La Literatura Israelí y su aporte mundial.
La Literatura Israelí
La Literatura israelí está considerada una de las más ricas en la actualidad, puesto que cuenta
con prometedoras figuras como Albert Suissa, IritLanor, Etgar Keret, Mira Magen o Gadi Taum.
Este artículo trata la literatura histórica del pueblo israelí. En este país donde habitan también
inmigrantes de varias partes del mundo, la diversidad lingüística ha permitido que se expanda el
abanico de idiomas, autores y obras.
La hebrea es una de las primeras formas de literatura que existieron, ya que lleva
desarrollándose desde el siglo XII a.C. Sus primeras manifestaciones son los libros sagrados de la
religión judía, que recogen las enseñanzas orales de Abraham –el primer patriarca del judaísmo-,
aunque también son documentos históricos que plasman la forma de vida del pueblo hebreo (en
cualquier caso son, junto a las Tablas de la Ley recibidas de Dios por Moisés, las primeras
manifestaciones escritas).
Orígenes Literarios y sus aportes
Pese a que el Estado de Israel se fundó en 1948, la literatura de este país comienza entre los años 1880 y 1900, a
medida que las primeras aliyás protosionistas comienzan a concentrar la población judía en Palestina. Fue durante
dichas décadas cuando apareció el primer gran lingüista israelí, Eliezer Ben Yehuda. Ese pionero judío, que se
trasladó hasta Palestina a fines de la década de 1880, fue el primero que decidió rescatar al hebreo de su función
de lengua ritual, para devolverlo al mundo de las lenguas vivas, de las lenguas habladas. Así, se propuso hablarle a
su mujer sólo en hebreo, para reforzar la práctica del semiabandonado idioma y tratar de provocar un renacimiento.
El éxito fue innegablemente rotundo. Pronto el hebreo se extendió como lengua característica de los kibutz
israelitas de Palestina, y más tarde, como símbolo de identidad del pueblo israelí.
La prosa hebrea moderna en la Tierra de Israel fue escrita en un comienzo por autores inmigrados. Aunque
arraigados en el mundo y las tradiciones de los judíos de la Europa oriental, sus obras versaban principalmente
sobre los logros creativos en la Tierra de Israel, a la que habían venido para "construirla y construirse en ella",
según rezaba un lema de aquella época.
Yosef Haim Brenner (1881-1921), y Shmuel Yosef Agnón (1888-1970), que hizo entrar la prosa hebrea en el siglo
XX, son considerados por muchos como los padres de la literatura hebrea moderna.
Brenner, en su esfuerzo por captar la realidad, prefirió las formas rabínicas y medievales de hebreo coloquial,
creando nuevas expresiones y empleando una sintaxis dramática para producir el efecto de un habla viva. Un
elemento central de las obras de Brenner es su identificación tanto con la lucha física de los pioneros por asirse en
una tierra árida y dura, muy diferente de los países europeos en los que habían nacido, y la lucha, no menos difícil,
por delinear la identidad del judío en la Tierra de Israel
Agnón optó por emplear en sus obras formas más modernas del hebreo. Su familiaridad con la
tradición judía, junto con la influencia de la literatura europea del siglo XIX y comienzos del siglo
XX, le permitieron crear un cuerpo de ficción que trata de las principales preocupaciones
espirituales de la hora, la desintegración de las formas de vida tradicionales, la pérdida de la fe y
la consiguiente pérdida de la identidad. Como judío ortodoxo y escritor de intuición y visión
psicológica, Agnón expresó su afinidad con los sombríos e irracionales aspectos de la psiquis
humana y una identificación con las incertidumbres internas del judío, creyente y no creyente. La
realidad, pintada por Agnón, se convierte en un ambiente trágico, a veces grotesco, con las
influencias de la guerra y el Holocausto en muchas de sus obras. El mundo de los judíos píos se
revela con todas sus pasiones y tensiones. En 1966, Agnón fue co-receptor del Premio Nobel de
Literatura (junto con Nelly Sachs), el primer Premio Nobel otorgado a un israelí.
Los escritores nacidos en el país que empezaron a publicar en las décadas de los años 1940 y
1950, denominados a veces "la generación de la Guerra de la Independencia", trajeron a sus
obras una mentalidad y un trasfondo cultural diferentes de los de sus predecesores, sobre todo
porque su lengua materna era el hebreo y su experiencia estaba plenamente arraigada en la
Tierra de Israel. Autores como S. Yitzhar, Moshé Shamir, Hanoch Bartov, Haim Guri y Benjamín
Tammuz vacilan dramáticamente entre el individualismo y el compromiso para con la sociedad y
el estado, presentando un modelo de realismo social, frecuentemente de tono heroico, que
refleja una mezcla de influencias locales e internacionales.
A comienzos de la década de 1960, un grupo de escritores jóvenes y muy influyentes: A. B.
Yehoshua, Amos Oz, Yoram Kaniuk y Yaacov Shabtai, exploraron nuevos enfoques de la creación
literaria en prosa, que marcan una ruptura con los moldes ideológicos, centrándose en el mundo
del individuo.
Durante las dos décadas siguientes se experimentó con diversas formas narrativas y estilos de
prosa que pasaron a primer plano en la creación literaria, por ejemplo el realismo psicológico, la
alegoría, el simbolismo, y el escepticismo respecto a los convencionalismos sociales y políticos
de Israel.