Liliana Bodoc Presagio de Carnaval: A - L II B
Liliana Bodoc Presagio de Carnaval: A - L II B
Liliana Bodoc
Los motivos que desencadenan las tragedias suelen
Los ángeles arcabuceros debían encontrar el odio
pesar tanto y tan poco que las balanzas humanas no
necesario. Calque no lo hacía fácil con su mansedumbre
incomprensible. pueden registrarlos.
Pero el destino, sentado sobre la tapia alta que rodeaba
el baldío, saltó para ayudarlas. Sus pies tocaron el suelo.
Aquel débil sonido pasó inadvertido para todos, excepto
para Primo. El perro veía con claridad la silueta oscura
del destino que bailoteaba alrededor de la patata policial.
y empezó a ladrarle.
Eso fue todo. Un ladrido estridente y un perro que no
acató la orden de callarse.
De ese modo se facilitó el enojo de los ángeles.
Perro de mierda. iPasameló! Eligieron tratarlo como
una pelota de fútbol. iAtajalo! Las botas negras sabían
patear. iVa... !
Una pelota que aullaba de dolor. Un perro roto.
Sabina Calque, que no había defendido a su país ni a ~~~~~< •••• _.~-_ •••• -.. : ••• ·-r.,.4~
Febrero.
El carnaval de San Pedro se doraba en
ollas repletas de aceite hirviente.
Ángela caminaba junto a Sabina con un
vestido blanco, tan delgada que nadie podía
verla. El yuyero le había dicho que el carna-
val era una batalla contra la muerte.
Ángela y Sabina andaban juntos por un
campo de batalla, entre guerreros coloridos y
emplumados. La gente carnavaleaba y llama-
ba a la muerte. Cuando la muerte aparecía,
ellos le hacían burla y la corrían con látigos; le
hacían saber que mientras estuviesen juntos,
enamorados y borrachos, eran invencibles.
Liliana Bodoc Presagio de carnaval
El carnaval de San Pedro ocupaba la calle principal y Sabino Colque ya no tenía modo de detener su hom-
algunas laterales, angostas y oscuras. Pero la fiesta duraba bría. Al fin, Ángela de Lyon bailaba en las calles de San
mucho más tiempo que todas esas calles, porque había Pedro. Y el yuyero, que no quería dañarla, tampoco que-
empezado cuando el primer carnaval del mundo aún no ría perderla. Aquella noche no tenía regreso, y mucho
terminaba. Y no alcanzaba a morir, cuando renacía. menos repetición. Que la virgencita de Copacabana lo
-No hay otro modo de pelear con la muerte -le dijo ayudara, pero su hombría ya no iba a retroceder.
Sabino. La sed de Ángela no se cansaba de pedir. El carna-
Ángela de Lyon tenía sed y quiso tomar igual que todos. val estaba saturado de humo de frituras y de ensueños.
La cerveza irrumpió en un cuerpo saqueado y avanzó Entonces Colque olvidó su propia conveniencia.
rápido por la sangre. Ángela preguntaba y preguntaba, Borracho, cansado de escaparle a la miseria, con
por esto, por aquello, los nombres de las cosas, el signi- Tarabuco lejos, Sabino Colque pensó que aquella mujer
ficado del Caporal y de los cascabeles alrededor de los de otro mundo bien valía su tragedia.
tobillos.
- Los usan para espantar la esclavitud. Ya casi terminaba la noche. Pero el carnaval en San
Ángela preguntaba y tenía sed. Sabino Colque tenía Pedro tenía por costumbre amanecer.
respuestas para todas sus preguntas. Hablaba de Tarabuco Ángela y el yuyero volvieron a la calle principal con la
y no se cansaba de decir que aquello era lo más parecido ropa puesta.
a Bolivia que había a mano. San Pedro no era Tarabuco. Ángela de Lyon no era una
El carnaval se derramaba fuera del corso. El gentío reina, y Sabino Colque no era un sanador de oficio.
apretaba, empujaba hacia el centro del baile. De Ángela se En las ollas callejeras se freían los violentos manja-
veía solamente el sudor que la cubría. El resto de la mujer res del carnaval. Y en cada una, Ángela se miraba sin
era invisible. Sabino Colque la tomó de un brazo para miedo.
sacarla del apretujamiento. -Mañana las ollas ya no van a ser tan buenas -dijo.
- En esas callecitas dura el carnaval, pero con menos . -Inhale fuerte este olor y mañana lo recuerda. Así las
gente -dijo Colque. ollas no le quitan el apetito ni el color que ahora tiene.
- Pero mañana no voy a estar acá.
Más tarde, cuando el carnaval de San Pedro se acongo- -Yo creo -dijo Colque- que es esa la diferencia entre la
jaba, Ángela de Lyon quiso aprender el paso de la danza. Y gente y los guerreros.
se puso a bailar frente al yuyero, con las caderas, con las Después, Ángela y Sabino volvieron a besarse con las
manos, con los ojos azules. bocas picantes.
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Hacía tiempo que Graciela había notado que esa his- al carnaval para acrecentarle su dolencia. Pido a los tíos
toria con el yuyero venía mal. Desde la navidad, con el Calque por Ángela de Lyon, pido por su salud.
famoso asunto del vómito. iSi ella había visto con sus El yuyero recordó, casi con alegría, que esa tarde lle-
propios ojos que Sabina le estaba tocando la frente!, y garía Mijaíl a sentarse en el respaldo del banco. Mijaíl
mucha carita, y mucha pregunta sobre Bolivia. Graciela sabría si eran vacaciones del propio negocio a causa del
ya le había advertido a Ángela que no le diera tanta con- verano, o alguna otra cosa. Además, Graciela tampoco
fianza al boliviano. Y ahora, lo que mal empieza mal estaba, así que no había que aventurar malos pensa-
acaba, Ángela llamaba temprano para avisar que no iba a mientos.
trabajar, porque estaba enferma. Justo un lunes. Le quedaba una empanada en la bolsa de papel.
-Perdona me, Graciela. Pero no puedo levantarme de la Terminaba su almuerzo, y seguía con la venta de yuyos.
cama.
La voz de Ángela sonaba débil. La respuesta de Graciela -¿Estás sola? -preguntó Mijaíl.
se demoró, y ese instante de silencio fue su modo de cas- -¿y qué le vaya hacer? Ángela no vino a trabajar.
tigar a la mocosa. -¿Qué le pasa?
-Está bien, yo me arreglo. Pero ¿qué te pasa? -Está enferma. iC~mo será que, en vez de almorzar, fui
-No, después te cuento. a visitarla!
Entonces no era una insolación ni dolores menstruales. Mijaíl se alivió sin hacerla evidente.
Había algo que contar. Y Graciela quería escucharlo. Había pasado por la plaza alrededor del mediodía. Vio
-A lo mejor, me hago una disparadita hasta tu casa al de lejos al boliviano, almorzando en el banco de siempre.
mediodía. Cierro y me voy. Total, viste, como es febrero ... , y como no tenía ganas de verle la cara, se quedó con-
muerto. versando con unos artesanos. Recién cuando Sabina se
fue, pudo acercarse a Lyon. iRaro!, no encontró a nadie. El
Ese mediodía de lunes, cuando Sabina Calque llegó a negocio estaba cerrado. Ahora Mijaíl quería ver si Graciela
la plaza para almorzar en el banco de siempre, a la som-. se lo contaba, ino fuera que la mujercita mantuviera sus
bra, el corazón le pateó fuerte. Lyon estaba cerrado, y qué mañas de zorra!
seria de Ángela, por qué no estaba allí, y adónde se la Graciela, por su parte, luchaba entre decir y no decir.
había llevado la delgadez. Sabina no era sanador, pero Había prometido que su boca sería una tumba, pero al
podía rogar a los muertos. novio no se le ocultan cosas. Claro, Ángela hacía de las
-Si los tíos la ayudan yo estaré agradecido con ellos, suyas y ella iba a terminar cargando con las consecuen-
porque no estuvo en mí hacerle daño. Ni la llevé ayer cias, peleando con Mijaíl, pagando el pato.
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-No sabés -empezó-. Yo conozco la causa de esa enfer- -Bueno, ella no me dijo que se la volteó. Parece que
medad. A mí me contó todo -los ojos de Gracielabailoteaban. algo tuvieron, sí. ¿Quién sabe? Yo no le dije gran cosa.
-Mirá vos -el comentario de Mijaíl sonó desvaído, Le pedí que no se hiciera problema, que todos la per-
señal de que el asunto no le interesaba. donábamos. ¿Qué otra cosa iba a decirle? La verdad es
Pero Graciela tenía información para sorprenderlo. que tiene una cara que da miedo. Ahora, apenas entrás
-Ayer estuvo en el carnaval boliviano. a esa casa te das cuenta de todo. El padre es un borra-
-¿Quién? chín. Y al hermanito se le nota enseguida la vagancia.
-iÁngela! Ayer estuvo en el carnaval con Sabino. Al final, no sé si Ángela es una mocosa maleducada que
Mijaíl perdió la compostura, se rascó entre las piernas, busca a toda costa llamar la atención. O si está medio
balbuceó cosas incomprensibles. Y quiso escuchar la his- loca.
toria varias veces, con detalles y de principio a fin.
Graciela repitió que Ángela había llamado esa mañana, La lengua crece como enredadera. Echa vástagos y así
bien temprano, para avisar que no podía ir porque se se expande. Porque una lengua inicia en el tronco de
sentía enferma. una garganta, pero nadie sabe adónde llegan sus últimos
-Tenía voz de moribunda. ¿No te conté que, al medio- tentáculos.
día, cerré un rato el negocio para ir a verla? Total, fui y En las carnosidades de la lengua y por su néctar pros-
vine en un rato. A esa hora, en febrero, no se vende nada. peran las tragedias. Basta que caiga una semilla en la len-
La visita de Graciela sirvió para mostrarle a Ángela gua adecuada para que pronto haya un bosque.
cuánto se preocupaban todos por ella. La querían y la Los charlatanes han sido precursores de guerras fra-
perdonaban a pesar de que los estaba decepcionando. tricidas, de crímenes de pasión y de venganzas. Hay más
-¿y ahora qué hiciste, nena? lenguas que manos manchadas de sangre.
La pregunta y su epíteto regresaron a Ángela al movi- Cuando las lenguas dicen que alguien va a morir,
miento infantil: contarlo todo, y pedir perdón. Porque las alguien muere.
cosas volvían a su sitio cada vez que alguien la disciplinaba.
Ángela le contó a Graciela. Y Graciela, por obligación Mijaíl escuchó varias veces la misma historia, y lo hizo
de amante fiel, se lo contó a Mijaíl. porque lo aguardaba una decisión.
-iAsí que el yuyero se la volteó en el carnaval...! Sabía de sobra que disfrutar las comodidades de la
Angelita en pedo, y medio desnuda ¿re la imaginás? decencia barrial, merecer un sitio en la estantería de la
Emociones encontradas sacudían la conciencia del clase media, lo obligaba a congraciarse con los que, hasta
vendedor de harinilla. el día anterior, habían sido sus enemigos.
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Además, las cosas en su lugar ... ¿o él iba a andar cre- para contestar preguntas. Así que este pobre chico va a
yendo las mismas boludeces que su padre? Hay cosas venir a buscarla al divino botón ... Yo,la verdad, no tengo
que no deben mezclarse, Sabino y Ángela, por ejemplo. forma de avisarle.
Para eso, era necesario cometer traición contra el hom- -Yo tampoco -Mijaíl no les pedía datos a sus compra-
bre que cada atardecer se sentaba a su lado. Y que lo escu- dores.
chaba sin interrumpirlo. La vida, que siempre lo había cas- La oportunidad se completaba.
tigado, le daba una oportunidad que no podía ni quería -Mejor así. Esta noche, cuando venga Renzo, cerrás el
desaprovechar. Era ese día o nunca. Mijaíl interrumpió los negocio y se van juntos al café. Hoy no paso por la plaza.
comentarios de Graciela sobre la salud mental de Ángela. No tengo ganas de ver al yuyero.
-Hay que contárselo a Renzo -decidió. -¿Vas a contarle a Renzo?
-No sé... Yole prometí a Ángela que iba a ser una tumba. -Vamos a contarle, Graciela.
-Las tumbas, para los muertos.
-No sé -Graciela no terminaba de convencerse-o ¿y No hablaron en Lron sino en un bar, porque en la plaza,
Sabino? sentado en el banco de siempre, estaba Sabino Colque.
-¿Qué pasa con Sabino? El yuyero se desubicó con lo El yuyero le preguntaba a su perro por qué Ángela no
de la piba. Te puedo asegurar que yo le tengo más pacien- había ido al trabajo, por qué Graciela bajaba las persianas
cia que nadie y que le aguanto las ínfulas de brujo. Más y se iba con Renzo, y por qué no había aparecido Mijaíl.
te digo ... Nunca le dije que se volviera a su país de patas En el café, Renzo escuchó lo que Graciela y Mijaíl
sucias. Pero con el asunto de Ángela se fue al carajo. tenían para contarle. Su expresión, habitualmente fresca,
Mijaíl estaba gestionando su pase a un mundo que, parecía corroída por la rabia.
hasta entonces, le había sido ajeno y hostil. -y yo, como un infeliz, vine a buscarla.
Recordó entonces la invitación que Graciela le había -Disculpá, Renzo, no teníamos cómo avisarte -aclaró
hecho un tiempo atrás. Solo que, ahora, ya había elegido. Graciela.
-z Seguís pensando que querés conocer a Marina? -Mi mamá tenía razón ... Ángela es un aborto, una
Mirá que se va a poner a contar todo el asunto de los princesa por fuera, y una negrita por dentro. Pero ya me
zancos y del Gran Ladrón ... cansó.
-Me encanta -dijo Graciela.
Para la vendedora deseosa de marido, era un buen trato. -Tampoco hay que tomarlo tan a pecho -habló
-Encima, mirá si será caprichosa- siguió Graciela-, me Graciela con el resto de corazón que le quedaba-o Según
dijo que no iba a avisarle a Renzo porque no tenía fuerzas ella no pasaron a mayores. Solamente fue al carnaval.
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Ldiana Bodoc Presagio de carnaval
La segunda vez, Graciela usó su máscara de madre. En el auto Ángela intentó hablar con naturalidad y
-z'Ie parece salir ahora? Con este solazo. Te va a hacer Renzo le respondió del mismo modo. Se habría sentido
mal, Angelita. Esperá que afloje el calor. mucho mejor si se hubiera enojado con ella por haber
Finalmente, tuvo que disciplinarla. faltado al trabajo, por andar desaliñada, por vomitar. Para
-No te enojes. Pero hace tres días que faltás, y el trabajo aliviarse, Ángela se ofreció a sí misma.
se va atrasando. Después el sueldo lo vas a cobrar íntegro, -Vamos a un hotel.
porque yo no le vaya decir a la dueña que faltaste. Pero -Estoy apurado.
no doy para todo, Ángela querida. No doy para todo. Cuando Ángela empezó a cantar bajito, Renzo encen-
Así fue como Ángela y Sabina no se encontraron dió la radio. Llegaron demasiado pronto.
durante todo el jueves, aunque apenas los separaba una -¿No vas a bajarte? Te preparo algo de comer -volvió
calle angosta y poco transitada. a ofrecer la culpable.
Así fue como Ángela de Lyon y Sabina de Tarabuco no -Te dije que no tengo tiempo.
volvieron a encontrarse nunca más. El auto arrancó como sabía hacerla para dar cuenta
de la importancia de su amo. Pero antes de alejarse, chi-
-¿Tu novio tan temprano? -estimulada por la traición lló y retrocedió. Ángela, que ya abría la puerta de calle,
de la que era parte, Graciela aparentó asombro. alcanzó a sonreír pensando que Renzo había cambia-
-Parece. do de opinión y se quedaba un rato con ella. Improvisó
Ángela tenía las manos sucias de revisar cajas con morisquetas de infinita ternura para demostrar su alegría.
ropa de otoño. Apenas Renzo cruzó la puerta, con su Renzo se asomó por la ventanilla del acompañante.
camisa fresca y costosa, Graciela le indicó con la mirada -¿De dónde sacaste esa pollera? ¿Qué carajo te pasa,
que todo estaba en orden, que la mocosa no había cru- loca de mierda?
zado a la plaza, y que viera la ropa ridícula que se había
puesto. Los pequeños traidores pasaron esa noche con los ojos
Renzo se sonrió por la pollera tableada, recortada de abiertos.
un libro de lectura escolar. -Seguro que el yuyero va a cambiar de plaza -dijo
-Viniste antes -murmuró Ángela. Y ofreció unas revis- Graciela.
tas que no había. - En una de esas se vuelve a Bolivia - Mijaíl ya no podía
-Hoy no tenés curso de diseño -dijo Renzo. retroceder-o ¿Quién te dice? Por ahí sale ganando.
-No. El sueño no iba a darles amparo. Había que encontrar
- Entonces te llevo a tu casa. un modo de pasar el insomnio.
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