Ramón Lucas Lucas
EXPLÍCAME
persona
Ramón Lucas Lucas
EXPLICAME
la persona
3a. Edición
Pontificio Instituto Juan Patrio II para Estudios sobre Matrimonio y Familia
EXPLÍCAME LA PERSONA
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Ilustraciones: Melissa Galliani
Diseño gráfico y maquetación: María Eugenia Saiz
Primera edición 2010
Primera reimpresión, lebrero 2011
Segunda reimpresión, septiembre 2011
‘tercera reimpresión, marzo 2012
Segunda edición 2012
,Ifcrvera edición 2016
Hecho en México
INBN: 978-6077652-83-0־
«Dichoso quien puede conocer el porqué de las cosas»
(Virgilio).
Quizá sea la primera vez en tu vida que tienes en las manos un libro
de filosofía. Quizá por casualidad, o porque un amigo te lo reco־
mendó. No importa. Pero si es importante que respondas a esta pre־
gunta: ¿para qué sirve?
En primer lugar no es un libro de filosofía general, sino de eso que
llaman «antropología filosófica» (del griego áv0pa)rco<; [anthropos],
hombre, y Aóyoc;, [/ogos], conocimiento) que es la ciencia que estudia
al ser humano de forma integral. Con este libro no vas a conocer cómo
se formaron las células, ni en qué año se descubrió América. Tienes
en las manos un instrumento para conocerte a ti mismo: quién eres,
por qué amas, qué sentido tiene el sufrimiento, si hay vida después
de la muerte, etc.
El conocimiento de ti mismo te ayudará a pensar, a poseer una vi-
sión objetiva del mundo, del hombre y de Dios que te permita dar
respuesta a los interrogantes que forman parte de la vida humana: el
sentido de la vida y de la muerte, el sentido del bien y del mal, el fun־
damento de los valores, el sentido del dolor y de la injusticia, el sen־
tido de la historia, etc.
Un libro de anatomía, historia..., te ayuda a ser un hombre culto
y a desarrollar una profesión. Este libro pretende ayudarte a ser per־
sona, a comprenderte a ti mismo y a los demás. Quiere superar el
prevalecer de la cultura técnica, que tiende a reducir al homo sapiens
6 EXPLÍCAME LA PERSONA
a la categoría de homo faber. Pretende ofrecerte los instrumentos
para estructurar tu mente y ser capaz de analizar, cribar y asimilar
nuevas ideas y conocimientos, dándoles su justo lugar en la total¡־
dad del saber, sin que cada nueva idea o teoría se erija en un absoluto
que destruye el conjunto. Además te ayudará a aceptarte a ti mismo
y a los demás.
Te ayudará también a juzgar con objetividad las situaciones y las
personas. Te ayudará a conocer la verdad y la «verdad te hará libre».
PRIMERA PARTE
LA PERSONA Y SUS ACTOS
Conocemos las cosas por su manifestaciones: que la manzana está
podrida por el color que tiene y el olor que emana. Para conocer la
persona partimos de los actos que realiza y en los que se manifiesta.
El método que seguimos es: del efecto a la causa que lo produce.
C A P í זU Lo 1 )
La vida y sus grados
«Vivir no es sólo existir, sino crear»
(Gregorio Marañón)
Para conocer la persona, que es un ser vivo, comenzamos estu־
diando la diferencia entre el viviente y el no viviente. Este es el ob־
jeto del capítulo. Veremos también la diferencia entre los grados
de la vida, así como el principio vital o fuente de la vida.
1. Existencia y vida
La experiencia nos presenta una pluralidad y diversidad de seres:
una piedra, una planta, un animal, una persona. Todos existen,
pero no todos viven. La planta, el animal y el hombre se nutren,
desarrollan, reproducen y responden a los estímulos. La piedra no.
En el mineral hay ciertamente una actividad física y química: sus
átomos se mueven y los diversos elementos reaccionan entre sí,
pero no hay actividad vital. No es lo mismo existir que vivir; no
todo lo que existe vive.
La vida comprende una multiplicidad de seres con caracterís־
ticas muy diferentes entre sí; por ejemplo, del árbol que no habla
y está quieto en el jardín, decimos que vive; del gato que corre,
también decimos que vive: ¿qué es la vida?
10 EXPLÍCAME LA PERSONA
Existe Existe Existe Existe
(inorgánico^ Orgánico^) Psíquico )(jspirituaT)
Los antiguos filósofos de occidente respondieron diciendo que
el viviente «se mueve» y el no viviente «es movido». Por eso defi־
nieron al viviente como «el ser que puede moverse a sí mismo».
La vida es movimiento; es un continuo transformarse.
En realidad, la vida es un concepto abstracto tomado del verbo
vivir. Vivir es ese conjunto de actos que realiza el viviente y lo ca־
racterizan. Los tres esenciales son la capacidad de nutrirse, desarro-
liarse y reproducirse.
La vida es un movimiento y una transformación cualificada
por tres características específicas y exclusivas del viviente:
la nutrición, el desarrolí y la reproducción.
a. La nutrición
Consiste en un continuo cambio de materia o metabolismo vital por
el cual el organismo elige las substancias que le convienen y las con-
vierte en substancia propia, y elimina las que no le convienen.
C. 1 La vida y sus grados 11
Mediante la nutrición el viviente asimila lo que no es él y lo trans־
forma en substancia propia. En los seres inertes se da yuxtaposición
pero no nutrición; una bola de nieve aumenta de volumen pero no se
nutre. Se trata de una diferencia no sólo cuantitativa, sino cualitativa.
b. El desarrollo
Asumiendo la materia del ambiente circundante y reorganizándola
según las estructuras propias, el viviente, de una sola célula inicial,
llega a poseer millones de células con una actividad muy compleja.
El crecimiento y el desarrollo es una construcción no por simple am־
pliación o yuxtaposición de materia, sino por transformación interna,
que implica una diferenciación creciente, adaptación, estadios suce־
sivos e irreversibles; no sucede, por ejemplo, en los cristales inertes.
c. La reproducción
Consiste en la capacidad de parte de un organismo de dar origen a
otros organismos semejantes. Todas las formas de reproducción
muestran dos características: se realizan para conservar la especie,
y el impulso a reproducirse parte del interior del organismo.
La conclusión es que la vida es un fenómeno esencialmente diverso
y cualitativamente superior al mundo inerte de la física y la quí-
mica. Todo aspecto de la vida, usando una expresión del filósofo
francés Maritain, es «materialmente físico-químico, y formalmente
vital». Los seres vivos usan la misma materia que los inertes.
Nosotros estamos formados de átomos como las piedras. Pero el
modo cómo los seres vivos usan y organizan esta materia es esen־
cialmente diferente de los inorgánicos. Un ser vivo es un organismo
estructurado y no una simple yuxtaposción de elementos; tiene una
finalidad de autoconservación y autoperfeccionamiento, y posee la
capacidad de adaptación continua a las modificaciones del medio
ambiente.
12 EXPLÍCAME LA PERSONA
2. Los grados de la vida
a. Los tres escalones de la vida
Hay tantos grados de vida como modos en los que la acción depende
del ser viviente:
• La acción depende sólo en lo que se refiere a la ejecución: pri-
mer grado: vida vegetativa.
• La acción depende tanto en lo que se refiere a la ejecución
como al modo de hacerla: segundo grado: vida sensitiva.
• La acción depende en lo que se refiere a la ejecución, al modo
y al fin: tercer grado: vida intelectiva.
Por tanto, tres son los grados de la vida: vegetal, animal, hombre.
VIDA INTELECTIVA
Voluntad
VIDA SENSITIVA
Inteligencia
Locomoción
VIDA VEGETATIVA
Apetitos
Reproducción
CUERPOS Sentidos
Crecimiento
INERTES
Nutrición
^v7i7a'x
EXISTENCIA
Llamamos vegetal al ser viviente que tiene en sí sólo la ejecución
del movimiento, mientras que el fin por el que opera y el modo en
C. 1 La vida y sus grados ו3
virtud de la cual opera le es natural. Así, una planta asimila, crece y
se reproduce, pero sin ningún tipo de conocimiento que dependa
de ella. En cambio el animal, aunque no entiende su fin (por ejem־
pío, se dirige a su presa movido por el instinto), actúa en virtud de
un conocimiento que le viene de los sentidos (debe percibir la presa
mediante la vista, el olfato..., para poder tender a ella). Por último
el hombre, lleva en sí no sólo la ejecución y el modo de hacerla, sino
también el fin, en cuanto opera guiado por un conocimiento no sólo
sensitivo sino también intelectual. Por eso la característica del vi־
viente en general es la actividad vegetativa; la característica del vi-
viente sensitivo es el conocimiento sensible al que sigue el instinto;
y la característica del viviente intelectual es la libertad fundada
sobre el conocimiento intelectual.
Esta división de los seres vivos en tres grados nos permite hacer
otra distinción: la de los seres provistos de vida fisiológica - como
las plantas - y la de los seres que, además de la fisiológica, poseen
un cierto grado de vida psíquica - como los animales y el hombre -.
La vida puramente fisiológica es la vida vegetativa.
Afectiva
Sentimientos •Emociones
INMATERIAL Apetitiva
(Espiritual) Voluntad •Libertad •Amor
SENSITIVA
(Material)
VIDA VEGETATIVA
14 EXPLÍCAME LA PERSONA
La vida psíquica tiene dos niveles: uno inferior dependiente
intrínsecamente del organismo, que es la vida sensitiva (cognos־
citiva y apetitiva), y otro superior, intrínsecamente independiente
del organismo, que es la vida inmaterial (cognoscitiva y volitiva).
Los dos niveles producen en el sujeto unos estados sentimentales
o afectivos que constituyen la vida afectiva, tanto inferior como
superior.
b. La vida psíquica
• Características
La vida psíquica tiene dos características distintivas respecto a la
vida fisiológica: la conciencia y la intencionalidad.
Intencionalidad
Conciencia
Los hechos psíquicos son conscientes: experiencia gracias a la
cual el sujeto se da cuenta de algún modo (experiencia vital/con-
ciencia refleja) de estar en vida, es decir, de la propia actividad vital.
La conciencia consiste en la propiedad gracias a la cual el sujeto se
da cuenta de la propia actividad y de cuanto ella le presenta en el
plano psíquico en forma de objeto distinto de él.
C. 1 La vida y sus grados 15
Los hechos psíquicos son intencionales: el sujeto conoce un ob־
jeto o se orienta hacia lo que ha conocido anteriormente. La inten
cionalidad de la vida psíquica consiste en la referencia al objeto
como algo distinto del sujeto. Todo elemento de la vida psíquica (co־
nocimiento sensible, percepción, imagen, concepto, juicio, volición,
tendencia...) es lo que es por su referencia al objeto.
• División de la vida psíquica
Los hechos psíquicos se dividen en dos niveles y en tres clases. El
dependiente intrínsecamente del organismo, que es la
vida sensitiva y el nivel superior, intrínsecamente independiente del
organismo, que es la vida espiritual.
Los dos niveles tienen cada uno tres clases de actos psíquicos:
cognoscitivos, apetitivos y a lectivos.
L Inteligencia A / Voluntad A / Afectividad A
\ Conocimiento intelectual / \ Decisiones libres / k Sentimientos espirituales y
Sentidos Tendencias e Instintos Afectividad sensible
Conocimiento sensible Apetitos sensibles Estados de humor sensible
Facultades psíquicas inferiores
PSIQUISMO HUMANO
16 EXPLÍCAME LA PERSONA
En los actos psíquicos cognoscitivos el objeto viene hacia el su־
jeto; se puede decir que el objeto se presenta al sujeto que conoce,
el cual adopta una actitud receptiva. En los apetitivos el sujeto va
hacia el objeto presentado al conocimiento; se puede decir que el
Conocimiento
Tendencia
objeto arrastra al sujeto. Por último, los afectivos constituyen
aquel aspecto puramente subjetivo que consiste en la impresión
agradable o desagradable que se produce en el sujeto que conoce
o apetece.
En el conocimiento y en la tendencia existe siempre una reía־
ción entre el objeto y el sujeto; en la afectividad no existe relación
alguna con el objeto, sino que es sólo un modo de ser del sujeto.
Actos de afectividad espiritual-*־Sentimientos espirituales
Psiquismo superior ■ Actos de tendencia espiritual *־־Voluntad
Actos de conocimiento intelectual —► Inteligencia
Actos de afectividad sensible-► Estados de humor sensible
Psiquismo inferior ■ Actos de tendencia sensible-► Tendencias e instintos
Actos de conocimiento sensible -►Sentidos
C. 1 La vida y sus grados 17
c. La psicología experimental y la psicología racional
La psicología se divide en dos grandes ramas: la empírica o experi-
mental y la racional.
• La psicología empírica o experimental
Es la ciencia que observa los hechos psicológicos y sus manifes־
taciones. La observación se puede realizar con procedimientos
de:
- Introspección: observación de mi proprio mundo interior.
- Extrospección: observación de la conducta de los demás para
llegar a sus causas.
- Estadística: observación de algunos hechos psicológicos
acaecidos para comprenderlos mejor por medio de experi־
mentas. Entre los experimentos sobresalen los test o prue־
bas psicológicas para estudiar las aptitudes de un individuo
o grupo social.
• La psicología racional
La palabra «psicología» ־־compuesta de las voces griegas rpu/q =
alma y Xóyoc; = palabra ־־significa etimológicamente «doctrina
del alma», y se remonta al tiempo de Aristóteles, que escribió un
libro llamado Sobre el alma (rrepí rpu/fj(;).
La psicología racional es la disciplina filosófica que estudia al
hombre en su totalidad y esclarece la existencia y la naturaleza
del principio primero de su ser y de su obrar, mediante la reflexión
racional. Se trata de esclarecer, según la reflexión filosófica, la
pregunta que siempre se ha formulado ¿quién es el hombre?
3. La fuente de la vida: el principio vital
Todo ser corpóreo se compone de materia prima y forma substan־
cial, como ya Aristóteles lo mostró con su teoría del hilemorfismo
(hile = materia; morfé = forma).
18 EXPLÍCAME LA PERSONA
El principio vital es la forma substancial del ser viviente, superior
a la del ser inanimado, llamada comúnmente alma: «Principio de
la vida en los seres vivos - dice Tomás de Aquino - es el alma: de
hecho llamamos animados a los seres vivientes e inanimados a los
privados de la vida». El principio vital no es una actividad vital como
las otras, sino la forma substancial del ser viviente y, como tal, el
primer principio de toda actividad.
La forma substancial es una substancia, no un accidente, porque
es un constitutivo esencial del ser viviente. Una substancia, sin em-
bargo, incompleta: no existe ella misma, sino más bien es el principio
por el cual el compuesto existe, destinada a estar unida con la materia
para formar con ella una sola substancia completa: el compuesto vi־
viente. El alma concebida como forma substancial es aquello por lo
cual el cuerpo viviente es lo que es; por lo tanto, no tiene sentido pre־
guntarse cómo se unen el alma y el cuerpo del cual es forma, ya que
si no estuviese unida al cuerpo, ella no sería lo que es, o sea, forma
de ese cuerpo, y el cuerpo tampoco sería ese cuerpo animado, sino
uno inerte. De ahí que no sea posible ver el alma, o separar el alma,
o buscar el alma en una determinada parte del cuerpo.
C. 1 La vida y sus grados 19
CUERPO ALMA PERSONA
Como fuente de la vida, el alma es acto primero o substancial y
no acto segundo o accidental. El alma es por lo mismo el principio
primero y único de la vida, fuente última de toda actividad. Es
aquello por lo cual vivimos, nos movemos, sentimos y entende־
mos. Si el principio vital es único en cada ser vivo, los principios
próximos de la vida son tantos cuantas son las actividades vitales
que el viviente realiza; así, el ojo será principio próximo de la vi־
sión, etc.
El alma es el principio vital, pero como se dan actividades vita־
les tan diversas, es necesario distinguir tres principales tipos de
alma, fuente de dichas actividades vitales.
• Alma vegetativa: principio de las funciones vegetativas de
las plantas (nutrición, crecimiento, reproducción).
• Alma sensitiva: principio de las funciones vegetativas men־
donadas y sensitivas de los animales (conocimiento, instin״
tos, locomoción).
• Alma intelectiva o espiritual: principio de las funciones ve־
getativas y sensitivas mencionadas, y espirituales del hombre
(entender, querer, padecer, ser feliz...).
20 EXPLÍCAME LA PERSONA
Alma espiritual Alma vegetativa
Como la actividad sensitiva supone la vegetativa y la intelectual su־
pone ambas, así el alma sensitiva tiene en sí todas las virtualidades
de la vegetativa, y el alma espiritual todas las capacidades de la ve־
getativa y de la sensitiva. Por tanto, el hombre no posee tres almas,
ni el animal dos, sino una sola alma o fuente de la vida que posee la
virtud de las otras. El alma humana es espiritual y por eso única,
irrepetible, propia de cada persona, inmortal (ver capítulos 14 y 20).
4. La naturaleza humana y sus facultades
La persona humana es un ser unificado y estructurado. En esta
estructura el alma juega un papel primario unificador, pero no
está sola. La naturaleza humana o esencia está compuesta por la
forma substancial, que es el alma, y por la materia prima, mani-
fiesta en la materia segunda, que es el cuerpo.
El alma es el principio vital fundamental, pero los actos de la per־
sona surgen de otras capacidades más inmediatas y próximas, lia־
madasfacultades o potencias operativas. Por ejemplo, el acto de ver
proviene de la facultad de la vista y del órgano del ojo, etc. Por eso
se puede decir que las facultades son potencias activas que posee el
alma para realizar sus funciones. Estas facultades se distinguen por
sus actos propios; de esta forma habrá tantas facultades como actos,
es decir, habrá una facultad auditiva, visiva, intelectual, volitiva, etc.
C. 1 La vida y sus grados 21
Los actos, a su vez, se distinguen por su objeto: ver es distinto de
oír, porque el color es distinto del sonido. Así tenemos que la visión
unitaria y estructurada de la persona abarca dos niveles:
• El nivel substancial: en el que tenemos una naturaleza (o
esencia) que existe (mediante el acto de ser), y que está cons־
tituida por la forma substancial (alma) y por la materia prima
(manifiesta en la materia segunda que es el cuerpo).
• El nivel accidental: esta naturaleza tiene unas facultades
(vista, inteligencia...) que, a su vez, realizan determinados
actos (ver, entender...)
5. Cuadro metafísica de referencia para comprender al hombre
Para comprender al hombre hay que aclarar el cuadro metafísica de
referencia. Sabemos que sin algunos elementos compartidos por las
personas que dialogan, las posiciones se hacen inconciliables; el
punto central de este cuadro metafísica de referencia es la analogía
y participación del ser.
( Nivel substandcal
22 EXPLÍCAME LA PERSONA
El gozne de la metafísica de Aristóteles era la relación acto/po־
tencia a nivel del ser, y la relación forma/materia a nivel de la esen־
cia; por esto «el ser se dice de muchas maneras». Tomás de Aquino,
siguiendo la metafísica de Aristóteles, pero reformándola desde el
interior para hacerla compatible con el mensaje cristiano, establece
la distinción real entre ser y esencia.
a. La relación real entre ser y esencia en el ente finito
• El ser - ipsum esse ־־es el acto de ser. El acto de ser (llamado
también existencia) es perfección y acto primero. Nada existe sino
en cuanto es acto; por eso el ser mismo es acto de todas las cosas
que existen y de sus perfecciones. De este modo el ser no sólo es
perfección absoluta sino también perfección de todas las perfec־
ciones. En sí y por sí es ilimitado. Si existe como limitado se debe
al principio a él opuesto que es la potencia, que en este orden es
esencia.
• La esencia es la limitación y determinación del ser a un grado
concreto de perfección, por la cual, el ser en sí ilimitado, se limita
a un grado concreto y es diferente de todos los otros grados. La li־
mitación del ser por parte de la esencia hace posible la multiplici-
dad y diversidad de los entes que tienen diferente esencia. En re־
!ación al ser que es acto, la esencia es potencia. Por tanto la razón
última de la diferencia ontológica (diferencia entre los entes) hay
que buscarla en la diferente limitación que la esencia hace del ser,
que de esta manera pude ser participado por otros entes en diver-
sos modos.
b. La relación entre forma substancial y materia dentro de la esencia
La esencia indica la naturaleza de una cosa. Siendo la esencia aque־
lio por lo que un ente tiene el ser, no se identifica con el ser mismo.
La esencia se llama también quiddidad o naturaleza. «Quiddidad»
en cuanto significa el quid est (qué es) de la cosa manifestado en la
C. 1 La vida y sus grados 23
definición y, por tanto, inteligibilidad. «Naturaleza» en cuanto prin־
cipio de los actos «segundos» que provienen de las facultades ope־
rativas. La esencia comprende, en los seres materiales, tanto la
forma substancial como la materia prima.
• La forma substancial es el grado de perfección ontológica
dentro de la esencia.
• La materia prima es la limitación de este grado ontológico a
un individuo concreto. Análogamente a cuanto sucede con la esen־
cia respecto al ser, la limitación de la forma substancial por parte de
la materia prima, hace posible la multiplicidad y diversidad de los
entes que tienen la misma esencia.
La esencia o naturaleza comprende todo aquello que se expresa en
la definición de un ente concreto. Por ejemplo, la esencia de hom-
bre, definido «animal racional», comprende así la materia (animal)
y la forma (racional).
Ser y esencia son realmente distintos y hay que mantener dicha dis־
tinción. Se puede de hecho comprender qué es (esencia) un hombre
o un unicornio pero no está probado que el unicornio exista (ser).
Por tanto ser y esencia son distintos y se relacionan como el acto y
la potencia. La esencia está en potencia respecto al ser, mientras que
el ser es acto de la esencia, esto es actas essendi essentiae (acto de
ser de la esencia) según Tomás de Aquino.
c. Las facultades operativas y sus actos
La esencia o naturaleza, así estructurada ontológicamente, posee
capacidades operativas para realizar determinados . Todo
ente, de hecho, actúa según su propia naturaleza y según las ca־
pacidades que ésta posee. El actuar accidental se distingue real־
mente, sea del acto de ser, sea de la esencia, pero está relacionado
y proporcionado con ambos. En todo ser finito se da una diferencia
entre ser, esencia y actuar.
24 EXPLÍCAME LA PERSONA
El actúa pertenece al mundo de los accidentes y presupone el
ser; es acto segundo respecto a la forma substancial que es acto pri־
mero. Pero ser accidente y acto segundo no significa carecer de im״
portancia y, mucho menos, ser superfino. El accidente, de hecho,
manifiesta la perfección y fecundidad del ser. No existe actuar sin
ser, pero también es verdad lo contrario: no existe ser sin actuar; el
ser es diffusivum sui y el actuar no es más que el manifestarse del
ser. De ahí que no se dé contraste alguno entre ser y actuar.
d. Los tres modos de existir de la esencia
En base a estas consideraciones, la esencia se actualiza de tres ma־
ñeras en el acto de ser, es decir, hay tres modos de existir de la
esencia.
• En primer lugar, en Dios, se da identidad entre ser-esencia-ac-
tuar. La esencia es igual al ser y éste al actuar. En otras palabras, la
esencia de Dios es su ser, como lo es también el actuar. En Dios no
existe composición, es eterno, es el único necesario; es el Ipsum Esse
Subsistens.
• En segundo lugar, en los ángeles que son espíritus puros, la
esencia no tiene materia y es forma substancial pura, por eso no se
puede multiplicar y cada forma substancial pura agota toda la per־
fección de la esencia. Cada ángel es una esencia y no se dan dos án־
geles con la misma esencia. Sin embargo la esencia es diferente del
ser en cuanto lo limita a un grado concreto de perfección.
• En tercer lugar, en los hombres, animales, vegetales, mine־
rales, es decir, en los entes cuya esencia está compuesta de materia
y forma, la esencia se distingue del ser; la relación entre materia y
forma dentro de la esencia, permite la multiplicación de ésta en
mucho individuos de la misma esencia.
Resumiendo, se puede decir que Dios es el ser, mientras los entes
tienen el ser. El «ser» no es lo mismo cuando se refiere a Dios o
cuando se refiere a los entes finitos. Entre el ser divino y el ser de
C. 1 La vida y sus grados 25
los entes, no se da identidad, pero tampoco oposición, sino analogía.
Los entes en cuanto existen, se asemejan a Dios, pero Dios no es
imagen de ellos: aquí está el principio de la analogía del ser. Análogo
quiere decir en parte igual y en parte diferente. Los entes finitos tie־
nen el ser en cuanto lo reciben de Dios, que se lo participa dándoles
la existencia. De este modo los entes finitos tienen el ser por partí־
cipación, mientras que Dios es El Ser.
26 EXPLÍCAME LA PERSONA
Grados de la vida
• Vegetal:
Qué es la vida
crece, se nutre, se reproduce.
Un movimiento cualificado por tres
• Animal:
características específicas y exclusivas:
se mueve, sentidos, instintos.
la nutrición, el desarrollo
• Hombre:
y la reproducción. inteligencia, voluntad, afectos.
•Ángeles: pura forma.
• Dios: puro ser.
Vida psíquica
• Conciencia: percepción del objeto.
Intencionalidad: tendencia
hacia el objeto percibido.
Vida fisiológica
LA VIDA • Nutrición
HUMANA • Desarrollo
• Reproducción
/ Principio vital
Alma vegetativa:
ejecuta la acción de vivir.
Alma sensitiva:
ejecuta la acción y el modo de vivir.
■ Alma espiritual:
ejecuta la acción y el modo de vivir;
\ puede percibir el fin de vivir.
Cuadro metafísica Naturaleza humana
•ENTE: Ser y Esencia y facultades humanas
• Esencia: Materia y Forma Forma (alma) y Materia (cuerpo)
• Facultades y actos Facultades: vista, inteligencia...
( CAPITULO 2
El conocimiento humano sensible:
los sentidos externos
«Nada hay en la inteligencia que no haya pasado por los sentidos»
(Aristóteles)
¿Qué es conocer? Es el acto por el que un sujeto (hombre o animal)
entra en contacto con la realidad y la representa dentro de sí me־
diante una sensación, imagen, concepto. En el conocimiento la
realidad viene hacia el sujeto, es decir, se presenta al sujeto que co־
noce, el cual adopta una actitud receptiva, que no modifica el objeto
conocido. El fin del capítulo es presentar la estructura general del
conocimiento humano, y analizar su primer grado: el conocimiento
sensible externo.
1. La unidad del conocimiento humano en sus dos dimensiones:
sensible e intelectual
El conocimiento en el hombre es un proceso unitario, pero tiene
dos niveles y cinco fases:
• El nivel sensible, que proviene de los sentidos externos e in־
temos (dos primeras fases)
• El nivel intelectual, que surge de la inteligencia, a través del
concepto, juicio y razonamiento (tres siguientes fases).
26 EXPLÍCAME LA PERSONA
Grados de la vida
• Vegetal:
/ Qué es la vida \
crece, se nutre, se reproduce.
Un movimiento cualificado por tres
• Animal:
características específicas y exclusivas: se mueve, sentidos, instintos.
la nutrición, el desarrollo
• Hombre:
\ y la reproducción. /
inteligencia, voluntad, afectos.
־Ángeles: pura forma.
• Dios: puro ser.
Vida psíquica
• Conciencia: percepción del objeto.
• Intencionalidad: tendencia
hacia el objeto percibido.
Vida fisiológica
LA VIDA • Nutrición
HUMANA • Desarrollo
Reproducción
Principio vital \
Alma vegetativa:
ejecuta la acción de vivir.
Alma sensitiva:
ejecuta la acción y el modo de vivir.
Alma espiritual:
ejecuta la acción y el modo de vivir;
puede percibir el fin de vivir. /
Cuadro metafísica Naturaleza humana
• ENTE: Ser y Esencia y facultades humanas
• Esencia: Materia y Forma Forma (alma) y Materia (cuerpo)
• Facultades y actos Facultades: vista, inteligencia...
( CAPITULO 2
El conocimiento humano sensible:
los sentidos externos
«Nada hay en la inteligencia que no haya pasado por los sentidos»
(Aristóteles)
¿Qué es conocer? Es el acto por el que un sujeto (hombre o animal)
entra en contacto con la realidad y la representa dentro de sí me־
diante una sensación, imagen, concepto. En el conocimiento la
realidad viene hacia el sujeto, es decir, se presenta al sujeto que co־
noce, el cual adopta una actitud receptiva, que no modifica el objeto
conocido. El fin del capítulo es presentar la estructura general del
conocimiento humano, y analizar su primer grado: el conocimiento
sensible externo.
1. La unidad del conocimiento humano en sus dos dimensiones:
sensible e intelectual
El conocimiento en el hombre es un proceso unitario, pero tiene
dos niveles y cinco fases:
• El nivel sensible, que proviene de los sentidos externos e in־
temos (dos primeras fases)
• El nivel intelectual, que surge de la inteligencia, a través del
concepto, juicio y razonamiento (tres siguientes fases).
28 EXPLÍCAME LA PERSONA
- (Razonamiento)
I
!-(INTELECTUAL) — ( Juicio )
-( Concepto )
CONOCIMIENTO
x HUMANO ,
- (Sentidos interno^ —
■ Oído
• Olfato
• Gusto
•Tacto
No hay en el hombre un conocimiento sensible del todo idéntico al
del animal, como no hay un conocimiento intelectual puramente
espiritual e independiente del cuerpo. Cuando el hombre ve o
siente, no ve o siente sólo cosas externas y materiales sin significado
humano; sino que percibe un mundo humano organizado. Cuando
reflexiona y razona, no se mueve en un ambiente aséptico de ideas
puras, ni juega al ajedrez con las imágenes filtradas de la realidad
en la interioridad de su conciencia, sino que se mueve en un mundo
concreto, del cual busca comprender algo mediante la formulación
de conceptos y de juicios. Los conocimientos sensible e intelectual
no indican, por tanto, dos conocimientos diversos, sino sólo dos as־
pectos, verdaderos y reales, del único conocimiento humano. Como
dice el filósofo español Xavier Zubiri, «esto significa que el sentir
humano es un sentir ya intrínsecamente intelectual [...] y el enten-
der es primaria y constitutivamente un entender sensible. El sentir
y la inteligencia constituyen una unidad intrínseca: es esto lo que
llamamos la inteligencia sentiente».
Esto no significa que hay que abandonar la distinción entre co־
nacimiento sensible e intelectual. Indudablemente, en todo conocí־
C. 2 El conocimiento humano sensible: los sentidos externos 29
miento humano hay dos polos no identificares entre sí: por un lado
la presencia de cosas materiales particulares, plenamente inmersas
en el espacio y en el tiempo; por otro lado la comprensión de la rea״
lidad independientemente de las formas espacio-temporales en las
cuales está inmersa. Yo veo, por ejemplo, esta casa, y sé que es sólo
esta casa, porque en el fondo la entiendo como casa, y por tanto
como una de tantas posibles realizaciones de la misma idea.
f t t
Objeto particular Acto de ver Acto de pensar
REALIDAD CONOCIMIENTO CONOCIMIENTO
SENSIBLE INTELECTUAL
Se puede decir que todo conocimiento sensible está permeado
de racionalidad y todo conocimiento intelectual humano está in־
fluido por la sensibilidad. No es el ojo el que ve, ni el oído el que
oye: es siempre una persona humana quien ve, oye, etc. Como tam־
poco es la inteligencia que entiende, sino la persona por medio de
la inteligencia. En el hombre el conocimiento sensible está en reía־
ción con la inteligencia y viceversa.
2. Los sentidos externos
La filosofía, desde sus inicios, ha insistido en la importancia de
los sentidos no sólo para relacionarnos con el mundo, procuran־
30 EXPLÍCAME LA PERSONA
donas los alimentos y evitando los peligros, sino también porque
son necesarios para el conocimiento intelectual, según reza el
dicho: «nada hay en la inteligencia, que de alguna manera no haya
pasado por los sentidos». El pensamiento conceptual no es auto־
suficiente. Conocer sensiblemente es el contacto concreto e inme־
diato con la realidad; contacto que es una de las condiciones fun־
damentales para que pueda realizarse el conocimiento intelectual.
• Las facultades sensibles externas: son potencias cognosci״
tivas de orden sensible; generalmente se enumeran cinco: vista,
oído, olfato, gusto y tacto.
• Los órganos sensibles externos: son las partes del cuerpo
mediante las cuales las facultades actúan, y respectivamente son:
ojo, oreja-oído, nariz, lengua, piel.
• Los estímulos: son fuerzas de tipo físico, químico o mecá־
nico, generalmente diversas para cada tipo de sensación. La expe-
C. 2 El conocimiento humano sensible: los sentidos externos 31
riencia muestra que cada órgano está particularmente dispuesto
a recibir una determinada clase de estímulos, mientras que para
otros resulta más o menos inaccesible. Esto depende de la estruc־
tura anatómico-fisiológica de cada órgano. Por ejemplo, el ojo es
totalmente inaccesible a los estímulos sonoros, como lo es el oído
para los luminosos.
־Estímulos adecuados son los aptos a la configuración anató-
mico-fisiológica de cada órgano y que lo excitan normalmente;
por ejemplo, los colores y la luz para el ojo.
- Estímulos inadecuados son los que aún no perteneciendo a la
naturaleza del órgano, logran de algún modo excitarlo y pro־
ducir la sensación correspondiente al órgano; por ejemplo, una
presión en el ojo produce una sensación luminosa, y sobre el
oído produce una sensación sonora.
• La sensación: es el acto de conocer realizado conjuntamente
por la facultad y el órgano. Los sentidos entran en contacto con la
realidad a través del estímulo y captan directa e inmediatamente los
objetos sensibles. La visión, la audición, etc. son sensaciones. La
sensación es el fenómeno más elemental del conocimiento; no se
trata de una pura impresión de carácter físico, sino de un conoci-
miento propiamente dicho. Cada sentido es capaz de responder a
un tipo determinado de energía (estímulo). Los sentidos transfor־
man las fuentes de energía en impulsos nerviosos y los envían a la
corteza cerebral en su área correspondiente: se produce así un fe־
nómeno denominado sensación.
La sensación es el fenómeno psíquico que consiste en el conocimiento
inmediato y concreto de una realidad material, que se obtiene mediante
la respuesta del órgano a un estímulo.
32 EXPLÍCAME LA PERSONA
• Fases de la sensación: para que se dé una sensación es nece-
sario que se den tres elementos o se pase por tres fases:
- le Fase física: el estímulo o excitante: fuerza o energía que
entra en contacto con una parte de nuestro organismo y pro־
duce una modificación en él.
-2- Fase fisiológica: la impresión o modificación de nuestro or״
ganismo como respuesta al estímulo, causado por la transmi-
sión de éste a la corteza cerebral. Se ha llamado tradicional־
mente species impressa: las cosas nos impresionan, como se
suele decir, actúan sobre nosotros y nos modifican, nos excitan.
3 ־e Fase psíquica: la sensación: tras la modificación-reacción
surge la sensación propiamente dicha que es el acto psíquico
de conocer un objeto. La sensación es la «expresión» psicoló-
gica que del objeto hace el sujeto, por eso tradicionalmente
se ha llamado species expressa. De un fenómeno físico se ha
pasado a un fenómeno mental.
• El proceso de la sensación como acto de conocimiento: la
impresión-modificación (species impressa) no se puede entender
como representación o imagen del objeto; no es un médium quod,
es decir, aquello que se conoce; no es un intermediario que cono־
cido, haría después conocer el objeto de manera mediata, como el
retrato hace que conozcamos el original; no es un «puente» entre
quien conoce y el objeto conocido; por el contrario, la impresión es
una condición del conocimiento: médium quo, o id quo cognoscitur:
aquello por lo que se conoce. La relación entre el cognoscente y el
conocido es directa, sin intermediario causal. Quien conoce, «im־
presionado» por el estímulo, reacciona y hace el acto de conocer,
esto es, realiza la sensación (tercera fase). Por medio de la species
impressa, el sujeto es modificado, impresionado, por la cosa que va
a conocer; pero conocer en cuanto tal (tercera fase) es una actividad
del sujeto, es reaccionar a la imprensión-modificación, expresar
aquello que se conoce. Lo que expresamos de la cosa conocida se
llama species expressa. En todos nuestros conocimientos hay siem־
C. 2 El conocimiento humano sensible: los sentidos externos 33
pre una species expressa, una manifestación de lo que conocemos.
Esta «expresión» no se entiende como un algo en mí de lo que, con
razonamientos, se tenga que deducir la cosa en sí, sino que se en־
tiende como la expresión, la palabra interior con la que me digo a
mí mismo qué cosa he entendido de la realidad.
Nuestro conocimiento, es conocimiento de la realidad objetiva
y no de una impresión subjetiva que nosotros nos hacemos de ella
La "impresión-modificación"
no es un intermediario
de la sensación
• Las causas del conocimiento de los sentidos: se puede decir
que la causa adecuada del conocimiento sensible no es sólo el estí־
mulo. Es evidente que la sensación depende en parte de la intensi־
dad y de la cualidad del estímulo. Sin embargo, no es menos evi-
dente que dependen también de factores fisiológicos y psicológicos,
distintos del estímulo. Estos factores fisiológicos pueden ser: la
mayor o menor irritabilidad de los órganos, la extensión del estí־
mulo, la presencia de otros estímulos, etc. Pero existen también fac־
tores psicológicos, ajenos al estímulo pero presentes en el sujeto que
conoce, como la concentración, la atención, el ejercicio habitual...
que influyen en la sensación. Estos hechos prueban que la sensación
no depende tanto del estímulo, cuanto más bien de las condiciones
en que tiene lugar la impresión-modificación, esto es, la excitación־
reacción del organismo.
34 EXPLÍCAME LA PERSONA
Por tanto, se puede concluir que, aunque la sensación dependa
del estímulo, tal dependencia se verifica solamente a través
de la impresión-modificación del organismo.
Son dos, pues, los elementos que concurren a producir la sensación:
el estímulo y la situación orgánico-psicológica del sujeto. Esta explica־
ción nos permite resolver el problema de la diferencia ontológica entre
el estimule , que pertenecea un nivel físico-químico y la sensación que
es de nivel psíquico. El efecto es proporcionado a la causa, porque la
causa no es solamente el estímulo físico, sino también la facultad y el
órgano del sujeto que lo recibe. Lo que se recibe se recibe según el modo
del recipiente (quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur); por
ejemplo, la luz que ilumina un pedazo de madera no produce en él la
sensación visual que produce cuando llega al ojo; y el modo como
Isabel ve la madera iluminada no es igual al modo como la ve Pedro.
Elementos y causas de la sensación:
el 1 ido (calor de la plancha);
la impresión (contacto con la piel y
corriente nerviosa que llega al cerebro);
sensación de dolor (conocimiento
sensible debido al estímulo y capacidad
del sujeto de percibirlo).
• Leyes psicofísicas de las sensaciones: en nuestras sensacio־
nes existen dos umbrales o límites que son los márgenes de la sen־
sación y que han llevado a los psicólogos a elaborar las leyes psico־
físicas de las sensaciones.
C. 2 El conocimiento humano sensible: los sentidos externos 35
־Ley del límite inferior: para que un estímulo pueda producir
una sensación se necesita que supere un límite mínimo; así,
un peso inferior a los 90 mg., colocado sobre la mano, no se
advierte. Tal límite es diverso para cada clase de sensaciones
y varía de sujeto a sujeto y según las circunstancias.
־Ley del límite superior: la perceptibilidad del estímulo no es
infinita. Hay un límite más allá del cual, aún continuando la
progresión del estímulo, la sensación no se da. Por ejemplo
el hombre no escucha los ultrasonidos que percibe el perro.
־Ley del límite diferencial: es lo que debe aumentar o disminuir
el estímulo para que se pueda advertir una mínima diferencia
en la sensación. Por ejemplo, el ojo humano no advierte la di־
ferencia entre la luz de una bombilla de 95 W y una de 100 W.
־Ley de la energía específica de los sentidos: estímulos diversos,
sean adecuados o inadecuados, producen en el mismo órgano
sensaciones iguales; mientras el mismo estímulo produce
sensaciones diversas según los diversos sentidos excitados, de
acuerdo a la naturaleza de cada sentido.
Daño físico inmediato Nivel A / ' ( !)׳ ן
160 dB \ de intensidad1/ \ ‘" 11'
Taladro neumático (a 2m de distancia),
Umbral del dolor inmediato avión despegando; umbral del dolor
BOdB
Severa irritación del oído 100 Tal ler de maquinaria, discoteca
120 dB
Ferrocarril subterráneo
Ruido externo
100 dB Tráfico intenso, comedor escolar
Posible daño auditivo
Oficina ruidosa, calle animada
Conversación normal, tráfico normal
Oficina normal
Casa normal, oficina tranquila
Casa tranquila
Cuchicheo (a Tm de distancia)
Susurro de las hojas
0 Umbral de audición
El nivel de intensidades que el oído humano es capaz de percibir, va desde los 0 decibelios hasta los 120
decibelios, punto a partir del cual los sonidos comienzan a producir daños en nuestro organismo. Desde
el punto de vista de las frecuencias, éstas pueden variar entre los 16-20Hz hasta los 18.000-20.000Hz.
36 EXPLÍCAME LA PERSONA
Dimensiones Estímulos sensibles
del conocimiento • Adecuados: aptos a la configuración
• Sensible: proviene de los sentidos. anatómico - fisiológica de cada órgano.
• Intelectual: surge de la inteligencia. • Inadecuados: aun no perteneciendo
• Se da unión entre ambas. a la naturaleza del órgano, logran de
algún modo excitarlo y producir
la sensación.
Sentidos externos
• Facultades: capacidades de
conocimiento (vista, oído...).
- Órganos: partes del cuerpo
(ojo, oreja...).
Conocimiento
sensorial
Nuestro conocimiento, es conocimiento
CONOCIMIENTO de la realidad objetiva, y no de
HUMANO SENSIBLE: una impresión subjetiva que nosotros
nos hacemos de ella.
sentidos externos
Fases de la sesación
1a Fase física:
el estímulo o excitante.
2a Fase fisiológica:
la impresión o modificación
de nuestro organismo.
3a Fase psíquica:
la sensación o acto psíquico
de conocimiento.
x Leyes de la sensación
- Ley del límite inferior.
Causas • Ley del límite superior.
El estímulo y la situación • Leydel límitediferencial.
orgánico-psicológica Ley de la energía específica de los sentidos.
\ del sujeto, y
( CAPITULO 3
El conocimiento humano sensible:
la percepción interna
«Lo que parece no siempre es lo que es, y lo que es no siempre es lo que parece»
(Rob McBride)
En la sensación, mediante nuestros sentidos captamos un aspecto
parcial de las cosas (color, sabor...). En la percepción captamos los
objetos unificados, organizados y estructurados. ¿Cómo es posible
esta organización? ¿Qué es la percepción sensible?
Objeto Sentidos externos ■ Sensación Sentidos internos Percepción interna
36 EXPLÍCAME LA PERSONA
Dimensiones x Estímulos sensibles \
del conocimiento Adecuados: aptos a la configuración
Sensible: proviene de los sentidos. anatómico - fisiológica de cada órgano.
Intelectual: surge de la inteligencia. ■ Inadecuados: aun no perteneciendo
Seda unión entre ambas. a la naturaleza del órgano, logran de
algún modo excitarlo y producir
\ la sensación. y
Sentidos externos
Facultades: capacidades de
conocimiento (vista, oído...)
Órganos: partes del cuerpo
(ojo, oreja...).
/ Conocimiento X
z sensorial
Nuestro conocimiento, es conocimiento
CONOCIMIENTO de la realidad objetiva, y no de
HUMANO SENSIBLE: .. una impresión subjetiva que nosotros
\ nos hacemos de ella, y
sentidos externos
Fasesdelasesación
1a Fase física:
el estímulo o excitante.
2a Fase fisiológica:
la impresión o modificación
de nuestro organismo.
3a Fase psíquica:
la sensación o acto psíquico
de conocimiento.
x Leyes de la sensación
■ Ley del límite inferior.
Causas - Ley del límite superior.
El estímulo y la situación Ley del límite diferencial.
orgánico-psicológica Ley de la energía específica de los sentidos.
s. del sujeto, y
( CAPÍTULO 3 ,
El conocimiento humano sensible:
la percepción interna
«Lo que parece no siempre es lo que es, y lo que es no siempre es lo que parece»
(Rob McBride)
En la sensación, mediante nuestros sentidos captamos un aspecto
parcial de las cosas (color, sabor...). En la percepción captamos los
objetos unificados, organizados y estructurados. ¿Cómo es posible
esta organización? ¿Qué es la percepción sensible?
Objeto Sentidos externos—Sensación Sentidos internos — Percepción interna
38 EXPLÍCAME LA PERSONA
1. La percepción
a. Definición de percepción
Se puede definir la percepción como el proceso cognoscitivo que nos
presenta sensiblemente los objetos en forma unitaria y estructurada en
el espacio y en el tiempo. La percepción no capta superficies coloreadas,
sonidos confusos, extensiones impenetrables y otras cualidades que se
presentan como objeto de las sensaciones externas, sino objetos bien
delimitados que aparecen inmediatamente a nuestro conocimiento
como unificados y estructurados. Percibimos casas, árboles, manza-
ñas...; percibimos frases, melodías; percibimos objetos resistentes y ex-
tensos. Todos estos objetos están situados de alguna manera en el
tiempo, porque experimentamos su duración y sucesión, y en el espacio,
en cuanto que están dotados de volumen y extensión.
b. Proceso de la percepción
La percepción organiza en objetos estructurados los datos indivi-
duales que nos presentan los sentidos externos. Para descubrir
cómo se han estructurado las sensaciones externas en la percepción,
hay que tener en cuenta que en ella se dan una serie de actividades:
• La unificación de los datos,
gracias a la cual en nuestra per-
cepción se forma un solo objeto.
Por ejemplo, un conjunto de ár-
boles colocados sin ningún orden
lo percibimos como un bosque.
La figura , que no contiene en re-
alidad más que algunas manchas
blancas irregulares esparcidas
sobre un fondo negro nos pre-
senta un rostro o la palabra «Liar». Figura ¿Rostro negro o palabra blanca?
C. 3 El conocimiento humano sensible: la percepción interna 39
• Los contornos de cada ob-
jeto se nos presentan perfecta-
mente distintos de otros obje-
tos. Ejemplo, figura 2 las casas
en un pueblo.
Figura Pueblo
• La figura-fondo: el objeto
que es el término directo de la
percepción sobresale sobre un
fondo constituido por otros ob-
jetos que son percibidos en se-
gundo plano. Ejemplo, figura 3:
por más que se intente, resulta
imposible ver al mismo tiempo
las dos cosas. Si una es percibida
como objeto, la otra se hace
fondo. Figura 3:¿C0pa o Caras?
• La selección de los datos
que nos proporcionan los estí-
mulos. Esto aparece ya en la fi-
gura 3, pero resulta más evi-
dente en figuras «reversibles»,
como la figura 4.
Figura 4: ¿Chica guapa o bruja fea?
40 EXPLÍCAME LA PERSONA
Esta organización, configuración y estructura, que no están pre-
sentes en las sensaciones externas, es propia y específica de lo que se
llama percepción interna, y para explicarla es necesario admitir otras
facultades distintas de los sentidos externos, las cuales se llaman ñor-
malmente «sentidos internos». Es un proceso, es decir, un conjunto
de capacidades y de actos, mediante los cuales, no solamente perci-
bimos los objetos sensibles, sino que los percibimos en un todo orga-
nizado, configurado y estructurado. Para explicar la unidad y la es-
tructura del objeto de la percepción, Aristóteles primero y después la
escolástica, admiten en la percepción interna diversas funciones, las
cuales, reunidas en grupos, corresponden a unas facultades, denomi-
nadas sentidos internos. Se discute si es un sólo sentido o son varios.
La psicología tradicional hablaba de cuatro (conciencia sensorial, me-
moría, imaginación, estimativa). Hoy se tiende a pensar en un solo
sentido/capacidad que realiza diversas funciones.
2. Sentidos internos / Funciones internas
a. Conciencia sensorial
• Se da cuenta de que se están produciendo las sensaciones.
Tenemos conciencia de sentir: no sólo vemos, sino tenemos con-
ciencia de ver. Ciertamente, en el hombre esta conciencia de ver,
como todo proceso de conocimiento, implica también actos inte-
lectuales; pero no sólo existe un saber que sentimos (intelección);
existe también un sentir que sentimos (percepción).
• Distingue además las diversas sensaciones entre sí porque
todas llegan al «punto común» de encuentro que es la percepción y
las asocia refiriéndolas a un mismo objeto. Sabemos distinguir no
sólo un color de otro, sino también un color de un sonido. ¿Con qué
sentido lo distinguimos? No con la vista, porque la vista no capta el
sonido, ni con el oído, porque el oído tampoco capta el color; por lo
tanto, con un sentido en el cual estén presentes las dos sensaciones.
C. 3 El conocimiento humano sensible: la percepción interna 41
b. Imaginación sensorial
Es la facultad de reproducir y combinar las imágenes sensibles.
Unifica el objeto porque en la percepción integramos los aspectos que
actualmente percibimos con otros que hemos percibido otras veces y
que tenemos el poder de re-presentarnos, de hacer revivir en nuestra
conciencia. Por ejemplo, al percibir el hombre que tengo delante y
que me mira, tengo que imaginarme su espalda, que no veo actual-
mente; es decir, debo integrar lo que actualmente veo con la imagi-
nación de lo que he visto otras veces. La imaginación evoca imágenes
pasadas y las combina para formar otras nuevas según cuatro leyes:
• Ley del interés: se evocan de preferencia aquellas imágenes
más vinculadas con las inclinaciones e intereses de cada uno.
Ejemplo: el avaro evoca el dinero; el montañero la montaña.
• Ley de semejanza: un objeto evoca otro que se le parece.
Ejemplo: la imagen de un perro evoca la de otro perro
• Ley de contraste: un objeto evoca otro que se le opone.
Ejemplo: las imágenes de un hombre fatigado evoca la de otro
tranquilo.
• Ley de contigüidad: un objeto evoca otro que se haya dado
junto con él. Ejemplo: la música que escucho evoca el lugar
donde la escuché por primera vez.
No hay que confundir la imaginación sensorial con la imaginación
intelectual, que es una función de la inteligencia, y no de los sentidos.
42 EXPLÍCAME LA PERSONA
c. Memoria sensorial
Facultad de revivir y recordar el pasado. El objeto es unificado con las
imágenes de objetos ya percibidos que son recordados, es decir reco-
nocidos precisamente como representaciones de objetos ya percibidos.
Una cosa es la imagen (imaginación) y otra el recuerdo de la imagen
(memoria). La memoria sensible conserva, además, las valoraciones
que percibe la estimativa. Los tres aspectos principales de la memoria
son: reconocimiento de algo ya vivido; conciencia del pasado; localiza-
ción temporal de los objetos. No hay que confundir ésta con la memoria
intelectual, que es una función de la inteligencia, y no de los sentidos.
d. Estimativa sensorial
Se capta la utilidad o la nocividad de los objetos percibidos. Por ejem
pío, un cordero que aún no ha visto lobos, huye en cuanto ve al primero.
En el contenido de la percepción está, pues, la estimación o «valora-
ción» del objeto percibido y esto es proprio de la función estimativa,
que en el hombre prepara, además, todo el contenido perceptivo para
que en él actúe la inteligencia, por lo que se llama cogitativa.
3. Ilusiones y alucinaciones
• La ilusión es una falsa interpretación de una sensación. Se
debe a la forma ambigua en que se perciben los objetos en relación
con el entorno.
Las líneas verticales ¿Puntos grises entre ¿Paralelas o cóncavas?
¿son iguales? los cuadros negros?
C. 3 El conocimiento humano sensible: la percepción interna 43
¿Quebrado? ¿Rocas o personas en el lago Burma? ¿Se mueve?
• La alucinación es creer percibir un objeto que en realidad no
existe porque falta el estímulo. Es distinta de la ilusión porque en
ésta se da una percepción distorsionada de un estímulo real. Las
alucinaciones pueden darse en cualquier tipo de sensación visual,
olfativa, etc. El que cree ver fantasmas se halla en verdadera aluci-
nación. Las causas de la alucinación son: la autosugestión, el des-
equilibrio nervioso provocado por la fatiga, alcohol, drogas, etc.
«En esto descubrieron unos molinos de viento;
como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
ves allí, amigo Sancho Panza, donde se
descubren treinta o pocos más desaforados
gigantes, con quien pienso hacer batalla».
(Cervantes)
4. El conocimiento perceptivo
La diferencia entre los sentidos externos y los internos consiste en
que los primeros trabajan sobre un material de orden físico, en base
al cual quien siente elabora el acto de conocer sensible que es de
orden psíquico. Por su parte los sentidos o funciones internas tra-
bajan ya sobre un material psíquico con el fin de unificarlo y estruc-
turarlo. La razón de ser de los sentidos internos reside precisamente
en esta estructuración y unificación de lo que nos presentan los sen-
tidos externos. La unidad substancial del hombre nos permite ver
44 EXPLÍCAMELA PERSONA
las diversas actividades cognoscitivas, no como elementos aislados,
sino como fases de un único proceso íntimamente compenetrado
con otras actividades humanas.
Mediante la percepción conocemos verdadera y objetivamente la realidad,
aunque siempre de modo limitado. Sin este conocimiento sensible,
no sería posible para nosotros el conocimiento intelectual.
5. Finalidad y características del conocimiento sensible
a. Finalidad
Lo apenas dicho en el párrafo anterior muestra que el conocimiento
sensible, en sus dos fases (externa e interna) tiene dos finalidades
principales. Una de ellas es común al conocimiento del mundo ani-
mal, la otra es específica del hombre. Tomás de Aquino había ya evi-
denciado esta doble finalidad: «el conocimiento sensible está orde-
nado a dos cosas. Primeramente está ordenado, sea en los animales
o en el hombre, a la conservación del cuerpo; porque con él se evitan
las cosas nocivas y se buscan las necesarias para el sustento. En se-
gundo lugar, en el hombre se ordena también al conocimiento in-
telectual». (S. Th., II-II, q. 167, a. 2, c).
b. Características
El conocimiento sensible es material, particulary concreto. Se re-
aliza por medio de los sentidos, que están unidos a órganos cor-
porales. El acto cognoscitivo que proviene de los sentidos es, así,
un acto material, dependiente intrínsecamente al organismo bio-
lógico y, por lo tanto, limitado por una esencia cuya forma está
unida a la materia. Por lo tanto, los sentidos mediante los que se
realiza el conocimiento sensible, están compuestos de dos elemen
C. 3 El conocimiento humano sensible: la percepción interna וין
tos: la facultad (forma), por ejemplo la vista, y el órgano (maten.1),
por ejemplo el ojo. Ambos forman un compuesto, que es el sujeto
que produce el acto.
El esquema metafísico correspondiente al conocimiento sensible
está estructurado así: el acto sensible es una perfección actual de un
sujeto; es pues un ser accidental. Este ser, dado que no es infinito,
está limitado por una esencia realmente distinta; esta esencia está
especificada por la forma, que a su vez está unida a la materia, y
ambas forman la esencia accidental (ver capítulo 1, Cuadro metafí-
sico para comprender al hombre, pag. 21). Ya que los sentidos están
unidos a los órganos corporales, de esta unión se deriva que el objeto
propio de los sentidos son los accidentes materiales. Por esto, el co-
nocimiento sensible es esencialmente:
• Material porque depende intrínsecamente de un órgano ma-
terial y está ligado a él; por ejemplo, el ojo, oído...
• Parí icular: porque se refiere a un objeto específico e individual;
por ejemplo veo esta mesa sobre la cual estoy escribiendo.
• ( óncreto: contiene todos los elementos especificantes de este
objeto; por ejemplo, color, altura...
CONOCIMIENTO SENSIBLE: material, particular, concreto
porque depende intrínsecamente de un órgano material
Lenguaje normal Ojo Vista Ver
I
^CONOCIMIENTO
SENSIBLE Lenguaje filosofía órgano Facultad Acto
v____ hombre ׳
Lenguaje metafísicoj Materia Forma
( Esencia accidental ) ( Ser accidental
ק !קr
(Ente accidental: acto de ver
46 EXPLÍCAME LA PERSONA
c. Localizaciones cerebrales del conocimiento sensible
Dado que los sentidos (externos e internos) están unidos a un ór-
gano material, y dado que el cerebro es el órgano que coordina todas
las actividades del organismo, se da una localización cerebral de los
sentidos y de sus actos. Sin el cerebro ni se ve ni se oye, ni se percibe
objeto alguno. Se puede decir que los órganos del conocimiento sen-
sible no son sólo los sentidos, sino también el cerebro en conexión
con ellos. El cerebro, y sobre todo la corteza cerebral, son condición
y causa indispensable para el conocimiento sensible. Pero dado que
tanto el conocimiento sensible, como el cerebro son estructuras ma
teriales, se pude mostrar una localización de ellos.
Surco central Corteza somatosensorial
Corteza primaria
Área premotora ?1 sabor
ea de asociación
Área prefrontal matosensorial
Área visual
Área motriz del lenguaje Corteza visual
(Área de Broca)
:or cognitivo lingüístico
Área de asociación auditiva
...׳a Wernicke)
Corteza auditiva
primaria
C. 3 El conocimiento humano sensible: la percepción interna 47
Definición
Proceso cognoscitivo que nos presenta Proceso perceptivo
sensiblemente los objetos en forma Unificación de datos,
unitaria y estructurada en el espacio Contornos, Figura-Fondo,
y en el tiempo. Selección de datos.
Sentidos internos
Conciencia sensorial
Imaginación sensorial
■ Memoria sensorial
Estimativa sensorial
Ilusiones
Alucinaciones
CONOCIMIENTO ■ La ilusión: falsa interpretación de
HUMANO SENSIBLE: una sensación.
La alucinación: creer percibir un
percepción interna objeto que en realidad no existe
porque falta el estímulo.
Conocimiento
perceptivo
Conocimiento verdadero
y objetivo de la realidad mediante
la estructuración y unificación
de los datos de los sentidos.
x Finalidad \
Características Primero: está ordenado a la
• Material conservación de la vida.
• Particular Segundo: prepara al conocimiento
• Concreto intelectual.
I CAPÍTULO 4 )
El conocimiento intelectual
«Sólo la inteligencia se examina a sí misma» (J. Balmes)
l.a estructura del conocimiento humano, además de la dimensión
sensible, posee la dimensión intelectual en su triple fase de con-
cepto, juicio y razonamiento. El hombre está dotado de un conoci-
miento que no tiene sólo por objeto lo material, particular y con-
creto, sino también lo inmaterial, universal y abstracto.
idea
semejanza
Con los sentidos veo, oigo, toco, percibo... el árbol material, par-
ticular y concreto que tengo delante de mi. Con la inteligencia formo
una idea o concepto de árbol que es inmaterial, universal y abstracto.
50 EXPLÍCAME LA PERSONA
• Inmaterial: no depende de la materia ni de las condiciones
materiales (espacio/tiempo) de este árbol concreto.
• Universal: se aplica no solo a este árbol, sino a todos los árboles.
• Abstracto: prescinde de los caracteres concretos (color,
forma, especie..) de este árbol.
Conocimiento sensible material particular concreto
í X
Conocimiento intelectual —► inmaterial universal abstracto
Para realizar el conocimiento sensible existen sentidos y facul-
tades que ya hemos visto. Para el conocimiento intelectual se ne-
cesita también una capacidad que lo elabore. A esta facultad la lia-
mamos inteligencia o entendimiento. Por medio de esta facultad
el hombre obtiene, a partir de los datos que le proporcionan los
sentidos, los conceptos, y después elabora los juicios y los razona-
mientos. Obtiene esto con tres operaciones distintas: la concep-
tualización, el juicio y el razonamiento.
La facultad a la cual se atribuyen estas operaciones cognoscitivas
se denomina inteligencia. Los contenidos cognoscitivos se denomi-
nan: concepto, juicio y razonamiento. La actividad de la inteligencia
se llama entender, del latín intelligere, que equivale a intus-legere
(leer dentro), es decir, vislumbrar aquello que hay de más íntimo en
las cosas.
Contenido de conocimiento Actividad
í t
Inteligencia Concepto / Juicio / Razonamiento Entender
C. 4 El conocimiento intelectual 51
1. Definición
La inteligencia es la facultad cognoscitiva, de naturaleza espiritual,
que capta lo inmaterial, universal y abstracto.
2. Objeto de la inteligencia
• La esencia de las cosas materiales (casa, árbol, hombre...) es
el objeto propio de la inteligencia en esta vida; es conocida por abs-
tracción a partir de los datos de los sentidos.
• Las realidades inmateriales (Dios, alma, bondad...) podemos
conocerlas sólo por analogía con las materiales, es decir, por lo que
tienen de común con ellas.
3. Existencia de la inteligencia
La existencia de la inteligencia se muestra, principalmente, por:
• el uso de conceptos, juicios y razonamientos;
• el uso de un lenguaje conceptual y simbólico.
a. El uso de conceptos, juicios y razonamientos
El hombre piensa. El pensar comporta un triple acto: conceptúa-
!izar, juzgar y razonar.
El hombre por medio de los sentidos externos capta las cosas
(ve, por ejemplo, un árbol de color verde). Los conocimientos sen-
sibles ofrecen sólo objetos concretos y materiales que poseen
cierta extensión, que impresionan nuestros órganos sensibles y
ocupan una posición en el tiempo y en el espacio. El hombre, sin
embargo, no conoce sólo este o aquel árbol, sino el árbol en
cuanto tal; este o aquel color verde, sino el verde en cuanto tal.
Tiene el concepto de árbol, de encina, de verde, de bondad, etc.,
52 EXPLÍCAME LA PERSONA
cosas abstractas y universales, porque conoce la naturaleza de las
cosas. Los contenidos de los conceptos universales no residen en
una persona concreta, no están localizados ni en el tiempo ni en
el espacio.
Los árboles son verdes. (Mayor)
Las encinas son árboles. (Menor)
Las encinas son verdes. (Conclusión)
El árbol es verde - --------
Árbol
El conocimiento intelectual es, además, confirmado por la ca-
pacidad de juzgar y razonar. Poniendo juntos dos conceptos
(árbol, verde), formula un juicio: «El árbol es verde». El hombre
formula juicios, es decir, afirmaciones universales, leyes generales
como: «los cuerpos caen». Entrelazando dos juicios mediante un
elemento común a ambos (árbol), hace un razonamiento («Las en-
ciñas son árboles; los árboles son verdes; las encinas son verdes»).
El hombre razona, llega a ciertas ideas reflexionando sobre otras,
a la existencia de ciertas cosas por medio de la existencia de otras.
Estos actos suponen en el hombre la capacidad de la abstrae-
ción; es decir, partir de sensaciones de objetos particulares y for-
mar conceptos universales que se aplican a todos los objetos par-
ticulares y concretos. Así, viendo árboles pequeños y grandes,
verdes y grises, el hombre se forma el concepto de árbol, que se
aplica no sólo a este o aquel árbol, sino a todos los árboles. De esta
manera puede decir: el árbol pertenece al reino vegetal y no al ani-
mal, como el lobo; ni al mineral, como el hierro. Puede formular
juicios que se apliquen a todos los árboles, a todos los animales y
a todos los minerales.
C.4 El conocimiento intelectual 53
Además el hombre no sólo tiene conceptos universales de cosas
concretas (árbol, mesa, casa), sino que puede pensar cosas abstrae-
tas que no existen en sí mismas, sino sólo como cualidades de seres
concretos: puede pensar la bondad, la sabiduría, la justicia, la paz.
Ahora bien, no existe la bondad, sino el hombre bueno; no existe la
justicia, sino el hombre justo; no existe la paz, sino existen los hom-
bres que están en paz entre sí. Además, el hombre capta múltiples
relaciones, como las de causa y efecto, de prioridad y posterioridad,
de identidad y diversidad, etc., y formula después juicios y razona-
mientos sobre las relaciones captadas entre varios objetos. Más aún,
el hombre capta el bien y el mal en hechos concretos y hace juicios
de valor moral.
Cosa concreta Universal
En la realidad En la mente
Ahora bien, este proceso mental por el cual se conceptualiza,
juzga y razona, es propio del hombre; ningún animal es capaz de
hacerlo. El animal, de hecho, es capaz de captar sensaciones porque
está dotado de sentidos, pero no es capaz ni de conceptualiza! ־ni de
juzgar, y menos de hacer razonamientos y tener conciencia de la ex-
periencia moral. El animal ve este árbol, pero es incapaz de pensar
el árbol; experimenta lo útil y agradable, pero es incapaz de juzgar
sobre el bien o el mal.
54 EXPLÍCAME LA PERSONA
b. El uso de un lenguaje conceptual y simbólico: comunicación animal
y lenguaje humano
• El lenguaje humano es conceptual y convencional. El
hombre habla: expresa su pensamiento mediante la palabra y de
esta manera lo comunica a los demás. El hablares una caracterís-
tica específicamente humana. También los animales se comuni-
can con otros animales por medio de signos, pero no se puede
decir que hablen. Se puede decir que también ellos tienen una es-
pecie de lenguaje con el cual comunican sus necesidades; pero
entre el lenguaje humano y la comunicación animal hay diferen-
cias esenciales. Ante todo, la comunicación animal usa signos
fijos e inmutables: el perro ladra, el gato miaga, pero siempre de
la misma manera, en todo el mundo y en todo tiempo. En cambio
el lenguaje humano cambia de pueblo a pueblo, de lugar a lugar,
de época a época. Es más, la comunicación animal es natural,
mientras que el lenguaje humano es convencional. El ladrar del
perro y el maullar del gato pertenecen a su instinto natural, de
manera que son siempre los mismos y no deben hacer ningún es-
fuerzo para aprenderlos.
El perro ladra: El gato miaga: El hombre habla: El perro ladra: El gato miaga: El hombre habla:
¡guau! ¡guau! ¡miau! ¡miau! piedra, pierre, ¡guau! ¡guau! ¡miau! ¡miau! stone
stein, !apis, pietra
C. 4 El conocimiento intelectual 55
Sin embargo, el lenguaje humano está formado por signos y so-
nidos que no pertenecen a la naturaleza instintiva sino a la capaci-
dad intelectual. Por eso los signos y los sonidos que adopta al hablar
son conceptuales y convencionales, tanto es así que hombres de
épocas y lugares diversos usan palabras diferentes para indicar la
misma cosa y palabras iguales para indicar cosas diversas. Así, a lo
que los españoles llaman «piedra», los antiguos romanos lo llama-
ban lapis y los ingleses de hoy lo llaman stone■, mientras la palabra
«lira» puede significar una moneda, un instrumento musical, una
constelación. El lenguaje humano es, por tanto, fruto de convenció-
nes y por este motivo el hombre debe aprender a hablar.
Varias palabras para un concepto Una palabra para varios conceptos
piedra, pierre, stein, lapis, pietra, stone
• El lenguaje humano es simbólico. El hombre expresa su pen-
samiento con signos fonéticos, gráficos o de otro género que no tie-
nen una relación natural y necesaria con lo que indican. Así, no hay
ninguna relación natural entre el signo fonético o gráfico «casa» y
la construcción de piedra que tal signo significa. Tanto es así que
otros pueblos indican la misma cosa con signos diversos: los latinos
con domus, los alemanes con Haus. El hombre expresa, además, su
pensamiento por medio de signos y símbolos que no tienen ninguna
relación natural con la cosa significada. No hay, por ejemplo, nin-
gima relación entre la luz verde y su significado en el semáforo: «se
puede pasar». La palabra humana tiene una relación doble: a la
56 EXPLÍCAME LA PERSONA
forma de la palabra (nombre) y al contenido de la palabra (con
cepto); ambas convergen en la realidad indicada.
Forma de la palabra Nombre
Contenido de la palabra —> Concepto
En conclusión, mientras el animal se expresa y se comunica me-
diante signos naturales, el hombre se expresa y se comunica por
medio de signos convencionales y simbólicos, creados por él mismo,
tanto que para indicar la misma cosa se pueden usar signos diversos:
porejemplo, los italianos simbolizan el Estadoconel tricolor verde,
blanco, rojo; y los españoles con el bicolor rojo y amarillo.
Símbolo de Italia Símbolo de España
Como dice Xavier Zubiri «Sólo el animal tiene signos, y sólo el
hombre tiene significaciones. [...] El llamado lenguaje animal no es
lenguaje, porque el animal carece de significaciones; posee tan sólo,
o puede poseer, señales sonoras signitivas».
Lenguaje signos/significados conceptual, aprendido
humano —* que cambian según convencional,
lugar y tiempo simbólico
Comunicación señales fijas natural no aprendido
animal e inmutables
C. 4 El conocimiento intelectual 57
4. Naturaleza de la inteligencia humana
Para los antiguos griegos las virtudes mas altas del hombre eran ser
«bueno y hermoso»; para los persas ser «veraz y valeroso»; para los
teutones ser «fiel», y en nuestro tiempo ser «inteligente». La palabra
«inteligencia» deriva de la latina intellegere, que significa literal-
mente «leer dentro», función que implica varios actos y se realiza
mediante la abstracción.
a. La abstracción
El hombre entiende la realidad, es decir, la conceptualiza. Esto
quiere decir que lo que entendemos es exactamente lo mismo en
el concepto y en la realidad; la única diferencia está en el modo de
existencia: inmaterial y abstracta en la inteligencia, material y con-
creta en la realidad. El concepto es el resultado de la abstracción.
Etimológicamente, abstraer (abs-trahere) significa «separar».
Consiste en formar un concepto universal, es decir, un contenido
aplicable a muchos individuos por su identidad. Tal es el conte-
nido del concepto «mesa» respecto a todas las mesas concretas a
las cuales se puede atribuir por identidad, o el concepto «hombre»
respecto a los individuos humanos.
La abstracción es el proceso a través del cual se pasa de lo sensible
concreto a lo inteligible abstracto; de las cosas particulares
de la realidad a los conceptos universales de la mente.
La inteligencia humana, a diferencia de los sentidos, descubre lo
inteligible en lo sensible; penetra en profundidad hasta la estructura
inteligible que se encuentra bajo los aspectos sensibles. Lo esencial
de la abstracción es la penetración (intus-legere = leer dentro) hasta
58 EXPLÍCAME LA PERSONA
el aspecto inteligible de las cosas. Consiste en actualizar (poner en
acto) los elementos inteligibles de la realidad. Mediante la intelec-
ción el entendimiento no transforma los datos que le llegan del co-
nocimiento sensible, sino que descubre, a través de ellos, lo que es
inteligible. La inteligencia humana no tiene el poder de transformar
ontológicamente las cosas. No se añade nada a los datos de los sen-
tidos, porque en este caso la inteligencia sería creadora del objeto
inteligible y alcanzaría sólo aquello que ella misma habría introdu-
cido en las cosas.
La función de la inteligencia es:
• intus-legere, o leer dentro la esencia de las cosas,
• actualizar o hacer presente lo inteligible,
• descubrir, porque lo inteligible está presente en la realidad sensible,
pero los sentidos no lo pueden descubrir.
Pedro es un hombre, pero viendo a Pedro no se ve la esencia «hom-
bre», sino el color, la altura, etc. Es la inteligencia quien debe pene-
trar y leer (intus-legere) dentro. Se podría comparar la acción de la
inteligencia como la de una perforadora que llega hasta la falda de
agua y la extrae, porque tiene la fuerza de penetrar (intus-legere) y
extraer (abs-trahere).
C. 4 El conocimiento intelectual 59
b. Inmaterialidad y espiritualidad de la inteligencia
La naturaleza del conocimiento intelectual humano nos presenta
tres propiedades o características fundamentales que se aplican a
sus tres actos de conceptualizar, juzgar, razonar.
• Inmaterial y espiritual: no depende intrínsecamente (tn facto
essé) de la materia ni de las condiciones materiales (espacio/tiempo),
aunque pueda depender extrínsecamente (ín fieri). El concepto de
árbol no tiene peso, ni color, ni forma espacial..., aunque para for-
mar dicho concepto haya sido necesario ver varios árboles concretos.
Espiritual no quiere decir «religioso» sino independencia intrínseca
de las propiedades de la materia.
• Universal: es aplicable a todos los individuos que poseen el
mismo contenido de inteligibilidad. El concepto árbol se aplica a
todos los árboles: encinas, pinos, abetos...
• Abstracto: prescinde de los caracteres concretos (color, forma,
tipo, tamaño...) de un árbol concreto y toma (abs-trae = extrae) lo
que es propio y común a todos los árboles.
Estas tres características se fundan en el hecho de que el conocí-
miento intelectual no capta aspectos sensibles, concretos y materia-
les, sino la esencia de las cosas, por tanto, debe estar libre de toda ma-
teria que lo limitaría imponiéndole sus condiciones restrictivas
concretas. El conocimiento sensible es siempre aprehensión de cosas
materiales y concretas, porque los sentidos no pueden alcanzar sino
sólo aquello que es sensible; por eso pertenece al mundo material,
que es siempre individual y concreto. Así, yo veo «este» árbol y oigo
«este» canto. Es decir, veo objetos sensibles y singulares, no veo y no
siento objetos que no sean sensibles y particulares: así, no veo a Dios,
ni siento físicamente la bondad; ni tampoco veo el árbol (en abs-
tracto) ni siento la música (en abstracto). Sin embargo, con la inteli-
gencia, yo pienso en Dios y pienso en la bondad; pienso en el árbol,
anque no haya ninguno a mi alrededor, y pienso en la música aunque
no la esté escuchando. Es decir, mientras que con el ojo veo muchos
60 EXPLÍCAME LA PERSONA
árboles individuales, diversos los unos de los otros, con la inteligencia
soy capaz de hacer abstracción de las diferencias de los árboles indi-
viduales y de formar el «concepto» de árbol, que puedo aplicar a todos
los árboles. Esto significa que, mientras la sensación está unida a lo
material ya lo concreto, la inteligencia forma conceptos universales,
toma la esencia de las cosas materiales. La inteligencia humana puede
conocer la naturaleza, la esencia de todos los cuerpos; por tanto, es
necesario que no tenga ninguna naturaleza corpórea, ya que ésta im-
pediría el conocimiento de las otras. Para que la inteligencia conozca
su objeto universal, debe estar libre de toda materia. Si estuviese in-
mersa en la materia, sería prisionera de la particularidad de su mate-
ria; conocería sólo bajo un aspecto determinado, como en los sentí-
dos, sin poder llegar al universal. El conocimiento intelectual, por
tanto, en fuerza de su objeto propio, es un acto inmaterial y espiritual,
que no depende intrínsecamente de la materia y requiere una facultad
libre de toda materia, y por eso no ligada a ningún órgano.
Representación gráfica del concepto de árbol aplicable a
todos los árboles (universal),
sin las propiedades particulares del color, tipo... (abstracto),
y no dependiente de la materia (espiritual).
Ciertamente, la inteligencia forma los conceptos partiendo de las
realidades materiales. Sin embargo el concepto, por su universalidad,
trasciende la materia y no queda ligado ni depende de la materia:
parte de ésta, pero va más allá de lo sensible y material. La inteligencia
depende de la sensibilidad con una dependencia extrínseca, pero in-
trínsecamente no está ligada a ella. Se trata de una dependencia cau-
sal respecto al surgir del acto cognoscitivo, pero no respecto al ser de
este acto, que en sí mismo es intrínsecamente independiente de la
materia. Es una dependencia in fieri, no infacto esse. Ciertamente
C. 4 El conocimiento intelectual 61
sin la sensibilidad no surgiría jamás el acto cognoscitivo humano,
pero una vez que la inteligencia entiende, este acto cognoscitivo tiene
un ser propio, independiente, autónomo, espiritual. La dependencia
de la sensibilidad es sólo extrínseca y no toca la actual constitución
mitológica del nuevo acto de entendimiento.
El avión para que comience a volar {in fierí) necesita como condición el tren de
despegue, pero en sí mismo {in fado essejel vuelo del avión no depende de las
ruedas, al contrario, durante el vuelo le estorban y las esconde.
Más aún, la inteligencia puede alcanzar realidades no materiales
de las cuales no es posible tener sensaciones. Así, no existe la sen-
sación de la bondad, de la justicia, de lo que es bueno y de lo que es
malo. Pero el hombre es capaz de pensar y de saber qué es la justicia,
la bondad y la belleza, y sabe distinguir el bien del mal, lo justo de
lo injusto, lo hermoso de lo feo. El hombre puede pensar en Dios,
que ciertamente no es percibido con los sentidos.
El conocimiento intelectual, por tanto, es de naturaleza espiritual,
en el sentido de que el acto de conceptualizar no depende intrínsecamente
de la materia. Pero si es espiritual el acto, debe ser espiritual también
la inteligencia (facultad) que lo produce.
Una ulterior confirmación de la inmaterialidad del conocimiento
intelectual es la capacidad de reflexión completa sobre sí mismo, es
decir, el autoconocimiento. La inteligencia no sólo conoce, sino co
62 EXPLÍCAME LA PERSONA
noce que conoce, es decir, percibe el propio acto conocer. La capa-
cidad de percibir el propio acto en modo reflejo, es decir, de poner
el propio acto de pensar como objeto del propio pensamiento, im-
plica la libertad e independencia de la materia; implica, como dice
Ortega y Gasset, «una torsión radical sobre sí mismo» imposible en
el mundo material. Así como el ojo no puede verse a sí mismo, de la
misma manera, si la inteligencia estuviese unida a la materia, no
podría pensarse a sí misma. Esto nos lleva al problema de la relación
entre inteligencia y cerebro.
Sentidos Inteligencia
Sólo conocimiento directo Conocimiento directo y conocimiento reflejo
5. Funciones de la inteligencia
• Función abstractiva: elabora los conceptos abstractos, uni-
versales e inmateriales.
• Función intuitiva: capta de modo inmediato los primeros
principios y algunos aspectos de la realidad.
• Función de memoria: conserva los conceptos, juicios, razo-
namientos, experiencias...
• Función de razón o discursiva: elabora los juicios de todo
tipo y los razonamientos.
• Función de conciencia: conoce el propio acto de conocer y el
sujeto del mismo; autoconciencia.
C. 4 El conocimiento intelectual 63
6. Inteligencia y cerebro
Se dice que el hombre piensa con el cerebro. Ahora bien, el cerebro
es un órgano material. Por tanto, también el acto de pensar (el pen-
samiento) y la facultad que piensa (la inteligencia) serían materia-
les. La prueba de que el hombre piensa con el cerebro estaría en el
hecho de que cuando, por vejez, por un accidente o enfermedad...,
este órgano se deteriora, la capacidad de pensar del hombre queda
gravemente comprometida según el cerebro haya sido afectado por
los daños. Pero las cosas no son así.
El hombre no piensa con el cerebro, sino con la inteligencia. El cerebro no
es el órgano, ni la causa del pensamiento, sino sólo la condición necesaria.
Para comprender exactamente el sentido de esta respuesta, basta
observar lo que sucede en el caso del ojo en relación con la sensación
visual o en el caso del oído en relación con la sensación auditiva. El
hombre ve con el ojo y escucha con el oído. Esto significa que el ojo
y el oído son los órganos de los sentidos de la vista y del oído: son
«órganos», es decir, producen la sensación visual y auditiva. Por
esto, un hombre sin ojos no ve, y un hombre con una enfermedad
grave en el oído no oye absolutamente nada u oye poco. No sucede
lo mismo en el caso del conocimiento intelectual. No es el cerebro
el que produce el pensamiento, como el ojo produce la sensación
visual; ni tampoco el cerebro es el órgano de la inteligencia, como
el ojo es el órgano del sentido visual. De hecho, el conocimiento in-
telectual es de naturaleza espiritual, mientras que el cerebro es un
órgano material. Ahora bien, por el principio de causalidad, lo que
es material no puede causar lo que es espiritual: la causa (material)
no sería proporcional al efecto (espiritual). Por esto, la causa del co-
nacimiento intelectual no puede ser otra que una facultad espiri-
tual, como es precisamente la inteligencia.
64 EXPLÍCAMELA PERSONA
Surco central Corteza somatosensorial
Corteza primaria primaria
Área del sabor
Área premotora
Área de asociación
Área prefrontal somatosensorial
Área visual
Área motriz del lenguaje Corteza visual
(Área de Broca)
Sector cognitivo lingüístico
Área de asociación auditiva
(Área Wernicke)
Corteza auditiva
primaria
¿Cuál es, por tanto, la relación entre inteligencia y cerebro? No es
una relación causal, sino de condición instrumental. Es decir, la in-
teligencia se sirve del cerebro para pensar, pero no piensa con el ce-
rebro. De hecho, para poder pensar, la inteligencia necesita de los
sentidos y del cerebro, los cuales le proporcionan el material para
pensar. Recibiendo los impulsos transmitidos por los sentidos, el ce-
rebro los elabora en sensaciones e imágenes. De este material la in-
teligencia, con su capacidad de abstracción, se sirve para formar los
conceptos. Evidentemente, si no existe este material proporcionado
por el cerebro, la inteligencia no puede operar; por ello, la inteligen-
cia al pensar se sirve del cerebro como condición. Por ejemplo: la
causa de la luz en la habitación en la que ahora estoy es el sol, pero
la condición necesaria para que el sol produzca claridad en la habi-
tación es que haya ventana. A nadie se le ocurriría decir que la ven-
tana produce (causa) la luz. De hecho, a las doce de la noche la ven-
tana sigue estando ahí, pero la habitación está a oscuras.
La ventana no causa la luz,
pero es la condición necesaria
para que la luz causada por el sol entre.
C. 4 El conocimiento intelectual 65
La razón de ello es que la inteligencia es una facultad del alma,
mientras que el cerebro es un órgano del cuerpo. Esto explica dos
cosas: primero, el hecho de que la inteligencia pueda continuar exis-
tiendo incluso cuando el cerebro se haya destruido (inmortalidad).
Segundo, el hecho de que, en el estado actual de unión substancial
del hombre, la inteligencia no puede entender sin el cerebro porque
le faltaría la condición necesaria para poder hacerlo. Por otro lado,
que el cerebro no sea el órgano de la inteligencia se prueba por el
hecho de que la inteligencia piensa el propio cerebro, lo analiza, lo
dirige, por ejemplo, imponiéndole que proporcione ciertas imáge-
nes y no otras. Ahora bien, esto es signo de que la inteligencia no
piensa con el cerebro. De hecho, no podría con el mismo acto pensar
el cerebro y pensar con el cerebro, como el ojo no puede verse a sí
mismo. En realidad la inteligencia tiene la capacidad de colocarse,
de algún modo, más allá y más arriba del propio cerebro, puesto que
consigue pensarlo. Hay, por tanto, en el hombre un «acto» espiri-
tual, el pensar; hay una «facultad» espiritual: la inteligencia.
CONOCIMIENTO INTELECTUAL espiritual, universal, abstracto
porque no depende intrínsecamente de un órgano material
Lenguaje normal iroj(inteligencia)( Entender)
CONOCIMIENTO
Len9hómbreSOfía J ( Z \ )CFacultad C Act0 )
; hor 1
Lenguaje metafísica; f Materia Y Forma j
(^ Esencia accidental^) Q Ser accidental (
?Ente accidental: acto de entente?)
66 EXPLÍCAME LA PERSONA
7. Unidad del conocimiento humano (sensible e intelectual)
Lo que acabamos de decir sobre la relación inteligencia-cerebro con-
firma que el conocimiento humano es un todo unificado, como se ha
dicho anteriormente (ver capítulo 2 sobre los sentidos externos). El
hombre es un «espíritu encarnado», un «espíritu en el mundo», un
«horizonte vertical», y el conocimiento humano, en su carácter único
y unitario, está fundado sobre esta dimensión encarnada que, a su vez,
manifiesta. En el cuadro de una antropología dualista se hablará no
solamente de una distinción entre dos formas de conocimiento, sino
de dos conocimientos diversos: el conocimiento sensible, no pene-
trado por la inteligencia, y el intelectual, no mezclado con elementos
materiales. Entre el conocimiento sensible del hombreyel del animal
no habría prácticamente ninguna diferencia esencial, sino sólo cuan-
titativa. La realidad de las cosas es diversa (ver capítulo 5, Inteligencia
humana e instinto animal). No hay en el hombre un conocimiento
sensible del todo idéntico al del animal, como no hay un conocimiento
intelectual puramente espiritual e independiente del cuerpo.
Los conocimientos sensible e intelectual no indican, por tanto, dos
conocimientos diversos, sino sólo dos aspectos, verdaderos y reales,
del único conocimiento humano. Esto no significa que haya que aban-
donar la distinción entre conocimiento sensible e intelectual. El co-
nocimiento sensible pone el acento sobre el hecho de que el único co-
nacimiento humano tiene una dimensión o componente sensible. El
conocimiento intelectual, por su parte, pone el acento sobre el hecho
de que el mismo conocimiento humano racionaliza y conceptualiza
la realidad. El conocimiento humano consiste en la tensión entre estos
dos aspectos, que están siempre contemporáneamente presentes, pero
en medidas y proporciones muy diversas según los momentos. La
atención y la intención pueden dirigirse principalmente hacia la ob-
servación sensible, o bien detenerse en la intelección.
En el hombre el conocimiento sensible está influido por la inteli-
gencia y participa de la vida intelectual no sólo por semejanza, sino de
modo inmediato por influjo directo en cuanto que pertenece a un ser
C. 4 El conocimiento intelectual 67
espiritual. El conocimiento sensible del hombre es diverso al del ani-
mal no sólo por el influjo extrínseco del conocimiento intelectual,
sino radicalmente, porque se funda en un sujeto cuyo ser es espiritual.
Conocimiento sensible y conocimiento intelectual no son dos
conocimientos humanos de igual contenido y de diverso nivel, sino
el único conocimiento humano.
Propiamente hablando no son los sentidos que sienten, ni la inteligencia
que entiende, sino el hombre por ambos. Por tanto: entre el conocimiento
sensible y el intelectual: hay distinción pero no separación; hay unidad,
pero no identificación.
Por lo mismo, se pueden presentar algunas características de
ambos niveles de conocimiento bajo el aspecto: 1) del objeto o con-
tenido del conocimiento; 2) de la sucesión de los contenidos; 3) de
la dependencia del conocimiento respecto al organismo.
• Bajo el aspecto del objeto o del contenido: el conocimiento
sensible está localizado en el espacio y en el tiempo; percibe deter-
minados aspectos de la realidad, diversos según los sentidos y den-
tro de los límites de la sensibilidad del órgano. El ojo es sensible a
la luz, el oído a los sonidos, etc. Lo que queda fuera de estos esque-
mas no es percibido. El conocimiento sensible permanece en la su-
perficie de las cosas, pues considera sólo cosas particulares a partir
de una determinada perspectiva: veo la ventana, el árbol, la casa...
desde un punto concreto de observación, lo cual me impide ver con-
temporáneamente otros lados de la misma realidad.
El conocimiento intelectual, por su parte, no está restringido
dentro de los límites de la sensibilidad de los diversos órganos, y
muchas veces presenta contenidos que prescinden del tiempo y del
espacio, concebidos como entes espirituales o independientes de la
materia. Aristóteles decía que el conocimiento intelectual es de
algún modo todas las cosas (quodammodo omnia), porque no se
presenta limitado. Además, la inteligencia no está circunscrita al
68 EXPLÍCAME LA PERSONA
conocimiento de las cosas que se encuentran directamente presen-
tes en la observación empírica.
El conocimiento sensible necesita El conocimiento intelectual no necesita
de la presencia física del objeto y del órgano ni de la presencia del objeto ni del órgano
• Bajo el aspecto de la sucesión de los contenidos: los fenó-
menos de orden sensible se suceden de modo casi automático; los
de orden intelectual, en cambio, se suceden según un nexo lógico.
Por ejemplo: la afirmación de la geometría «la suma de los ángulos
internos de un triángulo equivale a dos ángulos rectos», puede ser
pronunciada de modo correcto también por un loro oportunamente
adiestrado; en tal caso los contenidos de conciencia de orden sen-
sible se suceden sin que esto pueda explicarse con la relación entre
el significado del sujeto y del predicado. De una manera muy diversa
pronuncia la fórmula del teorema una persona que ha entendido el
significado de las palabras y su demostración; en este caso la se-
gunda parte de la fiase sigue a la primera por su nexo lógico fundado
sobre la intuición de la relación de identidad existente entre el pri-
mero y el segundo miembro de la igualdad.
La suma de los ángulos internos de un triángulo equivale a dos ángulos rectos
C.4 El conocimiento intelectual 69
• Bajo el aspecto de la dependencia del conocimiento res-
pectoal organismo: los conocimientos sensibles dependen inme-
diatamente y del modo más estricto de las cualidades y de la inten-
sidad de los cambios orgánicos; se trata de una dependencia
intrínseca e inmediata. La dependencia intrínseca del organismo,
en cambio, no se vislumbra en el conocimiento intelectual, ni se
puede en él demostrar. Es verdad que los conocimientos intelectua-
les dependen, de alguna manera, de los sensibles y, por tanto, del
organismo; pero únicamente de manera indirecta, extrínseca y me-
diada: sólo como condición, no como causa.
8. Formación del conocimiento intelectual y de la inteligencia
a. Condiciones
Hay que tener en cuenta que para que se dé un acto intelectual se
necesitan algunas condiciones psíquicas indispensables, que son la
atención y la reflexión. Por eso para formar la inteligencia hay que
trabajar sobre ellas.
• La atención: puede ser espontánea y surge por el interés del ob-
jeto, o voluntaria y surge por una decisión de la voluntad dirigida a:
- Evitar las distracciones: ambiente externo, estudiante mismo,
objeto estudiado.
- Favorecer la concentración: actividad, intensidad...
• La reflexión: que tiene dos momentos o fases:
- El análisis:
• preguntarse, cuestionarse: ¿por qué?, ¿cómo? ¿cuándo?
¿para qué?;
• entender los términos: lenguaje...;
• profundizar los conceptos y analizar los juicios y razona-
mientos.
70 EXPLÍCAME LA PERSONA
- La síntesis:
• interrelación: establecer conexiones y convergencias;
• personalizar los contenidos;
• controlare! rigor lógico.
b. Medios
• Estructura mental: formar una mente estructurada, capaz de
analizar, cribar y asimilar nuevas ideas y conocimientos, dándoles
su lugar justo en la totalidad del saber, sin que cada nueva idea o
teoría se erija en un absoluto que destruye el conjunto. Este hábito
de la mente del análisis y del discernimiento, lleva al hombre a la
defensa de su propia racionalidad frente a lo irracional.
• Método del trabajo intelectual:
- Programación: programa, guía y calendario del trabajo.
- Clases: continuidad, atención, actividad durante ellas.
- Estudio personal:
• comprender: explorar, leer, preguntarse, reflexionar,
completar;
• asimilar: resumir por escrito, repasar.
c. Obstáculos
• Irreflexión: espontaneidad y reacciones primarias.
Cavilación y afirmaciones sin fundamentos objetivos.
• Extraversión: disipación.
• Divagación: mariposeo de un punto a otro.
C. 4 El conocimiento intelectual 71
COCIENTE INTELECTUAL
Test en el que se mide el número de respuestas correctas a unas cuestiones.
El resultado se divide entre la edad de la persona; se obtiene un índice que,
multiplicado por cien, indica el nivel de inteligencia ("cociente"intelectual).
( TABLA DE INTERPRETACIÓN DEL COCIENTE INTELECTUAL )
Cociente intelectual Clasificación Porcentaje de población
f 1300 más Muy superior 2.2 ח
( 1203 129 Superior 6.7 i
C 1103119 Normal brillante !6.1 ן
( 903 109 Promedio 50 )
80389 Normal lento 16.1
703 79 Fronterizo 6-7 J
69 a menos Deficiente mental 2.2
72 EXPLICAME LA PERSONA
Definición
Capacidad de abstracción.
Hace: conceptos, juicios,
razonamientos.
Inteligencia y cerebro
Cerebro (material):
• Espacial y temporal
• No es órgano ni causa
• Es condición necesaria
Inteligencia (espiritual):
• Abstracta
• Inmaterial
. ■ No espacial
z Formación '
Condiciones: atención, reflexión.
/ Unidad \ Medios: estructura mental, método
El conocimiento humano de trabajo.
es una unidad formada Obstáculos: extraversión, irreflexión.
por dos dimensiones:
< sensibleeintelectual./
(CAPÍTULO 5 )
Inteligencia humana
e instinto animal
«Donde la vida biológica levanta muros, la inteligencia abre una salida»
(Marcel Proust)
La diferencia entre el hombre y los animales no es solamente bioló-
gica, ni se basa en un mayor desarrollo intelectual. Es una auténtica
diferencia de naturaleza, es decir, esencial y cualitativa. El capítulo
pretende aclarar qué es la inteligencia humana, el sentido que tiene
en el hombre, y su esencial diferencia con la así llamada «inteligen-
cía» animal.
1. La especial posición biológica del hombre en la naturaleza
El hombre no es solamente un individuo biológico, sino biográfico.
La descripción completa del hombre no es la biológica, sino la bio-
gráfica, que incluye la totalidad de la vida. Mirado desde un punto de
vista exclusivamente biológico, el hombre se presenta como un ser
insuficiente que desafía las leyes biológicas de la naturaleza; es un
animal en situación de inferioridad frente a los demás animales mejor
dotados y más fuertes. La deficiente dotación biológica del hombre,
no es sólo de índole morfológica con la carencia de adaptación al
medio ambiente, sino también de tipo funcional con una marcada
EXPLÍCAME LA PERSONA
Definición
Capacidad de abstracción.
Hace: conceptos, juicios,
razonamientos.
Inteligencia y cerebro
Cerebro (material):
• Espacial y temporal
• No es órgano ni causa
• Es condición necesaria
Inteligencia (espiritual):
• Abstracta
• Inmaterial
. • No espacial
x Formación
Condiciones: atención, reflexión.
Unidad Medios: estructura mental, método
El conocimiento humano de trabajo.
es una unidad formada Obstáculos: extraversión, irreflexión.
por dos dimensiones:
sensible e intelectual.
( CAPÍTULO 5 )
Inteligencia humana
e instinto animal
«Donde la vida biológica levanta muros, la inteligencia abre una salida»
(Marcel Proust)
La diferencia entre el hombre y los animales no es solamente bioló-
gica, ni se basa en un mayor desarrollo intelectual. Es una auténtica
diferencia de naturaleza, es decir, esencial y cualitativa. El capítulo
pretende aclarar qué es la inteligencia humana, el sentido que tiene
en el hombre, y su esencial diferencia con la así llamada «inteligen-
cia» animal.
1. La especial posición biológica del hombre en la naturaleza
El hombre no es solamente un individuo biológico, sino biográfico.
La descripción completa del hombre no es la biológica, sino la bio-
gráfica, que incluye la totalidad de la vida. Mirado desde un punto de
vista exclusivamente biológico, el hombre se presenta como un ser
insuficiente que desafía las leyes biológicas de la naturaleza; es un
animal en situación de inferioridad frente a los demás animales mejor
dotados y más fuertes. La deficiente dotación biológica del hombre,
no es sólo de índole morfológica con la carencia de adaptación al
medio ambiente, sino también de tipo funcional con una marcada
74 EXPLÍCAME LA PERSONA
reducción de la esfera instintiva. Las carencias, vistas bajo el solo
prisma de la biología, parecerían un error de la naturaleza. Es nece-
sario, por tanto, preguntarse cómo un ser con tantas carencias haya
podido sobrevivir e imponerse a los demás. Algo debe de haber en su
estructura biológica que le permita esta supervivencia y dominio.
La respuesta debe evitar dos errores; el primero, considerar al hom-
bre como un animal situado en el escalón más alto. El segundo, ver la
diferencia sólo en la presencia del espíritu. Sin negar ambas realidades
y reconociendo que el alma espiritual suple muchas carencias bioló-
gicas, es necesario comprender la peculiaridad orgánica humana y la
diferente conformación biológica del hombre y de los animales.
• Desde el punto de vista morfológico el hombre carece de muchas
estructuras que tiene el animal.
• Desde el punto de vista funcional, el hombre tiene instintos menos
desarrollados que los animales.
a. Desde el punto de vista morfológico
En este ámbito la principal característica del cuerpo humano es su
carencia de adaptación al ambiente. A diferencia de los demás ani-
males, perfectamente adaptados al ambiente natural en que viven
prisioneros de él, el hombre manifiesta en su propio cuerpo un dis-
tanciamiento de las rígidas formas orgánicas que le permite tras-
cender el ambiente. Es esta misma carencia de adaptación somática
la que habilita al hombre para afrontar con éxito cualquier tipo de
ambiente físico en el que deba conducir su vida. El animal dispone
desde el nacimiento de cierta autonomía para sobrevivir, mientras
que un niño recién nacido es el ser más necesitado de la naturaleza:
desnudo, débil, estaría destinado a perecer si los otros lo abando-
naran. La adaptación es posible por la carencia de especialización y
por el primitivismo de sus órganos.
C. 5 Inteligencia humana e instinto animal 75
Es precisamente partiendo de esta situación de necesidad que el
hombre actúa, transforma los límites en posibilidades, la pobreza
en riqueza, la no-determinación en libertad. La insuficiencia bio-
lógica lleva a la acción, la existencia se presenta como tarea por re-
alizar, y la acción como «punto central de la existencia humana». El
hombre compensa sus carencias con la acción. La naturaleza bioló-
gica implica, en su misma estructura morfológica, un modo de ser
dinámico, adaptable, diferente e irreductible al animal.
b. Desde el punto de vista funcional
Funcionalmente el hombre posee una fuerza instintiva inferior al ani-
mal. No hay animal sin instintos y el animal que no los tuviera hubiera
perecido inexorablemente en poco tiempo. El comportamiento de los
animales es siempre la reacción del instinto a un cierto estímulo con-
creto y presente. Impresiona ver la indiferencia del animal hacia lo que
no estimula sus instintos y la tenacidad y constancia hacia lo que pro-
voca su instinto de supervivencia, reproductivo, etc.
Instinto de supervivencia Instinto reproductivo
76 EXPLÍCAME LA PERSONA
El hombre, en cambio, es un animal en el que los instintos juegan
un papel importante, pero reducido en el conjunto de su compor-
tamiento. Se encuentra, en cierto modo, liberado y desvinculado de
la rigidez instintiva ligada al presente. Esta carencia, sin embargo,
no lo lleva a perecer, sino que prospera y se desarrolla, sobresaliendo
por encima de los otros animales.
Esto es de gran importancia antropológica, porque la no determi-
nación instintiva es la condición sine qua non para ser libre, compor-
tarse de modo responsable, y cumplir valores morales racionales. La
reducción de los instintos es un presupuesto indispensable de la liber-
tad, y por tanto, del espíritu. El animal no puede elegir, no sólo porque
le falta el conocimiento racional, sino también porque la rigidez de
sus instintos bloquea las mismas tendencias. Por este motivo, en la
conducta animal no hay errores propiamente dichos; la orientación
de su conducta está perfectamente fijada y determinada. Vive y so-
brevive por instinto. El hombre, en cambio, debe guiar su vida con su
propia razón, de modo libre y responsable, con el riesgo del error, del
fracaso y del abuso. Para vivir debe actuar; para actuar debe pre-ver.
Esto implica un distanciamiento del presente y una anticipación del
futuro. Los límites funcionales y operativos del animal no derivan so-
lamente de la carencia de inteligencia, sino de la estructura morfoló-
gico-funcional y del equipamiento instintivo ligado a ella.
c. La posición antropológica
El punto central de esta posición antropobiológica es que el hombre
es un ser aparte porque su dimensión biológica es del todo singular.
El cuerpo humano, en su estructura morfológica y funcional, con la
insuficiencia orgánica y la carencia de determinación instintiva,
constituye una originalidad del todo singular en el mundo natural.
Así, esta reivindicación de la especificidad de la corporeidad bioló-
gica humana, lejos de ser una concesión al animalismo, es una con-
firmación de la diversidad del hombre y de su especial posición bio-
lógica en el cosmos.
C. 5 Inteligencia humana e instinto animal 77
2. ¿Instinto o inteligencia?
Es un dato común que atribuimos inteligencia a los hombres, ani-
males, ordenadores, y en los últimos tiempos se habla de inteligen-
cia artificial, de edificios inteligentes, semáforos inteligentes, má-
quinas inteligentes, y así sucesivamente. También se usa la palabra
inteligencia para indicar la capacidad de resolver algunos problemas
en concreto, o de adaptarse a nuevas circunstancias, repetir expe-
riencias útiles, formar instrumentos.
Una larga tradición filosófica ha entendido con la palabra «inte-
ligencia» la capacidad de abstraer, de formar conceptos, de formular
juicios y de hacer razonamientos. La inteligencia es, además, la ca-
pacidad de organizar los comportamientos, descubrir los valores,
inventar proyectos, llevarlos a término, formular problemas y darles
respuesta más allá del determinismo causal. En pocas palabras, es
la capacidad de entrar en el mundo de los fines y de los valores, es
decir, el mundo propiamente humano. La inteligencia es así una fa-
cuitad espiritual propia y exclusiva del hombre.
Uso del término «inteligencia»:
• La tradición filosófica: indica la capacidad de abstraer, de formar
conceptos, de formular juicios y de hacer razonamientos (inteligencia
abstracta).
• Últimamente se usa para:
- indicar la capacidad de resolver algunos problemas en concreto, o
de adaptarse a nuevas circunstancias, repetir experiencias útiles,
formar instrumentos (inteligenciapráctica);
- indicar la capacidad de recibir información, elaborarla, y dar una
respuesta (inteligencia artificial).
Si hacemos una descripción del comportamiento animal y lo compa-
ramos con el vivir humano, aparecerá clara la diferencia: el hombre
78 EXPLÍCAME LA PERSONA
se comporta de modo esencialmente diverso del actuar animal, lo
cual implica un diverso modo de comprender la realidad. No hay
paralelismo posible entre las galerías construidas por las hormigas
o los túneles excavados por los topos y las grandes obras de inge-
niería civil emprendidas por el hombre, como los rascacielos de
Nueva York o los túneles de los Alpes. Esta diferencia esencial no
está sólo en la técnica, sino en lo que hace posible la técnica misma.
El animal repite monótonamente una técnica heredada instintiva-
mente, no la cambia y no aprende nuevos elementos, sino aquellos
meramente contingentes debidos a la diversidad ambiental. El hom-
bre, en cambio, crea nuevas técnicas y realiza la obra según planos
creados y elegidos por él mismo. El hombre proyecta la obra antes
de realizarla.
El actuar animal está ligado a un conocimiento elaborado por los
sentidos. Conoce la situación, tiene en cuenta las informaciones que
le llegan del medio ambiente y así reacciona en función de un fin.
Este fin no es un «fin en cuanto tal», y mucho menos se formula en
palabras. Es una meta inmediata que se deriva de una situación con-
creta, y que responde a un impulso instintivo innato. La vida animal
tiene siempre el carácter de una respuesta, a menudo es la respuesta
a un desafío para procurarse el alimento o defenderse de los enemi-
gos. Se puede hablar de una «inteligencia» práct ica como capacidad
para resolver problemas en concreto y de comportarse en relación
al dato presente. Existe una tendencia a alcanzar un fin concreto en
conexión con los datos recibidos por los sentidos.
C. 5 Inteligencia humana e instinto animal 79
También el hombre responde a los estímulos, pero la diferencia
está en el modo de responder. En el animal, la respuesta es auto-
mática, ligada por determinación a los instintos, y adaptada a las
circunstancias, a través de mecanismos que sólo en parte alcanza-
mos a explicarnos. En cambio, en la vida inteligente del hombre,
la respuesta es mediante una deliberación de la persona.
Esta es la diferencia esencial entre los animales y el hombre, que
es imposible negar a pesar de tantos intentos en contra. Aquello a
lo que en general el animal se enfrenta es la situación particular y el
fin particular a lograr: la presencia de la presa, por ejemplo, y la
oportunidad de capturarla. Lo que motiva la acción del animal es
siempre la presencia de «metas concretas, presentes, un estímulo
actual y capaz de atraer los instintos. A lo que se enfrenta el hombre
es igualmente esto, pero es siempre también, al mismo tiempo, un
problema más general. La situación particular y el fin concreto se
ven a la luz de proyectos generales. El hombre afronta o huye del
enemigo, alguna vez incluso por impulso instintivo, pero más fre-
cuentemente «a propósito», a la luz de algún criterio. Ante la sitúa-
ción no hay sólo un distanciamiento de la conciencia sensitiva, sino
también el distanciamiento de la reflexión intelectiva. El hombre
prevé y provee. Este proveer «ponerse ante», que es el propósito,
implica un distanciamiento de lo inmediato, un enfrentarse a la si-
tuación presente.
• El animal tiene una inteligencia»práctica capaz de resolver problemas
en concreto, de comportarse en relación al dato presente y a la sitúa-
ción particular. Se da el distanciamiento de la conciencia sensitiva.
• El hombre tiene una inteligencia abstracta capaz de ver los problemas
a la luz de criterios generales. Además del distanciamiento de la con-
ciencia sensitiva, se da también el de la reflexión intelectiva.
80 EXPLÍCAME LA PERSONA
Tomemos el ejemplo de la elección del estado de vida en el matri-
monio. Frente a esto nos preguntamos: ¿estoy yo llamado a este estado
de vida? ¿cuál de las diversas posibilidades es para mí? ¿debo hacerlo
hoy o puedo esperar al año próximo? Una decisión de este género no
es nunca inmediata, sino que se toma a la luz de un criterio más ge-
neral, de un «ideal de vida», e implica una pausa de reflexión, más o
menos larga. Es esto lo que crea incertidumbre y genera angustia: una
angustia que los animales no conocen, porque actúan guiados por el
estímulo presente y no se preguntan si «está bien o no» lo que hacen.
El leopardo atacará la última gacela del rebaño. Lo hará después de
haber asumido todas las informaciones necesarias de la situación con-
creta, sin embargo el resultado es ese y se da por supuesto. Por el con-
trario, basta el momento de la decisión final, no se puede dar por su
puesto que yo me case, y que me case con esta persona concreta. La
diferencia surge porque el leopardo se ocupa sólo de unir un dato par-
ticular de la situación concreta a otro. Por el contrario, quien debe ele-
gir el estado de vida matrimonial se preocupa además de conocer bien
a la persona con quien compartirá su existencia, de unir todos estos
datos con un principio más general, que los animales no conocen, y
que puede llamarse, precisamente, «el ideal de vida», los valores en
los que se cree, los proyectos que se tienen. Los filósofos suelen ex-
presar esto diciendo que el hombre juzga en base al «universal». La
inteligencia humana establece conceptos, formula juicios y hace ra-
zonamientos. Estamos en presencia no sólo de una «inteligencia»
práctica, sino también y sobre todo de una inteligencia abstracta.
Instinto: necesidad y utilidad Inteligencia: ideal de vida y valores
C. 5 Inteligencia humana e instinto animal 81
3. La inteligencia, el mundo de los fines y de los valores,
el sentido y el valor de la vida
Sin duda, uno de los principales aspectos que caracterizan al
hombre es el mundo de los fines y de los valores. Con su inteli-
gencia comprende el porqué de las acciones y con su libertad re-
aliza los valores contenidos en ellas. La inteligencia humana es el
manantial de la variada diversidad del actuar humano, tan lejano
de la monotonía animal. Paseamos, corremos, volamos. Aunque
menos dotados que el leopardo, corremos más veloces que él;
aunque no tengamos las alas de la gaviota, atravesamos espacios
infinitos desplazándonos de un confín al otro del planeta y tam-
bién más allá. Hablamos, dialogamos, discutimos. Conocemos la
lengua materna y también la extranjera; comunicamos los afectos,
los sentimientos, la bondad, y también el odio, el desprecio, la
maldad. Hemos inventado diecinueve mil lenguas y creado obras
de arte, pero también calumnias, difamaciones y falsedades.
Cantamos, tocamos instrumentos creados por nosotros y hemos
inventado la ópera; pero junto a los instrumentos de la música
hemos ideado también los de tortura. Por naturaleza somos mío-
pes en relación con el águila, pero por inteligencia alcanzamos a
ver lo invisible. Explotamos las minas de metales, pero hacemos
estallar también las de dinamita. En el hombre se encuentra la ge-
nerosidad y la vileza, el amor y el odio, la verdad y la mentira. El
hombre se aleja de las cosas, pero también de los demás y de sí
mismo. Por esto come sin hambre, bebe sin sed, mata a los de su
propia especie e incluso a sí mismo. Todo esto porque es inteli-
gente, porque su actuar no está determinado por el instinto, porque
su inteligencia es espiritual, libre del automatismo instintivo.
Esta inteligencia, capaz de comprender los fines y vivir los valo-
res, está en el origen de la angustia del hombre. En donde haya una
decisión que tomar respecto a un valor, nace una duda, y la duda
puede paralizar la decisión. Ahora bien, mientras la indecisión atañe
a los medios, permanece en un plano, por decir así, instrumental.
82 EXPLÍCAME LA PERSONA
El caso, sin embargo, es distinto cuando la inteligencia generaliza
las preguntas y las lleva más allá de los medios, a los fines mismos y
sobre el porqué uno se los propone, sobre los valores de las acciones
que se intentan realizar. Está claro que, cuando comenzamos a plan-
tear este tipo de problemas, la perplejidad cambia de naturaleza: ya
no atañe solamente a los medios concretos para alcanzar el fin, sino
a los fines mismos y al porqué proponérselos. Las más profundas y
graves perplejidades humanas no son de orden práctico, sino de
orden moral: ¿es oportuno que haga lo que hago?, y no sólo: ¿es
oportuno que lo haga como lo hago?, o incluso ¿por qué debo ha-
cerlo? Una vez puestos en este camino, es inevitable llegar a la pre-
gunta más fundamental: ¿vale la pena vivir? ¿porqué vivir? ¿merece
tomarse en serio la vida? Estas preguntas no son sobre lo que el
hombre debe hacer, sino sobre lo que el hombre es, es decir, sobre
el sentido y sobre el valor de la existencia (ver capítulo 17, Sentido
de la vida humana).
Como se ve, estas reflexiones nos han llevado a un mundo que
va mucho más allá de la simple respuesta a una información recibida
o a la capacidad de actuar sobre la base de estímulos de una sitúa-
ción concreta. Podemos decir que hemos entrado en el mundo de
los fines y de los valores. Por tanto, la característica esencial de la
C. 5 Inteligencia humana e instinto animal 83
inteligencia humana es la invención y el establecimiento de fines y
el descubrimiento de los valores, y esto es obra exclusiva del hom-
bre. Es decir, ante los fines y los valores se necesita un ser personal.
He aquí por qué la idea de una inteligencia que capta los fines y los
valores nos lleva a una visión del hombre en la cual está presente el
ser personal (que tendrá además deberes éticos), y en cambio, la de
una inteligencia formal, artificial, elaboradora de respuestas a los
estímulos más o menos conscientes, nos conduce a una objetiviza-
ción del hombre, que se convierte así en un animal más entre los
otros, y quizás no el más inteligente.
• La inteligencia abstracta que capta los fines y los valores conduce a una
visión del hombre como ser personal y responsable.
• La inteligencia artificial que responde a los estímulos del ambiente con-
duce a ver al hombre como un objeto más del mundo.
Por eso dice Gadamer: «La exhortación del Oráculo de Delfos,
“Conócete a ti mismo” quería decir: “Conoce que eres un hombre y
no un Dios”. Vale también para los hombres actuales de la edad de
la ciencia, porque los alerta contra la ilusión de la omnipotencia.
Sólo el conocimiento de sí mismo salvaguardia la libertad».
84 EXPLÍCAME LA PERSONA
Posición biológica
del hombre
• Morfológicamente: carente frente
al animal.
• Funcionalmente: instintos menos
desarrollados.
Posición antropológica
Las carencias biológicas
permiten la apertura al espíritu.
INTELIGENCIA
HUMANA E
INSTINTO ANIMAL Instintos e inteligencia
• ״Inteligencia" práctica
Resuelve problemas concretos.
Se guía por lo necesario y útil.
• Inteligencia abstracta
Entiende el universal.
Se guía por ideales y valores^
Inteligencia, Fines, Valores
• Descubre el sentido de la vida.
• Implica la libertad y responsabilidad.
• Considera al hombre como persona.
( CAPÍTULO 6 )
Instintos y tendencias
«Hay instintos más profundos que la razón»
(ArthurConan Doyle)
Hemos visto que el hombre conoce la realidad, sea a nivel sensible o a
nivel intelectual. Pero el conocimiento por sí sólo, ni sacia al hombre
ni transforma la realidad. El hecho de saber que la bebida me sacia la
sed, no me la quitará hasta que no me decida a beber. Este acto no es
ya de conocimiento sino de tendencia hacia la realidad conocida. En
el hombre, como en los animales, existe una tendencia sensible que
se forma siguiendo el conocimiento sensible, y que llamamos instintos
e inclinaciones sensibles. Pero el hombre posee también un conocí-
miento intelectual y por eso, además de la tendencia sensible, está do-
tado de una tendencia espiritual, que llamamos voluntad, con sus es-
pecíficos actos voluntarios y libres. De este modo el hombre es no sólo
espectador, sino también actor: realiza lo que conoce.
1. Definición y división de las tendencias
Es una actividad natural que posee un fin. Se llama también «indi-
nación» o «apetito» (pe tere ad = dirigirse hacia algo). La palabra
tendencia se puede entender en dos sentidos: como capacidad (fa-
cuitad) o como acto que nace de la capacidad. La capacidad puede
existir sin el acto, pero no viceversa.
86 EXPLÍCAME LA PERSONA
Estructura de las tendencias humanas
• Todos los seres tienen una tendencia natural a la propia real¡-
zación. Se llama natural porque es propia de la naturaleza misma
de su ser. Cuando para realizar la tendencia no se exige ningún co-
nocimiento (porej. el árbol tiende naturalmente a crecer), se llaman
simplemente tendencias naturales.
• Cuando media un conocimiento se llaman tendencias psíqui-
cas. Aunque proceden de la naturaleza del ser, lo hacen no sola-
mente gracias a ella, sino por medio de un acto de conocimiento,
que presenta al sujeto de modo intencional (es decir, psíquico) el
objeto de la tendencia. De ahí que:
Tendencia psíquica es la inclinación (atracción o rechazo)
hacia algo que presenta el conocimiento.
• Si las tendencias psíquicas siguen a un acto de conocimiento,
es lógico que a cada tipo de conocimiento corresponda una tenden-
cia. Anteriormente se ha hablado de dos dimensiones del conocí-
miento humano: la sensible y la intelectual. Es, pues, necesario dis-
tinguir otras tantas dimensiones en las tendencias psíquicas: las
C. 6 Instintos y tendencias 87
tendencias sensibles, que orientan al sujeto hacia el objeto presen-
tado por el conocimiento sensible; y las tendencias espirituales, que
lo dirigen hacia los objetos presentados por el conocimiento inte-
lectual.
Conocimiento
Tendencia
Conocimiento sensible Tendencias sensibles
Conocimiento intelectual Tendencias espirituales
• Se puede hacer una clasificación de las tendencias que asume
como criterio la relación del objeto con el sujeto. En relación al su-
jeto el objeto puede ser bueno o malo y difícil, sea a nivel de ten-
ciencia sensible, sea a nivel de tendencia espiritual. A nivel sensible
éste aparecerá como útil o como nocivo; a nivel espiritual aparecerá
como bien o como mal.
• Percibido como útil <>como bien, el objeto determina la ten
dcncia < oncupiscihlt sensible o espiritual; el sujeto tiende hacia
un bien:
- Sea como inclinación hacia el bien (se busca):
• el bien en sí mismo: amor;
• el bien ausente: deseo;
• el bien presente: alegría.
- Sea como aversión al mal contrario (se huye):
• del mal en sí mismo: odio;
• del mal ausente: temor;
• del mal presente: tristeza.
88 EXPLÍCAME LA PERSONA
• Percibido como nocivo o como mal, el objeto determina la
tendencia irascible sensible o espiritual; el sujeto:
- Tiende hacia el bien que el objeto nocivo le impide (lucha
contra el obstáculo):
• por un bien posible: esperanza;
• por un bien imposible: desesperación.
- Rechaza el mal que le presenta (resiste ante el mal):
• el mal presente: cólera;
• el mal ausente posible de superar: audacia;
• el mal ausente imposible de superar: temor.
Clasificación de las tendencias humanas
Bueno
r- * “צ.
r{Nivel espiritual 1
r \ como mal
^Tendencia irascible^־
Malo
K Nivel sensibleW Objeto percibido
x. ..... J k como nocivo
C. 6 Instintos y tendencias 89
2. Tendencia innatas: el instinto
El instinto es una tendencia compleja, innata y específica; el primer
término indica la naturaleza del instinto, el segundea su origen y el
tercero su fin.
a. El instinto es una tendencia compleja
En él, además de las tendencias sensibles, intervienen también la
emotividad y el conocimiento.
b. El instinto es una tendencia innata
Innata es la tendencia que surge espontáneamente de la naturaleza
de un ser y, por tanto, no ha sido aprendida por el individuo que la
posee. La tendencia adquirida es aquélla que depende del adiestra-
miento, ejercicio o educación.
c. El instinto es una tendencia específica
Se encuentra sustancialmente idéntico en todos los individuos de
una determinada especie, y en los confines de ésta es sustancial-
mente inmutable, aunque con una cierta facilidad de adaptación al
ambiente. Precisamente porque se trata de una tendencia innata, es
característico del instinto pertenecer no sólo a un individuo sino a
todos los componentes de la especie. Cada especie posee instintos
propios que son característicos de ella, porque toda especie tiene una
naturaleza propia; el instinto tiene como fin la conservación del in-
dividuo y de su especie.
d. Contenido y forma en los instintos
En el instinto podemos distinguir el contenido de \a forma. El con-
tenido del instintoesel final que tiende; porejemplo, en el instinto
90 EXPLÍCAME LA PERSONA
de nidificar, el hacer el nido. Pero éste puede ser hecho de varias
maneras; cada especie de pájaros tiene un modo particular de hacer
el nido: la forma es el modo de alcanzar el contenido. En todos los
animales es innato no sólo el fondo del instinto, sino también la
forma de realizarlo; todos los perros tienen el instinto de beber la-
miendo, y las vacas sorbiendo.
e. El instinto en el hombre
Los instintos en el hombre no se presentan tan determinantes como
en los animales; las capacidades del niño tardan en desarrollarse, y está
claro que el hombre no puede competir con los animales en el terreno
de los instintos. Los instintos en el hombre son muchas veces modifi-
cados y reprimidos por la intervención de la inteligencia y de la volun-
tad, que los encauza a fi nes y valores superiores. De aquí que el ejercicio
de la funciones instintivas en el hombre pierda el carácter rígido y de-
terminante que tiene en los animales. En el hombre es innato el con-
tenido del instinto, pero no la forma de actuarlo. La desvinculación del
modo de expresar el instinto es la condición indispensable de la liber-
tad. Si el hombre heredase también el modo de comportarse, no sería
libre. La liberación del determinismo de la forma se confirma por que
además comprende el fin al cual tiende el instinto. Así tenemos que:
• en el vegetal: el instinto (tendencia natural) depende del su-
jeto sólo en lo que se refiere a la ejecución del contenido;
• <11 ׳el animal: el instinto depende del sujeto tanto en lo que se
refiere a la ejecución como al modo de hacerla;
• en el hombre: el instinto depende del sujeto en lo que se re-
fiere a la ejecución, al modo y al fin.
f. Instintos fundamentales
• Instinto de conservación: su fin es el bien del individuo.
• Instinto de reproducción: su fin es la conservación de la especie.
• Instinto gregario o asociativo: su fin es la ayuda mutua.
C. 6 Instintos y tendencias 91
3. Tendencia adquiridas: los hábitos
Las tendencias adquiridas o hábitos son aquellas que dependen del
ejercicio, adiestramiento, o educación. En sentido etimológico, há-
bito, del latín habere, sería la propiedad general por la cual un ser
conserva las modificaciones recibidas. En sentido propio los hábitos
se refieren siempre a una actividad.
El hábito es una cualidad adquirida y estable
que ayuda a una facultad en su acción.
Según tal definición, el hábito se puede adquirir en cualquier
actividad fisiológica o psíquica. El significado de la palabra «hábito»
se puede restringir limitándolo a la sola actividad tendencial. Así:
• En sentido restringido, el hábito es una tendencia adquirida o la mo-
dificación de una tendencia innata. Así entendido se contrapone al ins-
tinto y se diferencia de la costumbre, que es la adaptación pasiva a las
circunstancias: ambiente, clima, alimentos...
• Para formar hábitos se requiere la voluntad. De ahí que los animales
tienen costumbres, y si adquieren hábitos es sólo por la orientación del
hombre (adiestramiento).
La importancia de los hábitos para la vida humana resulta evidente
si se considera que gran parte de las actividades del hombre son ten-
dencias adquiridas. Son hábitos o implican hábitos las tendencias más
comunes del hombre como el caminar, el escribir, el hablar, el trabajar,
el conocimiento que el hombre adquiere, los modos de pensar y los
sentimientos por los que se deja guiar. Lo que es la memoria para la
actividad cognoscitiva, viene a ser el hábito para la actividad tenden-
cial. De los hábitos depende en gran parte la expresión del carácter
92 EXPLÍCAME LA PERSONA
de cada persona, su modo de actuar. Son ellos uno de los principales
factores de la conducta moral de cada hombre, el cual será bueno si
está guiado por hábitos moralmente buenos, que se llaman virtudes;
y será malo si posee hábitos moralmente malos, llamados vicios.
Hay tantos hábitos como funciones. Pero pueden clasificarse en:
Hábitos locomotores Hábitos intelectuales Hábitos morales
afectan al movimiento fisiológico afectan al conocimiento sensible e intelectual afectan a los actos libres de la voluntad
4. Las pasiones
El significado primario de «pasión» (rráfioc;), citándose contrapone a
acción, es el de recibir algo. Es, por tanto, el efecto que la acción de
un agente extrínseco ejercita sobre el sujeto. En el lenguaje corriente:
Pasión es una tendencia vehemente hacia alguien o hacia algo,
sea de acercamiento o de rechazo.
En este sentido, toda pasión es una tendencia, pero no toda ten-
dencia es una pasión, porque no todas las tendencias son vehementes.
La pasión es, por tanto, una tendencia secundada y fortificada que
se desarrolla más eficazmente que las demás y las engloba en el
mismo remolino, concentrando en sí misma las energías del sujeto.
Por ello se dice que las pasiones ciegan, porque quitan energías a las
otras actividades humanas. Pero, en sí mismas, no son ni malas ni
inmorales. Son buenas o malas según estén en conformidad o dis-
conformidad con la razón. La pasión vehemente que mueve a la
acción disminuye la libertad; podría incluso destruirla del todo
cuando es tan vehemente que ciega a la razón.
C. 6 Instintos y tendencias 93
Definición y división
Inclinación que tiene un fin.
Tendencia natural: no necesita conocimiento.
Tendencia psíquica: inclinación hacia lo conocido.
Tendencia sensible־, inclinación a lo conocido
por los sentidos.
Tendencia espiritual: inclinación a lo conocido
intelectualmente.
Clasificación
• Respecto a un objeto bueno:
concupiscible.
• Respecto a un objeto malo:
irascible.
El instinto
INSTINTOS Y Tendencia compleja, innata y específica.
TENDENCIAS Instintos fundamentales:
Conservación
Reproducción
Gregario o asociativo
El hábito
Cualidad adquirida que
facilita los actos.
Se contrapone al instinto
y se diferencia de
v la costumbre. ,
CAPITULO 7
La voluntad
«A nadie le faltan fuerzas; lo que a muchos les falta es la voluntad»
(Víctor Hugo)
El hombre, junto al conocimiento sensible que da origen a las ten-
dencias sensibles, posee también un conocimiento intelectual, y por
eso está dotado de una tendencia espiritual, que llamamos voluntad,
con sus específicos actos voluntarios y libres.
1. Definición y objeto de la voluntad
La voluntad es una facultad o capacidad de producir actos que se lia-
man: querer, actos volitivos, volición, etc. Por volición se entiende una
inclinación consciente que se dirige hacia un objeto propuesto por el
conocimiento intelectual. Esta actividad presupone, por tanto, una
facultad denominada voluntad, y por eso su acto se llama volición.
La voluntad es la facultad de tender hacia un bien conocido por la inteligencia.
La inteligencia presenta a la voluntad el bien como fin y los medios
para alcanzarlo. De ahí que nada puede quererse, si antes no se conoce;
lo que se quiere, se quiere en la medida y modo que se conoce. Por esto:
96 EXPLÍCAME LA PERSONA
El objeto de la voluntad es el bien, presentado como tal, por la inteligencia.
Así la voluntad quiere siempre el bien, y si tiende al mal, es bajo
la apariencia de bien. Se da una correlación entre inteligencia y vo-
!untad; entre el objeto de una (la verdad) y el objeto de la otra (el
bien). De ahí que no pueda haber auténtico bien sin verdad o en
contra de ella; la verdad es siempre un bien. Ambos son como esla-
bones de una cadena, en la que uno no puede darse sin el otro.
2. Estructura del acto voluntario libre
a. Las cuatro fases
El acto voluntario se estructura en cuatro fases. La primera y la se-
gunda son un presupuesto indispensable para que exista la volición,
la cual, siendo una tendencia intelectual, puede dirigirse solamente
a un objeto previamente conocido. La tercera fase es la volición pro-
píamente dicha. En ella hay que distinguir dos causas: la eficiente,
que responde al origen de la actividad volitiva, es decir, la voluntad;
y la final, que responde al fin de por qué la volición se dirige hacia un
determinado objeto en vez de hacia otro, es decir, el motivo. La cuarta
fase no es sino un efecto de la volición, la cual influye sobre la ejecu-
ción de lo que ha decidido cuando llega el momento de actuar.
• I '׳Conocimiento intelectual del bien. La inteligencia presenta
el objeto (fin) al que la voluntad tiende y los medios para alcanzarlo.
Es la fase de exploración, de búsqueda, de investigación sobre el ob-
C. 7 La voluntad 97
jeto que se va a elegir. El acto de voluntad exige ante todo que se co-
nozca lo que se quiere hacer y, por lo tanto, implica una investigación
cognoscitiva sobre el objeto que se quiere alcanzar. Es lo que hacemos
normalmente. Si por ejemplo, queremos comprar un reloj, primero
nos informamos de los diversos modelos que el mercado ofrece, de
las funciones y servicios, de los precios, garantías, etc.
• 2 ־Deliberación. Una vez que tenemos la información sufi-
cíente, valoramos los pros y los contras: si vale la pena o no comprar
ese reloj, si compro uno o dos, etc. Es la inteligencia quien examina
las razones a favor o en contra. Las razones se llaman motivos. El
motivo es siempre un aspecto de valor, bien, utilidad... que el objeto
nos presenta. Este motivo no es otro que la bondad objetiva, o el
valor que tiene el objeto presentado por el conocimiento.
• 3-' Decisión. Una deliberación positiva no comporta por sí
misma la elección del objeto, ya que puede tratarse todavía de una
valoración abstracta que no me afecta en este momento concreto.
98 EXPLÍCAME LA PERSONA
Para que la decisión siga a la deliberación, hace falta que el juicio
deliberativo sea práctico, es decir, un juicio de valor, que sea válido
para mí en este momento. Por ejemplo, me compro este reloj porque
lo necesito, está en oferta y me queda bien. De ahí que los motivos,
de los que surge la decisión, tienen que ser siempre:
- objetivos: responden a un valor en sí, o a algo que se me pre-
senta como tal;
- subjetivos: adecuados a la persona y a sus circunstancias
concretas;
- actuales para la persona.
La decisión, que sigue a la deliberación, es el aspecto culmen del
acto voluntario. Si la ejecución no es inmediata se llama propósito.
• 43 Ejecución. Es un efecto de la decisión realizado por la f’a-
cuitad correspondiente. Por ejemplo si la decisión fue ira comprar
el reloj, entra en juego la facultad locomotriz; si fue estudiar, la fa-
cuitad intelectual, etc. La función de la voluntad en la ejecución
consiste en mantener el juicio deliberativo práctico que ha moti-
vado la decisión.
b. La experiencia psicológica que acompaña al acto libre
El acto libre va siempre acompañado por una experiencia psicoló-
gica, interna a la persona que realiza el acto; dicha experiencia pre-
cede, acompaña y sigue a la elección:
C. 7 La voluntad 99
• Precede la elección: siento el peso de mis decisiones y percibo
que está en mi mano el decidirme por una cosa o por otra. Si
quiero comprar el reloj, soy consciente de que depende de mí
comprarlo o no, comprar éste o el otro. Cuando nos encontramos
frente a situaciones difíciles permanecemos frecuentemente in-
decisos, incluso después de largas deliberaciones, y advertimos
que depende de nosotros el pronunciar el sí o el no decisivo;
• Acompaña la elección: distinguimos perfectamente las moti-
vaciones que nos inclinan a tomar una determinada decisión
y sabemos perfectamente que la elección que estamos ha-
ciendo es una decisión personal a favor de una de las partes,
aun sintiendo el peso de las razones que se oponen;
• Sigue a la elección: la diferencia entre un acto libre y uno que
no lo es, se hace patente después de la decisión. Nos sentimos
responsables de los actos realizados libremente; dignos de
alabanza o reproche. Sin embargo esta experiencia no existe
si los actos no dependen de nosotros.
Esta experiencia psicológica nos muestra, además, la relación mutua
entre la voluntad y las demás facultades humanas. El resto de las fa-
cultades influye en la voluntad directamente con la inteligencia que
presenta el objeto; indirectamente - a través de la inteligencia - los
sentidos, las pasiones, etc. Las pasiones pueden romper el equilibro
psíquico, turbar la inteligencia y así debilitar a la voluntad. Por su
parte la voluntad influye en las demás facultades: hace pensar a la in-
teligencia, promueve la imaginación, impulsa los movimientos, etc.
3. Naturaleza espiritual de la voluntad
y del acto voluntario libre
Si aceptamos que la voluntad es una tendencia intelectual, y que el
objeto hacia el cual tiende es espiritual porque es conocido por la
inteligencia, debemos concluir que el acto de querer y la facultad de
100 EXPLÍCAME LA PERSONA
la cual proviene son también espirituales, es decir, intrínsecamente
independientes de la materia y sin relación intrínseca con órganos
materiales. Como en el caso de la inteligencia, también aquí, la re-
!ación con el cerebro no es de causa, sino de condición necesaria.
La voluntad, dado que es espiritual, es capaz de reflexión completa
(como lo es también la inteligencia): es capaz de querer querer, y de
amar amar. Análogamente a como experimentamos la conciencia
de nuestro conocimiento (conozco que conozco), experimentamos
también la conciencia de nuestro querer (queremos querer).
4. Formación de la voluntad
La formación de la voluntad es uno de los puntos fundamentales en
la vida del hombre. La voluntad es el termómetro del valor de un
hombre en el campo humano, hasta tal grado que unida a una recta
conciencia, nos da la talla del hombre. Dado que la voluntad sigue
el bien presentado por el entendimiento, de ahí la importancia de
la formación de la inteligencia, para que los bienes presentados sean
realmente bienes y no apariencia de bien. La voluntad se educa mo-
tivándola (decisión), pero también repitiendo y haciendo actos (eje-
cución, hábitos) buenos, pequeños, concretos y posibles, que la van
fortificando.
La voluntad se manifiesta en sus actos. Poreso hay actos inefica-
ces, que no mueven la voluntad, y otros eficaces que la conducen a
realizaciones concretas.
a. Actos ineficaces de la voluntad
• Mero deseo. Es pasivo, necesario. Basta que se presente un ob-
jeto o un acto bueno, para que la voluntad se incline hacia él, lo
desee. Es un «quisiera», pero no un «quiero».
• Intención de. Es tendencia para hacer algo. No es aún el que-
rer, sino el proyecto o ensayo de querer.
C.7 La voluntad וסו
• Impulso instintivo. Es un determinarse por fuerza o circuns-
tancias externas. Es indeliberado, instintivo. Es una gran fuerza,
pero anárquica.
b. Actos eficaces de la voluntad
Son aquellos que siguen la estructura del acto voluntario libre: cono-
cimiento, deliberación, decisión, ejecución. Son eficaces porque son
verdaderamente los que nos llevan a la ejecución; los que nos dejan
la persuasión y el sentimiento íntimo de que provienen de nuestra
libre voluntad; es la «decisión deliberada».
c. Requisitos psíquicos (medios fundamentales para formar la voluntad)
Para que se de el acto de voluntad, se necesitan una serie de requi-
sitos psíquicos.
• Concretar el fin: ¿qué voy a hacer? Representarse claramente
lo que voy a hacer, concentrando la atención sobre esa idea. Cuanto
más sensible, detallada y viva sea esta imagen, tanto más fuerza ten-
drá. Representarme el fin (bien o valor) con la mayor concreción y
viveza posibles. La falta de este requisito es la primera fuente de abu-
lia y de incapacidad de actos voluntarios. La concreción del objeto
responde a las preguntas: ¿De qué se trata? ¿Por qué tengo que ha-
cerlo? Por falta de esta precisión, muchos propósitos no pasan de
deseos y amagos de querer.
La más noble de nuestras facultades no se mueve
cuando ignora hacia dónde va.
• Concretar los medios: determinar con precisión ¿cómo?
¿cuándo? Especificar las prioridades. Si no se determinan con pre-
cisión los medios, se corre el riesgo de emprender una aventura des-
tinada al fracaso.
102 EXPLÍCAME LA PERSONA
• Sentir su posibilidad: ¿puedo hacerlo? La voluntad se niega
a emprender una cosa que desemboque en el fracaso, y si la em-
prende no pondrá en ella toda su fuerza. No hará un esfuerzo que
sabe ha de resultar estéril. Debemos sentir esta posibilidad analó-
gamentea como un atleta siente en sí la fuerza muscular necesaria
para realizar un ejercicio.
• Poseer motivos (educar la voluntad con motivos): Nuestra vo-
!untad está naturalmente inclinada al bien y no se lanzará al acto míen-
tras el entendimiento no se lo presente como bueno. Debemos, pues,
percibir los valores, los bienes, los motivos del acto. Propongamos,
pues, a nosotros mismos y a los demás, bienes o valores:
- objetivos que realmente sean tales, bienes en sí: lo útil, lo hon-
roso, lo agradable, lo necesario. Es indispensable tener un
«ideal» y querer ser alguien en la vida; es la fuente de la mo-
tivación. Cuanto más verdadero, duradero y trascendental sea
el bien, más atraerá a la voluntad. Podrían ser bienes sensibles
percibidos por los sentidos o bienes espirituales captados por
el entendimiento; bienes para el tiempo o para la eternidad.
«Por mucho tiempo no pude conseguir que mi hijo de cinco años dejase de dar portazos.
No comprendía el motivo: el ruido que a otros molestaba a él le agradaba. Pero un día le di
otra razón que él comprendió: "La puerta se va a romper y habrá que gastar en componerla
el dinero para tu bicicleta". Y desde entonces ni da portazos él, ni consiente que otros los
den, repitiéndoles el motivo tal como él lo entendió».
C. 7 La voluntad ו03
- subjetivos y acomodados: es decir, percibidos como tales por
el sujeto, acomodados a su capacidad. En los niños, por no
tener aún desarrollado el entendimiento, serán sólo bienes
sensibles o sensibilizados; en los adolescentes y adultos de-
berán ser también espirituales y sobrenaturales.
- actuales: que se hallen presentes a la mente en el momento
de la decisión y de la ejecución.
• Sinceridad en el querer. Es la decisión que convierte el proyecto
en realidad presente o futura; que hace del mero posible, un futuro real.
Quereres poder. La causa profunda de nuestra debilidad e impotencia
está en la flaqueza de nuestro querer. Cuando se quiere de veras brotan
fuerzas insospechadas aun en personalidades débiles.
d. Medios auxiliares para formar la voluntad
• Orden y disciplina: en las cosas personales, en la universidad,
en el trabajo, puntualidad...
• Distinción y educación: vestido, formas, respeto...
• Responsabilidad: en el desempeño de los compromisos
asumidos.
• Constanciay perseverancia.
e. La ejecución del acto
La decisión tomada introduce en la conciencia una fuerza que lleva
naturalmente al acto. Si éste es inmediatamente realizable, se ejecuta
sin nueva deliberación. Si la ejecución se pospone en el tiempo, la de-
cisión tomada queda en el subconsciente hasta el momento previsto,
a menos que intervengan nuevos conocimientos, nueva deliberación
104 EXPLÍCAME LA PERSONA
y, por consiguiente, nueva decisión. Sin embargo no es bueno para
formar la voluntad, discutir las decisiones en el momento de ejecu-
tarlas. Por ejemplo: decido levantarme al primer toque del desperta-
dor; al oírlo, nunca discutiré, ni pensaré si estoy cansado, o si aún es
temprano, etc... sino saltaré inmediatamente de la cama.
Prudencia al deliberar, diligencia al ejecutar.
f. El peligro de la indecisión
La abulia, o poca voluntad, es el defecto principal y lleva a la inde-
cisión.
• Si la indecisión proviene de abulia, ayuda hacer con frecuencia
actos volitivos aun en cosas pequeñas o en las que ordinariamente
hacemos por rutina.
• Si es por la equivalencia de los motivos en pro y en contra, será
bueno consultar a una persona prudente y seguir su parecer.
• Si la indecisión proviene de la variedad de motivos opuestos,
hay que centrarse únicamente en el motivo principal y decidirnos.
• Si proviene de la dificultad del objeto, graduar de fácil a difícil
para sentir la posibilidad de lograrlo.
La voluntad se educa motivándola, pero también repitiendo y haciendo
actos buenos, pequeños, concretos y posibles, que la van fortificando.
C. 7 La voluntad 105
Definición
Objeto
Facultad de tender
El bien presentado
hacia un bien conocido
por la inteligencia.
por la inteligencia.
El mal sólo bajo
apariencia de bien.
Existencia
Con la inteligencia
el hombre conoce,
con la voluntad ejecuta.
Asi no es espectador,
sino actor.
Inteligencia y voluntad
■ La inteligencia presenta el bien: Verdad.
■ La voluntad tiende hacia él: Libertad.
Verdad y libertad están intrínsecamente
unidas.
Estructura del acto
voluntario libre
Cuatro fases: conocimiento,
deliberación, decisión, ejecución.
Formarla volundad Experiencia psicológica que
• Actos ineficaces: deseo, intención... precede, acompaña y sigue al acto.
• Actos eficaces: deliberación, decisión. .
• Medios: concretar el fin y los medios.
Poseer motivos.
CAPITULO 8
La libertad humana
«La libertad es la medida de la dignidad y de la grandeza del hombre»
(Juan Pablo II)
La voluntad no sólo tiende al bien, sino que además lo puede hacer
libremente. El acto voluntario es el que procede de la voluntad. El acto
libre es el que procede de la voluntad mediante la deliberación. Así
todos los actos libres son voluntarios, pero no todos los actos volun-
tarios son libres; en este último caso, con mi voluntad puedo hacer un
acto obligado por otro. La voluntad es una !¿»cuitad; el acto voluntario
procede de la facultad; y en algunos casos es un acto voluntario libre.
El acto libre tiene
menor extensión
que el acto voluntario,
pero mayor intensidad.
1. Definición y tipos de libertad
Hay dos tipos de libertad: la exterior y la interior.
• Libertad exterior: es poder hacer o deja!■ hacer algo sin
que nada o nadie externo a nosotros nos lo impida o nos obligue
Puede ser:
108 EXPLÍCAME LA PERSONA
Física: ausencia de obstáculo externo o fuerza que me lo im-
pida u obligue.
- Civil: ausencia de ley que me lo impida u obligue.
• Libertad interior: es la capacidad que tiene el hombre de ele-
gir una cosa u otra, de hacer o no hacer una acción cuando, mediada
la deliberación, se dan todas las condiciones requeridas para ello sin
ser obligado. Se llama libertad de elección, libre albedrío, o simple-
mente libertad.
La libertad es la capacidad del ser humano
de hacer algo según su voluntad deliberadamente.
2. Límites y condicionamientos de la libertad
El determinismo es una teoría filosófica que niega la libertad,
sosteniendo que la voluntad actúa determinada por fuerzas físi-
cas, psicológicas o morales, unas veces conscientes y otras incons-
cientes.
• Determinismo físico: estamos rodeados de fuerzas cósmicas
y naturales de las que no nos podemos liberar y que determinan
nuestro comportamiento.
• Determinismo fisiológico: el comportamiento humano de-
pende del cuerpo heredado de los padres; genes y glándulas deter-
minan nuestro obrar.
• Determinismo psicológico: el obrar es el resultado de impul-
sos y tendencias que provienen del subconsciente, especialmente
de orden religioso y moral.
• Determinismo sociológico: el obrar humano es el resultado
de la presión del ambiente: educación, costumbres, moda...
C. 8 La libertad humana ו09
A estas posiciones se puede responder diciendo que:
El determinismo no es sino un condicionamiento de la libertad, y si es cond¡■
cionamiento, presupone la existencia de aquello que condiciona: la libertad,
Por lo tanto, la libertad es el sostén de los condicionamientos;
querer suprimir la libertad es destruir al sujeto y, por consiguiente,
destruir sus condicionamientos; ¿qué condicionarían? Es verdad
que los condicionamientos pueden suprimir totalmente la libertad,
por ejemplo, cuando un hombre obra bajo el influjo de la droga que
otros le han suministrado para que revele un secreto. En este caso
se ha eliminado al sujeto libre, y el condicionamiento no tiene ya
sentido; éste es un “acto del hombre” (actus hominis), pero no un
“acto humano” (actus humanus).
Por lo que se refiere al determinismo físico que, hasta cierto punto,
gobierna el universo con la regularidad de sus leyes, la libertad lo pre-
supone, y sin esta regularidad la libertad sería imposible. En un
mundo víctima del caos no se podría escoger nada. No se puede apli-
car, de manera racional, el determinismo físico a la voluntad. La na-
turaleza está sometida a las leyes porque es material; sin embargo la
voluntad es espiritual y, por eso, libre. Esta diferencia entre el orden
físico-natural y el orden espiritual y ético es muy importante.
• En la naturaleza reina la necesidad: las leyes naturales se ve-
rifican constantemente.
• En el orden psicológico y ético existe la libertad de obrar o
dejar de obrar.
De este modo se puede decir que el determinismo no es sino el cua-
dro situacional en el que se desarrolla la libertad. Es la persona
quien es libre, no la libertad. Esta persona es un ser finito, contin-
gente, limitado. Por lo tanto su libertad sólo puede ser finita y limi-
tada, condicionada en primer lugar por el mismo ser del hombre.
La libertad no es una indeterminación absoluta sino una autode-
terminación del hombre. Solo así la libertad es libertad humana.
110 EXPLÍCAME LA PERSONA
El hombre es libre, pero no ilimitadamente libre.
Su libertad es limitada porque él mismo es limitado.
Su libertad es limitada porque:
• La libertad no se identifica con el ser del hombre, sino que cons-
tituye una característica fundamental.
• El hombre no es I ibre de ser corpóreo, sexuado, etc., existiendo
se ha encontrado así y esto, en realidad, no es un aspecto negativo
sino su modo específico de ser.
• El hombre no puede sustraerse a una cierta dependencia del
mundo, de la historia, de la sociedad, de la educación, cultura.
• Finalmente, la libertad está condicionada por el propio modo de
ser y conocer, por las pasiones y los intereses, etc. Todos estos límites,
no hacen más que reafirmar la capacidad de elegir que el hombre tiene.
3. Existencia de la libertad
«La libertad es un hecho, y entre los hechos que se pueden constatar
no hay otro que sea más evidente» (Bergson). De esta evidencia es
testimonio nuestra conciencia, la naturaleza de la voluntad, la exis-
tencia del orden moral y jurídico.
a. La experiencia interna y el testimonio de la conciencia
En la decisión percibo que puedo hacerlo o dejarlo de hacer, indi-
narme por una cosa u otra. Con frecuencia nos encontramos en si-
tuaciones frente a las que tenemos que tomar una posición, que no
puedo posponer, en las que nadie me puede sustituir. Soy yo quien
debo decidir y experimento que soy libre de hacerlo o no. Esta ex-
periencia se agudiza sobre todo en situaciones complejas o de tipo
moral en las cuales nos confrontamos con la «necesidad» de decidir
y al mismo tiempo experimentamos la «libertad» de hacerlo o no.
C.8 La libertad humana 111
La vida cotidiana presupone la existencia de la libertad: pensamos
y sopesamos los motivos para hacer una cosa u otra; aconsejamos y
motivamos a alguien para que haga una determinada acción cons-
cientes de poder «mover» su voluntad. Por eso todos los raciocinios
de la filosofía, no lograrán arrancar del hombre más sencillo la con-
vicción y la certeza de que es libre y dueño de sus actos. Como dice
Unamuno, «la libertad no es un razonamiento sino una verdad», y
esta verdad es captada por el ser humano en el ejercicio de los actos
libres.
b. La naturaleza de la voluntad
Ya hemos visto que la voluntad tiende hacia el bien conocido. El
hombre conoce la realidad como es en sí, es decir, finita y contin-
gente. En cuanto finito, el bien se presenta como un bien parcial,
como un bien que no agota la totalidad del bien. En cuanto contin-
gente, el bien se presenta como no necesario y, por lo tanto, como
posible. El bien finito es una participación del Bien, pero limitada;
existen, por tanto, motivos a favor en cuanto se reconoce como bien,
pero también motivos en contra porque, siendo limitado y finito,
excluye otros bienes; uno o el otro. Ahora bien, el acto de voluntad
que sigue un bien conocido como finito y contingente es un acto a
su vez finito y contingente que no agota la totalidad del querer; por
lo tanto, frente al bien finito y contingente, el acto volitivo es tam-
bien contingente y no necesario, es decir, libre.
c. La existencia del orden moral
La existencia de consejos, exhortaciones, preceptos, mérito, de-
mérito, alabanza, vituperio, castigo, recompensa, justo, injusto,
virtud, vicio, mérito, culpa, remordimiento y arrepentimiento, se-
rían ininteligibles si en nosotros no hubiera actos libres. El valor
moral, a diferencia de otros valores - útil, estético, económico, etc. -
presenta dos características: la obligación y la responsabilidad.
EXPLÍCAMELA PERSONA
• Frente al bien yo estoy obligado a hacerlo, con una obligación
física sino moral, es decir, puedo no hacerlo; experimento la obli-
ción de hacerlo, pero también la libertad de tomar otra opción.
• Frente al valor moral experimento además la responsabilidad. En
esponsabilidad la persona se atribuye a si misma el valor de los pro-
>s actos y adquiere un peso que ninguna inclinación natural le in-
cea tomar, antes bien, con frecuencia contradice sus inclinaciones
!tintivas. Esto manifiesta que una persona que asuma la responsa-
idad de los propios actos y se reconozca principio y autor de los mis-
>s, tiene que ser capaz de esta conducta, es decir, tiene que ser libre.
La experiencia moral está presente en todo hombre, pero hay que
?onocer que es necesaria cierta madurez e integridad para que
lerja con toda su fuerza. Es parte de las experiencias fundamentales
e arraiga en lo más íntimo del hombre. Existen, ciertamente, mu-
as diferencias en la valoración de lo que es bueno o malo, condi-
)nadas por las situaciones históricas y por la cultura. Pero hay una
ciencia profunda entre el bien y el mal, entre justicia e injusticia,
tre acciones que se deben hacer y otras que se deben evitar. Este
to fundamental es conocido por todo hombre, cualquiera sea el
ís al que pertenezca, en cualquier época haya vivido y de cualquier
!tura provenga, no importa si es primitiva o altamente desarrollada,
capacidad de discernir el bien y el mal en las propias acciones y en
¡ de los demás presupone la libertad.
Sentido de la libertad
«La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los
hombres dieron los Cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que
encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra,
se puede y debe aventurar la vida y, por el contrario, el cautiverio es
el mayor mal que puede venir a los hombres».
(Cervantes)
C. 8 La libertad humana 113
La libertad humana es pluriforme. Por un lado es un don, algo que
tenemos por el hecho de ser hombres. Pero por otra parte es riesgo,
deber, responsabilidad, misión. Afirmar que el hombre es libre, sig-
niñea que posee la capacidad de tomar en mano su propio actuar
hasta el punto de poder decir verdaderamente «es mío». En este sen-
tido la libertad es la condición por la que el hombre se realiza. No in-
dica sólo una capacidad o un derecho fundamental, sino una sitúa-
ción personal de madurez que haga posible el ejercicio de esta
capacidad y de este derecho. La libertad no es solamente un atributo
de la naturaleza humana y, como tal, presente en todo hombre, sino
un ideal, una aspiración, una conquista. Por lo tanto no pertenece
sólo al orden del «ser», sino también al del «deber ser». La búsqueda
de la libertad es un riesgo y una exigencia ineludible que brota del re-
conocimiento de la dignidad y valor de la persona humana.
«La cuestión fundamental, que hoy todos debemos afrontar, es la del uso
responsable de la libertad, tanto en su dimensión personal, como social».
(Juan Pablo I
Siguiendo el pensamiento de Zubiri, el significado más pro-
fundo de la libertad es el dominio sobre si mismo y sobre la propia
realización. De este modo Zubiri distingue tres diferentes aspee-
tos de la libertad y los caracteriza con el uso de las preposiciones
de, para, en.
• Libertad de: el hombrees libreen la medida en que está libre de
determinadas coacciones, ataduras, restricciones. Liberarse de estas
fuerzas es el primer aspecto y, por eso, se puede llamar liberación.
• Libertad para: el hombre está libre de todo esto para reali-
zarse, cumplir una misión, ser responsable.
• Libertad en: la libertad de y para se refiere al ejercicio de ésta.
La libertad en es algo previo al ejercicio y que lo hace posible; es la
libertad en el ser mismo: El hombre no sólo actúa con libertad, sino
114 EXPLÍCAME LA PERSONA
que es libre. Esto se debe a la naturaleza espiritual de su ser, que
está abierto al Absoluto.
La libertad tiene un carácter dinámico y juega un papel importante en
la realización de la persona. No es sólo la capacidad de elegir algo ahora,
sino la realización y construcción de la propia identidad personal. Por eso
la libertad está en relación a tres aspectos de la persona humana: la res-
ponsabilidad, la vocación y la misión que cada uno tiene en la vida.
• La responsabilidad. El hombre debe justificar su propia elec-
ción; justificación urgente porque tiene contados los días de su vida
y no puede hacerse ilusiones de realizar más tarde lo que no hace
hoy. Dado que el hombre debe escoger, está llamado también a ser
responsable de lo que elige y de cómo esto le afecta a la identidad
de su persona. Como diría Ortega y Gasset, la vida humana es un
«quehacer», pero no se trata de hacer cualquier cosa, sino lo que
hay que hacer aquí y ahora, de acuerdo a nuestro auténtico queha-
cer. El actuar auténtico del hombre es aquello que debe hacer, su
propia vocación y la misión que contiene.
• Vocación viene de “vocare” = llamar. Es una voz dentro del
hombre que lo llama a realizar el proyecto de su ser; el verdadero
yo. Este proyecto se encuentra al inicio oculto y se tiene de él sólo
un ligero conocimiento; sólo poco a poco se desvela a la conciencia.
Hay que buscarlo con fidelidad siguiendo su voz. Se puede traicio-
nar, falsificar. La vocación nunca es impuesta sino propuesta. En la
aceptación de la propia vocación se encuentra la autenticidad per-
sonal y la realización de la propia misión.
• La misión es el proyecto contenido en la vocación. Todo el ac-
tuar debe surgir de nuestra vocación, brotar del proyecto de nuestra
vida y acercarnos a su realización. La vida humana, es vocación y
misión; posee una voz que le dice: ¡debes ser! No basta el solo actuar.
Debes hacer tu yo, tu individual y personal destino. El hombre, ra
C. 8 La libertad humana 115
dicado en su tiempo, en su circunstancia, tiene una vocación, una
misión que debe encontrar y a la cual debe ser radicalmente fiel para
poder realizarse y alcanzar la felicidad en la libertad.
Éste es el aspecto más misterioso del hombre; por ׳una parte es libre:
no debe ser forzosamente nada; por otra parte, frente a la libertad,
encontramos una cierta necesidad que nos dice: puedes ser aquello
que quieras, pero sólo si eres de un modo concreto serás aquello que
debes ser. Esto quiere decir que cada hombre, entre las variadas po-
sibilidades de ser, encuentra una que es su auténtico ser, y la voz que
lo llama a este serse llama «vocación», y su seguimiento «misión».
El aforismo de □elfos: «conócete a ti mismo», y la sugerencia de
Píndaro: «sé lo que eres», manifiestan que el deseo de autenticidad
es algo que caracteriza al hombre de todos los tiempos y muestra el
sentido más profundo de la libertad.
5. Verdad y libertad
a. Relación entre verdad y libertad
De la definición antes dada se evidencia la relación intrínseca entre
verdad y libertad. Si la libertad es un acto de la voluntad que tiende
al bien presentado por la inteligencia, y ésta presenta la realidad, es
decir la verdad de las cosas, la libertad es la opción por la verdad pre-
sentada por la inteligencia. Si la inteligencia, presenta una realidad
deformada (no verdadera) la opción libre no será auténtica sino falsa,
no será libertad sino libertinaje. Ya dice la filosofía que todo el fun-
damenlo de la libertad se encuentra en el conocimiento.
וו6 EXPLÍCAME LA PERSONA
Juan Pablo 11 dirigió en 1995 un discurso a la ONU en el que puso
de relieve la relación entre verdad y libertad. Algunos aspectos. «La
libertad no es simplemente ausencia de tiranía o de opresión, ni es
licencia para hacer todo lo que se quiera. La libertad posee una “ló-
gica” interna que la cualifica y la ennoblece: está ordenada a la ver-
dad y se realiza en la búsqueda y en el cumplimiento de la verdad.
Separada de la verdad de la persona humana, la libertad decae en la
vida individual en libertinaje y en la vida política, en la arbitrariedad
de los más fuertes y en la arrogancia del poder. Por eso, lejos de ser
una limitación o amenaza a la libertad, la referencia a la verdad
sobre el hombre, - verdad que puede ser conocida universalmente
gracias a la ley moral inscrita en el corazón de cada uno - es, en
realidad, la garantía del futuro de la libertad» (n. 12).
La relación de la libertad con la verdad no es un límite,
sino la garantía de la auténtica libertad.
La cultura de la libertad hoy tan enarbolada, posee una lógica
que hay que mantener si no quiere caer en cultura del libertinaje:
anclarse en la verdad; porque la estructura de la libertad es la arqui-
tectura de la cultura de la libertad.
b. La libertad humana como participación de la Libertad Absoluta
Uno de los escollos más graves del pensamiento contemporáneo es
conciliar la libertad humana con la existencia de Dios, razón por la
cual se niega a Dios: si Dios existe el hombre no es libre; puesto que
el hombre es libre, Dios no existe. Considero que el equívoco de esta
posición es el antropomorfismo. Al establecerse un paralelismo
entre libertad divina y libertad humana, es inevitable entrar en un
callejón sin salida. Pero el hombre no es Dios, ni Dios es el hombre;
por eso hay que evitar el antropomorfismo.
C. 8 La libertad humana וו7
La libertad humana es finita porque el ser del hombrees finito y
tiene un grado de perfección que es participación del Ser Infinito.
Tanto más perfecto es el ser finito cuanto más participa del Ser y
cuanto más depende de Él. Así, la libertad humana es participación
de la libertad divina y es tanto más perfecta cuanto más depende de
ella. Es verdad que para nosotros, someternos incondicionalmente
a otra libertad finita es esclavitud, porque esta libertad es exterior a
la nuestra. Por eso los hombres frecuentemente prefieren depender
del determinismo del universo antes que de una Libertad suprema,
concebida sobre la falsilla de una libertad humana. Pero la Libertad
Absoluta no es exterior a nosotros: es interior y se encuentra en la
raíz de nuestra libertad, como el Ser divino es interiora nuestro ser,
según decía san Agustín. Por tanto, la dependencia de nuestra li-
bertad de la Libertad Absoluta no es, por sí misma, esclavitud. Se
podría incluso decir más: lo que en primer lugar define al hombre
no es su libertad, sino su dependencia de la Libertad Absoluta, pre-
cisamente por ser esta Libertad Absoluta la causa inmediata del ser
del hombre. En otras palabras, la raíz de la autonomía (normado
por sí mismo) humana es la teonomía (normado por Dios).
Esta dependencia de la libertad se inserta en el concepto filoso-
fico de participación. El término mismo viene del latín «partecipa-
tío» (partem/capere), que significa tomar parte, tener parcialmente
lo que otro tiene sin restricción; lo limitado es tal porque participa
de lo ilimitado. El concepto de participación implica tres importan-
tes significados, que son otras tantas realidades: imitación, depen-
dencia, finalidad.
• Imitación: el ser creado participa del Ser Absoluto por imita-
ción de su perfección. Lo Absoluto es causa ejemplar de las creatu-
ras. Dios actúa como causa ejemplar en la creación del mundo y el
mundo participa de Él en cuanto su perfección es una imitación del
Ser Absoluto, según un grado determinado.
• Dependencia: el ser creado depende no sólo como causa ejem
piar, sino también y sobre todo como causa eficiente. Participar quiere
decir no sólo imitar la perfección del Ser, sino sobre todo depender
118 EXPLÍCAME LA PERSONA
de Él en el mismo ser. El Ser Absoluto es un Ser Libre, y por esto el ser
libre del hombre es una participación de la libertad divina, y tanto
más grande es la dependencia (participación), tanto más perfecto es
el ser. Dios es la causa eficiente del ser creado; sin Él no existiría.
• Finalidad: el ser creado está orientado teleológicamente hacia
el Ser Absoluto y tiene en Él la causa final de su ser y de su actuar.
Todo ser participado, por tanto, ontológicamente imita, depende
Imitación
Dependencia }
y tiende al Ser Absoluto que es Dios. El problema de fondo de la cul-
tura actual está en haber establecido una oposición radical entre
Dios y el hombre. «El hombre no se fía de Dios. Tentado por las pa-
labras de la serpiente, abriga la sospecha de que Dios, en definitiva,
le quita algo de su vida, que Dioses un competidor que limita núes-
tra libertad, y que sólo seremos plenamente seres humanos cuando
lo dejemos de lado» (Benedicto XVI). Es esta oposición la que hay
que negar con fuerza porque carece de todo fundamento y de toda
verdad. En realidad, existiría una oposición solamente en el caso en
que la relación de Dios con el hombre se pensara sobre el modelo
antropomórfico. El hombre produce los objetos porque tiene nece-
sidad de ellos y de ellos se sirve; puede disponer de ellos porque es
su amo. No se debe pensar sobre este modelo la relación de Dios
creador con el hombre su creatura. En ese caso, ciertamente, el
C. 8 La libertad humana ו19
hombre sería un objeto en las manos de Dios; Dios sería el amo que
podría disponer de él como de un instrumento. Evidentemente, de
este modo no se podría hablar ciertamente de libertad del hombre,
y éste tendría razón para rebelarse a su condición de objeto al serví-
cío y utilidad de la divinidad. Pero tal concepción, además de negar
la libertad del hombre, sería contradictoria con Dios mismo; un dios
que tiene necesidad de las creaturas, ya no es Dios.
El hombre, imagen de Dios, es libre en la medida que participa de la Libertad divina,
por imitación, dependencia y tendencia hacia ella.
Esta dependencia constitutiva, sin embargo, no destruye núes-
tra autonomía. Retomando el pensamiento de San Agustín, se
puede decir que Dios no se hace presente en nosotros desde el ex-
terior, como los hombres, sino en el fondo de nuestro ser, por el
hecho de que es su fundamento. Dios no se impone desde el exte-
rior con normas, sino que estimula y reclama nuestro actuar desde
el interior de nosotros mismos, porque Él funda nuestro ser y
nuestro actuar, Él es inmanente a nosotros como lo «más íntimo
de nosotros», como el manantial interno y el cimiento de nuestro
ser. Nosotros somos libres, vivimos y experimentamos la libertad;
pero nuestra libertad no es la Libertad. Nuestra autonomía, en con
secuencia, no es autarquía sino teonomía, en el sentido más pleno
de la palabra. Al ser Dios lo más intimo de nosotros y el fúnda
mentó mismo de nuestro ser, nuestro auténtico autos (sí mismo)
120 EXPLÍCAME LA PERSONA
es el theós (Dios); por eso nuestra ley auténtica (autonomía) es la
teonomía. Pero muy lejos de contradecir la autonomía, la teono-
mía es su condición misma de posibilidad. Nosotros somos libres
en cuanto imitamos, dependemos y nos adherimos a esta Libertad
liberadora de la cual participamos.
6. La opción fundamental
La libertad no es sólo la elección por esta o aquella acción particular;
sino que es también, dentro de esa elección, decisión sobre sí
y disposición de la propia vida a favor o en contra del Bien,
a favor o en contra de la Verdad.
(Juan Pablo II)
La opción fundamental es la elección por la que cada hombre de-
cide explícita o implícitamente la dirección global de su vida, el tipo
de hombre que desea ser. Es una elección profunda y libre que
orienta y dirige la existencia del hombre, y que da forma a toda su
vida configurándose como el cauce en el cual se sitúan y desarrollan
otras decisiones cotidianas particulares. Es una elección global con
respecto al objeto y a la realidad; una opción que se encuentra im-
plícita en cada elección particular y que la fundamenta. En cada de-
cisión libre, la opción fundamental es ratificada, modificada o revi-
sacia por completo.
La opción fundamental no es una opción determinante, porque
siempre es posible a la voluntad decidir de forma diversa, pero es
una opción dominante dado su influjo, cada vez mayor, sobre las
elecciones particulares. Es una opción orientadora de la voluntad
que, dependiendo de la dirección tomada, empuja al hombre hacia
el bien haciendo que le resulte más fácil de realizar el bien moral; o
C. 8 La libertad humana 121
hacia el mal, obstaculizando el ejercicio de la virtud. En cada nueva
elección particular la opción fundamental se renueva, se clarifica y
se refuerza hacia el bien o hacia el mal.
Es necesario subrayar que la opción fundamental, renovada
siempre en cada acto libre, está fuertemente influida por las elec-
ciones precedentes, de tal forma que el hombre no cambiará fácil-
mente su opción fundamental sin lucha y resistencia. Aunque al-
gimas veces la opción fundamental pueda parecer una decisión
instantánea, por ejemplo, una conversión, la ruptura improvisa de
un matrimonio, la vocación al sacerdocio, etc., en realidad es el re-
sultado de una larga maduración interior, más o menos incons-
cíente, durante la cual la nueva opción busca manifestarse en al-
gimas de las acciones de la vida diaria; aun antes de aparecer
explícitamente, la opción fundamental influye en los actos humanos
orientándolos hacia la propia dirección (por ejemplo, separación de
los cónyuges, etc.). Las elecciones particulares se verifican entre las
diversas posibilidades; la opción fundamental se hace entre un «sí»
o un «no», en el cual el hombre se acepta o se rechaza a sí mismo de
forma incondicionada. Por eso, la opción fundamental se refiere
siempre a la propia realización y forma parte del carácter propio del
hombre, no como aspecto innato, sino como dimensión adquirida
y controlada por la voluntad.
Infidelidad
EXPLÍCAME LA PERSONA
122
Límites y
condicionamientos
• Deterninismo: niega la libertad.
■ Límites: físicos, psicológicos, morales.
Z Existencia
• La experiencia interna
y el testimonio de la conciencia.
• La naturaleza de la voluntad que
tiende al bien conocido.
• La existencia del orden moral que
exige obligación y responsabilidad.
Sentido
Libertad de, para, en.
• Libertad en la responsabilidad.
• Libertad, vocación y misión.
Libertad y verdad \
• Raíz de la libertad es la verdad.
Opción fundamental '
■ La libertad humana es participación
• Decisión sobre si y sobre la propia vida. de la libertad divina: imitación,
• No es determinante (tero si dominante. dependencia, finalidad. /
• Se confirma, modifica o revoca en las
decisiones particulares. ,
CAPITULO 9
El amor humano
«Te amo para amarte y no para ser amado»
(G.Sand)
El significado de la libertad aparece con mayor claridad en relación
con el amor. El acto supremo de la libertad es el amor, y no se puede
hablar de auténtico amor si éste no es libre. No hay amor sin libertad
y el amor hace libres; decía san Agustín «ama y haz lo que quieras»,
porque amando no harás nunca nada contrario al amor. En estas
primeras lineas tenemos definido qué es el amor y distinguido de
otras realidades que circundan al amor pero que no lo son, como las
emociones, sentimientos, etc.
El amor es un acto libre de la voluntad, consciente y responsable.
Frecuentemente va acompañado de emociones, sentimientos, pasiones,
pero todo esto es sólo la coreografía del amor.
1. Diferentes clases de amor: distinciones y relaciones
El amor está muy manoseado y con frecuencia el término indica
realidades muy distintas, incluso contradictorias. El latín tiene seis
palabras para indicar el amor (amor, pietas, caritas, dilectio, affectio,
studium) y apenas hay términos para referirse al sexo. Hoy se ha
dado la vuelta y vivimos en una cultura pansexualista donde no es
124 EXPLÍCAMELA PERSONA
el amor que se manifiesta en la sexualidad sino el sexo el que debe
producir amor. Me sirvo de tres palabras griegas para tratar de acia-
rar esta compleja realidad־, i’ros, filia, ágape.
• í• ros. Según la mitología Éros es hijo de un padre rico, Poros, y
de una madre pobre, Penia. Participa de la pobreza y de la riqueza.
Es un pobre que aspira a ser rico, un necesitado que busca lo que le
falta. Es una pasión sensual, algo biológico, emocional. Es amor de
concupiscencia. El dinamismo deeros va de la necesidad a la satis-
fación. Por eso una vez satisfecho se acaba.
Persona/objeto deseado
• Filia. Es la amistad. El amor fundado sobre las cualidades, idea-
les, valores de la otra persona. La relación entre las personas es única
e insustituible como únicas son las personas en sí mismas. Sus carac-
terísticas son: apertura, comunicación, don mutuo.
Persona amada Persona amada
• Ágape. Es don, gratuidad, generosidad. No va de abajo hacia
arriba, sino de arriba abajo. Su dinamismo va de la abundancia a
la gratuidad; de quien tiene hacia quien no tiene. Es un amor de
benevolencia, desinteresado. «El amor infantil sigue el principio:
amo porque soy amado. El amor maduro: soy amado porque amo.
C.9 El amor humano 125
El infante dice: te amo porque tengo necesidad de ti. El maduro: tengo
necesidad de ti porque te amo» (E. Fromm). Eros y agape son la sin-
tesis de nuestra sociedad que vive privada de amor y sedienta de él.
Amante
Ágápe
y ayánq y
Amado
A diferencia del éros en el ágápe «el amante va también fuera de
sí, pero no sacado, sino libremente, donado con una donación de sí
mismo; es la efusión consecutiva a la plenitud del ser que ya se es.
Si el amante sale de sí, no es para buscar algo, sino por efusión de su
propia sobreabundancia» (Zubiri). Como dice san Agustín: «mi
amor es mi peso; por él soy llevado donquiera que voy».
2. Parece amor, pero no lo es
Antes de describir la dinámica del amor verdadero, conviene pre-
sentar las falsificaciones que, bajo la apariencia de amor, esconden
realidades y mecanismos opuestos a él, aunque no siempre la per-
sona es capaz de distinguirlo, precisamente porque siendo un
«falso» se asemeja al verdadero.
• Egoísmo - amor. Se confunde el egoísmo con el amor. Amor es
amar; egoísmo es amar-se. Amor es servir; egoísmo es servir-me de
los otros. Las personas no son cosas; yo puedo servirme de las cosas
pero no de las personas, y en la medida que me sirvo de ellas, las
cosifico. El egoísmo dice: tú para mí. Pero si te amo por mí, no te amo
ya a tí sino que me amo a mí. Quien escoge el egoísmo no es autént i
«.ámente libre; el hombre que decide hacer sólo aquello que le gusta,
126 EXPLÍCAME LA PERSONA
en realidad hace sólo aquello que quieren fuerzas externas o internas
a él mismo. El egoísmo reprime las posibilidades más bellas y más
grandes. Por esto, las concepciones egoístas o hedonistas de la líber-
tad son represivas. El egoísmo es una forma de dependencia alie-
nante, incluso cuando se presenta en nombre de la libertad.
Dependencia de los instintos, a los que se da rienda suelta, por los
cuales se es manipulado y atropellado. Dependencia también de los
demás; paradójicamente el egoísta que tiende a subyugar a los otros
es, en realidad, esclavo de sí mismo. Él, que siempre espera recibir sin
dar, tiene necesidad de los demás y se expone al fracaso. En cambio,
quien ama se encuentra frente a los demás en una postura de dona-
ción, y por eso se encuentra en un estado de profunda libertad.
• Deseo, pasión - amor. Se confunde el deseo y la pasión con el
amor; para distinguirlos hay que observar la diferencia del dina-
mismo interno. ■ ’esear es tendera poseer, poner el objeto a mi al-
canee; una vez alcanzado el deseo se satisface y desaparece hasta
que se presenten nuevos estímulos. Nace de repente y se satisface
rápidamente. El dinamismo es la posesión-satisfacción. El deseo es
pasión y tiene una fuerza centrípeta. Deseo y pasión pueden ser irra-
cionales, sensibles, instintivos. Amar no es atraer y poseer la persona
amada para lograr mi satisfacción, sino salir de mi, donarme y sa-
tisfacer al otro. Surge, crece y madura lentamente, y es el «eterno
insatisfecho». El dinamismo es la donación con una fuerza siempre
centrífuga que saliendo del amante tiende al amado. El amor es
siempre una acto consciente, ponderado, libre. Puede y suele estar
rodeado de pasión, emoción, deseo, pero todo ello es la coreografía
del amor, que es una decisión de la voluntad libre. «El primer acto
de la voluntad es el amor» (Tomás de Aquino).
• Enamoramiento - amor. El enamoramiento puede ser el pri-
mer paso del amor y con frecuencia conduce a él, pero en sí mismo
tiene un dinamismo que lo diferencia del amor, aunque es difícil
distinguirlos. Ante todo se da una agudización y polarización de la
conciencia en el enamorado, por lo cual su vida psíquica queda
como «atrapada» por el otro, hasta el punto de reducir notable
C.9 El amor humano 127
mente la actividad mental, lúdica, laboral... que no gravite en torno
a la persona que lo tiene enamorado. En contra de las apariencias,
es un estado fundamentalmente pasivo que la mitología recoge con
la imagen de la flecha que dispara Cupido y que algunos idiomas
tienen en su expresión; en inglés se dice «fall in love = caer en amor».
El amor es más abierto, ponderado y duradero. Más fundado en
valores, ideales de vida, experiencias positivas y negativas, que en
atracción sentimental. Profundamente inclinado hacia la persona
amada, respeta su independencia y mantiene en equilibrio psicoló-
gico su atención, pudiéndose dedicar a una pluralidad de activida-
des sin perder la hondura de la relación amorosa.
3. El amor como promoción de la persona amada
El amor es promover la existencia de la persona amada. En el amor
nos sentimos unidos a la persona que amamos. ¿Qué significa esta
unión? No necesariamente unidad física ni siquiera proximidad,
porque a veces la persona está lejos físicamente. Sin embargo, núes-
tro ser parece dilatarse, superar las distancias y donde quiera que
ella esté nos sentimos unidos en el amor. Amar significa hacer existir
en mí al amado y, simultáneamente, ofrecerle mi ser para existir en
él. En el amor el otro no se ha separado de sí para venir a mí. Está en
mí según su propio ser, aunque permanezca en sí mismo. Amar sig-
nifica existir en el amado permaneciendo yo, y hacer que él exista
en mí sin que desaparezca él: dos vidas en una. El amado está en mí
no para ser posesión mía, sino para constituir una identidad nueva.
Decía san Pablo: «ya no vivo yo, sino es Cristo quién vive en mí»,
pero para que el otro viva en mí es necesario que yo continúe exis
tiendo; si el otro me poseyera de tal forma que yo me anulara, el
amor no sería unidad sino aniquilamiento.
Amar es querer al otro como otro y respetar su diferencia. Es que
redo por sí mismo y no por sus cualidades o su nombre. En la célebre
escena del balcón, Romeo ama a Julieta, y por amor está dispuesto a
128 EXPLÍCAME LA PERSONA
renunciar al propio nombre y a superar todos los obstáculos que se
opongan: Julieta: «¿No eres Romeo? ¿No eres un Montesco?» Romeo:
«Ninguno de los dos, si a ti te desagrada». Julieta: «¿Cómo llegaste
aquí? ¿Porqué razón? [...]» Romeo: «Con ligeras alas de amor franqueé
estos muros, pues no hay cerca de piedra capaz de atajar el amor; y lo
que el amor puede hacer, aquello el amor se atreve a intentar».
Quiero que tú seas. «Amar quiere decir querer que el otro sea,
que sea plenamente». Afirmar al otro y enaltecerlo en su ser es el
verdadero significado del amor. «El amor - dice Nédoncelle - es una
voluntad de enaltecer. El yo que ama quiere, en primer lugar, laexis-
tencia del Tú; quiere además el desarrollo autónomo del Tú». El
amor es voluntad de promoción: «si tu no existieras - y si yo tuviera
el poder - te haría existir» (Marcel). Esto es precisamente el acto
creador: llamar de la no existencia a la existencia por amor. Amar a
otra persona no significa imponerle «modelos» externos a ella, sino
querer su bien y promover su auténtica libertad. Sólo quien ama la
libertad del otro, lo ama verdaderamente. Por eso amar al otro es
quererlo como él es y respetarlo en su identidad y diferencia. Amar
a otro para hacerlo distinto es asesinarlo.
C.9 El amor humano ו29
«Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección».
(Saint-Exupery)
Todo amor auténtico es incondicionado, desinteresado y fiel.
• Incondicionado quiere decir que se dirige hacia el otro no por
aquello que tiene, sino por lo que es.
• Desinteresado, es decir, no busca el propio bien con detri-
mentó de la otra persona. «Si amas, gratis ama» (Agustín).
• Fiel a una persona concreta: no se trata de una fidelidad abs-
tracta y vacía. Amar es vivir por una persona; sufrir por una persona;
morir por una persona. Como dice san Agustín «cuando se ama no
se sufre, y si se sufre se ama el sufrimiento». Quien ama a una per-
sona le es fiel hasta la muerte y más allá de la misma, porque como
dice Maree! «amar es decirle al otro, tu no morirás».
Parece que la libertad precede al amor, dado que una relación de
amor depende de una elección libre. En realidad, ninguna libertad
puede ser auténtica fuera del contexto de una relación de amor. Para
llegar a la madurez de la libertad, el hombre debe pasar a través del
amor. El amor, como reconocimiento y elevación de la otra persona,
es el verdadero campo de la libertad. El amor es, por lo tanto, el
signo de la madurez humana y el ambiente donde madura la liber-
tad. Un hombre que no vive un verdadero amor en su vida, no puede
considerarse un hombre completo y verdaderamente libre. Por otra
parte, la certeza de ser amado no deja de ser necesaria para una vida
verdaderamente humana. El amor desea ser reconocido, no como
necesidad egoísta sino como plenitud de la donación.
El amor es un riesgo, pero la falta de amor es una condena:
«El único lugar fuera del cielo donde se puede estar perfectamente
a salvo de los peligros y perturbaciones del amor es el infierno»
(C.S. Lewis)
130 EXPLÍCAME LA PERSONA
Tipos de amor \
• Éros: es una pasión sensual, biológica,
emocional. Es amor de concupiscencia.
El dinamismo de éros va de la necesidad
a la satisfacción.
■ Filia: es la amistad. El amor fundado
sobre las cualidades, ideales, valores de
la otra persona.
• Ágápe: es don, gratitud, generosidad
Su dinamismo va de la abundancia a
la gratitud. Es un amor de benevolencia,
desinteresado.
Falsos amores
■ Egoísmo: amor es amar; egoísmo es amar se.
Amor es servir; egoísmo es servir me de los otros.
■ Deseo, pasión: desear es tender a poseer; una vez
alcanzado, el deseo se satisface. Nace de repente
y se satisface rápidamente. El dinamismo es la
posesión/satisfacción. Es pasión y tiene una fuerza
' Verdadero amor > centrípeta.
• Es promoción de la persona amada.
■ Enamoramiento: es una polarización de la
• Es querer su bien y promover su auténtica
conciencia en el enamorado; su vida psíquica queda
libertad. Sólo quien ama la libertad del
«atrapada» por el otro. Es un estado fundamental-
otro, lo ama verdaderamente.
mente pasivo («fall in love = caer en amor»).
• Amar al otro es quererlo como él es y
respetarlo en su identidad y diferencia.
- Es incondicionado, desinteresado, fiel.
(CAPÍTULO 10)
Sentimientos y emociones
«Lo esencial es invisible a los ojos; sólo se ve bien con el corazón»
(Saint-Exupery)
Cuántas veces siendo niños nos dijeron: «contrólate, mantón el equi-
librio». Y cuántas veces ahora que somos adultos nos damos cuenta
que hay situaciones y circunstancias que cambian el humor, nuestro
estado de ánimo y comprometen el equilibrio de nuestra vida psí-
quica. Este es el mundo de los sentimientos y de las emociones.
Las sensaciones pertenecen a la parte sensible de nuestro oiga-
nismo, los conceptos a la inteligencia y las decisiones a la voluntad.
Cada uno de ellos responde a una facultad y tiene un objeto propio.
Sin embargo, hay sensaciones, conceptos y decisiones que van
acompañados de una carga emotiva de temor o de esperanza, de
gozo o t risteza, de afecto, de ira, etc., y están tan incrustados en nos-
otros que influyen en nuestra personalidad. Son los sentimientos y
las emociones que acompañan los actos cognoscitivos y tendencia-
les, que hacen vibrar todo nuestro ser.
1. Definiciones
El sentimiento es el aspecto puramente subjetivo de la vida psíquica,
que consiste en la impresión agradable o desagradable que produce
en la persona que conoce o apetece. El sentimiento se distingue del
130 EXPLÍCAME LA PERSONA
Tipos de amor
• Eras: es una pasión sensual, biológica,
emocional. Es amor de concupiscencia.
El dinamismo de éros va de la necesidad
a la satisfacción.
Filia: es la amistad. El amor fundado
sobre las cualidades, ideales, valores de
la otra persona.
• Ágápe: es don, gratitud, generosidad
Su dinamismo va de la abundancia a
la gratitud. Es un amor de benevolencia,
desinteresado.
Falsos amores
Egoísmo: amor es amar; egoísmo es amar-se. '
Amor es servir; egoísmo es servir me de los otros.
Deseo, pasión: desear es tender a poseer; una vez
alcanzado, el deseo se satisface. Nace de repente
y se satisface rápidamente. El dinamismo es la
posesión/satisfacción. Es pasión y tiene una fuerza
Verdadero amor \ centrípeta.
• Es promoción de la persona amada. Enamoramiento: es una polarización de la
• Es querer su bien y promover su auténtica conciencia en el enamorado; su vida psíquica queda
libertad. Sólo quien ama la libertad del
«atrapada» por el otro. Es un estado fundamental״
otro, lo ama verdaderamente.
mente pasivo («fall in love = caer en amor»).
• Amar al otro es quererlo como él es y
respetarlo en su identidad y diferencia.
• Es incondicionado, desinteresado, fiel.
;CAPÍTULO 10;
Sentimientos y emociones
«Lo esencial es invisible a los ojos; sólo se ve bien con el corazón»
(Saint-Exupery)
Cuántas veces siendo niños nos dijeron: «contrólate, mantón el equi-
librio». Y cuántas veces ahora que somos adultos nos damos cuenta
que hay situaciones y circunstancias que cambian el humor, nuestro
estado de ánimo y comprometen el equilibrio de nuestra vida psí-
quica. Este es el mundo de los sentimientos y de las emociones.
Las sensaciones pertenecen a la parte sensible de nuestro orga-
nismo, los conceptos a la inteligencia y las decisiones a la voluntad.
Cada uno de ellos responde a una facultad y tiene un objeto propio.
Sin embargo, hay sensaciones, conceptos y decisiones que van
acompañados de una carga emotiva de temor o de esperanza, de
gozo o tristeza, de afecto, de ira, etc., y están tan incrustados en nos-
otros que influyen en nuestra personalidad. Son los sentimientos y
las emociones que acompañan los actos cognoscitivos y tendencia-
les, que hacen vibrar todo nuestro ser.
!.Definiciones
El sentimiento es el aspecto puramente subjetivo de la vida psíquica,
que consiste en la impresión agradable o desagradable que produce
en la persona que conoce o apetece. El sentimiento se distingue del
132 EXPLÍCAME LA PERSONA
conocer y del tender, ya que éstos transmiten contenidos objetivos,
se refieren directamente al objeto; en cambio el sentimiento indica
solamente el estado del sujeto (por ejemplo: de gozo o tristeza).
El criterio para distinguir el aspecto sentimental propiamente
dicho de los otros aspectos psíquicos cognoscitivos y tendenciales
con los cuales está estrechamente unido, es el de su subjetividad.
Para encontrarlo se necesitará eliminar de nuestra experiencia todos
los aspectos que de alguna manera tienen un objeto, es decir, los co-
nocimientos que nos presentan los objetos y las tendencias que se
dirigen hacia objetos presentados. Lo que queda, es decir, las im-
presiones subjetivas que esos hechos producen en nosotros, serán
el sentimiento o la emoción.
En el sentimiento de tristeza provocado
por una quemadura, podemos distinguir
perfectamente el
(vemos, sentimos, y entendemos la que-
madura), la a huir (apartando la
mano del calor y arrepintiéndonos de ha-
berla acercado) y la tristeza presente en
nosotros por tener una mano lastimada.
El aspecto sentimental lo constituye no
la sensación de dolor, sino la impresión
psíquica de tristeza.
La diferencia entre sentimiento y emoción es que el sentimiento
provoca una reacción tranquila que no altera el ritmo ni la norma-
lidad fisiológica. En ocasiones imprevistas surge la emoción, un sen-
timiento intenso que modifica el ritmo y activa la fuerza muscular
y la secreción interna de las glándulas endocrinas. Por ejemplo, se
ve muy clara la distinción entre un estado placentero de alegría y la
explosión brusca de alegría después de una buena noticia larga-
mente esperada. La emoción es, pues, un sentimiento intenso que
conlleva una conmoción orgánica.
C. 10 Sentimientos y emociones IJÍ
• El sentimiento es una reacción tranquila, constante, que no altera el
ritmo ni la normalidad fisiológica.
• La emoción es un sentimiento intenso que conlleva una conmoción somática
que modifica el ritmo y activa la fuerza muscular y las secreciones internas.
2. Clasificación de los sentimientos
Dado que los sentimientos son estados subjetivos provocados p()l
nuestros conocimientos y tendencias, hay que distinguir dos nivel2’
de sentimientos: inferiores y superiores, así como hay dos nivel2’
en los conocimientos y las tendencias: las inferiores (sensibles y 0'
gánicas), y las superiores (intelectuales o espirituales).
Los sentimientos inferiores y orgánicos llevan siempre consi$״
una modificación del organismo. Los sentimientos superiores^
pueden clasificar según los conocimientos y tendencias que acón1'
pañan. Si se mira al objeto del conocimiento, éste puede ser prese!1'
tado como verdadero, como bello o como bueno. En el primereas״
tendremos los sentimientos intelectuales; en el segundo los sent1'
mientos estéticos, y en el tercero los sentimientos morales. Bajo2'
aspecto de la tendencia, los sentimientos se pueden dividir en
grandes grupos dependiendo de si se orientan hacia la misma peí"
sona en la que tienen lugar o hacia personas diversas. En el prim2
caso se tienen los sentimientos egocéntricos; en el segundo los se!1'
timientos altruistas.
Son sentimientos intelectuales: la espera, la tensión, la sorpreS¿'
Estos sentimientos surgen de la relación temporal entre el sujeto V
el objeto conocido. Son sentimientos estéticos la admiración, el pD'
cer estético y todos aquéllos causados por la contemplación de 0,ו
objeto bello. Pertenecen a los sentimientos morales el sentimiento
del deber, de la obligación moral, de la responsabilidad, del remoí
dimiento, de la dignidad personal. Entre los sentimientos egocé!1'
134 EXPLÍCAME LA PERSONA
tríeos de carácter agradable tenemos los que acompañan a los actos
cognoscitivos o tendenciales de orgullo, vanidad, venganza, avaricia,
coraje, etc; sentimientos egocéntricos de carácter desagradable son
el miedo, la timidez, la vergüenza, la ira, la impaciencia. La simpatía
y todos los sentimientos que acompañan a los actos tendenciales de
amor pertenecen a los sentimientos altruistas.
Clasificación de los sentimientos
¿Conocimiento^
sensible
• Tendencias
3. Las emociones
Si la emoción es un sentimiento intenso que conlleva una conmo-
ción orgánica, ésta se encuentra en todas las emociones, tanto en
las que proceden de los conocimientos y tendencias sensitivas, como
en las que proceden de las intelectuales. En la emoción tenemos,
por lo tanto, un aspecto interior y otro exterior; el aspecto interior
es el sentimental, ya examinado; el aspecto exterior es la modifica-
ción somática.
C. 10 Sentimientos y emociones H>׳
a. El mecanismo emotivo
En el mecanismo de la emoción hay cuatro fases: la ocasión, la dis-
posición, la causa y el efecto.
• La ocasión. Un suceso cualquiera puede ocasionar la emoción;
el dolor, la enfermedad, la muerte de una persona querida, un fracaso
o un recuerdo pueden ser ocasiones negativas de temor, de ira o de
tristeza, como también la presencia de la persona amada, un regalo,
un éxito, pueden ser ocasiones de gozo. Algunos excitantes físicos o
químicos como olores, sales, perfumes, alcohol y drogas, pueden ser
ocasión de emociones dependiendo de la predisposición de la per-
sona. Se sabe que el exceso de vino en algunas personas provoca lá-
grimas, en otras agresividad y en otras alegría y fluidez de palabra.
• La disposición. El humor o estado de ánimo influyen mucho
sobre nuestras emociones. Si uno está contento, optimista, de buen
humor, interpreta los acontecimientos de manera alegre, se siente
lleno de fuerzas, las preocupaciones no le parecen tan graves; si está
de mal humor interpreta negativamente los mismos acontecimientos.
• La causa. La causa eficiente de la emoción es el modo como la
persona relaciona el objeto presentado o apetecido con su propia fe-
licidad. Si se ve que el objeto obstaculiza el camino a la felicidad,
habrá una emoción negativa; pero si se presenta como elemento que
la favorece, se producirá una emoción positiva. No son, pues, los acón-
tecimientos los que causan las emociones, sino más bien la actitud,
cognoscitiva o tendencial, que la persona toma ante ellos. La expe-
rienda demuestra que el mismo acontecimiento provoca emociones
diversas en personas diferentes, o también, en la misma persona en
circunstancias diversas.
• Los efectos. Estas posturas llegan al centro mismo de la emo-
ciómel hipotálamo. Éste, por medio del sistema nervioso autónomo,
136 EXPLÍCAME LA PERSONA
pone al organismo en tensión para defender la felicidad; tenemos así
los efectos orgánicos de la emoción.
b. Efectos orgánicos de la emoción
Que una persona esté emocionada, se puede ver claramente en su as-
pecto externo, principalmente por la mímica, los gestos, el tono de la
voz, los movimientos. Los efectos orgánicos de la emoción pueden
agruparse en tres tipos de reacciones fisiológicas: las reacciones vis-
cerales, musculares y expresivas. Estas reacciones no son solamente
«efectos externos» sino elementos constitutivos de la emoción.
EMOCIÓN
Reacciones
fisiológicas
Conductas
• Reacciones viscerales. Los tres sistemas más implicados son
el respiratorio, el circulatorio y el digestivo.
- En el sistema respiratorio se dan variaciones del ritmo de la
respiración y de la profundidad de la inspiración, se hace un
nudo en la garganta: la tensión produce sofoco en los pulmo-
nes y también desmayos por falta de oxígeno.
- En el sistema circulatorio aumenta la tensión del corazón con
aceleración del latido y con la posibilidad de paro brusco, taqui-
cardia e infarto; la tensión se localiza en los vasos sanguíneos
que se contraen y la persona emocionada se pone pálida; otras
emociones, al contrario, los dilatan y entonces se pone roja.
- El sistema digestivo. Después del corazón y los pulmones, el
aparato que más sufre es el digestivo. Se dan paros de secre
C. 10 Sentimientos y emociones 137
ción salivar, falta de apetito, indigestión, vómitos, incontinen-
cia urinaria.
- El sistema hormonal y glandular. La secreción hormonal y
glandular está fuertemente implicada en las emociones: ex-
citación de las glándulas lacrimales, secreción anormal de la
bilis, sudores fríos. La adrenalina, producto de las glándulas
suprarrenales, influye mucho en el tono cardio-vascular, en
la regulación del azúcar en la sangre y en la función digestiva
y circulatoria.
• Reacciones musculares. Las reacciones musculares reflejas
más frecuentes son: estremecimiento, temblor de las extremida-
des, contracción de los músculos del tórax, parálisis de las extre-
midades inferiores, apretar los dientes, ponérsele a uno los pelos
de punta.
• Reacciones expresivas. Las expresiones visibles, especial-
mente la mímica del rostro, los gestos, el tono de voz, la sonrisa y
el llanto.
REACCIONES FISIOLÓGICAS
- Incremento del ritmo
cardíaco y respiratorio
• Sudores
Tensión muscular
Temblores
SITUACIONES
CONDUCTA
Ante un examen ■ Quedarse en blanco
Hablar con un chico/a • Escapar
que te gusta • Quedarse parado
Ante tu director de empresa • Llorar, reir...
PENSAMIENTOS
Miedo a hacerlo mal
• Pensaren las consecuencias
negativas
No saber qué hacer
138 EXPLÍCAME LA PERSONA
Sistema respiratorio: desmayos, sofoco...
Sistema circulatorio: taquicardias, infartos...
Sistema digestivo: vómitos, indigestión...
Sistema hormonal/glandular: lágrimas, bilis...
La mayor parte de estas reacciones fisiológicas son movimientos re-
flejos, provocados directamente por la emoción. La emoción, como
tal, está fuera del ámbito de la voluntad; de todos modos dependerá
de la voluntad y de los hábitos el frenar o incluso inhibir las man¡-
festaciones emotivas por medio del control de los conocimientos y
tendencias que provocan la emoción.
4. Control de los sentimientos y emociones
Bien se podría apelar aquí al refrán popular «más vale maña que
fuerza». Dado que los sentimientos y emociones son estados subje-
tivos ligados a conocimientos y tendencias, la maña es controlar estas
ocasiones, disposiciones o causas que los provocan, más que insistir
tozudamente con actos de voluntad sobre ellos. Es decir, no hay que
tratar los síntomas, sino las causas, buscando erradicarlas si es posi
C. 10 Sentimientos y emociones 139
ble. Si desaparece el origen de la emoción, también desaparecerán
sus síntomas. Si no es posible erradicar la causa, hay varias cosas que
se pueden hacer. Por eso sugiero algunos consejos prácticos.
• No asustarse ni sorprenderse de los propios sentimientos y
emociones, dado que en parte dependen de nuestro carácter
y forma de ser.
• No ignorarlos ni despreciarlos.
• No sofocarlos ni vivir como si no existiesen.
• Conocerlos, comprender su papel, e integrarlos en nuestra
vida mediante tres actitudes: ciencia, sabiduría y oración.
• Evitar la ocasión-causa, cuando se puede.
• Individuar la idea o situación perturbadora y cambiar la
atención.
• Tener paciencia: «Wait and see»; «Take it easy».
• Valorar positivamente el aspecto de sufrimiento que tiene.
• Desahogar las emociones pues son una tensión interior que
hay que liberar. Es propio de una persona madura desaho-
garse en el momento oportuno con la persona oportuna. El
desahogo verbal ayuda a exteriorizar los sentimientos, pro-
duce una catarsis que proporciona un alivio subjetivo, pero
también hay una mitigación objetiva que es sentir el placer
de la amistad y de la comprensión.
• Aumentar la autoestima que es la percepción emocional pro-
funda que uno tiene de sí mismo.
• Vivir sentimientos y emociones positivas nacidas del amor,
confianza, alegría...
• Poseer ideales y motivaciones grandes, humanas, morales,
religiosas...
• Valorar maduramente las situaciones y no dejarse llevar por
lo fácil, porque quien «hace las cosas sólo porque le gustan»,
es como quien sube a un autobús sin saber a dónde va, sólo
porque es más cómodo o nuevo que otro.
• Signo de madurez es saber convivir con los propios límites y
con los de los demás.
140 EXPLÍCAMELA PERSONA
Sentimiento
Es una reacción tranquila,
constante, que no altera el ritmo
ni la normalidad fisiológica.
/ Emoción \
Es un sentimiento intenso que conlleva
una conmoción somática que modifica
el ritmo y activa la fuerza muscular
\ y las secreciones internas, y
Mecanismo
emotivo
• Ocasión
■ Disposición
• Causa
• Efectos
Efectos orgánicos
• Reacciones viscerales
• Reacciones musculares
• Reacciones expresivas
Clasificación de los sentimientos
Sentimiento inferiores: siguen conocimientos
y tendencias sensibles.
• Sentimientos superiores: siguen conocimientos
y tendencias espirituales.
Tipos: intelectuales, estéticos, morales, egocéntricos,
. altruistas. ,
(capítulo וו
Temperamento y carácter
«Puedes llegar a la cima por tus talentos,
pero sólo tu carácter de ayudará a permanecer en ella»
René Le Senne, a quien sigo en este capítulo, en su Tratado de carao
teriología se pregunta por qué es importante la psicología: «porque
en muchas familias, en muchos colegios, a pesar del amor de los pa-
dres y la dedicación de los profesores, la falta de conocimiento del ca-
rácter crea malentendidos y graves errores». La experiencia nos ates-
tigua que en una familia el padre tiene un carácter fuerte, decidido,
trabajador, que lo ha llevado a construir una empresa floreciente.
Pretende que su hijo lo siga en el mismo camino. Pero éste es un «sen-
timental», sin pasión, reacio al esfuerzo constante, que le repugnan
los negocios y le encanta la literatura y el arte. El conflicto es patente.
Pero justicia es juzgar al otro por lo que es no por lo que pretendo que
sea. Si aceptamos los límites físicos, y en cuanto posible tratamos de
superarlos, lo mismo se debe hacer con la naturaleza psicológica. De
un niño que nace sordo no se pretenderá que sea un cantante. El ca-
rácter forma parte de nuestra identidad.
!.Definiciones
• Temperamento. Es el conjunto de tendencias y cualidades que
cada uno tiene por naturaleza y que constituye la base primaria de
reacción a los estímulos. Es innato, no cambia y se funda sobre la cons-
142 EXPLÍCAME LA PERSONA
titución psico-orgánica del individuo. Forma la individualidadfisioló-
gica estable de la persona. El temperamento no es educable y sólo in-
directamente o mediante fármacos podría ligeramente modificarse.
• Carácter. Es el conjunto de cualidades que cada uno tiene en
base al temperamento recibido de la naturaleza, y al desarrollo que
con la educación ha perfeccionado o empeorado. Lo forman ele-
mentas congénitos recibidos de la naturaleza, y elementos adquirí
dos mediante el ambiente y educación. Forma la individualidadpsi-
cológica dinámica de la persona. El carácter es educable.
Temperamento: conjunto de inclinaciones innatas que brotan de la
constitución orgánico-fisiológica del individuo. No cambia.
Carácter: conjunto de las disposiciones psicológicas que nacen del
temperamento, modificado por la educación, el trabajo de la voluntad
y consolidado por el hábito. Cambia perfeccionándose o empeorando.
El temperamento se tiene, el carácter se forja sobre la base del tem-
peramentoquese tiene.
El temperamento no puede ser objeto de juicios éticos; el carácter
sí, ya que sobre él influye nuestra voluntad libre.
• Personalidad. La noción de persona es filosófica y fundamenta
la noción experiencia! de personalidad. La personalidad se refiere a
lo propio y característico de cada individuo, basado en el estudio y
observación de la conducta y en relación con aspectos biológicos,
psicológicos, sociales, culturales, educacionales, etc. La personal¡-
dad consistiría en el tipo de respuestas que se dan. El carácter es
cómo se dan esas respuestas. Una cosa es dar respuestas adecuadas,
otra cómo se dan. La constitución orgánico-fisiológica influye en la
personalidad. La personalidad no puede cambiar la constitución,
pero sí disminuir su influjo.
C. 11 Temperamento y carácter ו43
La constitución orgánica determina el temperamento, fundamenta el \
carácter y modula la personalidad. La personalidad modera el carácter,
y equilibra el temperamento y disminuye el determinismo orgánico.
2. Propiedades constitutivas del carácter
Hay tres características que combinadas entre sí, según modalidades
y grados diferentes, constituyen el carácter de una persona.Todos
los caracteres participan de ellas, pero es la diferente gradación lo
que los distingue. Son: la emotividad, la actividad y la resonancia.
• Emotividad. Es la mayor o menor intensidad en la respuesta a
los estímulos y situaciones. Se dice que alguien es emotivo cuando
frente a acontecimientos o estímulos diversos, reacciona de modo
vivaz y desproporcionado, dando rienda suelta a su energía física y
psíquica. Lo contrario se dice del no-emotivo. La emotividad influye
favorablemente en la vida de la persona porque aumenta el interés,
agudiza la atención, favorece la cordialidad. Tiene su influjo nega-
tivo en cuanto acentúa el momento presente, ciega la racionalidad
y restringe la objetividad.
EMOTIVO (E) NO-EMOTIVO (nE)
• Conmoción exagerada. ־No se ruboriza ni palidece nunca.
• Fuerte en la expresión: habla mucho y con calor. ° Habla poco, despacio, no cambia el tono de voz.
• Susceptible y discutidor. «Insensible a la discusión acalorada.
• Indinado a criticar y protestar. ־Indiferente, no protesta.
• Pasa de la alegría a la tristeza. ° Constante en el humor y sin cambios repentinos.
• Con frecuencia impaciente e intolerante. »Paciencia ejemplar; resignación.
• Ríe y llora fácilmente. Exuberante. o No ríe, ni llora.
־Imaginación muy rica. ° Sin imaginación.
• Cordial, servicial, generoso, solidario, jovial. ־Frío, introvertido
• Rico en sentimientos internos. ° Pobre en sentimientos internos.
\ • El corazón tiene razones gue la razón no entiende. ־Sobrepone la razón a los sentimientos.
144 EXPLÍCAME LA PERSONA
• Actividad. Es la mayor o menor inclinación de una persona a
responder a un estímulo mediante la acción. Se dice activo aquel
que es capaz de pasar rápidamente a la acción, sobre todo cuando
ésta presenta dificultades. Crea ocasiones, no deja pasar los acón-
tecimientos, imprime un sello en su actividad. De concentración in-
mediata y facilidad para el cambio de actividad. En el no-activo se
da una apariencia de actividad debida sobre todo a la impulsividad
de la emotividad. No hay que confundir con ser trabajador; se puede
ser no-activo y trabajador.
El influjo positivo de la actividad es evidente en la vida: refuerza
el trabajo, predispone a tomar decisiones, aleja del ocio. Su influjo
negativo está en la testarudez e independencia.
ACTIVO (A) NO-ACTIVO (nA)
• Constante, emprendedor, a veces imprudente. ״Calmado, conciliador, prudente, indeciso.
• Se crece ante las dificultades, incluso testarudo. ־Fácil al desaliento, temeroso de lo difícil.
• Responsable en sus obligaciones. »Propenso a relegar las propias obligaciones.
• Emprende sus tareas sin demora. ״Tiende a posponer sus compromisos.
• Gran trabajador y con alto rendimiento. ° Pocos resultados útiles en mucho tiempo.
• Hábil, de sentido práctico, objetivo. ״Carece de sentido práctico.
• Sincero, alegre, optimista, puntual. ״Puede ser doble; dado al pesimismo; impuntual.
• Busca el rendimiento duradero. ״Amante de las satisfacciones inmediatas.
• Individualista. ° Dispuesto a colaborar.
• Resonancia. Es la repercusión más o menos prolongada y pro-
funda que los acontecimientos dejan en la conciencia. Pensemos en
el sonido de una campana que «resuena» mucho, frente al golpe
dado en una piedra, que no tiene resonancia. La resonancia puede
ser primaria si las impresiones producen efectos inmediatos pero
poco duraderos: «Escribimos fácilmente sobre la arena, pero eso se
borra también fácilmente con el agua». Secundaria si se mantienen
los acontecimientos y las impresiones con influjo en el comporta
C. 11 Temperamento y carácter 145
miento posterior, incluso después de mucho tiempo: «Grabamos
trabajosamente sobre el mármol, pero lo que hemos grabado per-
manece».
El influjo positivo de la resonancia es la prudencia, objetividad,
constancia sistemática. El aspecto negativo es la desconfianza en
los otros, el rencor y el riesgo del aislamiento.
PRIMARIO (P) SECUNDARIO (S)
• Individuo que tiene poca resonancia. »Individuo con mucha resonancia.
• Impresiones rápidas y pasajeras. ־Impresiones duraderas y prolongadas.
• Reacciones violentas, breves y superficiales. ■ ׳Reacciones pensadas y profundas; calculador.
• Vive del presente, se renueva con él. »Vive del pasado y se enquista en él.
• No rencoroso, reconciliador. ° Rencoroso, obstinado en sus ¡deas.
• Se olvida de la ofensa; se reconcilia con facilidad. ° Difícil de reconciliar; no olvida.
*Voluble, impulsivo, incoherente. »Constante, sincero, metódico y coherente.
• Fácil a transgredir normas y compromisos. ־Respetuoso de las normas y compromisos.
• Impuntual e informal. »Puntual y formal en sus compromisos.
• Alegre, optimista. ״Dado al pesimismo y al realismo excesivo.
• Imprudente. ° Prudente, ahorrador.
3. Tipos y clasificación del carácter
En función de estos tres componentes aparecen diferentes tipos de
carácter. Conviene recordar que raramente se da un tipo «puro» y
que el carácter de una persona es normalmente la compleja combi-
nación de varios elementos. Sin embargo, el predominio o acentúa-
ción de unos sobre otros, nos permite la clasificación, siendo la emo-
tividad la línea divisoria.
Además no hay que confundir la identidad psicológica con la res-
ponsabilidad moral. De ahí que no hay caracteres «buenos» ni
«malos». Sino más adecuados o aptos para unas cosas o para otras,
según las cualidades y defectos que poseen.
146 EXPLÍCAME LA PERSONA
EMOTIVOS características! Fn0 EMOTIVOS características
Colérico EAP ־Sanguíneo AP Extraversión
Actividad
Apasionado EAS ״Flemático A Regularidad
Nervioso E 1)A P- ־Amorfo 1!4 P
Emotividad . . , Pasividad
Sentimental EnÁS•^ ־Sentimental
Los emotivos:
• Son «sensitivos».
• Actúan de «corazón».
• Se comprometen en la vida social.
Los no emotivos:
• Son «racionales».
• Actúan con la inteligencia.
• Se interesan poco en la vida social.
SENSITIVOS/CORAZÓN
Anímicos Intensos
Emotivos Activos
Pasivos Rutinarios
Extrovertidos
RACION ALES/INTELIGENCIA
SIGNIFICADO DE LOS COLORES ) Primario
C. 11 Temperamento y carácter 147
4. Carácter: cualidades, defectos, educación
Colérico: EAP
NAPOLEÓN BONAPARTE
(1769-1821)
Emperador de Francia
• Fuerte y determinado.
• Rebelde, duro como el granito.
• Capaz de tomar decisiones fulminantes.
• Actividad irrefrenable.
• Luchaba en primera línea con
gran valor.
• Emotivo: profundo pero no lo ensimisma sino que lo lleva a la
acción, sintiendo lo que hace.
• Activo: es lo que más lo define; no puede estar quieto; la dificul-
tad lo estimula.
• Primario: impulsivo, reacciona al instante.
- Dinámico pero inconstante.
- Febril pero desordenado y poco profundo.
• Identidad caracterial: activo y dinámico, optimista hacia sus ca-
pacidades; hábil para sintonizar con los demás hacia los que es
generoso.
• Cualidades
- Trabajador infatigable: decidido, con grande iniciativa, rápido.
- Sociable y servicial, expansivo y generoso; cordial y alegre.
- Olvida rápidamente las ofensas y no es rencoroso.
- Honesto y leal: puede ser mentiroso, pero no para engañar
sino para exagerar, colorear...
148 EXPLÍCAME LA PERSONA
- Práctico, hábil, desenvuelto.
- Exuberante, contento de vivir; deportista.
• Defectos (precipitación, independencia, inconstancia)
- Víctima de la impulsividad, violento, inconstante, desorde-
nado e impuntual.
- Busca resultados inmediatos que le procuran satisfacción.
- Vive intensamente, busca nuevas e intensas emociones, in-
diñado a satisfacer los sentidos (gula, sexo).
- Vanidoso de lo que hace y de sus capacidades; habla mucho
de sí mismo.
- Ambicioso de honores y poder.
- Aventurero, casi revolucionario.
• Conducta y relaciones sociales
- Rebelde a la disciplina.
- Inquieto, siempre tiene necesidad de moverse.
- Autoritario: jefe del grupo.
- Desenvuelto y muy social.
• Inteligencia y rendimiento académico
- Rápida pero superficial.
- Sentido práctico desarrollado; sabe lo que quiere.
- Puede aprobar todas las materias por su interés inmediato, rea-
lista en su capacidad de iniciativa, pero tiene poca constancia.
- Capaz para las ciencias, pero poco atraído por las matemáticas.
• Intereses y actitud religiosa
- Variedad de intereses concretos: juegos, competiciones,
aventuras...
- Más inclinado a la acción social que a la piedad y a la oración.
• Terapia, superación, educación
- Crearle un clima de comprensión donde pueda desahogar su
actividad y afectividad.
- Disciplinarlo, pero con discreción y motivación: la imposición
lo lleva a la rebeldía y a la fuga; ante un mandato frío y rígido:
hace lo contrario; hay que dominarlo con el corazón no con
la fuerza.
C. 1 וTemperamento y carácter 149
- I labituarlo a frenar su impulsividad y extraversión, motiván-
dolo a no permanecer esclavo del momento: no humillarlo
públicamente; «solicitar» su orgullo: «tu vales para más...»
«No es digno de ti...».
- Presentarle los objetivos a medio y largo plazo para que los
interiorice, aumente la sencundariedad y controle la prima-
riedad.
Apasionado: A
ALEJANDRO MAGNO
(356-323 a.C.)
Político
• Activo, enérgico, sensible y ambicioso.
• Reconocido por su audacia, valor y arrojo.
- Tenacidad para terminar los proyectos que
emprendía, ejecutándolos hasta sus últi-
mas consecuencias.
• Emotivo: profunda riqueza interior.
• Activo: traduce en acciones concretas los ideales en que cree.
• Secundario: aprovecha las cualidades de la secundariedad.
- Aprende de la experiencia pasada.
- Los ideales nobles lo impulsan a proyectos graneles.
- La inclinación al orden y la constancia hacen la acción eficaz.
• Identidad caracterial: grande capacidad de trabajo, constante y
ordenado, reflexivo.
150 EXPLÍCAME LA PERSONA
• Cualidades
- Posee grandes ideales.
- Organizador nato: metódico, decidido, líder; reacciona fuer-
teniente, pero se domina porque es reflexivo.
- Trabajador: constante, responsable, puntual, ágil, vence los
obstáculos, cuentan los resultados.
- Poco dado a los placeres de los sentidos y nada perezoso.
- Ama la vida de familia: comprensivo, servicial, costante en las
amistades, que selecciona con cuidado.
- Tiene buen sentido religioso y moral.
• Defectos
- Impulsivo y violento (si muy emotivo).
- Orgulloso y testarudo: quiere vencer a toda costa los obstácu-
los; soberbio; puede ser rencoroso.
- Independiente, prefiere hacer él las cosas antes que pedir co-
laboración.
• Conducta y relaciones sociales
- Disciplinado; puede ser intransigente y no ama hacer arre-
glos.
- Manifiesta con franqueza sus opiniones y no admite discu-
sienes.
- Los primeros contactos con extraños pueden ser difíciles y
desconfiados.
- Establecida una amistad o relación positiva la mantiene du-
rante toda la vida.
• Inteligencia
- Buena, lógica aplastante, concentrado y reflexivo.
- Capaz de análisis y de síntesis.
- Rendimiento académico bueno debido a su inteligencia y a su
aplicación en el trabajo.
• Intereses y actitud religiosa
- No excluye campos de interés.
- Le apasionan las cuestiones sociales y políticas.
- Limitado el gusto por el arte y el deporte.
C. 11 Temperamento y carácter 151
- Profundamente convencido de su fe religiosa.
- Comprometido en el campo apostólico y social.
Terapia, superación y educación
- Luchar por conseguir la humildad, la suavidad y la compren-
sión de los propios límites y de los ajenos.
- No dejarse llevar por la pasión y los primeros impulsos.
- Orden, disciplina y trabajo son sus mejores cualidades pero
existe el peligro real de que se conviertan en una manía.
• Ordena y clasifica las cosas incesantemente.
• Limpia, cuida, forra los libros.
• No soporta el desorden y le cambia el humor.
- Trabajo en grupo.
• Su independencia le evita malas compañías y pérdida
de tiempo.
• Pero lo priva de la «fuerza del grupo» y de la socialidad.
• Hacerle ver el valor, no sólo para él, sino como motor
para los demás.
- El deporte y la gimnasia, que considera tiempo perdido, debe
practicarlo por su bien físico y psíquico.
- Orientarlo con motivación y moderación.
- No corregirlo con aspereza, ni imponerle las cosas por la
fuerza: tendrá la reacción contraria.
- Tenerlo en consideración y aprovechar sus cualidades de líder.
- Darle responsabilidades.
152 EXPLÍCAME LA PERSONA
Nervioso: E P
FRYDERYKCHOPIN
(1810-1849)
Compositor y pianista.
• Exhibicionista
• Con gran sentimiento de lirismo romántico.
• Melancólico, introvertido.
• Extremadamente emotivo.
• Frágil.
• Emotivo: sensible, necesitado de continuas e intensas emociones.
• no-Activo: no actúa a no ser bajo el impulso de la emoción fuerte.
• Primario: el más primario de los primarios. Reacciones inmedia-
tas, impulsivas, breves.
• Identidad caracterial: voluble y esclavo del momento. Al ser
la 1 predomina y se replega sobre si misma orientándose hacia
el exterior por la primariedad, por eso quiere aparecer y ser visto.
• Cualidades
- Generoso, optimista, afectuoso cuando está de humor.
Sociable: le gusta vivir en compañía; hablador; compasivo y
sensible al dolor ajeno.
- Recibe el influjo positivo y la atracción de un persona que trata
después de imitar.
- A veces es tenaz en conseguir algo, si está bajo el influjo de la
emotividad.
• Defectos: surgen de su volubilidad.
Frágil e indefenso frente a los estímulos del mundo: oscila
entre dos extremos: alegría o tristeza.
Inestable, incostante de humor: fácilmente pasa de la risa al
C. 11 Temperamento y carácter 153
llanto; voluble en sus opiniones. Sus «firmísimos» propósitos
duran unas horas.
- Impulsivo, a veces violento; susceptible, quisquilloso, caprichoso.
- Egocéntrico.
- Aparentemente activo, incapaz de trabajo constante, se desa-
lienta fácilmente.
- Poco objetivo, vanidoso y curioso; le gusta aparecer.
- Poco sincero, no por maldad, sino por aparecer bien.
Conducta y relaciones sociales
- Impuntual, indisciplinado.
- Le repugna la disciplina y la regularidad.
- Juzga y critica a los demás.
- Exagerado en todas las situaciones, positivas y negativas.
- En grupo es sociable.
Inteligencia
- Rápida, viva, intuitiva.
- Más concreta que abstracta.
- Superficial: no capta lo esencial y se queda en lo anecdótico.
- El rendimiento académico es inferior a sus posibilidades de-
bido a su nerviosismo caracterial.
Intereses y actitud religiosa
- Los intereses cambian rápidamente.
- Lo atraen la belleza y las actividades artísticas (literatura,
poesía...).
- Es un actor en busca de espectadores.
- La religiosidad en él se confunde con la emotividad: es exterior,
superficial, con momentos de intensidad, pero inconstante.
Terapia, superación y educación
- El educador:
• Tiene un papel importante, dada la emotividad y la ne-
cesidad de afecto.
• La actitud general no debe ser de severidad sino de con-
fianza que estimule, anime; que lo conquiste con su
simpatía y benevolencia.
154 EXPLÍCAME LA PERSONA
• No regañarlo, ni burlarse de él; matizar mucho los cas-
tigos porque reacciona negativamente a la severidad;
por tanto: ganarlo con el corazón.
- El proceso educativo:
• Combatir la inactividad.
• Entrenarlo en el dominio de sí mismo.
• Controlar su emotividad y primariedad.
• Sensible a los efectos de sus «rabietas», tiende a repe-
tirlas; hay que mostrar indiferencia y no entrar al trapo;
restarle la importancia que él quiere darles.
• Darle seguridad.
Sentimental: f
GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER
(1836-1870)
Poéta
• Hombre de múltiples contradicciones;
lleno de luces y sombras.
•Vive entre el sueño y la razón.
• Profundamente emotivo.
• Romántico.
• Emotivo: capaz de gozar y sufrir intensamente, pero por su se-
cundariedad no lo manifista; su mundo es «interior».
• no-Activo: corno el Nervioso, pero siendo «introvertido» se da
cuenta y sufre, pero no tiene la «actividad» para reaccionar y es
perplejo e indeciso.
C. 11 Temperamento y carácter 155
Secundario: de los más secundarios en absoluto. Revive, rumia
internamente todas sus impresiones.
Identidad caracterial: como el Nervioso pertenece a los caracteres
«sensibles», pero de él se distingue por la secundariedad. Al ser
la E predomina y se replega sobre si misma orientándose
hacia el interior por la secundariedad. Vulnerable emotivamente,
introvertido, se refugia en el pasado.
Cualidades
- Delicado y reservado; fiel a sus afectos; amante de la soledad
y del silencio.
- Muy honesto y veraz. Coherencia entre el pensamiento y la
acción.
- Tipo meditabundo y reflexivo.
- No es ambicioso y bastante indiferente a los placeres de los
sentidos.
- Comprensivo con los demás.
Defectos:
- Excesivamente replegado sobre sí mismo y descontento.
- Tímido, reservado, indeciso y preocupado.
- Soñador, melancólico, triste, escrupuloso.
- Muy susceptible y vulnerable. De humor variable.
- Difícil de reconciliar. Rencoroso; puede perdonar, pero no ol-
vidar.
- Comportamiento externo a veces agresivo, sorprende más
a él que a los demás y es una reacción de defensa hacia su
mundo «interno».
- Egoísta, apegado a sus cosas e ideas, obstinado.
- Predisposición para enfermedades mentales: neurosis obse-
sivas, complejos, escrúpulos....
Conducta y relaciones sociales
- Generalmente reservado no da problemas con la disciplina.
Ama el orden.
- Grande dificultad para socializar; puede lograrlo si se encuentra
en grupos pequeños con los que compagina y tiene confianza.
156 EXPLÍCAME LA PERSONA
- Conserva sus amistades con tenacidad.
• Inteligencia
- Más intuitiva que lógica.
- Poco objetivo en sus juicios por causa de la emotividad.
- Distraído. Se desanima ante la dificultad.
• Intereses y actitud religiosa
- Más interesado por su vida interior que por cosas y actividades
exteriores.
- Ama el arte, la literatura, poesía (sobre todo romántica).
- Poco interés por el deporte y la vida práctica.
- Profundo e intenso sentido religioso.
- Con carácter moralista, escrupuloso y de preocupación.
• Terapia, superación y educación
- El educador:
• Dada su honestidad y veracidad, el educador tiene que
ser con él siempre sincero, sin rodeos o engaños. El
Sentimental busca quien lo comprenda y lo acepte así
como él es y se reconoce ser.
• La actitud del educador tiene que ser de bondad a toda
prueba, gran delicadeza en el trato, infinita paciencia.
Este clima de confianza evita al Sentimental el complejo
de inferioridad, los escrúpulos, el aislamiento.
- El proceso educativo:
• Entrenarlo a reconciliarse con el mundo exterior, salir
de sí. Hacerle probar el gusto por la «actividad».
• Algo insignificante para otros, a él lo hiere profunda-
mente y le dura. Ser muy indulgente y afectivo. Esti-
mularlo y hacerle ver los aspectos positivos.
• Religiosidad, costumbres, manías: cuidado con el mis-
ticismo, las visiones...
• El orden está bien, la manía es un error: tiende a hacer
siempre las mismas cosas y de la misma manera (lugar
de vacaciones, comidas...).
C. 11 Temperamento y carácter 157
Sanguíneo: AP
FRANGIS VOLTAIRE
(1694-1778)
Filósofo
• Carácter contradictorio, capaz de situarse
en los dos polos de cualquier debate.
• Poco fiable, burlón y sarcástico.
• Rechazó todo lo que fuera más allá de la ra-
zón; por eso fue radicalmente anticatólico.
• no-Emotivo: la no emotividad hace que no sienta necesidad de
«interiorizar». El más extrovertido de todos, antitético también
como sigla al sentimental ( AS).
• Activo: polarizado por los acontecimientos; ama la vida y la vive
con intensidad.
• Primario: esclavo del momento, pero sin las complicaciones de
la Emotividad.
• Identidad caracterial: extrovertido frío. De gran sentido práctico
y oportunista.
• Cualidades
- Tipo activo: calmado y tranquilo; decidido; rápido en captar
las situaciones, brillante en las respuestas; febril en su activi-
dad pero no sistemático. Interés por los problemas prácticos.
- Tipo sociable: optimista, abierto, diplomático, conciliador, fá-
cilmente consolable y conciliable, sin rencor; amante del
mundo exterior, vida al aire libre.
• Defectos:
- Inconstante: no sistemático en su trabajo, fragmentario y su
158 EXPLÍCAME LA PERSONA
perficial. Ama resultados inmediatos y no resiste el trabajo
prolongado.
- Egoísta y oportunista: astuto, dominado por los sentidos y
placeres. Avido de dinero, distracciones y estímulos. Ama la
vida mundana. Curioso, inclinado a la crítica, sarcasmo, ci-
nismo.
• Conducta y relaciones sociales
- Generalmente no tiene problemas con la disciplina. Se somete
con facilidad, pero necesita acompañamiento y control; de lo
contrario puede caer en faltas graves y ser oportunista.
- De humor bastante estable; es disponible y cortés, pero sin
calor y con tendencia egoísta.
• Inteligencia
- Viva, rápida, pero poco profunda. Capta lo esencial y es bas-
tante objetivo.
- Inclinado a lo práctico. Rendimiento irregular, pero puede ser
de los mejores si se le motiva y controla.
• Intereses y actitud religiosa
- Concretos, inmediatos; gran capacidad para los negocios; im-
provisadory con habilidades manuales.
- Actitud religiosa: carece de convicciones profundas, tiene un
vacío interior; sentido religioso superficial, lleno de formalis-
mos. Inclinado al materialismo dado que no percibe la voz de
la conciencia interior.
• Terapia, superación y educación
- El educador:
• Educar a este tipo no es fácil porque vive contento
consigo mismo y es autosuficiente. No busca modelos
(Nervioso), ni ánimos (Sentimental) sino «ilumina-
ción». Dirigirse a su inteligencia y razón, no a la emoti-
vidad o afectividad.
• El reproche y la corrección deben ser indirectos y diri-
gidos a la inteligencia para que vea como superar los
errores. Buscar la «motivación racional».
C. 11 Temperamento y carácter ו59
- El proceso educativo:
• Desarrollar la emotividad, sustituyendo los encuentros
fríos con relaciones cálidas que le descubran valores que
él no percibe.
• Moderar la primariedad: organizando y controlando su
actividad y proponiéndole un trabajo metódico y robus-
teciendo su voluntad.
Flemático: AS
TOMÁS DE AQUINO
(1224-1274)
Teólogo
• Callado y prudente.
• Sus compañeros lo apodaron «el buey mudo».
San Alberto Magno les dijo: «Lo llamáis buey
mudo, pero os digo gue su mugido resonará
en el mundo entero».
• Metódico y constante en el trabajo.
• Modesto y suave en sus formas.
• no-Emotivo: calmado, impasible, objetivo.
• Activo: metódico y constante; no se rinde ante las dificultades;
de ideas claras y fines precisos.
• Secundario: favorece la actividad e impide que caiga en el acti-
vismo del impulso presente.
• Identidad caracterial: carácter muy rico: «apasionado frío».
Objetivo, regular, sistemático, organizador.
160 EXPLÍCAME LA PERSONA
• Cualidades
Habitualmente calmado, dueño de sí; capaz de dominaren todo
momento sus emociones; coherente y veraz; reflexivo, silencioso,
paciente, constante de humor; prudente, puntual y preciso.
Gran trabajador: ritmo de trabajo lento, pero constante hasta
el extremo; sabe lo que quiere y no abandona lo comenzado;
regular, tenaz, perseverante; respetuoso de los principios, el
orden y la limpieza.
De visión amplia: objetivo, sincero, sobrio. Independiente en
sus opiniones.
• Defectos:
- No tiene verdaderos defectos, sino límites relacionados con
su ausencia de calor afectivo.
- Tiene pocos o nulos sentimientos: frío exteriormente, poco
abierto, impasible, severo y duro cuando tiene autoridad.
- Apegado a sus ideas: poco comprensivo; puede ser testarudo,
irónico.
- Metódico, lento, conservador.
• Conducta y relaciones sociales
- Sin dificultad para someterse a reglamentos, ama el orden y
la disciplina, hasta el formalismo; adquiere pronto sus eos-
Lumbres y manías.
- Formal en sus relaciones, generoso, pero «frío»; se «presta» a
los demás, pero se «da» sólo a sí mismo.
• Inteligencia
- Lenta, pero profunda y reflexiva.
- Lógico y razonador: el pensamiento procede a base de princi-
pios que se apoyan en la observación objetiva de los hechos;
primero analiza, después hace la síntesis.
- Memoria grande y ordenada.
- Rendimiento académico: tiene éxito. Inteligencia típicamente
académica. No ama trabajaren grupo.
• Intereses y actitud religiosa
Predominan los intereses objetivos sobre los subjetivos.
C. 11 Temperamento y carácter 161
- Atraído por los juegos de inteligencia: quiz, crucigramamas,
sudoku.
- Capaz para las ciencias especulativas: filosofía, física...
- Actitud religiosa: intelectual y formal, sin atracción por la
práctica exterior.
• Terapia, superación y educación
- El educador: en general no presenta grandes dificultades al
educador dado que es un «razonador». No le interesa la per-
sona o el modo de actuar del educador, cuanto sus ideas y ar-
gumentos; a esta «inteligencia y capacidad de razonar» debe
dirigirse el educador.
- El proceso educativo: educarlo a la emotividad y a la sensibi-
lidad, iluminando su inteligencia. Cuidar su socialización: in-
serillo en grupos comprometidos y otorgarle confianza.
Abrirlo a los demás y sacarlo de su «mutismo». Darle una res-
ponsabilidad: no tendrá mucha iniciativa, pero será preciso y
metódico. Evitar el automatismo y el formulismo.
Amorfo: P
Amorfo = sin forma.
CHARLESROBERT DARWIN
(1809-1882)
Biólogo
• Enarbolado por muchos como un cientí-
fico hostil a la fe, no era su carácter dado
a las controversias ideológicas.
• De índole pacífica.
162 EXPLÍCAME LA PERSONA
• no Emotivo: no tiene la riqueza de la emotividad; pobre en sen-
timientos; no vibra frente a los ideales.
• no-Activo: perezoso por naturaleza y sin atenuantes; carece de la
fuerza de la actividad.
• Primario: en él significa contentarse del momento presente; la
pasividad del instante presente; se contenta con facilidad y se
consuela enseguida.
• Identidad caracterial: las tres propiedades (EAR) están bajo la
media; resultado = pasividad y pereza.
• Cualidades
- Dócil: se deja corregir y modelar debido a su pasividad.
- Tranquilo, calmado, tolerante, objetivo: causa su impasibilidad.
- Valeroso, no por actividad, sino por su no-emotividad.
- Sociable: se adapta a las exigencias del grupo, pero sin ini-
ciativa.
• Defectos
- «Mosca muerta»: debido a la pasividad puede confundirá los
educadores, que lo consideran bueno. Con los años, sus de-
fectos se manifiestan y son incorregibles.
- Lento, indolente, perezoso, impuntual: posponey difiere con
la esperanza de evitar el esfuerzo: «por qué hacer hoy lo que
se puede hacer mañana».
- Intemperante y dado al placer de los sentidos: ama !acomida,
es goloso.
- Pródigo consigo mismo hasta endeudarse; poco sentido prác-
tico; sin grandes ideales y sin advertir su necesidad.
• Conducta y relaciones sociales
- Poco disciplinado.
- Actitudes extravagantes; no se rebela a la corrección pero
sigue pasivamente a la masa.
- Con los compañeros es sociable, se halla bien con todos, pero
tiene poco influjo y escaso prestigio.
• Inteligencia
- Poco adaptada al análisis y a la lógica.
C. 11 Temperamento y carácter ו63
- Lenta: no capta lo esencial y con frecuencia se distrae. Su ren-
dimiento en clase es escaso por falta de interés, incluso
cuando la inteligencia es buena. Si el interés es inmediato
hace el trabajo con diligencia.
- Sigue la regla del mínimo esfuerzo y permanece ocioso.
Intereses y actitud religiosa
- Vive en lo inmediato. Suele tener talento musical y artístico,
pero no siempre los pone en práctica. Levan bien los trabajos
de «oficina», administrativos, monótonos.
- El sentido religioso es indiferente; escasa participación en
actos religiosos.
Terapia, superación y educación
- Es un carácter en el que el educador debe usar con firmeza su
autoridad; esto tiene mucha importancia debido a su «debi-
lidad caracterial».
- Debe impedirle caer en la habitual pereza; entrenarlo con pa-
ciencia, constancia y firmeza a un esfuerzo constante, soste-
niéndolo con su presencia.
- Frente a un educador bueno y fuerte cede y se deja formar.
Con la comprensión/confianza de un lado y la firmeza/vigi-
lancia del otro se pueden alcanzar metas (aunque no muy ele-
vadas), modificar esta «tierra árida».
- Vigilancia asidua y severa: «los razonamientos y los argumen-
tos con el amorfo sirven de poco». Su objetividad lo lleva a
concluir que si la obligación es clara y la sanción firme, la
única forma de salvarse es cumplir el deber.
164 EXPLÍCAME LA PERSONA
Apático: l:nA5
Carácter semejante al amorfo.
LUIS XVI
(1754-1793)
Rey de Francia
• Por su carácter se desinteresó de la política y
la delegó en su esposa y personas cercanas.
• Las decisiones débiles y los acontecimientos
lo llevaron al patíbulo durante la revolución
francesa.
• no- Emotivo: pobre en emotividad y sentimientos. Indiferente
frente a los demás. Impasible.
• no-Activo: no experimenta la necesidad de trabajar. No tiene ini-
ciativa. Es indolente.
• Secundario: En él, debido a la y nA, adquiere conotaciones
negativas que lo llevan a la introversión, soledad, monotonía.
• Identidad caracterial: vida rutinaria e introvertida.
• Cualidades
- Constante en sus acciones, afectos, sentimientos (tétrico).
- Sincero, honesto, discreto: digno de confianza, guarda los
secretos.
- Ama los principios y la regularidad hasta el extremo: tipo ru-
tinario, conservador, esclavo de las costumbres (buenas y
malas). Formalista en reglamentos, disposiciones, uso del
tiempo. Puntual y constante.
• Defectos
Surgen de dos causas principales: la apatía y la atonía.
C. 11 Temperamento y carácter 165
- Perezoso, cerrado en sí mismo, egoísta, melancólico, tac¡־
turno.
- Testarudo y obstinado en sus ideas y posiciones; duro.
- Rencoroso, avaro, pesimista.
- Amante de la soledad y enemigo de la novedad.
- Consciente de sus defecto; dada su «frialdad», más los padece
que se preocupa.
Conducta y relaciones sociales
- Se adapta a la disciplina y obedece pasivamente los reglamentos.
- Cerrado: no manifiesta ni alegría ni pena. Trata con todos,
pero permanece indiferente a todo.
Inteligencia
- Esencialmente práctica. Poco dado al pensamiento abstracto.
- Lento en el aprendizaje. Resultados académico mediocres.
- Objetivo en sus juicios, pero poco coherente con ellos.
Intereses y actitud religiosa
- Poca atracción por los valores intelectuales y sociales.
- Ama la tranquilidad y busca la comodidad.
- Cualidades para el trabajo de oficina y tareas repetitivas (por-
teros, guardianes...).
- Indiferente frente a las prácticas religiosas; las hace más por
rutina que por convicción.
Terapia, superación y educación
- El educador: tiene un papel importante, dada la introversión
y la necesidad de afecto, simpatía y estímulo. Un rostro abierto,
un corazón expansivo son el modo mejor para entrar en reía-
ción con él, dado que espera una persona que lo comprenda y
no lo desprecie.
- El proceso educativo: animar y personalizar sus deberes (fa-
miliares, académicos) con procedimientos activos, trabajo en
grupos, que le impidan caer en la rutina y abandono. Suscitar
«la necesidad personal de actuar» haciéndole gustar las triun-
fos, el esfuerzo, el trabajo; esto le parecerá un heroísmo por-
que lo saca de la monotonía.
166 EXPLÍCAME LA PERSONA
Temperamento x
Conjunto de inclinaciones innatas
que brotan de la constitución
orgánico-fisiológica
\ del individuo. > Carácter
Conjunto de las disposiciones
psicológicas que nacen del
temperamento, modificado
por la educación.
Elementos costitutivos
del carácter
• Emotividad
• Actividad
• Resonancia
El temperamento se tiene,
el carácter se forja sobre
la base del temperamento
que se tiene.
Tipos de carácter
• Colérico EAP
•Apasionado EAS
• Nervioso EnAP
• Sentimental ErtS
•Sanguíneo AP
• Flemático nEAS
• Amorfo uA P
• Apático tfinAS
SEGUNDA PARTE
LA ESTRUCTURA DE LA PERSONA
Analizados los actos de la persona, vemos en esta parte la estruc״
tura que los sustenta. Si hay actos materiales, tiene que haber una
causa material; si hay actos espirituales, tendrá que haber también
una estructura causal espiritual. Los actos cambian; la estructura
permanece. Esta estructura constituye las dimensiones fundamen־
tales de la persona.
(CAPÍTULO 12)
Cuerpo y persona
«La persona es unidad de cuerpo y alma»
El cuerpo no es sólo algo que poseo; el cuerpo que vivo en primera
persona soy yo mismo. Mi cuerpo no es solamente un modo de re-
lacionarme con el mundo, sino la condición indispensable para
poder habitar y vivir mi propia vida en el mundo. No tengo otro
modo de conocer mi cuerpo que vivirlo. Tanto que el cuerpo hu-
mano participa plenamente en la realización del yo espiritual y
consciente. ¿Qué es el cuerpo humano? ¿En qué consiste su valor
y dignidad?
I.
La persona corpórea
La corporeidad representa el modo especíñco de existir del espíritu
humano: el cuerpo revela al hombre y manifiesta la persona. Las
palabras del Génesis hablan claramente: «Ahora sí, esto es hueso de
mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2,23). El hombre pronuncia
estas palabras cuando, al ver el cuerpo de la mujer, capta la seme-
janza con su propio cuerpo. Hasta ese momento el hombre ha lia-
mado a los otros cuerpos animalia, pero frente al cuerpo femenino
exclama «carne de mi carne». La homogeneidad somática, no obs-
tante la diversidad sexual, es tan evidente que el hombre (varón) la
expresa rápidamente al reconocer al otro hombre (mujer) semejante
70 EXPLÍCAMELA PERSONA
él. Todo esto sería imposible sin una intuición típicamente hu-
aana sobre el significado del propio cuerpo.
. La persona: cuerpo y espíritu
:orno elemento material de la unidad de la persona (corpore et
nima unus) manifiesta y desvela a la persona misma. El hombre es
na persona no sólo por su autoconciencia y autodeterminación,
ino también por su propio cuerpo. La estructura de la corporeidad
? permite ser el autor de una actividad específicamente humana.
11 esta actividad el cuerpo manifiesta la persona y se presenta a sí
aismo, en toda su materialidad, como cuerpo humano. El cuerpo
aracteriza al individuo, y cada uno se reconoce en este mundo
orno individuo porque posee un cuerpo. La unidad entre espíritu
cuerpo es tal que no existen actos humanos que puedan realizarse
ndependientemente sólo en el cuerpo o sólo en el espíritu. «Por
nuy elevado y espiritual que pueda ser un pensamiento, por muy
ublime que sea una decisión o radical la acción de un acto libre y
onsciente, será siempre un pensamiento, una decisión, una acción
ibre encarnada y, en consecuencia, estos actos humanos estarán
!or naturaleza envueltos paradógicamente con todo lo que no es
ibre, ni espiritual, etc. Viceversa, lo que no es espiritual en el hom-
!re quedará envuelto en el ámbito del espíritu sin ser jamás sola-
aente corporal» (Rahner).
PERSONA HUMANA)
Totalidad unificada
(' Cuerpo ;
( Material '
Espacial Temporal
; • moverse •año2010
• aquí, ahí •duración 1 día
T '
Mortal
C. 12 Cuerpo y persona '1/1
b. El lenguaje del cuerpo
El cuerpo es la actuación del yo espiritual, su campo expresivo, su
presencia y su lenguaje. «El cuerpo - dice Ortega y Gasset - es un
fértilísimo “campo expresivo”», un semáforo que envía continuas
señales sobre la propia identidad. Todas las partes del cuerpo Ínter-
vienen en el lenguaje corporal, pero en todas las culturas, el rostro
y la mano han adquirido un papel privilegiado.
• El rostro es la identidad visible de la persona y cada uno se re-
conoce por el propio rostro. «El rostro es la identidad misma de un
ser. Manifiesta la persona sin concepto. La presencia sensible de este
casto pedazo de piel con frente, nariz, ojos, boca, no es un signo que
permite llegara la realidad significada, ni una mascara que esconde
la realidad. La presencia sensible aquí se desensibiliza para dejar
aparecer directamente a aquel que se refiere solo a sí mismo, a aquel
que es idéntico a sí mismo» (Lévinas). El rostro es un conjunto or-
gánico y estructurado que constituye la riqueza del lenguaje facial
mediante su anatomía: frente, ojos, labios, nariz, mentón, etc., y su
fisiología: mirada, risa, llanto, tensión, serenidad, acogida, despre-
ció. El arte nos ha dejado innumerables maravillas de la expresividad
del rostro. Basta pensar en la «Gioconda» de Leonardo da Vinci,
quizás el retrato más famoso del mundo. El cuadro representa una
señora renacentista. Su rostro aparece casi frontalmente con una
172 EXPLÍCAME LA PERSONA
sonrisa que despunta en sus labios, sobre la que tanto se ha escrito
y discutido. Sonrisa que parece salir de una luz interior, puesto que
no se nota ninguna contracción de los músculos faciales. Sonrisa
enigmática, misteriosa, pero que podría ser también triste y tierna,
compasiva y dulce, o quizás irónica.
Sin duda, de todo el cuadro, es el rostro la parte más expresiva.
En efecto, es en el rostro donde mejor se manifiesta la personalidad
y donde mejor aparecen las etapas de la vida del hombre, tanto en
el nivel colectivo como en el individual; para darse cuenta de ello
basta con una ojeada al álbum de familia. En el rostro están los ojos.
El hombre sabe desde hace milenios que el ojo y la mirada poseen
un lenguaje especial. El ojo ha sido considerado siempre fuente de
fuerzas misteriosas, la «ventana del alma», y numerosas son las na-
!׳raciones a propósito de ello. Adán se esconde porque tiene miedo
de la mirada de Dios; la mujer de Lot se transformó en una estatua
de sal porque se volvió para mirar atrás; Orfeo, por la misma razón,
perdió definitivamente a Eurídice. Incluso el arte de la pintura y de
la escultura son un claro ejemplo; basta citar dos obras maestras, la
Gioconda, que ya hemos comentado, y el Moisés de Miguel Ángel.
Moisés está representado en el momento que, al bajar del monte
Sinaí con las tablas de la Ley, mira airado a los hebreos idólatras. La
extraordinaria fuerza de esta mirada, la tensión de los músculos fa-
cíales, la postura y la mirada furiosa, lo han hecho, con razón, una
C. 12 Cuerpo y persona 173
de las esculturas más admiradas de todos los tiempos. La mirada
del Moisés ha impresionado siempre la imaginación del observador.
Definido como «terrible», se ha interpretado siempre como expíe-
sión del carácter, irascible y orgulloso, del artista. De cualquier
modo, es clara manifestación de la fuerza comunicativa.
• La mano. No menos comunicativo y privilegiado es el lenguaje
táctil, cuya expresión más elevada es la mano. La parte dorsal de la
mano, más rígida y fría, «representa y expresa la agresividad del
hombre», mientras que la parte de la palma, «formada sobre todo
de músculos propios y riquísima en terminaciones sensibles, es cón-
cava, cálida y suave; en cuanto tal parece predispuesta a expresar
sentimientos y propósitos de acogida y de ternura» (Babolin). El
contacto, presente en el tacto, no es sólo ni primariamente posición
de mi corporeidad en el espacio, sino expresión de afecto y amor.
Cuando se ama, se siente la necesidad de tocar al amado, de besarlo
y abrazarlo, acariciarlo y mostrarle ternura. Los estudios de psico-
logia evolutiva han mostrado la importancia del contacto físico no
sólo en los años de la infancia, sino también para la serenidad de la
edad adulta. La madre estrecha al niño contra su corazón y el ena
morado circunda con el brazo la cintura de la persona amada. Como
dice J. Fast: «El más rápido y evidente tipo de lenguaje corporal es
el contacto. El contacto de la mano, o de un brazo alrededor de los
174 EXPLÍCAME LA PERSONA
hombros de alguien, puede expresar un mensaje más vivo y directo
que decenas de palabras».
2. ¿«Tengo un cuerpo» o «soy mi cuerpo»?
La naturaleza del cuerpo humano evita tanto el monismo como el
dualismo. La expresión «espíritu encarnado» quiere indicar la uni-
dad de la persona, pero sin negar, sin embargo, una tensión y dua-
lidad. La antropología contemporánea considera insuficiente el
verbo «tener» para expresar la corporeidad, y por eso ha criticado
fuertemente la expresión «tener un cuerpo». La naturaleza de mi
cuerpo es tan íntima a mí, y las relaciones entre la persona y su
cuerpo son tan intrínsecas, que las expresiones «tener un cuerpo»,
«yo tengo un cuerpo», «mi cuerpo es mío» no son admisibles por-
que suponen una relación de exterioridad. El «yo» y el «mi» desen-
carnada sería un destilado antropológico etéreo, en el que la iden-
tidad personal se identifica con la espiritualidad pura, pero ya no
sería mi propia identidad.
Estas posiciones nos hacen ver por una parte la relación intrínseca
entre cuerpo y persona humana y, por otra, que la coincidencia de la
persona con su cuerpo no es total ni definitiva. En este caso, la refle-
xión filosófica se acerca a la experiencia vivida. En el lenguaje común,
de hecho, se usa la expresión «tengo un cuerpo» más que «soy un
cuerpo». Ambas expresiones, incluso la segunda que quisiera indicar
la unidad, implican una cierta dualidad, y una no identidad total
entre el yo y la propia corporeidad. Considerada desde el punto de
vista lingüístico, la expresión «tengo/soy un cuerpo» manifiesta una
diversidad entre el sujeto «yo» y el predicado «cuerpo» si no se
quiere caer en una tautología. Observaciones análogas valen para el
alma, que se considera lo más íntimo en mí; «yo tengo/soy un alma»
introduce una distinción entre «yo» y esta «alma». El yo es un sujeto
unitario, personal; no tiene el mismo significado decir «yo veo», «yo
pienso», que «mi cuerpo ve» o «mi alma piensa».
C. 12 Cuerpo y persona 175
Sujeto Predicado
X í
soy/tengo un cuerpo/alma
Un razonamiento parecido vale para el adjetivo posesivo «mío»,
en la expresión «mi cuerpo». Nuestro organismo no es para nosotros
un simple instrumento, y no puede ser clasificado en el domino
del tener; la posesión de una realidad puede expresarse de modos
diversos. Por eso la fórmula «mi cuerpo es mío» esconde, bajo una
aparente tautología, un sentido equívoco. El verbo «ser» tiene un
doble significado.
«Mi cuerpo es mío» puede significar:
1. Este cuerpo es una cosa de mi ser, que «es yo mismo», que «yo tengo
un cuerpo».
2. Este cuerpo es de mí, que «yo lo poseo», que «está a mi disposición», que
es un complemento de mí, que me pertenece como un instrumento o un
objeto, que mi libertad puede disponer de él a conveniencia.
En la frase «MI cuerpo es mío», «MI» corresponde al segundo
significado, «mío» al primero. Ahora bien, son dos aspectos muy
diferentes, incluso opuestos. Precisamente porque «mi cuerpo soy
yo mismo», no puede ser pura y simplemente «de mí». En relación
con el cuerpo, no tengo la distancia mitológica suficiente para
poder disponer de él como de algo distinto de mí. Hay una unidad
tal que no puedo hablar de dos realidades contrapuestas, separa-
das o yuxtapuestas. «Mi cuerpo» no es «de mí» porque radical
mente yo no soy de mí, porque mi ser es finito.
A la pregunta puesta como título del parágrafo («¿tengo un
cuerpo o soy mi cuerpo?») hay que responder afirmando la unidad
176 EXPLÍCAME LA PERSONA
del sujeto personal en la dualidad de cuerpo y espíritu, donde, como
ya se ha visto, el cuerpo humano no es extrínseco al espíritu del
hombre, ni el espíritu humano extrínseco a la corporeidad humana.
¿Tengo un cuerpo o soy mi cuerpo?
Tengo un cuerpo y soy mi cuerpo; pero no tengo un cuerpo como si éste
fuera un objeto externo a mí; ni tampoco soy un cuerpo en una identidad
tal que no me permita la posibilidad de distinguirme de él. Se puede decir
que mi cuerpo es mi modo de ser, como lo es mi espíritu.
3. Valor moral del cuerpo humano
El hombre es al mismo tiempo cuerpo y espíritu. Todos sus actos
tienen simultáneamente un aspecto corporal y otro espiritual. Estas
verdades fundamentales son muy importantes para la reflexión
moral. En efecto, el hombre es sujeto moral, puesto que es su libre
voluntad quien toma las decisiones que comprometen la vida ética;
es con la libertad que la persona se construye como ser moral. Desde
esta perpectiva y dada la unidad del hombre real, la dimensión cor-
pórea es constitutiva.
La naturaleza humana lleva - también bajo su aspecto corpóreo -
el sello del espíritu, y expresa la dignidad de la persona. Si el cuerpo
humano fuera para la persona un instrumento y un objeto, no habría
razón válida para impedir que la persona lo tratara del mismo modo
que a los instrumentos y objetos. Pero, como ya se ha dicho, no existe
la distancia ontológica necesaria para considerar nuestro cuerpo
como algo diverso de nosotros mismos. Nuestra naturaleza humana
somos nosotros mismos, y nosotros somos nuestro cuerpo. Por eso,
nuestra libertad hacia nosotros mismos, hacia nuestro cuerpo, y
ciertamente también hacia el cuerpo de los demás, encuentra sus
límites ya inscritos en una exigencia fundada sobre nuestro ser, en
cuanto espíritu-encarnado.
C. 12 Cuerpo y persona I■
De aquí se desprende la dimensión moral. La vida corporal I111
mana es depositaría de todas las propiedades de la persona humana
como ser espiritual. Por eso, la vida corporal humana participa de la
dignidad de la persona, de sus decisiones, de sus luchas y de su iti
tangibilidad. Cualquier amenaza a la vida corporal es una amenaza
a la persona. Tocar el cuerpo, golpearlo, significa golpear a la persona
en su integridad. El valor moral del cuerpo humano, desde el pimío
de vista filosófico, deriva fundamentalmente del hecho de que el
hombre es un espíritu encarnado y, por tanto, la actividad moral
depende también, en su objeto y contenido, de la corporeidad. I a
moralidad surge en el hombre porque es un ser espiritual; sin ein
bargo, el espíritu humano está encarnado y forma un sólo y único
ser substancial, de modo tal que la corporeidad forma parte inir
gral. El espíritu no está encarnado sólo metafísicamente en una
esencia material, sino también físicamente en el estado concreto
de la corporeidad, de modo que defectos del cuerpo, innatos o ad
quiridos, el estado psíquico, la salud o la enfermedad ejercen gran
influencia en el desarrollo de las actividades personales y de tarca׳,
morales. La visión del hombre como espíritu encarnado lleva al fui 1
damento filosófico de los valores humanos relacionados con la coi
poreidad, y a la convicción de que los aspectos morales implicados
en ella, no provienen de una realidad diferente del hombre (religión,
Dios), sino de la persona misma.
Se debe estimar y apreciar la corporeidad como parte integrani < •
de la unidad del hombre y partícipe de la dignidad personal, evl
tando los daños o peligros injustificados, protegiendo su propia
salud psíquica y física, moderando la alimentación, evitando mui 1
!aciones y torturas. El valor del cuerpo no depende del estado í'ísi« 1 1
en que se encuentra, sino del hecho de ser un cuerpo humano, el
cuerpo de una persona. La salud y el vigor físico son valores corpi >
rales, pero no hay que absolutizarlos reduciendo el cuerpo humano
a la sola materialidad. La «calidad de vida» no depende del esladn
de salud o enfermedad. Vale y tiene «calidad» por el hecho mismi!
de servida humana, vida de una persona humana.
178 EXPLÍCAME LA PERSONA
4. Corporeidad y cristianismo
El valor de la corporeidad atañe a la ref lexión filosófica pero tam-
bién a la teología cristiana. La naturaleza encarnada del espíritu
humano adquiere un papel fundamental en relación con Dios y la
salvación de la persona. No hay duda de que la visión que se posee
de la corporeidad inf luye fuertemente en la idea que tenemos de
Dios. Como demuestra la historia, una visión oscurantista del
cuerpo lleva a la concepción de un Dios terrible y vengativo. El
desprecio del cuerpo conduce frecuentemente a un Dios alejado
del hombre, que juzga y castiga. La religión y la moral se transfor-
man en relaciones de «temor y temblor», más que de confianza y
amor. El cristiano no puede desentenderse del cuerpo sin dañar
su misma espiritualidad.
En la filosofía antigua, platónica y gnóstica, se consideraba al
cuerpo como la tumba del alma; la materia se veía como una rea-
lidad intrínsecamente negativa porque era creada por el principio
del mal. Platón presenta al cuerpo como una «prisión» que man-
tiene al alma «esclavizada», «encadenada».
Con la llegada del cristianismo, se abre camino una visión
nueva. La filosofía cristiana del cuerpo se basa en la convicción de
que el hombre es espíritu encarnado, creado a imagen y semejanza
de Dios y, por tanto, el concepto cristiano del cuerpo es equidis-
tante de los dos extremos opuestos: del desprecio espiritualista-
dualista y de la divinización materialista-vitalista. El cristianismo
no desconoce la realidad del cuerpo humano; el hombre es imagen
de Dios en la totalidad de su ser: como espíritu encarnado. El
cuerpo, para el cristiano, es una realidad positiva.
A la grandeza y limitaciones, que entran en el campo de la re-
flexión filosófica, se añaden otra grandeza y otras limitaciones que
pertenecen al campo específico de la fe teologal: la grandeza de la
creación, la miseria del pecado original y el inmenso don de la re-
dención.
C. 12 Cuerpo y persona 179
a. Homo ¡mago Dei
El hombre como imagen de Dios es seguramente una de las co-
lumnas de la revelación cristiana. Según una consolidada Ínter-
pretación teológica, el hombre es imagen de Dios tanto en el nivel
esencial como en el nivel funcional.
• A nivel funcional. El texto del Génesis 1,26: «Hagamos al
hombre a nuestra imagen, a nuestra semejanza, y domine sobre
los peces...», privilegia el aspecto funcional; aquí la definición del
hombre como imagen de Dios se aplica a la misión que tiene en la
creación; así como Dios es el señor de todo, el hombre, que es se-
!־nejante a Dios, es señor de todo lo creado.
• A nivel esencial. El texto de Génesis 1,27: «Creó Dios al hom-
bre a su imagen, a imagen de Dios lo creó», intenta caracterizara!
hombre más en su ser que en su actuar; entre el hombre y Dios
media una relación de semejanza que se realiza en el nivel del ser.
Es la imagen de Dios en la totalidad del propio ser lo que funda-
menta el aspecto funcional: si el hombre actúa en el mundo como
imagen de Dios, es precisamente porque en su ser es imagen de
Dios.
180 EXPLÍCAME LA PERSONA
b. Homo lapsus
La creación del hombre a imagen y semejanza de Dios se refiere a la
condición original de la creación. Pero a la verdad y grandeza de la
creación hay que añadir, de modo indisociable, la verdad y la miseria
del pecado original. Las dos verdades están vinculadas en la narra-
ción del texto sagrado. El fundamento bíblico del pecado original
se da en la narración de la creación (Gn 2,4-3,24) y en el Nuevo
Testamento, especialmente en Rom 5,12-21. El fin del relato del
Génesis, como es sabido, no es tanto el de referir la exactitud y los
detalles de los eventos históricos con los que el pecado original se
desarrolló de hecho, cuanto el de transmitir «verdades necesarias
para nuestra salvación».
Por causa del pecado original existe en el hombre un desorden
interior y una tendencia al mal que toca la totalidad de la persona
humana, es decir, tanto la realidad espiritual como la material y cor-
pórea. Así el hombre, a través de sus facultades espirituales, tiende
al orgullo, al poder, a la ambición, a la vanidad, al egoísmo; y a causa
de sus impulsos corporales tiende al placer, a la satisfacción de las
tendencias sin control ni medida, a la pereza y el trabajo.
C. 2 וCuerpo y persona 181
c. Homo ¡mago Christi
La gracia es fruto de la redención obrada por Cristo, y es tal que para
redimir al hombre «el Verbo se hizo carne» (Jn 1,14). El cuerpo hu-
mano, en toda su realidad, fue asumido en Cristo y redimido por El.
Con la expresión de Tertuliano: «La carne es el quicio de la salvación
(Caro cardo Salutis)», se afirma que la salvación cristiana se realiza
en la «carne», en el cuerpo. Para cumplir la redención, el Verbo se
hizo «carne» y nació de una mujer (Gal 4,4); vivió entre los hombres
y como todos los hombres: comía, bebía, caminaba, se cansaba, dor-
mía (Jn 4,6-7), y probó las necesidades comunes a todo hombre, in-
cluidas las del sufrimiento y de la angustia física y moral (Le 22,44),
sobre todo en la cruz.
Sobre la cruz, en efecto, Jesús «cargó con nuestros pecados, lie-
vándolos en su cuerpo» (IPe 2,24), de tal forma que el cuerpo de
Cristo ha sido el instrumento de nuestra redención, cumplida de
una vez para siempre, continúa en la Iglesia mediante los sacramen-
tos, sobre todo el del cuerpo y sangre de Cristo, es decir, la eucaristía.
Toda la vida terrena de Jesús es la realización de la redención me-
diante la encarnación. El cuerpo, en su materialidad más radical, es
182 EXPLÍCAME LA PERSONA
decir, el correr de la sangre por las venas que lo vivifica, es el gozne
de la salvación, hasta el punto de que «sin derramamiento de sangre
no hay remisión» (Heb 9,22). Sabemos que en los primeros siglos
de la Iglesia hubo herejías que negaban la realidad humana del
cuerpo de Cristo, pero la Iglesia las rechazó y superó.
d. Ascesis cristiana y compromiso temporal
Esta conciencia de la grandeza y limitación del hombre lleva con-
sigo, por un lado, a la exaltación del cuerpo y, por otro, a una ascesis
que tiende al justo ordenamiento de los propios impulsos corpo-
rales. Hay que reconocer que no siempre corporeidad y existencia
cristiana han caminado juntas. Con frecuencia se ha insistido más
en la dimensión de la «pura espiritualidad» que en la totalidad del
hombre como «espíritu encarnado». Además, algunas interpreta-
ciones y modos de vivir la espiritualidad y la ascesis cristiana se ca-
racterizaron por su desprecio al cuerpo que consideraban, más o
menos inconscientemente, como un peso y un obstáculo para la li-
bertad del espíritu. La existencia cristiana se concentraba en la es-
piritualidad del alma en lugar de la espiritualidad de la persona hu-
mana, en la que la corporeidad representa el campo expresivo de
la persona que se relaciona con Dios. No se trata de desconocer que
el camino espiritual implica una ascesis y un dominio de los im-
pulsos corporales; se pretende sobre todo que esa ascesis no sea un
desprecio del cuerpo o una destrucción de la corporeidad como si
ésta no formara parte integrante de la existencia cristiana. La asee-
sis entonces, no por desprecio hacia el cuerpo, ya que no se refiere
sólo a la corporeidad, engloba a todo el hombre y, quizás sobre todo
al espíritu. En una visión cristiana unitaria del hombre, el cuerpo
no es la «parte inferior» que se rebela contra la «parte superior» for-
mada por el espíritu. La ascesis se dirige a todo el hombre. El modo
como se ha practicado en tiempos pasados, bajo el influjo de un ve-
lado dualismo, ha podido conducirá un cierto desprecio del cuerpo
y dar lugar a críticas que solamente en esta visión dualista poseen
C. 12 Cuerpo y persona 183
alguna justificación. Por esa razón, la espiritualidad cristiana con-
temporánea reconoce el valor positivo del cuerpo y del significado
que reviste en la antropología cristiana (ver capítulo 17, n.3).
184 EXPLÍCAME LA PERSONA
El cuerpo forma parte
integrante de la persona
• El cuerpo humano no es
un instrumento de la persona,
sino que es ella misma.
• No se tiene un cuerpo,
sino que se es persona corpórea.
La persona corpórea
La persona humana no es un espíritu,
sino un espíritu encarnado, esto es:
unidad de cuerpo y alma.
CUERPOY
PERSONA
z Corporeidad y cristianismo x
■ Visión equidistante de los dos extremos opuestos:
del desprecio espiritualista-dualista y
de la divinización materialista-vitalista.
- Los tres elementos de la visión cristiana:
Imagen de Dios
Caído por el pecado
\ Redimido por Cristo
CAPITULO 13)
La sexualidad humana
«Hay que juntar el sexo que está en medio de las piernas
con el que está en medio de las orejas»
(Money)
Las consideraciones sobre la corporeidad son muy importantes para
el tema de la sexualidad humana, porque fundamentalmente no es
algo que yo poseo, sino que soy yo mismo. No tengo sexo, sino que
soy una persona sexuada. El capítulo presenta la sexualidad humana
como algo constitutivo de la persona, y en su totalidad posee tres
dimensiones: biológica, psíquica y espiritual.
¿¡¡Quién sabe
loque hay
debajo!!?
186 EXPLÍCAME LA PERSONA
1. Desde el punto de vista de la biología
La pertenencia al sexo masculino o femenino queda determinada,
desde la concepción, por factores genéticos, gonádicos, hormonales
y morfológicos. En biología se habla de:
a. Sexo cromosómico
Está determinado por la presencia o ausencia del cromosoma Y en
el código genético del individuo. El sexo femenino, además de los
otros 44 cromosomas, está determinado por dos cromosomas
iguales, que se designan con la letra X; en la especie humana la
mujer está determinada genéticamente por la fórmula 44+XX. El
sexo masculino, además de los otros 44 cromosomas, tiene un ero-
mosoma sexual igual al X femenino y otro diferente que se indica
con la letra Y; el varón está determinado genéticamente por la fór-
muía 44+XY.
Está científica y objetivamente probado que es el sexo genético-
cromosómico el que determina los demás componentes biológicos
del sexo.
b. Sexo gonádico y ductal
El sexo cromosómico determina el desarrollo de las gónadas en
sentido masculino (testículo) o femenino (ovario). El cromosoma
Y o X activa algunos genes responsables de la diferenciación de
las gónadas. Las gónadas producen determinadas hormonas que
influyen en la sucesiva formación y fisiología de los órganos ge-
nitales. El sexo ductual: se forma en base a los cromosomas y a las
gónadas; en el varón se compone del epidídimo, los ductos defe-
rentes, la vesícula seminal, la próstata, las glándulas bulbouretra-
les y parte de la uretra. En la mujer, del útero, las trompas y parte
de la vagina.
C. 13 La sexualidad humana 187
c. Sexo genital
Está determinado por las características anatómicas a nivel de los
genitales externos. Mientras el sexo interno (cromosómico o go-
nádico) deriva de estructuras diferentes en los dos sexos, los geni-
tales externos tienen un esbozo embrionario común, que después,
bajo el influjo de las hormonas sexuales masculinas o femeninas,
se desarrolla de modo diferente: glande, pene y escroto en el varón;
clítoris, labios menores y mayores en la mujer.
Conducto deferente
Esfínter
Vesícula
seminal
Ligamento
suspensorio del Conducto
eyaculador
Uretra
Próstata
'f׳nter externo
Cuerpo
Piso perineal
Pene
Túnica vaginal
Glande Epidídimo
Túbulos seminíferos
Prepucio
Testículo
188 EXPLÍCAME LA PERSONA
d. Diferencias genético-biológicas
Hechas estas definiciones, se puede decir que el individuo crece y
se desarrolla a partir del patrimonio genético, bajo la acción de
substancias excitantes e inhibidoras, que se llaman hormonas. En
la formación del organismo, respectivamente masculino o feme-
nino, tienen importancia fundamental las hormonas sexuales,
producidas por las gónadas testicular u ovál ica, que a su vez de-
penden de los genes X y Y. En condiciones normales, el organismo
se plasma en sus componentes genéticos, anatómicos, morfológi-
eos y fisiológicos de modo diverso y complementario. El femenino
de manera que sea un día apto a todas las funciones de la mater-
nidad. El masculino, de modo que pueda desarrollar las funciones
de la paternidad. La diversidad-complementariedad atañe, por
tanto, los caracteres cromosómicos (presencia de X o Y en la última
pareja de cromosomas), los caracteres endocrino-neurológicos,
los fenotípicos y los fisiológicos.
Desde el punto de vista anatómico-morfológico, la diferencia-
ción se refiere a los órganos genitales y la forma general del cuerpo.
Además de las diferencias estrictamente unidas a los órganos de
reproducción, se dan diferencias morfológicas generales: estatura,
esqueleto, piel, pelo, etc. Desde el punto de vista fisiológico, el
desarrollo de la mujer sigue un ritmo diverso del hombre.
2. Desde el punto de vista de la persona
La sexualidad humana no es solamente un conjunto de estructuras
materiales. Siendo la persona cuerpo y alma, existe una relación in-
trínseca entre sexo y persona y las diferencias anatómicas y fisioló-
gicas influyen en la vida psíquica del hombre y de la mujer. Sin em-
bargo, se da una igualdad de dignidad y derechos derivados de la
misma naturaleza humana. Entre los sexos se da interdependencia,
correspondencia, corresponsabilidad y complementariedad. Tres
C. 13 La sexualidad humana ו89
son los elementos que hay que destacar: a) La sexualidad toca a toda
la persona; b) La sexualidad humana es complementariedad y co-
munión; c) La relación entre amor y procreación.
a. La sexualidad toca a toda la persona
La diferenciación varón/mujer no se limita al aspecto biológico,
sino que es una dimensión constitutiva de la persona. El hombre y
la mujer no son macho y hembra como los animales. En el ser hu-
mano la sexualidad invade a toda la persona, todo el yo personal.
La sexualidad es el elemento fundamental de la propia identidad
como individuo de la especie humana, identidad que está determi-
nada por el conjunto de componentes biológicos, psicológicos y es-
pirituales. A causa de esta unidad-identidad psico-física la sexuali-
dad es una realidad que interesa a todo el hombre en la profundidad
de su ser, donde se encuentra «el yo» como núcleo personal.
La persona humana está tan profundamente influida por la
sexualidad que ésta es considerada como uno de los factores que
dan a la vida de cada cual los rasgos principales que la distinguen.
Del sexo, de hecho, la persona humana deriva las características que
en el plano biológico, psicológico y espiritual, la hacen hombre o
mujer, condicionando así grandemente el camino de su desarrollo
hacia la madurez y su integración en la sociedad. Como dimensión
constitutiva de la persona, la sexualidad es polivalente, precisa-
mente porque se refiere al nivel físico, psíquico y espiritual del hom-
bre; de este modo integra los valores corpóreos (éros), psíquicos
(filia), y espiritual-religiosos (ágápé).
La sexualidad es el modo de ser constitutivo de lo humano; no
un ejercicio temporal de determinadas funciones, sino un modo per-
manente de ser que se configura, por tanto, necesariamente como
masculinidad o como femineidad. Ejercitar la sexualidad mediante
actos genitales sale del ámbito ontológico y se sitúa en el ámbito de
los actos accidentales del hombre. Como el acto no agota la facultad
(un acto del pensamiento no agota la facultad de pensar), ni la íá
190 EXPLÍCAME LA PERSONA
cuitad expresa a toda la persona (el hombre no es sólo pensa-
miento), análogamente debemos decir que el ejercicio de actos con-
cretos de la vida sexual no expresa la totalidad de la sexualidad. El
nivel de la genitalidad, por tanto, no puede ser totalizante en la com-
prensión de la sexualidad, que se presenta mucho más amplia. La ge-
nitalidad es un dato anatómico y una función fisiológica. La sexuali-
dad humana no es ni un mero dato, ni un objeto, ni una función; es
una dimensión constitutiva de la persona que permea todo su ser.
Como el mismo Freud admitió «es necesario establecer una neta
distinción entre los conceptos “sexual” y “genital”. El primero es un
concepto más amplio y comprende muchas actividades que no guar-
dan relación alguna con los órganos genitales». Por esto la sexuali-
dad no puede considerarse como localizada o limitada a la genita-
lidad. La primera comprende, pero no se agota en la segunda.
Obviamente todos los fenómenos genitales son sexuales; pero hay
muchos fenómenos sexuales que no tienen nada que ver con la ge-
nitalidad. La ecuación sexual = genital no existe. La sexualidad es
una dimensión global de la persona; una dimensión no sólo física
sino también psíquica y espiritual.
Es necesario juntar «el sexo que está en medio de las piernas con el que está en medio de las orejas».
Aunque la expresión es fuerte, está cargada de significado no so-
lamente antropológico, sino también biológico; en efecto, el «sexo que
C. 13 La sexualidad humana 191
está en medio de las piernas» no es nada y nada hace sin las indica-
ciones que llegan del que «está en medio de las orejas», es decir, del
hipotálamo, la hipófisis, la corteza cerebral, etc. Hombre y mujer
establecerán con los demás siempre y necesariamente «relaciones
sexuadas» pero no «relaciones sexuales-genitales».
b. La sexualidad humana es apertura, complementariedad y comunión
El segundo elemento que hay que destacar es que la sexualidad hu-
mana, por el hecho de tocar a toda la persona, no se cierra nunca en
sí misma, sino que está estructurada para el diálogo y la relación in-
terpersonal. Éste es un elemento esencial para entender la sexual¡-
dad humana. De hecho, la persona es un ser esencialmente Ínter-
personal y constitutivamente relaciona!. El hombre no está aislado
constitutivamente, sino que lleva ya en el hecho de ser hombre o
mujer, la referencia al otro: a la mujer o al hombre. No puede com-
prenderse verdaderamente, en su totalidad, sin tener en cuenta esta
apertura estructural hacia «otro» que, precisamente porque es «di-
ferente», lo cualifica en su identidad. El «yo» se constituye sólo en
relación con el «tú», y la sexualidad es la realidad que manifiesta
esta comunión del «nosotros». La esencia de la sexualidad humana
está precisamente en esta relación de un «yo» hacia un «tú». No hay
sexualidad cerrada en sí misma, porque la sexualidad es siempre
algo distinto de sí misma, es nuestro ser entero.
En el plano antropológico, el desarrollo y madurez sexual tiende
hacia una creciente integración de la sexualidad en la totalidad de
la persona. Al contrario, el aislamiento egoísta de la sexualidad se
opone a la integración y genera neurosis. La desintegración de la
sexualidad por la exclusión de las relaciones interpersonales, signi
fica una regresión y un desorden; en definitiva, es una devaluación
de la sexualidad en cuanto deshumanización de la misma.
De aquí se deriva el aspecto ético: toda la vida sexual deberá estar
acompañada por la libertad responsable. Responsabilidad quiere
decir aceptar y vivir la sexualidad como ella es - como dimensión
192 EXPLÍCAME LA PERSONA
constitutiva de la persona, no objeto de uso - y por lo que implica en
sus significados y consecuencias. Es cierto que la persona no agota
todo su ser en la sexualidad, pero es igualmente cierto que la sexua-
lidad implica y envuelve a toda la persona. El hecho de que la sexua-
lidad no se pueda reducirá lagenitalidad, no significa que el ejercicio
de la genitalidad no comprometa a toda la persona. Yo soy libre de
inscribirme a una asociación deportiva; no estoy obligado ni necesi-
tado, ni vivo solamente para hacer deporte; pero una vez que decido
afiliarme, estoy obligado a cumplir y respetar los reglamentos esta-
tutarios que determinan la naturaleza de la asociación; mi adhesión
no me compromete sólo en el acto puntual de recibir el carné, sino
por todo el tiempo que dura la afiliación. La moral no es así fruto de
una constricción externa a mí, sino más bien la realización de la pie-
nitud de mi ser en la conciencia del actuar. Por eso, en materia de
moral sexual, la ilicitud no deriva tanto de una norma «externa» de
tipo religioso, cuanto de la naturaleza intrínseca de la sexualidad hu-
mana. En este campo se trata de comportamientos valorados por la
«ley moral natural», que pueden además ser convalidados por una
ley positiva «religiosa». Los criterios éticos sobre los comportamien-
tos sexuales derivan de la naturaleza humana. El cristianismo, para
ser fiel al mensaje revelado, debe comenzar con la reafirmación de
los valores propios de la naturaleza humana en su integridad y ser fiel
a esta naturaleza del hombre, consciente de que tanto el mensaje re-
velado como la creación natural tienen como autor al mismo Dios.
c. Amor y procreación
En este contexto se revela que la sexualidad es una alteridad fe-
cunda. La fecundidad no es sólo una predisposición de la estructura
biológica masculina y femenina, sino que reviste también una di-
mensión interpersonal: la instauración de un nuevo diálogo con un
nuevo ser a través de la procreación. La unión sexual es un acto que
implica, en la totalidad y en la reciprocidad, a dos personas y pone
las premisas para la llamada a la existencia de una nueva vida hu
C. 13 La sexualidad humana ו93
mana. Es un acto, pues, en el que están unidas intrínsecamente dos
dimensiones: el amor y la procreación. Procrear, es por eso una reali-
dad mucho más profunda que la capacidad biotecnológica de hacer
surgir una nueva vida en el laboratorio.
Procrear significa donar la vida en el darse de las personas: un don
que transciende y transfigura el hecho biológico. En el acto conyugal
es la persona misma la que se consagra en el amor. El amor-don es
fecundo. Los cónyuges uniéndose en una sola carne, expresan justa-
mente una donación total y originaria. Por el acto conyugal los espo-
sos confirman el recíproco regalo de sí mismos hecho en el matrimo-
nio y se abren a la nueva vida. Por tanto, son dos las dimensiones que
componen la unión conyugal: unitiva y procreadora. Separar estas
dos dimensiones significaría perjudicar la verdad íntima de la sexua-
lidad humana. La paternidad responsable consiste precisamente en
asumir la sexualidad en su verdad. Así, frente a la elección de tener o
distanciar o evitar una concepción, los cónyuges podrán decidir si
hacer los actos conyugales en aquellos momentos en los que es o no
posible una concepción, sin que esto altere la verdad objetiva de aquel
acto. Bajo esta acepción no es responsable manipular el acto conyugal
de modo que exprese la sola dimensión psicológico-afectiva y no la
procreadora, o exprese solamente un hecho biológico-físico y no la
unión afectiva y espiritual. Es en este contexto en el que se comprende
por qué la fecundación artificial es profundamente inmoral: se separa
el acto sexual unitivo y el acto procreativo.
El acto sexual expresa El acto sexual implica
El acto sexual está vacío
sólo la emotividad a toda la persona: cuerpo y <11111.1
194 EXPLÍCAME LA PERSONA
Definición
Es el modo de ser constitutivo
de lo humano; un modo
permanente de serum se
configura necesariamente
como masculinidad
o como femineidad.
Abarca todas
las dimensiones
de la persona
• Física
• Psíquica
• Espiritual
Dimensión Física
Cromosomas:
XX mujer XV hombre
Gónadas:
Ovarios - Testículos
Fenotipo externo:
Genitales externos.
/ Dimensiones \
Psíquica y Espiritual
• Diversidad sexual:
diferencias psíquicas.
■ Complementariedad y comunión:
yo, tú, nosotros.
-Amor y procreación:
.siempreunidos;procrear = donar. /
CAPÍTULO 4 ו
El hombre es un ser espiritual
«Hace falta ser un bárbaro intelectual para afirmar que la realidad es
únicamente lo que podemos ver mediante métodos científicos».
(Berger)
El hombre es el ser intermedio, entre la materia pura y el espíritu
puro. Es un ser que participa de tres dimensiones: orgánica, psíquica
y espiritual. En él se da siempre una parte oculta, escondida y mis-
teriosa. El espíritu es invisible. ¿Cómo lo conocemos? Invisible no
quiere decir irreal. Muchos fenómenos humanos como el amor, la
verdad, la generosidad, el odio, etc. son invisibles, pero muy reales.
Lo espiritual es real, pero de una realidad diversa de la materia. Se
conoce mediante sus manifestaciones, como el amor lo reconoce-
mos mediante los actos concretos de amor que hacemos, como dar
un beso a la persona que amamos.
El intento de todos los materialismos ha sido negar esta parte de
misterio y erradicarla del corazón del hombre. Pero la verdad sobre
el hombre es total, no parcial. Lo parcial puede ser en sí mismo ver-
dad, pero presentándose como total, deforma la realidad y se consti
tuye en error. Este es el punto más débil de todo materialismo: es in-
suficiente para entenderá! hombre en su totalidad. La insuficiencia
del materialismo atañe no a las aspiraciones de justicia que contiene,
sino a la unilateralidad de la interpretación y a la absolutización de la
sola dimensión material, con la consecuente negación de las demás
dimensiones no menos reales; estamos en presencia de la reducción
del «hombre a una dimensión», según la expresión de Marcuse.
196 EXPLÍCAME LA PERSONA
El materialismo es insuficiente, y en este sentido también erróneo,
porque reduce toda la riqueza del hombre al único orden material,
\^y pretende así dar una interpretación última y definitiva del hombre.
1. Más allá del reduccionismo cientificista
El actual desarrollo científico y sus aplicaciones tecnológicas, ha
mejorado sin duda las condiciones de vida del hombre, pero al
mismo tiempo, ha contribuido a crear una mentalidad materialista
y cientificista. La ciencia es la búsqueda de la verdad de lo real; el
cientificismo es el modo de pensar según el cual lo real es única-
mente lo material; las realidades espirituales, éticas, religiosas, al
no ser materiales, no serían reales. Es verdadero y real sólo lo que
se puede medir y verificar empíricamente. Toda la realidad del
mundo y del hombre puede explicarse por medio de la ciencia.
No se trata de negar el valor de la ciencia en sí; evidentemente es
un bien para el hombre y debe seguir su desarrollo por el bien de la
humanidad. Tampoco se pretende desconocer lo que la ciencia ver-
daderamente puede decirnos sobre el hombre. De hecho, al ser el
hombre no una pura esencia espiritual, sino un espíritu encarnado
que vive en el mundo y se relaciona con él, como tal es accesible a
investigaciones de orden científico. El problema decisivo es otro:
afirmar que existe sólo lo que es demostrable por la ciencia empírica;
asumir un aspecto, verdadero y real, como el todo.
• La ciencia es la búsqueda de la verdad de lo real.
• El cientificismo es afirmar que lo real es sólo lo material
y empíricamente demostrable.
Un planteamiento como éste reduce y empobrece mucho la
realidad. El método científico se interesa sólo por los aspectos
C.14 El hombre es un ser espiritual ו97
objetivos y verificables de la realidad. Necesariamente, por fuerza
del método mismo, quedan fuera de perspectiva muchísimos as-
pectos de la realidad igualmente verdaderos y reales; al menos
tanto como los empíricamente verificables. Las ciencias empíricas
presentan, por fuerza de su naturaleza, una imagen parcial del
mundo y del hombre. El agua se convierte en H2O, la música en
ondas sonoras, la arquitectura en un conglomerado de piedras y
ladrillos; torturar a un detenido significa aplicarle electrodos con
corriente; matara alguien es privarlo de sus funciones biológicas.
Todo esto pertenece a la ciencia, a condición de que no se convierta
en principio metodológico, en una tesis metafísica que niega ab-
solutamente lo que no cae bajo el ámbito de las ciencias empíricas.
La realidad, en toda su riqueza, queda reducida a objeto para uti-
!izar y poseer. Las riquezas de la variada realidad humana se nive-
lan y se empobrecen. Una visión de este género, no podrá nunca
calificarse como científica. La ciencia debe ser solamente ciencia,
y no metafísica camuflada, o peor aún, ideología.
«Cuando los científicos desprecian la filosofía, corren el riesgo de caer
prisioneros de filosofías no científicas, que pueden frenar o incluso hacer
descarrilar el tren de sus investigaciones» (Bunge, filósofo de la ciencia).
Sin embargo, con cierta frecuencia, tras el espejo de la ciencia
se esconden posiciones ideológicas, convicciones metafísicas, plan-
teamientos previamente asumidos. Las ciencias no pueden preten-
der formular juicios metafísicas sobre la trascendencia y espiritua-
lidad del hombre, como no pueden decir radicalmente nada sobre
la existencia o la no existencia de Dios; hacerlo es salir del ámbito
científico y entrar en el filosófico o ideológico.
Se ha perdido totalmente de vista que el mundo tenga un rico
significado para el hombre; ya no existe la belleza de la cascada,
la emoción de la música, la armonía de la arquitectura, el ritmo de
198 EXPLÍCAME LA PERSONA
la poesía. Con mayor razón, no existe el abuso de la tortura, la in-
justicia del homicidio, la belleza de la sonrisa, la generosidad de
la acogida. Muchas realidades, y precisamente las más importantes
para la vida y para el hombre, no podrán alcanzarse nunca con el
método de la ciencia. Requieren otras vías de acceso, como el arte,
la filosofía, la teología.
Más allá del conocimiento científico se encuentra el conocimiento
por contemplación, donde entra el estupor, la maravilla, el amor,
la intuición, la emoción. No reconocerlo es no saber pasar del
«espritde géométrie al esprit de finesse» (Pascal), o encerrarse
en el «terrorismo de los laboratorios» (Ortega y Gasset).
El verdadero problema no está en negar la existencia de las rea-
lidades espirituales y metaempíricas, sino en querer justificar su
existencia y en querer aferrarías como se aferran las realidades ma-
teriales. Surge entonces el dilema: o estas realidades espirituales
pueden reducirse a elementos verificables empíricamente o no son
realidades. En el primer caso, el reduccionismo materialista hará
que no exista el amor, sino situaciones de estímulo-respuesta; la
libertad, un conjunto de elementos neuronales y emocionales; el
misterio será ignorancia ingenua, el alma espiritual un epifenó-
meno resultante de combinaciones físico-químicas. En el segundo
caso, cuando no sea posible reducirlas a objetos cuantificables,
serán condenadas al ostracismo y enumeradas entre las proyeccio-
nes subjetivas inconscientes. Sin embargo, este dilema no es tal.
Las realidades espirituales son cognoscibles y son realidades; po-
seen, sin embargo, un modo de existencia y requieren un método
de acceso diverso del de las realidades materiales. Y el hombre,
que es una realidad material, pero también espiritual, necesita
para conocerse ir más allá del cientificismo.
C. 14 El hombre es un ser espiritual 199
2. Un falso dilema: contraponer la ciencia y la fe
La verdadera ciencia no puede estar nunca en contraste con la di-
mensión espiritual del hombre, ni con la existencia de Dios. Si lo
hace es porque se presentan como dilemas lo que son puntos de vista
y orientaciones diferentes: o la religión o la racionalidad; o Dios o la
ciencia, como si la religión frenara o incluso bloqueara la ciencia.
«Los hombres sienten desprecio por la religión. Le tienen odio y temen
que sea verdadera. Para curar esto es necesario comenzar por mostrar
que la religión no es contraria a la razón» (Pascal).
No pretendo hacer aquí una demostración detallada; sólo sugiero
tres indicaciones - Einstein, Galileoy Pasteur- que pueden iluminar-
nos. Estos grandes científicos - no creo que nadie ponga en duda su
nivel - han considerado que no existe verdaderamente un «incurable
contraste», y que el problema en realidad es un falso problema. De
hecho, lo primero que hay que mostrar es que muchos pretendidos
dilemas no son otra cosa que contrastes. En un dilema, los términos
se oponen el uno al otro y obligan a elegir entre ellos. En un contraste,
en cambio, se implican recíprocamente y son complementarios.
Dilema
Madrid
200 EXPLÍCAME LA PERSONA
Esta transformación de los dilemas en contrastes nos concede
gran libertad para articular entre ellos los diversos ámbitos de la
vida humana. Así, la relación ciencia/fe podrá mostrar aspectos con-
trastantes debidos a la diversa metodología y finalidad de cada ám-
hito, pero nunca un verdadero dilema que nos obligue a elegir entre
una y otra. En este contexto, Galileo y Pasteur, como años después
harían Einstein y Zubiri, se impusieron un estilo de pensamiento
que analizara el verdadero significado y la verdadera importancia
de la fe y de la ciencia, que les permitiera dar un sentido pleno a su
vida espiritual sin renunciar a las conquistas de la ciencia. Galileo y
Pasteur arrancan de raíz los falsos dilemas que laceran el pensa-
miento. No se tendrá ya necesidad de someterse al tormento de es-
coger entre el hombre y Dios, la ciencia y la fe, porque ya no son vis-
tos con mentalidad dilemática. Einstein afirmaba que el hombre de
ciencia tiene que ser profundamente religioso. Decía con frecuencia:
no logro entenderá un verdadero científico sin una fe profunda. El
hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra
abrir. Y Pasteur decía a sus discípulos: recordar que poca ciencia
podrá apartaros de Dios, pero mucha ciencia os conducirá necesa-
riamente a Él.
«La ciencia sin la religión anda coja; la religión sin la ciencia está ciega».
(Einstein)
La carta de Galileo, escrita el 21 de diciembre de 1613, constituye
el texto programático de la investigación científica autónoma pos-
tulada por la edad moderna y afronta y resuelve de modo novedoso
el difícil problema de la relación entre ciencia y fe, sosteniendo
que la ciencia natural y la Sagrada Escritura expresan, con dos len-
guajes diferentes, la misma verdad. Ambas tienen, sin embargo,
un método propio y autónomo que requiere rigor. Y «si bien la
Escritura no puede errar, sí podría no obstante equivocarse alguno
de sus intérpretes». Por eso no hay peligro ninguno de que una
C. 14 El hombre es un ser espiritual 201
doctrina científica válida y eficaz pueda nunca levantarse contra
la firmeza de las verdades concernientes a la fe y a la Sagrada
Escritura, «[...] porque procediendo de igual modo del Verbo di-
vino la Sagrada Escritura y la Naturaleza, aquélla por revelación
del Espíritu Santo, y ésta como fidelísima ejecutora de las órdenes
de Dios [...] En vista de esto, y siendo además manifiesto que dos
verdades no pueden jamás contradecirse, es función de los sabios
intérpretes esforzarse por encontrar los verdaderos sentidos de los
pasajes sagrados». Será por tanto imposible que una verdad cien-
tíficamente demostrada contradiga el verdadero y cierto sentido
de la Sagrada Escritura.
3. ¿Por qué el hombre es un ser espiritual?
Un buen modo de superar el materialismo es comprender porqué
el hombre trasciende la materia y posee una estructura también
espiritual. Concentro la argumentación en tres puntos: la estruc-
tura biológica humana, el conocimiento intelectual, las decisiones
libres.
a. La estructura biológica humana exige la dimensión espiritual del hombre
Desde un punto de vista exclusivamente biológico, el hombre se
presenta como un «ser insuficiente» que desafía las leyes biológi-
cas fundamentales; es como un animal sin futuro destinado a su-
cumbir ante otros animales mejor dotados y más fuertes. Sin em-
bargo, eso no sucede; al contrario, prevalece y supera a los demás.
Esto quiere decir que, si desde el punto de vista exclusivamente
biológico el hombre está destinado a la extinción, una interpreta-
ción puramente biológica y materialista del hombre no es sufi-
ciente para comprenderlo. Se hace necesario explicar por qué esta
estructura biológica es tan original, que su misma organización
material requiere una instancia ultrabiológica; se explicará así la
202 EXPLÍCAME LA PERSONA
supervivencia y superioridad humana, no obstante la inferioridad
biológica. Esta instancia es lo que llamamos la racionalidad o di-
mensión espiritual. Sin embargo, la singularidad del hombre no
se da sólo por esta dimensión espiritual por sí misma, esto es, por
una espiritualidad pura. La peculiaridad humana está en el hecho
de que, incluso desde el punto de vista biológico, es un ser aparte.
El hombre es un ser espiritual (en la totalidad de su persona) por
que su dimensión biológica es estructuralmente capaz de confor-
marsecon el espíritu. Una estructura biológica totalmente opaca,
completa, cerrada, no podría quedar permeada por el espíritu y
hacer con él un todo único: la persona humana.
Lo específico de esta propuesta no consiste tanto en sostener
la singularidad del hombre por la presencia del espíritu, sino el
hecho de mostrar que incluso la estructura orgánica y biológica
del hombre posee una peculiaridad que lo coloca en un mundo
aparte respecto a otros animales. La explicación de la diversidad
humana por la presencia del espíritu llegará después, como una
exigencia necesaria de esta peculiaridad biológica, pero no de-
berá ponerse al inicio, de otro modo se perdería que en la propia
estructura biológica humana hay algo que suple todas las «caren-
cías» biológicas; en la biología humana está ya presente el ánth-
ropos. A pesar de cierta continuidad zoológica, existe una discon-
tinuidad biológica entre el hombre y el animal, porque cuando
se trata del hombre, un estudio biológico no puede reducirse a
lo meramente somático o corporal. También a nivel biológico, y
no solamente racional, el hombre es una unicidad irrepetible.
Visto morfológicamente, el hombre es un ser primitivo, carente
de especialización, que en estas condiciones naturales debería
haberse extinguido hace mucho tiempo, en cuanto que los demás
animales son más agresivos y fuertes que él. Sin embargo, es esta
falta de especialización y la misma carencia de adaptación somá-
tica la que permite al hombre afrontar con éxito cualquier tipo
de ambiente físico en el que debe conducir su vida. La carencia
morfológica, vista bajo el solo prisma de la estructura física, es
C. 14 El hombre es un ser espiritual 203
un error de la naturaleza. Pero aquí entra en juego no sólo la phy-
sis, sino la physis humana, es decir, la biología humana, que lleva
en sí las condiciones de posibilidad de trascenderse a sí misma y
de hacer un todo con el espíritu. La carencia no es entonces un
error, sino la condición de posibilidad misma de una perfección
superior: el espíritu.
El hombre es un ser en el que se hace patente la espiritualidad no sólo
en su inteligencia y voluntad, sino también en su estructura biológica.
Su precariedad instintiva requiere la presencia del espíritu para poder
sobrevivir y deja espacio al pensamiento y a la libertad.
El punto central de esta «posición antropológica» es que el hom-
bre es un ser en el que se hace patente la espiritualidad no sólo en
su inteligencia y voluntad, sino también en su cuerpo. El nivel bio-
lógico en el hombre es del todo singular, porque está vivificado por
el espíritu.
b. El conocimiento intelectual muestra la dimensión espiritual del hombre
No insisto sobre este punto porque ya se trató hablando del conocí-
miento intelectual (ver capítulos 4 y 5). En síntesis el argumento es:
la inteligencia conoce en modo abstracto e inmaterial, por tanto el
conocimiento intelectual mismo y la inteligencia de donde procede
tiene que ser también inmaterial. Con la inteligencia, conozco la
justicia y aprecio la solidaridad. Con la inteligencia soy capaz de
hacer abstracción de las diferencias de los objetos particulares y de
formar el «concepto universal» adecuado, que puedo aplicar a todos
los objetos de esa esencia. Esto significa que, mientras la sensación
está ligada a lo material y a lo concreto singular, la inteligencia forma
conceptos universales e inmateriales.
Ahora bien, la conclusión es obvia: si el acto intelectivo es espi-
ritual, debe ser también espiritual la inteligencia (facultad) que lo
204 EXPLÍCAME LA PERSONA
produce y la naturaleza del ser al que esta facultad pertenece. Si de
hecho fuera material, la inteligencia estaría ligada a las condiciones
restrictivas de la materia, y conocería en formas materiales y con-
cretas y no sería capaz de formar conceptos universales. La capaci-
dad de la inteligencia para formar conceptos universales, intrínse-
camente independientes de la materia, muestra con claridad que
también ella es espiritual. Por último, una facultad espiritual como
la inteligencia forma parte de la esencia del hombre y es también
manifestación deella. Poreso, de la espiritualidad del actode pensar
se llega a la espiritualidad de la facultad que lo produce, y de ésta a
la esencia que la hace posible. El hombre es, por tanto, un ser de na-
turaleza espiritual.
Efecto espiritual Causa próxima espiritual Causa última espiritual
1 i I
acto de pensar *־־facultad de pensar ♦־־ esencia humana
(pensamiento) (inteligencia)
A la misma conclusión se puede llegar analizando la autocon-
ciencia humana. La autoconciencia, o conocimiento reflejo, es el
momento de conocer en el que el hombre concentra su atención di-
rectamente sobre sí mismo y sobre sus propios actos. La capacidad
de percibir el propio acto de forma refleja, esto es, poner al propio
acto de pensar como objeto del propio pensamiento, implica la li-
bertad e independencia de la materia, de otra forma sería imposible;
así como el ojo no puede verse a sí mismo, así, si la inteligencia es-
tuviera ligada a la materia, no podría pensarse a sí misma.
c. La libertad humana requiere la dimensión espiritual del hombre
También aquí seré breve porque ya se trató en su correspondiente
capítulo (ver capítulo 8, La libertad humana'). El animal está guiado
C. 14 El hombre es un ser espiritual 205
por tendencias instintivas y la respuesta va por descontado y siem-
pre se orienta según la tendencia. El hombre escapa a esta determi-
nación instintiva y no sólo controla las propias tendencias, sino que
además puede actuar a propósito contra ellas. Esta capacidad de re-
tener las pulsiones, de variar el comportamiento independiente-
mente de ellas, manifiesta una libertad interior, que independiente
de la materia, se presenta como espiritual.
Un razonamiento análogo vale para la experiencia del amor, acto
supremo de la libertad. El amor, antes de ser una elaboración temá-
tica es una experiencia vivida. El amor es esencialmente don y aper-
tura a otra persona. Todos tenemos necesidad de amar y ser amados.
Niños, adolescentes y adultos viven felices y en equilibrio psicoló-
gico si aman y son amados. El niño privado de amor encuentra gran-
des dificultades para un crecimiento normal. El más profundo mo-
tivo de desesperación puede expresarse diciendo: nadie me ama y
yo no amo. El hombre es feliz si ama y se dona a alguien o a algún
ideal grande. Esta experiencia supone en la persona una estructura
abierta al otro, que es lo que llamamos dimensión espiritual del
hombre. La estructura espiritual de la persona es la condición de
posibilidad de la experiencia del amor.
206 EXPLÍCAME LA PERSONA
Insuficiencia de
la interpretación materialista
• Reduce el hombre a una sola dimensión.
• La ciencia es la búsqueda de la verdad de lo real.
• El cientificismo es afirmar que lo real es sólo lo
material y empíricamente demostrable.
Más allá del materialismo
• La verdadera ciencia no puede estar nunca
en contraste con la dimensión espiritual del
hombre, ni con la existencia de Dios.
• «Recordar que poca ciencia podrá
apartaros de Dios, pero mucha ciencia os
conducirá necesariamente a Él» (Pasteur).
El hombrees
un ser espiritual
■ Debido a la insuficiencia orgánica y
a la no determinación instintiva.
• Por su conocimiento intelectual.
• Por su voluntad libre.
•Por la moralidad desús actos.
(CAPÍTULO 15)
El hombre es un ser religioso
«La religión está en el corazón, no en las rodillas»
(Jerrold)
Las religiones son múltiples y su diversidad se debe a diferentes
condiciones culturales, históricas y geográficas, además de los di-
versos modos de entender la realidad. Son en cierto modo el re-
flejo de la vida de un pueblo. Sin embargo, en la base de las diver-
sas formas religiosas está el homo religiosos. El fundamento de las
religiones es la dimensión religiosa constitutiva del hombre. Se
trata, por tanto, de aclarar qué es la dimensión religiosa del hom-
bre y sacar a la luz cómo ésta no es sino una consecuencia de su
espiritualidad.
Hay que distinguir tres niveles:
• Primero: el fundamento, es decir, la constitución religiosa del
hombre.
• Segundo: la expresión del fundamento, es decir, las diversas
religiones.
• Tercero: la experiencia religiosa, es decir, los actos concretos
que las personas realizan. Tratamos sólo del primer nivel. Si
se toman en consideración algunos aspectos del segundo y
del tercero es únicamente en cuanto que manifiestan y pre-
suponen la existencia del primero.
208 EXPLÍCAME LA PERSONA
1. Interpretaciones insuficientes de la dimensión religiosa
Diversas posiciones materialistas y ateas sostienen que la dimen-
sión religiosa es siempre el reflejo de alguna miseria, material o
psicológica. Es «el opio» que los hombres han inventado para ol-
vidar su desgracia, la proyección psicológica y social, la debilidad
racional y fruto de la ignorancia científica, un conjunto de normas
morales, etc. Estas interpretaciones de la religión son insuficientes
porque como ya decía Alfred Toynbee la ciencia no ha podido
jamás suplantar la religión y creo que no lo logrará nunca. Estoy
convencido de que la ciencia y la técnica no satisfacen las exigen-
cías espirituales que las religiones buscan colmar. Así, el futuro de
una ilusión, como Freud había definido la religión, se ha trasto-
cado en el pasado de una ilusión. La acusación de debilidad hecha
al hombre religioso se vuelve contra el que la hace pues «aquel que
puede negara Dios ante una noche estrellada, ante la sepultura de
sus seres más queridos, ante el martirio, es o un gran infeliz o un
gran culpable» (G.Mazzini).
a. La dimensión religiosa no es debilidad racional o ignorancia científica
Si la religiosidad fuera una debilidad racional y fruto de la ignoran-
cia científica ¿cómo se explica que personas con grandes conoci-
mientas y muy cultas, grandes pensadores, filósofos, hombres que
se dedican al estudio, científicos renombrados, sean religiosos y ma-
nifiesten la «racionalidad» y coherencia del fenómeno religioso? Por
citar sólo algunos:
/ • Einstein: el hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la
ciencia logra abrir.
• Pastear: recordar que poca ciencia podrá apartaros de Dios, pero
mucha ciencia os conducirá a Él.
• Voltaire: si Dios no existiera, sería necesario inventarlo.
C. 15 El hombre es un ser religioso 209
• J. Green: Dios no habla, pero todo habla de Dios.
• Víctor Hugo: Dios es la evidencia invisible.
• Gandhi: entiendo por religión, no ya un conjunto de ritos y costum-
bres, sino lo que está en el origen de todas las religiones, poniéndo-
nos cara a cara con el creador.
• Hegel: el hombre es religioso porque no es un animal, sino un ser
Aristóteles Einstein
«Dios es el Motor inmóvil» «La ciencia sin la religión anda coja»
b. La dimensión religiosa no se reduce a una práctica moral
Una segunda interpretación reduce la dimensión religiosa, o en este
caso es mejor decir la religiosidad, a práctica moral. Está claro que
la religión en general, y la cristiana en particular, tienen connota-
ciones morales: «Si me amáis, guardareis mis mandamientos» (Jn
14,15). Está también claro que la fe necesita una moral para verificar
su autenticidad: «Así también la fe: si no tiene obras, está muerta
en sí misma» (Sant 2,17). Todo esto está claro y no hay dificultad en
aceptarlo, pero se obra una reducción de la religiosidad a moralismo
cuando se reduce a un conjunto de normas. La moral tiende a la bu-
manización mediante el actuar bueno y la conformidad con los va
210 EXPLÍCAME LA PERSONA
lores; mientras que la religiosidad es la relación con el Tú divino e
impulsa a la divinización mediante la unión mística.
c. La dimensión religiosa no es una proyección psicológica
y social de los deseos del hombre
Esta posición interpreta el fenómeno religioso como un hecho psi-
eclógico, sentimental, irracional, verdadera fuga de la realidad. Una
visión de este género se presenta en las antípodas de la verdadera
religiosidad; en efecto, «cuanto se concibe la religión como una re-
lación que no sale del ser humano, se elimina su especificidad, se
falsea su problemática, se le arranca toda su razón de ser. Para que
el fenómeno religioso se dé, es necesario admitir que uno de los tér-
minos de la relación es de naturaleza no humana» (Ledure).
Si la religión es «la ilusión de la humanidad» creada para encon-
trar un consuelo en las miserias de la vida, ¿cómo se mantiene in-
el uso cuando no es capaz de consolar, o cuando no puede salvar al
hombre del sufrimiento y de la muerte? Si la religión es signo de
«debilidad psíquica», por qué son los creyentes los que muestran
mayor fuerza de ánimo en las dificultades de la vida, e incluso los
que tienen el valor para afrontar el martirio? Si la religión es una
«enfermedad del espíritu», una «neurosis obsesiva», ¿por qué son
precisamente los hombres profundamente religiosos quienes mués-
tran salud espiritual, equilibrio, honestidad, capacidad de compren-
sión y de donación a los otros, solidaridad?
Sebastián Francisco de Asís
soporta con fortaleza el martirio dona generosamente sus bienes
C. 15 El hombre es un ser religioso 2וו
d. Más allá de los reducionismos
La dimensión religiosa no depende, por tanto, de estados de ánimo o
de actitudes subjetivas, sino que es una exigencia, un fundamento
ontológico, cuyo valor el filósofo tiene el deber de examinar. Factores
subjetivos de carácter psicológico podrán intervenir en la manifesta-
ción del fenómeno religioso, pero éste va más allá y se enraíza funda-
mentalmente en el ser de la persona. No cabe dura que el sentido de
crisis y desorientación, el peligro y la angustia, la frustración y el vacío
pueden impulsar hacia la religión. Pero no es necesario confundir la
necesidad de paz, y mucho menos el desequilibrio psicológico, con
la auténtica expresión de la dimensión religiosa de la persona. La frus-
tración que llega a convertirse en enfermedad psíquica y se reviste de
religiosidad, no es auténtica religiosidad. Sin embargo, no es necesa-
rio perder de vista lo que de positivo hay en estas actitudes. Por eso
dice Sciacca: «Cuando el sentido de la crisis y de la desorientación es
advertido como crisis interior de la conciencia, como reconocimiento
de que la vida terrena, fin en sí misma y considerada en el puro orden
natural, es incomprensible, el afán, el trabajo se llenan de un conte-
nido espiritual y son verdaderamente necesidad sincera y religiosa de
fe». Esta fue la experiencia vivida por san Agustín, quien expresó:
«Nos hiciste, Señor, para ti e inquieto está nuestro corazón
hasta que no descanse en ti»
(Agustín)
2. La dimensión religiosa es constitución esencial del hombre
a. La religión está presente en la historia, la cultura y el arte de todos
los grupos humanos
La religión ocupa una importancia primaria en la historia de la bu-
manidad. La cultura, el arte, las guerras, los acontecimientos histó
212 EXPLÍCAME LA PERSONA
ricos de todos los pueblos están sellados por esta relación.
Inspiradas por las religiones se han edificado catedrales, mezquitas
y pagodas; se han escrito obras maestras de literatura; se han com-
puesto sinfonías y obras musicales de altísimo valor; se han hecho
los actos de generosidad más excelsos hasta llegar al martirio; se ha
combatido en las guerras y se han cometido las peores injusticias.
Esta abundante presencia lleva a pensar que estamos frente a una
dimensión fundamental del hombre, presente siempre y en todas
partes, ligada a su estructura ontológica, y no un mero resultado de
situaciones contingentes.
A pesar de la oposición del pensamiento contemporáneo, del
desarrollo tecnológico y de ciertas formas de ateísmo militante ati-
zadas con vigor en el último siglo, la dimensión religiosa no se ex-
tingue, más aún, se incrementan las manifestaciones de religiosidad
y es patente el pulular de las sectas y movimientos religiosos. ¿Cómo
se explica este hecho? Porque no obstante la diversidad de las in-
terpretaciones, hay un común acuerdo en reconocer que el hombre
se presenta en todas partes como homo religiosos.
Ya Feuerbach decía que «la religión se funda en la diferencia que
existe entre el hombre y el animal; los animales no tienen religión».
Para los paleontólogos, los restos de actividad ritual ligados a la re-
ligiosidad son un signo evidente de la pertenencia de un individuo
a la especie humana; el hombre ha desarrollado una actividad reli-
giosa desde su aparición en la tierra, y todas las tribus y culturas po-
seen el sentido religioso. Por mucho que se retroceda en la historia
C. 15 El hombre es un ser religioso 213
humana, se encuentra siempre la religión como expresión ele la di-
mensión religiosa constitutiva. Cierto, no en todos los pueblos la
religión se ha desarrollado en igual medida, pero en todos hay reli-
gión. Está claro que la religiosidad permea todas las culturas y que
las mejores expresiones culturales (literatura, pintura, música, ar-
quitectura,...) se inspiran en motivos religiosos.
b. La religión está en el corazón del hombre
La dimensión religiosa no tiene raíces sólo económicas, psicológicas,
o sociales, y por tanto no se elimina con el cambio de las estructuras
económico-sociales o de los complejos psicológicos. Tiene raíces
mucho más profundas, que ahondan en la estructura más íntima del
espíritu humano. El hombre por su naturaleza es religioso. Esto
quiere decir que en su esencia constitutiva esta dimensión le perte-
nece de modo inalienable. Si se tiene presente todo lo que implica el
ser humano y el realizarse como tal, lo difícil no es descubrirá Dios,
sino ocultarlo. Dios aparece al hombre como el fundamento del fun-
damento de su vida personal. El hombre no busca a Dios por una de-
cisión de la voluntad, ni por un sentimiento de deber, ni por una nos-
talgia sentimental, sino por algo más radical: porque tiene necesidad
de «estar en la realidad». Si nadie puede dejar de plantearse seria-
mente las preguntas sobre el fundamento último que lo puso en la
existencia personal, nadie - ni el creyente ni el agnóstico - está exento
de plantearse el problema de Dios. El problema de Dios no es el pro-
blema del más allá, sino del más acá. Y la solución del problema de
Dios no es primariamente una preparación para el otro mundo, sino
para este mundo. Sin religión el hombre sería menos hombre, porque
Dio es lo más profundo de su ser.
«Tu eres, Señor, lo más íntimo de mí, y lo más excelso de mí».
(S. Agustín)
214 EXPLICAME LA PERSONA
c. La religión muestra la aspiración más radical del hombre
Este arraigo de la dimensión religiosa en la estructura fundamental
de la persona explica la perenne insatisfacción del hombre en todas
las actividades de su vida, también cuando las metas alcanzadas de-
berían llenarlo de satisfacción. Insatisfecho de los bienes de con-
sumo tiende hacia los bienes culturales; e insatisfecho también de
estos tiende hacia el Bien Infinito. Los animales cuando han apa-
gado sus necesidades, están saciados y no buscan otra cosa. No así
el hombre; se queda siempre más acá de sus deseos en un estado de
necesidad existencia!. Su corazón es - como dice San Agustín - «in-
quieto», nunca tranquilo, nunca satisfecho, siempre necesitado, en
búsqueda continua. Incluso si ha alcanzado «todo» lo que se puede
alcanzar en la vida, siempre es poco. Primero necesita el dinero, la
seguridad del puesto de trabajo, el poder, la diversión; alcanzado
todo esto se da cuenta de que no ha apagado la inquietud funda-
mental porque son cosas y pasan. Entonces se dirige a las personas,
teje amistades, crea una familia, hace voluntariado y ayuda a los
demás; pero aunque los resultados son muchos, también las perso-
ñas pasan, las amistades se rompen, los familiares mueren. El hom-
bre se encuentra de nuevo inquieto e insatisfecho. Por eso busca el
sentido, quiere sentido, quiere felicidad; está siempre en rebeldía,
siempre en tensión; busca sentido porque sabe que tiene sentido en
sí mismo y no acepta el sin sentido. El hombre, que es un infinito
finito, tiene necesidad de alguien que sea Infinito y que sea capaz
de satisfacer plenamente sus anhelos profundos. Por esto San
Agustín, interpretando una experiencia humana universal, escribe:
«Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta
que descanse en ti».
A Dios se lo escucha no con los oídos, sino en la conciencia;
lo comprendemos no con la inteligencia, sino con el amor.
C. 5 וEl hombre es un ser religioso /!!׳
d. Parece que muchos hombres no necesitan a Dios, ni son religiosos
A esta reflexión, parece oponerse la experiencia de muchos hom
bres que viven en lo inmediato, afirmando estar bien y no sentir la
carencia de la religión; estas preguntas trascendentales no les pre
ocupan para nada. Hay personas inmersas de tal forma en lo cotí
diano, dedicadas a hacer dinero, tener éxito en la profesión, gozar
la vida, que no sienten inquietud alguna por la dimensión religiosa.
No niego la verdad de esta experiencia y la sinceridad de quien lo
afirma. El materialismo actual tiene el triste poder de extinguir en
el hombre incluso las manifestaciones de la tendencia innata hacia
Dios. Pero me puedo preguntar: ¿es así verdaderamente? Antes o
después la vida presenta otro rostro. Una enfermedad grave, un
revés económico, la muerte inesperada de una persona querida, la
traición y el fracaso de un matrimonio, el haber llegado al fondo del
abismo, hacen derrumbarse aquella seguridad. Entonces todo pa-
rece vacío y sin sentido, pasajero y mudable. Y he aquí, entonces,
que surge la necesidad de una seguridad que no se derrumbe y de
una esperanza que no defraude. El hombre que creía no tener ne-
cesidad de Dios llega a percibir que tiene necesidad sólo de Dios.
Necesidad que surge, como la religión, de la conciencia de sí y de la
fragilidad.
El hombre es inquieto, y ser inquieto significa no sólo estar se-
guro en el propio centro, significa estar a la búsqueda del propio
equilibrio. Desde el momento en que el hombre decide ponerse a sí
mismo como absoluto, no puede sino destruirse, o desembocar en
una idolatría. La alternativa es: «O excluir de nosotros toda otra vo-
luntad distinta de la nuestra, o entregarnos al ser que no somos nos-
otros como al único salvador. El hombre aspira a ser dios. El dilema
es éste: ser dios sin Dios y contra Dios, o ser dios por Dios y con
Dios» (Blondel).
216 EXPLÍCAMELA PERSONA
/ Distinciones
• Nivel de fundamento:
dimensión religiosa del hombre.
• Nivel de la expresión del
fundamento: diversas religiones.
• Nivel de la experiencia religiosa:
. actos religiosos concretos. /
Interpretaciones
insuficientes
• Debilidad racional.
■ Ignorancia científica.
• Proyección psicológica y social
de la miseria humana.
Dimensión religiosa
es constitución del hombre
■ Está presente en la historia,
culturas, arte...
• Es lo más íntimo del corazón del
hombre.
Muestra la aspiración profunda
del hombre.
Dilema
«Ser dios sin Dios y contra Dios,
o ser dios con Dios y por Dios»
(Blondel).
(CAPÍTULO 6 )ו
El hombre es un ser moral
«Debe aspirarse a lo absolutamente mejor
si se quiere llegar a lo relativamente mejor»
(Goethe)
Existen muchas diferencias en la valoración de lo que es bueno o
malo, condicionadas por las situaciones históricas y por la cultura.
Pero que hay una diferencia profunda entre el bien y el mal, entre
justicia e injusticia, entre acciones que se deben hacer y otras que
se deben evitar, es un dato fundamental; este dato es conocido por
todo hombre, cualquiera sea el país al que pertenezca, en cualquier
época haya vivido y de cualquier cultura provenga. ¿Porqué el hom-
bre es un ser moral capaz de distinguir el bien y el mal?
ר. El acto humano
• Definición: es el acto que realiza el hombre de modo cons-
ciente y libre.
• Características:
- Conciencia: darse cuenta de lo que se hace.
- Voluntariedad: que la voluntad quiera realmente lo que hace.
- Libertad: que la voluntad no se vea forzada ni interior ni ex-
teriormente. Si falta alguno de los elementos no se dará acto
humano, aunque sea acto del hombre. Por ejemplo, son actos
218 EXPLÍCAME LA PERSONA
del hombre, pero no humanos, la digestión, un movimiento
instintivo inconsciente, un acto realizado durante el sueño...
Sólo los actos humanos son objeto de la moralidad.
2. La experiencia universal de la moralidad
En la valoración de lo que es bueno o malo existen muchas dife-
rencias, condicionadas por las situaciones históricas y por la cul-
tura. Pero que hay una diferencia profunda entre bien y mal, entre
justicia e injusticia, entre acciones que se deben hacer y otras que
se deben evitar; es un dato fundamental. Este dato lo conocen
todos los hombres, cualquiera sea el país al que pertenezcan, en
cualquier época hayan vivido y de cualquier cultura provengan,
no importa si es primitiva o altamente desarrollada. La experien-
cia moral es universal. La capacidad de discernir el bien y el mal
en las propias acciones y en las de los demás es lo que funda la di-
ferencia entre el hombre y el animal. Un leopardo nunca se pon-
drá el problema si está bien o mal matar una gacela; el hombre,
aun en caso de necesidad, se preguntará sobre la bondad o maldad
del acto.
Esta diferencia fundamental se ve plasmada en los comporta-
mientos humanos: el uso del lenguaje y los juicios de valor sobre
C. 16 El hombre es un ser moral 219
los demás. En todas las culturas, épocas y lenguas encontramos
juicios de valor sobre las personas: de alabanza o de crítica; con-
ceptos y expresiones lingüísticas de «justo» o «injusto», «bueno»
o «malo». Hay algo en el hombre que lo lleva no sólo a conocer la
realidad de sus actos, sino a reconocerlos como «buenos» o
«malos», porque percibe en ellos una armonía o desarmonía con
lo que él es como persona. Esta es una de las experiencias más
universales, y los antropólogos la consideran un elemento deci-
sivo en la individuación de los primeros seres humanos sobre la
tierra.
3. El valor de la persona
Al hablar de la moralidad debemos distinguir dos aspectos:
• Nivel del ser: es el valor-dignidad del hombre en cuanto es
persona; basta existir como ser humano para poseer ese valor-
dignidad.
• Nivel del actuar: es el valor moral del hombree/! cuanto actúa
como persona; está en el uso que hace de su libertad, y en la
bondad o maldad de sus actos. No está en el color de su piel,
o en el prestigio que goza su clase social, ni tampoco en la
cuenta bancaria que posee.
En este sentido, la dimensión moral considera el valor del hombre
como hombre, esto es, no sólo si existen valores particulares gra-
cias a los cuales el hombre es un «buen artista» o un «buen mé-
dico», sino si existe un valor según el cual «el hombre es bueno»,
o sea, él mismo, según los aspectos auténticos y esenciales de su
ser-hombre. Esta es la esencia de la dimensión moral humana y a
tal valor lo llamamos valor moral. Todo lo que es conforme con la
estructura esencial del hombre es moralmente bueno. Todo lo que
es contrario es moralmente malo.
220 EXPLÍCAMELA PERSONA
• La moralidad requiere la conciencia y libertad de nuestros actos.
• El acto moral es el acto humano en cuanto se conforma o no
con la estructura esencial del hombre.
La pregunta fundamental es: si la moralidad se encuentra en la
conformidad con el propio ser, ¿por qué se plantea el problema de la
dimensión moral en el hombre? De hecho, yo no puedo no ser yo;
por tanto, soy siempre y necesariamente conforme a mi ser. La res-
puesta hay que buscarla en la no identidad entre ser y actual. Si en
el nivel del ser es verdad que yo no puedo no ser yo y continuar exis-
tiendo, en el nivel del actuar las cosas no son así, y puedo actuar en
disconformidad con mi ser. Somos seres conscientes y libres y núes-
tro auténtico ser hombres no nos es impuesto, sino que nos es pro-
puesto como un valor que nos llama a un deber-ser lo que somos.
( Valor de la persona humana
Valor constitutivo —► Ser persona —► Ser
t
Valor moral —► Actuar como persona —► Deber ser
4. El valor moral*
a. El valor como motivación
Siempre que actuamos libremente - lo cual supone también que
actuamos conscientemente - lo hacemos movidos por algún mo-
Agradezco a G. Miranda la colaboración en la redacción de este párrafo a partir
de su libro Rispaste! d'amore (Logos Press, Roma 2001)
C. 16 El hombre es un ser moral 221
tivo. Hay algo que «nos mueve» a hacer o dejar de hacer esto o aque-
lio. También el joven que dice: «yo lo hago porque me gusta, sin nin-
gún motivo...». En realidad, ése es el motivo que le mueve: el deseo
de actuar sin motivo, por puro capricho.
Ahora bien, si algo nos «mueve» a actuar, es porque para nos-
otros ese algo «vale»; a veces decimos de ese algo que «vale la
pena». Es decir, comprendemos que hay una pena que pagar, un
costo; pero que el valor de esa realidad justifica la pena. Puede tra-
tarse de un reloj que deseamos comprar pero nos parece caro; dudo,
y un amigo me dice: «vamos, vale la pena». Puede tratarse del es-
fuerzo por estudiar, o de renunciar a mis planes... Cuando algo me
cuesta, pero decido de todas formas hacerlo, comprarlo, buscarlo...
significa que en mi interior he captado un valor superior a lo que
he de sacrificar.
b. El bien y el valor
En el fondo, pues, lo que nos motiva a actuar o dejar de actuar, es
un valor. Y ¿qué es un valor? Naturalmente no nos referimos aquí a
los valores manejados en las Casas de bolsa («bolsa de valores»), ni
exclusivamente a eso que a veces se entiende cuando se dice, por
ejemplo, que «los jóvenes de hoy ya no tienen valores». En estos
caso se refiere uno a una categoría exclusiva de valores económicos
o los que tienen un carácter espiritual, de cierta nobleza reconocida
por la sociedad, etc.
La categoría de valor a la que nos referimos aquí, es más general
y radical; y está efectivamente siempre presente en nuestras deci-
siones libres. Valor significa aquí simplemente aquello que me
atrae a mí, sujeto, por parte de un determinado objeto. Todo «ob-
jeto», en sentido metafísica, puede ser visto en un momento dado
como bien por parte de algún sujeto. Será un reloj precioso, o un
buen libro, o la amistad de un compañero... Pero no basta que sea
potencialmente un bien; yo, sujeto, he de descubrirlo en cuanto
tal, he de captar algo en ese objeto que me atrae y me lo presenta
222 EXPLÍCAME LA PERSONA
como bueno. Ese «algo» que descubro en el objeto y me atrae, éso
es el valor. Por tanto, el valor no es más que el bien en cuanto que
atrae a un sujeto. Y desde el momento en que el sujeto descubre el
valor del objeto bueno, se lo puede proponer como fin de su actuar
libre; es decir, puede verse motivado a actuar o dejar de actuar de
un determinado modo.
Nótese que he dicho que el sujeto «descubre» el valor en el ob-
jeto. Este es un matiz importante. El valor, efectivamente, tiene a
la vez una dimensión subjetiva y otra objetiva. Por un lado, tiene
que ser descubierto por el sujeto. Por otro, el sujeto lo «descubre»
no lo crea. Es decir, cuando yo aprecio un buen reloj, cuando veo
que «vale», no soy yo quien hace que el reloj valga. Más bien, des-
cubro, aprecio algo en ese objeto que corresponde a una tendencia
mía. No vale porque yo lo aprecio, sino lo aprecio porque vale, por-
que contiene ese algo que hace de ello un bien para mí. Es evidente
que no todos apreciamos igualmente los valores de los bienes. Para
un ciego, el reloj no representará ningún valor; él aprecia mucho
más las campanas de la iglesia que cada cuarto de hora indican el
tiempo con su sonido. Esto significa solamente que cada sujeto
puede o no descubriry apreciar los valores de modo diverso, a partir
El reloj no vale porque yo lo quiero, sino que yo lo quiero porque vale.
C. 16 El hombre es un ser moral 223
de sus inclinaciones, educación, decisiones anteriores, estilo de
vida, etc. Yo descubro, no creo, el valor del reloj; mi amigo ciego des-
cubre, no crea, el valor de las campanas.
¿Para qué toda esta disquisición sobre el motivo y sobre el valor
que nos motiva? Para poder entender bien lo que es la «experiencia
moral». Porque, en el fondo esa experiencia no es otra cosa que la
experiencia de un valor. De un valor muy particular, que podemos
llamar valor moral.
c. El valor moral como valor de la persona
Hagamos un análisis introspectivo de cómo solemos juzgar espon-
táneamente los actos libres de las personas y de nosotros mismos,
en cuanto personas. Veremos que, en el fondo, nosotros - y me re-
fiero a todos los seres humanos - juzgamos los actos libres como
buenos o malos en función de ese valor particular que llamamos
valor moral.
Consideremos un caso como éste. El periódico dio la noticia de
un señor joven que se tiró al mar para salvar a sus dos h i j i tos que es-
taban ahogándose, arrastrados por las olas. No sabía nadar muy bien,
pero nadó fuerte hasta que logró sacar a la orilla a su niñita. Estaba
ya exhausto, pero volvió a tirarse, a pesar de los gritos de su esposa
que le decía que era muy peligroso y no podría ya sacar al niño. El
tenía que intentarlo. Unas horas después, el helicóptero de la policía
encontró al niño vivo, agarrado al cadáver flotante de su papá.
La gente se conmovió ante el gesto de ese padre. Imaginemos que
alguien dijera que esa acción no tuvo mucho valor, porque el señor
demostró que no nadaba muy bien, que no era fuerte, quizás que
no fue prudente... Evidentemente, todo eso son valores. Pero creo
que cualquiera pensaría que quien dice semejante cosa, «no ha en-
tendido nada». Una acción de ese tipo, puede, es cierto, estar pri-
vada de muchos valores propios del ser humano, pero entendemos
que vista en su realidad más profunda, en cuanto acto libre de una
persona humana, es una acción buena, una buena acción.
224 EXPLÍCAME LA PERSONA
Otro día, el periódico refiere el caso de un secuestro. Un grupo
de encapuchados secuestró a un niño de ocho años para pedir un
rescate millonario a sus padres. Dado que éstos no se doblegaron
fácilmente, al cabo de unos días les enviaron en un sobre una oreja
del muchacho, para que entendieran que iban en serio. Poco des-
pués, viéndose acorralados por la policía, le pegaron un tiro en la
nuca y lo dejaron abandonado en un bosque.
Aquí, naturalmente, alguien podría decir que la actuación de
los secuestradores estaba llena de valores, de valores muy impor-
tantes para todo individuo humano. Hubo sagacidad, audacia, de-
terminación, firmeza... y quién sabe cuántos otros valores. Y sin
embargo, creo, todos sentimos repugnancia ante semejante
hecho. Por más valores que hayan puesto los secuestradores-ase-
sinos, ese acto es malo, una mala acción.
Todo esto significa que, en nuestra experiencia espontánea y
cotidiana, el valor de una acción humana, en cuanto acción hu-
mana, depende de un valor que no se reduce a ninguno de los
otros, ni es tampoco la suma de todos ellos.
Y lo mismo tenemos que decir de nuestra apreciación sobre
la persona que actúa. De uno que se dedica a secuestrar, matar,
robar, ofender a los demás, buscar solamente su proprio prove-
cho aprovechándose de los demás, etc., solemos decir que «es
una mala persona». No importa si es listo, guapo, fuerte, rico,
etc. Podré decir que es una persona inteligente, fuerte... pero, de
todas formas, es una «mala persona». Es decir, mala en cuanto
persona, en aquello que define a la persona, que es el uso de su
libertad. Viceversa, de una persona que vive para hacer el bien a
los demás, que perdona, ayuda, es honesta y sincera, etc. solemos
decir que es «una buena persona». Aunque quizás no posea otros
muchos valores propios del hombre. Aunque no sea muy inteli-
gente, o robusta, o bella... es una buena persona, es decir buena
en cuanto persona. Este análisis nos lleva, pues, a una conclusión
importante:
C. 16 El hombre es un ser moral 225
Los seres humanos experimentamos un valor que es diverso de los
demás valores, y según el cualjuzgamos las acciones humanas como
buenas o malas en cuanto tales, y a las personas como buenas o malas
en cuanto tales. A ese valor lo llamamos «valor moral».
Antes o después de una acción podemos experimentar que es
buena o mala, independientemente de los otros valores que están
en juego. Es ese otro valor, el valor moral, muchas veces vagamente
percibido, pero realmente presente en nuestra experiencia coti-
diana, lo que da valor a nuestros actos en cuanto actos humanos y a
nuestra persona en cuanto persona humana. Esa constatación nos
lleva a la conclusión de que el valor moral es el valor de la persona
en cuanto tal. Y esto es así porque es el valor que tiene que ver con
aquello que es más propio y definitivo en la persona en cuanto sujeto
personal: su propia libertad.
«El verdadero juez de nuestras acciones no es el pueblo:
somos nosotros mismos»
5. El fundamento de la moralidad
El valor moral tiene dos características fundamentales: es absoluto
y universal
La pregunta que con frecuencia se hace es: ¿de dónde derivan
estas dos características?, o dicho de otro modo, ¿cuál es el funda-
mentó de la moralidad?, ¿porqué unos actos son buenos y otros son
malos? Este es el tema del fundamento de la moralidad. Hay dos
modos de responder:
226 EXPLÍCAME LA PERSONA
• Fundación trascendente: Dios es el fundamento último de la
moralidad. El valor absoluto sólo puede fundarse última-
mente en un Absoluto, aunque la racionalidad sea funda-
mentó próximo.
• Fundación laica: sólo la razón humana es el fundamento.
Somos nosotros mismos con nuestra voluntad y racionalidad
los que nos damos ley a nosotros mismos. Como variante de
ésta está la fundación atea.
• /•undación atea: el fundamento es negar la existencia de Dios.
Se actúa como si Dios no existiera, siguiendo el slogan «Dios
no existe, goza la vida».
Explicando la fundación transcendente en Dios, quedará clara la in-
consistencia de las otras dos posiciones, recuperando lo que en la
posición laica hay de verdad.
a. La fundación «inmediata» de la moralidad en la dignidad de la persona
La fundación transcendente no quiere decir que el hombre para
obrar bien tiene que creer en Dios. Es un dato de experiencia vivida
que puede haber, y de hecho hay, formas válidas de ética, vivida y
formulada, sin referencia explícita a una creencia religiosa. «Existen
numerosas personas que actúan de manera éticamente correcta y
que en ocasiones realizan actos de elevado altruismo sin tener, o sin
ser conscientes de tener, un fundamento trascendente para su com-
portamiento, sin hacer referencia ni a un Dios creador, ni al anuncio
del Reino de Dios» (Martin¡). Esto quiere decir que hay valores éti-
eos fundamentales - los derechos naturales - comunes a todo hom-
bre, independientemente de su creencia religiosa o de su situación
sociocultural; los posee por el hecho mismo de ser hombre, indivi-
dúo de la especie humana y como tal debe ser respetado. En este
sentido, no se trata de imponer una visión ética en base de una fe
en Dios. El deber de respetar estos valores se funda sobre la natura-
leza misma de las cosas y sobre la experiencia humana. Existe un
C. 16 El hombre es un ser moral 227
punto de racionalidad común en todos los hombres que es inde-
pendiente de la fe y al cual se puede adherir mediante bases cientí-
Reas y posiciones filosóficas racionales.
El hecho de que el creyente refuerce esta fundación con su fe en
Dios, no disminuye la fuerza de la fundación que ofrece la razón,
sea para él sea para el no creyente. De esta manera, es posible una
fundación próxima, y en consecuencia, no religiosa, de la vida ética.
El valor del hombre y la dignidad de la persona humana, son base
suficiente para la fundación próxima de la ética racional. El valor
moral se funda sobre la naturaleza humana, y la obligatoriedad de
la norma moral se apoya sobre el carácter de absoluto de la persona
humana. Bien puede decirse que si Dios «impone» su ley, es porque
esta es la ley del hombre, que surge de su misma naturaleza hu-
mana. Dios no impone desde el exterior una ley al hombre que no
sea ya suya. Por eso es posible que el hombre, incluso el no ere-
yente, perciba la dignidad de la persona humana. «El ateo, lo
mismo que el creyente, puede comprender que una cierta manera
de obrar va en una dirección que valoriza y justifica su vida, que
otra manera de obrar va, por decirlo así, a contracorriente del ser»
(De Finance).
( Ser racional )
Dignidad de la persona
VALOR MORAM
228 EXPLÍCAME LA PERSONA
Para la ética, también la de inspiración cristiana, el fundamento
inmediato de la moralidad es la dignidad de la persona humana re-
conocida por la recta razón. Esto no implica inmediatamente refe-
renda alguna a Dios; o sea, el reconocimiento de un bien moral
que haya que seguir no requiere de modo inmediato el reconocí-
miento explícito de Dios, porque el bien moral no se deduce direc-
tamente de la noción de Dios, sino de la de rectitud y dignidad de
la persona humana. Del mismo modo que, para conocer la digni-
dad propia, el hombre no tiene necesidad de conocer antes su re-
!ación con el Absoluto divino, así tampoco es necesario conocer ex-
plícitamente el Valor Absoluto divino para reconocer la existencia
de valores éticos. Ciertamente Dios es el fundamento ontológico
último de la dignidad humana y de los valores morales, pero esto
no implica que su conocimiento explícito sea absolutamente nece-
sario para conocerlos.
b. La fundación «última» de la moralidad en el Absoluto
trascendente: Dios
Si de la situación de hecho, pasamos a la cuestión de principio, hay
que buscar la fundación última del valor moral en Dios porque su
característica principal es lo absoluto: se debe absolutamente hacer
el bien y evitar el mal; es decir, se debe absolutamente respetar la
dignidad del hombre, actuaren conformidad con la naturaleza bu-
mana. La cuestión del fundamento último surge cuando se formula
el problema de la obligatoriedad y de lo absoluto de la moral: ¿por
que debe el hombre seguir el valor que se presenta a su conciencia?
La respuesta próxima es: porque es conforme a la recta razón y res-
peta la dignidad de la persona. Pero si forzamos la cuestión y pre-
guntamos ¿por qué debe seguir necesariamente esta racionalidad?
¿por qué no puede servirse de su razón para contradecirla? ¿qué le
obliga a ser coherente? ¿puede el hombre fundar lo absoluto de su
dimensión moral? la respuesta requiere no ya un fundamento pró-
ximo, sino un fundamento último.
C. 16 El hombre es un ser moral 229
Carácter absoluto del valor moral
¿Por qué debe el hombre hacer el bien y evitar el mal?
• Fundamento próximo: dignidad de la persona; el bien es conforme a la
recta razón y respeta la dignidad de la persona; el mal no.
• Fundamento último: Dios; sólo el Absoluto puede ser fundamento de
lo que es absoluto.
En diálogo con pensadores no creyentes, Cario María Martin¡ for-
muía así el problema: «[La pregunta] se refiere al fundamento último
de la ética para un laico, en el cuadro de la “postmodernidad”. Es decir,
más en concreto, ¿en qué basa la certeza y la imperatividad de su ac-
ción moral quien no pretende remitirse, para cimentar el carácter ab-
soluto de una ética, a principios metafísicas o en todo caso a valores
trascendentes y tampoco a imperativos categóricos universalmente
válidos? En términos más sencillos |...| ¿qué razones confiere a su
obrar quien pretende afirmar y profesar principios morales, que pue-
dan exigir incluso el sacrificio de la vida, pero no reconoce a un Dios
personal? O, dicho de otro modo, ¿cómo se puede llegara decir, pres-
cindiendo de la referencia a un Absoluto, que ciertas acciones no se
pueden hacer de ningún modo, bajo ningún concepto, y que otras
deben hacerse, cueste lo que cueste? [...] Estoy convencido, además,
de que existen no pocas personas que se comportan con rectitud, por
lo menos en las circunstancias ordinarias de la vida, sin referencia a
ningún fundamento religioso de la existencia humana. Sé también
que existen personas que, sin creer en un Dios personal, llegan a dar
la vida para no abdicar de sus convicciones morales. Pero no consigo
comprender qué tipo de justificación última dan a su proceder.
Resulta claro y obvio que también una ética «laica» puede hallar y re-
conocer de hecho normas y valores válidos para una recta convivencia
humana. Es así como nacen muchas legislaciones modernas. Pero
para que los cimientos de estos valores no se resientan de confusión
o incertidumbre, sobre todo en los casos límite, o sean simplemente
230 EXPLÍCAME LA PERSONA
malentendidos como costumbre, moda, comportamiento funcional
o útil o mera necesidad social, sino que asuman el valor de un vertía-
dero y propio absoluto moral, es preciso que no estén atados a ningún
principio mutable o negociable [...]. Me cuesta mucho comprender
cómo una existencia inspirada en estas normas (altruismo, sinceri-
dad, justicia, solidaridad, perdón) puede sostenerse largo tiempo y
en cualquier circunstancia si el valor absoluto de la norma moral no
está fundado en principios metafísicas o sobre un Dios personal».
Para afirmar lo absoluto del valor moral, para decir que ciertas acciones
no se pueden jamás hacer y que otras se deben siempre cumplir,
es necesario un fundamento último absoluto.
El hombre podría ser el fundamento último con una condición:
que él mismo fuera un Absoluto. Evidentemente, el hombre tiene
un valor absoluto, pero no lo tiene por sí mismo, porque - si se per-
mite el juego de palabras - él no es un Absoluto Absoluto, sino un
Fundamento último
Ser racional creyente)
Fundamento próximo
| | f El creyente percibe el fundamento último
(^Dignidad de la persona)
f VALOR MORAL )
C. 16 El hombre es un ser moral
absoluto relativo. Si el hombre es un absoluto, loes |)(»r<|1 n ■ 111 .״
en último término sobre el Absoluto, sobre Dios. La c>1 >11,11 <.! 1. .1 . 1
y lo absoluto de la moral requiere un Absoluto personal que 111״
absolutamente Absoluto, pueda imponer la obligatoriedad del 1.!11 י
al absoluto relativo que es el hombre.
Poresto, la dimensión moral se Juncia próximamente e inmedla
tamente sobre la dignidad del hombre, pero tiene el fundanu ni..
último en el Absoluto, en Dios. Así, detrás del absoluto humano
está el Absoluto divino que participa al hombre su carácter de al>
soluto. Pero Dios como fundamento, no se impone al hombre desde
el exterior, sino que lo funda desde el interior; la ley de Dios esesen
cialmente la ley de la naturaleza humana. La fundación última en
Dios no quita valor a la fundación próxima en la naturaleza Im
mana, más bien al contrario, la refuerza en su calidad de absoluta.
DIOS
Fundamento último
Dignidad de la personal
Fundamento próximo y
232 EXPLÍCAME LA PERSONA
Experiencia universal
del valor moral
Existen diferencias en valorar lo que
es bueno o malo. Pero que hay una
diferencia profunda entre el bien
y el mal, entre justicia e injusticia, Valor moral
es un dato presente en todos
Es aquel según el cual juzgamos
los hombres, cualquiera sea
las acciones humanas como
\. su situación o cultura. y
buenas o malas en cuanto tales,
y a las personas como buenas
amalasen cuanto tales.
Valor de la persona
• Valor constitutivo = ser
־Valor moral = actuar
Fundamento próximo
del valor moral
La dignidad de la persona humana
reconocida por la razón.
Fundamento último
del valor moral
Dios como Absoluto,
aunque no sea reconocido
. como tal. >
TERCERA PARTE
SENTIDO Y FIN DE LA PERSONA
Algunas preguntas fundamentales que la persona se formula son:
¿por qué vivir? ¿qué sentido tiene el sufrimiento? ¿hay vida después
de la muerte? Para entenderá la persona no basta analizar sus actos
y descubrir su estructura; es necesario entender su fin y sentido. La
persona no sólo es libre «de», sino «para». Este «para» es el sentido
y fin de su vida.
(CAPÍTULO 17)
Sentido de la vida humana
«Ayudo a los demás, lo que para mí constituye el sentido de la vida».
(Marai)
Hay algunas preguntas fundamentales que el hombre de todos los
tiempos se ha plantado: «¿vale la pena vivir?», «¿tiene sentido la
vida?» «¿posee el hombre un destino?». Estas no son preguntas
sobre lo que el hombre debe hacer, sino sobre lo que el hombre es.
«Juzgar que la vida vale o no vale la pena de ser vivida, es contestar
a la cuestión fundamental de la filosofía [...]. Juzgo pues que el sen-
tido de la vida es la cuestión más urgente» decía Albert Camus. El
hombre se interroga sobre el sentido de la vida porque de alguna
forma la trasciende y la supera. Sólo un ser como el hombre, que se
supera infinitamente a sí mismo, puede cuestionarse a sí mismo, y
(־Libertad
( Estupor )
¿Qué es el amor?
( Condénela )
236 EXPLÍCAME LA PERSONA
dar espacio a la tendencia más radical que él tiene: «la voluntad de
sentido» que no es más que la tendencia humana a una existencia
llena de sentido (V. Frankl).
Cuando hay un porqué vivir, se soporta cualquier cómo.
1. «Tener sentido» y «dar sentido» a la vida humana
La cuestión del sentido de la vida humana implica dos aspectos.
Primero, si tiene un />!>׳ , es decir, si tiene una causa eficiente,
si es inteligible; es la cuestión respecto a su verdad. Segundo, si
tiene un para qué, una causa final; es decir, si tiene un fin, si re-
presenta un valor que interpela la responsabilidad; es la cuestión
respecto a la libertad. Sentido de la vida quiere decir por tanto in-
teligibilidad y responsabilidad inseparablemente unidos. 7
sentid( quiere decir que la vida lleva en sí estructuras que la hacen
inteligible. Dar sentido a la vida quiere decir comprometer de
hecho la libertad en el cumplimiento de la tarea configurada en
las estructuras que fundan su inteligibilidad y su valor.
tido es por tanto anterior al dar sentido porque funda las condi־
ciones necesarias para que el hombre pueda comprometerse res-
ponsablemente, es decir con una libertad fundada en la verdad.
/Tener sentido $¡ es inteligible - inteligencia \
Si es un valor Libertad
(humano/cristiano) (responsabilidad)
C. 17 Sentido de la vida humana
a. «Tener sentido» o la inteligibilidad de la vida
La cuestión de tener sentido es intrínseca a las estructuras de la vida
humana que es inteligible, es decir, tiene sentido. Julián Marías lo
pone en evidencia: «La vida humana es siempre inteligible; consiste
precisamente en el sentido; ante otra realidad cualquiera se impone
la duda de si tiene algún sentido o no [...] lo humano [...] se ve que
tiene que tener sentido». Para García Morente «la vida humana es
distinta radicalmente de la acción natural, porque la vida humana
tiene sentido». Entre las estructuras de la vida humana que consti-
tuyen su tener sentido encuentra un puesto privilegiado la libertad
y la conciencia: la vida del hombre tiene sentido; justamente porque
el hombre es inteligente y libre; negar el sentido de la vida sería
negar la inteligencia y la libertad en el hombre. Sólo un ser libre y
consciente de sí tiene sentido. Sólo los sujetos y no los objetos pue-
den cuestionar el sentido de la propia existencia. Tener sentido in-
dica, por tanto, racionalidad, inteligibilidad, verdad.
¿De dónde cuelga la cadena?
¿De dónde viene el agua?
Significa percibir las causas y preguntarse por «La Causa» de las
causas. No hacerlo sería negarse a la inteligibilidad del mundo. No
se trata solamente de los actos que la persona realiza de forma cons-
cíente y libre, sino más bien del ser mismo de la vida personal, de
su naturaleza humana. Esta idea de inteligibilidad se entiende bien
cuando se confronta con su negación; lo que no tiene sentido es algo
irracional, absurdo y contradictorio, y por eso mismo, imposible.
238 EXPLÍCAME LA PERSONA
La vida humana tiene sentido porque el hombre puede ser consciente
y libre; negar el sentido de la vida sería negar la capacidad de
conciencia y libertad en el hombre.
Sin embargo, en la vida humana hay dos realidades que parecen
poner en crisis esta inteligibilidad, hasta el punto de aparecer como
contradictorias con la vida misma: el sufrimiento y la muerte. No se
trata aquí de la experiencia de determinadas personas que no alean-
zan a dar sentido a su vida en estas situaciones conflictivas, sino del
problema teórico que lo precede: ¿cómo puede tener sentido la vida
humana si le es congénito el sufrimiento y está destinada a la
muerte? El tema de la muerte se trata en el capítulo 18. Hago aquí
una breve reflexión.
• La muerte presenta de forma dramática el problema del sen-
tido de la vida porque en ella se manifiesta la paradoja fundamental
de la existencia humana: en la vida está implícita la muerte, y en la
muerte lo está la vida. De hecho, entender que la vida tiene un sen-
tido, significa pensarla siempre en relación con la muerte. ¿Cómo
llamar a la vida, se pregunta Agustín, «una vida mortal o una muerte
vital»? Si se ve la muerte como dimensión intrínseca de la vida, no
puede verse como algo que llega sólo al final de la vida sino que está
presente en cada instante, porque la muerte “muerde” cada instante
de la vida. Por mucho que sea misteriosa, dramática, desastrosa, y
aparentemente aniquiladora, la muerte es no obstante una estruc-
tura de la vida humana. Esto invita, por lo menos, a buscar el sentido
de la muerte en referencia al sentido de la vida.
¿Cómo llamar a la vida, una vida mortal o una muerte vital»? (Agustín).
Por otra parte si se ven bien las cosas, la exclusión de la muerte y
la certeza de no morir anularía la vida, le haría perder cualquier
atractivo e interés. Una vida intramundana perpetua dejaría de ser
C. 17 Sentido de la vida humana I ויו
vida: viviríamos corno muertos. ¿Por qué actuar hoy, si el tiempo <׳
inextinguible? Un tiempo inextinguible es ya un tiempo extinguido
El hombre muere y quiere morir porque sabe que su fin no cn el
tiempo. En caso de que el hombre no muriera, estaría encaden.!(lo
a la perpetuidad temporal.
Si, por tanto, la muerte es una estructura de la existencia humana
y la vida tiene sentido en referencia a ella, surge la siguiente pre
gunta: ¿extingue totalmente la muerte la existencia humana? Está
claro que no es posible sostener que la vida tiene un sentido sin la
afirmación de la inmortalidad personal como estructura intrínseca
de la vida humana, no menos constitutiva que la misma muerte.
Resolver esto es objeto de otro capítulo (ver capítulo 18, ¿La muerte
tiene sentido?).
El sufrimiento
¿Sentido o sin sentido?
• El sufrimiento, físico o moral, exige en primer lugar superarlo,
suavizarlo y, en la medida de lo posible, eliminarlo. Cuando la vida
puede cambiarse, es necesario hacer todo lo posible para cambiarla.
Dicho claramente:
El sufrimiento es un mal; su fundón pedagógico-salvífica,
en el sentido que sirve a descubrir y realizar otros valores,
no lo transforma en un bien. Del mal se pueden obtener ciertamente
bienes, pero el mal continúa siendo mal; no se debería hacer
nunca y en la medida posible se debería evitar.
240 EXPLÍCAME LA PERSONA
Dicho esto, el problema se plantea en los siguientes términos:
cuando el sufrimiento ya no es superable, como en el caso de la muerte
o de un mal incurable, ¿es posible darle un sentido? ¿Cómo vivir una
vida en el sufrimiento que ya no puede evitarse? El sentido del sufri-
miento depende fundamentalmente de la actitud de la persona. En
un texto memorable, Viktor Frankl, superviviente de los campos de
concentración nazi, da testimonio de una experiencia tanto personal
como profesional. «Incluso en el sufrimiento hay una posibilidad de
sentido». Y para justificar una afirmación tan fuerte dice: «¿Con qué
derecho nos atrevemos a decir que la vida nunca deja de tener un sen-
tido para todos y cada uno? Esta afirmación se basa en el hecho de que
el hombre es capaz de transformar en servicio cualquier situación que,
humanamente considerada, no tiene ninguna salida. Deahí que tam-
bién en el sufrimiento se dé una posibilidad de sentido».
¿Cómo dar sentido al sufrimiento?
El sufrimiento tiene sentido si tú mismo te cambias en otro».
(V. Frankl)
b. «Dar sentido» o el actuar responsable
La cuestión del sentido de la vida humana no se agota, sin embargo,
en el tener sentido; implica también el dar sentido, aspecto que se re-
laciona con la finalidad, que involucra la libertad responsable y apela
al carácter dinámico de la persona. Este es el aspecto más problemático
y el que se pone en discusión cuando se habla de la crisis de sentido.
El sentido de la vida no se inventa, sino que se descubre; no es dado
sino que es encontrado. Esto significa que el esfuerzo personal para
dar sentido a la vida se funda sobre la realidad objetiva del tener sen-
tido. El sentido de la vida se descubre sobre la base ontológica previa
de que la vida tiene un sentido y posee inteligibilidad. Los términos
lingüísticos encontrar, descubrir, dar sentido, indican bien que existe
una realidad objetiva sobre la cual se fundan; se descubre lo que existe,
C. 17 Sentido de la vida humana 241
se da lo que se posee. Si se niega el sentido de la vida es porque no se
ha encontrado o se duda de poder encontrarlo, pero no porque ella no
tenga sentido: «nadie puede quejarse hoy de que falte un sentido a la
vida» (Frankl). El sentido de la vida lo construye «ex novo» cada per-
sona humana dada su individualidad y originalidad como persona,
pero no «ex nihilo», porque en este caso no se daría, sino que se crearía.
El sentido se apoya sobre el ser del hombre, pero tiende hacia lo que
debe ser, es decir, imprime en la vida una tendencia a la perfección.
Dar sentido a la vida quiere decir tener la capacidad y saber distinguir
la verdad de la falsedad, el bien del mal, lo esencial de lo que no lo es,
lo permanente de lo pasajero.
No se da situación alguna en la que la vida pierda el sentido, y no
existe persona alguna para la que la vida no tenga sentido, porque
la vida siempre tiene sentido; el problema está en que es necesario
dárselo, descubrirlo; y aquí se puede fallar.
El caso más paradójico es el suicidio, que es al mismo tiempo fra-
caso y confirmación del sentido de la vida. «¿Por qué el suicida pone
fin a su vida? Porque no puede soportar una vida carente de sentido,
porque no puede vivir en el total no-sentido, en la total des-esperanza.
Con su trágico gesto el suicida proclama que, si su vida no tiene ya nin-
gún sentido, no vale la pena seguir viviendo. Se esconde aquí una lógica
tremenda. Si en la desesperación y en la persuasión de que su vida no
tiene ya sentido, el suicida acaba violentamente su existencia, testifica
de modo extremo que, sin esperanza de sentido, la vida es insoporta-
ble. Está aquí la más enérgica protesta de que la vida debe absoluta-
mente tener sentido: no se puede vivir en el absurdo de un total no-
sentido. Precisamente en el acto de su autodestrucción responsable el
suicida obra en la esperanza equivocada, pero esperanza, de huir del
insoportable no-sentido de la vida; pero, en el fondo, huir del no-sen
tido es nostalgia de sentido. La desesperación no es posible sin la es-
peranza-esperante: quien desespera, es porque espera» (Alfaro).
242 EXPLÍCAME LA PERSONA
Viktor Frankl ha sido capaz de mostrar que, más allá del freu-
diano «deseo de placer» existe en el hombre una tendencia todavía
más radical, y ésta es la voluntad de sentido: «el cuidarse de averiguar
el sentido a su existencia es lo que caracteriza justamente al hombre
en cuanto tal, [...] esto es lo más humano en el hombre». Dar sentido
a la vida quiere decir «voluntad de sentido» que significa que la vida
humana busca el amor, la solidaridad, la felicidad.
El amor es el sentido de la vida. El hombre es creado por amor y para el
amor. Podrá reposar cuando haya cumplido y realizado el amor.
Cuando naciste, los que estaban a tu lado sonreían porque te
amaban, y tú llorabas. Vive tu vida amando, para que el día de tu
muerte todos lloren y tú sonrías.
Para el cristiano el sufrimiento de Cristo es amor. F. Mauriac en
Un adolescent d’autrefois, después de la violación y el asesinato de
una niña de doce años dice: «No hay ninguna otra respuesta que
este cuerpo desnudo, que ha sido el cuerpo del Señor, cubierto de
llagas, clavado a una cruz y del cual se burlan los intelectuales. La
respuesta, la niña la abraza para siempre contra su corazón. Ahora
y por siempre».
Cristo no ha venido al mundo para explicar o abolir el sufrimiento,
sino para asumirlo y transformarlo en instrumento de salvación:
«Dios no ha venido a explicar sino a llenar» (Paul Claudel).
Cristo no ha abolido el sufrimiento y no ha querido ni siquiera
revelarnos enteramente el misterio: lo ha asumido sobre sí mismo,
ha cargado la cruz por nosotros, y esto es suficiente para que nos-
otros comprendamos todo su precio.
Elie Wiesel, en su novela Night, habla de su experiencia en un
campo de concentración. Tres personas fueron ahorcadas; dos eran
C. 17 Sentido de la vida humana 243
adultas, el tercero un niño. Los adultos expiraron rápidamente, pero
el niño prolongó su agonía. Un prisionero preguntó: «¿Dónde está Dios
en este momento?». Del fondo del corazón Wiesel escuchó una voz
que decía: «¿Dónde está Dios? Está ahí, colgado de esos maderos».
2. La esperanza y el sentido de la vida
El sentido de la vida está íntimamente unido a la esperanza. Cuanto
más se avanza en los años, tanto más se mira la vida hacia atrás. Sin
embargo, la vida misma es mirar adelante, hacia el futuro y, por
tanto, está cargada de esperanza.
«Es justo y bello mirar al pasado, pero es necesario saber vivir
el presente mirando hacia el futuro»
(Tácito).
El hombre es un ser de futuro, de esperanza. Cuando uno está descon-
solado, frecuentemente es porque está desanimado. La desesperación
es un aspecto de la pobreza radical que atenaza al hombre: la preca-
riedacl. En su obra El hombre y la gente, Ortega y Gasset recuerda la
dedicatoria que Paul Morand le escribió en la biografía de Maupassant:
«Hace unos cuantos años Paul Morand me envió un ejemplar de su
biografía de Maupassant con una dedicatoria que decía: “Le envío esta
vida de un hombre qui n’espérait pas...”¿Tenía razón Morand? ¿Es po-
sible - literal y formalmente posible - un humano vivir que no sea un
esperar? ¿No es la función primaria y más esencial de la vida la expec-
tativa y su más visceral órgano la esperanza?».
Desde el punto de vista fenomenológico, constatamos que la es-
peranza es profundamente humana y todas las actividades de núes-
tra vida están guiadas por la esperanza. El hombre es un ser de es-
peranza. Nuestros ojos están colocados delante, en el rostro, y no
detrás, por eso miran hacia adelante; nuestras manos y brazos se
244 EXPLÍCAME LA PERSONA
mueven hacia adelante; nuestros pies están orientados hacia adelante
y nos llevan en esa dirección; incluso nuestra vida y forma biológica
está orientada hacia delante, hacia el futuro. Ninguna obra humana,
ni siquiera la más pequeña, se emprende sin esperanza. El campesino
siembra la semilla y espera que germine y dé fruto; la madre cuida y
educa para que los hijos crezcan y sean felices; espera el hombre de
negocios hacer una gran fortuna; y el joven estudiante terminar la ca-
riera y casarse; el enfermo curarse, el pobre enriquecerse, el triste
consolarse. Quien no espera nada, está sentado al margen de la vida.
Dice el proverbio: «la esperanza es lo último que muere». Y cuando
ésta se pierde, verdaderamente todo está perdido. Cuando un hombre
llega a la situación de no esperar de verdad nada; de levantarse en la
mañana sin esperar absolutamente nada, ese hombre ya no vive y se
deja morir lentamente, o de repente con el suicidio. Se espera y se
confía en los hombres, la confianza es parte substancial de la vida del
hombre. Si yo no me fío de los que me rodean, si circundo de alambre
de espino mi corazón, no hago mal sólo a los demás, sino que me hago
mal a mí mismo. Un corazón desconfiado envejece de prisa.
No hay que confundir la esperanza con la espera. En la espera el fu-
turo no oculta novedades, está previsto. Muy diferente es la esperanza.
Se orienta al futuro como lo porvenir, lo imprevisible, lo oculto y lo
desconocido. Por eso la esperanza no es pasividad, sino creadora de
posibilidades siempre nuevas, como el amor. Todas las lenguas hacen
la distinción terminológica: espera-esperanza; attesa-speranza; wait-
hope; warten-hoffhung; attente-espoir. En español las dos palabras tie-
nen la misma raíz, en las otras lenguas es diversa.
Espera Esperanza
Attesa Speranza
Wait Hope
Warten Hoffnung
Atiente Espoir
C. 17 Sentido de la vida humana 245
Laín Entralgo, en su libro La espera y la esperanza dibuja la dife-
rencia entre ambas. La espera es ambigua: puede ser espera de un
bien, o de un mal, o incluso una espera vana, sin objeto, una ilusión,
por ejemplo ganar la lotería sin comprar el billete. La espera se re-
fiere a «tener» o evitar algo. La espera es, por tanto, pasiva respecto
al futuro, el cual se «espera que llegue». La espera es penosa, lenta
y larga; está unida al miedo, a la angustia, y está inquieta; dice el
proverbio: «quien espera, desespera». Lo duro que es esperar lo sa-
bemos por experiencia propia. Esperar cuando se ama, cuando se
desea, cuando se tiene necesidad de algo, es un tormento; aunque
no tuviéramos más dolor en nuestra alma que lo que sufrimos
cuando esperamos los bienes que anhelamos intensamente, basta-
ría para transformar nuestra vida en un valle de lágrimas.
La esperanza está ligada al tiempo. En el mundo es necesario es-
perar, en el doble sentido de «tener esperanza» y «esperar»; cualquier
cosaque buscamos normalmente se alcanza lentamente. Lentamente
maduran los frutos del campo, lentamente se adquiere la ciencia y el
conocimiento; lentamente se enriquece el hombre; lentamente se
conquistan los corazones. Todo se desarrolla con lentitud; el tiempo
impera forzosamente en nuestra vida y tiene una función no sólo bio-
lógica, sino también pedagógica y educativa. El hombre contempo-
ráneo no tolera las lentitudes, quisiera que todo fuera rápido, pero la
ley de la vida, de toda vida, es la lentitud; el tiempo madura los frutos
en el campo, el tiempo madura la responsabilidad de la persona.
Decía Ovidio: «Lo que nace pronto, muere pronto».
3. Esperanza, sentido de la vida y compromiso cristiano
La dimensión espacio-temporal de la vida humana nos lleva a otra
consideración que toca la esperanza cristiana. El cristianismo con-
sidera la vida corporal como el tiempo y el lugar de la propia real¡-
zación, que alcanza su verdadero valor solamente cuando está com-
prometida en obtener la realización completa de la persona. Vida
246 EXPLÍCAME LA PERSONA
humana y esperanza en el más allá no se contradicen mutuamente,
sino que se complementan. «Cada uno recibirá lo que haya hecho,
bueno o malo, por el cuerpo» (2Cor 5,10). Por este motivo, el cris-
tiano no debe pasar la propia vida como pasan las nubes en el cielo
durante un día de ábrego, o lo que sería peor, vegetar intentando sa-
tisfacer solamente los propios apetitos, sino por el contrario, vivirla
realmente en profundidad para alcanzar la propia realización per-
sonal. Lo más importante no es la cantidad de tiempo que se tiene
a disposición; lo que es verdaderamente importante y urgente es el
hecho de aprovecharlo y de hacerlo fructificar. Triste es este epitafio:
«Aquí yace un hombre que murió a los noventa y tres años, pero
vivió sólo tres».
«Si existe un pecado contra la vida,
seguramente no es tanto el de desesperar, como el de esperar
otra vida y desentenderse de la implacable grandeza de ésta».
(A. Camus)
En estas palabras hay un fuerte reclamo a la verdad y a la cohe-
rencia. Ciertos movimientos religiosos de sello espiritualista, mile-
narista y apocalíptico sustraen a los creyentes del presente con la
esperanza de un vago futuro. Esto no vale para el verdadero cris-
tiano. El cristianismo, en efecto, proclamando la encarnación de
Dios, atribuye una «implacable grandeza» a esta vida. Al cristiano
no le es lícito sustraerse al compromiso de la solidaridad y del amor
hacia los hermanos, porque si no se quiere ser «solitarios», es nece-
sario ser «solidarios» (Camus). Precisamente en nombre de su amor
a Dios, el cristiano debe mostrar que su verdadera esperanza hacia
el porvenir es dar todo en el presente. La primera virtud cristiana es
la caridad, ejercida sobre todo con nuestros semejantes, que no im-
plica sólo la oración, sino también aquellos bienes materiales con
los que podemos contribuir. «Tuve hambre y me disteis de comer;
C. 17 Sentido de la vida humana 247
tuve sed, y me diste de beber; era forastero, y me alojasteis; estaba
desnudo y me vestísteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel y fuis-
teis a verme - dijo Jesús, porque - cuando lo hicisteis con uno de
estos mis hermanos más pequeños conmigo lo hicisteis» (Mt 25,35-
36.40). Y pasajes como este se podrían encontrar sin fin en el Nuevo
Testamento: «¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene
fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo la fe? Si un hermano o
una hermana están desnudos y faltos de alimento cotidiano, y uno
de vosotros le dice: “Id en paz, calentaos y saciaos", pero no les da lo
necesario para su cuerpo, ¿de qué le sirve? Así también la fe: si no
tiene obras, está muerta en sí misma» (Sant 2,14-17).
No se trata, por tanto, de alimentar desprecio por la realidad de
este mundo en nombre de un cielo místico. La acusación hecha a
los cristianos, de ser personas que no se preocupan de lo que sucede
en el ámbito humano y de vivir enajenados a causa de un mundo ul-
traterreno, es hoy más falsa que nunca. Quizás hubo un tiempo en
que algunos cristianos creyeron de buena fe que ésta era la actitud
correcta; pero ya san Pablo tuvo que reprender a algunos miembros
de la comunidad de Tesalónica porque, con la escusa de que «el
tiempo era corto», se entregaban al ocio (cf. 2Tes 3,6-15). La vida
cristiana, por eso, no desprecia las cosas de este mundo, y tampoco
se aleja de las actividades temporales. Como dice bien el Concilio
Vaticano II «el mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edi-
ficación del mundo ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino
que, al contrario, les impone como deber el hacerlo», así «nuestro
humanismo se hace cristianismo, nuestro cristianismo se hace teo-
céntrico; tanto que podemos afirmar también: para conocer a Dios
es necesario conocer al hombre» (Pablo VI).
248 EXPLÍCAME LA PERSONA
La vida "tiene" sentido
Inteligencia (verdad).
Porque el hombre es consciente "Dar"sentidoa la vida
y libre; negar el sentido de Libertad (responsabilidad).
la vida sería negar la conciencia Dar sentido a la vida quiere decir
y libertad en el hombre. «voluntad de sentido» que
significa que la vida humana busca
el amor, la solidaridad, la felicidad.
Motivos de sentido
• Esperanza
• Amor
• Solidaridad
• Compromiso
Amor y '
sentido de la vida
El amor es el sentido de la vida.
Cuando naciste, los que estaban
a tu lado sonreían porque
te amaban, y tú llorabas.
Vive tu vida amando,
para que el día de tu muerte
todos lloren y tú sonrías.
Cuando hay un porqué vivir,
se soporta cualquier cómo.
Solidaridad y
sentido de la vida
«Si existe un pecado contra la vida,
Crisis de sentido seguramente no es tanto el desesperar, como
• Sufrimiento el esperar otra vida y desentenderse de
• Fracaso la implacable grandeza de ésta».
• Muerte
CAPÍTULO 18
¿La muerte tiene sentido?
«No se cómo llamar a esta vida, si una vida mortal o una muerte vital»
(Agustín).
«La pálida muerte lo mismo llama a las cabañas de los pobres que a
los palacios de los reyes» (Horacio). ¿Qué es la muerte humana? y
¿cuál es el significado de la muerte para el hombre? Todo intento de
comprender al hombre se ve obligado a confrontarse explícitamente
con el problema de la muerte. La muerte es un destino que está den-
tro de nosotros y forma parte de nuestra vida. ¿Cómo debo llamar a
la vida, se pregunta Agustín, «una vida mortal o una muerte vital»?
Sobre la muerte se pueden hacer consideraciones:
• Morales: la muerte es un castigo para algunos, para otros un
regalo, y para muchos un favor;
• Espirituales: muertos no son aquellos que descansan en una
tumba fría, muertos son aquellos que como yo, teniendo el
alma muerta, viven todavía;
• Ascéticas: incierto es el lugar donde la muerte te espera, es-
pérala pues en todo lugar;
• Religiosas nacer es comenzar a morir, morir es comenzar a
vivir, porque la muerte es sólo un cambio de misión.
Todas estas consideraciones son importantes y necesarias en una
visión global. Aquí vamos a reducir la presentación a responder a
las dos preguntas formuladas: qué es y qué sentido tiene.
250 EXPLÍCAME LA PERSONA
1. La conciencia y la experiencia de la muerte
A diferencia del animal, que sólo en algunos casos puede percibir
la muerte, el hombre se da cuenta de la fragilidad de la vida y de
que debe morir. «Bajo la suela delgada / Siento la tierra que espera
/ Entre la vida y la nada / Qué delgada es la frontera». De algún
modo, la certeza de la muerte está siempre presente en el hori-
zonte de la vida: la conciencia de la vida es al mismo tiempo con-
ciencia de la muerte Esta conciencia se puede presentar o como
un conocimiento nocional, o como conocimiento experiencia!.
a. Mueren siempre «los otros»
Frecuentemente la conciencia de la muerte es meramente nocio-
nal; es como tantas cosas que se saben porque se ha escuchado.
Una catástrofe, la enfermedad, un accidente... los que mueren son
siempre los otros; yo simplemente me cruzo con la muerte, pero a
los otros los pilla de lleno. La muerte es algo que sólo conocen los
que tienen la suerte de vivir, los que preparan las pompas fúnebres.
El ritual de los muertos es un ritual de vivos. Muchos tratan de no
pensar en ella, como dice el romancero español: «Cada vez que
considero/ que tengo que morir,/ tiendo la capa en el suelo/ y no
me harto de dormir». Se muere sin darse cuenta; no se tolera que
al enfermo se le haga tomar conciencia de la proximidad de «su»
muerte.
Esta cultura del olvido de la muerte ha conducido a una pérdida
del sentido humano de la muerte y a un abandono del moribundo.
Ya no se muere en familia, en la propia casa, circundado del afecto
de los seres queridos. Los hospitales se han hecho impersonales,
y se rodea al moribundo de un blindaje casi impenetrable, también
para los familiares más queridos. Se ha olvidado la dimensión «hu-
mana» de la muerte.
C. 18 ¿La muerte tiene sentido? 25ו
b. Pero en «los otros» muero yo
La conciencia experiencial de la muerte se manifiesta, en la experien-
cia de la muerte del ser amado. Aquí el hombre se da cuenta por ex-
periencia de lo que significa ser mortales y cuál es la verdadera natu-
raleza de la muerte. Con la muerte del amado todo cambia. Agustín
llora al amigo perdido y a causa de esta muerte la patria es suplicio, la
casa paterna infelicidad y horrible tormento cuanto era común con
él; la rebelión se extiende hasta Dios: en vano, narra Agustín, decía a
mi alma «espera en Dios»; para ella el amigo perdido era «más verda-
dero y más bueno» que el fantasma en el cual le ordenaba esperar.
Para Marcel el único planteamiento real y concreto del misterio de la
muerte es el de la muerte de quien se ama. «Lo que cuenta no es mi
muerte ni la suya, sino la muerte de los que nosotros amamos».
Preguntar ¿por quién doblan las campanas? es hacer una pregunta
retórica: tañen por tí y por mí. En otras palabras, la realidad de la
muerte es la realidad del amor. La muerte nos desgarra y nos separa
del amado y, por eso, en su muerte está la mía. De ahí que en una sola
tumba hay con frecuencia dos corazones en el mismo ataúd.
«Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando»
(Tagore)
«Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo»
(Séneca)
c. En «los otros» muero yo porque los amo
Ante la muerte de la persona amada, su muerte es ya, en cierto modo,
mi muerte. En el corazón de la madre pueden convivir cuatro hijos,
pero cada uno lo ocupa enteramente con su unicidad; y si uno solo
muere, no se pierde la cuarta parte del corazón de la madre, sino que
la pérdida es total. No se podrá comprender la muerte hasta que no se
252 EXPLÍCAME LA PERSONA
ame de verdad. Nosotros no tenemos una experiencia directa de la
muerte, ni podemos recabar un conocimiento de la mera asistencia,
neutra e impersonal, a la muerte de los demás, pero de estas observa-
ciones y sobre todo de la experiencia de la muerte de la persona amada,
que me golpea porque el sentido de mi existencia está radicalmente
ligado a la persona amada, comprendemos con dureza el drama de la
muerte. La muerte de la persona amada es una experiencia compleja,
hasta el punto que la primera reacción es el rechazo: «¡imposible!».
Quien pierde a la persona amada, se siente otro, no porque esa muerte
le haya cambiado la vida y quizás paralizado la existencia, sino porque
una vez perdido el tú, también el yo es otro distinto del que era. Esta
problemática se coloca en un nivel diverso del de la muerte como con-
junto de eventos fisiológicos diagnosticados médicamente. Sin negar
la realidad y verdad de éstos, trata de situar la muerte humana en el
nivel de las relaciones interpersonales basadas sobre el amor, y este es
el verdadero sentido, y el verdadero drama, de la muerte.
2. Evitar los extremos
Siendo el hombre un espíritu encarnado, hay que evitar dos reduccio-
nismos: el biológico que hace consistir la muerte en un conjunto de
procesos y eventos físico-biológicos, y el espiritualista, que insistiendo
en la espiritualidad del hombre olvida su realidad encarnada.
C. 18 ¿La muerte tiene sentido? 253
a. Evitar el reducciónismo biológico
El organismo viviente en cuanto estructura compleja de átomos y
moléculas exige para su funcionamiento un entorno material con-
creto y limitado, y todo cambio más allá de tales límites, provoca la
muerte. El organismo biológico no contiene nada, en cuanto cuerpo
físico, que trascienda su naturaleza y en consecuencia es natural que
se destruya. El hombre como cualquier otro animal, atraviesa un
ciclo vital: nace, crece y muere. Incluso si el hombre no perece por
causas accidentales, el envejecimiento bloquea ciertas funciones or-
gánicas y hace que sobrevenga la muerte. En su dimensión bioló-
gica, la muerte humana se inscribe en las condiciones y en las leyes
que gobiernan el organismo.
En este sentido la muerte se puede definir como la pérdida total
e irreversible de la capacidad global de integrar y coordinar lasfun-
dones del organismo, físicas y mentales, en una unidad funcional.
El organismo viviente funciona como un todo; es un «unum per sé»,
en el que todas las funciones están armonizadas en un sistema uni-
tario. Un individuo puede considerarse muerto cuando ha perdido
total e irreversiblemente su unidad interna, esto es, la unidad orgá-
nica en la que los órganos, los aparatos y sus funciones están inte-
grados y autorregulados.
Cerebro
Cerebelo
bo raquídeo
254 EXPLÍCAME LA PERSONA
Esta unidad funcional del organismo humano, ya desarrollado y
diferenciado, depende esencialmente del encéfalo (que comprende
tres partes: cerebro, cerebelo, bulbo raquídeo) por lo que su quiebra
irreparable e irreversible indica la muerte de la persona. La muerte
de un ser humano no es sólo la muerte del encéfalo, pero su quiebra
irreparable - con la consecuente pérdida de unidad funcional del
organismo - adecuadamente diagnosticada es una indicación cierta
de la cual se puede concluir la muerte de la persona. Como una in-
dicación de autopista no es la ciudad de destino, sino una indicación
segura para llegar, de modo análogo la muerte del encéfalo no es la
muerte humana, pero en ella encontramos una indicación cierta
para deducir la muerte de la persona.
b. Evitar el reduccionismo espiritualista
Consecuentemente la muerte humana tiene un significado meta-
empírico, y no puede quedar reducida a un conjunto de eventos bio-
lógicos empíricamente constatables, pero tampoco a una realidad
tan transcendente que no tenga suficientemente en cuenta la exis-
tencia humana encarnada. Si bien el uso de las facultades superiores
específicamente humanas (inteligencia, libertad, conciencia...) es
el signo distintivo de nuestra «humanidad», por sí solas no consti
C. 18 ¿La muerte tiene sentido? 255
tuyen a la persona humana. La vida humana es la vida de una per-
sona, que es una unidad corpóreo-espiritual; no es solamente
«bios», pero no es tampoco espíritu «puro»; la vida humana es la
vida de un «espíritu-encarnado». Para el filósofo, el argumento se
comprende fácilmente. De hecho, el alma humana es el único prin-
cipio de vida del cuerpo. En el hombre no hay tres almas distintas,
responsables una de la vida vegetativa, otra de la sensitiva y otra de
la espiritual, sino una única alma espiritual que preside todas las
funciones de la vida. Mientras que haya vida (el organismo como
un todo) hay que atribuirla al alma espiritual humana, y por tanto
estamos en presencia de una persona humana todavía viva, aunque
haya perdido la posibilidad de ejercitar muchas de sus facultades
corporales. Solamente de la integración entre los dos campos del
saber, biológico y filosófico, deriva la respuesta definitiva sobre qué
es la muerte humana y qué significa para el hombre morir.
3. La muerte es pérdida de unidad: separación
Si la vida del hombre es una unidad organizada, la muerte se pre-
senta como ruptura y separación. A partir de una reflexión filoso-
fica resulta que todo ser substancial material, en cuanto que está
compuesto de materia y de forma substancial, está sujeto a la co-
erupción, es decir, al cambio substancial: separación de la forma
substancial de la materia. Las causas materiales modifican las pro-
piedades accidentales más allá del límite, las hacen incompatibles
con la forma substancial, y provocan el aparecer de un nuevo ente
substancial con nueva forma sustancial. Por ejemplo: un árbol
frondoso; le comienzo a quitar ramas, después no lo riego y se seca:
ya es árbol muerto, después lo corto y lo quemo; todos estos cam-
bios hacen que el árbol pase sucesivamente de organismo viviente
a árbol seco, y a energía de calor.
El hombre es tal por la forma substancial humana: el alma espi-
ritual; el cadáver no es hombre porque está informado por otra
256 EXPLÍCAME LA PERSONA
Cambio sustancial
Árbol frondoso ►־ No se riega ■ Árbol muerto: Se quema
y se seca se corta
forma substancial que no es la del hombre; la forma substancial se
ha separado de la materia prima. La muerte es «crisis» de la unión
substancial que es todo hombre; crisis dolorosa porque el cuerpo
está connaturalizado con el alma; el organismo biológico del cada-
ver se hace objeto, algo distinto de lo que era como cuerpo viviente
de un hombre. «Mi cuerpo ha cesado de ser mío; ahora es un cuerpo,
un compuesto químico» (Sciacca). Como se sabe, el cambio subs-
tancial no es un momento en el sentido de una duración aunque sea
mínima de tiempo, sino un límite, antes de él existe todavía el ser
substancial precedente, después de él existe el ser substancial su-
cesivo. Por esto no tiene sentido hablar del instante de la muerte
como de un estado. Se trata de un «antes» y un «después»•
El dualismo antropológico y las antropologías materialistas han
confinado la muerte a la esfera puramente biológica. De este modo
no tocaría las dimensiones «humanas» de la existencia, que son es-
piritualesy no mezcladas con el cuerpo. Ahora bien, los presupues-
tos mismos de esta interpretación presentan dificultades. A la luz
de la unidad del hombre con el propio cuerpo, la muerte no es
nunca solamente o primariamente un hecho biológico, objetivo y
neutro, sino más bien una condición existencial y humana. No es
sólo el cuerpo el que muere: es el hombre que muere, lodo el hom-
bre, cuerpo y espíritu, inteligencia y libertad, esfuerzo y amor, está
involucrado en la muerte. La muerte toca al hombre en el corazón
C. 18 ¿La muerte tiene sentido? 257
mismo de su vida personal e interpersonal. En este sentido la ex-
presión tradicional de «muerte-separación»indica bien el fin dra-
mático de la vida humana, en cuanto separación violenta del mundo
humano [cuerpo] en el cual se vive, se espera, se ama.
La muerte es drama, crisis, ruptura de la unidad.
No es sólo un dato biológico, sino que toca a la persona
en lo más hondo de su vida individual e interpersonal.
Este carácter totalizante y dramático de la muerte resulta todavía
más evidente si se toma en consideración el ser del hombre en su
integridad como «espíritu encarnado». La muerte-separación sería
una amputación del hombre. El dramatismo de la muerte aparece
todavía más fuerte si se pone en relación con la unicidad de la forma
substancial del hombre. Si el hombre es uno y tiene una sola forma
substancial, el verdadero problema no será cómo se une al cuerpo,
porque por su naturaleza es acto del cuerpo, sino cómo puede se-
pararse del cuerpo, y qué provoca en el hombre esta separación.
Tomás de Aquino responde a este problema considerando la super
vivencia después de la muerte como un estado imperfecto del alma
en tensión hacia el reencuentro.
4. En busca del sentido de la muerte
En el capítulo sobre el sentido de la vida (ver capítulo 17) decía que
la muerte presenta de forma dramática el problema del sentido por-
que en ella se manifiesta la paradoja fundamental de la existencia
humana: en la vida está implícita la muerte, y en la muerte lo está
la vida, hasta tal punto que una no puede ser entendida sin la otra.
De ahí que cuando el hombre busca conocer su puesto y sentido en
el mundo, se plantee el sentido de la muerte. San Gregorio Magno
258 EXPLÍCAME LA PERSONA
en su homilía 37 dice: «En comparación con la vida eterna, la vida
temporal más debe ser llamada muerte que vida. Pues aunque núes-
tra disolución se resiste día a día, ¿qué es esto sino una muerte pro-
longada por mucho tiempo?». La muerte tiene constantes embaja-
dores y mensajeros en la vida: penurias, enfermedades, sufrimiento,
etc. Como animal sensible, el hombre está ligado al aquí y al ahora;
pero como animal racional se interesa del futuro y es consciente de
que algún día morirá. Si bien la muerte es co-presente a la vida, el
evento muerte está al final del horizonte de nuestra vida.
Por mucho que sea misteriosa, dramática, desastrosa, y aparen-
temente aniquiladora, la muerte es no obstante una estructura de
la vida humana. Esto invita, por lo menos, a buscar el sentido de la
muerte en referencia al sentido de la vida. Por otra parte si se ven
bien las cosas, la exclusión de la muerte y la certeza de no morir anu-
laría la vida, le haría perder cualquier atractivo e interés. Una vida
intramundana perpetua dejaría de servida: viviríamos como muer-
tos. ¿Por qué actuar hoy, si el tiempo es inextinguible? Un tiempo
inextinguible es ya un tiempo extinguido. El hombre muere y quiere
morir porque sabe que su fin no es el tiempo. En caso de que el hom-
bre no muriera, estaría encadenado a la perpetuidad temporal.
Si, por tanto, la muerte es una estructura de la existencia humana
y la vida tiene sentido en referencia a ella, surge la siguiente pre-
gunta: ¿extingue totalmente la muerte la existencia humana? Está
claro que no es posible sostener que la vida tiene un sentido sin la
afirmación de la inmortalidad personal como estructura intrínseca
de la existencia humana, no menos constitutiva que la misma
muerte. Resolver esto es objeto del siguiente capítulo.
C. 18 ¿La muerte tiene sentido? 259
Conciencia y experiencia
de la muerte
• Mueren siempre los otros.
• En los otros muero yo
porque los amo. x Vida y muerte
• Las campanas tocan por ti. «No se cómo llamara esta vida,
si una vida mortal
o una muerte vital»
k (Agustín). >
Evitar los extremos
• El biologismo = corrupción de
un organismo corpóreo.
- El esplritualismo = lo importante
es la inmortalidad.
Sentido de la muerte
Co-presenteala vida.
Con ella no termina la vida,
sino que se transforma.
Cambio substancial
La muerte es drama, crisis,
ruptura de la unidad.
No es sólo un dato biológico,
sino que toca a la persona en
lo más hondo de su vida
individual e interpersonal.
CAPÍTULO 19
¿Hay vida después de la muerte?
«Si la muerte no fuera el preludio a otra vida, la vida presente sería una burla cruel»
(Gandhi)
El drama de la muerte nos golpea a todos. Frente a la muerte de
una persona querida, nadie puede declararse indiferente; se quiera
o no, en la muerte de otra persona, cada uno ve la suya y se pregunta
si con la muerte, el hombre cae y se disuelve en la nada o por el
contrario sobrevive a ella. Si después de la muerte no hay nada,
¿qué sentido tiene la vida humana? Si el hombre está destinado a
desaparecer total y definitivamente con la muerte, ¿de qué vale en-
tonces vivir, comprometerse, si todo está destinado a desaparecer
en la nada? Si la vida humana se cierra definitiva y totalmente en
la tumba, se convierte en un absurdo y no le quedan al hombre sino
dos posibilidades: «el absurdo o el suicidio» (Camus).
¿Qué es la vida? ¿Una serie de días que lleva a la nada o un viaje
hacia la eternidad?. El romancero español canta así:
«¿Seré yo un muerto cuando me haya muerto?
¿o seré un náufrago que llega a puerto?».
El problema crucial no es la vida o la muerte, sino la sobrevi-
vencía, la inmortalidad personal. Como Augusto, el protagonista
de la novela Niebla, Unamuno desea «vivir, vivir, vivir... ser yo, yo,
yo». Vivir siempre, con mi carne, mis huesos; vivir en plenitud,
!62 EXPLÍCAMELA PERSONA
eternamente, en el infierno si fuera necesario, dado que como dice
Jnamuno en la Vida de Don Quijote y Sancho, si existe un in-
ierno, en él se vive; la tensión más grande es el ansia de inmorta-
idad: «ser, ser siempre, ser sin jamás terminar de ser».
Que el hombre sobrevive personalmente a la muerte se percibe
en primer lugar en la experiencia del amor, en el arte, en la ética.
Xntes que una reflexión filosófica, la inmortalidad personal es, por
anto, una experiencia vivida. Esta experiencia sobrevive también
donde la demostración filosófica se revela inadecuada. La inmorta-
idad personal no depende indudablemente sólo de la reflexión fi-
osófica. El problema es muy parecido al de la existencia de Dios. Se
rata de ver hasta qué punto la reflexión filosófica puede justificar y
undamentar la inmortalidad personal que se asoma espontánea-
Tiente a la experiencia humana y se mantiene, incluso cuando la fi-
osofía no ofrece una prueba satisfactoria.
La inmortalidad antes que una prueba racional, es una experiencia
y una exigencia del amor hacia la persona amada.
Amar quiere decir: tú no morirás; tú y yo para siempre.
La auténtica idea de la inmortalidad implica que el ser inmortal
es espiritual y personal. Una inmortalidad de tipo cósmico en la que
;e pierda la espiritualidad del ser - manifestada en la conciencia y
en el amor - y su individualidad personal, no satisface la auténtica
exigencia de inmortalidad del hombre.
1. ¿Qué es la inmortalidad?
Lo que no muere. Es la imposibilidad de la corrupción, de la des-
rucción; quien no está compuesto, quien es simple y espiritual, no
:ruede corromperse ni deshacerse porque carece de partes. La per
C. 19 ¿Hay vida después de la muerte? 263
sona humana, en relación a su dimensión espiritual, es inmortal
porque su alma espiritual no tiene en sí misma ningún principio in-
trínseco de corrupción. De ahí que se define inmortal aquel ser cuya
existencia personal y consciente continúa existiendo mas allá de los
límites espacio-temporales marcados por la muerte.
De esta definición se deducen dos cosas:
• que hay una continuidad personal entre el ser que existe en
este mundo y el ser que sobrevive;
• que la existencia después de la muerte no es abstracta, sino
personal, individual y consciente.
2. La reencarnación no es inmortalidad
La creencia en la reencarnación afirma que el alma humana alcanza
su destino definitivo sólo después de una serie indefinida de vidas
terrenas y ultraterrenas.
Después de la destrucción del cuerpo, y según el grado de purificación
alcanzado, el alma humana puede volver:
• a otro cuerpo infrahumano (transmigración de las almas), o
• a otro cuerpo humano (reencarnación), o
• pasaren el más allá a esferas de perfección siempre mayores (eternidad
evolutiva), hasta alcanzar la purificación plena y la salvación final.
Claramente se evidencia el carácter moral de la reencarnación: la
purificación-expiación de las culpas y el respeto de la ley moral y de
la justicia. El orden moral exige que los actos buenos sean premiados,
y los malos castigados. Pero esto no se da en la tierra, donde con fre-
cuencia el mal triunfa sobre el bien. De este modo si el mal no es
igual que el bien, y si hay que hacer justicia, la recompensa del bien
y el castigo por el mal tienen que ser posibles en otra forma de vida.
264 EXPLÍCAME LA PERSONA
Un razonamiento como este parece perfecto y de hecho también
en el cristianismo - lejano de la reencarnación - vale el mismo prin-
cipio: «cada uno recibirá según lo que ha hecho». Pero lo que no es
verdad es que la reencarnación satisfaga esta exigencia de justicia.
De hecho algunos elementos esenciales de la reencarnación están
en abierta contradicción con ella.
• Primero: la falta de identidad entre la persona de esta vida y el
individuo de la otra. Para que la sucesión de pruebas purificaderas
sea aceptable, es necesario que, aunque se hagan en condiciones di-
ferentes a las presentes, sea siempre el mismo sujeto el que las hace.
Pero esto es imposible en la reencarnación en donde el cuerpo y la
identidad personal es de otro.
• Segundo: falta completa de memoria de la vida anterior. Si se
debe purificar algo es necesario una relación con la vida que se tiene
que purificar.
• Tercero: si la reencarnación no se entiende como «purifica-
ción» sino como sucesiva elevación del alma a esferas siempre más
altas, estamos en una abierta contradicción; quienes la proponen
creen que el alma es una parte de Dios y por eso la reencarnación
más que una ayuda es un obstáculo para dicha elevación.
C. 19 ¿Hay vida después de la muerte? 265
3. ¿Cómo mostrar la inmortalidad?
La fe en la supervivencia es universal, común en todos los tiempos
y en todos los pueblos del mundo. Si echamos una rápida mirada
a la historia se puede notar que la inmortalidad del alma es afir-
mada por el más simple sentido común y por el más sublime saber
filosófico.
a. El consentimiento universal del género humano
Demuestran la existencia de este consentimiento universal:
• El culto y honor otorgado a los muertos. La costumbre de
dejar sobre la tumba de los difuntos comida, vestidos, mo-
nedas, libros que sirvan como guía para el viaje al más allá;
cantos y oraciones, augurios e inscripciones sepulcrales, sím-
bolos varios, ceremonias fúnebres que encontramos en todos
los cultos.
El hombre es el único, entre todos los seres de este mundo,
que rodea de religioso respeto las cenizas de sus semejantes.
La bestia no conoce el féretro.
• Las religiones en todos los pueblos y culturas. Egipcios, griegos,
romanos, celtas, germanos, etc... No existe ninguna religión
que no mencione más o menos explícitamente la creencia en
la vida ultraterrena. También en las religiones orientales existe
esta creencia; desde los libros sagrados de Confucio, hasta los
Vedas en la India o los libros deuterocanónicos y protocanó-
nicos del pueblo hebreo. En la doctrina católica todos los pa-
sajes de la Sagrada Escritura que afirman la existencia de un
premio o de un castigo son otras tantas pruebas de la inmor-
266 EXPLÍCAME LA PERSONA
talidacL Todo el cristianismo, por otra parte, se apoya en la sal-
vación eterna de la otra vida.
Los pueblos han creído en la inmortalidad
• Los filósofos. La convicción de la supervivencia se remonta a
los orígenes del género humano, aunque el esfuerzo por dar
una demostración filosófica de la inmortalidad comenzó con
Sócrates y Platón. Casi todos, de un modo o de otro, han pro-
fesado la doctrina de la vida futura: Pitágoras, Empédocles,
Marco Aurelio, Séneca, Cicerón; los grandes filósofos del
cristianismo como Agustín, Tomás; los grandes pensadores
de la época moderna: Locke, Berkeley, Descartes, Pascal,
Malebranche, Leibniz, Wolff, Kant, etc. Incluso si entre los fi-
lósofos se encuentran algunos discrepantes, no se puede decir
que el discrepar de algunos sea la voz de la humanidad.
«Omni in re consensio omnium gentium lex naturae putanda est» (Cicerón)
El consentimiento universal y constante, del género humano es la voz
misma, mejor dicho, el grito de la naturaleza humana, y constituye por
si mismo una prueba indirecta y extrínseca.
b. El argumento racional
La inmortalidad del espíritu humano resulta de la naturaleza misma
del espíritu, substancia simple y espiritual, que por eso subsiste por
sí misma, no se corrompe ni puede ser destruida y tiene un obrar
C. 19 ¿Hay vida después de la muerte? 267
propio. El espíritu humano es una substancia que subsiste por sí
misma y no en virtud de otro ser; está sustancialmente unido a la
materia como forma substancial, de modo que puede formar con
ella la unidad substancial del compuesto, pero del cual es indepen-
diente en su ser: por tanto puede susistir también después de la di-
solución de la materia de la cual es forma.
La espiritualidad del hombre no puede desaparecer por el solo
hecho de la descomposición del organismo biológico. Arrancado o
«separado» del cuerpo, continúa ejercitando las actividades funda-
mentales de la inteligencia y de la voluntad en la existencia después
de la muerte, y alcanza, en este ejercicio, el fin natural de su ser. El
hecho de que la muerte impida al hombre la comunicación sensible
y lo quite de nuestro mundo humano no equivale a decir que el
hombre no existe personalmente después de la muerte. Gracias a
su ser subsistente, el espíritu «puede» continuar existiendo después
de la muerte del compuesto. Como permanece el mismo también
en el cambio continuo del cuerpo, así «permanece» también des-
pués de la disolución del cuerpo. Permanece porque es una subs-
tancia espiritual y simple, y por tanto no se corrompe.
La corrupción es la división de un ser en sus partes y puede
darse sólo cuando se trata de un compuesto material. Sólo un ente
que consta de partes es corruptible; es decir, es susceptible de
dejar de ser disolviéndose en sus componentes. El espíritu hu-
mano, por el contrario, no está compuesto de partes, es simple, y
por ello es incorruptible también después de la disolución del
cuerpo, y «permanece» inmortal, no pudiendo corromperse.
c. El argumento moral
El orden moral exige un equilibrio y una justicia según el cual los
actos buenos sean premiados, y los malos castigados. Pero esto no
se da en la tierra, donde con frecuencia el mal triunfa sobre el bien.
De este modo si el mal no es igual que el bien, y si hay que hacer
justicia, la recompensa del bien y el castigo por el mal tienen que
268 EXPLÍCAME LA PERSONA
ser posibles después de la muerte. Esto exige, sin embargo, que la
persona moral sea la misma aquí y después de la muerte, lo que di-
ferencia esencialmente este argumento de la reencarnación.
4. ¿Cómo es posible la continuidad de la misma persona
en esta vida y después de la muerte?
¿Quién es el sujeto inmortal? ¿Cuál es el estatuto ontológico del su-
jeto inmortal «después» de la muerte? ¿Qué relación tiene con el
mundo? Si el hombre entero - espíritu encarnado - es el sujeto de
los actos morales buenos o malos, parecería que el único sujeto apto
de la retribución es el mismo hombre en su integridad personal.
Una entidad incompleta a nivel ontológico, aunque sea subsistente,
no podría tener la misma identidad.
Sabemos que el hombre no se identifica con el cuerpo biológico,
que de hecho cambia continuamente. Es precisamente esta no iden-
tificación entre el ser humano personal y el cuerpo biológico la que,
en presencia de la destrucción de éste en la muerte, manifiesta la
posibilidad de la inmortalidad del ser humano personal, pero como
un desgarrón y estado de imperfección. De hecho la antropología
unitaria de la dualidad (espíritu-materia) afirma fuertemente la uni-
dad del hombre; la separación del espíritu del cuerpo es posible por-
que el primero es subsistente por sí, aunque es ontológicamente
deficiente e «innatural». La unión del espíritu con el cuerpo es na-
tural, mientras la separación es «contra la naturaleza». Entonces,
el estado después de la muerte es «violento», y la aspiración del es-
píritu es la de unirse con el propio cuerpo. Existe, por tanto, una
dualidad de principios constitutivos, no un dualismo de substan-
cias, que se sitúa en el estrato metafísico de los principios del ser y
no en el físico de la realidad concreta.
La identidad de la persona permanece la misma que existió en
esta vida porque siendo el espíritu el principio subsistente por sí, se
da una continuidad entre el sujeto que vivió en la tierra y el que per
C. 9 ¿ וHay vida después de la muerte?
manece después de la muerte. Es esta continuidad fundada en la
subsistencia del espíritu que permite afirmar la identidad de la p!1׳
sona. Ciertamente con un modo de relación entre la materia y el 1
píritu diferente al que se tiene en esta vida: ahora hay una relación
de afirmación, después una de privación. Pero «privación» no es 1 a
recer de algo, sino carecer de algo debido, algo que se debía tener.
1 EXPLÍCAME LA PERSONA
Experiencia universal י
de la inmortalidad
• Culto y honor otorgado a los muertos.
• Las religiones de todos los pueblos
¿Qué es?
y culturas.
La imposibilidad de
• El testimonio de los filósofos. ,
la corrupción, de la destrucción;
quien no está compuesto,
quien es simple y espiritual,
no puede corromperse
ni deshacerse porque carece
de partes.
Pruebas de
la inmortalidad
• El consentimiento universal.
• El argumento racional.
• El argumento moral.
Identidad de la persona terrena
y de la que sobrevive
Si el hombre entero es sujeto de los actos
morales buenos o malos, el único sujeto
apto de la retribución es el mismo hombre
en su integridad personal.
La reencarnación
La identidad de la persona permanece
no satisface la sed
la misma que existió en esta vida porque
de inmortalidad siendo el espíritu el principio subsistente
No habría identidad de sujeto,
por sí, se da una continuidad
ni se justificaría el premio
entre el sujeto que vivió en la tierra
o el castigo.
y el que permanece después
de la muerte.
CAPÍTULO 20
Persona humana:
un ser material y espiritual
«El ser humano es una síntesis de lo temporal y lo eterno, de lo finito y lo infinito».
(Soren Kierkegaard)
Este capítulo tiene como fin hacer una síntesis sobre quién es la per-
sona: un ser material y espiritual; un espíritu encarnado, un hori-
zonte vertical. En lo profundo de su ser, no es ni sólo materia ni sólo
espíritu, sino ambas realidades íntimamente unidas: alma y cuerpo.
1. Cosas y personas
Las cosas son objetos; los hombres son sujetos personales. Nota la
diferencia lingüística en las preguntas y respuestas:
¿Qué quieres?
¿Qué eres?
¿Quién eres?
!70 EXPLÍCAME LA PERSONA
Experiencia universal
de la inmortalidad
• Culto y honor otorgado a los muertos.
• Las religiones de todos los pueblos
¿Qué es?
y culturas.
La imposibilidad de
• El testimonio de los filósofos. .
la corrupción, de la destrucción;
quien no está compuesto,
quien es simple y espiritual,
no puede corromperse
ni deshacerse porque carece
de partes.
Pruebas de
la inmortalidad
consentimiento universal,
argumento racional,
argumento moral.
Identidad de la persona terrena
y de la que sobrevive
Si el hombre entero es sujeto de los actos
morales buenos o malos, el único sujeto
apto de la retribución es el mismo hombre
en su integridad personal.
La reencarnación
La identidad de la persona permanece
no satisface la sed
la misma que existió en esta vida porque
de inmortalidad siendo el espíritu el principio subsistente
No habría identidad de sujeto,
por sí, se da una continuidad
ni se justificaría el premio
entre el sujeto que vivió en la tierra
o el castigo.
y el que permanece después
de la muerte.
(CAPÍTULO 2 0
Persona humana:
un ser material y espiritual
«El ser humano es una síntesis de lo temporal y lo eterno, de lo finito y lo infinito».
(Soren Kierkegaard)
Este capítulo tiene como fin hacer una síntesis sobre quién es la per-
sona: un ser material y espiritual; un espíritu encarnado, un hori-
zonte vertical. En lo profundo de su ser, no es ni sólo materia ni sólo
espíritu, sino ambas realidades íntimamente unidas: alma y cuerpo.
1. Cosas y personas
Las cosas son objetos; los hombres son sujetos personales. Nota la
diferencia lingüística en las preguntas y respuestas:
¿Qué quieres?
¿Qué eres?
¿Quién eres?
72 EXPLÍCAMELA PERSONA
No es correcto plantear la pregunta: ¿Qué es el hombre?, sino:
Quién es el hombre?, porque el hombre no es un objeto, una cosa,
in instrumento que se fabrica o se produce; es un sujeto personal,
inguiar e irrepetible. Los derechos y los deberes son de los sujetos
!ersonales, no de los objetos.
¿0;de es el hombre? ¿Quién es el hombre?
El hombre es un ser material y espiritual
,ara entender quién es el hombre observemos los hechos que la ex-
!eriencia nos presenta.
• Primer hecho: el hombre es un organismo vivo. Como todo oiga-
lismo, es un conjunto de materia formado por átomos y moléculas,
,ertenece al mundo visible y es cuerpo entre los cuerpos. Ocupa un
spacio y vive en un tiempo determinado. Se puede medir y pesar.
Sus células y órganos se pueden contar y analizar con el micros-
opio. Como organismo vivo, nace, crece y se desarrolla pasando de
liño a adulto, pero sin que cambie la identidad en el tiempo: es la
C. 20 Persona humana: un ser material y espiritual 273
misma e idéntica persona durante toda la vida. Está sujeto a todas las
leyes de la materia orgánica y no puede evitar la enfermedad ni la
muerte. Al organismo material, por el cual el hombre está en el mundo,
lo llamamos «cuerpo humano». El cuerpo humano es el primer dato
de mi identidad y diversidad de los otros hombres. En mi carnet de
identidad están la foto y los datos de mi cuerpo, y estos datos me iden-
tifican. El primer hecho, por tanto, es que el hombre es un ser material.
• Segundo hecho: entre los actos que el hombre desarrolla
vemos que algunos son causados directamente por el cuerpo: ali-
mentarse, desplazarse de un lugar a otro, ver con los ojos y tocar con
las manos; otros, por el contrario, no dependen directamente del
cuerpo.
- Con los ojos puedo ver una joya concreta, por ejemplo, una
perla majórica, en un lugar determinado, como en la oreja de mi
amiga María, y en un momento preciso, durante la fiesta de sus 15
años. Estos actos son concretos, particulares y materiales; podemos
medirlos. Sin embargo, algunos comportamientos del hombre re-
quieren otro tipo de actos como el pensar, el querer, la elección libre,
la angustia, la compasión.
- Con el pensamiento el hombre hace «ideas» abstractas, univer-
sales e inmateriales. Puedo pensar no en una joya particular, sino
274 EXPLÍCAME LA PERSONA
en la joya; conozco no sólo a esta mujer, sino a las mujeres; tengo
no sólo la idea de este o aquel árbol, sino también del árbol en
cuanto tal. El hombre tiene la idea de joya, de mujer, de árbol, etc.,
todas ideas abstractas y universales; estas ideas no tienen tiempo,
no ocupan espacio, no pueden ser pesadas ni medidas.
- Con las ideas abstractas hacemos juicios y razonamientos,
por ejemplo: «el pendiente de María es muy bonito». A partir de
la observación de la naturaleza, el hombre formula leyes genera-
les: «los cuerpos caen». Ideas, juicios y razonamientos emplean
un lenguaje. El hombre habla. El hablar es una característica es-
pecíficamente humana. También los animales se comunican con
otros animales a través de señales, pero no hablan. El lenguaje
animal usa señales de comunicación fijas e inmutables: el perro
ladra, el león ruge, pero siempre del mismo modo, en todas las
partes del mundo y en todas las épocas. En cambio el lenguaje
humano cambia de pueblo a pueblo, de época a época y está for-
mado por palabras convencionales, tanto que hombres de tiem-
pos y lugares diferentes usan palabras diferentes para indicar la
misma cosa y palabras iguales para indicar cosas diferentes. Así,
lo que los españoles llaman «casa», los romanos antiguos lo Ha-
marón domus y los ingleses de hoy lo llaman house; mientras la
palabra «lira» puede significar una moneda, un instrumento mu-
sical, una constelación astronómica.
Varias palabras para un concepto Una palabra para varios conceptos
domus casa house lira
C. 20 Persona humana: un set m.ileil.11 y 1״ו.ו|ון11וו.ו
- Además, nosotros amamos a los amigos, .1 he. 1 1. <ן.<ו1ו. .
manos y hermanas. Nuestro amor no pesa, no ot upa < וין.............
puede ser medido con el metro; pero no poroso mi .111 im .1 la .im! .
María es menos real que el pendiente que veo en su on|׳a \d> m 1
mi capacidad de amar no tiene «espacio limitado», sino qi 11 ן........ .
amar siempre mejor y más, sin tener que liberar espa! lo < I .11 .
duro de mi computadora es de capacidad limitada, mi euia1׳i|| .
ensancha siempre más con el amor.
Disco duro = 80 GB Capacidad ilimitada
- Por último, cada uno de nosotros tiene la capacidad de hacer
elecciones libres, de querer una cosa en vez de otra. Por ejemplo, soy
libre de tomar un café o un zumo de naranja, de continuar la lectura
de este libro o de posponerla, de estudiar o de ir a jugar con los ami-
El hombre puede entrar en sí mismo
¿Quién soy?
¿Porqué vivir?
¿A dónde voy?
¿Qué sentido tiene
¿Qué es el amor?
el sufrimiento?
276 EXPLÍCAMELA PERSONA
gos. De estas elecciones libres yo siento la responsabilidad, el peso
de la decisión, y que está en mi poder decidirme por una u otra cosa.
Y después de la decisión nos sentimos responsables, dignos de ala-
banza o de reproche. Nuestros actos de libertad se confrontan con
el valor moral; de este modo nuestras elecciones son buenas o
malas.
Todos estos actos suponen y requieren en el hombre una fuerza-
capacidad cualitativamente diferente de la materia, es decir:
abstracta, universal e inmaterial. Puesto que estos actos son espiri-
tríales, es decir, no reducibles a las nociones espacio-temporales,
dicha capacidad es llamada espíritu o alma espiritual. A diferencia
de la materia, la existencia del alma no puede demostrarse científi-
camente porque no es una realidad empírica; pero por idéntica
razón tampoco podrá negarse científicamente. La prueba y demos-
tración será racional, de acuerdo con la lógica y exigencias de núes-
tra racionalidad. Ahora bien, nuestra racionalidad exige que todo
efecto tenga una causa adecuada; es decir, el efecto no puede ser su-
perior a la causa. Por tanto, si hay en nosotros actos no materiales,
tiene que haber también una causa no material. Por tanto, el se-
gundo hecho es que el hombre es un ser espiritual.
3. La persona humana
Cuerpo material y alma espiritual forman la persona humana. La
persona siempre es la unidad substancial, compuesta por el orga-
nismo material y el alma espiritual. La unión es tal que uno no existe
sin la otra y viceversa. El cuerpo no sería un cuerpo «humano» sin
la unión con el alma; el alma no sería alma «humana» sin el cuerpo.
No se trata de una unión funcional, sino vital, substancial. En la
computadora la unión entre los componentes interiores y la co-
rriente eléctrica sólo existe para poder funcionar, pero la computa-
dora y la electricidad son realidades diferentes y pueden existir se-
paradamente la una de la otra y servir para funciones diferentes.
C. 20 Persona humana: un ser material y espiritual Til
En la persona, en cambio, el cuerpo es cuerpo humano porque
está presente el alma, y el alma es alma humana porque vivifica un
cuerpo.
CUERPO PERSONA
El hombre en general no existe; en la realidad existen sólo per-
sonas concretas: la amiga María, papá Juan, yo que escribo, tú que
lees...
La persona humana es un sujeto individual racional:
• La persona es un sujeto, alguien que pertenece a sí mismo, que
existe en sí y por sí y no en relación o con dependencia de otro. Ser
sujeto personal quiere decir tener valor propio, y no sólo instrumen-
tal y objetivo. Por ejemplo, el lápiz tiene valor instrumental, en tanto
278 EXPLÍCAME LA PERSONA
que sirve para escribir. Ser sujeto personal es la condición real de la
presencia de determinadas capacidades, del ejercicio de ciertas ope-
raciones y la manifestación exterior de comportamientos precisos.
Dado que la persona es un sujeto, se puede explicar la unidad en el
espacio y la permanencia en el tiempo de su identidad: siempre es
la misma e idéntica persona a pesar de los cambios.
• La persona es un individuo que posee una unidad interna en sí
mismo y es diferente de los otros. Como individuo, la persona se
distingue no sólo numéricamente de los demás, sino también
cualitativamente: cada persona es única e irrepetible. La persona
indica que todo hombre es singular, inconfundible, insustituible,
irrepetible, único. La razón propia y específica del respeto debido a
cada ser humano se debe a que es una persona única e irrepetible.
Es como los hijos para una madre, todos son diferentes, inconfun-
dibles; si uno muere, ninguno de los otros hijos lo podrá sustituir.
• La persona es un ser racional. Racional no quiere decir sola-
mente que hace actos racionales, como el pensar, el hablar, etc.,
sino que su ser es espiritual. La «racionalidad» no es un acto que la
persona hace, sino un modo de ser. Se es o no se es «ser racional»,
y consecuentemente se pueden o no se pueden hacer «actos racio-
nales». «Racional» indica todas las capacidades superiores del
C. 20 Persona humana: un ser material y espiritual 279
hombre (inteligencia, amor, sentimientos, moralidad, religiosi-
dad...). No se requiere pues que la racionalidad esté presente como
operación en el acto, sino que es suficiente que esté presente como
capacidad esencial: así también es persona quien duerme, el mi-
nusválido, el embrión. Es verdad que la persona se nos presenta
por las manifestaciones de la racionalidad, pero no se puede afirmar
con verdad que no hay persona donde todavía no se dan manifesta-
ciones de la persona. Un individuo no es persona porque se mani-
fiesta como tal, sino al revés, se manifiesta así porque es persona.
Como el perro no es perro porque ladra, sino al revés, ladra porque
es perro, lo mismo sucede con las manifestaciones de la persona. El
criterio fundamental se encuentra en la naturaleza propia del indi-
vidrio. Cuando veo a un individuo que pertenece a la especie bioló-
gica del perro, entiendo que tiene la «naturaleza canina», aunque
no manifieste todavía, o temporalmente, las capacidades de esta na-
turaleza. Cuando veo a un individuo de la especie biológica humana,
entiendo que tiene la «naturaleza humana». Este ser que tiene na-
turaleza humana, naturaleza racional, es una persona.
El ser persona pertenece al orden ontológico, por tanto, la persona
o es o no es; el estatuto personal no se adquiere o disminuye gradual-
mente, sino que es un acontecimiento instantáneo y una condición
280 EXPLÍCAME LA PERSONA
radical. No se es más o menos persona, no se es «prepersona» o «pos-
persona» o «subpersona»; o se es persona o no se es persona.
Con frecuencia se oye decir que el hombre es persona cuando es
capaz de manifestar determinadas propiedades, como la libertad,
la capacidad de establecer una vida de relación, la conciencia de sí.
Ahora bien, reducir la persona sólo a sus funciones, que puede ser
capaz de ejercer o no, comporta una limitación de su valor intrín-
seco y puede introducir una peligrosa discriminación entre quien
tiene y quien no tiene determinados requisitos. La persona coincide
con el ser humano: unidad de cuerpo y alma. Por este motivo todos
los hombres tienen la misma dignidad, aunque a lo mejor no tienen
todavía o ya no tienen la posibilidad de manifestar algunas de sus
facultades.
Podemos concluir subrayando la diferencia entre persona y per-
sonalidad. Con «persona humana» se quiere indicar todo lo que es
específico del hombre, lo que lo diferencia de los otros seres, en
cuanto funda la dignidad y los derechos y existe en un individuo
concreto. La «personalidad», en cambio, expresa la progresiva
manifestación de las características de la persona. Tales caracterís-
ticas le permiten alcanzar el desarrollo gracias a factores sociales,
psicológicos y morales.
• La persona tiene valor y dignidad absolutos. El concepto de per-
sona expresa lo más perfecto que hay en toda la creación. Al con-
cepto de persona está ligado intrínsecamente el de dignidad y valor.
La razón fundante del valor y dignidad está en el hecho de que la
persona humana goza de una interioridad que la constituye como
sujeto y la abre al absoluto y, por tanto, es fin en sí misma; esto hace
que posea una inviolabilidad y derechos-deberes fundamentales. El
valor eminente de la persona, su dignidad y su no disponibilidad
a ser medio o instrumento para otro, se basa en la apertura por la
que el espíritu es espíritu; por tanto, en el hecho de que el hombre
no es sólo materia, sino también espíritu, o mejor, es un espíritu
encarnado.
C. 20 Persona humana: un ser material y esplrllihil ;ווו
4. Origen del cuerpo y origen del alma
Vistoque la persona es la unión de cuerpo y alma, nos p1e|H111l .111111
ahora cómo se forma el cuerpo y de dónde viene el alma I I <•! i!■• 11
del cuerpo humano está bien documentado por la ciencia llene
lugar en el cigoto, una vez fusionados el espermatozoide m.r.< 11I11111
y el óvulo femenino. Esta célula que el biólogo nos présenla i'oino
un nuevo ser humano, que empieza su propio ciclo vital es <■1 prhi
cipio de un nuevo y original cuerpo humano.
El cigoto es un organismo nuevo
El origen del alma humana no puede documentarse científica-
mente pero tampoco desmentirse, porque es una realidad espiri-
tual. Como tal no puede provenir de la materia, ni inerte ni orgá-
nica. Tampoco puede tener origen en el alma de los padres, porque
siendo simple no puede pensarse como una partícula que se separa
del alma de los padres. No queda, pues, más que una respuesta, no
documentada científicamente, pero sí racionalmente probada: el
alma espiritual de cada ser humano es creada directamente por Dios
en el momento mismo de su concepción. Es decir, quien ha proyec-
tado al hombre como unidad de cuerpo y alma, o sea Dios, se sirve
de la materia para formar lo que es material; la realidad espiritual,
en cambio, es la huella directa de Dios en el hombre.
282 EXPLÍCAME LA PERSONA
Totalidad unificada
La persona siempre es
la unidad substancial, compuesta
por el organismo material
y el alma espiritual.
Alma espiritual
• No ocupa ni espacio ni tiempo,
•Inmortal.