MINISTERIO DE EDUCACION DE LA NACION
DIRECCIÓN GENERAL DE ENSEÑANZA PRIMARIA
EL ESPAÑOL
DE LA ARGENTINA
ESTU D IO D ESTIN A D O A LOS MAESTROS D E LAS ESCUELAS PRIMARIAS
PO R
BERTA ELENA VIDAL DE BATTINI
41 ■HK3■
B IB H U M A
I Biblioteca de Humanidades
"Prof. Guillermo Obiols"
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Tel/Fax: 54-0221-423 5745
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EL ESPAÑOL DE LA ARGENTINA
ESTUDIO DESTINADO A LOS MAESTROS DE LAS ESCUELAS PRIMARIAS
POR
BE R T A E L E NA VI DAL DE BATTINI
IN S P E C T O R A T É C N IC A DE D IS T R IT O
DIBUJÓ LOS MAPAS
MARÍA TERESA GRONDONA
SUBDIRECTORA DE LA OFICINA DE CARTOGRAFÍA ESCOLAR
PREPARO LA BIBLIOGRAFÍA
BELI SARI O FERNÁNDEZ
JEFE DE LA DIVISIÓN DE BIBLIOTECA DE LA DIRECCIÓN DE
BIBLIOTECA E INFORMACIÓN EDUCATIVA
EL ESPAÑOL DE LA ARGENTINA
INTRODUCCIÓN
Propósitos del trabajo. —El propósito de este trabajo es el de estu
diar el español de la Argentina con fines didácticos; realizar la investi
gación lo más completa posible de las hablas regionales y, sobre la base
científica de este conocimiento, formular observaciones y consejos para
la mejor enseñanza de nuestra lengua nacional en las escuelas primarias.
En la enseñanza del idioma —tarea trascendental que concierne en
primer lugar a los educadores—, al maestro de primeras letras le corres
ponde un puesto de responsabilidad excepcional, ya que la escuela
primaria, por su naturaleza eminentemente popular, es la transmisora
de las'formas esenciales de la cultura de un país. En la formación del
hombre nada es tan importante como el dotarlo del instrumento de ex
presión que es el idioma de su comunidad; en la formación del ciuda
dano pocas cosas son tan fundamentales como la de prepararlo para la
defensa y el perfeccionamiento de la lengua nacional, uno de los más
preciosos entre los bienes espirituales de su pueblo. L a forma en que
se expresa el hombre medio de una sociedad da la medida de la cultura
de su país y de la trascendencia de la obra escolar, puesto que es a este
hombre a quien modela la escuela primaria. De él surgirá el creador,
el artista, que elevará a la más alta dignidad idiomática la expresión
del pueblo, ya que la lengua no sólo es una medida sino también el
resultado de una acción múltiple y compleja.
En 1834, don Andrés Bello, el eminente escritor y filósofo vene
zolano, publicó en Chile, en donde ejerció su brillante magisterio, sus
Advertencias sobre el uso de la lengua castellana “dedicadas a los pa
dres de familia, profesores de los colegios y maestros de escuela”. En
50 años1 la escuela corrigió la mayoría de las impropiedades y defectos
1 Miguel Luis Amunátegui, Acentuaciones viciosas. Memoria presentada a la
Universidad de Chile, Santiago, 1887, pág. 87: En el espacio de medio siglo, los
vicios de pronunciación que Bello censuraba en las precedentes líneas han des
aparecido por completo en las personas ilustradas de Chile. Sin embargo. . . entre
las indoctas aún quedan algunas que incurren en el tal defecto. ..
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denunciados por Bello; a ella se debe el que en el habla del pueblo
chileno haya sido reemplazado, casi completamente, el arcaico vos por
el tú, y el uso de las formas verbales correctas (tú sales, márchate, etc.).
Este ejemplo famoso nos llena de esperanzas y en él nos apoyamos para
iniciar esta empresa. ¿La escuela argentina podrá lograr tan admirables
frutos? Quienes conocemos bien a los maestros, estamos seguros de que
si ellos se proponen restaurar las formas más castizas y nobles de nues
tra lengua y desterrar sus rasgos dialectales, lo conseguirán ya en la
generación que están educando. La obra lenta pero segura de la escuela
es capaz de operar todos los milagros. Los hábitos lingüísticos se adquie
ren, se olvidan o se modifican como todos los hábitos; concretan un
problema de educación. El maestro tendrá que comenzar por enmendar
su propio lenguaje y por prestar mayor atención y tiempo al estudio
de su lengua, pero es que el maestro ha de estar aprendiendo siempre
y su ejemplo ha de ser la más perdurable de sus lecciones. El ejemplo
vivo del maestro y su acción renovadora son la escuela misma, y en
la obra humilde y grande de la escuela primaria se ahondan y levan
tan los cimientos de la cultura del país y los de la cultura universal.
Américo Castro en su libro La peculiaridad lingüística rioplaten-
se, 1 reconoce que “la escuela argentina realizó esfuerzos maravillosos
desde los tiempos de Domingo Sarmiento”, pero encarece como so
lución, afianzada por la experiencia europea de un siglo, la de enfocar
el problema del idioma desde la cátedra universitaria —nuestra cátedra
máxima contó con especialistas eminentes como el doctor Castro y
el doctor Amado Alonso, y a ellos mucho les debemos. Es el plan
teamiento que corresponde, pero, la formación del maestro de escuela
es, o mejor dicho, debe ser, la obra directa e indirecta de las institu
ciones superiores de cultura, la escuela normal, la escuela de profeso
res, la universidad, y él será siempre el nexo irreemplazable entre los
altos estudios y la sedimentación de lo esencial en el pueblo. En la
Argentina, la escuela primaria ha cumplido un papel de excepcional
importancia en la difusión y defensa de nuestra lengua, y si su acción
no ha sido de más penetrante eficacia, se debe a que generalmente
se ha descuidado la formación idomática del maestro. En los lugares
más alejados de nuestro territorio, el maestro de primeras letras es,
1 Américo Castro, La peculiaridad lingüistica rioplatense y su estudio histórico,
Buenos Aires, 1941.
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casi sin excepción, el único difusor de cultura. Desde comienzos de
este siglo, la Argentina ha cumplido un plan sistemático de creación
de escuelas y en 1a, actualidad no existe un conglomerado humano que
no cuente por lo menos con una de ellas.1 La escuela ha civilizado
las regiones más inaccesibles y las de más tardía colonización como
lo son las de la Puna, la Patagonia y el Chaco, y ha penetrado los
núcleos de poblaciones de habla no castellana, los reductos de indíge
nas y las colonias extranjeras —algunas de estas últimas se mantuvieron
como círculos cerrados hasta hace pocos años— y por ella no tenemos
ya en el país hombres que no hablen nuestra lengua. Más que el
libro, el periodismo, el teatro y la radio, la escuela ejerce presión en
la lengua del pueblo; la escuela contuvo y sigue conteniendo en todo,
el país el vulgarismo que se desató en el siglo xix (páis, máiz, ináistro,
píor, pueta, etc.) en América y en España y ha contribuido en buena
parte para arrinconar el lunfardo 2 en Buenos Aires.
El estudio de la lengua nacional ha sido realizado en países de
viejas culturas por cuerpos de técnicos. En la Argentina lo hemos em
prendido los maestros de escuela. Si este esfuerzo que no alcanza la
perfección de un estudio estrictamente especializado, ya que su fin es
el de satisfacer las exigencias de la enseñanza escolar, no se aprovecha,
se habrá malogrado un sacrificio. El tiempo nos lo dirá. Nosotros
mantenemos nuestra fe inquebrantable en el maestro y en la escuela.
1 Lorenzo Luzuriaga, La enseñanza primaria y secundaria argentina comparSida
con la de otros pises. Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, 1942, Este
trabajo fue realizado por el doctor Luzuriaga con sus alumnos del Instituto de
Estudios Pedagógicos, comparando los datos de la República Argentina con los
de los principales países del mundo; las conclusiones son tan elocuentes para de
mostrar la organización e importancia de la escuela primaria en nuestro país que
las transcribimos íntegras. Pag. 21: 1Q La República Argentina es el país que
cuenta hoy con mayor número de escuelas-maestros, en proporción al número de
habitantes. 2? Asimismo, la República Argentina es uno de los países que cuenta
con mayor número de alumnos en sus escuelas primarias, proporcionalmente a su
población. 3? La República Argentina es uno de los países a los que corresponde
menor número de alumnos por escual-maestro. 4<? Por último, la República Argen
tina es uno de los países que cuenta con mayor número de maestros por escuela.
Estas conclusiones nos permiten afirmar que por su enseñanza primaria la República
Argentina es desde el punto de vista cuantitativo numérico, uno de los países más
adelantados y quizá el más desarrollado de todos, pues ninguno reúne tantas con
diciones, en este sentido, como ella.
2 No es precisamente el lunfardo; se trata de las palabras desplazadas del lun
fardo que ingresan al habla vulgar.
¿T iM C f f Ü
4 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
denunciados por Bello; a ella se debe el que en el habla del pueblo
chileno haya sido reemplazado, casi completamente, el arcaico vos por
el tú, y el uso de las formas verbales correctas (tú sales, márchate, etc.).
Este ejemplo famoso nos llena de esperanzas y en él nos apoyamos para
iniciar esta empresa. ¿La escuela argentina podrá lograr tan admirables
frutos? Quienes conocemos bien a los maestros, estamos seguros de que
si ellos se proponen restaurar las formas más castizas y nobles de nues
tra lengua y desterrar sus rasgos dialectales, lo conseguirán ya en la
generación que están educando. La obra lenta pero segura de la escuela
es capaz de operar todos los milagros. Los hábitos lingüísticos se adquie
ren, se olvidan o se modifican como todos los hábitos; concretan un
problema de educación. El maestro tendrá que comenzar por enmendar
su propio lenguaje y por prestar mayor atención y tiempo al estudio
de su lengua, pero es que el maestro ha de estar aprendiendo siempre
y su ejemplo ha de ser la más perdurable de sus lecciones. El ejemplo
vivo del maestro y su acción renovadora son la escuela misma, y en
la obra humilde y grande de la escuela primaria se ahondan y levan
tan los cimientos de la cultura del país y los de la cultura universal.
Américo Castro en su libro La peculiaridad lingüística rioplaten-
se, 1 reconoce que “la escuela argentina realizó esfuerzos maravillosos
desde los tiempos de Domingo Sarmiento”, pero encarece como so
lución, afianzada por la experiencia europea de un siglo, la de enfocar
el problema del idioma desde la cátedra universitaria —nuestra cátedra
máxima contó con especialistas eminentes como el doctor Castro y
el doctor Amado Alonso, y a ellos mucho les debemos. Es el plan
teamiento que corresponde, pero, la formación del maestro de escuela
es, o mejor dicho, debe ser, la obra directa e indirecta de las institu-
* ciones superiores de cultura, la escuela normal, la escuela de profeso
res, la universidad, y él será siempre el nexo irreemplazable entre los
altos estudios y la sedimentación de lo esencial en el pueblo. En la
Argentina, la escuela primaria ha cumplido un papel de excepcional
importancia en la difusión y defensa de nuestra lengua, y si su acción
no ha sido de más penetrante eficacia, se debe a que generalmente
se ha descuidado la formación idomática del maestro. En los lugares
más alejados de nuestro territorio, el maestro de primeras letras es,
1 Américo Castro, La peculiaridad lingüística rioplatense y su estudio histórico,
Buenos Aires, 1941.
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casi sin excepción, el único difusor de cultura. Desde comienzos de
este siglo, la Argentina ha cumplido un plan sistemático de creación
de escuelas y en 1a, actualidad no existe un conglomerado humano que
no cuente por lo menos con una de ellas.1 La escuela ha civilizado
las regiones más inaccesibles y las de más tardía colonización como
lo son las de la Puna, la Patagonia y el Chaco, y ha penetrado los
núcleos de poblaciones de habla no castellana, los reductos de indíge
nas y las colonias extranjeras —algunas de estas últimas se mantuvieron
como círculos cerrados hasta hace pocos años— y por ella no tenemos
ya en el país hombres que no hablen nuestra lengua. Más que el
libro, el periodismo, el teatro y la radio, la escuela ejerce presión en
la lengua del pueblo; la escuela contuvo y sigue conteniendo en todo,
el país el vulgarismo que se desató en el siglo xix (páis, máiz, máistro,
píor, pueta, etc.) en América y en España y ha contribuido en buena
parte para arrinconar el lunfardo 2* en Buenos Aires.
El estudio de la lengua nacional ha sido realizado en países de
viejas culturas por cuerpos de técnicos. En la Argentina lo hemos em
prendido los maestros de escuela*. Si este esfuerzo que no alcanza la
perfección de un estudio estrictamente especializado, ya que su fin es
el de satisfacer las exigencias de la enseñanza escolar, no se aprovecha,
se habrá malogrado un sacrificio. El tiempo nos lo dirá. Nosotros
mantenemos nuestra fe inquebrantable en el maestro y en la escuela.
1 Lorenzo Luzuriaga, La enseñanza primaria y secundaria argentina comparada
con la de otros pises. Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, 1942, Este
trabajo fue realizado por el doctor Luzuriaga con sus alumnos del Instituto de
Estudios Pedagógicos, comparando los datos de la República Argentina con los
de los principales países del mundo; las conclusiones son tan elocuentes para de
mostrar la organización e importancia de la escuela primaria en nuestro país que
las transcribimos íntegras. Pag. 21: l 9 La República Argentina es el país que
cuenta hoy con mayor número de escuelas-maestros, en proporción al número de
habitantes. 29 Asimismo, la República Argentina es uno de los países que cuenta
con mayor número de alumnos en sus escuelas primarias, proporcionalmente a su
población. 39 La República Argentina es uno de los países a los que corresponde
menor número de alumnos por escual-maestro. 49 Por último, la República Argen
tina es uno de los países que cuenta con mayor número de maestros por escuela.
Estas conclusiones nos permiten afirmar que por su enseñanza primaria la República
Argentina es desde el punto de vista cuantitativo numérico, uno de los países más
adelantados y quizá el más desarrollado de todos, pues ninguno reúne tantas con
diciones, en este sentido, como ella.
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2 No es precisamente el lunfardo; se trata de las palabras desplazadas del Zim-
fardo que ingresan al habla vulgar.
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Plan del trabajo. —Son propósitos de nuestro trabajo: 1° estudiar
el español de la Argentina en los siguientes aspectos: a) pronunciación,
morfología y sintaxis; b) vocabulario; delimitar en el mapa del país
la extensión de los principales fenómenos lingüísticos; 39 diferenciar
los rasgos castizos de los dialectales de nuestra lengua; 4? deducir
conclusiones generales para la labor escolar.
El presente trabajo contiene los resultados de interés didáctico
alcanzados hasta este momento; de acuerdo con nuestro plan será am
pliado y perfeccionado en investigaciones futuras.
Método del trabajo. —Frente a la magnitud de la empresa, el
estudio de la lengua en todo nuestro extenso territorio, buscamos un
método que pudiera facilitar la tarea sin quitarle seriedad y calidad
científica, y nos determinamos por el método mixto, de investigación
directa y de encuestas: los datos serían recogidos por los maestros
previamente aconsejados y con la guía de un cuestionario, y después
verificados y enriquecidos por nuestra exploración en el terreno. El
colaborador que se imponía para realizar la encuesta era el maestro de
la escuela primaria a quien estaba dedicado el trabajo, y por muchas
razones el más capaz para llevarla a cabo. La tarea, por otro lado, le
proporcionaría una oportunidad para observar y conocer mejor la re
gión y la comarca en donde ejerce su magisterio.
L a realización del trabajo. —En 1945, el doctor Ataliva Herrera,
Interventor en el Consejo Nacional de Educación, nos encomendó este
trabajo. Nuestra Dependencia solicitó a la Facultad de Filosofía y
Letras de Buenos Aires la colaboración científica del Instituto de Filo
logía que dirigía entonces el doctor Amado Alonso, y que trabajaba
en la investigación del español de América y de la Argentina.1 Con
el asesoramiento del doctor Alonso y de su colaborador el doctor Ángel
1 Publicó 7 tomos de la Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana: I y II,
Aurelio M. Espinosa, Estudio sobre el español de Nuevo Méjico, 1930 y 1946,
traducción y notas de Amado Alonso y Ángel Rosenblat; III, Eleuterio F. Tiscornia,
La lengua de Martín Fierro, 1930; IV, El español en Méjico, los Estados Unidos
y la América Central, trabajo de E. C. Hills,, F. Semeleder, C. C. Marden, M. G.
Revilla, A. R. Nykl, K. Lentzner, C. Gagini y R. J. Cuervo, con anotaciones y
estudios de P. Henríquez: Ureña, 1938; V, Pedro Henríquez Ureña, El español de
Santo Domingo, 1940; VI, El español en Chile, trabajos de R. Lenz, Andrés Bello
y R. Oroz, Traducción y nota de Amado Alonso y Raimundo Lida, 1940; VII, Berta
Elena Vidal de Battini, El habla rural de San Luis, 1949.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 7
Rosenblat redactamos el cuestionario de la Primera encuesta, que se
imprimió y se remitió a los maestros de las escuelas primarias del país.
Nuestro cuestionario, aunque muy breve y adaptado a la naturaleza
especial del trabajo, se hizo sobre la base del cuestionario del doctor
Navarro Tom ás.1 Se reunieron 14.050 cuestionarios contestados, de
todas las regiones del país. Como no fué posible instruir previamente
a los colectores sobre la tarea, el valor de estos cuestionarios es muy
desigual, pero entre ellos se distinguen los de gran número de maestros
que entendieron la importancia de la investigación y demostraron inte
ligente diligencia y cultura.
En 1949, gacias al apoyo de las autoridades de nuestras dependen
cias escolares, convencidas del inapreciable valor educativo de un
trabajo de esta naturaleza, pudimos dedicar todo nuestro tiempo a
esta investigación. Así conseguimos organizar este abundante aporte
v determinar en el mapa de cada estado los lugares de los cuales te
níamos noticias. Los cuestionarios fueron estudiados cuidadosamente;
se separaron y se seleccionaron los elementos de interés para ser
verificados, depurados y enriquecidos por medio de la observación di
recta de los hablantes de las diversas zonas lingüísticas argentinas.
Con este criterio comprensivo nos han permitido cumplir, durante los
años de 1951 y 1952, la tarea fundamental e indispensable de la
investigación personal y sistemática en el terreno; realizamos 20 viajes
de estudio que abarcaron todo el territorio del país. La colaboración
de los Inspectores Generales de Provincias y Territorios, la de los
inspectores y directores y la de los maestros, han hecho posible el
cumplimiento de una labor tan intensa y provechosa, que bien puede
equipararse a la llevada a cabo en 10 años de una investigación común.
Con los materiales procedentes de esta investigación y los recogidos
en viajes anteriores por diversas regiones del país —desde hace más
de 20 años nos preocupa la exploración del folklore y la del habla
regional— hemos conseguido reunir noticias sobre más de 4.000 co
marcas de todo el territorio argentino. Con estos elementos redactamos
el presente estudio de la fonética, la morfología y la sintaxis del espa
ñol de la Argentina, considerado en sus fenómenos lingüísticos más
1 T. Navarro Tomás, Cuestionario lingüístico hispanoamericano, Buenos Aires,
1943 (1^ adición); Buenos Aires, 1945 (2$ edición).
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salientes y en los de mayor extensión y profundidad, y determinamos
las zonas geográficas de su difusión. No afrontamos los problemas de
severo tecnicismo como el de las minuciosas descripciones fonéticas, por
no corresponder a este trabajo y escapar a nuestras posibilidades.
En la segunda parte de este trabajo trataremos el vocabulario,
tema extensísimo, para el cual redactamos el cuestionario de la Segunda
encuesta, cuyos materiales se están organizando en este momento.
En la colección de cuentos y leyendas de todo el país recogidos
en la versión fiel del narrador, que preparamos desde hace algunos
años, tendremos también un material rico para estudiar aspectos del
español de la Argentina, particularmente el de las clases populares y
campesinas.
El idioma nacional de la Argentina: castellano o español. Comuni
dad idiomática hispanoamericana. — Generalidades sobre el español
de América. — En el siglo xv, España fué actora de uno de los hechos
más extraordinarios de la humanidad: el descubrimiento de América.
España trajo a América su cultura y con ella su medio de expresión,
la lengua. Ésta es nuestra lengua materna y nacional, el castellano o
español; ambos nombres la designan indistintamente h Castellano se
llama a nuestra lengua por haber nacido en Castilla; español porque
todas las regiones de España contribuyeron para hacer del rudo dialecto
de Castilla, una de las más nobles, armoniosas y ricas lenguas de la
tierra. América contribuyó también a su enriquecimiento. Castellano es
el nombre antiguo y el más usado en América; desde el siglo xvi se
tendió en España, y en la actualidad es lo corriente, a usar el nombre
de español, y así se dice el español de España, el español de América,
el español de Méjico, el español. de la Argentina. 2 Este español que
hablamos es tan nuestro como lo es de los españoles, forma parte de
los bienes que legítimamente heredamos de aquellas generaciones
de españoles, nuestros ascendientes, que conquistaron y poblaron nues
tras tierras, y que aquí se quedaron. Este concepto es igualmente
aplicable a la gran masa de hombres de otro origen que se ha fundido
1 Véase, Amado Alonso, Castellano, español, idioma nacional, Buenos Aires, 1938.
2 En la misma forma en que se dice el inglés de los Estados Unidos de América,
el francés del Canadá, el portugués del Brasil.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 9
con nuetro pueblo, 4pues la cadena de generaciones ascendentes se han
de entender como de connacionales, y no necesariamente en el sentido
de geanología familiar” 1.
Comunidad idiomática. — Tenemos la ventura de pertenecer a una
gran comunidad idiomática, la hispanoamericana. Veinte naciones y más
de 100.000.000 de hombres nos entendemos en la misma lengua, el
castellano o español. Entre los vínculos que unen a la raza común
figura en primer término por su valor espiritual y de todo orden, el del
idioma; sobre los pueblos y los hombres que a ella pertenecen pesa
la enorme responsabilidad de mantener pura esta herencia que refleja
la cultura elaborada en siglos de nobles sacrificios.
La idea de la formación de una lengua nacional por escisión del
español, basada erróneamente en la idea de la independencia política,
que en casos personales se señaló en la Argentina, a fines del siglo
pasado, y principios del presente, no tiene asidero en la actualidad2;
la verdad es que si bien es cierto que provocó un debate periodístico,
nunca hizo escuela ni fue popular y que los mismos escritores de valor
que de algún modo la propulsaron, como Echeverría, ¡Juan María Gu
tiérrez, Alberdi y Sarmiento, se contradijeron, cuando no expresamente,
con la prueba más elocuente, la de sus propias obras, en las que es
evidente la preocupación por el cultivo castizo de la para todos her
mosa lengua española. Sarmiento, el más apasionado, en 1842 proclama
su defensa como el cumplimiento de un deber patriótico, en este enca
recimiento: “es hacer al país un servicio importantísimo estudiar sus
vicios más frecuentes en el habla común e indicar el correctivo” 3.
Los más grandes investigadores del español del siglo pasado son
americanos, Bello y Cuervo, antecesores de la moderna e ilustre escuela
filológica hispana fundada por Don Ramón Menéndez Pidal, augusta
figura de la ciencia universal. La obra de Bello y la de Cuervo, de
proyección inacabable, ejercieron en la época más difícil de la vida
1 Alonso, Castellano, pág. 177.
2 Véase el libro de Arturo J. Álvarez, Nuestra lengua, Buenos Aires, 1922, que
resume el debate y comenta el libro del francés Luciano Abeille, Idioma de los
argentinos.
3 Domingo Faustino Sarmiento, Obras completas, I pág. 217.
10 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
política y cultural de las naciones hispanoamericanas, un influjo e x tra
ordinario en la dirección de la lengua común y en la preocupación
por mantener su unidad. Cuervo, en sus últimos años, al observar Tas
divergencias lingüísticas que existían entre las naciones americanas y
entre éstas y España, creyó que se podría llegar a un fraccionamiento
de la lengua castellana, a la que él había dedicado toda su vida y ello
le hizo exclamar con gran dolor: “Hora solemne y de honda melancolía
en que se deshace una de las mayores glorias que ha visto el mundo . . . ” 1
Ya había recomendado, para salvar los peligros que las discrepancias
de la lengua hablada entrañaba, mantener la unidad por medio de la
lengua escrita, de la lengua literaria, y había dicho: “mientras tanto, en
obsequio de las facilidades que ofrece una lengua común para la tras
misión de las luces y para estrechar la fraternidad de pueblos de un
mismo origen, y en vista de las ventajas que logra el arte de escribir
aprovechándose de un instrumento ya aprobado y de una materia des
vastada mediante una labor secular, es patente la necesidad de conser
var la pureza de la lengua literaria. Si reconocida esta necesidad, se
desea sinceramente mantener la unidad, tanto españoles como america
nos han de poner algo de su parte para lograrlo. . . Cuando los españoles
conservan fielmente el tipo tradicional, su autoridad es la razón misma;
cuando los americanos lo conservamos y lois españoles se apartan de él,
bien podemos llamarlos al orden y no mudar nuestros usos. Si el bene
ficio es común, común ha de ser el esfuerzo” 2. Las palabras de Cuervo,
además de su enseñanza, sugieren una circunstancia de todos cono
cida: la arrogancia con que a veces los españoles nos tratan a los
americanos y los desplantes con que los americanos respondemos o
iniciamos el conflicto, son reacciones de quienes tanto nos parecemos
pero que injustamente han incidido e inciden en el trabajo común
de conservar la unidad de la lengua.
En el planteamiento de este problema en el mundo hispanoameri
cano, la Argentina ha sido considerada como la menos respetuosa de
la tradición idiomática: primero, por haber sido la única entre las na
ciones americanas en la cual se produjo un debate sobre la necesidad
de formar un idioma nacional y, segundo, porque, figurando entre las
1 Rufino José Cuervo, E l castellano en América, Buenos Aires, 1947, pág. 36.
2 Rufino José Cuervo, Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano , Bogotá,
1939 (7? edición). Prólogo, pág. 24.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 11
de más destacada jerarquía cultural, ha descuidado, en ciertos aspectos,
la pureza de la lengua —pesan como argumentos, entre otros, el em
pobrecimiento y aplebeyamiento del habla popular y vulgar de Buenos
Aires, que ha sido siempre la más observada, y el mantenimiento de
ciertos rasgos generales anticuados como el del voseo. La lengua
refleja la historia de un país, de una comunidad; veamos las causas
histórico-culturales que han influido en la nuestra. Es evidente que la
labor de la Argentina en los últimos tiempos en favor de la unidad
de la lengua general se ha intensificado, y ya se advierten los resultados
conseguidos por la escuela, por un grupo de distinguidos profesores
que difunden su prédica desde la cátedra y desde sus trabajos especia
lizados, por el Instituto de Filología de la Facultad de Filosofía y
Letras, por la Academia Argentina de Letras, por el periodismo cali
ficado como el de La Nación, por nuestros mejores escritores; algunos,
como Borges y Capdevila, han encarado expresamente su defensa. Para
quienes siguen suponiendo que la Argentina alienta un espíritu sepa
ratista, escribió Amado Alonso esta réplica: "Tero mientras el puerto
de Buenos Aires sea' no sólo la mano que da y recibe, sino también la
mano fraternal que la Argentina extiende amistosamente al mundo, la
tendencia lingüística del país será, como lo es hoy, no al aislamiento y
escisión, sino a la universalidad. Mientras el intercambio de libros y de
la prensa periódica no se suprima, seguirá la lengua literaria siendo
una constante invitación recíproca, entre la Argentina y las demás
repúblicas hispánicas, a mantener en continuidad un mismo ideal de
lengua. Ya se sabe que en cada país, en cada provincia, en cada indivi
duo la realización de la lengua varía y variará; pero nuestro afán de
cultura se satisfará con que mantengamos la unidad ideal, la unidad
de norma” 1.
Es sabido que la variedad lingüística de España es mucho mayor
y más profunda que la de la América hispana en donde existe un fondo
común de gran semejanza; pero un español culto de cualquier región
que fuere, observa en el hablar y en el escribir las normas castizas de
la lengua general cuyo ideal mantiene la lengua de Castilla la Vieja,
la más conservadora de las regiones de España. Nuestro propósito es
el de mantener por medio de la escuela las normas castizas de la lengua
1 Amado Alonso, El problema de la lengua en América, Madrid, 1935, pág. 117.
12 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
de nuestro pueblo y revivir las olvidadas corrigiendo los dialectalismos
adquiridos, para alcanzar su logro cabal en el argentino culto, categoría
a la que ha de pertenecer el maestro. Y buscamos arraigar el hábito
del uso correcto de la lengua, que al hacerla natural, excluya el pu
rismo y la afectación que tanto la afean. E l maestro, por su profesión,
conoce el camino por el cual ha de conseguirlo; el tiempo puede ser el
que determine el pase de una generación a otra. Con ello, nuestro país
ofrecerá su mejor contribución a la unidad de la lengua y a la cultura
hispanoamericana.
Generalidades sobre el español de América. —En 1492, año del
descubrimiento de América, Castilla reconquistó totalmente a España
de los moros, que la habían ocupado durante más de ocho siglos. La
lengua de Castilla que dominaba ya la mayor extensión de la Península,
castellanizó las tierras reconquistadas, al mismo tiempo que se extendía
por las tierras descubiertas. Este castellano que ya “había consolidado
sus caracteres esenciales y se hallaba próximo a la madurez” 1 es el que
traen los conquistadores de América. En los siglos xvi y xvii, los de la
más intensa colonización americana, se produjo en el español una impor
tante evolución fonética, cuyos cambios se cumplieron igualmente en
España y en América; el español de América se mantuvo siempre en
constante correspondencia con el de la Península. En esta época, la
del siglo de oro de la literatura española, la lengua llega a su cumbre
y adquiere una gran unidad. Refiriéndose a la del siglo xvi, Menéndez
Pidal dice: “en este extraordinario período, podemos decir que el idio
ma alcanza su edad adulta, como lengua española de todo el país; la
lengua hablada adquiere los caracteres fonéticos que hoy la distinguen;
la lengua escrita produce la modalidad sin duda más hermosa que ja
más se escribió en España” 2.
En la segunda mitad del siglo xvi y en la primera del siglo xvii, se
producen en el español de España y en el de América los siguientes
cambios generales: b y v que tenían sonidos distintos, se unifican en
uno solo, el de la b; se ensordecen las consonantes z, s, y / y se articulan
como g, ss y x, respectivamente; x y / que ya tenían un mismo sonido,
1 Rafael Lapesa, Historia de la lengua española, Madrid, 1950, pág. 321.
2 Ramón Menéndez Pidal, El lenguaje del siglo XVI, Cruz y Raya, Madrid, 15
de setiembre de 1933, pág. 60.
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EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 13
adquieren el sonido de la j moderna. En otros cambios y rasgos dialec
tales, el español de América se separa del de Castilla y se acerca al
de otras regiones españolas: las consonantes s, ss, f, z se igualan en un
solo sonido, el de una s sorda (seseo), que aunque se articula de diver
sas maneras según la región, se parece más a la s andaluza que a la
castellana; en extensas zonas se aspira la s en final de sílaba.
De la semejanza de estos rasgos fonéticos del español de América
y del de Andalucía, también del yeísmo y de la impresión que produce
el hablar americano 1 —más acentuado en Centroamérica y las Antillas—
se originó la opinión del andalucismo de América, ya muy discutido y
aclarado; parece evidente, por las épocas en que se han documentado,
que se trata de tendencias de la lengua general cumplidas paralela
mente en América y en la región meridional de España, y no de apor
taciones de los andaluces de la conquista 2. La autorizada opinión de
Navarro Tomás concreta así el problema: “Respecto al papel de Anda
lucía en la expansión del idioma, conviene tener presente que la cues
tión de que los andaluces figuraran en mayor o menor proporción entre
los pobladores del Nuevo Mundo, es en realidad materia de secundaria
importancia, puesto que los rasgos que se consideran como caracterís
ticos del habla andaluza —seseo, yeísmo y aspiración de la s final de
sílaba—, no parece que existieran por entonces ni en Andalucía ni en
ninguna otra parte de España. Entre los andaluces y castellanos del
siglo xvi existían menos diferencias fonéticas que entre los del siglo xx.
El sentimiento de unidad lingüística que había servido de base a la
Gramática castellana de Antonio Nebrija (1492), 3 prevalecía igualmente
1 Pedro Henríquez Ureña, El supuesto andalucismo en América, Instituto de
Filología de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, tomo I, cuaderno
N<? 2, 1925.
2 Ramón Menéndez Pidal, Manual de Gramática española, § 35.
Lapesa, ob. cit., pág. 327 y siguientes,
T. Navarro Tomás, Manual de pronunciación española, New York, 1950, 93.
Amado Alonso, La pronunciación americana de la z y de la c en el siglo XVI,
Universidad de La Habana, N<? 23, marzo-abril de 1939, pág. 62 y siguientes.
3 Ésta es la primera gramática de una lengua romance que se escribió en
Europa, y al decir de Menéndez Pidal “fué escrita en esperanza cierta del Nuevo
Mundo, aunque aún no se había navegado para descubrirlo” (Cruz y Raya, N*? 6,
1933); pero, el 18 de agosto de 1492, en que se terminaba su impresión, las cara
belas de Colón llevaban ya quince días de viaje (Edición crítica de la Gramática
castellana de Antonio Nebrija, de Pascual Galindo Romeo y Luis Ortiz Muñoz,
Madrid 1946).
14 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N í
entre los españoles que se establecieron en Puerto Rico y en los demás
territorios descubiertos, sentimiento que era el resultado de una larga
elaboración histórica cuyos frutos habían de ser recogidos principal
mente por los nuevos pueblos de América”. 1.
En América los nuevos modos de vida impusieron muy pronto nue
vas formas de expresión; la lengua de los conquistadores, que mantuvo
siempre su unidad esencial, comenzó a adquirir peculiaridades, particu
larmente en el vocabulario: un gran caudal de voces indígenas, de voces
españolas con nuevo sentido y de voces de nueva formación, ensanchó
el campo del léxico español; un grupo numeroso se incorporó y enri
queció la lengua de Castilla, pero otro fue quedando como de uso re
gional. Del papel excepcional que La Española o isla de Santo Domin
go, lugar del primer asiento de los españoles en América, desempeñó
en la primera época de la conquista, ha dicho Cuervo: “Puede decirse
que La Española fue en América el campo de aclimatación donde em
pezó la lengua castellana a acomodarse a las nuevas necesidades. Como
en esta isla ordinariamente hacían escala y se formaban o reforzaban
las expediciones sucesivas, iban estas llevando a cada parte el caudal
lingüístico acopiado, que después seguían aumentando o acomodando
en ios nuevos países conquistados” 2. Este español con sello americano
llegó a todas las comarcas descubiertas y constituyó su fondo lingüísti
co; lo llevó la población colonizadora, siempre móvil y cambiante,
pero que en el momento histórico inicial lo fué en grado extraordina
rio; 3 consta que los conquistadores, los colonos, los funcionarios y los
misioneros se movían con frecuencia de un extremo a otro de los do
minios de España.
A partir de la época de esplendor del siglo de oro, comenzaron
a aparecer particularidades en la lengua general. En el siglo xvm
el español de Andalucía, de Extremadura, de Murcia, de Aragón, de
1 Tomás Navarro, El español de Puerto Rico, Río Piedras, 1948, págs. 28-9.
2 Cuervo, Apuntaciones, Prólogo, pág. 17*
3 Gonzale Fernández de Oviedo, Historia general y natural de las Indias, Ma
drid, 1852, I, pág. 495: “Pero ya en esta villa hay poca población, á causa de
que se han ydo los mas veginos á la Nueva E,spaña y a otras tierras nuevas; porque
el officio de los hombres es no tener sosiego en estas partes. . . é mas en aquestas
Indias, porque como todos los mas que acá vienen, son mangebos é muchos de
ellos valerosos é necessitados, no se contentan en parar en lo que está conquistado” .
i
»
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 15 _
León, de las Canarias y el de América denuncian rasgos dialectales.
Los españoles que proceden de todas las regiones de España, traen
también sus dialectalismos a América durante los cuatro siglos de la
colonia.
A la importancia que tiene en la difusión y mantenimiento de la
lengua, el español arraigado en América y sus descendientes nacidos
en esta tierra, el criollo y el mestizo, hay que agregar el aporte de
los otros elementos humanos que constituyeron la sociedad americana
y que de manera distinta y en diferentes grados actuaron en las di
versas regiones del continente; el indio que convivió y se fundió con
el blanco, el negro que se incorporó como esclavo en cifra cuantiosa
y el inmigrante de lengua no española que, en casos como el de
nuestro país, alcanzó muy alta proporción1.
Particular importancia tiene para nuestro estudio la considera
ción de las lenguas indígenas de América. La lengua de Castilla se
impuso en todas las tierras conquistadas, pero recibió de las lenguas
autóctonas un buen número de palabras, en la primera época de la
conquista. Tres son las lenguas que han dado mayor aporte al es
pañol: el taino de Santo Domingo, el náhuatl de Méjico y el quichua
del Perú2. Desde los primeros días del descubrimiento comenzaron
a ingresar al español palabras que procedían del taino y de las lenguas
vecinas de la familia arahuaca, tales como ají, baquiano, bata
ta, batea, bejuco, cacique, caníbal, caribe, canoa, caoba, carey, ceiba,
cocuyo, chicha, guacamayo, guayaba, guayacán, hamaca, iguana, ja
güey o jagüel, macana, maíz, maní, naguas, nigua, sabana, tabaco, ti
burón, tuna, yuca. Algunas pocas voces recibió el español de las len
guas de la familia caribe de las Pequeñas Antillas y quizá algunas
pasaron a través del taino como caimán, piragua, butaca, mico, entre
otras 3. Hecha la conquista de Méjico, el náhualt dió al español nom-
1 Véase Ángel Rosenblat, La población indígena de América desde 1492 hasta
la actualidad, Buenos Aires, 1945, Institución Cultural Española.
2 Véase Pedro Henríquez Ureña, Para la historia de los indigenismos, Buenos
Aires, 1938. Amado Alonso, Substratum y superstratum en Estudios lingüísticos,
Madrid, 1951, pág. 315 y sigs.
3 Henríquez Ureña, Para la historia de los indigenismos, pág. 106: L a arahuaca
era una de las más numerosas familias lingüísticas de América, donde se desparra
maba desde la Florida, a través de las Antillas, hasta los actuales territorios de
Bolivia y el Paraguay; se entrecruzaba con la familia caribe desde las Pequeñas
Antillas, hasta bien adentro de la América del Sur.
16 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
bres como azteca, cacao, camalote, camote, chayóte, chicle, chile, cho
colate, hule, malacate, nopal, petaca, petate, 1 tamal, tiza, tomate;
también se cree que galpón es azteca. Los conquistadores y coloniza
dores llevaron a todas las comarcas del Nuevo Mundo estas voces con
los cuales seguían nombrando las cosas de América, y hasta se incorpo
raron a las otras lenguas indígenas. En el Perú, el quichua enriqueció
el caudal con nuevas voces como éstas: alpaca, cancha, cóndor, chacra,
china (mujer indígena), chuño, guanaco, inca, llama (el animal), mate,
papa, 2 pirca, poroto, puma, puna, quichua o quechua, tambo, tanda
vicuña, vizcacha, yapa, yaraví, yuyo, zapallo. Menos palabras dio el
guaraní: ananas o ananá, mandioca, ombú, tapioca, tapir, tucán, ya
guar (que incorrectamente se escribe jaguar), y menos aún el araucano:
laucha, poncho (así se cree), malón. En estas listas de palabras sólo
he mencionado las que figuran en el Diccionario de la Academia y
que son corrientes en la Argentina. Pasada esta primera época histó
rica, el español ejerció su dominio cada vez más terminante: suplantó
a numerosas lenguas indígenas que han desaparecido, y las que actual
mente sobreviven, sufren su constante penetración. Se consideran de
origen indígena las entonnaciones (o tonadas como llamamos en la
Argentina) con las cuales se modula el español en las diversas regio
nes americanas, tan distintas a las de las hablas de España. Sólo se
observan casos de influencia indígena en la morfología y en la sintaxis,
en las regiones bilingües.
Los colonos españoles eran en su mayoría hombres del pueblo
y predominaban en un principio los de vida marinera —muchos con
quistadores no sabían leer ni escribir—; vino también un grupo ilus
trado, como el de los misioneros, y hasta algunos nobles. Con un
reducido número de conquistadores, España sometió por las armas
y en parte por la persuación, a la numerosísima población indígena
y le impuso su cultura: su lengua, su religión y las instituciones de su
administración. Los misioneros desempeñaron un papel de particular
importancia en la enseñanza de la lengua y en la difusión de la cul
tura; enseñaron el español a las grandes masas de indios catequizados
1 En la Argentina se usa en plural petates, en la 2^ acep. del Dic. de la Aca
demia.
2 Patata, que usan los españoles, procede de un cruce de papa y batata; la
palabra originaria es papa.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 17
y fueron los maestros del pueblo todo, tanto en las escuelas de prime
ras letras como en los pocos colegios superiores y en las universi
dades, instituciones que, con pocas excepciones, funcionaron en los
conventos;1 lograron desde luego, la total unidad de la religión cató
lica en Hispanoamérica.
América era un mundo nuevo y a su vez conquistó a los conquista
dores. La escasa cultura de la colonia se concentró en las ciudades. Las
ciudades, con pocas excepciones, eran poblaciones por demás precarias,
separadas entre sí por enormes extensiones despobladas. Los trabajos
del campo disgregaban a sus pobladores y los modos de vida se hicie
ron predominantemente rurales. En las tareas cotidianas el español al
ternaba con hombres socialmente inferiores, el indio y el negro. Por
otro lado, la lucha con la naturaleza salvaje y con el indio rebelado y
agresivo, impuso el triunfo de la fuerza y del heroísmo, y fortaleció
el sentido de la libertad. La lengua reflejó la vida del español de
América, y en los siglos xvm y xix se acentuaron tendencias vulgares
que no fueron corregidas ni por la presión de la sociedad ni por ins
tituciones de cultura. Como dice Amado Alonso “la lengua española
se aplebeyó en América, porque los españoles reunidos aquí se des
urbanizaron” 2. Estas tendencias plebeyas aparecieron al mismo tiempo
en la lengua de España, pero, mientras que en América avanzaron li
bremente hasta constituir usos idiomáticos de todos, en España fueron
reprimidas por la escuela y por su sociedad organizada con más firmes
hábitos culturales, y fueron quedando relegadas al vulgo.
Ésta es la historia del español de América hasta la época en que
el dominio de España se dividió en naciones independientes. Este es-
1 P. Cabrera, Pbro., Cultura y beneficencia durante la Colonia, Córdoba, 1928,
pág. 140: “Cada sacerdote era un aula ambulante para adultos y niños, cuando
no encontraban ni un estrecho recinto en que instalarlos con carácter permanente”
(Cita del Rvdmo. Bustos).
Juan P. Ramos, Historia de la Instmcción Primaria en la República Argentina,
2 tomos, Buenos Aires, 1910; I, pág. 69: El convento y el clero secular eran las
únicas instituciones coloniales, que se encontraban en buenas condiciones para
emprender la obra de ilustración general, que necesitaba el continente Americano,
ídem, I, pág. 5: La América, antes del final del siglo xvm se pobló de universida
des gracias a las órdenes religiosas. El poder civil, de la monarquía sólo fundó dos
en 1551, las de Méjico y Lima; las demás que fundaron en Santo Domingo, Ha
bana, Mechoacán, Guadalajara, Chiapa, Yucatán, Guatemala, Chuquisa>ca, Santiago
de Chile, Córdoba, se debieron a los Jesuítas, Franciscanos y Dominicos.
2 Amado Alonso, El problema de la lengua en América, pág. 135.
18 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
pañol, que mantiene la unidad de sus rasgos generales, adquirió las par-
ticularidads que le imprimió la historia d e'cada uno de los nuevos
países de Hispanoamérica. Veamos cuáles son las que corresponden
al español de la Argentina.
E l español de la Argentina. - La conquista y la colonización. —
Por tres rutas penetraron los conquistadores españoles al actual terri
torio de la Argentina y por ellas se orientaron las corrientes coloniza
doras de nuestro país: la del Río de la Plata, la del noroeste y la de
Cuyo.
La corriente colonizadora del Plata se inició con la expedición
de don Pedro de Mendoza que vino directamente de España, y fundó
en 1536, el Puerto de Buenos Aires. Despoblado el Puerto, el centro
de la colonización se estableció en la Asunción. Allí en cuarenta años,
se formó una numerosa población de mestizos y de criollos 1 —en 1555
llegaron mujeres españolas—. Con estos mestizos y criollos, los famo
sos mancebos de la tierra, se colonizó la región que llamamos del L i
toral. En 1573, fundó Garay la ciudad de Santa Fe con 80 hombres,
de los cuales sólo 9 eran españoles; en 1580 fundó la ciudad de Buenos
Aires con 60 colonos, de los cuales sólo 10 eran españoles. En 1588
se fundó la ciudad de Corrientes en cuya población predominó asi
mismo, el elemento de mestizos y criollos. Algunos años más tarde se
fundó la ciudad de Paraná con elementos que procedían de Santa Fe
y en 1724 la de Montevideo desde Buenos Aires. La colonización re
fluía desde el interior del continente hasta el mar; la llevaron a cabo
hombres que en su gran mayoría habían nacido en la tierra —muchos
eran hijos o nietos de los primeros fundadores de Buenos Aires — y
de españoles hechos a los modos de vida americana; Garay había lle-
1 Julián M. Rubio, Exploración y conquista del Río de la Plata, Barcelona, Bue
nos Aires, 1942, pág. 342: “El mestizaje (en la Asunción) en gran escala produjo
excelentes resultados. En 1570 ascendían a más de 3.000 los mestizos de 15 años
para arriba a los cuales cuando tienen ya edad de ponerse espada, llaman mance
bos de garrote, porque no hay espadas, traen unos varapalos terribles, como medias
lanzas; son todos muy hombres de a caballo y de a pie” .
Manuel M. Cervera, Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe, Santa Fe,
1907, T. I, pág. 182 (cita de cartas de Montalvo de 1579 a 1585): “L a gran ne
cesidad que esta provincia de la Plata de presente tiene, es de gente española;
porque hay ya muy pocos de los antiguos conquistadores; la gente de mancebos
así criollos como mestizos son muchos y cada día van en mayor aumento; hay de
cinco partes las cuatro y media de ellos; en sólo cuatro años de 1580 a 1585 na
cieron en esta tierra 1.000 mancebos.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 19
gado a los 14 años al Perú; Hernandarias, gran propulsor de la colo
nización y personaje de brillante actuación pública, fue el primer go
bernador criollo del Río de la Plata. Después de la fundación de Bue
nos Aires llegaron colonos de España y sus hijos aumentaron el nú
mero de criollos y de mestizos que desempeñaron un papel tan im
portante en la historia de nuestro p a ís.1
Buenos Aires, favorecida por su situación privilegiada, desde sus
comienzos polarizó los intereses de la región —en 1617 se la declaró
capital de la Provincia del Río de la Plata—; a pesar de su lento cre
cimiento llegó a ser el centro comercial y la población más importante
de todo el territorio que constituyó el Virreinato del Río de la Plata,
creado en 1776, del que fue capital; el Virreinato comprendía el ac
tual territorio argentino, el Uruguay, el Paraguay y parte de Bolivia.
La corriente colonizadora del noroeste vino del Perú. Penetró al
actual territorio argentino por el camino del Inca y por la Quebrada de
Humahuaca. Conquistó y colonizó el territorio que los españoles lla
maron la provincia del Tucumán, que comprendía las actuales provin
cias de Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero, La Rioja, Cata-
marca, Córdoba y una parte del Chaco. Diego de Rojas descubrió el
Tucumán en su famosa entrada de 1543. Núñez del Prado fundó las
tres desaparecidas ciudades del Barco, la primera en 1550. Los gober
nadores de Chile intentaron la conquista del Tucumán disputando los
derechos del Perú: Francisco de Aguirre fundó en 1553 la ciudad de
Santiago del Estero, la más antigua de las ciudades argentinas. El
pleito se decidió en favor del Perú y por Real Cédula de 1563, el
Tucumán quedó constituido en provincia, dependiendo de la Audien
cia de Charcas. Gran número de ciudades se fundó en la región, pero
la mayoría desapareció, casi siempre destruida por los indios —algunas
fueron fundadas hasta tres veces—: del Barco, Londres, Córdoba de
Calchaquí, Cañete, Nieva, Talavera, San Clemente, Madrid, Estece,
1 Enrique de Gandía, Adelantadas y gobernadores del Río de la Plata, Historia
de la Nación Argentina, vol. III, Buenos Aires, 1937, págs. 261-2: Representaba
[Hernandarias] . . . el triunfo de la población mestiza . . . Las autoridades perua
nas . . . pretendieron contrarrestar la supremacía de los “soberbios e ynquietos
mogos criollos y mestigos” . . . Nota: El licenciado Cepeda, en 1591, pedía desde
Charcas al Rey, gobernador para “tierra tan libre y separada desta y tan llena
de mestigos para que le tengan respeto y obedescan los soberbios e ynquietos
criollos y mestigos que la mandan y van usurpando los oficios de justicia y
república.
20 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
entre otras. Resistieron heroicamente: San Miguel de Tucumán (1565),
Córdoba (1573), Salta (1582), La Rioja (1591), Jujuy (1593) y Ca-
tamarca (1683, por traslado de la última ciudad de Londres).
Desde Chile se colonizó la región de Cuyo que comprendía las
actuales provincias de Mendoza, San Juan y San Luis, y se fundaron
las tres ciudades principales: Mendoza (1561), San Juan (1562) y San
Luis (1594).
En gran parte los colonizadores del Tucumán y de Cuyo eran
americanos, y también algunos conquistadores, como el fundador de
San Luis, don Juis (Jofré.
Unidad geográfica de nuestro territorio. - E l elemento humano
de su población. - Su vida. —El Tucumán fué conquistado desde el
Perú y Cuyo desde Chile, pero muy pronto sus poblaciones se sintie
ron atraídas hacia el Litoral y oficialmente pidieron unirse a Buenos
Aires; la Cordillera de los Andes y la Puna eran barreras que las sepa
raban de los centros de los cuales dependían políticamente, mientras
que los caminos naturales conducían hacia el Puerto que unía a la
región mediterránea con el mar. Los caminos del comercio fueron los
que unieron a la comunidad en el servicio de sus intereses materiales
y espirituales; así se impuso la creación del Virreinato, con su centro
en Buenos Aires, dentro del ámbito de una unidad geográfica. Ya en
1586, Ramírez de Velasco, el más grande de los gobernadores del
Tucumán, solicitó al Rey esta unión; según Levillier, fue el primer
español que tuvo la visión de la Argentina tal como es en la actua
lidad. 1
El español de la conquista procedía de todas las regiones de Es
paña y casi sin excepción había pasado parte de su vida en América;
formó un grupo reducido en los primeros tiempos. Las expediciones
1 Roberto Levillier: Nueva crónica de la conquista del Tucumán, 3 t. Varsovia,
1923-1928, t. III, pág. 169: “Velasco fué un idealista práctico, y tiene para nosotros
la sugestiva importancia de haber sido el primer español en concebir la Argentina
tal cual es hoy. Limitábase su jurisdicción a las provincias del norte; envió sus
soldados hasta el Chaco-Gualamba, proyectó llevarlos en persecución de los Césa
res, hasta el estrecho de Magallanes, pidió al Rey la incorporación de San Juan
y Mendoza [aún no se había fundado San Luis], Buenos Aires, Gaboto o Santa Fe
a su feu d o ... toda la Argentina desde el desierto indígena hasta la Patagonia,
desde la cordillera hasta el litoral, en un solo bloque, bajo un solo mando, en 1586”.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 21
contaban con un buen número de criollos y mestizos y generalmente
con un contingente numeroso de indios amigos.
La conquista de nuestro país tuvo características especiales. El
indio, en general, se sometió al blanco, pero los de ciertas naciones
ló combatieron encarnizadamente; en los siglos xviii y xix le crearon
al país el más serio de sus problemas. Los indios nómadas de la pampa
combatieron la conquista inicial del Río de la Plata y destruyeron sus
fundaciones como la del Puerto de Buenos Aires. En cambio, los gua
raníes de las comarcas selvosas del norte, sedentarios y agricultores,
fueron los grandes amigos y aliados de los españoles; la unión de las
dos razas hizo posible la colonización rioplatense, que tuvo como cen
tro la Asunción. Los indígenas de la región del noroeste, la más den
samente poblada, se sometieron en buena parte al conquistador, pero
algunas de sus parcialidades como la de los indomables csdchaquíes,
lo combatieron hasta sucumbir. Los indios pacíficos de Cuyo no opu
sieron resistencia a la dominación del blanco. Dos regiones resistieron
por más de tres siglos la conquista y fueron reductos de indios enemi
gos, que vivieron en estado primitivo; ambas ocuparon los extremos
de la región colonizada: el Chaco, al norte, La Pampa, al sur —la
gran llanura se prolongaba en la Patagonia hasta el extremo del con
tinente. 1 Desde la selva, guerreros audaces caían sobre los navegantes
de los ríos, invadían Corrientes, Santa Fe, Santiago del Estero, Cór
doba, Tucumán, Salta; desde el desierto, los pampas desataban el malón
sobre Buenos Aires —cuyo dominio, hasta el siglo xix, no pasó de río Sa
lado—, Santa Fe, Córdoba, San Luis, Mendoza; saqueaban los estable
cimientos rurales, atacaban las poblaciones indefensas, mataban y lle
vaban cautivos. El indio de la Pampa se había apoderado del caballo,
el precioso elemento de la conquista de América, que manejaba con
mayor maestría que el español, y el indio del Chaco había aprendido
su táctica guerrera; con estos recursos, y favorecidos por el medio
geográfico, se hicieron invencibles. También fracasó allí la conquista
espiritual, y el Chaco mereció el calificativo de él sepulcro de los mi-
1 Hernán F. Gómez, Los territorios nacionales y límites interprovinciales hasta
1862, Historia de la Nación Argentina, Buenos Aires, 1492, t. X, pág. 813: “Cons
tituyó un refugio de la población nómada, y en este sentido el Gran Chaco, con la
Patagonia y la cuenca del Amazonas, fueron las tres zonas del continente que
permanecieron libres de colonización definitiva.
22 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
sioneros. Las dos regiones fueron incorporadas por medio de las armas
al territorio del país y su colonización se llevó a cabo entre fines del
siglo pasado y el presente; la campaña del desierto del General Roca
desalojó a los indios de la Pampa en 1879, y una ley del Congreso de
1884, dispuso la ocupación militar del Chaco 1. Véase en el mapa N° 3,
la extensión de nuestro territorio ocupada por los indios no sometidos,
hasta el siglo xix.
Inmediatamente de ser fundada una ciudad, los indios de su
jurisdicción se repartían en encomiendas; los misioneros, que acom
pañaban generalmente a los conquistadores, organizaban asimismo sus
reducciones —los misioneros fueron los verdaderos educadores de los
indios—; entre ellos sobresalieron los franciscanos, los dominicos, los
mercenarios y los jesuítas. Las misiones sostenían la conquista, favo
recían la colonización y tenían extraordinaria importancia social y
cultural; aquí adquirieron una trascendencia que no tuvieron en otra
parte de América, como la que hay que reconocer a las misiones je
suíticas del Paraguay y del nordeste argentino. 2
Por la exigüidad de la población indígena de Buenos Aires y de
gran parte del Litoral, puede decirse que allí no existieron ni encomien
das ni reducciones —las que existieron no tuvieron ni permanencia ni
importancia. La población indígena de Córdoba y de Cuyo fue rela
tivamente poco numerosa y se fundió pronto con la raza conquista
dora. En el siglo x v i i i había aumentado la población blanca de nues-
1 Ley N? 1470; Art. 1?: Autorízase al Poder Ejecutivo para invertir hasta la
suma de quinientos mil pesos moneda nacional para atender a los gastos que de
mande la ocupación militar de los Territorios del Chaco, establecimiento de los
acantonamientos, seguridad de los caminos de Salta, Santiago y Tucumán y las
costas del Paraná y estudio y navegación de los ríos Bermejo y Pilcomayo. Colec
ción de Leyes Nacionales , T. VI, Buenos Aires, 1918.
2 Rubio, ob. cit., pág. 583: En conjunto, las misiones jesuítas del Paraguay,
Paraná y Uruguay constituyen todo un sistema de colonización, nuevo, completo
y aplicado con un rigor y meticulosidad propios y característicos de la rígida doc
trina que impera en la orden ignaciana. En las misiones, sobre el carácter evan-
gelizador que inicialmente tienen, aparece muy luego el aspecto político, económico
y social, que pronto adquiere igual o mayor importancia que el primero.
Véase: Guillermo Furlong Cardiff, S. J., L as misiones jesuíticas en Historia de
la Nación Argentina, vol. III, Buenos Aires, 1937, pág. 604: . . .pocas veces ha
contemplado la historia una civilización tan genuina y duradera como la que desde
1610 hasta 1768 existió en los pueblos guaraníes. Pág. 601: Fundaron los jesuítas
48 pueblos en el espacio de cuarenta y dos años, y si la mitad desaparecieron. . .
fué por los asaltos de los paulistas provistos de armas de fuego.
65° 60°
E s c a la
N- 100 0 100 200 300 400
Km
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Extensión ocupada por los indígenasj j ■■ j
no sometidos al español
ISLAS MALVINAS i
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50 50°
. Puerto de Soledad
50° 45° [Link].
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 23
tro territorio con españoles venidos de España y de otras partes de
América, y con criollos; seguía en considerable aumento el número
de mestizos, particularmente en la campaña; había disminuido sensi
blemente el número de indígenas y aumentado el de negros —éstos,
que servían como esclavos, sobrepasaron en número a la población
blanca y a la indígena, en los centros de mayor importancia, como
Mendoza, Córdoba y San Miguel de Tucumán—; 1 predominaron los
españoles en Córdoba; el mayor número de negros correspondía a
Tucumán y Córdoba, el menor número de españoles y el mayor de
indios a Jujuy 2. En Buenos Aires, Santa Fe y Corrientes predominaba
la población blanca.
En el siglo xix se produjo una profunda mestización en la pobla
ción de la Argentina, acrecentada en la época de nuestra independen
cia. En el Litoral, como vimos, hubo siempre predominio de población
blanca; lo mismo en las ciudades del interior. En la campaña, la po
blación mestiza acentuaba su nota de color desde la región central
—Sarmiento dice en 1845 que “en la campaña de Córdoba y San Luis
predomina la raza española pura” 3*— y desde Cuyo, hacia el noroeste,
en donde había sido más densa la población indígena, hasta la Puna,
en donde hasta hoy se ha conservado casi pura.
A partir de 1857 se inició en nuestro país una intensísima inmi
gración procedente de todos los países de Europa; el primer lugar lo
1 José Torre Revello, Sociedad colorüal. L as clases sociales, la ciudad y la campaña,
en Historia de la Nación Argentina, vol. IV, l 9 pág. 519. Da las cifras del censo de
1778 para la región de Cuyo; blancos: 9.834; mestizos: 15.417; negros y mulatos:
25.548; indios: 20.558. Para la Gobernación del Tucumán da las cifras del padrón
levantado en 1776; blancos: 34.969 (entre ellos 453 entre sacerdotes y monjas);
negros y mulatos: 55.711; indios: 35.324. Da las cifras del censo de 1778 para la
ciudad y la campaña de Buenos Aires, que es de 33.522 habitantes; blancos: 212.098;
mestizos: 627; negros, pardos y mulatos: 8.653. Predomina la población blanca;
cifras más o menos equivalentes se dan para Santa Fe y Corrientes.
2 Manuel Lizondo Borda, E l Tucumán de los siglos XV II y XVIII, en Historia
de la Nación Argentina, vol. III, Buenos Aires, 1937, pág. 418: La población negra
y mulata sobrepasa en muchos miles a la española y la indígena; lo que nos prueba
que ella vino creciendo poderosamente y en forma subterránea desde el siglo an
terior. De lo cual se deduce que son ya los negros los que sirven principalmente a
los españoles: sobre todo en San Miguel de Tucumán y en Córdoba. Después ob
servamos que sólo en Jujuy se conserva fuertemente marcado, el antiguo sistema
feudal de encomenderos e indios encomendados; pues para 620 españoles hay
11.181 indígenas; por lo cual los negros y mulatos son allí minoría.
3 Domingo Faustino Sarmiento, Facundo, Obras completas, t. VII, Buenos Aires,
1896, pág. 25.
24 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
ocupan los italianos, el segundo los españoles, cuya entrada al país
no se interrumpió nunca. De este aluvión inmigratorio, una parte
se agrupó en colonias (en Santa Fe, en Entre Ríos, en la Patagonia,
en Misiones, en Córdoba) y otra se distribuyó por todo nuestro terri
torio, aunque en mayor número quedó en la Capital Federal y en el
Litoral, la región cosmopolita por excelencia de la Argentina. El Pro
fesor Canals Frau ha estudiado la entrada y el índice de permanencia.
de esta inmigración.1 En nuestra inmigración figuran hombres de todas
las razas, pero no cuentan, por su número, en la formación de nues
tro pueblo.
En la actualidad, la población negra ha desaparecido; sólo como
curiosidad suelen verse algunos negros puros en Buenos Aires —nunca
llegó al Río de la Plata en la proporción que a otras regiones de Amé
rica (las Antillas, el Brasil, los Estados Unidos). El indio ha sido
asimilado por la población general; quedan aún algunos grupos, pocos
de ellos sin mestización, en el Chaco, en la Puna, en la región meri
dional de la Cordillera y en Tierra del Fuego. No tenemos la cifra
exacta de su número, sólo las que dan cálculos muy variables, pues
dependen del criterio que se aplique al tipo étnico de indio no siem
pre fácil de determinar ya; Ángel Rosenblat2, en la excelente obra
que estudia este problema, da para 1945, la de 50.000; es posible
que pueda reducirse actualmente a 30.000. La inmigración europea,
desde nace un siglo se incorpora a nuestro pueblo; su aporte ha acre
centado nuestra población blanca, a la cual se va asimilando abier
tamente la población mestiza.
1 Salvador Canals Frau, La inmigración europea en la Argentina, en Anales del
Instituto Étnico Nacional, t. I, Año 1948, pág. 93: Las 39 nacionalidades europeas
cuyos datos consignamos, han dado un total de 6.474.121 personas entradas y
3.035.564 salidas. El saldo entre una y otra cifra, que representa el aporte efectivo
de elementos europeos a la población de la Argentina a partir de 1857, importa
.la cantidad de 3.438.558 personas. Vale decir que de cada 100 personas entradas,
53 se han quedado definitivamente en el país. Para el detalle de estos datos, véase
la planilla que va agregada.
2 Ángel Rosenblat, La población indígena de América, pág. 48: La Argentina
contaba, a principios del siglo pasado, con una población indígena de unas 200.000
almas, y el indio llegaba casi hasta las puertas de la ciudad de Buenos Aires. Hoy
apenas quedan unos 50.000 indios, relegados a las regiones periféricas del país.
Pág. 34: El indio puro podrá subsistir unos siglos más relegado a islotes de poca
importancia en regiones casi inaccesibles de la meseta o de la selva. El continente
[americano] está ganado para la raza blanca.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 25
LA INMIGRACIÓN EUROPEA EN LA ARGENTINA
D ESD E 1857 HASTA 1946
N A C IO N A LID A D D esde - H asta Entran Salen Quedan
Italian os......................... 1857 a 1946 2.940.345 1.437.513 1.502.832
E sp añ o le s...................... 1857 a 1946 2.109.366 945.972 1.163.394
Franceses ...................... 261.020 163.002 98.018
P o la c o s.......................... 1919 a 1946 182.653 26.540 156.113
R u s o s ........................... 1857 a 1946 180.341 61.983 118.358
A lem anes...................... 1857 a 1946 171.903 106.308 65.595
In g le se s......................... 1857 a 1946 121.749 101.057 20.692
Austro-húngaros . . . 1857 a 1919 87.375 25.330 62.045
Portugueses.................. 1857 a 1946 66.666 31.507 35.159
S u iz o s......................... 1857 a 1946 47.971 20.679 27.292
Y ugoeslavos.................. 1920 a 1946 47.505 15.964 31.541
Checoeslovacos . . . 1919 a 1946 34.289 9.163 25.126
B e lg a s ......................... 1857 a 1946 29.208 11.165 18.043
R u m an o s...................... 1892 a 1946 27.134 6.066 21.068
G rie g o s...................... 1886 a 1946 23.623 9.967 13.656
B ú lg a ro s....................... 1900 a 1946 22.295 5.887 16.408
L itu a n o s.................... 1921 a 1946 18.224 2.654 15.570
Dinamarqueses . . . 1878 a 1946 18.274 8.597 9.677
A ustríacos................. 1920 a 1940 16.602 5.906 10.696
H olan d eses.................. 1857 a 1946 13.609 8.301 5.308
H ú n garos...................... 1920 a 1946 6.948 2.768 4.180
Suecos ........................... 1878 a 1946 6.081 3.958 2.123
U cran ian os.................. 1921 a 1940 4.284 200 4.084
Montenegrinos . . . 1897 a 1921 4.012 493 3.519
N o ru eg o s...................... 1906 a 1946 3.501 2.163 1.338
A lb an eses.................. 1914 a 1946 2.039 764 1.275
Irlan d eses...................... 1925 a 1946 2.024 426 1.598
F in lan d eses.................. 1906 a 1946 1.399 418 981
L e to n e s..................... ... 1923 a 1946 1.140 382 758
S e rv io s.......................... 1898 a 1920 1.057 617 440
Danzigueses . . . . 1923 a 1946 988 275 713
E sto n io s..................... , 1921 a 1946 848 265 583
Luxemburgueses . . . ’ 1919 a 1936 278 186 92
Sanmarinenses . . . . 1914 a 1946 232 4 228
M alteses..................... 1925 a 1946 65 42 23
M onegasgos................. 1924 a 1946 29 11 18
Islan d eses..................... 1925 a 1946 28 17 11
Liechtensteineses . . 1923 a 1946 10 11 -1
Andorranos................ 1923 a 1946 7 3 4
26 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
E l territorio y su historia. — E l msdio geográfico. — Durante la
guerra de la independencia se separaron algunos territorios que ha
bían formado, con el nuestro, el Virreinato del Río de la Plata; las
provincias de Bolivia y el Paraguay; posteriormente, el Uruguay; en
el siglo anterior fueron ocupados por las armas, para ser incorporados
al Brasil, los territorios de Santa Catalina y Río Grande. En 1833,
Inglaterra ocupó también por las armas las Islas Malvinas. A fines del
siglo xix se colonizaron las regiones del Chaco, La Pampa y la Pa-
tagonia.
La Argentina es un país extenso que aún posee dilatadas regiones
casi despobladas: su superficie de 2.808.492 Km2 contiene 15.893.827
habitantes1, cifras que dan una proporción de 5,7 habitantes por
Km2. La mayor densidad de población corresponde a la región del
Río de la Plata, con preponderancia del Gran Buenos Aires, cuyo nú
cleo es la Capital Federal con 2.982.580 habitantes —zona de la pam
pa húmeda, la de mayor producción agrícola-ganadera. En la región
del interior, Tucumán, centro de intensa industrialización azucarera,
da la más alta cifra de densidad de población de todas las provincias,
22,0 habitantes por Km2. En la zona de la pampa seca, interior, la
población varía de 8,9 habitantes por Km2, que corresponde a Cór
doba, a 1,2 habitantes por Km2, que corresponde a Eva Perón (La
Pampa). En la zona andina, desde Cuyo al extremo noroeste, la den
sidad de población se escalona entre 3,9 habitantes por Km2 que es
la de Mendoza a 1,2 habitantes por Km2 que es la de La Rioja y
Catamarca. En estas dos últimas zonas, la población se concentra en
las comarcas bien regadas y aptas para la agricultura, generalmente
los valles de las Sierras Pampeanas y los de la Cordillera, en donde
están las capitales y las ciudades más importantes; en el resto se
dispersa la población de vida pastoril, la cual es a veces muy reduci
da como la de gran parte de la Puna; extensiones considerables, entre
ellas las de salinas, de travesías 1, de altas mesetas y cumbres, son
1 Corresponden estas cifras al censo de 1947; en la actualidad la población de
la Argentina, según el cálculo del Ministerio de Asuntos Técnicos, sobrepasa los
18.000.000 de habitantes.
A la superficie poblada de nuestro territorio hay que agregar la extensión de
1.230.000 Km2 que corresponde a la Antártida.
1 Travesía en voz marina que en la Argentina significa ‘extensión desértica y
sin agua’; su nuevo sentido geográfico data de los primeros tiempos de la conquista.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 27
inaccesibles para el hombre. La región menos poblada del país es la
de la Patagonia, cuyas cifras de densidad de población varían de
0,9 habitantes por Km2, que corresponde al Neuquén, a 0,1 habitantes
por Km2, que corresponde a Santa C ruz1; la mayoría de la pobla
ción está establecida en los valles de los grandes ríos y en la costa
de esta dilatada meseta de clima frío, que se extiende al sur del río
Colorado, entre el Océano Atlántico y la Cordillera de los Andes.
Véanse los mapas de densidad de población y de regiones físicas
N? 2 y N ° 1. En los mapas lingüísticos pueden observarse las regiones
muy poco pobladas, indicadas por el reticulado empalidecido; las in
habitadas se han dejado en blanco.
Desde los primeros tiempos de la conquista preocupó el problema
de nuestra extensión territorial. Las ciudades fundadas con un exiguo
número de españoles, a la vera de los ríos, de los bosques o de las
montañas, vivieron por tres siglos su aislamiento, en la inmensidad
del desierto que las envolvía y que dominaba el indio salvaje. Mu
chas desaparecieron, pero la mayoría pervive; son las capitales de
nuestras provincias, sobre cuyo núcleo se han extendido los estados
federales hasta sus actuales límites políticos, los cuales, con las va
riantes que impuso la historia, responden a las jurisdicciones que
sus fundadores les asignaron2.
Sarmiento, que con angustia consideró este obstáculo para el
progreso del país, decía en 1845 en su Facundo: “ . . . l a soledad, el
despoblado sin una habitación humana, son por lo general los lí
mites incuestionables entre unas y otras provincias” 3. Esta circuns
tancia esencial es la que ha dado características regionales a nuestras
provincias como lo veremos, en lo que atañe a la lengua, en el trans
curso de este trabajo. Las ciudades nacieron de la conquista armada
y ocuparon las comarcas de mayor interés vital, sin descuidar la po
sición estratégica para la defensa de los caminos que la unían a la
distancia, y el apoyo relativo que podían prestarse. Las fundó el
conquistador español cuyo valor fue con frecuencia sobrehumano,
1 IV Censo General de ¡a Nación, 1947. Resultados generales del censo de po
blación. Buenos Aires, 1951.
2 Sarmiento, Facundo, Obras, t. VII, pág. 109: L a República se divide en pro
vincias, no por las antiguas intendencias, sino por ciudades: federación de las
ciudades.
3 Idem, pág. 19.
28 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
con el sostén del indio amigo, y las mantuvo el heroísmo inagotable
de sus habitantes. Los pobladores de las ciudades se dispersaban en
la campaña, en su ocupación favorita de pastores; la agricultura se
redujo siempre a lo indispensable y sólo en comarcas en donde no
era posible la cría de ganado, prosperó. El ganado constituyó la ri
queza por excelencia del país y fueron famosas las tropas de ganado
vacuno y caballar alzado, cimarrón o bagual, que poblaban las pam
pas; el comercio de cueros hizo la grandeza del puerto de Buenos
Aires. Félix de Azara refiriéndose a la vida de las regiones del Río
de la Plata en el siglo xviii y a principios del xix, diqé: “ . „ . no puede
existir hoy en los campos, pueblo unido de agricultores, ni de estáncie-
ros, porque éstos, no siendo muy ricos, necesitan vivir en sus estan
c ia s ...” 1.Y refiriéndose al Paraguay y al Río de la Plata, agrega:
. .sólo cultivan la tierra los que no pueden proporcionarse tierras y
ganados para ser estancieros o no encuentran otro modo de vivir” 2.
Lizondo Borda transcribe lo dicho por el obispo don Juan Sarricolea
sobre las poblaciones del Tucumán del siglo xvn, y según su noticia,
'las ciudades están muy poco habitadas de los vecinos porque se
acostumbran a vivir en las campañas y estancias más bien que en las
repúblicas.. . ” 3.
Durante el período colonial dominó la vida rural, y la lucha con
el indio fue constante; el fortín y la' estancia avanzaron lentamente en
1 Félix de Azara, Memoria sobre el estado rural del Río de la Plata , Buenos
Aires, 1943, pág. 7.
2 Félix de Azara, Descripción e historia del Paraguay y del Río de la Plata,
Buenos Aires, 1943, pág. 199.
3 Manuel Lizondo Borda, E l Tucumán de los siglos X V II y XVIII, en Historia
de la Nación Argentina, vol. III, pág. 407: Según cuenta el obispo don Juan Sarri
colea, al finalizar este período ya “las ciudades están muy poco habitadas de los
vecinos porque se acostumbran a vivir en las campañas y estancias más bien que
en las repúblicas, por los ahorros y comodidades del campo” . Los de Catamarca
que son muchos “viven en sus chacras, seis o más leguas en contorno”, y la ciudad
está menos que los principios, cuando se fundó. “La Rio ja conserva los vestigios
de lo que fué en la misma ruina de los edificios, habitando sus vecinos y pobladores
en sus viñas, que no están leguas sino cuadras distantes del lugar, y por esta misma
razón no reparan las casas que tienen” . Santiago y San Miguel de Tucumán “pa
decen el mismo defecto aunque no en tanto grado de disminución” . Sólo Salta
“tiene todavía alguna forma” , sin duda porque en ella reside el gobernador desde
años atrás; y Córdoba que a principios del siglo “la tuvo muy grande” , está ruinosa
y decaída atribuyéndose esto “a la falta de aduana desde la traslación de las Cajas
Reales a Jujuy'\ Y ésta, “como está en las inmediaciones de Potosí, no es capaz
de crecer, como arroyo ninguno en las orillas del mar” .
Carta de 1729, Larrouy, t. II, págs. 56-57.
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EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 29
la conquista del desierto; el soldado fué también pastor y el pastor tuvo
que ser soldado; asimismo debieron serlo el tropero y el arriero, quie
nes con sus tropas de carretas, sus arrias de muías y sus arreos de
ganado —únicos medios de transporte y objetos de tráfico de la épo
ca— recorrieron los largos y desamparados caminos del territorio.
Desde luego, se trata de un soldado improvisado, del hombre que
se armaba como podía y echaba mano de recursos tácticos sui géne-
ris para defenderse del indio en acecho; en el nordeste, del bandei-
rante brasileño, y en regiones del interior, de las bandas de gauchos
salteadores.
En el siglo xix acontecimientos trascendentales conmovieron la vida
de nuestro pueblo. La caída del poder español tuvo honda repercusión
en las colonias. En 1806 y en 1807 se produjeron las invasiones inglesas
al Río de la Plata. La defensa fué espontánea y popular en Buenos
Aires, y el interior respondió a su llamado: todas las provincias envia
ron sus contingentes. Desde ese momento se trabajó, en todo el terri
torio, en la preparación de una futura defensa. En 1810 se proclamó
la libertad; la guerra de la independencia fue difícil y azarosa; en ella,
la nueva nación empeñó todo el caudal de sus hombres y sus bienes.
Después de la victoria, todas sus regiones quedaron extenuadas y em
pobrecidas, unas más que otras, según la proximidad o la lejanía de
la contienda. Antes y después de la Revolución de Mayo sostuvo la
guerra con el Brasil. Cuando el país inició su labor de recuperación,
se produjo el más grande de sus desequilibrios internos, que lo llevó
a la anarquía y al caudillismo; soportó una larga tiranía que obligó
a expatriarse a sus más representativos hombres de cultura y la monto
nera recorrió los campos y las poblaciones como un símbolo del retro
ceso a la barbarie. Después de 1852, en que con la batalla de Caseros
se dio término a este período, se afrontó el de la organización nacio
nal: se legisló, se organizó la administración, se impulsaron las indus
trias y el comercio, se multiplicaron los medios de comunicación, se
cimentó e impulsó la cultura, se alejó el peligro del indio al desalojarlo
de sus aduares, se planteó el provenía de la despoblación, favore
ciendo la inmigración y colonizando las tierras deshabitadas. Se con
solidaron las bases de la grandeza de la Argentina, y Buenos Aires,
declarada capital de la República, comenzó su crecimiento vertigi-
30 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
noso y extraordinario, caso único en la historia de las ciudades. En
esta época tuvo lugar la guerra con el Paraguay.
Un pueblo que vivió durante los tres siglos de su formación una
vida tan llena de contiendas, y tan diversas, no podía dar a su cultura
ni extensión ni profundidad.
La cultura y la lengua. —Toda la historia del país, que comienza
con la conquista, marca el camino de nuestra cultura y se refleja en
la lengua.
La institución de cultura por excelencia del período hispánico y
de buena parte de la primera época de nuestra vida independiente,
y casi simpre la única, fué la escuela de primeras letras. Las pobres
escuelas que enseñaron a leer, a escribir, a contar, y la Doctrina Cris
tiana, hasta el siglo xix, se deben, casi todas, a la acción de los con
ventos, algunas pocas a la de los Cabildos, y muchas fueron particu
lares. La historia de estas escuelas es muy diversa; responde, sí, a un
afán de cultura que a pesar de las más profundas vicisitudes, no se
extinguió nunca. Algunas se establecieron al fundar la ciudad, como
la que creó Garay al fundar a Santa Fe; otras surgieron después, pero
siempre entre las primeras organizaciones de la población. Cuando no
hubo escuelas, la enseñanza se impartió en los hogares; esta forma
debió reemplazar a todas, con harta frecuencia, y fue la única posible
en los campos, en donde no se establecieron escuelas; sólo Sobre
monte, cuando fue Gobernador Intendente de Córdoba, creó allí es
cuelas de campaña. 1 Los franciscanos, los dominicos, los mercedarios,
los jesuítas, fueron los maestros de nuestro pueblo. Los jesuítas desem
peñaron un papel preeminente en la enseñanza elemental y- superior
en esta parte de América: fundaron en Lima los colegios de San Pa
blo y San Martín —ya existía el de San Marcos creado por los domi
nicos— y la Universidad de San Francisco Xavier, en Chuquisaca^
desde Lima bajó con ellos, a través del alto Perú, la primera corriente
continental sudamericana de cultura, a Salta,2 Santiago del Estero,
1 P. Cabrera, ob. cit., pág. 270 y siguientes; cita párrafos del artículo del gene
ral Belgrano aparecido en el Correo de Comercio del 17 de mayo de 1810, en el
cual comenta la creación de escuelas en todas las parroquias de Córdoba, por
Sobremonte.
2 Felipe Barreda Laos, L a vida intelectual del Virreinato del Perú en Historia
de la Nación Argentina, vol. III, pág. 134 y sig.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 31
Tucumán, Córdoba, Cuyo, el Río de la Plata y el Paraguay, creando
en 1607 la famosa Provincia Jesuítica del Paraguay; en Santiago del Es
tero fundaron los padres de la Compañía la primera escuela del Tucu
mán —posteriormente lo hicieron en todas las poblaciones de nuestro
territorio— y el Seminario de Santa Catalina Virgen, en 1611; en Cór
doba, el Colegio de Monserrat y la Universidad 1, que hicieron de esta
ciudad, durante el período colonial, el centro cultural de las goberna
ciones del Tucumán, del Río de la Plata, del Paraguay, y hasta alcanzó
su acción a Chile y al Perú. Éstos, juntamente con el Colegio de San
Carlos de Buenos Aires, fundado por Vértiz, constituyeron los centros
superiores de cultura del país, en la época colonial.
Hubo aulas de latinidad en el interior, que llegaron a hacerse
famosas 2. A fines del siglo x v iii se menciona, en la enseñanza de al
gunas escuelas, la de la gramática castellana y la ortografía 3.
El Paraguay fue la región del Virreinato en donde la enseñanza
escolar alcanzó mayor difusión; a fines del siglo x v iii to d a su pobla
ción de mestizos y criollos sabía leer 4. Su primera escuela fue creada
por Irala entre 1538 y 1541, en la Asunción, y las hubo en todos sus
pueblos; en sus escuelas se formaron el Obispo Trejo y Sanabria; Her-
1 El Obispo Trejo y Sanabria, el primer obispo criollo, hermano de Remanda
rías, fue el creador del primer Colegio de Ciencias Morales en Santiago y de la
Universidad de Córdoba, también la primera del país.
2 Nicolás Avellaneda, EscHtos y discursos, 12 tomos, Buenos Aires, 1910; t. I,
pág. 198: . . .la escuela gratuita de Bertrés en Tucumán, que remonta en su origen
a una manuficencia de Belgrano, la clase de Gramática regenteada por Cabezón
en Salta y la célebre aula de Gramática latina en el Convento de San Francisco
de Catamarca. . . Córdoba mantenía el brillo de sus grados y el ruido de sus
conclusiones teológicas y filosóficas, pero, era necesario pasar por el aula de Ca
tamarca para saber latín salamanquino, decía el Padre Quintana.
3 Juan Probst, L a enseñanza primaria desde sus orígenes hasta 1810 en Historia
de la Nación Argentina, vol. IV, pág. 163: En las escuelas donde se enseñaba gra
mática y ortografía castellanas, se hacían aprender de memoria las reglas y como
texto servía, según los estatutos del Colegio académico, la gramática y ortografía
compuestas por la Real Academia de la Lengua.
4 Félix de Azara, Memoria sobre el estado rural del Río de la Plata, Buenos
Aires, 1943, pág. 5: . .¡.los paraguayos y correntinos campestres son unidos entre
sí. .. son conocidamenté más económicos, instruidos y aplicados. Yo atribuyo estas
diferencias a que hay algunas parroquias en los campos del sur, y muchas más en
el Paraguay y Corrientes, donde se juntan a menudo, y en cada pago hay un maes
tro de escuela; además que los paraguayos, aún los simples jornaleros, saben lee*
y escribir. No es así en los campos del norte del Río de la Plata. . . hasta Misiones
. . . sin que yo sepa que haya maestro de escuela en parte alguna.
32 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
nandarias y Ruy Díaz de Guzmán, el autor de La Argentina. La ac
ción de los jesuítas fue intensa; la Provincia Jesuítica del Paraguay
comprendía el actual territorio de este país, el nordeste argentino y la
parte de Santa Catalina y Río Grande que ocuparon los bandeirantes
para incorporarla al Brasil. La expulsión de los jesuítas tuvo conse
cuencias de desastre para la cultura de todo el Virreinato.
Después de la Revolución de Mayo se trató de dar gran impulso
a la cultura, y particularmente a la del pueblo, creando escuelas; ésta
fue la preocupación de todos nuestros prohombres; conocemos la ac
ción vigorosa de Moreno y la altruista de Belgrano y de San Martín.
Se culpó a España de haber negado cultura a sus colonias. España dió
lo que pudo dar y nuestro país hizo sólo cuanto pudo hacer, pues la
noble ambición debió plegarse al acontecer histórico. La guerra de la
independencia exigió todas sus posibilidades. Iniciada la reconstruc
ción nacional, la presidencia de Rivadavia dió impulso poderoso a la
cultura, pero la época siguiente, la de la anarquía, anuló estas con
quistas; los hombres ilustrados emigraron al extranjero y casi desapa
recieron las escuelas 1; en ninguna época de nuestra historia la gran
masa del pueblo, y particularmente el de las campañas, descendió
tanto en su nivel cultural. Sin embargo, en la época de la organización
nacional, después de 1862, el país reaccionó milagrosamente2; volvió
el grupo de emigrados con una obra hecha 3 y con un caudal de ideas
y de experiencias que aplicó a la obra recomenzada. Las instituciones
de cultura reaparecieron, se vigorizaron las existentes y se crearon
1 Ramos, Historia de la instrucción primaria, I, pág. 58: El largo período de
la tiranía de Rosas fue terrible para el maestro de escuela en toda la República. . .
pág. 390: Las cifras de analfabetismo, si algún censo general hubiera podido ser
levantado en 1850, hubieran sido pavorosas, aterradoras, increíbles.
2 Avellaneda, ob. cit. t. I, pág. 197: Llama la atención y suele ser para muchos
materia de investigación, el averiguar cómo pudo mantenerse cierto grado de
cultura en las provincias del interior, atravesando durante cuarenta años los sacri
ficios de la guerra de la independencia, los desplazamientos de la anarquía, la
ruina de las ciudades por las hordas bárbaras. . . En el hogar de la familia extenuada
por los destierros y las muertes, o empobrecida por la guerra, debía sin embargo
trasmitirse alguna educación oral.
Ramos, ob. cit., t. pág. 98: La tierra argentina —sin que esto sea afirmar una
vanagloria patriotera— fue en América, siempre, algo así como un fecundo reservorio
de fuerzas latentes de civilización. Toda la época de Rosas es una» prueba de esta
afirmación.
3 Véase Ricardo Rojas, La literatura argentina, los proscriptos, t. III, Buenos
Aires, 1925.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 33
otras. Sarmiento, desde la presidencia, con la colaboración de su mi
nistro Avellaneda, inició su campaña para llenar de escuelas el país,
por la que había de luchar toda su vida. Su ejemplo y su obra crearon
una tradición, y la preocupación del Estado que ha sido constante,
intensificada desde comienzos de este siglo, ha conquistado para la
Argentina el primer puesto mundial por la difusión y la organización
de su escuela primaria, como ya lo vimos.
Desde entonces hasta nuestros días, todos los aspectos de la
vida espiritual del pueblo fueíon preferentemente atendidos y la
cultura superior del país creció a la par de su grandeza material;
Buenos Aires ocupa un lugar preeminente entre los centros de intensa
actividad intelectual y artística de América.
Veamos en qué forma la lengua fue expresando este estado
cultural.
Con los conquistadores llegó a nuestro territorio el español del
siglo de oro. En esta época alcanzó nuestra lengua su máxima unidad,
pues existían menos diferencias entre el hablar del pueblo y el de las
clases cultas, que en épocas posteriores, de modo que en el momento
de la conquista y de la primera colonización, nuestros pobladores ile
trados hablaban de manera muy semejante a la de los hombres ilus
trados de la sociedad en formación. A partir de este momento histórico
inicial, el proceso de sedimentación y de formación se bifurcó: P la
lengua se mantuvo en estrecha conexión con la lengua de España y
evolucionó con ella; 2® fue adquiriendo peculiaridades que le dieron
variedad.
P En el español de la Argentina, como en el de América, se
cumplieron todos los cambios fundamentales que han configurado el
español moderno. Y no podría ser de otra manera. La dependencia
política y cultural de España mantuvo en activa y constante comu
nicación la lengua de la metrópoli y la de sus dominios; el aporte
incesante de los colonos peninsulares, la acción de los maestros y la
de los misioneros españoles, la de las comunicaciones oficiales (bandos,
ordenanzas, notas, decretos, leyes), la de las publicaciones y libros,
que llegaron en mayor número del que se permitía y del que general
mente se cree1, y la influencia de los jefes y los funqionarios, no
1 Véanse las listas de libros que se introdujeron en América en, José Torre Re
vello, El libro, la imprenta y el periodismo en América, Buenos Aires, 1940.
34 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
significaban un eco lejano, sino una corriente viva y permanente para
el mantenimiento y extensión del español. Muchos de los hijos de
nuestras familias pudientes se educaron en España. En algunas de
nuestras escuelas no sólo se enseñó latín sino también gramática y
ortografía castellana, y el hilo de cultura de la enseñanza elemental,
que hemos visto extenderse por debajo de las más grandes vicisitudes
de nuestro pueblo, fue el que mantuvo en último término la unidad
idiomática desde los días de la conquista.
La unidad de la lengua escrita es palpable; lo comprobamos, por
ejemplo, en los informes de Hernandarias y en el libro La Argentina
de Ruy Díaz de Guzmán, criollos que nunca estuvieron en España
—también en toda la documentación oficial—, en los escritos de nues
tros revolucionarios de 1810, como en los de Moreno, y más tarde
en el casticismo de escritores como Sarmiento y Avellaneda, que ve*
nían del interior, en cuyas ciudades los grupos cultos conservaron
siempre la tradición de la lengua de Castilla.
29 El español se impuso como lengua de la conquista y conservó
sus rasgos esenciales, pero también desde los primeros tiempos de su
arraigo en América adquirió particularidades, las que en su mayoría
se generalizaron en el continente; otras surgieron después en las di
versas regiones. Todas o casi todas las peculiaridades del español de
la Argentina datan del período hispánico 1. España no pudo ejercer
nunca una intensa presión cultural en estas dilatadas y lejanas pose
siones americanas, para cuya atención no alcanzaban sus recursos, y
en donde los conquistadores y los hombres nacidos en la tierra tu
vieron que hacer milagros, primero, para poblarlas, después, para
mantenerlas bajo su dominio2; esta situación se acentuó cuando, des
pués de la conquista, se disipó la fabulosa leyenda de la Sierrai de la
1 Cuervo, Apuntaciones, pág. XV: Es fuera de duda que muchas de las vulga
ridades americanas lo eran ya en esos tiempos, y que las llevaron consigo los
españoles incultos. . . hemos procurado comprobar estos hechos hasta donde nos
ha sido posible, tanto para dar idea clara de los orígenes del habla americana,
como para salvar al pueblo que la habla del cargo de original corruptor del castellano.
2 Rubio, ob. cit. pág. 704: El abandono en que vivió el Río de la Plata en
el siglo XVII es superior a toda ponderación. . . Pág. 813: . . .Los países del Río
de la Plata vivieron durante los siglos XVI y XVII con una exigüidad tal de medios
y elementos, que no puede menos de asombrarnos cómo estas regiones pudieron
con ervarse bajo el dominio español.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 35
Plata, pues, España concentró su atención en los países de riqueza
minera como Méjico y el Perú, en donde se formaron los centros de
mayor cultura.
El español que llegó a nuestro territorio traía ya un considerable
número de palabras y de expresiones nuevas, que se le habían incor
porado en las tierras conquistadas: voces indígenas de América, voces
españolas con nuevo sentido, palabras de origen marinero con aplica
ción a tierra firme y nuevo significado, palabras de nueva formación.
Este vocabulario fué aquí acrecentado en toda su variedad: se le in
corporaron más voces indígenas, particularmente de origen quichua
y guaraní, aumentó el número de palabras españolas con nueva sig
nificación, se multiplicaron las de nueva formación, sobre base espa
ñola o sobre base indígena. Se expresaban así los nuevos modos de
vida y muy particularmente los de la vida rural, que prevaleció desde
los primeros días de la colonia, pues ya hemos visto que los habitan
tes de nuestras poblaciones se dispersaban por los campos en sus ta
reas, particularmente ganaderas. Hay que agregar a éstas el de un
grupo de palabras portuguesas que se incorporaron desde los días
de las primeras fundaciones, pues desde esa época residieron aquí
portugueses 1, y con ellos se mantuvo el más intenso comercio y con
trabando del Río de la Plata. Esta amplitud de adaptación y de crea
ción produjo, a través de tres siglos, el olvido de términos de la len
gua general, desalojados por sustitución o por sentírselos inexpresivos
en el ambiente americano; de esta manera se empobreció el léxico
traído por los conquistadores, mientras iba creciendo el que surgía
en la tierra, y muy particularmente en los medios rurales.
Contrasta con esta libertad innovadora, sin el control de la escuela
y de la sociedad culta, el espíritu conservador demostrado al mante
ner en vigencia voces, expresiones, y sobre todo funciones gramati
cales dejadas en desuso desde hace siglos por el español general. A estas
últimas pertenecen el vos arcaico usado en fórmulas de tratamiento
1 En 1777, el Virrey don Pedro de Cevallos rindió y tomó la Colonia, de la
cual se habían apoderado los portugueses —después de tres guerras y de haberlas
tomado y devuelto otras tantas veces. Según nota de N. Piñero a los Escritos de
Mariano Moreno, Buenos Aires, 1903, pág. 38: “Los habitantes de la villa fueron
transportados a Mendoza, en cuya provincia introdujeron el cultivo de la viña y
la fabricación del vino” .
36 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
y las anticuadas formas verbales que lo acompañan, como comes, can-
tás, salís, andá, cení, etc., que veremos detenidamente más adelante.
Éstas, en apariencia contradictorias condiciones idiomáticas, son
propias de las hablas populares y rústicas, y concretan la prueba irre
futable de que nuestro español adquirió gran parte de sus peculiari
dades diferenciales en el aislamiento de los campos, en los ambientes
populares de exigua cultura, peculiaridades que se generalizaron en
los momentos de nuestras convulsiones políticas, cuando las bajas ca
pas sociales irrumpieron sobre las que custodiaban con respeto la tra
dición de la lengua materna. Este proceso que ruralizó nuestra lengua
en todo el país, también en Buenos Aires, era a su vez, continuación
y extensión del proceso americano. Pero, desde que Buenos Aires
comenzó a valer como puerto hasta que alcanzó las proporciones de
una inmensa ciudad cosmopolita, el problema del habla adquirió
tal complejidad, que por sí solo impone un largo y minucioso estudio,
tema sobre el que ya hay valiosos trabajos 1. Es común oponer al
habla extranjerizante de Buenos Aires la castiza del interior; aunque
hay gran parte de verdad en ello, no puede reducirse el problema a
líneas tan simples. En nuestra Capital existe una clase culta que
habla con noble corrección y escritores que pueden compararse con
los mejores escritores españoles, en el cultivo de la lengua común.
Y entre ellos, una intrincada variedad de hablantes de muy diversos
valores lingüístico-culturales. Es verdad, sí, que el hombre medio de
Buenos Aires habla mal, y peor aún el del vulgo (con tipos sociales
como el compadrito, el arrabalero u orillero), que existe una jerga
de delincuentes, el lunfardo y que rasgos populares, vulgares y ele
mentos desplazados del lunfardo se mezclan al lenguaje de los estu
diantes, al de las clases semicultas y hasta salpican al de las clases
cultas. Son causas de este proceso, la forma en que se produjo el alu
vión extranjero que la invadió y el crecimiento descomunal y verti
ginoso de la gran ciudad, que hasta hace menos de un siglo era una
aldea, sin el tiempo indispensable para sedimentar una cultura media.
1 Los ya citados trabajos de Amado Alonso, El problema de la lengua en América
y de Américo Castro, La peculiaridad lingüística ñoplatense. Jorge Luis Borges, El
idioma de Buenos Aires, Buenos Aires, 1952. Avelino Herrero Mayor, El presente
y futuro de la lengua española en América, Buenos Aires, 1943, páginas 74-5.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 37
Después, la formación de su típico vulgo, que no es expresión de
ningún pueblo, sino mezcla abigarrada de elementos inferiores loca
les, y de los que trajo y formó la inmigración, cuya expansión ahogó
casi totalmente las verdaderas clases populares. Hasta fines del siglo
xix, Buenos Aires hablaba la lengua general del país, con los matices
de la región del Río de la Plata. Se señalan como condiciones del
habla del hombre-masa de Buenos Aires: el empobrecimiento extre
mado de la lengua, la despreocupación absoluta en su manejo, la
falta de atención hacia la lengua escrita y el habla de las personas
cultas, y la ninguna valoración del hombre según sus hábitos lingüís
ticos. De ella ha dicho Amado Alonso: “Pobreza en la cantidad, rela
jamiento en la calidad. El total es que Buenos Aires habla bastante
mal la lengua del país. A la vista salta el mayor señorío y decoro del
hablar provinciano argentino. Hasta las hablas rurales superan al
porteño en calidad y fijeza” 1. Y Borges, circunscribiendo su observa
ción, comenta: “No hay un dialecto general de nuestras clases pobres:
el arrabalero no lo es; el criollo no lo usa, la mujer lo habla sin nin
guna frecuencia, el propio compadrito lo exhibe con evidente y des
carada farolería, para gallear. El vocabulario es m isérrim o...” 2.
El problema lingüístico de Buenos Aires, aunque muy atenuado
y con variantes, se extiende sobre la gran zona del Litoral en donde
la ciudad ejerce influencia intensa e inmediata, y cuya formación ét
nica y cultural se le asemeja, particularmente la de las provincias de
Buenos Aires y Santa Fe, y sobre las dilatadas regiones que moderna
mente se colonizaron desde sus centros, como la Pampa (Eva Perón,
parte de Córdoba) y la Patagonia y en cierta medida sobre el
Chaco (Pte. Perón y Formosa) y Misiones; es más palpable en las
populosas ciudades de tipo moderno como Rosario, Eva Perón, Bahía
Blanca. Pero, además, y en ello radica la importancia extraordinaria
que tiene su consideración para nuestro trabajo, Buenos Aires ejerce
una atracción deslumbradora sobre todo el país: es la capital polí
tica e intelectual de la República, y el habla de los porteños, para la
gran masa de nuestro pueblo, es modelo de propiedad, refinamiento
y distinción. Y aún más, la acción de Buenos Aires trasciende las
1 Alonso, El problema de la lengua, pág. 90.
2 Borges, ob. cit., pág. 14.
38 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
fronteras y sus modalidades lingüísticas alcanzan a Montevideo y a la
Asunción; es como lo ha dicho Amado Alonso, la capital idiomática
del Río de la Plata 1. Pesa, pues, sobre su prestigio, una exigente res
ponsabilidad.
Hay una movilidad cambiante en las capas sociales de Buenos
Aires, muy acentuada en los estratos inferiores, que se refleja en el
habla; orientar este movimiento que busca seguridad y firmeza, por
los cauces de la mejor tradición cultural, sería ganar una victoria para
la lengua de Buenos Aires y de la Argentina. En 30 años, el vulgo
de Buenos Aires ha cambiado sensiblemente; han desaparecido ya las
famosas patotas de compadritos orilleros y en los últimos 20 años,
se advierte una tendencia a la superación igualadora en capas sociales
más extensas y menos diferenciadas. Paralelamente ha ido ganando el
habla. El lenguaje plebeyo, sin el sostén y acrecentamiento que le
proporcionaban ciertos diarios y sainetes, y la letra de los tangos, se
va haciendo popular y la escuela primaria, que lo cambatió enérgica
mente, ha consolidado su acción.
Como ya lo dijimos, nuestra lengua nacional fue invadida en el
siglo xix por elementos vulgares y dialectales que no han sido des
terrados totalmente. Cuando el país afrontó la tarea múltiple de su
organización institucional y cultural, la depuración de la lengua fue
descuidada, y particularmente la de la lengua hablada, pues la len
gua escrita siempre ha mantenido la unidad del español culto;
nadie ha escrito nunca vos tenes, vos sos, pión, pueta, aunque así lo
pronunciara, siempre que no tratase de imitar el habla popular o rús
tica. En esta época, en la que se superó la cultura, fue también ma
yor el acercamiento a la lengua general, y es evidente en los buenos
escritores, desde luego en los mismos que en un momento dado pen
saron en la separación idiomática, como Alberdi, Juan ISÍaría Gutié
rrez, Echeverría, Sarmiento. Las diferencias que naturalmente exis
ten en todas partes entre la lengua hablada y la lengua escrita
—nadie habla como escribe—, en el español de la Argentina son dema
siado grandes, sobrepasan el límite lógico que conviene para que
ambas formas puedan apoyarse mutuamente como corresponde, en
la dirección y mantenimiento, en el avance y ajuste de la lengua,
1 Alonso, El problema de la lengua, pág. 90.
<
EL E S P A Ñ O L D* E LA A R G E N T I N A 39
que es el instrumento de cultura de la comunidad, y en nuestro
caso, la lengua materna y nacional. De ahí nacen nuestras mayores
dificultades: o se habla y se escribe chabacana o descuidadamente,
o la vacilación impone un esfuerzo desmedido en busca de lo correc
to, que generalmente lleva al purismo y a la afectación; de aquí el
trabajo heroico de nuestros buenos escritores 1 para dilucidar entre
los elementos expresivos que le ofrece el medio y llegar a hacerse
entender en el mundo idiomático del cual forma parte, aspiración
que debe acompañar a todo escritor —el nuestro es el dilatado mundo
hispanoamericano. Cuando logremos establecer el equilibrio indis
pensable entre la lengua hablada y la lengua escrita, depuradas y en
riquecidas en su propia fuente, hablaremos y escribiremos con la
naturalidad y el espontáneo fluir de la lengua dominada, que tanto
admiramos en los españoles cultos. No olvidemos que la lengua es
sólo un instrumento y que e l. contenido lo pone nuestro espíritu, de
modo pues, que nunca habrá temor de desarraigo, sino que por el
contrario, será cada vez más la expresión fiel de nuestros pensamien
tos y emociones, y la más cabal y variada exposición de nuestros
temas. Argentinos serán nuestro hablar y nuestro escribir, si argen
tino es el contenido, y más claros y más originales y más trascenden
tes, si están expresados en los más castizos modos de nuestra len
gua general.
En la época de la organización nacional no se contó con el
número de educadores suficientemente preparados, que hubieran si
do necesarios, para depurar la lengua ruralizada y aplebeyada por
los acontecimientos políticos conocidos; no tuvimos tampoco la orien
tación de maestros de la calidad de Cuervo o de Bello; quizá por
eso tuvo cabida en Buenos Aires la discusión de la independencia
lingüística. La lengua escrita y la lengua culta tuvieron, sí, la influen
cia ejercida por un grupo de hombres de letras españoles, radicados
entonces en la Capital. Costa Álvarez nos da esta noticia: “El ré-
1 Borges, El idioma de los argentinos, pág. 31: Nosotros, los que procuramos
la paradoja de comunicarnos con los demás por solas palabras —-y ésas acostadas en
un papel— sabemos bien las vergüenzas de nuestro idioma. . . hemos padecido
en pobreza propia lo balbuciente que es.
Enrique Banchs, Averiguaciones robre la autoridad en el idioma, Buenos Aires,
1954, publ. de la Academia Argentina de Letras.
FAHCE Biblioteca Central
40 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
gimen opresivo que precedió en España a la revolución de 1868 pri
mero y después la caída de la república en 1874, obligan a expa
triarse a buen número de intelectuales españoles que llegan al Plata
v son recibidos con palmas, especialmente en Buenos Aires, donde
encuentran en el magisterio y en el periodismo sus medios de vida
más adecuados... Lo que nuestra cultura debe a esta pléyade, que
nos auxilió en la obra de adaptar el castellano a la modalidad ar
gentina, y lo que le debe también nuestra técnica literaria, no ha sido
escrito aún”. 1 Entre éstos figuran García Velloso y Monner Sans, que
tanto hicieron por nuestra lengua; Ricardo Monner Sans cumplió
desde la cátedra y el libro su fervoroso apostolado y ejerció una
influencia decisiva en el conocimiento y en la defensa de nuestra
lengua, en un momento de controversias y de dudas. José María
Torres formó en su famosa Escuela Normal de Paraná, numerosas
generaciones de educadores que se distinguieron en la enseñanza del
español y aún en la actualidad descubrimos en Entre Ríos su influen
cia.
Desde entonces hasta nuestros días mucho se ha hecho en favor
de la lengua, pero aún estamos lejos de haber alcanzado lo que
corresponde. El conocimiento y cultivo de nuestra lengua nacional,
que entraña un problema fundamental de cultura, impone una prefe
rente y constante atención del Estado y de sus educadores, pero
generalmente ha quedado en manos de los más fervorosos, que son
siempre los menos. Ya hemos hablado del papel que ha desempeñado
el maestro de las escuelas primarias, el más avanzado de sus difuso-
1 Arturo Costa Álvarez, El castellana en la Argentina, La Plata, 1928, pág. 65:
Empiezan a actuar entonces en nuestra prensa alentados por Benito Hortelano que
desde Caseros está en ella, Casimiro Pietro, Romero Jiménez, López Benedito
Rafael Barreda, Salvador Alfonso, Martínez Villergas, Enrique Ortega, Carlos de
Egozcue, Antonio de Aleu, Rafael Calzada, López de Gomara, y más tarde Alonso
Criado, Martín Plerrera, Enrique Fraxas, Eustaquio Pellicer, Federico Leal, Javier
Santero, Carlos Malagarriga, Ricardo Fors, Severiano Lorente, Julián de Vargas,
Polero Escamiglia; mientras se esfuerzan en el aula José María Torres, Guillermo
Parodi, Santa Olalla, Lope Lorenzo, Bernardo Troncos o, Gregorio Martí, Cayetano
Aldrey, Baldmar Dobranich, y más tarde Hidalgo Martínez, Ricardo Monner Sans,
Moreno Godíñez, Gadínez, García Velloso, Atienza Medrano, Vera González.
En las redacciones de los grandes diarios se establece entonces verdadera camara
dería entre el escritor porteño y el escritor español; y en la antigua sala de profe
sores del Colegio Nacional de Buenos Aires, un vínculo también de compañerismo
liga a los catedráticos españoles con sus colegas argentinos.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 41
res, pero a quien es necesario apoyar con conocimientos más amplios
a fin de que perfeccione su obra.
Corregir las pronunciaciones regionales de nuestra lengua, los
vulgarismos o ruralismos de la morfología y la sintaxis, reponer el
vocabulario que injustificadamente hemos olvidado, y adquirir las
nuevas voces incorporadas a la lengua general, que nos sean necesa
rias, rechazando las extranjeras que no son indispensables, será en
trar en plena posesión del dominio propio. Este trabajo es un aporte
para tan amplio programa. Estudiamos el español de la Argentina en
la totalidad del territorio y en sus características fundamentales; inten
tamos explicar desde el punto de vista histórico-cultural sus peculia
ridades, y destacar sus rasgos castizos, olvidados, algunos, en ciertas
regiones, pero conservados en otras.
Por medio de la escuela aspiramos a generalizar, en el español
de la Argentina, estos rasgos castizos dispersos, pero vivos en sus re
giones más conservadoras, para vigorizar su fisonomía tradicional con
elementos de su propia fuente —sólo en casos excepcionales nos vere
mos precisados a recurrir a la fuente común de la lengua general. El
maestro debe conocerlos, imponerlos en su enseñanza y afirmarlos con
su ejemplo. Si en la lengua de la intimidad se mantiene el regionalis
mo o el ruralismo por razones de ambiente, el niño que adquiera cierto
grado de cultura en la escuela debe distinguirlos y tener conciencia
de ellos. Pero, deben sí, ser incomporados a los hábitos lingüísticos de
todo argentino culto.
Los españoles y los americanos de habla española que llegan a
Buenos Aires, se muestran sorprendidos al comprobar que nuestra len
gua —por la de la Capital juzgan la de la República— sea la menos
castiza entre todas las de hispanoamérica, y de que por ello no esté
a la altura de la jerarquía espiritual que se reconoce a nuestro país
en el continente.
Las lenguas indígenas. — En la Argentina no tenemos actualmen
te el problema del indio; como dice Rosenblat, “el problema indígena
es en gran parte problema de lengua” 1, y los grupos que aún con
servan la lengua primaria son bilingües; la escuela primaria ha enseña-
1 Rosenblat, La población indígena, pág. 32.
42 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
do el español a los jóvenes y a los niños, y los adultos han tenido que
aprenderlo para el indispensable trato social. Me refiero a los grupos
de indígenas del Chaco (Presidente Perón y Formosa), la Patagonia
y Tierra del Fuego, reducidísimos y muy mezclados a la población
mestiza y blanca. Las dos lenguas indígenas más importantes que se
conservan en nuestro país, son habladas por la población mestiza y
blanca: el guaraní en Corrientes y la región guaranítica, y el quichua
en Santiago del Estero y en comarcas de Salta y Jujuy, particular
mente en la Puna, en las fronteras con Bolivia; casi ha desaparecido de
Tucumán, Catamarca y La Rioja. El mapuche o araucano se conser
va a lo largo de la Cordillera; lo hablan los grupos desplazados de La
Pampa, pues los indios de Chile dominaron en época relativamente
reciente a los primitivos habitantes de nuestra llanura y les impusieron
su cultura y su lengua; la infiltración de araucanos chilenos continúan
actualmente sobre la frontera. Sólo quedan rastros insignificantes de
las lenguas que hablaron los indios genéricamente llamados por los
españoles, pampas, y recientemente designados con la expresión, el
complejo tehuelche, 1 y de los fueguinos.
Las lenguas indígenas de América eran extraordinariamente nume
rosas; en gran parte han desaparecido en los 4 siglos de dominación
española; Rivet12 llegó a establecer, en 1924, 123 familias lingüísticas
con centenares de lenguas y dialectos; 20 de ellas ya extinguidas. Éste
era el problema que se planteaba a los misioneros en todo el conti
nente para ganar la intimidad del indio antes de enseñarle la lengua
española. De las muchas lenguas que se hablaban en el terrtorio ar
gentino, sólo de algunas pocas nos han quedado los estudios de arte
y vocabulario hechos por misioneros, de otras, únicamente el nombre;
casi en su totalidad han desaparecido con el pueblo o la parcialidad
que las hablaba 3.
1 Federico A. Escalada, El complejo “ Tehuelche”, Buenos Aires, 1949.
2 Paul Rivet, Langues Americaines, en Les langues du monde, París, 1924.
3 Carta del P. Alonso de Barzana, de la Compañía de Jesús, al P. Juan Sebastián,
su Provincial. Fecha en Asunción del Paraguay a 8 de septiembre de 1594.
Relaciones Geográficas de Indias. Publicación del Ministerio de Fomento del Perú,
Madrid, 1885, t. II, pág. 54.
José Imbelloni, Lenguas indígenas del territorio argentino, en Historia de la
Nación Argentina, vol. I, Buenos Aires, 1936.
Salvador Canals Frau, Poblaciones indígenas de la Argentina, Buenos Aires, 1953.
♦
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 43
Al quichua, al guaraní y al araucano se les llamaba lenguas gene
rales por la extensión que habían alcanzado, pues, se habían impuesto
sobre lenguas de menor importancia, en la expansión conquistadora
de los pueblos que las hablaban.
El quichua, en época prehispánica había penetrado en el Tucu-
mán, y se lo entendía en el noroeste argentino, por donde pasaba el
camino del Inca que comunicaba al Perú con Chile. Los misioneros
lo adoptaron como lengua de evangelización; lo aprendieron en el
Cuzco y lo enseñaron a los indios de esta región, hasta Córdoba y San
Luis. El quichua de Santiago del Estero fue introducido por los mi
sioneros en los primeros tiempos de la época colonial. El quichua que
se habla en la Argentina está ya muy penetrado por elementos del
español; a su vez, el habla regional del noroeste abunda en voces qui
chuas, que aumentan hacia la frontera boliviana. Ya vimos que muchas
de ellas se generalizaron en el español de la Argentina en los primeros
tiempos de la conquista.
El guaraní fué la primera lengua indígena que hablaron nuestros
conquistadores. Los numerosos mestizos nacidos en la Asunción lo
aprendieron de las madres indias y en la población se generalizó el ca
riño por la lengua de la tierra, que alternó y aún alterna con el uso
del español, en todas las clases sociales. El guaraní bajó con los colo
nizadores hasta Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos. En el siglo xvm
ya se había olvidado en el sur y se hablaba en el Paraguay y nordeste
de la Argentina, particularmente en Corrientes; en el norte de Entre
Ríos se ha hablado hasta hace relativamente pocos años; en la actua
lidad se habla en Corrientes, aunque más intensamente al norte del
río de este mismo nombre, en Misiones, y en el este del Chaco (Pre
sidente Perón y Formosa) por la población criolla; es ésta la región
que llamamos guaranítica. El guaraní que se habla en la Argentina
está muy hispanizado; ha sufrido una intensa influencia del español
no sólo en la fonética sino también en la morfología y en la sintaxis 1.
En el español regional abundan las voces del guaraní.
En el habla regional de Cuyo, de Córdoba, de la Pampa y sobre
todo en la región cordillerana del sur ha quedado un grupo de pala
bras del mapuche o araucano; su número es muy inferior al que ha
1 Marcos A. Morínigo, Hispanismos en el guaraní, Buenc^ Aires, 1931.
44 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
dado el quichua y el guaraní al español de la Argentina —los arau
canos sólo tuvieron el contacto de la guerra con los españoles, en los
primeros tiempos de la conquista—; abundan, sí, en la toponimia 1.
De las numerosas lenguas y dialectos indígenas que se hablaban
en el territorio argentino —fuera de las mencionadas— nada ha que
dado que merezca destacarse, aparte de ciertos toponímicos comarca
nos y quizá de algunos nombres de plantas y de animales que aún no
han sido explicados por las lenguas generales23*; así, se tienen por pro
cedentes del cacán los nombres terminados en ao, del cacán o del
tonocoté, los terminados en g a sta 3 (del noroeste), del sanavirón los
terminados en sacat4 (de Córdoba), terminaciones que significan
‘pueblo o lugar.
Se ha pretendido ver influencia indígena en ciertas peculiaridades
de nuestra pronunciación regional, como en la rr asibilada, en la del
grupo tr (semejante al tree inglés), en la de la s equivalente a la h
aspirada, etc. y en el uso del che, general en el país, pero sabemos
que son también peculiaridades del español regional de España y de
hispanoamérica, y que el che se usa en Valencia. Es muy posible que
haya contribuido a generalizar este falso concepto indigenista, el estu
dio de Lenz sobre el español de Chile5, en el cual atribuía origen
araucano a estas particularidades, por desconocimiento del hispano
americano regional, teoría que fue rechazada por Cuervo, Menéndez
Pidal, Américo Castro, y a la cual dedicó un clarísimo estudio Ama
do Alonso 6*.
1 Véase: Juan D. Perón, Toponimia patagónica de etimología araucana, Imprenta
de la Biblioteca Nacional, Buenos Aires, 1948.
Félix San Martín, Neuquén, Buenos Aires, 1930.
Pablo Groeber, Toponimia araucana, Gaea, t. II, N9 1, Buenos Aires, 1926.
Segundo Fernández, Contribución al estudio de la Toponimia aborigen, Antár
tida, N9 25, Año IV.
Diccionario Geográfico de las Gobernaciones Nacionales, publicación del Consejo
Nacional de Educación, tomo II, Buenos Aires, 1942.
2 Samuel A. Lafone Quevedo, Tesoro de catamarqueñismos, Buenos Aires, 1927.
3 y 4 Lafone Quevedo, Tesoro de catamarqueñismos; P« Pedro Lozano, Histo
ria de la conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, Buenos Aires, 1873.
5 Rodolfo Lenz, El español en Chile, traducción y notas de Amado Alonso y
Raimundo Lida, Buenos Aires, 1940.
c Amado Alonso, La interpretación araucana de Lenz, para la pronunciación
chilena, Apéndice II al volumen anteriormente citado.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 45
La influencia indígena en el español de la Argentina puede de
terminarse, seguramente, en las entonaciones o tonadas regionales,
en el vocabulario, y en haber favorecido la adopción de ciertos fenó
menos como el de la y africada de la región guaranítica, y la tensión
con que se pronuncia la s de Santiago del Estero. No hay influencia
indígena ni en la morfología ni en la sintaxis; los casos que puedan
observarse en algunos coyas de la Puna, en campesinos de Corrientes
o en paisanos de la región cordillerana del sur, se deben al bilingüis
mo 1; se trata siempre de personas de cierta edad que hablan con ma
yor frecuencia la lengua primitivaque la española, pero que nose
observa ya ni en los jóvenes ni enlos niños que han pasado por la
escuela.
Influencia de la inmigración. —Entre los problemas que se plan
tearon a los estadistas de la organización nacional estaba el de la po
blación de nuestro extenso territorio. Se legisló para atraer la inmi
gración y se favoreció la de origen europeo. Se produjo, entonces, la
enorme ola inmigratoria; durante un siglo han llegado a nuestro terri
torio millones de hombres de todo el mundo, pero han predominado
en gran proporción los europeos. Los italianos han ocupado siempre
el primer lugar; el segundo, los españoles; entre estos últimos han
figurado en buen número los de hablas regionales, como los gallegos,
y muchos han aprendido el españolen la Argentina. Como vemos, la
proporción de extranjeros de hablano española que se han incorpo
rado a nuestro pueblo representa una cifra muy elevada. Nuestra in
migración, en su casi totalidad, se ha compuesto de hombres de tra
bajo, de escasa cultura y muchos analfabetos, que en buena propor
ción procedían de regiones dialectales, caso común entre los italianos.
A este cosmopolitismo se le ha achacado y se le achaca la mayoría
de las peculiaridades que rebajan la calidad de nuestra lengua nacio
nal, particularmente la que se habla en Buenos Aires. La justa obser
vación ha interpretado con amplitud el hecho2. La inmigración, en
1 Véase Amado Alonso, Substratum y superstratum en, Estudios Lingüísticas,
Madrid, 1951.
2 Arturo Costa Álvarez, E l castellano en la Argentina, Buenos Aires, La Plata,
1928, pág. 89: De este peligro hablan José M. Estrada en 1871, José T. Guido en
1873 y Juan María Gutiérrez en 1876; y a fuerza de repetirse tal especie desde
entonces, la supuesta desnaturalización de nuestro castellano por obra de la inmi-
/
46 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
gran número, comenzó a incorporarse a nuestro pueblo cuando el país,
como lo hemos visto, surgía de una crisis profunda en la cual nuestros
bienes espirituales, y entre ellos la lengua, habían sufrido las conse
cuencias de la indisciplina y la anarquía. El ruralismo y el popula-
rismo habían invadido la lengua hablada, y la lengua escrita se había
S afranceado, pues, las ideas de Francia dominaban el campo intelec
tual de América. La ruptura con España, la guerra de la independen
cia, el alejamiento de la literatura española, favorecieron el descuido
y la desvalorización de las jerarquías más nobles de la lengua patri
monial. El inmigrante que llegó a nuestro medio y se adaptó a él
—para eso dejaba su patria y se amparaba en otra, y el que no pudo
hacerlo regresó—, aprendió la lengua que hablaba el pueblo, la habló
como un extranjero y con las posibilidades de su capacidad personal;
su hijo habló como el hijo del país. Los que fueron a conquistar el
desierto se agruparon en colonias para la lucha heroica con la natu
raleza y la defensa del indio que aún dominaba nuestras soledades;
en cierta medida siguieron viviendo la vida de la aldea o de la co
marca lejana de donde venían, y su asimilación fue mucho más lenta;
generalmente el nieto habló como el hijo del país. Conocemos las
dificultades que tuvieron que vencer algunos extranjeros radicados
hace sesenta años, en plena Patagonia, para enseñar el español a sus
hijos, pues ni los peones criollos querían ir a trabajar allí. Sarmiento
/ protestó ya en 1883 por la constitución de algunas colonias 1; pocas
Z siguieron viviendo en un círculo casi cerrado hasta hace vinte o trein
ta años; ya no las hay; la escuela primaria las ha penetrado con su
gración cosmopolita llegó a hacerse un lugar común en la dialéctica de todos los
que escribían sobre el tema . . . Yo negué esta influencia, sin embargo, en mi libro
Nuertra Lengua, por la sencilla razón de que no la v e ía . . .
Américo Castro, La peculiaridad lingüística, pág. 27: . . . lo esencial de la historia
parece consistir en la modalidad argentina existente antes de la llegada de los
grandes contingentes de extranjeros, modalidad fundada en la ausencia de autén
ticas jerarquías . . .
1 Sarmiento, Obras completas, t. XXXVI, Conducción del extranjero en América,
pág. 75: Buenos Aires, 1900; pág. 143: La República Argentina, por la composición
de su población, no es más cosmopolita que los Estados Unidos, poblados lo mismo
que estos países. Por medio millón de europeos que habitan este país, hay seis millo
nes en los Estados Unidos, sin más diferencia que allá se amalgaman a la masa desde
que llegan, y quedan asimilados a los yanquis, mientras que aquí permanecen largo
tiempo formando o llamándose colonias extranjeras, y por tanto extrañas al país.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 47
espíritu de generoso patriotismo y su enseñanza de la lengua nacional,
y ha terminado la obra que, aunque lenta, venía operando el medio.
Es, por otro lado, la obra que ha de recomenzar en cada núcleo que
la inmigración, ya muy disminuida, vaya formando en el país. Como
vemos, se trata de un fenómeno social con resultantes claras. El pro
blema que afectó a la lengua se creó en donde los extranjeros forma
ron grupos más o menos importantes, como en la ciudad de Buenos
Aires y en el Litoral. Si en el momento en que se produjo el aluvión
inmigratorio se hubiera contado con fuentes de trabajo distribuidas
en todo el territorio y con un gran número de escuelas, la compene
tración con nuestro pueblo hubiera sido rápida y completa, como lo
quería Sarmiento, pero nuestro país estaba en un momento difícil de
su formación. Nuestra lengua sí fue descuidada en ese momento de
trascendental importancia, en el cual nuestra tarea educativa debió
cumplir un doble cometido: primero, debimos reforzar los cauces de
su tradición secular, para nuestro pueblo; segundo, vigilar su asimi
lación por el extranjero. Pero, de todos modos, el problema no tiene
los contornos trágicos que a veces se le han atribuido. El cocoliche,
el taño, el gréhano, nombres humorísticos que se dan al expresivo
italiano de las regiones dialectales de Italia, y su jerga gringo-criolla,
son personajes y hechos transitorios en la evolución social de la gran
ciudad cosmopolita 1. Nuestro país tiene un vigoroso poder de asimi
lación y los hijos del extranjero se sienten hijos de la tierra, y algunos,
como los italianos, con mayor vehemencia2*; la lengua nacional tiene
esta misma fuerza de atracción, y la defiende su prestigio, frente
a las lenguas extrañas. Pocas son las palabras de otros idiomas ineor-
1 Juan B. Selva, E l castellano en América, La Plata, 1906, págs. 35-6: . . . e l
cocoliche, curiosa hibridación que aporta el inmigrante cuando se afana en usar
nuestra lengua . . . Se está muy lejos de llegar a concederle arraigo, como lo de
muestra el hecho de que, a pesar de constituir el italiano la gran mayoría del ele
mento inmigrante, sean tan escasas las voces y giros de esta procedencia que
registra nuestra habla culta.
2 Ángel Rosenblat, L a lengua y la cultura de Hispanoamérica: tendencias actua
les, Caracas (Venezuela), 1949, en el N9 4 de los Anales del Instituto Pedagógico,
págs. 21-2: Es verdad que en ciertos arrabales de Buenos Aires se habla una jerga
gringo-criolla, el cocoliche, del que tenemos muestras pintorescas en el sainete
criollo. Pero esa habla tiene un valor social muy limitado. El hijo de italiano se
siente, por la obra asimiladora del medio y de la escuela, divorciado del padre,
y con una exaltación nacionalista que traiciona muchas veces al recién llegado.
48 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
poradas al español de la Argentina por los inmigrantes, a pesar de
que el último censo da la cifra de 2.435.927 extranjeros proceden-
fes de todos los pueblos del mundo (véase la plañida que se agrega
a continuación). Es mucho mayor el número de galicismos que desde
antiguo se le han incorporado, pero no por obra de los inmigrantes
franceses, sino por la literatura, la moda, el trato social, etc.1. Se atri
buye intenso italianismo al habla de Buenos Aires, no sólo en el vo
cabulario y en algunas expresiones, sino también en la entonación y
en el uso de gestos y ademanes particularmente expresivos, propios
de los italianos. Mucho de esto hay en las clases populares, pero muy
poco en las clases cultas —no se observa en los porteños de familias
tradicionales—, aparte de que en Buenos Aires se registran las más
variadas formas de hablar. Por otro lado, es evidente que el italianis
mo léxico ha disminuido sensiblemente, y que pocas palabras se han
generalizado fuera del chau ‘adiós’, que se oye desde un extremo has
ta el otro del país.
1 Véase Jorge Guasch Leguizamón, Galicismos aceptadao, aceptables y vitandos,
Buenos Aires, 1951.
IV CENSO GENERAL DE LA NACIÓN
Población por país de nacimiento, según el censo del 10
de mayo de 1947
TOTALES
Población total de la Argentina ............... 15.893.827
Nacidos en el país .......................................... 13.457.900
Nacidos en el extranjero ................................ 2.435.927
DETALLE
América ............................................................. 329.864
Paraguay ........................................................... 93.248
Uruguay ........................................................... 73.639
Chile ............................................. 51.563
Bolivia ............................................................... 47.774
Brasil ............................................. 47.039
Estados Unidos ................................................ 5.873
Perú ................................................................... 2.760
Cuba ....................................... 2.313
Venezuela ......................................................... 1.842
Méjico ............................................................... 834
Colombia .......................................................... 800
Ecuador ............................................................. 572
Canadá ...................................................... 558
Haití ................................................................... 224
Panamá ............................................................. 199
Costa Rica ....................................................... 109
Puerto Rico ...................................................... 90
El Salv ad o r....................................................... 77
Guayana inglesa .............................................. 71
Nicaragua ....................................................... 66
Americanos sin especificar ............................ 57
50 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
Guatemala ........................................................ 37
Honduras .......................................................... 29
Guayana h o lan desa..................................... 27
Santo Domingo ................................................ 21
Trinidad ............................................................ 12
Guadalupe ........................................................ 11
Guayana francesa ............................................ 8
Jamaica .............................................................. 6
Terranova .......................................................... 5
Europa .............................................................. 2.018.791
Italia ................................................................... 786.207
España ............................................................... 749.392
Polonia ............................................................... 111.024
Rusia ................................................................. 89.983
Alemania ........................................................... 51.618
Francia ............................................................... 33.465
Austria ............................................................... 33.248
Yugoeslavia ....................................................... 29.164
Portugal ............................................................. 25.301
Checoeslovaquia .............................................. 18.983
Rumania ........................................................... 14.542
Lituania ............................................................. 13.516
Gran Bretaña .................................................... 11.425
Suiza .................................................................. 10.102
Hungría ............................................................. 9.623
Grecia ................................................................ 1 7.671
Bulgaria ..................................... 5.551
Dinamarca ......................................... 3.544
Holanda ............................................. .............. 2.875
Bélgica ...................................... 2.848
Albania ....................... 2.145
Suecia .................................................................. 1.269
Irlanda ......................................... 1.091
Letonia ............................................................. 1.060
Noruega ............................................................. 639
Europeos sin especificar ................................ 474
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 51
Finlandia ............................................................ 464
Estonia ............................................................... 450
Andorra ............................................................. 372
Luxemburgo ...................................................... 277
Dantzing ............................................................ 228
Monaco .............................................................. 97
Islan d ia ............................................................... 45
San Marino ....................................................... 43
Malta ................................................................. 33
Lichtenstein ...................................................... 14
Sarre ................................................................... 8
Asia ............................................................. 81.460
Siria .................................................................... 32.789
Turquía .............................................................. 18.225
Líbano ............................................................... 13.505
Japón ........................................... 5.244
A r a b ia ................................................................. 4.640
Armenia ............................................................ 4.224
Palestina ............................................................ 1.089
India ................................................................... 641
China ............................................................. . . 365
Persia ................................................................. 323
Asiáticos sin esp e cificar.................................. 169
Siam .................................................................... 131
Í
Irak ..................................................................... 68
Afganistán .......................................................... 18
Transjordania .................................................... 15
Georgia ............................................. 9
Indochina francesa ................................... 3
k Manchucuo ....................................................... 2
África .................................................................. 2.459
Egipto ................................................................ 631
Marruecos ...................... 488
Unión Sudafricana .......................................... 313
52 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
Africanos sin especificar ............................... 247
Islas Canarias .................................................. 241
Argelia ............................................................... 109
Túnez ................................................................. ' 79
Colonias francesas .......................................... 67
Libia .................................................................. 59
Abisinia ............................................................. 41
Colonias inglesas .............................................. 40
Colonias portuguesas ...................................... 35
Colonias italianas ............................................ 33
Sudán Anglo-egipcio ...................................... 28
Colonias españolas ............. 21
Eritrea ............................................................... 14
Liberia ............................................................... 10
Congo ................................................................ 3
Oceanía ............................................................. 1.073
Australia ........................................................... 336
Oceánicos sin especificar .............................. 316
Nueva Zelandia ................................................ 173
Dep. Estadounidenses .................................... 103
Dependencias Holandesas ............................ 84
Dependencias Inglesas .................................... 28
Dependencias Chilenas .................................. 19
Dependencias Francesas ................................ 9
Extranjeros sin especificar ............................ 2.280
L a dirección de la lengua. —No hay dudas de que las naciones de
habla española, y entre ellas la Argentina, tienden, con el acrecenta
miento y la difusión de la cultura, a afirmar la unidad de la gran
comunidad idiomática hispanoamericana. El estilo, el acento nacional
se mantendrá en el español de cada uno de los países independientes,
pero las normas tradicionales y las convencionales mutuamente con
sentidas, deben mantenerse, si no se quiere menoscabar la herencia
común, el haber de todos. La variedad no puede nunca significar des
censo ni empobrecimiento, sino originalidad, que es creación y ex
presión del espíritu, y en este caso, del espíritu de cada pueblo.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 53
El ejemplo de España es altamente aleccionador para las nacio
nes americanas, por la forma en que ha impuesto, y ya es tradición,
la jerarquía idiomática; mientras que en América la lengua ofrece una
gran uniformidad en sus rasgos esenciales en todo el dilatado conti
nente, y en cada país, pues, su único dialecto el papiamento de los
negros de Curagao,1* no tiene importancia ni cultural ni de extensión,
España presenta en su territorio diversidad de lenguas y dialectos
como el vasco, el gallego, el catalán, el valenciano, etc., de muy anti
guo arraigo, y sin embargo, el español culto de cualquier región ob
serva en el hablar y en el escribir, los rasgos castizos de la lengua
nacional, como una prueba de educación.
Las peculiaridades lingüísticas que proponemos sean corregidas
por nuestra escuela, son peculiaridades regionales, populares o rurales,
que de ninguna manera expresan, como se cree, una originalidad argen
tina, aunque sean antiguas en la lengua, pues son todas comunes a
regiones dialectales de España y de América.
Nuestro problema indiomático concreta dos aspectos fundamenta
les: l 9 la lengua escrita de la Argentina, con pocas variantes, es el
español culto de todas partes; 29) la lengua hablada de la Argentina
conserva rasgos que no corresponden al hablar culto de los hispano
americanos. Concuerdan en estas conclusiones cuantos han estudiado
con espíritu científico nuestra lengua nacional.
1 En la zona del Caribe está la isla de Curagao ( de la que dependen las de Aruba
y Buinare) que pertenece a Holanda; fué colonizada por España hacia 1522; los
holandeses se apoderaron de ella en 1634. La gente culta habla allí español, holan
dés e inglés. La gente del pueblo, descendiente de antiguos esclavos negros, habla
el único dialecto criollo que ha producido el español en América: el papiamento.
En prensa este trabajo, T. Navarro Tomás califica de dialecto afroportugués,
muy influido por el español, al papiamento, en Observaciones sobre el papiamento,
Nueva Revista de Filología Hispánica, Año VII, Nos. 1, 2, enero - junio de 1953.
FONÉTICA
ENTONACIÓN
En la Argentina se llama tonada y en algunas regiones también
canto, a la entonación regional.
Aquí sólo daremos una noticia general de las entonaciones del país.
El estudio de la entonación es uno de los más apasionantes de la foné
tica, y de gran interés científico, pero no disponemos de los elementos
indispensables para realizarlo con el rigor que corresponde.
Se da ya por seguro que el origen de la entonación regional es
indígena. Proviene, sin duda, de la entonación con que el hombre de
la tierra modulaba su lengua y que dio también a la lengua nueva que
le impuso el conquistador —es sabido que el hombre que cambia de
lengua, difícilmente cambia de entonación. Con esta entonación habló
el mestizo; por razones de ambiente, también el criollo, y en muchos
casos el mismo español. En las regiones en donde aún subsisten núcleos
de poblaciones autóctonas que hablan su lengua primitiva, fácilmente
puede comprobarse este hecho: los indios del Paraguay hablan con su
tonada típica el guaraní; con idéntica entonación hablan el español
cuando lo aprenden; es la misma tonada con la que toda la población
blanca de la región guaranítica habla el guaraní y el español.
En Buenos Aires y en gran parte del Litoral, la entonación es muy
igual, poco llamativa, y entre todas las del país, la que más se acerca
a algunas entonaciones españolas. Esta entonación, descontando los
matices diferenciales que se observan en las diferentes regiones, com
prende: la ciudad y la provincia de Buenos Aires, gran parte de Santa
Fe y de Entre Ríos, y la extensa zona que modernamente se colonizó
desde Buenos Aires, la Pampa y la Patagonia. Tuvo su origen en Bue
nos Aires y parte del Litoral, en donde puede decirse que no existie
ron indígenas; las tribus nómadas no sirvieron al blanco ni entraron
en relación con él. Los españoles venidos directamente de España
influyeron, seguramente, en el hablar de los mestizos procedentes de
la Asunción, que formaron el núcleo primitivo de la ciudad. Desde
Buenos Aires se ha extendido hacia la gran zona que actualmente
56 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
abarca. En el vulgo de Buenos Aires se observa la llamada tonada
lunfarda, pero se trata de un fenómeno circunscripto, de relativa y
variable trascendencia en el habla de la ciudad.
Las entonaciones del interior son todas llamativas, unas más que
otras, y todas muy diferentes de las entonaciones españolas. Son, para
los hombres de Buenos Aires, las verdaderas tonadas. En realidad, cada
provincia tiene su tonada tí pica, pero algunos rasgos comunes deter
minan zonas de entonación. Así se observa un elemento similar, el lla
mado comúnmente del esdrújulo, en la tonada del noroeste, que se ex
tiende en una mancha uniforme, en la gran zona que abarca: el nor
oeste de San Juan, La Rio ja, el norte de San Luis y parte del noroeste
de Córdoba, Catamarca, Tucumán, Santiago del Estero, parte del Cha
co, Salta y Jujuy. Para los oídos forasteros, el esdrujulismo es el rasgo
saliente de esta entonación: todas las palabras graves de más de tres
sílabas y las agudas de tres o más sílabas, sea cual fuere su colocación
en el grupo fónico, llevan acento rítmico adicional en )a sílaba ante
protónica: ámarillo, chocolate, población, desproporción. El acento
léxico se conserva, pero el adicional es más fuerte, de allí la impresión
de esdrújulo que produce, aunque no lo es, en realidad. En algunas
provincias como en La Rioja y en Catamarca, este acento se marca
con mayor intensidad que en el resto de la zona.
En las entonaciones de San Luis —llamada tonada puntana— y de
Córdoba, son muy distintas las líneas melódicas que corresponden al
grupo fónico, pero, en ambas, el acento rítmico adicional se marca en
la sílaba protónica: púntáno, cordobés; el acento adicional, en la cor
dobesa, es más fuerte. También son diferentes las líneas melódicas de
las entonaciones mendocina y sanjuanina —es más llamativa la sanjua-
nina—, pero, en ambas, el acento rítmico adicional se marca sobre el
mismo acento léxico, haciéndolo más intenso: mendocíno, sanjuaníno.
En todas las entonaciones, el acento adicional produce un marcado
alargamiento de la vocal sobre la cual recae.
La tomida guaranítica comprende: Corrientes, Misiones, y el este
del Chaco (Presidente Perón y Formosa) en donde ya se ha atenuado
sensiblemente, por influencia de Buenos Aires; también se ha atenuado
en el norte de Entre Ríos por influencia de Santa Fe y Buenos Aires,
pero aún se descubre en el hablar en voz alta y a distancia, circunstan
cias que destacan las cualidades de la entonación.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 57
Las numerosas tonadas provincianas pueden provenir de las di
versas lenguas y dialectos indígenas que se hallaban en nuestro país
antes de la conquista. Han perdurado gracias al aislamiento en que
vivieron nuestros estados federales en ciertas épocas de nuestra histo
ria, aislamiento mantenido por la naturaleza del suelo y las grandes
distancias que los separaba. La similitud de ciertos rasgos de algunas
entonaciones puede denunciar parentescos lingüísticos: La zona del
noroeste fué el asiento de la nación diaguita, en Mendoza y San Juan
vivieron los huarpes, en Córdoba y en San Luis los comechingones y
otras parcialidades indígenas de cultura semejante.
Las tonadas, en la Argentina, han sido y siguen siendo rasgos di
ferenciales entre provincianos y porteños. En los últimos treinta años
hay una tendencia clara —que se cumple lentamente— a la igualación,
por influencia de las grandes ciudades del Litoral y particularmente
de Buenos Aires. La frecuencia de las comunicaciones, el turismo, el
fonógrafo, el cine sonoro, entre otros, son los medios que van operando
esta nivelación general. En las ciudades importantes del interior la to
nada se ha atenuado sensiblemente, y en algunas, como en Mendoza,
casi ha desaparecido.
E L ACENTO
Entre los casos de desplazamiento del acento, que ofrecen mayor
interés para nuestro trabajo, están los siguientes:
19 La forma exclamativa ojalá: ojala.
29 Los pronombres enclíticos precedidos de la forma verbal: dí
game, hagasé.
39 Acentuaciones de formas verbales como váyamos.
49 Cambios de acento en el interrogativo qué con preposición:
énque.
59 La conjugación sino con acento agudo: sino.
69 Cambios individuales: telé grama.
Los cambios de acento entre vocales concurrentes como máiz, páis,
se verán más adelante.
19 En el interior del país, desde la región central hacia el norte,
ojalá se usa con cambio de acento, ojala, y con el valor conjuntivo de
58 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
'aunque': No lo mires ojála te hable. Se oye no sólo entre el pueblo
sino también entre las personas cultas. En la misma forma es corriente
en Bolivia. Este sentido es americano; se desconoce en España. En el
L it o r a lojalá conserva su sentido exclamativo y con menos frecuencia
se oye, y generalmente en el pueblo, con cambio de acento, ojáTa; ojála
se dice también en el Uruguay, en Chile y en el Ecuador;1 es, segura
mente, forma antigua, pero dialectal.
2? En general, en nuestro país, y en todas las clases sociales, se
acentúan los pronombres enclíticos, en los tres casos citados por Tis-
cornia: 2 a) con forma imperativa o rogativa: arrímelo, dígale; b) con
el gerundio: 'poniéndome, vistiendosé; c) con el infinitivo más dos en
clíticos: dármelo, escaparselé. En el Litoral suelen oírse estas mismas
formas con dos acentos: poniéndosé, escaparselé. En esta región, sólo
en personas muy cuidadosas de su pronunciación se oyen las acentua
ciones correctas: siéntalo, dígale, poniéndose. Las formas ponganlón,
sientensén, parensén, etc., son vulgares y rústicas y difícilmente se
oirán en personas con alguna cultura. En el noroeste, y muy particular
mente en Santiago del Estero y en algunas comarcas del noroeste,el
pueblo acentúa formas imperativas o rogativas con los enclíticos me,
lo, así: ponemélo, decimélo, prendemélo; seguramente por analogía
con las corrientes y generales: comélo, ponélo, etc. Nunca se oyen entre
las personas cultas.
De la acentuación de enclíticos con formas verbales, tenemos ejem
plos en rimas de poetas del siglo xvi 3 y del siglo xvn; como fenómeno
vulgar ha sido corregido en todas partes; en la época de Cuervo, en Bo
gotá ya se había reducido a la forma vámonos.4 La Argentina es uno de
los países de Hispanoamérica en donde el fenómeno está más extendido
y en donde tiene mayor pofundidad social.
39 En el Litoral, y muy particularmente en Entre Ríos, y con me
nos frecuencia en el noroeste, se usan las acentuaciones: váyamos, quié-
ramos, véngamos, téngamos, séamos, hayamos, etc.; suelen oírse con
1 Amado Alonso, Cambios acentuales, Apéndice al tomo I de la Biblioteca de
Dialectología Hispanoamericana, Buenos Aires, 1930, pág. 363 y siguientes.
2 Eleuterio F. Tiscornia, La lengua de Martín Fierro, B D H, III, Buenos Aires,
1930, págs. 9-10.
3 T. Navarro Tomás, Manual de pronunciación española, New York, 1950,
pág. 196.
4 Cuervo, Apuntaciones, § 111.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 59
frecuencia entre personas cultas; también en el pueblo, que dice igual
mente háigamos. Estas acentuaciones se desconocen en la región cen
tral; no las he oído nunca ni en San Luis ni en Córdoba.
Estas dislocaciones acentuales han tenido extensión en España y
hasta las han usado algunos escritores del siglo pasado, y la Gramática
de la Academia de 1874 las censuraba; en la actualidad son formas
regionales que se registran en Andalucía, en dialectos leoneses y en
Galicia; en América tienen gran extensión, se dicen en todos los países
de habla española.1 En la Argentina las ha corregido en muchas partes
la escuela.
49 En la región central, en la andina y en la del noroeste, en el
uso del interrogativo qué con preposición, el acento se traslada a la
preposición; generalmente se amalgaman los dos elementos: énque,
conque, deque, porque; ¿Enque viajaron?, ¿No traen conque comprar?
¿No se sabe deque viven?, ¿Porque salieron?. En algunas partes se
oye también por qué alternando con porque. Estos cambios de acento
son corrientes en el habla rural y vulgar, pero se suelen oir también
en la conversación descuidada de las personas cultas. Creo que son
desconocidos en la región del Litoral.
5? Es muy frecuente, en todo el país, y en todas las clases sociales,
el uso de la conjugación sino con acento agudo, sino, seguramente por
confusión con el adverbio si no; no sé si en el interior, pero en Buenos
Aires la escuela se preocupa por imponer la forma correcta: No es el
padre, sino el hijo; No te pido sino que me atiendas.
6? Consideramos aquí sólo los casos particulares de cambios de
acento que tienen mayor extensión en el habla del país:
Intérnalo, telégrama, diploma y colega se oyen aún, tanto en el
Litoral como en el interior, en personas de edad, de todas las clases
sociales.
Méndigo, sincero, sólo se oyen entre las clases populares.
Sandia se dice en el habla rural, pero la escuela ha impuesto en
gran parte la forma correcta sandía.
Mama se dice aún entre las clases populares y campesinas; tam
bién, aunque raramente, se oye entre personas de edad, de familias
tradicionales; los jóvenes y los niños de todas partes usan la forma
1 Alonso, Cambios acentuales, págs. 345 a 349.
60 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
mamáP que es la ya impuesta por la lengua culta. Máma es la antigua
voz castiza, y en el interior se conserva como arcaísmo, pues, mamá
es un galicismo moderno introducido en España por los Borbones; la
voz mama, usada entre las clases populares de Buenos Aires, es un
italianismo.
LAS VOCALES
En el habla de la Argentina las vocales se articulan como en el
español general. Pocas son las discrepancias que podemos anotar.
En la región guaranítica, quizá por la influencia de la pronuncia
ción del guaraní,1 las vocales, tanto en la palabra como en fonética
sintáctica, se articulan con precisión muy clara. Como una excepción
en todas las clases sociales es corriente la pronunciación de las expre
siones Tascuela, Vasquina; la e muy abierta de la sílaba inicial es — se
funde con la a del artículo.
Desde la región central —Córdoba y San Luis— y central andina
—Mendoza y San Juan— hacia el norte, se observa una tendencia muy
clara al cerramiento de las vocales e, o, finales; pueden precisarse gra
dos diversos, que dependen de las palabras y también de la posición
de éstas en la frase, hasta el de oírse como i, u. Esta tendencia se
acentúa en las provincias del norte y es mucho más fuerte en las clases
populares y campesinas; es particularmente notable en Santiago del
Estero y en la Puna, en los límites con Bolivia, y desde luego, en los
hablantes bilingües, quichua-castellanos. Es común en los terminados
en ado, ido, en los que cae la diasáu (asado), recáu (recado), cansáu
(cansado); vestíu (vestido), veníu (venido)— en el Litoral se dice
asao, cansao, como pronunciación rural. Es mucho más frecuente en
fonética sintáctica, en la región central y parte de la andina, y así se
dice: Lu-hi visto (lo he visto); ¿Qui-hay desti hombre? (¿Que hay de
este hombre?); Pu-acá, pu-allá (Por acá, por allá, con caída de la r de
por); la forma verbal he, es siempre hi en el habla rural. La expresión
en vago esin firmeza ni consitencia o con riesgo de caerse’, en San Luis
y en la región central, en todas las clases sociales, se dice en van ( con
caída de la g), por ejemplo: La mesa está en vau. En el norte, parti
cularmente en Santiago y la Puna, se observa en palabras como mu-
1 Morínigo, ob. cit. pág. 57: . . . la sílaba en guaraní es siempre libre o trabada
por nasal en los únicos casos mh, ad, ng.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 61
chachu, pocu, muchu, frenti, entri, esti, etc. (muchacho, poco, mucho,
frente, entre, este). Esta tendencia debe de haber tenido mayor
profundidad en las provincias del norte, en donde se ha ido corrigiendo.
En los ambientes rurales es corriente el uso de la i como variante
fonética de la preposición de, en fonética sintáctica (cae la d, y la e
se cierra en i); poncho i lana, pasto i puna (poncho de lana, pasto de
puna). Son numerosos los casos que podríamos citar de este cambio
en la poesía popular y tradicional; así, el ejemplo del conocido villan-'
cico de Navidad: Niñito bonito — boquita i coral. En frases fijadas es
común oírlo entre las clases cultas; es corriente, entre los abogados
de Salta y Jujuy, la expresión trampa i zorro, para significar, metafó
ricamente, la trampa criolla a la ley.
En esta misma región se produce el cambio i por e inacentuada,
después de consonante palatal en casos especiales como: nochi (no
che), lechi (leche), cochi (coche), marchi (marche), y en la expre
sión a trochi y mochi (a troche y moche) que se la oye en todas las
clases sociales. Este cambio, en la región central y en la región cu-
yana, ha quedado como resto de un uso más general, arrinconado
en regiones muy rurales y apartadas; en el norte tiene mucha ma
yor vigencia, sobre todo en las clases populares y campesinas. Esta
pronunciación debe de ser común en Bolivia; Espinosa la ha regis
trado como fenómeno general en Nuevo Méjico (Colorado y Arizo-
n a )1. Es desconocido en el español general, y es posible que haya
sido apoyada por la fonética de las lenguas indígenas.
DIPTONGOS
Los casos de cambios fonéticos en diptongos, se dan todos en
la lengua rústica. En forma resumida, damos aquí los que tienen
mayor extensión en el país, teniendo en cuenta su importancia lin
güística. Se observan entre otros los siguientes:
1® En una gran extensión de la Argentina, de la que se exceptúa
Buenos Aires y su zona de influencia, la u del diptongo au se conso-
nantiza en palabras como: jabla (jaula), labrel (laurel), ábrora (au
rora), Abrelio (Aurelio). Tanto en las clases populares como entre
algunas personas cultas, se vacila en las pronunciaciones Paulo y
1 Aurelio M. Espinosa, Estudio sobre el español de Nuevo Méjico. Traducción
y notas de Amado Alonso y Ángel Rosenblat BDH, I, Buenos Aires, 1930.
62 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I' N I
Pablo, Paulino y Pablinv y sus correspondientes femeninos. Se dice
también taula (tabla), que, si bien es un arcaísmo, puede ser una
pronunciación regional debida a la alternancia jabla- jaula, Pablo -
Paulo. Esta pronunciación se observa también en el Paraguay, Chile,
Colombia y Nuevo Méjico 1.
29 Es general en el país la pronunciación rústica virgüela (vi
ruela) y cirgüela (ciruela), palabras en las que el diptongo desarrolla
un elemento consonántico; tienen gran extensión en el español dia
lectal de España y de América.
39 En gran parte del Litoral, de la región guaranítica y del nor
te, en el diptongo el, la e es muy abierta, y se oye casi como a, en
palabras como: ray (rey), vainte (veinte), azaite (aceite). En partes
del Litoral y de la región guaranítica, la a del diptongo ai) puede ser
más o menos palatal y oírse como e, en palabras como beile (baile),
neipe (naipe). Estos cambios se registran también en el español dia
lectal de regiones de España (Castilla y Andalucía)2 y de América.
49 En la pronunciación rústica de todo el país, el diptongo eu ini
cial se reduce a u, en palabras como Uropa (Europa), Ugenio (Euge
nio), Ulogio (Eulogio), ucalito (eucalipto). Son casos conocidos en
español popular de España y América.
59 El diptongo ue inicial, a veces medial, desarrolla una g en pa
labras como: güevo (huevo), güérfano (huérfano), güeco (hueco),
güeso (hueso), agüelo (abuelo). También se oyen ultracorrecciones
como: vuevo, vuérfano, vueco. Es pronunciación de las clases popula
res del país, pero a veces se oye en la pronunciación descuidada de
personas semicultas y cultas; ya ha sido muy corregida por la escuela.
Es arcaica en español y se oye aún en las clases populares de todo
el mundo Hispanoamericano.
VOCALES EN HIATO
. Tienen importancia, entre otros, los siguientes cambios de voca
les en hiato:
19 Las vocales iguales se reducen a una en formas de los verbos
creer y leer: crer, eremos, ler, lentos. Son pronunciaciones ya muy
1 Véase Amado Alonso, Consonantización de la ú, BHD, I, 401, y siguientes.
2 Navarro Tomás, Manual, pág. 53.
Bertil Malmberg, Études sur la phonetique de Vespagnol parlé en Argentine,
Lund, Copenhague, 1950; pág. 36.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 63
corregidas por la escuela; sólo se oyen en personas cultas de edad,
pues ya han pasado al habla de los rústicos.
2? Particular importancia tienen para la pronunciación de la Ar
gentina los siguientes grupos de vocales en hiato en los cuales se pro
ducen cambios de acento, de timbre y de sílaba:
a) Grupo ai: máiz (m aíz), ráiz (raíz), páis (país), paráiso (pa
raíso), tráido (traído), cáido (caído). Sólo en el Litoral y entre los
muy rústicos se oyen pronunciaciones como méiz, réiz, péis (maíz,
raíz, país).
b) Grupo ae: máistro (maestro), Rafáil (Rafael), Micáila (M i
caela), cairá (caerá), trairá (traerá), cay (cae), fray (trae), train
(traen). En pronunciación de semicultos del interior, suelen oírse las
ultracorrecciones traen, caé, por traen, cae. Sólo entre los muy rústicos
se oye en la actualidad mestro, trer, quer (maestro, traer y caer). La
palabra maestro es ya corriente entre los jóvenes y los niños.
c) Grupo ao\ dura y ara (ahora), augarse (ahogarse), dugo
(ahogo), oreado (ahorcado).
d) Grupo ea: lialtad (lealtad), tiatro (teatro), apiarse (apear
se), pasiar (pasear).
e) Grupo eo\ pior (peor), pión (peón), lión (león), priocupar
(preocupar), Lionardo (Leonardo), Liocadia (Leocadia); en pronun
ciación muy rústica se da veu (veo), feu (feo).
f) Grupo eí: réir (reir), réirrtos (reímos), fréir (freir), engréido
(engreído), incréible (increíble).
g) Grupo oa: almuada (almohada), tualla (toalla), cuágulo (coá
gulo), Juaquín (Joaquín).
h) Grupo oe: cuete (cohete), pueta (poeta).
En los siglos xviii y xix estas pronunciaciones ( pdis, pior, pueta)
aparecieron en el español general; eran el resultado de una tendencia
vulgar que se cumplió paralelamente en España y en América. Se ge
neralizaron en el habla del pueblo, también en el habla de la gente
culta y hasta fueron usadas por escritores y poetas. Una tendencia culta
reaccionó en contra de este vulgarismo. En España, la escuela y la
presión de la sociedad, con una firme tradición de cultura, consiguieron
el retroceso de estas pronunciaciones, que en la actualidad sólo se con-
64 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
servan, en pocos casos, en regiones de Castilla, Navarra, Aragón y
Cataluña. En América alcanzaron mayor extensión y profundidad. En
nuestro país han sido corrientes en el habla de personas cultas de fa
milias tradicionales hasta principios de este siglo, en que la escuela
inició su campaña para corregirlas. Muchas se han corregido ya hasta
er* el habla campesina —son corrientes, maestro, poeta, maíz, país—,
pero muchas más, seguramente por falta de una acción cultural enér
gica, se oyen en el habla corriente de las personas educadas. Es fre
cuente el uso de formas intermedias, y así se dice, por ejemplo, peón,
peor, teatro, con una e tan cerrada, que más se acerca a la pronuncia
ción vulgar ( pión, pior, tiatro) que a la correcta, y así las oyen quienes
no están familiarizados con nuestra pronunciación.
En América, estas pronunciaciones no se han usado nunca en regio
nes del Ecuador, Colombia y en el Paraguay. En la Argentina están
en este caso también, Corrientes, Misiones y el este del Chaco (Presi
dente Perón y Formosa) que forman con el Paraguay una misma zona
lingüística; allí se ha dicho y se dice correcta y claramente, peón, país,
cohete, teatro, etc. Posiblemente, como dice Amado Alonso,1 en este
hecho haya influido la pronunciación del guaraní, lengua de la región,
con su claro vocalismo. Recuerdo, como circunstancia importante, la
referida por Azara, citada en este trabajo, sobre la existencia de nume
rosas escuelas a fines del siglo xviii y a principios del xix, en el Para
guay y en Corrientes, en donde casi no había un jornalero que no supiese
leer y escribir. Es posible que esta cultura media rechazara la pronun
ciación vulgar de máiz, páis, pión, que precisamente en esa época se
extendió, y mantuviera la tradicional de maíz, país, peón. Cito un
dato que confirma este grado de cultura que mantuvo la región: allí
usan el verbo castizo soler hasta los campesinos analfabetos, mientras
que en el resto de la Argentina ha desaparecido no sólo del habla po
pular, sino hasta de la de las clases cultas, y se lo reemplaza por el
verbo saber: yo sé ir, se dice generalmente, mientras que el correntino
dice, yo suelo ir.
1 Amado Alonso, Cambios acentuales, pág. 326.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 65
LAS CONSONANTES
Consonantes fricativas
Pronunciación de s, c, z. — El seseo (s, c, z == s) es general en la
Argentina, como en toda la América hispana; la s americana es predor
sal y sorda aunque ofrece variantes, mientras que la s castiza es apical
y se sonoriza en contacto con consonante sonora; de esta s apical sólo
quedan restos en comarcas de las sierras del Perú y de Bolivia. En
España, el seseo se observa en Andalucía y Canarias, y en las clases
populares de Valencia, Mallorca, Cataluña y Vasconia. Según Amado
Alonso12 que ha investigado especialmente este proceso fonético, el
seseo apareció en América a fines del siglo xvi, y no fue importado
de Andalucía como se ha dicho, sino que se cumplió aquí paralelamen
te al de los andaluces y al de las otras regiones españolas. La extensión
y la antigüedad de este fenómeno lingüístico han influido para que en
el mundo hispano se lo considere como pronunciación normal de estas
regiones, dentro del español general; Navarro Tomás, la máxima auto
ridad de la fonética española, dice al respecto: “La opinión general en
Castilla acepta el seseo andaluz e hispanoamericano como modalidad
dialectal que los hispanoamericanos y andaluces pueden usar sin reparo
hasta en los círculos sociales más cultos y escogidos” 1.
La pronunciación de la s en la Argentina presenta las siguientes
variedades:
l? La s bien mantenida.
2P La s aspirada.
39 Pérdida de la s.
4° La s tensa y silbante.
5? Ceceo.
En el mapa N? 5 de la pronunciación de la s he determinado la
extensión geográfica de estas variedades; en casos como el del ceceo, ya
muy disperso, no ha sido posible hacerlo 3*.
1 Amado Alonso, La pronunciación americana de la z y de la c en el siglo XVI,
Universidad de la Habana, N9 23, marzo - abril de 1930, págs. 62 a 83.
2 Navarro Tomás, Manual, pág. 94.
3 Ceceo: igualación del sonido de la c, la z y la s en el sonido de la c castiza,
la de la correcta pronunciación española, nq la andaluza ni la americana.
66 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
1? Se tiene por tradición en la Argentina que la mejor pronuncia
ción de la s corresponde a la de Buenos Aires y su zona de influencia —
la s de los porteños. Vale ésto para la pronunciación de las personas
cultas de las familias de más antiguo arraigo en la región, pues en las
clases populares sólo en parte se ha conservado esta tradición. La s de
Buenos Aires se extendió a toda la gran zona sur que desde su centro
se colonizó a principios de este siglo.
2? La s aspirada. Se observa en los siguientes casos: final de sí
laba, inicial de palabra, en la partícula des inicial de palabra.
a ) La s final de sílaba, aspirada, comprende una zona muy extensa
del país, de la más antigua colonización: el noroeste de Buenos Aires,
el norte y oeste del Neuquén, Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, San Luis,
Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta, Jujuy y
oeste de Presidente Perón y Formosa. Son muy diversos los grados de
aspiración de la s, que se observa en las distintas regiones; en el norte
se aspira menos que en Cuyo y en la región central; en Buenos Aires
también en las clases cultas, se observa la aspiración de la s final de
sílaba, ante ciertas consonantes, generalmente k y t: bohque, ehta.
b) La s inicial aspirada se observa en casos aislados ( hi-heñor)
y en pocas palabras, sólo en las clases campesinas de la región guara-
nítica y a lo largo de la región cordillerana —se observa con mayor
frecuencia en Chile y en el Paraguay—; es pronunciación con franca
tendencia a desaparecer.
c) La s aspirada de la partícula des-, inicial de palabra y seguida
de consonante. Desde el norte de San Juan hasta la Puna —la región
que llamamos del noroeste— y en medios rurales, se aspira la s (casi
siempre con intensidad llamativa) de las palabras que comienzan con
des-: dehayuno, dehensillar, dehatento, dehenredar, dehocupar, etc. E s
ta pronunciación se suele oir hasta en las personas cultas de la zona
rural. El hecho de que la aspiración alarga sensiblemente la vocal inme
diata, da a la palabra fisonomía extraña; la aspiráción ante consonante,
dehtornillar, dehcansar, igualmente corriente, no produce esta im
presión.
3? Pérdida de la s. En dos zonas distintas y por diversas causas,
se pierde la s final de palabra, a veces también final de sílaba interior:
a) En la zona guaranítica existe la tendencia general y muy mar
cada a no pronunciar la 5 final de palabra, y en muchos casos, la final
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 67
de sílaba interior; sólo en las personas cultas, de pronunciación muy
cuidada, no se observa, pero aparece en la conversación descuida
da. Cuando se pronuncia la s, se la aspira, como en el interior
del país. En el mapa se ha marcado con una línea cortada la zona de
pérdida más intensa de la s; sin embargo, en Resistencia y en Formosa,
por influencia de Buenos Aires, se tiende a su mejor pronunciación.
Hay, sin duda, influencia del guaraní, que carece de terminación para
el plural, en esta tendencia regional, común también al español del
Paraguay.
b) En las clases populares de Buenos Aires se advierte una franca
tendencia a la supresión de las eses finales de palabra, y a veces a las
finales de sílaba interior: depué; suele alcanzar a la pronunciación de
los semicultos y con menos frecuencia a la de los cultos, de familias
no tradicionales. Se advierte que esta tendencia adquiere cada vez ma
yor arraigo; es, sin duda, italianizante. Desde Buenos Aires, aunque
con menos intensidad, se ha ido extendiendo hacia su gran zona de
influencia. También en Santa Fe y en Entre Ríos, en donde las clases
populares aspiran las eses, se observa ahora, tendencia a la supresión
de las eses, particularmente en los descendientes de italianos.
Casos aislados de supresión de las eses finales se observan en co
marcas de la región andina del norte, en donde se han establecido
colonos extranjeros.
4° En Santiago del Estero se pronuncia una s típica, muy tensa
y silbante, que comúnmente llamamos en el país ese santiagueña. Su
característica sobresaliente se destaca en posición final de palabra y
en final de sílaba, ante consonante: usted, casco, isla. Esta s debió tener
mayor extensión en las provincias del norte: aún se advierte su pro
nunciación, en posición interior —final de sílaba ante consonante— en
comarcas de Catamarca, y muy especialmente en Fiambalá, y en una
extensa zona de la Puna jujeña, y parte del oeste de Salta, que abarca
San Antonio de los Cobres. Se observa también entre los numerosos
bolivianos radicados en estas provincias. La s final aspirada, con aspi
ración suave, ha invadido ya esta comarca y también ha penetrado el
oeste y parte del sur de Santiago, por influencia de Tucumán y Cór
doba. Las personas cultas de Santiago, sobre todo las que con frecuen
cia salen de la provincia, tienden a atenuar el siseo llamativo de su
hablar regional, seguramente por reacción ante el comentario irónico
68 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
de los de afuera. La se conserva con su tensión típica en la zona
más quichuizante de Santiago, la'que se extiende entre los ríos Salado
y Dulce, la de Loreto, Atamisqui y Salavina. Es muy posible que esta
tensión de la s santiagueña se deba a influjo indígena.
59 El ceceo. Se ha afirmado invariablemente que, en la pronun
ciación del español de América y por supuesto de la Argentina, no
existía el ceceo (s,c,z, — c). Yo lo he observado en zonas rurales de la
provincia de Buenos Aires, de Santa Fe, de Corrientes y en Entre Ríos.
En la provincia de Buenos Aires cecean los viejos criollos campesinos
de los antiguos pagos, como los de Areco, Arrecifes y Lujan. Tengo
noticias de que hasta hace cuarenta años el ceceo era frecuente en los
peones criollos de la provincia. '
En Santa Fe también lo he observado entre hombres de más de
cuarenta años, de viejas familias criollas, de comarcas como la de Santa
Rosa. En Corrientes lo he observado en casos dispersos, muy mezclados
con la supresión, y a veces aspiración de la s. Entre Ríos es la región
argentina en donde el ceceo se mantiene con toda vitalidad y en una
extensa zona. En Corrientes y en Santa Fe dicen que los entrerrianos
son ceceosos. Aunque en toda la provincia de Entre Ríos se reconocen
casos de ceceo, el fenómeno fonético ocupa una extensa zona unida,
interior, que va de norte a sur, ocupando la región agrícola ganadera
de la provincia. Allí el ceceo es general entre los hombres, lo mismo
que entre los niños; lo he oído en algunos maestros, quienes me han
informado, a veces, que necesitan cuidar su pronunciación para no ce
cear. Entre las mujeres es muy raro; sólo en estancias de Federación y
de Feliciano lo he oído en mujeres. Entre los niños de las escuelas es
corriente oir cecear a los varones, pero no a las niñas. Por la forma en
que se presenta el ceceo, en la actualidad, hace suponer que ocupó
zonas campesinas de alguna extensión en Buenos Aires y Santa Fe, y
que fué desalojado por la población extranjera y sus descendientes, que
no lo incorporaron a su pronunciación del español. Fué, seguramente,
un rasgo de ruralidad, pues, las mujeres lo han ido desechando de sus
hábitos lingüísticos. Está en franco retroceso y sólo en Entre Ríos
persistirá por algún tiempo.
Es sabido que el ceceo es fenómeno típico de comarcas meridio
nales de España, de Andalucía; no se había registrado haste este mo
mento en América.
5
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 69
El grupo sb. El paso regular de sb a / se observa en voces como
refalar, refalón. De ahí el nombre de nuestra danza popular, la refalosa.
Es pronunciación rústica; pocas veces se oye entre cultos.
El grupo sg. El cambio sg > j se suele oir, tanto entre personas
del pueblo como entre personas cultas: dijusto (disgusto), rajar (ras
gar), rajuñar (rasguñar), arrie jado (arriesgado), etc.
Aspiración de la h. Son comunes en todo el país los casos de anda
lucismos generalizados, jolgorio, juerga, jopo. En comarcas de Salta,
Jujuy y Tucumán se dan, entre campesinos, casos raros de aspiración
de la li como jurgar (hurgar), jablar (hablar), jaba (haba).
Pronunciación de fue, jue. Es regular en el habla popular, más
aún en la campesina, el cambio f > j; juerza, juerte, jue. Difícilmente
se oye entre personas cultas del interior, en el hablar descuidado.
Laterales y vibrantes
Pronunciación de la rr. Dos tipos de rr múltiple se observan en la
pronunciación de los argentinos, perfectamente diferenciados por todos:
la rr vibrante, castiza, de Buenos Aires y su zona de influencia, y la
rr asibilada, dialectal, del interior; la rr de los porteños y la rr de los
provincianos, según la exposición corriente.
La pronunciación de la rr vibrante se mantiene en la ciudad de
Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires, la parte sur y central de
Santa Fe, y la región del sur, colonizada modernamente desde Buenos
Aires (Eva Perón y la Patagonia). Alterna con la rr asibilada, en parte
del este de Córdoba, en el Norte de Santa Fe, en Resistencia y en
Formosa, en donde residen pobladores originarios del sur.
La pronunciación de la rr asibilada se observa en el norte de Santa
Fe, en Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Presidente Perón, Formosa, San
Luis, Córdoba, Mendoza, norte del Neuquén, San Juan, La Rioja, Ca-
tamarca, Tucumán, Santiago del Estero, Salta y Jujuy. En Tierra del
Fuego y a lo largo de la Cordillera, al oeste del Neuquén, alternan
las dos pronunciaciones, pues son numerosos los pobladores chilenos
allí establecidos, que pronuncian la rr asibilada.
Nuestra zona de rr dialectal continúa, más allá de las fronteras, en
la gran zona americana de rr asibilada de la que forman parte el
70 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
Paraguay, Bolivia y Chile. La República del Uruguay, en cambio,
prolonga la zona de la rr vibrante de Buenos Aires.
Según se infiere de la observación del mapa (véase el mapa N? 6),
la zona de la rr asibilada es algo más extensa que la de la rr vibrante;
esta diferencia fue mucho mayor en la época de nuestra organización
nacional. La zona de la rr vibrante a fines del siglo xix comprendía
la jurisdicción de Buenos Aires, que se extendía sólo hasta el Salado,
y el sur y centro de Santa Fe; se extendió hacia el sur después de
La Campaña del Desierto.
Buenos Aires es el centro de la pronunciación tradicional de la rr
vibrante. Los provincianos del interior adoptan, con mayor facilidad
el yeísmo rehilado, que la pronunciación de la rr vibrante, y la escuela
no ha demostrado interés en imponerla, a pesar de ser éste uno de
los rasgos más castizos del habla de Buenos Aires.
La rr asibilada, que se debe a ‘ proceso de relajación espontánea”, 1
es también pronunciación de las provincias del norte de España, Na
varra, Aragón, Alava y Rioja.
Palatales
Pronunciación de ll, y. La pronunciación moderna de la ll y la y,
en el español de la Argentina, ofrece variedades de particular interés.
Establecer con toda la precisión posible las zonas geográficas que co
rresponden a estas pronunciaciones, ha significado una tarea de inves
tigación en el terreno, larga, complicada y difícil. La hemos realizado
lo mejor que nos ha sido posible. Para iniciar su estudio, consideramos
dos grandes categorías de extensiones lingüísticas:
1 ° Zonas que pronuncian ll, y, diferenciándolas.
2 ? ¿onas que igualan ll, y, en una misma pronunciación.
Véase el mapa N® 7.
1 Lapesa, ob. cit., pág. 324.
1 Yeísmo: pronunciación de la ll y de la y como y castiza. Yeísmo rehilado:
pronunciación de la ll y de la y como y reilada. Rehilamiento se llama en Filo
logía a esa especie de temblor y zumbido con que se pronuncian ciertas letras,
como la y de los porteños; la y de los provincianos del interior es la verdaderamente
castiza.
V
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 71
l 9 Las zonas que diferencian ll, y, son tres, relativamente poco
extensas:
a) La región guaranítica que comprende: Corrientes, Misiones y
este del Chaco (Presidente Perón y Formosa).
b) La zona cordillerana que comprende el norte de San Juan y
parte del norte y oeste de L a Rioja, comarcas del oeste de Catamarca,
y el extremo norte de Jujuy, cuyo centro es La Quiaca.
c) La provincia de Santiago del Estero, con una proyección ha
cia el noroeste del Chaco.
29 Las zonas que igualan B, y, son también tres, y las más extensas:
a) La zona de yeísmo rehilado del Litoral que comprende: la ciu
dad y la provincia de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, con excepción
de una reducida extensión del nordeste, una extensión reducida del
sudeste de Córdoba, la Pampa y la Patagonia, con excepción de algu
nas comarcas del Neuquén.
b) La zona de yeísmo rehilado del norte, que tiene como centros
las ciudades de Tucumán y Salta, comprende: casi todo el territorio
de Tucumán, con excepción de parte del oeste en los límites con Ca
tamarca, comarcas del centro y norte de Salta y del sudeste de Jujuy.
c) La zona de yeísmo del interior que comprende: comarcas del
oeste del Neuquén, Mendoza, San Juan, con excepción del extremo
norte, San Luis, gran extensión del centro y norte de Córdoba, el sur
y el este de La Rioja, el oeste de Tucumán, Catamarca, con excepción
de comarcas del oeste, gran parte de Salta, incluyendo el oeste y los
valles calchaquíes, y la casi totalidad de Jujuy.
1? Zonas que diferencian ll, y (véase el mapa N9 8).
a) La zona guaranítica forma parte de una zona muy extensa, que
comprende también el Paraguay. Conserva tradicionalmente la pro
nunciación de la ll castiza ( 1 ) en todas las clases sociales. En el extre-
V
mo sudeste de Corrientes, en la zona de Monte Caseros, se dan casos de
yeísmo rehilado por la proximidad de Entre Ríos, generalmente en per
sonas que han estudiado en Concordia, pero la ll tradicional se mantie
ne. En Misiones y en Presidente Perón, y mucho menos en Formosa,
también se dan casos de yeísmo rehilado entre funcionarios y pobladores
que proceden de las zonas yeístas del sur, sobre todo de Buenos Aires.
En toda esta zona y muy particularmente en Formosa y Misiones, se ra-
72 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
dican y se han radicado desde la época colonial numerosos pobladores
paraguayos,1 quienes contribuyen a mantener los rasgos lingüísticos
A
típicos de la región. La y de la zona guaranítica es africada sorda ( y );
se considera esta pronunciación como un sustrato indígena, del guaraní,
lengua que se habla en toda la zona.
b) En esta zona cordillerana se pronuncian la l l ( 1 ) y la y (y)
V
castizas; en la ciudad de La Rio ja- aún se oye esta pronunciación, pero
tiende a perderse; la ciudad de Catamarca es yeísta, y con ironía lla
man, de los departamentos, a los catamarqueños que proceden del
oeste y pronuncian la ll; esta circunstancia ha influido y va a influir
en la reducción de esta pronunciación castiza; en la actualidad debe de
tener una extensión mucho menor que la que tuvo al principio del
siglo. En La Quiaca, en Yavi, y en gran parte del departamento de
Santa Catalina (Jujuy), se pronuncian también la ll y la y castizas; la
proximidad de Bolivia, y los numerosos bolivianos establecidos en la
región, contribuyen al mantenimiento de esta pronunciación.
c) En la provincia de Santiago del Estero la ll se pronuncia como
V
y rehilada (ll — z), pero la y conserva su sonido castizo (y = y). Se
trata de la conservación de un fenómeno fonético muy antiguo, una
reliquia filológica, según Amado Alonso que lo ha estudiado en su
admirable trabajo, La ll y sus alteraciones en España y América; 2
sólo en dos lugares más, de América, se conserva: en una zona exten
sa del Ecuador3 y en Orizaba (Méjico). Según Alonso, aclara el pro
ceso moderno del yehísmo rehilado que debió cumplirse primero
en la ll.
29 Zonas de igualación.
a) Yeísmo rehilado del Litoral. En la gran zona del Litoral cuyo
A
centro es Buenos Aires, es general el yeísmo rehilado, (ll, y — z ); en
la ciudad de Buenos Aires y también en los pueblos de la provin-
- . - ■■ •' - • ■■■ V V
cia de Buenos Aires, se oyen variantes ensordecidas (s, z), particular-
1 El censo de 1947 da la cifra de 93.248 paraguayos residentes en la- Argentina,
pero en la actualidad es mucho mayor; la cifra ha aumentado considerablemente
después de la última revolución del Paraguay.
2 Estadios dedicados a Menéndez Pidal, II, Madrid, 1951, págs. 41 a 89.
3 Peter Boyd-Bowman, sobre la 'pronunciación del español en el Ecuador en,
NRFH, homenaje a Amado Alonso, Año VII, Nos. 1-2, 1953, págs. 224-5.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 73
mente entre los jóvenes; comenzaron por ser esporádicas, pero en los
últimos tiempos han alcanzado cierta extensión.1*
En la ciudad de Córdoba y en su zona serrana de turismo, por
las frecuentes comunicaciones con Buenos Aires y por la afluencia
y permanencia de porteños, se ha propagado el yeísmo rehilado, pero
prevalece el yeísmo en la gran masa de la población; se ha impuesto,
sí, el yeísmo rehilado, en una extensa zona del sudeste colonizada por
colonos extranjeros procedentes de las colonias de Santa Fe, y por la
proximidad y comunicaciones estrechas con Buenos Aires y Eva Perón.
Por razones semejantes de influencia del Litoral, el yeísmo rehilado
se observa en cierta parte de la población de las capitales de provin
cias, como en Mendoza, pero sigue dominando en la población nativa
el yeísmo del interior.
b) Zona del yeísmo rehilado del norte. — En el yeísmo rehilado
de gran parte de Tucumán y el de comarcas de Salta y Jujuy hay, sin
duda, influencia de Buenos Aires y del Litoral particularmente en el
de los centros de intensa industrialización, por procedencia de parte
de sus pobladores —los del oeste de Jujuy, los del norte de Salta.
Pero, es posible también que el yeísmo de la ciudad de Salta y su
zona inmediata de influencia, y sobre todo el de Tucumán, el más
extendido y que se observa hasta en personas de 70 años, se deba a un
cambio espontáneo, como el de otras regiones de América y de España.
C ) Zona deí yeísmo del interior. — Es general la igualación de ll,
y, con el sonido de la y (ll, y = y). En algunos lugares la pronuncia
ción de esta y es muy débil y cae ante i o e, en algunas palabras,: cuchío
(cuchillo), apeído (apellido), estrea (estrella).
Para relacionar nuestras áreas geográficas de la pronunciación
de ll, y, con los países vecinos de habla española, véase el mapa* N9 9;
para los tres tipos de pronunciación de y del español de la Argentina,
véase el mapa N9 10.
1 Para este ensordecimiento véase: Alonso Zamora Vicente, Rehilamiento porteño,
en Filosofía, Año I, 1949, N9 1. Buenos Aires. Ana María Barrenechea, reseña a la
obra de Bertil Malberg, Étude sur la phonétique de Vespagnol parlé en Argentine,
en Filosofía, Año III, 1951, núms. 1-2. Buenos Aires. Juan Corominas, Para la fecha
del yeísmo y del lleísmo, en Nueva Revista de Filosofía hispánica, Año VII, 1953,
núms. 1-2, México.
74 B E R T A E L E N A V I D A L . DE B A T T I N I
El yeísmo es fenómeno dialectal de ciertas regiones de España,
en donde tiende a propagarse; se observa: en el habla popular y
media de Madrid, Toledo, Ciudad Real, Andalucía, Extremadura y las
Canarias; en el resto de la península se conserva la ll castiza y su di
ferenciación de la y. En América se observa el yeísmo en, el Uruguay,
la parte central de Chile, islas del Caribe, Venezuela, la costa de
Colombia, Centroamérica y Méjico; en el resto del continente se con
serva la tendencia distinguidora, ll, y.
El yeísmo es, en todas partes, un cambio moderno; se propaga
desde las ciudades hacia el campo; la pronunciación campesina es
más conservadora y mantiene con mayor firmeza la pronunciación
castiza de la ll.
Las máximas autoridades de la lengua recomiendan la práctica
de la ll castellana, por ser la tradicional, porque responde a la distin
ción ll, y, y por que es pronunciación viva en la mayor extensión de la
lengua general1.
Morfología y sintaxis
Aunque este trabajo, que es nuestra primera contribución al es
tudio del español en la Argentina, está dedicado especialmente a
la pronunciación, he creído necesario incluir algunos temas de mor
fología y sintaxis, que ofrecen interés particular en nuestra lengua
nacional.
E l voseo
El voseo es general en el español de la Argentina. El vos ha reem
plazado al tú en toda la extensión de nuestro territorio. El uso del tú
es el único rasgo castizo que no tiene ya extensión geográfica. Su
uso es accidental: se observa en familias tradicionales, particular
mente de Buenos Aires y más en las personas de edad, que en los jó
venes; en familias tradicionales del interior, en las mismas condicio
nes; en ciertas comarcas en donde se han agrupado familias españolas,
pero ya los hijos criollos tienden a usar el vos general; en Tierra del
1 Alonso, La ll y sus alteraciones, pág. 41.
6 4 O0 < * & 6 O # 56 ° 52°
■ 80° «59 76° 72° 68° 64°0<*&6Q° .56°' 52
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 75
Fuego, entre familias chilenas y generalmente en sus descendientes
argentinos.
En español antiguo el vos fue tratamiento usado entre iguales y
en confianza —otro es el uso del vos de respeto. En el siglo xvi, el
vos fue reemplazado por el tú, en el español general. En América, este
cambio se cumplió en las clases cultas, mientras que el vos, entre otros
arcaísmos, se conservó en las clases populares. Entre estos casos está
el de la Argentina. Fácilmente puede documentarse el uso del tú en
tre personas cultas, en documentos de la intimidad, como en cartas,
hasta la época de la anarquía. Los acontecimientos políticos conocidos
de esta época favorecieron la entrada de muchos vulgarismos en la
lengua de las clases cultas, como el del uso del vos; la falta de una
enérgica reacción de la escuela y de la sociedad contribuyeron a la
imposición total.
También en el siglo xvi fueron desechadas del español general,
por anticuadas, las formas verbales de segunda persona del plural y
los imperativos que usamos con el vos: sos, cantéis, sabes, comes, andá,
poné, decí. En las provincias del norte, tanto entre las clases cultas
como entre las populares, con frecuencia se advierte el uso de las
formas verbales correctas. En Santiago del Estero, hasta entre campe
sino analfabetos, es corriente y general el uso de formas como sales,
vienes, comes, y los imperativos vete, dile.
Junto al pronombre tú se han perdido también, la forma ti y el
pronombre vosotros que, hasta en la oratoria se reemplaza por uste
des, caso extendido también en América.
Problema semejante, pero no igual, ofrece el uso del vos y el
de sus formas verbales en Hispanoamérica; véase el mapa del voseo
que, en 1930, publicaron Tiscornia y Henríquez Ureña (mapa N° 11).
La generalización absoluta del voseo, fuera de los pequeños países
de Centroamérica, sólo se observa en la Argentina, y, aunque con
cierta alternancia del tú, en el Paraguay y el Uruguay, que formaron
parte de su territorio y pertenecen a la zona lingüística del Río de
la Plata. En toda América está en vías de desaparecer o de quedar
relegado, como en Chile, al habla popular de algunas regiones. Así
lo confirma Rosenblat:1 “El voseo, que estuvo a punto de triunfar en
1 Rosenblat, La lengua y la cultura de Hispanoamérica, pág. 10.
76 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
España en los siglos xv y xvi, que fue desterrado tempranamente de
Méjico, el Perú y las Antillas, se encuentra hoy en casi todo el resto
de América en pleno retroceso”. La reacción culta de la Argentina
que debe desalojarlo, tarda en llegar, a pesar de protestas violentas
como la de Capdevila1 y la de Américo Castro2.
E l uso de no más
En el español de la Argentina la expresión no más tiene, aparte
de su uso castizo, usos muy variados que no siempre es fácil deter
minar con precisión, pues en la mayoría de los casos sólo se trata de
leves matices significativos o expresivos. Con nombre, equivale a "sola
mente5 como en la lengua general: Saqué veinte libros no más; Al niño
no más llamaron; en la Argentina lo usamos además con verbo y ad
verbio, casos en los que su sentido desaparece; son expresiones inco
rrectas: Me va así nomás ‘regular; Así no más es precisamente5; Porque
sí no más "sin razón5; Déjelo así no más "de ese modo o en esa forma5;
Entre no más "sin reparo5, etc. Este uso es común a todas las clases
sociales.
E l uso de recién
El uso de recién antepuesto a otros adverbios de tiempo y a ver
bos personales se ha generalizado en el español de la Argentina, en
todas las clases sociales; podemos citar muchos casos de este uso entre
nuestros escritores. Junto al uso correcto, antepuesto a participio: re
cién venido, recién nacido, se oyen expresiones incorrectas como éstas:
Recién mañana vendrá; Recién en 1820 se publicó; Recién se va; Cuan
do llueva, recién vamos a sembrar.
1 Arturo Capdevilla, Babel y el castellano, Buenos Aires, 1945; Despeñaderos
del habla, Buenos Aires, 1952.
2 Américo Castro, L a peculiaridad lingüística.
Extensión geográfica de! vos g de! tú
Mapa de £ F Tiscornia y P. Henriquez Ureña
,Uso general del vos . . . .
Uso general riel hú
Uso del vos y del tú, con 1
preponderancia del t ú ..... /
Lenguas extranjeras........... ....... __ □
(1).Observación •Según nuestra in vestigació n e l tú
alterna con el vos en una región de la Argentina
(Tierra del ruego) y en regiones del Uruguay (D(°
M aldonado) y d e l Paraguay (Asunción).
140 80* OdeGr 60°
RECOMENDACIONES
No existe en la Argentina una región geográfica que, considerada
en la integridad de su haber lingüístico, podamos citar como ideal
para la enseñanza escolar, pero los rasgos castizos de más auténtica
dignidad idiomática han sido conservados por tradición en unas o en
otras de sus regiones. Así lo comprobamos en este trabajo y, basándo
nos en él —y siguiendo el orden de su exposición—, aconsejamos a los
maestros :
1. Usar ojalá como exclamación y con acento agudo: ¡Ojalá
lloviera!; como se usa generalmente en el Litoral.
2. No acentuar los pronombres enclíticos con formas verbales;
dígase: dígamelo, poniéndose, dárselo; como se oyen en personas cul
tas de pronunciación cuidada, en el Litoral.
3. Cuidar, en las regiones del interior en donde corresponda,
la pronunciación del interrogativo qué con preposición: No tengo en
qué guardar; no tengo con qué comprar; como dicen los argentinos
cultos de todo el país.
4. Pronunciar con acento grave las formas verbales: vayamos,
tengamos, seamos, hayamos, etc. ( vayámos, seámos, etc.); como en la
región central, y como las pronuncian las personas cultas, en general.
5. Pronunciar como átona y no con acento agudo la conjunción
sino: No es blanco, sino negro; como lo pronuncian las personas cultas,
de pronunciación cuidada del Litoral.
6 . Corregir las palabras que en la región o el lugar se pronun
cien con acentuación anticuada o rural; dígase: telegrama, intervalo,
mendigo, sincero, etc., como las dicen todos los argentinos cultos del
país.
7. Corregir, en cada región, las pronunciaciones rurales que co
rrespondan a los diptongos tratados: laurel, viruela, veinte, aceite, bai-
78 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
le, huérfano, etc.; como las pronuncian los argentinos cultos y semi-
cultos de todo el país.
8 . Imponer la pronunciación de las vocales en hiato, en forma
clara y distinta, y mantener el acento en palabras como: maíz, traer,
peor, león, almohada, cohete, pasear (y todos los verbos terminados
en ear), etc.; como se pronuncian en la provincia de Corrientes y se
oyen entre las personas cultas de pronunciación cuidada.
9. Pronunciar con idéntico* sonido h y v, como corresponde
en español y como pronunciamos todos en la Argentina.
10. Pronunciar en forma clara y correcta la s, en cualquier posi
ción que tenga en la palabra, como la pronuncian las personas cultas
de Buenos Aires y cuidadosas de su pronunciación. Al sonido de la s
corresponde entre nosotros, el de la c y el de la z, pronunciación ad
mitida por las autoridades de la lengua (seseo americano).
11. Corregir la pronunciación del grupo sg, a veces descuidada
hasta en las personas cultas: disgusto, rasguño, sesgo, etc.
18. Corregir la pronunciación rural del grupo fue que se trans
forma en [Link], fuego, afuera, etc.
14. Imponer en todo el país la pronunciación de la rr vibrante
de Buenos Aires y de zonas del Litoral y del sur, que es la castiza,
cuya pronunciación se ha relajado en el interior.
15. Imponer, en todo el país, la pronunciación que diferencia
los sonidos de la U y de la y, como corresponde en nuestra lengua;
pronunciar la ll castiza como en Corrientes, la región guaranítica, la
región cordillerana de San Juan, La Rioja, Catamarca y el norte de
Jujuy; pronunciar la y como en las provincias del interior, La Rioja,
Córdoba, San Luis, por ejemplo (no es i, como la oyen los porteños,
aunque se asemeje; es el sonido que le dan los castellanos); el sonido
de la y de los porteños y el de la y de la región guaranítica no son
castizos, sino dialectales.
16. Imponer, en todo el país, el uso del tú, y desechar el vos que
es una de las peculiaridades más vulgares del habla de los argentinos,
y de las más censurables, como lo hacen las naciones más cultas de
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 79
Hispanoamérica y lo usaron nuestros antepasados hasta después de
nuestra independencia política; sólo la escuela podrá imponerlo, for
mando el hábito de su uso.
17. Imponer el uso de los verbos que corresponden al pronombre
tú, desechando las formas anticuadas; dígase: tú sales, tú vienes, tú
cantas; dile tú, vete, márchate; como se suelen oír a lo largo de la
Cordillera y en Tierra del Fuego, y las formas verbales como aún las
dicen en Santiago del Estero; se trata de un problema de educación,
la formación de un hábito lingüístico correcto.
18. Imponer el uso correcto de no más como equivalente de ‘so
lamente’: Asistieron veinte niños no más; los otros son usos rurales.
19. Usar recién solamente acompañado de participio: recién na
cido, recién venido, recién cortado; los otros son usos regionales.
El maestro observará y corregirá en cada región, en cada comar
ca, en cada lugar, los usos que no correspondan a las normas de la
lengua culta; los regionalismos deben quedar para el habla de la in
timidad, pero el niño debe saber distinguirlos. Un buen diccionario y
una buena gramática de la lengua —preferentemente los de la Aca
demia Española— deben figurar en la biblioteca de cada escuela; el
libro debe ser el mejor compañero del maestro, más necesario cuanto
más lejana la escuela.
Para los maestros que tengan interés particular en los proble
mas lingüísticos, agregamos a continuación una bibliografía prepara
da especialmente para este fin por el Profesor Belisario Fernández.
OBSERVACIONES
—L as categorías de esta bibliografía no son rigurosas. Han
sido establecidas con criterio sistemático para facilitar la orde
nación de obras especializadas conforme a los intereses del tema.
—Algunas obras, no obstante su ordenación, responden sa
tisfactoriamente a los conceptos enunciados en las dem ás cla
sificaciones.
—Los títulos señalados con un asterisco ( * ) corresponden
a obras justificadas como indispensables para un conocimiento
mínimo del tema.
—Cuando una obra lia sido incluida en la bibliografía tenien
do en cuenta el interés que suscitan aspectos parciales de la m is
ma, esta circunstancia es señalada en su correspondiente obser
vación.
—D e los artículos aparecidos en diarios, revistas y otras pu
blicaciones similares, han sido incluidos solamente los que corres
ponden al “Boletín” de la Academ ia Argentina de Letras. E sta
excepción ha sido observada teniendo en cuenta la fuente y la
índole de las colaboraciones, así como las dificultades que entra
ñaría la búsqueda de un material tan profuso y disperso como
el de esta especialización.
I. - CONOCIMIENTO Y TEORIA
a) Parte general
* Academia Española. — Gramática de la lengua española. Madrid, 1931.
* Alonso (Am ado) y Henríquez Ureña (Pedro). — Gramática castellana (2 to
mos). Buenos Aires, 1938 y 1939.
Alonso, Amado. — Intereses filológicos y intereses académicos en el estudio de
la lengua. “Boletín de la Academia Argentina de Letras. Tomo I, N9 1
(Enero-marzo de 1933). Buenos Aires.
Álvarez, Juan. — ¿A quién corresponde el gobierno de nuestro idioma? “Boletín”
de la Academia Argentina de Letras. Tomo XII, N9 43 (Julio-septiembre de
1943). Buenos Aires.
fíanchs. Enrique. — Averiguaciones sobre la autoridad en el idioma. Separata del
del “Boletín” de la Academia Argentina, de Letras, Tom.o XII, N9 45. Bue
no Aires, 1943.
Bello, Andrés. — Principios de la ortología y métrica de la lengua, castellana.
(En “Opúsculos gramaticales” , Tomo VIII de obras completas). Santiago
de Chile, 1933.
Bello, Andrés. — Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los ame
ricanos. Notas de Rufino J. Cuervo. ParL, 1911. 1
Bello, Andrés. — Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los ame
ricanos. Edición anotada por Felipe Robles Dégano. Madrid, 1921. 1
Capdevila, Arturo. — Babel y el castellano. Buenos Aires, 1940.
Castro, Américo. — La peculiaridad lingüística rioplatense y su sentido histó
rico. Buenos Aires, 1941.
Castro, Américo. — Lengua, enseñanza y literatura. Madrid, 1924.
Cuervo, Bufino José. — Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bbgotano con
frecuentes referencias al de los países de Hispano-América. Bogotá, 1939.
Herrero Mayor, Avelino. — La función estética del lenguaje. (Contribución al
estudio de la expresión popular porteña). Buenos Aires, 1932.
Herrero Mayor, Avelino. — Lengua, diccionario y est:lo. Buenos Aires, 1938.
Isaza , Emiliano. — Diccionario de conjugación castellana. París, 1900.
Menéndez Pidal, Ramón. — Cactilla. La tradición. El idioma. Buenos Aires, 1945.
Menéndez Pidal, Ramón. — El idioma español en sus primeros tiempos. Buenos
Aires, 1942.
Menéndez Pidal, Ramón. — La lengua española. Buenos Aires, 1924.
Menéndez Pidal, Ramón. — Manual de gramática histórica española, Madrid, 1941.
1 Véanse las notas indicadas en el subtítulo,
34 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
Menéndez Pidal, Ramón. — Orígenes del español. Estado lingüístico de la pen
ínsula ibérica hasta el siglo XI. Madrid, 1929.
* Montan, Pedro Felipe. — Diccionario etimológico de la lengua castellana, prece
dido de unos rudimentos de etimología. Buenos Aires, 1946. 1
* Navarro Tomás , Tomás. — Compendio de ortología española. Madrid.
Navarro Tomás , Tomás. — Fonología española. Nueva York, 1946.
Navarro Tomás , Tomás. — Concepto de la pronunciación correcta. (Instituto de
filología. Tomo I, Cuaderno 1). Buenos Aires, 1924.
Navarro Tomás , Tomás. — Manual de pronunciación española. Madrid, 1950.
Robles D é gano , Felipe. — Los disparates gramaticales de la Real Academia
Española y su corrección. Madrid, 1912. 2
Robles Dégano, Felipe. — Ortología clásica de la lengua castellana, fundada en
la autoridad de cuatrocientos poetas. Madrid, 1905.
Selva , Juan B. — El habla más correcta. “Boletín” de la Academia Argentina de
Letras. Tomo IX, N9 33. (Enero-marzo de 1941). Buenos Aires.
Selva , Juan B. — Evolución del habla. Buenos Aires, 1944.
Selva , Juan B. — Importancia y porvenir del castellano. Buenos Aires, 1921.
Toro y Gisbert , Miguel de. — Tesoro de la lengua española. París, 1917. 3
b) E l habla regional
* Abregú Virreira, Carlos. — Idiomas aborígenes de la República Argentina. Bue
nos Aires, 1941. 4
Academia Argentina de Letras. — Boletín. Buenos Aires, 1933 hasta la fecha.5
* Alonso, Amado. — Castellano, español, idioma nacional. Historia espiritual de
tres nombres. Buenos Aires, 1938.
* Alonso, Amado. — El problema de la lengua en América. Madrid, 1935.
Alonso, Amado. — Ruptura y reanudación de la tradición idiomática en Améri
ca. “Boletín” de la Academia Argentina de Letras. Tomo I, Nos. 2 y 3.
(Abril-septiembre de 1933). Buenos Aires.
Battirü , Berta Elena Vidal de. — El habla rural de San Luis. (Tomo I: Foné
tica. Morfología). Buenos Aires, 1949.
Battini, Berta Elena Vidal de. — Voces marinas en el habla rural de San Luis.
Buenos Aires, 1949.
Borges , Jorge Luis. — El idioma de los argentinos. Buenos Aires, 1928.
1 Véanse los rudimentos de etimí logia que preceden al Diccionario.
2 Véanse los capítulos XI, XII y A llí sobre ortología.
3 Véanse, especialmente, los capítulos “El estudio de la gramática”, “La
lengua nacional” y “La acentuación española”.
4 Véase la parte I: “Reseña histórica y desc riptiva de las hablas indígenas
en la República Argentina”.
5 Véanse los índices correspondientes de cada año.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 85
Cantarell Dart, J. — Defendamos nuestro hermoso idioma. Buenos Aires, 1944.
Carriegos, Ramón C. — El idioma argentino. Observaciones críticas a la gramá
tica de la Real Academia Española. Buenos Aires, 1904.
Casares, Julio. — Crítica efímera (Indice de lecturas). 2 tomos. Madrid, 1919. 12*
Ca:tro, Américo. — La peculiaridad lingüística rioplatense y su sentido histórico.
Buenos Aires, 1941.
Clemente, José Edmundo. — El idioma de Buenos Aires. Buenos Aires, 1953.
* Costa Álvarez, Arturo. — El castellano en la Argentina (Análisis ideológico de
las peculiaridades de nuestros escritores). L a Plata, 1928.
* Costa Álvarez, Arturo. — Nuestra lengua. Buenos Aires, 1922.
Cuervo, Rufino José. — El castellano en América. Buenos Aires, 1947.
Granada, Daniel. — Apuntaciones sobre lexicografía americana Con especial apli
cación al Río de la Plata. “Boletín” de la Academia Argentina de Letras.
Tomo XV, N9 55. (Abril-junio de 1946). Buenos Aires.
Herrero Mayor, Avelino. — Apuntaciones lexicográficas y gramaticales. Buenos
Aires, Í947.
Herrero Mayor, Avelino. — Artesanía y prevaricación del castellano. Ensayo
filológico. Buenos Aires, 1931.
Herrero Mayor, Avelino. — Condenación y defensa de la gramática. Buenos
Aires, 1942.
Herrero Mayor, Avelino. — Presente y futuro de la lengua españbla en América.
Buenos Aires, 1943.
Herrero Mayor, Avelino. — Problemas del idioma. Buenos Aires, 1945.
Ibarguren, Carlos. — El espíritu y la cultura hispánica en la expresión popular
argentina. “Boletín” de la Academia Argentina de Letras. Tomo VII, N9 28.
( Octubre-diciembre de 1923). Buenos Aires.
* Imbellorü, J. — Lenguas indígenas del territorio argentino. (Capítulo único de
la segunda parte del volumen I: Tiempos prehistóricos y protohistóricos, de
la Historia de la Nación Argentina). Publicación de la Junta de Historia
y Numismática Americana, bajo la dirección de Ricardo Levene. Buenos
Aires, 1936.
Monner Sans, Ricardo. — De gramática y de lenguaje. Buenos Aires, 1924. 2
Outes, Félix F. — Las lenguas indígenas rioplatenses. Buenos Aires, 1913.
Portnoy, Antonio. — Estado actual del estudio de las lenguas indígenas. Buenos
Aires, 1936.
Portnoy, Antonio. — Notas sobre la evolución del castellano en la Argentina.
“Boletín” de la Academia Argentina de Letras. Tomo V, N9 18. (Abril-ju
nio de 1937). Buenos Aires.
1 Véase en el tomo I, la parte VI, “Un escritor de América”.
2 Especialmente los capítulos “El lenguaje nativo” , “El idioma y la Patria” ,
“Lenguaje y literatura argentina” , etc.
86 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
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de la Academia Argentina de Letras. Tomo IV, N9 15. (Julio-septiembre
de 1936). Buenos Aires.
Quesada, Ernesto. — El problema del idioma nacional. Buenos Aires, 1900. 1
Quesada, Ernesto. — La evolución del idioma nacional. Buenos Aires, 1922.1
Rosenblat, Ángel. —La lengua y la cultura de hispanoamérica. Jena, 1933 o Pa
rís, 1951.
Rossi, Vicente. — Folletos lenguaraces. Desagravio al lenguaje de Martín Fierro.
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Selva, Juan R. — Crecimiento del habla. (Estudios que explican la formación de
voces y acepciones nuevas, con más de 8.000 ejemplos). Buenos Aires, 1925.
* Selva, Juan B. — Guía del buen decir. Estudio de las transgresiones gramaticales
más comunes. Buenos Aires, 1925.
Selva, Juan B. — Evolución del habla. Buenos Aires, 1944.
Selva, Juan B. — El castellanb en América-. Su evolución. La Plata 1906.
Selva, Juan B. — La unidad del castellano y el problema de la pronunciación en
la Argentina. “Boletín” de la Academia Argentina de Letras. Tomo VII,
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Selva, Juan B. — Importancia y porvenir del castellano. Buenos Aires, 1921.
Selva, Juan B. — Evolución^ lingüística del Río de la Plata. “ Boletín” de la Aca
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Buenos Aires.
Selva, Juan B. — Porvenir del habla castellana en América. Buenos Aires, 1910.
Senec, Rodolfo. — El fal eamiento del castellano en la Argentina y lo que significan
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Toro y Gisbert, Miguel de. — Apuntaciones lexicográficas. París, (sin fecha). 23
Toro y Gisbert, Miguel de. — Los nuevos derroteros del idioma. París, 1 9 1 8 .3
1 Véase la bibliografía consignada en la obra.
2 Véanse los capítulos agrupados bajo la común denominación de “Disquisi
ciones” .
3 Especialmente los capítulos “El vocabulario moderno” , “ Moderno dispa
ratorio”, “Americanismos” , “El Diccionario de Argentinismos, de Tobías Garzón” ,
“El Diccionario argentino, del doctor Segovia”, etc.
TI. - VOCABULARIO
a) E l léxico regional o lugareño
* Academia Argentina de Letras. — Acuerdo acerca del idioma. 1931-1943 (To
mo I). Buenos Aires, 1947. *
* Academia Española. — Diccionario de la lengua española. ( Decimoséptima edi
ción). Madrid, 1947.
* Academia Española. — Diccionario manual ilustrado de la lengua española. ( Se
gunda edición). Madrid, 1950.
* Academia E pañola. — Nuevas normas de prosodia y ortografía. (Con el Informe
presentado a la Academia en la Junta del 8 de Noviembre de 1951, por el
Académico D. Julio Casares). Madrid, 1952.
Arrazóla, Roberto. — Diccionario de modismos argentinos. Buenos Aires, 1943.
Auge ( Claude y Paul), y Toro y Gisbert ( Miguel d e). — Nuevo Pequeño Larousse
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Calandrelli, Matías. — Informaciones y filológicas de “La Prensa” . Buenos Ai
res, 1917.
Carriegos , Ramón C. — El porvenir del idioma español en la República Argentina.
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Carriegos , Ramón C. — Minucias gramaticales. Buenos Aires, 1910.
Díaz Solazar, Diego. — Vocabulario argentino. Neologismos, refranes, frases fami
liares, etc., usados en la Argentina. Buenos Aires, 1911.
Granada, Daniel. — Vocabulario rioplatense razonado. Montevideo, 1890.
* Garzón, Tobías. — Diccionario argentino. Barcelona, 1910.
Garrigós, Florencio. — Gramaticales y filológicas de “La Prensa” . Buenos Ai
res, 1944.
1 Véanse en esta obra los índices de vocablos y de materias. Los acuerdos
posteriores —años 1944 hasta la fecha— pueden consultarse en los índices de I o j
Boletines publicados desde 1944.
2 Por su contenido, esta obra constituye un verdadero diccionario de argen
tinismos,
88 B E R T A E L E N A V I D A L DE B A T T I N I
Gay. — Nuevas normas de prosodia y ortografía de la Real Academia Española.
Ordenación didáctica y justificación, de Gay. Buenos Aires, 1953.
Guasch Leguizamón, Jorge. —Galicismos aceptados, aceptables y vitandos. Buenos
Aires, 1951.
Guasch Leguizamón, Jorge. —Galicismos vitandos. Buenos Aires, 1931.
Jnchauspe, Pedro. —Las pilchas gauchas. Buenos Aires, 1947.
Inchauspe, Pedro. —Voces y costumbres del campo argentino. Buenos Aires, 1942.
Lafone Quevedo, Samuel A. —Tesoro de catamarqueñismos. Buenos Aires, 1898.
Lizondo Borda, Manuel. —Voces tucumanas derivadas del quichua. Tucumán, 1927.
Malaret, Augusto. —¿Modismos argentinos? “Boletín” de la Academia Argentina
de Letras. Tomo XX, N? 75. (Enero - marzo de 1951). Buenos Aires.
Monner Sans, Ricardo. —Barbaridades que se nos escapan al hablar. Buenos
Aires, 1925.
Monner Sans, Ricardo. —Disparates usuales en la conversación diaria. Buenos
Aires, 1923. .. **"
* Monner Sans, Ricardo —Notas al castellano en la Argentina. Buenos Aires, 1924.
Monner Sans, Ricardo. —Pasatiempos lingüísticos. Buenos Aires, 1926.
Ragucci, Rodolfo M. —Palabras enfermas y bárbaras. Buenos Aires, 1941.
Ragucci, Rodolfo M. —Cartas a Eulogio. Buenos Aires, 1943.
Ragucci, Rodolfo M. —Más cartas a Eulogio. Buenos Aires, 1943.
Ragucci, Rodolfo M. —Neologismos de mis lecturas. “Boletín” de la Academia
Argentina de Letras, desde el número 59 (abril-junio de 1947), hasta la fecha.
Buenos Aires.
Santamarina, F. J. — Americanismo y barbarismo. Entretenimientos lexicográficos
y filotégicos. Buenos Aires.
Saub'idet, Tito. —Vocabulario y refranero criollo. Buenos Aires, 1943.
* Segovia, Lisandro — Diccionario de argentinismos, neologismos y barbarismos,
con un apéndice sobre voces extranjeras interesantes. Buenos Aires, 1911.
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Argentina de Letras. Tomo XX, N? 75. (Enero-marzo de 1951). Buenos Aires.
Selva, Juan B. —Modismos argentinos. “Boletín” de la Academia Argentina de
Letras. Tomo XVII, N? 64. (Abril-junio de 1948). Buenos Aires.
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aunque de uso potestativo, desde el l 9 de setiembre de 1952. Buenos
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Tiscornia, Eleuteúo F. —“Martín Fierro”, de José Hernández. Comentado y ano
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Tiscornia, Eleuterio F. —iLa lengua de “Martín Fierro” . Buenos Aires, 1930.
Toledano, Ai. —Vocabulario argentino. Buenos Aires, 1911.
b) Tem a de extensión: Americanismos
Amunátegui Reyes, Miguel Luis. —Observaciones y enmiendas a un Diccionario,
aplicables también a otros. (3 tomos). Santiago de Chile, 1924-1927.
EL E S P A Ñ O L DE LA A R G E N T I N A 89
Bayo, Ciro. —Manual de lenguaje criollo de Centro y Sudamérica. Madrid, 1931.
Bayo, Ciro. —Vocabulario criollo-español. Madrid, 1911.
Lenz, Rodolfo. —Problemas del Diccionario Castellano en América. Buenos
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* Malaret, Augusto. — Diccionario de americanismos. Puerto Rico, 1931, o Buenos
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* Malaret, Augusto. —Diccionario de americanismos. (Suplemento). 2 tomos. Buenos
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Patrón, Pablo. —Nuevos estudios sobre las lenguas americanas. Leipzig, 1907.
Rivodó, Baldomero. —Voces nuevas de la lengua castellana. París, 1889.
Rossi, Vicente. — Algunos errores respecto del lenguaje rioplatense en el “Diccio
nario de Americanismos” , de Augusto Malaret. Buenos Aires.
Solar, Alberto del. —Cuestión filológica. Suerte de la lengua castellana en Amé
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Strube, Erdman. —Contribución al estudio de lenguas indígenas en la Argentina.
Acerca del estudio comparativo de lenguas americanas. “Boletín” de la
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Buenos Aires.
* Toro y Gisbert, Miguel de. —Americanismos. París, 1915.
Tocar y R. Enrique de. —Hacia el gran diccionario de la lengua española. Dos
mil voces no incluidas hasta hoy en el Diccionario de la Academia de la
Lengua ni en el de Americanismos. “Boletín” de la Academia Argentina
de Letras, Nos. 34 al 37 (Abril-junio de 1941 a enero-marzo de 1942).
Buenos Aires.
INDICE
I. - INTRODUCCIÓN Pág.
Propósitos del trabajo .............................................................................................. 3
Plan del tr a b a jo .......................................................................................................... 6
Método del trabajo ................................................................................................... 6
La realización del trabajo .................................................... *.............................. 6
II. - NOTICIA HISTÓRICO-GEOGRÁFICO-CULTURAL
El idioma nacional de la Argentina: castellano o e s p a ñ o l.......................... 8
Comunidad idiomática hispano americana ...................................................... 9
Generalidades sobre el español de América .................................................... 12
El español de la Argentina. La conquista y la co lo n iz a c ió n ................... 18
Unidad geográfica de nuestro territorio. El elemento humano de su
población. Su vida ............................................................................................ 20
El territorio y su [Link] medio g e o g r á fic o ................................................ 26
La cultura y la lengua ............................................................................................ 30
Las lenguas indígenas ......................................................................................... 41
Influencia de la inmigración ................................................................................ 45
La dirección de la le n g u a ....................................................................................... 52
III. - FONÉTICA
Entonación .................................................................................................................... 55
El acento ...................................................................................................................... 57
Las v o c a le s .................................................................................................................... 60
Diptongos ...................................................................................................................... 61
Vocales en hiato ........................................................................................................ 62
Las consonantes. Consonantes fricativas. Pronunciación de s, c, z . . . . 65
Consonantes laterales y vibrantes. Pronunciación de la r r .......................... 69
Consonantes palatales. Pronunciación de ll, y ............ x ................................ 70
IV. - MORFOLOGIA Y SINTAXIS
El voceo ........................................................................................................................ 74
El uso de no m ás ...................................................................................................... 76
El uso de recién ........................................................................................................ 76
V. - RECOM ENDACIONES ........................................................................... 77
VI. - BIBLIOGRAFIA ......................................................................................... 80
ORDEN DE LOS MAPAS
Pag.
1. — Expansión de la Civilización Española hacia 1796 ....................... 2 2 /2 3
2. — Densidad de Población por Regiones Geográficas ..................... 2 8 /2 9
3. — Regiones Físicas ....................................................................................... 2 8 /2 9
4. — La en to n a c ió n ............................................................................................ 5 6 /5 7
5. — Pronunciación de la S .............................................................................. 6 6 /6 7
6 Pronunciación de la R R ......................................................................... 7 0 /7 1
7. — Pronunciación de la LL, Y .................................................................... 7 0 /7 1
8. — Pronunciación de la LL, Y .................................................................... 7 2 /7 3
9. — Pronunciación de la LL, Y en la Argentina y naciones limítrofes
de habla española .......................................................... ? ..................... 7 4 /7 5
10. — Pronunciación de la Y ............................................................................ 7 4 /7 5
11. — Extensión geográfica del vos y del t ú ............................................. 7 6 /7 7