Sigmund Freud y su planteamiento sobre las adicciones Iniciando su teoría psicoanalítica
Freud estableció que todos los seres humanos tenemos pulsiones. Según él, una
pulsión es una necesidad que todo ser humano hereda y que le exige a la mente ser
satisfecha. Desde este punto de vista, cualquier cosa (no necesariamente una sustancia
químico-tóxica) puede convertirse en una adicción.
Así mismo, Freud utilizó el concepto del “inconsciente” para explicar aquellas
manifestaciones mentales de las que el individuo no es consciente. Significa “dormido”,
o -“ajeno a lo que sucede alrededor”.
En su teoría, Freud menciona diferentes elementos que sirven para aliviar el “dolor de
existir” o la insatisfacción del deseo. El elemento más poderoso y quizás también el más
perjudicial para aliviar la pena es el objeto o sustancia química (López, 2007). Este dolor
de existir también puede ser llamado como “la pasión por evitar el dolor” y es una
caracterización que Freud hace sobre el consumo de drogas - como un rechazo al
sufrimiento antes que un logro a la satisfacción.
Las primeras ideas de Freud sobre el efecto de las sustancias tóxicas surgen en su libro
Sobre la cocaína en donde descubre cómo actúa la cocaína sobre lo que él llama
“afecciones dolorosas”.
Según Freud, el término afección dolorosa hace referencia al dolor físico que se irá
complejizando y tendrá varios significados. Por ejemplo, esta afección se produce –
cuando hay una sobrecarga libidinal en alguna parte del cuerpo, cuando un órgano es
el representante de una idea reprimida o, sencillamente, cuando hay una insatisfacción
aún no cumplida. Entonces, el dolor puede “experimentar una cancelación tóxica”.
¿Qué quiso decir Freud con esto? Que se puede hacer desaparecer el dolor por un
tiempo. En este sentido, la sustancia adictiva tiene una función primordial: evitar el dolor
pues funciona como una barrera poniéndole un límite al dolor pero no interviene sobre
su causa ni permite alcanzar un goce
La primera explicación real que da sobre las adicciones surge de la sexualidad infantil.
Freud afirmaba que la masturbación era el primer hábito del que surgían otras
adicciones como la del alcohol, a la cocaína, el tabaco, etc., y que surgían como
sustitutos de la primera.
La masturbación es considerada entonces como la adicción primordial y de ella son
las posteriores adicciones. Freud afirma que existe una continuidad entre masturbación
y adicción más no explica detalladamente qué lo lleva a esta conclusión; sin embargo,
concluye que “el acto masturbatorio, cuando deviene compulsivo, conserva una
llamativa afinidad con el acto adictivo cualquiera que sea, que en general es igual de
compulsivo”
Freud afirma que no todos los sujetos que han experimentado con sustancias tóxicas
desarrollan la adicción a ese tóxico sino que éste último sustituye o compensa la falta
de un goce sexual. Entonces, en los casos en los que no se es posible restablecer una
vida sexual normal, una recaída es certera. Esta última afirmación lleva a Freud a
formular una hipótesis que jamás abandonará: “el aparato psíquico sólo responde a la
ley de la ventaja sería incapaz de la renuncia a una satisfacción sino se le ofreciera a
cambio una “compensación”, es decir, un “plus de goce” a cambio de aquel goce
directo al que se renuncia”.
Esta afirmación es una orientación para el tratamiento de una adicción pues no basta
únicamente con privar al sujeto de la sustancia –o del objeto al cual se fijó su adicción-,
sino que esta privación debe ir también acompañada de un aumento de las
satisfacciones del sujeto.
Freud identifico elementos similares entre la neurosis y la toxicomanía y establecio una
relación entre ambas, relación que yace en la abstinencia de una satisfacción sexual y
de una vía para alcanzarla.
Para 1928 Freud publica Dostoyevski y el parricidio y ubica una “nueva adicción” que,
por supuesto, surge también de la masturbación: la adicción al juego. Así, en esta
adicción, el onanismo es reemplazado por el juego.
Entonces, se puede afirmar que Freud ubica dos partes en la masturbación: la primera
es la evocación de la fantasía la cual lleva a la satisfacción sexual pues siendo un acto
autoerótico, su propósito es conseguir placer; más adelante, esta acción se fusiona con
una representación optativa “perteneciente al círculo de la elección del objeto que sirve
para dar realidad a la situación en que tal fantasía culminaba”. Así, esta versión
freudiana permite comprender la posición del adicto quien cree que lo que causa su
adicción es una búsqueda de la felicidad.
La búsqueda de la felicidad es un elemento esencial en la teoría de Freud sobre las
adicciones.
Anteriormente, se mencionó que Freud habló de “cancelación tóxica” para referirse a
hacer desaparecer el dolor por un tiempo. ¿A qué se refería con esto? Significa que, en
muchas ocasiones, se ve la adicción como una búsqueda de la felicidad y es con esta
creencia que el adicto empieza a consumir. Pero no es la búsqueda de la felicidad
como tal, es, en otras palabras, evitar el displacer.
En El malestar de la cultura, Freud establece que lo que mueve al ser humano a actuar
es precisamente esta búsqueda de la felicidad con el fin de evitar situaciones o
sensaciones desagradables y evadir el dolor, así como experimentar sensaciones
placenteras, y a este último término lo denominó “felicidad”.
Desde Freud, específicamente en El malestar en la cultura (1930), la función de la droga
se entiende como un “quita penas”: “la vida resulta graviosa: nos trae dolores,
desengaños, tareas insolubles. Para soportarla no podemos prescindir de calmantes los
hay, quizá de 3 clases: poderosas distracciones, satisfacciones sustitutivas y sustancias
embriagadoras que nos vuelven insensible a ella”.
Para Freud, las sustancias tóxicas están ubicadas en la segunda opción en donde
afirma que éstas no brindaban una felicidad como tal, sino que sencillamente en su
presencia había ausencia de dolor psíquico. ¿Qué esperan los hombres de la vida? Fue
una pregunta para Freud a la que responde que el hombre busca la felicidad, quiere
llegar a ser feliz y no dejar de serlo. Para esto hay dos fases: un fin negativo cuyo
propósito es evitar el dolor y el displacer a toda costa; y un fin positivo cuyo propósito
es experimentar sensaciones placenteras.
Khantzian y Mack (1983) establecen que un sujeto adicto a un tóxico selecciona la
sustancia de su adicción teniendo en cuenta el efecto de la sustancia y la parte afectiva
que quiere medicar.
Wurmser (1974), por su parte, afirma que la adicción no es más que una búsqueda de
un objeto que pueda “proveer un alivio externo para una urgencia interna de un impulso
abrumador”
Dodes (1990) establece que la adicción es una consecuencia de la rabia narcisista y el
resultado de una sensación de indefensión. Según Rodríguez de la Sierra un individuo
consume –drogas o alcohol- por una dependencia psicológica poderosa que lo empuja
a la sustancia para “evadir, regular o escapar de sentimientos dolorosos y angustiantes”
idea más o menos acorde con la explicación de Freud sobre el consumo, en donde la
droga es considerada un “quita penas”.
Finalmente, Whitman-Reymond (1988) exploró la formación de una adicción desde una
pérdida temprana en el desarrollo. Whitman-Reymond es un psicoanalista que se ha
interesado en la problemática de la adicción, particularmente en la ludopatía o juego
patológico.
Freud elaboró algunas ideas sobre las adicciones, no elaboró una teoría sobre la
toxicomanía como tal. Al comenzar su teoría psicoanalítica sobre las adicciones, la
percepción de Freud sobre este fenómeno yacía en el campo de la sexualidad infantil
afirmando que la masturbación es la primera adicción de la cual surgen las demás
adicciones.