ANTE LA DUDA EN LA APRECIACIÓN DE LA PRUEBA,
DEBE DECIDIRSE EN EL SENTIDO MÁS FAVORABLE AL
TRABAJADOR.
Por Gabriel Tosto[1]
SUMARIO: I. Introducción II. Desarrollo. 1. El problema de los hechos en la
decisión judicial. 2. La “prueba” en la decisión judicial: Medio de prueba, resultado
o conclusión probatoria y procedimiento probatorio. 3. Sistemas de apreciación de
medios de prueba. 4. La existencia de incertidumbre. 5. Formalización débil. III.
Conclusión.
I. INTRODUCCIÓN
Se acepta, de modo extendido, que ciertos estándares en el sistema de fuentes[2]
regulan la actividad[3] del juez para conocer y decidir casos judiciales. La
regulación introducida en el artículo 9, LCT -en cuanto establece que si la duda
recayese en la apreciación de la prueba en los casos concretos, los jueces o
encargados de aplicarla se decidirán en el sentido más favorable al trabajador-
apunta al “conocimiento de los hechos”.
De modo estándar se reserva a las legislaturas provinciales la ordenación de la
faena de la autoridad judicial respecto de su propia actividad y la que despliega
frente a las partes en los conflictos. Constitucionalmente cada Provincia regula su
propia administración de justicia.
Ahora bien, en nuestra materia se identifican, también, normas que regulan la
aplicación de otras normas. La primera, ubicada en el artículo 8, LCT conocida como
norma más favorable y que se usa para ‘validar’ y ‘aplicar’ convenciones colectivas
y laudos de igual fuerza; la segunda, con sede en el artículo 9, LCT, distinguida
como in dubio pro operario que se utiliza para ‘seleccionar’ leyes o convenciones
colectivas e ‘identificar’, en situación dudosa, la interpretación o alcance de la ley
más favorable al trabajador; la tercera, con sede en el artículo 7 de la ley 14.250
que dispone cierta ‘calidad’ de las normas convencionales, la cuarta, signada bajo el
artículo 8 del último plexo legal referido, que dispone una determinada relación
entre normas, a través ‘propiedades’ e ‘inhibiciones’ predispuestas y, la quinta,
visualizada en el artículo 19, inciso b de la ley 14.250 (t. o. por decreto 1135/2004)
que establece un orden de prelación de normas convencionales; la posterior, de
ámbito distinto, mayor o menor, puede modificar al convenio anterior en tanto
establezca condiciones más favorables para el trabajador. Estas cuestiones no
serán aquí analizadas y quedarán para otra oportunidad.
En lo que aquí interesa, la Cámara alta aprobó y convirtió en ley un proyecto del
titular de la Comisión de Legislación del Trabajo de Diputados y representante legal
de la CGT, Héctor Recalde, por el cual se modifica el artículo 9 de la ley 20.744 de
Contrato de Trabajo. La iniciativa fue sancionada por unanimidad con el voto de
los 46 senadores presentes.
Efectivamente, el 27 de noviembre se incorporó el siguiente texto legislativo:
artículo 9 “[…] Si la duda recayese en la [….] apreciación de la prueba en los casos
concretos, los jueces o encargados de aplicarla se decidirán en el sentido más
favorable al trabajador.” La norma regula la actividad del juez en orden a la
apreciación de las pruebas para la justificación de los hechos en la decisión judicial.
El legislador nacional introduce una norma que es dable calificar como procesal (de
actividad) en la legislación de fondo, para el aseguramiento de un cierto estándar
de preferencia en la producción del conocimiento de los hechos en los conflictos
laborales.
II. DESARROLLO
1. El problema de los hechos en la decisión judicial
Desde un punto de vista lógico es recomendable que se distinga, al momento de la
construcción de la premisa fáctica de la decisión judicial, entre problemas de
conocimiento de los hechos (empíricos) y los problemas de calificación jurídicas de
los hechos (interpretación)[4]. La regla de apreciación de la prueba más favorable
se ubica en un contexto de incertidumbre (duda) para resolver el problema del
conocimiento de los hechos en un caso judicial.
En efecto, ocurre que los enunciados que fijan los hechos en la decisión judicial
permiten al juez, mediante la operación denominada subsunción, relacionar
conceptualmente el caso particular -objeto de juicio- dentro del genérico
(circunstancias generales) establecido por la norma general, para llegar, de ese
modo, a una decisión institucional que resuelve el caso judicial[5]. Cuando tal
actividad es explicitada y justificada en la sentencia-documento, se hace posible
que el destinatario de la misma verifique la corrección del razonamiento por el que
se llegó al resultado (resuelve).
En los asuntos señalados precedentemente, cuando la autoridad judicial se limita a
decidir un caso judicial, identificando la solución normativa establecida en una
norma general y subsumiendo el caso individual en el alcance de esta norma,
diremos que el juez ha aplicado el Derecho. El problema de la subsunción no es un
tema específicamente jurídico, sino un problema del uso del lenguaje en general,
esto es, de aplicación de términos generales de un lenguaje a objetos particulares
del mundo. En otras palabras, se trata del viejo problema filosófico de la relación
entre palabras (generales) y cosas. Asimismo, el problema de la subsunción no
siempre se refiere a individuos y sus atributos. A veces, el problema cosiste en
determinar las relaciones que se dan entre predicados.[6]
En los menesteres indicados, los litigantes reconocen la autoridad del juez para la
aplicación del derecho, la apreciación de los medios de prueba y el poder –
deber[7] para la determinación de los hechos del caso judicial.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación, los Tribunales Superiores de provincias
y los Tribunales de mérito, en principio, exhiben y convalidan en la práctica estas
soberanías (aplicación, apreciación y determinación) y agregan en sus discursos
que es facultad y responsabilidad del sentenciante juzgar con equidad los casos
particulares sometidos a conocimiento y decisión. Se asume que aplicar la ley,
apreciar la prueba y determinar los hechos no son tareas mecánicas ni deben ser
arbitrarias.[8]
2. La “prueba” en la decisión judicial: Medio de prueba, resultado o
conclusión probatoria y procedimiento probatorio.
En forma extendida se denomina prueba a los medios, resultados-conclusiones y
procedimiento probatorios; sin embargo conviene diferenciarlos.
Medio de prueba es todo aquello que permite conocer los hechos propuestos como
relevantes en un proceso judicial; es decir, lo que permite formular o verificar
enunciados que sirven para reconstruir los eventos planteados por las partes.
Desempeñan una función cognoscitiva de los hechos a probar. Ejemplo: declaración
de testigos, documentos, instrumentos, informes, reconocimientos, inspección
judicial, etcétera.
Resultado probatorio-conclusión es el producto obtenido a partir de los medios de
prueba; esto es, el conocimiento obtenido del hecho controvertido o enunciado
fáctico verificado que lo describe. Ejerce una función justificatoria, autoriza a elegir
racionalmente entre las diversas aserciones formuladas en el proceso,
confirmándolas o refutándolas.
Procedimiento probatorio es la conexión entre los medios de prueba y el resultado
probatorio, operación intelectual (constatación o inferencia) mediante la cual, a
partir de los medios de prueba, se conocen los hechos propuestos para la decisión.
Su función es cognoscitiva, pues permite al juez conocer o descubrir los hechos.[9]
3. Sistemas de apreciación de medios de prueba
La apreciación de los medios de prueba es una actividad sujeta a reglas[10]. En
efecto, un régimen procedimental puede optar por diversos sistemas de apreciación
de las pruebas. Las opciones tradicionales pueden darse entre el sistema de prueba
legal o tasada, el sistema de las libres convicciones y el sistema de la “sana
crítica”[11]. También, un procedimiento puede combinar sistemas. El de “sana
crítica” excluye, en principio, todo tipo de limitación legal para la obtención de un
resultado o conclusión probatoria en oposición al sistema de prueba legal[12], y,
por otra parte, sólo puede arribarse a una conclusión probatoria justificada con
ajuste a ciertas reglas por oposición a lo que acontece en el sistema de libres
convicciones[13].
El procedimiento que opta por el sistema de “sana crítica” sujeta al magistrado en
la apreciación de la prueba a tres conjuntos de reglas. Así, se ha dicho que: “[...] el
juzgador no está sometido a reglas que prefijen el valor de las pruebas, sino que es
libre para apreciarlas en su eficacia, con el único límite de que su juicio sea
razonable. Es decir, que al apreciar los elementos de prueba incorporados al
proceso, observe las reglas fundamentales de la lógica, de la psicología y de la
experiencia común que deben siempre informar el desenvolvimiento de la
sentencia”[14]. Tales son, pues, las reglas de la lógica (principios de identidad, no
contradicción, tercero excluido y el denominado principio de razón suficiente), las
reglas de la psicología común (de uso extendido para la evaluación de los
testimonios en orden a la claridad de percepción, entendimiento, coherencia,
ordenación, derivación en sentido débil, claridad, simpleza, rapidez y concisión de
respuestas, franqueza o turbación[15], entre otras) y las reglas de la experiencia.
La exclusión de limitación legal del valor de una prueba por un lado, o libertad
absoluta por el otro, significa que el juez posee una discrecionalidad -más o menos-
reglada en la valoración de la prueba, pues se le determina un ámbito de poder
discrecional: es una actividad sujeta a reglas.
4. La existencia de incertidumbre
Ahora bien, la norma en análisis presupone la existencia de incertidumbre en orden
a dos o más conclusiones respecto de la valoración de prueba (siempre sujeta a
reglas). Una de las conclusiones es más favorable que la otra; entonces, el juez
debe preferir aquella.
El contexto de incertidumbre (duda) debe exhibirse como un estado de cosas
procesal luego de la utilización de las reglas procedimentales que afectan a los
medios, los procedimientos y las conclusiones probatorias. La duda no es sólo y
únicamente un estado psicológico – cognitivo del sujeto llamado juez; si así fuese,
la sociedad toda estaría bajo un psicologismo incontrolable; la duda es un estado
de incertidumbre acerca de qué resultado de la apreciación de la prueba conducirá
(eficacia) a la determinación de los hechos en un caso judicial.
La incertidumbre se da en el espacio cognitivo de la autoridad judicial como sujeto
pero no puede quedar allí encerrado, debe exponerse en la decisión – documento
(sentencia – premisa fáctica) para que sea controlable por otros jueces (superiores)
por las partes (en conflicto) y por la comunidad jurídica.
5. Formalización débil
Débilmente formalizado, resulta que el criterio de “apreciación de prueba más
favorable”, presupuesta la duda, clasifica a los resultados del proceso valorativo
según la propiedad de tener dos presentaciones, una de las cuales respecto de la
otra, es favorable (conclusión probatoria F) o desfavorable (conclusión probatoria -
F). Como preferencia, “c p F” es preferible a “c p –F”. Si el caso concreto exhibe,
luego del proceso probatorio, dos resultados conclusivos, debe preferirse aquel que
resulte más favorable al trabajador.
La nueva disposición exhibe, entonces, una característica relacional[16], acerca de
conclusiones probatorias (para la determinación de los hechos en la decisión
judicial), pues, en comparación con otras, reúnen ciertas propiedades que las hacen
preferentes, esto es, tienen ciertas notas que las establecen elegibles. De ello se
sigue que quien afirma que una apreciación de la prueba es más favorable, debe
necesariamente confrontar tal resultado probatorio con otro que está presupuesto
en su afirmación.
El “conjunto de reglas” (lógica, psicología, experiencia) antes señalado como la
preferencia por el resultado probatorio más favorable debe estar expuesto en el
acto (documento) de quien emite el pronunciamiento. Dicho de otra manera, debe
evidenciar que ha usado las reglas (procesales y sustanciales) para arribar a la
conclusión obtenida del material probatorio. Si en la sentencia, que es de algún
modo una proyección intelectual del acto de juzgar, se observa el cumplimiento de
tales pautas, se puede predicar que tal pronunciamiento es “motivado”.[17]
III. CONCLUSIONES
El in dubio pro operario en la apreciación de la prueba introduce una norma de
actividad para el aseguramiento de un estándar de preferencia en la producción del
conocimiento de los hechos en los conflictos judiciales.
La regla de apreciación de la prueba más favorable al trabajador se ubica en un
contexto de incertidumbre (duda) para resolver el problema del conocimiento de los
hechos en un caso judicial.
La actividad del juez para conocer los hechos del caso no es una tarea mecánica ni
debe ser arbitraria.
Por prueba se entiende a los medios, resultados y procedimientos. Sin embargo,
conviene diferenciarlos y esclarecer qué función cumple cada uno (cognoscitiva o
justificatoria).
La función judicial se despliega en un marco sujeto a reglas (lógica, psicología,
experiencia) y se debe esperar de la autoridad judicial un ejercicio razonable de su
faena valorativa en relación a los medios de prueba y al resultado global de su
juicio en materia de hechos.
Ahora bien, si luego del uso de las reglas procedimentales y sustanciales que
afectan a los medios, los procedimientos y las conclusiones probatorias persiste la
incertidumbre acerca del resultado global de la apreciación debe decidirse a favor
del trabajador.
Esta apreciación más favorable clasifica los resultados del proceso valorativo global
según la propiedad de tener dos presentaciones, una de las cuales respecto de la
otra, es favorable (conclusión probatoria F) o desfavorable (conclusión probatoria –
F). Como preferencia, la conclusión probatoria favorable es preferible a la
conclusión probatoria no favorable. Si el caso judicial (concreto) exhibe, luego del
proceso probatorio, dos resultados conclusivos, debe preferirse aquel que resulte
más favorable al trabajador.
La autoridad judicial que afirma que una apreciación de la prueba es más favorable,
debe necesariamente confrontar tal resultado probatorio con otro que está
presupuesto en su afirmación, y exhibirlo para que su argumentación sea completa
(motivación).-
[1] Abogado (UCC). Especialista en Derecho Procesal (UNC). Maestrando en Derecho
y Argumentación (UNC). Profesor e investigador (UCC). Vocal de la Cámara del
Trabajo de la ciudad de Córdoba.
[2] "Fuentes formales son, pues, los hechos, procedimientos o circunstancias que
otorgan a ciertas conductas la condición de ser obligatorias, prohibidas o
facultativas en un sistema jurídico determinado" (GUIBOURG, Ricardo, "Fuentes del
derecho", AA.VV., El derecho y la justicia. Trotta, Madrid, 1996, pág. 179).
[3] El análisis de lo que comprende la ‘actividad’ del juez es complejo. Sin embargo,
puede identificarse, en la ciencia jurídica, bajo la expresión “poder – deber” que se
usa en forma indiscriminada para referir a todo el sistema normativo que regula la
constitución y actividad del juez; sin embargo, conviene efectuar la siguiente
distinción: Poder se refiere a las normas de competencia que se encuentra en el
núcleo de significado de la palabra autoridad como una habilitación conferida por el
sistema jurídico para resolver determinado tipo de conflictos. Deber remite a
normas obligatorias que rigen su conducta dentro del proceso. También, es posible
entender la expresión “poder – deber” como una afirmación que contenga normas
que obligan una determinada conducta -las normas de actividad- que presuponen
que el órgano de aplicación puede hacer -tiene competencia para ello- (VON
WRIGHT, Georg Henrik, Norma y acción – Una investigación lógica, Tecnos, Madrid,
1979, pág. 126).
[4] GASCÓN ABELLÁN, Marina, Los hechos en el derecho. Madrid: Marcial Pons,
2004, p. 48.
[5] El término caso puede significar: caso genérico que son los hechos descriptos
por la norma en forma general y abstracta. Cuando preguntamos: ¿cuál es el caso
general regulado por la norma? Ello comprende a la actividad intelectual tanto del
abogado como del juez. El primero tendiente a dilucidar si el acontecimiento que le
describe el cliente engasta o no en las circunstancias generales de tiempo, lugar y
modo contenida en alguna norma; el segundo el periplo mental que realiza desde
las postulaciones y resistencia de las partes para procurar determinar si las mismas
se adecuan como acontecimientos particulares del genérico. De lo precedente
resulta el caso particular: conjunto de los acontecimientos individuales que se
ventilarán en el proceso judicial, introducidos por las partes o que son producto de
la investigación de la acción punitiva del Estado. Ahora, los enunciados que fijan los
hechos dentro de una decisión judicial y permiten al órgano judicial dictar
resolución definitiva, luego de la actividad probatoria, dan como resultado un caso
judicial: conjunto de enunciados sobre acontecimientos que se obtiene como
resultado de las pruebas incorporas, producidas, valoradas y justificadas conforme
a reglas (TOSTO, Gabriel, Los enunciados sobre hechos y las pruebas dentro de la
decisión judicial. Informe de investigación. Especialización en Derecho Procesal
Universidad Nacional de Córdoba, 2000-2002 (en prensa). También se puede
consultar: NAVARRO, Pablo, “Casos difíciles, lagunas en el derecho y discreción
judicial” en AA.VV, Lagunas en el derecho. Madrid – Barcelona: Marcial Pons, 2005,
pp. 91-95 y TOSTO, Gabriel, “La determinación de la remuneración por los jueces y
la decisión judicial (Aproximación a un modelo)”, en AAVV, Remuneraciones – II,
RDL 2005 – 1, Santa Fe, Rubinzal – Culzoni Editores, 2005, pp. 131-133.
[6] ALCHOURRÓN, Carlos – BULYGIN, Eugenio, “Los límites de la lógica y el
razonamiento jurídico” en ALCHOURRÓN, Carlos – BULYGIN, Eugenio, Análisis
lógico y derecho. Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1991, págs. 305-
306.
[7] VON WRIGTH, Georg Henrik, op. cit., p. 126.
[8] CS, Fallos 302:1611.
[9] GASCÓN ABELLÁN, Marina, op. cit., pp. 84-85.
[10] También debe ajustarse a reglas la aplicación del derecho y la determinación o
reconstrucción de los hechos. Esto se estudia bajo el tema de la justificación y
motivación de la sentencia-documento.
[11] FALCON, Enrique, Gráfica Procesal, Buenos Aires, Editorial Abeledo-Perrot,
1983. p. 35.
[12] GARRONE, José Alberto, Diccionario Jurídico Abeledo Perrot, Buenos Aires,
Editorial Abeledo Perrot, T III, P- p. 344.
[13] NOCETTI FASOLINO, Alfredo, “Libre Convicción” en Enciclopedia Jurídica OMEBA, Buenos
Aires, Tomo XVIII, Ed. Bibliográfica Argentina, 1964, p. 135.
[14] DE LA RUA, Fernando, El Recurso de Casación, Buenos Aires. Editor Zavalía,
1968, p. 176.
[15] STAFFORINI, Eduardo, Derecho Procesal Social, Buenos Aires, Tipográfica
Editora Argentina, 1955, p. 586.
[16] HOSPERS, John, Introducción al análisis filosófico, Alianza, Madrid, 1980, págs.
50-51.
[17] CLARIA OLMEDO, Jorge A., Derecho Procesal, Buenos Aires, Ediciones
Depalma, 1983, p. 202.