La Presidencia Y Los Decretos de Necesidad Y Urgencia: Por Mario D. Serrafero
La Presidencia Y Los Decretos de Necesidad Y Urgencia: Por Mario D. Serrafero
Como los que aquí importan son los que implican el ejercicio de competencias
legislativas3 se tratarán específicamente los decretos de necesidad y urgencia,
además de una breve consideración sobre los delegados.
1
Investigador del CONICET – Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas, Sociales y de la
Comunicación de la UADE.
2
Históricamente, los decretos que aparecen a lo largo de todas las administraciones han sido los
reglamentarios, los autónomos y los de intervención federal a las provincias. Los decretos
delegados son de más compleja localización y los de necesidad y urgencia, tienen un tiempo más
preciso de uso y hasta de abuso.
3
Una perspectiva sobre este tipo de decretos, en distintos países, puede consultarse en John M.
Carey y Matthew Soberg Shugart, Executive Decree Authority, Cambridge University Press, 1998.
1
LOS DECRETOS DE NECESIDAD Y URGENCIA (Y LOS DECRETOS
DELEGADOS)
La siguiente pregunta era: ¿Qué hacer con los llamados "decretos de necesidad y
urgencia"?8. Mediante este expediente, el Ejecutivo había invadido terreno
4
Mario D. Serrafero, Las formas de la reforma: entre Maquiavelo y Montesquieu, Bs. As., CEAL,
1994.
5
Para consultar opiniones antes de la reforma de 1994 pueden verse, entre otros, los siguientes
trabajos: Miguel Angel Ekmekdjian, "Nuevas reflexiones sobre la concentración del poder en el
esquema actual de la sociedad", en Diario El Derecho, n.7420, 31 de enero de 1990; y "Un nuevo
caso de violación al principio de división de poderes (nuevamente acerca de los reglamentos
delegados)", en El Derecho, tomo 133 (1989), 425-430. Las diferentes opiniones que ha suscitado
este procedimiento pueden verse en Juan Fernando Segovia, "Delegación de facultades
legislativas", en Atribuciones Del Presidente Argentino, Bs. As., Depalma, 1986, pág. 277-348.
6
Dice el artículo 29: “El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas
provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder
público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los
argentinos queden a merced de gobierno o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan
consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen consientan o firmes, a la
responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria”.
7
Asi ha ocurrido, por ejemplo y para citar algunos casos, en Colombia, en Venezuela y en Perú
con la Constitución de 1979.
8
Para consultar opiniones antes de la reforma de 1994 pueden verse, entre otros, los siguientes
trabajos: Horacio Ruiz Moreno, "Los llamados reglamentos de necesidad y urgencia. La emergencia
como motivación de las leyes y reglamentos", en La Ley, 1990-B (1990), pág. [Link] otros
pueden mencionarse a los siguientes autores: Marcelo Bazan Lazcano, "¿Es constitucional la
delegación de competencias?", en El Derecho, tomo 117 (1986), pág. 763-767; Alberto Bianchi,
"Objeciones constitucionales a dos reformas recientes (La reforma monetaria y la reforma
2
legislativo de obvia competencia del Congreso. Los criterios se dividieron entre la
constitucionalidad o no de la medida. Las fórmulas que se sostuvieron en relación
con su incorporación fueron variadas. Según algunas opiniones, la admisión expresa
de este tipo de decretos debería decidirse sobre un sistema de conversión legal,
ratificando o rechazando el Congreso en un plazo determinado, y estableciéndose
los efectos del rechazo o derogación, las causales y la oportunidad del dictado
(¿sólo durante el receso del Congreso?). Este mecanismo –se aducía- sería más
conveniente que el sistema de acuerdo tácito del legislativo (cuando el Congreso,
enviado el decreto a las Cámaras por el Ejecutivo, no se expide en el tiempo fijado).
Sostenía que sería mejor que un decreto de necesidad y urgencia dictado por el
presidente fuera materia discutible en cada caso -más aún al no existir su
procedencia en la Constitución Nacional-, que introducir en la Ley Fundamental la
facultad de emitirlos. Su eventual consagración expresa en la Constitución, lejos de
limitar los excesos en que han incurrido los presidentes a partir de 1983, podría
dejar el terreno más libre y aumentar así el papel de legislador del primer
mandatario. Lo notable fue que, con anterioridad a 1989, no se hayan presentado
proyectos de reforma constitucional que propusieran la facultad presidencial de
ministerial)", en El Derecho, tomo 115 (1986), pág. 768-773; Juan José Azpelicueta, "El decreto
1096/85 y su justificación constitucional", en El Derecho, Tomo 115 (1986), 766-768. El tema
adquirió vigencia en el gobierno de Alfonsín principalmente por la reforma monetaria, el llamado
"Plan Austral" que se determinó vía decreto.
3
dictar reglamentos de necesidad y urgencia9. Ni aún el presidencialismo
hegemónico de la Constitución de 1949 había incluido tal facultad.
DERECHO COMPARADO
9
Ver Reforma Constitucional, Volumen I y II, Dirección de Información Parlamentaria, Bs. As.,
1989.
4
plazo establecido en el apartado anterior, las Cortes podrán tramitarlos como
proyecto de ley por el procedimiento de urgencia”.
5
LA REFORMA CONSTITUCIONAL DE 1994
10
Sobre las opiniones de constitucionalistas y administrativistas ver Julio Rodolfo Comadira, Los
decretos de necesidad y urgencia en la reforma constitucional”, en La Ley, T. 1995-B, Sec.
Doctrina, pág. 831 y 832.
11
Germán Bidart Campos, Tratado Elemental de Derecho Constitucional Argentino, Tomo II, Bs.
As., Ediar, 1989, pág. 230.
12
El inc. 9 reproduce el anterior texto: "Prorroga las sesiones ordinarias del Congreso, o lo convoca a
sesiones extraordinarias, cuando un grave interés de orden o progreso lo requiera".
6
Señala el artículo 99, inc. 3 respecto de los Decretos de necesidad y
urgencia:"...El Poder Ejecutivo no podrá en ningún caso bajo pena de nulidad
absoluta e insanable, emitir disposiciones de carácter legislativo. Solamente
cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites
ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de las leyes, y no se
trate de normas que regulen materia penal, tributaria, electoral o el régimen de los
partidos políticos, podrá dictar decretos por razones de necesidad y urgencia, los
que serán decididos en acuerdo general de ministros que deberán refrendarlos
conjuntamente con el jefe de gabinete de ministros...".
En relación con los Reglamentos delegados dice el art. 76: "Se prohíbe la
delegación legislativa en el Poder Ejecutivo, salvo en materias determinadas de
administración o de emergencia pública, con plazo fijado para su ejercicio y dentro
de las bases de la delegación que el Congreso establezca. La caducidad
resultante del transcurso del plazo previsto en el párrafo anterior no importará
revisión de las relaciones jurídicas nacidas al amparo de las normas dictadas en
consecuencia de la delegación legislativa".
Y, en cuanto al Veto parcial dispone al artículo 80: "Se reputa aprobado por el
Poder Ejecutivo todo proyecto no devuelto en el término de diez días útiles. Los
proyectos desechados parcialmente no podrán ser aprobados en la parte
restante. Sin embargo, las partes no observadas solamente podrán ser
promulgadas si tienen autonomía normativa y su aprobación parcial no altera el
espíritu ni la unidad del proyecto sancionado por el Congreso. En este caso será
de aplicación el procedimiento previsto para los decretos de necesidad y
urgencia".
13
Juan Carlos Cassagne, “El diseño de la potestad reglamentaria en la Constitución de 1853 y su
posterior evolución hasta la reforma constitucional de 1994”, en Estudios sobre la Constitución
Nacional de 1853 en su sesquicentenario, Academia Nacional de Derecho y Ciencias Sociales, La
Ley, 2003, pág. 303.
8
LA TÉCNICA DEL INSTITUTO: VUELTAS DE TUERCA
Lo primero que queda claro es que la prohibición general establecida por el artículo
en su primer párrafo se desvanece en el segundo14. Resulta contradictorio decir
que no puede emitir disposiciones de carácter legislativo “en ningún caso” e
inmediatamente después abrir la puerta a las situaciones en que sí puede. En
segundo lugar, tampoco es clara la fórmula de habilitación: “cuando
circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios
previstos por esta Constitución para la sanción de leyes”. Como bien se ha
afirmado, las circunstancias excepcionales parecen incluso de menor entidad que
el requerido “grave riesgo social” que refería el “caso Peralta”. Además, según la
redacción, no parece que una supuesta situación de emergencia o estado de real
necesidad sea el punto central que habilite la norma, sino que el factor
desencadenante sería la imposibilidad de seguir los trámites ordinarios previstos
por la Constitución para la sanción de las leyes. ¿Bastaría, entonces, que el
Ejecutivo expresara esta situación como fundamentación de una disposición de
carácter legislativo?. Parece obvio que no fue esa la intención del constituyente,
pero así y todo la redacción no puede evitar una primera interpretación literal.
Tampoco parece feliz una palabra que la crítica le ha prestado menor atención
que la debida: “circunstancias”, en vez, por ejemplo, de situaciones. Las
circunstancias parecen tener, también, menor entidad para configurar la gravedad
que supuestamente la disposición del Ejecutivo tiende a conjurar. Lo más
concreto de la medida ha sido, sin duda, la prohibición expresa de las materias
que se vedan al Ejecutivo (penal, tributaria, electoral y régimen de partidos).
14
Sobre las cuestiones técnicas resultan interesantes los trabajos de Mario Midón, “Un desacierto
del constituyente; Los decretos de necesidad y urgencia”, en El Derecho, tomo 161 (1995), pág.
907-912; Alberto García Lema, “Decretos de necesidad y urgencia, delegación legislativa.
Agilización del trámite de discusión y sanción de leyes”, en la Reforma de la Constitución
explicada por miembros de la Comisión de Redacción, santa Fe, 1994, pág. 381-410. Carlos E.
Colautti, “El control sobre los decretos de necesidad y urgencia”, en La Ley, T.1998-B, Sec.
Doctrina, pág. 1041-1046
9
refrendarlos conjuntamente con el jefe de gabinete de ministros15. La norma le fija
a este funcionario un papel activo pues debe personalmente, dentro de los diez
días, someter la medida a consideración de la Comisión Bicameral Permanente.
Cabe destacar nuevamente que, más allá de la cuestión del supuesto control de
la Comisión referida, la facultad de dictar decretos no convierte al presidente en
un legislador por razones de oportunidad o de conveniencia, ni tampoco por el
mero hecho de la supuesta imposibilidad de seguir el trámite ordinario para la
sanción de leyes. Teóricamente, sólo podría dictar este tipo de decretos cuando el
Congreso no pudiere seguir el trámite parlamentario por razones de necesidad y
urgencia. Ello ocurriría por una imposibilidad material, por ejemplo, una catástrofe
de la naturaleza o, bien si fuere necesario obrar en forma inmediata y sin dilación
alguna, dada la índole y gravedad de la emergencia en cuestión.
10
urgencia remitiéndonos a la teoría de Carl Schmitt. La importancia del argumento
requiere su transcripción: “Entonces queda claro que el decreto de necesidad y
urgencia es un instrumento de gobernabilidad, y que ésta es la suprema ley de la
tierra para cualquier pueblo. Lo malo es que no existan normas que lo regulen,
porque, en tal caso, la omisión de reglas impide poder determinar si ha habido o
no violación de las mismas. Ponerle reglas a una situación de excepción no
significa otra cosa que limitarla. Si no han reglas limitando el ejercicio de la
necesidad y la urgencia, se gobernará de facto, tal como ocurriera ante la reforma
de 1994...Preferir el carácter de facto a la regulación de una institución en la
Constitución implica adherir al decisionismo de Carl Schmitt. Este doctrinario
sostenía que el „soberano es quien decide en estado de excepción‟, es decir
cuando no existen reglas de ninguna naturaleza. Pero no sólo eso: lo más
importante es que para Schmitt la verdadera Constitución es la decisión desnuda,
sin reglas, siendo para él las reglas constitucionales positivas una “constitución
relativa” de segundo orden de trascendencia...Esto es la posición inadmisible para
nosotros. Que se prefiera la inevitabilidad del decreto de necesidad y urgencia por
decisiones de facto. En cambio siempre sostuvimos: sí a la medida de excepción
dentro de la Constitución, con expreso poder de control por parte de la justicia. No
es cierto que se ha constitucionalizado la regularidad del decreto de necesidad y
urgencia. Se ha constitucionalizado su control, su nulidad absoluta e insanable, el
potestamiento en tal sentido por parte de la justicia, la posibilidad del control
ratificatorio por parte del Congreso y, por último, la prohibición expresa de la
sanción ficta de las leyes, con lo cual la limitación del poder Legislativo cierra en
un círculo perfecto, desde el punto de vista normativo. Que los jueces no vayan a
hacer respetar las normas es una cuestión de hecho, pero no jurídico-
constitucional”17
17
Humberto Quiroga Lavié, Constitución de la Nación Argentina Comentada, Bs. As., Zavalía,
2000, pág.
11
SCHMITT: EL SOBERANO, LA EXCEPCIÓN Y LA SUPERIORIDAD FÁCTICA
Como bien afirma Quiroga Lavié, para Schmitt, "Soberano es aquel que decide
sobre el estado de excepción"18. Pero el tema tiene por cierto sus vueltas y
repliegues.
¿Qué diría Carl Schmitt ante el artículo 99, inc. 3? Probablemente, diría que
encuadra en los supuestos que limitan al soberano del cual él habla al existir
18
pág. 35.
19
pág. 36.
20
pág. 37.
12
controles para el ejercicio del dictado de los decretos de necesidad y urgencia.
Hasta aquí esta versión de Schmitt coincidiría con los que sostienen que la reforma
limitó el dictado de los referidos decretos. Al menos, cabe suponerlo según su propio
pensamiento: "La Constitución puede, a lo sumo, señalar quién está llamado a
actuar en tal caso. Si la actuación no está sometida a control alguno ni dividida entre
diferentes poderes que se limitan y equilibran recíprocamente, como ocurre en la
práctica del Estado de derecho, al punto se ve quién es el soberano"21.
Contrario sensu al existir una suerte de control que pretende mantener el esquema
de división de poderes –el último párrafo del art. 99 inc.3- no estaríamos frente a una
apertura o habilitación jurídica del decisionismo, sino a su limitación.
21
pág. 38.
13
Todas estas cosas son fundamentos de gran importancia práctica y significan una
gran superioridad fáctica"22.
22
Carl Schmitt, Legalidad y legitimidad, Bs. As., Struhart, 1994, pág. 90.
23
Ibídem, pág. 91-92.
14
superioridad jurídica; c) los controles jurídicos pueden ser inocuos respecto de los
hechos empíricos sobre los cuales no cabe la vuelta atrás.
Luego de este rodeo teórico, cabe una mirada sobre la realidad del dictado de los
decretos de necesidad y urgencia. ¿Se cumplieron los pronósticos y las
prevenciones señaladas desde distintos sectores antes de la reforma de 1994?
24
Según datos de la Dirección de Información Parlamentaria, del Honorable Congreso de la
Nación.
15
El decreto 2639 de 1960, durante el gobierno de Frondizi, que establecía el plan
Conintes. En 1973 y 1974 se dictaron una serie de decretos referidos,
principalmente, a temas servicios sociales y temas previsionales . No se dio
cuenta al Congreso, pero se los sometió a su consideración mediante el mensaje
del 20 de febrero de 1975. Ese mismo año se dictó el decreto 807 referido al
estado de sitio y la reglamentación de la opción para salir del país y el año
siguiente el decreto 642 trató la misma temática25.
Cabe destacar que las mediciones, según las fuentes, arrojan distintos resultados.
Pero lo importante es hacer notar el incremento en el número más allá de su
exactitud.
Años Cantidad
1853-1976 15
25
Estos decretos fueron cuestionados en el seno del Congreso, pero los proyectos que los
impugnaban no tuvieron tratamiento parlamentario.
16
1983-1989 8
(1) Cantidad total de decretos del Poder Ejecutivo, incluyendo los de “necesidad y
urgencia”. Para tener todos los decretos del Presidente Alfonsín habría que
17
agregar los de 1983 (10 al 31 de diciembre) que no figuran en el cuadro y que son
389.
Año 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998 Total
Cantidad I 18 32 59 36 15 7 7 11 26 13 224
Cantidad II 15 36 55 27 17 7 s/d s/d s/d s/d -
Cantidad III 3 25 46 18 s/d 7 7 8 20 s/d -
18
Cuadro IV. Decretos de Necesidad y Urgencia (Cómputo por año y
Presidente actualizado al 03/08/04)
19
2002 Duhalde, Eduardo4 01/01/02 al 107
31/12/02
2003 Duhalde, Eduardo5 01/01/03 al 45 152
25/05/03
2003 Kirchner, Néstor 25/05/03 al 47
31/12/03
2004 Kirchner, Néstor 01/01/04 al 31 78
20/05/04
1
1 decreto firmado por el Vicepresidente Ruckauf
2
1 decreto firmado por el Vicepresidente Ruckauf
3
1 decreto firmado por el Vicepresidente Álvarez
4
1 decreto firmado por el Presidente Provisional del Senado Maqueda
5
1 decreto firmado por el Presidente Provisional del Senado Gioja
26
Ver Delia Ferreira Rubio y Matteo Goretti, “Cuando el presidente gobierna solo. Menem y los
decretos de necesidad y urgencia hasta la reforma constitucional (julio 1989-agosto 1994),
Desarrollo Económico, Vol. 36, nª 141 (1996), pág. 443-474.
27
Ibídem, pág. 455.
20
Continúan señalando los autores: “En el período analizado, de los 336 decretos
de necesidad y urgencia dictados por el presidente Menem, el Congreso ratificó,
por ley, en forma total 26, sólo parcialmente un decreto y con modificaciones
otros. De estos 28 decretos (8%), 16 fueron ratificados por la ley 24.307,
sancionada y promulgada en diciembre de 1993. En el mismo período, el
Congreso derogó en forma total, por ley, 3 decretos de necesidad y urgencia y, en
forma parcial, uno. El Ejecutivo aceptó la decisión del Congreso en dos de los
casos...en los otros dos casos utilizó el veto parcial para evitar la derogación de
los decretos”28. Asimismo, advierten sobre un hecho muy preocupante:“En 4
ocasiones el Poder Ejecutivo ha vetado totalmente leyes dictadas por el
Congreso, aduciendo que contradecían lo dispuesto por decretos de necesidad y
urgencia. El mismo motivo adujo para vetar parcialmente 9 leyes”29.
28
Ibídem, pág., 457.
29
Ibídem, pág., 457.
30
Ver La Nación, 22 de junio de 2004.
31
Ibídem.
32
Los especialistas citados ponen atención en algunos decretos: el 685/04, que dispone el
aumento de salarios del 100% para el Presidente y sus ministros; el 906/04, que modifica el
manejo de los fondos fiduciarios que ahora pueden ser redireccionados para otros usos; el 917/04,
que modifica el presupuesto mediante una reesctructuración de más de 4.200 millones de pesos,
que autoriza, entre otras cosas, a aumentar el presupuesto de publicidad y propaganda oficial; el
908/04 que autoriza al jefe de Gabinete a modificar el presupuesto más allá de lso límites jifados
por el Congreso. La Nación, 13 de junio de 2005, pág. 1 y 6.
21
Lo destacable es que Kirchner tenía mayoría en ambas Cámaras, o sea que se
trataba -al menos teóricamente- de un gobierno unificado, más allá de haber sido
un presidente minoritario respecto de los votos obtenidos en las elecciones de
2003 y los problemas que fueron surgiendo con su aliado, el ex presidente
peronista Eduardo Duhalde. Esto va en contra de uno de los argumentos
esgrimidos por los defensores de la facultad presidencial de dictar este tipo de
medidas: que el Congreso pone obstáculos al tratamiento de los proyectos de ley
atentando contra la debida celeridad y, entonces, no cabe otro remedio que el
dictado de decretos.
33
En este tema la Corte, según los casos concretos, estableció la procedencia o improcedencia de la
reglamentación del Ejecutivo. Dijo el Alto Tribunal en 1939: "el Poder Ejecutivo no se excede en su
facultad reglamentaria constitucional, cuando simplemente se aparta de la estructura literal de la ley,
siempre que se ajuste al espíritu de la misma". Fallos, 183:147. En otro fallo de 1961, la Corte
explicitó de esta forma la procedencia de la reglamentación: "El Poder Ejecutivo puede apartarse de
los términos literales de la ley siempre que las disposiciones que adopte no sean incompatibles con
las de aquélla, propendan al mejor cumplimiento de sus fines o constituyan medios razonables para
evitar su violación y sean ajustadas a su espíritu". Fallos, 250:758.
22
administrativo para reglar los pormenores y detalles para su ejecución (...) Quien
hace la ley puede someter algo a la discreción de los otros departamentos y el
límite preciso de este poder, es materia de delicada investigación"34.
El Congreso como legislatura tiene "el poder de hacer leyes, y no el poder de hacer
legisladores. Por lo tanto, la legislatura está incapacitada para transferir a otros la
autoridad de hacer leyes"37. ¿Cometían el Congreso argentino y la Corte -con este
antecedente- el pecado capital señalado claramente por Locke, o ajustaban
simplemente el funcionamiento institucional a la altura de los nuevos tiempos?
34
Fallos, 148:430. Ver también Miguel Angel Ekmekdjian, "Un nuevo caso de violación de división de
poderes (nuevamente acerca de los reglamentos delegados", E.D., tomo 133 (1989), pág. 427.
35
En otra sentencia de 1944 -en el caso "Inchauspe"- la Corte expresó: "Que en cuanto a la objeción
fundada en la delegación de falcultades legislativas a la Junta Nacional de Carnes es de advertir que
al discutirse el asunto en la Cámara de Senadores, quedó aclarado que es el Poder Ejecutivo el que,
a propuesta de la Junta, fija el respectivo po ciento dentro del límite establecido por la ley". Fallos,
199:483.
36
Más casos en relación a este tema pueden verse en Jonathan M. Miller, María A. Gelli y Susana
Cayuso, Constitución y Poder Político, Tomo 1, Bs. As., Astrea, 1987, pág. 679-706.
37
John Locke, Segundo tratado sobre el gobierno civil, Bs. As., 1990, pág. 148 y 149.
23
“Bonex”. La Corte dijo que: “puede reconocerse la validez constitucional de una
norma como la contenida en el decreto 36/90, dictada por el Poder
Ejecutivo....condicionado por dos razones fundamentales: 1) que en definitiva el
Congreso Nacional, en ejercicio de poderes constitucionales propios, no adopte
decisiones diferentes en los puntos de política económica involucrados; y 2) porque
–y esto es de público y notorio- ha mediado una situación de grave riesgo social,
frente a la cual existió la necesidad de medidas súbitas del tipo de las
instrumentadas en aquél decreto, cuya eficacia no parece concebible por medios
distintos a los arbitrados”. Se estableció así un importante antecedente de
jurisprudencia dictado por el más alto tribunal de la Nación, más allá de las críticas
que recibió por parte de la doctrina.
Durante los años noventa se dictaron importantes fallos que fueron mostrando las
distintas posiciones y perspectivas de la Corte y sus integrantes38. Los años de
Menem significaron un período favorable a la consolidación de estos decretos y el
límite más claro fue la declaración de inconstitucionalidad para aquellos que
decidían sobre materia impositiva. Asimismo se dictaminó que la falta de la ley
especial que refería la Constitución reformada y la ausencia de conformación de la
Comisión Bicameral Permanente no inhabilitaban al Poder Ejecutivo para dictar
decretos de necesidad y urgencia en casos excepcionales.
38
Puede verse María Cristina Serrano, “Las facultades legislativas otorgadas al Poder Ejecutivo a
diez años de la reforma de 1994”, en Germán J. Bidart Campos y Andrés Gil Dominguez
(Coordinadores), A una década de la reforma constitucional, Bs. As., Ediar, 2004, pág.519-533.
39
Fallos, 318:1154.
40
Por ejemplo, en “Kupchick, Luisa Spak de y Kupchik, Alberto Mario c/ B.C.R.A. y Estado
Nacional (M.E.) s/ varios”, Fallos, T. 321:366. En el mismo sentido se expide la Corte en “La
Bellaca SAACIF. y M. C Estado Nacional – DGI s/Repetición, Fallos, 329:3400; “Berkeley
International A.R.T. S.A. c/ E.N. s/ Amparo ley 16.986, Fallos, 323:3770.
24
la Corte la inconstitucionalidad de la derogación vía decreto de necesidad y urgencia
de una ley del Congreso41.
Otro importante fallo fue el dictado en la causa sobre los aeropuertos, el llamado
caso “Rodríguez”42. Ante la presentación de legisladores a la justicia para lograr una
medida cautelar con el fin de obtener la suspensión de los efectos del decreto
842/97, el Juez de primera instancia otorga la medida. El entonces jefe de Gabinete,
Jorge Rodríguez, recurre al Alto Tribunal. La Corte, en un fallo dictado por mayoría,
abdica del control de constitucionalidad en relación con referido decreto. Dice el
Tribunal: “El art. 99 inc. 3° de la Constitución Nacional prevé un específico ámbito de
contralor en sede parlamentaria para los decretos de necesidad y urgencia. Dicho
contralor no se encuentra subordinado en su operatividad a la sanción de la ley
especial contemplada en la última parte del precepto, ni a la creación de la Comisión
Bicameral Permanente pues, de lo contrario, la mera omisión legislativa importaría
privar „sine die‟ al titular del Poder Ejecutivo Nacional de una facultad conferida por
el constituyente”. Continúa la sentencia: “El decreto de necesidad y urgencia
842/97...se presenta regularmente inscripto en el ejercicio privativo de las funciones
propias de uno de los poderes del Estado, sin exceder el marco en que
constitucional y legalmente éstas se insertan. De tal modo, dicha norma sólo se
puede considerar sometida al pertinente contralor del Poder Legislativo, a quien
corresponde pronunciarse acerca de la concurrencia de los extremos –de valoración
política- que habilitan el ejercicio de la facultad excepcional del Poder Ejecutivo, así
como de la oportunidad, mérito y conveniencia de su contenido”. El fallo excluía así
de la acción de la Justicia a este tipo de decretos renunciando a la función de
contralor de su constitucionalidad43, criterio que se revertirá con posterioridad.
41
En el caso “Levy, Horacio Alberto y otros c/ Estado Nacional (Mrio. De Economía y
Superintendencia de Seguros de la Nación s/ Juicio de conocimiento”, Fallos, 320:1426, en
disidencia los Dres. Petracchi y Boggiano señalaban: “Es inconstitucional la derogación, mediante
el decreto 2192/86, del beneficio concedido por la ley 20.091”.
42
“Rodríguez, Jorge – Jefe de Gabinete de Ministros de la Nación S/ Plantea cuestión de
competencia”, Fallos, 320:2851.
43
Un posición diametralmente opuesta se sustentaba en el voto en disidencia de los Doctores
Belluscio y Bossert decía: “El no juzgamiento de la constitucionalidad de los decretos de
necesidad y urgencia en el caso en que el Congreso no los ratificara ni desechara, constituiría, por
parte de la Corte, la ruptura del equilibrio de poderes que asegura la Constitución, ya que
implicaría una renuncia a su misión fundamental de intérprete de la Ley fundamental mediante la
25
Bidart Campos -en comentario del fallo- señala la gravedad de lo resuelto y las
contradicciones evidentes con el régimen constitucional: “asistimos a la paradoja de
que, sin que ninguna norma de la Constitución suministre sustento, no se puede
controlar judicialmente el dictado de un decreto de urgencia, en tanto se someten a
control las leyes, los decretos reglamentarios, los actos administrativos de contenido
general e individual, los actos de los particulares, las sentencias. Es como decir: al
Poder Ejecutivo se le confiere habilitación para violar la Constitución con el dictado
de los decretos de necesidad y urgencia, y aunque la trasgresión al marco de
condicionamientos habilitantes y a los requisitos formales de trámite se haga
evidente, el silencio judicial tendrá que ser el amén”44.
creación de un tipo de actor que estarían excluidos, aunque fuese temporariamente, del control
constitucional que corresponde al poder Judicial de la Nación (arts. 3 y 4 de la ley 27)”.
44
Ver Germán Bidart Campos, “Los decretos de necesidad y urgencia y el control constitucional”,
nota a fallo, La Ley, t. 1998-B, pág. 289 y 290. Entre otros trabajos críticos del fallo de la Corte ver
Carlos E. Colautti, “El control sobre los decretos de necesidad y urgencia”, en La Ley, T.1998-B,
Sec. Doctrina, pág. 1041-1046 y Humberto Quiroga Lavie, “La sentencia de la Corte Suprema en
la causa de los Aeropuertos. Clave para entender el desequilibrio institucional de los argentinos”,
en La Ley, t.1998-B, Sec. Doctrina, pág. 987-992; Augusto Mario Morillo, “La destrucción del
control difuso de constitucionalidad”, en Lexis n° 980900; Félix Loñ, “¿Supralegalidad de los
decretos de necesidad y urgencia”, en Lexis n° 980900.. Otra visión diametralmente distinta puede
verse en Rodolfo Carlos Barra, “Decretos de necesidad y urgencia. El caso „Rodriguez‟”, en La
Ley, T. 1998-B, Sec. Doctrina, pág. 1362-1383.
45
“Verrocchi, Enzo Daniel c/ Poder Ejecutivo Nacional – Administración Nacional de Aduanas s/
Amparo”, Fallos, 322:1726.
46
El voto del Dr. Santiago Petracchi en éste y en otros tantos casos fue terminante respecto a
incumplimiento del dictado de la ley especial ordenada por el texto Fundamental: “Al no haber
sancionado el Congreso la ley que reclama el Art. 99, Inc. 3° de la Constitución, no puede
cumplirse con la denominada „subetapa‟ legislativa, lo que de termina la imposibilidad de recurrir a
esos remedios de excepción decretos de necesidad y urgencia”. Señalaba también: “Aceptar que
el Poder Ejecutivo pudiera dictar decretos de necesidad y urgencia no habiéndose sancionado la
ley que reclama el art. 99, inc. 3°, de la Constitución, sería desnaturalizar lo que ella dicen que
son, dando paso a la actuación singular y exclusiva del Poder Ejecutivo, transformando al
presidente de la Nación en legislador, en flagrante violación de lo dispuesto en el segundo párrafo
del citado inciso” .
26
sanción de una ley o la imposición más rápida de ciertos contenidos materiales por
medio de un decreto”. Se descarta, entonces, la mera conveniencia como
justificación a la habilitación del dictado de decretos y, en otros pronunciamientos –
como el caso “Casime”- se señala que cuando el decreto regula situaciones por un
período extenso, se estaría apartando del sentido del remedio excepcional47 pues
evidencia “vocación de permanencia”. En otros casos, la Corte se expidió sobre la
justificación y el momento del dictado del decreto vinculado al régimen de sesiones
48
parlamentarias. En el caso “Della Blanca” señala: “La sola referencia a „la
acuciante situación alimentaria‟ que los considerandos del decreto 1477/89 predican
para justificar su contenido, es inhábil para justificar una situación excepcional que
imposibilitara al Congreso legislar sobre el punto en su zona de reserva de
actuación, máxime si se considera que éste había sido convocado a sesiones
extraordinarias”. La referencia a que el Congreso se encontraba en sesiones
extraordinarias es destacada por el Tribunal pues se descartaría la imposibilidad del
Congreso para sesionar y sancionar leyes. En el caso “Guida”, para la Corte, la
ratificación que realizó el Congreso mediante la ley 24.624 del decreto de necesidad
y urgencia 290/95 bastó para ser tenida por configurada tradujo, por parte del
Legislativo la situación de emergencia invocada por el Ejecutivo
47
Así en el caso “Casime, Carlos Alberto c/ Estado Nacional”, en el voto en disidencia de los
Doctores Fayt y López, se señalaba: El decreto 1285/99, en cuanto dispuso la vigencia del nuevo
régimen por cuatro años, manifiesta una clara voluntad de asumir con vocación de permanencia,
funciones que la Constitución le confía al Congreso de la Nación, constituye la negación misma del
remedio excepcional de los decretos de necesidad u urgencia y determina su insanable invalidez”,
Fallos, 324: 333.
48
“Della Blanca, Luis Enrique y Luna, Jorge Omar c/ Ind. Met. Pescarmona S.A. s/ Ordinario.
Fallos, 321:3123.
27
cuestionado en el sub lite es que éste tenga la finalidad de proteger los intereses
generales de la sociedad y no de determinados individuos. Esta Corte ha reconocido
la constitucionalidad de las leyes que suspenden temporalmente tanto los efectos de
los contratos como los de las sentencias firmes, siempre que no se altere la
substancia de unos y otras, a fin de proteger el interés público en presencia de
desastres o graves perturbaciones de carácter físico, económico o de otra índole”.
Así, respecto del primer tipo de abordaje el uso de los decretos de necesidad y
urgencia disparó un debate respecto del carácter decisionista –o no- del gobierno
de Menem, paradigma de presidente que usó y abusó de tales instrumentos. Se
señaló también el intento de “gobernar solo” que significaba el recurrente uso de
49
Existieron por cierto matices y diferencias en los votos de los magistrados, así por ejemplo,
respecto del caso “Bustos” el Dr. Carlos Fayt dijo: “El decreto 214/02 no supera el test de
constitucionalidad, ya sea que se lo considere un decreto delegado o bien un decreto de
necesidad y urgencia”.
28
los decretos de necesidad y urgencia e, incluso, se realizaron Debates acerca de
estilos y estrategias vinculados con el uso de estos decretos50. Por supuesto,
también se recurrió a la explicación contextual acerca del uso de tales decretos en
los noventa, cuando los gobiernos estaban en proceso de implementar cambios
estructurales en el Estado y en la economía. Estos debates respondieron a la
necesidad de dar cuenta del fenómeno del menemismo y del estilo de gobierno de
su líder, el ex presidente Carlos Menem.
En primer lugar, llama la atención que existiendo una historia muy rica en cuanto
a la instalación de planes económicos en la Argentina, haya sido absolutamente
necesario en una época determinada recurrir al decretismo tan intensamente.
¿Fueron los noventa la única época en que el “contexto” se justificó el uso de los
decretos? ¿Qué había ocurrido antes? ¿Cómo se llevaron a cabo los cambios
económicos en otros momentos democráticos? La argumentación basada en la
necesidad del Ejecutivo de implementar planes y programas que de otro modo
supuestamente no hubieran podido llevarse a cabo, no tiene alcance como
justificación del uso de los decretos. Que la gestión política encuentre intereses
diversos y conflictivos, obstáculos institucionales y resistencias políticas,
económicas y sociales es lo esperable, no es situación “excepcional”. Es lo
50
Ver Mario Maurich y Gabriela Liendo, “¿Estilo decisionista de gobierno o estrategia decretista de
gobierno? La Argentina de Alfonsín y Mene,m en E. Kvaternik (comp.), Elemento para el Análisis
Político, Bs. As., Paidós, 1998, pág. ; y Mario Maurich y Gabriela Liendo, “¿Reforma del Estado y
estilo decisionista de gobierno? Un estudio del caso argentino (1989-1995)”, en Oscar Oszlak
(comp..), Estado y Sociedad. Las nuevas reglas del juego, Vol. 2, Bs. As., Eudeba, 2000, pág.
405-427.
29
normal, en todo caso, de una supuesta “situación excepcional” que operaría
concomitantemente.
En tercer lugar, el abuso del decretismo luego de la reforma d e 1994 no fue sólo
tema del gobierno sino también de la oposición. En efecto, la demora inexplicable
de la conformación de la Comisión Bicameral Permanente muestra una opacidad
que no resiste demasiado análisis. ¿Alcanza a justificar la supuesta inacción la
larga lista de proyectos para reglamentar tal comisión? Parecería que no. ¿Por
qué la oposición no convirtió en “causa pública” la no conformación de la
comisión? La manera de limitar el uso y evitar el abuso de los decretos de
necesidad y urgencia era, teóricamente, presionar para que la comisión se
conformara y comenzara a actuar plenamente la letra constitucional en cuanto al
control legislativo de estos decretos presidenciales. No es que no haya existido la
crítica, pero, evidentemente, no fue suficiente.
51
Gabriel L. Negretto, “¿Gobierna solo el Presidente? Poderes de decreto y diseño institucional en
Brasil y Argentina”, en Desarrollo Económico, Vol.42, nº 167 (2002), pág. 377-403.
31
El diseño institucional es, sin duda, un elemento importante. La perspectiva
comparada, según lo visto anteriormente, muestra importantes diferencias. En el
caso de Italia y de España, se requiere tratamiento inmediato por las Cámaras o
el Congreso de los Diputados, respectivamente, y éstos deben expedirse en un
plazo determinado convalidando, rechazando o derogando el decreto del
Ejecutivo. Existe una vigencia provisoria del decreto, un control a posteriori y una
convalidación expresa que, en caso de no obtenerse, implica la pérdida de
vigencia de lo legislado por el Ejecutivo. En Francia, el presidente puede dictar
decretos frente a situaciones más taxativas y existe un control ab initio pues el
presidente debe realizar consultas oficiales con el Primer Ministro, los Presidentes
de las Asambleas y el Consejo Constitucional. Se suman también controles a
posteriori como la imposibilidad de que la Asamblea Nacional pueda ser disuelta
durante el ejercicio de los poderes excepcionales. También pueden encontrarse
casos en el presidencialismo latinoamericano, por ejemplo, en el Brasil, existe un
control a posteriori pues los decretos pierden eficacia si nos son convertidos en
ley dentro de los sesenta días de su dictado –con posibilidad de una prórroga por
igual término- según lo dispuesto en el artículo 62 de la Constitución de Brasil.
32
Francia Ab initio y a Consulta amplia antes del dictado del
posteriori decreto. El Parlamento se reúne de plenos
derechos. La Asamblea Nacional no puede
ser disuelta durante el ejercicio de los
poderes excepcionales
Brasil A posteriori Expresa Pierden eficacia si no son
por el convertidos en ley dentro de
Congreso los 60 días o, en su caso,
transcurrida una prórroga
por igual período
En los casos de Italia, España y Brasil resulta claro que el presidente debe contar
con respaldo parlamentario para que sus medidas no pierdan eficacia. Y esto
opera también como un control ab initio pues un presidente no puede arriesgarse
a que sus medidas sean regularmente rechazadas por el Parlamento. Las
diferencias con el caso argentino, entonces, son muy pronunciadas.
52
Terry M. Moe y William G. Howell, “Unilateral Accion and Presidential Power: A Theory”, en
Presidential Studies Quarterly, Vol. 29, n° 23 (1999), pág. 2.
34
La hipótesis más convencional fue que el presidente utiliza el recurso de los
decretos cuando la legislación propuesta es muy difícil de pasar frente a un
Congreso hostil. Sin embargo, esta hipótesis es contradicha por varios
investigadores y continua como tema abierto a la contrastación empírica.
Diversos trabajos han mostrado que algunos presidentes han dictado más
“executive orders” en gobiernos unificados que en divididos. De esta forma se ha
sostenido otra hipótesis: presidentes que dictan decretos para reforzar sus
victorias legislativas (Shull). Así, por ejemplo, Cohen y Krause no encontraron
evidencia acerca del mayor uso de los decretos en situaciones de menor apoyo
congresional53.
53
George A. Krause; Jeffrey E. Cohen, “Opportunity, Constraints, and the Development of the
Institutional Presidency: The Issuance of Executive Orders, 1939-96”, en The Journal of Politics,
Vol. 62, nº 1 (Feb.2000), 88-114.
54
Christopher J. Deering and Forrest Maltzman, “The Politics of Executive Orders: Legislative
Constraints on Presidential Power”, en Political Research Quarterly, Vol. 52, nº 4 (1999), pág. 767-
783.
35
Mayer55 analizó el tema en relación con: a) el partido en la presidencia; b) el
momento del período en que se dictan más EO; c) la vinculación con el menor o el
mayor apoyo del Congreso y la población. En su estudio, intentó establecer la
frecuencia del dictado según fueren presidentes demócratas o republicanos; los
distintos momentos del período presidencial (al principio, hacia la mitad o al final
del turno); la vinculación existente según se trate de gobierno dividido o unificado
y de acuerdo al estado de la popularidad presidencial. Respecto de estos puntos,
los presidentes han emitido más “executive orders” en el final de su mandato que
en el principio, sobretodo, en el último mes de gestión. Los presidentes que están
por su reelección dictan más decretos en el período de campaña que cuando no
compiten. En cuanto a la popularidad presidencial, se comprobó que los
presidentes tienen a dictar más “executive orders” cuando el apoyo ciudadano
declina, quizá como un modo de compensación. Respecto al gobierno unificado o
dividido no existe una evidencia tal que confirme que el presidente dicta más
“executive orders” cuando menos apoyo congresional tiene. En muchos casos, los
gobiernos con control parlamentario o gobierno unificado utilizaron más este
recurso.
Desde esta perspectiva, se agrega una posible ruta de investigación acerca de los
decretos de necesidad y urgencia si, más allá de las posiciones que despierta
respecto de su ubicación en el esquema institucional se lo considera, además,
como un recurso institucional en manos del Ejecutivo. Como todo recurso
institucional, el presidente lo cuenta como instrumento estratégico en su
desempeño institucional y con el fin de llevar adelante sus objetivos de gobierno.
En este sentido, la investigación podría abarcar las siguientes temáticas:
55
Kenneth R. Mayer, “Executive orders and Presidential Powers”, en The Journal of Politics, Vol.
61, nº 2 (May, 1999), 445-466. Señala este autor: “Presidents use them to make substantive
policy, exercise emergency powers, strengthen their control over executive branch agencies and
administrative processes, emphasize important symbolic stances, and maintain their electoral and
governing coalition. Their use varies in predictable ways in accordance with substantive changes in
political context. The president‟s power to make policy through executive orders has grown along
with, and has reinforced, the expansion of executive branch responsibilities”.
36
a) Frecuencia de dictado de decretos de acuerdo al tipo de gobierno
(unificado o dividido).
b) Períodos dentro del mandato en los cuales el presidente dicta más
decretos.
c) Situaciones políticas, sociales y económicas frente a los cuales el
presidente recurre más asiduamente a los decretos.
d) Vinculación entre popularidad presidencial y el dictado de decretos.
e) Análisis de la visión estratégica presidencial respecto de las posibilidad de
superar cuestionamientos del Congreso.
Para finalizar, cabe señalar que el mayor uso de los “executive orders” se ha
contemplado también como un indicador importante de la llamada “presidencia
institucionalizada”, definida según los criterios de autonomía, adaptabilidad,
complejidad y coherencia.56.
56
Lyn Ragsdale y John J. Theis III, “The Institutionalization of the American Presidency, 1924-92”,
en American Journal of Policital Science, Vol. 41, Nº 4 (1997), pág. 1280-1318.
37
Este decretismo también facilitaría el cambio abrupto de políticas en cada nueva
gestión presidencial. Un lugar común de la política argentina fue que cada nueva
gestión presidencial intentó revertir lo realizado por la anterior presidencia57. La
facultad de dictar decretos de necesidad y urgencia facilitaría, de alguna manera,
la posibilidad de modificaciones de las distintas políticas existentes y, aunque
efectivamente no se produzcan verdaderos cambios es un recurso que se
contempla al momento de “imaginarlos”.
Por otro lado, los decretos de necesidad y urgencia pueden también desincentivar
ciertos comportamiento, actitudes o climas determinados en las instituciones o el
sistema político en general. Así, no resulta un estímulo para la cohesión partidaria
oficial. Si el presidente puede legislar independientemente del Congreso estará
menos preocupado en mantener un partido cohesionado bajo su figura y no le
importará establecer lazos comunicantes con el “partido legislativo”. Tampoco
incentivaría el mantenimiento de coaliciones de gobierno. El presidente estará
57
Sobre el tema ver Mario D. Serrafero, “Calidad Institucional: La cuenta pendiente”, en Revista
del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, Tomo 64, XII (1994), pág. 9-35.
38
menos comprometido en la permanencia de las alianzas de gobierno ya
conformadas, al menos para la obtención de apoyo legislativo para que sus
proyectos tengan éxito. El tránsito desde una coalición electoral a otro de
gobierno tendrá menos de reforzamiento58. Y, en caso de no existir coaliciones de
gobierno, tampoco opera a favor de la búsqueda de acuerdos parlamentarios. Por
las mismas razones, estará menos dispuesto o interesado en el logro de acuerdos
entre las distintas fuerzas que operan en el parlamento si no hace falta su
consenso para el dictado de la legislación que le importe.
58
Piénsese, por ejemplo, en la experiencia de la Alianza, su fracaso como coalición de gobierno y
el hecho de un presidente –Fernando de la Rúa- estuvo poco interesado en mantener la coalición.
El presidente fue más que generoso en el dictado de decretos de necesidad y urgencia.
39
La segunda observación es sobre el tipo de diseño de los decretos de necesidad
y urgencia y aquí se ha visto que no ha sido lo suficientemente feliz pues, más
allá de la falta de gobierno y oposición en la constitución de la Comisión
Bicameral Permanente, los trazos de la institución fueron demasiados ambiguos.
No aparece, por ejemplo, la necesidad de convalidación expresa de los decretos y
una vigencia siempre provisoria en caso de no pasar el examen del Legislativo.
Toca ahora el turno respecto del tercer tipo de abordaje que se mencionaba más
arriba, esto es en relación a la Constitución y el régimen en su conjunto. Muchos
análisis han realizado una descripción o explicación de la lógica subyacente en el
decretismo presidencial. Nada obsta a practicar tal tipo de evaluación e, incluso,
es la más adecuada para entender cómo los institutos jurídicos son usados
políticamente para el gobierno y la política misma. Pero no debe perderse de vista
la otra lógica, más elemental, que es la lógica institucional que la Constitución
prescribe. Y aquí nos encontramos ciertamente con el problema de la dualidad
legislativa que instaura la reforma de 1994, a través de una técnica al menos
cuestionable.
59
Sus comentarios pueden verse en J. Linz y A. Valenzuela (Ed.) The Failure of Presidential
Democracy Vol. 2, The Johns Hopkins University Press, 1994.
40
el pueblo”). Pero también, significa instaurar la doble legalidad, en tanto coexiste
la ordinaria que emerge del Congreso y la extraordinaria en manos del presidente.
60
Además, el gobierno no es sólo el Ejecutivo, sino los tres poderes del Estado. ¿No es
decisionista, acaso, el poder Judicial? ¿Qué son las sentencias sino “decisiones” que deciden la
aplicación del derecho en el caso concreto?
42
Otras preguntas vinculadas son las siguientes: ¿Es el Ejecutivo el órgano con
más “percepción política” para evaluar la necesidad de la necesidad supuesta?
¿No es lugar común el presidente que considera una “necesidad” llevar adelante
sus políticas? ¿Y es también el Ejecutivo el órgano que mejor puede decidir la
urgencia? ¿Cómo entender situaciones de gobiernos “autistas” que, no obstante,
dictan decretos de necesidad y urgencia en forma recurrente, como fue por
ejemplo el caso del ex presidente Fernando de la Rúa? Como puede observarse,
el tema abre distintas sendas de análisis y no pocos dilemas dignos de
respuestas tentativas.
Y LLEGÓ LA LEY...........
44
El 20 de julio la Cámara Baja trató el proyecto en una sesión que duró más de
siete horas. A grandes rasgos, se reprodujeron los argumentos de la Cámara Alta.
El oficialismo señaló que se saldaba una deuda institucional pendiente desde la
reforma de 1994 y que la nueva ley incrementaría la calidad de las instituciones.
La oposición reiteró que implicaba un grave retroceso de la República y que el
proyecto en debate ley implicaba aumentar el poder del Ejecutivo en materia
legislativa.
EL NUEVO RÉGIMEN...
¿Cuáles son los trazos centrales de la ley 26.122 sobre el régimen legal de los
decretos de necesidad y urgencia? En primer lugar, cabe señalar que la referida
ley es aplicable al tratamiento de los supuestos referidos en la reforma de 1994:
decretos de necesidad y urgencia, delegación legislativa y veto parcial.
Según el artículo 3 “La Comisión Bicameral Permanente está integrada por ocho
diputados y ocho senadores, designados por el presidente de sus respectivas
Cámaras a propuesta de los bloques parlamentarios respetando la proporción de
las representaciones políticas”. En cuanto a su duración y permanencia señala el
artículo 4º: “Los integrantes de la Comisión Bicameral Permanente duran en el
ejercicio de sus funciones hasta la siguiente renovación de la Cámara a la que
pertenecen y pueden ser reelectos”. El artículo 6° dispone que la Comisión
cumple sus funciones aún durante el receso del Congreso de la Nación y el
45
siguiente artículo establece que sesiona cuando cuenta con la presencia de la
mayoría absoluta de sus miembros.
El artículo 10 establece en relación con los decretos que: “La Comisión Bicameral
Permanente debe expedirse acerca de la validez o invalidez del decreto y elevar
el dictamen al plenario de cada Cámara para su expreso tratamiento. El dictamen
debe pronunciarse expresamente sobre la adecuación del decreto a los requisitos
formales y sustanciales establecidos constitucionalmente para su dictado. Para
emitir dictamen, la Comisión Bicameral Permanente puede consultar a las
comisiones permanentes competentes en función de la materia”.
El artículo siguiente fue el que generó más polémica por parte de la oposición
respecto de las condiciones de la derogación: “ El rechazo por ambas Cámaras
del Congreso del decreto de que se trate implica su derogación de acuerdo a lo
que establece el artículo 2º del Código Civil, quedando a salvo los derechos
adquiridos durante su vigencia”.
La pregunta que uno se hace es, hasta que punto cambiará la situación de uso y
abuso con la nueva ley que regula el régimen del instituto. La respuesta lógica y
esperable sería que poco o nada. Esperemos que no sea así.
47