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La Devoción Mariana en la Historia

Los primeros cristianos veneraron a María desde los inicios del cristianismo, como se evidencia en las pinturas marianas en las catacumbas de los siglos II y III. Un Padre de la Iglesia resume este sentimiento temprano afirmando que "los profetas anunciaron a María y los apóstoles la celebraron con las más altas alabanzas". Aunque los testimonios directos son escasos, se distinguía este culto mariano del culto a Dios, honrando a María como Madre de Dios pero sin atribuirle latría. La
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La Devoción Mariana en la Historia

Los primeros cristianos veneraron a María desde los inicios del cristianismo, como se evidencia en las pinturas marianas en las catacumbas de los siglos II y III. Un Padre de la Iglesia resume este sentimiento temprano afirmando que "los profetas anunciaron a María y los apóstoles la celebraron con las más altas alabanzas". Aunque los testimonios directos son escasos, se distinguía este culto mariano del culto a Dios, honrando a María como Madre de Dios pero sin atribuirle latría. La
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La devoción mariana

María Santísima con sus oraciones consigue las gracias que


precisan los hombres y el mundo. San Luis María Grignion de Montfort
insiste mucho en que para encontrar a Nuestro Señor Jesucristo es
preciso buscarlo en Nuestra Señora: con María, para María, en María, por
María se llega a Jesús.

La devoción a la Santísima Virgen siempre ha sido considerada,


justa y merecidamente, como el único culto que se llama cristiano
-"porque en Cristo tiene su origen y eficacia, en Cristo halla plena
expresión y por medio de Cristo conduce en el Espíritu Santo al Padre" -,
y medio de auténtica piedad.

Nuestro Señor es la fuente de todas las gracias. Nuestra Señora es


el canal de todas las gracias. Todo cuanto a Él pedimos Él lo tiene, pues
es infinito y posee todo. Todo cuanto pedimos por medio de Nuestra
Señora lo obtenemos. Es bien conocida la afirmación de que, si olvidamos
a María, y pedimos por medio de los Ángeles y de los Santos sin la
mediación de Ella, pues nada obtendremos. Si a María Santísima
pidiésemos que interceda, Ella sola sin ellos, obtendríamos todo. En
repetidas oportunidades León XIII afirmaba esta gran enseñanza: "Se
puede afirmar con toda verdad y rigor que, por divina disposición, nada
nos puede ser comunicado, del inmenso tesoro de la gracia de Cristo sino
por medio de María. De modo que, así como nadie puede llegar al Padre
Supremo sino por medio del Hijo, así también, ordinariamente, nadie
puede llegar a Cristo sino por medio de su Madre".

El origen del culto mariano no es fácil de precisar, dado que no


surge por decreto ni de golpe en los fieles, sino a través de los siglos en
la vida litúrgica de la Iglesia. "Sin embargo puede afirmarse que es
anterior al concilio de Éfeso (a. 431) y que su núcleo aparece, no
obstante, la presencia de María en las confesiones de fe bautismales del
siglo II y en la anáfora de Hipólito (ca. 215) entorno al ciclo natalicio”.

El mundo ha sufrido transformaciones que produjeron


desequilibrios que, "hunden sus raíces en el corazón humano" (GS, 10) y
"redundan también en la vida religiosa" (GS, 4). Estamos ante una crisis
que, por tocar el alma del hombre, es moral, y por ser moral es
substancialmente religiosa, ya que no se concibe una moral sin religión.
Por lo tanto, "esa crisis sólo puede ser evitada, sólo puede ser remediada
con el auxilio de la gracia”.
Siendo María Santísima, como enseñan numerosos teólogos, el
tesoro y canal de todas las gracias, el cuello del Cuerpo Místico del cual
Nuestro Señor Jesucristo es la Cabeza; todo pasa por Ella. María es
Reina, es a María que la Iglesia le reza diciendo "Reina y Señora de los
Cielos y la tierra”. Pero, la realeza de Nuestra Señora, aun teniendo
soberana eficacia en toda la vida de la Iglesia y la sociedad temporal, se
realiza primeramente en el "santuario interior de cada alma, es
desde donde Ella se refleja sobre la vida religiosa y civil de los pueblos”.

En el Evangelio de San Juan vemos cómo Nuestro Señor responde


a la pregunta de Felipe: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta" (Jn:
14, 8), con afirmación clara y tajante: "Creedme: yo estoy en el Padre y
el Padre en mí". Así vemos que Cristo es el único camino al Padre, es lo
que la Iglesia ha enseñado en todo tiempo. "Pero la Iglesia, guiada por el
Espíritu Santo y amaestrada por una experiencia secular, reconoce que
también la piedad a la Santísima Virgen, de modo subordinado a la
piedad hacia el Salvador y en conexión con ella, tiene una gran eficacia
pastoral y constituye una fuerza renovadora de la vida cristiana" .

La Constitución Conciliar Lumen Gentium dedica un capítulo a la


Santísima Virgen María. Sobre la naturaleza y fundamento del culto a
María, destacando su historia y especialmente su eficacia, enseña que
"este culto, tal como existió siempre en la Iglesia, a pesar de ser
enteramente singular, se distingue esencialmente del culto de adoración
tributado al Verbo Encarnado, lo mismo que al Padre y al Espíritu Santo,
y lo favorece eficazmente, ya que las diversas formas de piedad hacia la
Madre de Dios" hacen que el Padre Eterno sea "mejor conocido, amado y
glorificado, y a la vez sean mejor cumplidos sus mandamientos" .

Eucaristía y María, dos devociones íntimamente relacionadas e


indispensables a ser difundidas en nuestros días para contrarrestar la
avalancha paganizante que convulsiona del mundo moderno. De María,
aprendamos su fe Eucarística, de Ella que ofreció en su "fiat" su seno
virginal para la encarnación de nuestro Redentor; de Ella "mujer
eucarística con toda su vida " a ser tomada como modelo; pues, "nadie
goza de mayor gracia y poder, cerca del Corazón Sacratísimo del Hijo de
Dios y a través del Hijo cerca del Padre" .

Por el P. Fernando Gioia, EP.


Bibliografía

SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT. Tratado de la Verdadera


Devoción a la Santísima Virgen. Capítulo VIII, artículo II.

PABLO VI. Exhortación Apostólica Marialis Cultus, Introducción.

LEON XIII. Encíclica Octobri mense. 12. 22-9-1891.

ABAD IBÁÑEZ, J.A. y GARRIDO BONAÑO, M. Iniciación a la Liturgia de la


Iglesia, p. 761. Madrid: Palabra, 1997.

CORRÊA DE OLIVEIRA, Plinio. Revolución y Contra Revolución, Prólogo,


p. 23. Buenos Aires, 1970

PÍO XII. Oración a María Reina. 1º de noviembre de 1954.

LUMEN GENTIUM, 66.


La Virgen María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios desde
los albores del cristianismo

“Los primeros cristianos, a los que hemos de acudir siempre como modelo,
dieron un culto amoroso a la Virgen. En las pinturas de los tres primeros siglos del
Cristianismo, que se conservan en las catacumbas romanas, se la contempla
representada con el Niño Dios en brazos. ¡Nunca les imitaremos bastante en esta
devoción a la Santísima Virgen!” (San Josemaría)

Hablamos sobre los orígenes de la devoción mariana en los primeros


cristianos

“Desde ahora todas las generaciones me llamarán


bienaventurada” (Lc 1, 48)
Como han puesto en evidencia los estudios mariológicos recientes,
la Virgen María ha sido honrada y venerada como Madre de Dios y
Madre nuestra desde los albores del cristianismo. En los tres
primeros siglos la veneración a María está incluida
fundamentalmente dentro del culto a su Hijo.

Un Padre de la Iglesia resume el sentir de este primigenio culto mariano


refiriéndose a María con estas palabras: «Los profetas te anunciaron y
los apóstoles te celebraron con las más altas alabanzas». De estos
primeros siglos sólo pueden recogerse testimonios indirectos del culto
mariano. Entre ellos se encuentran algunos restos arqueológicos en las
catacumbas, que demuestran el culto y la veneración, que los primeros
cristianos tuvieron por María.

Tal es el caso de las pinturas marianas de las catacumbas de Priscila:


en una de ellas se muestra a la Virgen nimbada con el Niño al pecho y un
profeta (quizá Isaías) a un lado; las otras dos representan la Anunciación
y la Epifanía.

Todas ellas son de finales del siglo II. En las catacumbas de San Pedro


y San Marceliano se admira también una pintura del siglo III/IV que
representa a María en medio de S. Pedro y S. Pablo, con las manos
extendidas y orando. Una magnífica muestra del culto mariano es la
oración “Sub tuum praesidium” (Bajo tu amparo nos acogemos)  que
se remonta al siglo III-IV, en la que se acude a la intercesión a María.

Los Padres del siglo IV alaban de muchas y diversas maneras a la Madre


de Dios. San Epifanio, combatiendo el error de una secta de Arabia que
tributaba culto de latría a María, después de rechazar tal culto, escribe:
«¡Sea honrada María! !Sea adorado el Señor!».

La misma distinción se aprecia en San Ambrosio quien tras alabar a la «


Madre de todas las vírgenes» es claro y rotundo, a la vez, cuando dice
que «María es templo de Dios y no es el Dios del templo» , para poner
en su justa medida el culto mariano, distinguiéndolo del profesado a
Dios.

Hay constancia de que en tiempo del papa San Silvestre, en los Foros,


donde se había levantado anteriormente un templo a Vesta, se construyó
uno cuya advocación era Santa María de la Antigua. Igualmente el
obispo Alejandro de Alejandría consagró una Iglesia en honor de la
Madre de Dios. Se sabe, además, que en la iglesia de la Natividad en
Palestina, que se remonta a la época de Constantino, junto al culto al
Señor, se honraba a María recordando la milagrosa concepción de
Cristo.

En la liturgia eucarística hay datos fidedignos mostrando que la


mención venerativa de María en la plegaria eucarística se remonta
al año 225 y que en las fiestas del Señor -Encarnación, Natividad,
Epifanía, etc.- se honraba también a su Madre. Suele señalarse que hacia
el año 380 se instituyó la primera festividad mariana, denominada
indistintamente «Memoria de la Madre de Dios», «Fiesta de la
Santísima Virgen», o «Fiesta de la gloriosa Madre».

El testimonio de los Padres de la Iglesia


El primer Padre de la Iglesia que escribe sobre María es San Ignacio de
Antioquía (+ c. 110), quien contra los docetas, defiende la realidad
humana de Cristo al afirmar que pertenece a la estirpe de David, por
nacer verdaderamente de María Virgen.

Fue concebido y engendrado por Santa María; esta concepción fue


virginal, y esta virginidad pertenece a uno de esos misterios ocultos en el
silencio de Dios.
En San Justino (+ c. 167) la reflexión mariana aparece remitida a Gen 3,
15 y ligada al paralelismo antitético de Eva-María.

En el Diálogo con Trifón, Justino insiste en la verdad de la naturaleza


humana de Cristo y, en consecuencia, en la realidad de la maternidad
de Santa María sobre Jesús y, al igual que San Ignacio de Antioquía,
recalca la verdad de la concepción virginal, e incorpora el paralelismo
Eva-María a su argumentación teológica.

Se trata de un paralelismo que servirá de hilo conductor a la más rica y 


constante teología mariana de los Padres.

San Ireneo de Lyon (+ c. 202), en un ambiente polémico contra los


gnósticos y docetas, insiste en la realidad corporal de Cristo, y en la
verdad de su generación en las entrañas de María. Hace, además, de
la maternidad divina una de las bases de su cristología: es la
naturaleza humana asumida por el Hijo de Dios en el seno de María la
que hace posible que la muerte redentora de Jesús alcance a todo el
género humano. Destaca también el papel maternal de Santa María en
su relación con el nuevo Adán, y en su cooperación con el Redentor.

En el Norte de África Tertuliano (+ c. 222), en su controversia con el


gnóstico Marción), afirma que María es Madre de Cristo porque ha
sido engendrado en su seno virginal.

En el siglo III se comienza a utilizar el título Theotókos (Madre de


Dios). Orígenes (+ c. 254) es el primer testigo conocido de este título.
En forma de súplica aparece por primera vez en la oración Sub tuum
praesidium. que –como hemos dicho anteriormente- es la plegaria
mariana más antigua conocida. Ya en el siglo IV el mismo título se
utiliza en la profesión de fe de Alejandro de Alejandría contra Arrio.

A partir de aquí cobra universalidad y son muchos los Santos Padres que
se detienen a explicar la dimensión teológica de esta verdad –San Efrén,
San Atanasio, San Basilio, San Gregorio de Nacianzo, San Gregorio
de Nisa, San Ambrosio, San Agustín, Proclo de Constantinopla, etc.-,
hasta el punto de que el título de Madre de Dios se convierte en el más
usado a la hora de hablar de Santa María.

La verdad de la maternidad divina quedó definida como dogma de fe


en el Concilio de Efeso del año 431.
Suscribirse

Las Prerrogativas o Privilegios Marianos


La descripción de los comienzos de la devoción mariana quedaría
incompleta si no se mencionase un tercer elemento básico en su
elaboración: la firme convicción de la excepcionalidad de la persona
de Santa María -excepcionalidad que forma parte de su misterio- y que
se sintetiza en la afirmación de su total santidad, de lo que se conoce
con el calificativo de “privilegios” marianos.

Se trata de unos “privilegios” que encuentran su razón en la relación


maternal de Santa María con Cristo y con el misterio de la salvación,
pero que están realmente en Ella dotándola sobreabundantemente de las
gracias convenientes para desempeñar su misión única y universal.

Estos privilegios o prerrogativas marianas no se entienden como algo


accidental o superfluo, sino como algo necesario para mantener la
integridad de la fe.

San Ignacio, San Justino y Tertuliano hablan de la virginidad. También


lo hace San Ireneo. En Egipto, Orígenes defiende
la perpetua virginidad de María, y considera a la Madre del Mesías
como modelo y auxilio de los cristianos.

En el siglo IV, se acuña el término aeiparthenos —siempre virgen—,


que S. Epifanio lo introduce en su símbolo de fe y posteriormente el II
Concilio Ecuménico de Constantinopla lo recogió en su declaración
dogmática.

Junto a esta afirmación de la virginidad de Santa María, que se va


haciendo cada vez más frecuente y universal, va destacándose con el
paso del tiempo la afirmación de la total santidad de la Virgen.
Rechazada siempre la existencia, de pecado en la Virgen, se aceptó
primero que pudieron existir en Ella algunas imperfecciones.

Así aparece en San Ireneo, Tertuliano, Orígenes, San Basilio, San Juan
Crisóstomo, San Efrén, San Cirilo de Alejandría, mientras que San
Ambrosio y San Agustín rechazan que se diesen imperfecciones en la
Virgen.
Después de la definición dogmática de la maternidad divina en el
Concilio de Efeso (431), la prerrogativa de santidad plena se va
consolidando y se generaliza el título de “toda santa” –
panaguía-. En el Akathistos se canta “el Señor te hizo toda santa y
gloriosa” (canto 23).

A partir del siglo VI, y en conexión con el desarrollo de la afirmación de


la maternidad divina y de la total santidad de Santa María, se aprecia
también un evidente desarrollo de la afirmación de las prerrogativas
marianas.

Así sucede concretamente en temas relativos a la Dormición, a


la Asunción de la Virgen, a la total ausencia de pecado (incluido el
pecado original) en Ella, o a su cometido de Mediadora y Reina.
Debemos citar especialmente a S. Modesto de Jerusalén, a S. Andrés de
Creta, a S. Germán de Constantinopla y a S. Juan Damasceno como a los
Padres de estos últimos siglos del periodo patrístico que más
profundizaron en las prerrogativas marianas.
Apariciones Marianas aprobadas por
la Iglesia
Es importante conocer cuáles son las Apariciones Marianas
que están aprobadas por la Iglesia, cuáles se encuentran en
investigación y cuáles han sido rechazadas por la Iglesia, a fin
de evitar estar difundiendo información errada entre católicos.

Orden cronológico de algunas apariciones públicas conocidas


que tienen algún grado de reconocimiento eclesiástico. No
pretende ser una lista exhaustiva ni incluye las numerosísimas
apariciones privadas. Tampoco incluimos aquí las advocaciones que
no tienen su origen en una aparición sino en otra forma de
intervención mariana como, por ejemplo, gracias recibidas o hallazgo
milagroso de una imagen o estatua.
Apariciones Marianas aprobadas
    ▪    40. Aragón, España. Virgen del Pilar. Vidente: Santiago
Apóstol.
   ▪    1531..Guadalupe, México. Nuestra Señora de Guadalupe.
Vidente San Juan DiegoGuadalupe, México. Nuestra Señora de
Guadalupe. Vidente San Juan Diego

   ▪    1830..Rue de Bac, Francia. Nuestra Señora de la Medalla


Milagrosa. Vidente: Santa Catalina Laboure. Aprobación equivalente
en 1930Rue de Bac, Francia. Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa.
Vidente: Santa Catalina Laboure. Aprobación equivalente en 1930

    ▪    1846..La Salette, Francia. Nuestra Señora de La Salette,


Francia. Videntes: Melanie C. y Maximin G.  Aprobada en 18511

 1858.1858. Lourdes, Francia. Nuestra Señora de Lourdes. Vidente:


Santa Bernardita Soubirous. Aprobada en 1862

    ▪    1876. Pellevoisin, Francia. Nuestra Señora del Carmelo.


Vidente: Estela Faguete. Aprobada en 1983Pellevoisin, Francia.
Nuestra Señora del Carmelo. Vidente: Estela Faguete. Aprobada en
1983

    ▪    1917..Fátima, Portugal. Nuestra Señora del Rosario.. Videntes:


Sor Lucia, Beatos Jacinta y  Francisco Martto. Aprobada en 1930

    ▪    1932. (Beauraing) Bélgica,  Madre de Dios. Videntes: 5 niños.


Aprobada en 1949
    ▪    1933..Banneux, Bélgica. Virgen de los Pobres. Vidente:
Mariette Beco. Aprobada en 1942Banneux, Bélgica. Virgen de los
Pobres. Vidente: Mariette Beco. Aprobada en 1942

19533 Siracusa, Italia. Nuestra Señora de las Lágrimas. Lacrimación


reconocida el 12 de diciembre, 1953)Siracusa, Italia. Nuestra Señora
de las Lágrimas. Lacrimación reconocida el 12 de diciembre, 1953)

Apariciones marianas autorizadas por la iglesia local, que


permite su culto:

    ▪    1798-1898.. Lavang, Viet Namm. Nuestra Señora de Lavang.


Videntes: Muchas personas por espacio de un siglo

    ▪    1879..Knock, Irlanda. Nuestra Señora de Knock. Videntes: 15


personasKnock, Irlanda. Nuestra Señora de Knock. Videntes: 15
personas

    ▪    1945-1959..Amsterdam, Holanda. Nuestra Señora de todos los


Pueblos. Vidente: Ida PeerdemanAmsterdam, Holanda. Nuestra
Señora de todos los Pueblos. Vidente: Ida Peerdeman

    ▪    1947..  L'Ile-Bouchard, Francia. Nuestra Señora de la Oración.


Videntes: Cinco niñas de 7 a 12 años  L'Ile-Bouchard, Francia.
Nuestra Señora de la Oración. Videntes: Cinco niñas de 7 a 12 años

    ▪    1947..Roma, Italia (Abadía de Tre Fontane) Nuestra Señora de


la Revelación. Vidente: Bruno [Link], Italia (Abadía de
Tre Fontane) Nuestra Señora de la Revelación. Vidente: Bruno
Cornacchiola.

    ▪    1947..Montichiari, Italia. Virgen Maria, Rosa Mística. Vidente:


Pierina Gilii

    ▪    1968. Zeitoun, Cairo, Egipto Nuestra Señora de Zeitun.


Vidente:Una multitud

    ▪    1973..Akita, Japón. Nuestra Señora de [Link], Japón.


Nuestra Señora de Akita. Vidente: Sor Agnes SasagawaVidente: Sor
Agnes Sasagawa

    ▪    1976.. Betania, Venezuela, Maria, Virgen y Madre


Reconciliadora de Todos los Pueblos y Nacioness. Vidente: María
Esperanza Medrano de Bianchini
    ▪    1980..Cuapa, Nicaragua. Nuestra Señora de Cuapa. Vidente:
BernardoMartinezCuapa, Nicaragua. Nuestra Señora de Cuapa.
Vidente: Bernardo Martinez

    ▪    19811 Kibeho, Ruanda (Africa) Madre del Verbo. Vidente: 3


videntes

    ▪    1982..Damasco, Siria Nuestra Señora de Soufanieh. Vidente:


Mirna [Link] aparición aprobada por obispos católicos y
[Link], Siria Nuestra Señora de Soufanieh. Vidente:
Mirna [Link] aparición aprobada por obispos católicos y
ortodoxos.

    ▪    19833 San Nicolás, Argentinaa. María del Rosario de San


Nicolás. Vidente: Gladys Quiroga de Mottaa

Aún no aprobadasAún no aprobadas

    ▪    Nuestra Señora de Garabandal, EspañaNuestra Señora de


Garabandal, España

    ▪    Reina de la Paz, Medugorje, BosniaReina de la Paz, Medugorje,


Bosnia
 

ADVOACIONES MARIANAS EN VENEZUELA

El culto católico venezolano hace especial énfasis en las distintas


Advocaciones de la Virgen María que mueven a miles de personas a
sus templos y procesiones en todo el país. Nuestra Señora de
la Coromoto es la patrona oficial de Venezuela. Fue así después de
que se le apareció en Guanare (Portuguesa) a un indígena que
llevaba este mismo nombre. Pero, ¿sabías que cada región tiene su
patrona religiosa? A continuación podrás conocer cuál es la de cada
uno de los 23 estados venezolanos.

1. Amazonas: Virgen María Auxiliadora


Es la patrona del estado y la reina del Orinoco. Todos los 24 de mayo
los fieles de la virgen le rinden devoción en la Catedral de María
Auxiliadora ubicada en Puerto Ayacucho.

2. Anzoátegui: Virgen de la Candelaria

Es patrona de este estado desde 1992. Los orígenes de la


llegada de la advocación mariana de la Virgen de la Candelaria
a Venezuela se remontan al último tercio del siglo XVII, en la
que un considerable número de familias de origen canario se
desplazaron a esas tierras. Su fiesta se celebra el 2 de febrero.
La celebración principal se realiza en el Santuario Diocesano
Nuestra Señora de La Candelaria, en la población de Cantaura.

3. Apure: San Fernando Rey

Cada 30 de mayo se celebra el día del santo patrono de la


capital apureña. Una de las tradiciones emblemáticas es la calenda,
un baile popular tradicional que se realiza en esta fecha.

4. Aragua: Nuestra Señora de Belén


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