Nutrición infantil: recomendaciones clave
Nutrición infantil: recomendaciones clave
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Capítulo 11
Nutrición y
recomendaciones
alimenticias para
niños de 0 a 5 años
Capítulo 11
Nutrición y recomendaciones
alimenticias para niños de 0 a 5 años
nn Diana E. Forero y Diana P. García Ayala
Fundación Universitaria Konrad Lorenz
Introducción
La alimentación de los niños en la primera infancia la decide el padre o el cuidador,
por lo que los padres o cuidadores son las personas encargadas de la formación de
hábitos nutricionales de los niños; ellos eligen la cantidad de alimentos a ingerir,
la variedad, los horarios de alimentación y la edad a partir de la cual se les dan
nuevos alimentos. Sin embargo, a medida que el niño va creciendo, va formando
sus patrones alimenticios teniendo como base sus experiencias directas; por esta
razón, complementa o sustituye sus hábitos iniciales. En ese momento la super-
visión se hace necesaria, para asegurar una buena formación de hábitos y una
ingesta de alimentos adecuada para la edad, el peso y la estatura.
En este capítulo se abordan algunos aspectos de lo que sería una buena nutrición
para los niños en las distintas etapas de su desarrollo, y se hacen recomendacio-
nes de prevención, muy asociadas a los hábitos de alimentación saludable. Debe
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PREVENCIÓN DE LA ENFERMEDAD Y LA MUERTE EN EL EMBARAZO Y LA PRIMERA INFANCIA
El biberón puede usarse desde corta edad para suministrar leche materna almace-
nada, o leches formuladas. Aunque la madre puede seguir lactando y es recomen-
dable hacerlo hasta los dos años o más, es posible que antes de ese tiempo se dis-
minuya la cantidad de leche materna, por lo que puede ser necesario suministrar
leche complementaria, preferiblemente recetada por el médico. El biberón es un
objeto que fácilmente es adoptado por el bebé y que en muchas ocasiones puede
ayudarle a manejar su ansiedad, e incluso ayudarlo a calmarse. Por tal motivo, se
pueden presentar usos inadecuados, tiempos excesivos de uso y se pueden formar
hábitos de dependencia hacia este objeto, que luego son difíciles de erradicar.
En algunas ocasiones más que la preferencia o las necesidades del bebé, las razo-
nes por las que se usan los biberones para dar leche al bebé, están relacionadas
con la conveniencia para las madres. Por ejemplo, porque el biberón puede ser su-
ministrado por otras personas, o porque las madres tienen experiencia con su uso
previo y consideran que es más sencillo dar leche de esa forma; también porque
no les gusta la idea de amamantar o simplemente les avergüenza no poder calmar
al bebé o amamantar en lugares públicos donde el bebé pide comer y no son los
hogares (Thompson, 1988).
Por consiguiente, el uso del biberón puede ser inconveniente, pues genera hábitos
en el niño, llevándolo hacia comportamientos inadecuados cuando es retirado o no
es suministrado. Estos comportamientos pueden ser evitables, junto con las con-
secuencias negativas, si se da un uso racional y no permanente o indiscriminado.
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En caso de que no se haya dado leche materna exclusiva por alguna razón y no se
dé el nivel de crecimiento ideal en el niño, debe asistirse al pedíatra para identificar
algunas soluciones que mejoren el desarrollo del bebé.
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Para ilustrar el efecto negativo del uso de otros alimentos cuando debería emplear-
se lactancia exclusiva, estudios como el de Jiménez, Curbelo & Peñalver (2005)
evidencian que el promedio de presencia de episodios de enfermedades respirato-
rias altas es de 4,3 episodios, respecto a 1,3 de los niños lactados con leche mater-
na; y de asma bronquial es de 3,2 respecto a 0,98 de los lactados exclusivamente
con leche materna. También encuentran que el peso ganado al terminar el primer
año es menor así como la talla en quienes fueron alimentados con otros alimentos
distintos a la leche materna. Por lo anterior, la decisión de iniciar la alimentación
complementaria en el primer año, es una de las más críticas para el desarrollo del
niño en toda su vida. Este es un paso que debe consultarse con los profesionales
de la salud y que no puede tomarse con apresuramiento.
Leches formuladas
Las leches formuladas son cada vez más usadas por las familias para suplir la le-
che materna. Estas leches tienen serias deficiencias respecto a la leche materna,
por lo que no la reemplazan. Sin embargo, por diferentes motivos, cada vez más
hogares las usan, pudiendo causar daños en el desarrollo del niño, enfermedades e
incluso la muerte. Las leches formuladas deben ser medicadas, no pueden autoad-
ministrarse o automedicarse; además, su empleo es exclusivamente si no existen
alternativas que permitan la alimentación adecuada con leche materna (Grummer-
Strawn et al, 2017).
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(Continúa)
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Cabe anotar que debe tenerse cuidado con el uso del microondas para la prepara-
ción de estas leches y la limpieza del biberón. El microondas no debe usarse para
el proceso de esterilización de los biberones, excepto que tenga una unidad para
ese fin; esto se debe a que en el centro del biberón puede producirse un alza de
temperatura peligrosa. En cuanto a las leches, las proteínas pueden cambiar en el
proceso de calentamiento en el microondas, también es necesario probar la tempe-
ratura, pues la leche puede producir quemaduras (Thompson, 1998).
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En el período de los seis a los doce meses, las comidas procesadas como refres-
cos o bebidas gaseosas, jugos saborizados, hamburguesas, paquetes, snakcs y,
en general, las bebidas y comidas procesadas no son recomendadas, ya que no
pueden aportarle ningún nutriente al bebé; además, se relacionan con la obesidad,
el sobrepeso y el desarrollo de caries. El Instituto Colombiano de Bienestar Fami-
liar (ICBF) en sus guías alimentarias enfatiza en este aspecto, pues los alimentos
procesados deberían nunca emplearse en la dieta de los niños menores de un año
(ICBF, 2013).
En cuanto a la leche entera de vaca, se debe sumar a la dieta del niño luego de
los seis meses, ya que si la consume antes, existe la posibilidad de producir aler-
gias; igualmente, si es consumida en grandes cantidades, puede producir anemia
(Flores-Huerta et al., 2006).
Para cumplir los objetivos nutricionales del bebé entre los seis meses y el año
(véase tabla 3), se han llevado a cabo diversos estudios. Sin embargo, en la po-
blación colombiana se destaca el de Olaya y Borrero (2011), donde se dan algunas
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(Continúa)
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Porciones en Alimentos no
Edad Alimentos recomendados
cucharadas recomendados
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En esta edad, se presenta una desaceleración del crecimiento, puesto que se están
madurando algunas funciones de los órganos digestivos; además, se pierde agua y
grasa por lo que disminuyen las necesidades calóricas, pero aumentan las de pro-
teínas para el desarrollo de músculos, huesos y tejidos, por esto, es necesaria una
dieta variada para suplir las diversas necesidades nutricionales del niño (Quintana,
Mar, Santana & González, 2010). Se recomienda dar una dieta variada y alimentos
que sean preferidos por el niño más que obligar a comer alimentos no deseados.
Debe cuidarse el balance nutricional y también el consumo excesivo de alimentos
bajos en nutrientes o excesivos en sal y azúcar; por ejemplo, muchos alimen-
tos como snacks, bebidas colas, gaseosas, dulces, etc., que tienen una alta prefe-
rencia por los niños de esta edad (Quintana et al., 2010; Rico, Ruano & Higuero,
2008). En esta edad, el consumo excesivo de azúcar lleva a la desmineralización de
los dientes y después a enfermedades dentales y la aparición de caries.
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sabores, texturas y colores, sin forzarle el consumo. Puede ser necesario hacer 8
o 10 intentos para lograr que se consuman los alimentos introducidos, por eso es
indispensable dedicar un tiempo prudente a la alimentación, para que aprenda a
comer con disfrute y sea más sencillo generar hábitos adecuados frente al consumo
de alimentos variados y con diferencias en sabores. Estas acciones pueden facilitar
la introducción de verduras, cereales y otros alimentos, sin necesidad de usar ex-
cesos de azúcar, sal o grasas (Quintana et al., 2010).
Para los niños pequeños en esta edad se desarrollan las habilidades de alimenta-
ción, no solo aprenden a comer, sino también a socializar a través de la alimen-
tación, a tener comportamientos socialmente aceptables frente a los alimentos,
los sabores, etc.; no es un proceso sencillo, por lo que se requiere de paciencia
y de mucha práctica para la formación de tales habilidades. Las habilidades para
alimentarse se desarrollan en la medida que se van dado cambios estructurales en
el cuerpo, desarrollo de la anatomía del niño y desarrollo de su sistema nervioso
central (Stevenson & Allaire, 1991); por esta razón, no se puede pedir a un niño
de seis meses que coma de la misma forma que uno de dos años, o pedirle que
coja una cuchara y la manipule solo a los seis meses, tampoco que mastique los
alimentos. Es importante comprender esta evolución para ayudarle al niño a que
tenga una mejor experiencia con los alimentos y, asimismo, evitar que se enferme
por malas manipulaciones de los padres.
Entre el año y los dos años se logran avances en la motricidad fina, lo que le per-
mite a los niños agarrar la cuchara o un vaso. Uno de los aspectos más importantes
es poder hacer los movimientos para el agarre de pinza, con lo que puede pasar
los alimentos de un lado al otro, el cual se logra entre los 10 y 14 meses de edad.
Luego el niño logra la coordinación ojo-mano, lo que le permite llevarse alimentos
a la boca por sí solo y después la coordinación del movimiento tronco-brazo, con
lo que finalmente puede acercarse los alimentos y consumirlos según su interés.
Este proceso requiere mucha madurez del sistema nervioso y de la estructura ana-
tómica, por lo que puede tardar entre los 15 y 20 meses (Carruth & Skinner, 2002).
La progresión en el desarrollo de las habilidades para alimentarse se presenta
en la tabla 4.
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La lengua se mueve suavemente hacia adelante y hacia atrás cuando la comida entra
2,0-10,0
en la boca
La lengua es utilizada para mover los alimentos a la parte posterior de la boca para
2,0-7,5
tragar
Trae el labio superior hacia abajo sobre la cuchara para quitar la comida 4,0-16,0
Mastica alimentos más suaves, mantiene la mayor parte dentro de la boca 6,0-14,0
Mastica alimentos más firmes, mantiene la mayor parte dentro de la boca 4,0-16,0
El desorden es inevitable, así que hay que prepararse para él, tener listos los baberos,
papel en el piso o protectores de piso como tapetes que se puedan limpiar fácilmente,
no usar mangas largas o tenerlas enrolladas (Thompson, 1998). Tampoco podrá evi-
tarse que coman con los dedos. Parte de la forma de reconocer las características de
los alimentos es tocarlos y eso aumenta el interés por ellos. Hacia los dos años es más
limpio al comer, mastica la comida bien, se alimenta con cuchara y puede tomar bebi-
das con pitillos. A los tres años ya puede maniobrar los tenedores y empezar a cortar
la carne con cuchillo, si le ayudan y logra ser más ordenado y regar menos los alimen-
tos (Thompson, 1998). A los tres años ya logra sentarse a la mesa, pero hay que estar
atentos, pues a esa edad en cualquier momento sale a correr o a dar vueltas alrededor
y hay que irle enseñando a comer socialmente y no levantarse. Para mantenerlos aten-
tos a la alimentación se recomienda dar porciones pequeñas y distribuidas en un plato
y usar alimentos con diferentes colores. Finalmente, debe recordarse que los niños a
esta edad aún no logran clasificar bien los alimentos, identificar si son frescos o no, así
que hay que tener cuidado con que consuman cosas que pueden creer son alimentos
o que se intoxiquen por consumir alimentos dañados o en descomposición, ellos están
desarrollando también sus habilidades cognoscitivas para reconocer los alimentos y
generar sus preferencias (DeJesus, Kinzler & Shutts, 2018).
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Nutrición y recomendaciones alimenticias para niños de 0 a 5 años
En esta etapa inicia la edad del preescolar; durante este período el niño aumenta de
peso cerca de 2 kg y 7 cm de talla al año y consume alimentos cinco veces al día.
Esta edad es de gran importancia para distintos procesos de desarrollo en el niño;
además, en esta edad se expresa la relación de la talla de los niños con la de sus
padres, entonces es cuando se regula el crecimiento y este varía de acuerdo con
factores heredados (de los padres o familiares) y de factores ambientales (hábitos
alimenticios) (Santiago, Fernández, Esquirol & Sánchez, 2007).
A partir de los alimentos que el niño ya ha probado y los alimentos que frecuen-
temente se comen en su familia, el niño preescolar consolida sus hábitos alimen-
ticios; es decir, que se fortalece el consumo de algunos alimentos como parte de
su dieta y probablemente esta será su dieta en la adultez. Se debe tener en cuenta
que en la edad preescolar, los niños reciben alimentos en el colegio y también estos
tienen un papel influyente en la formación de hábitos (Silva, 2004).
Uno de los riesgos es que tanto en la alimentación en casa como los alimentos que
se envían en la lonchera, sean alimentos ultraprocesados (endulzados, comidas
rápidas, grasas, alimentos fritos, gaseosas y alimentos de paquete), lo que provoca
un exceso de energía almacenada y contribuye al aumento de peso (Guzmán &
Pérez, 2015). Esto se agrava a la luz de estadísticas de nutrición en donde un alto
porcentaje de colombianos no consumen a diario ni cereales, frutas y tampoco ver-
duras; sin embargo, si consumen al menos una comida rápida a la semana, a dia-
rio consumen gaseosas, alimentos de paquete, golosinas y alimentos fritos (ICBF,
2015). También debe tenerse en cuenta la sal, esta se encuentra naturalmente en
los alimentos y también se encuentra en los alimentos procesados industrialmen-
te, algunos de estos son los embutidos (salchichón, mortadela, chorizo, salami,
salchichas, etc.), salsas, carnes, entre otros. El alto consumo de sal, el sobrepeso
y el sedentarismo hacen más probable sufrir de hipertensión arterial y son riesgos
para morir por enfermedades cardiovasculares (Saieh & Lagomarsino, 2009). Como
en la edad anterior, la formación de hábitos es crucial para que los niños crezcan
sanos y sin secuelas nutricionales para su adolescencia y adultez.
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mesa familiar (Quintana et al., 2010). Los niños en esta edad tienden a imitar los
comportamientos de sus familiares, por lo que la alimentación es una oportunidad
para educar en muchos aspectos, pero también de formar comportamientos inade-
cuados de nutrición, así que se deben considerar estos aspectos del desarrollo al
momento de planear la alimentación.
Es importante considerar (como los snacks) algunos alimentos que proveen valor
nutricional y pueden ser suministrados fácilmente cuando el niño quiere comer
entre comidas principales o para llevar en la lonchera. Dentro de los snacks sa-
ludables se encuentran las tajadas de pan y tostadas, galletas, preparaciones con
avena, alimentos envueltos en forma de bollos, rollos o con cobertura de harina,
zanahorias, bananas, manzana, kiwi, productos preparados con pasas, maní, entre
otros (Thompson, 1998).
En los niños suelen presentarse algunas dificultades para comer, en la mayoría son
episodios esporádicos a los que se puede dar soluciones sencillas como intentar
suministrar el alimento en otro momento, o ayudarle a disfrutar el alimento al mo-
mento de consumirlo. Sin embargo, en algunos casos, las dificultades para alimen-
tar al niño se vuelven más frecuentes y más severas; por esta razón, hay que estar
atento al tipo de problemática que se está presentando y consultar al personal de
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salud. Para ilustrar los tipos de dificultades a las que tenemos que prestar más aten-
ción, usaremos la clasificación propuesta por Kerzner et al. (2015) (véase tabla 6).
Niño con apetito limitado Parecen comer poco respecto a Es necesario que los cuidadores dife-
los que comen normalmente, en rencien entre sus percepciones de ham-
1. Percepción errónea
algunos casos están más interesa- bre y saciedad del niño. Es necesario
2. Niños enérgicos y activos dos en jugar que en comer y no que se identifique si el crecimiento es
con apetito limitado se logra fácilmente que se sienten normal para el niño con esa ingesta.
a comer. En los apáticos pueden Formar hábitos de horarios de alimen-
3. Niños apáticos y retirados
ser niños inactivos, desintere- tación para facilitar la aparición de
4. Niños con enfermedad sados y se observa desnutrición hambre. No dar más de cinco comidas
orgánica evidente al día, solo con agua entre ellas. Limi-
tar el horario de alimentación a 20 min
o 30 min por ingesta. Aplicar tiempos
si se levanta de la mesa. Revisar la ali-
mentación apropiada para la edad. Dar
soporte emocional. Introducir nuevos
alimentos.
Niños selectivos Se encuentran los niños que son Enseñar expectativas razonables a los
juzgados como que comen menos padres sobre los consumos de alimen-
1. Percepción errónea
alimentos que los demás y recha- to. Introducir nuevos alimentos, pre-
2. Selectividad leve zan alimentos pero su consumo sentándolos 8 o 10 veces sin presiones
es adecuado para su desarrollo y hasta que se logre la prueba. Usar sal-
3. Selectividad alta
peso, pueden verse un poco más sas para mejorar el sabor de las verdu-
4. Niños con trastorno pequeños y pueden catalogarse ras. Dar nombres a los alimentos para
orgánico como quisquillosos al comer hacerlos atractivos. Encadenar alimen-
tos para que se introduzcan nuevos o
no deseados con deseados. Ensayar
nuevos sabores y preparaciones. No
dar siempre el mismo alimento y de la
misma forma, pues se generan fobias.
Niños con miedo a alimentarse Es una reacción severamente Tranquilizarse. Evaluar qué causa la
aversiva asociada a alguna expe- ansiedad en el niño. Aliviar la ansiedad
1. Percepción errónea
riencia de alimentación. Puede en el que alimenta. Tranquilizar al niño
2. Miedo a alimentarse en presentarse por miedo a alimen- para reducir su ansiedad. Modificar el
el infante tarse después de un solo evento, ambiente en que se alimenta. Tratar el
notablemente aversivo; miedo de dolor si está asociado. Realizar peque-
3. Miedo a alimentarse
alimentarse cuando ha sido so- ñas recompensas por comer. Usar dis-
en otros niños mayores
metido a dolor o procedimientos tractores. Detectar la comida retenida
4. Niños con trastorno orgánico orales desagradables; y miedo de en las mejillas. Puede requerirse trata-
alimentarse por falta de experien- miento médico para evitar desnutrición.
cia, o sentirse amenazado cuan-
do la comida es dada por vía oral.
(Continúa)
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PREVENCIÓN DE LA ENFERMEDAD Y LA MUERTE EN EL EMBARAZO Y LA PRIMERA INFANCIA
El manejo de las situaciones depende, en mucho, del tipo de dificultad que se pre-
sente. Debe tenerse en cuenta que algunas dificultades son, en realidad, percepcio-
nes erróneas de los padres. Es una percepción errónea si el niño está avanzando
adecuadamente en su desarrollo, motivo por el cual es necesario hacer controles
pediátricos para descartar un problema de alimentación si no lo hay. También se
pueden presentar percepciones erróneas cuando se dan etapas de menor apetito,
esto ocurre después de los dos años y puede variar mucho entre edades, días y
actividades. Si no es una expectativa errónea o una percepción equivocada, es
necesario descartar un problema orgánico. Si el problema es orgánico, deberá re-
currirse al personal de salud. Si el problema no es orgánico, es necesario hacer
los ajustes comportamentales del caso, un psicólogo puede ayudar en esa tarea,
aunque también se pueden hacer ajustes directamente por los cuidadores. Lo que
sí es importante es evitar que las dificultades de alimentación se conviertan en
cuadros de desnutrición o en problemas alimentarios de mayor gravedad que van
a afectar el resto de la vida al individuo, pudiendo convertirse en trastornos, anore-
xia, obesidad u otras enfermedades como las cardiovasculares, gastrointestinales,
respiratorias, etc. Para una revisión de posibles desencadenantes de trastornos,
véanse Taylor, Wernimont, Northstone y Emmett (2015).
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