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Este documento contiene 3 poemas del poeta alemán Enrique Heine. Los poemas tratan sobre el amor no correspondido y la separación dolorosa de los amantes. El primer poema expresa el sufrimiento por un amor imposible. El segundo describe cómo el amor puede causar tanto alegría como dolor. El tercero señala la belleza externa pero frialdad interna de la amada.

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Este documento contiene 3 poemas del poeta alemán Enrique Heine. Los poemas tratan sobre el amor no correspondido y la separación dolorosa de los amantes. El primer poema expresa el sufrimiento por un amor imposible. El segundo describe cómo el amor puede causar tanto alegría como dolor. El tercero señala la belleza externa pero frialdad interna de la amada.

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•■ ■ ■ ■ ■ ■ ■.
-
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-
- º*
-)

BIBLIOTECA UNIVERSAIL.
BIBLI0TECA UNIVERSAL,

COLECCION
DE L0ió

MIEJO ERES AUTO R ES


ANTIGUOS Y MODERNOs,
NA Cl O NALES Y EXTR AN J. E. R. OS.

TOMO VI.

POESÍAS LRICAS ALEMANAS


- Di,

--

HEINE, UILAND, zEDLITz, RückERT, Xº .


HOFFMANN, PLATEN, HARTMANN Y OTROS AUTORES,
VERTIDAS EN CASTELLANO

POR,

JA IME C LA PR K.

- se

MADERID.
DIRE CCI o N Y A DM 1N I sTRACION,
San Mateo, núm. 11, cuarto bajo.
1873.
s

lMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE M. RIVADENEYRA,


calle del Duque de Osuna, número 3.
AL QUE LEY ERE.

Pocas literaturas habrá que gocen de


una reputacion tan universal y tan mere
cida como la alemana. Goethe, Schiller,
Lessing, Herder, Heine, Uhland, Hoffmann,
Rückert, son nombres tan conocidos como
respetados. La originalidad de las concep
ciones, la profundidad de los pensamien
tos, la galanura y sencillez del estilo con
que han exornado sus obras poéticas, son
de todos reconocidas y admiradas.
Pero á pesar de su mucha fama y de su
gran mérito, escasísimas son las obras de
estos ingenios que hayan sido vertidas de
su primitivo idioma al rico y sonoro cas
tellano. Ciertamente la coleccion de poesías
que tengo el honor de ofrecer al público no
— VI —

podrá, ni áun por asomo, llenar este vacío


de que adolece nuestra moderna literatura;
ni bastan cien poesías, por notables que
sean, á dará conocer el ancho y fecundo
campo en que ostenta sus ricas galas la
poesía lírica alemana. Al traducir las si
guientes composiciones, no me propuse
sino ensayarme en un género poco culti
vado por nuestros poetas modernos; y
como ensayo, y no otra cosa, ofrezco al
público este librito. Si lograse la dicha de
merecer su aprobacion, no vacilaría en
probar mis fuerzas en algun trabajo de
mayor importancia, para cuya empresa me
sobran fe y voluntad.
Los poetas cuyos nombres figuran en
esta coleccion pertenecen todos, segun se
verá por las noticias biográficas de que van
precedidas sus respectivas composiciones,
á la última pléyada que ha enriquecido
con su Canto el Parnaso aleman. He creido
que sus poesías serían más del agrado de
nuestro público que las de poetas anterio
res, aunque de mayor fama.
Al ejecutar este trabajo, he tenido espe
cial cuidado en sujetarme, no sólo al pen
samiento, sino tambien á la forma del ori
— vII —

ginal. En la inmensa mayoría de los casos,


esto mo me ha sido de todo punto posible,
pues los alemanes poseen una gran variedad
de metros cuyo uso no está autorizado por
muestros buenos poetas; pero áun en estos
casos he tratado de conservar en la tra
duccion el carácter del original, sustitu
yendo el metro usado por el poeta aleman
con otro parecido, ó de índole análoga.
Con lo cual dicho se está que he parafra
seado lo ménos posible. Por la misma ra
zon, si alguna belleza conservan estas
composiciones en el nuevo aderezo con
que hoy salen á luz, es debida enteramen
te al talento de sus primitivos padres: sus
imperfecciones tan sólo son hijas de mi
torpeza.
JAIME CLARR.

Madrid, 20 de Enero de 1872.


ENRIQUE HEINE,

Enrique Heine mació en Düsseldorf (Pru


sia), segun algunos biógrafos, el dia 13
de Diciembre de 1799; pero él mismo nos
da cuenta de su venida al mundo en los
términos siguientes: -

Nací el dia .." de Enero de 1800, y por


lo tanto, soy el primer hombre de mi si
glo. Sus padres fueron israelitas, pero él
se convirtió á la religion protestante en
1825, á fin de que, segun su propia ex
presion, M. de Rotschild no tuviese el
derecho de tratarle familiarmente. Cursó
leyes sucesivamente en las universidades
de Bonn, Berlin y Goettinga, en donde se
recibió de doctor. Pasó luégo algunos años
de su vida en Hamburgo, Berlin y Munich.
En 1822 dió á luz sus primeras Poesías en
Berlin (Gedichte, Berlin), y en el mismo año
— 10 —

publicó sus dos tragedias Almanzor y Ratt.


cliff, y su Intermedio lírico (lyrisches In
termezzo), una de las obras en que más re
salta su estilo peculiar, pero que en aque
lla época pasó casi inadvertida. Su repu
tacion data del año 1820, en cuyo trascur
so dió á luz el primer tomo de sus célebres
Impresiones de viaje (Reisebilder, Hambur.
go, 1820-1827, cuatro tomos; cuarta edi
cion, 1850). El éxito que alcanzó esta obra
fué debido, en parte, á la originalidad y
elegancia del estilo, pero principalmente
á las atrevidas alusiones políticas que en
cierra, dirigidas, tanto á los soberanos de
Alemania como á los de los demas Estados
de Europa. El Libro de los cantares (Buch
der Lieder; Hamburgo, 1827; décima edi
cion, 1852), del cual hemos sacado la ma
yor parte de las composiciones insertas en
esta coleccion, colocó á Enrique Heine á
la cabeza de la Jóven Alemania, ó sea de
aquella escuela política á la par que litera
ria, cuyo principal objeto no era otro que
el de resucitar, tanto en literatura como
en artes y política, las glorias alemanas de
la Edad Media. Los crueles epigramas y las
frases satíricas de que están salpicadas las
— 11 —

obras de Heine, le crearon gran número


de enemigos en Alemania; por cuyo moti
vo, sin duda, emigró á Francia despues de
la revolucion de Julio de 1830, llegando á
ser en costumbres, genio y corazon más
frances que aleman. No tardó en familiari
zarse con el idioma del pueblo en cuyo
seno vivia; tradujo él mismo sus Impresio
nes de viaje al frances, y siguió publican
do, en prosa y verso, gran número de
obras, en las que soltó el freno á su genio
satírico, dejando mal parada, ya á su ma
dre patria, ya á su patria adoptiva.
Por espacio de veinticinco años Heine
vivió en Francia, haciendo, no con mucha
frecuencia, breves excursiones á Alemania.
El rey Luis Felipe le pagaba una pension
de su bolsillo particular. Fué en Francia
tambien donde se casó, y murió allí mismo
el dia 17 de Febrero de 1856, despues de
un largo y penoso ataque de parálisis, y
una ceguera más larga aún. En París, don
de residia, compuso Heine la mayor parte
de sus obras : Hahldorf, cartas sobre la
nobleza, dirigidas al Conde de Moltke (Kahl
dorf über den Adel, in Briefen an den Gra
fen von Moltke, Hamburgo, 1831); Estudios
— 12 —

sobre la historia de la literatura moderna


en Alemania (Beitráge zur Gesehichte der
neuern schönen Literatur in Deutschland,
Ibid., 1833, dos tomos); El estado de Fran
cia (Franzósische Zustánde, Ibid., 1833);
Coleccion de artículos sobre París, publica
dos en la Gaceta Universal (Allgemeine Zei
tung); El Salon (der Salon, Ibid., 1835-1840;
segunda edicion, y 1849); La escuela ro
mántica (die romantische Schule, Ibid., 1836);
Las mujeres de Shakspeare, con comenta
rios (Shakspeare's Mädchen und Frauen, mit
Erlâuterungen, París y Leipzig, 1839) so
bre Boerne (über Boerne, Hamburgo, 1840);
Nuevas poesías (Neue Gedichte, Ibid., 1844),
seguidas de un Apéndice (Ibid., 1847); un
tercer tomo de poesías, El romancero
(Ibid., 1851): El Doctor Faust (Ibid., 1851),
Luctecia (Hamburgo y París, 1854, en ale
man y en frances); esta última obra es una
sátira aguda contra Francia y los escrito
res franceses.
Heine, como todos los hombres de gran
talento, sobre todo de gran talento satírico,
ha tenido y tiene grandes detractores á la
par que defensores y apologistas apasio
mados. Algunos críticos alemanes han cen
— 13 —

surado con no poca dureza su frivolidad


francesa y la falta absoluta de fe política
y religiosa que se advierte en sus escritos.
Pero los ménos apasionados le han consi
derado siempre como uno de los primeros
poetas que ha producido la moderna Ale
mania, y no falta quien le haya compara-
do, por su fecundidad epigramática, con
Cervántes, Swift y Voltaire, por su cinis
mo con Aristófanes y Rabelais, por su sen
timentalismo ardiente y amarga ironía con
Byron, con cuya vida privada no deja de
tener la de Heine muchos puntos de seme
janza.
ENRIQUE HEINE.

CANTARES.

I.

Tienes diamantes y perlas,


Cuanto al hombre inspira afan :
Y tienes tus lindos ojos.....
—Mi vida, ¿qué quieres más?
He compuesto más cantares
Que perlas encierra el mar
Sobre tus ojos tan lindos.....
—Mi vida, ¿qué quieres más?
Y con esos lindos ojos
Me has hecho tan hondo mal,
Que ya perdido me tienes.....
—Mi vida, ¿qué quieres más?

II.

Cuánto me han hecho llorar,


Y sufrir y padecer,
— 16 —

Las unas con sus amores,


Las otras con su desden

El pan me ha emponzoñado;
El agua que iba á beber;
Las unas con sus amores,
Las otras con su desden.

Pero más que ningun otra,


Una me hizo padecer;
Y esa ni me odió jamas,
Ni jamas me quiso bien.

III.

De tus azules ojos las violetas,


De tus mejillas las purpúreas rosas,
Los blancos lirios de tus manos breves
Florecen sin cesar. Atroz delito!
Tu corazon tan sólo está marchito

IV.

Las gentes al separarse


Tristes las manos se dan;
Tristes á llorar empiezan,
Y sollozan sin cesar.

Mas nosotros no lloramos,


Ni áun exhalamos un ay!
— 17 —

Las lágrimas y sollozos


Dimos separados ya!

V.

Ambos á dos se querian


Sin quererlo confesar;
Se miraban con enojos,
Y entónces se amaban más.

Se separaron por fin;


Sólo víanse al soñar;
Habian muerto los dos
Y lo ignoraban quizá.

VI.

Cubre tu tersa mejilla


El sol del ardiente estío,
Y el invierno, yerto y frio,
Embarga tu corazon.
En breve habrá en tí mudanza;
Saldrá á tu rostro, bien mio,
El invierno, y el estío
Arderá en tu corazon.

VII.

Sabre árida altura un pino


En el Norte se adormece,
Cubiertas sus verdes ramas
De copos de blanca nieve.
Sueña con una palmera
Que, léjos en el Oriente,
Solitaria y muda llora
Entre peñascos ardientes.

VIII.

Centelleando se extendia
El mar al anochecer;
En su onda se iba á esconder
El postrer rayo del dia.
Estaba con ella á solas
Y callábamos los dos;
El ave marina en pos es

Iba de las gruesas olas. -

Negra la nube cubria


El cielo de su color,
Y una lágrima de amor
De sus párpados pendia.
La vi caer en Su mano
Y de hinojos me postré;
Y con un beso quité
La lágrima de su mano (1).
(1) La repeticion de esta palabra por consonante se
halla en el original.
— 19 —

Desde aquel dia la calma


De mi vida se apartó,
Y es que ella me envenenó
Con sus lágrimas el alma.

IX.

Ven, pescadora, acerca tu barquillla,


Suelta el timon, que hácia la playa va:
De amor ardiendo, en la risueña orilla
Tu amante fiel está.

Repose en este pecho tu cabeza;


No temas, pescadora, mi pasion :
La que se entrega al mar en su fiereza,
¿Huirá mi corazon ?
Mi corazon al hondo mar figura;
Agítanle marea y huracan,
Y bellas perlas en su arena oscura
Escondidas están.

X.

Cándida, pura y bella


Eres como una flor;
Te miro, y de amargura
Rebosa el corazon.

Las manos en tu frente


Cruzo, rogando á Dios
— 20 —

Que bella, pura y cándida


Te guarde cual la flor.

XI.

En el florido Mayo,
Cuando brotan las flores,
Ardió por vez primera
Mi corazon de amores.

En el florido Mayo,
Cuando cantan las aves,
Te revelé las ánsias
De mi querer suaves.

XII.

Regada de mis lágrimas


Crece una linda flor,
Y mis suspiros flébiles
Imita el ruiseñor.

Si me amas, niña cándida,


Tuya será la flor,
Y en tu balcon recóndita
Oirás al ruiseñor.

XIII.

Cuando me miro en tus azules ojos,


Se trueca mi honda pena en dulce calma;
— 21 —

Pero al besarte en esos labios rojos,


Salud al cuerpo das y vida al alma.
Cuando en tu seno yazgo placentero,
Celestial dicha el corazon me embarga;
Mas si me dices: (dulce bien, te quiero),
Del llanto he de soltar la fuente amarga.

XIV.

En la celeste bóveda
Se miran las estrellas,
Desde siglos recónditos
Se quieren todas ellas.
Se hablan con voz dulcísima
Cual flor de tierno aroma;
Pero ningun filólogo
Entiende aquel idioma.
Yo lo aprendí solícito,
Y de él no olvido nada;
Sirvióme de gramática
El rostro de mi amada.

XV.

Apoya en mi mejilla tu mejilla,


Y forme nuestro llanto un solo rio;
Junta á mi pecho el tuyo sin mancilla,
Y ardan sus llamas juntas, dueño mio.
— 22 —

Y cuando inunda aquel raudal de llanto


La hoguera de tu llama y de la mia, º
Te oprimiré á mi pecho tanto, tanto,
Que moriré de gozo y de alegría!

XVI.

¿No me amas? ¿No me quieres?


Pues no me enfadaré;
Sólo con ver tu rostro
Soy más feliz que un rey.
Que me odias me asegura
Tu boca de clavel;
Deja que te la bese
Y me consolaré.

XVII.

¡Ay si supieran las flores


Lo que siente el pecho mio,
Para calmar mis dolores
Lloráran dulce rocío.

Y si supieran las aves


Que estoy triste y sufro tanto,
Entonarian siüaves,
Para aliviarme, su canto.
Si supieran las estrellas
El tormento de mi alma,
— 23 —

Bajarian todas ellas


Á devolverme la calma.

Pero ellas mi mal ignoran,


Sólo lo sabe una ingrata;
Por ella mis ojos lloran,
Y es ella la que me mata.

XVIII.

¿Por qué tan mustias cuelgan en la mata


Las rosas, di? Por qué
No vierte la violeta esencia grata,
La flor que tanto anué?
Dime, mi bien, ¿por qué la alondra trina
Con notas de dolor?
¿Por qué la fresca hierba no germina
Ni exhala grato olor?
¿Por qué ilumina el sol con rayo enfermo
Del campo la ancha faz?
¿Por qué aparece como vasto yermo
La tierra tan feraz? *,

¿Por qué he de estar tan triste y tan ca


Yo mismo, niña, di? llado
¿Por qué me abandonaste, dueño amado,
Y me dejaste así?
XIX.

Te quise; mi pecho áun te ama,


Y áun cuando el mundo se hundiera,
Viva de mi amor la llama
De sus escombros saliera.

XX.

Mi canto está emponzoñado,


Por fuerza. ¿No lo ha de estar,
Si en el cáliz de mi vida
Veneno arrojas no más?
Mi canto está emponzoñado,
Por fuerza. ¿No lo ha de estar
Si en mi corazon se anidan
Víboras, y tú ademas?

XXI.

Si fuera golondrina
Volára adonde estás,
Para colgar mi nido
Do tus ventanas dan.

XXII.

Lágrimas vertí en mi sueño;


Que habias muerto soñé.
— 25 —

Me desperté, pero el llanto


Aun no cesó de correr.

Lágrimas vertí en mi sueño;


Que me dejabas soñé.
Me desperté, y áun lloraba
Mucho más que la otra vez.
Lágrimas vertí en mi sueño;
Que me querias soñé.
Me desperté, y todavía
Corre mi llanto cruel.

XXIII.

Zafiros son tus ojos,


Más bellos no los hay,
Y el hombre á quien auguren
Amor, feliz será.
Tu pecho es un diamante
Que arroja claridad,
Y el hombre por quien arda
De amor, feliz será.
Rubíes son tus labios,
Más rojos no los hay,
Y el hombre á quien suspiren
De amor, feliz será.
Á solas con ese hombre
Yo me quisiera hallar,
— 26 —

¡Qué pronto fin daria


Á su felicidad

XXIV.

Viajamos los dos en posta


Solos una noche entera,
Y en mi seno aquella noche
Reposaste placentera.
Y al salir el sol radiante,
¡Cuál nos admiramos luégo!
Viendo entre los dos sentado
Á un rapaz alado y ciego.
XXV.

Me dije, desesperado,
Aguantarlo no podré;
Y con todo he aguantado.....
Con qué angustia, no os diré

XXVI.

Soñaba profundamente,
Y su rostro contemplaba,
Y mi sueño lentamente
Vida y expresion le daba.
Asomó á sus labios rojos
Encantadora sonrisa,
— 27 —

Y de sus azules ojos


El llanto corria aprisa.
De mis párpados, el llanto
Tambien ardiente caia.—
¡Ay de mí! me cuesta tanto
Creer que te has muerto, alma mia!

XXVII.

Un jóven ama á una niña,


Que á su vez á otro eligió;
Pero éste amaba á otra niña,
Y con ella se casó.

La otra niña, de despecho


La mano al primero da
Que en el camino se encuentra;
El jóven perdido está.
Esta es una antigua historia,
Siempre nueva, en conclusion;
Y al que le pasa, por cierto,
Se le parte el corazon.

XXVIII.

En mis sueños me apareces


Todas las noches, mi bien,
Y vertiendo amargo llanto,
Postrado quedo á tus piés,
— 28 —
Mirándome con tristeza
Sacudes la blanca sien,
Y de tus azules ojos
Las perlas veo caer.
Me hablas con voz misteriosa,
Me coronas de cipres.
Despierto, y no hallo la rama,
Y la palabra olvidé.

XXIX.

Diéronme aviso y consejo,


Y me colmaron de honores;
Dijeron que si esperase,
Serian mis protectores.
Yá pesar de sus promesas,
Me quedára en esqueleto,
Á no ser por un valiente
Que me sacó del aprieto.
Dióme pan aquel buen hombre:
Lo ensalzaré eternamente.
Siento no poder besarle:
Soy yo mismo ese valiente.

XXX.

Erase un rey anciano


- De yerto corazon, de pelo cano;
— 29 —

El pobre por esposa


Tomó á una niña como el cielo hermosa.

Érase un lindo paje,


De rubio pelo, de ínclito linaje:
De la reina á la espalda
Llevaba su flotante y rica falda.
Esta es la antigua historia
Tan tierna, tan fatal, y tan notoria:
Murieron tristemente,
Que tanto amor la dicha no consiente.

XXXI.

Se estrecharon nuestros pechos


En una santa alianza,
Y se juntaron, unidos
En íntima confianza.

Sólo la cándida rosa,


Que, como fiel aliada,
Ornaba tu blanco seno,
Por poco muere estrujada.

XXXII.

Renacen en mi memoria
Sombras que pasaron ya.—
Hallo en tu voz cierto trino
Que conmoviéndome está.
— 30 —

No me digas que me quieres,


Porque yo sé que el querer,
Como las flores de Mayo,
Tiene al fin que fenecer.
¡No me digas que me quieres !
Calla, y pruébame tu amor,
Y no te enfades mañana
Si hallas marchita la flor.

XXXIII.

La carta que me escribiste


No me causa algun pesar,
Que es larga, aunque en ella afirmas
Que me has dejado de amar.
De tu letra tan menuda,
Doce páginas conté!
No es menester tanta prosa
Para decir: — «te planté. »

XXXIV.

No temas nunca que al mundo


Revele mi tierno amor,
Por más que loco te envie
En cada frase una flor.

Entre jazmines y rosas,


En un silencioso Eden,
— 31 —

Guardo oculto mi secreto,


Y escondido tanto bien.

Y no temas, aunque brote


De las rosas mi pasion:
Este mundo no cree en llamas,
Y lo toma por ficcion.

XXXV.

Violas del bosque sombrío,


Cogidas con el albor,
Por la mañana te envío;
Y en las noches del estío,
Rosas de fragrante olor,
Aun cubiertas de rocío.

Y en su lengua misteriosa,
¿Sabes qué quieren decir
La humilde viola y la rosa?
Que seas de dia, hermosa,
Fiel en querer y sentir,
Y de noche, cariñosa.

XXXVI.

Créeme, la primavera
Es estacion severa,
Y tristes en Abril los sueños son.
Tristeza y amargura
— 32 —

Encierra la flor pura;


Del ruiseñor es triste la cancion.

No muestres, pues, risueño


Tu rostro, dulce dueño,
Ni te sonrias con tan honda paz!
Ántes llora, bien mio,
Porque besar ansío,
La lágrima que corre por tu faz.

XXXVII.

Otra vez me arrebata el hado impío


El corazon que con el alma adoro;
Otra vez te abandono, dueño mio,
Y en vano por quedarme, gimo y lloro.
Oigo el coche rodar, rechina el puente,
El rio por debajo va sonoro;
Yo de mi dicha parto nuevamente,
Del corazon que con el alma adoro.
Los astros en el cielo centellean,
Como apiadados de mi amargo duelo.
¡Adios! Aunque mis ojos no te vean,
Te ama mi corazon con loco anhelo.

XXXVIII.

Niebla autumnal, sombra fria,


Cubre el monte y la llanura,
— 33 —

Y la tempestad impía
Roba al árbol su verdura.

Sólo un triste tronco, en tanto,


Lozana aún guarda la hoja,
Pero mudo, amargo llanto
De su verde copa arroja.
Aquel páramo desierto
Es la imágen de mi vida,
Y el árbol de hoja cubierto
Eres tú, mujer querida.

XXXIX.

Suspirando está una dama


Del hondo mar en la orilla;
Palidece su mejilla
Al ver la puesta del sol.
No os turbeis, hermosa dama;
No hay por qué: pues si á Poniente
Se hunde el sol, luégo en Oriente
Torna á lucir su arrebol.

XL.

Cuando vago por la selva


De noche, en hora callada,
Siempre á mi lado caminas
Con misteriosa pisada.
— 34 —

¿ No es aquél tu blanco velo?


¿No es la lumbre de tus ojos?
¿Ó es el rayo de la luna
Que ilumina los abrojos?
¿Es mi propio llanto acaso
El que raudo está corriendo?
¿0 de véras me acompañas
Tiernas lágrimas vertiendo?

XLI.

Bien sabía que me amabas;


Há tiempo que lo noté,
Y al oirlo de tu boca,
Sorprendido, me turbé.
Trepando por altos montes,
Alegre canto entoné;
Y al hundirse el sol radiante,
Á orilla del mar, lloré.
Mi corazon se semeja
Á ese sol que arder se ve,
Y él tambien radiante se hunde
En un mar de amor y fe.

XLII.

Con negra lona mi bajel navega


Por el airado mar:
— 35 —

Sabiendo tú que mi alma no sosiega,


Aumentas su pesar.
Tu amor conmigo como el viento juega,
Se muda sin cesar:
Con negra lona mi bajel navega
Por el airado mar.

XLIII.

Del hondo mar en la escabrosa orilla,


Triste con mis ensueños me hallo á solas.
El viento zumba, la gabiota chilla,
De espuma coronadas van las olas.
, Amor juré con entusiasta acento
A amigos y á mujeres adoradas.
¿En dónde están? Airado zumba el viento,
De espuma van las olas coronadas.

XLIV.

Brilla á los rayos del dia


El mar cual si de oro fuera.
Hermanos, cuando me muera
Sepultadme en su honda fria.
He amado al mar desde niño:
Mil veces su brisa blanda
Templó mi pena nefanda:
Mútuo era nuestro cariño.
— 36 —

En vano: tus sonrisas llegan tarde,


Tus quejas tarde llegan en verdad;
Há tiempo que en mi pecho el fuego no arde
Que altiva desdeñaste sin piedad.
Tarde ese amor con otro amor me pagas!
De tu mirada ardiente el arrebol
Cae en mi pecho, que ora en vano halagas,
Como en la tumba el resplandor del sol.
Sólo saber quisiera ¿dónde, luégo
Que el cuerpo ha muerto, el alma irá á parar?
¿Dó está la llama de apagado fuego ?
¿Dó el viento que cesó ya de soplar?

XLVI.
Envuelta en negro velo
La noche hácia nosotros tiende el vuelo;
Al alma falta brío,
Y nos miramos ya con mútuo hastío.
Te vas haciendo vieja,
Yo más; es nuestro estío que se aleja.
Frio tu amor se apaga,
Tambien el mio: es que el invierno amaga.
Triste es el fin . Las penas
De amor acaban, y otras de ánsia llenas,
d
— 37 —

Mas sin amor, la suerte


Cruel nos da, cual tras la vida, muerte,

XLVII.

Cuando brotaron las rosas,


Cuando cantó el ruiseñor,
Me besaste, me estrechaste
A tu pecho con ardor.
Vino el otoño, y la rosa
Murió, calló el ruiseñor,
Y tú te fuiste, y yo solo
Me quedé con mi dolor.
Largas, frias son las noches.—
Ven á templar su rigor.
¿Ó he de contentarme sólo
Con soñar con nuestro amor?

XLVIII.

Las secas ramas se mecen,


La hoja empieza á caer:—
Todo lo que es bello y tierno
Por fuerza ha de fenecer.

Doran el bosque los rayos


Del sol moribundo ya, -

Cual beso de despedida


Que el estío al bosque da.
— 38 —

Tristes lágrimas del fondo


Brotan de mi corazon:
Aquel cuadro me recuerda
La hora de separacion.
Tuve que dejarte, y supe
Que ibas á morir, mi bien !
Yo era el sol que se ponia,
Tú eras aquel yerto Eden.

XLIX.

Soñé con una niña blanca y bella,


De azules ojos, de trenzado pelo;
Al pié de un olmo me senté con ella,
Y nos cubria el estrellado cielo.

De nuestro amor las cuitas y querellas


Formaban nuestras pláticas sabrosas;
Al vernos sollozaban las estrellas,
Tal vez de nuestros besos envidiosas.

De pronto desperté, y en torno mio


Giré la vista, estaba solo, á oscuras.
Del cielo azul, con rayo mudo y frio,
Su luz vertian las estrellas puras.

L.

Caminan con piés de oro


Las estrellas silenciosas,
— 39 —

Por no despertar la tierra


Que descansa en noche y sombras.
Acechar parece el monte,
Verde oreja es cada hoja;
Y el cerro su brazo extiende
En actitud misteriosa.

Mas ¿qué voz es la que escucho?


Me conmueve el alma toda.
¿Es de mi amada el acento,
Ó del ave tierna nota ?

LI.

Cuando pasas por mi lado,


Y me roza tu vestido,
Mi corazon extasiado
Sigue tu huella perdido.
Me vuelves luégo tus ojos,
É infundes en mí tal miedo,
Que entre dudas y sonrojos,
Apénas seguirte puedo.

Los Dos GRANADERos


Camino de Francia van
Heridos dos granaderos
— 40 —

Que en Rusia, con duro afan,


Se entregaron prisioneros.
Y al llegar á la frontera
De Alemania sin aliento,
Triste nueva les espera,
Les aguarda otro tormento.
Francia ha sido derrotada,
Y á pesar de su valor,
Su hueste está desbandada,
Cautivo su emperador.
Lloraron amargamente
Uno y otro granadero.
— Cual quema esta herida ardiente,
Dijo el uno; yo me muero.—
— Contigo morir quisiera
Tambien, el otro le dijo;
Pero en la patria me espera
Con su madre el tierno hijo.—
— ¿Qué importan de hijo y esposa
La pobreza y el dolor,
Cuando en cárcel afrentosa
Preso está mi emperador?
Otórgame, hermano, un ruego,
Que en breve voy á morir:
Entiérrame en Francia luégo;
Quiero en su seno dormir.
— 41 —

Ponme sobre el corazon


La cruz con cinta encarnada,
Y el arma en mi mano pon,
Cíñeme al lado la espada.
Y así podré vigilar
Cual centinela en la tumba,
Hasta que oiga galopar,
Y oiga el cañon que retumba.
Sabré que mi emperador
Sobre mi tumba cabalga.
De ella saldré vencedor
Porque mi arrojo le valga.

EL DONCEL. HERIDO,

Recuerdo una antigua historia


Que es lúgubre y triste asaz:
Ama un doncel á una dama,
Pero la dama es falaz.

Es fuerza que menosprecie


Por falsa á su dama infiel,
Y por ignoble la llama
Que le domina cruel.

Quisiera entrar en la liza


Y gritar con alta voz:
— 42 —

— Que se aperciba á la lucha


El que no acate mi amor.—
Sin duda calláran todos,
Ménos su amargo dolor:
Tendria que alzar la lanza
Contra el propio corazon.

UNA MUJER.

Se amaban tiernamente cierta bella


Y un pícaro ladron: cuando él hacía
Con suerte alguna de las suyas, ella
Se echaba en el jergon, y se reia.
El dia lo pasaba en embeleso,
De noche ella en su seno se dormia:
Cuando en la cárcel le pusieron preso,
Plantada ella en la reja, se reia.
Él la mandó decir:—Te quiero tanto:
Sin tí vivir no puedo, vida mia:
Ven á enjugar de mi dolor el llanto.—
Y ella con torpe gesto, se reia.
Ahorcáronle á las seis de la mañana;
Á las siete bajó á la tumba fria;
Y al repicar las ocho la campana,
Ella se emborrachaba y se reia.
— 43 —

LA EMBAJADA.

Alerta siervo Cálzate la espuela,


Y ensilla el alazan,
Y á rienda suelta hácia el castillo vuela
Del fioro rey Duncan.
Entras, y en el establo te cobijas;
Luégo con interes
Pregunta al mozo: — ¿Cuál de las dos hijas
Del rey esposa es?—
Si te contesta el mozo:—-Es la morena, —
Vuélvete pronto acá.
Si dice:—No, la rubia es, la azucena,—
No corre prisa ya.
Y á la vecina aldea vete al punto,
Y cómprame un cordel;
Ve lento, y mudo ve como un difunto,
Y vuelve acá con él.

CANTO DE ARREPENTIMIENTO,

Cabalga Ulrico por la selva umbrosa,


Alegre por las ramas zumba el viento,
Y entre las matas una niña hermósa
Le acecha oculta con oido atento.
— 44 —

Bien reconozco, dijo el caballero,


Aquel hermoso engañador semblante,
Que sin cesar me sigue lisonjero,
Con lasciva mirada y provocante.
Dos rosas son aquellos rojos labios,
Que á la mañana vencen en frescura;
Pero su acento suele hacer agravios,
Y sus palabras dan cruel tortura.
Por eso aquella boca regalada
Semeja del rosal la mata umbría,
Que ponzoñosa víbora enroscada
Cobija con su verde lozanía.
Y aquel hoyito seductor tan breve,
Hechizo de su cándida mejilla,
Es sima en donde mi deseo aleve
Me despeñó cubierto de mancilla.
Las hebras de oro de su rizo pelo
Veo flotar en torno de sus sienes.
Las redes son en que mi loco anhelo
Supo prenderme con mentidos bienes.
Sus claros ojos, causa de mis males,
Azules como la ola no turbada,
Me parecieron puertas celestiales,
Y en tanto daban al infierno entrada.

Cabalga Ulrico por la selva oscura,


Lúgubre por las ramas zumba el viento,
— 45 —

Y ante su vista se alza otra figura,


Pálido y yerto el rostro macilento.
¡Ay madre mia dijo el caballero,
Tú que me amaste conternura loca,
Y á quien ingrato di pesar tan fiero,
Ya con mi accion, ya con mi torpe boca l
Secar quisiera el llanto de tus ojos
Con el ardor de mis crueles penas,
Y devolverte los colores rojos
Dándote sangre de mis propias venas
Y Ulrico por la selva su camino
Prosigue sin parar: la sombra crece,
De extrañas voces se oye el leve trino,
Y la nocturna brisa el árbol mece.

¿De dónde vienen tan extrañas voces


Que alegran al viandante en su camino?
Los pájaros seguíanle veloces,
Y así gorjean con sonoro trino :
Ulrico entona aquel sentido canto,
El dulce canto de arrepentimiento;
Con él enjugarás tu amargo llanto,
E)arás con él alivio á tu tormento.
— 46 —

EL AZRAITA.

Á tiempo que el sol declina,


La hija bella del Sultan
A una fuente se encamina,
Cuya linfa cristalina
Murmura con hondo afan.

Y en la orilla de esa fuente


Halla á un esclavo parado
Cuando el sol baja á Poniente,
Y halla el dolor en su frente
Cada dia más marcado.

Una tarde, la Princesa


Le habla, llena de coraje,
Miéntras que él su falda besa:
—Tu patria al punto confiesa:
Dí tu nombre y tu linaje.
—Mohamed los yemenitas
Allá en mi patria me llaman;
Soy de aquellos azraitas
(Bien os lo dicen mis cuitas)
Que se mueren cuando aman.
— 47 —

LORELEI (1).

No sé lo que por mí pasa,


Que tal tristeza me da:
Un cuento de edad remota,
Clavado en mi mente está.

Sopla el cierzo y anochece,


Y tranquilo corre el Rhin;
La cumbre del monte dora
El sol que baja á su fin.
Sentada allá arriba se halla
La más hermosa mujer:
Relucen sus joyas de oro,
De oro es su pelo tambien.
Se peina con peine de oro,
Se peina y canta á la par,
Y tiene mágico hechizo
Su melodioso cantar.

El pescador en su barca
La oye con hondo placer;
No repara en los escollos,
Mira en alto á la mujer.

(1) Lorelei es el nombre con que la tradicion


designa á cierta hada moradora de las orillas
del Rhin,
— 48 —

Al fin perece en las olas


Con su barca el pescador,
Por prestar incauto oido
ese canto seductor.

Madrid, Diciembre de 1871.


LUDWIG UHLAND,

Juan Luis Uhland nació en Tubinga el


26 de Abril de 1787. Cursó leyes en la
Universidad de su ciudad nativa, y en 1810
ganó el título de doctor en Derecho. Sus
primeras poesías conocidas datan del año
1804. Llamaron grandemente la atencion
del público ilustrado aleman las poesías,
principalmente canciones, baladas y ro
mances, que dió á luz durante los años de
1806 á 1813, en el Almanaque de las Musas,
el Almanaque poético y la Floresta de poetas
alemanes (Deutscher Dichtervald). Por esta
época emprendió un viaje literario á París,
y en 1810 se fué á establecer á Stuttgart,
en donde ejerció la abogacía, logrando
poco tiempo despues un modesto destino
en el ministerio de Gracia y Justicia. La
guerra de la Independencia alemana, que
— 50 —

estalló en 1813 y duró hasta 1815, dió


nuevo impulso al talento de Uhland, im
primiéndole aquel sello patriótico que do
mina en todas sus obras. En 1815, con
motivo de la nueva Constitucion que otor
gó el Rey de Wurtemberg á su pueblo, pu
blicó Uhland una coleccion de Poesías (Ge
dichte; 1.° edicion, 1850), las cuales, re
producidas por los periódicos y vendidas
en las calles, coadyuvaron no poco á la
propaganda de las ideas liberales. Á este
libro, del cual hemos sacado las poesías
suyas que figuran en esta coleccion, debe
Uhland su gran popularidad y la fama de
ser uno de los poetas más notables de la
escuela romántica. Ningun poeta aleman
ha sabido dar á sus baladas y romances
sabor y carácter más propios de la Edad
Media que Uhland, en cuyo género de
poesía no reconoce rival. En sus canciones
ha ensalzado los goces de la juventud, las
galas de la naturaleza y las glorias y aspi
raciones políticas de su patria. Su estilo es
vivo, brillante, lleno de fuego y color, y
casi siempre de una sencillez y claridad
admirables.
Ménos afortunado que en la poesía líri- s
— 51 —

ca ha sido Uhland en sus ensayos dramá


ticos; citarémos tan sólo El Duque Ernesto
de Suavia (Heidelberg, 1817) y Luis de
Baviera (Berlin, 1819), reimpresos en un
tomo (Heidelberg, 1846). Se ocupó luégo
en varios trabajos filológicos, críticos é his
tóricos: sobre Walther von der Vogeluveide
(Stuttgart, 1822); sobre el Mito de la leyen
da de Thor (über den Mythus der nord. Sa
genlehre von Thor; Stuttgart, 1836), y una
Coleccion de antiguos cantos populares en
alto y bajo aleman (Alter hoch-und-nieder
dentscher Volkslieder; Stuttgart, 1844-45),
fruto de un detenido y minucioso estu
dio de la literatura alemana de la Edad
Media.
El carácter patriótico de las poesías de
Uhland le facilitaron la entrada en la car
rera política. En 1819 fué elegido diputa
do á la Asamblea de los Estados de Wur
temberg por la gran bailía de Tubinga;
siendo reelegido más adelante por la ciu
dad de Stuttgart, fué nombrado por la Gá
mara secretario de varias importantes co
misiones. En 1830 se le confirió el cargo
de catedrático auxiliar de lengua y litera
tura alemana en la Universidad de Tubin
— 52 —

ga; pero hizo dimision de su destino en


1833, con objeto de ocupar su asiento
como diputado por Wurtemberg, en la
Dieta alemana, en cuya Asamblea figuró
entre los miembros más avanzados de la
oposicion constitucional. No queriendo do
blegarse á las exigencias del partido demo
crático, se retiró de la vida política en 1839;
pero en 1848 sintió renacer su antiguo
entusiasmo, hizo una profesion de fe en
extremo liberal, y fué elegido diputado á
la Asamblea nacional de Franckfort por el
distrito de Tubinga; se afilió al partido
moderado de la izquierda, y abogó en fa
vor de la federacion alemana, no sin mos
trarse bastante alarmado, á causa de las
nuevas teorías proclamadas por la jóven
democracia. Uhland pasó los últimos años
de su vida en el retiro de Tubinga, en
donde murió en 13 de Noviembre de 1862.
En 1857 se celebró en dicha ciudad una
fiesta nacional cón objeto de conmemorar
el septuagésimo aniversario del macimiento
de tan insigne poeta. -
LUDWIG UHLAND.

LA HIJA DE LA VENTERA.

Orilla del Rhin caminan


Tres mozos de bravo humor,
Yá una venta se encaminan,
*.

Que otra vez les albergó.


—Ventera, vino y cerveza
De lo bueno traiga acá.
Mas nos mira con tristeza:
¿Su linda hijita do está?
—Mi cerveza hierve clara,
Buen vino hallaréis aquí;
A mi hijita ay prenda cara!
Sobre el féretro tendí—
De la pieza en que reposa
Traspasaron el umbral,
Y allí vieron á la hermosa
Sobre el lecho funeral.
— 54 —

Y el uno con mano osada


De su rostro el velo alzó;
Fijó en ella su mirada,
Y entristecido exclamó:

—Si vivieras todavía,


Bella niña de alba tez,
Juro que desde este dia
Te amára con honda fe.—

El segundo cogió el manto


Y la yerta faz veló;
Y vertiendo amargo llanto,
De ella la vista apartó.
—¿Y he de verte ay desdichado
En el fúnebre ataud,
Yo que tan constante he amado
Tu belleza y tu virtud?—
Y el otro con pasion loca
Nuevamente el velo alzó,
Y en su mustia y fria boca
Frenético la besó.

—Ántes te amaba, hoy te quiero


Con igual ó mayor fe,
Y á pesar del hado fiero,
Viva ó muerta te amaré.
— 55 —

LA HIJA DEL JOYERO.

En su tienda está el joyero


Entre perlas y diamantes:
—La joya que yo prefiero
Entre todos mis brillantes
Eres tú, bella Leonor,
Tierna hijita de mi amor.—
Galan entró un caballero :
—Guárdeos Dios, linda doncella;
Dios os guarde, buen joyero:
De oro una girnalda bella
Con joyas me habeis de hacer:
Para mi esposa ha de ser.—
Cuando estuvo concluida
La guirnalda reluciente,
Leonor, toda entristecida,
Estando su padre ausente,
De su brazo la colgó
Y á su brillo otro añadió.

—Cuán dichosa es la doncella


Cuya ha de ser la guirnalda
Si en vez de esta joya bella,
De rosas una en mi falda
Me arrojára aquel galan,
Cuán dulce fuera mi afan—
— 56 —
Tornó en breve el caballero;
De su joya mira el brillo :
— Que me place, buen joyero.
De diamantes un anillo
Ahora me habeis de hacer:
Para mi esposa ha de ser.—
Cuando estuvo concluida
La sortija reluciente,
Leonor, toda enternecida,
Estando su padre ausente,
En su mano de marfil
Probó la joya gentil.

— Cuán dichosa es la doncella


Cuyo ha de ser el anillo!
Si en vez de esta joya bella,
De pelo un rizo sencillo
Sólo me diera el galan,
Cuán dulce fuera mi afan!—
Tornó en breve el caballero;
De ambas joyas mira el brillo:
—Que me placen, buen joyero,
La guirnalda y el anillo
Dignos de la esposa son
Que eligió mi corazon.
—Para ver cual la ornarán,
Acercaos, niña hermosa,
Quiero ver cómo os están
— 57 —

Los joyeles de mi esposa,


Que esa dama, sabe Dios,
Es tan bella como vos.

Era un domingo temprano,


Y la niña tierna y gaya
Su aderezo más galano
Vestia y su mejor saya;
Que iba al templo su oracion
A rezar con devocion.

Confusa y ruborizada
Acercóse al caballero,
Que en su frente nacarada
El aro cinó primero,
Y el anillo colocó
En su mano, y la estrechó.

—Leonor cara, niña hermosa,


A tanta virtud me humillo,
Que eres tú la tierna esposa
Á quien guirnalda y anillo
Ofrezco; si de otra hablé,
Tan sólo por burla fué.
— Nacida entre perlas y oro,
Y entre diamantes criada,
Hija de tanto tesoro,
Por fuerza estás destinada
Á merecer tal honor
De mi nobleza y valor.
— 58 —

LA MALDICION DEL BARD0.

En remota edad pasada,


De un castillo los blasones
Atraian la mirada
Por cima de los terrones
Desde la mar azulada.

Y en sus patios y alredores


Daban sombra y grato olor
Árboles y gayas flores,
Y arroyuelos saltadores
Bullian en derredor.

En aquel castillo austero,


Sentado en dorada silla,
Reinaba un déspota fiero;
Pálida era su mejilla,
Torvo su ceño altanero.

Y de condicion tan dura


Como la hoja de su espada,
Su palabra era tortura,
Ira y fuego su mirada,
Roja sangre su escritura.
Fueron alegres un dia
Camino de aquel castillo
Dos bardos de gran valía;
Desde léjos relucia
Del arpa el dorado brillo.
— 59 —

Cubierto de pelo cano,


Caballero en un corcel,
Iba el uno, que era anciano,
Y á su lado iba galano
Rubio y apuesto doncel.
Dijo el anciano al garzon:
—Hijo, aviva en tu memoria
Tu más sentida cancion,
Porque del rey es notoria
La inflexible condicion.—

Dejando afuera el corcel,


Penetran en la alta sala,
Do bajo régio dosel
Ven al rey, y junto á él
La reina, su mejor gala.
Él emanaba fulgores
Como la luz boréal
De siniestros resplandores;
Ella provocaba á amores
Cual luz de luna estival.

Y asiendo su arpa de oro


El viejo la hizo vibrar,
Ora con trino sonoro,
Ora llena de pesar
Cual voz de místico coro.

Y en concierto melodioso
Resonó como lamento
— 60 —

Del mozo el cantar sabroso,


Que acompaña cadencioso
Del viejo el profundo acento.

Cantan de amor y ventura


La feliz pasada edad,
De las damas la hermosura
Cantan, y la libertad
Ensalzan y la bravura.
Y da tema á su cancion
Cuanto ennoblece la vida
Y da aliento al corazon:
La virtud esclarecida,
La sincera devocion.

En la ancha sala el gentío


Sus voces atento escucha:
De Dios se acuerda el impío,
Y ante él humilla su brío
El que encaneció en la lucha.
Y la reina candorosa,
De su ternura vencida,
Al de la voz melodiosa
Arroja en premio la rosa
Que lleva al pecho prendida.
—A mi pueblo has sublevado;
¿Y áun seduces á mi“esposa?—
Grita el rey desatentado,
—61 —

Y en ira criüel rebosa,


Temblando como azogado.
Con la diestra enarbolada,
Cual si fuera leve dardo,
Clava la tajante espada
En el pecho del gallardo
Dueño de la voz preciada.
Bajo el golpe matador
El postrer aliento exhala
El gallardo trovador;
Y un murmullo de terror
Zumba por la régia sala.
Desplomóse el cuerpo muerto
En los brazos del anciano, a
Quien lo puso erguido y yerto,
Del ancho manto cubierto
Sobre su corcel galano.
Y cogiendo su arpa de oro,
En la base de un pilar
Con estadillo sonoro
Hizo en astillas saltar
Aquel único tesoro.
Y saliendo del portillo,
Sobre el levadizo puente
Se detuvo del castillo,
Y así maldijo al caudillo
Con voz que asorda el torrente:
— 62 —

— ¡Ay de tí! morada altiva


Que albergas al matador!
Jamas oigas voz festiva,
Y huya de tu derredor
El bardo con planta esquiva.
Por el eco repetidos
Retumben en tus arcadas
Sólo quejas y gemidos,
O las medrosas pisadas
De esclavos envilecidos.

¡Ay de tí, jardin que dora


Hoy la luz del sol de Mayo
¡Ay de tí, fuente sonora!
Que os abrasen trueno y rayo
Con furia desvastadora.
Y que el huracan sañudo
En un páramo os convierta
Con su soplo fiero y rudo.
Mirad esta cara yerta :
Así os vuelva el cierzo crudo.

¡Ay de tí, rey asesino,


Azote del trovador!
Plegue á Dios que el fiero sino
Siembre, en vez de grato honor,
Vil oprobio en tu camino !
Plegue al cielo que te mueras
Sin lograr famoso nombre
— 63 —

Por la sangre que vertieras!


¡Y que te maldiga el hombre
¡Y seas pasto de fieras —
Al cielo no rogó en vano,
Ni fué hueca exclamacion
La amenaza del anciano:
Cayó al suelo la mansion
Que dió albergue á aquel tirano.
De aquella altiva morada
Atestigua el esplendor
Una columna agrietada, -
Que tal vez quede allanada
Ántes del cercano albor.
Lo que fué jardin umbrío
Hoy es arenal desierto;
Se secaron fuente y rio,
Ni á flor alguna el rocío
Baña en aquel campo yerto.
Nunca popular cancion
El nombre del rey refiere,
Ni habla de él la tradicion :
Con eterno olvido hiere
Del bardo la maldicion.
— 64 —

LOS HÉROES MORIBUNDOS.

Huyendo el sueco la danesa espada,


Llega á la mar airada;
Al fulgor de la luna los guerreros
Blandean sus aceros,
Y heridos yacen sobre el rojo llano
El lindo Esveno y Ulfo, el héroe cano.
ESVENO.

Mal haya, padre! que en la edad más grata


La muerte me arrebata!
No volverá mi madre, en su hondo duelo,
A untar mi rizo pelo,
Y en vano en la alta torre vigilante
Mli vuelta aguardará la tierna amante !
ULFO.

Nos llorarán ; adustos nuestros ceños


Les mostrarán sus sueños.
Mas pronto romperán sus corazones
Tan hórridas visiones; , -

La amada entonce en el festin de Odino,


Risueña escanciará en tu copa el vino.
ESVENO.

Para cantarla al arpa una balada,


Padre, dejé empezada,
— 65 —

De príncipes y de héroes vencedores


En lides y en amores;
El arpa abandonada está, y el viento
Vibra sus cuerdas con funesto acento.

ULFO.

De los guerreros la eternal morada,


Del rojo sol dorada,
Se eleva majestuosa; el firmamento
Forma su pavimento.
En el festin de los guerreros cuánto
No valdrá más que pongas fin al canto!
ESVENo.

Mal haya, padre, que en la edad más grata


La muerte me arrebata!
Voy á morir, y sin blason mi escudo
Está de honor desnudo :
Los doce jueces excluirán severos
A tu hijo del festin de los guerreros.
ULFo.

Los jueces medirán en su balanza


Tu brío y tu pujanza.
Morir pugnando por el patrio suelo
Sea tu solo anhelo.
¡Mira del opresor la fuga horrenda:
Y al cielo mira: aquella es nuestra sendal

3
— 66 —

LAS TRES DONCELLAS.

I.

En lo alto de un castillo tres doncellas


La vista vuelven hácia el hondo valle;
Su padre en un corcel se acerca á ellas,
Ciñe la cota su robusto talle.
— Padre y señor, muy bien venido seas !
¿Qué traes á tus hijas?
Fuimos juiciosas como tú deseas.—
— Hoy, hija mia de la saya gualda,
Ausente en tí pensé. Ya sé cuán grato
Te es el poder lucir tu rica falda;
Tus gustos son las galas y el ornato.
Del cuello arrebaté de un caballero
Esta cadena de oro,
Y en pago de ella díle muerte fiero.—
Tomó la joya la doliente niña,
Y el blanco cuello se ciñó con ella;
Fuese al lugar donde ocurrió la riña,
Y al muerto halló por la sangrienta huella.
— Aquí insepulto estás como un malvado,
Y eres un caballero,
Y en vida te llamé mi dueño amado.—

Entre sus brazos le llevó piadosa


Hasta la iglesia del lugar vecino,
— 67 —

Y le enterró en la tumba do reposa


Su noble estirpe de funesto sino.
Al cuello se estrechó con nudo fuerte
Los rojos eslabones,
Fiel á su dulce amor hasta en la muerte.

II.

De lo alto de un castillo dos doncellas


La vista vuelven hácia el hondo valle,
Su padre en un corcel se acerca á ellas,
Ciñe la cota su robusto talle.
— Padre y señor, muy bien venido seas!
¿Qué traes á tus hijas?
Fuimos juiciosas como tú deseas.—
— Hoy, hija mia de la verde saya,
En tí pensé. La caza es tu alegría,
Y tu mayor placer tener á raya
La rauda fiera allá en la selva umbría.
Arrebaté de manos de un montero
Este venablo agudo,
Y de él en pago díle muerte fiero.—
De manos de su padre la doncella
Tomó el venablo con su diestra fuerte;
Al monte se partió la niña bella,
Gritando por doquier: —Dolor y muerte!—
Y de los tilos en la parda sombra,
Entre sus perros fieles,
Halló á su amante sobre roja alfombra.
- 68 —

— Al verde tilo acudo y á la cita


Como te prometí, mi amado dueño.—
Clavada en el venablo, cual marchita
Silvestre flor, cayó en eterno sueño.
Juntos yacieron, y la brisa arroja
Sobre los dos amantes
Su blando aroma y la caida hoja.

III.

De lo alto de un castillo una doncella


Vuelve los ojos hácia el hondo valle;
Su padre en un corcel se acerca á ella,
Ciñe la cota su robusto talle.
— Padre y señor, muy bien venido seas!
¿Qué traes á tu hija?
Juiciosa he sido como tú deseas.—

— Hoy, hija mia de la blanca saya,


En tí pensé. Tu gusto son las flores,
Y más te agrada su corola gaya
Que de costosas joyas los fulgores.
Quitéle á un atrevido jardinero
Esta flor candorosa,
Y en pago de ella dile muerte fiero.—
— ¿Cuál fué su desacato, padre mio,
Que te movió severo á darle muerte?
Cuidar las flores en el huerto umbrío
Era su afan. Cuán triste es ya su suerte!
— 69 —

— Quiso negarme con palabra osada


La flor de más valía,
Que destinaba al pecho de su amada.—
Tomó la flor la niña candorosa,
Y ornó con ella su virgíneo seno;
Bajó al jardin do un tiempo, tan dichosa,
Pasado habia tanto rato ameno.
En el jardin se alzaba una colina,
Sembrada de azucenas;
Sentada en ella el rostro al suelo inclina.

— Dichosa yo, si al par de mis hermanas


Pudiera darme desastrosa muerte!
Pero las hojas de la flor galanas
Herir no saben de tan fiera suerte. —
Con yerta faz mirando la flor bella,
Vió cual se marchitaba,
Y cuando se agostó, murió con ella.

LA GUIRNALDA.

Iba una niña las pintadas flores


Cogiendo que adornaban un verjel,
Cuando salió de la sombría selva
Bellísima mujer.
Con voz amiga se acercó á su lado,
Y una guirnalda le ciñó á la sien:
— 70 —

— Aun no florece, pero dará flores,


No te la quites, pues.
Creció la niña, y cuando á solas iba
Vertiendo tiernas lágrimas tal vez,
Empezó la guirnalda en su cabeza
Capullos á tener.
Y cuando vino el prometido esposo,
Y ardiente la estrechó á su pecho fiel,
Se convirtieron los capullos todos
En un florido Eden.

De tanto amor el fruto codiciado


Cual tierna madre no tardó en coger:
Doradas frutas la guirnalda rinde,
Más dulces que la miel.
Y cuando el bien amado en tumba fria,
En hondo sueño, sepultado fué,
Flotaron mústias hojas con el pelo
En torno de su sien.

En breve la pusieron yerta y fria,


Ceñida la guirnalda, al lado de él,
Yved oh maravilla! la guirnalda
Volvió á reverdecer.
— 71 —

EL SUEÑÓ.

En un jardin primoroso
Dos tiernos amantes van;
Enfermos y sin reposo,
Las blancas manos se dan.

Y en el rostro y en la boca
Se besaron veces mil;
Volvióles su pasion loca
Lozanos como el Abril.

Sonó una campana impía,


Y al punto huyó la vision:
Ella en su celda yacia,
Y él en lejana prision.

LA MONJA.

En el jardin del convento


Una novicia camina,
Pálida, con paso lento;
Su faz la luna ilumina;
Llora su amor sin aliento.

— Feliz me debo juzgar;


Aunque no te halle en el suelo;
Podré volverte á adorar;
— 72 —

Serás un ángel del cielo,


Yá un ángel bien puedo amar.
Se acerca triste y callada
A una imágen de María
Que, por la luna alumbrada,
A la vírgen pura envia
Paz con su dulce mirada.

Mientra á la Reina del cielo


Contempla puesta de hinojos
Humilde en el frio suelo,
Cerró la muerte sus ojos,
Y en tierra flotó su velo.

LA VENGANZA.

Con su daga el escudero


Muerte ha dado á su señor;
Quisiera ser caballero,
Galan y batallador.
Hundió en su pecho la hoja
De una selva en el confin,
Y el cadáver yerto arroja
En el hondo y raudo Rhin.
Del difunto caballero
Se viste el bruñido arnés;
— 73 —

Sobre su corcel ligero


Salta con ágiles piés.
Las riendas toma, y el puente
Se dispone á atravesar,
Pero el corcel impaciente
Se resiste á su pesar.
Hinca la espuela dorada
En sus ijares cruel,
Y á la corriente alterada
Le arroja fiero el corcel.
Todas sus fuerzas agota
Contra las olas sin fin;
Pero la pesada cota
Le hunde en el rápido Rhin.

EL MONJE Y EL PASTOR.

EL MONJE.

¿Por qué tan triste estás en muda calma?


Dímelo, buen pastor;
Dime tu pena, y te dará mi alma ,
Bálsamo á tu dolor.

EL PASTOR.

¿Áun lo preguntas? Mira el campo yerto,


— 74 —

Sin flores el verjel;


Mira el bosque de pájaros desierto,
Oye el cierzo cruel.
EL MONJE.

Tan hondo no es tu mal, pastor; no llores;


Un sueño es, nada más;
En breve tornarán las gayas flores,
Y el ruiseñor oirás.

El ancho campo do te echó la suerte


Pronto florecerá;
Pero en mi cruz la imágen de la muerte
Siempre clavada está.

MUERTE FELIZ.

Sobre su seno
Muerto caí;
Entre sus brazos
Sepulto fuí;
Me dió mil besos
Y renací;
Abrió sus ojos
Y el cielo vi.

Madrid, Diciembre de 1871.


AUGUSTO DE PILATEN,

Cárlos Augusto Jorge Maximiliano, Con


de de Platen-Hallermünde, nació en Ans
bach (Baviera) en 24 de Octubre de 1796,
en el mismo año en que falleció en dicha
poblacion el poeta Uz. Ejerció grande in
flujo en su primera educacion su madre,
mujer virtuosa é instruida. Desde su pri
mera infancia le destinó su padre á la car
rera militar, y ya á los diez años de edad
ingresó en el colegio de cadetes de Munich.
Cuatro años despues pasó á la escuela de
Pajes (Pageninstitut), en donde le sobraba
tiempo para dedicarse á sus estudios lite
rarios. En 181 4 fué nombrado teniente de
un regimiento de guardias de corps, con
el cual hizo la campaña de 1815. La vida
— 76 —

errante del militar despertó en su ánimo


el afan de ver tierras; y no permitiéndole
el servicio recorrer y examinar detenida
mente las comarcas por donde pasaba,
aprovechó la primera ocasion que le ofre
ció la paz para emprender un viaje á pié
por la Alemania del Sur y Suiza.
En 1818 reanudó sus interrumpidos es
tudios, y asistió con ahinco á las cátedras
de letras, artes y filosofía en la universi
dad de Wurzburg. Al año siguiente pasó á
Erlangen, y cursó filosofía con el célebre
Schelling, cuya enseñanza ejerció notable
influjo en el ánimo del jóven poeta. Em
pleaba las vacaciones en viajar y en visitar
y cultivar la amistad de los poetas más
afamados de aquella época, poniéndose en
correspondencia de esta suerte con Gôethe,
Jean Paul, Knebel, Uhland, Schwab, Rüc
kert y otros.
Durante su permanencia en Erlangen
se aplicó con tal ahinco al estudio, que en
breve tiempo llegó á dominar doce len
guas, entre vivas y muertas, hasta el pun
to de leer con facilidad las obras de los
mejores autores que en ellas habian es
crito. Al mismo tiempo se dedicaba con no
— 77 —

mémos entusiasmo y asiduidad á la poesía,


dando á luz cinco colecciones de poesías
y dramas. En 1824 hizo un viaje á Vene
cia, pasando por Suiza. Durante esta pri
mera excursion á Italia adquirió la convic
cion de que únicamente en aquel país po
dria perfeccionarse en el arte de la poesía,
y tomó la firme determinacion de trasla
darse cuanto ántes y establecerse allí. En
1826 logró realizar su deseo, y se trasladó
al país de sus sueños, en donde pasó el
resto de su vida, regresando á Alemania
por breve tiempo en los inviernos de 1832
y 1833. En 1828 fué nombrado miembro
de la Academia de Ciencias, y el Rey de
Baviera le hizo merced de una pension,
con la cual pudo entregarse libremente al
estudio y cultivo de la literatura en aquel
suelo clásico de las artes, que recorrió en
todos sentidos. Roma y Nápoles fueron las
dos ciudades en que más tiempo se detuvo,
sobre todo en la última, cuyo clima apaci
ble y cuyos pintorescos alrededores armo
mizaban hondamente con sus gustos é in
clinaciones.
Al estallar el cólera en 1835, el espanto
que le infundieron los estragos que hacia
— 78 —

aquella terrible enfermedad le movió á


trasladarse de Nápoles, en donde á la sa
zon se hallaba, á Sicilia. En Siracusa cayó
enfermo de una fiebre que él creyó ser un
ataque de cólera, y empleando para com
batirla remedios propios para esta enfer
medad, agravó el mal, y murió el dia 5 de
Diciembre de 1835.
Las poesías de Platen se distinguen por
la tersura y clásica sencillez de su forma,
en cuya condicion estriba su principal
mérito. En sus primeros años, y ántes de
viajar por Italia, siguió las huellas de la
escuela romántica, y bajo la influencia de
los grandes maestros de esta escuela, que
á la sazon en que empezó Platen á cultivar
las letras estaba en su mayor apogeo, com
puso sus primeros ensayos poéticos. Esti
mulado por el Divan de Goethe y las Rosas
orientales de Rückert, se dedicó al estu
dio de la literatura oriental, y publicó en
1821 una coleccion de Gacelas, en las cua
les logró imitar y trasladar en su más pu
ra forma á la lengua alemana aquella clase
de composiciones. En 1822 dió á luz otro
ensayo oriental, titulado el Espejo de Ha
fis, en que se propuso imitar las obras del
— 79 —

poeta persa Hafis. En 1823 publicó las


Nuevas Gacelas, las cuales nada tienen de
oriental si no es la forma, manejada por
cierto con suma maestría. A consecuencia,
sin duda, de su permanencia en Venecia
y del estudio detenido que hizo por aquel
entónces de la literatura italiana, se aficio"
nó en extremo á la forma del soneto, en
cuyo metro escribió gran número de com
posiciones, las que se distinguen en su
mayor parte por la pureza y redondez de
la forma y la elevacion y concision del
pensamiento.
A medida que iban desarrollándose las
facultades poéticas de Platen, se iba éste
convenciendo cada vez más de que la for
ma romántica tendia á desviar la literatu
ra alemana del verdadero camino del arte,
y en 1826 publicó una comedia, escrita en
el estilo de Aristófanes, en que se manifes
tó adversario declarado de aquella escuela,
cuyos principios atacó resueltamente. En
breve se trasladó á Italia, en donde la
contemplacion de las grandes obras de ar
te de la antigüedad clásica hizo madurar
en él la arraigada conviccion de que la
esencia de todo arte estriba principal
— 80 —

mente en la belleza de la forma, y que,


por lo tanto, debe ser esta belleza el obje
to primordial de las aspiraciones del poe
ta. Dejándose llevar por este impulso, se
propuso por modelo á los grandes maestros
del arte helénica, y compuso sus inimita
bles 0das é Himnos, en que corren parejas
la elevacion del pensamiento con la senci
llez y pureza de la forma.
Se comprenderá fácilmente que esta ten
dencia á la sencillez y pureza clásica no
pudo ser parte á popularizar las obras de
Platen. En efecto, sus composiciones no
arrancaron de las masas, mi con mucho,
tanto aplauso como las de otros ingenios
contemporáneos, y no fueron pocos los
que le criticaron severamente por ese cul
to, á su parecer exagerado y casi exclusi
vo, que rendia á la forma. Pero á pesar de
sus detractores, logró captarse Platen el
aprecio de los hombres imparciales en ar
tes y literatura, los cuales no pueden mé
nos de considerarle como uno de los poe
tas más notables de su época, cuyas obras,
merced á la verdad y sublime sencillez del
fondo y la pureza y hermosura de la for
ma, vivirán tal vez más que las de otros
— 81 —

ingenios que alcanzaron más popularidad


y renombre durante su vida; pues la be
lleza y la verdad, cuyo fiel apóstol fué,
son imperecederas.
AUGUSTO DE PILATEN.

HARMOSAN.

Yace derribado el trono


De los fuertes Sasanidas;
Ya saquean los muslimes
Á Ctesifon la magnífica.
Llega Omar, tras larga lucha,
Donde del Oxo en la orilla,
Cadáver sobre cadáveres
De Cósroe el nieto yacia.
Al revistar el botin
El príncipe de Medina,
Á un sátrapa le presentan
Que nombre Harmosan tenía.
Fué el último que valiente,
Donde el águila se anida,
Su pecho opuso al embate
De las huestes enemigas.
Mas ay triste la valiente
Diestra, un tiempo tan temida,
— 84 —

Sujeta pesada argolla,


Férrea cadena cautiva.
Torvo Omar le mira, y dice:
— Bien te prueba tu desdicha,
Que es en vano que al Dios nuestro
El idólatra resista.—
—El poder está en tus manos,
El sátrapa le replica:
Nunca quien fuere sesudo
Al vencedor contradiga.
Un favor te pido, ajeno
Á tu suerte y á la mia:
Que me den de vino un vaso;
Sin beber luché tres dias.—
Á una seña del caudillo
Llega la grata bebida;
Mas recelando veneno,
Duda Harmosan, y vacila.
—¿Qué recelas? Á su huésped
Nunca engaña el islamita;
Te juro que hasta apurarlo,
No te quitaré la vida.—
Dice Omar, y el persa coge
El cristal que al suelo tira,
Sin beber, contra una piedra,
Con viveza repentina.
Desnudando sus alfanjes
Los secuaces del Califa,
A castigar la artimaña
De Harmosan se precipitan.
— 85 —

Mas su furia Omar refrena,


Diciendo:—Si hay en la vida
Algo santo, es la palabra
De un héroe : que el persa viva.

ZOBIR.

Con sed de pillaje y horrores sembrando,


Abdala conduce el arábigo bando;
Hácia Africa va;
Yá Trípoli llega la hueste de Alá.
Mas ántes que sitien el líbico emporio,
Con hueste crecida parece Gregorio;
Por su alto valor
Le manda Bizancio de gobernador.
Y miéntras acosa al fanático coro,
Jinete á su lado, con trenzas de oro,
Con lanza y broquel,
Va su hija hechicera rigiendo el corcel.
Ardor varonil en su pecho latia:
La flecha apuntaba, la lanza blandia;
Y en fiero tropel,
Brillaba cual Vénus, cual Pálas cruel.
Y en torno girando su padre los ojos,
Aguija á los fuertes, anima á los flojos:
— 86 —

—Al campo volad,


Valientes, y fieros á Abdala acosad.
—Y á quien su cabeza me traiga, á fe mia,
Hoy mismo le entrego á la bella María.
¿Qué premio mayor?
Daréle su dote de inmenso valor.—

Luchaba el cristiano con doble energía;


La hueste islamita cobarde cedia;
La fuga tomó
Abdala, y la muerte en su tienda evitó.

Mas iba en la hueste, y henchido de celo,


Zobir, que era un rayo bajado del cielo.
Se aleja veloz;
Le hiere la espuela de su ira feroz.
Se acerca al caudillo, y habló — ¿La con
[tienda
Rehuyes, Abdala, cual niño? ¿ en tu tienda
Soñando te estás?
¿Y aún dar al Califa la tierra querrás?
— La astucia que urdiera en tu daño el
cristiano,
Usar en el suyo bien puede tu mano :
Al punto lo que él
Promete, y ataja su saña cruel.
—Proclama á los tuyos la órden siguiente:
Aquel que al caudillo rival de un fendiente
— 87 —

Le hienda la sien,
Que llame á la bella María su bien.—

Promételo Abdala con alma serena;


Anima á los suyos ganancia tan buena;
Se arroja Zobir,
Y logra á Gregorio su alfanje rendir.

Ya esconde en la villa su oprobio el cris


[tiano;
Tras él los muslimes se arrojan, no en vano;
Ya en cada torreon
Del santo profeta tremola el pendon.

María tenaz la braveza enemiga


Resiste, mas pronto á rendirse la obliga
La tropa cruel. V

Llorosa la lleva á Zobir en tropel.

Y dice una voz que del corro salia:


—El cándido premio, la bella María,
Traemos por quien
Luchaste, agareno, venciste tambien.—

Pero él les responde con voz desdeñosa:


—¿Al fuerte varon quién seduce? ¿quién osa
Tenderme una red ?
Yo lucho por Dios y su altísima ley.

—No corro cual vos tras cristianas mujeres,


Á títe abandono, doncella, libre eres.
— 88 —

¿Qué puedes pedir?


Llorar á tu padre y odiar á Zobir,

LA FUNDACION DE CARTAGO.

Huyendo del crudo hermano


Que codicia sus tesoros,
Y en el pecho de Siqueo
Hundió su daga alevoso,
Deja la hechicera Dido
El patrio suelo sidonio.
Lleva consigo riquezas,
Y los restos del esposo,
Á quien fe eterna tributa
Como cumple á su decoro;
Pues amor leal de viuda
Se parece á amor de novios.
Al zarpar, nobles y siervos
Síguenla en tropel á bordo:
Surcan en altas galeras
El haz azul del mar hondo,
Hasta que playa africana
Recibe alegres á todos.
Manda alzar ciudad altiva
Dido en abrigado golfo:
Golpea en la orilla el hacha;
Caen peñascos á trozos,
— 89 —

Templo, casa, choza y puerto


Fuerte muro ampara pronto;
Luégo la ciudad gobierna
Dido desde altivo solio.
Mas la fama de su encanto
Tiende sus alas de oro.
Era Yárbas su vecino,
Rey de un pueblo valeroso,
El cual la ofrece su mano,
Á fe, con altivo tono:
—Si la reina desdeñosa
Mi amor rechaza y mi apoyo,
¡Ay de esos muros pudieran
Cual sueño hundirse en escombros!—
Temblando lo oye Cartago,
Que era Yárbas poderoso,
Y los ancianos del pueblo
De Dido acuden al trono.
Ruéganla que estreche el lazo,
Y no entregue á saco y robo
Aquellos lares y templos
Que ella edificó con gozo.
Pero un mal genio se entrona
De su pecho en lo más hondo:
¿Qué ha de hacer? ¿Oir el ruego,
Y faltar al dulce esposo?
¿O desoirla, y al pueblo
Faltar negándole apoyo!
Pero en alma cual la suya
Es la duda leve soplo:
— 90 —

Sólo lo grande concibe;


Lo grande ejecuta sólo.
Manda alzar, cual para ofrenda,
Un monton de secos troncos;
Se adelanta, en él se sube,
Llamando á su pueblo en torno:
—No temas, Cartago mia,
Del enemigo el encono:
Libre del suelo brotaste;
No te hundirás en escombros.
Abre tus brazos, Siqueo,
Tus brazos abre amoroso —
Esto diciendo, una espada
Coge con sereno rostro;
La hunde en el seno más bello
Que viera el astro glorioso;
Y al punto en fúnebre urna
Fué encerrado el noble polvo;
En el templo fué enterrado,
Bajo el árbol grato á Apolo.
Yárbas á Cartago deja
En quieta paz. De tal modo
Fundó la mujer más grande
La ciudad, del mar coloso.

Madrid, 23 de Febrero de 1873.


FEDERICO RÚCKERT.

Federico Rückert, nació en Schwein


furth (Baviera) el 16 de Mayo de 1789; es
tudió en la universidad de Jena, y tomó
allí mismo el grado de profesor en 1811.
En breve dejó el campo de la enseñanza
por el de la literatura, y en los años de
1815 á 1817 se distinguió como uno de
los principales redactores del periódico el
Morgenblatt. En 1818 hizo un viaje á Ita
lia, y se detuvo algun tiempo en Roma,
en donde hizo un estudio especial de los
cantos nacionales. Regresó luégo á Alema
nia, y se fijó en Coburgo, en donde se ca
só. Los bienes de fortuna que adquirió con •

su mujer le permitieron dedicarse con in


dependencia á la vida literaria. Habiéndo
se ocupado en el estudio de las lenguas
orientales, especialmente del árabe y del
— 92 —

persa, aceptó en 1836 una cátedra en la


universidad de Erlangen. El rey de Prusia,
Federico Guillermo, le llamó á Berlin en
1830, en donde desempeñó hasta 1849 el
doble cargo de catedrático y consejero ín
timo del monarca. En 1849 se retiró nue
vamente á la vida privada.
Las poesías de Federico Rückert se dis
tinguen por la elegancia de su estilo y la fa
cilidad y armonía de sus versos. Este poeta
maneja la rima, el asonante y la aliteracion
con una destreza prodigiosa, y juega con
las mayores dificultades de la lengua y del
ritmo. Publicó su primera coleccion de Poe.
sias alemanas (Deutsche Gedichte; Heidel
berg, 1814) con el seudónimo de Freimund
Reinmar, ó sea Reinmar de la boca libre.
Forman parte de esta coleccion los Sonetos
acorazados (Geharnischte Sonette), los cua
les respiran ódio contra el extranjero que
trató de subyugar su patria. Despues de la
derrota de los franceses, Rückert, para
emplear la expresion poética de un con
temporáneo, despojó su lira de la cuerda
de bronce, y dió á luz la Corona del tiem
po (Kranz der Zeit; Stuttgart, 1817), en
que dominan los sentimientos tiernos y
— 93 —

eróticos. Publicó despues las Rosas orienta


les (Oestliche Rosen; Leipzig, 1822), que
es una imitacion libre de las Gacelas per
sas; los Cuentos y narraciones de Oriente
(Stuttgart, 1837, 2 tomos); las Oraciones y
meditaciones orientales (Berlin, 1837, 2 to
mos); Rostein y Surah, historia heróica
(Erlangen, 1838; Stuttgart, 1846); La Sa
biduría de los Brahminos (Leipzig, 1839),
ect. Todas estas obras fueron inspiradas
por los estudios hechos por Rückert en
los idiomas orientales, con cuya exuberan
cia no deja de tener muchos puntos de
contacto su estilo tierno y florido. Ha dado
á conocer tambien, por medio de traduc
ciones fieles y literales, las obras de varios
autores persas, indios y árabes, cuales son
las Metamórfosis de Abon Said (Stuttgart,
1826, 2 tomos; 3.° edicion, 844); el cuen
to indio Nal y Damajanti (Frankfort, 1828;
3.° edicion 1845); Hamasa, ó los antiguos
cantos populares arábigos (Stuttgart, 1846,
2 tomos); Amvilkais, el rey poeta (Ibid.,
1847). - -

Ademas de sus poesías y traducciones,


Ruckert ha escrito una comedia política
en tres actos, Napoleon, y varios dramas
— 94 —

que no han añadido hoja alguna á la coro.


na de laurel que ya ceñia su frente; sus
títulos son : Saul y David (1845); Heródes
el magno (1844); El Emperador Enrique IV
(1845); Cristóbal Colon (1845). Por últi
mo, en 1839 publicó una Vida de Jesus,
que no es más que un resúmen sencillo de
los cuatro Evangelios. Federico Rückert
falleció en 31 de Enero de 1866.
FEDERICO RÚCKERT.

LEYENDA BRAEIMINA.

Puede más que la codicia


En el hombre la ambicion;
De un árabe esta noticia
Refiere antigua cancion.
Hassan, le dijo un amigo,
La yegua á robarte van.
Antes lleve mi enemigo
A mi mujer, dijo Hassan.
Invencible en la carrera,
Rauda como el aquilon,
Cifra en su yegua ligera
El árabe su ambicion.

Y á la cama de su tienda,
Para más seguridad,
Aquella noche á su prenda
Encadena su ansiedad.
— 96 —

Pero estando Hassan dormido,


El ladron se deslizó
Junto á su lecho, y sin ruido
Soltó la yegua y montó.
Alerta, grita, en buen hora
Logré tu yegua robar;
Prueba Hassan tú mismo ahora
Si se la puede alcanzar.
Hassan á sus deudos llama,
Y al ladron siguiendo van
Como persigue á la llama
El soplo del huracan.
Diéronle caza sin tregua,
Y al irle ansioso á coger,
Se acuerda Hassan que la yegua
Iba su fama á perder.
Si te alcanzo, se decia,
Vencida al fin quedarás;
Si te dejo, yegua mia,
Ya de otro dueño serás.

Mas huye, corre ligera;


Que te roben veces diez
Prefiero á que en la carrera
Te alcancen sólo una vez.

Y de una treta se acuerda


Para hacerla desbocar:
— 97 —

Pícala la oreja izquierda,


De pronto empieza á gritar.
Que en tal parte la picaba
Cuando, acosado tal vez,
Á desplegar la excitaba
Su indómita rapidez.
No en vano Hassan aconseja,
En daño propio, al ladron;
Pronto atras á todos deja,
Raudo como el aquilon.
Tu yegua al ladron regalas,
Mírale ya donde va.
Si tú mismo le das alas,
¿Quién alcanzarle podrá?
La tribu así le critica;
Y él con profundo dolor,
La he regalado, replica,
Pero he salvado su honor.

Me servirá de consuelo
Saber que robada fué,
No vencida; en raudo vuelo
Ni yo mismo la alcancé.
— 98 —

SABIDURÍA BRAHMINA.

Una abejita tan sólo


Despierta está en la colmena;
Todas las demas reposan
En dulce quietud serena.
Un capullo solitario
Sobre su tallo florece;
Todos los demas germinan,
Y el aura su sueño mece.

Sólo una flor se sonrie;


Todo en el pensil reposa;
Sólo deja una abejita
La colmena silenciosa.

La abejita solitaria
Va de flor en flor volando;
Las halla á todas dormidas,
Sólo á una halló velando.

Si no hubiera florecido
La abeja, en vano volára;
Si ésta no hubiera volado,
En vano aquélla velára.
¿Supo acaso la abejita
Que estaba la flor abierta?
¿O supo la flor acaso
Que la otra estaba despierta?
- 99 —

¿Cuál de las dos de su sueño


Sacó á la otra que dormia?
Si otro sér no los llamára,
Aun durmieran á porfía.
Seres que en igual deseo
Arden con afan ferviente,
Se hallan y se reconocen
Desde Oriente hasta Occidente.

Seres que en igual deseo


Arden con afan ferviente,
Se buscan, se hallan, y viven
Unidos eternamente.

En un elemento viven
Unidos eternamente,
De Oriente el amor fogoso
Con el amor de Occidente.

AL CANTOR DE AMOR.

Si quieres provocar á simpatía


El corazon humano,
No cantes el placer ni la alegría,
Canta el dolor tirano.

Que para muchos séres de este mundo


Nunca existió la dicha;
— 100 —

¿Mas quién no ha oido en su dolor profundo


La voz de la desdicha ?

Madrid, Diciembre de 1871.


JOSÉ CRISTIANO DE ZEDLITZ.

José Cristiano, baron de Zedlitz, nació


en Johannesberg (Silesia austriaca) por el
año de 1789; estudió en el colegio de Bres.
lau, abrazó en 1806 la profesion de las ar
mas en clase de oficial de húsares, é hizo
la campaña de 1809, siendo ayudante del
príncipe de Hohenzollern. No tardó en de
jar el servicio militar, y vivió en el retiro
que le ofrecian sus posesiones en Hungría
hasta el año de 1837, en cuya época fué
llamado á desempeñar un servicio extraor
dinario en el Ministerio de Estado.
En medio de sus ocupaciones diplomáti
cas halló vagar para cultivar las letras,
dando á luz varios tomos de poesías: Co
ronas fúnebres (Fodtenkraenze), La Virgen
— 102 —

de los Bosques (Waldfraeulein), etc. La


composicion lírica que más fama le ha da
do, es la Revista nocturna (die naechtliche
Heerschau), inserta en esta coleccion. Es
ta poesía, tan popular en Alemania, ha si
do imitada por Víctor Hugo. La Virgen de
los Bosques es un poema romántico, divi
dido en diez y ocho cantos, lleno de gracia
y de episodios é imágenes tiernos y delica
dos; pero la elegancia del estilo raya no
pocas veces en culteranismo.
Ademas de estas obras, ha publicado el
Baron de Zedlitz el Librito del soldado (Sol
daten Buechlein); Cuadros del viejo Norte
(Altnordische Bilder), y un drama intitu
lado Mazmorra y Corona, que áun se re
presenta en los teatros de Alemania. Por
último ha dado á luz una traduccion del
Childe Harold, de Byron, y otra de La Es
trella de Sevilla, de Lope de Vega.
El Baron de Zedlitz falleció en Viena el
dia 16 de Marzo de 1862.
JOSÉ CRISTIANO DE ZEDLITZ.

LA REVISTA NOCTURNA.

De noche á las doce en punto


Sale el tambor de su tumba;
El ancho campo recorre,
Y el bélico parche zumba.
Con sus descarnados brazos
Las dos varitas sujeta;
Ya redobla una diana,
Ora entona una retreta.

Del tambor la ronca voz


Con rumor extraño zumba,
Y al oirla los soldados
Se levantan de la tumba.

Y los que en el norte yacen,


Sepultados bajo el hielo,
Y los que en el sur reposan,
Donde les abrasa el suelo;
En la arena del desierto,
O del Nilo en el regazo,
Sus sepulcros abandonan
Con el arma fiel al brazo.

Y á las doce de la noche


Deja el corneta su tumba;
Monta, y en su trompa sopla
Hasta que el eco retumba.
Y en sus ligeros corceles
Acuden los escuadrones,
Armados de mil manera8,
Coraceros y dragones.
Bajo los bruñidos cascos
Sonrien las calaveras,
Y con sus huesudas manos
Blanden sables y banderas.

Y á las doce de la noche


Deja el general su tumba;
El suelo con el trotar
De su séquito retumba.
Lleva un sombrerito negro,
Y el capote grís manchado,
Y en su vaina el espadin
Pendiente lleva al costado.
— 105 —

Con su luz amarillenta


La luna el campo ilumina,
Y el hombre en el traje grís
Por el frente se encamina.

Luégo ronca voz de mando


Recorre la extensa fila;
Presentan, y armas al hombro
La hueste entera desfila.

Al rededor de su jefe
Se agrupan los generales,
Y en voz baja al más cercano
Da sus órdenes marciales.

La palabra misteriosa
De fila en fila resuena :
« Francia !» Tal es la consigna,
Y la seña (Santa Helena !»
Es la parada á que asiste,
A la media noche en punto,
En los Elíseos campos
El emperador difunto.

LA ERMITA DE LA ALDEA,

Pasando por un lugar


Un dia en hora temprana,
— 106 -

Vine á una ermita á parar,


Y en ella movióme á entrar
La alma voz de la campana.

Poca gente en ella habia,


El pueblo estaba segando;
Misa un anciano decia,
El pan de la Eucaristía
En el ara consagrando.
Y vi acercarse al altar
Una madre con su niño,
Y en su rostro vi brillar,
De su pura fe á la par
La llama de hondo cariño.

Con piadoso corazon,


De manos del buen anciano
Toma el pan de salvacion,
Y llena de devocion
Al cielo mira, y no en vano.
Y con la forma en la boca
Da un ósculo maternal
Al niño con pasion loca;
Y á él tambien su parte toca
De aquel manjar celestial.

¿Qué habrá que igual al amor


De una buena madre arda?
Pródiga del bien mayor,
— 107 —

Ni áun el cuerpo del Señor


Para sí tan sólo guarda.
Vete en paz, ¡oh mujer pura!
Premie el cielo tu honda fe,
Y á tu tierna criatura
Colme de paz y ventura,
Dicha y salvacion la dé.
Triste del templo salí,
En una tumba pensando,
Do estaba, léjos de allí,
La mejor que conocí
De las madres reposando.
Como el ave generosa
Que al pecho sus hijos cria,
La madre que allí reposa,
Su sangre toda, piadosa,
Por sus hijos dado habria.
Madrid, Diciembre de 1871.
H0FFMANN DE FALLERSLEBEN.

Augusto Enrique Hoffmann de Fallersle


ben nació el 2 de Abril de 1 798 en Fa
llersleben, en el Mecklemburgo, de cuya
localidad era su padre negociante y corre
gidor. Logró fama de alumno estudioso y
despejado en Helmstedt y Brunswick, don
de cursó sus primeros estudios, y pasó lué.
go á las universidades de Goettinga y Bonn
con objeto de graduarse en teología; pero
se dedicó con preferencia, en compañía de
los hermanos Grimm, al estudio de la filo
logía y de la literatura. En 1820 dió á luz
los Fragmentos de Otfried (Bonner Bruchs
tücke von Otfried). Emprendió luégo una
excursion literaria á las orillas del Rhin y
á Holanda, con propósito de recopilar los
— 110 —

restos de la poesía popular de la Edad Me


dia, diseminados por los pueblos de aque
llas comarcas; se dirigió de allí á Berlin, y
en 1823 fué nombrado conservador de la
biblioteca de Breslau, y más adelante cate
drático de la universidad. En todo este
tiempo no dejó de ejercitar y perfeccio
mar su natural disposicion para la poesía.
Una de sus primeras obras, Cantos no po
líticos (Unpolitische Lieder), motivó su des
titucion en 20 de Diciembre de 1842 por
órden especial del Rey, cuya medida le hizo
á la vez sumamente popular. Hasta el año
1845, en que regresóá Mecklemburgo, Hoff
mann de Fallersleben pasó su vida viajando
y ocupado en el estudio de las lenguas y li
teraturas extranjeras. En 1848 obtuvo per
miso para entrar en Prusia, y el Rey le hizo
merced de una pension. No tomó parte al
guna en el movimiento revolucionario que
por entónces estalló en Alemania, y en
1849 se retiró á vivir tranquilamente á
orillas del pintoresco Rhin. En 1854 pasó
á Weimar, en donde redactó, en colabo
racion con Schade, el Anuario de aquella
ciudad, y en 1861 fué nombrado biblioteca
rio del Duque de Ratsbor.
— 111 —

Hoffmann de Fallersleben es por exce


lencia el cantor de las clases humildes, de
los campesinos y soldados, y su estilo se
distingue por cierta sencillez, no falta de
energía. Sin ser músico consumado, ha
adaptado algunas de sus poesías á melo
días fáciles de su propia composicion, las
cuales quedan hondamente impresas en la
memoria de todos los que una vez las ha
yan oido. Sus principales obras poéticas
son las Canciones germánicas (1826), Poe
sías (1834), Cantos no políticos (1840
1841), Cantos populares de la Silesia, con
melodías (1842); Canciones germano-helvé.
ticas (1843), Cincuenta canciones para ni.
ños (1843), Cincuenta canciones nuevas pa
ra niños (1 845), Cuarenta canciones para ni
ños (1847), Cien canciones para estudian
tes, el Cancionero popular aleman (1848);
Diabolini (1847), Cantos de amor (1850),
Ecos de la patria (1850), La vida á ori
llas del Rhin (1851), Canciones guerreras
(1851 ), etc.
Ha escrito, ademas, gran número de
obras literarias, filológicas y de historia,
cuales son: Horae belgicae (1830-1852),
Materiales para una historia de la lengua y
— 112 —

de la literatura alemana (1830-1837), His


toria del canto religioso aleman hasta el tiem
po de Lutero (1832), Reincke Vos (1834),
Fragmenta theolisca (1834), el Canto de
Luis (Ludwigslied), recientemente descu
bierto en Valenciennes (1837), Bosquejo de
la filología alemana (1836), Antigüedades
alemanas (1835-1840), Catálogo de los vie
jos manuscritos alemanes de la biblioteca
real de Viena (1841), Poesías políticas de la
antigua Alemania (1843), Canciones de so
ciedad alemanas de los siglos xvI y XviI
(1844), Materiales para una historia de la
literatura alemana (1845), Theofilus (1853),
etc. Hoffmann de Fallersleben ha contribui
do, ademas, con artículos filológicos y lite
rarios á la colaboracion de las principales
revistas de Alemanía. -
HOFFMANN DE FALLERSLEBEN.

LA CONFESION.

Al templo iba una niña sus pecados


A confesar contrita,
En lágrimas los ojos arrasados,
Y en un papel escrita
La historia de sus culpas y su cuita.
Al pié del sacerdote se arrodilla,
Le da en la mano un beso,
Toda confusa y roja la mejilla:
—Culpada me confieso,
Padre, perdon, de hoy más tendré más seso
—¿Cómo he de perdonarte, desdichada,
Si ignoro tu delito?
La pobrecilla ya no sabe nada
De su pecar maldito,
Pues se perdió el papel en que iba escrito.
— 114 —

Por dicha ese papel cayó en mis manos:


Revelar no debiera
Del misterioso escrito los arcanos,
Porque si tal hiciera,
Tambien mis propias culpas os dijera.
Ved los delitos que la niña llora.
Decia así el primero:
—Me ama con frenesí—luégo: me adora,
Y así hasta el postrimero
Todo era amor, todo era amor sincero.

CANTO DE ALEGRÍA.

Quiero entonar un canto de alegría,


Quiero olvidar mis penas y mi duelo,
Quiero que con la alondra el alma mia
Tienda sus alas hácia el claro cielo.

De flores coronado el rubio estío


Me abre su corazon para consuelo,
Por eso quiero yo que el canto mio,
Como la alondra, se remonte al cielo.
Mi voz escucha el ave en la enramada,
La flor que brota del fecundo suelo.
¿Ignorarás tú solo, niña amada,
Mi tierno amor y mi constante anhelo?
º-s
— 115 —

EL AGUA Y EL VINO.

Decid: ¿Quién hizo el agua, quién el vino?


Llenadme de agua el vaso cristalino!
El agua es obra del poder divino,
El agua es celestial, humano el vino.
Más vale el agua, mucho más que el vino.
¡ Llenadme de agua el vaso cristalino!
Mas soy modesto, humilde es mi destino;
Ensalzo el agua, pero bebo el vino.
Madrid, Diciembre de 1871.
ROBERTO PRUTZ.

Roberto Ernesto Prutz mació en Stettin


(Prusia) el 30 de Mayo de 1816; estudió
en las universidades de Berlin, Breslau y
Halle; se graduó de doctor en filosofía en
1838, y no tardó en darse á conocer como
escritor. Perseguido constantemente por sus
ideas políticas durante los años de 1840 á
1847, tuvo una vida errante, viviendo, ya
en Dresde, ya en Jena, ya en Halle, ya en
Hamburgo. Su influjo con el partido de
mocrático moderado. de Berlin fué grande
miéntras duró el movimiento revoluciona
rio de 1848; pero despues de la victoria
alcanzada por el Gobierno en el mes de
Noviembre, dejó la política, y se fué á vi
— 118 —

vir tranquilamente en Stettin. Al año si


guiente fué mombrado catedrático de his
toria literaria en la universidad de Halle.
En 1859 hizo dimision de su destino, y se
retiró á su ciudad nativa, en donde dió
varios cursos libres de historia y literatura.
Roberto Prutz ha dado á luz gran núme
ro de obras, que le han conquistado un
puesto distinguido entre los escritores ale
manes. Sus movelas sobre todo gozan de
gran fama. Citarémos las principales: La
Cuñada (1851), El Angelito (1851), y Féliac
(1851). Ha publicado, ademas, cuatro to
mos de Obras dramáticas (1847-1849), dos
colecciones de Poesías (1844 y 1849), y
otras várias obras históricas y literarias:
Los Poetas de Goettinga (1841), Historia del
periodismo aleman (1845), Historia del tea
tro aleman (1847), La Literatura alemana
contemporánea (1847), Historia de diez años
(1840 á 1850), Ensayos políticos y litera
rios (1847), Habladurías políticas (1845),
en las que ha imitado con bastante acierto
el estilo de Aristófanes. En 1851 Prutz to
mó á su cargo la direccion de la importan
te revista intitulada Deutsches Museum. Las
últimas producciones de Roberto Prutz son
— 119 —

dos obras poéticas, Mayo de 1866 y Julio


de 1866; la primera le costó el estar un mes
en la cárcel por agravios inferidos á la per
sona del Monarca.
ROBERTO PRUTZ.

LÉJOS DE ELLA.

En su jardin está mi bien ahora,


En el verjel que el sol poniente dora;
Y aunque la vista tienda indagadora
No me verá venir.

Coge una rosa y piensa en mi partida,


Triste la faz y la color perdida;
Pronunciará mi nombre enternecida
Y no la podré oir.

HABLA UNA NIÑA.

Blanca luna, que testigo


Fuiste de mi dulce amor,
Al pensar que con mi amigo
Me viste, siento rubor,
— 122 —

No me acuerdo, lo confieso,
De lo que anoche pasó;
No sé si le dí yo un beso,
O si fué él quien me lo dió.
Si acaso algun indiscreto
Lo quisiera averiguar,
No le digas mi secreto,
Luna, sábelo guardar.
Madrid, Diciembre de 1871.
MAURICI0 HARTMANN.

Mauricio Hartmann nació el dia 5 de


Octubre de 1821 en Duschnik en Bohe
mia; estudió filología y filosofía en las uni
versidades de Praga y Viena, y en esta úl
tima capital contrajo amistad íntima con el
poeta húngaro Nicolas Lenau. Despues de
haber recorrido á pié casi toda Italia, Sui
za y Alemania, se fijó en 1844 en la ciu
dad de Leipzig, en donde dió á luz su pri
mera coleccion de poesías líricas y épicas,
con el título de El Cáliz y la Espada (Kelch
und Schuvert, Leipzig, 1845, ediciones va
rias). Esta coleccion de poesías logró muy
pronto gran fama en Alemania; pero por
el espíritu de independencia y las alu
siones políticas que encerraba, desencade
- 124 —

nó sobre su autor la ira del Gobierno aus


triaco. Juzgando su posicion poco segura
en Leipzig, emigró á París, en cuya capi
tal pasó la mayor parte del año de 1846
ocupado en estudios filológicos é históri
cos. Creyendo entónces que la cólera del
Gobierno austriaco contra él se habria
aplacado, regresó á Leipzig, y con mom
bre fingido se atrevió á penetrar en Aus
tria; pero la policía tuvo noticia de su lle
gada, y dió pasos para prenderle, de suer
te que, despues de verse en mil apuros por
no caer en poder de sus enemigos, no le
quedó otro recurso que el de emigrar nue
vamente. Al año siguiente, habiendo oido
que habia sido resuelto favorablemente el
proceso que le seguia el Gobierno austria
co, regresó á Praga. Pero tan buena noti
cia resultó ser falsa, y fué preso inmedia
tamente. Merced á la mediacion de algunos
personajes influyentes, y de la promesa que
hizo á las autoridades de no alejarse del
término de Praga, logró salir de la cárcel
en tanto que se resolviera la causa en que
estaba complicado. Por esta época escribió
una tragedia intitulada Son pobres (Sic
sind arm); pero fué prohibida por la poli
— 125 —

cía, y no pudo ser ni representada mi im


presa.
La revolucion de 1848 devolvió á Hart
mann la libertad que el Gobierno austria
co le habia arrebatado. Tomó una parte
activa en los sucesos políticos de aquella
época revuelta : como jefe del partido ale
man de Bohemia, fué nombrado presiden
te del Comité nacional; más adelante fué
enviado á Viena á pedir del Gobierno aus
triaco, en nombre de su partido, el dere
cho de enviar diputados á la Asamblea de
Frankfort, y al negárselo dicho Gobierno,
volvió á Praga, y proclamó ese derecho
sin pedir más autorizacion. El pueblo res
pondió á su patriótico llamamiento, y las
elecciones se verificaron el dia 10 de Mayo
de 1848. Elegido él mismo por varios dis
tritos, aceptó la representacion de la ciu
dad de Leitmeritz, y fué á ocupar su pues
to de diputado en el Parlamento de Frank
fort en las filas de la izquierda. Miéntras
duró la legislatura no dejó de ocuparse con
ahinco en las tareas parlamentarias. Con
el auxilio del patriota Blum, de Leipzig,
y algunos de sus colegas, logró apaciguar
á los habitantes de Frankfort durante las
— 126 —

funestas jornadas de Setiembre. El coman


dante del ejército central propuso que se
diese un voto de gracias á Hartmann, pero
éste renunció á tal distincion. En el mes
de Octubre fué enviado á Viena con Blum,
á fin de imprimir á la revolucion que en
aquella capital acababa de estallar, sello de
movimiento nacional aleman; se le confi
rió el grado de oficial de uno de los cuer
pos distinguidos, y no cesó de luchar has
ta el último momento á las órdenes del ge
neral Bem. Tomada la ciudad por Win
dischgraetz, Hartmann logró evadir el fu
nesto fin que cupo en suerte á la mayor
parte de sus compañeros de armas. Se fu
gó á Frankfort, en donde la inviolabilidad
de diputado le ponia á salvo de ser preso
y ejecutado sumariamente, como habia
acontecido á su compañero Blum, y publi
có allí su famosa Crónica rimada de fray
Mauricio (Reimchronik des pfaffen Mauri
tius; Frankfort, 1849), en cuyo poema sa
tírico criticó la falta de energía del Parla
mento, á quien echaba la culpa de las re
cientes desgracias; 30.000 ejemplares de
esta obra fueron despachados en pocos
dias.
— 127 —

Hartmann pasó á Stuttgart con el último


resto del Parlamento, que por fin fué di
suelto por los soldados del rey de Wur
temberg. Arrojado de su patria, recorrió
muchas comarcas de Suiza, Inglaterra, Es
cocia, Irlanda y Francia, y en 1850 se es
tableció en París. En 1854 fué á Crimea en
clase de corresponsal de la Gaceta de Co
lonia. Las excelentes crónicas que desde el
teatro de la guerra de Oriente remitia á di
cha publicacion, fueron reproducidas por
los periódicos alemanes, franceses, ingle
ses y rusos. Pero ántes de terminarse la
guerra, una enfermedad peligrosa le obli
gó á regresar á París. Despues de viajar
por Dinamarca, Alemania, Suiza é Italia,
se detuvo por algun tiempo en Ginebra, en
cuya Academia dió un curso de historia y
literatura alemana. En 1863 regresó á
Stuttgart, en donde, dos años despues, se
encargó de la direccion de un periódico
intitulado La Freya.
Hartmann es autor de otros varios escri
tos, los cuales han contribuido á colocar
su nombre entre los de los más distingui
dos poetas y escritores de la moderna Ale
mania; sus títulos son : Nuevas Poesías
— 128 —

(1847), coleccion de poesías y meditacio


nes filosóficas; La guerra del bosque (1850),
novela histórica; Adan y Eva (1850), idi
lio; Las Sombras (1852), poesías; La Pro
venza y el Languedoc (1853), impresiones
de viaje; Las Poesías de A. Petoefi (1851);
dos tomos de Cantos populares y otros dos
tomos de Novelas (1858-1859): por último.
tomó parte activa en la colaboracion de vá
rias revistas literarias, especialmente en la
del Deutsches Museum, de Prutz, y del Jahr
hundert.
MAURICIO HARTMANN.

EL VIELO BLANCO.

En cárcel tenebrosa encadenado


El fuerte donde yace, honor de Hungría,
A bochornosa muerte condenado,
Porque la saña impía
Del déspota imperial retó valiente,
Y en rebelion apoyo dió á su gente.
Harto entre siervos de vivir cual siervo,
Por sacudir el vergonzoso yugo,
La vida entrega á manos del verdugo.

Apénas cinco lustros cuenta el conde,


Y ya la muerte espera. Y cómo! ¡Y dónde
En la horca el ala fúnebre del cuervo
Mañana rozará su noble frente.
Pero él, risueño en tanto,
Tranquilo duerme sin dolor ni llanto.
5
— 130 —

Mas ay! de duelo lágrimas sin freno


Vertió no há mucho en el materno seno :
—Mañana, ay madre! ¿dó estará tu hijo?
¡Qué presto he de morir! ¡Con qué prolijo
Tormento me despido de la vida,
Ora que empieza á ser dulce y querida;
¡Adios mis verdes lauros, los honores
Que me ofrecia pródiga la suerte!
Dichas y gloria, adios! ¡Adios, amores
Es implacable el dardo de la muertel
Mil veces en la lid la he afrontado
Con júbilo, sin miedo;
Mil veces la he retado,
Téniéndola en la lucha tan cercana,
Y al verla no he temblado,
¡Y ay, madre mia, temblaré mañana

La madre contestó: No tiembles, hijo,


Ante la régia silla
Iré á doblar humilde la rodilla.
En ella frio un déspota se sienta;
Mas de una madre el duelo
Ablandará su corazon de hielo,
Y cuando hicieres el fatal camino
Vuelve tu vista á mí, de tu destino
Cierta señal te haré, feliz ó adversa.
Si me ves ondear un negro velo,
Prepárate á morir; fin á tus penas
Pronto dará la muerte.
- 131 —

-- Ve á ella con valor, con pecho fuerte;


- ¿No es húngara la sangre de tus venas?

Pero si ves cubierta


Mi faz de un blanco velo,
No tiembles, no; tu salvacion es cierta,
Y de tu madre el duelo
Habrá ablandado el corazon de hielo
Del déspota inhumano.
No tiembles, hijo, aunque el crucl verdugo
Tu cuello agarre con Sañuda mano.
º

Por eso duerme tan tranquilo el conde


En la postrera noche de su vida:
La muerte de su vista el dardo esconde,
Y engañador le muestra el blando sueño,
En porvenir risueño de su madre
Envuelto en blanco tul la faz querida.

Llega al fin la mañana;


Vibra la hueca voz de la campana,
Y en negra procesion la cárcel deja
El jóven conde. Con amarga queja
Las damas de sus altos miradores,
Por despedida lágrimas y flores
Llueven sobre el doncel; pero él no acierta
A distinguir á alguna;
Tan sólo en lo alto ve de una tribuna
La amada faz de blanco tul cubierta.
—132 —

El jóven conde va con firme paso


En medio de aquel lúgubre cortejo;
Su corazon no tiembla, ni hace caso
De los sayones que con saña fiera
Le hacen subir el último peldaño: v

Con soga al cuello áun el perdon espera,

¿Y el velo blanco?..... Fué piadoso engaño


Que urdió una madre con amor prolijo
Para no ver morir, temblando, á un hijo.
Madrid, Diciembre de 1871.
JULI0 M0SEN,

Julio Mosen nació en Mariency, aldea de


Sajonia, el 8 de Julio de 1803. Su padre fué
maestro de escuela, y hombre dotado de
facultades superiores al modesto cargo que
en dicha aldea desempeñaba. El jóven Mo
sen recibió, por lo tanto, una educacion
rudimentaria sólida, y pasó á completar
sus estudios á la universidad de Jena. La
muerte de su padre y la necesidad en que
se vió de mantener á su familia, fueron
causa de que suspendiese por algun tiem
po sus estudios, que prosiguió luégo en
Leipzig. De regreso de un viaje á Italia, se
estableció en Dresde, abrió su bufete de
abogado, y no tardó en conquistarse una
sólida reputacion. En 1840 la universidad
— 134 -

de Jena le confirió el título de doctor en filo


sofía. En 1844 fué llamado al teatro de Ol
denburgo, de cuya direccion se encargó
con el título de consejero. Debió esta dis
tincion á várias obras líricas y dramáticas,
no todas de un mérito sobresaliente, es
verdad, pero exornadas todas ellas con ga
las de estilo, con fábulas ingeniosas y ca
ractéres bien dibujados.
Sus principales obras son: Canto del ca
ballero Wasa (1831), su primera composi
cion; Ahasuero (1838), epopeya mística
del género oscuro y retumbante; Poesías
(1836); estas composiciones respiran ele
vados sentimientos y amor de libertad;
una de las más populares de ellas es la de
Los últimos diez del cuarto Regimiento, in
serta en esta coleccion. Sus principales º

producciones dramáticas son las siguien


tes : Nicolas Rienzi, Los Novios de Floren
cia, El Emperador Othon III, Wendelin y
IIelena, Bernardo Veimar, El Hijo del
Príncipe, Juan de Austria, la comedia La
A puesta, etc. .
Julio Mosen goza tambien de gran fama
como marrador. De sus cuentos y novelas,
que se distinguen por su ironía delicada,
— 135 —

su estilo natural y sencillo, los más nota


bles son: Jorge Venlot (1831), El Congreso
de Verona (1842), La Flor Azul, y la Nos
talgia, impresas en el periódico la Urania,
y dos tomos de novelas pastorales: Sobre
el césped.
-------,|-(~~~~ ·
JULIO MOSEN.

LOS ÚLTIMOS DIEZ.

Juramos en Varsovia mil valientes


No disparar en la ardua lid sagrada
Ni un sólo tiro, y atacar vehementes
Con bayoneta en el fusil calada.
Polonia, en medio del mayor tormento,
No olvida nunca al cuarto regimiento.
- Y cuando en torno á Praga combatimos,
Ni un solo tiro, ni uno disparamos;
Y cuando al opresor allí rendimos,
Con nuestras bayonetas le arrollamos.
Praga dirá con qué guerrero aliento
Vertió su sangre el cuarto regimiento.
Y cuando el enemigo muerte horrenda
Nos disparaba en Ostrolenka fiero,
Las bayonetas nos abrieron senda
Por donde herir su corazon artero,

-
— 138 —

No olvidará Ostrolenka el ardimiento


Ni el arrojo del cuarto regimiento.
Aunque en las filas se ensañó la muerte,
Con nuestras bayonetas no cejamos;
Y aunque adversa en la lid nos fué la suerte,
Ni un tiro, ni uno solo disparamos.
Allá do corre el Vístula sangriento
Vertió su sangre el cuarto regimiento.
La amada patria ay triste! está perdida.
No pregunteis quién busca su derrota.
¡Ay de tus hijos, tierra desvalida,
De cada herida roja sangre brota!
Si preguntais quién sufre más tormento,
Dirá Polonia, el cuarto regimiento.
Adios, hermanos, que en la lid rendidos
Vimos caer luchando á nuestro lado.
Áun vivimos nosotros mal heridos.
La patria ha muerto; así lo quiso el hado.
Dios nos depare fin ménos cruento:
No hay más que diez del cuarto regimiento.
De un dia al pardo albor diez granaderos
De Prusia traspusieron la frontera,
Tristes marchando, adustos y severos. -

Se oye un ronco: «¿Quién va?» Con pena fie


Uno responde: «Sin hogar ni aliento, Tra
Diez hombres son del cuarto regimiento. »
Madrid, Diciembre de 1871. v
GUILLERM0 DE HUMBOLDT,

Cárlos Guillermo, baron de Humboldt,


hermano del célebre Alejandro de Hum
boldt, el hombre más sabio de nuestra
edad, nació en Postdam (Prusia) el 22
de Junio de 1767. Su padre, Jorge de
Humboldt, fué comandante de ejército y
chambelan del Rey. Guillermo de Hum
boldt, lo mismo que su hermano Alejan
dro, hizo sus primeros estudios bajo la di
reccion del célebre filántropo Joaquin Cam
pe, que desempeñó el cargo de preceptor
en casa del Baron de Humboldt. Más ade

lante fué reemplazado Campe por el jóven,


pero austero sabio Kunth. En esta prime
ra época ejerció gran influjo sobre el espí
ritu de Guillermo de Humboldt el filósofo
.

— 140 —

Engel, preceptor tambien del Rey Federi


co Guillermo III. El primer trabajo de
Humboldt fué un estudio, compuesto por
él á los diez y mueve años, sobre Dios, la
Providencia y la inmortalidad del alma, se
gun las teorías de Sócrates y Platon. En
1788, despues de haber frecuentado por
espacio de algunos meses las aulas de la
universidad de Frankfort sobre el 0der,
Guillermo de Humboldt pasó á Goettinga,
en cuya universidad asistió á las clases de
filología del ilustre Heyne, -

Veinte y dos años tenía cuando estalló


la revolucion francesa, y educado como lo
habia sido por discípulos de Rousseau, aco.
gió con entusiasmo la noticia del levan
tamiento liberal en Francia. En Julio de
1789 partió á París en compañía de su an
tiguo preceptor Campe, con el cual se de
tuvo en dicha capital hasta el mes de Se
- tiembre. Los sucesos que en Francia habia
presenciado en este trascurso no dejaron
de hacer honda impresion en su alma, y
dos años despues publicó su primera obra,
ó sea un programa de filosofía política,
formulado en vista de los acontecimientos
que acababan de verificarse en Francia.
— 141 —

En 1792 esta obra apareció en el Berliner


Monatschrift con el título de Ideas acer
ca de la nueva Constitucion del Estado, ins.
piradas por la nueva Constitucion francesa.
En el mismo año compuso otra obra polí
tica análoga, pero que no fué publicada
hasta despues de su muerte.
Guillermo de Humboldt siguió en filoso
fía la escuela de Kant, y profesó una es
pecie de estoicismo, no severo y triste co
mo el de Marco Aurelio y Epicteto, sino
consolador y entusiasta. En 1792 se dedicó
con preferencia al estudio de las antigüe
dades clásicas, asistiendo á la cátedra del
sabio Wolf en la universidad de Halle. Por
esta época publicó Humboldt un Ensayo so
bre los griegos que llamó mucho la atencion
de los helenistas de Halle y Jena. Wolf,
Dalberg y Schiller acogieron este estudio
con gran entusiasmo. En 1791 se casó
Humboldt con la señorita Catalina Dache
roden, mujer ilustrada y de talento no co-
mun. En 1793 estrechó Humboldt Su amis
tad con el autor de Wallenstein, el inmor.
tal Schiller, con quien vivió en íntima re
lacion social y literaria en Jena. Por esta
época se reunieron en la apacible ciudad
º -
— 142 —

de Jena Schiller, Goethe, Schlegel, Fichte,


Guillermo de Humboldt y su hermano Ale.
jandro, de quien dice Goethe en una car
ta á Knebel que * esparcia en derredor su
yo los dones de su saber como la diosa de
la abundancia sus bienes.» Goethe traba
jaba entónces en su Hermann y Dorotea ;
Schiller estaba ocupado con su estética;
Schlegel traducia á Shakspeare, Humboldt
el Agamemnon, de Esquilo, miéntras que
Fichte empezaba á asombrar al mundo con
la exposicion de su audaz filosofía. Pocos
años despues hizo Humboldt un viaje á Pa
rís, de donde dirigió á Schiller en 1799
un Estudio estético sobre Hermann y Do
rotea. En la primavera de 1797 emprendió
con su familia, y en compañía de su her
mano Alejandro, un viaje á Italia; pero los
trastornos que estallaron en Europa poco
despues de la paz de Leoben, le obligaron
á suspender su ida á Roma y á Nápoles, y
á dirigirse á París. Año y medio permane-
ció en la capital de Francia, recorriendo
academias, teatros y bibliotecas, al cabo
de cuyo periodo partió para España, en
donde se detuvo por espacio de seis meses.
La descripcion de su visita al monasterio
— 143 —

de Monserrat es uno de sus mejores escri


tos, y encantó á Goethe y Schiller, á quien
su autor la remitió desde España. Aprove
chó la ocasion que este viaje le ofrecia pa
ra recoger notas y hacer minuciosos estu
dios acerca del dialecto vascongado y el
orígen de las lenguas, sobre cuyo tema pu
blicó despues una obra interesantísima. En
1801 regresó á Alemania, y al año siguien.
te partió nuevamente para Roma en clase
-
de representante del Gobierno prusiano
cerca de la Santa Sede. Durante su perma
mencia en la ciudad eterna compuso Hum
boldt varios poemas filosóficos, entre otros
el que lleva por título Roma, y la elegía á
Alejandro Humboldt. Frecuentaban sus sa
lones Mad. de Staél, Schlegel, Tieck, Wel
cker, Pablo Luis Courier, Thorwaldsen y
Cristiano Rauch.
Esta vida feliz de que en Roma gozaba
Humboldt fué turbada, primero por la
muerte de Schiller, que acaeció en 1805,
luégo por la derrota sufrida por Prusia en
Jena en - 1806. En 1808 Humboldt fué lla
mado á Berlin por el Gobierno, que le con.
fió la direccion de la Instruccion pública y
de los cultos, en el desempeño de cuyo
— 144 —

cargo tuvo ocasion de desplegar toda la


nobleza y actividad de que era capaz su
portentoso talento. La fundacion de la uni
versidad de Berlin 1810, en medio de la
zozobra y desventuras de la derrota, es
indudablemente una de las mayores glorias
de Prusia, y fué obra de Guillermo de
Humboldt. No queriendo compartir la res
ponsabilidad en que incurria ante las ge
neraciones futuras el débil é irresoluto Mi
nisterio que á la sazon empuñaba las rien
das del poder en Prusia, Humboldt hizo
dimision de su destino de Director de Ins
truccion pública, y fué nombrado en Junio
de 1810 Ministro plenipotenciario cerca de
la córte de Viena. En 1813 Humboldt re
presentó á Prusia en el Congreso de Praga,
y con su ejemplo y con sus consejos con
tribuyó no poco á que el Conde de Metter.
nich se resolviese á entrar en la alianza de
las grandes potencias de Europa contra
Napoleon. Al recibir esta noticia, el Baron
de Stein, el Ministro prusiano destituido
y perseguido por el Emperador de Fran
cia, lanzó un grito de alegría, y no vaciló
en atribuir este resultado favorable al in
flujo ejercido por Guillermo de Humboldt
— 145 —

sobre los consejeros del Emperador de


Austria. En todas las conferencias diplo
máticas que se verificaron en Europa en
1813 y 1814, Humboldt representó á Pru
. sia, distinguiéndose por su habilidad polí
tica y destreza en las negociaciones. El Mer.
curio del Rhin decia de él: « es despejado
y frio como el sol de Diciembre”, y M. de
Talleyrand , que más de una vez se vió
apurado en el Congreso de Viena por los
argumentos de Humboldt, dijo hablando
de él un dia: “No hay en Europa tres hom
bres de Estado de su talla.»
Por esta época combatió Humboldt la in
fluencia que ejercia el Emperador Alejan
dro de Rusia en Austria y Alemania; y
cuando éste concertó con el Rey de Prusia
y el Emperador de Austria la Santa Alian
za, exigió de Federico Guillermo III que
no comunicase tal proyecto á Humboldt
ántes de su definitiva realizacion. Hum
boldt combatió tambien en un folleto el
proyecto formado por el Ministro Stein de
dar á la casa de Hapsburgo la supremacía
en el imperio aleman.
Desde 1815 hasta 1820 siguió Humboldt
desempeñando importantes destinos en el
—.146 —
Gobierno de su patria. Pero el Gobierno
reaccionario y despótico que reemplazó al
Gobierno liberal y entusiasta que habia
inaugurado y llevado á cabo la lucha con
tra Francia, le destituyó en 31 de Diciem
bre de 1819. Esta desgracia, que es una de
sus mayores glorias, le obligó á volver al
campo de las letras y del estudio. En Junio
de 1820 leyó ante la Academia de las Cien
cias de Berlin una memoria sobre la filolo
gía comparada, que vino á ser como el
programa de los trabajos que iban á ocu
par los últimos años de su vida y á inmor.
talizar su nombre. Guillermo de Humboldt
es el verdadero creador de la filología com.
parada. Sus conocimientos lingüísticos eran
asombrosos. Estudiaba y conocia con la
misma precision las relaciones que existen
entre la lengua vascongada y los dialectos
de los antiguos pueblos moradores de Es
paña, como las que existen entre el sans
crito y el idioma de los habitantes de Java.
Su obra más importante lleva por título:
La lengua kasvi en la isla de Java, 3 tomos.
Este libro era la primera piedra del monu
mento filológico que Humboldt pensaba.
erigir, estudiando y comparando todas las
— 147 —

lenguas que forman la gran cadena que li


ga á los pueblos del extremo Oriente con
los de Occidente. -

Guillermo de Humboldt pasó los últimos


años de su vida rindiendo culto á la cien
cia, á la filosofía y á la religion, rodeado
de los tranquilos goces de la familia. Hum
boldt creia que tan sólo alcanzarian una
existencia futura aquellas almas cuyos me
recimientos en esta vida las hubiesen ele
vado por cima del vulgo de las almas. Im
buido en esta creencia, no es extraño que
aguardase su última hora lleno de confian
za en lo porvenir. Hasta su muerte fué
ejemplar en el trabajo como en la lealtad
y la virtud. Su esposa, Catalina Humboldt,
la fiel compañera de sus trabajos y triun-,
fos, murió en 1829. Tres años despues vió
morir al autor de Faust. De los amigos
de su juventud, de aquella generacion
de gigantes, ya no quedaba más que su
hermano. Agotadas sus fuerzas por largas
vigilias y casi ciego, Guillermo de Hum
boldt murió el 8 de Abril de 1835, á los se
senta y ocho años de edad, en todo el vi
gor de su inteligencia; y exhaló su alma
tranquila y resignada, miéntras recitaba
— 148 —

versos de algunos de sus poetas favoritos.


Las Obras completas de Guillermo de
Humboldt fueron publicadas con un prólo.
go escrito por su hermano Alejandro de
Humboldt ; Berlin, 7 volúmenes, 1841.
GUILLERMO DE HUMBOLDT.

LAS NUBES.

Flotando van las nubes por el cielo,


Ya sueltas una á una, ya apiñadas;
Ya rojas aparecen, ya nevadas,
Ya negras como noche de hondo duelo.
Así las gentes viven en el suelo,
Con el mundano ornato engalanadas;
Se juntan, se separan despechadas,
Como la bruma en inconstante vuelo.

Pero implacable sobre sus cabezas


Cierne sus alas el poder divino,
Sin reparar en míseros antojos.
No le avasallan ruegos ni proezas;
A cada cual señala su destino,
Que es fuerza obedecer con ciegos ojos.

Madrid, Diciembre de 1871.


••!|-·
NICOLAs LENAU.

Nicolas Lenau nació en Csatad, en Hun


gría, el 15 de Agosto de 1802. Su verda
dero nombre era Niemboch de Strahlenau,
pero nadie le conoce sino por el de Lenau.
Estudió en la Universidad de Viena, y se
aplicó á la jurisprudencia, y más adelante
á la medicina y ciencias naturales. Em
prendió luego un viaje, primero por Hun
gría, y luégo por toda Europa, y en 1832
pasó á América. De esta época datan sus
primeras poesías. Despues de su regreso
del Nuevo Mundo vivió alternativamente
en Viena, Ischl y Stuttgart. En esta últi
ma poblacion, en 1844, le acometió un
enajenamiento mental en el momento en
que iba á partir para Frankfort sobre el
— 152 —

Mein, donde le estaba aguardando su pro


metida esposa. Fué conducido al manico
mio de Winnethal, y de allí al de Ober
doebling, cerca de Viena, en donde murió
en 22 de Agosto de 1850.
. Su primera coleccion de Poesias fué pu
blicada por Gustavo Schwab (1832), y no
dejó de llamar la atencion del público. En
1838 dió á luz una segunda coleccion de
Poesías nuevas (Neuere Gedichte). Estas dos
colecciones fueron publicadas más adelan
te en dos tomos, con el título de Gedichte
(Stuttgart, 1852). El primer tomo alcanzó
1 4, el segundo 12 ediciones. A estas Poesías
debe Lenau su reputacion y la fama de ser
uno de los primeros poetas líricos de Alema
nia. Su estilo es enérgico, original y lleno
de sentimiento en las composiciones tier
nas. Las áridas llanuras de su patria, con
sus sauces, sus yeguadas, sus gitanos, sus
ventas y bandidos, son los asuntos que con
más maestría y predileccion ha cantado la
lira de Lenau, melancólica como las llanu
ras cuya soledad describe. En 1836 publi
có un poema épico-dramático intitulado
Faust, del cual ya nadie se acuerda. Al año
siguiente dió á luz el poema épico Savona.
— 153 —

rola, y en 1841 otro poema de grandes di


mensiones, Los Albingenses, entrambos de
escasísimo mérito. Despues de su muerte,
su amigo Anastasio Grün publicó algunas
Poesías póstumas suyas, entre otras una
que se intitula Don Juan (Stuttgart, 1851),
y que Lenau consideraba como su obra
maeStra.

NICOLAS LENAU.

LOS TRES GITANOS.

Cruzando vasta llanura


Vi tres gitanos tumbados
Al pié de un sauce copudo
Que crecia solitario.
El uno con el violin
En la garganta apoyado,
Sonora voz producia
La débil cuerda rasgando.
El segundo, pipa en boca,
Miraba el humo aromático,
Feliz cual si allí gozára
Del mundo el más dulce halago.
Y el tercero se dormia,
Su arpa colgada en el árbol:
Por las cuerdas iba el viento,
Por su mente un sueño grato.
-
— 156 —

Remiendos de mil colores


Cubrian sus toscos sayos;
Pero burlábanse libres
É independientes del hado.
Y me enseñaron los tres
Del destino á no hacer caso,
Y á tañer, fumar, dormir,
Miéntra el tiempo va pasando.
Y al proseguir mi camino
Me volvia á contemplarlos,
Con esas caras morenas
Y negro pelo rizado.
Madrid, Enero de 1865.
J0RGE HERWEGH.

Jorge Herwegh nació en Stuttgart, el 31


de Mayo de 1817, y cursó sus estudios en
dicha ciudad, en Maulbroun, y por último
en la Universidad de Tubinga, donde se
dedicó con preferencia á la teología. Habia
publicado ya algunas poesías de Lamarti
ne, traducidas al aleman, y cierto núme
ro de artículos críticos en la Europa, re
vista que dirigia Lewald, cuando cayó sol
dado, y tuvo que soltar la pluma para em
puñar la espada. Una reyerta que tuvo con
un oficial de su regimiento, le obligó á
huir á Suiza, en donde trabajó en la Re
vista popular del doctor Wirth, cuya pu
blicacion aparecia en Constancia. Pasó lué
go á Zurich, en donde publicó los Cantos
— 158 —

de un viviente. Esta obra, á la que debe su


reputacion, es una coleccion de poesías
republicanas, en que la belleza de la for
ma corre parejas con la energía de los
- pensamientos. En solos dos años se despa
charon siete ediciones de esta obra. Publi
có luégo una coleccion de Xenias, ó sean
epigramas contra hombres públicos é ins
tituciones de Alemania.
En 1842 Jorge Herwegh regresó á su
patria, siendo acogido en todas partes con
inmenso júbilo. El Rey de Prusia quiso
conocerle personalmente, y le dijo: “Sea
mos enemigos leales.» Sin embargo de esta
muestra de benevolencia, poco tiempo des.
pues el poeta dirigió al monarca una car
ta en extremo mordaz, que publicaron los
periódicos contra la voluntad de su autor,
quien tuvo que huir de Alemania por se
gunda vez. Volvió á Suiza y se fijó en Zu
rich, donde publicó sus Veintiun arcos de
Suiza (1843), y se ocupó, ademas, en escri
bir tales artículos en los periódicos radi
cales, que las autoridades le desterraron
de la ciudad, y el Rey de Wurtemberg ame
nazó perseguirle por desertor. El canton
de Basilea le ofreció un asilo y el derecho
- — 159 —

de ciudadanía. En 1845 Herwegh hizo un


viaje al Mediodía de Europa, y se estable
ció por fin en París, entregado enteramen
te á la política. En Abril de 1848 se puso
á la cabeza de los obreros alemanes y fran
ceses que sostuvieron la campaña revolu
cionaria de Baden. Sus adversarios afirman
que tuvo ménos valor como soldado que
audacia como escritor. Derrotados los in
surrectos, Herwegh se refugió en Suiza.
No hace muchos años que vivia retirado
en el Mediodía de Francia. El último tra
bajo literario de Herwegh es una traduc
cion de las obras de Shakspeare, hecha en
colaboracion con los poetas Bodenstedt,
Delius, Gildeweister, Heyse, Kurz y Wil
brandt, y que acaba de salir á luz en
Leipzig.
*
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JORGE HERWEGEl.
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ESTROFAS.

Morir como el crepúsculo quisiera,


O como el rayo de expirante dia.
¡Oh muerte dulce! ¡Mi sepulcro fuera
El hondo seno de la mar bravía

Morir quisiera cual risueña estrella,


Que el alba cubre de dorado velo;
Morir quisiera sin dolor, como ella,
Y sepultarme en el radiante cielo.
Morir quisiera cual la esencia grata
Que vierte el cáliz que la brisa mece,
Que por el aire sube y se dilata
Como el incienso que al Señor se ofrece.
Tu muerte anhelo, límpido rocío,
Que el alba absorbe con su rayo ardiente
Así inhalára Dios del pecho mio
Mi vida, cual la tuya el sol naciente;
6
— 162 —

Morir quisiera como triste nota


Que entre las cuerdas del laud resuena:
Muere en la tierra y en el cielo brota,
Y en el seno de Dios mística suena.

Mas no te extinguirás como la estrella,


No morirás como la luz del dia,
Ni como el llanto de la aurora bella,
Ni cual la gaya flor que el campo cría.
Acabarás vertiendo amargo llanto,
Enflaquecido por cruel tormento:
Natura sólo muere sin quebranto;
El hombre con dolor rinde el aliento.

Madrid, Enero de 1871.


JULI0 STURM.

Julio Cárlos Reinhold Sturm nació el dia


21 de Julio de 1816 en Koestritz, en el
principado de Reuss. Estudió teología, y
sigue desempeñando'hoy el cargo de pas
tor evangélico en su aldea nativa.
Sus obras principales son: Poesías (Ge
dichte; 3.° edicion, Leipzig, 1862), Cantos
piadosos (Fromme Lieder; 5.° edicion, Ibid.,
1864), Nuevas poesías (Neue Gedichte; Ibid.,
1856), Nuevas poesías y cantos piadosos
(Neue fromme Lieder und Gedichte; Ibid.,
1862), Las dos rosas, canto de amor subli
me (Zwei Rosen, das hohe Lied dor Liebe;
Ibid., 1854).
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JULIO STUR.M.

º CONSEJOS DE GOLONDRINA.

Volando va la tierna golondrina


Cual si dudára de su propio instinto.
—Buscadme, hermanas, un amigo alero
Donde podré colgar mi primer nido.—
Chillando acuden listas sus hermanas:
—Apénas queda en el lugar cortijo
Ni alero sin su huésped; dos te quedan,
Allí una choza, allá un palacio altivo.—
En esto el pico abrió la más sesuda.
—No elijas por morada la del rico,
En cuyo alero nuestro nido estorba,
Do ofende nuestro canto por sencillo.
—La choza escoge; allí con alegría
El labrador verá colgar tu nido,
Su corazon piadoso te la ampara,
Y escuchará tu canto agradecido.
Madrid, Diciembre de 1871.
--

-
FEODOR L0EWE,

Francisco Luis Feodor Loewe, hijo de


una familia numerosa, cuyos miembros
son todos artistas dramáticos, nació en
Cassel en 1816, y desde 1847 ocupa el
puesto de director del Teatro de Stuttgart,
en cuya escena ha caracterizado por espa
cio de muchos años con gran maestría los
difíciles papeles de Leicester, Marqués de
Posa, Tasso y Hamlet. Ha dado á luz vá
rias colecciones de Poesías, Las Canciones
de Frankfort y Sonetos venecianos. En 1855
publicó una edicion completa de sus poe
SlaS,
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-------, -, -,-, ---- · ……
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FEODOR, LOEWE.

LA ROSA DE LOS ALPES.

Sobre escarpado monte brota ornada


De pardo musgo, hielo y blanca nieve,
La rosa de los Alpes ignorada,
De la ancha soledad imágen breve.
El dulce aliento de la blanda brisa
Jamas besó su regalada boca;
Risueña está cual celestial sonrisa
En el austero rostro de la roca.

Sobre peñascos, entre hielo eterno,


Do la avalancha colma de desdicha
Al morador del valle, en sueño tierno
Germina muda como oculta dicha.
Feliz mil veces quien oculta guarda,
Recóndita en su pecho y escondida
Entre nieves y hielo, flor gallarda,
Con que aliviar los duelos de la vida.
Madrid, Diciembre de 1871.
• ••

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JUAN NEPOMUCEN0 V0GL.

Juan Nepomuceno Vogl nació en Viena


el 2 de Noviembre de 1802. Á la edad de
diez y siete años entró en la carrera admi
nistrativa, ocupándose á la vez en trabajos
literarios. En 1845 la universidad de Jena
le confirió el título de doctor en filosofía.
Sus principales obras son : Baladas y Ro
mances, Poesías líricas, Melodías y cuadros
de Hungría, Cuentos de la Catedral, Cantos
guerreros, Schnadahüpfla, etc., etc. De to
das estas obras se han hecho repetidas edi
ciones. El poeta Vogl ha tomado parte tam
bien en la colaboracion de várias revistas
literarias, cuales son: La Alabanza de las
mujeres, El Diario de la Mañana, El Alma
naque popular de Austria, La Aurora, etc.
— 172 —

Sus Baladas y Poesías líricas se distinguen


por la elegancia del estilo y la termura de
los pensamientos que encierran. Algunas
de sus composiciones han sido puestas en
música. -

Juan Nepomuceno Vogl falleció en Viena


el dia 6 de Noviembre de 1866.
JUAN NEPOMUCENO VOGL.

UNA VISITA AL CEMENTERIO.

Llaman con ronca voz.— Sepulturero,


Buen viejo, abrid la puerta, abrid ligero.
—Abrid la puerta, el báculo empuñad,
Y una querida tumba me enseñad.—
Así habla un hombre con la tez tostada,
La barba por la pólvora encrespada.
—¿Cuál es el nombre de ese á quien amais,
Y entre mis mudos huéspedes buscais?
— Busco á mi madre. ¡Ay, sí, mi pena es
¿No conoceis al hijo de la Marta?— Tharta!
—A fe, no os conociera. ¿Aquel sois vos?
¡Y cómo habeis crecido, valme Dios!
—Pero seguid; mirad, bajo esa losa,
La que buscais, en santa paz reposa.
— 174 —

—Allí descansa en fúnebre mansion


La madre que os embarga el corazon.—
Y sin decir palabra el forastero,
Triste la frente dobla al dolor fiero.

Y al ver la tumba do descansa en paz,


El llanto baña su morena faz;
É incrédulo replica —. Aquí no mora
La tierna madre á quien mi pecho llora.
—¿Cómo quereis que encierre este rincon,
Tan breve, de una madre el corazon?

Madrid, Diciembre de 1871.


CÁRLOS BECK.

Cárlos Beck, hijo de un negociante ju


dío, nació en Baja (Hungría) en 1817. Cur
só medicina por algun tiempo en la univer
sidad de Viena; entró luégo en las oficinas
de su padre, y por último, reanudó sus
estudios en Leipzig, en donde se hizo ami
go de la mayor parte de los literatos y ar
tistas, que no escasean en aquella culta
ciudad. Desde esta época se dedicó exclusi
vamente á la poesía. Vivió algun tiempo
en Berlin, y pasó á Viena cuando estalló
la gran revolucion húngara.
Sus principales obras poéticas son: Las
noches (1838), El Poeta ambulante (1838),
Cantos de paz (1839), Janko, el zagal hún
garo (1842), novela en verso, y su obra
— 176 —

más importante, Coleccion de poesias (1842);


esta obra fué recogida por la policía de
Berlin, cuya medida fué causa de que en
el mismo año se vendiesen dos ediciones
de ella; Los Cantos de un pobre (1846), Los
Cantos acorazados (1848), y el Mensaje al
Emperador Francisco José (1849).
Cárlos Beck tiene dotes poéticas no vul
gares, y describe con mucha habilidad el
carácter fogoso y entusiasta de sus compa
triotas. Ha escrito una obra dramática,
Saul, la cual, á pesar de su estilo correcto
y elegante, no tuvo buen éxito en las ta
blas.
CÁRLOS BECK.

PLACER Y DOLOR.

¿Qué es el placer que loco anhela el pecho?


Cansado peregrino
Que fuera del camino
Pide de noche pan y blando lecho,
Y á la mañana, ya harto y bien dormido,
Nos deja sin mostrarse agradecido.
No así el dolor. La activa golondrina
En busca de sustento el nido deja
Junto á la antigua teja,
Y vuelve, sin tardar, á su morada
Con el botin, la dulce golosina,
Con vuelos mil cazada.
No de otra suerte deja el nido blando
De un triste corazon el duelo infando,
Y vuelve, sin tardar, con el sustento,
Con experiencia amarga,
Ódio y cruel tormento,
Que allá en el nido lúgubre descarga.
Madrid, Diciembre de 1871.
J. G. FISCHER,

Juan Jorge Fischer, doctor y profesor


de la universidad de Stuttgart, mació el
dia 25 de Octubre de 1820 en GroSS-Süs
sen en el Würtemberg. El doctor Fischer
ha alcanzado un nombre distinguido entre
los hombres de letras de la moderna Ale
mania por sus poesías líricas, y sobre to
do por sus obras dramáticas, de las cuales
las más notables son : Saul (1862), Federi
co Segundo de Hohenstaufen (1863), Florian
Geyer (1866), y Maacimiliano, Emperador
de Méjico (1868).
----
J. G. FISCEIER.

EL SECRETO.

Seguí la huella un dia á un muchachuelo,


Víle alejarse del lugar gozoso,
Y deslizarse luégo misterioso
Hácia una mata, objeto de su anhelo;
Y como tierna madre que á su hijuelo
Cauta destapa en medio del reposo,
Le vi entreabrir las ramas cuidadoso,
Y unirlas luégo con dichoso celo.
«¡Ángeles, proteged mi planta amada;
No permitais que mi enemigo crudo
La tale ni que el cuco la moleste !»
Dijo, y se fué el rapaz. Con mano osada
Abrí la mata, y junto al tronco rudo
Vi un nido y huevos de color celeste.
- Barcelona, Mayo de 1867,
-

--

-
JULI0 DE RODENBERG.

Julio de Rodenberg nació en Rodenberg,


en Hesse, el 6 de Julio de 1831; estudió
en las principales universidades de Alema
mia, y por fin se graduó de doctor en de
recho en la de Merburgo en 1856. Se de
dicó desde luégo á la literatura, dando en
gran número de escritos prueba de talento
no vulgar. Se ejercitó en todos los géneros,
escribiendo poesías épicas, heróico-cómi
cas, líricas, dramáticas y lírico-dramáti
cas; pero sus principales obras en prosa
son descripciones de los viajes y excursio
mes hechas por el autor en Francia y en
las islas británicas; tales son: La Vida de
todos los dias en Lóndres (Berlin, 1850),
Dia y noche en Lóndres (Ibid., 1862), París
— 184 —
á la luz del sol y á la del gas (Leipzig, 1867),
que es una de las mejores descripciones de
París, bajo el dominio del segundo impe
rio, de autor extranjero. Julio Rodenberg
ha publicado ademas, con buen éxito, vá
rias novelas, ya en tomos, ya en folleti
mes: La Cantante callejera de Lóndres (Ber
lin, 1863) y El Nuevo Diluvio (Ibid., 1865),
las cuales han sido traducidas á varios
idiomas. La mayor parte de sus escritos
aparecieron por primera vez en La Gaceta
de Colonia, La Gaceta del Weser, La Revista
alemana, La Nueva prensa libre, etc.
JULIO DE RODENBERG.

LAS MUJERES PURAS.

Son las mujeres puras en la vida


Lo que las rosas en la mata oscura:
En ellas la virtud, la fe se anida
Con eternal frescura.

Ningun lunar empaña su belleza;


Do quiera pisen, brota amor y calma:
Cual la mansion de Dios, toda es pureza
De la mujer el alma.
Del varon fuerte imita la pujanza,
Sea en la lid la gloria tu estandarte,
Y el sabio te dirá hasta donde alcanza
Poder de ciencia y arte.
En la mujer venera la armonía
Que revela de Dios la excelsa huella.
¿Buscas amor, belleza y poesía?
Los hallarás en ella.

Madrid, Diciembre de 1871.


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MARÍA FOERSTER,

María Laura Foerster, hija del profesor y


poeta Cárlos Foerster, cuyas obras póstu
mas fueron publicadas en Dresden en 1846
por su esposa, Luisa Foerster, autora de
várias novelas y de un Ensayo biográfico y
literario de Cárlos Foerster y su tiempo, na
ció en Dresden el 9 de Abril de 1817, y
falleció allí mismo en 28 de Abril de 1856.
Sus Poesías (Gedichte) fueron recopiladas
despues de su muerte, y vieron la luz pú
blica en forma coleccionada, en Leipzig,
en 1857.
MARÍA FOERSTER.

MI PATRIA.

Anchas las lindes de mi patria son;


Los montes no las forman ni los rios,
Do quiera pulse ardiente un corazon,
Mi patria está y encuentro hermanos mios.
Do quiera que halle un alma fraternal,
Do quiera me conmueva humano acento,
Do quiera me comprendan bien ó mal,
Las dulces auras de mi patria siento.
Tal es mi patria amada. Al cielo pido
Que no me deje en triste soledad;
Mas sea para mí paterno nido
En donde quier tu seno, humanidad.
Madrid, Diciembre de 1871.

FIN,
- ÍNDICE.

Al que leyere. . . . . . . . . . e

Enrique Heine. . . . . . . . , º

Ludwig Uhland. . . , , , , , , s

Augusto de Platen, , , , , , e

Federico Riickert. . . . . . º

José Cristiano de Zedlitz.. . . . . . . 101


Hoffmann de Fallersleben, .
Roberto Prutz. . . . . . 117
Mauricio Hartmann. . .
Julio Mosen. . . . . . . .
Guillermo de Humboldt, . . .
Nicolás Lenau. . . .
Jorge Herwegh. . . 0. e

Julio Sturm. , , , , , 9. º 163


Feodor Loewe, . . . , , , , , , , 167
Cárlos Beck. , , , ,
J. G. Fischer, . . . .
Julio de Rodemberg... , , ,
María Foerster, , , , , , . . . . 187
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voLúMENES EN vENTA,
Romancero de Cid, , , , , , tomo 2 rs.
La Celestina. . . . . . . . . 2 y 4 y
Estudios sobre la Edad Media,
por Francisco Pí y Margall. 1 » 2
Fray Luis de Leon y san
de la Cruz , poesas, 1 2 m
-oesías líricas alearnanas, . . . . .» 2 m
EN PRENSA.
Romancero morisco.
oBRAs DE VENTA EN LA MISMA ADMINISTRACION,
Tratado popular de la Tísis, por D. Fran
cisco Suñer y Capdevila, licenciado en medicina y
cirujía. Libro especial para combatir los desastrosos
efectos de la tísis en todos sus períodos Un tomo
esmeradamente impreso; 8 pesetas en Madrid y 9
en provincias, con un 15 por 100 de rebaja á todo
el que gire libranza ó leta de fácil cobro á esta
Administracion, San Mateo, núm. 11, cuarto bajo.
obras completas de Fla man, grabadas al
contorno por D. Joaquin P y Margall, premiado con
medallas de 3 y 2 º clase en las exposiciones ma-
cionales de Bellas Artes. Coleccion de 268 grabados
en acero y 60 páginas de texto explicatorio y bio-
grafía de Juan Flaxman. Sale esta obra por entro
gas semanales de á6 láminas, al precio de 2 reales
tanto en Madrid como en provincias. Las páginas
de texto mencionadas se repartirán al final de la
obra y valdrán como á 6 entregas. Total de entre
gas 45. Al que desee toda la obra y gire libranza,
era de fácil cobro, se le hará la rebaja de un 5
por 10.
El Triunfo de la Religion de Jesucriso,
de José Fierch, grabadas el mis abador
Coleccion de 11 grandes láminas de maño.
con
co de12porte
pliegos
condeiguales
texto condiciones
valor, 60 rs. que los
viaarriba
tra
mencionados,
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