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UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE SANTIAGO

(UTESA)

NOMBRE: ESMERLYN DE JESUS

MATRICULA: 218-4888

ASIGNATURA: LITERATURA HISPANOAMER.

TEMA: INCIDENCIA DE LA MUJER EN LA LITERATURA

PROFESORA: CLARIBEL TEJADA

FECHA: 29/11/2021
LA INCIDENCIA DE LA MUJER EN LA LITERATURA

En el siglo XIX, la liberalización del individuo es, aunque en diferentes grados


de radicalismo el común denominador de la revolución liberal y del
movimiento romántico en España, que de alguna manera se refleja también
en América. En este cuadro, las escritoras —ejemplos de discrepancia entre
la intención y la realidad— sufren la fragmentación de un ser dividido entre
su identidad femenina y sus ambiciones —sus «gustos masculinos»—. Se
trata de autoras muy distintas entre sí, pero unidas por el hecho de escribir y
sufrir las dificultades de una sociedad patriarcal con derechos escasos y por
ser conscientes.
Leer y escribir poemas era una posibilidad concedida al concepto de
feminidad imperante, pero ser novelista o ensayista era un desafío a los
modelos sociales vigentes. Estas escritoras, a menudo consideradas mujeres
«desobedientes», enfrentadas a sociedades fuertemente normativas, son
fundadoras de una tradición fecunda. Ellas son el fruto del conjunto de
propiedades y misiones que una sociedad atribuye a sus individuos en
función del sexo al que pertenecen, no de manera necesariamente
dicotómica, pero sí, indudablemente, de un modo relativo y relativizado. En
este sentido, es la novelista Emilia Pardo Bazán quien mejor representa la
imagen romántica de la conciencia femenina dividida, como revela el hecho
de que en varios de sus libros tenga un lugar prioritario la expresión de
deseos inconscientes prohibidos por las normas sociales, alimentando así un
impulso contestatario ante la tradicional imagen de la mujer como ángel
protector del hogar.
La participación de estas autoras en la política y/o cultura del país, reproduce
y al mismo tiempo, a veces, se aleja del modelo masculino canónico. Como es
notorio, en Latinoamérica, desde la época de Esteban Echeverría hasta la
actualidad representada por Mario Vargas Llosa, los mundos de las letras y
de la política se encuentran estrechamente relacionados, relación en la que
también las mujeres participan. Tanto para escritoras como para escritores,
el relato de ficción funciona con frecuencia como una alegoría de los
acontecimientos más importantes de la historia del continente americano.
Desde los orígenes de la nación, los hombres de la política y de las letras,
fundadores de la patria como Mitre y Sarmiento, narran historias donde las
intersecciones entre género y política son evidentes.
Las mujeres escritoras desde el siglo XIX intentan más o menos redefinir sus
relaciones con la autoridad cuestionando el modelo canónico vinculado con
ellas. Especialmente en dicha época de transición de una forma de gobierno
a otra, de un período tradicionalista a un programa modernizante, se observa
una alteración en la representación del género en la medida en que las
mujeres más o menos participan en la creación de la nación y rompen, de
alguna forma, el cerco del canon impuesto por la tradición masculina.

Como es sabido, en aquella época el espacio público era un lugar de acción


exclusivamente para los hombres; en este sentido, Flora Tristán y la Condesa
de Merlin representan excepciones alcanzadas con gran esfuerzo. Lo que
resalta es su férrea y decidida voluntad para dejar testimonio de su
experiencia. Ambas transforman sus vivencias en texto público para poder
participar en la discusión de la comunidad de los hombres. A esta estrategia
de utilizar lo personal como punto de partida para un discurso político,
Josefina Ludmer (1984) la ha denominado «tretas del débil». Por su parte,
Francesca Denegri indica que semejante estrategia consiste en incluir lo
privado y cotidiano, sirviéndole de partida y perspectiva para otros discursos,
de tal manera que, gracias a la mezcla de esos lenguajes y espacios.

Mucho podría hablarse sobre la presencia o ausencia de la mujer en las


literaturas indígenas prehispánicas, tema más bien virgen para la
investigación. Bástenos aquí señalar, como botón de muestra, a la poeta
princesa mexicana Macuixóchitl, "5-Flor", hija del gran tlatoani Tlacaélel,
consejero máximo de siete emperadores aztecas, verdadero poder tras el
trono. Ella es la única figura femenina en el coro de 15 poetas aztecas
redescubiertos por Miguel León Portilla (1), y ejemplifica el status que las
hijas de la nobleza indígena podían alcanzar en la estética oficial, ya que su
poesía se ajusta canónicamente a la tradición nahua,
No es pues casual que uno de los principales poetas nahuas actuales, Natalio
Hernández reivindique a Macuixóchitl como símbolo de la madre tierra, por
un lado, y de la poesía más ancestralmente femenina, por otro lado En su
último libro de versos, Papalocuicatl (1996), Natalio dedica a Macuilxóchitl
una serie de 52 breves poemas (numero altamente simbólico para mayas y
nahuas), que son variaciones bellísimas sobre el amor y la pareja,
conservando el sentido cosmogónico de estas milenarias culturas
Propongo que Macuilxóchitl es a Sor Juana lo que Nezahualcóyotl es a Rubén
Darío, no en la herencia temática o estilística sino en el nivel cumbre de su
poesía y en el paso de lo autóctono a lo mestizo, atravesando, eso sí, el mito
de la Malinche.

PAPEL DE LAS MUJERES EN LA LITERATURA

La mujer ha logrado abrirse camino en las artes y las letras. No ha sido fácil
para ellas. Sin embargo, en el momento tienen un puesto importante en este
campo. Tanto, que han sido galardonadas en grandes concursos literarios.

Debido al gran empeño que muchas mujeres literatas han puesto en


mostrarle al mundo lo que crean, ahora se puede decir que la mujer en la
literatura camina hombro a hombro, junto a los grandes escritores. Para ellas
no ha sido un camino fácil el que decidieron seguir. Se trató de una senda
llena de obstáculos, entre los que estaba centralmente ser mujer.

En el siglo XIX, gran parte de las mujeres escritoras tenían que publicar con
un seudónimo de hombre para ser tomadas en serio. Émily Brontë y sus
hermanas fueron muestra manifiesta de ello. Cumbres borrascosas fue
publicada bajo el seudónimo de “Ellis Bell”. De lo contrario, ningún editor se
atrevía a publicar, pues consideraban que ellas solamente escribían novelas
de corte romántico. Cumbres borrascosas pudo escapar a esto, al ser
publicada bajo el seudónimo de hombre, porque lo relatado en el libro
estaba inmerso en una historia de amor. Era verdad lo que se creía en ese
tiempo sobre lo que escribía la mayoría de las mujeres, pero la obra de Émily
Brontë estaba muy bien esquematizada. Caso similar ocurrió con sus dos
hermanas, quienes también utilizaron seudónimos masculinos.

Para comienzos del siglo XX, las cosas habían cambiado drásticamente. Fue
así como la escritora londinense Virginia Woolf comienza en 1905 a escribir
para el suplemento literario del Times, y 10 años después publica su primera
novela. Aunque algunos críticos la consideran de difícil comprensión, por
tener una fuerte tendencia hacia el racionalismo doctrinario, lo cierto fue que
dejó un gran legado literario.

De igual manera, Marguerite Yourcenar, consagrada escritora belga,


comienza su carrera literaria en la tercera década de este mismo siglo. Entre
sus obras se puede destacar Memorias de Adriano. En este libro, para el que
estuvo trabajando por una década, relata la vida y la muerte del emperador
romano Adriano a la manera de una extensa carta del emperador a Marco
Aurelio, su hijo adoptivo, quien lo sucede en el trono. Además de esta
magistral obra, se destaca Opus nigrum, novela ambientada en la Europa del
siglo XVI. En ella deja claros los principios religiosos, los dogmas y las
supersticiones del mundo en el que está enfrentada la Edad Media con el
Renacimiento. Su protagonista tiene un final trágico, y esto hace pensar que
no se trata de una escritora sino de un escritor. Por eso se puede ver que las
mujeres no escriben solamente novelas de corte amoroso. Muestra de eso
tenemos en otra de las grandes obras de la literatura: Frankenstein.
OBRAS MAS RELEVANTES DE LAS MUJERES ESCRITORAS
HISPANOAMERICANA:

ESCRITORAS OBRAS
María Enriqueta Camarillo Rumores de mi huerto,
Dolores Bolio Aroma tropical. Leyendas y cuentos
mexicanos,
Amalia Caballero de Castillo Ledón Cuando las hojas caen.
María Luisa Ocampo Cosas de la vida Cosas de la vida
Sor Juana Inés de la Cruz Los empeños de una casa
Gabriela Mistral “Desolación” y “Ternura”
Alfonsina Storni La inquietud del rosal
María Luisa Bombal La última niebla
Rosario Castellanos Oficio de tinieblas
Blanca Varela Valses y otras falsas confesiones
Isabel Allende “La casa de los espíritus”
Gioconda Belli “La mujer habitada”
Laura Esquivel Como agua para chocolate
Marcela SerranoMarcela Serrano Nosotras que nos queremos tanto

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