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4 Fabulas Cortas

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La zorra y las uvas
Había una vez una zorra que llevaba casi una semana sin comer, había tenido
muy mala suerte, le robaban las presas y el gallinero que encontró tenía un perro
guardián muy atento y un amo rápido en acudir con la escopeta.
Facebook
Ciertamente estaba muertecita deTwitter
hambre cuando encontró unas parras
silvestres de las que colgaban unos suculentos racimos de doradas uvas, debajo
de la parra había unas piedras, como protegiéndolas.— Al fin va a cambiar mi
suerte, —pensó relamiéndose—, parecen muy dulces. Se puso a brincar,


intentando alcanzarlos, pero se sentía muy débil, sus saltos se quedaban cortos
los racimos estaban muy altos y no llegaba. Así que se dijo: —Para que perder el
tiempo y esforzarme, no las quiero, no están maduras.
Correo electrónico
Pero resulta que si la zorra hubiese trepado por las piedras parándose en dos
patas hubiese alcanzado los racimos, esta vez le faltó algo de astucia a doña
zorra, parece ser que el hambre no la deja pensar.

¿LeMORALEJA:-
pareció útilHay que documento?
este esforzarse para conseguir lo que se desea pero pensando
primero que es lo que queremos y como conseguirlo, no sea que nos pongamos a
dar brincos cuando lo que necesitamos es estirarnos, y perdamos el tiempo y el
esfuerzo.

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El burro flautista
Esta fabulilla, salga bien o mal, me ha ocurrido ahora por casualidad. Cerca de
unos prados que hay en mi lugar, pasaba un borrico por casualidad. Una flauta
en ellos halló, que un zagal se dejó olvidada por casualidad. Acercándose a olerla
el dicho animal y dio un resoplido por casualidad.
En la flauta el aire se hubo de colar, y sonó la flauta por casualidad. «¡Oh!», dijo
el borrico. «¡Qué bien sé tocar! ¡Y dirán que es mala la música asnal!» Sin reglas
del arte borriquitos hay que una vez aciertan por casualidad.
MORALEJA:- Sin reglas del arte, el que en algo acierta, acierta por casualidad.

El pastor mentiroso

 Apacentando un joven su ganado, gritó desde la cima de un collado: “¡Favor! que


 viene el lobo, labradores”. Éstos, abandonando sus labores, acuden
prontamente, y hallan que es una chanza solamente. Vuelve a clamar, y temen la
desgracia; segunda vez la burla. ¡Linda gracia!
Pero ¿qué sucedió la vez tercera? que vino en realidad la hambrienta fiera.
Entonces el zagal se desgañita, y por más que patea, llora y grita, no se mueve la
gente, escarmentada; y el lobo se devora la manada.

MORALEJA:- ¡Cuántas veces resulta de un engaño contra el engañador el mayor


daño!

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La gallina de los huevos de oro

Un buen día, un hombre paseaba por el bosque y se encontró una hermosa


gallina. Se la llevó a su casa y a los pocos días se dio cuenta de que cada día
ponía un huevo de oro . Se creyó que dentro del estómago de la gallina
habría mucho oro y se haría rico y la mató.
Pero cual fue su sorpresa cuando al abrirla vio que por dentro era igual que las
demás gallinas. Resulta que la gallina ponía huevos de oro pero ella no era de
oro. De modo que como la había matado se quedó sin la riqueza que la madre
naturaleza le había otorgado al dejarle en el bosque la gallina de los huevos de
oro.
MORALEJA:- Estad contentos con lo que tenéis y huid de la insaciable codicia.

El león y el ratón

Unos ratoncitos, jugando sin cuidado en un prado, despertaron a un león que


dormía plácidamente al pie de un árbol. La fiera, levantándose de pronto, atrapó
entre sus garras al más atrevido de la pandilla.
El ratoncillo, preso de terror, prometió al león que si le perdonaba la vida la
emplearía en servirlo; y aunque esta promesa lo hizo reír, el león terminó por
soltarlo. Tiempo después, la fiera cayó en las redes que un cazador le había
tendido y como, a pesar de su fuerza, no podía librarse, atronó la selva con sus
furiosos rugidos. El ratoncillo, al oírlo, acudió presuroso y rompió las redes con
sus afilados dientes. De esta manera el pequeño ex - prisionero cumplió su
promesa, y salvó la vida del rey de los animales. El león meditó seriamente en el
favor que acababa de recibir y prometió ser en adelante más generoso.
MORALEJA:- En los cambios de fortuna, los poderosos necesitan la ayuda de los
débiles.

La cigarra y la hormiga
Era un día de verano y una hormiga caminaba por el campo recogiendo granos
de trigo y otros cereales para tener algo que comer en invierno. Una cigarra la
vio y se sorprendió de que fuera tan laboriosa y de que trabajara cuando los
demás animales, sin fatigarse, se daban al descanso.
La hormiga, de momento, no dijo nada; pero, cuando llegó el invierno y la lluvia
deshizo el heno, la cigarra, hambrienta, fue al encuentro de la hormiga para
pedirle que le diera parte de su comida. Entonces, ella respondió: "Cigarra, si
hubieras trabajado entonces, cuando yo me afanaba y tú me criticabas, ahora
no te faltaría comida."

MORALEJA:- Cada uno debe aprender a responder de su propia conducta.

El zorro y el cuervo
Cierto cuervo, de los feos el primero, robó un queso y, llevando su botín fue a
saborearlo en la copa de un árbol. En estas circunstancias lo vio un zorro muy
astuto, y comenzó a adularlo con la intención de arrebatárselo. - Ciertamente,
hermosa ave, no existe entre todos los pájaros quien tenga la brillantez de tus
plumas, ni tu gallardía y belleza.
Si tu voz tan melodiosa como deslumbrante tu plumaje, creo, y con razón, que
no habrá entre las aves quien te iguale en perfección. Envanecido el cuervo por 
este elogio, quiso demostrar al galante zorro la armonía de su voz. Al comenzar 
a graznar, dejó caer el queso de su negro pico. El astuto zorro, que no deseaba
otra cosa, cogió entre sus dientes la suculenta presa y, dejando burlado al
cuervo, se puso a devorarla bajo la sombra de un árbol.

MORALEJA:- Quien a los aduladores oye nada bueno espere de ellos.

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