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Bloque 5. La Restauración Y Su Crisis

1) La Restauración en España (1875-1923) buscó establecer un régimen monárquico y conservador liderado por Cánovas del Castillo tras el Sexenio Democrático. 2) Se estableció un sistema de turno de partidos entre conservadores y liberales que manipulaba las elecciones a través de caciques. 3) Este régimen enfrentó oposición de catalanistas, nacionalistas vascos y el movimiento obrero.

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Bloque 5. La Restauración Y Su Crisis

1) La Restauración en España (1875-1923) buscó establecer un régimen monárquico y conservador liderado por Cánovas del Castillo tras el Sexenio Democrático. 2) Se estableció un sistema de turno de partidos entre conservadores y liberales que manipulaba las elecciones a través de caciques. 3) Este régimen enfrentó oposición de catalanistas, nacionalistas vascos y el movimiento obrero.

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BLOQUE 5.

LA RESTAURACIÓN Y SU CRISIS
El sistema canovista: la constitución de 1876 y el bipartidismo; el turno de partidos, el
caciquismo y el fraude electoral.

En 1875 comienza una nueva etapa de la historia de España conocida como la Restauración de
la monarquía borbónica, que durará hasta 1923 cuando el golpe de estado de Primo de Rivera
termine con el Estado liberal implantando una dictadura. Los factores que explican el cambio
son:
1. Las clases altas que se mantienen el poder manifiestan un deseo de seguridad de estabilidad
política frente a la difusión del mito de la comuna de París que fue un intento de gobierno
obrero en un contexto de revolución, y ello provocó el miedo entre las elites económicas y
políticas españolas.
2. Las clases medias también desean orden y estabilidad cansadas de la dinámica política del
sexenio democrático.
3. Las clases populares, desorganizadas no constituían una fuerza política activa.
4. La situación internacional no es favorable al liberalismo democrático.

Los artífices de la restauración

- El partido Alfonsino dirigido por Antonio Cánovas del Castillo que será el principal
artífice de la Restauración. Cánovas se propuso restablecer una serie de cosas que
para él eran esenciales: la monarquía, el liberalismo a medio camino entre la
democracia del sexenio y el moderantismo, la defensa de la propiedad y el orden
social tradicional. Pero también quiere renovar: por una parte al monarca (Alfonso XII
tiene que sustituir a su madre Isabel II), para ello consiguió que la reina abdicara en su
hijo, y por otra parte crear un partido liberal conservador que uniera a las principales
organizaciones políticas conservadoras pero liberales. También era partidario de
terminar con el pronunciamiento militar como forma de acceso al poder, pues la
nueva monarquía debía asentarse sobre el poder civil y el ejército tendría que
desaparecer de la vida política.

- El mundo de los negocios. Los hombres de negocios y de los grandes intereses


económicos, sobretodo la alta burguesía que tenía intereses coloniales, manifestó
explícitamente su apoyo a la restauración borbónica.

- El ejército, pues pese a los esfuerzos de Cánovas, el nuevo régimen se implantó por la
vía militar; de hecho comenzó con el pronunciamiento militar de Martínez Campos en
Sagunto, acción que fue criticada por Cánovas, lo que provocó el alejamiento
(momentáneo) de los militares de la política.

Tras el golpe de Estado, se formó un ministerio de regencia, ya que el rey se hallaba


ausente, concretamente en la academia militar de Sandhurst, desde donde dio a conocer
un Manifiesto (Manifiesto de Sandhurst) en el que se comprometía a respetar el régimen
liberal. Acto seguido, el ministerio de regencia elaboró las bases de una nueva
Constitución que será promulgada en 1876. La constitución de 1876 pretendió ser una
síntesis de la constitución moderada de 1845 y la constitución democrática de 1869. El

1
resultado fue una constitución ecléctica y eso explica su larga duración, pues con esta
constitución pudieron gobernar tanto conservadores como liberales, pues se trataba de
una constitución muy flexible. Declara la soberanía compartida de las cortes con el rey: El
rey tiene el poder ejecutivo que lo ejerce a través del consejo de ministros y, además
puede disolver las cortes. El rey se convierte en la institución más importante, es decir en
la médula del Estado, de tal manera que no cabe imaginarse la nación española sin la
institución monárquica, es decir, la monarquía forma parte del ser de España. La
constitución establece unas cortes bicamerales: un Senado compuesto por senadores
vitalicios nombrados por el rey o senadores electivos según un sistema de elección
indirecto y muy restrictivo. Y un Congreso electivo por sufragio censitario hasta 1890 que
se implanta el sufragio universal masculino. La cuestión religiosa dio lugar a un intenso
debate. Se declaraba al Estado confesional y se le recomendaba el mantenimiento del
culto, pero se introducía la libertad religiosa, aunque limitada a las manifestaciones
privadas.

El funcionamiento del sistema: Oligarquía y caciquismo. El turnismo

El funcionamiento del sistema político no se atiene a la legalidad constitucional, sino que


transcurre al margen de lo establecido en la constitución. Se configura un sistema político
cuyas características son:
1. La función del electorado es pasiva, porque el resultado no depende de a quienes se
haya votado, sino desde el gobierno previo acuerdo con unos notables rurales (caciques)
se facilitará la manipulación electoral. Por lo consiguiente la línea de transmisión de las
decisiones va desde el ministerio de la gobernación a los gobernadores civiles provinciales,
de estos a los alcaldes, de ahí a los caciques y de éstos por último a los electores.
2. El rey no se atenía para formar gobierno a unas mayorías parlamentarias, sino al revés,
las elecciones configuraban las mayorías parlamentarias en función del gobierno que tenía
que resultar nombrado por el rey. Para ello era necesario manipular las elecciones
mediante “el encasillado” (negociación entre los dos principales partidos para colocar al
candidato que más posibilidades tenía de salir elegido, gracias al apoyo de los caciques) y
la otra forma era mediante “el pucherazo” (manipulación directa de los resultados
electorales)
3. La decisión suprema queda en manos del rey, que sigue el criterio de mantener en torno
a la monarquía la dualidad de partidos en el disfrute alternativo en el poder, de tal
manera que desapareciera la conspiración y el pronunciamiento militar como forma de
acceder al poder. Es un sistema tramposos en el que unos años gobiernan unos, y los
siguientes otros.
4. Los caciques (corruptos) juegan un papel central. Eran miembros de las elites locales o
comerciales con tres notas distintas:
- Su fuerte predominio personal en una sociedad cerrada (sobre todo las rurales)
- Cumplían el papel de intermediarios entre esta sociedad cerrada y el Estado
- Podían intercambiar votos por “favores” o utilizar la amenaza para conseguir votos.
5. El turnismo Para que este sistema funcionara era necesario contar con dos
organizaciones políticas, cuya viabilidad dependiera de su colaboración cuando estuvieran
en la oposición. Las dos formaciones que aceptaron el turno de partidos fueron el partido
Conservador y el liberal. El partido conservador: estaba formado por antiguos moderados,

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por miembros de la Unión católica e incluso por algunos sectores de la izquierda dinástica.
Su principal dirigente fue Cánovas del Castillo y contaba con personalidades importantes
como Claudio Moyano o Romero Robledo. La otra formación era el partido Liberal: regido
por un directorio en el que destacaban Mateo Sagasta, el general Serrano, Emilio Castelar
y Romero Ortiz. Una vez organizados estos dos bloques, se procedió a su turno en el
ejercicio del poder, y la alternancia continuó incluso tras la muerte de Alfonso XII. Entre
1876 y 1898 el turno funcionó con regularidad. La primera crisis del sistema sobrevino
como consecuencia de la crisis del 98 que erosionó a los partidos. Joaquín Costa
(intelectual) calificaba a este régimen como oligárquico y caciquil.

La oposición al sistema: catalanismo, nacionalismo vasco, regionalismo gallego y


movimiento obrero.

El modelo de Estado diseñado por los liberales durante el reinado de Isabel II tuvo una
acusada vocación centralista y castellana que fue cuestionada por estos movimientos de
carácter nacionalista o regionalista. El nacionalismo periférico fue posible gracias a la
recuperación de los respectivos pasados históricos, entendidos en términos culturales,
lingüísticos, institucionales o etnográficos, a través de distintos instrumentos de
divulgación como la prensa o los juegos florales (ceremonias religiosas celebradas en Roma
en honor a la diosa Flora que en el s. XIX se instauran como certámenes literarios para
promocionar la lengua).

El catalanismo:
Los orígenes del catalanismo se encuentran en la defensa de unos intereses económicos y
en una identidad cultural y lingüística asociado a la burguesía urbana. Tradicionalmente los
industriales catalanes habían defendido una política económica proteccionista que
reservara el mercado interior a los productos textiles catalanes. Por otro lado, desde
mediados del s. XIX se consolida el renacimiento de la cultura catalana; se trata del
movimiento de la reinaxença impulsado por jacinto Verdaguer, que empezó teniendo un
carácter literario y cultural (recuperación de la lengua catalana como vehículo de cultura)
para acabar derivando en político. Desde el principio el catalanismo se presentó dividido:
Por una parte el catalanismo de derechas manifiesta una profunda relación con el carlismo
y se identifica con el conservadurismo social. Su principal portavoz en Mañé i Flaquer. Por
otra parte, en Barcelona y en los núcleos industriales se desarrolla un catalanismo de
izquierdas influido por las ideas federalistas de Pi y Margall. El fundador del movimiento
catalanista fue Valentí Almirall que planteó la necesidad de crear un partido político. En
1879 creó el Diari català para difundir las ideas de su grupo, que a partir de 1882 se llamó
Centre Català. En 1885 redactó el memorial de greuges o agravios (recopilación en defensa
de los intereses morales y materiales de Cataluña según el modelo de las cortes
medievales catalanas) en el que se afirma la personalidad catalana. El centre Català no
consiguió reunir a la mayoría de las fuerzas catalanistas, y en 1887 se escindió un grupo
importante que fundará la Lliga.

El primer unificador de las fuerzas catalanas fue Enric Prat de la Riba que era miembro de
la burguesía católica e industrial y creó un partido potencialmente conservador; la Lliga. El

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programa del partido lo proporcionan las bases de Manresa de 1892, en las que se
reclaman privilegios financieros y judiciales, así como la existencia de un parlamento
catalán con verdaderas competencias (es decir, que daban también atribuciones
legislativas). A principios del s. XIX el liderazgo fue de Francesc Cambó, y en 1908 impulsó
la creación de una amplia coalición heterogénea llamada Solidaridad Catalana, que
reclamó una amplia autonomía administrativa. Esta coalición obtuvo éxito electoral, pero
duró poco, y una vez disuelta volvió a aparecer la división en el seno del catalanismo: por
un lado la corriente de izquierdas que se manifestó en dos organizaciones (Centre
Nacionalista Republicà y La Unión Federal Nacionalista Republicà) y por la parte de la
derecha la LLiga, que se convierte en fuerza dominante. Esta, a falta de autonomía reclamó
la Mancomunidad (que permitía la unión de las cuatro diputaciones de Cataluña en una
sola). Se establecerá en el año 1913, pero sus competencias fueron muy limitadas.

El nacionalismo vasco:
Surge en la década de 1890 y en sus orígenes está el intento de recuperar la parte de los
fueros perdida tras la derrota del carlismo y, en el desarrollo de una corriente cultural en
defensa de la legua vasca; el euskera. La literatura fuerista, de raíz romántica, recuperó o
reinventó la tradición antigua y medieval del pueblo vasco a través de obras literarias que
idealizaban el mundo rural o hacían una reconstrucción histórica basada en mitos,
leyendas y tradiciones (consideración del euskera como lengua más antigua de la
península que enraíza con la visión legendaria de los vascos como etnia diferenciada).
El gran impulsor del nacionalismo vasco fue Sabino Arana, que veía un peligro para la
subsistencia de la cultura vasca la llegada de inmigrantes (maketos) debido al proceso
industrializador, que ponían en peligro las tradiciones y la raza vasca. Sus propuestas,
llegaron a sectores sobre todo de la pequeña burguesía y clases medias, y en 1895 se
fundó el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Arana popularizó un nuevo nombre para su
patria; Euskadi, una bandera propia; la ikurriña y un lema; “Dios y ley antigua”. El
movimiento estaba impregnado de un fuerte sentimiento católico, y de defensa de la
tradición y de la pureza racial (darwinismo social), por lo que el movimiento tenía un cierto
carácter xenófobo. En principio el PNV se declaró independentista, pero luego evolucionó
hacia el autonomismo. Su progreso electoral fue constante en las primeras décadas del
siglo XX y su principal rival de la defensa de la identidad vasca fue el carlismo, que tenía
una gran fuerza en Navarra.

El nacionalismo gallego:
El galleguismo tiene un carácter estrictamente cultural hasta llegado el s. XX. La lengua
gallega se usaba en el medio rural y a mediados del siglo XIX algunos intelectuales
quisieron convertirla en lengua literaria, y eso dio lugar al surgimiento de la corriente
cultural llamada Rexurdimiento, cuya figura literaria más importante fue Rosalía de Castro.
A finales de la Restauración, el movimiento fue adquiriendo un carácter cada vez más
político, pero siempre fue minoritario.

El movimiento obrero
En 1879 Pablo Iglesias fundó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), como partido de
clase que defendía los derechos del proletariado. Fue legalizado en 1881, por el gobierno
liberal de Sagasta. En 1888 se fundó la Unión General de Trabajadores (UGT), sindicato de

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orientación socialista. Por otro lado, el anarquismo fue la ideología más influyente en la
Restauración. Fue introducido durante el sexenio por el italiano Giuseppe Fanelli, discípulo
de Bakunin, el fundador del anarquismo. En esta etapa se centró en la captación de
seguidores y la acción terrorista, por lo que los anarquistas fueron clandestinos y
perseguidos. Su oposición a toda forma de poder, la acción violenta y el ataque a las
instituciones del Estado hicieron del anarquismo una amenaza al poder establecido: la
organización la mano negra sembró el terror en Andalucía en la década de 1880, Cánovas
fue asesinado por un anarquista, y en Barcelona el atentado de 1896 contra la procesión
del corpus, dio lugar a un proceso que acabó en la ejecución de varios acusados.

Los éxitos políticos: estabilidad y consolidación del poder civil, la liquidación del
problema carlista, la solución temporal del problema de Cuba.

El reinado de Alfonso XII

El partido conservador se mantuvo en el poder desde 1875 hasta 1881. La presidencia de


Cánovas fue una etapa conocida como “la dictadura canovista”; por el fuerte carácter
autoritario de su política, cuyo objetivo era doble: por un lado garantizar la consolidación
de la monarquía recién instaurada y, por otra construir un sistema político de orden
fuertemente centralizado. La política educativa del ministro Orovio exigió a los profesores
universitarios que jurasen fidelidad al gobierno y se atuviesen en sus explicaciones a lo
establecido. Esta medida llevó a desposeer de sus cátedras a varios catedráticos krausistas,
que fundaron en 1876 La Institución Libre de Enseñanza (ILE). El recorte de libertades se
plasmó en medidas de control de la libertad de expresión, de imprenta y de reunión. La ley
electoral de 1878 marcó el carácter selectivo y autoritario del sufragio, pues redujo el
censo de votantes. En 1881 Sagasta formó el primer gobierno con el Partido Liberal e
introdujo el sufragio universal masculino para las elecciones municipales de 1882. Bajo su
gobierno el ejército y la marina se modernizaron, promulgó una nueva ley de imprenta y
una reforma educativa que no se llevó a cabo en su plenitud, ya que, aunque permitió a los
profesores de la ILE volver a sus cátedras, no se redujo la presencia de la iglesia en el
sistema educativo. A nivel económico apoyó una política librecambista que fue atacada
por los sectores proteccionistas catalanes y vascos. En el año 1884 Cánovas volvió al poder,
y a la muerte de Alfonso XII en 1885 impulsó un acuerdo entre conservadores y liberales
llamado “El pacto del Pardo” con la finalidad de garantizar la continuidad de la monarquía
(muy presionada por carlistas y republicanos) y dar apoyo a La Regencia de Mª Cristina de
Habsburgo-Lorena, madre de Alfonso XIII

El fallecimiento de Alfonso XII había puesto en peligro todo el sistema de la restauración,


porque aunque la reina estaba embarazada, Alfonso XII no tenía aún un heredero varón y
cabía la posibilidad de que Isabel II reclamase de nuevo el trono.
Bajo la regencia el partido liberal ocupó más tiempo en el poder, y durante el gobierno de
Sagasta entre 1885 y 1890 impulsaron una serie de reformas legislativas heredadas de la
revolución del 68 (sexenio democrático):
1. La ley de asociaciones de 1887 eliminó la distinción entre partidos legales e ilegales y,
por tanto permitió la participación en la política de los grupos de la oposición.

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2. La abolición de la esclavitud en 1888
3. El nuevo código civil de 1889
4. La ley del jurado que favoreció la libertad de prensa.
5. La ley de sufragio universal de 1890 que permitió ampliar el censo electoral, sin
embargo, el fraude y la corrupción continuaron lo que impidió una verdadera
democratización del sistema político.

En esta etapa se tuvieron que enfrentar a dos conflictos pendientes desde la etapa del
sexenio: la guerra carlista y la sublevación cubana. El conflicto carlista se saldó con la
derrota de Carlos VII y con la abolición de los fueros de las provincias vascas. Con esta
derrota el carlismo entró en una fase de decadencia y reajuste interno, sin capacidad para
la vía militar, pero dará lugar al fuerismo y al nacionalismo vasco en los años 90. En 1876,
el pretendiente Carlos VII dejaba el país, la derrota militar del carlismo cerró la etapa de la
confrontación armada y abrió la vía de la política para formar una opción alternativa al
liberalismo. Tras la muerte de Alfonso XII y la imposibilidad de restaurar la rama carlista, el
movimiento dio un giro que causó tensión entre los dos sectores del partido: El sector
propiamente carlista se reestructuró dando lugar a las Juntas Tradicionalistas y se dio la
escisión integrista. El Partido Integrista, formado por los seguidores de Cándido Nocedal
(representante de Carlos en España) se organizó como tal y participó en las elecciones de
1891, aunque nunca tuvo una base social amplia excepto en las zonas tradicionalmente
carlistas.

Por otro lado, la guerra cubana iniciada en 1868, adquirió un nuevo rumbo con el empleo
de tropas lo que permitió, firmar la paz de Zajón en 1878 que ponía fin al conflicto. Se
reconocieron algunas mejoras (amnistía, libertad de colonos y esclavos) pero no concedía
el estatus de provincia española a la isla de Cuba. El problema estallará de nuevo dos años
después, y de forma definitiva a partir de 1895.

La crisis de fin de siglo

El la última década la alternancia continuó, si bien el personalismo del sistema fue


deteriorando los partidos, que dependían de sus líderes excesivamente. En 1890, Sagasta
tuvo que abandonar el gobierno a causa de la división interna en su partido. En la etapa
final de la década surgieron tres problemas que desembocarán en la crisis de 1898: la
situación de las colonias (la nueva sublevación cubana dio lugar al inicio de otra guerra que
acabó con la independencia), la cuestión social (debate proteccionismo-librecambismo) y
el auge de los regionalismos convertidos en nacionalismos.

La pérdida de las últimas colonias y la crisis del 98: la guerra de Cuba y el


Regeneracionismo

Durante el reinado de Fernando VII la práctica totalidad del imperio español alcanzó la
independencia. Sólo Cuba, Puerto Rico y Filipinas se mantuvieron bajo soberanía española.
Puerto Rico no planteaba serios problemas, pues en 1872 había conseguido su autonomía,
la esclavitud había sido abolida y tenían una economía saneada. El autonomismo se dividió

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en dos corrientes, una más españolista y otra más radical, de base popular, que dio lugar al
nacionalismo antillano. Las islas Filipinas estaban caracterizadas por la escasa presencia
española y la baja ocupación efectiva del territorio. Mestizos y nativos atacaron la ausencia
de reformas, lo que dio lugar al movimiento emancipador. Destaca José Rizal fundador de
la Liga Filipina.

Cuba estaba muy ligada a la economía estadounidense y admiraba el desarrollo económico


y la democracia de Estados Unidos. El interés de este país por Cuba aumentó hasta el
punto de querer comprar la isla. La rebelión fue liderada por Carlos Manuel de Céspedes,
quien dio el grito de Yara y la guerra adoptó un carácter de lucha por la independencia. La
guerra no se pudo resolver durante la etapa del sexenio democrático y la república se vio
incapaz de abordarla, dados sus graves problemas internos. Detrás del conflicto estaba la
cuestión social de la abolición de la esclavitud. En el caso de Cuba el sistema productivo no
podía prescindir de la mano de obra esclava, cuyo peso había aumentado de forma
notable y había enriquecido a numerosos comerciantes de esclavos, incluso después de
haberse abolido de forma total en 1886. Maura propuso una amplia reforma
administrativa y una ampliación del censo, pero estas medidas fueron rechazadas por los
sectores españolistas partidarios de no conceder ningún grado de autonomía. En el
extremo contrario estaba el movimiento independentista cubano creado por José Martí en
1892. A raíz del hundimiento de un acorazado estadounidense (el Maine), los Estados
Unidos acusaron a España de hundirlo (cosa falsa) y entraron en guerra en apoyo de los
insurrectos cubanos. España fue derrotada en Santiago de Cuba y en Cavite (Filipinas). En
septiembre de 1898, España firmó el tratado de París en el que reconocía la independencia
de Cuba, Filipinas, y la cesión de Puerto Rico a Estados Unidos.

La pérdida de las colonias provocó también un gran impacto en los ámbitos político,
cultural y militar:
- Político: existía en España una corriente de pensamiento impulsada por la Institución
Libre de Enseñanza (ILE) que consideraba que España estaba sometida a una excesiva
influencia de la doctrina católica y, que eso era un obstáculo para la modernización del
país. Esta corriente actuó con críticas a raíz de la crisis colonial y favoreció el surgimiento
de un movimiento político conocido como Regeneracionismo, que pretendía regenerar la
política y la sociedad española para sacar al país de su retraso (reflexionar sobre los males
de la patria: superar prácticas caciquiles, impulsar la actividad agraria mediante política
hidrográfica… los nacionalismos aprovechan para argumentar la necesidad de
desvincularse de la “moribunda” España). Joaquín Costa fue su principal impulsor.
– Cultural: una serie de intelectuales, la llamada la generación del 98, reflexionaron sobre
el ser de España y su papel en la historia. Desarrollaron una producción literaria y artística
de una gran calidad (Valle-Inclán, Pio Baroja, Miguel de Unamuno, Antonio Machado,
Ortega y Gasset…)
- Militar: supuso una humillación para el ejército que se fue mostrando cada vez más
crítico con el sistema parlamentario, e intervino cada vez más en política, y eso hizo que
desde principios del siglo XX fuera abandonado el sistema constitucional hasta culminar en
el golpe de Estado de 1923 de Primo de Rivera.

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Los intentos de modernización del sistema: el revisionismo político de los primeros
gobiernos de Alfonso XIII

El desastre de 1898 puso en evidencia las deficiencias del régimen de la Restauración y


favoreció un cierto reformismo político basado en el regeneracionismo En 1899, la regente Mª
Cristina nombró jefe de gobierno al líder conservador francisco Silvela, que mostró una cierta
voluntad de renovación y contó con determinadas personalidades políticas no vinculadas a la
política anterior como el general Polavieja o el líder del conservadurismo catalán Manuel
Durán. El reformismo planteaba ciertos proyectos de descentralización administrativa y
aumento de la carga fiscal con nuevos impuestos y con el incremento de tributos sobre
producciones de 1ª necesidad para hacer frente a las deudas contraídas durante la guerra de
Cuba y, eso provocó especialmente en Cataluña el rechazo de los contribuyentes a la
recaudación de impuestos. Es lo que se conoce como “el cierre de cajas”. Algunos ministros
dimitieron y el gobierno cayó.

En 1902 sube al trono Alfonso XIII al cumplir 16 años. La subida al trono coincidió con la
renovación del liderazgo en los partidos dinásticos. Antonio Maura alcanzó la jefatura del
partido conservador y José canalejas la del liberal. Ambos, influidos por el regeneracionismo,
impulsaron proyectos reformistas desde el interior del sistema sin criticarlo, aunque se
mantuvo el trono y el falseamiento electoral por el miedo a una verdadera participación
democrática. En 1904, Maura se convirtió en el jefe de gobierno. Su proyecto político se
concretó en la consigna “revolución desde arriba”, que planteaba la necesidad de introducir
reformas desde el gobierno para evitar una revolución popular. Por lo tanto, con este
programa pretendió la regeneración del sistema apoyándose en una nueva base social, las
masas neutras, con las que pretendía moldear un Estado fuerte, desbancar a la vieja clase
caciquil e impedir un excesivo protagonismo de las clases populares. Tomó una serie de
medidas para conseguir el programa:
- Promulgó la ley electoral de 1907, que hizo más difícil el fraude aunque no acabó con la
corrupción.
– Intentó atraerse al nacionalismo moderado y, para ello, concedió más autonomía a
ayuntamientos y diputaciones.
– En el terreno económico, intentó impulsar la industria y promulgó la ley de colonización
interior para impulsar la agricultura.
– En el terreno social aprobó algunas leyes como la ley del descanso dominical y creó el
instituto nacional de previsión en 1908.
– Mantuvo una actitud muy intransigente en la cuestión del orden público, sobre todo después
de la semana trágica de 1909.

Canalejas accedió a la jefatura del gobierno en 1910 y planteó un programa que pretendía la
modernización de la política y buscaba atraerse a sectores populares mediante un mayor
reformismo social a favor del pueblo y la limitación del poder de la iglesia:
– Promulgó la separación entre la iglesia y el estado, y la santa sede se opuso a cualquier
reforma. Entonces, en 1910 el gobierno promulgó la “ley del candado” que limitaba el
establecimiento de nuevas ordenes religiosas.
– Abolió el impuesto de consumos y lo sustituyó por un impuesto progresivo sobre la renta
que afecta sólo a quien tiene dinero, lo cual provocó la protesta de los ricos.

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– Reformó la ley de reclutamiento eliminando la redención en metálico, con lo cual el servicio
militar fue universal.
- Promulgó algunas leyes, mejorando las condiciones laborales.
– Elaboró la ley de mancomunidades (organización del territorio donde todas las provincias
son una). Su Asesinato por parte de un anarquista en 1912 impidió promulgarla. Dos años más
tarde, en 1914 la promulgaría el conservador Eduardo Dato, pero sólo se constituirá la
mancomunidad de Cataluña.

La descomposición del sistema liberal. Las fuerzas de la oposición

Al margen de los partidos dinásticos fue reforzándose la oposición de republicanos, carlistas,


nacionalistas y movimiento obrero. El republicanismo fue una importante fuerza de oposición:

La oposición republicana
Hubo cuatro corrientes republicanas que intentaron fusionarse sin éxito:
- El partido posibilista o republicano histórico, dirigido por Emilio Castelar, formado por las
clases medias y la burguesía. Tras la aprobación del sufragio universal en 1890, se integró en el
sistema, renunciando a sus planteamientos radicales.
- El sector dirigido por Ruíz Zorrilla y Salmerón optó por el retraimiento electoral, apoyando el
triunfo de la república mediante el motín popular o levantamiento militar.
- la tensión interna produjo la división del sector institucionalista dirigido por Salmerón,
inspirado en la Institución Libre de Enseñanza (ILE).
- El Partido Federal, liderado por Pi i Margall fue el único partido republicano que se mantuvo
unido desde 1880 hasta 1931. De base urbana, aunque con amplia implantación en el mundo
rural catalán y andaluz, sus militantes eran laicistas y anticlericales, partidarios de la
descentralización, lo que los acercó a algunos movimientos nacionalistas.

Con el fin de unificar las diversas corrientes republicanas, se creó en 1903 la Unión
Republicana liderada por Salmerón y Alejandro Lerroux. En 1910, Lerroux se separó la Unión
Republicana y fundó el Partido Radical, que era anticatalanista, anticlerical y bastante
demagógo (prometía falsas promesas). En 1912, se creó el Partido Reformista fundado por
Melquíades Álvarez, al cual se aproximaron personalidades como Manuel Azaña o José Ortega
y Gasset. Este partido reformista fue evolucionando hacia posiciones monárquicas y perdió,
por eso, parte de sus afiliados.

El carlismo era también una fuerza antisistema y estaba bastante dividido. Hay que destacar el
partido Tradicionalista, fundado en 1919 por Juan Vázquez de Meya, que insistía en el peligro
comunista y reclamaba el establecimiento de una dictadura.

El nacionalismo catalán en las primeras décadas del s. XX estuvo dominado por la Lliga
Regionalista de Catalunya. Esta consideraba que se debía compatibilizar la regeneración de la
vida política y la modernización de la economía y del Estado con su reivindicación de la
autonomía. Entre determinados órganos de opinión se desató la euforia secesionista,
destacando en ella la revista satírica Cu-cut y el periódico la veu de Catalunya, que lanzaron
ataques a la unidad de la nación española, al rey y al ejército. La reacción de los oficiales de la
guarnición de Barcelona fue contundente, con el destrozo de los locales de ambas
publicaciones. Un momento decisivo en la evolución del catalanismo se produjo en 1906 con la

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aprobación de la ley de jurisdicciones que suscitó un movimiento de protesta de la sociedad
catalana contra el intervencionismo militar. Esta ley establecia que en el código de justicia
militar quedarían incluidos, en adelante, los delitos de injuria y calumnia al ejército. Ese mismo
año todas las fuerzas catalanistas formaron un frente común llamado Solidaridad catalana, sin
embargo se truncó a raíz del apoyo de Cambó (líder de la lliga regionalista) a Maura y de los
sucesos de la semana trágica de 1909. La constitución de la Mancomunidad de Cataluña en
1914, a pesar de tener sólo competencias administrativas, significó el reconocimiento de la
personalidad de Cataluña y un instrumento al servicio de la política de la Lliga.

En relación con el nacionalismo vasco, tras la muerte de Sabino Arana en 1903, se produjo en
el PNV un duro enfrentamiento entre el sector radical defensor de la pureza original de las
ideas aranistas, y otro más moderado que aceptaba el juego parlamentario.

El movimiento obrero: una de las consecuencias del atraso industrial de España era la
debilidad del movimiento obrero en la primera década del s. XX. Desde el punto de vista
organizativo, hasta bien entrado el s. XX no se formó un verdadero sindicalismo de masas, y las
organizaciones obreras, aún incipientes, se estructuraban en sociedades de socorro mutuo, de
oficios y de resistencia. El PSOE no superaba los 20.000 afiliados y la UGT los 30.000. El
anarquismo estaba arraigado en las zonas industriales y urbanas de Cataluña, y también en el
campesinado de Andalucía y Extremadura. Sin embargo en su seno persistían dos tendencias
enfrentadas: los partidarios de la estrategia terrorista y los sectores más proclives al
sindicalismo. En 1910 se fundó la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) que reafirmó la
acción directa (lucha obrera por medio de huelgas, sabotajes industriales, ocupación de
fábricas, sublevaciones y terrorismo) frente a la lucha política.

Cambios sociales: características y evolución de la población española.


La evolución demográfica se caracterizó por un lento crecimiento: 11,5 millones de habitantes
en 1800, 18,6 en 1900 y 23,5 en 1930 y por la pervivencia del modelo demográfico antiguo: se
mantuvo una natalidad y mortalidad alta. La mayor tasa de crecimiento corresponde al
segundo tercio del s. XIX, que viene a ser un 6,3 por mil para descender en el último tercio al
4,3 por mil. Estas tasas son de las más bajas de los países de Europa occidental. Este lento
crecimiento se debía a las altas tasas de mortalidad, a diferencia del descenso que tenían en
países más avanzados. Las malas condiciones higiénico-sanitarias, epidemias y enfermedades
infecciosas (como las de cólera en los años 1833 al 1835 o de 1853 a 1856) y la continuidad de
las crisis de subsistencia en algunas regiones (Andalucía, Extremadura..) explican la elevada
mortalidad. En cuanto a la distribución de la población, continúa la tendencia iniciada en el s.
XVIII, es decir, aumenta la población de la periferia mientras que el interior se estanca, excepto
Madrid. Además continúa predominando la población rural sobre la urbana, si bien se
incrementa el crecimiento de las ciudades, especialmente a partir de 1870 en la costa. Se dio
una fuerte emigración a América y a África del norte (Argelia y Túnez) favorecida por las leyes
que tras 1853 suprimieron todas las trabas legales a la emigración.

La nueva estructura social: La sociedad del antiguo régimen y de principios de siglo era
estamental y tenía escasa movilidad. A lo largo del s. XIX se va consolidando un nuevo modelo

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de sociedad: la sociedad de clases, cuyo criterio de clasificación es el nivel de renta. Así cabe
distinguir:

- La aristocracia. La nobleza terrateniente y rentista, que carecía ahora de un estatuto jurídico


diferenciado, era una élite asociada a la burguesía con un gran poder económico e influencia
política. Fue tratada con consideración por la nueva oligarquía liberal y su poder económico
permanecería intacto.
- La iglesia. Privada de buena parte de sus riquezas por la desamortización, había perdido no
sólo poder político y fuerza, sino que, además pasó a depender económicamente por
completo del Estado. La iglesia aceptó el papel que le fue asignado de tranquilizadora de
espíritus y que resultó de vital importancia para calmar los exaltados ánimos ante las
diferencias sociales que provocaba el desarrollo de la industrialización.
- El ejército “los espadones” Otro grupo del estrato superior y de extraordinaria influencia fue
el de los jefes militares. La victoria en la guerra civil carlista les había proporcionado seguridad
en sí mismos, al interpretar que gracias a ellos existía la monarquía liberal, y una desconfianza
radical hacia los civiles que se dedicaban a la política y que no solucionaban asuntos
sustanciales. Se sentían monárquicos constitucionales defensores de Isabel II, más que
liberales y llamados a mantener el orden social como medio imprescindible de defender la
libertad. Todo ello los llevó a hacerse políticos y participar en los gobiernos y así comenzó lo
que se ha llamado el régimen de los generales (Espartero, Narváez, O´Donnell, Prim, Serrano)
- La alta burguesía industrial, comercial y financiera. No desplazó a la aristocracia como clase
dominante, sino que se identificó con ella y aspiraba aadquirir su rango y prerogativas. Era una
burguesía aristocratizante, que, por la via del matrimonio o mediante la concesión de nuevos
títulos, pretendía ennoblecerse. Isabel II concedió un enorme número de títulos nobiliarios a
personajes destacados en la milicia, la política y las finanzas (Narváez, O´Donnell, Serrano,
Salamanca..)
- Las clases medias, que es un grupo muy heterogéneo en el que se integran los pequeños y
medianos comerciantes, artesanos, propietarios rurales, mandos intermedios del ejército,
funcionarios y profesionales liberales.
- Las capas populares, donde hay que distinguir entre el proletariado industrial, que dada la
poca importancia de la industria sólo tiene cierto peso en las ciudades catalanas y vascas y en
Madrid, y entre la gran masa de jornaleros con un nivel de renta insuficiente para la
supervivencia. Dos grupos diferentes se mostraban de forma inmediata, derivados de una
España económicamente dual y con un desarrollo desequilibrado: el rural y el urbano.

Cambio en las mentalidades

Con la revolución liberal se va implantando, a lo largo del s. XIX el pensamiento laico. Es decir,
la iglesia pierde importancia aunque conserva su influencia social y política, pese al
anticlericalismo que defienden determinadas personalidades como Alejandro Lerroux, Vicente
Blasco Ibáñez, Benito Pérez Galdós, o bien determinadas organizaciones políticas y sindicatos
como eran los partidos socialistas y los sindicatos anarquistas. Todo ello era consecuencia del
proceso de secularización que experimenta la sociedad española a lo largo del siglo XIX.

Los gobiernos de la Restauración realizaron ciertos esfuerzos en mejorar la educación.


Esfuerzos insuficientes, pues persistió hasta entrado el s. XX un elevado nivel de

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analfabetismo, y la enseñaza privada predominaba sobre la pública y estaba en manos de las
órdenes religiosas, como lo demuestra el hecho de que en 1900 había 59 institutos de
enseñanzas secundarias y 507 colegios religiosos. El analfabetismo en la mujer era más alto en
la mujer que en los hombres. La situación de la mujer continuó con sus pocas posibilidades de
formación, de independencia e incluso de libertad personal. La ideología conservadora dejaba
el papel de la mujer al de esposa, madre y administradora de la casa. No se les reconocía
ninguna capacidad política. A comienzos del s. XX comenzó en España el movimiento feminista
debido al aumento de las mujeres en el mundo laboral. Las mujeres participaban en las
asociaciones de clase media católicas y liberales, así como en partidos republicanos y en el
movimiento obrero. A partir de 1918 la Asociación Nacional de Mujeres españolas reunió a
sufragistas y feministas españolas. A la altura de 1930 la mujer representaba el 19% de la
población activa, pero en Cataluña estaba el 40% de la misma.

Bajo la influencia del Krausismo (corriente filosófica que defiende el laicismo y el pensamiento
crítico) España experimenta un importante auge cultural en el último cuarto del s. XIX, cuando
Francisco Giner de los Ríos fundó la Institución Libre de Enseñanza (ILE), donde se impartía una
educación no oficial ni dogmática, y donde estudiaron las élites culturales, literarias y
científicas españolas.

A lo largo del s. XIX la prensa alcanzó un extraordinario desarrollo, convirtiéndose en un


importante elemento de creación de opinión, pese a que existía la censura previa. Hasta 1960
cuando un periodista escribía un artículo de opinión, tenía que presentarlo al representante
del gobierno de la provincia, el censor se lo leía y elegía publicarlo o no. Para indicar que un
artículo estaba censurado, en el periódico dejaban un hueco en blanco.

Cambios ecónómicos: La economía en el s. XIX. El retardo y el estancamiento agrario. Los


efectos de la desamortización y del proteccionismo. La industrialización: la industria textil
catalana, la siderurgia y la minería. Las dificultades de los transportes: los condicionamientos
geográficos, la red de ferrocarriles. El comercio: proteccionismo ante librecambismo. Las
finanzas: la peseta como unidad monetaria, el desarrollo de la banca moderna, los
problemas de la Hacienda, las inversiones extranjeras. El desigual desarrollo regional y los
desequilibrios territoriales.

El s. XIX y comienzos del XX es la etapa de la industrialización y el de la nueva sociedad


burguesa capitalista (Gran Bretaña, Alemania, Francia y Bélgica). En España las
transformaciones fueron más limitadas y estuvo caracterizada por el crecimiento económico
lento y el atraso. España formó parte del conjunto de países y regiones periféricas de
deficiente industrialización. La marginación de España del proceso industrializador europeo se
explica en buena medida por el escaso desarrollo del sector agrario.
La evolución económica puede dividirse en dos etapas: de 1800 a 1860/70 estancamiento,
descenso de precios que dificultan el crecimiento, guerras y pérdida de las colonias
americanas, y de 1870 a 1901 ritmo de crecimiento más rápido.

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El proceso desamortizador y los cambios agrarios

Los liberales buscaron impulsar el desarrollo del capitalismo agrario, para lo cual era necesario
implantar un nuevo tipo de propiedad (libre, absoluta e individual). Se trataba de eliminar las
trabas jurídicas que impedían a los propietarios disponer de sus bienes con absoluta libertad y
transformar la tierra en mercancía. La eliminación de estas trabas constituye la reforma agraria
liberal cuyos elementos fundamentales fueron:
a) La supresión del régimen señorial, que tuvo lugar mediante el decreto del 6 de agosto de
1811, promulgado por las Cortes de Cádiz.
b) la eliminación de los mayorazgos, obra también de las Cortes de Cádiz.
c) las desamortizaciones. Es un elemento clave de la reforma agraria liberal. Supuso la
supresión de los bienes de manos muertas pertenecientes al clero y de los bienes municipales
pertenecientes a los ayuntamientos.

A lo largo del s. XVIII se defiende la idea que la posesión de bienes vinculados en poder de los
municipios (bienes de propios y comunales), de la nobleza o de la iglesia (bienes de manos
muertas o tierras amortizadas) eran tierras que quedaban al margen del libre comercio, y que
por el carácter privilegiado de sus propietarios, estaban exentas de tributación, repercutiendo
negativamente en la hacienda pública. Destacaron ciertos ilustrados en la época de Carlos III,
como Campomanes, Olavide, o Jovellanos en sus críticas a la amortización de bienes. Destacó
el “Expediente de ley agraria” (conjunto de informes de intendentes y otros reformistas que no
legó a plasmarse en una ley agraria). Los intentos reformistas encontraron el obstáculo
insalvable de pretender realizar reformas sin alterar el antiguo régimen, los privilegios.
Durante el reinado de Carlos IV y su ministro Godoy, el déficit en la Hacienda creció por la
implicación en diversas guerras, teniendo que recurrirse a los vales reales (títulos de deuda
pública) y a la desamortización eclesiástica (1798-1808). En el trienio liberal, la supresión de
órdenes monacales dio lugar a la desamortización de sus bienes, vendidos por el Estado para
amortizar la deuda pública, pero fue con el progresista Mendizábal, bajo el reinado de la
regente Mª Cristina cuando la desamortización alcanzó una gran intensidad. En 1836 se
decretó la desamortización eclesiástica (conocida como la desamortización de Mendizábal),
declarándose en venta todos los bienes pertenecientes al clero regular. Entre los objetivos de
esta desamortización estaban: 1) Sanear la
Hacienda, reduciendo la deuda y sufragar las guerras carlistas mediante la obtención de
fondos y tropas (que se estaba llevando una buena parte de la riqueza del Estado)
2) Conseguir a la
burguesía para la causa liberal, pues comprarían tierras a bajo precio. 3) Reformar el
tipo de propiedad, laica, libre, no vinculada, privada.

Desde 1841, bajo la regencia de Espartero, se continuó la desamortización afectando a los


bienes del clero secular. En 1844, con la vuelta de los moderados al poder se suspendieron las
subastas, aunque el gobierno del general Narváez garantizó las ventas ya realizadas. En total
entre 1836 y 1844 se había desamortizado el 62% de las propiedades de la iglesia. Las fincas
fueron subastadas, acaparando las compras los propietarios y los inversores burgueses puesto
que eran los únicos que tenían liquidez. Además comprar fue un excelente negocio, ya que
sólo se abonaba el 20% al contado, el resto se pagaba aplazado admitiéndose para el pago los
títulos de deuda por su valor nominal, y como estaban muy depreciados en el mercado,

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adquirirlos en bolsa y pagar con ellos era una ganga para el comprador. Una de las voces que
se alzaron contra el sistema propuesto por Mendizábal fue la de Flórez Estrada (político
progresista) que proponía que el Estado arrendara las tierras a los campesinos, entregando las
tierras en arrendamientos por 50 años, con la posibilidad de renovación del contrato, siempre
que el colono accediese a una actualización de la renta. El Estado podría destinar la renta
recaudada a pagar la deuda. Este sistema hubiera supuesto el inicio de una reforma agraria,
favoreciendo la condición de las clases rurales que participarían en la causa liberal. Por el
contrario Mendizábal no buscaba ni un reparto de las tierras, ni una reforma agraria, sino
beneficiar a quienes pertenecían a la elite financiera y comercial y buscaban consolidar su
prosperidad económica con la compra de bienes inmuebles.

La desamortización de Madoz de 1855 fue la última y definitiva fase desamortizadora, que


recibe este nombre por el ministro de Hacienda que la promovió durante el bienio progresista.
También es llamada desamortización civil, por el tipo de instituciones a las que fuertemente
afectó. Su importancia reside en tres factores:
1) Su duración: se promulgó el 1 de mayo de 1855, y su aplicación se prolongó por encima de
la diversidad de regímenes y gobiernos hasta bien entrado el s. XX.
2) El volumen de los bienes movilizados: la ley de 1855 ponía de nuevo en venta, violando el
concordato de 1851, los bienes del clero regular y secular que hubiesen quedado sin vender en
las desamortizaciones anteriores, pero también afectaba por primera vez a los bienes del
Estado: a los municipios. Se incluían también las expropiaciones de las tierras de Don Carlos y
cualesquiera otras pertenecientes a manos muertas. Por ello no es extraño que el valor de los
bienes subastados (unos 8.200 millones de reales) supere en casi el doble al de la
desamortización de Mendizábal. Sobre los bienes de los municipios recordemos que existían
dos tipos: los bienes de propios y los comunales. La legislación daba la posibilidad a los
ayuntamientos de solicitar la excepción de venta de los bienes comunales, con tal de que su
aprovechamiento hubiese sido libre y gratuito para todos los vecinos los 20 años anteriores. Lo
que ocurrió en la práctica fue que las corporaciones municipales, controladas por potentados
locales (caciques) interesados en la adquisición de tales tierras, sólo en contadas ocasiones
solicitaron tales excepciones y la mayor parte de los comunales fueron vendidos como si
fuesen bienes de propios. Se vendieron salvo raras excepciones, aceptando el pago en dinero y
no en deuda pública. El dinero obtenido se utilizó para solucionar el problema crónico de la
deuda y para contribuir a sufragar los gastos de la instalación del ferrocarril.
3) Sus repercusiones tanto económicas como sociales: la desamortización acentúa la
estructura latifundista en las provincias del centro y sur de la península, porque ahí las tierras
de propios y comunes ocupaban más amplia superficie. Es este un latifundismo burgués que
viene a unirse a otro latifundismo, el nobiliario.

Consecuencias de las desamortizaciones: La desamortización de Mendizábal supuso un


desmantelamiento de la propiedad de la iglesia y de sus fuentes de riqueza, aunque no
resolvió el problema de la deuda, sí contribuyó a atenuarla. Contra lo que pretendían sus
promotores, no produjo un aumento de la producción agraria ya que los nuevos propietarios,
no introdujeron mejoras sino que se limitaron a seguir cobrando las rentas y las
incrementaron, con nuevos contratos de arrendamiento. La desamortización provocó un
reforzamiento de la estructura de la propiedad de la tierra: acentuó el latifundismo en
Andalucía y Extremadura y el minifundismo en el norte. Las tierras y las fincas urbanas fueron

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a parar a los antiguos terratenientes locales, a nuevos inversores de la burguesía financiera,
industrial o profesional (por ej. Abogados) y a especuladores. Unos y otros, amigos de políticos
y caciques, constituirán la nueva elite terrateniente que detentará el poder durante el reinado
de Isabel II, ya sea en el partido moderado o progresista, y por tanto plenamente identificados
con el régimen liberal.

Al venderse los bienes comunales en la desamortización civil de Madoz, se privó a los


campesinos de los usos colectivos en tales bienes. La privatización de estos hace que se
produzca desde mediados del s. XIX una crisis de pequeña y mediana propiedad. Como
consecuencia de tal crisis se acentúa la tendencia emigratoria de la población rural, dirigida
tanto a las zonas industrializadas de la península como a ultramar. Pero en la franja norte, los
montes comunales, por no ser susceptibles de aprovechamiento más que como pastos, no
despertaron el interés de la burguesía y quedaron mayoritariamente en manos de los pueblos.
Subsiste pues en esta zona la pequeña explotación, que hoy en día se mantiene. Otra
consecuencia fue la provocada por la venta de bienes de propios: disminuyen los ingresos de
los ayuntamientos los cuales realizan un incremento de la presión tributaria que originará un
profundo malestar en las capas populares urbanas. La desamortización de Madoz parece que
fue la responsable de los cambios más profundos en la agricultura española del s. XIX. En
anteriores etapas desamortizadoras se habían vendido bienes que estaban mayoritariamente
cultivados, por lo que la propiedad cambiaba de manos pero no cambiaban las formas de
cultivo. Ahora siendo muchos bienes de propios y comunes, tierras destinadas a pastizales, los
nuevos propietarios, inducidos por el alza de precios de los productos agrícolas y usando una
política proteccionista (amparada por el gobierno), se deciden a poner en cultivo tales tierras,
dedicándolas al trigo en la zona interior y, a la vid en la periferia mediterránea. Por ello, la
desamortización de Madoz, introduce cambios sustanciales en el paisaje agrario. España,
tradicionalmente deficitaria en productos agrícolas logra el autoabastecimiento, e incluso en
algunos años, alcanza saldos exportables de trigo. Pero tales roturaciones, si en principio
fueron positivas para la economía, a la larga revelaron sus consecuencias negativas, ya que el
aumento de la producción se consiguió mediante la explotación extensiva y no intensiva: la
baja productividad mantuvo unos costos altos por lo que tuvo que “abusar del
proteccionismo” para evitar la competencia de los productos extranjeros mucho más baratos.
Además, con ello se estaba impidiendo la modernización agrícola, manteniendo el arcaísmo de
los sistemas de cultivo en beneficio de la burguesía propietaria.

Las consecuencias de la desamortización fueron que las familias poderosas conservaron


intacto su patrimonio y sólo un escaso número de campesinos pudieron comprar las peores
tierras de los municipios. La desamortización fue una especie de reforma agraria al revés: hizo
mísero al campesino y enriqueció más a la oligarquía. Según el historiador Tortella Casares, las
desamortizaciones también influyeron en el fracaso industrial español, al desviar la inversión
de la burguesía hacia la adquisición fácil de tierras y no hacia la industria. También son
responsables de que el campesinado se desilusionase de la política de los liberales,
aumentando la conflictividad en el campo. La situación de la agricultura era la siguiente: el
rendimiento de la tierra no aumentó, aunque sí la producción agrícola por aumento de la
superficie cultivada. Se basó en la trilogía mediterránea (vid, olivo y trigo) y en las leguminosas.
Descendió la cabaña ganadera ya que los pastos fueron sustituidos por cultivos. Aumentó la
especialización regional maíz y patata en el norte, viñedos y cultivos arbustivos y árboles en el

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mediterráneo, cereales y vid en el resto. Se exporta aceite, vino y cítricos. Se dieron constantes
crisis agrarias (1825, 1837, 1847, 1856 y 1867), la política comercial proteccionista se
reservaba el mercado nacional y los precios eran altos por la falta de competencia. En
conclusión era una agricultura estancada que no liberaba mano de obra para la industria al no
tecnificarse ni permitir una acumulación de rentas para que el campesinado comprara
productos fabriles. Fue un lastre para los otros sectores productivos.

La industrialización: la industria textil catalana, la siderúrgia y la minería.

En el s. XIX tiene lugar una débil industrialización debido a una serie de obstáculos que
dificultaron el desarrollo industrial. Entre estos cabe destacar: la insuficiencia de las
transformaciones agrarias, el bajo nivel de la demanda interna como consecuencia del bajo
nivel de la renta de gran parte de la población, el escaso desarrollo del transporte y la
inestabilidad política que influía en la inversión. Hacia 1875 todavía dominaban en el sector las
actividades industriales tradicionales: alimentación (harina, aceite, conservas, vino), vestido y
calzado, papelera, cerámica y vidrio, que eran las verdaderamente representativas del s. XIX
español. Pese a estos obstáculos surgieron algunos núcleos industriales, sobre todo en el
sector siderúrgico y textil:

1) Las primeras fábricas siderúrgicas surgieron en Marbella, (1830-1860) donde el empresario


Manuel Heredia creó los primeros altos hornos. Sin embargo esta industria pronto entró en
decadencia porque no resultaba competitiva, debido a los altos precios del transporte y del
carbón. En Asturias (zona Mieres-la Felguera) (1850-1870) surgió otro núcleo siderúrgico que
se apoyaba en precio barato del carbón de esta zona. Por último en Vizcaya, donde la familia
Ybarra fundó en 1882 la “Sociedad de Altos Hornos y fábricas de Hierro y Acero” de Bilbao, en
1885 instaló el primer convertidor Bessemer en España. En 1882 se creaba también “La
Vizcaina”. En 1902 estas dos empresas se unen a otra y crean los “Altos Hornos de Vizcaya”, la
empresa siderúrgica más poderosa de España.

2) En Cataluña se creó una poderosa industria textil, cuyos orígenes se remontan al s. XVIII,
cuando se crearon los primeros establecimientos fabriles en las cuencas de los ríos para
aprovechar la energía hidráulica. En el s. XIX el sector se consolida en un proceso discontinuo;
durante el reinado de Fernando VII y debido a la pérdida de las colonias americanas, la
industria algodonera se estanca. A partir de la década de 1830 comienza a aplicarse el vapor al
hilado y en 1840 se introducen máquinas de hilar totalmente automatizadas. Esta etapa durará
hasta los años 50 y a partir de ahí se interrumpe debido a la apertura de nuevos campos de
inversión (bancos, ferrocarriles, tierras desamortizadas) y a la falta de algodón como
consecuencia de la guerra de secesión americana. El crecimiento en esta época fue limitado
por la incapacidad de atraer inversiones del sector bancario, (ya que predominaba la
autofinanciación familiar), y por la evolución de la industria de los bienes de equipo, ya que
avanzaba más en el hilado que en el tejido, los telares se mecanizaron de forma más lenta. A
partir de 1868 se reanuda el crecimiento gracias a la política proteccionista aplicada por el
gobierno, que reservó el mercado nacional al textil catalán, a costa de que los consumidores
pagaran precios más altos.

Los minerales españoles a penas se exportaban antes de la ley de minas de 1868. Las minas
desde el s. XVI eran propiedad del Estado; las más productivas (minas reservadas) las

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explotaba el Estado y las otras (no reservadas), se cedían a particulares por un tiempo. Tras el
año 68 se vendieron las no reservadas a particulares, que se convertían “a perpetuidad” a
cambio de un canon anual en dinero. Algunas reservadas fueron también vendidas, como las
de Riotinto (cobre),otras como la de Almadén (mercurio) continuaron perteneciendo al Estado
aunque la explotación se cediera a la compañía extranjera Rothschild. Los principales recursos
eran hierro en Málaga, Vizcaya y Santander, cobre y pirita en Huelva, plomo en Cartagena y
cinc en Asturias. España a finales de siglo era el principal exportador de hierro de Europa
mientras que su producción siderúrgica era de las más bajas, lo que nos da a entender que se
encontraba tecnológicamente atrasada y dependía de los mercados exteriores.

Modernización de las infraestructuras: el ferrocarril

La construcción del ferrocarril contribuyó en la formación del mercado nacional. En la década


de 1840 comenzó a ponerse en marcha la maquinaria burocrática, surgiendo los primeros
tramos cortos de líneas. La Real Orden de 1844 dispuso el ancho de vía de los ferrocarriles en
1, 67 mts (unos 15 centímetros mayor que la norma europea). Esta desacertada decisión fue
justificada por el gobierno, alegando razones orográficas: vías más anchas para evitar
descarrilamientos, para obstaculizar el paso a cualquier invasión extranjera por los Pirineos…
decisión que hoy día repercute negativamente en la economía española. Entre los tramos
cortos, se construye en 1848 la línea Barcelona-Mataró (29 Km), en 1851 el tramo Madrid-
Aranjuez (que posteriormente uniría Madrid con Alicante), en 1853 Gijón-Langreo. Las
concesiones cayeron en grupos afines al partido moderado que se dedicaron a especular en
bolsa con ellas y provocaron graves escándalos de corrupción, con hondas repercusiones
políticas, dando paso a la llegada poder de los progresistas en 1854. Durante el bienio
progresista (1854-1856) se promulgó la ley de ferrocarriles de 1855, al considerar el ferrocarril
como una parte esencial en la modernización de la economía española. Se adoptó una
estructura radial a partir de Madrid (siguiendo la red de caminos radial de la época de Carlos
III) lo que dificultó durante mucho tiempo la conexión de la periferia española y es muestra de
un fuerte centralismo. Por la ley de 1855 se establecía la libre importación de materiales
(materias primas, maquinaria…) estando exentas de aranceles. Más del 60% de lo importado
fueron productos franceses e ingleses, por lo que España resultó ser una palanca propulsora
de la siderurgia de esos países. Nuestra escasa producción de hierro explica la libre
importación de material siderúrgico. Esta ley de ferrocarriles se completó con la creación de
bancos, sociedades de crédito y compañías ferroviarias. El Estado garantizaba al menos un 6%
de ganancias respecto a lo invertido. La entrada de capital extranjero fue descomunal. En sólo
10 años (1855-1865) quedaron trazadas las vías principales con unos 5.000 Kms de líneas
férreas. Las razones de este rápido desarrollo fueron: el apoyo estatal (financió un 20%), el
40% que aportaron capitales y tecnología extranjeros y el restante 40% fue de inversores
españoles. Fueron años de euforia coincidentes con el periodo en el que la Unión Liberal
gobernaba el país (1856-1863). Entre las compañías destacaban tres, las dos más grandes eran
La Compañía del Norte y la MZA y la de ferrocarriles andaluces. Contaban con un alto
porcentaje de capital francés que en 1894 representaba el 60% del total. También
intervinieron en la financiación industriales catalanes y vascos, aristócratas (los Alba, Urquijo,
Marqués de Salamanca...), políticos en los consejos de administración de las compañías,
militares y el propio Estado. También Isabel II estuvo vinculada a los negocios del ferrocarril. En
1858 Isabel II inauguró la estación de ferrocarril de Alicante. El gran promotor de la misma, así

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como gran accionista de la línea Madrid-Alicante fue el banquero José de salamanca. Al
finalizar el s. XIX, la Compañía del Norte y la MZA controlaban cada una 1/3 del tendido
ferroviario.

La crisis financiera europea de 1865-1866, ocasionó que las acciones de la bolsa se


desplomaran, quebraron las sociedades de crédito de Madrid y Barcelona, arrastrando en la
crisis a las compañías ferroviarias, a la industria siderometalúrgica y a la industria textil
catalana. Este ambiente desfavorable propició a nivel político en 1866 el pacto de Ostende
preparando el destronamiento de Isabel II. La red ferroviaria fue el elemento unificador del
mercado interior de productos agrarios, enlazando las regiones interiores productoras de
cereales con el litoral marítimo consumidor, abaratando los precios. Favoreció la
mercantilización de los excedentes agrarios y la especialización regional. En 1941 se creó la
RENFE, nacionalizándose la red ferroviaria.

Otros cambios económicos: Hacienda, bancos y Comercio

Los liberales tomaron una serie de medidas políticas y económicas que impulsaron el
crecimiento económico en el marco del capitalismo, como fueron:

1) La reforma de la Hacienda. Se parte de una crisis en la Hacienda arrastrada desde


Carlos III y agravada por la guerra de la independencia, guerras carlistas y pérdida de
las colonias americanas. La deuda se paga con deuda y el cliente más importante es el
gobierno: los bancos invierten en deuda pública en lugar de la industria. Con la
reforma fiscal de Alejandro Mon de 1845 se suprimen los impuestos de carácter local y
sólo se quedan los de carácter nacional (unificación de impuestos para toda España,
única contribución). Se trata de un sistema impositivo doble: un impuesto directo y
único para toda España sobre inmuebles, industria, comercio, transportes y salarios
(especie de declaración de la renta actual), y un impuesto indirecto o de consumos
“comer, beber y arder” en terminología de la época. De este saca el estado más del
doble que por el directo a causa de los fraudes y ocultaciones.

2) La modernización del sistema bancario. Frente a la coexistencia de varios sistemas


monetarios, los liberales en 1848 implantaron el real de Vellón como unidad básica.
Hasta el sexenio revolucionario (1868) no se establecerá la peseta por obra del
ministro de Hacienda Laureano Figuerola. Los bancos financiaron sobre todo a las
compañías ferroviarias y la deuda pública, destacando el Banco de Santander, el de
Barcelona y el de Bilbao. A partir de 1868 el capital extranjero se dirige a la explotación
minera y el capital español se concentra en algunos bancos fuertes que comienzan
tímidamente a invertir en sociedades industriales.
La banca debía acuñar moneda y facilitar el dinero. Su precedente fue el Banco de San
Carlos en 1782 para administrar la deuda pública emitiendo vales reales. En 1856 se
crea el banco de España y en 1874 la ley le concede la exclusiva de emisión de
moneda.

3) Reformas en la industria. Por el real Decreto de 1834, Javier de Burgos, ministro de


fomento suprime los gremios, ya que son anticapitalistas porque evitan la
competencia al controlarlo todo. Ello permite el desarrollo del liberalismo económico.

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Se unificaron los pesos y medidas ajustándose al sistema decimal. El kilo, litro y metro,
sustituyendo a las fanegas, arrobas o quintales.

4) Reformas en el comercio. Durante el antiguo régimen uno de los frenos de la


economía era la carencia de un mercado interior. No existía una economía articulada:
las trabas más frecuentes fueron la existencia de aduanas interiores, las diferentes
monedas, el mal estado de los caminos, los peajes en manos señoriales y la diversidad
de pesos y medidas. Los liberales se propusieron crear un mercado interior con la libre
circulación de bienes y mercancías, en la que desempeñó un papel fundamental el
ferrocarril. El sector exterior jugó un papel cada vez más importante en el crecimiento
económico. Crecieron tanto las importaciones (productos manufacturados, algodón en
rama y lino, y a finales del siglo XIX carbón) como las exportaciones, entre estas cabe
destacar los cítricos, los productos vitivinícolas y los frutos secos. Dado que el valor de
las exportaciones era inferior al de las importaciones, la balanza comercial era
deficitaria.
La economía española se encontraba ante el gran dilema del proteccionismo o el
librecambismo. El primero propugna la protección de la producción nacional frente al
mercado exterior, mediante el establecimiento de altos impuestos aduaneros a las
mercancias importadas, que en general eran más competitivas. Así, la producción
nacional, de menor calidad y más cara, podría soportar la competencia exterior. Por el
contrario, el librecambismo defiende la libertad en los intercambios con bajos
aranceles. El Estado debe garantizar la libre transacción de capitales y mercancias, con
impuestos ordinarios. Durante el s. XIX España tuvo una economía con un nivel de
protección arancelaria más alto que el entorno europeo. La polémica entre los
dirigentes liberales fue contínua. Mientras la burguesía moderada del textil catalán y
los cultivadores de trigo del interior abogaban por un mercado reservado a la
producción nacional, los progresistas y demócratas eran partidarios del librecambismo
como forma de obtener inversiones y tecnología, y de poder acceder a capitales y
bienes de equipo del extranjero. Solamente en breves periodos, como durante el
bienio progresista, y limitado a sectores muy concretos, como fue el ferrocarril, se
adoptaron criterios librecambistas.

El desarrollo desigual regional y los desequilibrios regionales


Desde el punto de vista industrial, la época de la Restauración ofrece la consagración
definitiva del País Vasco y Cataluña como los núcleos fundamentales de la industrialización
española, mientras que las demás regiones (a excepción de Madrid) quedarían
irremisiblemente retrasadas hasta la segunda mitad del s. XX. En la franja mediterránea,
desde Girona a Murcia, se acabaron agrupando practicamente todas las industrias textiles
(algodonera, lanera, sedera y del esparto) fijando una verdadera frontera productiva entre
el litoral y el resto del país.

El impacto de los acontecimientos exteriores


La intervención en Marruecos La depresión moral motivada por el desastre del 98 había
provocado dos tendencias divergentes: por un lado una corriente anticolonialista y

19
antimilitarista, sostenida desde frentes marginales dentro del sistema político de la
Restauración (los partidos republicanos y obreros) e impulsada desde el regeneracionismo
de Costa, y por otro el empeño de volver a introducir a España en el círculo de las
potencias europeas, en un momento en que el mayor o menor prestigio de las naciones
era calibrado en función de su poder colonial. En el s. XIX España había participado en
acciones bélicas en África: la “guerra de África” que giró en torno a Ceuta y Melilla. Cuando
el colonialismo francés se fijó en Marruecos para redondear su dominio sobre Túnez y
Argelia, tuvo que tener en cuenta la realidad histórica de que España estaba asentada en
unas plazas de soberanía. A Francia por tanto, le interesaba llegar a un acuerdo con España
para un reparto marroquí. España necesitaba, por un lado asegurar sus plazas de Ceuta y
Melilla y para ello debía prolongar su dominio tierra adentro, pero por otro, era consciente
de que la aventura conllevaría muchos gastos y riesgos. Fueron por tanto, la presencia
francesa y la amenaza de participación de Alemania las que llevaron a España a las
campañas de Marruecos en las siguientes décadas.

El impacto de la revolución rusa La revolución de octubre de 1917 tuvo un impacto


comparable al de la Revolución francesa. Muchos liberales occidentales pensaron que el
régimen de los soviets tendría una vida corta, mientras que los simpatizante de los
bolcheviques creyeron que era el prólogo de nuevas revoluciones socialistas. Entre ellas
destacó la revolución espartaquista en Alemania.

Los conflictos sociales: la semana trágica de Barcelona, la crisis general de 1917, el trienio
bolchevique en Andalucía.

La semana trágica de Barcelona


Tras la crisis de 1898, que supuso un importante golpe para el sistema, sobrevino en 1909 otra
importante crisis: la semana trágica de Barcelona. Ese año, estalló en julio una revolución que
tiene un doble carácter: es una protesta obrera (antimilitarismo por la guerra de Marruecos) y
anticlerical (por influencia de la ILE; Institución de Libre Enseñanza). El detonante fue la
movilización de los reservistas para ir a la guerra de Marruecos, que provocó una huelga de
protesta contra esta guerra y terminó con la ocupación de Barcelona por las masas. En este
contexto se produjeron asaltos y quema de conventos, en definitiva, la huelga se trasformó en
revolución. Al cabo de una semana, el gobierno pudo controlar la situación a través del ejército
y de una gran represión que produjo más de 100 muertes y numerosos desterramientos y
encarcelamientos. Fue muy llamativo y alcanzó un gran eco internacional el fusilamiento de
Ferrer Guardia (fundador de la Escuela Moderna, donde se impartía una enseñanza no oficial
crítica mixta y con métodos pedagógicos modernos) Fue acusado de ser el instigador de las
revueltas y tras un juicio sin garantías constitucionales fue condenado a muerte y ejecutado.
Como consecuencia de estos hechos, Canalejas impulsó el regeneracionismo con las medidas
ya nombradas (reducción de impuestos, reforma del servicio militar, mejoras laborales…)

20
La crisis general de 1917
En 1917, tuvo lugar una profunda crisis que pudo haber sido el fin de la monarquía, pero esta
se salvó si bien hipotecándose al ejército. La crisis estalló en el contexto de la I guerra mundial.
La guerra supuso una época dorada para los negocios, pues la neutralidad española produjo un
crecimiento económico que afectó a la economía vasca, a la minería asturiana, a las industrias
metalúrgicas y a las textiles de Cataluña, y también a la agricultura de la periferia. Todos estos
sectores pudieron colocar con facilidad sus productos en el mercado europeo. Se trató de una
oportunidad perdida de acelerar España su desarrollo industrial, pero sólo se buscó el
beneficio inmediato y no se reinvirtió en la industria. A partir de 1917, la coyuntura se volvió
negativa como consecuencia del bloqueo de la marina alemana que impidió las exportaciones
españolas. La guerra provocó un alza desenfrenada de precios, debido al desabastecimiento
del mercado interior, como consecuencia del alto volumen de exportaciones. Ese alza de
precios no tuvo su correspondencia con el crecimiento de los salarios y, por consiguiente el
poder adquisitivo de gran parte de la población se deterioró, contribuyendo a generar un
malestar social generalizado.

Las fuerzas en los bandos enfrentados en 1917 eran: 1. La oligarquía tradicional, representante
de los grupos agrarios y financieros que se apoyaba en el pucherazo y el caciquismo para
detentar el poder. 2. Una burguesía de nuevo cuño surgida en la periferia, es decir en
Cataluña, país Vasco y Asturias, muy cohesionada por su poder económico. 3. El proletariado
industrial y agrícola (jornaleros). Fueron en realidad tres revoluciones las que coincidieron de
forma consecutiva entre los meses de junio y agosto, aunque no conectaron entre sí. Todo
comenzó con una revolución de los militares, siguió con otra de la burguesía y acabó con la del
proletariado.

- La protesta militar. La oficialidad militar se estaba organizando para reforzar su


presencia en el Estado y mejorar sus ingresos. Por eso, en el origen de las llamadas
Juntas de Defensa existió una mentalidad sindicalista de unidad para ejercer presión.
En enero de 1917 se habían formado juntas de oficiales de Infantería y de Caballería en
la mayor parte de las guarniciones del país. Sus objetivos eran: oponerse al ascenso
por méritos de guerra; solicitar una subida de los sueldos (máxime cuando eran
evidentes las diferencias con los de Marruecos), enfrentándose a los políticos
parlamentarios, quienes aparecían como responsables de las medidas, y exigir que los
gobiernos y el pueblo tuvieran más respeto al ejército. La solución desde el poder fue
intentar atraerse al ejército como fórmula para sostener la monarquía. Y el resultado
fue la ley del ejército de junio de 1918 que trajo la subida de los sueldos y la regulación
de los ascensos. El ejército volvió a convertirse en pilar de la monarquía y del gobierno
frente al problema social; pero con una matización: ahora dominaba al gobierno
porque este lo necesitaba.

- La protesta de la burguesía se concretó en la asamblea de parlamentarios celebrada


en julio de 1919 en Barcelona. Resultó un intento por parte de la burguesía de hacer su
revolución contra el sistema político, pedían una mayor participación en el poder
político. Este movimiento significó el enfrentamiento de la burguesía catalana apoyada
por la vasca y la asturiana con la oligarquía latifundista de Andalucía y de Castilla.
Desde febrero de 1917, las cortes estaban cerradas, no por incompetencia, sino por

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miedo a que se plantearan los problemas. Y había tantas cuestiones que solucionar
que Cambó, jefe de la Lliga y de la burguesía política catalana, decidió intervenir. El
gobierno no atendió a la petición de que se abrieran las cortes, y el 5 de julio se
reunieron en Barcelona 59 diputados y senadores catalanes para señalar que la
situación no podía continuar así. Cambó proponía que, a la vista del desorden, era
voluntad de Cataluña la obtención de un régimen de amplia autonomía, y que era de
gran conveniencia para España transformar la organización del Estado, sustentándolas
en un régimen de autonomías más de acuerdo con la realidad de la vida española. El
contraataque del gobierno fue disolver la asamblea.

- Por otro lado la protesta del proletariado se concentró en una huelga general
convocada por la UGT y la CNT, que estalló en todo el país, pero que muy pronto fue
controlada por el gobierno, apoyado por el ejército. El socialismo comenzaba a surgir
como una organización obrera fuerte. En mayo de 1916 el congreso de la UGT propuso
una huelga general, que sería fundamentalmente política, para lograr, con la unión de
los partidos republicanos, la salida del rey y la formación de un gobierno provisional.
UGT y CNT iniciaron sus contactos para pedir al gobierno asuntos concretos, entre los
cuales el principal era el abaratamiento de las subsistencias. El mismo día en que se
reunió la asamblea de parlamentarios en Barcelona, el 19 de julio, se produjo en
Valencia una huelga de ferroviarios y tranviarios que acabó en despidos sin posibilidad
de readmisión por parte de la compañía del Norte. A partir de ese momento
empezaron las consecuencias en cadena. Desde entonces y durante agosto, hubo
huelgas en las principales poblaciones industriales; los huelgistas se enfrentaron al
ejército y hubo mueros y heridos en Madrid, barcelona y en las regiones industriales
de Vizcaya y Asturias.

El trienio bolchevique en Andalucía


Tras la gran guerra, en España, como en todo occidente, se vivió una crisis económica
generalizada, que provocó un aumento de la conflictividad social y una subida del sindicalismo.
Además la revolución soviética había creado grandes expectativas para los movimientos
revolucionarios en todo el mundo. El anarcosindicalismo aumentó con fuerza en estos años,
alcanzando los 700.000 afiliados. La CNT se reorganizó en el congreso de Sans (1918) y
surgieron nuevos líderes, como Salvador Seguí (el noi del sucre). Los conflictos laborales fueron
creciendo en extensión, tanto en el campo, especialmente en Andalucía, como en la industria,
sobre todo entre 1918 y 1920, periodo que la derecha denominaría “el trienio bolchevique”

Conflictos en la Barcelona de los años 20

En 1919 estalló la huelga de la Canadiense, llamada vulgarmente así pues era una empresa
que, creada en su mayoría con capital canadiense, suministraba a Barcelona electricidad y
servicio de tranvías, aunque su verdadero nombre era Traction Light and power. La huelga
estalló por despidos de obreros y rebajas de salarios. El gobernador declaró el estado de
excepción (supresión de las garantías constitucionales). El balance positivo de la huelga fue la
implantación en todo el país de la jornada de 8 horas, para los obreros industriales (el
campesinado lo obtendrá en 1931). La respuesta de los patronos a este logro fue el “lock-out”
(cierre de empresas) con el fin de que los obreros se viesen obligados a admitir determinadas

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condiciones. Como consecuencia de todo esto, desde 1920 Barcelona se convirtió en una
“ciudad sin ley”, caracterizada por el pistolerismo y el terrorismo, tanto anarquista como
patronal, éste último llamado también terrorismo amarillo, con gansters a sueldo y esquiroles,
que actuaba contra obreros de la CNT, ante lo que el gobierno eludía responsabilidades. El
gobernador civil de Barcelona, Martínez Anido, actuó con mucha dureza. Algunos obreros
murieron por la “ley de fugas” (se dejaba en libertad a los detenidos y se les disparaba como si
hubieran intentado escaparse). Como represalia por esta ley de fugas, tres anarquistas
mataron al jefe del gobierno, Eduardo dato, en 1921.

El problema de la guerra de Marruecos

A partir de 1917, el ejército se situó como un importante grupo de presión en la política y, de


hecho provocó la caída del gobierno presidido por Eduardo dato. Los niveles de conflictividad
social se incrementaron desde 1919, sobre todo en Barcelona donde se conjugaron el
nacionalismo de la CNT y la intransigencia de la patronal. Se llegó al pistolerismo que le costó
la vida a más de 100 personas. La represión sobre la CNT fue muy dura, ejemplificada por el
gobernador civil de Barcelona, el general Martínez Anido que puso en vigor la ley de fugas. En
este proceso de crisis, jugó un papel importante el problema de Marruecos.

A principios del s. XX, España consolida su penetración en el norte de África. La conferencia de


Algeciras de 1906 y el tratado hispano-francés de 1912 establecieron un protectorado/dominio
franco-español en la zona de Marruecos. A España le correspondió la zona del Rif con la
obligación de organizarlo y pacificarlo. El interés de España por la región venía motivado por
cuestiones económicas (el fósforo) y por el deseo de restaurar el prestigio del ejército hundido
desde 1898. Los rifeños organizados en cabilas se opusieron a la presencia española y, en 1909
derrotaron al ejército español en el barranco del lobo. El gobierno decidió entonces aumentar
el número de soldados y eso provocó la semana trágica de Barcelona.

Al comenzar la década de 1920, los rifeños acentuaron su acción contra las tropas españolas, y
en 1921 el ejército decidió actuar. El general Silvestre fue nombrado jefe del ejército de África
con la misión detener la ofensiva en el Rif hasta que se lograse someter a Ahmad al-Raisuni, el
caudillo indígena que dominaba el sector occidental. Sin embargo, el general Silvestre reanudó
un avance precipitado sobre el corazón del Rif con el objetivo de ocupar la bahía de
Alhucemas, y pentró en un territorio extenso y de difícil orografía, muy alejado de los centros
de aprovisionamiento. Abd el- Krim, el jefe de los rifeños, derrotó a las tropas españolas
estrepitosa y vergonzosamente en Annual. Es lo que se conoce como “el desastre de Annual”.
España perdió casi todo el territorio que había sido ocupado durante años con grandes
esfuerzos y murieron o desaparecieron más de 10.000 soldados, incluido el general Silvestre.
El desastre causó un gran impacto en la opinión pública española, tuvo graves consecuencias
políticas y fue una de las causas del fin del régimen parlamentario. La exigencia de
responsabilidades forzó al gobierno a formar una comisión presidida por el general Picasso
para demilitar las culpabilidades militares. Los militares, los partidos dinásticos y el rey se
vieron envueltos en los debates sobre las responsabilidades, acrecentando el desprestigio del
régimen. En envío del expediente Picasso (1922) a las Cortes abrió también el debate de las
responsabilidades políticas. Los socialistas, con el apoyo de la inquierda republicana, iniciaron

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una campaña de denuncia contra el régimen que atribuyó al rey toda la responsabilidad del
desastre. Pero antes de que se hicieran públicas las conclusiones de esta comisión tuvo lugar el
golpe de estado de Primo de Rivera y no se hicieron públicas. Se imponía una dictadura militar
como solución a la aguda crisis del régimen.

La dictadura de Primo de Rivera: directorio militar y directorio civil; el final de la guerra de


Marruecos, la caída de la dictadura; el hundimiento de la monarquía.

En 1923, el general Primo de Rivera dio un golpe de Estado que terminó con el régimen
constitucional e implantó una dictadura que duraría hasta 1930. Contó con el apoyo del rey
Alfonso XIII, los militares, la burguesía catalana, las elites económicas, las clases medias y los
terratenientes. Fue bien recibido incluso por el PSOE cuando le ofrecieron un programa de
reformas sociales (jurados mixtos patronos-obreros).
La dictadura de Primo de Rivera fue un intento de solución autoritaria al conjunto de
problemas económicos, políticos y sociales que había acumulado el país a lo largo del régimen
de la Restauración. Entre las causas del golpe hay que mencionar:
1) El deterioro del sistema parlamentario que, basado en el caciquismo y el fraude electoral
había perdido toda credibilidad.
2) Las tensiones sociales derivadas de las grandes desigualdades y la conflictividad laboral.
3) la investigación de la cuestión de las responsabilidades en el desastre de Annual.

Desde el punto de vista político tras el golpe de estado se formó un Directorio Militar y se
suspendieron todas las instituciones propias del régimen constitucional (las cortes). Los
tribunales militares ampliaron su jurisdicción más allá del campo estrictamente militar. Se
implantó la censura de prensa, se anuló la constitución de 1876, y se prohibieron los partidos
políticos y los sindicatos. Se reprimen los nacionalismos (desaparece la Mancomunidad
catalana con el Estatuto provincial de 1925). Se reforma la administración (los gobernadores
civiles son sustituidos por gobernadores militares). Al mismo tiempo se crearon nuevos
órganos de gobierno sometidos al poder ejecutivo (ejército) y se creó un partido único “La
Unión Patriótica” inspirado en el partido fascista de Mussolini y formado por: carlistas,
mauristas y la derecha católica. En diciembre de 1925 y ante la ineficacia del directorio militar,
Primo de Rivera lo sustituyó por un Directorio Civil con la clara intención de permanecer en el
poder. Se creó también una Asamblea nacional, una especie de cortes que no era electiva
porque nadie votaba y sólo tenía un carácter consultivo.
Desde el punto de vista militar, hay que destacar la finalización de la guerra de Marruecos.
Consciente de la impopularidad de esta guerra, asumió Primo de Rivera personalmente el Alto
Comisariado en Marruecos. En 1925 Francia y España acordaron una ofensiva militar conjunta
por tierra y mar. Tras el desembarco de Alhucemas (Bahía del norte de África) se derrotó al
jefe de las cábilas marroquíes Abd- el- Krim y un año después quedó sometido todo el
protectorado.
Desde el punto de vista social para solventar los conflictos laborales se crearon comités
paritarios de patronos y obreros de cada uno de los oficios como base de la organización
corporativa nacional. El objetivo era resolver pacíficamente los conflictos mediante la
negociación, y tenían atribuciones sobre cuestiones laborales tales como la reglamentación del

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trabajo, los contratos y la asistencia social.
Desde el punto de vista económico se practicó una política de intervención del Estado en la
economía, cuyos objetivos fueron regular e impulsar la industria nacional mediante unos
elevados aranceles proteccionistas, la concesión de ayudas a las grandes empresas y el
aumento del gasto público. Estas se concretaron en: - una política hidráulica para ampliar el
regadío (se crearon las confederaciones hidrográficas diseñadas por el ingeniero Lorenzo
Pardo) – Fuertes inversiones en carreteras, puentes, puertos, y ferrocarriles. – Se crean
grandes monopolios estatales (CAMPSA, telefónica).

La caída de la dictadura y el hundimiento de la monarquía La dictadura de Primo de Rivera no


contó con un consenso generalizado, ya que no fue capaz de integrar a una serie de fuerzas
sociales y políticas. Por un lado, muy pronto los nacionalistas catalanes retiraron el apoyo
inicial que habían prestado al dictador y se constituyeron en una fuerza de oposición. Por otro
lado también tuvo fricciones con los intelectuales que criticaron la dictadura, como José
Ortega y Gasset y Miguel de Unamuno (que fue deportado a las islas Canarias). A partir de
1926 la dictadura empezó a perder apoyos. El primer intento de acabar con la dictadura y
restablecer el régimen constitucional tuvo lugar en junio de 1926 y surgió de los dirigentes de
los partidos conservador y liberal más los republicanos. Con el apoyo de algunos militares
descontentos, optaron por la vía del pronunciamiento militar, el intento se conoció como la
“Sanjuanada”. Ese mismo año estalló un conflicto militar, al publicar Primo de Rivera una
norma que suprimía los ascensos por antigüedad. Ante la oposición de los oficiales de artillería,
forzó al rey a que ratificase el decreto de disolución del cuerpo de artillería. Desde ese
momento, una parte del ejército se distanció de la dictadura y del propio rey. En 1926 se
formó la Alianza Republicana (integrada por Acción Republicana y liderada por Manuel Azaña),
el Partit Republicà Català (Marcelino Domingo y Lluís Companys), el Partido Radical (Lerroux) y
la Derecha Liberal Republicana (Alcalá Zamora). También las fuerzas republicanas nacionalistas
y regionalistas cobraron gran vitalidad. En marzo de 1931, los pequeños partidos catalanes de
izquierda se agruparon en Ezquerra Republicana de Catalunya (ERC). En Galicia, nacionalistas y
republicanos formaron la Organización Republicana Gallega Autónoma (ORGA) en 1929. La
CNT, tras los años de represión, se había radicalizado. Frente a los sectores más sindicalistas,
los partidarios de la insurrección revolucionaria constituyeron en 1927 la Federación
Anarquista Ibérica (FAI). Primo de Rivera, falto de apoyos, incluso de los militares y del rey,
cuya imagen había quedado ligada al régimen dictatorial, presentó su dimisión en enero de
1930. Alfonso XIII encarga el gobierno al general Dámaso Berenguer, con la idea de volver al
turnismo, pero los dirigentes de los partidos conservador y liberal no confían en el rey, y el
republicanismo cobra auge. En agosto de 1930 los partidos republicanos más los nacionalistas
firman el pacto de San Sebastián con el objetivo de proclamar la república mediante un
pronunciamiento militar. Los socialistas dicen que también participaran en el futuro gobierno
republicano y los intectuales publican un manifiesto para adherirse. La fecha fijada para la
insurrección era el 15 de diciembre, pero fracasaron los levantamientos de la guarnición de
Jaca y en Madrid, por falta de coordinación. El anuncio de republicanos, socialistas y antiguos
políticos dinásticos de no participar en las elecciones convocadas en febrero de 1931 provocó
la inmediata dimisión de Berenguer. Le sustituyó un gobierno presidido por el almirante Aznar,
que anunció la convocatoria de unas elecciones municipales para el 12 de abril. Republicanos y
socialistas deciden acudir y plantearlas como un plesbicito a favor o en contra de la

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monarquía. El triunfo de la coalición de republicanos y socialistas en las grandes ciudades
(menos influidas por los caciques) se interpretó como un rechazo a la monarquía y dio paso a
la proclamación de la República el 14 de abril.

Crecimiento ecónomico en el primer tercio del s. XX: los efectos de la primera guerra
mundial en la economía española, el intervencionismo estatal de la dictadura.

Los efectos de la guerra mundial en la economía española

La guerra se declaró el 28 de julio de 1914 y a los dos días se publicó el Decreto de neutralidad
y de no intervención. Pese a la neutralidad, la guerra generó en España un triple trastorno:
dividió y enfrentó a los españoles en dos bandos espiritualmente beligerantes, produjo una
gran alteración económica que traería muchas secuelas sociales y dio lugar a una profunda
transformación moral. La guerra alteró ideológicamente al país: - aliadófilas se mostraron las
izquierdas demócratas y un amplio sector de la burguesía catalana y vasca que tenían en la
importación y exportación a esos países la fuente de negocio. - germanófilas eran la derecha
del régimen, compuesto por gran parte de los oficiales del ejército, del alto clero y de la
burgesía agrícola y de los negocios; a los que hay que añadir, en general, las clases medias
defensoras del orden y de la paz. Lo cierto es que la sociedad española entró en un estado de
inquietud y desorden moral ante los negocios que influiría decisivamente en la crisis de 1917.
Los negocios derivados de la neutralidad enriquecieron desmesuradamente a unos y
hundieron en la miseria a la mayoría. Frente a la euforia burguesa, continuó la carestía de la
vida, que afectó de modo especial a las clases obreras. De manera que puede decirse que con
el trascurso de la guerra fue empeorando la situación del país precisamente porque fueron
aumentando las diferencias entre las clases. El rapidísimo enriquecimiento de unos pocos
trajo la indignación de las clases trabajadoras.

El intervencionismo estatal en la dictadura

Fueron tiempos en los que el país gozó de una economía en alza porque la de Europa lo
estaba. El régimen de Primo de Rivera modelos económicos ni nuevos esquemas de acción
sino que se limitó a proceder con los tradicionales y, concretamente a propiciar la
industrialización desde un intervencionismo estatal, a mejorar la agricultura participando en la
introducción de nuevas técnicas y a incrementar el comercio exterior. La base práctica de estas
tres políticas fue un gran desarrollo de las obras y los servicios públicos, y con el apoyo del
partido socialista a través de la UGT, pudo crear una estructura corporativa para las relaciones
capital-trabajo e intentó aplicar una importante reforma fiscal que, por primera vez, introducía
el impuesto sobre la renta.

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Cambios demográficos en el primer tercio del s. XX: la transición al régimen demográfico
moderno, los movimientos migratorios; el tranvase de la población de la agricultura a la
industria.

El crecimiento de la población

Desde fines del s. XIX comenzó el descenso de la tasa de mortalidad y en particular de la


mortalidad infantil, y como consecuencia aumentó la esperanza de vida, elevando las tasas de
crecimiento al nivel de las europeas. Los factores que contribuyeron al descenso de la
mortalidad fueron: - la práctica desaparición de la mortalidad catrastrófica, con la excepción
de la letal epidemia de gripe de 1918. – la mejora de las necesidades básicas (alimentación,
vestido y vivienda) y de la calidad de los servicios públicos higiénicos y sanitarios de limpieza,
alcantarillado y agua potable. Por su parte, el descenso de las tasas de natalidad fue más lento,
y se debió a la modernización de la vida urbana y la incipiente incorporación de la mujer al
trabajo no doméstico que favoreció el control de la natalidad con medidas anticonceptivas
elementales.

La estructura social española en 1900 En un censo de principios del s. XX se observa que más
del 60% de la población activa estaba dedicada a la agricultura y a la ganadería; de los trabajos
industriales apenas se ocupaba el 16% y cerca del 19% pertenecía al sector servicios. La
estratificación social continuaba respondiendo a las líneas de desigualdad de principios de la
Restauración. Había una clase alta, que seguía formada basicamente por latifundistas, que se
había incrementado con los miembros de la burguesía industrial, de los negocios, de la banca,
de las altas elites políticas y del funcionariado. Las clases medias también habían incrementado
su base con el aumento de las profesiones liberales, de funcionarios de la administración, de
los comerciantes medios de las ciudades y de los propietarios medios del campo y urbanos. A
estos grupos podríamos añadir los oficiales del ejército, el clero y las personas pertenecientes
a escalas inferiores (la llamada clase media-baja). El resto alrededor del 65% formaba las clases
bajas o pobres de la sociedad, integradas por obreros industriales y de servicios, por pequeños
agricultores y jornaleros, y en general por la variedad de las clases populares. Todavía
mantenían unas condiciones y unos modos de vida excesivamente precarios como para poder
constituirse en un movimiento con fuerza. En las industrias textiles catalanas y en la minería
vasca, las jornadas de trabajo eran de 12 horas y los salarios muy bajos, pero las condiciones
eran aún peores entre los jornaleros andaluces o extremeños o en las regiones minifundistas
de ambas Castillas. Estas dificultades se agravaban más si cabe por las climatología, la pobreza
del suelo y el bajo número de días de trabajo anual.

Los movimientos migratorios y el proceso de urbanización

Los movimientos migratorios tanto exteriores como interiores se multiplicaron a partir del s.
XIX, y tuvieron una gran influencia en la distribución espacial de la población. En los primeros
años del s. XX aumentó de forma muy notable la emigración a ultramar, tuvo un espectacular
aumento hasta 1914, una caída durante la primera guerra mundial y un nuevo rebrote entre
los decenios de 1920 y 1930. Se incrementó de forma espectacular la emigración a América
latina, sobre todo a Argentina, Cuba y Brasil, en su mayoría procedente de Galicia y de la
fachada cantábrica. El proceso migratorio interior estuvo intimamente relacionado con el
progreso del sector industrial y terciario y con el desarrollo urbano en este periodo. Supuso el

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comienzo de una tendencia en la redistribución de la población española, interrumpida tras la
guerra civil, y que alcanzaría su momento culminante más tarde, en las décadas de 1960 y
1970. Las ciudades y las regiones industriales que absorvieron una mayor cantidad de
emigrantes fueron: Cataluña, en particular Barcelona, Madrid, sevilla, y en menor medida
Vizcaya y Valencia. Todas ellas fueron focos de atracción de los excedentes del medio rural
(éxodo rural) procedentes de Galicia, León, Castilla, Aragón y Andalucía oriental, regiones que
experimentaron una pérdida continuada de población por el éxodo campesino motivado por
los bajos niveles de vida y la baja rentabilidad agrícola.
El proceso de urbanización comenzó en la segunda mitad del s. XIX y se aceleró a partir de las
décadas de 1910 y 1920 por el desarrollo de la industrialización y la explotación minera. Entre
1900 y 1930 la población española que vivía en ciudades de más de 100.000 habitantes pasó
del 9% al 15%, lo que significa que el porcentaje de población urbana, aunque había crecido,
seguía siendo muy bajo comparado con los principales países industriales europeos. La
modernización demográfica y económica se reflejó también en la distribución de la población
activa con un descenso de la agricultura y una creciente mano de obra industrial y de servicios.

La Edad de Plata de la cultura española: de la generación del 98 a la del 36. El papel de los
intelectuales.

Cuando en 1913, josé Martínez Ruíz, Azorín, acuñó el término generación del 98 para referirse
a la amplia nómina de escritores que publicaron su obra en los principios del s. XX, estaba
refiriéndose no sólo a un grupo literario, sino más bien a un conjunto de intelectuales que
tenían una actitud muy crítica ante los problemas sociales de la España de entonces. Con ellos
comienza la llamada Edad de plata de la cultura española, que abarca hasta 1936, años en los
que la vida intelectual española alcanzó un vigor extraordinario. El grueso de los escritores que
conformaron la generación del 98. Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Pío Baroja.. no sólo
reflejaron en su obra literaria la mediocridad y la corrupción existentes, sino que también se
ocupaban de la llamada cuestión social, poniéndose en algunos casos del lado del pueblo
trabajador y denunciando la miseria y la explotación. El compromiso de los intelectuales con la
vida pública se manifestó en diversas formas de intervención: colaboración en periódicos y
revistas, celebración de aniversarios, homenajes, participación en mítines y manifestaciones y
publicación de manifiestos.

En la década de los años veinte se había producido una radicalización entre los intelectuales
españoles: tomaron partido frente a la dictadura y al mismo tiempo se abrieron a las nuevas
corrientes culturales europeas, adcribiéndose a las vanguardias artísticas del momento, los
llamados “ismos”. Nació así la generación del 27, otro grupo cultural y literario de gran
influencia social. El compromiso de los intelectuales de la generación del 27 con la izquierda
fue generalizado. Lorca, Buñuel, Alberti o Sender colaboraron con el esfuerzo cultural de la
república en diversos campos. Consecuencia de esta actitud fue el asesinato de algunos de
ellos por los fascistas en 1936 –caso de Lorca e Hijonosa- y el exilio tras la derrota de la
República en otros muchos casos.

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El cambio intelectual

La institución Libre de Enseñanza (ILE) actuó de 1876 a 1936. Derivada del krausismo (filosofía
alemana) en su origen se trata de un proyecto de regeneración moral para enfrentarse con la
situación del país profundamente degradada por los efectos de la ley Moyano de 1857. Frente
a la enseñanza bajo el dominio eclesiástico se levanta la institución proclamando el laicismo, el
racionalismo y la libre disensión. Creada por Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo Azcárate
y Nicolás Salmerón, defendía la libertad de enseñanza frente a la oficial católica, amparada en
el artículo 11 de la constitución de 1876. Pero la libertad de enseñanza quedó relegada a los
centros privados, que no podían denominarse institutos ni universidades. Es ajena a cualquier
confesión religiosa y a cualquier partido político. Defiende la libertad e inviolabilidad de la
ciencia. Al actuar al margen del estado, no recibió ayudas económicas. Metodológicamente era
opuesta al libro de texto y al abuso en la memorización, partidaria de la conexión escuela-vida
y no se enseñar las cosas sino de orientar para que se hagan. Opuestos a la separación de
sexos, abogan por la coeducación, tampoco eran partidarios de los exámenes como medio
evaluador. Gracias a la ILE, España igualó e incluso superó a los países vecinos en materia de
educación superior, aunque este esfuerzo no llegó al pueblo, que continuó sacrificado y
sumido en el analfabetismo.

De 1907 a 1936 se desarrolló a nivel de profesorado la Junta de Ampliación de Estudios (JAE)


organismo público para la formación de docentes. Ramón y Cajal fue presidente de ella hasta
su muerte en 1934. Entre sus vocales se encontraron: Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal,
Rafael Altamira, Joaquín Sorolla y Ortega y Gasset. Enviaba becados al extranjero, así sucedió
con Severo Ochoa, López Ibor (medicina), Sánchez Albornoz (geografía e historia), Manuel
Azaña (derecho), Ortega y Gasset (filosofía), Antonio machado y Rafael Alberti (poesía)… Otro
organismo dependiente de la JAE fue la residencia de estudiantes creada en 1910 en Madrid, a
la que estuvieron ligados muchos autores de la “generación del 27” entre ellos García Lorca,
Jorge Gullén, Dalí, Luís Buñuel… La residencia fue un centro de actividades culturales muy
importantes donde se celebraban conferencias, exposiciones, obras de teatro… La JAE
desapareció al iniciarse la guerra civil, siendo sustituida en 1939 por el Consejo Superior de
Investigaciones Científicas (CSIC)

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Textos bloque 5. La restauración y su crisis

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Tratado de París entre España y EE.UU, 10 de diciembre de 1898

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Ha llegado para nosotros el momento más temido que esperado (…) de recoger las ansias, de
atender el clamoroso requerimiento de cuantos amando a la patria no ven para ella otra
salvación que libertarla de los profesionales de la política, de los hombres que, por una u otra
razón, nos ofrecen el cuadro de desdichas e inmoralidades que empezaron en el año 98 y
amenazan a España con un próximo fin trágico y deshonroso (...)
Pues bien, ahora vamos a recabar todas las responsabilidades y a gobernar nosotros u
hombres civiles que representen nuestra moral y doctrina. (...) Españoles: ¡viva España y viva
el rey! (...)
No tenemos que justificar nuestro acto, que el pueblo sano demanda e impone. Asesinatos de
prelados, ex gobernadores, agentes de la autoridad, patronos, capataces y obreros; audaces e
impunes atracos; depreciación de moneda (…) No venimos a llorar lágrimas y vergüenzas, sino
a ponerles pronto radical remedio (…).

Primo de Rivera, M. Manifiesto publicado en ABC, 14 de septiembre de 1923

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Conceptos históricos bloque 5. La restauración y su crisis

CACIQUISMO El caciquismo fue un fenómeno que se dio en toda España, aunque alcanzó su
máximo desarrollo en Andalucía, Galicia y Castilla. Está basado en la corrupción electoral y en
la utilización de la influencia y poder económico de determinados individuos sobre la sociedad.
El adulterio del voto fue una práctica habitual en todas las elecciones, la manipulación y las
trampas electorales también. Se pactaba la victoria de un partido y este partido conseguía una
amplia mayoría parlamentaria gracias al falseamiento de los resultados. Los caciques eran
personas notables, sobre todo del medio rural, a menudo ricos propietarios que daban trabajo
a jornaleros y que tenían una gran influencia en la vida local, tanto en lo social como en lo
político. También podían ser abogados, profesionales de prestigio o funcionarios de la
Administración. Con su influencia, los caciques orientaban la dirección del voto, agradeciendo
con sus "favores" la fidelidad electoral y discriminando a los que no respetaban sus intereses.
Los caciques manipularon las elecciones continuamente de acuerdo con las autoridades,
especialmente con los gobernadores civiles de las provincias. El conjunto de trampas
electorales que ayudaban a conseguir la sistemática de los resultados electorales se conoce
como pucherazo. No dudaban en falsificar el censo (incluyendo a personas muertas o
impidiendo votar a las vivas), manipular las actas electorales, ejercer la compra de votos,
amenazar a electorado con acciones de todo tipo e incluso emplear la violencia para
atemorizar a los contrarios.

REGENERACIONISMO Fue un examen de conciencia llevado a cabo por intelectuales y políticos


del tránsito dels. XIX al XX, (desastre del 98) cuyos ejes básicos eran la dignificación de la
política, la modernización social y la superación del atraso cultural. Sus defensores más activos
fueron políticos como Francisco Silvela y Antonio Maura. Para los intelectuales
regeneracionistas como Miguel de Unamuno y Joaquín Costa, España estaba en un estado de
postración e intentaron formular un diagnostico y unas soluciones que englobaron bajo el
nombre de “regeneración nacional”. Todos ellos cuestionaban la capacidad del pueblo
espanyol para progressar, consideraban la falta de educación como uno de los males
fundamentales causantes del atraso del país y criticaban el sistema de la Restauración y su
funcionamiento.

PROTECCIONISMO ECONÓMICO El proteccionismo es la política económica de restringir las


importaciones de otros países a través de métodos tales como aranceles sobre los bienes
importados, cuotas de importación y una variedad de otras regulaciones gubernamentales,
encareciendo así dichos bienes de modo que no sea rentable. Los defensores afirman que las
políticas proteccionistas protegen a los productores, empresas y trabajadores del sector que
compite con las importaciones en el país de los competidores extranjeros. Sin embargo,
también reducen el comercio y afectan negativamente a los consumidores en general (al
aumentar el costo de los bienes y servicios importados) y perjudican a los productores y
trabajadores de los sectores de exportación, tanto en el país que aplica políticas
proteccionistas como en los países protegidos.

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TURNISMO Fue uno de los elementos fundamentales del sistema de la Restauración borbónica
en España. Consistió en la alternancia en el gobierno de los dos partidos dinásticos
(conservador y liberal). La formación de gobierno por parte de cada uno de ellos no dependía
del triunfo en las elecciones, sino de la decisión del rey en función de una crisis política o de
desgaste en el poder del partido gobernante. Su origen estuvo en la exigencia de Práxedes
Mateo Sagasta de que el rey llamase a gobernar en 1881 a su partido como alternancia al de
Antonio Cánovas del Castillo. Esta práctica artificial impulsada por Cánovas y Sagasta y que
tomaba como modelo el sistema británico, acabó con el limitado pluralismo político existente.

INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA (ILE) Institución educativa creada en 1876 por profesores
separados de sus clases a consecuencia de su protesta contra los decretos de instrucción
pública de 1875, que atentaban contra la libertad de cátedra. Sus fundadores fueron Giner de
los Ríos, Azcárate y Salmerón, y se basaba en los principios de la filosofia krausista
fundamentada en una pedagogia unida a la naturaleza y al conocimiento del medio a través de
la experiéncia.

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