XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia.
Departamento de Historia de
la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, 2013.
La huelga de Fabril Financiera.
Arrosagaray y Enrique.
Cita:
Arrosagaray y Enrique (2013). La huelga de Fabril Financiera. XIV
Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia. Departamento de
Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de
Cuyo, Mendoza.
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LA HUELGA DE FABRIL FINANCIERA
Ariel Patitucci, Asociación de Historia Oral de Avellaneda, [email protected]
Enrique Arrosagaray, Asociación de Historia Oral de Avellaneda,
[email protected]La Compañía General Fabril Financiera, uno de los más grandes talleres gráficos que
hubo en nuestro país, tenía una planta en el barrio porteño de Barracas, a pocas cuadras
del Riachuelo.
En la década del 60 –es decir hace medio siglo- trabajaban allí algo más de mil
trabajadores y buena parte de ellos tenían tareas muy especializadas ya que el oficio
gráfico siempre requirió incluso, de artesanos muy calificados.
Esa década fue partida por el golpe de estado de la “Revolución Argentina”, proceso
dictatorial que arranca cuando un sector cívico-militar derroca al presidente
constitucional Arturo Illia e instala como presidente a un oficial de caballería llamado
Juan Carlos Onganía.
Esta dictadura rápidamente generó mucho odio de parte del pueblo argentino y muchos
miles fueron lanzándose a la lucha desde sus propios lugares de trabajo, de vivienda y
de estudio. Las causas principales de este odio masivo fue generado por algunas de las
primerísimas medidas que esa dictadura implementó. Sólo por mencionar algunas:
erradicación de villas miserias (pasaron topadoras por numerosas villas dejando sin
opción a miles de familias), racionalización de los ferrocarriles (echaron miles de
trabajadores ferroviarios), similares medidas en el Puerto de Buenos Aires e
intervención de Universidades. Al mismo tiempo, fomentaron la aceleración de la
penetración de los grandes monopolios imperialistas en las principales ramas de la
producción.
A la pelea que le plantearon miles y miles de ciudadanos, la dictadura contestó con su
naturaleza más pura: represión. En vez de amilanarse, el pueblo argentino levantó la
apuesta y creció en convicción, en lucha y en organización. Cualquier pelea económica
y reivindicativa, sumaba la consigna contra la dictadura.
El millar de trabajadores de Fabril Financiera pertenecía al gremio gráfico. La
Asociación Gráfica Argentina, dirigida en aquellos días por Raimundo Ongaro –hasta
hoy-, era la fuerza principal de la CGT de los Argentinos, flamante central que
rivalizaba derechos de representación de los trabajadores con la CGT tradicional, que
negociaba con la dictadura. Parte de sus dirigentes habían estado trenzados en las tareas
golpistas meses antes.
Esa ruptura de la CGT ocurrió a fines de marzo de 1968.
Para hacer una mirada sintética del conflicto pero al mismo tiempo bastante completa, a
este trabajo lo construimos en base a tres entrevistas. Una de ellas a Roberto Montes, un
hombre que trabajaba en Fabril en la época del conflicto y que formaba parte de la
Comisión Interna -le llamaban Secretariado-; otra entrevista es a Guillermo Quevedo
quien entró a trabajar en Fabril varios meses después de terminado el conflicto y con él
tenemos la mirada, desde adentro, de cómo quedaron sus trabajadores luego de tanto
esfuerzo; Eduardo Pérez, el tercero, nos da una mirada desde el Sindicato, pero
aclaramos, por si se piensa que es una mirada “burocrática”, que por el contrario, es el
comentario de un hombre que desde muy joven estuvo comprometido con las luchas
obreras y políticas más duras. Ubicamos las tres entrevistas una a continuación de la
otra, sin intercalar opiniones de uno en medio de lo contado por otro, porque
entendemos que cada una tiene una unidad tal, que conviene no alterar dicha unidad.
El conflicto en la empresa Fabril Financiera comenzó como respuesta obrera a la
decisión patronal de echar a algunos trabajadores. Ante esta actitud patronal, la
conducción gremial de aquel millar de obreros decidió entrar en huelga exigiendo la
reincorporación de sus compañeros.
Era el día 15 de Enero de 1969.
¿Recuerda a quiénes echa la patronal?
Montes: Echaron como a setenta trabajadores. Eran compañeros que habían tenido
algún papel anteriormente o algunos militantes. Pero no eran del Secretariado. Al
Secretariado y a los delegados de ese momento, no los tocaron. Fue una provocación.
¿Cómo fue que se tomó la decisión de ir al paro?
Montes: Nosotros veníamos viendo que la cosa se ponía complicada. A nivel nacional
con la dictadura de Onganía y en todos los planos. Veníamos viendo pero el momento
clave fue ante esos despidos. La asamblea que hicimos en Gráficos, ahí discutimos el
tema, una asamblea grande fue la que decidió ir al paro hasta la reincorporación de
todos los compañeros.
¿De inicio se planteó que la huelga sería por tiempo indeterminado?
Montes: Tené presente que para nosotros el conflicto empieza en Mayo cuando Fabril
adhiere al plan de Krieger Vasena1, entusiastamente; porque para ellos implicaba, sin
erogación, aumentar la explotación, la ganancia, y con ese dinero, no sé, pensarían
comprar máquinas. Eso nunca llegó a concretarse porque, por ejemplo, la empresa se
comprometía a imprimir la revista tal pero no llegaba a hacerlo, entonces arreglaba con
un taller de afuera para que la haga pero íbamos nosotros a hablar con aquella gente
para que no la haga y no la imprimían. Entonces, empezaron a mandar a Chile, pero
nosotros mandamos delegados a la Central Obrera Chilena y no la hacían. Con el
Uruguay también, por solidaridad obrera. Entonces, comenzó eso de la tercerización:
jefes de Fabril montaron talleres, se llevaron gente y mientras había huelga en Fabril,
ellos trabajaban en el taller del jefe. Pasó con la parte de Encuadernación, pasó con la
parte de Composición y Armado; y cuando terminó la huelga, eso tuvo continuidad,
esos talleres siguieron. Ahí se comenzaron a desinflar los grandes talleres. La
tercerización, los scanner y todo eso.
En un párrafo, Montes pretende contar la historia completa del período en forma
demasiado sintética. Por eso somos nosotros los que le pedimos que desacelere el relato
así abrimos el período y escarbamos en algunos aspectos de la manera más ordenada
posible.
Roberto Montes había comenzado a trabajar en Fabril algunos años antes pero
acumulaba experiencias previas y útiles. Nacido en 1942, conocía el paño de los
conflictos.
Montes: Empecé a trabajar cuando tendría 16 años, en el año 1957, muy chico. Época
1 Adalbert Krieger Vasena fue Ministro de Economía durante varios años de esa dictadura.
de Frondizi, para ubicarse. Estudiaba de noche en Sarandí, en el José Hernández, un
colegio muy interesante. Plena época de la revolución cubana, se empezó a mover toda
la militancia estudiantil, estaba muy activa la Federación Juvenil Comunista (FJC). Yo
formaba parte de un grupo anarquista, éramos cuatro locos... –se sonríe con ternura de
aquella experiencia-. Yo trabajaba como obrero y era, por tradición familiar, peronista.
Pero intelectualmente, cuando apenas empiezo a estudiar, conozco ahí a un tal Obdulio;
él era anarquista. Me prestaba libros, yo leía. Obdulio era mucho más grande que yo.
Con el tiempo fui volviendo al peronismo porque vi lo inviable de las ideas anarquistas.
Me fui metiendo en los temas de la fábrica con alguna experiencia ya como dirigente
estudiantil... –en la fábrica-, escuchaban mis opiniones sobre las cuestiones económicas,
sobre la burocracia y en un momento, aparecieron votaciones ¡¡y me sorprendieron con
una cantidad de votos!! Estaba en una sección de cincuenta y pico de personas y me
votaron casi cincuenta. A mí me pareció un exceso, además era muy jóven en relación a
los delegados que eran todos más grandes; yo tendría 25 años. Y luego me votaron para
el Secretariado. Entré como Adjunto, no me acuerdo, y poco después Secretario General
–de la Comisión Interna de esa planta-. Vino Illia, después Onganía, yo siempre
delegado; en ese momento se estaba formando la Lista Verde de los gráficos, o mejor
dicho la Lista Verde ya estaba pero se estaba gestando lo que iba a ser la CGT de los
Argentinos. El Programa de la CGT de los Argentinos recogió todo lo que podíamos ser
y no éramos.
Esta última es una definición contundente sobre aquél Programa. Opinión compartida
por muchos miles de trabajadores en aquella coyuntura: casi todo lo opositor a la
dictadura se nucleó con o cerca de la CGT de los Argentinos. Surgían también
posiciones más definidamente clasistas sobre todo en las plantas mecánicas de Córdoba
–Perdriel, Ika-Renault, Fiat, Grandes Motores Diesel, Perkins, etc- y en la histórica
fábrica de aviones, Dinfia, estatal, que construía también coches, motos, cocinas y todo
lo que uno pudiera imaginar.
Vemos entonces que Montes estaba a la cabeza de la Comisón Interna de la planta
cuando se desata y desarrolla el conflicto.
¿Quiénes eran sus compañeros de Comisión Interna?
Montes: Como te dije, yo era el secretario general del Secretariado. Mi Adjunto era
José Ramón Oriol, que venía de Cristianismo y Revolución, la fuerza de García
Elorrio2. Había estado José Villaflor pero yo ya lo había mandado para ese momento a
la Federación, era prosecretario; en Organización estaba González, un muchacho que
era de Lanús. También estaba el gallego Fernández quien después, con el tiempo, se
ubicó en el menemismo capitalino con toda la furia -con gestos explica que aún no lo
entiende-. Estaba Guiraldez, pobre, que se mató en un accidente de ruta por Bragado
justo en los meses de huelga, y ... -siente la necesidad de aclarar, de describir cómo era
la vida en la planta para aclarar eso de una provocación- Nosotros trabajábamos con las
chapas contra una luz fuerte que nos venía desde abajo, de la mesa. Ahí, en ese
contraluz, hacíamos los retoques necesarios. Pero de las tremendas ventanas de la
planta, a determinada hora entraba un sol fuerte que se reflejaba en las chapas y nos
dejaba los ojos ardiendo. Entonces, logramos que la empresa pusiera unas cortinas
negras que eran como unos telones. Así le decíamos nosotros: telones negros. Una
vuelta Reguero, un milico de los varios que la empresa había tomado para poner orden,
se mete en la sección y dice en vos alta, ¡para mañana me sacan todos esos telones...!,
y cuando alguno de nosotros lo encaraba y le comenzaba a explicar que los telones son
para... el tipo, como buen milico, pegaba los tacos y giraba, se iba. Esas provocaciones
nos hacían ¡para que saltemos!
Entendido lo de las provocaciones, avanzamos hacia el tema de la organización obrera
dentro de la planta y el inicio de la huelga.
¿Había una relación dinámica entre la Comisión Interna y el Cuerpo de
Delegados?
Montes: Sí porque el Secretariado había sido elegido por el Cuerpo de Delegados.
Teníamos un limite para delegados, podíamos llegar a 33 delegados. Bueno, en reunión
de esos 33 delegados se elegía el Secretariado.
¿Hubo unanimidad entre los integrantes de la Comisión Interna antes y durante el
conflicto?
Montes: Sí. Nosotros teníamos claro que cuando tomábamos una medida de fuerza, era
para ir a fondo.
Pero ¿cómo empezó la huelga?, porque alguien tiene que haber....
2 Juan García Elorrio dirigió la revista Cristianismo y Revolución.
Montes: ¡¡Noooo!! ¡La gente se daba cuenta! Si había en una máquina once
compañeros y un día vienen y dicen usted no, usted no... quedan tres solos y los tres
solos tienen que hacer el laburo de los once. ¿Vos creés que precisan que venga alguien
a decirles ¡miren que los están explotando!? Pero no era solo eso: una máquina que
sacaba diez mil ejemplares por hora ¡se la mandaban a quince mil! No tenían tiempo de
comer, no tenían tiempo de ir al baño, tenían terror de perder el trabajo. Cuando se
fueron dando cuenta de que era inútil doblegarse, de que se iban perdiendo las
conquistas... Te quitaban el ayudante de máquina y tenías que ensuciarte la manos hasta
los codos con tinta cuando eras el capitán del barco ¿Entendés lo que te digo?
Los capitanes de los barcos, es decir los obreros más experimientados, a cargo de las
principales y más costosas máquinas impresoras, y en gran medida responsables de que
la producción saliera bien, fueron acosados por la patronal hasta límites intolerables,
sobre todo, como queda dicho, en los ritmos de producción y en la cantidad de
trabajadores por máquina. Si los capitanes fueron a la huelga, se puede suponer
fácilmente que los que tenían menos que perder, fueron a la huelga aún con más
decisión y audacia.
¿Cuánto dura la huelga?
Montes: Cuatro meses y medio. La consigna era las huelgas no se levantan. Nosotros
no queríamos la huelga, queríamos negociar pero una vez que vino el zarpazo, fuimos a
la huelga y no la queríamos levantar más. Ellos no daban marcha atrás, nosotros
tampoco. ¡Hasta el agotamiento! Fijate cómo quedó la empresa después: no se levantó
más. Como la guerra de la Triple Alianza ¿viste? Los tres que pelearon quedaron
endeudados hasta acá –hace una raya horizotal con el índice en su frente- con
Inglaterra.
¿El conflicto quedó dentro de la planta?
Montes: No. Hicimos una vez una movilización en San Justo y me acuerdo que al lado
mío, marchando, estaba el diputado Coral. Vos íbas a una movilización y encontrabas
metalúrgicos, gráficos, se sumaban todos aunque las direcciones de los gremios no se
sumaran. ¡Se sumaban las Agrupaciones! ¿me entendés?
Hicimos una movilización muy grande en Avellaneda, ahí estuvo Rolando Villaflor...
ellos hicieron una especie de maniobra de distracción, fueron por la calle Lavalle
tirando petardos y cuando la policía rajó para aquél lado, hicimos la manifestación en
Maipú y Belgrano. ¡Eran relámpago! ¡Porque venían y te cagaban a palos! No había
tanta fábrica ya en Avellaneda, pero los metalúrgicos se sumaban con nosotros, tenías
Siam Electrodoméstica... Pero fábricas grandes como Campomar, textil, y otras, ya no
estaban más.
Hablar de una huelga de alrededor de cuatro meses por parte de un millar de
trabajadores de una planta, en casi inédito. Habría que revisar en la historia nacional e
internacional y no aparecerán muchos casos de huelgas tan extendidas en el tiempo. Y
no es secundario decir que fue durante una dictadura militar.
El Secretariado de los obreros de Fabril Financiera estaba absolutamente enrolado con
la conducción de la Federación Gráfica y en esa coyuntura, con la CGT de los
Argentinos. A Montes le gusta decir que eran una misma cosa. Él tenía relación muy
cercana con todos y por supuesto con Raimundo Ongaro. Más arriba mencionó a algún
Villaflor; puntualmente a Rolando. Conoció también, aunque poco, a su hermano
Raimundo Villaflor, quien sería en breve, uno de los máximos dirigentes de las Fuerzas
Armadas Peronistas (FAP); y conoce también a Rodolfo Walsh.
Montes: Una vez me llama Raimundo -Ongaro- y me dice preciso que estos papeles le
lleguen a Walsh ¿te animás? Walsh estaba viviendo en la clandestinidad. Lo sabíamos.
Le dije que sí, que por supuesto. Bueno, me dice Ongaro, andá tal día a tal hora a El
Galeón, ahí va a estar él. Nunca volví ahí pero recuerdo que era una confitería sencilla,
alargada, sobre la avenida Santa Fe. Fui, estaba sentado en una mesa y parecía ...¡¡un
viejito!! Una gorra de esas de franela que usan los jubilados, los anteojos, así medio
encorvado ¡Parecía un viejito!
Abordamos con Montes y con los otros entrevistados, el tema de cómo terminó esa
larga huelga, si fue un triunfo o una derrota, definición aún polémica.
¿La huelga fue un fracaso?
Montes: Para nosotros no, por lo menos para los que estábamos en el plano dirigente.
Sabíamos que no se ganaba porque en la época de Onganía ellos no negociaban nada.
No había nada que ganar. Nosotros ganábamos algunas cosas dentro de la fábrica: ellos
nos quitaban algo y nosotros, con lucha, los hacíamos recular. La fuerza de los obreros
está más en la amenaza que en la concresión –una afirmación original-. Mientras vos
estás amenazando, amenazando y amenazando, el patrón negocia. En Fabril la patronal
se sentía respaldada por Onganía. Ellos decían: vamos a hacer esta patriada, lo
descabezamos a Ongaro, Onganía nos agradece, Krieger Vasena nos agradece porque
se lo sacamos del medio; Ongaro era el único opositor importante que tenía el gobierno.
El diario de la CGT de los Argentinos cada vez que salía le pinchaba algo, porque
Rodolfo Walsh en cada edición te denunciaba algo. Para ellos el éxito era reventarlo a
Raimundo; para nosotros el éxito era estar peleando hasta donde pudiéramos, hasta el
agotamiento. Sabíamos que no teníamos nada para ganar ¿Sí creíamos que nos iban a
aumentar el sueldo? ¿Si nos iban a devolver los puestos de trabajo? ¡En ningún lado!
Fijate lo que pasó en el Puerto: lo agarró a Eustaquio Tolosa, que era un dirigente
totalmente burocrático, y lo dejó en cana dos años. ¿Por qué surgió un Cordobazo?
Porque la gente no tenía nada que ganar ni nada que perder y entonces ¡salimos, flaco!.
Salimos porque nos tenés las pelotas llenas. No podíamos salir con una ametralladora
pero le tiraban con mesitas de luz. Es la primera vez en la República Argentina que
retrocede la Guardia de Infantería. Porque antes te mandaban la Guardía de Infantería,
con los caballos, con los cascos y ... –los trabajadores inevitablemente retrocedían-,
pero una viejita de ochenta años te tiraba una mesita de luz desde el octavo piso. Vos
podés tener el casco que quieras pero te tiran una mesita de luz desde un noveno piso y
te metió el casco hasta acá –se señala el cuello-. La gente estaba podrida.
Este concepto de que no había nada para perder ni nada para ganar, es por lo menos
discutible. Y aunque no sea más que una expresión absoluta acerca de temas que no son
absolutos -pues durante la vida de cualquier hombre siempre hay para ganar y siempre
hay para perder-, el hecho de poner en riesgo el puesto de trabajo, siempre ha sido una
decisión importante para cualquier trabajador y en cualquier coyuntura
Tras el conflicto ¿se hicieron listas negras?
Montes: Echaron doscientos ochenta y pico de compañeros. Obreros de veintipico de
años en la planta que había sido delegados, los echaron igual. La idea dominante en las
esferas del poder era que toda las culpas de todos los males... –las tenían los
trabajadores-. Como te digo, teníamos que seguir siendo dependientes. No querían
dejarnos desarrollar en nuestras potencias. Dos por tres teníamos un extrangulamiento
externo, teníamos que pedirle plata el Fondo Monetario, que crédito puente, que crédito
stand by. Todo verso y el país cada vez más endeudado y más obsoleto. Por ejemplo
estaba en vigencia el Plan Larkyn, que era de destrucción del sistema ferroviario
argentino...
Le preguntaba por las listas negras ....
Montes: Se hablaba, sí. Osiris Villegas, López Aufranc, se decía que tenían listas
negras y ahí estaría seguro Risieri Frondizi que después se dieron el lujo de matarlo.
Desde hoy, supone que esa huelga y otras de la época pueden haber sido
manipuladas para beneficiar a pujas internas dentro de las Fuerzas Armadas?
Montes: Eso se lo pueden preguntar a los muchachos del PCR3. Ellos tienen estudiado
ese tema en esa época.
¿Hubo algún tipo de represión dentro de la fábrica cuando reiniciaron el trabajo?
Montes: No, no. Cuando viene la revolución de Videla sí, porque secuestran gente de la
planta. El loco Veneziano; Magariños, que vivía en la calle paralela a Papelera
Argentina, en Wilde. Compañeros del Sindicato también, como Osvaldo Villaflor.
Osvaldo fue al exilio y Magariños, por mandarle ropa, lo desaparecieron porque en
realidad no era militante. Era un tipo que leía, nada más.
A modo de paréntesis, consultamos a Montes sobre una de las personas que menciona,
"el loco Veneziano" como lo cita él.
¿Victor Vicente Veneziano trabajó en Fabril?
Montes: Claro ¿lo conociste? El loco Víctor4 trabajaba en rotativas. Tengo una
anécdota con él... -sigue disfrutando aquella situación aunque fue incómoda-. Un día
me viene a ver, yo era el secretario general de ese Secretariado, y me dice que precisaba
un favor especial, me dice que no me podía contar por qué, pero que precisaba irse unos
3 Siglas de Partido Comunista Revolucionario quien, efectivamente, tiene estudiada la “interna militar”
en esa época.
4 Víctor Vicente Veneziano, nacido el 15 de diciembre de 1941, fue secuestrado en su casa de la calle
Comodoro Rivadavia, en Wilde, el 22 de diciembre de 1977. Investigadores como Roberto Baschetti
lo ubican como un militante de Montoneros; personalmente, estoy casi seguro de que no es así por lo
menos para la época de su secuestro. El día anterior había sido secuestrado su amigo Pablo de Pino, en
Quilmes, a quien algunos investigadores lo ubican como integrante del PRT.
días, sin goce de sueldo, y que podía argumentar que tenía que llevar a una sobrinita
down a no sé que lugar para que la vean no sé qué médicos... Yo le dije que con ese
argumento yo le conseguía esa licencia. Perfecto, se la consigo. A los días se me viene
el Jefe de Personal con un ejemplar de la revista "Así" ¿te acordás de esa revista?
Bueno, la abre y me muestra una foto. Estaba Isabel, al lado Brito Lima y del otro lado
el loco Víctor. ¡Y usted saca la cara por este tipo! me dice el Jefe. Lo echaron.
Guillermo Quevedo ingresa a trabajar en Fabril poco después de la huelga. Ahora tiene
cabello y bigotes entrecanos, es docente desde hace más de dos décadas y su rostro
mantiene huellas de una cicatriz que no se quiere ir del lateral externo de su órbita
izquierda. Pero en aquellos días, cuando arrancaba 1970, Quevedo era un muchacho de
apenas 18 años, con los hambres propios de un muchacho y de la época. Por eso se
encamina a Barracas y ahí, a los portones de Fabril Financiera.
Quevedo: Trabajé en Fabril desde Marzo de 1970 hasta Agosto de 1971. Tenía entre 18
y 19 años. Mi tarea era la de ayudante en una máquina de sacapruebas en offset. Desde
nuestra sección, el trabajo pasaba ya a las máquinas impresoras offset para hacer las
grandes tiradas de ese material.
Ese barrio porteño de Barracas eran muy importante desde el punto de vista
obrero ¿no?
Quevedo: Había una enorme cantidad de fábricas con una enorme cantidad de obreros.
A unas cinco o seis cuadras de Fabril, sobre la calle Patricios, estaba la planta de Noel;
y ahí por esas cuadras estaban las plantas de Alpargatas con unos diez mil obreros;
estaba Aguila Sainz, Canale, la Bagley. Para el lado de Constitución estaban los diarios:
Crónica, Clarín, La Razón, creo. Y en un panorama completamente distinto estaba la
Chrysler y la General Motors. Éstas, hacia la Vélez Sarsfield. Todas con mil
trabajadores para arriba.
¿Dónde estaba ubicada, exactamente, la planta de Fabril Financiera?
Quevedo: La entrada principal a Fabril estaba sobre la calle California y comprendía
una manzana encerrada por California, Vieytes, Iriarte y Herrera. Casi toda una enorme
manzana.
¿Cómo fue que ingresó a Fabril?
Quevedo: ...por un aviso en el diario, y fui a ver si conseguía el laburo. Pedían
aprendices, bueno, yo con 18 años... Pasé las distintas pruebas, una era sobre colores,
me acuerdo. Ese día fue una de las dos únicas veces que entré por esa puerta principal,
la otra vez fue cuando me despidieron –se sonríe-, cuando venía la elección de
delegados y yo me había postulado. La patronal consideró que no era grata mi presencia
–se sigue riendo y cuenta-, ese día fui a buscar mi tarjeta en la entrada de siempre y no
estaba. Y mmmmm, eso ya indicaba...
¿Cómo eran los turnos de trabajo?
Quevedo: Entrábamos menos cinco. No a las seis de la mañana o a la una y media –
turno tarde- sino cinco minutos antes. Si llegabas y 56 ya era tarde, te descontaban y te
llamaban la atención. Y a la salida había un relojito Cronos, que era muy común en esa
época en las fábricas, que cuando íbamos saliendo, en algún momento sonaba cada
tanto por casualidad o por orden de alguien, no sé, y entonces te pasaban a un cuartito y
te revisaban....-piensa en la intensidad de esa revisación- de acuerdo a cómo estaban los
ánimos.
¿Cuál era la competencia industrial de Fabril?
Quevedo: Antes de que yo trabajara allí, había una empresa como Codex que era una
editorial y también una empresa gráfica. Era muy importante. Fabril era el taller gráfico
más importante de América Latina, Codex no le estaba lejos. Había marcas.... –
ejemplifica lo de la competencia-, en Fabril se hacía la revista Goles, y en la
competencia estaba El Gráfico. Nosotros hacíamos Claudia y ellos, Vosotras. Después,
Billiken y ellos, Anteojito.
¿Qué le contaron sobre esa huelga, cuando ingresó?
Quevedo: Se la recordaba como a una huelga derrotada. ¡Tres meses y medio de
huelga! No es común que se mantengan huelgas por tres meses y medio. Asambleas,
movilizaciones, era la época de la dictadura de Onganía, había limitaciones en lo que se
podía hacer. Los compañeros me contaron ¡ninguno había sido carnero! –lo dice de
arranque y con énfasis y respeto-. Sentían un gran orgullo pero al mismo tiempo hablar
del tema les resultaba pesado. Había un compañero que por aquél entonces tenía la edad
que yo tengo ahora –unos sesenta años-, un hombre que había trabajado en la carne, en
la construcción, tenía unos cuantos años ya como para volver a tener que conseguir
trabajo, por más que por aquella época había mucho más trabajo. Se le iba a hacer
difícil conseguir un empleo estable. Me contó él que cuando entró a trabajar a Fabril, a
las dos o tres semanas se declara la huelga, enero de 1969, y se fue a la casa a las
puteadas, enojado. Le dijo a la señora qué hago ahora... Pero me dijo también que
pensó no fui carnero en toda mi vida, no voy a ser carnero ahora... Se metió en la
huelga y la familia que lo bancó. Era su orgullo.
Yo no recuerdo bien pero hubo momentos en que el gremio estuvo intervenido, que
Ongaro estuvo preso, no me acuerdo. Pero había alguna solidaridad, estuve en algunas
asambleas aunque no entendía mucho qué se discutía –su sinceridad lo sonroja un poco
pero la prefiere.
¡Entraron en la huelga y entraron! No sé con cuánto entusiasmo; el asunto es que la
hicieron... -y valora esta actitud por encima de cualquier otro aspecto.
¿Por qué la derrota?
Quevedo: Estaba la dictadura de Onganía entonces, cualquier tipo de solidaridad se
hacía más difícil. No recuerdo que haya habido un paro solidario de todo el gremio
gráfico. Hubo solidaridad de organizaciones de izquierda aunque, sacando a los que
estaban a favor de la dictadura, todos eran de izquierda... Y la fábrica –la patronal-
aguantó, aguantó y aguantó y un día mandan los telegramas para reincorporar e
imaginate, después de tres meses y medio de paro, llega el telegrama y muchos se
fueron incorporando. Ya en ese momento no sonaba a que se estaba rompiendo la
huelga sino que la huelga se estaba cayendo. Así recuerdo que me lo contaron. No
recuerdo que haya habido una asamblea que haya decidido levantar la huelga.
Durante la huelga ¿hubo gente que trabajaba dentro de la planta?
Quevedo: Sí había y eran muy despreciados. Me los marcaban con un gesto –gira la
mirada hacia un costado y hacia abajo, rápido, como que de los ojos lanzara una flecha
para señalar a un carnero- ¡ése!, me decían.
¿Cómo llegó a ver usted la figura de Ongaro?
Quevedo: Raimundo Ongaro encabezaba la CGTA y el gremio nuestro. La CGTA
funcionaba en la sede del nuestra Federación Gráfica Bonaerense, ahí en la calle Paseo
Colón, en donde sigue estando. Tenían un cañón en la puerta –risas y ojos muy
abiertos-. Y esa frase de San Martín instando a hacer la guerra: “pelearemos en pelotas
como...”, bueno, ahí estaba esa frase. ¡Impresionaba! Cuando nació, en el 68, era fuerte.
Y en el 69. Cuando yo entré en Fabril, en el 70, ya se había debilitado un poco. De
Ongaro se hablaba con respeto, con respeto... –indudable-. Pero lo que él decía ya no
era palabra santa. El tipo..., se decía habla Ongaro y .... –había que prestar atención
porque no era un charlatán-, habla Ongaro y te convence. ¡Un hombre que jugó un rol
importante!
¿Cómo funcionaban ustedes si el gremio estaba intervenido y no se podía hacer
nada?
Quevedo: Con todos los trabajadores echados, que eran los más claros, los que
dirigieron, quedaron en la fábrica obreros experimentados, comprometidos, que habían
parado, pero esa protección de ser delegado, no estaba. Tengo idea que había quedado
algún delegado por ahí pero no era muy confiable para los compañeros. Para fines del
70 o principios del 71, plaffff se forma otra Comisión Interna y comenzó a proyectarse
una elección de delegados. Las reuniones eran máquina a máquina porque una
característica que tenía Fabril era que, bueno, uno trabajaba ocho horas pero para que
no tuviera descanso, podía comerse un sánguche, sí; y tomarse un café, sí; pero en la
máquina. Luego, para evitar que los obreros se juntaran, redujeron el tiempo: vos
estabas siete horas y media en la fábrica, pero siempre en la máquina. Los tipos –la
patronal- tenían muy claro que la gente –los obreros- no tenían que reunirse. Las
conversaciones, antes, eran libres en la sección. Después de los rajes se podía conversar
... sólo en el baño. –con gestos explica lo limitado que era hablar entre ellos-. Igual, se
hablaba bastante de política, eh! Se hablaba bastante.
¿Sólo en el baño?
Quevedo: Sí, claro; uno dejaba que las conversaciones las guiarán los más viejo, uno
más nuevo –y con apenas 18 años- no podía ponerse a... Según el día de la semana,
estaría como tema el tema del fútbol, pero sobre todo cuando estaban ocurriendo
determinados acontecimientos, se hablaba de política, se hablaba de Perón, si había
alguna noticia sobre él.
¿Había controles internos?
Quevedo: Acordate que entré en el 70 y supongo que los controles se habían relajado
un poquito, pero no tanto porque por ejemplo, me echaron. Pero sí, se había relajado un
poquito ¡por ejemplo empezó a pasar el carrito! Y si pasaba el carrito con los sánguches
se suponía que uno podía pedirse un café con leche y retirarse unos minutos de la
máquina, aunque fuera a unos metros nada más. Pero había personal de Vigilancia que
caminaba, que se metía en los baños, que miraba quién estaba suelto. No se podía estar
charlando por los pasillos porque los de Vigilancia te marcaban y hacían el informe. Y
podías quedar afuera. Te citaban y tenías que dar una explicación, pero como toda
explicación, mejor es no tener que darla. Sin embargo, si te veían con un cigarrillo...
Eso estaba permitido nada más que en el baño. Pensá que la fábrica era un lugar repleto
de papel y solventes, por lo tanto no se podía fumar. Ahora es otra cosa: “área libre de
humo” y chau. En la planta había muchos tipos que estaban desesperados por fumar,
entonces, estaba permitido estar en el baño si tenías un pucho encendido. Era la forma
de conversar algo, salvo que tuvieran que ir a buscar algo a otra sección.
Como contaba Quevedo, hubo un momento en que comenzó a brotar una nueva
intención de los trabajadores por organizarse internamente.
¿Qué pasa cuando se queire presentar para delegado?
Quevedo: Había empezado a correr el entusiasmo, vos veías que se movía algo.
Estamos hablando, creo, de mediados de 1971. Se movía un poco más la política por
más que estuviera Lanusse. Se había dado el Cordobazo y tantas otras luchas por el país
y había repercusión por más que hubiera pasado lo que había pasado en la fábrica.
Además, había cosas propias a reclamar dentro de la planta, cosas de seguridad. Los
compañeros me propusieron y síííí... Hicimos una reunión, una pequeña asamblea,
hablamos, había acuerdo de mi candidatura a delegado y ... Pero fuimos un poco
ingenuos porque esas cosas hay que hacerlas más de sorpresa. No mostrarse interesado
sino aparecer como que uno no estaba interesado. Habían echado a algunos compañeros
e hicimos un paro de protesta en mi sección de quince minutos. La cosa no daba para
pelear por la reincorporación, pero hicimos eso, quince minutos de paro de protesta en
la sección. Aprendí en ese tiempo corto.... –no le alcanzan las palabras- porque el
compañerismo era enorme, el cuidado y en la enseñanza. Te enseñaban a trabajar sin
poner reservas. Podía haber celos, hacé esto, arreglate. No, no, te enseñaban y te
cuidaban –un pequeño carraspeo que hace de esa frase, una frase que encierra un
sentimiento profundo, de clase-; y cuando había gente que no era así, te avisaban,
guarda con fulano... ¡Pero uno tenía 19 años! –se ríe fuerte y quiere explicar con la risa
que apenas era un pibe y que era demasiado aprendisaje junto para asimilar
correctamente.
¿Qué es lo que se empezó a formar en la planta en ese momento?
Quevedo: Había dos delegados. Uno era compañero, el otro... ¡se reunía con el jefe!
Ése estaba en otra cosa. El otro, el compañero, trataba de hacer alguna cosa que sea en
beneficio de todos. Se habían perdido una cantidad de cosas, entonces, el objetivo era
recuperar algunas de esas cosas. Y que no hubiera persecuciones y que pudiéramos estar
en un clima más tranquilo. No había reuniones de delegados y asambleas, no, no había.
Yo sólo recuerdo una pequeña reunión, con unos quince compañeros de varias pequeñas
secciones, en la que se hablaron algunas cosas y se me mencionó a mí como para ser el
delegado... No había reuniones grandes porque al que sacaba la cabeza, se la cortaban.
Y esas cosas –los cortes de cabeza- quedaban un poco ocultas porque si echaban a un
compañero por la otra punta, vos no te enterabas.
¿Había presiones de tipo política?
Quevedo: ¿De esas presiones? ....vos ya sabías que no podías desplegar lo que sabías y
lo que querías. Ya sabías que no podías. No podías sacar una publicación porque te
echaban; y si no te echaban era para estudiarte a ver qué hacías. Porque trabajo de
inteligencia, hacían. Alcahuetes, tenían. Tenían un entramado importante en ese sentido.
Esas situaciones se dan hoy también, cuando la patronal detecta algo que no va.... –te
ponen en la mira.
Pudimos encontrar comentarios que indicaban que la empresa, cada día más, hacía
correr el rumor que tenía pérdidas y que por eso se encontraba en una encrucijada
financiera grave, que podía llevar al cierre. Lo consultamos con nuestro entrevistado.
¿La empresa decía que estaba trabajando a pérdida?
Quevedo: Siempre se traía el comentario de que había pérdidas. Sí, se comentaba, pero
no había precisiones. No había claridad, era como un fantasma. Se dice tal cosa... Y uno
no sabe si es para meter miedo, para ver cómo reacciona la gente. Cada tanto salía el
rumor de que había perdidas y saltaba uno que decía ¡no, qué va a haber pérdidas...!
Trabajar se trabajaba, eh, se trabajaba. Uno podía ver algún mes más flojo, pero no, se
trabajaba.
¿Quedó alguna enseñanza para usted y para sus compañeros?
Quevedo: Esa huelga conmovió. Llegó. No se generalizó pero fue un trueno grande
antes de las tormentas. Para todos. Y con proyección. Y para los que quedaron adentro
había un sentimiento de orgullo, solidaridad, de distancia para con el que estuvo
trabajando... Para mí fue un trabajo y una experiencia valiosa que siempre recuerdo.
Flaco como siempre, Eduardo Pérez tiene de gráfico casi más años que de vida.
Nacido en 1948 en el Delta del Tigre, desde muy pibe se vinculó al trabajo y a la
política. Empezó a trabajar por 1964, época de grandes tomas de fábricas, cuando
apenas andaba por los quince años; y la política, es decir, su incorporación a una
organización revolucionaria que acababa de nacer, aparece poco después.
Pérez: ...pero en el primer taller importante en el que trabajo es Codex. Era una de las
más grandes imprentas de la época. Mi aprendisaje de lo que era un gremio comienza
acá, en Codex. Para ese momento apenas había pasado el conflicto de Fabril pero lo
recuerdo y en su momento lo fui siguiendo porque ya estaba militando en lo que iba a
ser el Peronismo de Base, aunque todavía no lo era.
¿Recuerda las tomas del ´64?
Pérez: Sí claro, Fabril fue tomada en 1964. Las tomas del ´64 se dieron en el contexto
en el que Vandor intentaba tomar más peso en el movimiento obrero argentino. Había
asumido el 12 de Octubre de 1963 el doctor Arturo Illia como presidente; un hombre
que sube sin el apoyo de parte de su partido que desde el primer momento comienza a
trabajar para el golpe. Illia era un hombre honesto sin consenso en su partido. Con el
tiempo se fue valorando eso de que esa vez que vino Rockefeller para lograr que los
laboratorios norteamericanos entren al país para hacer con más facilidades sus
negocios, Illia le dijo señor, si yo voy a Estados Unidos, puedo... ¡Esta entrevista ha
terminado! Se va muy ofuscado Rockefeller y se olvida un gorrito con el que andaba,
para regocijo de los muchachos que andaban atrás de Illia, y de uno de ellos en
particular, Benito Urteaga, quien se juega al rato un partido de fútbol ¡con ese gorrito en
la cabeza!. Urteaga sería poco tiempo después uno de los dirigentes más importantes
del PRT5 y perdería la vida junto a Roberto Mario Santucho.
En Gráficos, esas tomas del ´64 se dan cuando la Lista Rosa es la principal fuerza
gremial. Riego Rivas dirigía la Lista Rosa y el gremio gráfico; en esa lista
predominaban los socialista y los anarcosindicalistas y Rivas, que no era vandorista
para nada, tenía llegada a Vandor e incluso llegó a ser Adjunto en la CGT, pero el
5 Sigla de Partido Revolucionario de los Trabajadores, que tenía un brazo armado, el Ejército
Revolucionario de los Trabajadores (ERP)
gremio en general no simpatizaba con Vandor. Once mil establecimientso tomados,
cientos de miles de obreros tomando sus lugares de trabajo... El mismo Vandor se
asustó de lo que había generado. ¿Te acordás de aquello de que para estar con Perón
hay que estar contra Perón?
La CGT quedó dividida, entonces. Por un lado las 62 de Pie con Alonso, un viejo
dirigente del gremio del vestido, al frente; y las 62, a secas, que respondían a Augusto
Timoteo Vandor...Vienen las tomas de ´64, Fabril es tomada por los trabajadores.
Vandor ya venía trabajando para el golpe de estado.
El golpe del 66 ¿se expresa dentro de la actividad gráfica?
Pérez: Sí, claro. El golpe del 66 contiene a varios sectores, los liberales, el
desarrollismo, por supuesto la oligarquía colorada del campo; como Ministro de
Economía ponen a Salimei, el de Sasetru, dura seis meses. Enseguida asume Adalbert
Krieger Vasena. Aún convivían liberales y desarrolistas. El conflicto de Fabril tiene que
ver con eso. Empiezan a entrar los tomatiempos, el taylorismo, la eficientización del
proceso industrial. En ese proceso de ajuste, hay despidos en Fabril, unos ochenta.
¿Cómo recuerda que actuó el gremio en aquél momento?
Pérez: ...-se ataja-, el gremio gráfico es difícil, son dos gremios en uno. Por un lado está
el sector prensa, allí están los empleados de los grandes diarios, revistas; pensá que en
la juridicción de la Federación Gráfica estaban todos los diarios grandes del país Por
otro lado, el sector obra: son los que imprimen y hacer de todo, etiquetas, cajitas de
remedios, afiches, toda cuanta cosa impresa se consume, incluido los libros. Un paro
gráfico no se nota si salen los diarios. Le pueden faltar los estuches a Bagó para sus
remedios, pero si sigue saliendo Clarín, La Nación y Crónica ... –el paro no se nota-. Es
como con los paros de transporte que se notan inmediatamente. El gremio gráfico es
muy especial; además, el de Fabril fue un paro por tiempo indeterminado. No hay que
olvidarse que estábamos bajo una dictadura y que la pelea dentro de la CGT era muy
fuerte; pero solidaridad hubo, alguna huelga de hambre, el padre Luis 6 que trabajaba
como obrero en Atlántida... Los comentarios que dicen que la CGTA no apoyó, no son
ciertos, apoyó en todo lo que pudo. La CGT después de ... la muerte de Vandor, no
existió más. La CGTA, para mediados de 1970 no existía más. No es que hubo un
decreto para que dejara de existir, fue el proceso que la fue destruyendo.
6 Se refiere al padre Luis Sánchez, de la primera camada del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer
Mundo. Hoy sigue perteneciendo a la Parroquia Nuestra Señora del Valle, en Wilde.
También le pedimos a Eduardo Pérez que dé una opinión sobre el resultado final de esta
larga huelga aunque sabemos que de todos los hechos se puede y se debe aprender.
Sobre todo cuando hablamos de procesos de lucha tan ricos, contra una dictadura.
¿Fue un fracaso la huelga de Fabril?
Pérez: En general la izquierda le tiene pavura el término derrota. Para los compañeros
que fueron despedidos, fue una derrota; para el movimiento obrero fue una muestra de
resistencia a la avanzada patronal.
A mí me parece que no hay que sacar la conclusión de que si eso no da resultado, no lo
hagamos. ¿Lo otro da resultado? Lo otro es quedarse en la calle. Tal vez en otros
momentos –en otras coyunturas políticas- podemos por lo menos empatar. Para mí fue
una derrota, sí, una derrota. Tras la cuál hay que curarse las heridas. No es que la
solución es no pelear para no ser derrotado. Cuando termina el conflicto de los
petroleros –otro gran conflicto de la época- en el semanario de la CGTA, se analizaron
las enseñanzas de la derrota. Perdimos pero podemos aprender. En la clave que está
escrito parece de Walsh, pero no sé.
Si la conclusión es no te metas porque podés perder....- frunce nariz y labios,
desconfiando del consejo- ¡A nadie le gusta perder! Algunas veces toca perder pero no
por eso hay que dejar de luchar.
¿Qué recuerda que pasa luego del conflicto?
Pérez: Tras la derrota de Fabril o poco más, Ongaro cada vez está más solo al frente de
la CGTA, algunos gremios se van. No tiene afiliación a ninguna central.
Cuando se comienza a implementar el pacto de Gelbard, el gremio plantea una
recategorización porque la tecnología en avance había generado cambios. Era una
propuesta que se paraba en contra del pacto entre Rucci y Gelbard 7. El gremio
acompaña su propuesta con paros generales, con paros por zonas... -da la sensación que
describe un derrotero hacia una zona neblinoza; y salta al presente-. Hoy no hay
empresa gráfica que tenga más de 300 o 400 trabajadores, Clarín tiene algo más de
doscientos. A fines de los sesenta estamos hablando de Fabril con unos 1200, Codex
cerca de 2000, Peuser unos 4000... ¡El impacto tecnológico! Una de las cosas
7 El llamado Pacto Social firmado por el gobierno, encarnado en ese punto por su Ministro de
Economía Jose Ber Gelbard, y por la CGT con José Ignacio Rucci como su secretario general, fue
firmado en Junio de 1973.
respetadas de Fabril era que cuando un tipo buscaba laburo y decía que había trabajado
en Fabril, era mirado como que sabía del oficio ¡Respeto!