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"Ansul: La Última Edad de Luz y Sombras"

Este documento presenta un índice y prólogo para una historia de fantasía épica titulada "Historias de Ansul: La última Edad". El prólogo describe el mundo de Ansul y sus cuatro edades, desde la Edad Oscura hasta la actual Edad de Oro. El capítulo 1 se titula "La comunidad de la luz" y contiene 30 secciones que narran las aventuras de varios personajes, incluido un hombre que promete volver a visitar una tumba en una isla después de miles de años.

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"Ansul: La Última Edad de Luz y Sombras"

Este documento presenta un índice y prólogo para una historia de fantasía épica titulada "Historias de Ansul: La última Edad". El prólogo describe el mundo de Ansul y sus cuatro edades, desde la Edad Oscura hasta la actual Edad de Oro. El capítulo 1 se titula "La comunidad de la luz" y contiene 30 secciones que narran las aventuras de varios personajes, incluido un hombre que promete volver a visitar una tumba en una isla después de miles de años.

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“Historias de Ansul: La última Edad”

(Título provisorio)

Índice:

 Prologo: En el mundo de Ansul… (Pág. 2)

 Capítulo 1: La comunidad de la luz:

o I: Una promesa inconclusa (Pág. 3)


o II: El mago y el héroe (Pág. 4)
o III: El portador de la oscuridad (Pág. 8)
o IV: Un caballero sin nombre (Pág.12)
o V: Encuentro en el bosque (Pág. 13)
o VI: Regresando al hogar (Pág. 16)
o VII: Desaparecido en acción (Pág. 21)
o VIII: Caminos separados (Pág. 25)
o IX: Una luz en la noche (Pág. 29)
o X: “Abismo de oscuridad” (Pág. 33)
o XI: Rituales profanos (Pág.35)
o XII: Camino Carmesí (Pág. 37)
o XIII: Forja de runas (Pág. 41)
o XIV: Viejo amigo (Pág. 46)
o XV: Azabaches blancos (Pág. 49)
o XVI: Encargo peligroso (Pág. 53)
o XVII: Adentrarse en las ruinas (Pág. 59)
o XVIII: La tierra de los cráneos (Pág. 62)
o XIX: Reunión de tres (Pág. 64)
o XX: Baloth aborrecible (Pág. 73)
o XXI: El duelo (Pág. 79)
o XXII: Traidor (Pág. 85)
o XXIII: Secretos de la sede: Parte uno (Pág. 91)
o XXIV: El valor de una promesa (Pág. 97)
o XXV: Retorno a la orden (Pág. 100)
o XXVI: Secretos de la sede: Parte dos (Pág. 102)
o XXVII: Recordar la compasión (Pág. 107)
o XXVIII: Luna roja (Pág. 110)
o XXIX: Riña de taberna (Pág. 119)
o XXX: Los amantes (Pág. 123)

 Capítulo 2: Sombras (Pág. 135)


o I: Sombras (Pág. 135)
o II: Encuentro con lo oscuro (Pág. 138)
o III: Punto de partida (Pág. 144)
o IV: Ciudad de ladrones (Pág. 148)
o V: Coliseo de plata (Pág. 155)
o VI: Runa negra (Pág. 160)
o VII: Juicio de fuerza (parte uno) (Pág. 163)
o VIII: Amorios en el viaje (Pág. 168)
o IX: Juicio de fuerza (parte dos) (Pág. 179)
o X: Ultimas palabras (Pág. 185)
o XI: La calma previa… (Pág. 187)
o XII: Nuevo integrante (Pág. 193)
o XIII: Consejero real (Pág. 200)
o XIV: La caída de un reino (Pág. 215)
Prologo:
En el mundo de Ansul…

L a tierra conocida como Ansul, era un mundo no tan joven, ni tan viejo, poblado de
diferentes razas, de las cuales destacan los Humanos, Enanos, Elfos y Reptilianos, entre
otros. Solamente ha sido testigo de 4 edades, o por lo menos, de las que se tiene
registro. La primera, conocida como la Edad Oscura, una época de donde prácticamente no se
tiene información, más de lo que se puede deducir en las pinturas rupestres, las precarias
armas que se suelen encontrar en llanuras o cavernas, y los fósiles gigantescos de algunas
criaturas que adornan lugares recónditos, como los huesos de los gigantescos dragones que
ornamentan las nevadas montañas de Winterheim, al norte de todo. Se estima que, en la Edad
Oscura, Ansul solo era habitado por bestias y humanos. Solo se sabe cuándo finalizo la Edad
Oscura por la llegada de La segunda era, la Edad del Sol. Fue una era prospera, donde se
irguieron las primeras civilizaciones, se formaron imperios, los primeros gremios de magia
abrieron, al descubrir los poderes arcanos, el ser humano comenzó a desarrollar el tallado de
runas, y empezaron a sonar de boca en boca, los primeros nombres de leyendas heroicas.
También, en la Edad del Sol, no todo fue bueno, sino que también comenzaron a aparecer las
primeras criaturas de la oscuridad. La segunda era duro unos 2000 años, antes de ser eclipsada
por la tercera era, La Edad Profana. Esta se dio a cabo, tras el origen y ascenso al poder de
Dakon, el nigromante más poderoso que el mundo haya visto, y aclamado tanto por sus
seguidores como sus víctimas como “El enemigo de Dios”. El tirano esclavizo grandes ejércitos
y civilizaciones, mientras destruyo muchas otras, esparciendo plagas, maleficios de muerte,
sequía en los campos y desatando a todas las criaturas de la oscuridad. La Edad Profana duro
unos largos 1000 años, hasta que todos los continentes, razas, gremios y facciones hicieron
una alianza, y enfrentaron a Dakon, destruyéndolo, y liberando todo lo que estaba en las
garras de su dominio. Esto le dio el paso a la última era, la que se vive actualmente, la Edad de
Oro, donde el mundo pudo sanar en cierta medida, una parte del daño hecho. Nuevamente,
hay grandes imperios, gremios de magia, con sus respectivas escuelas, e incluso, ya hay gente
desarrollando invenciones, como zepelines acorazados, que hacen viajes aéreos entre
continentes. Por las tierras de Ansul, en el noroeste del continente este, “Terra”, se encuentra
un hombre, el cual no pertenece a esta era, pero, aun así, camina sobre ella. Su único objetivo,
es viajar al Sur, atravesando cualquier obstáculo, para poder llegar a una lejana isla y cumplir
una agridulce promesa.

Capítulo 1: La comunidad de la luz

I
Una promesa inconclusa:

L a lluvia caía fuertemente acompañada de rayos y truenos esa noche. Un hombre corría
con sus últimas fuerzas. Estaba a punto de lograrlo, ya casi podía ver como rompían las
olas con furia por la tormenta. Esperaba llegar… debía hacerlo. Había galopado hasta la
mitad del estrecho de tierra que conectaba la isla con la tierra firme, pero un esqueleto
montado le había disparado a la cabeza de su caballo matándolo. El, por su parte, estaba
herido de gravedad, pero logro correr con todas sus fuerzas hasta la isla. Un rayo ilumino el
cielo, acompañado de un trueno, y también de un flechazo en la rodilla. Aquel soldado cayó y
dio su cara contra la tierra, mezclando barro y sangre. No perdió tiempo, ya no tenía opciones.
Estiro sus brazos ante él, y clavo los dedos de su mano derecha en la tierra. Con toda su fuerza,
flexiono el brazo, jalándose adelante. Estiro su brazo izquierdo esta vez, y repitió el proceso,
para ir alternando brazos, arrastrándose entre el fango y la sangre. Ya era tarde, sentía los
pútridos caballos zombi detrás de él, los jinetes lo habían alcanzado. Otro relámpago ilumino el
cielo, y el hombre vio, rompiendo en lágrimas, que casi había alcanzado su objetivo. Casi. Pudo
ver, a unos 8 metros de él, quizá menos, una modesta cruz hecha de madera clavada en el
suelo al final de la isla. Una cuanto menos, modesta tumba, colocada frente al mar. El mismo la
había hecho, tallada con su espada. Una sepultura para una sola persona, que albergaba el
recuerdo de alguien importante que se había marchado, tan fugaz como la vida. El hombre
solo podía llorar, y maldecir a los dioses, que ni siquiera le habían permitido, presentar sus
respetos antes de morir. De pronto, un dolor que le helo la sangre se apodero de él, una
sensación nauseabunda. El calor y ardor de una herida abierta en la espalda y terminada en el
medio del pecho, mezclándose con el frio y oxidado acero de la hoja de un guerrero esqueleto.
Aquel hombre, con su último aliento, y las cálidas lágrimas recorriendo sus mejillas, mientras
sangre emanaba de su boca, estiro su brazo derecho con la palma extendida, en dirección a la
tumba. Comenzó a cerrar su mano, como si fuera a poder tocar esa lejana y a la vez cercana
cruz de madera, con una esperanza infantil, que no se vería realizada. El hombre profeso lo
que creía, serían sus últimas palabras.

-Te prometo… que volveré. No importa… cuanto… me… tarde…

La negrura de la muerte se apodero de su visión, exhalando su último aliento. Aunque poco


sabia, que no sería el último. Aquel hombre, cuya caída fue a los 25 años, se llamaba Cecil Ivory
y aquella isla, no lo vio morir. Desgraciadamente sus perseguidores lo habían llevado con quien
los dirigía, un demonice que había surgido a la luz recientemente, llamado Dakon, quien luego
se convertiría, en el villano que todo el mundo, ya conoce. Luego de miles de años de la época
en la que vivió, Cecil caminaba una vez más, ya no como un soldado, tampoco como un cuerpo
sin mente, manejado por un monstruo. Ahora, caminaba como un caballero vagabundo, con
nada más que meras ropas de cuero tachonado, y una capa con capucha. Aún tenía muchas
preguntas desde que lo encontraron congelado en cieno, en una antigua ruina profana, como
porque estaba congelado, y como lo reanimaron, con una cicatriz en el pecho, pero aun
humano, vivo y con libre albedrio. Poco importaba ya, sabía que estaba completamente solo.
Podría tener 25 años, pero todo quien podía conocerlo, estaba muerto, hace miles de años.
Ahora, Cecil estaba en camino a su antigua ciudad natal, Ostrava. La ciudad, ahora era un gran
feudo. Cecil volvía ya cada vez más cerca, solo determinado a visitar 3 eras después, esa
solitaria isla del sur. Volvería a ver esa tumba, como se lo había prometido a aquella antigua
amiga.

II

El mago y el héroe:

E n lo más profundo del claro Bosque de Valeria se hallaba un joven Hakafell, una raza
muy similar a la humana, con la única diferencia de tener orejas de liebre, en vez de
orejas humanas. Se encontraba caminando rumbo hacia la famosa taberna del viejo
Yemet “la última gota”, el Hakafell se detiene y observa un gran árbol que tenía en frente, saco
un cuaderno de su mochila y empiezo a escribir
” Este árbol…es la primera vez que lo veo en este lugar…eso quiere decir…que su teoría es
casi cierta, los árboles cambian de lugares”

Cerrando su cuaderno y guardándolo, el joven Hakafell siguió su camino hasta encontrar la


taberna. Al entrar, examinando con la mirada, nota que la taberna esta más llena de lo normal.
Distintas razas aliadas y enemigas bebiendo, bailando y cantando todas juntas, pues claro, “La
última gota” no era una simple taberna, era una taberna en la cual todas las razas van a pasar
un momento de paz y desahogo

-EEEEH, por aquí, Eithan –Exclamo una voz proveniente de la derecha.

El joven Hakafell voltea, buscando el origen de la voz y con una sonrisa, se acerca hacia el
hombre que lo había contratado

-Cumplí con su pedido señor, aquí tengo la cabeza del goblin, está en la bolsa. – Dijo Eithan
mientras le tendía una bolsa marrón.

-Gracias a los dioses que terminaste el trabajo, yo mismo podía hacerlo, pero no soy bueno
con la espada, aquí tiene su paga joven, y bebe algo, estamos celebrando – Exclamo el hombre

Eithan tomo la bolsa con monedas y camino directo hacia la barra a pedir un trago

-Deme una pinta de su famosa cerveza de zanahoria – Pidió Eithan

-A la orden señor – dijo el Bartender, para luego fijar su mirada en el Hakafell – Un momento…
no eres…Eithan?

-Si… ¿escuchaste al granjero? – Respondió Eithan.

-Bueno sí, pero además eres muy famoso por aquí – Dijo el Bartender – Tú fuiste quien saco a
los goblins de la cueva que está detrás de la taberna, y ahuyentaste a los trasgos de que
entrasen a este bosque, hijo este bosque esta en paz gracias a ti.

-Bueno, que puedo decir, lo hice porque amo esta taberna – Admitió Eithan, con algo de
orgullo.

-Tenga joven la casa invita – Dijo el Bartender, mientras apoyaba el vaso con la cerveza recién
servida frente a Eithan – Si necesitas descansar de inmediato preparo una habitación.

-No hace falta, soy de dormir en los árboles, el canto de sus hojas me hacen dormir, y cuando
llueve su melodía se vuelve más hermosa

-Como gustes, aquí siempre recibirás la mejor de las bienvenidas.

Tomando su jarra de cerveza, Eithan camina hacia su mesa favorita. Sentado, mira hacia la
fiesta que estaba en el centro de la taberna, aplaudiendo entre la melodía que tocaba el bardo
local. De un momento al otro, un hombre se le sienta al lado y le hace una pregunta, mientras
Eithan no dejaba de ver el jolgorio que había en el bar.

-Eres el hijo de Nathan? – Pregunto el hombre


-¿Y usted es? – Respondió Eithan, con tono interrogativo.

-Yo pregunte primero.

-Sí, soy el hijo de Nathan Menethill.

- ¿Y tu padre te educo para no prestarle atención a tus mayores?

Eithan desconcertado, ya reconociendo el tono de voz, volteo a su costado, y una sonrisa se


dibujó en su cara al ver a Eremes, el gris, sentado junto a él, ya que hace años no se veían.
Eithan se levantó emocionado, y Eremes hizo lo mismo, para ambos darse un abrazo. Al
separarse, Eremes le puso a Eithan una mano en el hombro. Eremes era un mítico mago en el
mundo de Ansul, sobre el cual se rumorea que ha vivido miles de años, y es capaz de hazañas
inimaginables para cualquier mago. Desde hacía ya muchos años, Eremes y Nathan, el padre
de Eithan, tenían una buena amistad, desde que el joven era un bebe.

-Eremes! Cuanto tiempo sin verte – Exclamo Eithan entusiasmado – ¿Que te trae por aquí?
¡Espero que hayas traído fuegos artificiales!

-A veces creo que solo me recuerdas por mis fuegos artificiales – Dijo Eremes, bromeando.

-Bueno… es que no es algo que se vea muy a menudo. De hecho, ¿qué te trae por aquí? –
Indago Eithan –

-Te he estado buscando joven Eithan, hijo de Nathan. – Eremes tomo una pausa para hablar –
hay una misión que debo encomendarte.

-¿Y de cuánto será la paga? – Pregunto Eithan, medio en broma, medio en serio.

-La salvación de nuestro mundo, hijo. – La expresión de Eremes se tornó seria

-¿Qué?, ¿de qué clase de misión se trata? – Pregunto Eithan, algo preocupado

-Una muy importante. El destino del mundo depende de ella.

-¿Y vienes a pedírmelo solo a mí? ¿A un aventurero que solo hace encargos y mata bestias por
monedas?

-Así es, joven Eithan – Confirmo Eremes – pero no la harás tu solo claro que no, tienes que
buscar a alguien muy especial, alguien que ya no es de este mundo, un hombre que murió en
batalla y fue resucitado. Ahora está entre la gente de esta era, tratando de cumplir una vieja
promesa. Busca a ese hombre, él te ayudara.

-¿Y por dónde empiezo?

-Uno de los miembros de la comunidad no está lejos, lo podrás encontrar en el bosque de


Khispan. No puedo decirte más que eso. Usa tu ingenio, haz recorrido todo el continente, los
aventureros no son enemigos de nadie, podrás ir a los demás reinos sin problema alguno. –
Dijo Eremes, mientras buscaba algo en su túnica— Toma estos 9 broches, son el emblema de
tu equipo. Deberás hacer más amigos en el camino. Créeme, el viaje será muy peligroso y
largo, necesitaras compañeros y leales. Los encontraras, en eso eres bueno… Debo irme joven
héroe, el mundo depende de ti, y de tus compañeros… Una vez que tengas algunos miembros
de tu equipo, nos contactaremos nuevamente.

En un y abrir y cerrar de ojos el Mago gris desapareció, dejando a Eithan solo. Pensando, el
joven abre un mapa que le había hecho su padre hace muchos años atrás. Eithan estaba
viendo por donde podía ir a buscar al hombre de otra era, que sigue vagando por el mundo.

- Si yo fuera un reanimado, ¿dónde estaría?…dijo que murió en batalla, tendría que ir a los
lugares donde hubieron guerras – Dedujo Eithan – Si, supongo que empezare a buscar por las
colinas de Zoth

Con mucha emoción, Eithan llama al camarero para que le traiga otra jarra de cerveza. Oyendo
al bardo cantar se dio cuenta de la canción era una nana que su madre solía cantarle. Eithan se
acercó al bardo.

-¿Puedo? – Pregunto Eithan, señalando el laúd del músico.

El humilde bardo accedió a prestarle el laúd, el cual Eithan comienzo a tocar, mientras cantaba.

”Un mundo hay desde aquí hasta mi hogar,

Y hay tantas sendas por andar

La sombra la noche traerá

Y las estrellas la prenderán

Niebla y sombra, triste anochecer pasaran

Yo seguro lo he de ver”

El ambiente de la taberna paso de ser un lugar alegre a uno melancólico. Uno de los borrachos
le hablo.

-Esa canción… ¿es una despedida cierto?

-Así es… me despido de todos ustedes – Exclamo Eithan, con latente emoción – Mis
compañeros de incontables borracheras, voy a partir hacia una aventura. Puede que no vuelva,
y si vuelvo, me verán como un rey lleno de incontables riquezas y tesoros que con ustedes,
amablemente compartiré.

Con los ojos cristalinos, Eithan parte hacia su destino despidiendo a cada uno de sus
compañeros, entre aplausos.
III
El portador de la oscuridad

P or un largo tiempo, el mundo se rigió en su mayoría por la guerra entre 2 de los cuatro
continentes. Guerra dada, por distintas políticas varios reinos, de los que gobernaban
sus respectivos continentes. Debajo de dichos reinos, se encontraban “Los gremios”,
siendo 12 en total. El gremio 1, de los paladines. El gremio 2, de los comerciantes. El gremio 3,
de clérigos. El gremio 4, de los alquimistas. El gremio 5, de los asesinos. El gremio 6, de los
magos rojos. El gremio 7, de los lanceros, también apodados mata dragones. El gremio 8, de
ladrones. El gremio 9, de los caballeros carmesí. El gremio 10, de los magos blancos. El gremio
11, de los berserker. Y el gremio 12, de los monjes. En la historia del mundo, hubo también
otros gremios ya extintos, como el de los caballeros oscuros, o los nigromantes. Dentro de
estos gremios, todo tipo de persona, sin importar la raza, podían estudiar. Pero no era tan fácil
llegar a ser un guerrero del gremio, ni aprender hacer magia. Era muy difícil llegar a formar
parte y pocos tenían el don de controlar la magia. Varios de los que no lo tenían descubrieron
formas de llegar a algo parecido, mediante la alquimia. Parte de esta alquimia mágica consistía
en armas creadas en base de artefactos mágicos de gran poder. Desde espadas, katanas,
ballestas, Etc. Entre los 12 gremios existía cierta enemistad, aunque hace un tiempo estaban
todos aliados con un objetivo. Ahora  sin él, sus diferencias los hacen rivalizar debido a sus
jefes. Entre los techos de una ciudad del continente del este, se veía un joven saltando de un
techo al otro apresurado.

-Maldición – Exclamo el joven, agitado – No puedo llegar tarde otra vez. Me van a castigar 

El joven medía 1,85 de alto, de cuerpo fuerte. Su cabello era rubio dorado, medio largo, hacia
atrás en punta.  Llevaba en sus orejas aretes de oro y vestía una armadura ligera. Llevaba en su
cintura, una katana enfundada. Sus ojos eran rojos. Tenía unos 27 años. El joven saltaba,
mientras veía que un castillo estaba más cerca, en el centro de la ciudad.  En la entrada del
castillo, había una insignia en forma de espadas cruzadas  y un lema debajo de ellas.

"La muerte en la pelea, es la mejor gloria."

Entre los 12 gremios tenían sus diferencias. El gremio 11, gremio de intrépidos, aunque ahora
era conocido entre los reinos  como el gremio de castigo. Un gremio que hacía temblar al solo
escuchar su nombre. Muy pocos lograban llegar a ser guerreros del gremio, mucho menos
emblema. Era gente que no era muy inteligente ni táctica pero lo que les faltaba de esto, les
sobra en fuerza y resistencia. No se especializaban en magia, sino que son un gremio de
guerreros, de los cuales algunos empleaban alquimia mágica. El joven llego a la entrada del
gremio.
-uf, llegue al fin. – Musito— Espero que nadie me haya visto llegar tarde.

Entrando por las puertas apurado, el chico se chocó con una señorita. La mujer, una joven de
30 años, rubia con una espada de esgrima, la cual tenía runas escritas en ella. Medía 1,70,
delgada, con unos pechos grandes y una cintura increíble. Sus ojos azules como el agua. A l
chocar con ella sus libros y mapas se cayeron al piso, junto con su espada.

-Lo siento, es mi primer día. Estoy un poco nervioso – Dijo el joven disculpándose, mientras
comenzaba a retomar su camino, sin mirar atrás.

-Eh idiota al menos ven ayudarme! – Se quejó la mujer, mientras levantaba sus cosas, enojada.

El joven corría a través del lugar esquivando gente. Parecía muy hábil y ágil. Salto una mesa del
lugar y también salto atravesando una ventana, cayendo justo donde un grupo de 5 chicos
formaban detrás de un fornido soldado con un mandoble en su espalda

-Ahora que estamos todos podemos empezar. Recuerden que llegar tarde el primer día no es
bueno. ¿No rubio? –Dijo el soldado, mirando al recién llegado.

-Si general Simus! – Exclamo el joven.

El soldado paro y los 6 jóvenes se pusieron en fila en el inmenso patio del castillo

-¿Preparados? – Pregunto el General Simus – ¡Firmes! Ahora vendrá el jefe del gremio.

Todos murmuraban mientras se ponían rígidos.

-¡Silencio! – Grito Simus – Muestren respeto. No quisiera que alguno muriera antes de su
primera misión.

-¿Morir? No lo dice enserio, ¿no? – Pregunto nervioso uno de los hombres.

-Ojala. – Dijo Simus – Ahí llega el jefe, junto con los almirantes.

Las puertas del patio se abrían por detrás del general. Dos guerreros salían de estas, uno de
ellos un hombre alto de 1.90, musculoso con unas garras con runas incrustadas, pelo rojo y
orejas en punta. El otro un hombre de contextura normal pero con una espada en su cintura,
un porte elegante y unos lentes redondos, pelo negro corto y de bellos rasgos.

-Delfus y Sebastián – Los reconoció Simus. 

-¿Estas son las promesas, general? – Pregunto Delfus, analizando a los postulantes.

-Si señor – Asintió Simus. 

- Parecen muy débiles – Acoto Sebastián, mientras sacaba una libreta y tomaba nota.

-¿Cuál de ellos es el maestro del gremio? - Indago un postulante.

-¿Nosotros? Jajaja – Ambos hombres hablaron a la vez, intercambiando miradas.

-Yo soy la maestra del gremio. – Exclamo una voz femenina por detrás de los almirantes.
Una chica rubia apareció, mientras ambos hombres hacían un hueco para que pudiera pasar.
Con una espada en la cintura, caminaba vestida con un traje de guerra que resaltaba todas sus
curvas. Los dos almirantes y el general se arrodillaron ante ella.

-Lady Ash, no hacía falta que bajara podíamos encargarnos de esto para algo somos los
almirantes del gremio. – Dijo Sebastián.

Simus, ¿estos son los nuevos? – Pregunto Ash

Si señorita. – Confirmo Simus.

La chica miro a todos uno por uno de arriba abajo, hasta llegar al último.

-¡Tu! El idiota que hizo que se me cayeran los mapas y las cartas que tenía. – Exclamo la mujer
señalando al hombre rubio – Me chocas y ni siquiera te paras a ayudar.

Perdón Ash, llegaba tarde y estaba nervioso. Pido mil disculpas – Dijo el joven, haciendo una
reverencia.

-¿Cómo te atreves a empujar a la maestra? – Dijo Delfus furioso, a punto de desenvainar su


espada. – ¡Dime tu nombre maldito irrespetuoso!

-¡Delfus! Tranquilo. – Exclamo Ash – Yo ya conozco a este hombre. Su nombre es Gilgamesh


Destin.

-Es un placer, almirante – Dijo Gilgamesh, cordialmente, con una sonrisa pícara.

Ash lo miraba curiosa.

-¿Destin? ¿Acaso eres el hijo del samurái Pether Destin? ¿El ex almirante? – Pregunto
Sebastián.

-Sí, señor. – Confirmo Gilgamesh – Entrene con él desde qué era un niño. Nunca gane contra
él, nunca me dio tregua. Quizás es eso lo que me hizo fuerte. Manejo el mismo estilo de 3
espadas aunque ahora mismo llevo una sola, la espada de mi padre. – Gilgamesh toco el
mango de su espada, negra como la noche.

-Así que ya eres capaz de portarla, eh. – Dijo Ash – ¿Podrías desenfundarla?

-Si, señorita. – Asintió Gilgamesh, el cual desenvaino la hoja negro azabache lentamente,
mientras sus superiores la observaban con interés.

-La famosa espada de la familia Destin, quien lo diría. – Dijo Ash.

La espada era una katana larga de hoja negra con símbolos rojos, como unas olas oscuras. El
filo que demostraba, no lo poseía casi ninguna espada en el mundo.
-Así que esta es una de las 9 Akumas… solo con verla siento la presencia de lo que está dentro
de ella – Dijo Ash.

-¿Dentro de ella? ¿Una Akuma? – Pregunto Gilgamesh, confundido.

-La portas, y sin embargo, ¿no sabes lo que es? – Pregunto Ash, algo irritada – Eres un
principiante. Toma la espada y  da un corte en el aire.

Gilgamesh así lo hizo, y lo que sucedió a continuación fue una onda de energía oscura que
cortó la pared del castillo, la cual estaba a 5 metros de distancia, partiéndola en dos, haciendo
un agujero en forma de tajo. Gilgamesh sintió un fuerte dolor en su brazo, el cual comenzaba a
dejar ver venas negras subiendo desde la mano del hombre.

-Así que este es su poder… – Dijo Gilgamesh, mientras le temblaba el brazo.

-Hasta para mí, que soy la más fuerte del gremio, me cuesta creerlo. Ten cuidado, Gilga. Esta
espada es traicionera, esta maldita. Solo tu padre podía portarla. Se ve que te eligió como
nuevo dueño, aunque te falta mucho por aprender. – Dijo Ash.

-No puedo creer que este tan lejos de su nivel – Pensó Gilgamesh, mientras enfundaba su
espada.

-Bueno Simus, tengo que volver a la oficina. Debo ver si Yaksu llegó al enfrentamiento.

-Si mi señora – Asintió el general – ¿El almirante está en combate?

-Sí. Tenía la misión de eliminar la tribu de Simbae porque estaba aliado con nuestros enemigos.
Adiós, suerte con estos débiles – Dijo Ash, dirigiéndole una sonrisa burlona Gilgamesh, 
mientras se alejaba con Sebastián y Delfus detrás de ella.

-Qué mujer… – Musito Gilgamesh.

-Pobre, parece insufrible – Dijo el recluta de su derecha.

-Así todo, me tiene enamorado – Dijo Gilgamesh, sonriendo.

-¡Basta de charlas! – Interrumpió Simus – Pónganse a entrenar, que pronto les serán otorgadas
sus misiones .Ya no son simples promesas, a partir de ahora son guerreros del gremio. Solo la
elite llega aquí, así que compórtense como tal.

Pronto, todos empezaron a trotar, calentando para el entrenamiento.

IV
Un caballero sin nombre
E l norte del continente de Terra se caracteriza por las bajas temperaturas. La gente que
vive por esa zona se dedica a la tala de árboles para leña, este es uno de los pocos
ingresos de las ciudades. Antiguamente era una zona muy prospera, pero después de la
llegada Dakon, este puso una maldición sobre el lugar, originando las bajas temperaturas y las
fuertes nevadas. También, es el lugar de origen del gremio de los caballeros. Al principio
fundado por paladines que escaparon de la corrupción del gremio de paladines de aquel
entonces, cambiando su manera de pelear de escudo con espada a espadón de dos manos y el
uso de magia oscura en vez de magia blanca, contraria a la que usan los paladines o clérigos.
Con el ascenso de Dakon decidieron unirse a él de manera voluntaria en búsqueda de mayor
conocimiento en la magia oscura. Esto solo provoco que se corrompiera el gremio y la mayoría
de sus miembros, a excepción de uno que decidió traicionarlos y unirse a la alianza para
derrocar al nigromante. En la ante última batalla que le dio esperanza a la alianza, el caballero
oscuro estaba rodeado de sus antiguos compañeros de gremio. Él no los quería matar ya que
pensaba que estaban siendo influenciados por Dakon y deseaba liberarlos. Lo que no sabía es
que ellos seguían a Dakon de manera devota. La pelea fue ardua, varios cayeron muertos y
heridos. El, con las pocas fuerzas que le quedaban, seguía en duelo contra lo que alguna vez
fue su mejor amigo y mayor rival. Este duelo era reñido, los demás solo se dedicaron a
observar. Todos estuvieron expectantes para ver quien salía ganador. En un momento el rival
se abalanza a gran velocidad pegando un salto que lo posiciono arriba del caballero oscuro,
para darle un golpe en caída. El caballero oscuro se defendió con su espadón sujetado con
ambas manos. Los dos empujaban con fuerza, la tensión se sentía en el ambiente, todos sabían
que ahí se decidía el duelo. El rival mientras empujaba, trato de canalizar en una de sus manos
magia oscura para lanzar un conjuro. En ese momento vio a su amigo quien estaba llorando y
logro escuchar unas palabras.

- Espero que me perdones en la otra vida – Dijo con amargura el caballero oscuro.

Terminadas las palabras, se desplegó sobre el caballero oscuro un aura negra y roja que lo
rodeaba, dirigiéndose al filo del arma. Un destello del mismo color salió disparado del filo del
espadón, y el rival reconoció que la técnica era muy avanzada para él, saliendo disparado hacia
un costado con un gran corte sobre la armadura. La sangre empezó a rodear el cuerpo,
causándole la muerte, manchando la nieve. El caballero oscuro cayo al piso agotado. Había
usado casi todas sus fuerzas, mientras se percataba de que algunos caballeros quedaban en
pie y lo comenzaron a rodear. Sabían que ese era el momento justo para atacar. El caballero se
empezó a parar con la ayuda de su espada, si iba a morir iba a ser peleando hasta el final. Pero
de momento a otro observo como un círculo formado por runas negras lo empezó a rodear,
impidiéndole moverse. Frente suyo, la figura de Dakon apareció, agarrándole el arma del
caballero, mientras recitaba un conjuro en una lengua desconocida. En ese momento, el
nigromante atravesó al caballero con su propia espada en el pecho. La luz de sus ojos empezó
a apagarse, sus antiguos camaradas no tuvieron tiempo para festejar su muerte, ya que el
ejército aliado tomo una contra ofensiva, en el momento que Dakon se había ido de ese lugar,
obligando a retirarse por primera vez a los caballeros restantes. Antes de morir, el caballero
tuvo un poco de esperanza para la alianza, dejando el resto en sus manos. Esta batalla fue
conocida como la caída de un gremio, ya que después de ella, quedaron escasos caballeros
oscuros en el mundo. En la actualidad el campo de batalla donde ocurrió la pelea, está
cubierto por la nieve y en la montaña arriba en donde se desato la pelea entre los viejos
amigos, hay una cruz de piedra sin nombre, en conmemoración a un héroe olvidado. Frente a
ella observándola, se encontraba un hombre encapuchado, con una gran espada en su
espalda. Él no sabía porque está ahí, ni quien era, solo tiene una leve perspicacia de haber ya
estado en ese lugar antes. Luego de estar un rato, comienza a caminar, un recorrido con
rumbo incierto, pero con la sensación de haberlo hecho antes.

V
Encuentro en el bosque

E l bosque de Khispan era una densa y profunda arboleda, donde la mayoría de los
aventureros se perdían al desviarse del sendero. Kilómetros y kilómetros de árboles de
todo tipo tapaban el horizonte, solo experimentados e intrépidos pasaban por este
lugar. Eithan, acostumbrado a estos paisajes verdes se encontraba en medio del camino
frondoso, su perspicacia lo ayudaba ver a los pequeños animales que se escondían al
acercarse. Ese comportamiento lo intrigaba, generalmente no huían de él, su naturaleza
tranquila no reflejaba hostilidad por lo que los animales diariamente se le acercaban. Miro por
encima de su cabeza, saco su espada, corto un tallo de kinoto y se los ofreció a los pequeños
animales. Estos lentamente se acercaron y comenzaron a mordisquear la fruta. Ese momento
de paz fue interrumpido cuando del arbusto salió un esqueleto arremetiendo contra él con una
espada corta. Eithan esquivo la estocada haciéndose a un lado y se preparó para el combate. El
esqueleto alzo el arma para dar un corte vertical, pero Eithan lo detuvo su espada y le propino
una patada haciéndolo retroceder. El muerto vivo se vio impaciente y corrió dentro del
bosque, antes de que Eithan se adentrara a buscarlo una figura de cuatro patas salto el
sendero a gran velocidad adentrándose en la dirección donde el esqueleto huyo. Eithan pudo
escuchar el fuerte galope de la criatura hasta que los sonidos de unos huesos quebrándose lo
silencio. Aun así, se mantuvo en posición defensiva, con la mirada fija en la dirección, donde
entre la oscuridad del bosque, salió disparada una flecha con la que cubrió con su espada. Las
flechas no cesaban, y la criatura cuadrúpeda saltaba entre arboledas para confundirlo mientras
propinaba flechazos. Eithan no bajo la guardia en ningún momento, esquivaba a rose todas
flechas. La criatura cuadrúpeda dio un salto por encima de su cabeza y se colocó detrás de él,
cuando se dio vuelta Eithan tenía el filo su espada apuntando al abdomen de la criatura y esta
le apuntaba con una flecha a la cara. El arquero era un centauro joven pero fornido, su piel
morena hacia contraste con el bordo de la parte baja, tenía dos colas de caballo, una en su
parte posterior de corcel y otra detrás de su cabeza, sus ojos verdes lo miraban con seriedad.
Una de las ardillas que Eithan estaba alimentando se paró en la cabeza del Hakafell y miro al
centauro. Sus manos soltaron el hilo que tensaba el arco y la flecha salió disparada por encima
del hombro de Eithan, clavándose en la cabeza de un esqueleto que yacía detrás de él, ambos
bajaron sus armas al notar que no había hostilidad el uno hacia el otro.

-Es extraño ver un centauro por los senderos, escuche que les gusta permanecer escondidos
en sus prados. – Comento Eithan, rompiendo el hielo.

-Mi aldea fue atacada por estos miserables muertos, vine para acabar con los que huyeron. –
Exclamo molesto el centauro – Debo volver a atender a los heridos.

-Espera, déjame ayudarte. – Se ofreció Eithan –

-Solo si puedes seguirme el paso.

El cuadrúpedo salió galopando por donde vino a una gran velocidad. Eithan lo siguió unos
segundos antes de perderlo de vista, pero gracias a sus orejas pudo escuchar su fuerte galopeo
en la dirección a la que se dirigía. En cuestión de minutos salió de la arboleda para encontrarse
con una gran pradera donde se encontraban cabañas entre escombros y cenizas, cientos de
centauros malheridos reposaban en el suelo. Algunos de ellos entraron en alerta al verlo, pues
no acostumbraban a ver otras especies por su territorio. En cuestión de segundos cinco
centauros lo apuntaban con sus lanzas.

- ¡Esperen!, vino conmigo. ¡Retírense! – Exclamo el centauro que Eithan había seguido.

Los guardias centauro bajaron sus armas y se apartaron.

-Me sorprende que puedas seguirme el ritmo.

-No fue exactamente así. ¿Esto es lo que quedo de tu aldea? – Pregunto Eithan.

-Si. volvía de una expedición cuando mi aldea estaba siendo atacada. – El centauro prosiguió –
afortunadamente los civiles se pudieron resguardar, pero mis soldados sufrieron muchas bajas.

- ¿Eres su líder?

-Podría decirse. Mi padre es el líder de la manada, yo solo soy el que tomara su puesto. Me
llamo Yolánd.

-Eithan, un gusto.
-Eithan, por favor ayuda a los civiles a reconstruir sus hogares. Les avisare de tu llegada –
Indico Yoland – No te molestes en curar a los guerreros, son muy orgullosos y no dejaran que
los ayudes. Iré a ver a mi padre.

Conforme se levantaban los cimientos de las casas, el sol caía hasta tocar el horizonte. Y para
darle la bienvenida al nuevo invitado celebraron con un banquete en medio de sus nuevos
hogares. Eithan y Yolánd bebían mientras la música invadía sus oídos.

- ¿Como esta tu padre? – Pregunto el Hakafell.

-Bien, está agotado por la batalla. – Respondió Yoland —Esta descansando en su recamara.
Dime Eithan ¿a dónde te diriges?

-Me estoy dirigiendo a la Colinas de Zoth.

- ¿a las Colinas de Zoth? Pues te va a tomar días cruzar el Bosque de Priskhan a pie, quédate
hasta mañana que te mostrare un atajo por ayudarnos.

-Está bien, ¡salud! mi cuadrúpedo amigo.

- ¡Salud!

La noche cayo y Eithan se despertó en busca de un sitio para orinar, deambulo entre centauros
dormidos con cuidado de no pisar ninguna cola y recibir una reacción de patada que le
rompería la mandíbula. Rodeo la aldea para buscar un árbol donde meo. Mientras lo hacía
pudo ver a dos corceles, uno arriba del otro se movían acorde a sus gemidos. Eithan se alejó
lentamente para no interrumpir y se topó con la pared de una cabaña pintoresca, donde
escucho la voz de Yolánd junto con otro centauro.

-Hijo, tienes que irte de la aldea. – Dijo la voz más anciana.

Padre, no diga eso. – Respondió Yoland – Mi deber es proteger a mi gente. Si me voy, ¿quién
dirigirá a los nuestros.?

-Aún me quedan muchos años de vida – Dijo el padre de Yoland, con intención de convencer a
su hijo – Pero tú puedes aportar más fuera de nuestros territorios.

- ¿A qué te refieres?

-Toma esto, es un collar que paso entre muchas de nuestras generaciones, su propósito
iluminar la oscuridad.

- ¿Que hago con esto? – Pregunto Yoland, confundido –


-Dirígete a las Planicies de los Azabaches Blancos. Allí encontraras a alguien que te guiara.
Nuestro pueblo está siendo atacado por culpa de ese collar. Quieren destruirlo y no sabemos
por qué. Ve y averígualo. Salva nuestra aldea.

-Si, padre.

A la mañana siguiente Yolánd acompañaba a Eithan a las Colinas de Zoth.

VI
Regresando al hogar

Cecil se despertó con un sobresalto y se encontró a sí mismo en una carreta, acompañado por
una persona sin contar al chofer. Se acordó, a duras penas, porque siquiera estaba allí,
siguiendo el camino en su viaje para alcanzar la isla del sur.

-Eh, tu. Al fin has despertado. – Dijo el pasajero.

- ¿Sucede algo? – Pregunto Cecil.

-No, la verdad no. Solo que de todos los presentes tu eres el mas, como decirlo, interesante. –
Acoto el pasajero, bromeando – Pareces ser alguien con una historia, y este viaje se está
haciendo demasiado largo.

-No hay mucho que contar, solo viajo para cumplir una promesa. – Dijo Cecil, con una leve
sonrisa.

-Oooh, ¿un antiguo amor, o un secreto macabro? – Dijo riendo el pasajero – Tranquilo, no es
necesario que respondas, la vida ya me ha enseñado a no meterme donde no me llaman.
Hablando de meterse en lugares poco amistosos...

El camino se hacía cada vez más oscuro a medida que el carruaje avanzaba por lo que ahora
parecía ser un bosque.

-¿De verdad tenías que meterte por estos lugares, anciano? – Le reclamo el pasajero al
conductor.

-Se han reportado ataques muy frecuentes en la ruta del oeste, y el camino más directo
siempre ha sido peligroso para los carruajes. Este es el método más seguro para llegar a
Ostrava. – Justifico el chofer, desde el otro lado del carruaje.

-Lo único seguro es que en dos minutos los tendremos encima. Dime muchacho, ¿sabes
pelear? – Indago el pasajero.

-Se defenderme. – Dijo Cecil.


-Este viaje está a punto de ponerse interesante.

Un rato después, la carreta había frenado de golpe. La parte de los pasajeros, era techada, y la
única parte que dejaba ver hacia atrás, la habían cerrado Cecil y el otro pasajero con cortinas.
El pasajero golpeo la pared de madera, la cual tenía al conductor del otro lado.

- ¿Viejo, que pasa? Porque te detienes. – Pregunto el pasajero

La respuesta a esa pregunta fue un segundo de silencio y luego un grito, de parte del
conductor. Un fuerte golpe en la tabla de madera resonó. Cecil vio como justo el otro pasajero
alejo la mano de la tabla justo a tiempo. La madera se rompió y dejo ver lo que parecía ser una
gran punta de un material semejante al hueso, afilada y cubierta de sangre. Al momento la
punta se retiró y de la hendidura, la cual no era muy abierta, brotaba sangre. Un siniestro
viento soplo en la noche, moviendo las cortinas del vagón, haciendo rechinar a la pequeña
lampara de aceite que colgaba. Ambos hombres se miraron

-Mierda, ¿qué ha sido eso? – Se pregunto el pasajero, nervioso.

-Podría ser una emboscada… pero esa cosa, era hueso. – Acoto Cecil.

-Maldición.

El pasajero se asomó un poco entre la cortina, y solo vio la noche de la pradera.

-No hay nada, estamos en el medio de la carretera.

-Ey, ¿tienes una espada o algo de seguridad? – Pregunto Cecil.

- ¿Ves esa manta? – Dijo el pasajero, señalando con el dedo a un costado de Cecil – El viejo la
usaba para tapar una espada, siempre lo mencionaba cuando nos hacía entrar a Ostrava
ilegalmente con mi familia. “Si los guardias se pican, arranquen ese fierro”

Cecil vio a su izquierda y al fondo del vagón diviso la vieja sabana verde musgo. Se estiro para
agarrarla, y tiro de ella, develando abajo una espada corta enfundada. La tomo para él. Iba a
desenvainarla para inspeccionar las condiciones del arma, pero el pasajero le llamo la atención

-Yo tengo esto.


Cecil lo vio. El hombre sujetaba algo en su mano derecha. Era un aparato de metal, largo. Tenía
también, un mango de madera al parecer. Parecía una campana alargada.

- ¿Qué es eso? – Pregunto Cecil, extrañado.

- ¿No sabes qué es? ¿De dónde vienes? ¿La edad del Sol? –Un silencio incomodo se metió en la
conversación— Esto es un trabuco, un arma de pólvora. Le cargas un proyectil y disparas. Es mi
bebe

- ¿Es como un arco más potente?

-Algo así

-Paso, yo siempre fui mejor con la espada. – Remato Cecil.

El pasajero metió su mano libre en su atuendo, y saco 2 cosas, una bolsita arpillera negra, y un
reloj de bolsillo. Abrió la bolsa, la cual estaba llena de pólvora, y vertió un poco en el trabuco.
Luego, metió el reloj de bolsillo. Miro a Cecil y se rio

-Ando corto de municiones, jeje

De pronto, escucharon un ruido, como de huesos tiritando, y de la hierba moverse. Ambos se


prepararon, y se vieron, para luego ver juntos la salida del vagón. Se habían entendido con la
mirada, estaban listos para saltar y salir a la llanura. Pero sin previo aviso un golpe atroz azoto
el carro, en la pared del asiento donde estaba el pasajero. Otra vez, apareció dentro del vagón,
la gran extremidad afilada, ahora frente a Cecil, quien contemplaba con expresión de sorpresa
y horror, como el otro pasajero, tenía perforada el tórax, justo en el medio, por la guadaña de
hueso. Mientras el pasajero agonizaba, Cecil se levantó con prisa y salto del vagón. Aterrizo
sobre la hierba y el barro, rodando en el suelo e incorporándose unos metros a la derecha del
carro. Pudo ver entonces, a la luz de la luna, lo que había atacado el móvil. Era una
abominación, compuesta de muchos esqueletos juntos, con huesos partidos y afilados. El
horror llegaba a la mitad del carro en altura, pero su cola superaba el vagón. La forma
recordaba a un escorpión de pesadilla. Un cuerpo largo con un gran cráneo de vaca como
cabeza. El cuerpo parecía arrastrarse y tenia a los costados 2 largas y afiladas tenazas, y al final
de su cuerpo, se erguía por sobre el carro, una cola, la cual terminaba en una macabra
guadaña de hueso manchada de sangre, a modo de aguijón. Cecil había escuchado historias de
ese tipo de monstruo, un Triskelion. Raros de ver, generalmente aparecen en campos donde se
libraron batallas, y sobre el que también en algún momento se practicó nigromancia de poca
monta. El monstruo hizo chirriar huesos, como si fuera un siseo de advertencia. Cecil llevo su
mano derecha rápidamente al mango de la espada que tenía en la izquierda y la desenfundo.
No fue grata su sorpresa de ver que la espada estaba completamente oxidada. La bestia ataco
con su cola rápidamente. Cecil pudo dar un paso rápido a su derecha esquivando la estocada y
comenzó a dirigirse al monstruo, el cual hizo volver su aguijón arrastrándolo con fuerza por el
suelo, cortando todo el pasto a su paso. Cecil se percató y logro saltar en el lugar, evitando
perder las piernas, pero el salto en el lugar mientras corría, lo hizo irse para atrás. Cayo de
espaldas al suelo, y dirigido a su pecho cayo el aguijón. Pudo rodar sobre sí mismo a la
derecha, evitando por poco morir. El aguijón se clavó en su capa, arrancándosela, ahora solo
tenía ropa de cuero y tela. Se levanto rápido. Aprovecharía que el aguijón se había trabado en
el suelo para ir corriendo contra la cabeza del horror, pero este dirigió hacia él una de sus
pinzas. Cecil se agacho y la pinza le paso por encima, se incorporó girando hacia la izquierda,
soltó en el aire la espada de la mano derecha, y rápidamente la tomo con la izquierda,
golpeando hacia arriba, para intentar romper algo del monstruo, pero la espada se rompió en
el acto, partiéndose por la mitad. El Triskelion movió al costado su brazo, golpeando a Cecil,
arrojándolo a rodar por el suelo. Logro desatascar el aguijón, y lo levanto en el aire. Cecil por
su parte dejo de girar, por suerte, consiguió no soltar la espada rota. Como si se imaginara lo
que seguía, impulso con todas sus fuerzas su mano libre contra el suelo, a la vez que sus pies, y
logro pararse con un salto adelante. El aguijón cayo de nuevo. Cecil al reaccionar rápido, pudo
evitar una herida de muerte, y el aguijón solo le hizo un corte superficial en su cuádricep
derecho. Pensó rápido, y se le ocurrió que hacer para intentar sobrevivir. Corrió ahora como
pudo, rodeando al Triskelion, esquivando el aguijón que repetidamente atacaba. Llego a
rodear el carro, y vio que los caballos no habían sido heridos, pero estaban paralizados del
terror. Cecil corrió hacia ellos, y corto las sogas que unían al primer caballo, con el carro. Pudo
cortar la soga con la espada oxidada. En un instante lo monto, y antes de que el animal
respondiera, pudo ver el cadáver también apuñalado en el pecho. Cecil abrió su pierna
izquierda y la cerro, golpeando al caballo, el cual reacciono, asustado, y salió galopando,
evitando justo un golpe de aguijón, el cual se clavó en el caballo siguiente, matándolo. Cecil se
aferró lo más que pudo a su caballo, y continuo por el sendero, fundiéndose con las sombras.
En la mitad de la noche, los guardias de la puerta de Ostrava, tenían un hombre frente a ellos,
de 1,80 de alto. Vestía ropa de viajero común, tela y cuero. La camisa de tela blanca estaba
rota, faltaba toda la manga derecha, la cual vieron, el hombre llevaba atada en su pierna. Por
la sangre, intuyeron que estaba cubriendo una herida. El hombre parecía exhausto a la luz de
las antorchas. Ojeras decoraban sus ojos verdes oscuro. Tenía el pelo negro lacio, hasta la
mitad del cuello, peinado abierto en 2 en el medio de la frente, dividiéndose a lo ancho.
Aunque su pelo era negro, gran parte del esta plateado, como si en su genética, tuviera
marcado las canas. Una marca vertical cruzaba sus labios casi en la comisura derecha. Tenía
una barba de unos días. Su rostro estaba con un gesto apagado, ninguna emoción visible más
que cansancio.

- ¿Quién eres forastero? – Indago uno de los guardias.

-Mi nombre es Cecil Ivory. Quería entrar a la ciudad, aquí es donde está mi casa.

Los guardias lo miraron, atónitos. Jamás lo habían visto. Cecil lo noto.


-Hace mucho tiempo no regresaba a casa. – Se justifico Cecil – Vivo en la zona de granjas.

Los guardias ya no estaban extrañados, sino más bien preocupados

- No sé qué estás diciendo, pero, en Ostrava no hay ninguna zona de granjas. – El segundo
guardia parecía nervioso.

- ¿Que? – Dijo Cecil sin comprender.

-Espera. – Interrumpió el primer guardia – Mi bisabuelo solía contarme anécdotas, de


generaciones atrás donde había zonas de granja.

-Me habías dicho eso, pero, ¿no fue hace miles de años?

-No sé quién seas forastero – Dijo el primer guardia, ignorando la pregunta de su compañero –
Pero ya no quedan granjas aquí.

- ¿Y que hay en su lugar? – Pregunto Cecil

-La parte baja de la ciudad. – Respondió el segundo guardia.

-Entonces, me gustaría visitarla por favor. Tengo la prueba de que soy de aquí.

Cecil subió la manga de su camisa, y en el antebrazo, dejo a relucir, un tatuaje, el símbolo de


Ostrava. Era un glifo en un idioma antiguo, conocido solo por los de la ciudad. Los guardias lo
vieron extrañados, pero terminaron dejándolo pasar. Cecil ya llevaba caminado más de media
hora por lo que llamaban la baja ciudad. Después de creer que buscaba en vano, entre las
oscuras calles iluminadas apenas por casi extintas lámparas de aceite, pudo divisar, en el
medio de una calle, una casa de madera y piedra, bastante humilde. Un viento frio acaricio la
noche, haciendo chistar a las lámparas. Cecil camino hasta estar en frente de la casa, la cual
parecía llevar abandonada años. Su corazón, estaba envuelto en la nostalgia, y en un
sentimiento amargo. Nadie estaría ahí para recibirlo, desde hace muchos años ya. Pudo ver el
deterioro enorme de la fachada. Era triste, el recordaba su casa en perfectas condiciones, y
donde ahora había casas en igual o peor estado alrededor, Cecil solo podía recordar todas las
hectáreas de campo que rodeaban su casa, llenas de cultivos y animales, que sus amados
padres trabajaban en su vida de granjeros. Cecil camino hasta el modesto recibidor de piedra,
y subió los escalones. Uno se resquebrajo bajo su pie. La puerta de roble no tenía picaporte, y
nada más que una bisagra sostenía la puerta, que cedió tras un solo empujón. El olor a
humedad impregno su nariz. Comenzó pronto a caminar, tanteando en la oscuridad. Se alegro
por dentro, debido a que se dio cuenta que todo salió tal como creía. Apenas había entrado,
podía escuchar susurros. Camino casi a ciegas por su antigua casa. Los susurros se hacían más
fuertes. La madera podrida crujía y se partía bajo sus pies. Paso por el umbral de una puerta, y
ya los susurros eran más audibles. Camino hasta toparse con la pared. Contra esta, tanteando,
pudo sentir la textura de un cofre, uno de madera. Con solo tocarlo, pudo sentir ahora más
presentes los susurros. Lo que buscaba estaba ahí. Busco con sus manos la cerradura, la
destrabo, y abrió el cofre. De él, salió una pálida luz mortecina, de color escarlata. Casi
indivisible y engullida por la oscuridad. Cecil metió ambas manos, y saco del cofre, una espada
larga. Con la derecha empuñaba el mango, y con la palma izquierda, apoyaba la hoja. Un poco
después de donde comenzaba la espada, luego del mango, estaba la causa de la luz. Una
pequeña piedra, de la mitad de un puño, estaba incrustada en la espada. La piedra, de un
intenso color rojizo, tenía una talla en forma de K, con algunas diferencias. Sostuvo un rato la
espada en la oscuridad, en cauteloso silencio. Luego de tantos años, por fin había podido
reunirse con su propia espada. Recorrio la hoja con su mano izquierda sintiendo el acero, con
el peso de la nostalgia cargando en sus hombros. Metió la mano en el cofre nuevamente, con
su otra mano sosteniendo el mango de la espada, y agarro algo, ahora de cuero endurecido.
Saco la funda de su espada, de cuero negro como el ébano. Enfundo con gloria su arma, tantos
años perdida. La dejo en el suelo a su lado, y comenzó a registrar el cofre. Pronto saco su otra
pertenencia importante, su antiguo set de armadura, el cual, también estaba dentro de todo
bien conservado. En primero, estaba su peto, de metal color plateado, con combinaciones de
torneado negro. Tenía añadido a la composición, estuches de cuero, para cuchillos. También,
una cota de mallas en la parte de la cintura para protección extra. El peto contaba, además,
con una capa abrochada desde los hombros, de color grisáceo. Bajaba por parte de la espalda,
hasta un poco menos que los tobillos, y por adelante, tomaba todo el hombro derecho. Las
mangas de los brazos, y de los pantalones, estaban hechos de cuero tachonado negro, pero
por dentro, estaban cubiertos de malla. Cecil monto el peto sobre su camisa. Luego, busco y se
colocó los guanteletes de metal negro que iban con su armadura, y, por último, sus grebas, las
cuales también eran de metal templado y llegaban hasta las rodillas Levanto su espada
enfundada, se la coloco con una mano en la espalda, para atar las 2 correas alrededor de su
tórax. Una vez estuvo armado, salió nuevamente a la calle de la baja ciudad.

VII
Desaparecido en acción:

L a ventana estallaba en cientos de pedazos, inundando el despacho y el pasillo exterior con


el sonido de estallido.

- ¡¿como es que Yaksu sigue sin responder?! – Exclamo Delfus enojado, luego de lanzar la
tetera que rompió la ventana.

- ¡Demonios! ¿como puede ser posible? – Se pregunto Ash, agarrándose la cabeza – Se supone
que dirigiría el ataque y volvería... ¿le habrá pasado algo?
- Sera mejor no especular, mi señora. De momento no sabemos nada de él, pero se supone
que él y su equipo no tendrían ningún problema derrumbar los campamentos de hombres
lobos que se encontraban en el bosque al mando de Simbae...

-Yaksu es uno de los mejores espadachines que tenemos – Acoto Delfus – tengan confianza en
el.

-Eso es lo que me preocupa. – Respondió Ash – No puedo perder un almirante justo ahora.

-Me imagino que no, mi señora. – Asintió Delfus – Además, no faltara mucho para la reunión
de los gremios.

- ¡Maldita sea! ¡Sebastian! – Llamo Ash, Gritando.

- ¿Si mi señora?

-Necesito que vayas a buscar a Yaksu y ver porque tarda tanto. Llévate a algunos de los nuevos
contigo.

-Lo hare en seguida.

-Señora, los nuevos llegaron hace unos días. – Remarco Delfus con algo de poca fe en la orden
de Ash – ¿Está segura de que enviarlos?

-Lo se, pero, al fin y al cabo, son de los mejores guerreros, ¿no?

-Si, pero…

-¿Porque te sigues esforzando en contradecirme, Delfus? – Ash miro a su almirante con una
mirada seria totalitaria.

-Señorita, disculpeme. Me retiro a preparar los caballos. – Finalizo Delfus, mientras iba
saliendo de la oficina.

-Mejor. necesito pensar. ¿Por qué pasan estas cosas cuando hay un evento importante? – Se
quejo Ash, apretando sus puños.

En otra parte del gremio, la sala de entrenamiento, estaban los reclutas entrenando con sus
respectivas armas. Gilgamesh se encontraba peleando con uno de sus compañeros.

-Te defiendes bien para usar unas dagas, Diego – Dijo Gilgamesh, agitado.

-Y tu para usar dos katanas eres muy hábil jaja. – Respondió Diego

-Mi padre me entrenó, pero así todo me falta. Aun ni puedo empuñar su katana mucho
tiempo.
-Mis padres eran ladrones así que solo sabían usar estas dagas. Pero mi abuelo me enseño
muy bien a usar el arco y la espada. Era soldado del rey. — Comento Diego.

Gilgamesh corrio hacia Diego, con sus espadas rayando el suelo.

-No te distraigas! – Grito Gilgamesh, saltando con sus espadas preparadas para dar un golpe
descendente

Diego logro usar sus dagas para cubrirse, y ambos quedaron en una pelea de fuerzas para ver
quién cedia primero.

-Jajaja, que traicionero... -- Dijo Diego, Haciendo un movimiento extraño con su pierna. – Pero
mis padres me enseñaron esto.

Gilgamesh intrigado miro a Diego, para darse cuenta que este, con su movimiento hizo que
Gilgamesh diera una vuelta en el aire, haciéndolo caer contra el piso.

-No sabia esa técnica. -- Dijo Gilgamesh, levantándose.

-Bueno, seguimos. -- Dijo Diego, retomando su posición de pelea

-Si, continuemos.

Repentinamente las puertas de la sala de entrenamiento se abrieron, atravesadas por


Sebastián a toda prisa. Todos miraron al almirante.

-¡Ustedes dos, vengan conmigo! – Ordeno Sebastian, señalando a Gilgamesh y a Diego

-Si. Diganos, ¿que necesita señor? -- Indago Diego.

-Salen a su primera mision. – Aclaro Sebastian.

Gilgamesh y Diego cruzaron miradas, sonriendo entre ellos.

-Déjeme ir a buscar mi equipo, y volveré a toda prisa. -- Dijo Gilgamesh.

-Ok. Los esperare en la puerta principal

Sebastian salió de la sala caminando, leyendo su cuaderno, mientras que los dos reclutas se
dirigían a sus habitaciones.

- ¿Primera misión? Quien diria que sería tan rapido. – Dijo Gilgamesh.
- ¿Tienes miedo? – Provoco Diego.

Ambos se miraron, y no era raro. Ellos dos arrastraban una marcada rivalidad desde su
infancia.

-Ya veremos quién es el que tiene miedo primero.

Ambos se separaron para entrar en sus habitaciones. Frente a su espejo, Gilgamesh se puso
una armadura oriental, heredada de su padre. Se puso sus guantes y sus espadas en su lugar y
se dispuso a salir.

- ¿Estás listo? -- Le pregunto Gilgamesh a su reflejo -- Puedes hacerlo.

Gilgamesh asintió dándose animo y salió de la habitación. Cuando salió de la habitación se


cruzó cara a cara con Ash.

-Ash... ¿Qué tal?

-Después de que me tiraste, sin siquiera voltear, ahora te haces el amable – Reprocho Ash,
mirándolo de reojo

Ya he pedido disculpas, ¿qué más quieres de mi? – Dijo Gilgamesh, encogiéndose de hombros.

-Esta bien por mi, te disculpo. Apurate que te están esperando abajo.

-Lo se. Estoy aun algo nervioso.

-Es normal en la primera misión. – Ash miro a Gilgamesh a los ojos, y le puso una mano en la
mejilla – Ten cuidado, Gilgamesh. No se te ocurra morirte, que lo que menos necesito son más
problemas.

Gilgamesh le sonrió a Ash, y salió corriendo escaleras abajo, porque sabía que llegaba tarde

-Tendría que haberle dicho que estaba hermosa, soy un cagon maldita sea. -- Se reprocho
Gilgamesh, en sus pensamientos.

Sebastian y Diego ya estaban montados en sus caballos esperando a Gilgamesh para partir.
Esta venia acercándose corriendo a lo lejos por el pasillo.

-Otra vez tarde este pibe -- Dijo Sebastian, viendo su reloj de bolsillo.

-Dale, tenemos que partir. -- Dijo Diego irritado.


-Lo siento, me tarde cambiando. Mas de lo habitual. -- Se justifico Gilgamesh.

-Ojala tu fuerza no sea como tu puntualidad, niño. -- Dijo Sebastian menospreciando al chico.

- Discúlpeme señor Sebastián. Así será. -- Dijo Gilgamesh a modo de disculpas, subiendo al
caballo.

Los tres partieron hacia el bosque para buscar a Yaksu y ver lo que había pasado.

VIII
Caminos separados:

L legando a la entrada de las colinas de Zoth, Eithan examina con atención los cerros
buscando alguna deformidad en la tierra. Pudo ver un pequeño cráter a lo lejos.

-Yolánd, creo que encontré algo -- Dijo Eithan

Ambos se dirigieron hacia el sitio. Llegados al pequeño cráter, Yolánd comenzó a sentirse algo
paranoico, como si estuviera siendo observado.

-Cuidado… podríamos no estar solos. - Advirtió Yoland

- ¿Como lo sabes? - Dijo Eithan, mientras con cautela comenzaba a desenfundar.

-Es un presentimiento. - Contesto Yoland, tensando la cuerda de su arco – Hace poco muchos
esqueletos atacaron mi aldea. Podrían merodear por aquí.

-No veo a nadie.

Acercándose para ver dentro del cráter, Eithan nota unos restos de esqueletos, enfundados en
armaduras y portando armas

-Echare un vistazo más de cerca. Mantente alerta por si llegas a ver algo. – Dijo Eithan, bajando
al cráter.

Buscando entre los restos, Eithan logro ver que debajo de un peto oxidado tirado cerca, se
encontraba un pequeño cofre de madera oculto. Pronto lo abrió con cuidado, y metió una
mano en el interior, para buscar y sacar una carta sellada. El sobre estaba avejentado y llevaba
un emblema, que Eithan pensó, seria de alguna familia real de antaño. Cerro el cofre y abrió la
carta, para leer su contenido.

”Querida hija: Esta carta te llegara si me ocurriese algo. Estamos cansados, un grupo de no
muertos nos persiguen, pero tengo el valor suficiente de hacerles frente y salvar a mis
compañeros. Si todo llega a salir bien iremos hacia el este, donde nuestro gremio nos espera
para terminar con nuestra cruzada. Te ama, papá”

-Gremio que esta… ¿En el este? … Supongo que se refiere al continente vecino. – Pensó Eithan,
confundido – No dice de que año es, pero esta carta debe ser muy vieja… Jamás vi este
emblema.

- ¿Encontraste algo? – Pregunto Yoland, interrumpiendo sus pensamientos.

-Si. Una carta, que habla sobre un gremio que se encuentra en Terra, el continente del Este…
Mierda…

Escuchando a Eithan, Yolánd siente una pesada incomodidad, como si alguien lo estuviese
observando. El centauro voltea, pero no ve a nadie. Devuelve su mirada a su compañero y
pudo ver como por detrás de Eithan, al otro lado del cráter, se acercaba un Triskelion.

- ¡Eithan cuidado!

Eithan logra ver a la criatura y con rapidez se aparta de ella, posicionándose mejor para una
pelea

-Mierda, suponía que me podíamos toparnos con un Triskelion. – Dijo Eithan.

-Y aun así decidiste bajar igual – Reprocho Yoland.

-No te preocupes, solo me enfrente con 1 de esas y créeme, fue el encargo más duro y mejor
pagado. Pero para un aventurero de bajo nivel es casi imposible derrotar, yo tuve que entrenar
por cuenta propia antes de anotarme para encargos de nivel alto.

- ¿Y como matamos a esta cosa? – Pregunto Yoland.

-Lamento decepcionarte amigo, pero prefiero correr. – Dijo Eithan-

Volteándose rápidamente, Eithan empieza a correr a toda velocidad para alejarse de la


horrenda criatura, ya que no tiene el conocimiento necesario para hacerle frente entre dos.

-Que valiente eres Eithan – Se burlo Yoland.

-Entonces ve y enfréntate a la criatura tu solo, héroe.

Ya lejos de la siniestra criatura y debajo de las colinas, Eithan habla con Yolánd.
-Créeme, la criatura que me enfrenté, mato a mis compañeros de grupo, fui el único que
sobrevivió, por eso la paga fue mayor. – Conto Eithan

-He escuchado sobre los aventureros como tú. Son como mercenarios a los cuales los
contratan para hacer encargos de alto riesgo. También sé que se pueden unir a los diferentes
gremios de guerra. – Acoto Yoland

-Así es, gracias a mi estatus de aventurero, puedo ir a territorios enemigos sin tener problemas
con nadie. – Siguió Eithan – Aunque, cuando me una a algún gremio dejare de ser aventurero y
tendré que pasar por un ritual o conmemoración donde me quiten mi emblema.

-Es un sistema complicado

-No cuando eres hijo de 2 aventureros.

-y, dime, ¿a que gremio vas a unirte? – Pregunto Yoland.

-Siempre quise unirme a los paladines del oeste, pero según en el libro de mi padre, son mas
corruptos que un tirano. Leyendo su libro, encontré un gremio que me llamo la atención por
completo. Se hacen llamar “Caballeros carmesí”. – Yoland oía a Eithan con curiosidad – son
caballeros cuyo deber es exterminar todo ser oscuro de la faz de la tierra. Ellos cuentan con un
gran arsenal de armas, pero son muy conocidos por usar dos espadas, una para criaturas de la
oscuridad y otra para seres terrenales. Por suerte amigo mío, ellos son de Terra. Y la carta que
encontré hablaba en un gremio en el este. Nuestro destino es el este.

- ¿Y qué hay de tu búsqueda del hombre reanimado? – Pregunto Yoland.

-No lo sé – Dijo Eithan, algo indeciso – Pero tengo la corazonada de que él se encontrara ahí,
en Terra….

-¿E iras directo por la corazonada?– Dijo Yoland.

-Puede no tenga que ver con él, pero la carta, los caballeros carmesí, ese emblema… Solo
podrían ser meras coincidencias, y me estoy dejando llevar por cosas quien ni relación tienen…
– Eithan se tomó una pausa – Pero el que no arriesga no gana. – Remato, mirando a Yoland
con una sonrisa

-Entonces amigo mío, vayamos al puerto Venedit. Es el más cercano, y sus barcos pueden
llevarnos al Este.

Una vez en el puerto, mientras Eithan compraba los boletos para el barco, Yolánd descansaba
de pie, mientras oía la charla de dos mujeres murmurando

-¿Oíste lo que dijeron el gremio de los paladines? – Pregunto la mujer rubia – Dicen que en una
de sus cruzadas se enfrentaron a un pequeño ejércitos de trasgos.
-Eso es imposible, los trasgos son solo creados por nigromantes al igual que los no muertos y
criaturas oscuras – Negó la mujer pelirroja.

-Disculpen señoritas, pero ¿de dónde sacaron la información? – Interrumpió Yoland

-Mi esposo es un paladín del oeste – Dijo la mujer rubia— Y conto lo que vio con sus propios
ojos, dijo algo de una profecía, una calamidad, no se algo de su creencia de la luz. Los
paladines están bien enfermos, por eso me acuesto con otros hombres.

- ¿Pues por qué no mejor se separa? Solo digo. – Exclamo Eithan, entrando en la conversación.

- ¿Y a vos quien te llamo? – Replico la rubia, ofendida

-Perdón, las estaba oyendo conversar sobre esa profecía absurda, es solo un cuento de hace
miles de años. Los paladines se inventan profecías para que su jefe les page con reliquias y
usarlas para beneficio propio.

Terminando la conversación Eithan y Yoland subieron al barco rumbo a Terra, despedidos por
los insultos de las mujeres del puerto.

- ¿qué harás en Terra, Yoland? – Pregunto Eithan.

-Lo veré al llegar, ¿y tú? – Dijo Yoland – ¿Te unirás a los caballeros carmesí?

-Así es, tengo la corazonada de que ellos me van a poder ayudar en mi misión. – Respondió
Eithan – Además, desde pequeño siempre quise ser uno. Pero la vida de un aventurero era
buena decidí quedarme y no avanzar más.

Así es como ambos se embarcaron hacia Terra, continente del este. Su viaje duro varios días, y
desembarcaron en un pequeño puerto, en la zona central, algo al oeste, de Terra. Tras
desembarcar, Eithan y Yoland se encontraban frente a frente.

-Bueno…Parece que nuestros caminos se separan aquí – Dijo Eithan, con tono solemne

-Si…eso creo. – Dijo Yoland

-No te vayas muy lejos, puede que más adelante te necesite para poder seguir con mi viaje. –
Dijo Eithan, mientras estrechaba la mano a Yoland.

-Seguro, además, mi destino está ligado al tuyo, o eso me dijeron. Así que no te desharás tan
fácil de mi – Bromeo Yoland dándole un apretón de manos a su compañero.

-Por cierto, Yoland, hay algo que quiero que tengas. – Comento Eithan, buscando algo en su
bolso – Toma, es un broche. Llévalo contigo, como muestra de nuestra comunidad.
-Oficialmente somos una comunidad entonces. – Dijo Yoland, colocando el broche en su
hombrera de cuero – Gracias, Lo cuidare bien.

-Todo paso muy rápido… Es como si empezara una vida nueva… Hay una taberna justo en
frente del puerto, podríamos ir ahí de vez en cuando. – Sugirió Eithan.

-Trato echo, hay que ver quien aguanta más bebiendo. – Dijo Yoland, con una breve sonrisa

-Claro, y el que pierde paga la cuenta.

Tras despedirse, Eithan va en busca del gremio de los caballeros carmesí, preguntando por las
calles, obteniendo pistas, sobre la locación del gremio.

IX
Una luz en la noche:

Y a estaba listo para continuar su camino. Comenzó este a la salida de Ostrava, casi en el
límite de la baja ciudad con la ciudad principal. Pudo ver, un lugar que se le hizo
familiar, un taller venido a menos. Cecil fue invadido por recuerdos. La fachada era un
poco más grande que su casa, de 2 pisos, y había una gran chimenea, de la cual en otros
tiempos no hubiera parado de sacar humo. No se detuvo a pensar, y se acercó. Aun había luz a
pesar de la tardía hora en la que se encontraba. Golpeo la puerta con cautela. No creyó que
alguien le abriera. Estaba equivocado. Una rendija se abrió en la pesada puerta de madera,
una en la que solo dejaba ver luz y un par de ojos.

- ¿Quién eres? ¿Qué haces golpeando a mi puerta a esta hora? – Interrogo la voz detrás de la
puerta.

-Mi nombre es Cecil. Realmente no sé qué me motiva a golpear realmente. Solo nostalgia. –
Respondió Cecil – Este solía ser el hogar de un buen amigo.

-No pareces de por aquí, nunca te he visto, y siempre he vivido aquí. ¿Cómo se llama “tu
amigo”?

-Klaus Bonaparta.
Los ojos se estremecieron. No podían creer lo que escuchaba. La puerta se abrió de golpe,
revelando a un hombre, de pelo corto peinado para atrás, marrón oscuro. Estaba vestido de
camisa y pantalones sueltos. No parecía tener más de 23 años. Era flaco, y se podría decir que
escuálido, pero su apariencia engañaba, ya que tenía los brazos bastante marcados. Llevaba en
su rostro, una expresión amarga

-Es imposible que conozcas a Klaus Bonaparta – Dijo el hombre.

- ¿Eso crees? – Pregunto Cecil.

- Obvio. Klaus falleció hace más de mil años.

- ¿Y me creerías si te enseño esto?

Cecil se llevó la mano a la espalda, y desenfundo su espada, mostrándosela al joven. Este


comenzó a temblar y sudar, como si no pudiera creerlo

- Eso es…. Una runa de sangre. – Aprecio el hombre, con la voz temblorosa.

-Así es. De las antiguas. Fue engarzada en esta arma por Klaus Bonaparta, mas no fue forjada
por él. – Explico Cecil.

-Por favor, pasa dentro. Insisto.

El hombre se hizo a un lado, dejando entrar a Cecil. Ya ambos se encontraban al calor de una
estufa a leña, tomando una ronda de hidromiel mientras conversaban en la mesa de madera
de la pequeña sala, revestida por dentro de piedra.

-Mi nombre es Piero. Piero Bonaparta. Klaus, se podría decir que fue mi ancestro. Mío y de
toda mi familia. Quien nos introdujo en esta profesión.

-Es un gusto, Piero. Puede ser raro de escuchar, pero, yo no soy de esta época. Estoy algo
perdido. Pero realmente conocí a Klaus. Era un viejo cascarrabias, pero de gran corazón.

-Diablos, no puedo creerlo. Pero, he visto tu espada… Se lo que es eso

Cecil se limitó a observarlo en silencio


-Es una runa de sangre. Nunca había visto una. Es una de las consideradas, “Runas Profanas”. –
Dijo Piero.

-Sí, junto con las runas de hueso de animales nobles, y las runas de carne y carne de cadáver. –
Acoto Cecil.

-Me dijiste antes que Klaus no la forjo.

-No, no lo hizo. La obtuve hace tiempo, combatiendo con mi escuadrón a un muerto viviente
de pesadilla. “Kirk, el desollado” lo llamaban. – Conto Cecil, con una mirada sombría – Luego
de matarlo, me quede con su espada, la cual tenía la runa engarzada. Klaus se la retiro, y la
incrusto en mi propia espada.

- ¿Y de quien es el sigilo que lleva grabado?

-Es una runa de una deidad antigua, alabada por los profanos. Es el sigilo de Kalixto, el dios de
la crueldad. No sé si aún se hablara de él.

-Jamás lo escuche. – Confirmo Piero.

Ambos quedaron en silencio. Cecil lo rompió

-Y, Piero, ¿Cómo va el trabajo? ¿Siguen tallándose runas?

-Se sigue usando, pero ya no existen tantas personas que lo hagan. Sabes, a los herreros, en
lengua común, se le dice Blacksmith. Bueno, los herreros rúnicos, somos apodados
Whitesmith. – Explico Piero – Son pocos quienes han heredado el oficio. Familias como la mía,
generaciones y siglos forjando y engarzando. Esto es en Terra, donde estamos. En el
continente del oeste “Kalsus”, ya casi no hay Whitesmiths. Hace mucho, a comienzos de la
Edad Profana, La gente de Kalsus, dejo de utilizar las runas como siempre se hizo, forjando las
runas en piedras, y tallando sobre ellas los sigilos. Ahora usan una forma diferente, y llaman
“runas” a tallar sigilos directamente en las armas. Sigilos hechos de fragmentos de piedras.

-Ósea que solo son tallas. ¿Tienen la misma fuerza?

-Sí, solo son tallas, y no, las runas de Kalsus no tienen ni una chance de igualar en poder a las
runas convencionales, como la que llevas en tu espada. La usan de ese modo debido a que les
resulto más práctico, pero si yo fuera tú, solo elegiría runas forjadas, y engarzadas. Tallando los
sigilos en la piedra imbuida, como tu runa de piedra de sangre, se aprovechan al máximo todas
las capacidades mágicas y poderes que se puede ofrecer. – Dijo Piero, con la naturalidad de
alguien que ejerce su oficio de toda la vida – ¿Hablando de tu runa, que es lo que hace?

-Según Klaus, hace mucho, a pesar de ser una Runa de Sangre, es de rango moderadamente
bajo. Tiene un efecto de curación mágico, me cura una parte del daño que infringe mi espada,
pero no es mucho. Cierra heridas pequeñas, y detiene hemorragias. No me regenera partes ni
nada muy complejo.
-Entiendo. Aun no puedo creerlo… un hombre de la antigua edad del Sol tomando hidromiel en
mi sala…

-A mi igual me cuesta trabajo creerlo. – Comento Cecil – Oye Piero, necesito consultarte algo.
¿Qué hay por estos lugares, que me pueda generar alguna ganancia? Estoy en un viaje, un
viaje largo al sur del continente. Necesito algo de dinero.

-Puedes ir a alojarte en el gremio de aventureros. No es un gremio como tal. Pero es una gran
taberna, en el centro de Ostrava, que como su nombre indica, recibe a aventureros, y se les da
a aceptar misiones varias. También para quienes se registran y las hacen, se les conceden
habitaciones para descansar. Aunque ahora de noche no creo que te registren.

-Claro. Entendido.

-Sabes algo Cecil, me hace feliz hablar con alguien que conozca de runas y conozca a mi
familia, por muy lejana que sea. Debes tener muchas historias.

-En efecto, las tengo. Quizás podría contarte alguna de ellas un día.

-No lo dudes, cuento con eso. – Dijo Piero – Cambiando de tema. Te ves agotado. En el piso de
arriba, en el ático, tengo un montón de paja. No es un colchón, pero es lo mejor que puedo
ofrecer a un huésped. No suelo tenerlos.

- No me vendría mal descansar.

-Pues, eres dueño de hacerlo. ¿Eres amigo de Klaus no? Entonces eres bienvenido en mi
morada. Ahora ve y descansa.

-Realmente te lo agradezco, Piero.

Cecil se levantó, y comenzó a caminar hacia la escalera en subida, que estaba detrás del joven
forjador de runas. A mitad del camino, el chico giro hacia Cecil

-Por cierto, Cecil, mañana pueda que tenga un regalo para ti, cortesía de la casa, en nombre de
la familia Bonaparta.

Cecil no se dio vuelta, pero de espaldas a Piero, le dedico unas palabras antes de irse a dormir

-Sera recibido y agradecido. Muchas gracias Piero. Tienes un buen corazón, como el viejo. No
dejes que nadie te lo quite.
Sin mediar más palabras, Cecil subió al ático. Una vez estuvo en el lugar, bastante aseado por
cierto, abrió una ventana que estaba contra una pared, dejando entrar el suave y fresco viento
de la madrugada. Se quitó su equipamiento, se tiro sobre el montón de paja que yacía en una
esquina de la habitación y se dispuso a dormir, cayendo en un profundo sueño.

X
“Abismo de oscuridad”

E l caballero oscuro caminaba por el centro reino de Abgrund der Dunkelheit, cuando vio
que de frente una señora mayor lo estaba mirando con los ojos llorosos. Por el aspecto
de la mirada, era como si lo volviera a ver después de mucho tiempo. Por su parte, el
caballero no la conocía, pero por alguna razón, la mujer le inspiraba un aura familiar. Ella
recogió valor y camino hacia él.

-Tu... Tu eres… - Dijo la mujer, con la voz casi quebrada.

-Lo siento, no sé quién es usted señora. Creo que se confundió de persona. – Se atajo el
caballero

-No lo creo… aunque puede ser verdad lo que diga, me hace recordar a un viejo amigo a quien
no veo hace mucho. – Dijo la mujer – Y por la armadura y espada que llevas veo que eres un
Caballero oscuro.

-Pues creo que lo soy. Toda la gente de este reino me dice lo mismo, sorprendidos.

-Es que después de la última era, quedaron muy pocos por el mundo.

-Hablando de eras, ¿hace cuánto terminó esa era? – Pregunto intrigado el caballero.

-La era actual empezó hace 600 años, conocida como la Edad de Oro.

-Interesante, gracias por el dato señora. Por cierto ¿cómo se llama?

-Mi nombre es Lisa, ¿El suyo?

-No tengo nombre Lisa, soy alguien que aún busca...

-Un rumbo. – Añadió Lisa, completando la frase del caballero – Eso solía decir mi viejo amigo.
Pero es imposible que seas el, más allá de su parecido. El murió salvándome la vida hace
muchos años.

-Deben ser coincidencias. Si me permite Lisa continuaré mi camino.

- ¿Y a dónde lo lleva su camino? – Pregunto Lisa.


-Pensaba en ir al gremio de los Caballeros oscuros, pero no sé en dónde está, así que iré
preguntando.

-Pues, una de las sedes del gremio está en este reino, en el distrito antiguo. Espero que
encuentre sus respuestas y buena suerte. – Se despidió Lisa.

-Gracias por la información Lisa, espero que nos volvamos a ver. – Dijo el caballero,
continuando su andar.

Su camino era hacia el distrito antiguo, en búsqueda de la vieja sede de Caballeros oscuros.
Lisa lo observaba alejarse, perdida en sus pensamientos recordando a ese “viejo amigo”. De
repente, una voz distrajo sus pensamientos.

-Abuela, aquí estabas. – Dijo la voz femenina – Te estuve buscando por todos lados.

-Rio, pensé que estabas en la biblioteca leyendo tu nuevo libro.

-Si, es que me surgió una duda y quería consultártela, ya que eres la bruja más antigua del
reino – Rio tomo una pausa y dijo con un poco de pena – Y dueña de la biblioteca.

-Bueno, vayamos allá y aclararé tu mente joven aprendiz – La alentó Lisa.

Ya en la biblioteca estaban las dos sentadas. Rio le mostro a Lisa el libro que leía. Era uno muy
antiguo que trataba de criaturas antiguas de la edad profana.

-Era esto. – Dijo Rio, señalando con el dedo un capítulo del libro.

“No Muertos y que tipos hay”

-No Muertos, ¿qué quieres saber sobre ellos? – Pregunto Lisa.

-Quería que me cuentes sobre ellos, porque leí y no entendí muy bien.

-Bien, son criaturas muy raras de ver en la actualidad, antiguamente eran seres humanos que
murieron a manos de otro no muertos. Mayormente son subordinados de nigromantes muy
poderosos. – Explico Lisa – De estos hay 3 tipos. El común, que tiene cualidades para apenas
manejar una espada, poco inteligentes y muy agresivos hacia los seres vivos. No piensan y no
pueden comunicarse. Después están los superiores, que a través de magia tenebrosa pueden
pensar y hablar. Este tipo de no muerto puede crear no muertos comunes o absorber el alma
de su víctima, pero esto conlleva a que duerma un largo periodo dependiendo que alma
absorbió, pero aumentando sus capacidades. – Lisa tomo una pausa – Por último, están los
malditos. Estos son los más raros, por ser escasos. Son seres humanos que antes de morir
fueron maldecidos por un nigromante de alto nivel con la maldición del no muerto. A
diferencia de los otros tipos estos no pueden morir, ya que cuando mueren vuelven a
levantarse en la próxima luna llena, sin ningún recuerdo de quienes eran, como murieron o de
algún ser querido. Su maldición los obliga a cumplir una misión impuesta por el nigromante,
mayormente imposible de conseguir, pero si logran hacerlo pueden por fin descansar en paz.
Los malditos pueden acceder a sus viejos recuerdos, pero a un gran costo, ya que, una vez
obtenido sus recuerdos, tienen una semana para cumplir su tarea. De no ser así caerán
muertos a las 12 de la noche del último día y volverán a despertar en la próxima luna llena sin
sus recuerdos.

- ¿Alguna vez conociste alguno, abuela? – Pregunto Rio

-No, pero tengo la leve sospecha que sí. – Respondió Lisa, reflexionando – De ser así, ojalá
pudiera ayudarlo a conseguir su descanso eterno.

Por su parte, el caballero estaba en la puerta de la sede, abandonada, como todo lo que había
al su alrededor. Ese lugar parecía familiar, y él tenía sentía que, si se adentraba, conseguiría las
respuestas a su identidad.

XI
Rituales profanos

E n los caminos de Ostrava en medio de una tormenta dos personas se dirigían hacia unas
antiguas ruinas de un templo ya olvidado, antaño construido para adorar a un ser que
borrado de toda escritura y canción.

-Hemos llegado.

-Si… Es tiempo de hacer el primer llamado.

-Prepara el sigilo Ekmet, yo vigilare los alrededores y mandare un mensaje al culto para avisar
nuestra llegada.

-Está bien utilizare la sangre de elfo. – Dijo Ekmet – Empezare lo más pronto, Hamont.

-Bien, ¿tienes la sangre de virgen? – Pregunto Hamont

-Fue lo primero que guarde, ten – Ekmet le arrojo a su compañero un vial lleno de sangre.

-Vuelvo enseguida – Dijo Hamont.

El hombre se alejó, entre la humedad y la oscuridad, para tirar una gota de sangre a una piedra
de un material extraño de color negro, que en un momento se volvió un rojo intenso
volviéndose escarlata. Canalizaba una especie de magia, abriendo una especie de portal sobre
la piedra

-Ya estamos listos señor, empezaremos en cualquier momento. – Dijo Hamont, con respeto y
miedo mezclado en su voz.

-Bien, ya es tiempo de comenzar los preparativos de la nueva era. – Respondió una voz
distorsionada.

-Así se hará – Remato Hamont.

El portal se cerró y Hamont regreso donde está su compañero. Lo único que se encontró, fue el
sigilo roto al medio.

- ¿Ekmet? ¿dónde estás? – Pregunto Hamont, preocupado.

-No encontraras a tu compañero en el altar… – Anuncio una voz masculina, entre las sombras.

- ¿Quién eres? ¿Tienes idea de dónde estás? – Amenazo Hamont

- ¿Quién soy? Un miembro de una antigua orden. ¿Dónde estoy? En un templo antiguo de la
primera era ¿no? – Respondió la voz.

-Si que estas al tanto, como de nuestra secta supongo.

-Oh si… sí que lo estamos – Dijo la voz, amenazante – Lo único que me pregunto es, ¿porque
están aquí? ¿me ayudas averiguarlo?

-Deduzco que que no eres un ladrón cualquiera, sino un asesino.

-Acertaste. Te premiare con una muerte rápida

-Si es que no te mato primero

-Quizás lo hagas, ¿quién sabe? – Respondió la voz, en un tono de burla.

En ese instante, desde lo alto de un pilar inestable, una figura salto en dirección a Hamont,
cayendo sobre él y clavándole una daga de Mitrilo negro, material muy resistente y más letal el
acero. Hamont, tumbado en el piso presa de un dolor agonizante y sus brazos adormecidos,
vio con una mirada llena de furia, a su asesino. Observando sus vestimentas vio, que eran de
cuero tachonado con grabados en dorado y una cota de malla, guantes de cuero reforzados
con nudillos de acero, una capa adherida a su traje y una capucha ocultando que ocultaba el
rostro. En su espalda y en varios cinturones, portaba distintos tipos de armas.
-M…mal…mal...dito… Esto no se acabará…. la …oscuridad…llegara y todo se va a derrumbar… –
Dijo Hamont, entre espasmos.

-Nosotros no dejaremos que eso suceda. Moriremos si es necesario. Así que diles a tus amigos
en el infierno, que aún estamos de pie.

-Ja…jajaja… Fracasaran… – Dijo Hamont con su último aliento, mientras se ahogaba con su
propia sangre.

De pronto, el pilar del cual salto el asesino se resquebrajo, y tras un ruido, todo comenzó a
temblar y derrumbarse. Al ver lo que sucedía, el asesino arrastro el cuerpo de Hamont y el
cuerpo inconsciente de Ekmet a la salida antes de que el antiguo templo se cayera a pedazos.

- ¿Qué ritual querían hacer estos locos? – Se preguntaba el asesino – Esto no me gusta, tendré
que informarlo a la orden, no son solo seguidores.

XII
Camino carmesí

T ras consultar por varias indicaciones, y caminar bastante tiempo, Eithan logro dar con la
sede de los Caballeros Carmesí. Era un cuartel enorme, de roca, madera y acero. En los
torreones ondeaban banderas al viento con el símbolo del gremio, mismo símbolo que
estaba amurado al frente de la fortaleza, forjado en bronce. Sobre el símbolo, había tallado en
la piedra, unas inscripciones.

“La persecución de lo impío, en favor a la humanidad”

-Pensé que sería menos llamativa. – Dijo Eithan, para sí mismo.

El joven se acercó a las pesadas puertas de madera, y las empujo con fuerza, abriéndolas.
Cuando ingreso, aprecio el espacioso lugar, revestido con tablones de madera. Armas y
escudos colgaban en las paredes. En otra pared, a lo lejos, iluminados por antorcha, cuadros
conmemorativos de lo que parecían ser miembros del gremio, probablemente, ya fallecidos,
decoraban la pared. Varios guardias vigilaban el lugar, algunos, examinaban a Eithan de pies a
cabeza. La chimenea le daba un toque hogareño y cálido al lugar. Algunos candelabros
colgaban, alumbrando con su fuego el lugar. Eithan se acercó entonces, a la larga barra de
recepción que estaba cerca de la entrada. Tras de la barra, una mujer se encontraba espaldas a
él, ordenando unos archivos, a la vez que silbaba una tonada. Llevaba el pelo recogido, en una
cola de caballo, de un rubio oscuro. Era de tez clara, y su figura estaba bastante bien definida,
a pesar de las discretas ropas de trabajo que vestía.

-Buenos días bella dama – Se anuncio Eithan – Quiero saber, ¿Cuáles son los requisitos para
unirse al gremio?

La recepcionista volteo hacia Eithan, apreciándolo con sus ojos de un anaranjado pálido,
abiertos de sorpresa.

- ¿Eithan? ¿Eres tú? – Pregunto, con su suave voz.

-Eh…sí. ¿cómo sabes mi nombre? – Pregunto Eithan, extrañado.

-Soy yo, Ciri. ¿No te acuerdas de mí?

- ¿Ciri?, ¿tía Ciri!!? – Dijo Eithan, recordando, con una sonrisa – ¿Ha pasado un tiempo eh?

-Que gusto me da verte de nuevo Eithan, mira lo mucho que has crecido, la última vez que te vi
eras un niño. Te ves muy guapo casi te pareces a tu padre, de no ser que tienes los ojos de tu
madre.

-Tu igual, te ves bien, no envejeciste nada, ¿eres inmortal o qué?

-Soy una elfa hijo, seguramente tenga este aspecto hasta que cumpla los 345 años – Bromeo
Ciri – y cuéntame, ¿cómo les está yendo a Nathan y Evangeline?

-Pues a mamá le va bien en la tienda de elixires y a papá le va muy bien con las ventas de los
libros de aventuras. Son muy útiles.

-Me alegro mucho por ellos. Ahora a lo que viniste, llena este formulario, contactare con el
jefe del gremio, y el decidirá si le parece entrevistarte.

Mientras Eithan comenzaba a llenar el formulario pudo oír el estruendo de las puertas
abriéndose para cerrarse fuertemente. Eithan giro, y vio a un hombre de unos 1,80 de altura,
con un porte imponente, pelo rojo rizado y una cicatriz entre medio de la nariz y sus ojos
azules como un zafiro. Portaba una armadura imponente, de cuero y mallas, con una larga
capa bordo, y un tabardo con una variedad de colores, destacando el rojo, el blanco y el
dorado. Llevaba dos espadas en su cintura. Ciri dejo de prestarle atención a Eithan, y se
concentró plenamente en aquel hombre, el cual llego a la barra, y hablo, con una voz dura y
clara.

-Lamento llegar tarde Ciri, acompañe a mi hija a su graduación como maga blanca. – El hombre
dirigió sus ojos brillantes hacia Eithan, examinándolo por completo. - Vaya, ¿un nuevo recluta?

-Técnicamente solo soy un postulante. – Dijo Eithan.

-Donde están mis modales, me llamo Fenrir, Fenrir Basphoramus, De Terra. Soy el jefe del
gremio y padre de todos los caballeros carmesí. No literalmente – Remato a modo de chiste,
con una leve sonrisa.

-Es un honor señor Basphoramus, me llamo Eithan Menethill – Se presento Eithan, con una
reverencia – Y vengo a enlistarme para ser un caballero carmesí.

-Espera… ¿eres hijo de Nathan Menethill?

-Asi es señor.

-Oh adoro los libros de tu padre, hasta sus cuentos. – Admitió Fenrir – Su bestiario me ha sido
muy util para enfrentarme contra ciertas criaturas.

-Me alegra que le guste señor.

-Ven no hace falta que llenes el formulario, ya te has presentado. Solo debo hacerte unas
preguntas. ¿Dime Eithan, por qué quieres ser un caballero carmesí?

-He leído sobre ustedes, me llama mucho la atención su estilo de combate y la libertad que
tienen al elegir los encargos.

- ¿Sabes que peleamos con criaturas de la oscuridad no? – Advirtió Fenrir – Y que una vez
dentro del gremio no podrás abandonarlo al menos que renuncies a tus votos.

-Lo se.

- ¿Estás dispuesto a darlo todo de ti por nuestra causa? El entrenamiento es duro y la mayoría
no sobreviven a los encargos que se les encomiendan, por algo somos pocos.

-Estoy dispuesto a darlo todo y cumplir con lo que se me encomiende. – Acepto Eithan.

-Como sabrás, nosotros siempre trabajamos en grupo, por ende, las recompensas de los
encargos se dividen entre los participantes del equipo, ¿estás de acuerdo?

-Estoy de acuerdo.

-Me alegra oír eso chico. Sígueme te mostrare tu habitación, allí habrá una armadura para ti.
Mañana te daré tus espadas reglamentarias, y al primer rayo del sol comenzaremos tu
entrenamiento.
Fenrir guio a Eithan por los vastos pasillos del gremio, mostrándole las ubicaciones
importantes, hasta que eventualmente llegaron a la habitación. Entrando a su nuevo cuarto,
Eithan pudo apreciar un atril en un costado de la habitación, con la armadura. Luego de cerrar
la puerta, comenzó a quitarse la ropa a toda prisa mientras iba hacia el atril entusiasmado.

-Wow, que armadura tan…distinguida. – Dijo Eithan observándose en el espejo del lugar.

La armadura era muy llamativa, similar a la de Fenrir, pero con menor volumen, compuesta
también de cuero y placas, con una capa color marrón, además empleada como bufanda,
enganchada en una hombrera con un emblema metálico con el símbolo del gremio. Un
tabardo con cuadros rojos blancos y dorados. Un fuerte cinturón de escamas y metal, del cual
había agarradas, dos fundas para espadas largas. Luego de la emoción, Eithan se quitó la
armadura, y se dispuso a descansar. Al día siguiente, Ciri estaba en la puerta de Eithan
despertándolo, para luego guiarlo a la forja. Fenrir lo estaba esperando junto al horno, con dos
espadas largas en un yunque.

-Eithan, te estaba esperando. Aquí están tus espadas.

Eithan aprecio sus nuevas armas, las dos espadas largas brillaban a la luz del fuego, plateadas.
Una tenía un mango amarronado, parecía recubierto de escamas. La otra tenía un forrado de
textura suave. También logro ver que en las hojas de cada espada estaban talladas palabras
élficas, cosa que despertó la curiosidad del joven.

-Esas inscripciones, ¿Qué significan? – Pregunto Eithan.

-Veo que te diste cuenta. Yo mismo las hice, esta espada tiene el mango cubierto con escamas
de dragón. – Explico Fenrir – Dice: “Iluminare el camino de aquellos que se han perdido en la
oscuridad del abismo”

- ¿Se refiere a las criaturas de la oscuridad?

-Exactamente… Y esta otra espada con mango forrado con plumas de grifo dice: “El valor lo
tienen aquellos que saben cuándo perdonar una vida””

- ¿Es para los vivos…los humanos y demás seres no?

-Asi es, no peleamos por oro o tesoros, lo hacemos para crear un mundo mejor. Esa es mi
misión, guiarlos para hacer un mundo fuera de toda amenaza. – Dijo Fenrir. Eithan sintió
admiración por él.

-Señor Basphoramus, yo tengo una misión. Debo encontrar a alguien que intuyo ronda por el
continente. Es un reanimado. El mago Eremes me lo encomendó.

- ¿Eremes? – Pregunto Fenrir, sorprendido – ¿El mismo Eremes te lo dijo!? Entonces…eres tú.
- ¿Yo que? – Eithan estaba confundido.

-Eremes vino a verme hace un tiempo. Me menciono que enviaría por estos lares a un viajero.
Un elegido, que cargaría con el peso del mundo. Y aquí estas.

-El destino de nuestro mundo no solo depende de mí, sino de este hombre que estoy
buscando. Él es nuestra salvación – Dijo Eithan.

-Comprendo… hare todo lo que este en mi poder para guiarte. – Respondió Fenrir, pensativo.

XIII:
Forja de runas

C ecil ya se había dormido hace rato, Piero lo había comprobado cuando entro a la
habitación. Con todo el cuidado posible, agarro el peto de la armadura que Cecil había
dejado a un costado de la cama, y también la espada larga. Piero entonces se dirigió al
piso de abajo, en el taller de forja que tenía tras su sala de estar. Se encontraba parado frente
a un yunque de MItrilo negro, el material más fuerte y resistente que haya visto el mundo. Sin
duda era una reliquia del viejo mundo, el cual se intuía, que habría sido de su antepasado
Klaus, y mantenido en la familia durante generaciones. Sobre el yunque había 4 cosas, un
martillo, unas pinzas, un cincel, también de mitrilo negro, y una piedra redonda blanca, del
tamaño de un puño. Era completamente de hueso, y había sido limada para tener forma
circular, sin astillas. La runa de hueso ya estaba imbuida, la disponía preparada. Era hora de
trabajar. Piero se quitó la camisa. A pesar de su delgadez, su cuerpo estaba algo musculado.
Agarro de un perchero en la esquina de la habitación, un par de gafas negras con correa
elástica, y se las puso. Dejo también su camisa en el perchero. Camino de nuevo hacia el
yunque, pasando por al lado de una silla, de la cual recogió un delantal gris plomo y se lo puso.
Se detuvo junto al yunque, donde estaba el gran horno de forja. Antes de buscar la armadura
de Cecil, ya lo había dejado calentando. Agarro un guante que estaba colgado de la manija que
estaba en la tapa del horno, colocándolo en su mano derecha, para poder abrir el horno.
Corrió la tapa al costado y se quitó el guante. Volvía hasta la silla y lo dejo ahí. El calor que
inundo la habitación lo hacía pensar algo que su padre solía decirle de niño.

“¡El horno de forja, es como el estómago de un dragón!”

Piero rio con un tono sutil y nostálgico mientras iba hacia el yunque. Tomo las pinzas, y las uso
para sostener la piedra de hueso. Se acerco al horno, y llevo su mano izquierda al bolsillo de su
pantalón, mientras sujetaba la pinza con la derecha. Saco del bolsillo, un tubo de vidrio con un
corcho. El tubo contenía unas sales rosadas. Se llevo el tubo a la boca y le saco el tapón con los
dientes, para luego escupirlo lejos. Impulso su mano izquierda sosteniendo el tubo, directo
hacia el fuego, arrojando las sales dentro del horno. El fuego pareció rugir y revolverse, para
acto seguido, danzar cambiando sus colores. Rosa, violeta, y verde entre las llamas normales
amarillas. Todos los colores danzaban dentro del horno frente a él, luchando, mezclándose
entre ellas. Piero espero. Sentía la transpiración que cayendo de cada poro de su piel. Estaba
en el estómago del dragón, y pronto comenzaría su baile. Cuando las llamas dejaron de
revolverse, se estabilizaron todas en un mismo color azul eléctrico. Era el momento. Piero
guardo el tubo de vidrio en su bolsillo, y sostuvo las pinzas con ambas manos, para comenzar a
introducirlas en el fuego azul. Las pinzas eran suficientemente largas para adentrarse en el
horno, y que sus manos quedaran a la altura de la tapa. Siempre odió la parte de meter la
pieza a la fragua, el calor que sentía en las manos era insoportable, lo hacía temblar. Espero
unos 10 minutos, y por fin aliviado pudo sacar la pieza. La runa, seguía igual, del mismo color,
impoluta. El fuego azul no era para quemar ni derretir, era para sellar toda la magia en la runa
de manera definitiva. Camino hasta el yunque y con las pinzas dejo la pieza sobre él. Luego,
camino hasta una esquina de la habitación, donde yacía un balde preparado con agua helada.
Sumergió las pinzas, las cuales hicieron ruido y vapor, y las dejo enfriándose, para dirigirse al
yunque. La habitación oscura, se iluminaba completamente de un calmo tono azul. Agarro con
su mano izquierda el cincel, y con la derecha su martillo. Coloco con cuidado, en el centro de la
runa el cincel, y sobre él, con delicadeza, la cabeza del martillo. Cerro sus ojos, e inhalo
profundo. Comenzó a recordar las lecciones de su padre, y hurgo en sus recuerdos, buscando
el sigilo adecuado. Ya lo tenía en mente, ahora, comenzaba el baile. Piero abrió los ojos, y con
energía, levanto su mano derecha sobre su cabeza con el martillo en alto-Bajo rápidamente su
brazo en una descarga de furia, golpeando el cincel. Movió el cincel milimétricamente y de
nuevo, el martillo subió y bajo, creando un choque de fuerzas otra vez con el cincel. Y así, lo
hizo de nuevo, y de nuevo, esa era su danza, era un vals de golpes metálicos, a la tenue luz de
un horno con fuego sobrenatural. Lo había hecho tantos años, que su cuerpo se movía solo,
pero su mente pensaba cada mínimo detalle, en un frenesí de concentración máxima. El
martillo bajaba, el cincel golpeaba y el sigilo comenzaba a aparecer. El sudor empapaba su
frente. En una de las subidas del martillo, aprovecho para secarse con su antebrazo antes de
continuar. Siguió tallando por un tiempo que no pudo percibir, pero fue alrededor de 3 horas.
Una vez ya había terminado, exhausto, dejo su cincel y su martillo en la mesa, y se quitó las
gafas. Pudo ver con claridad, a la azulada luz, la runa, la cual tenía tallado, un sigilo que
recordaba vagamente a una letra Z. Ya había terminado la runa, ahora solo faltaba encajarla en
el peto, pero eso podía hacerlo a ojos cerrados. Se dispuso a terminar el trabajo de una vez,
respiro hondo, y subió la armadura de Cecil al yunque, para encastrar la pieza. Solo tenía que
ahuecar un poco el peto. Esperaba por lo menos, poder dormir un poco esa noche.

Cecil no podía moverse. Estaba en un estado de pánico, pero tampoco podía gritar, ni ver, ni
oler. En la infinita negrura que mostraban sus ojos, era abrazado, por un dolor impresionante
en el medio de su pecho, un dolor que lo atravesaba por completo. También sentía presión, en
sus muñecas y tobillos. No sabía qué diablos estaba pasando. Hacía mucho frio. De repente,
comenzó a sentir el dolor de cortes, por su pecho, y luego, como unas pequeñas manos,
hurgaban en su interior. La mano golpeo donde él creía, estaba su corazón, y el dolor que
sintió, fue el más espantoso que jamás experimento. Luego, sintió las manos salir, y al poco
tiempo, esas mismas manos, comenzaban a cocer su carne. Era una sensación horrible. Pudo
escuchar, a lo lejos, como una puerta se abría, dando comienzo al ruido de pasos
aproximándose, y una voz de ultratumba que hablando. Cecil se desesperaba cada vez más.

-¿Qué estás haciendo, goblin cabeza de pija? – Pregunto la voz de ultratumba

-Estoy reanimando a este asqueroso saco de carne, imbécil devorador de cerebros y testículos.
– Respondió la voz más cercana a Cecil, muy chillona.

- ¿Te caíste y machacaste tu diminuto cerebro? el Enemigo de Dios es un nigromante, ¿para


que revives a ese fiambre?

-Maldito estúpido putrefacto. Son las nuevas ordenes del amo. – Explico el goblin.

- ¿Nuevas órdenes? – El no muerto parecía no estar al tanto.

-Perdimos las ultimas 2 campañas de conquista de nuestra parte, porque los continentes
agruparon a todos los clérigos y esos putos eclesiásticos desterraron a la mayor parte del
ejército no muerto. – Explico el Goblin exasperado – Lo sabrías si tu cerebro no estuviera
comidos por gusanos estercoleros, cacho de mierda. Ahora el jefe los quiere vivos, para
controlarlos con magia psíquica, y que no puedan desterrarlos.

- ¿Pero que pasara cuando caigan? Los reanimaran y los podrán desterrar pedazo de puto –
Rebatió el no muerto.

- Dime algo, tu hambre de cerebros, ¿es para reemplazar el que te falta? El jefe ordeno que
cada nuevo recluta humano sea sometido a un baño en una cámara con cieno de sabia celeste,
de los arboles blancos del Bosque Viejo, el bosque elfico más antiguo de Kalsus, conquistado
en el último asedio. – Dijo el goblin – Incluso estuvimos ahí cuando lo deforestamos, idiota.
Una vez que el cuerpo vivo es sumergido en eso cuantas veces sea, y se regenerara con el
tiempo, dormido, hasta que lo saquen.

- ¿Eeeh? ¿Vamos a ser reemplazados por humanos vivos?

-No sé por qué gasto mis palabras con un seso podrido. Mueve tu asqueroso culo y tráeme
más baldes de sangre. Este tipo perdió bastante, apenas pudimos reanimarlo. Llego con el
corazón detenido.

Cecil escucho pasos alejándose, y de pronto sintió como decenas de filos pincharon su brazo
izquierdo

-Hora de la transfusión, humano mierdero. – Exclamo la voz chillona.


De repente, Cecil sintió una presión extrema en su brazo, dolor en sus venas, y todo se empezó
a hacer más claro. Logro abrir su boca, y de su garganta nació un desgarrador grito.

- ¡AAAAAAAAAAH!

Lo primero que noto al abrir los ojos, fue la luz de la mañana cayendo en rostro. Lo segundo,
fue la transpiración fría de su frente. Estaba en la cama de paja. No era la primera vez que
soñaba esa pesadilla. A veces, creía que era un recuerdo, y no un sueño. Un recuerdo de hace
ya miles de años, de cómo había vuelto a la vida. Ya no le importaba de todas formas, el estaba
vivo y ya. Respiro hondo para calmarse, y se levantó. Cuando fue a vestir su armadura, noto
que faltaba el peto y su espada. Esto lo preocupo en demasía. Apresuradamente se puso su
camisa, las grebas, los guantes y los pantalones, y bajo corriendo por las escaleras. Grata fue su
sorpresa cuando vio a Piero sentado, desayunando en la mesa. Sobre la mesa estaban su peto
y su espada. El joven se entusiasmó al ver a Cecil.

-¡Por fin despiertas! – Exclamo Piero. – Estuve trabajando muy duro como para que me
hicieras esperar.

-Mi equipo, ¿qué hiciste con él?

-Te sorprenderá saber lo bien que forjan estas manos. – Dijo Piero, levantando las manos
frente a Cecil.

El herrero agarro el peto de la mesa, y camino para acercárselo a Cecil, quien lo recibió con sus
dos manos. Pudo ver en un costado, en la parte de derecha, un poco más arriba de la cintura,
que había algo diferente, oculto por la capa. La movió y pudo ver la runa, engarzada en su
armadura.

- ¿Es una runa de hueso? – Pregunto Cecil.

-Tranquilo amigo, es un hueso de ballena, no categoriza como una runa profana.

-Me alegra oír eso. Aunque no podría quejarme, mi espada tiene una runa de sangre. – Dijo
Cecil - ¿De quien es el sigilo que tallaste?

-Pertenece a Zobek, antiguo dios de los muertos. Es una runa de “Desafío a la muerte”.

Los ojos de Cecil se abrieron como platos. Piero sonrió en respuesta.


- ¿Desafío a la muerte? Solo la había oído nombrar en mitos…

-Pues, las historias son ciertas amigo mío. Es una runa de clase alta. Si fueras a morir mientras
la portas, la runa se romperá, evitando tu muerte con su poder. – Explico Piero – Solo puede
usarse una vez.

-No sé qué decir… guardo hacia vos y tus ancestros, un gran agradecimiento…

-No te alegres tanto Cecil, aun no puedes usarla. – Dijo Piero.

-¿A qué te refieres?

-Es una runa de grado alto, bastante de hecho. Tendrás que utilizar tu armadura por lo menos
4 meses, a partir de hoy, para que se enlace a tu alma y te reconozca como propietario, si no,
el sigilo no te brindara su favor. – Explico Piero.

-Entiendo. ¿Y la espada?

Piero se acercó a la mesa, mientras Cecil se equipaba su armadura. El herrero volvió a él y le


dio la espada. Cecil la desenvaino, y la contemplo. Estaba mucho más plateada. Paso sus dedos
de la mano derecha por el filo. Estaba afilada de manera sublime

-Solo le di una buena pulida y afilada. – Dijo Piero – Bueno, además aplique sobre el filo una
aleación de plata, antes de afilarla. Debería ayudarte a luchar con las criaturas de la noche.

-Es un trabajo digno de los dioses forjadores. Ojala tuviera algo de valor para darte en parte de
pago.

-La casa invita, a nombre de Klaus Bonaparta, todo sea dicho. Espero que te sean de utilidad a
donde quiera que vayas, amigo. – Dijo Piero, con solemnidad.

Cecil clavo su mirada en los ojos de Piero, y pudo ver en ellos, la bondad que veía en su antiguo
herrero. Su corazón sintió dolor, al saber que probablemente, sería la última vez que se verían.
Se arrodillo ante Piero, con la cabeza mirando el piso, la mano derecha sosteniendo su espada,
y la izquierda pegada en el pecho.

-Me inclino ante ti, Piero, hijo de un honorable padre, descendiente del gran Whitesmith, Klaus
Bonaparta. Que los dioses guarden tu nombre, y los mortales recuerden tu gloria. – Luego de
hablar, Cecil comenzó a incorporarse.
-¡No era necesaria tanta reverencia! – Reprocho Piero, con algo de vergüenza – Pero me alegra
que te gusten. Fue un gran trabajo, disfrute hacerlo.

-Imagino que sí. Lamento esto, pero debo marcharme. Aun tengo camino que recorrer. Mas,
no puedo irme todavia. – La expresión de Cecil se torno mas seria – Me come la vergüenza al
decirte esto, pero necesito pedirte 2 cosas, mas. 3, en verdad.

-Dime, sin vergüenza alguna.

-Necesito indicaciones. ¿En que parte de Ostrava se encuentra la sede del gremio de
aventureros? Tambien quería pedirte indicaciones de una florería, y alguna moneda, para
poder comprar un ramo.

-No me es problema facilitarte eso. El Gremio de aventureros está en el centro de la ciudad, ya


afuera de baja ciudad. Es una gran posada. 3 manzanas al norte, llegando a la salida de baja
ciudad encontraras una florería. Aquí tienes unos cobres, te alcanzara.

Piero se metió la mano en el bolsillo, y saco unas monedas de cobre. Se las dio a Cecil en la
mano.

-Muchas gracias. Es hora de que emprenda camino. El tiempo apremia.

-Espero que nuestros caminos se vuelvan a cruzarse y que la próxima vez, podamos brindar
con hidromiel, y fumar hierba del diablo. – Dijo Piero, despidiéndose.

-Si el destino nos encuentra nuevamente, ten en cuenta que asi será.

Ambos hombres estrecharon sus manos

XIV:
Viejo amigo

P ara suerte de Cecil, el cementerio de Ostrava seguía estando donde lo recordaba, solo
que ahora era mucho más grande. Recorrio un largo camino hasta llegar desde la casa
de Piero, solo para entrar y seguir caminando por los pasillos del camposanto. Llevaba
consigo un ramo de tulipanes turquesa, una flor nativa del norte de Terra. Había gastado solo 3
monedas de cobre, de las 5 que Piero le dio. Luego de un incesante caminar entre lapidas,
encontró 2 tumbas, mas no eran la que buscaba. Las lapidas frente a él, indicaban los nombres
de los difuntos. Cecil se tomo un momento, observando las tumbas. El viento soplaba fuerte,
agitando el césped y los árboles.

María Windgrace de Ivory

75 años

“Amada esposa, madre y granjera”

Jebediah Ivory

93 años

“Dedicado padre, marido, granjero y comerciante”

-Madre, Padre… ha pasado tanto tiempo... – La voz de Cecil tenia melancolía, pero su rostro no
demostraba expresión – Que sepan, siempre los llevo en mis pensamientos y en mi corazón.

Cecil siguió su camino, su destino era otra lapida. Continúo vagando sin descanso entre los
difuntos. Cecil camino hasta encontrarse en un punto especifico donde el terreno del
cementerio era cortado por una gigante reja negra, con pinchos en las puntas. En el centro de
la reja, había una puerta de metal y mármol blancos. Estaba cerrada a cal y canto. En la parte
superior de la puerta, había una inscripción de color dorado.

“Las Costas Blancas”

Ese nombre, venia de los antiguos mitos, que narraban sobre los guerreros cuidos. Al morir, el
alma de quienes eran dignos, iban a un lugar conocido como las Costas Blancas, una playa de
arena blanca, y aguas turquesas traslucidas, donde por fin podían alcanzar toda la paz que no
pudieron encontrar en vida, siguiendo el camino de la guerra. Todos los cementerios de Ansul,
por más chicos que fueran, tenían un lugar de “Las Costas Blancas”. Unas playas artificiales,
más bien, estanques, con arena blanca, donde se sepultaban conmemorativamente a todos los
guerreros del pueblo o ciudad. Solo compañeros y familiares cercanos tenían acceso a esta
parte del cementerio. Cecil puso su mano izquierda apoyando su palma en la puerta blanca, y
vocifero unas palabras.
-Aeternum Ore Bellator.

Las puertas, lentamente, se abrieron ante él, dejándolo pasar. Entro, y las puertas se cerraron
tras él. El lugar era totalmente hermoso y calmo. Grandes campos de arena blanca
ambientaban el lugar, también habían algunas palmeras, regalando sombra por el horizonte. Al
final del extenso paramo, se vislumbraba una gran laguna de agua pura, y entre el límite de la
playa y el agua, podía verse una estatua. Cecil intuyo que la estatua era donde debía ir.
Comenzó a caminar en línea recta por la playa. Recordaba las veces que había estado en otros
tiempos, caminando esos mismos caminos, para visitar la tumba de algún compañero. Esta no
era la excepción, y aunque no lo había visto caer, bien sabía que naturalmente todos caen
ante el mismísimo tiempo. Cada vez, la estatua era más visible. El corazón de Cecil se aceleró,
presa de la ansiedad y la angustia. Su garganta era un nudo. Antes de llegar a la estatua, pudo
divisar otra lapida. La observo extrañado, como si genuinamente no esperaba que esa tumba
existiera. La miraba quizá con algo de molestia, y un poco de arrogancia, pues, era suya.

Cecil Ivory

25 años

“Valiente y querido soldado, amigo, camarada e hijo. Caído en los confines del mundo.”

Cecil con pesar, siguió caminando en dirección a la estatua. Una vez frente a ella, pudo
contemplarla. La base de la estatua, era un pilar de marfil, como los de antiguos templos.
Arriba del pilar, una escultura del mismo material, a imagen de un humano se mantenía de pie.
Era de un hombre de 1,75, equipado con una armadura ligera. Las piernas y los brazos estaban
descubiertos. Detrás de la armadura caía una capa. Uno de los brazos estaba flexionado, con
su puño derecho contra su cintura, mientras que el otro estaba levantado gloriosamente
sosteniendo una larga lanza, con la punta hacia el cielo. La cabeza del hombre, de rasgos
fuertes, miraba al cielo, como su arma. Tenía una barba en candado bastante poblada, y su
cabello trenzado bajaba hasta sus omoplatos. Su placa conmemorativa, era bastante grande,
con letras doradas. Una amarga lagrima cayo por la mejilla de Cecil

-Es irónico. El solo pensar, que yo morí antes que tú, mi viejo amigo.
Patroclo de Ostrava

28 años

“Soldado amado por todos, devoto hijo, ferviente guerrero. Un verdadero mortal Épico.
Entrego su vida, evitando con éxito que las fuerzas del Enemigo de Dios conquisten Ostrava.”

Cecil se inclinó en reverencia, y luego, apoyo en la base de la estatua, su ramo de tulipanes. La


flor favorita de quien había sido su mejor amigo. Su hermano. Y también su mentor.

-Solo pasaba a saludar, hermano. Me imagine que te encontraría por aquí. – Cecil tomo aire
antes de proseguir – Solo puedo abrazar la angustia que me deja saber, que tú también has
partido. Admiro que fuera luchando por una causa noble, como siempre soñaste, incluso
cuando éramos niños. Yo a pesar de todo, sigo en este mundo, en un camino largo. Espero que
descanses en paz Patroclo, y si algún día muero, espero que volvamos a encontrarnos, en las
Costas Blancas.

Cecil toco con su mano la lápida, en señal de respeto y luego se volteo, emprendiendo el
camino hacia la salida. Con el corazón aun apretado por la angustia. Su rumbo ahora, era el
gremio de aventureros. Conseguiría alguna misión para tener algo de dinero, y continuar su
viaje.

XV
Azabaches blancos

U na vez separo caminos con Eithan, Yoland recorrió a trote de caballo todo el puerto
preguntándole a los ciudadanos locales por su destino. El sol se ponía, y la gente ya
comenzaba a guarecerse en sus casas. Yoland apuro el paso.

- ¿Las Planicies de los Azabaches Blancos? No, no conozco ese lugar... – Respondió un pescador
del puerto

- ¿Eh? Es la primera que lo escucho... – Dijo uno de los barqueros locales.


-Que extraño nombre, casi aterrador... – Comento el hombre del almacén general.

-Quizás este en Kalsus... – Respondió una viajera.

- ¿Puedo subirme a tu lomo? quizás la vea desde allí. – Pregunto tímidamente un niño

- ¿La plenitud de los Mecha chis Blandos? Hic. – Intento replicar un borracho

Yoland decidió detenerse a descansar. Ya estaba exhausto de tanto preguntar. Camino hacia
la valla de madera, que separaba el puerto del mar, y se apoyó en ella. Contemplo el océano y
se preguntó si el propósito de su viaje siquiera existía. En su melancolía, un viejo en bastón se
le acerco a su lado mirando el mismo horizonte. Estuvo un rato mirando en silencio, y luego
llevo su vista a Yoland.

-Tienes Dudas. – Dijo el viejo.

- ¿Se me nota demasiado? – Pregunto Yoland mirando al hombre.

-Un joven con esa expresión, mirando el alba puede significar dos cosas. – Reflexiono el
hombre – Sientes nostalgia por tu pasado o inseguridad por tu futuro.

-Quizás sean ambas. – Dijo Yoland.

-Escuche por ahí que estás buscando un sitio en concreto.

-¿Como lo sabes?

-Bueno, un centauro corriendo por todo la ciudad llama la atención de cualquiera. – Respondió
el viejo – Tu especie no es muy vista por estos lares. Ni en ningún otro que yo sepa.

-Es cierto, busco un lugar llamado Las Planicies de los Azabaches Blancos.

El viejo guardo silencio por un momento mientras el viento soplaba, y mar anaranjado por el
sol, comenzaba a volverse mas y mas azul, mientras que las primeras estrellas comenzaban a
aparecer.

-Usted tampoco podrá ayudarme ¿Verdad? – Pregunto Yoland, algo decepcionado.


El viejo guardo silencio un poco más, y se volteo, comenzando a caminar hacia la ciudad.

-Sígueme muchacho.

El centauro lleno de incertidumbre, sintió un pequeño alivio entre sus dudas y siguió a aquel
anciano por unas calles poco concurridas. Tras caminar unas pocas cuadras entraron a una
tienda pequeña, casi oculta entre edificios de gran altura. La vidriera estaba sucia, y tras ella se
veían lo que parecían antigüedades. Ambos entraron, y Yoland tuvo que agacharse para pasar
por la puerta. El olor del lugar era una mezcla de polvo, con un toque hogareño, como si
alguien hubiese cocinado un pastel recientemente. Los estantes y mesas del lugar estaban
llenas de libros, mapas, hojas, entre otros artículos, de una antigüedad imposible de descifrar a
simple vista. Era una tienda más bien pequeña.

-Esta es mi tienda. Ten cuidado, no es un sitio para gente de tu tamaño y longitud. – Advirtió el
hombre – Espera aquí por favor.

El viejo se adentró por una puerta detrás del mostrador. Sobre este había un frasco de
propina, vacío hace bastante ya. El centauro tomo unas monedas de cobre de su bolso, y las
deposito en el tarro. Yoland estaba asombrado por la exagerada cantidad de parafernalia
histórica que podía caber en una tienda así de pequeña. Contemplaba con lucidez aquellos
artefactos que colgaban del techo. Al cabo de unos minutos el viejo regreso con un libro en la
mano. Su portada estaba forrada de una tela color bordo, y tenía un emblema que era
desconocido para Yoland. Cuando la luz del día dejo de entrar en el local, el viejo saco una gran
vela por debajo del mostrador, y lo apoyo en tope de este. Apoyo el libro, y con un cerillo,
prendió la vela.

-¿Que es ese libro? – Pregunto Yoland.

-Conforme las épocas pasan, las costumbres se olvidan, las personas se adaptan, las
tradiciones cambian y las tierras se pierden. – Reflexiono el viejo – Este libro contiene
información geográfica y cultural de las edades pasadas.

El anciano abrió el libro y empezó a pasar páginas hasta detenerse sobre un mapa antiguo.
-Las Planicies de los Azabaches Blancos, juraba que había escuchado ese nombre y aquí esta. –
señalo con su indicie una zona del continente de Terra, a varios kilómetros de la ciudad de
Ostrava – Este lugar lo conocen actualmente como “Las Tierras Negras de los Cráneos”.
Créeme cuando te digo que ambos nombres le hacen honor a ese sitio, es un lugar muy
peligroso.

-Señor – Yoland hablo con solemnidad en su voz – Por favor, présteme el libro.

-Lo siento, pero no puedo hacerlo muchacho. – Se disculpo el hombre – Todas las
antigüedades que ves aquí son reliquias que me han acompañado a lo largo de mi vida. Son
compañeros de historia y quiero que permanezcan a mi lado hasta el día en que yo también
pase a ser historia.

- Y… ¿podría hacerme una réplica del mapa? – Pregunto Yoland.

-Los jóvenes de hoy son tan perspicaces que dan miedo. Mmm… – El hombre se tomó un
momento para pensar. – Supongo que podría hacerte un mapa del continente, la zona
geográfica no ha cambiado mucho a los largo de los años, te servirá.

- ¿En serio? Eso sería excelente. – Dijo Yoland, algo emocionado.

-Si. Pero me temo muchacho, que con los años me he vuelto viejo, y estas manos ya no
trabajan como antes. – Yoland sintió la tristeza con la que el hombre dijo su frase. – Pero si me
ayudas a hacerlo, mañana podríamos tenerlo para el atardecer.

-No se preocupe, lo ayudare en lo que necesite.

-Se que lo harás. Por cierto, todavía no nos hemos presentado.

-Mi nombre es Yoland.

-Es un gusto Yoland, yo soy Francisco.

Ambos estrecharon sus manos. Cuando se soltaron, Francisco camino hasta la puerta y la cerro
con llave, y dejo la llave en la cerradura.

-Ya va siendo hora de cerrar el local, dejo la llave de la puerta por si necesitas salir. Hablando
de otra cosa, ¿alguna vez probaste el pastel de carne? La receta de Terra.

-No – Respondió Yoland.

-Bueno, te invito un plato, de seguro te encantara.

Detrás del local, Francisco tenía su casa. Invito a pasar a Yoland y ambos cenaron juntos. La
comida estaba más que deliciosa. Francisco convido a Yoland con comida, agua y vino hasta
que estuvieron saciados. Después de comer, ambos fueron a dormir. Yoland durmió en el
local, y Francisco en su habitación. Al otro día, a primera hora, Francisco había despertado a
Yoland, para pedirle que vaya a comprar tinta y plumas al almacén central. Ambos pasaron la
tarde trabajando en el mapa, trazándolo sobre un pergamino. Cuando terminaron, el sol
comenzaba a ocultarse en el horizonte marítimo. Yoland y Francisco veían el atardecer desde
la calle, frente a la tienda del anciano.

-Gracias por todo, señor Francisco. – Dijo Yoland – No sé qué hubiera hecho sin su ayuda.

-Por favor, deja las formalidades, no me digas señor. – Dijo Francisco, de buen humor.

-Estoy en deuda contigo, Francisco. No cualquiera me hubiera ayudado ¿porque lo hiciste?

Francisco al verle la cara de felicidad al joven centauro, recordó nuevamente a su fallecido hijo.
Desde que había visto a Yoland, su rostro le recordaba a su hijo. Francisco se guardó esto para
él, y decidió mentir. Despedirse de por si era triste, no había razones para esta despedida lo
fuera aún más.

-Eres un joven que necesitaba ayuda. El deber de los mayores es guiarlos.

-Muchas gracias, prometo que volveré a visitarte Francisco. – Yoland comenzó a caminar,
rumbo al norte de la ciudad. – Adiós.

El viejo y el centauro se despidieron alzando una mano a la distancia mientras la silueta de


Yoland se alejaba. Habían desembarcado bien al sur, y las planicies estaban bastante lejos, casi
en el centro del continente. Yoland tendría varios días de viaje.

XVI
Encargo peligroso

E l sol estaba anunciando el medio día, cuando Cecil llego a la puerta del gremio de
aventureros. El lugar ocupaba al menos 2 manzanas. Las puertas eran de madera, como
la gran parte de la fachada. Recordaba al aspecto de una taberna, pero mucho más
grande. Las puertas del lugar eran de un color anaranjado oscuro, y tenían una talladura cada
una, las cuales cuando se encontraban cerradas, formaban el logo del gremio de aventureros,
un escudo con una planta erguida y en el tope una flor. Cecil apoyo sus manos en las puertas,
tomo aire y empujo. Ambas cedieron, abriéndole el camino. El lugar era rustico e iluminado
por los rayos del sol colándose por amplios ventanales de vidrio. El interior del lugar era de
madera y piedra. El salón era muy amplio, lleno de mesas, sillas y personas. En el extremo de la
habitación, a la derecha, había una larga barra, con dos personas detrás haciendo cocteles.
Detrás de ellos, se veían dos puertas, que conectaban a pasillos de uso interno. En sentido
contrario a las puertas al fondo, una barra en forma de medio ovalo servía como recepción.
Detrás de la barra, había unas 4 recepcionistas. Algunas estaban hablando con aventureros, y
otras estaban anotando cosas. Del lado izquierdo, había otra barra, enfrentada a la que servían
cocteles. Detrás de esta, varias carnes secas colgaban exhibidas, junto a estanterías con pan,
especias, y vajillas. Contra el fondo del lugar había un caldero a leña. El suelo de esa sección
era de piedra. Varios aventureros estaban en el lugar comiendo, mientras jóvenes cocineros
preparaban diversos platos. Camareras caminaban por el salón repartiendo bebidas, tragos y
comentándoles cosas a los aventureros distribuidos por las mesas. En el sitio, algunas mujeres
iban vestidas con ropas de tela y cuero, típica ropa de aventurero, pero no tenían pinta de
serlo. Eran parte del personal. Cecil diviso colgando varios candelabros apagados. En el techo
también colgaba una tabla compuesta de tablas más pequeñas, con nombres tallados. Eran los
mejores aventureros registrados en esa sede. Los primeros 3 nombres estaban pintados, de
color oro, plata y bronce.

John el Guapo: 45 encargos

Rolando ChesDain: 32 encargos

Toti Tacues: 30 encargos

Mientras Cecil avanzaba por el salón, observando los detalles, una voz chillona llamo su
atención por la derecha. De repente, una mujer joven, de no más de 26 años, con rasgos
suaves, ojos naranjas, y pelo celeste atado en una cola de caballo salto frente a él,
impidiéndole continuar. Tenía una amplia sonrisa, y sus ojos parecían estar más iluminados
que de costumbre. Vestía el traje que usaban las mujeres del personal, aunque levemente
modificado, con algunos volados. Sus ojos se quedaron fijados en los de Cecil y un silencio
incomodo apareció entre ambos. Cecil la miro, estoico. Era muy bueno para mantener el
silencio. La entusiasmada chica termino rompiéndolo.

- ¿Una cara nueva eh? – Dijo la chica en tono de broma – ¿Pues, quien llega es el que saluda,
¿no?

-Hola. – Dijo Cecil, a secas.

Cecil intento levantar su mano derecha para gesticular un saludo, pero la enérgica mujer
rápidamente la tomo y se la estrecho con la suya, sacudiéndola y luego soltándola
- ¡Encantada! ¡Mi nombre es Dorothea! ¿Eres nuevo por aquí eh?

-Realmente no lo soy. Mi nombre es Cecil.

-Pues, nunca te había visto por aquí Cecil. ¡Soy una Manager de aventureros por si te lo
preguntas!

- ¿Y eso significa, que…? – Pregunto Cecil con algo de sarcasmo, extrañado por la definición de
Dorothea.

-Digamos que soy algo así como… eehh… ¡Soy una ayudante para los aventureros! – Exclamo
Dorothea – No para todos. Las manager tenemos un numero de “clientes” o aventureros como
quieras llamar, a los cuales les facilitamos las misiones.

- ¿Y de qué manera podrías ayudarme? ¿Sabes luchar? ¿Cazar? ¿Acaso usas magia blanca para
curar?

-De hecho, no. Las Manager ayudamos encomendando misiones a nuestros clientes,
dependiendo sus habilidades y rango dentro del gremio. Ahora dime Cecil, ¿Te gustaría que
sea tu manager? – Pregunto Dorothea, ofreciéndole a Cecil una gentil sonrisa, con ojos
emocionados.

-No. – Respondió Cecil, para comenzar a caminar, esquivándola.

Dorothea se quedó helada en el lugar por un momento, pero cuando reacciono, sujeto a Cecil
del antebrazo. Este se volteo molesto y pudo ver su rostro, cargado de tristeza.

- ¿Qué haces? – Pregunto Cecil extrañado

-Por favor Cecil, te lo ruego, acéptame como tu manager. – Pidió Dorothea.

- ¿Qué te pasa? Porque estas tan fijada conmigo, ni siquiera me conoces.

-Es que… No tengo aventureros bajo mi servicio y… tu pareces fuerte… – Su tono parecía
cercano al llanto al principio – Además, si no consigo a alguien que quiera mi ayuda, me
despedirán. – Dijo Dorothea, ahora con un tono un poco desvergonzado – O aún peor, me
harán trabajar limpiando a las palomas. ¿Por favor?

Cecil respiro profundamente, y exhalo, con paciencia. Pudo observar como la estrafalaria
escena comenzaba a llamar la atención de los locales. Miro a la joven, y sin muchos ánimos,
decidió aceptar su propuesta.
-De acuerdo, se mi manager entonces. Solo, no te largues a llorar, ¿está bien? – Dijo Cecil de
mala gana, soltándose del agarre y caminando.

Dorothea dio un salto de la emoción, vitoreando, para caminar rápido, hasta adelantar a Cecil.

-Ven, ¡te registrare en el gremio! – Indico Dorothea entusiasmada.

Una hora después, Cecil se encontraba en la barra de la estación de comidas. Había sido un
proceso bastante tedioso. Dorothea lo había hecho registrarse, llenando varios formularios,
firmando, y sellando papeles. Luego, le dijo que lo llevaría a la sección de copiado, para que
replicaran varias veces su registro, y lo enviaran con palomas mensajeras a todos los gremios
de aventureros de Ansul, así podría gozar de los beneficios de la membresía en cualquier sede,
y además, tanto Cecil como Dorothea ganarían prestigio por cada misión que completase.
Realmente a él no podía importarle menos. Estaba tranquilo, comiendo unas chuletas de Jabalí
con pure de manzana verde, acompañado de un buen vaso de agua que pudo adquirir con las
monedas de cobre que le sobraron. De pronto las puertas del gremio se abrieron azotándose
contra las paredes. Por ellas ingreso un hombre, con ropa de granjero. Estaba herido,
sangrando en varios lugares, mas no parecían heridas graves. Su rostro estaba completamente
engullido por el horror. El granjero grito desesperado, con su voz agonizante. Todo el lugar se
giró a verlo.

- ¡Ayuda por favor! ¡necesito ayuda de quien sea!

Un aventurero con pintas de pirata que estaba con su grupo cerca de la puerta se interesó.

- ¿Que sucede hombre? – Pregunto el pirata.

-Vengo de Wiggol, una pequeña aldea al este de aquí. Sucedió algo horrible, un Baloth se
metió en la aldea, y dios santo – El hombre pareció desesperarse más mientras contaba la
situación – El pueblo es una carnicería.

- ¿Un Baloth? – La voz sonó de una mesa lejana – ¿de qué tipo?

-Del peor – Respondió el granjero – Es un Baloth aborrecible, una criatura espantosa y


violenta, masacro a los hombres más fuertes de la aldea. La gente está encerrada en sus casas,
pero la bestia no se va… necesito que alguien me ayude… ¡Pagare con oro! 10 monedas.
Nadie en la taberna parecía atreverse a hablar. No porque la gente no se sintiera atraída por la
cifra, de hecho, 10 monedas de oro era algo que no se ofrecía todos los días. Lo que invocaba
la duda, es que nadie se atrevía a hacerle frente a un Baloth Aborrecible. Murmullos
comenzaron a esparcirse entre mesas. Los grupos plantaban que estrategias formarían para
combatirlo. Entonces, empezó la subasta, de mano del pirata.

-Mi grupo podría intentar asesinar a la criatura, pero como mínimo solo podemos aceptar 25
monedas de oro.

La cara del granjero se tornó lúgubre. Era obvio que no tenía mucho más para ofrecer. Wiggol
no era una aldea muy grande, la gente se las arreglaba como podía. De pronto una mujer de
pelo rojo hablo, desde una mesa central.

-Mis mercenarias podrán encargarse. – Dijo confiada – Serán 18 monedas de oro, 9 por
adelantado.

Luego, otras ofertas comenzaron a surgir, todas intentando abusarse del hombre, en parte por
viveza, y en parte por miedo a la muerte. Un vaso sonó, golpeando contra la madera de la
barra de comidas, llamando la atención de todos, dejando todo el lugar en silencio.

-Acepto el trabajo. – Dijo Cecil – Iré yo solo y nada más te pediré 6 monedas de oro.

El granjero quedo atónito, al igual que el resto del gremio. Cecil se levantó y comenzó a
caminar hacia el hombre. Pronto las burlas y los insultos de los demás aventureros, envidiosos,
comenzaron a hacer eco, pues su oferta era imposible de mejorar. Incluso era imposible de
competir.

- ¿Eh? ¿Quién mierda te crees que eres?

- ¿Realmente crees que podrás solo? Jah, marica arrogante – Se burlo un hombre vestido de
caballero.

-Me alegrara verte entrar de nuevo con las tripas colgando y la cara hecha girones, hijo de
puta. – Maldijo el pirata.
Cecil no les dio siquiera pizca de su atención. Solo camino hacia el desdichado sujeto.
Dorothea, la cual estaba en la barra ovalada, corrió desesperada hasta alcanzar a Cecil

- ¿jefe, enloqueciste? ¿Porque no consideras armar un grupo para el combate?

-Dorothea, ¿ustedes facilitan equipamiento? – Pregunto Cecil – ¿Y monturas?

-S-s-si. Alquilamos ambas cosas…

Ambos llegaron frente al granjero. Cecil Lo miro directo a sus ojos llenos de terror, y ahora, de
incredulidad.

-Solo tengo 2 condiciones. Me escoltaras a tu aldea. La segunda, es que me daras una moneda
de oro como adelanto. – Dijo Cecil, tendiéndole su mano derecha al hombre – ¿Te parece un
trato justo?

-Pues no para ti, pero son tus condiciones. – El granjero apreto la mano de Cecil y la solto luego
de un sacudon – Aquí esta la pieza de oro

El hombre metio su mano en el bolsillo de su mono de trabajo y saco una moneda de oro. Se la
dio a Cecil quien a su vez se la paso a Dorothea.

-Necesito rentar una ballesta de brazo y un caballo. También comprare 4 pernos de plata y
una boleadora. Esperare afuera.

Antes de cruzar con la puerta con el granjero, Cecil pudo divisar, llegando a la esquina
izquierda, a unos pocos metros de la puerta, una solitaria mesa en la oscuridad, alumbrada por
una vela en el centro. Detrás de la mesa, en un taburete, un solitario anciano, con vestimentas
grises lo observaba. Cecil estaba sorprendido, desde que había llegado al gremio, jamás vio
entrar a ese sujeto, o estar ahí antes. El anciano lo miraba con recelo. Al no estar muy lejos,
Cecil escucho las palabras que le dirigió el viejo antes de salir.

-Chico, si sobrevives, ven a verme. Estaré aquí, esperando.

Cecil le respondió con silencio, limitándose a mirarlo, para salir del gremio junto al granjero.
Eremes esbozo una sonrisa algo preocupada, y saco una pipa de su túnica. Era de madera, y en
la punta, tenía la forma de una cabeza de serpiente. La llevo a su boca y con un chasquido de
sus dedos, el tabaco hizo combustión, dejando entrar el humo a sus pulmones. Eremes exhalo
una amplia bocanada, y hablo para sí mismo.

-Por el bien de la humanidad, más te vale regresar vivo.

XVII
Adentrarse en las ruinas

L A luz abandonaba sus ojos, todo estaba oscuro. Miro hacia abajo, su cuerpo estaba
atravesado por un gran aguijón. Levanto la vista al frente y vio a una niña. Pelirroja de un
1.40, tenía menos de15 años. Sobre su cabeza, llevaba un gran gorro de bruja violeta
oscuro. Lágrimas empapaban su rostro. Paralizada de miedo apenas lograba comprender lo
que estaba pasando. El aguijón se movió con fuerza, y el hombre fue arrojado hacía un costado
cerca de su espadón. La extremidad pertenecía a una enorme araña, que ansiaba devorar a la
niña y que, tras una ardua pelea, se deshizo del protector. Las patas se movían lentamente
hacia la joven. La araña estaba lista para abalanzarse. El caballero agarro su espada con las
pocas fuerzas que tenía, mientras su sangre se fugaba su cuerpo, al igual que su vida. Se le
agotaba el tiempo, pero antes de partir iba a proteger una vez al único motivo por el cual
seguía vivo en este mundo. Pego un grito tan fuerte que desgarro su garganta. Este logro
quitar a la niña del shock y hacer retroceder a la araña, que volteo para arremeter contra el
caballero, que se sostenía en pie con ayuda de su espadón. El filo tenía detalles en rojo y
negro. Tomo el arma con ambas manos y la posiciono sobre su hombro derecho. Flexionó sus
rodillas, mientras que la araña caminaba rápidamente hacia su víctima. El hombre empezó a
canalizar todas sus energías, manifestando un aura negra a su alrededor. La araña ya cerca
pegó un salto hacia su objetivo, y el caballero hizo lo mismo. En el aire, dirigió su ataque hacía
la araña. La chica pudo ver cómo del filo del espadón, comenzó a imbuirse del aura oscura,
aumentando su rango. Lo siguiente que vio, fue como la araña caía sobre el rocoso suelo,
partida a la mitad. Tras ella, cayo el hombre. La niña corrió hacia él, para ver cómo se
encontraba. El la oyó correr mientras sus propias piernas fallaban. Se desplomo en piso,
quedando boca arriba. Ya había perdido mucha sangre y no tenía fuerza para mantenerse vivo.
El escaso tiempo que disponía, tendría que soportarlo sin decir palabra. La chica llego junto a
él arrodillándose a su lado, apoyando sus manos en el pecho del hombre, sobre el que caían
lágrimas.
- ¡Padre no te mueras! – Grito la joven entre llantos – ¡Resiste ya vendrán para ayudarnos y te
vas a curar!

El solo la miraba. había logrado proteger por última vez a su hija, con gran valor. Cerrando sus
ojos, llego a oír unas últimas palabras

- ¡Le prometiste a mamá que me protegerías!... no me abandones por favor…

Sintió culpa, al dejar sola a su hija, pero tenía fe que algún día se volverían a ver en un mejor
lugar y estarían los 3 juntos otra vez. La chica empezó a llorar y gritar desconsolada, sobre el
cadáver de su padre. En un lapso de 3 años había perdido a su madre, y a su padre. Ya no tenía
a nadie. Pensó que nunca más volvería a verlos, pero el tiempo le demostraría que estaba
equivocada.

El caballero oscuro estaba en las puertas de su gremio. Eran de madera, roble antiguo. El
edificio se veía totalmente abandonado, como si nadie hubiese estado, desde hacía siglos. La
helada que caía era cruda. Golpeó la puerta para asegurarse que no hubiera nadie, y en efecto,
nadie había. Empujo el portón y se dio cuenta que estaba abierto, pero trabada por el paso del
tiempo. Empujo con su cuerpo, y la puerta cedió. El polvo de a poco comenzó a salir. Abrió las
puertas de par en par, y la poca luz del día invadió el salón principal. Era una recepción
antigua. Los muebles estaban llenos de moho. En la pared frontal se podía ver un cuadro
enorme. La imagen era un Caballero oscuro, sentado en un trono negro y tras este, un gran
espadón azabache. Se adentro al lugar, pero sin darse cuenta, piso una baldosa
intencionalmente floja en suelo. Esto provoco que todas las antorchas del lugar se prendieran
y la gran puerta se cerrara, dejándolo encerrado. Pronto comenzó a percibir una gran energía
oscura en el lugar. Adentrándose un poco más, escucho el ruido de unas campanas sonando. El
sonido provenía de afuera, y tenía tal intensidad, para que todos que se originaba en la plaza
central de la ciudad.

Por su parte, Rio y Lisa, estuvieron hablando sobre los no muertos durante horas. Rio tuvo la
idea de buscar la forma de liberar la maldición del no muerto sin que el afectado muriera, con
el fin de hablar con una persona que habito la tierra por mucho, mucho tiempo. Lisa, su
abuela, le explico que eso sería magia de muy alto nivel, incluso dudaba de si era siquiera
posible de lograr. En ese momento ambas escucharon las campanas que retumbando por la
ciudad y se dieron cuenta de que trataba al momento.

- ¿Hoy es el día no? – Pregunto Rio.


-Si, hoy como en cada año se recuerdan a nuestros héroes que cayeron en batalla. – Explico
Lisa.

-Entonces vas a irte como siempre y volverás mañana, ¿no?

-Así es. Hasta que mi cuerpo deje este mundo, lo hare todos los años. – Dijo Lisa con algo de
nostalgia.

- ¿Puedo acompañarte? Yo también quiero ir.

-Sabes que me gusta ir sola.

-Vamos abuela, déjame ir, solo por esta vez, no voy a molestarte. – Lisa vio como su nieta
insistía con una ternura característica de los jóvenes.

-Bueno está bien, solo porque tus padres no están en la ciudad. Si tu padre se entera que te
lleve conmigo va a estar furioso. – Dijo Lisa, riendo – Nunca lo deje venir.

- ¡Gracias abuela! No te preocupes será nuestro secreto.

-Bien, tomemos nuestras cosas y partamos.

-Me parece bien.

Ambas salieron de la biblioteca, directo a las nevadas calles de Abgrund der Dunkelheit. Las
dos sintieron una fuerte magia oscura en la ciudad. Creaba una sensación tensa el lugar

-Esta presencia… – Murmuro Lisa.

-¿De dónde vendrá? – Pregunto Rio.

-Al parecer tenemos más de un Caballero Oscuro en la ciudad. Puedo sentirlo desde aquí.

-¿Solo nosotras podemos sentir esta presencia?

-Todos los que usen magia pueden sentirla. – Explico Lisa – Por un encantamiento que los
paladines conjuraron en la ciudad.

-Es la primera vez que siento este tipo de energía – Dijo Rio.

-Hace mucho no hay Caballeros Oscuros en la ciudad. Pero es raro – Lisa estaba confundida –
cuando nos cruzamos con ese caballero, no sentí magia oscura…

- ¿Vamos a investigar? – Pregunto Rio algo emocionada.

-Si vamos, tendrá que ser rápido, los paladines no tardaran en llegar. Lindo momento eligió tu
padre para salir de la ciudad. – Se quejo Lisa – Las oraciones quedaran para después, vamos
Rio. Pero por favor, se precavida. No sabemos que podemos encontrar ahí. Podría ser tu
primera experiencia en combate real.

-No te preocupes abuela, estoy lista. ¡Vamos!

Abuela y nieta partieron hacia el gremio de los caballeros oscuros. A su vez, en lo profundo de
la sede, en el torreón más alejado, se hallaba la figura de una persona, con una gran armadura
negra, sentado en un trono del mismo color. Detrás del trono, un inmenso espadón. De la
armadura, emanaba una gran cantidad de oscuridad.

XVIII
La tierra de los cráneos

L uego de dos semanas de viaje, Yoland llego a Las Tierras Negras de los Cráneos y
enseguida supo porque habían bautizado con ese nombre al lugar. Por todos lados, en
un enorme yermo, había charcos y ríos de brea con la profundidad suficiente para
hundir una casa. En la superficie, huesos y cráneos yacían dispersos por la brea, hasta se
podían ver algunos esqueletos sumergidos a partes. A kilómetros se desavisaba la pequeña
silueta de una cabaña sobre una colina, que estaba cruzando uno de los ríos. Yoland se puso en
marcha. El silencio lo inquietaba, solo el ruido de la burbujeante brea y los huesos
quebrandose bajo sus pesuñas hacía eco en sus oídos. De repente, una mano huesuda salió de
la brea y tomo la pata del Centauro. Yoland se alarmo cuando vio que un esqueleto emergente
sostenía su tobillo y con la misma pierna pateo el cráneo, haciéndolo pedazos. Como si se
hubiera dado una orden, cientos de esqueletos empezaron a surgir de los charcos de brea.
Yoland no dudo y empezó a correr en dirección a la cabaña. Esqueletos se metían en su
camino, pero acababan destruidos bajo sus poderosas piernas. Algunos lograban rasguñar sus
muslos ralentizando la embestida. La cantidad de esqueletos era exagerada. Cuando llego al
rio, salto con todas sus fuerzas, cayendo del otro lado, dejando atrás las centenas de huesos,
que habían desistido de su captura. El centauro se levantó herido. Cojeando llego a la puerta
de la cabaña y toco. Al no tener respuesta, entro. El interior estaba iluminado por unas pocas
velas, estantes con objetos siniestros adornaban las paredes. Una forja conectada a la
chimenea daba calidez a la sala. En el medio de la habitación yacía caldera, y una cortina de
paja se ubicaba en la esquina de la misma. Una voz ronca y apagada, hablo, por detrás de la
cortina. Yoland se quedó quieto en el lugar.

-Si no responden a tu llamado, es porque no estas invitado a pasar.


-Lo siento, sentí que este era el sitio que estoy buscando, y no quiero dudar de mi destino.

La cortina se movió, atravesada por el cuerpo de un viejo barbudo y canoso. Su barba blanca
llegaba al ombligo. Su torso presumía de cicatrices mortales y el resto del cuerpo era el
esqueleto de un caballo. Yoland se le quedo viendo atónito.

-Debe ser duro… – Dijo el centauro – Es como si te vieras muerto.

- ¿Como...?

-No necesitas saberlo.

El Centauro huesudo camino hasta una cuna echa de paja donde se sentó.

-Lo que necesitas saber es lo que harás a partir de ahora. – Los ojos del viejo buscaban algo en
Yoland.

- ¿A qué te refieres? – Pregunto Yoland

-A eso. – El Viejo señalo el collar que Yoland traía colgando – Ese amuleto te trajo aquí.

- ¿Como lo sabes?

-La muerte atrae más muerte. Dale la vuelta.

Yoland volteo su collar y vio una runa grabada en la parte de atrás.

-Es una runa de hueso. Fue tallada por un hechicero de nuestra especie hace siglos. Su
significado es "La luz que no se apaga".

-Mi aldea fue atacada para destruir esto ¿por qué?

-La luz busca iluminar la oscuridad, la oscuridad busca apagar la luz. – Reflexiono el centauro
huesudo – Es normal que los ciervos del mal busquen destruir aquello que los aniquilaría. Es
como si un virus intentara destruir la cura.

-Entonces, ¿no sería mejor destruirlo para que no vuelvan a atacar mi aldea?

- ¿Destruirías la cura de una enfermedad solo para salvar unos pocos? – La voz del viejo sonó
con algo de decepción – Los centauros se volvieron muy egoístas.
- ¿Entonces? ¿Qué puedo hacer?

-Curar la enfermedad, y con ella tus dudas.

- ¿Como?

-Veo que tienes un arco, pero no te servirá contra los engendros del mal. Pásamelo con tu
amuleto, y te hare un arma con la que puedas hacerle frente. – Pidió el viejo.

Yoland así hizo. El centauro más anciano se levantó, y fue hacia su yunque. Los martillazos
golpeando el hierro fundido del arco y del amuleto sonaban por toda la planicie. Al final del
día, sobre el yunque, descansaba un nuevo arco. El cuerpo metálico curvado tensaba la cuerda
que una vez sostuvo al amuleto. En un costado, el arco tenía la runa grabada. Junto a él, el
centauro herrero había dejado un carcaj con flechas.

-Cualquier flecha que dispare este arco estará imbuida con el poder de la runa. Es muy eficaz
contra los seres impuros. – Explico el viejo.

-Muchas gracias, pero déjeme preguntar algo. ¿porque un herrero de tu calibre vive por estos
sitios?

-Los muertos viven con los muertos. – El centauro dejo que su mirada se perdiera en la
nostalgia –Alguna vez fui un honorable Whitesmith, pero eso ya fue hace tiempo.

-¿Eres un no-muerto?

-No.

-¿Entonces quien...?

-No ocupes tu mente con más dudas. Ve, tu camino está más iluminado que el mío.

XIX
Reunión de tres

T ras otro día de exigentes entrenamientos y encargos, Eithan estaba exhausto, sentado
en la barra de una taberna cercana al gremio. En las casi dos semanas que paso ahí, ya
se había hecho cliente habitué. También en ese tiempo, se hizo muy amigo del barman
y dueño de la taberna. Un viejo alto y bien formado de unos 1,90 metros, pelo canoso largo y
atado en una cola de caballo. Una gran barba y mostachos blancos decoraban su rostro. Eithan
lo admiraba por sus alucinantes historias, ya que, en su juventud, perteneció a los caballeros
carmesí. El viejo llevaba el nombre de Adelbuf, pero Eithan decidió nómbralo “Abuelo”.

-Asi que, ¿cuándo vas a partir? – Pregunto Abuelo, rellenando el vaso de Eithan.

-Tenía pensado esta semana, pero primero tengo que encontrar a Yoland. – Eithan se llevó la
cerveza a la boca.

- ¿El centauro?

-Si, él me ayudo a llegar hasta aquí, y quiero que sea parte de mi cruzada junto a otros 7.

-Se que ahora tienes un mejor manejo de la espada y que has aprendido muy rápido las artes
del gremio – Eithan no pudo evitar sonreír orgulloso al oír eso – Pero por favor, cuídate, eres
uno de los clientes que más aprecio. Además, el único que se toma las pintas de zanahoria.

-jajaja créeme, cuando termine, volveré y con mi fortuna hare que esta taberna se vea más
limpia. – Bromeo Eithan, matando la bebida de un trago, apoyando el vaso con fuerza en la
barra.

Eithan dejo unas monedas y se levantó, dispuesto a salir de la taberna. Ya en la sede del
gremio, caminaba rumbo a su habitación, pero fue interrumpido cuando frente a él, se detuvo
una mujer joven, de ojos azules cristalinos, pelo rojo, largo, con varias trenzas. Llevaba un
pulcro vestido blanco, con detalles rojos.

-Disculpa, ¿has visto a mi padre? – Su voz era suave y gentil.

- ¿Y tú eres? – Pregunto Eithan confundido.

-Me llamo Evelynn Basphoramus, soy la hija de Fenrir.

-Oh… así que eres la hija de Fenrir. Encantado, soy Eithan Menethill. Fenrir debe de estar en la
forja. Iba a llevar mis espadas para repararlas. ¡Te acompaño!

Ambos comenzaron a caminar por los pasillos y salones del gremio. Evelynn observaba las
paredes, adornos y pinturas de antiguos guerreros con cierta mezcla de nostalgia y curiosidad.

-Entonces, tú eres Eithan. – Dijo Evelynn, amigable – Mi padre me habla casi siempre de ti.

- ¿Te ha hablado de mí? – Pregunto Eithan con sorpresa. Sintió un poco de rubor en su rostro.
-Si, dice cosas como “tengo que ir a entrenar con Eithan” “Tengo que darle esto a Eithan” “Hoy
Eithan hizo esto y aquello” – Evelynn rio levemente – También dijo que eras un “prodigio”, Se
ve que te tiene cariño.

- Si, eso parece… – Dijo Eithan en una mezcla de orgullo y algo de timidez.

Cuando llegando a la forja, la puerta estaba abierta. Al entrar, pudieron ver a Fenrir. Tenía el
torso desnudo, cubierto solo con un delantal, de espaldas a la puerta. Martillaba algo sobre el
yunque, haciendo estruendos metálicos. Enfocando la vista, Eithan observo que Fenrir estaba
terminando de reparar sus espadas. Eithan golpeo la puerta abierta, y el jefe detuvo el
martilleo.

-Fenrir, su hija. Ahora si me disculpan, voy a descansar. – Dijo Eithan, cruzando lentamente la
puerta.

-Quédate donde estas, chico. – Dijo Fenrir volteando. – Tienes correspondencia.

- ¿En serio? Si no le he contado a nadie que estoy aquí – Eithan estaba extrañado.

-No hace falta contarle las cosas al viejo Eremes para que las sepa. Su ave mensajera me dejo
esta carta para que te la de. – Fenrir señalo a un costado de la habitación, a una pequeña
estantería con un sobre encima –Ve y léela en tu habitación.

Eithan camino hacia la estantería, tomo la carta y se marchó a sus aposentos. Evelynn y Fenrir
se quedaron en la forja.

-Asi que… ¿Él es a quien tengo que seguir? – Pregunto Evelynn.

-Seguir no. Debes unirte a su grupo, su misión es muy importante. – Dijo Fenrir, con seriedad –
El mundo depende de ello. Necesita a alguien que pueda atender heridas y no se me ocurrió
nadie mejor que tú.

-Está bien, hare lo mejor que pueda.

- ¿Cómo? ¿así nada más? ¿no vas a molestarte? – Pregunto Fenrir.

-No. Si es tan importante como dices, lo ayudare. – Afirmo Evelynn.

-Esa es mi hija. Tu madre estaría orgullosa. – Mientras hablaba, Fenrir envolvió a su hija en un
fuerte abrazo.
Eithan llego a su cuarto, y cerró la puerta tras él. Ya cambiado, y sentado en un escritorio a la
luz de una vela, abrió el sobre sacando la carta doblada de Eremes. Eithan pudo notar, como
algo hacia bulto dentro del papel. Cuando desplego la carta, se dio cuenta que era un anillo
plateado, con símbolos antiguos grabados sobre el. El anillo estaba atado con una cuerdita a la
carta.

“Querido Eithan, te escribo para informarte sobre tu misión. He estado buscando al hombre
reanimado y di con él. No le hable, solo lo observe desde lejos. Se hace llamar Cecil. Para tu
suerte también está en Terra y viaja rumbo al sur. Debes partir hacia el norte, chocaras con
él, estoy seguro. Por lo que pude oír, se dirigía a Ostrava. Cuando llegue, intentare
confrontarlo. Por otra parte, este anillo es un regalo mío, por tu admisión como caballero
carmesí. Es un antiguo anillo, que tiene tallado un hechizo muy poderoso. Lo que hace es
imbuir el arma de su portador con una luz divina. Para activarlo, la palabra es “Eromir”. Ten
cuidado, esta habilidad ira consumiendo tu fuerza mediante más tiempo este activa. Espero
que lo uses con sabiduría”

Eremes.

Al terminar de leer, Eithan desato el anillo para ponerlo en su dedo índice izquierdo. Luego se
levantó y tomo una de sus espadas, desenfundándola.

- ¡Eromir!

De pronto, la espada fue rodeado por una luz blanca resplandeciente, iluminando casi toda la
habitación.

-Esto puede ser muy util. – Dijo Eithan sonriendo – Ahora sí, voy a descansar.

Al día siguiente Eithan es sorprendido por Evelynn, quien lo estaba esperando afuera de su
habitación. Los ojos de la chica estaban clavados en los de Eithan.

-Al fin despertaste. Tengo que hacerte una pregunta.

-Si, claro. Adelante. – Dijo Eithan.

- ¿Puedo unirme a tu grupo? – Pregunto Evelynn – Me dijeron que estas buscando a alguien
que sepa de curaciones y yo soy una maga blanca.
- ¿Estas preguntando en serio? – Eithan se preocupó un poco – Sera un viaje largo y de seguro
muy peligroso ¿Tienes experiencia en batalla?

-No, pero puedo hacer magia blanca y soy buena sanando.

- ¿Esta segura? Si algo te pasa tu padre va a matarme.

-Totalmente segura.

-Bueno, en ese caso, bienvenida al equipo. Ten – Eithan busco en su bolsa y le dio a Evelynn
uno de los 7 prendedores restantes – Ve a preparar tus cosas, partiremos esta tarde.

- ¿Ya? ¿tan rápido?

-Si. Como te dije, va a ser un viaje largo. Mientras te preparas, iré a rentar unos caballos.

-Bien.

Mientras Evelynn termine de preparar los suministros, Eithan esperaba fuera del gremio, con 2
caballos atados a un poste. Se encontraba repasando una vez más el mapa que le regalo su
padre. Una voz proveniente desde sus espaldas, lo sobresalto. Era la voz de Fenrir.

-Oye héroe.

Eithan volteo, desentendido.

-Mas te vale cuidar bien de mi hija, ¿sí? Tiene que regresar viva. – Mientras hablaba, Fenrir le
alcanzo una bolsa a Eithan. – Pan élfico. Trata de no comértelos todos, son los favoritos de
Evelynn.

-Gracias por todo Fenrir. Te prometo que la traeré de vuelta, sin ningún rasguño.

-Se que lo harás. – Fenrir le tendió la mano a su discípulo, y Eithan se la estrecho con fuerza.

Evelynn salió a toda prisa, cargando un bolso de viaje. Fenrir la intercepto, poniéndose en su
camino.

-Llegaste hace poco, solo para tener que irte de nuevo. Si que te has vuelto una mujer
ocupada. – Bromeo Fenrir.
-Me gustaría quedarme un poco más, pero no todos los días te llaman para salvar al mundo. –
Dijo Evelynn con una sonrisa.

-Oh maldición, ven aquí. – Dijo Fenrir, abriendo sus brazos.

Evelynn fue hacia él, devolviéndole el gesto a su padre. Ambos quedaron abrazados por un
momento.

-Has crecido tanto, mi pequeña. Cuídate mucho.

-Lo hare papa, te lo prometo. – Evelynn frotaba la espalda de su padre con sus manos.

Pronto se separaron, y Evelynn camino hasta Eithan, para ambos montar a sus caballos,
mirando a Fenrir, el cual estaba algo sentimental.

-No pierdas el tiempo con despedidas, chico. – Dijo– Partan, antes de que me arrepienta.

Ambos partieron rumbo al norte, a un galope rápido.

- ¿Sabes dónde se encuentra este tipo al que buscas? – Pregunto Evelynn.

-No exactamente. La carta de Eremes decía que se dirigía a Ostrava, seguramente chocaremos
caminos. – Respondió Eithan – Pero ahora me preocupa Yoland, tengo que encontrarlo antes.

-¿Ostrava? Genial, siempre quise ir. Dicen que es el sitio donde comienzas tu aventura y donde
desearías terminarla.

-Muy pretencioso. Mientras estes rodeado de tus seres queridos, no habrá mejor lugar que ese
para terminar una aventura.

Los dos habían salido con las suficientes provisiones como para poder viajar a Ostrava sin
detenerse más que a descansar. Al cabo de dos días, a lo lejos comenzaban a divisar una
planicie llena de charcos negros. Pararon los caballos un momento para ver el mapa.

-Solo queda pasar estas tierras negras y en unas horas llegaremos a Ostrava. – Dijo Eithan.

-Espera. Rodeemos la planicie. No vayamos por ahí. – Indico Evelynn.


-¿Eh? ¿Por qué? Si lo cruzamos llegaremos más rápido.

-Créeme no creo que haya persona cuerda que se atreva a cruzar por este sitio – Dijo Evelynn,
señalando a los cráneos engullidos por la brea – Sera más seguro rodearlo.

Evelynn decidió no sumarle a su explicación, la abundante magia oscura que provenía de las
tierras negras. Eithan se quedó mirando aquella planicie por momentos, hasta que cedió.

-De acuerdo.

Ambos comenzaron a costear las planicies. Luego de horas de cabalgar, cayo la noche. Era
arriesgado cruzar por la noche, así que decidieron descansar antes de seguir su camino. Se
refugiaron en un bosque pequeño, cercano a las tierras negras. Ataron sus caballos a un árbol
delgado.

-Evelynn, ¿podrías ir por leña? – Pidió Eithan amablemente. – Yo armare el campamento y


buscare hierbas secas para encender una fogata.

Evelynn asintió, y se adentró con cuidado, por pequeño bosque, asegurándose de no alejarse
mucho de Eithan. Había recogido varias ramas cuando noto el cuerpo de un caballo entre
arbustos. El pelaje tenía un color similar al de su caballo, o eso creyó divisar Evelynn, en la
oscuridad del bosque.

-Que extraño, pensé que te había atado bien. Ven aquí, volvamos al campamento.

Evelynn se acercó y se subió al lomo del caballo. Este comenzó a sacudirse violentamente y a
correr, hasta que, de un movimiento brusco, lanzo a Evelynn lejos de él. Ella aterrizo de
espaldas y se apoyó rápidamente en sus brazos. Cuando alzo la mirada el primer plano que vio,
fue la punta de una flecha. Un centauro le apuntaba directo entre los ojos, tensando la cuerda
del arco con firmeza.

- ¡Espera! – Grito Evelynn – ¡Lo siento!, Creí que eras uno de mis caballos…por eso me subí, fue
sin querer, yo...
De pronto el ruido de ramas quebrandose y arbustos abriéndose se hizo presente en la noche.
Eithan apareció entre las sombras de un salto, con sus espadas desenfundadas.

- ¡Evelynn! ¡¿Que sucede?!... ¿Yoland?

-¿Eithan?... – Pregunto Yoland. Su voz estaba apagada.

Yoland entonces se derrumbó en el piso. Evelynn se acercó a él, viendo que su cuerpo,
mayormente las piernas y en el abdomen, estaba cubierto de heridas. Eithan corrió hacia
Yoland, enfundando su espadas.

-¡Yoland! – Grito preocupado

Eithan se arrodillo al lado de Yoland y le levanto la cabeza.

-¿Él es Yoland? – Pregunto Evelynn

-Tienen que… salir de aquí. – Dijo Yoland, esforzándose por mantenerse consciente.

- ¿Que paso? – Pregunto Eithan preocupado

-Todo este bosque… esta infestado de Ents oscuros… – Como asintiendo a Yoland, se oyó el
ruido de madera crujiendo.

Los árboles comenzaban a retorcerse, y pronto, comenzaron a reptar desde sus raíces. Antes
de que pudieran darse cuenta, los tres estaban rodeados de árboles malignos, que sus filosas
garras de madera, amenazantes, acercándose a ellos lentamente. Rostros maliciosos se
tallaban en las cortezas. Eithan apoyo la cabeza de Yoland en el suelo y desenfundo sus
espadas.

-¡Eromir! – Grito Eithan.

La espada izquierda de Eithan empezó a resplandecer, iluminando la zona con un brillo blanco.
Los Ents batían sus ramas buscando a Eithan, quien evadía los ataques con precisión. Giraba
sobre si con sus espadas, como un ciclón, mandando a volar cientos de astillas, de ramas que
caían bajo el filo de sus espadas. Eithan intentaba llevarse la atención de las criaturas, mientras
que Evelynn usaba su magia para curar a Yoland, apoyando su mano sobre las heridas.

-Basta, estoy bien. – Dijo el centauro, con tono orgulloso, mientras se ponía de pie – Guarda tu
magia para luchar.

La lluvia de arañazos propinados por los Ents no cedía, y Eithan empezaba a cansarse. Eromir
estaba drenando sus fuerzas.

- ¡Tenemos que irnos, son demasiados! – Exclamo Eithan, mientras cortaba ramas de sus
enemigos

- ¿Pero por dónde? ¡Los Ents bloquean el camino de regreso! – Dijo Evelynn.

- ¡Yo me encargo! – Yoland cargo una flecha del carcaj a su arco.

El centauro apunto con su arco a los árboles monstruosos que bloqueaban su camino, y
comenzó a disparar, una flecha, tras otra. Mientras los proyectiles se acercaban a los árboles,
las puntas de las flechas comenzaban a brillar en un tono rojo tenue. Cuando estas golpeaban,
atravesaban los troncos, haciendo que los árboles se retorcieran, reposicionándose. Pronto los
tres empezaron a correr en dirección al campamento. Eithan iba adelante despejando el
camino de las ramas, y a la par que Yoland disparaba sus flechas para asegurar la retaguardia.
Los árboles agitaban sus brazos hiriéndolos de camino, pero sabían que los aventureros les
habían sacado ventajas. Los Ents comenzaron a adentrarse en el bosque, en sentido contrario
al grupo. Llegados al campamento, los tres se sentaron agotados.

-Tienes que explicarme que paso. – Le dijo Eithan a Yoland.

-Primero lo primero. – Dijo Evelynn, dispuesta a sanar las heridas del grupo.

Luego de que Evelynn curo las heridas, Eithan encendió la fogata y Yoland les conto su travesía
por las Planicies de los Azabaches Blancos. Les hablo de Francisco, de los esqueletos, de su
encuentro con el herrero centauro y del arco que le forjo.

-Te dije que era peligroso pasar por ahí. – Recrimino Evelynn a Eithan.
-Luego de salir de las planicies, me adentré en el bosque y cuando me di cuenta era demasiado
tarde. Estaba rodeado por decenas de Ents. No tenía suficientes flechas para encargarme de
todo el bosque así que empecé a correr. – Eithan y Evelynn miraban atentos a Yoland. – Fue en
vano, por donde miraba los árboles me atacaban, casi termino como abono para sus raíces de
no ser porque llegaron ustedes. Gracias.

-No hay nada que agradecer, para eso están los amigos. – Dijo Eithan – Por cierto, que
coincidencia, te estaba buscando ¿hacia dónde te dirigías?

-Hacia Ostrava, una ciudad feudo, cerca de aquí. El herrero me dijo que sería el lugar más
cercano donde me podrían recibir. Dijo que hay un reino más cerca, pero me aseguro que no
sería bienvenido.

-Las coincidencias no terminan, íbamos hacia allá. – Dijo Eithan.

- ¿Coincidencia o Destino? – Pregunto Yoland

- ¿Quién sabe? – Respondió Eithan – Al final, el destino es una coincidencia que no podemos
evitar.

-Mañana llegaremos a Ostrava, ahora descansemos. – Dijo Evelynn

XX
Baloth Aborrecible

E l atardecer comenzaba a divisarse en el cielo, serian aproximadamente, las 4 de la


tarde. Cecil cabalgaba junto al granjero. El viento movía sus cabellos, y el resplandor
anaranjado del sol, se reflejaba en el agua del lago ubicado al este de Ostrava, en el
camino a Wiggol. Las hojas de los árboles cantaban su canción, meciéndose con el viento.
Ambos hombres podían divisar la humilde aldea cada vez más cerca, mientras que el golpeteo
de las patas del caballo marcaba la distancia acortándose. El paisaje era realmente pintoresco.

-Disculpe, ¿puedo atreverme a consultar? – Pregunto el granjero – ¿porque entre todos los
aventureros, usted decidió venir solo, sin un atisbo de duda?

-La gente parece temer a los Baloths. De donde yo vengo, esas criaturas abundan. Son pan de
cada día. – Respondió Cecil. – Se cazarlos.
-Pues que extraño, desde que mis ancestros habitan estas tierras, los Baloths son raros como
la mierda.

-Mire usted, ya estamos llegando.

Cecil cambio de tema para no entrar en detalle. La realidad, es que si en la actual Edad de Oro,
los Baloths eran raros de ver por Terra, es debido a que, en la Edad del Sol, las bestias
abundaban, y los soldados eran encargados de purgar la hostil especie, hasta su estado actual
de casi extinción. Al escuchar de la rareza actual de los Baloth, Cecil pudo entender, que los
hombres de antaño, incluyéndolo, habían hecho un buen trabajo. Pronto llegaron a la
empalizada de madera que servía de portón para la aldea. Ambos frenaron y bajaron de sus
monturas. Cecil desato una bolsa que tenía atada alrededor de él, como un morral, y la sostuvo
con su mano izquierda. Con la derecha hurgo dentro de ella, y saco los 4 pernos. Los guardo en
las fundas de cuchillo que tenía su armadura. Saco la boleadora, y la ato a su cinturón. Hurgo
un poco más y saco la ballesta de brazo. Lo coloco por sobre su antebrazo izquierdo. Dejo caer
la bolsa.

-Bueno, no le pediré me acompañe. Espéreme aquí. – Dijo Cecil adentrándose en la aldea –


Asumo, si todo sale bien, volveré antes de que el sol termine de ocultarse.

Cecil estuvo caminando por las desiertas calles de Wiggol hacía ya 15 minutos. No había ni un
alma y todas las puertas y ventanas de las casas estaban cerradas a cal y canto. Varios lugares
estaban cubiertos de sangre, y partes de cadáveres recién cercenadas decoraban algunas de
los caminos. Pronto llego a la plaza principal de Wiggol. Por fin pudo ver a alguien. Un hombre
vestido de civil, venia corriendo por el extremo opuesto de la plaza. Le faltaba un brazo y no
paraba de sangrar. De pronto, Cecil comenzó a escuchar ruidos, eran violentas y rápidas
pisadas, acompañadas de un rugido que helaba los huesos. Pudo ver, que al lado de lo que
parecía la iglesia local, al lado, estaba una callecita angosta, tapada por una gran barricada de
madera, y otros obstáculos. El hombre venia desde esa pequeña calle, herido y gritando
desesperado.

- ¡Tu! ¡deja de observar y corre! ¡La criatura viene hacia aquí!!

Antes de que otra palabra fuese dicha, la barricada se hizo añicos, mandando a volar astillas y
esquirlas por todos lados. La horripilante bestia salió entre la nube de polvo y madera,
corriendo a toda velocidad, rugiendo. Se abalanzo en cuanto pudo sobre el hombre, y clavo en
él sus dientes a la altura de las costillas. Mientras el hombre gritaba y lloraba, el Baloth se
movió, arrancando todo el torso del sujeto, separándolo de sus piernas, y empezó a tragarlo
vorazmente. Cecil pudo observar la bestia con detenimiento. Hacía mucho no veía un Baloth,
este de hecho, era varias veces más grande que uno normal. Tenía el tamaño de dos leones,
escamas y pinchos por todo su cuerpo de diversos tonos marrones. Era bastante musculado.
Sus fauces, llenas de miles de afilados dientes, manchados con sangre, seca y fresca por igual.
Sus ojos, eran completamente de pesadilla, amarillo brillante, sin pupilas visibles. La criatura
clavo sus ojos en Cecil, y rugió con todas sus fuerzas tratando de intimidarlo. El corazón de
Cecil se aceleró, y sin perder momento, llevo su mano derecha a su espalda, desenfundando su
espada larga. La criatura corrió hacia él y se abalanzo, Cecil rodo a su derecha para evitarlo. La
criatura aterrizo, y Cecil se incorporó a unos metros. Con ambas manos tomo la empuñadura
de la espada y la blandió, haciendo un corte vertical ascendente a la cola del monstruo. Su
espada reboto, las escamas eran muy duras. Se compuso, y adopto una postura defensiva.
Rápidamente el Baloth giro sobre si, utilizando su cola como látigo. Cecil bloqueo el golpe y
retrocedió un paso. La criatura se achico hacia atrás como para saltarle. Se desenvolvió ante
Cecil, extendiendo sus fauces hacia él. Cecil no dudo, y avanzo a la criatura, por más que lo
intimidaran los colmillos, se compuso como para que cuando el Baloth cerrara su mandíbula,
su espada lo detuviese. Asi fue. Cecil quedo frente a frente con el monstruo, el cual gruñía con
su boca abierta, atorada por la espada. Llego a su cara varios dejos de saliva con sangre. El
hedor que venía de la garganta de la criatura lo estremeció. Mantuvo un forcejeo para evitar
que la espada cediera, y cuando lo vio preciso, Cecil retiro la espada, sosteniendo el mango
con la mano izquierda. Dio un paso atrás mientras las fauces de la criatura se cerraban
violentamente, y alzo rápidamente el brazo izquierdo, subiendo su espada, y dándole un corte
en el medio de la boca y la nariz al Baloth, del cual salió sangre verde. La criatura fue por la
ofensiva, precipitándose adelante, tirando un zarpazo a Cecil, el cual lo esquivo con un corto
salto atrás, balanceando su espada nuevamente, en horizontal, logrando causarle un corte
entre los dedos de la garra derecha de la criatura, la cual gruño adolorida. Cecil aprovecho esto
para correr alrededor del monstruo, alejándose un poco, sin perderlo de vista para ganar
distancia. La criatura lo miro con recelo, depredándolo. Cecil sostuvo con su mano izquierda su
espada, y con la derecha busco un perno de plata, lo agarro, y lo cargo rápidamente en la
ballesta. La criatura a toda velocidad cargo contra él, con la intención de embestirlo. Cecil la
esquivo por poco moviéndose a la izquierda, pero la criatura giro sobre si, para acertar un
golpe con su cola, enviando a Cecil a rodar, soltando su espada. Mientras él estaba en el suelo,
el Baloth rugió triunfante, y de un salto se dirigió hacia él. Tuvo que rodar por el piso hacia la
derecha para evitar ser devorado. Se logro poner de pie a unos metros del Baloth, y vio como
la criatura recién aterrizaba, entonces noto una apertura de costado, en la parte de las costillas
derechas del bicho. Llevo su mano derecho a la ballesta, tenso el arco, y disparo el perno,
impactando en la criatura. Una buena cantidad de sangre verde broto de ella, pero más
importante aún, Cecil había penetrado las escamas en esa parte, ahora le sería más fácil herir
al Baloth. Sin perder ni un segundo, mientras la criatura se volteaba hacia él, Cecil se acercó a
su espada y la recogió. El Baloth fue contra él, y esta vez, se irguió en sus patas posteriores,
quedando de pie, con la boca abierta mostrando sus colmillos, y sus garras hacia adelante. Se
dejo caer sobre Cecil, que rodo por debajo del monstruo. Cuando este cayo, Cecil se incorporó,
y vio la herida sangrante que había provocado con su perno. Cargo y clavo su filo en la carne
del Baloth. Cuando la quito, estaba empapada de sangre verde, que a su vez chorreaba,
mientras la criatura bramia. El monstruo se giró dándole un violento zarpazo a Cecil,
impactando de lleno en su brazo derecho. El metal por suerte había resistido, pero el golpe
hizo que todo el brazo de Cecil entrara en dolor, además de haberlo tirado al suelo. Cecil se las
arregló para caer de espalda, y vio como el Baloth iba despacio hacia atrás, pensando en tomar
carrera y saltarle encima. Cecil con prisa agarro otro perno y lo cargo en la ballesta.
Efectivamente la bestia corrió y salto. Cecil mantuvo su calma, levanto el brazo izquierdo,
apuntando al centro del pecho. En un segundo, mientras la criatura estaba en el aire, Cecil
disparo, impactando de lleno, abriendo una hendidura entre las escamas, dejando al
descubierto la piel, y bastante sangre. Luego, rodo por el piso, evitando ser aplastado. Cuando
se incorporó, pudo sentir algo en su brazo, por dentro de la armadura, y se dio cuenta lo que
era, al ver como se filtraba sangre por su guantelete derecho, el Baloth lo había herido con su
golpe. La bestia se giró hacia él, y con prisa se abalanzo de nuevo, esta vez con sus 2 zarpas en
alto. Cecil esquivo por la derecha, y dio un fuerte corte con su espada, apuntando al rostro del
Baloth. Consiguió impactar, quitándole un ojo a la criatura y frenando la hemorragia de su
propio hombro, gracias a la runa de su espada. Cecil comenzó a sentirse cansado. Estaba
manteniendo bien la pelea, pero si se agotaban sus energías, perdería sin duda. Entonces,
supo lo que tenía que hacer. Corrió hacia el Baloth, que se encontraba de espaldas a él. Quedo
a la derecha del monstruo y antes de que este se gire, Cecil saco un perno de plata con su
mano derecha, sosteniendo la espada con la izquierda, pero no lo cargo a la ballesta, sino que
lo uso para apuñalar rápidamente al Baloth en la herida que le hizo en sus costillas derechas. El
monstruo rugió, y se giró para darle un golpe a Cecil, el cual esta vez esquivo de un salto hacia
atrás. Entonces, Cecil le dio un golpe horizontal con la espada, rebotado por las escamas. Sabía
que eso pasaría, pero solo quería provocar al monstruo para que se irguiera en 2 patas
nuevamente. Cecil comenzó a retroceder, alejándose del rango de las garras del monstruo,
pero no lo suficiente como para que este tuviera que saltar para alcanzarlo. Entonces, el Baloth
hizo lo predicho, se volvió a erguir en 2 piernas, para impulsarse y dejarse caer sobre Cecil,
pero esta vez fue diferente. Cecil se llevó la mano derecha al cinturón, sacando la boleadora, y
la arrojo con fuerza a las patas posteriores del Baloth, enredándolo. Fue entonces que la bestia
comenzó a desequilibrarse. Cecil, no dudo, dispuesto a terminar el combate. Corrió
velozmente a la criatura con todas sus fuerzas, y sostuvo el mango de la espada con ambas
manos. Cuando la alcanzo, el Baloth estaba a punto de caer de espaldas. Aun parado, Cecil
dirigió su hoja a la herida que le había hecho en el pecho, atravesando la carne del monstruo
con su espada, incrustándosela, sin saberlo a ciencia cierta, pero intuyéndolo, en el corazón. El
Baloth cayo rendido de espaldas panza arriba, con sus pies enredados, y con la espada larga de
Cecil clavada en el pecho. Pronto, la criatura comenzó a ahogarse con su propia sangre, y su
único ojo empezó a apagarse, junto con su vida.

Ya de noche, el gremio de aventureros de Ostrava, vio sus puertas abrirse. Nadie en todo el
lugar podía creer que quien estaba entrando. Era Cecil. Su cara demostraba su agotamiento.
Había vuelto sin el granjero, que se quedó en su ciudad. Llevaba, además de un saco atado a su
cinturón, con las 5 monedas de oro, y algunas monedas de plata, una bolsa de tela marrón que
sostenía con su mano izquierda. La bolsa, parecía estar completamente manchada de verde
oscuro abajo. Tranquilamente, se acercó a una de las mesas próximas, donde aún estaban el
aventurero pirata y sus compañeros, tomando ron, y viéndolo con los ojos abiertos como
platos. Sin decir ni una palabra, solo mirándolos fríamente, sobre todo al pirata que lo había
insultado, arrojo la bolsa de tela, la cual cayó sobre la mesa del grupo. Grata y horrible fue la
sorpresa, cuando de la bolsa abierta, rodo la cabeza cercenada del Baloth. Ninguno de los 5
hombres se atrevió a decir siquiera una palabra. El pirata vomito en el suelo. Pronto, unas
camareras fueron a limpiar la escena, pero tampoco, le dijeron nada a Cecil. Había impuesto
respeto a la antigua. Se giro, buscando con la mirada, en la barra ovalada, encontrando ahí a
Dorothea, la cual lo miraba asombrada. Solamente levanto su brazo derecho, enseñándole a la
chica su pulgar arriba. A lo lejos, ella exploto en alegría, y fue corriendo a la habitación
contigua, que Cecil suponía era el registro, para acreditar el logro. Luego de esto, se giró, y vio
al anciano, sentado en la misma mesa, solo que, en esta, reposaban dos vasos cortos, con
whisky. Cecil se acercó cautelosamente. Agarro la silla de roble, y la jalo hacia atrás, para luego
sentarse. Sostuvo el vaso, y le dio un trago que le quemo la garganta. No tomaba un whisky
hace milenios, literalmente.

-Felicitaciones por tu logro Cecil Ivory, brindo por eso. – Dijo Eremes, levantando su vaso.

Clavo sus ojos en los de Cecil, y adelanto la mano en el aire en señal de salud. Luego, bebió el
whisky entero de un sorbo

-Gracias. Disculpa mis modales, pero, ¿quién eres? ¿De dónde me conoces? Nadie de este
lugar sabe de mi – Pregunto Cecil.

-Nadie de esta era. Pues yo no soy de esta Edad, al igual que tú, mi amigo. – Dijo Eremes –
Seguramente me conoces. Soy Eremes el Gris. – La piel de Cecil se puso de gallina.

- ¿Eremes el Gris? Tu nombre era leyenda en boca de los hombres en la Edad del Sol. ¿Qué
haces aquí? ¿Y porque estabas vigilándome?

-No voy a irte con rodeos Cecil. Una antigua sombra eclipsa Ansul, amenazando con engullir
todo en oscuridad. – Eremes estaba totalmente serio. Cecil también.

- ¿Y qué tiene que ver conmigo?

-Aún no lo sé exactamente, pero el destino así me lo ha mostrado. Tengo claro que la


esperanza del mundo reside en una comunidad, de la que tu debes formar parte. Tengo a un
joven héroe reclutando a los miembros.

- ¿No podría ser cualquier otro?

-Pues no, mi amigo, de ser así no estaríamos hablando. – Cecil se esperaba esa respuesta.

-Lo lamento Eremes, pero no voy a aceptar. Estoy en una misión personal. – La expresión del
mago se tornó molesta al oír las palabras de Cecil.

-Estoy al tanto de tu empresa, mas no se tus motivos. – Admitió Eremes – Pero déjame decirte,
que no considero que tengas opción. Todo ser vivo depende de esta comunidad. El mundo
está en la cuerda floja.
-Siempre hay una opción y una elección. La mía es negativa Eremes. Los problemas de la
humanidad no me corresponden.

El silencio se impuso entre los dos. Cecil bebió lo que le quedaba de whisky. Eremes rompió el
silencio

-Los primeros 3 miembros ya deben estar por llegar. ¿Porque no esperas, y hablamos todos
juntos?

-No hay chance. – Respondió Cecil – Yo ya tengo el dinero que necesitaba, no pasare una sola
noche más en Ostrava, tengo que continuar mi viaje. – Cecil se tomó una pausa – No me sigas,
ni envíes gente a por mí.

Los ojos de ambos se cruzaron. La mirada de Eremes era de pura preocupación y decepción. La
de Cecil, determinada, fría y dura. Sin mediar más palabra, Cecil se levantó, y le dio la espalda a
Eremes, pero antes de irse del lugar, hablo a Eremes una vez más.

-Eremes, una vez llegue a mi destino, y cumpla mi promesa, me uniré a tu comunidad.


Aprovecha y reúne a los demás. Rezare, para que el fin del mundo no llegue antes.

Si decir más, Cecil salió del gremio. Eremes golpeo la mesa con los puños. Cerro sus ojos y
respiro profundo. Exhalo el aire, y abrió los ojos, calmado. Tomo un poco de tabaco, y recargo
su pipa. Acto seguido busco en una pequeña bolsa, y saco con sus manos un poco de hierba
del diablo. La deshizo con sus dedos, mezclo las hierbas, para luego prender la pipa. Espero
entonces la llegada de la comunidad, vagando en sus pensamientos, buscando respuestas en el
humo. Cecil monto uno de los caballos alquilados y se puso la capucha de su armadura. Partió
a galope rápido, hacia la salida de la ciudad. Había fijado rumbo al suroeste de Ostrava, con
intención de llegar a Prismat, una ciudad vecina, la cual se encontraba pegada a un sendero de
montañas. Aunque Cecil recordaba una ciudad, poco sabia el, que Prismat era ahora uno de los
reinos más grandes de Ansul. Devolvería el caballo y la ballesta prestados, en el gremio local
cuando llegara. Salió por las puertas de Ostrava, dejando atrás la ciudad que una vez fue su
hogar, fundiéndose en la noche.

XXI
El duelo
L uego de viajar otro día entero, Eithan, Yoland y Evelynn se encontraban llegando a
Ostrava, en plena noche. Mientras el grupo se acercaba, Vieron a un tipo de armadura
algo desgastada, vieja y con sus telas roídas saliendo de la ciudad a caballo. El hombre
iba encapuchado. Eithan lo vio, y mientras avanzaba, no pudo sacarle la vista de encima. El
viajero le dedico solo una mirada a los ojos y siguió. Cuando el hombre se alejó, Eithan volvió la
vista al frente.

-Qué tipo raro… – Dijo Eithan

- ¿Dijiste algo? – Pregunto Evelynn

-El tipo ese, que se está alejando… Su armadura, llama un poco la atención.

- ¿Aquel? – Evelynn giro su cabeza – Parece que tiene prisa.

- ¿Vamos a entrar o qué? – Interrumpió Yoland.

Entrando a la ciudad, lo primero que hizo el grupo, fue rastrear el gremio de aventureros, con
intención de conseguir algo de información acerca de Cecil, además de comer algo. Cuando lo
encontraron y cruzaron sus puertas, Eithan examino el lugar, para ver a Eremes, quien los
estaba esperando sentado en una mesa cercana a la entrada.

-Los estaba esperando jóvenes héroes. – Dijo Eremes

Yoland y Evelynn vieron al anciano con confusión en sus rostros

- ¡Eremes! Que grata sorpresa. ¿Sabes algo de Cecil?

-Se donde se dirige – Respondió Eremes – Me extraña que me lo preguntes, de seguro lo


acabas de cruzar, salió hace un momento a caballo.

-¿¡QUE!? – Exclamo Eithan.

-No te alteres, hable con él. – Eithan se calmó – Lamento decirte que no tiene intenciones de
unirse al grupo. El hombre tiene que cumplir una promesa primero. – Eithan se exaspero
mucho más al oír esto.

- ¿¡Que estás diciendo!? ¿Como una promesa es más importante que salvar el mundo?
-No lo es, pero para el sí. Lamentablemente no puedo forzarlo. – Eremes sonó irritado – Quizás
el mundo tenga que ceder ante la oscuridad...oh no. Depende de ti. ¿Que harás…Eithan
Menethill? – Evelynn noto la pregunta de Eremes algo manipulativa, pero prefirió no darle
importancia.

-Voy a buscar a ese desgraciado egoísta y hacer que se una quiera o no. – Gruño Eithan
enfadado, apretando los puños.

- ¿No hay otra manera? – Pregunto Evelynn.

-Me temo que no jovencita. Si logras convencerlo bien. En caso contrario, tendrán que
arreglárselas sin él.

- ¿Y si lo ayudamos a cumplir dicha promesa? – Pensó Yoland – Puede que nos devuelva el
favor, ¿no?

-No parece sea un hombre al que le guste que lo ayuden, o que disfrute la compañía. Es
alguien solitario.

-Quien se cree que es… voy a ir tras él. – Dijo Eithan.

-Si te sirve, fue para el suroeste, rumbo a Prismat. Suerte muchacho – Alentó Eremes.

-Yoland, Evelynn, espérenme aquí. – Pidió Eithan – Yo me las vere con él a solas.

Sin esperar respuesta de sus compañeros, Eithan a toda velocidad fue por su caballo dejando a
atrás a Evelynn y Yoland. Eremes señalo con su cabeza a unas sillas

- ¿No quieren sentarse? Asi nos presentamos. – Dijo Eremes.

Galopando a mas no poder, Eithan a la distancia logro distinguir una silueta negra a lo lejos
gracias a la luz de la luna. Mientras más se acercaba a él, Eithan podía ver las enormes murallas
de piedra que rodeaban la ciudad de Prismat. Ya cerca de las puertas, el joven fue
disminuyendo la velocidad de su caballo, y tras anunciarse a los guardias como aventurero
registrado, Eithan logro entrar en el Reino de Prismat. Comenzó a recorrer las opulentas calles
de la ciudad, y con algo de suerte, logro ver a Cecil cruzando las puertas del al gremio de
aventureros. Eithan fue hacia ahí, y dejo su caballo atado en el poste, junto al que creía era de
Cecil. Cuando entro, pudo ver a Cecil en la barra principal hablando con la recepcionista.

-Buenas noches, vengo a dejar unas posesiones que rente en el gremio de Ostr…

- ¡CECIL! – Grito Eithan desde la entrada. Todo el gremio giro a verlo.


Un profundo silencio adorno el lugar. Cecil dejo en la barra la ballesta, y se volteo, viendo al
Hakafell, que se acercaba hacia él.

- ¿Quién demonios eres? – Pregunto Cecil

- ¡¿A qué clase de hombre le importa más una absurda promesa que salvar al mundo?! –
Reprocho el Hakafell

La cara de Cecil se tornó sombría tras oír a Eithan. Su mirada estaba clavada en él, y estaba
congestionada de desprecio.

-Asi que tú eres el idiota que envió Eremes. – Cecil llevo su mano a su espalda y desenfundo
su espada larga. Eithan aprecio la runa que yacía incrustada en la hoja. – No voy a perdonar lo
que salió de tu boca. Márchate ahora si no quieres que te corte la cabeza, “joven héroe”. –
Amenazo Cecil.

-La única forma de que me vaya es contigo. A voluntad, o a la fuerza. – Respondió Eithan sin
miedo – ¡Te reto a un duelo!

En las tradiciones antiguas entre caballeros, existía un código de duelos para arreglar las
diferencias. Por dicho código, tanto el retador como el oponente, pueden establecer una regla
o condición para el combate.

-El duelo será a primera sangre, por espada. Y si gano, te unirás a mi comunidad. – Estableció
Eithan.

-Acepto. Nada de magia, y si yo gano, no volverás a venir por mí.

Pactado el duelo, unos jóvenes empleados del lugar les facilitaron el patio de entrenamiento
del gremio para usar como campo de duelo. Era una arena humilde, y las gradas, estaban
comenzando a poblarse por aventureros curiosos. Algunos incluso estaban apostando. Una
encargada del gremio los acompaño al centro de la arena, ejerciendo de mediadora.

-Ya saben las reglas muchachos, nada de magia y el primero en ser tocado por la espada pierde
el duelo. – Aclaro la joven – Si uno es lastimado y quiere seguir peleando, no me interesa,
parare la pelea. En nuestro establecimiento ya no permitimos duelos a muerte. Y no pienso
limpiar la sangre del piso, así que más les vale seguir las reglas. La campana dará por
comenzado el combate.

Ambos rivales se veían fijamente.

-Por si no lo sabias, soy un buen espadachín. – Dijo Cecil, intentando intimidar a Eithan – En mi
época era uno de los mejores.

-No me importa, voy a hacer que te unas a mi grupo sin importar que. Si crees que fuiste
reanimado para cumplir esa promesa pues estas equivocado. – Provoco Eithan – El mundo
depende de ti y hare todo lo que este en mi poder para salvarlo.

-Los problemas de este mundo no me incumben. Corta esa ridícula moral de salvador.

Eithan se puso firme, desenfundando sus armas, en una pose típica de los caballeros carmesí.
Cecil lo veía, sin reaccionar. El joven que tenía en frente, despertaba recuerdos de alguien. Un
viejo amigo.

-Solo es un idiota… un necio… – Musito Cecil por lo bajo

- ¿Qué es lo que dices? – Pregunto Eithan, sin comprender

La campana sonó, y Eithan salió disparado hacia Cecil, dando comienzo al duelo. El Hakafell se
adelantó con una doble estocada muy rápida. Cecil logra esquivarla de un salto hacia atrás
alejándose de Eithan, para desenfundar su espada. Espero entonces al próximo movimiento de
Eithan, que no se hizo esperar. Lanzo un tajo de izquierda a derecha con una espada, y con la
otra, golpeo en sentido contrario, pero Cecil logro parar ambos golpes con su espada, forzando
a Eithan a retroceder. Con toda velocidad, Cecil se abalanzo sobre Eithan, atacando con su
espada sin piedad, obligando a Eithan a concentrase en esquivarlo y bloquearlo. Los golpes
caían y Eithan movía sus espadas bloqueando, a la par que retrocedía, esperando una ventana
para atacar. En un abrir y cerrar de ojos, Cecil lanzo un potente golpe llevando todo su cuerpo
a la derecha. Eithan bloqueo con ambas espadas, pero la fuerza del impacto lo hizo tambalear.
Impulsándose hacia arriba, Cecil se precipito con un golpe igual de fuerte por la izquierda.
Eithan lo freno, pero esta vez trastabillo. Cecil aprovecho el envión para avanzar y girar
rodeando al Hakafell, rematando el giro sobre si, apunto la espada a la cabeza de Eithan, por
detrás. Eithan logro evadir el ataque de Cecil lanzándose al suelo y rodando. Cuando se
levantó, tomo distancia.
-Tiene buenos reflejos. – Pensó Cecil para sí.

-Maldita sea, es muy rápido. – Dijo Eithan.

Firme, Eithan mira a Cecil esperando su próximo movimiento. Cecil apoyo su espada en el
hombro derecho, y extendió su brazo libre, en un gesto de provocación.

- ¿Ya se arrepintió el “héroe?

Con furia, Eithan carga hacia Cecil arrastrando una espada contra el suelo, mientras que
llevaba la otra cruzada por su pecho. Cecil lo espero en una posición defensiva, pero Eithan
levanto violentamente la espada que arrastraba, levantando la arena y tirándosela en la cara a
Cecil. Este como reflejo entrecerró sus ojos, y mientras lo hacía, vio como Eithan daba un tajo
horizontal con la otra espada. Cecil salto hacia atrás, esquivando y abriendo los ojos. Eithan
quedo expuesto.

- ¡Te dije que no perdonaría lo que salió de tu boca!

Cecil se impulsó hacia Eithan y con una mano libre, le dio una fuerte trompada en la boca,
cargándola con sangre y haciendo perder el equilibrio a su oponente. Antes de caer al suelo
Eithan, le lanzo una patada hacia las piernas de Cecil, que esquivo de un salto. Eithan soltó sus
espadas y paro la caída con sus brazos, levantándose de un impulso, para soltarle un puñetazo
a Cecil dándole en la pera, haciéndolo tambalear. Cecil se mantuvo de pie, y molesto se dirigió
hacia Eithan que recogía sus espadas. Se lanzo con un tajo, y Eithan lo detuvo haciendo una
equis con sus espadas. Eithan apretaba sus dientes, y daba todo de sus brazos para sostener el
ataque, pero Cecil era demasiado fuerte. El Hakafell intento devolver el ataque, y al darse
cuenta de esto Cecil fue hacia atrás, dejando que la fuerza de Eithan abra de más sus brazos.
Eithan vio como su postura estaba regalada, y bajo ambas espadas rápidamente. Cecil aburrido
ya de la pelea, decidió terminarla. Esquivo el ataque de Eithan hacia un lado, provocando que
el ataque corte el aire. Cecil se lanzó con un ataque, y Eithan rápidamente llevo sus espadas,
pero por su cansancio no logro aguantar el choque y sus brazos se separaron. Cecil, volvió su
brazo hacia atrás, y con el mango de su espada, golpeo directo el bícep derecho de Eithan. El
joven sintió como los músculos del brazo se entumecían, haciéndolo soltar una espada. Cecil
dio un paso hacia atrás, a la vez que Eithan dio un golpe con su otra espada, que le paso muy
cerda del peto. Cuando Cecil se posiciono, Eithan interrumpió el viaje de su espada, y
redirecciono el ataque en forma de estocada. Cecil apenas llego a reaccionar, bajando su
espada, chocando filos. La espada de Eithan bajo, y Cecil piso el cuerpo de la espada,
clavándolo en la arena. El filo de la espada estaba cuidadosamente apoyado en el cuello de
Eithan. Cecil lo presiono un poco, haciendo un pequeño corte, para retirar la espada, y dejar de
pisar el arma de Eithan. Ambos se incorporaron y se separaron.

-Ya basta. Esto no nos va a llevar a ningún lado. Ahora, déjame en paz.

-Te necesito, el mundo te necesita… ¿¡porque no lo entiendes!? – Eithan se sentía frustrado,


no por su derrota, si no por la negación de Cecil.

-Porque ya no hay nada más para mí en este mundo. Solo tengo una promesa. – Dijo Cecil con
algo de amargura.

Eithan cerro sus ojos, tomo aire y resopló. Abro los ojos y cruzo su mirada con la de Cecil. Era
una mirada cansada. Dejo caer su segunda espada.

-Demonios… si tanto te importa dicha promesa...ve y cúmplela. ¿qué caso tiene?

- ¿Cuál es tu nombre? – Pregunto Cecil, enfundando su espada

-Me llamo Eithan. Eithan Menethill

-Me has demostrado que eres un luchador hecho y derecho, aunque te falte por aprender. No
puedo asegurarte que salvare al mundo. Pero si, que cuando termine mi viaje, me uniré a tu
comunidad. Ya que – Cecil movió su capa, mostrando que su armadura estaba dañada por un
espadazo de Eithan. – Fue un “empate”

Eithan no podía creer que había sido el quien llego a tocar primero a Cecil. Este movió su
rostro, dejando ver a Eithan un pequeño rasguño en su mejilla. Eithan sonrió levemente.

-Pues te esperare con ansias, Cecil. – Dijo Eithan, Haciendo una reverencia dando fin al
combate.
XXII
Traidor

L As pobladas copas de los árboles tapaban el cielo, permitiendo que escasos haces de luz
penetren el bosque, la cantidad justa como para apenas poder cabalgar por el sendero
que lo cruzaba. El nombre del bosque perdido cargaba la reputación de hacer perder el
rumbo, como la cabeza a quienes lo cruzaban. Era fácil desencontrarse, como encontrar
directamente la muerte. El lugar era hábitat tanto de criaturas salvajes, como de bandidos. Los
dos reclutas seguían de cerca a su almirante, forzando los ojos para evitar caer en una
emboscada.

-Estén atentos. – Dijo Sebastian – El bosque perdido no tiene ese nombre por nada

-Esta muy tranquilo – Comento Gilgamesh

-No se confíen. Es lo que quieren. – Respondio Sebastian – Muchos exploradores


experimentados y guerreros han muerto en este bosque.

- ¿Es cierto que este bosque esta habitado por esqueletos? – Pregunto Diego – escuche que
también hay tigres, ¿no?

-Ojalá nuestros problemas sean solo encontrarnos con esqueletos – Dijo Sebastian.

El almirante busco en el bolso que colgaba derecha del de su caballo. Saco un mapa
esforzándose por leerlo. Tras avanzar un rato mas, los tres llegaron hasta un pequeño sendero
rocoso. Comenzaron a cruzarlo, uno por uno.

-Señor Sebastian. – Llamo Gilgamesh – Personalmente, ¿Qué crees que le haya pasado al
almirante Yaksu?

-Intento no adelantarme con especulaciones, pero, no creo que él pudiera perder en combate.
– Respondio Sebastian – Yaksu es un maldito monstruo. No creo que haya muerto

-¿Pasa algo señor? – Pregunto Diego, mirando la cara expresión seria de Sebastian.

-Shh… – Diego y Sebastian frenaron la marcha al oir a Gilgamesh – ¿escuchan eso?

Diego miró alrededor para ver qué ocurría, y de entre los arbustos una lanza salio disparada
dirigiéndose hacia su cabeza
- ¡Cuidado! – Grito Gilgamesh

Diego logró esquivar la lanza saltando directo al suelo. Los arbustos se movieron, descubriendo
a unos humanos salvajes, vestidos con tunicas de cuero, que solo permitia ver sus máscaras de
calavera.

- ¡Uh! ¡Uh! ¡Bajen de los caballos! – Exclamo el salvaje que iba adelante del resto.

Sebastian bajó del caballo lentamente y se paró delante de los siete salvajes. Sin mediar
palabras se quito sus guantes de cuero blanco, y los metio en uno de sus bolsillos. Los hombres
lo miraban, alerta. Desenvaino una larga daga, con el mango recubierto de escamas de dragón.
Los salvajes se prepararon para atacar, alzando sus lanzas y cuchillos, comenzando a
abalanzarse hacia el almirante.

-Acabemos con esto. – Dijo Sebastian sin perder la calma.

Sebastian esquivo la primera lanza que venía en dirección a su pecho, para arremeter contra el
salvaje, clavándole su daga en el ojo. Le dio un rodillazo al pecho, y cuando el salvaje se
encorvo, Sebastian salto mientras tres hombres miraban como se movía en el aire
sorprendidos. Uno de ellos armado con lanza le apunto y arrojo su proyectil. Sebastian evadio
el ataque ,y metio la mano dentro de su chaqueta, sacando tres cuchillos, que arrojo lanzo,
incrustándolos en los craneos de sus enemigos. Cayo al suelo de forma correcta y elegante,
mientras que los salvajes caian desplomados. Solo quedaban tres salvajes, dos de ellos poseía
un arco, y el otro, dagas. Los arqueros dispararon a Sebastián, que tomo cubierta detrás de
unos árboles. Se hallo analizando la manera de ir a por ellos sin sufrir daños en la distancia.
Una flecha corto con su hilo de pensamiento, cuando le raspo la pierna derecha.

-Que desgracia, me rompio el pantalón… – Se quejo Sebastian, mirando su herida.

Luego de escuchar varios disparos de flecha, todo quedó en silencio. El almirante se asomo por
el costado del árbol disimuladamente. Lo que vio fue a los tres salvajes muertos y detrás de
ellos, Diego y Gilgamesh. Que aprovecharon para matarlos mientras les daban la espalda.
-Podía yo solo. – Dijo Sebastian.

-Lo sabemos, pero preferimos ayudarlo para que sea más rápido. – Dijo Diego

Sebastian subió a su caballo y los miró para que ambos hicieran lo mismo.

-Vamos nos queda un dia para llegar.

Los tres se dirigieron hasta el final del bosque. Pasaron el dia enfrentando bandidos y animales
salvajes. Cuando alcanzaron el final del bosque, llegaron una pradera y se sorprendieron al ver
lo que en ella se encontraba. El olor era indescriptible, y el zumbido de enjambres de mosca,
retumbaban por toda la planicie.

- ¿Que demonios es esto? – Pregunto Sebastian, disgustado.

-Que asco – Dijo Diego, respirando por la boca, para tratar de contener las nauseas.

Más de 200 cadaveres se encontraban desparramados en el suelo. Desde ya algunos días


según su descomposición. Gusanos iban y venían por los tramos de carne putrefacta. Tripas y
entrañas estaban desparramadas por todo el suelo. Algunos cadáveres estaban clavados por
lanzas contra los árboles, y otros estaban empalados por el lugar.

-Es… el pelotón de Yaksu. – Diego y Gilgamesh vieron como el semblante de Sebastian se torno
sombrio – Pero, ¿dónde está el?

-Busquemos. – Dijo Gilgamesh – Pero tengamos cuidado, no sabemos que ocurrio aquí. Ni si lo
que lo ocasionó esta rondando cerca.

Los tres desmontaron, y comenzaron a separar caminos, procurando cubrirse las espaldas.
Buscaban entre los cuerpos, algún indicio del almirante perdido. Entre sangre y arbustos,
Gilgamesh pudo reconocer al almirante Yaksu. Su cuerpo tenia varias heridas, y algunas partes
estaban infectadas por gusanos. Gilgamesh noto, que a pesar de todo, el cuerpo se movia
lenta y vagamente. Yaksu seguía respirando.

- ¡Lo encontré! – Grito Gilgamesh, acuclillado junto a Yaksu, levantándolo. Diego y Sebastian
fueron a su encuentro.
-Esta muy mal herido – Advirtio Diego

-Llevalo al campamento mas cercano. ¡Rápido! – Ordeno Sebastian.

Diego subió el cuerpo de Yaksu sobre el lomo del caballo y partió a gran velocidad

-Tranquilos, volvere. – Dijo Diego.

Gilgamesh miro a Diego y lo saludo. Diego respondio con una sonrisa y un gesto de
asentimiento.

-Busquemos al culpable de esto. – Dijo Sebastian a Gilgamesh

Ambos volvieron a buscar, aunque ahora no sabían realmente que. Gilgamesh intentaba
encontrar aunque sea un indicio entre todo ese montón de cuerpos, que los ayudará a dar con
el responsable de la matanza. Entre tanta carne y descomposición, era casi imposible
encontrar algo, Gilgamesh entonces, fue al sitio donde habia encontrado a Yaksu tirado.
Comenzo de pronto a mover pierdas, cuerpos y maleza, hasta que encontró algo peculiar en el
suelo. Gilgamesh, con sorpresa, se agacho para apreciar lo que sus ojos veían, porque no podía
creerlo. Una daga con escamas de dragón yacia tirada en el suelo, empapada en sangre.
Gilgamesh sintió el punzar de un filo en su nuca.

-Lo siento chico, no tenías que encontrar eso.

- ¿Pensabas matarnos después de encontrar a Yaksu, Sebastian? – Pregunto Gilgamesh

-Fue muy difícil derrotarlo, no debió interponerse. Ustedes solo eran carne de cañon para mi
coartada.

Sebastian movio hacia atrás la daga con suma velocidad, y luego la impulso hacia Gilgamesh,
pero este se impulso en sus piernas y salto rodando hacia adelante, evadiendo el golpe. Volteo
pronto, desenfundando sus espadas, quedando frente a frente con Sebastian.
-Muy bien chico, no me sorprende del hijo de un ex almirante. Pero, ¿estás seguro de pelear
conmigo? – Dijo Sebastian, tomando la daga del suelo.

-¿Por qué haces esto? ¿Por qué traicionas al gremio?

-Ash no entiende cómo manejar un gremio. – Dijo Sebastian, con un tono burlon – Además, se
avecinan tiempos de cambio chico. La era de oscuridad que fue, volverá a ser pronto. Dentro
de poco, todos los gremios estáran infectos con infiltrados.

- ¿Cómo? ¿infiltrados?

- ¿En serio te tengo que explicar una clase de historia antes de morir? – Sebastian saco un
pañuelo de su abrigo, para limpiar la daga – ¿Sabes sobre el horror que fue hace miles de años
atrás?

-Si…

-Bueno, ese mal fue derrotado, pero no por siempre. El mal nunca se va. mientras exista la luz
habrá oscuridad, dicen los antiguos. El enemigo de Dios volverá de la oscuridad y cuando eso
pase toda la luz se habrá esfumado.

- ¿Quieren crear otra edad Profana? – Pregunto Gilgamesh, preparándose para el combate.

-Ya está iniciando. – Confirmo Sebastian – Los monstruos de este mundo se están
descontrolando, porque saben que es lo que va a ocurrir. Los animales lo sienten en la tierra y
los hombres lo oyen en el viento. Sera algo inminente, jajajaja.... – Sebastian guardo el
pañuelo, y sereno sus risas, mirando con una sonrisa maliciosa a Gilgamesh – Bueno, basta de
charla, Tengo que matarte y cuando el otro chico regrese, lo matare también.

Sebastian se lanzó contra Gilgamesh atacando, intentando golpearlo con sus Dagas. Gilgamesh
apenas podía bloquear todas esas embestidas. Gilgamesh lanzo un golpe cruzado con sus dos
espadas, intentando tomar la ofensiva, pero Sebastian era ágil y evadio el golpe, yendo al suelo
para atinar un corte sobre en pierna derecha Gilgamesh, que cayo sobre su rodilla contra el
suelo. Sebastian le gano la espalda.

-No pelees chico, solo deja que termine rápido.

Sebastian camino para ensartar el golpe mortal. Gilgamesh soltó sus espadas y sujeto la katana
de su padre. Sentia como la sangre brotaba de su pierna. Todo comenzaba a sentirse frio.

-No me queda otra opción… – Murmuro Gilgamesh.


Gilgamesh tomo el mango de la espada y comenzo a desenfundarla. Una fuerza oscura se
sintió en el aire. Los pelos de la nuca se le erizaron. El dolor se extendia desde su mano,
castigando cada fibra nerviosa de Gilgamesh. Las venas del brazo comenzaban a hincharse, y
enegrecerse. La hoja de la espada emanaba un aura oscura. Gilgamesh comenzo a levantarse,
apoyándose en la pierna sana, girando hacia Sebastian. Sebastian se lanzo a matar, y
Gilgamesh se impulso hacia Sebastian. Las armas se encontraron en un choque. La espada
negra, rompió las dagas en pedazos. Gilgamesh bajo la espada en diagonal, desgarrando el
torax de Sebastian quien fue hacia atrás por el golpe. Logro quedar de pie, aun sin sentir el
dolor, por la adrenalina. Gilgamesh llevo sus brazos hacia atrás, apuntando la punta de la
espada al almirante. Sebastian se percato del movimiento, y con sus ultimas fuerzas, salto
hacia Gilgamesh, gritando de rabia, esgrimiendo en su mano una daga astillada. Gilgamesh
lanzo su estocada, clavando su hoja en el pecho de Sebastian. Este se quedo quieto por un
momento, y luego se impulso hacia Gilgamesh, siendo atravesado completamente. Su ultimo
acto fue atacar a Gilgamesh con su daga, directo al cuello. Gilgamesh apenas pudo evitarlo,
recibiendo un corte superficial en el cuello, pero la daga bajo hasta encontrar el pectoral
izquierdo, incrustando su dentado filo.

-¿cómo pu… –Sebastian fue interrumpido por la sangre que salió de su boca – …de ser …
derrotado… por ti?

Gilgamesh no entendia lo que Sebastian decía, tampoco podia verlo. Sus ojos estaban en
blanco y solamente oia viento y susurros en lenguajes desconocidos. A lo lejos, el eco de unos
tambores retumbaba, más y más fuerte. Realmente, los tambores que escuchaba, eran los
galopes de un caballo, que estaba acercándose. Una voz familiar, logro sacar a Gilgamesh de su
trance.

- ¡Regrese! El almirante esta… – Diego no podía creer lo que veía – Pero... ¿que?

Gilgamesh volvía a ver la realidad clara y cuando lo logro, solto la espada. El cuerpo de
Sebastian cayo al suelo, junto con la Akuma.

-Gilgamesh… ¿cómo pudiste? – Pregunto Diego – Es un almirante del gremio.... eres ... ¡Un
traidor!

Sebastian giró la cabeza y miró a Diego. Intento elevar su brazo para señalarlo, pero apenas
podía levantarlo.
-Corre… Diego – La respiración de Sebastian se cortaba – Gilgamesh es un traidor… es un
espía… huye…

- ¿Que? – Gilgamesh miro a Diego – Diego, no le creas. Es mentira…

Diego con lágrimas en los ojos jalo las riendas de su caballo y miró a Gilgamesh

-Recuerda estas palabras traidor. – La mirada de Diego estaba cargada de odio – Te matare.

- ¡Diego, no! ¡Es mentira!

Diego lo ignoro, y comenzo a cabalgar el camino de vuelta. Sebastian sonrió mirando a


Gilgamesh directo a sus ojos. La sangre brotaba violentamente de su boca.

-Ahora eres un traidor… ¿que harás?... ¿huir?... todos irán por ti.

Gilgamesh comenzo a sentir sus lágrimas, recorriéndole las mejillas. Lamentablemente, tuvo
que aprender como de un momento a otro, el mundo se puede ir a la mierda.

-Mi mundo se fue al demonio – Un vaso sono, siendo azotado en la barra de madera

-Oye, qué historia más triste. – Dijo el Barman, mientras limpiaba una copa. – ¿Y qué hiciste
después?

-Correr... – La cerveza bajaba fresca por su garganta.

- ¿Y por cuanto estuviste corriendo?

-Diez años. Luche contra amigos y aliados, que ahora son mis enemigos.

-Bueno, pero ahora estas en Ostrava, por lo menos podras descansar tranquilo. – Dijo el
barman.

-Los problemas no distinguen pueblos, amigo. – El hombre se levanto apoyando unas monedas
en la barra, tambaleándose por no caer – Me voy…

- ¿Estás seguro que puedes salir así?


La luz de los candelabros definían las facciones del hombre. Llevaba el pelo largo atado hacia
atrás. Su armadura estaba algo desgastada, y tenia pintas orientales. La cicatriz de un corte se
veía en el cuello y 3 espadas colgaban de el, dos en la cintura, y una espada de funda negra
colgaba de su espalda baja.

-Tranquilo amigo… Puedo. – Dijo Gilgamesh, sonriendo.

XXIII
Secretos de la sede: Parte uno

L o que una vez fue humano, ahora era un simple esqueleto dentro de un armadura ,
despertando. En donde estuvieron antaño sus ojos ahora había dos puntos rojos.
Emanaba una gran cantidad de magia oscura. Antiguamente era un maestro del gremio
de los caballeros oscuros, uno de los más poderosos de su época. Pero tiempo antes de morir,
se había encerrado voluntariamente en el salón de su trono. En ese mismo trono estaba
sentado ahora, con su espadón atrás. Era el protector de los secretos de la sede de los
caballeros oscuros y se encargaría de toda persona que entrara con intenciones de revelarlos.
Los paladines del reino advirtieron de lo peligroso que era entrar a la sede, ya que todos los
grupos que mandaron a explorar, nunca volvieron.

Lisa intentaba avisar a los paladines que se encontraban de guardia en las puertas de la ciudad
sobre lo que estaba sucediendo en la antigua sede. Ellos se limitaron a decirle esperara la
llegada del maestro, para que él se iba a encargase.

-No hay tiempo para esperarlo. Necesito que venga alguno de ustedes a ayudarnos.

-No podemos señora Lisa, su hijo nos pidió que protejamos la puerta con nuestra vida. – Dijo
uno de los guardias – Hace dias vienen informado que unos bandidos están rondando las
cercanías.

-Dios santo, ¡que gente! – Lisa apoyaba la palma de su mano en su rostro – Bueno, infórmenle
sobre la situación a su maestro cuando llegue. Mientras tanto yo iré a investigar por mi cuenta.

-Pero señora Lisa, podría ser peligroso para usted. – Advirtio el segundo guardia.

-Niño, tu no me conoces. Recién habras aprendido a usar un hechizo simple de magia blanca.
Solo infórmale a mi hijo sobre la situación.
Lisa partió hacia la sede de los caballeros oscuros, en donde Rio la estaba esperando.

-Como se nota que es tu segundo dia como paladín. – Reprocho molesto el primer guardia.

-Solo lo decía que para alguien de su edad debe ser peligroso.

-Para alguien común sí, pero para los magos o brujas no. Ellos cada año se vuelven mas sabios,
y poderosos. – Dijo el guardia – Su apodo es “La mestiza”.

-Asi que ella es La mestiza. – Reflexiono el segundo guardia – Siempre tuve curiosidad porque
ese apodo.

-Por lo que sabemos gracias al maestro, su padre era un caballero oscuro humano y su madre
una bruja elfo, que provenía del bosque de LLanowar.

-Interesante, igual sigo pensando que alguien para su edad es peligroso.

-Y según tú, ¿Qué edad tiene?

-Para mí… entre 70 u 80 años.

-jajaja, parecieraa que nunca viviste en este reino novato. – Se rio el guardia – Mira, yo tengo
65 y la Señora Lisa ya era una adulta cuando yo tenía tu edad. Según los rumores tiene 115
años.

-Imposible.

Ambos guardias siguieron con su charla, mientras que Lisa se encontraba con Rio en los
primeros peldaños de la sede. Lisa conjuro unos encantamientos de protección sobre el lugar
mientras la joven Rio hizo lo mismo pero sobre ellas. Estaba nerviosa pero el estar al lado de su
abuela la tranquilizaba. Intercambiaron miradas, y decidieron entrar.

El caballero oscuro llevaba un buen rato recorriendo el lugar. Había poca luz, emanada por
antorchas. La sede estaba en ruinas. Al avanzar, vio que a su derecha se encontraba una
puerta de madera. Fue a investigar, y al entrar a la sala observo que era un comedor no muy
grande, adornado con sillas de roble oscuro y tapetes rojos. También había una gran mesa
rectangular, por lo que supuso era la sala donde cenaban los altos mandos de la sede. Siguio
avanzando y se topo con una puerta, ahora a su izquierda. Cuando entro, vio lo que parecía
una oficina. Había un escritorio de roble con una silla de gran respaldo. Busco si podía haber
algo interesante en el escritorio pero no encontró nada. Continuo recorriendo habitación tras
habitación, hasta que se encontró con una gran sala, que parecía ser el comedor principal.
Penso que ahí fue donde comía la mayoría de miembros y al borde de la mesa, comería el
líder de los caballeros oscuros. Se adentro en el cuarto, ya que al final de la sala había otra
puerta para investigar. En ese momento la puerta se cerró repentinamente. El lugar empezó a
contaminarse con magia oscura. El suelo comenzaba a resquebrajarse por todo el lugar y
fuertes vibraciones movían la tierra. De las rajaduras, poco a poco, esqueletos aparecían,
entrando en la habitación. Era una considerable cantidad. Algunos estaban armados con
espadas oxidadas. Empezaron a rodear al caballero quien desenfundaba, ya preparado para
pelear. Los esqueletos se abalanzaron rápidamente sobre su objetivo. Atacaban de manera
desorganizada y todos a la vez. El caballero repelia los ataques, mientras que los huesos se
esparcían por el lugar. Luego de mermarlos, viendo que ya quedaban pocos, decidió acabar
con todos ellos en un golpe. Fue corriendo hacia el grupo de esqueletos y golpeo con su
espada el suelo generando una onda de choque, sacando disparados al grupo de esqueletos,
dejdandolos esparcidos por el lugar. Enfundo su arma y decidió continuar su recorrido, cuando
oyo el ruido de huesos chocando. Fue atacado por la espalda. El enemigo era uno de los
esqueletos. El caballero apenas pudo evadir ataque. Cuando se volteo, vio que todos los
esqueletos que derroto empezaron a levantarse una vez más. Algo los mantenía en pie. No se
hizo esperar, y siguió peleando durante un largo tiempo. Estaba comenzando a cansarse.
Todos los métodos que uso no funcionaron, solo se estaba defendiendo. Comenzaba a pensar
en la retirada, cuando escucho una voz femenina venir desde un extremo de la habitación.

-Alob ed Ogeuf

Una enorme bola de fuego ilumino la habitación, destruyendo a los esqueletos, junto con los
muebles de madera. El caballero vio que se trataba de la señora mayor que habia conocido en
la ciudad, acompañada de una joven.

-¿Qué hacen aquí? – Pregunto molesto el caballero – No recuerdo haber pedido que me
acompañaras.

-Sentí magia oscura proviniendo de este lugar y por lo que veo no me equivocaba. – Dijo Lisa –
La pregunta es, ¿qué hiciste para activarla? Si es que tu lo hiciste.

-Aparecio en el momento que entre. Por lo que se ve no toleran los intrusos.

-Pensé que eras uno de ellos realmente. Un caballero oscuro. – Admitio Lisa – Crei que las
trampas de este lugar no te atacarian, pero me equivoque. Por lo menos podrías agradecerle a
mi nieta que te salvo el trasero.

-Gracias. – Agradecio el caballero, a secas.

-No hay de que. – Respondio Rio, orgullosa de si misma – Terminemos con estos esqueletos.

-Solo déjenmelo a mí. – Dijo Lisa


Lisa saco del bolso que traía, una cruz de hierro y un frasco pequeño. Tiro la cruz al suelo piso y
vertio el liquido del frasco sobre esta. En ese momento los esqueletos quedaron paralizados.
Rio y el caballero no comprendían lo que Lisa acababa de hacer, pero procedieron a atacar a
los esqueletos juntos, derrotándolos.

- ¿Qué acabas de hacer abuela?

-Bendije el suelo. La magia de los paladines funciona contra la magia oscura. – Explico Lisa –
Depende del paladín y como este conjuro proviene de tu padre, fue lo suficiente para
detenerlos.

-Magia blanca, eh… Interesante. – El caballero miro a las dos magas – Ya que llegaron hasta
aquí y me ayudaron, ¿Continuamos juntos?

-Por mi bien. – Rio estaba mas que emocionada

-Continuemos. – Asintio Lisa.

Siguieron explorando el gremio, hasta que se toparon con una puerta peculiar. Un cartel
tallado en piedra, leia “biblioteca”. Para el caballero, era un lugar más a revisar, mientras que
Lisa y Rio se emocionaron por todo el conocimiento que debia reposar en ese lugar. Como si
fuera por telepatía, las dos cruzaron la puerta a la vez, seguidas por el caballero desde atrás. El
lugar tenia un fuerte olor a humedad y encierro. La habitación era grande, llena de estanterías
colmadas de libros, de diversas medidas y colores. Varios de los libros estaban un estado muy
deteriorado. Mientras recorrían libro por libro, fueron encontrando muchos cuentos sobre
caballeros oscuros famosos. Rio tomo el libro de esa sección que mas destacaba, por su
portada negra como el carbon. Se trataba de Michael Demiurgos, uno de los jefes del gremio
durante la Edad Profana, que comando a sus hombres aliado al nigromante Dakon. Sus
montones de victorias fueron recordadas con épica por los caballeros oscuros, mientras que
los demás gremios, aliados en contra de Dakon, tacharon a Michael de tirano y maquiavélico.
Lo que si era reconocido por ambos bandos era su valor y determinación en combate. Su
leyenda narra que antes de morir, decidió encerrarse en la sala de su trono, vistiendo su
armadura y llevando su espadón, para nunca mas volver a salir. Ambas quedaron fascinadas
por la historia, decidieron buscar los registros de maestros de gremio, para ver si encontraban
su nombre, el cual estaba entre los últimos jefes. Tambien, notaron que el nombre del sucesor
de Michael estaba tachado, ilegible, cosa que las dejo intrigadas. Después de él venía el ultimo
nombre: Galadriel Sumari. Siguieron buscando libros entre estante. Sin irse muy lejos de esa
sección, como si fuera una coincidencia, Lisa encontró un pequeño y humilde libro, con tapa de
cuero marron, comida por el tiempo. Estaba Titulado en negro “Diario de Galadriel Sumari”.
Intrigada, y en parte sorprendida por la coincidencia, comenzo a leerlo por encima, notando
que Galadriel hablaba casi siempre de dos personas. De una mujer del gremio, de la cual
estaba perdidamente enamorado y sobre su mejor amigo, de nombre Samael. Lisa iba a dejar
el libro en su lugar, pero Rio decidió guardarlo, para asi leerlo luego. El caballero por su parte
sentía una intensa magia oscura, en dirección a una de las bibliotecas gigantes al fondo de la
habitación. Lisa sintió lo mismo, intercambiando miradas con el caballero. Los tres caminaron
hacia la biblioteca. El caballero se puso a un costado y empezó a empujar el mueblo con su
cuerpo, usando toda su fuerza. La madera comenzo a moverse lentamente. Rio detrás de
todos, observaba como una puerta negra aparecía conforme la biblioteca cambiaba de lugar.
La biblioteca luego de recorrer un tramo, se atasco, sin poder continuar. Al frente de los tres
había ahora un gran puerta de roble negro. Casi por instinto decidieron abrir la puerta, que
cedió sin problemas. Tras esta se extendia un largo pasillo, lo suficientemente oscuro para no
poderse ver siquiera la nariz.

-¡Zul! – Vocifero Rio.

De la punta de su báculo, una blanca luz comenzo a emanar, alumbrando el camino, que
terminaba en una escalera descendente. Recorrieron el pasillo terroso, húmedo. Cuando lo
terminaron, descendieron uno detrás de otro por la escalera. Cada peldaño, marcaba mas
tensión en el ambiente, hasta que la presión era insoportable. Continuaron así durante unos
minutos hasta que lograron llegar al final, que desemboco en una gran sala, de la que poco
podían ver, mas allá del baston de Rio. Los tres se adentraron juntos, y en ese momento se
prendieron todas las antorchas del lugar, en un tono lugubre. El tapizado de la sala era lujoso,
y el suelo sin tapizar, denotaba ser de mármol negro, como las paredes. Al final de la
habitación, comenzaba una escalera cincelada, y sobre ella, yacia un tono negro. Sentado en
este habia una persona con armadura negra y atrás, un gran espadón. No cabia duda, ese
hombre era Michael Demiurgos. Rio y Lisa estaban sorprendidas por el gran hallazgo que
hicieron. Les sorprendia lo bien que se mantuvo la armadura después de tantos años. Poco a
poco, exploraban la sala en busca de encontrar la fuente de la magia oscura, pero sintieron un
fuerte temblor, y tras ellos, una gran pared de huesos empezó a levantarse, tapando las
escaleras. Intentaron retroceder para impedirlo, pero fue imposible. A su vez, el cuerpo de
Michael volvió a emanar una gran cantidad de oscuridad. El grupo se giro a verlo, y la sorpresa
no fue nada grata, cuando vieron que el cadáver comenzaba a moverse. Luces rojas salían
desde sus ojos. Se levanto poco a poco, y cuando se erguio, camino hacia su espadón,
tomándolo, y preparándose para atacarlos, Lisa creía que esto solo podía ser posible por
alguna nigromancia de alto nivel y pensar que podria tratarse de magia perteneciente a Dakon
le helaba la sangre. Los tres se pusieron en posiciones defensivas y comenzaron a plantearse
estrategias para intentar derrotar al antiguo jefe de gremio.

XXIV
El valor de una promesa
C ecil yacia acostado en una cama, que era sin lugar a dudas, mucho mas comoda que
una pila de paja. Habia rentado una habitación en el gremio de aventureros para pasar
la noche y reponerse del combate contra el Baloth, y de su duelo contra Eithan. La
ventana abierta dejaba entrar la brisa nocturna, refrescando la habitación y dejando tras de si
un agradable sonido, el cual adormecia a un cansado Cecil. Mientras se dormía, entre sueños,
recordaba las ultimas palabras que cruzo con Eithan.

Luego del duelo, Cecil luego de cruzar la arena, se dirigio al gremio para rentar una habitación,
estaba exhausto, necesitaba descansar. Pudo oir unos pasos acercándose detras de el, y una
voz conocida hace poco menciono su nombre.

-¡Cecil! ¡Espera! – Llamo Eithan

Cecil se volteo. Detrás de el estaba aquel joven aventurero con el cual se batido a duelo.
Ambos quedaron frente a frente y cruzaron sus miradas. El viento de la noche mecio sus
cabellos, junto al césped sobre el que estaban parados, mientras que la luna, los iluminaba
tenuemente. Cecil se limitio a observar al joven.

-Antes de que nuestros caminos se separen, hay algo que quiero preguntarte.

- ¿De que se trata? – Dijo Cecil, cortante.

-Esa promesa tan importante para ti, por la que dejarías al mundo de lado… ¿Puedes
compartirla conmigo? – Pregunto Eithan.

La expresión de Cecil se torno de sorpresa, no se esperaba esa pregunta. Sin duda no iba a
responderla, pero Eithan a pesar de todo, tenia un cierto carisma. Cecil miro profundamente a
los ojos del curioso aventurero, como si lo estuviera evaluando.

- ¿Porque crees que debería decírtelo? – Pregunto Cecil

-Solo quiero comprender tus motivos. – Respondio Eithan – Para rechazar tan rotundamente,
debe de ser algo importante, ¿no?

-No es necesario en absoluto que lo comprendas. – Respondio Cecil – Déjame preguntarte algo
a ti, Eithan, ¿alguna vez has querido a alguien? ¿Hay alguien a quien consideres un amigo? –
Eithan noto que Cecil se tomo un pequeño tiempo en continuar, como si le costara continuar –
¿o una amiga?

Eithan, quedo atonito ante la pregunta. Comenzó a pensar en la gente que consideraba
amigos, cercanos y lejanos. Conocidos y algunos nuevos.

-Si, a varias personas de hecho.

- ¿Y has visto a alguna de ellas morir frente ti? Sin poder hacer nada mas que observar como
esa persona importante da su vida por la tuya.

Eithan se quedo sin palabras. La pregunta, sumado al tono amargo con el que Cecil la había
pronunciado, fue como un balde de agua fría golpeando su cara. Eithan no había visto eso
jamás, y se agradecia no haberlo hecho. Su silencio sirvió como respuesta

-Ya veo. Tal como imaginaba. Por eso no vale la pena que siquiera plantee compartir contigo
mi promesa, simplemente no lo entenderías.

Cecil se volteo y siguió su camino. Mientras caminaba, volteo un poco su cabeza, mirando
sobre su hombro izquierdo a Eithan

-Espero que para cuando termine con mi asunto, ya hayas reunido al resto del equipo. Hasta
ese entonces, que los dioses te den fuerza.

Cecil se alejo en silencio. Mientras lo hacia, Eithan estaba parado en su lugar, reflexionando
sobre esas contundentes preguntas, dejo salir de su garganta unas palabras suavemente.

-Hasta entonces.

Cuando Cecil se perdió en la noche, Eithan había emprendido su regreso al gremio de


aventureros de Ostrava en plena madrugada. Habia tenido mucho cuidado de no acercarse ni
de casualidad a las Planicies de los Azabaches Blancos, aunque de todas formas, Prismat no
estaba tan cerca. El camino se le hizo bastante largo, y encontró espacio para nadar en sus
pensamientos. Aunque Cecil no había hablado con el acerca de su promesa, Eithan sentía que
de una manera remota, comenzaba a comprenderlo. Una vez que llego al gremio, pudo ver a
sus compañeros y a Eremes en la misma mesa donde los había dejado. Yoland tenia una Jarra
de hidromiel, Evelynn un largo vaso de agua de manantial, y Eremes habia recargado su vaso
con whisky. Se acerco a la mesa mientras Eremes lo veía con esperanzas, que se iban apagando
mientras mas se acercaba el Hakafell.

- ¿Has vuelto tan rápido? – Pregunto Evelynn

- ¿Que sucedió chico? – Eremes le dio un sorbo a su vaso.

Yoland se limito a escuchar.

-Di con Cecil y nos batimos a duelo – Dijo Eithan - Si yo ganaba se tendría que unir.

-Dime que ganaste y Cecil esta por entrar. – Dijo Eremes, a sabiendas de la respuesta.

-Tecnicamente fue un empate, pero solo jugo conmigo. No tenia chances de ganarle, es
endemoniadamente fuerte.

-En su época los guerreros tenían otro entrenamiento… – Reflexiono Eremes, sin que sirviera
de nada – Entonces no se nos unira, ¿no? – Eremes se tomo todo el liquido de su vaso.

-No. Solo me dijo que va a unirse luego de cumplir su promesa, y que reclutemos a los otros
miembros.

- ¡Maldita sea su determinación! - Eremes golpeo levemente la mesa con los puños – No
tenemos más opciones, dejemos de gastar tiempo con Cecil, y aprovechemos a reclutar al
resto de la comunidad.

- ¿Y por donde comenzamos? – Pregunto Yoland rompiendo su silencio.

-Yo ahora mismo debo ir al norte, hay asuntos que necesitan mi atención. – Dijo Eremes –
Ustedes descansen aquí por el momento. Les enviare un águila aquí cuando tenga las
siguientes instrucciones.

XXV
Retorno a la orden
E n el medio de la lluvia, un hombre sube dos cuerpos a su caballo. Ambos son cultistas,
pero uno esta muerto. Una vez subidos a la montura, el hombre examino las ropas de
los dos, buscando cualquier objeto que pudiera ser sospechoso. Buscando en uno de
los bolsillos del muerto, se encontró con una piedra muy extraña. Nunca habia visto una igual
en persona, pero habia oído rumores, y creía saber lo que era.

- ¿Será lo que creo que es? – Dijo para si mismo – No… no lo comprobare aquí. Estoy muy
expuesto

El hombre se guardo la piedra en su bolsa y se subió a su caballo, embarcándose en su camino,


con el ruido de la lluvia y el clima nublado, como un manto. Cabalgo lo mas rápido posible,
apurando a su caballo, para llegar hasta la guarida de su orden, “La Orden Esterlina”. Estaba
escondida entre un sendero montañoso al suroeste de Ostrava.

-Que bella es la lluvia, ¿no?. Protegería a todos de sus propias demencias, para poder disfrutar
por lo menos un rato de paz y tranquilidad. ¿Estas de acuerdo con eso, Ekmet? – Pregunto el
hombre, a modo de burla.

Ekmet intento responder, pero solo emitio ruidos ininteligibles, dado a que estaba
amordazado.

-Oh, cierto que no puedes hablar. Tengo una pregunta – El hombre hablo en un tono en serio
al principio – ¿En serio tu madre te nombro Ekmet? – Con esa frase, habia dejado atrás su tono
de seriedad, por uno de burla – No quiero insultarte pero… ¿Ekmet? No combina con tu cara
de loco y apariencia de vagabundo.

Otra vez Ekmet trato sin poder, responder las burlas. Su voz comprimida en su boca tapada
parecía bastante furiosa.

- ¿Que quisiste decir? No te oigo.

Ekmet estallo en rabia. No paraba de sacudirse y tratar de gritar.

-Jajaja, no va a funcionar. Ahora guarda silencio basura. Estas en nuestro territorio.


Unas enormes rejas de acero negro cerraban la entrada al lugar, apoyadas en dos riscos. LA
guarida estaba detrás de las colosales rejas, acomodada entre las montañas. El caballo recorria
el camino escondido por la lluvia. Cuando estuvo cerca del porton, vio que un hombre lo
estaba esperando. Su pelo casi todo canoso, denotaba sus 50 años. Una barba blanca cubria su
mandíbula y su boca. A pesar de su edad, era bastante firme y corpulento. Llevaba dos espadas
en la espalda y una ballesta. Dos largas dagas colgaban de sus cinturas, y portaba en una de sus
botas un cuchillo serrado. Su armadura era simple, cota de malla con peto de cuero
tachonado. Varias con marcas de batalla adornaban la armadura, junto con grabados muy
antiguos. Estaba encapuchado, con una capa verde oscuro. Parecia agradarle ver la llegada del
hombre.

-Llegaste a tiempo y con un par de amigos. El gran maestro te está esperando para que le
reportes tu misión Viktor. O debo decir amigo.

-jajaja, luego me dices que yo soy el sentimental pedazo de imbécil. ¿O te debo decir Ivan? –
Pregunto en broma Viktor

-Tu eres el único sentimental, porque te la pasas siempre llorando por ella. – Recrimino Ivan.

-Allá la están haciendo llorar. – Respondio Viktor.

-Recogerte de niño fue un error. – Dijo Ivan.

-La verdad que si. No debiste. – Viktor remato su frase con una carcajada

-jajaja maldito idiota, me lo dices ahora después de 25 años. Recuerdo cuando te encontré en
esa cueva salvándote de esas brujas. – Ivan hablaba con nostalgia.

-Aun recuerdo cuando te abalanzaste sobre mi para evitar que me diera esa daga… Pensé que
morirías.

-Solo fue actuación, tenia que improvisar. – Dijo Ivan, riendo – Ve con el maestro, no lo hagas
esperar. Dejame a tus invitados, necesitan ser recibidos como se mercen.

-No te emociones, uno es un fiambre. – Remato Viktor.

Ivan golpeo la puerta con fuerza, y pronuncio unas palabras en un idioma antiguo. Con un
monstruoso ruido metálico, la puerta comenzo a abrirse. Ambos pasaron, mientras que los
operarios del porton, volvían a cerrarlo. Viktor e Ivan llegaron a la segunda pared, esta hecha
de piedra. Esta puerta tenia un encantamiento especial, que hacia la puerta visible desde
afuera solo de noche, a la luz de la luna y las estrellas, mientras que se vuelve invisible, al salir
el sol.

-Amigo ten cuidado de lo que dicen. – Advirtio Viktor.

-Lo tendre. Esta secta ha cambiado mucho en el ultimo milenio. ¿Encontraste el objetivo?
-Al parecer si. El muerto lo tenia en su tunica. – Viktor saco la piedra de su bolsa. Ivan la
contemplo, con algo de miedo en sus ojos.

-No puedo creerlo, los rumores eran ciertos… llévalo ante al maestro urgentemente.

XXVI
Secretos de la sede: Parte dos.

Michael se abalanzo contra el caballero, con un ataque de gran furia. Este pudo bloquearlo a
duras penas, pero no tuvo tiempo de reponerse, ya recibía otro ataque Michael, que siguió
descargando una seguidilla de ataques. El caballero bloqueaba como podía algunos ataques,
mientras que esquivaba otros. Pocos llegaban a impactar, de forma superficial, pero una
herida superficial de un espadón de tal tamaño, ya era algo de que preocuparse. Se
preguntaba como Michael podía hacer ataques a tal velocidad, con tanta precisión y fuerza.
Uno de los ataques logro rompió su postura y logro alcanzar su brazo izquierdo. El caballero
retrocedio, sangrando. Michael estaba dispuesto a continuar, pero Lisa conjuro proyectiles
mágicos, disparándolos directo a la armadura. Michael tuvo que concentrarse en esquivarlo,
mientras que Rio intento paralizarlo tratando de deformar el suelo del mármol. Fue una tarea
difícil, ya que Michael se movia rápidamente, pero con ayuda de los proyectiles de Lisa, Rio
logro predecirlo y atraparlo. Michael se detuvo por un momento, pero tomo fuerzas y con sus
piernas, destruyo el mármol que lo sujetaba. El caballero, aprovechando el tiempo, corrio
hacia su enemigo y salto listo para descargar una ráfaga de ataques. Michel rápidamente
conjuró una barrera oscura, que disipaba los ataques de la bruja, mientras preparo su
espadón, para bloquear los ataques del caballero, sin mucha dificultad. El caballero por su
parte, ya estaba cansado por la larga pelea que tuvo con los esqueletos. Michael bloqueo el
siguiente golpe del caballero, con la postura lo suficientemente firme para rechazarlo, y darle
una patada al caballero, mandándolo lejos. Michael se giro en dirección a Lisa y comenzo a
correr hacia ella, que levanto un escudo mágico para protegerse. Michael salto con fuerza
cayendo con un golpe de espadón, para luego arremeter una y otra vez contra el escudo, que
bloqueaba sus ataques. El caballero, se levanto, y corrio hacia Michael, para ayudar a Lisa,
pero cuando estuvo cerca, Michael volteo hacia el, esquivando su espadón y tomándolo del
cuello, para acto seguido arrojarlo hacia el trono. El caballero cayo contra el mármol,
lastimándose. Rio a la distancia conjuro ataques de fuego, pero Michael se cubrió de un aura
oscura, que lo protegia de los hechizos. Pronto, comenzo a retroceder, y cuando estuvo a una
distancia prudencial, Michael flexiono sus rodillas mientras sostenia su espadon con una sola
mano. Lisa al verlo, recordó el ataque que su padre habia utilizado para salvarla de la araña
cuando era niña. Michael dio un salto girando en el aire, y el espadón cayo, impactando contra
el escudo mágico, que estallo en cientos de fragmentos de magia, que se fueron disipando.
Lisa fue empujada hacia el suelo por el estallido. Michael alzo su espadón con ambas manos, y
fue directo por la bruja, ya desprotegida. Pero freno en seco cuando se escucho un estruendo
en el muro que bloqueaba la entrada. Una gran nube de humo se hizo presente, y poco a poco
se fue disipando, dejando ver como un hombre entraba a la habitación. Portaba una armadura
blanca. Llevaba un escudo bastante grande, y una espada bastarda. Su pelo era castaño y
corto. Sus rasgos eran heredados de su madre. Irrumpio corriendo en el lugar, mientras que
Michael retomo su camino. El hombre se interpuso entre ellos, y bloqueo con su escudo un
potente golpe de Michael protegiendo a Lisa. Rio reconoció al hombre. Era su padre, que había
llegado justo a tiempo para salvar a su abuela. Michael retrocedió para atrás.

-Gracias Gabriel. – Dijo Lisa, poniendose de pie – Por un momento pensé que estaba muerta.

-Después vas a tener que responderme un par de preguntas madre. Pero primero
encarguémonos de esta criatura.

Gabriel arremetio contra Michael. Los golpes de Gabriel eran rapidos, y al jefe de gremio le
costaba bloquearlos a la vez. Ademas los golpes resultaban mas fuertes, debido a que las
armas de Gabriel estaban benditas, cubiertas de magia blanca. Los golpes iban debilitando al
cadáver de Michael. El paladín estaba confiado, al haber tomado la ofensiva, pero fue
sorprendido por un ataque reverso de Michael, que apenas pudo bloquear con su escudo. El
espadón mello por completo el escudo de Gabriel, seguido de un empujon que mando al
paladin directo hacia el suelo. Gabriel se levanto y Michael corrio hasta alcanzarlo, para seguir
descargandole ataques brutales, uno mas fuerte que el otro, hasta que inevitablemente el
escudo de Gabriel cedió, quebrandose en pedazos. Gabriel retrocedio, empuñando su espada
con las dos manos. Michael tenia la ventaja ahora. Esgrimiendo su espadón, se preparo para
darle un golpe mortal a Gabriel, pero fue atacarlo fue sorprendido por el caballero que habia
regresado al combate, determinado. Cargo su espadón hacia atrás y lo balanceo en el aire,
atacando a Michael, quien giro para detener el ataque. Viendo su oportunidad, Gabriel se
lanzo con su espada, y le dio un fuerte corte a Michael, en sus costillas, rajando parte de la
armadura. Michael giro sobre si, obligando a los dos guerreros saltar hacia atrás para
esquivarlo. Pero apenas cayeron, se lanzaron a la vez contra el. Metales chocaban en una
sinfonía de golpes, mientras ambos hombres atacaban al jefe de gremio, obligándolo a
cubrirse y retroceder. Fue asi, hasta que un ataque de Gabriel logro golpear directo en el casco
de Michael, revelando su cráneo, con luces rojas en sus cuencas. Tras recibir el golpe, el
cuerpo emitio una fuerza oscura, que alejo a sus dos oponentes. Gabriel se levanto
rápidamente y decidió abalanzarse contra Michael, pero este bloque su ataque sin problema y
respondio con un certero golpe, que logro desarmar a Gabriel, para luego darle un golpe
ascendente con el espadón. Gabriel intento esquivar, pero aun asi recibió un corte que rajo la
armadura del paladin, y abrió una herida bastante importante, desde el pectoral derecho,
hasta el hombro. Gabriel grito de dolor y cayo al suelo fuera de combate. Rio fue rápidamente
con su padre para auxiliarlo, mientras que Lisa con la sangre hirviendo, se incorporo y comenzo
atacar Michael con gran furia descargando un torrente de artillería arcana. El jefe de gremio
comenzo a cubrirse con un manto oscuro, intentando acercarse a Lisa. El caballero, aturdido,
se levanto y vio la situación, decidiendo que hacer.
- ¡Lisa! ¡protege al paladín! – Grito el caballero. – ¡Aprovechen para escapar!. Yo los
protegere, lo contendré lo mas que pueda.

- ¡Entiendo! – Asintio Lisa – ¡Pero no pienso dejarte morir aquí!

Lisa corrio hacia Rio que estaba atendiendo las heridas de Gabriel con magia elemental de
agua. Michael se dispuso a eliminar al grupo, pero vio como el caballero se habia acerdado, y
ahora estaba parado frente a el, sosteniendo su arma, desafiándolo. Michael se volteo hacia el
decidido a ejecutar el mismo ataque que habia usado contra el escudo de Lisa. Flexiono sus
rodillas, y con una mano sostuvo su espadón. El caballero hizo lo mismo, pero sostuvo su
espadon con ambas manos. Los dos saltaron al mismo tiempo y dirigieron sus espadas,
chocando con gran fuerza. El golpe de Michael fue brutal. Habia implementado toda la magia
oscura que le quedaba para acabar el combate. Pero al chocar, el caballero hizo lo mismo.
Todos contemplaron en ese momento el choque de espadas, y como el arma del caballero
estaba enfundada en aura negra con bordes rojos. Por un instante, parecio que ninguno podía
superar al otro. En el forcejeo, el caballero pudo oir una voz, con una gravedad espectral. El
esqueleto no movia la mandíbula, pero el caballero sabia que estaba oyendo su voz. El
caballero no tenia idea, pero el choque de magias, habia conectado por un momento, su
conciencia con la de Michael.

-Estoy orgulloso de ti, hijo. – Dijo Michael.

- ¿Hijo? – Pregunto en voz alta el caballero

El choque se destrabo, y las espadas siguieron su camino. Cayeron cruzados, quedando en


donde había empezado el otro. El caballero sentía un latente dolor en su brazo derecho.
Estaba sangrando, y tenia un profundo corte. Se volteo para ver el cuerpo de Michael, que
estaba en el suelo, boca arriba. El caballero se acerco, para comprobar si el jefe estaba muerto
permanentemente. A la altura del estomago la armadra de Michael estaba completamente
cercenada en un enorme tajo a lo largo. Por lo que se podía ver por el hueco, la columna de
Michael también estaba partida. Parecia estar muerto pero sus ojos volvieron a brillar, aunque
ahora, de un color azul, como los que solía tener en vida. El esqueleto movio su brazo,
sosteniendo el espadón, deslizándolo por el suelo.

-Te entrego mi legado. Buena suerte.

La espada comenzo a consumirse en llamas oscuras, y poco a poco comenzo a desaparecer.


Lisa miraba a lo lejos la escena.
-Ese espadón… sera posible que… – Lisa estaba asombrada – ¿Estaba hecho de magia oscura?

Desde la espalda del caballero, comenzaron a formarse llamas negras, extendiéndose por todo
su espalda, materializándose en forma del espadón de Michael. Le habia cedido su espadón,
ahora era su nuevo amo. Acto seguido, los huesos de Michael, comenzaron a hacerse polvo,
dejando atrás solamente una armadura vacia y rota. El nuevo espadón se desaparecio en
llamas otra vez, y el caballero enfundo su propia arma. Luego, camino hacia donde estaban los
demás. Gabriel ya estaba levantado, junto con Rio y Lisa.

- ¿Era esto lo que buscabas? – Pregunto Lisa – Por la expresión de tu rostro, parece que no.

-Venir aqui solo me trajo más dudas que certezas. – Respondio el caballero – Pero gracias por
ayudarme.

-En lo que a mí me concierne, pudimos liberar la magia oscura de este lugar. – Interrumpio
Gabriel, en un tono autoritario hacia el caballero. – Solo por eso decidiré no encarcelarte. Es
interesante como te adentraste en este reino. Los caballeros oscuros tienen prohibido el paso
hace mucho.

-Llegue por una vieja entrada. No se como llegue, era como si supiera donde esta, y a la vez no.
Solo me parecía familiar.

-Bueno eso no importa ahora. Vamonos, tenemos que tratar a casa tratar nuestras heridas.

Cuando estaban por irse, Rio quedo por detrás, y pudo escuchar, como desde el trono provino
el sonido de la piedra moverse. Cuando volteo hacia el trono, Rio se percato de un pequeño
cajon de mármol, que se hallaba oculto abajo del trono. La joven bruja corrio hacia el antes de
juntarse con los demás. Subio los peldaños y vio dentro del compartimiento, un pergamino
antiguo enrollado. Rio lo tomo y lo guardo, para leerlo con su abuela mas tarde. Cuando
lograron salir de la sede de los caballeros oscuros, los cuatro vieron que un anciano vestido con
una tunica gris, botas y un sombrero de mago, los observaba parado en la entrada, en el medio
de la nevada, sin inmutarse. Su larga barba parecía escarchada, y su sombrero tenia algo de
nieve acumulada

-Hace mucho que no nos vemos, viejo amigo. – Dijo con gracia el hombre, dirigiéndose al
caballero.

-Perdoneme, ¿Quién es usted? – Pregunto Lisa, algo recelosa.

-Donde están mis modales, mi nombre es Eremes. Si no me equivoco usted es Lisa “La
Mestiza”.
- ¡Imposible! – Dijo Lisa, avergonzada – Discúlpeme, déjeme que lo presente hacia los demás,
ella es mi nieta Rio y el es mi hijo, Gabriel. Niños, el es Eremes El Gris.

-Mucho gusto, señor Eremes. – Rio estaba muy nerviosa. Ya conocia el nombre de Eremes.

-Es un placer, Eremes, mi madre siempre me hablo de usted.

-Disculpe, yo no lo conozco, pero es un placer. – Dijo el caballero

-Oh, Pero yo sí que te conozco. – Afirmo Eremes – Necesito tener una charla contigo, si no es
molestia.

-Pues dígame, ¿que necesita?

-Tiempos oscuros se acercan y necesito de tu ayuda.

-¿La mía? – El caballero parecía desconcertado

-Así es. Tienes un gran poder oculto dentro tuyo. – Todos oian atentos las palabras de Eremes
– Necesito saber si vas a salvar al mundo o condenarlo a su fin.

-Se ve que es algo muy importante, porque no vienen a mi casa y lo hablan más tranquilo ahí. –
Ofrecio Lisa – Estas cosas no se tendrían que hablar en público.

-Tiene razón joven Lisa. – Accedio Eremes – Vamos allá y te explicare todo.

Los cinco pronto emprendieron el camino a la casa de Lisa.

XXVII
Recordar la compasion

Prismat, o por lo menos como la recordaba Cecil, había cambiado muchísimo. En su momento,
fue una aldea que apenas llegaba a ciudad, y su punto fuerte era su gran catedral. Era una
aldea completamente avocada a la religión. Le rendian culto a Elohim, un dios todopoderoso,
pilar de una religión monoteísta. Al parecer la ciudad se había agrandado justamente bajo el
nombre de la religión con el paso del tiempo. Ahora era un gran reino, y en el centro de este,
se ergia la Gran Catedral Prismatica, una iglesia enorme, completamente construida de marfil,
granito, oro y roca. Amplios ventanales pintados con inmensos vitrales de la creación del
mundo de mano de Elohim adornaban varias partes de la colosal iglesia. A la lejania de esta, se
encontraba Cecil, ya por la mañana. Estaba apoyado en la baranda, observando la Catedral,
desde una de las plazas comerciales. El clima estaba parcialmente nublado, y el viento era
agradable. El dia, le evocaba memorias de tiempos pasados, y según el, también tiempos
mejores. Con el corazón atado a la nostalgia, Cecil se dejo llevar por los recuerdos, mientras
contemplaba el paisaje.

Pocos años le quedaban a la Edad del Sol, mas Cecil no tenia idea de esto. A sus 14 años de
edad, se encontraba sentado en el pasto de un monte que quedaba entre la granja de su
familia, y la ciudad de Ostrava. El dia estaba parcialmente nublado, y el viento soplaba,
meciendo su cabello y secando sus lagrimas. Una espada gladius estaba atada con cuerda a su
espalda. Se encontraba bajo la sombra de un roble, donde siempre iba a descansar luego de
entrenar, para recuperar el aliento. Su pelo aun no tenia canas, era negro, aunque las puntas
estaban manchadas de sangre, al igual que varias partes de su rostro y vestimenta. Tenia el
labio superior abierto al costado, aunque había parado de sangrar. Su ojo izquierdo, estaba
morado, y sostenia con su mano izquierda, una bolsa de hielo conjurado por un mago de la
corte, apoyándola en su ojo herido. Sus ropas sucias y maltrechas de cuero, demostraban su
rango de recluta en entrenamiento. Por aquellas épocas, solia pensar que hubiera preferido
continuar su vida de granjero, y olvidarse del difícil camino que conllevaba convertirse en
soldado. Pronto, pudo oir como el pasto cedia ante unas pisadas las cuales caian a un ritmo
despreocupado. Cecil maldijo por dentro, no quería ver a nadie en ese momento. Giro su
cabeza lentamente, viendo hacia atrás, y se arrepintió de maldecir. Un joven de su misma
altura llegaba al lugar. Tenia su largo cabello negro azabache atado en una cola de caballo. Su
tez era muy oscura. Sus ojos, color miel estaban calmos como el agua. Tenia una sonrisa suave
y amable en sus labios. En su boca, una barba hace poco afeitada comenzaba a brotar, en
forma de candado. Su porte era musculado. Llevaba una armadura de metal plateado oscuro
en su pecho, y en las piernas, unos pantalones reforzados con malla que llegaban hasta mitad
de los gemelos, una falda mediana de gladiador, de cuero color marron oscuro. Tenia el resto
de sus piernas, y los brazos, completamente descuebiertos. En el brazo derecho tenia unos
círculos de bronce, a modo de adorno a la altura del bicep. Llevaba en su espalda, atada, una
humilde lanza, de madera y metal. Cecil pensó por un momento, en como ese hombre, con
solo 16 años de edad, ya estaba siendo postulado como capitán de brigada, mientras que él
estaba entrenando como un recluta. Lo admiraba con todo su corazón. El hombre hablo
tranquilo

-Ey Cil, ¿terminaste de entrenar y no me avisaste para venir? – Pregunto el joven.

-Solo… me olvide, Patroclo. – Respondio Cecil

-O simplemente querias estar solo, que va. – Patroclo abrio sus brazos con las palmas
extendidas hacia arriba – ¿Porque esa cara larga?
Patroclo observo bien a su amigo. Su corazón se achico de angustia al verlo herido, y con
rastros de lagrimas. Luego, sintió ira. Sabia lo que le había pasado. Siempre que vio soldados
en ese estado sabia a que se debia, porque incluso el lo había pasado. Saco su lanza de la
espalda y la clavo en el suelo, luego camino hasta estar al lado de Cecil, aunque se quedo de
pie. Hablo sin mirarlo, observando la ciudad. Sabia lo difícil que era para Cecil llorar, y no
quería que se sintiese incomodo.

- ¿La prueba del gato, eh?

Cecil no respondio. No hacia falta que lo hiciese.

-Kor es un bastardo sin corazón, hombre. – Patroclo estaba irritado. Procedio a sentarse
lentamente junto a Cecil. – Recuerdo cuando tuve mi prueba. Días después lo desafie a un
duelo a muerte. Fui muy afortunado de que todo el consejo de maestros lo detuviera de
machacarme la cabeza con su baston.

La prueba del gato, del desalmado maestro Kordroy, era un método de convertir a los reclutas,
en soldados obedientes, que no respondieran a sus sentimientos, y era bastante efectivo.
Nadie quería estar bajo su tutelaje, pero desgraciadamente Cecil y Patroclo habían sido
designados a su división. La prueba consistía en que el recluta debia adoptar un gato, dps
semanas antes previas a una supuesta prueba, que según decía Kor, era para aprender a luchar
con un animal de compañía. Poco de esto era cierto. Una vez que el recluta se encariñaba con
el animal, pasadas las 2 semanas, tenia que ir a la arena de entrenamiento con el gato. Una vez
ahí, Kor se encargaba de maltratar y torturar al felino hasta la muerte, prolongando su
sufrimiento el mayor tiempo posible. Luego, desarmaba al recluta, y lo molía a golpes, en
medida de cuanto había llorado, gritado o intentado detenerlo en el proceso, para luego
denigrarlo por sus sentimientos, y enviarlo a descansar. Muchas veces la prueba servia de
filtro, y muchos reclutas abandonaban su puesto. Solo pasaban la prueba quienes no se habían
apegado al animal, o mostraban erradicar sus emociones. Quien no pasaba, tenia que tomar
otro año de entrenamiento para poder promocionar a soldado, en el peloton de Kordroy.
Quienes la pasaban, promocionaban en el momento. Cecil la había reprobado arduamente, y
su cara era testigo. Patroclo apoyo su mano derecha en la espalda de su amigo, el cual se
quebró ante el.

- ¿Sabes hermano? No fui capaz de hacer una mierda. – Cecil apretaba sus ojos y puños con
furia – Kor comenzó rompiendole las patas, y luego continuo sacándole un ojo con sus dedos.
Intente frenarlo y me tumbo cada vez, hasta que no pude hacer mas que quedarme en el
suelo… mirando impotente de rodillas… solo podía llorar o gritar… – Cecil necesito una pausa
para continuar – Para cuando termino… el pobre gato solo era una masa sangrienta… Luego de
matarlo lo arrojo a mi lado y me tiro al suelo. Se sento sobre mi pecho y me golpeo la cara por
cada palabra y cada llanto….

Patroclo froto un poco la espalda de Cecil con su mano. A veces el silencio era la mejor opción.
Esta fue la primera experiencia de Cecil con la perdida, mas no seria la ultima, aunque nada
tenia que ver con su misión actual, ni con su promesa

-Soy una desgracia… no podría ser jamás un soldado como tu Pat, ni mucho menos como Kor –
El tono de Cecil era amargo – Yo… no quiero tener sentimientos… creo que entiendo la lección
de la prueba, y lo mejor seria aplicarla…

Patroclo quito su mano de la espalda de su amigo, y luego de todo el rato, por fin lo vio a la
cara. Cecil bajo la mirada, en vergüenza de si mismo

- ¿Quieres saber lo que opino? Que todo eso es una puta mierda Cecil. – Patroclo sonaba
molesto, y frustrado – Lo que estas diciendo, solo lo dices por como se encuentra tu corazón. –
Patroclo respiro hondo para serenarse, y volvió a su tono calmo de siempre – Mira, ¿que crees
que ganaras borrando tus sentimientos? Lo único que conseguiras es volverte como Kor.
¿Realmente eso es lo que quieres? ¿Ser un bastardo sin alma?

Los llorosos ojos de Cecil se levantaron, para encontrar la mirada de su amigo con el único ojo
que podía abrir

-Hermano, llorar esta bien, sufrir es parte de lo que nos hace humanos. Si no tuvieras
sentimientos, dime, ¿que es lo que te diferenciaría de un no muerto? ¿De un baloth?¿ O de
cualquier otra bestia? Lo único que nos diferencia, que nos hace ser realmente humanos, son
nuestros sentimientos, y nuestra compasión, no permitas que te los arrebaten, hermano mio,
y mucho menos las olvides.

Cecil en silencio se dejo iluminar por la sabiduría de su mejor amigo y reflexiono por un
momento. Llego en sus adentros a una conclusión que lo marcaria y defirinira por el resto de
su vida. Jamas se permitiría olvidar sus sentimientos, pero los enmascararía siempre, con su
indiferencia. Eso se le daba bien y a fin de cuentas, no debía compartir sus sentimientos que
veía como debilidades con todos. Ahora algo consolado por las palabras de su amigo, y con la
atmosfera tensa mas alivianada, ambos se quedaron el resto de la tarde bajo la sombra del
roble, apreciando el dia y charlando despreocupadamente, como solian hacer luego de todos
sus entrenamientos.

XXVIII
Luna roja

En Prismat, la noche ya habia caido. La luna estaba llena, y era de color rojizo. Cecil busco una
posada para poder pasar la noche, encontrando refugio en el gremio de aventureros. Llegando
a su habitación, pudo distinguir lo que parecía la figura un viejo con una capa negra, que venia
caminando en dirección contraria a Cecil. Pronto cruzó camino con el. El encapuchado se
quedo parafo frente a Cecil, inamovible. Parecía apropósito, pero a pesar de las velas, la luz
parecía no penetrar la capucha.

-Disculpe señor, con permiso.

- ¿Te cuesta dormir no? – La voz del anciano sonaba ronca y rasposa.

- ¿Qué?

-No eres de por aquí… – El anciano lo miró, o eso creyo Cecil, y lo dejó pasar.

-No soy de este pueblo. – Confirmo Cecil, mientras avanzaba.

-Me refería a este mundo. – La voz del viejo sono desde la espalda de Cecil, dándole un
escalofrio atroz.

Una mano flaca y esquelética se apoyó sobre su hombro y Cecil no tardo en sentir como la
mano comenzó a hundirse en su cuerpo. Este comenzó a sentirse cada vez mas frio, y sus
fuerzas mermaban mientras mas se hundia la mano.

-Nunca dejo nada inconcluso. Te me escapaste una vez y no permitiré que lo vuelva a hacer.
Tengo mucho trabajo pendiente, pero espero con ansias el dia en que pueda venir
personalmente a llevarte de nuevo como aquella vez. A donde perteneces. Nadie escapa de
mis garras. Mucho menos dos veces. Te arrastrare hasta el infierno Cecil Ivory. Hasta ese dia
recuerda estas palabras. Yo soy tu dueño, tu alma es mia.
Las velas se apagaron y a los pocos segundos volvieron a encenderse. Cecil recobró sus fuerzas.
Manteniéndose de pie. El viejo se había ido. Cecil entro a su habitación y se quito la armadura.
Para su sorpresa, una mancha a modo de cicatriz cubria su hombro. Tenia la forma de una
mano.

E n Ostrava, saliendo del bar con más que una resaca, Gilgamesh se tambaleaba por las
calles, buscando algun sitio para dormir. El cielo nocturno se dejaba ver lleno de
estrellas. Sus ojos se posaron en la luna teñida.

-Mira la luna… que hermosa luna – Gilgamesh hablaba balbuceando – Pero con olor a sangre…
Parece que alguien morirá esta noche… Ojala sea yo…

Continuo su marcha hasta quedar atrás de una humilde casa. Paso junto al cobertizo de esta, y
observo la puerta abierta. Paso dentro del lugar, oscuro y ventilado. No paso mucho tiempo
para que el hombre borracho terminara por desmayarse sobre un monton de paja.

Al otro día, ya de mañana, en todas las ciudades y reinos los periódicos eran entregados por
águilas, arrojados desde el cielo. La noticia titular, hizo ruido en todo el mundo, sorprendiendo
a todos. En Ostrava, el grupo de Eithan, no seria la excepción. Los tres estaban desayunando
en una mesa del gremio.

- ¡¿QUE?! - Exclamo Eithan, alterado – Esto es imposible

- ¿Qué sucede Eithan? – Pregunto Yoland.

-No nos asustes de esta manera en plena mañana – Dijo Evelynn, algo irritada.

- ¿Como puede ser? – Eithan apoyo el periódico en la mesa de forma atolondrada, arrojando
su taza al suelo por accidente. Yoland y Evelynn miraban el diario, incrédulos de su contenido.

TERRIBLE ATAQUE AL GREMIO 2. 'EL GREMIO DE LA LUZ'

El gremio fue arrasado durante la ultima noche. Nadie sabe exactamente que osccuio y
algunos supuestos testigos lo adjudican a un ataque de bandidos, mientras que otros hablan
directamente de monstruos. Las puertas de Tierra Santa fueron abiertas y no se descarta un
ataque desde dentro. Las imagenes que encontraron al registrar parte de la sede podrían
hacer vomitar al mas experimentado aventurero, según fuentes oficiales. Se rumorea sobre
cadáveres mutilados y desmembrados, por varios saliones. Las palabras del Jefe de gremio
intentan arrojar un poco de luz sobre el misterio que acontece este horripilante crimen.

Al costado de la nota, en blanco y negro, estaba la imagen de un hombre alto, de tez oscura,
aunque al parecer sus ojos eran claros. Su cuerpo era muy musculado, enfundado en una
armadura, decorada por una bata blanca, con parches de color. En su espalda, tenia un
mandoble enfundado. Sonreía carismáticamente

“Fue un ataque interno”, asegura Victor Doreck. “Alguien intento destruirnos. Un amplio
porcentaje de miembros, el cual no revelare, fue hallado muerto en la sede central, mientras
que doce de nuestros paladines de elite siguen desaparecidos. Nos podremos recomponer
pero, la muerte de nuestros hombres, como del jefe de gremio, nos ha impartido un inmenso
dolor. Luche junto a el, codo a codo en el ataque, pero fuimos superados. No pienso permitir
que el culpable de esto quede impune. Juro por nuestro dios, los paladines buscaremos sin
descanso hasta dar con el culpable.

La nota terminaba con una pequeña reflexión al pie de la página.

Muchas gracias por la entrevista, y felicitaciones, señor Victor Doreck, por su nuevo puesto
como jefe de gremio.

- ¿Mataron a tantos paladines? – Pregunto Evelynn, algo perturbada.

-Pero si Tierra Santa es uno de los lugares más seguros del mundo. – Comento Yoland.

-Con que a esto se refería Eremes… - Reflexiono Eithan.

Mientras tanto, un hombre tirado durmiendo tirado sobre una cama de paja en un cobertizo,
es despertado por el golpe de un diario, que habia caído en su rostro por una ventana.

-Creo que me dormí en cualquier lado… – Gilgamesh tomo el periódico – ¿Tierra Santa
atacada?... Ya es el cuarto gremio atacado este año. Parece que los traidores están trabajando
duro. Es como pronostico Sebastián ese día…
Pronto se levanto y se dispuso a seguir su viaje, en dirección a las puertas de Ostrava, no sin
antes, entrar a un bar para beber una cerveza. Mientras caminaba por la ciudad, cerca del
gremio de aventureros, un grupo de cuatro caballeros que entraban a Ostrava, pasaban por la
calle, golpeando a una señorita que se encontraban con sus dos hijos en la entrada, tirándolos
al suelo. Detrás del grupo, traían un carruaje tirado por dos caballos. Uno de los animales tenia
atado a el cadáver de un hombre, que iba siendo arrastrado por el suelo durante el avance. En
la parte de atrás del carruaje, habia enganchado un vagon cuadrado, cercado por barras de
metal, como si fuera una prisión andante. Dentro de esta, se encontraba un enorme león,
mucho mas grande que uno normal, y su cola era una maliciosa serpiente constrictora.
Gilgamesh se acerco a la mujer, ayudándola a levantarse, junto con sus hijos.

- ¿Estan bien?

-Muchas gracias caballero, estos malditos se creen que son dueños de todo. – Dijo la mujer,
enojada.

-La gente es asi. Yo me encargare – Gilgamesh llevo su mano a una de las espadas que tenia en
la cintura.

-Señor… no se meta en problemas. – Advirtio uno de los niños.

-Los problemas siempre llegan a mi.

Los caballeros pudieron ver como Gilgamesh se dirigía hacia ellos. En el peto de sus armaduras,
llevaban el emblema de uno de los gremios.

-Disculpen caballeros, veo la marca del gremio 11 en sus pechos. Por lo que veo, ya no les
enseñaron educación a los soldados.

- ¿Quien eres tu mugroso? Alejate antes de que te hagamos pasarla mal

-Oigan, ¿ese no es el traidor? – Pregunto uno de los soldados

-Pues se parece bastante

-Tienes razón, es Gilgamesh, el traidor ¿no? – El caballero llevaba su mano al mango de la


espada que yacia en su espalda.

-No vuelvas a llamarme asi, ¿Queda claro? – Gilgamesh le dio un empujon con su pecho al
soldado que lo habia ofendido. – Jamas manche mi honor. Yo fui a quien traicionaron.

-Suena a algo que diría un traidor.

- ¿Siquiera lo escuchan? La rata traicionera quiere salvarse el culo


-Atrapemoslo, y nos ascenderán.

Los soldados lo rodearon, desenfundando sus armas. Hachas, dagas y espadas, todas
preparadas y sedientas de sangre. El acusado desenvaino sus dos espadas, preparándose para
la pelea. Los dos soldados de la derecha atacaron con sus hachas, uno lanzo un golpe de
derecha a izquierda y otro en sentido contrario, para partir en dos a su objetivo. Gilgamesh con
un movimiento de sus espada bloqueo las dos hachas arrastrando sus pies hacia atrás por la
fuerza de los golpes. Por el flanco, un soldado le lanzó una daga. El logro divisar el movimiento
con el rabillo de su ojo, esquivando el proyectil con una finta. La daga siguió su curso y se
incrusto en el brazo de un soldado con hacha, que solto su arma. Lo que siguió, fue el golpe de
una katana, dirigido al caballero herido. Este, en un intento desesperado se salvar su vida se
giro, y atrapo a su compañero, para lanzarlo hacia Gilgamesh. El hombre, asustado, intento
acertarle un golpe, pero Gilgamesh lo esquivo sin problemas, para mover su espada de forma
sutil, hacia arriba, impactando en el cuello de su enemigo. El cuerpo del sujeto cayo
desplomado al suelo, separado se su cabeza. Los tres caballeros quedaron helados.
Lentamente, comenzaron a retroceder. Gilgamesh aprovecho y se lanzo hacia ellos, con sus
espadas hacia adelante. El soldado que tenia en frente salto hacia atrás esquivando la
estocada, pero el espadachin giro sobre si mismo, subiendo sus espadas en el movimiento,
cortándole en dos la cabeza al soldado. Los dos caballeros restantes intercambiaron miradas y
comenzaron a correr, abriéndose en dos caminos. Gilgamesh sin prisa, giro y comenzo a
caminar hacia uno de ellos. El que no estaba siendo perseguido, logro llegar al carruaje. De la
alforja que tenia el caballo, saco un papel, una pluma y un frasco de tinta. Escribió una carta a
toda prisa, para darsela con desesperación a un águila que yacia en una pequeña jaula, en el
asiento del carruaje. El águila abrió sus alas y voló, perdiéndose en el horizonte. El soldado
recuperaba el aliento cuando de golpe, escucho un grito, seguido del ruido de carne
desgarrada. Al voltear, vio a Gilgamesh partiendo el cuerpo de su compañero por el torso, en
forma de cruz, cayendo descuartizado. El caballero no podía moverse, paralizado por el miedo,
viendo como el enemigo que habían rodeado, venia para terminar su vida.

-Llevo 10 años peleando contra los soldados que me manda el gremio 11, y solo escucho lo
mismo salir de sus bocas. – La mirada de Gilgamesh era fría. La del soldado, solo transmitía
temor – Que no tengo honor, que soy un traidor, que ensucie el nombre de mi casa, de mi
padre, de mi espada…

El hombre, en un ataque de pánico, largo a correr hacia la puerta de la jaula, para abrirla, con
intención de que la bestia salvara su vida. La bestia al ver la puerta abierta, sin problema,
arranco las cadenas que la ataban. El crujir de la madera, y el movimiento del carruaje dejo en
evidencia el inmenso peso de la quimera. Esta miró al soldado que lo había aprisionado y le
salto encima devorando primero su cabeza, para seguir bajando hasta haberse comido medio
torso.
Ruidos de acero y gritos de personas se escuchaban en el gremio de aventureros. El horror con
el que gritaban los hombres helaría la sangre a cualquiera.

- ¿Qué demonios está pasando afuera? – Dijo Eithan, levantándose de su asiento.

-Se oye como si fuera el fin del mundo – Añadio Yoland.

- ¿Qué esta sucediendo en esta ciudad? – Pregunto Evelynn.

Los 3 salieron del gremio, solo para encontrar tres cadáveres mutilados regados por el suelo, y
otro cadáver, a medio comer. Frente a estos, yacia un hombre rubio, empuñando dos espadas
y llevando una en la espalda baja. El hombre estaba empapado en sangre. Frente a él, habia
una bestia casi del mismo tamaño que el carruaje. Jirones de carne colgaban de sus fauces.

- ¿Pero que carajos? ¿El hizo esta masacre? – Se pregunto el Hakafell.

Uno de los niños se acercó a Eithan

-Señor… Señor… ¿usted es un caballero fuerte y bueno?

- ¿Que haces aquí? Un niño no debería ver esto. – Eithan se agacho para estar frente a frente
con el chico, dándole una sonrisa – Vamos a detener a esos dos ahora mismo. ¿Por qué no
entras al gremio? Ire a buscarte cuando termine.

-Por favor no le hagan daño al señor… El nos ayudo, no es malo…

El niño largo a correr con su madre y su hermano, quienes lo recibieron con un abrazo, para
luego esconderse en el gremio.

-Tenemos que ayudarlo.

- ¿Estas loco o te golpeaste la cabeza? – Yoland parecía algo inseguro – ¿Ves el tamaño de ese
monstruo?

-Si tenemos miedo ahora, ¿cómo vamos a salvar al mundo? – Respondio Eithan decidido.
Yoland cruzo miradas con Evelynn y terminaron asintiendo con sus cabezas. Los tres se
pusieron junto al samurai, enfrentando a la bestia.

- ¿Que hacen? ¿Acaso quieren morir? – Pregunto Gilgamesh, sorprendido por la ayuda.

-Eso debería decírtelo yo a ti – Respondio Eithan – Como caballero carmesi, tengo más
autoridad para soltar esa frase

-Mueran entonces. – Gilgamesh miro a Eithan, con desconfianza y desprecio, para lanzarse
contra la quimera.

-Maldición… Yoland cúbrenos con tus flechas. Evelynn, estate lista, esto va a ser sangriento.

-Dalo por echo – Yoland saco tres flechas de su carcaj, y tenso su arco. – A tu señal.

Evelynn asintió. Eithan desenvaino sus hojas y salió disparado detrás de Gilgamesh. Cuando se
alejo de sus compañeros, Yoland disparo las tres flechas, para luego continuar disparando. El
espadachin ya estaba luchando contra la bestia, que trataba de alcanzarlo sin éxito con sus
garras. El guerrero trataba de ensartar sus espadas la quimera. Esta esquivo los golpes de
Gilgamesh, pero al hacerlo las flechas de Yoland se incrustaron en su lomo. El monstruo rugio
enfadado, arremetiendo contra Gilgamesh. Este intento rodar por el suelo para esquivar el
ataque, pero la garra logro alcanzarlo, desgarrando su bicep derecho. De no ser por rodar, lo
hubiese perdido. El herido espadachin se incorporo y retrocedio se alejó unos metros, presa
del dolor. Pero poco a poco pudo sentir como su brazo dejaba de padecer. Tambien percibio
que ya no se desangraba. Volteo su cabeza, y pudo ver como la chica pelirroja a la distancia
curaba su herida, mientras lo apuntaba con un baculo y recitaba conjuros. Eithan alcanzo a
Gilgamesh, dispuesto a saltar hacia la quimera, que evitaba avanzar hacia ellos por las
incesantes flechas de Yoland.

- ¡Ey, tu! – Eithan volteo hacia Gilgamesh cuando lo oyo llamarlo – Cúbreme. Dame 3 minutos
para prepararme…

-Que facil decirlo…

- ¿Qué paso con tu autoridad de caballero carmesi? ¿No eres un guerrero? Hazlo.

Eithan, volvió su vista a sus compañero y les grito instrucciones.

- ¡EVELYNN! ¡YOLAND! ¡cubran al rubio!


Ambos asintieron. Eithan se lanzo por la derecha, rugiendo y agitando sus espadas, para llamar
la atención de la quimera. Esta se abalanzo contra el héroe, que logró esquivar, para luego
correr hacia el carruaje para usarlo de cobertura. La bestia intentó dar un zarpazo a Eithan,
pero las garras chocaron con el carro. La quimera entonces, se dispuso a rodear el carruaje
buscando a su presa, pero se dio cuenta que algo estaba mal. Eithan no estaba por ningún
lado. Entonces, la criatura oyo un grito levantando la vista. Eithan habia trepado el carruaje, y
ahora estaba saltando de este con sus espadas en alto, preparado para soltar un buen golpe.
La bestia se paro en dos patas, retrocediendo con un rugido, y moviendo sus garras para
intentar alcanzar al Hakafell, pero este esquivó con gracia en el aire, y descargo un golpe
cruzado, cercenándole varios dedos a la quimera. La criatura rugio nuevamente y salto hacia
atrás, dejando un rastro de sangre oscura. La serpiente se movía, analizando al joven. La
criatura se pego a la carreta, y la cola se escurrio por debajo de esta, con intención de atacar a
un desprevenido Eithan. A unos metros, Gilgamesh respiraba profundo, meditando. El viento a
su alrededor se arremolinaba de a momentos. Su mano derecha sostenia el mango de la
espada negra. Habia enfundado sus otras hojas. Habia podido meditar por tres minutos, sin
interrupción. Comenzo a desenfundar su espada. Yoland y Evelynn, veían como por el brazo
derecho del hombre, comenzaban a subir venas negras. El samurai parecía estar inmerso en un
inmenso sufrimiento. De pronto, Gilgamesh abrió sus ojos. Podia ver claramente como la
ciudad estaba ardiendo en llamas. Monstruos y muertos vivientes se hacían un banquete en
plena calle, devorando cientos de personas. El espadachin sacudió su cabeza cerrando los ojos
y cuando los abrió nuevamente, pudo ver de nuevo el mundo real. La espada negra emanaba
oscuridad. Los dos miembros de la comunidad se quedaron sorprendidos con lo que veían.
Eithan y la quimera se estaban midiendo, preparándose para el siguiente golpe, pero la
serpiente salió a toda prisa de su escondite, apresando al héroe. Pronto lo tiro al suelo, y lo
comenzo a arrastrar por debajo de la carretilla, hasta estar justo debajo de la criatura, quien
estaba ansiosa por hincarle el diente. Una flecha de Yoland cruzo a toda velocidad, dándole de
lleno en uno de los ojos de la bestia, que se retrocedio adolorida, cediendo su agarre. Eithan
no perdió tiempo, y rodo por debajo del vehiculo, poniendose a salvo. El monstruo miro con su
único ojo al centauro, bestia miro con su otro ojo al centauro gruñendo, listo para arremeter,
pero por la derecha, apareció Gilgamesh. Habia caminado a paso lento, y ahora estaba ahí de
pie, como si no le importara. La quimera tomo envion y salto hacia el, con sus fauces abiertas
por completo. El samurai ni siquiera se inmuto. Solo pronuncio unas palabras por lo bajo, con
la mirada clavada en la bestia.

-Ataques multiples.

Gilgamesh en un instante desenfundo, y movió su espada rápidamente a una velocidad


vertiginosa. La bestia parecio desviarse, y cayó parada detrás del espadachin, pero antes de
que pudiera siquiera moverse, su cuerpo se desprendio en decenas de trozos, que se
desparramaron en el suelo, dejando un inmenso charco de sangre. Ninguno de los tres
aventureros podían creerlo.
-Increible – Yoland estaba boquiabierto

- ¿Qué fue esa técnica? – Penso Eithan para si.

-Eso es… Magia oscura… – Evelynn parecía preocupada.

Gilgamesh guardo su espada, para caer de rodillas en el lugar. Sangre le escurria entre los
dientes. Evelynn corrio hacia el

- ¿Estás bien? Dejame ayudarte.

-Estoy bien, no te preocupes.

Gilgamesh se limpio la boca con el puño y se levanto a duras penas. Las piernas le temblaban.
Como si no hubiese pasado nada, el espadachin comenzo a dirigirse al gremio, para su cerveza
pendiente. De pronto, el hombre vio como Eithan se puso frente a el de un salto impidiéndole
continuar, extendiéndole la mano.

-Eso si que fue un buen ataque – El joven estaba sonriente – Mi nombre es Eithan, un gusto

Gilgamesh se limito a mirarlo, y siguió caminando, ignorándolo. Eithan se sorprendió ante el


desaire y volteo

-Es de mala educación no saludar, ¿sabias?

Gilgamesh se detuvo, dándole la espalda.

-Odio los de tu calaña. – Dijo a secas – No confío en gente de los gremios.

El hombre abrió las puertas del gremio, y desaparecio tras ellas.


XXIX
Riña de taberna

Con amargura, Eithan entro al gremio de aventureros, con sus compañeros detrás de el. Solo
quería sentarse y terminar su tecito. Ya sentado en su mesa, tanto Evelynn como Yoland veían
como Eithan tenia su mirada seria clavada en Gilgamesh, que estaba bebiendo a lo lejos, de
espaldas al grupo. Su mal humor era evidente, estaba frustrado por el desprecio del
espadachin. Estaba tan inmerso en sus pensamientos, que la primera vez que Evelynn se
dirigió a el, siquiera se molesto en escucharla, hasta la segunda insistencia.

- ¿Y que vamos a hacer ahora?

- ¿Eh? – Fue lo único que atino a responder Eithan, confundido

- ¿Que tienes pensado hacer?

-Terminar el desayuno.

-No tonto, después.

-Ah...no se. ¿Yoland?

-A mi no me mires, tu eres el líder.

- ¿Desde cuando? – Pregunto Eithan, desentendiéndose.

-Desde que iniciaste esta comunidad.

- Bueno – Eithan se sostuvo la cabeza con una mano, desde la frente – Vere si hay algun
encargo para hacer un poco de dinero mientras esperamos a Eremes.

Eithan decidio esto apropósito, debido a que el tablon estaba cerca de la barra. Se levanto y se
puso en marcha. Mientras el se acercaba, Gilgamesh terminaba de pagar, a la vez que se
levantaba, algo mareado. Su cerveza habia sido acompañada por varias mas. Cuando volteo,
dio unos pasos poco firmes, y sin darse cuenta choco con el torso del Hakafell, que empujo con
el hombro.

- ¡Ey, cuidado! – Reprocho el heroe


Gilgamesh solo respondio con una mirada furtiva.

-Bastardo – Dijo Eithan, continuando su camino.

- ¿Que dijiste?

- Lo que escuchaste – El Hakafell no se molestaba en voltearse, mientras se lleva una hoja que
colgaba del tablero.

Volvio a su mesa, y se sento dispuesto a leer en voz alta la tarea a realizar, pero un subito
golpe en la mejilla lo tiro de su asiento directo al suelo de madera. Gilgamesh estaba al lado de
la mesa.

-A mi nadie me insulta y mucho menos un miserable recluta de gremio.

Eithan boca abajo, se apoyo rápidamente en sus manos y se impulso, levantándose de un giro,
atacando a su agresor con una patada, que impacto a su ojetivo en el abdomen, lanzándolo al
suelo. Se levanto y se abalanzo sobre Gilgamesh, mientras este trataba de resistirse, el Hakafell
se le subio encima, y le descargo un puñetazo en la cara. Furioso, Eithan lo golpeo otra vez,
pero cuando iba a ir por el tercero, su oponente libero su brazo, tomando del cuello al héroe.
La presión que ejercía Gilgamesh era fuerte, y con la sopresa de Eithan, pudo liberar su otro
brazo, para darle un fuerte derechazo en la mandíbula, sacándoselo de encima. El hombre
rubio se levanto del piso, y le propino al Hakafell una patada en las costillas haciendolo rodar,
para luego levantarlo por su cinturón y peto, y lanzarlo por las puertas del gremio, chocando
contra el pavimento. Lentamente el héroe se empezó a poner de pie en lo que su oponente
salia a la calle. Desenfundo una de sus espadas con celeridad. Eithan logro reacciocionar justo
a tiempo, sacando su espada para un choque. Fue el primero en hablar, algo preocupado
porque la situación habia escaldo a mayores.

- ¿Qué demonios te pasa?

Gilgamesh solo miraba a Eithan con ira, y presionaba sin cesar.

- ¡Eromir!
La espada se imbuyo con una luz blanca. Gilgamesh noto como la fuerza del choque aumento.
Aguanto con esfuerzo, pero noto como el aura emanaba calor, lo que comenzó a elevar la
temperatura de su hoja, al punto de ponerla casi al rojo vivo. Tuvo que saltar hacia atrás,
tomando distancia con Eithan.

- ¿Que fue eso? ¿Un caballero carmesi usando magia?

-La magia es de este anillo. – Afirmo Eithan – Baña mi espada con luz divina, y puede quemar
con su calor a mis enemigos. Es útil para purgar a los esbirros de la oscuridad.

- Que poder de mierda.

Gilgamesh se abalanzo lanzando un golpe pero Eithan lo detuvo con su espada, dandole una
patada dirigida al estomago de su oponente, que bloqueo el ataque, sin poder evitar
retroceder. Enojado, el borracho lanzo un gancho pero Eithan lo evadio. La mente del Hakafell
fue atravesada por un pensamiento. Creia que habia mejorado su habilidad de combate tras el
duelo con Cecil. El joven se alejo, retomando la distancia.

-Se que llevas un gran poder, lo vi en la pelea contra ese monstruo. Pero tambien se que para
usarlo debes concentrarte por un rato. Y no pienso dejarte hacerlo. – Eithan apunto a su
oponente con su hoja.

-Sige hablando idiota, como si necesitara usar la espada negra para matarte aquí. No como tu.

El Hakafell miro desafíante ,y murmuro

-Eromir – La espada volvió a la normalidad.

Gilgamesh corrió hacia el a toda prisa desenfundando su segunda espada, y lanzándose con un
ataque giratorio. Eithan se dio cuenta que no tenia opción, si queria mantenerse igualado,
tendría que usar su otra espada. Tomo su otra espada y bloqueo las armas rivales. Ambos se
alejaron y volvieron a la carga, para chocar sus espadas. Esta vez al chocar, Eithan salto hacia
atras y cuando su oponente comenzó a ir a su encuentro, el joven giro sobre si mismo, y
cuando dio una vuelta, soltó una de sus espadas, arrojándola contra Gilgamesh, que freno
extrañado por la estupidez que estaba haciendo su rival. Eithan corrió hacia el, pero el rubio
tuvo que concentrarse en desviar la espada. Asi lo hizo, pero el Hakafell corrió con todas sus
fuerzas, demostrando una considerable celeridad. Cuando Gilgamesh se di cuenta, había
desviado la espada, pero ahora tenía a su oponente frente a él, con la hoja de su otra espada
apuntándole al cuello, dando fin al combate.

-Dormiste. – Dijo Eithan con una sonrisa en su rostro.

-Supongo que ahora no puedo ignorarte…

-Mira voy a ser directo. El mundo está al borde de su extinción, y estoy formando una
comunidad para salvarlo de quien quiere destruirlo. Veo que eres alguien muy fuerte, por eso
quiero preguntarte, si te unes a nosotros. – Eithan enfundo su espada – O puedes seguir con lo
tuyo, no voy a obligarte si no quieres.

- ¿Realmente crees que me derrotaste, no? – Gilgamesh miro al héroe con picardía. – Dame un
tiempo y lo pensare. Me has sorprendido con tu manera pelear y eso lo respeto.

- ¿Aun sabiendo vengo de un gremio? – El rubio rio levemente al escuchar la pregunta

-Si, aun sabiéndolo.

Eithan se dirigió hacia el gremio de aventureros, dispuesto a ir con su grupo para resolver lo
del encargo.

-Bueno, pues ya sabes dónde encontrarme – Dijo, de buen humor.

XXX
Los amantes

- ¿Tenias necesidad de batirte a duelo con un sujeto que acabas de conocer solo porque no le
caíste bien? – Pregunto Evelynn con bastante molestia, mientras sanaba las heridas del rostro
de Eithan con su magia.

-A veces peleando es la única forma de llegar a algunas personas. – Dijo el héroe a modo de
excusa.
-Nunca nos dijiste cual era nuestro encargo

- ¿En serio?

-No. Fuiste interrumpido por el puño de ese hombre rubio. – Dijo Yoland, uniéndose a la
charla.

-Cierto... Bueno, veamos. – Eithan extendió el anuncio sobre la mesa – Hay una mansión aquí
en Ostrava, al este. Se dice que ahí se practican rituales con gente, y supuestamente
transformaron a los mayordomos y mucamas en seres oscuros. Al parecer pagan bien. El que
realizo el encargo afirma que estará esperando a unas cuadras de aquí, en unas entrecalles.

Tras un rato caminando, el grupo llego a la ubicación anotada en el anuncio, para ver un niño
solitario, de unos diez u once años, sentado en la angosta calle. Estaba vestido de forma muy
correcta y pulcre. Eithan se acercó con cautela.

-Disculpa, ¿tú eres Benjamín?

-Si. ¿Vinieron por el encargo? – Los ojos del niño brillaban con esperanza.

-Asi es.

- ¡Genial! Síganme los llevare hasta mi hogar.

El chico se levantó con un enérgico salto, y comenzó a caminar, mientras los tres iban detrás.
Lo siguieron varias cuadras, hasta que tras caminar por media hora, llegaron a donde
comenzaba el predio de una enorme y lujosa mansión blanca. El patio parecía extenderse
hectáreas.

-Muchacho, ¿podrías quedarte por aquí afuera?, no quisiera que corrieras peligro con las
criaturas que mencionaste en el anuncio.

-Emm… bueno, estaré jugando por aquí, hasta que me llamen. Por favor, ayuden a mi madre...

La comunidad atravesó las rejas, entrando en la propiedad. El campo era muy grande. Un
sector del jardín estaba lleno de flores exóticas, y árboles frutales varios. en el otro extremo
del lugar, había un establo. Cerca de él, trotaban caballos de una crin majestuosa, y bien
musculados. Mientras avanzaban hacia la casa, ya más de cerca, en uno de los balcones
pudieron ver a una mujer muy hermosa de pelo negro largo, con el flequillo hasta la frente,
que tenía puesto un vestido blanco, elegante pero sensual. A su lado, un hombre también muy
apuesto, bastante pálido, vestido con un traje muy fino, terminado en una capa negra. Su
cabello rubio claro caía hasta sus omoplatos, con el frente peinado en copete hacia un
costado. Ambos los observaban fijamente en silencio. La pareja no aparentaba tener más de
40 años, seguramente, 35. Cuando llegaron a la puerta, Eithan tomo el llamador y azoto la
robusta puerta de madera. Al tercer golpe, escucho como se movía el picaporte. El hombre
que habían visto en el balcón abrió la puerta.

-Buenas tardes. ¿Qué es lo que los trae a mi hogar? – La voz del hombre era serena y amable.

-Nos informaron que aquí se practican rituales macabros con humanos. Estamos para
investigar.

-Oh… eso. Solo fue una fiesta temática que organizamos con mi esposa no tienen nada de qué
preocuparse, jóvenes viajeros. – El hombre abrió más la puerta, mostrando el ostentoso
interior de la morada. – Vengan, entren. Mi esposa está cocinando para la cena con los
cocineros. Calculo de más, pueden quedarse a comer, y comprobar con sus ojos, que aquí no
hacemos esas cosas.

Entrando a la morada, el trio quedo deslumbrado de lo hermosa y grande que era la mansión,
sin contar toda la cantidad de costoso decorado. Varios mayordomos y mucamas transitaban
el lugar, yendo y viniendo en sus tareas. Más allá de lo lujoso, nada era fuera de lo común

- ¿Quién es usted amable señor?"

-Oh, mira que modales los míos. Me llamo Mephiles Moevius. A sus servicios. ¿Como se llaman
ustedes?

-Mi nombre es Eithan Menethill. La chica de derecha es Evelynn Basphoramus y el caballo de


mi izquierda es Yoland. – Eithan dijo lo último en tono de broma, pero no evito que Yoland lo
mirara con mala cara.

-Es un placer. – Mephiles estrecho su mano con Eithan, hizo una reverencia frente a Yoland, y
al final, tomo la mano de Evelynn para darle un beso en el dorso.

-Que buenos modales. – Dijo la maga, algo sonrojada.

-Síganme, les presentare a mi esposa.

Mephiles los guio por pasillos llenos de habitaciones, hasta llegar una sala grande, de paredes
blancas. Era la cocina del lugar, y por lo menos a simple vista, parecía tener más de 6
empleados domésticos. En el centro un gran caldero, donde estaba uno de los cocineros
revolviendo un estofado. Había cientos de estanterías, con todo tipos de comestibles. Especias,
frutos secos, carnes en conserva, frutas, verduras y una amplia variedad de hormas de queso.
En una mesada, se encontraba de espaldas la misma mujer de blanco que habían visto al
llegar. Estaba picando vegetales.

-Amor, tenemos visitas.

La señorita dejo lo que estaba haciendo para voltear al grupo. Era mucho más hermosa de lo
que pudieron divisar en la lejanía. Su piel era blanca como la nieve y su cabello oscuro como el
azabache. Sus ojos eran algo cerrados, no mucho. Sus rasgos eran finos y delicados, y sus ojos
color verde deslumbraban como dos astros en una noche oscura.

-Vaya que agradable sorpresa. – Su voz era dulce, como oír una sinfonía – ¿por qué no me
avisaste que los harías pasar? Me hubiera puesto algo más agradable que este pijama

-Te ves hermosa con eso y sin eso. – Dijo Mephiles, medio en broma medio en serio. Su esposa
lo abofeteo bromeando, fingiendo ofensa.

-Me llamo Taya Laurent, un placer.

Los tres se presentaron, y terminadas las cordialidades, la pareja los escolto en un tour por la
mansión. El tiempo pasó más rápido de lo que pensaban. Cuando terminaron, volvieron todos
juntos al comedor, donde una larga mesa de caoba los esperaba, adornada con un mantel
blanco, y fina vajilla de porcelana. De cada lado de los platos había tres tenedores y tres
cuchillos, junto con dos cucharas. Sobre la mesa estaba servido un banquete enorme. Carne,
ensaladas, guarniciones, salsas, vino caro. Ninguno de los tres había vivido antes una cena así
de prestigiosa. Mientras los mayordomos comenzaban a servir a los comensales, Mephiles
decidió hacerles una pregunta a sus invitados.

- ¿Pueden repetirme la razón por la cual han venido? – Mephiles chasqueo sus dedos y un
mayordomo se acercó a servirle vino

-Pues Eithan tomo un encargo donde decía que en esta mansión hacían rituales con gente
convirtiéndolas en seres oscuros

El mayordomo que le estaba sirviendo vino a Mephiles comienzo a sudar, visiblemente


nervioso
- ¿Es por esa fiesta que armaste hace unos días? – Taya sonaba algo molesta con su esposo.

Mephiles no le presto atención. Parecía analizar al mayordomo. De pronto, volvió a voltear


hacia Evelynn.

- ¿Y quién fue el que puso ese encargo?

-Un niño llamado Benjamín.

-Es curioso, pensé que estaría comiendo con nosotros… – Eithan estaba algo receloso. – ¿no le
avisaron a su hijo que ya estaba la cena?

Mephiles y Taya intercambiaron miradas. La mujer parecía preocupada.

-Eithan, nosotros no tenemos hijos. – Dijo Mephiles, con franqueza.

- ¿No es...el hijo de una de tus mucamas, cielo?

-Jajaja ese niño sí que es travieso… Verán, es una larga historia, pero voy a resumirla. Déjenme
advertirles, que no es una historia agradable. – Mephiles tomo largo sorbo de su copa. –
Teníamos un mayordomo un poco mal de la cabeza. Un día de la nada, capturo y violo a una de
mis mucamas, dejándola embarazada. No tuvimos más opción que ayudarla tener el niño, la
mujer quería tenerlo. A pesar de eso, no fue una buena madre, Benjamín nunca recibió la
suficiente educación.

- ¿Y que fue del mayordomo? – Pregunto Yoland

-Yo mismo lo mate y enterré. No sin antes maldecir sobre su tumba.

-Mephiles es muy bueno con nuestros empleados. Jamás les exige nada. – Taya sonaba
amorosa al hablar de su esposo – Pero a quien se pasa de la raya, lo castiga de manera muy
severa.

-Bueno, dejemos de hablar de eso. – Mephiles tomo una pata de jamón y comenzó a cortarse
rebanadas. – ¿Que les pareció la mansión?

-Muy hermosa señor, parece fácil perderse aquí. – El cumplido de Eithan fue genuino.

-Jaja me alegra que te guste.

-Se ve que están cansados. ¿Porque no se quedan a pasar la noche? – Ofreció Taya – Puedo
darles habitaciones con camas muy cómodas y para ti Yoland… tengo un establo muy bonito.

-¿Les parece bien? – Pregunto Eithan a sus compañeros, con la comida aun en la boca.
Yoland y Evelynn asistieron con la cabeza

-Aprecio el gesto señora – Dijo, levantándose y haciendo una reverencia

-No hacen falta reverencias muchacho. – Mephiles clavo sus ojos en los del Hakafell – Por
cierto, antes de que te vayas a dormir, tengo que hablar contigo en privado.

-Cielo no estreses al chico, terminemos de comer primero.

La cena prosiguió, acompañada de charlas triviales. Yoland fue el que menos hablo. Taya
compartió la opinión de que le parecía un muy buen oyente. Todos comieron hasta estar
saciados, y como remate a la cena, dos cocineras entraron al comedor trayendo consigo un
enorme pastel, de varios pisos, que termino quedando casi por completo. Taya fue la primera
en levantarse. Sus movimientos eran delicados y medidos.

-Evelynn, ¿quieres acompañarme? Me gustaría mostrarte tu habitación. – Taya le sonrió


amablemente.

-Me encantaría señora Laurent.

-No me llames señora, que todavía no tengo ni una arruga. Con decirme Taya está más que
bien. – La mujer volteo a ver al centauro – Yoland nuestro mayordomo Miguel te guiara hacia
el establo. Ahí puedes descansar plácidamente.

Tras oír a Taya, uno de los mayordomos camino hasta estar junto con Yoland, para ambos salir
a paso relajado del comedor. Mientras que se alejaban, Taya y Evelynn salieron de la
habitación. Taya abrazaba uno de los brazos de la maga con los suyos, le había caído bien.
Pronto, los mayordomos recogieron la mesa, y el enorme comedor quedo en silencio, casi
vacío, salvo por Mephiles y Eithan.

-Acompáñame, te llevare a mi estudio.

Eithan asintió en silencio, y Mephiles se levantó de su asiento, para guiarlo por una de las
puertas. Ambos caminaron por los pasillos desiertos de la mansión. Era algo más tétrico
recorrer la mansión de noche, cuando solo la oscuridad entraba por las ventanas. A Eithan le
dio la impresión de que el estudio del magnate quedaba muy lejos del comedor.
-Nada mejor que hacer ejercicio para bajar la comida, ¿no?

- ¿No te queda incomodo tener que caminar tanto para llegar a tu estudio?

-Llevo caminando por aquí desde mi infancia, era acostumbrarme, o acostumbrarme. –


Mephiles rio con nostalgia. – Ya quiero que veas la biblioteca.

-¿Tienes tu propia biblioteca también? – Eithan ya estaba mas que sorprendido por todos los
lujos de la casa.

-Tu solo espera y veras.

Pararon delante de una puerta un poco más robusta que las demás. Mephiles giro el pomo
dorado, y abrió, dejando ver una inmensa oscuridad.

-Espérame aquí un momento.

El hombre se metió en la negrura. Eithan oyó sus pasos alejándose, para escuchar un sonido de
metales, seguido del raspar de un cerillo. De pronto unas llamas rugieron, y el Hakafell vio
como la habitación se ilumino, desde una gran hoguera circular, hecha de ladrillos, en el centro
de la habitación. Mephiles estaba ahí, al lado, sosteniendo un fosforo gastado. El suelo del
estudio era de madera, y estaba cubierto por una alfombra de terciopelo rojo. La habitación
era circular, y las paredes eran acompañadas por una biblioteca, llena por completo de libros.
Cientos y cientos de títulos, sobre distintos colores, decoraban la exclusiva colección de
Mephiles. Una escalera dorada estaba al lado de la puerta, por la derecha. Tenia un riel, para
deslizarse por toda el contorno de la colosal estantería. Del techo colgaba una araña de cristal,
con todas sus velas apagadas. En un costado de la habitación se encontraba una mesita ratona,
con dos sillones de madera negra, bastante espaciosos y mullidos, con los cojines forrados en
terciopelo violeta. Sobre la mesa, se encontraba un pequeño candelabro, cubierto por vidrio
verde. El mismo tipo de lampara estaba sobre un gran escritorio de madera, junto con un
cuaderno y una pluma en un bote de tinta. Cerca de ese escritorio, yacía un estante, lleno de
bebidas alcohólicas, y fina cristalería. Eithan entro, mirando cada detalle del lugar.

-¿Es genial no? – Pregunto Mephiles algo orgulloso.

-wow, es… enorme. – El Hakafell parecía un niño en una juguetería – ¿Cómo haces para sacar
los libros que están casi en el techo?

-Pues con la escalera, obvio. Mira – El millonario se acercó a un parte alejada de la biblioteca,
cerca de su escritorio. Eithan lo siguió. – Tengo toda la colección de tu padre.
- ¡¿Lees los libros de mi padre?!

-Amo todos los libros, pero mucho más las historias que él escribió. – Mephiles se dirigió al
estante de los licores. – ¿Bebes?

-Preferiría un vasito de agua.

Mephiles miro con gracia a Eithan, mientras se servía un vaso corto de ron. Tapo la botella, y
tomo otra, que parecía estar hecha de caña. La destapo, y tomo una copa. Comenzó a servir de
ella, un liquido transparente, para luego dársela a Eithan y guardar la botella. El Hakafell olio
con disimulo, algo desconfiado. Su anfitrión pareció notarlo, y hablo en tono divertido.

-Agua de oasis. Ven, sentémonos.

Mephiles condujo a su invitado hasta los sillones purpura, y ambos se sentaron. Entonces,
levanto su vaso corto, y miro al joven a los ojos.

-A tu salud.

-Salud. – Eithan choco su copa, y ambos bebieron. – ¿Quieres hablar de los libros?

-Lamento decepcionarte esta vez, pero no es para eso por lo que te traje aquí. – Su tono se
volvió serio, y su rostro sombrío. – Necesito tu ayuda, Eithan.

- ¿Que necesitas?

-No estoy seguro todavía del porque… pero últimamente, siempre a las tres de la mañana en
esta mansión ocurren cosas sobrenaturales. No pude no pude dar todavía con la sala donde se
origina, pero varios ruidos que se escuchan a esa hora. Son gritos de personas sufriendo.

-Entonces… ¿es verdad?... todo eso del ritual. – Eithan estaba algo estremecido por el relato.

Mephiles en respuesta solo miro hacia el frente, y cerro los ojos apretando los dientes. Algo
parecía molestarle. Luego, volvió a mira a su invitado. Al Hakafell le dio la impresión de el
hombre o bien mentía, o escondía algo.

- ¿Crees que podrás ayudarme Eithan?

-Pero apenas son las diez de la noche, ¿qué haremos mientras?


-Ve a descansar, yo te llamare cuando sea la hora. – Mephiles termino su vaso, y se levantó. –
Ten cerca tus espadas, solo por las dudas.

Eithan, bastante cansado, emprendió el camino de vuelta al comedor, y cuando llego, le pidió a
uno de los mayordomos que lo llevara a su habitación. Cuando llegaron, luego de subir las
escaleras de la mansión, Eithan entro, para darse cuenta de que en la mullida cama de dos
plazas, yacía Evelynn, durmiendo un poco destapada. Eithan se acercó al borde de la cama, y
por un momento, solo observo a la chica dormir. Luego, con suavidad, le dio una en la mejilla,
para taparla con el cubrecamas. Rodeo la cama, y se sentó en el otro lado, para quitarse la
armadura. Dejo sus dos espadas a su costado. Consiguió dormirse casi de inmediato. Como si
solo hubiesen pasado segundos, el héroe pudo oír en su oído la voz de Mephiles susurrando.
Poco a poco abrió los ojos, tratando de acostumbrarse al a oscuridad.

-Qué bueno que despertaste. ¿Dormiste bien?

-Supongo… – El Hakafell aún seguía bastante dormido.

-Genial. Sígueme, ya debe estar por comenzar.

Eithan se levantó de la cama, se calzo su armadura, y tomo sus espadas. Trato de hacer todo
con mucho cuidado, para no hacer ruido y despertar a Evelynn. Al salir, noto que Mephiles
traía puesta su ropa de antes pero con una hombrera y un peto de plata, y en su cintura unos
cuantos cinturones con cuchillos para lanzar. Tenía enfundada una rapier

- ¿Para que todo eso?

-No estoy seguro de lo que vamos a encontrar, así que me prepare por si la situación lo
amerita.

Si antes los pasillos parecían tenebrosos, en la madrugada parecían alguna clase de pesadilla. A
lo lejano, Eithan podía percibir ruidos agudos. Mientras más avanzaban, los ruidos eran más
claros. Gritos de pura desesperación y sufrimiento. Ambos se movían en completo silencio. Ya
en el salón principal, los gritos no solo eran ya audibles y reconocibles, era una sinfonía de
terror, cantada en un coro espectral. Mephiles se apresuró a entrar a la cocina, de donde
parecían provenir los gritos. Ambos buscaban, pero no podían encontrar nada fuera de lo
normal. Buscando, Eithan logro ver una puerta pequeña aislada contra una pared. El joven
pensó que esa puerta llevaría al sótano, o alguna despensa. Eithan se precipito a abrir la
puerta, pero sintió la mano de Mephiles sujetarlo del hombro. Eithan volteo, y vio la cara del
hombre. Tenía un gesto de preocupación, y también de miedo.
-Espera Eithan… algo anda mal.

- ¿Cómo los gritos de gente sufriendo?

-Además de eso. – El rico miro a Eithan con cara de reproche – Esta puerta no estaba aquí
antes.

- ¿Qué? Es tu casa, ¿cómo es que recién descubres que hay una puerta aquí?

-Créeme cuando te digo que esta puerta no existía, por lo menos hasta ahora. Conozco mi
mansión como la palma de mi mano.

-Bueno, ¿ya estamos aquí no? – Dijo Eithan, tomando el pomo.

El Hakafell giro el picaporte y abrió la puerta. La cacofonía aumento a un nivel estridente. Por
la cabeza de Eithan cruzo el pensamiento de que si seguía así de fuerte el ruido, el cerebro se
le escurriría por las orejas. La puerta invitaba a una oscuridad total. Una escalera de piedra
bajaba. Ambos comenzaron a transitarla. Ambos se sintieron con el estómago revuelto,
cuando el olor de la carne podrida penetro sus narices. Mephiles tuvo que contener una
arcada. Al terminar la escalera, comenzaron a seguir los gritos en la oscuridad, hasta que la
pierna de Eithan se topó con algo. Cuando bajo la vista, se dio cuenta que era un cuerpo
totalmente flagelado, con raras marcas de sangre en todo su cuerpo. Era una mujer, o eso
parecía. Mephiles corrió al verla, arrodillándose a su lado. La chica era una de sus mucamas.

- ¡SOFIA! ¿QUE TE PASO? ¿QUIEN TE HIZO ESTO? – Mephiles levantaba la cabeza de la mujer

-A...yu...den... ¡meeeeeeee!!

La mandíbula inferior de la mujer se rompió de un momento a otro en un horrible sonido. Su


boca cada vez se abría mas, y los dientes comenzaban a brotar de las encías, en forma de
colmillos. Mephiles horrorizado soltó a su mucama, levantándose rápidamente. la chica se
estaba transformando en una abominación infernal. Una voz masculina se escuchó desde la
oscuridad.

-Han llegado visitas…

De pronto, un estallido resonó con tanta fuerza que la habitación tembló. Cortinas de fuego
aparecieron por doquier iluminando la habitación. Al frente de los dos hombres, una figura
había aparecido. Las ropas que llevaba eran una simple camisa blanca y unos pantalones
negros de tela. Estaban roídos, y manchados con tierra. El hombre era una copia idéntica de
Mephiles, solo que su pelo caía hacia abajo por completo, sin ningún peinado, y estaba sucio.
Las uñas de sus manos eran largas, al igual que las de sus pies, y sus dientes estaban sucios.
Tenía una sonrisa sádica en sus labios. El rostro de Mephiles denotaba su lúgubre asombro.
Estaba estático en su lugar.

- ¿Me… Mephisto?

-Tiempo sin vernos, hermano. – La mirada del hombre era furtiva, como la de una serpiente.

-No… no puede ser… tú no puedes estar vivo, ¡Yo mismo te mate!

-¿¡Que!?¿Mataste a tu propio hermano? – Eithan no podría comprender la situación.

-La historia del mayordomo que violo a la mucama....no fue un mayordomo, fue el. – Mephiles
apretaba los puños con rabia – Y no solo violo a una, sino que a todas. A algunas además las
torturo por días, para luego matarlas. Cuando lo descubrí, no tuve otra opción.

-Me entristece que me recuerdes solo por eso hermano. – El tono de Mephisto, era
evidentemente de burla – Pero gracias a tu fratricidio, me facilitaste el volver… de una forma
que no comprenderías Jajaja… sin mencionar, algunos rituales, por supuesto.

Eithan sin pensar se lanzó contra Mephisto, pero fue interrumpido por la abominación, que
ahora era una masa de carne y huesos en constante movimiento, que latigaba al aire con
largos tendones afilados.

-Encárgate de ese horror, yo me ocupo de mi hermano. – Instruyo Mephiles.

Desenfundando su espada de esgrima Mephiles se abalanzo hacia su hermano pero este lo


esquivo de un salto, alejándose de su atacante. Mephisto apoyo su mano en la pared, y una
puerta apareció entre las llamas. Era ovalada, y tenía alrededor un marco de ladrillo. Al abrirla,
se pudieron divisar llamas rojas, y cadáveres de personas sufriendo.

-Jóvenes les presento, la puerta del infierno, Jajaja.

De la puerta, sin previo aviso, comenzaron a cruzar criaturas de la oscuridad. Súcubos, íncubos,
diablos, esqueletos, y otros monstruos. Habitación se llenó de criaturas oscuras. Eithan oyó el
sonido de pequeños pasos detrás de él. Al voltear por un momento pudo ver a Benjamín.
- ¡Benjamín! ¡Aléjate, este lugar es muy peligroso!

-Señor… por favor… ayuda a mi… madr… ja… jaja… jajajaja

El niño empezó a reírse a carcajadas. Estas eran tan intensas, que parecía como si estuviera
convulsionando. Se tiro para adelante sujetándose el estómago, doblado de la risa, y de un
momento al otro, los ojos le saltaron de la cuencas. Eithan pego un salto hacia atrás,
despavorido. Las cuencas pronto se iluminaron de color rojo, y la piel del chico comenzó a
ponerse grisácea. Cuando se dieron cuenta, el niño se había convertido en un Imp.

- ¡¿Que carajos!? Mephiles tenemos que salir de aquí.

-No podemos dejar que estos monstruos salgan y anden por ahí dañando a la gente. –
Reprocho Mephiles.

-Mierda...no me queda de otra – Eithan tomo aire para sobrellevar el horror. - ¡EROMIR!

Tras la palabra de comando, una de sus espadas fue imbuida con luz sagrada. Ambos se
dispusieron a pelear. Eithan lograba matar a los monstruos sin problema alguno, teniendo
extremo cuidado de no salir herido. Mephiles intentaba cubrirlo, estacando a los seres
infernales con su rapier, y lanzándoles cuchillos de plata. A lo lejos, Mephisto observaba
atentamente los movimientos del Hakafell.

-Maldita sea su espada… ¿será posible que “El” le haya regalado “ese” anillo?

La pelea estaba siendo bastante pareja a pesar de que las criaturas no parasen de entrar.
Aunque, no eran esbirros realmente fuertes. Del transformado Benjamín brotaron unas negras
alas de murciélago, lo que ayudo a que pudiera sobrevolar la habitación. Eithan estaba en el
centro de la habitación repartiendo espadazos con sus dos armas, como si fuese un torbellino
de muerte. Los demonios menores cedían ante él. Benjamín aterrizo sobre los hombros de
Mephiles, atrapando su rostro con sus garras, comenzando a rasparlo, evitando que pudiera
combatir. El niño reía en una voz gutural.

-A la puta de tu madre no le dieron educación, jajajajajaaaa


Mephiles gritaba quejándose del dolor, hasta que Eithan logro acercarse a él, partiendo al
medio a Benjamín, con un golpe de sus dos espadas. El imp cayó en dos mitades al suelo
desintegrándose en polvo negro. Mephisto, ya aburrido, sabiendo que la pelea no llevaría a
nada, y que ya había obtenido lo que quería, grito una orden a sus subordinados.

- ¡Súbditos, retirada!

Los monstruos, como si de una conciencia colectiva se tratase, comenzaron a caminar y correr
hacia la puerta, volviendo a las fauces del infierno

-Esto aun no termino querido hermano, ya nos volveremos a ver.

Mepisto fue quien entro al final, cerrando la puerta detrás de sí. Eithan habría podido jurar,
que en el último segundo, diviso que quien cerraba la puerta no era un hombre, sino un
horrible demonio. Cuando la puerta se cerró, ambos sintieron un estruendo y como una fuerza
enorme e inminente, los empujaba. Los dos salieron volando por la puerta, aterrizando de
espaldas en el suelo de la cocina. La misteriosa entrada había desaparecido, sin dejar rastro
alguno. Mephiles fue el primero en levantarse, limpiándose la ropa.

-Sabía que esa puerta no era de la mansión.

-Se veía como un portal hacia el infierno – Dijo Eithan.

-Pareciera… y mis empleados... Eran demonios haciéndose pasar por personas… ¿Cómo no
me di cuenta antes? – Mephiles parecía perturbado.

- ¿Crees que esa puerta estuvo debajo de tu mansión todo este tiempo?

-No lo sé, pero si pueden hacer un portal así y convertirse en personas, el mundo está en grave
peligro. Los demonios y seres oscuros solo se vuelven más fuertes con un nigromante o brujo
cerca… - Las reflexiones de Mephiles no parecían conducir a ningún lado. – Eithan, necesito tu
ayuda. Ayúdame a detener esta locura, por el bien del mundo.

-Qué bueno que digas eso. Estoy reclutando gente para una comunidad. Cargamos el peso de
una misión encomendada por el mismo Eremes el gris, para salvar al mundo. ¿Qué dices? ¿Te
unes?

-Por supuesto que si amigo mío, pero... ¿Puede Taya unirse también? Es buena con las dagas

-No se diga mas, dalo por sentado. Aún hay mucho espacio. – Eithan estiro su puño derecho, y
Mephiles lo choco con el suyo, portando una sonrisa.
Capítulo 2: Sombras
I
Sombras

La noche era negra, sin siquiera una estrella. Podría parecer, que ni los astros querían ser
testigo de la macabra reunión que ocurría, en una catacumbas en el sur de Terra, al lado de
una pequeña playita costera. El sonido del mar turbulento arremetiendo contra las rocas. Un
hombre se hallaba frente a la entrada de las ruinas. Llevaba una larga túnica negra, coronada
con una capucha que tapaba su rostro. El hombre comenzó a andar, adentrándose en la
oscuridad. Atravesó pasillos y habitaciones, hasta llegar a un amplio recibidor. La oscuridad le
dificultaba la visión.

-Lamento llegar tarde a la reunión…

De la oscuridad una fogata de color verde espectral se encendió, alrededor de una espada
negra clavada en el centro del lugar. se enciende ,a unos metros de la fogata, 11 figuras se
distinguían. Todos llevaban el mismo atuendo que el recién llegado, aunque sus cuerpos eran
notablemente diferentes. Uno solo, quien estaba en el centro, tras la espada negra, llevaba
otra vestimenta. Portaba una túnica negra, con detalles en rojo y cráneo. En su cabeza, yacía
un sombrero puntiagudo color negro. El hombre estaba apoyado con un bastón.

-En una reunión así no podemos darnos el lujo de llegar tarde – Dijo uno de los encapuchados.
Su cuerpo se notaba musculoso. Fornidos y peludos brazos sobresalían de las mangas,
cruzados frente a su pecho.

-Lo sé. Tuve problemas para salir de mi gremio.

- ¡Nada de peleas! – Vocifero el hombre de la túnica diferente. – Esta reunión no es para eso.

Ambas sombras se inclinaron en disculpa.


-Dinos, ¿porque llamaste a una reunión?

-Sí señor. – Asintió el hombre que llego tarde. – Tengo dos noticias. Una buena y una mala.

-Te oigo.

-El mago Eremes ya empezó a moverse y a reclutar una comunidad para evitar el regreso de
nuestro señor. La buena es que el ataque al gremio dos fue un éxito.

-Debemos agradecerle este logro a nuestro amigo Doreck, ¿No? – Dijo el hombre del atuendo
único.

-Tengo encerrados a los 12 paladines, donde no van a poder encontrarlos. – Acoto uno de los
reunidos, revelando su rostro. No era otro, que el nuevo jefe de los paladines, Víctor Doreck.

-También tenemos en nuestro poder cinco arcas, solo nos falta una para el ritual – Quien
hablo, fue un encapuchado cuyo cuerpo estaba encorvado y desnutrido. La voz era ronca y
vieja.

- Y Tenemos 7 de las 9 Akumas – El ruido de los huesos crujiendo, dejaron en evidencia, que
ese encapuchado, era un esqueleto.

-Así que mi hermano ya empezó su cruzada… Perfecto, tal como lo esperaba. – El líder rio,
acariciando su larga barba. – Cada vez faltan menos cosas para el ritual. Solo un arca, la sangre
real, y el resto de las Akumas.

-Me parece un éxito –Dijo un encapuchado, cuyas partes del cuerpo que deberían ser visibles
eran negras y difusas, como humo. – Nuestro señor pronto estará de vuelta entre nosotros y
reclamara su lugar.

-Dentro de poco, todo cambiará. – Dijo una sombra inmensa. En la oscuridad parecia una gran
esfera sostenida por piernas muy cortas.

-Todo va según lo planeado. – La sombra de distinta túnica rio fuertemente. – Ahora para
continuar, tengo una misión para ti…

El hombre que llego último se arrodillo frente a su jefe.

-Fenrir Basphoramus, haz lo que te digo y cuando nuestro señor regrese, nosotros
cumpliremos con nuestra parte.

La sombra recién llegada se quitó la capucha, aun de rodillas, revelando el rostro, del jefe de
los caballeros carmesí.

-Sí, señor… – Asintió Fenrir.


II
Encuentro con lo oscuro

L isa, acompañada por su nieta, su hijo, Eremes y el caballero, habían llegado a la casa de
la maga. Pudieron divisar en la entrada, a los dos guardias que se habían cruzado antes
de ir a explorar el gremio. Los hombres parecían agitados, y nerviosos. Se sorprendieron
al ver a su maestro venir con el grupo

-Señora Lisa, es un gusto verla regresar junto con su nieta y tambien con el maestro Gabriel. –
Ambos guardias hicieron una reverencia ante el paladin. Luego miraron con desconfianza a
Eremes y al caballero – Además de unos invitados un poco peculiares…

-En que los puedo ayudar jóvenes caballeros.

-Traemos noticias terribles. – Dijo el otro guardia – Maestro Gabriel, atacaron al Gremio de la
Luz, la sede original de Tierra Santa. Fue una masacre.

-Imposible – Gabriel se puso pálido – ¿El gran maestro se encuentra bien?

-Esta muerto señor.

- ¡MALDICION!

-¿Tiene alguno que confirme la noticia? – Pregunto Eremes, desde atrás, algo receloso.

-Tenga. – Uno de los guardias saco un periódico de su bolso, para darselo al mago.

- ¿Que haremos maestro? – El otro guardia le hablo a Gabriel.

-Reforzaremos las entradas. Inspeccionen a cada persona que entre o salga del reino. Aunque
solo somos una sede del gremio de la luz, estaremos al tanto de la situación y si es necesario
partiremos a Tierra Santa.

- ¿Y dejaras al reino indefenso? – Inquirió el caballero

-No es de tu incumbencia. Por ley del reino tendría que arrestarte, los tuyos no pertenecen a
estas tierras, traidores del continente de Terra. Tendría que ejecutarte ahora mismo.

- ¡Gabriel! – Lisa reprendio a su hijo.


-Tranquila, no lo voy a hacer, solo porque nos ayudo ahí adentro.

-Igualmente, mañana parto de aquí. – Comento el caballero.

- ¿Cómo? ¿Te vas? – Lisa no parecía contenta de oírlo.

-Si, parto hacia Golriend.

- ¿Al reino de los clérigos? – Pregunto Rio, curiosa – Se dice que ahí nació la tercera edad.

-También allá hay un reconocido colegio de magos. – Añadio Eremes – Tu abuela lo debe de
conocer, siempre me han contado sobre una bruja sobresaliente que estudiaba ahí.

-Ese lugar cambio mucho desde que deje de estudiar ahí. Antes te enseñaban la magia tanto
arcana como elemental, ahora solo te dan a elegir una de las dos. – Lisa parecio algo
nostálgica. – Pero retomando, ¿que piensa hacer alguien que maneja oscuridad reino lleno de
magia blanca?

-Cerca de ahí está el bosque de LLowar. Tengo que hablar con los elfos de esa zona.

-Es curioso, mi madre provenía de ese bosque. Nunca me enseño elfico pero tengo familiares
allí. Pudes decir que vas de mi parte para que tengas un mejor trato, son muy cerrados a los
extranjeros. – Lisa miraba con curiosidad al caballero.

-Muchas gracias.

-Si me disculpan, ¿podemos proceder a lo que vinimos? – Eremes denotaba algo de prisa.

-Me parece bien. – Dijo Lisa, abriendo la puerta de su casa.

Pasaron todos, menos Gabriel, quien se habia ido con los guardias a la sede del gremio local.
Una vez adentro de la casa, esta los guio hacia su sala de estar, y les pidió que tomen asiento
en la mesa redonda que habia en el centro.

-Rio, ¿tienes ganas de preparar te para nuestros invitados?

-Bueno abuela. – Rio atravesó la puerta a la cocina, cerrándola al pasar.

-Que manera sutil de decirle que no tiene que estar en nuestra charla – Dijo Eremes, con
gracia. – Lamento decir esto, pero ni usted ni su amigo tampoco escucharan nada.

-¿Entonces qué vas a hacer? – Pregunto el caballero

-Voy a hablar con lo que está dentro de ti.

- ¿Eso es posible? – Lisa miraba incrédula al mago gris.


-Si, pero es muy complicado. Tengo que conectar nuestras conciencias sin dañarlas y luego
tengo que revertirlo. No hay riesgo de consecuencias mortales, pero si falla podria perder aun
mas recuerdos.

-Esta bien, tarde o temprano terminare recordando… Cuando estes con el, dile que tendremos
que hablar.

-De acuerdo. Empecemos.

Eremes saco de su bolso, una tiza que parecía emitir brillo propio. Se arodillo en el suelo de
madera, y comenzo a dibujar símbolos rúnicos, alrededor suyo, para luego hacer lo mismo con
el caballero. El mago se levanto y miro seriamiente a Lisa.

-Por nada del mundo, dejes que nadie atraviese estos símbolos o la coneccion se perdera.

-Estare atenta. No tenia idea sobre la existencia de este ritual.

-No es una conjuración que sea bien vista en muchos ámbitos. – El tono de Eremes era algo
sombrio – Lo creo una corte de magos en la guerra contra Dakon, para interrogar a los
enemigos y luego borrarles la memoria. Solo el conjurador puede recordar la conversación.

- ¿Y eso le borrara sus recuerdos?

-Podria hacerlo si quisiera. – Eremes rio, mirando al caballero. – Pero no es mi intención. El


solo olvidara la charla. El resto de sus recuerdos permanecerá en su conciencia.

El gris inhalo fuertemente. Su pecho se expandia y contraía con potencia. Inhalo una vez mas, y
cuando comenzo a exhalar, pronuncio su hechizo:

- ¡Azarath! – El tono de Eremes no llego a ser un grito, pero fue fuerte e imponente.

Todas las velas del lugar disminuyeron hasta casi apagarse. En ese momento los símbolos
rúnicos empezaron a iluminarse a su alrededor, en color azul pálido. Lisa vio como ambos se
quedaron dormidos, de pie.

Eremes se adentro en el subconsciente del caballero. No podía ver nada por la oscuridad. Se
concentro, y poco a poco, la punta de su baston comenzo a emitir luz blanca. iluminaba con su
bastón y caminaba con extrema precaución, para no perderse en la mente del caballero. Vio
que a lo lejos, se podía ver una luz anaranjada. Mientras mas se acercaba, podía divisar, que se
trataba al parecer, de una fogata en el medio de la nada misma. La figura de una persona
estaba frente a ella, de espaldas al mago, que decidió acercarse.

-¿Eres tu viejo amigo? – El caballero volteo a verlo.

-¿Eremes, eres tú?... Hace mucho que no te veo.

-Si soy yo. Veo que si conservas tus recuerdos.

-Parece que usaste Azarath para hablar conmigo.

- ¿Conoces el hechizo?

-Dakon solía usarlo en sus víctimas para recaudar información sobre de la alianza. Ademas
cuando pase al bando aliado te vi usarlo también, solo que tu no destruías sus mentes. Hasta
los dejabas más tranquilos de lo que llegaban al campamento. – El caballero parecía animado
al decirlo.

-Si bueno, es que yo no soy Dakon.

-No, eres Eremes el gris. Otro desgraciado que manipula a la gente para que haga sus labores.
– Su tono habia cambiado a uno de desprecio.

-Para salvar al mundo, hay que hacer lo que sea necesario.

-Estoy al tanto de lo que sucede en el exterior. ¿Crees que sea obra de las sombras?

-No lo sé, es una probabilidad.

-¿Y yo que tengo que ver en todo este lio?

-Veras viejo amigo, sere franco. Tengo la teoría de que una parte de Dakon reside dentro tuyo.
Desde que te mato y maldijo. Tiempo después fue derrotado y su alma fue dividida, y
fragmentado para que no lo puedan pueda regresar. – El caballero se levanto, girando hacia
Eremes. – Si juntaran todas las partes, podrían resucitarlo, pero con tan solo la mitad de su
poder… Lo que yo creo, es que tu llevas esa otra mitad, que espera a su resurrección.

-¿Y eso sera cuando yo vuelva a morir?

-No lo creo, ya volviste a morir una vez y no paso nada. Tu otro yo tuvo que aprender a usar su
espadón desde cero. No llego a un gran nivel, comparado contigo, pero ahora la espada de tu
padre cambia las cosas.

-Si… por un momento hable con él en nuestro duelo. Después de 600 años, me hubiese
gustado decirle que tenía una nieta.

-Entonces Lisa es tu hija. Debo decir que tienes un gran parecido con tu nieto.

-Si es mi hija, aunque creció bastante desde la última vez que la vi. – El caballero cambio el
tema, - Entonces ¿solo viniste para decirme tu supocision de que tengo una parte de Dakon?
-Quiero buscar una manera de sacarle provecho a eso.

- ¿Y como planeas hacerlo?

-Estoy reuniendo a una comunidad, que enviare directo a Kanterbury. Necesito que te reúnas
con ellos y los ayudes, asi les será más seguro su viaje. Además podemos averiguar cómo
eliminar esa maldición que cargas, obviamente sin morir en el proceso.

- ¿Otra comunidad?... Ya veo. Está bien, iré con ellos. Pero después iremos a LLowar. Necesito
que mi yo desmemoriado vaya.

-Tenemos un trato.

Ambos estrecharon sus manos para cerrar el acuerdo.

-Por cierto, tu otro yo quiere hablar contigo. Debe estar ansioso por saber quién es.

-Pensar que de las tres personas que hay en la habitación, solo yo no se mi nombre.

-Es cierto….

En el momento que Eremes iba a pronunciar el nombre del caballero, en la oscuridad se


encendieron unos grandes ojos verde espectral, por detrás de la fogata, elevándose en la
negrura. Miraban al mago con gran furia. Cuando el gris vio los ojos, sintió una abrumadora
presencia, haciéndole erizar la piel, e incluso sentirse indefenso. Hace ya muchos años no
sentía este poder. Un grito gutural con tonalidad de ultratumba hizo eco en el abismo. Eremes
pensó que sus tímpanos iban a estallar.

- ¡LARGO!

En la habitación, Lisa vio como Eremes salió disparado de su circulo, golpeando brutalmente
contra la pared. El ritual solo había durado diez minutos. Acudio rapido para socorrer al mago y
ver si estaba herido.

- ¡Eremes! ¿Estás bien?

-Si, estoy bien. – El mago se incorporo, acomodándose la túnica. – Entonces estaba en lo


correcto…
El caballero seguía dormido de pie. Eremes fue rápido a ver como estaba, y le pego unas
palmadas en la cara para ver si reaccionaba. El caballero despertó.

-¿Que paso? ¿Y porque la habitación esta hecha un desastre?

-Al parecer lo que está adentro tuyo no me quiere ahí adentro.

- ¿Lograste averiguar algo?

-Lo suficiente. Necesito que te reúnas con un grupo del cual estoy a cargo. Tendras que ir a su
encuentro, en la ciudad de Kanterbury. Tendras unos dias de viaje rumbo al sur. De ahí podrán
ir todos a LLowar. – Eremes tomo al caballero por los hombros, clavándole su mirada. – Es muy
importante que logres encontrarlos y te les unas.

- ¿Si lo hago encontrare respuestas?

-Te aseguro que sí. Yo les enviare una carta explicándoles todo, por si te intentan atacar, ya
que los caballeros oscuros no son bienvenidos en Terra. Te recomiendo que ocultes tu espada
lo mas que puedas.

-Esta bien, por la mañana partiré hacia donde se encuentra tu grupo.

-Escuchame viejo amigo. – El mago agarro al caballero por los hombros. Su mirada, a los ojos
mas expertos, podria denotar miedo. – Es muy importante que manejes este asunto con
extrema discreción. Si lo que creo es correcto, hay una organización secreta operando bajo la
mesa en el reino portuario. Gente peligrosa, capaz de hacer cualquier tipo de atrocidades, en
su búsqueda de condernar al mundo.

-Me moveré con total discreción y confidencialidad. – Eremes termino por soltar al caballero,
recuperando la compostura

-Puedes quedarte esta noche acá para descansar y comer algo. – Ofrecio Lisa.

-Muchas gracias.

El ruido de la puerta abriéndose sono, y Rio la cruzo, con una bandeja que tenia una tetera de
porcelana, y un conjunto de tazas a juego.

-Oigan, ¿que paso? ¿Porque la pared está rota?

-Pequeña larga historia. Bien Rio, prepara la habitación de invitados. El caballero se queda a
pasar la noche.
-Yo voy a guardar el té para el camino. Tengo que investigar que paso en el gremio de la luz.
Nos volveremos a ver en LLowar, caballero. Esperen mis instrucciones una vez que se
encuentren ahí.

Eremes no tardo en partir. Mas tarde esa noche, Lisa preparo una gran cena. Ella le pidió al
caballero que se sentara en la cabecera de la mesa. Gabriel también habia llegado para la
comida, y no estaba muy feliz con esa decisión de su madre de invitar al caballero. Estuvieron
charlando y contando historias toda la noche, para luego irse a dormir. En la mañana el
caballero partió hacia Kanterbury a caballo. Lisa y Rio lo despedían mientras se alejaba.

III
Punto de partida

E l alba ilumino la pacifica mañana. El canto de los gallos anunciaba el comienzo de un


nuevo dia y el cielo apenas despejado indicaba que seria uno para recordar. Eithan,
Yoland y Evelynn esperaban en la entrada de la mansión mientras Mephiles y Taya se
preparaban para acompañarlos.

-Así que, ¿que tal el establo? ¿Conociste a alguna yegua bonita? – Pregunto Eithan que evitaba
reírse.

-No, pero me encontré con unos burros que tenia tus mismas orejas. Quizás sean alguno de tus
parientes. – Yoland hablaba en tono burlon

-Veo que la comida del establo te daño la vista. O el heno afecto tu cerebro de caballo. –
Respondio el Hakafell, un poco molesto.

-Lo siento, se que las zanahorias mejoran la visión pero tampoco tienes que hacer alarde de
ello, conejo.

- ¡Que no soy un conejo! ¡Motor de carruaje!

- ¡Y yo no soy un caballo! ¡Liebre mutante!

Yoland y Eithan estaban a punto de lanzarse a los puños cuando Evelynn los interrumpió.
-Se que no me incumbe, pero los conejos y caballos no deberían llevarse mal. – Ambos
miraban extrañados a la maga – Me contaron que una vez para llevarse bien entre ambas
razas, hicieron un cruce y nacio un simbolo de paz, el Esquilax. Un caballo con cuerpo de
conejo… y cabeza de conejo.

Eithan y Yoland se miraron seriamente, antes de estallar de risa por la estupidez que dijo
Evelynn. Entre carcajadas cayeron al piso mutuamente muriendo de risa mientras la maga
ocultaba su cara de verguenza. En medio de las risas Mephiles y Taya aparecieron con una
amplia mochila y un bolso de viaje, respectivamente.

-Que lindo es empezar la mañana con esas energías – Taya se veía de bastante buen humor –
¿Te pasa algo Evelynn?

-N-no.

-Espero que hayan disfrutado su estadía en nuestro hogar. – Dijo Mephiles.

-Si, el establo era cómodo, su cama de heno era muy suave.

-Y el desayuno de zanahorias estuvo exquisito y nutritivo.

-Me alegra oír eso, aprendi esa receta en Kalsus. – Eithan no podía creer que Taya habia sido
quien cocino el desayuno.

-Por cierto, ¿dejaran la mansión así como así? – Pregunto Evelynn

-Descuida. – Fue Mephiles quien respondio – Deje a un conocido de confianza para que la
cuide.

-Bueno, ¿Les parece bien partir? – Yoland ya estaba tomando la delantera.

-Esperen. Antes de comenzar… – Eithan se puso a buscar algo en su bolsa. – Mephiles, Taya,
tomen estos broches, es el símbolo de nuestra comunidad.

El matrimonio puso los broches en sus ropas, y acto seguido, partieron en dirección al centro
de Ostrava. Luego de un rato, los cinco llegaron al gremio de aventureros. Al entrar vieron una
multitud cerca de una mesa en la esquina. Allí se encontraba Dorothea, con un águila
completamente blanca en su hombro. El ave era bastante grande. Su pico amarillento estaba
tan pulido que parecía que brillaba. Sus patas se agarraban de una hombrera que Dorothea se
habia puesto, para evitar que las afiladas garras la lastimen. En una de las patas el ave llevaba
un pergamino enrollado con cinta roja. La gente alrededor de ella observaban fascinados al
exótico animal, no solo por su apariencia majestuosa, sino porque sabían a quien le
pertenecía. La comunidad se acerco para ver mas de cerca.
- ¿Que esta pasando? – Pregunto Yoland.

-Esta ave llego hace un rato, haciendo bastante escandalo. – Respondio Dorothea nerviosa,
mirando algo intimidada al ave – Se aferro a mi y no quiere dejarme ir. Parece que tiene un
mensaje en su pata pero ya varios intentaron tomarlo y el águila les arranco los dedos.

Eithan dio un paso adelante.

-¡Esa es Zhan! – Exclamo el joven. – El águila de Eremes

-Increíble, es mas hermosa de cerca. – Dijo Taya recorriendo al ave de lado a lado con sus ojos.

Eithan miro al aguila y esta le devolvió la mirada. El joven acerco su mano.

- ¡Cuidado! puede arrancarte la...

El águila, ahora bien portada, solamente dio un entrenado salto, del hombro de la chica al
brazo del Hakafell. Para sorpresa de todo el lugar, el ave se frotaba cariñosamente contra el
brazo del joven héroe, que le devolvió el gesto en forma de caricias en la cabeza. Eithan tomo
el mensaje que el pájaro llevaba atado.

-…mano – Dorthea estaba boquiabierta- Increíble.

El ave salto rápidamente a su hombro y se aferro a la hombrera de la manager, haciéndola


sobresaltar y poniéndola nerviosa otra vez. Parecía que el águila disfrutaba teniéndola
asustada.

-Debe ser el mensaje que nos enviaría. – Dijo Yoland.

- ¿Conocen al mago gris? – Taya seguía entusiasmada por la majestuosidad del águila –
Asombroso.

- ¿Que dice Eithan? – Pregunto Evelynn


Eithan termino de leer la carta y entrollo el pergamino, para mirar a sus compañeros con una
expresion que denotaba una seriedad poco suya.

-Tenemos que irnos.

Los demás asintieron su peticion, y entonces el águila salió volando fuera del gremio por una
ventana. Cuando estuvieron a punto de marcharse, Dorothea los detuvo.

-Espera, Tu eres Eithan ¿verdad?... El que se batió a duelo contra Cecil, en Prismat.

- ¿Lo conoces?

-Si, soy su mánager de gremio, o por lo menos creo que lo sigo siendo... Se fue sin decir media
palabra, es un hombre misterioso.

-Y que lo digas.

-Quiero pedirte que si lo ves… Le des mis agradecimientos, por haber confiado en mi. –
Dorothea tenia una sonrisa gentil, y su mirada estaba baja, algo avergonzada.

-Asi lo hare.

El grupo de cinco salio del gremio. A una corta distancia de donde estaban hablando, se
encontraba Gilgamesh bebiendo una cerveza en la barra. Había escuchado todo, y nombres
muy interesantes le llamaron la atención. De un trago, termino lo que le quedaba de bebida y
se puso en marcha.

Tras algunas horas de caminar, el grupo se encontraba en una pequeña pradera caminando a
su próximo destino. En la carta Eremes mencionaba que debían dirigirse al norte, al Reino
Kanterbury

- ¿Kanterbury, eh? – Dijo Mephiles, como si conociese el lugar. – Ese lugar es tan pacifico que
hasta los perros se llevan bien con los gatos. ¿Que habrá pasado?

-Lo sabremos cuando lleguemos, la carta decía que esta en una crisis sin precedentes.

-Espero que no sea muy grave, ese lugar es el puente seguro que une esta parte del
continente, con la del norte. – Comento Taya
-Sera un largo camino. Cerca de aquí hay un pequeño pueblo ganadero, paremos a comprar
provisiones. – Sugirio Mephiles

-Buena idea. – Dijo Evelynn – ¿Que opinas Yoland?... ¿Yoland?

Yoland caminaba detrás de ellos, perdido en sus pensamientos miraba la pradera que
cruzaban, golpeado por la nostalgia.

IV
Ciudad de ladrones

U n joven Yoland recorria las tierras, sus pezuñas golpeaban la tierra húmeda que había
dejado la lluvia. El olor de la tierra mojada que le fascinaba, invadia su nariz y su
espíritu se sentía tan libre que por momentos creia que volaba.

-Yoland, no vayas tan rápido, que no soy tan joven como antes.

Detrás de él estaba su padre, siguiendo su ritmo como podía. Ambos galopaban en las
praderas cerca de las montañas. Las flores indicaban los inicios de la primavera, y el fuerte
viento alborotaba las hojas de los árboles, con el cielo vistiendo nubes de un gris opaco. Su
galope se detuvo en seco al llegar a la punta de un risco. Yoland se quedo contemplado el
paisaje, los árboles que pintaban de verde los alrededores, el horizonte en el que que apenas
se veían la siluetas de las grandes ciudades y el inmenso cielo plomizo.

-Hermoso, ¿no es así hijo? Estas tierras ocultas tienen unas hermosas vistas

-Padre, ¿porque nos ocultamos de las demás especies?

-Para protegerlos hijo. – Su padre no sonaba contento. – A ellos y a nosotros.

- ¿A ellos? ¿Somos peligrosos? ¿Somos los malos? – La inocencia de su hijo le dio gracia al
centauro mayor.

-Jajaja, no hijo, no es así. – Dijo en un tono compasivo – La verdad la sabrás en el futuro.

Yoland miro hacia al frente y vio aquel paisaje grisaceo que tapaban las nubes.
-El futuro parece oscuro.

-Cierto, lo parece. – El padre de Yoland apoyo su mano en el hombro de su hijo – Pero sabes,
aunque las nubes lo oculten, el sol siempre estará ahi. Del mismo modo que aunque la
oscuridad tape todo, la luz siempre brillara y te mostrara el camino.

El pequeño centauro respiro profundamente, y como si el viento leyera sus pensamientos, una
ráfaga de aire soplo sobre su cara. Sus ojos se cerraron por inercia y empezó a sentir un
resplandor calido en su cara. Cuando abrió sus ojos, el sol se alzaba en el cielo iluminando mas
allá de lo que podía ver.

-¿Ves? El sol siempre estuvo ahí.

El niño sonrió. Los centauros se quedaron un rato a contemplar el paisaje que inundaba su
alma hasta que decidieron volver a casa caminando.

-Padre, de camino vuélveme a contar de tus aventuras mas allá de estas tierras.

-¿Otra vez? De acuerdo, todo empezó cuando...

-Yoland… ¡Yoland!

Los gritos de Eithan lo devolvieron al presente, donde sus compañeros lo observaban


preocupados.

- ¿Eh? ¿Paso algo?

-Mas bien ¿te paso algo? Estabas perdido.

-Ah, lo siento. Estaba perdido en mis pensamientos.

-Que bueno que regresaste, parecías un sonámbulo. – Añadio Evelynn –Llegamos a este
pueblo para comprar provisiones.
Yoland puso su vista al frente y vio un pequeño pueblo pintoresco, donde en la calle principal
había un mercado lleno de puestos de cualquier tipo de mercadería. Su arquitectura era en su
mayoría de casas pequeñas, de piedra, madera y paja. A pesar de no ser muy grande, parecía
estar lleno de gente. Un cartel decoraba la entrada, leyendo el nombre de la ciudad. “Kaerya”

-Evelynn y yo compraremos los suministros. – Indico Taya – ¿Nos acompañas Yoland?

-Claro.

-Eithan y yo buscaremos información de lo que ocurre en Kanterbury.

-Nos reuniremos aqui al mediodia. – Finalizo Eithan.

El grupo se dividió, cada uno a conseguir lo que acordaron. En el extenso bazar, rebosado de
gente, Evelynn y Taya charlaban mientras caminaban al frente de Yoland, que llevaba las
pesadas bolsas de suministros. Por dentro las maldecía por traerlo como mula de carga.
También se dio cuenta del porque Mephiles y Eithan prefirieron irse aparte. Se los iba a
reprochar después. Una vos tenue y ronca le llamo la atención, haciendolo volterar. La voz
pertenecia a un anciano de un pequeño puesto que vendía baratijas extrañas y fruta podrida.

-Oh un centauro, que extraño ver uno.

-Lo se, no somos de mostrarnos en publico, preferimos ocultarnos del mundo.

-Debiste seguir oculto. – El viejo sono molesto – Nos estas condenando a todos.

- ¿A que te refieres?

-Los siervos del mal son como niños esperando a que su mama no vea para tomar unos dulces.
Tu eres el dulce que ellos quieren. – Los ojos del hombre se ampliaron y parecían inyectarse de
sangre – Nos condenaste… ¡Nos condenaste! ¡Nos condenaste! ¡Nos condenaste!...

El viejo grito la misma frase a todo pulmón una y otra vez, llamando la atención la gente
alrededor. Yoland se alejo apresurado de la escena, tratando de perderse en la multitud.

-Viejo loco… Eh ¿chicas? ¿a donde se fueron?

Por otro lado, Eithan y Mephiles caminaban por los barrios bajos, la parte mas pobre de la
ciudad. El magnate rompia el contraste del lugar, llamando la atención a cada paso.
-Créeme, Taya es una compradora compulsiva, se compraría todo el mercado si pudiera. Y
puede.

-Tendremos que disculparnos con Yoland luego.

- ¡Detenganlo!

El grito estridente de una jovencita llamo la atención del duo, que se volteo rápidamente. Un
hombre corría en su dirección con una bolsa de monedas de oro en su mano.

-Yo me encargo. – Dijo Mephiles.

Con habilidad saco su rapier y de un rápido movimiento agujereo el pie del ladrón, tirándolo al
suelo, mientras gritaba de dolor. La joven que grito se acerco para darle las gracias, tomo la
bolsa y salió corriendo perdiéndose entre la multitud. El hombre como pudo silencio sus
lamentos y hablo directo a Mephiles

-¿Que haces? Esa bolsa de oro era mia, ¡ella me lo robo!

- ¿Y porque corrias? – Pregunto Eithan.

-Porque me amenazo con un cuchillo… ayúdenme a pararme.

Eithan le acerco su mano y el hombre la tomo con las suyas, ayudándose a parar.

-Ahora perdí la ganancia de semana y tengo lastimado el pie.

-Lo siento señor. – Mephiles busco en su mochila y saco una abultada bolsa arpillera. – Tome
este oro, para compensar lo sucedido.

-Wow ¡Esto es mas de lo que perdí! – El sol reflejaba un brillo dorado en la cara del sujeto –
Muchas gracias.

-La burguesía. – Murmuro Eithan por lo bajo

-Muchas Gracias, en serio. Ire a que me revise un doctor, adiós.


El hombre se fue cojeando entre la gente. Eithan y Mephiles entraron a un bar cercano,
llamado “Silver Dagger”, para buscar información de Kanterbury. Cerca de ellos, escondido
entre la muchedumbre, estaba Gilgamesh que había visto toda la escena. Dentro del local,
ambos se acercaron a la barra a pedir dos tragos. Detrás de ellos, en las mesas, había gente
quejándose sobre el aumento de inseguridad en la ciudad. Cuando el bartender les trajo sus
bebidas, Eithan le hablo.

-Discúlpeme buen señor, ¿sabe algo de Kanterbury? Oimos que esta pasando por un mal
momento.

-No se que ocurriendo, pero últimamente la bebida que me trajeron de ese lugar causo
problemas por intoxicación a los clientes. Tuve que dejar de pedirles suministros.

Las quejas de las mesas de atras se hacian cada vez mas fuertes.

-Parece que la inseguridad es bastante comun en esta ciudad. – Dijo Mephiles.

-Mas de lo que crees. Por lo que veo no son de aquí. Les dare un consejo, no confíen en nadie
de este lugar, esta lleno de ladrones.

-Y que lo digas, hace un momento hubo un robo afuera de aquí. – Acoto Eithan – Por suerte la
victima gano mas de lo que perdió.

-Suena demasiado conveniente, tengan cuidado. Hoy hasta las víctimas son culpables.

El Bartender se fue a atender a otros clientes que acababan de llegar.

- ¿Qué habrá querido decir?

Eithan llevo el vaso a su boca. Mientras bebia, le presto atención su mano. De pronto, escupio
toda la cerveza, cuando noto que su anillo no estaba.

- ¡Mi anillo!

- ¿Cual anillo?

-El que me dio Eremes, no está.


-Que extraño, quizás lo guardaste en algun lugar.

-Nunca me lo quito para no perderlo. ¿Donde estara? - Eithan recordo el robo que habia
acontecido y cuando el hombre tomo su mano. - Hijo de puta…

Eithan salió corriendo del bar a toda prisa. El bartender se acerco a Mephiles, viendo el
desastre que dejo su compañero.

-Parece que no le gusto la bebida.

-Disculpe el desorden, pagare la ronda.

-Claro, son 100 de plata.

- ¿Qué? ¡Es un robo!

-Te dije, no confíes en nadie.

No muy lejos del bar, un hombre se escondía en un callejon aislado, admirando el anillo que le
había robado a Eithan, hasta que fue interrumpido por la joven, que le estaba haciendo una
felacion.

- ¿Con eso es suficiente?

El Hombre tomo la cabeza de la joven por los pelos y le dio un fuerte empujon, metiéndole su
miembro de nuevo en la boca.

-No hables con la boca llena. Tu actuación fue un asco, por tu culpa me agujerearon el pie. Vas
a trabajar el doble para pagarme.

En medio del acto la sombra de una persona eclipso la luz sobre ellos. Ambos voltearon, para
ver a Gilgamesh.

-Vas a terminar con más que un pie agujereado.


- ¿Que quieres? Largo de aqui, ¿no ves que estamos ocupados?

Gilgamesh se empezo a acercar amenazante. El hombre empujo a la joven al suelo y saco una
daga de su chaleco.

-No te hagas el valiente pibe – Dijo el sujeto esgrimiendo su arma

Pronto se abalanzo levantando el cuchillo, pero para cuando lo habia elevado, su cabeza ya
estaba en el suelo. El cuerpo decapitado se desplomo como una bolsa de papas, sangrando. La
joven miro atonita el cadáver y se acerco a este. Con una expresión de felicidad y locura
empezó a golpear a patadas el cuerpo sin cabeza mientras reía. Gilgamesh solo se limito a
mirar de lejos, mientras ella se desahogaba.

Eithan y Mephiles se encontraban recorriendo las calles, buscando en vano al ladron. A pesar
de que el tiempo ya se acercaba al medidodia, el lugar seguía infestado de gente.

-¿Donde se metió ese desgraciado?

-Ni te molestes, de seguro ya se fue. – Dijo Mephiles.

-Tenlo por seguro, se fue al infierno.

Gilgamesh apareció frente a ellos, haciendose lugar entre la multitud. Ambos pudieron ver que
la jovencita del robo caminaba escondida detras de él.

-Ey, eres tu ¿Que haces aqui?

-Esto te pertenece.

Gilgamesh le lanzo el anillo a Eithan, que lo atrapo con su mano en el aire, viéndolo
emocionado.

- ¡Mi anillo! Gracias ¿como lo encontraste?... Espera, ¿no es la chica que estaba con ese forro?
-Estaba siendo esclavizada por ese desgraciado. Me dijo que se llama Thalia.

-Oh… siento no haberme dado cuenta. – El Hakafell se inclino hacia la chica. – Thalia ¿estas
bien?

Thalia asintio sin decir una palabra. Por su apariencia, no tendría mas de 15 años. Vestia unas
viejas ropa de campesina, y sus pies estaban descalzos. Su piel era clara, y su cabello oscuro,
algo sucio. Sus ojos también eran oscuros, bastante de hecho, casi negros. A pesar de que su
contextura era fornida, de huesos grandes, la chica estaba escuálida.

-Aun no me dijiste que haces aquí. – Eithan volvió a dirigirse a Gilgamesh.

-Me dirijo a Kanterbury y este lugar esta de paso.

-Que coincidencia, tambien me dirijo ahí.

-Si… coincidencia.

-Ven te invito una bebida. – El humor de Eithan parecía haber mejorado – Mephiles, volvamos
al bar. Oye, todavía no se tu nombre.

-Gilgamesh.

Pronto los dos comenzaron su camino al bar. Mephiles los siguio de mala gana porque sabia
que tendria que pagar las bebidas. Cuando entraron, cruzo miradas con el Bartender, que le
sonrió maliciosamente.

V
Coliseo de plata

-A quí esta su recompensa señor Ivory. – La recepcionista miraba con algo de gracia
a Cecil – Dejeme tomarme el atrevimiento de remarcar la diferencia notable de su
segundo encargo. De matar a un Baloth a rescatar a un gatito de un árbol, es
usted todo un distinto. – La mujer comenzo a poner unas monedas en un saquito – Le hare
llegar a Dorothea que cumplio su segundo encargo oficial, seguro se pondrá contenta. Aunque
esta vez se llevara una comisión mas chica. – Le extendió el saco atado a Cecil – Sus 6 monedas
de plata.

- ¿Y con respecto a la carta?


-Ya salio enviada en águila.

Cecil le agradecio a la recepcionista, y marcho camino a la salida del gremio. Luego de su


experiencia vivida la noche anterior, decidio contactar a Eremes, con la esperanza de que
acudiera o aunque sea lo asesorara por correspondencia. El encuentro con ese ser extraño lo
habia perturbado, mas no bajaría su guardia. Absorto en sus pensamientos, Cecil recorria
Prismat. Estaba cruzando por una plaza, cuando caminando frente a el, apareció un pregonero,
que agitaba su campana al ritmo de las noticias. Cecil ya habia notado que las personas que
circulaban por el reino, se contaban con los dedos de la mano. El pregonero dejo de agitar su
campana cuando estuvo cerca de el, y le hablo, en un tono de voz alto, típico de alguien cuyo
oficio era gritar.

-Ey, ¿que haces en la calle Rostropalido?

- ¿Que? – Cecil lo vio, molesto – ¿Disculpa?

- ¿No te has enterado tronco? Hoy se esta celebrando un “Juicio de Fuerza”

- ¿Juicio de Fuerza?

- ¿No eres de por aquí eh? Un juicio de fuerza es un proceso donde se juzga a un hereje,
haciéndolo combatir hasta la muerte. Si se alza triunfador, es meritorio de irse, y el
todopoderoso Elohim lo permitira. Si pierde, obviamente tiran su cadáver a un pozo común y
luego quien sabe que hacen con el jaja

-Que retorcido.

-Siempre es todo un espectáculo ver como le machacan el cerebro a un hereje de mierda,


perdóneme la expresión vulgar. Creo que hoy estaban enjuiciando a una jovencita.

- ¿Y donde se celebra este juicio? Me imagino que no es en una corte.

-Usted si que entiende del tema mi amigo. Puede ir a ver el espectáculo a unos pasos de aquí,
en “Argentum Collosseum”. – El hombre rio – Obviamente no es de plata, solo es un nombre.
El juicio es de entrada gratuita y publica, para todas y todos.

- ¿Debe ser algo para ver, no?

Sin decir mas, Cecil camino, buscando el coliseo, con intriga de que se encontraría ahí. No
tardo mucho en encontrarlo, por detrás de la gran catedral. Era una estructura admirable, casi
del mismo tamaño que la catedral. Tenia un color casi plateado. Se acerco a la entrada y los
guardias lo dejaron pasar. Estaba tratando de hacerse hueco entre las tribunas,
completamente abarrotadas por la gente del reino. Habian varias personas recorriendo las filas
también, aunque eran vendedores de agua embotellada, mientras que otros vendían mazorcas
bañadas en manteca, o largas salchichas asadas a los espectadores. Cecil consiguio hacerse un
lugar en las gradas. Por dentro el coliseo era imponente, pintado en su mayoría de blanco, con
detalles grises y plateados. Las tribunas eran gigantes, en un circulo, y estaban repletas de
gente gritando abucheos y vitoreos. El campo de batalla era considerablemente mas pequeño,
con el suelo de roca, y arena. Estaba lleno de todo tipo de armas esparcidas en atriles: Mazas,
lanzas, espadas cortas y largas, mandobles, caestus, rapiers, garrotes, arcos, ballestas,
cadenas, manguales, y amplia variedad de cuchillos. Sangre seca, desde quien sabe cuanto,
adornaba el piso, junto con huesos humanos, y de otros seres no tan humanos. En lo que seria
el centro de las gradas, habían 2 grandes vallas de hierro, dividiendo las gradas, dejando un
gran pedazo libre. En esa sección reservada, se hallaban varios nobles sentados, con mujeres
de compañía, mucha comida, y bufones entreteniéndolos. En el centro de esa sección, se
encontraba una platea con 3 tronos. En el de la izquierda se sentaba una mujer vestida con
ropajes que recordaban a la virgen, madre del culto de Elohim. El trono a la derecha, era el
mas grande, lujoso y alto, lo suficiente como para que la silla tuviera abajo una escalera. Lo
ocupaba un anciano con ropas de sacerdote que caian hasta el suelo. A su lado, descansando
junto a el, yacia un baston enormemente largo. El cabello del anciano era protegido por un
excéntrico sombrero, y veía el juicio con emoción en el rostro. En el medio de los dos, el trono
mas humilde, servia de asiento para un hombre con armadura. Sobre esta tenia un tabardo
azul que recorria casi toda la armadura. Su cabello era negro, y su mirada no transmitia nada,
parecía contemplar indiferente. Frente a ellos, en un podio estaba un hombre con un traje
elegante de muchos colores. En sus hombros, a modo de hombrera, llevaba 2 calaveras
humanas, una en cada. Llevaba en su mano un baston hechizado con un encantamiento para
hacer sonar su voz con mas potencia. Cecil dirigio su vista a la arena, mientras un rugido de la
multitud exploto. Pudo ver a cinco hombres adultos intentando rodear a la persona que estaba
en juicio, una jovencita de dieciseis años, de pelo blanco, alborotado, atado en una trenza con
un moño purpura como adorno. Seis combatientes estaban desmayados en el suelo,
derrotados. La multitud estaba gritando porque uno de los hombres le habia propinado una
patada en el medio de la cara. Los tipos estaban en calzoncillo de gladiador, reforzado, y la
chica tenia solamente una falda de cuero y bastante gasa envolviendo sus pequeños pechos.
Cecil distinguo que la chica era una elfa. Habia estado peleando con una rapier, pero el golpe la
hizo soltarla, ademas de salir rodando por el suelo. Uno de los hombres agarro un adoquin de
concreto que estaba en el suelo, junto a las armas, mientras los otros 4 vitoreaban, en
dirección al publico. La pobre chica se intentaba incorporar en sus rodillas, tratando de
pararse, aunque le estaba costando. El tipo del traje de colores, hablo con su baculo, gritando.

- ¡Detenganse miserables! Aun no la maten. ¡¿La están pasando bien, Prismat?! – La gente
estallo en gritos de asentimiento. – ¡No los escucho! ¡¿LA ESTAN PASANDO BIEN?!

La gente rugio el doble de fuerte. El locutor esgrimio en su rostro una macabra sonrisa
-Entonces, ¡es hora de un cierre glorioso! ¿Estan listos para ver como le aplastan la cabeza a la
bruja? – Gritos daban el asentimiento – ¡El reo que la mate se gana su libertad y redención
frente a nuestro Dios!

Al nombrar a Dios, la gente grito el cuadruple de fuerte. Algunos hasta se lastimaban la


gargante. Cecil por un momento pensó que tanto griterío haría caer el coliseo.

-Bueno, como establece mi contrato, debo pedir silencio, y preguntar de buena fe al publico…
– El locutor contenia sus risas – ¿Algun buen samaritano quiere oponerse?

Los tipos de la arena rieron, mientras que la audiencia permaneció en silencio. Algunos
susurraban y se reian por lo bajo. La elfa miro al publico, con una infantil ilusión de que alguien
la ayudara, pero los espectadores solo le devolvían la mirada con asco. En el silencio, una voz
fue escuchada, la cual rompió con todo pronostico, las apuestas del locutor. Los ojos curiosos y
enfadados de la multitud, se voltearon hacia las gradas.

- ¡Yo me opongo! – Grito Cecil – Que sea mi fuerza la cual sea puesta a juicio.

Su corazón se acelero. No tenia razón alguna para semejante acto temerario, pero en su mente
solo podía escuchar sonar las palabras que su amigo le dijo bajo ese árbol de roble, luego de la
prueba del gato.

-Nuestros sentimientos y nuestra compasión, no permitas que te los arrebaten, hermano mio, y
mucho menos las olvides.

¡Tenemos un desafiante! – Grito el hombre riendo – ¿En serio arriesgaras tu vida por una
hereje? ¿Como te llamas, caballero? Da un paso al frente.

-Mi nombre es Cecil Ivory. Tu me diras, donde debo ir para entrar a la arena

-Pues bien Cecil, baja desde las gradas, por la izquierda, hasta encontrar una escalera que baja
aun mas. Ahí te darán alguna ropa disponible de tu consideración, y te despojaran de tus
pertenencias. – Indico – Con toda la sinceridad de mi corazón señor Ivory, te deseo toda la
mala suerte del mundo.
Cecil sin decir mas, comenzó a caminar, abucheado por la gente. Los hombres dejaron de darle
atención a la chica, para seguir a Cecil con la mirada, el cual bajaba por la izquierda sin perder
momento. Llego a la escalera, que terminaba en una gran reja, con dos caballeros de guardia,
que lo hicieron pasar a una pequeña antesala. Cecil se quito todo su equipo, y lo dejo en una
mesa. El guardia que estaba mas lejos de el, le hizo una seña. Pudo ver una pila de ropa en el
suelo, estaba usada y sucia. Cecil eligio 3 prendas, unas sandalias de gladiador, un pantalón
negro roido de tela, y una camisa de tela, musculosa. Antes de intentar pasar por la puerta, el
guardia le hablo

-Tienes derecho a entrar portando un arma. Elige.

-Espada larga.

El otro guardia, se dio la vuelta, para buscar en un cofre del que saco una espada larga y se la
ofrecio a Cecil, quien la tomo para acto seguido entrar en la arena. Uno de los hombres
levanto la palanca levantando la reja. El campo empezó a mostrarse frente a el, alumbrado por
la luz del dia. Salio por detrás de la chica, aun arrodillada e incrédula, caminando hacia ella. Los
cinco hombres retrocedieron a paso rapido a las barracas de armas, equipándose con una hoz,
un mangual, dos dagas, una espada y una lanza. Cecil camino a paso calmado hasta llegar a la
elfa, para rodearla y quedar de espaldas a ella, sosteniendo la espada larga con su mano
derecha.

- ¿Como es tu nombre? – El tono de Cecil era calmo.

-A…Al…Alyssa.

-Alyssa, te dedico mi victoria. Quedate donde estas.

Cecil dio unos pasos adelante, y los vio mas de cerca. Le provocaron asco. Eran a simple vista,
prisioneros de baja calaña

- ¿Un par de reos marginados? ¿A eso le llaman juicio de fuerza? De donde vengo se le dice
entrenamiento para infantes.

Cecil tomo aire, y blandio su espada, apoyándola suavemente en su hombro derecho. Inhalo
aire tranquilo y volvió a hablar
-Vengan, no me gusta que me hagan esperar.

Los feroces convictos, rabiosos por las provocaciones, se abalanzaron sobre el. El locutor grito
extasiado

- ¡QUE COMIENCE LA MATANZA!

VI
Runa negra

A l entrar a la guarida de su orden, Viktor aprecio la arquitectura del lugar. Era bastante
antigua, y la mayoría de las columnas eran de mármol, y el suelo de piedra cincelada.
El lugar era extenso y oscuro. Estaba construido dentro de una montaña, y la guarida
se extendia por arriba como para abajo. Antorchas alumbraban los pasillos cubiertos, que
tenían vista al campo de entrenamiento donde todos los miembros practicaban sin cesar el
arte de las espadas y armas pesadas. Ver como sus camaradas se esforzaban al máximo de su
capacidad, de alguna manera, llenaba su corazón. La orden lo habia visto crecer desde que era
un niño.

-Al fin, estoy en casa

Transito por los pasillos. Sus conocidos, que eran bastantes, lo saludaban al pasar. Viktor les
devolvía los saludos con buen animo. Mientras avanzaba, los pasillos en los que se metia eran
mas y mas oscuros, hasta que llego a una puerta diferente. Era la cámara principal, el despacho
del gran maestro. Toco la puerta, y una voz anciana le ofrecio pasar. Viktor haci lo hizo. La
habitación era gigante, y estaba lleno de largas bibliotecas, completas de libros con
conocimiento antiguo. A través de los años, la orden habia recopilado ciencias sobre lo arcano,
de criaturas, y sobre cosas que no deberían ser recordadas por nadie. De pronto, una voz
proveniente de un rincón llamo su atención.

-Aun luego de 30 años, entro aquí y me siento como un niño… – Viktor murmuro para si
mismo.
-Si, lo recuerdo muy bien. – La voz estaba castigada por el tiempo, pero su tono era el de un
padre que habla a su hijo – La primera vez estabas tan feliz, que tocabas todo. Unos años
despues casi incendias la biblioteca cuando trataste de inventar una pócima de crecimiento,
porque querías ser mas grande para pelear como los otros

-Jajaja, que tiempos. Y casi lo logro.

Viktor se giro hacia donde estaba la voz, y vio a su maestro parado mirándolo. Detrás de el, la
chimenea del lugar ardia. El hombre era anciano. Tenia su cabello gris, peinado hacia atrás, y
su boca era adornada por una poblada barba del mismo color. Sus facciones eran fuertes, pero
su expresión era suave y compasionada. Su rostro portaba varias cicatrices. Sus ojos de un
color esmeralda, mantenían la mirada de la juventud. Portaba una larga tunica verde agua con
diseños dorados, que cubria su ropa. Mediria 1,70.

-Es una alegría que hayas vuelto Viktor. La orden no seria lo mismo sin ti.

-Maestro Hansell, creo que encontré lo que me mandaron a buscar.

-Lo se, mi aprendiz. Deseas averiguar que es, ¿Cierto? – La mirada de Viktor denotaba que asi
era. – Tranquilo, estas un paso más cerca de descubrir lo que ellos traman

-El culto escarlata está comportándose muy extraño. Sus movimientos son cada vez mas
evidentes y no logro entender por qué se exponen tanto. Algo están tramando y no me gusta

-Si es lo que creo, Eremes estaba en lo cierto. Es muy posible que el mundo se encuentre en
grave peligro.

- ¿Quien es Eremes? – Viktor estaba confuso. – ¿El mundo en peligro?

-Eremes es un viejo amigo mío. Hace mucho tiempo el, yo y una persona mas, formamos parte
de los fundadores de la “Orden Esterlina”. Una comunidad de tres, dirigida por quien fue
nuestro mentor. – El anciano parecía nostalgico – En el, hicimos un juramento de proteger al
mundo, de un ser que existio en la Edad Oscura, cuyo nombre fue olvidado por casi todos…
Orcus el señor de la muerte en vida, con su sequito de criaturas de la oscuridad. Su mano
derecha y discípulo, Dakon, fue de los pocos sobrevivientes de su ejercito. Ya conoces el resto
de la historia.

El anciano se detuvo un momento para tomar aire.

-Eremes siempre nos ayudo a evitar la destrucción del mundo iluminándonos con su
conocimiento y apoyándonos en difíciles tareas. Hace poco me contacto nuevamente,
presagiando que Dakon regresaría, y si el artefacto que traes comprueba nuestras sospechas,
nos tendremos que mover rápidamente para evitar a toda costa su resurrección.

-Mierda…

-Acompañame, Viktor.

Hansell camino hasta un rincón de la habitación, y su aprendiz lo siguió de cerca. Se detuvieron


frente a un cofre de piedra, con un tamaño considerable. El maestro saco de su tunica una
llave, y la coloco en el candado, abriendo el cofre, revelando una nube de polvo. Tomo algo de
adentro y lo saco. Viktor pudo apreciar, que su maestro tenia en las manos una gran vasija de
lo que parecía ser bronce, u oro. Tenia unas patas abajo, para sostenerse en el suelo. El
recipiente llevaba tallado dibujos de llamas. Dentro, habia una pequeña bolsita de tela roja,
atada. Pronto caminaron de nuevo hasta la chimenea.

-Necesito que pongas lo que trajiste en el “Cuenco del fuego eterno”, porque solo el, con las
llamas, puede revelar sus secretos.

Hansell dejo el cuenco en el suelo, y tomo la bolsita. La desato, sacando un carbon amarillento,
que arrojo a la hogera. Las llamas rugieron y cambiaron de color a un rojo sangre, iluminando
la habitación con un filtro mórbido.

-Son las llamas de la primera era, sobre las cuales se forjaron las armas malditas de la
oscuridad. Si esta piedra es el del mismo material, mostrara lo que oculta.

Viktor busco en su bolsa, y saco la piedra negra como la noche. Su corazón se acelero. Hansell
se sento en un pequeño taburete junto a las llamas, e introdujo el cuenco dentro de la
chimenea, ayudándose con dos pinzas. Con una de las pinzas que le alcanzo su maestro, Viktor
puso la piedra dentro de la vasija. Sin mucha demora pudo apreciar cómo desde el centro, la
runa se comenzaba a tornar de un rojo oscuro e intenso.

- ¿Que es lo que percibes? – Pregunto el maestro.

-Nada. – Respondio el aprendiz.

Hansell sintió un alivio momentaneo, pero la voz de su discípulo borro ese sentimiento en
cuestión de segundos.
-Espere… veo algo, son… runas. – Inscripciones color escarlata aparecían frente a Viktor. Su
cabeza le dolia, y un hilo de sangre comenzo a caer de su nariz. – Parecen… muy antiguas… –
Se tomo la cabeza desde la frente. Sentia que su cráneo le estallaría. – Eso quiere decir que…
¿Las palabras de Eremes eran verdad?

-Son runas de invocación – Hansell removio el cuenco del fuego. Los malestares de Viktor
cesaron cuando lo hizo. – Se usan para abrir portales, aunque ahora no tiene el suficiente
poder para hacerlo.

-Uno de los cultistas que estaban en el templo la utilizo para comunicarse con alguien. No se
quien era, pero sospecho que debe ser alguien poderoso de su secta. Nunca vimos algo como
esto antes. – Hansell no le dijo a Viktor, que el si lo habia visto.

-Aprendieron a utilizar magia maldita. Esto es mas grave de lo que pensamos – Hansell se hacía
idea de con quien contactaron los cultistas y eso lo asustaba – Viktor, te encomendare una
misión importante. Eremes esta creando una comunidad gente para esta gran misión y tu
debes ser parte. Esto es algo mucho mas grande, algo que no podemos manejar solos.
Necesitamos toda la ayuda posible. Equípate bien y marchate cuanto antes

-Es una gran responsabilidad maestro, no se si estoy listo para esto

-Lo estas, eres mi mejor alumno y el mas leal. Ve, yo convocare a todos para tomar armas.

-Esta bien, no lo decepcionare.

-Espera, ten esto. – Hansell camino hasta un polvoriento atril, para tomar una armadura que
en el estaba. – Te entrego esta cota de malla. Es de mitrilo. Ligera como una pluma pero dura
como la piel de un dragón. Fue forjada por herreros de la segunda edad. Llevala con honor.
Ahora ve y cumple con tu deber, el mundo esta en tus manos.

-No defraudare a la orden, maestro.

Viktor entonces, partio rumbo a su habitacion. En ella, se equipo con sus dos espadas, su
ballesta y su peto de cuero reforzado, con la cota de malla de mitrilo arriba. Se cruzo por el
torax dos bandoleras llenas de cuchillos arrojadizos, y en su cintura envaino su daga. Coloco
dos cuchillos serrados en sus botas. A lo ultimo, se puso su capa con su capucha, bordada con
el emblema de la orden. Estaba listo para emprender la nueva aventura, solo le faltaba cargar
provisiones, y podria salir.

VII
Juicio de fuerza (parte uno)
C ecil se puso en guardia, preparado para el combate. Vio por el rabillo del ojo derecho,
al tipo de la lanza abalanzarce de un salto. Dio un paso rapido a la derecha y rodo por
debajo de la lanza que golpeo la arena. Los otros cuatro frenaron su avance un poco
para no caer presos de la lanza. Cecil se incorporo rápidamente junto al hombre que fallo su
ataque, y mientras se incorporaba elevo su espada desde el mango, hundiéndole el tabique al
hombre de un golpe. El tipo cayo al suelo, y Cecil le dio un pisotón con todas sus fuerzas en la
rodilla izquieda partiendosela, dejandolo fuera de combate. Con el arma en su mano, corrió de
lleno hacia los otros, quienes se dividieron en direcciones opuestas para rodearlo. Cecil
persiguo al hombre que tomo el mangual, que al verse en peligro, comenzó a revolear la bola
de pinches por el aire en dirección al guerrero, mientras que los demás corrian hacia el. Cecil
dio un paso atrás esquivando la bola, y se giro rapido, interceptando al tipo de las dagas, el
cual empezó a tejer hacia adelante por abajo, con intenciones de destriparlo. Esquivo los filos y
lo flanqueo por la derecha. Contrajo su brazo izquierdo contra su pecho, y le disparo un codazo
a la garganta del reo, que tenia la guardia alta desprotegida. El sujeto cayo al suelo,
asfixiándose por la rotura de su nuez de adan. Pudo ver por la izquierda, venir corriendo al tipo
de la espada, con esta en alto, mientras escuchaba al hombre de la hoz buscar su espalda. Sin
vacilar corrió hacia el espadachin, y empuño su arma con ambas manos, e posición baja.
Cuando el reo bajo su espada, Cecil levanto la suya. Ambas chocaron, y en el choque, Cecil giro
sus brazos, ganando ventaja en agilidad, y deslizando su hoja guio el choque a su favor,
haciendo que la hoja enemiga bajara, exponiendo a su portador. Rapidamente Cecil dio un
paso al frente, blandiendo su filo, abriendo el abdomen de su oponente. Este cayo de rodillas,
gritando, y soltando su espada, para poder tenerse el estomago, y evitar perder todas las
vísceras. Cecil se volteo, para ver como los dos enemigos que restaban, habían quedado
paralizados. El publico, sorprendido por el espectáculo y la destreza de Cecil, comenzaron a
vitorear a su favor. En el podio vip, el anciano estaba hiriviendo de rabia, pero el sujeto del
medio, habia tomado un semblante de asombro. Por primera vez en años, la estaba pasando
de maravilla en un juicio, soprendido por la fuerza de ese forastero. Habia derrotado tres
hombres en segundos.

- ¿Como no soy una niña ya perdieron las ganas de luchar? ¡Cobardes!

Cecil tomo carrera contra el sujeto del mangual, que empezó a balancearlo peligrosamente
buscando la cabeza del foraneo, quien esquivo con mediana facilidad. Busco la oportunidad, y
en un giro del arma, se movio rápido, atravesando un eslabon de la cadena con su espada
larga, y tras esto, comenzo a girar el mango, enredando la cadena al arma. La bola dejo de
girar, y Cecil tiro, al portador del mangual. Sostuvo la empuñadura con una mano, y con la
otra, comenzó a golpear a puñetazos la cara del tipo, uno tras otro. La sangre brotaba a
grandes chorros, y cuando la nariz del tipo estaba deformada, y perdió todos sus dientes
frontales, Cecil movio su espada abajo, liberándola de las cadenas. El reo cayo al suelo, y el
guerrero le piso la cabeza, impulsándose y saltando hacia el tipo de la hoz, que asustado, la
esgrimio tirando cortes en el aire, presa del pánico. Cecil sin mucho esfuerzo aprovecho la
torpeza del hombre, y con un golpe en arco, le cerceno la mano. Giro sobre si, y golpeo al tipo
en la cara con la empuñadura de la espada, el cual cayo noqueado en la arena. La voz del
locutor sono en todo el coliseo.

- ¡¿QUIEN ESTA LISTO PARA EL SEGUNDO ROUND?!

El ruido de una campana repico por todo el lugar y las rejas se abrieron, dejando salir a diez
hombres. Dos llevaban espada, otro tenia cestus en sus puños. Uno llevaba un hacha, y junto a
el, habia un reo con una maza a dos manos. Detrás de ellos, salieron otros dos hombres,
equipados con una guadaña larga y el otro con espada y escudo. Un joven con un arco se
quedo atrás de todos para cubrir la retaguardia, y a su lado se coloco un prisinero armado con
unos nunchakos de hierro. Los últimos en salir estaban armados respectivamente, con dos
dagas, y con un latigo lleno de puas. Comenzaron a esparcirse en el campo. Cecil se anticipo y
fue primero al que tenia la espada larga y lo ataco con una patada en el estomago. El tipo dejo
caer su arma y se arqueo sosteniendo su viente, mientras que el forastero aprovecho
apoyándose en su espalda, saltandolo. Por detrás, el hombre de los nunchakos los agitaba en
el aire, e intento golpearle la cabeza, pero Cecil lo esquivo y el hombre le revento la nuca al
tipo de la espada larga, mandándolo a convulsionar en el suelo. Entre todo se escucho el ruido
de un arco disparándose. Cecil salto y rodo en el suelo evitando ser atravesado por la flecha.
Se incorporo solo para ser pateado por el tipo del hacha, cayendo de espaldas. El sujeto
levanto el filo arriba de su cabeza, y la dejo caer, con intención de partir al foraneo, que rodo
por el suelo evitándolo, y pateandole la rodilla, desequilibrándolo. Cecil se levanto y volteo
Pronto pudo ver por la perisferia que el arquero se preparaba para disparar de nuevo. Se puso
de pie lo mas rapido que pudo, y tomo por el cuello con una llave al tipo del hacha. La flecha
fue disparada, e impacto en el estomago del rehén. Lo solto dejándolo caer en agonía,
mientras comenzaba a correr con objetivo al tipo del arco, pero en el camino se interpusieron
el hombre del escudo, y el de las dagas. El del escudo bloqueaba el camino entre el del arco,
mientras que el otro lo rodeaba danzando. Embistieron juntos, pero sin complicarse mucho,
cuando estuvieron a punto de golpearlo, rodo a un costado, haciendo que sus dos enemigos
choquen. El de las dagas salio disparado, mientras que Cecil flanqueo al del escudo, para
retomar su rumbo. El sujeto se largo a correr tras el, mientras que el del arco disparaba flechas
a Cecil, mientras trataba de alejarse. El retador no se dejo impactar por estas, y logro llegar a
su objetivo, traspasándole el corazón de lado a lado con su espada. El sujeto del escudo
consiguió alcanzarlo, y blandio su espada horizontalmente. Cecil llego a responder con una
rápida finta hacia abajo, para tomar distancia. Solo quedaban siete contrincantes. acercándose
a el estaba el de las dagas, el del Caestus, mientras que tenia uno en frente. Avanzo hacia el, y
cuando subio su escudo, le dio una fuerte patada rompiendo su guardia. Cuando lo tuvo a
merced hizo el movimiento que consideraba, su especialidad desde que entro al ejercito.
Blandio su espada, y le corto la cabeza al tipo, la cual salio volando. El hombre del cestus freno
su avance, intimidado. Cortar cabezas siempre shockeaba a los enemigos. Cecil aprovecho el
momento de pausa para levantar su espada sobre el y dejarla caer, partiéndole el craneo en 2
a su enemigo. Ahora quedaban cinco hombres. El de las dagas en un acto de desinteres por su
vida, salto hacia Cecil con las 2 dagas en el aire, abriendo su guardia. Este esquivo hacia atrás, y
cuando su oponente cayo con las dagas hacia el suelo, le atravesó la cabeza, clavándola en el
suelo. Los dos reos con espada fueron contra el, tratando de superarlo en numero, uno por la
izquierda y el otro por la derecha. Cecil movio su espada de abajo a arriba, chocando con el
que llego primero, deflectandola, para luego atacar al otro, golpeando su espada. Ambos
espadachines atacaban uno tras otro, mientras el retador se defendia, bloqueando los golpes y
retrocediendo, buscando una oportunidad. En un bloqueo, rompió la postura de uno de los
hombres, para aprovechar y mandarlo al suelo de una patada. El otro ataco, pero sin su
compañero, era un objetivo fácil. Cecil logro desarmarlo de un fuerte tajo ascendente, para
luego, apuñalo en el corazón. El que habia caido se incorporo, y se lanzo por la ofensiva, pero
fue inútil, siendo desviado en el primer choque la espada en un choque. Tras esto, el forastero
aprovecho para cortándole la pierna derecha a su rival en un corte certero, haciéndolo caer,
desangrándose lentamente. Solo quedaban el tipo de la maza y el del latigo. Este ultimo, se
acerco a el, y empezó a agitar su arma, ganando distancia. Cecil sintió como un latigazo le abrio
una herida en la mejilla, mientras la sangre comenzaba a caer mezclándose con su sudor. No
tenia opción. Mientras el latigo cruzaba el aire, lo midio, y a la segunda vez que fue atacado,
tomo con su mano desnuda el latigo, clavándose las espinas, cortando toda su palma. Ignoro el
dolor y enrollo el latigo en su mano. El tipo, angustiado, se dio cuenta lo que estaba haciendo,
pero fue tarde, para cuando Cecil tiro del arma, trayéndolo hacia el, para recibirlo una
puñalada directa al estomago. Solto el latigo, dejando caer al moribundo, mientras su mano
sangraba. El cuerpo se resbalo por la espada, directo a la arena. A unos metros de la maza se
quedo contemplando a Cecil por un momento. Luego, se giro, y llevo su mirada al locutor, que
con una macabra y maliciosa sonrisa, le hizo un gesto de negación con la cabeza. Comprendio
entonces que no tenia escape y envuelto en una crisis nerviosa, el prisionero grito
escandalosamente y elevo con todas sus fuerzas la pesada arma, que impacto de lleno en su
nuca, cayendo en un acto de cobardía. Cecil seco el sudor de su frente, y se paro a tomar
aliento. El hombre del trono de en medio, tenia los ojos como platos, estaba extasiado. El
locutor volvió a hablar.

-Te mueves bien chico, fue un buen espectáculo, pero es hora de terminar con esto… –El
locutor miro a los guardias que custodiaban la entrada a la arena – ¡TRAIGAN AL CAMPEON!

Tras esa frase, el griterío de la muchedumbre se detuvo, mientras que una de las puertas
comenzaba a abrirse. Por esta, apareció caminando un hombre de 2,5mt de alto, con el cuerpo
musculado en proporciones míticas. Tenia el pelo rapado, y varias cicatrices en todo su cuerpo.
Iba solo con un calzoncillo de gladiador, y dos hombreras muy grandes en puntia. Sus armas,
eran 2 enormes caestus en sus puños, los cuales parecían adoquines. Cecil lo vio claramente al
aparecer, no se trataba de un preso. Ese era un guerrero. Todas las gradas, comenzaron un
cantico en común.
- ¡Hora de la pelea principal! ¡El fin del Juicio de fuerza! Con ustedes, el campeón del coliseo, !
DUSH!

- ¡DUSH! ¡DUSH! ¡DUSH! – La gente vitoreaba el nombre del coloso a toda voz.

Dush camino hasta quedar frente a un cansado Cecil. Ambos cruzaron sus miradas vieron, la
sangre hirviendo. Alyssa veía la escena a lo lejos, temiendo por Cecil. A pesar de las ansias de
batalla, ambos estaban calmos.

-Debes ser bueno. – El titan rompió el silencio, con su gruesa voz. – Hace mucho no me sueltan
a combatir.

-Quizas solo me enviaron a una camada de perros rabiosos.

-Pues ahora te enfrentas a un hombre, retaco.

-Veo que eres un guerrero, y no un vulgar preso. – Cecil analizaba a su contrincante, con su
mirada fija. – Pareces un tipo pensante. Profundo a lo mejor.

Dush quedo pensativo al escuchar a Cecil, como si su determinación se minara por las palabras
de aquel hombre desafiante.

-Puede que lo sea, mas mis pensamientos aquí no valen. Tampoco los tuyos, ni los de nadie. –
El campeón apreto sus dientes, molesto – En este mundo, solo sirve la fuerza, eso es todo. La
fuerza y la violencia.

-Ya veo… subestime tu inteligencia. Solo un bruto sin cerebro podría pensar algo como eso. ¿La
superioridad del mas fuerte? Mis huevos. – Cecil escupio frente a Dush – Yo he sido debil, y
aun asi aquí estoy.

-Si venciste a estas mierdas, algo fuerte has de ser. – El titan trono sus nudillos, que sonaron
como troncos quebrandose

-La fuerza no lo es todo, cualquiera, desde un humano hasta una insignificante mula puede
tenerla. Un guerrero tiene mas que eso. El espíritu define a un guerrero de un simple bruto.

-Entonces pruebalo con tu espada, o de lo contrario, comprimire todos tus huesos hasta que
sean polvo.
VIII
Amorios en el viaje

D entro de la taberna “Silver Dagger”, Eithan, Mephiles y Gilgamesh estaban sentados


en ese orden, frente a la barra, bebiendo. Habian estado largo rato en el lugar,
charlando trivialidades, y tambien hablando sobre sus pasados. Thalia estaba también
sentada a un costado de su protector, con un vaso de agua y un plato de carne asada con pure
de papas.

-Y asi fue obtuve este anillo mágico.

-Increible – Mephiles le dio un sorbo a su whisky – Es una pena que su poder vaya mermando
tus fuerzas. De más esta decir que es arriesgado.

-Cuando lo usaste contra mi… ¿por que tu mano no se quemo, pero casi fundes la hoja de mi
espada?

-Aun no se exactamente como funciona. – Eithan contemplaba el anillo, jugando con el en sus
dedos – Pero creo que depende de mis emociones, supongo.

- ¿Como? ¿Peleaste contra Gilgamesh? – Mephiles parecía incrédulo.

-Fue un accidente. Se arreglo cuando lo derrote. – Dijo el Hakafell con tono victorioso.

-No, claro que no. – Gilgamesh apoyo su pinta con fuerza sobre la barra de madera – Tu no me
derrotaste en el duelo, yo te deje ganar.

-Acéptalo, me subestimaste y perdiste.

-Cuando termine con mis asuntos, créeme, te ire a buscar y te lo demostrare en otro duelo.

-Ya, supéralo. – Eithan intentaba contener sus risas, mientras bebía su cerveza de zanahoria.

-Me niego.

-Bueno, esta bien. – El joven héroe se levanto de su taburete y camino hasta estar junto a su
rival, tendiéndole la mano. – Tendremos una revancha, te doy mi palabra.

Un fuerte apretón de manos confirmo el acuerdo así a su acuerdo. Cuando terminaran sus
misiones, ambos se encontrarían para batirse en duelo.
-Ya va siendo hora de que busquemos a Yoland y a las chicas. – Indico Mephiles, preparando su
bolso de dinero.

-Yo me tengo que ir. Debo llegar a Kanterbury lo antes posible. – Gilgamesh se levanto de su
asiento, y dejo un par de monedas de plata sobre la barra.

Así sin mas, se puso en marcha, caminando hacia la salida y Thalia se levanto para seguirlo.
Unos minutos luego, Eithan y Mephiles salieron de la taberna, volviendo al punto donde se
habían separado. Un caluroso sol iluminaba radiante el mediodía. Algunas nubes daban
momentos de alivio. Algunas partes de las calles estaban embarradas. Al llegar, se
encontraron que el resto del grupo no estaba ahí. Luego de cruzar miradas, ambos se
dispusieron a ir al bazar de la ciudad. Tras caminar un rato entre la gente, pudieron divisar a
Yoland, trotando como el espacio se lo permitía. Parecía nervioso, y miraba a todos lados,
buscando algo en la muchedumbre.

- ¡Yoland! ¡Por aquí! - Eithan saltaba alzando la mano. Tras verlo, el centauro se dirigió hacia
ellos a toda prisa.

-Yoland amigo mio, ¿que estas haciendo por aquí? - Pregunto Mephiles - ¿No se supone que
estarías con Taya y Evelynn?

-Si, pero las perdí de vista. Un anciano loco me hizo desviar la mirada.

-Si que te hizo mal el establo

-Ahora no es momento Eithan. Conociendo a Taya, deben de estar en algún mercader de


cuchillos.

Los tres comenzaron a buscar por toda la calle, hasta que Mephiles logro ver a Taya y Evelynn
a unos metros, siendo acosadas por tres malvivientes. Sin perder momento, fueron hacia
ellas.

-Vamos no seas tímida, te pagare cuatro piezas de oro si me dejas dormir contigo una noche.

-Jajaja, no hagas reir. No durarias ni cinco minutos conmigo. - Taya miraba al hombre con una
expresion burlona.

Uno de los hombres saco una navaja de su ropa


-Por favor, no queremos problemas - Evelynn se veia algo intimidada.

-No los tendrán si aceptan nuestra oferta chicas. - El tipo lo dijo relamiendose sus labios
agrietados.

- ¿Que pasa? Te ves muy tímida , “rojita”

El hombre del cuchillo intento tocarle un pecho a la maga, pero fue interrumpido por el puño
de Eithan, que lo envio al suelo. Este se levanto, agarrandose la boca. Sangre se filtraba por los
dedos.

- ¡EY! ¿¡que mierda te pasa!? - Grito uno de sus compañeros

-Le pones una mano encima y te juro que sera lo ultimo que toques - Eithan estaba iracundo

-Con que quieres pelear eh... - El sujeto del cuchillo dejo ver como sus dientes frontales
estaban partidos.

Se abalanzo con su arma hacia Eithan, pero fue intercerptado por Taya, que atrapo su brazo
con una llave, rompiendole el codo, para luego pisarle la rodilla, partiendosela. El hombre cayo
gritando del dolor.

- ¿¡Que crees que haces puta!? - Uno de los acosadores corrio hacia ella.

La mujer sin mucho esfuerzo, levanto su pierna con una patada, que impacto directo en la cara
del miserable, desarticulandole la mandibula, dejandolo noqueado en el piso. El tipo restante,
no tuvo mas opcion que largarse a correr, abandonando a sus compañeros.

- ¿Evelynn, estas bien? ¿Te hicieron algo? – Pregunto Eithan preocupado.

-Si, estoy bien, no te preocupes.

-Perdonen, esto no hubiese pasado si no me alejaba de ustedes chicas – Yoland se sentía


avergonzado.

-Te preocupas demasiado – Dijo Taya, con una sonrisa en el rostro – He peleado contra tipos
dos veces más grandes que tú. – Dicho eso, le dio un puñetazo en broma al centauro en el
pecho.
-Créele amigo, Taya sola hubiese matado a esos tres. – Mephiles envolvió a su esposa con un
abrazo cariñoso – Aunque, agradezco que interrumpieras la pelea. – Dijo mirando a Eithan.

-Es lo menos que podía hacer. Sino fuera porque perdí el anillo y encontramos a Gilgamesh,
hubiéramos estado reunidos mucho antes.

- ¿¡Perdiste tu anillo!? – Evelynn no podía creer lo que oía

-Emm, bueno… Es y no es…

-Un hombre se lo robo, y Gilgamesh lo recupero. – Comento Mephiles.

- ¿Gilgamesh? – Pregunto Yoland.

-El rubio que nos cruzamos en la taberna de Ostrava.

-No me digas que peleaste de nuevo.

-No tranquilo, solo apareció para ayudarnos.

-Bueno, ya que estamos todos ¿por qué no seguimos nuestro camino? – Sugirio Taya.

El grupo se puso en movimiento, ya abastecidos con recursos para el viaje, dejando atrás a la
ciudad de los ladrones. Era plena tarde, cuando saliendo del pueblo ven un establo. Mephiles
se acerco, y luego de un rato, volvió con dos caballos, casi idénticos, color marron claro con la
crin rubia.

- ¿No era mejor traer uno de tus caballos? – Pregunto Eithan.

-Jamas. Esos caballos son pura raza, solo para apuestas y crianza.

-El de Evelynn y el mio son de raza.

-Si los veo. Son hermosos los percherones. – Mephiles acariciaba viendo a detalle la yegua de
Eithan.

-Gracias. Los compre yo – Afirmo el Hakafell con un tono de orgullo y una sonrisa.

El magnate se dirigio con los caballos hacia su esposa, mientras que el joven héroe comenzaba
a preparar su montura, cargándole parte de las provisiones. Mientras lo hacia, fue
interrumpido por Evelynn, que le gano la espalda.

-Eithan…

- ¿Que pasa Eve? – El Hakafell se volteo intrigado.


-Queria agradecerte, por preocuparte por mi y venir a ayudarme. Es un bonito gesto.

-No tienes que agradecérmelo. – Eithan le regalo a su compañera una sonrisa despreocupada –
Yoland o Mephiles hubiesen hecho lo mismo. Entre nosotros tenemos que cuidarnos.

-Pero aun asi tu fuiste quien vino, y queria darte las gracias. – Evelynn esbozo una sonrisa
timida, pero algo picara. – Ademas, también queria agradecerte por la caricia que me diste la
otra noche.

-Buenoo, es que… – El rubor tomo las mejillas del joven. – Fue por que note que estabas
teniendo un mal sueño… Yo solia tener muchas pesadillas de niño, y mi mamá siempre me
acariciaba la mejilla cuando me veía pasándola mal dormido.

-Suena como una buena madre. – Evelynn bajo la vista, con notoria tristeza. – Yo nunca llegue
a conocer a la mia.

-Lo lamento… Debio ser una mujer muy hermosa. Digo, por que tu padre solia decir que tu te
parecías a ella.

-El… ¿te hablaba de mi?

-Si, hablaba mucho de ti, te ama con locura. Por eso jure protegerte, Fenrir es un hombre al
que respeto y aprecio mucho.

-Ya veo… – Evelynn sonrio, mirando hacia un costado, aun con la vista algo baja, para
levantarla hacia Eithan. – Gracias, de nuevo. Iré a preparar a Velinch.

- ¿Velinch? – Pregunto el joven, confundido.

-Mi caballo. ¿Acaso no le pusiste nombre al tuyo?

-No, no se me ocurrio.

- ¿Y que esperas? ¿Que nombre le pondrás a tu yegua?

-Mmm – Eithan pensó un largo rato, frotando su barbilla. – Creo que la bautizare… Epona.
Como el caballo del heroe de los libros de mi padre.

-Es un nombre muy bonito.

-Y bien, ¿todo listo para comenzar el viaje? – Yoland se acerco a ellos, interrumpiendo.

- ¿No quieres que te compre un jinete, Yoland? – Pregunto el Hakafell, conteniendo la risa.

-Muy gracioso, liebre apestosa. – Respondio el centauro de mala gana.

Entre risas, los cinco emprendieron su nuevo viaje hacia Kanterbury. El camino continuaba por
una extensa y tranquila llanura de verdes pastos. El cielo se habia nublado parcialmente, y la
brisa que corria era algo calurosa. Tendrian bastante camino por delante, ya que en las
llanuras, poco se podía ver mas que vegetación, arboles y algunas mesetas.

-Si mi meroria no me falla, tendremos un viaje de tres dias a paso moderado hasta Kanterbury.
– Indico Mephiles – Cuando anochezca será mejor montar campamento. Por suerte me
adelante y compre un par de tiendas.

-Que bueno es tenerte con nosotros. Nada se te escapa. – Dijo Eithan.

-Mephiles es un aventurero nato. – Acoto Taya – Viajo por toda Terra, y hasta se unio a una
asociación de mosqueteros. Conoce muy bien el continente.

- ¿En serio? ¿Fuiste un mosquetero? – El Hakafell estaba sorprendido.

-Lo fui por diez años. Luego renuncie a mis votos y me dedique al negocio familiar.

-De seguro te fue mejor. – Dijo Evelynn.

-No te lo voy a negar. Pero extrañaba la aventura. La adrenalina de las peleas, los bares con el
olor a cerveza y humedad. Cosas que en mi casa no existen.

-Ya veo… Bueno, ahora estas en tu lugar. – La maga le dedico una humilde sonrisa al magnate.

Mientras caminaban, Eithan se percato de que Yoland no habia dicho una sola palabra desde
que comenzaron su ruta. El centauro parecía abstraído, limitándose a ver el llano y extenso
campo, que se extendia por millas. Pronto se le acerco, un poco extrañado.

- ¿Te pasa algo Yoland?

-No es nada, solo que… El paisaje me trae muchos recuerdos de mi niñez. – Su rostro parecía
algo afligido, a juego con su voz – A veces me invade la nostalgia… Y me entristece. Veo como
el mundo parece estar empeorando. Todos los paramos que alguna vez fueron prados
hermosos, hoy solo parecen… meros campos con el pasto mal cuidado. No para de estar
nublado, y el sol no quiere salir. Los girasoles mueren, las flores no crecen, y no hay nada que
pueda hacer para evitarlo.

Eithan podía sentir el dolor de su amigo de una forma casi palpable. Era notorio que todo iba
cambiando con los últimos tiempos, y quizás no de la mejor forma. Pero el Hakafell no pensaba
permitir que su compañero perdiera las esperanzas, y acto seguido, apoyo su mano en la
espalda de Yoland.
-Todo mejorara, te lo prometo. Hare lo imposible para que las nubes se aparten y el sol brille
una vez mas. – Eithan le dedico una calida sonrisa – Ya veras, vas a poder venir aquí con tu
gente sin miedo a los humanos. Compatiran las tierras y veras como todo prospera.

-Gracias amigo mio, significa mucho. Yo te acompañare en esa misión, para que logremos
mejorar el mundo.

-Como mi padre me dijo una vez. La escalada puede ser dolorosa, pero la vista lo vale.

Ya cayendo la noche, el grupo decido parar su viaje, para poder descansar, en una meseta alta.
Ataron sus caballos a unos arboles cercanos, y se dividieron las tareas. Mephiles y Evelynn se
pusieron a armar las tiendas de campaña, mientras que Yoland buscaba leña por las cercanías.
Eithan se dispuso a ayudar a Taya con la preparación de la cena. Ya llegando la hora de la
comida, Mephiles busco en el bolso de viaje, y saco una distintiva botella oscura. Era mas bien
petisa y con cuerpo ovalado. Era un vino muy añejo de su cava personal.

-Mis amigos, están a punto de beber el mejor vino de todo Terra. – Dijo con entusiasmo.

Al descorcharla, un olor peculiar. Pronto la sirvió en vasos de caña, dándole uno a cada
compañero. Era una bebida exquisita, con un cuerpo sedoso, y aromas muy marcados, frutas
de estación, algo de madera, y el distintivo amargor del mosto. El liquido era de un color bordo
claro. Alcanzo para varios vasos para cada quien. Tras comer y beber, Mephiles saco un laúd,
para tocar una alegre melodía armoniosa, con mucha gracia. Al compas de la musica, Taya se
levanto e invito a Evelynn a bailar, mientras que Yoland aplaudia al ritmo de la música
marcando el compas. Eithan yacia sentado terminando su copa, viendo como todos se estaban
divertiendo y pasando un buen rato. Recordo con cariño sus años de adolescencia, que paso
en su mayoría frecuentando aquella taberna donde habia comenzado su aventura. Bebia y
cantaba melodias que curaban cualquier golpe de la vida, entre risas y juegos de sus colegas.
En la escena, pudo apreciar que Evelynn sonreía mientras bailaba enérgicamente. El Hakafell
se puso de pie y camino hacia las chicas.

-Taya, ¿no te molesta que le pida a tu compañera que me conceda una pieza? – Dijo con una
sonrisa, ofreciéndole su mano a la maga.

Taya rio gentilmente y Evelynn cogio la mano del joven sin dudarlo. Ambos comenzaron a
bailar sobre la música del laud, contorneados por la fogata. Era un baile energico, típico del
campo. Mephiles los miraba sentado sobre un tronco cortado, y podía apreciar la naturalidad
con la que ambos jóvenes se movían y supo entonces que esos dos tenían una química
particular. Al comprenderlo, progresivamente fue cambiando el ritmo de su musica alegre a
una mas lenta e incluso, romántica. Eithan le dirigió su mirada, viendo al rico sonreírle a lo
lejos y comprendio lo que su compañero queria decirle. Apreto fuerte la mano de la maga, y
llevo la otra a la cintura de su pareja de baile. Ambos comenzaron a moverse de un lado al
otro. Evelynn supo enseguida que se trataba de un vals. Ya habia practicado para bailar en su
graduación del gremio, asi que no tuvo problemas para moverse a la par, con una sincronía
perfecta en cada paso. Luego de un rato, ambos dieron fin a su baile acercándose uno al otro,
quedando solo distanciados por sus narices. Yoland, Taya y Mephiles, aplaudieron
agradadados a la pareja.

-Wow, si que dieron un buen espectáculo. – Dijo Taya.

-Parecía como si se conocieran de toda la vida. – Añadio el centauro.

- ¡Bravo! ¡Bravo! Estuvieron excelentes. Seguramente el vino que les convide les dio poderes
de baile. – Evidentemente el magnate estaba algo ebrio.

Eithan en broma, hizo una clásica reverencia de teatro a su audiencia. Evelynn lo contemplaba
con añoro, sintiéndose sorprendida, porque empezaba a ver a su compañero con algo mas que
cariño y camaradería. Era como si lo quisiera para ella.

- ¿Donde aprendiste a bailar? – Pregunto la maga

-En una taberna a la que iba con frecuencia. Solía bailar con las camareras.

-Ah… ya veo. – Evelynn intento sonar lo menos celosa posible.

Ambos volvieron a sentarse al fogon, y tras un rato mas de charlas y cantos, Mephiles se
levanto, seguido de su esposa.

-Bueno, Taya y yo nos iremos a hacer cosas chanchas. – Dijo medio en broma y medio en serio,
mientras se estiraba. – Hasta mañana.

-Descansen bien. – Taya tomo a Mephiles por el brazo, caminando a su tienda.

-Que descansen, tortolos. – Dijo Eithan.

-Yo creo que tambien ire a dormir. – Evelynn finalizo su frase con un bostezo. – ¿Tu
compartiras la tienda conmigo, Eithan?

-Quizas luego, quiero quedarme un rato mas con Yoland. Igual, a decir verdad, siempre me
gusto dormir solo. Suelo estirar mis piernas mucho y podria molestarte.
-Descuida, tengo el sueño pesado. – La joven le dio una sonrisa, antes de irse a la carpa.

Eithan camino hacia Yoland y se sento a su lado. Las nubes del cielo comenzaban a dispersarse,
abriéndole la puerta a los rayos de la luna, acompañada de cientos de estrellas. Ambos amigos
se quedaron apreciando el brillante firmamento en silencio, por un rato. Eithan fue quien
rompió el silencio.

- ¿Sabes Yoland? Esto es por lo que lucho – Dijo con tono solemne – Para ver a la gente que me
importa feliz, con una sonrisa despreocupada en sus rostros. Quiero darle un futuro mejor a
aquellos que quieran verlo.

-Es una causa noble, ¿pero estas dispuesto a morir por ella?

-No lo dudaría ni un segundo. No hay peor guerra que la que no se lucha, ¿no?

-Tienes razón. – Yoland parecía un poco mas esperanzado, a la vez que cansado. – ¿Por qué no
vas a dormir un rato?

- ¿Estarás bien aquí afuera?

-No te preocupes. No podria entrar en una carpa ni aunque quisiera.

-Claro – Dijo el Hakafell entre risas, levantándose para alejarse. – Descansa, Yoland.

-Tu también, amigo. – El centauro se acomodo sobre el césped.

Eithan camino hasta la carpa, pero pronto la sorteo, dirigiendose al árbol donde estaban los
caballos, para dormir en sus ramas, pero cuando lo tuvo enfrente, reconsidero las palabras de
Evelynn, y poco a poco, se fue acercando a la tienda nuevamente. Al entrar vio a su compañera
acurrucada de costado. El Hakafell se quito su armadura, y se tendio sobre su saco de dormir,
al lado del de Evelynn.

-Bonita charla. – Eithan se sobresalto un poco al oírla, ya que pensaba que estaba dormida.

-Queria hacerle companía. El cielo estaba asombroso.

-Asi que… – Evelynn se volteo hacia el. – ¿Te gusta mi sonrisa?

-Eso no fue lo que dije. Pero admito que tienes una linda sonrisa.

- ¿Y eso es lo que le ves a las mujeres?

-Bueno no exacta…
Eithan fue Interrumpido por los labios de Evelynn. Estaba sorprendido, pero sin vacilar, lo
acepto, y devolvió. Ambos se distanciaron por un momento y se miraron a los ojos. El Hakafell
fue quien dio el segundo beso, chocando su lengua con los labios de la maga, que accedió y
abrió su boca, enlazando ambas lenguas. Entre besos, Eithan llevo su mano al rostro de
Evelynn en una caricia gentil, y comenzo a bajar sus labios hasta el cuello de la chica, para
comenzar a besarla ahí. La respiración de Evelynn comenzo acelerarse cada vez mas, mientras
el recorria su cuello con sus labios y su lengua, bajando aun mas hasta su clavicula. La joven lo
agarro por la cabeza, clavándole un poco las uñas, y lo impulso a bajar aun mas. Eithan capto el
movimiento, y con sus manos abrió el vestido de noche, revelando los pechos de la chica,
preciosamente blancos con los pezones rosados. Comendo a jugar con estos, recorriéndolos
con su lengua, a medida que iba intercalando con algunos mordiscos. Los primeros gemidos
comenzaron a oírse, de parde de ella. Mientras tanto, Eithan comenzo a bajar su mano por el
torso de su compañera, deleitándose con el tacto de su piel bien cuidada y suave como la seda,
hasta llegar a la parte inferior del vestido. Ambos estaban muy excitados, y el Hakafell lo noto
al tocar la humeda ropa interior de Evelynn. Ella abrió mas las piernas, consintiendo su tocar, y
el joven deslizo sus dedos entre las bragas, pudiendo sentir la textura mojada y viscosa de los
fluidos, para poco a poco acariciarle la vagina, sin despegar la boca de sus pechos. Luego de las
caricias, Eithan hundio uno de sus dedos dentro, levantando la vista a Evelynn, cuya cara
denotaba placer, cubierta por una capa de timido rubor. Se sentía muy estrecha. Entre
gemidos, Eve le bajo el pantalón, para agarrar su miembro, y empezar a masturbarlo de arriba
abajo. Eithan apenas podía contener sus ruidos, y se alejo de los pechos para regresar a la boca
de la chica, y lo que antes fue un dedo, lo convirtió en dos, explorando toda la cavidad de su
pareja. Estuvieron un corto rato, hasta que Evelynn lo alejo un poco con su mano libre. Eithan
se tumbo boca arriba, y la maga se subio sobre el, bajando hasta su entrepierna, para
comenzar a lamer su glande en una expresión timida. De a poco, ella comenzaba a meter mas
en su boca, dándole una felación. Eithan estaba acelerado, sacándose la camisa, para luego
sostener la cabeza de Evelynn, empujándola gentilmente, hasta las primeras arcadas. La maga
se incorporo, y escupio en su mano, para frotar su saliva por el pene del hombre, lubricandolo.
Luego, ella se acomodo sobre el, sosteniendo su miembro, frotándolo contra su vagina, lista
para montarlo. Lentamente comenzo a introducir la cabeza dentro de ella, y Eithan pudo ver
en el rostro de Evelynn que parecía padecerlo un poco.

- ¿Estas bien?

-Si… solo me duele un poco…

Cada vez el pene de Eithan entraba mas, y con menos complicaciones, hasta que de un
movimiento, Evelynn llego hasta abajo, sintiendo como era llenada, hasta golpear su cuello
uterino. Ya no quedaba dolor, se habían fundido en una sensación pura de placer. Pronto ella
comenzo a subir y bajar. Entre sentones, Eithan le masajeaba los pechos, mientras ella se
echaba hacia atrás en lo que ahora eran fuertes gemidos. Luego comenzo a acercasele a el,
para que pudiera lamerle los pezones, y el hombre asi lo hizo, gustoso. Estuvieron un buen
rato en la faena. Eithan daba fuertes estocadas, agarrando a Eve por sus caderas, mientras que
ella, con el miembro completamente dentro, se retorcia en sensuales movimientos. Tras la
estocada mas fuerte, Eithan hablo entre respiraciones y ruidos de placer.

-Eve, voy a…

-Espera.

Pronto, Evelynn se levanto, y se dirigió de cabeza hacia el miembro del joven, metiendo una
parte en su boca, y la otra agarrándola firmemente para masturbarlo. Sin hacerse esperar, la
eyaculación lleno su boca. Era una buena cantidad, caliente y espesa. Luego de terminar, ella
se asomo por la abertura de la carpa y escupio fuera. Volvio hacia Eithan, y se acosto junto a el,
que la envolvió con su brazo a modo de almohada. Ambos cayeron en un profundo sueño.
Horas después, la luz comenzaba a filtrarse por la entrada. El Hakafell volteo a su lado y vio a la
maga aun abrazada a el, pero ahora recostada en su pecho. Paso su mano libre recorriendo su
sedoso cabello rojizo, con ternura, seguido de un beso en la frente. Con mucho cuidado se fue
separando, acostándola sobre una almohada. Salio de la carpa, descalzo, solo con su pantalón
de tela y la camisa desabrochada. La luz del sol le dio de lleno en el rostro, acompañado de una
brisa fresca con aires de pasto. El dia estaba hermoso. Su cabeza le dolia un poco, y tenia la
boca seca, claros síntomas de una resaca. Al inicio del campamento estaban Yoland y
Mephiles, este ultimo vestido con una bata azul muy elegante. Estaban bebiendo algo en los
vasos de caña. Por el olor invasivo, Eithan se dio cuenta de que era café recién molido. A paso
relajado se acerco a ellos.

-Se ve que la pasaste bien anoche. – Dijo Yoland.

-Si, Taya es una zorra en la cama.

-Se lo decia a Eithan.

- ¿Que no me iban a despertar para tomar el desayuno?

-Iba a despertarte, pero te veias muy placido abarazado a Evelynn.

-Hace dias que no duermo tan bien como anoche.

-Eso fue mi asombroso tintillo. Un par de copas y te manda a dormir. – Dijo Mephiles,
fanfarronando.

-Eh… si, seguro… Ire a ver a Epona, y despues despertare a Eve para que me ayude con la
comida.
IX
Juicio de fuerza (parte dos)

L a pelea comenzo cuando Dush le dio un potente golpe a Cecil con su mano derecha
dirigido a su abdomen. Con destreza y algo de suerte, logro cubrirse cruzando los brazos
pero eso no evito salio disparado por fuerza del imponente luchador. Rodo por el suelo,
para luego levantarse, viendo como la mole de musculo corria imparable hacia el,
abalanzándose de un salto con su puño izquierdo en alto. Para ser tan enorme, se movia muy
rapido. Cecil pego un salto y aterrizo rodando mientras que su oponente cayo, golpeando el
suelo, y dejando un considerable crater en la arena. El desafiante se precipito hacia el, con su
espada en alto, pero el coloso dio un giro sobre si mismo con un brazo en alto, barriendo de
forma horizontal, impactando en las costillas de Cecil, mandandolo de nuevo al suelo. Pudo
sentir el dolor de los huesos rotos mientras rodaba, para levantarse a duras penas, tosiendo
algo de sangre. La multitud rugia vitoreos al campeon, mientras este volvía a cargar contra su
retador. Esta vez no hubo salto, si no que directamente fue a embestirlo. Esta vez, Cecil
respondio corriendo al encuentro con su entemigo directamente, agarrando su espada con
ambas manos, apuntando adelante. Cuando estuvieron por chocar, el gigante tiro hacia atras
su brazo derecho preparado para dar un puñetazo, que salió propulsado con una fuerza letal.
Este fue esquivado por su contrincante, que paso agachado por el brazo, levantando la espada,
abriéndole una considerable herida en el tricep del coloso. La sangre le teniña su canoso
cabello. Quedaron espalda con espalda, ambos heridos, pero en este combate, no habia
tiempo para el dolor. El campeón giro nuevamente, ahora con la intencion de golpear con su
brazo izquierdo, pero su ataque fue previsto, y evitado con el mero hecho de volverse a
agachar. El brazo le paso por arriba, y Cecil balanceo rapidamente su arma hacia abajo,
cortandole el cuadricep derecho a Dush, para luego saltar a un costado, tomando distancia.
Rodo en el suelo, y se incorporo de un giro. Los rivales cruzaron miradas, pensando como
continuar. Esta vez fue el retador quien tomo carrera contra su rival, con la espada en las
manos. Cuando estuvieron de nuevo a rango cuerpo a cuerpo, el titan dio un golpe cruzado
con su brazo derecho, el cual Cecil no tuvo complicaciones para esquivar, pero esta vez, el
golpe venia con trampa, y un ponzoñozo gancho izquierdo le impacto en el menton. El
forastero a duras penas consiguió mantenerse sobre sus pies. Mas no perdió tiempo,
aprovechando una apertura entre los brazos de Dush, impulso su espada, clavandola en su
abdomen. Pero la hoja no pudo pasar mas que unos pocos centimetros, cuando el titan la
tomo con su mano derecha, impidiendo ser atravesado. Aun siendo apuñalado, y con su
abdomen sangrando, tuvo la voluntad de hablar.
-Eres bueno retaco. Veamos que tal te va sin tu arma.

Rapidamente le dio un barrido con el brazo izquierdo, mandándolo al suelo. Dush se quito la
espada, y la arrojo lejos. Cecil ahora tendría que ganarle a su enemigo en su misma ley, con los
puños. El campeon acorto la distancia con un paso rapido, algo agazapado, para elevarse con
un gancho furioso y violento. Su oponente lo esquivo, y menos mal, porque si hubiese
impactado, cuanto menos, le hubiese roto el cuello. La evasión fue con una finta por la
izquierda, y contraataco con dos rapidos golpes en el abdomen lacerado. La sangre mancho
sus nudillos, y el coloso aullo de dolor. Cecil retrocedio tomando distancia. Tenia que ser
medido y cuidadoso si quería ganar. Dush escupio algo de sangre al recuperarse, y alzo la vista
a hacia su oponente. Estaba bastante sorprendido, no habia tenido un combate que durase
tanto hacia años. Ambos, heridos, tomaron una pequeña pausa para agarrar algo de aire, y
restarle dolor a sus lastimaduras. La pelea era demasiado pareja, los espectadores habían
quedado en silencio, totalmente absortos en el combate, esperando ver un trinunfador.

-Dime una cosa. – El campeón rompió el silencio – ¿Porque peleas?

Cecil no esperaba una pregunta en medio de ese frenesi. Pero aun asi, respondio

-En este momento, estoy peleando por ella. – Indico sin prisa con la cabeza, hacia donde
estaba Alyssa.

- ¿Y quien es ella? ¿Es tu familia? ¿Tu mujer?

-No. Es la primera vez que la veo. ¿Tiene que ser alguien que conozca para que pelee en su
nombre?

-¿Estas arriesgando tu vida en un juicio de fuerza, por alguien que ni siquiera conoces? ¿Estas
loco?

-No requiero de un motivo para ayudar a quien lo necesita. Ademas ¿porque peleas tu? ¿Que
motivos tienes? Mas que ser un divertimento para estos burgueses de mierda.

El campeón se quedo en blanco. Cecil le habia dado un golpe bajo a su orgullo de guerrero.

- ¿Que sabes tu? Yo peleo porque soy fuerte, y eso es lo unico que importa en un mundo
donde el pez grande se come al chico. Peleo por supervivencia, y siempre sobrevivo. No hay
nadie que me pueda comer.
- ¿Te consideras el mas fuerte, y aun asi dejas que tu destino sea dirigido como el de un titere?
¿Un simple leon que le tiran a los gladiadores? Tu filosofia de vida es una mierda, y tu eres un
necio.

Dush no soporto mas, y cargo contra su oponente gritando de rabia. La arena volvio a llenarse
de coros, estallando el lugar. Ya no era una pelea para proteger a Alyssa, o un juicio de fuerza
para Cecil, ahora era una pelea entre las convicciones de ambos guerreros. Solo quien tuviera
mas determinacion seria el ganador y sus puños escribirian la historia. Cuando estuvieron por
chocar el coloso disparo un puñetazo recto con la izquierda. Su opoente lo esquivo, y
respondio clavandole los nudillos de su puño derecho en el abdomen, justo en la herida. El
golpe fue seguido por otro, de la mano izquierda y con mas fuerza. La sangre brotaba mientras
que el campeón Dush movio su brazo derecho con intención de dar una barrida, que impacto
en su rival. Este anclo los pies al suelo y se defendio con sus brazos, resistiendo el empujon a
pesar del dolor. Tras el choque, Cecil le propino una patada izquierda en el cuádricep
lastimado a su enemigo, que gruño por el dolor. de la herida, y Dush gruño de dolor. Otra
patada iba a acontecer pero el coloso se adelanto y le dio un fuerte gancho con la izquierda en
la boca del estomago. El retador no pudo aguantar el vomito que salió de su boca. Jugos
gástricos mezclados con sangre. Por un momento, no pudo oir al publico vitorear y su vista se
vio oscurecida. Intentaba recuperar el aire que el golpe le habia arrebatado, aferrándose a la
conciencia con todas sus fuerzas. Logro mantenerse despierto por muy poco, recuperandose.
Era el momento de devolver la ofensiva. Saco fuerzas de la desesperación, y reacciono
envolviendo el brazo de Dush, con el suyo y antes de que el gigante pudiera responder, se
acerco a el, tirando para acercar al campeón. Continuo descargando un furioso puño que dio
de lleno en la nariz coloso, rompiéndosela en un festival carmesi. Retrajo su puño, y sin
soltarse, volvió a golpear, esta vez en el ojo izquierdo del gladiador. El movimiento se repitió,
una y otra vez. El puño despiadado de Cecil caia sobre cada parte del rostro de su enemigo,
hasta que realizo un potente gancho al menton de Dush, soltándolo. El campeón fue hacia
atrás tambaleándose, con la cara hecha un desastre sanguilento. En toda su carrera como
luchador del coliseo, nadie le habia propinado un asalto semejante. El retador lo observo, aun
recuperandose del gancho a su estomago, donde se le habia formado un gran moreton. Dush
se estabilizo, tomandose un segundo para despejar su cabeza. No podia permitir que alguien
con una mentalidad tan debil, le diera una paliza asi. Los luchadores se miraron a los ojos,
aunque el campeón solo contaba con uno, ya que el izquierdo estaba muy hinchado y violaceo.
Sentia como su cuerpo se debilitaba por la perdida de sangre que habían generado los cortes.
Cecil por su parte, estaba tambaleandose entre la conciencia y el desmayo, con un dolor
acalambrante e infernal en el estomago y las costillas rotas. Ambos gritaron, y volvieron a
cargar, utilizando todas sus fuerzas. La multitud estaba extasiada por el violento espectaculo,
mientras por su parte, en el palco vip, el hombre anciano estaba ya sin dar mas por la furia de
que el desafiante estuviera aun vivo, sujetándose la cabeza con sus uñas. A su lado, el hombre
del trono humilde, estaba desaforado en una emoción inmensa, cercana al extasis. Dush con
su brazo derecho echado hacia atras, se dispuso a dar el golpe de gracia y volvio a apuntar al
estomago de Cecil, mientras que este, salto, con su brazo derecho preparando un golpe a la
cara. Por un momento, el tiempo parecio detenerse, y acto seguido, el puño del retador fue el
que impacto primero, directo a la mandíbula. El campeón cayo seco al piso, boca arriba. Su
oponente cayo por detrás. El gigante se incorporo con una lentitud dada por el cansancio. La
sangre caia de su boca. No podia ver bien, y todo parecia difuso. Cuando se volteo, forzando la
vista, observo a su rival dirigiendose a un estante de armas cercano, asi que como pudo,
sintiendo su cuerpo algo adormecido, comenzo a correr hacia el. Mientras tanto Cecil, tomo
una espada corta del atril, pero fue interrumpido por un doloroso golpe a su cara, saliendo
propulsado contra el piso. El titan le habia propinado un poderoso puñetazo. La cabeza de
forastero golpeo con la arena, mientras sentía como la sangre corria por su mejilla irritada. No
podia abrir los ojos, y su respiracion se volvia lenta, mientras muy de fondo, sentia como el
coro de la tribuna se alejaba. Lo único que distinguia con claridad el sonido de unas pisadas
imponentes hacia su ubicación. Con mucho esfuerzo pudo abrir los ojos, y con sus brazos
comenzo a levantarse en una flexion. Escupio sangre al suelo, y se levanto, tambaleándose. Vio
a Dush caminar hacia el sin apuro, confiado, casi saboreando la victoria. Y lo espero, quieto,
paciente, de perfil mientras sostenia con su puño cerrado, con lo que el creia que era su ultima
esperanza. Cuando estuvieron a unos pocos metros, el titan se abalanzo como un oso sobre su
maltrecho oponente. En respuesta, este movio rapidamente y subio su brazo, abriendo la
mano, de la que salió un buen manojo de arena que habia recogido al levantarse, cegando a su
por un momento, para aprovechar y con todas sus fuerzas, darle un gancho derecho en la
herida del vientre. El campeón no pudo resistir mas castigo el cual y cayo de rodillas al suelo,
segado y gritando de dolor puro. Cecil sin perder tiempo, se movio rapido y levanto la espada.
Se puso junto al convaleciente Dush, y lo tomo por su cara cara con la mano izquierda,
sosteniendo la espada con la derecha, apuntando la hoja hacia el. El campeón entro en un
estado que no habia sentido antes. Era un horror primigenio, casi animal. Era presa de un
pánico desesperado. Habia perdido y lo sabia. Entre los dedos de Cecil, podia verlo listo para
atrversar su craneo. El campeón cobardemente cerro sus ojos, para no ser testigo de su final.
Mas no sintió el filo de la muerte, si no que oyo las palabras de su oponente, frías y certeras,
mezcladas con los gritos del publico que pedia a coros que el coloso fuera ejecutado.

-Te has desviado del camino del guerrero, Dush. Un guerrero no es nada, si olvida la
compasion. Recuerda esto, el pez grande, te tuvo piedad.

Cecil habilmente, giro sobre su mano la espada, ahora apuntando el mango que descargo en
un terrible impacto en la mandibula, desencajandosela, y dejandolo noqueado. Habia decidido
perdonarle la vida. La mole cayo inerte sobre el suelo, como un costal de papas. Tras su
victoria, la gente rugia su nombre. Levanto la vista al palco vip, mas precisamente al locutor.

- ¡Parece que tenemos un ganador! Dush cayo ante Cecil Iv...

- ¡Nooooooo! – El estridente grito interrumpio la narración – ¡Maldito seas hijo de mil putas!
Todos quedaron atonitos ante el grito, el cual tambien venia del palco vip. Ahi, el anciano con
ropas de sacerdote, estaba ahora flotando en el aire, con sus largas túnicas cayendo, y
apuntando a Cecil, con una imponente lanza alada.

- ¡Malditos herejes! ¿Defiendes a una bruja y derrotas a nuestros hombres? ¡No permitire tal
acto de blasfemia en MI REINO!

Al rededor del viejo, se materializaron varias armas de luz. Espadas, arcos, lanzas, hachas.
Todas giraban con velocidad a su alrededor. Cecil no tenia fuerzas para nada mas que
quedarse viendo. Si ese viejo era poderoso y lo desafiaba, no podria hacer nada. Fue entonces,
que se escucho una voz entre el silencio, también del palco. Era el hombre joven que estaba en
el trono del medio.

-Espero que se siente, antes de que me levante.

El viejo al oir esto, se paralizo. Las armas de luz se desmaterializaron al instante, junto con su
lanza, mientras dejaba de levitar, hasta volver a estar sentado en su opulento trono.

-Asi me gusta. – Dijo el sujeto del trono humilde, levantándose – El hombre gano en buena ley
y lucho con pasion. En lo que a mi me consta, se ha ganado el perdon para el, y para la
jovencita.

- ¡Pero hijo! No puedes permitir que se vayan asi como...

-Mejor que se calle la boca y recuerde su lugar, consejero real Laurentius. Y no olvide, que aqui
estamos en un ambito de trabajo. – El tipo camino un poco hasta estar enfrente del anciano,
con una expresión funesta y fría, pero cargada de evidente rabia – No te vuelvas a referir a mi
con titulos familiares. Hace muchos años que Prismat no es “tu reino”, viejo ridiculo.

-Lo siento, su majestad Konrad. – Laurentius bajo su mirada al piso – No volvera a ocurrir.

El rey, bajo las escaleras, y camino hacia el locutor, para tomar la vara que ampliaba la voz.

- ¡Ciudadanos de Prismat! Bajo mi sagrada autoridad, y la de nuestro señor Elohim, me honra


anunciar que el Juicio de Fuerza, falla a favor de Cecil Ivory y Alyssa Eldimoor. Ahora, ¡abran las
puertas de la arena!
Cecil oyo los mecanimos de los portones trabajando y se giro para caminar a la salida. Alyssa,
quien habia visto incredula toda la pelea desde cerca de la puerta, se paro, esperandolo y le
hablo cuando el vencedor estuvo cerca. Su voz era suave y dulce. Parecia a punto de romper
en llanto.

-No se muy bien que decir.. muchas gra...

-Guardate los agradecimientos. – Respondio a secas. – Quiero irme de una vez.

Alyssa quedo sorprendida por la respuesta, pero mucho mas se sorprendio cuando al pasar a
su lado, Cecil la tomo de la mano, llevandola hacia la puerta. Una vez la pasaron, los guardias,
parecían incrédulos, y les devolvieron a ambos sus pertenencias. Cecil con mucha dificultad se
cambio y se equipo con su armadura, menos con el peto, el cual llevaba sosteniendolo con su
brazo. Las costillas lo matarian si se ponia el peso del peto en el torax. Luego, se ato su espada
de nuevo en la espalda, como siempre la llevaba. Volteo a mirar a la joven se también se habia
vestido con sus ropas. Botas altas, hasta la mitad de los muslos, unos pantalones cortos color
rojo intenso, una armadura de cuero liviano, con partes negras, blancas y marrones, y unos
guantes largos negros. Llevaba en su cintura, un estoque. Arreglo un poco el liston que
sostenia su trencita, de cabello blanco. Antes de que pudieran decir palabra, alguien entro a la
habitacion. Los guardias se arrodillaron, en señal de respeto. Cecil volteo, y observo que tenían
enfrente, al rey Konrad.

-Señor Ivory, debo decir que su espectaculo me emociono tanto, que he venido personalmente
a felicitarlo. No todos los dias un forastero barre el piso con nuestros hombres.

-Sus alabanzas no me causan halago alguno. Quiero saber porque exponer a una joven a tan
retorcido espectaculo. – El rey rio, sobrado, al escuchar tal declaración.

-Si no fuera porque me ha impresionado, mandaria a que le corten la lengua por su


impertinencia. La señorita fue puesta en juicio, porque en este reino no se tolera la magia que
no provenga directo de dios. Y ella, es del gremio de los magos rojos.

- ¿Magos rojos? ¿Que es eso?

-Somos espadachines que combinan su esgima con hechizos. – Explico la elfa – ¡Pero yo no
hice nada! Solo estaba de paso por la ciudad

-Y eso es mas que suficiente, jovencita. Ahora señor Ivory, antes que se vaya, dejeme
preguntarle una cosa que me ahoga con curiosidad.
Cecil no dijo nada.

-Usted no vacilo en asesinar a varios hombres contra los que peleo. Pero, Dush, a el le perdono
la vida al final. ¿Porque lo hizo?

-No crea que lo hice por bondad. Los otros eran solo escorias sin honor. En cambio, Dush, es
un guerrero orgulloso, me he dado cuenta con solo escucharlo hablar. El vive por la ley del mas
fuerte, pero se encontro con alguien que lo supero y ademas lo dejo vivir. Perdonando su vida,
he destruido su filosofía, y para un hombre como el, matar su ideologia, le dolera mucho mas,
que simplemente matar su carne.

-Eso es exquisitamente cruel, y me encanta. – Una sonrisa macabra se asomo en la boca de la


realeza. – Son libres de irse. Eso si, por mas de que haya ganado, la gente no vera con buenos
ojos a su pequeña amiga bruja. Tienen hasta el atardecer de mañana, para marcharse de mi
reino. Si no lo hacen, afrontaran las consecuencias.

Cecil y Alyssa, sin querer escuchar mas, salieron del coliseo, con rumbo al gremio de
aventureros, en busca de tratar sus heridas y de un poco de descanso.

X
Ultimas palabras

C uando Viktor llego a la puerta, vi a su viejo amigo Ivan esperándolo, sosteniendo un


objeto en sus manos envuelto en una tela oscura. Hansell estaba a su lado. Ahora
llevaba una túnica oscura que le llegaba hasta los pies, bordada con matices blancos y
grises, con una capucha que tenia emblema de la orden Esterlina. Se dirigió a Viktor cuando
este llego al encuentro de los dos.

- ¿Viktor estas listo para el viaje? Será una tarea muy difícil.

-Siendo honesto, no del todo. Pero no hay mas opciones, el mundo esta en juego y debo
cumplir con nuestro juramento. Si tengo que caer, sera luchando hasta el final.

-Confio en que eso no sucederá, mi aprendiz. Para ayudarte en esta empresa, le Ivan que te
acompañe. La misios puede ser muy dura pero ustedes son los mejores y mas sabios. Pero no
tanto como yo. – El maestro les dio una sonrisa amigable, bromeando para bajar la tensión.
- ¿Este vejestorio me acompañara? Seria lo mismo si viene Floki. – Acto seguido, señalo a un
viejo perro dóberman, que como un guardian, estaba sentado en la puerta. – Quizas hasta
seria mas util jaja.

-Seré un perro viejo y todo lo que quieras. – Ivan rápidamente atrapo a Viktor, sujetándolo por
el cuello con una llave asfixiante. – Pero de mi no te vas a librar fácil, maldito imbécil

-Era… una… bro…ma… suel…tame p..po…por favor

-Eso pensé jajaja. – Acto seguido Ivan solto a su compañero, que tomo aire agitado.

-Estos dos siempre siendo tan infantiles entre ellos. – Penso Hansell para si. – Ya basta de
tantas monerias. Comportense como los hombres que son. Ivan, entregale lo que llevas a
Viktor.

El hombre asi lo hizo, estendiendo sus manos. El aprendiz destapo con curiosidad lo que su
amigo cargaba, revelando una bandeja con un par de collares. Eran alajeros de plata. En la tapa
de cada uno, habían unas piedras preciosas. Ojos de tigre.

-Este será mi ultimo regalo para tu viaje, Viktor. Es un collar de visión. Eremes me lo dio hace
ya mucho tiempo. Mientras lo portes, te dara la capacidad de ver en la oscuridad mas
profunda. No abuses de su uso, ya que puede agotarte la vista, con consecuencias severas.
Espero que te sea útil

-Gracias maestro.

-Y para ti Ivan, te hago entrega de mi antigua cota de mallas. Fue forjada en la primera edad de
este mundo. La necesitaras mas que yo, con los enemigos que encontraran en su viaje.

- ¿Estas seguro maestro? Yo estoy bien con mi armadura, no es necesario que le des algo tan
preciado

-Ya no tengo el mismo nivel que antaño. Un anciano como yo no la necesitara para luchar. Se
que tu le daras mas uso y te enfrentaras con criaturas duras de matar. Necesitan todos los
recursos que puedan tener en este viaje asi que solo aceptala con los brazos abiertos.

-Muchas gracias, viejo amigo.

-Cuidado con decirme viejo. Quizas no este en mis años mozos, pero aun puedo darte una
buena reprimenda. – El maestro le dio unas palmadas en broma en la mejilla a Ivan,
provocándolo.

-Jajaja, después de todos estos años, no has cambiado en nada. Te voy a extrañar, viejo
cascarrabias.
Los tres estrecharon sus manos, recordando los viejos tiempos donde luchaban lado a lado en
incontables batallas.

-Yo también los extrañare Ivan. Los mantendré al tanto de las situación. – Hansell dio un fuerte
silbido, y desde la fortaleza, un cuervo negro de ojos rojos salió volando hacia el, desde un
torreon de la orden. – Este cuervo los acompañara en todo momento para mantenerme
informado y si necesitan algo, les enviare un cuervo blanco con recursos, o información.

-Entendido – Asintio Viktor.

-Ahora no pierdan tiempo, y partan. Su destino es el reino de Kanterbury, según las


instrucciones que me facilito Eremes. Una vez ahí, tendrán que buscar a un grupo de
aventureros. Su líder es un Hakafell, lo reconocerán sin problemas. Les deseo lo mejor en su
viaje.

Los dos enviados se pusieron sus capuchas, y golpearon a los caballos, impulsándolos a correr.
Mientras se alejaban a la distancia, su maestro contemplaba las siluetas que se fundían en el
horizonte, con una expresión lugubre, como si estuviera de duelo.

XI
La calma previa...

Y a habia pasado la noche. Alyssa y Cecil habian hablado poco y nada, el estaba muy
cansado para hablar. Habian comido, y luego, fueron a sus habitaciones a dormir. Ya de
dia, y los rayos del sol entraban en la habitacion del hombre. Se sentía bastante
descansado, y gracias al tratamiento que obtuvo de parte de los magos blancos del pabellón
medio, se sentía bastante mejor. Entre sueños, una sensación de molestia en la cara, provoco
que comenzara a abrir los ojos. Entonces, pudo ver el causante de esto. Alyssa estaba
acostada, frente a el, con sus ojos rojos observandolo con fascinacion y ternura, mientras que
con su mano, acariciaba su mejilla. Cecil se sobresalto incorporándose rapidamente,
corriéndole la mano a la chica.

- ¿Que crees que estas haciendo? – Su tono era severo.


Alyssa pego un salto de la cama, asustada y roja como un tomate por la verguenza. No penso
que Cecil se despertaria. El Ostraviano tenia un mal humor notable.

-Te estoy hablando, mocosa.

-Pe... ¡Perdoname! No era mi intencion molestarte

- ¿Que estas haciendo en mi cama? ¿Para que te pague una habitacion?

-Es que... No tuve una buena experiencia en el coliseo y por la noche sufri bastantes pesadillas.
– La elfa bajo la mirada – No podia dormir y me escabulli en tu habitacion porque… me sentia
mas segura durmiendo contigo.

El hombre se hacia una idea de que ella habría pasado una situación bastante traumatica y
cercana a la muerte, por lo que entendia la situación, bajando un poco su enojo.

-Entiendo. Solo no me molestes cuando duermo, ¿esta bien?

-Lo siento. Puedo irme asi continuas descansando.

-Dejalo. De todas formas, ya no tengo sueño.

Cecil se sento en el borde de la cama, de espaldas a Alyssa. La joven aprecio algo en el. El tenia
un tatuaje que cubria casi toda su espalda. Era la mitad de un escudo. Bajo este, se leia la
mitad de una inscripcion en un idioma que a ella le resultaba desconocido. En la parte baja del
escudo, comenzaba el mango de una espada larga, y su hoja, cruzando hasta donde terminaba
el diseño, cerca de sus costillas. En la parte superior, opuesto a la espada, se vislumbraba la
mitad de una lanza. La elfa imagino que en el dibujo completo, ambas armas deberían cruzarce
en el centro.

-Oye, Cecil, sobre tu tatuaje, ¿te queda muy bien sabes? Pero, parece incompleto.

-Porque solo es la mitad del diseño. – Su respuesta solo alimentaba la curiosidad de la joven.

- ¿Y puedo preguntar porque solo tienes medio tatuaje?

Cecil medito en silencio un segundo, sobre si decirle o no.


-Hace años, tuve un amigo, que era mas bien como un hermano para mi. El solia llevar la otra
mitad. Ahora, menos preguntas, y cambiate. Tenemos que irnos antes del atardecer.

Luego de cambiarse, ambos salieron del gremio, caminando por el reino en dirección a la
salida. Prismat habia amanecido con un silencio fúnebre. El sol termino ocultandose entre las
nubes grises y el viento golpeaba las ventanas como si fuera el réquiem para la ciudad. Habian
llegado hasta unos alejados establos, pegados a las rejas de salida. Era muy grande, acorde con
la opulencia del reino. El olor a paja que emanaba era abundante, pero lo mantenían lo
suficientemente limpio como para que no oliera a mierda. La estructura era completamente de
madera y heno, con revestimientos de ladrillo. Un vendedor con pintas de granjero los recibió.

-Caballero. Señorita. – El sujeto se saco el sombrero de paja en reverencia, mostrando su calva


cabeza, bronceada por el sol. – ¿Lindo dia no? Como para montar a caballo.

-Por eso estemos aquí. ¿Que tiene para ofrecernos?

-Te soy sincero, nos dejaron faltos de stock. Ayer vinieron unos duques y se compraron gran
parte de los mejores sementales. Sabra usted que nosotros manejamos una gran calidad y
nuestas razas son de…

-No necesito que me vendas como si fuera jugador de carreras. Solo haznos pasar muéstrame
lo que tienes.

El vendedor sin decir mas, con su discurso predeterminado cortado por Cecil, meramente se
acato a las palabras de este, y se volteo, abriendo las puertas, entrando al lugar. Ambos lo
siguieron a los establos interiores. La madera de adentro denota poseer una altísima calidad.
La luz se filtraba por ventanas, alumbrando de forma tenue la morada de los caballos. Por los
haces de esta, varias particulas de polvo se veían flotando dispersos por el lugar.

- ¿Tienes esa actitud con todos? – Reprocho Alyssa molesta, en voz baja.

-No soporto a los vendedores que intentan hacerse los carismáticos. Soy un comprador de los
que va directo a lo que busca. – Su respuesta también fue en voz baja, para no irritar a su
anfitrión.

-Bueno, siéntanse libres de ver los caballos con tranquilidad y cualquier cosa me avisan. Si
quieren puedo darles mi recome…

-No, gracias.
Cecil comenzó a caminar adelantándose al sujeto, mientras observaba a los caballos. Mientras
que su acompañante se quedo parada frente al vendedor, que cual tenia cara de enfado. Ella
le sonrio e hizo una pequeña reverencia, a modo de disculpas. Era una muchacha educada y de
buenos modales, cosa común en el cuerpo de magos rojos, ya que eran bien instruidos en lo
que respecta a la conducta. La joven se sentía algo avergonzada por la brusca y tajante actitud
de Cecil. Pronto se movio rápido para evitar la incomodidad con el granjero, tomando un
camino opuesto al de su compañero. Este por su parte, examinaba a los caballos
detenidamente. Todos eran buenos sementales, pero le daba la impresión que tendrían un
precio muy inflado. En el ultimo cuarto de la fila, casi como escondido, se encontró un caballo
distinto a los demás. Pronto, elevo la voz y se dirigió al vendedor

- ¡Ey! ¿Que hay de este?

Tanto Alyssa a lo lejos, como el anfitrión, giraron a verlo. El vendedor se acerco a el y abrió el
establo, tomando al potro por sus riendas, acercándolo gentilmente a la salida para que lo
pudiera contemplar de cerca. El animal, desconfiado, se movio lentamente, saliendo de su
cuarto. Era un caballo adulto, negro, con la cara de color blanco, como si fuera una gran
mancha. Tenia la crin despeinada, y su cuerpo estaba cubierto por varias cicatrices, siendo la
mas notoria, una sobre su ojo derecho, en forma de circulo. Aunque asi todo, parecía estar
bien de la vista. En una de sus patas, tenia otra cicatriz notoria, a la altura de la rodilla.

-A este lo adoptamos hace poco. El amigo no tiene amo, era de un mercenario, o algo de eso.
Los guardias de la ciudad lo vieron una noche acercarse, cubierto de sangre y con el cadáver
del tipo en la espalda. El caballo es leal, se las arreglo para acercar a su dueño aquí, aun con la
pata herida, casi por desprenderse. – El granjero señalo a la herida de la rodilla. – Como nos
vino gratis, y no parece ser purasangre, además de todas las cicatrices, te lo puedo dejar a 50
monedas de plata.

Cecil, como mucho llegaba a juntar dos monedas de oro. Un caballo proveniente de un
guerrero seria bueno para el el, debido a que seguro era menos propensos a asustarse y huir
en los enfrentamientos.

-Lo llevare. – Busco en su monedero las piezas para pagar, pero fue interrumpido por Alyssa,
que a lo lejos saltaba emocionada, gritando con animos.

- ¡Este! ¡Quiero este! ¿Cuanto cuesta?


Los dos hombres se acercaron y el propietario libero el caballo que la chica quería. Del establo,
salió un pequeño poni blanco, de crin color crema, excelentemente sedosa y bien peinada. Era
bastante alto para un potrillo.

-Este bebe es un pura sangre, ¡y trota como un titan! Se los puedo dejar por 5 monedas de oro.

Los animos de Alyssa bajaron en el instante. Los guardias del Juicio de Fuerza se habían
quedado con todo el oro que habia podido juntar a través de sus encargos. Cecil por su parte,
no tenia dinero suficiente, pero se le ocurrió algo.

- ¿Tienes descuento para campeones de coliseo?

-Bueno, para eso tendrias que ser un campeón.

-Pues, vengo de derrotar al campeón local. Creo que eso me convierte en uno, ¿no? – El
hombre lo miro con sospecha.

- ¿No seras tu ese forastero que esta en boca de todos?

-Depende de quien lo haya dicho.

- ¿El que ayudo a una hereje?

-Eso parece. – Cecil hizo un gesto apuntando a la elfa con la cabeza, que bajo su mirada
avergonzada por la acusación.

Ambos hombres cruzaron sus miradas en silencio y de repente, el vendedor estallo, pero no en
ira, si no que de emoción.

- ¡¿PORQUE NO ME DIJISTE ANTES?! – Seguido de su grito, estrecho fuertemente la mano del


Ostraviano con un energico sacudon – ¡No puedo creer que el tipo que barrio el suelo Dush
estuviera interesado en comprarme caballos!. Soy un acerrimo seguidor de los juicios de
fuerza. Pero me perdi el ultimo mi maldita mujer decidio tener un hijo el mismo dia.

- ¿Que? ¿Te emocionas mas por unos tipos matándose en la arena que por el nacimiento de tu
descendencia?

-Mas bien papá, un hijo lo podes tener cada nueve meses, al campeon le dieron una paliza
solamente una vez en la vida, encima de local, y me lo perdi. En fin vamos a lo que importa,
solo a ti, por esta vez, te dejare ambos caballos a una sola moneda de oro.

- ¿Y estas dispuesto a hacerme el favor, aunque ayude a una maga?


-Me da igual esas estupideces de Dios, yo soy ateo. Solamente me gusta la sangre. Vivo en este
reino porque esos idiotas oligarcas se dejan un buen puñado de monedas en caballos.

Cecil saco de su monedero una moneda de oro, y se la dio al vendedor que la recibió gustoso.
Ya con sus nuevas monturas, ambos salieron del establo en dirección a la salida del reino.

-Muchas gracias por comprármelo, Cecil

-No hay de que.

- ¿Has pensado en que nombre ponerle al tuyo?

El miro a su caballo, y apoyo su mano en el medio de su cabeza. El animal resoplo tranquilo.

-Ninguno. Ponerle nombre me haría encariñarme, y no me gustan los animales. Solo es una
movilidad.

- ¡No deberías hablar asi de tu caballo! - Reprocho Alyssa enojada - Se supone que es un
compañero, ¿sabes? Ellos son inteligentes, y tienen sentimientos. -Para probar su teoria,
acaricio a su poni con cariño, desde la cabeza hasta el lomo. El animal movio sus patas,
contento.

- ¿Y que nombre tiene el tuyo?

-Decidi llamarlo Snowy. Es blanco como la nieve, y esta chiquito. ¡Vamos Cecil, anímate un
poco, y dale un nombre a tu caballo! - Tras hablar, le dirigió a su compañero unaparticular y
calida sonrisa, cerrando sus ojos. Por alguna razón que el no entendia, su sonrisa, consiguio
animarlo, y le ablando el corazón. Tenia una sonrisa hermosa, como un amanecer sobre el
mar.

-Mmm... entonces..supongo que lo llamare… “Visnothi”. - Ella se dio cuenta de algo extraño en
el Ostraviano. Por primera vez lo veia sonreir. Era una sonrisa leve, casi escondida, y cargada
de nostalgia.

- ¿Eh? ¿Que nombre es ese?

-En mi ciudad, hace mucho tiempo, se organizaba una vez por año, un festival llamado
Visnothi, en honor a la diosa de la cosecha, del mismo nombre.

-Nunca la oi nombrar. ¿Y de que iba esa fiesta? - Alyssa desconocia el nombre, ya que eso fue
hace muchos años, y algunos dioses se habian perdido tras el tiempo.
-Era una vez al año. Antes de ser un soldado, de niño, venia de una familia pobre de granjeros.
No íbamos a la ciudad casi nunca, mis padres resentían al pueblo. Pero en época de Visnothi,
todo era diferente, porque en la ciudad, ricos, pobres y clase media se mezclaban en un gran
banquete comunitario. Había música, fuegos artificiales y comida deliciosa. Nadie te miraba
mal por tener ropas humildes, ni nada de esos prejuicios. Se trataba de pasarla bien entre
todos. Me vienen a la cabeza recuerdos de mis padres, bailando enérgicamente, como dos
adolescentes enamorados. Eran buenos tiempos. Tiempos mas felices, y mas sencillos.

-Wow, ¡suena como algo genial! ¿Algún dia podrías llevarme a uno?

-Realmente dudo que lo sigan celebrando. Pero supongo que si se hace, de seguro te gustara.

Ambos montaron sus caballos, y se fueron al galope, dejando atrás el reino. Ya alejados, desde
una pequeña cima, veian a lejos la gran ciudad. Antes de salir habian podido oir pregoneros
anunciando una sombra sobre el lugar. Una cantidad increible de monstruos se acercaba al
pueblo. Con un catalejo, miro en direccion mas alla del reino, No termino de contar la cantidad
de criaturas que se aproximaban, antes de bajar el aparato. Ahora sabia de la catástrofe que
se le avecinaba y no pensaba ayudarlos, ¿como lo haria después de ver como maltrataron a la
pequeña joven que ahora le acompañaba? Se alejaron del lugar, sin mirar atrás, como si
estuvieran de luto, porque sabían que ese reino, ya estaba condenado.

XII
Nuevo integrante

E ra de madrugada en el continente de Kalsus. Una lechuza surcaba el cielo sobre Tierra


Santa, planeando, hasta quedar ubicada en uno de los balcones del gremio de
Paladines. Pronto, la lechuza, comenzo a deformarse, contraerse, y expandirse. Cuando
hubo terminado, quien se encontraba ahi, no era ni mas ni menos, que Eremes el gris. Habia
ido en pesona, y ahora se encontraba en la sede principal del gremio de la luz, para investigar
la masacre que ahí habia acontencido. La sala era enorme, y se sentia macabra entre la
oscuridad, y aun enormes manchas de sangre decorando por todos lados. Sentía magia
profana en todo el lugar, y por un momento se intuyo que el causante, podria seguir ahi. El
mago solo caminaba en la osuridad, sin siquiera alumbrar con un poco de su magia, no queria
que su presencia llamara la atencion, mucho menos, la del jefe del gremio. Por un momento,
llego a pensar que la causa de la tragedia fue una bestia, y que los paladines tuvieron el
desagrado de cruzarse en su camino. Pero descarto la idea sin muchas vueltas. Eso habia sido
un ataque cordinando, una bestia no rapta a los sobrevivientes. Solo quedaba averiguar quién
o quienes lo habían echo y porque. Decidió quedarse un día más para seguir investigando de
encubierto, para así poder informar con precisión a la comunidad.
Por su parte, Eithan y los demás llegaron a Kanterbury casi anocheciendo. A pesar de no ser
tan prominente en tamaño, era obviamente por su apariencia un lugar prospero. El olor del
agua cubria la ciudad, ademas del viento que soplaba agitado. Ese reino era conocido por su
enorme puerto, que separaba la parte norte del continente con el resto, que era dividido por
un gran rio. Tambien se lo conocia por su pesca, y por la destilacion de todo tipo de bebidas,
gracias a sus ricas aguas. El grupo se dirigio antes que nada al gremio de aventureros para
reservar habitaciones, y un establo para Yoland. Decidieron descansar y ponerse a investigar al
otro día. Evelynn y Eithan, entre miradas, se dispusieron a continuar lo que habían empezado
en la carpa mientras que Mephiles tenía ideas media raras para hacer con su señora. Era de
noche ya por completo, y el pasillo del gremio era tenuemente iluminado por velas. Entre
besos y manoseos, Evelynn se detuvo, separando a su amorio. Parecia sentirse nerviosa y fuera
de tono.

- ¿Pasa algo? - Pregunto el Hakafell

-Solo me pareció sentir una presencia... oscura.

- ¿Oscura?

-Si... pero es... Extraña... y opresiva. - La maga aferro la mano al centro de su pecho. - No
esperaba sentir ese tipo de presencia por aqui.

-Seguro no fue nada, ven, te ayudare a relajarte.

Pronto el joven comenzo a hacerle unos masajes a Eve en los hombros, mientras los
intercalaba con besos en el cuello. Decidieron continuar la faena, cuando en ese momento, la
ventana de la habitacion se abrio de un violento golpe, pasando a esta, un ave de gran porte, a
la velocidad de una flecha. Eithan pegó un grito afinado, del susto, pero luego, se tranquilizo
cuando se percataron que era el ave de Eremes, que traía una carta en su pico. El animal se
paro en la mesita de luz, estoico, sin sacar la mirada del heroe.

- ¿¡A ti te parece interrumpir asi justo en este momento Zhan!? - El aguila miraba con
divertimento al furioso joven, como si lo hubiese hecho a proposito. - A ver qué dice Eremes.

Eithan se tomo un momento detenido para leer la carta. Su cara parecia cargada de sorpresa.

- ¿¡QUE!?

- ¿Que dice la carta Eithan?

-Parece que tenemos un nuevo integrante en la comunidad y viene para acá.


-Asi que se fue a reclutar un nuevo miembro...

-Dice que es un amigo suyo de hace mucho tiempo. Debe ser un señor mayor, si conocea a
Eremes hace tiempo.

-Seguramente.

- ¿Sabes Eve? Este susto me dió más energía... y me gusta verte así de sorprendida - La mano
del Hakafell le acariciaba la pierna, tratando de llegar mas alla.

- ¿Ah sí? - La maga abrio sus muslos, dando acceso a sus bragas.

Empezaron a besarse y a retomar dónde lo dejaron, pero duro poco, cuando Eve volvió a sentir
la energia oscura, mucho mas fuerte que antes, asustandose.

-Eithan tenemos que parar... de veras creo que estamos en peligro... nunca sentí tanta magia
oscura en un lugar... ¿sera alguna bestia que se metio en el gremio?

-Tranquila - El joven le dio un beso en la frente, mientras se levantaba de la cama, para ir por
sus espadas. - Ire por Mephiles, así investigamos juntos para ver que no haya nada fuera de lo
normal.

Eithan se puso su armadura, se coloco el anillo, y enfundo sus espadas, para acto seguido, salir
de la habitacion. El cuarto de Mephiles estaba al frente del suyo y cuando se acerco para
llamar a la puerta, distingio ruidos raros. Preocupado, pensando que sus amigos estaban en
peligro, desenfundo una espada y se preparo para tumbar la puerta de una patada, pero luego
escucho mejor y se dió cuenta que el matrimonio estaba, “muy ocupado”. Sintió celos, ya que
el podria haber estado igual hace unos instantes y no pudo continuar, pero decidió no
molestarlos, y se fue a investigar al rededor, cuando sintió que alguien estaba detras suyo. Se
volteo rápidamente, para ver a unos metros a un hombre de un 1.90, con pelo color negro y
una barba ligera. Su armadura era de placas negras como obsidiana, con pintas de ser robusta
y pesada. Penso que ese hombre realmente deberia ser muy corpulento para llevar semejante
equipamiento. Algo yacia amarrado con varios cintos, atrás en su espalda. Lo que sea que
fuere, estaba cubierto por una sábana blanca. El hombre no le sacaba la vista de encima.

- ¿Quien eres? ¿Se te ofrece algo?

- ¿Ese anillo te lo dió el viejo?

-El que hace las preguntas soy yo. ¿Quien eres y que quieres?

-Estoy buscando a alguien que porta un anillo magico.

-Pues aqui esta. Si lo quieres, ven por el. - El Hakafell no tardo en desenfundar ambas espadas.
-No es lo que crees.

- ¿Y que es lo que yo creo?

Antes de que el caballero pudiera siquiera responder, Eithan salio disparado hacia el, atacando
con doble golpe frontal. El hombre maniobro rapidamente su brazo a la espalda, y se defendió
con el objeto que llevaba. La sábana se destapo, revelando que era un inmenso espadon. Las
hojas duales se detuvieron en un choque, contra el cuerpo del grueso metal. Eithan quedó
sorprendido, no entendia como alguien podía blandir semejante mole de acero, solo con una
mano y con tanta facilidad. Ambos empujaban con fuerza sus espadas, sin ceder.

-Eres fuerte, lo reconozco. - Admiro el Hakafell.

-Lo mismo digo, pero ¿porque no te calmas? Solo es un mal entendido.

-Eso lo averiguare una vez que te derrote. ¡Eromir!

Eithan sonrio creyendo que tomaria la ventaja, pero cuando la habilidad de la sortija se activo
bañando la hoja de luz divina, el heroe fue tomado por sorpresa, al ver que el filo del espadon
emitio un profundo destello negro, seguido de un torrente de magia oscura, que lo repelio
sacandolo a volar, mandandolo disparado hacia el final del pasillo, reventandose la espalda y
agrietando la pared de madera.

-Lo siento, pero no me dejaste otra opción.

Tras la secuenta, Evelynn salio de un salto por la puerta de la habitación, asustada por la
magia, para ver a Eithan en el suelo. El seguiente en salir, fue Mephiles, solo con una bata, y su
rapier en mano. Al ver al caballero, parecio quedar paralizado. Su esposa salio en pos de el, en
un corto y atrevido vestido carmesi.

-Tu... -El rico no podia creer lo que sus ojos mostraban - Tu eres un caballero oscuro.

-Todo el mundo dice lo mismo, así que digamos que lo soy.

- ¿Caballero oscuro? Pero ellos llevan extintos hace mucho...

- ¿Que... es lo que quieres? - Eithan levanto su cabeza, aun atontado.

-Ya te lo dije. El viejo me envió a buscar al portador de ese anillo .


- ¿Eremes?

-Si.

-Entonces... - El Hakafell se levanto - Tu eres el que se nos iba a unir.

-Eso parece. Vengan, los pondré al tanto de lo que el gris me transmitio.

El grupo se reunió en la cafetería del gremio, ya cambiados con sus ropas normales. Tambien
habian ido a buscar a Yoland, despertandolo de su sueño, para presentarlo con el nuevo
miembro. El caballero les contó lo que hablo con Eremes en la casa de Lisa.

-Entonces, ¿hay una organización secreta que quiere hacerse con el poder de Kanterbury? -
Pregunto el Hakafell.

-Asi es. Y luego de detenerlos, pacte con Eremes que partiriamos al bosque de Llowar.

-Sera un largo viaje, y no muy comodo, de seguro - Afirmo Mephiles. - Los elfos que lo habitan
no son amigables con los extranjeros.

- ¿Y esta organización... como sabes que son ellos? - Taya estaba intrigada.

-Son suposiciones del mago.

-Y si Eremes sabia de esto, ¿por que no nos dijo nada? - Eithan estaba algo molesto.

-Dije que por el momento solo son suposiciones. Pero si fuera verdad, van a necesitar ayuda.
Por eso me envio.

-Pues, bienvenido a la comunidad del anillo. - El heroe le tendio la mano al caballero.

- ¿Comunidad del anillo? ¿Ese es el nombre de nuestro grupo? - Dijo Yoland con una mueca de
disgusto.

-No se me ocurre otro mejor. - El heroe se encogio de brazos.

-No no no, de ninguna manera - Dijo Mephiles negando con el dedo - Yo estoy fuera si nos
hacemos llamar la comunidad del anillo ¿Que somos? ¿Vendedores de joyas?

- ¿Tienen un mejor nombre? - Pregunto molesto el heroe.

-Mmm - Taya pensaba frotando su menton - ¿Que les parece… “Hope Bringers”?

-Me gusta, pero suena muy optimista. - Eithan no estaba dispuesto a soltar su nombre con
facilidad.

-Mejor que el tuyo es. - Se burlo Yoland por lo bajo.


- ¿Por que no… “Los tiburones”? - El magnate realmente habia sugerido ese nombre en serio,
con todo orgullo. Todos lo vieron para estallar en risas, salvo el caballero.

-Jajajajajaja ese si es un pesimo nombre - El hakafell sostenia su viente mientras se amacaba


en la silla.

-Cariño, nunca fuiste bueno con los nombres. - Taya frotaba la espalda de su marido para
consolarlo.

-Admito que es gracioso jajaja - Evelynn tambien reia con los demas.

-Pues... ¡piensen en un buen nombre! - Mephiles se cruzo de brazos en una rabieta.

- ¿El mundo esta en peligro y el grupo destinado a salvarlo esta riendo y tirando nombres al
azar para su equipo? - El caballero los devolvio a todos a la realidad con su comentario,
cortando el momento.

-Bueno, estamos vivos, y eso hay que aprovecharlo. - Eithan lo miraba directo a los ojos - Nadie
sabe que tan peligrosa es nuestra mision realmente, ni quienes llegaremos vivos a completarla.
Pero recuerda, no importa que tan oscuro sea nuestro destino. Mientras mantengamos
nuestra luz, por mas pequeña que sea, siempre podremos disfrutar un momento de calma.

El caballero oscuro, quedo en silencio tras las palabras de Eithan.

-Eso fue... Muy inspirador. - Animo Taya.

-Luz... - Repitio Evelynn, inmersa en sus pensamientos.

- ¿Que hay con eso? - Pregunto el magnate.

- “La comunidad de la luz”... podria ser el nombre para nuestro grupo. - Dijo la maga con
entusiasmo.

-Ey, no esta mal - Admitio Yoland.

-Se siente algo cursi... pero esta bien. ¿Que opinas Eithan? - Pregunto Mephiles.

-Bueno... suena algo cliché, pero me gusta. ¿Y a ti que te parece? ¿Nuestro caballero de
reluciente y oscura armadura?

-Me da igual.

-Vamos, no seas asi, ahora eres parte de nuestro grup. Somos amigos.

-Yo no soy tu amigo, recién te conozco. Y no te olvides que me atacaste a la primera de


cambio.

-Fue un mal entendido, te perdono.


- ¿Disculpa? - El caballero entrecerro los ojos, mirando al joven de manera fulminante.

-Disculpa aceptada - El hakafell coloco sus manos detras de la nuca.

-Imbecil.

-Eithan solo quiere llevarse bien - Dijo Evelynn, tocando el brazo del caballero para llamar su
atencion - No es como piensas. El por mas de que te conozca hace menos de una hora, ya esta
dispuesto a dar su vida por ti.

-Con mas razón. Es un imbecil con mayúsculas.

-Suele ser así con todos sus amigos, es muy optimista.

-Pues yo no soy su amigo, ni me agrada su optim...

- ¡Entonces oficialmente somos La comunidad de la luz! - Exclamo Eithan triunfante,


interrumpiendo la conversacion de golpe. - Comprare cervezas para celebrar, ven Mephiles
ayúdame a traer las pintas.

-Estoy en un circo... - El caballero llevo su mano a la frente sujetandose la cabeza.

-Animate - Alento Taya - Nadie sabe si mañana estaremos vivos.

-Si, no siempre se puede celebrar con amigos - Finalizo la maga.

Eithan volvio con Mephiles, poniendo las pintas de cerveza sobre la mesa. Cuando se sento,
levanto la suya, proponiendo un brindis.

-Brindo por el inicio de esta comunidad. Para que cumplamos nuestro deber con valentia. Por
nuestra salud y lo mas importante... Por la llegada de nuestro nuevo amigo, el caballero
oscuro.

Todos brindaron, incluido el ultimo mencionado. Luego de los tragos, cada uno se fue a su
habitacion para al fin poder descansar. Eithan viendo a su nuevo compañero a punto de irse
tambien, decidio interrumpirlo.

-Por cierto…. ¿Cual es tu nombre? Aun no me lo has dicho.

-Ni pienso hacerlo.

-Aaagh, ¿Por que esa mala gana? ¿Voy a salvar al mundo junto a alguien del que no se el
nombre?
-No quiero que lo sepas.

-Eres un amargado, ¿por que no quieres que lo sepa? ¿Es especial? ¿Tengo que ser alguien
especial para que me lo digas?

-No tienes mi respeto. Ganatelo y quizas lo haga cuando lo pueda recordar. Hasta entonces, y
si es que sucede, solo llámame caballero oscuro, como todos los demas.

-Mmm... Tienes cara de... Sieghart. Te llamare Sieghart.

-Pesima idea.

-No voy a llamarte caballero oscuro todo el rato, es muy largo y a nadie le gusta.

-Escucha una co...

- ¡Hasta mañana Sieghart! - El hakafell con prisa y haciendo el papel de idiota, ya estaba
subiendo las escaleras a su habitacion con las manos en los bolsillos. - ¡Que descanses!

-Estupido. - A pesar de su insulto, el caballero esbozo una leve mueca de sonrisa.

XIII
Consejero real

A las nueve de la mañana siguiente, los seis ya estaban despiertos, a la salida del gremio
de aventureros. El tema de conversación era por donde comenzar a buscar pistas
sobre la organización de la que Eremes habia advertido. Yoland estaba narrando su
noche al grupo, con intención de aportar algo.

-Anoche mientras intentaba dormir, oi a dos encargados del establo hablando sobre un tema
particular. Se quejaban de un hombre de ropaje negro que llego de visita al reino, y tras el
pasar de los meses, termino quedandose. Dijeron que, desde su llegada, las cosas empezaron a
marchar mal.

-Suena demasiado sospechoso para dejarlo pasar, ¿no? – Dijo Evelynn

-Yo propongo que vayamos con cautela por el lugar, consultándole a los ciudadanos. – Aporto
el caballero.

-No sabemos con quien nos estamos enfrentando. Podria no ser ese tipo y que nuestro
enemigo esta camuflado entre la gente. – Dijo Eithan.
-Si quieren optar por ir y ver a nuestra “persona de interés”, sera fácil. El rey y yo somos
buenos amigos. – Comento Mephiles.

- ¿Eres amigo de un rey? – Pregunto la maga.

-Fue una noche extraña. Hace varios años es cliente de mi familia y me invito a una reunión
social. Intentaron envenenarlo, y se habían infiltrado varios asesinos entre la gente. Termine
salvándole la vida esa noche.

- ¿Aun sigues teniendo la rapier que te regalo luego de eso, cariño?

-Si, es la misma que llevo conmigo ahora.

-Entonces debemos marchar al castillo. – Finalizo el caballero.

Entonces, el grupo partio en dirección al castillo, que estaba a unos varios metros cerca de la
salida de la ciudad, el gran puente de Kanterbury, que conecta ambas partes de Terra. Era un
enorme puente de madera con revestimientos metálicos, y tenia suficiente espacio para que
pasaran varias carretas. Por debajo de este, corria el amplio rio, de frias aguas. Un rio viejo
como la ciudad misma, que desembocaba directo al mar. El olor de la brisa costera era
embelesador, y el ruido de las gaviotas, sobrevolando grandes barcos pesqueros, daba un
paisaje mas que precioso. Algunas nubes decoraban el cielo, pero solo como un complemento
para el celeste claro de la mañana. A pesar de las hermosas vistas, la gente no parecia muy
contenta, ni tampoco muy saludable. Varias tiendas de campaña se amontonaban las calles. De
ellas entraban y salían a toda prisa, doncellas con ropas de enfermera, y doctores con
mascaras de cuervo. No parecían estar colapsados, pero algunas personas esperaban sentadas
en el suelo. Parecían delgadas, y algunos vomitaban en el suelo. Varias tiendas estaban
cerradas, con sus entradas tapiadas. El reino de Kanterbury habia visto mejores épocas. A
medida que se acercaban al castillo, la situación parecia empeorar. Varias personas se
encontraban frente a la fortaleza, de enormes muros grises, y torreones azul marino. Los
guardias del lugar alejaban a la gente, e incluso amenazaban con reducirlos mediante la fuerza
bruta. Las personas parecían estarse quejando, y con razón, de la actual situación. La
comunidad espero a que el lugar se haya despejado. Mephiles fue quien tomo la delantera,
acercándose a la puerta de reja que dejaba ver el patio del lugar. Era muy grande, y repleto de
lavandas. El castillo era mediano, y se componía de pocos torreones, de imponente porte. Uno
de los guardias cruzo su lanza delante de el, cerrándole el paso al grupo.

-Lo siento señores, por decreto real, esta prohibido ingresar al castillo. El rey se encuentra
paseando por los jardines y no quiere ser molestado.

-Disculpeme buen hombre. He venido a visitar a un íntimo amigo mio. Yo salve al rey una vez.
Digale porfavor que Mephiles ha venido a verlo.

-El rey no espera a nadie. No va a ser posible señor.


- ¿Acaso no lo oiste maldito idiota? Le salvo la vida al rey. Mas te vale moverte porque si no… –
Eithan estaba furioso, enojado por como el gobernante tenia a su pueblo, y con la frialdad que
los guardias trataron a los civiles.

-Ey, ey, calma, no hay porque ponerse agresivo. ¿Por qué no vas un momento con los demás y
dejas que me encarge? – El magnate contenia a su compañero por los hombros. Ya todos
comenzaban a acostumbrarse a sus repentinos ataques de ira.

- ¿Calma? ¿Como pretendes que hable calmado cuando la ciudad esta en peligro y estos
infelices están complicándonos las cosas? – El joven le dirigio una mirada furtiva al guardia –
¿Nos dejarias pasar? ¿O tendre que meterte esa lanza por donde más te duela?

-Lo lamento, pero solo estoy haciendo mi trabajo.

- ¿Y cual es tu trabajo? ¿Resguardar a un rey cobarde de mierda que oculta su rostro al


pueblo? ¡Porque solo un cobarde podría pasearse tranquilo por su jardín en una situación asi!

- ¡YA FUE SUFICIENTE EITHAN! – El Hakafell quedo sorprendido por el grito de Mephiles,
quedo sin mas opción que cerrar la boca. Hasta ahora, ninguno del grupo lo habia oído nunca
alzar la voz. Todos lo miraban, perplejos. – Porfavor… vete para alla y no te metas.

El joven lo veia con los ojos de un niño abofeteado por su padre. Iba a obeder las órdenes de
su compañero, pero de pronto, una voz masculina y gruesa, interrumpio el momento. Los
guardias giraron la cabeza, sorprendidos.

- ¿Qué diablos esta sucediendo? ¿A que se debe semejante escandalo? Uno ya no puede ni
estar en su propia casa.

-Disculpe su alteza. Un grupo de lo más… variopinto, vino a interrumpir su apacible paseo. Uno
de los hombres dice conocerlo.

Los guardias abrieron su formación, dejando paso a un hombre de 1,80. Estaría entre sus
cincuenta y sesenta años. Vestia un elegante traje gris plomo, con detalles en dorado, y gris
mas claro. Por dentro del traje, tenia una camisa celeste, de tela muy vistosa. Llevaba sobre
sus hombros colgando, una enorme capa de un color bordo, con bordados dorados y celestes.
Con su mano derecha sostenia un baston. El hombre parecia ser algo cojo de su pierna
derecha. Su pelo y barba, eran de un color gris plomizo, con el peinado hacia atrás
parejamente estilado, y con un candado contorneando su boca, cuyas puntas, conectaban con
sus patillas por la línea de la mandibula. El rey, habia aparecido con una visible molestia, pero
este gesto se suavizo a uno de completa sorpresa, cuando vio a Mephiles frente a el. Este, lo
recibió abriendo sus brazos, con una sonrisa sincera..
-Leonidas, mi viejo amigo.

- ¡Mephiles! Tanto tiempo. Mírate, no cambiaste nada. – Su majestad, estaba genuinamente


contento.

-Puede ser, pero tu si que te has vuelto mas viejo, Jajaja – Ambos se correspondieron un
abrazo fraternal. Cuando se separaron, Mephiles aun lo sostenia del hombro. - ¿Y Leon, como
has estado?

-Pues bien, gobernando, como debe ser. Veo que trajiste a tu esposa y… a un grupo.

- Leo, siempre es un gusto verte. – Taya se acerco al rey, que la recibió con un abrazo, mas
corto y mas formal que el que habia tenido con su amigo.

-Son unos amigos, que me acompañan en un viaje que emprendimos. – Explico el rico. –
Ademas de querer saludarte, he venido ya que escuche sobre un serio problema aquí en
Kanterbury, y me gustaria hablar contigo sobre ello. – El rey cambio la cara cuando escucho la
ultima frase, tornándose mas serio.

-Si, se que estoy teniendo unos baches con respecto al reino, pero por suerte mi corte llamo a
alguien para ayudarme a solucionar estos problemas. Creeme, todo esta por arreglarse pronto.

-Disculpeme la pregunta su alteza. Esa persona, ¿llego hace unos meses atrás, portando ropas
oscuras? – Yoland dio unos pasos adelante.

-Asi es, joven centauro. ¿Cómo sabes eso?

-Leonidas – Mephiles tomo la mano del rey y la sostuvo con las suyas. Su cara era de
preocupación sincera – Debes alejarte de esa persona, no es buena para el reino, ni para ti.

- ¿Que? ¿Con que fundamentos puedes afirmar algo asi?

-Fuimos enviados por Eremes el mago gris. – Dijo Eithan, interrumpiendo – El nos advirtió
sobre gente que esta interesada en hacerse con el control de Kanterbury.

El caballero no dijo nada, pero su rostro estaba contorsionado en enojo. Habia explicado
detalladamente que Eremes le pidió manejar el asunto con cautela y discreción, cosa que
parecia no tener en sus estándares el Hakafell. Realmente estaba fantaseando con dormir a
Eithan de un golpe directo a la cabeza, pero giro hacia Evelynn, que lo estaba mirando, con una
sonrisa apenada a modo de excusa, levantando sus manos y encogiendo los hombros, a modo
de una disculpa ajena.

-Ese viejo chiflado no sabe lo que dice. Mi consejero no es mala persona. Esta genuinamente
interesado en ayudar al reino.
- ¿Interrumpo algo, mi señor?

La voz sono por detrás del monarca, era masculina, fuerte, y seria. Caminando tranquilo y a
paso lento, se hizo presente la figura de una persona enfundada en una larga tunica negra. Su
rostro estaba oculto por una capucha, que de alguna forma muy conveniente, y de seguro
mágica, solo dejaba ver su boca, afeitada, y sonriente. Estaba parado en una postura
impecablemente derecha, y tenia sus brazos juntos por detrás de su espalda.

-Oh, justo a tiempo. Estábamos hablando de ti.

-Espero que sean cosas buenas. – Dijo el consejero, en un tono burlon.

-Este muchacho en particular, esta diciendo que tu objetivo es apoderarse de Kanterbury.

-Parece que el joven conejo esta diciendo locuras dignas de un lunático, mi rey. Usted y la
corte saben claramente mis intenciones para con el reino, ¿no es asi?

-Disculpe señor ¿Puedo preguntar su nombre? – Dijo Eithan, ya mas calmado.

-Tanto mi nombre como mi rostro son confidenciales. – El tono del hombre parecia guardar
desprecio por el Hakafell – Solo la realeza puede conocerlos. Pero puedes llamarme por mi
nombre político. Fandaniel.

Todos contemplaban al consejero, desconfiados. Y no era para menos por su misteriosa


apariencia, y enigmática identidad. Evelynn se sentía perturbada por la presencia del sujeto. Su
incomodidad debio haber sido visible en su rostro o en sus gestos, porque Fandaniel parecio
notarlo, volteando hacia ella.

-Me complace ver que una joven tan hermosa como usted no me saque la mirada de encima. –
Dijo, haciéndole una reverencia elegante a la maga.

-Bueno, creo que fue suficiente charla, Fandaniel y yo tenemos unos asuntos de suma
importancia que atender. Mephiles, tu visita fue mas que agradable. Tu y tus amigos son mas
que bienvenidos a volver cuando gusten, en otra ocasion.

Sin decir mas, el Rey y Fandaniel fueron directo hacia el castillo, cruzando el enorme parque,
dejando al grupo con los guardias. La comunidad decidio partir, alejándose de la fortaleza.

-No me agrada ese tipo. – Dijo Yoland.


-Fue muy caballeroso con Evelynn, pero cuando me hablo a mi, parecia que le doy asco.

-Por que tienes aliento a pescado – Reprocho Evelynn en broma

- ¿Si? ¿Gracias a quien? – Eithan continuo el chiste.

-No es momento ni lugar para hablar de eso tarado. – Dijo la maga, avergonzada. - Pude sentir
un aura densa y oscura provenir de ese tal Fandaniel.

-Sin duda ese hombre trae algo. Conozco a Leonidas y el jamas permitiría que su gente sufra de
esta manera.

-Entonces ya tenemos a nuestro objetivo. – Indico Taya.

-Volvamos al gremio. Tenemos que planear de que forma daremos con el consejero. – Dijo el
caballero oscuro.

En el camino de vuelta, Eithan se percato de que Evelynn caminaba mas lento quedándose
atrás. Parecia preocupada. Sin tardar, desacelero su marcha hasta estar junto a ella.

- ¿Estas bien Eve?

- ¿Qué? – La chica estaba tan inmersa en sus pensamientos, que fue tomada por sorpresa. – Ah
si… bueno… La voz de Fandaniel… No se porque pero, por alguna razón… Me hizo acordar a la
voz de mi padre. Lo extraño mucho.

-Entiendo. De seguro el también te extraña… pero no hay de que preocuparse, Fenrir


probablemente este ejercitando a esas pobres almas con su entrenamiento excesivo.

-Seguro que si… Solo espero que no se preocupe demasiado y decida venir a verme. ¿Te
imaginas?

-Si, verlo entrar por la puerta de la habitación, con nosotros en la cama y decirle “hola
suegrito”.

-Jajajaja, no puedo imaginarme su cara. El jamas aceptaría a uno de sus alumnos como yerno.

-Tendra que aceptarlo – Dijo entre risas – No es que tenga muchas opciones.

-Cuando se entere, te pedirá un duelo a muerte.

-Tranquila, últimamente me vengo acostumbrando a eso jaja.

Llegando al gremio, el grupo se sienta en una espaciosa mesa redonda. Mephiles y Taya fueron
a la barra a buscar unas bebidas frias, y cuando volvieron trajeron con ellos plumas, tinta y un
largo pergamino. El hombre dibujaba sobre el algunos trazos, y su esposa lo ayudaba,
siguiendo sus instrucciones. Luego de un largo rato, cuando terminaron, mostaron el
pegamino al grupo. Era una especie de mapa, dibujado de la mejor manera posible.

-Conozco el castillo de Leon. Tiene un pasadizo secreto justo debajo de su trono, lo descubri
cuando tuve que sacarlo del castillo aquella noche. Ese pasadizo conecta con los calabozos
Desde los calabozos podemos acceder al ala de las habitaciones. Ahí, en teoría debería estar
Fandaniel.

-Entonces cariño, tendríamos que comenzar desde los calabozos y luego registrar las
habitaciones en busca de ese rarito.

-Espera un momento. – Dijo Yoland. – Si el pasadizo comienza en la sala del trono… para
empezar, ¿como llegaremos hasta ahí?

-Ese atajo secreto, tiene dos entradas, o salidas, depende como lo veas. – Explico Mephiles. –
Una esta en el trono, y otra, en uno de los muros de la parte trasera del castillo.

-Aun asi tendríamos que sortear a los guardias de la entrada y de todo el patio para llegar ahí.
– Comento Evelynn.

-Podria disfrazarme y hacerme pasar por uno de ellos. Los despistare con mi enorme carisma y
talento de actuación. – Propuso Eithan – Que capo que soy.

Todos miraron al joven, con duda en el rostro. Los gestos le indicaron que la respuesta era muy
clara.

-Tenemos algo mejor para sortear los guardias. – Dijo Mephiles, mirando satisfecho, al
caballero oscuro, que entendio a que se referia.

-Entendido. Considero la mejor opción asediar por la noche.

-Bueno, falta mucho para que anochezca, así que iré a mi habitacion a escribir. – Dijo el
Hakafell.

-Yo dare un paseo por el pueblo, para comprar los recursos que hagan falta. – Comento Taya. –
¿Vienes Yoland? Quizas necesite la ayuda de un fuerte y noble semental.

- ¿No puede ir Mephiles?

-Ya tranquila cielo. Deja de aprovecharte de nuestro amigo.

-Solo estoy pidiéndole un favor, no voy a obligarlo a nada que no quiera… Peeero, si me
acompañas, podría comprarte una buenas herraduras. – Dijo, sonriendo de forma picara.

-Emmm… bueno, trato hecho.


-Yo ire a dar unas vueltas por las inmediaciones del castillo. ¿Me acompañas, caballero?

-Sabes, puedes llamarlo Sieghart.

-No lo hagas. – Dijo el caballero a Mephiles, ignorando a Eithan.

Cada uno por su parte, el grupo se disolvió, hasta que cayese la noche. Eithan entro a su
habitación, donde se sento en la silla frente al escritorio de madera. Saco de su bolso que
estaba por debajo del mueble, un libro de tapa dura, color marron. No parecia nada especial, y
estaba atado con un cordel. Pronto lo abrió, y tomo pluma y tinta que yacían a un costado de
la mesa. Abrió el libro, y fue avanzando entre algunas paginas ya entintadas. Evelynn abrió la
puerta con sutileza, entrando en la habitación para hacerle compañía.

- ¿Que escribes?

-Un libro. – Respondio a secas, concentradas.

-Eso lo veo. Pero, ¿de que trata?

-Es algo asi como una bitácora, o un diario. Me gustaría publicarlo como un libro, y ser un
escritor, como mi padre.

-Bueno, suena una muy bueno idea.

-Lo es. Quiero que el mundo entero lea sobre mis aventuras. También, pensando de forma
mas ambiciosa, me gustaria completar el bestiario de mi padre. Hay criaturas que nunca vi en
los libros, y otras de seguro habrán evolucionado o cambiado de hábitat, quien sabe.

-Pense que ese libro de tu padre estaba completo. – Dijo confusa.

-En teoria lo esta, pero todo cambia con el tiempo. Y esos cambios, estarán en mis libros.

Para no desconcentrar al escritor, la maga tomo una silla, y se sento a su lado en silencio. Paso
el resto tarde contemplándolo, dándole caricias y besos intermitentes, observando la pasión
que el Hakafell le ponía a su manuscrito. Ya de noche, el grupo estaba en la puerta del gremio,
listos para dar comienzo a su plan. Partieron vistiendo capuchas negras, y tratando de tomar
las calles mas deshabitadas, cosa que no fue muy difícil. Avanzaban alerta y con cuidado,
vigilando que nadie los estuviese llegando. Al llegar a la entrada a los jardines, pudieron divisar
a dos guardias diferentes, que habrían cambiado el turno con los otros. Desde el callejón
donde espiaban, tejieron una estrategia. El caballero dio la vuelta por donde habían venido, y
rodeo la manzana, posicionándose con cuidado en una de las murallas laterales, mientras que
un encapuchado Eithan salio del callejón directo al castillo, con sus ropas tapadas por una
túnica negra que Taya habia conseguido. Los guardias lo vieron acercarse desde lo lejos,
emergiendo desde la oscuridad.
-Oigan guardias, ábranme paso. Tuve que salir a comprar algo de comer para mi y para el rey. –
Ambos hombres se miraron entre ellos.

-Es muy tarde para que un idiota venga a tratar de colarse al castillo. – Advirtio uno de los
vigilantes. – Da la vuelta ahora o no vamos a dudar en liquidarte.

- ¿A quien le dices idiota? ¿No te das cuenta de quien soy hijo de puta? Soy Fandaniel. – Eithan
intentaba engrosar su voz para la interpretación del consejero. – Ahora fuera de mi camino, o
hare que el rey los mande a lavarle el culo a los caballos.

-Ultima advertencia infeliz, vete a casa antes de que te matemos. Sabemos bien que el señor
Fandaniel no ha salido del castillo.

-Creo que están confundidos, o quien esta en el castillo es un impostor. Si no fuera Fandaniel,
¿Podria hacer esto? – El Hakafell de la nada, tiro unos pasos de baile con mucho estilo y soltura
frente a los guardias, que comenzaban a acercarse a el con las armas en mano.

-Mi sueldo no es suficiente como para aguantarte. No digas que no te lo advertimos. – Eithan
siguió bailando, hasta que los hombres estuvieron a unos metros de el, dispuestos a
asesinarlo.

-Esta bien esta bien, me descubrieron. – El joven se quedo quieto luego de sacarse su capucha.
Tenia las orejas dobladas por esta, y se liberaron apenas se la removio. – Si que son una
audiencia difícil de convencer.

- ¿En serio creías que ibas a convencernos con esa estupidez?

-Bueno, realmente no. Pero creo que mi amigo si podrá. – Dijo señalando con la cabeza, por
detrás de los guardias.

Los guardias voltearon, solo para ver como el caballero habia avanzado hasta estar a sus
espaldas. Mas no pudieron hacer nada, cuando tomo sus cabezas con un rapido movimiento,
chocándolas, dejando a ambos hombres noqueados en el suelo. El grupo pronto y de forma
cautelos, entro por la puerta, y se pegaron a la muralla, ayudándose con la oscuridad para
comenzar a recorrer el predio. El parque era inmenso. Varios guardias patrullaban la zona, y a
medida que avanzaban, si era necesario, el caballero arremetia contra ellos, con una fuerza y
destreza que los avasallava sin piedad. Tras alcanzar la parte trasera del castillo, Mephiles
apoyo su oído en el muro, y comenzó a golpear entre los ladrillos. Taya estaba detrás de el, y el
resto de la comunidad vigilaba la retarguardia. Entre golpes, consiguió dar con un ladrillo
hueco. Cuando lo hizo, presiono con mucha fuerza. El adoquin termino incrustándose mas en
la pared, para luego de un ruido mecanico, salir de esta. El magnate lo tomo dejándolo en el
suelo. En el hueco, habia lo que parecia, el agujero de una cerradura de bronce. Pronto, le
cedió el lugar a su esposa, que saco de su bolso una ganzua, y una fina varilla de metal. Con
ambas, comenzó a forzar la cerradura, que termino por ceder. Con algo de ruido, un fragmento
de la pared se abrió, con una pequeña cortina de humo, y olor de humedad como anfitriónes.
Yoland dio unos pasos adelante y le extendió a Mephiles una antorcha, que llevaba atada a la
espalda. El rico la prendio con unos cerillos, y se aventuro por dentro del pasadizo. Taya lo
siguo, para que luego entrara el caballero, seguido de Evelynn. Yoland examinaba la entrada, y
Eithan trataba de contenerse las risas.

- ¿Vas a caber por ese agujero?

-Solo cállate y camina.

El centaruo tuvo que comprimirse lo mas que pudo, y aun asi le costaba. Tras pasar, el Hakafell
cerro la entrada, hasta dejarla entornada, en caso de que tuvieran que retirarse. El pasillo era
bastante estrecho, casi claustrofóbico. Arañas anidaban las esquinas, clavando sus ponzoñosos
ojos, mientras que algún que otro desafortunado insecto se retorcia en las telarañas. El aroma
de la humedad y el aire viciado era sofocante, y repulsivo. De vez en cuando, un ruido de
huesos quebrandose, en respuesta tras las pisadas del grupo, de algún roedor pequeño que
habría quedado atrapado en el túnel, o por lo menos, eso querían creer. Todos estaban con la
guardia alta, en la oscuridad. Evelynn que iba en el medio, comenzo a sentir cada vez mas
cerca, la prescencia oscura de Fandaniel. Esto la llevo a sentir una sensación de ansiedad,
mezclada con algo de temor. Por trucos de su misma mente, se preguntaba si de alguna
manera, el consejero sabia que estaban teniendo una incursión nocturna en su búsqueda.
¿Qué pasaría si realmente ese hombre vil habia preparado alguna trampa minuciosa en el
largo corredor? Ella no lo sabia, pero Mephiles tenia la misma preocupación. Iba alumbrando
delante de el, a paso mas que lento. Sus ojos iban del piso a la altura de su pecho, tratando de
encontrar algún hilo tensado de lado a lado, mientras que sus pies tanteaban cada parte del
suelo. Mas sus paranoias, para suerte del grupo, no eran reales, y tras un largo tramo de
avanzar, llegaron a una pared, ahuecada en U. Se detuvieron frente esta, y el magnate le cedió
la antorcha a su conyuge, para adelantarse al final del corredor, apoyándose en la pared
izquierda. Empujo con fuerza, y la pared se deslizo toscamente a un costado. Se detuvo cuando
el agujero alcanzaba para meter su cabeza. Examino un momento la zona y luego se volvió,
para seguir empujando, hasta que todos pudieran pasar por la abertura. Al avanzar, lo que los
recibió fue un fuerte olor a excrementos, que volvía el ambiente pestilente. Estaban en una
celda, cercada por barrotes. El lugar en si era bastante grande, de paredes grises. Habian varias
celdas, todas cercadas por barrotes de hierro. Las ventanas eran pocas, cercadas por barrotes,
y demasiado altas como para siquiera soñar con alcanzarlas. En esta celda, pudieron apreciar
de primeras a un hombre escuálido y desnudo, encadenado de brazos y cuello a la pared,
como un animal. Los repulsivos aromas venían de el. Estaba inconciente, o muerto, quizás. En
su pecho, tenia tallado en su torso, la palabra “Asesino”. Caminando por la mazmorra, Eithan
pudo apreciar en la oscuridad, que en unas celdas de al lado, yacia de rodillas, el cadáver de
una mujer desnutrida, sosteniendo firmemente una cabeza humana, algo podrida. Los
barrotes de ese habitáculo, que lo separaban de la celda de su derecha, estaban abiertos a la
fuerza, de una forma descomunal. En esa cárcel, estaba en el suelo el cuerpo decapitado de un
hombre. El joven trago saliva, preguntándose como diablos la mujer escuálida habría
deformado de tal manera las barras de acero. Prefirio no pensar en eso. Caminaron hasta la
pared paralela a la que salieron, y Mephiles la empujo, abriéndola de la misma forma,
revelando otro pasillo, este, bastante mas grande. Nadie quería decir una palabra, y eso seria
realemtne lo mejor. Cuando se encontraron al final del tunel, esta vez, el sendero doblaba a la
derecha, para surgir en forma de escalera ascendente. Mephiles se detuvo, y volteo al grupo.

-Preparense para actuar rápido. Van a haber guardias de aquí en mas.

Dicho eso, subio las escaleras, que terminaban en un techo de lo que parecía piedra, con dos
manijas de hierro sobresaliendo. Apago la antorcha y todo quedo en oscuridad. Pronto las
tomo y empujo hacia arriba, levantando la placa, para deslizarla. Algo de luz de luna entro por
el hueco, y Mephiles fue el primero en salir, con cautela. Uno a uno, con mucha cautela,
salieron del túnel. Estaban en la sala del trono. Este, en medio era imponente, y parecía ser
muy cómodo. Junto a el, una silla dorada, que servia mas que de seguro para el consejero. La
sala era de un tamaño no muy grande. Varios cuadros colgaban de las paredes, con la imagen
de los antepasados del rey Leonidas. Una alfombra rojo oscuro vestia al suelo. El grupo se puso
en marcha, hasta que llegaron a la puerta. su lado, la cual debia ser del consejero. El lugar
estaba iluminado por la luna que atravesaba los ventanales de cristal. Caminaron hasta la
amplia puerta doble, y Mephiles comprobó que estaba cerrada por el otro lado con llave. El
porton era de roble, dos placas por cada hoja, y la puerta estaba revestida por metal. El rico se
apoyo contra la puerta, con mucho cuidado de no hacer ruido y trato de empujar, pero
ninguna de las hojas parecía ceder.

- ¡Maldicion! Esta puerta esta demasiado dura para derribarla. – Dijo.

-Dejame intentar, cariño. – Taya intento usar sus herramientas de ladron para forzar el cerrojo,
pero este era mas complejo y robusto por dentro, evitando asi su vulneración. – No quiere
ceder. Podria intentar salir por un ventanal para abrirla del otro lado…

-Yo tengo una idea mas practica. – Sugirio Eithan, tomando las miradas de todos para si. –
¿Sieghart?

El caballero solo se limito a mirarlo.

- ¿Puedes romper la puerta con la técnica que usaste contra mi?

-Creo que podria, pero es una locura.

-No parece haber muchas opciones. – Dijo Yoland.

-Yo creo que es muy arriesgado – Añadio Evelynn – Pero concuerdo con Yoland.
- ¿Tendremos que pagar luego por esa puerta, no cielo? – Pregunto Mephiles a su esposa.

-Probablemente.

-Bueno, esta bien, haganlo. Pero prepárense para correr.

Todos hicieron espacio y el caballero desenfundo su espadón. Por un momento tomo aire,
preparando su técnica. Tomo su arma a dos manos la cual comenzo a emitir un resplandor
rojizo, y dio un fuerte barrido horizontal. Cuanto el filo todo la puerta un estruendo aturdidor
rompió todo silencio nocturno, a la vez que las hojas de madera se hicieron añicos, volando en
pedazos. Salieron a un amplio corredor, con solo las tenues llamas de pequeñas velas que
colgaban en las paredes como guía. El pasillo estaba bastante bien decorado, con alfombras,
algunos bustos en las paredes y un tapizado con motivos reales. Estaba desierto, aunque solo
temporalmente. Frente a la deshecha entrada, habia un amplio ventanal de cristal, que daba
directo al balcon de la habitación del rey. Eithan avanzo primero, acercándose al marco,
cuando vio algo que llamo su atención en la oscuridad del exterior. Contorneada por la luna, se
podía ver la silueta de un hombre encapuchado, al que ya habían visto con anterioridad en el
dia. A lo lejos, y solo por su agudizada vista, el joven pudo distinguir, como el rey yacia en su
cama durmiendo. Mephiles fue el segundo en ver al encapuchado.

-Demonios tenemos que ir rápido – Dijo Eithan

La respuesta que obtuvo, fue el ruido de puertas abriéndose a patadas. De ambos extremos
del corredor, guardias comenzaron a entrar, atraídos por el violento sonido provocado por la
técnica del caballero.

- ¡intrusos! ¡Traigan refuerzos!

Los guardias llegaban armados con espadas y algunos con lanzas. La comunidad intercambio
miradas para ver como podían actuar. Yoland tomo iniciativa, y comenzo a galopar hacia el
extremo derecho de la habitación, gritando furioso.

- ¡Fuera del camino!

Sus potentes muslos mandaban a volar a los soldados. Mephiles empujo a Taya y a Evelynn,
que corrieron detrás del centauro. La maga lanzaba conjuros hacia su compañero, sanando las
heridas que los filos le causaban en las piernas. Taya por su parte incrustaba sus dagas
arrojadizas en las manos de los lanceros, impidiéndoles detener a Yoland. El magnate fue tras
su mujer, mientras que Eithan y el caballero qudaron defendiendo la retagurardia del grupo. El
Hakafell detenia a los que tenían espadas, tratando de no aplicar fuerza mortal contra ellos,
empleando solo fintas y bloqueos con sus dos armas. El caballero por su parte no era tan
piadoso, y sus golpes eran contundentes, forzando a sus oponentes a retroceder o ser
brutalizados por su espadón. Contuvieron lo que pudieron hasta que los demás salieron al otro
pasillo, y salieron a correr tras ellos. Estaban a contrareloj. Eithan podía sentir los nervios, su
corazón palpitaba al máximo, y su respiración se aceleraba en un sentido de urgencia, a
medida que iba esquivando a los hombres fuera de combate que habia dejaro Yoland atrás.
Atravesaron la puerta y giraron a toda velocidad, saliendo a un pasillo igualmente decorado
como el anterior. El grupo ya habia pasado mas de la mitad del pasillo con la misma formación.
Corrieron hasta el final del pasillo, ahora todos juntos. Por detrás de ellos, el sonido de mas
soldados corriendo se hacia mas y mas próximo, si no llegaban pronto, se encontrarían
rodeados. Avanzaron hasta la midad de otro pasillo y Mephiles se detuvo frente a una puerta
humilde, pero de porte diferente a las demás. Pateo la puerta y entro desenfundado su rapier.
Eithan entro tras el, y luego, los siguieron el resto del grupo. La primera vista que tuvieron fue
la de Fandaniel, al costado de la cama, asfixiando a Leonidas con su propia almohada. El
monarca se retorcia con espasmos, ya perdiendo las fuerzas. Yoland apuro su arco cargándolo
y lanzándole flechas al consejero, pero este las esquivo sin problemas, aunque soltando al rey.
Mephiles fue rápidamente hacia la cama, mientras que el Hakafell recorrio rápido la
habitación, con fin de combatir al enemigo. El centauro no freno sus disparos pero el hombre
encapuchado las evadia con movimientos precisos, y rápidamente atravesó el portal al balcon,
cuando vio que el joven iba hacia el. Pronto, salto por la baranda, cayendo a los jardines.

- ¡Leon! ¿¡Estas bien!?

-A…. atr…. Atrapen a ese desgraciado. – Dijo apurado el rey, recuperando el aire.

Eithan no dudo en saltar también, cayendo rodando en el suelo. A pesar de que le habia dolido
la caída, se puso en pie y comenzo a correr. El consejero cruzaba el patio a paso rápido, y el
Hakafell fue en pos de el, hasta que llegaron a un punto en el jardín donde Fandaniel se detuvo
de espaldas al héroe. Ambos estaban ahora, en un campo de rosas, que emitían un mortecino
brillo provocado por la luna. El viento aullo fuerte, levantando pétalos. El consejero volteo,
quedando frente a frente, con su cara aun oculta.

-Esperaba tener que matarte mas adelante, mas parece que quieres morir ahora… – El hombre
llevo las manos a sus cinturas, por dentro de la tunica. Desenfundo dos espadas largas, de
acero muy oscuro. Los mangos de las armas eran de cuero negro tachonado. La noche no
permitia apreciarlas a detalle. – Bien, te concederé el deseo.
Fandaniel se lanzo hacia Eithan, con una intimidante rapidez. Blandio sus filos con destreza,
haciendo tajos en varias direcciones, y combinaciones, tratando de alcanzar al héroe. Este por
su parte no llegaba a igualar la velocidad con su esgrima, por lo que solo podía esquivar
alejándose. Intento no echarse a menos, y se lanzo con espadas en alto, tratando de obtener la
ofensiva. Ataco con ambas espadas en un golpe diagonal ascendente, pero el consejero
bloqueo repitiendo el movimiento, solo que de forma descendente, repeliendo
completamente el golpe, para contraactar con cortes, que lograron dar en los brazos del joven.
A pesar del dolor y la sangre brotando de estos, el Hakafell pudo seguir maniobrando sus
espadas, deflectando los golpes de su enemigo, mientras se metia por las rosas. Algunas caian
a sus pies, mientras que otras le pinchaban el cuero de las botas. Fandaniel tenia una técnica
sin igual. Era demasiado agresivo, sin dejar huecos para contraataques, ni tampoco permitia a
su rival tomar distancia. Se lanzaba con estocadas, y tajos horizontales. Eithan se sentía contra
las cuerdas, solo limitado a bloquear lo que podía, haciendo trinar los aceros, pero en otros
momentos, solo podía esquivar con su cuerpo, pero en lo general, siempre habia un corte que
no podía esquivar. Fandaniel salto y cayo con un ataque doble giratorio. El joven salto sobre las
rosas, rodando, clavándose espinas en las partes desnudas de su piel. El consejero cayo
incrustando ambas espadas en el suelo, levantando la tierra, y el Hakafell respondio con una
arremetida, lanzando una rápida estocada que logro alcanzar la mejilla de su rival. Luego,
continuo su asedio con rapidos golpes de espada. El consejero evadio por la derecha, y luego
por la izquierda, para tratar de realizar un golpe bajo, pero el conejo se adelanto, bajando sus
armas, bloqueando, y golpeando con un ataque en cruz, que impacto en el hombre cortándole
el pecho, desgarrando la tunica. Fue hacia atrás, respirando acelerado.

- ¡Maldito seas Eithan!

- ¿Qué?...

Enojado, Fandaniel se abalanzo de nuevo contra el, haciendo el mismo ataque del que habia
sido victima, solo que mucho mas rápido y fuerte, rompiendo la guardia del joven,
lastimándole también el pecho, y mandándolo al suelo, del cual se incorporo con una
maniobra algo acrobática, listo para intentar dar un ataque decisivo. El Hakafell se preparo
volteando sus muñecas, alineando de forma horizonal, hacia la izquierda, las espadas, una
arriba de la otra. Iba a hacer un movimiento conocido como “Hojas Ciclon”, una técnica
avanzada de los caballeros carmesi, que en su poco entrenamiento, habia dispuesto a
dominar. Aun no la tenia del todo masterizada, pero era una técnica realmente contundente,
aunque no fuera ejecutada a su cien por ciento, y casi nadie sabia bloquearla. Eithan
rápidamente salto hacia adelante en un rápido giro y al hacerlo completo, llevo rápido sus
hojas alineadas a Fandaniel, que logro esquivar hacia atrás saliendo del campo de rosas,
apenas evadiendo. Pero el ataque no termino ahí, ya que el joven volvió a girar sobre si, y sus
hojas tomaron aun mas envion. Ahora en su segunda vuelta, las habia espaciado un poco para
tomar desprevenido a su oponente, pero la sorpresa fue para el, cuando vio que el concejero,
bloqueo el segundo golpe, con sus dos espadas, quedando ambos en un choque, donde Eithan
tenia una posición desfavorable e incomoda. El joven se preguntaba sorprendido como
demonios su oponente habia podido bloquear la técnica, pero pudo ver como una sonrisa
aparecía bajo la capucha, con una respuesta, como si su rival le hubiese leído los
pensamientos.

- ¿Quién crees que te enseño ese movimiento?

El Hakafell abrió los ojos en un asombro funesto, y esto le provoco perder fuerzas, cosa que su
enemigo aprovecho para liberarse y dar un contragolpe, cortando de forma diagonal y
perpendicular hacia arriba el pecho de Eithan, rajando su armadura. Este fue hacia atrás,
cayendo en el piso, dejando un charco de sangre sobre las flores. Levanto la vista, y pudo
contemplar con dolor e ira, el momento que el consejero se quito la capucha. Su maestro,
Fenrir, estaba frente a el, mirándolo con una expresión severa y desprovista de emociones.

-No… no puede ser… – La sangre manchaba sus dientes – No puedes ser el…

El joven Hakafell se levanto a duras penas, mientras que su mentor solo se limitaba a observar.
Eithan apreto sus puños con fuerza, mientras las lagrimas comenzaban a caer en su rostro.
Eran lagrimas de rabia. Se sentía como un completo estupido. Tomo sus espadas, y se corrigio
su postura.

- ¿Crees que puedes detenerme? Mejor quédate en el suelo – El tono del maestro de gremio
era seco, hasta decepcionado.

-No, se que no puedo. – Sus puños le dolían por la fuerza que empleaban. Mostraba los dientes
apretados en ira, como un animal salvaje – ¡Pero no pienso dejarte ir con la tuya tan
facilmente! ¡Levanta tus espadas y pelea conmigo, Fandaniel!

Fenrir se preparo para dar fin al combate, mientras que su aprendiz comenzo a pensar una
defensa. Rapidamente el jefe se lanzo, con combinaciones de espadazos alternando entre la
izquierda y la derecha. Su aprendiz se defendio como pudo, pero ya estaba muy herido y
cansado, obteniendo una rotura de guardia tras los primeros choques. Tras esto, su oponente
le lanzo una estocada con ambas espadas. Aun con la mente perturbada, en un shock parcial,
el joven con mucho esfuerzo logro parar una sola espada, pero la otra le atravesó el hombro
derecho de lado a lado empalándolo. Ya sin poder sentir dicha extremidad, mientras todo se
volvía oscuro, Fenrir se dispuso a destajarlo, matándolo en el acto, pero un grito, lo hizo
detenerse. Parecia venir a la distancia, acercándose a rapidos pasos.
- ¡Eithan! – Era la voz de Evelynn, que habia salido del castillo en su búsqueda.

El caballero carmesi le quito la espada incrustada a su pupilo, dejandolo caer al suelo de


rodillas, perdiendo liquido vital a cada segundo, moribundo. Le dedico una ultima mirada, para
subir su capucha y salir corriendo hacia la salida, perdiéndose en la noche. Eithan se desplomo
de cara al suelo, mientras la sangre se esparcia por debajo de el. Todo se sentía frio, y el
mundo comenzaba a apagarse.

-Al..alguien… deten…galo. – Fueron sus ultimas palabras, antes del desmayo.

XIV
La caída de un reino

E n Prismat, el coliseo era un sopa de personas. Tanto la arena como la tribuna estaban
llenas de civiles, que llenaban el lugar con el ruido de los murmullos y rumores. A orillas
del estadio las cuatro puertas de acceso que daban a las calles principales estaban
custodiadas por los mejores guerreros que tenia el reino. Su majestad Konrad acompañado de
su ejercito privado de guerreros experimentados protegían la puerta oeste. Laurentius y sus
guardias personales la puerta norte. Guerreros del coliseo se encontraban apiñados en la
puerta sur, liderados por Dush, que estaba con el cuerpo lleno de moretones y algunas roturas,
cubiertas con vendajes. La ultima puerta, del este, era la salida de emergencia, custodiada por
civiles armados que se ofrecieron a ayudar. Entre esos civiles se encontraban Viktor e Ivan,
llegados hace nada.

-Que mala suerte toparnos con esta situación.

-Esto no me gusta nada. – Dijo Ivan – Debimos saltarnos esta ciudad.

-Bueno, necesitábamos esas provisiones. No te preocupes, cuando empiece la batalla nos


escabulliremos fuera de la ciudad.

El bullicio de la multitud fue silenciado por un enorme estruendo que sacudió el suelo. El
silencio abundó hasta que se escucho la marcha de los siervos del mal viniendo de las cuatro
direcciones, habían rodeado la ciudad para atacar desde los cuatro puntos cardinales, ademas
de haber tirado una buena parte de las murallas. No había escapatoria, solo quedaba pelear.
Por la puerta oeste, entraban decenas de minotauros de mínimo tres metros de alto. Portaban
hachas y martillos dignos de su tamaño. Por el norte, se avecinaban cientos de criaturas
necrófagas, comandadas por un ser encapuchado, que era transportada por una grotesca
masa de cadáveres andante, en lo que parecia ser un trono hecho de huesos. Por la entrada
Sur, un enjambre inmenso de esqueletos y zombies colapsaba la puerta al igual que las calles,
todos ellos armados con distintos equipamientos. En la ultima puerta, una gran gorgona de
diez metros de longitud era acompañada de magos oscuros. Habia sido la encargada de
derribar la gran muralla. Por si fuera poco, ademas los puntos cardinales, arpías sobrevolaban
las casas en dirección al coliseo. Konrad seguro de si mismo se lanzo portando su espadón
flamberge a dos manos, antes de que los minotauros llegaran a mitad de camino. El monarca
era reconocido por su talento con la espada, pero su verdadero atributo destacante, era la
velocidad. Impulsado por magia divina, a toda prisa clavo su espada en el pectoral derecho del
primer minotauro que se atrevio a cruzarse en su camino, sin darle tiempo de reaccionar. De
una patada se separo de la criatura y se posicionó para atacar al siguiente. Un hacha cayo por
encima de él, pero lo esquivo con suma facilidad, pasando por el cuerpo del minotauro
atravesado. Se hizo a un lado y de un tajo recto le corta las muñecas a su atacante. El hacha
estaba incrustada en el suelo, y el rey corrio por el mango de esta. Salto en la punta y cayo
sobre el enorme demonio toro, rompiéndole el cráneo de un pisotón empoderado, saltando
nuevamente, para ir en dirección directo a las criaturas cornudas. Cayo en el centro de ellos,
que empezaron a balancear su armas sobre él. Konrad se movio rapido entre ellos
aprovechando su tamaño y agilidad. Iba dando saltos, esquivando golpes, y devolviendo
espadones, cortando rodillas, torsos y brazos. Amaba el olor de la sangre, y la matanza
alimentaba su sadismo. El liquido vital de los monstruos lo empapaba en un frenesí de acero.
En la puerta Norte, los soldados de Laurentius luchaban contra los necrófagos, que devoraban
sin piedad los cadáveres de quienes caian, volviéndose mas fuertes. El consejero real luchaba
con su lanza alada, desde el suelo, destrozando muertos vivientes. Pero el anciano se detuvo,
cuando volteo, para ver que detras se encontraba frente a el, cara a cara, el ser encapuchado.
Se miraron sin decir una palabra, y fue entonces cuando Laurentius comenzó a levitar,
materializando armas de luz a su alrededor, listo para aniquilar a quienes estorbaban. Al sur los
guerreros del coliseo peleaban a la par contra los no-muertos. Dush quien había sido
gravemente herido en su pelea contra Cecil, combatía fieramente, sin darle importancia a sus
heridas. Aplastaba los huesos de los esqueletos, que eran meros novatos si los comparaba con
su anterior contrincante. Los zombies por su parte mataban a los guerreros, pero a pesar de
ser mas numéricamente, la fuerza bruta del coloso, genero que poco a poco, fueran ganando
ventaja. Dush se sintió confiado, y motivaba con gritos de guerra a su tropa, que vitoreaban, a
punto de levantarse ganadores en su batalla campal. Fue entonces, que algo cambio el
esquema. El enorme luchador pudo ver como una inmensa lanza luminosa cayo del cielo,
destozando la tierra, junto a incontable cantidad de luchadores, que eran aplastados y
mutilados por el arma. Mas el horror recién comenzaba, cuando Dush levanto la cabeza, para
ver una lluvia de estas mismas armas, en dirección hacia su pelotón. En cambio, en la puerta
Este los tres magos oscuros habían bombardeado casi toda zona, con conjuros de muerte y
miasma, matando a la mayoría de los civiles, mientras se acercaban lentamente detrás de la
gorgona. Viktor e Ivan se vieron obligados a actuar si querían escapar.
-Yo me encargaré de los magos, tu distrae a la gorgona. Recuerda no la mires a los ojos o te
convertira en piedra.

-Es igual a tu madre jajaja. – Viktor bromeo para tratar de hacer el momento mas ameno. No
funciono.

-Cierra el pico. Andando.

Viktor e Ivan corrieron hacia aquella dirección, directo al choque, mientras esquivaban por los
pelos las explosiones de los magos oscuros. Ivan cargo su ballesta y disparo al pecho de uno
de ellos, matándolo en el acto. Cuando cayo, los otros dos se escondieron detrás de la
Gorgona, la cual está embistio contra los dos amigos. Se hicieron a un lado para esquivarla, e
Ivan siguió de largo en dirección a los magos. Viktor tomo sus espadas, listo para atacar a la
titánica mujer serpiente, que giro su cuerpo para golpear con su cola. El salto esquivando el
coletazo y cuando sus pies volvieron a tocar el suelo, salto otra vez para apuñalarle el
estomago. Ella rugió y de un golpe con su antebrazo lo mando a volar contra una casa. Viktor
cayo en el techo, que se derrumbo tras el impacto. Su compañero estaba frente a los magos
oscuros, teniendo a cada uno en un angulo de sesenta grados desde su posición, formando un
triangulo. Sabia que si atacaba a uno, el otro lo volaría en pedazos. Los magos también lo
sabían por lo que esperaban a que hiciera su próximo movimiento. Viktor sentía el dolor de
sus huesos siendo aplastados por una viga de madera. Tosia sangre, y se sentía débil, pero no
pensaba desistir. Su poderosa cota le habia salvado sus puntos vitales de ser convertidos en
pure. La gorgona al ver que este no salía decidió tirar la casa a abajo con su gran tamaño, y de
un contundente latigazo de cola la destruyo, enterrando al entre los escombros. La grotesca
criatura volvió la mirada y se dirigió hacia Ivan. Este noto a la enorme serpiente viniendo, por
lo que se le ocurrió un plan. Cuando estuvo lo suficientemente cerca hizo un paso rápido hacia
atrás poniendo alerta a los magos, que dispararon dos bolas flamígeras. El rodo rapido por el
piso y se agacho, mientras que las flamas se dirigieron al torso de la sierpe, derribandola al
suelo. Rápidamente tomo cuatro cuchillas de su cinturón y las arrojo a la garganta de los
magos acabando con sus vidas. Se dio la vuelta, solo para ver como la enorme gorgona se
levantaba sobre todo su largo, rugiendole en la cara.

-Maldita sea, ya estoy viejo para esto. – El hombre se lamentaba con ironia.

Viktor abrió los ojos. Pudo oler el aroma del polvo flotando entre los escombros, combinado
con el olor de madera quemándose, mas que de seguro por alguno de los asedios. Con una
extremada dificultad, logro deshacerse de la viga que oprimia su lastimado pecho, mientras
que se saba los escombros que le habían caído encima, saliendo de entre estos con cortes y
heridas tanto superficiales, como algunas graves. Para su suerte los cimientos mas pesados no
habían caído sobre él. Miro en dirección hacia donde estuvo alguna vez la entrada de la casa y
vio a su compañero enrollado en la cola de la Gorgona. Sus piernas le dolían y sangraban,
ademas de que sentía que varios huesos de sus pies se habían como minimo rajado. Trato de
correr, pero lo mas que llego fue a trotar. Ivan vio a lo lejos a su amigo acercarse, con tristeza,
sabiendo que no llegaría a tiempo. La unica razón de porque aun no estaba muerto por
aplastamiento, es debido a que la mujer serpiente quería convertirlo en piedra. Se notaba en
su incesante búsqueda de mirarle a los ojos. El hombre estaba tratando de liberarse, mientras
que por dentro, aceptaba su muerte, teniendo que elegir entre irse del mundo, aplastado o
convertido en piedra. Cerro sus ojos, y respiro. Recordó su vida, su juventud, y sus años de
servicio para la Orden Esterlina, a la cual habia aportado con orgullo. Recordo también,
mientras algunas lagrimas le caian por las mejillas, la noche que habia acabado con unas
horribles brujas que atacaron Ostrava, rescatando en el proceso, a un pequeño niño, indefenso
y asustado, el cual habia quedado huérfano por culpa de esas malditas brujas. Abrió sus ojos y
pudo ver a ese chiquillo de ojos inocentes, ahora convertido en un adulto, corriendo hacia el
en pánico, con la estúpida idea de poder salvarlo. Le llenaba de orgullo, ver en la persona que
se habia convertido Viktor desde entonces, y se lamento por no haber podido pasar mas
tiempo con el. Pronto comenzó a subir la vista lentamente, mientras los gritos de su amigo e
hijo postizo, sonaban irrumpiendo el asedio.

- ¡Idiota, no lo hagas! ¡Esperame! ¡IVAAAAAN! – Los gritos estaban llenos de dolor, y le


desgarraban tanto la garganta como el corazón, mientras de inútil manera, estiraba su brazo
derecho con la mano extendida, como intentando alcanzar a su amigo.

Pero era demasiado tarde para salvaciones, y si la medusa lo aplastaba, Viktor no podria
reconocer la ultima sonrisa que pensaba regalarle. Los ojos encontraron a los de la mujer de
pesadilla y lentamente sintió como su cuerpo se ponía rígido, comenzando desde sus piernas.
Antes de que sus rasgos faciales se endurecieran, como su ultima acción en este mundo, Ivan
porto en su rostro, un gesto de felicidad, una ultima sonrisa, para su amigo, y protegido.
Cuando Viktor llego, quien algun dia lo habia acogido en sus brazos, y llevado a la orden, ahora
solo era una estatua de piedra, apresado en una enorme cola de reptil. Ver esa sonrisa de
roca, le rompió el corazón, y fue aun peor, cuando la miserable criatura, de un fuerte apretón,
quebró a la inerte estatua. Los fragmentos volaron en cientos, frente a los ojos de Viktor, que
contemplaba en un llanto cargado de odio, rabia y amargura, como los pedazos de su amigo,
padre y tutor caían a sus pies. Todo el momento, desde la sonrisa hasta ahora, habían quedado
grabados a fuego en su memoria. La maligna mujer serpiente, que no entiendia de dolores
sentimentales, le rugió con violencia, pero no esperaba que el hombre le devolviese el gesto
con un grito hecho con toda la fuerza que le era físicamente posible. Empuño sus dos dagas y
de un salto cayo sobre la cola, para luego, saltar nuevamente, clavando ambos filos sobre el
estomago de la criatura. Como si fuera una garrapata, comenzó a escalar el torso desnudo de
la Gorgona, clavaba las espadas una tras otra vez. La criatura se retorcia de sufrimiento para
cuando habia llegado a la mandíbula. Dio un ultimo salto de fe, quitando sus espadas y
levantándolas, clavarlas atravesando los ojos de la bestia, que se agito acompañando la
macabra escena con gritos desgarradores y horrorosos. Comenzó a sacudirse de un lado al
otro, hasta que cayo, golpeándose con varias casas. Cuando esta cayo de espaldas, Viktor abrió
los ojos, y comenzó a caminar con las armas en mano, por el cuerpo, hasta alcanzar la
garganta. Con sus filos, hizo un tajo a lo largo del cuello, degollandola. Luego de que esta
quedara inerte, la batalla la habia alcanzado su climax, quedando casi en silencio. Sin volver la
vista atrás, Viktor se dirigio a la salida. En su respectiva puerta, Konrad había limpiado la zona
infestada de minotauros por completo. Habia olvidado la ultima vez que se ejercitaba tanto. Le
estaba costando bastante recuperar el aliento, ahogado por el cansancio. Hacia mucho tiempo
que no exigía su cuerpo al limite, contra tal cantidad de enemigos. Mas aun no acababa. Tenia
que asegurarse de que sus compatriotas habían protegidos sus puestos, y regreso corriendo al
coliseo. Cuando llego vio a sus guerreros en el suelo. No habia una sola persona viva, ni casas,
o edificios. Prismat se habia convertido, en un campoyermo solo poblado de cadáveres. Reviso
cada acceso y solo encontró pilas de muertos, aliados y enemigos por igual. Camino hasta el
coliseo, recuperándose de la fatiga, y entro en el. La gente yacia mutilada vilmente por todos
lados, mientras que cientos de arpías se posaban sobre el barandal que separaba la tribuna de
la arena. Se alimentaban de los muertos como aves de rapiña. En el palco vip, pudo ver a
Lautentius sentado en el trono principal, acompañado de la figura encapuchada, que a su vez
estaba rodeada por necrófagos. Estos, cargaban en sus lomos, una pesada e inmensa arca de
mármol blanco reluciente, tallado con un sinfín de símbolos e inscripciones sagradas.

-¡Viejo loco de mierda! ¡¿Que hiciste?! – Su grito hizo eco en todo el coliseo, advirtiendo a las
arpías de su presencia.

-Que ocuparas mi trono fue lo peor que le pudo suceder a mi ciudad…

-¿Lo peor? ¿Acaso no ves a todo tu pueblo mutilado?

-Aquellos que dejaron atras su lealtad hacia mi son herejes. Nuestro señor Elohim mando la
purgacion hacia esos impuros.

-Te volviste loco, estos son seres que buscan la aniquilación de la luz. Se desharan de ti cuando
les convenga.

-Claro que no, a cambio del perdón del señor les dare el arca que mantenimos bajo custodia.

-Ya tenemos lo que buscamos, encárgate del resto. – Dijo la sombra, con una voz de
ultratumba, mientras se ponía en marcha, abandonando el lugar por uno de los pasillos
internos, acompañado de sus no muertos. Los pasos de la figura eran acompañados por ruidos
esqueléticos.

- ¡Eres un reverendo desquiciado! ¡Sabes lo que harán con esa arca!

- ¡Silencio! Es hora de que recibas tu castigo, hereje.

Las arpías se levantaron en vuelo, y de las gradas inferiores, comenzaron a brotar necrófagos,
que se abalanzaron sobre él. Konrad blandio su espada ondulada, manteniéndolos al margen,
pero a pesar de recuperar el aliento estaba cansado, y la magia que le quedaba era escasa. Lo
superaban cien a uno. Laurentius aprovecho y levanto ambos brazos manifestando cientos de
armas de luz sobre él.

-Acompañaras a tu madre. – El anciano miraba a su hijo con asco.

-Maldito hijo de puta desgraciado. – Su majestad, ya estaba aceptando su destino.

Cuando Laurentius bajo los brazos para concluir con su ataque final, Konrad lanzo su
flameberge hacia él.

Horas despues, la mortecina luz del atardecer cubria Prismat. Ya no se escuchaban pregoneros
en las calles, ni el sonido de carruajes o personas. El coliseo estaba desprovisto de hinchada
alguna, ni sonidos de acero chocando. Lo único que se podía escuchar, era el murmullo de un
anciano rey, muriéndose lentamente, clavado en su trono, atravesado por un espadón
ondulado, directo en el pecho.

-Mi reino... mi autoridad... Mi trono… mi prestigio… la ciudad… es mia… mia… mia… mia.

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