LAS CARTAS DE NOMBRAMIENTO DE LOS
PRIMEROS GOBERNADORES DE CANARIAS.
EXPRESIÓN DE LA POLÍTICA CENTRALIZADORA
DE LOS REYES CATÓLICOS
Mariano Gambín García
1. INTRODUCCIÓN
El período comprendido entre el último tercio del siglo XV y el primero del
siglo XVI es clave para la creación y desarrollo, dentro del marco de la Corona de
Castilla, de unas estructuras políticas y administrativas que formarán la base del
denominado «Estado Moderno», en contraposición al «Estado Medieval», que
le precede.
Uno de los elementos característicos sobre el que los historiadores están de
acuerdo a la hora de definir el Estado moderno es el de una política centraliza-
dora de la Corona; por ella, los monarcas tienden a acaparar el mayor número
posible de instancias de poder aprovechando las estructuras heredadas de la tra-
dición medieval anterior, bien ampliando sus prerrogativas ya existentes, bien
desarrollando nuevas formas de expresión que el devenir histórico les ofrece.
Ejemplo del primer caso es la asunción por el rey de una manera cada vez
más directa del ejercicio de la justicia en el reino, competencia antiquísima a la
que la corona nunca renunció, y que en este período se consolida a través del
desarrollo de instituciones bajo su directo control, tanto en la esfera local, con la
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introducción de los corregidores nombrados por la corona como oficiales de jus-
ticia en los concejos de realengo, como en la general, con la creación paulatina de
diversas Audiencias como órganos jurisdiccionales supremos de apelación.
Ejemplo del segundo caso, es la creación ex novo de otras instituciones que
prestan una mayor eficacia a las nuevas necesidades de la Corona, que se en-
cuentra ante la oportunidad de implantar una organización política y administra-
tiva innovadora en territorios de reciente adquisición.
No entraremos a valorar si realmente los reyes de Castilla del período men-
cionado aprovecharon esa oportunidad, pero es evidente que aparecen nuevas
expresiones del poder real en las instituciones del momento, que obedecen de
una manera más eficaz a esa política de expansión monárquica frente a los otros
poderes medievales, llámense nobleza, clero o municipios, que no pudieron re-
sistirla a largo plazo.
Una de esas nuevas formas de expresión del poder real es la creación de una
institución inédita en Castilla antes del siglo XV; se trata de la figura del gober-
nador, institución que carece de antecedente directo castellano, por lo que algu-
nos historiadores han buscado su origen en la influencia de los reinos vecinos,
sobre todo de Aragón1 y Portugal2. Dentro del propio reino, la institución más
parecida es sin duda la del corregidor, ya que el contenido de funciones es simi-
lar en muchos aspectos, aunque no en todos.
Los estudios sobre el gobernador como institución son escasos; algunos
autores consideraron imposible realizar una construcción teórico-jurídica de este
oficial real por falta de fuentes al respecto3. Otros lo intentaron a medida que
aparecían documentos en los archivos municipales y estatales, aunque se centra-
ron en períodos históricos muy concretos4.
1. En Aragón, a principios del siglo XIV, los lugartenientes de los reyes, denominados «Pro-
curadores generales», pasaron a llamarse «Regentes de la Gobernación» o «Gobernado-
res», asumiendo la administración del país en que se hallasen. No obstante, el ámbito de
competencias de éstos superó al que tendrían sus homónimos castellanos de finales del
siglo XV. Una síntesis de los gobernadores de la Corona de Aragón puede verse en García
de Valdeavellano, L.: Curso de Historia de las Instituciones españolas, 3ª ed., Madrid,
1973, p. 514.
2. Se constata la existencia, en la segunda mitad del siglo XV, de representantes reales al
mando de las plazas portuguesas enclavadas en la costa africana, Alcácer Ceguer, Arguim,
Arzila, Ceuta y Tánger, así como de Madeira, que reciben los nombres de gobernadores
(governador-geral) y capitanes (capitao-mor), sin que aparezca de forma clara en las
fuentes si se trataba de cargos con distintas competencias. Al respecto, véase Oliveira
Marques, A.H. de: A Expansao Quatrocentista, Lisboa, 1998.
3. Ejemplos de esta afirmación la encontramos en autores como García Gallo, A: «Los
orígenes de la Administración territorial de las Indias», Anuario de Historia del Dere-
cho Español, 15, (1944), pp. 55 y ss.; y en un primer momento a González Alonso B.:El
Corregidor Castellano, Madrid, 1970 pp. 114-115.
4. Es fundamental por todo lo que aporta de nuevo el estudio González Alonso, B.: Gober-
nación y Gobernadores, Madrid, 1974, en el que, revisando anteriores afirmaciones,
realiza una primera aproximación en profundidad al tema, limitada al final del siglo XV.
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Muy pocos autores han tenido la oportunidad de estudiar de forma conjun-
ta la abundante documentación referida a los gobernadores de Canarias, tanto en
los archivos estatales como en los insulares. Estas fuentes, dadas a la luz de
forma paulatina, apenas han sido utilizadas para el estudio de la institución de
que hablamos5. Los investigadores de la Historia de Canarias han tocado la figu-
ra del gobernador siempre de manera tangencial y generalmente en referencia a
la actuación de los concejos6, con excepción de un estudio introductorio a la
publicación de documentos referidos a un juicio de residencia realizado al go-
bernador de Tenerife y La Palma en 15087.
Sin embargo, todavía no se ha aprovechado plenamente el gran caudal de
información contenido en la documentación existente en los archivos estatales
referida a la gobernación de Canarias en el momento histórico al que no referi-
mos. De todas las fuentes conservadas destaca la documentación existente en el
Archivo de Simancas, sobre todo la del Registro General del Sello, que nos ilus-
tra, prácticamente sin interrupción, acerca de la relación de la Corona con sus
gobernadores de las islas de realengo desde los comienzos de la conquista8.
Utilizaremos estas fuentes como base de este trabajo, aproximación inicial
a la institución del gobernador, partiendo del momento en que es designado para
el cargo a través de la emisión del título jurídico correspondiente: la carta de
nombramiento.
5. González Alonso, en su obra antes referida, sólo refiere tres documentos del Registro
General del Sello del Archivo de Simancas referidos a los gobernadores de Gran Cana-
ria, además de tener a la vista la obra de La Rosa Olivera, L. de, y Serra Ráfols, E.: El
Adelantado D. Alonso de Lugo y su residencia por Lope de Sosa, Fontes Rerum
Canariarum III, Instituto de Estudios Canarios, La Laguna, 1949.
6. Son de destacar los capítulos dedicados al gobierno municipal de Aznar Vallejo, E: La
integración de Canarias en la Corona de Castilla, 2ª ed. Las Palmas de Gran Canaria,
1992; de Fernández Armesto, F.: Las Islas Canarias después de la conquista, 1ª ed. en
castellano, Las Palmas de Gran Canaria, 1997 (1ª ed. Inglés 1982); y otros estudios de
reciente publicación, como el de Fernández Rodríguez, L.: «La formación de la oligar-
quía concejil tinerfeña durante los siglos XVI y XVII: una propuesta de periodificación».
Revista de Historia Canaria, núm. 179, (1997).
7. Véase la edición de dichos documentos en Rosa Olivera, L. de la, y Serra Ráfols, E: El
Adelantado D. Alonso de Lugo y su residencia... Op. cit., ya reseñada.
8. Véase Aznar Vallejo, E.: Documentos Canarios en el Registro del Sello (1476-1517), La
Laguna, 1981; y también Aznar Vallejo, E., Viña Brito, A., Palenzuela Domínguez, N. y
Bello León, J.M.: Documentos Canarios en el Registro General del Sello (1518-1525),
La Laguna, 1991, que recogen en extracto si no todos, la gran mayoría de documentos
referidos, directamente o indirectamente, a las Islas Canarias y conservados en el Regis-
tro General del Sello de Corte del Archivo General de Simancas (en lo sucesivo AGS,
RGS). Para una consulta de los fondos generales de dicho Registro del Sello, véase los
anuarios publicados por el CSIC, Colección «Reyes Católicos», Inventarios y Catálo-
gos, a partir de 1950.
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Tenemos la suerte de conservar en casi su totalidad las cartas de nombra-
miento de los gobernadores de Canarias en el archivo antes citado9. Nos centra-
remos en el período en que el gobernador actúa teniendo como única institución
superior a la Corona, a través del Rey y su Consejo; es el período de la conquista
y primera colonización del archipiélago, desde el nombramiento del primer go-
bernador, Pedro de La Algaba, en 1478, hasta la muerte del gobernador vitalicio
de La Palma y Tenerife, Alonso de Lugo, en 1525, que casi coincide con el
nombramiento en 1526 de los primeros jueces de apelación de la Audiencia de
Canarias, primer órgano superior colegiado de administración de justicia con
competencia en todas las islas, que tendría poder para revisar la actuación del
gobernador.
2. LOS GOBERNADORES Y EL ENTORNO POLÍTICO DEL
MOMENTO10
Los gobernadores de Gran Canaria. La tensión con Portugal
y la influencia de la guerra de Granada. (1478-1491)
Un factor esencial en la reactivación de la conquista de las islas que queda-
ban por conquistar a finales de los años setenta del siglo XV fue la guerra con
Portugal por el trono de Castilla. Uno de los frentes que se abrieron en esa guerra
fue el marítimo, y Canarias era ineludiblemente un lugar estratégico para su desa-
rrollo; la aparición de escuadras portuguesas en aguas de Canarias camino de las
factorías de la costa africana evidenció la debilidad de la posición castellana en el
archipiélago. Los cronistas nos relatan desembarcos portugueses en el archipiéla-
go, fracasados casi siempre por la gran resistencia opuesta por los naturales; la
isla de Gran Canaria fue objeto especial de las ambiciones lusas con expediciones
importantes como la de Diogo da Silva en 1466. La reanudación de estos
acercamientos portugueses al archipiélago a causa de la guerra motivaron a los
Reyes a reemprender la conquista de las islas de Gran Canaria, La Palma y Tenerife.
9. Concretamente, se conservan las cartas de nombramiento de los gobernadores Pedro de
la Algaba, Pedro de Vera, Francisco Maldonado, Alonso de Lugo (en Tenerife y en La
Palma), Lope Sánchez de Valenzuela, Alonso Escudero, Antonio de Torres, Lope de
Sosa (tres veces), Hernán Pérez de Guzmán, Pedro Suárez de Castilla (dos veces), Pedro
de Zúñiga, Juan Vázquez Coronado y Martín Cerón, además de los nombramientos
como jueces de residencia de Sebastián Brizianos, Bernaldino de Anaya y Diego de
Herrera, en el período comprendido entre 1476 y 1525, como después detallaremos.
10. Los historiadores clásicos de Canarias dieron listas incompletas o incorrectas de la suce-
sión de gobernadores en Canarias. Las vemos en Marín y Cubas, T.A.:Historia de las siete
islas de Canaria, La Laguna, 1993, p. 223; y en Viera y Clavijo, J: Noticias de la Historia
General de las Islas Canarias (1776), Santa Cruz de Tenerife, 1982, tomo II, p. 936.
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El erario público, en plena guerra con Portugal, no podía permitirse distrac-
ciones en el Atlántico, por lo que, para financiar la conquista, los Reyes recu-
rrieron al sistema de concertar capitulaciones con particulares, con dos varian-
tes: una primera con una sociedad capitalista que prestaba el dinero necesario
para pagar las tropas, como ocurrió en el caso de Gran Canaria; y otra segunda,
en la que lo que se capitulaba era la conquista de la isla con un capitán determi-
nado, que la realizaba prácticamente a su costa, a cambio de una serie de privile-
gios y prebendas económicas una vez cumpliera el objetivo, como ocurrió en La
Palma y Tenerife. Los Reyes encargaron al asistente de Sevilla Diego de Merlo y
al cronista Alonso de Palencia el asiento de condiciones para la conquista de
Gran Canaria con el obispo Juan de Frías y con los capitanes designados para
ello: Juan Bermúdez y Juan Rejón. Dicho asiento fue plasmado por escrito el 20
de abril de 1478 y aprobado por los reyes un mes después, el 13 de mayo11.
El cumplimiento del objetivo resultó más difícil de lo esperado, principal-
mente por la feroz oposición de los aborígenes, pero también por los problemas
de abastecimiento y refuerzos provocada por la guerra con Portugal, con unos
transportes inseguros y arriesgados, a lo que se unió el problema de las desave-
nencias personales entre los capitanes de la conquista; producto de estas discor-
dias fue el nombramiento del primer gobernador de la Corona para ejercer como
tal en Gran Canaria12.
La Carta de nombramiento de Pedro de la Algaba es de 27 de agosto de
147813; en ella los Reyes deciden terminar con las «divisiones y escandalos»
entre los capitanes enviando un representante regio que los reduzca y ponga a
«todos en buena pas y concordia», procediendo a imponer penas, tanto penales
como civiles, a aquellos que encontrara culpables. El nombramiento del primer
gobernador busca, de forma expeditiva, el cese de las desavenencias entre los
capitanes de la conquista. Más que ante un nombramiento nos encontramos con
el encargo de una comisión judicial, pero añadiéndole al juez el carácter de go-
bernador. Se trata de un nombramiento atípico, ya que no se detallan las compe-
tencias del elegido para el cargo, salvo las referidas a poner paz por la vía judi-
cial en la isla. Tal vez pueda atribuirse esta circunstancia al hecho de que la isla
aún no estuviera conquistada, por lo que el cargo podía verse en la problemática
de no tener una base territorial plenamente integrada en la Corona donde desem-
11. Véase este documento en Rumeu de Armas, A.: La política indigenista de Isabel la
Católica, Valladolid, 1969, pp. 178 y ss.
12. Hay constancia de lugartenientes de los señores en las islas anteriormente conquistadas
denominados gobernadores. Creemos que no son asimilables a los gobernadores del rey
ni en su estatuto jurídico ni en las facultades a ellos atribuidos. Véase, a modo de ejem-
plo, una referencia al gobernador señorial en la isla de Lanzarote en la edición de Aznar
Vallejo E., de la Pesquisa de Cabitos, Las Palmas de Gran Canaria, 1990, p. 130.
13. Véase documento núm. 1 del apéndice documental.
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peñarlo. Del texto de la carta parece desprenderse que a Pedro de La Algaba se le
encomendaba la gobernación de la conquista, más que la gobernación de la isla;
posiblemente los Reyes pensaran determinar las facultades de La Algaba una
vez que la isla estuviera totalmente conquistada. Sea cual fuere la voluntad real,
el hecho es que en la carta de nombramiento no se especifican las facultades del
gobernador, englobándose bajo la genérica fómula de «vos encomendar e come-
ter el cargo e governaçion de lo susodicho (..) y entendades en todas e qualesquier
cosas que los dichos capitanes que con nuestro poder alla son ydos, han e deven
entender...». Hay, por tanto, una remisión al contenido de las capitulaciones pre-
vias con Rejón y Bermúdez, debiendo Algaba asumir las competencias a aqué-
llos atribuidas con anterioridad.
Esta asunción por el nuevo gobernador de los poderes concedidos por los
Reyes a los capitanes, llevaba la especialidad de que éstos se mantenían en sus
cargos militares; de hecho, las operaciones bélicas continuaron siendo dirigidas
por los capitanes de la conquista, sin que aparezca el gobernador como director
de la lucha contra los aborígenes. Este experimento de convivencia política re-
sultó un fracaso; La Algaba no pudo terminar con los bandos encontrados exis-
tentes en las tropas castellanas, viéndose inmerso en las intrigas de sus cabeci-
llas y tomando partido por una de ellas, situación que desembocó en la detención
y deportación de Rejón a la Corte, donde no se consideró su conducta punible,
su posterior vuelta a la isla y la sorpresiva aparición pública de éste último con la
detención del gobernador, que tras un proceso sumarísimo, fue ejecutado14.
El fracaso en el cumplimiento de los objetivos militares decidió a la Corona
concertar nuevas capitulaciones el 24 de febrero de 1480 con el contador Alonso
de Quintanilla y el capitán de mar Pedro Fernández Cabrón, sociedad a la que se
unió posteriormente Pedro de Vera15.
Así mismo la manifiesta imposibilidad de coexistencia de un gobernador
con capitanes militares hizo que los Reyes se planteasen reunir los dos cargos en
una sola persona, lo que realizaron aprovechando la experiencia bélica y de go-
bierno que Pedro de Vera había demostrado los años anteriores16. Gran Canaria se
configuraba como un escenario bélico en el que las circunstancias exigían que
ocupase el puesto de gobernador un militar experto hasta que se conquistase y
pacificase la isla. El 4 de febrero de 1480 los Reyes nombraron a Pedro de Vera
14. No nos detendremos en enumerar los hechos de manera detallada; para ello, véase los
relatos de primera mano en Canarias: Crónicas de su conquista, ed. de Francisco Mora-
les Padrón. 2ª ed. Las Palmas de Gran Canaria, 1993.
15. Véase este documento en Rumeu de Armas, A.: La política indigenista ... Op. cit., pp.
204 y ss.
16. Sobre la experiencia guerrera de Pedro de Vera, que también fue regidor de Jerez, véanse
los numerosos artículos de Hipólito Sancho de Sopranis sobre la biografía de Pedro de
Vera publicados en la Revista de Historia Canaria en los años 40 y 50.
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gobernador de la isla17. Ahora los reyes sí enumeran, de forma mucho más preci-
sa, las facultades concedidas a Pedro de Vera en su nombramiento: para «conquis-
tar», los cargos de capitán general y alcaide de la fortaleza, es decir, todo el poder
militar en unas únicas manos; para «pacificar», los de gobernador y corregidor, o
lo que es lo mismo, unificar en la misma persona todo el poder político.
Vera se mantuvo en el cargo once años, extendiendo su labor pacificadora,
a veces con excesos, incluso a las islas de señorío, previa petición de ayuda de
sus señores.
El final de la guerra con Portugal favoreció la consecución de la conquista
de Gran Canaria, pero la reanudación de la guerra de Granada absorbió de nuevo
los recursos de la Corona, siendo insuficientes los que podían desplegar las tro-
pas castellanas que quedaron en Gran Canaria. Por fin los refuerzos llegaron, y
Vera pudo terminar la conquista de la isla en 1483. Ahora era necesario crear las
estructuras político-administrativas necesarias para el asiento permanente de
pobladores y consiguientemente la incorporación definitiva a la Corona. Pedro
de Vera se encargó de ello, manteniendo la incipiente estructura municipal crea-
da antes de su llegada, consolidándola y desarrollándola en los años posteriores.
La desafortunada intervención de Vera en La Gomera en 1488, al acudir en so-
corro de Beatriz de Bobadilla, viuda de Fernán Peraza, señor de la isla, que había
sido asesinado por los naturales, realizando una violenta represión sobre los
gomeros, hizo que cayera en desgracia en la Corte. Las acusaciones contra él
eran de tal gravedad que los reyes determinaron la suspensión de su mandato
enviando un juez de comisión para investigar su veracidad.
El 30 de marzo de 1491 los Reyes nombraron a Francisco de Maldonado
juez pesquisidor de la isla de Gran Canaria, quien debía asumir de su predecesor
la gobernación y la administración de justicia18. Pedro de Vera se veía obligado a
salir de la isla con su familia para facilitar la labor de Maldonado; ya no volvería
a Gran Canaria.
Los gobernadores de la expansión ultramarina. (1492-1504)
La incidencia del descubrimiento de América
Hubo que esperar a que la iniciativa particular diera otro impulso a la con-
quista. Uno de los capitanes de Gran Canaria, Alonso de Lugo, concertó con los
Reyes capitulaciones para la conquista de La Palma y Tenerife. El final de la
guerra de Granada hacía que los Reyes volvieran a prestar oídos a nuevas em-
17. Véase documento núm. 2 del apéndice documental.
18. Véase documento núm. 3 del apéndice documental.
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presas, sobre todo aquellas en las que el desembolso de la Corona era limitado19.
El 8 de junio de 1492 los Reyes firmaban carta real de merced por la que se le
prometía la gobernación de la isla de La Palma para cuando fuera conquistada20;
igual promesa realizaban el 28 de diciembre de 1493 para la isla de Tenerife21.
Coincidió la conquista de estas dos islas con las primeras expediciones co-
lombinas, en la que los Reyes prestaron interés especial por sus posesiones at-
lánticas. Las islas se convierten en escala obligada en los viajes atlánticos de las
flotas castellanas, lo que redunda en un nuevo mercado para los productos isle-
ños, al tiempo que significa una tentación de emigración para los habitantes de
las islas con pocos recursos. La política de los gobernadores incidirá en estos
dos problemas; por un lado controlará de forma continua el abastecimiento de la
población, evitando el abuso de la especulación de los productos alimentarios, y
por otro, intentando poner trabas al embarque de vecinos canarios en los navíos
que recalaban con destino final en Indias.
Mientras se sucedían las campañas de la conquista de La Palma y Tenerife,
Francisco de Maldonado se mantuvo como gobernador de Gran Canaria hasta
que los Reyes decidieron su relevo en enero de 1495. El 24 de dicho mes encar-
gan a Alonso Fajardo realizar el juicio de residencia a Maldonado22, mandato
refrendado por su nombramiento como gobernador de Gran Canaria el 30 del
mismo mes23. Fajardo tardó siete meses en tomar efectiva posesión de su cargo,
lo que puede resultarnos indicativo para el resto de gobernadores, acto que se
efectuó en la reunión del Cabildo de Gran Canaria el 7 de agosto de 149524.
En 1496 termina la conquista de Tenerife, ratificando los Reyes la promesa
dada a Alonso de Lugo de la gobernación de La Palma y Tenerife, con carácter
vitalicio. Así, el 5 de noviembre de dicho año le otorgarán definitivamente la
gobernación de Tenerife y el 5 de diciembre la de La Palma25. La gobernación de
estas dos islas permanecerá en poder de este gobernador hasta su muerte en 1525.
A principios del año 1498 es designado como nuevo gobernador de Gran
Canaria Lope Sánchez de Valenzuela, que sustituye a Alonso Fajardo, que había
19. Sin ir más lejos, Colón capitula también en estos momentos la primera expedición a las
Indias.
20. Publicada por La Rosa Olivera, L. de, y Serra Ráfols, E.: El Adelantado D. Alonso de
Lugo... Op. cit., p. 147.
21. Publicada por Rumeu de Armas, A.: La Conquista de Tenerife 1494-1496, Aula de cul-
tura de Tenerife, 1975, p. 421.
22. AGS, RGS, enero 1495 (fol. 18); véase el extracto de este documento en Aznar Vallejo,
E. Documentos canarios... (1476-1517), op. cit., doc.núm. 390.
23. Véase documento núm. 4 del apéndice documental.
24. Según se desprende de un documento de fecha 17 de enero de 1497 del AGS, Contaduría
Mayor, 1ª época, legajo 97, carpeta 24; publicado por Rumeu de Armas, A.: España en
el Africa Atlántica, 2º ed. ampliada, Las Palmas, 1996, tomo I, nota de p. 252.
25. Véanse los documentos núms. 5 y 6 del apéndice documental.
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fallecido durante el ejercicio del cargo26. Como ocurre en bastantes ocasiones,
aparecen varias comisiones de los Reyes al nuevo gobernador con días de ante-
lación a la emisión de la carta de nombramiento. La fecha del nombramiento de
Sánchez de Valenzuela es 26 de marzo27, aunque ya es denominado gobernador
en tres órdenes reales de fecha anterior, siendo la más antigua de un mes ante-
rior, de 24 de febrero28. No obstante, consta que Valenzuela no salió de Baeza,
donde residía, hasta el 25 de abril, con lo que suponemos la llegada a Gran
Canaria en Mayo o Junio de ese año29.
Antonio de Torres relevó como gobernador de Gran Canaria a Sánchez de
Valenzuela en fecha imprecisa a finales de 150130; en un documento de 4 de
diciembre de 1501, los Reyes emiten una orden dirigida al gobernador de Gran
Canaria haciendo referencia a Lope Sánchez de Valenzuela como «gobernador
que fue desa dicha ysla», lo que indica que hacía tiempo que ya no estaba en el
cargo31. Su incorporación al cargo hay que deducirlo de otros documentos: To-
rres aparece en el escenario canario al ser designado el 20 de junio de 1500
como veedor de las cosas de Berbería32; aunque la presencia de Torres en Cana-
rias no era imprescindible para desempeñar este cargo, la estrecha relación de lo
26. Se estima que Alonso Fajardo murió en Santa Cruz de Mar Pequeña, en la costa africana, en
diciembre de 1497. Véase Rumeu de Armas: España en el Africa…, op. cit., tomo I, p. 285.
27. Véase documento núm. 7 del apéndice documental.
28. Concretamente se trata de una carta real de 24 de febrero de 1498, y otras dos de 8 de
marzo; AGS, RGS febrero y marzo 1498. Todas extractadas por Aznar Vallejo, E. Docu-
mentos canarios... (1476-1517), op. cit., docs. núms. 436, 438 y 439.
29. Véase Rumeu de Armas: España en el Africa…, op. cit., tomo I, p. 295.
30. La Carta de nombramiento de Antonio de Torres, a la que no hemos tenido acceso, no tiene
fecha. Al respecto nos remitimos a lo que dice Rumeu de Armas, A.: España en el Africa...tomo
I, p. 447: «El título de gobernador se conserva original en el Archivo de Simancas; pero no
estando datado, nos quedamos sin saber la fecha exacta de su expedición. (..) El título no
ofrece particularidades dignas de especial mención, salvo invocarse como motivo para la
sustitución «la paz y sosiego desa ysla». También se imponía al designado la apertura del
oportuno juicio de residencia contra su antecesor Valenzuela y oficiales subalternos».
31. AGS, RGS diciembre 1501; véase el extracto de este documento en Aznar Vallejo, E. Docu-
mentos canarios... (1476-1517), op. cit., doc. núm. 535. Rumeu de Armas, en su España en
el Africa…, op. cit., tomo I, p. 316, siguiendo al parecer a Chil y Naranjo, manifiesta que
Sánchez de Valenzuela finalizó su gobernación por destitución de los Reyes en abril de
1502. Esta afirmación se encuentra en abierta contradicción con el documento que hemos
reseñado de diciembre del año anterior. La última orden de los Reyes que hemos encontra-
do dirigida a Lope Sánchez de Valenzuela como gobernador es de 13 de septiembre de
1501; una posterior, de 22 de octubre, va dirigida al gobernador que «es o fuere de Gran
Canaria», y se cita a Sánchez de Valenzuela como «nuestro gobernador», lo que podría
indicar, sin total seguridad, que todavía estuviera en el cargo. Referencia de estos docu-
mentos en AGS, RGS, septiembre y octubre 1501; aparecen extractados en Aznar Vallejo,
E. Documentos canarios... (1476-1517), op. cit., docs. núm. 531 y 534.
32. La designación de Antonio de Torres como veedor de Berbería, así como varias cartas de
los Reyes referidas a este cargo han sido publicadas por Rumeu de Armas, A.: España
en el Africa ..., op. cit., tomo II, documentos 44 y ss.
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que acontecía en la costa africana con el archipiélago canario así lo hace presu-
mir. De cualquier manera, el 29 de octubre de 1501 Antonio de Torres se encon-
traba en Tenerife concertando el comercio de las conchas para cambiar en Gui-
nea con Mateo Viña, regidor de esa isla33.
El primer documento emitido por la cancillería real que conservamos diri-
gido a Antonio de Torres como gobernador de Gran Canaria es de 12 de febrero
de 1502, en que se le encarga una pesquisa judicial en La Gomera34. El final de
la gobernación de Antonio de Torres también aparece difuminado en el tiempo;
debió morir en 150235, ya que en la carta de nombramiento de su sucesor, Alonso
Escudero, de 12 de enero de 1503, se alude a Antonio de Torres como «difunto»
y «antiguo gobernador de las islas».
Alonso Escudero es enviado en primera instancia como juez de residencia
de los oficiales del gobernador anterior. Asumiría las varas de justicia, alcaldías
y alguazilazgos hasta que el rey nombrara nuevo gobernador36. El hecho es que
en documentos reales de meses después, se denomina a Escudero como gober-
nador de Gran Canaria37.
Poco tiempo estaría Escudero como gobernador de Gran Canaria, ya que
también fallecería durante el trancurso del mismo, como se desprende de un
documento fechado el 13 de mayo de 150438, en el que se le califica como «ya
difunto». De cualquier manera, el 9 de mayo de 1504 es nombrado para el cargo
un gobernador que se mantendría en el cargo mucho más tiempo que sus antece-
sores, Lope de Sosa39.
33. Veáse Rumeu de Armas A.: España en el Africa ..., op. cit., tomo II, documento 59.
34. AGS, RGS febrero 1502; Véase extractado en Aznar Vallejo, E. Documentos canarios...
(1476-1517), op. cit., doc. núm. 543
35. Millares Torres manifiesta que murió en un naufragio en la Bahía de Cádiz el 24 de
octubre de 1502, aserto que pone en duda Leopoldo de La Rosa en «Antonio de Torres,
gobernador de Gran Canaria», El Museo Canario, 27-28, (1948). Por el contrario, Rumeu
de Armas ratifica a Millares, asegurando en España en el Africa Atlántica... Op. cit.,
tomo I, pp. 365 y ss., que este Antonio de Torres es la misma persona que colaboró con
Colón en los primeros viajes a Indias.
36. Véase documento núm. 8 del apéndice documental. Alonso Escudero tomaría posesión
del cargo nueve meses después, el 10 de noviembre de 1503: Archivo de Simancas,
Contaduría Mayor, 1ª época, leg. 171 (sin foliar), citado por Rumeu de Armas, A.: Espa-
ña en el Africa..., op. cit., tomo I, p. 454 y tomo II, p. 127.
37. Así se ve en varios documentos del AGS, RGS, fechados entre Mayo y Julio de 1503;
Véanse los extractos en Aznar Vallejo, E.: Documentos canarios... (1476-1517), op.
cit., docs. núms. 580, 583, 584, 585, 590 y 592.
38 .AGS, RGS mayo 1504. Extractado en Aznar Vallejo, E.: Documentos canarios... (1476-
1517), op. cit., doc. núm. 611.
39. AGS, RGS, mayo 1504. No hemos tenido acceso a este documento; puede verse en
extracto en Aznar Vallejo, E.: Documentos canarios... (1476-1517), op. cit., doc.
núm. 610.
02 (Mariano Gambín García).pmd 48 08/03/2013, 9:33
49
Una vez conquistadas todas las islas, los esfuerzos bélicos se dirigirán a la
cercana costa africana. Por una parte, muchos gobernadores de Gran Canaria
aparecen también como alcaides de la fortaleza levantada en Santa Cruz de Mar
Pequeña; por otra, los gobernadores organizarán continuas expediciones de sa-
queo a la zona de la que no siempre salen bien librados.
Los gobernadores como institución asentada.
La efectiva colonización. (1504-1526)
Las estructuras creadas en los años anteriores evolucionaron hasta un fun-
cionamiento idéntico a sus homónimas de Castilla. Esto se hizo evidente antes
en Gran Canaria que en las otras dos islas de realengo, dado el mayor número de
años de experiencia. Los gobernadores se fueron sucediendo a intervalos más
cortos y el funcionamiento del sistema de sucesión en el cargo, con el corres-
pondiente juicio de residencia, se realizaba correctamente de acuerdo con la
nueva legislación vigente en Castilla40. La preocupación de las autoridades mu-
nicipales se centra en problemas derivados de la posición estratégica de las islas
dentro de la política internacional de la corona, planteándose la defensa de sus
costas frente a ataques piráticos cada vez más frecuentes.
El período de mandato de los gobernadores entra en un período de mayor
estabilidad y duración. Alonso de Lugo continúa con su gobernación vitalicia,
con los períodos de suspensión del cargo correspondientes a los juicios de resi-
dencia a que se vió sometido periódicamente41. En Gran Canaria, los gobernado-
res van a estar mucho más tiempo en el ejercicio de su cargo; de todos ellos,
Lope de Sosa destacará en su permanencia en el cargo, sumando más de doce
años de gobernación efectiva.
Vimos como Lope de Sosa era nombrado gobernador en 1504, aunque se
demoró unos meses en tomar posesión del cargo, efectuándolo el 25 de enero de
150542. El 5 de noviembre de 1507 es nombrado de nuevo para el cargo43. En
40. El cargo de gobernador no tuvo regulación específica hasta la Pragmática de 9 de junio
de 1500, conocida como los capítulos de 1500, que afectaron a los corregidores, gober-
nadores y asistentes del reino.
41. Podemos adelantar que Alonso de Lugo fue residenciado en 1508 por Lope de Sosa,
en 1511 por Cristóbal Lebrón y en 1518 por Sebastián Brizianos; otras revisiones a
su actividad gubernamental fueron la pesquisa sobre venta de esclavos que en 1497-
98 realizó el licenciado Maluenda y la reforma del reparto de tierras de Ortiz de
Zárate en 1506.
42. AGS, Contaduría Mayor, 1ª época, leg. 171 (sin foliar), citado por Rumeu de Armas, A.:
España en el Africa..., op. cit., tomo I, p. 457 y tomo II, p. 127.
43. Véase documento núm. 9 del apéndice documental.
02 (Mariano Gambín García).pmd 49 08/03/2013, 9:33
50
marzo del año siguiente se le encomendará que realice la residencia del gober-
nador vecino, Alonso de Lugo44. De esta manera, durante el período que duró la
residencia de Lugo, Lope de Sosa fue gobernador efectivo de todas las islas de
realengo del archipiélago45. En Octubre debía estar terminada la residencia, ya
que el Rey ordena el día 3 de ese mes a Lope de Sosa que envíe el proceso al
Consejo de Castilla46. Lope de Sosa devolvió las varas de justicia a Alonso de
Lugo en la sesión del Cabildo tinerfeño del 22 de diciembre de 150847. No obs-
tante, la noticia de la devolución del cargo al Adelantado no llegó a la Corte, ya
que el Consejo reiteraba el mandato, de forma innecesaria, seis meses después,
el 13 de marzo de 150948. Las sentencias de la residencia no se ejecutarían hasta
dos años después, en que el Consejo lo ordenaría expresamente49.
Transcurren años de tranquilidad política hasta 1513, en que el Rey, el 17
de septiembre, ordena al licenciado Sebastián de Brizianos que tome la residen-
cia a Lope de Sosa, asumiendo en el ínterín la gobernación de Gran Canaria50.
En el verano del año siguiente no había terminado Brizianos la residencia de
Sosa, por lo que el Consejo le reclama el 14 de julio, el envío del procedimiento,
so pena de enviar una persona de la corte a su costa51. De cualquier forma, Lope
de Sosa vuelve a ejercer la gobernación de Gran canaria mediante nueva carta de
nombramiento, la tercera, de 30 de marzo de 1515. Mediante esta carta se le
nombra a su vez juez de residencia del licenciado Brizianos y sus oficiales, que
cesaban en el cargo52.
44. Parte del procedimiento se ha conservado, siendo publicado por La Rosa Olivera, L., y
Serra Ráfols, E.: El Adelantado [Link] de Lugo y su residencia... Op. cit.,
45. La orden de tomar la residencia a Lugo es de 4 de marzo de 1508, y la de devolver las
varas de gobernación a aquél es de 3 de octubre de 1508, reiterada el 13 de marzo de
1509. AGS, RGS, marzo y octubre 1508 y marzo 1509; véanse los extractos en Aznar
Vallejo, E.: Documentos canarios... (1476-1517), op. cit., docs. núms. 733, 748 y 779.
46. AGS, RGS octubre 1508; extractado en Aznar Vallejo, E.: Documentos canarios... (1476-
1517), op. cit., doc. núm. 748.
47. Así consta en las actas del Cabildo de 22 de diciembre de 1508, publicada en Acuerdos
del Cabildo de Tenerife. Vol. II 1508-1513. Edición y Estudio de Elías Serra Ráfols y
Leopoldo de la Rosa Olivera. IEC, La Laguna, 1965. p. 24.
48. AGS, RGS marzo 1509, extractado en Aznar Vallejo, E.: Documentos canarios... (1476-
1517), op. cit., doc. núm. 748.
49. AGS, RGS junio de 1511; cartas de fecha 2 y 7 de junio de 1511 para la ejecución de las
sentencias dadas en el proceso de residencia. Véase la primera (AGS, RGS julio 1514)
extractada en Aznar Vallejo, E.: Documentos canarios... (1476-1517), op. cit., doc. núm.
842; y la segunda íntegra en La Rosa Olivera, L., y Serra Ráfols, E.: El Adelantado
[Link] de Lugo y su residencia... Op. cit., p. 134.
50. AGS, RGS, septiembre 1513. No hemos tenido acceso a este documento; puede verse en
extracto en Aznar Vallejo, E.: Documentos canarios... (1476-1517), op. cit., doc. núm.
1.016.
51. AGS, RGS julio 1514; extractado en Aznar Vallejo, E.: Documentos canarios... (1476-
1517), op. cit., doc. núm. 1045.
52. Véase documento núm. 10 del apéndice documental.
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51
Esta nueva gobernación de Sosa se extendió hasta agosto de 1517, fecha de
la llegada de su sucesor, Pedro Suárez de Castilla53, quien tomó el correspon-
diente juicio de residencia a Lope de Sosa, proceso que le fue reclamado por el
Consejo el 27 de febrero de 151854. En este mismo año de 1518 el Rey ordena el
20 de marzo que se residencie de nuevo a Alonso de Lugo, encargando dicho
cometido al ya conocido Sebastián de Brizianos55.
El 7 de agosto de 1518 se firma nueva carta de nombramiento de la gober-
nación de Gran Canaria a favor de Hernán Pérez de Guzmán, encargándole to-
mar la residencia al cesante Pedro Suárez de Castilla56. Pérez de Guzmán toma-
ría posesión del cargo el 3 de noviembre de 151857.
Mientras tanto, el licenciado Brizianos vuelve a demorarse en el envío de la
residencia de Alonso de Lugo. El Consejo se la reclama mediante carta de 16 de
octubre de 1518, orden que no obedece, lo que provoca una sobrecarta el 16 de
abril de 1519 para que se remitan las diligencias al Consejo, ya que habían pasa-
do ya ocho meses desde su terminación58.
El 20 de noviembre de 1519 el Rey y el Consejo encargan al doctor
Bernaldino de Anaya que tome la residencia a Hernán Pérez de Guzmán59. Este
juez de residencia ejercerá como gobernador de Gran Canaria, quedando en sus-
penso el ejercicio de Pérez de Guzmán, que mantiene el título, y al que se le
ordena que resida en la isla mientras dure la residencia sin ausentarse sin el
correspondiente permiso real, como hacían otros gobernadores60.
En Tenerife Alonso de Lugo designó como sucesor para el cargo de Adelan-
tado y gobernador de Tenerife y la Palma a su hijo Pedro de Lugo, por decisión
53. Rumeu de Armas, A., en España en el Africa..., op. cit., tomo I, nota a la p. 455, aporta
datos sobre documentos a los que no hemos tenido acceso: «Pedro Suárez de Castilla
fue designado gobernador por provisión de 19 de mayo de 1517 y tomó posesión de su
cargo en Las Palmas el 13 de agosto de ese mismo año»; Pedro Suárez de Castilla vio
porrogada su gobernación dos meses después de su llegada, mediante carta de prórroga,
«Pedro Suárez de Castilla vio porrogada su gobernación dos meses después de su llega-
da, mediante carta de prórroga, «por otro año», de fecha de 20 de octubre de 1517, AGS,
RGS octubre 1517; extractado en Aznar Vallejo, E.: Documentos canarios... (1476-
1517), op. cit., doc. núm. 1180.
54. AGS, RGS febrero 1518; extractado en Aznar Vallejo, E. y otros.: Documentos cana-
rios... (1518-1525), op. cit., doc. núm. 20.
55. AGS, RGS marzo 1518; extractado en Aznar Vallejo, E. y otros.: Documentos cana-
rios... (1518-1525), op. cit., doc. núm. 26.
56. Véase documento 11 del apéndice documental.
57. AGS, Contaduría Mayor. Primera época, leg. 171. Cuentas de Canaria. Cargo (1517-
1518); citado por Rumeu de Armas, A.: España en el Africa..., Op. Cit, tomo I, p. 548.
58. AGS, RGS octubre 1518 y abril 1519; véanse extractados en Aznar Vallejo, E. y otros.:
Documentos canarios... (1518-1525), op. cit., docs. núm. 65 y 117.
59. Véase documento 12 del apéndice documental.
60. Dicha orden se contiene en una carta del Consejo de 24 de enero de 1520, AGS, RGS
enero 1520, cuyo extracto puede consultarse en Aznar Vallejo, E. y otros.: Documentos
canarios... (1518-1525), op. cit., doc. núm. 186.
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52
protocolizada en La Laguna el 21 de octubre de 1521, confirmada posterior-
mente por el Rey el 27 de marzo de 152361.
Dos años se mantuvo el Doctor Anaya como gobernador interino de Gran
Canaria. El 5 de Diciembre de 1521 vuelve a ser nombrado para el cargo Pedro
Suárez de Castilla62, que se había mantenido en la isla como alcaide de la forta-
leza de La Isleta63.
La residencia de Pedro Suárez de Castilla se ordena el 20 de agosto de
1523, siendo comisionado para ello el bachiller Diego de Herrera64. Suárez se
mantiene como gobernador con sus funciones en suspenso, aunque en algunos
documentos aparezca Herrera como gobernador, hasta que el Rey decide desig-
nar como nuevo gobernador de la isla a su criado Pedro de Zúñiga el 1 de enero
de 152465. Este gobernador no llegó a tomar posesión de su cargo, por lo que
Herrera se mantuvo con la gobernación interina hasta que el Rey nombró nuevo
gobernador el 1 de agosto de 1525 en la persona de Juan Vázquez Coronado66,
que tampoco accedió al cargo. Por fin, el Rey acertó a nombrar gobernador a
Martín Cerón el 23 de octubre de 152567, quien sí tomó posesión de su cargo el
30 de abril de 152668, poniendo fin a la situación de interinidad de Diego de
Herrera en la gobernación de Gran Canaria. Durante su mandato se creó la Au-
diencia de Canarias por virtud de cédula del Rey Carlos de 7 de diciembre de
152669.
61. AGS, RGS marzo 1523; extractado en Aznar Vallejo, E. y otros.: Documentos cana-
rios... (1518-1525), op. cit., doc. núm. 455.
62. AGS, RGS, diciembre 1521. No hemos tenido acceso a este documento; puede verse en
extracto en Aznar Vallejo, E. y otros: Documentos canarios... (1418-1525), op. cit., doc.
núm. 335.
63. El Consejo nombró alcaide de la fortaleza a Pedro Suárez de Castilla por carta de 23 de
diciembre de 1520, en la que se ordenaba expresamente al juez de Residencia Doctor
Anaya la entrega de la misma a Suárez de Castilla; AGS, RGS diciembre 1520, extrac-
tado en Aznar Vallejo, E. y otros.: Documentos canarios... (1518-1525), op. cit., doc.
núm. 240.
64. Véase documento 13 del apéndice documental. Alejandro Cioranescu da una lista de
gobernadores en la que intercala entre Pedro Xuárez de Castilla y Diego de Herrera al
licenciado Márquez de Prado (1523-1524), sin que hallamos localizado los documentos
en que fundamenta tal aseveración. Véase la lista en Viera y Clavijo, José: Noticias de la
Historia General...op. cit, nota al pie de las pp. 110 y 936.
65. Véase documento 14 del apéndice documental.
66. Véase documento 15 del apéndice documental.
67. AGS, RGS, octubre 1525. No hemos tenido acceso a este documento; puede verse en
extracto en Aznar Vallejo, E., y otros: Documentos canarios... (1518-1525-), op. cit.,
doc. núm. 625.
68. Rumeu de Armas, A: España en el Africa..., op. cit., tomo I, p. 560.
69. Véase la Cédula Real de creación de la Audiencia en Libro Rojo de Gran Canaria, ed.
de Pedro Cullén del Castillo, Cabildo Insular de Gran Canaria, Las Palmas, 1995, p.
271; también en Viera y Clavijo, José: Noticias de la Historia General..., op. cit., tomo
II, p. 980.
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53
En referencia a Tenerife y La Palma, el Rey designó el 4 de enero de 1525 a
Bartolomé Xuárez como juez de residencia de Alonso de Lugo70. Sin embargo,
el gobernador vitalicio falleció el 20 de mayo de 1525, sucediéndole al día si-
guiente su hijo Pedro de Lugo; poco le duró el ejercicio del cargo, ya que el día
25 del mismo mes se presentó en la reunión del Cabildo el juez de residencia
Xuárez, quien solicitó asumir la gobernación de las dos islas, lo que se verificó
en la reunión del Cabildo del día siguiente71. El nuevo Adelantado acudió a la
corte considerando que la residencia se dirigía contra los actos de su fallecido
padre y sus oficiales, y no contra los de él, por lo que no procedía que se le
quitase la gobernación de las islas. Esta argumentación tuvo eco en el Consejo,
que ordena al licenciado Xuárez en dos cartas, fechadas el 13 de octubre y 4 de
noviembre de 152572, respectivamente, la devolución de las varas de goberna-
ción, hecho que se verificó en la reunión del Cabildo de 25 de enero de 1526.
Pedro de Lugo mantendría la gobernación de Tenerife y La Palma hasta su
muerte en 1536, con el paréntesis provocado por dos juicios de residencia a que
se vio sometido; el primero por Pedro Fernández de la Reina, quien realizó el
proceso entre febrero de 1529 y abril de 1530, pasando después a Gran Canaria,
donde residenció también al gobernador de Gran Canaria, quedándose en aque-
lla isla posteriormente como oidor de la Audiencia73. El segundo juicio de resi-
dencia lo realizó el licenciado Remón Estupiñán Cabeza de Vaca, iniciando el
procedimiento el 28 de noviembre de 1535. Pedro de Lugo no esperó a que
terminara el juicio de residencia, pues se embarcó en una desgraciada expedi-
ción de conquista a la costa de la actual Colombia, muriendo en el intento un año
después74.
70. AGS, RGS enero 1525; extractado en Aznar Vallejo, E. y otros.: Documentos canarios...
(1518-1525), op. cit., doc. núm. 591.
71. Dichos acuerdos pueden consultarse en Acuerdos del Cabildo de Tenerife, vol. V, 1525-
1533, ed. de Leopoldo de La Rosa y Manuela Marrero, Fontes Rerum Canariarum,
Instituto de Estudios Canarios, La Laguna, 1986, pp. 53 y ss.
72. El primer documento se encuentra transcrito por testimonio en los acuerdos del cabildo
tinerfeño de 25 de enero de 1526, en Acuerdos del Cabildo de Tenerife, vol. V, 1525-
1533..., op. cit., p. 98; y el segundo —AGS, RGS noviembre 1525—, puede consultarse
extractado en Aznar Vallejo, E. y otros.: Documentos canarios... (1518-1525), op. cit.,
doc. núm. 633.
73. Véase Rosa Olivera, L. de la, y Marrero Rodríguez, M.: Acuerdos del Cabildo de Tenerife,
vol. V, 1525-1533..., op. cit., p. 12.
74. Véase Marrero Rodríguez, M. y otras: Acuerdos del Cabildo de Tenerife, vol. VI,
1538-1544, Fontes Rerum Canariarum, Instituto de Estudios Canarios, La Laguna,
1997, p. XI.
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54
3. - LAS CARTAS DE NOMBRAMIENTO; ASPECTOS DIPLOMÁTICOS75
Las cartas de nombramiento de los gobernadores de las Islas Canarias du-
rante el período antes mencionado responden a dos modelos: uno general de
Carta Real76, y otro de Carta de Merced. La primera, típica de la Cancillería de
los Reyes Católicos, está constituida por un protocolo inicial, seguido del texto,
donde se insertan las partes expositiva y dispositiva, terminando con el protoco-
lo final77.
Protocolo inicial: Todos los documentos comienzan con la intitulación de
los monarcas78. Los Reyes Católicos aparecen casi siempre con la denominación
«Don Fernando e doña Ysabel..», aunque en ocasiones puede aparecer la reina
solamente, correspondiendo a momentos de ausencia del rey católico. La
intitulación de las cartas reales tras los Reyes Católicos sufrió modificaciones a
medida que había cambios en el trono; así, aparece generalmente la reina Juana
sola, otras veces con su padre, el rey Fernando; otras, junto a su esposo el rey
Felipe; en ocasiones, a veces figuran estos tres últimos juntos. Cuando su hijo
Carlos es coronado, aparecen juntos sus nombres, otras veces sólo el de Carlos.
En las cartas de nombramiento de la segunda decena del siglo XVI aparece por lo
general la intitulación «Don Carlos e doña Juana..».
75. Las Cartas que estudiamos en este trabajo provienen en su totalidad de las copias conser-
vadas en el Registro del Sello de Corte del Archivo General de Simancas, y a ellas nos
referimos. Algunas han sido publicadas con el texto íntegro por distintos investigadores,
otras han sido extractadas, y otras, finalmente, han sido transcritas por el autor a partir
de microfilm del original. En este último caso, la responsabilidad de su correcta trans-
cripción paleográfica es únicamente suya. En el apéndice documental se especifica el
origen de la transcripción de cada documento. El autor agradece al Instituto de Estudios
Canarios las facilidades aportadas para la consulta de su colección documental, al Dr.
Aznar Vallejo por la consulta de los microfilms de algunos documentos originales, y a
mi compañera de estudios, la lcda. Ramos Rodríguez, por su valiosa colaboración en
desentrañar las dificultades paleográficas de los documentos originales.
76. Seguimos la clasificación diplomática propuesta por Martín Postigo en La Cancillería
castellana de los Reyes Católicos, Valladolid, 1959, pp. 115 y ss., que para el caso
mantiene su vigencia.
77. Los caracteres de las cartas de nombramiento de la similar institución del corregidor han
sido estudiados por Bermúdez Aznar, A.: El Corregidor en Castilla durante la Baja
Edad Media (1348-1474), Murcia, 1974; pp. 130 y ss. Un ejemplo de modelo diplomá-
tico de carta de nombramiento de corregidor puede consultarse en Cuesta Rodríguez,
L.: Formulario notarial castellano del siglo XV, Madrid, 1948, p. 7.
78. Hay que hacer notar el hecho de que muchos de los documentos de la época que se han
conservado lo han sido a través del Registro General del Sello. En la gran mayoría de los
documentos conservados en este Registro la intitulación aparece resumida por un lacó-
nico «etc», lógica economía de palabras para copias de documentos que se quedaban en
la corte, sin exigencia de la perfección formal requerida para los documentos de tras-
cendencia pública.
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55
La relación de reinos y dominios de los reyes es exhaustiva y repetitiva:
«Don Fernando e donna Ysabel por la gracia de Dios Rey e Reyna de Castilla,
de León, de Aragón, de Seçilia, de Toledo, de Valençia, de Galizia, de Mallorcas,
de Sevilla, de Çerdenia, de Cordova, de Corçega, de Murcia, de Jahen, de los
Algarbes, de Algezira, de Gibraltar, conde e condesa de Barçelona e sennores
de Vizcaya e de Molina, duques de Athenas e de Neopatria, condes de Rosellon
e de Çerdania, marqueses de Oristan e de Goçeano»79.
La titulación de reyes «de las yslas de Canaria» aparece por primera vez en
una Carta Real de 3 de agosto de 1485, cuando todavía quedaban por conquistar
las islas de La Palma y Tenerife80.
Tras la intitulación viene la dirección, es decir, la identificación del desti-
natario de la carta, que puede venir determinado individual o colectivamente.
Dado que la orden afectaba generalmente a varias personas o instituciones, lo
normal, aunque no siempre fuera así, era que se libraran cartas, con idéntico
contenido, a los distintos destinatarios afectados por las mismas.
Así, en ocasiones, se ha conservado la dirigida a uno u otro destinatario,
pero sin que podamos afirmar rotundamente que esa es la única que se expidió
por la Cancillería real. Ilustra lo anterior el ejemplo, por un lado, de la Carta de
nombramiento de Pedro Vera, en la que los Reyes se dirigen a él personalmente:
«A vos Pedro de Vera nuestro vasallo..»; y por otro, la carta de nombramiento de
Alonso Fajardo, en la que es el Concejo como institución o el conjunto de sus
miembros el destinatario de la carta, sin relación específica de los nombres que
lo integran.
El siguiente elemento diplomático, la salutación, es reiterado e invariable:
«salud e graçia». El protocolo inicial finaliza con la notificación, que también
es la usual de «sepades que...».
Texto: Consta, como ya dijimos, de una parte expositiva, donde se da cuen-
ta de las razones que motivan la expedición de la carta, seguida de otra dispositiva,
en la que se expresan los términos en que debe cumplirse la voluntad real.
Parte expositiva. Dentro de la gran variedad de temas que recogen las Car-
tas Reales, las de nombramiento de gobernadores se separan en este punto del
modelo general. En el caso de la carta modelo, su emisión suele deberse a una
petición previa por parte de algún agraviado que suplica un remedio para su
situación81. En nuestro caso de las cartas de nombramiento, es iniciativa regia,
sin petición previa, la decisión de nombrar o sustituir a sus gobernadores, y ello
sin que medie necesariamente, aunque a veces ocurre, la existencia de agravios
79. Modelo general desde 1479, según Martín Postigo, M.: La Cancillería..., op. cit., p. 22.
80. Martín Postigo, M.: La Cancillería..., op. cit., p. 23.
81. Es el caso más típico de Cartas Reales, según Martín Postigo, M.: La Cancillería..., op.
cit., p. 121.
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56
para individuos o para colectivos. No obstante, la ausencia de necesidad de res-
ponder a una petición previa no quita para que los reyes la sustituyan por una
exposición de los motivos, breve por lo general, que les impulsa a tomar la deci-
sión del nombramiento.
Parte dispositiva. Al no tratarse de una Carta previa petición de agravia-
dos, no contiene esta parte la usual cláusula de asentimiento real en proveer lo
que se pide; se sustituye ahora por una expresión de libre voluntad real: «es
nuestra merçed e voluntad de vos encomendar..», donde se explicita de forma
sucinta qué es lo que desean los Reyes que el designado haga. Tras esto llega la
parte principal de este tipo de cartas, el mandato: «porque vos mandamos que
luego vayades a la dicha ysla.. (..), e podades usar e usedes de la dicha
governaçion...».
El mandato contiene el título con que se inviste al elegido, que en nuestro
caso es siempre el de gobernador, pero que en ocasiones va acompañado de otro,
como capitán82, alcaide de la fortaleza83, oficial de justicia84, y excepcionalmen-
te de corregidor85; sigue el texto con la relación de facultades que se otorgan al
elegido para el cargo, tanto generales como específicas; el lugar donde debe
desempeñarlas; los honorarios que debe percibir y a costa de quién; y la orden
expresa al grupo de afectados por el nombramiento de obedecer el deseo real
contenido en la Carta. Finaliza la parte dispositiva con la fórmula de apodera-
miento, que con pocas variantes, es del siguiente tenor: «...por esta nuestra car-
ta vos damos con todas sus inçidencias e dependençias e mergençias anexidades
e conexidades tan entero e complidamente poder como nos le avemos en tene-
mos...86» o bien «...(para) fazer e cumplir e executar con todas sus ynçidençias e
dependençias, anexidades e conexidades, vos damos poder conplido por esta
nuestra carta...87».
Protocolo final: Se estructura en tres partes: conminatoria, datación y
suscripciones.
La conminatoria es la advertencia que los reyes hacen a quienes se atrevan
a incumplir su mandato; suele responder al mismo formulario con dos variantes,
una extensa: «e los unos nin los otros non fagades ni fagan ende al por alguna
82. Así consta en la Carta de nombramiento de Pedro de Vera de 4 de febrero de 1480.
83. Como alcaide de la fortaleza de Las Palmas es referido Pedro de la Algaba en la Carta de
nombramiento de Pedro de Vera, y ese mismo oficio se encarga a éste último en dicha
Carta.
84. El cargo de juez o justicia es común para todos los nombramientos, al ser inherente al de
gobernador.
85. Únicamente aparece este oficio junto al de gobernador en el nombramiento de Pedro de
Vera.
86. Carta de nombramiento de Pedro de Vera, 4 de febrero de 1480.
87. Carta confirmatoria de la gobernación de Tenerife a favor de Alonso de Lugo, 5 de
noviembre de 1496.
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manera so pena de la nuestra merçed e de privaçion de los ofiçios e de
confiscaçion de los bienes de los que lo contrario fisieren para la nuestra cáma-
ra e demas mandamos al ome que vos esta nuestra carta mostrare que vos emplase
que parescades ante nos en la nuestra corte doquier que nos seamos del dia que
vos emplasare fasta quinse dias primeros syguientes so la dicha pena so la qual
mandamos a qualquier escrivano publico que para esto fuera llamado que den-
de a que vos la mostrare testimonio sygnado con su sygno porque nos sepamos
en como se cumple nuestro mandado.», y otra breve: «..e los unos ni los otros
non fagades ende al por alguna manera, so pena de la nuestra merçed e de diez
mil maravedís para la nuestra cámara.» Este tipo de conminatoria responde al
formulario general de la Cancillería regia para todo el reino, sin que se prevea la
especial incidencia de la distancia de las islas al territorio peninsular, circuns-
tancia que hacía prácticamente imposible que cualquier persona emplazada en
las islas pudiera personarse en la Corte en sólo quince días, sin contar con el
problema añadido de la itinerancia de ésta.
La datación consiste en la identificación del lugar donde de encuentra la
Corte en el momento de la emisión del documento: «...dada en la çibdad de ...»;
y la fecha, expresando los días por el estilo directo y el mes y el año por el
cómputo de la Natividad.
Las suscripciones son las firmas de las personas que, de algún modo, han
intervenido en la redacción y validación del documento. Dado que se trata de
una Carta Real, siempre va inserta la firma del monarca que aparece en la
intitulación; también la firma del secretario, responsable de los documentos que
se presentaban a los Reyes, así como la de algún consejero interviniente en su
redacción. En ocasiones de ausencia del rey, son los miembros del Consejo los
que firman por él. Finalmente, aparece la rúbrica del registrador del Sello de
Corte, dando constancia de su archivo en dicho Registro.
El otro modelo de Carta Real donde aparecen insertos varios nombramien-
tos de gobernador es el de Carta de Merced. La diferencia principal de la Carta
Real de Merced respecto a la de nombramiento es la motivación, que en las
cartas de merced suele responder a «buenos e leales serviçios que vos nos avedes
fecho...88». Responden al esquema clásico de Carta de Merced varios nombra-
mientos; por ejemplo, la Carta confirmatoria de la gobernación de Alonso de
Lugo como gobernador de Tenerife de 5 de noviembre de 1496: así, en la parte
dispositiva, la fórmula de otorgamiento es la usual de las Cartas Reales de Mer-
ced: «..thenemos por bien e es nuestra merçed e voluntad que agora e de aquí
adelante para en toda vuestra vida seades nuestro governador de la dycha ysla
de Thenerife...», así como la de mandato: «..e por esta nuestra carta mandamos
88. Para un estudio de las Cartas Reales de Merced nos remitimos de nuevo a Martín Posti-
go. M.: La Cancillería…, op. cit., pp. 19 y ss.
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a los conçejos,...». En este caso la utilización de la Carta de Merced se debe sin
duda a la doble circunstancia de tratarse del cumplimiento de una condición
inserta en una capitulación previa, y del hecho de que el nombramiento sea per-
petuo, como ocurría muchas veces con las mercedes de rentas y cargos en Castilla.
Otros ejemplos de carta de merced los encontramos en los nombramientos de
Alonso de Lugo para la isla de La Palma y Lope de Sosa para Gran Canaria en 1507.
Aunque podría darse el caso de que el elegido considerase el cargo como
una merced de acuerdo con la concepción medieval de los oficios reales, lo que
originó muchos problemas en el desempeño del mismo. Para los Reyes el nom-
bramiento de determinadas personas obedecía a la estrategia más apropiada para
cada momento: hubo períodos en que era necesario que el gobernador fuera un
militar y otros en que convenía que fuera un letrado o una persona con dotes
diplomáticas.
4. CONTENIDO DE LAS CARTAS REALES DE NOMBRAMIENTO
El contenido de las cartas de nombramiento se estructura usualmente en
tres partes; una primera, en la que los reyes expresan su voluntad explicando las
razones que han tenido para tomar la decisión del nombramiento, así como las
cualidades que hacen que el elegido para el cargo sea considerado como la per-
sona idónea para ejercerlo; una segunda, en la que se otorgan poderes sobre
competencias de carácter general, mediante un mandato con transcendencia co-
lectiva; y una tercera, que no aparece siempre, en la que se apodera al nombrado
expresamente para cumplir misiones determinadas, con trascendencia frente a
individuos o colectivos diferenciados.
A. DECLARACION DE VOLUNTAD REAL
a.1. CAUSAS DEL NOMBRAMIENTO
Las causas que motivan el nombramiento de gobernadores son variadas. En
el caso de Gran Canaria, el nombramiento del primer gobernador se debió a
discordias y enfrentamientos entre los capitanes que tenían a su cargo la con-
quista de la isla. Así, el nombramiento de Pedro de la Algaba se decidió debido
a las noticias que llegaron a la corte sobre el enfrentamiento entre Juan Rejón y
el deán Bermúdez, que había provocado que se distrajera la atención del objeti-
vo de la conquista; su misión era esencialmente pacificadora.
Pedro de Vera, que inicialmente había capitulado con los Reyes su partici-
pación en la conquista como capitán, fue a su vez nombrado gobernador a raíz
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del enfrentamiento entre Juan Rejón y el gobernador Pedro de la Algaba. Recor-
demos que Pedro de La Algaba, por sí o tal vez influenciado por las intrigas de
Bermúdez, había detenido a Rejón, y tras abrirle expediente de información, lo
envió a la Corte con el pliego de cargos para que los Reyes decidieran sobre el
asunto. Los Reyes tenían conocimiento de primera mano de estos problemas,
tanto por la información que Algaba había remitido con el preso, como por los
descargos que personalmente manifestó el propio Rejón ante los Reyes. Los
monarcas decidieron dejar sin efecto la detención de Rejón89, enviándolo de nuevo
a Gran Canaria en calidad de capitán de la conquista, con competencias única-
mente militares, excluyendo aquellas otras que entraran en contradicción con las
del gobernador90. Ya hemos hecho referencia a la extralimitación de sus compe-
tencias que hizo gala Rejón, causando la muerte al gobernador. Pedro de Vera es
enviado para poner orden e imponer justicia, además de para finalizar la con-
quista y organizar la colonización. No obstante, de la lectura de la Carta de
nombramiento se desprende que los reyes no tenían, en el momento de su expe-
dición, noticia del proceso incoado por Rejón ni de la ejecución posterior del
gobernador Algaba, ya que se dirigen a éste, curiosamente no como gobernador,
sino como alcaide de la fortaleza del real de Las Palmas, a fin de que la entregara
al nuevo gobernador Vera. Pedro de Vera debía estar al tanto de estos aconteci-
mientos ocurridos en Gran Canaria con anterioridad a su llegada, dada la ex-
traordinaria prudencia que exhibió en los primeros momentos, tardando en des-
embarcar y tomar posesión del cargo, lo que demuestra que los ánimos
continuaban exaltados entre los detractores y partidarios de Rejón. Una vez en-
viado Rejón a la Corte, se pudo concentrar en el resto de misiones que los mo-
narcas le habían encomendado.
89. No hay que olvidar que Rejón tenía una estrecha vinculación personal con los Reyes, ya
que antes de ser enviado a Gran Canaria era contino y criado de la Casa Real.
90. Sobre las facultades que los Reyes pudieron haber concedido a Rejón existe polémica,
ya desde la época, en cuanto a la autenticidad de la carta real que Rejón exhibió ante el
alcalde mayor de la isla a su vuelta a Gran Canaria. La transcripción que se nos ha
conservado se reduce a un extracto de la Carta inserto en las crónicas de la conquista,
del siguiente tenor: «...»Nos don Fernando y doña Ysabel por la gracia de Dios rreyes
de Castilla León y Aragón, etc. abiendo uisto vn proseso que mi gobernador de Canaria
Pedro del Algaba hiso y fulminó contra don Juan Rejón nuestro capitán de la conquista
della, fallamos que lo que contra el yntentado no vuo lugar y lo rrestituymos a su onor
y buena fama y lo damos por libre y le mandamos que buelba a la dicha ysla de Canaria
y acabe su conquista como le estaua encargada y para ello y para lo demás a nuestro
seruisio tocante le damos poder y facultad, etc». Fragmento de la Crónica Ovetense en
Canarias: Crónicas de su conquista..., op. cit., p. 135.
Si consideramos que la transcripción es fiel al original, observamos como el texto no
sigue los parámetros generales de las Cartas Reales, como ya vimos en la parte corres-
pondiente del presente trabajo, lo que nos inclinaría a desconfiar de ella. Si por el con-
trario, entendemos que el cronista refiere el contenido de la Carta de memoria, la reha-
bilitación de Rejón no debería asombrarnos demasiado, dada la estrecha relación antes
apuntada de este capitán con los Reyes.
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Caso distinto era la promesa previa de la gobernación mediando capitula-
ción de conquista; se trata de un acuerdo de carácter contractual por el que los
Reyes acuerdan otorgar la gobernación de la isla al capitulante si se cumplen las
condiciones pactadas, la primera de las cuales es la efectiva conquista de la mis-
ma a su costa. Una vez la condición contractual de la conquista queda satisfecha,
corresponde a los Reyes cumplir su parte, emitiendo la correspondiente Carta
Real de nombramiento del capitán conquistador como gobernador, que ratifica
los acuerdos pactados previamente. Es el caso especial de Alonso de Lugo tanto
en La Palma como en Tenerife.
Puede inducirnos a confusión el hecho de que Pedro de Vera también fuera
protagonista de la Capitulación con los Reyes para la conquista de Gran Canaria
doce años antes. No obstante, hay que destacar que las cláusulas de dicha capi-
tulación se limitaron a contraprestaciones económicas por parte de las dos par-
tes contratantes, apareciendo Vera como un socio capitalista más del acuerdo,
pero sin que se le prometiera el desempeño de la gobernación de la isla. El hecho
de que fuera nombrado gobernador de Gran Canaria fue una solución adoptada
a posteriori por los Reyes aprovechando su viaje a Gran Canaria, dados sus
antecedentes militares, apropiados ante los preocupantes informes de lo que su-
cedía en aquella isla.
Volviendo a Alonso de Lugo, en el caso de La Palma, capitula con los mo-
narcas la conquista de dicha isla, emitiéndose por la Cancillería regia una carta
de promesa de gobernación el 8 de junio de 149291. Inmediatamente después de
conquistada esta isla, Alonso de Lugo decide acometer la conquista de Tenerife;
Los Reyes, por Carta Real de 28 de diciembre de 149392, hacían promesa de la
gobernación de la isla a este capitán si la conquistaba de acuerdo con unas con-
diciones pactadas en unas capitulaciones previas. Al término de la conquista, los
monarcas expiden nueva Carta Real, de fecha 5 de noviembre de 1496, proce-
diendo de forma oficial al nombramiento como gobernador de la isla de Tenerife
al capitán conquistador.
En otros casos, el nombramiento del gobernador viene determinado por la
presentación a la Corte de quejas, que, dada su reiteración o importancia, acon-
sejaban un cambio de persona en el cargo. Pedro de Vera fue sustituido por el
aluvión de denuncias que contra él llegaron a los Reyes en relación con el asunto
de la represión y esclavización de gran número de aborígenes gomeros, que
posteriormente fueron vendidos en los mercados de Castilla y Aragón, y que
finalmente fueron declarados libres por mandato real al comprobarse que eran
91. Publicado por La Rosa Olivera, L., y Serra Ráfols, E.: El Adelantado D. Alonso de Lugo
y su residencia..., op. cit., p. 147.
92. Véase este documento en Rumeu de Armas, A.: La conquista de Tenerife, op. cit.,
p. 421.
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61
cristianos. Francisco de Maldonado, su sucesor, aparece inicialmente como juez
pesquisidor enviado por los Reyes para investigar esas quejas y otras que llega-
ban a la Corte.
Derivación de lo anterior es el caso en que es un juez pesquisidor o un juez
de residencia quien acaba siendo nombrado gobernador. Hay que recordar que
el juez de residencia, mientras durara este proceso, asumía el desempeño del
cargo del oficial residenciado, quedando el de éste en suspenso hasta la senten-
cia correspondiente. En unas ocasiones es confirmado como gobernador el juez
de residencia que inicialmente había sido nombrado sólo para realizar este tipo
de juicio, y en otras, el nuevo gobernador aparece ya con la instrucción de resi-
denciar al anterior.
Otra causa era la designación de nuevo gobernador por fallecimiento del
anterior. Esta circunstancia ocurrió tres veces, concretamente por la muerte de
tres gobernadores, Alonso Fajardo, Antonio de Torres y Alonso Escudero, mien-
tras estaban en el ejercicio del cargo.
Finalmente, otra causa era la petición por parte del concejo a la Corte de
nombramiento de nuevo gobernador. Ya entrado el siglo XVI se dio el caso de que
el gobernador designado no apareciera por la isla de destino, o que hubiera falle-
cido. En estos casos y ante la falta de una respuesta del monarca a la situación de
ausencia de gobernador, el concejo nombraba un solicitador para que se dirigie-
ra a la Corte para pedir nuevo gobernador al rey93.
a.2. CUALIDADES DEL ELEGIDO
La elección por los Reyes de las personas que debían ser sus gobernadores
obedece a una estrategia premeditada. El primer gobernador de Gran Canaria,
Pedro de la Algaba, tiene que compartir el desempeño de su cargo con los capi-
tanes de la conquista, Bermúdez y Rejón, por lo que el papel militar de aquél
queda en un segundo plano; a pesar de un pasado militar, en Algaba, y dadas las
divergencias entre los capitanes, buscaban los Reyes más un diplomático que un
guerrero. Con Pedro de Vera, por el contrario, se unifican los cargos de capitán
general y gobernador, por lo que a la corona le interesará que sea un militar
quien ocupe el cargo. Este carácter militar también se dará con Alonso de Lugo,
aunque en este caso no se trata de designación directa, sino a través de capitula-
ciones previas.
93. La existencia de estos solicitadores está documentada en una reclamación de salario por
este motivo realizada por Melchor de la Puebla en 1525, atendida por el monarca me-
diante una orden de 13 de noviembre de 1525 por la que se ordenaba al gobernador que
hiciera justicia a tal reclamación. AGS, RGS noviembre 1525, extractada en Aznar Vallejo
y otros: Documentos canarios (1518-1525)..., op. cit., doc. 637.
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Los siguientes gobernadores llegan una vez la conquista está terminada y
las instituciones políticas ya están creadas y en funcionamiento; su misión prin-
cipal será la de revisar las actuaciones de sus predecesores y asegurar el correcto
funcionamiento de aquéllas.
La mayor parte de las personas elegidas provienen del entorno real: en los
primeros gobernadores los elegidos gozan casi todos de la misma condición:
son continos reales. La Algaba, Maldonado, Fajardo y Sánchez de Valenzuela
habían servido al rey en previas misiones en la península. Este último, además,
era caballero de Santiago y fue «comendador de los Bastimentos de la Mancha
e Rivera del Tajo»94. El contino era un servidor real que como tal era comisiona-
do a diferentes lugares del reino a realizar una misión determinada, generalmen-
te de supervisión en los concejos del cumplimiento de órdenes reales. Todos
ellos gozaban así de la confianza regia para el cargo de gobernador de una isla
lejana. En estos casos, interesa al monarca la presencia en Gran Canaria de per-
sonas fieles a su política, con experiencia en cuestiones municipales, auxiliados
por letrados para el desempeño de su labor.
Otros gobernadores poseían un pasado militar que los avalaban: Pedro de
Vera se encontró presente en multitud de acciones guerreras en la guerra de
Granada; Lope Sánchez de Valenzuela había alcanzado el grado de capitán en
las campañas granadinas y del Rosellón95; Lope de Sosa fue alguacil mayor de
Jaén96; en fin, el propio Alonso de Lugo había destacado de modo sobresaliente
en la conquista de Gran Canaria.
Alonso Escudero, Sebastián de Brizianos y Bernaldino de Anaya eran le-
trados; su acceso al cargo solía venir mediatizado por su nombramiento inicial
como jueces de residencia del gobernador anterior, consolidándose posterior-
mente como gobernadores, ya de facto, ya nombrados expresamente con esa
titulación.
En general, todos los gobernadores de las islas reunían condiciones que los
hacían idóneos a los ojos de los reyes en cada momento. Sus caracteres persona-
les fueron instrumento de la estrategia real cuando así lo requería la situación
política. Sin embargo, muchos no respondieron a las expectativas regias, produ-
ciéndose el relevo de muchos de ellos de forma continua. Otros, los menos,
vieron prorrogadas sus gobernaciones varias veces, o bien fueron reelegidos
para el cargo tras cesar otro gobernador.
94. Veáse Rumeu de Armas, A.: España en el Africa..., op. cit., tomo I, p. 318.
95. Véase Rumeu de Armas, A.: España en el Africa..., op. cit., tomo I, p. 319
96. Véase La Rosa Olivera, L., y Serra Ráfols, E.: El Adelantado D. Alonso de Lugo..., op.
cit., p. XV.
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63
B. CONCESIÓN DE COMPETENCIAS DE TRASCENDENCIA
GENERAL
Las competencias contenidas en las Cartas Reales de nombramiento que
afectaban a la generalidad de los habitantes de las islas a las que el gobernador
era enviado se encuadran en dos grandes grupos. Por un lado, el referido a la
«gobernación» de la isla, con un contenido político y administrativo variado y
difícil de sistematizar. Por otro, el referido a la función judicial.
Es necesario tener en cuenta que a finales del siglo XV no existía una dife-
rencia estricta entre las funciones judiciales y administrativas de una ciudad,
villa o lugar. Todo ello se englobaba dentro del concepto de «justicia» medieval,
entendido tanto como el mantenimiento del orden público como la efectiva ad-
ministración de justicia. Desde los primeros momentos de la organización muni-
cipal, el representante del concejo siempre había sido el Justicia Mayor, quien
presidía las reuniones del cabildo concejil al mismo tiempo que dictaba senten-
cias judiciales. Esta unificación de competencias continúa en tiempos de los
Reyes Católicos, recayendo este tipo de atribuciones en la persona que liderara
el Concejo, ya fuera de elección local, como el Justicia forero, ya fuera de elec-
ción real, como el corregidor o como en este caso, el gobernador.
La gobernación
La gobernación es un concepto difuso, raras veces concretado en una enu-
meración taxativa de facultades. Esta inconcreción, tal vez buscada por los pro-
pios reyes para darle un carácter abierto al cargo a fin de que pudiera enfrentarse
a cualquier tipo de contingencias, es lo que hace difícil aprehender y sistemati-
zar el contenido jurídico de la institución. Como representante regio en un lugar
donde la voluntad real no podía conocerse con rapidez, el gobernador venía a
desarrollar, a través de la gobernación, las facultades atribuidas al mismo rey.
Estas facultades, concedidas de una manera amplia al principio, fueron recorta-
das poco a poco con el tiempo, llegando un momento, ya bien entrado el siglo
XVI, en que las competencias de los gobernadores de las islas se habían reducido
de tal manera que eran prácticamente idénticas a las de los corregidores penin-
sulares.
Es pues, en las cartas de nombramiento de los primeros gobernadores don-
de aparece la «gobernación» en su sentido más original; de las facultades conce-
didas a Francisco Maldonado, tercer gobernador de Gran Canaria, podemos de-
ducir su contenido: El gobernador debía desempeñar la administración de justicia,
los repartimientos de tierras, el trato a los pobladores, la manera de realizar las
cabalgadas a otras islas, las posibles rentas de la isla, la construcción de pobla-
ciones y la atracción de mercaderes. Es un elenco amplio de competencias: por
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un lado, las judiciales, de por sí lo suficientemente importantes como para ha-
blar de ella de forma separada; por otro lado, la supervisión y control de la
distribución territorial de la población y de su riqueza; sigue la integración de
los aborígenes en el modo de vida y cultura castellanas así como la definición de
su estatuto jurídico; también las facultades militares para desarrollar ataques en
el territorio enemigo circundante, con el posible botín como fuente de riqueza;
Los impuestos y recursos municipales, esenciales para la supervivencia y desa-
rrollo de la incipiente institución concejil; el desarrollo poblacional de modo
ordenado y siguiendo las pautas metropolitanas, sin olvidar las obras públicas; y
finalmente, la promoción del comercio como motor de la economía insular.
Encontramos en esta relación los principales ámbitos de desarrollo de la activi-
dad del gobernador, en muchos casos coincidentes con las competencias del conce-
jo, lo que producía inevitables roces. La documentación cancilleresca castellana está
llena de ejemplos de quejas de los municipios contra los agentes reales por entender
que éstos se extralimitaban en sus competencias, invadiendo las del concejo. De las
respuestas casuísticas dadas por los reyes a estas solicitudes de justicia se desprende
que esa actuación abusiva de los enviados reales no siempre era mal vista por los
reyes; ocasiones hubo en que el mal no sólo quedó sin castigo, sino que muchas
veces se premia al comisionado regio con su designación a un puesto más importante
en la escala administrativa del reino. No obstante, la justicia real también intervino
eficazmente cuando el abuso era imperdonable o «inconveniente», sentenciando y
ejecutando las sentencias condenatorias de sus oficiales culpables.
La administración de justicia
La tradición jurídica medieval hacía recaer el poder judicial sobre el rey,
por su carácter de protector de la paz pública, quien podía delegar, expresa o
tácitamente en otras personas para que ejercieran esa función en su nombre. Los
municipios, generalmente por los fueros propios otorgados en su momento por
la corona, tenían el derecho de elegir a sus propios jueces. A partir del siglo XIII
esta situación comenzará a cambiar mediante una intervención progresiva del
rey en los asuntos municipales a través del envío de oficiales reales con la mi-
sión de administrar justicia, de forma temporal, en los concejos de destino. La
razón que impulsaba al monarca para designar jueces propios frente a los locales
solía basarse en la alteración del «orden público», competencia de la corona
desde la antigüedad. Durante los siglos XIV y XV, las designaciones provisionales
de jueces reales para solucionar problemas puntuales en determinadas localida-
des, se convirtieron de manera paulatina en nombramientos permanentes, apo-
yándose en un oficial público, el corregidor, que controlará prácticamente toda
la vida política y jurídica del municipio al que es destinado.
A finales del siglo XV, una vez el sistema de corregidores está bien asentado
en Castilla, aparece la figura nueva del gobernador, a quien se le encomienda,
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además de las funciones políticas y administrativas ya vistas, la de la administra-
ción de justicia. Esta función se equipara por completo a la desarrollada por los
corregidores como jueces principales del municipio.
El sistema judicial local al uso en Castilla, era el basado en un juez princi-
pal, denominado justicia mayor, que era elegido por el propio concejo. Cuando
un corregidor llegaba al municipio ocupaba automáticamente el cargo de justi-
cia mayor, quedando el juez local en suspenso. Idéntico sistema utilizaban los
primeros gobernadores peninsulares de finales del siglo XV. En el caso de Cana-
rias ocurre otro tanto, salvo por el hecho de que no existía el cargo de justicia
mayor previamente a la designación del gobernador, ya que la creación del con-
cejo se hizo por el propio gobernador tanto en Gran Canaria como en La Palma
y Tenerife, por lo éste siempre desempeñó las funciones supremas de justicia en
el ámbito local.
El justicia mayor solía estar auxiliado por varios alcaldes, de dos a cuatro,
que entendían las causas civiles en primera instancia, correspondiendo la deci-
sión en las apelaciones a aquél. Las causas criminales se decidían generalmente
por tribunales colegiados conformados por los alcaldes y el justicia mayor, bajo
la presidencia de éste último97. En Gran Canaria al comienzo de la conquista el
gobernador, que no era letrado, estaba auxiliado por un alcalde técnico en dere-
cho98. En Tenerife y La Palma Alonso de Lugo estuvo auxiliado por alcaldes
letrados a la hora de hacer justicia.
En las cartas de nombramiento se otorga a los gobernadores «el ofiçio de
justiçia çevil e criminal alta e baxa e mero e misto ynperio de la dicha ysla.» Es
el mismo modelo de atribución de competencias judiciales que existía para los
corregidores. Sus funciones básicas eran, por un lado, el conocimiento de todos
los juicios civiles y criminales que se plantearan en el término municipal, tanto
los nuevos que se comenzaren como los que ya estuvieran en marcha. El gober-
nador entendía siempre sobre las apelaciones de las decisiones en pleitos civiles
de sus alcaldes auxiliares, y facultativamente podía dictar sentencias en primera
instancia cuando el asunto así lo requiriese, aunque no fuera lo usual. Por otro
lado, asumía la competencia exclusiva de juzgar los casos criminales que no
estuvieran incluidos en los denominados «casos de Corte», delitos que, por su
97. Sobre la administración de justicia en los concejos pueden verse las síntesis contenidas
en García de Valdeavellano, L.: Curso de Historia de las Instituciones españolas, 3ª ed.
Madrid, 1973; o en Lalinde Abadía, J.: Iniciación histórica al Derecho Español, Ariel,
Barcelona, 1970.
98. Este alcalde era Esteban Pérez de Cabitos, nombrado para el cargo el 15 de marzo de
1478; AGS, RGS marzo 1478 (f.42), véase extractado en Aznar Vallejo, E. Documentos
canarios... (1476-1517), op. cit., doc. núm.19), quien previamente a la conquista de
Gran Canaria había intervenido en una pesquisa ordenada por los Reyes Católicos para
dilucidar los derechos que los señores de las islas previamente conquistadas tenían so-
bre las que no lo estaban.
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especial gravedad, debían ser juzgados por los jueces de la Corte. La referencia
al «mero y mixto imperio» determina los casos en que los jueces, de acuerdo
con Las Partidas —texto legal en que se basa el proceso judicial medieval—,
podían juzgar. Así, un juez con mero imperio podía entrar a juzgar «pleito sobre
que puede ser dada sentencia de muerte o de perdimiento de miembro o echa-
miento de tierra, o desterramiento de ome en servidumbre o darle por libre». Un
juez con mixto imperio podía dictar sentencias en juicios relativos a «dar guar-
dadores a huérfanos, o a locos, o a desmemoriados, o apoderar a algunos
querellosos en tenençia de bienes que fueran de otro, mostrando razón derecha
de commo les pertenece la herencia dellos, o fazer mandar entrega de algunos
heredamientos, o de otra cosa qualquier por alguna razón guisada, o librar
pleito que sea de trezientos marauedís de oro en arriba99».
Este texto venía siendo de aplicación en el siglo XV desde hacía más de
ciento cincuenta años, por lo que no hay que considerarlo como enumerativo de
todas las posibilidades, sino meramente indicativo —en el momento en que nos
encontramos—, de las amplias posibilidades que en el ámbito penal y civil se
daban al juez con mero y mixto imperio.
Las limitaciones al poder de administrar justicia eran las propias de la épo-
ca, es decir, la existencia de jurisdicciones especiales, sobre todo la eclesiástica,
sobre cuyos asuntos el gobernador no podía juzgar. Otra limitación podía darse,
y de hecho se dio, por razón del territorio, al otorgarse al señorío de Agüimes,
cuyo titular era el Obispado de Gran Canaria, la jurisdicción de los casos civiles
que se plantearan en su territorio. Los casos criminales quedaban reservados a la
Corona100.
Finalmente, es conveniente destacar un detalle que a veces pasa por alto,
que es la orden expresa a los gobernadores de que su actuación esté sometida al
principio de legalidad, prescribiendo su obediencia a las leyes del reino y orde-
nanzas, tanto generales como locales, que fuesen de aplicación. La inconcreción
en el ámbito de actuación que los reyes otorgaban a sus gobernadores quedaba
así controlada por adecuar el ejercicio del cargo a las leyes vigentes en el reino,
sobre todo por referencia, a partir de 1503, a los capítulos de 1500 que regían la
actividad de gobernadores, asistentes y corregidores para todo el reino101; no
obstante, esta orden de someterse a la legalidad no siempre se cumplió, origi-
99. Ambas referencias en Partidas, III, IV, 18.
100. Así se determina en la Carta Real de Merced de 10 de abril de 1491, por la que se
otorga el señorío de Agüimes al Obispado de Gran Canaria. AGS, RGS, abril 1491,
(fol.10); extractada en Aznar Vallejo, E. Documentos canarios... (1476-1517), op. cit.,
doc. núm. 286.
101. En la cartas de nombramiento de Alonso Escudero de 1503 y de Lope de Sosa de 1507,
se ordena su publicación en caso de que no existiera copia de los mismos en Gran
Canaria.
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nando protestas y quejas contra los gobernadores por parte de los habitantes de
las islas.
Otras funciones
Una facultad de carácter político de especial importancia era la de destie-
rro; podían expulsar de la isla, generalmente por tiempo determinado, a aquellos
individuos que resultaran indeseables para la paz común. Esta prerrogativa fue
utilizada en numerosas ocasiones, dándose ejemplos de procesos y castigos con-
tra personas que las incumplían volviendo a la isla de la que fueron desterrados
antes del término de la pena.
Requisitos de acceso al cargo.- Siguiendo la tradición de los corregidores,
el nombramiento de gobernador traía aparejadas para el concejo de destino va-
rias obligaciones y derechos. La obligación principal era la del pago del salario
del gobernador. El nombramiento de Pedro de La Algaba nada dice al respecto,
y dado el carácter de urgencia de su designación, no es aventurado suponer que
el salario corría de cuenta de la corona. Igual ocurre con Pedro de Vera, quien
indudablemente obtendría beneficios de la conquista de la isla al ser uno de los
tres socios capitalistas que la financiaron. Es lógico pensar que la corona debía
hacerse cargo de sus honorarios sobre todo cuando aún no se existía un concejo
estable que pudiera hacer frente a tal gasto. Con Alonso Fajardo aparece el pro-
blema zanjado, ordenando los Reyes que sean de cuenta del Concejo con cargo
a las rentas de bienes municipales, y en caso de que éstas no fuesen suficientes,
por reparto de la cantidad necesaria entre los vecinos. De cualquier manera,
parece que este sistema ya existía previamente, ya que se dice textualmente en el
mencionado nombramiento que se realizara «segund en tal caso aveys acostum-
brado», aunque no podamos decir con exactitud el momento en que el concejo
comenzó a hacerse cargo del salario del gobernador. Con independencia del
salario oficial que le correspondiera, el gobernador y sus oficiales también per-
cibían honorarios o derechos por su actuación en los procesos judiciales y en la
ejecución de sus sentencias. También se daba el caso de que el gobernador debía
pagar el salario oficial de su ayudante letrado, el alcalde, a su costa con una
cantidad que siempre se fija en las cartas de nombramiento, oscilando entre diez
mil y veinte mil maravedíes anuales.
Otra obligación del concejo era la entrega de las varas de justicia, alcaidías
y alguacilazgos al enviado real, que quedaba condicionada al acto de juramento,
obligación ésta del gobernador, que debía dar una cantidad o bienes en garantía
como fianza suficiente para afrontar las posibles responsabilidades que pudie-
ran derivarse de su actuación, y que le serían exigidas en el juicio de residencia
que se le realizaría al final de su gestión.
Una vez realizada la toma de posesión, el gobernador tenía facultad para
nombrar a sus ayudantes; en primer lugar, podía nombrar lugartenientes para
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que, en caso de ausencia del gobernador, pudieran realizar en su nombre las
funciones judiciales y administrativas de aquél. Se continuaba así con la tradi-
cional facultad de designación de sustitutos que tanto se usó en el desempeño de
los cargos institucionales medievales. Era un remedio eficaz para evitar que el
absentismo del titular del cargo dejara sin realizar las funciones esenciales del
mismo, que el sustituto podía ejercer en su lugar; sin embargo, se creaba muchas
veces un nuevo problema cuando el lugarteniente no poseía las aptitudes nece-
sarias para desempeñar correctamente las funciones del cargo, dando lugar a
quejas por parte de los afectados por su actuación.
Cuando el gobernador no era letrado debía elegir un alcalde conocedor de
las leyes que impartiera justicia en su nombre y le ayudara a tomar decisiones
con trascendencia jurídica; de igual manera nombraba al ejecutor de esa justicia,
el alguacil o alguaciles, ya que podían ser varios. Finalmente, en ocasiones el
gobernador disponía de los servicios de un escribano propio, independiente del
escribano del concejo.
Una facultad inherente al nombramiento de ayudantes era la de su revoca-
ción y cambio en cualquier momento, libertad para el gobernador que muchas
veces ejerció, sobre todo Alonso de Lugo, aunque a veces estuviera limitada por
deseo expreso del monarca102.
Una obligación de carácter general sobre la que la corona insiste en casi
todas las cartas de nombramiento es la referente a la visita de los términos del
municipio al menos dos veces al año. Esta obligación, que en la península tenía
una clara razón de ser, al lindar los concejos, a veces de forma conflictiva, con
otros concejos vecinos o con señoríos, quedaba reducida en un concejo-isla como
el de Gran Canaria a concretar los límites del único señorío existente en la mis-
ma, el ya referido de Agüímes, así como los de las tierras comunales. La «reno-
vación de mojones, sy menester fuere e restituyra lo que ynjustamente le estoviere
tomado e sy no pudiera buenamente restituyr, enbiara a nos el nuestro Consejo
la relaçión dello para que nos proveamos como cunple a nuestro serviçio..», era
una forma de evitar las usurpaciones de señoríos y de particulares sobre terrenos
comunales o no repartidos, que pertenecían a la Corona.
También se encuentran en las Cartas reales varios mandatos de carácter
económico, que se reiteran continuamente: el primero es el de depositar las can-
tidades percibidas como multas y penas pecuniarias de infracciones delictivas
—llamadas penas de cámara— que eran propiedad de la Corona, en manos de
un agente imparcial —generalmente un fedatario público— como el escribano
102. Alonso de Lugo se vio obligado, por mandato real de 20 de junio de 1511, a recibir
como lugarteniente suyo al licenciado Cristóbal Lebrón, nombrado directamente por el
monarca. AGS, RGS junio 1511; véase extractado en Aznar Vallejo, E. Documentos
canarios... (1476-1517), op. cit., doc. núm. 855.
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69
del concejo, quien era el responsable de su administración y destino, ya fuera en
algún gasto local o ingreso en las arcas del tesoro del reino. De esta manera se
evitaba la utilización de fondos públicos por el gobernador, con la suspicacia
que esta labor solía entrañar.
El segundo es el de informar el carácter de los impuestos locales existentes
y los nuevos que se hayan aprobado, de forma que la Corona pudiera revisar la
legalidad y oportunidad de las decisiones impositivas del Concejo.
El tercero es el recibir las «cuentas de los propios e repartimientos desa
ysla e como se han repartido e gastado despues que las mande tomar e reçibir e
fueron tomadas e reçibidas, e lo enbie ante mi para que lo mande ver e faser
sobre ello justicia..», en suma, el control de los ingresos y gastos municipales
por los contables del reino, con la posibilidad de revocar actos ilegales y castigar
a los infractores.
Una vez el gobernador en el cargo, la primera misión que debía realizar era
el proceso de residencia del gobernador anterior y de sus oficiales, que a veces
también se extendía a los regidores del concejo. Como ya hemos comentado,
través de la residencia se revisaba, previa acusación particular, la «manera en
que los dichos oficiales han usado e exerçido el dicho ofiçio e executado la
nuestra justiçia, especialmente en los pecados publicos..», comprobando si se
ajustaban a la legalidad y eran justos y oportunos. El término que se da a los
jueces de residencia y gobernadores para realizar el proceso oscila entre los
treinta, que era lo legislado, y los sesenta días103, y la legislación procesal a la
que se debían someter era la ley de las Cortes de Toledo de 1480, donde se
regulaba tal procedimiento legal, a la que se unió posteriormente la regulación
que para los juicios de residencia preceptuaban los llamados capítulos de 1500.
El procedimiento debía ser breve: se abría un plazo para que los particula-
res que se sintieran perjudicados por la actuación del gobernador saliente pudie-
ran presentar sus quejas; el juez de residencia debía comprobar la admisibilidad
de las mismas mediante pruebas documentales o testificales. Si se derivaba una
supuesta culpabilidad de los oficiales, se les citaba para que presentaran la ale-
gaciones y pruebas que creyeran oportunas en su descargo. Una vez concluida
esta fase procesal, el juez de residencia tenía la facultad, o bien enviar el proceso
al Consejo real en los casos de duda o de necesaria ampliación de las actuacio-
nes, para que éste determinara lo procedente, o bien sentenciar directamente las
infracciones cometidas. El gobernador anterior o sus oficiales podían apelar las
sentencias del juez de residencia ante el Consejo. Tanto uno como otro sistema
son corrientes en el desarrollo de los juicios de residencia, procesos que prácti-
103. Destacar, como excepción, el plazo de quince días dado a Pedro de Zúñiga en 1524
para residenciar a Diego de Herrera.
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70
camente nunca se cumplieron en el plazo previsto, y que en la mayoría de las
ocasiones se dilataron bastante, siendo necesario, como ya hemos visto, que los
perjudicados presentaran quejas por tal motivo, provocando requerimientos de
la corona a los jueces de residencia para que la terminasen y enviasen las actua-
ciones a la Corte, devolviendo las varas de gobernación y justicia al residencia-
do o entregándolas al nuevo gobernador, según el caso.
Finalmente, no hay que dejar de destacar dos puntos de carácter general
que también se reflejan en las Cartas de nombramiento:
Por un lado, la determinación del ámbito territorial de su jurisdicción, que
se limita a la isla de destino. En el caso de Gran Canaria, el concejo tendrá
competencias sobre todo el territorio insular, con la excepción única del señorío
de Agüimes, con las particularidades ya vistas, otorgado al Obispado de Cana-
ria. En Tenerife y La Palma no habrá obstáculo a la competencia del gobernador
sobre esas islas.
Por otro lado, es interesante llamar la atención sobre la duración del cargo,
que en los primeros gobernadores no aparecía fijado en la carta de nombramien-
to, contradiciendo la tradición secular de determinación del período de ejercicio
del cargo. Los nombramientos de jueces de salario y de corregidores del siglo
XIV y XV contienen siempre la duración del mandato, generalmente uno o dos
años, con posibilidad de una prórroga por igual período. No ocurre así con los
gobernadores, cuya duración en el cargo dependerá exclusivamente de la volun-
tad real, buscando la corona con ello una mayor flexibilidad en su política
periférica, manteniendo un gobernador en su puesto en función del modo en que
favoreciera los intereses reales durante su gobernación.
A partir de 1517 cambiará el sistema, incluyéndose en ocasiones en las
cartas de nombramiento el período de mandato, generalmente de un año. Así se
deduce de la carta de prórroga del Consejo a favor de Pedro Suárez de Castilla
en 1517, en la que se ordena al Concejo de Gran Canaria que lo recibieran como
gobernador por otro año más. Sin embargo, la aparición formal en la carta de
nombramiento del período de mandato no es una constante, ya que nada se dice
en los nombramientos de Hernán Pérez de Guzmán de 1518 —aunque sólo estu-
vo un año en el ejercicio del cargo—, de Bernaldino de Anaya en 1519, ni en el
segundo nombramiento de Suárez de Castilla en diciembre de 1521 —que tam-
bién estuvo sólo un año al frente de su segunda gobernación—; de una manera
más explícita lo encontramos, curiosamente, en las cartas de nombramiento de
los gobernadores que no llegaron a ejercer el cargo: Pedro de Zúñiga y Juan
Vázquez Coronado, donde se prescribe una duración de un año desde la toma
efectiva de posesión del cargo.
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71
C. CONCESIÓN DE COMPETENCIAS DE TRASCENDENCIA
PARTICULAR
En algunas ocasiones se incluyen en las cartas de nombramiento determi-
nadas órdenes o misiones a desempeñar por los gobernadores que no se repetían
en cada nombramiento. Los primeros gobernadores fueron comisionados para
hacer pesquisa sobre las disensiones entre los capitanes de la conquista y poner
paz y hacer justicia entre ellos.
Otra misión que se encomienda a varios gobernadores, a partir del tercer
nombramiento de Lope de Sosa en 1515, es la supervisión de la observancia del
contenido de las bulas papales sobre el hábito y tonsura de los clérigos de coro-
na. Como ya indicamos, una de las limitaciones de la justicia ordinaria era la
jurisdicción eclesiástica. Los miembros de la Iglesia tenían el privilegio, entre
otros, de no pagar impuestos y de ser juzgados por tribunales eclesiásticos de
forma exclusiva. Así, se daba el caso de que muchas personas ingresaban en el
estado religioso para disfrutar de esta prerrogativa y, contando con la mayor
benevolencia del tribunal eclesiástico, escapaban del rigor del juez ordinario. A
esto se añadía la situación de que muchas de estas personas no guardaban las
obligaciones inherentes a su estado eclesiástico referentes a vestir hábito seglar
y a llevar el cabello tonsurado104. Para evitar este género de abuso de derecho, se
encomienda de forma especial a los gobernadores que vigilen que los eclesiásti-
cos cumplan con sus obligaciones formales, de forma que se les pueda recono-
cer a la hora de realizar actos jurídicos con ellos. De cualquier manera, los agen-
tes reales tropezaron continuamente con la defensa que los tribunales eclesiásticos
hacían de las personas de estado religioso. Un juez real debía ser cauteloso en
casos con eclesiásticos si insistía en aplicar la justicia del rey, ya que una actua-
ción judicial excesivamente diligente que chocara con intereses religiosos po-
dría conllevarle peligro de excomunión105.
Otra orden que repiten los reyes es la de que los gobernadores hicieran
guardar las ordenanzas sobre apartamiento de moros. Dada la situación geográ-
fica del archipiélago, frente a la costa africana, y los problemas de despoblación
existentes en el mismo, sobre todo en las islas orientales, se daba el caso de
repoblar las zonas deprimidas de las islas con esclavos de origen bereber, fruto
de las cabalgadas de los capitanes y señores de las islas o del trato con mercade-
104. Una asamblea del clero reunida en Sevilla en 1478 tomó el acuerdo que todos los
eclesiásticos sin excepción debían lucir una tonsura de la anchura de una moneda grue-
sa, y vestir un hábito que llegara cuatro dedos por debajo de la rodilla. Véase Pérez, J.:
Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, Nerea, Madrid, 1988, p. 198.
105. Como ejemplo ilustrativo, dos jueces reales fueron exconmulgados por el arzobispo de
Compostela en 1493, aduciendo que invadían la jurisdicción eclesiástica.
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72
res de la costa vecina. La legislación del momento preveía que las personas de
otras religiones, en este caso únicamente los musulmanes, vivieran apartados de
los cristianos en lugares especialmente determinados para ello. El mandato de
guardar las ordenanzas de apartamiento de moros aparece ya en 1495 en el nom-
bramiento de Alonso Fajardo: «mandamos al dicho Alonso Fajardo que se ynforme
e vea el apartamiento de los moros de la dicha ysla e su tierra e sus comarcas e
lo que cayere en su juridiçion faga que se guarde e lo que cayere en los lugares
comarcanos para que se guarde el dicho apartamiento e sy no se guardare,
esecute las penas contenidas en las leyes de nuestros Reynos que sobre esto
disponen..106»; reiterándose en el de Lope Sánchez de Valenzuela tres años des-
pués. Aparece también en el nombramiento de Lope de Sosa de 1504, pero ya no
en el de 1507. No obstante, al hallarse incluido este mandato en los Capítulos de
1500 para los gobernadores, debe considerársele como parte de la legislación
vigente, por lo menos desde 1503, fecha en que creemos tuvo lugar la publica-
ción de dicha disposición legal en Gran Canaria.
También aparece en algunas cartas la orden de «... poner tal recabdo que
los caminos e canpos esten seguros todos (...) e que sobre ello faga sus requeri-
mientos a los cavalleros comarcanos que tovieren vasallos...», que por su redac-
ción se evidencia como orden genérica para todo el reino, dada la ausencia de
señoríos laicos en las islas. El bandidaje era un mal generalizado en la península
que también se daba en las islas, tal vez a menor escala, pero que se evidencia en
algunos documentos en los que los vecinos solicitaban permiso para portar ar-
mas para defenderse de los delincuentes que actuaban en lugares despoblados107.
Otro mandato real a los gobernadores era el de la vigilancia de la tala
indiscriminada de árboles mediante un especial racaudo en el cuidado y repobla-
ción de los [Link]í lo vemos de forma detallada en la carta de nombramiento
de Fernán Pérez de Guzmán de 1518: «…e otrosy mandamos al dicho nuestro
governador que durante el tiempo que tuviere el dicho ofiçio tenga mucho ciudado
e deligençia que en la dicha ysla avya guarda para que los montes e arboledas
e pinares della et de su tierra se guarden e conserven conforme a lo contenido
en las cartas que sobre ello hemos dado e para que de nuevo se pongan e plantes
(sic) montes e pinares e arboledas segund como por las dichas nuestras cartas
esta mandado…».
Finalmente, una misión que suele encomendarse a los gobernadores es la
del reparto de las tierras y aguas de la isla que no tenían dueño. La facultad de
106. Nombramiento de Alonso Fajardo, 30 de enero de 1495.
107. A modo de ejemplo, la solicitud de Jácome Monteverde en la isla de La Palma para que
se permitiera llevar armas a sus criados para defenderse de delincuentes que asaltaban
sus casas, favorecidos por la orografía abrupta y despoblada de la isla. Véase tal docu-
mento (AGS, RGS, 6 noviembre de 1518) extractado en Aznar Vallejo, E y otros: Docu-
mentos canarios... (1518-1525), op. cit., doc. 72.
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73
repartir tierras se otorgaba a los gobernadores generalmente por carta especial
en que se les confería poder expreso para ello; estas cartas solían otorgarse en
documento aparte al mismo tiempo que las cartas de nombramiento para el
cargo de gobernador, con lo que podríamos considerar su contenido como una
misión más que se encomendaba a los gobernadores en el momento de su nom-
bramiento. Como es lógico, este mandato sólo aparece en los primeros gober-
nadores108: Pedro de Vera, Alonso Fajardo109, y Alonso de Lugo en Tenerife y
La Palma. Más tarde se revisaría por los Reyes la actuación de los gobernado-
res en sus repartos, promoviendo investigaciones e incluso reformas de los
repartimientos cuando se comprobaba alguna irregularidad en su realización.
Una de las instrucciones a Francisco de Maldonado al relevar a Pedro de Vera
era la de investigar sobre la forma en que aquél había realizado los
repartimientos. También se le ordenó a Antonio de Torres en 1502, al recibir
los Reyes quejas sobre algunos repartimientos irregulares realizados por Lope
Sánchez de Valenzuela110. Igual comisión se encarga a Lope de Sosa en 1504
respecto a los repartos que hizo Alonso de Lugo en Tenerife111. A raíz de esta
última pesquisa, los Reyes apoderaron el 21 de agosto de 1505 a Juan Ortiz de
Zárate en las tres islas de realengo para que reformara, cuando procediera,
dichos repartimientos112. Los concejos disponían de un libro de repartimientos
donde se asentaban las entregas de tierras por los gobernadores o enviados
reales comisionados al efecto. Vemos en multitud de ocasiones como muchos
gobernadores, a pesar de no tener poder especial para ello, asentaron en dicho
libro registro repartos de tierras y aguas a favor de determinadas personas de
forma irregular; las quejas por estas acciones se suceden en los registros de la
corte, ordenando los reyes que se revisen las actuaciones de sus oficiales de
forma constante.
108. La fecha de dichas cartas de poder especial para repartir tierras y aguas son, para el
caso de Pedro de Vera en Carta Real de 4 de febrero de 1480, para Alonso Fajardo la de
20 de febrero de 1495 en Gran Canaria y para Alonso de Lugo en sendas Cartas de 5 de
noviembre de 1496 para Tenerife y de 15 de noviembre de 1496 para La Palma. AGS,
RGS, febrero 1480, febrero 1495 y noviembre 1496.
109. Esta Carta real para Alonso Fajardo fue publicada por Chil y Naranjo, G.: Estudios
históricos, climatológicos y patológicos de las Islas Canarias; Las Palmas, 1876-79. 3
vols.; tomo III, p. 423.
110. AGS, RGS, 24 de febrero de 1502. Véase extractada en Aznar Vallejo, E: Documentos
canarios... (1478-1517), op. cit., doc. 548.
111. Carta real de comisión de 10 de julio de 1504. Puede consultarse íntegra en Rumeu de
Armas, A.: La conquista de Tenerife..., op. cit., p. 468.
112. AGS, RGS agosto 1505; véase extractada en Aznar Vallejo, E.: Documentos canarios...
(1476-1517), op. cit., doc. núm. 645.
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5. LAS COMPETENCIAS DEL GOBERNADOR COMO INSTRUMENTO
DE LA POLÍTICA CENTRALIZADORA DE LA CORONA
El gobernador aparece como un instrumento de la Corona importante en
zonas conflictivas, de frontera o de nueva incorporación. En el caso de las Cana-
rias, similar al de los primeros momentos en Las Indias, los monarcas se encuen-
tran con la oportunidad de crear una organización política nueva, donde puedan
desarrollar una política de centralismo más acorde con los intereses de la corona
frente a los otros poderes, léase nobleza, clero o municipios, que en los nuevos
territorios van a estar escasamente representados y sin la fuerza política que les
caracteriza en la Castilla peninsular. El gobernador de los nuevos territorios ten-
drá así varios objetivos acordes con la política real:
– El primero es el de creación de una infraestructura política, de raigambre castellana,
pero con innovaciones en sus instituciones de gobierno. La institución de gobierno
local por excelencia será el concejo, con lo que no hay separación de la tradición
medieval castellana, pero ahora el concejo va a estar dominado desde el principio
por los monarcas de manera casi absoluta: por un lado, por la ausencia de élites
locales con privilegios antiguos e intereses particulares, y por otro, por mecanis-
mos de captar voluntades, bien a través del poder del presidente del concejo, nom-
brado directamente por la corona, bien por la influencia de sus propios miembros,
los regidores cuya elección es asimismo supervisada por los monarcas.
– La segunda función de los gobernadores, una vez realizada la primera, se cen-
tra en la supervisión del correcto funcionamiento de las instituciones loca-
les de acuerdo con el esquema creado por los Reyes, dotando a estos fun-
cionarios de la fuerza legal y coactiva necesaria para evitar desviaciones no
deseadas. A esto se añade el recurso de la corona de controlar los concejos
eligiendo o aprobando la elección de los regidores que los componen, con
lo que, a priori, la oposición a la voluntad real por parte de los representan-
tes vecinales es un problema menos con el que enfrentarse.
– La tercera función es la de la aplicación de un sistema legal basado en una
única ley para todo el territorio y una administración de justicia igual en
todos los lugares, con una institución superior jerárquicamente, la Audien-
cia, a la que se remitirán las apelaciones de las sentencias del gobernador.
– Otra función es la de servir de enlace de doble dirección entre el concejo y la
corona. Es una función esencialmente política, de representación del mo-
narca en la esfera local, y del municipio ante la corte. La representación del
monarca se plasma tanto en ser un órgano con funciones ejecutivas inme-
diatas de las órdenes reales, como en ser un informante de primera mano de
los acontecimientos políticos de relevancia para el reino.
– Finalmente, el gobernador vendrá investido de una representatividad especial en los
ceremoniales políticos, con la realización de actos rituales de significación polí-
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tica y la ostentación de señales que lo identifican como el representante real,
gozando de un lugar preeminente y privilegiado en el entorno político y social.
Con los nuevos gobernadores, los Reyes Católicos y sus sucesores dieron
un gran impulso a la política centralizadora propia de las monarquías modernas.
En los nuevos territorios no se abrió la puerta a la instauración de privilegios que
obstaculizaran los designios reales, quedando las demás fuerzas políticas fuera
de ellos. Los poderes administrativos, judiciales y militares se unificaron en una
sola persona, servidor directo de los monarcas, que sería el órgano ejecutivo de
la voluntad real en la esfera local, base esencial sobre la que se formará el entra-
mado estructural del Estado.
6. APÉNDICE DOCUMENTAL
DOCUMENTO 1.- Carta de comisión al contino Pedro del Algaba sobre
las disensiones producidas entre los capitanes que por mandado de SS.
AA. fueron a la conquista de las Islas Canarias.
1478. Agosto, 27, Sevilla.
AGS, RGS, agosto de 1478, fol. 121.
Inédita. Colección de documentos del RGS del Instituto de Estudios Cana-
rios, La Laguna.
Don Fernando e doña Ysabel, etcetera. A vos Pedro del Algava, contino de
nuestra casa, salud e gracia. Bien sabedes como nos entendiendo ser asy muy
complidero a serviçio de Dios e al acresçentamiento de nuestra santa Fe
catholica e seyendo informados como la enpresa e conquista de la ysla de la
Grand Canaria es nuestra e pertenesçe a nuestra corona real, avemos envia-
do a la dicha ysla por nuestros capitanes para la conquistar a don Iohan
Bermudes, dean de Rubicon e de las yslas de Canaria e a Iohan Rejon, conti-
nuo de nuestra casa e con ellos çiertas genetes e navios de armada en compa-
ñía de los quales fue asymesmo en la dicha flota don fray Iohan de Frias
obispo de Rubicon e de todas las dichas yslas con algunos religiosos que
fueron a entender en la conversyon de los ynfieles canarios, los quales dichos
capitanes e gentes con la graçia de Dios son arribados en la dicha ysla de la
Grand Canaria y estan en ella continuos dando obra y esfuerço para la aca-
bar de conquistar, e porque nos es fecha relaçion que sobre algunas diferençias
que son acaeçidas entre los dichos capitanes e gentes, e queriendo algunos
dellos con mal se lo desviar el servicio tan señalado que nuestro Señor Dios
e nuestra santa Fe caholica espera reçibir de la buena conclusyon de la dicha
conquista se han recresçido e se espera recrescan entre ellos algunas divisio-
nes y escandalos, de que a nos vernia grand deserviçio e la dicha conquista
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por nos tan deseada non avria efecto, e porque a nos pertenesçe proveer e
remediar en lo semejante e confiando de vos e de la lealtad e fidelidad con
que nos aveys servido e servis e continuado e siguiendo aquello fareys todo lo
que por nos vos fuere encomendado e mandado, por ende nuestra merçed e
voluntad es de agora e de aquí adelante en quanto nuestra merçed e voluntad
fuere vos encomendar e cometer el cargo e governaçion de lo susodicho, por-
que vos mandamos que vays luego a la dicha ysla de la Grand Canaria y
entendades en todas e qualesquier cosas que los dichos capitanes que con
nuestro poder alla son ydos, han e deven entender, e vos informedes e sepades
la verdad por quantas partes e mejor la pudierdes saber, quien e quales son
los que han sembardo las dichas divisiones e diferençias e las causas sobre
que entre ellos han naçido e se esperan nasçer, e los redugays e pongays todos
en buena pas e concordia, e los que fallardes culpantes proçedades contra
ellos a las mayores penas çeviles e criminales que fallardes por fuero e por
derecho e segund que a vos bien visto fuere, considerada la qualidad de las
gentes y el logar e tierra donde estan e para lo que alla son ydos, e mandamos
a los dichos nuestros capitanes e a otras qualesquier gentes de qualquier ley,
estado o condiçion que sean que agora estan o estovieren en la dicha ysla
nuestros subditos e naturales que fagan e cumplan todo lo que vos el dicho
Pedro del Algava, nuestro governador, les dixierdes e mandardes de nuestra
parte asy sobre las cosas contenidas en sus poderes como sobre otras
qualesquier cosas que vos y ellos vierdes ser complideras a nuestro serviçio,
so las penas que vos les pusierdes y embiardes poner, las quales nos avemos
por puestas y es nuestra merced que las podades executar en las personas e
bienes de los que rebeldes e desobedientes fueren, e que sy para lo asy faser e
complir favor e ayuda ovierdes menester que vos lo den e fagan dar e que se
junten e conformen todos con vos con sus gentes e armas, e que en ello nin en
parte dello embargo nin contrario alguno non vos pongan nin consyentan
poner para lo qual todo que dicho es e cada una cosa e parte dello asy faser
e complir y executar, vos damos poder complido con sus inçidençias e
dependençias; e los unos nin los otros non fagades ende al so pena de la
nuestra merçed e de privaçion de los ofiçios e de confiscaçion de los bienes
de los que lo contrario fisieren para nuestra camara. Dada en la muy noble e
muy leal çibdad de Sevilla, a XXVII dias del mes de agosto, año del Nasçimiento
de nuestro Señor Jhesu Christo de mill e quatroçientos e setenta e ocho años.
Yo el Rey.- Yo la Reyna.- Yo Pedro de Camañas, secretario del Rey e de la
Reyna nuestros señores la fis escribir por su mandado.- Acordada.
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DOCUMENTO 2.- Carta de nombramiento de Pedro de Vera como gober-
nador, corregidor, capitán y alcaide de la Isla de Gran Canaria.
1480. Febrero, 4, Toledo.
AGS, RGS, febrero de 1480, fol. 11.
Publicada por González Alonso, B: Gobernación y Gobernadores, Madrid,
1974, p. 237.
Don Fernando e doña Ysabel, etc. A vos Pedro de Vera nuestro vasallo salud e
graçia. Sepades que nos acatando como la conquista e superioredad de las
yslas de la Grand Canaria e Tenerife nos pertenesçe avemos mandado con-
quistar la dicha Grand Canaria a sojuzgarla a nuestra santa fe catolica, e
para la dicha conquista enbiamos çiertas gentes de cavallo e de pie e capita-
nes que la tienen començada a conquistar con nuestras cartas e poderes que
para ello les mandamos dar, entre los quales dichos capitanes e gentes que
alla han estado e estan ha avido algunas diferençias e devisyones e escandalos
a causa de lo qual la dicha ysla de la Grand Canaria no se ha tomado por los
dichos nuestros capitanes e gentes, e confiando de vos que soys tal persona
que guardareys nuestro serviçio e bien e fiel e deligentemente fareys todo lo
que por nos vos fuere encomendado e mandado es nuestra merçed e voluntad
de vos encomendar e cometer la capitania e governaçion e alcaydia de la
fortalesa que esta fecha en la dicha ysla, e que de aqui adelante seades en la
dicha ysla nuestro corregidor, e podades usar y usedes del ofiçio de justiçia
çevil e criminal alta e baxa e mero e misto ynperio en la dicha ysla asy por
vos como por vuestros logarestenientes los quales podades poner e pongades
en los dichos ofiçios e los quitar e admover quantas veses vos quesyerdes e
por bien tovierdes, porque vos mandamos que luego vayades a la dicha ysla
de la Grand Canaria e tomedes la fortalesa que esta fecha en la villa del Real
de Las Palmas en la dicha ysla e podades usar y usedes de la dicha governaçion
e capitania asy por tierra como mar e conquistar e conquistedes la dicha ysla
fasta la ganar e vos apoderar e apoderedes della: e por esta nuestra carta o
por su traslado sygnado de escrivano publico mandamos a Pedro del Algava
alcayde de la dicha fortalesa e a otro qualquier alcayde o tenedor della e a
otras qualesquier personas que en ella estan que luego que por vos fueren
requeridos vos den e entreguen la dicha fortalesa e lo alto e baxo della a una
voluntad, ca entregandovos la dicha fortalesa les alçamos e quitamos qualquier
personas que en la dicha ysla estan e estovieren e fueren de aqui adelante que
esten so vuestra governaçion e mando e fagan toda la guerra e pas e otras
cosas que por vos el dicho Pedro de Vera o por los que vuestro poder ovierdes
les fuere mandado, bien asy e tan conplidamente como sy por nos mesmos en
persona les fuese mandado e a los alcaldes e alguasiles e otras qualesquier
personas que tyenen cargo de la justiçia de la dicha ysla que luego vos den e
entreguen las varas della e de aquí adelante no usen della syn una liçençia e
mandado e que usen en el dicho ofiçio de justiçia con vos o con vuestros
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lugares tenientes segund dicho es. Ca por esta nuestra carta vos damos poder
complido para lo usar por vos e por vuestros lugares tenientes e los poder
quitar e amover una e dos e mas veses quantas vos quesyerdes e por bien
tovierdes, e otrosy para que podades faser e fagades pesquisa e ynquisyçiones
sy vos vierdes e enterdierdes que cunple allende de las fechas sobre los
escandalos e ruydos e cavalleros e gentes que en la dicha ysla han estado e
estoviere de aqui adelante e a las que fallardes culpantes los podades prender
pugnir e castigar segund fallardes por justiçia e a las personas que enterdierdes
que cumple a nuestro serviçio que salgan de la dicha ysla que luego que por
vos les fuera mandado que salgan della e non entren ni esten en ella syn
vuestra liçençia e mandamos e defendemos a los capitanes que fasta aquí a la
dicha ysla avemos mandado yr e de aquí adelante fueren que esten so vuestro
mandado e governaçion e que non usen de la dicha capitania e governaçion
syn vuestra liçençia e mandado non embargante qualesquier nuestras cartas
e poderes que aqui avemos dado a los dichos capitanes para usar de la dicha
capitania e governaçion, ca nos por esta nuestra carta ge las revocamos e
damos por ningunas e de ningun efecto e valor, por quanto nuestra merçed e
voluntad es que la dicha governaçion e capitania e alcaydia e ofiçios de justiçia
podades usar e usedes vos el dicho Pedro de Vera e los que vuestro poder para
ello tovieren e non otra persona ni personas algunas segund que en esta nues-
tra carta se contiene e contra el tenor e forma della vos non vayan ni pasen ni
consyentan yr ni pasar agora ni de aqui adelante en ningund tiempo ni por
alguna manera causa ni razon ni color que sea e ser pueda, para lo qual todo
que dicho es e para cada una cosa e parte dello por esta nuestra carta vos
damos con todas sus ynçidençias e dependençias e mergençias anexidades e
conexidades tan entero e complidamente poder como nos le avemos e tene-
mos e los unos nin los otros non fagades ni fagan ende al por alguna manera
so pena de la nuestra merçed e de privaçion de los ofiçios e de confiscaçion
de los bienes de los que lo contrario fisieren para la nuestra camara e demas
mandamos al ome que vos esta nuestra carta mostrare que vos emplase que
parescades ante nos en la nuestra corte doquier que nos seamos del dia que
vos emplasare fasta quinse dias primeros syguientes so la dicha pena so la
qual mandamos a qualquier escrivano publico que para esto fuera llamado
que dende al que vos la mostrare testimonio sygnado con su sygno porque nos
sepamos en como se cumple nuestro mandado. Dado en la noble çibdad de
Toledo a quatro dias de febrero año del nasçimiento del nuestro señor Ihesu
Christo de mill e quatroçientos e ochenta años. Yo el Rey.- Yo la Reyna.- Yo
Pedro Cavañas secretario del Rey e de la Reyna nuestros señores la fis escrevir
por su mandado con acuerdo etc.- Dada e señalada del doctor de Villalon e
del doctor de Lillo.- Registrada Diego Sanches.- (rubricado).
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DOCUMENTO 3.- Orden a Francisco Maldonado, contino, de visitar la
isla de la Gran Canaria y ver cómo se ha hecho justicia durante la capita-
nía general y el gobierno de Pedro de Vera, veinticuatro que fue de Jerez,
el cual tuvo dicha Capitanía durante los últimos nueve años.
1491. Marzo, 30. Sevilla.
AGS, RGS, marzo de 1491, fol. 64.
Inédita. Colección de documentos del RGS del Instituto de Estudios Cana-
rios, La Laguna.
Don Fernando e doña Ysabel, etcetera. A vos Francisco Maldonado, contino
de nuestra casa, salud e gracia. Sepades que puede aver nueve años poco más
o menos que nos enbiamos por nuestro capitan general o governador de la
ysla de la Gran Canaria a Pedro de Vera XXIIIIº de la çibdad de Xeres al qual
asymismo despues dimos cargo de poblar la dicha ysla de la Grand Canaria
e de repartir los terminos e heredamientos e otras cosas della e porque la
dicha ysla fasta aqui no se ha poblado como debe e porque nuestra merçed e
voluntad es de saber como e de que manera el dicho Pedro de Vera se ha avido
en la governacion de la dicha ysla e en la administraçion de la justiçia della
e en la poblar e en el repartimiento de las fasiendas e en todas las otras cosas
que asy quedo a su cargo en la dicha ysla para sobre todo proveer como
cumple a servicio de Dios nuestro Señor e nuestro e bien de la dicha ysla e
confiando de vos que soys tal que guardares nuestro serviçio e bien e fielmen-
te fareys lo que por nos vos fuere encomendado e cometido es nuestra merçed
de vos lo encomendar e cometer e por la presente vos lo encomendamos e
cometemos lo susodicho porque vos mandamos que vades a la dicha ysla de
la Gran Canaria e tomeys en vos las varas de la justiçia e governaçion della,
las quales mandamos al dicho Pedro de Vera e a qualquier o qualesquier
ofiçiales que por el tengan qualquier o qualesquier ofiçios de justiçia que vos
den e entreguen las varas de la justiçia e asy dadas e entregadas usad de la
governaçion de la dicha ysla por vos e por vuestros ofiçiales e lugarestenientes
durante el tiempo que en la dicha estovieredes e fasta que nos proveamos
sobre ello como la nuestra merçed fuere o se fallare justiçia e fased pesquisa
e ynquisiçion e por todas las partes que mejor e mas complidamente sabed lo
pudierdes vos ynformad de cómo e en que manera el dicho governador e sus
ofiçiales han governado la dicha ysla e administrado la nuestra justicia della
e sy han fecho algunos agravios e synrasones a los que en ella han bivido e
morado e ydo a bevir y morar e que cosas son las que han fecho ynjustamente
e que cosas yndevidamente e como se han avido en la poblaçion de la dicha
ysla e en el repartymiento de los heredamientos e tierras della e que parte han
tomado para sy e para sus fijos e parientes e criados sy estan fechos en la
dicha ysla poblaciones algunas o no e sy estan fechas a cuya cabsa e culpa e
como e de que manera ha tratado a los que a la dicha ysla han ydo a bivir e
morar e como son obedesçidos e complidas nuestras cartas e mandamientos e
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que formas han tenido quando va a conquistar las otras yslas en llevar la
gente e que partes da a los que van con el e que toma para sy e como e en que
manera saca los quintos de las cavalgadas e que cosa son los heredamientos
que ay e se pueden faser en la dicha ysla e que rentas e cosas se pueden aver
della para nuestro patrimonio real asy agora guardando la franqueza que
esta dada a los moradores della como despues de complida la dicha franque-
za e entender en que la dicha ysla se pueble lo mas que ser pudiere de merca-
deres e personas de trato e en que se haga pueblo de çibdades e veçinos e
lugares según la cantidad de la tierra e según la calidad della e proveer e
remediar en todas las cosas que cumplen a serviçio de Dios e nuestro e bien
de la dicha ysla e poblaçion della e la ynformaçion que ovierdes e pesquisas
que fizierdes e relaçion de todo lo que mas cumple a nuestro serviçio que se
provea, enbiad ante nos porque la mandemos ver e sobre todo ello proveamos
como cumple a nuestro serviçio e al bien e pro comun de la dicha ysla e
poblaçion della e mandamos al dicho Pedro de Vera e a sus fijos e a todos sus
ofiçiales que durante el tiempo que vos fisierdes la dicha pesquisa que no
entre nin este en la dicha ysla e que sy en ella estan salgan luego della e no
torne a ella syn mi liçençia e espeçial mandado que luego que por vos fueren
requeridos vos den y entreguen la governaçion e varas de la justiçia de alcaldias
e alguasiladgos de la dicha ysla e que non usen dello syn nuestra licencia e
especial mandado so las penas en que caen los que usan del ofiçio de justiçia
no aviendo poder nin juridiçion para ello e mandamos a los que biven en la
dicha ysla e moran en ella que luego vos ayan e resçiban por nuestro pesqui-
sidor e governador della, e non tengan al dicho Pedro de Vera nin a sus ofiçiales
nin a otra persona alguna syno a vos y a quien vuestro poder oviere por
nuestro governador e prinçipal esecutor de nuestra justiçia e para todas las
otras cosas complideras a nuestro serviçio se junten e confromen con vos, e
vos den e fagan dar todo el favor e ayuda que les pidierdes e menester ovierdes
e que vos acudan e fagan acodir con todos los dineros e salarios a los dichos
ofiçios anexos e pertenesçientes, e otrosy mandamos al dicho Pedro de Vera e
a sus alcaldes que vos den e entreguen las fortalesas e torres que en la dicha
ysla tienen para que vos las tengades todo el tiempo que por vos e en nuestro
nombre tovierdes el cargo de faser la dicha pesquisa fasta que nos proveamos
sobre ello como dicho es, e otrosy sy vos entendierdes que otras personas
algunas conple a nuestro serviçio que salgan de la dicha ysla, que lo podades
mandar e mandedes a los quales nos por la presente mandamos que lo cum-
plan syn ynterponer dello apelaçion nin suplicaçion nin otro remedio alguno
y mandamos a las partes a quien atañe y a otras qualesquier personas de
quien entendierdes ser ynformado que vengan e parescan ante vos a vuestros
llamamientos y enplasamientos a los plasos e so las penas que de nuestra
parte les pusyerdes, las quales nos por la presente les ponemos e avemos por
puestas para qual todo que dicho es, con todas sus ynçidençias, e dependençias,
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emergençias, anexidades e conexidades vos damos poder complido por esta
nuesta carta, e sy para faser e complir lo susodicho e cada cosa e parte dello,
menester ovierdes favor e ayuda, por esta nuestra carta mandamos al conçejo,
justiçias, regidores, cavalleros, escuderos, oficiales y omes buenos de la di-
cha ysla de la Gran Canaria e personas particulares della que vos le den e
fagan dar e que en ello nin en cosa alguna nin parte dello enbargo nin contra-
rio alguno vos non pongan nin consientan poner e los unos nin los otros,
etcetera. Dada en la çibdad de Sevilla a XXX días del mes de março de noven-
ta e un años. Yo el Rey.- Yo Juan de la Parra, secretario, etcetera.- Don Alva-
ro.- Iohannes dottor.- Andreas dotor.- Antonius dotor.-
DOCUMENTO 4.- Carta de nombramiento de gobernador y capitán ge-
neral de la isla de Gran Canaria a Alonso Fajardo, contino de la Casa
real.
1495. Enero, 30, Madrid.
AGS, RGS, enero de 1495, fol. 225.
Inédito. Colección de documentos del RGS del Instituto de Estudios Cana-
rios, La Laguna.
Don Fernando e doña Ysabel, etcetera. A vos el concejo, justiçia, regidores,
cavalleros, escuderos, oficiales e omes buenos de la ysla de la Grand Cana-
ria, salud e gracia. Sepades que nos entendiendo ser conplidero a nuestro
servicio e a la administraçion de la nuestra justiçia e a la paz e sosiego desa
dicha ysla e su tierra, nuestra merçed e voluntad es que Alonso Fajardo, contino
de la nuestra Casa, tenga por nos el ofiçio de governaçion e jusgado e capitania
general desa dicha ysla y su tierra por el tiempo que nuestra merçed e volun-
tad fuere, contando desde el dia que por vosotros fuere resçibido al dicho
ofiçio en adelante con los oficios de justiçia e juridiçion cevil e creminal,
alcaldias e alguaziladgo de la dicha ysla e su tierra, porque vos mandamos a
todos e a cada uno de vos que luego vista esta nuestra carta syn otra luenga
nin tardança alguna e syn nos mas requerir nin consultar nin esperar otra
nuestra carta nin mandamiento nin jusyon resçibades del dicho Alonso Fajardo
el juramento e solenidad que en tal caso se acostumbra haser, el qual por el
fecho lo resçibades por nuestro governador e capitan general de la dicha ysla
e su tierra e le dexeys e consyntays libremente usar e exerçer el dicho ofiçio e
complir e esecutar la nuestra justiçia en esa dicha ysla e su tierra por sy o por
sus ofiçiales e lugarestenientes, que es nuestra merçed que en los dichos ofiçios
de alcaldias e alguasiladgo e capitan e otros ofiçios a la dicha governaçion e
capitania anexos pueda poner, los quales pueda quitar e admover cada e
quando que viere que a nuestro servicio e a esecuçion de la nuestra justiçia
cumpla e poner e subrogar otros en su lugar e oyr e librar e determinar e oyan
e libren e determinen todos los pleitos e cabsas çeviles e creminales que en
esa dicha ysla e su tierra estan pendientes, conçertados e movidos e se movieren
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e començaren de aqui adelante en quanto por nos el dicho ofiçio toviere e
aver e llevar los derechos e salarios acostunbrados e a los dichos ofiçios
pertenesçientes e faser e fagan qualesquier pesquisas en los casos del dere-
cho premisos e todas las otras cosas a los dichos ofiçios pertenesçientes e que
entienda el que su poder oviere que a nuestro servicio e a esecuçion de la
nuestra justiçia cunple que para usar e eserçer los dichos ofiçios e conplir e
esecutar la nuestra justiçia, todos vos conformedes con el e con vuestras per-
sonas e con vuestras gentes, le dedes e fagades dar todo el favor e ayuda que
pidiere e menester oviere e que en ello nin en parte dello enbargo nin contra-
rio alguno le non pongades nin consintades poner, ca nos por la presente le
rescibimos e avemos por resçebido al dicho ofiçio e le damos poder para lo
usar e exercer e para complir e esecutar la nuestra justiçia, caso que por
otros o por alguno de vos non sea resçebido por quanto cunple a nuestro
serviçio quel dicho Alonso Fajardo tenga el dicho oficio de governador e
capitan general por todo el tiempo que nuestra voluntad fuere non embargante
qualesquier estatutos e costumbredes (sic) que çerca dello tengades e por
esta nuestra carta mandamos a qualesquier personas o personas que tienen
las varas de la nuestra justiçia e de los oficios del alcaldia e alguasiladgo e
capitania general desa dicha ysla e su tierra, que luego que por el dicho
Alonso Fajardo fueren requeridos ge las den e entreguen e que non usen mas
dellas syn nuestra liçençia, so las penas en que cahen las personas privadas
que usan de oficio publico para que no tienen poder nin facultad, ca nos por
la presente suspendemos e avemos por suspendidos, e otrosy es nuestra merçed
que sy el dicho governador e capitan general viere ser conplidero a nuestro
serviçio e a esecuçion de la nuestra justiçia que qualesquier cavalleros e
otras personas, vecinos de la dicha ysla o de fuera parte della que a ella
vinieren o e ella estan, salgan della e que non entren nin esten en ella e que
vengan a se presentar ante nos quien lo pueda demandar de nuestra parte e
los faga della salir a los quales e a quien lo el demandare, nos por la presente
mandamos que luego syn sobre ello nos requerir nin consultar nin esperar
otra nuestra carta nin mandamiento e syn ynterponer dello apelaçion nin
suplicacion lo pongan en obra e lo cumplan segund que lo el dixere e mandare
so las penas que le pusyere de nuestra parte, las quales nos por la presente les
ponemos e avemos por puestas e le damos poder e facultad para las esecutar
en los que remisos e ynobidientes fueren e en sus bienes e otrosy por esta
nuestra carta mandamos a vos el dicho Concejo, justicias, regidores, cavalleros,
escuderos de la dicha ysla que fagades dar al dicho nuestro governador cada
un dia de los que toviere el dicho oficio, otros tantos maravedis para su sala-
rio e mantenimiento, quantos se suele e acostumbran dar a los otros goberna-
dores e capitanes que fasta aquí han seydo de la dicha ysla, los quales le dad
e pagad de los propios e rentas desa ysla o por repartimiento o derrama que
entre vosotros fagades, segund que en tal caso aveys acostunbrado para los
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quales aver e cobrar de vosotros e de vuestros bienes e para vos faser sobrello
las prendas e premisas e esecuçiones e remates de bienes que se requieran e
para usar e exerçer el dicho ofiçio e conplir e esecutar la nuestra justiçia, le
damos por esta nuestra carta poder complido con todas sus ynçidençias e
dependençias, emergençias, anexidades e conexidades e otrosy vos manda-
mos que al tiempo que resçibierdes por nuestro governador e capitan desa
dicha ysla al dicho Alonso Fajardo tomedes e resçibades del fianças llanas e
abonadas que para la resydençia que las leyes de nuestros Reynos mandan, e
otrosy tomeys e resçibays del juramento en forma devida de derecho que du-
rante el dicho tiempo que por nos toviere la dicha governaçion e capitania
general, visitara los terminos de la dicha ysla a lo menos dos veses en el año
e renovara los mojones sy menester fuere e restituyra lo que ynjustamente le
estoviere tomado e sy no pudiere buenamente restituyr enbiara a nos al nues-
tro Consejo la relaçion dello para que nos proveamos como cunple a nuestro
servicio, e otrosy mandamos al dicho nuestro governador que las penas
pertenesçientes a nuestra Camara e fisco en que el e sus alcaldes condenaren
e las pusyeren para la dicha nuestra Camara, en que asymismo las esecute e
las pongan en poder del escrivano del conçejo de la dicha ysla por ynventario
e ante escrivano publico para que las den e entreguen al nuestro limosnero e
a quien su poder oviere e otrosy, mandamos que sepa que portadgos nuevas e
acrecentar las que llevan en la dicha ysla, e en sus comarcas e lo de la dicha
ysla e su tierra remedie e asymismo la de sus comarcas que se pudiere reme-
diar e lo que no se pudiere remediar nos lo notifique e nos enbie la pesquisa
e verdadera relaçion dello para que lo mandemos proveer como de justiçia
devamos e otrosy mandamos al dicho Alonso Fajardo que se ynforme e vea el
apartamiento de los moros de la dicha ysla e su tierra e sus comarcas e lo que
cayere en su juridiçion faga que se guarde e lo que cayere en los lugares
comarcanos para que se guarde el dicho apartamiento e sy no se guardare,
esecute las penas contenidas en las leyes de nuestros Reynos que sobre esto
disponen e mandamos al dicho Alonso Fajardo que de, en cada un año al
alcalde que en la dicha ysla toviere para su salario e mantenimiento allende
de sus derechos hordinarios que como a alcalde le pertenesçen de todos los
abtos que antel pasaren, dose mill maravedis, e los unos nin los otros etcetera.
Dada en la villa de Madrid a XXX dias del mes de henero, año del Señor de
mill e quatroçientos e noventa e çinco años.
Yo el Rey.- Yo la Reyna.- Yo Juan de la Parra, etcetera.- Don Alvaro.- Iohannes
dottor.- Andreas dotor.- Filipus dottor.- Joannes liçençiatus.
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DOCUMENTO 5. Carta real de merced confirmatoria de la gobernación
de Tenerife a favor de Alonso de Lugo, por haberse «acavado de ganar la
dicha isla». Se le concede dicho cargo con carácter vitalicio.
1496, noviembre, 5, Burgos.
(AGS, RGS, fol. 122).
Transcripción por Rumeu de Armas, A. en: La Conquista de Tenerife... Op.
Cit., p. 447. Se conserva también copia por testimonio del documento recibi-
do en la isla en el Archivo histórico de protocolos notariales de Tenerife, regis-
tro de Juan Márquez, año 1525, leg. Núm. 49, fol. 583. Publicado por La Rosa
Olivera, L. de, y Serra Ráfols, E.: El Adelantado D. Alonso de Lugo y su
residencia...Op. Cit., p. 151.
[Al margen:] El Rey e la Reyna.
Merçed de la governaçión de la ysla de Thenerife a Alonso de Lugo.
Don Fernando e doña Ysabel, etc. Por quanto en çierto asyento e capitulaçión
que por nuestro mandado se tomó con vos, Alonso de Lugo, al tiempo que por
nuestro mandado fuystes a conquistar a la ysla de Thenerifee, se contiene que
acavada de ganar la dicha ysla vos haríamos merçed de la governaçión della en
quanto nuestra merçed e voluntad fuese; e agora que a Nuestro Señor ha plazido
que se ganase la dicha ysla de Thenerifee por vuestra mano e trabajo, poniendo
como pusistes vuestra persona a muchos peligros en la dicha conquista; lo qual
por nos visto e acatado, e los muchos serviçios que de vos avemos resçebido e
vuestra sufiçiençia e ydoneidad, thenemos por bien e es nuestra merçed e volun-
tad que agora e de aquí adelante para en toda vuestra vida seades nuestro
governador de la dicha ysla de Thenerifee, e tengades por nos e en nuestro nom-
bre los ofiçios e justiçia e juridiçión çevil e criminal de la dicha ysla de Thenerife,
e usedes de los dichos ofiçios por vos e por vuestros lugarestenientes, asy alcal-
des como alguaziles, que es nuestra merçed que los dichos ofiçios podades po-
ner e pongades; los quales podades quitar e admover e poner otro o otros en su
lugar, cada que vos quisierdes e entendierdes que cunple a nuestro serviçio e a
esecuçión de nuestra justiçia; e oyades e libredes todos e qualesquier pleitos
çeviles e criminales que en la dicha ysla están movidos e pendientes, e se
començaren e movieren; e ayades e llevedes la quitaçión e todos los otros dere-
chos al dicho ofiçio perteneçientes e que por razón dél podades e avedes aver e
llevar. E por esta nuestra carta mandamos a los conçejos, cavalleros, regidores,
escuderos, ofiçiales e omes buenos de la ysla de Thenerifee que, juntos en sus
cavildos e ajuntamientos, tomen e resçiban de vos el dicho Alonso de Lugo el
juramento e solenidad que en tal caso se requiere; el qual por vos asy fecho, vos
ayan e resçiban e tengan por nuestro governador de la dicha ysla, e usen con vos
e con los dichos vuestros lugartenientes e ofiçiales que vos en nuestro nombre
recibierdes en el dicho ofiçio e en todo lo a él concerniente, e vos recudan e
fagan recudir con la quitaçión e derechos e salarios anexos a pertenecientes; e
que en ello ni en parte dello ynpedimiento alguno vos non pongan ni consyentan
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poner; e otrosy, vos consientan e dexe hazer todas e quales pesquisas e cosas en
los casos de derecho prevysos; e otrosy que si vos vierdes que cunple a nuestro
serviçio e esecuçión de nuestra justiçia qualesquier personas que en la dicha
ysla estovieren o ella venieren salgan della e que no entren ni estén en ella, e que
vos lo podades mandar e mandedes de nuestra parte; a las quales personas nos
por la presente mandamos que dentro del término e so la pena e penas que vos
de nuestra parte les pusierdes, salgan della e non entren ni estén con ella, so las
dichas penas; las quales podades esecutar en las personas e bienes de los que
rebeldes e unobedientes fueren; e que para usar el dicho ofiçio e conplir e esecutar
la dicha justiçia en los delinquentes, todos se junten e conformen con vos e vos
den e fagan dar todo favor e ayuda que vos pidierdes e ovierdes menester; e que
las penas en que condenardes vos o los dichos vuestros ofiçiales perteneçientes
a nuestra cámara los pongades en poder del escrivano del conçejo, para que los
tenga de manifiesto e faga libro dellos, para fazer dellos lo que nos mandamos.
Para lo qual todo que dicho es e para cada cosa e parte dello fazer e cunplir e
executar con todas sus ynçidençias e dependençias, anexidades e conexidades,
vos damos poder conplido por esta nuestra carta. E los unos ni los otros non
fagades ni fagan ende al por alguna manera, so pena de la nuestra merçed e de
diez mill maravedís para la nuestra cámara. Dada en la çibdad de Burgos, a
çinco días del mes de novienbre año del nasçimiento de nuestro salvador Ihesu
Christo de mill e quatroçientos e noventa e seys años. Yo el Rey.- Yo la Reyna.-E
yo Miguel Peres de Almaçán, secretario del rey e de la reyna, la fiz escrevir por
su mandado.- Licenciatus Çapata.- Uarez (sic), in decretis baccalareus (rubri-
cado).
DOCUMENTO 6. Los Reyes Católicos otorgan a Alonso de Lugo el go-
bierno de la isla de La Palma.
1496, diciembre, 5. Burgos.
Copia por testimonio del documento recibido en la isla; Archivo histórico de
protocolos notariales de Tenerife, registro de Juan Márquez, año 1525, leg.
Núm. 49, fol. 584. Publicado por La Rosa Olivera, L. de, y Serra Ráfols, E.:
El Adelantado D. Alonso de Lugo..., Op. Cit., p. 155.
(Este documento es prácticamente idéntico al anterior, por lo que transcribimos
únicamente los párrafos en que existe alguna diferencia.)
Don Fernando y Doña Isabel, por la gracia de Dios, Rey e Reina de Castilla,
etc., por quanto en cierto asiento e capitulación que por nuestro mandado se
tomó con vos Alonso de Lugo al tienpo que por nuestro mandado fuistes a
conquistar la isla de San Miguel de la Palma se contiene que ... es nuestra
merced e voluntad que agora e de aquí adelante, para en toda vuestra vida,
seades nuestro Governador de la dicha isla de la Palma e que tengais por Nos
...e por esta nuestra carta mandamos a los concejos, cavalleros e regidores,
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escuderos, oficiales e omes buenos de la dicha isla de San Miguel de la Palma
que juntos en sus Ayuntamientos e Cavildos tomen e recivan de vos el dicho
Alonso de Lugo el juramento e solenidad que en tal caso se requiere ... e
demás mandamos al ome que vos esta nuestra mostrare que vos enplaze que
parescais ante Nos en la nuestra corte doquier que Nos seamos del día que
vos enplazare hasta quince días primeros siguientes so la dicha pena, so la
qual mandamos a qualquier Escrivano público que para esto fuere llamado
que de ende antes vos la mostrare testimonio sinado con su sino por que Nos
sepamos en como se cunple nuestro mandado. Dada en la cibdad de Burgos a
cinco días del mes dicienbre año del nascimiento de Nuestro Salvador Jesu-
cristo de mill e quatrocientos e noventa e seis años.- Yo el Rey.- Yo la Reina.-
Yo Miguel Peres de Almaçán, Secretario del Rey e de la Reina Nuestros Seño-
res la fize escribir por su mandado.- Licenciatus Çapata.- Registrada.- Suares.-
Francisco Dias, Chanciller.
DOCUMENTO 7. «La governacion de Canaria a Lope Sanchez de
Valenzuela, quanto fuere la voluntad de Sus Altezas».
1498. Marzo, 26, Alcalá de Henares.
AGS, RGS, marzo de 1498, fol. 225.
Inédito. Colección de documentos del RGS del Instituto de Estudios Cana-
rios, La Laguna.
Don Fernando e doña Ysabel, etcetera. A vos los conçejos, justicias, regidores,
cavalleros, escuderos, oficiales e omes buenos de las villas e lugares de la
ysla de la Grand Canaria, salud e gracia. Sepades que nos, entendiendo ser
conplidero a nuestro servicio e a la execuçion de nuestra justiçia e a la paz e
sosiego de la dicha ysla de la Grand Canaria, nuestra merçed e voluntad es
que Lope Sanchez de Valençuela, contino de nuestra casa, tenga por nos el
ofiçio de governaçion e juzgado de las villas e lugares desa dicha ysla e de su
tierra, quanto nuestra merçed e voluntad fuere con los ofiçios de justicia e
juridiçion çevil e criminal e alcaldias e alguaziladgos desas villas e lugares e
sus tierras, porque vos mandamos a todos e a cada uno de vos que luego vista
esta nuestra carta syn otra luenga ni tardança alguna e syn nos mas requerir
ni consultar ni esperar otra nuestra carta ni mandamiento ni jusyon, recibays
del dicho Lope Sanchez de Valençuela el juramento e solenidad que en tal
caso se acostumbra faser, el qual por el fecho le reçibays por nuestro juez e
governador desa dicha ysla e su tierra e le dexeys e consintays libremente
usar e exerçer el dicho ofiçio e cumplir e executar la nuestra justicia en esas
dichas villas e lugares e sus tierras e ysla de la Grand Canaria por sy e por
sus oficiales e lugarestenientes, que es nuestra merçed que en los dichos ofiçios
de alcaldias e alguaziladgos y otros oficios a el dicho oficio de governador
anexos pueda poner, los quales pueda quitar e admover cada e quando viere
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que a nuestro servicio e execuçion de nuestra justiçia cumple, e poner y
subrrogar otro o otros en su lugar e oyr librar y determinar y oyan, libren y
determinen todos los pleitos e causas çeviles e criminales que en esa dicha
ysla e las villas e lugares della estan pendientes, començados y movidos e se
començaren e movieren de aquí adelante, quanto por nos el dicho ofiçio toviere
e aver e llevar los salarios acostumbrados a los dichos ofiçios perteneçientes
e se fagan qualesquier pesquisas en los casos de derecho previstos e todas las
otras cosas al dicho oficio perteneçientes, e que entendiendo el o quien su
poder oviere quanto fuere a la execuçion de nuestra justiçia cumpla e para
usar e exerçer el dicho oficio e complir e executar la nuestra justicia, todos
vos conformeys con él con vuestras personas y gentes le dedes e fagades dar
todo el fabor e ayuda que vos pidiere e menester oviere e que en ello ni en
parte dello enbargo ni contrario alguno le non pongades ni consintades po-
ner, ca nos por la presente le reçebimos e avemos por reçebido al dicho ofiçio
e le damos poder complido para lo usar e exerçer e complir e executar la
nuestra justicia, e caso que por vosotros o por alguno de vos no sea reçebido
por quanto cumple a nuestro serviçio que el dicho Lope Sanchez de Valençuela
tenga el dicho ofiçio, tenga quanto nuestra merçed e voluntad fuere como
dicho es, no embargante qualesquier escripturas e costumbre que çerca dello
tengades, e por esta nuestra carta mandamos a qualquier o qualesquier per-
sona o personas que tienen las varas de la nuestra justiçia e de los ofiçios de
alcaldias e alguaziladgos desa dicha ysla e de las villas e lugares e lugares
della que luego que por el dicho Lope Sanchez de Valençuela fueren requeri-
dos que las entreguen e no usen mas dellas syn nuestra liçencçia, so las penas
en que caen las personas privadas que usan e ofiçios publico para que no
tienen poder ni facultad, ca nos por la presente los suspendemos e avemos
por suspendidos, e otrosy, es nuestra merçed que sy el dicho governador
entendiere que es complidero a nuestro serviçio e a la execuçion de la nuestra
justiçia que qualesquier cavalleros e otras personas vecinos e moradores desa
dicha ysla o de fuera parte que en ella vevieren o en ella estan, salgan della e
que no entren ni esten en ella e que se vengan e presenten ante nos que lo el
pueda mandar de nuestra parte e los fagan della salir a los quales a quien lo
el mandare, nos por la presente mandamos que luego syn sobre ello nos re-
querir nin consultar ni esperar otra nuestra carta ni mandamiento e syn
ynterponer dello apelaçion ni suplicaçion, lo pongan en obra, segund que lo
el dixiere y mandare, so las penas que les pusiere de nuestra parte, las quales
nos por la presente les ponemos e avemos por puestas y le damos poder y
facultad para lo executar en los que remisos e ynobedientes fuere y en sus
bienes e otrosy por esta nuestra carta mandamos e otrosy mandamos e a vos
los dichos conçejos, justiçias, regidores, cavalleros, escuderos, oficialles e
omes buenos de las villas y lugares de la dicha ysla de la Grand Canaria que
fagades dar e dedes al dicho nuestro governador en cada un año que por nos
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el dicho ofiçio toviere otros tantos maravedis de salario como devades y aveys
acostumbrado de dar a cada uno de los otros nuestros governadores, que
fasta aquí han seydo de la dicha ysla, los quales le dad e pagad, segund y
como lo aveys acostumbrado dar a los otros dichos nuestros governadores
que han seydo de la dicha ysla, para los quales aver y cobrar de vosotros e de
vuestros vienes e para faser sobre ello todas las prendas e premias, prisiones,
execuçiones e remates de bienes que neçesarias sean e para usar e exercer el
dicho ofiçio e conplir e executar la nuestra justiçia le damos por esta nuestra
carta poder complido con todas sus ynçidençias e dependençias, emergençias,
anexidades e conexidades e otrosy, mandamos que al tiempo que reçebierdes
por nuestro governador desa dicha ysla de la Grand Canaria al dicho Lope
Sanches de Valençuela, tomedes e reçibades del fianças llanas e abonadas
que fara la residencia que las leyes de nuestros Reynos mandan; e otrosy,
tomedes e reçibades en forma devida de derecho que durante el dicho tiempo
que por nos toviere el dicho ofiçio de governador visitara los terminos que en
esa dicha ysla a los menos dos vezes en el año e renovara los mojones sy
menester fuere e restituyra lo que ynjustamente les estoviere tomado e sy non
lo pudiere buenamente restituyr, enbiara ante nos al nuestro consejo la relaçion
dello para que nos proveamos como cumple a nuestro servicio, e otrosy man-
damos al dicho governador que las perteneçientes a nuestra camara e fisco
en que el y sus aldaldes condenaren, las executen e las pongan en poder del
escrivano del concejo de cada una de las dichas villas desa dicha ysla por
ynventario e ante escrivano publico para que las den e entreguen al nuestro
reçetor de las dichas penas, o a quien su poder oviere y otrosy mandamos al
dicho nuestro governador que se ynforme que portadgos o ynposiçiones nue-
vas o acreçentadas se llevan en la dicha ysla o en las villas e lugares della e
lo remedie e lo que no podiere remediar nos lo notyfique, e nos enbie la pes-
quisa e verdadera relaçion dello para que lo mandamos proveer como con
justicia devamos, e otrosy mandamos al dicho Lope Sanchez de Valençuela,
nuestro governador que se ynforme e ve el (roto..apartamiento de) moros desa
dicha ysla e su tierra e villas e lugares e faga quese guarde, e sy no se guardare,
execute las penas contenidas en las leyes de nuestros Reynos que sobre esto
disponen, e otrosy mandamos al dicho Lope Sanches de Valençuela, nuestro
governador que reciba la residencia de los oficiales que el bachiller Alonso
Fajardo, nuestro governador que fue de la dicha ysla dexo por termino de
sesenta dias segund que la ley por nos fecha en las cortes de Toledo lo dispo-
ne, la qual mandamos a los del dichos ofiçiales que la fagan ante vos; otrosy
vos mandamos que os ynformeys como e de que manera los dichos oficiales
han usado e exerçido el dicho ofiçio e executado la nuestra justiçia, especial-
mente en los pecados publicos, e como se han guardado las leyes por nos
fechas en las cortes de Toledo, e fecho guardar e complir e executar las sen-
tencias que son dadas en fabor de la dicha ysla, e sy en algo fallades culpantes
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por vuestra ynformaçion secreta a los dichos oficiales, llamadas e oydas las
partes, averigüedes la verdad e averiguada la enbiad ante nos, la verdad
sabida de todo ello e avida ynformaçion de las penas en que el dicho bachi-
ller Alonso Fajardo e sus oficiales condenaron a qualesquier conçejos e per-
sonas perteneçientes a nuestra camara e fisco, e cobradlas a dadlas e
entregadlas a nuestro reçeptor de las dichas penas o a quien su poder oviere;
otrosy, tomad e reçebid las cuentas de los propios e repartymientos que la
dicha ysla e sus villas e lugares han repartido despues aca que las nos man-
damos reçebir e tomar e fueron tomadas e reçebidas e enbiadlo todo ante nos
para que nos lo mandemos veer e faser sobre ello conplimiento de justiçia e
conplidos todos los dichos sesenta dias de la dicha resydençia, enbiadlo todo
ante nos con la ynformaçion que ovieredes tomado de como el dicho bachiller
e sus ofiçiales han usado del dicho ofiçio, e mandamos al dicho Lope Sanchez
de Valençuela, nuestro gobernador de la dicha ysla que de en cada un año al
alcalde mayor que en la dicha ysla toviere para su salario e mantenimiento
allende de sus derechos ordinarios que como que como alcalde le pertenesçen
de todos los actos que el ante pasaren veynte mill maravedis, los quales vos
mandamos que le des e paguedes del salario que avedes de dar e pagar al
dicho Lope Sanches de Valençuela, nuestro governador; e los unos nin los
otros non fagades nin fagan ende al etcetera. Enplazamiento en forma. Dada
en la villa de Alcalá de Henares a XXVI dias del mes de março, aó del señor
de mill e quatroçientos e noventa e ocho años.- Yo el Rey.- Yo la Reyna.- Yo
Miguel Perez de Almaçan, secretario del Rey e de la Reyna, nuestros señores
la fize escribir por su mandado-. Señalada en las espaldas-. Johannes episcopus
astoriçensis-. Iohannes doctor-. Felipus doctor-. Johannes licençiatus.
(En los documentos siguientes, transcribimos los párrafos en los que apare-
cen diferencias respecto a los documentos anteriores.)
DOCUMENTO 8. «Comisión al doctor Alonso Escudero, para que haga la
residencia a los oficiales de Antonio de Torres».
1503. Enero, 12. Madrid.
AGS, RGS, marzo de 1503.
Inédito. Colección de documentos del RGS del Instituto de Estudios Cana-
rios, La Laguna.
Don Fernando por la Gracia de Dios, etcetera. A vos el doctor Alonso Escu-
dero, salud e gracia. Sepades que yo ove proveydo del ofiçio de governador de
las yslas de la Grand Canaria a Antonio de Torres, el qual es fallesçido e paso
desta presente vida e porque mi merçed e voluntad es de saber como los
ofiçiales que el dicho Antonio de Torres tenia en las dichas yslas han usado e
exerçido de los dichos ofiçios el tiempo que los han tenido e que fagan ante
vos los dichos ofiçiales la residencia que la ley por mi fecha en las cortes de
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Toledo manda, mande dar esta mi carta para vos en la dicha rason, porque
vos mando que vays a la dicha ysla de la Grand Canaria e tomeys en vos las
varas de la justiçia, governaçion, alcaldias, alguaziladgos de las dichas yslas
e asy tomadas, reçebid de los ofiçiales que el dicho Antonio de Torres tobo en
la dicha ysla, la dicha residencia por tiempo de treinta dias segund que en la
dicha ley lo dispone ... otrosy vos mando que lleveys los capitulos que mando
guardar a los corregidores e juezes de residençia de mis Reynos e los presenteys
en el conçejo al tiempo que fuerdes resçebido e los hazed escribir e poner
donde esten publicamente e guardar e conplir lo en ellos contenido con
aperçibimiento que vos fazemos que sy no los llevaredes e guardaredes que
sera proçedido contra vos con todo rigor de justiçia, por qualquiera de los
dichos capitulos que se hallare que no aveys guardado, non embargante que
digays e alegueys cargo espeçial de poner tal recabdo que los caminos e canpos
esten seguros a todos en esa governaçion y en sus comarcas e si fuere menes-
ter haser sobre ello mensajeros los fagays a costa de la dicha ysla, con acuer-
do de los regidores e que non podays desyr ni alegar que non vino a vuestra
notiçia...
Documento 9. Merced de la Gobernación de las islas de Canarias para
Lope de Sosa con todos los oficios y jurisdicción a ellos anejos.
1507, noviembre, 5. Burgos.
AGS, RGS, noviembre de 1507.
Inédito. Colección de documentos del RGS del Instituto de Estudios Cana-
rios, La Laguna.
Doña Juana, etcetera. A vos los concejos, justicias, regidores, cavalleros, es-
cuderos, ofiçiales e omes buenos de la ysla de Gran Canaria, salud e gracia.
Sepades que yo entendiendo ser complidero a mi servicio e a execuçion de la
mi justicia e a la paz e sosiego desa dicha ysla e su tierra, mi merçed e volun-
tad es que Lope de Sosa, mi vasallo, tenga por mi el ofiçio de governador
desa dicha ysla...
(No hace mención al apartamiento de moros contenido en el documento 7, ni
tampoco a la residencia de su predecesor, lógicamente, ya que se trata de una
renovación en el cargo.)
.. e mando que el alcalde que pusiere el dicho mi governador aya de salario
en cada un año allende de sus derechos ordinarios que como alcalde le
pertenesçian veynte mill maravedis, los quales mando que le deys e pagueys
de salario del dicho governador e que non los deys nin pagueys al dicho
governador salvo al dicho alcalde, el qual jure al tiempo que le resçibierdes
por alcalde que sobre el dicho salario e derechos que le pertenesçieren por
razon del dicho ofiçio non hara partido alguno con el dicho governador nin
con otra persona alguna por via direta ni yndireta e el mismo juramento reçebid
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del dicho governador al qual mando que saque e llebe los capitulos que el
Rey, mi señor e padre, e la Reyna mi señora madre, que aya santa gloria,
mandaron guardar a los governadores e juezes de residencia de mis reynos e
los presente en el conçejo al tiempo que fuere resçibido al dicho ofiçio, e sy
no esta hecho los haga escrevir en un pergamino o papel e poner e ponga
donde este publicamente en la casa del ayuntamiento e regimiento desa dicha
ysla e que guarde e cumpla lo en ellos contenido, con aperçibimiento que si
no los llebare e guardare que sera proçedido contra el por todo rigor de justiçia
por qualquier de los dichos capitulos que se hallare que no ha guardado, no
embargante que alegue que no supo dellos e otrosy mando al dicho mi corre-
gidor que tenga cargo espeçial de poner tal recabdo que los caminos e canpos
esten seguros todos en su corregimiento e en los lugares de su comarca e que
sobre ello faga sus requerimientos a los cavalleros comarcanos que tovieren
vasallos e sy fuere menester haser mensageros sobre ellos los haga a costa
desa dicha ysla con acuerdo de los regidores della e los unos nin los otros
etecetera. Dada en la çibdad de Burgos a çinco dias del mes de noviembre de
I mill DVII años.- Yo el Rey. Yo Lope Conchillos, secretario de la Reyna nues-
tra señora la fiz escribir por mandado del Rey, su padre.- Fernando Tello,
liçençiatus.- (Rubricado).
DOCUMENTO 10. «Nombramiento de Lope de Sosa para el cargo de go-
bernador de la isla de Gran Canaria».
1515. Marzo, 30. Medina del Campo.
AGS, RGS, marzo de 1515.
Inédito. Colección de documentos del RGS del Instituto de Estudios Cana-
rios, La Laguna.
Doña Juana etcetera. A vos los conçejos, justicia, regidores, cavalleros, escu-
deros, oficiales e omes buenos de la çibdad e villas e lugares de la ysla de la
Grand Canaria, salud e gracia. Sepades que yo entendiendo ser cumplidero a
mi servicio e a la esecuçion de mis justiçia e a la paz e sosiego desa dicha
çibdad e villas e lugares e su tierra, mi merçed e voluntad es que Lope de
Sosa tenga por mi el ofiçio de governaçion e judgado desas dichas çibdad,
villas e lugares e de sus tierras, por quanto mi merçed e voluntad fue con los
ofiçios de justiçia e jurediçion çevil e criminal e alcaldias e alguasiladgo
desa dicha ysla e su tierra ... e otrosi mando al dicho mi governador que
reciba residencia del licenciado Brizianos mi juez de residencia que fue desa
dicha ysla e sus ofiçiales por termino de treynta dias primeros syguientes,
segund que la ley fecha en las cortes de Toledo lo disponen...
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DOCUMENTO 11. «Nombramiento de Fernán Pérez de Guzmán como
gobernador de Gran Canaria».
1518. Agosto, 7. Zaragoza.
AGS, RGS, agosto de 1518.
Inédito. Transcripción del original microfilmado.
Donna Juana e don Carlos su hijo por la graçia de Dios, reyna e rey de Castilla,
de León, de Aragón, etc. A vos el conçejo, justiçia, regidores, cavalleros, es-
cuderos, ofiçiales e omes buenos de la çibdad e villas e lugares de la ysla de
la Grand Canaria, salud e graçia. Sepades que nos, entendiendo ser conplidero
a nuestro serviçio e a la execuçion de la nuestra justiçia, nuestra merçed e
voluntad que Fernando Perez de Guzman sea nuestro governador de esa di-
cha ysla en quanto nuestra merçed e voluntad fuere y como tal governador
use e exerça el dicho ofiçio e todos los casos e cosas segund que lo usaua e
exerçia e devio usar e exerçer Pedro Suares de Castilla, nuestro governador
que fue de esa dicha ysla e los otros governadores que antes han sydo en
ella...
e otrosy mandamos al dicho nuestro governador que durante el tiempo que
tuviere el dicho ofiçio tenga mucho ciudado e deligençia que en la dicha ysla
avya guarda para que los montes e arboledas e pinares della et de su tierra se
guarden e conserven conforme a lo contenido en las cartas que sobre ello
hemos dado e para que de nuevo se pongan e plantes montes e pinares e
arboledas segund como por las dichas nuestras cartas esta mandado...
e otrosy mandamos al dicho nuestro governador que reçiba resydençia de Pero
Suares de Castilla nuestro governador que fue de esa dicha ysla e de sus ofiçiales
por termino de treynta dias primeros syguientes segund que la ley fecha en las
cortes de Toledo lo dispone e cumpla de justiçia a los que del oviere querellosos…
e ansy mismo tome e resçiba resydençia de los rejidores e escribanos del
conçejo e escrivanos publicos de esa dicha ysla e como e de que manera an
usado e exerçido los dichos ofiçios e sy an ydo o pasado contra las leyes fe-
chas en las Cortes de Toledo en lo que a ellos yncunbe...
DOCUMENTO 12. Nombramiento de Bernaldino de Anaya como Juez de
residencia de Gran Canaria.
1519. Noviembre, 20. Molins de Rey.
AGS, RGS, Noviembre de 1518.
Inédito. Transcripción del original microfilmado.
Don Carlos por la graçia de Dios, etc. A vos el dotor Bernaldino de Anaya,
salud e graçia; sepades que por algunas cosas conplideras a nuestro serviçio
en nuestra merçed e voluntad es de saber commo Fernan Perez de Guzman
nuestro governador de la ysla de Gran Canaria ha usado y exerçido el dicho
ofiçio de governaçion el tiempo que lo ha tenido e que hagan ante vos e los
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otros ofiçios la residençia que la ley fecha en las cortes de Toledo en tal caso
manda; por ende por esta nuestra carta vos mandamos que vayades a la di-
cha ysla e tomeys en vos las varas de la governaçion e alcaldia e alguazilasgo
de la dicha ysla, e asy tomadas e resçebidas, tomeys e resçebays del dicho
Hernan Perez de Guzman nuestro governador e de sus ofiçiales la dicha
resydençia por el termino de treynta dias segund que la ley lo dispone ... e
conplidos los dichos treynta dias de la dicha residençia enbialdo ante nos con
la ynformaçion que ovieredes tomado de commo el dicho nuestro governador
e sus ofiçiales han usado del dicho ofiçio de governaçion dentro de otros
çient dias, ...
DOCUMENTO 13. Nombramiento de Diego de Herrera como Juez de re-
sidencia de Gran Canaria.
1523. Agosto, 20. Valladolid.
AGS, RGS, agosto de 1523.
Inédito. Transcripción del original microfilmado.
Don Carlos etcetera, a vos el bachiller Diego de Herrera, salud e gracia;
sepades que en algunas cosas cunplideras a nuestro serviçio nuestra merçed
y voluntad es de saber commo Pero Suarez de Castilla nuestro governador de
la ysla de Gran Canaria a usado y exerçido el dicho ofiçio de governaçion el
tiempo que lo a tenido e que ante vos a el y sus ofiçiales hagan la residençia
que la ley echa en las Cortes de Toledo en tal caso manda; por ende por esta
nuestra carta vos mandamos vayais luego a la dicha ysla de Gran Canarya y
tomeys en vos las varas de governador e alcaldias e alguazilazgos de la dicha
ysla e ansi tenidas reçebidas tomeys e reçibays del dicho Pero Suarez de Catilla
nuestro governador y de sus ofiçiales la dicha residençia por termino de treynta
dias segund que la dicha ley lo dispone ... e otrosy tomad y reçebid las cuen-
tas de los propios e rentas repartimientos que en la dicha ysla çiudad villas y
lugares de la dicha ysla se an echado y gastado despues que la mandemos
tomar e reçeuir y fueron tomadas y reçibidas y enbialdo todo ante nos con la
ynformaçion que ovierdes tomado de commo al dicho Pero Suarez de Castilla
nuestro governador y sus ofiçiales an usado el dicho ofiçio de governaçion
dentro de seys meses ... vos entreguen las varas de la nuestra justiçias e
alcaldyas e alguazilasgos de la çiudad y villas y lugares de la dicha ysla de
Gran Canarya para que vos las tengades e usedes dellas durante el dicho
tiempo de la dicha residençia y despues hasta tenido que proveamos del dicho
ofiçio de governaçion a quien nuestra merçed y voluntad fuere…
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DOCUMENTO 14. Nombramiento de Pedro de Zúñiga como Gobernador
de Gran Canaria.
1524. Enero, 1. Pamplona.
AGS, RGS, enero de 1524.
Inédito. Transcripción del original microfilmado.
Don Carlos por la graçia de Dios Rey de romanus sennor semper augusto,
Donna Juana su madre y el mismo Don Carlos por la misma graçia reyes de
Castilla, etc, a vos los conçejos, justiçia, regidores, caualleros, escuderos,
ofiçiales y omes buenos de la çibdad de Gran Canaria e villas e lugares de la
dicha ysla, salud e graçia; sepades que nos, entendiendo por cunplidero a
nuestro serviçio y a la execuçion de la nuestra justiçia y a la paz y sosiego
desa dicha çibdad villas e lugares de la dicha ysla, nuestra merçed y boluntad
es que Pedro de Çuniga nuestro criado tenga por nos el ofiçio de juzgado e
governaçion desa dicha ysla por tiempo de un anno primero siguiente conta-
do desde el dia que por vosotros fuere reçibido al dicho ofiçio hasta ser
cunplido, ... e otrosy mandamos al dicho nuestro governador que durante el
tiempo que toviere el dicho ofiçio tenga mucho cuydado e deligençia en que
se guarde e haga guardar las bulas de nuestro muy Santo Padre que dispone
sobre el abito e tonsura que han de traer los clerigos de coronna de estos
nuestros reynos y sennorios asy los que son conjugados como los que no fueren
conjugados y la declaraçion que sobre ello fue fecha por los perlados destos
nuestros reinos y tengan manera con el obispo o provisor desa dicha çibdad e
ysla que haga publicar las dichas bulas los tres domingos primeros de la
quaresma publicamente segun y como en las dichas bulas y declaraçion se
contiene ... e otrosy mandamos al dicho nuestro governador que haga resydençia
a Diego de Herrera nuestro governador que fue de la dicha ysla e sus ofiçiales
por termino de quinze dias primeros siguientes segund se guarda la ley fecha
en las cortes de Toledo lo dispone e cunpla de justiçia lo que dellos oviere
querellosos, sentençiando las dichas cavsas syn las remitir ante los del nuestro
Consejo salbo las causas que por los capitulos de los juezes de resydençia e
los mandamos remitir, la qual dicha resydençia mandamos al dicho Diego de
Herrera e a sus ofiçiales que hagan ante el dicho nuestro governador segund
dicho es; ... otrosy mandamos al dicho nuestro governador que tenga espeçial
cuydado e deligençia para que se guarden e cunplan las cartas e sobrecartas
que mandamos dar para que los regidores e otros ofiçiales de Conçejo no
biban con sennores e hagan sobre ello las diligençias nesçesarias…
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DOCUMENTO 15. Nombramiento de Juan Vázquez de Coronado como
Gobernador de Gran Canaria.
1525. Agosto, 21. Toledo.
AGS, RGS, agosto de 1525.
Inédito. Transcripción del original microfilmado.
Don Carlos e donna Juana, etc. A vos el governador Juan Vasques, caualleros,
escuderos, ofiçiales e omnes buenos de la ysla de la Grand Canaria, salud e
graçia; sepades que nos, entendiendo ser conplidero a nuestro serviçio e a la
execucion de la nuestra justiçia e a la paz e sosyego de esa dicha ysla e su
tierra e partido, nuestra merçed e voluntad es que Juan Basques Coronado
tenga por mi el ofiçio de governaçion e jusgado de esa dicha ysla e su tierra
por tiempo de un anno conplido primero syguiente, contado desde el dia que
por vosotros fuere resçebido al dicho ofiçio fasta ser conplido ... por quanto
cunple a nuestro serviçio que el dicho Juan Basques Coronado tenga el dicho
ofiçio por el dicho un anno no enbargante qualesquier estatutos e costumbres
que çerca dello tengades por esta nuestra carta mandamos a qualesquier per-
sona o personas que tiene las varas de la nuestra justiçia e de los dichos
ofiçios de alcaldia e alguasilasgo de esa dicha ysla e su tierra que luego las
den e entreguen al dicho nuestro governador ... otrosi vos mandamos que al
tiempo que resçibierdes por nuestro governador de esa dicha ysla al dicho
Juan Basques Coronado tomedes e reçibades del fianças llanas e abonadas
que hara la residençia que las leyes de nuestros reynos mandan que resydera
en el dicho ofiçio el tiempo que es obligado syn haser absençia alguna por
alguna cabsa que sea…con la pena de una dobla de oro por cada un dia de
las que hiziere de absençia del dicho ofiçio ... otrosi mandamos al dicho nues-
tro governador que resçiba resydençia del liçençiado Diego de Herrera nues-
tro juez de resydençia que fue de esa dicha ysla e de sus ofiçiales por termino
de treynta dias primeros syguientes segund que la ley fecha en las cortes de
Toledo lo disponen e cunpla de justiçia a los que dellos oviere querellados
sentençiando las dichas cabsas syn las remitir ante los del nuestro Consejo
salvo las cabsas que por los capitulos de los juezes de resydençia e leyes del
reyno se permitan...
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