TEORÍAS ÉTICAS CLÁSICAS: UTILITARISMO Y DEONTOLOGISMO – TEORÍA DE LOS PRINCIPIOS
“La bioética constituye una forma dialógica de reflexión moral en que se interrelaciona lo científico y lo humanista.
Para generar condiciones de diálogo se genera un clima social, psicológico e intelectual en que puedan tomarse
decisiones en que se escuchen las partes mediante la articulación de problemas y la justificación de opciones en
interrelación comunitaria. La bioética tiende puentes entre personas, disciplinas, instituciones, racionalidades y
creencias. Facilita el diálogo entre expertos y profanos en forma horizontal, operando en un nivel intermedio en el
que las distintas posturas filosóficas y creencias pueden llegar a consensos.”
(Metodología y reflexión en Bioética. Bioética de Lolas Stepke y Freitas Drumond)
La bioética trata de ayudar a reflexionar sobre problemas y dilemas a quienes presentan preocupaciones éticas. Ante
la gran polémica que originan estos asuntos es fundamental contar con bases teóricas sobre las que se basen las
respuestas frente a temas críticos como derecho y equidad en la salud, investigación en humanos y animales,
cuidado del medio ambiente o investigaciones genómicas entre otros. Toda reflexión seria en este campo necesita
apoyarse en teorías éticas y elaboraciones teóricas propias de esta área. Los primeros intentos de análisis bioéticos
propuestos por la ética nos llevan a analizar cuál era la situación de ésta última al surgimiento de la bioética.
Utilitarismo (fines del siglo XVIII – XIX)
Tiene sus orígenes en los escritos de Hume, Bentham y Mill y se trata de una teoría consecuencialista ya que
considera que una acción es correcta o incorrecta en función del equilibrio entre sus buenas y malas consecuencias y
no por sus características intrínsecas. La obligación y corrección dependen de y están subordinados a los conceptos
del bien.
Se basa en un único principio básico: utilidad. Considera que se debe obtener el máximo beneficio posible para el
mayor número de personas o, en su defecto el menor perjuicio posible, teniendo en igual consideración los intereses
de todas las personas afectadas.
Características:
Importancia de las consecuencias de nuestras acciones: En la medida en que pueden causar un gran daño.
No admite prohibiciones morales arbitrarias: Exige a todo aquel que condene algo como moralmente incorrecto que
demuestre a quien perjudica.
Bienestar para el mayor número de involucrados: Prioriza el bienestar para el mayor número de personas. Uno
cuenta como alguien más dentro del conjunto. No existe un lugar de privilegio. Tiene en cuenta consecuencias a
corto y largo plazo.
Distingue la corrección del acto de las intenciones del agente: Los motivos que llevan a alguien a hacer lo correcto
son irrelevantes.
El utilitarismo fue objeto de críticas que llevaron a reformular su doctrina al punto que algunos de sus cambios
tuvieron gran influencia en las teorías bioéticas. Uno de los puntos más cuestionados fue cómo universalizar el
concepto de utilidad. Esto dio origen a distintas corrientes utilitaristas. Entre ellas las que diferencian entre su
aplicación a los actos particulares (utilitarismo de acto) o si se aplica a reglas generales (utilitarismo de regla).
Ejemplo: Un niño de 10 años sufre de leucemia y probablemente morirá en los próximos 6 meses. ¿Es moralmente
correcto engañarlo con respecto a su diagnóstico y pronóstico?
El utilitarista de acto tratará de estimar que acto (contar la verdad u ocultarla) maximizará la felicidad o minimizará
el sufrimiento del paciente. Esto depende de cada caso en particular.
El utilitarista de regla se preguntará que regla maximiza la felicidad o minimiza el dolor. La regla a evaluar sería:
Siempre debe decirse la verdad. Esta acción será la correcta, aunque en algún caso en particular este acto produzca
dolor.
Es una teoría basada en la beneficencia. Ha sido revolucionaria a la luz de que propone reevaluar las normas morales
generalmente aceptadas sobre la base de sus consecuencias y el beneficio producido siendo un arma importante
contra prejuicios y supersticiones.
Deontologismo.
La teoría de Immanuel Kant (siglo XVIII) es una de las posiciones más influyentes y clásicas. Sostiene que los
conceptos de obligación y corrección moral son independientes del concepto del bien. Considera que las
consecuencias no hacen que una acción sea correcta o no, sino que el factor moralmente decisivo es el principio en
función del cual el agente actúa.
Kant nos remite a dos tipos de actos:
- Contrarios al deber: Actos moralmente incorrectos. Ejemplo: Un comerciante cobra un precio más alto a unos
compradores que a otros siempre que puede hacerlo.
- De acuerdo con el deber: Actos moralmente correctos. Ejemplo: Un comerciante cobra a todos los compradores el
mismo precio. Pero, ¿que lo motiva a actuar correctamente?
Si la motivación es vender toda la mercadería que tiene porque es conveniente para su negocio se dice que lo hace
por inclinación mediata. Si lo hace para que todos tengan la misma oportunidad de acceder a la mercadería, lo hace
por inclinación inmediata. En ambos casos actuó conforme al deber, pero no por deber. Lo hizo motivado por sus
deseos o intereses. Kant dice que estos actos merecen alabanzas, pero no estimación. Los actos por deber son los
moralmente correctos. En el caso del comerciante debería vender toda su mercadería al mismo precio, aunque esto
fuera en contra de sus propios intereses.
Entonces, ¿cuándo es correcta una acción según Kant? Cuando se cumple el principio máximo de la moralidad
kantiana representada por el imperativo categórico que dice:
“Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal”
El imperativo categórico implica un mandamiento que no está sujeto a ninguna condición. No se sigue esperando
castigo o recompensa (imperativo hipotético). La acción emana de la razón y por ende los hombres son capaces de
auto-legislarse y encontrar en sí mismos la ley moral que sólo obedece a sí misma. Esto es para Kant la autonomía, la
capacidad de todo agente racionales de actuar libremente basándose en la razón e independientemente de los
deseos. Sostiene que una persona es autónoma si actúa de acuerdo con máximas universalmente válidas que
cumplan con los requisitos del imperativo categórico. Las personas, como seres capaces de autodeterminación a
partir de principios racionales merecen absoluto respeto. La formulación de la ley moral que sostiene la
universalidad del respeto por las personas puede entonces enunciarse como “Actúa tratando a la humanidad, tanto
en tu persona como en la de cualquier otra, siempre como fin, nunca como mero medio.”
“En el reino de los fines todo tiene o un precio o una dignidad. Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo
equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y, por tanto, no admite nada equivalente, eso
tiene una dignidad.
Lo que se refiere a las inclinaciones y necesidades del hombre tiene un precio comercial; lo que, sin suponer una
necesidad, se conforma a cierto gusto, es decir, a una satisfacción producida por el simple juego, sin fin alguno, de
nuestras facultades, tiene un precio de afecto; pero aquello que constituye la condición para que algo sea fin en sí
mismo, esto es, dignidad.”
Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Immanuel Kant.
La teoría de Kant marcó una influencia fundamental en el campo de la bioética a partir del valor que otorga al
respeto por las personas, el concepto de dignidad y autonomía.
La teoría de los principios.
Durante la primera mitad del siglo XX la ética parece encontrarse en un callejón sin salida ya que las teorías
propuestas hasta aquí muestran puntos que parecen irreconciliables. A partir de los años sesenta surgen cambios
que llevan a la medicina a buscar en la ética respuestas a nuevos planteos que se disparan desde los movimientos de
los derechos de la mujer y las minorías y los avances de la tecnología,
seguidos por la aparición de la píldora anticonceptiva revolucionando la sexualidad, la donación de órganos con el
replanteo del concepto de muerte, los primeros intentos de reproducción asistida tiempo después, entre otras
cuestiones.
En 1979 surge la teoría de los principios expuesta por Beauchamp y Childress como un marco teórico para
identificar, resolver y analizar los problemas morales que surgen en el ámbito de la salud. Propone cuatro principios
que son el punto de partida para justificar preceptos éticos y valoraciones de las acciones humanas. Estos son:
Autonomía
No maleficencia
Beneficencia
Justicia
A diferencia de las teorías utilitarista y kantiana, estamos frente a una teoría pluralista que evalúa la corrección o
incorrección de las acciones y decisiones a través de más de un principio. Estos son considerados principios prima
facie, es decir que obligan en principio, pero pueden ser revisados cuando entran en conflicto.
Se acepta la posibilidad de dilemas morales que se caracterizan por carecer de un principio supremo que determine
cuál es el deber principal a seguir, entendiendo cómo tales obligaciones que se tienen en principio pero que pueden
abandonarse según las circunstancias. Son obligaciones relevantes desde el punto de vista moral pero no son
absolutas frente a un conflicto de deberes.
Autonomía: Respetar a un agente autónomo implica reconocer las capacidades y perspectivas de esa persona,
incluyendo su derecho a mantener una posición, realizar acciones basadas en sus valores personales y creencias.
¿Cómo definen los autores este principio?:
“El principio de respeto de la autonomía puede formularse negativamente: las acciones autónomas no deben ser
controladas ni limitadas por otros. Este principio plantea una obligación amplia y abstracta que no permite cláusulas
de excepción, (…) debemos respetar los puntos de vista y derechos del resto de las personas, siempre que sus ideas y
acciones no supongan un grave perjuicio para otros (…). De esta obligación deriva el derecho a la autodeterminación,
que defiende una serie de derechos de autonomía, incluyendo los de confidencialidad e intimidad. Para que este
principio sirva de guía práctica para la conducta tiene que ser especificado en función del contexto, y si la
especificación es apropiada señalará cuáles son las excepciones válidas. Este proceso de especificación dará lugar a
derechos y obligaciones de libertad, intimidad, confidencialidad, sinceridad y consentimiento.”
Las acciones autónomas son tomadas por los sujetos:
Intencionalmente
Con conocimiento y
Sin influencias de control que determinen la acción.
El principio de autonomía resulta ser de apoyo para reglas morales específicas como:
Decir la verdad.
Respetar la intimidad de los demás.
Proteger la información confidencial.
Obtener el consentimiento de los pacientes para las intervenciones.
Ayudar a los demás a tomar decisiones, cuando se nos pida.
No maleficencia: El concepto de no maleficencia está asociado a la máxima “primum no nocere” (ante todo no
dañar). Es importante distinguir este principio del de beneficencia. No es lo mismo empujar al agua a alguien que no
sabe nadar que rescatar del agua a alguien que cayó accidentalmente al mar.
El principio de no maleficencia da lugar a una serie de reglas morales específicas:
No matarás.
No causaras dolor o harás sufrir a otros.
No incapacitarás a otros.
No ofenderás.
No privarás a los demás de los bienes de la vida.
Este principio puede aplicarse a varias cuestiones fundamentales de la ética médica como la distinción de matar y
dejar morir, los juicios de calidad de vida, tratamiento de recién nacidos con serias enfermedades y decisiones que
toman terceras personas sobre pacientes incompetentes.
Beneficencia: Se basa en contribuir al bienestar de las personas. Requiere acciones positivas como prevenir un daño
o suprimir condiciones dañinas sopesando y
balanceando los posibles beneficios y riesgos de una acción.
Del principio de beneficencia surgen algunas reglas morales específicas como:
Proteger y defender los derechos de otros.
Prevenir que suceda algún daño a otro.
Suprimir las condiciones que puedan producir perjuicio a otros.
Ayudar a las personas discapacitadas.
Rescatar a las personas en peligro.
No maleficencia Beneficencia
Son prohibiciones negativas de acción Son demandas positivas de acción
No siempre tienen que ser obedecidas
Deben ser obedecidas imparcialmente
imparcialmente
Ofrecen razones para establecer Ocasionalmente ofrecen razones para la
prohibiciones legales a determinadas sanción legal cuando se fracasa en
normas de conducta cumplirlas
No se debe infligir daño o mal Se debe prevenir o remover el daño o mal
No se debe empujar al agua a alguien que Se debe rescatar del agua a alguien que
no sabe nadar cayó accidentalmente al mar.
Se establece que una persona X tiene una obligación determinada de beneficencia hacia otra persona Y si se cumple
que:
Y está expuesto al riesgo de una pérdida significativa o de un perjuicio para su vida o su salud o para algún
otro interés principal.
La acción de X es necesaria para prevenir esta pérdida o perjuicio.
La acción de X tiene una alta probabilidad de prevenirlo.
La acción de X no representará riesgos, costos o cargas significativas para X.
El beneficio que Y puede esperar obtener supera cualquier perjuicio, costo o carga en la que es probable que
incurra X.
Justicia: Los autores señala que ellos “buscan proveer el mejor cuidado de la salud para todos los ciudadanos en base
a sus necesidades, simultáneamente promover el interés público a través de programas de contención del costo (…)
el ideal de igual acceso al cuidado de la salud para todos, incluyendo a los indigentes, manteniendo un ambiente de
libre mercado y competencia en el cuidado de la salud.”