Los problemas ambientales hoy en día han adquirido preocupantes debido a que
los modelos de producción que el hombre se asa son modelos insostenibles y esto
está poniendo en riesgo los recursos naturales que son base para soportar las
actividades presentes y futuras incluso esos estas actividades ponen en riesgo la
propia subsistencia del hombre en la tierra.
Es por esto que la comunidad internacional ha reconocido la gravedad de estos
problemas en grandes foros mundiales sobre medio ambiente (Declaración de Río
de Janeiro, Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, Cumbre de la Tierra de
Johannesburgo), han señalado que la protección del medio ambiente es una
responsabilidad conjunta entre los distintos sectores de producción y de consumo
de todos los países sin importar su desarrollo. Para esto, el Programa de las
Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA, en el marco del Plan de
Implementación de Johannesburgo, viene adelantando acciones a través del
Proceso de Marrakech, tendientes a modificar los actuales modelos insostenibles
de producción y consumo, incentivando a los países a trabajar conjuntamente en
el desarrollo y la adopción de una política integrada de producción y consumo
sostenible y al fortalecimiento del diálogo, participación y cooperación con todas
las partes interesadas para avanzar en el tema.
Colombia no ha sido ajena a esta realidad y desde la Constitución Política ha
sentado las bases para que el crecimiento económico del país vaya de la mano
con el desarrollo sostenible, otorgándole una importancia fundamental al tema
ambiental, al establecer como uno de los principios fundamentales la obligación
del Estado y de las personas de proteger las riquezas culturales y naturales de la
nación
En desarrollo de estos preceptos, la Ley 99 de 1993 que creó el Ministerio del
Medio Ambiente y reordena el sector público encargado de la gestión y
conservación del medio ambiente, ha establecido que la acción para la protección
y recuperación ambiental del país es una tarea conjunta y coordinada entre el
Estado, la comunidad, las organizaciones no gubernamentales y el sector privado,
y le asigna al Ministerio dentro de sus funciones, la de establecer los criterios
ambientales que deben ser incorporados en la formulación de las políticas
sectoriales y en los procesos de planificación de los demás ministerios y
entidades.
El Gobierno Nacional, en cabeza de este Ministerio, ha orientado el desarrollo de
una política ambiental con un enfoque que garantiza el crecimiento sostenible y la
reducción de la pobreza, incorporando para tal efecto, consideraciones
ambientales en políticas de sectores prioritarios y atendiendo problemas
ambientales que afectan a los grupos más vulnerables de la población, siempre
con la participación activa de la sociedad.
De esta manera, el país viene desarrollando e implementando un conjunto de
políticas y acciones tanto nacionales e internacionales, para contribuir al desarrollo
sostenible desde las sinergias intersectoriales y con la perspectiva de balancear
las denominadas Agenda Verde y Agenda Gris.
La dinámica de globalización que caracteriza hoy en día la economía mundial y un
consumidor cada vez más informado y sensibilizado sobre su responsabilidad con
el medio ambiente, viene obligando a los sectores de la producción a ser más
estratégicos a la hora de planificar sus procesos y posicionar sus productos y
servicios. Como reacción a lo anterior, la gestión pública en materia ambiental
igualmente debe ajustarse a estos cambios, bajo el entendido que el desarrollo
económico del país es una prioridad y en tal sentido debe asegurarse, pero este
desarrollo debe ser sostenible y estar desvinculado de la degradación ambiental.
Bajo este escenario, el Ministerio de Ambiente formuló la Política Nacional de
Producción y Consumo Sostenible, con el propósito de orientar el cambio de los
patrones de producción y consumo de la economía colombiana hacia la
sostenibilidad ambiental y consecuente con ello, contribuir al mejoramiento de la
competitividad empresarial.
El enfoque de esta nueva política procura influir en el cambio de comportamiento
de diferentes actores, como empresarios, dirigentes gremiales, autoridades
ambientales, funcionarios gubernamentales en los diferentes niveles,
universidades, ONGs, entre otros, para que estos en su conjunto avancen hacia
una producción y consumo más sostenibles.
Y el punto de partida de esta política de Producción y Consumo Sostenible se
encuentra precisamente en las tendencias de producción y consumo por parte de
los diferentes sectores en Colombia.
La política considera las tendencias de producción y consumo como un sistema
integrado, donde las tendencias están interrelacionadas y se afectan mutuamente
entre ellas.
Es decir, cualquier cambio en la producción, impacta en el consumo y viceversa.
En la medida en que la empresa logra disminuir el impacto ambiental de su
proceso de producción, automáticamente el producto o servicio que ofrece en el
mercado es más sostenible. Por su parte, las fuerzas de la demanda incentivan la
producción más limpia.
La implementación de la Política Nacional de Producción y Consumo Sostenible
no es un ejercicio único del gobierno nacional. Si realmente queremos contribuir a
mejorar la calidad ambiental del país y con ello nuestra calidad de vida, debemos
asumir nuestro compromiso y responsabilidad como ciudadanos para propiciar
estos cambios, bajo el entendido que la protección del medio ambiente es una
tarea común.