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Voluntad e Intelecto en Schopenhauer

1) Schopenhauer considera que la Voluntad es la esencia subyacente a todos los fenómenos y objetos. 2) Podemos acceder al conocimiento de la Voluntad a través del autoconocimiento, donde nos damos cuenta que nuestra esencia es el querer. 3) La Voluntad es un deseo insaciable e irracional que se objetiva en todos los seres vivos en su afán de vivir, lo que genera la lucha y el sufrimiento inherentes a la existencia.

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Voluntad e Intelecto en Schopenhauer

1) Schopenhauer considera que la Voluntad es la esencia subyacente a todos los fenómenos y objetos. 2) Podemos acceder al conocimiento de la Voluntad a través del autoconocimiento, donde nos damos cuenta que nuestra esencia es el querer. 3) La Voluntad es un deseo insaciable e irracional que se objetiva en todos los seres vivos en su afán de vivir, lo que genera la lucha y el sufrimiento inherentes a la existencia.

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BENEMÉRITA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA

FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS – COLEGIO DE FILOSOFÍA


ONTOLOGÍA CONTEMPORÁNEA – METAFÍSICA.
ALUMNO: RUPERTO GUEVARA AYALA.
Otoño 2021
Ensayo final.
El intelecto como problema en el concepto de Voluntad en Schopenhauer.

Todos los seres humanos quieren vivir: pero ninguno sabe por qué vive. 1 Este
aforismo retrata magistralmente la filosofía pesimista de Arthur Schopenhauer; pues, expresa
en pocas palabras, varias aristas temáticas importantes sobre el sistema filosófico del filósofo
de Danzig: por un lado, la esencia de la vida humana en su sentido más general, es decir, la
vida humana tomada en tanto que especie; por otro lado, nos expresa los conflictos de la
voluntad consigo misma: la lucha de todos contra todos -lucha entre las distintas
objetivaciones- y la lucha de querer y no-querer que se da interiormente en cada sujeto
particular; y por último, el problema del telos de la vida humana, es decir, ¿para qué vivimos?,
¿cuál es el sentido de la vida si estamos atrapados en el sufrimiento inevitablemente?.
El concepto kantiano de noumeno: para Kant, incognoscible y opuesto esencialmente
al fenómeno, cobra un sentido más amplio en la filosofía schopenahueriana. Para
Schopenhauer, aquello que se opone a los fenómenos –apariencias-, la cosa en sí kantiana,
recibe el nombre de Voluntad. La Voluntad es lo que subyace al fenómeno, nos remite a la
esencia de los objetos, es decir, nos remite al objeto independiente del sujeto -el objeto en sí
mismo-. En la filosofía kantiana es imposible acceder a la cosa en sí –Noumeno- , pero en el
planteamiento de Schopenhauer hay una forma de acceder y conocer a la Voluntad. En su
tesis doctoral sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente, Schopenhauer se
plantea un problema epistemológico que pretende servir de fundamento a todas las ciencias:
la importancia del principio de razón suficiente es grandísima, se le puede considerar como
el fundamento de todas las ciencias. Ciencia no es otra cosa que un sistema de
conocimientos2. El primer paso para resolver el problema –la pregunta ¿cómo conocemos?-

1 Schopenhauer, A. El arte de envejecer, aforismo 21, pág. 24.


2 Schopenhauer, A. Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente,§4, pág. 32.
es reconocer que el principio de razón suficiente no puede ser el mismo para todos los objetos,
pues, cada objeto conocido aparece de forma particular ante un sujeto cognoscente.
Schopenhauer reduce los objetos de conocimiento a cuatro especies diferentes: los
fenómenos sensibles, dados en el mundo de la representación; los conceptos abstractos, que
parten de la abstracción de los objetos sensibles; los entes abstractos puros, que no tienen un
fenómeno sensible, sino que solo aparecen en el entendimiento, y por último, el sujeto
volitivo, u objeto de autoconocimiento.
Es mediante el conocimiento del sujeto volitivo que podemos acceder a la esencia
intima no sólo del hombre, sino de todo cuanto existe. El conocimiento, para Schopenhauer,
no puede efectuarse sin un sujeto cognoscente y sin un objeto conocido, ambos son necesarios
para tener conocimiento, son inseparables. Aunque reciba el nombre de sujeto de volición,
Schopenhauer puntualiza que se trata de un objeto; a saber, se trata de conocer lo que está
detrás de nuestro cuerpo –representación-, esto es, la Voluntad. Schopenhauer sostiene que
tenemos dos tipos de autoconocimiento; un conocimiento externo en el que nos conocemos
en tanto cuerpo, manifestado como un fenómeno dentro del tiempo y el espacio, por tanto,
sujeto a las leyes físicas de la materia; y un conocimiento interior de nuestra esencia -que al
carecer de materia, solo está dada en el tiempo- en el cual, nos conocemos a nosotros mismo
en tanto cosa en sí.
La última clase de objetos de la facultad representativa es de una naturaleza
puramente particular, pero muy importante: no constituye más que un solo objeto
para cada individuo, a saber: el objeto inmediato del sentido interno, el sujeto de
volición, que es objeto para el sujeto cognoscente, y a decir verdad, sólo se da al
sentido interno, y por eso, sólo aparece en el tiempo, no en el espacio [...] Todo
conocimiento supone ineludiblemente sujeto y objeto; de ahí que la conciencia de
nosotros mismos no sea absolutamente simple, sino que se divide, al igual que la
conciencia de las demás cosas, en un conocido y cognoscente. Aquí se nos aparece
ahora lo conocido completa y exclusivamente como voluntad.3

3 Ídem. §41, pág. 202.


Al tener un conocimiento de nuestra esencia –y por consiguiente la esencia de todas
las cosas- no sólo comprendemos que en nuestro interior subyace la Voluntad, sino que
también, la naturaleza de la Voluntad: un querer insaciable, un cúmulo infinito de deseos.
Partiendo del conocimiento, se puede decir que “yo conozco” es una proposición
analítica; por el contrario, “yo quiero” es una proposición sintética a posteriori, a
saber, dada por la experiencia interna. Dentro de estos límites, sería para nosotros el
sujeto del querer un objeto. Si miramos dentro de nosotros mismos, nos vemos
siempre queriendo. Sin embargo el querer tiene muchos grados, desde el más ligero
deseo hasta la pasión. No solo todos los afectos, sino también todos los movimientos
de nuestro interior, que se pueden subsumir en el vasto concepto de sentimiento, son
estados de la voluntad.4
La irracionalidad constituye la naturaleza de la Voluntad, solo un deseo de la
Voluntad es el que tiene un sentido; el deseo de vivir, del cual, se desprende un sinfín de
deseos, que, carentes de sentido intrínseco, buscan la afirmación del deseo de vivir.
Atendiendo este deseo de vivir, la Voluntad se objetiva en múltiples fenómenos y aparece
contenida en el tiempo y el espacio, constituyendo de esta forma, el mundo de la
representación que aparecerá ante sí misma. De este planteamiento se sigue que, cada
individuo es voluntad objetivada que busca la afirmación del deseo de vivir, por tanto, todos
los seres humanos quieren vivir.
La voluntad considerada en sí misma de un modo puro, es acognoscitiva, no
constituyendo sino una pulsión ciega e irresistible; así se manifiesta todavía en la
naturaleza inorgánica y en la meramente vegetal, cuyas leyes rigen también la parte
vegetativa de nuestra propia vida. Sólo cuando el mundo desplegado a su servicio
añade la representación, alcanza ella misma el conocimiento de su querer y de lo que
sea que ello quiere; ya de esto no puede ser nada al margen de este mundo, de la vida
tal como se manifiesta. Por ello decimos que el mundo fenoménico supone su espejo,
su objetivación. Cuanto quiere la voluntad siempre es vida, dado que ella misma no
supone sino la presentación de este querer de cara a la representación; en este sentido
no deja de ser una y la misma cosa.5

4 Ídem. §42, pág. 206.


5 Schopenhauer, A. Metafísica de las costumbres, capítulo 2, pág. 6.
El origen del sufrimiento, en el planteamiento de Arthur Schopenhauer, viene de la
naturaleza misma de nuestra esencia: el deseo, que no es más que la expresión de una
carencia. Esencialmente somos seres que carecen, seres atrapados entre la angustia y el tedio:
mientras no alcanzamos el objeto de nuestro deseo, vivimos angustiados, y si lo llegamos a
alcanzar, nos aburriéremos poco después, además el haber satisfecho un deseo no impide que
dejemos de desear, somos similares a una fábrica que produce deseos.
La insaciabilidad de la voluntad individual, que hace que toda satisfacción genere un
nuevo deseo y que sus apetitos, eternamente disconformes con lo que obtienen,
tiendan al infinito, descansa en el fondo de que la voluntad tomada en sí misma es el
señor del mundo al que todo pertenece, por lo que ninguna parte podría satisfacerle,
sino solo el todo, mas éste es infinito.6
La concepción del mundo –si entendemos mundo como todo cuando existe- en
Schopenhauer es similar a la concepción de Spinoza. Para Spinoza, sólo existe una substancia
única que constituye al Mundo –Dios- mientras que para Schopenhauer lo que constituye al
mundo es la Voluntad. Todo lo que llamamos naturaleza figura como una más de las
múltiples objetivaciones de la voluntad, y cada una de estas objetivaciones es –interiormente-
deseo de vivir. La lucha de la Voluntad consigo misma surge como consecuencia de la
multiplicidad existente de objetivaciones, todas y cada una de ellas afirmando su deseo de
vivir; si pensamos en una cadena alimenticia, observamos que, una planta que al brotar y
florecer está afirmando su voluntad de vivir, sirve de alimento a un insecto que, al igual que
ella, afirma su deseo de vivir, el insecto es devorado por otro animal que, de igual forma,
afirma su deseo de vivir. Aquí es donde se encuentra la lucha de la Voluntad consigo misma,
pues para que una objetivación pueda afirmarse, casi siempre necesita devorar a otra
objetivación; la Voluntad se devora a sí misma al afirmarse. Esta es la irracionalidad en la
que cae la voluntad, la contradicción se suscita en el momento en que ella necesita morir para
afirmar su deseo de vivir. Habrá que puntualizar a que se refiere Schopenhauer con
irracionalidad, pues si la voluntad fuese irracional, ¿cómo sabríamos que la Voluntad es un
deseo infinito, si nosotros mismos somos voluntad? ¿cómo sabe la voluntad que es un deseo?
Me atrevería a decir que, lo que Schopenhauer toma como irracionalidad, podría tomarse

6 Schopenhauer, A. El arte de insultar, pág. 89. Cabe mencionar que este libro es una recopilación de

aforismos y extractos de las obras de Schopenhauer, compilados por Javier Fernández Retenaga. El
fragmento pertenece a Paralipomena §12.
como ausencia de telos, es decir, una ausencia de finalidad. La voluntad desea afirmar la
vida, pero ¿para qué? El deseo de afirmar su propia vida –existencia- no tiene un fin que lo
justifique, es pues, un deseo con sentido intrínseco. La Voluntad, no tiene un fin que
justifique el deseo de vivir, el deseo de vivir es un fin en sí mismo.
En primer lugar, recuerden la cuestión planteada con anterioridad acerca del objetivo
y el fin de la voluntad; al enfrentarnos con esta cuestión vimos que la voluntad, en
todos sus niveles de manifestación desde el más bajo hasta el más alto, carece de un
objetivo y fin últimos, si bien abrigue siempre un afán, dado que el querer constituye
su única esencia y ésta no queda delimitada por la consecución de objetivo alguno,
al no ser susceptible de ninguna satisfacción finita y, aun cuando pueda verse
determinada, marcha de suyo al infinito.7
Con estas consideraciones, se sigue que, cada individuo de la existencia humana es
una objetivación de la voluntad, por tanto desea vivir, pero ningún hombre sabe cuál es su
sentido de vida en su sentido más general. Queda así demostrado que, “Todos los seres
humanos quieren vivir: pero ninguno sabe por qué vive” es una síntesis de la filosofía
schopenhaueriana, sin embargo, está afirmación nos da apertura a múltiples reflexiones
acerca del sentido de la vida del hombre. Si tomamos que el carácter de irracional que
Schopenhauer otorga a la Voluntad como una ausencia de telos, nos sería más fácil llegar a
comprender que la facultad cognoscitiva que posee el ser humano, le fue otorgada por la
voluntad misma. Sería inverosímil afirmar que la irracional voluntad adquiera racionalidad
en una de sus objetivaciones. La facultad cognoscitiva-volitiva schopenhaueriana ha sido
puesta en cuestión. Friedrich Nietzsche realiza una interesante crítica al planteamiento
Schopenhaueriano sobre el autoconocimiento interno y la esencia de las cosas en sí mismas:
Yo quiero.
Hay aún inofensivos habituados a la introspección que creen que existen
certidumbres inmediatas, por ejemplo el yo pienso, o, como era la creencia
supersticiosa de Schopenhauer yo quiero; como si en este caso el conocimiento
consiguiese aprender el objeto pura y simplemente, en tanto cosa en sí, sin
alteraciones del lado del sujeto ni del lado del objeto.
Schopenhauer dio a entender incluso que la voluntad era la única cosa que nos es
realmente conocida, entera y perfectamente conocida, sin demasía ni falta; pero me

7 Schopenhauer, A. Metafísica de las costumbres. Capítulo 4, pág. 52.


ha parecido que Schopenhauer, en este como en otros casos, no ha hecho sino lo que
suelen hacer los filósofos: ha adoptado y exagerado al máximo un prejuicio popular.
La voluntad se me aparece como algo complejo, algo que no tiene unidad más que
en su nombre, y en esta unidad del nombre es precisamente donde reside el prejuicio
popular que ha engañado la circunspección siempre muy deficientemente a los
filósofos. Por una vez, seamos, pues, más circunspectos, seamos menos filósofos,
digamos que en la voluntad hay, ante todo, una pluralidad de sentimientos: el
sentimiento del estado del que se quiere salir, el del estado al que se tiende, la
dirección de estas dos direcciones mismas, a partir de aquí, para ir allá, y, en fin
una sensación muscular accesoria que, aun sin poner en movimiento brazos y
piernas, entra en juego maquinalmente tan pronto como nos disponemos a querer.
Del mismo modo que el sentir, y un sentir múltiple, es evidente uno de los
ingredientes de la voluntad, contiene también un pensar, en todo acto voluntario hay
un pensamiento directriz, y hay que guardarse de aislar.8
¿Cómo respondería Schopenhauer a esta crítica? Para Schopenhauer, el ser humano es el
grado más alto de las objetivaciones de la voluntad, le fue otorgado el entendimiento como
herramienta al servicio de la voluntad, de esta forma, el hombre no sólo tiene a su disposición
una herramienta que le asegura su afirmación de vivir, también puede conocer la esencia
intima de la voluntad, incluso, puede emanciparse de ella –de esto hablaré más adelante-.
Bastante se ha hablado sobre el entendimiento y el hombre, desde el mito de Prometeo,
incluso el mismo Nietzsche. En todos los discursos que se pronuncian al respecto, el
entendimiento está dado al hombre de forma innata para asegurar su existencia en el mundo,
en palabras de Schopenhauer, para afirmar su voluntad de vivir.
El intelecto ha surgido solamente para estar al servicio de la voluntad, le es otorgado
al grado más alto de objetivación de la voluntad; el hombre.9
Todo animal, y especialmente el hombre, necesita para poder existir y progresar en
el mundo, cierta congruencia y proporción entre su voluntad y su inteligencia. En el
momento en que esta ecuación planteada por la naturaleza sea más justa, tanto más
fácil, agradable y seguro será su paso por el mundo.10

8 Nietzsche, F. Más allá del bien y del mal. Primera parte, aforismos 16 y 19.
9 Schopenhauer, A. El arte de envejecer. Aforismo 46.
10 Schopenhauer, A. En torno a la filosofía. Psicología, pág. 221.
En un apartado rincón del universo, que centellea desperdigado en innumerables
sistemas solares, hubo una vez un astro en el que unos animales inventaron el
conocer […]
El intelecto, en cuanto medio para la conservación del individuo, desarrolla sus
fuerzas capitales en la ficción, pues la ficción es el medio por el cual se conservan
los individuos más débiles y menos robustos, aquellos a los que no se les ha
concedido cuernos o la afilada dentadura de un animal carnicero para entablar la
lucha por la existencia. […]11
Schopenhauer reconoce que una característica esencial del hombre es el
entendimiento, gracias a este, tenemos diversos estados mentales, verbigracia: facultad
cognoscitiva, facultad intuitiva, facultad volitiva, emotividad y memoria. Todos estos estados
mentales no son esenciales a la voluntad en tanto cosa en sí, solo son dados a las formas más
elevadas de objetivación, es decir, los animales y en último grado, el hombre. El
entendimiento –estado racional- está subordinado a la voluntad, a través del entendimiento
somos capaces de interpretar y llevar a cabo el deseo primigenio de la Voluntad: el deseo de
afirmar nuestra vida. Prueba de ello es la trampa que nos tiende la voluntad con el amor
erótico.
Todas las pasiones de la generación presente, no son pues, para la humanidad entera
más que un meditar en la formación de la futura generación, de la cual dependen
otra vez innumerables generaciones […]
Cuando el instinto de los sexos se manifiesta en la conciencia individual de una
manera vaga y genérica, sin determinación, precisa, lo que aparece fuera de todo
fenómeno, es la voluntad absoluta de vivir. Cuando se especializa en un individuo
determinado el instinto del amor, esto no es en el fondo más que una misma voluntad
que aspira a vivir en un ser nuevo y distinto exactamente determinado. Y en este
caso, el instinto del amor subjetivo ilusiona por completo a la conciencia y sabe
ponerse muy bien el antifaz de una admiración objetiva. La naturaleza necesita una
estratagema para lograr sus fines.12
El entendimiento, en Schopenhauer, va aún más allá de ser una herramienta para
interpretar y obedecer a la Voluntad. Sólo el hombre, sostiene el filósofo de Danzig, descubre

11 Nietzsche, F. Verdad y mentira en sentido extramoral.


12 Schopenhauer, A. El amor las mujeres y la muerte, pág. 310.
con ayuda del entendimiento, su mísera existencia en el mundo. El hombre consciente se da
cuenta que está atrapado en un sentimiento de sufrimiento constante. El entendimiento es
pues, un catalizador que intensifica el sufrimiento.
Sin embargo, esto que se nos revela, por el contrario, con gran claridad en la
naturaleza consciente, en la vida de la animalidad, cuyo sempiterno padecer es fácil
de mostrar. Pero no quisiéramos detenernos en este escalón intermedio, para
encaminarnos hacia donde todo resulta con mayor claridad, al hallarse iluminada por
el más lúcido conocimiento, a saber, la vida del hombre. Pues cuanto más perfecta
es la manifestación de la voluntad, tanto más evidente se hace el sufrimiento. En
igual medida, cuando el conocimiento gana claridad, incrementándose el grado de
conciencia, también aumenta la angustia, que por consiguiente alcanza su máximo
nivel en el ser humano, tanto más cuanto mayor sea la perspicacia e inteligencia de
éste.13
Estamos condenados a vivir en sufrimiento, pues, vivimos en el peor de los mundos
posibles14 atrapados en el sufrimiento, no obstante Schopenhauer encuentra varias salidas
posibles al sufrimiento; ya sea por la vía ética, en la que gracias al amor compasivo–caritas-
anulamos momentáneamente nuestros deseos; por la vía estética en la a través de la
contemplación artística, en la que accedemos a un conocimiento libre de voluntad; y las más
radicales, a saber, la no existencia: la muerte. Para Schopenhauer la vida individual es cíclica
-como diría Nietzsche, un eterno retorno-, en donde la muerte es un complemento del
nacimiento. Estas ideas tienen una influencia platónica muy marcada, las cosas se originas
a partir de sus contrarios.15Nacimiento, vida y muerte son elementos inseparables para las
objetivaciones de la voluntad –fenómenos-
Nacimiento y muerte pertenecen igualmente a la vida y se contrapesan. El uno es
condición del otro. Forman los dos extremos, los dos polos de todas las
manifestaciones de la vida. Esto es lo que a la más sabia de las mitologías, la de la
India, expresa con un símbolo, dando como atributo a Siva, el dios de la destrucción,
al mismo tiempo que su collar de muerto, el linga, órgano y símbolo de la generación.
El amor erótico –nacimiento de un nuevo ser- es la compensación de la muerte.16

13 Schopenhauer, A. Metafísica de las costumbres, capítulo 4, pág. 53.


14 Ídem.
15 Tesis que se encuentra en el diálogo Fedón.
16 Schopenhauer, A. El amor las mujeres y la muerte, pág. 344.
Es cierto que Schopenhauer afirma que la forma más eficaz para escapar al
sufrimiento es por medio de la muerte:
Exigir la inmortalidad del individuo sería perpetuar un error hasta el infinito. En el
fondo toda individualidad es un error especial, una equivocación, algo que no debería
existir, y el verdadero objetivo de la vida es liberarnos de él. Prueba de ello que la
mayoría de los hombres, por no decir todos, están constituidos de tal surte que no
podrían ser felices en ningún mundo donde sueñan verse colocados. Si ese mundo
estuviera exento de miseria y de pena, se verían presas del tedio, y en la medida en
que pudieran escapar de este volverían a caer en las miserias, los tormentos y los
sufrimientos. Así pues, para conducir al hombre a un estado mejor, no bastaría con
ponerle en un mundo mejor, sino que, sería preciso de toda necesidad transformarle
completamente, hacer que no sea lo que es. Por tanto, tiene que dejar de ser lo que
es, esta condición la realiza la muerte.17
A primera vista esto parece que Schopenhauer es, en palabras de Nietzsche,
despreciador de la vida, un predicador de la muerte,18 un trasmundano que busca
fundamentar la vida del individuo en un mundo detrás de este. No se puede tomar esta
afirmación como apología de la muerte y el suicidio, si se interpreta de esta forma es porque
se ha tomado esta tesis schopenhaueriana aislada del sistema filosófico de Schopenhauer,
pues si fuera del este modo, ¿Por qué Schopenhauer hablaría de una eudemonología de la
vida? Schopenhauer llegó a afirmar que ni el suicidio ni la muerte constituyen una redención
de la voluntad.
El núcleo de nuestra esencia, -la voluntad que es voluntad de vivir- no es afectado en
modo alguno por la muerte, y mientras Voluntad se afirme a sí misma, sabra
encontrar acceso a la vida, de aquí resulta la irracionalidad e inmoralidad del sujeto,
con la cual no se mejora absolutamente nada: pues el individuo niega y extermina
con el suicidio precisamente sólo su individualidad, pero no el error primordial, la
voluntad de vivir. No el de muerte, por tanto; otro nombre enteramente distinto lleva
la redención, y está ligada a una condición totalmente diferente; el intelecto.19
Es cierto que el intelecto nos produce una distinción clara y lúcida del sufrimiento
pero, cuando el hombre logra escalar hasta lo más alto en la cima del intelecto, cuando logra

17 Ídem.
18 Nietzsche en Así hablo Zaratustra.
19 Schopenhauer, A. Dolores del mundo, capítulo 1, pág. 12.
conocer lo que está más allá de la individualidad, puede emanciparse de la Voluntad. El único
ser capaz de emancipar su entendimiento de los designios de la voluntad es El Genio.
Exclusivamente el hombre que ha conseguido un alto grado de conocimiento, o sea,
la conciencia de otras cosas en oposición a la conciencia de sí mismo, es la razón por
la que ha subido hasta la reflexión. Así puede llenarse su vida, además de la mera
existencia, también por el conocer como tal.
Este ejemplo extraordinario llega en el genio, donde el conocimiento se hace el
principal fin.20
Siguiendo las posturas de los estoicos, Schopenhauer afirma que la felicidad no existe
de forma positiva en el hombre, lo único positivo en el hombre es el sufrimiento, no obstante
Schopenhauer entiende por vida feliz una vida alejada del placer –carácter hedonista- una
vida sin sufrimiento. El intelecto que logra emanciparse tiene por objetivo hacer la vida
soportable, evitar los grandes males, vivir como afirma Nietzsche en el momento oportuno
para poder morir en el momento oportuno, estar consciente del momento presente en el que
vivimos.
¡Qué necio resulta lamentarse y quejarse de que, en tiempos pasados, se tuvo la
oportunidad de obtener aquella dicha o aquel placer y se dejó escapar! ¿Qué se
consigue ahora con recordarlo? La momia seca de un recuerdo.21
La forma más adecuada para escapar del sufrimiento del mundo es mediante el
entendimiento genial, genio es aquel que puede emanciparse de los deseos que le impone la
voluntad, a excepción del deseo de vivir. La obra del genio es una obra que retrata de forma
general a la voluntad, Schopenhauer afirma que sólo el genio es capaz de crear, crea arte, y
por esto, toda obra de arte es genial. La figura del genio está en concordancia con conceptos
Nietzscheanos, si bien el genio creador no es comparable con el Übermensch, es compatible
con Freigeist.
Con todas estas precisiones se puede afirmar que la voluntad no es enteramente
irracional, y que se puede encontrar un telos para la vida del individuo de forma individual;
hacer de su existencia individual, en tanto manifestación fenoménica de la voluntad, lo más
armoniosa y soportable posible.

20 Schopenhauer, A. En torno a la filosofía, pág. 202.


21 Schopenhauer, A. El arte de envejecer. Aforismo 41.
Bibliografía:
Schopenhauer, Arthur. Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente.
Int., Trad. y notas de Rafael José Díaz Fernández. Madrid, Gredos, 2010.
__________________. El mundo como voluntad y representación vol. II.
Int., trad. De Joaquín Chamorro Mielke. Madrid, Gredos, 2010.
__________________. La sabiduría de la vida. En torno a la filosofía. El amor, las
mujeres y la muerte. Trad. Eduardo Gonzales Blanco. México, Porrúa, 2013
__________________. Metafísica de las costumbres.
Trad. Roberto Rodríguez Aramayo. Madrid, Ed. Trota, 2001
Nietzsche, Friedrich. Así hablo Zaratustra. Más allá del bien y del mal.
Int., trad. y notas de José Rafael Hernández Arias. Madrid, Gredos, 2011

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