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18/12/22 02:24 a. m.

SUMARIO

Introducción................................................................................................................................

I. EL CONCILIO VATICANO II Y LA RESTAURACIÓN


DEL CATECUMENADO..............................................................................

1. La restauración del Catecumenado en los textos conciliares .............................

a) Constitución Sacrosanctum concilium.................................................... .....


b) Constitución Lumen gentium.......................................................................
c) Decreto conciliar Christus Dominus............................................................
d) Decreto conciliar Presbiterorum ordinis.....................................................
e) Decreto conciliar Ad gentes...........................................................................

2. Primera etapa: la pastoral catecumenal y pequeñsa comunidades en el inmeditato


postconcilio (1965-1975)

a) K. Rahner: Una nueva imagen de Iglesia (1966).........................................


b) El Consilium de Liturgia (1966)..................................................................
c) En Medellín (1968)......................................................................................
d) En el Directorio de Pastoral Catequética (1971)........................................
e) El Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (1972)...............................
f) La praxis neocatecumenal y el Cap. IVº del RICA (1973)...........................
g) En el Sínodo sobre Evangelización (1974)..................................................
Síntesis teológico-pastoral...............................................................................

3. Segunda etapa: La pastoral catecumenal y pequeñas comunidades en el decenio


crítico (1975-1985)

a) En Evangelii nuntiandi (1975).....................................................................


b) En Catechesi Tradendae (1977)..................................................................
c) En Puebla (1979).........................................................................................
d) El Código de Derecho Canónico (1983)......................................................
e) En el Sínodo-Extraordinario (1985).............................................................
Síntesis teológico-pastoral................................................................................

4. Tercera etapa: La pastoral catecumenal y pequeñas comunidades bajo el horizonte


de la Nueva Evangelización (1985-1995)

a) VI Simposio de los obispos de Europa (1985).............................................


b) En Christifideles laici (1989)......................................................................
c) En Redemptoris missio (1991)......................................................................
d) En Asamblea para Europa del Sínodo de los obispos (1991)......................
e) El Catecismo de la Iglesia Católica (1992)..................................................
f) En Santo Domingo (1992).............................................................................
Síntesis teológico-pastoral.................................................................................

5. Cuarta etapa: La pastoral catecumenal y pequeñas comunidades en la perspectiva de


la Iniciación Cristiana (1995-2008)

a) Juan Pablo II, Vigilia de Pentecostés (1996)..................................................


b) El Directorio General para la Catequesis (1997).........................................
c) Juan Pablo II, Vigilia de Pentecostés (1998).................................................
d) Seminario sobre Movimientos Eclesiales y nuevas Comunidades
en la solicitud pastoral de los obispos (1999)..................................................
e) Juan Pablo II, Novo Millennio Ineunte (2001)........................................
f) Aprobación del Estatuto del Camino Neocatecumenal (2002)......................
g) Juan Pablo II, Exhortaciones apostólicas: Ecclesia in Europa
y Pastores gregis (2003)....................................................................................
h) CELAM, Documento “La Bienaparecida” (2007)
y) Aprobación definitiva del Estatuto del Camino Neocatecumenal (2008)
Síntesis teológico-pastoral................................................................................

6. De la restauración del Catecumenado en el Concilio a su configuración actual

a) Planteamientos catecumenales en la Iglesia del posvaticano II

1. Razones de un redescubrimiento
2. Catecumenado e iniciación cristiana

b) El Catecumenado, una institución fundamental en la historia de la Iglesia

1. Iglesia primitiva: el Catecumenado,un elemento esencial de la


iniciación
2. Siglos III-VI: Esplendor y decadencia del Catecumenado
3. Siglos VII-XX: Pervivencia histórica e intentos de renovación

c) Restauración del Catecumenado en la Iglesia actual

1. Ritual de la Iniciación cristiana de adultos (RICA)


2. Otros documentos posconciliares
3. Recepción del Catecumenado en diversas Iglesias

d) Por un redescubrimiento de la identidad del Catecumenado

1. Identidad del Catecumenado


2. Objetivos del Catecumenado
3. Notas esenciales del Catecumenado
4. Estructura del Catecumenado
5. Dinámica interna del Catecumenado
6. Catecumenado, neocatecumenados, procesos catecumenales
7. El Camino Neocatecumenal: “Catecumenado” con reconocimiento
eclesial
e) Retos actuales para la realización del Catecumenado

1. El problema radical es la iniciación


2. Nuevos dispositivos para un proyecto de iniciación cristiana
3. “Analogía catecumenal”: entre la expresión y el contenido
4. ¿Dónde está la comunidad? Relación Catecumenado – comunidad
5. ¿Quién puede hacer el Catecumenado? Capacidad catecumenal del
hombre actual
6. No es lo mismo catequesis de adultos que Catecumenado
7. Iniciación con Catecumenado e iniciaciones sin Catecumenado
8. Canto a la esperanza

7.Impulsar la pastoral catecumenal y comunitaria en la Iglesia hoy

1. Catecumenado para la evangelización


2. Comunidad cristiana para vivir la fe

II. EL RITUAL DE INICIACIÓN CRISTIANA DE ADULTOS (RICA):


UN CAMINO HACIA EL BAUTISMO POR ETAPAS

1. Líneas generales del RICA


2. Estructura de la Iniciación Cristiana de los Adultos
3. El itinerario catecumenal del Ritual
4. La aplicación del camino catecumenal por etapas a la Iniciación Cristiana de
Adultos bautizados

a) Las posibilidades que ofrece el RICA para un camino de reiniciación de los


bautizados
b) El Cap. IVº del RICA delinea concretamente la posibilidad de un camino de
reiniciación para los bautizados
c) El itinerario catecumenal para adultos bautizados: Configuración estructural

III. EL RITUAL DE INICIACIÓN CRISTIANA DE ADULTOS (RICA):


UN CAMINO HACIA EL BAUTISMO POR ETAPAS

1. Cap. IVº del RICA y el Neocatecumenado (1973)


2. Líneas generales del RICA
3. Estructura de la Iniciación Cristiana de los Adultos
4. El itinerario catecumenal del Ritual
5. La aplicación del camino catecumenal por etapas
a la Iniciación Cristiana de Adultos bautizados:

a) Las posibilidades que ofrece el RICA para un


camino de reiniciación de los bautizados
b) El Cap. IVº del RICA delinea concretamente
la posibilidad de un camino de reiniciación para
los bautizados
c) El itinerario catecumenal para adultos bautizados:
Configuración estructural

IV. EL RITUAL DE INICIACIÓN CRISTIANA DE ADULTOS


Y LA INICIACIÓN CRISTIANA EN EL NEOCATECUMENADO:
UNA APLICACIÓN PARA LA SITUACIÓN ACTUAL

1. Tiempos y grados en el itinerario catecumenal del RICA:

A) TIEMPOS:

1. El tiempo del Precatecumenado


2. El tiempo del Catecumenado
3. El tiempo Purificación e iluminación
4. El tiempo de la Mystagogia

B) GRADOS:

1. El Rito de Entrada en el Catecumenado


2. El Rito de la Elección
3. La celebración de los
Sacramentos de Iniciación

2. Etapas y Pasos en el Neocatecumenado:

A) ETAPAS:

1. Etapa Kerigmática
2. Etapa del Precatecumenado
3. Etapa de paso Neocatecumenado
4. Etapa del Neocatecumenado

a)Una catequesis apropiada que conduzca al


conocimiento sapiencial del misterio de la
salvación
b)Una ejercitación en la práctica de la vida
cristiana que exprese el cambio de mentalidad
y de costumbres
c ) Una iniciación a la oración y vida litúrgica
d)) Una iniciación en la actividad evangelizadora
de la Iglesia

5. Etapa de la Elección
6. Etapa del Neofitado

a) La escucha de la Palabra de Dios


b) La participación en la Eucaristía
c) La práctica del amor fraterno
B) PASOS:

1. Ritos de Entrada en el Neocatecumenado:

a) El Rito del Primer Escrutinio


b) La convivencia del Schemá
c) El rito del Segundo Escrutinio

2. Ritos del Neocatecumenado

a) Rito de la Entrega de la
Liturgia de las Horas
b) Rito la Traditio Symboli
c) Rito de la Redditio Symboli
d) Rito de la Entrega del Padrenuestro

3. El Rito de la Elección y la renovación


de las promesas bautismales

V. CONTENIDOS TEOLÓGICO-CATEQUÉTICOS DEL


NEOCATECUMENADO

1. La centralidad de la Palabra de Dios en la Iglesia

a) Importancia de la Palabra en la Iniciación Cristiana


b) Documentos donde se encuentran los referentes
de la Palabra
c) Contenidos fundamentales de la fe
d) Contenidos fundamentales de la fe en y para la
Iniciación Cristiana
e) Gradualidad en la transmisión de los contenidos
catequéticos

2. Escritura y Catequesis en el Neocatecumenado

a) Fuentes inspiradoras de los contenidos de fe en el


Neocatecumenado
b) Recepción de la Constitución Dei Verbum
c) Recepción del Catecismo de la Iglesia Católica
d) Recepción del Directorio General para la Catequesis

3. Contenidos bíblicos y catequéticos centrales en el


Neocatecumenado a través de sus etapas:

a) Escritura y catequesis en la etapa Kerigmática


b) Escritura y catequesis en el Precatecumenado
c) Escritura y catequesis en el paso al Neocatecumenado
d) Escritura y catequesis en el Neocatecumenado
e) Escritura y catequesis en el tiempo de la Elección
f) Escritura y catequesis en el tiempo del Neofitado

4. Articulación de los contenidos teológico-catequéticos del


Neocatecumenado:

a) Dimensión histórico-salvífica
b) Dimensión cristológica 242
c) Dimensión trinitaria 245
d) Dimensión pneumatológica 247
e) Dimensión eclesiológica 253
f) Dimensión mariológica 258
g) Dimensión litúrgico-sacramental 261
h) Dimensión moral 264
i) Dimensión antropológica 270
j) Dimensión social 277
k) Dimensión escatológica 280

5. El Neocatecumenado al servicio de la transformación de la


Parroquia en comunidad de comunidades 328

a) La Parroquia a la luz de la eclesiología de comunión:


1) La Parroquia, lugar de comunión
2) Raíces del moderno concepto de comunidad
330
3) Recuperación del carácter comunitario de la Parroquia 332

b) Dos eclesiologías en conflicto 334

1) La Parroquia totalizante 334


2) La Parroquia comunidad de comunidades 337

c) La espiritualidad de comunión como punto de partida


para solucionar los conflictos pastorales
d) Valoración de la dimensión comunional en las Comunidades
Neocatecumenales

VI. CONCLUSIONES FINALES


1. Valoración de los contenidos teológico-catequéticos del Neocatecumenado
2. Valoración de la praxis litúrgico-celebrativa en el Neocatecumenado
3. El Neocatecumenado como lugar teológico
4. Epílogo: Diez tesis para comprender la identidad del Neocatecumenado

SIGLAS.....................................................................................................................................
..
Introducción

Estimados alumnos, el curso que hoy iniciamos tiene por objetivo


acercarnos a la comprensión de una institución eclesial esencial para la vida de la
Iglesia, que llamamos CATECUMENADO. En el Concilio Vaticano II se pidió
su restauración. Han pasado 44 años desde esta petición conciliar y vamos a hacer
un viaje en el tiempo de la Iglesia para descubrir cómo el Espíritu Santo ha ido
“dando vida y forma” a este deseo de los padres conciliares. Analizaremos en el
primer Capítulo de nuestro curso, la recepción y evolución de la pastoral
catecumenal y comunitaria en el Magisterio de los tres últimos Papas (Pablo VI,
Juan Pablo II y Benedicto XVI) y del Episcopado de diversas naciones a lo largo
de estas cuatro décadas en la vida eclesial. Tomamos como punto de partida el
Concilio Vaticano II porque es en él donde se pide, para toda la Iglesia, la
restauración del Catecumenado (SC, nº 64), y es en el Vaticano II donde se ha
producido un giro copernicano en la comprensión de la Iglesia: ya no es percibida
como institución con un marcado peso clerical, sino como comunión,
comunidad1, es decir, fraternidad de hermanos que cree, celebra la Eucaristía,
vive la comunitariedad de la fe y de esta forma cercana es signo para los hombres
(lumen gentium y sacramento de salvación) en un lugar determinado (LG, nº 26;
SC, nnº 41-42). He aquí dos de las grandes novedades de más largo alcance del
Vaticano II.

En la Iglesia, en general, la aparición de catecumenados va pareja con la


creación de diversos modelos de comunidades cristianas, dentro o fuera del
ámbito parroquial. De ahí que el fenómeno catecumenal debe ser analizado junto
con el del nacimiento y expansión de las pequeñas comunidades cristianas. En
este primer Capítulo donde analizaremos todos los documentos que nos han
ayudado a la comprensión e identidad de ambas realidades (catecumenado y
comunidad cristiana) iré señalando por décadas (1965-1975; 1985-1995; 1995-
2008) los avances que se producen y los discernimientos que los propugnan. En
este primer Capítulo nos preguntaremos, también, si a la recuperación oficial
teórica del Catecumenado por el Vaticano II corresponde una recuperación real y

1
Entiendo por pequeña comunidad cristiana lo que afirman los obispos españoles: “Al hablar de comunidad
entendemos, por lo pronto, la comunidad eclesial inmediata, donde el creyente concreto nace y se educa en la fe.
No la podemos considerar aislada ni de la Iglesia universal ni de la Iglesia local diocesana que constituyen las
auténticas comunidades de referencia”. Cfr. COMISIÓN EPISCOPAL DE ENSEÑANZA Y CATEQUESIS, La
catequesis de comunidad (Madrid 1983), nº 255. En adelante citaremos este documento con las siglas CC.
pastoral del mismo; y si el lenguaje y las realizaciones “catecumenales” que hoy
se están dando salvan la identidad del mismo catecumenado, o si se manifiestan
variantes nuevas para las que es cuestionable el calificativo de “Catecumenado”
o “ Catecumenal”. Haremos una breve referencia a la historia del Catecumenado2,
por razones de comprensión del tema. Nuestro objetivo es presentar las líneas
generales de una recuperación oficial, y su recepción en una aplicación real, con
especial incidencia en el Camino Neocatecumenal3, y ofrecer asimismo algunos
principios de discernimiento crítico, señalando tanto las dificultades como las
posibilidades para una realización práctica4.

Como guía de lectura metodológica se ha de señalar que el estudio


realizado está contextualizado, eclesial y pastoralmente, en el marco de las
grandes orientaciones pastorales (sínodos, exhortaciones y planes pastorales, etc)
de la Iglesia universal5. Tal marco eclesial se torna imprescindible a la hora de
comprender este estudio diacrónico de la recepción realizada por nuestros
obispos en relación con el catecumenado y la pequeña comunidad cristiana. El
método de trabajo será por tanto teológico-pastoral; desde una perspectiva de
conjunto, nos permitirá descubrir los avances, acentos y orientaciones
fundamentales que a lo largo de cuatro décadas nuestros pastores han venido
ofreciendo a la Iglesia en sus diversos niveles de concreción eclesial (universal,
local y parroquial).

Al ser un estudio sobre la recepción y evolución del Catecumenado y de


la pequeña comunidad cristiana en el Magisterio de nuestros obispos en el
postconcilio, emplearemos también el método cronológico, teniendo muy
presentes estas coordenada históricas: Concilio Vaticano II y recepción del
evento conciliar en la Iglesia. El estudio diacrónico que hacemos está dividido en
cuatro etapas: 1ª) de 1965 a 1975; 2ª) de 1975 a 1985; 3ª) de 1985 a 1995; y,
cuarta de 1995 a 2008. Entiendo aquí estos períodos no en sentido estrictamente
cronológico, sino como una aproximación a décadas que ofrecen ciertos rasgos
significativos. Unas veces la exposición seguida de un tema me obligará a
extenderme más allá de las fechas previstas. En otras, durante el espacio
reservado a fechas posteriores hay que tratar un tema que se inició en años
anteriores. He querido tener muy presente que los estudios a los que en todo
momento hago referencia, estén muy pegados a la situación histórica. Ello nos

2
Cf. M. DUJARIER, Breve Historia del Catecumenado, Bilbao 1986; C. FLORISTÁN, Para comprender el
catecumenado, Estella 1989; RAMÓN DOMÍNGUEZ BALAGUER, Catequesis y liturgia en los Padres,
Salamanca 1988.
3
Cf. JUAN JOSÉ CALLES GARZÓN, Una forma de renovación del catecumenado: el Camino
Neocatecumenal (evolución, análisis, valoración), Universidad Pontificia de Salamanca 2005; ID., El Camino
Neocatecumenal: Un catecumenado parroquial, Salamanca 2007 (2ª ed.).
4
Cf. JESÚS ANDRÉS VELA, Reiniciación cristiana, Estella 1986; D. BOROBIO, Catecumenado para la
evangelización, Madrid 1997; ID., Catecumenado e iniciación cristiana, Barcelona 2007.
5
Cf. JUAN JOSÉ CALLES GARZÓN, Catecumenado y comunidad cristiana en el Episcopado español (1964-
2006), Universidad Pontificia de Salamanca 2006.
permite descubrir que la conciencia de los temas en el transcurso del devenir
histórico reclama necesariamente el paso del tiempo para la maduración
imprescindible de las realidades eclesiales y de las mismas proclamaciones
conciliares.

Con el fin de articular las intuiciones teológicas, catequéticas y pastorales


emergentes en la reflexión episcopal, será necesario tener en cuenta el criterio
sistemático. Nos permitirá mostrar cómo la recepción de ambas novedades
conciliares han ido evolucionando y madurando lentamente. A la luz de los
avances o retrocesos en la reflexión de nuestros obispos, iré señalando, al final de
cada una de las etapas señaladas, las síntesis teológico-pastorales más
significativas; nos ayudará ir descubriendo las intuiciones pastorales de cada
momento eclesial en su contexto histórico, los discernimientos más orientadores
y las indicaciones pastorales más incisivas en estas cuatro décadas. Así, de un
modo sistemático y sintético, podremos apreciar los avances que se producen, las
lentitudes que se detectan y la maduración progresiva de la teología, la pastoral y
la disciplina canónica en relación con el catecumenado y las pequeñas
comunidades cristianas.

El Ritual postconciliar más importante, por su transcendencia y


fecundidad, en palabras de no pocos teólogos pastoralistas, ha sido el <<Ritual
de Iniciación Cristiana de Adultos>> (= RICA). En él encontramos esbozado un
camino de iniciación cristiana hacia el bautismo por etapas recuperando la riqueza
teológico-pastoral, litúrgica y sacramental de la praxis de la Iglesia primitiva. Al
estudio de dicho ritual, dedicaremos el Capítulo 2º de nuestro curso.

El tercer Capítulo lo dedicaremos a mostrar cómo de hecho el Camino


Neocatecumenal hace una adaptación creativa y fecunda del RICA descubriendo
que nos encontramos con una concreción pastoral conseguida de un
Catecumenado postbautismal. Analizaremos las etapas y los pasos tal y como son
vividos por las Comunidades Neocatecumenales, y lo haremos desde una
metodología comparativa, en relación con el RICA; una mirada retrospectiva a
la historia de la Iglesia, a la praxis catecumenal de los primeros siglos; una
percepción que detecto en la sensibilidad eclesial de las cuatro últimas décadas
(1964-2008) que viene acentuando la necesidad de que los mismos cristianos
sean evangelizados. Tendré muy en cuenta la relectura que nuestros Obispos
hacen del RICA en los documentos de naturaleza catequética anteriormente
señalados; y por último, desde una verificación de la praxis neocatecumenal en la
redacción estatutaria del Camino Neocatecumenal.

En el Cuarto capítulo intentaremos acercarnos a esta realidad eclesial del


Neocatecumenado desde un método más crítico-sistemático, a fin de proyectar lo
que son sus aportaciones más logradas en relación con la Palabra de Dios (cómo
es acogida, transmitida, celebrada, estudiada, orada...). En la medida en que la
actividad esencial del tiempo neocatecumenal está dedicado a la catequesis,
mostraré qué lugar ocupa la Escritura y qué contenidos teológico- catequéticos se
transmiten a lo largo de todo el proceso de iniciación cristiana que se desarrolla
en este camino de maduración de la fe. Intentaré valorar estos contenidos desde
los referentes bíblicos, teológicos y de magisterio, en los que se expresa la esencia
de la fe cristiana. Asimismo, al final de este capítulo, dedico dos apartados a
valorar críticamente los aspectos más controvertidos del Neocatecumenado que
tienen que ver con la liturgia y la comunión eclesial. Respecto a las innovaciones
litúrgicas, defiendo que para someter a un juicio valorativo la praxis litúrgica
neocatecumenal hay que contextuarla históricamente en su génesis evolutiva, y
planteo que sigue siendo una cuestión abierta a nuevos pronunciamientos de la
autoridad competente dentro de la Iglesia. En relación con los conflictos de
comunión eclesial, considero que deben ser tratados en una equilibrada visión de
conjunto y desde la perspectiva de una eclesiología de comunión que esté
alentada por una pedagogía y espiritualidad de comunión, en la línea de lo
apuntado por el Juan Pablo II en Novo millennio ineunte, nnº 43-456.

Por último, en las conclusiones finales, sintetizo aquellas aportaciones más


sugerentes que la praxis neocatecumenal aporta hoy a la Iglesia en orden a una
adecuada pedagogía catecumenal. De ahí que una vez analizados los contenidos
bíblicos, catequéticos y teológicos centrales en el Neocatecumenado, tras haber
visto las fuentes desde las que se elaboran dichos contenidos (Escritura,
Tradición, Magisterio) y los materiales que se utilizan en la pedagogía catequética
del Neocatecumenado (Biblia, Diccionarios Bíblicos, RICA, textos de los Santos
Padres, obras de autores espirituales, documentos del Magisterio y de un modo
especial el Catecismo de la Iglesia Católica), resalto - con un método
comparativo- en qué medida la formación que se imparte en el Neocatecumenado
se ajusta a las orientaciones que la Iglesia pide hoy para formar desde una
pedagogía adulta, a los cristianos de las próximas generaciones..

A lo largo de toda esta exposición, la muestra comparativa con la que


confrontaré la praxis neocatecumenal no es otra que la de aquellos documentos
de la Iglesia que han abordado en su integridad la pastoral catequética en general
(Directorio General de Pastoral Catequética del ´71, Catecismo de la Iglesia
Católica y Directorio General para la Catequesis ´97), y la pastoral catecumenal
de un modo más específico (Catequesis de la Comunidad ´83, Catequesis de
Adultos ´90, La Iniciación Cristiana ´98, y Orientaciones pastorales para el
Catecumenado ´02). Los referentes principales con los que confronto la praxis
del Neocatecumenado son pues: la Escritura, la Tradición viva de la Iglesia, el

6
Cfr. JUAN PABLO II, Carta apostólica, Novo millennio ineunte, Ed, B.A.C, Madrid 2001.
Magisterio, los rituales litúrgicos y las orientaciones de nuestros Obispos
españoles -fundamentalmente- sobre la pastoral catecumenal.

Al final, el Anexo de “tablas de comprensión” ofrece, de modo sinóptico,


el alcance de este estudio comparativo de la praxis del Neocatecumenado en
relación con la praxis catecumenal de la Iglesia primitiva, el RICA y las
orientaciones de pastoral catecumenal que nos ofrecen nuestros Obispos. Esta
presentación sinóptica y comparativa nos facilitará la comprensión del desarrollo
argumental de la misma Disertación. Evidentemente, a la hora de valorar estas
“tablas sinópticas de comprensión”, habrá que tener muy en cuenta la distinta
naturaleza de los referentes comparativos. Habrá que tener muy en cuenta, lo que
es praxis celebrativa (la experiencia litúrgico-catequética de la Iglesia primitiva),
lo que son directrices y normativas rituales (RICA) y lo que son orientaciones de
tipo catequético y pastoral (documentos de los Obispos).

A lo largo del Curso, iremos mostrando, también, de un modo transversal,


cuál es la actualidad y verdad del Catecumenado en el momento actual de la
Iglesia, así como sus posibilidades de realización, resaltando cómo el Camino
Neocatecumenal ha hecho una recepción creativa, original y fecunda de la
identidad misma del Catecumenado y cómo su “reconocimiento oficial” ha
supuesto un “hito histórico” en la vida de la Iglesia: es la primera vez en la historia
de la Iglesia que un Catecumenado es discernido, acogido y ofrecido como “un
itinerario de formación católica, válida para la sociedad y para los tiempos de
hoy” (SCN, art. 1&1)7 y es “un instrumento al servicio de los Obispos también
para la iniciación cristiana de los no bautizados” (SCN, art. 24&1).

I. EL CONCILIO VATICANO II Y LA RESTAURACIÓN DEL


CATECUMENADO

7
Cf. Neocatechumenale iter Statuta, Bilbao 2002, p. 23.
El 16 de abril de 1962, seis meses antes de inaugurarse el Concilio8,
promulgaba la Sagrada Congregación de Ritos el Decreto mediante el cual se
instauraba un nuevo Ordo Baptismi adultorum9, y se restauraba el Rito Bautismal
Per Gradus, repartido en diversas etapas según la antigua tradición de la Iglesia.

La Constitución sobre la Sda. Liturgia pedía, dos años más tarde10, para el
bautismo de adultos, una vuelta al camino catecumenal por etapas y santificado
por ritos, que desembocase en los sacramentos de la iniciación. Era una
innovación sin precedentes por lo menos, en diez siglos en la pastoral de
iniciación de la Iglesia. Una innovación que suponía una vuelta a la edad de oro
de la Iglesia catecumenal. Volvía a tener carta de ciudadanía en la Iglesia el
concepto de una iniciación previa a los sacramentos, que avanza por etapas y es
consagrada por ritos.

Una vez clausurado el Concilio11, se empezaron a dar los primeros pasos


para llevar adelante la Reforma Litúrgica pedida en todos los campos de los
sacramentos por la Constitución. Se organizó un Consilium, el cual encomendó a
el Coetus XXII la tarea de reforma en el campo del Bautismo, tanto de adultos
como de niños12. Iniciándose así un largo camino hasta llegar al alumbramiento
del Ordo Initiationis Christianae Adultorum, que fue promulgado por la
Congregación para el Culto Divino el 6 de Enero de 197213.

Desde la promulgación del Ordo baptismi adultorum de 1962 hasta la


promulgación del OICA pasarían diez años. Fue esta, sin duda alguna, una década
de replanteamientos en los contenidos debido a un mejor conocimientos de los
8
La inauguración del Concilio tuvo lugar el 11 de octubre de 1962.

9
Es el Ordo Baptismi Adultorum per gradus Catechumenatus dispositus. Cfr. AAS, 30 de mayo, 54 (1962), pp.
310-338. Para un estudio en profundidad de este Ritual, ver A. LAURENTIN-M. DIJARIER, El Catecumenado:
fuentes neotestamentarias y patristicas. La reforma del Vaticano II, Bilbao 2002, pp. 383-546.

10
La votación final y la promulgación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia tuvo lugar el 4-XII- 1963, al
finalizar la 2ª Etapa conciliar. El 25 de Enero de 1964, por el motu propio Sacram liturgiam, se ponía en vigor la
Constitución y se creaba un Consejo para ejecutar su aplicación.

11
La ceremonia solemne de clausura del Concilio ecuménico, al aire libre, tuvo lugar en la plaza de San Pedro el
8 de Diciembre de 1965.

12
Como presidente del Coetus XXII fue elegido el profesor B. FISCHER, quien, en la segunda fase de los trabajos
de la preparación del OICA, pidió a J. CELLIER presidirlos, como secretario, más directamente encargado del
OICA, se pidió la colaboración del P. L. LIGIER, S.J., profesor de la Facultad de Teología de la Universidad
Gregoriana. Cfr. A. BUGNINI, La Riforma Liturgica (1948-1975), (Roma 1983), p. 570, Nota 1. La versión
castellana de esta obra lleva por título La reforma de la Liturgia 1948-1975 (Madrid 1999).

13
Cfr. Ordo initiationis christianae adultorum, (Roma 1972). Citamos este Ritual en su versión latina con las
siglas OICA.
catecumenados de la Iglesia primitiva, y de ensayos y experiencias en el campo
catequético y misional. "Unas líneas de trabajo -afirma M. Dujarier- fueron
propuestas por las comisiones competentes después de las consultas a las Iglesias.
El Consilium de Liturgia redactó primeramente en 1966 un proyecto de Ritual,
transmitido a diversas Iglesias del mundo para ser experimentado. Después del
examen de las respuestas, se formuló otro proyecto y fue comunicado en 1969
para obtener observaciones y sugerencias más abundantes. Y, a partir de las
respuestas enviadas a este segundo proyecto fue cuando se redactó el nuevo
Ritual de la iniciación cristiana de adultos"14.

La puesta en marcha del Catecumenado, como institución pastoral, tuvo


lugar antes del Concilio, aunque será en la Asamblea Conciliar dónde
oficialmente se pedirá su restauración oficial15. En Francia se restaura el
Catecumenado a partir de la experiencia de Lyon de 195216.

En los países de misión, sobre todo en África, las experiencias de


evangelización a través del Catecumenado habían comenzado a cosechar sus
frutos17. El religioso de los Padres Blancos, X. Seumois, presentó en el encuentro
internacional de pastoral litúrgica sobre la iniciación cristiana, celebrado en 1958
en Montserrat, una importante comunicación sobre el catecumenado, sólidamente
establecido en África por los seguidores del cardenal Lavigerie18. En enero de

14
El autor presenta una abundante bibliografía sobre el Catecumenado en general y de estudios particulares que
estuvieron en la base de los expertos encargados de hacer realidad su restauración tal y como pedía el Concilio
(SC nº 64). Cfr. Breve Historia del Catecumenado (Bilbao 1986), pp. 125-132.

15
Cfr. C. FLORISTÁN, Para comprender el Catecumenado, (Estela 1989), pp. 108-114. D. BOROBIO,
“Catecumenado”, en: C. FLORISTÁN- J.J. TAMAYO (eds.), Conceptos fundamentales de la pastoral (Madrid
1983), pp. 99-120; ID., Catecumenado para la evangelización (Madrid 1997).

16
Sobre la historia de la renovación en Francia: Vers un catécheménat d´adultes, en Documentation catéchistique
nº 37 (jul. 1957) que fue revisado y desarrollado en Problèmes du catéchumenat, suplemento de Catéchèse, París,
1961.- Cfr. VERNETTE, J. y BOURGEOIS, H.: Seront-ils chrétiens, (París, Chalet, 1975); Más recientemente
para una memoria del camino recorrido, ver PASCAL THOMAS, Pour une mémoire catéchuménale. Petite
histoire du catéchuménat francais (París 1992).

17
Para J. LÓPEZ-GAY, "dentro del campo misionero, quizás sea AFRICA donde la adaptación litúrgica del
Catecumenado se va desarrollando en una forma más orgánica, alcanzando metas precisas. En parte se debe a la
tradición catequética puesta en marcha por el Card. Lavigerie y que, durante un siglo, ha permanecido viva en el
catecumenado africano". Cfr. Notae: Liturgia y misión. Un decenio de estudios y experiencias: Eph. Lit. 68 (1974),
p. 223; J. PERAUDIN (Obispo de Kabgayi, Rwuanda) Le Catèchuménat d´après le Card. Lavigerie: Parole et
Mission 4 (1961), pp. 386-395.

18
"Desde el siglo XVIII, capuchinos y espirituales habían tratado de restaurar la preparación bautismal. Pero es
mérito del cardenal LAVIGERIE el haber vuelto a poner en vigor la disciplina catecumenal", (cita la obra de
PERRAUDIN, J. Le catéchuménat d´après le Card. Lavigerie, en PM nº 14, pp. 383-395). Cfr. M. DUJARIER,
o. cit., p. 141; Cf. X. SEUMOIS, La structure de la liturgie baptismale romaine et les problèmes du catéchuménat
missionaire: LMD 58 (1959), pp. 83-110; La totalidad de este número de LMD, titulado Du catéchuménat à la
confirmation, recoge las ponencias del congreso internacional de Monserrat.
1959, J. Blomjous, obispo de Tanganica, solicitó por primera vez a Roma la
restauración del ritual del bautismo de adultos dividido en siete etapas, con tres
escrutinios y entregas del Credo y Padrenuestro. Coincidieron, pues, las
demandas catecumenales africanas y europeas.

Por entonces, F. Antonelli estaba al frente de la comisión de reforma


litúrgica creada por Pío XII, que acababa de decretar la reforma de la semana
santa. F. Antonelli era cercano a la pastoral litúrgica y aceptó la reforma del ritual
del bautismo de adultos19. Se comenzó el trabajo que, una vez concluido, se
presentó a Juan XXIII, recién elegido Papa, para su aprobación. Con fecha del 16
de abril de 1962, seis meses antes de inaugurarse el Concilio, promulgaba la
Sagrada Congregación de Ritos el Decreto mediante el que se instaura un nuevo
Ordo baptismi adultorum20 , y se restaura el Rito Bautismal Per Gradus,
repartido en diversas etapas según la antigua tradición de la Iglesia. Es el mismo
texto del antiguo Bautismo de Adultos, dividido en siete etapas, sin modificar
ritos ni oraciones21. Se dividió en partes el rito existente del Rituale Romanum"22.
El mismo Decreto reconocía que habían sido muchos los obispos de
territorios misioneros y de regiones tradicionalmente católicas los que solicitaban
un nuevo Ritual para el bautismo de adultos, dado el aumento incesante de los
catecúmenos. Sin una liturgia adecuada, el catecumenado corría el peligro de
reducirse a una enseñanza doctrinal y a una formación moral. El Decreto romano
autorizaba la restauración de las etapas catecumenales "por las que, con oportunos
intervalos, los catecúmenos adultos, según el desarrollo de su formación
catequética, se encaminan hacia la recepción del bautismo, a fin de santificar la

19
Para conocer la génesis del Ordo baptismi adultorum de 1614: C. FLORISTAN, El Catecumenado (Madrid
1972), pp. 111-113. Este Rituale Romanum estuvo vigente hasta el Ordo per Gradus de 1962.

20
El Decreto del 16 de abril promulgaba Adiciones y cambios en el Ritual Romano concernientes al Ordo del
bautismo de adultos. Al antiguo Ordo del bautismo, que se celebra en una sola ceremonia y que se consideraba
facultativo, se añadía un nuevo Ordo baptismi adultorum per gradus catechumenatus dispositus. Aparecen el
Decreto, las Adiciones y el Ordo. Es el Ordo Baptismi Adultorum per gradus Catechumenatus dispositus en
"AAS", 30 de mayo, 54 (1962), pp. 310-33. Así lo presentaba el Card. Larraona, Prefecto de la Sgda. Cong. de
Ritos, en el Prefacio del Decreto General: "El Ordo del Bautismo de los adultos, descrito en el Ritual Romano,
Título II, Cap. IV, nació de ritos y ceremonias diversas por medio de las cuales, hace tiempo, avanzando por las
diversas etapa de la iniciación cristiana, los catecúmenos eran conducidos al santo Bautismo".

21
Las etapas son las siguientes: Entrada al Catecumenado, imposición de la sal, exorcismos -tres etapas-
introducción a la Iglesia y unción prebautismal, Bautismo. Cfr. LMD nº 71 (1962), pp. 7-8.

22
A. BUGNINI -promotor directo de toda la Reforma Litúrgica del post-Vaticano- indica la diferencia cuando,
comparando este ORDO con el OICA, dice que el planteamiento del OICA es totalmente nuevo. Con todo,
reconoce el mérito del ORDO del 1962 de haber resaltado la importancia litúrgica del catecumenado. Cfr. La
Riforma Liturgica, p. 571, Nota 5.
formación catequética con ritos sagrados"23. Sustituía al ritual del bautismo de
adultos contenido en el Ritual Romano decretado por Paulo V en 1614. En el
ritual romano anterior de 1523, titulado Liber sacerdotalis y compuesto por A.
Castellano, se contenían dos formularios para el bautismo de niños basados en
fuentes romanas antiguas. El Rituale romanum de 1614 aceptó el primero de estos
dos rituales como Ordo baptismi parvulorum, y el segundo, ligeramente
modificado, como Ordo baptismi adultorum. Prácticamente desapareció del
Rituale romanum el antiguo ritual del catecumenado24.

Se distinguen en este nuevo ritual oficial siete etapas, aunque algo distintas
de las propuestas por J. Blomjous. Por ejemplo, los ritos de entrada constituyen
dos etapas (entrada en el catecumenado e imposición de la sal); las etapas tercera,
cuarta y quinta (de los exorcismos) coinciden con los tres escrutinios; en la sexta
tiene lugar la entrega del Símbolo y Padrenuestro, y la séptima es propiamente la
celebración bautismal. Se admite ya una cierta adaptación y todo es posible
celebrarlo en la lengua del pueblo. Pero el hecho conciliar relegó a un lado la
novedad, no excesivamente grande, de este nuevo ritual, ya que no había
modificado los ritos. Los intereses se centraron entonces en la Constitución sobre
la Sagrada Liturgia.

1. La restauración del Catecumenado en los textos conciliares

La Asamblea Conciliar se encontró con un terreno ya abonado, pero había


que dar el último paso: unir el camino de los catecúmenos a la celebración en el
tiempo de las etapas catecumenales. Este paso lo dio el Vaticano II. El Concilio
restaura el camino de duración temporal de la iniciación cristiana, distribuido por
diversas etapas, celebradas por la liturgia, interiorizadas en la catequesis, con
decisiones y opciones progresivas y un ingreso gradual a la Iglesia. Este hecho es
profundamente significativo. No es una moda o una nostalgia semántica25. Son
motivos profundos, exigidos por la lógica misma del pensamiento conciliar: La

23
Cfr. AAS 54 (1962), pp. 310-338. La traducción francesa del Décret et des Normes se halla en MD 71 (1962,
3) pp. 7-14. Para comprender este documento, leer GY, P.M., Le nouveau rite du baptême des adultes: MD 71,
pp. 15-27, y LAURENTIN, A., Le nouveau rituel du baptême d´adulte: Par. y Lit. 1963, 1, pp. 1-27.

24
Cfr. A. RENOUX, L áncien rituel romain du catéchuménat et notre Ordo du baptême des adultes: LMD 71
(1962), pp. 32-45. En este Ordo se habían perdido: la asamblea dominical, los textos litúrgicos, la preparación
ritual de los adultos, la oración, las lecturas y cantos y la catequesis (Ib., pp. 39-40).

25
Esta opinión la expresa con claridad Seumois: "El hecho de que el Concilio restaure para toda la Iglesia la
disciplina catecumenal, es en sí mismo rico de significado". "Una tal toma de posición tan neta, de parte del
Concilio, es verdaderamente digna de destacarse": Le Catéchuménat et l´initiation chretienne. n. 14: L´Activité
missionaire de l´Eglise (= Unam Sanctam, nº 67), Paris 1967, pp. 271-272.
evangelización suscita una conversión global inicial, que necesita ser
profundizada antes del compromiso total del Bautismo (Ad Gentes, nº 13).

El "restablecimiento del catecumenado -afirma X. Seumois- no viene


exigido por el atractivo exterior de una fórmula de moda, menos aún por una
nostalgia romántica por esta antigua institución, considerada como una edad de
oro en la vida de la Iglesia"26. Sencillamente, el Vaticano II es, a diferencia del
Vaticano I, un concilio misionero27. Era, por tanto, verdaderamente lógico que
una Iglesia misionera -como la del Vaticano II- restaurase el Catecumenado como
proceso de iniciación28.

a) Constitución Sacrosanctum concilium

El momento central de la restauración de la iniciación catecumenal antes


del Bautismo fue la Constitución sobre la Sagrada Liturgia. En ella se decreta la
restauración del Catecumenado de adultos pluribus gradibus distinctus, y
celebrado en tiempos sucesivos con los sagrados ritos.

La Constitución sobre la Sda. Liturgia pidió, para el bautismo de adultos,


una vuelta al camino catecumenal por etapas y santificado por ritos, que
desembocasen en los sacramentos de la iniciación: "Restáurese el catecumenado
de adultos, distribuido en varias etapas, cuya práctica estará sometida al juicio del
Ordinario del lugar: de este modo se obtendrá que el tiempo del catecumenado,
destinado a una formación apropiada, pueda ser santificado con ritos sagrados
que se celebrarán en tiempos sucesivos" (nº 64)29.

26
ID., “El catecumenado y la iniciación cristiana”, en J. SCHÜTEE (ed.), Las misiones después del Concilio.
Comentario del decreto conciliar sobre la actividad misionera de la Iglesia ( Buenos Aires 1968), p. 130.

27
Cfr. C. FLORISTÁN, Para comprender el catecumenado, p. 110. En las discusiones conciliares, aparecieron
también ciertas resistencias y oposiciones a la restauración del catecumenado. Cita la obra de Seumois que en la
página 130 da una relación de los Padres que hablaron en contra. Para un acercamiento a los testimonios de los
Padres Conciliares ver dos artículos de F. BROVELLI, “Per una valutazione del dibattito e delle esperienze di
iniziazione cristiana”, en Iniziazione cristiana. Problema della Chiesa di oggi (Bolonia 1972), pp. 167-219; ID.,
L´iniziazione cristiana: fatti, problemi, prospettive: Rivista di Pastorale Liturgica 75 (1976), pp. 5-14.

28
Para J. A. VELA "lo que llama la atención es que la lógica de estos motivos no haya sido expresamente discutida
por el Concilio. ¿Se acepta este proceso catecumenal como algo connatural a la Iglesia, que el neopaganismo
moderno hace surgir como una exigencia fundamental? Esto sería lo que parecerían indicar las experiencias
previas y mucho más las posteriores al mismo Concilio". Cfr. Reiniciación cristiana, respuesta a un bautismo
"sociológico". Disertación en la Facultad de Misionología de la Pontificia Universidad Gregoriana, Roma, 1984,
p. 78. Esta tesis doctoral fue publicada dos años más tarde con el título de Reiniciación cristiana (Estella 1986)
(las páginas citadas corresponden a la Tesis publicada por la Facultad de Misionología de la Pontificia Universidad
Gregoriana).

29
En esta cita seguimos la traducción del Concilio Vaticano II (Madrid 1965).
La restauración del catecumenado de adultos, que al modo del
catecumenado antiguo se indica en este artículo, constituye el primer paso, y
realmente el principal, en toda la reforma del Ordo del bautismo de los adultos30.

Esta decisión, por otra parte, suponía una revisión del ritual del bautismo
de adultos, de ahí que se pidiera: "Revísense ambos ritos del bautismo de adultos,
tanto el simple como el solemne, teniendo en cuenta la restauración del
catecumenado, e insértese en el Misal romano la Misa propia In collatione
baptismi" (nº 66). A su vez, la restauración catecumenal entrañaba una atención
particular sobre la última etapa tradicional de la iniciación cristiana: "Puesto que
el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la
palabra de Dios y a la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo
mediante el recuerdo o la preparación al bautismo y mediante la penitencia, se
dé particular relieve en la liturgia y en la catequesis al doble carácter de dicho
tiempo" (nº 109)31.

En consecuencia, el Concilio decide revisar los ritos -solemnes o simples-


del Bautismo de adultos32. Este mandato conciliar es el origen del OICA.
b) Constitución Lumen gentium

Al terminar la tercera etapa del Vaticano II, se promulga, con fecha del
21 de noviembre de 1964, la constitución sobre la Iglesia, cuyo capítulo II, al
describir la naturaleza del pueblo de Dios, termina precisamente con una
importante llamada de atención al carácter misionero de la Iglesia:

"Predicando el evangelio, (la Iglesia) mueve a los oyentes a la fe y a la


conversión de la fe, los dispone para el bautismo, los arranca de la servidumbre
del error y los incorpora a Cristo, para que crezcan hasta la plenitud por la caridad
hacia él" (LG, nº 17)

La existencia de catecúmenos es evidente. ¿Cuál es su vinculación a la


Iglesia? Así lo expresa la misma constitución:

"Los catecúmenos que, por la moción del Espíritu Santo, solicitan con
voluntad expresa ser incorporados a la Iglesia, se unen a ella por este mismo

30
Para un comentario autorizado sobre la SC ver: I. OÑATIBIA, “Los sacramentos de la iniciación cristiana”, en
Renovación Litúrgica. Doctrina y comentarios (Madrid 1964), p. 300. Esta obra nos presenta los estudios
realizados por miembros y consultores de la Comisión Conciliar de Liturgia.

31
Cfr. AA. VV., La Cuaresma. Catecumenado de nuestro tiempo ( Madrid 1964).

32
Se puede encontrar una buena bibliografía comentada sobre la SC en M. SODI, La SC e i suoi commenti dal
1964 ad oggi: Notitiae 19 (1983), pp. 571-607.
deseo, y la madre Iglesia los abraza ya amorosa y solícitamente como a hijos"
(LG, nº 14,3).

c) Decreto Christus Domminus

En la cuarta y última sesión del Concilio, celebrada a finales de 1965, el


Vaticano II recomienda encarecidamente a los obispos una gran preocupación
catecumenal:

"Pongan también empeño en que se restablezca o se adapte mejor la


instrucción de los catecúmenos adultos” (CD, nº 14,3)33.
d) Decreto Presbiterorum ordinis

A estas palabras conciliares dirigidas a los obispos, en su decreto del 28 de


octubre de 1965, se pueden añadir las referidas a los presbíteros, en esa misma
fecha:

"Siendo la eucaristía fuente y culminación de toda la evangelización, sean


introducidos poco a poco los catecúmenos en la participación eucarística" (PO,
nº 5, 2). Un poco más adelante se añade que los presbíteros han de sentir "una
obligación especial para con los catecúmenos y neófitos, puesto que hay que
formarlos gradualmente en el conocimiento y práctica de la vida cristiana" (PO,
nº 6, 4).

e) Decreto Ad gentes

Al finalizar la cuarta y última sesión del Vaticano II, se promulga, el 7 de


diciembre de 1965, el decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia34, en el
que se incluyen los textos conciliares más importantes sobre el catecumenado.

La obra misionera de la Iglesia es analizada en el capítulo II de este


decreto, al mismo tiempo que se señala el itinerario misional de la Iglesia: 1)
testimonio de vida, diálogo y presencia de la caridad, es decir, evangelización y

33
En la edición de la BAC de 1965, la palabra latina institutio se traduce equivocadamente por instrucción cuando
lo correcto es institución. La nueva edición de la BAC de 1993, nos ofrece una traducción más correcta: "Tienen
que esforzarse también en restablecer el catecumenado de adultos o en hacer una adaptación más adecuada".
Según el Concilio, no sólo se trata de instruir a los catecúmenos, sino de restaurar el catecumenado (C. Floristán).

34
Sobre el Decreto AG se pueden consultar las siguientes obras: J. MASSAN, L´attività missionaria della Chiesa,
(Torino 1966); A. SANTOS, Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia. Texto y Comentarios (Madrid
1966); Documentos del Magisterio de la Iglesia sobre el Catecumenado: Act. Cat. nnº 74-75 (1975), pp. 13-17.
conversión (AG, nº 13); 2) catecumenado e iniciación cristiana para la formación
de la comunidad cristiana (AG, nº 14). El catecumenado se sitúa entre la
evangelización y el bautismo, tal como había sido sugerido por la constitución
sobre la liturgia (SC, nº 9). En Ad gentes (nº 14), el catecumenado se describe con
estos rasgos: tiempo de maduración en la fe (iniciación al misterio de salvación),
período de educación en la moral evangélica (noviciado de vida cristiana), etapa
de iniciación litúrgica (aprendizaje en la oración), curso de iniciación comunitaria
(entrada en la vida de la comunidad)35

En su comentario a este número de AG X. Seumois concluye afirmando:


"En nuestro mundo actual, donde se extiende cada vez más un pluralismo
religioso, el catecumenado, lejos de ser una institución marginal, tiene que llegar
a ser un instrumento vital, plenamente integrado en la vida parroquial, no
solamente como testimonio de la fecundidad espiritual de la Iglesia, sino como
instrumento indispensable para el ejercicio de su maternidad. Gracias al
catecumenado, gracias a la actividad propiamente evangelizadora que él
desarrolla, la Iglesia local reflejará, en su propia vida, su carácter de Iglesia
misionera"36. Por otra parte, el catecumenado litúrgico restaurado demostrará que
"la conversión es obra de Dios más que obra del hombre. Aparecerá mucho mejor
la naturaleza verdadera del catecumenado cristiano, que no solo consiste en
nociones y preceptos, sino en la iniciación a la vida y misterios de la Iglesia, y
hace posible la participación de la comunidad parroquial en la preparación de los
catecúmenos"37.

35
Cfr. C. FLORISTÁN, Para comprender el Catecumenado, pp. 111-112. Tras el análisis de los textos conciliares
sobre el catecumenado llega a las siguientes conclusiones: "-El movimiento litúrgico moderno, de hondas raíces
bíblicas, confluyó en el Concilio con el movimiento misionero de evangelización. Con estos criterios pastorales
se advirtió en muchos fieles una deficiente iniciación cristiana, fruto de una escasa evangelización y de una
precipitada sacramentalización. De una parte, se administraba, y se administra, el bautismo a hijos de padres
frecuentemente no catequizados ni evangelizados. De otra, los bautizados no recibían, ni reciben, a menudo una
adecuada iniciación; - El hecho de que el Vaticano II restaure el catecumenado al mismo tiempo que revaloriza la
importancia de la comunidad cristiana, indica la importancia de la iniciación en la formación de los cristianos.
Las comunidades cristianas del futuro, constituidas por fieles creyentes convencidos, podrán ser sostenidas y
desarrolladas a través de una adecuada iniciación. Nuestras asambleas dominicales languidecen porque no están
formadas por verdaderos fieles, iniciados en un verdadero catecumenado; -Dada la autonomía de la persona en
nuestra sociedad enormemente secularizada y teniendo a la vista la escasa y difícil función educadora religiosa
de la familia, cada vez es más difícil heredar espontáneamente la fe y cada vez es más necesario el acto de
conversión en la vida adulta. Pero el cristiano que practica ritualmente, si no tiene convicciones profundas,
arraigadas mediante la conversión y una progresiva iniciación cristina, tiene el peligro evidente de abandonar
fácilmente la práctica religiosa, y, con la práctica, la fe." (p. 112).

36
Cfr. art. cit., p. 279.

37
Cfr. C. CELIER, Catécumènes et communautè chretienne: Maison-Dieu, cuaderno 71 (1962), pp. 142-150.
El Decreto conciliar AG acaba pidiendo que se exponga claramente en el
Código el estado jurídico de los catecúmenos ya vinculados a la Iglesia y que con
frecuencia viven una vida de fe, esperanza y caridad.

Para finalizar este recorrido por los textos conciliares que han tratado
explícitamente el tema del catecumenado, podemos concluir diciendo con A.
Aubry que en esta nueva toma de conciencia eclesiológica, "el proyecto eclesial
de la LG, como el de la SC, manifiesta un talante pastoral y posibilita el
resurgimiento de ministerios inéditos que se sugerían en la CD y en la PO; supone
una exploración del dinamismo de la conversión y del crecimiento de la fe, es
decir plantea un problema no solamente catequético, sino además de
evangelización, ya que sacó a la luz la doctrina misionera de A.G"38. Esta
situación revela que el Ritual no obedecía solamente a una reivindicación ritual
de los padres del Concilio, sino a un amplio proyecto teológico: el catecumenado
como expresión litúrgica del nacimiento y del crecimiento de la Iglesia39.

2. Primera etapa: la pastoral catecumenal y pequeñas


comunidades en el inmediato postconcilio (1965-1975)

Este decenio se va a caracterizar por el surgimiento de experiencias


comunitarias de todo tipo. Va a ser una década experimental en el campo de la
pastoral a todos los niveles (litúrgico, catequético...). En España además
asistiremos en este período sobre todo a partir de 1968, junto al derrumbamiento
de los históricos Movimientos Apostólicos, al alumbramiento de un fenómeno
netamente postconciliar: el nacimiento de pequeñas comunidades eclesiales de
muy diverso signo. El Concilio había ya creado la atmósfera que hacía posible la
aparición, desarrollo y reconocimiento de las pequeñas comunidades.
Efectivamente, la experiencia comunitaria de los orígenes ya había estado
presente en el horizonte de comprensión del Papa Juan XXIII: El cometido del
Concilio Ecuménico ha sido concebido para devolver al rostro de la Iglesia de
Cristo todo su esplendor, revelando los trazos más simples y más puros de su
origen40.

Y, el Vaticano II, sin hacer distinciones entre comunidades grandes y


pequeñas, había visto en la experiencia comunitaria de los orígenes (Hch. 2, 42-

38
Cfr. A. AUBRY, Le projet pastorale du rituel de L´O.I.C.A: Ephemerides liturgicae 88 (1974), pp. 174-179.

39
Cfr. IDEM, Celebrar el nacimiento de una Iglesia: Phase 64 (1971), pp. 361-373.

40
Cfr. JUAN XXIII, Un Señor, una fe, un bautismo. Homilía del Papa después de la misa eslavo-bizantina (13
de noviembre de 1960; texto italiano en L´Osservatore romano del 14-15); en Ecclesia 1011, p. 5.
47) el modelo no sólo de la vida religiosa (PC 15, 1), de la de los misioneros (AG
25, 1) y de los sacerdotes (PO 17, 4 y 21, 1), sino de todo el pueblo santo de Dios
(LG 13, 1; DV 10, 1), el modelo y clave de la renovación conciliar.

a) K. Rahner, una nueva imagen de Iglesia (1966)

A los pocos meses de la conclusión del Concilio, K. Rahner resumía su


opinión sobre el gran acontecimiento eclesial en un artículo publicado en la
revista Geist und Leben, con el título Das neue Bild der Kirche41: Un Concilio
de la Iglesia para la Iglesia; el Concilio de la eclesiología; una nueva imagen de
la Iglesia. Rahner destacaba, ante todo, dentro de esa nueva imagen la afirmación
conciliar de la presencia de la Iglesia de Cristo en la comunidad local (LG, 26)42.
Según el teólogo alemán, aquí se anuncia una nueva experiencia de Iglesia: la
Iglesia como acontecimiento en una comunidad local de altar, de palabra y de
amor. Rahner veía en Lumen Gentium 26 la mejor novedad de la eclesiología
conciliar y una perspectiva realmente prometedora para la Iglesia del futuro.
Después de 20 años, y teniendo presente la evolución de las experiencias
comunitarias surgidas en la Iglesia, R. Blázquez, en su estudio sobre el
Postconcilio y eclesiología en España43, señalaba que las llamadas pequeñas
comunidades cristianas han supuesto una forma de recepción creativa del magno
acontecimiento eclesial44. Y en esta misma línea se expresa J. Losada: "la
aparición de las pequeñas comunidades es la manifestación más importante de la
recepción y realización del Concilio en la Iglesia"45.

b) El Consilium de Liturgia (1966)

Una vez terminado el Concilio, se creó un Consilium al que se le


encomienda la Reforma Litúrgica, pedida en todos los campos de los sacramentos

41
Cfr. Das neue der Kirche, Gul 39 (1966), pp. 4-24. Este artículo apareció un año más tarde recogido en Schriten
zur Theologie VIII (Einsiedeln 1967), pp. 333-337. Esta novedad conciliar había surgido por el retorno a las
fuentes del cristianismo y enunciaba un futuro fecundo.

42
Cfr. JUAN JOSÉ CALLES, Lumen gentium, nº 26: Génesis, historia y teología (Tesina de Licenciatura).
Universidad Pontificia de Salamanca-1988.

43
Cfr. R. BLÁZQUEZ, La Iglesia del Concilio Vaticano II ( Salamanca 1988), pp. 497-498.

44
Mons. Blázquez señala dos formas de recepción creativa: La teología de la liberación y las pequeñas
comunidades cristianas.

45
Cfr. J. LOSADA, Eclesiología de las pequeñas comunidades: tres momentos de la radicalización del carisma:
Sal Terrae 12 (1982), p. 879.
por la Constitución. El Coetus XXII fue el encargado de trabajar esta Reforma en
el campo del Bautismo, tanto de Adultos como de niños. Fue así como empezó
su fatigoso camino el Ordo Initiationis Christianae Adultorum.

En la que fuera su tesis doctoral, el teólogo-pastoralista Jesús Andrés Vela46


distingue cuatro momentos importantes en el camino de la redacción de este
Ritual. Sigo aquí sus apreciaciones:

1. El Coetus XXII busca las grandes líneas de la estructura del Rito para
el Bautismo de Adultos teniendo en cuenta las experiencias misioneras
de África y Asia y los caminos seguidos por el Catecumenado en
Francia. Contrariamente a la opción del Rituale Romanum de Paulo V,
se opta por partir no por el Bautismo de niños, como modelo ejemplar,
sino por el Bautismo de Adultos. En cuanto a su estructura, se afirman
las líneas de la inserción del Rito en el contexto pascual y dentro de una
dinámica de iniciación cristiana, de manera que resplandezca la íntima
conexión de los tres sacramentos de la iniciación. Se introducen la
realización y celebración de las etapas, que respondan a un camino
espiritual de los candidatos. Se busca la participación activa de la
comunidad cristiana, tanto en el camino como en el momento final de
la celebración de los sacramentos.

2. Se estructura el ORDO, para poderlo ofrecer a la experimentación de


diversos centros misioneros de África y Asia y a centros catecumenales de
Francia47. Este Esquema recibe la aprobación de Pablo VI el 18 de Marzo de
1966.Considera ya el rito completo del Catecumenado: la entrada, la elección, los
escrutinios y las entregas, los ritos preparatorios y la celebración cristiana. Le
sigue el tiempo de la Mystagogia, para acompañar a los neófitos en los primeros
pasos de la vida cristiana.

3. Después de tres años de experimentos, se realiza el Esquema definitivo,


que es propuesto a la reunión del Consilium el 29 de Septiembre de 1969. Es el
momento en el que se añaden los Praenotanda. El nuevo Esquema fue
examinado, después de una exhaustiva presentación del Secretario P. L. Ligier.

46
Cfr. Reiniciación cristiana, respuesta a un bautismo "sociológico", pp. 31-32.

47
Esta intención de mandar el ORDO para ser experimentado, antes de su redacción definitiva, se expresa en el
Esquema 112 De Rituali 5 del 4 de Octubre de 1965. "Según carta del 11 de noviembre de 1966, el Consilium
solicitó a los obispos franceses que esta experiencia se realizase bajo su dirección" . Cfr. C. FLORISTAN, El
Catecumenado, p. 115. "El Consilium de Liturgia creado por Paulo VI emprendió la realización de este voto. Se
elaboró un ritual provisional y se envió a todos los rincones del mundo para que las Iglesias locales lo
experimentaran, dando su opinión y sus sugerencias. De este intercambio, proseguido durante varios años, nació
este Ritual de la iniciación cristiana de adultos". Cfr. M. DUJARIER, La iniciación cristiana de adultos, pp. 16-
17.
La votación fue ampliamente positiva. Es de notar la introducción clara del
tiempo de la Evangelización -llamado Precatecumenado-, pedido insistentemente
por muchas de las respuestas.

4. Empezó un largo camino por los Dicasterios de la Curia Romana.


Pasaron dos años antes de llegar a la conclusión. Este retardo se debió también al
hecho de que el ORDO contenía partes esenciales del Ordo confirmationis. Por
fin, el Consilium aprobó el OICA en su XII Sesión General y cuidó de su
composición tipográfica. El texto fue promulgado con un Decreto de la
Congregación para el Culto Divino el 6 de Enero de 1972, bajo el título de Ordo
initiationis christianae adultorum48.

c) En Medellín ( 1968)

Durante el período que dura esta etapa experimental, tuvo lugar la Segunda
Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín (1968)49, y entre las
conclusiones a que se llegaron, algunas están en la línea de pedir la restauración
del catecumenado en continuidad con el Concilio y teniendo en cuenta la
particular situación religiosa en que se encontraba América Latina: "Las
situaciones en las que se desenvuelve la catequesis -afirma Medellín- son muy
diversas" (nº 8,8).

Se aboga por una catequesis eminentemente evangelizadora, que abarque


la evangelización de los bautizados o "re-evangelización de los adultos"(nº 8,9),
y propone nuevas formas de un catecumenado en la catequesis de adultos para
una eficaz "evangelización de los bautizados" (nnº 7,9 y 17 f.).

En definitiva, Medellín recomienda una seria re-evangelización, que se


traduce en "una reconversión y una educación de nuestro pueblo en la fe a niveles
cada vez más profundos y maduros", en "la doble dimensión personalizante y
comunitaria" (nº 8). Se opta prioritariamente por la evangelización de los adultos.

Por otra parte, en relación con la valoración que los obispos


latinoamericanos van a hacer del fenómeno comunitario, se puede decir que es en
esta Asamblea de Medellín donde la comunidad eclesial de base obtuvo carta de
ciudadanía, al ser definida como “el primero y fundamental núcleo eclesial, que
48
Cfr. Ordo initiationis christianae adultorum (Roma 1972). La edición castellana es del 18 de abril de 1976:
COMISIÓN EPISCOPAL DE LITURGIA, Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (Madrid 1976). En
adelante citaremos este Ritual con las siglas RICA.

49
Cfr. La Iglesia en la actual transformación de América Latina, ponencias y conclusiones de la 2ª Conferencia
General del Episcopado Latinoamericano (Bogotá 1969).
debe, en su propio nivel, responsabilizarse de la riqueza y expansión de la fe,
como también del culto, que es su expresión. Ella es, pues, célula inicial de
estructuración eclesial, y foco de promoción humana y desarrollo”50. Y, al tratar
el tema de la pastoral popular los obispos latinoamericanos piden en la propuesta
13 “que se promueva la formación del mayor número de comunidades eclesiales
en las parroquias, especialmente rurales o de marginados urbanos. Comunidades
que deben basarse en la Palabra de Dios y realizarse, en cuanto sea posible, en la
celebración eucarística, siempre en comunión con el obispo y bajo su
dependencia”. Para los obispos latinoamericanos piden a “los miembros de estas
comunidades, que viviendo conforme a la vocación a que han sido llamados,
ejerciten las funciones que Dios les ha confiado, sacerdotal, profética y real, y
hagan así de su comunidad un signo de la presencia de Dios en el mundo” (nº
15,10-11).

Unos años más tarde, el CELAM dirá que como fruto de la IIª Conferencia
General "ha sido fortalecida la evangelización de los adultos, a diferencia de la
catequesis de épocas anteriores que se preocupaban con preferencia de los
niños...Se han formado muchos grupos de catecumenado para bautizados adultos
como una verdadera primavera espiritual"51.

d) Directorio General de Pastoral Catequética (1971)

En 1971, la Congregación del Clero promulgó el Directorio General de


Pastoral Catequética. Es el primer Documento oficial en el que aparece
explícitamente la palabra reevangelización, al tocar el punto del indiferentismo
religioso, o el de masas, que mantienen una fe "sin el necesario dinamismo" 52.
Ahora, más que conservar sólo costumbres religiosas transmitidas, se trata, sobre
todo, de fomentar una adecuada reevangelización de los hombres, de obtener una
conversión, de impartirles una más madura y profunda educación de la fe.

En el Directorio se confirma que "la catequesis de adultos, al ir dirigida a


hombres capaces de adhesión plenamente responsable, debe ser considerada

50
Cfr. Iglesia y liberación humana. Los documentos de Medellín, Pastoral de conjunto, 10-11. Para J.A. VELA
“lo específico de la experiencia latinoamericana en el proceso de educación de la fe son las Comunidades de Base
en su explícita referencial ´eclesial`. Aunque no hagan una referencia explícita al neocatecumenado, sí lo hacen a
sus elementos esenciales como son la reiniciación en la fe de los bautizados, la integración en la Iglesia y el
compromiso testimonial en el mundo...”. Cf. Reiniciación cristiana, p. 282.

51
Cfr. SECRETARIADO GENERAL DEL CELAM, Medellín. Reflexiones en el CELAM (Madrid 1977), p. 108.

52
D.C.G. Edición Bilingüe del Episcopado Español (Madrid 1971), nº 6.
como la forma principal de catequesis, a la que todas las demás, siempre
ciertamente necesarias, de alguna manera se ordenan" (DCG, nº 20).

El problema eclesial de la reiniciación de los bautizados, insuficientemente


evangelizados, es contemplado en este Directorio: "Muchísimas veces la
situación real en que se encuentra un gran número de fieles pide necesariamente
una cierta forma de evangelización de los bautizados, que precede a la
catequesis" (DCG, nº 19). Esta forma de evangelización halla su concreción
práctica en las "organizaciones catecumenales para quienes, estando bautizados,
carecen, sin embargo, de la debida iniciación cristiana" (íbidem).

Entre nosotros, "más que de conservar sólo costumbres religiosas


transmitidas, se trata sobre todo de fomentar una adecuada re-evangelización de
los hombres, de obtener su re-conversión, de impartirles una más profunda y
madura educación en la fe" (DCG, nº 6). Por esta razón, dicho Directorio señala
la importancia de la iniciación cristiana. "El catecumenado de adultos, que es a la
vez catequesis, participación litúrgica y vida comunitaria, es el ejemplo típico de
una institución nacida de la colaboración de varias tareas pastorales. Su finalidad
es, pues, dirigir el itinerario espiritual de los hombres que se preparan para recibir
el bautismo y orientar el cambio de su mentalidad y costumbres. Es escuela
preparatoria de la vida cristiana, introducción a una vida religiosa, litúrgica,
caritativa y apostólica del pueblo de Dios. Esta tarea incumbe a toda la comunidad
cristiana, representada por los padrinos, y no solamente a los sacerdotes o
catequistas" (DCG, nº 130)53.

e) El Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (1972)

El documento oficial más importante sobre el catecumenado es,


evidentemente, el Ritual de la iniciación cristiana de adultos. Fue promulgado
el 6 de enero de 1972 por la Sagrada Congregación para el Culto Divino, y hecho
público el 17 de febrero, fruto de una decena de años de investigaciones y de
experimentaciones54. No es un ritual del bautismo, sino de la iniciación cristiana,
tal como se da a entender en los preeliminares del ritual (observaciones generales
y observaciones previas). Más aún, -afirma M. Dujarier-, no conlleva solamente

53
También en el Sínodo sobre el Sacerdocio y la justicia en el mundo, celebrado ese mismo año, los
Obispos que habían tratado el tema del sacerdocio ministerial, hacían un reconocimiento explícito de las
pequeñas comunidades:"Las pequeñas comunidades que no se contraponen a la estructura parroquial o
diocesana deben ser inscritas en la comunidad parroquial y diocesana de manera que sean en medio de
ellas como el fermento del espíritu misionero". Cfr. El sacerdocio y la justicia en el mundo (Madrid
1971), parte II, nº 1, d.

54
Cfr. M. DUJARIER, Iniciación cristiana de adultos, p. 15.
la celebración de estos sacramentos (bautismo, confirmación y eucaristía), "sino
también todos los ritos del catecumenado cuyo valor está probado por la
antiquísima práctica de la Iglesia" (párr. 2). Esto expresa al mismo tiempo su
importancia y su novedad55.

En un sugerente trabajo el profesor Carlo Rocchetta56 sostiene que "la


novedad del nuevo Rito se hace evidente ya en el título del libro: Rito de la
iniciación cristiana de adultos. No se trata sólo de la reedición de un nuevo rito
De baptismo adultorum, como se hizo en 1962 cuando la entonces Congregación
de los Ritos había publicado un Ordo baptismi adultorum per gradus
catechumenatus depositus, estructurando el rito del bautismo de los adultos en
siete etapas, sino de la recuperación de un itinerario catecumenal completo,
gradual y orgánicamente articulado. Lo que se ha restaurado es el catecumenado,
con su forma y estructura global"57.

Rocchetta presenta el RICA como propuesta tipo para una Nueva


Evangelización: "capaz de romper con el sedentarísmo crónico de nuestras
comunidades e impregnarlas de una nueva evangelización, con el
redescubrimiento de un auténtico espíritu catecumenal y de un modelo de Iglesia
capaz de responder a las expectativas del mundo contemporáneo".

Al final del libro resume así su trabajo: "La opción de recuperar la


ejemplaridad del RICA obedece al hecho de saberse Iglesia catecumenal en
estado de misión y a la toma de conciencia de que el proceso de crecimiento y de
nuevo descubrimiento de la fe por parte del individuo está inseparablemente
ligado al proceso de crecimiento de la fe como novedad, por parte de la
comunidad eclesial y viceversa. A este nivel es donde se impone la reconquista
de una praxis catecumenal que ponga en estado de iniciación permanente a
nuestras comunidades con la puesta en marcha de itinerarios de fe y de formación
a la vida cristiana diferenciados y adaptados a las nuevas situaciones. El futuro

55
Cfr. los números especiales dedicados al ritual en LMD 110 (1972); Rivista Liturgica 10 (1973) nº 60; Via,
Verità e Vita 22 (1973) nº 41; Ephemerides Liturgicae (1974/3); Phase 94 (1976). Para una exposición sistemática
de la significación de este Ritual: C. FLORISTÁN, Para comprender el Catecumenado, pp. 117-125. Ver el
estudio de CARMELO GÓMEZ GÁLVEZ, La propuesta catecumenal en el RITUAL DE INICIACIÓN
CRISTIANA DE ADULTOS (Tesina de Licenciatura). Universidad Pontificia de Salamanca. Facultad de
Teología-1992. J. L. DEL PALACIO, El catecumenado postconciliar de adultos, forma privilegiada de la
evangelización permanente de la Iglesia local. Estudio del catecumenado en el concilio Vaticano II y en el Ritual
de Iniciación Cristiana de Adultos (Bilbao 1999).

56
Lleva por título Cómo evangelizar hoy a los cristianos (Bilbao 1994). El autor presenta El Ritual de la
Iniciación Cristiana de Adultos (RICA) como propuesta tipo para una nueva evangelización

57
Ibid., p. 49. Esta misma opinión la sostiene Carmelo Gómez: "Lo más sorprendente y renovador del RICA es
la opción catecumenal...La clave de su novedad y su relevancia radica, precisamente, en la opción catecumenal...",
en o. cit., p. 152.
de la evangelización es catecumenal. El RICA es su propuesta tipo”58. Se trata
pues de la recuperación de un itinerario catecumenal completo, gradual y
orgánicamente articulado. Lo que se ha restaurado es el Catecumenado, con su
forma y estructura global.

Por su parte, el profesor Borobio sostiene que el documento que mejor


acoge, restaura y aplica el catecumenado es el RICA: “Es un Ritual que no se
limita a la Iniciación sacramental, sino que además ofrece un camino progresivo
de Iniciación catecumenal, recogiendo las esencias del catecumenado antiguo, e
intentando aplicarlo a nuestros días”59. Esto expresa al mismo tiempo su
importancia y su novedad. El nuevo Ritual no obedece solamente a una
reivindicación ritual de los padres del Concilio, sino a un amplio proyecto
teológico: el catecumenado como la expresión litúrgica del nacimiento y del
crecimiento de la Iglesia60.

El contenido y pretensiones fundamentales del Ritual se desarrollan en una


estructura clara, que abarca desde unos prenotandos explicativos hasta la
inclusión de aquellas situaciones peculiares en la práctica de la iniciación y, cuya
consideración, deja abierta la puerta a numerosas posibilidades pastorales. La
estructura del RICA es la siguiente61:

a) Contiene unos Preliminares (nnº 1-67) sobre el espíritu que tiene que
animar la iniciación. Así como la estructura, etapas y grados de la misma.
Comprende unas observaciones generales y unas observaciones previas.

b) El Cap. Iº ofrece el Ritual del catecumenado distribuido en sus grados


o etapas (nnº 69-239). Es la parte más importante y se refiere a la iniciación de
los adultos. Viene completado por el Cap. VIº que ofrece una opción de Textos
diversos para la celebración de la iniciación de los adultos (nnº 370-392).

c) Este Ritual es para desarrollar normalmente en varios años. En


circunstancias extraordinarias en las que los plazos habituales no pueden ser

58
Cfr. Cómo evangelizar a los cristianos (Bilbao 1994), pp. 9 y 163.

59
Fruto de las reflexiones en torno al catecumenado y su restauración en la Iglesia en España, y bajo la dirección
experta de mi Director de Tesis Doctoral, -DIONISIO BOROBIO-, ver el siguiente artículo: El Catecumenado y
su situación en la Iglesia actual: Teología y Catequesis 83 (2002), p. 79. Para completar esta visión, ver A.
CAÑIZARES, Panorámica general de los catecumenados en España: Phase 16 (1976), pp. 307-320; J. LÓPEZ,
Panorámica global de la catequesis de adultos en España hoy: Teología y Catequesis 2 (1982), pp. 169-176; ID.,
Proyecto de catequesis de adultos de talante catecumenal: Actualidad Catequética 124 (1985), pp. 475-495.

60
Cfr. A. AUBRY, Celebrar el nacimiento de una Iglesia, pp. 361-373.

61
Sigo aquí la esquematización de M. DUJARIER, Iniciación Cristiana de adultos, pp. 17-19.
respetados, las ceremonias se reagrupan entonces y hasta se celebran
excepcionalmente en una sola vez, según dos esquemas posibles:

- El Ritual simplificado de la iniciación cristiana de un adulto corresponde


al capítulo IIº (nnº 240-277).

- El Ritual abreviado de la iniciación de un adulto en peligro o en punto


de muerte se presenta en el capítulo IIIº (nnº 278-294).

d) Hay otros dos capítulos, de hechura bastante nueva, que corresponden a


situaciones pastorales particulares que no habían sido suficientemente estudiadas
hasta el presente:

- El capítulo IVº proporciona directrices sobre “la preparación para la


Confirmación y para la Eucaristía de los adultos que fueron bautizados en la
primera infancia pero que no han sido catequizados” (nnº 295-305). Ahí se da, en
efecto, una situación especial bastante frecuente que hay que asumir seriamente.
Estos adultos, que están en camino de conversión, tienen necesidad de que su
progreso sea sostenido y santificado por acciones litúrgicas62.

- El capítulo Vº presenta el Ritual de iniciación de los niños llegados a la


edad del catecismo (nnº 306-369). Es acertado que se tenga en cuenta desde ahora
la psicología de los niños que son bautizados en edad escolar.

e) Y termina con un apéndice que contiene el Rito de admisión en la plena


comunión con la Iglesia católica para los cristianos que fueron ya bautizados
válidamente en una comunidad eclesial separada63.
En 1976 se publicó la edición castellana con el título de Ritual de la
Iniciación Cristiana de Adultos. El Cardenal Jubany en la presentación del mismo
dice que el RICA no es exclusivamente para bautizar adultos, aunque manifiesta
cuáles son las exigencias de la iniciación cristiana que ha de cumplir tanto el
adulto que quiere bautizarse como el niño que recibió el bautismo a los pocos días
de nacer. Y añade que también "será útil para cuantos quieran ahondar en su vida
cristiana, bien individualmente o por medio de reuniones periódicas en las que, a
modo de neocatecumenado, se replantean los compromisos de su fe y de su
62
Cfr. M. DUJARIER, En quel cas peut-on parler d´un catèchuménat post-baptismal?, Le Calao 28 (1974, 4)
pp. 5-11, y 29 (1975, 1), pp. 36-42.

63
Cfr. Para una exposición detallada del Ritual etapa por etapa: J. ORIOL, El nuevo rito de la Iniciación Cristiana
de adultos: Phase 69 (1972), pp. 291-293; M. DUJARIER, Iniciación cristiana de adultos, pp. 21-203. Los
excelentes trabajos de JESÚS ANDRÉS VELA, Reiniciación cristiana, y de CARLO ROCCHETTA, Cómo
evangelizar hoy a los cristianos; por las perspectivas pastorales que intentan abrir. También J. LÓPEZ,
“Catecumenado. Datos de la historia y etapas del Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos”, en Proyecto
Catecumenal (II) (Madrid 1983), doc. 8.
bautismo. Precisamente ahora proliferan en todas partes movimientos que tienden
a recuperar para la formación cristiana la dimensión catecumenal"64.

El RICA contiene una gran riqueza teológica, litúrgica y pastoral, y sólo


desde él se puede afrontar con coherencia la tarea iniciatoria en el actual contexto
de Iglesia. Las posibilidades que abre para llevar adelante una pastoral
auténticamente catecumenal son ya una realidad. Para el experto teólogo-
pastoralista Borobio, “este Ritual es uno de los documentos de más trascendencia
del Vaticano II, no sólo porque renueva el Catecumenado en el proceso de la
Iniciación Cristiana de adultos, sino también porque integra, armoniza y expresa
de modo ejemplar los diversos niveles y perspectivas: el nivel antropológico, el
teológico, el sacramental-ritual y el pastoral; y porque se presenta como el
referente principal de Iniciación Cristiana y como el modelo de toda catequesis
integral, que implica la participación y renovación de la misma comunidad
Cristiana”65.

f) La praxis del Camino neocatecumenal y el Cap. IVº del RICA (1973)

El Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA) es, ya lo hemos


advertido, el documento oficial más importante en relación con el catecumenado
publicado en el período postconciliar. Promulgado en 1972 no vio la luz en la
Iglesia en España hasta 1976. La recepción eclesial de este documento ha sido
muy irregular66. Se ha impulsado a la luz del Cap.IVº la pastoral catecumenal de
no pocos grupos; ha ayudado a resaltar el papel decisivo que está llamada a tener
la Iniciación Cristiana en la Nueva Evangelización, pero todavía sigue siendo un
Ritual desconocido por los agentes de pastoral (sacerdotes y catequistas en
general) y poco utilizado en la pastoral de Iniciación Cristiana tanto en adultos
bautizados como con adultos sin bautizar.

La praxis del Camino Neocatecumenal67, anterior a la promulgación de


dicho Ritual, ayudó no poco a los expertos que estaban trabajando y preparando

64
Cfr. Cardenal JUBANY, Presentación del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos.

65
Cfr. El Catecumenado y su situación en la Iglesia actual, p. 81.

66
Para corroborar esta afirmación baste señalar que en el último Plan Pastoral de la CEE 2006-2010 que lleva por
título “Yo soy el pan de vida” (Jn 6,35). Vivir la Eucaristía, una de las acciones pastorales que se proponen,
después de 40 años de su promulgación en castellano, es la “publicación y divulgación del Ritual de la Iniciación
Cristiana (explicación de su estructura –itinerario de iniciación- así como los criterios para su correcta aplicación”
(p. 38).
67
Para un mayor conocimiento de la historia en relación con la influencia que tuvo la praxis neocatecumenal en
la comprensión del Cap. IVº del RICA, ver JUAN JOSÉ CALLES, o. cit., pp. 78-89.
la edición del RICA. Tras su publicación, los diálogos entre la Congregación para
el Culto Divino y los iniciadores del Camino Neocatecumenal –Kiko Argüello y
Carmen Hernández- fructificaron en una estrecha colaboración, hasta el punto de
que un año después de haber sido promulgado el Ritual, la misma Congregación
publicará unas reflexiones en las que teniendo muy presente la praxis
neocatecumenal posibilitará una comprensión del Cap. IVº que avalará la
experiencia de Iniciación Cristiana con adultos bautizados tal y como se venía
haciendo ya en las Comunidades Neocatecumenales.

La Sda. Congregación para el Culto Divino emite estas reflexiones sobre el


camino de iniciación que emana del capítulo IVº, y amplía el caso (en el
comentario de P. Pasqualetti, incluido en el cuerpo de las mismas), a los adultos
bautizados, que también han recibido la Confirmación y la Eucaristía, pero que
se encuentran en la misma situación de no haber sido evangelizados ni
catequizados y que, por lo tanto, no han seguido un camino de iniciación hacia la
opción de fe68. Esta ampliación se va a llevar a cabo para dar respuesta a una
pregunta del Vicariato de Roma en relación con el Neocatecumenado, es decir
con el camino de iniciación cristiana vivido por las Comunidades
Neocatecumenales69.

Así relata los hechos Mons. Bugnini -impulsor de toda la Reforma


Litúrgica del post-Concilio, cuando habla directamente del Cap. IVº: "La
situación de estos cristianos bautizados es bastante similar a la de los
catecúmenos, su iniciación religiosa ha sido deficiente. Este capítulo fue objeto
dos años más tarde, de una particular interpretación oficiosa para determinar qué
ritos se podían emplear y cuáles no, en una forma de instrucción neocatecumenal

68
Cfr. Riflessioni sul capitolo IV dell"Ordo initiationis christianae adultorum" : Notitiae 9 (1973), pp. 274-278,
con el comentario del P. PASQUALETTI (pp. 278-282): "El capítulo da lugar a una búsqueda seria también en
las naciones tradicionalmente cristianas: un grupo seriamente comprometido, como el de las Comunidades
Neocatecumenales, había iniciado ya con los iniciadores una formación cristiana de los bautizados basándose en
el modelo del camino catecumenal. Encontraron dificultades y recurrieron a menudo a la Sgda. Congregación
para el Culto que se interesó de este problema. También el Vicariato de Roma pedía una clarificación. El problema
era: qué sentido había que dar a un modelo de Catecumenado para los ya bautizados, y sobre todo, para los
eventuales ritos que acompaña la formación espiritual del cristiano. Éstos, fundamentalmente, deben entenderse
como un revivir aquello que ha sido ya sacramentalmente celebrado. Pero, se aclaraba también que no se pueden
repetir los ritos del Epheta, de la unción y de la vestidura blanca. En cambio, sí se pueden repetir, la entrega del
Símbolo y su devolución y la entrega del cirio pascual. El mérito de este grupo está en haber comprendido la
importancia del espíritu del Catecumenado para formar verdaderos cristianos, también el Papa interviene a
propósito de este argumento”. Ver también Notitiae 10 (1974), pp. 228-229.

69
Es importante señalar cómo por estos años, desde el punto de vista pastoral se venía planteando la viabilidad
de una experiencia catecumenal con bautizados: E. COSTA, E´possibile oggi l´esperienza catecumenali dei
battizati?: RPL nº 60 (1973), pp. 33-37, donde ya se refiere expresamente al Neocatecumenado: "La intuición de
Kiko Argüello, muy unida a su experiencia personal, partiendo del hecho de considerar a los catecúmenos casi en
situación de tabula rasa, e invitarlos, con el anuncio del Kerygma, a recorrer profundamente todas las etapas de
la iniciación cristiana hasta una completa re-conversión; el lugar idóneo de este camino es la comunidad
catecumenal", p. 34.
promovida por instituciones religiosas modernas”70. Es el mismo Bugnini quien
presenta así la historia de estas Riflessioni: el recurso de algunas Comunidades
Neocatecumenales a la Sda. Congregación de Ritos sobre el estilo catecumenal
que daban a la formación cristiana de los bautizados, y la petición del Card.
Poletti sobre qué sentido dar a una especie de Catecumenado para los ya
bautizados y, sobre todo, a los eventuales ritos que acompañan la formación
espiritual del cristiano.

Este primer discernimiento sobre el Neocatecumenado emanado de la


Sagrada Congregación para el Culto Divino apareció en la revista Notitiae,
órgano oficial de dicha Congregación, después de varios encuentros que
mantuvieron con los iniciadores del CN los responsables de esta Congregación
sobre las celebraciones del Neocatecumenado, después del discurso del Papa
Pablo VI en la audiencia general del 24 de abril de 197471 y como continuación
de las palabras que el mismo Papa Pablo VI dirigió a los párrocos y responsables
de las Comunidades Neocatecumenales en la audiencia del 8 de mayo de 197472.
g) En el Sínodo sobre la Evangelización (1974)

Hay que señalar -en este decenio- que un momento clave para el
movimiento comunitario sería la celebración del Sínodo de obispos de 1974 sobre
la evangelización. El Sínodo se ocupó mucho de las pequeñas comunidades o
comunidades de base y preparó el camino para que Pablo VI, en la Evangelii
Nuntiandi (1975) les otorgará pleno reconocimiento eclesial, a la vez que
estableciera los criterios de eclesialidad.

Con motivo de su celebración, desde Roma se pidió a las diversas


comunidades cristianas un Informe sobre su vida, razón de ser, problemas y

70
Cfr. DI ANNIBALE BUGNINI, La Riforma liturgica, p. 579. Se refiere en concreto a las Comunidades
Neocatecumenales y cita la interpretación oficiosa que salió a la luz, es decir, el comentario de P. Pasqualetti
recogido más arriba.
71
Cfr. PABLO VI, “El catecumenado en la preparación al bautismo”, en El Neocatecumenado en los discursos
de Pablo VI y Juan Pablo II (Madrid 1986) (1ª ed.), p. 18.

72
"Tras un período de estudio de las etapas y de los ritos del Camino Neocatecumenal, durante el cual enviaron
observadores a nuestras celebraciones, y dado que el capítulo IV del OICA extendía el uso del Ordo también a los
bautizados que no habían recibido una catequesis suficiente, la Congregación publicó un documento titulado
Reflexiones sobre el capítulo IV del OICA. En él se establecía qué ritos del catecumenado de los adultos podían
repetirse para revivir el Bautismo y cuáles no. Después de esto fuimos de nuevo convocados, leyeron delante de
nosotros este documento y nos expresaron su alegría y satisfacción por el trabajo que estábamos realizando en la
Iglesia. Y nos dijeron que publicarían en la revista oficial de la Congregación, Notitiae, una nota laudatoria en
latín para toda la Iglesia, para de este modo ayudarnos...Gracias a este hecho se estableció, con la Congregación
del Culto, un diálogo fecundo, que resultará más tarde muy importante para la relación de Pablo VI con el Camino
Neocatecumenal”. Cfr. E. PASOTTI (ed.) El Camino Neocatecumenal según Pablo VI y Juan Pablo II (Madrid
1995), p. 13.
perspectivas73. Estos informes sirvieron, a nivel oficial, para conocer el fenómeno
menos desde fuera, tener noticias de primera mano, corregir, si fuera preciso, unas
ideas y formular un criterio global sobre las pequeñas comunidades, como así
hizo más tarde el Papa Pablo VI en la Exhortación Apostólica Evangelii
Nunciandi nº 58:

"Serán un lugar de evangelización, en beneficio de las comunidades


más vastas, especialmente de las Iglesias particulares, y serán una
esperanza para la Iglesia universal, como Nos dijimos al final del Sínodo,
en la medida en que:

- buscan su alimento en la Palabra de Dios y no se dejan aprisionar


por la polarización política o por la ideología de moda, prontas a explorar
su inmenso potencial humano;

- evitan la tentación siempre amenazadora de la contestación


sistemática y del espíritu hipercrítico, bajo pretexto de autenticidad y de
espíritu de colaboración;

- permanecen firmemente unidos a la Iglesia local en la que ellas se


insertan, y a la Iglesia universal, evitando así el peligro -muy real- de
aislarse a sí mismas, de creerse, después, la única auténtica Iglesia de Cristo
y, finalmente, de anatemizar a las otras comunidades eclesiales;

- guardan una sincera comunión con los Pastores que el Señor ha


dado a su Iglesia y al Magisterio que el Espíritu de Cristo les ha confiado;

- no se creen jamás el único destinatario o el único agente de


evangelización; esto es, el único depositario del Evangelio, sino que,
conscientes de que la Iglesia es mucho más vasta y diversificada, aceptan
que la Iglesia se encarna en formas que no son las de ellas;

- crecen cada día en responsabilidad, celo, compromiso e irradiación


misioneros;

- se muestran universalistas y no sectarias.

Con estas condiciones, ciertamente exigentes, pero también de


reconocimiento, las comunidades eclesiales de base corresponderán a su

73
El Informe sobre las CNC fue entregado por Kiko Argüello y Carmen Hernández al Papa Pablo VI en mayo de
1974. Un año más tarde salió publicado: Le Comunita` Neocatecumenali: Rivista de Vita Spiritualle 2 (1975), pp.
191-200.
vocación fundamental; escuchando el Evangelio que les es anunciado y
siendo destinatarias privilegiadas de la Evangelización ellas se convertirán
rápidamente en anunciadoras del Evangelio".

La recepción sinodal del fenómeno comunitario surgido en el primer


decenio post-conciliar es positiva como se puede apreciar. El nº 58 reconoce la
existencia de muchas y plurales formas de vida comunitaria, hace un diagnóstico
pastoral de las mismas y señala los límites eclesiales en que deben situarse dentro
de la Iglesia. Este mismo esquema de discernimiento pastoral seguido por Pablo
VI en la Evangelii Nuntiandi, lo van a seguir, a partir de este momento, obispos
y pastoralístas a la hora de acercarse a las distintas realidades comunitarias.

Síntesis teológico-pastoral

1ª) El Concilio creó la atmósfera que hizo posible la aparición, desarrollo


y reconocimiento de las pequeñas comunidades. Si el Concilio no hubiera
acentuado que allí donde se predica el Evangelio y se celebra la cena del Señor
acontece la Iglesia de Dios, y que "en estas comunidades, aunque sean
frecuentemente pequeñas y pobres o vivan en la dispersión, está presente Cristo,
por cuya virtud se congrega la Iglesia, una, santa católica y apostólica" (LG, nº
26), no habría estado expedito el camino para el reconocimiento de la comunidad
como realización concreta de la Iglesia.

2ª) El fenómeno comunitario postconciliar aparece inmediatamente


después del Vaticano II como un lugar privilegiado de realización de ciertas
exigencias de la conciencia eclesial engendrada por el concilio. Por todas partes
y al mismo tiempo nacen y proliferan grupos de creyentes espontáneos con
diversas denominaciones.

3ª) La aparición de las pequeñas comunidades es la manifestación más


importante de la recepción y realización del Concilio en la Iglesia. En realidad, el
Concilio fue convocado para esto: para devolver al rostro de la Iglesia de Cristo
todo su esplendor, revelando los trazos más simples y más puros de su origen.

4ª) La importancia de la Catequesis de Adultos y la necesidad de potenciar


la pastoral catecumenal va a ir adquiriendo gradualmente importancia en toda la
Iglesia. La publicación del RICA ayudó a esta toma de conciencia catecumenal
pero sobre todo la constatación de ver "una gran muchedumbre, hoy día muy
numerosa, de bautizados que, en gran medida, no han renegado formalmente de
su bautismo, pero están totalmente al margen del mismo y no lo viven" (EN, nº
56). El documento que mejor acoge, restaura y aplica el catecumenado es el Ritual
de la Iniciación Cristiana de adultos publicado en 1972.
5ª) La praxis litúrgico-catequética de las Comunidades Neocatecumenales
ayudó a los expertos que estaban trabajando en el RICA a ver el modo de aplicar
prácticamente la pedagogía catecumenal con adultos bautizados pero
insuficientemente formados y necesitados de un proceso continuo de conversión
y maduración de la fe, vivido en pequeñas comunidades, y jalonado por etapas y
ritos.

6ª) Ambos fenómenos postconciliares, la puesta en práctica de


catecumenados en el interior de las parroquias y el surgimiento de pequeñas
comunidades recibieron un tratamiento específico en los documentos eclesiales
del inmediato post-Concilio, y fueron asumidos y reconocidos como verdaderas
concreciones eclesiales del espíritu conciliar y marcos imprescindibles para que
la Iglesia pueda desarrollar la tarea esencial de la evangelización.

3. Segunda etapa: La pastoral catecumenal y pequeñas


comunidades en el decenio crítico (1975-1985)

Desde el punto de vista eclesial los acontecimientos que a lo largo de esta


etapa han tenido lugar a nivel de Iglesia Universal (Sínodos sobre la
Evangelización-1974, sobre la Catequesis-1977, Sínodo Extraordinario-1985;
muerte del Papa Pablo VI y de Juan Pablo I; elección de Juan Pablo II en 1978 y
su presencia en la inauguración de la Asamblea de los obispos latinoamericanos
reunidos en Puebla el año 1979) marcarán una etapa muy rica y decisiva en la
orientación de la pastoral catecumenal y comunitaria para la vida la Iglesia. Bien
pueden llevarnos a definir esta etapa como la de un decenio crítico.

En el primer capítulo de nuestra reflexión, hemos intentado esbozar el


marco eclesial en el que poder situar, entender y comprender el restablecimiento
del catecumenado como institución pastoral de primera necesidad para la Iglesia
postconciliar. Ha sido el Concilio quien pide su restauración, y van a ser los
discernimientos eclesiales hechos en asambleas episcopales de diverso signo
(Celam, Asambleas Sinodales, Sgda. Congregación para el Culto Divino y para
el Clero) las que irán delineando el modo y la forma de introducirlo en la Iglesia
poco a poco.

Por lo que respecta a la catequesis de adultos podemos decir, con palabras


de Jesús López, que "ha ido pasando por diversos momentos: del estado de
abandono al reconocimiento de su prioridad como forma de catequesis;
posteriormente se ha acentuado su inspiración catecumenal y su dimensión
comunitaria"74.

En efecto, el Iº Congreso Internacional de Catequesis, celebrado en Roma


en 1950, deploraba gravemente el estado de abandono en que generalmente se
encontraba la catequesis de adultos, y pedía su eficaz restauración, acomodada a
los nuevos tiempos. Por otra parte, ya hemos visto cómo en el postconcilio la
catequesis de adultos ha ido acentuando su inspiración catecumenal.

El problema, planteado ya en la II Conferencia General del Episcopado


Latinoamericano (Medellín, 1968), fue recogido en el Directorio General de
Pastoral Catequética: "Muchísimas veces la situación real en que se encuentra
un gran número de fieles pide necesariamente una cierta evangelización de los
bautizados, que precede a la catequesis" (nº 19).

Efectivamente, en el Directorio Catequístico General (1971), la catequesis


de adultos aparece ya reconocida como "la forma principal de catequesis" (DCG,
nº 20). También insistirá en este sentido la Exhortación Evangelii Nuntiandi, nº
54: "Es preciso profundizar, consolidar, alimentar y hacer cada día más madura
la fe", pues de otro modo, la fe corre el riesgo de "morir por asfixia o por
inanición" (Idem). Y en el Sínodo de la Catequesis (1977), se dirá que constituye
"una de las preocupaciones más constantes de los padres del sínodo, impuesta con
vigor y urgencia por las experiencias que se están dando en el mundo entero"
(CT, nº 43).

Ahora bien, sin menoscabo de este nivel permanente de alimentación,


consolidación, profundización y maduración en la fe, la catequesis de adultos -
como toda catequesis, que encuentra su modelo en el catecumenado bautismal
(MPD, nº 8)- ha ido recuperando su carácter propio, que se sitúa a nivel de
iniciación. Se ha ido acentuando así, en los últimos años, la forma básica o
catecumenal de la catequesis de adultos (DCG, nº 96), entendida tanto en sentido
estricto (para no bautizados) como en sentido amplio (para bautizados
insuficientemente evangelizados).

Asimismo, vamos a asistir, durante esta década al desarrollo de la


dimensión comunitaria de la catequesis. En la comunidad, la catequesis
(especialmente, la catequesis de adultos) encuentra su origen, su lugar y su meta.
En la medida en que, por aproximaciones sucesivas, volvemos a la comunidad de
los Hechos de los Apóstoles (Hch 2, 42-47), encontramos ahí el lugar originario
de la catequesis antigua, que era principalmente catequesis de adultos.

74
Cfr. JESÚS LÓPEZ, “Pastoral catecumenal y pastorales análogas”, en o. cit., p. 155.
El descubrimiento de la dimensión comunitaria de la fe como sustancial a
la misma experiencia evangélica, abría en el horizonte postconciliar el palpitar de
una nueva época eclesial, marcada por la señal catecumenal y comunitaria75.
Siendo la Iglesia misterio de comunión vivido en comunidad, consecuentemente,
quedaba por desarrollar a partir del Concilio la dimensión comunitaria de la
catequesis.

Durante el postconcilio, las diversas formas de catequesis de adultos, que


realmente tienen inspiración catecumenal, valoran la importancia del hecho
comunitario para vivir la fe. Tienen, por tanto, también una inspiración
comunitaria que encuentran en el modelo de las primeras comunidades. Además,
conocen las dificultades de los catecúmenos (o cuasi catecúmenos) para
integrarse allí donde no esté reconstruido (o no se esté reconstruyendo) el tejido
comunitario de la Iglesia.

a) En Evangelii nuntiandi (1975)

En diciembre de 1975, el Papa Pablo VI sacaba a la luz la Exhortación


Apostólica Evangelii Nuntiandi. Esta Exhortación tendrá una decisiva influencia
en este decenio de cara a comprender y alentar la evangelización, como tarea
fundamental de la Iglesia.

En el cap. IV, al abordar los Medios de evangelización, la catequesis, ocupa


un papel relevante. Pablo VI señala que "sin necesidad de descuidar de ninguna
manera la formación de los niños, se viene observando que las condiciones
actuales hacen cada día más urgente la enseñanza catequética bajo la modalidad
de un catecumenado para un gran número de jóvenes y adultos que, tocados por
la gracia, descubren poco a poco la figura de Cristo y sienten la necesidad de
entregarse a él" (EN, nº 44).

Más adelante, se apunta a que entre los destinatarios de la evangelización


(cap. V) hay que volver a proponer el primer anuncio también a los bautizados
no suficientemente bien catequizados "se está volviendo cada vez más necesario,

75
La recuperación de la dimensión comunitaria de toda experiencia cristiana, hace posible que la Iglesia de hoy
recupere su sentido primigenio, llegue a ser fraternidad efectiva y se convierta en un lugar de anuncio gozoso y
de interpelación para todos los hombres. Es necesario para ello, como afirma el P. LIEGE, “que todo bautizado
se oriente hacia las experiencias comunitarias y comprenda que no es facultativa la vida comunitaria a causa del
Evangelio. Son aún demasiados los bautizados que vegetan en la Iglesia, sin integrarse activamente en ella, por
pensar que la vida comunitaria exige una vocación especial y un atractivo particular, si es que no la juzgan puro
esnobismo”. Cfr. Comunidad y comunidades en la Iglesia (Madrid 1978), p. 104. En esta misma dirección de
planteamientos, R. BLÁZQUEZ sostiene que “necesitamos recuperar la verdad de la Iglesia como congregación,
como comunidad... Sin comunitariedad la Iglesia pierde su misma identidad; se difuminan sus contornos, se
generaliza su concreción, se dilapida su fuerza, se afloja su densidad”. Cfr. “Dimensión eclesial de la identidad
cristiana”, en Jesús sí, la Iglesia también (Salamanca 1983), p. 311.
a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días, para
gran número de personas que recibieron el bautismo, pero viven al margen de la
vida cristiana; para las gentes sencillas que tienen cierta fe, pero conocen poco
los fundamentos de la misma; para los intelectuales que sienten necesidad de
conocer a Jesucristo bajo una luz distinta de la enseñanza que recibieron en su
infancia y para otros muchos" (EN, nº 52).

Otros espacios eclesiales especialmente señalados como destinatarios de


evangelización -señala la Exhortación- son las comunidades eclesiales de base.
El Papa Pablo VI considera el fenómeno de la aparición de las pequeñas
comunidades como un signo de los tiempos: "florecen un poco por todas partes
en la Iglesia, según los distintos testimonios escuchados durante el Sínodo" (EN,
nº 58). El Papa Pablo VI hace un pleno reconocimiento eclesial de las pequeñas
comunidades cristianas: son destinatarias de la evangelización y, al mismo
tiempo, evangelizadoras; florecen un poco por todas partes y nacen en el interior
de la Iglesia, para vivir todavía con más intensidad la vida de la Iglesia, para hacer
crecer a la Iglesia. Al mismo tiempo, señalará los criterios para su discernimiento
eclesial: se alimentan de la Palabra de Dios, no son contestatarias, viven unidas a
la Iglesia local y universal, están en sincera comunión con los Pastores, no se
creen el único agente de evangelización, crecen cada día en compromiso
misionero y son universalistas y no sectarias.

b) En Catechesi tradendae (1979)

El Sínodo de la Catequesis vendría a confirmar unánimemente la


conveniencia de los procesos catecumenales (diversos métodos de iniciación a la
vida cristiana) para aquellos que aún no recibieron una adecuada educación en la
fe cristiana: “Nuestra preocupación pastoral y misionera... se dirige a quienes, a
pesar de haber nacido en un país cristiano, e incluso en un contexto
sociológicamente cristiano, nunca han sido educados en su fe y, como adultos,
son verdaderos catecúmenos” (CT, n º 44)76. El Sínodo precisaría, además, que
con esta educación no se trata de adquirir nuevos conocimientos, sino más bien
de una iniciación en una verdadera experiencia comunitaria de la vida cristiana.

El Sínodo del 77 vino a marcar un verdadero jalón en la maduración de una


pastoral catecumenal, que a partir de este momento va a encontrar un apoyo más
madurado y decidido entre los obispos. Esto es lo que sugiere la lectura de la

76
En esta IV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos se tuvo en cuenta la experiencia del CN en las
parroquias. Así consta expresamente en las intervenciones de los Cardenales Suenens (cfr. Informaciones
Catholiques Internationales nº 520, 15-11-1977, p. 50) y Benelli (cf. Vida Nueva n.º1100, 15-10-1977, p. 1988).
Proposición 3077, en la que se invita a: "Suscitar las experiencias catecumenales,
animarlas, promover la coordinación y diálogo entre ellas, ejercer un necesario
discernimiento, establecer los necesarios servicios de índole diocesana y
nacional, facilitar una general toma de conciencia del valor eclesial de estas
instituciones".

Los obispos del Sínodo reconocen en la pastoral catecumenal un gran


servicio a la fe del Pueblo de Dios; por ello, perciben como responsabilidad
propia de los pastores de la Iglesia, ser los primeros impulsores de una verdadera
pastoral catecumenal. A partir de este momento dos serán las líneas-fuerza que
se van a comenzar a destacar: a) por una parte la insistencia en que toda catequesis
ha de tener una inspiración catecumenal, en este sentido D. José Manuel Estepa,
Delegado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y secretario
técnico del Sínodo, decía un año después de su celebración, a este respecto, lo
siguiente: "El Sínodo juzgó que los procesos catecumenales tienen hoy un lugar
imprescindible en la iniciación de los cristianos en la fe. Un proceso educativo
eclesial no puede concebirse hoy como un mero proceso cognoscitivo sino como
un itinerario vital, en el que se integran diversas dimensiones, entre ellas, la
dimensión poética"78; b) por otra, la convicción ya madurada eclesialmente de
que el lugar propio de la catequesis es la comunidad cristiana, es decir la
inspiración comunitaria en la que brota y desde la que se lleva adelante todo
proceso catequizador79.

De modo general, la CT destacó la importancia de la comunidad con


relación a la catequesis: "La catequesis corre el riesgo de esterilizarse, si una
comunidad de fe y vida cristiana no acoge al catecúmeno en cierta fase de la
catequesis. Por eso la comunidad eclesial, a todos los niveles, es doblemente
responsable respecto a la catequesis: tiene la responsabilidad de acogerlos en un
ambiente donde puedan vivir, con la mayor plenitud posible, lo que han
aprendido" (nº 24).

77
Cfr. IVª Asamblea del Sínodo de los Obispos (1977), Proposición 30: Actualidad Catequética 96 (enero-
marzo 1980) , pp. 137-138.

78
Cfr. J.M. ESTEPA, La catequesis en nuestro tiempo. Principales líneas de fuerza del Sínodo 77: Actualidad
Catequética, 86 (1978), p. 103.

79
Lo proclamó ya el Sínodo ´77 al declarar que la comunidad es el origen y meta de toda catequesis, y se
convirtió en un leit-motiv constantemente repetido en la década de los ´80. Para el Sínodo ´77 la comunidad
cristiana es donde "los cristianos viven su conciencia clara de unión con Cristo y el Padre en el Espíritu, escuchan
y ponen en práctica la palabra de Dios, celebran su fe, sobre todo en los sacramentos, oran juntos y viven la
fraternidad en el amor, alimentan la conciencia de tener una misión en el mundo, reconocen sus limitaciones
individuales y comunitarias abriéndose a la comunión con las restantes comunidades cristianas de la Iglesia local
y universal". Cfr. IV Sínodo de los Obispos, Mensaje al pueblo de Dios y documentación complementaria
(Proposición 25).
La pequeña comunidad o comunidad eclesial de base aparece en la CT -
sostiene J. López- como uno de los "múltiples lugares, momentos o reuniones por
valorizar", "momentos de gran importancia en que la catequesis encuentra
cabalmente su puesto" (nº 47)80.

En la CT la pequeña comunidad es un lugar de gran importancia


catequética, pero no el lugar principal, como se votó en el Sínodo de la Catequesis
(Proposición 29). El lugar privilegiado corresponde a la parroquia. Además, la
parroquia debe velar "por la integración de distintos grupos en el cuerpo eclesial"
(nº 67). El Sínodo de la Catequesis (1977) reconoció que las pequeñas
comunidades eclesiales ocupan “el lugar principal” en la transmisión de la fe y
que la pequeña comunidad eclesial es la vía ideal para la transformación
progresiva de la parroquia.

Sin duda, el Sínodo de la catequesis había sido más crítico y más renovador
ante la situación actual de la parroquia, peculiar lugar de catequesis, necesitado
de profunda renovación: "De hecho, no pocas parroquias por diversas razones,
están lejos de constituir una verdadera comunidad cristiana. Sin embargo, la vida
ideal para renovar esta dimensión comunitaria de la parroquia podría ser
convertirla en una comunidad de comunidades"81.

c) En Puebla (1979)

Significado especial tendrán, en la III Conferencia episcopal


latinoamericana, las comunidades eclesiales de base, "cuya multiplicación se
hace cada día más necesaria para responder a una evangelización más
personalizante"82. La Conferencia de obispos latinoamericanos en Puebla hace
una evaluación muy positiva de las pequeñas comunidades, después de una
experiencia de más de diez años, los obispos vuelven la mirada al acto fundante

80
Cfr. JESÚS LÓPEZ., Catequesis de adultos y Catechesi Tradendae, diez años después: Sinite 92 (1989), p.
485. Ver también C. FLORISTÁN, El proceso catecumenal en la Catechesi Tradendae: Sinite 92 (1989), pp.
511-517.

81
Cfr. Proposición 29. Según JJ. TAMAYO-ACOSTA las Proposiciones aprobadas por los obispos reunidos
en el IV Sínodo de obispos, referidas a la catequesis y al lugar de las cc. bb. en ella, se mueven en la misma
perspectiva abierta por la Evangelii Nuntiandi: "Se concede gran importancia a las pequeñas comunidades
cristianas para la catequesis. Y, lo que es más importante, se demanda a los obispos que promuevan dichas
comunidades como lugares de catequización, alienten sus valores positivos y su dinamismo, las ayuden a
encontrar su propia misión en la Iglesia local, las doten de medios para desarrollar una catequesis adecuada y
armonicen las pequeñas comunidades con la catequización de la vida de la Iglesia (Proposición 29)". Cfr.
Comunidades de base y la Catechesi Tradendae: Sinite 92 (1989) pp. 502-503.

82
Cfr. IIIª CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO, La evangelización en
el presente y en el futuro de América Latina. Puebla (Bogotá 1983), (4ª ed.,), nº 111.
de Medellín y constatan el doble fenómeno de crecimiento numérico y de la
madurez de las comunidades de base, que son vistas con alegría y esperanza para
la Iglesia. Ellas, dice Puebla citando a Medellín, "se han convertido en focos de
evangelización y en motores de liberación y desarrollo" (nº 56). Son presentadas
como lugar privilegiado para vivir la fraternidad y como una buena fuente de
donde nacen los ministerios laicales, como presidentes de asambleas,
responsables de comunidades, catequistas, misioneros, etc. La evangelización en
el futuro “reconocerá la validez de la experiencia de las comunidades eclesiales
de base y estimulará su desarrollo en comunión con sus pastores” (nº 155).

Al mismo tiempo, se reconoce que en el diálogo con el hombre de hoy, la


catequesis llega a los adultos "en formas más adecuadas al pueblo sencillo" (nº
629); en concreto, se señala que, las pequeñas comunidades, lejos de formar una
estructura elitista, son "expresión del amor preferente de la Iglesia por el pueblo
sencillo; en ellas se expresa, valora y purifica su religiosidad y se le da la
posibilidad concreta de participación en la tarea eclesial y en el compromiso de
transformar el mundo" (nº 643).

Además del reconocimiento tan explícito de las comunidades de base como


el referido, los obispos latinoamericanos asumieron en la Asamblea de Puebla el
compromiso decidido de "promover, orientar y acompañar a las comunidades
eclesiales de base" (nº 490).

d) El Código de Derecho Canónico (1983)

Siguiendo el Decreto Ad Gentes (nº 14), el Código de Derecho Canónico


de 1983 recoge en unos quince cánones el aspecto jurídico del catecumenado.

En fidelidad al Vaticano II, en el c. 206 encontramos las bases del estatuto


canónico de los catecúmenos. Aunque no hayan recibido el bautismo, están ya
vinculados a la Iglesia y ésta los acoge y considera suyos83.

Sobre la organización del catecumenado tratan los cc.788 y 851:

788.1.- Quienes hayan manifestado su voluntad de abrazar la fe en Cristo,


una vez cumplido el tiempo de precatecumenado, sean admitidos en ceremonias
litúrgicas al catecumenado, e inscríbanse sus nombres en un libro destinado a este
fin.

83
Una aplicación puede verse en los cc. 1170 y 1183. La distinta condición de los fieles cristianos y de los
catecúmenos queda recogida en los cc. 204-205; aunque sería un error interpretar esta distinción que hace el
Código como una distinción meramente disciplinaria.
2.- Por la enseñanza y el aprendizaje de la vida cristiana, los catecúmenos
han de ser convenientemente iniciados en el misterio de la salvación, e
introducidos a la vida de la fe, de la liturgia y de la caridad del pueblo de Dios y
del apostolado.
3. Corresponde a las Conferencias Episcopales publicar unos estatutos por
los que se regule el catecumenado, determinando qué obligaciones deben cumplir
los catecúmenos y qué prerrogativas se les reconocen.
851. Se ha de preparar convenientemente la celebración del bautismo:
1.- El adulto que desee recibir el bautismo ha de ser admitido al
catecumenado y, en la medida de lo posible, ser llevado por los pasos sucesivos
a la iniciación sacramental, según el ritual de iniciación adaptado por la
Conferencia Episcopal y atendiendo a las normas peculiares dictadas por la
misma.

El legislador al comentar estos cánones manifiesta lo siguiente: los


catecúmenos, antes presentes tan sólo en países de misión y ahora, por desgracia,
también en los de vieja cristiandad, son objeto de atención en el nuevo Código,
que esboza un peculiar estatuto jurídico para ellos. Establecidos los principios
fundamentales de su situación en el c. 206, se describe (c. 788) aquí su ingreso
en el catecumenado (estudiado también en el c. 865), al par que se apuntan (en el
c. 865) las exigencias a las que estarán sometidos. El c. 1183 les concede una
equiparación a los fieles en lo que se refiere a las exequias (1º).

El nuevo Código no entra, en ningún caso, a considerar la situación de los


cuasi catecúmenos (CT, nº 44).

e) En el Sínodo extraordinario 1985

A los veinte años del Vaticano II, el Papa Juan Pablo II convocó un Sínodo
extraordinario en Roma con la finalidad de "celebrar, verificar y promocionar el
Vaticano II"84. Al ser tratado el tema de la evangelización se reconoce que "por
todas partes en el mundo, la transmisión de la fe y de los valores morales, que
proceden del Evangelio, a la generación próxima (a los jóvenes) está hoy en
peligro. El conocimiento de la fe y el reconocimiento del orden moral se reducen
frecuentemente a un mínimo. Se requiere, por tanto, un nuevo esfuerzo en la
evangelización y en la catequesis integral y sistemática"85. Teniendo muy
presente, -se afirma- en la Relación Final- que "hay que promover la propia

84
Cfr. SÍNODO 1985. Documentos I.2 (Madrid 1985).

85
Ibid., II, B) a) 2.
espiritualidad de los laicos fundada en el bautismo"86. De ahí, que en otra
sugerencia, se pida que "las catequesis, como así lo fueron en el comienzo de la
Iglesia, deben ser de nuevo el camino que introduzca a la vida litúrgica
(catequesis mistagógicas)"87. Es más, por primera vez en un documento eclesial
de este rango se va a decir expresamente que "la evangelización no pertenece
sólo a la misión en sentido ordinario, es decir, a los gentiles. La evangelización
de los no creyentes presupone la autoevangelización de los bautizados y también
de los mismos diáconos, presbíteros y obispos"88.

El Sínodo de 1985 volvió a subrayar que la eclesiología de comunión es


una idea central y fundamental en los documentos del Concilio, pero esta
eclesiología "no se puede reducir a meras cuestiones organizativas o a cuestiones
que se refieren a meras potestades. La eclesiología de comunión es el fundamento
para el orden de la Iglesia y en primer lugar para la recta relación entre unidad y
pluriformidad"89. Efectivamente, una de las aportaciones más firmes de esta
Asamblea Sinodal, ha sido la de poner en primer plano la Iglesia como comunión.
Va a ser en este contexto, donde el Sínodo retomando lo ya apuntado por la
Evangelii Nuntiandi, afirmará "porque la Iglesia es comunión, las nuevas
comunidades eclesiales de base, así llamadas si verdaderamente viven en la
unidad de la Iglesia, son verdadera expresión de comunión e instrumento para
edificar una comunión más profunda. Por ello dan una gran esperanza para la vida
de la Iglesia (cf. EN 58)"90.

Síntesis teológico pastoral

1ª) Ante el fenómeno creciente de la secularización, la Iglesia va a ir


desbrozando cada vez con mayor nitidez la naturaleza genuina de su misión
evangelizadora, y al mismo tiempo demandando las respuestas pastorales más
necesarias para cada una de las situaciones.

2ª) Los Sínodos dedicados expresamente a la evangelización (1974) y


catequesis (1977) van a ir apuntando a la necesidad, conveniencia y urgencia del
catecumenado post-bautismal. En ambos sínodos se produce un giro copernicano

86
Ibid., II. A) 5.

87
Ibid., II, B) b) 2.

88
Ibidem.

89
Ibid., II, C), 1.

90
Ibid., II, C) 6.
pastoralmente hablando: se deja de mirar a los niños como los principales
destinatarios de la acción eclesial y pastoral y se señala a los adultos como los
destinatarios preferenciales de la misión evangelizadora de la Iglesia y la
catequesis de adultos como la forma principal de toda acción catequética.

3ª) La valoración de la pastoral catecumenal y comunitaria en este decenio


es muy clarificadora en los documentos del Magisterio de la Iglesia. Si cabe, hay
una acentuación más determinante en la potenciación de las experiencias
comunitarias en la base eclesial pero reconociendo que ambas perspectivas
pastorales se implican y mutuamente se reclaman.

4ª) Es muy clarividente que se contemple la evangelización integral


también englobando a todos los bautizados y que se pida la recuperación del
carácter mistagógico en el proceso catequizador.

5ª) Este decenio ha pasado a la historia de la teología pastoral como un


tiempo de asentamiento en los principios más renovadores que tienen en el
Concilio su inspiración: la Iglesia como sujeto evangelizador, la opción y
preocupación de la Iglesia por el pueblo sencillo y más pobre, la restauración del
catecumenado, la importancia de la pequeña comunidad, la centralidad de la
eclesiología de comunión.

4. Tercera etapa: La pastoral catecumenal y pequeñas


comunidades bajo el horironte de la Nueva Evangelización (1985-
1995)

El decenio que va desde la mitad de los años 80 hasta mediados de los


noventas ha tenido y tiene, desde una perspectiva eclesial y pastoral, un mismo
denominador común, el deseo expreso de poner en marcha en toda la Iglesia un
programa orgánico de evangelización para el cual el mismo Papa Juan Pablo II
ha acuñado la expresión de Nueva Evangelización91.

91
El concepto de nueva evangelización fue mencionado y difundido por primera vez por el propio Juan Pablo
II en Puerto Príncipe (Haití), en el discurso dedicado a la celebración del Vº Centenario de la evangelización de
América, precisando ya unos rasgos que en los años posteriores se han ido clarificando con mayor profundidad.
La evangelización a la que Juan Pablo II convoca quiere ser nueva por su ardor, sus métodos y su expresión. Cfr.
JUAN PABLO II, Discurso al CELAM, 9-III-1983: AAS 75 (1983-I) pp. 777-779. Este concepto comenzó a ser,
de forma insistente, el centro de las intervenciones sucesivas del Papa, quien tres años más tarde, en 1986, en el
discurso que dirigiera a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de Europa, ya expondría las razones y los
contenidos de la Nueva Evangelización en relación con la situación espiritual y las necesidades pastorales de
Europa. Cfr. Carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales de Europa, 2-1-1986: AAS 78 (1986), pp.
454-457. Para un estudio, más en profundidad, de la historia, contenidos y alcance de esta Nueva Evangelización,
son interesantes estas obras: FERNANDO SEBASTIÁN AGUILAR, Nueva evangelización (Madrid 1991),
RICARDO BLÁZQUEZ, Iniciación Cristiana y nueva Evangelización (Bilbao 1992). Muy crítico con la
Si nos acercamos con detenimiento a los documentos de la Iglesia que a lo
largo de este decenio se han ido publicando, descubriremos con facilidad que la
nueva evangelización se ha convertido en el elemento dinamizador y unificador
de la actividad pastoral para la Iglesia misma. Tal es así que, con palabras de
González Dorado, se ha definido esta nueva evangelización "como el primer
proyecto de evangelización orgánica de toda la Iglesia, que pretende enfrentar
desde su misión la nueva situación de humanidad interdependiente y unificada a
nivel planetario"92. En poco tiempo la expresión Nueva Evangelización se ha
convertido en una palabra de moda a la que se asociarán significados diversos y
a veces contrastantes. J. Gevaert distingue cuatro significados:

1º) Se habla de nueva evangelización simplemente como sinónimo de


catequesis de los adultos. Este término se escucha siempre con simpatía. La fe de
muchos cristianos no resiste hoy a la presión contraria del ambiente y de la
cultura, pues han quedado fijados en el catecismo de la infancia. Por eso hace
falta una nueva evangelización a nivel de adultos.

2º) Hay un segundo modo de usar el término nueva evangelización. Se


refiere a la recuperación de los numerosos bautizados que no sólo no frecuentan
ya con regularidad la Iglesia, sino que incluso se han alejado mucho de la fe.

3º) El tercer modo hace referencia a la empresa de una segunda


evangelización de Europa; recristianizar Europa. Se trata de convertirla de nuevo
en un continente cristiano, superando el pluralísmo, la secularización, el laicismo,
la indiferencia religiosa, el ateísmo.

4º) Y el cuarto modo de hablar sobre la nueva evangelización insiste en


este hecho: ante la profunda crisis de transmisión de la fe a una generación nueva
de cristianos, es necesario plantear la evangelización de un modo diverso o nuevo
(nueva evangelización)93.

interpretación que hace Fernando Sebastián se muestra FLORISTÁN, La "nueva evangelización". Ambigüedades
y exigencias: Sal Terrae 79 (1991), pp. 879-893..

92
Cfr. A. GONZÁLEZ DORADO, Juan Pablo II y la "Nueva Evangelización": Misión Abierta, 5 (1990), p.
39; según González Dorado, "la nueva evangelización es el primer plan de pastoral orgánica de toda la Iglesia",
en: La Nueva Evangelización promotora de la civilización de la solidaridad: Confer (1989), p. 587. Si bien es
cierto que no han faltado voces críticas que han levantado la sospecha de encontrarnos aquí con un programa
pastoral de tipo restauracionísta en el que la vuelta al pasado sea propiciada y alentada, ver J. MARTÍN
VELASCO, La nueva evangelización. Ambigüedades de un proyecto necesario: Misión Abierta (5/1990), pp. 87-
97.

93
Cfr. “Nueva Evangelización”, en Primera evangelización (Madrid 1992), pp. 8-11 (contiene una bibliografía
actualizada y abundante con las mejores plumas que han tratado sobre la Nueva Evangelización).
Los precedentes de esta expresión de Juan Pablo II están sin duda en la
Asamblea del Sínodo de los Obispos dedicada al tema de la Evangelización en el
año 1974. La Exhortación postsinodal de Pablo VI se acerca mucho a esta misma
expresión cuando habla de "tiempos nuevos de evangelización" (EN, nº 20). En
realidad, afirma Fernando Sebastián, "todo el contenido de la admirable
Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, posterior a la Asamblea Sinodal de
1974, es ya una introducción y una verdadera fundamentación del concepto y de
la misma consigna pastoral de la nueva evangelización"94.

A lo largo de nuestra exposición, venimos haciendo un recorrido por los


diversos documentos post-conciliares que han puesto el acento en la
evangelización teniendo muy presente que los principales destinatarios de la
misma son los adultos. Las expresiones con que nos hemos encontrado son las
siguientes: re-evangelización, segunda evangelización, autoevangelización y por
último nueva evangelización, que es la fórmula que definitivamente se ha ido
generalizando95. En síntesis podemos afirmar con C. Floristán, que "la nueva
evangelización se orienta a bautizados, sean alejados, no practicantes o
indiferentes, para que personalicen la fe que inconscientemente recibieron con el
sacramento. La segunda evangelización es, pues, acción misionera de la Iglesia
en los países de cristiandad, en relación a los bautizados que viven al margen de
la vida cristiana o tienen una fe, más o menos vaga, sin fundamentos fe del
carbonero o con fundamentos inadecuados (creencias infantiles o mágicas)"96.

También hemos visto que en esta tarea evangelizadora ha ido adquiriendo


importancia progresivamente en la Iglesia, sobre todo a partir de la publicación
del Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, la pastoral catecumenal que ha
recuperado la vigencia, actualidad y fecundidad de la institución del
Catecumenado como un método tradicional del que la Iglesia siempre se ha
servido en las épocas de mayor actividad e intensidad misionera y
evangelizadora.

Pues bien, la insistencia en la Nueva Evangelización en este decenio (1985-


1995), como veremos en el análisis que vamos a intentar hacer de esta tercera
etapa de nuestro recorrido histórico, nos va a poner delante, de nuevo, la urgente
necesidad de la pastoral catecumenal y la creciente actualidad de una pastoral más
comunitaria y comunional. Y no puede ser de otra forma -señala Ricardo
Blázquez- porque "la evangelización tiene que ver con los fundamentos de la

94
Cfr. FERNANDO SEBASTIÁN, Nueva evangelización, p. 21.

95
El alcance del contenido de estas expresiones lo analiza RICARDO BLÁZQUEZ, o. cit., pp. 49-57.

96
Cfr. C. FLORISTÁN, Para comprender el Catecumenado, p. 25.
existencia cristiana y de la Iglesia. Por este motivo existe connaturalidad entre
iniciación cristiana y nueva evangelización...Iniciación cristiana, catecumenado,
catequesis misionera, actuación apostólica con inspiración catecumenal parecen
ser los métodos básicos para llevar a cabo la misión pendiente"97.

En las dos etapas anteriores hemos querido ir señalando la lenta pero


progresiva valoración de las realidades catecumenales y comunitarias en la
Iglesia; en esta 3ª etapa el acento va a estar puesto en impulsar la Nueva
Evangelización. Vamos a detenernos, de nuevo, en aquellos documentos que en
continuidad con otros anteriores, orientan, señalan y apuntan los caminos de la
Nueva Evangelización, para descubrir qué lugar ocupa en ellos las realidades
catecumenales y comunitarias.

Para noviembre de 1985 había convocado el Papa Juan Pablo II un Sínodo


extraordinario con el fin de celebrar, verificar y promocionar el Concilio
Vaticano II, a los 20 años de su clausura.

La convocatoria de este Sínodo propició en toda la Iglesia una corriente de


reflexión en clave de revisión de los grandes logros y también de las lagunas que
la recepción del Concilio había supuesto para la Iglesia. Jornadas de estudio se
multiplicaron en distintos foros y a distintos niveles eclesiales con la finalidad de
analizar la real influencia, inspiración y concreción de las grandes aportaciones
conciliares en las distintas Iglesias locales; la proliferación de libros y nuevas
publicaciones que trataron la recepción del Concilio no se hicieron esperar y
comenzaron a aparecer estudios concienzudamente dedicados a esta temática.

Dentro de la abundante bibliografía que se publicó este año, una de las


novedades más impactantes del momento fue, sin duda alguna, la aparición de un
libro presentado en forma de entrevista que tenía como principal protagonista al
cardenal Joseph Ratzinger98, Prefecto, desde 1982, de la Sagrada Congregación
para la Doctrina de la Fe, y que llevaba por título Informe sobre la Fe. Las
afirmaciones que en él se vertían trataban de las cuestiones más candentes y
controvertidas en la Iglesia, de ahí que la lectura que hiciera el cardenal tuviera
real influencia en los acontecimientos de la vida eclesial de este momento.

La tesis que expone el cardenal Ratzinger en esta obra es que una de las
raíces de la crisis por las que atraviesa la Iglesia está en la eclesiología: "Aquí
está el origen de buena parte de los equívocos o de los auténticos errores que

97
Ibid., p. 17.

98
Cfr. JOSEPH RATZINGER/VITTORIO MESSORI, Informe sobre la fe (Madrid 1985).
amenazan tanto a la teología como a la opinión común católica"99. En cambio,
junto a esta crisis, señala el cardenal, "lo que a lo largo y ancho de la Iglesia
universal resuena con tonos de esperanza -y esto sucede justamente en el corazón
de la crisis de la Iglesia en el mundo occidental- es la floración de nuevos
movimientos que nadie planea ni convoca y surgen de la intrínseca vitalidad de la
fe. En ellos se manifiesta -muy tenuamente, es cierto, algo así como una
primavera pentecostal en la Iglesia. Pienso, por ejemplo, en el Movimiento
carismático, en las Comunidades Neocatecumenales, en los Cursillos, en el
Movimiento de los Focolari, en Comunión y Liberación, etc"100.

La valoración que hace Ratzinger de estos nuevos movimientos es


confiadamente positiva: "La intensa vida de oración presente en estos
Movimientos no implica un refugiarse en el intimismo o un encerrarse en una
vida privada. En ellos se ve simplemente una catolicidad total e indivisa. La
alegría de la fe que manifiestan es algo contagioso y resulta un genuino y
espontáneo vivero de vocaciones para el sacerdocio y la vida religiosa". Y no
oculta las dificultades que plantean:"Nadie ignora, sin embargo, que entre los
problemas que estos nuevos movimientos plantean está también el de su inserción
en la pastoral general: lo asombroso es, que todo este fervor, no es el resultado de
planes pastorales oficiales ni oficiosos, sino que en cierto modo aparece por
generación espontánea. La consecuencia de todo ello es que las oficinas de
programación -por más progresistas que sean, no atinan con estos movimientos,
no concuerdan con sus ideas. Surgen tensiones a la hora de insertarlos en las
actuales formas de las instituciones, pero no son tensiones propiamente con la
Iglesia jerárquica como tal".

El cardenal Ratzinger mira con optimismo estas nuevas realidades y piensa


que está forjándose una nueva generación de Iglesia para la que pide "mantenerle
abiertas las puertas, disponerle el lugar"101.

Esta obra de Ratzinger, las reflexiones en profundidad hechas por los


obispos en diversos foros y a distintos niveles eclesiales, la celebración del

99
Ibid., p. 53.

100
Ibid., p. 50.

101
No deja de sorprender el paralelismo entre la lectura que hacer Ratzinger de este fenómeno postconciliar
que es el de la aparición de los nuevos movimientos y el que hiciera Mons. Bugnini en 1974 con respecto a las
CNC: "Todo Concilio -afirma Ratzinger-, para que resulte verdaderamente fructífero, debe ir seguido de una
floración de santidad. Así sucedió después de Trento, que precisamente gracias a esto pudo llevar a cabo una
verdadera reforma. La salvación de la Iglesia viene de su interior" (Ibid., p. 49). "Todas las reformas en la Iglesia
-afirmaba Bugnini- han aportado nuevas iniciativass y promovido nuevas instituciones, que han realizado los
objetivos de la renovación. Así sucedió después del Concilio Trento; y no podía suceder ahora de otro modo...Un
ejemplo excelente de esta renovación se encuentra en las Comunidades Neocatecumenales...".
Sínodo Extraordinario de 1985 y las sucesivas Asambleas ordinarias de obispos
celebradas en esta década (1985-1995) nos van a ir dando la verdadera medida
del nivel de valoración de las realidades comunitarias y catecumenales. Y, todo
ello enmarcado en un gran programa global de pastoral que hemos denominado
de Nueva Evangelización.

a) En el VI Simposio de los Obispos de Europa (1985)

El VI Simposio de los Obispos de Europa se reúne en Roma 7-11 de


octubre bajo la presidencia del cardenal Basil Hume, presidente del Consejo de
las Conferencias Episcopales Europeas, y con el tema Secularización y
evangelización en Europa hoy102. Una de las Ponencias más destacadas por la
influencia que iba a tener en la Asamblea Sinodal extraordinaria a celebrar un
mes más tarde fue la del arzobispo de Malinas-Bruselas, cardenal Danneels103.

En esta Ponencia hay un profundo discernimiento sobre la situación


religiosa en Europa para diagnosticar las raíces del ateísmo que la invade: "el
diagnóstico sobre el ateísmo de nuestro mundo occidental, permaneciendo muy
grave y alarmante, no se encuentra, sin embargo, sin salida ni sin esperanza" -
afirma Danneels-, para quien urge una segunda evangelización que llegue al
corazón de los hombres seducidos por un ateísmo práctico, al que define como
"entorpecimiento espiritual..Este ateísmo práctico no es un sistema para pensar,
ni una filosofía ni una religión mundana. Se aproxima más bien a un vacío
espiritual, que cada vez más, en nuestra época, se convierte en la única alternativa
de la fe"104.

En esta urgente necesidad de evangelización que está reclamando el


continente europeo, señala el cardenal Danneels el papel decisivo que juegan y
van a jugar los grupos pequeños, entre los que enumera los "grupos de oración,
grupos de renovación; neocatecumenado; comunidades carismáticas o de otra
clase, aparición de nuevos grupos religiosos fuera de los monasterios y de las
congregaciones religiosas clásicas, etc"105. Según el cardenal en estos grupos es

102
Fue tratado ampliamente en Ecclesia, nº 2.242.

103
Cfr. cardenal DANNEELS, Evangelizar la Europa secularizada: Ecclesia, nº 2.251, pp. 28-41. Al cardenal
Danneels se le encargó la Relación Final del Sínodo-1985.

104
Ibid., p. 31.

105
Ibid., p. 39. Sin embargo, no parece tener muy claro el cardenal "¿cómo encontrar la articulación entre
estos grupos y las estructuras clásicas de la Iglesia que son las parroquiass y los movimientos? ¿Cómo
revitalizarlos? El interrrogante queda abierto. ¿Es verdad que los pequeños grupos de renovación de la vida
cristiana no podrán alcanzar su madurez y su objetivo sino en el momento en el que consigan insertarse en la
donde se está realizando un trabajo verdaderamente misionero, kerygmático, de
anuncio directo, explícito, ad extra: "aparte de algunos grupos aislados como la
Legión de María y ciertas comunidades de renovación, el neocatecumenado y los
cursillos, se hace muy poco en momento actual para anunciar a Cristo a los que
están lejos"106.

El cardenal Danneels denuncia en esta Ponencia que "la evangelización en


Europa hoy día parece sufrir una especie de desequilibrio: El de la dosificación
del Kerygma y de la didaché"107, de ahí la urgencia por "encontrar nuevos lugares
para la primera evangelización, el Kerigma. Tenemos necesidad de nuevos
métodos y de nuevos tipos de evangelizadores porque la mayor parte de los
catequizandos, sigue afirmando el cardenal, no tienen fe o en muy pequeña
medida. Su primera evangelización (el kerygma) está todavía por hacer. Por ello,
sería necesario que en la situación actual (en la escuela, en la parroquia, en los
diferentes ambientes de vida o de trabajo) se crearan lugares y momentos del
primer anuncio, los cuales nos faltan"108. Todos -cristianos y no bautizados- tienen
necesidad del Kerygma en nuestra cultura secularizada"109.
Esta necesidad de acometer un renovado impulso en la evangelización de
Europa viene urgido, además, por la aparición de un fenómeno preocupante: las
Sectas; para el cardenal Danneels, Europa empieza a ser un "continente barrido
por las sectas"110, y solicita con urgencia "estudiar el fenómeno de las sectas y
obtener las conclusiones de su éxito (aún cuando efímero)"111. Entre los

parroquia para devolverle impulso y vida? ¿Es necesario desplazar el centro de nuestra actividad evangelizadora
y hacer la opción de los pequeños grupos o de las agrupaciones o movimientos espirituales nuevos?" (ibidem).

106
Ibid., p. 40.

107
Ibidem.

108
Por primer anuncio el Cardenal entiende “el anuncio directo -abrupto- del Kerygma, como Cristo y los
apóstoles -sobre todo Pablo- lo predicaron. Es el anuncio directo del misterio salvífico de Cristo -su muerte y su
resurrección. Así lo hizo Pedro el día del primer Pentecostés. Esta predicación lleva a los oyentes directamente a
la crisis: suscita necesariamente una reacción, como la de los judíos tras el anuncio hecho por Pedro: Hermanos,
¿qué debemos hacer? (Hch. 2,37). Ante una predicación de este tipo, uno sólo puede responder con un sí o un no.
Este método de evangelización, que podemos llamar directo, abrupto, Kerygmático, es tanto más indispensable
cuanto raro resulta en nuestra época.

109
Cfr. GODFRIED DANNEELS, La Iglesia de la "segunda" evangelización: Communio (Julio-
Agosto 1986), p. 337.

110
"Se encuentran, entre nosotros, las sectas, cuya difusión ha sorprendido a los observadores de los últimos
años. Con la superabundancia y la vitalidad de una vegetación tropical, dichas sectas han invadido Europa". Ibid.,
p. 36.

111
Ibidem. Esta misma preocupación venían manifestando ya las diversas Conferencias Episcopales de todo
el mundo. El Secretariado del Vaticano para la Unidad de los Cristianos envió en febrero de 1984 un Cuestionario
a las Conferencias Episcopales y a estructuras semejantes, con la intención de recibir informaciones e indicaciones
dignas de confianza para poder presentar un Informe sobre el tema. Este informe progresivo, basado en las
respuestas (más o menos de 75 CE) y en la documentación recibida hasta octubre de 1985 salió publicado al año
desafíos y enfoques pastorales que este Documento señalará como importantes
se encuentra el de fomentar el sentido comunitario de la Iglesia: "Casi todas las
respuestas piden una revisión (al menos en muchas situaciones locales) del
tradicional sistema parroquial comunitario, una búsqueda de objetivos
comunitarios, que sean más fraternos, más a medida de hombre, más adaptados a
las condiciones de vida de las personas; más comunidades eclesiales de base:
constituyendo comunidades de fe, amor (calor, aceptación, entendimiento,
reconciliación, intimidad, fraternidad), y esperanza; comunidades que celebren,
comunidades que oren, comunidades misioneras: que vayan adelante y den
testimonio; comunidades abiertas y que quieran ayudar a personas con problemas
especiales: divorciados y vueltos a casar, marginados"112.

Muy en sintonía con el tenor de esta Ponencia, fue el discurso113 que Juan
Pablo II dirigió a todos los participantes al Simposio el 11 de octubre al ser
recibidos en audiencia privada. En él les recuerda que "Europa, a la que hemos
sido enviados, ha experimentado tales y tantas transformaciones culturales,
políticas, sociales y económicas, que plantean el problema de la evangelización
en términos totalmente nuevos"114; para el Papa los cambios que se han producido
son de tal magnitud que "plantean el desafío más radical que la historia ha
conocido en el cristianismo y en la Iglesia"115, y están pidiendo "una nueva
síntesis creativa entre el Evangelio y vida"116, que, entre otras cosas, reclama un
nuevo tipo de evangelizador: "Para esta sublime misión de conseguir que florezca
una nueva edad de evangelización en Europa -afirma Juan Pablo II-, se requiere
hoy evangelizadores particularmente preparados. Son necesarios heraldos del
Evangelio expertos en humanidad que conozcan a fondo el corazón del hombre
de hoy, participen de sus alegrías y esperanzas, angustias y tristezas, y al mismo
tiempo sean contemplativos enamorados de Dios. Para esto se necesitan nuevos
santos. Los grandes evangelizadores de Europa han sido los santos"117.

siguiente: SECRETARIADO PARA LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, Sectas o nuevos movimientos


religiosos. Desafíos pastorales (Madrid 1986).

112
Ibid., p. 46.

113
Cfr. JUAN PABLO II, Europa debe recordar siempre sus raíces cristianas: Ecclesia, nº 2.242, pp. 8-13.

114
Ibid., p. 8.

115
Ibidem.

116
Ibid., p. 9.

117
Ibid., p.11.
El Papa hablará en este discurso de que hay que volver al modelo
apostólico primero. "Para realizar una eficaz labor de evangelización debemos
volver a inspirarnos en el primerísimo modelo apostólico. Dicho modelo,
fundamental y paradigmático, lo contemplamos en el Cenáculo: los Apóstoles
están unidos y perseverantes con María en espera de recibir el don del Espíritu.
Sólo con la efusión del Espíritu comienza la obra de la Evangelización. El don
del Espíritu es el primer motor, la primera fuente, el primer soplo de la auténtica
evangelización. Es necesario, pues, comenzar la evangelización invocando el
Espíritu y buscando donde sopla el Espíritu (cfr. Jn 3,8)"118.

b) En Christifideles laici (1989)

En 1987 tuvo lugar la celebración de la VII Asamblea general ordinaria de


Obispos119, dedicada a reflexionar sobre el papel de los seglares en la Iglesia y en
el mundo.

El Papa tardó más de un año en publicar la esperada exhortación apostólica


postsinodal. Juan Pablo II hizo público el 30 de enero de 1989 un extenso
documento120, que lleva fecha de 30 de diciembre de 1988121. La exhortación
Christifideles laici es un texto de 64 números que recoge el contenido de las
proposiciones de la Asamblea sinodal122.

118
Para el Papa Juan Pablo II "algunos síntomas de este soplo del Espíritu están ciertamente presentes hoy en
Europa. Para encontrarlos, sostenerlos y desarrollarlos será necesario a veces abandonar esquemas atrofiados para
marchar allí donde comienza la vida, donde vemos que se producen frutos de vida según el Espíritu (cfr. Rom.
8)". Y, apunta algunos criterios de discernimiento: "Se encuentran generalmente allí donde Cristo y el amor por
Cristo está unido con la conciencia y la vida eclesial; allí donde la Iglesia, como María, es venerada y acogida
como Madre". Ibid., p. 13.

119
Se celebró en el Vaticano del 1 al 30 de octubre.

120
"Un vademécum, un compendio rico y completo de la doctrina del Concilio Vaticano II sobre la identidad,
la vocación y la misión de los seglares..." en expresión del cardenal Pironio en el acto de presentación de la
exhortación Christifideles laici (YA, 31-1-1989, p. 1, en que se dice que "es el documento más largo firmado nunca
por un Papa si se exceptúan los textos conciliares").

121
El texto oficial latino salió publicado en AAS 81 (1989), pp. 393-521. Nosotros manejaremos la edición
castellana: JUAN PABLO II, Christifideles laici. Los fieles laicos, (Madrid 1989).

122
En efecto, de las 224 notas de la exhortación, 45 de ellas, esto es, un quinto, el 20% corresponden a citas
de las Proposiciones. Y monseñor Schotte se expresaba en la presentación del documento en estos términos: "Al
final de la Asamblea sinodal, acogiendo este deseo, el Santo Padre se comprometió a preparar un texto que diese
voz al mismo Sínodo, respetando los derechos de autor. Todo el texto demuestra que el Santo Padre ha sido fiel
a esta promesa: se ha tomado en el documento el contenido de proposiciones, salvadas algunas exigencias
estilísticas y de desarrollo ideológico, citándolas en su formulación exacta, total o parcialmente, o resumiendo su
esencia en un contexto más amplio". Cfr. YA, 31-1-1989, p. 2.
De esta decisiva Asamblea, por lo que a la doctrina sobre la vocación
cristiana en general se refiere, vamos a detenernos solamente en resaltar cómo
aparecen en el documento recogidas estas tres notas fundamentales: la resonancia
en la exhortación de la Nueva Evangelización, la eclesiología de comunión, y la
valoración de las pequeñas comunidades y del catecumenado postbautismal.

A estas tres notas, hay que añadir, además, que esta será la segunda ocasión
en que Kiko Argüello interviene en una Asamblea sinodal invitado como auditor
laico. Su aportación se verá recogida en el contenido del nº 61 al hablar de la
importancia del catecumenado postbautismal en la formación de los adultos.

Dentro del Cap. III, que se centra en la corresponsabilidad de los fieles


laicos en la Iglesia-misión, encontramos las claves desde las que el documento
habla de la nueva evangelización. Ante la situación de "indiferentismo, de
secularismo, de ateísmo y de progresiva difusión de las sectas", afirma el Papa,
la Iglesia tiene "que dar hoy un gran paso adelante en su evangelización; debe
entrar en una nueva etapa histórica de su dinamismo misionero", y señala la
finalidad a la que debe apuntar: "esta nueva evangelización está destinada a la
formación de comunidades eclesiales maduras" (nº 34). Al tiempo valora la
presencia de matrimonios y familias en esta obra de evangelización: "Se dan
también matrimonios cristianos que, a imitación de Áquila y Priscila (cf. Hech.
18; Rom 16,3s) están ofreciendo un confortante testimonio de amor apasionado
a Cristo y a la Iglesia mediante su presencia activa en tierras de misión" (nº 35)123.

Toda la exhortación está vertebrada dentro de la eclesiología de comunión


tan resaltada por la II Asamblea general extraordinaria124, que de nuevo retoma la
VII ordinaria125. A la luz de esta eclesiología hay que leer lo que se dice en la
exhortación en relación con las pequeñas comunidades eclesiales: "Dentro de
algunas parroquias, sobre todo si son extensas y dispersas, las pequeñas
comunidades eclesiales presentes pueden ser una ayuda notable en la formación
de los cristianos, pudiendo hacer más capilar e incisiva la conciencia y la

123
"El Capítulo III, La corresponsabilidad de los fieles laicos en la Iglesia-misión (nn. 32-34), no se ocupa de
los movimientos, aunque puede descubrirse su huella en determinadas actividades que el Santo Padre anima o
elogia. Así, por ejemplo, el testimonio misionero de matrimonios (n. 35) puede ponerse en relación con la
experiencia llevada a cabo por familias de comunidades neocatecumenales (Cf. G. GENNARINI, Il ruolo della
famiglia cristiana nell´annuncio del Vangelo oggi: L´osservatore Romano, 31-7-1987, p. 5; JUAN PABLO II,
Homilia en la Misa en el Centro Siervo de Yahvé, de Porto San Giorgo (30-12-1988): L´Osservatore romano, ed.
castellana, 8-1-1989, pp. 7-8" Cfr. JESÚS BOGARÍN DÍAZ, Los movimientos eclesiales en la VII Asamblea
General Ordinaria del Sínodo de Obispos, pp. 83-84.

124
"La eclesiología de comunión es el fundamento para el orden de la Iglesia y en primer lugar para la recta
relación entre unidad y pluriformidad". Cfr. SÍNODO 1985, II, C), I.

125
La prop. 2 sugería la posibilidad de que el documento papal fuera redactado a la luz de la eclesiología de
la comunión.
experiencia de la comunión y de la misión eclesial" (nº 61). Es muy importante
que dentro de este número dedicado a los lugares y medios de formación de los
fieles cristianos se haya resaltado la importancia de las pequeñas comunidades y
también del catecumenado postbautismal: "Puede servir de ayuda también, como
han dicho los Padres sinodales, una catequesis postbautismal a modo de
catecumenado, que vuelva a proponer algunos de los elementos del Ritual de la
Iniciación Cristiana de Adultos, destinados a hacer captar y vivir las inmensas
riquezas del bautismo ya recibido" (Idem).

Por otra parte, el Sínodo también recoge la definición de nueva parroquia


como comunidad de comunidades en el Mensaje al Pueblo de Dios (nº 10)126. En
la exhortación se deja sentir este deseo de ir a una decidida renovación de las
parroquias, para lo cual propone, siguiendo a la prop. 11, una adaptación según
la flexibilidad que permite el nuevo Código de Derecho Canónico y el recurso a
las "pequeñas comunidades eclesiales de base, también llamadas comunidades
vivas". En el capítulo II (nº 26) se habla de las C.E.B. en las parroquias, mientras
que en el Capítulo V (nº 61) se alude a todas las pequeñas comunidades
intraparroquiales127.

El tema de los nuevos movimientos fue el tema estelar en el Sínodo, el


principal motivo de reflexión y discusión128. Los movimientos aparecen en el
contexto de la eclesiología de comunión. A través de la comunión, los carismas
y la participación en la diócesis y en la parroquia, el Papa va acercándose a los
movimientos eclesiales hasta desembocar en ellos en los números 29-31. El tema
de su discernimiento abrió en el Aula Sinodal una motivada y tensa discusión,
fruto de la cual ha hecho posible que la exhortación nos ofrezca los criterios para
la aceptación de su eclesialidad. El Documento final recoge algunas afirmaciones
del cardenal Suquía sobre la necesidad de discernimiento para evitar la dispersión
de fuerzas y la esterilidad de los dones espirituales. Sus cinco criterios de
discernimiento (la confesión de la fe cristiana, sentido de pertenencia a la Iglesia,

126
"Vemos con alegría que la parroquia se convierte en comunidad de comunidades cuando es ella el epicentro
de las comunidades eclesiales de base y de los demás grupos y comunidades que la dinamizan y, a la vez, se nutren
de ella". Cfr. Mensaje de los padres sinodales al Pueblo de Dios, nº 10: Vida Nueva, Núm. 1.606/7 (7/14
noviembre 1987), p. 69.

127
No sigue, en cambio, el Papa al Sínodo en animar la transformación de la parroquia en comunidad de
comunidades. No se encuentra esta expresión en la exhortación.

128
"En el Sínodo se enfrentaban dos concepciones diferentes. Una, basada en una eclesiología de la Iglesia
universal, defendía la razón de ser de estos grupos desde su aprobación por Roma y desde su existencia en la
universalidad de la Iglesia; otra, más basada en una eclesiología de las Iglesias locales en comunión, afirmaba la
necesidad del discernimiento de tales grupos y comunidades desde la concreta pastoral diocesana". Cfr. JULIO
A. RAMOS, Teología pastoral, p. 310.
obediencia a los pastores, frutos de santidad, edificar la Iglesia de esta
generación) están, tal cual, recogidos en el texto (nº 30)129.

Por lo que respecta a las CNC, ni los iniciadores de las mismas (Kiko y
Carmen), ni tampoco sus integrantes, se consideran un movimiento130. Aunque en
este equívoco incurren frecuentemente obispos y teólogos, ni los iniciadores del
Camino Neocatecumenal, ni los párrocos que están viviendo al interior de sus
parroquias este itinerario de Iniciación Cristiana con adultos bautizados, se
comprenden a sí mismos como un movimiento.

Ya en 1972, los mismos párrocos y responsables de las CNC de Roma


afirmaban en relación con el Neocatecumenado que estaban viviendo lo
siguiente: "No es un grupo espontáneo, ni una asociación; no es un movimiento
de espiritualidad, ni un grupo selecto dentro de la parroquia. Es un camino vivido
en régimen de pequeñas comunidades formado por personas de edad, condición
social, mentalidad y cultura diferentes, que, dentro de la actual estructura de la
parroquia y en comunión con el obispo reviven el bautismo"131. En todo caso, la
intervención de Kiko Argüello en el circulo menor en el que participó, como
hemos visto, no trató directamente de los movimientos, sino que su propuesta era
en favor de la instauración en las parroquias de un catecumenado postbautismal
que quedaría reflejada en la prop. 11 y en el nº 61 de la exhortación.

c) En Redemptoris missio (1991)

129
Entre los obispos presentes en el Sínodo que se pronunciaron en relación al tema de los Movimientos, se
encuentran Mons. Felipe Fernández García, Hay que canalizar y articular el dinamismo de los movimientos
laicales: Vida Nueva Núm 1.606/7 (14 noviembre 1987), pp. 49-50; el Cardenal Aloisio Lorscheider, Ninguna
asociacion o movimiento pude encerrarse en sí mismo, en este mismo número, en la página 51; Cardenal Carlo
María Martini, Ante las nuevas asociaciones, la principal tarea es el discernimiento, (p. 55).

130
Las CNC no habían participado hasta entonces en encuentros de movimientos ni habían querido reconocerse
como tal, sin embargo, al ser el término movimientos, el más usado en los trabajos sinodales, también las mismas
CNC aparecían englobadas bajo esta denominación, que sigue siendo bastante imprecisa y confusa. Para un
estudio más pormenorizado del alcance de la terminología empleada en la Asamblea Sinodal ver JESÚS
BOGARÍN., art. cit., pp. 91-96.

131
Cfr. CENTRO NEOCATECUMENAL DIOCESANO, Resucitó. Cantos para las Comunidades
Neocatecumenales (5ª ed.). Madrid 1985, p. 3. Kiko Argüello, en su intervención en la VI Asamblea general
ordinaria del Sínodo, (21-octubre de 1983) declaró que "el neocatecumenado no es un movimiento, en el sentido
que siempre hasta ahora se ha dado a esta palabra, sino que es un tiempo para llevar a la gente a redescubrir su fe,
que les lleve a ser miembros vivos de la iglesia local, la parroquia y la diócesis", en El Neocatecumenado.., p.
231. Sin embargo, y a pesar de esta insistencia en dejar claro que el CN no es un movimiento, los estudios que
seguían apareciendo lo consideraban como tal: "Los movimientos en la actualidad de la Iglesia: contribuciones
de Comunión y Liberación, Focolares, Renovación Carismática, Neocatecumenales": Communio (Julio-Agosto
1986), pp. 443-445; P. CORDES, Nouveaux mouvements sprituels dans l´Eglise: Nouvelle Revue Théologique,
109/1 (1987), pp. 46-65: Le Chemin du néo-catéchumenat (p. 52).
Esta Carta encíclica de Juan Pablo II132 no viene precedida de la
celebración de una Asamblea sinodal de obispos. Su oportunidad la explica el
mismo Papa en la Introducción. No es otra que poner de manifiesto la permanente
validez del mandato misionero: "El presente Documento se propone una finalidad
interna: la renovación de la fe y de la vida cristiana. En efecto, la misión renueva
la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas
motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola!. La nueva evangelización de los
pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión
universal". Esta necesidad de publicar una carta-encíclica sobre las misiones,
venía a responder, por otra parte, a "las numerosas peticiones de un documento
de esta índole; disipar dudas y ambigüedades sobre la misión ad gentes...;
promover las vocaciones misioneras...; dar nuevo impulso a la misión..."133.

Esta carta-encíclica es un precioso documento, desde el comienzo hasta al


final está teñido de un ardiente celo misionero. El Papa está convencido que "Dios
abre a la Iglesia horizontes de una humanidad más preparada para la siembra
evangélica. Preveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas
eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes. Ningún creyente en
Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar
a Cristo a todos los pueblos"134.

Sin embargo, y a pesar, de que la mirada del documento esté puesta en la


misión ad gentes, el Papa tiene muy en cuenta otras situaciones, las que se dan
"especialmente en los países de antigua cristiandad, pero a veces también en las
Iglesias más jóvenes, donde grupos enteros de bautizados han perdido el sentido
vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando
una existencia alejada de Cristo y de su Evangelio. En este caso es necesaria una
nueva evangelización o reevangelización (nº 32)".

La valoración del fenómeno comunitario también aparece reflejado en el


documento: "las comunidades eclesiales de base (conocidas también con otros
nombres) están dando prueba positiva como centros de formación cristiana y de
irradiación misionera" (nº 51). La lectura que hace de las mismas es muy
ponderada y concisa: "Se trata de grupos de cristianos a nivel familiar o de ámbito
restringido, los cuales se reúnen para la oración, la lectura de la Escritura, la
catequesis, para compartir los problemas humanos y eclesiales de cara a un
compromiso común. Son un signo de vitalidad de la Iglesia, instrumento de

132
Cfr. JUAN PABLO II, Redemptoris missio (Madrid 1991).

133
Ibid., p. 15.

134
Ibid., p. 16.
formación y de evangelización, un punto de partida válido para una nueva
sociedad fundada sobre la civilización del Amor". Y, la articulación de estas con
la parroquia aparece, equilibradamente, así presentada: "Estas comunidades
descentralizan y articulan la comunidad parroquial a la que permanecen siempre
unidas; se enraízan en ambientes populares y rurales, convirtiéndose en fermento
de vida cristiana, de atención a los últimos, de compromiso en pos de la
transformación de la sociedad".

Por último, este número hace una decidida defensa también de la


comunitariedad de la fe: "en ellas cada cristiano hace una experiencia
comunitaria, gracias a la cual también él se siente elemento activo, estimulado a
ofrecer su colaboración en las tareas de todos. De este modo, las mismas
comunidades son instrumento de evangelización y de primer anuncio, así como
fuente de nuevos ministerios, a la vez que, animadas por la caridad de Cristo,
ofrecen también una orientación sobre el modo de superar divisiones, tribalismos
y racismos".

Si la valoración del fenómeno comunitario es altamente positiva, no lo es


tanto, en el documento, la presentación de la institución pastoral fundamental en
una evangelización misionera como es el catecumenado, y eso que fue en este
campo de la misión ad gentes, donde se pidió su instauración. Echamos de menos,
en esta carta-encíclica, un apartado dedicado al catecumenado como institución
pastoral de una Iglesia misionera y las posibilidades que abre el Ritual de la
Iniciación Cristiana de Adultos, de ahí que, a nuestro juicio, el nº 46 dedicado a
tratar la relación entre conversión y bautismo aparezca un tanto descompensado.

En continuidad con el Concilio (AA, nº 10) y con las exhortaciones


apostólicas Evangelii nuntiandi, nnº 70-73 y Christifideles laici, nº 33, en los que
aparece fundamentada la vocación misionera de los cristianos laicos en los
sacramentos de la iniciación cristiana y por los dones del Espíritu Santo, el
documento Redemptoris missio hace ya un reconocimiento explícito de la labor
que los cristianos laicos vienen desempeñando en el campo misionero: "En los
tiempos modernos no ha faltado la participación activa de los misioneros laicos y
de las misioneras laicas. ¿Cómo no recordar el importante papel desempeñado
por éstas, su trabajo en las familias, en las escuelas, en la vida política, social,
cultural y, en particular, su enseñanza de la doctrina cristana? Es más, hay que
reconocer -y esto es un motivo de gloria- que algunas Iglesias han tenido su
origen, gracias a la actividad de los laicos y de las laicas misioneros" (nº 71).

Para terminar, también nos encontramos en este documento con una buena
valoración de los movimientos eclesiales: "Recuerdo, como novedad surgida en
no pocas Iglesias, el gran desarrollo de los movimientos eclesiales, dotados de
dinamismo misionero. Cuando se integran con humildad en la vida de las Iglesias
locales y son acogidos cordialmente por obispos y sacerdotes en las estructuras
diocesanas y parroquiales, los movimientos representan un verdadero don de
Dios para la nueva evangelización y para la actividad misionera propiamente
dicha. Por tanto, recomiendo difundirlos y valerse de ellos para dar nuevo vigor,
sobre todo entre los jóvenes, a la vida cristiana y a la evangelización, con una
visión pluralista de los modos de asociarse y de expresarse" (nº 72).

d) En la Asamblea para Europa del Sínodo de los Obispos (1991)

La caída del muro de Berlín (1989) y el derrumbamiento progresivo del


comunismo en los países del Este, con la correspondiente apertura -en libertad-
hacia el mundo occidental, estaban en el transfondo de la convocatoria que el
Papa Juan Pablo II hiciera para tener una Asamblea Especial para Europa en el
marco del Sínodo de los Obispos a celebrar en Roma (del 28 de noviembre al 14
de diciembre de 1991)135.

Los objetivos de la Asamblea sinodal quedaron concretados en cinco


apartados: 1º) agradecer y celebrar la libertad de los pueblos y las iglesias de
Europa; 2º) favorecer la comunicación y el conocimiento entre todas las Iglesias
europeas; 3º) dar lugar a un intercambio de dones y ayudas mutuas; y 4º)
reflexionar juntos sobre las principales necesidades pastorales de Europa (Nueva
Evangelización)136.

Efectivamente, en esta Asamblea se analizó en profundidad el significado


de la nueva evangelización de Europa. Los obispos del Este pusieron de
manifiesto la convicción de que "en algunas partes del continente y, sobre todo,
entre las nuevas generaciones, la fe cristiana es casi desconocida a causa de una
sistemática propaganda atea, o en general, el proceso de secularización ha llegado

135
"En los umbrales del tercer milenio, Europa está viviendo acontecimientos extraordinarios, a través de los
cuales tocamos con la mano el amor y la misericordia de Dios Padre hacia todos los hombres, sus hijos. Por ello,
el Santo Padre Juan Pablo II ha querido convocar esta Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Europa,
a fin de que, después de tantos años de forzada separación, obispos del Este, del Centro y del Oeste de Europa
pudieran, en comunión colegial con él y entre sí, reflexionar sobre el alcance y las consecuencias de esta hora
histórica para Europa y para la Iglesia". Así comienza el Preámbulo del Documento que lleva por título Somos
testigos de Cristo que nos ha liberado. Cfr. Ecclesia Núm 2.559 (21 de diciembre de 1991), p. 8. (En adelante
citaremos este Documento por la paginación de la revista). El Papa Juan Pablo II, señalará en el Discurso de la
clausura de esta Asamblea que "el Sínodo de los Obispos europeos está, en definitiva, motivado por la
circunstancia del ya cercano año 2.000: El final del segundo milenio y el comienzo del tercer milenio de la historia
de la Humanidad después de Cristo. Del segundo milenio, distintamente del primero, el cristianismo sale dividido,
pero deseoso de una nueva unidad". Cfr. La verdad sobre el hombre, hilo conductor del Sínodo: Ecclesia Núm.
2.559 (21 de diciembre de 1991), p. 17.

136
Ver el estudio que hizo un testigo cualificado de este Sínodo: FERNANDO SEBASTIÁN, Una asamblea
sinodal para impulsar la evangelización de Europa: Ecclesia Núm 2.564 (25 de enero 1992), pp. 25-38.
tan lejos que la evangelización debe recomenzar casi de nuevo"137; pero también,
para los obispos del resto de Europa, comenzaba a ser evidente que "allí donde la
presencia de la Iglesia es todavía fuerte, sólo una minoría participa plenamente
en la vida eclesial, al mismo tiempo que se puede percibir un alejamiento
profundo a nivel más general -entre fe y cultura, fe y vida"138. La respuesta, en
ambos casos, pasa por ofrecer nuevamente a los hombres y a las mujeres de
Europa el mensaje liberador del Evangelio, afirman los obispos. Se ha de
impulsar una Nueva Evangelización139, que no podrá llevarse a cabo, dicen los
obispos, "si no invitamos a tomar parte activamente en esta tarea a todos los
cristianos conscientes de la propia vocación profética"140.

Entre los caminos de la Nueva Evangelización que se señalan, siguiendo


la línea de Christifideles laici, 29, hay una decidida apuesta por las parroquias:
"Para devolver vitalidad a la Iglesia son particularmente importantes las
parroquias, que siguen siendo instrumentos fundamentales de la vida y de la
misión de la Iglesia y deben ser renovadas y fortalecidas a la luz del Evangelio",
y también por "las asociaciones y los nuevos grupos de fieles laicos, que han
florecido especialmente en concomitancia con el acontecimiento conciliar"141. El
Capítulo II del Documento que lleva por título Centro vital y caminos de la Nueva
Evangelización, nos ofrece ya una sistematizada reflexión sinodal de la nueva
evangelización de Europa, incorporando todo cuanto el magisterio había venido
diciendo hasta el momento.

Mons. Fernando Sebastián en las reflexiones postsinodales que hace de esta


Asamblea y del Documento final de la misma, indica algunas aplicaciones para
España, partiendo de un diagnóstico pastoral inicial ciertamente realista. Una de
sus afirmaciones centrales es la siguiente:

"Contamos con una mayoría de bautizados poco evangelizados,


poco convertidos, poco formados, poco activos, que sin embargo, tenemos
que seguir atendiendo con afecto y solicitud. Tenemos unos cuadros
pastorales ya en declive biológico, algo cansados, un poco desconcertados,

137
Cfr. Somos testigos de Cristo que nos ha liberado, p. 9.

138
Ibidem.

139
"La nueva evangelización debe ser, pues, profundamente misionera y llegar no solamente a aquellos
individuos o a aquellos grupos que están ya enraizados en el corazón de la Iglesia, sino también a aquellos que la
miran desde lejos, no raras veces con escepticismo o, sin más, con sentido de rechazo". Ibid., p. 12.

140
Ibid., p. 11.

141
Ibid., p. 12.
sobrecargados de trabajo en muchos casos y poco experimentados en una
pastoral comunitaria y misionera"142.

Reconoce también que existen en la Iglesia española realidades eclesiales


de talante evangelizador que no están siendo del todo bien aprovechadas:

"Contamos con movimientos e instituciones vigorosas, pero no


acabamos de entendernos y de poner en marcha unas cuantas líneas de
trabajo comunes, armoniosas y estables"143.

Y, termina señalando, la urgente necesidad de poner en marcha una


pastoral de conversión y evangelización en la Iglesia española, que lleve a:

"La renovación interior de las personas y de las comunidades


cristianas, en la piedad, en la vida sacramental y litúrgica, en la conversión
y en la formación, en la preparación de cristianos con nuevo estilo,
comunitario, participativo, responsable, apostólico y misionero, libres de
desconfianzas intraeclesiales y de timideces sociales o culpabilidades
históricas. Con ello será indispensable la renovación de nuestro servicio de
solidaridad y caridad hacia los pobres, los inmigrantes, los enfermos, los
marginados de todas las clases"144.

e) El Catecismo de la Iglesia Católica (1992)

Una de las características más sobresalientes del Catecismo de la Iglesia


Católica145 es la presentación dinámica que hace de la vida cristiana. El Papa Juan
Pablo II afirma que "el contenido es expresado con frecuencia de una forma
nueva, con el fin de responder a los interrogantes de nuestra época"146.

Como es sabido, el contenido del Catecismo viene dividido en cuatro


partes: el Credo, la Sagrada Liturgia, con los sacramentos en primer plano; el
142
Cfr. FERNADO SEBASTIÁN, Una Asamblea Sinodal para impulsar la Evangelización de Europa, p.
38.

143
Ibidem.

144
Ibidem.

145
Cfr. ASOCIACIÓN DE EDITORES DEL CATECISMO: Catecismo de la Iglesia Católica (Madrid 1992).
Para una aproximación en profundidad al contexto y contenidos del Catecismo, ver OLEGARIO GONZÁLEZ
DE CARDEDAL-JUAN ANTONIO MARTÍNEZ CAMINO (Eds), El catecismo posconciliar (Madrid 1993).

146
Cfr. Constitución Apostólica Fidei Depositum, en Catecismo de la Iglesia Católica, p. 10.
obrar cristiano, expuesto a partir de los mandamientos, y, finalmente, la oración
cristiana147. En la segunda parte dedicada a la Celebración del misterio cristiano
nos encontramos con los nnº 1229-1245, en los que se describe La celebración
del Sacramento del Bautismo. Es importante señalar cómo el aspecto dinámico,
de crecimiento en la vida cristiana, está presente en el Nuevo Catecismo. He aquí,
dos ejemplos:

"Para llegar a ser cristiano hace falta, desde el tiempo de los


Apóstoles, un camino y una iniciación con diversas etapas.
Este camino puede ser recorrido rápida o lentamente..." (nº
1229).

"Por su misma naturaleza el Bautismo de los Niños necesita


un catecumenado postbautismal. No se trata solamente de la
necesidad de una instrucción posterior al bautismo, sino del
desarrollo de la gracia bautismal en la persona" (nº 1231)148.

Como se puede apreciar en ambos textos, se está operando con una


compresión de la gracia bautismal totalmente renovada. La gracia bautismal es
concebida, no como una realidad estática, sino más bien dinámica. Su misma
naturaleza requiere y exige un desarrollo, un camino gradual y progresivo. "Los
grupos que han hecho el esfuerzo de penetrar el espíritu del nuevo ritual -escribe
M. Dujarier- y de ponerlo en práctica conocen por experiencia todo el bien que
sacan no sólo los catecúmenos, sino también las comunidades cristianas mismas.
A partir de ahora salimos de una especie de concepción automática del bautismo
para entrar en una pastoral de plazos, o mejor una pastoral de itinerarios. El
sacramento no es algo que hay que recibir para estar tranquilo y quedarse allí,
sino una etapa en una vida de fe que no ha terminado nunca de crecer y de
renovarse"149.

147
"Las cuatro partes se articulan entre sí: el misterio cristiano es el objeto de la fe (primera parte); es celebrado
y comunicado en las acciones litúrgicas (segunda parte); está presente para iluminar y sostener a los hijos de Dios
en su obrar (tercera parte); es el fundamento de nuestra oración, cuya expresión privilegiada es el Padrenuestro,
que expresa el objeto de nuestra petición, nuestra alabanza y nuestra intercesión (cuarta parte)". (Ibidem).

148
"Quizá podría haber recogido aquel criterio sobre las fechas de celebración en la Vigilia Pascual y Pentecostés
que recogía el Catecismo Romano: Especialmente oportunos pueden ser los días en que la santa Iglesia acostumbra
a administrar el bautismo con extraordinaria piedad y solemnidad -el Sábado Santo y la Vigilia de Pentecostés-
sin excluir las demás ocasiones que pueden presentarse para ello (CR 347-348). ¿No hubiera estimulado este
criterio a poner en práctica el catecumenado postbautismal". Cfr. D. BOROBIO, Los sacramentos en el
"Catecismo de la Iglesia Católica": Phase 194 (1993), p. 111.

149
Cfr. M. DUJARIER, Iniciación cristiana de adultos, p. 203. Para este teólogo, el Camino Neocatecumenal ha
venido a recuperar para la Iglesia la mentalidad de la iniciación gradual y progresiva que en buena parte había
desaparecido de la pastoral sacramental, ver Breve Historia del Catecumenado, pp. 153-157.
Se habla aquí de catecumenado post-bautismal en la misma línea que lo
hiciera el Papa Pablo VI en las dos ocasiones en que se dirigió oficialmente a los
miembros de las Comunidades Neocatecumenales:

"Sabemos que en vuestras comunidades os esforzáis todos


juntos en comprender y desarrollar las riquezas de vuestro
Bautismo y sus consecuencias por vuestra pertenencia a
Cristo. Tal empeño os lleva a daros cuenta de que la vida
cristiana no es otra cosa que una coherencia, un dinamismo
permanente que deriva del hecho de haber aceptado estar con
Cristo y prolongar su presencia y su misión en el mundo.
Vivir y promover este despertar es considerado por vosotros
como una forma de catecumenado post-bautismal, que podrá
renovar en las comunidades cristianas de hoy aquellos efectos
de madurez y de profundización que en la Iglesia primitiva
eran realizados en el período de preparación al Bautismo.
Vosotros lo hacéis después: el antes o después, diría, es
secundario"150.
"La palabra catecumenado hace referencia al Bautismo.
Catecumenado era el período de preparación al Bautismo.
El Bautismo, ahora, no tiene ya, por lo menos difusa y
didácticamente, este desarrollo. Entonces éstos dicen: bien,
lo haremos después del Bautismo. No ha sido suficiente la
gracia santificante. Es más: la gracia santificante no ha
hecho más que encender un fuego, que debe ser después luz,
que se propague durante la vida. San Agustín hace una
referencia a esto. ¿No podemos anticipar? Hagamos
después el Catecumenado, es decir, la instrucción, la
educación, la madurez, todo el arte educativo de la Iglesia,
después del Bautismo.
He aquí pues, el renacer de la palabra catecumenado,
que, ciertamente, no quiere invalidar, ni disminuir, la
importancia de la disciplina bautismal vigente, sino que la
quiere aplicar con un método de evangelización gradual e
intensivo, que recuerda y renueva, en cierto modo, el
catecumenado de otros tiempos. El que ha sido bautizado

150
Para conocer el texto íntegro del discurso que el Papa dirigió el día 8 de mayo de 1974 al grupo de sacerdotes
y laicos de las comunidades neocatecumenales llegados a Roma de muchas diócesis de Italia y de otros países
para un encuentro sobre el tema de la Evangelización en el mundo contemporáneo, que iba a ser examinado en la
Asamblea de Obispos. Cfr. Notitiae, julio-agosto 1974, p. 230.
necesita comprender, pensar de nuevo, apreciar y decir amén
a la inestimable riqueza del Sacramento recibido"151.

Estos textos nos permiten descubrir el alcance de lo apuntado en los nnº


1229-1231 del Nuevo Catecismo y nos sitúan en el horizonte para la comprensión
pastoral de los mismos.

f) En Santo Domingo (1992)

Hemos visto ya cómo para la encíclica Redemptoris missio (nº 30), el


proyecto pastoral de la Nueva Evangelización consiste en dar un nuevo impulso
a la actividad misionera de la Iglesia. Los obispos latinoamericanos van a
encontrar en este programa pastoral de la nueva evangelización el punto de
partida para sus reflexiones con motivo de la conmemoración del Vº Centenario
de la Evangelización de América, durante la celebración de la IV Conferencia del
CELAM, que tuvo lugar en Santo Domingo (República Dominicana) los días del
12 al 28 de octubre de 1992. El Episcopado de América del Sur se centró en el
tema de la nueva evangelización en relación a dos componentes principales: la
promoción humana y la cultura cristiana152.
Las Conclusiones de la IV Conferencia General están divididas en tres
partes: Jesucristo, evangelio del Padre, Jesucristo evangelizador viviente en su
Iglesia (la parte central y más extensa). La segunda parte se compone de tres
capítulos (la nueva evangelización, la promoción humana y la cultura cristiana.
Y, la tercera parte, que es la más breve, expone esquemáticamente las líneas
pastorales prioritarias de la Iglesia Latinoamericana.

151
Este segundo discurso fue pronunciado en la Audiencia General del miércoles 12 de enero de 1977. Cfr.
L´Osservatore romano, (13 de enero).

152
Cfr. IV CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO, Santo Domingo:
Nueva evangelización, promoción humana, cultura cristiana (Madrid 1993). El Documento de Santo Domingo
va a suponer una ruptura en el modo de enfrentarse a las cuestiones pastorales, por parte del Episcopado
latinoamericano. Ha supuesto un giro y una opción por un método de reflexión más kerigmático que sociológico,
como punto de partida. Y, este cambio se produjo para salir del estancamiento en que estaban los debates y las
intervenciones de los obispos durante la celebración de esta IV Conferencia del CELAM. He aquí el relato de lo
acontecido y el golpe de timón que se operó en la Asamblea: "El tono, sin embargo, cambió radicalmente en la
cuarta jornada de la semana pasada, cuando el cardenal LUCAS MOREYRA NEVES, primado del Brasil, propuso
un golpe de timón ante el entrampamiento de los debates y de las intervenciones inconexas...La propuesta de
Moreyra Neves fue la siguiente: reemplazar el tradicional método ver, juzgar, actuar utilizado en Medellín y
Puebla -y empleado también en el vapuleado documento de trabajo-, por el que sugiere implícitamente el Papa
Juan Pablo II en su discurso inaugural. Este esquema proponía, en vez de comenzar por el análisis de la realidad,
hacerlo con un preámbulo fuertemente cristológico. En otras palabras, esto significaba que el tema de la opción
por los pobres, que para el sector radicalizado debía ser el eje central del documento final, quedaba plenamente
vigente, pero integrado a una de las partes, la de promoción humana...". LUCIANO MENDES DE ALMEIDA,
presidente de la Conferencia Episcopal Brasileña, y con gran influencia en el sector liberacionista, tomó la
palabra, inesperadamente, para apoyar la moción de su compatriota...". Cfr. Cambio total en la propuesta del
documento final: Vida Nueva nº 1865 (24 de octubre de 1992), p. 6.
Siguiendo el hilo de nuestra investigación, nos detendremos en ver cómo
aparece recogido en este documento la preocupación por las realidades
catecumenales y comunitarias.

Como hemos apuntado, la reflexión de los obispos latinoamericanos


encontró en el programa de la Nueva evangelización la vertebración para su
propuesta pastoral global: "Animados por el Espíritu Santo -afirman los obispos-
nos disponemos a impulsar con nuevo ardor una nueva evangelización, que se
proyecte en un mayor compromiso por la promoción integral del hombre e
impregne con la luz del evangelio las culturas de los pueblos latinoamericanos"
(nº 1).

Más adelante se dirá, que "la nueva evangelización tiene como finalidad
formar hombres y comunidades maduras en la fe y dar respuesta a la nueva
situación que vivimos, provocada por los cambios sociales y culturales de la
modernidad...La nueva evangelización tiene la tarea de suscitar la adhesión
personal a Jesucristo y a la Iglesia de tantos hombres y mujeres bautizados que
viven sin energía el cristianismo, han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no
se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia alejada de
Cristo y de su evangelio (RMi 33)" (nº 26). De hecho, se dirá en el documento
que "los bautizados no evangelizados sean los principales destinatarios de la
nueva evangelización..." (nº 97)153.

Entre las líneas pastorales a potenciar que proponen los obispos


latinomericanos para llevar adelante la Nueva evangelización, entre los fieles
laicos, se encuentran las siguientes:

- "acentuar una catequesis kerigmática y misionera" (nº 49)154. Esta


catequesis, -afirman los obispos- "ha de tener un itinerario continuado
que abarque desde la infancia hasta la edad adulta, utilizando los medios
más adecuados para cada edad y situación".

153
Los obispos tienen claro que "la mayor parte de los bautizados no han tomado aún conciencia plena de su
pertenencia a la Iglesia. Se sienten católicos, pero no Iglesia. Pocos asumen los valores cristianos como un
elemento de su identidad cultural y por lo tanto no sienten necesidad de un compromiso eclesial y evangelizador.
Como consecuencia, el mundo del trabajo, de la política, de la economía, de la ciencia, del arte, de la literatura y
de los medios de comunicación social no son guiados por criterios evangélicos. Así se explica la incoherencia que
se da entre la fe que dicen profesar y el compromiso real en la vida". Cfr. Santo Domingo, nº 96.

154
La nueva evangelización nos exige "formar en una fe que se haga vida, iniciándola con el anuncio del
kerigma a los que están en el mundo descristianizado y promoviéndola con el testimonio alegre de auténticas
comunidades de fe en las que nuestros laicos vivan el significado de los sacramentos" (nº 156).
- Convertir la parroquia en una "comunión orgánica y misionera, para
que sea una red de comunidades" (nº 58). Se pide expresamente
"renovar las parroquias a partir de estructuras que permitan sectorializar
la pastoral mediante pequeñas comunidades eclesiales en las que
aparezca la responsabilidad de los fieles laicos" (nº 60), y que se
"ratifique la validez de las comunidades eclesiales de base fomentando
en ellas un espíritu misionero y solidario y buscando su integración con
la parroquia, con la diócesis y con la Iglesia universal, en conformidad
con las enseñanzas de Evangelii nuntiandi (cf EN 55)" (nº 63)155.

- Potenciar los "movimientos y asociaciones de Iglesia. Como respuesta


a las situaciones de secularísmo, ateísmo e indiferencia religiosa y
como fruto de la aspiración y necesidad de lo religioso, el Espíritu Santo
ha impulsado el nacimiento de movimientos y asociaciones de laicos
que han producido ya muchos frutos en nuestras iglesias" (nº 102).

Síntesis teológico-pastoral

1ª) Se va a caracterizar este decenio 1985-1995 por los agudos y profundos


diagnósticos sobre la situación de la sociedad y de la Iglesia (cardenales
Ratzinger y Daennels; Mons. Fernando Sebastián), y sobre el creciente fenómeno
del secularísmo y la necesidad y urgencia de acometer una evangelización en
profundidad que dé respuestas a los desafíos, o en palabras del Papa Juan Pablo
II, una Nueva Evangelización: Para realizar una eficaz labor de evangelización
debemos volver a inspirarnos en el primerísimo modelo apostólico.

2ª) Europa ha experimentado tales y tantas transformaciones culturales,


políticas, sociales y económicas, que plantea el problema de la evangelización
en términos totalmente nuevos. En palabras del mismo Juan Pablo II, los cambios
que se han producido son de tal magnitud que platean el desafío más radical que
la historia ha conocido en el cristianismo y en la Iglesia. El proceso de
secularización ha llegado tan lejos que la evangelización debe recomenzar casi
de nuevo (Sínodo ´91).

155
Esta misma visión pastoral se pedirá para combatir el desafío de las sectas, "que la Iglesia sea cada vez
más comunitaria y participativa y con comunidades eclesiales, grupos de familias y círculos bíblicos, movimientos
y asociaciones eclesiales, haciendo de la parroquia una comunidad de comunidades" (nº 142); y, para responder
al "desafío de la masificación de las grandes ciudades", dicen los obispos latinoamericanos que hay que
"multiplicar las pequeñas comunidades, los grupos y movimientos eclesiales, y las comunidades eclesiales de
base..." (nº 259). La valoración en conjunto que se hace en el documento acerca de la realidad de las pequeñas
comunidades es altamente positiva: "La práctica de pequeñas comunidades pastoralmente bien asistidas constituye
un buen medio para aprender a vivir la fe en estrecha comunión con la vida y con proyección misionera" (nº 48).
3ª) La Iglesia debe entrar en una nueva etapa histórica de su dinamismo
misionero. Esta evangelización está destinada a la formación de comunidades
eclesiales maduras y a los bautizados que han perdido el sentido vivo de la fe o
incluso no se reconocen ya como miembros de la Iglesia, llevando una existencia
alejada de Cristo y de su Evangelio.

4ª) Para acometer esta empresa de la Nueva Evangelización, el Señor ha


preparado una primavera pentecostal que son los nuevos movimientos. Para el
Papa Juan Pablo II, los movimientos representan un verdadero don de Dios para
la nueva evangelización y para la actividad misionera propiamente dicha.

5ª) Sin embargo, esta apuesta decidida por alentar y potenciar los
movimientos eclesiales va a producir un cierto desplazamiento de la línea pastoral
hasta ahora seguida. Por un lado, la preocupación por encontrar los criterios de
discernimiento eclesial de dichos movimientos va a ocupar mucho tiempo en la
reflexión pastoral de este decenio. Y, por otra parte, se va a dejar de insistir en la
importancia del catecumenado y de las pequeñas comunidades, de tal forma que
el punto de mira dejará de estar centrado en la parroquia, para empezar a estar
centrado en los movimientos eclesiales. Durante este decenio, pues, vamos a
asistir a un desplazamiento a la hora de valorar las realidades catecumenales. Se
va a poner el acento más en los nuevos movimientos, que sí están respondiendo
con verdaderos procesos de inspiración catecumenal en sus itinerarios de
formación. Pero no se avanza en la voluntad pastoral de concretar el estatuto de
identidad del catecumenado. Aunque se reconoce que la mayor parte de los
catequizandos no tienen fe o en muy pequeña medida (Cardenal Danneels), que
grupos enteros de bautizados han perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se
reconocen ya como miembros de la Iglesia, que para la formación de los fieles
cristianos puede servir de ayuda una catequesis postbautismal a modo de
catecumenado que vuelva a proponer algunos de los elementos del Ritual de la
Iniciación Cristiana de Adultos, destinados a hacer captar y vivir las inmensas
riquezas del bautismo recibido, que los bautizados no evangelizados sean los
primeros destinatarios de la nueva evangelización.

6ª) El aprecio y respaldo pastoral a las pequeñas comunidades cristianas va


a ser reiteradamente puesto de manifiesto. Para el Cardenal J. Ratzinger la alegría
de la fe que manifiestan es algo contagioso y resulta un genuino y espontáneo
vivero de vocaciones para el sacerdocio y la vida religiosa. Según el Cardenal
Danneels en estas comunidades eclesiales se está realizando un trabajo
verdaderamente misionero, kerygmático, de anuncio directo, explícito. En el
Sínodo sobre los laicos se hace una valoración positiva de las pequeñas
comunidades eclesiales. Son una ayuda notable en la formación de los cristianos,
pudiendo hacer más capilar e incisiva la conciencia y la experiencia de la
comunión y de la misión eclesial. También el Papa en Redemptor missio señala
el papel protagonista que las pequeñas comunidades están llamadas a desempeñar
en la Nueva Evangelización, desarrollan el primer anuncio y son fuente de nuevos
ministerios. Y en la Asamblea de Santo Domingo se pedirá que las parroquias se
renueven a partir de estructuras que permitan sectorializar la pastoral mediante
pequeñas comunidades eclesiales en las que aparezca la responsabilidad de los
fieles laicos.

5. Cuarta etapa: la pastoral catecumenal y las pequeñas


comunidades desde la clave de la Iniciación Cristiana (1995-2008)

Nos vamos a encontrar en el final del segundo milenio, con la necesidad


de dotar a los nuevos movimientos de unas configuraciones jurídicas que les
permitan superar las tensiones propias de una etapa incipiente, de crecimiento y
de maduración que obligaba a los pastores a buscar el modo de inserción de estos
movimientos en las iglesias locales, preguntarse qué estatuto jurídico protegía la
identidad y la naturaleza carismática de los mismos, cómo superar las tensiones
entre el servicio institucional y el servicio carismático156.
Por todo ello, los pronunciamientos que a lo largo de este decenio se van a
producir en forma de alocuciones, documentos, congresos de reflexión, jornadas
de comunicación, comunión y celebración... van a ser determinantes para
encontrar el modo de insertar armónicamente en la comunión157 la inmensa
riqueza que aportan los nuevos movimientos y las nuevas realidades a la vida de
la Iglesia.
a) Juan Pablo II, Vigilia de Pentecostés (1996)

Juan Pablo II había invitado constantemente a sus hermanos en el


episcopado a otorgar espacio y confianza a las nuevas comunidades y
movimientos. Con este fin retomó su mensaje la vigilia de Pentecostés de 1996158
, citándose expresamente a sí mismo, y apeló a ellos con una cierta impaciencia

156
Cfr. Dentro de la pedagogía de la comunión, nuestros obispos ya habían pedido que “hace falta un mayor
conocimiento mutuo y apertura de todos y se debe evitar la contraposición entre Parroquia y movimientos o de
movimientos entre sí, ya que todos expresan la riqueza del Espíritu y entre todos hacen posible una Iglesia con
más vitalidad”. Cfr. Una Iglesia esperanzada, nº 50. Para una comprensión teológico-pastoral de la relación
“Parroquia-Movimiento” , ver estos excelentes trabajos: Cardenal J. RATZINGER, “Los movimientos eclesiales
y su lugar teológico”, en Convocados en el camino de la fe (Madrid 2004), pp. 181-208; ARTURO CATTANEO,
I movimenti ecclesiali: aspetti ecclesioloci: Annales theologici 11 (1997), pp. 401-427; de este mismo autor, su
ponencia: La relación entre Parroquia y los movimientos eclesiales en la XXI Asamblea Plenaria (24-28
noviembre 2004) organizada por el Consejo Pontificio para los laicos: Zenit (22 diciembre 2004).

157
Cfr. Cardenal J. RATZINGER, “Presentación de la Carta Communionis notio”, en AA. VV., El misterio
de la Iglesia y la Iglesia como comunión (Madrid 1994), pp. 101-103.
158
El Papa abrió la gran misión urbana de Roma con la vigilia de Pentecostés en la Plaza de San Padreo (25 de
mayo de 1996) en preparación al Gran Jubileo. Cfr. L´Osservatore romano 6 (27/28 mayo 1996).
para que se decidieran por fin a tomar en serio esta preocupación suya. Sus
palabras abrirán un tiempo nuevo para la acogida y la aceptación de los
movimientos eclesiales en el interior de la Iglesia.

El Papa pone su confianza, de nuevo en ellos y espera su colaboración:


AUno de los dones del Espíritu en nuestro tiempo, es ciertamente el florecimiento
de los movimientos eclesiales, que desde el inicio de mi Pontificado continúo
indicando como motivo de esperanza para la Iglesia y para los hombres. Ellos
´son un signo de la libertad de formas, en los que se realiza la única Iglesia, y
representan una segura novedad que sigue esperando ser adecuadamente
comprendida en toda su positiva eficacia para el Reino de Dios a la obra en el hoy
de la historia` (Insegnamenti, VII/2 [1984], 696).

En el marco de las celebraciones del Gran Jubileo, sobre todo las del año
1998, dedicado de forma particular al Espíritu Santo y a su presencia santificadora
dentro de la comunidad de los discípulos (cf. Tertio millennio adveniente 44),
cuento con el testimonio y con la colaboración de los movimientos. Confío en
que ellos, en comunión con los pastores y en unión con las iniciativas diocesanas,
querrán llevar al corazón de la Iglesia su riqueza espiritual, educativa, misionera,
como preciosa experiencia y propuesta de vida cristiana@.

Este discernimiento autorizado del ministerio petrino tiene si cabe, más


relevancia por cuanto en estos años se seguía, en no pocos sectores de la iglesia,
tildando a estos movimientos de sectas debido en parte a que su inserción en la
comunión eclesial no estaba siendo fácil159. ACon frecuencia -afirma Carlos
García Andrade- se escuchan voces críticas, acusaciones, descalificaciones... En
el caso de los movimientos, las críticas suelen recaer en algunos rasgos que
juzgados quizá de manera superficial, dan pie a una asimilación con un fenómeno
muy problemático, también actual, como son las sectas@160. Algunos autores

159
Para J. LOSADA Aeste distanciamiento del Pueblo y la desconfianza respecto de los movimientoses uno
de los mayores problemas pastorales que tienen planteado los obispos@. en Los AMovimientos@ dentro de la
Iglesia: Sal Terrae 1989, n1 79, p. 44; Cfr. P.J. CORDES, Los nuevos grupos eclesiales. Indicaciones para la
pastoral ordinaria, en Communio 17 (1995), pp. 570-584. La revista Sal Terrae dedicó el número correspondiente
al mes de abril de 1996 a los nuevos movimientos eclesiales. Para la comprensión de los movimientos eclesiales
dentro de las diócesis, ver R. BLÁZQUEZ, “La Iglesia Particular y los nuevos movimientos”, en Catecumenado
en la Iglesia, pp. 53-78. Y, para los aspectos canónicos que reclama su inserción, ver M. PIÑERO CARRIÓN, El
fenómeno asociativo actual en la Iglesia: movimientos eclesiales atípicos o canónicamente no sistematizados:
Salmanticensis 1987, y L. MARTÍNEZ SISTACH, “Los movimientos y asociaciones de fieles y la Iglesia
Particular” en: XXI Semana Española de Derecho Canónico. El laicado en la Iglesia (Salamanca 1989), pp. 123-
142.

160
Ibid., p. 130. En este artículo, muy ponderado, al final se dirá que Arespecto de su vinculación con el
fenómeno de las sectas, me parece un juicio injusto@ (ib., p. 140). Ver del SECRETARIADO PARA LA
UNIDAD DE LOS CRISTIANOS, Sectas o nuevos movimientos religiosos. Desafíos pastorales (Madrid 1986).
Para un acercamiento al fenómeno histórico del surgimiento de los movimientos, ver FIDEL GONZÁLEZ, Los
llegaron a calificar a los mismos movimientos en dos tendencias radicales 161, en
una se situarían los neomísticos162 y en otra los neomilitantes, los primeros serían
los preferidos de la jerarquía. Otros, en cambio, piden que se les apoye sin
reservas y se les acoja con confianza163.
En todo caso, cuando aquí hablamos de movimientos eclesiales164, nos
referimos a formas agregativas de participación en la vida y la misión de la
Iglesia, que se denominan movimientos, grupos, comunidades, asociaciones...
Hay que respetar la forma como cada realidad se designa a sí misma. La
calificación nuevos indica una connotación cronológica -han surgido en los
últimos decenios- y sobre todo unas características que los diferencian de los
movimientos de Acción Católica, de las agrupaciones nacidas en el ámbito de las
familias religiosas, de los institutos seculares, de las cofradías, etc. Nada tienen
que ver, por tanto, con los llamados nuevos movimientos religiosos de carácter
sectario, ecléptico y en ocasiones pseudo-religiosos165.

b) El Directorio General para la Catequesis (1997)

Nos acercamos a este documento con la intención de resaltar la importancia


que en él se concede a la concepción del catecumenado bautismal como proceso
de formación y auténtica escuela de fe. En este sentido, ofrece a la catequesis
postbautismal una dinámica y algunos rasgos que le imprimen carácter: la
movimientos en la historia de la Iglesia. Y, para un conocimiento de los grandes movimientos eclesiales actuales:
P. J. CORDES, Signos de esperanza (Madrid 1998).

161
Cfr. AUGUSTO GUERRA, Movimientos en la Iglesia de hoy, en Revista de Espiritualidad, t. 52 (1993),
pp. 257-283.

162
Los movimientos neomísticos son los preferidos por la Jerarquía, entre estos están: Opus Dei, Comunión
y Liberación, Focolarini, Comunidades Neocatecumenales (Ibid., p. 269). Y cita como comprobación de esta
preferencia los libros de J. RATZINGER, Informe sobre la fe. (Madrid 1986), p. 50; y J.P. CORDES, Los nuevos
movimientos eclesiales, en Pastoral Misionera, n1 164 (1989), pp. 57-58.

163
AAunque para algunos ´entendidos` resulte anacrónico, es necesario seguir apoyando aquellos
movimientos cristianos que anuncian con humildad y convicción el ´kerigma`y que, luego, incorporando al
´catecúmeno` a la comunidad, le siguen iniciando en los misterios de Cristo@. Cfr. Mons. RAMÓN
BUXARRAIS, El fracaso de la Pastoral de maquillaje, en Vida Nueva (3 de agosto de 1996), p. 33.

164
ALa expresión ´Movimientos Eclesiales`es hoy la más usada y de carácter más general; que da cabida,
de hecho, en el lenguaje común actual, a todos los tipos de organizaciones eclesiales. En este sentido, no está fuera
de lugar referirnos a los Movimientos Eclesiales en una forma amplia, capaz de significar diversas y muy
complejas realidades@. Cfr. M. PIÑERO CARRIÓN, art. cit., pp. 45-46.

165
Consulta de Amsterdam sobre Nuevos Movimientos Religiosos y las Iglesias, III, 2, documento de la
Federación Luterana Mundial y Consejo Ecuménico de las Iglesias, Amsterdam. Septiembre 1986. Texto
publicado en español por J. BOSH, Para conocer las sectas (Estella 1993), pp. 266-271. Para un estudio en
profundidad, ver MANUEL GUERRA GÓMEZ, Los nuevos movimientos religiosos (las Sectas) (Pamplona
1993).
intensidad e integridad de la formación; su carácter gradual, con etapas definidas;
su relación con ritos, símbolos y signos, especialmente bíblicos y litúrgicos; su
referencia constante a la comunidad.

Para el Cardenal Darío Castrillón, prefecto de la Congregación para el


Clero, Ala catequesis postbautismal, sin tener que reproducir miméticamente la
configuración del catecumenado bautismal, y reconociendo a los catequizandos
su realidad de bautizados, hará cosa buena si se inspira en esta ´escuela
preparatoria para la vida cristiana` dejándose fecundar por los principales
elementos que la caracterizan. De aquí la valoración hecha por el Ritual de la
Iniciación Cristiana de Adultos como referente fundamental para la
catequesis@166.

El 18 de Septiembre de 1997 era presentado en Roma el nuevo Directorio


General para la Catequesis167 (que viene a sustituir al Directorium
Cathechisticum Generale, que, en cumplimiento de un encargo del Concilio
Vaticano II, la Santa Sede, el 11 de Abril de 1971, ofreció para el servicio de las
Iglesias particulares). Diez días antes, el 8 de Septiembre, en Castengandolfo, el
Papa Juan Pablo II había presentado la edición típica del Catecismo de la Iglesia
Católica, texto aprobado y promulgado por él con su Carta Apostólica Laetamur
magnopere (15 Agosto 1997). Estos dos hechos, relacionados entre sí teológica
y pedagógicamente, fueron considerados como tales en el marco de la misión
evangelizadora de la Iglesia en un Congreso catequístico internacional celebrado
en Roma los días 14 al 17 de Octubre168.

La edición de este nuevo Directorio viene a completar, en el campo de la


catequesis, el rico patrimonio doctrinal que a lo largo de estos cerca de treinta
años en la Iglesia se ha ido madurando y ofreciendo en los documentos que el
Magisterio ha sacado a la luz: "Los treinta años transcurridos desde la clausura
del Concilio Vaticano II hasta el umbral del tercer milenio, constituyen -sin duda-
un tiempo muy rico en orientaciones y promoción de la catequesis. Ha sido un
tiempo que, de algún modo, ha vuelto a hacer presente la vitalidad evangelizadora
de la Iglesia de los orígenes y a impulsar oportunamente las enseñanzas de los
Padres, favoreciendo el retorno actualizado al Catecumenado antiguo" (nº 2).

166
Cfr. “El Directorio General para la Catequesis: motivos y criterios de la revisión”, en o. cit., p. 46.

167
Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CLERO, Directorio General para la Catequesis.(Madrid 1997) [citaremos
este documento con las siglas DGC (1997)].

168
Cfr. COMUNICADO DEL CONGRESO CATEQUÍSTICO INTERNACIONAL (Vaticano 14-17 de octubre
1997): La fe de la Iglesia y su misión evangelizadora: L´Osservatore romano (ed. en español), 7 de noviembre de
1997, pp. 8 y 10. Ver ANTONIO CAÑIZARES/MANUEL CAMPO (eds), Evangelizacion, catequesis,
catequistas. Una nueva etapa para la Iglesia del Tercer Milenio (Madrid 1999).
¿Cómo aparece recogida en este Directorio la pastoral catecumenal? ¿Qué
importancia le concede al Catecumenado? ¿De qué forma incorpora los
ensanchamientos pastorales que apuntan tanto el RICA como EN, CT y el mismo
Catecismo de la Iglesia Católica?169 . Veamos someramente el tratamiento que
reciben estos interrogantes.

El DGC, conservando la estructura básica del texto de 1971, se articula en


cinco partes, precedidas de una Exposición Introductoria y seguidas de una
conclusión170.

En la Exposición introductoria, donde se presentan unos breves


diagnósticos en orden a la misión el Directorio invita a que los cristianos miremos
al mundo con los mismos ojos con que Jesús contemplaba la sociedad de su tiemp.
La Iglesia ha de mirar al mundo desde la fe, y en este contexto se señala: "es
importante que la catequesis sepa iniciar a los catecúmenos y a los catequizandos
en una lectura teológica de los problemas modernos"171.

Más adelante, el Directorio, siguiendo los análisis de GS, EN y CT -entre


otros- constata que entre los cristianos hay un "gran número de personas que
recibieron el bautismo pero viven al margen de toda vida cristiana. Se trata, en
efecto, de una gran muchedumbre de cristianos no practicantes, aunque en el
fondo del corazón de muchos el sentimiento religioso no haya desaparecido del
todo" (nº 25).

Despertarles a la fe es uno de los retos más serios que tiene planteada hoy
la pastoral de la Iglesia, de ahí que encontremos postulada en el Directorio la
necesidad impulsar la nueva evangelización: "Estas situaciones de la fe de los
cristianos reclaman con urgencia del sembrador el desarrollo de una nueva
evangelización, sobre todo en aquellas Iglesias de tradición cristiana donde el
secularismo ha hecho más mella. En esta nueva situación, necesitada de
evangelización, el anuncio misionero y la catequesis sobre todo de jóvenes y
adultos, constituyen una clara prioridad" (nº 26).

169
"Evidentemente, la nueva redacción del Directorio General para la Catequesis, ha debido conjugar dos
exigencias principales: - por una parte, el encuadramiento de la catequesis en la evangelización, postulado en
particular por las Exhortaciones Evangelii Nuntiandi y Catechesi Tradendae; - por otra parte, la asunción de los
contenidos de la fe propuestos por el Catecismo de la Iglesia Católica" (nº 7).

170
Para una síntesis de la estructura, finalidad, destinatarios y contenido del Directorio ver las páginas 17-21.

171
Ibid., p. 25.
En la Primera Parte dedicada a la Catequesis en la misión evangelizadora
de la Iglesia nos encontramos de lleno con el planteamiento que el Directorio
hace de la pastoral catecumenal.

El nuevo Directorio habla de la fe como "proceso de conversión


permanente" (nº 56) y se dice expresamente que "frecuentemente, las personas
que acceden a la catequesis necesitan, de hecho, una verdadera conversión" (nº
62); de ahí que se subraye la dimensión de la catequesis puesta al servicio de la
iniciación cristiana (nnº 63-65).
En el Directorio se sostiene asimismo que el modelo de toda catequesis es
el catecumenado bautismal y que "la catequesis de adultos, al ir dirigida a
personas capaces de una adhesión plenamente responsable, debe ser considerada
como la forma principal de la catequesis, a la que todas las demás, siempre
ciertamente necesarias, de alguna manera se ordenan" (nº 59); es más, se afirma
también que la "riqueza, inherente al catecumenado de adultos no bautizados, ha
de inspirar a las demás formas de catequesis" (nº 68), y se consideran "algunos
elementos del catecumenado bautismal, que deben ser fuente de inspiración para
la catequesis postbautismal" (nº 91)172.

Ahora bien, para favorecer un proceso permanente de conversión, el


Directorio afirma con rotundidad que "se necesita una comunidad de base o
fundante. Para favorecer tal proceso, se necesita una comunidad cristiana que
acoja a los iniciados para sostenerlos y formarlos en la fe" (nº 69), y se tiene muy
presente que "la vida cristiana en comunidad no se improvisa y hay que educarla
con cuidado" (nº 86).

En las partes restantes del Directorio encontramos suficientes


orientaciones de profundo calado catequético-pastoral para una buena
fundamentación de la pastoral catecumenal que la Iglesia hoy precisa y necesita.
En realidad, este nuevo Directorio lo que ha hecho ha sido asumir toda la rica
profundización que los diversos documentos del Magisterio del Papa, de los
obispos, y de los teólogos han aportando a la catequesis en estos treinta años de
vida eclesial posconciliar. Es, por tanto, repetitivo en el sentido de que asume lo
ya afirmado, y propositivo porque la síntesis teológico-catequética y pastoral que
ofrece está avalada por la reflexión anterior y aparece aquí asumida y propuesta
en forma de Directorio para ser "aliento en el servicio que la Iglesia y el Espíritu

172
En el DGC se utilizan, como distintas, las expresiones catecúmenos y catequizandos: "entre los catequizandos
y los catecúmenos, y entre la catequesis posbautismal y la catequesis prebautismal, respectivamente, hay una
diferencia fundamental. Esta diferencia proviene de los sacramentos de iniciación recibidos por los primeros, los
cuales han sido ya introducidos en la Iglesia y hechos hijos de Dios por el Bautismo. Por tanto su conversión se
funda en el Bautismo recibido, cuya virtud deben desarrollar después" (n.º 90).
encomienda a todos los pastores de la Iglesia: favorecer el crecimiento de la fe en
aquellos que han creído" (nº 287)173.

Este documento y su publicación en el año 1997 va a ser muy importante


y decisivo en orden a la fundamentación catequética que las nuevas realidades
comunitarias y catecumenales estaban intentando conseguir para expresar su
identidad eclesial formal. En concreto, este documento va a ser determinante para
la redacción del Estatuto del Camino Neocatecumenal174 que se había comenzado
a gestar este año, y en él va a encontrar la confirmación y fundamentación de la
praxis vivida en el interior de las Comunidades Neocatecumenales.

c) Juan Pablo II, Vigilia de Pentecostés (1998)

En su homilía del 25 de mayo de 1996, vigilia de Pentecostés, Juan Pablo


II solicitaba la participación viva de los Movimientos eclesiales en la preparación
del Jubileo del año 2000 para relanzar la Nueva Evangelización. Y subrayaba el
significado y la importancia de los Movimientos eclesiales retomando las
palabras pronunciadas por él mismo doce años antes: AUno de los dones del
Espíritu a nuestro tiempo es ciertamente el florecimiento de los Movimientos
eclesiales, que desde el inicio de mi Pontificado he señalado y sigo señalando
como motivo de esperanza para la Iglesia y para los hombres: son signo de la
libertad de formas en que se realiza la única Iglesia, y representan una segura
novedad, que todavía ha de ser adecuadamente comprendida en toda su positiva
eficacia para el Reino de Dios en orden a su actuación en el hoy de la historia@175.

La oportunidad de este encuentro venía dada por ser 1998 el año dedicado
al Espíritu Santo en el camino hacia el gran Jubileo del 2000, y el Papa había
pedía a los Movimientos eclesiales que ofrecieran un testimonio común y que, en
comunión con los pastores y en unión con las iniciativas diocesanas llevasen Aal

173
Sin duda alguna, lo más original de este nuevo Directorio es el Capítulo II de la Segunda Parte en el que se
hace una fundamentación del papel que tanto el nuevo Directorio como el Catecismo de la Iglesia Católica están
llamados a desempeñar en la acción catequizadora de la Iglesia. Este capítulo segundo, es completamente nuevo,
y está al servicio de la presentación del Catecismo de la Iglesia Católica, como texto de referencia para la
transmisión de la fe en la catequesis y para la redacción de los Catecismos locales.

174
En el Estatuto del CN encontramos 38 citas explícitas de este documento, referidas a 50 números del
mismo. He aquí los nn1 por orden de citación :59 (dos veces), 91 (dos veces), 51, 69, 223, 172, 257, 64, 225, 258,
80, 156, 230-232, 62, 102, 53-55, 94, 127, 128, 96, 59, 85, 226-227, 255, 86(cuatro veces), 268, 86, 85, 70, 56,
69-72, 222-223, 246, 247, 235-236.

175
Cfr. Insegnamenti, VII/2 (1984), p. 696. También en Ecclesia, núm. 2.793 (1996/I), p. 901.
corazón de la Iglesia su riqueza espiritual, educativa y misionera, como preciosa
experiencia y propuesta de vida cristiana@176.
El encargado de convocar y alentar este encuentro internacional de
Movimientos eclesiales fue el Pontifico Consejo para los Laicos. Para ello
organizó un Congreso mundial, bajo el lema: Los Movimientos eclesiales:
comunión y misión en los umbrales del tercer milenio.

La finalidad de dicho Congreso, en palabras del Papa a los congresistas,


era, Apor un lado profundizar en la naturaleza teológica de los Movimientos, y
por otro, fomentar la edificación recíproca mediante el intercambio de
testimonios y experiencias@177. Efectivamente, en dicho Mensaje, Juan Pablo II
volvía a expresar su total confianza en los Movimientos: AEllos representan uno
de los frutos más significativos de esa primavera de la Iglesia anunciada en su día
por el Concilio Vaticano II@ y, subrayaba con énfasis, que Ano existe contraste
o contraposición entre la dimensión institucional y la dimensión carismática, de
la que los movimientos constituyen una expresión significativa. Ambas son
´coesenciales`a la constitución divina de la Iglesia que fundó Jesús, pues juntas,
contribuyen a hacer presente el misterio de Cristo y su obra salvífica en el
mundo@178.

El día 30 de Mayo tuvo lugar un Encuentro del Papa Juan Pablo II -en la
Plaza de San Pedro- con representantes de los Movimientos eclesiales y las
nuevas Comunidades. En él intervinieron con sus testimonios, Chiara Lubich
(fundadora del Movimiento de los Focolares), Kiko Argüello (Iniciador del
Camino Neocatecumenal)179, Luigi Giussani (Fundador de Comunión y

176
Cfr. Homilía en la Vigilia de Pentecostés (25-5-96), en Ecclesia, núm. 2.793 (1996/I), p. 901. Esta misma
invitación la haría el Papa a los iniciadores del CN el 24 de enero de 1997: APor este motivo, para el año 1998,
que en el marco de la preparación del Gran Jubileo está dedicado al Espíritu Santo, he deseado un común
testimonio de todos los movimientos eclesiales, bajo la guía del Pontificio Consejo para los Laicos. Será un
momento de comunión y de renovado empeño en el servicio de la misión de la Iglesia. Estoy seguro de que no
faltaréis a esta cita tan significativa@. Cfr. JUAN PABLO II, A treinta años del nacimiento del Camino
Neocatecumenal en las barracas de Madrid: L´Osservatore romano, 25 de enero de 1997, p. 4.

177
Cfr. JUAN PABLO II, Mensaje a los participantes en el Congreso mundial promovido por el Pontificio
Consejo para los laicos: Un himno a la unidad en la pluralidad de las formas, en L´osservatore romano, ed. lengua
española, 5-6-1998, pp. 324-326; también en Ecclesia, núm 2.898 (20 de junio de 1998), p. 931.

178
Ibid, p. 932. La tesis, hasta entonces discutida entre los canonistas, había sido formulada por Eugenio
Corecco, que hablaba de un polo institucional y un polo carismático en la constitución de la Iglesia. Cfr. “Profili
istituzionali dei Movimenti nella Chiesa”, en AA. VV., I Movimienti nella Chiesa negli anni ´80. Atti dle 11
Convegno Internazionale. Roma 23-27 Settembre 1981, (Milano 1981), pp. 216-221. Ver también LIBERO
GEROSA, “Carismas y formas de aggregationes fidelium”, en El Derecho en la Iglesia (Valencia 1998), pp. 285-
305.

179
En su intervención Kiko Argüello volvió a precisar que AEl Camino Neocatecumenal no es un
movimiento o una asociación, sino un instrumento de las parroquias al servicio de los Obispos para llevar a la fe
a mucha gente que la ha abandonado@. Y daba estadísticas del CN en este momento: AEn estos años el Camino
Liberación) y Jean Vanier (Fundador de las Comunidades terapéuticas del Arca
y de Fe y Luz180. El mismo Papa definió este encuentro como Aun acontecimiento
verdaderamente insólito: por vez primera los movimientos y las nuevas
comunidades eclesiales se encuentran, todos juntos, con el Papa. Se trata del gran
´testimonio común` que deseé para el año que, en el camino de la Iglesia hacia el
gran Jubileo, está dedicado al Espíritu Santo@181.

Juan Pablo II sostuvo en el discurso dirigido indistintamente a los


movimientos y a las comunidades que Apor su naturaleza, los carismas son
comunicativos, y dan origen a esa particular afinidad espiritual entre las personas
y a esa amistad en Cristo que están en el origen de los ´movimientos`. La
transición del carisma original al movimiento se realiza gracias al misterioso
atractivo que el fundador ejerce sobre quienes se dejan implicar en su experiencia
espiritual@182.

Más adelante, señalará los conflictos y tensiones que no pocas veces han
provocado: ASu nacimiento y difusión ha aportado a la vida de la Iglesia una
novedad inesperada, a veces incluso arrolladora. Ello no ha dejado de suscitar
interrogantes, malestar y tensiones@. Y, señalaba las causas: Aa veces ha
acarreado presunciones e intemperancia por un lado y no pocos prejuicios y
reservas por el otro. Ha sido un período de prueba de su fidelidad, una ocasión
importante para comprobar la legitimidad de sus respectivos carismas”184.

En todo caso, el Papa es consciente de que Ase abre para los Movimientos
una nueva etapa: la de su madurez eclesial@. Y por ello se pregunta: A)Cómo
conservar y garantizar la autenticidad del [email protected] él mismo responde:
“resulta de fundamental importancia que todo movimiento se someta al

se ha extendido en 850 diócesis de 105 países, con 15.000 comunidades en 4.4500 parroquias@. Cfr. P.J.
CORDES, Signos de Esperanza, p. 207.

180
Para un conocimiento de estos Movimientos, ver “Entrevistas a los Fundadores y Líderes de los
Movimientos”, en P.J. CORDES, o. cit., pp. 13-123.

181
Cfr. JUAN PABLO II, Discurso con ocasión del encuentro en la Plaza de San Pedro con los Movimientos
eclesiales y la nuevas Comunidades: Una nueva etapa de madurez eclesial para los movimientos, en
L´Osservatore romano, ed. española, 5-6-1998, pp. 324-326; también Ecclesia, núm. 2.898 (20 de junio), p. 933.

182
Cfr. Una nueva etapa..., p.934.

183
Ibidem.

184
Ibidem.
discernimiento de la autoridad eclesiástica competente. Por ello ningún carisma
dispensa de la referencia y del sometimiento a los pastores de la Iglesia”185.

Al día siguiente, el 31 de Mayo, durante la Homilía pronunciada en la


Vigilia de Pentecostés, el Papa volverá a manifestar que los AMovimientos y
nuevas comunidades, expresiones providenciales de la nueva primavera suscitada
por el Espíritu mediante el Concilio Vaticano II, constituyen un anuncio del poder
del amor de Dios, que superando todo tipo de divisiones y barreras renueva la faz
de la tierra para construir en ella la civilización del amor@186.

d) Seminario sobre Movimientos Eclesiales y nuevas Comunidades en


la solicitud pastoral de los obispos (1999)

Un año después del impactante encuentro internacional de los


Movimientos eclesiales y nuevas Comunidades (30-Mayo-1998), el Consejo
Pontificio para los Laicos, en colaboración con las Congregaciones para la
doctrina de la Fe y para los Obispos, reunía en Roma, los días 16 al 18 de junio,
a más de 100 cardenales y obispos procedentes de 50 países para reflexionar y
dialogar en un Seminario que tenía como tema: Movimientos eclesiales y nuevas
Comunidades en la solicitud pastoral de los obispos187.

En este Seminario fueron tomando la palabra distintos Cardenales y


obispos para iluminar, desde una visión interdisciplinar (teológica, pastoral,
canónica, litúrgica y ecuménica) la aportación de los Movimientos y nuevas
Comunidades a la vida de la Iglesia188. También es importante señalar, que este
Seminario se clausuró con un diálogo directo entre los fundadores de algunos
Movimientos y los Cardenales y obispos participantes. Entre otros, estuvieron
presentes, Chiara Lubich, Kiko Argüello, Andrea Riccardi, Stefano Alberto,
Gerald Arbola y Salvatore Martínez.

185
Ibidem.

186
Cfr. JUAN PABLO II, Vivir la espera perenne del Espíritu, en Ecclesia, núm. 2.898 (20 de junio de
1998), p. 936.

187
Cfr. JUAN PABLO II, Es preciso hacer fructificar los dones del Espíritu al servicio de todo el pueblo
de Dios. Mensaje a los participantes en un seminario sobre los movimientos eclesiales en la solicitud pastoral de
los obispos: L´Osservatore romano, 2-VII-1999, p. 23 (en la edición española). La revista Vida Nueva publicó un
amplio reportaje sobre este evento eclesial en su n1 2.193 del 10 de julio de 1999, pp. 24-29.

188
Para un acceso a las Comunicaciones que en el Seminario se escucharon, ver el Pliego de Vida Nueva.
Para leer el alcance y la transcendencia que la celebración de este
Seminario ha tenido para la Iglesia, es necesario acercarnos al Mensaje que el
Papa Juan Pablo II dedicó a todos los participantes. En él abordará tres puntos
esenciales: la contribución de los Movimientos eclesiales y nuevas Comunidades
a la Nueva Evangelización, su inserción armónica y orgánica en la comunión de
la Iglesia universal y particular, y la responsabilidad del ministerio episcopal para
el acompañamiento, discernimiento e inserción de los Movimientos y nuevas
Comunidades en las estructuras diocesanas y parroquiales.

Comienza el Papa constatando que Aen nuestros tiempos los desafíos de la


nueva evangelización se presentan a menudo en términos dramáticos, e impulsa
a la Iglesia, y en particular a sus pastores, a buscar formas nuevas de anuncio y
de acción misionera que respondan mejor a las necesidades de nuestra época@.
Entre estas tareas pastorales más urgentes en la actualidad, Juan Pablo II señala,
en primer lugar, Ala atención a las comunidades que tienen una conciencia más
profunda de la gracia relacionada con los sacramentos de la iniciación cristiana,
de los que brota la vocación a ser testigos del Evangelio en todos los ámbitos de
la vida@. Y, unida a esta, una ulterior urgencia pastoral que no se debe subestimar
Aes la formación de comunidades cristianas que sean auténticos lugares de
acogida para todos, con constante atención a las necesidades específicas de cada
persona@.

Continúa señalando que “los movimientos y las nuevas comunidades,


como toda obra humana que, aún realizándose por moción divina, se desarrolla
dentro de la historia humana, no han suscitado durante estos años únicamente
consideraciones positivas@, como ya afirmara el 30 de Mayo de 1998. Sin
embargo, se atreve a profetizar que Aveía y veo la llegada de una ´etapa nueva:
la de su madurez eclesial`@189.

Para esta nueva etapa, el Papa pide a los movimientos y nuevas


comunidades Ael compromiso de compartir, en el ámbito de la comunión y la
misión de las Iglesias particulares, sus riquezas carismáticas de modo humilde y
generoso@. Y a los obispos les invitará a que Aabran los ojos del corazón y de la
mente, para reconocer las múltiples formas de la presencia del Espíritu en la
Iglesia, evaluarlas y guiarlas a todas hacia la unidad en la verdad y en la caridad@.

189
El Cardenal J. Ratzinger en su intervención, abordó los aspectos institucional y carismático del ejercicio
del ministerio episcopal, y al final apostillaba: AEl 30 de Mayo pasado acabó la primera fase de la historia de los
movimientos. Aquella en la que se trataba de hacerles espacio por parte de la realidad institucional de la Iglesia.
Ahora estamos en la segunda fase, la del reconocimiento de la unidad substancial de las realidades carismáticas y
de la institución@. Cfr. Vida Nueva (1999), p. 28.
En palabras de Juan Pablo II, uno de los frutos más importantes que han
producido los movimientos Aes precisamente el haber sabido estimular en
muchos fieles laicos, hombres y mujeres, adultos y jóvenes, un intenso impulso
misionero, indispensable para la Iglesia que se prepara a cruzar el umbral del
tercer milenio@. Pero afirmará, con toda rotundidad, que Aeste objetivo se
alcanza sólo cuando se integran con humildad en la vida de las Iglesias locales y
son acogidos cordialmente por obispos y sacerdotes en las estructuras diocesanas
y parroquiales@.

e) Juan Pablo II, Novo Millennio ineunte (2001)

Tras la celebración del Gran Jubileo del 2000, el Papa ha querido ofrecer a
toda la Iglesia una Carta Apostólica en la que resuena con confianza y esperanza
la invitación a remar mar adentro para pescar: Duc in altum (Lc 5,4). En ella
hace un recorrido por los grandes eventos celebrados durante el Año Jubilar e
invita -de nuevo- a poner la mirada Amás que nunca fija en el rostro del Señor@
(n1. 16), para desde Él fijar algunas prioridades pastorales, la primera de todas
será la de tender a la santidad: ANo dudo en decir que la perspectiva en la que
debe situarse el camino pastoral es el de la santidad@ (n1 30).

En realidad, poner la programación pastoral bajo el signo de la santidad es


una opción llena de consecuencias: Asignifica expresar la convicción de que, si
el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la
inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, sería un contrasentido
contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una
religiosidad superficial. Preguntar a un catecúmeno, )quieres recibir el
Bautismo?, significa al mismo tiempo preguntarle: )quieres ser santo?. Significa
ponerle en el camino del Sermón de la Montaña: ´Sed perfectos como es perfecto
vuestro Padre celestial` (Mt 5,48) [n1 31].

Una de las notas teológicas más sobresalientes de esta Carta Apostólica es


la explicitación que el Papa hace de lo que ha dado en llamar la Aespiritualidad
de la comunión@ (nn1 42-45). En esta perspectiva hablará de Avalorar y
desarrollar aquellos ámbitos e instrumentos que, según las grandes directrices del
Concilio Vaticano II, sirven para asegurar y garantizar la comunión@ (n1 44),
como son Alos organismos de participación previstos por el Derecho canónico,
como los Consejos presbiterales y pastorales@ (n1 45). En esta misma línea,
afirmará más adelante Juan Pablo II: Atiene gran importancia para la comunión
el deber de promover las diversas realidades de asociación, que tanto en sus
modalidades más tradicionales como en las más nuevas de los movimientos
eclesiales, siguen dando a la Iglesia una viveza que es un don de Dios
constituyendo una auténtica primavera del Espíritu@. Y, por ello, pide que Atanto
en la Iglesia universal como en las Iglesias particulares, las asociaciones y
movimientos actúen en plena sintonía eclesial y en obediencia a las directrices de
los Pastores@ (n1 46).

f) Aprobación del Estatuto del Camino Neocatecumenal (2002)

Con fecha del 29 de Junio del 2002 aparece aprobado el Estatuto del
Camino Neocatecumenal190 “después de un atento examen del texto de los
Estatutos, fruto de un laborioso proceso de colaboración entre los iniciadores del
Camino Neocatecumenal y el Pontificio Consejo para los Laicos, que se ha valido
de la contribución aportada en el ámbito de sus propias competencias por diversos
Dicasterios de la Curia romana”191 y después de cinco años de “un diálogo
intenso, a veces incluso difícil, pero siempre guiado por un elevado sentido de
responsabilidad y caridad eclesial... Este largo proceso de elaboración y examen
de los Estatutos ha sido, al mismo tiempo, ocasión providencial y tiempo fuerte
de discernimiento de la propuesta y de la experiencia del Camino
Neocatecumenal por parte de la Santa Sede. Y se concluye con una “garantía
ulterior de la autenticidad de vuestro carisma” (Cfr. Juan Pablo II, Discurso del
24 de enero de 1997,n. 4; carta autógrafa citada, n. 2), como es la aprobación de
los Estatutos”192.

A la luz del Decreto de aprobación, “el Camino Neocatecumenal se pone


al servicio de los obispos y de los párrocos como itinerario de redescubrimiento
del Bautismo y educación permanente en la fe, se propone a los fieles que desean
reavivar en su vida la riqueza de la iniciación cristiana, recorriendo este camino
de conversión y catequesis”. Asimismo, es ofrecido a los obispos como “un

190
El texto íntegro del Estatuto -en varias lenguas- ha sido divulgado a través de internet en una página web
reconocida como oficial por el equipo responsable internacional (www.camminoneocatecumenale.it). El decreto
de aprobación está en italiano (así se publicó en los sitios oficiales en la red tanto del Camino como de la Santa
Sede. Para un acceso a la traducción española puede leerse en Ecclesia nº 3109 (13-7-2002), 1063-1064, y en
L´Osservatore romano, ed. lengua española, 12-7-2002, 353. Para cada lengua se ha hecho una edición típica con
el nombre común para todas ellas en latín:. Neocatechumenale iter Statuta (Bilbao 2002). Es la edición típica del
Estatuto del CN y en ella encontramos en una PRIMERA PARTE el Decreto de Aprobación del Pontificio Consejo
para los Laicos y el Estatuto del Camino Neocatecumenal; en una SEGUNDA PARTE tenemos acceso a las
intervenciones de Kiko Argüello, Carmen Hernández, el P.Mario Pezzi (el día de la entrega del Estatuto) y la del
Cardenal J.F. Stafford, así como el discurso del Presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, Cardenal J.F.
Stafford, a los catequistas itinerantes reunidos en una convivencia internacional el día 30 de Junio; en una
TERCERA PARTE se incorporan algunos comentarios jurídicos y eclesiales al Estatuto.

191
Cfr. Decreto de aprobación: Statuta, pp. 17-18.

192
Cfr. “Discurso del Cardenal J.F. STAFFORD a los itinerantes del camino neocatecumenal (Porto S. Giorgo,
30 de junio de 2002)”, en Statuta, p. 82.
instrumento para la iniciación cristiana de los adultos que se preparan a recibir el
Bautismo”193.
La gran novedad que aporta la aprobación del Estatuto del Camino
Neocatecumenal, en palabras de Kiko Argüello, es que “con este Estatuto el Papa,
con valentía, ofrece a los Obispos y a las Conferencias Episcopales un modo de
iniciación y de catecumenado postbautismal avalado por más de treinta años de
camino llenos de fruto”194. Y esta es una novedad de gran alcance, porque es la
primera vez en la historia de la Iglesia en que la Santa Sede aprueba oficialmente
un catecumenado postbautismal y una modalidad de catecumenado bautismal
para toda la Iglesia. El Papa Juan Pablo II también ha querido resaltar esta
novedad al decir que “los Estatutos constituyen, también, una importante ayuda
para todos los pastores de la Iglesia, particularmente para los Obispos diocesanos,
a los cuales se les ha confiado por parte del Señor el cuidado pastoral y, en
particular, la iniciación cristiana de las personas en las diócesis”195.

Es reseñable, la valoración positiva que el teólogo Olegario González de


Cardedal hace, por estos años, de la aportación del Camino Neocatecumenal a la
vida de la Iglesia en España: “En el postconcilio han surgido las comunidades
neocatecumenales que están siendo un factor decisivo en la forma de vivir la
Iglesia y su presencia en la sociedad. Ellas han recuperado al pueblo y al
sentimiento para la fe, la Iglesia y el dinamismo misionero, han devuelto la
sencilla alegría de creer y el gozo de ser Iglesia en medio de todos los problemas
o tareas, han conformado una transmisión de la fe en familia, han creado una
forma de misión para los seglares célibes o casados, que no cede en generosidad
193
Ibid., p. 18.

194
Intervención de KIKO ARGÜELLO en el día de la aprobación del Estatuto: Statuta, p. 64. Viene a coincidir
esta aprobación del Estatuto del CN en este momento cuando “casi todas las Conferencias Episcopales están
hablando de la necesidad de una iniciación cristiana postbautismal, encuentran muchas dificultades para
realizarla” (Kiko Argüello, ib., 64). Para el canonista Dr. Adelchi Chinaglia “con esta aprobación formal el Santo
Padre (a través del Prefecto del Pontificio Consejo para los Laicos, a quien ha dado expreso y específico mandato
con la carta del 5.04.2001), en la línea de su decreto de 1990, ofrece a toda la Iglesia este nuevo instrumento, con
abundante experiencia y frutos, que nace en las barracas de Madrid a través de Kiko Argüello y Carmen
Hernández, enraizado en el Concilio Vaticano II: un itinerario postbautismal de naturaleza catecumenal, método
válido para llevar a la madurez de la fe a cualquier bautizado o no bautizado que ´manifieste su decisión de abrazar
la fe en Cristo` (can. 788) o de ´hacerse cristiano` (Statuta, p. 108).

195
Cfr. Discurso del Papa JUAN PABLO II a los Iniciadores del Camino Neocatecumenal, a los catequistas
itinerantes y a los presbíteros (Castel Gandolfo, 21 de septiembre de 2002): Statuta, separata, p. 4. Para un acceso
a las indicaciones normativas que el Camino Neocatecumenal ha recibido desde la Santa Sede en relación con las
modalidades litúrgicas de la celebración de la Eucaristía, ver: CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO,
Carta al Camino Neocatecumenal (1 diciembre de 2005); Discurso del Santo Padre BENEDICTO XVI a un grupo
numeroso de miembros del Camino Neocatecumenal (jueves 12 de enero de 2006), en la pág. WEB del Vaticano;
El Cardenal Arinze explica las normas litúrgicas emitidas para el Camino Neocatecumenal (jueves 16 de febrero
2006) en ZENIT; El Camino Neocatecumenal acoge con entusiasmo las indicaciones de la Santa Sede, en
www.caminayven.com.
espiritual, litúrgica y económica a las clásicas órdenes religiosas con los de sus
miembros con los tres votos. El futuro de estos movimientos dependerá de la
fidelidad de sus miembros, a la vez que de la generosidad lucidez y apoyo, tan
benévolo como crítico, que se les preste. Estos movimientos tienen vocaciones
apostólicas porque son el resultado natural de una vida cristiana intensa y fiel. Si
ésta existe, aquellas existirán”196.

g) Juan Pablo II, Exhortaciones apostólicas Ecclesia in Europa y


Pastores gregis (2003)

En un mismo año el Papa Juan Pablo publicará dos exhortaciones


apostólicas, la primera, Eclesia in Europa197 es un texto muy maduro y madurado,
recoge las reflexiones de la Asamblea sinodal celebrada en Roma los días 1 al 23
de octubre de 1999 en la que había sido el segundo Sínodo de los obispos
europeos. La segunda contiene la reflexión de los obispos con ocasión de la Xª
Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos celebrada en Roma en
octubre del 2001198. El tema se sitúa en clara continuidad con el Sínodo del ´99 y
es la última reflexión doctrinal que el Papa hace en relación con las diversas
vocaciones suscitadas por el Espíritu en el Pueblo de Dios (ya había reflexionado
sobre los fieles laicos y la vida religiosa, ahora lo hace sobre el ministerio
episcopal)199.

Tras la caída del muro de Berlín, frente al nuevo horizonte de una Europa
inmersa en un contexto de confusión y desesperanza, el Papa y los obispos
europeos han querido “proclamar –con este documento- una exhortación a la
esperanza a una Europa que parecía haberla perdido” (nº 2). Juan Pablo II
desentraña la riqueza de las aportaciones de los obispos tomando como punto de
partida el libro del Apocalipsis “revelación profética que desvela a la comunidad
creyente el sentido escondido y profundo de los acontecimientos” (nº 5).

El documento está vertebrado con un esquema claramente kerigmático y


eclesial: comienza con una proclamación de Jesucristo es nuestra esperanza
(cap. Iº) y en los capítulos sucesivos se desarrolla el papel de la Iglesia como
depositaria del Evangelio de la esperanza (cap. IIº) a través de las tres grandes

196
Cfr. O. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Cristianismo, Iglesia y Sociedad en España, 1950-2000 (Madrid
1999), pp. 400 y 406.
197
Cfr. Ecclesia in Europa (Madrid 2003).
198
Cfr. Pastores gregis (Madrid 2003).
199
El título de la convocatoria sinodal reza así: El Obispo, servidor del Evangelio de Jesucristo para la
esperanza del mundo
dimensiones de la misión, el anuncio (cap. IIIº), la celebración (cap. IVº), el
servicio (cap. Vº), para terminar proponiendo el Evangelio de la esperanza para
una nueva Europa (cap. VIº).

Los Padres sinodales son muy conscientes de la situación en la que se


encuentra la Iglesia en Europa y hacen un diagnóstico muy lúcido del momento:
“La Iglesia no puede eludir el deber de un diagnóstico claro que permita preparar
los remedios oportunos. En el viejo Continente existen también amplios sectores
sociales y culturales en los que se necesita una verdadera y auténtica misión ad
gentes” (nº 46).

Más aún, los obispos europeos afirman con claridad que “es necesario un
nuevo anuncio incluso a los bautizados porque muchos bautizados no saben qué
es el cristianismo, viven como si Cristo no existiera, se han dejado contagiar por
el espíritu de un humanismo inmanentista, etc, y, por ello, la tarea por hacer no
será tanto bautizar a los nuevos convertidos, cuanto guiar a los bautizados a
convertirse a Cristo y a su Evangelio” (nº 47).

Los padres sinodales afirman con rotundidad que “la actual situación
cultural y religiosa de Europa exige la presencia de católicos adultos en la fe y de
comunidades cristianas misioneras que testimonien la caridad de Dios a todos los
hombres. El anuncio del Evangelio de la esperanza comporta, por tanto, que se
promueva el paso de una fe sustentada por costumbres sociales, aunque siempre
apreciables, a una fe más personal y madura, iluminada y convertida” (nº 50).
Para ello será necesario “que las comunidades cristianas se movilicen para
proponer una catequesis apropiada a los diversos itinerarios espirituales de los
fieles en las diversas edades y condiciones de vida, previendo también formas
adecuadas de acompañamiento espiritual y de redescubrimiento del propio
bautismo” (nº 51).

Se sigue apostando por la parroquia abierta a una renovación constante y


se hace una valoración positiva de la aportación que los nuevos movimientos y las
nuevas comunidades eclesiales ofrecen a las parroquias describiendo en clave
positiva todas sus bondades: “ayudan a los cristianos a vivir más radicalmente
según el Evangelio; son una cuna de diversas vocaciones y generan nuevas
formas de consagración; promueven sobre todo la vocación de los laicos y la
llevan a manifestarse en los diversos ámbitos de la vida; favorecen la santidad del
pueblo; pueden ser anuncio y exhortación para quienes, de otra manera, no se
encontrarían con la Iglesia; con frecuencia apoyan el camino ecuménico y abren
cauces para el diálogo interreligioso; son un antídoto contra la difusión de las
sectas; son una gran ayuda para difundir vivacidad y alegría en la Iglesia” (nº 16).
Sin embargo, también los obispos insistirán en la necesidad de vivir una
comunión más plena a todos los niveles: “es necesario que, de una parte, los
nuevos movimientos y las nuevas comunidades eclesiales, abandonando toda
tentación de reivindicar derechos de primogenitura y toda incomprensión
recíproca, avancen en el camino de una comunión más auténtica entre sí y con
todas las demás realidades eclesiales y vivan con amor en total obediencia a los
obispos; por otro lado, es necesario también que los obispos, manifestándoles la
paternidad y el amor propio de los pastores, sepan reconocer, discernir y
coordinar sus carismas y su presencia para la edificación de la única Iglesia” (nº
29).

La Exhortación Apostólica Pastores gregis (Los pastores de la grey) tiene


la finalidad doctrinal de mostrar la riqueza teológico-pastoral del ministerio
episcopal al servicio del Evangelio de la Esperanza a la luz del triple munus que
les ha confiado la Iglesia: munus docendi, sanctificandi et regendi, “de este modo,
viviendo como hombres de esperanza y reflejando en el propio ministerio la
eclesiología de comunión y misión, los Obispos deben ser verdaderamente
motivo de esperanza para su grey” (nº 5d).

En relación con su munus sanctificandi, el documento afirma la


responsabilidad del obispo en relación a la Iniciación Cristiana y reafirma la
importancia del catecumenado para la Iglesia hoy: “En las circunstancias actuales
de la Iglesia y del mundo, tanto en las Iglesias jóvenes como en los Países donde
el cristianismo se ha establecido desde siglos, resulta providencial la
recuperación, sobre todo para los adultos, de la gran tradición de la disciplina de
la iniciación cristiana... Mediante el itinerario de la iniciación cristiana se
introduce progresivamente a los catecúmenos en el conocimiento de Cristo y de
la Iglesia... (nº 38). Y se les pide a los obispos que “teniendo en cuenta las
circunstancias actuales han de poner en práctica las prescripciones del Rito de la
iniciación cristiana de adultos. Por tanto, han de procurar que en cada diócesis
existan las estructuras y agentes de pastoral necesarios para asegurar de la manera
más digna y eficaz la observancia de las disposiciones y disciplina litúrgica,
catequética y pastoral de la iniciación cristiana, adaptada a las necesidades de
nuestro tiempo” (ibidem).

En relación con la pastoral de la comunión, se hace una valoración positiva


de las realidades asociativas así como de los nuevos movimientos, pero se pide a
los obispos que ejerzan su labor de discernimiento “a cuya misión pastoral
corresponde favorecer la complementariedad entre movimientos de diversa
inspiración, velando por su desarrollo, la formación teológica y espiritual de sus
animadores, su inserción en la comunidad diocesana y en las parroquias, de las
cuales no deben separarse” (nº 51c). En todo caso, el obispo ha de ser el primero
en vivir, alentar y propiciar y “hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la
comunión” (nº 22).

h) CELAM, Documento “La Bienaparecida” (2007)

1) Aprobación definitiva del Estatuto del Camino Neocatecumenal (2008)

Síntesis teológico-pastoral

1ª) Este entre-tiempo que va de 1995 al 2008, ha estado marcado por el


acontecimiento singular y transcendental -para la vida de la Iglesia-, de la
preparación y celebración del Gran Jubileo del Año 2000. Este evento eclesial,
en sí mismo, ha generado una corriente de vida espiritual que ha estimulado y
vitalizado muchas energías espirituales y pastorales en la vida de la Iglesia en
estos siete años.

2ª) La Vigilia de Pentecostés del año ´96, abrió en la Iglesia un tiempo que
va estar caracterizado por la emergencia y presencia de los Movimientos
eclesiales y nuevas Comunidades en algunos de los eventos eclesiales más
significativos y pastoralmente más relevantes en este septenario temporal, que va
a ser denominado como el tiempo de una nueva primavera.

3ª) En efecto, vamos a asistir en este período, al tiempo de la madurez


eclesial de los Movimientos y nuevas Comunidades en sus configuraciones
jurídico-canónicas, y a un acercamiento de comunicaciones y diálogos, entre la
realidad institucional y las realidades carismáticas que propiciarán toda una serie
de encuentros, congresos, seminarios como los mejores ámbitos para vivir la
espiritualidad de la comunión.

4ª) Será el Papa Juan Pablo II quien definirá desde un punto de vista
teológico y pastoral el alcance de la llamada espiritualidad de la comunión,
invitando a toda la Iglesia a ser casa y hogar de comunión entre todos sus
miembros, entre todas sus realidades. Los obispos están llamados a ser los
garantes de la unidad y de la comunión, de este modo viviendo como hombres de
esperanza y reflejando en el propio ministerio la eclesiología de comunión y
misión serán verdaderamente motivo de esperanza para su grey.

5ª) A la luz del discernimiento teológico-pastoral de los obispos europeos


se vuelve a insistir en la importancia de la catequesis como educación y desarrollo
de la fe de cada persona, de modo que crezca y madure la semilla puesta por el
Espíritu Santo y transmitida con el Bautismo. De aquí que se resalte la necesidad
del catecumenado como institución integrada en la Iniciación Cristiana y se pida
a los obispos que, teniendo en cuenta las circunstancias actuales, se pongan en
práctica las prescripciones del Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos y que
ellos mismos se pongan al frente de la Iniciación Cristiana.

6ª) Junto a la relevancia que en estos años van a tener los Movimientos
eclesiales y las nuevas Comunidades, un documento que va ayudar a toda la
Iglesia a seguir avanzando por el camino de la evangelización y de la catequesis,
será la promulgación del Directorio General para la Catequesis del año ´97. No
sólo ha sido y es un inestimable servicio al ministerio catequético de la Iglesia,
sino que como hemos visto, también ha ayudado a orientar la identidad eclesial
de no pocas de las nuevas realidades comunitarias que por estos años estaban
intentando perfilar su estatuto de identidad eclesial. En el Directorio se afirmará
que para favorecer un proceso permanente de conversión, se necesita una
comunidad de base o fundante. Para favorecer tal proceso, se necesita una
comunidad cristiana que acoja a los iniciados para sostenerlos y formarlos en la
fe. Y se tiene muy presente que la vida cristiana en comunidad no se improvisa y
hay que educarla con cuidado.

7ª) La aprobación del Estatuto del Camino Neocatecumenal es un acto


jurídico con profundo significado eclesial. Tal Estatuto contiene una novedad
desde el punto de vista jurídico: es la primera vez en la historia de la Iglesia que
la Santa Sede reconoce oficialmente un catecumenado postbautismal. Y esto
acontece en un momento en el que casi todas las Conferencias Episcopales están
hablando de la necesidad de una iniciación cristiana postbautismal y encuentran
no pocas dificultades para realizarla.

8ª) El Camino Neocatecumenal no ha sido aprobado como una asociación,


un movimiento o una congregación religiosa, sino, respetando y confirmando la
intención de sus iniciadores, como un itinerario de iniciación cristiana para el
redescubrimiento del Bautismo, es decir, un catecumenado post-bautismal al
servicio de las diócesis y de las parroquias. Está al servicio de los Obispos como
una modalidad de realización diocesana de la iniciación cristiana y de la
educación permanente de la fe, según las indicaciones del Concilio Vaticano II y
del Magisterio de la Iglesia. El Camino Neocatecumenal aparece reconocido
como un catecumenado post-bautismal, como una iniciación cristiana, un
instrumento que la Santa Sede ofrece a los obispos para que se pueda reforzar el
Bautismo de los cristianos en respuesta al ateísmo práctico moderno. Y también
y, esto es especialmente significativo, como un instrumento al servicio de los
Obispos para la iniciación cristiana de los no bautizados (SCN, art. 24&1).

6. El Catecumenado y su situación en la Iglesia actual


En este apartado tratamos de estudiar cuál es la actualidad y verdad del
catecumenado en el momento actual de la Iglesia, así como sus posibilidades de
realización. Nos preguntamos si a la recuperación oficial teórica del
catecumenado por el Vaticano II corresponde una recuperación real y pastoral del
mismo; y si el lenguaje y las realizaciones “catecumenales” que hoy se están
dando salvan la identidad del mismo catecumenado, o si se manifiestan variantes
nuevas para las que es cuestionable el calificativo de “catecumenado” o
“catecumenal”. Haremos una breve referencia a la historia del catecumenado, por
razones de comprensión del tema. Nuestro objetivo es presentar las líneas
generales de una recuperación oficial, y su recepción en una aplicación real, sobre
todo en España, y ofrecer asimismo algunos principios para un discernimiento
crítico, señalando tanto las dificultades como las posibilidades para una
realización práctica.

a) Planteamientos catecumenales en la Iglesia del postvaticano II

“La Iglesia es catecumenal. El catecumenado es eclesial”. Esta verdad,


olvidada en gran medida durante siglos por una imperante “Iglesia de
cristiandad”, ha venido a ser hoy una verdad patente, una exigencia para la
evangelización, y un requisito para la plenitud de la iniciación cristiana. Por eso,
sobre todo después del Vaticano II, se ha venido a extender la conciencia de una
necesidad de renovar el Catecumenado, no sólo como preparación al bautismo,
sino también como elemento decisivo para la verdad y autentificación de la fe de
los ya bautizados, y de la vida de la comunidad cristiana.

1. Razones de un redescubrimiento

Muchas son las razones que suelen aducirse al respecto:


• Ha quedado ya muy atrás la época de una Iglesia de cristiandad;
• vivimos momentos de fuerte descristianización y secularización;
• la desproporción entre el número de bautizados y el número de convertidos es
enorme;
• cada vez aumenta más el número de los no bautizados de niños, que bien al
llegar al uso de
razón, o en la juventud o la adultez, piden el bautismo;
• la conciencia de que no se viene a ser cristiano sólo por el rito del bautismo,
sino también por convicción y personal conversión, es cada vez más clara;
• ya no se comprende el bautismo como rito aislado, sino como punto de partida
de un proceso para venir a ser cristiano, que reclama la renovación del mismo
Catecumenado. Por todas partes se siente la necesidad y urgencia de una
evangelización “ad intra” y “ad extra”, que renueve y consolide la fe y conversión
personal, que autentifique la comunidad cristiana. La apoyatura y el elemento
vital para descubrir, crecer y permanecer en la fe, no son tanto las instituciones
clásicas (Iglesia, familia, escuela), ni la sociedad con su mundo ambiente y sus
medios de comunicación, sino la pequeña comunidad de la que se hace
experiencia y a la que se aprende a pertenecer por el Catecumenado; la
indiferencia religiosa, la incredulidad ambiental y el materialismo absorvente,
conmueven los mismos fundamentos religiosos, y exigen un redescubrimiento de
la identidad cristiana... Pues bien, como respuesta y medio más apropiado ante
esta situación y necesidad, algunos documentos eclesiales (Directorio
Catequístico General, Evangelii Nuntiandi, Catechesi Tradendae, Familiaris
Consortio, Christifideles Laici, Catecismo de la Iglesia Católica), y muchos
pastores y responsables (Documentos y orientaciones de Conferencias
Episcopales, Obispos, Organismos diversos) piensan en el “Catecumenado”. Y,
entre todos estos documentos destaca, como veremos, el Ritual de la Iniciación
cristiana de adultos, verdadero referente y modelo de la propuesta catecumenal
en la Iglesia actual.

2- Catecumenado e iniciación cristiana

Pero, ya desde el principio, queremos aclarar que el Catecumenado no debe


entenderse como una pieza solitaria, sino como un elemento importante y
necesario de un proceso global, que abarca diversos aspectos integrantes, en
orden a “hacer” de alguien un verdadero cristiano, y a renovar la comunidad
cristiana, extendiendo el reino de Dios en el mundo. Todo Catecumenado
verdadero, sea que se realice antes o después del bautismo, es de iniciación y para
la iniciación a la verdad de la fe y de la vida cristiana. De la misma manera que
no se puede hablar de Catecumenado sin hablar de evangelización, así tampoco
puede pretenderse hacer un Catecumenado sin replantearse la misma iniciación.
La finalidad y esencia de toda iniciación, y en concreto de la iniciación cristiana
puede describirse como un proceso de referenciación vital al “arquetipo” o
modelo originario (Cristo); como un proceso de “muerte iniciática”, por el que se
abandona lo anterior para venir a vivir algo nuevo; como un “nuevo nacimiento”
por el que se acepta una vida y sentido nuevos; como un “tránsito”, que implica
a la vez separación, prueba y reintegración en una nueva comunidad; como un
tiempo y un espacio especiales para la transmisión y "apropiación personal y
existencial" de las normas, valores y símbolos propios del grupo a que se inicia;
como un momento de revelación y experiencia de lo sagrado, de Dios.

El Catecumenado es precisamente el medio más importante, que por su


contenido, dinámica y estructura, posibilita la realización de esta iniciación. Su
carácter iniciático se manifiesta sobre todo en que es tránsito de una situación de
no-fe a otra de verdadera fe; transformación del corazón y reorientación de la vida
o conversión; momento de prueba y decisión; paso a una nueva vida o
“renacimiento”; proceso de adaptación a unos valores y normas ; procesualidad
duradera en espacio y tiempo especiales; experiencia de Dios y fascinación del
evangelio; preparación al bautismo con todo su simbolismo iniciático de “muerte
y resurrección”; descubrimiento e integración en la nueva comunidad de la
Iglesia.. Los mismos nombres que se dan a los que siguen este camino o proceso
catecumenal, indican su carácter iniciático, engendrador, transformador: los que
despiertan su interés por ser cristianos (Sympatizantes) - los que se deciden a
prepararse al bautismo (Catechumeni) – los que son aceptados a recibir el
bautismo (Competentes) - los que han iluminado su mente y su corazón con la fe
(Illuminati) - los que han vivido el “nuevo nacimiento” por el bautismo (Neophiti)
- los que en fin han venido a incorporarse a la nueva comunidad de los fieles
(Christifideles laici).

b) El Catecumenado, una institución fundamental en la vida de la


Iglesia

Nos atenemos a las principales investigaciones actuales sobre el tema,


destacando las grandes etapas históricas y la evolución de las estructuras de
iniciación cristiana.

1. Iglesia primitiva: El catecumenado, elemento central de la iniciación


cristiana

El Nuevo Testamento no habla de «iniciación» ni de Catecumenado de modo


explícito. Pero sí sugiere el contenido y dinámica que suponen (Hch 2, 36-41; Rm
6, 1-14; 2 Co 5, 17; Jn 3, 3-5...). Supone un proceso en la comunidad eclesial, que
conlleva la predicación y el anuncio del kerigma, la acogida por la conversión y
la fe, el bautismo en el agua y el Espíritu, la participación en el acontecimiento
pentecostal por la imposición de manos, y hasta la participación en la oración y
fracción del pan (Ef 1, 13-14; Mc 16, 15-16; Hch 2; 8, 14-17; 19, 1-7; Hb 6, 4-6).
No sabemos en qué medida estos elementos del proceso se daban unidos o
separados, ni cuál era su mutua referencia y configuración ritual. Pero lo cierto
es que todos ellos vienen a considerarse, sobre todo en los Hechos, como
elementos integrantes y complementarios del hacerse cristiano o seguidor de
Cristo, y ser reconocido como tal.

La Iglesia primitiva se movió en la misma línea de desarrollo, tal como se


expresa en los escritos de los diversos Padres de Oriente y Occidente (Tertuliano,
Orígenes, Juan Crisóstomo, Teodoro de Mopsuestia, Cirilo de Jerusalén,
Ambrosio, Agustín...), y en la ordenación litúrgica o celebración ritual (Tradición
Apostólica, Didascalía de los Apóstoles, Juan Senario...). «Hacerse cristiano»
implica todo un proceso de iniciación o Catecumenado (siempre que se trata de
adultos), que supone: haber acogido la palabra (catequesis), haber creído (fe-
símbolo) y haber cambiado de vida (conversión moral); requiere haber
participado en la oración de la comunidad (imposiciones de manos, exorcismos,
bendiciones...), y haber participado en los ritos de iniciación (bautismo de agua,
ritos posbautismales, eucaristía); conlleva el haber sido introducido en la
disciplina del arcano (contenidos, misterios), y haberse acogido a las costumbres
de la vida comunitaria.

La iniciación es una totalidad que integra unitariamente diversos elementos de


un único proceso: comienzo en el Catecumenado, culminación en los
«sacramentos bautismales» y su iluminación; y continuidad en la experiencia
cultual comunitaria y las catequesis mistagógicas. Lo que el Nuevo Testamento
contiene en germen, la Iglesia primitiva lo desarrolla y expresa, sobre todo con la
institución catecumenal y con la configuración y mutua ordenación de los ritos
iniciatorios. No sólo hay un Catecumenado, también hay una sola celebración
bautismal (la de la Vigilia Pascual —más tarde también la de Pentecostés—), un
rito único y continuado (en la misma celebración se dan el bautismo, los ritos
postbautismales y la eucaristía), y un ministro original verdadero (el obispo).

No obstante esta unidad destacada durante los primeros siglos, admite también
diversidad de tradiciones e incluso de estructuras iniciáticas, sobre lo que no
podemos detenernos en este momento, distinguiéndose claramente la tradición
Occidental y la Oriental.

La Iglesia primitiva, si bien destacaba la unidad de la iniciación, en


correspondencia con la situación eclesial y con el sistema iniciatorio establecido,
también supo respetar la diversidad de tradiciones, las variantes rituales, los
procesos diversificados. No obstante, la estructura iniciática que prevaleció
durante toda esta época puede calificarse como una “estructura dinámico-
unitaria”, porque todos sus elementos y sus ritos centrales (bautismo, ritos
postbautismales, eucaristía), aparecen encuadrados dentro del proceso y
dinamismo del catecumenado, constituyendo una unidad orgánica y referenciada,
que viene a constituir un verdadero “sistema” de iniciación adaptado a la
situación histórico eclesial concreta.

2. Siglos III-VI: Esplendor y decadencia del Catecumenado

A partir del s. V y durante toda la Edad Media se producen en la Iglesia


Occidental dos fenómenos un tanto contradictorios, que muestran el conflicto
existente entre la concepción o afirmación teórica y la exigencia o aplicación
práctica, debido a una falta de planteamiento coherente de la estructura iniciática
más adaptada a la nueva situación socio-cultural y eclesial. Teóricamente se
afirma más la unidad que la separación sacramental en Sacramentarios y
testimonios diversos; pero prácticamente se vive más la separación que la unidad,
dadas las condiciones y posibilidades reales de celebración del sacramento. Estos
son los datos:
• El número de quienes desean ser cristianos ha aumentado considerablemente,
son los llamados “bastardos”, y no todos están dispuestos a convertirse (por lo
que retrasan el bautismo (son los llamados “recrastinantes”);
• El bautismo de niños se ha generalizado e impuesto como norma, y el ministro
más ordinario es el presbítero;
• El Catecumenado ha desaparecido prácticamente (con raras excepciones), o
bien se manifiesta y realiza sin gran fidelidad a su contenido y estructura
originarios;
• La “confirmatio” tiene que esperar hasta que la administre el obispo (con
excepción de algunos casos en Hispania);
• y la primera participación en la eucaristía se da bajo la especie de vino a los
niños cuando son bautizados. En una palabra, se trata de un proceso de
“descomposición” del antiguo sistema iniciático, y de nacimiento de una nueva
concepción y praxis de la iniciación. Tanto las vicisitudes del sacramento de la
confirmación, como la decadencia del Catecumenado, se explican desde estos
cambios del “sistema iniciático” originario.

3. Siglos VII-XX: Pervivencia histórica e intentos de renovación

Durante la Edad Media, y la época del renacimiento se sigue hablando de


“Catecumenado”, así como de la necesidad de que el bautismo implica el
“catechismus” y el “exorcismus” (Beda, Hugo de San Victor, Pedro Lombardo,
Santo Tomás...). Pero, en verdad, a los nombres no responde la realidad práctica.
También se sigue defendiendo la relación íntima y la unidad de los ritos
iniciáticos (bautismo, confirmación, eucaristía). Pero, de hecho, se continúa
celebrando separados estos ritos, y el hecho de que la primera eucaristía se vaya
trasladando a la edad del uso de razón, hace que la misma confirmación se retrase
hasta los doce años (cf. Catecismo de Trento). Después del Concilio de Trento
hubo algunos intentos de renovación del proceso catecumenal ante las
necesidades planteadas por el descubrimiento y evangelización del nuevo mundo,
y en España encontraron eco importante, pero no llegaron a imponerse en la
práctica. Debido a la impugnación pastoral (desorden en la Iglesia respecto a la
confirmación) y a la negación por parte de los Reformadores (la confirmación no
es un sacramento con todo lo que esto implica), Trento insistirá en la
sacramentalidad «autónoma» de la confirmación y en su necesaria renovación
pastoral. Por otra parte, debido al impulso pastoral y catequético preconizado por
el Catecismo Romano (Pío V, 1566) y por otros catecismos de la época (el de B.
Carranza, P. Canisio, R. Belarmino, Fleury...), se despierta la conciencia de
pastores y fieles, en orden a una más cuidada catequesis y celebración de la
confirmación, e incluso se manifiesta un deseo de retrasar la confirmación a una
edad más avanzada, que con cierta frecuencia (diversas diócesis de Francia) se
sitúa después de la primera comunión. Ante este hecho los Papas insisten en la
unidad de la iniciación. Por todo ello resulta una “estructura pastoral distanciada”
que, sobre todo por razones pastorales,
lleva a un distanciamiento y separación de los ritos bautismales y a una
desaparición del Catecumenado; y que, a partir del siglo XIII (Concilio
Lateranense IV) introducirá en el proceso la obligatoriedad de confesarse a la
edad del uso de razón. Por tanto, se comienza bautizando a los niños “quam
primum”; se confía la educación cristiana a la familia, y en ocasiones a la
educación escolar; se exige la confesión al llegar al uso de razón; normalmente
sigue después la primera eucaristía; y se deja la confirmación para cuando venga
el obispo, o se vaya donde él está. Esta praxis se verá facilitada por la orientación
posterior del Papa Pío X, en el Decreto «Quam singulari» (8 agosto de 1910), en
el que, al determinar la edad de la discreción para la primera comunión, mueve
prácticamente a retrasar la confirmación a un momento posterior. Si bien, en
realidad, con este Decreto no se hizo sino confirmar una praxis ya extendida en
la Iglesia y que, al venir a ser la primera comunión la fiesta principal de la
iniciación, reclamaba situarla a la edad de la catequesis y como culminación de
la misma16, llevando como resultado una cierta generalización del retraso de la
confirmación después de la primera comunión.

c) Restauración del Catecumenado a nivel oficial

En los tiempos del Vaticano II la Iglesia tenía clara conciencia de la


necesidad de renovar el Catecumenado. Por eso, la Constitución de Liturgia
afirmaba: Restáurese el Catecumenado de adultos, dividido en distintas
etapas…En las misiones, además de los elementos de iniciación contenidos en la
tradición cristiana, pueden admitirse también aquellos que se encuentran en uso
en cada pueblo en cuanto puedan acomodarse al rito cristiano” (SC 64-65). Esta
restauración se concreta más en el Decreto “Ad gentes”, donde no sólo se describe
la necesaria unión entre evangelización y conversión, sino que afirma
explícitamente que este es el primer paso de un proceso de iniciación que implica
la realización del Catecumenado con todos los elementos que lo integran: “Los
que han recibido de Dios, por medio de la Iglesia, la fe en Cristo, sean admitidos
con ceremonias litúrgicas al catecumenado, el cual no es mera exposición de
dogmas y preceptos, sino formación y noviciado convenientemente prolongado
de toda la vida cristiana…” (AG 13-14). La importancia del Catecumenado se
destaca también en el Decreto “Presbyterorum ordinis”, al recomendar de forma
especial a los sacerdotes “a los catecúmenos y neófitos, que han de ser
gradualmente educados para que conozcan y vivan la vida cristiana” (PO 5). Más
aún, el hecho de que de alguna manera ya estén vinculados a la Iglesia, hace que
ella “como madre los abrace en amor y solicitud como suyos” (LG 14).

1. El Ritual de la Iniciación cristiana de adultos (RICA)

Pero, el documento que mejor acoge, restaura y aplica el catecumenado es del


“Ritual de la Iniciación cristiana de adultos”. Por primera vez, desde que se
produjeron las grandes transformaciones en la iniciación cristiana en el s. V, se
propone un Ritual propio para adultos, de la misma manera que antes (a. 1969)
se había ofrecido un Ritual propio para niños. El tema de la Iniciación Cristiana
recibe un tratamiento especial en cuanto un 'todo unificado”. Es un Ritual que no
se limita a la iniciación sacramental, sino que además ofrece un camino
progresivo de iniciación catecumenal, recogiendo las esencias del catecumenado
antiguo, e intentando aplicarlo a nuestros días, una vez estudiadas las experiencias
de renovación realizadas al respecto en África, en Francia etc. Encierra una gran
riqueza teológica, litúrgica y pastoral, en una adecuada armonía y equilibrio entre
entre acción graciosa de Dios, mediación de la comunidad eclesial, ritos
sacramentales de la iniciación y respuesta de fe del sujeto. Cada uno de estos
elementos encuentra un espacio propio, dentro de un ritmo, que es el que marca
la creación de un itinerario dinámico y coherente para la Iniciación Cristiana. El
nuevo Ritual no obedece solamente a una reivindicación ritual de los padres del
Concilio, sino a un amplio proyecto teológico: el catecumenado como la
expresión litúrgica del nacimiento y del crecimiento de la Iglesia, que quiere
responder a una nueva situación evangelizadora. Por eso, los “principios-guía”
que conducen a esta renovación son:
1. Expresar con más claridad la significación de los ritos para posibilitar
mayor participación en los misterios de la salvación.
2. Recoger los elementos tradicionales de la liturgia catecumenal y
asegurar continuidad entre las formas antiguas y nuevas.
3. Mostrar la armonía entre la acción de Dios significada por los ritos y el
progreso del catecúmeno en la conversión y la fe.
4. Proponer un “modelo típico” de iniciación de adultos, que las
Conferencias Episcopales deben adaptar a su situación pastoral en un esfuerzo de
inculturación28. A lo largo del Ritual se ofrecen posibilidades que ministros y
Conferencias Episcopales han de tener en cuenta, porque se prestan a la
acomodación, en virtud de las necesidades de las Iglesias locales.

En cuanto al contenido del Ritual baste recordar en síntesis que su objetivo


es presentar la manera como la Iglesia acoge e inicia a los que piden ser cristianos.
En este sentido ofrece una verdadera estructura de iniciación para aquellos
adultos, que tras oír el anuncio del misterio de Cristo, asistidos por el Espíritu
Santo, toman la decisión libre y responsable de caminar por el sendero de la fe y
de la conversión, a fin de prepararse para el Bautismo en el agua y en el Espíritu
y poder
participar de la Eucaristía de la comunidad30. Se trata de una preparación e
introducción progresiva de varios años de duración al misterio de Cristo y de la
Iglesia.

Esta introducción se hace mediante etapas significadas por los ritos del
Catecumenado que vienen desarrollados en el Ritual. Un camino que comienza
con el Rito de Entrada en el Catecumenado y culmina con la recepción de los
sacramentos. Sin embargo, el Ritual no se reduce a ser un momento ritual-
celebrativo, en él se hallan las claves que deben llenar de contenido la catequesis,
los ritos que han de ir jalonando el proceso y la vida evangélica que ha de ir
expresando el cambio de vida, todo ello formando parte de un dinámico itinerario
catecumenal.

Respecto a la estructura es como sigue:


a) Contiene unos Preliminares (nn. 1-67) sobre el espíritu que tiene que animar
la iniciación, y sobre la estructura, etapas y grados de la misma. Comprende unas
observaciones generales y unas observaciones previas.
b) El Cap. I ofrece el Ritual del catecumenado distribuido en sus grados o
etapas (nn. 69- 239). Es la parte más importante y se refiere a la iniciación de
los adultos. Este Ritual es para desarrollarlo normalmente en varios años. Pero
en situaciones excepcionales las ceremonias se reagrupan según dos esquemas
posibles.
c) En el Cap. II: Forma simplificada de la iniciación de un adulto (nn. 240-277).
d) En el Cap III: Ritual breve de la iniciación de un adulto en peligro próximo o
inminente de muerte (nn. 278-2294).
e) El Cap. IV . proporciona directrices sobre la Preparación para la
Confirmación y la Eucaristía de los adultos bautizados en la primera infancia y
que no han recibido
catequesis (nn. 295-305).
f) El Cap. V . presenta el Ritual de la iniciación de los niños en edad catequética
(nn. 306- 369).
g) Y finalmente, un apéndice, que contiene el Ritual de la admisión a la plena
comunión con la Iglesia católica de los ya bautizados válidamente (31 números)
en una Iglesia separada.

En conclusión, creemos que este Ritual es uno de los documentos de más


trascendencia del Vaticano II, no sólo porque renueva el Catecumenado en el
proceso de la iniciación cristiana de adultos, sino también porque integra,
armoniza y expresa de modo ejemplar los diversos niveles y perspectivas: el nivel
antropológico, el teológico, el sacramental-ritual y el pastoral; y porque se
presenta como el referente principal de iniciación cristiana, y como el modelo de
toda catequesis integral, que implica la participación y renovación de la misma
comunidad cristiana.

2. Otros documentos oficiales posteriores al Vaticano II

La repercusión de los planteamientos del RICA en los documentos posteriores


de la Iglesia es muy importante, sobre todo cuando se trata de iniciación cristiana
(v.gr. Ritual de la confirmación), de evangelización, de catequesis, de misión y
participación en la misión, de preparación a los sacramentos. Baste un breve
recorrido al respecto.
• El “Directorium catechisticum generale” (1971) menciona el Catecumenado
entre las formas particulares de catequesis de adultos.
• La “Evangelii Nuntiandi” (1975), atendiendo a la situación descristianizadora y
a la necesidad de evangelización, afirma que el Catecumenado debe aplicarse
también a la situación de algunos bautizados: “Se viene observando que las
condiciones actuales hacen cada vez más urgente la enseñanza catequética bajo
la modalidad de un Catecumenado para un gran número de jóvenes y adultos que,
tocados por la gracia, descubren poco a poco la figura de Cristo y sienten la
necesidad de entregarse a él” (nº 44).
• En la misma línea la “Catechesi tradendae” (1979) habla de “cuasi
catecúmenos” refiriéndose a “los que en su infancia recibieron una catequesis
proporcionada a su edad, pero que luego se alejaron de toda práctica religiosa y
se encuentran en la edad madura con conocimientos religiosos más bien
infantiles; a los que se resienten de una catequesis sin duda precoz, pero mal
orientada o mal asimilada; a los que, aún habiendo nacido en países cristianos,
incluso dentro de un cuadro sociológicamente cristiano, nunca fueron educados
en la fe y, en cuanto adultos, son verdaderos catecúmenos” (nº 44).
• Se trata de una situación intraeclesial a la que se refiere también de modo
significativo la “Redemptoris missio” (1990): “Se da, por último, una situació
intermedia, especialmente en los países de antigua cristiandad, pero a veces
también en las iglesias más jóvenes, donde grupos enteros de bautizados han
perdido el sentido vivo de la fe o incluso no se reconocen ya como miembros de
la Iglesia, llevando una existencia alejada de Cristo y de su evangelio. En este
caso es necesaria una nueva evangelización o reevangelización” (nº 33), junto
con la situación de la “misión ad gentes” (nº 47).
• Por todo ello, se pide por ejemplo en la “Christifideles laici” (1988), “una
catequesis postbautismal a modo de catecumenado, que vuelva a proponer
algunos elementos del ‘Ritual de la iniciación cristiana de adultos’, destinados a
hacer captar y vivir las inmensas riquezas del bautismo ya recibido” (nº 61).
• Y la “Familiaris consortio” (1981) ya señalaba que en la preparación al
matrimonio debía distinguirse entre la “preparación remota, próxima e
inmediata”, de modo que “como en un camino catecumenal” se diera una
preparación adecuada al matrimonio: “Entre los elementos a comunicar en este
camino de fe, análogo al catecumenado, debe haber también un conocimiento
serio del misterio de Cristo y de la Iglesia, de los significados de gracia y
responsabilidad del matrimonio cristiano…” (n º66).
• Por su parte, el “Código de Derecho canónico” (1983) se refiere al
Catecumenado de aquellos que quieren abrazar la fe y recibir el bautismo,
recogiendo los pasos prescritos ya por el Rica, e indicando lo que corresponde a
las Conferencias Episcopales y a los obispos al respecto: “Corresponde a las
Conferencias Episcopales publicar unos estatutos por los que se regule el
Catecumenado, determinando qué obligaciones deben cumplir los catecúmenos
y qué prerrogativas se les reconocen” (cc. 788-789, 851 & 1, 865). La aportación
es al nivel de normativa canónica.
En cambio el “Catecismo de la Iglesia católica” (1992) hará algunas aportaciones
importantes a nivel de iniciación y ecuménico. Así, además de que recuerda la
praxis de iniciación de la Iglesia antigua, que implicaba “un largo período de
Catecumenado”, afirma sin ambages que el catecumenado pertenece al bautismo,
“por su misma naturaleza”, y por tanto no se debe prescindir de él, sea en un
momento u otro del proceso de iniciación: “Desde que el bautismo de niños vino
a ser la forma habitual de celebración de este sacramento, ésta se ha convertido
en un acto único que integra de manera muy abreviada las etapas previas a la
iniciación cristiana. Por su naturaleza misma, el bautismo de niños exige un
Catecumenado postbautismal. No se trata solo de la necesidad de una instrucción
posterior al bautismo, sino del desarrollo necesario de la gracia bautismal en el
crecimiento de la persona. Es el momento propio de la catequesis” ( nº 1231).

Por tanto, si bien el Catecumenado en sentido más propio es el que precede


al bautismo de adultos, de modo que les permita “en respuesta a la iniciativa
divina y en unión con una comunidad eclesial, llevar a madurez su conversión y
su fe” (cf. CEC 1247-1249); sin embargo, esto no obsta para que en el caso del
bautismo de niños, se proponga un proceso o “catecumenado postbautismal”, ya
que “en todos los bautizados, niños o adultos, la fe debe crecer después del
bautismo”, de manera que tanto la fe como la gracia bautismal puedan
desarrollarse de forma adecuada (cf. CEC 1253-1255). En concreto el nº 1253
dice: “El bautismo es el sacramento de la fe... La fe que se requiere para el
bautismo no es una fe perfecta y madura, sino un comienzo que está llamado a
desarrollarse”.

Será el “Directorio General para la Catequesis” (1997) el documento


oficial que trate precisamente de este desarrollo, de modo especial a través de la
catequesis en sus diversas formas, y a través del Catecumenado prebautismal o
de los catecumenados” postbautismales o “cuasicatecumenados”. El documento
comienza reconociendo la importancia del Catecumenado antiguo, cuyo retorno
ha sido favorecido por el Vaticano II (DGC, nº 2). Y, recogiendo un texto del
antiguo Directorio de catequesis, nos recuerda que “el modelo de toda catequesis
es el catecumenado bautismal, que es formación específica que conduce al adulto
convertido a la profesión de su fe bautismal en la noche pascual” (DGC, nº 59).
Por eso mismo en otros lugares afirmará que toda catequesis debe estar animada
por una “inspiración catecumenal” (nº 35. Cf. 68, 256), de la misma manera que
“el catecumenado bautismal es el lugar típico de catequización” (nº 256). A lo
largo de todo el documento destaca la mutua relación y continuidad que existe
entre los diversos momentos integrantes del proceso de iniciación: misión –
evangelización – Catecumenado – catequesis – sacramentos de iniciación, pues
todo ello constituye un conjunto integrativo de la totalidad del proceso. Lo
califica como “proceso evangelizador o de evangelización” que implica:
“testimonio cristiano, diálogo y presencia de la caridad, anuncio del evangelio y
llamada a la conversión, Catecumenado e iniciación cristiana, formación de la
comunidad cristiana, por medio de los sacramentos, con sus ministerios”(nº 47).

Y más tarde, refiriéndose a la “coordinación de la catequesis” con otros


aspectos de la misión dice: “La situación actual de la evangelización postula que
las dos acciones, el anuncio misionero y la catequesis de iniciación, se conciban
coordinadamente y se ofrezcan, en la Iglesia particular, mediante un proyecto
evangelizador misionero y catecumenal unitario” (nº 277.Cf. 272, 276). Esta
coordinación es necesaria no sólo para el caso de los adultos no bautizados, sino
también para aquellos “adultos bautizados que no recibieron una catequesis
adecuada; o que no han culminado realmente la iniciación cristiana; o que se han
alejado de la fe, hasta el punto de que han de ser considerados
“cuasicatecúmenos”.
En estos casos, como explícitamente se reconoce, “se trata de impulsar una
catequesis postbautismal, a modo de catecumenado, que vuelva a proponer
algunos elementos del Ritual de la iniciación cristiana de adultos, destinados a
hacer captar y vivir las inmensas riquezas del bautismo recibido” (nº 258). Se
trata de un “cuasicatecumenado” que también puede proponerse a los jóvenes,
teniendo en cuenta las diversas situaciones: “Entre las diversas formas de
catequesis de jóvenes, hay que prever, teniendo en cuenta las situaciones, un
catecumenado juvenil en edad escolar, una catequesis que complete y culmine la
iniciación cristiana; una catequesis sobre cuestiones específicas; así como
encuentros más o menos ocasionales e informales” (nº 185). Teniendo en cuenta
que hoy la evangelización de los jóvenes requiere más una acción evangelizadora
precatecumenal que una acción catequética catecúmena (Ibidem).

Naturalmente, el Directorio es consciente de que una cuestión decisiva es


“quién realiza esta tarea”. Por eso insiste en la gran importancia que tiene la
comunidad cristiana, que es la que “debe ayudar a los candidatos y a los
catecúmenos durante todo el período de la iniciación…” (256); pero sobre todo
en la insustituible función del catequista, especialmente durante el Catecumenado
o “cuasicatecumenado”, por lo que se requiere que tenga una formación especial
por la que se pretende que “el catequista pueda animar eficazmente el itinerario
catequético” (nº 235), siendo al mismo tiempo “maestros, educadores y testigos”
(237). Para ello, si es preciso, ellos mismos deben seguir un proceso catecumenal:
“Cuando la fe de los catequistas no es todavía madura, es aconsejable que
participen en un proceso de tipo catecumenal para jóvenes y adultos. Puede ser el
proceso ordinario de la propia comunidad o uno creado expresamente para ellos”
(nº 247).

Como conclusión de este recorrido podemos decir que desde el Vaticano II


el tema tiene una presencia permanente en casi todos los documentos dirigidos a
la Iglesia universal. Pero se trata de una presencia con contenido y aplicaciones
pastorales diferentes, según se trate del catecumenado de adultos no bautizados,
o del “Catecumenado” de adultos ya bautizados: en el primer caso, es evidente
que debe aplicarse lo que afirma la AG 13-14 y lo que se propone en el “Ritual
de la iniciación cristiana de adultos”; en el segundo caso, se trata no de un
Catecumenado en sentido estricto, sino de un proceso o itinerario catecumenal, o
“a modo de Catecumenado”, o “cuasicatecumenado”, que aplica la dinámica y
etapas a las diversas situaciones de los ya bautizados, pero no plenamente
evangelizados ni catequizados ni sacramentalizados (porque no han recibido aún
la confirmación, y a veces tampoco la eucaristía). Se trata de una situación que se
ha incrementado en los últimos años, debido a una secularización y
descristianización progresiva, que reclama con urgencia la evangelización o la
“nueva evangelización”. Y, en definitiva, se trata de una situación que replantea
la misma iniciación cristiana, y el puesto que en ella debe ocupar el
catecumenado, en cuanto que pertenece a su misma naturaleza y estructura.

3. Recepción del Catecumenado en diversas Iglesias

Tratamos de ofrecer una breve síntesis selectiva, que nos sirva como elemento
de comparación con lo que sucede en España. Por ello nos fijamos en algunos
países más significativos de Europa200.

Entre los países europeos destaca Francia201, cuya tradición catecumenal se


remonta ya a los años 1940-1950. Desde Lyon los catecumenados se extienden a

200
Se comprende que esta referencia es reducida, conscientes de que existen otros muchos ejemplos de recepción
que merecerían la pena reseñar. Para un ensachamiento de esta perspectiva, ver D. BOROBIO, Catecumenado
para la evangelización, o. c., pp. 75 ss.
201
Una bibliografía al respecto:CNPL. Service National du catéchuménat. “Guide pastoral du Rituel de
l’initiation chrétienne: Guide Célébrer 8 (2000); M.L. Condal, Initiation chrétienne. Bapteme,
confirmation,eucharistie, Centurion, París 1989 (existe traducción española); Id., Entrer dans la foi aujourd’hui:
commencer et recommencer: Lumen Vitae 46 (1991) 71-84; H. Bourgeois, Théologie catéchuménale. A propos
de la “nouvelle” evangelisation, Cerf, París 1991; Id., Redécubrir la foi. Les recomencants, Desclée de Brouwer,
toda Francia en los años 1960, creándose ya en 1964 el “Centro Nacional del
Catecumenado”. La recepción del Catecumenado tal como lo propone el mismo
Vaticano II y el RICA no sólo ha sido extensa y positiva, sino que ha supuesto
para la pastoral de iniciación en Francia una confirmación y una continuidad, no
obstante algunas crisis vividas202. La Iglesia oficial francesa en sus diversos
documentos relativos a la iniciación, da especial preferencia al Catecumenado203.
Francia es sin duda el país europeo donde el Catecumenado prebautismal tiene
más extensión y vigencia (hay unos 11.000 catecúmenos en la actualidad), siendo
un referente para el resto de los países europeos.

También en Italia se ha dado una recepción importante del Catecumenado, si


bien no existe una tradición catecumenal como en Francia. Aunque los estudios
aparecidos en relación con el RICA y la iniciación cristiana son muy
abundantes204 (lo que demuestra el gran interés del tema), también puede
constarse la presencia y orientaciones sobre el tema en documentos de la
Conferencia Episcopal Italiana, sobre todo el dedicado expresamente a ofrecer
“orientaciones para el catecumenado de los adultos”205. De cualquier manera, el
planteamiento en Italia se refiere sobre todo a la relación Catecumenado –
iniciación cristiana, y a la recuperación del catecumenado para el caso de los
bautizados no evangelizados206.
En cambio, en Alemania ha habido una recepción más lenta del Catecumenado,
debido al puesto que la Iglesia y la religión ocupan tanto en la vida de la sociedad
como en la educación cristiana. Se percibe un interés creciente sobre todo a partir
de 1989. La situación de creciente descristianización interna, así como la

París 1993; A. Fayol-Fricout- A. Pasquier-O. Sarda, L’initiation chétienne, démarche catéchumenale, Desclée de
Brouwer, parís 1991 Groupe Thomas-Pascal, Catéchese catéchuménale.Parcours pour adultes et jeunes, Lyon
1992; Id., Pour une memoire catéchuménale. Petite histoire du catéchuménat francais 1950-1992, París 1992;
AA.VV., Photografie du catéchuménat en France 1993-1994. Enquête sociologique, Bayard Presse, Janvier
1994; AA.VV., Le baptême: Catéchèse: 2 (1997); C. Floristán, Para comprender el catecumenado, Estella 1989,
pp. 86-93: “Renovación del catecumenado en Francia”.

202
A. Fayol-Fricout- A. Pasquier-O. Sarda, L’initiation chétienne, o.c.

203
Por ejemplo: Commision épiscopale de Liturgie. Pastorale sacramentelle, I. Les sacrements de l’initiation
chrétienne et le mariage, París 1996.
204
Véase el estudio de las diversas publicaciones con sus diversas tendencias , por ejemplo, en P. Caspani,
“Iniziazione cristiana” e “catecumenato”: semplicemente sinonimi?: Scuola Cattolica 127 (1999) 261-312.
Cf. También anteriormente: S. Lanza, Il catecumenato in Italia. Prospettive di rinovamento pastorale, RCI
(Rivista del Clero Italiano) 76 (1995) 485-503; AA. VV., Catecumenato e iniziazione cristiana: Rivista di
Pastorale Liturgica 196 (1996) 3-53.

205
CEI, Consiglio Episcopale Permanente, Il catecumenato oggi in Italia: adulti verso il battesimo. Strumento
di lavoro per un servicio al catecumenato, Roma 1994. Pero más importante es el documento de la CEI,
L’iniziazione cristiana. 1. Orientamenti per il catecumenato degli adulti (30 de marzo de 1997), Roma 1997;
206
Puede verse, por ejemplo, en CEI, Evangelizazione e testimonianza della caritá. Orientamenti pastorali del
Episcopato Italiano per gli anni ’90, Roma 1990; Id., Direttorio di pastorale familiare per la Chiesa in Italia,
Roma 1993.
influencia de los planteamientos pastorales de otras Iglesias, llevan a un deseo de
restauración del Catecumenado207. Desde 1980 se han realizado y han aparecido
diversos estudios sobre el Catecumenado, sobre todo por parte de la Delegación
Central de Pastoral y del Secretariado de Liturgia para el habla alemana. A partir
de 1992 la Delegación Central de Pastoral promovió un grupo de trabajo sobre el
“Catecumenado”, donde han tenido gran influencia las investigaciones de F.P.
Tebartz van Elst sobre el Catecumenado en Norte América y sus aplicaciones al
área alemana208. En 1997 la Conferencia Episcopal Alemana, a través de las
mismas instituciones de Pastoral y Liturgia publicó “Adultos en el camino hacia
el bautismo, de. M. Ball, München 1997. Y una propuesta posterior más concreta
se publica el año 2000 “Adultos preguntan por el bautismo. Un material
catequético litúrgico para la realización del catecumenado”209. Esta
preocupación y recepción teórica tardía, no va acompañada, sin embargo, hasta
el momento, de una recepción práctica correspondiente.

Por lo que respecta al continente africano, como ya es sabido el


Catecumenado en África se extiende con la evangelización del continente en el
siglo XIX (a.1831-1846)68. Dada la situación cultural y religiosa del continente
(pluralidad de religiones y sectas, unida a costumbres iniciatorias ancestrales), el
Catecumenado ha sido en África una realidad siempre viva. Por ello la recepción
de la enseñanza del Vaticano II y del Ritual de la iniciación cristiana de adultos
se han caracterizado por la continuidad y la adaptación o inculturación del mismo,
como lo prueban los diversos estudios210.

En cuanto al continente americano, llama la atención la acogida y recepción


que el Catecumenado está teniendo en la Iglesia de los Estados Unidos de

207
Una cronología sobre la evolución del catecumenado en Alemania puede verse en A. Waibel-F.P. Tebartz
van Elst, “Feier der Eingliederung in die Kirche”, en B. Kranemann – E. Nagel – E. Nübold, Heute Gott
feiern, Freiburg 1999, 182-186. También en el informe del actual Director del Instituto Alemán de Liturgia
Eberhard Amon, Panorama der christlichen Initiation: gestern und heute, Fatima 2001 (Ad usum privatum).
208
Su tesis doctoral sobre Der Erwachsenenkatechumenat in den Vereinigten Staaten von Amerika. Eine
Anregung für die Sakramentenpastoral in Deutschland (Múnsteraner Theologische Abhandlungen 28),
Altenberge 1993. Posteriormente el autor ha publicado diversos trabajos al respeto, por ejemplo: “Die
Wiederbelebung des Erwachsenenkatechumenats: Konzepte, Erfahrungen, Perspektiven”, en P.M. Zulehner – H.
Auf der Maur – J.Weismayer, Zeichen des Lebens. Sakramente im Leben der Kirchen – Rituale im Leben der
Menschen, Ostfildern 2000, 262-290.

209
De. Ernst Werner, DKV, München 2000.

210
Una bibliografía al respecto: A. Tatiana Sanon-R. Luneau, Enraizar el evangelio. Iniciaciones africanas
ypedagogía de la fe, Madrid 1994; B. Muzungu, Le dieu de nos Pères, t. I,II,III, Les Presses Lavigerie, Bujumbura
1974-1975; D. Nothomb, Un humanisme africain. Valeurs et pièrres d’attente, Ed. Lumen Vitae, Bruselas 1965;
M. Combarros Miguelez, Dios en Africa. Valores de la tradición Bantú, Madrid 1993; J. Van der Meersch, Vers
un catéchuménat rénove selon le Concile, Ed. del Centro Internacional de Pastoral y Catequesis, Butare 1968-
1971; AA.VV., L’Eglise du Rwanda vingt ans après le Concile Vatican II, Ed. Pallotti-Presse, Kigali 1987;
AA.VV., Une expérience africaine d’inculturation. Théologie-Anthropologie, Ed. N.D. Cotonou, París 1992.
América211. La fuente de información más completa que tenemos es la tesis
doctoral de citado F.P. Tebartz van Elst212. En este país, de 252 millones de
habitantes, de los que 60 millones son católicos, distribuidos en 188 diócesis.
puede decirse que al menos dos tercios de las parroquias han vivido experiencias
catecumenales. La publicación del RICA y su traducción al inglés en 1974,
encontró en los Estados Unidos un clima social especial: el llamado “Catholic
moment in American Culture” (momento católico en la cultura americana). Este
clima, unido a un número alto y constante de conversos y solicitantes del
bautismo, y a un aprecio a las comunidades católicas como lugares de referencia,
llevó a prestar una especial atención a la pastoral de iniciación y al mismo
catecumenado propuesto por el RICA. El intercambio de experiencias a nivel
interdiocesano condujo a definir mejor los fines y los medios de la iniciación. En
1981 tiene lugar una Conferencia en Estes Park (Colorado) en la que se crea el
"North American Forum on the Catechumenate" (Foro para la coordinación del
desarrollo del OICA en las parroquias de Estados Unidos). De este Foro nacerá
una adaptación más precisa y coordinada del RICA, que tendrá en cuenta no sólo
los no bautizados, sino también los conversos válidamente bautizados.
Finalmente, en 1986 la Conferencia Episcopal aprobó el RICA para los Estados
Unidos, con el título: "Rite of Christian Initiation of Adults", lo que fue
confirmado por Roma el 1 de septiembre de 1988. En adelante, esta será la única
y obligatoria forma de iniciación de adultos en las parroquias estadounidenses.
En este ritual: Se considera el caso de los bautizados que vienen de otras
confesiones; se promueve no sólo la formación de Catequistas y animadores, sino
también su experiencia catecumenal, siguiendo las fases diversas. Esto hace que
descubran la identidad de su fe, y se capaciten para conducir el proceso, para
considerarse "Iglesia en proceso".
En lo que se refiere a Latinoamérica, la recepción del Catecumenado
propuesto por la reforma del Vaticano II y el RICA puede decirse que ha sido
reducida y lenta (a excepción de la implantación y fecundidad del Camino

211
Una bibliografía al respecto: B. Fischer, Das Amerikanische Beispiel. Die Rezeption des Ritus
derEewachsenen-Initiation von 1972 in den Vereinigten Staaten: Liturgisches Jahrbuch 37 (1987) 66-74; F. P.
Tebartz van Elst, Der Erwachsenen-Katechumenat in den Vereinigten Staaten von Amerika. Eine Anregung für
die Sakramentenpastoral in Deutschland, Altenberge 1993; Id., Die Wiederbelebung des
Erwachsenenkatechumenates in den USA und seine pastoralliturgischen Anregungen für die Kirche in
Deutschland: Liturgisches Jahrbuch 44 Jahr (1994) 67-78; Id., Erwachseneninitiation in den USA: Diakonia 24
(1993) 279 ss.; W. A. Anderson, Journeying throuth the RICA, Dubuqye, Iowa 1984; K.A. Boyack, A Parish
Guide of Adult Initiation, Nueva York 1979; Murphy Center for Liturgical Research, Made, not born.New
Perspectives on christian Initiation and the Catechumenate, Notre Dame-Londres 1980; W.J. Reedy, Becoming
a Catholic Christian. A Symposium on Christian Initiation, Nueva York-Chicago-Los Angeles 1979; Id.,
Christian Initiation Resources Readers, Nueva York 1984.

212
Nota anterior 55: Der Erwachsenenkatechumenat in den Vereinigten Staaten von Amerika, Altenberge 1993.
Un resumen de la misma en la revista Liturgisches Jahrbuch 44 Jahr (1994) 67-88. Un resumen de la estructura y
peculiaridades del catecumenado en EE. UU., en D. BOROBIO, Catecumenado para la evangelización, o. c., 96-
113.
Neocatecumenal en la mayor parte de las diócesis de América Latina), con
características peculiares dada la situación cultural y religiosa de los diversos
países. De hecho, llama la atención que en los grandes documentos del
Episcopado latinoamericano ocupe un lugar destacado el tema de la
evangelización o nueva evangelización, pero que a ello no se una de forma
explícita y amplia el tema del Catecumenado213. Cierto que se habla de catequesis
permanente, o de “itinerario continuado”214, pero no se piensa directamente en el
Catecumenado215. Sin embargo, los procesos en “pequeñas comunidades” o en
“comunidades eclesiales de base” han cumplido de hecho las funciones de un
verdadero Catecumenado. Algunas conferencias Episcopales, como la brasileña,
se plantearon ya desde los años ’70 la cuestión de la iniciación cristiana, y por
tanto también en alguna medida la del catecumenado216. Algún movimiento, como
el SINE o “Sistema de evangelización integral”, promovido por el A. Navarro en
México en todo Latinoamérica, tiene una verdadera estructura y dinámica
catecumenal, desde una insistencia en la evangelización (o precatecumenado), en
la participación de la parroquia o comunidad en el proceso evangelizador, en la
necesidad de promover los ministerios laicales, realizar todas las dimensiones de
la misión equilibradamente, y sectorizar el terreno para una evangelización
concreta y eficaz217.

7. Por un redescubrimiento de la identidad del Catecumenado

a) Identidad del Catecumenado

213
ll Nos referimos a las Conferencias de Medellín, Puebla, Santo Domingo sobre todo.
214
En el documento de Santo Domingo, Nueva evangelización, promoción humana, cultura cristiana, PPC,
Madrid1993, n. 49 se dice: “La nueva evangelización debe acentuar una catequesis kerigmática y
misionera…Nuestra catequesis ha de tener un itinerario continuado que abarque desde la infancia hasta la edad
adulta, utilizando los medios más adecuados para cada edad y situación”.

215
Teólogos pastoralístas y Catequistas itinerantes de las Comunidades Neocatecumenales han constatado en
diversos encuentros con párrocos y catequistas de Latinoamérica que muchos sacerdotes todavía no conocen el
Ritual de la iniciación cristiana de adultos, en parte debido a que ha sido traducido muy tardiamente.

216
Episcopado Brasileño, Pastoral dos sacramentos da inicicao Cristá, Sao Paulo 1974; J. Lachnitt, Desafíos
para a iniciacao cristá a partir da iniciacao War’a: Revista de Liturgia 3 (1990) 93-96; A.F. Lelo, La
inculturaciòn en Brasil del Ritual de iniciación cristiana de adultos, Universidad Pontificia. Faculktad de
Teología, Salamanca 1994.

217
A. Navarro, Parroquia evangelizadora. Sistema integral de la nueva evangelización, México 1994; Id.,
Evangelización. Kerigma, México 1974; Id., El anuncio kerigmático. Por si mismo, sólo y todo, México 1994.
El Catecumenado es uno de los elementos de iniciación más antiguos,
originales e importantes de la Iglesia, cuya renovación actual condensa de forma
muy sintomática el modelo eclesiológico al que hoy se aspira, y la calidad de
cristiano que en nuestros tiempos se espera. Se entiende por "Catecumenado" (de
"katejein" = instruir de palabra), en su sentido más clásico, la instrucción
iniciática de carácter catequético-litúrgico-moral, creada por la Iglesia de los
primeros siglos, con el fín de preparar y conducir a los convertidos adultos, a
través de un proceso espaciado y dividido por etapas, al encuentro pleno con el
misterio de Cristo y con la vida de la comunidad eclesial, expresado en su
momento culminante por los ritos bautismales de iniciación: bautismo, ritos
postbautismales, eucaristía que, normalmente presididos por el obispo, se
celebran en la vigilia pascual.

Con otras palabras, el Catecumenado es el ámbito en el que una persona se


hace con las disposiciones necesarias para llegar a ser cristiano; es el camino que
conduce a la verdad del ser cristiano y de la pertenencia a la Iglesia; es el proceso
en etapas, a través de las que se llega a descubrir y acoger el don de la fe y la
gracia de la salvación; es el espacio y tiempo adecuado para la manifestación del
misterio amoroso de Dios y la experiencia religiosa que transforma la vida; es el
lugar del encuentro entre el candidato al bautismo y la comunidad que acoge y
acompaña; es el proceso de aprendizaje e iluminación del candidato, en el interior
de la comunidad y para la renovación de la misma comunidad; es, en fín, el
momento de “prueba” o “noviciado”, por el que renunciando a lo antiguo, se
comienza a vivir la novedad de la vida en Cristo.

El Catecumenado no es un "a se" independiente, sino un "para" relacionado y


finalizado por los ritos bautismales de iniciación. Aunque bajo el nombre de
"Catecumenado" se acostumbra a referirse a todos los actos y momentos
preparatorios al bautismo, en realidad sólo a una etapa (la más importante) de este
proceso le corresponde tal nombre. El Catecumenado es, por tanto, la etapa más
importante del proceso preparatorio de iniciación y, como tal, un elemento
integrante y decisivo para que tal iniciación llegue a su plenitud.

En los primeros tiempos de la Iglesia el Catecumenado precedía al bautismo,


normalmente celebrado con adultos. En cambio en los últimos tiempos se ha
venido a extender, junto a un Catecumenado que precede al bautismo de adultos
convertidos (RICA), otros que siguen al bautismo de niños, a veces también al
bautismo y primera comunión, e incluso confirmación, y que se realizan a una u
otra edad, con cristianos todavía no plenamente convertidos e iniciados.

Sin embargo, esta extensión actual del "Catecumenado" no está sucediendo


sin notables ambigüedades. Unas veces porque ha venido a ser considerado como
una pieza necesaria de la pastoral renovada, y se ofrece sin las debidas
condiciones y seriedad; otras veces, porque se tiende a repetir el "Catecumenado"
en la misma comunidad a diversas edades y en distintas situaciones; otras porque
se habla de "Catecumenado" cuando se trata de una simple preparación
catequética intensiva, o de reuniones periódicas y permanentes, o de grupos de
educación en la fe, que no cumplen las mínimas condiciones catecumanales, y
queda reducida a simple discurso teórico...

b) Objetivos del Catecumenado

En principio, los objetivos del Catecumenado no pueden ser otros que los
de la iniciación cristiana global, que recordamos brevemente:

1. Adhesión y vinculación afectiva y efectiva a Cristo = Fe. Por una pedagogía


de
aprendizaje y crecimiento, por la escucha de la Palabra, la catequesis y el
diálogo, el sujeto llega a acoger el misterio, a iluminar su vida a hacerse con los
“ojos de la fe”, por la que podrá comprender y vivir los misterios bautismales.
2. Cambio de vida y perdón de los pecados = Conversión. El catecúmeno es un
convertido inicial, que a lo largo del proceso va gozándose en el “tesoro
escondido y descubierto), va profundizando en la “conversión radical primera”,
hasta transformar su vida y reorientarla en un nuevo sentido.
3. Introducción al misterio y experiencia de la salvación de Dios, por Cristo, en
el Espíritu = Don de gracia. Para que la fe y conversión tengan toda su
profundidad y consistencia, es preciso que crezcan y se sustenten en la
experiencia del Dios amoroso, que viene a nuestro encuentro en Cristo y nos
transforma en el Espíritu. No se trata tanto de una introducción intelectual, como
de una inmersión vivencial, por la que más que pretender desentrañar el misterio
con las categorías de la razón, se llega a vivirlo con la entrega del corazón, con la
experiencia del gozo, con la admiración y el entusiasmo, con la contemplación,
la oración y la acción.
4. Acogida y aceptación de la convivencia y pertenencia a la comunidad =
Comunión. El Catecumenado es encuentro del catecúmeno con la comunidad y
de la comunidad con el catecúmeno, y por lo mismo tiene como objetivo la
relación y comunicación con los creyentes, el suscitar y posibilitar la primera
experiencia de comunidad, el iniciar al sentido de Iglesia, despertando el sentido
de pertenencia a la misma, que le conducirá a una unión más perfecta y a una
participación más estrecha en su vida y sus tareas.
5. Participación en las tareas de edificación de la Iglesia = Compromiso. El
catecumenado lleva a comprender y asumir la misión de la Iglesia como propia;
suscita la responsabilidad personal y comunitaria respecto a esta misión;
identifica el carisma y la vocación personal desde la que se puede servir mejor a
dicha misión en la Iglesia y en el mundo. Quien a lo largo del catecumenado se
ha alimentado y crecido por la acción y el testimonio de los demás, no puede
olvidar que también él está llamado a ayudar y dar testimonio ante los demás. El
evangelizado necesariamente debe ser evangelizador.

c) Notas esenciales del Catecumenado

Los objetivos del Catecumenado sólo podrán alcanzarse si se salva la


identidad del propio Catecumenado y se realizan los elementos que lo integran.
Desde la Tradición permanente, el Vaticano II y el RICA, creemos que las notas
esenciales del Catecumenado pueden concretarse de la siguiente manera:

El Catecumenado es un proceso dinámico señalado por etapas

Es así porque exige duración y permanencia, porque requiere programación


y espaciación, porque supone progresividad, dinamismo y avance, porque implica
diversas etapas o fases, porque es camino hacia una meta. Nunca puede tratarse
de un monótono volver sobre lo mismo, que de la sensación de estancamiento,
sino de un crecer permanente a través del tiempo. Para lograr este dinamismo es
preciso crear un ritmo, lo cual se logra si se estableces sucesivas etapas, marcadas
o diferenciadas debidamente, que serán momentos referenciales del proceso,
puntos de llegada y de partida, hitos en el camino hacia la iniciación plena.

Esta estructura dinámica del Catecumenado no sólo responde a la


historicidad en que se despliega la vida del hombre; responde también a la
necesidad de tiempo para la maduración de su opción, al respeto que merece su
libertad, a la imposibilidad de abarcar el misterio en un momento pasajero, a la
misma pedagogía de Dios en la historia de la salvación.

El Catecumenado es un proceso marcado o significado por ritos

Normalmente las etapas del Catecumenado quedan marcadas y


diferenciadas por los diversos ritos. Como dice el Vaticano II y el RICA, el
Catecumenado supone "unos ritos sagrados que han de celebrarse en tiempos
sucesivos". Así lo entendió también la Iglesia primitiva, y de ahí los ritos de
entrada y presentación, de la sal y las entregas, de la imposición de manos y
bendiciones, de los exorcismos y escrutinios, de la elección y preparación
inmediata...

Por supuesto, será necesario realizar una labor de introducción a la lectura


y el sentido de los signos y símbolos, así como adaptar de forma adecuada estos
signos a la sensibilidad de los jóvenes. Será en algunos casos discutible qué tipo
de ritos, y para esto está la creatividad y la imaginación. Pero no es discutible si
tiene que haber ritos, y para eso está la experiencia histórica y la sabiduría
litúrgica .
El Catecumenado es un proceso comunitario en comunidad

El Catecumenado es un caminar de la comunidad junto al catecúmeno y


del catecúmeno junto a la comunidad. No existe un Catecumenado en solitario;
siempre es un proceso en comunidad y con la comunidad.

Porque es "comunitario", el Catecumenado debe hacerse en grupo,


incorporándose a un grupo de personas que quieren seguir el mismo proceso,
buscan la misma verdad, tienen idéntico objetivo, y están dispuestas a vivir la
misma experiencia iniciándose al misterio de Cristo y al de la Iglesia. De este
modo, los catecúmenos sienten el mutuo apoyo y ayuda, son entre si estímulo y
testimonio.

Y porque es proceso "en relación con la comunidad", el Catecumenado no


puede no implicar a la comunidad entera, sea o no parroquial. La comunidad debe
ejercer una función positiva y activa respecto al catecumenado y a lo largo de
todo el proceso catecumenal. Y esto por medio de la acogida, por el
acompañamiento, por la instrucción, por su intervención en diversos momentos,
por el ejemplo y el testimonio, por la oración y la participación en las diversas
celebraciones, y sobre todo en la celebración del sacramento.

El Catecumenado es un proceso educativo doctrinal

Puesto que el Catecumenado tiende a suscitar, alimentar y madurar la fe,


consistirá de forma importante en la transmisión de unos contenidos de fe, en la
instrucción doctrinal, la educación o iluminación, que hace posible el poder dar
razón de nuestro creer y esperar.

Para que este objetivo pueda lograrse adecuadamente, es preciso


determinar con justeza los contenidos de la evangelización catecumenal, ya que
de ello depende en gran parte la identidad o la desidentificación del
Catecumenado.

Esta concreción o determinación de contenidos no puede hacerse


arbitrariamente, a partir de simples criterios subjetivos, o doctrinalistas, o
moralizantes, o ritualistas... Debe hacerse teniendo en cuenta los objetivos del
mismo Catecumenado y de la iniciación, centrados en aquellos fundamentos
bíblicos que estructuran la conversión y la fe. Igualmente, tendrá en cuenta los
centros temáticos más importantes de la historia de la salvación: Dios Creador y
padre, Cristo-Espíritu, Iglesia, sacramentos, vida cristiana y misión. Estos
deberán ser los "mínimos doctrinales"que vertebren o estructuren toda la
catequesis en el proceso catecumenal. El desarrollo o amplitud mayor o menor
que estos temas puedan tener, así como la metodología o pedagogía empleada,
serán diversos, según las circunstancias.

El Catecumenado es un proceso vivencial

Dijimos que uno de los objetivos del Catecumenado es suscitar en los


catecúmenos la experiencia de Dios, la experiencia del Espíritu, conscientes de
que no hay adhesión más plena y radical, más totalizante y transformadora, que
aquella que procede de la vivencia inmediata y sensible de la misteriosa cercanía
y amor de Dios a los hombres.

No podemos detenernos ahora a explicar los rasgos de dicha experiencia.


Señalamos algunos de los medios concretos para suscitarla, admitiendo siempre
lo misterioso e irreductible de tal experiencia, que siempre se sitúa en la frontera
del misterio del encuentro con Dios, que es quien nos hace sentir con su gracia
tal experiencia. Estos medios pueden ser la oración en sus diversas formas, los
signos y símbolos bien dados o espontáneos, la contemplación y meditación, el
testimonio de diversas personas creyentes, el encuentro y ayuda a personas más
pobres e indigentes (enfermos, ancianos, drogadictos, alcohólicos, los que
padecen el SIDA, refugiados o emigrantes, pobres...).

El Catecumenado es un proceso transformador

El Catecumenado, hoy como ayer, exige un auténtico cambio de vida, una


transformación moral en correspondencia con el evangelio y la vida de la
comunidad evangélica. La conversión y cambio de vida era el exigitivo para
entrar y avanzar en el Catecumenado, para ser “competentes” o "iluminados" y
llegar a la plena iniciación. Para apoyar este cambio, la Iglesia primitiva empleaba
los exorcismos y escrutinios, el discernimiento sobre la vida de los catecúmenos,
la purificación de costumbres y actos de la vida pasada.

Pues bien, eso mismo debe ser el Catecumenado hoy: un proceso que
compromete la vida, que lleva a revisar las actitudes y actos en un esfuerzo de
transformación según el evangelio y sus exigencias rectamente interpretadas por
la Iglesia. No se trata de una insistencia en normas morales, desde una visión más
bien rigidista de la Iglesia y negativa del ser cristiano. Se trata más bien de una
insistencia en el ideal evangélico, sin olvidar sus exigencias en la vida personal,
social, económica, política.

e) Estructura del Catecumenado

La estructura fundamental del Catecumenado es aquella que fue acuñada


por la tradición viva de la Iglesia, y que ha sido recogida en la Iglesia actual por
el Ritual de la Iniciación Cristiana de adultos. Esta estructura viene determinada
por la misma historicidad del hombre, por la progresividad en el crecimiento de
la fe, por el carácter procesual que exige espacio y tiempo.

El camino catecumenal se desarrolla en tres grandes fases o tiempos: 1. La


fase del primer anuncio o precatecumenado, que conduce a la conversión y fe
inicial, purificando las motivaciones subjetivas, y alimentando el deseo de seguir
a Cristo y pertenecer a la Iglesia, y de prepararse o renovar el bautismo. 2. La fase
del catecumenado, que incluye una preparación más lejana (que acaba en la
“elección”), y otra más próxima (que suele abarcar la cuaresma), por las que el
candidato va siendo iniciado en los misterios y profundizando en la fe, va
descubriendo el sentido de los signos, y la exigencia de la pertenencia eclesial,
culminando todo ello en los ritos bautismales. 3. La fase de la profundización o
mistagógica (durante el tiempo pascual), por la que los que ya han recibido o
renovado su bautismo, profundizan en la grandeza del misterio celebrado y
vivido, a través de la celebración, del encuentro con la comunidad, y del
compromiso de vida cristiana (RICA 7).

En este camino, además del tiempo de instrucción y de maduración, hay


“grados” o etapas, mediante las cuales el catecúmeno ha de avanzar, atravesando
puertas, por así decirlo, o subiendo escalones. 1. El primer grado, que corresponde
a la primera conversión, es la acogida en el catecumenado, y se expresa con la
celebración del “rito de entrada”. 2. El segundo grado, es cuando ya madurada la
fe y finalizado el Catecumenado, se es acogido a una preparación más intensa e
inmediata a los sacramentos de iniciación, y se expresa con la celebración del
“rito de la elección o inscripción del nombre”. 3. El tercer grado, es cuando
acabada la preparación más espiritual e inmediata, el catecúmeno recibe los
sacramentos de la iniciación cristiana: el bautismo, la confirmación y la eucaristía
(RICA 6).

e) Acompañamiento durante el Catecumenado

Para llegar a ser cristiano, es necesaria la relación y el encuentro con otros


cristianos, pues ni se llega a ser ni se permanece como cristiano en solitario. La
íntima relación que siempre existió entre Catecumenado y comunidad, manifiesta
cómo este acompañamiento engendrante, a través de la intervención de diversos
servicios y ministerios, y por medio de diversas acciones, es parte integrante del
mismo proceso. En concreto, deben indicarse:

La Parroquia

“El pueblo de Dios representado por la Iglesia local siempre debe entender
y mostrar que la iniciación de los adultos es cosa suya y asunto que atañe a todos
los bautizados...Por tanto, debe ayudar a los candidatos y a los catecúmenos
durante todo el período de la iniciación” (RICA 41). Toda la comunidad está,
pues, interesada y comprometida en la acción catecumenal y la preparación al
sacramento de la confirmación. Su intervención puede manifestarse: en el apoyo
moral, el testimonio vivo de sus miembros, la oración comunitaria por los
catecúmenos, la participación en la preparación de las catequesis y en las diversas
celebraciones... En la medida en que la comunidad acoja y colabore con los
catecúmenos, en esa medida aparecerá claro ante ellos el carácter eclesial de la
iniciación y de la confirmación. Y en esa medida la iniciación conducirá a la
renovación de la misma vida de la comunidad y de su misión en el mundo.

Las pequeñas comunidades

Supuesto que en la Parroquia existen diversos grupos o pequeñas


comunidades, es necesario que estas mantengan una permanente relación con el
grupo de los catecúmenos, de modo que se supere el aislacionismo y
extrañamiento, y se promueva el mutuo conocimiento y ejemplo, el estímulo y la
ayuda a todos los niveles: acogida y ánimo, participación en catequesis y
celebraciones, acciones conjuntas hacia adentro o hacia afuera de la
comunidad...Esta relación es la clave de una aceptación afectiva y respetuosa, así
como de una colaboración y coordinación posterior en las diversas tareas de
edificación de la Iglesia, a través de diversos servicios y ministerios.
El Sponsor

Es aquella persona que ha suscitado el interés, y acompaña al candidato al


grupo de los catecúmenos. Normalmente, se trata de una persona que pertenece
al círculo inmediato de relación del sujeto, a quien conoce relativamente bien.
Puede ser el mismo esposo(a), el prometido(a), el amigo, otro familiar, el
compañero de trabajo...Por otra parte, el “sponsor” suele ser siempre una persona
creyente y comprometida, que conoce y tiene una relación fraterna con la
comunidad, y por tanto es capaz de garantizar la sinceridad del candidato,
presentándolo e iniciándolo a los encuentros con otros miembros de la
comunidad, y por tanto al Catecumenado. Su función puede y debe permanecer
durante todo el proceso, viniendo a ser el verdadero “padrino”. Sin embargo, la
figura y función del “sponsor” no puede confundirse sin más con la figura y la
función del “padrino”. En la praxis neocatecumenal, el “sponsor” son los
denominados “garantes”.

Los padrinos

Los padrinos son, a la vez, un signo de la extensión de la "iglesia


doméstica", y una manifestación concreta del compromiso de la Iglesia universal,
que personaliza sus responsabilidades dentro de la Iglesia local. Sus funciones las
describe de modo excelente el RICA 43: “El padrino, elegido por el catecúmeno
a causa de buen ejemplo, de sus dones y de la amistad, delegado por la comunidad
cristiana local y aprobado por el sacerdote, acompaña al candidato en el día de la
‘elección’, en la celebración de los sacramentos y en la etapa de la ‘mystagogia’.
A él le atañe mostrar familiarmente al catecúmeno el uso del evangelio en la vida
propia y en el trato con la sociedad, ayudarle en las dudas y ansiedades, y darle
testimonio y velar por el incremento de su vida bautismal. Señalado antes de la
‘elección’, cumple su oficio públicamente desde el día de la ‘elección’, al dar
testimonio del catecúmeno ante la comunidad; y su oficio sigue siendo
importante, cuando el neófito, recibidos los sacramentos, ha de ser ayudado para
permanecer fiel a las promesas del bautismo”. Dentro del Neocatecumenado, esta
función la realizan la “comunidad-madre” a la que pertenecen los catequistas.

Los catequistas

Dada la importancia de los catequistas en el Catecumenado, es preciso que


ellos se presten a una formación personal y a una colaboración sin reservas con
el sacerdote o responsable principal. El catequista es la pieza clave para el éxito
o el fracaso del Catecumenado. Pueden ser religiosos (as), personas casadas o
solteras, padres de los catecúmenos...Lo importante es que sean personas
equilibradas y formadas, capaces no sólo de dar una catequesis, sino sobre todo
de entrar en contacto con las familias; de dirigir y animar un grupo; de ayudarles
a reflexionar, buscar y madurar; de sintonizar con la mentalidad e inquietudes de
los sujetos.

Normalmente, el catequista viene a ser también el Responsable del proceso


catecumenal, el que garantiza el clima de acogida y diálogo, el que crea espacios
para la expresión de la fe, el que mantiene el ritmo y las secuencias exigidos.
Además de dar la catequesis y participar en los ritos, el RICA 48 les recomienda
que “cuando enseñan, procuren que su doctrina esté llena del espíritu evangélico,
acomodada a los símbolos y tiempos litúrgicos, adaptada a los catecúmenos y
enriquecida, en cuanto sea posible, con las tradiciones y usos locales. Más aún,
señalados por el obispo, pueden realizar los exorcismos menores y las
bendiciones, de que se trata en el ritual (cf. nn. 113-124).

Los sacerdotes

Los sacerdotes tienen la responsabilidad principal, en cuanto educadores,


animadores y coordinadores de todo el proceso catecumenal. A ellos corresponde
el despertar y condividir responsabilidades, buscar colaboradores y formar
catequistas, ofrecer los materiales y medios necesarios, orientar y coordinar las
tareas de la comunidad que presiden. Todo deberá ir precedido de una seria
programación y de un esfuerzo por despertar el interés de la comunidad cristiana.
Además de la importante tarea de la coordinación, en relación con los
catecúmenos, le corresponde “ayudar a los que se ven inseguros por dudas o
aflicciones, proporcionándoles la catequesis adecuada, con ayuda de los
catequistas; aprobar la elección de los padrinos, y oírlos y ayudarlos
gustosamente; y finalmente, velar con diligencia para que se sigan perfectamente
los ritos previstos en el ritual” (RICA 45).

El obispo

El obispo no puede permanecer al margen del proceso de iniciación. Al


contrario, “es propio del obispo, por si o por su delegado, organizar, orientar y
fomentar la educación pastoral de los catecúmenos, y admitir a los candidatos a
la elección y a los sacramentos. Es de desear que, en cuanto sea posible, además
de presidir la liturgia cuaresmal, él mismo celebre el rito de la elección, y en la
Vigilia pascual confiera los sacramentos de la iniciación” (RICA 44).

La presencia y el acompañamiento del obispo a los grupos catecumenales,


a lo largo de todo el proceso, por medio de encuentros y celebraciones, es uno de
los elementos más importantes para manifestar la dimensión eclesial de la
iniciación cristiana.

f) Dinámica interna del Catecumenado

El Catecumenado, en su sentido más clásico, la instrucción iniciática de


carácter catequéticolitúrgico- moral, creada por la Iglesia de los primeros siglos,
con el fin de preparar y conducir a los convertidos adultos, a través de un proceso
espaciado y dividido por etapas, al encuentro pleno con el misterio de Cristo y
con la vida de la comunidad eclesial, expresado en su momento culminante por
los ritos bautismales de iniciación: bautismo, ritos postbautismales, eucaristía
que, normalmente presididos por el obispo, se celebran en la vigilia pascual.

El Catecumenado, (cuyo objetivo fundamental fue siempre hacer posible


que quien quiere ser cristiano y miembro de la Iglesia lo sea de verdad), no es un
"a se" independiente, sino un "para" relacionado y finalizado por los ritos
bautismales de iniciación, y por la misma comunidad cristiana, y por el
compromiso de un seguimiento fiel de Jesucristo.

Por todo ello, el Catecumenado implica una interna dialéctica entre la


diversidad de elementos que lo constituyen. En primer lugar, se expresa esta
dialéctica en el equilibrio proporcional y desproporcional a la vez, de una
manifestación externa de intervención de Dios, de la Iglesia y del catecúmeno
que, tanto en intencionalidad, como en palabras, signos y acciones diversificadas
concurren al misterioso “encuentro” de gracia y fe bautismal.
En segundo lugar, la dialéctica debe aparecer en la armonización adecuada
de las diversas dimensiones que articulan el proceso iniciático: la Palabra, que se
expresa en evangelización, catequesis, predicación, contenidos doctrinales,
lectura, diálogo; la Liturgia, que se significa en oración, celebraciones de la
Palabra, ritos de tránsito, exorcismos, escrutinios y entregas, sacramentos; y la
Moral, que se manifiesta en la caridad y la justicia, en los compromisos de vida
cristiana, en la fidelidad al evangelio. En tercer lugar, esta dialéctica se expresa
en la adecuada integración de la experiencia personal o biografía propia (fe
subjetiva), con la experiencia de la comunidad o biografía eclesial (fe mediada),
y con la experiencia evangélica o biografía de Cristo (fe evangélica).

En cuarto lugar, en esta dialéctica entra igualmente el equilibrio entre el


tiempo o duración iniciática (etapas y duración de cada etapa), el espacio apto o
apropiado para la iniciación (lugar donde tienen lugar los encuentros o sesiones,
otros lugares de convivencia u oración), y el sistema simbólico (lugar, momento,
tipo de celebración) en que tal iniciación va a tener lugar.

Y todo ello, en quinto lugar, sucede en una intercomunicación permanente


entre los iniciadores y los iniciandos, en un intercambio aleccionador donde todos
dan y reciben, enseñan y aprenden, inician y se dejan iniciar o re-iniciar.

g) El Catecumenado hoy, una realidad analógica: Catecumenado,


neocatecumenados, procesos catecumenales

El Catecumenado, según el modelo clásico, es en si uno y único. Pero la


situación actual de la Iglesia, así como las distintas formas de realización
existentes, exigen que, aún aceptando hablar de “catecumenado”, se tenga en
cuenta una cierta analogía catecumenal. Por ello nos parece que es lícito distinguir
“diversos tipos de catecumenado”.

1. Catecumenado en sentido estricto: Es aquel que se realiza antes del bautismo


y los demás ritos de iniciación cristiana, por personas jóvenes o adultas, que
consciente y libremente buscan al Dios vivo, son capaces de dar una respuesta
personal de fe y de optar por un proyecto de vida cristiana, y siguen el camino
catecumenal de fe y conversión, con todas las características que lo integran.

Para que este Catecumenado pueda realizarse, es preciso instaurar un


proceso por etapas, ofrecer medios personales (catequistas) y materiales
(espacios) adecuados, comprometer a la comunidad entera, poner en acción la
Palabra que convierte y alimenta la fe, suscitar la experiencia del Espíritu y
desplegar las riquezas del símbolo, de manera que a través de todo ello, pueda
acontecer el nacimiento de un nuevo cristiano.
2. Catecumenado en sentido propio: Es aquel Catecumenado que, aún no
sucediendo antes del bautismo, tiene lugar durante el tiempo y espacio iniciáticos,
ofrece la posibilidad de realizar las verdaderas características del Catecumenado,
y culmina con uno de los sacramentos de iniciación, todavía no celebrado, y con
la plena integración a la vida de la comunidad cristiana, con todos sus derechos y
deberes.

Como es evidente, esto exige pensar en un momento postbautismal que,


perteneciendo todavía al período iniciatorio, ofrezca las condiciones subjetivas y
eclesiales más adecuadas para su realización, cumpliendo con su objetivo central
de llevar a plenitud la iniciación cristiana, y culminando con un "sello"
sacramental correspondiente.

3. Catecumenado en sentido análogo o "neocatecumenados": Se califica como


tales a aquellos catecumenados que se realizan con adultos o jóvenes ya
bautizados, confirmados y eucaristizados, en vistas a suscitar una experiencia de
iniciación o reiniciación, que haga de ellos verdaderos bautizados evangelizados
y creyentes, dispuestos a compartir su experiencia de comunidad y a
comprometerse en las tareas de la Iglesia.

Aún reconociendo las notables diferencias que existen entre los diversos
"modelos catecumenales" que se proponen ("comunidades neocatecumenales",
catecumenados de adultos...), cabe resaltar algunos elementos comunes
diferenciantes del Catecumenado "estricto" y "propio". Aquí se trata de un
Catecumenado para la re-iniciación, pero fuera del tiempo iniciático que marca
la celebración de los sacramentos. Es un Catecumenado que tiende a "reparar"
aquello que en otro momento debió haberse hecho, y no se hizo. Este
Catecumenado está sí referido a los sacramentos de iniciación, pero no culmina
en la celebración sacramental irrepetible de ninguno de ellos, sino sólo con su
renovación. Los objetivos son idénticos a los que persigue el Catecumenado, pero
la realización, los medios y el ritmo, el contenido y la duración... son diversos. Se
trata, pues, de un "Catecumenado" en sentido análogo y amplio. No obstante, los
neocatecumenados o catecumenados de adultos siempre serán necesarios para
autentificar la iniciación sacramental, y para renovar la fe personal y la
comunidad cristiana.

4. Procesos catecumenales: El adjetivo "catecumenal" ha venido a ser en los


últimos tiempos un símbolo de búsqueda por la renovación y la autenticidad
cristiana. Quizás por ello se habla, en diversas ocasiones y refiriéndose a distintas
realidades, de "proceso", “itinerario”, "acción", "tarea", "preparación"
catecumenal. Las mismas comunidades o grupos reciben con frecuencia el
calificativo de "catecumenales". Sin detenernos a valorar el uso o abuso del
término en cada caso, sí cabe señalar algunas razones e intenciones que motivan
su empleo, como son: la evangelización de muchos bautizados, pero todavía no
convertidos; la superación de una determinada religiosidad popular, para venir a
ser vivida en su autenticidad y verdad evangélicas; la respuesta a un déficit de
catequesis y educación de la fe; la preparación más seria a los sacramentos, que
salvaguarde su verdad; el intensificar los lazos grupales y comunitarios, a través
de la reunión y la acogida, el diálogo...;la creación de un tiempo y espacio
prolongado de formación, que conduzca a una vida cristiana más auténtica y
testimonial en la Iglesia y en el mundo.

En resumen, los principales aspectos que se quiere resaltar con la palabra


"catecumenal" son: la evangelización, la renovación de la fe, el sentido
comunitario, la autentificación sacramental, la duración y la permanencia. Y,
como puede apreciarse, su coincidencia con el catecumenado o neocatecumenado
está en que persigue objetivos similares, adoptando un cierto estilo catecumenal,
perceptible sobre todo en su dinámica y duración. Su diferencia radica en que no
procede por etapas, ni marca el proceso con la misma riqueza de ritos y
celebraciones, ni tiene por meta la celebración de un sacramento de iniciación (al
menos en el caso de adultos), ni mantiene una estrecha conexión con la
comunidad de referencia, ni se propone ser un verdadero catecumenado. La
variedad de casos y situaciones impide una fácil generalización.

7. Retos actuales para la realización del Catecumenado

De todo lo expuesto se desprende que la vitalidad catecumenal en la Iglesia es


importante, tanto a nivel teórico como práctico. Pero es preciso reconocer que
hay no pocos aspectos que nos sitúan lejos del ideal.

a) El problema radical es la iniciación

Teniendo siempre en cuenta el carácter iniciatorio del Catecumenado,


nuestra tesis es la siguiente: creemos que el problema radical de la Iglesia hoy,
no es ni el Catecumenado, ni la catequesis de adultos, sino el cuadro total de
iniciación cristiana en el que se realizan; como tampoco es el Bautismo o la
Confirmación, sino si existe un proyecto coherente de iniciación en el que
bautizar y confirmar tengan su pleno sentido. Desde el siglo V, puede afirmarse
que la Iglesia ha carecido de un verdadero proyecto de iniciación cristiana
teórico-práctico, que ofreciera todos los dispositivos necesarios para realizar en
plenitud la iniciación de aquellos que comenzaba bautizando de niños, y en
correspondencia con lo sacramentalmente significado y lo experiencialmente
vivido. Aunque, después del Vaticano II, teóricamente se haya recuperado la
“unidad de la iniciación cristiana”, hay que seguir afirmando: que el Bautismo de
niños es un sacramento, de algún modo, «incompleto» porque no realiza todos
los elementos que implica, y es preciso descentrarlo o relativizarlo en función de
otros «pasos» de la iniciación; que la estructura iniciática que hoy ofrece la Iglesia
como más ideal (Bautismo de niños - Confirmación – primera Eucaristía) no
permite la realización adecuada de las dimensiones que implica la iniciación
(teológica, eclesiológica, personal, sacramental, histórica); que no existe una
armonía entre sentido reconocido y formas concretas, entre contenido y
estructura, entre ideal y dispositivos, que permitan llevar a cumplimiento la
iniciación cristiana. La Iglesia no ha llegado a plantearse con rigor y coherencia
el problema raíz de otros muchos, que es la reestructuración o proyecto auténtico,
real, unitario de la iniciación cristiana, como respuesta a los presupuestos
doctrinales que la exigen, y a las necesidades pastorales que la reclaman. De poco
sirve hablar y proponer mucho el Catecumenado y la catequesis de adultos, si no
propone un proyecto global, que sin exaltar o marginar elementos esenciales, ni
dejar espacios vacíos, responda a estas dos cuestiones fundamentales: “cómo se
hace un cristiano”, “cómo se renueva una comunidad”.

b) Nuevos dispositivos para un proyecto de iniciación cristiana

En nuestra opinión, la forma mejor de responder es proponiendo un


«proyecto de iniciación» que tuviera como «piezas claves” los siguientes cambios
y dispositivos:
- “Referenciación” del Bautismo de niños, destacando su propio valor, pero
mitiéndolo a los otros «pasos» de la iniciación cristiana (educación permanente-
primera Eucaristía- Confirmación - Catecumenado), e instaurando una pastoral
discerniente, que no bautice sin más a todos de modo indiscriminado. El
Bautismo de niños es parte fundamental de la iniciación, pero no la totalidad de
la iniciación. Es el comienzo sacramental, no es fin de un proceso que implica
algo más que los
sacramentos. El niño bautizado comienza a ser cristiano y miembro de la Iglesia,
pero todavía tiene que «hacerse cristiano» y aún debe llegar a tener conciencia de
su pertenencia eclesial.
- La distinción entre la «primera Eucaristía», como momento primero de acogida
a la participación en el signo máximo de pertenencia a la Iglesia, y la “Eucaristía
en la comunidad adulta”, como momento segundo de una acogida a la misma,
con plenos deberes y derechos a participar, ejerciendo los diversos servicios o
ministerios litúrgicos, y significando la disposición a asumir las tareas de
edificación de la comunidad.
- La valoración de la Confirmación, situándola a una edad más temprana (12-14
años), en la que sea posible asumir y ratificar la fe del Bautismo, desde una opción
libre, consciente y responsable, que les permita vivir y comprometerse en la
comunidad adulta, para la edificación de la Iglesia, con la fuerza que da la acogida
del don gratuito del Espíritu Santo y la fraternidad cristiana.
- La recuperación y restablecimiento del Catecumenado, teniendo en cuenta la
situación de los adolescentes o jóvenes, en el momento en que se prepara el
sacramento de la Confirmación, como el dispositivo más genuino, tradicional y
adecuado para lograr los objetivos de la iniciación cristiana, y responder a las
necesidades de una situación y momento eclesial, que aparecen con cierto
paralelismo respecto a la Iglesia primitiva.
- La capacitación de personas (creación de ministerios) y la ordenación de
medios adecuados para na educación en la fe a los distintos niveles, y para una
catequesis permanente que, en correspondencia con la edad, capacidad y estado
del proceso de iniciación de los bautizados, no sólo haga efectiva y
subjetivamente eficaz dicha iniciación, sino que cree los espacios de acogida y
los ritos necesarios que mantengan y conduzcan a plenitud el proceso.
- Finalmente, la generalización de la catequesis de adultos, como oferta
permanente en orden a una reiniciación constante que, recuperando la experiencia
o memoria histórica personal de la fe, sea capaz de leerla de nuevo en la
«gramática» de la vida, llegando a aquella articulación de sentido que le hace
capaz de responder de modo adecuado a los problemas y necesidades de la
comunidad y del mundo. Esta catequesis debería tener lugar normalmente en el
marco de los grupos comunitarios que se responsabilizan de un área de la misión
de modo especial (Palabra, caridad, culto), y renuevan y alimentan su vida con el
ejercicio de los diversos ministerios.

A1 determinar estas «piezas-clave» de respuesta a las cuestiones de «cómo


se hace un cristiano», “cómo se renueva una comunidad”, creemos haber
respondido ya a la pregunta inicial sobre dónde situar el Catecumenado y la
catequesis de adultos en el «iter» del hacerse y permanecer como cristiano. E1
Catecumenado tiene su puesto más propio, no fuera, sino dentro de la estructura
de iniciación. Para el teólogo D. BOROBIO y otros teólogos pastoralistas, el
momento más apto, por razones teológicas, pastorales y psicológicas, es el que
precede a la Confirmación, situado entre los 14-18 años. En este caso, se trataría
de un Catecumenado que conservaría toda la fuerza de su sentido iniciatorio, por
las siguientes razones: porque se trata de un Catecumenado para la iniciación y
dentro de la estructura-proceso de iniciación; porque culmina con un sacramento
de iniciación celebrado por vez primera (Confirmación) y se orienta a la
Eucaristía en la comunidad adulta; porque expresa su objetivo central de llevar a
plenitud y culminación el Bautismo. Es dentro de esta estructura (por supuesto,
renovada) donde debe haber un «después» bautismal para el Catecumenado, que
posibilite y ofrezca los medios necesarios para llevar a plenitud la iniciación
cristiana. En cuanto a la «catequesis de adultos» su lugar se encuentra en el
«después» permanente de la iniciación, en orden a mantener y hacer crecer un
estado de reiniciación constante, que mantenga vivo y activo nuestro ser de
cristianos, en cada momento de la historia personal y eclesial. La catequesis de
adultos viene a valorar la importancia de «lo que sigue», desde lo “ya acaecido”
iniciatoriamente de una vez para siempre.

c) “Analogía catecumenal”: entre la expresión y el contenido

En primer lugar, es preciso aceptar que la palabra “Catecumenado” está


utilizándose con una variedad de contenidos, sentidos y aplicaciones que
reclaman una ponderación clarificadora, una aplicación analógica, porque no es
lo mismo catequesis de adultos que catecumenado. Desde el empleo que hacen
los mismos documentos, es evidente que una cosa es el Catecumenado
prebautismal de adultos, otra el Catecumenado o neocatecumenado postbautismal
de jóvenes o adultos, otra los “procesos catecumenales” o “cuasicatecumenados”,
y otra los itinerarios catequéticos de estilo catecumenal… Todo depende de la
situación de los sujetos, y la forma en que se realizan la estructura, el contenido
y la dinámica propias del catecumenado. Se requiere, por tanto, una ponderación
lingüística, y un respeto a la misma identidad del Catecumenado que evite la
confusión de lenguaje y de contenido. Cuando todo es “Catecumenado”, ya nada
lo es. Ciertamente, es necesario adaptar el Catecumenado a la mentalidad y
posibilidades actuales. Pero hay que evitar por todos los medios el
desidentificarlo en su dinámica y estructura fundamentales.

Pueden variar algunos contenidos y su forma de presentarlos; alguna


ritualidad y su forma de celebrarla; los momentos y lugares de encuentro y
relación con la comunidad; los métodos pedagógicos; los sujetos que intervienen
en el proceso...Pero no puede prescindirse de lo que hemos llamado “notas
esenciales” de todo Catecumenado. A no ser que lo que proponemos y hacemos
sea algo diferente. En cuyo caso, dejemos de hablar de “Catecumenado”.

d) ¿Dónde está la comunidad? Relación Catecumenado – comunidad

Otra dificultad importante es la relación que los diversos tipos de


“catecúmenos” deben mantener con la comunidad cristiana. Es evidente que las
situaciones son diferentes. Pero nada debe hacerse al margen de la comunidad,
en extrañamiento total y permanente, si queremos que se cumpla uno de los
elementos esenciales del catecumenado. El movimiento relacional que debe
crearse es mutuo: de los catecumenados a la comunidad (información, presencia,
colaboración…), y de la comunidad a los catecúmenos (interés, participación,
catequesis, testimonio…). Solo entonces podrá esperarse una integración mutua
eclesial comunitaria al final del proceso. No obstante, son muchas las cuestiones
que al respecto se plantean, según se trate de un grupo u otro. ¿Dónde está esa
comunidad de referencia y acompañamiento que requiere el Catecumenado? ¿En
qué medida les interesa a los catecúmenos la comunidad y a la comunidad los
catecúmenos? ¿Cuántos son capaces y están dispuestos a una intervención activa
y testimonial en el proceso? ¿No viene a ser el grupo con cierta frecuencia un
lugar de amistad y desahogo de inquietudes encerrado en si mismo, que no llega
a la experiencia comunitaria, y hasta prescinde de la gran comunidad? ¿No se
crea a veces una especie de comunidad biseccionada: por una parte, la comunidad
de los iniciados o confirmados y por otra parte, la comunidad de los bautizados
pero no evangelizados ni plenamente iniciados? ¿Qué comportamiento
eucarístico y sacramental hay que tener en cada caso? …

e) ¿Quién puede hacer el Catecumenado? Capacidad catecumenal


del hombre actual

Una tercera dificultad más radical es la que plantea lo que llamaríamos la


“capacidad catecumenal del hombre actual”. Pues si aparecen dificultades en los
que están dispuestos a seguir el proceso del Catecumenado, más dificultad supone
los que no se plantean el proceso por una cierta incapacidad de sintonía con lo
que supone, dada la mentalidad y el contexto ambiental reinante. Es aquí donde
nuestra llamada o invitación al catecumenado encuentra su resistencia más
grande. Para caer en la cuenta baste contrastar algunos aspectos:
- El hombre actual vive concentrado en lo pragmático utilitario y materialista, y
el Catecumenado escapa a este materialismo.
- La exaltación del sujeto frente al objeto, impide con frecuencia la aceptación de
unos contenidos y normas que se le ofrecen como absolutos en el catecumenado.
- La aceleración de la vida cotidiana que devora el tiempo, se opone al ritmo y
proceso espaciado que reclama el catecumenado, con sus etapas, espacios y
tiempos.
- La inestable movilidad a que conduce el mercado de trabajo o el estudio,
impide a veces la permanencia estable y la continuidad del mismo proceso.
- La invasión ambiental de las nuevas corrientes y tendencias, de los proclamados
estados de bienestar y disfrute de la vida, es un obstáculo para el cambio de vida
y la conversión que exige el catecumenado.
- La fijación en lo inmanente visible, en lo inmediato disfrutable, hace difícil la
entrega o seguimiento de lo invisible utópico, del trascendente que promete
felicidad eterna.
- El “entredicho” divulgado sobre la Iglesia, cuando no el desprestigio de lo
eclesiástico, es también impedimento para suscitar y mantener un sentimiento
afectivo y efectivo de pertenencia a la misma Iglesia.
- La extensión de otras formas de iniciación paralelas, como pueden ser la
iniciación juvenil al grupo de amigos, la iniciación a asociaciones culturales,
deportivas…diversas, resultan más atractivas a muchos que aquella que puede
suponer la integración en un grupo cristiano de catecumenado.
- La cultura mediática y las posibilidades informáticas que permiten autogestionar
la propia vida, y elaborar el propio “menú” de comportamiento, llevan a una
resistencia a un aprendizaje dado, no ofrecido “a la carta” ni dejado al gusto de la
propia libertad.
- La preferencia por una autoiniciación sincrética o según el gusto personal de la
oferta del mercado cultural y religioso, sobre una oferta de iniciación dirigida con
un contenido religioso definido, es también causa de que algunos rechacen el
catecumenado.
- La misma dificultad de que puedan expresarse los elementos antropológico
cristianos de toda iniciación (separación – prueba – integración en relación con
la comunidad), dados los cambios que se han verificado en la familia, la
comunidad, la relación grupal…, no permite una expresión adecuada del carácter
iniciático del catecumenado.

f) No es lo mismo catequesis de adultos que Catecumenado

La catequesis de adultos no puede confundirse con la “formación” de


adultos (que se propone preparar a responsables eclesiales para desempeñar un
ministerio); ni con la “educación de la fe” de adultos (que tiende a fundamentar
las razones del creer, en orden a una fe consciente); ni con la “teología para
laicos» (que trata de enseñar e ilustrar la cultura religiosa de los seglares desde
diversos puntos de vista). La catequesis de adultos es una catequesis dirigida a
personas bautizadas y adultas, que tiene por objetivo el profundizar y madurar la
fe y el compromiso cristiano, a partir de las cuestiones que surgen de la
experiencia y plantea la vida (aportación del destinatario), desde la luz que
proporciona el acontecimiento y misterio de Cristo (punto de referencia), en una
comunidad que es lugar de simbolización y de vida (interlocutor fundamental), y
a través del encuentro y comunicación de grupo, que no tiene como finalidad
primordial el responsabilizar a sus miembros de determinadas tareas eclesiales.
El nuevo Directorio Catequístico distingue entre los adultos a los que se dirige la
catequesis: los “adultos creyentes”, los “adultos bautizados que no recibieron una
catequesis adecuada”; los “adultos no bautizados, que necesitan en sentido propio
un catecumenado”; e incluso “los adultos que provienen de confesiones
cristianas” (nº 172).

En muchos casos esta catequesis debe tener un estilo catecumenal, como


bien señala el mismo Directorio: “Se trata de impulsar una catequesis
postbautismal, a modo de catecumenado, que vuelva a proponer algunos
elementos del Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos, destinados a hacer
captar y vivir las inmensas riquezas del bautismo recibido” (nº 258. Cf nº 96c).
Esto no quiere decir, sin embargo, que se trate de un verdadero y propio
Catecumenado.

La catequesis de adultos es un acto complejo y pluridimensional, que se


realiza variablemente según la calidad, edad y situación religiosa-vital de los
grupos, y que tiene como constantes distintivas del catecumenado las siguientes:
no es un proceso marcado por etapas, ni estructurado en grados como el
Catecumenado; en ella predomina más el contenido que el símbolo y el rito; su
carácter no es tan directamente iniciático, ni histórico-salvífico; la relación del
grupo catequético con la comunidad es diversa de la que debe tener el grupo
catecumenal; el lugar que ocupa la oración y celebración es diverso... De aquí se
deduce que si todo Catecumenado es también catequesis de adultos no toda
catequesis de adultos es también Catecumenado. Entre una y otra existen
diferencias fundamentales.

Estas diferencias sugieren de por sí las lecciones que el Catecumenado


puede ofrecer a la catequesis de adultos, si es verdad lo que afirmaba Pablo VI,
de que «el modelo de toda catequesis es el catecumenado bautismal, formación
específica que conduce al adulto convertido a la profesión de su fe bautismal en
la noche pascual» (cf. La catequesis para nuestro tiempo, nº 8).
- La lección iniciatoria: Todo Catecumenado, toda catequesis, todo catequista
son fundamentalmente de y para la iniciación, o de y para la re-iniciación. El
Catecumenado, por su estructura y dinamismo, por sus ritos y sus símbolos
expresa perfectamente este carácter iniciático, que conduce al descubrimiento e
“inmersión” en el misterio de Cristo y de la Iglesia, a la integración en la
comunidad eclesial existente e identificada. La catequesis, en cambio, tiende
hacia una cierta teorización sin fuerza iniciática, que es preciso subsanar. E1
catecumenado recuerda a la catequesis que toda nueva experiencia de fe y
comunidad sólo tiene pleno sentido en el descubrimiento o renovación de la
grandeza del llegar a ser cristiano. Si el catecumenado inició, la catequesis debe
renovar y perfeccionar de modo permanente esta iniciación.
- Lección comunitaria: E1 Catecumenado y la catequesis sólo son verdaderos
cuando suceden en, desde, con y para la comunidad. La lección comunitaria del
catecumenado a la catequesis consiste en recordarle a ésta: que no debe encerrarse
en sí misma ni en el grupo, sino que tiene que abrirse a otros grupos y
comunidades; que debe hacer intervenir a diversos miembros en la comunidad;
que ha de desarrollar la in-corporación ontológica bautismal en un sentido de
pertenencia afectivo y activo; que el grupo debe entenderse como una unidad
menor dentro de una comunidad toda ella catequética y catequizanda, a la vez;
que más importante que integrar en un “modelo” de Iglesia es responsabilizar en
construir y edificar la Iglesia; que, en fin, la reunión catequética debe ser un lugar
para la experiencia comunitaria, en el deseo de renovación permanente de la
Iglesia. Toda catequesis es una forma de hacer y transmitir Iglesia. Y toda
comunidad es una forma de hacer catequesis. E1 modelo de esta catequesis
comunitaria es el Catecumenado (EN, 44; ChL 61, NDGC, 90).
- Lección litúrgica: Tanto el Catecumenado cuanto la catequesis tienen una
dimensión litúrgica, en cuanto deben catequizar sobre el misterio teniendo como
base el conocimiento vital de la significación y exigencias de los signos
sacramentales, la profundización en la fe desde la experiencia de Dios y la
convivencia con la comunidad, sobre todo en su centro que es la eucaristía.
E1 Catecumenado, con su riqueza simbólica y ritual, con sus celebraciones y su
mystagogia es el paradigma de un desarrollo litúrgico, de una valoración
simbólica de la catequesis. En los últimos años, la catequesis ha tendido, en
cambio, a acentuar lo nocional-verbal, lo doctrinalcomprometente, marginando
lo litúrgico-ritual, y olvidando, en parte, la necesaria integración entre palabra y
memoria, enseñanza y celebración, evangelización y culto. La lección del
Catecumenado es una llamada a la integración, complementariedad y mutuo
enriquecimiento entre la catequesis y la liturgia. Por eso insiste el nuevo
Directorio en esta necesaria integración: “Tareas fundamentales de la catequesis
son: ayudar a conocer, celebrar, vivir y contemplar el misterio de Cristo”.
- Lección ministerial: E1 Catecumenado y la catequesis implican el ejercicio
común, al menos del ministerio del catequista. Pero en el Catecumenado, no sólo
aparece en toda su importancia este ministerio desde los primeros siglos, sino que
también entran en juego otros ministerios importantes de la comunidad: el
episcopal-presbiteral, el de los padrinos y los testigos...colaborando todos ellos a
la acción común de la iniciación cristiana. En los últimos años se ha valorado
ciertamente en la Iglesia el ministerio del catequista, pero esto no ha comportado,
al mismo tiempo, la valoración de otros ministerios laicales, dentro de la
comunidad, en orden a autentificar la vida cristiana. La lección del catecumenado
consiste en el estímulo a una potenciación de los ministerios, de manera que
puedan cumplirse adecuadamente todas las funciones de la misión de la Iglesia,
y la catequesis se realice desde la responsabilización de todos sus miembros. Al
mismo tiempo, el Catecumenado implica un ministerio especial, que viene a ser
como el “ministerio-tipo” de catequista, al que vamos a llamar “ministerio del
guía del Catecumenado”.

g) Iniciación con Catecumenado e iniciaciones sin Catecumenado

Estas y otras dificultades creemos constituyen un obstáculo para posibles


catecúmenos, a la vez que un estímulo para mejorar nuestra “oferta” de
Catecumenado. Sin duda, será necesario que contemos más con una situación
plural que se nos impone, también al nivel de la iniciación catecumenal. Creemos
que, además de la iniciación de los adultos no bautizados, entre los bautizados de
niños se dan de hecho estas “tres formas de iniciación”:
1. La iniciación elemental no institucional: de aquellos que desde una cierta
cultura religiosa familiar, y una relación lejana con la Iglesia, se van haciendo su
propio “compuesto religioso cristiano” de forma libre y autónoma.
2. La iniciación semi-institucional: de aquellos que han recibido una elemental
educación religiosa (familia, escuela, algunas catequesis) sin verdadera
conversión ni compromiso cristiano, y que renuevan estacionalmente “su fe” en
Navidad, Semana Santa, alguna peregrinación, algún evento familiar…
3. La iniciación institucional catecumenal: de aquellos que no sólo han sido
educados en una cultura religiosa y han recibido alguna catequesis, sino que
también han seguido en su momento un proceso catecumenal, que ha madurado
su conversión y su fe.

h) Canto a la esperanza

No obstante estas dificultades, hay que decir que los esfuerzos y frutos del
Catecumenado en la Iglesia Universal, con sus variantes, han sido y siguen siendo
muy importantes. Creemos que es una verdadera bendición de Dios el
redescubrimiento del Catecumenado, como institución más originaria y adecuada
para la evangelización y la iniciación cristiana. Estamos convencidos de que la
restauración del Catecumenado, como uno de los elementos esenciales de y para
la iniciación o para la plenificación iniciatoria, es uno de las mejores aportaciones
del Vaticano II, y de la Iglesia, en orden a la autentificación de su vida y a la
renovación de la comunidad cristiana. Cuando miles de jóvenes y adultos intentan
seguir un proceso catecumenal; cuando miles de miembros de las comunidades
dedican sus mejores esfuerzos a la renovación de la fe de estos jóvenes y adultos,
sea en una u otra situación; cuando se descubre que realmente el anuncio de la
Buena Nueva sigue teniendo su fuerza y que el Espíritu actúa..., no hay motivo
para la desesperanza, aunque el ideal siempre esté por conseguir. Al contrario, es
una ocasión para la esperanza, porque algo nuevo está naciendo.

e) Impulsar la pastoral catecumenal y comunitara en la Iglesia hoy

1. Catecumenado para la evangelización

La intuición primera del Concilio Vaticano II de restaurar el


Catecumenado (SC, nº 64; AG, nº 14; CD, nº 14) se ha mostrado a lo largo de
estos de 44 años de vida eclesial como una de las inspiraciones conciliares de
más profético calado eclesial. Muchas y diversas son las pastorales
catecumenales que se han puesto en marcha, existen hoy en la Iglesia toda una
serie de propuestas y realizaciones que apuntan hacia la potenciación de la
función catecumenal y del catecumenado como institución y como praxis.

Durante estos últimos años el teólogo-pastoralista Dionisio Borobio ha


venido llamando la atención sobre la necesidad de un Catecumenado para la
Iglesia hoy: "cada vez resulta más patente en la Iglesia actual la necesidad de
renovar el catecumenado, no sólo como preparación al bautismo, sino también
como elemento decisivo para la verdad y la autentificación de la comunidad
cristiana"218. Y ha intentado fundamentar la necesidad del catecumenado para la
evangelización: “como lo demuestra la misma historia de la Iglesia, no puede
haber verdadera evangelización si se prescinde del catecumenado, ni puede haber
verdadero catecumenado que no implique la evangelización”219.

También Mons. Ricardo Blázquez, en reiteradas ocasiones, ha expresado


su orientación en este sentido: “Debemos beber en las fuentes de la Iglesia
primitiva, aprender de ella como discípulos, orientarnos en su forma de iniciar
para acometer decididamente una Catequesis de inspiración catecumenal. Es, por
tanto, muy pertinente que en presencia de los desafíos actuales nos preguntemos
por la manera como respondió la Iglesia en otras situaciones, y especialmente en
los siglos primeros, que son no sólo los iniciales sino también los originarios y
por ello, especialmente normativos”220.

Si se pregunta sobre el por qué de esta orientación, no es nada difícil


comprender sus motivaciones de fondo, que coinciden en parte con las que
reclaman la opción preferencial por la Catequesis de Adultos en la pastoral de
hoy. Podemos resumirlas de este modo:

* Motivaciones de orden pastoral: son las más evidentes, y responden a


exigencias pastorales concretas en la Iglesia actual. La iniciación cristiana, tal y
como se desarrolla entre nosotros en la mayoría de los casos, presenta múltiples
lagunas y deficiencias. La dispersión a lo largo de amplias etapas de la vida de la
celebración de los tres sacramentos de iniciación: Bautismo, Confirmación y
Eucaristía, dificultan la unidad del proceso. La fragmentación del proceso
catequético propio de la iniciación y su reducción en algunos casos a meras
catequesis sacramentales, contribuyen a su desarticulación y empobrecimiento.
Las connotaciones sociales que rodean la celebración de estos sacramentos
desvirtúan con frecuencia su más profundo significado. El resultado es que
muchos bautizados crecen sin alcanzar una mínima madurez personal de su fe,
no llegan a adquirir siquiera la condición de verdaderos iniciados en la vida
cristiana. Por otra parte, la existencia de procesos de reiniciación son un síntoma
elocuente de la crisis de la pastoral tradicional, que está reclamando con urgencia
una revisión profunda del proceso de iniciación cristiana, de la vitalidad de las

218
Catecumenado para la evangelización, p. 9.

219
Ib., p. 5.
220
Cfr. Catecumenado en la Iglesia (Valencia 1998), p. 17.
comunidades, del modo concreto de vivir la relación Iglesia-mundo y fe-
cultura221.

* Motivaciones de orden teológico: la reflexión teológica postconciliar


subraya algunos temas, como la fe, la conversión, la Iglesia, la misión de los
cristianos en el mundo, el significado de los signos de los tiempos (la Nueva
Evangelización), que estimulan la Iniciación cristiana. Ésta aparece vinculada a
la búsqueda y promoción de un nuevo modelo de creyente, de comunidad, de
Iglesia, según las exigencias del mundo contemporáneo. Por su parte, la
investigación histórico-teológica ha redescubierto el carácter primordial del
catecumenado como función esencial de la Iglesia, de toda la Iglesia222. Son muy
elocuentes los pronunciamientos del entonces teólogo J. Ratzinger al afirmar que
“la doctrina cristiana debe surgir, originariamente, en el contexto del
catecumenado. Sólo desde allí puede aspirar a renovarse. Lo que hoy nos falta no
son nuevas fórmulas; al contrario, más bien tenemos que hablar de una inflación
de palabras sin suficiente respaldo. Lo que ante todo necesitamos es el
restablecimiento del contexto vital de la ejercitación catecumenal en la fe como
lugar de la común experiencia del Espíritu, que puede convertirse en la base de
una reflexión atenta a los contenidos reales. De ella surgirán también, con certeza,
formulaciones nuevas, en las que se exprese con la fuerza y concisión de los datos
centrales de la fe cristiana”223.

* Motivaciones de orden socio-cultural en referencia sobre todo a algunos


fenómenos típicos de nuestra época: el progresivo proceso de descristianización,
con la difusión de la indiferencia religiosa y del fenómeno de la increencia224; la
secularización, que empaña la dimensión religiosa y obliga a una profundización
y personalización de la opción de fe; la difusión de nuevas expresiones religiosas,

221
"Los procesos de reiniciación son hoy una necesidad y deben ser apoyados con entusiasmo y creatividad,
sabiendo que inciden sobre todo en el ámbito de la pastoral y que son un test elocuente de la capacidad de la
Iglesia de hoy de lanzar iniciativas de CA en clave de maduración. Los catecúmenos y los reiniciados son un don
y una chance para la Iglesia, que se enriquece así con su experiencia y con su nuevo modo de vivir la fe. Es
importante, por lo tanto, no entender estos procesos en clave de conservación o restauración". Cfr. E.
ALBERICH/A. BINZ, Formas y modelos de catequesis de adultos, p. 54.

222
“En nuestras Iglesias necesitamos nuevamente descubrir los cimientos del cristianismo, y de aquí partirá el
servicio que deseamos ofrecer con renovada confianza a la humanidad del tercer milenio. Iniciación cristiana,
catecumenado, catequesis misionera, actuación apostólica con inspiración catecumenal... parecen ser los
´métodos`básicos para llevar a cabo la misión pendiente”. Cf. Mons. RICARDO BLÁZQUEZ, Iniciación
cristiana y nueva evangelización (Bilbao 1992), p. 17.

223
Cfr. Teoría de los principios teológicos (Barcelona 1985), p. 28.

224
Cfr. CARTA PASTORAL DE LOS OBISPOS DE PAMPLONA Y TUDELA, BILBAO, SAN SEBASTIÁN
Y VITORIA, Creer en tiempos de increencia (1988); Evangelizar en tiempos de increencia (1994); C.
FLORISTÁN, Para comprender la evangelización; CEE, Una Iglesia esperanzada. Plan Pastoral 2002-200, nnº
4-11.
a veces muy ambiguas, que conllevan un replanteamiento radical de las propias
opciones de vida; la complejidad y el pluralismo de nuestra sociedad, que coloca
la visión cristiana de la vida en régimen de competencia, en medio de muchas
opciones posibles.

El significado de la importancia del Catecumenado como itinerario de


Iniciación cristiana en la pastoral de la Iglesia hoy, no deriva tanto del número de
adultos y de agentes pastorales implicados, cuanto de su carácter esencial en el
conjunto de la praxis eclesial. Merece que venga considerada como "uno de los
signos más reveladores del futuro de la Iglesia"225, y como paradigma de toda
Catequesis de Adultos. He aquí algunas observaciones pastorales importantes a
la luz de lo que venimos afirmando:

1ª) El Catecumenado debe ser considerado como función esencial de la


Iglesia. Su reaparición en el panorama pastoral constituye hoy una prueba de
vitalidad y una ocasión providencial de renovación eclesial. Ciertamente, la
praxis catecumenal obliga a un replanteamiento en profundidad de toda la vida y
actividad pastoral, porque el catecumenado no puede ser concebido en clave de
conservación, sino de decidida renovación, con vistas a un proyecto convincente
de Iglesia226. En una pastoral de evangelización la praxis catecumenal no puede
reducirse a ser una experiencia límite, marginal, excepcional, sino que debe
representar una actividad normal, significativa y prometedora.

2ª) Es importante que las comunidades eclesiales no vean la puesta en


marcha del dispositivo catecumenal como algo marginal que no les afecta, sino
que lo reconozcan plenamente y se reconozcan en su práctica como un momento
esencial de su propia actividad.

225
Para los obispos vascos "la iniciación a la fe es el gran reto para muchas parroquias... el futuro de nuestras
Iglesias se juega, en buena parte, en esta iniciación a la fe... Nuestras Iglesias diocesanas se han de plantear ya el
estudio y desarrollo de una pastoral catecumenal orientada directamente a ofrecer una respuesta adecuada a
personas no bautizadas o totalmente alejadas que, sin embargo, en estos momentos preguntan por Dios. Cfr.
CARTA PASTORAL DE LA CUARESMA - PASCUA DE RESURRECCIÓN, 1997: Al servicio de una fe más
viva, nº 90. Y, más recientemente acaban de afirmar que “Necesitamos un proceso de iniciación... No se puede
iniciar en masa. Este delicado proceso está reclamando una atención individual y personalizada”. Cfr. CARTA
PASTORAL DE CUARESMA-PASCUA, 2003: Vivir la experiencia de la fe, p. 26.

226
Nuestros obispos han afirmado que consideran “que la restauración del catecumenado en nuestras iglesias es
una oportunidad que Dios nos concede para la renovación de la vida de la Iglesia y una ocasión para mostrar a
todos la fe que ella ha recibido (cf. LG 1; IC 3). A su vez, la Iglesia se ve renovada y enriquecida por los nuevos
creyentes que son siempre un signo de vitalidad del Evangelio”. Cfr. OPC, nº 5.
3ª) La praxis tradicional de la iniciación cristiana a partir del Bautismo de
los niños debe ser repensada y reformada a la luz del modelo catecumenal227, que
debe recuperar su papel normativo e inspirador. Si se ha proclamado oficialmente
que el catecumenado de adultos es modelo de toda catequesis, hoy es necesario
afirmar también que el catecumenado de adultos constituye el modelo de todo
proceso de Iniciación cristiana.

4ª) La reflexión teológico-pastoral, junto con la atenta consideración de las


transformaciones de nuestra sociedad, parecen indicar con claridad que ha
llegado la hora de decidirse por la opción catecumenal228, en forma explícita y
oficial. Esta opción, tomada en forma responsable dentro de una adecuada
programación pastoral, se anuncia hoy como un elemento esencial de esa pastoral
de evangelización tan proclamada por doquier.

5ª) Es difícil exagerar el alcance de la opción catecumenal. Se trata en


realidad de un verdadero viraje histórico en nuestra praxis pastoral (los obispos
vascos hablan de giro hacia una pastoral evangelizadora) y realiza de hecho el
paso de una pastoral de mantenimiento, en régimen de cristiandad, a una pastoral
evangelizadora y de refundación de la experiencia cristiana.

Otras muchas consecuencias y compromisos lleva consigo la opción por


una pastoral evangelizadora que ponga en el centro de su actuación la Iniciación
cristiana y el catecumenado: creación de estructuras, formación de animadores y
responsables, revisión en profundidad de las programaciones pastorales. Pero
supone sobre todo un necesario cambio de mentalidad, una voluntad sincera de
conversión, de las personas y de la comunidad, sin la cual serán inútiles todos los
esfuerzos de renovación. Para el nuevo Directorio General para la Catequesis:
"Los treinta años transcurridos desde la clausura del Concilio Vaticano II hasta el
umbral del tercer milenio, han constituido -sin duda- un tiempo rico en
orientaciones y promoción de la catequesis. Ha sido un tiempo que, de algún
modo, ha vuelto a hacer presente la vitalidad evangelizadora de la Iglesia de los
orígenes y a impulsar oportunamente las enseñanzas de los Padres, favoreciendo

227
Para un experto como H. BOURGEOIS el espacio catecumenal se convierte en un verdadero lugar teológico,
un lugar de reformulación de la fe y de elaboración teológica. Ver en este sentido la fundamentación de este
planteamiento en Théologie catéchuménale (Paris 1991).

228
"La actividad catequística de nuestro tiempo debe subrayar el carácter y la inspiración catecumenal propios de
la catequesis. Si la missio ad gentes es paradigma de toda la actividad evangelizadora en cada uno de sus diversos
momentos, el catecumenado bautismal es modelo e inspiración de la actividad catequizadora particularmente con
referencia a la catequesis de iniciación". Cfr. Comunicado del Congreso catequístico internacional-1997, p. 8.
229
el retorno actualizado al catecumenado antiguo" . El catecumenado

representa ciertamente una gran oportunidad y riqueza para la Iglesia, para las
comunidades cristianas, para el dinamismo de la fe. Su potenciación responde a
uno de los retos más urgentes para el futuro de la fe en el mundo actual.

La necesidad de afrontar con serenidad la importancia y trascendencia


pastoral que va a tener la pastoral catecumenal y comunitaria para el futuro de la
Iglesia en España debe seguir siendo un tema apasionante en la reflexión
teológico-pastoral de nuestras diócesis. Y, si nos preguntamos el por qué de esta
convicción, no es nada difícil comprender, tiene que ver con los planteamientos
de fondo de nuestro ser cristiano y el modo de configurar nuestra identidad
eclesial: el catecumenado apunta al camino para llegar a ser cristiano; el vivir la
fe comunitariamente, señala la casa, el seno donde se realiza esta gestación.

2. La pequeña comunidad cristiana para vivir la fe

La recuperación del carácter comunitario de la Iglesia brilla


particularmente en las pequeñas comunidades cristianas. En su origen, además

230
de los signos de Dios , se han dado cita la percepción del principio local

de la Iglesia, el acento de la eclesialidad vivida con mayor concreción y densidad,


la urgencia de alcanzar una experiencia más intensa de las realidades objetivas

229
Cfr. DCG (1997), p. 13.

230
El fenómeno de las pequeñas comunidades, o comunidades de base es un fenómeno típico de la Iglesia
postconciliar que surgió un poco por todas parte” como reconocía Pablo VI en EN, nº 58.
cristianas, la cercanía frente al anonimato y despersonalización padecidas por el

231
hombre actual .

Aunque el interés comunitario no es algo nuevo en la Iglesia, y ha estado


siempre presente desde su origen, la convicción de que la comunidad constituye
el lugar apropiado de anuncio y vivencia de la fe, hoy, la dimensión comunitaria
acusa una necesidad más sentida y universal entre los cristianos. El anonimato y
la masificación de la gran ciudad despierta la necesidad de vivir la fe en grupos
de talla humana o pequeñas comunidades cristianas que sean en verdad
misioneras en nuestro mundo de hoy.

La parroquia, lugar originario y privilegiado en el que los fieles pueden


tener una experiencia concreta de Iglesia, está llamada, también, a renovarse
profundamente. Los obispos latinoamericanos han señalado que “una clave de
renovación parroquial, especialmente urgente en las parroquias de las grandes
ciudades, puede encontrarse quizás considerando la parroquia como comunidad

232
de comunidades y de movimientos” .

El mismo Papa Juan Pablo II hablando sobre la parroquia y la iniciación


cristiana decía en una parroquia de Roma donde hay más de 30 pequeñas
comunidades neocatecumenales: “hay un modo, pienso yo, de reconstruir la
parroquia basándose en la experiencia neocatecumenal... Es muy coherente con

231
Los obispos latinoamericanos han señalado que si la parroquia se renueva desde el principio comunitario
podrá formar a la gente en comunidades, ofrecer auxilio a la vida de familia, superar el estado de anonimato,
acoger y ayudar a que las personas se inserten en la vida de sus vecinos y en la sociedad”. Cfr. Ecclesia in America
(Madrid 1999), nº 41b.
232
Ibidem.
233
la naturaleza misma de la parroquia” . Algunos años más tarde,

dirigiéndose a una Asamblea de Obispos reunidos en Viena con los iniciadores y


catequistas de Europa del Camino Neocatecumenal, les decía que “estas
comunidades forman células vivas de la Iglesia, renuevan la vitalidad de la
parroquia mediante cristianos maduros capaces de testimoniar la verdad con una

234
fe radicalmente vivida” .

La dimensión comunitaria no es algo exclusivo de la vida cristiana, sino


que es algo connatural a la misma existencia humana. Sin vida comunitaria, el
hombre deja de ser humano porque deja de ser social. El hombre tiende a vivir en
común, necesita de los otros para su propio desarrollo y madurez. Esta dimensión
comunitaria parece que hoy adquiere nuevo impulso debido, en parte, a un sentido
renovado de responsabilidad y participación adquirido a nivel social; y, por otra,
la soledad y el anonimato que produce la sociedad industrial conduce a la
necesidad de vivir unas relaciones interpersonales a nivel humano que, como muy
bien ha expresado Henri De Lubac, permitan “instaurar relaciones personales,
interpersonales, de reconocimiento mutuo (llamarse por el apellido, por el
nombre), de comunicación, intercambio, de codo a codo. Surge por consiguiente,
una insatisfacción ante las grandes asambleas anónimas (...). La Iglesia no puede
seguir siendo un aparato extraño a la realidad comunitaria vivida”235.

Esta misma preocupación la manifestaba el Papa Juan Pablo II a los


obispos de Ontario (Canadá) con motivo de la visita ´ad limina`: “para muchas
personas, especialmente para los jóvenes, la ciudad se convierte en una

233
Cfr. En la Parroquia de Santa María Goretti, 31 de Enero de 1988: L´Osservatore romano (1-2 Febrero 1988).
234
Cfr. Mensaje a los Obispos de Europa reunidos en Viena (12 de Abril de 1993).

235
Cfr. Llamados a la vida, (Barcelona 1988), pp. 146-147.
experiencia de desarraigo, anonimato e injusticia, con la consiguiente pérdida de
identidad y del sentido de la dignidad humana (...) Hace falta una experiencia
nueva y más profunda de la comunidad en Cristo, que es la única respuesta eficaz
y duradera a una cultura marcada por el desarraigo y el anonimato”236.

La utopía comunitaria se presenta como el resorte capaz de cambiar las


relaciones humanas y la sociedad. Por su parte, los cristianos encuentran en su fe
nuevos motivos que estimulan y mantienen el impulso comunitario. El P. Liege
sostiene que los discípulos de Jesús “tienen motivos particulares para desear vivir
comunitariamente, en la medida en que se posesionan del Evangelio, origen de
su fe. Es cierto que no encuentran en su fe ningún modelo unitario de comunidad,
pero sí la urgencia de existir como comunidad y unas normas de conformidad con
el proyecto eclesial de Jesucristo. Incumbe a cada generación de creyentes la tarea
interminable de dar forma a esta urgencia comunitaria nacida del Evangelio, y de
hacer visible y significativo el nosotros comunitario de los cristianos”237.

La recuperación de la dimensión comunitaria de toda experiencia cristiana,


hará posible que la Iglesia hoy recupere su sentido primigenio, llegue a ser
fraternidad efectiva y se convierta en un lugar de anuncio gozoso y de
interpelación para todos los hombres. Es necesario para ello, como afirma el P.
Liege, que “todo bautizado se oriente hacia las experiencias comunitarias y
comprenda que es facultativa la vida comunitaria a causa del Evangelio. Son aún
demasiados los bautizados que vegetan en la Iglesia, sin integrarse activamente
en ella, por pensar que la vida comunitaria exige una vocación especial y un
atractivo particular, si es que no la juzgan puro esnobismo”238. En este sentido la

236
Cfr. El desarrollo de las grandes ciudades plantea graves problemas pastorales a la Iglesia: L´Osservatore romano (14
de mayo de 1999), p. 2. A la problemática pastoral de cómo evangelizar la cultura urbana ha querido responder el último
Sínodo de Obispos de América que han llegado a afirmar que no hay que dejar que el anonimato de las ciudades invada
nuestras comunidades eucarísticas. Hace falta encontrar nuevos métodos y nuevas estructuras para construir puentes entre las
personas, de modo que se realice realmente la experiencia de acogida mutua y de cercanía que la fraternidad cristiana requiere.
Podría ser que esta experiencia, y la catequesis que debe acompañarla, se realice mejor en comunidades más pequeñas, como
se aprecia en la Exhortación postsinodal: “Una clave de renovación parroquial, especialmente urgente en las parroquias de las
grandes ciudades, puede encontrarse quizá considerando la parroquia como comunidad de comunidades... Ellas son el marco
más fácil para escuchar la palabra de Dios, para reflexionar a su luz sobre los diversos problemas humanos y madurar opciones
responsables inspiradas en el amor universal de Cristo”. Cfr. Ecclesia in América, nº 41. El Papa Juan Pablo II ha desarrollado
esta misma perspectiva en dos alocuciones en relación con la CNC: “El Camino Neocatecumenal, en el que maduran los
itinerantes y las familias misioneras, puede responder a los desafíos del secularísmo, de la difusión de las sectas y de la escasez
de vocaciones. La reflexión sobre la palabra de Dios y la participación en la Eucaristía hacen posible la vitalidad de la parroquia
mediante cristianos maduros capaces de dar testimonio de la verdad con una fe radicalmente vivida”. Cfr. Mensaje a los
miembros del CN: El Camino Neocatecumenal puede responder a los desafíos del secularísmo, las sectas y la escasez de
vocaciones: Ecclesia, nº 2.632 (15 de mayo de 1993), p. 31; y un año más tarde volvía a afirmar: “Estas comunidades ayudan
a experimentar la Iglesia como cuerpo de Cristo, en el que, mediante los signos sacramentales, Dios extiende su acción salvífica
a los hombres de toda generación, sobre todo a las familias”. Cfr. Un ejemplo de nueva evangelización: L´Osservatore romano
(21 de enero de 1994), p. 20.

237
Cfr. P.A. LIEGE, o. cit., p. 9. En esta perspectiva ver G. LOHFINK, La Iglesia que Jesús quería. Dimensiones comunitarias
de la fe cristiana (Bilbao 1998).

238
Ibid., p. 104.
praxis del Neocatecumenado, al ser vivido en pequeñas comunidades, ayuda
enormemente a vivir la comunitariedad de la fe como un don: “La educación a la
vida comunitaria es una de las tareas fundamentales de la iniciación cristiana. El
Neocatecumenado educa a ella de modo gradual y constante mediante la inserción
en una pequeña comunidad, cual cuerpo de Cristo resucitado, abierta a la vida de
la comunidad parroquial y de toda la Iglesia” (SCN, art. 15&1).

Sin embargo, hay que reconocer que en esta dimensión nos encontramos
todavía ante una transición en gran medida pendiente: pasar de una forma de
Iglesia como organización de servicios religiosos (por ello pudo ser identificada
la Iglesia con el Papa, los Obispos, los sacerdotes, los frailes y las monjas) a otra
forma de Iglesia como comunidad, donde todos seamos miembros activos,
conscientes de la dignidad cristiana, dispuestos a dar personalmente razón de la
esperanza, responsables en los trabajos del Evangelio. La acentuación de la
comunitariedad, que reclama como necesario correlato la acentuación de la
personalidad de cada uno, es de esta manera condición para la nueva
evangelización. La comunidad no es refugio de intimidados, sino hogar de
adultos. Para que la vida cristiana sea vivida verdaderamente en cristiano, ha de
ser vivida en comunidad239.

El Concilio Vaticano II presenta un tipo de parroquia sobre la base de la


nueva eclesiología por el mismo elaborada: “El Obispo no puede presidir
personalmente a toda la grey en su Iglesia, siempre y en todas partes. Por eso,
necesariamente debe constituir comunidades de fieles, entre las que destacan las
parroquias, distribuidas localmente bajo un pastor que hace las veces del Obispo.
Estas, en cierto modo, representan a la Iglesia visible establecida por todo el
mundo. Por tanto, se ha de fomentar teórica y prácticamente entre los fieles y el
clero la vida litúrgica parroquial y su relación con el Obispo, y hay que trabajar
para que florezca el sentido de comunidad parroquial, sobre todo en la celebración
común de la misa dominical” (SC, nº 42).

Esta noción de parroquia como comunidad de fieles, lógica consecuencia


de la eclesiología desarrollada por el Vaticano II en torno al concepto de
communio, encuentra su “expresión más completa in communi celebratione
missae dominicalis que es el centrum et culmen totius vitae christianae. Esto
significa que entre todos los coetus fidelium, que el obispo debe poder erigir para
presidir eficazmente la propia populi Dei portio, la parroquia es el paradigma de

239
Mons. RICARDO BLÁZQUEZ afirma con rotundidad que “necesitamos recuperar la verdad de la Iglesia como
congregación, como comunidad (...) Sin comunitariedad la Iglesia pierde su misma identidad; se difuminan sus contornos, se
generaliza su concreción, se dilapida su fuerza, se afloja su densidad”. Cfr. “Dimensión eclesial de la identidad cristiana”, en
Jesús si, la Iglesia también, p. 311.
agregación eclesial que nace de la celebración eucarística dominical”240. La
asamblea eucarística es la fuente propia de la comunidad parroquial. Más aún, en
la visión que el Concilio tiene de la Eucaristía se afirmará, además, que “no se
construye ninguna comunidad cristiana si ésta no tiene su raíz y centro en la
celebración de la sagrada Eucaristía. En ella, por tanto, ha de empezar toda la
formación en el espíritu de comunidad”(PO, nº 6).

Si es verdad que la expresión parroquia comunidad de comunidades no


aparece como tal en los textos conciliares, sin embargo la recepción que la Iglesia
ha ido haciendo progresivamente de esta nueva comprensión eclesiologíca de la
Parroquia se ha ido abriendo paso al ritmo de los desafíos que a la Iglesia se le
han ido presentando. El Papa Pablo VI en Evangelii nuntiandi acogió con paternal
solicitud el fenómeno de las pequeñas comunidades y las interpretó como un
signo de los tiempos: “florecen un poco por todas partes en la Iglesia” (nº 58).
El Papa Juan Pablo II ha alentado y ayudando a que el fenómeno de las
pequeñas comunidades fuera acogido, valorado y ayudado. Será en Christifideles
laici , nº 61 donde se fundamentará el papel matriz de la Parroquia como ámbito
de inserción y de comunión de las pequeñas comunidades. En el Mensaje al
Pueblo de Dios, nº 10 los padres sinodales saludan la nueva concepción de la
Parroquia: “Vemos con alegría que la parroquia se convierte en comunidad de
comunidades cuando es ella el epicentro de las comunidades eclesiales de base y
de los demás grupos y comunidades que la dinamizan y, a la vez, se nutren de
ella”.

Dos años más tarde en Redemptoris missio, nº 51 , ofrecerá un juicio más


positivo de lo que esta transformación va a suponer dentro de la parroquia: “Estas
comunidades descentralizan y articulan la comunidad parroquial a la que
pertenecen siempre unidas, se enraízan en ambientes populares y rurales,
convirtiéndose en fermento de vida cristiana...”. Y esta experiencia encuentra su
madurez en las formulaciones que expresará en Ecclesia in America, nº 41: “Una
clave de renovación parroquial, especialmente urgente en las parroquias de las
grandes ciudades, puede encontrarse quizás considerando la parroquia como
comunidad de comunidades”.

Aunque el interés comunitario no es algo nuevo en la Iglesia, y ha estado


siempre presente desde su origen, la convicción de que la comunidad constituye
el lugar apropiado de anuncio y vivencia de la fe, hoy la dimensión comunitaria
acusa una necesidad más sentida y universal entre los cristianos. Como he
señalado anteriormente, el anonimato y la masificación de la gran ciudad
despierta la necesidad de vivir la fe en grupos de talla humana o en pequeñas
comunidades cristianas que sean de verdad misioneras en nuestro mundo.
240
Cfr. L. GEROSA, Carisma e diritto nella Chiesa (Milán 1989), p. 229.
La necesidad de que las estructuras de la Iglesia se renueven para
responder a los desafíos de una cultura urbana afecta primordialmente a la
Parroquia. De ella afirma Joan Bestard: “no puede ignorar la existencia de estos
grupos o comunidades de base, intermedios entre el individuo y ella misma. Tales
grupos o comunidades podrán ser un elemento revitalizador de la vida parroquial,
ya que en las parroquias urbanas es muy difícil que madure una verdadera
conciencia comunitaria si no es a nivel de estos grupos de talla humana. Las
pequeñas comunidades pueden dinamizar la vida parroquial y, a la vez, la
parroquia puede coordinar y relacionar a estas comunidades entre sí, para que no
se queden encerradas en horizontes demasiado estrechos o narcisistas. En estas
pequeñas comunidades, el hombre urbano encuentra una manera eficaz de
profundizar su experiencia cristiana, que es esencialmente personal y, al mismo
tiempo, esencialmente comunitaria”241.

Efectivamente, ante la aldea global de McLuhan, la Parroquia está llamada


a transformarse en una aldea celeste, con una nueva estética: un catecumenium,
con espacios modernos para el culto y para la vida de las pequeñas comunidades,
un modelo social más humano, capaz de abrir espacios para una nueva cultura.
Aquí hay que situar la urgente necesidad para la evangelización del
Catecumenado tal y como se pidió en el Congreso sobre Parroquia
evangelizadora: “Necesitamos experimentar y encontrar verdaderos
catecumenados para personas realmente alejadas. Procesos capaces de conducir
de la no fe a la fe, del alejamiento a la comunidad, del vacío a la experiencia
religiosa, de la indiferencia a la seducción por Jesús”242.

Para que las parroquias sean verdaderas comunidades cristianas, el Papa


Juan Pablo II pide que “las autoridades locales favorezcan: a) la adaptación de la
estructuras parroquiales con la amplia flexibilidad que concede el Derecho
Canónico, sobre todo promoviendo la participación de los laicos en las
responsabilidades pastorales; b) las pequeñas comunidades eclesiales de base,
también llamadas comunidades vivas, donde los fieles pueden comunicarse
mutuamente la palabra de Dios y manifestarse en el recíproco servicio y en el
241
Cfr. J. BESTARD, Desafíos de la realidad urbana a la parroquia: Sal Terrae (setiembre 1984), pp. 671-672.

242
Cfr. Congreso Parroquia Evangelizadora, (Madrid 1988). En la 1ª Ponencia del Congreso nos encontramos con una
lectura pastoral de los datos del análisis sociológico que se había hecho a partir de la encuesta preparatoria. Es muy significativo
reseñar la complementariedad que se ha ido produciendo en las parroquias de las diócesis españolas entre parroquia - pequeñas
comunidades y los movimientos apostólicos: “El sentido comunitario de la parroquia va en aumento: un 53% afirman que la
estructura general de la parroquia es comunitaria” (...) También crece el número de parroquias concebidas como una comunión
de pequeñas comunidades diversas o que de hecho albergan en su seno algún tipo de comunidades: populares (un 4,2%),
neocatecumenales (un 10%), y otras pequeñas comunidades (un 27%)”. Cfr. Congreso, p. 65. De cara a renovar nuestras
parroquias, se afirma que éstas “no pueden ponerse al servicio de la evangelización, si no van transformándose de centros de
servicios religiosos en comunidades vivas de creyentes, es decir, en ámbitos donde los cristianos puedan vivir realmente la
experiencia de la fraternidad cristiana” (Ibid, p. 147). Ver J. HIGUERAS, Hacia la parroquia del Tercer Milenio (Madrid
2000).
amor; estas comunidades son verdaderas expresiones de la comunión eclesial y
centros de evangelización, en comunión con sus pastores”243.

Ahora bien, este nuevo modelo de Iglesia, que puede ser definido como
comunidad de comunidades, tiene sus riesgos y comporta interiormente sus
limitaciones244. De aquí la importancia de la Parroquia como lugar de comunión.
La Parroquia concebida como comunidad de comunidades se situaría en la línea
del ministerio de la unidad y de la comunión, siendo ella misma garantía de la
intercomunión entre diversas comunidades eclesiales. Puesta a su servicio, está
llamada a ofrecerles, además del lugar de culto, locales adecuados para sus
reuniones y una estructura básica capaz de coordinar iniciativas y hacer efectivo
un trabajo común. La Parroquia así concebida será la encargada de evitar la
disgregación de los grupos, pero sin imponerles una disciplina monovalente.

Esta perspectiva de comunión, como muy bien ha señalado el Papa Juan


Pablo II, “está estrechamente unida a la capacidad de la comunidad cristiana para
acoger los dones del Espíritu. La unidad de la Iglesia no es uniformidad, sino
integración de las legítimas diversidades” (NMI, nº 46). La existencia de las
comunidades dentro de la Parroquia en forma de pequeñas iglesias locales
facilitará la fermentación cristiana de los miembros por la evangelización más
honda, y tendrá más consistencia la participación de los fieles.

El Sínodo que reflexionó sobre la vocación y misión de los fieles laicos en


la Iglesia y el mundo, y que lo hizo a la luz de la eclesiología de comunión afirma
de las pequeñas comunidades que “dentro de algunas parroquias, sobre todo si
son extensas y dispersas, las pequeñas comunidades eclesiales pueden ser una
ayuda notable en la formación de los cristianos, pudiendo hacer más capilar e
incisiva la conciencia y la experiencia de la comunión y de la misión eclesial”245.

243
Cfr. Christifideles laici, nº 26. Algunos años más tarde, en 1991, Juan Pablo II sostendrá que “estas comunidades
descentralizan y articulan la comunidad parroquial a la que permanecen siempre unidas, se enraízan en ambientes populares y
rurales, convirtiéndose en fermentos de vida cristiana, de atención a los últimos, de compromiso en pos de la transformación
de la sociedad. En ellas cada cristiano hace una experiencia comunitaria, gracias a la cual también él se siente elemento activo,
estimulado a ofrecer su colaboración en las tareas de todos. De este modo, las mimas comunidades son instrumento de
evangelización y de primer anuncio, así como fuente de nuevos ministerios”. Cfr. Redemptoris missio, nº 51.

244
Mons. RICARDO BLÁZQUEZ las ha señalado: “1ª) Cada comunidad no puede estar desconectada de otras comunidades
ni de la Iglesia universal; 2ª) La vida eclesial en comunidad pequeña no puede llevar consigo una automarginación de la vida
pública; 3ª) Puede existir el peligro de que la intensidad de la vida comunitaria asfixie a la persona”. Cfr. Jesús sí, la Iglesia
también, pp. 312-313. En esta perspectiva ver la profunda reflexión de I. ZIZIOULAS, El ser eclesial. Persona, comunión,
Iglesia ( Salamanca 2003).

245
Cfr. JUAN PABLO II, Christifideles laici. Los fieles cristianos, nº 61. En el Mensaje final el Sínodo había recogido la
definición de nueva parroquia como comunidad de comunidades. Cfr. Mensaje de los padres sinodales al Pueblo de Dios, nº
10: Vida Nueva, nº 1606/7 (7/14 noviembre de 1987), p. 69.
La Parroquia podrá llamarse y ser en verdad comunidad de comunidades si
es capaz de crear a su alrededor todo un tejido de grupos de talla humana
adecuadamente interrelacionados entre sí y con ella misma. Esta nueva
concepción de Parroquia ya ha sido asumida por la CEE: “La concepción de la
parroquia como comunidad de comunidades nos parece, a la vez perfectamente
viable, sumamente adecuada a los condicionamientos del hombre y de la sociedad
de hoy, y extraordinariamente beneficiosa para el crecimiento profundo y
verdadero de la Iglesia. Decimos esto teniendo presentes los resultados de las ya
numerosas experiencias constatadas así como las excepcionales condiciones que
las pequeñas comunidades están mostrando para estimular la autenticidad y la
comunión eclesial”246.

Ciertamente, nos encontramos en un momento de transición, de una Iglesia


de masas a una Iglesia comunidad de creyentes que optan por la fe personal y
libremente en un mundo secular. La tensión es por tanto inevitable, pero hay que
tener en cuenta, como sostiene J. Bestard, que “hoy día no es conveniente plantear
la opción pastoral, a nivel de comunidades, en sentido disyuntivo (o comunidades
o parroquia). Lo que importa es saber conjugar ambas posibilidades, sin excluir
que pueda haber pequeñas comunidades, incluso extraparroquiales, que conecten
con el Consejo Arciprestal de Pastoral o, en su ausencia, con otras instancias
diocesanas que les permita caminar y desarrollarse como Iglesia, de cuya unidad
es servidor el Obispo”247. Ahora bien, K. Rahner sostiene que “si las comunidades
de base se van convirtiendo paulatinamente en los elementos fundamentales
insustituibles de la Iglesia del Obispo, la Iglesia del Obispo tiene la tarea y el
deber de impulsar y contribuir según sus fuerzas a la formación de esas
comunidades y a su tarea misionera”248.

A esta nueva comprensión eclesiológica ha contribuido sin duda alguna la


praxis eclesial y pastoral de las parroquias que albergan en su seno Comunidades
Neocatecumenales. Hay parroquias que cuentan con más de 30, 28, 20, 18, y 15
comunidades. La armónica coexistencia entre vida parroquial y desarrollo del
itinerario neocatecumenal ha hecho comprender que cuando no se plantean los
conflictos en términos disyuntivos, la Parroquia ofrece al Neocatecumenado el
ámbito natural para que desde él se “eduque a la vida comunitaria de modo

246
Cfr. Servicio pastoral a las pequeñas comunidades cristianas, nº 46. Ver también La catequesis de la Comunidad, nº 280.

247
Cfr. J. BESTARD, art. cit., p. 664.

248
Cfr. Cambio estructural de la Iglesia (Madrid 1974), p. 140. Ya por aquellos años el teólogo alemán hacía este tipo de
afirmaciones: “La Iglesia del futuro deberá construirse y crecer desde su base natural comunitaria. ´Iglesia desde la base`,
fundamentada en auténticas ´comunidades de base`, de libre iniciativa y asociación, unidas en comunión con el Obispo y con
la Iglesia particular diocesana” (pp. 140-145).
gradual y consciente mediante la inserción en una pequeña comunidad abierta a
la vida de la comunidad parroquial y de toda la Iglesia” (SCN, art. 15&1).

Estoy convencido de que hoy lo importante, en palabras de Juan Pablo II

249
no es tanto hacer “programas nuevos” , cuanto vivir la novedad

permanente del evangelio y orientar nuestros esfuerzos a lo nuclear de la vida


cristiana: el encuentro con Cristo. Como nos ha recordado recientemente el Papa
Benedicto XVI “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran
idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un

250
nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” . Para

este encuentro se necesita la mediación de la sacramentalidad del –Cuerpo de


Cristo que es la Iglesia.

En el horizonte del tercer milenio se vislumbra ya un nuevo rostro de


Iglesia, una nueva forma de vivir la existencia cristiana, en pequeñas
comunidades viviendo los signos queridos por Jesús, el Amor: “En esto
conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros”
(Jn 13,35) y la Unidad: “Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno,
y el mundo conozca que tú me has enviado” (Jn 17, 22). Ambos signos, serán luz
para las gentes y sacramento de salvación para todos.

Desde el Vaticano II, hemos visto a lo largo de este curso, se está


imponiendo en la Iglesia, por la fuerza de la situación socioeclesial y también,
como un nuevo signo de los tiempos, un talante evangelizador, catecumenal y
comunitario. Se es cada vez más consciente de que la nueva evangelización sólo
puede llevarse a cabo con la recuperación del catecumenado y la dinámica

249
Cfr. JUAN PABLO II, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte (6-1-2001), nº 29.
250
Cfr. Carta Encíclica Deus caritas est (25-12-2005), nº 1
catecumenal, como el medio más apto y probado para la iniciación y reiniciación
cristiana y para la renovación en autenticidad de la comunidad cristiana.

Al terminar este curso sobre la pastoral catecumenal y comunitaria hoy, en


nuestra Iglesia Católica, quiero rendir un sincero homenaje al profesor Casiano
Floristán (ya fallecido) que tanto ayudó a la comprensión de esta institución
eclesial desde su cátedra de Teología Pastoral en el Instituto de Pastoral ubicado
en Madrid. Él ha sido el teólogo pastoralísta que más ha contribuido con su
palabra (magisterio) y escritos (teología) a la implantación del catecumenado en
España y a la renovación tanto de la teología pastoral como de la teología
práctica. Suyas son estas palabras escritas en 1968, que siguen conservando
todavía hoy su intuición profética: “Las comunidades cristianas básicas del
futuro, constituidas por un número reducido de fieles, sólo podrán ser sostenidas
y desarrolladas a través de una seria iniciación cristiana. Nuestras actuales
asambleas dominicales languidecen porque no están formadas por verdaderos
fieles, es decir cristianos que han superado las etapas clásicas del
precatecumenado, catecumenado y neofitado. En la Iglesia primitiva se bautizaba
a los convertidos; hoy tenemos que convertir a los bautizados. Con todo, el
tratamiento pastoral catequético de los adultos convertidos, sean no bautizados o
bautizados, parece ser fundamentalmente idéntico: necesitan un catecumenado.
La catequesis, del mismo, ha de ser similar. Únicamente varían los ritos litúrgicos

251
de las etapas catecumenales” .

El Concilio Vaticano II pidió la restauración del Catecumenado. La Iglesia


en España ha vivido, durante estos 44 años (1964-2008), un tiempo de ensayo en
el terreno pastoral, muy rico en experiencias catecumenales y comunitarias. Los
papas y nuestros obispos han orientado, desde su magisterio, el desarrollo, la
maduración y su inserción armónica en la comunión de las diócesis y de la Iglesia
Universal. Toca ahora, después de este éxodo pastoral, valorar y discernir los
frutos para que, como en la parábola del árbol fecundo (Mt 7,16-20: “por sus
frutos los reconoceréis”), las realidades eclesiales que han cuajado en una vida
rica en frutos espirituales y pastorales, sigan dando más fruto y, también, para que
iluminados con la parábola de la vid y los sarmientos (Jn 15,2: “lo limpia para
que de más fruto”), los brotes que necesiten aún de una poda necesaria sean
podados, para que den mejores frutos.
251
Cfr. El Catecumenado actual: Pastoral Misionera 4 (1968), pp. 534 y 550.
II. EL RITUAL DE INICIACIÓN CRISTIANA DE ADULTOS
(RICA): UN CAMINO HACIA EL BAUTISMO POR ETAPAS

1. Líneas generales del RICA

El RICA, como muy bien pone de manifiesto sus prenotandos252, no sólo


ofrece los ritos propios del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, sino que
además presenta "todos los ritos del Catecumenado, que probado por la más
antigua práctica de la Iglesia, corresponde a la actividad misionera de hoy"
(RICA, nº 2). De ahí que el documento conciliar que mejor ha explicitado la
naturaleza y el espíritu del Catecumenado haya sido el Decreto sobre la actividad
misionera de la Iglesia (Ad Gentes).

A propósito de la conversión inicial suscitada por la precatequesis, el nº 13


describe ya lo que debe ser el Catecumenado: "Por la acción de la gracia de Dios,
el neoconverso inicia un camino espiritual por el que, participando ya por la fe
del misterio de la muerte y resurrección pasa del hombre viejo al hombre nuevo
perfecto en Cristo. Este paso lleva consigo un cambio progresivo de sentimientos
y costumbres, debe ponerse de manifiesto en sus consecuencias sociales y
desarrollarse en el tiempo de Catecumenado".

En el nº 14 se vuelve a tomar y desarrollar esta perspectiva en


términos más concretos:
"Los que han recibido de Dios la fe en Cristo por la Iglesia, deben ser admitidos
con ceremonias litúrgicas al Catecumenado; éste no es una mera exposición de
dogmas y preceptos, sino la formación y el noviciado debidamente prolongado
de toda la vida cristiana, en que los discípulos se unen a Cristo, su Maestro. Por
lo tanto, hay que iniciar adecuadamente a los catecúmenos en el misterio de la
salvación, en la práctica de las costumbres evangélicas y en los ritos sagrados que
deben celebrarse en tiempos sucesivos, e introducirlos en la vida de la fe, la
liturgia y la caridad del Pueblo de Dios".

A la luz de estos dos textos conciliares percibimos con claridad los


sustantivos empleados para definir el Catecumenado. En el nº 13, los términos
itinerario, paso, cambio progresivo, insisten más bien en el aspecto de la
educación: ésta es una marcha, un avance, un progreso que hace pasar poco a

252
"Los praenotanda representan un reflexión particularmente amplia y son indispensables para la comprensión del Rito;
constituyen una especie de tratado teológico-litúrgico sobre la misión iniciadora de la Iglesia y sobre los fundamentos de la iniciación
cristiana y catequético-pastoral para valorar debidamente el Rito de la iniciación cristiana de adultos y su condición de modelo". Cfr.
C. ROCCHETTA, o. cit., p. 51.
poco de un estado de vida a otro. Las palabras del nº 14, formación y noviciado
de vida, aprendizaje prolongado, iniciación, subrayan sobre todo el aspecto
vivencial y comunicacional de esta educación. En el fondo de estos textos late la
comprensión de una pedagogía que se atiene a los ritmos de crecimiento propios
de la naturaleza. Si todo crecimiento vital es progresivo, es decir se realiza en el
tiempo, franqueando ciertas etapas características, la iniciación catecumenal, que
es "formación y noviciado debidamente prolongado de toda la vida cristiana"
(AG, nº 14), tampoco escapa a esta tendencia.

En el Ritual aparece perfectamente recogido este espíritu del texto


conciliar. M. Dujarier afirma que "éste presenta una doble originalidad:
considera la iniciación como un itinerario por etapas y es un instrumento al
servicio de una educación vital"253. El Ritual se presenta como un camino
espiritual que se recorre gradualmente para la maduración de la fe y la conversión
desde dos aspectos fundamentales:

a) La expresión litúrgica de la formación y la maduración en la fe.


Presupone una doble perspectiva doctrinal y moral.

b) La progresión manifestada en unos momentos rituales determinados,


auténticos ritos de paso que expresan además de la progresiva maduración
personal del convertido, el reconocimiento y la acogida cada vez mayor, tanto de
Dios como de la Iglesia.

Estos umbrales permiten dividir el período de la iniciación en tiempos


determinados a los que accede al cruzar esas etapas rituales y que suponen un
progreso con respecto a tiempos anteriores (RICA, nº 6).

2. Estructura de la Iniciación Cristiana de los adultos

La estructura de iniciación que resulta de esta graduación progresiva es


presentada sumariamente en los prenotandos del Ritual, para luego recibir su
tratamiento litúrgico en el capítulo Iº.

Consta de cuatro tiempos o períodos (RICA, nº 7):

253
Cfr. Iniciación cristiana de adultos, p. 21. Para una mayor profundización sobre diversos aspectos del RICA ver los siguientes
artículos en el nº 88 de Ephemerides Liturgicae de 1974: A. NOCENT, L´Ordo initiationis christianorum: lignes theologico-
liturgiques du Catéchumenat, pp. 163-173; B. CARDINALI, Linee catechetico-liturgiche del rito dell´iniziazione cristiana degli dulti
per una valorizzazione critica della sua indole pastorale, pp. 192-209; JESÚS LÓPEZ GAY, Liturgia y misión, pp. 221-231; ver
también en el nº 69 de la Rivista Liturgica del año 1979, los artículos de: A.M. TRIACCA, Struttura e linee-forza: dal l´analisi alla
sintesi, pp. 425-436; F. BROVELLI, Per introdurre alla Chiesa oggi. Problematica ecclesiologica del "Rito dell´Iniziazione cristiana
degli adulti", pp. 437-455; L. DELLA TORRE - D. SARTORE, Considerazioni pastorali sui capitoli IV e V del "rito dell´Iniziazione
cristiana degli adulti", pp. 471-493.
1. El Precatecumenado, dedicado a la primera evangelización.

2. El Catecumenado, dedicado a la catequesis integral. Dura varios años.

3. La Purificacion e Iluminación, dedicado a propiciar una preparación más


intensa de los sacramentos. Dura el tiempo de la Cuaresma.

4. La Mystagogia, dedicado a gustar los frutos del Espíritu y facilitar el


encuentro del neófito con la comunidad de los fieles. Dura el tiempo Pascual.

Con tres grados o etapas litúrgicas que marcan el final de un período y


comienzo del siguiente (nº 6):

a) El Rito de Entrada en el Catecumenado, en virtud del cual el convertido


es recibido en la Iglesia como catecúmeno.

b) El Rito de la Elección, por el cual, el catecúmeno es elegido y admitido


para los sacramentos.

c) La Celebración de los Sacramentos de Iniciación, donde el elegido


comienza a ser cristiano.

Esta estructura que ofrece el Ritual nos da la posibilidad de considerar


desde una visión más amplia el camino espiritual de crecimiento en la fe, de esta
manera podemos englobar y comprender estos tiempos y estos grados, como las
vértebras de tres grandes niveles de progresión en la fe que son descritos por M.
Dujarier de la siguiente manera: el despertar a la fe, la educación de la fe y la
consagración de la fe254. Se formularía así: 1. EL DESPERTAR EN LA FE: a)
Tiempo: Precatecumenado. b) Grado: Rito de Entrada en el Catecumenado; 2. LA
EDUCACIÓN EN LA FE: a) Tiempo: Catecumenado. b) Grado: Rito de la
Elección; 3. LA CONSAGRACIÓN EN LA FE: a) Tiempo: Purificación -
Iluminación y Mystagogia; b) Grado: Celebración de los sacramentos,
incorporación a la comunidad y vivencia comunitaria de la Eucaristía. Y habría
un cuarto nivel ulterior, al finalizar el tiempo de la Mystagogia, que sería el de la
TESTIFICACIÓN DE LA FE cuyo tiempo englobaría toda la existencia cristiana
y la graduación en la maduración permanente de la fe vendría jalonada por la
vivencia de los sacramentos de la Iglesia255 y los tiempos del Año litúrgico.

254
Para esta comprensión de la estructura de iniciación ofrecida por el RICA, tengo en cuenta, con cierta libertad, la descripción
hecha por M. Dujarier. El utiliza la terminología "período" y "etapa", nosotros utilizaremos la empleada en la edición en castellano
del Ritual: "tiempo" y "grado". Cfr. M. DUJARIER, o. cit., pp. 22-27.
255
Este último nivel es añadido por mí. Para B. CARDINALI, "las cuatro etapas de esta pedagogía progresiva se califican como
anuncio (= evangelización: precatecumenado), formación (= catecumenado), renovación (= purificación-iluminación), profundización
(= mistagogia)”, en art. cit., p. 196.
3. El itinerario catecumenal del Ritual

El Ritual habla de cuatro tiempos o etapas de la iniciación cristiana,


separadas por tres ritos principales: la entrada en el Catecumenado, la llamada
decisiva y la celebración sacramental en la noche pascual. Veamos a la luz de los
prenotandos cómo aparecen descritas las etapas catecumenales:

1º) El tiempo de la evangelización y el Precatecumenado (nnº 9-13)

Es el tiempo de la primera evangelización (nº 7), donde se anuncia


abiertamente y con decisión al Dios vivo y a Jesucristo (nº 9), para que broten la
fe y la conversión inicial o para que madure la verdadera voluntad de seguir a
Cristo y de pedir el Bautismo (nº 10). En esta etapa, el catecúmeno se enfrenta
con el problema de la conversión y quiere hacerse cristiano (nº 6). Durante este
período, los candidatos se llaman simpatizantes o precatecúmenos. Es un tiempo
de contactos, diálogo y primeros descubrimientos de tipo informal, en el que
deben prevalecer la sinceridad y la libertad (nnº 9-13). Termina este período con
el ingreso en el grado de catecúmenos (nº 7).

2º) El tiempo del Catecumenado (nnº 14-20)

El segundo tiempo, que comienza con el rito llamado Entrada en el


Catecumenado (nnº 14.50.65.68) y acaba el día de la elección. Es la etapa de la
catequesis integral (nº 7), progresiva, organizada y completa, acompañada de una
praxis de la caridad, dentro del marco de las celebraciones de la palabra en orden
a una educación penitencial y eucarística, de exorcismos menores para recalcar
una vida de ruptura, de opción y de lucha, y de bendiciones con objeto de
reconocer el valor de la paz y de la acción de gracias. Es un tiempo prolongado,
en que los candidatos reciben la instrucción pastoral, mediante cuatro caminos:
una catequesis apropiada, los ritos litúrgicos oportunos y el testimonio de vida
con la profesión de la fe (nº 19).

Con la entrada en el Catecumenado, el candidato ya es cristiano, aunque


todavía sea catecúmeno; tiene derecho a participar en la Liturgia de la Palabra, en
los sacramentales, en el matrimonio y en los funerales de la Iglesia (nº 18). El
Catecumenado, en su preparación remota, puede durar varios años (nº 7).

3º) El tiempo de Purificación e Iluminación (nnº 21-26)

La última preparación es una etapa bastante más breve, que de ordinario


coincide con la preparación cuaresmal a la Pascua. Es tiempo para renovar a la
comunidad de los fieles junto con los catecúmenos por la liturgia y a la catequesis
litúrgica mediante el recuerdo o la preparación del Bautismo, y por la Penitencia
(nº 21). Su objetivo es proporcionar una preparación espiritual más intensa (nº
7).

Mediante el rito de la elección de los candidatos al próximo Bautismo o


inscripción de los nombres, con el que comienza el tiempo de Purificación e
Iluminación (nº 21), los catecúmenos se llaman elegidos, competentes o
iluminados. La elección se realiza a través de la comunidad; ha de coincidir con
la opción fundamental por parte del candidato. Tienen lugar en esta etapa los
escrutinios, las entregas del Símbolo y del Padre Nuestro, devoluciones y
unciones. Termina este tiempo con el Bautismo, Confirmación y primera
Eucaristía del catecúmeno en la Vigilia pascual o con la Penitencia y la Eucaristía
en un proceso de re-iniciación.

4º) El tiempo de la Mystagogia o etapa pascual (nnº 37-40)

Consiste esta etapa en experimentar, con gusto, alegría y sabiduría, el


sentido de la vida de fe, la significación de los símbolos sacramentales y las
relaciones adquiridas en comunidad. En esta etapa los bautizados se llaman
neófitos. El Ritual dice que se dedique este tiempo a gustar de los frutos del
Espíritu y a estrechar más profundamente el trato y los lazos con la comunidad
de los fieles (nº 7). En resumen, es tiempo de adquirir una nueva experiencia de
los sacramentos y de la comunidad . Convencidos de que la inteligencia más
plena y fructuosa de los misterios se adquiere con la renovación de las
explicaciones y sobre todo con la recepción continuada de los sacramentos (nº
38). De ahí que como la índole y la fuerza de esta etapa procede de la experiencia
personal y nueva de los sacramentos y de la comunidad, el principal lugar de la
lo constituyen las llamadas , o sea, las Misas
de los Domingos del tiempo pascual" (nº 40).

A modo de gráfico, el itinerario catecumenal del RICA quedaría así (ver la


tabla 2ª).

4. La aplicación del Catecumenado por etapas a la Iniciación Cristiana de Adultos


bautizados

Ha sido J. A. Vela, en la que fuera su Tesis Doctoral256, quien mejor ha


estudiado las repercusiones teológico-pastorales que se desprenden de un
conocimiento profundo de la génesis del RICA y de su contenido. El autor se
propone como objetivo mostrar "la repercusión del RICA en el campo pastoral
256
Lleva por título Reiniciación cristiana, respuesta a un bautismo "sociológico". Contribución a un estudio de la Estructura
Pastoral de la Reiniciación, a partir del Capítulo IV del OICA.
de la reiniciación cristiana, a partir de los Praenotanda del Capítulo IVº"257. La
finalidad, por tanto, que persigue el autor es la de reflexionar sobre la analogía -
diferencia y semejanza- entre el camino iniciatorio, propuesto por el Capítulo Iº
del RICA con sus Praenotanda, y el reiniciatorio indicado por el Capítulo IVº.
Una vez que fundamenta la "necesidad de una reevangelización de los
bautizados" en la Iglesia de hoy, J. A. Vela desarrolla cómo "el RICA,
especialmente en sus capítulos IVº y Vº, ofrece posibilidades concretas para
intentar un camino de reiniciación para los bautizados"258.

En estas últimas décadas, se puede decir que la Iglesia ha ido tomando


conciencia de que junto a la iniciación estricta de adultos convertidos no
bautizados, aparece modernamente la necesidad de un Catecumenado con adultos
bautizados en su infancia, alejados posteriormente (o desde siempre) de la fe y de
nuevo convertidos, que desean recorrer un camino de descubrimiento,
maduración y fundamentación de la fe cristiana recibida pero no experimentada,
descubierta pero aún por experimentar. Más aún, recientemente un experto en
pastoral catecumenal como Henri Bourgeois ha llegado a afirmar que "hay que
reconocer que la conciencia bautismal es, la mayoría de las veces, poco
viva"259entre los cristianos. De hecho, una nota característica del tiempo
postconciliar es la progresiva toma de conciencia de que es preciso evangelizar a
los bautizados. El problema es afrontado con carácter de urgencia y con
tratamiento catecumenal, así lo expresan dos documentos importantes de estos
dos últimos decenios: "La evangelización de los no creyentes presupone la
autoevangelización de los bautizados y también de los mismos diáconos,
presbíteros y obispos"260. Y también: "Puede servir de ayuda, como han dicho los
Padres sinodales, una catequesis posbautismal a modo de Catecumenado, que
vuelva a proponer algunos elementos del Ritual de la Iniciación Cristiana de
Adultos, destinado a hacer captar las inmensas riquezas del Bautismo ya
recibido"261.

Es importante subrayar que a lo largo de estos últimos años, teólogos


pastoralistas han venido fundamentado la viabilidad de una aplicación analógica
del RICA para la iniciación cristiana postbautismal de adultos no iniciados.
También las mismas conferencias episcopales europeas han hablado de la
257
Ibid., p. 32.
258
Ibid., pp. 75-103. Esta "tesis" la desarrolla también C. ROCCHETTA, para quien "las posibilidades de utilización del RICA
en el mencionado sentido son múltiples y diversas. Se puede pensar, por ejemplo, extendiendo eventualmente sus aplicaciones, en el
itinerario propuesto en el capítulo IV del Rito para adultos, en la perspectiva de una pedagogía de recuperación y fundamentación de
la vida cristiana destinada a los adultos ya bautizados, pero indiferentes o inmaduros para asumir su fe". Cfr. Cómo evangelizar hoy
a los cristianos, p. 111. Ver también: L. DELLA TORRE - D. SARTORE, Considerazioni pastorali sui capitoli IV e V del Rito
dell´iniziazione cristiana degli adulti, pp. 471-493.
259
Cfr. “Pastoral catecumenal y conciencia bautismal en Europa”, en CONFERENCIA EUROPEA DE CATECUMENADO,
Los comienzos de la fe. Pastoral Catecumenal en Europa Hoy, p. 37.
260
Cfr. SÍNODO 1985, Relación final, II,B,a,2. Ed, B.A.C., Madrid 1985, pp. 12-13; ver Medellín VIII, nnº 3,7,9 y 17; DCG ,
nº19; EN, nnº 44 y 52; CT, nº 44; Puebla, nnº 461, 1007 y 1008.
261
Cfr. Exhortación Apostólica de JUAN PABLO II, Christifideles laici. Los fieles laicos, nº 61.
necesidad del Catecumenado postbautismal. Y para constatar la vigencia y
actualidad de esta preocupación pastoral en que la catequesis tenga esta impronta
catecumenal, en el comunicado del Congreso catequístico internacional
celebrado en Roma los días 14 al 17 de octubre de 1997 se afirma: "La actividad
catequística de nuestro tiempo debe subrayar el carácter y la inspiración
catecumenal propios de la catequesis. Si la missio ad gentes es paradigma de toda
la actividad evangelizadora en cada uno de sus diversos momentos, el
Catecumenado bautismal es modelo e inspiración de la actividad catequizadora
particularmente con referencia a la catequesis de iniciación"262.

a) Las posibilidades que ofrece el RICA para un camino de reiniciación de


los bautizados

Todos los estudiosos del RICA coinciden en señalar que la aparición de


este Ritual ha representado para toda la pastoral de educación de la fe en la Iglesia
un punto fundamental. Para L. Della Torre "desde la publicación del ORDO se
ha acelerado en la Iglesia una reflexión que ha llevado a afirmar una perspectiva
catecumenal -podríamos decir iniciática- en las actividades catequísticas y
formativas"263. El RICA desde su aparición pasa a ser considerado como Ritual
Tipo o Forma Típica de la iniciación a la fe y a la vida de la Iglesia264, como
Paradigma para el orden eclesial265, uno de los acontecimientos más importantes
en el orden pastoral y ritual del post-Concilio, una de las expresiones más
singulares del camino de la comunidad cristiana a la luz del actual contexto
eclesial. Para J.A. VELA la razón es simple: "Se convierte en el instrumento
concreto para poder realizar de hecho el camino catecumenal en nuestros tiempos,
haciendo unas síntesis entre las instituciones del Catecumenado antiguo y los
grandes principios cristológicos y eclesiales del Vaticano II, uniendo el elemento

262
Cfr. Comunicado del Congreso catequístico internacional sobre "La fe de la Iglesia y su misión evangelizadora":
L´Osservatore romano (7 de noviembre de 1997) [ed. en español], p. 8.
263
Cfr. Balance de las aplicaciones del OICA, p. 229. L. DELLA TORRE constata el hecho de que "muchos sacerdotes no
conocen siquiera su existencia o no lo han tenido jamás entre sus manos. Tal es el juicio recogido entre algunos catequistas itinerantes
de las comunidades neocatecumenales, cuyos viajes cubren toda Europa, casi toda América y gran parte de Asia. A fin de legitimar y
exponer su propuesta de un itinerario de fe progresivo para los adultos bautizados, ellos se refieren al ORDO, con lo cual han tenido
ocasión de hablar sobre el tema con obispos y párrocos. Incluso donde está vigente la institución catecumenal, el problema parece
afectar únicamente a los sacerdotes y catequistass que se dedican a ella; los demás agentes pastorales no se sienten interesados" (p.
228). Para una mayor ampliación, ver: A. GIULIANI, Il catecumenato: volto nuovo della Chiesa: Via, Verità e Vita 130 (1990), pp.
45-46, y R. LAURITA, Il catecumenato in Europa e nel mondo, ibíd., pp. 65-72, ofrecen una breve reseña de las actuales utilizaciones
del RICA en la Iglesia.
264
Para una profundización en este aspecto, ver el Capítulo sexto del libro citado ya de C. ROCCHETTA: El RICA "forma tipo"
de "itinerarios catecumenales", pp. 97-112. El teólogo italiano sostiene que "a pesar de que ya han pasado más de veinte años desde
su promulgación, no se puede decir que esta dimensión del RICA haya sido realmente estudiada y valorada ni en el aspecto de la
reflexión y profundización teológico ni en el de la praxis y la vida de las comunidades locales" (p. 98).
265
Para D. BOROBIO, "el Ritual de la iniciación cristiana de adultos se convierte en paradigma de iniciación, es decir, en
modelo y ejemplar de la meta, los dispositivos y el proceso que, de u otra forma, antes o después, necesita cumplir toda iniciación
cristiana", aunque más adelante este autor manifiesta su perplejidad al confesar que "no deja de ser, por otro lado, una contradicción
el que precisamente este Ritual esté, hoy por hoy, condenado a ser un Ritual desconocido; un Ritual que, en el mejor de los casos
prestará un servicio a las comunidades neocatecumenales y de vez en cuando se aplicará en los casos de los adultos convertidos", en
Proyecto de Iniciación cristiana, pp. 120 y 126.
ritual con el camino de iniciación en un tiempo sucesivo, conforme a las
indicaciones de SC 64"266.

El RICA parece estar reservado exclusivamente sólo a los bautizados. En


efecto, éste es el primer destino del Ordo, que fue concebido como un itinerario
completo y orgánico de iniciación cristiana, expresión de una comunidad eclesial
que se prepara para poner en práctica la tarea central que le ha sido confiada: la
de engendrar a los hombres a la vida de Cristo en el Espíritu con la predicación
de la Palabra, el testimonio de la caridad y los sacramentos pascuales. Esta
finalidad inmediata, sin embargo, no excluye, sino que implica una segunda
finalidad, la de presentarse como una propuesta de reconstrucción de la fe y la
identidad cristiana, dirigida a los que, aun estando bautizados, necesitan recorrer
el itinerario del cristianismo de un modo nuevo y consciente. El propio RICA
deja entrever esta segunda finalidad cuando, después de haber dicho que el Rito
está dirigido en primer lugar a los no bautizados que, movidos por el Espíritu, se
abren a la fe y a los sacramentos de la iniciación cristiana (nnº 1-2), muestra que
también interesa, al mismo tiempo, a aquellos que, aun estando ya bautizados, no
han recibido ninguna catequesis y por ello no han sido admitidos a la
Confirmación ni a la Eucaristía (nº 295).

Este dato representa, dentro del RICA, una verdadera extensión en el


sentido y el uso del Rito completo. Una extensión autorizadamente confirmada
por la Congregación para el Culto Divino de entonces. Al planteársele una
pregunta precisa, según hemos comprobado al exponer la influencia de la praxis
del Camino Neocatecumenal en el RICA, la Congregación admitió, de hecho, la
legitimidad de una extensión del capítulo IVº a otros casos de preparación
sacramental, aunque los destinatarios hubieran recibido ya el Bautismo. En
el comentario a esta "respuesta-oficial", ya vimos como Pasqualetti destacaba -
entre otras cosas- que la extensión se puede referir:

- a los niños bautizados, con ocasión de la catequesis de admisión a los


sacramentos de la Confirmación y la Eucaristía;
- a los que, aun habiendo recibido los sacramentos de la Confirmación y de
la Eucaristía, han abandonado después la práctica religiosa y desean
retornar a ella;
- a los que, en la práctica de la vida cristiana, desean profundizar en su fe.

Y si en estos casos, como precisa la Congregación para el Culto Divino, es


oportuno evitar la expresión de Catecumenado y catecúmeno, no parece que haya
ningún problema en utilizar, en un sentido analógico, el adjetivo catecumenal y
la expresión más general de itinerarios catecumenales, basándose en la

266
Cfr. Reiniciación cristiana..., pp. 86-87.
semejanza objetiva existente entre las dos situaciones desde un punto de vista
psicológico267.

Las Conferencias Episcopales Nacionales, una vez traducido y publicado


el RICA en las diversas lenguas, así lo han comprendido y por ello han venido
señalando las posibilidades que el nuevo Ritual ofrece de cara a una reiniciación
con los adultos. Para la Conferencia Episcopal italiana, el gran valor del RICA es
el de ser una forma típica para la formación cristiana268. Para la Comisión
Litúrgica de la Conferencia Española, el RICA será especialmente útil para
profundizar la vida cristiana, renovando los compromisos de la fe y el Bautismo
en un camino neocatecumenal. El RICA es una orientación valiosa, por su
organización y contenido, "para recuperar la dimensión catecumenal de la fe
cristiana", tal y como señalaba el Cardenal Jubany en la Nota introductoria a la
edición del Ritual en castellano269.

b) El Capítulo IVº del RICA delinea la posibilidad de un camino de


reiniciación para los bautizados

Los Praenotanda del RICA, junto con el Cap. Iº, representan el camino de
iniciación de los adultos al Bautismo. El Cap. IVº es un camino concreto de
iniciación a la Confirmación y Eucaristía de los adultos que, bautizados en la
infancia, no recibieron ninguna catequesis. Pero también se puede aplicar a casos
semejantes (nº 295): aquí tendrían cabida los diversos casos enunciados por EN
y CT de cristianos alejados, no practicantes, indiferentes.... La variedad de
situaciones entre los adultos bautizados -afirma D. Borobio- es muy grande, y
pueden distinguirse las siguientes:
"- Unos sólo recibieron el Bautismo, pero no la Confirmación ni la primera
Eucaristía.

267
"A la experiencia catecumenal acude una gran variedad de personas en situación de búsqueda con diversidad de necesidades
y experiencias. Los hay que, nacidos en el campo, han sido educados con poco o ningún contacto con la religión o con la Iglesia.
Otros han sido hechos cristianos de niños; quizá recibieron alguna instrucción en su niñez, pero llegaron a adultos con un sustrato
virtualmente no cristiano a comenzar un camino de fe. Hay otros cuyo camino es un nuevo comienzo después de haber permanecido
años lejos del cristianismo porque en la adolescencia abandonaron su religión infantil". Cfr. PETER BALL, “La conversión en las
iglesias de Europa”, en CONFERENCIA EUROPEA DE CATECUMENADO, Los comienzos de la fe. Pastoral Catecumenal en
Europa Hoy, p.17.Para conocer el "estado espiritual" de los que llaman a la Iglesia para iniciar un camino de fe, ver: HENRI
BOURGEOIS, Los que vuelven a la fe, Ed, Mensajero, Bilbao 1995.
268
Nota introductoria del RICA en la edición italiana: "Como es verdad que este libro más que un rito contiene un complejo
de reflexiones teológicas, de indicaciones pastorales y acciones litúrgicas que pueden ser de gran estímulo para la renovación pastoral
en acto en nuestras Iglesias". "Pretende precisamente hacer emerger la exigencia de una acción pastoral que conduzca al
descubrimiento y a la conciencia progresiva y personal de la propia fe, mediante una catequesis permanente o itinerario de tipo
catecumenal". "Tenemos a disposición un ORDO con valor de forma típica para la formación cristiana". Cfr. Rito dell´iniciazione
Cristiana degli adulti, CEI (Roma, 1978), nnº 1-399 (comprende la Introducción a la iniciación cristiana de adultos, nnº 1-67, el Rito
completo de la iniciación, nn. 68-239, las fórmulas rituales alternativas, nnº 240-269 y los Textos a elegir para la celebración de la
iniciación cristiana de adultos, nnº 370-399). Cfr. el artículo de D. MOSSO, Il Rica nella Chiesa italiana: RL 66 (1979), pp. 417-424.
269
Cfr. COMISIÓN EPISCOPAL ESPAÑOLA DE LITURGIA: Ritual de la Iniciación Cristiana de adultos, Madrid 1976.Ver
también P- LLABRÉS, Celebración del neocatecumenado a partir del RICA: Phase 20 (1980), p. 296
- Otros recibieron el Bautismo y la Confirmación, o el Bautismo y la
primera Eucaristía.
- Otros recibieron los tres sacramentos de iniciación, pero ninguna
formación catequética.
- Otros recibieron una cierta catequesis en al escuela o parroquia pero luego
han venido a perder la fe, a caer en la indiferencia...
- La mayoría de estos bautizados han vivido como alejados, indiferentes o
increyentes"270.

Para ellos, lo mismo que para los catecúmenos, el Cap. IVº prevé una
preparación en el tiempo y una institución pastoral con una oportuna disciplina
(nº 296). Este Capítulo IVº, a diferencia de los otros, no es un Ritual, pues no
hace sino presentar una serie de orientaciones pastorales y litúrgicas, en continua
referencia implícita o explícita al Cap. Iº271.

Los principales responsables en la elaboración del RICA, Mons. Bugnini y


B. Fischer, entre otros, han resaltado la trascendental importancia pastoral que
este capítulo está llamado a tener. Según el