BIOGRAFIA DE JUAN EL BAUTISTA
El Nacimiento de Juan el Bautista lo encontramos en el primer capítulo del
evangelio de Lucas. Cuando el ángel Gabriel se le apareció a su padre Zacarías
mientras este servía en el Templo (Lc 1:8-11). Su nacimiento fue un hecho
relevante debido que su madre Elisabet era una mujer estéril, y tanto ella, como
Zacarías eran muy ancianos (Lc 1:7).
Desde antes de su nacimiento, Dios había escogido a Juan como
instrumento para llevar acabo su voluntad (Lc 1:15-17). Incluso hasta su
nombre fue escogido por Dios (Lc 1:13), el cual significa «El Señor es
bondadoso». Mostrando de esta manera la bondad de Dios con Zacarías y
Elisabet, quienes andaban irreprensibles en las ordenanzas de Dios (Lc 1:6).
Juan el Bautista fue lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su
madre (Lc 1:15). Fue consagrado para un servicio especial, similar al voto
Nazareno el cual incluía no beber ni vino, ni sidra (Lc 1:15).
Su misión era hacer que los pecadores se convirtiera a Dios (Lc 1:16; Jn 1:6-
7; Is 40:3). Preparando de esta manera el pueblo de Israel para la venida del
Mesías anunciado por los profetas. Quien llevaría el pecado del pueblo y traería
salvación.
El profeta Juan el Bautista era un hombre intrépido, y su mensaje confrontaba a
muchos (Mt 3:7-9). Tanto así, que enfrento al mismo rey Herodes Antipas por
cometer adulterio, al casarse con Herodías la mujer de su hermano Felipe, quien
era gobernador de Traconite e Idumea (Mr 6:17-18).
Por esta razón, Herodes Antipas mando a encerrar a Juan el Bautista en la cárcel,
debido a que lo confrontaba en su pecado diciendo: «No te es licito tener la
mujer de tu hermano» (Mr 6:18).
La Biblia dice que mientras que Herodes daba una fiesta con motivo de su
cumpleaños, entre los cuales se encontraban sus gobernadores y gente
importante de su gobierno, la hija de Herodías danzo delante del rey y este le
ofreció lo que pidiere bajo juramento (Mr 6:21-23). Por lo tanto, la joven
influenciada por su madre le pidió en un plato la cabeza de Juan el Bautista (Mr
6:24).
El Herodes se entristeció porque admiraba la integridad de Juan (Mr 6:20). Pero al
final por causa del juramento y debido a presión de Herodías y sus invitados,
ordeno la muerte de Juan el Bautista (Mr 6:26-28).
Puntos fuertes de Juan el Bautista
Fue un mensajero escogido por Dios para anunciar la venida de Jesucristo.
Era un predicador cuyo tema central fue el arrepentimiento.
Su mensaje era confrontador.
Tenía un estilo de vida relevante, apartado de los lujos.
Fue un hombre inflexible e íntegro para Dios.
Debilidades y Errores:
En momentos difíciles tuvo duda temporal acerca de la identidad de Jesús.
Lecciones de su vida
Dios no garantiza una vida segura ni fácil a los que le sirven.
Cumplir con los deseos de Dios es la inversión más grande en nuestras vidas.
Defender la verdad es más importante que la vida misma.
RESUMEN DEL PROLOGO: EL VERBO FUE HECHO CARNE JN 1:1-18
Prólogo, término griego que significa un mensaje anterior. En el prólogo, Juan les escribió a los
lectores de su tiempo y a los de cada generación. Consideremos tres razones por las que el Espíritu
guio a Juan a referirse al Hijo de Dios como el logos (Jn 1:1, 14). Logos es el término griego para
palabra (verbo). Los griegos se referían al Logos como el principio que gobernaba el mundo. Juan
adopta este popular término, pero le agrega un nuevo significado. Él declara que Logos es más que
un principio; es una persona. El Logos vino en persona a la tierra, Jesús, ayudó a los judíos
cristianos a relacionarse con sus vecinos gentiles.
Juan explica que Moisés dio testimonio de, y no contra, Jesús, el Mesías (Jn 5:45-47). Y al referirse
al Hijo de Dios como Logos, Juan está diciendo que Jesús es la Palabra de Dios para nosotros. Jesús
es la ley, la verdad y la gracia de Dios en carne humana.
Jesús es la Palabra de Dios para el mundo. Él es la expresión humana del carácter de Dios sobre el
cual Moisés había escrito. Al presentar a Jesús como el Verbo de Dios para el mundo, Juan
construyó un puente entre los cristianos y sus vecinos judíos.
Así como las palabras revelan la mente y el corazón, Jesús, el Verbo, nos revela a Dios Nadie jamás
ha visto a Dios, pero el Verbo se hizo carne y nos reveló a Dios (Jn 1:14).
Juan nos dice que el Verbo entró en la historia humana. El Verbo eterno fue hecho carne (Jn 1:14).
En el principio, el Hijo estaba con el Padre. Llegó el momento cuando Dios envió a su Hijo para
salvar al mundo (Jn 3:16; Ga 4:4). Él nació de una virgen y fue llamado Emanuel, Dios con nosotros.
En Belén, el Verbo eterno de Dios nació como ser humano y empezó a vivir entre nosotros. Pero
antes de Belén, desde el principio, el Hijo ya estaba con el Padre, “antes que el mundo fuese” (Jn
1:1; 17:5).
El Verbo es una persona distinta del Padre. “Y el Verbo era con Dios” (Jn 1:1). Las palabras con Dios
revelan que el Hijo es distinto y separado del Padre. El Padre y el Hijo son personas distintas. Por
consiguiente, podemos decir que el Verbo estaba con Dios, el Padre
El Verbo es divino. “Y el Verbo era Dios” (Jn 1:1). La Escritura revela que Dios es uno (Dt 6:4), que
existe en tres personas. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno, en esencia, en propósito y en
unidad. Pero se diferencian en sus roles.
El Verbo era en el principio, Él estaba con Dios y Él era Dios. En un solo versículo, Juan nos dice tres
verdades acerca del Verbo: Él es eterno, Él es una persona, Él es Dios (Jn 1:1).
Y Juan deja bien claro que el Verbo, como Dios, participó en la creación de todas las cosas. El
Verbo era el agente de la creación. El Hijo es Aquel “por quien asimismo [Dios] hizo el universo”
(Heb 1:2). “… el mundo por él fue hecho” (Jn 1:10). El Verbo de Dios es eterno. Él nunca fue
creado. Más bien, el Padre y el Hijo crearon juntos todas las cosas.
El Verbo es la fuente de vida, luz y nuevo nacimiento (Juan 1:4-13) Aquí en el prólogo, Juan vincula
vida y luz con la creación. Así como el Verbo tuvo un papel en la creación de todo, también le dio
vida física a cada ser humano (Jn 1:3). Pero Juan se mueve rápidamente de la vida de la creación a
la vida espiritual traída por Jesús. En el prólogo Juan introduce el concepto de que la vida está en
Jesús (Jn 1:4). Luego, revela que Jesús es tanto la fuente de vida, como la vida misma (Jn 11:25;
14:6).
La vida espiritual y la luz espiritual van juntas, como el fuego y la luz. La luz que ilumina el espíritu
y el alma del hombre (Jn 8:12; 1 Jn 2:8); el elemento o ámbito de Dios (Jn 1:4, 7-9; 9:5; 12:35, 46).
Juan el Bautista dio testimonio de Jesús, la luz verdadera. Juan era solo una lámpara, pero Jesús es
la verdadera luz del mundo.
El Verbo es el único Hijo de Dios que revela la gracia y la verdad del Padre (Juan 1:14-18). El
prólogo de Juan se desplaza del cielo a la tierra. El Verbo era Dios y el Verbo se hizo carne. Dios se
hizo humano, para revelarnos la gracia y la verdad. Contemplamos su gloria, la gloria del
“unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad…” (Jn 1:14). Juan se refiere cinco veces a Jesús
con la palabra griega *monogenés, que significa unigénito, único, único en su clase (Jn 1:14, 18;
3:16, 18; 1 Jn 4:9). 18 Jesús es el único Hijo de Dios. No hay ningún otro Hijo que haya estado con
Dios y que fuera Dios desde el principio. No hay otro Hijo a través del que toda la creación llegara
a existir. No hay otro Hijo que naciera de una virgen, muriera por nuestros pecados, se levantara
de entre los muertos y que ahora esté sentado a la diestra del Padre. Jesús es el Unigénito Hijo de
Dios, glorioso y lleno de gracia y verdad.
Como Hijo de Dios, Jesús revela el mismo carácter y las mismas cualidades de su Padre. Juan
enfatiza que el Hijo del Padre resplandeció con gloria, irradiando gracia y verdad
La palabra pues en Juan 1:16 conecta la ley de Moisés con las bendiciones que han venido por la
plenitud del Hijo de Dios. La ley fue un regalo y una bendición de gracia. . La ley reveló el carácter,
el amor, la justicia y la santidad de Jehová. La ley trajo muchas bendiciones de parte de un Dios de
gracia. Pero en Jesucristo, la verdad y la realidad sobre la que había escrito Moisés vino a la tierra
en carne. Y con el nuevo pacto que trajo Jesús, Dios escribe su ley en nuestro corazón y nos
empodera para guardarla por medio del Espíritu de la gracia que vive dentro de nosotros.
La gracia que ofrece Jesús es verdadera gracia, sin falsedad, ni ficción ni fantasía. Jesús no ofrece
promesas de gracia ni esperanzas que nunca se cumplen. Jesús vincula la gracia con la verdad. La
gracia que Jesús trae es real. Su gracia no endulza el oído ni engaña al alma; no agrada al ojo ni
enferma el corazón. Su gracia da un verdadero perdón que borra nuestros pecados; una redención
que verdaderamente libera de la esclavitud. Su gracia trae una regeneración que transforma vidas
y una salvación que salva hasta lo máximo y deja libre al cautivo. La gracia sin la verdad promete
salvación, pero deja a las personas cautivas del pecado. Gracia con verdad nos libra del castigo y
del poder del pecado, ahora mismo. La verdad que Jesús trae es bondadosa. Su verdad no es como
un dedo señalador para acusarnos. Su verdad no es como fuego del cielo para aniquilarnos. Es
amor del cielo que muere para salvarnos. Su verdad es bondadosa. Él es la verdad que se sienta
con prostitutas y traidores de la patria, para poder darles ayuda. Su verdad no es severa. Él no vino
a condenar, ni a censurar ni a castigar. Su verdad está impregnada de amor y misericordia. Hay
gracia para el pueblo de Dios en cada palabra que sale de los labios de Jesús. Su verdad ahuyenta a
los hipócritas y a los fariseos. Él no esconde su verdad a nadie, por muy dolorosa que pueda ser.
Pero cuando Él habla, hay amor en su voz y lágrimas en sus ojos. Su ternura puede atraer al
soldado que le introdujo los clavos en sus manos, y al ladrón que murió a su lado en la cruz.
¿Dónde más podríamos nosotros encontrar una gracia tan verdadera o una verdad tan
bondadosa?
El Verbo no se hizo una filosofía que discutir o un concepto que debatir. Él se hizo un ser humano
lleno de gracia y verdad, a quien recibir, en quien confiar, a quien seguir, obedecer, amar, servir y
adorar para siempre.
Biografía de Juan Bautista
Juan Bautista (I a.C. – 31 d.C) profeta itinerante judío. Nació en Ain Karim,
oeste de Jerusalén. Es venerado en el cristianismo, el islam y la fe bahá’í. su
padre Zacarías era un sacerdote judío que estaba casado con Elizabeth, ella no
podía tener hijos porque era estéril. Siendo ya viejos, un día cuando estaba
Zacarías en el Templo, se le apareció un ángel a la derecha del altar. El ángel le
expresó que venía de parte de Dios y que su esposa concebirá un hijo que será
llamado Juan, quien estará lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos para
Dios. Al principio este no le creyó por la avanzada edad de la pareja.
Seis meses después, el mismo ángel Gabriel se apareció a la Virgen María
comunicándole que iba a ser Madre del Hijo de Dios. De la vida de Juan se
conoce muy poco y la mayoría de la información se conoce por los evangelios de
Mateo, Marcos y Lucas. Nació seis meses antes de Jesucristo. A falta de una
escuela su padre y su madre le enseñaron las cuestiones básicas; a leer y escribir,
y para instruirle en las actividades regulares. Cuando creció hizo un ritual conocido
como el voto Nazareo que incluye abstenerse de bebidas alcohólicas, se dejó
crecer el pelo, y no tocar a los muertos. Las ofertas que eran parte del ritual se
entregaron en frente del templo de Jerusalén.
Cuando su padre murió quedó a cargo de su madre a quien cuidó y mantuvo
gracias al pastoreo. Luego cuando ella murió y quedó huérfano huyó al desierto
lleno del Espíritu de Dios asegurando que el contacto con la naturaleza le
acercaba más a Dios. Vivió toda su juventud dedicado nada más a la penitencia y
a la oración. Estuvo acompañado de una piel de camello, y se alimentó de frutas
silvestres, raíces, y principalmente langostas y miel silvestre. Se dice
que Juan bautizó a Jesús y lo reconoció como Mesías, cuando el Espíritu Santo
descendió sobre él. La tradición asegura que llegó el verdadero Mesías a la orilla
del Jordán; venía de la lejana Galilea.
Antes de iniciar su predicación, Jesús quiso ir al encuentro del que le había
preparado el camino, y se colocó entre los que esperaban el bautismo de Juan. A
lo largo de las orillas del Jordán, la gente se aglomeraba y escuchaba en gran
silencio las predicas y enseñanzas de Juan. Él no prometía honores y riquezas.
Solo hacer penitencia para estar más cerca del reino de los cielos. Para ese
momento, quien gobernaba Palestina era Heredes Antipas, hijo de Herodes,
tenían la intención de suprimir al pequeño Jesús, había ordenado la matanza de
los inocentes. Herodes Antipas y su mujer, Herodías, llevaban una vida licenciosa.
Así que, rápidamente Juan se propuso actuar, los invito a tomar el camino recto y
arrepentirse por sus actos, pero Antipas y Herodías lo tomaron de mal modo, y
quisieron eliminarlo. Juan, actuó de modo severo con estos hombres. Entonces,
siempre y cuando le fue posible denunció los malos actos de los dirigentes,
afirmando que no era válido que un gobernante se comportarse indignamente
generando mal ejemplo para su pueblo. Herodías cada día se sintió más ofuscado
y quiso eliminarlo. Y la ocasión se presentó durante un suntuoso banquete.
Herodías tenía una hija de nombre Salomé que era una habilísima bailarina.
Por el final del banquete, Antipas, le dijo a Salomé que alegrara la fiesta con sus
hermosas danzas, y le daría lo que quisiera. Aconsejada por Herodías la bella
joven pidió la cabeza de Juan en una bandeja. Antipas, accedió al horroroso
pedido de Salomé. Y he ahí el horrendo espectáculo: mientras la fiesta sigue, un
guardia lleva sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista. Herodes le había
mandado ejecutar en la prisión de Maqueronte, a orillas del Mar Muerto. Después
su cabeza fue ofrecida a Salomé en una bandeja de plata.
A mediados del siglo IV el sepulcro de San Juan Bautista era venerado cerca de
Naplusa en Samaria. Su tumba fue profanada en tiempos del emperador juliano,
aproximadamente en el 361. Para el siglo VI se erigió una basílica. Su importancia
para la iglesia es tal que su festividad se celebra el 24 de junio, este es el único
santo al cual se le celebra la fiesta el día de su nacimiento. Juan es en ocasiones
identificado con Elías, como uno que prepara el camino. Debemos indicar que,
algunos de los seguidores de Juan más tarde se convirtieron en discípulos
de Jesús, aunque otros continuaron siguieron siguiendo las enseñanzas de
Juan. Juan el Bautista simboliza para la iglesia católica y los creyentes en
general la transición del Antiguo Testamento y el comienzo del Nuevo Testamento.
Juan el Bautista, fue considerado el último administrador legal del pacto Mosaico.
Resumen Prólogo: El Verbo fue hecho carne (Juan 1:1-18)
Logos es el término griego para palabra (verbo). Los griegos se referían al Logos como el principio
que gobernaba el mundo. Juan adopta este popular término, pero le agrega un nuevo significado.
Él declara que Logos es más que un principio; es una persona.
El Verbo es uno con el Padre (Juan 1:1-2). El problema. Existieron varias enseñanzas falsas acerca
de Jesús durante los años del ministerio de Juan
El Verbo es eterno. “En el principio era el Verbo” (Jn 1:1a). El Evangelio de Juan comienza, como el
Génesis: En el principio. Génesis 1:1 y Juan 1:1 parecieran referirse a la creación del universo. El
asunto es que el Hijo de Dios ya estaba presente desde el inicio de todo. La primera frase del
Evangelio de Juan revela que el Hijo de Dios, el Verbo, es eterno.
El Verbo es una persona distinta del Padre. “Y el Verbo era con Dios” (Jn 1:1). Las palabras con Dios
revelan que el Hijo es distinto y separado del Padre. El Padre y el Hijo son personas distintas. Por
consiguiente, podemos decir que el Verbo estaba con Dios, el Padre.
El Verbo es divino. “Y el Verbo era Dios” (Jn 1:1). La Escritura revela que Dios es uno (Dt 6:4), que
existe en tres personas. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno, en esencia, en propósito y en
unidad.
El Verbo es el agente de la creación (Jn 1:3, 10). “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él
nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Jn 1:3; vea 1:10). En Juan 1:1-3 Juan deja claro que el
Verbo era Dios, el Co-Creador de todas las cosas. El Verbo de Dios es eterno. Él nunca fue creado.
Más bien, el Padre y el Hijo crearon juntos todas las cosas.
Arrio de Libia enseñó que Dios Padre y el Hijo de Dios no siempre existieron juntos eternamente
(256-336 d. C.). Los arrianos enseñaron que Dios Padre creó el Logos antes que el mundo
comenzara. Los gnósticos enseñaron que Jesús era simplemente un hombre. Sabelio enseñó el
modalismo; que Dios es una persona que se revela a sí mismo en tres modalidades (como tres
máscaras): Padre, Hijo y Espíritu Santo. Hoy, grupos tales como solo Jesús enseñan una forma de
modalismo.
El Verbo es la fuente de vida, luz y nuevo nacimiento (Juan 1:4-13).
Juan vincula vida y luz con la creación. Así como el Verbo tuvo un papel en la creación de todo,
también le dio vida física a cada ser humano (Jn 1:3). Desde el comienzo de su ministerio, Jesús era
la luz fulgurante en medio de las tinieblas espirituales. Juan usa la palabra luz por lo menos de tres
maneras: la luz del día (Jn 11:10); la luz que ilumina el espíritu y el alma del hombre (Jn 8:12; 1 Jn
2:8); el elemento o ámbito de Dios (Jn 1:4, 7-9; 9:5; 12:35, 46). Juan el Bautista dio testimonio de
Jesús, la luz verdadera. Juan era solo una lámpara, pero Jesús es la verdadera luz del mundo.
Después de su nacimiento físico, cada persona es como una vela apagada. Necesitamos a Jesús
para encender nuestra vela al darnos vida y luz espiritual. Cuando aceptamos a Jesús como
nuestro Salvador y Señor, Él nos da luz y vida espiritual y la potestad de ser hechos hijos de Dios
El Verbo es el único Hijo de Dios que revela la gracia y la verdad del Padre (Juan 1:14-18).
El prólogo de Juan se desplaza del cielo a la tierra. El Verbo era Dios y el Verbo se hizo carne. Dios
se hizo humano, para revelarnos la gracia y la verdad. Contemplamos su gloria, la gloria del
“unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad…” (Jn 1:14). Juan se refiere cinco veces a Jesús
con la palabra griega monogenés, que significa unigénito, único, único en su clase (Jn 1:14, 18;
3:16, 18; 1 Jn 4:9). 18 Jesús es el único Hijo de Dios.
Juan 1:16 resalta que de la plenitud de Jesucristo nosotros recibimos gracia sobre gracia, una
bendición tras otra. Entonces, Juan 1:17 comienza con pues y contrasta la ley que vino por medio
de Moisés con la gracia y verdad que vinieron por medio de Jesucristo. Hay un contraste entre la
ley que vino por Moisés y la gracia y verdad traídas por Jesús. Pero el contraste es en grado, no en
calidad. Moisés reveló a Dios desde una distancia, pero Jesús reveló a Dios desde cerca. La palabra
pues en Juan 1:16 conecta la ley de Moisés con las bendiciones que han venido por la plenitud del
Hijo de Dios.
La gracia que ofrece Jesús es verdadera gracia, sin falsedad, ni ficción ni fantasía. Jesús no ofrece
promesas de gracia ni esperanzas que nunca se cumplen. Jesús vincula la gracia con la verdad. La
gracia que Jesús trae es real. Su gracia no endulza el oído ni engaña al alma; no agrada al ojo ni
enferma el corazón. Su gracia da un verdadero perdón que borra nuestros pecados; una redención
que verdaderamente libera de la esclavitud. Su gracia trae una regeneración que transforma vidas
y una salvación que salva hasta lo máximo y deja libre al cautivo. La gracia sin la verdad promete
salvación, pero deja a las personas cautivas del pecado. Gracia con verdad nos libra del castigo y
del poder del pecado, ahora mismo.
La verdad que Jesús trae es bondadosa. Su verdad no es como un dedo señalador para acusarnos.
Su verdad no es como fuego del cielo para aniquilarnos. Es amor del cielo que muere para
salvarnos. Su verdad es bondadosa. Él es la verdad que se sienta con prostitutas y traidores de la
patria, para poder darles ayuda. Su verdad no es severa. Él no vino a condenar, ni a censurar ni a
castigar. Su verdad está impregnada de amor y misericordia. Hay gracia para el pueblo de Dios en
cada palabra que sale de los labios de Jesús. Su verdad ahuyenta a los hipócritas y a los fariseos. Él
no esconde su verdad a nadie, por muy dolorosa que pueda ser. Pero cuando Él habla, hay amor
en su voz y lágrimas en sus ojos. Su ternura puede atraer al soldado que le introdujo los clavos en
sus manos, y al ladrón que murió a su lado en la cruz. ¿Dónde más podríamos nosotros encontrar
una gracia tan verdadera o una verdad tan bondadosa?
En verdad Jesús revela e interpreta al Padre celestial que es 6 “… misericordioso y piadoso; tardo
para la ira, y grande en misericordia y verdad; 7 que guarda misericordia a millares, que perdona la
iniquidad, la rebelión y el pecado…” a todo el que lo recibe (Éx 34:6-7; revelado en Jn 1:14-18).