Apuntes: Qué es la arquitectura?
Francisco Ruffinelli
¿Qué es la Arquitectura?
La arquitectura es un concepto muy amplio, pues, la misma abarca, se inserta,
interfiere y transforma, para mejor o para peor, todos los espacios en donde se
desarrolla la actividad humana.
Es decir, pretende proyectar y construir el “hábitat humano”.
La arquitectura es un sistema
La arquitectura es un sistema. Es decir, en ella intervienen una serie de variables
cuya articulación, consciente o inconscientemente de parte de sus protagonistas,
obedece a estructuras intrínsecas no siempre explícitas.
La arquitectura es a su vez un sistema inserto en un complejo de sistemas
mayores interrelacionados e interdependientes. El estudio y gerenciamiento del
conjunto de disciplinas derivadas de esos sistemas dan lugar a varios campos de
aplicación más especializados en la arquitectura.
Campos de Aplicación de la Arquitectura
El Proyecto y la Construcción de los sistemas menores (sistema edilicio),
comúnmente conocido como Arquitectura.
La Planificación de los sistemas mayores (áreas Urbanas y Regionales)
comúnmente conocido como Urbanismo.
El Diseño y la Comunicación Visual de todos los artefactos muebles y
fijos inherentes al edificio y su finalidad, comúnmente conocido como
Diseño o Design.
Así podemos tener, entre otros:
o Arquitectos Proyectistas
o Arquitectos Constructores
o Arquitectos Urbanistas
o Arquitectos Diseñadores
Arquitectura, una breve definición
Podemos entonces intentar de nuevo resumir diciendo que la arquitectura
es la CREACION de los espacios o recintos para el desarrollo de
las actividades humanas
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La arquitectura y el ambiente
Cuando decimos “crea” espacios o recintos, entendemos que la arquitectura,
“intencionalmente”, interfiere y modifica el ambiente natural para transformarlo
en ambiente construido. Esta interferencia puede ser beneficiosa, y
lamentablemente muchas veces es negativa.
Pero la arquitectura no sólo interviene en el ambiente natural, también lo hace en
ambiente cultural, que implica todo lo construido por el hombre, desde siempre,
hasta hoy y proyectándose al mañana. Es decir, la arquitectura es parte de la
historia, hace historia, escribe la historia del futuro, y también “destruye” la historia.
El espacio y la arquitectura
Cuando decimos “espacio” nos referimos tanto al interior como al exterior, es decir
al espacio del edificio, de la ciudad, del paisaje, de la región.
El espacio ha sido y debería seguir siendo el elemento fundamental del hecho
arquitectónico, pues ese espacio es que el que permite, propicia y “alberga” todas
las actividades del hombre. El Espacio es por tanto el objeto de la arquitectura. El
espacio alberga al hombre en todas sus dimensiones: en su dimensión biofísica y
antropomórfica, en su dimensión social, en su dimensión espiritual, en su
dimensión sicológica y en muchos otros aspectos de su complejidad humana.
Finalmente por tanto, el hombre es el sujeto de la arquitectura.
Espacio y arquitectura, un recorrido histórico.
La percepción del espacio ha sido diferente a través del tiempo.
Los griegos le dieron al espacio un sentido geométrico, euclidiano, y se
preocuparon de sus proporciones, es decir de sus relaciones geométricas, pues
ellos buscaban en la tierra la perfección que tenían sus modelos que presumían
existían en el mundo de las ideas. Pero las “medidas de todas las cosas, era
finalmente el hombre”. Sea éste ideal o concreto, el hombre está en el centro de
la cultura griega. Pero este hombre es individuo y es al mismo tiempo comunidad,
en perfecto equilibro. El espacio prototipo del griego era por tanto el Ágora, el
lugar de reunión y de intercambio, de mercancías y saberes, todo rodeado por los
bellos y portentosos templos, a los cuales solo accedían los dioses y sus vírgenes
sacerdotisas.
Los romanos, a pesar de transculturados por los griegos, otorgaron al espacio un
sentido más pragmático, pues en su grandiosidad el Imperio Romano requirió de
espacios más complejos y de dimensiones extraordinarias. Aquí se consolida la
arquitectura como ingeniería. Los aspectos técnicos y prácticos se ponen
directamente al servicio de la arquitectura monumental. El Foro, el Coliseo y los
teatros, vale decir, el espacio externo y congregante, sigue siendo preponderante.
Pero una ciudad como Roma, con un millón de habitantes, ya requería de
espacios internos imponentes, palacios, oficinas públicas, baños públicos y
basílicas. De estos pudiera decirse que el prototipo sea el Panteón Romano con
su enorme cúpula inscripta en el cuadrado.
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Desintegrado el Imperio Romano, en los lentos y oscuros siglos de la edad
media se otorga al espacio la solemnidad de lo divino. Es decir, este espacio
terreno es apenas un paso hacia lo trascendente, y como tal todo debe elevarnos
al Divino. El espacio gótico se aligera en sus esbeltas columnas y nervuras, se
ilumina en sus vitrales y literalmente se “eleva” en su verticalidad al cielo. Dios
está en el centro de la cultura medieval. Los recintos prototipos son entonces las
catedrales y los monasterios.
En el Renacimiento que significó el redescubrimiento de antigüedad greco-latina
el espacio volvió a ser esencialmente euclidiano, geométrico y centralizado. El
círculo y el cuadrado fueron sus geometrías por antonomasia, en cuyo centro se
ubicó de nuevo al hombre. De una cosmovisión teocéntrica y geocéntrica, se pasa
a una visión heliocéntrica y antropocéntrica, dónde el hombre, nuevamente, pasa
ser medida y fin de todas las cosas, el hombre del pensamiento, de la inteligencia
y la razón, pero también el hombre de lo sensible, de la arrolladora capacidad
creativa. Es decir, se consolida aquí definitivamente el humanismo grecolatino y el
espacio sirve para ensalzar el nuevo poder del hombre sobre la naturaleza y su
destino.
El Barroco fue eliminando, paulatina y determinadamente, el espacio estático del
renacimiento. Jugando con curvas y contra-curvas dotó al espacio de movimiento,
de un recorrido siempre sorprendente. La elipse fue la figura clave. Ese
movimiento, ese recorrido, esa sorpresa casi teatral, fue gradualmente
introduciendo al espacio una nueva dimensión: el tiempo. La arquitectura que
siempre tuvo mucho de escultura, paso a ser una escultura hueca que había que
recorrerla interna y externamente para aprehenderla.
El período de la ilustración abarca aproximadamente doscientos años (siglos
XVII y XVIII). En realidad de alguna manera aún vivimos ese período. Es como si
la humanidad, al decir de su más insigne pensador Immanuelle Kant, hubiera
alcanzado “su mayoría de edad”. Sin desterrar la fe en Dios, ya no más la fe es la
explicación de las cosas, sino la experiencia, la observación, el análisis, y
finalmente el raciocinio, el que encuentra la relación de las causas y sus efectos y
establece, con rigor lógico científico, las leyes que rigen al hombre y al mundo.
Este mundo “ilustrado” que nace inserto en el espacio barroco, poco a poco lo va
rechazando, y buscando más sensatez y mesura, encuentra nuevamente su
expresión en el clásico, al cual lo revive, lo pone de nuevo en vigencia. A esto
llamamos neoclásico. El mismo clásico que en su momento representa al poder
absoluto, de ese poder que se basaba en la explotación de una mayoría de
miserables en beneficio de unos pocos, poco a poco va pasando también a ser el
símbolo del pueblo y su lucha, de su revolución, de la democracia que comenzaba
a instaurarse.
Del romanticismo a la Revolución Industrial.
Si hay momentos en la historia que se caracterizan por hacer de puente, de
constituirse en la transición de algo que se intuye como muy importante, pero que
no se sabe bien qué es, pero que de todas maneras se procura con fervor. Pues
ése es el comienzo del siglo XIX.
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Esta aparente desorientación se ve plasmada, como era de esperarse, en una
arquitectura ecléctica, nostálgica del pasado a veces, ávida de exotismo otras,
pero expresión siempre clara de un fuerte individualismo. Aquí realmente poco
importaba qué se albergaba, cuál era el destino de la arquitectura, sino la forma
externa exuberante y simbólica. Forma externa representativa del delirio de los
arquitectos y sus aliados, los frívolos comitentes y en total divorcio con su interior
y sus fines.
Pero en cuanto los arquitectos seguían encontrando vueltas a las volutas del
jónico y cruzamientos a las nervuras del gótico, una revolución inexorable se
estaba produciendo en otros ámbitos. Lenta y dificultosamente primero, y
arrolladora e inexorable después, la ilustración había dado sus frutos produciendo
una revolución en la fabricación de productos industriales y alimentos. La máquina
autopropulsada, primero por el vapor, luego por la electricidad y finalmente por la
combustión del petróleo, cambian la faz del mundo.
La tecnología del acero y luego la del hormigón armado, llevada adelante por los
ingenieros y matemáticos, son finalmente descubiertas por los arquitectos,
quienes no tienen más remedio que plegarse a los nuevos tiempos y ya para
finales del siglo XIX, sin que se pudiera decir exactamente en qué momento,
podía sin embargo tenerse la certeza se que ya se había produjo el cambio, de
que ya se estaba en presencia de una nueva arquitectura, el modernismo1.
De esta arquitectura nos volveremos a ocupar más adelante en forma más
detenida.
La arquitectura es intención y arte
Cuando decíamos más arriba que la arquitectura “intencionalmente” proyecta y
construye el hábitat humano, nos referimos al accionar de la arquitectura como
disciplina, como profesión.
Esta disciplina tiene como protagonista al arquitecto que es el individuo preparado
“formalmente” por la universidad para practicar la arquitectura.
Es decir, el producto, el hecho arquitectónico, o simplemente la obra es resultado
de la puesta en práctica por parte del “profesional” de todos los conocimientos
que abarca la disciplina asociados a su propia impronta, a su propia creatividad, y
a su experiencia.
Pero no siempre es así, existe también una arquitectura sin arquitectos, una
arquitectura espontánea. En nuestro país, un porcentaje próximo al 90 % de las
obras edilicias –ni siquiera estamos hablando del ámbito urbanístico – no tiene
como protagonista a un profesional universitario, sea éste arquitecto o ingeniero.
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Ver: Siglo XIX, Fenómenos Determinantes del cambio hacia la modernidad, de este autor.
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Bien o mal, esta arquitectura espontánea también alberga las actividades
humanas. A los arquitectos corresponde revertir esta situación, ganar ese espacio,
inculcar en la sociedad la cultura arquitectónica, concienciar a la sociedad de la
necesidad de hacer la buena arquitectura.
De una cosa podemos estar seguros. Ese “arte” de hacer la buena arquitectura,
es literalmente una verdad. No podemos concebir la arquitectura sin su aspecto
artístico. Lo que finalmente otorga el carácter de arquitectónico a una obra edilicia,
es el arte. Si no, estaríamos simplemente ante una construcción.
Finalmente, si la arquitectura es intencional, es por tanto ideológica. El hombre
reflexiona sobre ideas y se identifica más con algunas que otras, opta por
soluciones que se encuadran más a su manera de resolver los problemas, o a las
posturas que otros han asumido. Podemos decir entonces que toda arquitectura,
consciente o inconscientemente de su protagonista, es ideológica.
EJES OPERATIVOS
TRADICIONALES DE LA ARQUITECTURA
La Arquitectura opera fundamentalmente
a través de los siguientes ejes:
FUNCIÓN
TECNOLOGIA
FORMA
SIGNIFICADO
Tal vez se pudiera agregar otro aspecto importante, el Contexto, pero éste está
implícito en todos los demás. Es un eje transversal que permea a los demás.
Desde luego, no podemos concebir ninguna arquitectura sin una ubicación, sin un
lugar sin una historia.
Analicemos por el momento la arquitectura desde aquellos cuatro ejes citados.
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1. FUNCIÓN
Se refiere al USO, la FINALIDAD, o DESTINO que tienen los espacios o recintos
arquitectónicos
La arquitectura solo tiene sentido cuando tiene aplicabilidad, cuanto posee
FUNCIONALIDAD.
La arquitectura puede ser un arte, pero es esencialmente un “arte aplicado”.
Esta condición no ha sido siempre así de taxativa. En ocasiones la arquitectura ha
sido más símbolo que edificio, más arte que forma constructiva. Y en esos casos
la arquitectura se convertía en mera escultura.
La modernidad, es decir, la razón, otorgó al uso, a la función, el carácter de
materia prima de la arquitectura. Llamamos a esta arquitectura por tanto de
racionalista.
La función así pensada desde los postulados modernos de la arquitectura y el
urbanismo ha llevado a la nítida diferenciación de los espacios en cuanto a su uso.
Es decir, a cada espacio, una función específica y primordial.
En urbanismo a esto llamamos de uso diferenciado del suelo o zonificación.
Esta diferenciación cuando utilizada con equilibrio y mesura ha producido
excelentes arquitecturas. Sin embargo, cuando aplicada a ultranza, esta se ha
convertido en segregación o fragmentación
Sin embargo, a partir de lo que se ha dado en llamar de postmodernismo, de los
años 70 en adelante, la función ha dejado de ser tan absoluta, como determinante
de la arquitectura, para adquirir más flexibilidad, mayor apertura, hasta llegar a
concebirse los espacios como polifuncionales.
Los Usos pueden a su vez tener distintas modalidades o contextos:
CONTEXTO FISICO
Tiene que ver con el contexto o ambiente natural y construido del hombre, así
El Ambiente Natural
Impone condicionantes o determinantes originados en el
- Clima : macroclima y microclima
- Vegetación
- Geografía y Topografía
- Las características del Suelo
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El Ambiente Construido
Impone condicionantes o determinantes originados en
- La estructura física Urbana y Rural (edilicia y vial)
- La infraestructura de los Servicios
- Los equipamientos Urbanos
- El uso del suelo
EL CONTEXTO SOCIAL
Se relaciona a lo Social, Económico y Cultural e impone condicionantes y
determinantes que se originan en:
La estructura social
La estructura económico-productiva
El patrimonio histórico tangible e intangible
Las tradiciones y valores culturales universales y vernáculos
2. TECNOLOGÍA
Este segundo eje se refiere a todos los medios técnicos y científicos que
posibilitan la construcción de obras de arquitectura.
Edificar, construir, significa “erigir”, levantar construcciones con materiales
pesados dotando al conjunto de estabilidad y permanencia.
Etimológicamente la palabra arquitectura se deriva de los vocablos griegos
ARCHY que significa “jefe”, “maestro” y
TECHKTON que significa “carpintero”, “constructor”.
Por otro lado la raíz griega tech proviene de TECHNE, que significa “ciencia”,
“arte” o habilidad para hacer las cosas.
Por tanto, etimológicamente, la tectónica es la ciencia o “arte” de dar resistencia y
perfección a las construcciones “erigidas”
La técnica es por tanto el conjunto de saberes y destrezas que acumula y
desarrolla cada civilización para la consecución de sus fines prácticos y que en
ocasiones incluye también a la filosofía y el arte. La técnica ha sido históricamente
la forma habitual de conocimiento.
La tecnología, en cambio, ya es el conjunto de conocimientos técnicos que se
apoyan en una base científica, desarrollados sobre objetos específicos, en forma
sistemática y verificable. La tecnología es el tipo de conocimiento que ha
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fundamentado todo el desarrollo del mundo contemporáneo, en los últimos ciento
cincuenta años.
Tanto la técnica como la tecnología son los fundamentos de la construcción, y han
sido a través del tiempo, y son hasta hoy, determinantes en la caracterización de
la arquitectura.
3. FORMA
No existe arquitectura sin forma. A rigor “todo” tiene forma. Sin embargo,
innúmeras variables intervienen, en la forma “arquitectónica”.
Puede decirse que la forma es el resultado de la determinación de la extensión y
contorno de la materia, de la res extensa, al decir de Descartes.
Ese contorno, que determina la forma, es apenas un aspecto de la misma: la
forma además posee una plástica – color o textura – que caracteriza a su masa
La materia y su forma reflejan la luz cuya descomposición espectral y su
intensidad, desde lo muy intenso a lo muy oscuro, otorgan colores, matices,
profundidad, volumen.
Puede decirse también que la forma arquitectónica es el resultado de la
materialización de diversas cuestiones:
De una técnica constructiva, y de hecho siempre lo es.
La forma arquitectónica está caracterizada como respuesta a necesidades
funcionales. Esto no es, sin embargo, taxativo.
La forma puede ser el resultado de la materialización de una idea, es decir
tiene un fondo ideológico.
La forma también puede ser el resultado de la materialización de una
postura filosófica, es decir, tiene un trasfondo “metafísico”.
Puede que la forma sea el resultado de la materialización de una teoría
estética, que corresponde a una época y a un lugar.
Puede que la forma sea anterior al hecho concreto que la determina, que
se halle no precisamente en mundo de ideas platónicas, sino simplemente
se halle arraigada en el “inconsciente colectivo”, y el arquitecto o el artista
no hace más que extraer la forma, de ese “sueño latente” al mundo real. En
este caso estaríamos, no frente a formas, sino frente a tipos, a tipologías.
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4. SIGNIFICADO
Puede decirse que la arquitectura siempre transmite un mensaje, siempre posee
un significado.
El hombre tiene una percepción del mundo exterior a través de sus sentidos. Y
sobre esa percepción medita, y otorga nombres a las cosas, y luego le otorga
atributos, es decir, las califica. Vale decir maneja conceptos, y con los conceptos
elabora raciocinios: usa la razón.
Por tanto, todas las cosas tienen un significado para el hombre, es decir le
trasmiten un mensaje, significan. Eso le da una visión de su entorno, de su mundo,
es decir una cosmovisión.
En su mundo inmediato, el abrigo, la casa tiene un significado muy importante
para el hombre. Casi se diría que la casa, la morada, aquella en la que se ha
arraigado, constituye su refugio, su intimidad, casi una segunda piel. Es un poco
una extensión de su “yo”, le provoca sentimientos y al mismo tiempo termina por
reflejar a la “persona”, es decir, tiene a su vez un mensaje para los demás.
La arquitectura por tanto siempre está transmitiendo mensajes. Ya sea a través
de la percepción sensible de las formas, ya sea a través los “metalenguajes”, que
esas formas, esos tipos, esas tipologías transmiten.
Ya hemos dicho que la forma puede ser el resultado de la materialización de una
idea, es decir que tenga un fondo ideológico. O ser el resultado de una reflexión
filosófica, o corresponderse a una estética de un determinado período, o inclusive
puede reflejar directamente la impronta poética de un artista.
Pues bien, en todos los casos la arquitectura estará significando algo. Es decir
partiendo de un emisor creador o formador, se propaga por un medio significante
– la forma y la obra arquitectónica – para ser recepcionada, interpretada, vivida,
por un destinatario, por un usuario.