INSTITVTIONE
Josep Mar tí Ferrando
INSTITUCIONES
Y S O C I E D A D VA L E N C I A N A S
EN EL IMPERIO
DE CARLOS V
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Valencia (España)
El mar ahogado en la arena
F. G.
Veig el mar cada dia més lluny
F. P.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
7
ÍNDICE
PRESENTACIÓN ......................................................................................9
ABREVIATURAS .....................................................................................11
I. LAS INSTITUCIONES DEL REINO: GENERALIDAD
I. Y JUNTA DE ESTAMENTOS..............................................................13
1.1. Orígenes, función y competencia de las instituciones .............15
1.2. La política defensiva en el Reino de Valencia...........................30
1.3. El problema de la flota de galeras .............................................53
1.4. La batalla de Argel y la financiación del esfuerzo bélico.........63
II. EL ESTAMENTO ECLESIÁSTICO ...................................................81
2.1. Articulación territorial de la Iglesia en Valencia ......................82
2.2. Órdenes militares ........................................................................93
2.3. La Inquisición ...........................................................................102
2.4. Un aspecto de la religiosidad popular: las cofradías ..............104
2.5. Conflictos de jurisdicción.........................................................107
III. EL ESTAMENTO MILITAR: RÉGIMEN SEÑORIAL
III. Y NOBLEZA....................................................................................121
3.1. Intervención del poder real en los asuntos nobiliarios ..........124
3.2. Interacciones entre los militares y el poder real.....................127
3.3. Conflictos entre nobles .............................................................138
3.4. El duque de Gandía ..................................................................143
3.5. Intervención política del estamento militar ............................150
3.6. Las bregas nobiliarias: un aspecto del orden público ............155
IV. EL ESTAMENTO REAL:
IV. LOS MUNICIPIOS JURISDICCIÓN REAL ...................................167
4.1. La ciudad de Valencia ante las presiones del emperador ......168
4.2. Endeudamiento municipal: censales .......................................194
4.3. La provisión de oficios en los municipios valencianos ..........199
8
4.4. El peligro de pérdida de la condiciónreal de algunos
4.4. municipios valencianos. Conflictos con el duque
4.4. de Segorbe .................................................................................216
4.5. Reducción a la Corona .............................................................226
4.6. Oro y moneda en Valencia .......................................................227
4.7. Contradicciones en torno a la exportación de la seda
4.4. en Valencia ................................................................................239
4.8. El problema del abastecimiento de trigo ................................248
4.9. El “seminario” del bandidaje popular: vagabundos,
4.4. prostitutas, rufianes y jugadores..............................................264
V. LOS MARGINADOS: MORISCOS ...................................................277
5.1. Los intentos de asimilación......................................................278
5.2. La atracción de “allende del mar” ...........................................292
5.3. La polémica en torno al desarme morisco..............................307
5.4. El bandidaje morisco................................................................317
5.5. Los estamentos ante la cuestión morisca................................323
VI. APÉNDICE DOCUMENTAL...........................................................331
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
PRÓLOGO 9
Tras el amargo trago de las Germanías los valencianos observaron có-
mo en su capital se instalaba la fastuosa corte virreinal de doña Úrsula
Germana de Foix y de don Fernando de Aragón, duque de Calabria. El
retrato de aquellos personajes lo efectuó en su tiempo Almela i Vives y
ahora lo ha analizado Ferran Muñoz: cacerías, aventuras galantes, es-
pectáculos, esparcimientos e, incluso, la vida en la ciudad; mientras, los
municipios valencianos habían de contribuir con las composiciones o
pagos impuestos por la revuelta agermanada.
En 1536 moría la que había sido última mujer del rey Católico que-
dando el duque de Calabria como virrey o lugarteniente general en el rei-
no de Valencia. Supliendo al virrey en sus largas ausencias: fiestas, cace-
rías o atendiendo a sus particulares señoríos de Jadraque, Manzanera,
Jérica o Viver, quedaba el viejo Jeroni de Cabanyelles, señor de
Benisanó. Por encima de ellos estaba todo el engranaje del gobierno de
la Monarquía: los secretarios, el príncipe que regía los territorios hispá-
nicos en ausencia de su padre y, el propio césar, quien a pesar de la dis-
tancia —pues en estos tiempos casi siempre anduvo por Europa—, siem-
pre se mostró informado de los asuntos españoles.
Este es el cuadro en el que se inserta la sociedad valenciana de la
época. Una sociedad falta de un proyecto colectivo; una sociedad en la
que cada una de las partes —estamentos— trataba de obtener su parti-
cular beneficio; una sociedad seriamente amenazada por un encadena-
miento de conflictos internos que se veía incapaz de encontrar solucio-
nes, precisamente por las contradicciones en que se hallaba sumida.
Sobre lo que fue esta sociedad, sus límites, sus roces con las diversas es-
feras de poder, sobre la minoría morisca que trataba de sobrevivir, es so-
bre la que este libro trata de profundizar. No es éste un ejercicio de me-
ra erudición, pero tampoco es un libro amable. La reflexión sobre las
interacciones entre la sociedad y el poder, entre las aspiraciones de los
diversos sectores sociales y cómo actuaron sobre ellos las diversas ra-
mificaciones del poder real, exige un sacrificio por parte de la presunta
lectora o lector quien, a mayor abundamiento habrá de suplir, en un es-
10
fuerzo complementario, las limitaciones del autor. Pensamos, no obs-
tante, que el esfuerzo de sumergirse en esta época de nuestra historia
merece realizarse cuando la recompensa es, quizás, una mayor com-
prensión de las limitaciones y posibilidades de la Valencia que se yergue
sobre el siglo XXI.
Sólo me queda la obligada referencia a los agradecimientos que, en
ningún caso me gustaría que se confundiese con una mera nómina de
corteses cumplimientos. Un libro nunca es una aventura enteramente
individual; más aún, este. En primer lugar —puesto que se trata de un
libro de historia sigo el orden cronológico— el total reconocimiento a mi
maestra, la doctora Emilia Salvador, de quien partió la idea original y a
quien tanto debo: sus sugerencias, estímulo constante e inestimable ayu-
da; a Gonzalo Gil, técnico del Archivo Municipal de Valencia y a los anó-
nimos funcionarios que a lo largo de tantos años me han atendido en los
diversos archivos; a Miguel Navarro Sorní por la bibliografía facilitada;
a mi amigo Francesc B. Salas por haberme servido durante tantos años
de lazarillo en el laberinto informático; al profesor José Luis Villacañas
por su decidido apoyo e impulso a los estudios sobre el pasado valen-
ciano; a la Biblioteca Valenciana por la edición de este libro y, a mi mu-
jer, como ya he dicho en alguna ocasión, por todo. Para mi absoluta y
particular incumbencia quedan los defectos y limitaciones de esta obra
que la lectora o lector tiene en sus manos y a quien apelo en demanda
de benevolencia y paciencia.
Burjassot, septiembre del año 2001
EL IMPERIO DE CARLOS V
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ABREVIATURAS 11
ACA: Archivo de la Corona de Aragón.
ACV: Archivo de la Catedral.
AGS: Archivo General de Simancas.
AMV: Archivo Municipal de Valencia.
Ap. doc.: Apéndice documental.
ARV: Archivo del Reino de Valencia.
BVNP: Biblioteca Valenciana, fondo Nicolau Primitiu.
f.: folio.
ff.: folios.
leg.: legajo.
p.: página.
pp.: páginas.
S.: Siglo.
s.: sueldo.
S. A.: su Alteza.
S. M.: su Majestad.
t.: tomo.
vº: vuelto.
Vid.: véase.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
13
CAPÍTULO I
LAS INSTITUCIONES DEL REINO:
GENERALIDAD Y JUNTA DE ESTAMENTOS
La imagen de un emperador preocupado y ocupado por sus asuntos
europeos, discurriendo por un itinerario errante que cruza todos los ca-
minos de Europa en una lucha continua e inacabable con sus inconta-
bles enemigos como don Quijote en pos de su Dulcinea, puede llevar a
la presunción, equivocada, de que algunas de sus posesiones, como el
reino de Valencia, puede quedar al margen de la política imperial, del
entramado de intereses que el césar entreteje para conseguir su ansiado
imperio cristiano universal. Ahora bien, estas pretensiones de universa-
lidad no implican un desconocimiento de lo que ocurre en sus territo-
rios: bien al contrario, siguiendo el ejemplo de su abuelo Fernando, la
habilidad del primer monarca Habsburgo consiste en edificar un entra-
mado de poderes y contrapoderes que permitirá controlar y hacer pre-
valecer la voluntad real hasta en el último rincón del imperio. Este sis-
tema de dominio, legado del césar, permitirá que, más allá de la aptitud
o ineptitud de los sucesivos monarcas, el imperio o, si se prefiere, la do-
minación hispánica, perdure en el continente americano, por ejemplo,
hasta los inicios del siglo XIX.
Debido a estas exigencias imperiales, sobre el territorio valenciano se
precipitaban, a modo de cascada, multitud de instituciones emanadas
del poder real que permitían el ejercicio de una autoridad efectiva en es-
te ámbito. Ahora bien, el poder, no obstante su carácter autoritario, ne-
cesitaba un cauce de representación de los intereses más o menos gene-
rales que, se suponía interesaban a los habitantes del país valenciano. Es
evidente que esta máxima representación del reino la ostentaban los
brazos reunidos en las Cortes. Ahora bien, el problema deviene cuando
se trata de dilucidar cuál era el organismo que se erigía en la voz del rei-
no entre las asambleas. La cuestión mirada desde una óptica aragonesa
o catalana puede parecer simple, ya que los diputados elegidos para las
Cortes conservaban su poder hasta la legislatura siguiente, y a ellos
14 competía la defensa de los fueros y constituciones de su reino o princi-
pado. En Valencia, sin embargo, la cuestión es mucho más compleja al
ser dos las instituciones que pueden arrogarse la representación del rei-
no entre las Cortes. Generalidad y Junta de Estamentos intervenían, de
hecho, en aquellos momentos, en diversas facetas como portavoces del
territorio. Aunque no sería sino más tarde cuando se desataría abierta-
mente la pugna entre ambos organismos, durante el reinado del empe-
rador, no puede decirse con los datos hallados, sino que hubo una coe-
xistencia entre las dos instituciones.
Para estudiar las relaciones que la Generalidad y los estamentos man-
tuvieron con el poder central y el poder territorial, así como el límite de
las actuaciones de cada uno de ellos, hasta donde ha sido posible esta-
blecerse, y siempre partiendo de la provisionalidad de unas conclusio-
nes basadas en una contundente parquedad de datos, se ha abordado, en
primer lugar el origen y la misión de estas instituciones. Para adentrar-
se y deslindar el problema de las competencias, se ha observado la fun-
ción de la Junta y la Diputación ante una convocatoria del regente
Cabanillas para asuntos de defensa o moriscos y se ha comprobado la
coordinación entre instituciones para salvaguardar la percepción de de-
rechos. Asimismo, se ha analizado el comportamiento de los estamentos
y la Diputación ante los problemas que planteaba la defensa, la jerarquía
eclesiástica, la administración de justicia o los moriscos. Finalmente, se
examina el protagonismo de los diputados en relación con las atribu-
ciones de la doctrina foral y se establecen las consideraciones globales,
conviene recordarlo una vez más, para una época precisa y con una ba-
se precaria de datos.
Asimismo, en este capítulo se abordan los diversos aspectos defensi-
vos, cuestión esta tuvieron que solventar las dos principales institucio-
nes representativas del reino, así como otros organismos que, específi-
camente, fueron creados para colaborar en las tareas defensivas. La es-
trategia defensiva del reino pasaba por la protección de la costa, la cual
podía ser activa (construcción y sostenimiento de una flota de galeras)
o pasiva (construcción de una serie de baluartes defensivos a lo largo del
litoral). En cualquier caso, más allá de las opciones el territorio valen-
ciano, dada su particular geografía, abierto en arcos sucesivos a la cos-
ta del Magreb, fue escenario de numerosos encuentros hostiles, así co-
mo del activo intercambio de personas, mercancías y dinero que cons-
tantemente se produjo con el lado de allá. De ahí que en sucesivos apar-
EL IMPERIO DE CARLOS V
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INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
15
tados se intente una aproximación a la política defensiva del reino, las
galeras la batalla de Argel y la financiación del esfuerzo bélico, aspectos
todos en los que las instituciones valencianas tuvieron un papel prota-
gonista.
1.1. ORÍGENES, FUNCIÓN Y COMPETENCIA
DE LAS INSTITUCIONES
Ciertamente se hace difícil establecer una línea divisoria nítida entre
las competencias de la Generalidad y la Junta de Estamentos, pues el he-
cho de que ambos organismos desenvolviesen sus actividades simultá-
neamente, no implicó un solapamiento de funciones. Parece confirma-
do el hecho de que la Generalidad se ocupó básicamente de cuestiones
pecuniarias. Y en ese campo encontró el apoyo y protección de la Junta
de Estamentos. Esto puede demostrarse con las acciones emprendidas
por esta última institución ante la exportación de la seda, de moneda y
metales preciosos o de la repulsa ante el regente Urgellés, por citar unos
ejemplos. En efecto, cuando estas instituciones ven amenazados los in-
tereses de los grupos sociales a los que representan (patricios y oligar-
cas de los diversos estamentos), ya no hay rivalidad institucional, sino la
unión de esfuerzos y convergencia de actitudes y fines para lograr la
neutralización de la amenaza común. Cuando ambos organismos se
ocupaban de un mismo tema, como podía ser la defensa, cada uno de
ellos abordaba una faceta distinta. Si en el campo militar recaía sobre la
Generalidad el aspecto logístico, tanto de armas como de sustento eco-
nómico, a la Junta de Estamentos correspondía tratar con el virrey el
planteamiento general de la cuestión defensiva; la “dirección política”,
si es que se puede aplicar esta locución extemporánea. En otras ocasio-
nes, llegaron a incidir sobre un mismo asunto concreto, como fue la re-
acción ante las actuaciones del comisionado Urgellés tratando de poner
orden y concierto en las finanzas del reino. En esa ocasión concreta que
puede considerarse modélica, la coordinación entre las actuaciones de
los estamentos y la Diputación es total.
Porque, efectivamente, una característica propia de la Junta de
Estamentos es que a ella le corresponde tratar con el virrey de aquellos
asuntos que conciernen al reino; sean las mencionadas cuestiones de-
fensivas, las diversas facetas de la cuestión morisca, o las relaciones con
la cúpula de la jerarquía eclesiástica o judicial. El momento más inten-
16 so que en ese sentido vivió esta institución correspondió sin duda a la
convocatoria y desarrollo del Parlamento de Alzira, en que la Junta pug-
nó directamente contra la autoridad del virrey, aunque luego hubo de
matizar sus actuaciones ante el príncipe. No obstante, la Diputación
también mantuvo relaciones con el poder central. Las embajadas que se
han expuesto en el párrafo relativo al protagonismo de los diputados, no
hacen sino confirmar las anteriores aseveraciones, ya que dichas emba-
jadas se organizan por cuestiones de su estricta competencia, como
complemento de las iniciativas de la Junta o bien porque consideran le-
sionados los intereses, no tanto de la institución sino de los propios di-
putados. En cualquier caso, parece que la ostentación y el fasto no es-
tuvieron ausentes de los diputados cuando organizaban sus comitivas
ante las autoridades.
Una última simplificación de los términos podría indicar que mien-
tras a la Generalidad le incumbían tareas de infraestructura, sobre todo
en el campo económico, con todo el boato y dignidad que a sus repre-
sentantes les correspondía, la Junta de Estamentos se relacionaba más
con las cuestiones políticas que afectaban al reino y, que debía debatir
ante el virrey o, el gobierno central.
Hasta este momento se ha hecho uso del término “representación” en
referencia a los organismos que en diversos momentos aspiraron a ma-
terializar el simbolismo del reino. Pero conviene matizar que, ninguna de
las instituciones en litigio era, en sentido estricto, la representante del
reino, ni podía serlo. Los grupos eclesiástico y militar, obviamente se re-
presentaban a sí mismos, no a la gente que vivía en las baronías de ju-
risdicción eclesiástica o señorial. Quedaba el sector real: cuando se tra-
taba de las Cortes acudía el brazo real con emisarios de las distintas vi-
llas y ciudades reales y, en el caso de los estamentos solamente acudían
los de la ciudad de Valencia, pero en cualquier caso, no se trataba de de-
legados del pueblo, sino de las oligarquías dominantes en las diferentes
ciudades y villas reales como ya habrá ocasión de ver. Estos grupos vela-
ban, en la mayoría de las ocasiones, por sus propios intereses e, incluso
en las Cortes, lo que realmente se ventilaba era el pago de un subsidio al
rey (que, por supuesto no costeaban los delegados en las Cortes sino, es-
ta vez sí, el pueblo llano) y la confirmación o concesión por parte del rey
de viejos y nuevos privilegios. De ahí que las diversas instituciones cons-
tituidas por estas corporaciones difícilmente pudiesen representar algo
más que los intereses de las minorías que las componían.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
17
***
La guerra que en la segunda mitad del siglo XIV dirimieron los mo-
narcas aragonés y castellano, conocida como “la guerra de los Pedros”,
obligó a Pedro el Ceremonioso a convocar Cortes sucesivas para obtener
donativos con que financiar la contienda. Aprovechando la crítica si-
tuación, las Cortes pugnaron para conseguir que los nuevos gravámenes
viesen ampliada la base de los contribuyentes, así como su control. En
las Cortes de Monzón de 1362-1363, dada la urgencia de dinero y la crí-
tica situación política, la asamblea pudo obtener la creación de un nue-
vo impuesto indirecto, así como la fundación de un órgano para su ges-
tión. En estas Cortes, además del fuerte subsidio ofrecido de 250 000 li-
bras, aparecía uno nuevo cuya cantidad dependendería de lo recaudado
a través de las nuevas gabelas creadas; su nuevo nombre era
“Generalitats”1.
El producto de los nuevos impuestos no iría directamente a la real
hacienda; antes bien, sería repartido entre los estados de la Corona de
Aragón, de acuerdo con las condiciones establecidas en las generali-
dades. Los encargados de dar cuenta de la gestión de las cantidades
percibidas eran los diputados. Estos eran elegidos por las Cortes; de-
biendo elegir cada brazo a los que posteriormente serían designados
como tales. Los diputados, no sólo debían cobrar y administrar los im-
puestos, sino también asoldar jinetes, transportar máquinas de guerra,
tramitar correos, despachar embajadas y, en definitiva, aprestar todos
los medios necesarios para la defensa2. El estado del patrimonio real
en los inicios del siglo XV obligó a los monarcas a mantener el nuevo
organismo como medio de obtención de recursos financieros. Tras sal-
var los años del interregno 1410-1412, la Generalidad se vio consoli-
dada, alcanzando su legitimidad como órgano permanente en el año
14183. Esta institución alcanzó competencias que sobrepasaban el ám-
bito económico: la pacificación
interna, la defensa del sistema fo-
ral, las relaciones exteriores, la
1
MUÑOZ POMER, Mª Rosa, Orígenes de la resolución de conflictos fronteri-
Generalidad Valenciana,Valencia, 1987, p. 55-57.
2
zos, la defensa del comercio, la
MARTINEZ ALOY, J. La Diputación de la
Generalidad del Reino de Valencia,Valencia, 1930, p. 146. intervención en la problemática
3
ROMEU ALFARO, Silvia, Les Corts Valencianes, del reino inclusive las luchas no-
València, 1985, p. 165. biliarias, eran poderes que, aun-
18 que las Cortes no le habían asignado, el nuevo organismo había asu-
mido de hecho4.
Durante la época foral moderna, la Generalidad continuó su activi-
dad recaudatoria y aumentó considerablemente su burocracia: los fun-
cionarios, el endeudamiento y los gastos inherentes a la manutención de
la compleja maquinaria institucional. De este modo el mencionado or-
ganismo alcanzaba una dimensión política que, justo en los albores de
la Edad Moderna, iba a a ser erosionada, tanto por instancias superio-
res del poder central, como desde el interior del reino. No fue ajeno al
menoscabo político de la entidad el propio rey Católico quien, en suce-
sivas misivas, fue revocando los privilegios que había disfrutado la Casa,
como la libertad de elección de los oficiales de la Generalidad o la im-
posición de los arrendatarios de los derechos, entre muchos otros. Los
privilegios que, posteriormente obtuvo, cuando el monarca necesitó un
fuerte subsidio para la conquista del litoral africano fueron, en gran me-
dida, una reproducción de los anteriores5.
Entre los capítulos otorgados por Fernando de Aragón referentes a la
Diputación, se hallan los “Actes de Cort de la insaculatio per a les elec-
cions de deputats comptadors: clauari e administradors del General del
Regne de Valencia per lo stament militar offerts”, así como la “Rubrica de
la restitucio de la eleccio de deputats e comptadors a les ciutats e viles re-
als”. Con ello restituía a los mencionados brazos la capacidad de elección
de los cargos en la Generalidad mediante el sistema de insaculación para
el brazo militar6. Pero el sistema de elección de diputados era autónomo
sólo en apariencia, pues, quien decidía quiénes eran los que debían ser
elegidos, no eran estrictamente los implicados, sino el príncipe Felipe,
quien en ausencia de su padre, el césar Carlos V, permanecía en la penín-
sula ostentado, entre otros cargos, el de gobernador general de la Corona
de Aragón. Era él quien dirigía a su virrey, el duque de Calabria, la men-
cionada nómina de elegibles ya
confeccionada en exclusividad. El
4
MUÑOZ POMER, Mª R. Orígenes de la virrey, a su vez, debía entregar la re-
Generalidad..., pp. 366-388. lación o “ceda” a los diputados pa-
5
MARTINEZ ALOY, A. La Diputación..., pp. 268 y ra que procediesen, según el siste-
271. ma acostumbrado, a la insacula-
6
BELENGUER CEBRIA, Ernesto, Cortes del reinado
de Fernando el Católico Valencia, 1972, pp. 157-162.
ción de los nombres aquellas perso-
7
Notificación al virrey: ACA, Cancillería, 3984, f. 5vº; nas que optaban a la elección de di-
Valladolid, 16 de diciembre, 1544. Comunicación a los putados y oficios7. A este respecto
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
19
había dos listas, una para nobles y, otra para caballeros y generosos; asi-
mismo, se incluían militares de diversos municipios del país.
Si bien desde el poder central los propios monarcas habían intenta-
do menoscabar la dimensión política de la Generalidad, también desde
el interior del reino su faceta de organismo representante del reino se
vio contestada por otra institución que había ido asumiendo la voz del
reino entre las asambleas: era la Junta de Estamentos.
Este organismo había empezado a funcionar ya en anterioridad a
Fernando el Católico, aunque su funcionamiento no quedó establecido
sino hasta el reinado de Felipe II. A diferencia de lo que ocurriría más
tarde, en que las juntas debían contar con el “expresso consentimiento
de Su Magestad”8, durante el reinado de Carlos V las reuniones se cele-
bran según la necesidad de los intereses de los propios estamentos. En
ocasiones la Junta se reúne por expreso deseo del príncipe, caso de la
convocatoria del Parlamento de 1544, que derivó en una auténtico pul-
so entre el virrey y la Junta. En efecto, esta convocatoria fue aprovecha-
da por estos portavoces terrioria-
les para obtener el reconocimiento
diputados: Ibidem f. 5vº. Los nobles cuyos nombres apa-
de su peso específico como orga-
recían incluidos en la ceda eran: don Françes Juan, señor nismo representante del reino9. En
de Benifaraig; don Juan—-; don Luys Muñoz; don Jaume otras ocasiones, es el mismo prín-
García de Aguilar, olim don Berenguer Martí de Torres; cipe quien sugiere al virrey que
don Francisco de Villarrasa; don Ximen Pérez de trate con los mencionados esta-
Calatayud; don Pedro Boïl; don Francisco de Castellví.
mentos los asuntos de interés que
En cuanto a los caballeros y generosos: mossen Enrich,
Miguel Juan de Blanes, Baltasar Esplugues, mossen Pere afectan al reino.
Rochamar de Xàtiva, mossen Juan Guilart de Morvedre, En cuanto a la composición de
mossen Federich de Penarroja, en Jaume Sanramón, la Junta, en el estamento religioso
mossen Jeronimo Gacull, mossen Nofre García, micer intervenían las voces propias de la
Diego Ystella, mossen Françes Juan Sanctescreus. sede valenciana; posteriormente,
Gaspar Ruiz de Oriola, Jerónymo Torrellas de Xàtiva,
Jaume Ortiz de Oriola (Ibidem, f. 6-6 vº).
para dilucidar quienes asistían a
8
MATHEU Y SANZ, Lorenço Tratado de la celebra- las reuniones de la Junta por dicha
cion de Cortes Generales del Reino de Valencia. Valencia, corporación, el brazo eclesiástico
1982, pp. 126-127. logró que una disposición de las
9
MARTÍ FERRANDO, J. El poder sobre el territorio. Cortes garantizase que todas las
Biblioteca [Link]ència, 2000, p. 308 y ss.
10
voces del mencionado organismo
CISCAR PALLARES, E. Las Cortes valencianas de
Felipe III,Valencia, 1973, capítulo XXII. El mecanismo de gozasen de un procurador perma-
delegación se basaba en el capítulo CCLXV de las nente en la ciudad de Valencia pa-
Cortes de 1585. ra asistir a las sesiones10. El esta-
20 mento militar estaba conformado, según consta en las actas propias de
sus deliberaciones por los nobles y generosos residentes en Valencia
que tenían facultad para formar parte de él; aunque para asistir a las
reuniones y salvar el mandato del principio de unanimidad, elegían de-
legados por medio de “electores” y “examinadores” o por el síndico del
propio estamento aconsejado por dos nobles y dos generosos o caballe-
ros11. Por lo que se refiere al estamento real estaba integrado por el ra-
cional, los jurados y el síndico de la ciudad de Valencia, sin que hubie-
se más intervención de los demás municipios de jurisdicción real del
país12.
***
El hecho de que dos organismos podían arrogarse la representativi-
dad del reino en el período entre sesiones de Cortes plantea el problema
de las competencias. La pugna entre las instituciones no se resolvió ní-
tidamente ni en el ámbito jurídico ni el plano de la realidad. La polémi-
ca estaba servida; autores de la época foral ensalzarían una u otra insti-
tución en aras de su propia filiación. Escolano y Lorenzo Matheu, como
cualificados representantes de sus instituciones, argumentaron a favor
de la Generalidad y de la Junta de Estamentos, respectivamente. Así,
Escolano, como cronista del reino a cargo de la Diputación, atribuiría a
la Generalidad la función de portavoz del reino entre las Cortes, pero di-
cho planteamiento sería puesto en duda por Matheu y Sanz quien, co-
mo jurista y como miembro del estamento militar, aduciría que las
Cortes nunca le habían adjudicado a la Generalidad una función signi-
ficativa del reino, pues:
“En Valencia los Oficios de Diputados se instituyeron para cobrar, y admi-
nistrar los derechos del General, y jamàs se les ha concedido jurisdiccion, ò
poder para otra cosa, con que no pueden tener representacion del Reino pa-
ra mas”13.
En consecuencia, es a los esta-
mentos a quienes les corresponden
11
todos los honores y preeminencias
Esta segunda opción era la más usual. MATHEU
Y SANZ, L. Tratado de la celebración..., p. 129. del reino fuera de las Cortes. A
12
ROMEU ALFARO, S. Les Corts..., p. 167. ellos compete la representación del
13
MATHEU Y SANZ, Tratado..., p. 118. reino entre las asambleas:
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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“Los estamentos aunque no tenga tan cabal representacion del Reino, como 21
en las Cortes, tiene esta forma de juntarse la necessaria para tratar, y resol-
ver quanto no se oponga à los fueros”14.
El hecho de que a finales de la época foral aún colease la polémica,
convierte en baladí el intento de averiguar cuál de los organismos era el
preeminente en la primera mitad del siglo XVI; momento que, por otro
lado es todavía demasiado incipiente para poder realizar afirmaciones
categóricas en este sentido. Cabe, no obstante, discernir si se había lle-
gado a un cierto reparto tácito, no escrito, de los asuntos o competen-
cias para cada una de las instituciones. A falta de estudios científicos
que delimiten las jurisdicciones estrictas de la Generalidad y la Junta de
Estamentos, a continuación se analizan sus actuaciones, con el fin de
discernir hasta qué punto fue preponderante una u otra de las institu-
ciones en función de las respuestas halladas a través de la documenta-
ción general utilizada.
Una primera aproximación puede ofrecérnosla una citación que el
regente de la lugartenencia, Jeroni de Cabanyelles, efectuó en el otoño
de 1547 a ambas instituciones. Aunque no consta de manera explícita
el tema, la urgencia de la convocatoria y la referencia; dada la urgencia
con que el regente había tratado de reunir a los estamentos, y su refe-
rencia a “lo desesperado de ver los enemigos en casa y no hallar forma
como hecharlos”, debía de tratarse de una cuestión morisca o pirática15.
Con todo, el tema es una cuestión secundaria; como también lo es el he-
cho de que los religiosos y los militares tuviesen problemas para acudir
a la reunión convocada por el regente. Lo importante de estas citas, es
que denotan el funcionamiento de ambas instituciones. Convoca a los
estamentos y convoca a los diputados, de lo que se colige el funciona-
miento simultáneo de ambas instituciones: Generalidad y Junta de
Estamentos. Las referencias de Cabanyelles muestran el funciona-
miento autónomo de ambos organismos, con autonomía y competen-
cia propias en un mismo momento. Cuando el regente cita a los dipu-
tados, lo ha hecho, consciente o
no, en un plano secundario: “tam-
14
bien he junctado a los diputados”.
Ibidem…, p. 126-127.
15
La segunda parte del comentario
El regente Jerónimo Cabanillas al duque de
[Link], Estado-Aragón, 300, f. 134;Valencia, 23 de indica la finalidad con la que ha-
noviembre, 1547. bía convocado a los miembros de
22 la Generalidad: “y dizen claro que no tienen hun real ni le pueden dar
con lo que hagora han hecho en las cortes”. Este párrafo es muestra de
lo que parece va a ser una constante en el funcionamiento de la
Generalidad: el suministro de recursos económicos. La Junta, al con-
trario, se perfila como órgano de dirección política o, cuanto menos,
decisorio en lo que puede ser competencia de los erigidos como repre-
sentantes del reino. Ahora bien, conviene matizar que Jeroni de
Cabanyelles mantuvo una particular disputa con el estamento militar,
con motivo de la pretendida sucesión de su hijo, Jeroni de Cabanyelles
menor, en el cargo de “portantveus de general governador”.
Otro campo en el que puede apreciarse cómo interactuaban las men-
cionadas instituciones es el de la exacción de tributos. En este campo la
Generalidad tuvo un protagonismo indiscutible. Recaudaba todos los
derechos que le eran propios, entre otros el de la exportación de seda.
Los regnícolas, tanto en las Cortes como en cualquier otra situación,
siempre se mostraron celosos de la correcta percepción de los impues-
tos pertenecientes a la Diputación. Los diputados, dos por cada uno de
los brazos de las Cortes, eran quienes se encargaban de averiguar la can-
tidad que la institución podía aportar como contribución al servicio
ofrecido al monarca, y la cifra que podía cargar a censal. Sin embargo,
en las Cortes de 1542, una disposición encomendaba el gobierno de la
recaudación de las 110.000 libras del servicio a una comisión formada
por representantes de los tres brazos.
La Junta de Estamentos nunca tuvo, al menos en este período, una
fuenta de ingresos propia como la pudo tener la Generalidad. Antes al
contrario, los estamentos eran conscientes de que los intereses econó-
micos del General eran los suyos propios, por lo que siempre se mos-
traron celosos de su conservación o aumento. Ante conflictos concre-
tos que podían suponer una mengua de ingresos para la Generalidad,
los estamentos apostaron por defender los derechos de la Diputación,
caso del conflicto surgido ante la exportación de la seda o monedas de
metales preciosos. Ahora bien, el hecho de que la Junta no contase con
una estructura propia para la percepción de derechos, no implicó que
renunciase a su papel de control político en este campo. Al resolver las
Cortes que una comisión de los brazos debía supervisar la exacción del
servicio, se estaba superponiendo a la Generalidad un organismo de
control que le restaba protagonismo en aras de los propios estamen-
tos.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
23
La defensa fue uno de los cometidos que, desde un principio, fue
asignado a la Generalidad. Escolano explica la participación de este or-
ganismo en las tareas de defensa, resaltando el respaldo económico que
la Diputación prestaba a la guarda del reino:
“De la Diputacion y su gouierno depende la casa de las Armas (...). Hay en
ella vna vniversal armeria compuesta del dinero del General, sin que falte ar-
ma ofensiua ni defensiua de las modernas...”16 .
Ciertamente, los diputados se mostraron celosos del aparejo técnico
de la defensa. Ante el peligro de que unas piezas de artillería que se ha-
bían desembarcado en Alicante, los diputados habían tratado de organi-
zar una embajada de dos personas para tratar el asunto con su Majestad.
Ello motivó la inmediata reacción de los reyes de Bohemia, lugartenien-
tes generales del emperador en España, quienes escribieron al duque de
Calabria para que trabajase en desanimar a los delegados de la
Generalidad de su viaje, y en el caso de que ya hubieran partido, debería
enviar un correo para detener la comitiva17. Los reyes no sólo escribieron
al virrey: también lo hicieron directamente a los diputados, dándoles ins-
trucciones concretas para disuadirles de su proyectada marcha18.
Ahora bien, el orgullo que el cronista del reino sentía por la Casa de
Armas “que sin encarecimiento, es la mas hermosa, mas llena, y mas lu-
zida de toda España”, no implicaba una correlación estricta del prota-
gonismo político de esta institución en la dirección de las funciones de-
fensivas; la cual fue, compartida con la Junta de Estamentos. La inje-
rencia de este organismo en las cuestiones militares queda reflejada in-
directamente en las quejas que diversos personajes acusan de la poca co-
laboración que los miembros de esta institución prestan a la defensa del
reino. El comisionado que había llegado a Valencia para dirigir las obras
de la defensa se quejaba del “mal
aparejo de los stamentos deste
16
ESCOLANO, G. Décadas de la Historia de Valencia. reyno, no pudiendo sacar fructo
Valencia, 1611-1972; libro V, columna 1089. ninguno dellos”19, y también el vi-
17
ACA, Cancillería, 3991, ff. 28 vº-29 vº;Valladolid, 22 rrey lamentaba por este motivo:
de mayo, 1549. “se ha hecho y haze todo lo possi-
18 Ibidem, f. 29 vº.
19
ble, ahunque con tan poca ayuda y
Al “muy alto y poderoso principe y señor” AGS,
Estado-Aragón, 287 f. 194;Valencia, 23 de julio, 1543. socorro destos estamentos que es
20
AGS, Estado-Aragón, 287, f. 240;Valencia, 10 de di- verguença dezirlo”20. El hecho de
ciembre, 1543. que los brazos no se hubiesen mos-
24 trado en ocasiones entusiasmados ante la idea de colaborar material-
mente en la defensa, no implicaba que estuviesen desinteresados por el
asunto. Bien al contrario, el mismo príncipe daba órdenes al virrey pa-
ra que juntase los brazos del reino y, de acuerdo con ellos, diese las ór-
denes oportunas para la defensa del reino21.
Tanto la Junta de Estamentos como la Diputación gozaron de la esti-
ma del arzobispo y colaboraron en tareas de interés común. Los diputa-
dos elaboraron unos capítulos sobre el tema de los coronados, quienes
por tener las órdenes menores gozaban del amparo de la jurisdicción
eclesiástica, lo que acarreaba no pocos problemas de competencias. Los
estamentos, paralelamente, enviaban correo propio para solicitar del
emperador la permanencia del arzobispo en su jurisdicción, lo cual era
deseado vivamente por el prelado. Había sido iniciativa de los militares,
el tratar que todos los Estamentos se juntasen para conseguir que los de-
signios imperiales que intentaban llevar al prelado valentino a Trento no
tuviesen efecto. Ciertamente, creían ver en la figura del arzobispo, una
persona capaz de llevar la tranquilidad, la “paz” al reino, tanto en el te-
ma morisco como “de altres moltes coses”:
“Que sia merce de aquells revocar lo manament que es stat fet al
Reverendissimo arquebisbe de Valencia ab lo qual li es stat manat que partis
per al Concili, e aço per la molta necessitat que en te lo regne, aixi per a la vi-
sita dels novament convertits com de moltes altres coses que son necessaries
per al repos y custodia y exemple que que dona en aquesta ciutat e regne”22.
Consecuentemente, las relaciones entre la Junta de Estamentos y el
arzobispo eran lo suficientemente fluidas como para que éstos solicita-
sen el amparo de su prelado cuando creían amenazados sus intereses.
Intentaron la complicidad del mitrado de Valencia en su afán por des-
embarazarse del canciller, el abad Pastrana o, en su defecto, de los doc-
tores que le aconsejaban. Según los comentarios del virrey, el arzobispo
había logrado disuadirlos, dado
que su nombramiento se debía a
los intereses de su Majestad23. Con
21
AGS, Estado Aragón, 291, f. 172; Valladolid, 12 de todo, el arzobispo tendría oportu-
enero, 1544.
22
nidad de interceder por los esta-
ARV, Real Cancillería; Deliberaciones del Estamento
Militar, 523; f. 86-86 vº; 9 de junio, 1545. mentos: cuando estos se hallaban
23
AGS, Estado-Aragón, 299, f. 61; Valencia, 11 de ju- enzarzados en su pugna con el re-
nio, 1541. gente de la Cancillería Onofre
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
25
Urgellés, el prelado avaló la embajada que habían organizado para pro-
testar contra las actuaciones del mencionado regente, intercediendo en
su escrito para que el príncipe los recibiese24. Los estamentos mostraron
su rechazo y recurrieron contra aquellos oficiales de la administración
de justicia que no consideraban acordes con sus intereses. El mencio-
nado regente Urgellés, el canciller y algunos doctores de la Real
Audiencia sufrieron el abierto rechazo de la Junta de Estamentos. Ahora
bien, la intervención de ésta en los asuntos de la justicia no se limitaba
a las manifestaciones de repudio. Fueron, en efecto, los estamentos
quienes se mantuvieron expectantes para impedir el quebranto de la le-
galidad con el nombramiento de consejeros o regentes extranjeros. Con
la partida de Onofre Urgellés al Consejo de Aragón se había corrido el
escalafón jerárquico de la Audiencia; el duque de Calabria deseaba in-
tervenir nombrando a un extranjero, aunque su empeño chocaba con
los intereses de los representantes de los regnícolas: “pero como los es-
tamentos del reyno no esten puestos por sus fueros en no consentir que
les entre extrangero...”25.
Los estamentos no se limitaron a intervenir en el nombramiento de
oficiales de justicia: también recurrieron cuando lo creyeron oportuno
las sentencias de los tribunales. Los reyes de Bohemia, regentes de la
monarquía hispánica, hubieron de consultar a su Majestad sobre la sen-
tencia que pendía en la causa de doña Anna Costa contra don Jerónimo
y don Pascual Ribot, en virtud del recurso que los representantes del rei-
no habían presentado al emperador por considerar que el fallo no se ha-
bía ajustado al ordenamiento foral. Estos, de hecho, habían conseguido
de su Majestad que se respetasen los fueros, correspondiendo la causa
principal a la jurisdicción real, y la matrimonial a la eclesiástica. En
consecuencia, Maximiliano y María notificaron al emperador cómo
habían obedecido sus órdenes en la causa de apelación, respetando los
fueros según la instancia de los portavoces del territorio, de modo que
quedaban esperando las nuevas
órdenes del emperador26.
24
“Humilmente supplico a vuestra Alteza los oya Los conflictos que la conviven-
con la clemencia y benignidad que suele” AGS, Estado- cia entre cristianos viejos y moris-
Francia, K-1707, f. 50;Valencia, 2 de febrero, 1548.
25
cos suscitaba, exigía de una direc-
AGS, Estado-Aragón, 299, f. 48; Utiel, 29 de enero,
1546. ción política que encaminase la
26
ACA, Cancillería, 4281, f. 191-191 vº;Valladolid, 30 coexistencia en torno a los intere-
de junio, 1550. ses que las oligarquías urbanas,
26 aristocráticas o religiosas considerasen. De ahí que la Junta de
Estamentos asumiese de hecho la representación del reino en este con-
flicto. Los interlocutores del virrey para tratar del problema de las fugas
de los moriscos habían sido los propios estamentos. Como la cuestión
era interminable, la Junta tuvo diversas ocasiones de intervenir en ella.
No puede obviarse la resolución que en enero de 1543 habían tomado
para enviar una persona ante el comendador mayor de León con el fin
obtener el perdón para los nuevos convertidos. Esta embajada habría
podido quedar reseñada como una entre tantas que los valencianos acos-
tumbraban a enviar a la corte, pero aquello que la singulariza es la acti-
tud que el virrey tomó y que ejemplifica su relación con los estamentos.
El hecho en sí es sencillo: ante la próxima visita de un emisario a
Valladolid, el duque de Calabria notifica las intenciones, ya menciona-
das, de obtener el perdón de los moriscos, pero avisando de que no se pu-
blicase ninguna resolución hasta la llegada del emisario. De ese modo, la
determinación que el poder central había tomado sobre el asunto sería
anunciada como una concesión a los representantes del reino y podría
afirmar a los valencianos que su Majestad aceptaba a cambio de las con-
traprestaciones que le pareciese, al tiempo que los representantes de los
valencianos quedarían contentos de pensar que lo habían conseguido
con su negociación: “porque desta manera creheran todos que tal es la
voluntad determinada de su Magestad conforme a la qual se encamina-
ra lo que mas cumple a su servicio”27. En otra ocasión los estamentos di-
rigieron sendas misivas al emperador para tratar de obtener el perdón
para los nuevos convertidos, ya que pensaban atajar las deserciones con
la pacificación y quietud de los moriscos. Asimismo, presentaban a Joan
Aguilón como su embajador ante el monarca para exponer más cumpli-
damente el asunto28. Las cartas y embajada que los estamentos enviaron
cabe el emperador surtieron efec-
to, al menos en el reconocimiento
27
A Cobos. AGS, Estado-Aragón, 287, f. 286;Valencia, de ser ellos los interlocutores váli-
31 de enero, 1546. dos del virrey. Esto es lo que se
28
“Los del bras y stament ecclesiastich” AGS, desprende de las instrucciones que
Estado-Francia, K-1706, f. 105,Valencia, 15 de abril, 1546; posteriormente tramitó al duque.
Estamento militar de Valencia, Ibidem, f. 109,Valencia, 16 En ellas le indicaba que procurase
de abril, 1546; “Los jurats de Valencia”, Ibidem, f. 110,
Valencia, 16 de abril, 1546.
con los estamentos para lograr una
29
AGS, Estado-Negociación de Alemania, 642, f. 103; solución que evitase la huida de los
Ratisbona, 2 de agosto, 1546. nuevos convertidos29.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
27
La Junta intervino en otros aspectos relacionados con los moriscos,
tales como el colegio de los nuevos convertidos, cuya puesta en funcio-
namiento se veía entorpecida por el problema de la ubicación; ya que el
obispado de Tortosa que también era sufragáneo del proyecto, preten-
día que el nuevo centro educativo se abriese en la comarca tortosina. La
reacción de los representantes valencianos fue la de lograr que el cole-
gio se abriese en el reino de Valencia. Mediante el correo expusieron al
príncipe que un colegio en Tortosa no contribuiría al adoctrinamiento
de los niños moriscos30.
Hubo también un problema de protagonismo. Para Matheu y Sanz
los diputados en Valencia nunca habían gozado del poder que habían te-
nido en Aragón o Cataluña. Según este autor, las visitas de carácter ce-
remonial ante el monarca, o el recibimiento de las visitas regias, corres-
pondía a los síndicos y electos de los estamentos31. Sin embargo, la
Generalidad no estuvo exenta de mantener sus propias embajadas y bo-
ato ante el príncipe en aras de un protagonismo, más de índole proto-
colario que real. En los finales de 1546 los diputados decidieron acudir
ante el príncipe para suplicar algunos asuntos concernientes a la Casa.
Cuando el virrey notificó al gobierno de la Monarquía esta embajada cri-
ticó los gastos que el viaje acarreaba y expuso sus gestiones para tratar
de disuadirles de un viaje tan costoso:
“Para lo qual estan puestos en hir tres diputados con sus offiçiales y mi-
nistros, que he echado la cuenta del salario que llevan y otros gastos y des-
pessas que hazen siempre que van camino, montaria por lo menos el gasto
que en este harian tres mil y quinientos ducados o çerca de quatro. Y ahun-
que yo he procurado lo que he podido en estorvarles este viaje paresçiendo-
me escussado y mucho mas la costa por ser grande, sabiendo quanto cum-
ple conservar el General para cosas que se offreçen del serviçio de su
Magestad, por no hauer en este rreyno cosa a que hechar mano en tiempo de
neçessidad sino del dicho General”32.
En la segunda parte del frag-
mento de la misiva del virrey se
30
AGS, Estado-Aragón, 303, f. 75;Valencia, 10 de abril, aprecia la concepción de la
1545.
31
Generalidad como fuente de re-
MATHEU Y SANZ, L. Tratado..., p. 128.
32
El duque de Calabria a “muy reverendo Señor”. cursos económicos del reino. En
AGS, Estado-Aragón, 299, f. 75;Valencia, 4 de diciembre, cuanto a la embajada en sí, el du-
1546. que procuró que delegasen en un
28 síndico y que el príncipe les escribiese atendiendo a sus peticiones y des-
aconsejando el viaje para ahorrarle gastos a la institución. Don Felipe,
ciertamente, escribió desautorizando la comitiva, lo cual mereció los si-
guientes comentarios del virrey: “la hida de estos diputados se embarre-
ra y çesara como su Alteza lo manda”33.
Al igual que la Junta de Estamentos, la Generalitat también intervino
en las conversaciones que trataban sobre el cese de Onofre Urgellés.
Este comisionado había justificado su actuación violenta y extraforal
como único medio de obtener pruebas contra los oficiales reales co-
rruptos. La argumentación de los diputados ante el príncipe fue doble:
justificación, en aras del beneficio económico, el peligro que suponía pa-
ra el reino las pesquisas y molestias que se ocasionaba a los mercaderes,
así como la necesidad de expresar el autoboato, narrar los orígenes de
la institución y el beneficio que los censales suponían para el reino. La
misiva al príncipe daba cuenta de los poderes otorgados a Baltasar
Mascó como síndico del General para tratar que su Alteza reparase lo
que dicha institución consideraba como un “greuge”34.
En su intento por lograr que las piezas de artillería desembarcadas en
Alicante no fuesen trasladadas, los diputados habían intentado formar la
ya mencionada comitiva ante su Majestad. Maximiliano, además de es-
cribir al duque, también encomendó al obispo de Elna la tarea de disua-
dir el cortejo que consideraba como “fuera de razon”35. Ahora bien, con el
impedimento final del viaje ante el emperador, pues “sólo” habían com-
parecido ante Maximiliano y María, los diputados consideraron que se ha-
bían vulnerado los fueros y los privilegios promulgados en favor del
General y que les amparaban para acudir directamente a su rey, sintién-
dose perjudicados en sus derechos. En consecuencia, Maximiliano hubo
de explicar al virrey que su intención no había sido la de quitarles la li-
bertad de emprender el viaje y recurrir a su Majestad “lo que nunca ha si-
do ni es nuestra voluntad” , sino la de parar la embajada hasta saber la
causa de ella. Aun cuando es com-
prensible el doble lenguaje emplea-
33
El duque de Calabria al “muy reverendo Señor”. do ante los diputados, no deja de
AGS, Estado-Aragón, 301, f. 93; Valencia, 7 de enero, sorprender el hecho de que emple-
1547. ase semejante táctica ante el duque
34
AGS, Estado-Francia, K-1707, f. 49;Valencia, 2 de fe-
brero, 1548.
de Calabria, cuando las instruccio-
35
AGS, Estado-Aragón, 304, f. 219; Valladolid, mayo, nes internas que anteriormente ha-
1549. bía cursado al virrey eran bien ex-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
29
plícitas: “procurareys por todas vias y formas que no vayan”36. Y era el vi-
rrey quien quedaba encargado para explicar a los diputados el porqué de
aquella decisión, así como de incitarles a que tuviesen
“cuydado de mirar por el bien y augmento de la Generalidad y de la exaction
de los drechos de aquella, certificandoles que en todo en lo que en nosotros
fuere pues no sea en prejuyzio o derogacion de la preheminencia de su
Magestad y buen gouierno y administracion de la Justicia, no dexaremos de
hazer todo lo que les convenga”37.
A raíz de las protestas de los diputados, el tono del regente general de
la monarquía había pasado a ser, ciertamente, conciliatorio con los di-
putados. Además de encargarle al virrey la ingrata tarea de justificar lo
difícilmente justificable, Maximiliano escribía directamente a los dipu-
tados en vernáculo:
“A XXII de maig scriuirem al duch don Fernando y bisbe d˘Elna per a que pro-
curassen que·s sobregues en la anada dels dits don Miguel y don Balthasar a
Flandes, y parassen fins que nosaltres, informats dels pretersos agravis, si era
cosa que la poguessem proueyr, remediassem, inferint de aço que per haver
scrit dites letres, y ser vinguts aci dits embaxadors vos haviem llevat la libertat
de recorrer a sa Magestat. E perque la voluntat ni intencio de sa Magestat ni
nostra no es estada ni es de llevarvos en res la facultat de venir y recorrer a ell
per totes coses licites y honestes, y si us escrivirem de aquella manera no fonch
a effecte de impedir la anada, sino de entendre la causa della per a remediar·ho
com ho havem remediat y excusar com havem excusat a aquella Generalitat
un gasto tant notable com se li recrexia d·esta anada”38.
El pavor que sentía Maximiliano, tanto a la embajada de los diputa-
dos primero, como al alcance de su descontento posterior, no se debía
tan sólo al loable hecho de recortar los gastos de una institución públi-
ca dirigida por unos diputados deseosos, ciertamente, de fasto y de au-
toboato. La reacción de Maximiliano fue similar ante todos los inten-
tos de creación de una comitiva para visitar al emperador. El rey de
Bohemia pretendía solucionar los
problemas domésticos en el seno
36
del ámbito peninsular, pues el he-
Ibidem, ff. 28 vº-29.
37
cho de acudir al emperador supo-
Maximiliano y la reina al “duci don Ferdinando”
ACA, Cancillería, 3991, f. 52 vº;Valladolid, 5 de septiem- nía, además de la lógica irritación
bre, 1549. del césar ante unos delegados de
38
Ibidem, f. 53-53 vº. un reino lejano que le interrumpí-
30 an en su tarea de forjador del imperio, la presumible certeza de que su
delegado en España no había sabido zanjar la cuestión, lo cual, real-
mente, sí era peligroso para Maximiliano. De ahí que el lugarteniente ge-
neral común, como en otras ocasiones, había intentado dejar bien claro
que, en ningún caso, se debía acudir ante el emperador. En este sentido
resulta muy esclarecedor el matiz que dicho regente general introduce
en sus primeras instrucciones al duque para frenar el viaje: no importa
tanto que se haga como que llegue a noticias de su Majestad que está
tramándose. Sus palabras, en este sentido, son muy elocuentes: “nos
desplazeria, y mucho mas a su Magestad si llegase a su noticia”39.
El protagonismo de los diputados del General no se circunscribía a
las cuestiones de protocolo. Los diputados, en tanto en cuanto eran ele-
gidos con carácter periódico y eran los gestores de la más formidable
institución generadora de recursos en el reino de Valencia, estaban so-
metidos a los rigores de las visitas de los jueces de residencia. Cuando el
regente Urgellés recibe la orden de reincorporarse al Consejo de Aragón
también debe llevar consigo la “platica de lo de la visita de la Diputacion
y General, de como se haura de hazer”40.
1.2. LA POLÍTICA DEFENSIVA EN EL REINO DE VALENCIA
Carlos V se creía llamado a mantener la unidad de la Cristiandad bajo
su gobierno imperial y a defenderla de los embates musulmanes. Ahora
bien, la política imperial preconizada por los humanistas de su corte o el
gran canciller Gattinara, iba a encontrar no pocas resistencias. La sólida
Francia se encontró cercada por la red de enlaces diplomáticos que astu-
tamente había tejido Fernando el Católico. De hecho, el imperio de Carlos
V presionaba a Francia por todas sus fronteras; al norte con los Países
Bajos y Artois, al este el Franco Condado, al sur España y el Mediterráneo.
Ante el cerco imperial, el rey Cristianísimo se encontró forzado a buscar
cualquier tipo de alianzas que le ayudasen a romper el asedio de los
Habsburgo, tanto en el Papado, como entre los protestantes o en el mis-
mo Turco. El papado, por su parte, receló en no pocas ocasiones del po-
der imperial que atenazaba los
Estados Pontificios, tanto por el sur
39
Ibidem, ff. 28 vº-29. Nápoles, como por el norte Milán.
40
Su Alteza al regente de Valencia. AGS, Estado- A mayor abundamiento, el empera-
Aragón, 303, f. 153; 28 de julio, 1548. dor reunía, heredadas o consegui-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
31
das, no pocas regalías de la Iglesia, tales como los nombramientos ecle-
siásticos o la jurisdicción. En otro ángulo de cosas, el papa recelaba de al-
gunos objetivos religiosos del césar, porque al intentar asegurar a sus va-
sallos protestantes por vías conciliatorias, podía apartarse de la ortodoxia
católica. Al problema suscitado por el protestantismo en Alemania, se su-
maba el político, el de la falta de efectividad de la política imperial por la
resistencia de los príncipes alemanes, quienes reafirmaban su propia in-
dependencia y la soberanía de sus estados. Carlos V se vio obligado a con-
temporizar con los protestantes en no pocas ocasiones, sobre todo, ante el
peligro turco que llegó a consumar una invasión de Austria. Ahora bien,
el protestantismo había devenido una organización política y militar y, si
bien la alianza con el papa y los recursos económicos de España propi-
ciaron la victoria de Mühlberg, la causa imperial no por ello consiguió im-
ponerse. En el otro extremo del Mediterráneo se había erguido otro im-
perio, el turco, que compartía con el de Carlos la pretensión de ubicuidad.
Por la cuenca del Danubio las tropas de la Sublime Puerta amenazaban
Viena y el imperio. En el mar, dada la lejanía entre ambas fronteras marí-
timas, podría parecer que el peligro era menor; pero el Turco encontró un
aliado inmejorable en el pirata Barbarroja, quien habiéndose declarado
vasallo del sultán, hostigaba las costas mediterráneas occidentales. Con
todo, la oportunidad de atacar directamente las costas españolas le vino
al sultán con la alianza con el rey Cristianísimo, la cual permitía que la
flota turca hibernase en Marsella.
La dispersión del imperio exigía de ingentes recursos para el sosteni-
miento de su defensa, no siendo extraños los aportados desde el reino
de Valencia. Si bien el césar estaba asistido por una potente infantería,
el poder marítimo era realmente frágil. Falto de marinos, de galeotes, de
astilleros —en decadencia los de Barcelona— y de madera para la cons-
trucción naval en los mares españoles, la defensa marítima de las costas
mediterráneas hispánicas se veía agravada porque gran parte de la pro-
ducción naval se desviaba hacia América. Carlos V concedió poca aten-
ción a las condiciones básicas de la situación marítima en España, re-
curriendo a contratos con navieros privados en lugar de formar una ar-
mada real permanente41.
Al contrario de la posición geo-
estratégica que presentaban los
41
LYNCH, J. España bajo los Austrias/1. Imperio y ab- otros estados de la Corona de
solutismo 1516-1598, Barcelona, 1987, pp. 104-105. Aragón, Valencia presentaba ex-
32 clusivamente una frontera marítima, y para su defensa contaba básica-
mente con sus propios recursos. En este caso, como en tantos otros, los
intereses del reino y del imperio eran dispares. El comentario de Román
Piña Homs sobre los diferentes modos de entender la defensa desde el
poder central o desde el territorio referidos al reino de Mallorca, pueden
extrapolarse enteramente a Valencia sin perder por ello un ápice de ve-
racidad: “Para el reino, no había mejor solución que la vigilancia per-
manente en aguas baleares. Para la monarquía, no había mejor sistema
que el de unas sólidas fortificaciones. En el primer caso el gasto recaía
en la Corona. En el segundo sobre las espaldas de los habitantes del rei-
no, que con sus impuestos debían atender los gastos de fortificación”42.
En efecto, no obstante las múltiples llamadas efectuadas desde el reino
de Valencia para que una flota permanente recorriese la fachada orien-
tal de la península, el gobierno central decretó que fuesen fortificados
los principales puntos estratégicos. El sistema de defensa pasiva motivó
no pocos castigos de las flotas enemigas en la costa valenciana43.
***
El emperador será quien decida, en función de los intereses imperia-
les, las disposiciones generales que afecten a la defensa del reino, sobre
todo en lo relativo a la cantidad que éste habrá de aportar al manteni-
miento del sistema bélico imperial. Asimismo, establecerá la aportación
de soldados y capital para la defensa del territorio valenciano. El prín-
cipe, como regente general de España, será el encargado de aplicar las
disposiciones globales emanadas de la política imperial; por ello, dis-
pondrá de los soldados y del armamento en función de las posibilidades
reales. El gobierno central contaba en el reino con la información espe-
cífica suministrada por los visita-
dores, así como por los comisiona-
42
“Las tensiones entre el reino de Mallorca y el po- dos destinados al efecto. Estos,
der central en la segunda mitad del siglo XVI” en formaban parte de las comisiones
Centralismo y autonomismo en los siglos XVI y XVII. establecidas para la defensa, y, ob-
Homenaje al profesor Jesús Lalinde Abadía. Barcelona, viamente transmitían al poder
1990, p. 347.
43
central las actas y opiniones sobre
Y no sólo los valencianos. En las Cortes de 1547
los catalanes solicitaron que seis galeras castellanas pa- dichas reuniones.
trullaran la costa. GARCIA CÁRCEL, R. Historia de En cuanto al virrey, atendía al
Cataluña. Siglos XVI y XVII. Barcelona, 1987; t. II, p. 56. nombramiento de capitanes para
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
33
la defensa de las villas y del territorio. Estos, sin embargo, solían ejer-
cer durante escaso tiempo su mandato, dado el eterno problema del
duque de Calabria para encontrar numerario con que satisfacer a los
capitanes. Asimismo, el lugarteniente general se ocupaba de la organi-
zación general de la defensa del territorio; a tal efecto, recorría el reino
acompañado de sus colaboradores. Encargaba tareas de defensa a los
oficiales reales, sobre todo de vigilancia y adiestramiento del personal
de defensa aportado por las villas. Se ocupó, igualmente de la distribu-
ción general de armas. En este campo, como en tantos otros, tuvo que
afrontar la escasez monetaria, puesto que las villas solían retrasar el pa-
go de las armas asignadas, además de sortear las dificultades añadidas
que resultaban de su transporte a través de los reinos y señoríos de la
península.
El virrey, como capitán general, tenía la responsabilidad de la de-
fensa del reino. Ahora bien, en su tarea no se hallaba solo: recibía in-
formes de los movimientos militares que se sucedían en los diversos
frentes que el emperador solía tener abiertos; tampoco le faltaba aseso-
ramiento, pues militares especialistas solían llegar comisionados para
inspeccionar las obras y las disposiciones defensivas. Y, en sentido in-
verso, también circulaba la información. Además de las misivas, que
con regularidad llegaban del virrey o su regente, la Administración cen-
tral destacaba personajes para que le enviasen informes sobre el estado
de la defensa en el país, aunque también encargaba informes específicos
a sus propios delegados habituales.
Como se ha comentado, el emperador y el príncipe mantenían in-
formado al virrey e, incluso, a los estamentos de los principales movi-
mientos de los enemigos del im-
perio, fundamentalmente, de las
44
armadas hostiles44. Asimismo, le
Además de los ejemplos citados en estas páginas,
apremiaban para que tuviese a
el aprestamiento a las armas de todos los vasallos ap-
tos para defenderse de la gran armada turca (ACA, punto las fortalezas del reino. Un
Real, Varia, 4276, sin foliar, Barcelona, 30 de marzo, comentario del emperador a su
1545). El virrey también debía avisar a la isla de mujer, la emperatriz Isabel, indi-
Mallorca del grave peligro que corría, pues se habían ca, precisamente, esta convenien-
avistado siete galeras y diez galeotes en el cabo de
cia:
Palos (ACA, Cancillería, 3984, ff. 30-31;Valladolid, sep-
tiembre, 1545). La copia de un aviso del príncipe en “Fue muy bien scrivir al duque don
ACA, Cancillería,Varia, 4276,Valladolid, 10 de julio, 1543. Hernando que tuviesse cuydado de prove-
Vid. Ap. doc., 10. er a Peñíscola y las otras fuerças impor-
34 tantes del Reyno de Valençia, y devesele tornar a encargar que si no lo hu-
viere hecho lo haga en todo caso para que esten como conviene y no pueda
succeder algun inconveniente”45.
El príncipe tampoco descuidó los preparativos militares del reino.
En 1536 habían naufragado unas galeras de don Álvaro de Bazán, per-
diéndose algunos cañones de bronce. Pasados los años y ante el peligro
de que los turcos volviesen por las costas de Vinaroz, el heredero de la
Corona escribió a los oficiales de dicha villa para que tomasen del lu-
garteniente de la Gobernación de la Plana dos piezas que se habían res-
catado, las pusiesen en orden con las municiones y las encabalgasen pa-
ra aprovecharlas en tiempo de necesidad46.
Su Alteza estaba pues, al tanto de los avances de las obras de defensa,
y no dejaba de dar prisa para que se terminasen lo antes posible, sobre
todo, las de la ciudad de Valencia47, impulsó fortificaciones como la de
Sagunto48 y desplazaba oficiales al
reino para que estuviesen apercibi-
dos de las obras y el estado de la
45
AGS, Guerra Antigua, 8, f. 11, Génova, 9 de no- defensa. Así, Álvaro de Loazes,
viembre, 1536.
46
Se trataba de dos medios cañones. ARV, Real,
contador general de la Inquisición
329, ff. 178 vº-179; Madrid, 16 de febrero, 1546. Al go- quedó encargado de tomar cuenta
bernador le ordenó que cumpliese todo lo establecido de los daños que presentaban los
en la provisión anterior; Ibidem f. 179. arcabuces viejos vendidos por el
47
No obstante las cartas ya citadas sobre la forti- capitán Aldana49; Juan de Cervellón
ficación de Valencia, se ofrecen, por significativas, estas
fue comisionado para revisar las
líneas extraídas de una minuta dirigida al duque de
Calabria: “En la fortificaçion dessa çiudad hareis dar fortificaciones de la costa50; Onofre
mucha prissa, pues ya se ha començado con el pares- Oliver, que marchó a la fortaleza de
çer del maestro de campo Guevara. Y puede que se Peñíscola, se encontró con la resis-
comiençe por lo mas neçessario, pues por estar el tencia del vizconde Oliver y de su
tiempo tan adelante conviene que se haga anssy” hijo. La Administración central, a
(AGS, Estado-Aragón, 291, f. 154; Valladolid, 8 de abril,
1544). Pero las prisas no se circunscribían sólo a la ciu-
su vez, recibía informes de diversas
dad de Valencia, sino que se generalizaban a todas las fuentes sobre el estado de las de-
villas reales: “Assimismo, os rogamos mucho que ten- fensas del reino. El secretario
gais special cuydado que se de prissa en fortificar las Gonzalo Pérez pedía al visitador
villas reales” (Ibidem f. 164; Valladolid, 1 de marzo, Pedro de la Gasca que le enviase
1544).
48
“relaçion de lo que en este reyno
Ibidem.
49
Ibidem, f. 60;Valladolid, 18 de octubre, 1544. estava proveydo para la defensa” y,
50
AGS, Estado-Aragón, 287, f. 256. efectivamente, una semana más
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
35
tarde el informe estaba listo51. Pese a esta relativa rapidez, Gasca, no de-
jaba de excusarse por no haberlo enviado antes: “y si antes de agora no
lo he dado ha sido por tener por çierto que vuestra Señoria lo tiene con-
tinuamente y porque soy poco amigo de me entrometerme en lo que no
se me manda, pero ya que vuestra señoria se sirve dello, la dare de todo
lo que de aqui en adelante sucçediere”. El obispo de Calahorra tampoco
dejó de enviar sus informes sobre la situación de la defensa del reino52; a
su vez, el duque de Gandía, notificaba a Cobos la extrema necesidad en
que se hallaba el reino para la defensa, especialmente de artillería53.
Pedro de Castroverde, que estaba al mando de la artillería de Alicante,
comentaba lo costoso que era trasladar las piezas de lugar, siendo que es-
taban muy bien emplazadas por don Fadrique de Portugal54.
En ocasiones, desde el gobierno central se comunicaba a los valen-
cianos la imposibilidad de atender las demandas del reino en materia
defensiva. En 1549, Maximiliano comunicaba al obispo de Elna lo mu-
cho que le pesaba la amenaza de las fustas de moros y lo justo que sería
proporcionar remedio, pero no podía “por estar todas las galeras de su
Majestad perdidas con otras cosas”55.
Uno de los cometidos del virrey en la defensa del reino era el del nom-
bramiento de los capitanes de las diversas guarniciones del reino. Estos
nombramientos tenían un carácter temporal, pues se limitaban a los
momentos en que había una mayor urgencia defensiva. Así, en 1537, an-
te el peligro de las “muchas arma-
das turcas”, el virrey nombró capi-
51
AGS, Estado-Aragón, 291, f. 66 en HAMPE MAR- tán de la defensa de la ciudad de
TINEZ, T. Don Pedro de la Gasca (1493-1567). Su obra Valencia a Camilo Cerverán, el
política en España y América. Lima, 1989; pp. 54 y 277- cual tendría a su mando la gente
294. Asimismo, en ARV, Real Audiencia, Procesos, Parte que le sería proporcionada por los
Tercera, Apéndice, libro 567, sin foliar; Valencia, 20 de oficios, con capacidad para elegir
enero, 1545.
52
AGS, Estado-Aragón, 287, f. 222; Valencia, 10 de
las personas que habían de ocupar
marzo, [Link]. Ap. doc., 9. los empleos de alférez y sargento,
53
Ibidem, f. 285; 20 noviembre, 1543. así como dos atambores; también
54
AGS, Estado-Aragón, 293, f. 164; Alicante, 14 de quedaba facultado para destituir-
abril, 1544. El inventario que también se le había solici- los cuando lo creyese conveniente
tado, lo envió por vía de Murcia, por lo que no se ha-
y castigar a los desobedientes.
lla en el informe.
55
AGS, Estado-Aragón, 304, f. 209; 1549. Esta gente permanecería en su ca-
56
ARV, Real, 1318, ff. 26 vº-28 vº;Valencia, 30 de ju- sa y no saldría más que a socorrer
lio, 1537. alguna ciudad o villa del reino56.
36 En otras ocasiones dejaba en manos de los regidores de las villas la or-
ganización de la defensa, pero esto ocurría en las plazas de interior, don-
de el peligro de un ataque turco era indirecto. Cuando el virrey tuvo no-
ticias, a finales de 1547, de que galeras, galeotes y otras embarcaciones
de turcos y moros habían salido de la ciudad de Argel con destino a las
costas del reino, y principalmente de la Marina, ordenó a los justicia, ju-
rados y demás oficiales de las villas de Alcoy, Onteniente, Biar, Jijona y
Bocairente para que aprestasen en orden de guerra a toda la población
de las villas y facilitasen el posible socorro de otras poblaciones vecinas.
Ellos mismos debían hacer la elección de capitán, y suministrar gente pa-
ra la guarda del castillo de Benidorm57.
Un problema con el que se encontraba el virrey era el de la falta de
personal cualificado, capaz de dirigir las plazas militares del reino. La
dificultad para satisfacer los honorarios motivaba que los capitanes no
durasen mucho tiempo al mando de las plazas. El caso de Camilo
Cerverón pude servirnos de ejemplo. A finales de julio de 1537 había si-
do nombrado capitán de la defensa de Valencia, pero a mediados de sep-
tiembre, mosén Pedro de Exarch ocupaba su puesto en las mismas con-
diciones58. Al tiempo que el virrey designaba los capitanes de las fortale-
zas, indicaba el número de personas que podían auxiliarles. Al igual que
los oficiales, los soldados tenían el contrato por un tiempo limitado, y
era también el virrey en sus funciones de capitán general quien estable-
cía los requisitos que habían de cumplir los soldados59. Con todo, cuan-
do la necesidad apremiaba, no sólo debían disponerse para la resisten-
cia los soldados profesionales, sino también toda la gente útil que pu-
diese acudir en su ayuda. A título de ejemplo puede citarse la situación
creada en Castellón cuando la flu-
ta turca amenazaba la costa: Joan
Feliu, baile de la villa recibió la or-
57
Ibidem, ff. 221 vº-222 vº; Valencia, 26 de diciem- den de reclutar por todas las po-
bre, 1547.
58
blaciones y castillos de los alrede-
Ibidem, ff. 40 vº-41; Valencia, 15 de septiembre,
1537. dores la gente necesaria para la de-
59
Cuando el virrey dio facultad a don Onofre fensa, tanto de a pie como de a ca-
Oliver de Bataller para contar con veinticinco arcabu- ballo, con toda clase de armas. El
ceros de confianza para la fortaleza de Peñíscola, una baile recibió poderes para forzar,
condición era que no fuesen hombres casados o con con imposición y ejecución de pe-
familia. Ibidem, f. 82 vº;Valencia, 15 de junio, 1538.
60
ARV, Real, 1321, ff. 146 vº-147;Valencia, 13 de ju-
nas, a los que rehusasen resistir las
lio, 1547. invasiones turcas del mar60.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
37
En materia defensiva el virrey no se limitaba a la creación de nuevos
oficiales, también asignaba a los de jurisdicción ordinaria suyos las ta-
reas que les incumbían en la guardia. Los alguaciles eran quienes habi-
tualmente ejercían el cometido de tener apercibida la gente de la costa.
Cuando había peligro de desembarco o ataque enemigo por mar, estos
oficiales recibían la orden de ir por todo el litoral del reino obligando a
los funcionarios correspondientes a hacer los fuegos y humaredas que
se acostumbraba en semejantes ocasiones, apremiando para que en los
diversos lugares marítimos la guardia estuviese dispuesta para que no
pudiesen ser asaltados por sorpresa61.
Los lugartenientes del “portantveus” también se ocupaban de la de-
fensa. Tras la racia efectuada por los turcos en Almenara, el virrey orde-
nó a Lluís Ferrer, lugarteniente del “portantveus” de Valencia, que como
capitán general de guerra en la gobernación “dellà Uxó” y de la villa de
Sagunto, fuese personalmente a Castellón de la Plana y a Sagunto para
organizar la defensa y tener en orden de guerra a la gente, de modo que
quedase garantizada la guarda de las villas62. Posteriormente, el lugarte-
niente de gobernador “ultra riu Uxó” recibió un cometido semejante: vi-
sitar toda la frontera marítima de su lugartenencia de gobernación has-
ta Peñíscola para mantener a toda
la población vigilante63.
61
No sólo era el virrey. Ante la inminencia de la lle- En su misión de atender la de-
gada de la flota de Dragut, el regente de la lugartenen- fensa del reino, el virrey se encar-
cia comisionó al alguacil extraordinario Jaume Valero
gaba de procurar que todas las
para realizar dicho cometido por las costas de Levante
del reino ARV, Real, 1322... f. 110-110 vº;Valencia, 11 de plazas estuviesen provistas de ar-
abril, 1550 . El alguacil Miquel Sanç fue comisionado pa- mas. Con el fin de responder a la
ra lo mismo en todos los lugares marítimos de la par- carencia de suministros bélicos,
te de Poniente del reino Ibidem, f. 111 . publicó edictos de declaración de
62
ARV, Real, 1318, ff. 90 vº-91 vº;Valencia, 27 de ju- armas, pero cuando tuvo la rela-
lio, 1538.
63
ARV, Real, 1320, ff. 271-272;Valencia, 20 de agos-
ción de las armas y municiones
to, 1545. que había en cada una de las villas
64
Una de ellas ordenaba a todos los artilleros y reales, pudo comprobar que falta-
maestros de artillería a comparecer ante el virrey y ban arcabuces, picas y otros apa-
presentar el balance de sus municiones. Asimismo, to- rejos de guerra, que la gente esta-
dos los que poseían arcabuces, escopetas, picas, pólvo-
ba desarmada y mal preparada pa-
ra, salitre u otras armas y municiones de guerra, que-
daron obligados a declarlas, so pena de perderlas y pa- ra la defensa del reino64. Ante la si-
go de 25 libras de multa. Ibidem, f. 91; “crida” promul- tuación de indefensión práctica-
gada en Valencia el 9 de julio de 1543. mente generalizada, ordenó la
38 provisión de armas y municiones para la guerra y que éstas fuesen re-
partidas entre las ciudades y villas reales, por medio de mercaderes o
personas habilitadas al efecto65.
El año de 1543 había sido un año de fuertes preparativos bélicos, y el
duque de Calabria en persona partió para inspeccionar el estado de las
defensas. Las órdenes de pago a los alguaciles que le acompañaban per-
miten recomponer, en parte, su itinerario tanto por las partes de
Levante, al norte de la capital valenciana, como por las de Poniente, al
sur66. Con el virrey iban, además del alguacil, el notario, el escribano y
el abogado fiscal67.
En cuanto el virrey tenía noticias de la probable llegada de fustas ene-
migas, hacía extensivo el aviso por diversos medios. A los más impor-
tantes miembros de la nobleza, en su condición de señores territoriales,
les enviaba una misiva específica, que podía ser como la siguiente:
“Molt illustre e amat de sa Magestat e nostre. Ahir a hora de tarda arriba aci
hun correu per lo qual reberem una letra de sa Magestat ab la qual nos do-
na avis de la armada de mar del turch e del recel que es te del dany que po-
ria fer e causar en lo present regne juntant·se ab la del rey de França segons
que dita letra, copia de la qual ab la present vos trametem per que millor se
puixa per vos proveir lo que conve a la
pretentio e guarda de la terra”68.
65
Ibidem, ff. 80 vº-81;Valencia, 31 de mayo, 1543. Ahora bien, es en una misiva del
66
Tanto en la expedición de Levante como en la de regente Cabanyelles, dirigida preci-
Poniente, le acompañó el alguacil Alonso Delgadillo. El
primer viaje fue el de Poniente, y visitaron Cullera,
samente al duque de Calabria, don-
Dénia, Jávea, Calpe, Benidorm, la Vila Joiosa, Alicante, de se hallan contenidas las dificul-
Guardamar, Orihuela, Jijona, Ontinyent, Alzira y otras tades que encontraba para organi-
villas; partieron el 3 de abril y regresaron el 26 de ju- zar la defensa del reino69. La impor-
nio (ARV, Real, 1320, ff. 166-166 vº;Valencia, 26 de ju- tancia de este informe radica, pre-
nio, 1543). La inspección de Levante abarcó las villas de
cisamente, en su verosimilitud, ya
Peñíscola, Morella, Castellón, Burriana y Sagunto; par-
tieron el 1 de junio y regresaron el 21 (Ibidem, ff. 165- que no estaba concebido para obte-
165 vº;Valencia, 21 de julio, 1543). ner algo, sino que se trataba de un
67
Batiste de Besant, Jaume Vallés y Martí Ponç, res- documento confidencial en el que
pectivamente. Ibidem, ff. 171 vº-175. se repasaban las cuestiones urgen-
68
A los duques de Segorbe y de Gandía, condes de tes relativas a la defensa. De la lec-
Oliva y de Albaida y maestro de Montesa. ARV, Real,
1320, f. 89 vº;Valencia, 5 de julio, 1543.
tura del mencionado expediente se
69
AGS, Estado-Aragón, 300 f. 134;Valencia, 23 de no- desprenden las carencias que, a ni-
viembre, 1547. vel político y económico, afectaban
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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39
a la defensa del reino: la anteposición de los intereses particulares de los
estamentos al bien común, en este caso la defensa; la pobreza de Valencia
y falta de dinero; la ausencia de un organismo rector estable que dirigie-
se la política defensiva del reino; la dispersión de los nobles principales,
con lo cual se dificultaba la dirección de la defensa y el aporte de hom-
bres; la falta de mando para dirigirse a los hombres que engrosaban las
huestes de emergencia.
El virrey, efectivamente, más allá de las amplias facultades delegadas
por la Monarquía, hubo de sacar provecho de todas sus habilidades ne-
gociadores y transigir en algunas ocasiones ante los representantes del
reino, pues era dependiente de las instituciones específicas del reino pa-
ra la obtención de recursos fiscales. Esta dependencia se había puesto
de manifiesto durante los conflictos de las Germanías y de Espadán, por
lo que en cierto modo, se vio obligado a contemporizar, en no pocas oca-
siones, con los estamentos y otros organismos territoriales en la políti-
ca defensiva del reino70.
***
De entre los diversos estamentos, el eclesiástico era el que tenía una
menor participación directa en los planes militares, pero sí gozaba de
una cierta influencia en los aspectos defensivos del reino, pues tenía voz
y voto para la concesión de cargamentos de censales e intervención di-
recta en la asignación de las cargas fiscales para la defensa. Por ese mo-
tivo los eclesiásticos tuvieron algunas diferencias con el virrey, quien pre-
tendía que asumiesen la parte correspondiente del gasto de la fortifica-
ción de la ciudad. La carta que el duque escribió a los militares recoge to-
dos los argumentos para que dicho grupo fuese obligado a la nueva con-
tribución:
“El braç eclesiastic preten no esser tingut ne obligat en la dita fortificacio e
despeses en aquella fahedores, ans esser exempts de aquelles, attes que la dita
fortificacio designada no es per ornar ni embellir la dita ciutat, mas totalment
per a la necessaria deffensio de aquella (...) per ço que lo benefici que de la di-
ta fortificacio redundara es comu, mixt e universal a tots los dits staments
com per aquella sien e puixen esser defen-
sats e custodits aixi los clergues y religio-
70
PARDO MOLERO, J. F. La defensa del reino. Carlos sos com encara los pobres, debils e viudes
V,Valencia y el Mediterráneo. Madrid, 2001, p. 433. als quals les persones eclesiastiques son
71
El duque pidió a los síndicos que reuniesen a sus tengudes e obligades”71.
40 Asimismo, el estamento eclesiástico participaba de las deliberaciones
de la “Fabrica” y de los impuestos que para subvencionar la defensa pre-
tendía asignarles el virrey. Ahora bien, la presencia del estamento reli-
gioso en la política defensiva no puede cifrarse sólo en las colaboracio-
nes de aspecto técnico o de apoyo económico. Más allá de la táctica y de
la estrategia, la Iglesia era la institución que aportaba a Carlos V, a sus
huestes y vasallos, el fermento moral para la lucha.
Por lo que respecta al estamento militar cabe afirmar que, por su pro-
pia idiosincrasia tuvo una intervención específica en los planes y tareas
relativos a la defensa del reino. Además de su capacidad directiva en los
asuntos bélicos, que muchos de los nobles habían demostrado en la gue-
rra de las Germanías, había el aspecto territorial: una gran parte el rei-
no estaba bajo su jurisdicción directa. Lo que ocurría en los territorios
señoriales era incumbencia casi exclusiva de los barones, por lo que,
tanto el rey como su lugarteniente general habían de contar con ellos a
la hora de organizar la defensa.
Tarea de los militares era asesorar al virrey en las reuniones que al
efecto solía tener para tratar de la defensa. Igualmente, el emperador co-
municaba al estamento militar algunas disposiciones generales sobre
defensa y los nobles acudían a él cuando consideraban que la ocasión lo
requería. También se ocuparon los nobles de dilucidar con su voto si la
“Fabrica de Murs i Valls” aportaba los fondos necesarios para la villa.
Dentro de la nobleza, los grandes títulos asumieron con mayor inten-
sidad el papel de garantes del reino. Ello obedecía, entre otros motivos, a
su poder específico y a su mayor proximidad a la Corona. A tal efecto pue-
de evocarse el desembarco de setecientos turcos al sur de Cullera buscan-
do los lugares de moriscos de la Vall d’Alfandec: el duque de Gandía, Juan
de Borja, y el sobrino del conde de Oliva, Francisco de Cetelles fueron
quienes en primera instancia, sin esperar refuerzos de infantería, salieron
a repeler el ataque al frente de
ochenta jinetes. Tanto don Juan co-
respectivos estamentos para que en tres días nombra- mo don Francisco fueron heridos
sen una persona para la tacha correspondiente a la en la refriega, lo que permitió el re-
fortificación. AMV, Lletres missives, g3-50; 21 de diciem- pliegue de los musulmanes72.
bre, 1543. Como consecuencia de los dis-
72
PARDO MOLERO, J. F. La defensa del imperio.
Política militar en la Valencia de Carlos V. Tesis doctoral di-
positivos bélicos del rey de
rigida por el Dr. D. Rafael Benítez Sánchez-Blanco, Francia a lo largo de la frontera
València, 1997, p. 193. pirenaica, el emperador alertó al
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
41
organismo militar valenciano, pues las costas del reino de Valencia es-
taban expuestas no sólo al peligro tradicional de las galeras y fustas de
Argel e infieles de África, sino también a las armadas francesa y del
Turco. El emperador pidió a los militares que dispusiesen sus tierras
en el mejor orden de guerra que pudiesen73, y éstos determinaron cre-
ar una comisión de seis miembros para tratar el asunto con su
Excelencia74.
Al igual que su padre, el príncipe también se dirigió al grupo militar
para avisarles del peligro enemigo. En el verano de 1543, eran ciento
treinta las velas turcas que ya habían doblado el faro de Messina, pro-
duciendo algunos daños en las costa de Calabria. Ante el peligro de que
se juntasen con la armada del rey de Francia, don Felipe dispuso que la
gente del reino de Murcia y del marquesado de Villena se preparase y, en
caso necesario, acudiese a la “deffension desse Reyno”. Por esos motivos
solicitaba a los militares valencianos que pusiesen en orden sus casas y
tierras y estuviesen a punto de acudir donde la necesidad se ofreciese,
cuando y cómo lo ordenase el duque de Calabria75. No obstante, el esta-
mento determinó no contestar la carta porque el duque no les había
consultado76.
Cuando el maestre racional les notificó que el duque quería hablar
con ellos, comisionaron al noble don Pero Maça y a don Eximen Pérez
Pertusa, los cuales fueron a la casa donde les esperaba don Fernando de
Aragón. Este les notificó la necesidad de fortificar la costa, y para ello
les propuso cargar algunas cantidades sobre la fábrica de “Murs e Valls”.
Cuando la institución militar escuchó la propuesta del virrey, eligieron
a dos miembros para que notificasen al duque su apoyo, eso sí, condi-
cionado a que no se perdiesen de los beneficios de los censales sobre la
Fabrica. El “braç militar”, por tan-
to, se hallaba
73
ARV, Real, 523, ff. 14vº-15; Madrid, 22 de enero, “prompte per a prestar e donar lo assenti-
1543. ment per sa Excellencia demanat al dit
74
Ibidem, ff. 14-15 vº;Valencia, 17 de febrero, 1543. strenu braz, tot temps que per sa
Años más tarde, y a propuesta del virrey, se volvería a Excellencia sera donada e trobada forma
reunir otra comisión similar para tratar de la vigilancia com donat lo dit assentiment no sia fet ni
de la costa ante los ataques de Dragut Ibidem f. 157- causat preiuhi algu a la dita fabrica de
158;Valencia, 10 de junio, 1550 . Murs y Valls e drets de aquella, ne als çen-
75
Ibidem, f. 25 vº;Valladolid, 10 de julio, 1543. salistes ne altres creedors de la dita
76
Ibidem, ff. 24-26;Valencia, 18 de julio, 1543. Fabrica a coneguda del dit strenu braç
77
Ibidem, ff. 26-27;Valencia, 21 de julio, 1543. militar”77.
42 Antes de otorgar el consentimiento, aún se dirigieron al virrey para
averiguar si los diputados de la Generalidad podrían asegurar el pago de
los censales78. La respuesta debió de ser positiva. En cualquier caso, el
“strenu braç militar”, ante la urgente necesidad, determinó dar su con-
sentimiento para que se cargasen censales sobre la “Fábrica de Murs e
Valls” hasta 15.000 libras, salvaguardando todos los pactos y seguridades
recibidos en acta del 25 de julio, como el de que en la distribución de las
cantidades intervendrían tres nobles y tres caballeros79. Este no fue el úni-
co servicio que facilitó la corporación militar valenciana: a finales del año,
el duque de Calabria les pedía un nuevo esfuerzo, esta vez de 30.000 li-
bras. El párrafo más significativo de la respuesta se condensa en estas lí-
neas:
“E aixi lo dit braç militar, per lo que es raho y es deu fer en semblant cas (...),
ab acte per aquell fet ha consentit y donat poder per a carregar dites XXX mi-
lia lliures sobre lo dit dret e fabrica de Murs y Valls e, o quantitat necessaria
per a dites obres, y donada facultat per a augmentar dit dret ab tot lo que es
necessari donar y consentir per part del dit braç per a que les obres promp-
tament se facen”80.
En 1544 se había realizado un Parlamento en Alzira, en el cual el esta-
mento nobiliario se enfrentó gravemente con el virrey; tras las tormento-
sas sesiones de la asamblea, quizás en un intento de congraciarse de nue-
vo con el lugarteniente general, los militares entendían en la construcción
de las obras de defensa de la ciudad de Valencia, y mostraban su voluntad
de continuarlas hasta su conclusión, al tiempo que entendían en dar todas
las facilidades al comisionado del
virrey al efecto, don Pedro
78
Ibidem, ff. 27 vº-28;Valencia, 23 de julio, 1543. Guevara81.
79
Los elegidos, “por sombrero”, fueron, los nobles Los militares también se ocupa-
don Lluís Mascó, don Joan Vallterra y don Pedro Boïl,
ron de aspectos de suministro de
señor de Manises; los caballeros fueron mosén Eximen
Pérez Pertusa, mosén Pere Roca y mosén Lluís Vidal, material bélico. Fue, como ya se ha
antes Cifre (Ibidem, ff. 29 vº-31; Valencia, 29 de julio, indicado, un noble quien resultó
1543). comisionado en nombre de todos
80
Ibidem, f. 56 vº-59; Valencia, 22 de diciembre, los estamentos para ir a ver al prín-
1543. cipe y solicitarle en préstamo unas
81
AGS, Guerra Antigua, 27, f. 34;Valencia, 29 de abril,
1544.
piezas de artillería, de Alicante o de
82
ARV, Real, 523, ff. 50 vº-51 vº;Valencia, 8 de octu- donde pudiese, para la defensa de
bre, 1543. la ciudad de Valencia82. Asimismo,
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
43
se encargaron de temas colaterales a la defensa, como averiguar si su
Majestad estaba obligada a pagar el derecho del General de cierta artille-
ría desembarcada en Alicante, tema que fue tratado por una comisión
creada al efecto83. La determinación final que se tomó fue la de formar
una embajada para allegarse hasta su Majestad y exponerle el caso.
Maximiliano y la reina escribieron alertados al virrey para que impidiese
una embajada que consideraban totalmente desproporcionada por los
enormes gastos que suponía84.
Las ciudades y villas de jurisdicción real, principalmente la capital,
Valencia, aportaban, cuando la ocasión lo exigía, los recursos necesarios
para la defensa. No obstante las disposiciones generales, en caso de pe-
ligro los ediles suministraban armas y municiones. Mediante una red de
torres de vigilancia, que abarcaba toda la costa, las villas anunciaban
con humo la llegada de naves enemigas; en esas ocasiones la ciudad de
Valencia ponía en marcha el sistema de defensa activo y los vigilantes se
aprestaban en sus puestos de guardia específicos distribuidos por los
puntos estratégicos de los términos generales de la ciudad. Asimismo, la
ciudad de Valencia, junto con otras ciudades mediterráneas, formaba
parte de la red “transversal” de comunicación del peligro de naves mu-
sulmanas.
El estamento real además de
suministrar gran parte de los re-
83
Ibidem f. 135 vº-136 vº; Valencia, 23 de febrero, cursos necesarios para la defensa
[Link]. apartado 1.2. de esta obra.
84
de las ciudades y villas de juris-
ACA, Cancillería, 3991, ff. 28 vº-29. Vid, apartado
“Los Estamentos ante la defensa”. dicción real, jugaban cierto papel
85
Así, se acordó pagar a Jaume Yvarç, “polvorista”, en la dirección de la política de-
45 libras, 8 sueldos debidos por el precio de 9 arrobas fensiva propia de su ámbito. La
y 18 libras de pólvora que se le habían comprado para ciudad de Valencia asumía los
los “tirs del baluart que la dita ciutat ha fet en lo Grau costos de la munición que se pre-
de la mar de aquella”; lo que no indica el acta es la fe-
cisaba para su defensa85. Cuando
cha de construcción de la defensa del puerto (AMV,
Manuals de Consells, A-68; 15 de diciembre, 1536). La la necesidad acuciaba, las dispo-
ciudad era consciente de la importancia de la defensa siciones de los jurados podían
del Grao, y ésta no fue descuidada por los jurados. Más contravenir incluso las disposi-
tarde ordenaron que al artillero Pedro Carrasco se le ciones generales sobre armas.
pidiesen “24 lances, 12 alabardes y 6 arcabuços ab tots
Así lo estableció el “Consell
los arreus y recaptes de la dita ciutat per obs de la
guarda y tuhicio del baluart del Grau de la mar de la General” que trató el tema de la
present ciutat” (AMV, Manuals de Consells, A-71; 27 de distribución de armas entre la
julio, 1540). población:
44 “Com la ciutat de Valencia tinga necessitat de tenir abundancia de armes per
la occurrencia de les guerres e entre les altres de tota natura, de tretes que ti-
ren ab ballesta (...); qualsevol persona partiucular encara que no sia colle-
giada de ningun offici, puixa fer e vendre qualsevol natura de tretes que ab
ballesta se puga tirar, la qual dispensacio se fa no obstant qualsevol capitol
e capitols en contrari disposants e la sobredita ordinacio dure a beneplacit
del dit insigne consell86.
La ciudad estaba siempre presta a afrontar la posible llegada de na-
ves enemigas. Cuando éstas se avistaban, o se tenía noticias de su ve-
cindad, los jurados ordenaban que se prendiesen las piras preparadas
con el fin de avisar mediante el humo del peligro. De ese modo, corría
el aviso a lo largo de todas las torres de la costa. Las señales de Valencia
se captaban directamente desde Sagunto hasta Cullera; aunque la red de
vigilancia se extendía hasta el monasterio de la Rápita en el norte y
Guardamar al sur. Por ello, cuando los jurados tienen aviso
“de les moltes fustes de moros e turchs que van per la costa fent tot lo mal e
dan que poden, proveheixen que sien fetes fumades en lo campanar de la Seu
de la present ciutat, les quals responguen y se entenguen ab Morvedre e
Cullera, e de alli ab les altres viles e lochs maritims del present regne”87.
La ciudad no sólo asumía la defensa pasiva, es decir, el aviso de las
naves enemigas, sino que organizaba la vigilancia personal en los pun-
tos estratégicos de la costa de sus términos generales. Ante la noticia de
la llegada de naves turcas, la orden cursada por los jurados y del síndi-
co de la ciudad permite conocer el sistema de defensa vigilante:
“Per los avisos de les moltes fustes de moros e turchs que van per la costa
del present regne fent tot lo mal e dan que poden, provehexen e ordenen que
los lochs davall nomenats sien tenguts e guarden cascuna nit en la part que
davall vos sera assignada de la present platja en e per la forma seguent:
- loch del Puig Puçol, aigua dels Plans, ya en la partida de Rafelbunyol fins
a l·aigua del Moli, dos alabardons.
- Rafelbunyol e Maçamagrell fins a l·estany d·Albuixech , tres alabardons.
- Museros, dos alabardons e Macalfacar,
hun alabardo fins a l·estany d·Alabalat.
86
AMV, Manuals de Consells, A-73; Valencia, 30 de - Alboraya, Bonrepos, Almacera e les
mayo, 1544. Tavernes fins a l·aigua d·en Bonanat, tres
87
AMV, Manuals de Consells,A-71; 28 de junio, 1540. alabardons.
88
AMV, Manuals de Consells,A-69; 31 de mayo, 1538. - Benimaclet e del cami de Morvedre fins
Se produjeron ordenaciones semejantes el 6 de julio al Grau de la dita ciutat de Valencia”88.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
45
Además de los conductos oficiales, los jurados de la ciudad tenían un
sistema de información complementario. No de otro modo, los cónsules
y factores que la ciudad tenía desparramados por el Mediterráneo pasa-
ban las noticias de los movimientos de las flotas enemigas. El fragmen-
to de la carta de agradecimiento extendida a los cónsules de Mallorca,
indica la eficacia de una red de información que habían tejido las ciu-
dades hispánicas del Mediterráneo occidental paralela a los canales ofi-
ciales; pues se patentiza el compromiso de transmitir un canal trans-
versal, no jerárquico, de información sobre defensa, pasando a Mallorca
el aviso de la presencia de fustas enemigas cuando las hubiese:
“En lo dia de huy havem rebut letra de vostres magnificencies de dos de de-
hembre com semblant a altra que reberem axi de dit, a la qual en lo mateix
dia responguerem, y puix que aquesta que huy havem rebut es per a altre
effecte, mes de dar·nos avis de les fustes que en aqueixa ciutat y regne eren
arribades al que ya tenim respost y les diligencies que nosaltres havem fet
en avisar nostres circumvhins, sols aquesta sera per agraciar molt a vos-
tres magnificencies la solicitud y diligencia que han tengut de donar·nos
aquest avis, y en aço coneixem la voluntat y amor que haveu a aquesta pa-
tria. Nosaltres tostemps que semblants coses se offerran, tindrem la mate-
xa diligencia en avisarlos per lo benefici que en insurtix a aqueixa ciutat y
regne”89.
Y no sólo los cónsules de Mallorca. El aviso de que la armada de
Dragut, con cuarenta y cuatro bajeles entre los que se encontraban seis
“galeres grosses”, había saqueado en la ribera de Génova una “grossa
vila”, llegó de la señoría de Génova al virrey de Cataluña. Los emisa-
rios de esta ciudad no perdieron el tiempo y pasaron aviso el 30 de
marzo de 1550 a los jurados de Valencia. De ese modo, el 12 de abril
los regidores de la capital podían hacer extensiva la alarma a las villas
costeras del reino90. E incluso antes, en 1549, se había recibido un avi-
so semejante de las correrías de Dragut por Cataluña, pero en el aviso
que daban los de Barcelona pedí-
an que enviasen un correo especí-
de 1538, el 26, 27 y 30 de junio de 1539 y el 8 de julio fico a Alicante por encontrarse
de 1539 (AMV, Manuals de Consells, A-70). allí muchas naves:
89
A “los consols e deffenedors de la mercaderia de
la ciutat e regne de Mallorques” (AMV, Lletres missives, “Pregant·vos en continent despatxeu co-
g3-50;Valencia, 18 de diciembre, 1546). rreu aposta per Aliquant per avisar alli
90
AMV, Lletres missives, g3-50. molts vexells que creuen seran alli, axi per
91
Ibidem, Valencia, 13 de julio, 1549. aqui com per aci”91.
46 Casi todas las villas reales del reino con fachada marítima y aun al-
gunas del interior se sometieron a obras de remodelación de sus siste-
mas defensivos. Con respecto a la remodelación de los baluartes defen-
sivos el emperador había propuesto la renovación de las murallas de sus
plazas estratégicas. Como indica el profesor Francisco Pardo: “la fortifi-
cación ‘a la moderna’ concilió la república urbana con la autoridad mo-
nárquica y la defensa de la fe”92. Los avances científicos y técnicos del
Renacimiento habían tenido el correspondiente correlato en el ámbito
militar, por lo que la concepción de las fortificaciones hubo de adaptar-
se a las innovaciones técnicas fundamentadas, sobre todo, en el uso de
la artillería. En consecuencia, los esfuerzos de acondicionamiento se re-
alizaron, sobre todo, en tres plazas situadas estratégicamente para cu-
brir todo el litoral, Peñíscola en el extremo norte, Valencia en el centro
y Alicante en el sur. Aunque el poder territorial era quien dictaba las ór-
denes oportunas para que se remozasen las plazas, cuando éstas eran de
una gran envergadura, se elevaban las consultas pertinentes al gobierno
de la Monarquía antes de acometer las obras. Cuando se trataba de em-
presas de menor envergadura, el virrey autorizaba directamente las mis-
mas. En el control directo de estas tareas intervenían personas de la má-
xima confianza del virrey; a saber: el “portantveus” Vilarrasa, el maestre
racional Escrivà de Romaní o el capitán de la guardia personal del virrey
Pedro Castroverde. Los estamentos intervinieron autorizando présta-
mos y subvenciones para las obras de modernización. Estos trabajos te-
nían un elevado coste que era sufragado en su integridad por el propio
reino. Cuando la plaza tenía suficientes recursos, caso de Castellón, la
villa podía aportar directamente hasta el 75 por 100 del coste, aunque en
ese caso el virrey autorizaba la emisión de censales. Si la plaza era de re-
cursos insuficientes, caso de Peñíscola, eran las otras villas las que tení-
an que corresponsabilizarse del coste de las obras. También hubo oca-
siones en que la bailía general aportó capitales de sus fondos para estos
menesteres, como ocurrió con Morella o Alpuente. Solía ocurrir que pa-
sado el peligro las obras se abandonaban, siendo en el mejor de los ca-
sos, reiniciadas en el siguiente aviso de peligro. En ese sentido, las su-
cesivas llamadas de urgencia emi-
tidas por el virrey cuando el peli-
92
PARDO MOLERO, J. F.“Proyectos y obras de for- gro acuciaba, denotan que las vi-
tificación en la Valencia de Carlos V” en Estudis. Revista llas amenazadas no mantenían
de Historia Moderna (2000) nº 26, pp. 138-139. una estrategia defensiva constan-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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47
te. Aunque durante todo el período se sucedieron las tareas de acondi-
cionamiento de las defensas, fue sobre todo a raíz de la llamada imperi-
al de 1543 cuando se acometieron casi todas las obras militares de ma-
yor envergadura.
Sin embargo, los esfuerzos constructivos fueron insuficientes para
intimidar a los piratas, quienes efectuaron ataques constantes a la cos-
ta valenciana durante gran parte del reinado del emperador. El esquema
era muy similar en todos los ataques piráticos, generalmente efectuados
por Dragut y Barbarroja. Durante las estaciones de buen tiempo, aun-
que también en las temporadas de climatología adversa, embarcaciones
argelinas o turcas caían por sorpresa durante la noche o durante el día
sobre lugares costeros para saquear, tomar cautivos y recoger los mo-
riscos y retirarse rápidamente. Cuando los refuerzos de las poblaciones
vecinas o las organizadas por el poder territorial llegaban, los atacantes
solían haberse retirado. Aunque sobre el litoral valenciano siempre pen-
dió la amenaza de los turcos e, incluso de los franceses, fueron los pira-
tas berberiscos, fundamentalmente argelinos, quienes con mayor asi-
duidad acecharon las costas valencianas. A pesar de que el virrey o su
lugarteniente cursaban los pertinentes avisos de peligro, el emperador
no llegaba a dar soluciones perennes y definitivas al problema; se limi-
taba a reprender, “a posteriori” por el desastre a algún oficial de rango
inferior. El príncipe se limitaba poco más que a notificar avisos. Por otra
parte, en el reino los estamentos se mostraban remisos a costear la in-
tegridad de los gastos de las operaciones de castigo, lo que a su vez re-
troalimentaba la espiral de ineficacia e ineptitud.
Las acciones bélicas que se dieron por la frontera del mar, no siem-
pre tuvieron fueron favorables a los atacantes. Para incentivar a los ha-
bitantes de la costa para que a su vez se hicieran a la mar, las Cortes so-
licitaron mayores exenciones tributarias para aquellas presas que fue-
sen capturadas por la población. El hecho de que esta bonificación no
se consiguiese, no impidió que marinos valencianos practicasen a su vez
el corso contra los piratas. En el resumen de los encuentros reseñados
por Escolano, puede apreciarse la iniciativa de las gentes de la Vila
Joiosa capturando naves enemigas. Naturalmente, no fueron los únicos.
Los ataques de turcos y magrebíes a las costas valencianas provocaron
el fenómeno inverso, la formación del corso valenciano. Ya en 1525, y
aprovechando la presencia de la Armada imperial en Valencia, mosén
Jeroni Almunia, señor de Jaraco, Baltasar Vives, señor de Verger, Joan
48 Corts de Dénia y Genís de Ribes, de Calpe, se comprometieron ante los
jurados de la capital valenciana a armar tres fustas para la guarda de la
costa durante ocho meses. La escuadra corsaria se completó con la fus-
ta de Vicent Buxola. Juntos, o por separado, hicieron varias presas y los
beneficios fueron netos, puesto que la Corona les eximió del pago del
quinto real93.
Efectivamente, para contrarrestar los efectos que los moros y turcos
causaban con sus galeras en el reino, el virrey facultó a Genís de Ribes
a practicar el corso en toda regla, autorizándole a armar navíos:
“Portar, guiar e capitanejar certs vexells de armada que vajen descorrent per
la costa de dit regne per a comprimir e en son cas punir la audacia de algu-
nes fustes e fragates que per no trobar resistencia alguna fan los dans que es
notori per la temeritat dels novament convertits que de cada dia se·n passen
ab ells en Africa a renegar...”
La autorización de corso que el virrey otorgaba a Genís de Ribes es-
tipulaba que Genís se ofrecería a servir por todo el mes de septiembre
con un bergantín de doce bancos, una fragata de nueve y otra de siete
armándolos de acuerdo con la costumbre. Asimismo, se veía obligado a
sostener muy bien los navíos con gente de armas todo lo que quedaba
de julio y los meses de agosto y septiembre completos; y a no salir de la
costa del reino: desde “la illa de Sancta Pola fins al cap de Orpesa”, sal-
vo que estuviese seguro de que en los Alfaques hubiese alguna fragata y
debiera ir a tomarla. El pacto obligaba a pagarle 300 ducados, la mitad
inmediatamente, un cuarto en agosto y el otro en septiembre. En el hi-
potético caso de que el corso capturase a algunos moriscos “aixi de la te-
rra com tagarins, alarps enbarcats en fustes de moros ab barques furta-
des en la costa del regne de Valencia per pasar·se·n allende, que aquells,
sien homens com dones (…) sien quinze anys props de aquell”, podría
disponer de ellos a su voluntad, vendiéndolos como esclavos o rescatán-
dolos, entendiendo lo mismo de las demás joyas, oro, plata u otros mue-
bles que llevaran consigo; pero si los bienes que llevaren hubiesen sido
robados a pobladores del reino, se restituirían liberalmente a sus due-
ños. El virrey, por su parte, se comprometía a hacer las gestiones opor-
tunas para dejarlo exento del dere-
cho del quinto perteneciente a su
93
PARDO MOLERO, J. F. La defensa del imperio..., pp. Majestad de todo lo que tomase a
183-184. los moros enemigos durante el
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
49
tiempo indicado; asimismo el regente de la Cancillería y los doctores del
Real Consell no harían efectivos los salarios judiciales de “bona guerra”
de las presas que obtuviesen. Asimismo, el virrey se reservaba la facul-
tad de castigar corporalmente a los moriscos que los corsarios pudiesen
capturar94.
En 1541 un caballero valenciano se ofreció a armar tres fustas para
la guardia del reino que, a semejanza de las que en 1537 había regido
Genís de Ribes, guardando la costa valenciana, la Generalidad y la ciu-
dad de Valencia se comprometieron a auxliarle, aunque no consta que
esta tentativa tuviese realmente efecto95. En el contexto de las Cortes de
1547 el virrey facultó a Vicent Penyarroja a capitanear una empresa de
corso auxiliado por el ya veterano Genís de Ribes, quienes armaron un
par de fustas con el sistema de financiación acostumbrado. Sin embar-
go las promesas de exención fiscal sobre las capturas se esfumaron
cuando capturaron dos embarcaciones musulmanas con más de cien
corsarios: los funcionarios del Real Patrimonio quisieron cobrarles los
impuestos más las tasas96.
Aunque no se tratase exactamente de corsarismo, Damià Doménec,
de la vila de Penáguila, había capturado un cierto número de turcos y
los llevaba prisioneros a la Real Audiencia97. En 1543 el regente
Cabanyelles ordenaba al alguacil Francisco de Torrres recibir informa-
ción sobre tres moros piratas fugitivos de una fragata que se había cap-
turado, los cuales estaban prisioneros en el Puig98. En 1544 era “un mo-
ro de la mar” el que se hallaba pre-
so en la Pobleta e iba a ser trasla-
dado a Valencia para obtener de él
94
ARV, Real, 1418, ff. 239-240 vº;Valencia, 11 de ju- información99 y, en 1550, el corsa-
lio, 1537.
95
rio valenciano Juan Canete llegó
PARDO MOLERO, J. F. La defensa del imperio..., p.
336. hasta Argel, en donde intentó in-
96
Ibidem, pp. 386-392. cendiar la flota berberisca fondea-
97
El regente Cabanillas ordenó a Andreu de la da en el puerto, aunque hay que
Tanda que fuese con un notario a recibir información hacer notar que este asiduo caza-
del hecho. ARV, Real, 1319, ff. 100-101; Valencia, 20 de dor de las costas de Berbería tenía
octubre, 1540.
98
ARV, Real, 1320, f. 68-68 vº; Valencia, 5 de mayo,
su base en Mallorca100.
1543. Ahora bien, a pesar de esta rela-
99
Ibidem, f. 180;Valencia, 26 de agosto, 1544. ción de iniciativas navales valencia-
100
Braudel, F. El Mediterráneo y el mundo mediterrá- nas, lo que resulta evidente es que
neo en la época de Felipe II. Madrid, 1980, t. II, p. 296. las respuestas corsarias regnícolas
50 no tuvieran el mismo alcance y gravedad que las iniciativas turcas y ber-
beriscas sobre el litoral valenciano. Ciertamente esta disimetría de la acti-
vidad corsaria cabe explicarla desde una doble óptica: una de carácter es-
peculativo y, otra más pragmática, de índole económica. Quizá la proyec-
ción teórica más compleja sobre esta cuestión la aporte Ortega y Medina,
quien indica que la actividad corsaria precisa de libertad, pero esta liber-
tad no podía ser tolerada por la monarquía hispánica, que se sustentaba
en un triángulo conformado por el propio rey, la nobleza y la Iglesia. De
ahí que el corsarismo resultase incompatible con el sistema implantado
por los Austrias que, para sustentarse, precisaría de un monolitismo inte-
lectual sin fisuras que no podía consolidarse sin un férreo control sobre la
actividad marítima: el “monopolio absoluto ejercido por el Estado-Iglesia
estranguló todas las vías y posibilidades de desarrollo burgués. El poder
central hizo todo lo posible e imposible para anular mediante su control
la iniciativa particular (...) los gobiernos españoles de los siglos XVI y XVII
conspiraron contra toda adecuada, audaz y libre política naval”101.
Ahora bien, como ha podido observarse, el virrey autorizó y, estimu-
ló incluso, la acción corsaria valenciana. Y el gobierno de la Monarquía
no era ajeno en absoluto a las inciativas del lugarteniente general. El
corso valenciano, como ha podido mostrarse con anterioridad, existió y,
aunque no tuviese la misma envergadura que el musulmán, no puede
afirmarse, de ninguna manera, que el emperador e, incluso su hijo el
príncipe, impidieron la actividad pirática valenciana.
Más ajustada a la realidad de esta época se muestra la tesis de
Braudel, quien en relación con la escasa actividad pirática cristiana en
el Mediterráneo a lo largo del siglo XVI se interroga: “pero, ¿qué podía
capturarse a lo largo de estas costas [las del Magreb], hacia 1560? Unos
cuantos indígenas, una barca, tal vez un bergantín cargado de barakans,
es decir, de paño tosco de lana o mantequilla rancia” Y concluye tajan-
te, pero irrefutable: “a tan raquítico botín, corresponde una piratería no
menos raquítica”102.
***
101 Los ataques piráticos a las cos-
ORTEGA Y MEDINA, J. A. El conflicto anglo-espa-
ñol por el dominio oceánico (siglos XVI y XVII). Málaga, tas mediterráneas españolas no
1992, p. 147. pueden entenderse sin la relación
102
BRAUDEL, F. El Mediterráneo... t. II, pp. 295-296. con los moriscos. Y es que había
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
51
una realidad obvia: en las tierras valencianas los moriscos constituían el
34 por 100 de la población total. El dato lo aportó el profesor Reglá y esa
fuerza numérica llegó a constituir un peligro auténtico para la conser-
vación del reino. Los informes del regente Cabanillas, por citar a un per-
sonaje de la época, aluden al peligro, a la presión interna de los moris-
cos. Esta cuestión llevó al aludido profesor a acuñar unos párrafos ne-
tamente irrefutables:
“Disidentes en materia religiosa y, por tanto, en tipo de civilización, los mo-
riscos españoles constituyeron siempre la “quinta columna” en potencia -en
algunas ocasiones, incluso en acto- vinculada a cualquier eventualidad de
la lucha mediterránea entre los imperios hispánico y otomano”103.
Y si el principio general es válido en el ámbito hispánico, mucho más
lo es en el valenciano, dada la especificidad de la geografía valenciana
con su inmensa fachada marítima y su proximidad a la costa africana.
Fray Diego de Haedo narró con mucha exactitud la actividad y procedi-
mientos de los moriscos que se habían afincado en Argel. En su obra re-
lata cómo los tagarinos prosperaban en Argel y no dejaban de constituir
un peligro para España:
“Muchos y diveros oficios, porque todos saven alguna arte. Unos hacen ar-
cabuces, otros pólvora, otros salitre (...) y todos en general son los mayores
y el corsario valenciano Juan Canete fracasó en su intento de incendiar la
flota berberisca fondeada en el puerto de Argel, pero este asiduo cazador de
las costas de Berbería tenía su base en Mallorca. Más crueles enemigos que
los cristianos en Berbería tenemos, porque nunca jamás se hartan o se les
quita la hambre grande y sed que tienen entrañable de la sangre cristiana
(...); habrá de todos estos en Argel hasta 1.000 casas”104.
A mayor abundamiento, relata Haedo que los moriscos de Granada,
Valencia y Aragón eran los maestros constructores de las fragatas que
asolaban las costas del Levante español. Estos moriscos, con la ayuda de
los arráeces y turcos armaban sus
embarcaciones en Argel y salían
103
REGLA, Juan; Estudios sobre los [Link], para las costas españolas en las
1971, p. 139. que mantenían sus contactos:
104
“Topographia e historia general de Argel”,
Madrid, 1927-1929; citado por CAMAMIS, Georges; “Llegados que son en alguna parte, entie-
Estudios sobre el cautiverio en el Siglo de Oro, Madrid, rran el bergantín con todo el aparejo de-
1977, pp. 71-72. bajo de la arena, en una fosa y hoyo gran-
52 de; y entrando en la tierra en hábito cristianesco, y hablando muy bien es-
pañol, y siendo muy bien recogidos en lugares de otros moriscos, atajan fá-
cilmente los caminos, principalmente de noche, y maniatando todos los cris-
tianos que topan los traen a la marina y desenterrando el bergantín, se vuel-
ven con ellos, muy a placer a sus casas”105.
Las fecundas incursiones en las costas españolas les llevaba a prospe-
rar rápidamente y en poco tiempo los moriscos españoles ascendían a
arráeces. Pero, además de las crónicas y la evidencia de los informes ofi-
ciales mencionados106, hubo acusaciones probadas de esta connivencia.
Las ejecuciones de sentencias del “morro de vaques” o verdugo indican
cómo no fueron infrecuentes los ajusticiados “per portar letres a
Berberia”107. Los inquisidores, por su parte, se encargaron de encontrar
pruebas al efecto. Los interrogato-
rios de Fernando de Loazes a
105
Ibidem, pp. 72-73. Zacarías Alzamar, antes Alfaquí
106
Dicha connivencia se puso de manifiesto cuan- Mahomat, natural de la villa de
do hubo que aplicar las medidas decretadas por el em- Aspe, indican bien claramente el in-
perador para desarmar a los moriscos. El poder terri-
torial y los militares temían la conexión entre los mo-
tercambio de musulmanes, moros
riscos y los moros de “allende”.Vid. el apartado “La po- y moriscos, que había entre las dos
lémica en torno al desarme morisco”. riberas del Mediterráneo. Los nue-
107
El 6 de diciembre de 1541 fueron sometidos a vos convertidos viajaban a Argel,
dos tormentos cada uno y ejecutados en la horca, los regresaban y se volvían a instalar,
“tagarins” Francisco Torrelles y Hernando del Merta.
continuaban manteniendo sus con-
ARV, Real 1320..., ff. 9-11 vº. El 11 de mayo de mayo de
1542 el “morro de vaques” aplicaba al “moriscat” Joan tactos, intercambiaban correspon-
Çalenia cuatro tormentos, y el 13 de mayo lo colgaba de dencia y seguían los movimientos
la horca por “recaptador de moros de Barberia e co- de las armadas108.
bridor de moros de la terra” Ibidem, f. 52-54 . Aunque La transcripción, precisamente,
no se especifica si es morisco, el 11 de febrero de 1547 de una carta enviada desde Argel a
era Johan López quien recibía dos tormentos por llevar
cartas a Argel ARV, Real 1321... f. 222 vº-223 vº .
los moriscos de Elda, indicativa de
108
“La relacion que embiaron los inquisidores de cómo, desde la otra orilla, se hací-
Valencia del morisco que prendieron” AGS, Estado- an llamadas a la esperanza para
Francia, K-1700, f. 91;Valencia, 9 de octubre, 1541. que los moriscos se mantuviesen
109
“Copia de una carta scrita en arabigo en Alger por alerta. Esta motivación se mante-
Azmet Verveluz a sus hermanos de la villa de Elda fecha
nía despierta con el aviso del pró-
el ultimo de agosto del presente anno de quarenta uno,
en la qual les scrive ciertos havisos” AGS, Estado-Francia, ximo desembarco en la costa va-
K-1700, p. 52 en MONTESINOS, J. y MARTÍ, J. Textos d’- lenciana y para ello se daban ins-
història valenciana. Alfons el Magnà[Link]ència, 2000, p. trucciones concretas con la actitud
193 y ss. a seguir por los moriscos109.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
53
1.3. EL PROBLEMA DE LA FLOTA DE GALERAS
Como indica John Lynch, la debilidad del imperio de Carlos V que-
daba de manifiesto en el mar: “Se trataba ante todo de un problema de
población. Al lado de los recursos humanos del Turco y de los piratas de
Argel, Carlos se encontraba tristemente falto de marinos preparados pa-
ra manejar las galeras de la flota del Mediterráneo. A falta de suficien-
tes remeros, la Armada española tuvo que abastecerse sobre todo de
presidiarios y prisioneros de guerra, y aún así no podía hacer frente a
las tareas encomendadas”110.
Teniendo en cuenta la fachada marítima valenciana y su exposición
permanente a los ataques piráticos, en este apartado se realiza una apro-
ximación a la función que las galeras de España desempeñaron en re-
lación con el reino de Valencia. Para ello se indican los aportes de for-
zados que desde el país valenciano se hacía a las naves de su Majestad.
Cabe discernir si verdaderamente estas galeras navegaron durante todo
el tiempo que la necesidad lo requería y con la intensidad que los pro-
pios capitanes reclamaban y la relación que el poder territorial mantu-
vo con los capitanes de las galeras.
A la falta de galeotes había que sumar, como puede intuirse, la falta
de navíos. Cada vez que las necesidades del imperio lo exigían el poder
central decretaba el embargo de naves. Esta decisión obedecerá princi-
palmente a dos motivos, el acondicionamiento directo de las naves para
la acción bélica o al transporte de tropas. Llegado el momento, los al-
guaciles partirán para hacer efectivo el retén de las naves, lo cual impli-
caba el cobro de una fianza a los patrones extranjeros. Cuando alguno
de ellos zarpe sin permiso se solicitará un escarmiento ejemplarizante,
pero como podrá observarse, solía ocurrir que después de ordenada la
prevención de los navíos, ésta se levantaba porque ya no eran requeri-
dos para tal menester.
***
De entre los múltiples proble-
mas que tenían las galeras de
España, el reino de Valencia inten-
110
LYNCH, J. España bajo los Austrias/1..., pp. 103- tó contribuir, principalmente, a la
104. solución de dos de ellos. Por una
54 parte, desde el país valenciano fueron constantes los aportes de forzados
castigados a servir a las galeras de su Majestad. Había ocasiones, sin em-
bargo, en que transcurrido el plazo legal de condena los galeotes conti-
nuaban sirviendo en las galeras por problemas burocráticos. Otro pro-
blema que se le planteaba al emperador era el de las comunicaciones.
Dada la situación central que la costa valenciana ocupa en el arco me-
diterráneo español, el lugarteniente general del reino de Valencia ejercía
funciones de enlace entre los capitanes de las galeras y el gobierno de la
Monarquía, tarea en la que era auxiliado por los otros personajes desta-
cados por el emperador en el territorio valenciano como era el caso de
los visitadores reales. Los mensajes eran transmitidos en ambos senti-
dos.
Como se ha apuntado, los aportes humanos que desde el reino de
Valencia se hicieron a las galeras no fueron escasos. Los presos enviados
a galeras eran condenados normalmente por la Real Audiencia, pero
también los hubo castigados por el tribual de la Inquisición. Cuando en
1539, veinticuatro condenados eran trasladados a servir a su Majestad
en las galeras al puerto de
Cartagena, seis habían sido casti-
111
El 4 de enero de 1539, según la orden de pago gados por la Real Audiencia, pero
en ARV, Real, 1318, f. 140-140 vº;Valencia, 22 de abril. dieciocho habían sido condenados
112
ARV, Real, 1320, f. 154 vº-155. por la Inquisición, acusados de he-
113
El 16 de septiembre el regente Cabanyelles en- rejía111; en 1544 eran veintiséis los
tregaba a don Bernardino de Mendoza a Joan Benedito
por tiempo de dos años (ARV, Real, 1319, f. 168); el 22
hombres trasladados a dicho puer-
de septiembre de 1541 entregaba a Joan de Leva, pas- to112. Además de estas entregas ma-
tor y Domingo Vaziero, pescador, por tres años sivas, durante todo el período fue-
(Ibidem); el 6 de octubre de dicho año el regente en- ron numerosos los presos entrega-
tregaba a Pedro Cerda por tres años y a Francisco dos a servir a galeras113. Estas en-
Barranco por diez años Ibidem f. 169 ; el 19 de abril de
tregas no estaban exentas de inci-
1543 el regente entregaba a Pere Torrelles y Manuel
Enrriques por dos años, a Hieronym Alacreu por tres dencias. El vergueta Francisco de
(Ibidem f. 65-65 vº); Pere Scriva, fue entregado a servir Jaén hubo de acudir en socorro del
en las galeras a perpetuidad (Ibidem, f. 65 vº-66); Joan alguacil Adzuara, cuando llevaba a
Busimundi había sido hecho prisionero en la Vall de Cartagena veinticuatro galeotes
Alfandech y trasladado a la prisión de Valencia, allí con- para darles de comer y guardarlos,
fesó que servía en las galeras y había huido, por lo que
fue entregado de nuevo (Ibidem f. 66); el 22 de octu-
pues la galera “La Capitana” de
bre de 1545 el regente entregaba a Matheu Boy, ma- don Alvaro de Bazan literalmente
llorquín y a Pedro, antes Alí, cristiano nuevo de Fez, a había desplegado sus velas y se ha-
servir perpetuamente en las galeras (Ibidem ff. 288 vº- bía fugado:
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“havent·se seguit que al temps que alla arriba lo dit alguatzir que fon a 11 de 55
janer, troba que la galera capitana bastarda de don Alvaro de Bacan era al-
çada e havia fugit en Africa e no hi hague altres galeres (...) e aixi hague de
consultar a nos. E, entretan que nos donarem rao del que passava a sa
Magestat li convingue residici en dita ciutat e guarda dels homens”114.
Otro tipo de incidencias era el que se producía cuando alguna galera
naufragaba. Entonces los forzados aprovechaban para fugarse y la guar-
dia había de recorrer la costa en su busca: a finales de 1536, cinco gale-
ras de don Alvaro de Bazán naufragaron a la altura de Vinaroz; la que
mandaba el capitán dio a tierra en Oropesa y los galeotes y esclavos de
dos ellas aprovecharon para huir. Aunque el gobernador de la Plana ha-
bía capturado a algunos de ellos, aún quedaban más, por lo que el virrey
comisionó al alguacil Lluís Çaydia, para que acudiese a Sagunto u otros
lugares de la “volta de Aragó” para prender a los forzados y esclavos, así
como a cualesquier marineros “y tenguts a galeres que·s pogues dubtar
si son de dites galeres”115. Es evi-
dente que el sueño de todo género
de cautivos, incluidos los galeotes
289); el 28 de noviembre de 1545, el duque certificaba
es la libertad, de ahí que aprove-
la entrega al príncipe Andrea Doria del nombrado
Matheu Boy, de Miguel Mesa, antes Helado, por tres chasen cualquier ocasión para
años y de Pedro, esclavo de don Jeroni de Cabanyelles buscarla. El ansia de libertad que
a servir a perpetuidad (Ibidem f. 301 v º); el 19 de mar- lógicamente sentían los remeros
zo de 1546 el virrey entregaba a Zuillum de Ariaga a forzados se veía incentivada, ade-
servidumbre de su Majestad en trirremes por tiempo más, por la tardanza en conseguir
de cuatro años (ARV, Real, 1321, ff. 58 vº-59); el 11 de
octubre de 1547 el regente entregaba a don
la libertad más allá del fin teórico
Bernardino de Mendoza a Gaspar, morisco de Bicorp, del cautiverio, pues solía suceder
condenado a servir en galeras por diez años (Ibidem, que transcurrido el tiempo previs-
f. 212 vº); el 9 de julio de 1549 el virrey entregaba a to de condena, los galeotes no eran
don Bernardino a Johan Richat, mallorquín, condenado puestos inmediatamente en liber-
a servir en galeras por tres años, a Joan Bordonada por
tad, pues ésta se demoraba perdi-
seis años y a Joan Bernabeu, antes Brotons, por cuatro
años (Ibidem, f. 39-39 vº). da por los laberintos de la buro-
ARV, Real, 1318, ff. 119-120;Valencia, 28 de ene- cracia .
114
116
ro, 1539. El virrey, efectivamente, dio aviso al empera- La Armada real que había co-
dor de la defección. AGS, Estado-Aragón, 275 f. 52; menzado su andadura en 1523 es-
Valencia, 15 de enero, 1539. taba al cuidado del marino vizcaí-
115
ARV, Real, 1317, ff. 103 vº-104;Valencia, 25 de di-
ciembre, 1536.
no Rodrigo de Portuondo y, en
116
ARV, Real, 1322, ff. 69 vº-70;Valencia, 8 de octu- 1527 el rey encargó a Álvaro de
bre, 1549. Bazán la tarea de unificar la de-
56 fensa de la costa mediteránea española al mando de, lo que con el tiem-
po se denominaría las “Galeras de España”117. Bazán sería sustituido en
1537 por Bernardino de Mendoza118, mientras que las galeras italianas
estaban a las órdenes del príncipe Andrea Doria119, por lo que don
Bernardino era quien con mayor asiduidad recorría las costas del
Mediterráneo occidental, aunque, obviamente, no estaba destacado pe-
rennemente sobre el litoral valenciano.
Consciente de la escasez de recursos propios, Bernardino de
Mendoza propuso aumentar los recursos de la flota, pues ésta se veía
impotente para vigilar todas las costas que en el Mediterráneo occiden-
tal tenía asignadas. Asimismo, apercibió al poder central de las “mu-
danzas nuevas de guerra”, pues si tradicionalmente se habían aprove-
chado las estaciones de bonanza, ahora se hacían incursiones incluso en
invierno, y la costa se hallaba totalmente desprotegida. No obstante la
eficacia de esta flota, y la constatación de sus capturas y de su eficacia
disuasoria cuando estaba presente, la talasocracia correspondió a los
marinos del otro lado, pues fueron los que con mayor intensidad man-
tuvieron su presencia en las costas del Levante español.
Don Bernardino apercibía a la Administración central de las necesi-
dades de la Marina española en el
Mediterráneo occidental y de los
117
PARDO MOLERO, J. F. La defensa del imperio... p. movimientos de la flota enemi-
211. ga120. La Administración, de acuer-
118
Ibidem, p. 331.
119
GONZÁLEZ PALENCIA, Ángel, La España del
do con los informes recibidos le
Siglo de Oro, Madrid, 1940, p. 18. daba las instrucciones concretas121.
120
“En otras letras de seis de noviembre di aviso El duque de Calabria ejercía en no
de la venida de Haçençija a Constnantina, el qual par- pocas ocasiones de puente entre el
tio della a cuatro de noviembre con mil y seteçientos poder central y don Bernardino.
turcos y moros del rreino de Granada y Valençia y
La situación en la que se hallaba,
otros muchos moros”. AGS, Estado-Costas de África y
Levante, 464; La Goleta de Túnez, 12 de noviembre, tanto físicamente como en la jerar-
1536; rubricada. quía del imperio, era inmejorable
121
Instrucciones a don Bernardino de Mendoza. para cumplir con dicha función.
AGS, Estado-Armadas y galeras, 443; Madrid, 15 de abril, El licenciado Pedro de la Gasca
1540 y 16 de julio, 1540.A esta última pertenece el si- también se ocupaba de pasar las
guiente encabezamiento: “Vuestra cartas de XXIX de
mayo, XII, XXVIIII de junio havemos visto y agradesçe-
instrucciones que recibía del go-
mos os y tenemos en servicio el cuydado que terneis bierno de la Monarquía a don
de avisarnos siempre de lo que se os offresçe y donde Bernardino. En septiembre de
os hallais, hazello eys siempre assi”. 1545 había que hacer llegar un co-
EL IMPERIO DE CARLOS V
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57
municado del príncipe al capitán general de las galeras de España; el vi-
rrey explicaba al príncipe sus gestiones en ese sentido:
“El pliego que tenia de vuestra Alteza para don Bernardino de Mendoça con
hotra carta que para el tenia de Cartagena con aviso de çiertas galeras y fus-
tas con que el hijo de Barbarroja vino y le aguardava le he imbiado en este
dia con hun bergantin aposta para que se lo diesse donde quiera que lo to-
passe. Y no topandole que fuesse a Mallorca y diesse el pliego al visorrey don
Felipe de Çerbellon para que el lo encamine como cosa que mucho importa
al serviçio de su Magestad, de manera que tengo por muy çierto que terna to-
do buen recaudo”122.
A su vez, el visitador Pedro de la Gasca escribía al príncipe sobre el
envío del mensaje a don Bernardino:
“Antes de ayer, ya tarde, recibi esta carta del bayle de Alicante y otra del al-
cayde de Cartagena para don Bernardino ( ... ). Y luego lo fui a comunicar
con el señor duque y paresçiole que devia armar y embiar una fragata con la
carta del alcayde y otras que de su Alteza su Excelencia tenia para don
Bernardino. Y ansi, a toda la priessa que pude, procure que se armasse de
doze remeros muy buenos y un marinero y se partio ayer a buscar a don
Bernardino y darle la carta...”123.
Aunque desde el gobierno central se le daba orden para que hiciese
la derrota de Cataluña y Valencia, sus propuestas de aumentar la capa-
cidad de la flota fueron postergadas. Tradicionalmente las flotas actua-
ban durante las estaciones de buen tiempo, pero don Bernardino adver-
tía de “las mudanzas de la manera de guerra, reposando el verano y an-
dando el invierno”. Desde Madrid se le mandaba que se aprestase para
aparejarse también durante el invierno, aunque para ello había que es-
perar a los movimientos de la armada enemiga124.
Además de las galeras de España al mando de don Bernardino, hací-
an guardia ocasionalmente por las costas del Levante español las gale-
ras de Juanetín Doria, sobrino del príncipe Andrea, o a las de don Alvaro
de Bazán. Muestra de la efectivi-
dad de estas armadas son las órde-
122
AGS, Estado, 297, ff. 146;Valencia, 3 de septiem- nes de captura que desde el poder
bre, 1545. territorial se extendían a los diver-
123
Ibidem, f. 257;Valencia, 3 de septiembre, 1545. sos oficiales para que capturasen a
124
Ibidem, Madrid, 30 de julio, 1540. los náufragos de las fustas enemi-
58 gas que habían llegado a tierra. En tales casos los turcos eran entrega-
dos al capitan general de las galeras de España y los moriscos a las cár-
celes de la ciudad125. Juanetín Doria también hizo dar con sus galeras “al
traves en terra ciertas fustes de turchs e moros cossaris”, los cuales ha-
bían huido y andaban escondidos por Xalo, Parcent, y otros lugares de
la gobernación de Xàtiva, lo que obligó al virrey a ocuparse de ellos126.
El reino siempre había aspirado a tener su propia flota de galeras, y
no estar al socaire de las eventuales protecciones de las galeras de
España que cubrían una zona demasiado amplia como para poder pres-
tar el auxilio concreto que precisaba la costa valenciana. Sin embargo,
los intentos de mantener una flota perenne en las costas mediterráneas
españolas no fructificaron, por lo que éstas siempre se hallaron a re-
molque de la iniciativa de las flotas y piratas enemigos. Por otra parte el
gobierno central alentó la posibilidad de formar una armada propia va-
lenciana, pero el proyecto nacía muerto desde el momento en que no te-
nía el respaldo financiero adecuado. De hecho, proyectos hubo, alenta-
dos desde el gobierno central, para que Valencia contase con la protec-
ción de sus propias galeras: “En lo del hazer las galeras desse reyno,
acordad y haced instancia para ver la forma que se podia dar en la exe-
qucion”127. Naturalmente, esta propuesta del príncipe no incluía la fi-
nanciación de la futura flota autónoma, por lo que, dadas las dificulta-
des financieras de la ciudad y del
reino, la posibilidad de una protec-
125
ción propia era inviable sin el
De la orden de captura de turcos y renegados
extendida a Miquel Fenollar (ARV, Real, 1321, ff. 71 vº- aporte financiero del rey128.
72; Valencia, 25 de agosto, 1546); a Joan Martínez de Es por ello que, cuando las ne-
Vera, caballero, baile de la ciudad de Alicante (Ibidem, cesidades imperiales lo requerían,
f. 73-73 vº;Valencia, 31 de agosto, 1546) y a Joan Vaca, el virrey ordenaba el embargo ge-
gobermador de la villa y marquesado de Elche, para neral de embarcaciones, las cuales
que entregase el turco que tenían prisionero (ARV,
debían engrosar la flota imperial.
Real, 1423, f. 90-90 vº).
126
ARV, Real, 1321, ff. 52 vº-53;Valencia, 4 de junio, Entonces, la actividad habitual
1546. quedaba interrumpido hasta que
127
Al regente de Valencia, 28 de julio, 1548; AGS, las sucesivas disposiciones del vi-
Estado-Aragón, 303, f. 153. rrey permitían el retorno a la nor-
128
Sobre la frustración de una flota de galeras que
malidad. Llegada la ocasión el lu-
custodiase la costa valenciana, vid. el artículo de PAR-
DO MOLERO, J. F.“Per terra e no per mar. La actividad garteniente general mandaba ha-
de naval en la defensa del reino de Valencia en tiempos cer inventario de todas las embar-
de Carlos V” en Estudis... 21 (1995). caciones que se hallaban en los
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59
puertos de la costa del reino de Valencia, incluidas las que tan sólo se
encontraban de paso en el reino. Posteriormente remitía al emperador
la relación de navíos y solicitaba información del puerto de destino las
naves para que los mercaderes entregasen las fianzas correspondien-
tes129. Con todo, la vigilancia no resultaba extrema. Un gascón alzó las
velas de su galeón fondeado en el puerto de Alicante y ante el peligro de
que el ejemplo cundiese entre las otras embarcaciones, el virrey se diri-
gió al poder central para que el atrevimiento fuese castigado130.
En una ocasión, el emperador había deliberado hacer una “grossa
armada (...) contra el turch nostre enemic principal, infectant continua-
ment la cristiandat, e senyaladament estos regnes”, pero se encontraba
con el inconveniente de no tener un número suficiente de galeras como
para oponerse al enemigo. El duque de Calabria ordenó que se embar-
gasen y detuviesen todas las naves que reuniesen las condiciones ade-
cuadas:
“les charavales y escorpins que es poran haver levant totes les veles, do-
nant·nos avis de quina tinguda son, perque conve que sien de setanta fins a
cent tonells (...) e si stan en orde, e que els falta, e si sera necessari provehir
per a que estiguen en orde. E axi mateix, quina artilleria poran portar. E
quants diners seran mester per a totes les dites coses”.
Inclusive había que tener en cuenta otras embarcaciones que, aunque
no aptas para navegar en primera línea, servían de apoyo logístico a las
galeras. De este modo podía navegar un buen número de “caraveles,
azabres, pataches y sorchapins bien armados”, embarcaciones que se te-
nían como muy apropiadas para reforzar la acción de las galeras131. Las
naves tenían que sufrir forzosas
adaptaciones técnicas para servir
129
a la marinería de guerra. En este
AGS, Guerra Antigua, 11, f. 199; Valencia, 5 de fe-
brero, 1538.
punto los patrones, expertos y
130
El duque de Calabria a “Magnifico señor”. Ibidem, prácticos, criticaron abiertamente
f. 219;Valencia a 19 de febrero, 1538. la cédula del emperador, pues con-
131
Según comunicación al “surrogat de governador sideraban que eran técnicamente
de la ciutat de Alacant e balle e altres officials de aque- inviables. Todas las embarcacio-
lla; governador de Denia, balle de Cullera e altres of-
nes que arribasen a puertos del
ficials de les viles, lochs maritims de la costa de
Ponent” ARV, Real, 1319, ff. 19 vº-20; Valencia, 14 de reino de Valencia con las caracte-
enero, 1540. rísticas técnicas requeridas debían
132
De la “Memoria de lo que se ha echo hasta el ser embargadas132. Las naves que
60 se precisaban, o gran número de ellas, se hallaban dispuestas en las pla-
yas de Valencia. Muchas provenían de Cataluña y se habían reunido las
que tenían una capacidad de 70 a 100 toneladas; pero la demora de los
preparativos imperiales terminó haciendo innecesaria la presencia in-
mediata de las naves valencianas en la Armada. Dado que los bajeles, en
principio, no iban a ser necesarias hasta pasado el mes de marzo, el vi-
rrey ponderó los daños que la demora podría ocasionar a los señores de
los navíos, así como la consecuente sangría para las arcas reales (que ha-
brían de satisfacer el costo de tantas embarcaciones varadas) y obró en
consecuencia. Dio instrucciones para que cuando los propietarios en-
tregasen fianzas suficientes que garantizasen el regreso de las naves a
las playas de la ciudad de Valencia durante el mes de marzo siguiente,
los dejasen zarpar libremente133.
La licencia de las embarcaciones no iba a ser provisional, sino defi-
nitiva. Pronto en los planes del emperador dejaron de ser precisos los re-
fuerzos valencianos, y el virrey dio orden de desmovilizar totalmente la
“flota” valenciana hasta recibir nuevas instrucciones del monarca:
“Per certs e bons respectes havem manat licenciar qualsevol navilis que es-
tos dies per manament de sa Magestat son stats detenguts, e per ço se mana
que sien cancellades qualsevol obligacions que, per dita rao sien stades fetes.
E que no sien detinguts navilis alguns com la intencio de sa Magestat sia per
ara no servirse de aquells”134.
Otra circunstancia en que el césar precisó del refuerzo naval valen-
ciano se dio en los comienzos de 1543. Su Majestad volvía a precisar
muchos navíos y le comunicó al virrey la necesidad de embargar cua-
lesquier “naus” y “navilis” que se
encontrasen por la costa valencia-
primero de hebrero en el detenimiento de los navios na. En esta ocasión, a diferencia
de Valencia” AGS, Estado-Aragón, 279, f. [Link]. doc., de lo ocurrido en 1541, el embargo
5. llegó a tener efecto. El virrey orde-
133
Instrucciones dadas a los “amats e feels nostres” nó a los alguaciles que se despla-
ARV, Real, 1319, f. 30;Valencia, 4 de febrero, 1540. zasen por la costa y embargasen
134
Al “surrogat de governador, balle (...) de Alacant;
balle, justicia (...) Peniscola i governador, justicia (...)
todos los navíos que encontrasen,
Denia” ARV, Ibidem, f. 39 vº; Valencia, 27 de febrero, levando velas y timones para que
1540. los mandatos el emperador fuesen
135
El alguacil Francisco de Torres recibió orden de cumplidos135. Asimismo, debían
partir hacia Denia para embargar todas las naves y na- percibir la “treta dels moços”, tra-
víos que encontrase en el puerto, así como de impo- yendo todos los muchachos que
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61
encontrasen en Cullera, Sueca y otros lugares como Riola para el servi-
cio del rey136. Llegado el 30 de marzo, el virrey puso de nuevo en marcha
a los alguaciles con instrucciones para ir a Alicante, Dénia y demás par-
tes marítimas del reino, donde debían ordenar a los patrones y oficiales
de las naves que se pusiesen en camino con toda diligencia hacia
Barcelona137. Allí debían presentarse ante Francisco Duarte, provisor de
la Armada en dicha ciudad138.
Las naves no sólo se requisaban para servir directamente en el com-
bate, pues también eran requeridas para servicios logísticos como el
desplazamiento de las tropas. A este respecto, en 1544 el príncipe preci-
só de la colaboración del virrey de Valencia para el traslado de tropas.
Se trataba de enviar a los soldados alemanes que habían servido en la
frontera de Cataluña a Italia, pues
ya no hacían falta en el principa-
ner grandes penas para que no zarpasen sin licencia de do. Para el caso de que no se ha-
su Majestad. El alguacil debía enviar rápidamente la re- llaren los navíos necesarios en
lación de embarcaciones que podría llevar para el ser- Cataluña, el duque de Calabria de-
vicio real. ARV, Real, 1320, ff. 40 vº-41; Valencia, 6 de bía proveer que se enviasen con
marzo, 1543 . Según las dietas que el virrey ordenó que
toda la rapidez posible los bajeles
se le pagasen al alguacil Luis Çaydia, éste partió de
Valencia junto con Miguel Angel Buergal, notario; que se encontrasen en las costas
Francisco de Jaén y Antoni del Vem, “verguetas”, por valencianas y que fuesen aptos pa-
desplazarse hasta Alicante en donde embargaron todas ra ese menester. Debían zarpar ha-
las naves que encontraron. Salieron el 7 de marzo y cia Rosas, en donde ya se tenía
volvieron el 16 del mismo mes ARV, Ibidem f. 49-49 vº; disponible el dinero necesario pa-
Valencia, 20 de marzo, 1543 .
136 ra sufragar la operación139.
Ibidem, f. 40-40 vº;Valencia, 5 de marzo, 1543.
137
Ibidem, f. 55-55 vº;Valencia, 30 de marzo, 1543. Los navegantes se hallaban so-
138
Según consta en las instrucciones dadas a don metidos, además de a los avatares
Alonso de Mendoça, gobernador del marquesado de propios de las contiendas bélicas
Denia, y otros oficiales para el patrón de la naveta generales, a las necesidades pun-
“Nostra Senyora de Monserrat”, quien debía presen-
tuales del emperador. El virrey, en
tarse, como los demás, ante el citado provisor. Ibidem,
ff. 51 vº-52;Valencia, 29 de marzo, 1543. esos momentos, debía intervenir
139
AGS, Estado-Aragón, 291, f. 60; Valladolid, 18 de las naves, generalmente de foráne-
octubre, 1544. os del reino. En esos casos, auto-
140
Caso de la nave “Santeluz”, capitaneada por Joan rizaba la partida de las naves pre-
Martí, de Vilafranca de Niza, que pudo zarpar tras el vio pago de la fianza para termi-
pago de las correspondientes fianzas. La embarcación
nar su camino previsto y, después,
pudo partir para descargar la sal en la gabela de Niza;
aunque, una vez allí, debía dirigirse al príncipe Doria y presentarse a las órdenes de los
ponerse a sus órdenes. ARV, Real, 749, f. 104-104 vº; oficiales reales140.
62 En la primavera de 1546 se efectuaban los preparativos para llevar
dos mil infantes a Lombardía. El Consejo de Guerra del dos de mayo
aprobaba el plan para la formación de compañías y el traslado de los
hombres. Se crearon siete capitanes que mandarían sendas compañías.
Cinco de ellas se formarían en Aragón y Valencia, las otras dos en
Castilla, en el marquesado de Villena y en el reino de Murcia. Cada pun-
to costero de la geografía hispana contribuía en algún aspecto a los pre-
parativos de la expedición. Málaga aportaría las picas, Barcelona los ar-
cabuces, Cartagena, Rosas y Tortosa las provisiones. Málaga, Cataluña o
Valencia, entregarían los otros suministros, donde más barato saliese y
de donde mejor le viniese a don Bernardino de Mendoza141. El príncipe
comunicó al emperador los acuerdos tomados y la disposición de los
preparativos. Don Bernardino de Mendoza debía indicar el punto de la
costa del reino de Valencia en que mejor se podía efectuar el embarque,
o si bien era mejor Tortosa. Los virreyes de Aragón y Valencia recibieron
los correspondientes comunicados
para que diesen las máximas faci-
Valencia, 23 de febrero, 1538. En trance semejante se
lidades y la operación se resolviese
encontró la nave “Sanct Joan” que había sido detenida
por órdenes del virrey. Dicha embarcación pertenecía con la máxima rapidez142. Sin em-
al patrón gallego Fernando de Xaxo, y se hallaba en el bargo, don Bernardino decidió
puerto de Alicante cuando recibió la orden de reten- que la embarcación de las cinco
ció[Link] el pago de una fianza de 1000 ducados el vi- compañías que se formaban en
rrey otorgó licencia para que continuase su ruta para Aragón y Valencia se produjese en
recoger carga en Cálig, y, posteriormente, presentarse
a los oficiales reales (Ibidem, ff. 114 vº-115;Valencia, 7
Tortosa, y las dos del marquesado
de marzo, 1538). de Villena y Murcia, en Cartagena.
141
“Lo que se resolvio en el Consejo de la Guerra, Ocurrió en no pocas ocasiones
martes XI de mayo, 1546, en Madrid, sobre los dos mil que, o bien el césar, o bien su hijo
infantes que se embarcaron a Italia” AGS, Estado- el príncipe, ordenaban el traslado
Castilla, 73, f. 126.
142
de armamento, municiones, apro-
AGS, Estado, leg. 73, ff. 127 a 131; Madrid, 18 de
mayo, 1546 en FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. Corpus..., visionamiento y material diverso;
vol. II, pp. 470-471. pero ello ocasionaba no pocos pro-
143
Caso del bizcocho para la Armada. AGS, Guerra blemas con la legalidad foral y los
Antigua, 12, f. [Link], Ibidem, 16, f. 198,Valencia, 14 derechos esgrimidos por los gre-
de enero, 1539. El bizcocho constituía la base de la ali- mios y otras entidades que se con-
mentación de la tripulación de las galeras que surcaban
el Mediterráneo: “Daban a cada uno veintiséis onzas
sideraban perjudicadas en sus de-
de bizcocho, pero si estábamos en donde no lo podí- rechos al transitar por el territorio
an tomar, que era tierra de enemigos, veinte onzas y valenciano mercancías que ellos
una almueza de mazamorra. Para el bizcoco toman la mismos elaboraban143. Y no sólo se
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
63
transportaban tropas: por el reino de Valencia transitaba material béli-
co de paso hacia las fronteras calientes de la geografía hispana. En esos
casos el gobierno central avisaba al territorial para que no se cobrasen
los derechos habituales144. Sin embargo, cuando el duque de Calabria so-
licitó que parte de la artillería que estaba depositada en Alicante se que-
dase en el territorio valenciano, el príncipe respondió que se trasladaba,
pero a Perpiñán y Barcelona. El regente Cabanyelles respondió grave-
mente a su Alteza, pues tal decisión había hecho sentir en Valencia “el
trago de la muerte”, ya que en Perpiñán sobraba mucha artillería y en
Barcelona faltaba poca. Para el regente de la lugartenencia el problema
estaba en los veinticinco mil moriscos que habitaban en el reino, por lo
que la ciudad debía estar muy bien fortificada. Como también faltaba el
favor del príncipe, el viejo don Jerónimo lo veía “todo perdido”145. La pa-
tética misiva del regente no mudó la determinición tomada por el go-
bierno central. Pero las protestas no menguaron por ello. Los de
Alicante hiceron patente su descontento porque consideraban que en
Barcelona estaban más fortificados que ellos. El virrey, asumió real-
mente los intereses alicantinos; escribió sobre ello al comendador
Francisco de los Cobos para que les escuchase, pues se hallaban des-
consolados porque el esfuerzo realizado en fortificar la ciudad podía re-
sultar estéril si la ciudad quedaba desprovista de su artillería146.
1.4. LA BATALLA DE ARGEL
Y LA FINANCIACIÓN
harina sin cerner y hácenla pan; después aquello há-
cenlo cuartos y recuécenlo hasta que está duro como DEL ESFUERZO BÉLICO
piedra y métenlo en la galera; las migajas que se des-
moronan de aquello y los suelos donde estuvo es ma- La conquista que el emperador
zamorra, y muchas veces hay tanta necesidad, que dan realizó del territorio de Túnez rea-
sólo esta (…) ¿Pensáis que son mejores las de los cris- vivó los deseos, no sólo de los va-
tianos? Pues no son sino [Link], C. Viaje a
lencianos, sino de todos los habi-
Turquía. Edición y prólogo de Antonio G. Solalinde. Madrid,
1965, p. 39. tantes del Levante español de ac-
144
Cuando habían de llevar de Cartagena a tuar sobre Argel, verdadero centro
Barcelona por vía terrestre doscientos cincuenta ba- de actuaciones corsarias y piráti-
rriles de pólvora para la defensa de aquella ciudad. cas. Prescindiendo del análisis es-
AGS, Estado-Aragón, 291, f. 91;Valladolid, mayo, 1544.
145
tratégico y militar se incide en la
AGS, Estado-Aragón, 287, f. 190;Valencia, 25 de ju-
lio, 1543. colaboración prestada a la Armada
146
AGS, Estado-Aragón, 293 f. 67;Valencia 10 de ene- o los aprovisionamientos efectua-
ro, 1544. dos al ejército y, obviamente, la in-
64 cursión argelina se aborda desde el ángulo valenciano. De hecho, para
la empresa de Argel la ciudad y el reino de Valencia brindaron su total
apoyo. El virrey y la ciudad concertarán los servicios de sendos bergan-
tines (dos y uno respectivamente) que deberán conectar constantemen-
te la galera imperial con tierra. De este modo el puerto de Valencia que-
dará convertido en el punto de enlace entre el césar y la península. Con
todo, estas embarcaciones se revelarán ineficaces debido a los fuertes
temporales que predominarán durante toda la campaña. El inicio de las
operaciones sorprenderá a Cabanillas al frente de la regencia de la lu-
gartenencia, aunque al saber que se han desatado las hostilidades el vi-
rrey dejará su estancia de recreo y asumirá sus funciones de capitán ge-
neral. Los nobles valencianos participarán directamente, pero el lide-
razgo del duque de Gandía sufrirá un duro golpe cuando una enferme-
dad le obligue a abandonar su embarcación. El desastre final supondrá
un cúmulo de problemas para el reino, principalmente para la ciudad de
Alicante que albergará un gran número de marinos y soldados que re-
gresan de Argel. Un peligro capital será el del desabastecimiento de la
mencionada ciudad, pues las tropas pueden desmandarse y provocar a
los moriscos del interior. Todo ello causará una serie de disfunciones en-
tre el virrey y el cardenal de Toledo que serán suprimidas de raíz en-
viando a un comisario con poderes especiales: el secretario Juan Peña,
con instrucciones directas del poder central de coordinar la llegada y el
reenvío de las tropas. Así, unas serán reembarcadas y otras conducidas
a pie, por el reino de Valencia, hacia la frontera de Perpiñán.
En relación con el esfuerzo bélico se analiza una de las fuentes de fi-
nanciación. Las diferentes bulas de cruzada concedidas por los pontífi-
ces supondrán unos saneados ingresos para costear el esfuerzo bélico en
el Mediterráneo. Su recaudación exigirá de una compleja estructura dis-
puesta al efecto. En la cúspide central el tesorero receptor, en las cir-
cunscripciones territoriales, los comisarios de la cruzada. Para evitar in-
terferencias y retrasos en el cobro se constituirá un tribunal único para
la resolución de las cuestiones referentes a estos subsidios. El poder cen-
tral emitirá las instrucciones necesarias para el cobro del subsidio y el
poder territorial organizaba la suscripción de la bula; pero todas las dis-
posiciones al efecto no podrán evitar la proliferación de la picaresca en
torno a las bulas de cruzada.
Consecuencia lógica de los encuentros hostiles y de las actividades pi-
ráticas será la captura de cristianos reducidos a la esclavitud a la espe-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
65
ra de un hipotético rescate. Con respecto a la redención de cautivos, hay
una división bastante nítida entre las funciones del gobierno de la
Monarquía y la lugartenencia general. Desde la más alta instancia se
otorga el permiso genérico para comerciar con la ciudad prohibida, pe-
ro es el virrey quien concreta, en función de las circunstancias, la cuan-
tía concreta de mercancías que pueden transportar en cada viaje. Al
príncipe también recurren los particulares, generalmente procedentes
de otros reinos para conseguir permiso de recaudación de limosnas.
Desde el poder territorial se conceden los permisos concretos para mar-
char hacia Argel; se facilita la labor de la Orden de los Mercedarios, de-
dicada al rescate de cautivos y, llegado el caso, interceder directamente
al gobernador de Argel para que facilitase la labor de los mediadores. La
exposición de los sucesos acaecidos a Pedro Narváez, mostrará cuán in-
cierta era la ruta de Argel, y el fraude que se sucedía con motivo del res-
cate de cautivos.
***
La batalla de Argel fue una empresa bélica, ahora ofensiva, por la
que apostaron todos los estamentos del reino. José María Jover alude
a la inversión de intereses de Isabel de Portugal y Carlos V con res-
pecto a las fronteras pirenaica y mediterránea. Mientras la emperatriz
cifraba su atención e inquietud en la frontera mediterránea: la facha-
da meridional y levantina de los reinos, las plazas africanas y las is-
las, con un relativo desinterés por la frontera pirenaica; el emperador
manifestó unas preocupaciones opuestas, insistiendo en la necesidad
de tener bien guarnecida la frontera del Rosellón147. La emperatriz in-
sistió en la necesidad de atender la frontera mediterránea, en termi-
nar con la plaza de Argel, auténtico nido de cobijo de las naves ene-
migas. La tenacidad de la emperatriz y de los propios reinos, termi-
naron suscitando en el emperador la necesidad de acometer la em-
presa de Argel:
“Por las causas que muchas vezes me ha-
veys escripto, Señora, y por las conteni-
das en las relaçiones de los del nuestro
147
JOVER, José María Carlos V y los españoles, Consejo de la guerra y por otros buenos
Madrid, 1985, pp. 149-150. respetos, deseo que se hyziese la empresa
148
FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. Corpus... t. I p. 313. de Argel”148.
66 A principios de agosto de 1541 el duque de Calabria solicitaba direc-
tamente al emperador que le confirmase, secretamente, la empresa de
Argel. El virrey se ofrecía para acudir él mismo “con una buena banda
de cavalleros destos reynos que no me faltaran para ella”149. Cuando ya
se sabía que él había de acudir a Mallorca, el regente Cabanyelles escri-
bió al “portantveus de general governador della Sexona” para que acon-
dicionase su residencia150. Desde que se inició la expedición a Argel, en
todas las iglesias y monasterios del reino se iniciaron las rogativas por
el feliz éxito de la misma. Pero en Valencia no sólo se rezaba: el duque
de Calabria había hecho embargar dos bergantines para tener perma-
nentemente comunicada la costa peninsular con el grupo expediciona-
rio151.
Ahora bien, aunque los bajeles se habían tomado, llegado el momen-
to de su uso parece ser que aún no se habían adaptado. Ello obligó al re-
gente de la lugartenencia general, Jeroni de Cabanyelles, a recurrir al
bergantín que la ciudad y los diputados habían concertado por su cuen-
ta para saber constantemente nuevas de la batalla de Argel. En cualquier
caso, la nave dispuesta no pudo zarpar debido al gran temporal que azo-
taba la costa. Se ha mencionado al regente Cabanillas; efectivamente,
fue él quien estuvo en Valencia durante los primeros días de la campa-
ña, pues el duque de Calabria se encontraba en su finca de caza “La
Garrofera”. Los despachos que llegaban para él desde la Administración
central se los remitía el regente a su finca. En la misiva que Cabanyelles
dirigió a Cobos comunicando las nuevas de la empresa no dejó de ocul-
tar su amargura: “Al tiempo que llego el correo no estava aca el señor
duque; ni lo esta agora; ni los vergantines estavan tan a puncto como era
menester...”152.
El regente no se confió sólo al navío concertado por la ciudad. Dio avi-
so para concertar dos bergantines más que le habían dicho que estaban
fondeados en Dénia y Cullera, pues
la experiencia le indicaba que los
149
AGS, Estado-Francia, K-1700, f. 32; Viver, 9 de mensajes que se enviaban por mar
agosto, 1541. habían de ser duplicados por los
150
ARV, Real, 1319, f. 168 vº; Valencia, 23 de sep- riesgos de la travesía. Finalmente,
tiembre, 1541.
151
sólo se utilizaron dos bergantines,
El duque de Calabria al comendador mayor de
León. AGS, Estado-Francia, K-1700, f. 96; La Garrofera, el concertado por la ciudad y otro a
11 de octubre, 1541. cuenta de las arcas reales. Este úl-
152
Ibidem, f. 111;Valencia, 21 de octubre, 1541. timo cobraba el sueldo entero
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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67
cuando navegaba, y medio sueldo cuando estaba aparejado en el puer-
to. Según confiaba el duque al secretario Cobos, no faltarían navíos pa-
ra comunicarse con el rey, pues todos los patrones deseaban servir al
emperador; lo cual no dejaba de tener su explicación, ya que la victoria
de la armada imperial significaría una mayor seguridad para la navega-
ción comercial153.
El doctor Bartomeu Sarçola comunicó al virrey la llegada de un ber-
gantín de Mallorca con noticias de la campaña. El rey había llegado a
Mallorca, donde estaba concentrada toda la flota con más de cuatro-
cientas velas entre goletas, naos y otras embarcaciones. Al cuerpo expe-
dicionario el rey había agregado cuatrocientos soldados que se hallaban
en la guarnición de Bona154. Cuando el duque de Calabria supo que se
embarcaba el emperador, “en la misma hora dexo todas sus caças y pas-
satiempos y se vino a Valencia”, con lo cual fue el virrey quien de nuevo
ejerció la lugartenencia general155. Fueron jornadas de climatología muy
adversa. Los correos que había tenido que enviar el regente habían te-
nido que esperar por el fuerte temporal. No de otro modo, sería el tiem-
po el encargado de frustrar los propósitos imperiales. La primera vícti-
ma fue el duque de Gandía. Ciertamente, el duque comandaba una se-
lecta fuerza expedicionaria que había costeado de sus propias pecunias.
Veinticinco o treinta caballeros principales le acompañaban. A tal fin
había reunido una nave principal junto con otras dos más pequeñas y él
se embarcó en la galera de don Bernardino de Mendoza. Sin embargo,
a causa del mal tiempo, “se le quebro la vexiga”, por lo que, a pesar de
sus propios deseos, fue desembarcado y con gran pesar recluido en su
casa de Gandía, en donde no recibía a nadie ni contestaba a los correos.
La fuerza expedicionaria preparada por el duque continuó su rumbo, es-
ta vez al mando de su hijo156.
Lo que sucedió en Argel es historia sabida. El emperador, después de
visitar Flandes, Alemania e Italia,
el 29 de septiembre de 1541 salió
153
Ibidem, f. 119;Valencia, 31 de octubre, 1541. de Génova. Después de costear por
154
“Al excellentissimo principe y senyor el senyor Córcega llegó a Mallorca el 12 de
duque de Calabria, etcetera, mi senyor”, Sarçola. octubre con las armadas de
Ibidem, f. 108;Valencia, 19 de octubre, 1541. Nápoles y Sicilia. La armada de
155
De la misiva del regente Cabanillas a Cobos.
Ibidem, f. 120;Valencia, 31 de diciembre, 1541.
España estaba aguardando en
156
Del regente Cabanyelles a Cobos. Ibidem, f. 99; Formentera, pero ya no regresó a
Valencia, 12 de octubre, 1541; e Ibidem, f. 120. Mallorca; el emperador dio orden
68 al duque de Alba de partir directamente hacia Argel, a donde llegaban el
20 del mismo mes. Desembarcó toda la gente de guerra e infantería y lle-
gó a tomar una cota que defendían los de Argel. Desembarcaron caba-
llos y “gente muy luzida”, artillería y bastimentos; pero el martes
“amaneçio una tempestad tan grande que no solamente no se pudieron des-
embarcar las vituallas y artilleria, pero muchos navios pequeños que no po-
dian resistir ni hazerse a la mar dieron a traves, y asimismo, treze o catorze
galeras...”157.
La galera del emperador también dio a tierra, la tempestad arreció y
los italianos comenzaron a retirarse, al igual que los argelinos que se re-
fugiaron en la ciudad, hasta donde los persiguieron algunos caballeros,
principalmente de la Orden de San Juan. Desde que habían desembar-
cado, la mayor parte de los soldados no había comido más que hierbas
del campo y carne de sus caballos, que el emperador autorizó a matar
porque en los navíos tampoco había nada para ellos. Carlos V guió a su
gente hasta el cabo de Meta, a tres o cuatro leguas de Argel; pero como
no podía utilizar la artillería, acordó suspender la operación y volverse
sin recibir ningún daño de los argelinos. El césar con todos sus grandes
se embarcó en las galeras que quedaron y, después de embarcados, su-
cedió otra tormenta aún peor que la primera. El tres de noviembre or-
denó que la gente de Italia se volviese a Cerdeña y las islas. La armada
española tocó Bugía y de allí pasó a Cartagena158.
Mientras, en el reino se hacían los preparativos necesarios para abas-
tecer a la Armada. Los mercaderes recibieron, según el virrey, buen tra-
to, e hicieron acopio de vino, arroz y otros productos de la tierra159. A las
dificultades generales que suponía la acción del reenvío de la tropa, se
añadía el obstáculo de las comunicaciones, pues el temporal no arrecia-
ba y era difícil saber el paradero
del emperador. Los despachos que
157
AGS, Estado-Costas de África y Levante, 475. desde la Administración central le
158
Eduardo Ibarra indica que el reembarque fue el dirigían se quedaban detenidos en
2 de noviembre; España bajo los Austrias..., p. 72. Valencia a la espera de nuevas más
159
AGS, Estado-Francia, K-1700, f. 119. ciertas160. Los jurados de Alicante
160
En carta del duque de Calabria a Cobos. AGS,
escribían al virrey sobre el desas-
Estado-Francia, K-1700, f. 195; Valencia, 13 de noviem-
bre, 1541. tre de Argel, el destino de los sol-
161
Ibidem, f. 123; Alicante, 17 de noviembre, 1541. dados y la próxima llegada del em-
Vid. Ap. doc., 7. perador a Cartagena161. Aunque el
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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69
emperador no desembarcó en Alicante, a su puerto llegaron numerosas
naves con los soldados que regresaban de la frustrada expedición. Este
regreso fue realmente tumultuoso, puesto que muchas de las naves que
habían de zarpar pasar a Lombardía, Cerdeña o Italia, debido al tem-
poral, desembarcaron en Alicante; otras lo habían hecho en Mallorca.
Cuando los jurados de la ciudad avisaban al virrey, eran ocho las naves
que habían desembarcado a sus soldados, españoles e italianos. Eran
tantos que según los jurados “ya empieçan a darnos enojo tanta gen-
te”162. Con tres mil hombres deambulando por la ciudad, el virrey temía
por el momento en que escaseasen las vituallas, pues suponía que podí-
an adentrarse por las morerías y estallar tumultos. Por ello, escribía al
cardenal de Toledo, con el fin de que enviase una persona lo suficiente-
mente importante como para imponerse y trasladar a toda la soldades-
ca a Cartagena163. Ante la avalancha de personal, el duque de Calabria
cursó instrucciones para asegurar el orden público. Dispuso al alguacil
Alonso Delgadillo con órdenes de hacer buen recibimiento a todos los
que llegasen, estar atento para que no sucediese ningún tumulto, que en
la ciudad se mantuviese el orden necesario y, sobre todo, tratar de con-
vencer a los capitanes para que prosiguiesen su viaje a causa de la more-
ría164. Pedro Maza de Lizana, “portantveus” del gobernador en Orihuela,
recibió instrucciones semejantes; debía partir hacia Alicante, en donde
debía establecer su residencia y tratar con cortesía a los que llegaban y
dar a entender a los capitanes que no sería conveniente desembarcar en
la ciudad a causa de las morerías contiguas, y proseguir el viaje165.
Como se sabía que muchas embarciones no arribarían a Cartagena, si-
no a Alicante o, incluso, a Dénia, el cardenal de Toledo escribió a su vez al
virrey, advirtiéndole para que los
maestres de los navíos declarasen
162
en la llegada al puerto el material
Justicia y jurados de Alicante al duque de
perteneciente a su Majestad con el
Calabria. Ibidem, f. 124; Alicante, 11 de noviembre,
1541. que se habían embarcado y con el
163
AGS, Guerra Antigua, 22, f. 98;Valencia, 13 de no- que regresaban. Desde el gobierno
viembre, 1545. Copia en AGS, Estado-Francia, K-1700, f. central se sospechaba que, con mo-
126. tivo de la tempestad, en los navíos
164
ARV, Real, 1319, ff. 171 vº-172;Valencia, 10 de no- no se habían embarcado realmente
viembre, 1541.
165
Ibidem, f. 172-172 vº.
los suministros y provisiones, si-
166
AGS, Estado-Francia, K-1700, f. 127; 14 de no- no que habían sido tomados por
viembre, 1541. la marinería para ser vendidos166.
70 El duque de Calabria, a su vez recibió otras órdenes, según las cuales, to-
dos los soldados y gente de guerra que venía de Argel debía reunirse de
nuevo en la isla de Ibiza. El cruce de órdenes enojó al duque de Calabria,
quien se dirigió al comendador mayor de León, explicándole la situación,
y cómo no quería “tornar a consultar con el dicho señor cardenal sobr·ello,
fuera muy a repelo, lo que no sera con vuestra merced, hallandose tan a
mano”167. No obstante, el mismo día en que escribía a Cobos, hizo lo mis-
mo con su Eminencia, a quien explicó las instrucciones que había recibi-
do para reembarcar al personal hacia Ibiza y las últimas noticias llegadas
de Alicante168; la relación pedida por el cardenal, finalmente se llevó a tér-
mino169. No de otro modo, las noticias que al virrey le llegaban del empe-
rador procedían en su mayor parte de Alicante, pues los flamantes ber-
gantines contratados por la ciudad y por la lugartenencia general para se-
guir constantemente los movimientos de su Majestad se habían revelado
inútiles: al no poder salir en los días de tormenta, no sabían dónde dirigir-
se exactamente para localizar al emperador170.
Mientras, en Alicante, la situación no hacía más que empeorar. Cada
vez arribaba más gente a la ciudad. El subrogado del “portantveus”, el
justicia y los jurados de la ciudad escribían angustiados al virrey en de-
manda de auxilio, pues ni la ciudad ni la comarca podían dar cabida a
tanta gente como había desembarcado171. Con todo, el duque de Calabria
recibió instrucciones concretas que venían a poner orden en el caos en
que se había instalado el reino. El secretario Peña fue comisionado a
Alicante para materializar las ór-
denes del emperador. La Armada
167
Ibidem, f. 131;Valencia, 18 de noviembre, 1541. de don Alvaro de Bazán que iba a
168
AGS, Guerra Antigua, 22 ff. 96 y 97;Valencia, 19 de llegar a Alicante, debía continuar
noviembre, 1541. su viaje sin detenerse; y si llegaba
169
En la “Relaçion de la artilleria y muniçiones que sin suministros, el duque de
Pero Martines de Vera, bayle de la çiudad de Alicante
tiene a su cargo de la azienda de su Magestad de la jor-
Calabria debía adquirir trigo de
nada de Argel” AGS, Guerra Antigua 29, f. 29. Albacete; en cualquier caso debía
170
De la misiva del duque de Calabria a Cobos, dar las máximas facilidades al se-
AGS, Estado-Francia, K-1700 f. 125; Valencia, 13 de no- cretario Peña para cumplir las ór-
viembre, 1541. denes que traía172. Algunos solda-
171
Ibidem f. 129;Alicante, 15 de noviembre, 1541. El
dos, en lugar de ser reembarcados,
duque de Calabria, a su vez, hizo partícipe de la situa-
ción a Cobos (Ibidem, f. 131). emprendieron viaje a pie al
172
Ibidem f. 132; 19 de noviembre, 1541. Rosellón para guardar la frontera
173
El alguacil Jaume Valero debía acompañar al ca- de Perpiñán173; otros partirían ha-
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cia Cartagena, y en ambos casos fueron acompañados por alguaciles del
reino, que les facilitaban el viaje, procurándoles alojamiento y comida174.
Carlos V tenía previsto desembarcar en Cartagena, pero cuando arri-
baba a la costa quiso tocar tierra en Alicante. Don Bernardino de
Cárdenas, duque de Maqueda y marqués de Elche, le aconsejó que no lo
hiciese, al no tratarse de una ciudad capaz para recibir a su Majestad
convenientemente, pues ni la ciudad ni el puerto reunían las condicio-
nes suficientes. El cronista relata cómo el emperador estuvo a punto de
desembarcar en la ciudad:
“Pero como la Ciudad le hiciese una brava salva con su Artillería y le envia-
se a la isla de santa Pola, donde descansó (...) un donativo de algunos rega-
los y volatería como sabe hacer la ciudad en semejantes ocasiones, lo reci-
bió con mucho agrado y dijo: <Duque, mirad que estos servicios y regalos
no salen de lugares chicos y de por ay como me habeis dicho>. Excusóse el
Duque, pero debió hacerlo por no empeñarse a título de que tenía cerca su
marquesado. Después dice que le enviaron un cuadro del asiento de la
Ciudad y dicen le pesó de no haber desembarcado en ella”175.
El emperador desembarcó en Cartagena y hacia allí enviaron las ciu-
dades del reino sus comitivas para darle la bienvenida176. Los jurados de
Mallorca que también habían fleta-
do un bergantín para saber nuevas
pitán Antoni Moreno, hasta la “ralla de Catalunya” y del emperador, habían perdido su
asegurar que fuesen bien tratados durante el viaje por rastro debido a la tormenta, y des-
el reino (ARV, Real, 1319, f. 173; 19 de noviembre,
1541). La paga de las dietas por acompañar a la comi-
conocían el puerto al que se dirigía
tiva, Ibidem f. 191-191 vº;Valencia, 17 de enero, 1542. el monarca; por ello se encamina-
174
El alguacil extraordinario Joan Alemany debió ron al virrey de Valencia en busca
procurar alojamiento y buen tratamiento al capitán de noticias más ciertas177. La proxi-
Antonio de Torres, que se dirigía con 300 hombres a midad del monarca propició las pe-
Cartagena, acompañándolo hasta la “ralla de Castella”.
ticiones y favores; el virrey le supli-
El virrey no dejaba de recomendar que consiguiese las
vituallas a buen precio. Ibidem, f. 174;Valencia, 30 de no- có que atendiese a Lluís Marrades
viembre, 1541. que iba a interceder por su herma-
175
BENDICHO,V. Crónica... , XII, p. 185. no Gaspar, prisionero junto con
176
Ibidem, 148. don Joan de Aguilón y don Carlos
177
AGS, Guerra Antigua, 17, f. 40 (copia); la comunica- de Luna, del rey de Francia178.
ción del virrey al poder central de las nuevas de
Mallorca en Ibidem, f. 40; Valencia, 28 de noviembre,
Todavía los valencianos intenta-
1541. rían que se realizasen nuevas cam-
178
Ibidem f. 151;Valencia, 7 de diciembre, 1541. pañas sobre Argel, y en las Cortes
72 de 1547 ofertaron al príncipe 10 000 libras adicionales para sufragar otra
acción sobre Argel; pero el mismo impulso que había llevado a Carlos V a
abordar las campañas africanas, le llevó después a acometer otras empre-
sas a las que estaba obligado como emperador:
“La noción de guerra contra el infiel entró dentro de la propia concepción
que tenía el Emperador de sus obligaciones universales, seguramente el mis-
mo nivel que aquellas otras referentes a la paz universal y al Imperio, la mís-
tica dinástica y el deber de defender la Fe. En conjunto estas ideas tiraron so-
bre él en distintas direcciones, indicándole constantemente nuevos objetivos
a cubrir y ambiciones que satisfacer”179.
***
Uno de los principales problemas (si no el principal) que había de re-
solver el emperador a la hora de diseñar sus estrategias bélicas era el de
la financiación. En este sentido, un caudal que se mostró muy regular
(si bien no fue ni el único ni el más importante) y que también fue ali-
mentado por el reino de Valencia fue el de de las bulas de cruzada.
En efecto, las rentas eclesiásticas conformaban una de las fuentes de
ingresos más seguras de la Hacienda real y, dentro de ellas, la cruzada
era la más codiciada por los banqueros, pues la tenían conceptuada co-
mo más segura. Esta era otorgada por el papa a la Corona en forma de
bula de cruzada. Concedía beneficios espirituales a los fieles a cambio
de una estipulación económica. Conferida originariamente para luchar
contra los musulmanes en España, seguían dispensándola los papas al
emperador para que prosiguiese la causa católica180. El 19 de diciembre
de 1542, Paulo III otorgaba al emperador una bula de cruzada contra el
Turco que venía a suponer la concesión de la cuarta parte de los frutos
y rentas eclesiásticos181; la cual era renovada por término de un año el 3
de noviembre de 1543182.
Desde el reino dirigían la operación los jueces comisarios para la pre-
dicación de la cruzada. En el trie-
nio de 1542-1544, fueron nombra-
dos comisarios del territorio va-
179
RADY, M. Carlos V. Madrid, 1991, p. 118. lenciano el licenciado Miranda, in-
180
LYNCH, J. España bajo los Austrias/1... pp. 171-
172.
quisidor de Valencia, don Miguel
181
AGS, Patronaro Real, Cruzada y Subsidio, 19, f. 56. Vich, don Luis Castellví y
182
Ibidem, f. 57. Bartolomé Parente, canónigos de
EL IMPERIO DE CARLOS V
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Valencia183, y para el trienio 1545-1547, don Luis Castellví y Miguel Pérez
de Miedes184. El presidente y el consejo del emperador intentaron asumir
para sí y para las cancillerías todas las apelaciones que se suscitasen en
torno a la cobranza de la bula. El emperador optó por continuar el sis-
tema tradicional, de modo que todas las apelaciones debía resolverlas el
comisario de la cruzada como juez apostólico, asistido por dos letrados
del consejo185. De ese modo, aseguraba un cauce central que impedía el
descontrol de los impuestos percibidos, ya que la dispersión de tribuna-
les acarrearía una mayor dilación en la cobranza del subsidio por la ma-
yor posibilidad de apelaciones.
Sobre este asunto, el gobierno de la Monarquía cursó instrucciones a
los oficiales reales en el territorio sobre la bula de cruzada: las motiva-
ciones que por las que se concedía y la necesidad de suscribirla para po-
der seguir haciendo frente a los enemigos del mar. Asimismo, las auto-
ridades valencianas recibieron el encargo de poner todos los medios pa-
ra facilitar la tarea de la exacción del dinero186. Procedentes de las ren-
tas eclesiásticas, el reino de Valencia debía contribuir con 10.000 duca-
dos. Las cartas y órdenes del cardenal de Sevilla respaldaban la opera-
ción y, para asegurarla, estaba permitido el auxilio del brazo real: la pi-
caresca era inevitable187. Incluso al príncipe habían llegado las noticias
de las numerosas personas que andaban divulgando gracias, indulgen-
cias y otras bulas diversas, de las que los súbditos de su Majestad cató-
lica recibían engaño. Para atajar el fraude, el príncipe cursó instruccio-
nes al duque con el fin de que se pregonasen por las villas y ciudades en
donde hubiese imprentas y que los impresores no editasen bulas ni in-
dulgencias188.
En otra ocasión el príncipe es-
cribía al virrey con motivo de una
183
nueva bula concedida por Paulo
Ibidem, f. 63-bis.
184
III. Según el lugarteniente general
Ibidem, f. 63-1.
185
AGS, Patronato Real, Cruzada y Subsidio, 20, f. 32; común, el papa había considerado
Bruselas, 1 de diciembre, [Link]. Ap. doc. 13. la necesidad extrema en que se ha-
186
ARV, Real, 329, ff. 30 vº-32;Valladolid, 6 de abril, llaba el emperador por sostener
1544. Ibidem, f. 90-92 vº; Valladolid, 20 de septiembre, las ciudades y villas de Africa, así
1544. Ibidem, f. 54-55;Valladolid, 7 de octubre, 1544.
187
como las galeras y armadas que
Ibidem, ff. 43 vº-44;Valladolid, 7 de julio, 1544.
188
Ibidem, f. 6-6 vº; 31 de diciembre 1543; 1544, en guardaban los reinos. Por todos
el texto, debido al cambio de fecha según estilo nota- estos motivos el pontífice “ha con-
rial . cedido una muy sancta bulla con
74 grandes gracias e indulgencias y facultades para todos sus reynos y se-
ñorios”. Ahora, competía al virrey, arzobispo y demás autoridades favo-
recer a los comisarios apostólicos que fuesen a predicar la cruzada189.
***
De todas las presas susceptibles de ser capturadas por los piratas, las
personas eran las más codiciadas. No sólo las grandes flotas, sino tam-
bién las pequeñas fustas, capturaban a tantos cristianos como podían.
Si los cautivos eran acaudalados, sus mismas familias atendían al res-
cate. Para socorrer a los prisioneros pobres, surgieron en toda la
Cristiandad instituciones religiosas que intentaban salvar sus almas y
también rescatar sus cuerpos. Para ello debían obtener limosnas en tie-
rras cristianas que les permitiesen pasar a Berbería y, allí, so pretexto de
adquirir cautivos, obtener un pasaje de vuelta190. En el territorio valen-
ciano era la Orden de la Merced la que fundamentalmente se dedicaba
a estos menesteres. La autorización para la recaudación de limosnas con
el fin de rescatar cautivos correspondía, indistintamente, tanto a la
Administración central como a la periférica. Un ejemplo de estas auto-
rizaciones es la realizada en 1537 por el virrey para el rescate de ciento
treinta monjes del monasterio de San Pantaleón, de la Orden de San
Basilio, cerca de la ciudad de Salónica; los cuales habían sido hechos
prisioneros por los turcos, debiendo atender a un rescate de 1 100 du-
cados de oro a pagar en ciertos términos. Como los monjes no tenían po-
sibilidad de pagar, el papa Paulo III había autorizado una bula para pro-
curar su rescate. Un tal Constantino era el encargado de recoger las li-
mosnas, y para él solicitó el virrey un trato humano y caritativo191.
Asimismo, duque de Calabria solicitó que los frailes mercedarios fuesen
recibidos con todos los honores y pompas necesarios cuando convoca-
sen al pueblo y predicasen las indulgencias para el rescate de cautivos192.
Consecuencia del capítulo ge-
neral de la orden de la Merced ce-
189
ACA, Cancillería, 3984, ff. 95 vº-98; Alcalá, 4 de lebrado en 1544, fue la orden del
febrero, 1548. maestro general de redimir a los
190
BRAUDEL, F. El Mediterráneo..., t. II, pp. 314-315. cautivos en la ciudad de Argel; ello
191
ARV, Real, 1419, ff. 45 vº-46 vº; Valencia, 18 de indujo al virrey a ordenar a cuales-
agosto, 1537.
192
ARV, Real, 748, ff. 116 vº-117;Valencia, 25 de agos-
quier oficiales del reino que, cuan-
to, 1537. do los padres redentores lo solici-
EL IMPERIO DE CARLOS V
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tasen, los dejasen embarcar y pasar libremente a Argel, junto con sus
criados y todo el oro y plata necesario para liberarlos; también recordó
que debían propiciar un buen recibimiento a los cristianos cuando re-
gresasen193. Efectivamente, las grandes ceremonias al regreso de los li-
berados, con procesiones y acciones de gracias, eran comunes a todas
las ciudades de la región mediterránea194. Y Valencia no fue una excep-
ción. La misión de los frailes mercedarios fue un éxito, puesto que un
pregón municipal ordenaba una procesión de la entrada de los cristia-
nos que venían del cautiverio de Argel. Significativamente, entraría por
el “portal de la Mar”: “Per quant los redemptors del Orde de la
Sacratissima Verge Maria de la Merce han portat molts catius chris-
tians, los quals pochs dies han redemit de poder de infels en la ciutat de
Alger”195. Ahora bien, con la llegada de los cautivos a la ciudad, no se ha-
bían terminado las penalidades. Como estaban sin dinero, muchos de
ellos no podían emprender el camino de regreso a su casa. Ese fue el ca-
so de Pedro Deydom, Simón de Bonanno, Nicolás Tallaferro y veinti-
cuatro cristianos, que después de ser liberados gracias a los religiosos,
hubieron de solicitar subvenciones para regresar a sus casas196.
Como indica Braudel, con el intercambio de hombres se formó una
nueva geografía de mercados y circuitos comerciales, multiplicándo-
se los viajes de redentores, que portaban en sus naves numerario o
mercancías. Así, el virrey, para redimir a los cristianos naturales del
reino de Valencia en tierras sarracenas autorizaba a Andrés de
Medina, mercader, para cargar productos en las playas de Valencia y
Gandia por valor inferior a 2 000
ducados197.
193
ARV, Real, 1422, ff. 168 vº-169; Valencia, 18 de En otras ocasiones, el virrey
abril, 1545. concedía la licencia después de
194
BRAUDEL, F. El Mediterráneo..., t. II p. 315. que el príncipe hubiese otorgado
195
AMV, Manuals de Consells,A-74;Valencia, 21 de ju-
el permiso. Miguel Juan Celles, vi-
lio, 1545.
196
ARV, Real, 1320, ff. 291 vº-292 vº;Valencia, 10 de cario de Gandia, obtuvo el visto
noviembre, 1545. bueno del príncipe el 8 de marzo,
197
“Trescents de grava, quatre item, trescents scar- y el mes siguiente el virrey conce-
latins, altres quatre item, una peça vintiquatre scarlati, día la aprobación a Antonio Ros,
item trenta pecores trentens i vintiquatre scarlati, item
Pedro Juan Piera y un tal Antonio
tres peces velluts, item cent cinquanta peces bordats,
item cinquanta draps de les muntanyes de diverses cin- para que, en lugar del vicario, fue-
tes e colors”.ARV, Real, 1419, ff. 167-167 vº;Valencia, 29 sen a las tierras de Africa a resca-
de noviembre, 1538. tar a Juan Celles y a otros cristia-
76 nos vasallos del rey198 . Y no fue esa la única licencia concedida por el
virrey como consecuencia de la intervención del príncipe. También ob-
tuvieron anuencia para viajar a la ciudad prohibida con el aparente fin
de rescatar cautivos, fray Jerónimo de la Parra199, Bernat Cap de Denia
200, Pedro de Malea201 o Pedro
Gallego202.
198
Después de partir el príncipe
ARV, Real, 1423, ff. 203 vº-204; Valencia, 29 de
Felipe hacia Europa, parece ser que
abril, 1547.
199
Obtuvo privilegio del príncipe el 14 de enero de el virrey autorizaba directamente
1547 y licencia del duque el 19 de abril del mismo año, los viajes a Argel sin interferencias
para que Alfonso Cantalapiedra, fabricante de licores del poder central; de hecho, Gaspar
de la ciudad de Valencia pasase, a África a rescatar a los Antonio, cerero de la ciudad de
frailes, sin sobrepasar las 1 000 libras. El contenido de Valencia, recibió permiso del lugar-
este cargamento -licores- revela la liberalidad de la ciu-
dad portuaria de Argel. Ibidem, f. 222-223 vº; Valencia,
teniente general para redimir cris-
19 de abril, 1547. tianos en Africa por una suma infe-
200
Con privilegio del príncipe de 13 de mayo de rior a los 1 000 ducados203. El viaje a
1548, pudo alquilar, con dos amigos, un navío para lle- Africa no estaba exento de riesgos.
var mercaderías a Berbería sin sobrepasar los 300 du- Este mismo personaje, cuando llegó
cados para liberar a su [Link], Real, 1425, ff. 23 vº-24;
a Argel supo lo que era perder su
Valencia, 7 de febrero, 1549.
201
Recibió permiso en las Cortes de Monzón pa- propio navío (“se os fue el navio en
ra llevar mercancías y el virrey le autorizó para que que erades hido”); de manera que
las llevase con Alfonso Cantalapiedra sin sobrepasar para poder regresar tuvo necesidad
las 1 000 libras. Ibidem, ff. 31-32;Valencia, 10 de febre- de “pedir al rey que os diesse algun
ro, 1549. navio en que os pudiesedes venir”.
202
Con permiso del príncipe de 6 de mayo de
1548, obtuvo licencia para ir a África con mercancías
Tras obtener prestada una fragata,
no prohibidas por valor inferior a 300 ducados. Ibidem, dejó como fianza ropas y su palabra
ff. 56-57;Valencia, 26 de marzo, 1549. de regresar; por ello el virrey le dio
203
Ibidem, ff. 34 vº-35;Valencia, 16 de febrero, 1549. nueva licencia para ir a Argel y traer
204
Ibidem, ff. 167 vº-168;Valencia, 15 de julio, 1549. cera, producto que escaseaba en el
205
Obtuvo permiso para llevar cera y otras mer-
reino, y algunos paños y otras mer-
cancías no prohibidas a Argel por valor inferior a los
600 ducados y permutarlas por cristianos cautivos en cancías no prohibidas por valor de
la provincia de África. Ibidem, f. 209-209 vº;Valencia, 8 350 ducados204. Martin Dança, teje-
de octubre, 1549. dor de seda de Valencia205, y
206
Los moros de Berbería le habían secuestrado a Francesc Mingot, calificado como
su hijo Joseff Mingot de 11 años, y doña Caterina de “pobre y miserable”206, obtuvieron,
Cardona y de Coloma, movida por la piedad, ofreció
toda la sal que fuera necesaria de las salinas de la Mata
asimismo, el permiso del duque pa-
para rescatar al muchacho. El virrey le concedió per- ra rescatar a sus familiares u otros
miso para llevar 200 cahíces, manifestando la mercan- cristianos.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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77
El virrey hacía algo más que conceder permisos para negociar con
Argel pues, de hecho, llegó a mediar directamente con el rey de la ciu-
dad prohibida. Después de haberse firmado paz y tregua entre su
Majestad y el gran Turco, habían sido hechos cautivos Joan Çaragoça,
Cosme Loret, Francesc Johan Orts y Nadal Orts de la Vila Joiosa por
moros corsarios y llevados a Argel. Ante esta situación, el duque de
Calabria entregó unas cartas para el rey de Argel a un nuevo convertido,
Mallen Varber, de Orcheta, quien debía ir a aquella ciudad junto con
Ausias Linares y otros, y procurar que fuesen liberados207.
Desde el gobierno central se concedieron licencias para pedir limos-
nas con que socorrer a los parientes cautivos. Antonio de Quirante de
Vélez de la Gomera pudo mendigar en el reino de Valencia para resca-
tar a sus hermanos secuestrados por los agarenos208; Pedro Aragonés de
Orihuela pudo pedir limosna para recoger los 340 ducados que necesi-
taba para redimir a su padre y hermanos209. Para rescatar a Bernardo
Martínez, que naufragó en el litoral de Argelia y posteriormente fue
vendido a los agarenos del reino de Fez, autorizó que se recaudasen los
300 ducados en que se tasaba su libertad210. La nómina de beneficiados
para mendigar con este fin es, ciertamente, abultada: Natalio Marco de
Segorbe, consiguió anuencia para reunir los 157 ducados que, según
los dominicos de la ciudad de Argel exigían los sarracenos por su res-
cate211; para rescatar a Juan Candell y Pedro Navarro de Xàtiva212.
Ursula de Joanna consiguió la autorización necesaria para pedir limos-
nas con que rescatar a su marido,
Pedro de Granada, capturado por
cía al baile. ARV, Real, 1322, f. 106-106 vº;Valencia, 8 de los sarracenos cuando iba de
marzo, 1550. Valencia a Sicilia213; y Jorge Juan,
207
ARV, Real, 1425, ff. 37 vº-38; Valencia, 18 de fe- diácono de Valencia, que quería
brero, 1549. rescatar a su padre de edad avan-
208
ARV, Real, 330, ff. 48 vº-49; Madrid, 19 de julio,
1546.
zada, cautivo en Argel, pudo pedir
209
Ibidem f. 61-61 vº; Madrid, 20 de agosto, 1546. los 120 ducados que necesitaba214.
210
Ibidem, ff. 122 vº-123; Madrid, 15 de enero, 1547. En otras ocasiones la persona in-
211
ARV, Real, 322, ff. 1-2; Monzón, 19 de septiembre, teresada se dirigía directamente al
1547. príncipe; como Joana Frigola, de
212
Ibidem, ff. 94-95.
213
Valencia quien, capturada por los
ARV, Real, 332, ff. 174-175 vº;Valladolid, 7 de ju-
lio, 1548. agarenos en la travesía de
214
Ibidem, ff. 202 vº-203 vº; Valladolid, 19 de sep- Valencia a Mallorca, iba a ser sa-
tiembre, 1548. cada al mercado de Argel por 122
78 ducados215. Cuando el príncipe, con el fin de rescatar cautivos concedía
licencias para comerciar con Argel, confiaba al virrey la cantidad má-
xima de mercancías que podía cargar 216.
Los viajes a Argel no estaban exentos de avatares que, en ocasiones,
desembocaban en el más absoluto infortunio. Historias peregrinas que
incitaban a los agraviados a dirigirse al gobierno de la Monarquía en
busca de protección. Ejemplo de una de estas biografías complejas es la
de Pedro de Narváez, vecino de Cartagena, quien fue a Argel con permi-
so de don Bernardino de Mendoza a redimir cautivos en el navío de
Alonso Rodríguez tripulado por gallegos y cargado con 3 000 ducados de
ropas. Después de haber efectuado el rescate y
“stando despachando con los captivos y otras cosas del servicio de su
Majestad, Alonso Rodriguez y sus marineros concertaron y acometieron un
hurto en casa de Zomaga, que entonces era governador de Argel en compan-
nia y por industria de unos captivos suyos, y saltaron en el barco del navio
y se fueron en Spanna, dexando alli a vos, el dicho Narvaez y unos eijados
vuestros. Y sabido el hurto por el dicho Zumaga os mando prender y se en-
trego en la ropa y otras cosas que teniades en suma de 3 500 ducados”.
En la casa del gobernador de Argel habían entrado con el concierto
de cautivos cristianos, y rompieron una caja que contenía 1 000 doblas
y ciertos ducados de oro y una espada. Los gallegos al partir dejaron allá
a Narváez, a su criado, a los cautivos rescatados y todo lo que allí tenía
por valor de 3 500 ducados, que fue lo que prendió Zumaga. Este, ob-
viamente, detuvo a Narváez, su hacienda y a los cautivos; pasados algu-
nos días, a ruego de cristianos y algunos alcaydes, “le dio licencia y le
solto para que viniesse en seguimiento de los gallegos”. Cuando los fu-
gitivos llegaron a Denia hicieron el reparto, entre “Alonso Rodriguez y
marineros y Joan Bernal y Bartholome Rodriguez con otros de la mes-
ma compañia”. Algunos emprendieron camino de Pontevedra, pero las
aventuras no habían terminado: a la salida de Xàtiva los capturaron los
guardias de Valencia y les tomaron
260 doblas, 13 ducados y 7 sueldos
215
que estaban en poder del síndico
Ibidem, ff. 189-190;Valladolid, 8 de agosto, 1548.
216
Alonso de Valldeolivos, vecino de Albarracín, pu-
de la bailía, más 148 doblas moris-
do fletar un navío con mercaderías lícitas hasta la can- cas, 6 ducados, 14 sueldos, 3 mo-
tidad que el duque estipulase. Ibidem, ff. 187 vº-188; riscos, que fueron a las arcas del
Valladolid, 20 de julio, 1548. baile general. Narváez se dirigió al
EL IMPERIO DE CARLOS V
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79
príncipe para que le entregasen el dinero que oficialmente había podido
recuperarse en compensación de lo que Zumaga le había tomado. En
una primera instancia, el príncipe remitió el caso al virrey para que, oí-
das las partes hiciese justicia217. En otra ocasión, se dirigió al baile ge-
neral para que entregase a Narváez o a su procurador las 142 doblas, 6
ducados en oro, o su equivalente218. Otro rescate que hubo que atender
desde las administraciones central y periférica y que hubo de resolverse
en las diferentes legislaturas, fue el de los defensores de Oropesa.
217
Los oficiales tomaron el dinero en junio de 1544.
La orden del príncipe, expedida en Valladolid, data del 13
de febrero de [Link], Real, 174, f. 11 vº-12 vº.
218
ARV, Real, 332, f. 152 vº-153 vº; Valladolid, 6 de
mayo, 1548.
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81
CAPÍTULO II
EL ESTAMENTO ECLESIÁSTICO
Las diócesis valencianas poseían una enorme cantidad de fieles de
procedencia musulmana forzosamente convertidos. Los prelados valen-
cianos procuraron aplicar diversas medidas pastorales, como la publi-
cación de instrucciones para los moros convertidos o la creación de nue-
vas rectorías específicas para los nuevos convertidos, pero su inserción
en la fe cristiana siempre resultó dificultosa o nula. Asimismo, y desde
la óptica cristiana, el clima de lasitud moral en que los valencianos en
general, y los eclesiásticos en particular, se hallaban inmersos, fue otro
de los problemas que hubieron de abordar los prelados valentinos. Pero
las dificultades para la Iglesia en Valencia no se circunscribían a las
cuestiones evangélicas. De hecho los párrafos que se suceden no se re-
fieren a las cuestiones pastorales estrictas o a las formas de espirituali-
dad, sino principalmente a las relaciones que la Iglesia estableció con el
poder real y con el grupo nobiliario.
Es por ello que en las páginas siguientes se aborda la distribución ter-
ritorial de las diócesis con incidencia en el reino de Valencia, sin obviar
los conflictos mantenidos al sur, en la gobernación oriolana, con los
murcianos por la consecución de un prelado propio. Las órdenes mili-
tares, y sobre todo la de Montesa, tenían una fuerte presencia en el te-
rritorio valenciano. Durante el virreinato del duque de Calabria se suce-
dieron dos elecciones para elegir el maestre de la Orden; la segunda de
ellas fue la última que celebraron los freiles de Montesa, por lo que no
deja de abordarse la influencia del poder real en esos sucesos. Creada a
finales de la centuria anterior, la Inquisición no dejó de auxiliar al mo-
narca y su gobierno para intervenir en los asuntos del reino, sin impor-
tar el estamento o los parapetos forales. Asimismo, el poder central y el
poder territorial no dejaron de intervenir sobre ciertos aspectos de la vi-
da religiosa, tales como los monasterios, obispados o cofradías. Las po-
sesiones señoriales de la Iglesia en el territorio valenciano eran inferio-
res a las que poseía en otros territorios de la Corona de Aragón, mas no
82 por ello dejan de abordarse las intervenciones de la jurisdicción real des-
de cada uno de sus niveles jerárquicos, así como los aspectos conflicti-
vos de la cuestión territorial.
2.1. ARTICULACIÓN TERRITORIAL DE LA IGLESIA EN VALENCIA
El territorio valenciano se articulaba eclesiásticamente en cuatro dió-
cesis. Valencia y Segorbe tenían su sede en el propio país (aunque esta
última, durante el reinado del emperador, no estaba vinculada al arzo-
bispado de Valencia). Al norte, la mitra de Tortosa ocupaba buena parte
de la lugartenencia de gobernación de Castellón y, al sur, la diócesis de
Cartagena se extendía por la gobernación de Orihuela y algunas zonas
de la lugartenencia de gobernación de Xàtiva.
La pugna por los derechos de la Iglesia de Valencia se había iniciado
antes de que las tropas cristianas penetrasen en la ciudad. Tanto el me-
tropolitano de Toledo, el guerrero y primado Rodrigo Jiménez de la
Rada, como el metropolitano de las diócesis de Aragón y Cataluña, el ar-
zobispo de Tarragona, el obispo Ximeno de Albarracín-Segorbe y el ar-
zobispo de Tarragona, Pedro de Albalat, enviaron delegados desde el ini-
cio de la reconquista valenciana para asegurarse el dominio de la dióce-
sis valenciana. Con la conquista de la capital, y aún antes, realizaron di-
versas acciones sacramentales y jurídicas tendentes a confirmar sus pri-
vilegios sobre la sede valentina219. Contribuyendo a la hostilidad de los
arzobispos estaban los intereses encontrados de Aragón y Castilla. El
primado de Toledo planteó personalmente su demanda en Roma en
1238, aproximadamente en el momento de la conquista de la ciudad de
Valencia. Toledo obtuvo una primera sentencia favorable, pero des-
pués de una doble apelación, por orden de Inocencio IV, se resolvió de
manera propicia para Tarragona en 1245220 . Cerca de dos siglos y me-
dio más tarde, Inocencio VIII elevó la diócesis valentina a sede metro-
politana, el 9 de agosto de 1492,
nombrando a Rodrigo de Borja,
después Alejandro VI, primer ar-
219
CHABAS, Roque. Episcopologio valentino. zobispo. Sufragáneas del arzobis-
Investigaciones históricas sobre el cristrianismo en Valencia y
pado de Valencia son las diócesis
su archidiócesis. Siglos I al [Link], 1909, t. I, pp. 360-
364. de Mallorca, Menorca, Orihuela-
220
BURNS, Robert I. Jaume I i els valencians del segle Alicante, Segorbe-Castellón y
[Link]ència, 1981, pp. 69-70. Albacete, desde la fundación de
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
83
esta diócesis221. Ahora bien, las situaciones conflictivas no le venían da-
das a la Iglesia valenciana tan sólo por cuestiones territoriales: la propia
archidiócesis de Valencia arrastraba el vacío de su pastor desde que
Alfonso de Borja —quien más tarde devendría Calixto III—, se había
ocupado de ella —y durante pocos meses— en 1429. La lejanía estable-
cida entre el pastor y su grey, además de las lógicas consecuencias en el
plano espiritual, había creado hábitos de conducta muy determinados
en el capítulo valentino, quien se había visto acostumbrado a desenvol-
verse sin su tutor.
El cabildo, aprovechando la coyuntura agermanda, había intentado
recuperar un antiguo privilegio de proveer la sede, por lo que eligió por
unanimidad arzobispo al arcediano mayor Gaspar Jofré de Borja; pero
el pontífice León X no confirmó esta elección, nombrando arzobispo, el
18 de marzo de 1520 al alemán Erardo de la Marca, obispo de Lieja y de
Carboy222. Erardo, quizá por la coyuntura bélica en la que se encontraba
el reino, no visitó su nueva sede, permaneciendo siempre en su princi-
pado de Lieja, en donde falleció el 27 de febrero de 1538223. Con la pro-
visión del arzobispado de Valencia a Jorge de Austria, hijo del empera-
dor Maximiliano, hermano de
Felipe I de Castilla y, por tanto, tío
221
DELEGACIÓN DIOCESANA DE INFOR- del emperador, se quiebra la tradi-
MACION Y ESTADÍSTICA DEL ARZOBISPADO ción secular de absentismo episco-
DE VALENCIA, Guía de la Iglesia en la diócesis de pal en Valencia, que duraba ya
Valencia. Valencia, 1963, p. 1. más de cien años. Jorge de Austria
222
CÁRCEL ORTI, V. Historia de la Iglesia en
Valencia. Arzobispado de [Link], 1987, p.
se encontraba en Puzol el viernes
150. santo de 1539; hizo su entrada
223
OLMOS Y CANALDA, E. Los prelados valen- triunfal en Valencia y el día de
tinos. Consejo Superior de Investigaciones Pascua tomó las primeras órde-
Científicas-Instituto Jerónimo Zurita. Madrid, nes224, el segundo día de estancia en
1949, p. 150.
224
la capital se ordenó de presbítero y
SANCHIS SIVERA, J. Libre de Antiquitats.
Valencia, 1925, pp. 114-115. No obstante, Olmos y el tercero recibió la consagración
Canalda Los prelados valentinos..., p. 153 y, Cárcel episcopal de manos de su obispo
Ortí Historia de la Iglesia..., p. 150 afirman que ya auxiliar Francisco Estaña225. El
era diácono. nuevo prelado, aunque permaneció
225
SANCHIS SIVERA, J. Libre de Antiquitats..., p. casi cuatro años en territorio dioce-
115.
226
CÁRCEL ORTI, V. “La archidiócesis de
sano, residió casi siempre en Villar
Valencia en tiempos de San Luis Bertrán. Reforma del Arzobispo, en donde la mitra
del clero valentino en el siglo XVI” en Corrientes valenciana poseía propiedades226.
84 Inició una reforma del clero e impulsó un plan de evangelización de los
moriscos. Su renuncia en 1544, al acceder al obispado de Lieja, dejaba li-
bre de nuevo la sede valenciana, aunque Jorge de Austria no olvidaría to-
talmente su antigua sede en la capital del Turia: la Iglesia y arzobispado
de Valencia le quedaban deudos de una pensión de 3 000 ducados227.
Esta asignación que se confería al antiguo arzobispo sobre los fondos
de la Iglesia valentina, fue motivo de una cierta polémica, en la que hu-
bo de intervenir su sobrino el emperador. El antiguo arzobispo valencia-
no pretendía que se le abonasen las pensiones debidas, pero los valen-
cianos alegaban que Jorge de Austria estaba obligado a reparar las casas
y edificios arzobispales, a lo que el agraviado replicaba que en el tiempo
en que había sido arzobispo había gastado más en reparaciones y edifi-
cios que ninguno de sus predecesores. El emperador, tomando partido
por su tío, sugería al virrey que se acelerase el pago de las deudas:
“Que las cosas que tocaren al dicho don Jorge han de ser miradas y favore-
cidas con el respecto que es razon. Paresçe que haviendo gastado en el dicho
reparo como dize lo que era obligado, y aun mas por el tiempo que fue arco-
bispo de la dicha iglesia, es justo que no se le de mas molestia228.
Asimismo, le rogó que hablase con el arzobispo para remediar el
asunto, de manera que su tío co-
brase las pensiones atrasadas. El
nuevo prelado valentino también
espirituales en la Valencia del siglo XVI 1550-1600 . recibió una carta del emperador al
Actas del II Symposion de Teología Histórica 20-22 abril
respecto, para que don Jorge no
[Link], 1983, p. 38.
227
En la misma carta en que Carlos V presentaba recibiese “agravio, antes toda la
a Tomás de Villanueva como prelado de Valencia, or- gratificacion que se pudiere y hu-
denaba que de los ingresos del arzobispado valencia- viere lugar”229.
no se debían sustraer anualmente “tres mil ducados La opinión que al virrey le me-
de pensión para don Jorge de Austria, demás de los recían los arzobispos que habían
dos mil perpetuos que están asentados sobre esta
dignidad para el colegio de los nuevamente converti-
accedido a la sede valenciana, no
dos del reino” GUTIERREZ, David, “Santo Tomás de era precisamente muy halagüeña.
Villanueva visto por sus contemporáneos” en La En un informe que enviaba a la
Ciudad de Dios. Revista agustiniana, 1958 nº 4. A Santo corte, relataba en el apartado con-
Tomás de Villanueva en el tercer centenario de su cano- cerniente a las dificultades con la
nización, p. 560.
228
jurisdicción eclesiástica, los pro-
El emperador al duque don Hernando. AGS,
Estado-Negociación de Alemania, 642, f. 91; Ratisbona, blemas que había tenido con los
29 de julio, 1546. obispos que él había padecido en
229
Ibidem. Valencia:
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VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
“La principal causa de todo ello —de favorecer a los coronados230— ha sido 85
haver residido por los arçobispos passados en esta yglesia despues que yo
tengo este cargo, por gente perdida idiota y de poca conçençia con quien nin-
gun medio bueno se ha podido jamas tomar”231.
El 26 de junio de 1544 Carlos V, haciendo uso del derecho que Sixto
IV había concedido a los Reyes Católicos, nombró para la sede arzobis-
pal valentina a un religioso agusti-
no, llamado fray Tomás de
Villanueva, y el 10 de octubre de
230
Vid. apartado “conflictos de jurisdicción eclesiás- 1544 Paulo III firmaba la bula de
tica-real”. elección232. De una gran austeri-
231
AGS, Estado-Aragón, 293, f. 236; Valencia, 21 de dad, y al mismo tiempo de firmes
agosto, 1544.
232
RANO GUNDIN, B. “Notas críticas sobre los
convicciones, residirá durante el
57 primeros años de Santo Tomás de Villanueva” en La período de su arzobispado al fren-
Ciudad de Dios..., nº 4, p. 717. te de la diócesis, llevando a térmi-
233
NAVARRO SORNI, M.“La Iglesia y la expansión no una serie de reformas de índo-
mediterránea de la Corona de Aragón” en La Corona le espiritual, que supondrán el fin
d’Aragó. El Regne de València en l’expansió mediterrània
del “estado de postración espiri-
(1238-1492).València, 1991, p. 161.
234
El secretario había optado inicialmente en car- tual” en que se hallaba sumida la
ta escrita al emperador el 14 de mayo de 1544 por el diócesis desde el siglo XV233. El du-
joven Antonio Granvela, tanto por los méritos de su que de Calabria no ocultaba su sa-
padre como “por las buenas cualidades que concurren tisfacción al saber el nombramien-
en su hijo, el obispo de Arras”. Más tarde, rectificando to: “Pues agora, Dios y su
sabiamente, comentaba a Carlos V el 17 de septiem-
bre de 1544 la elección del fraile agustino: “Las provi-
Magestad han sido seruidos de
siones de las iglesias han parescido muy bien, señalada- proueernos arçobispo de tan bue-
mente la del arzobispado de Valencia en la persona de na vida y exemplo como todos di-
fray Tomás” “Colección de documentos inéditos para zen”. La opinión del duque se su-
la historia de España”, V. 74 y 86 en GUTIERREZ, P. maba así a la del propio Cobos
David “Santo Tomás de Villanueva visto por sus con-
quien, a pesar de sus reticencias
temporáneos” La Ciudad de Dios... 1958, nº 4, pp. 545-
547. iniciales, acabaría diciendo de
235
Miguel Vich tomó posesión en nombre del arzo- fray Tomás: “él es tan bueno”234. De
bispo el 22 de diciembre de 1544, un día después de lle- su entrada triunfal en Valencia
gar las bulas a la sede valentina, y el 31 hacía su entrada dieron buena cuenta los dietaris-
en la ciudad el arzobispo. SANCHIS SIVERA, J. Libre de tas de la época235. El propio virrey
antiquitats... pp. 135-137. CARRERES ZACARES, S. Llibre
de [Link], 1930-1935, p. 854. En ambos die-
escribía al príncipe comunicándo-
tarios se señala como año de entrada el de 1545 por ha- le las esperanzas que la llegada del
berse producido después de la Navidad. arzobispo había suscitado en las
86 gentes: “el Arzobispo fue generalmente bien recibido de todos, porque le
esperaban con deseo por su buena fama”236.
El proceso renovador supuso un afianzamiento de la autoridad epis-
copal, que hubo de imponerse sobre las veleidades de los canónigos del
capítulo, ya que se habían acostumbrado a regir los destinos de la dió-
cesis en las perennes ausencias de los sucesivos titulares. El afianza-
miento de la autoridad de la mitra valenciana en el seno del cabildo con-
dujo, al mismo tiempo, a una mayor definición de la jurisdicción ecle-
siástica frente a la potestad real237. El nuevo arzobispo rechazó las pro-
posiciones que le instaban a ir a Trento, alegando para ello motivos de
salud y, dada su gran influencia en la corte, envió cuando lo creyó opor-
tuno informes sobre cuestiones de la ciudad. Para conseguir la reforma
moral del arzobispado convocó un sínodo diocesano para el 12 de junio
de 1548238, el cual transcurrió durante tres días. Los capítulos sinodales
contenían una serie de medidas tendentes a conseguir un mayor encua-
dramiento del clero. Entre las medidas adoptadas cabe citar la que obli-
gaba a los párrocos a residir en sus parroquias vistiendo el hábito talar,
y a no dedicarse a los negocios. Los sacerdotes que mantenían con mu-
jeres relaciones maritales se vieron amenazados con graves penas, y los
laicos amancebados y adúlteros
podían incurrir en censuras ecle-
siásticas. Otro orden de capítulos
236
GUTIERREZ, P. David “Santo Tomás de regulaba la administración de los
Villanueva...” en La Ciudad de Dios... 1958, nº 4 p. 549.
237
sacramentos, la cuestación de li-
El fraile agustino encontró serias dificultades pa-
ra hacer prevalecer su autoridad ante un capítulo mosnas o las fiestas de precepto,
acostumbrado a la ausencia total de su prelado con- que fueron disminuidas. El arzo-
viene recordar que Jorge de Austria pasó la mayor par- bispo fomentó la formación cris-
te de su estancia en tierras valencianas en el Villar del tiana de los moriscos, a quienes
Arzobispo . Lograda su afirmación ante el cabildo, pro- encontró excesivamente islamiza-
tagonizó un serio conflicto de jurisdicción cuando el
gobernador prendió al canónigo Elfo de Próxita.
dos239.
238
SANCHIS SIVERA, B. Libre de antiquitats... p. 149. Para la realización del sínodo
239
Los capítulos del “Sínodo de Santo Tomás de se había engalanado conveniente-
Villanueva, arzobispo de Valencia, celebrado à 12 de mente la catedral, y todos los con-
Junio de 1548: copiado del exemplar rarísimo, y acaso vocados lucieron sus mejores or-
el único que se conserva en la Biblioteca de Santo
namentos. El primer día el arzo-
Domingo de la misma ciudad, impreso por Juan Mey, el
mismo año”, se hallan en LORENZO VILLANUEVA, J. bispo expuso las causas del síno-
Viaje literario à las iglesias de España. Madrid, 1803, t. I, do, y propuso a los eclesiásticos
pp. 192-201. presentes que expusieran las opi-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
87
niones que podrían contribuir al enderezamiento espiritual de la dióce-
sis, cosa que muchos hicieron. En el segundo día se realizaron diversos
ceremoniales y se continuaron las discusiones. En el tercero se conclu-
yó el sínodo. Sin embargo, antes de publicar las ordenaciones y consti-
tuciones sinodales ordenadas por Tomás de Villanueva,
“age·y molts protests per lo Capitol de Xativa y de Gandia y de altres parti-
culars persones eclesiastiques, y los que ultims y darrers protestaren y ape-
llaren y no consentiren en les dites constitucions sinodals foren los molts re-
verendissims, nobles y magnifichs senyors Canonges representat tot lo
Capitol de la insigne y metropolitana Seu de Valencia ‘varios renglons en
blanc’ “240.
Con su resistencia a las conclusiones sinodales los canónigos pre-
tendían defender los privilegios y exenciones que durante siglos habí-
an acumulado. El razonamiento jurídico defendido se basaba en que
las constituciones aprobadas no podían promulgarse contra personas
que estaban exentas por privilegio de Roma. Diversas crónicas de raíz
eclesiástica vinculan el sometimiento de los canónigos a la asunción,
por parte del arzobispo, de la defensa del también canónigo Elfo de
Próxita.
***
Por lo que respecta al nacimiento del obispado de Segorbe pre-
cedió al acto de la conquista del reino de Valencia. El primer señor de
Albarracín, don Pedro Ruiz de Azagra, solicitó del arzobispo de Toledo
la restauración de la antigua diócesis Arcabricense en Albarracín, como
medio de consolidar su independencia. El arzobispo de Toledo, don
Cerebruno, teniendo como objetivo principal Valencia, accedió a ello,
procediendo a la erección del obispado de Albarracín y consagrando en
1173 al canónigo toledano don
Martín como primer obispo241. Sin
embargo, a los tres años, en 1176,
240
SANCHIS SIVERA, J. Libre de antiquitats..., p. 152. el arzobispo declaró haberse equi-
241
BLASCO AGUILAR, J. Historia y derecho en la ca- vocado, pues Albarracín dependía
tedral de Segorbe. Antecedentes histórico-jurídicos y derecho
privilegiado. Universidad Pontificia de Comillas en
en la época visigoda de la diócesis
Madrid-Facultad de Derecho Canónico,Valencia, 1973, p. Segobricense y, hasta que la ciu-
73. dad de Segorbe fuese reconquista-
88 da a los musulmanes, Albarracín sería la sede del nuevo obispado242. El
arzobispado de Toledo, de quien dependió la diócesis de Segóbriga en
tiempos de los godos podía con esta decisión, ampliar sus fronteras e in-
troducirse, llegado el momento, en territorio valenciano. Venida la hora
de la conquista de las tierras valencianas, dos obispos de Albarracín, su-
cesivamente, acompañaron a las tropas cristianas, por su propio interés
y por el de Toledo. El decreto real de 1236, según el cual todas las igle-
sias del nuevo reino pertenecerían al metropolitano de Tarragona, fue
refutado por lasos breves apostólicos de Gregorio IX favorables a
Segorbe243. La diócesis valentina contaba con el apoyo del rey y negaba
la vinculación de la antigua Segóbriga con Segorbe, por lo que procedió
a anexionarse todo lo que pudo del territorio que, en principio, pertene-
cía a Segorbe. Inocencio IV ligó decididamente la diócesis de Segorbe a
Albarracín. La buena marcha de este obispado sería el motivo que im-
pulsó al obispo de Valencia, Arnau de Peralta, a presentarse en Segorbe
al mando de una tropa armada y expulsar a su obispo por la fuerza. De
este modo el de Valencia procuraba hacer suya una iglesia que conside-
raba parte integrante de su diócesis244. Después de un largo proceso, la
diócesis de Segorbe, ligada a Albarracín, sobrevivió en las tierras del in-
terior de Valencia. La diócesis de Segorbe-Albarracín, surgida en la
Reconquista como consecuencia de las aspiraciones de independencia
política del señorío de Albarracín y de las ambiciones jurisdiccionales
del arzobispo de Toledo, resultó siempre una institución geográfica e
históricamente artificial. Para garantizar su supervivencia se había de-
cretado la “unión perpetua” de Segorbe y Albarracín que condujo a un
original cabildo con residencia y coro precarios en dos catedrales su-
mamente lejanas245. Años más tar-
de, Felipe II, atendiendo a motivos
242
administrativos y de buen gobier-
GARCIA EDO, V. El obispado de Segorbe-
Albarracín en el siglo XIII. Caja Segorbe, ed. Segorbe,
no, procuró “que las divisiones
1989, p. 10. eclesiásticas se conformen en lo
243
BURNS, R. I. Jaume I..., p. 73. posible a las de los reinos”246.
244
GARCIA EDO, V. El obispado de Segorbe- Aprovechando por ello que las dió-
Albarracín..., pp. 44-45. cesis de Segorbe-Albarracín y
245
BLASCO AGUILAR, J. Historia y derecho..., pp.
Zaragoza estaban vacantes, impul-
328-329.
246
Mansilla, D. “La reorganización eclesiástica” en só en Roma el proyecto de separa-
Anthologica Annua, 4 1956 “, pp. 172-174; citado en ción de Segorbe y Albarracín. El
BLASCO AGUILAR, J. Historia y derecho..., p. 329. 21 de julio de 1577, Gregorio XIII
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
89
expidió la bula “Regimini” que consumaba la segregación de las dióce-
sis247.
La mitra de Segorbe-Albarracín fue ocupada durante el virreina-
to del duque de Calabria por Gaspar Jofré de Borja. El que fue obispo
de Segorbe era natural de Valencia y había sido arcediano de su cate-
dral. Muerto el arzobispo don Alfonso de Aragón, el cabildo lo eligió su-
cesor en 1520, pero el nombramiento quedó sin efecto cuando el papa
León X desginó arzobispo de la capital valenciana a Erardo de la Marca.
Pero Gaspar de Borja no se quedaría sin sede, ya que el papa Clemente
VII le nombró obispo de Segorbe-Albarracín. Tomó posesión el 6 de fe-
brero de 1531 y ese mismo año ya celebró un sínodo en Chelva248. Asistió
a las Cortes de Monzón en la legislatura de 1533, aunque en las diversas
asambleas hubo de afrontar el problema de la legalidad de su presencia,
que fue cuestionada por los restantes miembros del brazo religioso.
Tomó parte en las tareas del concilio de Trento, en donde estuvo pre-
sente durante la segunda parte obedeciendo la convocatoria de Julio III.
Allí acudió con el doctor Jaime Ferruz, y regresó tras la sesión del 28 de
abril de 1552, reincorporándose a su diócesis249.
Además de los conflictos sostenidos directamente con el virrey por
cuestiones de competencias de jurisdicción, el obispo de Segorbe pleiteó
con el síndico y procurador de la Gran Cartuja. El duque de Calabria
promulgó sentencia el 1 de enero de 1538 favorable al síndico de la car-
tuja y contra el obispo, condenando a este último a pagar 2 600 sueldos
debidos por el obispo por razón de las pagas de un censal del que res-
pondía al mencionado monasterio. Las deudas del obispo hubo de su-
fragarlas la población de Jérica, pues hacia aquella villa encaminó el vi-
rrey al vergueta Antoni Puig, para
que tomase de los frutos y rentas
247
pertenecientes al tercio del obispo
Ibidem, p. 334.
248
la cantidad debida250.
LORENZO VILLANUEVA, J. Viaje literario a las
iglesias de España; t. III, 1802, pp. 82-83.
249
AGUILAR, F. Noticias de Segorbe y de su obispado ***
por un sacerdote de la diócesis de Segorbe. Segorbe, 1890,
pp. 216-225. Durante la conquista del territo-
250
A los 2.600 sueldos debidos había que sumar los rio valenciano Jaime I había pro-
gastos propios de las dietas que alcanzaban 27 libras,
10 sueldos y 5 dineros, más los de sellos y registro que
curado situar el obispado de
sumaban 7 libras, 4 sueldos y 6 [Link], Real, 1420, Valencia bajo la obediencia ecle-
ff. 11-12 vº;Valencia, 6 de marzo, 1539. siástica de Tarragona; aunque no
90 había hecho lo mismo con las Baleares y la zona de Dénia y Orihuela, a
las que un antiguo acuerdo suscrito a mediados del siglo XI por
Muyahid, emir de Dénia y Baleares, con Ramón Berenguer I de
Barcelona, situaba a los mozárabes de ambas regiones bajo la jurisdic-
ción del prelado de Barcelona a cambio de la protección que el conde de
Barcelona brindaba al emir. Por el tratado de Almizra el sur del reino va-
lenciano había pasado a Murcia. El reino murciano conservó sus límites
políticos y eclesiásticos hasta que la sentencia arbitral de Torrellas reco-
noció la pertenencia a Valencia de la zona de la demarcación oriolano-
alicantina, aunque a nivel eclesiástico continuaron sujetas al obispado de
Cartagena. Jaime II obvió el tema del obispado oriolano cuando des-
membró el territorio de Murcia, y su omisión supondría para Orihuela
un largo pleito con Murcia que duraría dos siglos y medio251. Durante el
transcurso de tan dilatado período, Orihuela no siempre encontró el apo-
yo decidido de Alicante y otras poblaciones de su gobernación, quizá por
el recelo que la ciudad de Alicante experimentaba ante la preponderan-
cia oriolana. Asimismo, Orihuela no se encontró respaldada por su mo-
narca como lo estuvo Murcia, pudiendo influir en este aspecto la ascen-
dencia castellana de los Trastámara. A pesar de los obstáculos encontra-
dos, la ciudad del Segura obtuvo para la causa de su catedral un decidi-
do apoyo en la capital valenciana. Valencia, efectivamente, también en
este tema jugó el papel de defensa de las ciudades y villas del reino.
Además del decidido respaldo mostrado en las Cortes, los jurados de
Valencia en el mencionado pleito entre la ciudad de Orihuela con el ca-
pítulo de Cartagena y la ciudad de Murcia sobre la erección de la catedral
oriolana, escribían al rey en su defensa: “nosaltres, en nom de aquesta
ciutat, per lo interes particular de aquella per esser dins aquest regne
constituhida la dita ciutat de Oriola”252. Los compromisarios de la ciudad
de Murcia no habían comparecido el día asignado, pues estaban citados
en Barcelona para dar conclusión al asunto; por ello, los jurados de
Valencia rogaban al emperador que ordenase resolver la causa. Los edi-
les, en efecto, habían asumido la defensa de la causa oriolana: “tenint la
dita ciutat de Oriola per recomana-
da en sos drets e justicia”. La idea
251
medular para los jurados, más allá
VILAR, J. B. Orihuela, una ciudad valenciana en la
España moderna. Murcia, 1981, p. 769.
del asunto del obispado, era que
252
AMV, Lletres misives, g3-49, f. 132;Valencia, 14 de Orihuela pertenecía al reino y sus
abril, 1543. derechos estaban lesionados desde
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
91
territorio no valenciano. Defendieron Orihuela como en otras ocasiones
había defendido a otras villas que veían amenazada su vinculación a la
Corona. Asimismo, Orihuela encontró apoyo desde otra sede episcopal
valenciana: Segorbe. El canónigo Gaspar Rubio dio sugerencias a los
oriolanos para continuar su proceso. Por iniciativa del segorbino se pre-
sentó recurso ante el tribunal de la Rota, por haber sido obligada
Orihuela a suscribir una sentencia sin haber sido escuchada antes en
Roma253.
El recelo de los oriolanos hacia el obispo de Cartagena se manifestó
visiblemente en diversas ocasiones. Una orden de pago al lugarteniente
del tesorero Gaspar Marrades indica que, debido a los insultos que ha-
cían en Orihuela contra el obispo de Cartagena y de Murcia, tuvo que
acudir el duque de Calabria personalmente a la sede de la gobernación
del sur, llevando con él a diversos oficiales. Bartolomé Sarçola254, el es-
cribano Juan Fernández de Soto, los verguetas Lorenzo del Pueyo y
Francisco de Jaén, el alguancil Lluís Çaydia y el notario Antich
Armengol, hubieron de acompañar al duque de Calabria en la misión de
apaciguamiento, que transcurrió entre el 1 y el 20 de marzo de 1540255.
Los regidores de la ciudad no permanecieron ociosos en este asunto y
no dudaron en recurrir al poder central. Habían comisionado a su sín-
dico a Madrid pero, como más tarde recordarían en las Cortes, no hizo
lo mismo el de Murcia, pues su técnica era la dilatoria. Por ello redac-
taron un memorial en el que resumían sus puntos de vista y las vejacio-
nes sufridas a causa de los murcianos en este aspecto256. A punto ya de
embarcarse el emperador, los jurados de Orihuela enviaban a Pedro de
Loazes para que le hiciese cumplida relación del asunto257.
Hasta tal punto llegaba el inte-
rés de los oriolanos por desembar-
253
zarse de la tutela eclesiástica de
VILAR, J. B. Orihuela, una ciudad valenciana... p.
Cartagena, que alcanzaron a bus-
779.
254
Sarçola era doctor en “cascun dret” y del Real car fórmulas parciales que les
Consejo. Por las provisiones reales de Barcelona 11- compensasen, aunque fuese de
II-1538 y de Toledo 7-III-1537 debía ser satisfecho manera incompleta, de la ausencia
por razón de su salario como “jutge de Cort” (ARV, de un prelado oficial y evitasen, en
Real, 1318, f. 132-133). la media de lo posible, la sumisión
255
ARV, Real, 1319, f. 101vº-[Link], 3 de agos-
to, 1540.
a la diócesis de Cartagena. A tal
256
AGS, Estado-Castilla, 62 f. 213; sin datación. efecto, buscaron la presencia de
257
Ibidem, f. 214; Orihuela, 31 de marzo, 1543. un obispo en toda regla: el obispo
92 de Belén, quien desde su residencia en Orihuela ejercía las funciones del
ordinario, lo cual provocó las correspondientes reacciones en
Cartagena.
Entre el poder virrey y el obispo de Cartagena surgieron numerosos
conflictos, pues se sumaban las cuestiones propias de jurisdicción a las
de territorialidad. Hubo, sin embargo, colaboración entre ambas potes-
tades; una misiva del virrey al “portantveus” de Orihuela así parece su-
gerirlo. Cuando el procurador fiscal del obispo, obedeciendo órdenes del
prelado; pretendió llevarse a un presbítero, no encontró ayuda en los ofi-
ciales de la ciudad. El virrey escribió al “portantveus” Guillermo de
Rocafull para que efectuase no sólo el mencionado traslado, sino todos
aquellos que instasen los oficiales del obispo258.
Con la ascensión de Fernando de Loazes, natural de Orihuela, a la
mitra de Tarragona, sus paisanos obtuvieron un decidido apoyo para su
causa, así como un valioso consejero. Como presidente del brazo ecle-
siástico catalán y portavoz de los tres estamentos del principado, pudo
aconsejar convenientemente. Loazes contaba con el apoyo de los dipu-
tados valencianos y además obtuvo el apoyo de los síndicos catalanes.
Los tiempos estaban a favor de los oriolanos, pues con la creación del
obispado en Orihuela la diócesis de Cartagena podría incorporarse a la
archidiócesis de Toledo, y Córdoba sería desgajada de dicho arzobispa-
do para incorporarse al de Sevilla. Además, había un argumento de ín-
dole religioso, cual era el de la desatención pastoral de los moriscos259.
El rey accedió a las peticiones que se le formularon en Monzón relativas
a Orihuela. El primero de mayo de 1564, remitía Felipe II a Roma un
memorial sobre la forma en que había de hacerse la erección, y el 14 de
julio de 1564 Pío IV accedió a la constitución del obispado de
Orihuela260.
***
258
ARV, Real, 1322, f. 57-57 vº; Valencia, 4 de sep- Por lo que respecta al obispado
tiembre, 1549. de Tortosa, su jurisdicción se ex-
259
VILAR, J. B. Orihuela, una ciudad valenciana..., pp. tendía, al sur del río Sénia, por
781-782.
260
buena parte de la lugartenencia de
GONZALEZ NOVALIN, J. L. “La Reforma y las
corrientes espirituales de la Iglesia española” en Gobernación “dellà lo riu de Uxó”.
Historia General de España y América. Madrid, 1986, [Link], Las relaciones que el obispo y ca-
p. 339. bildo de Tortosa entablaron con el
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
93
resto del brazo religioso de Valencia se refieren en el capítulo dedicado
a los moriscos.
2.2. ÓRDENES MILITARES
Las primeras órdenes militares, Templarios y Hospitalarios, surgie-
ron en Palestina en el marco histórico de las cruzadas que se sucedieron
por la posesión de los Santos Lugares. Con motivo de la Reconquista es-
tas órdenes se extendieron por la península Ibérica a partir del siglo XII,
y también en este siglo se fundaron las órdenes españolas de Calatrava,
Santiago y Alcántara. Se constituyeron siguiendo el ejemplo de los
Templarios, con el fin de ayudar a los reyes cristianos del norte en su lu-
cha contra los musulmanes del sur261. Por lo que respecta a la Corona de
Aragón fueron los Templarios y los Hospitalarios quienes desempeñaron
un papel preponderante en determinados momentos, tales como la mi-
noría de edad de Jaime I o participando activamente en la conquista de
Valencia a los musulmanes. Cumplida la etapa de la conquista, ambas
órdenes centraron su interés en sus respectivos señoríos. Mientras, la
caída de San Juan de Acre, último bastión cristiano en Tierra Santa, pu-
so en entredicho la función de este tipo de milicias eclesiásticas. Si bien
los Hospitalarios con la toma de Rodas pudieron justificar su razón de
subsistir en la lucha contra los turcos, los caballeros Templarios “más ri-
cos y más comprometidos en operaciones financieras, eran más vulne-
rables, pues, evidentemente, les faltaba ya el entusiasmo para la cruza-
da y para las obras de caridad”262. La Orden de los Templarios, en efec-
to, fue disuelta por toda una serie
de causas inscritas en la lucha por
el control del Papado. Clemente V,
261
WRIGHT, L. P. “Las órdenes militares en la so- en bula de 22 de marzo de 1312,
ciedad española de los siglos XVI y XVII. La encarna-
ordenaba la mencionada disolu-
ción institucional de una tradición histórica” en J. H.
Elliott ed. Poder y sociedad en la España de los Austrias, ción. Y en los diversos reinos los
Barcelona, 1982, p. 15. monarcas pasaron a ocupar los se-
262
LUTRELL, A. “La Corona de Aragón y las ñoríos de la orden disuelta. Si bien
Ordenes Militares durante el siglo XIV, “VII Congreso en el concilio reunido en Vienne se
Historia Corona Aragón”, Barcelona, 1962, p. 68; citado
deliberaba que los bienes de los
por GUINOT RODRIGUEZ, E. en “La fundación de la
Orden Militar de Santa María de Montesa” en Saitabi Templarios debían pasar a la
XXXV, 1985, Universidad de Valencia, Facultad de Orden del Hospital, el monarca
Geografía e Historia, p. 74. aragonés Jaime II temía por la ex-
94 cesiva concentración de bienes y de poder en una sola mano que, ade-
más, podía ser controlada por papas extranjeros263. Hubo toda una serie
de embajadas y negociaciones, en las que el rey pedía la constitución de
una orden militar nacional que recogiese la “herencia” de los caballeros
Templarios, mientras que el pontífice quería que se integrasen en los
Hospitalarios. La muerte de Clemente V posibilitó el acuerdo con
Jaime II, reflejado en la fundación de la Orden de Santa María de
Montesa. Aunque el monarca apetecía una orden militar que abarcase
sus diversos estados, hubo de conformarse con una circunscrita al rei-
no de Valencia; y, si bien estaba muy directamente controlada por el
rey, dado su escaso patrimonio territorial, su fuerza y poder eran más
bien escasos comparados con las otras órdenes hispánicas264. A conti-
nuación se aborda el estudio de ciertos momentos decisivos que la
Orden de Montesa experimentó y algunos de ellos lo serían por última
vez, durante el reinado del emperador y con el fin de calibrar el grado
de independencia efectiva de la Orden, se detalla el proceso de las su-
cesivas elecciones para maestre y comendador mayor de Montesa.
Precisamente, la injerencia de la penetración del poder real sobre
Montesa, planteó la posibilidad de asimilación del Maestrazgo por la
Corona, por lo que no dejan de analizarse las iniciativas que por dicho
motivo se suscitaron. Con una visión general sobre las otras órdenes
militares con presencia en el reino de Valencia se concluye el presente
apartado.
***
La nueva Orden Militar de Santa María de Montesa quedaba fundada
mediante la bula expedida por Juan XXII, el 17 de julio de 1317. Su pa-
trimonio fundacional estaba constituido por todos los bienes proceden-
tes de los Templarios así como de la Orden del Hospital en el reino de
Valencia, más la villa real de
Montesa en la que radicaría el con-
vento principal de la Orden. Los
263
Ibidem. Hospitalarios en compensación re-
264
Ibidem.
265 cibieron todos los bienes del
GUINOT RODRIGUEZ, E. Feudalismo en expan-
sión en el norte valenciano. Antecedentes y desarrollo del Temple en el resto de la Corona de
señorío de la Orden de Montesa. Siglos XIII y XIV Aragón265. Desde el punto de vista
Diputación de Castellón; Castellón, 1986, p. 170. religioso, la nueva Orden quedaba
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
95
bajo la observancia de la Orden de Calatrava. El maestre de Calatrava te-
nía derecho de visita anual a la Orden de Montesa, asesorado por los
abades de los monasterios cistercienses de Santes Creus y Valldigna.
Ambas Órdenes quedaban, en consecuencia, incluidas dentro de la gran
familia del Císter.
Con la toma de Granada se culminaba la Reconquista y con ello el
propósito fundamental y fundacional de las órdenes militares. Al igual
que anteriormente Jaime II de Aragón, los Reyes Católicos, advirtiendo
el peligro que suponía semejante concentración de riqueza en manos
privadas, procedieron a tomar el control real de estas instituciones.
Fernando el Católico asumió los maestrazgos de las órdenes castellanas,
y una bula de Adriano VI de 1523, ratificó la incorporación perpetua de
las Órdenes a la Corona. Y, aunque las órdenes no conformarían nuevos
ejércitos, sobrevivieron como una fuente primordial de ingresos, patro-
nazgo y prestigio. Sobre las tierras que habían pertenecido a los grandes
maestres, el emperador pudo concertar diversos préstamos con los
Fugger, pues dichas tierras permanecería en adelante en poder del césar.
Los monarcas no sólo aprovecharon económicamente a las órdenes por
medio de arrendamientos. La toma del hábito de una de las órdenes
constituía una prueba de nobleza y sangre familiar, al tiempo que un pa-
so en la escala jerárquica nobiliaria: “la masa de los caballeros veía en
el hábito sólo una prestigiosa recompensa debida al favor, a sus servi-
cios o al dinero y una posibilidad de obtener una encomienda”266. Las en-
comiendas fueron una gran fuente de ingresos para la Corona; además
procuraban un enorme prestigio a quienes las poseían. Francisco de los
Cobos permutó su encomienda de Azuaga por la encomienda mayor de
León, menos provechosa económicamente, pero mucho más honorífica;
en adelante Cobos sería apelado como “comendador mayor de León”.
Los comendadores contraían ciertas obligaciones hacia sus vasallos; al-
gunas de ellas en el campo religioso, pero se suplían costeando a algún
clérigo con las rentas de la encomienda267.
La Orden de Montesa no escapará a la regla general. Efectivamente,
en este contexto no resultan extra-
ños los conflictos que se sucedie-
266
ron a raíz de las elecciones en el
DOMINGUEZ ORTIZ, A. “Aspectos sociales en
la vida eclesiástica de los siglos XVII y XVIII” en seno de la Orden de Montesa por
Historia de la Iglesia en España, t. IV, Madrid, 1979, p. 29. la ocupación de sus altas dignida-
267
Ibidem. des. La pugna por alcanzar los ele-
96 vadas jerarquías de la Orden reflejan, por una parte, las divisiones que
obran en el seno de la congregación, y por otra, el alto nivel de injeren-
cia de la jurisdicción real sobre Montesa. Asimismo, en los conflictos
desatados por el control del Maestrazgo se pone de manifiesto cómo las
grandes familias valencianas rivalidan por la ocupación de los altos car-
gos. En ese sentido cabe destacar la casa de Gandía que presentó candi-
datos a los diversos cónclaves. El poder real, en sus diversas instancias,
desde el emperador hasta el virrey, mantuvo su tradicional apoyo a los
sucesivos candidatos de Gandía, para lo que puso a su disposición in-
cluso la maquinaria de la Real Audiencia.
***
La encomienda mayor suponía un gran prestigio, y su posesión, como
ya se ha indicado, resultó motivo de
fuertes tensiones. En la elección de
comendador mayor de la Orden
268
Teresa Canet la recoge en su obra La Audiencia hubo grandes enfrentamientos en-
valenciana en la época foral moderna. Valencia, 1986, p.
tre los principales candidatos: frey
159, y la matiza en cuanto a “la situación de sus miem-
bros, en lo referente a sus acciones personales y des- Enrique de Borja y Aragón, hijo de
de su consideración como sujetos individuales”; aun- los duques de Gandia, y frey
que el propio Wright también afirma “la repetición de Francesc Llansol de Romaní. La
esta prohibición a lo largo de los siglos XVI y XVII ha- dura pugna por el control de la
ce pensar que era poco respetada (“Las órdenes mi- Orden acabaría por provocar la in-
litares...” p. 17) . Cabría, quizá, distinguir la diferencia
orgánica entre las ordenes castellanas y las aragone-
tervención del virrey, ya que fue
sas. Las primeras habían sido anexionadas a la Corona evocada la Real Audiencia. En este
y adscritas al Consejo de Ordenes que se encargaba sentido, cabe recordar la indica-
de su administración cotidiana; mientras que la ción de Whright sobre la inhabilita-
Orden de Montesa habría de esperar al reinado de ción de las Audiencias reales en los
Felipe II para ser anexionada. En todo caso, la actua-
pleitos de las órdenes militares268.
ción del virrey, interviniendo en el proceso elector del
maestre de Montesa, vendría a reforzar la tesis de En esta época el pleito que se susci-
Canet Aparisi. tó con motivo del nombramiento y
269
Don Enrique de Borja y de Aragón, tercer hijo posesión de los cargos principales
varón del matrimonio de Don Juan II de Borja y de la orden de Montesa, denotan el
Enríquez con doña Juana de Aragón, había nacido hacia papel e influencia de las diversas
1518, acumulando, como miembro de la familia Borja,
diversas prebendas eclesiásticas. Desde pequeño había
instituciones en este ámbito.
sido encaminado hacia la Orden de Montesa. BAT- Enrique de Borja y Aragón, hijo
LLORI, Miquel “L’enaltiment de la família Borja del se- de los duques de Gandía269, había
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
97
sido designado como nuevo comendador mayor, sin embargo, el maes-
tre había nombrado por su parte a Francesc Llansol de Romaní, por lo
que ambos se creyeron con derecho a desempeñar la encomienda.
Enrique de Borja se presentó en el castillo de Montesa, pretendiendo ser
recibido con los los honores propios de los comendadores mayores.
Ante la aspiración del Borja, los caballeros nombraron una comisión pa-
ra que se le hiciese comprender que debía deponer su actitud. Enrique
volvió a Xàtiva en donde se encontraba su padre, el duque de Gandía,
quien contaba con el apoyo del duque de Calabria270. Con este respaldo
el aspirante de los Borja acudió a la Real Audiencia y expuso que, ha-
biendo muerto el maestre de Montesa, el comendador don Francesc
Llansol se hallaba en dicho castillo, en donde se encontraba el cuerpo
del maestre, haciendo actos de comendador mayor y citando a los ca-
balleros. El duque de Calabria lo relataba en la provisión dirigida al su-
brogado del lugarteniente del gobernador de Xàtiva:
“Francesc Lançol comina de voler fer y exercir actes de possessio de comana-
dor major y expedir en dit nom, lletres de convocacio als comanadors que vin-
guen y asestixquen en lo dit castell per a fer electio de mestre, supplicantnos,
per tal que cesse tota manera de greuge e de novetat, stant com esta litis pen-
dencia sobre la possessio del dit offici de comanador major, que sia de nostra
merce provehir e manar al comanador Lancol, ab imposicio de grans penes,
no expedeyxca ni proveheixca en lo dit nom lletres algunes de convocatio, e si
per cas ne hagues fet e provehit, sien anullades. E no faça actes alguns, di-
rectament o indirecta, concernents lo dit offici de comanador major. E que sia
manat, sots les mateixes penes, els comanadors que trobaren dins lo dit cas-
tell, que no obehixquen ni regoneguen, en res ni per res, al dit comanador
Lançol e comanador major per los motius continguts en la súplica271.
El virrey procedió a ordenar al lugarteniente del gobernador que se
personase en el castillo de Montesa y mandase a Francesc Llansol que
realizase innovaciones que pudie-
sen interferir en el litigio pendien-
gle XIIé al XVIé” en La Corona d’Aragó. El regne de te en la Real Audiencia, so pena de
València..., p. 163. decreto de nulidad. En el caso de
270
SAMPER, Hipólito. Montesa Ilustrada. Valencia, que ya hubiese actuado en ese sen-
1669, parte III, pp. 542-543. tido, debía hacer las revocaciones
271
El duque de Calabria a don Joan Carroz,“surro- oportunas. El lugarteniente del go-
gat de loctinent de gobernador della lo riu de
Xuquer”. ARV, Real 758, f. 76vº-78, Valencia, 6 de julio,
bernador de Xàtiva debía repetir
1537. las mismas instrucciones al otro
98 aspirante, “sots decret de nullitat e les mateixes penes”. La Orden con-
vino en anular los nombramientos de ambos, designando interinamen-
te al anciano Lluís Pelegrí de Aragón, quien convocó a una nueva reu-
nión el mismo día de su nombramiento272. Congregados los montesia-
nos, el 17 de julio de 1537, Francesc Llansol de Romaní era elegido co-
mo nuevo maestre de la Orden de Montesa273 y Enrique de Borja era de-
signado comendador mayor. Para el cronista de la mencionada institu-
ción, éste fue el final feliz en que cesaron “las discordias ntre los ban-
dos”274. Sin embargo, el tercer varón de don Juan II de Borja aún conti-
nuaría su batalla, ya perdida, por medios judiciales, exigiendo en la Real
Audiencia que el notario de Xàtiva, Joan García, le hiciese copia autén-
tica del acta de nombramiento275. Enrique de Borja alcanzó la púrpura
gracias a la protección del pontífice Pablo III, quien le ordenó obispo de
Squillace, pero le alcanzaría la muerte en Viterbo el 16 de septiembre de
1540, cuando se dirigía hacia Roma a presentar su homenaje al papa
Farnese276.
El maestre Francesc Llansol de Romaní, por su parte, tampoco sobre-
vivió largo tiempo a su antiguo contrincante, al fallecer el 12 de marzo de
1544. La sucesión del maestre iba a desencadenar otra batalla por la dig-
nidad vacante y, como había sucedido en 1537, otro Borja contendía por
la sucesión. Pedro Luis Garcerán de Borja había recibido ya a los 12 años
la Encomienda mayor de la Orden, aunque debido a su corta edad fue ad-
ministrada por un procurador;
ahora, con apenas 17 años, se
272
aprestaba a hacer valer sus dere-
SAMPER, H. Montesa... parte III, p. 543.
273
ESCOLANO, G. Décadas... libro IX, col. 1395. chos. Los vocales hubieron de deci-
274
FERRAN Y SALVADOR,V. El Castillo de Montesa. dir entre la juventud de Galcerán de
Historia y descripción del mismo, precedido de un bosque- Borja y las canas de frey Guerau
jo histórico de la Orden Militar de Santa María de Montesa Bou, clavero mayor de la Orden. El
y San Jorge de Alfama,Valencia, 1926, p. 64.
275
cónclave había sido convocado pa-
La primera orden del virrey en este sentido
ARV, Real 758..., f. 107vº-108 , expedida en Valencia el ra el 5 de abril de 1544 por el co-
31 de julio de 1537, no debió de tener demasiado éxi- mendador mayor, Jerónimo Pardo
to, pues el 3 de agosto hubo de repetirla al surrogado de la Casta, quien en el interregno
de gobernador y al notario ARV, Real 758... f. 112vº- era considerado por el lugartenien-
113 . te general como maestre277. Era, en
276
BATLLORI, M. “L’enaltiment de la família
efecto, una de las medidas toma-
Borja...”, p. 178.
277
ARV, Real, 1422, ff. 50-51;Valencia, 23 de marzo, das por el duque de Calabria, ante
1544. la certeza de la áspera pugna por la
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
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mayor dignidad de Montesa. Dada la trascendencia de la elección, el vi-
rrey comunicaba al poder central los acontencimientos, demostrando es-
tar perfectamente enterado de lo que estaba fraguándose en el castillo de
Montesa:
“Despues que murio el maestre de Montesa estan juntos en aquel convento
todos los comendadores y freyles de aquella orden sobre la eleccion de nue-
vo maestre. Y segun las passiones y zizañas que entre ellos concurren, se cre-
he y se tiene por çierto que no podran concordarse, antes elegiran dos y que
haura entrellos pleyto y grande discordia. Y con esta sisma seran forzados de
recorrer a su Magestad y a Roma, de que avisare a vuestra merced con co-
rreo aposta en declarandose la dicha elecçion que sera presto. Y si necessa-
rio fuere, porne secresto en el Maestrazgo y me informare si es verdad lo que
publicamente se dize, que se han vendido los votos y que han concurrido mi-
llares de ducados sobrello, para que conforme aquello se provea en todo lo
que mas al serviçio de su Magestad cumpla”278.
Tres son los datos que ofrece el fragmento de esta misiva del virrey.
En primer lugar, el anuncio de la escisión en dos del capítulo de
Montesa; en segundo, el dinero oculto que corría para ganarse las vo-
luntades y los votos; por último, la capacidad del virrey para intervenir
en los asuntos de Montesa, llegando si era preciso a secuestrar todos los
frutos del Maestrago. Después de un capítulo agotador, que se prolongó
desde las 6 de la mañana hasta las 12 de la noche, la votación no había
dado un Maestre, sino dos: Guerau Bou obtuvo veinticinco votos y
Garcerán de Borja veintiuno279. La particularidad que presentó este ca-
pítulo fue su condición de irrepetible, pues era la última vez que se tra-
taba de la elección de un maestre por sufragio: “Este fue uno de los
Capitulos mas reñidos que tuvo la
Religion, el qual no pudo servir de
exemplo para lo succesivo, porque
278
AGS, Estado-Aragón, 293, f. 91;Valencia, 4 de abril,
fue el ultimo que se celebró con el
1544.
279
SAMPER, H. Montesa..., III parte, pp. 548 y 549. fin de elegir Maestre”280.
Según palabras del propio autor:“Muchas vezes he vis- Dada la imposibilidad de llegar
to la Eleccion original; con todo este fundamento es- a un acuerdo entre las partes en
crivo”. conflicto, a la mañana siguiente
280
VILLARROYA, J. Real Maestrazgo de Montesa. partían hacia Roma dos procura-
Tratado de todos los derechos, bienes y pertenencias del
dores, uno por cada pretendiente.
patrimonio y maestrazgo de la real y militar orden de
Santa María de Montesa y San Jorge de Alfama,Valencia, El virrey informó rápidamente al
1787 y en edición facsímil, 1991, p. 16. gobierno de la Monarquía de lo su-
100 cedido y el príncipe en misiva a su padre, dedicaba unas cuantas líneas a
la cuestión sucesoria de Montesa, notificando el interés del duque de
Gandía en el asunto. El emperador daba instrucciones para que cesasen
las divisiones pero intuyendo la dificultad que habría en terminarlas, de-
jaba entrever su opción: “siendo los votos del hermano del duque de
Gandía de los más ancianos y qualificados como dezís, fauorezcan su jus-
ticia de nuestra parte en todo lo que huviere lugar”281. En el mes de ma-
yo de dicho año el papa tomaba partido por el Borja282. En esta serie de
acontecimientos cabe resaltar es el poder del duque de Gandía, quien, a
través de sus misivas al virrey y al príncipe, consiguió que el propio em-
perador tomase partido por su hermano; logrando que en brevísimo
tiempo Garcerán de Borja fuese reconocido como maestre de Montesa.
A propósito de la elección del maestre de Montesa, el príncipe escri-
bió al emperador para exponerle sus reflexiones sobre la incorporación
del Maestrazgo a la Corona, lo que consideraba que era la mejor solu-
ción:
“Bien se acordará v. Md. de lo que se ha hablado otras veces sobre este
Maestrazto, y lo que se escriuió a Su Santidad para que tuuiesse por bien in-
corporarlo en la corona real, como lo están los de Castilla por los grandes y
evidentes beneficios que dello se siguen. Y como entonçes no se despachó,
agora, con esta ocasión desta scisura y diuisión que hay entre los dos elegi-
dos, paresce que habría buena coyuntura para tornar a supplicarlo a Su san-
tidad, y que V. Md. debría escriuir a Juan Vega para que con todo calor y ins-
tancia lo procurasse”283.
Carlos V, más prudente en este tema, pues era quien controlaba todas
las piezas del enorme entramado imperial, desaconsejaba la incorpora-
ción del Maestrazgo, aplazando el
tema para mejor ocasión: “Y en lo
281
Carlos V a Felipe II, AGS, Estado-500 f. 78; Metz,
demás que acordáys que con esta
6 de julio, 1544 en FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. Corpus
documental de Carlos V. Salamanca, 1975, t. II, pp. 250- diuisión hauría buena occasión
251. para incorporar a la Corona este
282
Según Hipólito Samper, el pontífice no llegó a Maestradgo, como antes de agora
dictaminar en la causa, pues Guerau Bou renunció a se ha platicado, el tiempo no es
sus derechos el 17 de septiembre de 1545, quedando muy oportuno ni el stado con que
como maestre Pedro Luis Garcerán de Borja Montesa
están las cosas con el Papa para
Ilustrada, III, p. 550..
283
Carta ya citada en FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. procurar esta reunión”284.
Corpus documental..., II, p. 223. Con todo, el visitador Pedro de
284
Carta ya citada. Ibidem, p. 250. la Gasca, aprovechando la coyun-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
101
tura, propuso al secretario Cobos la incorporación del Mastrazgo a la
Corona. Con ello, Gasca confiaba en que en las Cortes y Junta de
Estamentos, el rey tendría asegurado un voto en el brazo eclesiástico
—el del maestre de Montesa—, por su especial vinculación a la Corona.
Asimismo, los caballeros de Montesa se convertían en súbditos fieles del
monarca285. Aunque el visitador mantenía que la razón principal de la
anexión no era de índole económica, a la corte llegaba un “Memorial de
los lugares y rentas del Maestrado de Montesa”286. El informe se com-
pletaba con las casas que integraban las diversas poblaciones pertene-
cientes a Montesa, y además de señalarse las rentas que producía cada
una de ellas se insertaban diversos comentarios sobre las villas. El prín-
cipe recibió la información suministrada a Cobos por Gasca. Puesto que
los datos del visitador servían para los propósitos anexionistas del joven
Felipe, en misiva despachada a su padre, valoraba muy positivamente la
sugerencia del visitador:
El licenciado Gasca ha visto las diferencias y contienda que ay sobre·l Maes-
trazgo de Montesa, scrive la carta que yra con esta sobre la incorporacion en
la corona real. Y aunque yo he scripto a Vuestra Magestad otra vez sobre es-
to, todavia me ha parescido embiarla porque Vuestra Magestad la pueda
mandar ver y hazer en ella la provision que mas viere convenir; que si ello se
pudiesse alcançar seria cosa de muy grand momentos287.
El emperador esta vez se hizo eco de las noticias relativas a la posibili-
dad de incorporación del Maestrazgo a la Corona, y en carta despachada
en Maastritcht el 5 de mayo de 1545, afirmaba que “si esto se pudiesse
acabar no dexamos de conoscer que sería de muy gran momento”288; al
tiempo que no dejaba de conside-
rar la prudencia con que debía con-
285
AGS, Estado, 297, ff. 307-308. Carta de Gasca a tinuarse el caso. Ciertamente a la
Cobos;Valencia, 20 de enero, 1545. Citado por HAM- Orden de Montesa no le había lle-
PE MARTINEZ,T. en “Don Pedro de la Gasca, visitador
gado aún la hora de su incorpora-
general en el Reino de Valencia (1542-1545)” en
Estudis. Revista de Historia Moderna, 1987, nº 13, p. 92. ción a la Corona, pero ésta, a tra-
286
AGS, Estado-Aragón, 297, f. 57. Sin especificación vés de sus delegados, intervenía en
de fecha y lugar; por el contexto del legajo, 1545. asuntos tan decisivos como la
287
El príncipe al emperador. Ibidem, f. 313; original. elección del maestre. El virrey,
Mejorada, 3 de abril, 1545. efectivamente, maniobraba para
288
AGS, Estado, leg. 501, ff. 46 al 48, original; en
FERNÁNDEZ ÁLVAREZ, M. Corpus documental..., p.
que el nombramiento recayese en
380. la persona deseada, y el príncipe
102 no dejaba por menos de reconocer su comportamiento. Por ello le alen-
taba: “La diligencia que haveis hecho en la election del maestre de
Montesa para que se haga canonixamente y como conviene, ha sido muy
buena. Avisadnos como scrivis que lo hareys”289.
La jurisdicción real llegaba por medio de sus delegados territoriales
a controlar los asuntos de las otras órdenes del reino. No de otro modo,
el virrey es quien decide en caso de litigio la posesión de la encomienda.
En este sentido las órdenes oportunas para que a Joan Pertusa Cernes se
le otorgase la posesión de la encomienda de Torrent290 o para que a
García Exarch le diesen la posesión de los lugares de Tinent y Picaña291.
2.3. LA INQUISICIÓN
La Inquisición medieval fue establecida en el siglo XIII, siendo intro-
ducida al mismo tiempo en la Corona de Aragón para prevenir el conta-
gio de la herejía del catarismo que se cernía sobre el Languedoc. En el
siglo XV los inquisidores en los estados aragoneses eran totalmente in-
activos; y cuando la Inquisición se extinguía en Europa a finales del si-
glo XV, comenzaba a funcionar en Sevilla un nuevo tribunal de la
Inquisición, instituido por Sixto
IV a propuesta de los Reyes
289
Al duque de Calabria del príncipe. AGS, Estado- Católicos292. Modificada en diver-
Aragón, 291, f. 154;Valladolid, 8 de abril, 1544. sas ocasiones por los sucesivos
290
Por disposición del virrey, el alguacil Lluís Çaydia
pontífices, la nueva Inquisición
debía ir al lugar de Torrent y entregar a Joan Pertusa o
a su procurador la real posesión de la encomienda de adquirió una importancia nunca
Torrent, haciéndole dar los homenajes y otras cosas igualada por la medieval. Los com-
necesarias en señal de verdadera posesión. ARV, Real, plejos motivos que originaron la
1420, ff. 92 vº-93;Valencia, 17 de diciembre, 1539. creación de la Inquisición moder-
291
ARV, Real, 1422, ff. 62-63; Valencia, 23 de mayo, na escapan al presente estudio,
1544.
292
LLORCA, B. La Inquisición española. Madrid,
aunque cabe indicar que uno de
1986, p. 14. sus principales objetivos iniciales
293
BENASSAR, Bartolomé “Modelos de la mentali- fue combatir la herejía judaizan-
dad inquisitorial: métodos de su “pedagogía del miedo” te293.
en Inquisición española y mentalidad inquisitorial. El alto tribunal había puesto en
Barcelona, 1984, pp. 174-175.
294
poder de los monarcas un sistema
Esta idea, y la de que la Inquisición habría sido
creada para despojar a los ricos de sus bienes y a los judicial al que todos los estamen-
poderosos de su autoridad, fue expuesta inicialmente tos, incluso los más privilegiados,
por LLORENTE, Juan Antonio “Historia crítica de la estaban obligados294. Este hecho
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
103
ha motivado una amplia polémica sobre si la Inquisición fue una insti-
tución realmente eclesiástica o si, por el contrario, fue una institución
civil. Esta discusión tuvo una extraordinaria importancia durante las
Cortes de Cádiz, con motivo de su abolición, si bien entonces se des-
arrolló una disputa más de carácter político que científico. En la actua-
lidad el dilema es considerado como falso, ya que la “Inquisición fue
una institución eclesiástica que gozó de una amplia autonomía interna
y que sirvió a sus propios intereses por encima de todo”295. Ahora bien,
ello no contradice el hecho de que la Inquisición, en tanto abarcaba to-
dos los estamentos y traspasaba los muros y parapetos forales, fuese uti-
lizada por el poder central, precisamente para controlar el reino a tra-
vés de los visitadores. No de otro modo se expresa el príncipe Felipe
cuando se plantea enviar a Valencia un nuevo visitador:
“Con el ultimo correo se scrivio a vuestra Majestad que con la venida del
obispo de Segovia se entenderia en despachar al dean para lo de la visita de
Valençia. Y como siempre ha paresçido que no convenia que fuesse sin titu-
lo de inquisidor, assy para que aquello en
que ha de entender se tracte con mas au-
toridad por la que el Santo Officio tiene
Inquisición de España”, Madrid, 1822 y posteriormente
en aquel reyno”296.
desarrollada por Leopold von Ranke en 1837, edición
española: “Pueblos y Estados en la época moderna”
México, FCE, 1948, pp. 323-327 y Karl Joseph von El hecho de que fuese un tribu-
Hefele en “El Cardenal Jiménez de Cisneros y la Iglesia nal extranjero, explica las críticas
española a finales del siglo XV y principios del siglo generalizadas que el nuevo orga-
XVI”. La síntesis del razonamiento medular de estas nismo recibió en los estados ara-
obras fue expuesta por NETANYAHU, BENZON,
goneses, aunque también en
“Motivos o pretextos? La razón de la Inquisición” en
Inquisición española y mentalidad... pp. 24-28. Castilla. En Valencia la oposición
295
ALVAREZ DE MORALES, Antonio “Inquisición, se basó en las disposiciones fora-
¿Institución eclesiástica o institución real?” en les. Los regnícolas no pretendían
Centralismo y autonomismo... p. 66. De la misma opinión abiertamente que la Inquisición ce-
es Domínguez Ortiz, quien afirma que “la organización
sase, pero sí que fuese llevada por
inquisitorial, delineada en las bulas fundacionales y
mantenida hasta el fin con muy escasas alteraciones, naturales del reino y que se elimi-
todo se mantiene dentro del ámbito religioso; su per- nase el testimonio secreto. El rey
sonal era eclesiástico, y si se admitían seglares los ‘fa- Católico reaccionó firmemente, re-
miliares’ , era en calidad de meros agentes ejecutivos”. cordando que que los valencianos
“Regalismo y relaciones Iglesia-Estado en el siglo XVII” no habían protestado en las Cortes
en Historia de la Iglesia..., p. 114.
296 de Tarazona de 1484 en las que se
AGS, Estado-Castilla, 73, f. 128. Sin datación
1546. había aprobado la Inquisición.
104 Asimismo les recordó que los fueros no debían ser usados jamás para
encubrir una herejía297. Las críticas perduraron hasta los inicios del si-
glo XVI; dirigiéndose, fundamentalmente, hacia las competencias que
mantenía el Santo Oficio, así como hacia la extrema severidad de sus
castigos 298.
En Valencia, durante la revuelta de las Germanías, las competencias
de la Inquisición se vieron ampliadas con motivo de los bautismos co-
lectivos que los agermanados habían impuesto a los mudéjares299. La
Inquisición, que en sus inicios se había dirigido fundamentalmente ha-
cia los judaizantes, después de la década de 1530 dejó de ser el terror de
los conversos para dedicarse, principalmente a los moriscos300. A partir
de 1532-42, García Cárcel observa un repliegue de la actividad inquisi-
torial, pues la mencionada institución parece abdicar de muchas de sus
prerrogativas, al tiempo que constata un entendimiento con las fuerzas
vivas locales, tanto la jurisdicción eclesiástica ordinaria como la real301.
2.4. UN ASPECTO DE LA
297
RELIGIOSIDAD POPULAR:
KAMEN, Henry La Inquisición Española. Nueva
LAS COFRADÍAS
edición totalmente reescrita y puesta al día por el autor.
Barcelona, 1988, p. 57.
298
KAMEN, Henry Vocabulario básico de la Historia Aunque pueda parecer que el
Moderna, (España y América, 1450-1750). Barcelona, estudio de las cofradías sea tarea
1986, pp. 120-121. pertinente de los estudiosos de las
299
KAMEN, H. La Inquisición española..., p. 85. mentalidades, no pueden obviarse
300
“El judaísmo desde 1530 tuvo una presencia mí-
nima en Valencia (...) Los moriscos constituyeron sin
la importancia social que estas ins-
duda en el siglo XVI la víctima sobre la que incidió con tituciones tuvieron en el entramado
más frecuencia la agresividad de la Inquisición, natural- cívico de las ciudades durante el
mente en los tribunales en cuya jurisdicción existían Antiguo Régimen. Precisamente
moriscos. En este sentido, lógicamente, destacó el por la importancia que alcanzaron,
Tribunal de Valencia” GARCIA CÁRCEL, Herejía y so-
su creación y reglamentación no
ciedad en el siglo XVI. La Inquisición en Valencia, 1530-
1609. Barcelona, 1980, pp. 220-221. podía escapar y, de hecho no esca-
301
Ibidem, p. 20. pó, al control de la Monarquía. A
302
José Trenchs Odena y Milagros Cárcel Ortí ex- mayor abundamiento, por el gran
pusieron en una clarificadora síntesis los puntos y ob- arraigo que tuvieron en la sociedad
jetivos fundamentales de estudio en las cofradías me- de la época, su estudio permite
dievales y modernas “Notas en torno al estudio de las
cofradías medievales y modernas: la Cofradía del
profundizar en las costumbres y
Santísimo Cristo del Salvador de Valencia 1616-1618” formas de sociedad y vida religio-
en Annals 3, 1984, sin paginar; mas, como ya se ha indi- sa302.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
105
Durante este período se fundarán numerosas cofradías bajo una ad-
vocación religiosa. Unas tendrán fines caritativos: socorro de huérfanos,
estudiantes pobres o dotación de doncellas casaderas; otras resaltarán
más su carácter religioso. Cabe destacar el florecimiento de las cofradí-
as dedicadas a la Sangre de Cristo por toda la geografía del reino. El vi-
cario general aprobará los capítulos fundacionales de estas asociacio-
nes, pero será al lugarteniente general a quien corresponderá la función
de sancionarlos.
***
En la Edad Media las cofradías agrupaban a los trabajadores del
mismo ramo, congregándolos bajo una advocación religiosa, general-
mente el titular del gremio, con finalidades religiosas y de asistencia
mutua. En otras ocasiones acentuaban su faceta caritativa, caso de las
cofradías hospitalarias o de elite social, como lo fue la Cofradía de San
Jaime que agrupaba a los nobles303; pero como indica Pons Alós: “En to-
dos los casos hay unas manifestaciones comunes que van desde la fies-
ta a la caridad, de la existencia de unos capítulos al sostenimiento eco-
nómico de la misma y desde el apoyo-acompañamiento mutuo, sobre
todo en el momento de la muerte, al cumplimiento de un ideario, ex-
presivo de una mentalidad que pasa por la piedad, la religión y la cari-
dad; por el culto e ideal confraternal304.
Como exponente de esta cofra-
día, herencia de la mentalidad
cado, lo que importa es indicar las nuevas cofradías medieval en que la agrupación
que se fundan en este período y el papel que la profesional se forma en torno a
Cronona, por medio de sus delegados, desempeña en una advocación religiosa, gene-
su nacimiento. ralmente el santo patrón, cabe se-
303
CÁRCEL ORTI, Mª Milagros y PONS ALOS,
Vicente “Religión y sociedad en [Link]ón
ñalar la fundación de la cofradía
al estudio de sus cofradías siglos XVI-XVIII “ en Al-ge- de zapateros de Morella, que
zira. Revista d’Estudis Històrics-Ribera Alta, 2, octubre agrupaba a los artesanos de esta
1986, p. 134. Asimismo, la del Cristo del Salvador, fun- villa y sus aldeas. El motivo prin-
dada ya en los principios del XVII,TRENCHS ODENA, cipal que había inducido a agru-
J. y CÁRCEL ORTI, Mª M. “Notas en torno al estu-
parse a estos zapateros era el te-
dio...”.
304
Testamentos valencianos en los siglos XIII-XVI: tes- mor a la competencia de los za-
tamentos, familia y mentalidades en Valencia a finales de la patos importados de Córdoba,
Edad Media. Tesis doctoral,Valencia, 1987, p. 241. por lo que siguiendo el ejemplo
106 de la ciudad de Valencia “mare, maestra exemplar de totes les altres vi-
les e lochs del regne” , los jurados de la ciudad procedieron a exami-
nar a los zapateros, pidiéndoles que “tallassen borreguins, plantoses
de diversos talles e modos de sabates e altres coses tocants al dit offi-
ci”. Comprobada la habilidad de los primeros maestros zapateros de
Morella, los jurados establecieron las primeras ordenaciones del gre-
mio, que una vez presentadas al virrey merecieron su aprobación 305 .
Se ha aludido al carácter caritativo de muchas de las cofradías, mas
no por ello su fundación quedó relegada al medievo; bien al contrario,
durante la Edad Moderna a lo largo del territorio valenciano se mantu-
vieron en vigor las diversas cofradías que por todo el país se habían ins-
taurado306. Las cofradías de la Virgen María en Valencia y Xàtiva fueron
autorizadas para hacer peticio-
nes307. Si bien uno de los fines
305
El primer capítulo prohibía la venta, el comercio usuales en estas agrupaciones era
u otras actividades relativas al zapato para los que no el de socorro de huérfanos y la do-
estuviesen examinados, salvo los días de feria y los jue- tación de doncellas casaderas, hu-
ves de mercado, bajo pena de 60 sueldos y pérdida de bo cofradías que se aprobaron con
la mercancía. La segunda medida autorizaba a los ma-
yorales de la cofradía a realizar exámenes ante los ofi-
la finalidad específica de “colocar”
ciales de la villa y a vigilar la calidad de las piezas tal y huérfanas, como la del Colegio del
como se hacía en Valencia, pero asistidos por el almo- Santísimo Nombre de María
tacén. Una tercera norma obligaba a pertenecer a la Virgen, que preparaba la dote de
cofradía a todos aquellos que quisieran presentarse a las mozas que pretendían casarse
las pruebas de zapatero. ARV, Real, 1420, ff. 200-207;
o ingresar en un convento. Los es-
Valencia, 26 de noviembre, 1540.
306
CARCEL ORTI, Mª M; TRENCHS ODENA, J. tatutos explicitaban la finalidad
“Cofradías y hermandades de Valencia 1721-1882 . moral que con la fundación del
Documentos de tipo judicial” en la revista Estudis Colegio se pretendía:
d’Història Contemporània del País Valencià nº 3 València,
1982, pp. 290-319. En este estudio especificaron la mul- “la grandissima necessitat que en la ciutat
titud de cofradías del período referido, de los que se de Valencia es trobava en les dones, aixi
conserva documentación en el Archivo Diocesano de donzelles com no donzelles, e per falta de
Valencia. no tenir per a que les reben en les cases re-
307
La de Valencia en las iglesias Mayor y del ligioses no poden servir al Senyor en vida
Hospital, parroquias de Santa Catalina y Santa Cruz y religiosa, o per no tenir dot no poden con-
monjas de san Cristóbal. ARV, Real, 751, ff. 193-194 vº; traure matrimoni (...) de hon cauen en
Valencia, 24 de abril, 1539. molts enormes inconvenients i sentines
308
De los estatutos fundacionales del “[Link] de la de mals”308.
Caritat sots invocatio del dulcissim y sanct nom de
Maria”. ARV, Real, 1420, ff. 59-66;Valencia, 8 de agosto, En 1540 se instauraba otra fun-
1539. dación con objeto de asistir a los
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
107
estudiantes pobres en sus necesidades. La cofradía creada al efecto se
construyó en el Hospital con el fin de acoger a los jóvenes estudiantes
que llegaban a la capital con el fin de cursar estudios en la Universidad
de Valencia309. Las advocaciones religiosas eran diversas, pues fueron va-
riando según las corrientes espirituales predominantes en cada mo-
mento, y en esta etapa histórica la devoción predominante fue, sin nin-
gún género de dudas la de la Sangre de Cristo. A fines de la Edad Media
habían aparecido hermandades de flagelantes que participaban en las
procesiones de Semana Santa, y en 1535 se fundaba la primera cofradía
bajo esta advocación310. Las fundaciones se prodigaron con inusitada ra-
pidez311. En 1541 los cofrades de la Purísima y Preciosísima Sangre de
Jesucristo de la ciudad de Xàtiva sometieron los capítulos fundaciona-
les a la aprobación del duque de Calabria312; en 1544 los cofrades de
Sagunto313 y los de Ontinent hacían
lo propio314 y en 1545 los de
Elche315. El vicario general certifi-
309
PERALES, J.B. Historia General de Valencia. caba la entrega de los capítulos
Valencia, 1878-1880, t. III, p. 618. fundacionales de la cofradía de
310
Milagros Cárcel Ortí expone las diversas ver-
Cullera el 7 de julio de 1546, y aun-
siones sobre el origen en Valencia de la devoción a la
sangre de Cristo en “Capítulos de la Cofradía de la que dos días después ya estaban
Sangre de Cullera” en Quaderns de Sueca III, 1982, pp. aprobados por dicha autoridad
84 y 85. eclesiástica316, el virrey no los san-
311
Mª Milagros Cárcel Ortí, con los datos suminis- cionaba hasta casi un año más tar-
trados por Sanchis Sivera en su Nomenclator y sus de317.
propias investigaciones, constata la existencia de esta
cofradía en Denia 1604 , Enguera, Gandía y Xàtiva, es-
tas dos últimas en 1617. “Aportación al estudio...” p. 2.5. CONFLICTOS
393. La fundación de la cofradía de Xàtiva, según se es- DE JURISDICCIÓN
pecifica, es bastante anterior.
312
ARV, Real, 1420, ff. 184 vº-192;Valencia, 8 de fe- “El Estado absolutista nunca fue un árbi-
brero, 1541. tro entre la aristocracia y la burguesía ni,
313
ARV, Real, 1422, ff. 79-83; Valencia, 20 de mayo, mucho menos, un instrumento de la na-
1544. ciente burguesía contra la aristocracia:
314
Ibidem, ff. 90-98;Valencia, 4 de septiembre, 1544. fue el nuevo caparazón político de una
315
Ibidem, ff. 156-161;Valencia, 4 de marzo, 1545. nobleza amenazada”318.
316
CÁRCEL ORTI, Mª M. “Capítulos de la cofra-
día...”, pp. 86 y 89. Esta cita de Anderson nos re-
317
ARV, Real, 1423, f. 193-193 vº; Valencia, 12 de
cuerda que el Antiguo Régimen,
abril, 1547.
318
ANDERSON, P. El Estado absolutista. Madrid, organizado en estamentos, no es-
1983, p. 12. taba sustentado en la teórica igual-
108 dad de los individuos: cada estamento procuraba por asegurar sus pri-
vilegios. La justicia, en consecuencia, no se fundamentaba en un ideal
de equidad, puesto que la sociedad estaba basada en la división, así in-
franqueable, de los grupos sociales a los que se pertenecía por naci-
miento. Si la justicia no era igual para todos, había diversas jurisdiccio-
nes para los diversos estamentos. Había la justicia del rey, que afectaba
directamente a sus súbditos, tanto los de las tierras de realengo como los
nobles. Había, igualmente, la justicia que administraba el señor en sus
posesiones, ya que a menudo gozaba del “mero y mixto imperio”. Por úl-
timo, los clérigos se regían por el derecho canónigo, y escapaban a la ju-
risdicción real. Este complejo sistema legal conllevaba necesariamente
múltiples fricciones. Los roces se producían entre las diversas jurisdic-
ciones, ya que la frontera entre ellas era muy esquiva. Los individuos su-
jetos a la acción de la justicia procuraban esquivarla siempre que podí-
an, alegando para ello la pertenencia a un estamento distinto al del bra-
zo instigador. Así, ante el acoso de los procuradores fiscales, numerosos
acusados alegarán pertenecer al brazo eclesiástico; ante la jurisdicción
del señor, muchos buscarán el amparo de la justicia real; e, incluso, ha-
brá clérigos que en algún momento dado procurarán el asilo de los ofi-
ciales reales. Las combinaciones, por tanto, son múltiples. El hecho
siempre es el mismo: la búsqueda, cuando se tienen medios para inten-
tarlo, del paso a la jurisdicción más conveniente.
La cuestión, sin embargo, no era tarea sencilla. Cada organismo o
institución administradora de justicia guardaba celosamente sus com-
petencias, por lo que no admitía, fácilmente, la fuga de individuos de su
jurisdicción. El litigio entre los estamentos por la posesión de las perso-
nas a las que se creían con derechos era inevitable; de ahí que hubiese
una compleja trama foral, que arbitrase los contenciosos de jurisdic-
ción, y que en las Cortes de Carlos V, a las que se alude, no fuesen in-
frecuentes los fueros que tratasen este tema.
El presente apartado se abre con un breve planteamiento histórico de
los conflictos de jurisdicción entre las potestades real y eclesiástica.
Asimismo, se observa la actitud que los diferentes poderes implicados
mantuvieron sobre la vacilante figura jurídica del tonsurado, auténtica
fuente de conflictos entre los ámbitos real y eclesiástico. La llegada del
arzobispo Villanueva, dispuesto a seguir una política de firmeza con su
propio clero, abrió nuevas expectativas para la solución de este foco de
conflictos.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
109
***
De entre las diversas variedades de conflictos institucionales, no ca-
be duda que los conflictos generados entre las jurisdicciones eclesiásti-
ca y real fueron, con mucho, los que se produjeron con una mayor fre-
cuencia. La asiduidad con que se sucedieron las tensiones entre los ofi-
ciales del rey y de la Iglesia siempre fue muy superior a la que hubo con
otras instancias. Teresa Canet sintetiza las causas de los conflictos en
torno a la jurisdicción criminal: “Las autoridades seculares se veían im-
posibilitadas de actuar contra los clérigos delincuentes por las inmuni-
dades de que éstos gozaban; las autoridades eclesiásticas, por su parte,
se mostraban, en demasiadas ocasiones, remisas en sus actuaciones.
Otro factor complicaba todavía más esta penosa situación: la cuestión
de los simplemente tonsurados”319.
La tonsura, grado preparatorio para recibir las antiguas órdenes me-
nores, que confería el prelado con la ceremonia de cortar al aspirante un
poco de cabello, era suficiente para alegar, el que la poseía, la pertenencia
al estado clerical. Aunque la jurisdicción real nunca transigió con los ton-
surados, a los que siempre consideró de competencia propia, no sería si-
no hasta 1552 cuando el príncipe Felipe determinó el sometimiento de los
tonsurados sin otras órdenes mayores a la justicia del rey, lo cual sería
sancionado por el Breve de Julio III de 24 de noviembre de 1553320. Sin
embargo, hasta llegar a dicha solución, hubo una larga nómina de perso-
najes, muchos de ellos simplemente tonsurados, objeto de fricción o dis-
puta por las autoridades eclesiásticas o reales. De igual modo, las autori-
dades delegadas del rey habían te-
nido que escribir numerosos infor-
mes, clamando por el abuso que
319
CANET APARISI, T. La Audiencia Valenciana..., pp. suponía que aquellos que habían
140-141.
320
alcanzado la tonsura pudiesen bor-
Ibidem, p. 141.
321
Por el tratamiento dado al receptor de la misi- dear e, incluso, escapar a la justi-
va “Illustre señor”, así como el resto del encabeza- cia. De hecho, el duque de Calabria
miento de la carta, parece casi seguro que se trata del se expresaba en términos muy du-
comendador mayor de León: “Illustre señor, a lo de v. ros para referir al comendador ma-
m. de XIIII del presente tengo poco que responder...” yor de León “los continuos trabajos
AGS, Estado-Aragón, 293-236; Valencia, 21 de agosto,
1544. Citado por CANET APARISI en La Magistratura
que aqui nos da la inmunidad ecle-
Valenciana (ss. XVI-XVII).Valencia, 1990, apéndice docu- siastica y con quanta dificultad y a
mental, documento nº 1. fuerça de braços se haze justicia”321.
110 En verdad, la expresión “a fuerza de brazos” no era inusual en el duque;
la había empleado ya en otras ocasiones, por ejemplo cuando se refería
a su finca de caza en Llíria “La Garrofera”, que según refería también
había levantado con su esfuerzo muscular. Más allá de la mera anécdo-
ta lingüística, de la expresión ya hecha, queda el significado de la metá-
fora. La justicia tenía dificultades para materializarse, precisamente por
la dificultad añadida que le suponía la inmunidad eclesiástica.
Muchos de los tonsurados que delinquieron y fueron objeto de dis-
puta entre las jurisdicciones eclesiástica y real estuvieron, tal y como in-
dica Regina Pinilla, acusados de vivir con una virgen, con mujer o estar
casados322. Fueron muchas las variantes de estos conflictos, tanto de los
coronados como otros personajes situados entre las dos jurisdicciones.
Muchos de estos personajes aparecen esporádicamente en los registros
de citaciones y luego su rastro se pierde definitivamente en el anonima-
to del tiempo. Sin embargo, hay algunos que aparecen reiteradamente y
que fueron objeto de fuertes disputas entre las autoridades civiles y ecle-
siásticas.
De entre la pléyade de casos de conflicto de jurisdicción que se suce-
dieron durante el reinado del emperador, cabe mencionar, por la reper-
cusión que tuvo en la sociedad valenciana, el relativo a Joan Penya. Este
personaje fue uno de los pretendidos clérigos que convivía con una vir-
gen. Natural de Onda, fue acusado de ser hombre facineroso, sanguina-
rio, homicida y, según la jurisdicción real, mero laico; fue capturado por
el “portantveus” Joan Llorenç de Vilarrasa cuando, armado, pretendía
huir de la justicia del rey. La acusación concreta respondía a la muerte
que Penya le había causado a un tal Rius, también de Onda. Ahora bien,
detenido en una cárcel real, el canónigo Ribelles intimó a la justicia se-
cular para que en tres horas restituyese al acusado a la justicia eclesiás-
tica bajo pena de excomunión y 200 ducados. El regente de la lugarte-
nencia, Jeroni de Cabanyelles, exigió que renunciase a tan “insólita agre-
sión”, que revocase sus cartas y, si
fuese preciso, nombrase árbitros.
En todo caso, debía persuadirse
322
PINILLA PEREZ DE TUDELA, R. El virreinato con- que el cautivo pertenecía al “por-
junto de doña Germana de Foix y don Fernando de Aragón tantveus” y, con respecto a la ame-
(1526-1536). Fin de una revuelta y principio de un conflic-
naza de excomunión, le recordaba
[Link] doctoral. Universidad de Valencia, 1982, p. 544.
Una publicación resumida de esta obra ha sido editada que representaba al imperio real y
por el Consell Valencià de Cultura, serie Minor. que podía proceder contra él y sus
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
111
bienes, por derecho y por la concordia de la reina Leonor323. Horas más
tarde, el regente de la lugartenencia volvía a escribir al canónigo
Ribelles, comunicándole que sólo le entregaría a Penya en el caso de que
los árbitros así lo decidiesen324 . Al día siguiente, Cabanyelles remitía
nuevos escritos exigiendo la revocación y la anulación de todos los re-
gistros y procedimientos del caso, para que se conservase la preeminen-
cia real y la concordia o en caso contrario actuar contra el canónigo y
sus bienes325. Los oficiales reales procedieron a la ejecución de Penya. El
dietarista Jeroni Soria, fue testigo de lo ocurrido:
“Divendres a XXXI de Dehembre (...) ab provisio del exçelent Duch de
Calabria ( ...) donaren hun garrot a hun home de Onda que a nom Penya
(...), y apres de ser ofegat, lo posaren a la porta de la cort del Governador en
terra (...), de hon posaren entredit ans de ofegarlo y enebits tots los ofeçials
y no obstant axo lofegaren, de que era jutge apostolich del dit home don
Jeroni Montagut Valero de Ribelles, canonge de la Seu de Valencia (...). Apres
lo exselent Duch de Calabria, sobredit, y don Jordi de Austria, arquebisbe de
Valençia, feren crida per Valençia que dengu que sabes rendes del dit don
Jeroni de Ribelles, axi de la esglesia com de bens sensals realenches, que no
li fossen dats y aso feren perque avia po-
sat encomunicasio contra los sobredits
ofeçials reals”326.
323
ARV, Real, 1319, f. 108-108 vº. Jeroni de
Cabanyelles a Jeroni de Ribelles canónigo .Valencia, 27 El virrey había estado ausente,
de diciembre, 1540 (aunque en la documentación debido a sus nupcias con doña
consta 1541, dada la costumbre de la época de cambiar
Mencía de Mendoza en Ayora, tie-
la fecha del año pasada la Navidad). Sebastián Salvador
se la dio en propia mano al canónigo Ribelles a las 12 rra de la marquesa del Zenete y
del mediodía. ahora duquesa de Calabria327. Aún
324
“Entregada a les 9 hores de la nit” ARV, Real, no había llegado a la ciudad y ya
1319, ff. 109 vº-110 vº;Valencia, 27 de diciembre, 1540. había sido advertido por el doctor
325
ARV, Real, 1319, ff. 110vº-111 vº Valencia, 28 de del Real Consejo, Francisco Ros,
diciembre, 1540.
326 así como por alguaciles reales, de
SORIA, J. [Link], 1960, p. 202.
327
“Any 1541, entrada de la marquesa, muller del las excomuniones que se habían
duch de Calabria”, BUV, Manuscrito 160: “Dietari de va- publicado contra ellos en las pa-
ries coses sucseides en lo reyne de Valencia y en altres rroquias e iglesias de la ciudad de
parts escrites per un capellâ del rey don Alonso el V. de Valencia. El duque exigió al canó-
Aragó fins al âny 1478. Anyadides altres memories dia-
nigo Ribelles que en tres horas re-
ries des de 1516 hasta 1588”, f. 734.
328
ARV, Real, 1319, f. 112-112 vº; Catarroja, 5 de vocase todas las actas contrarias y
enero, 1541. “Raphael Dolç, regent de verguer de la públicas, nombrando árbitro a
Real Audiencia, ell huy, entre les 8 e les 9 hores de mig- Martí Ponç328. Dos días después,
112 también desde Catarroja, comparecía ante el duque Juan Pellicer, nota-
rio de Jeroni de Cabanyelles, para hacer constar que el famoso canóni-
go no había respetado la legislación al respecto. El virrey hubo de expe-
dir dos misivas al canónigo exigiendo la revocación de la excomunión,
del entredicho, así como el nombramiento del árbitro correspondiente a
la Iglesia329, pero no debieron de surtir mucho efecto las primeras cartas
del duque, porque días después hubo de repetirlas330. Finalmente,
Fernando de Aragón, mandó promulgar una crida, en la que cualquier
tipo de negocio o transacción con Jerónimo Ribelles quedaba prohibi-
da331. Del mismo modo, ordenó que no le pagasen censos tributos, cen-
sales u otras deudas. En el pregón se explicaba que la causa de todo ello
era haber procedido contra el regente de la lugartenencia, los doctores
del Real Consejo y otras personas. Igualmente, se consideraba que el ca-
nónigo había “lesionado” la jurisdicción real y la preeminencia del dicho
regente, del “portantveus de general governador”, Joan Llorenç de
Vilarrasa, y otros.
Cuando el canónigo emprendió el camino de oposición a la juris-
dicción real, lanzando la serie de excomuniones, de las que no se ha-
bían librado ni Cabanyelles, ni Vilarrasa, ni los doctores de la Real
Audiencia, ni el verdugo que ejecutó a Penya, la mediación del lugar-
teniente general resultó ineficaz. En consecuencia, hubo de intervenir
la más alta instancia política del reino: el rey. Efectivamente, Carlos
V se hallaba en la península y pudo seguir, en cierta manera, el pro-
ceso de cerca. Informado por el virrey, el monarca consideró que
Ribelles se dedicaba a ayudar a “hombres malhechores, escandalosos
y de mala vida”. Aconsejó al du-
que que hablase “blandamente”
jorn, haver intimada, notificada e dexada la preinscrip- al clérigo y le persuadiese para
ta patent provisio ( ... ) al dit noble don Hieronym de
que revocase lo que había hecho;
Ribelles” .
329
Ibidem, ff. 113 y 113 vº-[Link] en Catarroja, el virrey habría de emplear con el
7 de enero, 1541. canónigo un doble lenguaje: le
330
Ibidem, ff. 114-115 vº; Catarroja, 11 de enero, halagaría prometiendo sanciones
1541. para los oficiales que hubiesen
331
Ibidem, ff. 117vº-118 vº. Publicó la “crida” Pere cometido alguna incorrección, al
Miró en nombre de Joan Andreu Borja, trompeta real,
el 21 de enero, 1541.
tiempo que le reprendería “algo
332
ARV, Real Cancilleria, Curia Valentinae, 252, ff. aspero de estos y de otros sus
112vº-113. El rey al duque de Calabria. Madrid, 16 de desacatos, scandalos y atrevi-
febrero, 1541. mientos”332. El mismo día que es-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
113
cribía al duque de Calabria, se dirigía a su tío, el arzobispo Jorge de
Austria, para que procurase que el canónigo se arrepintiese de la ex-
comunión y, asimismo, que ayudase al virrey por todas las vías que le
pareciese de manera que Ribelles revocase lo hecho. A cambio le pro-
metía el castigo para los oficiales que hubiesen hecho cosas indebi-
das, según la legislación al efecto333. Al mismo tiempo, escribió al abo-
gado fiscal para que instase al canónigo a que revocase lo que había
hecho prometiendo, eso sí, que en el caso de que hallare culpables a
los oficiales los haría castigar. Posteriormente, debería apremiar a la
Real Audiencia a la ejecución de sus bienes, procediendo si fuera ne-
cesario a la ocupación de sus temporalidades. El rey le recordaba que
debía comunicar todo al duque y al Consejo, avisándole a él de todo
lo ocurrido con diligencia334. Finalmente, escribía al propio canónigo
Ribelles:
“Tenemos no poco sentimiento que para que no se haga justicia de los ma-
los accepteys tales bienes y useis d·ellos contra nuestros officiales en perju-
dicio de nuestra jurisdiction, lo que es muy ageno de vuestro habito y de lo
que deveis a nuestro servicio”335.
El emperador, por último, ordenaba al canónigo que cumpliese las
instrucciones que el duque más detalladamente le daría. Todavía en el
mes de marzo, el rey solicitaba que se informase a su Santidad de la
vida y costumbres de Ribelles y que, de su parte, le suplicasen que tu-
viese a bien conceder un “breve enderezado”. Para que pudiesen pro-
ceder por inquisición, denuncia y acusación “ex oficio” contra dicho
clérigo y alzar el entredicho que había impuesto, enviaría el breve a
España, al vicecanciller, poniendo en ello “toda industria y diligen-
cia”336.
Y es que para la jurisdicción real, la Iglesia, había cifrado “todo su
fin en amparar y favoreçer malhechores, salvando y librando aquellos
de mis manos”. Al igual que los
visitadores, el virrey tenía pocas
333
Ibidem. El rey a don Jorge de Austria, arzobispo esperanzas en la capacidad de los
de Valencia. Madrid, 16 de febrero, 1541. juristas eclesiásticos valencianos
334
Ibidem. El rey al abogado fiscal. Madrid, 16 de fe- para administrar una justicia
brero, 1541.
335
Ibidem, ff. 114-114 vº; Madrid, 16 de febrero,
recta, ya que los creía sometidos
1541. a las presiones de sus conciuda-
336
Ibidem, ff. 114 vº-116; Madrid, 24 de marzo, 1541. danos. Sin embargo, este panora-
114 ma de desconfianza y recelo hacia la jurisdicción eclesiástica vendría
a cambiar con la llegada del nuevo arzobispo Tomás de Villanueva
quien, ciertamente, despertó muchas expectativas entre los oficiales
reales valencianos. En ese sentido, no deja de ser elocuente la men-
cionada misiva de Fernando de Aragón a Francisco de los Cobos soli-
citando un provisor castellano (se le suponía imparcial) y rechazando
a los oficiales eclesiásticos naturales de Valencia:
“Importa mucho que vuestra merced le haga hablar para que trayga de alla
hun prouisor castellano, hombre de letras y buena conçiencia que le sirva de
offiçial y vicario general, porque siendo tal, le descansara mucho y assenta-
ra esto como conviene al seruiçio de Dios y de su Magestad, sin dar lugar a
las vellaquerias que en esta Yglesia se han consentido y consienten con las
parçelidades y amistades que los dichos officiales han tenido, lo que no po-
dra escusarse siempre que se tome para·l regimiento de dicha Yglesia, hom-
bre de por aqua. Y (...) que Su alteza mande al dicho arçobispo que tenga
conmigo toda buena ineteligencia sobre todo lo que se ofreçera al seruiçio de
Su Magestad y de Su Alteza, porque d·esta manera botaran todos los vella-
cos y malhechores, y la tierra quedara llana como la palma, sin que los di-
chos tengan aquel refugio tan çierto como agora lo tienen (...) Y, hotramen-
te, si se ponen hombres naturales de aqui, ni platicos en dissimular y fauo-
reçer semejantes vellaquerias, vuestra merced crea que todo es por demas,
ahunque el prelado sea santo”.
Las expectativas que la llegada del nuevo arzobispo se habían des-
pertado en el ánimo del virrey no se habían visto totalmente defrauda-
das. Villanueva se mostraría como un arzobispo totalmente celoso de
sus clérigos, pero también había comprendido que la tonsura realmen-
te servía para que muchos laicos buscasen un amparo para la impuni-
dad de sus acciones delictivas. Sus declaraciones, siendo todavía arzo-
bispo electo de Valencia, muestran su disposición para colaborar con el
virrey, tanto en el tema de la corona como en el de los moriscos, y en “to-
do lo demas que cumpliere al servicio de Dios y de su Magestad y bue-
na gobernacion de aquel reino”. Su buena voluntad se concretaba en
agrias palabras para con los coronados que buscaban amparo en la jus-
ticia eclesiástica:
“Yo, señor, siempre estuve mal con estos insultos que se hacen con favor de
la corona, y he deseado que en esto se pusiese algun remedio porque Dios y
la justicia desto se ofende y el pueblo recibe gran detrimento, y en esto seré
en ayudar al Señor Duque para que los malos sean castigados, y en suplicar
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
á Su Excelencia que así lo haga, porque poco aprovecharía la doctrina, si no 115
se ejecutase la justicia”337.
Su preocupación para con el tema de los tonsurados por convenien-
cia le había llevado a redactar unos capítulos junto con el virrey y el vi-
sitador Pedro de la Gasca338, para que fuesen expuestos en el Concilio
que ya se desarrollaba en Trento. En la carta del licenciado Pedro de la
Gasca a Cobos se sintetizan los acuerdos adoptados por el arzobispo, el
virrey y el mismo Gasca. Estos capítulos abarcaban dos grandes blo-
ques.
Uno, haría referencia al problema de los jueces apostólicos, quienes
hacían gala de una pródiga magnanimidad para con sus reos. Estos
jueces eran calificados generalmente como “de manga”. Los delin-
cuentes que a ellos llegaban, según el visitador, quedaban libres y sin
castigo de los “homiçidios y otros delictos” que hubiesen perpetrado.
Los acusados, que a ellos llegaban, salían más envalentonados viendo
como los sentenciadores apostólicos les habían librado, tanto de los
jueces eclesiásticos como de los ordinarios “sin dar el castigo ny aun
fatiga de carçel”.
La otra cuestión referida por el
visitador era la de los “coronados”.
337
Tomás de Villaneuva a Francisco de los Cobos. La propuesta que el visitador ha-
Monasterio de Nuestra Señora del Pino, 8 de septiem- cía llegar al secretario era que la
bre, 1544; AGS, Estado, 293 en FERNANDEZ NAVA- adjudicación de “coronas” fuese
RRETE, M; SALVA, M.; SAINZ DE BARANDA, P.
competencia de los Ordinarios, de
Colección de documentos inéditos para la Historia de
España, t.V, Madrid, 1844, p. 83. manera que no hubiese tan excesi-
338
“El señor duque embia los capitulos sobre lo que vo número de tonsurados. Esta
aca ha paresçido que de parte de lo seglar se deveria medida para ser eficaz precisaba
pedir en conçilio” El licenciado Gasca a Cobos AGS, que los propios obispos examina-
Estado-Aragón, 297-64 Valencia, 5 de julio, 1545. El padre
sen a los súbditos que pretendie-
Luis Alvarez cita, asimismo, la carta, llegando a trans-
cribir los aspectos fundamentales en apéndice “Santo sen la tonsura; pues lo que ocurría
Tomás de Villanueva y el Concilio de Trento” en La ciu- era que mediante las letras apostó-
dad de Dios..., 1958, nº 4, pp. 627 y 643. Sin embargo, licas se enviaba la relación de as-
como indica que se halla “sin foliar”, y en el presente pirantes a tonsura a los obispos
trabajo se ofrece la cita completa, se mantendrá la lla- que las habían de otorgar, quienes
mada en su original. El arzobispo no podía llevar los ca-
generalmente las concedían sin
pítulos a Trento, pues aunque había sido convocado, las
protestas surgidas en Valencia y, más tarde, un certifi- mediar examen o consideración
cado médico, le eximieron de su presencia. alguna. Para aludir a la abundan-
116 cia de tonsurados, Gasca, elocuentemente, escribía: “seria camino de
evitar el exçesso de las coronas que por letras apostolicas se dan, y spe-
çialmente en esta tierra que apenas hay en ella carnizero, sastre ny ça-
patero que no la tenga”.
Con todo, algo había empezado a cambiar con respecto a la inmuni-
dad de los tonsurados. El juez de residencia en la misma misiva hacía
mención al sosiego y pacificación que se respiraban en la capital del rei-
no desde la llegada del arzobispo agustino. En efecto, el prelado habría
anunciado en sus sermones que no impediría la justicia seglar que cas-
tigase a los delincuentes coronados. Pero si el cambio de relaciones en-
tre los jueces eclesiásticos y Ordinarios era todavía un deseo anunciado,
el rigor para con los delincuentes tonsurados, que caían en manos de los
jueces de la Iglesia, era ya una incipiente realidad. El arzobispo habría
comenzado a actuar con inclemencia con aquellos tonsurados que bus-
caban su refugio en la inmunidad eclesiástica, condenando a algunos de
ellos, y haciendo de las cárceles recintos más severos. Para continuar la
política de severidad con los delincuentes tonsurados, el licenciado pro-
ponía dos iniciativas.
Así, para estimular al arzobispo y a su provisor para que no cejasen
en su empeño de atajar las injusticias que los tonsurados y los jueces
apostólicos provocaban, el visitador pretendía que se les escribiese lo-
ando la rectitud con la que procedían. Con ello, Gasca creía que los jue-
ces apostólicos abandonarían su tradicional magnanimidad, y los ton-
surados se cuidarían más de delinquir. La otra medida disuasoria pro-
puesta por el visitador consistía en que el rey llamase a aquellos jueces
apostólicos que pusiesen impedimentos a las medidas reformadoras pa-
ra que comparecieran con sus procesos ante él. De hecho, esta medida
no era totalmente novedosa, pues el soberano ya la había utilizado en
una ocasión anterior. La consecución de una política de firmeza por par-
te del arzobispo en el asunto de los tonsurados habría llevado a una dis-
minución de los conflictos de jurisdicción, en tanto que la justicia ema-
nada de los jueces eclesiásticos habría sido igual de severa que la de los
Ordinarios, pero la conflictividad entre ambas jurisdicciones no remitió
de manera considerable tal y como la documentación de los registros de
Cancillería demuestra.
Ahora bien, todos estos buenos deseos se habían expresado en el pri-
mer semestre de la permanencia de Tomás de Villanueva en Valencia.
Cabe, en consecuencia, averiguar cuál era la realidad que se imponía a
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
117
más largo plazo. Pronto Pedro de la Gasca iba a desaparecer de la esce-
na valenciana y el clima de entendimiento que se había apreciado entre
las altas instancias de las jerarquías eclesiástica y real, se desdibujaría
con la ausencia del juez de residencia que tan buenos oficios había des-
empeñado coordinando a las cúpulas de las mencionadas potestades y,
no estando el juez de residencia, el arzobispo escribía su propio informe
al príncipe sobre la mejora del orden público que la ciudad había expe-
rimentado debido a la renovación que el propio arzobispo había llevado
a término en su diócesis, aunque se lamentaba por el recurso de salva-
ción que los delincuentes habían hallado en los ya célebres “jueces de
manga”339. El recurso consistía en denunciar el caso a Roma, con lo que
el papa designaba los jueces apostólicos —de manga—, quienes mostra-
ban una inusitada magnanimidad para con sus acusados; aunque la de-
nuncia que el arzobispo planteaba del portillo legal por el que ahora se
escabullían los tonsurados, no era realmente una innovación, por cuan-
to el virrey ya había denunciado anteriormente la actuación de los jue-
ces apostólicos. Desde el otro lado, desde la cúspide de la administra-
ción real, transcurridos apenas unos meses de la partida de Pedro de la
Gasca, se solicitaba al secretario Cobos, directamente, sin ambages, que
el príncipe escribiese al arzobispo:
“mandandole que mire mucho lo que provee en esto de las coronas, que con
el favor que por su parte se les da, no solamente se perturba la buena execu-
çion de la justiçia (...) y ahunque el es muy buena persona y de buenas le-
tras y vida, son tantas las passiones de por aqua, que con ellas hallan los
malos harto mas favor que con los buenos. Y con esto le hazen torcer en al-
gunas cosas, que si tuviera platica dellas
y de los que los procuran, no las haria”340.
339
Las palabras del arzobispo eran: “Despues que Un suceso concreto parecía que
en esta ciudad y diócesis se comenzó a haçer justicia
había enfrentado directamente al
en el foro eclesiástico, luego se conosció la mejoría de
los insultos que antes solían hacer; mas agora que los virrey y al arzobispo.
delincuentes, visto que les era cerrado aquel portillo, En el lugar de Albalat, pertene-
han buscado otro para cometer sus delitos, que es ciente al duque de Gandía, el justi-
acudir al Papa...” El arzobispo al príncipe. Valencia, 12 cia había reunido a un grupo de
de octubre, 1545. AGS, Estado-297 en FERNANDEZ gente armada, a repiques de cam-
NAVARRETE, M. y SAINZ DE BARANDA, P. Colección
pana, para ir contra un alguacil re-
de documentos inéditos..., t.V, p. 97.
340
AGS, El duque de Calabria al Illustre señor, el se- al. Las huestes del virrey reaccio-
cretario Cobos. AGS, Estado-Aragón, 299, f. 70 Valencia, naron capturando al justicia y le
5 de enero, 1546. hubiesen administrado el garrote
118 de no haber mediado el fiscal de arzobispo, quien presentó al virrey su
carta alegando corona. El duque de Calabria se lamentaba por no poder
aplicar la pena capital al justicia de Albalat; de ahí que esperase la lle-
gada del canciller: para que pudiese “venir a morir a mis manos”. Con la
marcha de Pedro de la Gasca faltaba el elemento concilidador que ten-
diese el puente de diálogo entre el arzobispo y el lugarteniente general.
El tono entre ambas potestades adquiría matices ásperos. El virrey para
reafirmar su potestad frente a la jurisdicción eclesiástica, tal y como lo
expresaba en el caso del justicia de Albalat, iba a fundamentarse rápi-
damente en la figura del canciller341.
El virrey, como también lo había hecho el arzobispo, defendió su ges-
tión enviando escritos al comendador mayor de León exponiendo que la
delincuencia había disminuido en la ciudad gracias a la represión sobre
los coronados, cifrando la merma de homicidios en un 90 por 100: “Y se
dice por experiençia que de diez partes de los hombres que se matavan
en esta çiudad, con el gran favor que allavan los matadores dandose a la
corona, no se mata agora huna”342. Había, sin embargo, una diferencia
fundamental con el informe emitido por el arzobispo: mientras éste no
dudaba en atribuir la disminución de la delincuencia a la justicia efec-
tuada por el “foro eclesiástico”, el virrey consideraba que el temor de los
delincuentes se debía a que habían de “pasar por manos del cançiller y
de sus açessores y ser bien examinados si gozan della o no”.
Con todo aún hubo otro episo-
dio de gran tirantez entre las auto-
341
ridades eclesiásticas y las reales
La relativa falta de “protagonismo” había estado
motivada, como se justifica en párrafos sucesivos, por surgido como consecuencia de un
la suspensión del oficio de canciller realizada por el conflicto de jurisdicción: el de Elfo
juez de residencia. Aunque, en principio, solicitaba la de Próxita, quien en una porfía
llegada de otros cancilleres, pronto reahibilitaría al can- con el alguacil real Miguel Angel
ciller titular, el abad Pedro Pastrana. Nogueroles, “cosió a puñaladas al
342
AGS, Estado-Aragón, 299, f. 61.
343 alguacil junto a las piedras berro-
LLIDO VICENTE, R. La entrada de Tomas de
Villanueva en Valencia, 1545-1945. Con introducciones del queñas de la Lonja”343. Este hecho
Excmo y Rvdmo. Sr. Arzobispo y del Excmo. Sr. Alcalde de coincidía, según los cronistas ecle-
[Link], 1945, p. 59. siásticos, con la resistencia que los
344
En el apartado 2.1. Articulación territorial de la canónigos ofrecían al arzobispo
Iglesia de Valencia, ya se indicaba que la vinculación en-
con motivo del sínodo que el pro-
tre la aprobación de los capítulos sinodales y el caso
Elfo de Próxita se debía exclusivamente a crónicas pio Tomás de Villanueva había
eclesiásticas. Bien pudiera suceder que, un año des- convocado344. Sin embargo, la ac-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
119
ción del gobernador supuso para los canónigos un ataque contra la in-
munidad eclesiástica, perpetrado contra uno de los suyos. Atemorizados
por el precedente que podía suponer, acudieron en busca de protección
al arzobispo, quien aprovechó la ocasión para fortalecer su autoridad
ante ellos. Una vez sometido el capítulo, el prelado desplegó una pro-
tección a ultranza de los individuos sometidos a su jurisdicción, recu-
rriendo para ello a las más graves penas sobre la ciudad. Ello obligó a
intervenir a los reyes de Bohemia e, incluso al propio emperador.
Finalmente, fue el visitador Miguel Puig, obispo de Elna, quien despla-
zó al propio virrey en las negociaciones consiguiendo restablecer la nor-
malidad, aunque el “portantveus” de gobernador Joan Llorenç de
Vilarrasa hubo de hacer públicas muestras de arrepentimiento345.
pués, los canónigos aún se hallasen en rebeldía respec-
to a la autoridad que sobre ellos pretendía el arzobis-
po. Pero es imposible que esta relación efecto-causa se
diese entre el encarcelamiento de Próxita y la aproba-
ción de las ordenaciones y capitulaciones sinodales,
puesto que habían sido publicadas el 14 de junio de
1548, después de que el arzobispo oyese las protestas
de los eclesiásticos.A mayor abundamiento, ese mismo
día concluyó el sínodo (SANCHIS SIVERA, J. Libre de
antiquitats... p. 152). Este nexo entre ambos sucesos, así
como su conexión temporal —año 1548—, también
ha sido mantenida por Sanchis Guarner, quien afirma
que los canónigos hubieron de someterse “a corre-cui-
ta, per tal que el fur de l’arquebisbe pogués rescatar
del poder del governador un canonge empresonat per
temptativa d’homicidi 1548 (La ciutat de València. Síntesi
d’Història i de Geografia Urbana. València, 1981, p. 256).
345
Sobre el contencioso de las jurisdicciones ecle-
siástica y real a raíz del caso Elfo de Próxita, vid. MARTÍ
FERRANDO, J. “La corte virreinal en el reinado del
emperador” en Estudis, 2000, 26, p. 105 y ss.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
121
CAPÍTULO III
EL ESTAMENTO MILITAR: RÉGIMEN SEÑORIAL Y NOBLEZA
En el debate desarrollado durante las pasadas décadas en torno al
cambio del sistema feudal al capitalista, los historiadores llamaban la
atención sobre la difícil clasificación del sistema económico imperante
en Europea occidental durante los siglos XV y XVI: feudal, burgués o al-
go intermedio entre feudal y capitalista345. El obstáculo que cabe inter-
poner a la cuestión, planteada en esos términos, es que se circunscribe
al ámbito anglosajón, obviando la realidad del sur europeo346; ya que, co-
mo indica Císcar Pallarés: “Al margen de polémicas y discusiones ter-
minológicas estériles, Europa se
halla definida básicamente por el
Feudalismo, entendido como mo-
345
El debate sobre la transición del feudalismo al do de producción en que las rela-
capitalismo quedaba centrado en parecidos términos ciones sociales están forjadas en
por Maurice Dobb en su “Respuesta” en la miscelánea torno a la tierra porque reposan
de estudios dedicados a este tema: La transición del feu- sobre una economía de predomi-
dalismo al capitalismo edición de Rodney Hilton;
nio agrícola”347.
Barcelona, 1982, pp. 85-86.
346
En su “Contribución al debate” Ibidem, p. 93 , El sistema feudal en las tierras
Kohachiro Takahashi incide en la escasa atención pres- valencianas se mostró extraordina-
tada “a los trabajos franceses y alemanes sobre el te- riamente complejo. Según la afir-
ma”. Sería el propio Dobb quien, a su vez señalaría la mación de James Casey, “lo que
nueva insuficiencia de Takahashi: “para ser más preci- más sorprende quizás es la gran
sos, podría haber añadido que en mi trabajo ignoro ca-
si por completo la experiencia de la Europa meridio-
diversidad que caracterizaba el ré-
nal, en particular la de España y la de Italia” “Nuevo gimen señorial en un territorio tan
comentario” Ibidem, p. 137 . pequeño”348 . Dada esta compleji-
347
Tierra y señorío en el País Valenciano (1570-1620), dad: —son extraordinarios los esti-
Valencia, 1977, p. 32. los deste Braço” asevera Matheu y
348
CASEY, James “La situación económica de la no-
Sanz349—, cabe utilizar el término
bleza valenciana en vísperas de la expulsión de los mo-
riscos” en Homenaje al Dr. D. Juan Reglà Campistol. genérico de “régimen señorial” que
Valencia, 1975, vol. I, p. 521. abarca con mayor precisión el
349
Tratado de la celebración..., p. 91. complejo entramado social que
122 afectaba a gran parte del señorío valenciano; concepto, por otra parte,
más genérico que el específicamente militar o noble, que comprende
una parte, aunque preponderante, del sistema350. Junto con los nobles en
sentido estricto, aparecen los caballeros y generosos y, aunque no perte-
nezcan al brazo militar, los ciudadanos poseedores de jurisdicción se-
ñorial.
Los señores o barones gozaban del prestigio de la antigüedad y, aun-
que no todos tenían la jurisdicción total sobre sus territorios, muchos te-
nían un poder casi omnímodo sobre sus estados351. Con todo, los peque-
ños señoríos alcanzarían la jurisdicción alfonsina, pues, aunque no go-
zaban de las competencias propias del mero imperio, sus titulares per-
cibían la mitad del importe de las penas pecuniarias en los procesos cri-
minales que escapaban a su competencia352.
Los nobles en sentido estricto, herederos de los antiguos barones e in-
cluso con prestigio de sangre real, ostentaban las mayores propiedades
patrimoniales. Sus miembros, como explica Gil Olcina, “aparecen capi-
taneados por los Grandes de raigambre valenciana, es decir, los duques
de Gandia, Segorbe y Villahermosa y los marqueses de Dénia y
Guadalest; a la cabeza de todos, muy destacada, la Casa de Gandia”353.
Había, asimismo, una nobleza de abolengo inferior, pero propietaria
también, de posesiones nada desdeñables. Integraba el grupo más nu-
trido de poseedores de lugares, el de caballeros, cuyos señoríos estaban
poblados por vasallos que oscilaban en número entre cien y doscientos.
En el último peldaño de la jerarquía nobiliaria se hallaban los genero-
sos: descendientes de los antiguos conquistadores, su número era infe-
rior al de caballeros. Fuera, aunque lindantes con el estamento nobilia-
rio, se hallaban los ciudadanos, al-
gunos de los cuales eran poseedo-
350
res de vasallos354. Asimismo, ciu-
Se sigue la definición de “Régimen Señorial”
ofrecida por Eugenio Císcar Pallarés en Tierra y señorío
dades y villas de jurisdicción real
..., p. 73. ejercían su dominio sobre otros lu-
351
LALINDE, J. La institución virreinal en Cataluña. gares o aldeas.
Barcelona, 1964, p. 419. Es por ello que el estudio del
352
La mencionada jurisdicción se alcanzaba gracias brazo nobiliario se refiere, no tanto
al privilegio concedido por Alfonso II en 1329. GIL OL-
a la composición del brazo o del es-
CINA, Antonio, La propiedad señorial en tierras valencia-
nas,Valencia, 1979, pp. 16-17. tamento militar en sí, como a las in-
353
Ibidem, p. 14. terrelaciones con otras jurisdiccio-
354
Ibidem, p. 16. nes y grupos de poder, así como al
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
123
estudio de las contradicciones internas en que se vio sumido el grupo no-
biliario. A tal fin se analiza, en primer lugar, la influencia del emperador
y de la máquina de poder a su servicio sobre la jurisdicción nobiliaria; tan-
to desde el poder territorial como desde el central, con el fin de confirmar
que el poder real no fue, en absoluto, una amenaza para el régimen seño-
rial, dado el escaso interés si no en favorecer, en permitir las reducciones
a la Corona, o paso de lugares de jurisdicción de las baronías a real.
El análisis de los conflictos entre las jurisdicciones real y nobiliaria,
es el segundo de los apartados de este capítulo. Gobernadores o lugar-
tenientes, oficiales reales e, incluso, las propias ciudades entraron en
confrontación más o menos fuerte con las diferentes jerarquías de mili-
tares. La abundancia de incidentes denota, no tanto el celo de los ofi-
ciales reales en proteger a los ciudadanos y vasallos del rey, como en po-
tenciar sus propias prerrogativas particulares ante otras formas de po-
der competidoras de la propia.
Los militares agotaron gran parte de sus energías y recursos en con-
flictos, muchas veces estériles, por lo que una visión general de los liti-
gios suscitados entre las principales familias permite comprender el al-
cance de este desgaste. La jurisdicción de los señores se desarrollaba en
los lugares que les eran propios, pero la pertenencia de estos lugares
muchas veces debía ser resuelta por los tribunales. Por ello, se adjunta
una relación de las poblaciones objeto de litigio, así como de los baro-
nes contendientes y se analizan los límites del esfuerzo nobiliario. Una
reflexión sobre la despoblación del lugar de Manises tras el largo litigio,
sostenido por los hermanos Boïl por su posesión, permitirá afirmar que
los costes de las veleidades señoriales eran sufragadas en su mayor par-
te por los vasallos. La monarquía tenía trazado ya el modelo de noble
que pretendía. Un apartado dedicado a la relación del cuarto duque de
Gandia con el poder real muestran la afinidad que esta familia mostró
para la Corona y la recompensa que ésta supo brindarle.
Ahora bien, los militares como grupo encontraron el cauce de su co-
hesión en el estamento militar. El análisis del libro de actas de los baro-
nes valencianos permite interpretar la actuación política de este grupo.
Si bien la política defensiva o de atención a los moriscos se observa en
los capítulos correspondientes, los enfrentamientos con el poder terri-
torial por los contrafueros cometidos por el virrey o denunciados por los
militares, no fueron una excepción en este período. El estamento mili-
tar ejerció una función no desdeñable como mediador entre los sectores
124 sociales: el religioso y el real. En los conflictos suscitados entre estos dos
últimos, el militar fue, en no pocas ocasiones, un valedor eficaz.
3.1. INTERVENCIÓN DEL PODER REAL EN LOS ASUNTOS
NOBILIARIOS
José Antonio Maravall mantenía que el retroceso del régimen seño-
rial lo fue sólo en términos políticos, puesto que no sólo se conservaron,
cuando no se incrementaron, los nuevos señoríos con facultades juris-
diccionales355. De ahí que en este apartado se pretenda confirmar para el
territorio valenciano esta tesis genérica.
En principio, todos los barones están sometidos a la constitución fo-
ral, y el poder real se erigirá como supremo árbitro entre los contencio-
sos. El poder territorial intervendrá como mediador en la jurisdicción
nobiliaria cuando se halle dentro del señorío, por opresión de los súbdi-
tos, por atentar contra el propio barón, en las causas de regalía y en las
que atañían a caballeros. Con todo, el virrey mediará en las causas de
barones cada vez que lo considere conveniente para salvaguardar la pre-
eminencia de la jurisdicción real, violentando, si es preciso, la ordena-
ción foral. Al monarca o al príncipe compete la potestad de creación de
nuevos nobles y de legitimación de hijos naturales.
Aunque por competencias de jurisdicción el poder real sostendrá mu-
chos litigios directamente con los señores, no habrá por parte del mo-
narca o de su lugarteniente general una planteamiento, sistemático o no,
de ampliación de su jurisdicción mediante la reducción de señoríos a la
corona, pues la Corona no asumirá una política de asimilación de seño-
ríos, porque ello supondrá el quebranto del orden estamental en el que se
encuentran inmersos los propios monarcas; pero además, tampoco ha-
brá, al menos durante este período, demasiadas presiones por parte de
los vasallos para sustraerse a la jurisdicción dominical. Esta tesis viene
confirmada, además, por la respuesta del poder real ante el intento de pa-
sar una población de jurisdicción señorial a la Corona, ya que ésta no
mostró demasiado interés en que la incorporación se llevase a término.
Pero la Corona no permitirá ninguna veleidad de erigir o constituir
un poder propio, pero fueron re-
compensados en los aspectos es-
355
Estado moderno y mentalidad social. Madrid, trictamente señoriales, ya que ve-
1972, t. II, p. 7. rán confirmados, cuando no acre-
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
125
centados, sus derechos sobre las baronías, sobre las que el poder real no
mostrará ningún género de apetencias. No resulta contradictorio, por
tanto, el hecho de que el régimen señorial experimente un aumento
cuantitativo durante el reinado del emperador.
***
El virrey, en sintonía con la actitud mantenida por el poder central en
relación con los señoríos, no mostró una actitud favorable a la reduc-
ción de señoríos a la Corona. Con esta expresión de “reducción a la
Corona” se entiende el paso de un territorio y de sus habitantes al cam-
po de la jurisdicción real, abandonando la señorial a que pertenecía an-
tes356. En principio esta actitud de no favorecer el paso de poblaciones
de régimen señorial a la jurisdicción real se debía a que el propio brazo
militar desempeñaba un papel nada desdeñable en la política defensiva.
Al mismo tiempo, el propio duque de Calabria ejercía el dominio direc-
to de señor sobre sus propios estados de importancia notoria. Por ello,
cuando tiene oportunidad de sustraer lugares a la jurisdicción señorial
confirma la posesión dominical, concediendo jurisdicción omnímoda a
los señores357. El proceso de am-
pliación de las competencias seño-
356
LALINDE, J. La institución..., p. 420. riales no se limitaba al aspecto
357
No de otro modo ocurrió cuando el respetable
cuantitativo o territorial, sino
don Miguel Ximénez de Urrea, conde de Aranda, soli-
citó la jurisdicción total sobre el lugar de Beniloba, al también a la potestad que los no-
amparo del privilegio del rey Alfonso, sustrayéndola a bles podían ejercer sobre sus vasa-
la jurisdicción de la villa de Penáguila que pretendía lo llos, otorgando licencia para que
contrario, ordenando a la villa y a su síndico “scilen- los barones pudiesen “conexer, de-
tium perpetuum” sobre el tema. ARV, Real, 1424, f. 96- clarar, determinar, decidir y sen-
99 vº;Valencia, 9 de febrero, 1542.
358
En ese sentido, puede observarse la ampliación
tenciar” las causas civiles y crimi-
de jurisdicción concedida al noble don Joan de Pallás, nales que se suscitasen en sus lu-
señor de la baronía de Cortes para que, sin incurrir en gares358.
penas y observando los fueros y privilegios del reino, Las intervenciones del poder
pudiese tratar las causas civiles y criminales que se sus- territorial en los asuntos nobilia-
tanciasen ante él como señor de su baronía entre su
rios obedecían a diversos motivos.
procurador fiscal y los vecinos, así como de los veci-
nos entre sí, pudiendo tener presos a los delincuentes Siguiendo el esquema trazado por
en las cárceles de la ciudad. ARV, Real 1425, f. 30 vº-31; el profesor Lalinde359, encontra-
Valencia, 9 de febrero, 1549. mos que el lugarteniente general
359
La institución virreinal..., p. 422. interviene en los señoríos:
126 a) Cuando se hallaba dentro del señorío. Ciertamente, cuando el virrey
penetra en los estados del duque de Gandia a raíz de los sucesos de
Polinyà de Xúquer, dispone hasta que abandona el territorio.
b) Por opresión de los súbditos. En efecto, aunque la política general,
ya se ha comentado, no era la de reducción a la Corona, ello no impli-
caba en absoluto que, cuando los vasallos suplicaban razonadamente
amparo al virrey, éste desplegase la protección real hacia aquellos cuya
integridad se hallaba amenazada por sus propios barones. Así, cuando
los habitantes de Mogente y Xàtiva, hubieron de acudir a testificar en
la causa que se sucitaba ante la Real Audiencia entre el doctor Joan
Francesc Benavent y doña Brianda Maça, el virrey ordenó la protección
de todos los testigos incluidos los setabenses, pues también tenían pro-
piedades en Mogente360.
c) Delitos contra el propio barón. Tal era el caso de aquellos vasallos,
generalmente moriscos, que abandonaban indebidamente el señorío.
Esta situación se dio, sobre todo, en los casos de moriscos que marcha-
ban de sus lugares sin licencia de los señores.
d) Causas de regalía. Debido a la regalía “Iudicium in curia datum”,
el virrey tuvo bastantes ocasiones para perseguir en los señoríos, bus-
cando aquellos barones que se resistían a las sentencias dictadas por la
Real Audiencia. Incluso la regalía “Camini et Strate” motivó que el po-
der real sustrajese al señorial vasallos que habían cometido delitos en
los caminos reales.
e) Causas que atañen a caballe-
ros. El virrey interviene en los liti-
360
El problema se había suscitado porque los testi- gios suscitados entre los nobles,
gos habían depuesto en poder del arzobispo; y los que apaciguando a los barones para
no eran vasallos de doña Brianda tenían propiedades evitar violencias mayores. Cuando
en Mogente u otras tierras suyas, y temían que sus ofi- entre ellos se desata la violencia,
ciales les causasen vejaciones o extorsiones por haber despliega los ministros necesarios
testificado en la causa; por lo que suplicaron que, sin
perjuicio de las fidelidas debidos por algunos a doña
con el fin de impedir que la llama
Brianda, fuesen admitidos bajo la protección y salva- del odio se propague. En ese senti-
guarda reales. La respuesta del duque fue ciertamente do, la mayor tensión se desató en-
contundente: amenazó con penas de 5.000 ducados de tre los señores de Picassent y
oro directamente a doña Brianda o a cualquier otra Monserrat; la intervención del lu-
persona que molestase por cualquier vía o motivo a
garteniente general fue rápida y
los testigos que ahora estaban bajo jurisdicción real.
ARV, Real, 1322, ff. 76-77; Valencia, 9 de noviembre, expedita, pues los personajes eran
1549. considerados como “principales” y
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127
capaces de levantar bandos por todo el reino. Asimismo, cuando entre
dos barones pendía litigio por alguna población, el virrey intervenía
mandando ocupar las temporalidades, preservándolas hasta la sustan-
ciación de la causa. Obviamente, no todas las intervenciones del virrey
hacia los militares gozaron del carácter mediador. Aunque el duque de
Calabria formaba parte del estamento nobiliario, y como tal había sido
habilitado por las propias Cortes, era el principal representante del rey,
y en el cometido de salvaguardar las prerrogativas reales procuró cuan-
tas veces intervino sofocar lo que él o sus oficiales consideraban lesiones
a la preeminencia real. Consecuentemente, cuando los militares creían
que el virrey transgredía lo que ellos consideraban como legalidad foral
elevaban a través del cauce estamentario la correspondiente protesta de
contrafuero.
En cuanto al monarca, tenía un cometido principal en el seno del
grupo militar: era el supremo hacedor de los títulos nobiliarios.
Asimismo, legitimaba los nacimientos fruto de amores clandestinos y
confirmaba las legitimaciones de los nuevos miembros del brazo mili-
tar. De entre todos los títulos conferidos por el emperador en este perí-
odo quizá convenga resaltar el del conde de Oliva, que consiguió el al-
mirante de Aragón, Fernando de Cardona, para su hijo natural y primo-
génito, con todos sus castillos, hombres, vasallos y la posesión de tierras
cultas e incultas361. Otro cometido principal ocupaba al poder central en
relación con los nobles: el monarca o su lugarteniente general común se
erigía como árbitro supremo entre los infinitos contenciosos que entre
los nobles se suscitaban.
3.2. INTERACCIONES ENTRE LOS MILITARES
Y EL PODER REAL
Los “portantveus” y sus lugartenientes, siguiendo la tendencia gene-
ral a erigirse en oficiales autónomos del lugarteniente general, se en-
frentarán en numerosas ocasiones, y por motivos de supremacía, con los
señores. Sólo el “portantveus deçà lo riu de Xixona” y su lugarteniente,
que también lo era “dellà lo riu de Xúquer”, por su estrecha vinculación
con el poder territorial, parece que
escaparon a la tendencia centrífu-
361
ACA, Cancillería, Privilegiorum, 3945, ff. 101-105 vº; ga de los oficiales de la goberna-
Valladolid, 2 de junio, 1537. ción más periféricos que se mani-
128 festará en las usurpaciones de jurisdicción señorial al margen de las indi-
caciones del poder territorial. Este, por su parte, sostendrá enfrentamien-
tos con miembros de la alta nobleza por la jurisdicción sobre prófugos de
la justicia; si bien, en algunas ocasiones, cuando el desacato a la “preemi-
nencia real” sea demasiado evidente, el virrey intervendrá directamente.
Normalmente serán alguaciles y verguetes quienes traten de imponer los
designios del poder territorial. Los oficiales reales velarán porque los ex-
cesos de jurisdicción de los barones no afecten a la supremacía real.
Con todo, entre los funcionarios del rey y los barones habrá puntos
de colaboración; fundamentalmente cuando los señores precisen recu-
perar o escarmentar a sus vasallos huidos. En esas ocasiones el lugarte-
niente general no dudará en dictar las órdenes oportunas para que los
fugitivos sean apresados. La relación de los nobles con las ciudades ten-
drá un matiz conflictivo, pues los jurados se mostrarán muy celosos de
salvaguardar para sí sus competencias. Otros puntos de fricción impor-
tantes estarán motivados por la jurisdicción sobre señoríos: los que os-
tentan las ciudades y los de barones sobre lugares enclavados en los tér-
minos generales de los municipios reales.
Si bien es cierto que no hubo una política consecuente de reducción
a la Corona, no por ello es menos cierto que los oficiales reales se mos-
trarán celosos de salvaguardar la jurisdicción real, acaso no tanto por la
mera fidelidad al monarca, como por preservar su propia parcela de po-
der. En el cruce de líneas de fuerza entre oficiales reales y barones se ha-
llan los meros vasallos, quienes tratarán de acogerse a aquella jurisdic-
ción que en cada momento pueda serles más ventajosa.
Estos contenciosos se desarrollan cuando barones y oficiales reales
consideran que determinados siervos se encuentran sometidos a su pro-
pia jurisdicción. Durante el reinado del emperador se contempla una va-
riada gama de variaciones sobre el mismo hecho central: la disputa de
oficiales del rey y señores por uno o varios vasallos. En ocasiones serán
los militares quienes consideren que los oficiales del rey detentan un
feudatario que ha sido sustraído a su jurisdicción; en otras, bien al con-
trario, serán los oficiales quienes afirmen que el preso debe ser restitui-
do a la jurisdicción del rey por haberse atentado a la preeminencia del
monarca. En este apartado, además de analizarse las disputas entre ofi-
ciales reales y señores por cuestiones de jurisdicción sobre vasallos, se
especifican los puntos de colaboración; pues estos existieron, sobre to-
do, a la hora de capturar a los plebeyos prófugos.
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
INSTITUCIONES Y SOCIEDAD
129
***
Como se ha apuntado, una gran parte de esta conflictividad es, si no
motivada, sí protagonizada por los “portantveus” o sus lugartenientes.
Estos oficiales tendían a convertir su poder en autónomo, afirmándolo
frente al propio poder territorial. Con mayor motivo, tendían a revalidar-
lo frente a los señores territoriales. Así, el lugarteniente de la Plana prota-
gonizó un enfrentamiento con el conde de Aranda, cuya resonancia al-
canzó al propio emperador. Aprovechando el contexto de las Cortes, el
conde explicó al emperador que en el camino real de Vilafamés de juris-
dicción real habían matado a un vasallo suyo. Sus oficiales prendieron a
dos vasallos del lugar de la Alcora, sometido a fuero de Aragón; sin em-
bargo, estando presos, el lugarteniente de gobernador los sacó de la cár-
cel y se los llevó a Castellón de la Plana. Los procuradores del conde ins-
taron al justicia de Aragón para que los restituyese conforme a los fueros
de dicho reino, pero el oficial del rey ya no los quiso entregar alegando
que por fueros del reino de Valencia los presos se hallaban libres de “cul-
pa actual en el dicho caso, salvo de sospecha de haver recibido en ello”. A
mayor abundamiento, cuando se presentaron los notarios con las certifi-
catorias del Justicia de Aragón avalando los derechos del conde, Diego
Ladrón (lugarteniente de gobernador de la Plana) respondió metiéndolos
en prisión por haberle presentado semejantes cartas. El conde consideró
una injusticia el hecho de que los notarios continuaran en la cárcel y que
si la Real Audiencia les concedía la libertad fuese bajo fianza, por lo que
recurrió directamente al emperador. El césar escribió al regente de la lu-
gartenencia para que se informase del caso, al tiempo que le daba ins-
trucciones. Si lo narrado por el conde era cierto, debía restituir a los pre-
sos, liberar a los notarios de la fianza y permitir que el conde administra-
se justicia a los facinerosos. Pero, si don Diego en 30 días se afirmaba le-
gítimamente en su actuación, debía remitir los presos al propio rey, pa-
ra que el Real Consejo administrase justicia362.
Los deseos del conde, e incluso
las buenas intenciones del empe-
rador intentando dar una solu-
362
El emperador a los “conseieros nuestros don ción al conflicto, tropezaron con
Hieronimo de Cavanillas, regente la lugartenencia ge-
neral, regente la Cancillería y doctores del Real
la maquinaria burocrática propia
Conseio. ACA, Cancillería, Itinerum, 3924, ff. 323 vº-324 del sistema foral. No fue, sino al
vº; Monzón, 31 de octubre, 1537. cabo de un lapso de ocho meses,
130 cuando el virrey solicitó al lugarteniente de gobernador de la Plana que
el fiscal de la villa le enviase una relación escrita de todo lo que había
pasado para que, teniendo la información, pudiese proveer lo que con-
viniese363. No deja de sorprender que, apenas unos años más tarde, los
términos se hallaban totalmente invertidos. Ahora serían las autorida-
des delegadas del ilustre almirante de Aragón en Betxí quienes se en-
frentasen, y en ocasiones sucesivas, a los oficiales reales. En efecto, el
duque había comisionado a un alguacil para traer presos a Jeroni y
Martí Romeu, los cuales se hallaban en la cárcel de Betxí y, según las
actas notariales, el lugarteniente del señor y el de justicia de la villa se
negaron a entregarle los presos. El motivo alegado consistía en que el
almirante de Aragón era señor absoluto en su tierra y tenía jurisdicción
civil y criminal. Los procuradores fiscales suplicaron al virrey que
“semblants atreviments temeraris e indeguts sien castigats”, y éste en-
vió a otro alguacil para prender a los hermanos Romeu y sus bienes,
así como a los lugartenientes del señor y de justicia, a quienes habían
de ejecutar sus bienes muebles e inmuebles. Para asegurar el éxito de
la operación, ordenaba la ayuda de los oficiales de Betxí, Villarreal,
Onda, y otras poblaciones de la comarca364. Las resistencias efectuadas
en Betxí a la jurisdicción real no se habían cerrado con este episodio.
Una orden de prendimiento otorgada al doctor micer Luys Sarçola re-
fiere los excesos, desobediencias y resistencias hechas a los oficiales re-
ales en Betxí. Con ocasión de los mismos desacatos, el alguacil Lluís
Çaydia recibía poderes para tomar esta población en manos de la Regia
Cort y realizar con dicho fin todas las disposiciones, como poner en la
población jurados reales365.
Si este conflicto se sucedía en el
norte, al sur las tensiones tenían un
363
cariz semejante. Tras las interven-
ARV, Real, 1318, f. 78-78 vº;Valencia, 1 de junio,
ciones iniciales del virrey en el con-
1538.
364
Al alguacil mosén Luys Ç[Link], Real, 1319, ff. tencioso entre el “portantveus” pro-
106 vº-[Link], 9 de diciembre, 1540. visional del sur, Eximen Pérez
365
Ibidem, ff. 220-221;Valencia, 24 de mayo, 1542. Pertusa, y el duque de Maqueda, es-
366
El notario del duque de Maqueda informó ante te último había acudido al príncipe
la Real Audiencia que los despachos del virrey del 4 de por unos vasallos de Elche y
febrero no habían sido cumplidos por Pertusa, además
de otros abusos cometidos, en principio, por el “por-
Crevillente que el mencionado du-
tantveus”. El regente de la lugartenencia ordenó a que aseguraba que pertenecían a su
Pertusa que no se entrometiese en causas que no eran jurisdicción366. El virrey, temeroso
EL IMPERIO DE CARLOS V
VALENCIANAS EN
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131
de que las actuaciones de su “portantveus” contra los “officials e vasalls
del dit Marquesat e de sa jurisdiccio” podían perjudicar la jurisdicción
real, ordenó el sobreseimiento de cualquier procedimiento concernien-
te a la jurisdicción del marqués hasta que el propio virrey resolviese367 .
En este caso concreto la decisión fue bastante rápida. La Real Audiencia
dictaminó a favor del marqués de Elche y su gobernador, Juan Vaca368.
Otro conflicto protagonizado por este gobernador por motivo de ju-
risdicción de vasallos acaeció con doña Aldonza Boïl, señora de
Albatera. Este caso ofrece la particularidad de reflejar en el documento,
desde la lógica perspectiva parcial, la efectiva concreción de la pugna
entre oficiales reales y señores. Doña Aldonza consideraba que tenía
ambas jurisdicciones, alta y baja, mero y mixto imperio sobre el lugar
de Albatera, por lo que había prendido a un hombre que había acuchi-
llado a otro, vasallo suyo. Según la versión de la señora, los oficiales del
gobernador habían entrado con gran alboroto en la casa del señor para
tomar al preso:
“E ab gran impetu e avalot entraren en la casa del senyor dos alguazirs ab
molts porters provehits, segons deyen, per lo magnifich mossen Pertusa.
Despres de haver scorcollat la dita casa, sens sperar la clau, agueren de po-
lleguera la porta de la preso e romperen lo cadenat de aquella, se·n portaren
lo dit home y essent a la porta de dita casa, l·altre de aquell, cavalcant en hun
cavall, anava [quemado] resistencia. Sens haver·hi persona contradient ni
impedint portaren aquell a la ciutat de Oriola”369.
Como es obvio, los conflictos no eran suscitados tan sólo por los go-
bernadores o sus lugartenientes. El propio virrey tuvo fricciones con
otros representantes de la alta nobleza valenciana. Con los sucesivos du-
ques de Gandia tuvo serios roces.
Si con el cuarto duque habían
de su incumbencia ARV, Real, 760, ff. 42-43 vº;Valencia,
acaecido los graves sucesos de
26 de febrero, 1547 . Polinyà de Xúquer370, con el terce-
367
Ibidem, ff. 202 vº-203;Valencia, 24 de abril, 1547. ro de los señores ducales, Juan de
368
Ibidem, ff. 237 vº-239 vº; Valencia, 13 de junio, Borja y Enríquez, hubo de afron-
1547. En la misma fecha conminaba a Pertusa a cumplir tar el problema motivado por el
la sentencia bajo pena de 1.000 florines de oro Ibidem,
intento de fuga de unos moriscos.
ff. 239 vº-240 .
369
ARV, Real, 760, f. 19-19 vº;Valencia, 1 de febrero, La cuestión se inició cuando los
1547. oficiales del duque de Gandia cap-
370
Vid. el apartado “El duque de Gandia”. turaron a unos moriscos que in-
132 tentaban embarcarse hacia Africa371; sin embargo, no remitieron a la
Real Audiencia más que a tres de los fugados. Como los procuradores
fiscales habían considerado que la jurisdicción de los moriscos pertene-
cía a su Majestad, el virrey comisionó al alguacil para hacerse cargo de
los detenidos. En ese sentido, mandaba al duque de Gandia que le en-
tregase a los moriscos que custodiaba y le facilitase toda la información
sobre las circunstancias en que fueron prendidos. Obviamente, todos los
implicados en la frustrada huida debían ser remitidos a las cárceles de
la ciudad de Valencia.
Otro contencioso se originó cuando un antiguo vasallo del tercer du-
que de Gandia demostró con papeles ante la Real Audiencia que hacía
muchos años que era súbdito del rey, y aún cultivaba sus heredades en
Riola y mantenía un ganado de cuatrocientas cabezas que el procurador
del duque le había hecho vender, aplicándole directamente el precio.
Este acto fue considerado como un atentado a la jurisdicción del rey,
pues no se le podía aplicar un precio estando en posesión de su fuero co-
mo vecino de Valencia. El regente de la lugartenencia ordenó al duque o
a su procurador que dejase al suplicante administrar libremente sus
bienes372.
Las relaciones entre los duques de Calabria y de Segorbe fueron de
auténtica rivalidad personal. Don Alonso de Aragón, duque de Segorbe,
ordenó a treinta personas que saliesen de dicha ciudad para buscar a un
súbdito de su Majestad llamado Colomi, quien fue encontrado en Faura,
y preso fue llevado por el camino real a Segorbe. Enterado el virrey, or-
denó a los alguaciles que partiesen hacia Segorbe373: debían informarse
del caso, averiguar dónde estaba preso Colomi, y traer a todos los cul-
pables con el fin de restituir la ju-
risdicción real y administrar justi-
371
ARV, Real, 1319, f. 137-137 vº; Valencia, 27 de cia374. El duque de Segorbe no sólo
abril, 1541. mantuvo contenciosos con los ofi-
372
ARV, Real, 753, ff. 103-104 vº;Valencia, 16 de oc-
tubre, 1540.
ciales reales de Valencia por los
373
“Mossen Luys Çaydia y Alonso Delgadillo, al- vasallos: cuando quiso trasladar a
guatzirs”; ARV, Real, 1320, ff. 33 vº-34 vº;Valencia, 8 de unos presos desde el condado de
febrero, 1543. Ampurias a Segorbe, el monarca
374
Con los alguaciles partió el doctor del Real escribió al duque de Calabria, co-
Consejo Lluís Sarçola, quien fue a tratar con el duque
mo también había escrito al gober-
de Segorbe el caso, según se desprende de la orden de
pago de dietas del 20 de marzo de dicho año Ibidem, nador de Cataluña, para que facili-
f. 50 . tase el paso de los presos por el rei-
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no de Valencia hasta Segorbe375. Con ocasión del naufragio de unos es-
clavos de don Alonso de Aragón en las costas de Cadaqués, se sucedió
un hecho significativo de la suspicacia con que el rey y los nobles enca-
raban la cuestión de los vasallos. El duque de Segorbe, también conde
de Ampurias, ofreció los esclavos al monarca: “y que como suyos los to-
masemos y nos sirviessemos dellos”. De ese modo, el duque se ganaba
las simpatías de su monarca. Don Carlos, sin embargo, no se mostraba
dispuesto a deber favores de modo gratuito. Prefirió remitir el asunto al
justicia de Barcelona “porque es bien saber la ley y costumbre que hay
en esto de los naufragios”. Así, en el caso de que los esclavos le pertene-
ciesen realmente, se ahorraba el deberle una gracia al duque376.
Los oficiales del marquesado de Dénia se encontraron con la hosti-
lidad del poder territorial que administraba justicia directamente a va-
sallos, cuyos delitos eran considerados competencia de la jurisdicción
de su Majestad. Cuando don Alonso de Mendoza y don Juan de Palafox
enjuiciaron directamente a unos moriscos que habían pretendido pa-
sarse a África, los fiscales consideraron que se habían extralimitado al
realizar funciones reservadas al rey: “attentat de coneixer de dits crims
e delictes e lo que mes fort es, han pres dit moriscos y aquells han posat
en galeres occuppant la jurisdictio tan solament pertanyent a sa
Magestat”377. El virrey ordenó a un alguacil que se desplazase a Dénia y
Calpe para que le entregasen los moriscos. Asimismo debía citar a los
responsables, para que en el término de seis días compareciesen ante la
Real Audiencia con toda la información sobre dichos cristianos nuevos.
Como en tantas ocasiones solía ocurrir, los dictados del poder terri-
torial se diluían, no ya ante sus au-
toridades delegadas, sino también
375
ante las de otras jurisdicciones. La
ACA, Cancillería, Itinerum, 3926, ff. 69 vº-70 se-
gunda mano;Toledo, 31 de marzo, 1539.
potestad conferida al alguacil en
376
Previniendo que realmente podían pertenecerle Miquel Luis Adzauara resultó in-
los náufragos, ya había escrito al regente de la tesore- suficiente para vencer la resisten-
ría para que se los entregase a don Bernardino de cia de los oficiales del marquesado
Mendoza, quien los destinaría a sus galeras. ACA, de Dénia y el virrey hubo de repe-
Cancillería, 3899, ff. 143 vº-144; Toledo, 17 de junio,
tir la orden. Esta vez, fue el ver-
1539.
377
ARV, Real, 1318, f. 177-177 vº; Valencia, 29 de gueta Lorenzo del Pueyo el encar-
agosto, 1539. gado de hacer prevalecer la juris-
378
Ibidem, f. 177-177 vº; Valencia, 29 de agosto de dicción real378. Resulta paradójico,
1539. en principio, el hecho de que la se-
134 gunda comisión se encarga a un oficial de menor rango. Este hecho bien
pudo deberse a la mayor contundencia del vergueta, demostrada dos
años después al ser herido en Cocentaina ejerciendo su oficio379, o a un
deseo del virrey de no quedar demasiado en evidencia.
El celo por defender la propia jurisdicción impelía a los oficiales rea-
les a interesarse no sólo por los grandes señores, sino también por los de
menor rango jerárquico. Aunque no cabe referir toda la casuística al efec-
to, sí se indican varios casos paradigmáticos del celo mostrado por los
funcionarios de la Corona en la defensa de sus atribuciones con los súb-
ditos del rey. A este respecto puede citarse al señor de Benimuslem,
Francisco de Castellví, quien prendió a Bertomeu Pardal, vecino de Alzira
“ab cadena al coll e les dos cames en lo grill”, con el pretexto de haber co-
metido diversos crímenes y delitos, Enterados los procuradores fiscales
instaron al virrey para que lo reclamase, pues consideraban que el señor
de Benimuslem no tenía jurisdicción alguna sobre el detenido por perte-
necer a la jurisdicción real. El virrey ordenó al baile de Alzira que, me-
diante notario, tomase relación verídica del caso y se la remitiese380.
Los oficiales reales no sólo estaban atentos a los excesos que los se-
ñores cometían directamente con vasallos de su Majestad. Respondían
también ante los excesos de jurisdicción de cualquier índole perpetrados
por los militares. Como consecuencia del levantamiento de una picota
por el señor de Herbes, Honorat Abbat, procurador patrimonial del rey,
expuso que su Majestad tenía las jurisdicciones alta y baja, mero y mero
y mixto imperio en la villa de Morella, y que dicha picota constituía un
menosprecio a la jurisdicción real y a las provisiones reales. El alguacil
Miguel Sanz partió, con orden del virrey, hacia Herbes para demoler la
picota y para recibir testimonios de que dicha erección no había causa-
do perjuicio a nadie en los dere-
chos que competían a barón381.
379
ARV, Real, 753, ff. 195 vº-196 vº; Valencia, 28 de
Las tensiones de los señores
enero, 1541. con sus vasallos no siempre aboca-
380
ARV, Real, 1318, ff. 21 vº-22;Valencia, 2 de agos- ban al prendimiento o castigo de
to, 1537. estos últimos. Miguel Fardet, nue-
381
El duque ordenó a mosén Berthomeu Valls, que vo convertido, vasallo y vecino de
así se llamaba el señor de Herbes, que so pena de
la baronía de Alberic, compareció
1000 florines de oro, no construyese ni levantase pi-
cota [Link], Real, 1321, ff. 298 vº-294 vº bis (la nu- ante el virrey, quien ordenó el
meración retrocede al 294 bis);Valencia, 9 de octubre, prendimiento, entre otros acusa-
1548. dos, de mosén Honorat Joan, se-
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135
ñor del lugar de Tous382. Los procuradores fiscales desencadenaron, asi-
mismo, el proceso de prendimiento de Joan Mercader, señor de Cheste,
y de varios vasallos, y su traslado a la prisión de Valencia, debido a la
“enormidad” de delitos que había cometido. Las rentas pertenecientes al
señor quedaban confiscadas383. Como cabía esperar, el viaje del alguacil
Miguel Sanz resultó infructuoso. Días más tarde partió un trompeta con
el cometido de realizar la pertinente “crida” de citación384.
En ocasiones, los señores acudían al poder central sin intermediarios
en demanda de ayuda. Don Baltasar Mercader y doña María de
Mendoza solicitaron directamente del príncipe la devolución de unos
vasallos de Buñol que habían emprendido la huida, siendo posterior-
mente apresados en el lugar de Parcent. Pedían además que les hiciera
gracia de la parte que le correspondía al rey por el apresamiento. Su Al-
teza solicitó al duque la información de todos los pormenores385.
Oficiales reales y señores encontraron vías de colaboración cuando
trataban de capturar vasallos, cuya huida perjudicaba a ambos. La soli-
citud de cooperación de los señores se daba cuando éstos no eran lo su-
ficientemente fuertes como para albergar esperanzas de triunfo en soli-
tario: doña Brianda Maça, como señora de Novelda, denunció conjun-
tamente con los procuradores fiscales a Julia Monet y Rafel Taçinet por
crímenes que no quedaron especi-
ficados. El lugarteniente general
382
ARV, Real, 760, ff. 206 vº-207 vº; Valencia, 18 de ordenó al alguacil Joan Pla que
agosto, 1547. partiese hacia Novelda para pren-
383
ARV, Real 1322, ff. 84-85 vº; Valencia, 3 de di-
ciembre, 1549.
derlos386. La expedición del algua-
384
Ibidem ff. 87-88;Valencia, 22 de diciembre, 1549. cil, como solía ocurrir, no tuvo éxi-
385
“Veays y entendays muy particularmente lo çier- to. Fue entonces mosén Lluís
to que sobrello yasse. Y si todas las dichas personas Despuig, gobernador de Novelda,
son naturales y basallos del dicho lugar de Buñol, y si quien quedó encargado de captu-
ay algunos que lo sean de otros lugares y particulares
rarlos387 y el trompeta real Miguel
desse reyno, y que quantos son los que fueron deteni-
dos y presos y liquidados de las personas y de sus ha- Borja de realizar los pregones de
ziendas, y que parte la que toca a su Magestad dellos, citación para los prófugos de la
y de todas las otras particularidades que os paresçie- justicia foral388.
ren neçessarias y convenientes”.ACA, Cancillería, 3981, La función mediadora del vi-
ff. 169 vº-170. Madrid, 4 de marzo, 1547. rrey abarcaba los conflictos entre
386
ARV, Real, 762, f. 188-188 vº;Valencia, 10 de sep-
tiembre, 1549.
los nobles. En las disputas entre
387
Ibidem, f. 220. barones por los lugares de señorío,
388
Ibidem, f. 220 vº;Valencia, 16 de octubre, 1549. el lugarteniente general podía lle-
136 gar a decretar la toma de posesión de los frutos y rentas de un lugar co-
mo medida preventiva hasta que la justicia dictaminase al poseedor le-
gítimo. En este sentido, en alguna ocasión llegó a decretar la toma de un
lugar entero en manos de la Real Cancillería. A título de ejemplo puede
citarse la orden del virrey al alguacil mosén Carlos Torrellas para que,
junto con el notario Antich Armengol, tomase del señor de Alaquàs to-
dos los bienes muebles e inmuebles, frutos y otros emolumentos que en-
contrase en la mencionada villa389: dos días después, el moribundo en
Jaume García, señor de Alaquàs modificaba su anterior testamento de
13 de diciembre de 1538 y unos días más tarde el mencionado señor ex-
piraba390. La colaboración podía llegar hasta la orden de detención de
habitantes de villas reales. Así, don Ramón Lladró, señor de la baronía
de Castalla y Picassent, obtuvo de los procuradores fiscales la acusación
criminal de ciertos vecinos de Biar. De acuerdo con ella, el regente de la
Cancillería ordenó el prendimiento de los acusados391.
En otro orden de cosas, entre los municipios de jurisdicción real y el
estamento militar se sostuvo una cuestión principal: el acceso de los no-
bles propiamente dichos al regimiento de las ciudades. Cuando el noble
don Lluís Mascó se ausenta de Valencia y su hermando don Baltasar lo
sustituye en todos sus cargos en el seno del estamento militar, una de las
funciones primordiales que se le encomienda es, precisamente, que rue-
gue ante su Majestad que los nobles puedan acceder al cargo de jurado
y demás oficios del gobierno de la ciudad392. Ahora bien, los regidores
de la ciudad se mostraron celosos de sus prerrogativas protocolarias.
Un atentado a ellas, dirigido por un miembro del grupo militar, podía
acarrear su incapacidad de acce-
der al gobierno o beneficios del
389
ARV, Real, 1320, f. 94 vº-95; Valencia, 8 de julio, municipio. Con motivo de un in-
1543. cidente producido entre un noble
390
JUAN REDAL, E.“Dades per a l’estudi de la so-
y un oficial de la ciudad, el con-
cietat valenciana del segle XVI: els últims codicilis tes-
tamentaris i l’inventari de béns d’en Jaume García sistorio tuvo ocasión de dar la
d’Aguilar, senyor d’Alaquàs” en Quaderns d’Investigació oportuna y contundente respues-
d’Alaquàs 1988,VII, p. 9 y ss. ta: don Baltasar Mercader, señor
391
Orden dada al alguacil Francisco de Torres. ARV, de Buñol, hirió con su espada al
Real, 756, f. 108-109,Valencia, 14 de abril, 1543. Como “verguer” Jeroni Yvarra, por lo
el alguacil no pudo prenderlos, hubo de dar orden de
pronunciar bando de citación de 30 días.
que el Consell lo privó de todos
392
ARV, Real, 523, f. 10 vº; Valencia, 8 de febrero, los oficios y franquicias de la ciu-
1543. dad, de modo que ni por vía di-
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recta o indirecta pudiese “alegrarse” de cualquier beneficio de la capital393.
El repudio municipal hizo meditar al noble, quien halló el perdón del
consistorio tras suplicarlo por dos veces:
“El noble don Balthasar Mercader, senyor de Bunyol, per cert insult que
feu a (...) Hieroni Yvorra, verguer dels magnifichs jurats, a XXX de juny
any MDXXXXIIII fonch privat dels officis e benefficis e franquees de la
present ciutat, e ara lo dit senyor de Bunyol sia vengut a venia dos vega-
des del dit insult e haja pregat a ses magnifficencies lo volguessen restitu-
hir in pristinum statum com ho era ans de la dita privacio (...) Revoca e
ha per revocada la dita privacio al dit senyor de Bunyol feta de officis e be-
nefficis”394.
Además, hubo conflictos concretos en algunas ciudades con miem-
bros del brazo militar. La ciudad de Orihuela pleiteó contra don
Gregorio de Rocafull, don Juan de Rocamora, don Jaime Ruiz y don
Pedro Marquesa por la imposición de la derrama. La sentencia que, fa-
vorable a la ciudad había fallado el duque de Calabria, fue recurrida por
los nobles395.
Algunas ciudades o villas reales ejercían su jurisdicción sobre otros lu-
gares y aldeas. Esta situación moti-
vó no pocos pleitos con los barones.
393
Las espadas se desenvainaron con motivo de la dis- Además del que sostuvo la ciudad
cusión suscitada en torno al itinerario y salida de la Roca de Valencia con el duque de
del Misterio del Infierno en la procesión del [Link] he- Segorbe, don Alonso de Aragón, por
cho fue considerado como un notorio insulto, menospre-
los lugares de Paterna, Benaguasil y
cio y desacato a los jurados. AMV, Manuals de Consells,
A-73; Consell General, 30 de junio, 1544. la Puebla396, hubo otros pleitos de
394
AMV, Manuals de Consells,A-77; Consell General, ciudades con señores. La jurisdic-
23 de junio, 1550. ción de los lugares de Alcántara,
395
Ante el recurso nobiliario, el síndico de la ciudad Beneixida y Ràfol se vio disputada
de Orihuela recibió orden de presentarse ante el
por don Pedro Despuig y la ciudad
Consejo Supremo para dar sentencia definitiva a la
causa. ARV, Real 171, f. 412-412 vº; 11 de febrero, 1540. de Xàtiva. Don Pedro Despuig puso
La causa aún tardaría en sustanciarse: los oficiales rea- fianza ante la Real Audiencia por-
les recibieron orden de enviar copia de las actas. que veía amenazada, lo que él con-
Ibidem, f. 435-435 vº; Madrid, 11 de mayo, 1540. sideraba su posesión de “exercir to-
396
Vid. apartado “El peligro de pérdida de la condi- ta la jurisdiccio en los dits lochs e
ción real en algunos municipios valencianos. Su conflic-
senyaladament en lo dit loch de
to con el duque de Segorbe”.
397
ARV, Real, 1425, ff. 190 vº-191; Valencia, 18 de Alcantara”, por los oficiales de la
septiembre, 1549. mencionada ciudad397.
138 Bien al contrario, dentro de los términos generales de las ciudades o
villas reales los señores ejercían su jurisdicción sobre lugares o aldeas.
Cuando esto sucedía, las poblaciones del monarca sentían con mayor o
menor intensidad la presión de la jurisdicción señorial sobre ellas. Esta
situación indujo al síndico de Sagunto a exponer ante el príncipe que los
señores y ricohombres con poder sobre los lugares vecinos de la villa ve-
jaban a sus habitantes por las cuestiones que surgían entre ellos. El sín-
dico, para evitar los excesos de los barones, pedía que un oficial real de
la ciudad de Valencia tuviese cargo especial de la villa. El príncipe orde-
nó al baile y receptor general don Lluís Carròs que desplegase su pro-
tección sobre Sagunto398.
3.3. CONFLICTOS ENTRE NOBLES
Los contenciosos entre los nobles fueron perennes, por lo que acaba-
ron siendo víctimas de sus propias rivalidades, pues en ellas invirtieron
enormes dosis de recursos y energías. A modo de ejemplo se refieren al-
gunos de los principales pleitos que se suscitaron entre las familias no-
bles. La casuística que, al efecto brevemente se expone, es indicativa de
cómo los pleitos entre nobles ocuparon una buena parte de sus energí-
as. La Real Audiencia, como tribunal de apelación del reino, se verá col-
mada para resolver las diferencias de los barones. Estos, cuando el fallo
del lugarteniente general les sea adverso, no dudarán en recurrir al
Consejo de Aragón. De hecho, muchos señores, ya antes de fallar el tri-
bunal territorial, habrán solicitado el amparo de la Corona. Pero aunque
las causas no lleguen a sustanciarse ante el consejo de Aragón, el go-
bierno de la Monarquía ejercerá su tutela sobre los procesos cuya enti-
dad requiera de control. A través del correo privado, el virrey recibirá las
instrucciones precisas del príncipe o del representante cualificado del
mencionado gobierno, quien no tendrá más remedio que obrar en con-
secuencia.
Obviamente, la nómina de pleitos durante el reinado del emperador
fue inmensa y muchos fueron tam-
bién los lugares objeto de disputa,
398
cuya relación y comentario exce-
ARV, Real, 332, f. 62 vº-62; Monzón, 8 de octubre,
1547. den de los límites y objetivos del
399
Sobre este punto, MARTÍ FERRANDO, J. Poder presente volumen399. La referencia
y sociedad..., t. II, p. 202 y ss. a los hermanos Boïl que se arrui-
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139
naron entre sí, y arruinaron el lugar de Manises en su particular con-
tencioso por el mencionado señorío, resulta paradigma del modo de ser
y actuar de gran parte de los militares valencianos del siglo XVI.
***
Las diferencias suscitadas entre los militares permitían al monarca y
sus oficiales mantener más fácilmente su preeminencia. Bien desde el
reino bien desde el engranaje de la corte, la monarquía se erigía en ár-
bitro de los numerosos contenciosos surgidos entre los nobles. El poder
territorial, a quien apelaban en primera instancia las familias conten-
dientes, era tutelado desde el poder central cuando la entidad de las cau-
sas lo requería. El siguiente fragmento de una misiva dirigida por el du-
que de Calabria al príncipe es bien significativo: “En los pleytos y dife-
rencias que el duque de Gandia tiene en este consejo se ha mirado y mi-
ra como vuestra Alteza lo manda por su real carta. Y se le terna todo el
respecto que buenamente aya lugar, y ansi se le ha tenido hasta aqui sa-
biendo que en ello servia a su magestad y a vuestra Alteza”400.
Doña Anna de Castellví, hija de don Jerónimo de Castellví y casada con
don Federico o Fadrique de Cardona, sostuvo un largo pleito con la no-
ble doña Magdalena de Castellví y su hijo don Baltasar de Castellví por las
baronías que habían pertenecido a don Jerónimo en los reinos de Sicilia
y de Cerdeña401. En total eran once las villas en litigo. Los favores de don
Fadrique al emperador sirvieron para que éste ordenase a don Fernando
de Aragón que, mientras continua-
se el proceso y se determinase la
400
AGS, Estado-Francia, K-1707, f. 90;Valencia, 30 de sentencia, se le devolviese la pose-
abril, 1548. sión de las once villas que por or-
401
ARV, Real Audiencia, Procesos, parte tercera, 2567.
402
den del obispo de Argel le habían
“y nos, teniendo respecto a lo susodicho y a lo
bien que el dicho don Fadrique nos ha servido en es- sido secuestradas en el proceso402.
ta jornada de Alemania”. El rey al “spectable lugarte- El favor del emperador no le resul-
niente y capitan general”. ARV, Cartas Reales, Juana rei- tó enteramente gratuito a don
na, 74; Nuremberg, 27 de marzo, 1547. Federico, quien había de satisfacer
403
La causa de Anna de Castellví fue continuada el importe de la fianza por si la sen-
por el obispo de Elna y tratada ante los reyes de
Bohemia. ACA, Cancillería, 3991, f. 167;Valladolid, abril,
tencia le era adversa403.
1550. Don Pedro Boïl y Berenguer,
404
Era hijo de don Pedro Boïl y de Escrivà, deci- decimotercer señor y sexto barón
mosegundo señor y quinto barón de Manises. Si el pa- de Manises , hubo de afrontar el
404
140 largo pleito que le sostuvo su hermano don Juan por el lugar de Manises
y demás bienes que habían pertenecido al padre de ambos. El príncipe
intentó la mediación del licenciado Gasca405, la cual no sirvió de mucho,
pues don Juan recurrió ante el príncipe, quien solicitó información y pa-
recer al virrey en diversas ocasiones 406. Los regentes generales
Maximiliano y María siguieron el desarrollo de la causa desde la corte,
solicitando información y parecer al obispo de Elna407.
Los procesos iniciados en las familias sobrevivían a los miembros que los
engendraban. El almirante de Aragón sostuvo un pleito con el tercer duque
de Gandia por los lugares de Real,
Beniopa, Benipeixcar, l’Alqueria
dre ejerció su dominio desde 1504 hasta 1529, el hijo Nova, en Foxet, Benisa y Benicane-
lo hizo desde 1529 hasta 1559. NICOLAU BAUZA, J. ma que no pudo dictaminarse en
Páginas de la historia de Manises (siglos XIV a XVIII)
tiempos de don Juan de Borja408.
Manises, 1987, pp. 119 a 141.
405
ARV, Cartas Reales;Valladolid, 19 de agosto, 1544. Aunque el virrey dictaminase
406
ARV, Real 330, ff. 179-180; Madrid, 29 de abril, en las causas suscitadas entre los
1547 y, solicitud de copia fidedigna del proceso, ARV, nobles, los que se consideraban
Real, 331, ff. 58 vº-59. agraviados proseguían, si tenían
407
ARV, Real, 337, f. 49;Valladolid, 23 de septiembre, posibilidades, la causa ante el
1548.
408
El 20 de noviembre de 1537, el regente
Consejo de Aragón. Cuando el re-
Cabanyelles solicitaba la deposición de testigos en la gente de la lugartenencia falló a fa-
causa entre el egregio Sancho de Cardona, almirante de vor del militar valenciano Felipe
Aragón, y el duque de Gandia (ARV, Real 749, f. 25-25 Penarroja en el proceso contra don
vº) . Este último apeló ante el Consejo Supremo, por lo Joan de Vallterra, éste apeló ante
que el emperador solicitó del duque de Calabria el en-
el Consejo Supremo, lo que le valió
vío de la causa cuando estuviese acordada la sentencia
(ARV, Real, 171, ff. 464 vº-466 vº; 4 de agosto, 1540) . El una nueva sentencia adversa409.
fallo se iba a demorar al menos durante seis años, ya que Las familias Ferragut y Monta-
no es sino el 27 de mayo de 1546, ya en tiempos de gud llevaron hasta el Consejo de
Francisco de Borja, cuando el duque de Calabria orde- Aragón sus diferencias por la heren-
na el envío sellado de una copia de la causa al Consejo cia y bienes de Guillermo de
Supremo (ARV, Real, 759, ff. 119-120 vº ).
409
ARV, Real, 171, ff. 430 vº-432 vº; Madrid, 20 de
Montagud, militar que había sido
marzo, 1540. de la Orden de Santiago410. En este
410
El monarca ordenó al duque que preparase la caso, y dada la laxitud de la justicia
sentencia en el plazo de tres meses y la remitiese en Valencia, el monarca hubo de in-
cuando estuviese a punto. Ibidem, f. 434. tervenir para que se fallase en la
411
A instancias de los Montagud, y porque no tení-
causa411.
an otros bienes, ordenó al virrey que aplicase la sen-
tencia favorable a ellos promulgada el 5 de diciembre Doña Caterina Constanza Bou y
de 1537. Ibidem, f. 434; Madrid, 29 de abril, 1540. de Moncada, como tutora de sus
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hijos menores, y el noble Guillermo Raimundo de Moncada apelaron la
sentencia dada por la curia de Valencia favorable a Juan de Moncada,
conde de Aytona412. Don Fernando de Próxida, conde de Almenara, re-
currió la sentencia en su pleito contra don Juan de Próxida413. El almi-
rante de Aragón protestó la sentencia dada en la causa contra don Luis
Mas