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Sofistas: Retórica y verdad en la Grecia clásica

Los sofistas enseñaban retórica a los jóvenes aristócratas en la antigua Grecia para persuadir a otros en debates públicos. Creían que la verdad dependía de las perspectivas individuales y que el lenguaje no podía comunicar conocimiento real. Sus ideas desafiaban las nociones tradicionales de verdad y conocimiento y fueron criticadas por Sócrates y Platón.

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Sofistas: Retórica y verdad en la Grecia clásica

Los sofistas enseñaban retórica a los jóvenes aristócratas en la antigua Grecia para persuadir a otros en debates públicos. Creían que la verdad dependía de las perspectivas individuales y que el lenguaje no podía comunicar conocimiento real. Sus ideas desafiaban las nociones tradicionales de verdad y conocimiento y fueron criticadas por Sócrates y Platón.

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Los sofistas

Los sofistas fueron históricamente definidos por franca oposición a Sócrates.


Caracterizados desde el discurso socrático-platónico como ambiciosos, interesados,
astutos y “charlatanes”, se convirtieron durante mucho tiempo en las figuras demonizadas
de la filosofía. Sin embargo, el pensamiento sofístico es rico y profundo, y en muchísimas
cuestiones sumamente adelantado a su tiempo. La aparición de la figura del sofista, sólo
puede entenderse en el contexto de la democracia griega y el mundo de la polis (siglo V
a.C.). En este modelo político, donde los asuntos más importantes se decidían entre los
ciudadanos libres en la plaza pública (ágora), el uso de la palabra se va a convertir en la
herramienta más importante para ganar las discusiones. En este contexto, los sofistas se
encargan, para aquellos que puedan pagar, de enseñar a los jóvenes aristócratas el arte de
la retórica, que no es ni más ni menos que el arte de argumentar, razonar y dialogar para
persuadir a otros. Decía el sofista Protágoras que la retórica tiene que: “poder convertir
en sólidos y fuertes los argumentos más débiles”. Gorgias, en esta misma línea, plantea
que con las palabras se puede envenenar y embelesar. Queda claro que el arte de la retórica
no está al servicio de la Verdad, sino al de los intereses de quien habla. Dicho en otras
palabras, el objetivo de los sofistas no es buscar lo verdadero o lo falso, su preocupación
va en otra línea. Será con respecto a este uso “malicioso” de la palabra contra lo que
reaccionarán Sócrates y Platón.
Lo que estos primeros sofistas están poniendo en tela de juicio es, en el fondo, el
status de la verdad y el conocimiento. Protágoras, por ejemplo, sostenía que “el hombre
es la medida de todas las cosas”, por ende “cada cosa es para mí tal como me parece que
es”. Esta postura es de un subjetivismo extremo, no hay ninguna realidad más allá de las
meras apariencias y cada cual es juez de sus propias impresiones. Por lo tanto, si alguien
creyera firmemente que matar es algo bueno, ese acto, sean cuales fueren sus condiciones,
sería algo bueno. Por su parte, Gorgias estableció un planteo escéptico en relación a los
fundamentos del mundo. Sostuvo tres tesis:
1. Nada existe
2. Si algo existe no puede ser pensado o conocido por el hombre
3. Si algo existente pudiera ser conocido, no podría ser comunicado a los demás
Si en el planteo de Protágoras, la Verdad es relativa a cada sujeto, en las tesis de
Gorgias se plantea la absoluta incapacidad del hombre para acceder o gene rar
conocimientos reales, en este pensador, todo conocimiento es exclusivamente opinión
(doxa) y el hombre se descubre como incompetente para ser, pensar y expresar certezas.
El problema de los alcances del lenguaje, como herramienta para captar y comunicar la
realidad, que aparece en la tercera tesis de Gorgias, es un planteo que durante muchos
siglos fue ignorado, recién en la modernidad, con el desarrollo de la lingüística, se va a
revitalizar y desarrollar este debate.

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