cambio, se vuelven con el tiempo
delirios y fábulas de las más terribles dentro de tu cabeza; y de no ser vos un afortunado,
acaban por envenenar a esta, engañándola con la necesidad de una realidad. De una
coherencia inexistente. Y bueno,…espero, se habrán dado cuenta, esta es la parte letal. La
placentera, solos la descubrirán.
El desamor, las palabras, los lamentos, el silencio y el vacío que es un lugar normal. El
pasado. La esperanza.
(Entre el metal y acero oxidado, una chispa de la orbe solar no es reflejo sino penumbra
destilada caducándose en la vida del sudor, mi reflejo y el de su hoz…ya puede ser el sol. Es
medianoche, y es mañana, y es mediodía, y es ayer. Es su futuro incierto a develar en un
montaje inexistente a los amantes…y…¿por qué no? soñadores.)
-¿Qué ves cuando me ves?- Sus manos se desligaron de mi rostro suavemente mientras me
miraba levemente atónita-¿¡Qué ves!?....- ahora su tono era de maravillosa y plena intriga
pero sin suspicacias ni sospechas, como si verdaderamente supiese la respuesta porque esta
existía.
-Veo el mar…el mar entorpeciéndose en una y feroz tormenta, la playa para recostarnos y
-No, no…
-Y un suspiro de fuego, una gota en el desierto. El noble mártir extraviado entre fósiles
nauseabundos y el fuego, el sol raja su piel, quema la mirada. El diluvio de tus ojos palpitando
frente al mar entre lo artificial y lo natural, entre los salvajismos de la civilización. Cae la gota
del desierto en estos médanos ardientes. Insignificante mi existir pero lo sé. Al regresar lo
sabré y añoraré. Sos el siempre de estos tiempos, el nunca del ayer y el trance de la próxima
mirada de fuego, el cáliz de cristal y la naturaleza de este amor que comenzó hace
demasiado…mas las celosas fracciones temporales de mi vida lo aclamaron al presente, y ¿qué
seré yo al ver en tus ojos el reflejo? Insignificante a los joviales espejismos de los principios que
nunca acabaron. Los que relatan historias en la profundidad descrita de mi alma. Pero se acaba
la pasión, se acaba el ardor, se acaba el afecto, se acaba la amistad; ante un amor que no deja
lugar para más dentro del mismo. Es eso y lo será. Será cuando empiece y allí divagará,
oscilando como fugaces estrellas entre el ardor de estallar, las amenazas de calor, susurrando
el frío en la noche y azotándome con el mismo. Esto ni siquiera comenzó y… jamás se acabará
-No, no, no. ¿Por qué el mar? si es que solo hay prado a nuestro alrededor ¿Qué? ¿Cuál
desierto con ardor y fuego de pasión? solo hay aquí eternos atardeceres y lápidas invisibles y
deprimentes, mohosas de cansancio y humedad con luz. Es que solo era yo…no ves. No ves.
¡Ja!.... Podía regresar y sentir el aire puro. Ya todos se habían ido de la playa. Mientras
tanto, en el apacible azul del día-noche se desfiguraba la luz, las primeras bolas de luz
fulminantes se mostraban a mi. Entre ellas había una que me incendiaba en sensaciones de
orgullo y de vida. Miles de personas podrían haberme hecho desaparecer entre la ordinariez
en las arenas de un atardecer en el balneario, mas yo estaba solo y orgullosamente aislado. La
salida, a la cual me encaminaba -de espaldas al sol-, me esperaba con su alfombra roja y un
altar al final del trecho; por el cual podría acceder por fin al pedestal del poder. Este pedestal
era un gran encanto a la vista. Rodeado y protegido por balaustradas, se imponía en tonos
rojizos y escarlata, un lazo que lo envolvía en colores oscuros. Azules marinos y negros. Tenía
tanta profundidad y oscuridad como devoción a la vida y a la adicción que hay en ella.
Viviendo de nuevo esa noche del 23 de febrero, mientras aquí me arrasaba la lluvia y el
terror de los truenos, la mutilación y la muerte, logré escabullirme en mis pasos, en mis
movimientos, en mis miradas y en mi futuro…, de él volví rápido; era horrible. ‘Prendan
hogueras, hogueras nena sin temor. Prendan hogueras, al diablo no le irá mejor…’ Al
escabullirme de tal modo te pude conocer mejor; claro, todo ocurría y ellos no se percataban
ni lo harían jamás. Además, ¿de qué percatarse ante la neutralidad de dos personas…el bien y
el mal unidos por un bien común, el blanco y el negro fusionándose (y apagándose para
siempre), y yo no sé, no sé nada. Y después…sucede. Siempre sucedió.
‘Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera
del borde de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los
ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que
mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todos, con soberana libertad
elegida por mi para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco
comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te
dibuja. Me miras de cerca, de cerca me miras, cada vez más de cerca y nuestros ojos se
agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran respirando confundidos,
…’3 Así debo interrumpir:
3
Cortázar, capítulo 7 de Rayuela.
-Vamos a la playa. ¡Vámonos!-. Me levanté, el césped alrededor nuestro alcanzaba su punto de
ebullición, ambos sentados sobre él en aquella terraza que supo ser durante días mi puerta al
infinito espacio; una invitación de las estrellas y de los sueños. Le ofrecí mi mano
involuntariamente, con algo de inocencia. Ella se levantó y la tomó, caminamos, juntos hasta la
playa. En el latente silencio de la noche levanté mi brazo a puño cerrado y con aire de triunfo
exclamé suspirando al cielo:
-¡Sí! si el cielo es un lugar en esta tierra, ¡si el cielo es un lugar en esta tierra…!
¡¡¡Entonces el mar no está tan lejos…!!! No lo está…- mi voz decayó en desanimo y tranquilidad
al finalizar. Ella lanzó una carcajada algo tímida pero célebre para la situación. Mantuvo la
sonrisa en sus labios hasta nuestros pies alcanzar la arena. Allí, en la oscuridad del océano, del
oleaje incorpóreo que rompe entre nosotros y la vulnerabilidad de sus rastros; su imagen se
apagó y dejó llevarse por la leve brisa. A pocos metros de la espuma que seguidamente brilló y
cicatrizó a cada pasada del oleaje rompiendo a nuestros pies, tu cuerpo se desmoralizó y
resbaló lentamente con el aire dispuesto a la entrega del destino, la naturaleza. Yo tarde en
captar la esencia de esta feroz naturaleza pero me comporté de forma similar. De la
retrospección al momento, presiono tu mano en forma temerosa y devota queriendo imitar o
fingir algo. Presiento que mi mano está fría y la tuya es demasiado cálida. No entiendo cómo,
ante el calor de aquella noche, mi distensión a la situación, mi mano se haya aislado al resto de
mi cuerpo y helado, empalideciéndose. Es quizá una paradoja que haya sido la única parte que
a su cuerpo me unía.´
Debo confesar que durante este trayecto de días fui el alma más feliz que existió en la
tierra. Fue por eso que no precisaba dormir y tampoco lo hice. Para mí, fue como brincar en
exaltación de un éxtasis a otro. Mi cabeza no paraba de crearte ante tu ausencia, y era esta la
que motivaba a la ansiedad de verte y así poder originarte sin precisar de imaginación o
suposiciones.
Tan pronto como pude -aquel lunes 24- fui la a la playa a leer el último capítulo de
Rayuela. Era probablemente mi último día allí y yo seguía confiando en el natural curso de las
cosas, para la calidez de mi corazón no había espacio ni tiempo. Llegó más gente a la playa,
ustedes también en algún momento. Yo terminé el libro y me quedé esperando que a
buscarme vengan. Vinieron y fui… Hubo silencios, ojeadas y se pasó la mañana al yo acceder a
ir con los chicos a caminar. Nada disconforme debo admitir. La realidad no es tan mágica y
plagada de estupideces e incoherencias está. De estúpidos también. No suele haber príncipes
ni caballeros, y si de los Reyes algo queda; algo es la crueldad.
Es difícil sobrevivir con el corazón roto. Lo que sucede es que al ser esto una hipérbole
y metáfora, uno nunca sabe que tan roto lo tiene o si está este roto realmente. Mientras pasan
los segundos y yo me libero de mis responsabilidades a través de esta sensación de desolación,
lo peor es creer que ella podría haber cavado mi propia fosa y todos los días podría ella estar
agregándole un puñado de arena para taparla luego de haber arrojado allí mi cuerpo. Eso
ocurriría mientras yo pierdo la conciencia en la asfixiante percepción de idas y vueltas, la vida y
la muerte batiéndose y debatiéndose.
-Ay pero, ¿en serio nunca estuviste con ninguna chica, de novio?- con curiosidad preguntaste.
-Ay, pero ¡si sos re lindo! Ay no, no mentira. No, pero ¿en serio?
Todo vuelve, re-viviendo, es 24 de febrero; último día. El día es chato, sus pasajes
pasan ante mi visión como innumerables filas de fotos que no puedo detener. Sostengo en mi
mano derecha una chapita, la apreto con mi puño. La protejo de mi puño. La protejo de la
arena, del desecho suelo que personifica al final anunciado. En la izquierda abro mi palma y
sosega una moneda de 25 centavos, mi palma enfrenta e intimida al mar y así ella cae a la
arena, yo la veo caer con diversión (la puedo levantar después, cuando me levante), era el
vuelto de la Pepsi que le compre a ella porque tenía sed. Terminó siendo para todos, de todos.
Hacia la izquierda abro mi mirada, expandiéndola e insinuándola, vos también estás a mi
izquierda. A tu derecha yo. Cada tanto tú pie derecho flirtea y juguetea amistosamente con mi
pierna izquierda. No tengo mucha energía para seguir el juego. Mis ojos ignoran el mar
mientras, inocentemente, los tuyos lo reflejan.
Aquella mañana pasaron los cuatro por el departamento, me viste leyendo mientras
desayunaba y me llamaron. Era algo temprano…, baje enseguida, algo disconforme. Tenía
hambre. Tu jovial expresión genero en mí bipolaridad emocional notable por el resto de la
mañana y del día. No era avaricia, pero era hambre, hambre y deseo, no era avaricia…no era
avaricia. Escalofríos y excitación al mismo tiempo, sentado en la reposera, caminando,
mirándote, desgarrándote. Sintiéndote. Mi voz al saludar fue ronca, grave y descaradamente
fría. Mi mirada caía ante ti, lo hacía sin piedad ni timidez. Caminaba y me sentía deformado
por la ciencia, el aire respiraba en mi frente, la humedad estremecía en sensaciones. Tu
admiración me deslumbraba.
Nos volvimos a almorzar cerca de las 12:30, reconozco que me importaban los 25
centavos -los iba a levantar al irme pero no vivifico en la vidriosidad de mis vanas memorias si
los olvide o los ignore; ni siquiera recuerdo si fui lo suficientemente cortes para cargar con mis
cosas y con las de alguna otra persona en la vuelta- en la tarde los busqué pero no hice más
que remover algo de arena y desmotivarme. Cuando nos sentamos a almorzar me atreví a
dejar oxigenar mi sudada y machacada mano derecha. La chapita cayó redoblando sobre el
cristal de la mesa y haciendo un zumbido irritantemente liberador. Gotas sudor de deslizaron
al cristal también.
-Sí, sí. Ahí voy (ellos siguieron y yo me quedé un rato más, tomé y me fui, a veces la
estupidez sobre pasa a uno mismo y hasta incluso a una situación o un sentimiento, puede
llegar a ser necesaria…).
Los encontré en unas abandonadas canchas de tenis a oscuras y a duras penas siendo, riendo y
disfrutando. Una foto y un instante canalizado, una risa, una charla inútil, mirar el cielo y
hablar conmigo mismo. ¿Por qué no? enamorarse, de Dennis. Lo estoy haciendo bien. Un
espejo me engañaría, lo podría asegurar. No necesito, no tengo porque necesitar de alguien
más, ¿no? Es algo simple y efectivo. Es mi presencia y mi contemplación. Es tu ausencia…sería
algo así como la luz y la falta de ella, la oscuridad.
“No se porque imaginé que estábamos unidos y me sentí mejor, pero aquí estoy tan solo en la
vida que mejor me voy…”
La vida es maravillosa y estoy aquí, estoy allá, y ni siquiera estoy; estaba. Su labio
sangra pero deja de hacerlo y se cumple el deseo, lo padece; el mensaje: no hay nada más
importante que los amigos, la generosidad. Fluyen los copos de nieve y regresa, colorean una
película pintada a color con el blanco, todos cantan, no hay de que preocupar si tenés muchos
amigos; su familia -hijos, esposa- todo allí…Temo que puedo llorar por su significancia y puedo,
además, dejar que la gota baje por mi mejilla incesantemente sabiendo que no existe para mí
tal final. Ciudad de las estrellas, brillas y solo para mí;
¿acaso no podrá ser que brilles para todos pero no para mí? ¿No es posible que seas un mero
sueño, una mera ilusión tras ilusión coronada en la gran desilusión? ¿No es posible mi
metrópolis del abismo y mis monumentos de mentiras, mis héroes de ficción e ignorantes con
manías en una ciudad sin rigor? Donde el afecto es excusa y engaño, donde el dinero es ilusión
y el poder es real, donde el tiempo es solo viento entrelazado en las infancias deslustradas. La
metrópolis en la que el idealismo al no ser realismo es un ávido sueño de los soñadores que en
su inspiración delatan su propio alucinar.
Y yo estoy solo aquí y lo sé, y solo huyo, me aburro de mi presencia y escapo. Así es que en mi
comienza todo. No hay más que un yo en mi, solo yo. No creo ser buen amigo…insensible y
egoísta, excesivamente. Entonces, mi ángel de la guarda ¿Cómo sería el mundo sin mí? A veces
desearía no haber nacido jamás y no hay historia que valga ante la ausencia e inexistencia.
Allí en el mar, en ese viaje que se esperaba en ser un rastro del paso del tiempo, en
pronto convertirse en recuerdo y en pasado, en sus últimos tres días sucedió, e hizo que me
pueda sentir en la añorada vida de ficción, en un cortometraje improvisado. Recorrer una
ciudad se volvió el perfecto punto de partida para esta publica aventura, el detrás de escena y
el montaje invisible a ese 24 del cual hoy ya se esfumaron más de 60 días sin previo aviso. La
más larga audición que padecía en mi corta vida.
Y la brisa y el rocío de las olas que se acercan, y el mar que me lleva, el mar que nos
lleva; pero no nos lleva porque nosotros vamos hacia el…lo que de veras sucede es que el mar
se sumerge en nosotros, cada día se aproxima más dejándonos, con su apabullante y
desmesurada dicción, sin arena ni playa. Esta se vuela al aire y se aprecia ante los rayos
ultravioletas que penetran. Entonces, en el desgarrante, fulminante fuego del tiempo y en la
irradiación venenosa del aire; inconscientes dejamos que las primeras bocanadas del vasto
océano tomen nuestro cuerpo. Es lo mejor…sí, es lo mejor…Total, podemos vivir intensamente
en lo alto, en las sombras -ser sombras-, en lo bajo, en lo profundo. Podemos hacer lo que
queramos, y si encontramos la forma lo haremos hoy…sino…¿a quien esperar?
“Mi río corre hacia ti; mar azul ¿me darás la bienvenida? Mi río espera por tu respuesta; Oh
mar, me acechas con gracia. Te traeré arroyos…de rincones rincones entintados; Mar, Océano.
Llévame, extráeme…” E. Dickinson
El jazmín, o mí jazmín -qué mas quisiera yo que poseerlo-, ve volar al coche y luego,
forzado por la voraz gravedad, caer violentamente. Este surca el desconocido océano con el
hálito del viento que lo arrastra, entre olas bramadoras que se alzan se precipita; y en olas
tempestuosas que terribles sobre el cuerpo avanzan, entiende el abismo. Allí derrama una
lágrima y la mezcla en las aguas turbias. En la carrera hacia la noble gloria su parte superior
rompe contra el oleaje y estalla contra una roca espeluznantemente grotesca.
Ese es el estallido, el aterrador sonido de la colisión entre dos cuerpos, es solo eso…
El coche se destruye allí y el mar continúa, las olas rompen de igual manera y la
mañana acaba como cualquier otra. Se remata esta situación, este evento paralelo a mis
sentidos pero real, y tristemente visual. El jazmín cae sin sobresaltos sobre el agua y se aleja
con la marea; la meseta se vuelve una pequeña imagen, un recuerdo irrisorio antes de
desaparecer.
En la primera y única noche del 25, pienso sentado y acostado en el césped de esa
terraza. Espero encontrarte aunque no lo hago ni lo haré. Serán seis horas desde la noche al
crepúsculo, y ya por el fin de la larga noche comenzaré a sentir el aroma de los marchitados
Heliotropos, son lindas las flores marchitadas, son más humanas. Más allá de lo mencionado
preferí no perder la esperanza, es esta algo hermoso, nunca la pierdo, nunca la perdí…
“creer en la luz verde, el futuro orgiástico que año tras año retrocede ante nosotros. Se
nos escapa ahora, pero eso no importa, mañana correremos más, alargaremos más los brazos
y llegaremos más lejos…buena mañana… Así seguimos golpeándonos, barras contracorrientes,
devueltas sin cesar al pasado”4
En la terraza pienso y espero, no miro las estrellas, aunque lo puedo hacer de vez en
cuando…miro esa esquina del octavo piso, la tercera torre. Una ventana que nunca se iluminó.
Me entumezco pensándote, hace frío, lo siento y lo disfruto además de padecerlo ¿Qué otra
cosa puedo hacer? Te escribo y te conozco.
Ahí estoy mientras te pasás la vida; mientras llorás, solés reír también; mientras bailas
y mientras extrañas. Cuando te acostás en tu cama y observas el techo de la habitación en tal
forma que no sabes si en realidad estás en el techo mirando la cama desde un plano general.
Viéndote recostada en esa angustiante cama, con la misma impaciencia con la que te mira el
techo dejandote caer en un vacío de soledad pero tranquilidad indescriptible. Por instantes
-sin saberlo- dejando que te aprecie el cristalizado reflejo de las luces del día, o de la
artificialidad si de suerte careces. Es que los cristales eso reflejan, es su propósito en esta
tierra… Todo sucede tan rápido que probablemente en la próxima fracción de segundos ya
habrás agarrado tu celular y con él la poesía y mi imaginación se habrán diluido a su existencia.
Irremediable. Pero claro… duraron el instante, el momento previo; y eso fue; eso fui yo. Allí
estuve.
Estoy con vos, estoy ahí cuando el viento sacude tu pelo, tu cuerpo, de tal forma que
no sabes si reírte y sentirte parte de la beatitud armónica natural o lanzar insultos al aire y
odiar el mundo, maldecirlo; eclipsarlo. Suprimirlo a materia, átomos. Sin embargo, yo estoy
ahí, yo soy el mundo, puedo serlo; o ser lo que este no implica. Sin ser una cosa puedo ser
naturalmente la otra. Luego, acaso ante la vastedad, abrís la puerta de tu casa, de tu vida
rutinaria, de los seres que deben amarte por tu y por su índole. Y volvés a mirar al techo, una
pared, ellos, la vida vuelve a empezar cuando ni siquiera se terminó.
No rozaré la vulgaridad, pero estuve ahí también, es por eso que no lo anhelo ni lo
haré jamás. Estuve ahí cuando tus ropas te sacaste con exasperación -sin motivo alguno para
4
Final del Gran Gatsby
esta- mas tus prendas interiores se desprendieron con ligereza, la suficiente como para que
una lágrima se precipita por mis mejillas paseándose hacia la infinidad, no sin dejar la
efimeridad de toda lastimosa lágrima. ¡Uffff…! si entendieras…si supieras…Es tanto…
Seguidamente tu cuerpo se balanceo indefenso por el espacio-tiempo en el aire de la nada
misma. En un cuarto sin gravedad que aullaba a gritos por erotismos, por deslustrar lo antes
posible esa divinidad. Todavía recuerdo como aullaba de fuerte que casi lo oías…casi te
afectaba…Casi le creías. Lo creías con razón. Con razón ante ti y tu capacidad. Yo lo vi, yo
estuve allí cuando tus labios se humedecían de placer frente a esa pared. El cielo raso. La
gravedad. El deseo. El deseo vibrante y contagioso en todo tu cuerpo. Casi parecía un pecado
capital, parecía estarlo allí y eso sentir siendo descripto a la perfección. Era la asfixiante y
agobiante necesidad, y yo, estar allí; eso también era. Eso…es tanto…tanto...
Finalmente, estoy nuevamente ahí. Como siempre. Estoy ahí y aunque no lo percibo,
tal vez vos tampoco lo haces, vos también estás ahí, y así es como sin saber el uno del otro nos
miramos y…aunque no nos conocemos, nos apreciamos. Y yo puedo ver tus ojos y los tuyos
sofocan los míos. Nos deslumbran ante una oscuridad que parecía imposible de ausentar, ante
el océano que está tan solo a metros de distancia, ante el aire que no cesa de oxigenarnos,
ante los purpúreas Heliotropos que desflorecen descoloridos a finales de febrero y ante el
amanecer que está tan solo a seis horas de comenzar para quizás nunca acabar.
El parcial Final
Parece necesario trazar un definido final a una historia por parte tan irreal como la
inmarcesible Rosa5 que cae por su belleza en manos de la insanidad y la corrupción y es por
eso que en esas manos sangra la Rosa y, ofensivamente, inyecta sus espinas para que las
desmerecidas manos sangren también. Este final se acerca desde lo visualmente provisional y
tangible, descarta espacios mientras vive a su elección entre días y noches, el frío y el calor. El
principio y el origen.
Bajo vías férreas, un deprimente antiguo atardecer, entre oxidados restos un viejo
ferrocarril, el descoloridos césped y la tierra. El aseado rocío en aguas de un cobarde sol,
soslayado por la suntuosa imperfección, insinuado por mi atención. Una ilusión. El vapor sigue
en el aire, el puente trémulo rechina frente al posible temporal. Descolorido y dañado.
Disperso en el olvido, disperso en alaridos, nebulosamente cree alcanzar a ver lo que sucede.
Desea espiarlos hasta el cansancio. Los reflejos de gotas deslizándose por sus restos dejan en
vaguedad un ilusorio reflejo del acto de amor. Los amantes de nuevo allí. Bajo las sombras de
la unión de un puente, son muchos más que un arco en representación de la unión, son mucho
más que dos simples amantes. Son el amor que no tiene sinónimos, que no se encuentra en el
afecto ni en el deseo; tampoco en el querer. Ellos se besan con frivolidad hasta que
comprenden estar allí, ahí. No hay otro lugar en el mundo que los encuentre ni otro paisaje
que los encierre. Instantáneamente un cuervo posa sobre un decrépito reloj en la terraza de la
estación, ingiere sin rigor un pequeño picaflor, un espasmo de dolor y un brote azorante de
sangre rebalsa su pico. Desde lejos enfrenta a los amantes, estos olvidan la nítida frivolidad y
hacen el amor apasionadamente, mientras los días pasan, mientras la fisionomía del cuervo -
absorto frente a la desconocida pasión humana- se vuelve un simple esqueleto apegado a sus
ennegrecidas plumas acechándolos y mientras un nuevo jazmín florece en una estepa
oceánica, que temo, se llenará de esta singular flor.
El final y el poema
5
La Rosa, Fervor de Buenos Aires -Borges-
-Puedo recitarte el poema…lo es todo para mí.
-A cada segundo siento yo desconocer, entre marañas de frases sin sentido existencial,
presencial, sin sentido racional, sin realidad. ¿Dónde estás? ¿Quién sos? ¿Te conozco? ¿Nos
conocemos? Qué tan bien nos conocemos? ¿¡Qué somos!?
-No, no. Yo quisiera re-descubrir tus palabras, esta vez, con algo de sentido. Necesito tu ayuda.
¿Esto ocurrió? ¿Acaso hay en mi tanto de vos cómo de mi en vos? En el presente fuiste nada.
Tus suposiciones del pasado son venales, son fantasías indeleblemente faustas. Yo estoy, no
me lo preguntes, siempre estoy; el de la ausencia, el que no estuvo, fuiste vos. Ahora vivís en
tus fantasías y…claro que puedo estar en ellas…pero al mismo no dejaré de estar a miles de
kilómetros de distancia teniendo cada indefinidos intervalos de tiempo el vano y fugaz
recuerdo del chico que en el verano conocí pero del cual nunca sabré si yo fui también su
conocida durante ese corto período de tiempo. No sé si lo habrás pensado, pero quizá ni en tus
pensamientos logras crear una realidad, un vos real. Un verdadero enamorado. Sos en cambio
las causas y consecuencias del enamorado, las emociones y los desvíos. Los puentes…(¿?)
-Puede ser…sos vos la que me define. Me notarás tan incapaz de definir como de olvidar…
-Yo hablo, no me tenés que escuchar, al menos ahora. Tampoco ver… ¡solo sentir…!
-Nunca supe lo que me querías decir. No lo sé todavía, por eso debe ser que ver quiero, ¡que
necesito yo escucharte!
-Bueno, no sé. Eso. Que yo solo era una persona más de las que descansan para levantarse y
salir a descubrir o presenciar un nuevo día. Podía en esto no importar el lugar en el que esté, la
persona con la que esté…Solía pasearme por la noche en la plaza de niños y hamacarme
silbando alguna canción creyendo que podría saltar y volar…, pensando en majestuosos
palacios, en el pasado, en dragones y príncipes,… y en mi niñez.
-y
-Entonces ahora, te pido o te exijo algo que no tenés porqué sentir. ¡Es eso! Ya desmoroné mi
pasado y desarticulé mis inocentes ideales. Ya construí nuestros castillos sobre el aire, y tuve
un sueño tan grande que no recuerdo ni cual era; a pesar de saber que era verdadero y bello.
-¿Lo fue?
-…
En mi armario blanco guardo las historias, en mi armario blanco obtengo mis memorias.
Es temor mi aceptación.
Rebanan mi corazón.
Mi corazón ya es blanco.
Dicta la invisibilidad.
En mi armario blanco guardo las historias, en mi armario blanco tengo mis memorias.
En su oscuridad sosiega una esfinge de mármol.
No existe la pasión.
El vicio: mi rutina.
poder ver.