Mediación y conciliación
Mediación
La mediación sirve para satisfacer las necesidades de dos socios en conflicto,
mientras preserva o fortalece sus futuras relaciones.
Un mediador se sienta con los dos socios y guía la discusión. El mediador es un
tercero neutral, sin autoridad independiente o habilidad para imponer un convenio
su papel no es tomar la decisión final, sino guiar a los socios para que adopten
una solución acordada mutuamente.
Los objetivos específicos de la mediación son los siguientes:
Ofrecer un espacio adecuado, neutral e imparcial, donde las personas
interesadas se sientan cómodas y con confianza para exponer sus
diferencias.
Restablecer la comunicación entre personas en conflicto, potenciando la
expresión de intereses y necesidades particulares.
Promover en los participantes la creación de alternativas y opciones que
deriven en acuerdos consensuados y satisfactorios para ellos.
Cambiar la concepción negativa del conflicto como elemento de
enfrentamiento hacia una visión positiva y necesaria en la convivencia de
las personas.
Otorgar a las personas la responsabilidad y el protagonismo en la solución
de sus diferencias.
Salvaguardar los intereses de los menores de edad y personas
dependientes implicadas directa o indirectamente en el conflicto.
Características de la mediación:
Neutral e Imparcial: El mediador no impone criterios propios en la toma de
decisiones, ni se sitúa a favor o en contra de ninguno de los participantes.
Voluntaria: Las personas interesadas son quienes deciden iniciar el proceso
de mediación, así como interrumpirlo, sin perjuicio alguno, si lo consideran
oportuno.
Confidencial: Lo expuesto en una sesión no será utilizado fuera del proceso
de mediación, excepto en casos donde se detecte un hecho constitutivo de
falta o delito.
Flexible: El proceso de mediación se adapta a las características y
necesidades particulares de los participantes.
Autodeterminación de las partes: son los propios usuarios quienes generan
alternativas y opciones de solución al conflicto que presentan, llegando a
acuerdos creados por ellos mismos que satisfacen sus intereses
particulares.
Conciliación. -Se define como una forma de solución de conflictos laborales que
se debería caracteriza por ser flexible y simple en si desarrollo, en el cual un
conciliador promueve el advenimiento de las partes
La conciliación se distingue de la negociación por el hecho que interviene un
tercero, designado por las partes, quien las ayudará a buscar una solución al
conflicto. Sin embargo, dicho tercero no tiene capacidad de decisión, ni sus
propuestas son obligatorias para las partes, quienes finalmente son libres de llegar
a un acuerdo que ponga fin al conflicto.
Arbitraje
El arbitraje difiere significativamente de la mediación. El árbitro es una parte
neutral, cada participante de la alianza público-privada defiende su caso en la
disputa, en vez de trabajar juntos para llegar a una solución, como en el caso de la
mediación.
El árbitro entonces presenta una decisión final obligatoria con respecto a la
solución de la disputa (a menos que los socios hayan decidido lo contrario con
anterioridad).
Además de ahorrar tiempo y dinero, las ventajas de utilizar uno de estos métodos
incluyen:
Confidencialidad – las discusiones para remediar la disputa se realizan en privado,
frente a un mediador o un árbitro, no en un tribunal público;
La relación comercial, la cual podría perderse en la atmósfera cáustica de una sala
de justicia, puede ser preservada;
La disputa puede ser resuelta en privado y utilizando términos que ambos socios
han acordado de antemano;
Los hechos complicados pueden ser considerados por las partes en conflicto, con
la asesoría de expertos externos del respectivo campo si es necesario, en vez de
que la decisión sea tomada por un juez o jurado compuesto de personas laicas; y
se minimizan las distracciones que surgen entre empleados durante un litigio.
Quienes ejercen el liderazgo en las organizaciones enfrentan diariamente
situaciones dilemáticas. Una de ellas se presenta en el manejo de los conflictos,
cuando se enfrenta al siguiente dilema: optar entre la solución del conflicto
centrándose en el resultado - el qué o sustancia -, o la manera en que se resuelve
el conflicto - el cómo o el proceso -.
Este dilema se conoce como “sustancia – proceso”. En términos de resolución