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Resumen de La Momia

Don Santiago Rosales trajo a su hija Luz a Tambo chico, donde su belleza rubia cautivó a los jóvenes locales. Santiago empezó a excavar en busca de momias para su colección y encontró la momia de una princesa que se parecía exactamente a su hija Luz. Al ver esto, Santiago buscó a Luz en su casa pero descubrió que ella había desaparecido misteriosamente de Tambo chico.
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Resumen de La Momia

Don Santiago Rosales trajo a su hija Luz a Tambo chico, donde su belleza rubia cautivó a los jóvenes locales. Santiago empezó a excavar en busca de momias para su colección y encontró la momia de una princesa que se parecía exactamente a su hija Luz. Al ver esto, Santiago buscó a Luz en su casa pero descubrió que ella había desaparecido misteriosamente de Tambo chico.
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Resumen de la momia

Nadie supo exactamente por qué don Santiago Rosales vino a Tambo chico
en compañía de su hija Luz Rosales, quien poseía una belleza de postal que
asombraba a los jóvenes de la sierra por el esplendor de su cabellera rubia.
La comarca entera sintió simpatía temerosa por Luz Rosales; más nadie
quiso muy bien a su padre.
Tambo chico tiene un camino secreto que lleva hasta el río, y se cree que
por allí escaparon los emisarios de Atahualpa.  Las momias de los
generales indios enterrados se despiertan si alguien quiere violar las
tumbas. Pero don Santiago, empedernido coleccionista, quiso completar su
serie, aunque ningún indio lo obedeciera por respeto a su cultura. Su única
opción fue emplear peones venidos de la costa para ir trayendo de la Huaca
grande, los utensilios de oro con que enterraban a los indios.
Al día siguiente don Santiago y su hija se dirigían a los trabajos de
excavación en la fortaleza. Todo el santo día vieron pasar las momias
renegridas de larga cabellera colgante. Por las llamas de oro, se adivinaba
que allí hubo gente principal, jefes militares o príncipes. Pero Santiago
quería la momia de una princesa antigua que fuera la mejor pieza de su
colección, incluso era capaz de ir a los lugares más inhóspitos. Entonces,
dos indios muy viejos salieron al encuentro del amo y le pidieron al Taita
que dejara en paz a los muertos porque probablemente no llovería más y los
espíritus rencorosos se quedarían flotando sobre las casas.
A pesar de lo que le decían, Santiago no hizo caso y se levantó a las cinco
de la madrugada para ir a la fortaleza en compañía de los peones.
Trabajaron por dos horas afanosamente para levantar una lápida que dejo
abierto el forado, lleno de calaveras. Comenzaba allí un pasadizo de piedras
embutidas, unas en otras, con tan perfecta ensambladura. Tras un largo
camino encontraron a la momia de mujer que deseaba tanto. Empezó a
destrozar las cuerdas de esparto, las vendas de tejido blanco y negro, para
mirar el rostro desesperadamente. Acurrucada en actitud orante, con las
manos en cruz, la rubia cabellera desparramada sobre el pecho muerto,
estaba allí su hija Luz Rosales, o por lo menos su imagen exacta. Al ver
esto, corrió por la orilla para buscar a Luz en la casa de la hacienda. Pero
Luz Rosales había desaparecido de Tambo chico y no pudo ser hallada
nunca.

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