La columna de Trajano fue construída en el Foro
romano para honrar al emperador Trajano: allí se
depositaron sus cenizas. Se construyó en el año 113
d.C., con una altura de 30 metros. La columna de
Trajano es un monumento erigido en Roma para
celebrar la conquista de Dacia por parte del emperador
Trajano, evocando todos los momentos destacados de
esa expansión territorial. La celda que hay en su base
tenía la función de sepulcro para los restos del
emperador.
Se trata de una columna conmemorativa una de las
tipologías de la arquitectura y escultura romana, Al
igual que en los arcos de triunfo los relieves son un
documento o crónica de los acontecimientos .
Fue una novedad absoluta en el arte antiguo y se convirtió en la obra más
vanguardista del relieve histórico romano. En la Columna de Trajano se asistió, por
primera vez en el arte romano, a una expresión artística autónoma en cada uno de
sus aspectos, aunque culturalmente es una continuación del rico pasado.
La columna está hueca en el interior, que alberga una escalera de caracol que
conduce hasta la cima. La columna tenía como misión restituir la vista panorámica y
recordar la altura de la colina antes de las excavaciones para la construcción del
Foro y albergar los restos del emperador después de su muerte. Además, el friso
helicoidal recordaba todos las hazañas de Trajano, celebrándolo como comandante
militar. La columna se ha mantenido siempre de pie, incluso después de que
cayeran en ruinas los demás edificios del complejo de Trajano, y siempre se le ha
atribuido una gran importancia: un documento del Senado medieval de 1162
establecía su propiedad pública y prohibía que se le causarán daños
La Columna de Trajano es la primera expresión del arte romano creada de manera
completamente autónoma en cada una de sus partes, aunque puede verse como
continuación de las experiencias del pasado. Con los relieves de la columna el arte
romano desarrolló las innovaciones de la época flavia, llegando a separarse
definitivamente de la tradición helenística hasta convertirse en una producción
autónoma y alcanzando metas no alcanzadas hasta entonces, no solo por la
civilización romana, sino por el arte antiguo en general. En cierto sentido allí
confluyeron orgánicamente la tradición artística del arte helenístico (y por tanto del
arte de la Antigua Grecia) y la solemnidad romana de la exaltación del imperio. Los
doscientos metros de narración continua no tienen, como escribe Ranuccio Bianchi
Bandinelli, «un momento de cansancio repetitivo, una repetición, en definitiva, un
vacío en el contexto narrativo».
Mapa Columna Trajano:
Las catacumbas de San Calixto fueron el lugar de enterramiento de 16 pontífices y
decenas de mártires [Link] catacumbas de las ciudades era un lugar donde
los cristianos podían rendir culto clandestinamente.
Se encuentra entre la iglesia del Quo Vadis y la Basílica de S. Sebastián.
Empezaron a existir hacia la mitad del siglo II y forman parte de un complejo que
ocupa una extensión de 15 hectáreas.
Las catacumbas de San Calixto son el primer cementerio oficial de la Comunidad
romana.
Las catacumbas se construyeron a finales del siglo ii, con algunos subterráneos
cristianos privados y de un área funeraria directamente dependiente de la iglesia
romana.3 Toman nombre del diácono Calixto I, propuesto por el papa Ceferino a la
administración del cementerio mismo. Subió a su vez al trono pontificio, Calixto
amplió el complejo funerario, que bien pronto se convirtió en una iglesia oficial.
Reciben su nombre del diácono San Calixto, designado a principios del siglo III por
el Papa Ceferino como administrador del cementerio. De ese modo, las catacumbas
de San Calixto se convirtieron en el cementerio oficial de la Iglesia de Roma.
Durante el primer siglo, los cristianos de Roma no tuvieron cementerios propios. Si
poseían terrenos, enterraban en ellos a sus muertos. Si no, recurrían a los
cementerios comunes que usaban también los paganos. Por este motivo, San Pedro
fue enterrado en la "necrópolis" (ciudad de los muertos) de la Colina Vaticana,
abierta a todos; del mismo modo, San Pablo fue sepultado en una necrópolis de la
Vía Ostiense.
En la primera mitad del siglo segundo, después de tener algunas concesiones y
donaciones, los cristianos empezaron a enterrar a sus muertos bajo tierra. Y así
comenzaron las catacumbas. Muchas de ellas se excavaron y se ampliaron
alrededor de los sepulcros de familias cuyos propietarios, recién convertidos, no los
reservaron sólo para los suyos, sino que los abrieron a sus hermanos en la fe.
Andando el tiempo, las áreas funerarias se ensancharon, a veces por iniciativa de la
misma Iglesia. Es típico el caso de las catacumbas de San Calixto: la Iglesia asumió
directamente su administración y organización, con carácter comunitario.
Con el edicto de Milán, promulgado por los emperadores Constantino y Licinio en
febrero del año 313, los cristianos dejaron de sufrir persecución. Podían profesar su
fe libremente, construir lugares de culto e iglesias dentro y fuera de las murallas de
la ciudad y comprar lotes de tierra sin peligro de que se les confiscasen. Sin
embargo, las catacumbas siguieron funcionando como cementerios regulares hasta
el principio del siglo V, cuando la Iglesia volvió a enterrar exclusivamente en la
superficie y en las basílicas dedicadas a mártires importantes.
Cuando los bárbaros (Godos y Longobardos) invadieron Italia y bajaron a Roma,
destruyeron sistemáticamente muchos de sus monumentos y saquearon muchos
lugares, incluidas las catacumbas. Impotentes frente a tales devastaciones, que se
realizaron repetidamente, hacia la mitad del siglo VIII y el comienzo del IX los papas
hicieron trasladar las reliquias de los mártires y de los santos a las iglesias de la
ciudad, por razones de seguridad.
Las catacumbas llegaron a ser auténticas obras de ingeniería, cuya existencia y
emplazamiento eran perfectamente conocidos por los romanos. Por eso, a pesar de
la creencia generalizada, las catacumbas nunca fueron sitios de refugio para los
cristianos en épocas de persecuciones, ni siquiera alojaban cultos multitudinarios;
eran tan solo espacios de enterramiento de las comunidades cristianas.
El papa Juan XXIII definió las catacumbas de San Calixto como las más augustas y
célebres de Roma, sobre todo porque guardan muchas tumbas de pontífices y de
mártires. En los primeros siglos se las consideró verdaderos santuarios y muchos
peregrinos las visitaban como tales.
Las catacumbas son una prueba histórica de que la Iglesia de los primeros tiempos
fue una Iglesia de Mártires y una Iglesia de Cristianos auténticos que, en la vida de
cada día, dieron testimonio de su fe y su amor a Cristo.
El Arco de Constantino fue erigido en el año 315 en conmemoración de la victoria de
Constantino I el Grande en la batalla del Puente Milvio el 28 de octubre del año 312.
Se encuentra situado entre el Coliseo y la Colina Palatino.
Construido a partir de piezas de edificios anteriores, el Arco de Constantino es el
más moderno de los arcos de triunfo que se realizaron en la antigua Roma. Tiene
una altura de 21 metros, una anchura de 25 y está compuesto a su vez por tres
arcos.
En los relieves del monumento, realizado con bloques de mármol, se pueden ver
estatuas extraídas del Foro de Trajano y algunos relieves en los que aparece Marco
Aurelio repartiendo pan entre los pobres, además de la representación de Trajano
tras su victoria frente a los Dacios. También pueden verse escenas de sacrificios y
bustos de dioses de la religión romana, si bien muchos de estos paneles esculpidos
habían sido tomados de un monumento de la época de Marco Aurelio.
La inscripción de la parte superior, realizada originalmente en letras de bronce, dice
lo siguiente: "Al Emperador César Flavio Constantino, el más grande, pío y bendito
Augusto: porque él, inspirado por la divinidad, y por la grandeza de su mente, ha
liberado el estado del tirano y de todos sus seguidores al mismo tiempo, con su
ejército y sólo por la fuerza de las armas, el Senado y el Pueblo de Roma le han
dedicado este arco, decorado con triunfos".
La parte inferior del monumento está construida con bloques de mármol, mientras
que la parte superior (llamada ático) es de ladrillo con remates de mármol. A cierta
altura sobre el suelo, en el lado que mira al Palatino, hay una puerta por la cual se
accede a una escalera formada en el grosor del arco. El estilo es el imperial romano,
ya que extrae la mayoría de los relieves de otras construcciones. Pero también hay
un claro ejemplo de transición hacia el estilo medieval. Todo esto se debe al
agotamiento de las formas artísticas y la decadencia del Imperio, un Imperio que
estaba al borde de su aniquilación parcial (el Imperio de Oriente aguantaría hasta
que en 1453 los turcos otomanos entrasen en Constantinopla).