Cantares de gesta
Definicion
El concepto de cantar de gesta se utiliza para nombrar a una clase de texto épico que, en la Edad
Media, se usaba para narrar las aventuras de un héroe. Estas obras permitían la representación y
la difusión de los modelos de una cultura o de un pueblo.
Los cantares de gesta son poemas de gran extensión que tienen a un personaje mitológico o
histórico como protagonista. Por lo general cuentan con una extensión de más de 2.000 versos,
llegando en algunos casos hasta los 20.000.
La definición exacta nos llevará a decir que un cantar de gesta es una epopeya o relato épico que
narra las aventuras y desventuras de un héroe que, generalmente, es representación de la cultura
y las virtudes de un pueblo.
No obstante, y según su país de origen, estas aventuras pueden tener un componente más bien
mitológico y fantástico, como sucedía principalmente en Francia, Inglaterra o Alemania. Aun así,
en países como España, las narraciones eran bastante más realistas.
Estos cantares nacieron de la tradición oral de los pueblos, transmitidos de generación en
generación, y cantados por juglares. Pero, hacia el final de su apogeo, acabando el siglo XII, fueron
trasladados a formatos escritos, de los que hoy nos han llegado algunos ejemplos, como veremos
más adelante.
En esta otra lección te descubrimos cuáles son los cantares de gesta españoles más importantes.
El cantar de gesta es un género narrativo en verso que tuvo su auge en la Edad Media. Son
narraciones basadas en la épica, que se caracterizan por transmitirse de boca en boca, sobre todo
por los juglares. Por ejemplo: Cantar de Mío Cid, Cantar de los Nibelungos y Cantar de Roldán.
Al igual que las epopeyas, los cantares de gesta narran las hazañas de personajes heroicos que
encarnan los valores de una población. De autoría anónima, este género fue muy popular en
Europa, entre los siglos XI y XII, sobre todo en Francia y España.
Los poemas épicos o cantares de gesta son extensas narraciones en verso que relatan sucesos
históricos y legendarios en torno a un héroe, que representa los valores de un pueblo. Se
denominan cantares porque se concibieron para ser recitados o cantados por los juglares, y de
gesta porque narran hazañas de personajes y acontecimientos relevantes para la comunidad a la
que van dirigidos. Es posible también que el documento fuera la obra de un autor culto que
imitaba composiciones tradicionales. Todo ello explica las dificultades para delimitar tanto el
conjunto de la literatura de transmisión oral como sus orígenes. Dentro de la épica románica, la
francesa es la que tiene una producción más extensa, pues se conservan más de 100 cantares de
gesta. XIV, un manuscrito anterior, al que correspondería la fecha de 1207 por él consignada.
La incertidumbre sobre la fecha de composición y la autoría del cantar ha originado
interpretaciones muy variadas sobre los orígenes y peculiaridades de la épica castellana. En 1911,
Menéndez Pidal dató la composición en 1140, pero a partir de mediados de siglo otros estudiosos
propusieron una fecha de composición más tardía; hoy, la mayoría sitúa el Cantar a finales del s.
Los cantares de gesta eran narraciones en verso, sobre las hazañas de algún héroe. Con una
intención mitificadora, estos poemas glorifican al héroe protagonista, al que convierten en
representante de las virtudes y aspiraciones de su comunidad.
Según Menéndez Vidal hacia el siglo X debían estar formándose los primeros cantares de gesta, de
carácter oral, girarían sobre Fernán González, héroe legendario castellano que consiguió una
importante autonomía frente a los leoneses, el tema de Don Rodrigo y la pérdida de España y la
Condesa traidora.
Castilla que desde el siglo X venía cantando las proezas de sus héroes, imponía así su dialecto
como lengua de la poesía épica.
Historia
La historia de los cantares de gesta se ubica en la Edad Media europea. Estos eran presentados
como poemas épicos que no tenían autor conocido y eran cantados por los juglares. En esa época
el analfabetismo era muy común en Europa en los siglos XI y XII, los cantares de gesta servían para
narrar e informar al pueblo de los hechos históricos, hazañas de guerreros famosos de esas tierras.
Muchas veces la longitud de estas obras era muy larga, la cual variaba entre 2.000 y 20.000 versos
– aunque en su mayoría no pasaba de 4000 versos-. Esto traía como consecuencia que el juglar
dividiera su narración en varios días para exponerla completamente. En Castilla, España, los
cantares de gestas eran llamados “Cantos noticieros”.
En Europa los cantares de gesta se hicieron muy populares en la Edad Media.
Juglares
Los cantares de gesta que realizaban los juglares en sus actuaciones eran anónimos ya que, estos
cantares eran parte de la literatura de transmisión oral, es decir, la literatura que no estaba escrita
y que se aprendía "de oído". Se transmitían oralmente de generación en generación. Esa literatura
oral se cantaba en lengua romance, dicho de otro modo, en una lengua que ya no era el latín, que
era la lengua que hasta entonces se había usado para transmitir los textos escritos. Se han
conservado muy pocos, como el Cantar de Mio Cid. Son de origen tradicional juglaresco, no
erudito (es decir que no están basadas en ciencias, artes...) y son de procedencia germánica.
Los juglares eran músicos ambulantes que no solo tocaban instrumentos y cantaban canciones,
sino que además realizaban todo tipo de actividades para divertir al pueblo, como contar chistes,
hacer magia, acrobacias... Eran de clase baja y no eran compositores, ya que solo copiaban las
canciones de los trovadores. No actuaban en castillos ni palacios, sino que lo hacían en las plazas
de los pueblos y solían ir de pueblo en pueblo, sin un lugar de hogar fijo.
La poesía épica se caracteriza por su transmisión oral por medio de los juglares, hombres-
espectáculo que poseían diversas habilidades y se encargaban de difundirlas acompañadas por
algún instrumento musical. Esta transmisión oral determina la existencia de variantes en los
textos, pues cada juglar modificó las obras según su memoria, sus gustos y la acogida del público.
Los juglares cantaban y declamaban estas obras en plazas y castillos, recibían por su oficio una
remuneración económica o regalos. En buena medida la literatura de ese tiempo estaba escrita
para ser recitada o cantada, es decir, era de carácter oral y llegaba a una población
mayoritariamente analfabeta a través de la audición colectiva. El carácter anónimo de la poesía
épica del periodo se explica porque el autor se consideraba, antes que individuo, un miembro de
la colectividad, a quien entregaba su obra un a vez compuesta.
Los sucesivos cambios introducidos por los juglares en la transmisión oral acaban convirtiendo el
texto en una obra colectiva, apreciándose este fenómeno especialmente en las canciones y
romances de nuestra lírica tradicional.
Estructura del género épico
Según lo que estableció Aristóteles en su Poética, todo relato épico debía constar de tres partes:
inicio, desenlace y fin, que se suceden en el tiempo de la obra y que sirven respectivamente para
presentar la situación y a los personajes, complicar la trama y presentar los obstáculos, y
finalmente dar con un desenlace. Esta estructura es esencial para toda la narrativa occidental
compuesta posteriormente.
Además, en el transcurso de esas tres partes, la epopeya debía presentar:
Peripecias: Cambios de la acción hacia la fortuna o hacia la desdicha de los personajes.
Agnición de los personajes: El paso de la ignorancia al conocimiento.
Un lance patético final: Es una acción dolorosa o destructora.
El origen etimológico del término trovador se encuentra en el latín fundamentalmente. Y es que es
fruto de la suma de dos componentes de dicha lengua:
• El provenzal “trobar” que derivaba del sustantivo latino “trope”, que significa “canción”.
• El sufijo “-dor”, que indica agente.
Trovador es un término que puede utilizarse como adjetivo o sustantivo. El concepto se encuentra
asociado al verbo trovar, cuya acción consiste en crear e interpretar versos y diversas
composiciones de tipo poético. Una trova, de hecho, es un verso o una cierta clase de creación
métrica. De ahí que actualmente se utilice también la palabra trovador como sinónimo de poeta y
poetisa.
TrovadorEn cuanto al uso histórico de la noción, puede decirse que un trovador era un bardo y
cantante de la Edad Media que interpretaba verbos escritos en lengua occitana. El trovador
también podía ceder sus versos a un juglar, quien se encargaba de interpretarlos.
Los trovadores se presentaban en las cortes con sus mensajes políticos y sociales. Muchas veces
eran nobles que trovaban por diversión, aunque también había trovadores de menor prestigio
social que apelaban a su arte para conseguir protección y ayuda.
De los trovadores merece la pena conocer otros importantes datos de interés que dejan patente
su esencia y su trabajo:
• Su origen se encuentra en Francia. Más exactamente se considera que nacieron en el siglo XI en
el sur del país galo.
• Alemania, España o Italia fueron las naciones que rápidamente siguieron la estela y comenzaron
a tener también trovadores en sus tierras.
• Por regla general, utilizaban la lengua provenzal.
• Los temas fundamentales de las composiciones que interpretaban era el amor, concretamente el
de tipo platónico, y las aventuras de caballería.
• Entre los trovadores más importantes se encuentran personajes de la talla de Jaufre Duel,
Guillebert de Berneville, Rimbaut de Vaqueiras e incluso el rey Alfonso X el Sabio, que dio forma a
las famosas “Cántigas de Santa María”.
Desde el punto de vista literario, uno de los trovadores más conocidos es Asurancetúrix, el
trovador de la aldea gala donde viven Astérix y Obélix, los míticos protagonistas de la serie de
cómics a la que dieron forma René Goscinny y Albert Uderzo. Aquel es un personaje bastante
cómico que intenta demostrar su arte en todo momento, lo que resulta realmente insoportable
para el resto de vecinos que consideran que no posee demasiado talento.
La trova, por otra parte, es el nombre que recibe un género musical que surgió en Cuba hacia
finales del siglo XIX. Con el tiempo se extendió hacia otros países y pasó a asociarse con todos
aquellos cantautores de protesta, cuyas composiciones buscan denunciar la injusticia o incentivar
el cambio social.
Uno de los cantantes que suele recibir el calificativo de trovador es el cubano Silvio Rodríguez,
creador de temas muy populares como “Ojalá” y “Unicornio”. Otro cantautor que forma parte del
movimiento que se conoció como Nueva Trova Cubana es Pablo Milanés.
Fuera de Cuba, en Argentina suele hablarse de Trova Rosarina para referirse a un grupo de
cantantes de la ciudad de Rosario (Provincia de Santa Fe) que se destacó por renovar el cancionero
popular argentino. Entre sus máximos referentes aparecen Juan Carlos Baglietto y Silvina Garré.
Diferencias
En lo que respecta a las diferencias entre juglares y trovadores, la primera y más destacada es que
pertenecían a clases sociales distintas. Mientras que los primeros pertenecían a clases más bajas,
los segundos eran personas cultas y de clases altas.
Gracias a la formación que habían recibido, los trovadores componían sus obras, tanto a nivel
poético como musical. Mientras, los juglares se limitaban a interpretar lo que componían los
trovadores, pero ellos no componían.
En lo relativo al lenguaje, el de los trovadores era mucho más culto, formal y rico. Los juglares
utilizaban un lenguaje informal y cercano al pueblo.
Los trovadores actuaban en los apacios y en la corte, en entornos más sofisticados, y los juglares lo
hacían en las calles y en las plazas.
Desde el punto de vista artístico, los trovadores se vinculaban con la literatura ya que eran poetas,
autores y compositores. Por el contrario, los juglares eran músicos y actores.
El tipo de vida también era muy distinto. Los trovadores tenían una residencia fija e iban a la corte
y a los palacios a hacer sus actuaciones. Los juglares tenían un estilo de vida nómada, y viajaban de
pueblo en pueblo.
Ambos fueron dos figuras clave en la cultura durante la Edad Media. Cada uno a su manera, pero
juglares y trovadores difundieron la historia y el idioma de cada pueblo.