Bloque 5. La Restauración Y Su Crisis
Bloque 5. La Restauración Y Su Crisis
LA RESTAURACIÓN Y SU CRISIS
El sistema canovista: la constitución de 1876 y el bipartidismo; el turno de partidos, el
caciquismo y el fraude electoral.
En 1875 comienza una nueva etapa de la historia de España conocida como la Restauración de
la monarquía borbónica, que durará hasta 1923 cuando el golpe de estado de Primo de Rivera
termine con el Estado liberal implantando una dictadura. Los factores que explican el cambio
son:
1. Las clases altas que se mantienen el poder manifiestan un deseo de seguridad de estabilidad
política frente a la difusión del mito de la comuna de París que fue un intento de gobierno
obrero en un contexto de revolución, y ello provocó el miedo entre las elites económicas y
políticas españolas.
2. Las clases medias también desean orden y estabilidad cansadas de la dinámica política del
sexenio democrático.
3. Las clases populares, desorganizadas no constituían una fuerza política activa.
4. La situación internacional no es favorable al liberalismo democrático.
- El partido Alfonsino dirigido por Antonio Cánovas del Castillo que será el principal
artífice de la Restauración. Cánovas se propuso restablecer una serie de cosas que
para él eran esenciales: la monarquía, el liberalismo a medio camino entre la
democracia del sexenio y el moderantismo, la defensa de la propiedad y el orden
social tradicional. Pero también quiere renovar: por una parte al monarca (Alfonso XII
tiene que sustituir a su madre Isabel II), para ello consiguió que la reina abdicara en su
hijo, y por otra parte crear un partido liberal conservador que uniera a las principales
organizaciones políticas conservadoras pero liberales. También era partidario de
terminar con el pronunciamiento militar como forma de acceso al poder, pues la
nueva monarquía debía asentarse sobre el poder civil y el ejército tendría que
desaparecer de la vida política.
- El ejército, pues pese a los esfuerzos de Cánovas, el nuevo régimen se implantó por la
vía militar; de hecho comenzó con el pronunciamiento militar de Martínez Campos en
Sagunto, acción que fue criticada por Cánovas, lo que provocó el alejamiento
(momentáneo) de los militares de la política.
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resultado fue una constitución ecléctica y eso explica su larga duración, pues con esta
constitución pudieron gobernar tanto conservadores como liberales, pues se trataba de
una constitución muy flexible. Declara la soberanía compartida de las cortes con el rey: El
rey tiene el poder ejecutivo que lo ejerce a través del consejo de ministros y, además
puede disolver las cortes. El rey se convierte en la institución más importante, es decir en
la médula del Estado, de tal manera que no cabe imaginarse la nación española sin la
institución monárquica, es decir, la monarquía forma parte del ser de España. La
constitución establece unas cortes bicamerales: un Senado compuesto por senadores
vitalicios nombrados por el rey o senadores electivos según un sistema de elección
indirecto y muy restrictivo. Y un Congreso electivo por sufragio censitario hasta 1890 que
se implanta el sufragio universal masculino. La cuestión religiosa dio lugar a un intenso
debate. Se declaraba al Estado confesional y se le recomendaba el mantenimiento del
culto, pero se introducía la libertad religiosa, aunque limitada a las manifestaciones
privadas.
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por miembros de la Unión católica e incluso por algunos sectores de la izquierda dinástica.
Su principal dirigente fue Cánovas del Castillo y contaba con personalidades importantes
como Claudio Moyano o Romero Robledo. La otra formación era el partido Liberal: regido
por un directorio en el que destacaban Mateo Sagasta, el general Serrano, Emilio Castelar
y Romero Ortiz. Una vez organizados estos dos bloques, se procedió a su turno en el
ejercicio del poder, y la alternancia continuó incluso tras la muerte de Alfonso XII. Entre
1876 y 1898 el turno funcionó con regularidad. La primera crisis del sistema sobrevino
como consecuencia de la crisis del 98 que erosionó a los partidos. Joaquín Costa
(intelectual) calificaba a este régimen como oligárquico y caciquil.
El modelo de Estado diseñado por los liberales durante el reinado de Isabel II tuvo una
acusada vocación centralista y castellana que fue cuestionada por estos movimientos de
carácter nacionalista o regionalista. El nacionalismo periférico fue posible gracias a la
recuperación de los respectivos pasados históricos, entendidos en términos culturales,
lingüísticos, institucionales o etnográficos, a través de distintos instrumentos de
divulgación como la prensa o los juegos florales (ceremonias religiosas celebradas en Roma
en honor a la diosa Flora que en el s. XIX se instauran como certámenes literarios para
promocionar la lengua).
El catalanismo:
Los orígenes del catalanismo se encuentran en la defensa de unos intereses económicos y
en una identidad cultural y lingüística asociado a la burguesía urbana. Tradicionalmente los
industriales catalanes habían defendido una política económica proteccionista que
reservara el mercado interior a los productos textiles catalanes. Por otro lado, desde
mediados del s. XIX se consolida el renacimiento de la cultura catalana; se trata del
movimiento de la reinaxença impulsado por jacinto Verdaguer, que empezó teniendo un
carácter literario y cultural (recuperación de la lengua catalana como vehículo de cultura)
para acabar derivando en político. Desde el principio el catalanismo se presentó dividido:
Por una parte el catalanismo de derechas manifiesta una profunda relación con el carlismo
y se identifica con el conservadurismo social. Su principal portavoz en Mañé i Flaquer. Por
otra parte, en Barcelona y en los núcleos industriales se desarrolla un catalanismo de
izquierdas influido por las ideas federalistas de Pi y Margall. El fundador del movimiento
catalanista fue Valentí Almirall que planteó la necesidad de crear un partido político. En
1879 creó el Diari català para difundir las ideas de su grupo, que a partir de 1882 se llamó
Centre Català. En 1885 redactó el memorial de greuges o agravios (recopilación en defensa
de los intereses morales y materiales de Cataluña según el modelo de las cortes
medievales catalanas) en el que se afirma la personalidad catalana. El centre Català no
consiguió reunir a la mayoría de las fuerzas catalanistas, y en 1887 se escindió un grupo
importante que fundará la Lliga.
El primer unificador de las fuerzas catalanas fue Enric Prat de la Riba que era miembro de
la burguesía católica e industrial y creó un partido potencialmente conservador; la Lliga. El
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programa del partido lo proporcionan las bases de Manresa de 1892, en las que se
reclaman privilegios financieros y judiciales, así como la existencia de un parlamento
catalán con verdaderas competencias (es decir, que daban también atribuciones
legislativas). A principios del s. XIX el liderazgo fue de Francesc Cambó, y en 1908 impulsó
la creación de una amplia coalición heterogénea llamada Solidaridad Catalana, que
reclamó una amplia autonomía administrativa. Esta coalición obtuvo éxito electoral, pero
duró poco, y una vez disuelta volvió a aparecer la división en el seno del catalanismo: por
un lado la corriente de izquierdas que se manifestó en dos organizaciones (Centre
Nacionalista Republicà y La Unión Federal Nacionalista Republicà) y por la parte de la
derecha la LLiga, que se convierte en fuerza dominante. Esta, a falta de autonomía reclamó
la Mancomunidad (que permitía la unión de las cuatro diputaciones de Cataluña en una
sola). Se establecerá en el año 1913, pero sus competencias fueron muy limitadas.
El nacionalismo vasco:
Surge en la década de 1890 y en sus orígenes está el intento de recuperar la parte de los
fueros perdida tras la derrota del carlismo y, en el desarrollo de una corriente cultural en
defensa de la legua vasca; el euskera. La literatura fuerista, de raíz romántica, recuperó o
reinventó la tradición antigua y medieval del pueblo vasco a través de obras literarias que
idealizaban el mundo rural o hacían una reconstrucción histórica basada en mitos,
leyendas y tradiciones (consideración del euskera como lengua más antigua de la
península que enraíza con la visión legendaria de los vascos como etnia diferenciada).
El gran impulsor del nacionalismo vasco fue Sabino Arana, que veía un peligro para la
subsistencia de la cultura vasca la llegada de inmigrantes (maketos) debido al proceso
industrializador, que ponían en peligro las tradiciones y la raza vasca. Sus propuestas,
llegaron a sectores sobre todo de la pequeña burguesía y clases medias, y en 1895 se
fundó el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Arana popularizó un nuevo nombre para su
patria; Euskadi, una bandera propia; la ikurriña y un lema; “Dios y ley antigua”. El
movimiento estaba impregnado de un fuerte sentimiento católico, y de defensa de la
tradición y de la pureza racial (darwinismo social), por lo que el movimiento tenía un cierto
carácter xenófobo. En principio el PNV se declaró independentista, pero luego evolucionó
hacia el autonomismo. Su progreso electoral fue constante en las primeras décadas del
siglo XX y su principal rival de la defensa de la identidad vasca fue el carlismo, que tenía
una gran fuerza en Navarra.
El nacionalismo gallego:
El galleguismo tiene un carácter estrictamente cultural hasta llegado el s. XX. La lengua
gallega se usaba en el medio rural y a mediados del siglo XIX algunos intelectuales
quisieron convertirla en lengua literaria, y eso dio lugar al surgimiento de la corriente
cultural llamada Rexurdimiento, cuya figura literaria más importante fue Rosalía de Castro.
A finales de la Restauración, el movimiento fue adquiriendo un carácter cada vez más
político, pero siempre fue minoritario.
El movimiento obrero
En 1879 Pablo Iglesias fundó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), como partido de
clase que defendía los derechos del proletariado. Fue legalizado en 1881, por el gobierno
liberal de Sagasta. En 1888 se fundó la Unión General de Trabajadores (UGT), sindicato de
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orientación socialista. Por otro lado, el anarquismo fue la ideología más influyente en la
Restauración. Fue introducido durante el sexenio por el italiano Giuseppe Fanelli, discípulo
de Bakunin, el fundador del anarquismo. En esta etapa se centró en la captación de
seguidores y la acción terrorista, por lo que los anarquistas fueron clandestinos y
perseguidos. Su oposición a toda forma de poder, la acción violenta y el ataque a las
instituciones del Estado hicieron del anarquismo una amenaza al poder establecido: la
organización la mano negra sembró el terror en Andalucía en la década de 1880, Cánovas
fue asesinado por un anarquista, y en Barcelona el atentado de 1896 contra la procesión
del corpus, dio lugar a un proceso que acabó en la ejecución de varios acusados.
Los éxitos políticos: estabilidad y consolidación del poder civil, la liquidación del
problema carlista, la solución temporal del problema de Cuba.
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2. La abolición de la esclavitud en 1888
3. El nuevo código civil de 1889
4. La ley del jurado que favoreció la libertad de prensa.
5. La ley de sufragio universal de 1890 que permitió ampliar el censo electoral, sin
embargo, el fraude y la corrupción continuaron lo que impidió una verdadera
democratización del sistema político.
En esta etapa se tuvieron que enfrentar a dos conflictos pendientes desde la etapa del
sexenio: la guerra carlista y la sublevación cubana. El conflicto carlista se saldó con la
derrota de Carlos VII y con la abolición de los fueros de las provincias vascas. Con esta
derrota el carlismo entró en una fase de decadencia y reajuste interno, sin capacidad para
la vía militar, pero dará lugar al fuerismo y al nacionalismo vasco en los años 90. En 1876,
el pretendiente Carlos VII dejaba el país, la derrota militar del carlismo cerró la etapa de la
confrontación armada y abrió la vía de la política para formar una opción alternativa al
liberalismo. Tras la muerte de Alfonso XII y la imposibilidad de restaurar la rama carlista, el
movimiento dio un giro que causó tensión entre los dos sectores del partido: El sector
propiamente carlista se reestructuró dando lugar a las Juntas Tradicionalistas y se dio la
escisión integrista. El Partido Integrista, formado por los seguidores de Cándido Nocedal
(representante de Carlos en España) se organizó como tal y participó en las elecciones de
1891, aunque nunca tuvo una base social amplia excepto en las zonas tradicionalmente
carlistas.
Por otro lado, la guerra cubana iniciada en 1868, adquirió un nuevo rumbo con el empleo
de tropas lo que permitió, firmar la paz de Zajón en 1878 que ponía fin al conflicto. Se
reconocieron algunas mejoras (amnistía, libertad de colonos y esclavos) pero no concedía
el estatus de provincia española a la isla de Cuba. El problema estallará de nuevo dos años
después, y de forma definitiva a partir de 1895.
Durante el reinado de Fernando VII la práctica totalidad del imperio español alcanzó la
independencia. Sólo Cuba, Puerto Rico y Filipinas se mantuvieron bajo soberanía española.
Puerto Rico no planteaba serios problemas, pues en 1872 había conseguido su autonomía,
la esclavitud había sido abolida y tenían una economía saneada. El autonomismo se dividió
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en dos corrientes, una más españolista y otra más radical, de base popular, que dio lugar al
nacionalismo antillano. Las islas Filipinas estaban caracterizadas por la escasa presencia
española y la baja ocupación efectiva del territorio. Mestizos y nativos atacaron la ausencia
de reformas, lo que dio lugar al movimiento emancipador. Destaca José Rizal fundador de
la Liga Filipina.
La pérdida de las colonias provocó también un gran impacto en los ámbitos político,
cultural y militar:
- Político: existía en España una corriente de pensamiento impulsada por la Institución
Libre de Enseñanza (ILE) que consideraba que España estaba sometida a una excesiva
influencia de la doctrina católica y, que eso era un obstáculo para la modernización del
país. Esta corriente actuó con críticas a raíz de la crisis colonial y favoreció el surgimiento
de un movimiento político conocido como Regeneracionismo, que pretendía regenerar la
política y la sociedad española para sacar al país de su retraso (reflexionar sobre los males
de la patria: superar prácticas caciquiles, impulsar la actividad agraria mediante política
hidrográfica… los nacionalismos aprovechan para argumentar la necesidad de
desvincularse de la “moribunda” España). Joaquín Costa fue su principal impulsor.
– Cultural: una serie de intelectuales, la llamada la generación del 98, reflexionaron sobre
el ser de España y su papel en la historia. Desarrollaron una producción literaria y artística
de una gran calidad (Valle-Inclán, Pio Baroja, Miguel de Unamuno, Antonio Machado,
Ortega y Gasset…)
- Militar: supuso una humillación para el ejército que se fue mostrando cada vez más
crítico con el sistema parlamentario, e intervino cada vez más en política, y eso hizo que
desde principios del siglo XX fuera abandonado el sistema constitucional hasta culminar en
el golpe de Estado de 1923 de Primo de Rivera.
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Los intentos de modernización del sistema: el revisionismo político de los primeros
gobiernos de Alfonso XIII
En 1902 sube al trono Alfonso XIII al cumplir 16 años. La subida al trono coincidió con la
renovación del liderazgo en los partidos dinásticos. Antonio Maura alcanzó la jefatura del
partido conservador y José canalejas la del liberal. Ambos, influidos por el regeneracionismo,
impulsaron proyectos reformistas desde el interior del sistema sin criticarlo, aunque se
mantuvo el trono y el falseamiento electoral por el miedo a una verdadera participación
democrática. En 1904, Maura se convirtió en el jefe de gobierno. Su proyecto político se
concretó en la consigna “revolución desde arriba”, que planteaba la necesidad de introducir
reformas desde el gobierno para evitar una revolución popular. Por lo tanto, con este
programa pretendió la regeneración del sistema apoyándose en una nueva base social, las
masas neutras, con las que pretendía moldear un Estado fuerte, desbancar a la vieja clase
caciquil e impedir un excesivo protagonismo de las clases populares. Tomó una serie de
medidas para conseguir el programa:
- Promulgó la ley electoral de 1907, que hizo más difícil el fraude aunque no acabó con la
corrupción.
– Intentó atraerse al nacionalismo moderado y, para ello, concedió más autonomía a
ayuntamientos y diputaciones.
– En el terreno económico, intentó impulsar la industria y promulgó la ley de colonización
interior para impulsar la agricultura.
– En el terreno social aprobó algunas leyes como la ley del descanso dominical y creó el
instituto nacional de previsión en 1908.
– Mantuvo una actitud muy intransigente en la cuestión del orden público, sobre todo después
de la semana trágica de 1909.
Canalejas accedió a la jefatura del gobierno en 1910 y planteó un programa que pretendía la
modernización de la política y buscaba atraerse a sectores populares mediante un mayor
reformismo social a favor del pueblo y la limitación del poder de la iglesia:
– Promulgó la separación entre la iglesia y el estado, y la santa sede se opuso a cualquier
reforma. Entonces, en 1910 el gobierno promulgó la “ley del candado” que limitaba el
establecimiento de nuevas ordenes religiosas.
– Abolió el impuesto de consumos y lo sustituyó por un impuesto progresivo sobre la renta
que afecta sólo a quien tiene dinero, lo cual provocó la protesta de los ricos.
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– Reformó la ley de reclutamiento eliminando la redención en metálico, con lo cual el servicio
militar fue universal.
- Promulgó algunas leyes, mejorando las condiciones laborales.
– Elaboró la ley de mancomunidades (organización del territorio donde todas las provincias
son una). Su Asesinato por parte de un anarquista en 1912 impidió promulgarla. Dos años más
tarde, en 1914 la promulgaría el conservador Eduardo Dato, pero sólo se constituirá la
mancomunidad de Cataluña.
La oposición republicana
Hubo cuatro corrientes republicanas que intentaron fusionarse sin éxito:
- El partido posibilista o republicano histórico, dirigido por Emilio Castelar, formado por las
clases medias y la burguesía. Tras la aprobación del sufragio universal en 1890, se integró en el
sistema, renunciando a sus planteamientos radicales.
- El sector dirigido por Ruíz Zorrilla y Salmerón optó por el retraimiento electoral, apoyando el
triunfo de la república mediante el motín popular o levantamiento militar.
- la tensión interna produjo la división del sector institucionalista dirigido por Salmerón,
inspirado en la Institución Libre de Enseñanza (ILE).
- El Partido Federal, liderado por Pi i Margall fue el único partido republicano que se mantuvo
unido desde 1880 hasta 1931. De base urbana, aunque con amplia implantación en el mundo
rural catalán y andaluz, sus militantes eran laicistas y anticlericales, partidarios de la
descentralización, lo que los acercó a algunos movimientos nacionalistas.
Con el fin de unificar las diversas corrientes republicanas, se creó en 1903 la Unión
Republicana liderada por Salmerón y Alejandro Lerroux. En 1910, Lerroux se separó la Unión
Republicana y fundó el Partido Radical, que era anticatalanista, anticlerical y bastante
demagógo (prometía falsas promesas). En 1912, se creó el Partido Reformista fundado por
Melquíades Álvarez, al cual se aproximaron personalidades como Manuel Azaña o José Ortega
y Gasset. Este partido reformista fue evolucionando hacia posiciones monárquicas y perdió,
por eso, parte de sus afiliados.
El carlismo era también una fuerza antisistema y estaba bastante dividido. Hay que destacar el
partido Tradicionalista, fundado en 1919 por Juan Vázquez de Meya, que insistía en el peligro
comunista y reclamaba el establecimiento de una dictadura.
El nacionalismo catalán en las primeras décadas del s. XX estuvo dominado por la Lliga
Regionalista de Catalunya. Esta consideraba que se debía compatibilizar la regeneración de la
vida política y la modernización de la economía y del Estado con su reivindicación de la
autonomía. Entre determinados órganos de opinión se desató la euforia secesionista,
destacando en ella la revista satírica Cu-cut y el periódico la veu de Catalunya, que lanzaron
ataques a la unidad de la nación española, al rey y al ejército. La reacción de los oficiales de la
guarnición de Barcelona fue contundente, con el destrozo de los locales de ambas
publicaciones. Un momento decisivo en la evolución del catalanismo se produjo en 1906 con la
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aprobación de la ley de jurisdicciones que suscitó un movimiento de protesta de la sociedad
catalana contra el intervencionismo militar. Esta ley establecia que en el código de justicia
militar quedarían incluidos, en adelante, los delitos de injuria y calumnia al ejército. Ese mismo
año todas las fuerzas catalanistas formaron un frente común llamado Solidaridad catalana, sin
embargo se truncó a raíz del apoyo de Cambó (líder de la lliga regionalista) a Maura y de los
sucesos de la semana trágica de 1909. La constitución de la Mancomunidad de Cataluña en
1914, a pesar de tener sólo competencias administrativas, significó el reconocimiento de la
personalidad de Cataluña y un instrumento al servicio de la política de la Lliga.
En relación con el nacionalismo vasco, tras la muerte de Sabino Arana en 1903, se produjo en
el PNV un duro enfrentamiento entre el sector radical defensor de la pureza original de las
ideas aranistas, y otro más moderado que aceptaba el juego parlamentario.
El movimiento obrero: una de las consecuencias del atraso industrial de España era la
debilidad del movimiento obrero en la primera década del s. XX. Desde el punto de vista
organizativo, hasta bien entrado el s. XX no se formó un verdadero sindicalismo de masas, y las
organizaciones obreras, aún incipientes, se estructuraban en sociedades de socorro mutuo, de
oficios y de resistencia. El PSOE no superaba los 20.000 afiliados y la UGT los 30.000. El
anarquismo estaba arraigado en las zonas industriales y urbanas de Cataluña, y también en el
campesinado de Andalucía y Extremadura. Sin embargo en su seno persistían dos tendencias
enfrentadas: los partidarios de la estrategia terrorista y los sectores más proclives al
sindicalismo. En 1910 se fundó la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) que reafirmó la
acción directa (lucha obrera por medio de huelgas, sabotajes industriales, ocupación de
fábricas, sublevaciones y terrorismo) frente a la lucha política.
La nueva estructura social: La sociedad del antiguo régimen y de principios de siglo era
estamental y tenía escasa movilidad. A lo largo del s. XIX se va consolidando un nuevo modelo
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de sociedad: la sociedad de clases, cuyo criterio de clasificación es el nivel de renta. Así cabe
distinguir:
Con la revolución liberal se va implantando, a lo largo del s. XIX el pensamiento laico. Es decir,
la iglesia pierde importancia aunque conserva su influencia social y política, pese al
anticlericalismo que defienden determinadas personalidades como Alejandro Lerroux, Vicente
Blasco Ibáñez, Benito Pérez Galdós, o bien determinadas organizaciones políticas y sindicatos
como eran los partidos socialistas y los sindicatos anarquistas. Todo ello era consecuencia del
proceso de secularización que experimenta la sociedad española a lo largo del siglo XIX.
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analfabetismo, y la enseñaza privada predominaba sobre la pública y estaba en manos de las
órdenes religiosas, como lo demuestra el hecho de que en 1900 había 59 institutos de
enseñanzas secundarias y 507 colegios religiosos. El analfabetismo en la mujer era más alto en
la mujer que en los hombres. La situación de la mujer continuó con sus pocas posibilidades de
formación, de independencia e incluso de libertad personal. La ideología conservadora dejaba
el papel de la mujer al de esposa, madre y administradora de la casa. No se les reconocía
ninguna capacidad política. A comienzos del s. XX comenzó en España el movimiento feminista
debido al aumento de las mujeres en el mundo laboral. Las mujeres participaban en las
asociaciones de clase media católicas y liberales, así como en partidos republicanos y en el
movimiento obrero. A partir de 1918 la Asociación Nacional de Mujeres españolas reunió a
sufragistas y feministas españolas. A la altura de 1930 la mujer representaba el 19% de la
población activa, pero en Cataluña estaba el 40% de la misma.
Bajo la influencia del Krausismo (corriente filosófica que defiende el laicismo y el pensamiento
crítico) España experimenta un importante auge cultural en el último cuarto del s. XIX, cuando
Francisco Giner de los Ríos fundó la Institución Libre de Enseñanza (ILE), donde se impartía una
educación no oficial ni dogmática, y donde estudiaron las élites culturales, literarias y
científicas españolas.
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El proceso desamortizador y los cambios agrarios
Los liberales buscaron impulsar el desarrollo del capitalismo agrario, para lo cual era necesario
implantar un nuevo tipo de propiedad (libre, absoluta e individual). Se trataba de eliminar las
trabas jurídicas que impedían a los propietarios disponer de sus bienes con absoluta libertad y
transformar la tierra en mercancía. La eliminación de estas trabas constituye la reforma agraria
liberal cuyos elementos fundamentales fueron:
a) La supresión del régimen señorial, que tuvo lugar mediante el decreto del 6 de agosto de
1811, promulgado por las Cortes de Cádiz.
b) la eliminación de los mayorazgos, obra también de las Cortes de Cádiz.
c) las desamortizaciones. Es un elemento clave de la reforma agraria liberal. Supuso la
supresión de los bienes de manos muertas pertenecientes al clero y de los bienes municipales
pertenecientes a los ayuntamientos.
A lo largo del s. XVIII se defiende la idea que la posesión de bienes vinculados en poder de los
municipios (bienes de propios y comunales), de la nobleza o de la iglesia (bienes de manos
muertas o tierras amortizadas) eran tierras que quedaban al margen del libre comercio, y que
por el carácter privilegiado de sus propietarios, estaban exentas de tributación, repercutiendo
negativamente en la hacienda pública. Destacaron ciertos ilustrados en la época de Carlos III,
como Campomanes, Olavide, o Jovellanos en sus críticas a la amortización de bienes. Destacó
el “Expediente de ley agraria” (conjunto de informes de intendentes y otros reformistas que no
legó a plasmarse en una ley agraria). Los intentos reformistas encontraron el obstáculo
insalvable de pretender realizar reformas sin alterar el antiguo régimen, los privilegios.
Durante el reinado de Carlos IV y su ministro Godoy, el déficit en la Hacienda creció por la
implicación en diversas guerras, teniendo que recurrirse a los vales reales (títulos de deuda
pública) y a la desamortización eclesiástica (1798-1808). En el trienio liberal, la supresión de
órdenes monacales dio lugar a la desamortización de sus bienes, vendidos por el Estado para
amortizar la deuda pública, pero fue con el progresista Mendizábal, bajo el reinado de la
regente Mª Cristina cuando la desamortización alcanzó una gran intensidad. En 1836 se
decretó la desamortización eclesiástica (conocida como la desamortización de Mendizábal),
declarándose en venta todos los bienes pertenecientes al clero regular. Entre los objetivos de
esta desamortización estaban: 1) Sanear la
Hacienda, reduciendo la deuda y sufragar las guerras carlistas mediante la obtención de
fondos y tropas (que se estaba llevando una buena parte de la riqueza del Estado)
2) Conseguir a la
burguesía para la causa liberal, pues comprarían tierras a bajo precio. 3) Reformar el
tipo de propiedad, laica, libre, no vinculada, privada.
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adquirirlos en bolsa y pagar con ellos era una ganga para el comprador. Una de las voces que
se alzaron contra el sistema propuesto por Mendizábal fue la de Flórez Estrada (político
progresista) que proponía que el Estado arrendara las tierras a los campesinos, entregando las
tierras en arrendamientos por 50 años, con la posibilidad de renovación del contrato, siempre
que el colono accediese a una actualización de la renta. El Estado podría destinar la renta
recaudada a pagar la deuda. Este sistema hubiera supuesto el inicio de una reforma agraria,
favoreciendo la condición de las clases rurales que participarían en la causa liberal. Por el
contrario Mendizábal no buscaba ni un reparto de las tierras, ni una reforma agraria, sino
beneficiar a quienes pertenecían a la elite financiera y comercial y buscaban consolidar su
prosperidad económica con la compra de bienes inmuebles.
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a parar a los antiguos terratenientes locales, a nuevos inversores de la burguesía financiera,
industrial o profesional (por ej. Abogados) y a especuladores. Unos y otros, amigos de políticos
y caciques, constituirán la nueva elite terrateniente que detentará el poder durante el reinado
de Isabel II, ya sea en el partido moderado o progresista, y por tanto plenamente identificados
con el régimen liberal.
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mediterráneo, cereales y vid en el resto. Se exporta aceite, vino y cítricos. Se dieron constantes
crisis agrarias (1825, 1837, 1847, 1856 y 1867), la política comercial proteccionista se
reservaba el mercado nacional y los precios eran altos por la falta de competencia. En
conclusión era una agricultura estancada que no liberaba mano de obra para la industria al no
tecnificarse ni permitir una acumulación de rentas para que el campesinado comprara
productos fabriles. Fue un lastre para los otros sectores productivos.
En el s. XIX tiene lugar una débil industrialización debido a una serie de obstáculos que
dificultaron el desarrollo industrial. Entre estos cabe destacar: la insuficiencia de las
transformaciones agrarias, el bajo nivel de la demanda interna como consecuencia del bajo
nivel de la renta de gran parte de la población, el escaso desarrollo del transporte y la
inestabilidad política que influía en la inversión. Hacia 1875 todavía dominaban en el sector las
actividades industriales tradicionales: alimentación (harina, aceite, conservas, vino), vestido y
calzado, papelera, cerámica y vidrio, que eran las verdaderamente representativas del s. XIX
español. Pese a estos obstáculos surgieron algunos núcleos industriales, sobre todo en el
sector siderúrgico y textil:
2) En Cataluña se creó una poderosa industria textil, cuyos orígenes se remontan al s. XVIII,
cuando se crearon los primeros establecimientos fabriles en las cuencas de los ríos para
aprovechar la energía hidráulica. En el s. XIX el sector se consolida en un proceso discontinuo;
durante el reinado de Fernando VII y debido a la pérdida de las colonias americanas, la
industria algodonera se estanca. A partir de la década de 1830 comienza a aplicarse el vapor al
hilado y en 1840 se introducen máquinas de hilar totalmente automatizadas. Esta etapa durará
hasta los años 50 y a partir de ahí se interrumpe debido a la apertura de nuevos campos de
inversión (bancos, ferrocarriles, tierras desamortizadas) y a la falta de algodón como
consecuencia de la guerra de secesión americana. El crecimiento en esta época fue limitado
por la incapacidad de atraer inversiones del sector bancario, (ya que predominaba la
autofinanciación familiar), y por la evolución de la industria de los bienes de equipo, ya que
avanzaba más en el hilado que en el tejido, los telares se mecanizaron de forma más lenta. A
partir de 1868 se reanuda el crecimiento gracias a la política proteccionista aplicada por el
gobierno, que reservó el mercado nacional al textil catalán, a costa de que los consumidores
pagaran precios más altos.
Los minerales españoles a penas se exportaban antes de la ley de minas de 1868. Las minas
desde el s. XVI eran propiedad del Estado; las más productivas (minas reservadas) las
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explotaba el Estado y las otras (no reservadas), se cedían a particulares por un tiempo. Tras el
año 68 se vendieron las no reservadas a particulares, que se convertían “a perpetuidad” a
cambio de un canon anual en dinero. Algunas reservadas fueron también vendidas, como las
de Riotinto (cobre),otras como la de Almadén (mercurio) continuaron perteneciendo al Estado
aunque la explotación se cediera a la compañía extranjera Rothschild. Los principales recursos
eran hierro en Málaga, Vizcaya y Santander, cobre y pirita en Huelva, plomo en Cartagena y
cinc en Asturias. España a finales de siglo era el principal exportador de hierro de Europa
mientras que su producción siderúrgica era de las más bajas, lo que nos da a entender que se
encontraba tecnológicamente atrasada y dependía de los mercados exteriores.
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como gran accionista de la línea Madrid-Alicante fue el banquero José de salamanca. Al
finalizar el s. XIX, la Compañía del Norte y la MZA controlaban cada una 1/3 del tendido
ferroviario.
Los liberales tomaron una serie de medidas políticas y económicas que impulsaron el
crecimiento económico en el marco del capitalismo, como fueron:
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Se unificaron los pesos y medidas ajustándose al sistema decimal. El kilo, litro y metro,
sustituyendo a las fanegas, arrobas o quintales.
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antimilitarista, sostenida desde frentes marginales dentro del sistema político de la
Restauración (los partidos republicanos y obreros) e impulsada desde el regeneracionismo
de Costa, y por otro el empeño de volver a introducir a España en el círculo de las
potencias europeas, en un momento en que el mayor o menor prestigio de las naciones
era calibrado en función de su poder colonial. En el s. XIX España había participado en
acciones bélicas en África: la “guerra de África” que giró en torno a Ceuta y Melilla. Cuando
el colonialismo francés se fijó en Marruecos para redondear su dominio sobre Túnez y
Argelia, tuvo que tener en cuenta la realidad histórica de que España estaba asentada en
unas plazas de soberanía. A Francia por tanto, le interesaba llegar a un acuerdo con España
para un reparto marroquí. España necesitaba, por un lado asegurar sus plazas de Ceuta y
Melilla y para ello debía prolongar su dominio tierra adentro, pero por otro, era consciente
de que la aventura conllevaría muchos gastos y riesgos. Fueron por tanto, la presencia
francesa y la amenaza de participación de Alemania las que llevaron a España a las
campañas de Marruecos en las siguientes décadas.
Los conflictos sociales: la semana trágica de Barcelona, la crisis general de 1917, el trienio
bolchevique en Andalucía.
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La crisis general de 1917
En 1917, tuvo lugar una profunda crisis que pudo haber sido el fin de la monarquía, pero esta
se salvó si bien hipotecándose al ejército. La crisis estalló en el contexto de la I guerra mundial.
La guerra supuso una época dorada para los negocios, pues la neutralidad española produjo un
crecimiento económico que afectó a la economía vasca, a la minería asturiana, a las industrias
metalúrgicas y a las textiles de Cataluña, y también a la agricultura de la periferia. Todos estos
sectores pudieron colocar con facilidad sus productos en el mercado europeo. Se trató de una
oportunidad perdida de acelerar España su desarrollo industrial, pero sólo se buscó el
beneficio inmediato y no se reinvirtió en la industria. A partir de 1917, la coyuntura se volvió
negativa como consecuencia del bloqueo de la marina alemana que impidió las exportaciones
españolas. La guerra provocó un alza desenfrenada de precios, debido al desabastecimiento
del mercado interior, como consecuencia del alto volumen de exportaciones. Ese alza de
precios no tuvo su correspondencia con el crecimiento de los salarios y, por consiguiente el
poder adquisitivo de gran parte de la población se deterioró, contribuyendo a generar un
malestar social generalizado.
Las fuerzas en los bandos enfrentados en 1917 eran: 1. La oligarquía tradicional, representante
de los grupos agrarios y financieros que se apoyaba en el pucherazo y el caciquismo para
detentar el poder. 2. Una burguesía de nuevo cuño surgida en la periferia, es decir en
Cataluña, país Vasco y Asturias, muy cohesionada por su poder económico. 3. El proletariado
industrial y agrícola (jornaleros). Fueron en realidad tres revoluciones las que coincidieron de
forma consecutiva entre los meses de junio y agosto, aunque no conectaron entre sí. Todo
comenzó con una revolución de los militares, siguió con otra de la burguesía y acabó con la del
proletariado.
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miedo a que se plantearan los problemas. Y había tantas cuestiones que solucionar
que Cambó, jefe de la Lliga y de la burguesía política catalana, decidió intervenir. El
gobierno no atendió a la petición de que se abrieran las cortes, y el 5 de julio se
reunieron en Barcelona 59 diputados y senadores catalanes para señalar que la
situación no podía continuar así. Cambó proponía que, a la vista del desorden, era
voluntad de Cataluña la obtención de un régimen de amplia autonomía, y que era de
gran conveniencia para España transformar la organización del Estado, sustentándolas
en un régimen de autonomías más de acuerdo con la realidad de la vida española. El
contraataque del gobierno fue disolver la asamblea.
- Por otro lado la protesta del proletariado se concentró en una huelga general
convocada por la UGT y la CNT, que estalló en todo el país, pero que muy pronto fue
controlada por el gobierno, apoyado por el ejército. El socialismo comenzaba a surgir
como una organización obrera fuerte. En mayo de 1916 el congreso de la UGT propuso
una huelga general, que sería fundamentalmente política, para lograr, con la unión de
los partidos republicanos, la salida del rey y la formación de un gobierno provisional.
UGT y CNT iniciaron sus contactos para pedir al gobierno asuntos concretos, entre los
cuales el principal era el abaratamiento de las subsistencias. El mismo día en que se
reunió la asamblea de parlamentarios en Barcelona, el 19 de julio, se produjo en
Valencia una huelga de ferroviarios y tranviarios que acabó en despidos sin posibilidad
de readmisión por parte de la compañía del Norte. A partir de ese momento
empezaron las consecuencias en cadena. Desde entonces y durante agosto, hubo
huelgas en las principales poblaciones industriales; los huelgistas se enfrentaron al
ejército y hubo mueros y heridos en Madrid, barcelona y en las regiones industriales
de Vizcaya y Asturias.
En 1919 estalló la huelga de la Canadiense, llamada vulgarmente así pues era una empresa
que, creada en su mayoría con capital canadiense, suministraba a Barcelona electricidad y
servicio de tranvías, aunque su verdadero nombre era Traction Light and power. La huelga
estalló por despidos de obreros y rebajas de salarios. El gobernador declaró el estado de
excepción (supresión de las garantías constitucionales). El balance positivo de la huelga fue la
implantación en todo el país de la jornada de 8 horas, para los obreros industriales (el
campesinado lo obtendrá en 1931). La respuesta de los patronos a este logro fue el “lock-out”
(cierre de empresas) con el fin de que los obreros se viesen obligados a admitir determinadas
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condiciones. Como consecuencia de todo esto, desde 1920 Barcelona se convirtió en una
“ciudad sin ley”, caracterizada por el pistolerismo y el terrorismo, tanto anarquista como
patronal, éste último llamado también terrorismo amarillo, con gansters a sueldo y esquiroles,
que actuaba contra obreros de la CNT, ante lo que el gobierno eludía responsabilidades. El
gobernador civil de Barcelona, Martínez Anido, actuó con mucha dureza. Algunos obreros
murieron por la “ley de fugas” (se dejaba en libertad a los detenidos y se les disparaba como si
hubieran intentado escaparse). Como represalia por esta ley de fugas, tres anarquistas
mataron al jefe del gobierno, Eduardo dato, en 1921.
Al comenzar la década de 1920, los rifeños acentuaron su acción contra las tropas españolas, y
en 1921 el ejército decidió actuar. El general Silvestre fue nombrado jefe del ejército de África
con la misión detener la ofensiva en el Rif hasta que se lograse someter a Ahmad al-Raisuni, el
caudillo indígena que dominaba el sector occidental. Sin embargo, el general Silvestre reanudó
un avance precipitado sobre el corazón del Rif con el objetivo de ocupar la bahía de
Alhucemas, y pentró en un territorio extenso y de difícil orografía, muy alejado de los centros
de aprovisionamiento. Abd el- Krim, el jefe de los rifeños, derrotó a las tropas españolas
estrepitosa y vergonzosamente en Annual. Es lo que se conoce como “el desastre de Annual”.
España perdió casi todo el territorio que había sido ocupado durante años con grandes
esfuerzos y murieron o desaparecieron más de 10.000 soldados, incluido el general Silvestre.
El desastre causó un gran impacto en la opinión pública española, tuvo graves consecuencias
políticas y fue una de las causas del fin del régimen parlamentario. La exigencia de
responsabilidades forzó al gobierno a formar una comisión presidida por el general Picasso
para demilitar las culpabilidades militares. Los militares, los partidos dinásticos y el rey se
vieron envueltos en los debates sobre las responsabilidades, acrecentando el desprestigio del
régimen. En envío del expediente Picasso (1922) a las Cortes abrió también el debate de las
responsabilidades políticas. Los socialistas, con el apoyo de la inquierda republicana, iniciaron
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una campaña de denuncia contra el régimen que atribuyó al rey toda la responsabilidad del
desastre. Pero antes de que se hicieran públicas las conclusiones de esta comisión tuvo lugar el
golpe de estado de Primo de Rivera y no se hicieron públicas. Se imponía una dictadura militar
como solución a la aguda crisis del régimen.
En 1923, el general Primo de Rivera dio un golpe de Estado que terminó con el régimen
constitucional e implantó una dictadura que duraría hasta 1930. Contó con el apoyo del rey
Alfonso XIII, los militares, la burguesía catalana, las elites económicas, las clases medias y los
terratenientes. Fue bien recibido incluso por el PSOE cuando le ofrecieron un programa de
reformas sociales (jurados mixtos patronos-obreros).
La dictadura de Primo de Rivera fue un intento de solución autoritaria al conjunto de
problemas económicos, políticos y sociales que había acumulado el país a lo largo del régimen
de la Restauración. Entre las causas del golpe hay que mencionar:
1) El deterioro del sistema parlamentario que, basado en el caciquismo y el fraude electoral
había perdido toda credibilidad.
2) Las tensiones sociales derivadas de las grandes desigualdades y la conflictividad laboral.
3) la investigación de la cuestión de las responsabilidades en el desastre de Annual.
Desde el punto de vista político tras el golpe de estado se formó un Directorio Militar y se
suspendieron todas las instituciones propias del régimen constitucional (las cortes). Los
tribunales militares ampliaron su jurisdicción más allá del campo estrictamente militar. Se
implantó la censura de prensa, se anuló la constitución de 1876, y se prohibieron los partidos
políticos y los sindicatos. Se reprimen los nacionalismos (desaparece la Mancomunidad
catalana con el Estatuto provincial de 1925). Se reforma la administración (los gobernadores
civiles son sustituidos por gobernadores militares). Al mismo tiempo se crearon nuevos
órganos de gobierno sometidos al poder ejecutivo (ejército) y se creó un partido único “La
Unión Patriótica” inspirado en el partido fascista de Mussolini y formado por: carlistas,
mauristas y la derecha católica. En diciembre de 1925 y ante la ineficacia del directorio militar,
Primo de Rivera lo sustituyó por un Directorio Civil con la clara intención de permanecer en el
poder. Se creó también una Asamblea nacional, una especie de cortes que no era electiva
porque nadie votaba y sólo tenía un carácter consultivo.
Desde el punto de vista militar, hay que destacar la finalización de la guerra de Marruecos.
Consciente de la impopularidad de esta guerra, asumió Primo de Rivera personalmente el Alto
Comisariado en Marruecos. En 1925 Francia y España acordaron una ofensiva militar conjunta
por tierra y mar. Tras el desembarco de Alhucemas (Bahía del norte de África) se derrotó al
jefe de las cábilas marroquíes Abd- el- Krim y un año después quedó sometido todo el
protectorado.
Desde el punto de vista social para solventar los conflictos laborales se crearon comités
paritarios de patronos y obreros de cada uno de los oficios como base de la organización
corporativa nacional. El objetivo era resolver pacíficamente los conflictos mediante la
negociación, y tenían atribuciones sobre cuestiones laborales tales como la reglamentación del
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trabajo, los contratos y la asistencia social.
Desde el punto de vista económico se practicó una política de intervención del Estado en la
economía, cuyos objetivos fueron regular e impulsar la industria nacional mediante unos
elevados aranceles proteccionistas, la concesión de ayudas a las grandes empresas y el
aumento del gasto público. Estas se concretaron en: - una política hidráulica para ampliar el
regadío (se crearon las confederaciones hidrográficas diseñadas por el ingeniero Lorenzo
Pardo) – Fuertes inversiones en carreteras, puentes, puertos, y ferrocarriles. – Se crean
grandes monopolios estatales (CAMPSA, telefónica).
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monarquía. El triunfo de la coalición de republicanos y socialistas en las grandes ciudades
(menos influidas por los caciques) se interpretó como un rechazo a la monarquía y dio paso a
la proclamación de la República el 14 de abril.
Crecimiento ecónomico en el primer tercio del s. XX: los efectos de la primera guerra
mundial en la economía española, el intervencionismo estatal de la dictadura.
La guerra se declaró el 28 de julio de 1914 y a los dos días se publicó el Decreto de neutralidad
y de no intervención. Pese a la neutralidad, la guerra generó en España un triple trastorno:
dividió y enfrentó a los españoles en dos bandos espiritualmente beligerantes, produjo una
gran alteración económica que traería muchas secuelas sociales y dio lugar a una profunda
transformación moral. La guerra alteró ideológicamente al país: - aliadófilas se mostraron las
izquierdas demócratas y un amplio sector de la burguesía catalana y vasca que tenían en la
importación y exportación a esos países la fuente de negocio. - germanófilas eran la derecha
del régimen, compuesto por gran parte de los oficiales del ejército, del alto clero y de la
burgesía agrícola y de los negocios; a los que hay que añadir, en general, las clases medias
defensoras del orden y de la paz. Lo cierto es que la sociedad española entró en un estado de
inquietud y desorden moral ante los negocios que influiría decisivamente en la crisis de 1917.
Los negocios derivados de la neutralidad enriquecieron desmesuradamente a unos y
hundieron en la miseria a la mayoría. Frente a la euforia burguesa, continuó la carestía de la
vida, que afectó de modo especial a las clases obreras. De manera que puede decirse que con
el trascurso de la guerra fue empeorando la situación del país precisamente porque fueron
aumentando las diferencias entre las clases. El rapidísimo enriquecimiento de unos pocos
trajo la indignación de las clases trabajadoras.
Fueron tiempos en los que el país gozó de una economía en alza porque la de Europa lo
estaba. El régimen de Primo de Rivera modelos económicos ni nuevos esquemas de acción
sino que se limitó a proceder con los tradicionales y, concretamente a propiciar la
industrialización desde un intervencionismo estatal, a mejorar la agricultura participando en la
introducción de nuevas técnicas y a incrementar el comercio exterior. La base práctica de estas
tres políticas fue un gran desarrollo de las obras y los servicios públicos, y con el apoyo del
partido socialista a través de la UGT, pudo crear una estructura corporativa para las relaciones
capital-trabajo e intentó aplicar una importante reforma fiscal que, por primera vez, introducía
el impuesto sobre la renta.
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Cambios demográficos en el primer tercio del s. XX: la transición al régimen demográfico
moderno, los movimientos migratorios; el tranvase de la población de la agricultura a la
industria.
El crecimiento de la población
La estructura social española en 1900 En un censo de principios del s. XX se observa que más
del 60% de la población activa estaba dedicada a la agricultura y a la ganadería; de los trabajos
industriales apenas se ocupaba el 16% y cerca del 19% pertenecía al sector servicios. La
estratificación social continuaba respondiendo a las líneas de desigualdad de principios de la
Restauración. Había una clase alta, que seguía formada basicamente por latifundistas, que se
había incrementado con los miembros de la burguesía industrial, de los negocios, de la banca,
de las altas elites políticas y del funcionariado. Las clases medias también habían incrementado
su base con el aumento de las profesiones liberales, de funcionarios de la administración, de
los comerciantes medios de las ciudades y de los propietarios medios del campo y urbanos. A
estos grupos podríamos añadir los oficiales del ejército, el clero y las personas pertenecientes
a escalas inferiores (la llamada clase media-baja). El resto alrededor del 65% formaba las clases
bajas o pobres de la sociedad, integradas por obreros industriales y de servicios, por pequeños
agricultores y jornaleros, y en general por la variedad de las clases populares. Todavía
mantenían unas condiciones y unos modos de vida excesivamente precarios como para poder
constituirse en un movimiento con fuerza. En las industrias textiles catalanas y en la minería
vasca, las jornadas de trabajo eran de 12 horas y los salarios muy bajos, pero las condiciones
eran aún peores entre los jornaleros andaluces o extremeños o en las regiones minifundistas
de ambas Castillas. Estas dificultades se agravaban más si cabe por las climatología, la pobreza
del suelo y el bajo número de días de trabajo anual.
Los movimientos migratorios tanto exteriores como interiores se multiplicaron a partir del s.
XIX, y tuvieron una gran influencia en la distribución espacial de la población. En los primeros
años del s. XX aumentó de forma muy notable la emigración a ultramar, tuvo un espectacular
aumento hasta 1914, una caída durante la primera guerra mundial y un nuevo rebrote entre
los decenios de 1920 y 1930. Se incrementó de forma espectacular la emigración a América
latina, sobre todo a Argentina, Cuba y Brasil, en su mayoría procedente de Galicia y de la
fachada cantábrica. El proceso migratorio interior estuvo intimamente relacionado con el
progreso del sector industrial y terciario y con el desarrollo urbano en este periodo. Supuso el
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comienzo de una tendencia en la redistribución de la población española, interrumpida tras la
guerra civil, y que alcanzaría su momento culminante más tarde, en las décadas de 1960 y
1970. Las ciudades y las regiones industriales que absorvieron una mayor cantidad de
emigrantes fueron: Cataluña, en particular Barcelona, Madrid, sevilla, y en menor medida
Vizcaya y Valencia. Todas ellas fueron focos de atracción de los excedentes del medio rural
(éxodo rural) procedentes de Galicia, León, Castilla, Aragón y Andalucía oriental, regiones que
experimentaron una pérdida continuada de población por el éxodo campesino motivado por
los bajos niveles de vida y la baja rentabilidad agrícola.
El proceso de urbanización comenzó en la segunda mitad del s. XIX y se aceleró a partir de las
décadas de 1910 y 1920 por el desarrollo de la industrialización y la explotación minera. Entre
1900 y 1930 la población española que vivía en ciudades de más de 100.000 habitantes pasó
del 9% al 15%, lo que significa que el porcentaje de población urbana, aunque había crecido,
seguía siendo muy bajo comparado con los principales países industriales europeos. La
modernización demográfica y económica se reflejó también en la distribución de la población
activa con un descenso de la agricultura y una creciente mano de obra industrial y de servicios.
La Edad de Plata de la cultura española: de la generación del 98 a la del 36. El papel de los
intelectuales.
Cuando en 1913, josé Martínez Ruíz, Azorín, acuñó el término generación del 98 para referirse
a la amplia nómina de escritores que publicaron su obra en los principios del s. XX, estaba
refiriéndose no sólo a un grupo literario, sino más bien a un conjunto de intelectuales que
tenían una actitud muy crítica ante los problemas sociales de la España de entonces. Con ellos
comienza la llamada Edad de plata de la cultura española, que abarca hasta 1936, años en los
que la vida intelectual española alcanzó un vigor extraordinario. El grueso de los escritores que
conformaron la generación del 98. Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Pío Baroja.. no sólo
reflejaron en su obra literaria la mediocridad y la corrupción existentes, sino que también se
ocupaban de la llamada cuestión social, poniéndose en algunos casos del lado del pueblo
trabajador y denunciando la miseria y la explotación. El compromiso de los intelectuales con la
vida pública se manifestó en diversas formas de intervención: colaboración en periódicos y
revistas, celebración de aniversarios, homenajes, participación en mítines y manifestaciones y
publicación de manifiestos.
En la década de los años veinte se había producido una radicalización entre los intelectuales
españoles: tomaron partido frente a la dictadura y al mismo tiempo se abrieron a las nuevas
corrientes culturales europeas, adcribiéndose a las vanguardias artísticas del momento, los
llamados “ismos”. Nació así la generación del 27, otro grupo cultural y literario de gran
influencia social. El compromiso de los intelectuales de la generación del 27 con la izquierda
fue generalizado. Lorca, Buñuel, Alberti o Sender colaboraron con el esfuerzo cultural de la
república en diversos campos. Consecuencia de esta actitud fue el asesinato de algunos de
ellos por los fascistas en 1936 –caso de Lorca e Hijonosa- y el exilio tras la derrota de la
República en otros muchos casos.
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El cambio intelectual
La institución Libre de Enseñanza (ILE) actuó de 1876 a 1936. Derivada del krausismo (filosofía
alemana) en su origen se trata de un proyecto de regeneración moral para enfrentarse con la
situación del país profundamente degradada por los efectos de la ley Moyano de 1857. Frente
a la enseñanza bajo el dominio eclesiástico se levanta la institución proclamando el laicismo, el
racionalismo y la libre disensión. Creada por Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo Azcárate
y Nicolás Salmerón, defendía la libertad de enseñanza frente a la oficial católica, amparada en
el artículo 11 de la constitución de 1876. Pero la libertad de enseñanza quedó relegada a los
centros privados, que no podían denominarse institutos ni universidades. Es ajena a cualquier
confesión religiosa y a cualquier partido político. Defiende la libertad e inviolabilidad de la
ciencia. Al actuar al margen del estado, no recibió ayudas económicas. Metodológicamente era
opuesta al libro de texto y al abuso en la memorización, partidaria de la conexión escuela-vida
y no se enseñar las cosas sino de orientar para que se hagan. Opuestos a la separación de
sexos, abogan por la coeducación, tampoco eran partidarios de los exámenes como medio
evaluador. Gracias a la ILE, España igualó e incluso superó a los países vecinos en materia de
educación superior, aunque este esfuerzo no llegó al pueblo, que continuó sacrificado y
sumido en el analfabetismo.
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Textos bloque 5. La restauración y su crisis
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Tratado de París entre España y EE.UU, 10 de diciembre de 1898
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Ha llegado para nosotros el momento más temido que esperado (…) de recoger las ansias, de
atender el clamoroso requerimiento de cuantos amando a la patria no ven para ella otra
salvación que libertarla de los profesionales de la política, de los hombres que, por una u otra
razón, nos ofrecen el cuadro de desdichas e inmoralidades que empezaron en el año 98 y
amenazan a España con un próximo fin trágico y deshonroso (...)
Pues bien, ahora vamos a recabar todas las responsabilidades y a gobernar nosotros u
hombres civiles que representen nuestra moral y doctrina. (...) Españoles: ¡viva España y viva
el rey! (...)
No tenemos que justificar nuestro acto, que el pueblo sano demanda e impone. Asesinatos de
prelados, ex gobernadores, agentes de la autoridad, patronos, capataces y obreros; audaces e
impunes atracos; depreciación de moneda (…) No venimos a llorar lágrimas y vergüenzas, sino
a ponerles pronto radical remedio (…).
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Conceptos históricos bloque 5. La restauración y su crisis
CACIQUISMO El caciquismo fue un fenómeno que se dio en toda España, aunque alcanzó su
máximo desarrollo en Andalucía, Galicia y Castilla. Está basado en la corrupción electoral y en
la utilización de la influencia y poder económico de determinados individuos sobre la sociedad.
El adulterio del voto fue una práctica habitual en todas las elecciones, la manipulación y las
trampas electorales también. Se pactaba la victoria de un partido y este partido conseguía una
amplia mayoría parlamentaria gracias al falseamiento de los resultados. Los caciques eran
personas notables, sobre todo del medio rural, a menudo ricos propietarios que daban trabajo
a jornaleros y que tenían una gran influencia en la vida local, tanto en lo social como en lo
político. También podían ser abogados, profesionales de prestigio o funcionarios de la
Administración. Con su influencia, los caciques orientaban la dirección del voto, agradeciendo
con sus "favores" la fidelidad electoral y discriminando a los que no respetaban sus intereses.
Los caciques manipularon las elecciones continuamente de acuerdo con las autoridades,
especialmente con los gobernadores civiles de las provincias. El conjunto de trampas
electorales que ayudaban a conseguir la sistemática de los resultados electorales se conoce
como pucherazo. No dudaban en falsificar el censo (incluyendo a personas muertas o
impidiendo votar a las vivas), manipular las actas electorales, ejercer la compra de votos,
amenazar a electorado con acciones de todo tipo e incluso emplear la violencia para
atemorizar a los contrarios.
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TURNISMO Fue uno de los elementos fundamentales del sistema de la Restauración borbónica
en España. Consistió en la alternancia en el gobierno de los dos partidos dinásticos
(conservador y liberal). La formación de gobierno por parte de cada uno de ellos no dependía
del triunfo en las elecciones, sino de la decisión del rey en función de una crisis política o de
desgaste en el poder del partido gobernante. Su origen estuvo en la exigencia de Práxedes
Mateo Sagasta de que el rey llamase a gobernar en 1881 a su partido como alternancia al de
Antonio Cánovas del Castillo. Esta práctica artificial impulsada por Cánovas y Sagasta y que
tomaba como modelo el sistema británico, acabó con el limitado pluralismo político existente.
INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA (ILE) Institución educativa creada en 1876 por profesores
separados de sus clases a consecuencia de su protesta contra los decretos de instrucción
pública de 1875, que atentaban contra la libertad de cátedra. Sus fundadores fueron Giner de
los Ríos, Azcárate y Salmerón, y se basaba en los principios de la filosofia krausista
fundamentada en una pedagogia unida a la naturaleza y al conocimiento del medio a través de
la experiéncia.
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